Morfinomanía en Juana Díaz (1895)

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COLüCaON PUERTOnPnUEÑA No SE PRESTA FUERA DE LA SALA.

AL PUBLICO

Con el olijeto de propagi^r todo lo posible y dar á conocer los infinitos inales que pi'oduce el abuso de la morfina, introducido por desgracia en esta po blación hará próximamente unos quince años, se ha creido conveniente repartir gratis el presente folleto con el notable artículo publicado en una revista do Barcelona, por el eminente médico don Ignacio de Llorens.

Toda la prensa do la Isla se ha ocupado con in- i teres del desarrollo que ha adquirido aquí ese vicio.

Véase entre otros, lo que dice con focha 29 de Noviembre último un diarip de la Capital: _ "Como de costumbre, han resultado exactos los informes que publicamos hace algunos dias, de que existia una sociedad secreta en J uana-Díaz para la propagación del funesto vicio de la morfomanía. A nuestra redacción llegaron, -juntos con los infor mes, los retratos desnudos de varios niños, á quie nes la perversión de personas mayores llevó sin duda á ese antro de aniquilamiento y de perdición. En el cuerpo de esos uiño.s no cabía ya la punta de un dedo en donde no hubiese heridas ó cicatrices de las inyecciones. Lo.s hombres de ciencia á quie nes mostramos osos retrates, quedaron horrorizados

B/BMOTECA GENERAL

O. P. R.

í 8 MAY

al considerar la magnitud del vicio y sus deplorables consecuencias.

Expresamos en esta misma sección las impre siones de este suceso, llamando la atención do las autoridades; reproduieron y comentaron nuestro aviiíb algunos apreciables colegas do la isla, y con especialidad El Noticiero de Ponce, y es justo reco nocer que no fueron desatendidas nuestras indica ciones. Hé aquí lo que á este propósito dice ón su número de anteayer el citado colega ponceño,:

"El cabo comandante del puesto don Adolfo Ayabarrena, acompañado del guardia Pedro Martí nez Sierra, acaba de sorprender un centro de morfomania, donde á la voz que se expendia esa sustan cia, so ponían inyecciones hipodórmicas á los adeptos.

Ha sido detenido el individuo en cuestión en el momento en que se dedicaba á ese tráfico vicioso, ocupándosele una cantidad de morfina, pesas y me didas, una balanza de precisión, geringuillas hipodérmicas y demás lítiles del oficio.

El asunto está,j-a en manos del J uzgado com petente, y es de esperar que continúe la campaña, contra tan desastroso vicio."

Añade el estimable colega que existen varios centros más de morfinómanos, que probablemente serán descubiertos.

Vicios en cuya práctica se envenena ó se inu tiliza á menores, conduciéndolos al aniquilamiento, á la locura ó al idiotismo, no deben subsistir al am paro de la libertad individual."

Muchos esfuerzos se han hecho inútilmente, en Juana-Díaz para .estirpar esa enfermedad. El Ayuntamiento sostuvo por los meses de Marzo y Abril del año pasado una enfermería dónde fixeron asistido cuantos quisieron sujetarse á un régimen

apropiado para su curación, habiendo sanado sola mente uno. La Junta de Sanidad gestionó cerca de la Real Subclelegación de Farmacia de esta Provincia, para ver si era posible conseguir por medio de sus valioso indujo, el que por algunos i'armacéuticos de la Isla se dejase de despachar moriina á loí ma niáticos de este pueblo, sin llenar los resquisitos legales. Se persiguió á los especuladores y propa gadores, siendo entregado á los tribunales un comerciante al que se le encontró gran número de papeletas de morfina preparadas para la venta. También se hizo lo mismo con otro individuo á quién se le halló en el bolsillo cierta cantidad de dicha sustanci.a que se supuso, con fundamento, estarla vendiendo. _ Igual se hizo con el caso escan daloso de los niños Martincito Díaz, y Félix Rodríguez ambos de_ doce años de edad, que ha cía tiempo venían siendo. objeto de las prácticas del morfinismo,halhindose convertidos sus cuerpos en una lacra de los pies á la cabeza, presentando gran postración, parálisis en el desarrollo, fiaqueza extre ma y el rostro avejentado. Dichos niños han sido cu rados completamente, pero hubo necesidad de sepa rarlos de sus familias, dominadas también por la morfiijomania. Muj' expuesto estuvo por cierto el perguidor de este caso, el farmacéutico don Pedro Monclova, á verse envuelto en un procedimien'o criminal, pues los mortíúmanos, acostumbrados ¡i que hasta entonces se les había mirado con indife rencia y tolerado sus maldades, en venganza conci bieron el diabólico propó.sito de acusar á dicho señor de venderles la morfina; afortunadamente estaba en la conciencia de todos la falsedad de semejante ocu rrencia. También el muy digno Alcálde de Ponce que lo era en aquella fecha don José Nouvilas, pu blico un bando el diaPl de IMarzo de 1894,en el que

se dictaban enérgicas medidas para impedir la venta de la morfina para este pueblo y estnvo á punto de sorprender int'raganti ¡i uno de los espeiuladores de aquella población.

Puede ser, que con la lectura de la descripción que Iface el Doctor Llorens, de las funestas conse cuencias déla morfinomanía, aun se consiga salvar algunos de tantos infelices entregados á ese funesto vicio, que lleva/;ausadas bastantes víctinras en esta Villa; pero sí confiamos que,con esta propaganda y la activa persecución que se viene haciendo contra los especuladores de morfina, se conseguirá localizar el mal.

Al final se copian varios artículos del Código, que determinan las penas en que incurren los que cometen- delitos contra la salud pviblica, entre los que .se halla comprendido la venta ilícita de aquel alca loide. Bueno es que los tengan muy presentes los que se dedican á ese tráfico criminal, que positiva mente no .son ningunos de los dos dignos farmacéu ticos señores Monclova y Ferrer, establecidos en es ta población. El mal, como todos sabemos, viene de fuera, especialmente de Ponce,á donde van á sur tirse los tres ó cuatro negociantes que existen aquí, que todo el mundo conoce y que, si hasta la fecha, han conseguido evadir la acción de la Ley, no han podido librarse de que la opinión pública los señale tanto aquí como en aquella ciudixd y que pese sobre su conciencia el daño que están haciendo á este pue blo por un mezquino interés.

Juana-Díaz, ó de Diciembre de 1S95.

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El ilOEFINISilO

Los vicios debidos á los, esitantos artificiales son patrimonio de todas las clases sociales. Las borracneras alcohólicas, el absintismq y. el eterismo, son ya comunes y usuales entre los europeos que los han introducido en el Africa en donde se han acli matado con pasmosa celeridad.

Los árabes adoran el narcotismo por el opio y lo han extendido por el Asia menor y la India, A 1 1 > 1 ' indios, ásu vez, ló han propagado á"' k China y'al Japón.

Los indios además de los vicios exóticos conti núan con el abuso del haschisch.

En Amárica como en Europa reina despbticameute el alcohol, y según las últimas noticias se inicia en aquel pais un vicio nuevo : el cloroformismo.

La humanidad necesita la ebtiosidad para repa rar fuerzas y adormecer penas.

La lucha por la existencia implica, en nuestra . e'poca, un exeso de actividad para el trabajo, y nues tra histérica horganización no alcanza á reparar el desgaste de fuerzas.

El cumplimiento de nuestro diario trabajo

VICIOS fl.V ÜE SIGLO

exige nuevas energías, y no hallándolas en nuestro organismo no las procuramos, aunque momentánea mente, acudiendo á los exitantes que la progresiva industria pone al alcance de todos.

Nosotros, los "gourmerts" occidentales, los exceldVites catadores de todos los vicios, los golosos fin de siglo, necesitábamos un veneno nuevo, elegan te, pulcro, de segura y rápida acción que calmara nuestros dolores, adormeciera nuestros sentidos, nos meciera en sueño halagador, calmara nuestro nervosismo; una sustancia que en poco volúmen diera rosado color á las negruras de nuestra alma, tranquilidad á nuestra perturbada conciencia,_ reposo, siquiera engañoso, a nuestro tribulado espíritu.

La morfina ha colmado nuestros deseos, lie mos realizado el milagro.

Las hermosas'descripciones que viajeros y lite ratos han publicado sobre los goces paradisiiícos que <d opio proporcionaba a los orientales, los realizamos nosotros por medio de la morfina (j^ue es el alcaloide más activo, el más sutil del producto de las papave ráceas.

El orientalismo es la moda literaria en nuestros días. El vicio oriental es el iníis de los vicios. Nuestro procedimiento para intoxicarnos es mny eomiiiilfau. Con la rapidez del rayo, con pe queñísima cantidad de substancia y por el moderno procedimiento de inyección hipodérmica, nos promiramos la mas dulce de las borracheras, la exc.tacion más distinguida que pudo soñar el más extenuado sibarita.

El atractivo es poderoso. - La hija de Aqueloo tiene entre nosotros fervorosos adoradores. Es préciso que le quememos incienso,y (jon loco y desventu rado entusiasmo, nos hacemos sus esclavos por no conocer la perfidia de la 'Uicantadora ^irena que

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amai'ga la perturbación de la más noble de nuestras facultades, de nuestra razón.- Una vez caldos en sus redes, por fácil y resbaladiza pendiente, nos conduci rá á la vejez prematura,antecámara pró.vima á nues tra total ruina orgánica, á la muerte.

El pequefio aparato para las inyecciones Ifipodérmicas es sencillísimo, una verdadera joya de uikel, plata ú oro.

Una aguja hueca que se adacta á la cánula de upa pequeña jeringa armada de un diminuto pistón que impulsa el contenido fuera do olla, depositfmdolo debajo de la piel que previamente fué traspasada ])or la aguja.

Hace algunos años, solo la aristocracia y los artistas hacían abuso de la morfinra, pero el vicio ha trascendido á la burguesía y en nuestros días raro será el médico que no cuente en su clínica algunos morfinómanos. Yo de mí .só decir que en mi redu cida clientela, be tenido algunos de estos enfermos que por cierto han abusado de mi paciencia de una manera asaz molesta para mis otros clientes. El morfinismo ca un vicio muy generalizado entre los profesores médicos. Levintein cuenta 32 médicos por cada 82 morfinómanos ; Obersteiner, 97 }>or -l-t.S ; Burkart, d-j por 8.0 ; Mattison 3 por 3: Landotv.ski, ñ() por KiO ; Pichón, 17 por 66.

Los datos son harto elocuentes para que Ibs glo.semos.

Si el"público advierte nuestra propensión á este vicio, ,se contaminará fácilmente por antífrasis del refrán que dice : JBien./rrcdicn quien bien vive.

En Barcelona, be de confesar, modestia aparte, que lio conozco compañero mío, alguno que no sea morfinómano. *

Quizás, alguno, ha abusado temporalmente de la morfina pero no ha llegado á constituir vicio.

Esfo,'no obstante, la eh£ermedd,rl morfínica ha contafíiado á muchísimos módicos en el extranjero Recordamos que Westpal, eminente módico de Berlín, tornóse morfinómano delirante, á pesar de sus estudios especiales sobre el morfinismo y sus pe ligras.

Consideramos al morfinismo como una eufermed_ad social por la facilidad y rapidez do su propaga ción, y prevemos que á no tardar serán menester medidas legislativas que impidan la facilidad p>ara la adquisición de la morfi ia v penen debidamente ios abusos que con esta substancia se cometen.

Así como pedíamos h ice algunos años que se castigara la costumbre de emborracharse (1) en nuestra tierra española, podim'os y anhelamos que se castigue el vicio de intoxicaa-se cpn morfina. , Pero precisa que por nuestra parte [irocuremos ser prudentes en el manejo de la morfina. Todos sabemos que el opio y sius derivados deben proscri biese en la infancia v usarla en cortas dosis v mucha vigilancia en la vejez.

Y no se nos argulla que en algunos países exis to la costumbre de habituar á los- niños al uso del opio, empezando por cortas dosis y aumentándolas progresivamente hasta dosis masiva.^, puesto que la tal costumbre cuesta muchas víctimas, y los que se salvan ninguna ventaja reportan del narcotismo opiáceo. Hay que tener presente que el sistema nervioso de los viejos j de los niños, es muy suceptible á la acción excit;rnte y congestiva del opio, y' por otra parte el funcionalismo renal y de las glán dulas sudoríparas se hallan faltos de la suficiente energía para la eliminación. Es menester, asimismo, tener en cuenta, no (1) 7." TSijrri/ihrrti. l-.htiidio iiiéflico social.

—11solatnentala susceptibilidad peculiar á Ciida iudiv-iduo según su edad, sexo, constitución, teiupieraiuento y demás condiciones subjetivas, sino que hay que prever las circunstancias especiales del momento de la inyección del alcaloide.

He observado que un mismo individuo reiste y tolera_fuertes dosis de morfina, cuando se halla bajo la influencia de un cólico hepático ó nefrítico y este mismo individuo ha presentado síntomas alar mantes de intoxicación con pequeñas dosis del alcaloi de, inyectado en momentos de calma. Recuerdo perfectamente á una enferma afecta de, neuralgia cerebral terebrante (clavo histórico,) que soportaba durante el ataque 20 y hasta 30 centigramos de clor hidrato de morfina en inyección, y esta misma en ferma presentó síntomas de, peligrosa intoxicación con una dósis de 2 centigramos del mismo alcaloide, inyectada en el curso de una neuralgia dentaria.

Pocas ocasiones se le pre.sentan al médico para lucirse delante de la gente profana, como cuando se halla á la cabecera^ de un enfermo aquejado de dolorosa neuralgi.a. Ijna gastralgia que llega ú ocasio nar calambres-del estómago, cuyos horribles dolores son intolerables, calmada en dos minutos con una simple inyección en el brazo, espalda, muslo, ó in loco dolcnü, es verdaderamente portentoso. El vulgo, y muy particularmente el enfermo,(jueda mara villado de nuestra ciencia. Si nuestra intervención cesara en este punto, realmente la cosa seria halagüeña. Pero sucede, con frecuencia, (¡ue la neuralgia se repite periódicamente y el enferino su plica al médico la milagrosa inyección, y óate com padecido del enfermo, y no pudiendo resistir sus an gustiosos ruego,^, vuelve varias veces á repetir la in yección j el enfermo acaba por simular dolores para •v'é

tener el gusto ele experimentar la, deleitosa primera acción de la morfina.

El peligro .aumentará, si el médico llega á con fiar la ieriuguilla al enfermo, y en este caso el Imfiito morfínico se apoderará del pobre paciente. Es lústWna que una substancia que cual la morfina tan buenos servicios puede prestarnos en muclias ocasio nes, sea causa de tantos desastres. Esto no quieré decir, en manera alguna, que el médico deba privar se de aplicarla siempre que lo crea oportuno. Es imposible permanecer ocioseante los horribles su frimientos de un ataque de cólico nefrítico, hepático, asma, dolores fulgurantes de la ataxia locomotriz, etc., teniendo á mano un medicamento que, cu.al la morfina, tirmina estos atroces dolores. Lo contr.ario denotaría falta.de caridad.

En otras ocasiones podemos y debemos sustituir . la morfina por otros calmantes-que si bien su acción no es tan rápida, sus efectos pueden ser más persis tentes. Esto debemos hacerlo, sobre todo, cuando nos encontramos frente 4 esos neurostéuicos, que nos recuerdan la histeria, pues estos individuos .son los que con más facilidad contraen el vicioso hábito. Debemos procurar evitar los vergonzosos es pectáculos á que dá lugar el afán morfínico en París, en cuya capital existen establecimientos espe ciales ep los cuales se propinan inyecciones de mor fina con la misma frescura que podrían administrar ■ duchas, baños rusos, etc.

Los módicos particúlarraente, somos los encar gados de propagar en todo.^ los sitios y por lodos los medios los peligros inherentes al morfinismo que ■ alcanzan por igual al espíritu y al cuerpo, á los cua les pcaba por destruir del modo más lamentable y ruinoso. -

II

Con el solo objeto de popularizar los desastres orgánicos producidos por la morfina trataré, siquie ra sea someramente, de los

TEAR'rcntXOS l'USICOS, INTELECTUALES Y ArOTié-LES

PROiniCIDOS POE LAS INYECCIONES ilOEEINICAS

La acción devastadora de la morfina alcanza á todos los sistemas, á todos los órganos de la econo mía animal, haciéndoles perder su integridad fisioló gica. En la imposibilidad de detallar todos los des órdenes consecutivos al abuso de la morfina, me limitaró á-indicar los referentes ú los sistemas nervio sos, circulatorio^ digestivo, urinario y genital, y por analogía de estos trastornos nos explicaremos los de los más aparatos.

Siatcma nervioso.—Sabido es que este sistema es muy sensible á la mayoría de las intoxicaciones, y por lo mismo no debe extrañarnos que la intoxi cación crónica de la rporfina dé lugar á una serie de fenómenos morbosos, que es imposible detallar en un artículo, poro que trataremos de esbozar á vuela pluma.

La sensibilidad general .se baila, generalmente, disminuida, en algunos pervertida y en los menos totalmente abolida.

Uno de mis enfermos me confesó con ingenui dad sorprendente, que, ansiaba tanto la inyección del alcaloide por sus efectos fisiológicos, como por el gusto especial que le ocasionaba la punción de la piel.

Las anestesias unilaterales localizadas, las hi■ perestesias, los dolores vagos, las neuralgias múlti/ples, la exageración de los reflejos, unidos á los desórdenes psíquicos del enfermo,establece una ana-

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loíjía entro el morfinismo y la histeria verdadera mente innegable.

El morfinómano, como el histérico, tiene un ca rácter desigual por alternativas bruscas de exalta ción y depresión intelectual movilidad, ó mejor dichfin versatilidad extrema en los sentimientos, pa sando del amor ni odio sin motivos que justifiquen el cambio, humor atrabiliario, no podiendo explicar claramente su malestar que atribuye unas veces á la necesidad incesente que siente de moverse rápida mente, y oti'as á la paresía de su sistema muscular que le embaraza los movimientos, unos se quejan de sentir dolores urticarios en las extremidades inferio res y otros por mil causas distintas.

Todos estos sufrimientos y molestias se exacer ban si disminuimos el alcaloide, y en este caso .se agregan á los anteriores padecimientos los fenóme nos íi, que dá lugar la imposibilidad en que se hallan de conciliar el sueño, como son la exitación exagera da que puede llegar hasta el delirio, acompañada de impulsiones involuntarias y alucinaciones de los sentidos que convierten al morfinómano en un loco peligroso.

La sensibilidad especial hállase igualmente per vertida.

Ija visión es asiento de alteraciones notables. El esclavo de la morfina hu^'o de la luz; haj^ foto fobia. Generalmente la pupila se halla retraída, siendo frecuento la astenopía por parillisis de los miisculos encargados de los movimientos de acomo dación visual. Las moscas volantes, la discromatopaia, la anemia retiniana y la parálisis del nervio optico son frecuentes en los morfinómanos. El es trabismo intermitente es peculiar do estos enfermos, debiéndose atribuir á la atonía de los músculos mo tores del globo ocular que participan de la astenia

— 15— general gne la morfina determina en los elementos contráctiles.

El oido es asiento, también, do desórdenes fun cionales. Desde el tenue murmullo hasta los ruidos ' intonsos, el tributario de la morfina es víctii^ia de ellos produciéndole, algunas veces, verdaderas aluci naciones.

El oido del morfinómano hállase constantemente en tensión, y esto es causa de muchas molestias. Iguales ó parecidos trastornos experimentan el gusto, el tacto y el olfato. Su desarrollo depende del grado de intoxicación en que se halla el sujeto. El temblor de la.s manos es frecuentísimo en estos enfermos lo mismo que en los alcohólicos, ha biendo notado algunos médicos un temblor fibrilar de la lengua, análogo al que .se observa en la paráli.si.s general de los alienados. En uno de mis enfer mos he comprobado un temblor de las extremidades inferiores_ que recuerda la parálisis agitante. En una señorita, he observado en distintas ocasiones, la pérdida de sensación táctil de las extremidades su periores, dejando caer los objetos do sus manos sin tener percepción de ello.

Una de las funciones que se alteran más notauleuionte, es la calorificación. Las primeras inyecClones del alc;doide producen un notable aumento do ca or, pero, a medida que el hábito se establece el calor provocado va disminuyendo hasta el extremo de ser sustituido por una prefrigeración que va au mentando hasta cotJvertir.se en frío glacial acompamidq del encogimiento, palidez del ro.stro, castañeteo de dientes, temblor, viéndose al enfermo buscar ca lor cerca de la lumbre ó procuráiidoselo'con el auxilio de abrigos. Este intenso frío so explica por la as tenia de los centros medulare.s encargados de la ca-

lorificaciun y al mismo tiempo por el espasmo de los vaso-contrictores.

Este estado de frío solo se alivia con una fuerte dosis de alcaloide, pero en un peiñodo más avanzado del vicio, la morfina no provoca tampoco la calorifi cación por haber ya agotado el sistema nervioso, que es el regulador térmico,dejándolo en lá imposibilidad de provocar reacción alguna. .

La sensibilidad peifif-éri-ca se halla alterada por la continuada acción de la morfina, liabiéndose no tado verdaderos casos de neuritis periféricas i[ue ocasionan trastornos sensitivos ó motrices, según cuales sean los nervios enfermos. . _Los vaso-motore.Sjúlt'mas ramificaciones del sis tema nervioso, son el as'ento de modificaciones que nos explica la anemia arterial y el engnrgitamiento de sangre en las venas.

El sistema nervioso de todos los órganos de la vida vegetativa se halla sujeto a modificaciones morbosas bajo la acción repetida de la sal morfínica.

Funciones Intelectuales

Precisa tener en cuenta para hacerse cargo de los trastornos de la inteligencia de los esclavos de la morfina que éstos, en su gran mayoría,, son indivi duos predi.-;puestus á todos los afectos pasionales, y en sus antecedentes hereditarios encontraremos á menudo datos que nos pondrán en guardia acerca de estos enfermos. La histeria oon sus excentricidades, las vesanias, las,afecciones cerebrales y medulares, la parálisis general, el tipo neurótico en todas sus variedades, es frecuente- en alguna de los a.sceiidientos del morfinómano. Estos antecedentes neuróti cos crea una predispo.sición cerebral y jisíipiica que. determina una superioridad de las acciones instinti vas sobre ias racionales.

Añádase á esta predisposición liereditaria el desequilibrio creado por la acción directa de la mor fina sobre los diversos sistemas orgánicos, y nos ba ilaremos con la explicación lógica de las cliferentes perturbaciones intelectuales que describiremos á vuela pluma. •

Las inyecciones del alcaloide determinan como efecto inmediato una congestión cerebral seguida de cerca de un espaimo de los vasos motores que oca sionan á su vez una anemia de los centros cerebra les. listos frecuentes j bruscos cambios fian de provocar forzosamente una modificación patológica en la textura de los elementos cerebrales por tras tornos de nutrición de los mismos, y esto es causa del desbarajuste funcional que observamos en estos enfermos.

En la primera etapa del morfinismo, paradisíaco engañosamente, la decantada excitación determina una mayor expansión intelectual. El enfermo con cibe con facilidad pasmosa ; crea proyectos que no llega á realizar por haber sido ya sustituidos por otros más atrevidos y grandiosos; resuelve los nego cios más árdut's, teóricamente se entiende. Esta ficticia, lucidez les dá una idea exagerada de sus ap titudes y valía. ^ Con prodigio.sa sencillez resuelven las arduas cuestione.s filosóficas, políticas ó económi cas por abstractas ó difíciles que sean.

La memoria .se desarrolla también en este pe ríodo, y bajo la acción de la morfina el recuerdo de hechos que habían sido ya olvidados desaparece, siendo feliz la retentiva do nombres y fecha.s. El pintor .solicita en la morfina la inspiración para sus lienzos ; el poeta, numen para sus versos; el filósofo, despejo intelectual para nuevas fórmulas sociales - el módico, fé contra su escepticismo y la mujer de

-18mundo, ingenio para hacer más patentes y durables sus atractivos.

_ En esta primera época del morfinismo la imagi nación da color rosado á todos los sueños ; pero éstos son fugaces y engañosos, y pronto vendrii la realidad de li>, vigilia, y perdiendo una á una las pretendidas ventajas de la morfina, su inteligencia irá disminuyundo en lucidez ó intensidad, y será asiento de los trastornos que caracterizan el segundo periodo de la intoxicación.

En este período el enfermo hállase constante mente disgustado, sumamente apenado, decaído de fuerzas, la inteligencia se ob.scurece, las concepcio nes son incompletas, la fijación de ideas difícil, el raciocinio casi nulo, y cu el triste caos intelectual en ((ue se halla sumido, sólo siente uh deseo, un ansia irresistible, un afán superior á su voluntad, una impulsión que avasalla todo su sér....¡ Más morfi na 1 Si la inyección se retarda, el enfermo tórnase taciturno, desconfiado é irritable, siendo víctima, do accesos de cólera furiosa que colocan al enfermo al dintel de la locura confirmada.

En esta época es cuando toman estos enfermos la costumbre de guardar cama, por serles más có moda y agradable la relajación muscular de la posi ción horizontal.

La memoria y la voluntad disminuyen notable mente en este período, y modifícan.se de.sfavorablémente los instintos y los gustos. Una aqratía extre ma es la caracterí.stica de su existencia.

El estado patológico intelectual agrávase pro gresivamente ha.sta llegar al último periodo de enfermedad ¡juc .sume al morfinómano en un egoís mo ab.'-o.'utü, en un cscepticifuno cuniploto.

La aicctividad se halla abolida. La tri.steza v i,é'Nk. '4. •

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la ale^iia sou sentimientos á los cuales no es accesi ble, la inercia moral es completa.

Las alucinaciones son frecuentes v el morfinó mano conviértese en un ser peligroso para sí mismo y para las personas que le rodean.

La muerte por inercia termina la triste existen cia del esclavo del alcaloide opiáceo.

_ El falso cielo de las primeras inyecciones háse cambiado por un infierno de dolores angustiosos que acaban en la tumba.

Trastoknos jiokales

El morfinómano conviértese, después de algún tiempo de establecido el hábito, en un anestésicomoral. ^ Ni la tristeza ni la alegría hacen mella en .<5u decaído átíimo ; el único placer, el solo deseo, la sola satisfacción, por cierto efímera, es la que e.x'perimenta cuando se practica la inyección. Impotente para sustraerse al iiifiujo del deseo morfínico, siente el tedio de la indiferencia, modificándose sus senti mientos en perjuicio de los séres de su familia á los cuales trata con recelo, desdén ó con brutalidades propias de un loco.

La muerte de un allegado, de un padre, un es poso, un hijo, que antes de contraer el vicio hubiera llevado a desolación y el luto á .su alma, no le causa ^ - - - - «.V V* Mii UJ apenas disgusto, observándose simultáneamente que lloran y se desesperan por motivos fútiles y baladís. Hay poca fijeza eu loa afectos. Un enfermo-al cual he prestado yo mis cuidados durante largo tiem po, decía un dia á su esposa : "8i supieras todo el odio que mi alma siente hacia tí, tendrías miedo." Al cabo de pocas horas pedía perdón á su excelente esposa y le hacia protestas de un amor exagerado. La escena se repetía sucesivamente. Tan pronto déspotas como humildes, cariño,sos

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cómo 'huraños, tranquilos como furiosos, parecen autómatas que obedecen á un impulso superior k su voluntad.

El que era pulcro y atildado, tórnase sucio y descuidado, el cortés y expansivo se convierte en torvT) egoista y desvergonzado.

Uno de los defectos que se observa casi sietnpre en los morfinómanos es pl prurito do mentir hacién dolo con una frescura inconcebible. Empiezan por mentir respecto á su vicio que tratan de disimular, luego mienten en lo referente á las dosis de alcaloide y acaban por mentir por las cosas más insignifican tes. Para ello echan mano de todas las argucias, de todos los ardides imaginables, pareciendo impo sible que personas antes veraces y formales, se conviertan en seres embusteros por excelencia. Algunos morfinómanos, los meno.s, hacen alar de de su vicio, mostrando sus pretendidas ventajas con un cinismo bochornoso. Estos son los propaga dores más temibles de este vicio, pues su propagan da encuentra eco como desgraciad.-tmente lo encuen tran fácilmente todos los vicios. Para éstos, la mor fina es la panacea de todos los males físicos y de to dos los morales. Estos alardes coinciden con el pri mer período del morfinismo, y los oyentes que obser

van la deleitosa excitación del adorador del alcaloide del opio, empiezan por probarlo y acaban por ser víctimas del vicio.

Después de un tiempo más ó menos corto llega el último período, el morfinismo.con' su cohorte de vicios morales que llegan hasta la bestialidad mas asquerosa, hasta que la demencia provocada por la caquexia, hace ingresar el enfermo á un manicomio ó alguna enfermedad intercurreute acaba con la exis tencia del desgraciado vicioso.

Teatamiento

Es necesario antes de indicar el tratamiento del morfinismo, resolver una cuestión de moral mé dica á propósito de esta enfermedad. Debe suprimirse la morfina en los enfermos de tabes, cáncer incurable ó inoperable y otras do lencias análogas ? '

Esta es una cuestión- de conciencia profesional que conviene dilucidar á 2^'>'iori. Si comparamos los inconvenientes inherentes al uso de la morfina con los que acompañan á las mon tadas enfermedades con su cohorte de horribles y continuados sufrimientos, preciso será confesar que ol médico deberá, en estos casos, limitarse á meto dizar el liso del alcaloide, con lo cual se hacen más' llevaderos los iiltiinos tiempos de triste existencia de tales enfermos, y quizás con el uso de la morfina logrará prolongar algunos dias la vida de los que su fren esas degeneraciones orgánicas dolorosas é incu rables.

Esta es la opinión sustentada por médicos emi nentes de distintos paises, y algunos llegan hasta indicar la conveniencia de conducir al morfinismo á los enfermos antes citados. Por nuestra parte confesarnos leal urente que en casos parecidos, una vez tuviéramos la evidencia del diagnóstico y con vencidos de la incurabilidad, no tendríamos incon veniente alguno en respetar el uso de la morfina que calrña sus atroces dolores y estimula su organismo, y llegaríamos á indicar la conveniencia del uso del alcaloide en aquellos que no lo hubiesen probado. Considerarnos mucho más graves para la vida del enfermo los sufrimientos de tales dolencias, que los inconvenientes que en sí lleva el uso de la morfina. Este es nuestro criterio y es ol queSeguimos en nuestra práctica. El tratamiento do los verdaderos

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amateurs de la morfina debe ser profiláctico ó cura tivo.

Ya hemos indicado al principio de este traba,■jo la conveniencia de reglamentar la venta de este alcaloide.

J-Jemos observado en nuestros enfermos que uno de los médios que emplean para procurarse morfina, es el valerse de nuestra receta cuantas ve ces lo estiman oportunos para sus apetitos morfínicq.s. L.a prescripción por nosotros formulada en un papel, constituye la receta, y ésta se constituye de propjiedad del enfermo, y éste hace un debido uso de la misma para solicitar cuantas veces se le antoja su despacho por el farmacéutico. La ley debería ser explícita, en este asunto, considerando de propie dad del farmacéutico la i-eceta después de haber si do una vez despachada, y muy particularmente cuando en la recota hubiera alguna substancia tóxica. Esto evitaría el que los morfinómanos acudieran á una ó más farmacias en un solo dia á solicita.r el despacho de una receta única nuestra.

Uno de los ardides frecuentísimos de estos vi ciosos, consiste en copiar de sn puño y letra nuestra prescripción, firmándola y rubricándola con inimita ble frescura.

Si se a])licara el Código debidamente y se hi ciera algún escarmiento, esto inconveniente no ten dría la importancia que réviste hoy dia- A los se7iores farmacéuticos no les sería difícil entrar' en sospecha respecto á la legitimidad de las recetas, y (lonimc.iándolas oportunamente, la comprobación no sería ilifícil ni costosa.

Uno de los más sospechosos encubridores de este vicio es sin duda el droguero. Este comercian te. poco escrupuloso en asuntos de conciencia, ávido solo de transacciones que nnqoren su negocio y le

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íiporten buenos balances, hace, en nuestro país, una competencia escanflalosa y t'raurlulonta á ios señores farmacéuticos en grave cler-vimento ele la sociedad en general y muy particularmente en perjuicio de la humanidad doliente. La lev drdn'a ser inexorable contra esos intrusos, poniendo límite á sus audffcias, y con ello ganaríamos todos.

Los módicos tenemos la obligación de persuadir á los enfermos que soliciten las inyecciones, de los graves inconvenientes que son inherentes al frecuen te uso de la morfina.y evitar con ello la facilidad de contraer el pernicioso hábito.

El tratamiento curativo se reduce á la supre.slón de la morfina. Para conseguir esto objeto hay dos métodos distintos : .-supresión brusca y .supre.sión lenta.

Nosotros creemos que el método que debemos seguir depende de las circunstancias individuales, del sexo, edad, constitución y temperamento del en fermo y de su estado orgánico, á la par que de la época en que se halla la intoxicación ; en una pala bra, creemos que en esta como en muchas cuestio nes á la medicina referentes, no debemos .ser siste máticos y atenernos ;i las circunstancias especiale.s de cada caso.

Siendo nuestro objeto la supresión del veneno habitual, indicaremos los medios que á lograrlo pue dan conducirnos.

La supresión brusca del alcaloide no puede te ner lugar sino colocado el enfermo en una casa do salud, porque necesita' una vigilancia extrema v cuidados especiales que solo son posibles en establocimientos adecuado.^.

Al ingre.sar el enfermo .se tendrá sumo cuidado en registrarlo miiniciosamente, a.sí como todo.s los objetos que le pertenezcan,con el fi n de evitar la in',1,

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troducción cíe la morfina en el estableciraiento. Pue.'sfco el enfermo en ■ una habitación aislada bien confortable, debe «guardar cama alimentándole con venientemente. Los primeros días el enfermo con serva una relativa calmi, piro pronto so apodera do él iwia excitación violenta, y empozando por .súpli cas, acaba por verdaderos accesos do furor. Como en la celda que ocupa no hay objeto alguno con el cual pueda dañarse, y por otra parte los vigilantes tienen buen cuidado en evitar cualquiera impulsión peligrosa del enfermo, dicho se está, que no ocurren accidentes graves que serían inevitables eií una ha bitación del domicilio del enfermo. Estos accesos delirantes duran un tiempo que oscila entre 10 y .10 días, pasados los cuales, algunos quedan curados del vicio y otros caen en un abatimiento adinámico qúe va aumentando hasta el colapso, lo cual exigen cui-/ dados urgentes, activos y minuciosos, jiara salvar la vida del enfermo, amagada de inminente peligro do muerte.

Este método, como se vé, es basfante e.\.puesto á serios compromisos, y por lo tanto nos guardare mos de aconsejarlo.

Es preciso recordar que la débil constitución del morfinómano puede no resistir lá supresión brusca de su excitante habitual, y encontrarnos de improviso con un descenlace funesto que <m manera alguna debemos.exponernos á cargar .sobre nuestra conciencia.

La supresión brusca se halla perfectamente in dicada cuando se trata d'» un enfermo que cuento jioeos días de hábito Uiorilnico, j)ues en este caso el organi.snio no se h.TlIa todavía deteriorado y puede sostener perfectamente la snpre.sión. Los sufrimien tos d'el enfermo son menos y de menor intensidad y no existen los ]ieligro.s del otro método.

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Pero coa este método de lenta supresión, preci sa también la instalación del enfermo en un estable cimiento de curación. Es inútil la disminución gradual del alcaloide en el domicilio del enfermo. La falta de energía de la familia, el poco talento de los criados, la costurera, el cochero, la pelnac^ora, en fin, alguna de las personas que rodean al enfer mo, caen fácilmente en los habilidosos lazos que eL enfei-mo les tiende y le procuran jeringuilla y mor fina.

Es verdaderamente doloroso el tener que indi car á las familias la separación, siquiera temporal, de algún individuo del seno de ella; pero convenci dos como nos hallamos de que esto es imprescindible, ,110 titubeamos en hacerlo en cuantas ocasiones se nos presenta.

Lo primero que os contestan al indic.a.r el aisla miento del enfermo, es que éste no os un loc-Q-y-fti»''^ cho costará convencer á la familia de que si no es un loco so halla en camino de .serlo muy pronto. En 1 los primeros días del ingreso del enfermo, se reduce á la mitad la dosis de la morfina habitual, y gradual mente se vá acortando la dosis hasta la completa supresión.

Debe procurarse durante este tiempo que la do-| sis mayor de morfina sea inyectada al enfermo en las primeras horas de la noche á fin de evitar el per tinaz insomnio que aqueja al enfermo

El númpro,de inyecciones debe limitarse á tres cada día: una por la mañana, una por la tarde y otra al acostarse. La solución irá debilitándose ca da día hasta inyectar solamente agua destilada colo reada con dos 6 tres gotas de láudano, y fi nalmente sólo se inyectará agua pura debidamente esterilizada. Los cuidados higiénicos y el lúgimen del enfer-

-26mo, se hallarán sujetos á reglas dictadas por las circunstancias de cada individuo.

Durante los primeros dias de la supresión del alcaloide, cuando se observan síntomas de exitación, hallanse indicado los bromuros, el doral y otros medicagientos sedantes del sistema nervioso. En el segundo período del tratamiento, cuando los sínto-' mas de depresión comienzan, es llegada la hora de echar mano á los tónicos á libre elección del mó dico.

La belladona, el haschisch, la cafeína, la codeina y sus sales como sustitutiva de la morfina, la estrofantina, la esparteina, la nitroglicerina, etc., etc., pueden prestar excelentes utilidades.

Líi indicación sintomática de los trastornos pro ducidos por la supre.sión morfínica, no podemos de tallarla en este trabajo.

Contra la diarrea usaremos los desinfectantes intestinale.s como el salol, nnftol y salicilato del bis muto; y si estos medios no fueren suficiente.'^, cree mos indicado el uso del extracto de opioá dosis altas. Contra el colapso se procurará exifcar los refiejos de los centros nerviosos. i.a revulsión enérgica, las duchas, la urticación, la faradización de la piel, y en último termino, si la vida del enfermo peligi^, acu diríamos a una inyección de morfina.

La hidroterapia, la electricidad, el masaje y la gimnasia, nos prestarán excelentes servicios.

El hipnotismo ha sido de utilidad en algunos casos ; poro es menester tener en cuenta que los in dividuos aptos para la sugestión se resisten á cnml)limentar todo aquello que está en oposición abierta , con sus deseos y sus costumbres. Por mi parte de claro que el hipnotismo háine prestado verdadera «y^da en algunas curaciones de individuos que se hallaban en los comienzos del li.'ibito morfínico, pero

su efecto ha sido muy remiso y en algunos casos nulo en los morfinómanos de antigua fecha. Las recidivas son muy frecuentes,y esto nos ha de poner en guardia respecto á la durabilidad en la curación de estos enfermos.

La cabra siempre tira al monte, y los morfinóma nos como los dipsómanos vuelven á sus vicios* con estrema facilidad.

lOiNACIO PE LlOKENS.

CODIGO PENAL

De los delitos eoiitra la salud |>iil>liea

'Akt. 347.—El que, .sin hallar.«e competente mente autorizado, elaborase sustancias nocivas á la salud ó productos químicos que puedan causar gran des extragos, par.a espenderlos, ó los despachare ó vendiere, ó comerciare con ellos, será castigado con •las penas de arresto mayor y multa de 62.") á 6,250 l)esetas.

AiíT, 348.—El que, hallándose autorizado para al tráfico de sustancias que puedan «er nocivas á la salud ó productos químicos de la clase expresada en el artículo anterior, los despachare ó suministrare sin cumplir con, las formalidades prescritas en los reglamentos respectivos,'será castigado con las penas de arresto mayor y multa de 325 a 3,2.50 pesetas.

AET. 349.—Los farmacéuticos que despacharen medicamentos deteriorados ó sustituyeren unos por otros, ó los despacharen s'u cumplir con las forma^'jidades prescritas en las leyes y reglamentos, serán c.^-tigados con las penas de arresto maxmr en su máximo, prisión correccional en su grado mínimo í^' ^ 3,250 pesetas. gp por efecto del despacho del medicamento hu biere r<5sultado la muerte de una persona, se impon- pia al culpable la pona de prisión correccional en sus grados medio y máxima y multa de 625 á 6,250 ' pesetas. -

ApT. 350.—Las dispo.siciones de los artículos anteriores son a.plicables á los que trafiquen con las sustancias y productos expresados en ellos y. á los dependientes de los farmacéuticos cuando fueren los culpables.

UPR-R?o Piedras-Sistema Bibliotecas

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