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OCTAVA CONVENCION DE O RIENTACION SOCIAL DE PUERTO RICO
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SAN JUAN DE PUERTO RICO/
1955
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COLE CCION
GERARDO SELLES SQLA' FACULTAD DE PEDAGOGIA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO
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OCTAVA CONVENCION DE ORIENTACION SOCIAL DE PUERTO RICO
SAN JUAN DE PUERTO
1955
Rico
Juan A. Pons — Teodoro Moscoso — Rafael de J. Cordero — Britton Harris — H. C. Barton, Jr. — Rafael Durand Manzanal — Jaime Toro Calder — Raúl A. Muñoz — Efraín Sánchez Hidalgo R. Torres Mazzorana
OCTAVA CONVENCION DE ORIENTACION SOCIAL DE PUERTO RICO
Texto de las ponencias y resumen general de los trabajos durante los días 15, 16 y 17 de enero de 1954
Editado por la Convención de Orientación Social de Puerto Rico
Derechos reservados para todos los paises. Prohibida la reproducción total o parcial sin mencionar la procedencia. Copyright 1955, por Convención de Orientación Social de Puerto Rico.
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COMITÉ EJECUTIVO DE LA OCTAVA CONVENCION DE ORIENTACION SOCIAL DR. JUAN A. PONS
Presidente
SR. JULIO A. PEREZ
ler Vicepresidente
SR. CANDIDO OLIVERAS
2do Vicepresidente
SRA. MARIA DEL C. CRUZ DE GARCIA SRA. MARIANA S. DE LONGO
Secretaria Subsecretaria
SRA. AIDA G. DE PAGAN
Tesorera
SRA. SARA L. DE CABAN
Vocal
HON. PABLO JUAN Y TORO
Vocal
SRA. PALMIRA CABRERA
Vocal
SRA. MARIA E. GOMEZ DE TOLOSA SRA. JULIA CARMEN MARCHA ND
Secretaria Ejecutiva Editora
MENSAJE DE INAUGURACIDN Por el Dr. JUAN A. PONS, Presidente
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Convenciones anteriores de trabajo social, que así se Hamaban antes, han puesto a debate temas tales como la acción social a través del esfuerzo coordinado de la comunidad, la. delincuencia en sus causas y posibles remedios, el seguro social, la higiene mental y el problema poblacional. Fecundas en pensamiento, han de haber contribuido substancialmente y estimulado a ulterior reflexión por parte de muchos capaces de . ontribuir al cúmulo de ideas que constituyen el juicio social de hoy. La Octava Convención de Orientación Social, y así ha de llamarse más adecuadamente en adelante, pone ante nosotros. para estudio y cálculo un tema que en este momento de nuestra historia reviste importancia cardinal: el significado, en términos de posibles efectos, sobre los distintos aspectos de nuestra vida de pueblo, de la industrialización rápida. El programa de industrialización en que Puerto Rico está. empeñado se inspira en la necesidad urgente de despachar cuanto antes nuestro grave problema económico que engendra graves males sociales; y en el empeño en solventarlo haciendo el mejor aprovechamiento posible de nuestra única riqueza: la abundancia de brazos, cada dos de ellos dirigidos por un cerebro y alimentados material y espiritualmente por un corazón: abundancia de brazos, cerebros y corazones. No sé que el programa de industrialización tenga oposiea tores. Apenas pudiera tenerlos. Habrá los que crean —7—
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la 'única solución a nuestros, problemas. Habrá los que creen que no es sino mayor o menor contribución a su solución. Habrá los que creen que es la solución a todas nuestras dificultades colectivas. Habrá los, que crean que no ha de serlo sino para algunas de ellas. Y habrá los que crean que es mero paliativo. Pero los que a él se opongan no puede haberlos. Ciertamente, muchos . de nuestros embarazos sociales, de ayer y de hoy o nada tienen que ver fundamentalmente con nuestras dificultades económicas. Además, no hay que creer que todas las repercusiones de la industrialización han de ser buenas, beneficiosas, y saludables, positivas y ventajosas. que actitud de todos nosotros es, y debe ser, de incondicional.,aapo al programa de industrialización y de completa ideptifieaGión con sus, propósitos y objetivos. No debemos,. s.n ,embargo, permitir que esa actitud y ese sentir .nos impidan ver las trascendencias desfavorables e indeseables del ' industrialismo para estar preparados para ellas, para remediarlas y —hasta donde sea posible— para prevenirlas. Nuestro Gobernador,: inspirador y promotor de este empeño, lo ha dicho en elocuentes palabras contenidas en su último mensaje a las.'Cáinaras Legislativas: "No debemos resignarnos .. . a que a un ,pueblo creador como el nuestro se le escapen maneras de. aprender a no repetir en toda su magnitud histórica males' que en el pasado acompañaron al indus-' trialismo y al crecimiento de las ciudades." Aquí debemos, en el curso de las próximas cuarenta horas, ello aspiramos a pesar de que sabemos lo difícil del tema y lamentando la brevedad del tiempo, someter a juicio objetivo y serenó, cuidadoso, y todo lo detallado que las circtmstancias permitan, todo lo que al asunto concierne. A veces pienso que, siendo, así que parece haber unanimidad de criterio en cuanto a lo.deseable, recomendable y favorable del industrialismo, .quizás debimos dedicar este foro público a la definición de si peligros y al entendimiento de los medios de su prevención 'y,profilaxis. No hemos de abordar el tema, sin embargo, en ese sentido, sino más bien en el de que el indus-8—
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trialismo ha de traer cambios, cambios .en casi todas• las manifestaciones de nuestra vida en comunidad, algunos de ellos quizás violentos. Es evidente que nuestra experiencia de los últimos quince años, no hemos de temer a los cambios; los habidos en ese corto espacio de tiempo, bastante fundamentales por cierto, han descubierto fuerzas insospechadas, y estimulado otras en nuestro medio que han sido todas puestas al servicio de nuestro bienestar y que nos. han preparado en parte para los cambios que han de venir; lo que hemos de perfeccionar la preparación para ellos. . Es evidente que en las cuarenta horas con que contamos no se puede agotar el tema en todos, sus detalles, no podremos adentrar en todos los recovecos de nuestra complicada estructura económico-social-cultural. Es de esperarse que los que se dedican a otras• disciplinas del saber y el hacer vayan haciendo gradualmente el análisis del asunto en lo que cada una de esas disciplinas toca. Sé que la Asociación de Salud Pública de Puerto Rico, por ejemplo, se propone ya inclu r en el temario de su asamblea anual que se celebra en febrero próximo, la discusión de la industrialización y su impacto sobre la salud pública. En lo que a mí respecta, como médico y como sanitario aficionado que he venido a ser, para el pensar sobre los asuntos de esta índole que me preocupan, prefiero considerar al grupo social, a la comunidad, siguiendo el pensamiento del inglés Halliday, como al individuo, en sus aspectos, físicos y psicológicos. En sus aspectos físicos el grupo social se concibe como un conjunto poblacional con necesidades físicas tales como alimento, vivienda, ropas, asistencia médica y ausencia de las •enfermedades contagiosas. Si estas necesidades no son satisfechas, su "salud física" decae y el grupo social viene a ser una población enferma con alta morbilidad y mortalidad por desnutrición, enfermedades contagiosas, etc. En sus aspectos psicológicos, se concibe como un grupo poblacional con necesidades psicológicas o sociales, incluyendo .entre ellas las espirituales. Si estas necesidades no son satisfechas, su "salud psicológica", que es su "salud social", decae_ y: el —9—
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grupo viene a ser un grupo socialmente enfermo, una sociedad enferma. En términos de "sociedad sana o enferma", con referencia a la salud psicológica o social, como distinto a "población sana o enferma", que tiene referencia a la salud física del conjunto, parece más fácil interpretar fenómenos de la convivencia que no pueden ser interpretados en términos de la economía, la política y la historia. Así como no hay población completamente sana, tampoco hay sociedad completamente sana. Además, así como cambia la frecuencia y preponderancia de las enfermedades físicas de la población, así cambia la enfermedad psicosocial de que cualquier grupo social adolece. Además, así como con la enfermedad física la población enferma, la sociedad enferma necesita el dignóstico certero de su enfermedad psicosocial a los fines de su eficaz tratamiento. Paréceme que el diagnóstico de la enfermedad psicosocial de que Puerto Rico sufre, y que no creo sea muy grave, no se ha hecho todavía con la precisión que merece. No se han hecho todos los estudios —tales como de antropología social, patrones culturales, etc.— que lo permitirían. Los cambios' que podamos esperar de la industrialización mejorarán unos síntomas, agravarán otros, aclararán unos y oscurecerán otros. Creo que en el balance mejorará notablemente el enfermo. Soy optimista porque sé que tenemos buenos médicos psicoeconómico-sociales, y sé, en particular, que el médico de cabecera es bueno, tiene buen cacumen diagnóstico, conoce la terapéutica y aplica el tratamiento a tiempo y en dosis adecuadas. Me parece que, como resultado eventual del fenómeno que ya se opera y que influirá en nosotros en los, próximos años con mayor y mayor intensidad, pueden adivinarse dos cambios de mayor dimensión en nuestra estructura psico-económico-social: 1°, la llamada emancipación económica de la mujer; 2Q, el crecimiento de la clase media a expensas de la clase de bajos ingresos. La transición se acompañará de cambios, y los cambios mismos traerán como consecuencia cambios adicionales. La sociedad nunca ha sido estática.
A propósito de todo ello se me ocurren los siguientes tópicos que saldrán a la superficie en las ponencias de mañana y que seguramente serán objeto de discusión y dilucidación en los grupos de trabajo: La emancipación económica de la mujer, tal como ahora se entiende, ¿es realmente buena a los fines ulteriores de la felicidad humana? ¿Qué efecto tiene en los hijos la neutralización de la distinción psicológica del sexo entre padre y madre, el apoyar la familia sobre la base de dos padres en lugar de un padre y una madre? La mayor responsabilidad de la mujer puertorriqueña por sobre la del hombre, si es que la hay, ¿ debe utilizarse a los fines del mejoramiento material o a los fines del fortalecimiento de la familia como unidad psico-biológico-social? ¿Cuál será el efecto en las, generaciones futuras del efecto que en el futuro más inmediato tenga sobre nuestros niños •el que se les alimente de botellas más bien que con el seno materno, el que se les prive del impulso de jugar con el seno materno, el que el calor de los brazos maternos se sustituya por el frío del cochecito de ruedas, el que —de recurrirse a la escuela maternal— el nombre de "madre" tenga que ser sustituido por el de "maestra"? ¿ El que el apelativo de "niño de brazos." tenga que ser cambiado al de "niño de coche"? ¿Cuál es el efecto psicológico de que más y más mujeres vayan a la fábrica mientras más y más hombres quedan en el hogar a cuidar de la casa y los niños y a llevar a la mujer en la fábrica la fiambrera? Al aumentar el ingreso económico bajo de ahora, ¿cuánto tiempo tardará nuestra gente en aprender a hacer el mejor uso de ese mayor ingreso a los fines de lograr una mejor manera de vivir, en lugar de emplearlo en superficialidades, que es probablemente lo que primero se hace instintivamente por la mayoría? ¿Es posible que los, problemas psicológicos, producto de la falta de satisfacción y producto de la ambición, de los que alcancen un mayor ingreso sigan siendo los mismos problemas —11—
psicológicos que tenían cuando sus ingresos eran muchd más bajos? ¿Qué clase de clase media es probable que se produzca? ¿Con qué psicología o actitudes? ¿Las tradicionales de esá clase, u otras'? ¿Podrá llegar a haber una preponderancia de clase media? Muchos otros tópicos han de surgir para consideración en los grupos de trabajo. Tanto las 'ponencias como las deliberaciones de. estos últimos han de aportar luz .a la mejor comprensión de todo lo relativo al significado intrínseco de la industrialización, sus bienes y sus males. Que Dios los ilumine. Aunque esta actividad no aspira a llegar a conclusiones, sus luces podrían servir a los fines de la orientación del programa. Si algo esta actividad contribuye a ese fin, podremos darnos por satisfechos. Una última palabra: Sabemos que el calificativo de "rápida" aplicado a nuestra industrialización es muy relativo. Quizás, pudimos decir "industrialización acelerada" en lugar de "industrialización rápida". Usamos rápida porque creímos que su ritmo de ahora lo es sobre la base de cualquier medida que se usara, y porque quisimos que el tema conllevara la idea de que sería muy distinto en su significado a los efectos de los cambios a efectuarse si se hace en diez años lo que de otra suerte tardará cincuenta.
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EL PROGRAMA DE INDUSTRIALIZACION-PROGRESO ACTUAL Y FUTURO DESARROLLO HASTA 1960 Por TEODORO MOSCOSO, Administrador de Fomento Económica
Agradezco sinceramente el honor que me hace esta Convención al invitarme a exponer el actual estado de desarrollo y los objetivos, inmediatos y de largo alcance, del programa de industrialización. Me siento, además, satisfecho en extremo de que esta Convención haya sido dedicada por entero al estudio y planteamiento de los efectos de la industrialización rápida sobre la vida de nuestro país. Recientemente, tuve el placer de dirigirme a la Asamblea Anual de la Asociación de Maestros para hablarles a nuestros educadores de la necesidad de intensificar los esfuerzos de la escuela pública para que ésta tome el timón en aquellos campos nuevos en que la industrialización empieza a rozar con los cauces normales de la vida y la cultura del pueblo puertorriqueño, debido a los cambios radicales que están ocurriendo en nuestra estructura económica. Esta Convención de Orientación Social despertará aún más la conciencia pública para que reflexionemos sobre n'iestras responsabilidades ante la nueva situación. Se ve que los. educadores y los sociólogos están interesados en abordar esas realidades, económicas que irrumpen a diario en la vida puertorriqueña ;y que van acumulando efectos inevitables sobre su sociedad y su tradición. —13—
¿Qué es la industrialización? Antes de 1950, fresca la tinta de los originales de la obra del Dr. Harvey S. Perloff titulada "El Futuro Económico de Puerto Rico", los problemas económicos, y sociales de nuestro país habían sido objeto de estudios aislados y se había acumulado bastante información acerca de estos temas. Ocho años antes, en 1942, se había dado el primer paso concreto para atacar uno de los flancos débiles de nuestro desenvolvimiento económico: la dependencia exclusiva de la agricultura principalmente basada en el monocultivo. Se creó la Compañía de Fomento Industrial de Puerto Rico, la corporación pública que sentó las bases del programa de industrialización y que asumió la responsabilidad de llevarlo a cabo. El año pasado, pues, el esfuerzo de industrialización había cumplido su décimo aniversario y estaba ya bastante adelantado en su segunda y actual etapa, la de marcha acelerada que se le ha dado para la década de 1950 a 1960.
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Cuando el profesor Perloff, rodeado de competentes colaboradores, nos, pintó el panorama completo de la economía puertorriqueña y estudió a fondo las posibles direcciones de su futuro desarrollo, ya teníamos, pues, una agencia preparada para la acción y con un historial favorable en sus ejecutorias. Al aparecer el libro de Perloff, calificado por el gobernador Muñoz Marín como "la esencia del problema de Puerto Rico y la esencia de su solución", se intensificó lo que podemos 11amar el programa integral del desarrollo económico del país. Este programa no es inflexible; modifica o da énfasis a las actividades según respondan a las realidades, dentro de una escala de prioridades que sirve de guía a los planificadores, promotores y ejecutores de los proyectos. El día en que se proclamó la batalla de la producción se estableció y se puso en vigor una prioridad de primer rango en la política económica y fiscal de Puerto Rico. En ese instante, la industrialización dejó de ser un hecho experimental para convertirse en parte importantísima de la vida de nues-14—
tro pueblo y de su lucha para terminar con la pobreza. Así lo reconoció, en efecto, el gobierno. El programa de industrialización, en su actual etapa de desarrollo, fué concebido y adoptado en 1950 siguiendo las recomendaciones formuladas al Gobernador por la División de Economía de la Junta de Planificación. Ese mismo año fué aprobado el Plan de Reorganización Núm. 10 de la Rama Ejecutiva, por el cual se creó la Administración de Fomento Económico para llevar a cabo la industrialización acelerada y para promover otros aspectos importantes de nuestra economía, tales, como la transportación, el turismo y el mercado de rones de Puerto Rico en el Continente. Conforme al referido Plan de Reorganización, el Administrador de Fomento Económico pasó a ocupar simultáneamente la dirección de la Compañía de Fomento Industrial y de la Autoridad de Transporte, corporaciones públicas que antes eran gobernadas por Juntas de Directores. Objetivos del programa
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Se fijó al programa de industrialización un objetivo de crear 80,000 nuevos, empleos industriales directos en la década que termina en el año 1960. El desenvolvimiento del programa, hasta fecha, indica que no será difícil lograr dicho objetivo quizás antes de 1960. Pero como los factores concomitantes de esta nueva fuerza económica en desarrollo multiplicarán el efecto económico directo de la industrialización, no sería nada de. extraño que, a medida que se vayan sobrepasando los objetivos originalmente señalados, vayan apareciendo cambios en la estructura económica del país que requieran una revisión de los cálculos previstos para el programa de 1950. Sobre este punto versará, en parte, la ponencia del señor Britton Harris, de manera que basaré mi exposición más bien en el objetivo formulado en 1950. Se ha estimado que la creación de 80,000 empleos directos en la nueva industria creará a su vez otros 80,000 empleos indirectos en las demás, actividades económicas relacionadas con el funcionamiento de las nuevas fábricas. Ten= —15—
dremos, pues, para 1960, oportunidades de trabajo que darán empleo a 160,000 personas, en su mayoría jefes de familia o sostenedores auxiliares de la economía del hogar puertorriqueño. Estrictamente en el sentido económico, este hecho afectará en grado más o menos intenso a unas 800,000 personas, o sea, la tercera parte de nuestra población potencial en 1960. La garantía de ingresos para un sector tan grande de nuestra población se presta a interesantes consideraciones. Supone, en primer término, una cuantiosa inversión de capital. Para actualizar las cifras, diré que nosotros hemos propuesto un plan que requeriría levantar, en. los seis años fiscales 1955 hasta 1960,un capital de 360 millones de dólares, del cual est'mamos la empresa pública (el Fondo General del Gobierno, la Compañía de Fomento Industrial y el Banco Gubernamental de Fomento) aportarían el 40 por ciento y la empresa privada el 60 por ciento. Ahora bien, los estudios realizados por la División de Economía de la Junta de Planificación sobre cien fábricas nuevas promovidas, en el año fiscal 1952-53, demuestran que cada dólar invertido por el Gobierno en la promoción industrial genera en un período de diez años alrededor de 60 dólares de ingreso0económico y unos 5 dólares de ingreso fiscal, aún tomando en consideración la exención contributiva que se les ofrece a las nuevas fábricas,. En opinión de la División de Economía, ningún otro programa de desarrollo económico del Gobierno ha dado resultados tan favorables comparando sus beneficios con su costo. No es difícil, por lo tanto, llegar a la conclusión de que el programa de industrialización es beneficioso y que vale la pena redoblar los esfuerzos, que el mismo requiere para conseguir el capital de inversión y llevarlo a feliz término. Tenemos, así, un programa que es factible para el Gobierno y ventajoso para el pueblo —un programa que reúne los elerneni:os sociales y psicológicos más atractivos que pueden desearse ron una situación. —16—
Ritmo acelerado de la industrialización Momentum es una palabra fuerte que, aplicada al programa de industrialización, resulta débil. A fines del año fiscal 1953 estaban funcionando un total de 235 fábricas ins, taladas bajo los auspicios de Fomento. Proporcionaban empleo a cerca de 21,100 trabajadores de producción, incluso operarios a domicilio, que cobraban 18 millones de dólares en jornales anualmente. Ahora mismo el programa está acercándose a la fábrica número 300 en actividad productiva, y para el primero de julio próximo probablemente habremos instalado la número 325. Quiero decir, sin falsa modestia, que las cifras de Fomento son obsoletas apenas salen de la máquina de calcular. En junio pasado instalábamos a razón de dos fábricas semanales. Este año el ritmo será mayor. Para los años, fiscales 1955 y 1956 proyectamos establecer aproximadamente siete cada dos semanas, o sea una cada 48 horas. Las estadísticas de empleo, producción y nóminas nunca estarán al día. Todos los cálculos siempre serán conservadores. Pero analicemos los cálculos, aún así. En el año fiscal 1952-53 se gestionó el establecimiento de 101 fábricas que junto con 18 en vías de instalación promovidas en el año fiscal anterior sumaban 119. En ese período 1952-53 empezaron a funcionar 82 fábricas y había 37 en vías de instalarse. Las 101 fábricas de este grupo promovidas exclusivamente en el año fiscal 1953 proveerán alrededor de 9,300 empleos, directos y pagarán en jornales una nómina anual de cerca de nueve millones de dólares. Dejo a los economistas Hugh Barton y Britton Harris en sus ponencias de lo que representan estas. elaboración la cifras en la generación de nuevos ingresos para la economía del país. Lo que ellos dirán no debe parecerles a ustedes espectacular, sino meramente dramático porque es representativo del desenvolvimiento normal de la industrialización. —17—
La nueva fuerza obrera industrial El abastecimiento de una fuerza obrera adecuada para estas fábricas, supone un esfuerzo creador enorme en un país con muy limitadas experiencias técnico-industriales. La Administración de Fomento Económico, con la eficaz cooperación de la División de Instrucción Vocacional del Departamento de Instrucción, y del Servicio de Empleos y la División de Aprendizaje del Departamento del Trabajo, ha organizado un ,programa de reclutamiento y adiestramiento, por medio de su Departamento de Servicios Industriales, para proveer los miles de operarios diestros que anualmente requieren las nuevas fábricas. Hemos tenido, además, que adiestrar personal de superintendencia y de gerencia que no teníamos en Puerto Rico. Tuvimos que importar técnicos y. maestros, y enviar becarios nativos al Continente para aprender las técnicas especializadas que exige la industria moderna. La movilización de los obreros adiestrados, el adiestramiento de nuevos contingentes de operarios, de capataces y superintendentes de producción y gerencia continúa, y la demanda crece año tras año. Han surgido ya, por consiguiente, dos vigorosos núcleos primarios de una nueva fuerza obrera industrial, y en el nivel administrativo y técnico un renuevo de la clase media, los que constituyen crecimientos portentosos en nuestro conglomerado social. Debo advertir que para el año 1960 esperamos tener en Puerto Rico una fuerza obrera industrial de 200,000 operarios activos, y que posiblemente para entonces la actividad industrial comprenderá unas 4,000 empresas, nuevas y viejas. Arriba del 60 por ciento de esta fuerza obrera se compone de mujeres. Las empresas establecidas han obtenido muy buenos resultados con la mujer en las tareas de la industria, aún fuera de su campo tradicional de la costura y la indumentaria. La destreza de nuestras obreras, especialmente en trabajos delicados o de precisión, es indiscutible. Hay indica= ciones, también, de que las obreras puertorriqueñas tienen un gran sentido de responsabilidad en su tareas y de que res-18—
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ponden y se ajustan fácilmente a las disciplinas y a la puntualidad requeridas, por las técnicas de la producción industrial. De esto tenemos ya un conocido historial en la industria de la indumentaria de Nueva York, en la que una alta proporción de las operarias es oriunda de nuestro país. Esto no pone en desventaja a los varones, sino que loa enfrenta a la firme realidad de la emancipación económica de la mujer en las naciones de estructura industrial democrática, como son Estados Unidos, Inglaterra y Francia. En general, los operarios, varones están demostrando aptitudes extraordinarias para absorber las nuevas técnicas industriales. El factor de productividad de los operarios de ambos sexos ha mejorado considerablemente en la mayoría de las, operaciones establecidas. Se están multiplicando los conocimientos técnicos con tal rapidez, que no veo semejanza entre estos obreros y el prototipo industrial de su clase que teníamos hasta hace seis años. Un grado de progreso semejante se observa en sus hábitos de disciplina. El elemento de rotación de los obreros, una de las contingencias que más suele preocupar a los, empresarios, ha alcanzado, por ejemplo, un índice notable de estabilidad en nuestra producción manufacturera. Un extenso cuadro representativo de la nueva industria, estudiado sobre bases, estadísticas, indica que el absentismo en las fábricas de Puerto Rico está aproximadamente al nivel de la industria norteamericana. Tenemos casos sin parangón en este respecto, como los de las numerosas plantas electrónicas, en las que el indice de rotación obrera es de solamente el 1.7 por ciento. La fuerza obrera industrial de las nuevas fábricas fluctúa entre las edades de 18 y 32, pero va ensanchándose, y elevará, el máximo de esta edad hasta crear un abundante contingente de operarios con mejores técnicas y de larga experiencia para el año 1960. El día que, por desgracia, Puerto Rico pierda esta nueva riqueza, habrá dilapidado no solamente Ja inversión cuantiosa en dinero y esfuerzo que ha hecho para lograrla, sino algo más grande todavía: . fortalecimiento de la personalidad humana a través de la adquisición de aptitu-1,a—
su
des y destrezas para la producción industrial, que es una mañera de crear para el bienestar humano y para la prosperidad social. Habrá quebrantado peligrosamente ese granítico pedestal de la dignidad individual y colectiva que es la libertad económica, sin la cual, en este mundo, las demás libertades, y especialmente el decoro humano, quedan reducidas a ficciones. Habrá despojado a nuestras generaciones jóvenes de la fe en propio esfuerzo y de la esperanza de superarse en que la juventud debe cifrar sus aspiraciones para un porvenir mejor. Los sorpresas de la industrialización
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A veces confieso que a mí mismo se me hace difícil creer lo que estoy viendo. ¿ Cómo se habrá modificado la vida de familia de estos miles de trabajadores que ahora se sienten seguros de sí mismos y participando activamente en un programa de proyecciones tan vastas? Hasta donde llega nuestro conocimiento, por lo que respecta al empleo de sus jornapor las mujeres, están mejorando la alimentación, la salud y el bienestar material de las familias. En las comunidades donde la actividad fabril ha inyectado de energía el movimiento comercial, se está vendiendo más ropa, más alimentos, más efectos y utensilios para uso del hogar. Los sociólogos y educadores tienen aquí un campo de investigación amplísimo. ¿Ha mejorado la asistencia a las escuelas públicas? ¿Los niños de estas familias de obreros van a clases mejor vestidos, más limpios y aseados, más risueños y más equilibrados emocionalmente? ¿Qué nuevas posiciones están ocupando sus padres y sus familias en la comunidad en que viven y en la sociedad puertorriqueña en general? Sociedad y comunidad están sintiendo, en sus modos de vida y en su desenvolvimiento económico, la influencia de estos cambios. La sociedad es un organismo viviente que se rige por condiciones bien cimentadas, en la realidad. ¿Qué nuevas varas está usando nuestra sociedad para medir ese esfuerzo extraordinario de dos generaciones de trabajadores que, diez años atrás, estarían navegando en el mar sin horizontes ociosidad forzosa? del desempleo y de —20—
Ellos han recorrido un largo camino, junto con nuestro programa de industrialización, desde . que éste empezó a andar a gatas. Primero, aprendieron a fabricar todo el cemento que usa nuestra industria de la construcción y todas las botellas que necesita nuestra industria licorera. Quizás pasaron por las desazones de una actitud social que soltaba la carcajada cuando se hablaba de industrializarnos. ¿Con qué obreros? —preguntaban los incrédulos. ¿Con qué técnica? —decían. Lo único que tenemos es arena y cascajo, y eso lo hemos tenido toda la vida. La gente se rió más cuando nos aventuramos a abrir la brecha en los campos de la cerámica y la industria de papel. Muchos se alegraron de que el Gobierno sufriera contratiempos y hasta de que fracasara en algunas de sus empresas. Hoy día, todos esos proyectos que parecían locuras son realidades de rutina en la industria privada puertorriqueña, en cuyas manos los puso el Gobierno después de darles el impulso inicial. En los comienzos, cuando empezamos a fabricar zapatos, nos, equivocamos en redondo. ¡ Los obreros no sirven! —gritaron los pesimistas. La verdad es que nosotros, los directores, no sabíamos cómo hacerlo y nos equivocamos de buena fe. El criollismo mal entendido nos convenció de que teníamos que fabricar calzado en gran variedad de estilos para consumo doméstico, y nos metimos en una empresa superior a nuestras potencialidades. Las lecciones aprendidas entonces nos han permitido desarrollar más tarde una industria de calzado que opera con éxito cinco fábricas en Ponce, Bayamón., Manatí y Canóvanas. En el año económico 1951 exportamos calzado por valor de un millón de dólares; el año siguiente las exportaciones tu= vieron un valor de más de dos millones de dólares. Hoy, las fábricas de envases de cartón del país proveen las cajas que pueden necesitar las fábricas de calzado establecidas. Las tenerías puertorriqueñas proveen en parte el cuero curtido a las fábricas de calzado. Centenares de obreros, están activos en un ramo de la actividad industrial porque otros centenares de obreros eficientes aprendieron a elaborar un nuevo pro-21—
dueto. Esta es una cadena larga y compuesta de distintas clases, de eslabones que forman la trama del gran diseño industrial. Desarrollo de grupos industriales Aunque sólo tres de las fábricas de zapatos empezaron su producción en 1953, a mediados de año se empleaban en ellas casi 800 trabajadores y se pagaban en jornales más de 10,600 dólares semanales —sobre medio millón de dólares al año. De enero a junio de 1953 en las tres fábricas más antiguas se utilizaba un 38 por ciento más de operarios. Actualmente, este grupo de fábricas, produce de 5,000 a 6,000 pares de zapatos diariamente. Cuando está industria esté manufacturando a su capacidad potencial de 21,000 pares diarios, se producirán unos ocho millones de dólares anuales en zapatos,, las fábricas proveerán empleo a más de 3,000 obreros y la paga semanal será de 40,000 dólares —más de dos millones de dólares al año nada más que en jornales. La fabricación de zapatos para exportar en un país como el nuestro, que importa quince millones de dólares, en calzado al año, es un reto formidable al status quo. La formación de grupos industriales sólidos, aquí como en cualquier parte del mundo, depende de la experiencia que ganan las primeras empresas que se arriesgan a abrir la brecha. Por esta razón debemos ejercer el mayor cuidado para no desalentar al abridor de surcos que siembra la semilla para la futura cosecha. En general, la comunidad puertorriqueña ha recibido las nuevas fábricas con la más sincera disposición de cooperar para su éxito. De nada hubiese valido el espaldarazo oficial si la opinión del pueblo no hubiese sido favorable al desenvolvimiento de la industrialización. No es entusiasmo, sino clamor lo que se oye por las, nuevas industrias. En cierto día, hace poco, La Fortaleza recibió visitas de ocho alcaldes. Cada uno de ellos traía un reclamo --que le instalaran una fábrica en su municipio. A las empresas les corresponde, por otro lado, hacerse acreedores a la confianza y respeto del pueblo y de la comu-22—
nidad en que están radicadas. A veces suceden malos entendidos que no deben conducirnos a la sinrazón, y en esto tienen que colaborar la empresa, los funcionarios públicos y los operarios. He oído de algún funcionario municipal que dijo que él estaba dispuesto a proveer cincuenta camiones para que se llevaran una fábrica situada en su pueblo, y que él llevaría otras cuatro fábricas en su lugar. La existencia de un mal entendido entre la empresa y los obreros en este caso no justifica semejante actitud. Si hay razones para que la fábrica de referencia no permanezca allí, deben corregirse las circunstancias de modo que surjan razones para que la fábrica se quede y continúe sus operaciones normalmente. Los ideales y actitudes de la comunidad deben armonizarse con las necesidades legítimas de la fábrica. Después de todo, la fábrica es un medio —los fines que se persiguen con ella son socialmente buenos y no deben olvidarse ni menospreciarse. Yo quiero asegurarle a este compatriota que si su pueblo pierde una fábrica por actitudes antagónicas de la comunidad, será sumamente difícil llevar allí otras fábricas. La fábrica que se va por tales razones nos hará perder otras muchas, y además hará difícil el establecer otras de su misma clase. Nosotros ya tuvimos esa amarga experiencia con una conocida fábrica de calzado que descontinuó sus operaciones en Ponce. Solamente procediendo con prudencia, pudimos reconstruir la confianza en este campo de la manufactura para poder atraer a otras empresas que ahora funcionan allí y en otros municipios con resultados satisfactorios. El éxito industrial es contagioso Los obreros y las comunidades interesadas en oportunidades de trabajo han aprendido que el éxito industrial es contagioso. Nada convence más a un fabricante que las ventajas dentro de las que opera su competidor más fuerte. Nosotros hemos conseguido numerosas fábricas, de plásticos porque las primeras que se instalaron salieron airosas en sus planes,. En julio de 1953 teníamos 14 fábricas de plásticos funcionando y 7 más en vías de instalación. Empleaban 860 tra-23—
bajadores con una nómina de jornales de 665,000 dólares anuales. El valor de nuestras exportaciones de productos plásticos en el año fiscal 1952-53 fué de más, de cuatro millones de dólares. Cuando se hayan instalado los siete nuevos establecimientos y estén funcionando a capacidad normal este grupo industrial empleará sobre 1,600 obreros de fábrica y pagará una nómina de jornales de más de millón y medio de dólares al año. En 1946 estábamos en cero plásticos. Hoy fabricamos novedades, azulejos, joyería, juguetes, vaporizadores, atomizadores, capotes impermeables, monturas de gafas y hasta tarjetas de identificación, todo hecho de material plástico. Actualmente tenemos alrededor de 50 fábricas de piezas y aparatos electrónicos y productos similares, la mitad de ellas instaladas en el curso del año 1953. En diciembre de 1948 la actividad electrónica en Puerto Rico empleaba solamente a 16 trabajadores. En marzo de 1953 ya empleaba 860 obreros en producción. Cuando empiecen a funcionar algunos proyectos que ahora estamos ultimando para instalación, este grupo industrial y sus similares, proveerán empleo para 4,000 obreros. La inversión en la planta industrial de estas fábricas y en equipo y maquinaria puede llegar a pasar los ocho millones de dólares. Cuando todas estén produciendo a capacidad, pagarán a sus trabajadores una nómina anual de más de cuatro millones de dólares. El día en que un grupo industrial como éste se sitúa en un municipio, se produce allí una verdadera revolución económica. En el registro de nombres, importantes de nuestra rama electrónica figuran firmas de renombre como Sylvania Electric, Hermetic Seal Products, Western Electrics, National Video, Lavoie Laboratories, Weller, Statham, Phillips Control y Sprague Electric. Manos puertorriqueñas, dirigidas por superintendentes puertorriqueños, están haciendo millones de piezas, accesorios y unidades electrónicas que se usan a diario en los Estados Unidos continentales., y otros productos relacionados con la industria electrónica, tales como equipo de —24—
radar, lámparas fluorescentes, tubos de radio, bombillas de cuadros telefónicos,, pistolas de soldar, etcétera. El factor humano y social He estado pintándoles estos murales, no para impresionarlos con números o con el éxito de nuestras gestiones, sino para darle relieve a los grandes bloques de humanidad que hacen palpitar al programa de industrialización, no solamente manipulando máquinas y desplegando sus destrezas, sino insuflándole el espíritu que mueve a toda grande obra. Esta obra es grande por el elemento humano que está envuelto en ella. El elemento humano es indudablemente el factor más importante para nosotros en el desarrollo industrial, si se quiere, todavía más importante que la disponibilidad de recursos financieros. Es importante para las empresas, pero todavía es mucho más, importante para nuestro programa social y cultural, por los cambios que en este orden de cosas introducirá la industrialización, como los introdujo en civilizaciones más fuertes y activas que la predominante en esta zona del mar en que nos ha tocado vivir a los puertorriqueños, aislados geográficamente de casi todas las tierras del planeta. La Revolución Industrial del mundo occidental, que empezó con una ofensiva de las ciencias aplicadas y de la técnica, sacudió profundamente los cimientos de la cultura en Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Bélgica y los. Estados Unidos. Pero en ningún caso mató la cultura. La cultura se repuso del choque, dominó la situación, le impartió el equilibrio de un pensamiento sano a la técnica y a la ciencia aplicada, y las puso al servicio del hombre. Es lo que tenemos que hacer en Puerto Rico, sólo que el proceso no es tan complicado y se presta a ser atendido —y entendido— con facilidad. Los empresarios que vienen aquí saben que vivimos en una época ya adaptada a la civilización industrial y en una sociedad que ha legislado en todos los campos de esa civilización. No es, en la Inglaterra del siglo 19, con su atropellada aglomeración de miles de obreros en arra-25—
bales industriales, con sus fábricas envueltas en la mugre y en el humo, con sus máquinas primitivas y agotadoras, con sus largas jornadas de trabajo y sus salarios miserables. Las nuevas industrias que han venido a Puerto Rico, en vez de crear arrabales manufactureros, están ayudando a extirpar el arrabal puertorriqueño. Son fábricas-jardines, convenientemente ubicadas en zonas destinadas para la producción, instaladas en edificios, modernos, bien ventilados o con aire acondicionado, llenas de luz y con comodidades de equipo para las tareas, y de servicios para el bienestar de sus obreros. Desde hace cincuenta años, Puerto Rico viene experimentando, indirectamente y en rol pasivo, los efectos de la industrialización de la nación más industrializada del mundo. Empezamos a sentirlos desde que el genio inventivo y las ciencias aplicadas norteamericanas, reforzadas por la máquina y más recientemente por la química, vinieron para quedarse aquí junto con la bandera y la ciudadanía de los Estados Unidos. El primer gran impacto de la industrialización desde el cambio de soberanía hasta 1930 nos trajo docenas de centrales azucareras. Es doloroso notar que en ese tiempo empezó a languidecer el Ateneo, desaparecieron los Juegos Florales y se dejó de bailar la danza. De nuestra vieja tradición agrícola del trapiche, la industrialización azucarera apenas nos permitió conservar algunas de aquellas bellas cosas, el machete afilado del cortador de caña, y para algunos poetas decadentes, el espectáculo de los bueyes mansos y cansados, rumiando a la orilla del río en la hora del crepúsculo. Nuestro pasado industrial Nuestro pueblo había entrado en el siglo 20 con el peso muerto de una tradición cultural y de patrones, familiares que no se acomodan a la vida de las comunidades industrializadas. Traía una carga de pesimismo convenientemente abonada por la pobreza, la mala nutrición y la poca educación. Encontró casi todas las puertas cerradas, y cuando se les abrieron fué para ofrecerle trabajos azarosos con salarios bajos. —26—
La industria azucarera fué la nueva proveedora del pan de cada día y la que hizo posible el grado limitado de progreso material en que se desenvolvió el país hasta 1930. Trajo trabajo con jornales bajos, pero jornales al fin. Nos permitió costear la construcción de carreteras y caminos y puentes para transportar la caña y mantuvo funcionando al viejo ferrocarril. Junto con el café y el tabaco, el azúcar nos ayudó a levantar escuelas, a preparar maestros y a empezar la cruzada contra el analfabetismo. Pero nuestra cultura tuvo que bregar con todos los males que nos trajo junto con sus bondades la industria del azúcar. Bregó también, aunque en una generación posterior, con otros males, desatendidos hasta 1940, tales como el latifundio y la organización de una sociedad rural casi desterrada de toda participación en los quehaceres de la vida social y la verdadera cultura. A nuestra generación, en esta nueva etapa de la industrialización, no puede recriminársele el haber faltado a su deber moral, porque nunca ha tenido la más leve intención de evadirlo. A nosotros nos interesan los fines más que los medios de la industrialización, pero se nos ha designado para bregar con los medios más que con los fines. Francamente, yo no creo en el bohío, ni en los bueyes, ni en el fogón de leña. Deseo para mis, compatriotas oportunidades de trabajo para que tengan buenas viviendas y comodidades decentes de bienestar. No me opongo a que toquen el cuatro, rasgueen la guitarra y canten aguinaldos y décimas. ¡Eso no, que nuestro pueblo no pierda ni su alma ni su guitarra! Pero que no se ofusque. Sentirse alegre un pueblo es sano, y es bueno si su estómago está lleno, al mismo tiempo que su corazón está contento y sereno su espíritu. El presente de la industrialización Como dije antes, la industrialización siempre ha estado con nosotros, excepto que hasta ahora habíamos sido más bien agentes pasivos de ella. Desde el biberón y su compañero el "bobo" que se nos dió en la cuna, hasta el ácido fé-27—
nico con que se .regaba el aposento del difunto y los clavos con que se clavaba su ataúd, todo nos, venía de afuera. Lo único que se nos ocurría era exportar nuestra industrialización de caña de azúcar. Tardamos cuarenta años hasta que el actual gobernador de Puerto Rico, don Luis Muñoz Marín, saltó al ruedo y lanzó el grito. Fué un grito a tiempo, y en su sitio. Ahora tenemos que decir que cuando se nos encomendó la tarea de industrializar al país todo el mundo puso el grito en el cielo. No puede ser, decían. No tenemos materias primas. No tenemos obreros. No tenemos mercado. Al parecer, nuestra tarea principal resultaba bastante inútil. Era algo así como arar en el mar: atraer capital, instalar fábricas, importar máquinas, adiestrar obreros para manejar las máquinas, explorar el mercado para una posible exportación industrial. A mí me asustaba un poco la tarea y se me antojaba oír por todas partes otro grito más inquietante: "que te coge el holandés". ¿ Cuál es, la situación hoy? Dos cambios revolucionarios. Estamos industrializándonos en parte para producir cosas que aún importamos, pero principalmente para exportar cosas que no habíamos soñado nunca en producir. ¡ Gracias a Dios que ya nadie se atreve a negar que sabemos fabricar botellas, y cemento! Nuestra audacia nos ha llevado más lejos: ya estamos vendiéndole una gran cantidad de cemento al estado de Florida. Los medios de la industrialización componen una lista interminable. Estamos fabricando para venderles a nuestros conciudadanos del Norte algo más que cemento y botellas llenas de aguardiente. Les vendemos aparatos armados con componentes electrónicos y piezas hechas en Puerto Rico; les vendemos receptores, de radio y televisión hechos en parte en Puerto Rico; les vendemos bobinas eléctricas, motores, generadores y calibradores de alta precisión hechos por manos puertorriqueñas. De nuestras fábricas, salen productos terminados tan buenos como los que se hacen en los Estados Unidos: voltíme-28—
tros, amperímetros, navajas de afeitar eléctricas, rodajes para encendedores, tubos de radio, remaches y equipo de radio para aviones, boquillas de taladro y accesorios para los talleres de la industria aeronáutica, lámparas fluorescentes y pistolas de soldar. Les vendemos lentes bifocales hechos por muchachos y muchachas de Guayama y Ciales; plumas de fuente fabricadas en Salinas; zapatos para niños fabricados en Ponce y Manatí; efectos plásticos de las, fábricas de Río Piedras y Hato Rey; juguetes elaborados en Arecibo; telas de algodón y de rayón de Ponce, Vega Alta y Humacao; gorras y camisas deportivas, uniformes de enfermeras; medias, guantes, sostenes, joyería, carteras, y muchos otros artículos de la indumentaria femenina elaborados en una docena de pueblos desde Naguabo y Cayey hasta Dorado, Toa Alta y Corozal. La industrialización de Puerto Rico no es para los, consumidores de Puerto Rico y los Estados Unidos exclusivamente. Nuestro lema es cualquier extremo legítimo a que nos puedan llevar la ambición de éxito y la persistencia en el trabajo. Si posible, hasta venderles relojes a los suizos, y gasolina y lubricantes a los automovilistas de Tejas y California. ¡ Más modestos no podemos ser por ahora!
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LA ESTRUCTURA ECONOMICA DE PUERTO RICO EN TRANSICION * Por BRITTON HARRIS
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La actual década representa un punto culminante en los cambios estructurales cumulativos que han venido ocurriendo constantemente en el proceso de la economía de Puerto Rico. Después de siglos de un desarrollo agrícola colonial, al iniciarse el actual siglo llegó a la Isla la agricultura industrializada. Esto fué seguido de medios modernos de comercio, comunicaciones y manufactura —y a la vez, cesó de crecer el número de empleos agricultura. Métodos modernos de medicina desataron un aumento en la población en la última parte de la década del '30. Y al aumentar los ingresos, la transportación aérea, la integración continua en el Continente —que iba reaccionando a la par con el aumento en la población— ha traído como culminación una emigración que ha llegado a niveles jamás soñados. ' La última década, durante la cual estos cambios han madurado y sc han convertido en centro de interés,, ha -coincidido con un período de cambio social y político en el cual el pueblo d Puerto Rico ha expresado su determinación de controlar más activamente su propio desarrollo. Durante este período, los problemas de la economía de la Isla han sido examinados concienzudamente, y los cursos posibles de acción han sido explorados y probados. En general, el pueblo de nuestra Isla está de acuerdo en que Esta ponencia fué leída en su texto original en inglés.
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la . solución a sus problemas está en la industrialización, o sea, una más completa, planeada y precisa revisión estructural de la economía de la Isla. El propósito de esta ponencia es examinar concretamente y con sentido crítico las implicaciones de esta política a la luz de nuestra experiencia más reciente. Esta experiencia indica que el camino que hemos, escogido está lleno de peligros. Existe el peligro de guerra. Existe el peligro de una seria depresión económica. Y más importante aún, existe el reciente aumento rápido en la emigración, que trae por sí varios peligros de los cuales todavía no estamos completamente conscientes. Todos, estos peligros juntos crean la pregunta de si la dinámica de nuestra vida social, y los éxitos'' que ya hemos alcanzado en nuestro esfuerzo para el desarrollo de nuestra economía, pueden llevarnos hasta un nivel desde el cual sea posible el continuo crecimiento económico, sin que retrocedamos a un estancamiento económico y sin consecuencias serias d-bido a la emigración excesiva. La contestación que yo he encontrado, es en la afirmativa, pero condicionada: Estos peligros pueden ser evitados, pero sólo a través de cambios estructurales en la economía, cambios más drásticos que todos los que ni siquiera se han contemplado todavía. La presente emigración en grande escala, para poner a la tendencia de aumento de población, continúa en inversa la Isla, y desde ese punto de vista, el desarrollo se presenta más posible, pero a la vez trae ciertos factores graves que tienden a ser pasados por alto. Primero, se nos está llevando más gente perteneciente a la fuerza "obrera, que las que pertenecen a la clase más vieja, o más joven, de la población del país. Esto hace que-aumente el ñúmero de dependientes por obrero en la Isla, y eu consecuencia, hace que sea más difícil lograr el objetivo de aumento de ingreso por familias. Ségundo, desde el momento en que nos lleva aquella parte de la población de más energías, bajará la productividad, debilitará nuestro potencial .cultural, y aflojará los lazos, de faemigrantes mantienen fuertes ,nexos milia. Tercero, como —31—
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con la Isla, y pueden regresar a la Isla en los tiempos malos, la emigración por tanto, introduce un fuerte factor que puede afectar la estabilidad de la economía y hace aún más peligrosa para el pueblo de Puerto Rico, la amenaza de una depresión en Estados Unidos. Cuarto, los emigrantes que se van al Continente, están encontrando dificultades en integrarse a su 'nuevo sistema de vida; frecuentemente se ven obligados a aceptar empleos, marginales, y su presencia crea un prejuicio —que por ser injusto y sin fundamento no deja de ser real— contra Puerto Rico, prejuicio que podría tener consecuencias serias. Está claro que la actual escala de emigración viene como resultado de las más altas, escalas de oportunidades económicas que existen en el Continente, tanto en términos de salarios, como en términos de puestos disponibles. El puertorriqueño está ejerciendo s,u libertad de seleccionar dentro del sistema americano, y bajo condiciones donde el rigor de las condiciones restringe demasiado la libertad de selección en otros campos. Se necesita aumentar considerablemente las oportunidades en la Isla para proveer un número suficiente de alternativas de modo que en realidad pueda existir una verdadera selección libre, y el conseguir proveer esas alternativas dentro de un período razonable de tiempo requiere un desarrollo industrial llevado a cabo a un paso mucho más rápido que logrado hasta ahora. Puede ser que el acelerar ese desarrollo industrial no esté todavía dentro de la política establecida por el Gobierno del Estado Libre Asociado, pero cada boleto de avión comprado para un viaje hacia Nueva York, puede ser interpretado como un voto en su favor. Estudios recientes indican que la economía de Puerto Riestá logrando aumentar el ingreso por obrero empleado, co no está logrando crear adecuadas oportunidades de empero pleo. A pesar de la emigración, a pesar de que hay nuevas oportunidades de empleo en la industria, y a pesar de las predicciones hechas en el bien conocido informe del 1950 de la División de Economía de la Junta de Planificación, todavía el desempleo en Puerto Rico no ha bajado sustancialmente. —32—
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Los acontecimientos económicos están haciendo quedar mal dicho informe: los objetivos en cuanto a ingresos, se están alcanzando mucho más rápidamente que lo que se había anticipado, pero los objetivos en cuanto a total de nuevos empleos a crearse, esos objetivos se están logrando más lentamente. Como el programa de este informe es, el que establece la base principal para planear el desarrollo económico de la Isla, esta rara diferencia del plan merece mucha más atención. Los objetivos del informe de 1950 eran de un aumento en diez años de 68,000 empleos en manufacturas, un nivel estable de empleo en la agricultura, y un aumento de unos 135,000 empleos en otros sectores de la economía. Cuando se considera la productividad por obrero, y los cambios en horas de trabajo por semana, estos objetivos están de acuerdo con los objetivos sobre ingreso de familias delineados por el Gobernador Muñoz en su últ'mo mensaje a la Legislatura. Los objetivos en general, están completamente de acuerdo con el potencial de la economía de Puerto Rico, pero es fácil de probar que los objetivos específicos no están de acuerdo con los acontecimientos en la práctica. Esta aparente paradoja es explorada en el actual informé División de Economía de la Junta de Planificación, y tode davía hay que estudiar en más detalles sus implicaciones, completas. Durante los últimos tres años, empleos con mejores sueldos tanto en Puerto Rico• como en el Continente, han sido la razón para que muchos hayan dejado ocupaciones de sueldos más bajos, o aquellas ocupaciones donde se emplean parte del tiempo solamente. Mientras nuevos empleos, han ido surgiendo en las plantas manufactureras según los planes, el empleo casero en la industria de la aguja ha sufrido una merma drástica, en parte debido a la competencia del Lejano Oriente. El empleo en la agricultura, y el ingreso neto, han bajado — en empleos, la merma ha sido de unos 30,000. En todas las otras ramas de la economía, se ha notado un movimiento hacia empleos más estables, y con mejores sueldos,, y se ha notado una merma en empleos marginales y parciales, —33—
con el consiguiente aumento en productividad por obrero. Pero debido a que el número total de empleos con sueldos más altos en la Isla no ha ido aumentando con suficiente rapidez, una gran parte de ese movimiento se ha llevado a cabo mediante la emigración hacia el Continente. Es muy importante destacar que, por necesidad, este movimiento continuará por largo tiempo. Estamos, en el umbral de una revolución tecnológica en la agricultura, que desplazará quizás unos 40,000 obreros de la caña solamente. El tamaño y el valor de la cosecha del café probablemente declinen sustancialmente debido a su característica de cultivo extensivo, y la escasez de obreros para recoger la cosecha —unaescasez que será más grave según vaya aumentando el ingreh so individual. La reorganización de los cultivos básicos, con salarios, más altos, y con mayor ayuda mecánica y química, dejará libre más tierra que puede ser utilizada para otros fines, pero como quiera que esa tierra tiene que ser utilizada eficientemente, tendrá que utilizar menos obreros por acre — de lo contrario no podrá emplear los obreros, ni vender sus productos en libre competencia. En el comercio al por mayor, y al detall, hay cerca de cien mil empleados, trabajando, muy deficientemente, con sueldos sumamente bajos, o simplemente con un pequeño ingreso como dueños. La competencia, y la atracción de otras oportunidades de trabajo mejor, obligarán a esta industria a racionalizarse. El servicio doméstico está ya declinando y seguirá así. También habrá futuras economías en la transporftación pública. El tiempo no permite una exploración más detallada de los cambios estructurales en la economía que pueden y tienen que realizarse según el pueblo de Puerto Rico va buscando ingresos más altos, y la economía vaya respondiendo haciéndose más eficiente. Está claro, sin embargo, que el informe de 1950 ha establecido objetivos que son deficientes en varios, aspectos en particular. Primero, se hizo un cálculo muy exagerado en cuanto al número de empleos que podrá proveer la agricultura. Segundo, se quedó exageradamente corto el —34—
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cálculo que se hizo del número de personas empleadas con sueldos muy bajos, quienes dejarían otros empleos; como resultado, se. exageró el cálculo sobre número de empleos disponibles en los servicios, construcciones, etc. El informe usa un multiplicador de dos —o sea, calcular dos nuevos empleos en comercio y actividades parecidas., derivados de cada nuevo empleo creado. Lo más probable es que en la práctica, se vea que el multiplicador sea hasta menos de uno. En resumen, por lo tanto, y utilizando un proceso de eliminación, nos quedamos con tres alternativas: em grac:ón, desempleo, o prepararnos, para crear muchos más empleos en fábricas en los años que vienen. Asumo que se harán todos los esfuerzos posibles para acelerar la industrialización de nuestra Isla. Hasta donde estas, tendencias sigan el curso que he delineado —y hasta cierto extremo eso no depende de nuestra voluntad—, la sociedad de Puerto Rico tendrá que enfrentarse a un número de problemas sociales muy serios. Estos no son problemas nuevos, pero sí son problemas viejos, aunque más acentuados. Es casi inevitable que la industrialización y la urbanización caminen juntos. Esto es así no sólo debido la naturaleza de la industria, sino también porque el puertorriqueño parece ser atraído por naturaleza hacia la vida en la ciudad. Nuevos empleos y nuevas demandas de la industria, agricultura, comercio y servicios, demandarán un obrero de mayor calidad, con mayor adiestramiento, mejor alimentación , y con una psicología nueva. Al mismo tiempo, la comunidad se enfrentará a un serio problema en la ayuda necesaria para que los obreros más viejos y los parcialmente incapacitados, que tendrán que ser retirados de sus empleos actuales, encuentren nuevos trabajos. Nuevas ocupaciones y los ingresos mayores, crearán nuevas formas de vida, nuevos niveles de consumo, cambios, en la vida de la familia, y nuevas demandas al Gobierno para que provea distintos tipos, de servicios. En fin, que la revolución en Puerto Rico escasamente ha empezado. Ya he indicado que el proceso está vigente en gran medida fuera de nuestro control. En lo que más podemos in-35—
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fluir es en la selección de oportunidades para los puertorriqueños entre la Isla y el Continente. Un esfuerzo acelerado para proveer estas oportunidades aquí hará surgir problemas soc ales y de familia que yo estoy seguro nuestro dinámico y adaptable pueblo puede resolver rápidamente, les damos los instrumentos y la asistencia necesaria. Las alternativas son más tremendas que la peor de estas dificultades.. Una de estas alternativas, que ya la tenemos al alcance de la mano, es la continua reducción de nuestra población hasta que llegue a un nivel de quizás solamente un millón, mientras, la emigración más fuerte se ceba en las edades de mayor vigor físico. Eso le sucedió a Irlanda y con resultados desastrosos,. Por otro lado, si fuera posible el detener arbitrariamente la emigración, ya puedo ver lo que sucedería: el cultivar las tierras hasta bien arriba en las, lomas pedregosas; la desaparición de árboles y áreas de maderas para carbón y para realizar un último esfuerzo desesperado por conseguir más tierras para cultivar; a los campesinos empobrec'.dos mudándose hacia los centros metropolitanos haya o no oportunidades de empleo en los mismos, y ganándose la vida realizando trabajos mayormente en servicios de secundaria importancia, Organizados en tal forma que el trabajo pueda ser distribuido de modo que por lo menos cada familia pueda tener una entrada mínima, aunque sea una entrada miserable. Eso fué lo que sucedió a China y la India. La única alternativa contra cada uno de los, cursos anteriores, es la industrialización, y a pesar de las dificultades que puede crear un sistema de industrialización acelerada, y de los cambios estructurales que hay que hacer en la economía que acompaña a esa industrialización, creo que ese es el paso que se debe preferir a cualquiera de las otras dos alternativas.
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EFECTOS DE LA INDUSTRIALIZACION RAPIDA SOBRE EL INGRESO DE PUERTO RICO Por H. C. BARTON, JR.
El programa de desarrollo económico de Puerto Rico es conocido actualmente en todo el mundo. Su éxito es evidente; y un creciente número de oficiales de gobierno y estudiantes viene todos los años, del extranjero a fin de estudiar lo que hemos realizado y lo que estamos planeando para el futuro. Cuando estos visitantes oficiales llegan a nuestras oficinas de la Junta de Planificación, como sucede frecuentemente, subrayamos un hecho básico sobre el programa de desarrollo económico de Puerto Rico: que el propósito fundamental del programa global es proveer nuevas oportunidades de trabajo y elevar los ingresos. Para nosotros,, una nueva fábrica, una plaza de mercado o un nuevo aeropuerto no es un fin en sí mismo. Su importancia estriba en que, al ayudar a aumentar los. ingresos, eleva el nivel de vida del pueblo de Puerto Rico. Mr. Harris señaló en su penetrante anális_s a'gunos de los cambios estructurales que han estado ocurriendo en nuestra economía ry que deben continuar manifestándose en el futuro si nuestro programa ha de alcanzar sus objetivos de ingreso. Como él ha indicado, parte de estos camb os estructurales fueron deliberadamente planeados; así, por ejemplo, la adición a la economía de muchos más, empleos fabriles de mayor remuneración. Otros, sin embargo, como la reducción d empleos en las ocupaciones de escasa importancia y de baja remuneración de la agricultura y comercio, no fueron ni siqu:e-37—
pro-
ra previstos. En realidad, sólo muy recientemente hemos captado la verdadera magnitud del empleo parcial, el grado en que pueden contraerse estos empleos marginales y, por_ consiguiente, el tiempo que puede requerir la eliminación del desempleo. Este movimiento espontáneo de dejar las ocupaciones de baja remuneración, sin embargo, sigue también la deb_da trayectoria. El objetivo básico de ingreso del grama global queda cabalmente atendido, cuando un hombre puede abandonar una ocupación marginal en una finca de sub-' sistencia para ocupar un empleo mejor. La disponibilidad de este "empleo mejor" en Puerto Rico es meramente otra faceta, otra expresión de los objetivos de ingreso de nuestro programa. Tenemos todavía miles de trabajadóres. desempleados o parcialmente empleados, compitiendo por un número relativamente pequeño de vacantes. Lo que nosotros deseamos es precisamente lo contrario: que existan tantas buenas oportunidades de trabajo que haya que competir por los trabajadores. Nuestro programa de desarrollo está dirigido enteramente hacia la consecución de estos dos objetivos de empleo e ingreso. Las, metas primarias del programa son, conjuntamente, la industrialización rápida y la expansión de la producción agrícola. La expansión de la producción pjimaria representa mayores nóminas fabriles y mayores ingresos agrícolas, los..cuales, a medida que se gastan, estimulan todos los demás sectores de la economía. Cuando los trabajadores industriales y agrícolas reciben y gastan más dinero, aumentan el negocio de los comerciantes, y choferes públicos, existe mayor demanda de energía eléctrica ,y medios de transportación y la gente puede construir mejores viviendas. El aumento de los negocios y el mayor ingreso personal en todos los sectores de la economía da margen a una mayor recaudación contributiva. Esto, a la vez, capacita al Gobierno para brindar mejores servicios en los campos de la educación, de salud, de hogares públicos y otros, que contribuyen al mayor bienestar público. El Gob erno, mediante la provisión de estos servicios y la recaudación equitativa de las contribuciones, que sirven para fi-38—
nanciarlos, ayuda a distribuir en forma justa y equitativa el mayor ingreso producido por la creciente economía industrial. La industrialización es así, la punta de lanza en nuestro avance hacia la consecución de un mayor bienestar material y una más plena justicia social. Puede decirse, sin lugar a dudas, que actu mente Puerto Rico está en proceso de una rápida industrializ ción. Por más de un año hemos estado estableciendo alrede r de dos fábricas por semana. En conjunto, la Administr ción de Fomento Económico ha promovido 300 establecimieiltos manufactureros, de los cuales unos 270 están en opera ón, y el resto, en proceso de establecerse. Las fábricas patrocinadas por el Gobierno y que están ya operando tienen un empleo medio de alrededor de 93 trabajadores por planta, esperándose que aquellas que se están estableciendo alcanzarán un promedio similar. De esta forma, las 300 fábricas pronto estarán proporcionando alrededor de 28,000 empleos nuevos. El pago por trabajador actualmente llega a un promedio de $920 al año. Con nuevas industrias de un nivel más alto de jornales y con el aumento del tipo general de salarios, parece razonable anticipar que los trabajadores de las nuevas fábricas, pronto alcanzarán un jornal promedio de $1,000 al año. Por tanto, con 28,000 trabajadores ganando alrededor de $1,000 anuales, la nómina anual de estas 200 fábricas nuevas probablemente pronto llegará a $28,000,000. La nómina constituye alrededor del 65% del ingreso originado en la industria manufacturera, por lo que estos $28,000,000 de nómina adicional significan unos $44,000,000 de ingreso total adicional. Se cree que cada nuevo dólar de ingreso origina otro dólar de ingreso en las industrias de construcción, transportación, comercio y otras, en las cuales se gasta el dólar del ingreso primario. En consecuencia, considerando el efecto conjunto, las 300 fábricas nuevas promovidas hasta ahora añadirán $88,000,000 anuales al ingreso de Puerto Rico. Estos $88,000,000 anuales constituyen una cifra respetable y representan un logro del que todos, nos sentimos or-39=
gullosos. Pero es bueno señalar, sin embargo, que, en relación con la población total de Puerto Rico, esos $88,000,000 anuales suponen únicamente 75 centavos semanales por persona. Aún si pudiésemos continuar abriendo dos o más fábricas nuevas a la semana, es evidente que se tardaría muchos años para que la industrialización, por sí sola, pudiese eliminar la pobreza en Puerto Rico. Por esta razón el programa de desarrollo económico no depende exclusivamente de la industrialización como fuente de nuevos ingresos. La industrialización es la punta de lanza, pero está reforzada por el desarrollo agrícola, el turismo, la promoción del ron, la expansión de las facilidades portuarias y de aeropuertos, los servicios públicos y muchos otros programas económicos del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Además, la economía de Puerto Rico ha recibido vigoroso sostén de las aportaciones federales, al igual que los, distintos estados, para carreteras, escuelas y ' hospitales, y el estímulo del gran aumento de los gastos de operación de las Fuerzas Armadas y otras agencias federales en Puerto Rico. El efecto combinado de todos estos, factores, incluyendo los gastos, ha dado lugar al rápido aumento del ingreso real que ha venido ocurriendo durante más de una década. Durante la década de 1940-50, el ingreso real por familia aumentó en Puerto Rico alrededor de un 40%. En otras palabras, descontando el efecto del nivel más alto de los precios y del aumento poblacional, en promedio, una familia podía comprar en 1950 un 40% más, de artículos y servicios que en 1940. Más aún, durante los últimos cuatro años el ingreso real por familia ha estado aumentando dos veces más rápidamente que en la década de 1940. Si se pudiese mantener este ritmo, los ingresos, reales de las familias casi se duplicarían durante la actual década. Por desgracia, dos de los factores favorables de la situación actual son probablemente transitorios., La población se ha mantenido estable debido a la tremenda emigración hacia el Continente, y los recientes, aumentos en los gastos federa-40—
les han sido anormalmente altos. Sería demasiado esperar que surgieran nuevas fuerzas de magnitud similar que las reemplazaran. El otro factor principal que contribuye al actual nivel del ingreso de las familias es, el ritmo acelerado del programa de industrialización. Esperamos que éste continuará, y se han fijado metas más altas para los años venideros. Aún aquí, sin embargo, experimentaremos un serio retroceso si no se detiene pronto la recesión económica que está desarrollándose en Estados Unidos continentales. Si siguiera progresando hasta convertirse en un largo período de estancamiento económico o en una seria depresión, detendría casi con seguridad nuestra expansión industrial. La depresión en el Continente detendrá la migración y posiblemente la invertiría; y de muchas otras maneras, mientras durase, también deprimiría el nivel de ingresos en Puerto Rico. El avance excepcionalmente rápido de los años, recientes nos hace abrigar esperanzas en relación con el 1960. Salvo una seria depresión en el Continente, podemos esperar que el aumento del ingreso real de las familias sobrepasará durante la actual década el 40'/ que se registró en la década de 1940. Parece enteramente posib'e que los ingresos reales de las familias serán en 1960 un 507 más elevados que en 1950. Un progreso de tal magnitud mejoraría enormemente el bienestar social y económico del pueblo de Puerto Rico. Un estudio reciente realizado por la División de Economía de la Junta de Planificación, basado a su vez en un estudio del Negociado de Estadísticas del Departamento de Trabajo, demostró que los ingresos de las familias habían alcanzado un promedio de $1,800 en 1950. Esta cifra incluye tanto el ingreso monetario como los, ingresos en especie, tales como los productos alimenticios cosechados para el consumo del hogar y el suministro de viviendas gratuitas. Desde el punto de vista social, esta cifra de ingreso promedio es menos significativa que el número de familias que tienen ingresos menores de $1,000 al año. Estas familias de bajos ingresos son elegibles para ocupar hogares públicos y
para recibir servicios médicos gratuitos y, las más pobres de todas, reciben pagos de asistencia pública. Estas familias, con ingresos inferiores a $1,000, plantean también un serio problema económico. Forman parte de éstas la mayor parte de los trabajadores desempleados o los más seriamente afectados por empleo parcial. Como consumidores, su poder adquisitivo sumamente bajo, contribuye muy poco a la demanda de los artículos y servicios que puede producir la economía. En 1950, según el estudio de la Junta de Planificación, existían 178,000 familias con ingresos inferiores a $1,000. Esto significa que el 40% del total de familias en Puerto Rico eran elegibles para recibir alguno de nuestros servicios sociales, y estaban dependiendo de personal y facilidades que eran insuficientes para tan pesada carga. Mayormente por falta de empleo, o por lo menos de un buen empleo, 4 de cada 10 de estas familias no podían contribuir cabalmente a nuestro crecimiento económico. Si para 1960 sube un 507 el ingreso promedio de las familias, habrá un marcado cambio en la situación últimamente descrita. Según el estudio de la Junta de Planificación, soJamente alrededor del 22% de las familias de Puerto Rico tendrían entonces ingresos inferiores a $1,000. La carga que gravita sobre nuestros servicios sociales en general se reduciría a casi la mitad, y la proporción de los de niveles más bajos de ingreso, aquellos que son elegibles para los pagos de asistencia pública, se reduciría aún más drásticamente. Al mismo tiempo, los ingresos del Gobierno, especialmente los provenientes, de la contribución sobre ingresos, serían mucho más altos. Estos .dos factores, menor carga social y mayor ingreso público, harían económicamente posible mejorar notablemente las normas y niveles de nuestros servicios sociales. Por ejemplo, disponiendo de más fondos y con muchos menos casos, los pagos de asistencia pública podían ser fácilmente 4 ó 5 veces mayores que los actuales. Habría menos gente necesitando hogares públicos, no obstante nuestra mayor capacidad —42—
para construirlos; y así, a través de toda la lista de nuestros servicios sociales. Resulta desagradable que no se puedan prestar servicios sociales adecuados a toda la gente que vive en la pobreza. Estos servicios, adquirirán una importancia substantiva cuando los ingresos sean más altos y haya que prestárselos a menos gente. Unicamente entonces se podrán proveer mediante los servicios, sociales, ingresos suplementarios que en cantidad y calidad se acerquen al nivel necesario liara satisfacer las necesidades humanas.
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EFECTOS DE LA INDUSTRIALIZACION RÁPIDA SOBRE LOS RECURSOS HUMANOS Y LOS REQUISITOS EDUCATIVOS Por RAFAEL de J. CORDERO
En el año económico de 1952-53 se establecieron en Puerto Rico 81 empresas manufactureras alentadas por el Programa de Promoción Industrial. Estas nuevas empresas emplean alrededor de 7,000 trabajadores. En el año económico anterior se establecieron 69 fábricas nuevas y 32 en el año económico 1950-51. Si continúa este ritmo de desarrollo industrial, en el año 1953-54 deberán iniciar sus operaciones alrededor de 100 nuevas empresas industriales:. Si las condiciones económicas en los Estados Unidos no sufren deterioro, es muy probable que en Puerto Rico la industrialización mantenga su ritmo actual de desarrollo y crecimiento. Cien fábricas nuevas que se establezcan, a base de los promedios actuales, habrán de dar empleo directo a cerca de 9,000 obreros. Cien fábricas nuevas que empleen 9,000 obreros, generan actividad económica que afecta el comercio, la transportación, los servicios, las construcciones, la agricultura y otras fases de la economía, dando margen a la creación de oportunidades de trabajo probablemente a otros 9,000 obreros. Si aceptamos esta premisa como correcta, las, perspectivas son de que el Programa Industrial creará empleos directos e indirectos para un total de 18,000 obreros anualmente. Sin embargo, estos cálculos, pueden resultar muy conser•-44. .
vadores ya que de no haber cambios adversos de naturaleza económica o política las probabilidades son de que el número adicional de fábricas a establecerse anualmente sea mayor cada vez. La experiencia de los últimos, tres años nos indica que el número de fábricas sigue una proyección ascendente. Además, a medida que aumenta el número de industrias se desarrolla una atracción espontánea de otras industrias para las cuales, se crean oportunidades lucrativas, y esto, unido a la promoción fomentada por el Gobierno, tiende a mantener el ritmo ascendente en el desarrollo industrial. Por consiguiente, es lógico anticipar que como consecueñcia del panorama industrial en Puerto Rico se creará una demanda de trabajadores para las nuevas empresas industriales y para las actividades económicas generadas por éstas que se aproximará al aumento anual en la fuerza normal trabajadora si no hubiera emigración. La emigración neta anual de alrededor de 70,000 personas, .sin embargo, no permite aumento en la fuerza trabajadora normal. Por el contrario, la está mermando considerablemente ya que a juzgar por un estudio efectuado por el Negociado de Estadísticas del Trabajo, a base de muestras, un 64% de los emigrantes corresponde a las edades comprendidas, entre 15 y 39 años y cerca de la mitad está entre los 20 y los 39 años. De ser Ueste estudio representativo, debemos esperar una merma considerable en la fuerza trabajadora normal y especialmente en las, edades más productivas. También es oportuno señalar el hecho de que dos terceras partes de los emigrantes son varones y que más de 13,000 de éstos pertenecen a las edades de mayor productividad. ¿ Cómo habrá de suplirse la demanda adicional de trabajadores para cubrir los 18,000 o más empleos adicionales todos los años si la emigración continúa al nivel actual y la fuerza trabajadora se reduce en vez de aumentarse? A nuestro juicio, y a base de lo que ya estamos observando en Puerto Rico, lo probable es que ocurra lo siguiente: Una proporción mayor de mujeres ingresará en la fuerza obrera; los trabajadores de ambos sexos, que actualmente se emplean —45—
~ r
en trabajos en los cuales la remuneración es relativamente baja buscarán trabajo en las nuevas empresas industriales, de otras clases en que los salarios sean más atractivos,; un número mayor -de trabajadores agrícolas se trasladará en busca de mejores oportunidades, a las zonas industriales; habrá una reducción de los trabajadores desempleados y de aquéllos que hoy tienen que aceptar empleos de jornada parcial o de temporada. Además de este efecto general en la demanda y oferta de trabajadores, la industrialización rápida habrá de requerir un aumento considerable de obreros diestros; de personal técnico y profesional; de supervisores y capataces. Habrá necesidad de intensificar y extender los programas dedicados a la preparación de este tipo de trabajador y de ofrecer adiestramiento acelerado en las fábricas, en las escuelas técnicas y profesionales y en las escuelas vocacionales. Habrá que intensificar la enseñanza de la ingeniería, de las ciencias físicas y matemáticas y de las, disciplinas necesarias para desarrollar supervisores y gerentes, además, de contadores y economistas especializados. Todo este programa requiere maestros para estas escuelas, para estas disciplinas y para estas destrezas. Será imperativo, además, extender las facilidades educativas para que todos los, puertorriqueños tengan la oportunidad de obtener una educación elemental completa para garantizar una afluencia mayor de recursos humanos por los cauces del adiestramiento industrial, vocacional, técnico y profesional. La escuela secundaria tendrá que ser más flexible y variada. La instrucción de tipo superior a la escuela primaria deberá acoplarse a las necesidades de una sociedad industrial con sus múltiples demandas de adiestramiento diversificado. La industrialización rápida en Puerto Rico habrá de dar mayor valor a los recursos humanos y habrá de exigir una atención más cuidadosa al desarrollo y utilización de estos recursos. La industrialización y la emigración eliminarán la abundancia del factor humano en nuestra ecuación económica. El precio de este factor tendrá un alza considerable en el —46—
el
mercado del trabajo. Las empresas económicas que no puedan mejorar su productividad y pagar este precio sufrirán los efectos de una intensa escasez de trabajadores. La agricultura en Puerto Rico tendrá que transformarse y adoptar técnicas modernas para aumentar sus rendimientos con un número menor de trabajadores. Los terrenos marginales no podrán usarse por empresas comerciales ya que no podrán pagar los salarios que los, obreros tendrán oportunidad de obtener en las empresas agrícolas e industriales más productivas. De continuar el ritmo actual de desarrollo industrial, en los próximos 10 años en Puerto Rico habrá oportunidades adicionales de empleo para cerca de 200,000 trabajadores de todas clases. Si como consecuencia de la emigración se detiene durante ese período el crecimiento poblacional, habrá de producirse una escasez relativa de trabajadores aptos para suplir las necesidades de las empresas industriales. La escasez será mayor en los niveles que requieran mayor destreza y conocimientos y aptitudes de tipo superior. A menos que se desarrollen las facilidades necesarias, habrá una tremenda escasez de personal técnico, de gerencia y de supervisión, y de maestros para la preparación de todo este personal. Con relación a las premisas sobre las que he basado el precedente análisis, debo exponer ciertas reservas que considero de lugar. A juzgar por lo que señalan los índices económicos de mayor importancia en los Estados Unidos, es muy probable que en el año 1954 haya una reducción en las actividades económicas en dicho país. Una baja en el nivel de la economía en los Estados. Unidos reducirá la emigración de los puertorriqueños hacia el continente y puede reducir, dependiendo de su intensidad, el establecimiento de nuevas industrias por empresarios continentales. Si los. Estados Unidos reduce las fuerzas armadas y sus gastos en Puerto Rico, se reducirán las oportunidades de trabajo y se liberarán recursos humanos adicionales para suplir las necesidades de las desarrollo industrial continúa con el nuevas empresas. Si ritmo actual y se producen los efectos señalados de relativa —47—
escasez de trabajadores, particularmente de trabajadores, diestros, los salarios deberán seguir un ritmo ascendente, lo que puede afectar tanto la emigración de trabajadores como el es= tablecimiento de nuevas empresas industriales. Es posible también que estas nuevas condiciones induzcan a muchos puertorriqueños con experiencia industrial a regresar a Puerto Rico para sumarse aquí a la oferta de trabajadores industriales. Los capitalistas y empresarios continentales son muy sensitivos a cualquier manifestación o indicio de que puede haber cambios en las relaciones políticas y económicas entre Puerto Rico y los Estados Unidos. No importa lo improbable que para nosotros parezcan estos cambios de relaciones, su revuelo crea dudas e incertidumbre en la mente de empresarios, capitalistas e inversionistas en posición de aprovecharse de las oportunidades, y ventajas que ofrece Puerto Rico. De no aclararse estas dudas en forma definitiva pueden sobrevenir mermas considerables en nuevas inversiones de capital de los. Estados Unidos en empresas industriales en Puerto Rico, y encarecerse .y hacerse menos asequibles las fuentes de crédito para la construcción de viviendas y para los programas de mejoras públicas ya trazados, por nuestro gobierno. Todo esto tendrá sus efectos sobre la demanda de trabajadores, reduciendo las, oportunidades de trabajo y acrecentando la oferta de brazos para suplir la demanda de las empresas que, a pesar de estos vaivenes, se mantengan firmes. Debo advertir, además, que de materializarse estas posibilidades adversas púeden reducirse tanto el precio como el volumen de producción de las empresas ya establecidas, lo que también se reflejaría en el mercado del trabajo, reduciendo la demanda de brazos y abaratando el precio del trabajo. NOTA: Para la preparación de esta ponencia se consultaron los siguientes informes oficiales del Gobierno de Puerto Rico y se utilizaron datos contenidos en ellos: 1. Economic Report to the Governor-1953-P.R. Planning Board, Ec nomic División.
—48—
2. Meier, R. L.—The Supply and Demand for Technical Personnel in Puerto Rico — Prepared for P. R. Planning Board, Duplicated by Office of Economic Research, Economic Development Administration — Dec. 17, 1952. 3. Estimates of the Population Size and Characteristics for P. R.: 19401953 — Report on Population No. 1 — Bureau of Labor Statistics, Dept. of Labor. 4. Employment and Unemployment in P. R. — October 1952 — Quarterly Report on the Labor Force No. 1 — Bureau of Labor Statistics, Dept. of Labor. 5. Results of Tests on Measuring Under-Employment in P. R. — June 10 and July 1952 — Technical Report on Labor Force No. 2 — Bureau of Labor Statistics — Dept. of Labor. 6. Administración de Fomento Económico: Monthly Progress Reports y Radio Spots. 7. Puerto Rico Passenger Traffic — Monthly Report of the Bureau of Economics and Statistics of the P. R. Planning Board.
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APUNTES EN TORNO AL TEMA "EFECTOS DE LA INDUSTRIALIZACION RÁPIDA SOBRE EL PATRON DE CONSUMO ESTATAL" Por RAFAEL DURAND MANZANAL Introducción En una economía en proceso de desarróllo y modernización, como la que caracteriza actualmente a Puerto Rico, cobra importante dimensión el impacto del programa de desarrollo estatal sobre los hábitos de consumo de la población y la forma en que mejor pueden racionalizarse los mismos a través, del esfuerzo de nuestra ciudadanía y de su gobierno. Examinemos en primer lugar algunos conceptos económicos básicos en relación con los patrones de consumo. El individuo que recibe un ingreso tiene dos alternativas en cuanto al uso de dicho ingreso. La primera es, el consumo, o sea, la adquisición de productos tales como alimentos y ropa y la compra de servicios como luz y teléfono. Estos artículos y servicios objeto fiel consumo comparten la característica de satisfacer directamente las necesidades humanas. Representa el consumo una de las fuerzas más, dinámicas y poderosas en una economía. La segunda alternativa es el ahorro, que consiste en separar una parte del ingreso y resulta de la abstención de usar el ingreso corriente para la compra de artículos y servicios de consumo. El consumo total consta, por consiguiente, de la suma de todas las compras individuales, de artículos y servicios. El ahorro total en —50-
I
un período determinado comprende el exceso del ingreso sobre el consumo o, lo que es lo mismo, el total de ingresos no consumidos durante dicho período. El patrón de consumo familiar puede definirse en términos sencillos como la distribución de los gastos de una familia en artículos y servicios para satifacer sus necesidades humanas. El patrón de consumo de un país resulta del agregado de los patrones, de consumo de cada una de sus familias. Elementos en la dinámica de los hábitos de consumo Los patrones de consumo varían dentro de una compleja gama de factores sociales, económicos .y culturales. No obstante, en la dinámica de los hábitos de consumo puede distinguirse un número de factores que afectan estos patrones. 1. Cambios en el nivel y la distribución de los ingresos. Uno de los factores determinantes del nivel de ingresos(') es la propensión al consumo, conocida también como la propensión psicológica. Este concepto expresa la proporción del ingreso, en un nivel dado de ingresos, a utilizarse en la compra de bienes de consumo. La propensión psicológica depende, a su vez, de varios factores, unos subjetivos, tales como la actitud del consumidor sobre la deseabilidad relativa de usar su ingreso inmediatamente o posponer su uso para el futuro (preferencia de tiempo) y factores, objetivos como la distribución del ingreso. Cuando el ingreso de una persona es muy bajó éste tiende a ser usado en las necesidades fundamentales de la vida y la preferencia de tiempo para este ingreso es necesariamente positival2>. Según el ingreso au( 1 ) Los determinantes básicos del nivel de ingresos son el volumen de inversión y la propensión a consumir. ( 2) El estudio de los ingresos y gastos de las familias obreras en Puerto Rico durante el año 1941 reveló, por ejemplo, que durante la estación activa en la agricultura cafetalera el 66 por ciento de los gastos de las familias de los obreros que trabajaban en las plantaciones de café representaba la compra de alimentos. Durante el período de poca actividad en esta cosecha la porporci.ón de los gastos de estas familias subió a 76 por ciento.
menta a niveles más altos es posible para la persona ahorrar sin sacrificio del consumo básico para su subsistencia(3>. En esta última situación la tendencia, por lo menos en sus efectos a corto plazo, es a que las ganancias, aumenten más rápidamente que otras participaciones del ingreso. Comoquiera que una gran proporción de las ganancias benefician los grupos de recursos más elevados, la propensión al consumo tiende a disminuir. Un interesante artículo publicado en la revista "Business Week", correspondiente a noviembre 22 de 1952, ofrece datos del Departamento Federal de Comercio que cubren los años 1929 a 1940, ilustrando los efectos de un aumento del ingreso total sobre el consumo en los Estados Unidos. De acuerdo con dicha información un incremento de 10 por ciento en el nivel del ingreso real total conlleva los siguientes aumentos en las ventas: 1) los artículos, de lujo aumentan desde un 18 por ciento en el caso de joyería hasta un 31 por ciento en el caso de botes de pesca deportiva; 2) el aumento en los gastos corrientes familiares (neveras, ropa, comida y zapatos,) corresponde al aumento en el ingreso; 3) los gastos de operación de la casa tales como teléfono, agua y electricidad suben en una proporción menor que el aumento en el ingreso. En términos, generales, los gastos en alimentos representan alrededor de la mitad de los gastos de los consumidores de áreas de escaso desarrollo económico en tanto que en áreas de mayor desarrollo el alimento absorbe alrededor del 40 por ciento de los, gastos en consumo. Al analizar las causas de diferencias entre los patrones de consumo de varios países se observa, por ejemplo, que en 1950 el obrero en Rusia tenía que trabajar siete veces tanto como el obrero en los, Estados Unidos para adquirir una cantidad específica de alimentos(l>. (3) Se estima que en los Estados Unidos Continentales el consumidor podría posponer compras por tanto como el 40 por ciento del total de la producción nacional. ( 1 ) U. S. Department of Labor, Bureau of Labor Statistics, Monthly Labor Review, February 1951, Vol. 72 No. 2 "Work Time Required to Buy Food 1937-50". -r52-
2. Cambios en el nivel de precios. El efecto de este factor resalta claramente en nuestro patrón de consumo. Alrededor del 46 por ciento de los. gastos promedio del consumidor puertorriqueño se utiliza en la compra de alimentos. Si el nivel de precios hubiera permanecido constante durante los últimos tres años esta proporción sería de menos de 40 por ciento. 3. La investigación industrial y la innovación que resultan en una mayor variedad de productos, y servicios estimulantes del consumo a través de la publicidad. 4. El patrón de edades de la población. Los hábitos de consumo de la población más joven tienden a ser diferentes a los de la población de más edad(1 . En los gastos, tales como el de ropa y recreación es claro que existen diferencias básicas entre diferentes grupos de edades. 5. Los contactos culturales, de la población. Nuestra magnífica relación política y económica con los Estados Unidos Continentales ha tendido también un puente de acceso a los hábitos de consumo conspicuos del pueblo norteamericano. 6. Seguridad. Como secuela de los sistemas de seguridad social cada vez más adecuados el adulto tiende a gastar sus ingresos corrientes sin mayor preocupación por la inseguridad de vejez o muerte. Además de los factores mencionados, pueden enumerarse muchos otros, entre ellos el prestigio social, el nivel educativo de la población, el grado de urbanismo de la población y la política fiscal. (1) En un estudió de las familias de Detroit realizado en 1948 por el Negociado Federal de Estadísticas Obreras se encontró que en el grupo de edades de 20 a 30 años las personas entrevistadas utilizaban el 33.5 por ciento de su ingreso en alimentación mientras que las personas incluídas en el intervalo de 65 años y más gastaban el 38.9 por ciento. En la compra de ropa el grupo de 20 a 30 años gastaba el 12.8 por ciento de su ingreso; el grupo de 65 y más gastaba solamente el 8.6 por ciento.
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TABLA I GASTOS TOTALES Y PER CAPITA, AÑOS FISCALES 1940 Y 1950
Total (Miles $)
1940 Per Cápita (Dólares)
Gastos Totales En Precios Corrientes En Precios de 1940
316,200 316,200
169 169
100.0 100.0
941,509 601,392
426 272
100.0 100.0
202.8 90.2
Gastos de Consumidores En Precios Corrientes En Precios de 1940
238,100 238,100
127 127
75.3 75.3
672,479 417,879
302 189
71.4 69.5
182.4 75.5
Gastos Gubernamentales En Precios Corrientes En Precios de 1940
48,300 48,300
26 26
15.3 15.3
171,100 137,082
77 62
18.2 22.8
254.0 183.8
Gastos de Capital En Precios Corrientes En Precios de 191n
29,800 29,800
16 16
9.4 9.4
97,930 46,431
44 21
10.4 7.7
300.4 55.8
CONCEPTO
Por Ciento Total Del Total (Miles $)
1950 Per Cápita Por Ciento (Dólares) Del Total
Fuentes de Información: Puerto Rico Planning Board, "Economic Development of Puerto Rico", .ianuary, 1951. Creamer, D. "Gross Product of Puerto Rico, 1940 - 1944."
Aumento En%De 1940-1950
Gráfica I
Por Ciento
DISTRIRUCION RELATIVA DE LC6 GASTC6 DE CORSUHIDORFS 1950 y 1960 AíSos piscales
Por clento 100
loo
90
90
8o
60
70
60 60
f— 50
4C
~
30 V
0 1960
}950 Alimentos y Tabaco Rope y cuido personal Funcionamiento de] bcgsr
Transportación Recreación 1
Gastos Módicos
Otros articules y serricios
Tendencias en el patrón de consumo Al analizar los cambios en el patrón de consumo registrados durante la última década es conveniente examinar la tendencia en el total de gastos de la economía, que incluye tanto los gastos de consumidores como los gastos gubernamentales y los gastos capitales. Estos, últimos cubren la actividad de construcción, la adquisición de maquinaria y el cambio neto en los inventarios. Los gastos totales de nuestra economía se triplicaron durante la década 1940-50, aumento de $316 millones a $942 millones. En precios constantes, sin embargo, el aumento real fué de alrededor de 90 por ciento; esto es, eliminando el. efecto de la inflación, los gastos totales casi se duplicaron durante la década. Los gastos de los consumidores, que en 1940 representaban el 73.3 por ciento del total de gastos de la economía, manifiestan una tendencia descendente en su relación a los, gastos totales, representando en 1950 el 71.4 por ciento del total de gastos de ese año y 69.5 por ciento, si eliminamos el efecto del aumento en precios. (Véase Tabla 1). Esta proporción ha venido disminuyendo con motivo de un nivel sustancialmente más alto de servicios gubernamentales y una mayor actividad de construcción y de manufactura. La proporción de los gastos gubernamentales a los, gastos totales aumentó de 15.3 por ciento en 1940 a 18.2 por ciento en 1950. Si descontamos el efecto del aumento en precios sobre estos gastos la proporción de los, gastos gubernamentales aumenta a aproximadamente 23 por ciento en 1950. Los gastos de capital en relación al total de gastos subieron de 9.4 por ciento en 1940 a 10.4 por ciento en 1950. En precios constantes, este porcentaje se reduce a cerca de 8 por ciento. Este cambio es atribuíble al incremento en los costes de construcción. —56—
TABLA
2
DISTRIBUCION DE LOS GASTOS DE CONSUMIDORES DE PUERTO RICO AÑOS FISCALES 1940, 1947 Y 1950 (EN MILES DE DOLARES) 1947
1950 m
1940 CONCEPTO
— Total
Por Ciento
Total
Por Ciento
Total
Por Ciento
Gastos de Consumidores
238,135
100.0
648,716 100.00
672,479
100.0
Alimento y Tabaco
106,180
44.6
321,305
49.5
309,870
46.1
Alimentos producidos y cónsumidos en las fincas..
8,978
3.8
23,598
3.6
16,760
2.5
Comidas compradas en restaurantes
7,462
3.1
18,226
2.8
23,640
3.5
Otros alimentos
80,803
33.9
261,864
40.4
248,290
36.9
Productos de tabaco
8,937
3.8
17,617
2.7
88,969
3.2
Ropa y Cuidado Persona
24,113
10.1
90,926
14.0
21,189
13.2
Ropa y joyería
21,213
8.9
80,560
12.4
79,235
11.8
Cuido personal
2,900
1.2
10,366
1.6
9,734
1.4
Funcionamiento del Hogar
59,540
25.0
111,107
17.1
139,330
20.7
Valor de renta de viviendas ocupadas por dueños..
17,429
7.3
26,420
4.1
29,573
4.4
Renta de viviendas alquiladas
12,340
5.2
15,426
2.4
17,174
2.6
Neveras y equipo eléctrico (Excepto radios)
1,286
0.5
3,765
0.6
9,013
1.3
Servicios de electricidad, agua y teléfono
2,856
1.2
5,532
0.8
8,998
1.3
Servicio doméstico
8,246
3.5
10,468
1.6
15,823
2,4
Otros gastos del hogar
17,483
7.3
49,496
7.6
58,749
8.7
19,921
8.4
55,195
8.5
50,518
7.5
Valor de automóviles privados
1,978
0.8
4,808
0.7
9,658
1.4
Gomas, tubos, piezas y accesorios
1,212
0.5
4,481
0.7
4,116
0.6
Gasolina y aceite
3,299
1.4
3,694
0.6
6,865
1.0
Transportación
7
TABLA 2 (Continuación) 1940 CONCEPTO
1947
1950
Total
Por Ciento
Total
Por Ciento
Servicio de guaguas y lanchas
2,268
1.0
8,367
1.3
7,227
1.1
Servicio de carros públicos y taxímetros
10,592
4.5
31,921
4.09
20,462
3.1
572
0.2
2,024
0.3
2.290
0.3
5,445
2.3
18,453
2.9
21,583
3,2
Espectáculos públicos
1,873
0.8
5,421
0.8
6,125
0.9
Revistas y periódicos
1,195
0.5
3,023
0.5
4,284
0.6
Radios, fonógrafos y discos •
732
0.3
0.6
4,694
0,7
Otros gastos en recreación
1,645
0.7
6,146
1.0
6,480
1.0
Gastos Médicos
6,274
2.6
20.131
3.1
24.198
3.6
Productos farmacéuticos..
3,456
1.5
10,274
1.6
10,865
1.6
Honorarios médicos (incluyendo dentistas y enfermeras)
1,895
0.8
6,165
1.0
8,543
1.3
Hospitales privados
769
0.3
3,217
0.5
4,071
0.6
Otros (seguros y gastos de funerales)
154
(2)
475
(2)
719
0.1
16,562
7.0
31,629
4.9
Total
Por Ciento
TRANSPORTACION (Cout.)
Otros gastos en transportación Recreación
Otros Artículos y Servicios (3) (1) (2) (3)
37,902
5.7
Incluye gastos en servicios de garages, pagos netos por seguro automovilístico, pasaje de ferrocarril y maletas. Menos de 0.1 por ciento. Incluye gastos legales, cuotas profesionales, instrucción privada, gastos de or• ganizaciones religiosas y no pecuniarias y gastos en transportación ultramarina y remesas a Estados Unidos y el Extranjero.
Gr[flca II GASS06 roPAL!5 P0R COMPOIIAIT85 PRINCIPAL Años Tiecal., 1940, 1950 y 1960 Por Ciento
Por Ciento loo
loo
_
90_
90
60
80
70
70
_
60
50 40
—
30
--
20 10
10
o
0 1940
1950 Gaatos de Consunidoree Gestos Guhernementalee Gastos de Cepltal
La Tabla 2 recoge la información sobre los gastos de los consumidores en los años fiscales 1940, 1947 y 1950. La primera de estas tres fechas representa el año de pre-Segunda Guerra Mundial; el año fiscal 1947 corresponde al primer año de la post-guerra; el 1950 cubre el año base para el programa de desarrollo estatal y el año de la pre-Guerra Coreana. Los gastos de los consumidores aumentaron de $238 millones én 1940 a $672 millones en 1950. En el examen del detalle en los renglones que componen los gastos de los consumidores sé observa claramente que el patrón de consumo ha sido afectado fundamentalmente por el aumento en los gastos de alimentos y de ropa y cuido personal. El renglón más importante en los gastos de consumidores es el de alimentos. Estos gastos ($106,180,000) constituyeron el 44.6 por ciento de los gastos de los consumidores en 1940. Esta proporción aumentó a alrededor de 46 por ciento ($309,879,000) en 1950 debido principalmente al efecto del aumento en los precios. Cabe señalar que los alimentos registraron el aumento más marcado desde 1941 entre todos los renglones incluidos en el índice del costo de la vida. Al ajustar las cifras de consumo para eliminar teóricamente el incremento en los precios se observa que la proporción de los gastos en alimentos al total de los gastos, de los consumidores se reduce a aproximadamente 38 por ciento en 1950, reflejando este desarrollo un importante cambio estructural en nuestros patrones de consumo que responde básicamente al mejoramiento en los niveles de vida de nuestra comunidad durante la década. Los gastos de funcionamiento del hogar manifiestan una reducción en su proporción del total de gastos de los, consumidores, disminuyendo de 25 por ciento en 1940 a 20.7 por ciento en 1950. Dentro de este grupo los únicos dos renglones que registraron aumentos en su relación al total de gastos, de consumo fueron la compra de neveras y equipo eléctrico y los gastos misceláneos del hogar. En 1940 los consu-60—
midores gastaron un total de $1,286,000 en neveras y equipo eléctrico (excluyendo radios) que constituyó un 0.5 por ciento del total de gastos de los, consumidores. Este porcentaje aumentó a 1.3 en 1950 cuando los consumidores gastaron $9 millones en estos efectos. La proporción de los gastos en renta de viviendas bajó de 12.5 por ciento en 1940 a 7.0 por &ento en 1950. El marcado incremento en el número de nuevas, viviendas en el segundo lustro de la década pasada no pudo contrarrestar los efectos de los cambios en los renglones de alimento y ropa sobre el patrón de consumo. Asimismo, el control de alquileres resultó bastante efectivo en mantener el índice de alquileres, en el nivel más bajo comparado con los otros renglones del coste de la vida. La parte relativa de los gastos de consumo dedicados a transportación manifiesta una reducción. En 1940 este renglón constituyó el 8.4 por ciento de los gastos de los consumidores reduciéndose este relativo a 7.5 por ciento en 1950. El único renglón de los gastos en transportación que refleja un aumento de importancia en su relación al total de gastos de los consumidores es el del valor de los automóviles ($1,978,000), que representaba en 1940 el 0.8 por ciento del total de gastos de los consumidores y en 1950 representó el 1.4 por ciento ($9,658,000) ('). En 1940 nuestra población canalizaba un 2.3 por ciento de sus gastos de consumo en actividades recreativas. Esta proporción aumentó a un nivel de alrededor de 3.2 por ciento en 1950. El cambio principal en esta dirección se nota en la compra de radios, fonógrafos y discos, que constituían el 0.3 por ciento ($732,000) de los gastos de consumo en 1940 elevándose esta proporción a 0.7 por ciento ($4,694,000) en 1950. La proporción de los gastos médicos aumentó de 2.6 por ciento en 1940 a 3.6 por ciento en 1950, reflejando un aumento sustancial en el total de honorarios médicos, que subieron ( 1 ) En el año fiscal 1940 se importó un total de 2,894 automóviles de pasajeros mientras que en 1950 la importación ascendió a 5,099 automóviles. Las importaciones anuales están ya en un nivel de más de 9,000 automóviles.
—61—
TABLA 3 PATRON DE GASTOS DE LOS CONSIIMDORES, ANO FISCAL 1950 Y ESTIMADOS PARA EL AÑO FISCAL 1960
1950
1960
C O N C E P T O
Tota! (Miles $)
Por Ciento ! Del Total
Consumo Per Cápita (Dólares)
Total (Miles $)
Por Ciento Del Total
Consumo Per Cápita(') (Dólares)
Gastos de Consumidores .
672,479
100.0
302
1,500.000
100.0
600
309,879 88,969 139,330 50,618 21,583 24,198 37,902
46.1 13.2 20.7 7.5 3.2 3.6 5.7
140 40 63 23 10 9 17
600,000 225,000 375,000 120,000 60,000 60,000 60,000
40.0 15.0 25.0 8.0 4.0 4.0 4.0
240 90 150 48 24 24 24
Alimentos y Tabaco Ropa y Cuido Personal. Funcionamiento del Hogar.. Transportación Recreación Gastos Médicos Otros Artículos y Servicios (1)
~
~
Cálculos a base de una población estimada de 2,500,000 habitantes en 1960.
de $1,900,000 en 1940 (0.8 por ciento) a $8,500,000 en 1950 (1.3 por ciento) y los, gastos en hospitales privados, que aumentaron de $769,000 en 1940 (0.3 por ciento) a $4,070,000 en 1950 \ (0.6 por ciento). Los cambios indicados responden, a su vez, a la utilización de una parte de los ingresos aumentados de nuestra población en un más amplio sistema de hospitales, el número mayor de médicos y el establecimiento de nuevos sistemas de seguro de enfermedad. La política fiscal y los patrones de consumo La determinación de la medida del impacto de la política contributiva sobre los patrones de consumo requiere un análisis del complejo aspecto de la incidencia de los tributos. La complejidad del problema se manifiesta, por ejemplo, cuando se trata de determinar hasta qué punto las actividades gubernamentales causan una diferencia entre el consumo y el ingreso recibido originalmente por el consumidor. A este respecto resulta sumamente difícil estimar con precisión qué parte de la carga contributiva total grava a los contribuyentes en cada grupo de ingresos. Algunas contribuciones pueden ser trasladas al consumidor y la persona que paga la contribución al erario público no está absorbiendo de hecho la carga tributaria, pues ha transferido ésta al consumidor a través de precios más altos. A través, del sistema contributivo y del uso de los ingresos contributivos en las necesidades públicas, el Gobierno ejerce importante influencia en la distribución del ingreso. El alcance de esta influencia es el producto del grado de regresividad o progresividad del sistema contributivo y de la forma en que se canalizan los fondos públicos. Los tributos progresivos, como la contribución sobre ingresos y herencia, afectan una mayor proporción de los, ingresos de personas ricas que los del grupo de personas de menores recursos. Una contribución sobre los gastos en consumo, por ejemplo, tendría un efecto claramente coercitivo sobre el nivel de estos --63—
gastos. Los tributos regresivos, como los arbitrios, gravad principalmente los grupos de ingresos menores, y desalientan el consumo directo. En lo que respecta a la forma en que se gastan los ingresos contributivos en su efecto sobre el consumo, el uso de fondos para el programa de ayuda directa, por ejemplo, resulta en un más alto nivel de propensión al consumo que si se utilizaran alternativamente esos fondos para amortizar la deuda pública toda vez que los fondos para ayuda directa son recibidos por un grupo de personas, muy pobres que gastan ese dinero en consumo principalmente de alimentos. Los pagos de amortización de la deuda pública engrosan principalmente los ingresos de inversionistas, quienes tienden a ahorrar una parte del ingreso y gastar el resto en artículos y servicios principalmente de lujo. En la estructuración de la política fiscal en relación con los hábitos de consumo nos confrontamos con el dilema de las exenciones contributivas sobre la inversión de capital, dirigidas a promover una actividad económica más intensa y efectiva, sin un estímulo director inmediato a grupos de ingresos medianos,, aunque con un beneficio directo para las clases de más bajos ingresos mediante la provisión de un número mayor de empleos e ingresos. Cabe señalar que estas. exenciones resultan en una actividad manufacturera que probablemente no se establecería de no mediar estas ventajas contributivas para el inversionista. La política contributiva puede tener un efecto importante sobre el patrón de consumo estatal a través de (a) una tributación más alta - sobre ciertos artículos de lujo que se importan en la Isla, (b) incentivos contributivos a actividades, económicas que tiendan a desarrollar la producción local para la sustitución de la importación de productos tales como ali mentos( , y (c) una más más adecuada distribución de los ingresos. (1) Alrededor del 65 por ciento de los alimentos que se consumen en Puerto Rico son importados.
—64—
El patrón de consumo en 1960 La industrialización es indudablemente el puntal más importante de nuestro programa de desarrollo económico. El programa de desarrollo estatal, que comprende también el fomento agrícola, la expansión de las facilidades portuarias y de aeropuertos, construcción de carreteras y otras, facilidades esenciales, es un instrumento fundamental e imprescindible para garantizar a nuestra población el logro social del disfrute de más altos y. más permanente niveles, de vida. Entre los objetivos generales de ese programa el ingreso neto de nuestra economía deberá aumentar de $674 millones en 1950 a cerca de $2 billones en 1960. Mediante una distribución adecuada de estos ingresos se espera que los ingresos de la gran mayoría de las familias puertorriqueñas se eleven a un mínimo de $2,000 para cada una de esas familias">. Los gastos totales de nuestra economía, en precios de 1950, deberán aumentar de $940 millones en 1950 a alrededor de $2,300 millones en 1960, esto es, hay el propósito de lograr un aumento real de dos veces y media el total de gastos durante la década en curso. En nuestra economía de más de $2 billones en 1960, ¿cómo será el patrón de consumo estatal?; ¿cómo afectarán estos, cambios estructurales los hábitos de consumo de nuestra población ? ; ¿ será más racional ese patrón de consumo en esa moderna y próspera sociedad que visualizamos al terminar esta década? Los gastos de los consumidores se estiman en $1,500 millones para 1960. De ese total estimamos que el 40 por ciento se utilizaría en la compra de alimentos; el 15 por ciento en ropa y cuido personal; el 25 por ciento en los gastos de funcionamiento del hogar; en transportación el 8 por ciento; en actividades recreativas el 4 por ciento; y una proporción igual ( 1 ) Esta cifra incluye el costo .de ciertgs servicios públicos básicos que son atribuibles al ingreso real de la familia.
—65—
en gastos médicos y en otros artículos y servicios. (Véase Tabla 3). En términos reales por habitante este nivel de gastos significaría un consumo per cápita de $600 en' 1960 en contraste con $362 en 1950. De estos $600 se estaría utilizando $240 en alimentos en comparación con $140 en 1950. En ropa y cuido personal se gastaría $90 por habitante comparado con $40 en 1950; el funcionamiento del hogar absorbería unos. $150 en contrate con la cifra de $63 en 1950. El promedio de gastos de transportación por habitante sería de alrededor de $48, que representa un aumento de $25 sobre la cifra por habitante al comenzar el primer año de la década en curso; en actividades recreativas el promedio del gasto por persona sería $24, que es $14 mayor que la cifra correspondiente a 1950. El gasto promedio de cada habitante en atención médica, que calculamos en $24 para 1960, sería $15 más alto que el gasto promedio en 1950. Los estimados para 1960 se caracterizan por un más alto nivel de gastos en todos los renglones de consumo simultáneamente con una distribución más racional y balanceada en los gastos de los consumidores. Aunque el nivel de gastos en alimentos aumentará sustancialmente como resultado de una mejor nutrición de nuestra población, estos gastos constituirán probablemente una proporción más baja del' consumo. Anticipamos, por otro lado, un aumento de importancia en la proporción de los gastos de funcionamiento del hogar, secuela de mayores valores de renta especialmente de viviendas ocupadas por sus dueños y un más alto nivel de compras de neveras y equipo eléctrico. El programa de electrificación rural que desarrolla el Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico tendrá un importante efecto sobre las compras de equipo de refrigeración y otro equipo eléctrico en la zona rural de Puerto Rico. Además, la tendencia hacia la desaparición del servicio doméstico, resultado de la emigración y los nuevos empleos industriales, propenderá a la mecanización de las, labores domésticas y podrá tener sus efectos hasta en el diseño de las viviendas, tanto en su tamaño como en su —66—
adaptación a las labores mecanizadas. También visualizamos, aumentos en la proporción del consumo en ropa y cuido personal y en las actividades recreativas, principalmente en los espectáculos públicos. Las, innovaciones en la ciencia médica y el aumento en el número de médicos deberá conllevar un nivel sustancialmente más alto de gastos médicos, principalmente en el aspecto de medicina preventiva. El amplio programa educativo que auspicia el Gobierno Estatal será, a nuestro juicio, factor de enorme importancia en la estructuración de patrones más racionales de consumo. En resumen, salvo la ocurrencia de una contracción económica en los Estados Unidos Continentales que afecte nuestro programa de desarrollo económico, confiamos que el año 1960 será testigo de un mejoramiento básico en los niveles de vida de nuestra sociedad que se traducirá en una mejor nutrición para nuestro pueblo, el disfrute de un mayor volumen de artículos y servicios, especialmente aquellos que actualmente están fuera del alcance de una gran parte de nuestra población; y un nivel más alto de actividades recreativas y servicios médicos.
—67—
ANEXOS
ANEXO
A
INDICES DEL COSTE DE LA VIDA PARA LAS FAMILIAS OBRERAS EN PUERTO RICO AÑOS FISCALES 1946 A 1953 (MAYO 7 1941 - (100.0)
1946
1947
1948
1949
1950
1951
1952
1953
TODOS LOS ARTICULOS Y SERVICIOS
150.0
175.0
181.4
172.9
160.5
169.4
184.2
191.3
Alimentos .
164.4
206.0
1 216.0
202.2
185.3
200.6
219.2
230.2
Ropa
144.8
154.3
154.4
146.7
124.1
126.0
136.3
139.0
Enseres del Hogar
145.5
148.3
140.5
136.0
125.8
130.2
140.9
143.6
Renta (Alquileres)
104.8
104.2
105.4
107.0
109.8
111.0
120.9
128.0
Otros Artículos y Servicios.,
135.2
142.8
147.7
145.9
141.5
143.4
154.9
156.7
ANEXO
B
DISTRIBUCION RELATIVA DE LOS GASTOS EN EL CONSUMO DE ARTICULOS Y SERVICIOS PUERTO RICO Y PAISES ESCOGIDOS 1949 Estados Canadá Unidos
Reino Unido
Suecia
Noruega
Dinamarca
Alemania Occidental
--
a,
Puerto Rico Consumo Total (Millones $) .
685
180,174
10,541
29,128
4,317
1,538
2,566
14,324
Consumo Relativo
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
100.0
Alimentos y Tabaco
49.3
34.9
35.8
45.3
41.2
36.4
41.1
51.2
Ropa y Cuido Personal
14.3
18.9
20.5
11.1
15.8
20.3
15.5
19.2
Renta, Luz y Combustible
6.6
13.2
15.1
11.2
12.6
9.6
11.0
10.4
Funcionamiento de Hogar
13.2
8.6
8.6
8.0
10.2
10.7
13.7
7.7
Transportación
7.8
12.0
11.1
6.3
-
6.0
6.2
4.5
Recreación
2.8
5.7
(1)
(1)
(1)
(1)
(1)
6.4
Otros Artículos y Servicios
6.0
6.7
8.9
18.1
20.2
17.0
12.5
0.6
(1) Información no disponible. Fuente de Información: Naciones Unidas, Boletín Mensual de Estadísticas, Tabla Especial "C" P. XVIII - XX, Abril de 1952.
ILUSTRACIONES
Concurrentes a la Sesión Inaugural de la Octava Convención de Orientación Social. —75—
—76—
Moscoso,
El Administrador de Fomento Económico, Sr. Teodoro presentación de su ponencia.
en lá
Reunión de grupos de las ponencias presentadas para la discusión.
Exhibición preparada por la Administración de Fomento Económico ilustrando productos fabricados en industrias establecidas dentro de su programa de promoción industrial. —78—
POSIBLES EFECTOS DE UNA INDUSTRIALIZACION RÁPIDA EN LA ESTRUCTURA SOCIAL. DE PUERTO RICO Por JAIME TORO CALDER.
De los efectos de una industrialización' rápida sobre la economía de Puerto Rico han dado buena cuenta nuestros •compañeros economistas en las, ponencias de esta mañana. Una conclusión nos interesa recoger de los puntos de vista presentados: La lucha pór conseguir una nuevo nivel de vida para la sociedad puertorriqueña significa que se abre un nuevo mundo de oportunidades. En términos económicos, bportuni= dades de participación en nuevas cosas 1; y en términos sociales., de participación en nuevas relaciones al producirse nuevas estructuras sociales. De los cambios que posiblemente ocurran en la estructura de la sociedad como' resultado de la industrialización rápida nos ocuparemos está tarde. A manera de introducción me propongo aclarar un número de conceptos, de manera que podamos hablar inteligentemente de los efectos de una industrialización rápida eñ la estructura social de Puerto Rico. Cuando hablamos de estructura social nos estamos refiriendo "a la configuración de la organización interna de la sociedad." 2 La agrupación que describe esa organización se denomina clase social, concepto que ha sido muy erróneamenLa subida del nivel material de vida. H. P. Fairchild, ed., Diccionario de Sociología, México, Fondo de Cultura Económica, 1949, p. 114. 1
2
—79—
te usado al aplicarse a la sociedad puertorriqueña. Una definición del concepto clase social basado en dinero y su concomitante poder, que es la más corriente en uso, resulta impropia para el análisis de la estructura social de Puerto Rico. Históricamente s se puede probar que la definición de clase social basada en el dinero se aplica a sociedades urbanas industriales y el uso del concepto en ese sentido resulta adelantarse a la historia de Puerto Rico. El Puerto Rico del mañana tiende a ser una sociedad urbana industrial; en cambio lo que caracteriza a la sociedad puertorriqueña cualesquiera sean los• criterios que se usen, bien sea la residencia, la ocupación, las actitudes ante la vida, la educación, la economía, etc., es económica y socialmente rural. La redefinición del concepto clase social tal como lo demanda la situación económica y social de Puerto Rico, conlleva un mínimo de dinero, factor al cual no queremos restarle importancia, pero sí queremos sumar a un conjunto de hábitos mentales y quehacer humano que agrupan las clases. Me atrevería a arriesgarme y hacer la conjetura de que el mínimo de dinero podría resultar bajo pero que si el conjunto de hábitos mentales y comportamiento humano responden a los, niveles exigidos por la sociedad, personas que poseen tales maneras de pensar y tal comportamiento social son más aceptadas por los grupos que el mero hecho de la posesión del dinero. El significado real de estos, conceptos los veremos ilustrados en las presentaciones de la descripción de las d ases sociales en Puerto Rico hasta el presente, y de los cambios que se pueden esperar como resultado de la industrialización rápida. Toda pretensión de hablar sobre la sociedad puertorriqueña impone e➢ deber de una advertencia. No contamos en Puerto Rico con una extenso conjunto de estudios sobre la sociedad puertorriqueña' y la gran mayoría de las conjeEl concepto clase social basado en dinero tiene un paralelo con et desarrollo del capitalismo en Occidente a partir del siglo XI. ' Sobré el tema de estructura social específicamente, ninguno.
-80-
turas se basan en la búsqueda de información que esporádicamente encontramos en publicaciones norteamericanas, en opiniones especulativas de publicaciones en Puerto Rico, y la experiencia del ponente. Como se puede ver, resulta invalida la reclamación de que se tiene un cuadro verdadero y completo de la realidad. Sólo pretendemos hacer conjeturas con la esperanza de que una vez examinada, esa especulación resulte aproximadamente apropiada para describir el fenómeno objeto de nuestra observación. Para fines de análisis, consideraremos la descripción de las clases sociales en Puerto Rico en dos niveles; el primero. cuantitativo, el segundo cualitativo. Lógicamente el primer criterio a examinar en el análisis cuantitativo de las clases sociales en Puerto Rico, en relación con la estructura social, es la proporción de la población que abarca cada una de las, clases sociales. La situación nos obliga a usar el criterio dinero, esto es, ingreso de las familias, para delimitar la proporción en cada una de ellas. En su informe para el año 1953 al Honorable Gobernador de Puerto Rico, la Junta de Planes de Puerto Rico se ocupa de darnos la información, tal vez la más confiable a mano, sobre el tema del ingreso de la familia puertorriqueña. Se calcula que para conseguir la meta de un ingreso promedio de $2,000 por familia, y asumiendo el valor de los servicios del Gobierno a las familias en $740, se necesitaría un ingreso por familia de $1,260 en dinero y géneros producidos por la familia. En el año 1950, de 423,000 familias en Puerto Rico se calcula que 214,000, esto es, aproximadamente un 50%, tenían un ingreso de menos de $1,260 y que las restantes 209,000 familias habían conseguido o sobrepasado este nivel. Para 1952-53 la revisión del cálculo de estas cifras indica que alrededor de 157,000 familias (37%) tienen un ingreso en dinero y géneros de menos de $1,000 y 63% sobre $1,000. El aumento en familias que sobrepasan el ingreso de $1,000 podemos explicarlo si tomamos en cuenta los cambios en la eco-31—
nomía puertorriqueña y los movimientos poblacionales como resultado del esfuerzo industrial. Es, precisamente en estos grupos con menos de $1,000 de ingreso que encontramos la clase baja alta, baja media, y baja baja en Puerto Rico; 6 y para los cuales tiene mayor significación el programa de desarrollo económico, pues será el que resultará afectado en mayor cuantía. Del restante 63% con un ingreso de más de $1,000, alrededor de la mitad, 123,000 familias equivalentes al 29%, no sobrepasan un ingreso de $2,000 y sólo un 6% del total de familias sobrepasa un ingreso de $5,000. Es en este grupo que encontramos las familias con medios económicos, que les permitan una participación social clase media. Parecerá raro que no mencione una clase alta. Si usamos el criterio económico exclusivamente, y nos hacemos, la pregunta de qué proporción de la población tiene un ingreso de sobre $10,000, la respuesta es que se trata de una proporción tan pequeña que posiblemente llegue a no más de un 2% del total de las familias en Puerto Rico, lo que lo hace numéricamente sin importancia. No quiero abandonar el tema de las clases sociales y su proporción en relación al total de las familias, sin indica: que el cuadro descrito anteriormente, en la realidad queda alterado por otras consideraciones, específicamente por factores inconmensurables pero decisivos en la aceptación social, como lo son la manera de pensar de los individuos y su derivado, la manera de comportarse. Pasemos ahora a considerar los aspectos cualitativos de la estructura social. Si tenemos en cuenta el hecho de qur la sociedad puertorriqueña es eminentemente rural, podemos derivar de esta característica una de índole cualitativa; esto es, que el instrumento que usa nuestra sociedad para acercarse a su mundo es la tradición, el conjunto de valores y s P. R. Planning Board, Economic Report to the Governor, 1953,. pp. 47-52. Clase baja describe un nivel económico, no tiene connotaciones emocionales implícitas.
—S2—
prácticas sociales que a través de los tiempos, la sociedad ha premiado y ha perpetuado; en contraste con la sociedad urbana industrial, que usa la razón. En términos funcionales esto quiere decir que la sociedad puertorriqueña se proyecta emoc_onalmente en su mundo, y que es esta caracterí3tica la que le da el sentido a la vida social. Pasemos ahora al más difícil, tal vez, de los temas a 'tocarse: los valores de las clases. En cuanto a la clase baja, que como había indicado cuando consideré los aspectos cuantitativos, representa una propórción alta de las familias puertorriqueñas, podemos apuntar que sus valores son resultado de la relación en grupos primarios. Tanto histórica como culturalmente podríamos probar que la clase baja ha sufrido de un aslamiento cultural y social. Esto la ha condenado a socializarse exclusivamente de lo que sus grupos íntimos le brinda como oportunidad dé participación cultural. Una descripción desapasionada de la oportunidad de participación cultural ofrecida a este grupo se expresa de la siguiente manera: al nivel material de la cultura: cacharros y hambre; 7 al nivel ideológico: una diversidad que fluctúa entre magias y adaptaciones de las doctrinas cristianas. Al nivel social imperan pautas donde la idea de la sumisión a la autoridad (como lo ilustra la aceptación de la sumisión del niño a los padres, la esposa al esposo, la familia a la comunidad, etc.) 8 resulta de primera importancia. De una situación como ésta podemos, esperar una enorme diversidad de experiencias, en grupos íntimos. Captar los valores de la clase media es menos difícil, pues éstos están más, claramente definidos. La pauta soc al de la sumisión a la autoridad sigue sirviendo de modelo al grupo, aún cuando no son pocas las licencias que se permiten tomar aquellos que, ya por encontrarse tocando niveles económico
a
7 Véase: Robert and Stéfani, Patterns of Living in the Puerto Rican Family, University of Puerto Rico, 1949. S Véase: Rogler, Charles, Comerlo, A Puerto Rican Town, Ph. Thesis, Iowa University Press, 1935; K. Wolf, Growing Up and Its Price in Three Puerto Rican Sub-cultures, in Psychiatry, Nov., 1952.
-83-
más altos, o por contar con atributos que los, sacan del grupo, como por ejemplo, educación avanzada, se sienten libres de las ataduras que les impone su grupo social. La consagración al cumplimiento del mandato de la comunidad, en maneras de pensar y actuar, representa la motivación y preocupación principal de la 'clase media. Podemos explicarnos esto si consideramos su función psicológica. La clase media no cuenta con todas las facilidades, materiales con que desearía contar, pero sí puede contar con virtudes que conllevan reconocimiento social, y que le permite sentirse recompensada y perteneciente a su grupo. El lema parecería ser: "Mi familia, a pesar de ser económicamente limitada, es muy digna y considerada en el pueblo, y con nosotros se cuenta para todo." Claro está, que se cuenta con aquellos. que tienen un mínimo para poder "frecuentar", y es gente considerada por su comunidad de ideas y comportamiento con los demás integrantes de su clase. El ser comedido en sus expresiones, en el tono de la voz, en el vestir, en el comer, en el acatamiento de las prácticas del grupo, y otro comportamiento de igual naturaleza, son prácticas premiadas por su grupo. Este sentido de que se pertenece a una clase, y la aceptación de los deberes sociales impuestos en pago del reconocimiento social, tienen una importantísima función social, pues sirve de base para el alto grado de cohesión social, tan necesario para un mejor funcionamiento de la sociedad. Hasta aquí con nuestro intento de ilustrar los valores de la clase media y la función psico-social de los mismos. Ahora pasemos a la consideración de los cambios en la estructura social que se pueden esperar como resultado de la rápida industrialización. La pretensión del cambio de una economía agrícola a una economía industrial conlleva implícitamente una manera diferente de ver el mundo. Una economía industrial supone un acercamiento al mundo usando la razón como guía, y una negación de la proyección emocional típica de lo rural. Svend Riemer, The Modern City, 1952.
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los
La aspiración del esfuerzo por producir la transición económica en Puerto Rico tiene como objeto lograr que la gran mayoría de las familias puertorriqueñas consiga un ingreso anual en dinero, géneros y servicios públicos de $2,000, 10 esto es, que el grupo con un ingreso menor de $1,000, y principalmente los de ingreso de menos de $500, alcance esa meta. Desde el punto de vista cuantitativo, claramente se vislumbra un cambio en la estructura de la sociedad puertorriqueña; el grupo económicamente clasificado como clase media se extenderá. considerablemente. Desde el punto de vista cualitativo, la situación resulta menos sencilla. Insistimos en que no basta el aumento en ingreso, pues si a éste no lo acompaña un cambio en maneras de pensar y de actuar, no se gozará del sentido de pertenencia a la clase. El desarrollo de una industria liviana en Puerto Rico y la creciente demanda por mujeres para la industria, sienta las bases para un significativo cambio en la estructura social de la familia puertorriqueña. Se calcula que 2/3 partes de los obreros, en fábricas son mujeres. ll Esto quiere decir que la tradicional práctica de recostar la responsabilidad económica sobre hombres está siendo amenazada. ¿Será acaso que la sociedad puertorriqueña está cambiando de una semi-patriarcal a una semi-matriarcal? No sé, el tiempo nos dirá. Sólo deseo apuntar que se vislumbra un interesante cambio en las pautas y valores sociales, principalmente en aquellos que se recuestan en la autoridad patriarcal, por haber sido el padre el proveedor tradicionalmente. Corrientemente se argumenta que la concentración de población en áreas industriales produce una situación de anonimato ("anomie") 12 en la sociedad, la antesala para la pérdida de la cohesión social y la génesis de la desorganización en la sociedad. Me voy a atrever a disentir de esa posición. Si es que no se les ofrece a la nueva clase media conjuntamente P. R. Planning Board, op. cit. De acuerdo con información de la Administración de Fomento, 67% son mujeres. 12 Riemer, op. cit., pp. 188, 195.96. 10 11
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con el aumento en ingreso y la nueva participación de un nivel de vida más alto, un modelo de vida que represente el ideal clase media, entonces podemos esperar la pérdida de cohesón social. Pero, ¿en manos de quién dejar la misión de ofrecer el modelo, y qué se ofrece ccino incentivo? He aquí uno dé los puntos más, debatibles de mi propuesta. Comencemos por enfrentarnos al problema de la concentración de población. En manos de la acción de la comunidad y de la actividad de los líderes de la misma reside la contestación al problema. Si la situación numérica en la comunidad rural permitía una relación cara a cara que imponía como pago al reconocimiento social una dependencia de los valores de la comunidad para el comportamiento, ¿cómo crear esa situación en la nueva sociedad? Pues, señores, la contestación la tenemos en la segmentación de las grandes áreas urbanas en unidades comunales que operen por separado y que ofrezcan la oportunidad a los miembros de la comunidad a conocerse íntimamente y a gozar del sentido de pertenencia un grupo, a pesar de estar en una situación urbana. Una segunda función importantísima que pueden llevar a cabo estas unidades comunales es ofrecer los ejemplos de modelos para clase media, premiando con su reconocimiento el comportamiento y la manera de pensar que encarnan lo:, ideales de la clase media tradicional. Muchas veces nos olvidamos de que el comportamiento social es principalmente aprendido, y que cada sociedad ofrece modelos de comportamiento e incentivos, en forma de reconocimiento social, para conseguir que sus miembros practiquen estos modelos. En Puerto Rico necesitamos modelos sociales más, claramente definidos y un decidido esfuerzo por fomentar nuevos niveles de aspiraciones, pues ¿ de qué vale abrir un nuevo mundo de oportunidades, si nuestra sociedad no lo entiende y no lo aprovecha? He aquí un problema central: el mejor aprovechamiento de la oportunidad económica podrá lograrse sólo en la medida en que el hombre puertorriqueño promedio adquiera conciencia de la existencia de ese nuevo mundo y haga un esfuerzo por aprovecharlo y entenderlo. Entonces estaremos —86—
en el camino de un verdadero provecho social del magnífico esfuerzo humano que representa la industrialización rápida en Puerto Rico. 13 No quiero dejar el tema sin advertir que no estoy hablando de una utopía; estoy hablando de prácticas, ya probadas en otras comunidades con grandes éxitos. Sé que por la mente de muchos de ustedes está pasando la pregunta, ¿y el liderato, de dónde nos, llega? Señores, una invitación; es en nosotros los que nos preocupamos por nuestra sociedad, en quienes recae el liderato. Dependerá de la actividad que desarrollamos en la comunidad, y principalmente de la ayuda que ofrezcamos a los nuevos grupos,, a nombre de un servicio para lograr un Puerto Rico mejor. Finalmente, una advertencia: nuestra presentación resulta sólo un comienzo en la inagotable riqueza temática del problema con que bregamos. Hagamos un esfuerzo común por intentar, con la contribución de nuestras ideas a la discusión que prosigue, arrojar luz en la búsqueda del conocimiento.
1 Asumir que la dinámica de la sociedad resolverá los problemas que surjan de los cambios en la nueva sociedad puertorriqueña equivale a renunciar la singular oportunidad que se presenta en Puerto Rico (al ocurrir los cambios respondiendo a situaciones provocadas por la sociedad), de poder influenciar y en cierta medida controlar la ocurrencia de los mismos.
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CONSIDERACIONES EN CUANTO A POSIBLES IMPLICACIONES SOCIALES DE LA INDUSTRIALIZACION RAPIDA EN LA COMUNIDAD Por RAUL A. MUÑOZ Introducción Recientemente se ha desarrollado un gran interés en llevar a los países económicamente poco desarrollados las ventajas de la industrialización, con el propósito de elevar sus niveles de vida, mejorar la salud y eventualmente lograr un mayor grado de felicidad. Los economistas y los, hombres de negocios tienden a ver en la industrialización el medio de aumentar la producción, desarrollar nuevas empresas y aumentar los ingresos de las gentes,. Los que enfocan un solo aspecto del proceso industrializante a veces no se percatan de que para ajustarse a los cambios introducidos se hace necesario modificar un sinnúmero de costumbres, instituciones y grupos. La experiencia de otras regiones, nos enseña que en este empeño se han producido cambios en las relaciones internacionales, se relocalizan poblaciones, se altera el ritmo de crecimiento poblacional, se modifican las creencias, religiosas, disminuye la influencia de la familia, la iglesias y la comunidad, aumenta el poder de la industria y el gobierno, etc. El clima industrializado requiere que el hombre haga ciertos ajustes que necesariamente han de producir cambios en sus, instituciones y en su manera de vivir. El paso rápido que se le ha imprimido al proceso de industrialización en Puerto Rico no permite aún discernir claramente la natu-88—
raleza de estos cambios y sus implicaciones sociales. Sean éstas, pues, meras especulaciones subjetivas, sobre el tema, ofrecidas como base para la aportación y la discusión y sin ánimo de sentar cátedra o autoridad. Aclaración El título de nuestra encomienda, "implicaciones sociales de la industrialización rápida", requiere ciertas aclaraciones. En primer término conviene aclarar que esta arbitraria división de los temas en sociales y económicos se hace meramente por conveniencias de especialización y énfasis: no puede divorciarse lo económico de lo social, sin exponerse a las justificadas críticas de los que miran con reservas la creciente tendencia en Puerto Rico y en el exterior a plantear las cuestiones económicas como primordiales y a veces antagónicas a las cuestiones sociales. En _ segundo término tenemos la cuestión de la industrialización "rápida". El proceso de industrialización en Puerto Rico, como muy bien expresa Julian Steward, se inició a fines del siglo XIX, y bajo la dominación española, siendo luego grandemente acelerado a partir del siglo XX bajo la influencia americana. Lo que ha ocurrido durante los últimos ocho o diez años es, una deliberada intensificación del proceso mediante ayuda del Gobierno. Es esta última modalidad lo que asumiremos define el calificativo de `rápida' aplicado al proceso de industrialización en Puerto Rico, en contraste con el proceso normal y más, pausado de desarrollo industrial que experimentaba la Isla y que continuará experimentando aún cuando se suspendan o limiten las actividades del gobierno en ese campo. Naturalmente, que es al resultante de ese proceso acelerado al que hay que atribuirle mayores implicaciones sociales, ya que de tener el éxito anticipado producirá los cambios materiales en mucho menor tiempo que el proceso gradual y en consecuencia precipitará las situaciones sociales objeto de esta Convención. En último término, pero no por ello menos importante, es --89—
necesario aclarar el alcance y definición del término comunidad, como va a usarse en el transcurso de nuestra exposición. De la numerosa literatura existente sobre los alcances del término, preferimos la de Cook, que la define como "un conglomerado de gentes que habitan territorio contiguo, integradas, por experiencias comunes, que poseen un número de instituciones básicas de servicio, conscientes, de su unidad local y capaces de actuar en forma cooperativa." Añade Caroline Ware, "la comunidad provee el ambiente para la vida individual y familiar y constituye la unidad de la vida nacional. La comunidad es más que una localidad; es una agrupación de personas relacionadas entre si que cuentan con recursos físicos, personales, de conocimientos, de voluntad, de instituciones, de tradiciones, etc. . . . , cada comunidad es una totalidad orgánica que crece continuamente por vida interna." Ya la voz autorizada de los que me han precedido en el uso de la palabra han explorado las posibles implicaciones en cuanto a la estructura social general y en cuanto al individuo y su familia, de una rápida industrialización; muchas de sus afirmaciones corresponden también al campo que se me asignó, ya que la comunidad es un agregado de familias y personas y en ella conviven en términos de clases sociales. Por ello y por otras razones que aparecerán más adelante, he escogido como unidad y ejemplo del término comunidad a los efectos, de esta exposición al pueblo pequeño de nuestra Isla, a los Comerlo, Vega Alta, Ciales y Salinas diseminados por nuestra tierra, a diferencia de los pueblos y ciudades grandes y de las zonas metropolitanas. Entiendo que nuestro pueblo pequeño llena mejor los requisitos de la comunidad como ya la definimos y presenta una mejor integrada totalidad sobre la cual reflejan los resultados de nuestras, especulaciones y conjeturas temáticas. No quiere decir esto que no consideremos que la industrialización rápida no vaya a tener repercusiones en las ciudades, y en los campos, no; sino que por el momento y debido a la limitación del tiempo preferimos enfocar la comunidad —90—
pequeña, tocando de paso algunos puntos que también podrían afectar a la ciudad y al campo. Implicaciones Enfoquemos, en primer lugar, la participación social con sus concom'tantes de acción comunal, liderato, función del gobierno, etc. Al presente podría afirmarse que el grado de participación social de la comunidad promedio es bastante bajo. La gran mayoría de las personas no participa activamente en los esfuerzos comunales por resolver los problemas y necesidades que confronta. La iniciativa en este sentido está limitada a pequeños grupos de ciudadanos interesados, bien por intereses o conveniencias personales, bien por considerarla parte de sus funciones, o bien por la satisfacción personal que obtienen. Diríase también que casi todo el esfuerzo de los adultos se dedica a la obtención del pan de cada día y la atención preferente de los asuntos de su hogar. La convivencia social, aún en los pueblos pequeños, ha disminuído considerablemente y los contactos entre familias se limitan al encuentro casual, a la reunión forzada, o a la recreación comercial. Con el crec'ente papel que desempeña el gobierno en la vida puertorriqueña, se ha estrechado más aún el campo para la iniciativa personal y comunal, y es una actitud bastante generalizada entre todas las categorías sociales el colocar la responsabilidad en el gobierno, desde la provisión de servicios médicos, hasta la del ataúd para el entierro. Si bien esta actitud está en parte justificada por la larga historia de dependencia y pobreza de nuestra Isla, es innegable que los gobiernos pasados y actuales y sus dirigentes han contribuído en parte a fortalecerla cuando en el ejercicio de su función política anteponen el patronazgo y el liderato personal al desarrollo democrático de la iniciativa comunal. En una comunidad pobre de recursos y servicios resulta más cómodo al ciudadano pedir los favores del líder o administrador local que ejercitar su propia iniciativa y determinación. Pero volvamos a nuestro enfoque: en la actualidad la --91--
comunidad urbana semi-industrializada sirve como centro de intercambio comercial; como centro de los servicios gubernamentales de educación, salud, etc. ; como centro de transportación; como unidad local de los partidos políticos y las uniones obreras; y para funciones religiosas y recreativas. Dice Steward, al referirse a los cambios, en la comunidad urbana de Puerto Rico, ". . . . aunque estas nuevas funciones urbanas tienden a desarrollar mayor semejanza entre los pueblos, también contribuyen a diferenciar la población dentro de cada pueblo en segmentos especiales, clases o grupos socioeconómicos: personal profesional y comercial rico; empleados públicos, trabajadores del transporte y los grupos de los servicios, y la construcción; y, finalmente, trabajadores diestros y no diestros. La más, característica de éstas es la nueva clase media de ocupaciones e ingresos, variados. Ella representa una nueva tendencia, una nueva escala de valores que atribuye mayor importancia a los símbolos del progreso y riqueza personales." Si aceptamos este enfoque como el resultado de una industrialización lenta, gradual, no caracterizada únicamente por la creación de fábricas sino por otras características de climas industriales, podremos, sentar una base para la calidad e intensidad del cambio que produciría una industrialización rápida. En primer lugar, y como ha sido sugerido por algunos de los ponentes, la distribución socio-económica de clases cambiaría radicalmente, dándose el caso entonces de una clase, media grande, económicamente fuerte, independiente, pero con muy poca experiencia de convivencia y acción comunales. Y ello frente a una política gubernamental de protección, de servicios intensos, de control centralizado. Casi estamos, anticipando que muchas de las funciones del gobierno resultarían innecesarias en el nuevo estado de cosas, salvo que se desea continuar con una política de continuado planeo y control gobiernista. Ya me imagino la reacción de los de ustedes que creen en la democracia de acción y decisión ante esta disyuntiva. Pero vayamos con calma: a mayor independencia y seguridad económica en las gentes, menor' grado de —92—
dependencia en la beneficencia y otros servicios gubernamentales. ¿Quiere ello decir que automáticamente tendremos unas gentes más interesadas en atacar y resolver sus, problemas comunes, más dedicadas a la acción social colectiva, coi, mejores cualidades, en su liderato, mayor democracia en sus procedimientos, etc. ? La contestación es, desgraciadamente, no. Una cosa- no 1'eva necesariamente a la otra y muy probablemente lleve a otras indeseadas y desastrosas. Varios autores sostienen que como resultado de la industrialización y el urbanismo se crea una sociedad `anónima', amoral, impersonal, en contraste con las características de contactos primarios, consciencia general e integración social de las comunidades no industrializadas. El cambio en las zonas industralizadas se manifiesta en mayor delincuencia, mayor irresponsabilidad social, pérdida de la influencia de la familia, etc. Dejo a la inteligencia de esta asamblea el anticipar qué medidas deberán tocarse para encarrilar el cambio que ocurra hacia las alternativas beneficiosas mencionadas antes y no hacia las destructivas recién enumeradas. Otra posibilidad resultante del proceso de industrialización, y la cual ya estamos en parte palpando al presente, sería la emigración del campo al pueblo. Con la creación de nuevas oportunidades de empleo en la zona urbana, habrá huecos en las otras ocupaciones que atraen al campesino joven. Con el contraste tan grande que existe al presente entre las, formas de vida urbana y rural, y con el tremendo aumento en la comunicación que hace al jíbaro cada véz más consciente de esa diferencia, ¿habrá quien pueda sujetarlo al arado y la azada, al aburrimiento, a la escasez, teniendo a la vista, el anverso de la medalla? Sin ánimo de crítica, 15 años de servicios de extensión y educación rural, y más recientemente de programas sociales rurales y educación de la comunidad, aún no han logrado convertir al campo en algo deseable y atractivo. Precisa que pensemos en esos programas y en sus posibles modificaciones para prevenir las complicaciones, que el continuado éxodo del campesino podría traer tanto en las áreas urbanas como las rurales. —93—
En último lugar, .y sin pretender agotar el tema, presentemos el caso de las uniones obreras. Hasta el presente Puerto Rico presenta el hecho de un desarrollo obrero extenso pero de poca intensidad. Es decir, hay muchas, uniones obreras, pero su campo de acción e influencia se limitan a la obtención de mejores salarios y condiciones de trabajo para sus integrantes. Muy poco han hecho para integrarse al esfuerzo total de la comunidad para mejorar su vida. Demasiado adheridos al criterio de clase, en continua lucha con lo que ven como la clase contraria, no han tenido ocasión de mirar a su alrededor y. ver otros campos de acción que podrían añadirse a sus funciones,. Con la perspectiva de una comunidad industrializada, más segura en sus necesidades económicas, menos expuesta a la lucha de clases,, ¿qué papel se reserva a las uniones obreras, entonces fortalecidas y aumentadas, más allá del forcejeo anual del contrato de salarios? Como ilustración de posibles, derivaciones les sugiero el ejemplo de las uniones americanas, que se han dedicado a una mayor participación en la vida comunal, especialmente en los campos del servicio social y la recreación; o de las francesas, que sirven activamente de poder moderador en la política del estado. En resumen, las implicaciones de la industrialización rápida en la vida comunal requieren que nos dediquemos a pensar en el papel que deben jugar las distintas instituciones de nuestra cultura más afectadas por el hecho, como lo serán la familia, el gobierno, la unión, el liderato cívico, etc. En la redefinición de las funciones, de éstos está la clave que nos permita afrontar los cambios por venir con el menor grado de desajuste o desorganización social posible. No quiero cerrar esta exposición sin llamar la atención de ustedes hacia las definitivas, implicaciones que tiene el hecho de la industrialización para un grupo específico, el grupo profesional que prohijó estas convenciones anuales y que por razones de su campo de acción está, más, que ningún otro, llamado a afrontar con sus funciones los ajustes y desajustes que se produzcan entre nuestras gentes y sus instituciones: me refiero a los trabajadores sociales. Son ellos, o me —94—
jor dicho, somos nosotros, los llamados a bregar directamente con los individuos, las familias y los grupos comunales que inevitablemente recibirán el impacto de este arrollador cambio en nuestra manera de vivir y sentir. Corresponde a ellos, tanto o más que a ningún otro grupo, el facilitar y promover los ajustes y adaptaciones que tendremos que hacer todos si queremos ganar esta batalla de la producción y la felicidad. Para ello es necesario que hagamos examen de conciencia, inventario de ejecutorias y sometamos al cauterio de la más rígida y candente crítica nuestra filosofía y práctica profesionales. ¿Estamos haciendo trabajo social puertorriqueño para las necesidades del medio puertorriqueño? 0, ¿ estamos, aplicando el parche de las prácticas y normas americanas sin diferenciación ni adaptación en nuestro ambiente, simplemente porque estamos dentro de esa órbita? ¿ Estamos preparando académica y profesionalmente a nuestros trabajadores sociales para asumir el papel que les corresponde dentro del panorama actual de la realidad puertorriqueña? 0, ¿estamos meramente procreando pseudoespecialistas en asistencia pública, bienestar del niño, trabajo médico social y psiquiátrico, etc.? Preguntamos, ¿no propende más el cambio actual en el medio y cultura de Puerto Rico hacia mayor cultivo de las destrezas de trabajo de grupos y organización de la comunidad que los antes mencionados en el campo del trabajo social? Y finalmente, ¿Porqué no se materializa una fusión de esfuerzos más real y menos verbal entre las demás disciplinas de las ciencias sociales y la práctica del trabajo social? Estas., y otras punzantes preguntas son las que someto a ustedes, los que son y los que no son trabajadores sociales, para que las pesen, las rechacen o las contesten, en el foro público, en la conversación particular o en lo íntimo de la conciencia, siempre pensando con la felicidad de nuestras gentes como marco de referencia y nunca desde el estrecho de los egoísmos y. rencillas personales.
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POSIBLES EFECTOS DE LA INDUSTRIALIZACION RÁPIDA SOBRE LA FAMILIA PUERTORRIQUEÑA Por EFRAIN SANCHEZ HIDALGO
Igual que el individuo, la sociedad es un sistema de energía al que cualquier influencia que perturbe su equilibrio afecta totalmente. Los grupos y las personas, no funcionan en un vacío, sino dentro de un campo con el que están en continua interacción. Una de las afirmaciones que con mayor certidumbre pueden hacer las ciencias sociales es la de que el hombre nace, se desarrolla y vive en un ambiente cuyos cambios repercuten hasta cierto grado en aquél. Las alteraciones que sufre el medio se reflejan en la personalidad y la conducta de lo' individuos y los grupos que dentro de él funcionan. En el ambiente puertorriqueño se ha introduc:do durante los últimos años, un fenómeno novedoso, lleno de vigor y rápido en su crecimiento: la industrialización. Si partimos de las premisas apuntadas en los dos párrafos anteriores, tenemos que sospechar cambios, no sólo en el ambiente total puertorriqueño, sino también en las instituciones y en las personas. Nuestra misión de hoy es considerar cómo está afectando la industrialización rápida a la familia puertorriqueña, ten'endo en cuenta tanto los, cambios de una índole psicológicoindividual como los de una naturaleza colectiva. El tema no es fácil. Requiere investigación y pensamiento reflexivo, encuadrando el esfuerzo dentro de un marco objetivo y científico. La tarea no es para realizarla una —96—
sola persona, sino que exige el enfoque coordinado y cooperativo de muchos investigadores. Lo más que podemos hacer en este momento es conjeturar, basándonos hasta donde sea posible, en nuestras observaciones, experiencias, y lecturas, así como en los, testimonios, muchos de ellos casuales, de otras personas. Queremos subrayar que lo que digamos sobre el asunto que nos ocupa no debe jamás entenderse en el nivel de los hechos. Meramente pretendemos formular un conjunto de hipótesis que quizás puedan servir de puntos de partida para futuras investigaciones científicas,. A estas suposiciones nuestras les falta probar la contundencia de los datos. Son simples impresiones, recogidas al azar y no de una manera sistemática y organizada. Queda para lo futuro someter nuestras conjeturas y otras, que puedan formularse al encontronazo con la evidencia, cuidadosa y sistemáticamente acumulada. La industrialización rápida en Puerto Rico constituye un medio altamente recomendable y prometedor de resolver los problemas "clásicos" del hombre puertorriqueño. Además del conocimiento de las experiencias tenidas por otros, pueblos con el fenómeno de la industrialización, contamos con la fe que siempre hace falta cuando se persiguen nobles propósitos. Sin embargo, conviene guardarnos del engaño de que todos los efectos, de la industrialización van a ser indiscutiblemente ventajosos y positivos. No debemos permitir que nuestro sentimiento de identificación con el empeño de resolver nuestros problemas mediante la industria oscurezca nuestro pensamiento hasta tal punto que nos hagamos de la falsa y peligrosa impresión de que todos los cambios han de ser favorables. Tal supuesto, originado en una fe excesiva en el fenómeno que se introduce en nuestro medio, puede resultar perjudicial. Quien esté constructivamente interesado en la industrialización como un medio de resolver nuestros problemas debe estar atento a sus repercusiones para percatarse, no únicamente de sus efectos favorables, sino también de los desfavorables. Debe recordarse que no existe un remedio para los problemas humanos que pueda, alardear de perfección en to-97—
dos los sentidos. El purgante que cura al individuo indigesto puede matar a quien sufre un ataque de apendicitis. La industrialización es un magnífico remedio, pleno de esperanzas respaldadas por las experiencias previas del hombre en distintas épocas y lugares. Pero ante él es, muy conveniente manner de continuo una actitud valorativa. Toda empresa humana, sea ya individual o colectiva, debe orientarse desde el principio hasta el fin a base de una evaluación justa y confiable. No de otro modo pueden discernirse las fallas y los errores. Hay que juzgar continuamente todas las influencias de las industrialización rápida, no sólo con el propósito de sentirnos alentados por sus efectos, positivos, sino además para poder reorientar el esfuerzo industrializados en aquellos aspectos en que se disciernen consecuencias perjudiciales. En nuestro enfoque esencialmente especulativo de los efectos de la industrialización rápida sobre la familia puertorriqueña hemos vislumbrado muchas repercusiones positivas, pero también hemos presentido algunos, efectos desventajosos, ante los que debemos asumir, si es • que la investigación rigurosa lo comprueba, una acción remediativa y, hasta donde se pueda, preventiva. Muchas, de estas conjeturas les parecerán a usted excesivamente obvias, muy fáciles de dar por descontadas. Pero advertimos que no es buena la actitud de dar por obvias muchas cosas en la vida. Lo obvio no es siempre lo cierto. La historia de la ciencia tal vez podría escribirse partiendo de aquellos fenómenos que, a lo largo de los siglos, se consideraron obvios y que, cuando se adoptó ante ellos una posición indagadora y critica, no resultaron ser tan obvios. Lo obvio no debe serlo hasta que no se pruebe científicamente que lo es. Veamos ahora nuestras conjeturas. Uno de los efectos de la industrialización rápida sobre el hogar puertorriqueño del que podemos estar más confiados es la seguridad económica que provee. A mejores oportunidades de empleo, mayor facilidad para ganarnos la vida digna y honradamente, proveyendo como consecuencia el sentimiento de seguridad en el hogar de que las necesidades básicas —98—
van a at:sfacerse día tras día. La implicación psicológica de la seguridad del pan es profunda. Poco significan muchas otras cosas —a menudo consideradas fundamentales— sin el pan de cada día en nuestra mesa. No pecamos de materialistas al decir que la satisfacción del hambre del estómago es una condición esencial para que el ser humano se disponga a luchar por otras necesidades. Esa es —entendemos nosotros— la realidad en carne viva. El sentimiento de seguridad que emana del hecho de que el sustento diario va a aparecer es algo que repercute de manera muy poderosa en todos los ámbitos de la vida del hombre. A pesar de todos los romanticismos ilusorios, la lucha del ser humano por el pan ha sido, es y será siempre una lucha primaria. Tal seguridad económica tiene múltiples proyecciones. Se ensanchan las facilidades recreativas de la familia. Los niños, los adolescentes y los adultos, necesitan el recreo, del paréntesis que descansa y anima para el esfuerzo subsiguiente. La higiene mental nos dice que el ser humano necesita recrearse para conseguir su bienestar psicológico. Se abren anchamente las oportunidades educativas de los hijos, ya que al poder trabajar los padres, más tiempo pueden estar aquéllos en la escuela sin necesidad , de que contribuyan al sostenimiento de la casa. Mejórase la alimentación, tanto en cantidad como en calidad. Se preserva y se mejora la salud del cuerpo. El hombre, alentado por el trabajo que dignifica, viste más limpia y apropiadamente. Amortíguase la amenaza del espectro del desempleo que había vivido como huésped altanero e insolente en muchos hogares puertorriqueños. Se mejoran las relaciones, entre los miembros de la familia y entre los vecinos porque bajan las ansiedades y tensiones que provoca el esfuerzo estéril del hombre ante sus problemas críticos. Sube el nivel físico, social y espiritual de la familia. No sólo se palpa una mejoría en el funcionamiento del hogar, sino que su estructura física se va tornando más atractiva y acogedora. Por consecuencia, se progresa en el aspecto de la higiene y la comodidad. Se embellecen los alrededores, y los interiores de la casa. Brotan las aspiraciones, antes muchas —99—
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veces tronchadas por la bestia de la miseria. Hay más vida, esperanza e ilusión en los que habitan bajo el mismo techo. El factor económico afecta profundamente todos los aspectcs de la vida del hombre. La felicidad en medio de la miseria, al estilo de D_ógenes, es una patraña del romántico o Una seria anormal.dad psicológica. Para ser feliz, feliz en un sentido humano, el hombre necesita ganarse la vida con decoro, sostener adecuadamente su familia, divertirse, vestir con propiedad, educar a sus hijos, alentar aspiraciones, proyectarse en su ambiente y hacia el Universo. El pan de cada día sigue teniendo la prioridad que e concede el Padrenuestro. La industrialización es una mina de oportunidades para el desenvolvimiento vocacional del puertorriqueño. La forja de aspiraciones —aspecto fundamental de la preocupación de Íos padres por los hijos- encuentra ahora una variedad mayor de caminos por donde canalizar el esfuerzo de aquéllos por habilitarse para ganarse la vida. Recuerdo en mi temprana adolescencia, adentrado en el distrito rural de Moca, cómo la amonestación estimulante de los padres de escasos medios a los hijos a menudo se limitaba a la estrecha dicotomía de que "tendrás que jalar la azada si no te haces maestro". Eran dos las sendas factibles en el cuadro de aspiraciones del adolescente de limitados recursos económicos: La faena agrícola —mucho más probable debido a la estrechez económica imperante— y la de enseñar, que constituía en realidad una cara ambición. No pocos padres —muchos más que ahora— albergaban la esperanza de ver a su hijo ganarse el cheque mensual vestido de limpio en la escuelita del campo. La perspectiva vocacional para el adolescente de hoy se ha ampliado de una manera notable. En lugar de dos caminos, que por dificultades económicas tendían a reducirse a uno solo, el adolescente de ahora tiene ante sí diversos senderos. La industrialización abre nuevos cauces para las aspiraciones, facilitando mejores ajustes vocacionales que a la vez repercutirán en mayor satisfacción •y felicidad, ya que un requisito imprescindible para lograr el bienestar psicológico es tener una ocupación a la que el individuo se dedique con gusto y entusiasmo.
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las rptitudes manuales hallan ahora más facilidades de deal rollo, lo que redundará sin duda en un mejor a u;' e vocacional para el puertorriqueño. Porque la verdad es que en todas nuestras profesiones hay muchos que se equivocaron en la selección. Enfrentados a un torpe tradicionalismo que entendía que las únicas ocupaciones decentes del hombre podían contarse con los dedos de una mano, muchos individuos se preparaban y aún se preparan para maestros,, abogados, ingenieros y médicos sin contar con el interés y la disposición que se requieren para desempeñar con regocijo tales faenas. Teníamos clavada entre ceja y ceja falsa convicción de que el trabajador de las, manos era menos que el trabajador de las ideas. Aparte de que en tal creencia se implicaba falazmente que las manos funcionan sin la dirección del cerebro y de que éste no necesita de las manos, estaba envuelto el no menos estúpido parecer de que la labor manual era denigrante, despecho de la ingente creación del hombre mediante el uso experto de sus dedos. Ante el fenómeno de la industrialización, se ensancha el panorama vocacional de los hijos y hasta el de los padres. Como consecuencia, aumenta la probabilidad de que el individuo pueda ganarse el sustento con satisfacción, ya que es mayor la oportunidad de sentir el júbilo de hacer su tarea con gusto. En tal dirección creemos que la industrial zación está abriendo nuevos canales para el desarrollo de las potencialidades del puertorriqueño.
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El estímulo para prepararse vocacionalmente es marcado y promotedor. Las fábricas no son sólo fábricas, sino escuelas también, ampliándose las facilidades educativas de miembros del hogar. Aunque algunas fábricas se vayan, per= manecerá en la Isla el adiestramiento que han recibido los que eñ ellas han laborado. Todo el adiestramiento —el que se há adquirido en escuelas y talleres para poder aprovechar la oporel que se ha logrado m`.entras se tunidad de trabajo así una por sí ganancia duradera. El que trabaja— constituye en emigra de nuestro país busca de mejor ambiente en el —101—
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exterior puede llevar consigo el haber de ese adiestramiento que le ayudará a abrirse paso en el nuevo medio. Una tendencia en la juventud puertorriqueña —espec'almente la que vive en la zona rural— es casarse temprano. La búsqueda de las causas de tal inclinación constituiría un estudio de mérito. Conjeturamos que no pocas muchachas buscan casarse temprano movidas, en parte, por causas económicas. Debe recordarse que la razón básica tras el matrimonio, más, que romántica o sentimental, es una razón económica. Dicho sea de paso, recuerdo haber oído decir al Dr. Ralph . Linton, famoso antropólogo norteamericano, que las causas .de la desintegración del hogar en los Estados Unidos radicaban en el tren de lavado y en el restorán. Como el priel segundo da la comida, el hombre no mero lava la ropa tiene que ir al matrimonio para satisfacer estas necesidades. Volviendo a nuestro tema, puede que muchas adolescentes no se sientan tan precozmente precipitadas al matrimonio porque ya pueden ganarse la vida mediante el empleo en las fábricas. De ser esto cierto, las consecuencias, son beneficiosas, ya que uno de los factores contribuyentes a los hogares rotos es la inmádurez de los, cónyuges para afrontar los problemas de la vida matrimonial. Por otra parte, la industrialización puede contribuir a aumentar la estabilidad del matrimonio. La inestabilidad económica es indudablemente un factor de peso en la desintegrac?ón del hogar. Cómo sus miembros a menudo carecen de la preparación que requiere nuestro estrecho ambiente ocupacional, es de esperarse que tengan serias dificultades en ganarse la vida y en mantener el hogar debidamente. De la privación económica se salta fácilmente a la desintegración psicológica, con los conflictos, las frustraciones y las ansiedades que entorpecen la marcha armónica de las familia. Por consecuencia surgen el divorcio, la separación y el abandono. La industrialización puede aumentar la estabilidad de estos hogares, proveyendo a sus miembros medios de subsistencia tras un adiestramiento que en la gran mayoría de los casos puede lograrse en relativamente breve tiempo. —102—
Uno de los signos más, enaltecedores de este siglo es la creciente emancipación de la mujer. Habla muy bien del ser humano el impulso que se ha dado al justiciero empeño de colocar a ésta en el mismo nivel del hombre. El mal llamado sexo débil —la supuesta debilidad que el hombre le ha atribuído a la mujer no resiste el peso de la evidencia ni siquiera en el aspecto físico-fisiológico— cada día gana un lugar más destacado en los asuntos de la sociedad. La exaltación de la mujer desde los tiempos en que era una simple cosa poseída por el hombre hasta el nivel que ocupa en la actualidad constituye una de las jornadas más nobles y dignificantes de toda la epopeya . cívica del ser humano. Entre las razones por las que la mujer se consideraba inferior al hombre estaba su falta de independencia económica. Como la oportunidad de prepararse le era negada, excepción hecha de las faenas caseras, no podía compartir con el hombre las ocupaciones fuera del hogar. De la dependencia económica, fácilmente pasaba la mujer a ser dependiente del sexo masculino en otros, aspectos significativos de la vida. La industrialización en todos los lugares del mundo ha coadyuvado a la independencia económica de la mujer y consiguientemente a emanciparla de la tara de inferioridad que le prohibía ocupar su sitio .merecido en los asuntos de la sociedad. En épocas de guerra la mujer ha realizado en los tiempos modernos las, labores que por tradición corresponden al hombre. Un ejemplo: Durante la Segunda Guerra Mundial muchas mujeres ocuparon el lugar de los hombres en las fábricas de aviones y otros artefactos bélicos. Se había creído erróneamente que la mujer era, por razones innatas, inferior al hombre en los aspectos mecánicos y manuales de la vida. Hasta en investigaciones aparentemente científicas se había interpretado la inferioridad femenina en las pruebas de aptitud mecánica como algo inherentemente ligado a la naturaleza de la mujer, desestimándose los efectos de los factores ambientales y culturales en tales diferencias. Cuando hubo la necesidad de emplear mujeres, porque los hombres estaban ocupados en el frente de batalla, la mujer desempeñó la labor —103—
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de los hombres a las mil maravillas. Y no sólo las mujeres hicieron aviones de una manera tan diestra como los hacían los hombres, sino que hasta superaron a éstos en la labor. Debemos aguardar que la industrialización en Puerto Rico, proveyendo como provee facilidades de empleo para la mujer, contribuya a que ésta logre mayor justicia y libertad. Las mejores oportunidades de trabajo pueden resultar en otra proyección que toque significativamente el problema poblacional de Puerto Rico. La necesidad de mantenerse en condiciones de trabajar, puede conducir a la mujer uso sabio de medidas contraconceptivas. Conjeturamos que la industrialización estimula la disminución del número de hijos en los hogares puertorriqueños. Claro que la independencia económica de la mujer promueve problemas que exigen una reorganización del hogar. Generalmente se supone que el hogar se desorganiza. No tiene necesariamente que ser desorganización. Lo que aparece como desorganización muy bien puede ser reorganización. El asunto exige estudio prolongado e intenso a fin de ir remediando y previniendo los efectos, perjudiciales de un magnífico logro humano, cual es la emancipación de la mujer. La sirvienta en Puerto Rico representa un residuo de esclavitud. La sirvienta es la mujer mal tratada y excesivamente trabajada que realiza múltiples tareas por un salario miserable. La empleada que, como se oye decir con frecuencia, "no sirve para nada, pero hace tanta falta", está en vías de desaparecer de nuestra zona metropolitana. Las fábricas proveen un medio más digno y mejor remunerado de ganarse la vida. La palabra sirvienta está cuajada de injusticia y de falta de respeto a la personalidad humana. Más que una desventaja, creemos que a la larga la ausencia de la sirvienta constituye una ventaja para el hogar. En muchos casos la ama de casa había delegado en la sirvienta funciones para las que ésta no estaba preparada, tales como la tarea de cuidar los niños. La sirvienta es un remanente de esclavitud en un siglo que se destaca por el esfuerzo de liberar y dignificar al ser humano. Además, la ausencia de
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la sirvienta puede contribuir a estrechar los lazos entre los miembros de la familia; como que el esposo y los hijos se ven más, obligados a cooperar en la labor común de atender los asuntos domésticos. En tal labor conjunta, realizada en un lugar que es de todos, puede haber más oportunidad para el intercambio de ideas, para la cooperación, para el desarrollo del sentimiento de pertenencia y unidad. Y hasta el esposo puede derivar una mejor apreciación de lo que realmente es. el trabajo doméstico. La ocupación de la mujer en las tareas industriales deja huecos en el hogar que demandan considerarse. El cansancio de ella al regresar de la fábrica posiblemente se refleje adversamente en el desempeño de sus funciones como ama de casa. La falta de atención a la labor doméstica por parte de la mujer puede ser un factor que precipite disenciones en el senodel hogar. Este es un asunto que requerirá sin duda un reajuste a fin de que los miembros, de la familia se adapten a las nuevas circunstancias, de manera que los oficios caseros se realicen por todos según el tiempo libre de que disponga cada miembro de la familia. La ausencia de ambos padres en aquellos hogares donde los cónyuges trabajan fuera deja a los hijos sin la orientación necesaria. Con el incremento industrial debe aguardarse que el número de hijos que permanecen sin la supervisión y el cuidado de los padres vaya también en aumento. Al deambular los niños por el vecindario aumenta la posibilidad de que operen los factores que contribuyen a la conducta delictiva, perjudicándose así el desarrollo moral de la niñez. Varios maestros nos han informado que los problemas de disciplina han aumentado en las escuelas que radican en lugares donde se han concentrado las fábricas. El problema de los hijos carentes de atención y cuidado requerirá eventualmente remedios más efectivos. Uno de éstos podría ser el establecimiento de escuelas-hogares, cuya misión sería cuidar a los niños mientras sus padres trabajan. Puede pensarse hasta en la posibilidad de que las mismas fá-I05—
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bricas, sufraguen los gastos en que se incurra en este servicio social. También podrían mejorarse las facilidades educativas y recreativas, en aquellos sitios donde se aglomeran las fábricas. Sin lugar a dudas, el desarrollo industrial requerirá un creciente servicio social en estos aspectos apuntados. También suponemos un éxodo desde la zona rural hasta la zona urbana donde se han establecido fábricas. Sospechamos que conseguir que el hombre rural permanezca en su medio campesino constituirá en lo futuro un problema más complejo y difícil de lo que es actualmente. En algunos, casos la mujer se adelanta al hombre en emprender el camino hacia la ciudad, pero en la mayoría de los casos es el marido quien se dirige a los centros urbanos en busca de mejores medios de vivir. Tal circunstancia puede dar origen a problemas tales como abandono de la familia, prostitución e hijos elegítimos. La movilidad del campo hacia la ciudad, tanto de hombres como de mujeres, constituye un problema que demanda cuidadosa atención. Aún cuando tal movimiento poblacional sea deseable, requiérese tomar medidas a fin de orientar al campesino sobré los problemas y las dificultades con que va a tropezarse en el medio urbano. Está por delante del hombre rural el problema de adaptarse a un nuevo ambiente, con circunstancias distintas a las que caracterizan la vida en el campo. Todo esto puede dar origen a la necesidad de orientar sistemáticamente al campesino, facilitarle el ajuste al nuevo medio y ayudarle a resolver sus problemas. De esta movilidad puede surgir también el problema de los arrabales, debido especialmente a la carencia de viviendas apropiadas cerca de las fábricas. Todos éstos son problemas que pueden aparecer o agravarse según proceda el esfuerzo industrializador. Ningún país que se ha empeñado en industrializarse ha dejado de experimentarlos. Conviene mucho estar alertas, en plan de remediar y, si es posible, de prevenir tales efectos perjudiciales. De esa manera la industrialización en Puerto Rico constituirá una fuerza mucho más ef:caz hacia la meta de ayudar al pueblo —106—
puertorriqueño a resolver sus problemas. La industrialización es una medicina que ayudará a nuestro país a sanar de sus dolencias sociales y económicas, pero como toda medicina —no importa lo efectiva y beneficiosa que sea— necesita la atención constante a fin de que puedan tomarse las medidas necesarias cuando las reacciones sean desfavorables.
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RESUMEN DE LOS TRABAJOS DE LA CON VENCION Z Por R. TORRES MAZZORANA.
En su exposición inaugural el Secretario de Salud, doctor Juan A. Pons,, presidente de esta Convención, señaló la pauta de estudio y análisis de los trabajos que. se llevarían a cabo. Indicó que la Convención no habría de llegar a conclusiones oficiales definitivas, sino que plantearía los posibles, efectos de la industrialización rápida en la sociedad puertorriqueña. Dijo el Dr. Pons que la sociedad, como el individuo, posee ciertas configuraciones de orden moral y psíquico que se manifiestan en su manera de vivir, en su tradición, en su cultura, y que esas modalidades responden a la vez a condiciones especiales de su desarrollo físico y material. El programa de industrialización tiene por objeto ayudar a solucionar nuestros graves problemas económicos, que engendran graves males sociales. Para ell&, hace él mejor aprovechamiento de nuestra única riqueza —abundancia de brazos, que también equivale a abundancia de cerebros y corazones. Aspectos físicos y psicológicos del grupo social Explicó el Dr. Pons que el hombre, célula de la sociedad, Este resumen sintetiza las ponencias y recoge, además, aspectos discutidos en las reuniones de grupos sobre las ponencias. Todas las ideas expuestas, incluso las del autor como participante, han sido articuladas en este resumen interpretativo de los trabajos, a cuyos textos se puede referir el lector para detalles. —108—
es
un hecho económico en su proyección material y es, una realidad biológica, pero que por encima de eso es una personalidad humana, en la que hay facultades superiores que dimanan de su corazón y su cerebro. Así, vive una parte emocional, espiritual, psíquica, que es, el molde de su conciencia y que condiciona su realidad material y física —hay una zona de armonía en que se acompasan ambas cosas. Y así en la sociedad hay también los mismos, dos aspectos. Cuando surgen conflictos en la sociedad y éstos se manifiestan en síntomas positivos, la salud psicosocial anda mal. Se hace necesario investigar las causas y orígenes del trastorno, hay que verificar y medir sus efectos y hay que prescribir tratamiento sociológico para el mal. Citando frases del gobernador Luis Muñoz Marín a la Legislatura, repitió el siguiente pensamiento del Jefe Ejectuivo: "No debemos resignarnos. . . a que un pueblo creador como el nuestro se le escapen maneras de aprender a no repetir en toda su magnitud histórica los males que en el pasado acompañaron al industrialismo y al crecimiento de las ciudades." Respecto de la industrialización, estamos, a tiempo, dijo el Dr. Pons, para empezar a hacer diagnósticos y prescribir los tratamientos preventivos que sean de rigor. Los cambios que podamos, esperar de la industrialización mejorarán unos síntomas, agravarán otros, aclararán unos y oscurecerán otros de los síntomas de la salud psicosocial de Puerto Rico. Expresó el ponente la creencia de que el saldo será una mejoría notable del enfermo. Basa su optimismo en que el médico de cabecera es bueno, tiene buen cacumen diagnóstico, conoce la terapéutica y aplica el tratamiento a tiempo y en dosis adecuadas. Exploración y estudio de los síntomas El ponente reflejó el sentir de la Convención sugiriendo que no hay que abandonar a la sociedad cuando sabemos que próximamente empezarán a aparecer síntomas de trastornos psicosociales que pueden culminar en enfermedad de la men-109—
te y el corazón de ella. La misión de la Convención es explorar ese vasto campo en que el fenómeno de la industrialización rápida empieza a producir cambios radicales —unos buenos y otros perjudiciales— en nuestra sociedad. Junto con estos cambios en las estructuras económicas, sociales y culturales, habremos de enfrentarnos a toda suerte de problemas que afectarán al individuo, a la familia, a la comunidad. Los hábitos de vida, la tradición cultural, la conducta moral, los sentimientos de un pueblo irán cambiando a medida que se vayan manifestando nuevas influencias de orden económico en su organismo social. Por ejemplo, el doctor Pons citó un dato preciso que nos preocupa profundamente: el hecho de que en un grupo representativo de las nuevas fábricas establecidas en Puerto Rico más de las dos terceras partes de los trabajadores son mujeres. Esto puede conducir a fijar un nuevo patrón de funcionamiento en el hogar y en la familia —patrón en que la mujer se convierte en el eje económico, bien desplazando al hombre en su responsabilidad fundamental o situándose en posición de igual responsabilidad en el sostenimiento del hogar. Dentro de esa situación, que apareja asimismo un cambio de autoridad, el doctor Pons se pregunta si la mayor responsabilidad de la mujer puertorriqueña sobre la del hombre, si es que la hay, debe utilizarse a los fines del mejoramiento económico o a los fines del fortalecimiento de la familia como unidad psico-biológica-social. Reacciones de la convención Esta observación del ponente provocó reacciones controversiales en la Convención. Si cambia la responsabililidad y autoridad en la jefatura de la familia, opinaban algunos, también cambiarán las actitudes en el seno de la familia, y si la mujer que trabaja es la madre, se produce ciertamente un desconcierto en las, relaciones biológicas, emocionales, mentales, psíquicas y morales que deben prevalecer entre la madre, el padre y la prole. Abordando el punto de la emanci-110—
pación económica de la mujer, preguntó el Dr. Pons: ¿qué efecto tiene en los hijos la neutralización de la distinción psicológica del sexo entre padre y madre, al apoyarse la famiPa sobre la base dos padres en lugar de un padre y una madre? El punto suscitó una serie de interrogaciones entre los participantes en la Convención. Cuando eso suceda ¿ qué tipo de sociedad tendremos? ¿ Una sociedad semimatriarcal ? ¿Una sociedad en la que las mujeres trabajan en las máquinas mientras los hombres atienden o desatienden el hogar y tienen que asumir responsabilidades domésticas que no están preparados, para descargar? ¿Qué suerte correrá la personalidad de los niños en un hogar en que faltan el afecto, la comprensión, la orientación de la madre? ¿ Qué problemas le traerá a nuestra sociedad esa sociedad por el reflejo de un hogar en desconcierto? Estos y otros aspectos de la industrialización requieren observación, investigación y estudio por parte de los líderes de la comunidad, y requieren un proceso de educación y adaptación que todos admitimos es de la mayor importancia. Estamos, conscientes de una diversidad de problemas. Vamos a conocerlos a fondo y a ofrecer, en parte, un primer diagnóstico, a los fines de que se determine el tratamiento adecuado por los que tengan a su cargo este gran responsabilidad social. Moscoso describe el programa de industrialización El Administrador de Fomento Económico, señor Teodoro Moscoso, explicó en su exposición, las dimensiones del programa de industrialización. En su actual etapa de desarrollo, dijo, el programa ha logrado establecer unas 235 nuevas fábricas con un total de más de 21,000 obreros de producción que reciben una paga de alrededor de $18 millones anuales. El gobierno ha fijado un objetivo a este programa —crear 80,000 nuevos empleos industriales para 1960. El desarrollo de la economía debe llegar, al mismo tiempo, a una producción que sobrepase los $2,000 millones para dicha fecha. Cada nuevo empleo industrial directo crea un empleo in-111—
directo en la transportación, el comercio, la distribución, los servicios y todas aquellas actividades, de la economía que reciben la inyección de vida de la industrialización. En 1960 tendremos, pues, que el programa industrial habrá creado en total 160,000 nuevos empleos, directos e indirectos, que beneficiarán económicamente en alguna forma a la tercera parte de la población potencial de Puerto Rico en dicha fecha. Posiblemente, el panorama industrial puede llegar a abarcar hasta 4,000 establecimientos manufactureros —positivamente sobre los 3,000— y la fuerza obrera industrial empleada llegará a los 200,000 trabajadores. He aquí, señaló el ponente, una nueva fuerza social en el nivel del proletariado. También se habrá desarrollado un vigoroso renuevo de la clase media a la sombra del desarrollo industrial —he ahí otra consecuencia inevitable de una economía en dinámica ascendente. El programa de industrialización ocupa una prioridad de primer rango en la política económica y fiscal del gobierno. Tiene el respaldo público. Crea a razón de 100 nuevas fábricas anualmente con 9,000 nuevas oportunidades de empleo y una nómina de entre 7 y 8 millones, de dólares al año. Fuera de toda duda, es beneficioso en el orden económico. Reúne las condiciones psicológicas y sociales ideales que garantizan su éxito. Durante los años económicos, 1955 y 1956 se estarán estableciendo a razón de unas 15 fábricas mensualmente —una fábrica cada 48 horas. En 1960 habrá más de 800 fábricas nuevas. En ellas y en la fuerza obrera industrial que empleen encontraremos un impulso poderoso que, penetrand' la vida económica del país, influirá profundamente los demás aspectos de la vida puertorriqueña. Los obreros de las fábricas nuevas fluctúan entre las edades, de 18 y 32 años, generalmente. Las dos terceras partes son mujeres. Estas han igualado, y en muchos casos superado a los varones en productividad, disciplina, calidad del trabajo, puntualidad y sentido de responsabilidad en sus tareas. —112--
Los trabajadores industriales y la sociedad El gobierno y las empresas están realizando un extenso programa de adiestramiento industrial en las, escuelas vocacionales y en las fábricas. Esta nueva riqueza obrera está multiplicándose y no puede perderse. ¿Qué posición en la escala social ocupará esta fuerza de trabajadores diestros y equipados con una técnica de producción fabril en creciente demanda y que paga jornales cada vez más atractivos? ¿ Qué influencia nueva ejercerán los trabajadores en el desenvolvimiento de nuestra cultura, en nuestro comportamiento cívico, en las actitudes dentro del hogar y en el cuadro general de la comunidad? El señor Moscoso planteó éstos y otros puntos similares, pero aclaró que la Administración de Fomento Económico es una agencia de promoción de industrias. Brega, por lo tanto, con la industrialización como un medio —y brega en cierto modo con sus fines económicos y educativos— pero ahí termina su responsabilidad. Al pueblo de Puerto Rico y a sus líderes cívicos, a los educadores y sociólogos les corresponde estudiar los demás fines, y los efectos de la industrialización para ponerla al servicio del bienestar humano y de la cultura. Así como la cultura occidental absorbió a la Revolución Industrial y la dominó con su pensamiento para ponerla al servicio de la sociedad —así Puerto Rico y los puertorriqueños deberán absorber y dominar el fenómeno de la industrialización acelerada para ponerla al servicio de nuestro pueblo y nuestra sociedad. El Secretario de Salud y el Administrador de Fomento Económico pintaron un cuadro real —las ruedas y engranajes de un sistema social y cultural antes movidas en consonancia con nuestras costumbres y con nuestro modo de vivir de hace centenares de años, ahora movidas por potentes ruedas catalinas de una revolución económica de carácter industrial que está alterando el ritmo de la acción, del progreso y de la gradual transformación de nuestros patrones de vida individuales y colectivos. Sobre este cuadro es que han reflexionado y —113—
discurrido los ponentes, unos en el campo de la economía, otros en el campo de la sociología. Cambios económicos, sociales y políticos en Puerto Rico
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Los economistas puntualizaron, con acopio de información y análisis, las proyecciones y repercusiones materiales de la industrialización. El señor Britton Harris señaló los cambios estructurales que vienen ocurriendo en la economía del país y que tomaron un sesgo decisivo en la década de 1940 a 1950. La industria, el comercio, la transportación, las comunicaciones en proceso de modernización. Mejoramiento en los ingresos y en la salud del pueblo. Migración en masa hacia los Estados Unidos continentales. Todo esto simultáneamente con cambios sociales y políticos que reflejan la firme determinación del pueblo puertorriqueño de gobernar su propio desarrollo y de ser el arquitecto de su propio destino. Este pueblo decidió que en la industrialización está la solución de sus problemas vitales, dice el ponente. Pero el camino para alcanzar esa meta está poblado de peligros. Por ejemplo, la insuficiencia del esfuerzo; la posibilidad de la guerra; una crisis económica seria en el Continente; las posibles futuras repercusiones del proceso de migración. Para poder sobrevivir a todos o algunos de estos peligros, la presente dinámica económica y social de Puerto Rico debe ir acompañada de cambios estructurales aún más radicales que los que se han considerado hasta la fecha. A medida que el pueblo alcanza un ingreso más alto y logra mayor eficiencia en el campo de la producción, van ocurriendo cambios estructurales en la economía. Estos cambios alteran los cálculos de empleo y desempleo. A juicio del ponente se producirá una situación con sólo tres alternativas: la continuada emigración en masa, el desempleo, el aumento aún mayor de los empleos industriales. La industrialización acelerada, al igual que las necesidades cambiantes de la agricultura, los servicios y el comercio, exigirán un obrero mejor adiestrado, mejor alimentado, y con —114—
una nueva actitud psicológica. La población rural gravitará hacia las ciudades donde se concentra la industrialización. Surgirán nuevas ocupaciones, nuevos patrones, de vida, nuevos patrones de consumo, nuevos cambios en la vida de familia —todo ello estimulado por el mejoramiento de los ingresos. Según el señor Harris., al puertorriqueño apto para el trabajo solamente se le abrirán dos avenidas de escape: la emigración al Continente o empleo en las nuevas fábricas que se establezcan aquí. Obviamente, se nos dice, ¿ son avenidas de escape de qué? Pues del desempleo que es la única otra alternativa de las tres que el ponente citó antes. Para él es claro que deben reexaminarse los objetivos, fijados en el Informe de 1950 para el programa de industrialización, especialmente en relación con el cuadro de los empleos en la agricultura, en los servicios, en la construcción, etc. ' Los objetivos globales fijados, corresponden a la potencialidad de la economía de Puerto Rico, pero las metas específicas no coinciden con los hechos actuales. Efectos de la. emigración Se han creado nuevas oportunidades de trabajo industrial de acuerdo con el plan, pero los empleos, en la industria de la aguja a domicilio se han reducido considerablemente. Los empleos agrícolas y el ingreso neto agrícola han bajado. En todos los demás ramos de la economía ha tenido lugar un cambio hacia los empleos que pagan mejores, jornales y que son más estables; se ha reducido el empleo marginal y parcial y por consiguiente ha aumentado la producción promedio de los trabajadores. Sin embargo, por no haber aumentado con suficiente rapidez los empleos de altos jornales en el país, una gran parte del desplazamiento de los trabajadores ha desembocado en la emigración a Estados Unidos continentales. El señor Harris señaló que la emigración está mermando la fuerza obrera del país en las edades productivas y llevándose una buena proporción de la población enérgica y de ini-115—
los
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ciativas. Esto reducirá la productividad económica, debilitará las potencialidades culturales y afectará los patrones de vida de la familia en Puerto Rico. Este aspecto de los recursos humanos es otro factor de proporciones formidables que mereció estudio separado por la Convención. Surgió pregunta de si el aumento de la emigración no le arrebatará a las fábricas que seguiremos estableciendo la fuerza obrera productiva que ellas necesitan. El señor Harris citó dos ejemplos, graves de los efectos de la migración. La emigración a los Estados Unidos produjo resultados desastrosos en Irlanda. La emigración de la zona rural a las, ciudades en India y China ha desarrollado el urbanismo en medio del desempleo y la miseria. La industrialización más rápida de Puerto Rico puede ofrecer oportunidades de trabajo a muchos de los que emigran y eliminar el factor de inestabilidad que produce en nuestra economía la emigración en masa. También puede proveer oportunidades de que se trasladan del campo al pueblo si el urbatrabajo a nismo y la industrialización van acompañados de cambios estructurales deseables en nuestra economía. En la discusión en grupo de la ponencia del señor Harris fueron identificados la industrialización y el desarrollo agrícola como necesidades imperiosas para el progreso de la economía del país. Pero se le concedió la prioridad, se le dió énfasis máximo a la industrialización. Si queremos reducir el desempleo al 5 por ciento de la fuerza trabajadora para el año 1960 y elevar el ingreso por familia a $1,500 ó $2,000, no hay que esperar mucho de la agricultura —casi todos los empleos deben surgir como resultado de la industrialización. Debe alentarse al capital nativo para que participe más intensamente en la industrialización. Para que ese capital se movilice, sin embargo, se exige por los inversionistas potenciales la seguridad de lucro que ahora ofrecen el comercio y los bienes raíces. Esta seguridad, sin embargo, dependerá mucho, en el campo de la industrialización, de un mejoramiento de la educación en todos los niveles, para crear así una fuerza obrera, de superintendencia y de gerencia, más. efi-116—
ciente y más extensa. Cada fábrica debe ser considerada como una escuela. Se señaló en la discusión en grupo que el capital nativo disponible se está utilizando, sin embargo, en el financiamiento de las actividades de nuestra economía —la industria vieja, el comercio, la transportación, la banca, el consumo. Hay pocos ahorros disponibles para nuevas empresas industriales. El ahorro lo hace el gobierno, y deberá continuar haciéndolo a través de un juicioso sistema contributivo que provea los servicios sociales adecuados y también provea parte de los fondos para el desarrollo industrial. Cualquier otro aumento en el ahorro debe hacerse con sacrificio de los, patrones de consumo. Este aspecto fué tan importante en el estudio del caso que mereció una ponencia separada por el Sr. Rafael Durand Manzanal. La industrialización, sus efectos sobre el ingreso de Puerto Rico Antes, de proceder con el estudio de los patrones de consumo, la Convención escuchó la ponencia del economista señor Hugh Barton sobre el tema del ingreso de Puerto Rico. Señaló el ponente que los propósitos primordiales del programa de industrialización son proveer oportunidades de empleo y levantar el nivel de los. ingresos. El objetivo de aumentar el ingreso, sin embargo, no apareja necesariamente la reducción del desempleo. Si un obrero que trabaja parte del tiempo consigue un empleo permanente todo el tiempo, habrá mejorado su ingreso, pero por ello no habrá disminuido el desempleo en términos cuantitativos. El aumento del ingreso estimula otros sectores de la economía y aumenta las rentas del gobierno para que éste pueda prestar servicios más adecuados que, distribuidos con justicia y equidad, representan también un mejoramiento del ingreso del pueblo. La industrialización marcha con rapidez, no sólo porque las nuevas fábricas aumentan año tras año, sino también por-117—
que cada una emplea en Puerto Rico un promedio de 93 personas en comparación con 55 personas que es el promedio de empleos por fábrica en la industria de los Estados Unidos continentales en general. Pero, desde luego, en Puerto Rico el aumento del ingreso económico es más rápido que el aumento en los empleos. El ponente ilustró esta afirmación analizando el actual desarrollo del programa de Fomento. Cuando haya 300 fábricas en producción, dijo, éstas emplearán a 28,000 personas. La paga promedio en las nuevas fábricas es de $920 anuales y pronto se acercará a $1,000. De modo que los 28,000 empleos representarían jornales por valor de $28 millones anualmente. Sin embargo, el ingreso primario adicional de tal volumen de producción sería de otros $44 millones, y con la concurrencia de otros factores de multiplicación del ingreso puede estimarse que las 300 fábricas originarían un ingreso total de $88 millones anualmente en la economía del país. Esta cifra suena alta pero equivale solamente a 75 centavos semanales por persona en Puerto Rico. Factores y niveles del ingreso actual y del ingreso futuro El aumento del ingreso económico de Puerto Rico, no obstante, no se debe solamente a la industrialización. Hay otros factores temporeros que lo influyen, tales como los gastos federales en Puerto Rico y la disminución de la población residente debido a la fuerte emigración al Continente. En la década de 1940 a 1950 el ingreso real por familia aumentó un 40 por ciento. Es posible que en la década 1950-60 aumente un 50 por ciento sobre el nivel del 1950. Pero eso sucederá si se mantiene el alto nivel general del ingreso con la concurrencia de los gastos federales y si la emigración al Continente se mantiene en su presente ritmo. Si los gastos federales bajan, y si ocurre una crisis económica y los puertorriqueños regresan en masa o no se marchan en masa como están haciendo ahora, aunque la industrialización haya aumentado los —118—
empleos y los ingresos de los obreros, el promedio del ingreso por familia no aumentará tan rápidamente como se desea. Más significativo aún que el aumento del ingreso promedio es el número de familias que actualmente recibe un ingreso anual de menos de $1,000. En 1950 había en Puerto Rico 178,000 familias en esta categoría, según un estudio de la Junta de Planificación. De modo que el 40 por ciento de las familias puertorriqueñas, tenía, por tanto, derecho a recibir ciertos servicios públicos, y 4 de cada 10 familias estaban en condiciones de contribuir muy poco al crecimiento económico del país. Considerados todos los, factores, si en 1960 el ingreso promedio por familia aumentara 50 por ciento sobre el ingreso de 1950, entonces sólo habrá en Puerto Rico un 22 por ciento de las familias con un ingreso menor de $1,000 anuales. Esto sería un gran adelanto económico. Por otra parte, los, servicios sociales podrían mejorarse para atender a un número menor de familias. De modo que a medida que aumentan los ingresos promedio de las familias, pueden mejorar también los servicios sociales del gobierno, y la atención adecuada de las necesidades humanas sería una cercana posibilidad. Para completar la obra de Fomento es necesario desarrollar la agricultura, sugirió el señor Barton. Para desarrollar la agricultura ésta puede mecanizarse rápida o gradualmente. Si se mecaniza rápidamente, los problemas se agudizarán; si gradualmente, los problemas se minimizarán en proporción. En ambos casos será necesario darle impulso acelerado a la industrialización. La industrialización y los patrones de consumo El aumento del ingreso económico nos trae a considerar el aspecto del consumo. El aumento de ingresos conduce, por lo común, a aumentar la compra de artículos, necesarios y aún de artículos de lujo. Partiendo de esta premisa el ponente Sr. Rafael Durand Manzanal declaró que el aspecto de los pa-119—
trones de consumo constituye una importante dimensión del programa de industrialización. El consumidor puertorriqueño emplea alrededor del 46 por ciento de lo que gasta en la compra de alimentos. Esta alta proporción se debe en parte a los niveles de los precios; si los precios hubiesen permanecido constantes en los, últimos 13 años la proporción del gasto en alimentos sería hoy de sólo el 40 por ciento. El consumidor está sujeto a tentadoras, influencias. La mayor variedad de productos que se ofrecen en venta hoy día estimula a la gente a gastar dinero. La gente joven especialmente, cuyos hábitos de consumo son diferentes, a los de las personas de más edad. Los hábitos de consumo del pueblo norteamericano han influido también en los hábitos del consumidor puertorriqueño. A medida que mejora el nivel educativo de la población, con el aumento del prestigio social, con el avance del urbanismo, o según la influencia que ejerza la política fiscal vigente, el consumidor va modificando sus hábitos de consumo. En Puerto Rico los gastos de los consumidores en alimentos bajaron proporcionalmente respecto del total de los gastos, a aproximadamente un 38 por ciento, descontándose las alzas en los precios. Esto refleja un importante cambio estructural en nuestros patrones de consumo debido al mejoramiento de los niveles de vida de la comunidad durante la década 1940-50. La proporción de gastos de funcionamiento del hogar bajó en 1950 en comparación con 1940, si bien es cierto que hubo aumentos en las compras de refrigeradoras, equipo eléctrico y efectos misceláneos. Excepto en el renglón de automóviles, la proporción dedicada a gastos de transportación disminuyó en 1950 comparada con lo que fué en 1940. Las proporciones, dedicadas a actividades recreativas, gastos médicos y de hospitalización, aumentaron, lo que indica que parte del aumento en el ingreso económico fué dedicado a estos sectores del consumo. Para el año 1960, estima el ponente, el consumo per cápita en Puerto Rico será de $600 en comparación con $426 en 1950. Los gastos de consumo aumentarán probablemente —120—
en la siguiente escala: alimentos, de $140 a $240; ropa y cuido personal, de $40 a $90; funcionamiento del hogar, de $63 a $150; transportación, $23 a $48; actividades recreativas, de $10 a $24; atención médica, de $9 a 15. Estos aumentos indican una distribución más racional y balanceada de los gastos de los consumidores en 1960, fecha en que esperamos un mejoramiento básico de los niveles, de vida de nuestro pueblo. En la discusión del tema en grupo, alguien sugirió que puesto que las nuevas fábricas emplean una alta proporción de mujeres, éstas gastarán parte de sus ingresos en cosas superfluas, incluso efectos de maquillaje. En las fábricas nuevas auspiciadas por Fomento la experiencia ha sido distinta hasta donde se tiene conocimiento de la situación. Todo indica que las mujeres que trabajan en dichas fábricas están dedicando su paga principalmente a la compra de alimentos, ropa, y para aseo y bienestar general de sus familias. Otra persona preguntó si el efecto de la migración y la conscripción militar sobre los patrones de consumo, elevándolos a la usanza norteamericana del Continente, no haría imposible satisfacer esos patrones.. La respuesta a esta pregunta pareció ser que a los consumidores puertorriqueños les haría bien la aplicación de una triple fórmula —educación, frugalidad y cooperativismo. Estas tres prácticas podrían ser el comienzo de una transformación muy favorable en nues,tros patrones de consumo. Los recursos humanos, la migración al norte y la industrialización Como se ve, hemos venido hablando de los recursos humanos y de lo que ellos hacen con sus ingresos económicos. Dejemos ahora que el profesor Rafael de J. Cordero nos pinte el cuadro de nuestros recursos humanos. Dijo el ponente que las nuevas fábricas pueden crear una demanda anual de trabajadores que se aproxima al aumento anual de la fuerza trabajadora de Puerto Rico si no hubiese emigración. —121—
La emigración neta anual de alrededor de 75,000 personas, afirmó el ponente, no permitirá aumento alguno en la fuerza obrera normal del país. Por el contrario, la migración al Continente ya está mermando esa fuerza obrera considerablemente. Esto es así porque el 64 por ciento de los emigrantes están comprendidos entre las edades de 15 y 39 años; la mitad están en las edades de 20 a 39. Las dos terceras partes de los emigrantes son varones, y más, de 30,000 de ellos, están en las edades de mayor productividad. ¿ Cómo proveer, entonces, los 18,000 trabajadores anuales, que se necesitarán con motivo de la industrialización? La industrialización y la emigración —dijo el ponente— eliminarán la abundancia del factor humano en nuestra ecuación económica. Como resultado de esto, subirán los jornales. Una mayor proporción de mujeres, ingresará en la fuerza obrera y disfrutará de dichos jornales. Los trabajadores del campo vendrán al pueblo en mayor número. La agricultura tendrá que buscar medios para producir con mayor eficiencia y con menos trabajadores. Se necesitarán más obreros diestros, más personal técnico y profesional, más capataces, superintendentes, etcétera. Habrá que ampliar el adiestramiento de operarios en las fábricas, en las escuelas vocacionales. Habrá que ampliar la enseñanza en las ramas de la ingeniería, las ciencias físicas y ma#Pmátiicas, en gerencia y administración, en contabilidad y economía. Habrá que ampliar la educación elemental para aumentar la afluencia de recursos humanos hacia los cauces del adiestramiento anteriormente descrito. La escuela secundaria tendrá que ser más, flexible y variada. La instrucción superior deberá acoplarse a las necesidades de una sociedad industrial que requiere la diversificación en el adiestramiento de obreros y operarios. Concebiblemente, el ritmo acelerado de la emigración al Norte puede obstaculizar la industrialización creando una seria escasez de trabajadores adiestrados. Pero el profesor Cordero hizo algunas reservas respecto de sus predicciones.. Si se produce una crisis económica en el Continente, señaló —122—
el ponente, la emigración se reducirá al mismo tiempo que se reducirá el ritmo de establecimiento de nuevas fábricas. Si el gobierno federal reduce sus gastos en Puerto Rico, quedarían desplazados, trabajadores que podrían emplearse en las nuevas fábricas. Si la escasez de obreros fuera tan grande que hiciese subir los jornales considerablemente, la emigración será menor y hasta muchos, puertorriqueños radicados en el Norte querrían regresar al país. Finalmente, apuntó el profesor Cordero, debe evitarse toda manifestación que indique que pueden producirse cambios radicales en las relaciones político-económicas entre Puerto Rico y los Estados Unidos. Esto alarmaría a los empresarios interesados en invertir capital aquí, y disminuiría las. fuentes de crédito del gobierno o las haría menos asequibles para financiar las mejoras públicas, viviendas, etc., que necesitamos realizar. Todo ello podría afectar adversamente nuestro desarrollo económico integral. Efectos de la industrialización en la estructura social El señor Jaime Toro Calder analizó ante la Convención los posibles, efectos de la industrialización rápida en la estructura social de Puerto Rico. No es el dinero, necesariamente, lo que define el status de las clases, sociales en Puerto Rico, explicó el autor. El dinero para definir a una clase social se usa como rasero, principalmente, en las sociedades urbanas industriales. El Puerto Rico del mañana, dijo, tiende a ser ese tipo de sociedad. Sin embargo, lo que caracteriza a la sociedad puertorriqueña, cualesquiera que sea el criterio que se use para definirla, es su condición de organización rural, económica y socialmente. La redefinición del concepto clase social en Puerto Rico conlleva un mínimum de dinero, pero abarca, además, un conjunto de hábitos mentales y quehaceres humanos. El ponente le concede tanta importancia a estos dos últimos factores que los considera más decisivos que el dinero en Puerto Rico. En este punto no está de acuerdo con —123—
los que creen en la influencia decisiva del determinismo económico. Si atendemos al criterio del dinero, el autor define las en 1952-53 había alredeclases sociales de Puerto Rico así dor de 157,000 familias puertorriqueñas. (37 por ciento) con un ingreso de menos de $1,000 anuales, y un 63 por ciento con un ingreso de más de $1,000 anuales. Explica que el aumento en el número proporcional de familias con ingresos de más de $1,000 se debe en parte a los cambios poblacionales y al esfuerzo de industrialización. Agrega que el desarrollo industrial tiene la mayor significación para las familias que reciben menos de $1,000 de ingreso anual. Componen estas familias las llamadas clases baja alta, baja media y baja baja, y estos calificativos se presume que se refieren a posición económica. Después, tenemos 123,000 familias (el 29 por ciento) con ingreso anual de más de $1,000 pero que no pasa de $2,000, y un 6 por ciento de las familias, que reciben un ingreso anual de $5,000. Estos dos últimos grupos incluyen a las familias que podríamos definir como participantes en el grupo clase media. La clase alta, si se usa el criterio económico exclusivamente, vendría a ser el grupo de familias con ingreso anual de más de $10,000 anuales, o sea el 2 por ciento y por tanto de poca importancia numérica. Para el ponente este cuadro no es preciso, desde luego, porque hay otros factores de aceptación social que lo alteran decisivamente. Proyección emocional del ruralismo de nuestra sociedad La característica cualitativa de la sociedad rural es la tradición, el conjunto de valores y prácticas usadas, perpetuadas y premiadas de tiempo inmemorial; es la emoción, dice el ponente, la que le da sentido a la vida social puertorriqueña. La llamada clase baja de nuestro país vive con los va= lores de su relación entre grupos primarios. Ha vivido en el aislamiento, social y culturalmente, al nivel de los cacharros. En el nivel psicológico la escala de valores de esta clase fluc-124--
tila entre la magia y las adaptaciones de las doctrinas cristianas; en el nivel social, sigue pautas de sumisión a la autoridad. Los valores de la clase media están más claramente definidos. Su pauta social es también la sumisión a la autoridad, pero se permite licencias según su grado de educación y de poder. Señaló el ponente que para esta clase media lo principal es, consagrar el estilo de pensamiento y actuación de la comunidad. Acata para poder hacer prevalecer sus virtudes por sobre su falta de recursos materiales suficientes. Su lema es: "Mi familia, a pesar de ser económicamente limitada, es muy digna y considerada en el pueblo, y con nosotros se cuenta para todo". Visto que el objetivo de nuestro desarrollo económico del país es que cada familia reciba un ingreso anual de $2,000, se deduce que de acuerdo con el criterio cuantitativo utilizado para catalogar las clases sociales, la industrialización extenderá el grupo clasificado como clase media. Desde el punto de vista cualitativo, sin embargo, se requerirán otros factores que ya explicó el ponente. ¿Sociedad se'rnimatriarcal o emergencia de grupos sin cohesión social? Según el ponente, el desarrollo de la industria liviana y el hecho de que las dos terceras partes de los obreros en las nuevas fábricas, sean mujeres puede significar que está amenazada la práctica tradicional de que sea el hombre el que asuma la responsabilidad económica del hogar. ¿Será acaso — pregunta Toro Calder— que la sociedad puertorriqueña está cambiando de semipatriarcal a semimatriarcal ? Se vislumbra aquí un interesante cambio en las pautas, y valores sociales. Además de observar ese posible crecimiento de la clase media en el nuevo despliegue de grupos sociales, Toro Calder niega que la cohesión social se pierda necesariamente debido al anonimato que impone la concentración poblacional en áreas —125---.
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industriales. Eso se evitaría, según el ponente, . creando un modelo de vida que represente el ideal de clase media y segmentando las grandes zonas urbanas, en unidades comunales que operen por separado y desarrollen el sentido de pertenecer a un grupo. Concluye que en Puerto necesitamos modelos sociales, más claramente definidos y un decidido esfuerzo por fomentar los niveles de la aspiración individual. Lo que se ha logrado en otras comunidades, dijo, también se puede lograr aquí. La disertación del señor Toro Calder dió .pábulo a otras opiniones entre los asistentes a la Convención y participantes en las discusiones de grupo. Entre la clase media que se ufana de ser considerada por la comunidad y de que con ella se cuenta para todo, y la clase baja que se describe a sí misma como "pobre, pero honrada" hay un roce que rebasa la periferia, y si a esto añadimos que toda nuestra sociedad vive y se rige por patrones emocionales, y de tradición homogénea, veremos cuán difícil es determinar donde empieza una clase y donde termina la otra. El renuevo de la clase media que está originándose en la industrialización y de que habló el señor Moscoso, reuniría, a la luz de clasificación por ingreso, algo más que el factor económico y manera de, pepsar .y corn portarse los individuos para formar conciencia de grupo. Se trata, aparentemente, según lo vemos otros, de una clase media con ribetes, proletarios dentro de la fuerza obrera industrial que se está creando en nuestro país. Estamos en presencia de nuevos raseros para moldear los grupos, sociales. Hay fuerzas que amalgaman a ambos grupos y lós van haciendo menos definidos desde ciertos campos, de observación.
están
Rico.
Él desarroEsto no es fenómeno nuevo en Puerto llo democrático en nuestro pueblo, por ejemplo, ha borrado muchas líneas de separación social. El servicio militar obligatorio aplicado a miles, de miles de jóvenes también .ha cepillado y borrado fronteras sociales divisionistas. . Ahora, la industrialización en grande escala, como la emigración en masa a los Estados Unidos continentales,, son factores que —126-
su
por
alterando las configuraciones de los grupos y las clases sociales,. La industrialización está desarrollando un vasto núcleo de personas con dominio de técnicas de producción que son algo más que una artesanía —son oficios que se acercan a una profesión en el mundo de las faenas manuales y a máquina. Este empuje del prestigio de saber hacer cosas, respaldado por un buen ingreso económico es irresistible. Poderoso caballero es don dinero, dice el refrán español, y esto es cierto en Puerto Rico como en todas partes, si además viene acompañado de la técnica. Podría añadirse un pensamiento más. ¿ No sérá que tanto en la clase media como en la clase proletaria industrial de Puerto Rico vamos, a tener de todo, como en botica? ¿No es nuestro pueblo un crisol de actitudes, de conceptos, de posiciones que constantemente cambian de contenido y valor, y no estaremos asistiendo aquí al nacimiento de un tipo diferenciado de pueblo que antes no existía, por lo menos, hasta 1920, que es la fecha en que nuestra propia generación empieza a adquirir conciencia y madurez de pensamiento? No se trataría de una morondanga, sino de un crisol de multitud de cosas que, dadas ciertas circunstánéias,, harán emerger en Puerto Rico un cuerpo social transformado' esencialmente los efectos acumulados de varias influencias de vida, su pérsonalidad, los todos, órdenes que actúan sobre su cultura, sus tradiciones y costumbres. ¿Quién sabe'? Y sobre todo, ¿quién podría decirnos si lo que resultáré sería para bien o para mal? Implicaciones sociales de la industrialización en la cómuni.dad En su ponencia, el señor Raúl A. ,Muñoz ofreció lo que él llama una serie de especulaciones subjetivas sobré los efectos sociales de la industrialización rápida en la comunidad, y sobre las modificaciones que el proceso industrial impondrá en las costumbres, las instituciones y los grupos. —127-
Señaló que la división arbitraria de los problemas que nos ocupan en sociales y económicos no cuadra al estudio objetivo global de los, mismos. No puede separarse lo social de lo económico y viceversa, especialmente en ese pequeño pueblito --los Comerlo, los Vega Alta, los Ciales, los Salinas— que el ponente escogió para su análisis. A esos pueblitos, que son comunidades integradas y representativas de lo que en verdad es Puerto Rico, no les puede pasar nada peor de lo que les ha pasado ya, puesto que, según el ponente, la comunidad promedio participa muy poco en la solución de sus problemas y necesidades de orden social. Los adultos en esta comunidad se dedican a ganar el pan de cada día. Su convivencia social es, disminuida y pobre. Todo lo esperan del gobierno, y el gobierno les ha creado una actitud que consiste en depender más del patronazgo y el liderato personal político que del desarrollo democrático de la iniciativa comunal. Comparte la observación de Steward de que la comunidad urbana semi-industrializada de Puerto Rico está diferenciando a la poblacional en segmentos especiales, clases o grupos socioeconómicos entre los cuales se destaca la clase media de ocupaciones e ingresos variados, con "una nueva escala de valores que atribuye mayor importancia a los símbolos del progreso y riqueza personales". Esta clase media, económicamente fuerte e independiente, sigue diciendo el ponente, tiene poca experiencia en los, menesteres de la convivencia y la acción comunales. Con su ascendencia puede que los que crean en la democracia de acción y decisión se ilusionen hasta esperar que se hagan innecesarias muchas de las funciones paternalistas del gobierno, tales como la beneficencia y otros servicios sociales. Pero esto no es necesariamente cierto. Hay quienes opinan que la industrialización y el urbanismo desarrollan una sociedad anónima, amoral, impersonal, en contraste con los contactos primarios y la consciencia general e integración social de las comunidades no industrializadas. Tal sociedad se caracterizaría por un grado mayor de delincuencia, de irresponsabilidad social, de pérdida de influencia de la familia, etc. -128-
Exodo hacia la ciudad y acción obrera gremial Uno de los efectos de la industrialización que ya estamos palpando es la emigración del campo al pueblo. Señaló el ponente la atracción creciente que la vida urbana tiene para el campesino y expresó dudas. de que el jíbaro quiera quedarse atado a la azada y el arado. Basándose en su experiencia de 15 años trabajando en servicios de divulgación agrícola y de educación rural, el ponente dice que todavía el campo no se ha convertido en algo deseable y atractivo. El continuado éxodo del campesino hacia la ciudad puede traer complicaciones tanto en las áreas, urbanas como en las rurales. Los gremios obreros, según el ponente, hacen muy poco para integrarse al esfuerzo total de la comunidad puertorriqueña para mejorar su v_da. Limitan su acción a obtener mejores salarios y condiciones, de trabajo para sus integrantes. Tal vez con la industrialización intensa del país, los gremios obreros, más fortalecidos, podrán hacer algo más, que dedicarse al forcejeo anual del contrato de salarios. Las uniones obreras americanas participan activamente en la vida co= munal, especialmente en los campos, del servicio social y la recreación, y en Francia sirven de poder moderador en la política del estado. En resumen, la industrialización rápida requiere, según el ponente, que nos dediquemos a pensar en el papel que deben desempeñar las instituciones, más afectadas por ella: la familia, el gobierno, los gremios, el liderato cívico, etc. Sobre todo, el grupo profesional que auspicia las convenciones y actividades de orientación social. Somos nosotros, mismos los llamados a bregar con los individuos, los grupos, las familias que componen la comunidad y que recibirán el impacto de lo que el ponente califica de "arrollador cambio en nuestra manera de vivir y de sentir". Busquemos los ajustes, las adaptaciones que debemos hacer, dice, y hagamos examen de conciencia; hagamos el inventario de nuestras ejecutorias y sometamos al cauterio de la más rígida crítica nuestra filosofía y práctica profesionales,. --129—
Llamamiento a la acción comunal No hay que preguntar qué debe hacerse, qué se está haciendo. Hay que decirlo en lenguaje más positivo. ¿Qué estamos haciendo los trabajadores sociales, los, educadores, los sociólogos, los líderes de la comunidad, los profesionales? ¿Nos estamos quedando a la zaga m'entras los trabajadores adquieren nuevas destrezas, ocupan las filas del trabajo honroso, ganan la batalla de la producción y se disponen a entrar en la organización . social activa de la comunidad puertorriqueña — en la zona rural, en el pueblito pequeño y en las grandes ciudades de nuestro país.? Estamos ante un espectáculo creador de extraordinarias proporciones y debemos enfocarlo con precisión para verlo como es y no como no es, para comprenderlo por medio de un noble esfuerzo de conciencia profesional. La industrialización se levanta, a nuestro juicio, con su proletariado nuevo, con su nueva clase media, con sus centenares de fábricas, con sus gremios obreros, como un sjmbolo para que la población en movimiento, impulsada por aspiraciones económicas y de un porvenir mejor, se detenga y mire. La industrialización está interviniendo con el Tiempo Muerto en todos los órdenes. Pero la industrialización entre nosotros —en Vega Alta, en Vega Baja, etc.— no va a ser en general como en Mánchester, en Pittsburgh o Detroit, grandes centros urbanos donde millones de personas intervienen en el proceso de la producción industrial y la comercialización de sus, productos. Allí hay anonimato, hay amoralidad, hay impersonalidad. Pero aún allí, como en Puerto Rico, dentro de la industrialización se están produciendo cambios característicos de todo proceso de acrisolamiento social y cultural. Han quedado siempre núcleos primarios, de familia, bien integrados a la comunidad, y junto a ellos han ido creciendo otros que se manifiestan con nuevas y variadas características. Este último proceso no ofrece características peligrosas en nuestro país. En cuanto al éxodo del campesino que parece preocupar hondamente al señor Raúl A. Muñoz, debe señalarse que el —130—
campo no se ha convertido en cosa deseable porque todavía prevalecen actitudes indiferentes, hacia el jíbaro —actitudes sociales y culturales. Muchos tienen al jíbaro ahí, como una atracción turística para cuando vamos a visitar el campo. La escuela pública y un liderato político consciente lo ha sacado del olvido en los últimos doce años, para darle amplia participación en el proceso electoral vigente, que es bueno y. es democrático. ¿Pero es ahí donde termina la función de la democracia? ¿ Vota la gente y luego se marcha a su casa a esperar que le caiga el maná del cielo y a trabajar y a luchar con la esperanza de que las cosas irán llegando por su turno? No, señores. La democracia social debe ser menos perezosa consigo misma. Debe llevar las cosas, adicionales que no le corresponde al gobierno llevar a la montaña. Debe llevar la brisa del espíritu, debe llevar la recreación, debe llevar las oportunidades para que ese pueblo jíbaro se exprese espontáneamente aunque sea en términos folklóricos. Si no vamos allá, el jíbaro se viene acá. Está buscando "un horizonte" —él mismo lo dice. Sus hijos se marchan a los Nuevayores —otros volvieron del Ejército y la guerra— las cosas, no son como antes —hay que moverse— para eso son los automóviles y los aeroplanos —para llevar a un horizonte a donde nunca antes el jíbaro había podido llegar. La migración del campo al pueblo y del pueblo a Nueva York no es simplemente un fenómeno económico con implicaciones sociológicas, culturales, etcétera, etcétera. Representa una cantidad extraordinaria de emoción acumulada en los pechos, —es un grito de libertad salido de los pulmones de la montaña y el arrabal puertorriqueño— es un acto de heroismo como hay pocos en los anales de nuestra historia. Me he permitido hacer estas observaciones para aclarar mis propias reacciones ante el enjuiciamiento que aquí se ha hecho de nuestro pueblo, y para fijar mi posición en las discusiones que sobre estos, temas se suscitaron en los grupos de estudio de las diversas ponencias presentadas. —131—
La industrialización rápida y el hogar puertorriqueño
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La ponencia del señor Efraín Sánchez Hidalgo ha sido quizás la que mayor revuelo emocional produjo entre nosotros. ¿ Cómo, las dos terceras partes de los obreros de las nuevas fábricas son mujeres? ¿Qué está sucediendo en Puerto Rico? ¿Las mujeres trabajando en fábricas y los hornbres haciende oficios domésticos y cuidando al nene? ¡No puede ser! Esto es un síntoma malo de la industrialización. El ponente. señor Sánchez Hidalgo lo ve de otro modo. Estamos presenciando un fenómeno corriente en las democracias industriales —la emancipación económica de la mujer. Al señor Sánchez Hidalgo' le seducen esta transformación y el fenómeno que la provoca. Afirma que la industrialización es un remedio altamente recomendable y prometedor para resolver los problemas clásicos del hombre puertorriqueño. No todos los efectos de la industrialización van a ser ventajosos y positivos. La industrialización es una medicina. Puede' curar algunas cosas y producir otras malas, cosas. "El purgante —dice— que cura al individuo indigesto puede matar a quien sufre un ataque de apendicitis". Aconseja, pues, que mantengamos siempre una actitud valorativa ante la industrialización. Para eso es, esta Convención —para valorar, para que estimulemos a otros, a muchos otros, a seguir evaluando después que termine la Convención. Lo obvio, dice el ponente, no es siempre lo cierto pero hay muchas cosas obvias, que son realidades sólidas. Por ejemplo, la seguridad económica que provee la industrialización al hogar puertorriqueño. Otra coes cierta y obvia: "el pan nuestro de cada día sigue teniendo la prioridad que le concede el Padrenuestro". El factor económico afecta todos los, aspectos de la vida del hombre. En consecuencia, dice el ponente, "la felicidad, al estilo de Diógenes, es una patraña del romántico o una seria anormalidad psicológica". "Para ser feliz, feliz en un sentido humano, el hombre necesita ganarse la vida con decoro, sostener adecuadamente su familia, divertirse, vestir con pro-132—
piedad, educar a sus hijos, alentar aspiraciones, proyectarse en su ambiente y hacia el Universo" La educación es una mina para el desenvolvimiento vocacional del puertorriqueño —ese panorama se ensancha, con ella, para los hijos y para los padres. Las fábricas no sólo son fábricas, sino también escuelas. La industrialización puede ayudar a evitar que los jóvenes se casen a temprana edad, llevados por el imperativo económico, y esto será un factor estabilizador de nuestro crecim ento poblacional. Más tarde, puede contribuir a estabilizar el matrimonio cuando éste se realice sobre firmes bases económicas. "De la privación económica —dice Sánchez Hidalgo— se salta fácilmente a la desintegración psicológica, con los conflictos, las frustraciones, las ansiedades que entorpecen la marcha armónica de la familia y que originan el divorcio, la separación y el abandono." Independencia económica de la mujer Industrialización —estabilización del hogar y el matrimonio. Industrialización —emancipación económica de la mujer. "Uno de los signos más enaltecedores de este siglo — dice el ponente— es la creciente emancipación de la mujer. Habla muy bien del ser humano el impulso que se le ha dado al justiciero empeño de colocar a ésta en el mismo nivel del hombre. El mal llamado sexo débil —la supuesta debilidad que el hombre le ha atribuído a.la mujer no resiste el peso de la evidencia ni siquiera en el aspecto psico-fisiológico—, el sexo débil gana cada día un lugar más destacado en la sociedad. La exaltación de la mujer desde los tiempos, en que era una simple cosa poseída por el hombre hasta el nivel que ocupa en la actualidad constituye una de las jornadas más nobles y dignificadoras en toda la epopeya cívica del ser humano . . . La industrialización en todos los lugares del mundo ha coadyuvado a la independencia económica de la mujer y por consiguiente ha ayudado a emanciparla de la tara de inferioridad que le prohibía ocupar su sitio merecido en los asuntos de la sociedad". —133—
Para el ponente, la independencia económica de la mujer provoca problemas que exigen una reorganización del hogar. Reorganización en vez de desorganización es lo que procede. El asunto merece y exige estudio intenso para remediar y prevenir los, efectos perjudiciales del empleo de la mujer fuera del hogar. Es cierto que la ausencia de ambos padres en aquellos hogares en que los cónyuges trabajan fuera deja a los hijos sin la orientación necesaria. Con la industrialización aumentarán estos casos. El desarrollo de vecindarios de niños realengos aumentará los peligros de la conducta delictiva, perjudicándose así el desarrollo moral de los niños. De manera que el desarrollo industrial requerirá un creciente servicio social para atender a estos reajustes de la familia. Habrá que buscar remedios más efectivos para evitar los males apuntados, entre ellos la creación de escuelas-hogares y el mejoramiento de las, facilidades educativas y recreativas en los sitios donde se establecen las fábricas. El éxodo de la población de la zona rural a la urbana es un problema complejo y difícil de solucionar. En la mayoría de los casos, es el marido quien emprende el camino hacia la ciudad en busca de mejores medios de vida. Esto puede dar origen a problemas de abandono, prostitución e hijos ilegítimos. Habrá, pues, que orientar al campesino que emigra a la ciudad, facilitarle el ajuste y adaptación al nuevo medio, ayudarle a resolver sus problemas. El éxodo hacia la ciudad traerá el aumento de los arrabales. En fin, todos estos problemas surgirán en Puerto Rico como surgieron en otros, países empeñados en industrializarse. Hay que estar en plan de prevenir o remediar tales efectos perjudiciales. Ventajas de la industrialización Sin embargo, las desventajas citadas no deben cegarnos. ante los beneficios que trae la industrialización con el factor de seguridad económica para el hogar. Esta seguridad económica trae una alimentación más adecuada y una salud mejor; indumentaria más apropiada y más limpia; abre cauces —134—
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de recreo muy necesarios al bienestar psicológico; ensancha las oportunidades educativas de los hijos,; normaliza las relaciones de la familia; levanta el nivel físico, social y espiritual de ella. El hogar funciona mejor y hasta su estructura física cambia notablemente, haciéndose más atractiva y acogedora por su higiene, por sus comodidades, por la belleza de sus interiores y sus alrededores. En este ambiente de progreso brotan las aspiraciones, antes tronchadas por la bestia de la miseria. Como hemos visto, el señor Sánchez Hidalgo nos está hablando de cosas sencillas, de esas que componen la felicidad humana, siempre relativa. No excluye de este cuadro a la madre, a la mujer, aunque la necesidad de ganar el pan la aleje a ella de la casa durante varias horas al día. Excluye, por otro lado, a la sirvienta y traslada los deberes y responsabilidades de ésta al grupo de la familia que es la que los asume en todos los países civilizados del mundo. "La sirvienta" —dice Sánchez Hidalgo— "representa en Puerto Rico un residuo de esclavitud. La palabra sirvienta está cuajada de injusticia y de falta de respeto a la personalidad humana. Más que una desventaja, creemos que a larga la ausencia de la sirvienta constituye una ventaja para el hogar. En muchos casos la ama de casa había delegado en la sirvienta funciones para las, que ésta no estaba preparada, tales como la tarea de cuidar los niños". Para Sánchez Hidalgo, la independencia económica de la mujer, de la .madre, no implica necesariamente desintegración de la familia. El Dr. Juan A. Pons rechaza esta tesis y cree que el puesto de la madre puertorriqueña no está en las, fábricas de Fomento ni en el programa de industrialización. Está, dice el Secretario de Salud, en el hogar, dándole a la familia y especialmente a los hijos, el cariño, el cuido, la atención, la educación, la orientación y el gobierno que necesitan para su progreso. Este y otros criterios opuestos sobre la industrialización fueron los temas fundamentales que planteó y examinó la Octava Convención de Orientación Social. —135—
INDICE Págs. Mensaje de Inauguración, por el Dr. Juan A. Pons
7
El Programa de Industrialización — Progreso Actual y Futuro Desarrollo Hasta 1960, por Teodoro Moscoso
13
La Estructura Económica de Puerto Rico en Transición, por Britton Harris
30
Efectos de la Industrialización Rápida Sobre el Ingreso de Puerto Rico, por H. C. Barton, Jr. 37 Efectos de la Industrialización Rápida Sobre los Recuersos Humanos y los Requisitos Educativos, por Rafael de J. Cordero
44
Apuntes en Torno al Tema "Efectos de la Industrialización Rápida Sobre el Patrón de Consumo Estatal", por Rafael Durand Manzanal 50 Posibles Efectos de una Industrialización Rápida en la Estructura Social de Puerto Rico, por Jaime Toro Calder
79
Consideraciones en Cuanto a Posibles Implicaciones Sociales de la Industrialización Rápida en la Comunidad, por Raúl A. Muñoz .... 88 Posibles Efectos de la Industrialización Rápida Sobre la Familia Puertorriqueña, por Efrain Sánchez Hidalgo
96
Resumen de los Trabajos de la Convención, por R. Torres Mazzorana.... 108
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Impreso en la IMPRENTA VENEZUELA en San Juan de Puerto Rico.
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