José Pablo Morales Miranda.
SAN JUAN, P. H. Ti» ‘Ti Correspondenoii do Puerto Rioo.
1924.
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LECTOR
Años ha que bajo el modesto título de Miscelá neas dimos a la prensa varios escritos de nuestro señor padre Don José Pablo Morales y Miranda, y al llevar a término esa labor tuvimos la valiosa cooperación de nuestro hermano Don Pablo Mora les Cabrera, con prolijo trabajo, reunimos los ma teriales necesarios para la publicación de un segundo tomo sobre Historia y Biografía; pero causas ajenas a nuestra voluntad impidieron llevar a cabo nuestro propósito, pues ocurrida la guerra hispano-americana paralizó nuestra labor, y el horroroso ciclón del 8 de agosto de 1899 hizo desaparecer los originales ya reunidos, teniendo que emprender nueva tarea para poder salvar del olvido algunos de los trabajos de nuestro señor padre. Con el nombre de Misceláneas Históricas publicamos este libro, el que ofrecemos al público, y esperamos sea acogido benévolamente por todos aquellos, que cultivan las bellas letras en nuestro culto país.
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o Pedro Ramón Morales.
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SAN JUAN
¿Por quién y por qué causa se puso este nombre a la isla de Boriquén?
Sabido se está que los indígenas llamaban a nuestra isla Boriquén, nombre que el Padre Yñigo Abbad corrompió mudándolo en Borinquen; cuya variante ha consagrado el uso moderno. Los es pañoles, como casi siempre tenían de costumbre en sus descubrimientos, cambiaron este nombre primitivo en el de San Juan Bautista. ¿Quién le impuso este nuevo nombre a la Isla y por qué causa se lo impuso? Generalmente se atribuye a Ponce de León el haberle aplicado el nombre de San Juan, parecer que se funda en la autoridad de Juan Castellanos. Pero no es posible que desde el año 1493, en quo fué descubierta la Isla por el Almirante Colón, no le impusieran nombre los españoles hasta el año 1508 en que vino Ponce. Entre los estractos de D. Juan Bautista Muñoz, que trae la Biblioteca de Tapia, página 142, vemos fechado en Toro a 24 de Abril de 1,505 el asiento 3
con Vicente Yañez Pinzón, para ir a poblar la isla de San Juan. En el contexto del documento ex tractado se repite muchas veces este nombre y nunca el de Borinquen, lo que prueba que ya la Isla era conocida oficialmente en 1,505 por el nom bre de San Juan.
Así parece más fundado lo que dice Herrera en la ¡listona general de ¡as indias, libro 2o- déca da '¡a. capítulo 7o. año de 1493, que después de haber descubierto Colón, en su segundo viaje, va rias islas, “llegó a otra grande que llamó San Juan Bautista, que se ¡¡amaba “Boriquén ’. hsto se corrobora con el siguiente pasaje de Oviedo en su Historia general y natural de las Indias, libro 16, capítulo 2’, por el cual se comprende que ai pasar Ponce de León a esta Isla era ya conocida con el nombre de San Juan que ie impuso Colón. Dice así: "( como este (Ponce) avía sido capitán en la “conquista de Higüey, tuvo notiz.a desda aqueja, “provinzia e alcanzó a saber de ios indios que en “¡a isla de Borinquen o Sanct Joiian av¡a mucho oro. “( sabido, comunicólo en secreto con el Comenda dor mayor, que a sazón residía en ia Isia española; “el qua: le dio lizensía para que pasase a la mar de ‘'Sanct donan á tentar e saber que cosa era; por“que aunque la isla ya se sabia, y avia sido díucu“bierta por e¡ almirante prime; o, no estaba conquis“tada ni pazifica.” Veamos ahora ¡a causa que motivó adaptarle a nuestra isla el nombre de San Juan y no otro. Cas tellanos. Elegía VI canto 1o. dice: 4
Teniendo pues Juan Ponce preparada Sus gentes con poderes que le dieron En seguimiento fué de su jornada, Con lenguas de Hayti que lo siguieron: Y por que por San Johan fué su llegada San Johan de Puerto Rico le pusieron...
Pero ya dejamos establecido que el nombre da San Juan fué impuesto por Cristóbal Colón. Don Pascuel Madoz en sus notas históricas al Atlas de España y sus posesiones de Ultramar, de D. Fran cisco Coello, hoja de Puerto Rico, publicada en Madrid en 1851, dice: “Fué descubierta la Isla por Cristóbal Colón en 1493 día de San Juan, cuya fiesta se celebraba sobre cubierta al darse la voz tierra. Por esta circunstancia le dió el Almirante
nombre de! Santo.
Los naiursiis la íícni:.;. j-,
Borinquen.” Muy extraño parece que un hombre de la erudición de D. Pascual Madoz se olvide de que Cristóbal Colón salió de España en su segundo viaje a 25 de Septiembre de ¡493 y que el 22 de Noviembre del mismo año llegó a Santo Domingo. Es de advertir que constando en la Historia como el 14 de este último mes estaba en Santa Cruz y el 22 en Santo Domingo, no hay, en los seis días in termedios, ninguna festividad de San Juan que pu diera celebrarse a bordo, al menos con arreglo al martirologio romano y santoral que hoy vulgar mente usamos. Esta pretendida fiesta sobre cubierta no pasa de ser una suposición gratuita, como la llegada da Ponce por San Juan. Expondremos una conjetura 5’
nuestra que nos parece mucho mejor fundada. Ve mos que el Almirante Colón impuso, en su primer viaje, el de Fernandina a la isla de Cuba en ho nor del rey D. Fernando V.: que denomina Es pañola a la de Haytí, en honra a la gran nación cuya bandera flameaba sobre sus naves: que nom bró Isabela a la ciudad que fundó en Santo Domin go, en memoria de la ilustre Reina cuyo nombre será imperecedero en la Historia. De consiguien te nada más natural que D. Cristóbal al honrar con tanta justicia a los reyes de Aragón y Castilla, no olvídase al principe heredero de ambas coronas, ni a los infantes; pudiéndose por lo tanto suponer sin temeridad que el Almirante quizo hacer me morables, con el nombre de San Juan dado a esta Isla, al príncipe D. Juan y su hermana la infanta Doña Juana, que después fué Reina de Castilla. Esta explicación, a más de ser muy plausible, no contradice a ninguno de los historiadores primitivos de Indias que hemos leído; y por lo que toca a la Autoridad de Juan Castellanos, es sabido que quien escribe en verso, suele usar de licencias de este género. Quede pués bien establecido que Don Cris tóbal Colón, fué quien le dió el nombre de San Juan a la Isla de Borinquen, y mientras no tengamos otra cosa más segura, se puede seguir la opinión pro bable de que este nombre lo impuso en memoria de los príncipes reales D. Juan y Doña Juaana. Toa Alta, 1865. FUNDACION DE CAPARRA
¿En qué año se fundó Caparra, primera Ciudad 6
y capital de Puerto Rico? He aquí una pregunta a que contestan de diversas maneras los historia dores. Gonzálo Fernández de Oviedo en su his toria natural y general da las Indias, libro 16 capí, tulo 3’, y Juan de Castellanos en el canto V de su Elegía 6a. a la muerte de Juan Ponce de León fijan en el año de 1509 la fundación, mientras qué Antonio de Herrera en su Crónica general de las Indias Dec. 1a. Lib. 7o. Cap. 13, la fija un año después, en 1510. El Padre D. Yñigo Abad acha cándole a Oviedo una contradicción que no existe en el lugar citado, se adhiere al parecer de He rrera como más fundado, según se puede ver en su Historia de Puerto Rico Cap. 3o.; y D. Pedro Tomás de Córdova, en las Memorias Históricas y Críticas de la misma Isla, tomo 5’ página 5» sigue a Herrera y al Padre Yñigo; pero en el mismo tomo, Pág. 413 se contradice y trae la fundación al año 1511 sin alegar ninguna autoridad para ello. Otros au tores, que tal vez copiaron a Córdova, incurren en la misma contradicción, la que no puede esplicarse diciendo, que en el año 1510 se fundó Caparra en el sitio que hoy se conoce con el nombre de Pueblo Viejo y que en el año 11 se trasladó la Capital al sitio que hoy ocupa, cuando es constante que el año 1519, se vino a conceder permiso para esta trasladación por los P. P. Gerónimos que goberna ban en la Española, a pesar de que antes se había solicitado del Rey este cambio, quien lo denegó porque Juan Ponce de León el fundador se oponía. El parecer de que Caparra se fundara en el año de 11, es de todo punto insostenible: pudiéra
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mos citar multitud de lugares que comprueban co mo ya existía antes de dicho año y no se trasladó hasta el 11 o 20, lo que omito por no ser difuso, pero queda en pié la contradicción de dos autori dades tan respetables como Oviedo y Herrera. El Padre Yñigo desprecia la opinión del primero, porque según dice, implica contradicción que vi niendo Cerón a mandar ia isla, en 1,509 y habiendo durado su gobernación un año, fundara Ponce co mo gobernador la Ciudad en el mismo año de 9 sin dar lugar a que pasara el tiempo del mando de Cerón. Dos explicaciones pueden dársele al tex to de Oviedo, sin que aparezca la pretendida con tradicción. La primra, aunque algo violenta es que el autor no dice que Cerón y Díaz tuvieron el go bierno un año sino cuasi un año, y así pudo caber muy bien que en el mismo año de 9, cesaran aque llos en el mando y entrara a sucederles Pence, fun dando después le Ciudad, y más cuando en 14 de Agosto le envió el Rey las gracias por sus com portamientos, nombrándole gobernador interino se gún puede verse en los extractos de Muñoz que trae la Biblioteca histórica de Puerto Rico. (1) Digo que es algo violenta esta explicación, porque fijando en Julio la llegado de D. Diego Colon a la Española para reemplazar a Ovando y habiéndose nombrado después de esta llegada a Cerón para el gobierno de San Juan, parece muy corto el tiempo (1) Página 232. Don Alejandro Tapia Rivera ha hecho un bien inapreciable a la juventud e. tudioea r uniendo en un volumen de poco corto que forma la obra *<i .:da, muí. titud de noticias referentes al país muy difícilc: ■'<! adqui rir en otra parte.
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que medía hasta Diciembre para que Oviedo al ha. blar de la duración de su mando pudiese emplear la espresión de cuasi un año, que es textual, a esto se agrega que el nombramiento que para el gobierno en propiedad le hacen a Ponce el Rey y la Reina en dos de Marzo de 1510, el no haber llegado a la Península el parte de la prisión de Ce rón y Diaz y los mismos presos hasta Agosto, indi ca que éstos tuvieron ei mando hasta dicho año. La otra explicación, más plausible y la verda dera en mi concepto, es que Ponce fundó la pobla ción antes de regresar a Santo Domingo y por consiguiente antes de poner en su lugar D. Diego Colón a Cerón y a Díaz. Vino Juan Ponce a Borinquen en Junio de 1508 y estuvo aquí más de un año: no es regular que en todo este largo espacio de tiempo se albergase siempre con los indios sin tratar de poblar encargándoselo tanto el Rey en sus comunicaciones; y así debemos de suponer que al marchar a Santo Domingo para darle cuenta de su empresa a Ovando, quedarían establecidos en Caparra aquellos cristianos que dejó tan amigos de los indios. Cuando regresó de la Española en su segundo viaje con los nuevos gobernadores, es constante que Ponce trajo su mujer e hijas, y es increíble que tratara de acomodarlas en ninguna población de indios, donde vivirían con incomodi dad y expuestas a los peligros que pronto produjo la rebelión, ni tampoco en aquellos bohíos provisio nales que hicieron los Españoles a su llegada el año 1508, que serían el primer rudimiento de la nue va población y de los cuales dice Juan de Caste llanos en el lugar citado:
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Formaron leves ranchos, cañaveras Compuestas y ligadas con vejucos, Taláronse los montes de ribera Que por acá llamamos arcabucos.
¿Ni cómo suponer por un momento que el go bernador Cerón, su alguacil mayor Díaz y los mu chos españoles que con ellos vinieron, inclusos So tomayor, Ponce y su familia, unidos a los que de antemano quedaron en esta Isla, habían de estar después de su legada cerca de un año más sin poblar, esperando que le restituyeran el poder a Ponce para que fundara a Caparra? Queda aclarada de una manera satisfactoria la contradición de que se le acusa a Oviedo y en todo vigor y fuerza su autoridad. Herrera, que se le opone, escribió mucho después de los acontecimien tos que relata y apartado del lugar de ellos, mien tras el primero vivía en la Española, donde estaba establecido y cuando los sucesos eran muy recien tes, habiendo conocido y tratado a los principales protagonistas. Juan de Castellanos, que corrobora el dicho de Oviedo, manifiesta de una manera ter minante en diferentes pasajes de la citada Elegía, que conoció muchos de los principales pobladores de esta Isla, a quienes nombra habiendo estado en ella al principio de la conquista. Nos dice como vino a las Indias en el mismo buque que Juan de León, el cual tanto se distinguió en la guerra con los indios borinqueños; según narra Oviedo, y más adelante añade: Vanse poblando nuevas poblacionee, 10
Las cuales conocí con gran provecho, Pero ya muchas de ellas se han deshecho. Otra reflexión se me ocurre contraria a Herrera. En la interesante Descripción de la Isla y ciudad de Puerto Rico, escrita en el año 1647 por el Ledo. D. Diego Torres Vargas e inserta en la misma Biblio teca de Tapia, a pesar de la pedantesca erudición de su autor, no se ven citados ni a Oviedo, ni a Juan de Castellanos, y eso que le convenía amon tonar historiadores de este nombre “porque siendo casi todos Juanes parece que quisieron pagarle la obligación adquirida en el nombre de la Isla”. To rres Vargas sigue en todo a Herrera, a quien hace multiplicada referencia en el contesto de su obra, sin mencionar nunca a Oviedo ni a Castellanos; y sin embargo al hablar del gobierno de Juan Ponce, pone resueltamente esta claúsula entre dos citas de Herrera, una que le antecede y otra que la sigue: En su tiempo se fundó el primer pueblo llamado Caparra, a la banda del norte, año 1509 y después de doce años se despobló por mal sano. (2) Esto prueba que al escribir así tendría a la vista algún documento que existió entonces en los archivos de esta ciudad, lo que parece tenía él bien reconocidos, cuyo documento seguramente comprobaría de un modo indudable que Caparra se fundó dicho año, pues si se hibuera separado de Herrera para seguir a Oviedo ú otro autor, no es probable que hubiera dejado de mencionarlo, quien tanto se afana por amontonar citas. (2)
Página de In citada Bib’iotecu
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Creo que dormitó Herera al escribir el primer párrafo del articulo citado, o cuando no, hay en aquel lugar un error de imprenta notable. El texto que tengo a la vista, que es de la precitada obra de Tapia, dice así, hablando de Caparra y de su asien to: “y con todo éso, la codicia de sacar oro no los dejó en 10 o en 12 años salir de allí. Mudando el pueblo, hicieron otro pueblo, casi al cabo de la Isla en un valle, a la misma costa del norte, cerca de donde ahora está el que se dice San Germán etc.” Aquí vemos que si el punto final quo está antes de la palabra mudando no se pone después de n;teblo, resulta que Herrera confunde la población de Ca parra con la de Guánica que se trasladó a Sotomayor. Debió ser éste el sentido de la edición pri mitiva, porque no pudo traer otro origen el error del historiauor Juan de Laet quien dice que la po blación fundada en 1510 cerca del puerto llamado rico, se trasladó a Guánica, de aquí a Sotomayor y de aquí a San Germán; y nos pone la fundación de la ciudad actual en 1514. (3) Bien sea mala in teligencia de Herrera, o bien error del impresor o copista, que es lo que yo me inclino a creer, lo cier to es que se nota en este lugar un defecto no des preciable que ha dado ocasión a la errata de Laet, que probablemente bebió en esta mala fuente; y donde se deslizó este error tan sustancial, bien pudo incurrirse en un paracronismo de un año. Creo que la crítica más severa admitirá como ciertas las razones que expongo para fijar en 1509 (3)
Página 11’8.
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la fundación de Caparra que principió a trasladar se al sitio que ocupa hoy Puerto Rico en el año 1519: la equivocación de D. Pedro Tomás de Cor dova proviene tal vez de haber confundido la fecha de la fundación primitiva de la ciudad, o de su mu danza con la creación de la Catedral. Toa Alta, 1863. GLORIOSO ANIVERSARIO
Martes, quince de Noviembre de 1865 En este mes precisamente se cumplen 372 años que el invicto Cristóbal Colón descubrió esta Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. No podemos fijar con certeza tan glorioso ani versario, porque aquel día venturoso para Borinquen no fué consignado en las Historias, quedando oculta su fecha en las tinieblas del pasado. Pero este dia de tan grato recuerdo para los amantes hijos de Puerto Rico, fué uno de los seis que media ron entre el jueves 14 de Noviembre de 1493, lle gada de Colón a Santa Cruz y el viernes 22 del mis mo mes, término de su segundo viaje a Santo Do mingo. Por eso el Fomento lo conmemora hoy, en que quizás si por vez primera pisó el ilustre des cubridor nuestras venturosas playas. ¡Gloria a Colón! porque fué el instrumento es cogido por la divina Providencia para que, bajo los auspicios de una reina santa, trajera a la comu nión de los demás pueblos, los moradores de un Nuevo Mundo que yacían en las tinieblas de la ido latría, ignorantes e ignorados.. ¡Gloria a Colón!
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b c t a c P F
c v o t t e t P e r q c e v I c i
porque fue quien con su ingenio adivinó que detrás del inmenso piélago del Océano, que todos consi deraban como una barrera inexpugnable había un hemisferio desde siglos. ¡Gloria a Colón! que si pudo tener sus debilidades como hombre, era tan inconstrastable en su fé cristiana, y han sido tan benéficas las consecuencias de su grandiosa obra que debemos creer piadosamente estará gozando de la celestial ventura como premio de aquella fé acri solada y Pag° de acción tan meritoria. ¡Gloria mil veces a Colón! porque “la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de las Indias.” (1) Cuando consideramos las bellas campiñas de la virgen América, poblada por naciones feroces y salvajes, idólatras, muchas antropofagias, todas apáticas e ignorantes de las ciencias y artes, como las encontró Colón; y vemos en el dia en esa mis ma América en menos de cuatro siglos, habitada por pueblos civilizados, prósperos y poderosos al gunos, menos felices otros, pero todos en la ma yoría cristianizados y con esperanzas de un glo rioso porvenir, entonces es que el espíritu se pe netra de la grandeza de Colón y de todo lo que tenía de benéfico y de glorioso el mandato que con fió a su grande inteligencia y a su voluntad inflexi ble el Señor de Cielo y Tierra. Si los Estados de América sufren hoy convulsiones intestinas, esta es la obra de sus propios hijos, y quizá si de la po litics maquiavélica de Europa; este es el tributo (1)
Gomara, Francisco López de
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que todos los pueblos de la tierra han pagado a las pasiones políticas, la humanidad caída; esta no es la obra de Colón: la obra del esclarecido genovéz la compone esa numerosa población civilizada de 60,000 millones de almas, esos adelantos maravi llosos de las ciencias y artes, esas ciudades po pulosa llamadas New York, Habana o Méjico. La expedición del ilustre Almirante fué patro cinada por una Reina que mereció el dictado de Ca tólica por excelencia. Llevó siempre por guía la in signia santa de la Cruz. La idea cristiana descu brió la América: la idea cristiana la conquistó y ci vilizó: la ¡dea cristiana es sola quien puede hacer la feliz. No podrán decir de Colón, como de otros grandes hombres que tenían unas creencias públi cas y otras secretas, no: Colón fué sinceramente católico, a nadie creemos que se le haya ocurrido pintarlo como un filósofo incrédulo, antes más bien se ha agitado en este mismo siglo la idea de su canonización, si mal no recordamos haberlo leído en algún periódico. Lo repetimos: Colón era hom bre de ingenio y de fé. Al divisar la primer tierra americana, entona cual otro Moisés al ver se salvo de Faraón y de las aguas de mar Rojo, un cántico de alabanza. Preciso es no tener corazón si no se agolpan las lágrimas a los ojos al contem plar a hombres del temple dee Colón y de sus in trépidos compañeros postrados sobre la cubierta de la capitana entonando el fe Deuin. ¡Y hay quien diga que el cristianismo amilana el espíritu! Primer mortal dichoso que partiendo de la Eu ropa civilizada pisa ¡a cierra americana, a quien su
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piedad le hace llamar San Salvador, implantando en aquella playa el glorioso árbol de la cruz, a cuyo pro tectora sombra ha crecido el árbol gigantesco de la civilización americana. ¿Quién osará, pues, derribar la insignia santa, que levantó Colón en estas nuevas tierras que su ingenio sacó del fango de la idolatría y del sal vajismo? Pero Colón solo no podía cumplir la misión divi na que se le habia confiado; necesitaba el auxilio de las potestades de la tierra. Portugal e Ingla terra se hicieron sordos a su profética voz. Es paña, la noble España fué la escogida: la Reina de Castilla fué la que dió ejemplo al mundo, sacrifi cando perecederos y vanos, aunque valiosos ador nos y preseas, para cubrirse de gloria inmarcesi ble. A la vanidad femenil se sobrepuso la dignidad regia y la virtud cristiana. Gloria a la mujer fuer te que modeló su corazón por las santas máximas del Evangelio! Si, Colón trajo a Puerto Rico hay ya 372 años la insignia sacrosanta de la cruz y el inmaculado pabellón de Castilla. ¿Quién nos arre batará tan caras prendas? Armados de la cruz nos alentará una voz del cielo: Iirhoc signo vincis. Ba jo la sombra protectora de nuestra gloriosa bande ra diremos a la fas de las naciones: Jodo con Es paña y sin España nada. Pero no fué América la única que ganó. Eu ropa en cambio de su civilización recibió nuestros tesoros; no sólo Europa, el Antiguo Mundo se be nefició con el descubrimiento del Nuevo. Nos ha ríamos pesados si fuéramos a recontar uno por uno
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los bienes que sacó el viejo Mundo. Colón ha si do un bienhechor de toda la raza humana; y no sirvió a una sola generación, sino que los resulta dos de su obra los tocamos hoy, y esa obra prodi giosa tiene que recibir todavía nuevos desenvolvi mientos que engrandecerán la humanidad. Publicado en Ei Fomento, año de 1865.
BIBLIOGRAFIA
Ha llegadao a nuestras manos la “Historia Geográfica, Civil y IMataural de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, por Fray Iñigo Abbad y Lasierra” nueva edición anotada en la parte histó rica y continuada en la estadística y económica por nuestro amigo D. José Julián de Acosta y Cal vo. Agradable es para nosotros poseer tan pre cioso libro, primero porque vemos en su publica ción un acontecimiento digno de que tomemos ac ta en nuestros diario, pues honran al país en que nucirnos producciones de esta naturaleza, y se gundo porque la obra viene mejorada por nuestro digno y laborioso amigo, siempre tan amante de las letras, siempre tan entusiasta por el engrande cimiento de su patria. Pero sí nos complace la pose sión del libro por las dos causas indicadas y tam bién por el goce que nos proporciona su amena e ins tructiva lectura, nos arredra y entristece la idea que vamos a juzgar las producciones de dos hom bres de instrucción y talento, que en la esfera de! saber ocupan un lugar mucho más elevado que el l’sta Los deseos de un amigo son órdenes parTq'uien de veras lo estima, y si abordamos em 17
presa tan temeraria no hacemos otra cosa que com placer al Sr. Acosta. A pesar de las afecciones de la amistad, pro cederemos como jueces imparciales, severos exa minando no sólo el mérito de la obra, sino hasta el móvil que impulsó a su contiuador a mejorarla y publicarla de nuevo. ¿No pudo y debió el Sr. Acosta con los numerosos y escogidos materiales que te nía acopiados trabajar una obra por cuenta propia, en que sin duda hubiera lucido las bellas dotes li terarias que le adornan? Así es en efecto: justos apreciadores del talento y erudición de nuestro amigo, creemos que su pluma hubiera producido una obra digna de su buen nombre; pero no le ha cemos un cargo por no haberla hecho, porque las siguientes refecciones justifican su conducta. Y el Sr. Acosta que se queja con justísima ra zón de que nuestro país no posee la Religión de los recuerdos, y que según leemos en sus notas pone el más exquisito cuidado, como buen pa tricio, de hacer una memoria de todas aquellas per sonas, que de un modo u otro han sido útiles al país, Acosta repetimos no podía dejar en el olvido a Fray Iñigo que tan señalado servicio prestó a nuestra Isla. Conocedor de su mérito no podía consentir que se le tratara de escritor menos que mediano (pag. 254) y quizo levantar un monumen to a la memoria del sabio Benedictino que trabajó por nuestra Antilla. Los puertorriqueños jamás hemos sido ingratos: si "somos un pueblo donde no se observa la religión de los recuerdos, es por que, además de la causa que apunta el Sr. Acosta 18
al hacer este acertó, en nuestra ignorancia inven cible por nuestr parte, no hemos sabido labrar bron ces ni mármoles para grabarlos. Por otra parte se hubiera encontrado con el in conveniente de que no podía escribir nuestra história política sino hasta la misma época en que la dejó Fray Iñigo. Sabidas son las grandes dificul tades que hay para tratar cuestiones contemporá neas, inconvenientes que crecen en nuestro paía por sus circunstancias especiales; he aquí explica da la razón por que el Sr. Acosta, según nuestro entender no se presenta como continuador de Fray Yñigo sino en la parte estadística y económica. Entrando ahora a examinar el mérito intrínseco de la obra, preciso es que distingamos entre el tra bajo del Padre Lasierra y lo que ha hecho su anotador y continuador. La obra del primero es bas tante conocida y por lo tanto seremos breves en lo que sobre ella digamos. Ninguno es mejor juez del mérito de Fray Iñigo que su mismo continuador, y acordes con éste, no hacemos otra cosa que reproducir sus mismas pa labras. Oigamos como se expresa en el prospecto de la obra. ‘‘Tiempo hace que la verdad y el colorido en la descripción del risueño territorio y de las estima das producciones naturales de la Isla; una observa ción moral fina y penetrante al juzgar el carácter, los hábitos y las costumbres de las diversas cla ses de la población puertorriqueña a fines del siglo XVIII; un criterio generalmente adelantado y no muy común en un hombre de su estado y de su
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época, y un estilo fácil y sencillo han conquistado a la obra de Fray Iñigo Abbad un puesto distingui do entre nosotros. Ei país ha sabido siempre hon rar la memoria de su historiador." En la página 4G& añade el Sr. Acosta ’No sólo reconocemos la exactitud y verdad de la mayor parte de las apreciaciones y juicios de Fray Iñigo Abbad, tanto cuando analiza la índole y las ten dencias oe ¡as diversas cas.as, como cuando sinte tiza ei carácter general de la población del país a fines del pasado siglo; sino que nos sorprende y ad mira que un hombre de su estado llegase a adqui rir, c:: ... ;o..ocimi ,.ao tan profundo de la parte moral de los diversos habitantes de Puer to P.ico. íío es el geógrafo Caldas tratando de la Nueva-Granada un asunto análogo con todas las galas de una brillante imaginación; pero es un fi lósofo que penetra y mide la influencia recíproca que ejercen unos sobre otros los elementos contra rios de la población; es un filósofo que lee en lo ins table y contigente de ciertas situaciones el princi pio fundamental de las dramáticas escenas cuya fiel pintura ha grangeado en nuestros días una jus ta celebridad a Mr. Beecher Stowe. “Por eso, después del mérito descriptivo que hemos Reconocido en Fray Iñigo, colocamos el de una observación moral fina y pentrante. Lástima grande que. discípulo de Montesquieu, no sepa ele varse siempre hasta las verdaderas causas de mu chos de los hechos que observa, y que los atribuya a la influencia ’del clima, creyendo que,
La terra melle, Hela e dilettosa Simile a se gl’ abitator produce
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Teoría materialista y funesta, que como dice César Cantó opuso una barrera al progreso y una traba al libre albedrío”. Probablemente no la pro fesaría hoy nuestro historiador, que como su ilus tre compañero de orden; el eruditísimo P. Feijóo, poseía un espíritu liberal capaz de comprender las ideas del mundo moderno. Fuera aparte de la-, nuevas luces de las ciencias que la combaten vic toriosamente, hallaría aquí, en esta misma isla, un argumento poderoso en contrario: vería permane ciendo el fflíSIl’.O clima, las saludables modificacio nes que se han operado en los hábitos, costumbres e ideas de la población. Respecto a la laboriosi dad, lo hemos demostrado en varias de las notas anteriores, nos acercamos más que en otros tiem pos a las razas trabajadores, separándonos de la tradición y de los ejemplos que, por medio del trabaio forzado, nos habían colocando entre..,.. Estamos conformes con todas las apreciaciones de nuestro amigo; sin embargo creemos que el Pa dre cargó mucho las sombras de su cuadro al se ñalar algunos defectos de nuestro carácter; pero disculpamos los defectos al ¡lustrado Benedictino, 1o. porque como dice el Sr. Acosta, el asunto era d j suyo y espinoso y difícil y pudo ser comprometi do cara el autor tratar esta materia. 2o. porque no podría desprenderse de ciertas preocupa iones como forastero: 3o. porque siguiendo tan de cerca a los historiadores primitivos de Indias, influirían mucho en su mente ciertas apreciaciones que éstos aplicaban a los aborígenes. En obsequio de la jus ticia añadiremos que no desconocía ■ el Padre las 21
verdaderas causas de varios defectos de nuestro carácter, y no era ciego partidario de la teoría de Montesqieu: Véase sino las palabras suyas. Entrando ahora a examinar las notas del Señor Acosta, lo primero que nos ocurre es llamar la aten ción sobre la circunstancia de que bajo el modesto titulo de notas nos ofrece nuestro amigo una de más mérito que la de Fray Yñigo, porque en ellas campean las buenas dotes criticas de su autor y se pone la verdad en lugar rectificando los muchísimos errores en que involuntariamente cayeron el P. Lassierra y otros historiadores nuestros. Conocido es del público el bello lenguaje de nuestro amigo, por las distintas producciones que ha dado a luz. Puro y sencillo, claro a la par que conciso y nervioso, su estilo se acomoda admirable mente a las narraciones lo mismo que es muy apro piado para tratar los puntos científicos, que con tanto acierto toca en sus notas. No desdice por cierto la dicción del Sr. Acosta de la de Fray Yñigo, y en nuestro concepto es más hábil el primero en el manejo de nuestra primorosa lengua castellana que Fray Yñigo Abbas, la frase de su continuador le supera a éste, en nuestro humilde concepto, co mo hablista. Escederíamos los estrechos límites de un artícu lo de periódico si fuéramos a examinar detenidamen todos los puntos de nuestra historia que escla rece el Sr. Acosta. Unas veces rectifica al P. Yñigo, otras suple el silencio de éste y siempre con criterio ilustrado, con una justa imparcialidad, be biendo en las fuentes más puras pone en su fugar los hombres y los acontscímentos.
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Guiado por los principios de una moral severa truena contra el malvado, mientras que nunca es casea un elogio al que justamente lo merece. En esta parte nadie lo podrá acusar de que lo domina el espíritu de ciego personalismo. La juventud puertoriqueña debe vivir agradecida a las tareas del Sr. Acosta. Desde hoy cuenta con un libro donde estudiar la historia de su país. Si D. Alejandro Tapia amontonó materiales preciosos en la Biblioteca Histórica, Acosta los ordena, los au menta con otros muchos recogidos con celo digno de aplauso, y ajustándolos a la obra primitiva, que mejora, nos da un libro digno de pasar a la poste ridad y que llena un vacío, del que con justicia hoy lamentábamos. Todo el que desee conocer a fondo la historia de nuestra provincia hasta fines del siglo XVIII, tiene que ocurrir a la obra que nos ocupamos a menos que no esté en aptitud de hacer crecidos desembolsos para conseguir todas las fuentes donde ha bebido el autor puertorriqueño. Nos damos el parabién y se lo damos a la ju ventud estudiosa, con tanta más razón cuanto que recordamos los sacrificios que teníamos que hacer en nuestra juventud para conseguir un buen libro. Pero no cnosiste el mérito tan sólo en recons truir nuestra Historia Moderna, sino principalmen te en la continuación de la Contemporánea por lo que respecta a la parte estadística y económica. En las edades futuras se verá retratada como en un espejo fiel nuestra sociedad actual por medio del libro del Sr. Acosta. Este compila y ordena datos preciosos, todos
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fehacientes, todos del mayor interés. Nuestra cons titución política, nuestra administración, nuestros usos y costumbres, el grado de nuestra instrucción y moralidad, todo se pone de relieve. El autor ha sido parco en sus apreciaciones; nosotros también lo seremos. Su trabajo es una prueba fotográfica sacada con toda fidelidad del original: por las ra zones que dejamos apuntadas se abstiene de ¡lumi naria con el colorido de la parte política. Esa obra tosa a la posteridad, ia cual dará a cada hombre su merecido. Entre tanto el Señor Acosta ha di
cho: Ecce homo: he aquí lo q::e somos. tiene oreja oiga.
El que
AMERICÍ VESPUCIO
Habiéndonos sido imposible adauirir la biogra
fía qu scribiera Don José iblo del ilustre floren tino p samos a trasccribir las notas que reuni ra para hacerla. Dicen así: Este ilustre marino suyo verdadero nombre es Américo Vespucci, nació en 1,4-51. en Florencia de una familia noble, y dedicóse ai comercio; pero afi cionado a ia vida a. _ury entusiasmado por el éxito de Colón, emprendió su primer viaje de des cubrimiento en una flota española a 1 de mayo de 1,497, y después de 37 dias de navegación llegó al nuevo continente, el cual costeó e.: un trecho de 400 leguas, habiendo visitado el golfo de Paria y la isla de Sta. Margarita. Volvió a partir de Cá diz en 1,499, y llegó en 41 días a un país de la Zona Tórrida, continuación de las costas recorridas en su primer viaje. En 1,501 partió de Lisboa a ins24
. ■ del rey Manuel, y llegó a las costas dol Brazil que reconoció hasta las de Patagonia. Con. cibió él proyecto de descubrir al extremo mer¡d¡0, nal del nuevo continente un camino para el Asi pero tal empresa estaba reservada a otro. (Malta. Brun lib’ 23, nota). n Modesto Lafuenre dice, que su primer viaje -1499 y no 97. —■ Le fata de impostor, tom. ¡0 fu -TP y siguientes. [¿mboldt'dice hablando de Colón pág. 293 to rndel Cosmos, “si la América no lleva su nom, "i't OOP a I? casualidad no al fraude ni a la ¡n En la nota '¡ •' pagina 455 del mismo tomo, éonfiima con documentos su opinión. r Cantó sigue a Humboldt, tomo 22 pág. ¡53. Té fama de Américo es como la que so le atribuy a Rojas, por las ruinas de Itálica. — Erairís-
Cae ocho grados y medio mas alia de la Equinoccial el cabo de San Agustín, descubrió Vicente Yañez Pinzón en enero de 1,500 años, con cuatro carabelas, que sacó de Palos dos meses antes. Fue ron los Pinzones grandísimos descubridores, y fueron muchas veces a descubrir, y cita navegaron mucho. Américo Vespucio, florentino, que tam bién él se hace descubridor de Indias pos Castilla, dice como fué al mismo cabo, y que le nombró de San Agustín, el año 1, con tres carabelas que le dió el rey Manuel de Portugal &. Pág. 211 do Gamara. Muchos tachan las navegaciones de Amórico o Albérico Vespucio, como se puede ver en al gunos Tolomeos de León de Francia. Yo creo que navegó mucho, pero también sé que navegaron más
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Vicente Yañez Pinzón y Juan Diez de Solís, yendo a descubrir las Indias — Ibid. Américo Vespucio residió en Sevilla, como pi loto mayor, y murió en esa ciudad en el año 1,512. UN HEROE DESCONOCIDO La historia no guarda su nombre, pero por eso no es menos insigne la valentía de aquel estanciero de Coamo, que el año 1565, pasados ya los setenta y nueve de su edad, supo distinguirse a las órdenes del Gobernador D. Francisco Bahamón de Lugo. ¡Cuántos muertos dignos de gloria, desconocidos en la misma tierra que ilustraron con sus hechos! Visitaba dicho gobernador el año indicado, los hatos de Coamo, cuando tuvo noticia de que una partida de ochocientos caribes, había salteado a Guayanilla, rancheando (como entonces se decía) los hatos y estancias por la costa hasta Guayama, hácia donde se dirigían, llevándolo todo a sangre y fuego. D. Francisco Bahamón de Lugo, natural de Tenerife, Capitán aguerrido en Italia y en Flandes, determinó escarmentar a los fieros salvajes, azo te en aquellos tiempos de nuestra Isla. Recogió la gente que pudo en Coamo y fueron Tello de Monroy, dicho Pantoja, Rodrigo Ramírez, escribano, Gaspar Lorenzo, el aguacil Juan Díaz Santana, y por último como canta Juan de Castella nos: Otros dos españoles estancieros Que recogió de los cercanos hatos Y de los que servían de vegueros, Menos de doce negros y mulatos. Con cueros de reses vacunas hicieron adargas, 26
y montados en buenos caballos y yeguas, en lugar de lanzas iban armados con desjarretaderas * Uno de los estancieros, que como hemos dicho, pasaba de los setenta y nueve años, lleno de arruga» y de canas, encorbado por el peso de la edad, sufría las burlas del alguacil Juan Díaz de Santana, nom brado en aquella gloriosa ocasión alférez abande rado, siendo la bandera una tohalla, porque otra no había en aquellos despoblados. Las burlas del Díaz eran abusivas a la impotencia del viejo para la lu cha, por lo agobiado que andaba. Trasladó Bahamón de Lugo su escasa y ad venediza hueste a Guayama, donde se emboscó, po niendo atalaya sobre un árbol. Entraron los oa ribes por la boca del río, desembarcando ellos y sus prisioneros, la mayor parte de estos mujeres espa ñolas, en un lugar limpio de la ribera. Al grito de ¡Santiago! atacó con su gente el gobernador a los descuidados caribes. Juan, ne gro liberto, teme el choque y como que quiere huir, pero Bahamón lo contiene con una lanzada en un muslo, y el moreno perdiendo el miedo, arremetió contra el enemigo, e hizo, según la expresión del historiador, lo que pudo hacer un buen soldado. Al burlador Juan Díaz se le espanta el caballo, hace esfuerzos por contenerlo, y en la brega cáesele la bandera que queda abandonada, porque el caba llo se desboca. Como si fuera un joven de pocos años, ágil y robusto, la recobra el viejo corcobado, y rompió con su yegua por medio de los caribes, matando doce con su propia mano. El enemigo, siempre fiero, hace firme resisten cia; pero muerto, merced a una lanzada de Baha-
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món de Lugo, un indio principal que io animaba a la pelea, huye por fin, dejando los prisioneros libres, setenta y siete muertos, dos piraguas y otros des pojos. El gobernador perdió su caballo y quedó he. de un flechazo en un muslo, de cuyas resultas es tuvo oleado, pero logró salvar la vida. Murieron Diego García y un negro a ios pocos días, por ser los tiros envenenados, curándose los demás heridos. Bahamón de Lugo premió al estanciero, corcobado con una buena cantidad de dinero del real herario, lo que fué después aprobado por el Rey. De este gobernador se cuenta que volvió pobre a la Península, y una vuelta de cadena que solo te nía, se la dió a la mujer de un sobrino suyo, di ciendo: ‘‘Señora, no me agradezca el darle esta cadena, que no lo hago por servirla, sino por decir con verdad que no llevo nada de Puerto Rico."
¡Gloria al anciano y desconocido estanciero do Coamo, cuyo nombre corno el de otros tantos va lientes españoles, ha caído en eterno olvido, y adm.romos la prudencia con que supo darle una d'gna y elocuente lección al aturdido Juan García, que si bien no fué cobarde, recibió justo castigo en aquel lance por no saber rendir a la ancianidad el tributo de respeto que le debe toca aima noble! J. P. M. Publicóse este trabajo en el almanaque de Gonzáles de 1880.
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EL COMODORO PORTER EN FAJARDO He aquí itn curioso episodio de nuestra Historia Provincial. Demos una breve noticia del héroe de tan ridiculo como para él desgraciado suceso.
En ia guerra de los Estados Unidos con Ingla terra, el día 13 de Agosto de 1812, a la altura del Gran Banco, la goleta de guerra inglesa Alerta, de 20 cañones, tuvo que entregarse a discreción al Essex, de 32 cañones, capitán Porter: ésta fué la primera captura que se hizo a los ingleses en aque lla guerraEl i 2 de Octubre del mismo año se hizo a la vela de ¡os Estados Unidos, el Essex con rumbo a la América del Sur, donde debía unirse al Comodoro Bainbridge. A 12 de Diciembre el Essex, bajo ol mando de Porter, apresó al buque inglés Noctono, que llevaba un cargamento por valor de cincuenta y cinco mil duros. Porter no encontró ya a Bainbridge, y en liber tad de acción, dobló el cabo de Hornos. Bien reci bido en Valparaiso el 13 de Marzo de 1813, rescató dos buques de los Estados Unidos, apresados por un corsario peruano. Hizo varias presas a los in gleses, con ias cuales formó una respetable escua drilla, a cuyo frente iba el Essex, apoderándose de 4000 toneladas de distintos géneros y artículos y 400 prisioneros. Como que el Gobierno inglés destinó al Pacífico fuerzas en su persecución, se dirigió en el otoño a Jas Marquesas, donde tomó posesión, por los Estados 29
Unidos, de la isla Nonaheewah, poniéndole el nom bre de Madison, en honor del Presidente. En 1814 volvió a Valparaiso con el Essex, donde después de un reñido combate con la Febea, de 30 cañones, y el Querube, de 28, tuvo que rendrise Porter, que dando prisionero. Puesto en libertad bajo su pa labra, y detenido por un buque inglés cerca de New York, pudo escaparse, desembarcando en Long Island. Después de la toma de Washington, en 1814 por los ingleses, vemos al capitán Porter hos tigar la escuadrilla inglesa en el Potomac. En 1823 el comodoro Porter, antes capitán del Essex, fué nombrado jefe de la escuadrilla que se destinó a estos mares, para perseguir los piratas. El Capitán General D. Miguel de La Torre se hallaba en Caguas. El día 5 de Marzo del citado año, fondearon en el puerto dos goletas de guerra americanas, quedando a la vista otras trece, una corbeta, dos trasportes y un vapor. Se encontra ban a la vista a barlovento, dos fragatas y un ber gantín inglés y tres fragatas francesas, y en el puerto una fragata y una corbeta inglesas. Había temores de invasión por parte de los in surgentes del Continente; el estado de la Metrópoli era bien triste, y los comnadantes de las goletas americanas vinieron aumentar la alarma, con la fal sa noticia de que Cuba y Puerto Rico habían sido cedidos por España a Inglaterra. El Teniente Rey que mandaba la plaza, llegó a sospechar de la acti tud de los americanos y prohibió que entraran otros de sus buques al puerto. Sin embargo una goleta se obstinó en hacerlo, y aunque se le había dado aviso a los buques fondeados, y dei Morro so le hizo
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la debida advertencia, continuó su marcha hasta que después de cinco disparos de cachón, cayó muerto el Comandante Mr. William Cook. De este modo se anunció Porter por estos mares. El asunto no tuvo mas trascendencia que hacérsele un suntuoso entierro al Capitán Cook, cuyos restos fueron exhu mados en "¡832 y trasladados a los Estados Unidos de América por la goleta Piírpoise. Hicieron un robo considerable de mercancías en Santhomas a los Sres- Cabot, Bailey y Co. en la no che del 24 al 25 de Octubre de 1823. Parece que los criminales se acogieron a esta Isla, donde fueron presos y juzgados por nuestros Tribunales, impo niéndole la pena de horca. La misión de Porter no era otra que la de per seguir los piratas, no delitos comunes, con e:.car go en su: instrucciones de respetar y auxiliar a ias Autoridades de los países amigos en la espresntla persecución que a todos interesaba. Cabot, Bailey y Co. ofrecieron 1,000 pesos de recompensa por la .-•prehensión y convicción do los autores del robo y la cuarta parte de los efectos que se recobrasen. Séase por el interés, o por otro móvil que desconoce mos, Porter envió desde Santhómas a la goleta Beagle, comandante Mr. Carlos S. Pratt, condu ciendo a bordo al Sr. George Bsaton, dependiente do Cabot, Bailey y Co., con cartas de recocmendacción para D. Juan Campos en Fajardo. Lo. goleta fondeó en este puerto el 26 a las siete de la noche. El Teniente Pratt se presentó en la población de Fajardo vestido de paisano, y como entonces había tanta alarma con los piratas, se le detuvo por el Alcalde a petición de! Capitán de! Puerto, en lo que 31
justificó, con los papeles que hizo venir de su goleta, que era tal .oficial de la Armada de los Estados Unidos, como se titulaba, y Comandante de la Beagle. Durante esta breve detención de horas, estuvo Pratt jugando al billar, sin que se le moles tara con reducirlo a prisión. En seguida regresó a Santhómas la goleta. Porter, al saber este suceso que recibió como un grosero insulto a su bandera, infringiendo sus instrucciones, usurpando las atribuciones de los al tos poderes de su nación, y más que todo llevando las cosas al coímo del ridiculo, cual nuevo Quijote, se dirigió a Fajardo con dos de sus goletas. Desem barcó el día 14 de Noviembre a la cabeza de 150 hombres, aproximóse a la población y envió un par lamentario con una carta al Alcalde de Fajardo que equivalía a una declaración de guerra, pidiendo satisfacción por los pretendidos insultos a Pratt, que decía había ido en busca de filibusteros, robbers am! freebooters, y concediendo por ultimatún una hora para decidirse, bajo la pena THE TOTAL DESTRUCCION OF FAJARDO. ¡Lástima que así como hubo un Comodoro bastante escéntrico para amenazar con la guerra al Alcalde de Fajardo, no fuera éste del temple de aquél que en la Península en 1808 se la declaró a Napoleón! El Alcalde cedió y fué con el Capitán del Puerto a satisfacer a Porter y brindaron juntos. Convi dado éste por el Alcalde para obsequiarle, trató de venir a la población; pero como a la novedad los jíbaros se reunían y tenían un cañón con mecha en cendida, huyó el bulto el Comodoro y se volvió a bordo sin los obsequios que llegó a aceptar.
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En su tránsito las tropas de Porter clavaron los cañones de dos baterías solitarias. El bueno del Alcalde no notó a su tiempo este desaguisado- Des pués trató de parlamentar para que se enmendara la ofensa, pero ya Porter estaba en marcha. El Gobierno español, como era natural, reclamó al de los Estados Unidos por semejante atentado; y el Superior de esta Isla destituyó a las Autorida des de Fajardo, porque como dijo entonces la GA CETA, si bien quiere empleados urbanos, atentos y políticos, no los desea tan complacientes. Porter separado del mando de la escuadra, y sometido en su país a juicio, se defendió del modo más ridículo, llamando ciudad a Fajardo, gober= nador al Alcalde, y propiedades americanas al hur tado de Santhómas. En castigo se le suspendió de sueldo y empleo por seis meses. Entró al servicio de Méjico y nombrado Coman dante en jefe de la escuadra mejicana, observó, respecto a los Estados Unidos, dice el historiador J. A. Spencer, una conducta poco digna. En 1826 se decía que Porter vendría mandando la expedición que se preparaba en los puertos de Colombia contra Puerto Rico; y en 1827 se repitió que trataba de dar un golpe de mano en la costa del Sur de esta Isla con la escuadra mejicana. En 1829 volvió a los Estados Unidos. Fué nom brado Cónsul en Argel; luego Ministro en Turquía y murió en Pera a 28 de Marzo de 1843.
J. P. MORALES, Publicado en el año 1877.
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EL GOBERNADOR D. JUAN DE VARGAS
Durante el período de mando de este Goberna dor, ningún suceso notable se cuenta en la Historia de esta Isla; y si por un error no se hubiera enlazado su nombre con hechos de suma importancia y tras cendencia en la Península, no tendríamos por qué recordar este nombre oscurecido como el de tantos otros gobernadores. El Ledo. D. Diego de Torres Vargas, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de esta Isla, escribía a fines de 1646 o principios de 1647: “Al dicho D. Felipe de Beaumont y Navarra, sucedió el año de 620, D. Juan de Vargas, general de ia caballería de Flandes que degolló al Justicia Mayor de Aragón, y tan gran soldado como todas las historias refieren. Gobernó hasta el año 625 que vino por Gobernador Juan de Haro, y ambos se hallaron en la invasión de Boduino Enriquez. . . Dicho D- Juan obtuvo mer ced del gobierno de Campeche y por un encuentro con los Oficiales Reales de aquella ciudad, le lle varon a México, donde a pocos días murió pobre y desacreditado.” El Ledo. Larrasa en la Relación del sitio puesto por los holandeses a la ciudad de Puerto Rico, dice: “Todas las diez y siete naos, amanecieron a barlo vento del puerto como dos o tres leguas, y luego al punto ordenó el Gobernador que la gente se pusiese en escuadrón en la plaza, y que del Morro se sa casen dos piezas de artillería. Estas se llevaron a un puerto que se dice el Boquerón, media legua de la ciudad, y sitio por donde el enemigo había ganado otra vez la tierra. Fué a verle el Gobernador y en 34
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compañía de Don Juan de Vargas, su antecesor. Hízose allí trinchera y quedó en ella con la gen te que pareció necesaria el dicho Don Juan de Vargas, por ser la parte más importante y parecer que el enemigo había de acometer por allí.” Estas son las noticias que sobre el Gobernador Don Juan de Vargas nos ha dejado la historia do la provincia. Todo el mundo sabe que el ejecutor de los te rribles decretos de Felipe II en Zaragoza, el año de 1591, no fué Don Juan sino Don Alonzo de Var gas. Este se había distinguido en las guerras de Flandes a las órdenes de el duque de Alba, y de él dice Don Bernardino Mendoza, en los “Comentarios de las guerras de los Países Bajos”, al referir uno de sus hechos de armas, que servía voluntariamente y sin cargo en aquella guerra. En honor de Don Alonso de Vargas hemos de decir, que si por él fué ajusticiada la justicia, según la enérgica frase de Antonio Pérez, y si mandó degollar al desdichado La Nuza, sin escribirse contra él una sola palabra, como dice un historiador, sin tomarle confesión, sin otro proceso que una carta del Rey; en que decía: Prenderéis a Don Juan de Lanuza, y hacerle luego cortar la cabeza, también es verdad que abri gaba en su pecho mejores sentimientos que su tétrico soberano, y que antes de la injusta matanza le escribía a éste, aconsejándole que diera el perdón general: “Y esto conviene mucho, y que sea lue go; que enviando el perdón general poniendo en él algunas palabras en que les asegure V. M. la c n= servación de los fueros, que es en lo que pierden el juicio, esceptuando algunas personas que V. M.
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fuese servido, y haciendo el apellido y proceso con tra ellos, las cosas irán muy bien.” Otro D. Juan de Vargas se distinguió de un modo terrorífico al lado del duque de Alba, cuyo D. Juan, que era togado, no debe confundirse con nues tro Gobernador. Espantan los elojios que del Dr. Vargas, miembro del Tribunal de la sangre, hacia el Duque, dirijiéndose al Rey: “El día de Ceniza se prendieron cerca de quinientos, que fué el día señalado que dio para que en todas partes se toma sen; pero así para esto como para todas las otras cosas, no tengo hombre sino Juan de Vargas, como abajo diré. He mandado justiciar todos estos, y no basta habello mandado por dos y tres mandatos, que cada día me quiebran la cabeza con dudar que si el que delinquió de esta manera merece la muerte, o si el que delinquió desta otra manera merece destierro, que no me dejan vivir, y no basta con ellos.”... “En los negocios de rebeldes y herejes tengo solo a Juan de Vargas, porque el tribunal todo lo que hice para estas cosas, no solamente no me ayuda, pero estórbame tanto, que tengo más que hacer con ellos que con los delincuentes”... No le bastaban al de Alba los horrores del Tribunal de la Sangre, creado ad hoc, y de sus miembros solo Vargas tenía su corazón modelado por el del Rey y el del DuquePero servían a un amo que no se distinguió por la virtud del agradecimiento, que a veces puede unirse con la crueldad; así vemos al orgulloso mag nate escribir duramente al Rey: “Muchas veces he suplicado a V. M. fuese servido de acordarse de hacer merced a Joan de Vargas, y darle licencia para ir a poner cobro en sus negocios, que por su
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ausencia se le han perdido todos; y a esto de la li cencia fué V. M. servido responderme; a lo de la gratificacción no. Y aunque yo no dude de ella, conociendo la natural bondad y liberalidad de V. M. háme picado de manera haber oído aquí que tres plazas de Consejo, que estaban vacas, se han pro veído en diferentes personas, que, aunque no lo sé de persona auténtica, he querido curar, este negocio sobre sano, y suplicar a V. M. con cuanto encareci miento puedo se acuerde que mandó venir aquí a Joan de Vargas por fuerza y contra toda su volun tad; y que volviendo ahora sin ser gratificado sería desautorizarle y deshonrarme a mí; pues pensaría el mundo todo que V. M. no está satisfecho de lo que ambos le habernos aquí servido; y si a V. M. le pareciere que echo mucha ropa a la mar, suplico a V. M. me lo perdone, y entienda que este negocio me toca en lo vivo; que yo no osaría parecer entre gentes si Joan de Vargas quedase sin muy buena recompensa." ¿Cómo se explica que el Ledo. D. Diego de To rres Vargas, graduado en Salamanca, que tantas muestras de erudición dá en sus escritos, incurra en un error tan grave, ocupándose de sucesos con temporáneos, como es confundir a D. Alonso de Vargas, general que mandaba el ejército que por orden de Felipe II ocupó a Zaragoza en 1591, con D. Juan de Vargas, Gobernador de Puerto Rico, des de 1620 a 1622? Quizás si el manucristo de Torres Vargas falte algo por error de copia, éste sólo señalara una re lación de filiación o de parentesco entre Don Alonso y Don Juan de Vargas- Quizás si el Canónigo fué
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pariente del Gobernador y estaría picado de la manía nobiliaria, de lo que dá muestras en los elo gios que prodiga a su padre y hermanos, por lo que quiso atribuirle a su deudo hazañas agenas. Esto no es increíble, cuando vemos a los Veras alterar, sino fraguar por completo, el Cantón Epistolario del Br. Fernán Gómez, de Cibda Real, y hacer ediciones apógrifas de otros libros, para darle lus tre a su linaje. Probablemente este punto de nues tra Historia provincial, si no aparecen nuevos do cumentos que le den luz, se quedará en la oscu ridad. Por eso se define la Historia: “La relación de importantes acontecimientos que se “creen ver= daderos.” EL OBISPO VALBUENA
Por montes y por llanos recuerdan mis cantares el viento en 'os bananos, el viento en los palmares, la tórtola ligara, la voz de la calandria placentera. A. Tapia Rivera. “Somos un pueblo que no conserva la religión de los recuerdos”, ha escrito mi amigo Acosta en sus notas a la Historia de Puerto Rico por Fray Yñigo Abbad. Cierto es que por desgracia: los con tinuos asaltos de los enemigos de nuestra nación en los siglos XVI y XVII, los terribles huracanas y demás condiciones físicas y morales del pais, don de, como decía el sabio venezolano Dr. Vargas,” ía polifila. destruye los libros y el clima mata a los li
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teratos”, hacen que vivamos en la más grande ig. norancia de hombres y cosas importantes, que pa saron en tiempos no remotos. Nuestros archivos están vacíos y no hay fuen tes, entre nosotros, donde estudiar la historia pro vincial. Pra profesar la religión santa de los re cuerdos, hay que entregarse a las ilusiones enga ñosas de la imaginación, o atravesar el Océano pa ra estudiar, en el copioso archivo de Sevilla y otros de la Península, los mil y más puntos d» nuestra Historia que piden ilustración. El país aguarda •• tiene derecho a exigir que algún hijo suyo ilustrado, y con medios pecuniarios suficientes, sacuda nucatra proverbial indiferencia y se traslade a aquellos ricos veneros de riqueza intelectual, a fin de que nos enseñe lo que fuimos ayer, cosa que importa muchísimo para nuestra conducta de hoy, y nues tras aspiraciones de mañana. Gracias al cíelo que Abbad, Córdova, Tapia y Acosta, han difundido al guna luz en nuestra Historia, que a pesar de no remontarse más allá de la edad moderna, no es por eso menos oscura. El mejor deseo se estrella contra el imposible. Don Bernardo de Valbuena es en cierto modo una gloria propia de esta Pronvincia; porque fué nuestro Prelado; porque le hizo bien a nuestra Iglesia; qui zás si bajo nuestro puro cielo concibió aquella po tente y fecunda imaginación sus más bellas crea ciones, y porque entre nosotros reposan sus ce nizas venerandas. “Y al perder de la vida el dulce brillo llena de gratitud su alma afectuosa
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a estas selvas dejó su caramillo y a Borinquen su tumba generosa.”
Pero no bay que ilusionarse con la máxima de buscad y hallareis. No hay dónde ni qué buscar, como no sea fuera de la isla. Por desgracia para nosotros, no para la memoria de Valbuena que las obras que de él han quedado la inmortalizan, en los días de su muerte, o poco antes, entró a saco es ta ciudad el holandés. En 27 de Setiembre de 1644 escribe el Obispo López de Haro a Juan Díaz de la Calle: “El año 25 saqueó el enemigo esta ciudad y se llevó hasta las escrituras de la Iglesia, y porque no le ofrecieron mucho dinero quemó mu chas casas y entre ellas la de la dignidad.” En Diciembre del mismo año, al convocar el Sínodo Diocesano, se vuelve a quejar el Obispo Lope de Haro de que por el saco del holandés se habían per dido muchos papeles de esta Iglesia. Sirva esto de escusa para la pobreza de estos apuntes, puesto que en los escritores patrios casi ningunas noticias se encuentran de la vida de nuestro Obispo Valbue na. El Doctor Don Bernardo de Valbuena, hijo do Don Gregorio de Villanueva y Doña Luisa de Valbuena, ambos descendientes de familias' nobles y distinguidas, en Valdepeñas, nació en esta villa, provincia de la Mancha, el día 22 de Noviembre de 1,558. ¿Por qué adoptó el apellido materno? ¿Sería hijo natural? Este apellido se ha escrito y se escribe generalmente Balbuena; pero seguimos el ejemplo de la Academia, en su edición de p¡ Siglo de Oro y de La Grandeza Mejicana y de Don 40
Cayetano Rossel en los Poemas Epicos de la Bi blioteca de Rivadeneyra, que hicieron esta correc ción, ajustándose a la etimología. De pocos años pasó Valbuena a Méjico, donde se educó, dando pruebas de su gran ingenio y apli cación hasta que se graduó de bachiller. Obtuvo el premio de tres certámenes poéticos en que tomó parte. Con motivo de la festividad del Corpus se efectuó uno de dichos certámenes, y presenciaron la adjudicación del premio el Arzobispo Don Pedro de Moya y seis obispos que asistían al tercer con cilio mejicano, celebrado en 1585. No se sabe la fecha en que regresó a España, aunque algunos la fijan en 1,608, recibió en Sigüenza el grado de Doctor y se supone que inmediata mente el nombramiento de Abad mayor de la isla de Jamaica. La Academia Española fundada en documentos sacados del Archivo de India (de Sevilla), dice que Valbuena asistió ai concilio provincial de Santo Do mingo en 1,622 y 23, constando también de dichos documentos que visitó su diócesis y celebró Sínodo. En 1620 había sido electo Obispo de Puerto Rico, y dice Torres Vargas que vino rico de Jamaica a esta Diócesis en 1623. El mismo Torres Vargas añade que a dicho Concilio fué por esta Iglesia, que estaba sede vacante, el racionero Don Bernar dino Riberol de Castilla. La fecha del Concilio pro vincial, según consta de las sinodales de este Obis pado, es de 21 de Setiembre de 1,622. Estas noticias al parecer contradictorias se ex plican muy bien. Valbuena concurría al Concilio en su carácter de Abad de Jamaica, mientras que
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esta Diócesis se consideraría vacante, porque el Obispo todavía no había tomado posesión: tal vez en Santo Domingo se consagró Valbuena, donde es taba el Arzobispo D. Fray Pedro de Oviedo y el Obispo de Caracas D. Fray Gonzalo Angulo. “Al dicho D. Fray Pedro de Solier, sucedió el Dr. D. Bernardo de Valbuena, natural de Valde peñas, en la Mancha, clérigo Abod de la isla de Jamaica, de donde vino rico. Pretendió hacer un convento de monjas Bernardas en el Viso, en Ex tremadura, y aunque envió muchos frutos y dine ros en los navios que salieron aquellos años de este puerto, los más se perdieron, con que conociendo que Dios Nuestro Señor quería que se gastase la ren ta en utilidad de la parte donde se ganaba, mudó de parecer, y muriendo el año 625, mandó su hacienda a la Iglesia, con cargo de que se labrase una capilla al Señor San Bernardo para Sagrario, y en ella se colocasen sus huesos, dotando la lámpara dei aceite que pudiera gastar cada año, y en cad.i primer do mingo de mes se le dijese una misa cantada, y el día del Señor San Bernardo otra, con sermón y vísperas como todo se hace. También los Oficiales de la Real Hacienda pusieron pleito a,l testamento de dicho Obispo, por decir no era válido su otorga miento; y S. M. mandó se diese la hacienda a la Santa Yglesia." En este pasaje de Torres Vargas vemos que se fija la muerte de Valbuena en 1,625; sin embargo de que todos los autores que tratan de este gran poeta la ponen en 11 de Octubre de 1,627. Para nosotros tiene mucho peso el testimonio de Torres Vargas, y nos llama la atención que el Licenciad
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Larrassa, en su relación tan minuciosa de la entra da de los holandeses, no diga una palabra sobre el Obispo, y únicamente refiriéndose al clero en ge neral, escriba en son de censura embozada. “Solo entró en el Morro el Prior Fray Antonio de Rojas de la orden de predicadores, para confesar, que como animoso nos quedó de tantos eclesiásticos como había, y fué muy grande consuelo para las necesidades y riesgos de la vida en que estábamos saliendo.”—El Obispo o debía estar muerto, como lo hace creer el dicho de Torres Vargas, o quizás, si visitando la entonces dilatadísima diócesis, si no murió hasta 1,627. “Dejó impresas estas obras, dice Rossell: “La Grandeza Mejicana, Méjico 1604. El Sigio de Oro, Madrid, 1608; de cuyas dos ediciones hizo una la Academia, en la imprenta de Ybarra, el año 1821; y E! Bernardo o La Victoria de Roncesvalles, dada a luz por primera vez en Madrid, en 1,624, en un to mo 4’; y después por Don Antonio Sancha, en 1807, en tres tomos en 8’” “La Cosmografía universa!, El divino Cristiados o Cristiada, La alteza de Laura y E! arte nuevo de poesía, que también se le atribuyen, no se sabe si llegaron a imprimirse; lo prabable es que no, y que cayesen originales en manos de los holandeses, cuando invadiendo aquella isla y saqueando el pa lacio episcopal, se apoderaron de la biblioteca de Valbuena.” En la Biblioteca de autores españoles se reprodujo en 1866, E! Bernardo, en e> tomo 1’ de Poemas Epicos. Durísima es la censura que hace Gómez Hermosilla contra Valbuena. A pesar de los correctivos
que le pone su editor Don Vicente Salva, la voz au torizada de Hermosilla dejó desde la juventud una mala impresión en nuestro espíritu respecto al poeta manchego. Criticas más desapasionadas y la lec tura de alguna de las obras de Valbuena, tan raras en Puerto Rico, nos han hecho variar de opinión. Como que las obras de Hermosilla, son aquí gene ralmente usadas, llamamos la atención de la ju ventud puertorriqueña sobre este punto para que no se deje seducir por la autoridad del maestro y procure juzgar con conocimiento de causa. Las cortas páginas de este librito no nos per miten entendernos o citar muchas de las bellezas de Valbuena, como tampoco podemos insertar por extenso los juicios críticos de personas competen tes. “Valbuena fué en nuestro entender, dice Don Aureliano Fernández Guerra, el que menos se separó de la sencillez bucólica con episodios incoherentes; pues dotado de una vena fácil y abundantísima, pu do llenar su asunto sin invocar auxilios extraños; y aunque a veces afectado y de abundancia que de genera en difusión, están sus prosas tan llenas de armonía, de riqueza de desenfado y de gracia, que revelan el talento superior del hombre. Aun son mejores sus versos, en especial las églogas; pues en los sonetos y canciones se entregó a sabiendas al alumbramiento de los conceptos, que la moda patrocinaba. En ellas aventaja a todos los poetas castellanos y sólo cede la palma a Garcilaso. “Vi vían en este tiempo, dice el gran maestro Quinta na, los tres poetas que más amenidad, más abun dancia y facilidad han poseído.” Se refiere a Val-
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buena, Juaregui y Lope de Vega. No tenemos es pacio para copiar el juicio de Quintana, que puede verse en la Introducción histórica a una coleción de poesías castellanas. Basta saber que de las “églo gas de El Siglo de Oro dice que no tienen los de fectos de composición que el poema, y gozan en la estimación pública el lugar más próximo a las de Garcilaso, e indicando que si se llenaran ciertas condiciones que anota, no dudo”, concluye que el buen gusto le concedería el primer lugar. De El Bernardo, después de analizar sus bellezas y defec tos muy largamente, dice: que considerándolo sólo como prueba de las fuerzas poéticas en un joven que acababa de salir de las aulas, no sólo es una obra estimable, sino en cierto modo maravillosa ’ Observa Humboldt en su Cosmos que los poetas españoles, que vinieron a América, no revelan en sus escritos la impresión que naturalmente debió hacer les esta naturaleza nueva, gigantesca y sublime, al paso que los historiadores manifiestan mejor este sentimiento. Tal vez Humboldt no había leído El Bernardo ni El Siglo de Oro”.. .Su poema, usan do las palabras de Quintana, semejante al Nuevo Mundo, donde el autor vivía, es un país inmenso y dilatado, tan feraz como inculto, donde las espina' se hallaron confundidas con las flores, los tesoros con la escasez de los páramos y pantanos, con los montes y selvas más sublimes y frondosos.” En Valbuena todo es grande; así las bellezas como los defectos; paradoja personificada lo llama Rossell. En el prólogo de su poema reveló que no desconocía los defectos de éste, ni el modo de re mediarlos, y de si mismo cantó:
“A alcanzar con mi pluma donde quiero, Fuera Homero el segundo, yo el primero.” Tributo de respeto, veneración y justicia debe mos los puerto-riqueños a tan insigne Prelado. A su memória dedicamos este ligero estudio. Nues tra juventud, amante del saber y de las buenas letras debe estudiar a Valbuena, no para imitarle ciegamente, sino para escoger lo que tiene de bue no. Concluyamos deseando el eterno descanso de su alma privilegiada, y cerrando estas mal concer tadas líneas con el juicio de Lope de Vega, en su Laurel de Apolo, por más que dormitase el Fénix de los ingenios al jugar con el vocablo rico. “Y siempre dulce tu memoria sea Generoso prelado, Doctísimo Bernardo de Valbuena. Tenías tú el cayado De Puerto-Rico cuando el fiero Enrique, Holandés rebelado, Robó tu librería, Pero tu ingenio no, que no podía, Aunque las fuerzas del olvido aplique. ¡Qué bien cantaste al español Bernardo! ¡Qué bien al Siglo de Oro! Tú fuiste su prelado y su tesoro, Y tesoro tan rico en Puerto-Rico Que nunca fué tan rico. J. P. M. Publicado en el Almanaque Aguinaldo de 1875.
MAS JUSTICIA La verdad es la realidad de las cosas, y si no las conocemos como son en sí caeremos en el error.
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El arte de pensar, o la lógica, da reglas muy segu ras para distinguir lo verdadero de lo falso; pero con frecuencia se ignoran, se olvidan o no se saben aplicar bien estas reglas y no se logra el acierto ni aún en las materias más triviales. Difícil es al canzarlo en asuntos de cierta entidad aun por las personas de un talento privilegiado y que tienen la vasta instrucción. Hay cuestiones complejas en que para abarcarlas completamente y examinarlas en todas sus relaciones, se necesita un poderoso esfuerzo de imaginación, un entendimiento muy claro y una más que vulgar erudición. De esta naturaleza reputamos la de conocer el estado eco nómico de un país dicho. Para decidir si es pobre o rico, si adelanta, atrasa, o permanece estaciona rio y lo que es relativamente a otras regiones, hay que tener en cuenta multitud de datos y que desen trañar relaciones muy ocultas que se esconden a la vista más perpicaz. Por lo mismo que conocemos lo delicado del asunto, no formamos juicios aventurados sobre el verdadero estado de la Provincia, porque nos fal tan datos muy preciosos y que no son fáciles de adquirir; pero haremos algunas breves considera ciones por vía de correctivo a los que sin la debida meditación hablan de nuestro comercio, de nuestra industria y de nuestra agricultura, como si tuvie ran la Isla medida a pulgadas y pesaran en una balanza muy fiel todas sus producciones. La primera observación que haremos será sobre la falta de una buena estadística. Cierto es que esta no basta sólo para dar a conocer el verdadero estado de la riqueza de un país, porque cabe mucha
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falencia en sus datos, ya por la natural imperfección de todas las obras humanas, ya por la malicia o descuido de ios que han de concurrir a su formaoión. Por lo regular la derrama de las contribucio nes públicas se basa sobre la estadística; y hemos de conocer que las clases contribuyentes, tienen naturalmente un interés en disminuir el número y valor de sus producciones. A pesar de esto ¿quién negará que sin ia estadística es imposible tener un conocimiento profundo de la Sociedad y que es absolutamente necesaria en la vida de los pueblos tanto para el arreglo de los intereses materiales como de los políticos y morales? La consultan acaso tantos que fundados en observaciones super ficiales y en juicios errados, proponen a cada paso como medios de adelantar el país los que tal vez sólo producirían su ruina? Pongamos por ejemplo la cuestión que se debatió en los periódicos sobre prohibir la extracción del ganado. Había quien de buena fé creyera y aconsejara que se tomase semejante medida como único medio de abaratar el precio de las carnes: El Gobierno guiado por los principios de la ciencia no accedió a una pretensión tan poco conveniente; han pasado los años y la experiencia ha venido a justificar la previsión. Nada mas común que oir hablar a cada momen to de la feracidad de nuestras tierras de lo poco cul tivadas que se encuentran y por consiguiente de la pereza de sus moradores. Nada diremos en con tra, pero haremos ver a cierta clase de observado res preocupados, las equivocaciones en que pueden incurrir al hablar a la ligera sobre estas cosas. Llega un viajero y observa que en Puerto Rico na 48
hay una extensión tan grande de terrenos sembra dos como en otras partes, y de aquí deduce mala mente el atraso de la agricultura y la poca aplica ción al trabajo de los habitantes. Atendida la be nignidad del clima, imposible es comparar a la sim ple vista y sin datos numéricos muy bien recojidos, si el área de terrenos que se laborea cada año es relativamente mayor o menor que el que se pone en cultivo v. g. en la Península. Aiíá se mar can mejor las estaciones y se ara todo el terreno casi a un tiempo; en Puerto Rico es una primavera continuada la que reina, se alternan las cosechas todo el año y no puede apreciarse de un solo golpe de vista la estensión del tereno que se explota, por que la tierra se puede decir que no descansa. Por otra parte nuestros ganados no consumen granos, y esa grande estensión de terreno dedicados a pas tos que algunos ignorantes juzgan obra de la in curia, valen tanto como si estuvieran cultivados de centeno o cebada. Sabemos por datos fidedignos que el consumo de ganado vacuno en la Isla monta a unas 35,000 cabezas y que se exportan sobre 5,000: este total de 40,000 cabezas que se consume vendrá a ser la -ctava parte del ganado que encie rra la Isla, y por consiguiente podemos calcular su número muy bien entre 120,000 ¿cuánto terreno no habría que arar si este considerable número de reses, al cual se agragan los caballos, hubieran cíe consumir grano? Y no se nos tache de exagerados en nuestros cálculos, demasiado sabemos que según las noticias dadas por los pueblos en 1855 no exis tían sino 130,970 cabezas de ganado vacuno; pero bien caben errores de tamaña cuantía cuando hay
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que atenerse al dicho de los criadores. Otra cuestión, que lo mismo que muchísimas pudiéramos traer a cuento, es la del arbolado. Mu cho hemos oído hablar de ella, pero nadie nos ha di cho la relación en que están los bosques con el te rreno cultivado, si los existentes bastan a las ne cesidades del país o se deben aumentar. Se pon dera mucho y con razón el daño que causa la in cansable hacha del labrador; pero no se tiene en cuenta por algunos la facilidad con que se reprodu cen los árboles y su pronto acrecentamiento. Sin pensar muy bien todo esto, ¿quién se atreverá a dictar una regla segura? Hemos visto localidades cubiertas de maleza y completamente incultas ex citar la bilis de ciertos declamadores que a nombre de la civilización, del progreso y otras cuantas pa labrotas se enfurecían contra los perezosos propie tarios que no sabían explotar los tesoros que pro diga la madre tierra al que riega su faz con el sudor de la frente. Estos censores desconocían por des gracia al Utilísimo árbol de pomarrosa e ignoraban que el terreno arenoso en que con tanta fuerza vejetaba produce mas cubierto de este árbol que tan buena aplicación tiene para arcos de bocoyes, que dedicado al cultivo de la yuca o de la batata que es a lo que podían aplicarse tales tierras. Nuestra España ha sido por mucho tiempo mal juzgada, y de poco ha principiado a ser apreciada en lo que vale, especialmente por los extranjeros. Del mismo mal adolece esta preciosa porción de la monarquía, pocos, muy pocos, aun de sus mismos naturales, conocen lo que vale Puerto Rico: para muchos son desconocidas las verdaderas fuentes de
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nuestra riqueza, los elementos y las tendencias de nuestra sociedad y por consiguiente los verdaderos males de que adolece y sus remedios. No nos pondremos a desentrañar cuestiones tan delicadas, impropias de esta publicación y fuera del alcance de nuestras débiles fuerzas, pero sí pediremos a ciertas personas más justicia al hablar de nosotros, es decir más detención cuando se observa, examinar las cosas bajo sus diferentes aspectos, valerse de la antorcha de las ciencias, y meditar mucho antes de juzgar. Ese es el modo de que las personas que se precian de ilustradas no le den una mala direc ción a la opinión pública, porque si en ciertas cues tiones sirve ésta con justicia de regla, también os preciso confesar que produce grandes males cuando se extravía. Necesario es convencerse de que hay una imperiosa necesidad de estudiar más o fondo que hasta hoy el país para reconocer su verdadero estado, a fin de que se reformen las ideas falsas vulgarmente admitidas sin el debido exámen y que son perjudiciales al bien público. EL JIBARO
¿Qué es un jíbaro? Yo lo soy y no acierto con una definición exacta de esta voz, conforme a la inteligencia que generalmente se le da en nues tro país. La Real Academia de la lengua no trae esta pa labra en su Diccionario, al menos hasta la 8’ edi ción que es la que manejamos. Su adicionador Salvá introdujo la palabra jíbaro en el Diccionario como provincial de Cuba. “Se dice, según este
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autor, de los animales domésticos que se hacen montaraces y particularmente de los perros. En sentido figurado agreste, grosero”. Ni el Sr. Salva, ni su consultor Don Domingo del Monte, conocieron a mi dulce dueña, que si hu bieran visto esta jibraita de talle gentil, oíos negros y pelo de ala de cuervo,^leída y escribida, de seguro
que confesarían, si vivos estuviesen, que jíbaro en Puerto Rico no quiere decir agreste ni montaraz. No es de extrañar que los diccionarios no nos den el verdadero sentido de la palabra provincial de Puerto-Rico jíbaro, cuando vemos que el mismo Salvá, tan sesudo y estudioso, y sus copistas la Sociedad literaria, en su Nuevo Diccionario impre so en París, donde se le dan tan rudos ataques a la Academia Española, dicen muy formales, que toti’= Hja es “especie de calabaza común en ambas Américas, que comen cocida los indios, y cuya corteza les sirve para llevar la chicha y el aguardiente.” Los historiadores primitivos de India, particulariza ron con todos sus pelos y señales el árbol del to tumo o higuera, de modo que es un escándalo que los literatos sepañoles del siglo XIX nos salgan aho ra con que es una calabaza que se come. Si resu citara el buen Gonzalo Fernández de Oviedo, le diría a la Sociedad literaria de París: “soltad la pluma e idos a cargar agua en los calabazos.” Después del glorioso descubrimiento del Nuevo Mundo y su conquista, tres razas se encontraron en contacto: la blanca, la india y la negra. De ellas salieron las castas, que las preocupaciones sociales clasificaron minuciosamente, y de las cuales se ocu pó más de una vez el legislador, considerándolas 52
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inferiores a las razas primitivas. He aquí una de estas antiguas clasifaciones: Español con india, sale mestizo. Mestizo con española, sale castizo. Castizo con española, sale español. • Español con negre, sale mulato. Mulato con española, sale morisco.. Morisco con española, sale salta-atrás. Salta-atrás con india, sale chino. ’ Chino con mulata, sale lobo. Lobo con mulata sale jíbaro. Jíbaro con india, sale ;albarrazado. ■'-■bar razado con negra, sale cambujo. Cambujo con india, sale sambaigo." Sambaigo con mulata, sale calpan-mulato. Calpan-mulato con sambaigo, sale tente en el aire. Tente en el aire con mulata, sale no te entiendo. No te entiendo con india, sale ahí estás. Cosas que-ya pasaron.—Conforme a esta escala el jíbaro tendría 31/64 de español, 25/64 de africa no y 8/64 de indio; pero hoy los jíbaros somos es pañoles enteros y completos por deber, por derecho, por conveniencia y por afección; ciudadanos espa ñoles por todos cuatro costados, a pesar de los ma tices de este u otro color físico o político. Dudárase quizás por algunos que estas clasifi caciones sean una cosa seria; pero es indisputable que sobre ellas se basaban muchas leyes de Indias, donde encontramos los nombres de las castas que dejamos apuntadas. Entre ellos figura el de jíbaro y sería probable mente su acepción primitiva. Quizás si esta pala-
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bra se deriva del gibber latino o jiba en castellano. Todos los nombres de las castas son por lo regular en su origen despreciativos, y así como de mulo se derivó mulato, de jiba y jiboso pudo sacarse jíbaro. Esto no pasa de una mera suposición, que no tiene ningún fundamento histórico. Tal vez en nuestra isla predominó la palabra jíbaro para designar la mezcla de blnacos, indios y negros que formaba el principal núcleo de la pobla ción de nuestros campos; andando el tiempo fué perdiendo esta voz su significado, yfhoy el verda dero que tiene en la provincia es eCmismo de la palabra rústico. J Aquí no se aplica el nombre de jíbaro a los animales alzados o cimarrones.
UN JIBARO. Publicado en el Almanaque de Aguinaldo del año 1876.
A LA BUENA MEMORIA DEL EDITOR Y COLABORADOR QUE FUE DEL ALMANAQUE AGUINALDO DON PASCASIO P. SANCERRIT.
Recorremos la estrecha órbita de la vida huma na en el piélago inmenso del tiempo, como los as tros marcha por la inmensidad del espacio. Pero e! término de nuestra carrera es breve; y nacer, vivir, morir son fas olas que se atropellan en el océano de la eternidad, tan fugaces como el relám pago. La muerto, esa terrible figura de pálido y descarnado rostro, con que se asusta y aterra el 54
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vulgo de las gentes, a los ojos del filósofo y del cris tiano es el puerto bonancible y de perpetuo des canso. La muerte no es mas que la trasformación de la vida, no su término, y así como no tiene nada de aterradora la imagen del grano que se pudre y trasforma para germinar produciendo una nueva planta, la mente ilustrada y serena debe aguardar sin vanos temores que las ligaduras de nuestro cuerpo se desaten para continuar viviendo en otra esfera desconocida, es verdad, pero donde resplan decen sin duda el orden y la armonía que ha im preso a todas sus obras la Suprema inteligencia creadora. Estos puros y levantados sentimientos, propios como hemos dicho del filósofo cristiano, resplandecieron en la agonía de uno de nuestros queridos amigos, colaborador y editor que fué del “Alma naque Aguinaldo”, cuyo recuerdo evocamos hoy, porque del tiempo triunfan las amistades verdade ras que no se ahogan en el triste olvido de la tumba. Consagramos estas melancólicas páginas al re cuerdo de Don Pascasio P. Sancerrit. A mas de otros trabajos que vieron la luz en esta colección de Almanaques, él fué quien bajo el seudónimo del Bachiller Fernando de Rojas hizo habla *-. en estos últimos años, al Mago de Aguas-buenas. Espíritu estudioso e ¡lustrado siempre dió prue bas de que poseía el buen sentido, ese tacto delicado del espíritu, sin el cual de nada vale el talento. De incansable laboriosidad cumplió la santa y regeneradora ley del trabajo, impuesta a la huma nidad. Modesto. Hijo obediente y cariñoso. Fiel y
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constante en sus amistades. Murió el 15 de Octu bre de 1876. ¡Descanse en paz! J. P. M.
Publicado en el año 1877.
“Almanaque Aguinaldo”
del
A BAYAMON
Parece que la barita mágica de alguna Hada be néfica ha hecho nacer por encanto entre los bos ques el risueño pueblo de Bayamón. Podría du darse si los árboles nacieron para adorno de las casas, o si estas han sido fabricadas para embelle cer la enramada. Pueblo de palmeras lo titularía yo, porque en su reducido ámbito más de cuarenta elevan su empinada copa a los cielos, e inclinando con gracia el fructífero cocotero su dorado ramaje, parece que trata de proteger con su benéfica som bra la morada de aquellos honrados habitantes. Si salimos de Cataño en busca de ese pueblo, acreedor por más de un título a nuestra conside ración, lo primero que se presenta a nuestras mi radas es la gran ciénega de la mar. Terreno que puede ser muy feraz y productivo, y que sólo es pera para serlo la inteligente mano del hombre. El que dude de mi aserto, vuelva los ojos a Holanda. Pero no incurramos en la vulgaridad de achacar a desidia y abandono de los moradores el que no se haya desecado esta laguna. Para el progreso de un pueblo es un elemento necesario el tiempo; y la Provincia donde todavía se ocupa su Gobierno en repartir terrenos baldíos de la mejor calidad, no 56
está en la época de robar eus dominios al mar. Ca da cosa a su tiempo. Siguen después los hermosos pastos de Don Felipe de Jesús y D. Manuel Fernández. Para al guno de estos críticos atrabiliarios, a quienes todo lo que sea español les huele mal, no encontrando bueno sino lo de estrangis, será un pecado grave que esos propietarios dejen reinar tan a sus anchas en aquella praderas la intrusa malojilla. Sumidos en la más crasa ignorancia, se creen que el pasto no es un cultivo como otro cualquiera; o mejor di cho, no saben que el pasto es un cultivo más valioso que todos los frutos menores con que pudiera remplazarse. Pero muy cercanas tienen a la vista las feraces y bien cultivadas cañas del mismo Sr. Fernández, y del hacendado Cottes. En el Ingenio del Sr. Fernán dez, se ha sabido unir la labranza con la ganadería de una manera inteligente; y es un establecimien to de que puede estar orgulloso Bayamón. Las fábricas de este Ingenio simbolizan de una n.anera exacta el estado no sólo de Bayamón, a quien dirigimos estas mal concertadas líneas, sino el de la Provincia entera. Allí alza su vetusta frente la torre que ocupó el trapiche de viento. Cualquiera imaginación calenturienta, como la del Caballero de la triste figura, podría tomara por un terrible endriago o descomunal gigante: para nosotros re presentará el pasado. Al lado de poniente elevan sus graciosos techos de hierro la máquina de vapor y la hornalla con su atrevida chimenea: aquí tene mos figurado el presente. En el medio de estos dos cuerpos hay una plaza y en ella simbolizan el por 57
venir una palma real (* ) llevando en sus racimos tro tos de fecundidad y hendiendo los aires con su agu da espada, busca los cielos, subiendo un escalón en cada rama de que se despoja. Nuestra Antilla ca mina en la via del progreso, admitiendo las mejoras útiles de la edad presente y conservando todo lo bueno de la edad pasada. Según aquella inconmo vible torre se mantiene fuerte contra las injurias del tiempo, sin que la nueva máquina de vapor haya sido razón bastante para decretar su destrucción, asi debemos respetar nuestra Santa Religión, el es píritu de nuestra * * sabia leyes, las puras costum bres de nuestros progenitores. Por otra parte, del mismo modo que se ha plantado alii aquel ingenioso aparato para esprimir la caña y defecar su jugo, asi debemos también admitir todos los adelantos útiles del siglo, desechando lo que no se avenga con nues tra Religión, con nuestras leyes, con nuestras cos tumbres, lo que no sea español. En una palabra, pro gresar no es destruir: progresar es perfeccionarse el hombre en todo su ser, así la inteligencia como el sentimiento; el sentimiento y la inteligencia como su organización física. De este modo podemos esperar una época venturosa, en que libres de envejecidas (*) Este artículo se escribió en 1864. Un rayó mató la palma. Al S. E. de las fábricas crece otra nueva, que todavía no dá frutos, pero que sube con vigor y lozanía. Vienen efectuándose las prediciones del autor, pues Ba yamon es un pueblo de primera clase en el presente y cuenta con varias carreteras, disfrutando muchos adelantos moder nos.
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preocupaciones y sueltos de los pesados hierros de este siglo materializado, germinen los-frutos del bien y eleve la humanidad su vista al cielo, de donde no debió separarse nunca. Más al norte vemos otra fábrica de aspecto tétri co que semeja un cementerio. ¡La muerte; ¡qué idea tan aterradora! Pues este es el recuerdo que despiertan aquellas paredes de aspecto ruinoso. Ni la magestad de la severa torre, ni la gracia de los férreos techos, ni los gérmenes fecundos de la pal ma. No hay duda: la acción del tiempo combinada con la del catolicismo, echará a tierra aquellas des conchadas paredes. Estas son bajas; y piedra sobre piedra se desmoronarán sin ruido. Pero volvamos los ojos a nuestro Bayamón, que mira con orgullo como le rodean dos ríos cariñosos. Yo te vi ayer pequeñuelo y pobre, reducido a un miserable caserío, indigno de llamar la atención del viajero; hoy friso ya en la mitad de la vida, y te saludo con tus lindas casas de variada forma, con tus huertas pintorescas, con tus dos puentes y con esa bien construida alteria que te une a Catado y te da vida. Amante tuyo, porque soy hijo de otro pueblo más desgraciado que es tu hermano, abrigo la esperanza de que antes de bajar al sepulcro, te veré no como hoy que semejas a un joven en la flor de la edad, que da gratas esperanzas para el porvenir, sino como un hombre maduro en la ple nitud de la vida. Entonces merecerás ocupar una página en el diario del viajero y un lugar distin guido en la historia. ¿Por qué dudarlo? ¿No posees una población numerosa y un terreno feraz? Recibe mi saludo.
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pueblo afortunado; admite la enhorabuena que te dirije un sincero admirador de tus adelantos, y per mite que derrame una lágrima, no de despecho, sentimiento indigno de un alma noble, pero sí de amargo dolor por el funesto atraso de Toa Alta, tu hermano, donde vi por primera vez la luz del día. El era más que tú, pero causas que conviene echar al olvido, lo han postergado. No volvamos los ojos al pasado, atendamos al porvenir. Bayamón cuen ta con un trozo de carretera que es de los mejores de la Isla. Toa Alta, después de tantos sacrificios, no ha podido entregar ni un sólo kilómetro al Es tado. Hay más: lo que tantos sudores costó cons truir, todo es hoy perdido, porque la incuria es ene miga de los adelantos de los pueblos. Desperte mos, pues, Toa-AIteños, y oigamos la voz de nues tro hermano Bayamón que llama a nuestras puer tas. El nos tiende sus brazos; abramos los nues tros y saludémosle con un ósculo de paz. ¿No oís le ruido de los coches que marchan de Cataño para Arecibo? ¿No los veis como pasan por la carre tera cercana? Despertad, pues, y lo que hace un vecino de Vega-Alta o Vega-Baja, que lo pueda ha cer uno de Toa-Alta que está más inmediato a la Capital, y más cuando sobran medios para poner nos en contacto con la carretera: querer es poder. Otras causas hay de nuestro atraso que no quie ro desentrañar. Mucho bien le ha hecho a Baya món su carretera; pero no todo lo debe a ella. No es sólo la facilidad de las comunicaciones lo que ha ce a un pueblo feliz: la estabilidad del Gobierno, el respeto al principio de autoridad, la sabiduría de las leyes, el benéfico influjo de la Religión, la ins
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trucción de las masas, el buen sentido de los habi tantes que no se dejen alucinar con utopías y sepan que con el trabajo y con la moralidad es que pueden caminar por la senda de todos los progresos. En los puerto-riqueños resalta esta sensatez; y sobre ella se verá basada nuestra felicidad futura, espe rándolo todo de la Divina Providencia. J. P. M. TOA ALTA Y NARANJITO
Vamos a contestar la carta de nuestro corres ponsal de Naranjito que insertamos en nuestro nú mero del día 12 del corriente, manifestando antes de todo que ningún interés personal guía la pluma del articulista que abajo suscribe. Hijo de Toa-Alta, vecino que fué de Naranjito, y con muy caras afec ciones de amistad y parentesco en este último pue blo citado; no le anima otra idea que la del bien ge neral de uno y otro vecindario. Nuestra misión como periodistas es abogar por los intereses genera les de la pronvicia, y nunca examinaremos les cues tiones que afectan al bien público bajo el estrecho punto de vista de mezquinos intereses de localidad. Reproduzcamos el siguiente párrafo de la carta de nuestro corresponsal: ‘‘Llamada, por nuestra digna primera autoridad, la Municipalidad de este pueblo al inmediato de Toa-Alta, uno de los prime ros cuidados de nuestro buen Alcalde fué, según se me ha informado, el reunir con antelación y por más de una vez al Municipio, con el fin de que en cumplimiento de lo dispuesto por el Gobierno, pen sase seriamente las necesidades de que adoleciese 61
este vecindario; mas como quiera que éstas, a me dida que se han presentado han sido espuestas por la autoridad de este pueblo a la junta del mismo, por cuyo órgano han sido remediadas siempre por nuestro ¡lustrado Gobierno, sucedió lo que era con siguiente, y fué que en EL ACTO DE LA VISITA NO SE HALLO NINGUNA QUE SOMETER A LA ALTA CONSIDERACION DEL ILUSTRE HUESPED, a quierv debían ser espuestas para su remedio, SIN QUE JA MAS PASASE POR LA MENTE DE NUESTRA COR PORACION MUNICIPAL, que es la llamada a cono cer la conveniencia y utilidad de los intereses del pueblo que representa A RECONOCER COMO UNA DE TANTAS, LA ANEXION DE ESTE TERRITORIO AL DE TOA-ALTA, etc.” ¿Hemos dicho nosotros acaso que la Junta de Naranjito se ha ocupado alguna vez en sus sesiones de la anexión a Toa-alta? Los acuerdos de los municipios son secretos, y aunque tuviéramos los mismos informes que posee nuestro corresponsal, jamás entraríamos en un terreno que nos está ve dado por la ley. Vuelva a leer el corresponsal nues tro artículo que refuta y verá como nada atribui mos a la Junta de Naranjito y que hablamos por nuestra propia cuenta cuando dijimos que Naran jito en un tiempo dependió de Toa-alta y que a Toaalta le conviene unirse, debiendo haberse expuesto, según nuestra humilde opinión, esta necesidad en el acto mismo de la visita. Dice el corresponsal que no hubo necesidades de que pedir remedio. ¡Dichoso pueblo el de Na ranjito! Bien se puede llamar rico: porque solo es rico quien nada desea. Pero muy en seguida añade 62
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el corresponsal que la digna y celosa primera auto ridad de aquel pueblo CON BASTANTE TINO Y A NOMBRE DEL MUNICIPIO pidió y le fue concedido aplicar todos los recursos con que cuenta el vecin dario al camino de herradura. Es decir que a un tiempo mismo hubo y no hubo necesidades. Para nosotros hay necesidades y muy grandes: baste de cir qué el río amenaza llevarse la mitad de la po blación, sino se pone pronto remedio. Aunque el corresponsal confiesa que por el ca mino que ha de construirse (y no es otro que el mismo que guía a TOA-ALTA) HA DE VENIR A LA PAR QUE EL COMERCIO, EL ACRECIMIENTO DE LA AGRICULTURA y COMO ES NATURAL LA RI QUEZA, parece que trata de probar la importancia que esta tiene hoy en su pueblo cuando añade: “aunque Naranjito cuenta hoy con un HONRADO y LABORIOSO vecindario de corta población, no le impide esto el suministrar a Toa Alta, Toa Baja y Dorado de los frutos menores que en abundancia cosecha, y sin los que, ME AVENTURO A ASEGU RAR, LE SERIA MUY COSTOSO a los señores ha cendados de aquellos territorios el sostener sus ne gradas y peones, sucediendo igual cosa, aunque en menor escala, con los pueblos de Sábana del Pal mar y Barranquitas.” Si esto es así como Ud. lo expresa, Sr. corres ponsal, y nosotros lo deseamos por el bien de Naran jito, debe subírsele algo el subsidio a Naranjito, porque eso es mucho producir. ¿Podrá decirnos Ud. los caballos y los bueyes que tiene Naranjito para exportar sus frutos y los negros y peones que tiene Toa-alta, Toa-baja, Dorado, Sábana del Pal 63
mar y Barranquitas para comérselos? Son datos muy interesantes para comprobar lo que Ud. AVEN TURA. También quisiéramos se nos explicara co mo se hacen estas grandes cosechas cuando algu nos párrafos más adelante dice ei corresponsal que DE DIA EN DIA SE NOTA FALTA DE ESTIMULO Y ABANDONOO EN LA AGRICULTURA. Cierto es que Naranjito tiene buena Iglesia y buenas escuelas. ¿Quién ha dicho lo contrario? Justo es que las tenga supuesto que el pueblo las paga. ¿Pero será una causa bastante para que de je de tenerlas si se une a Toa-alta? Nosotros al contrario creemos que es el único medio de conser varlas y aumentar las últimas. Y respecto a instrucción pública de los mismos principios deducimos, consecuencias muy distintas de las de nuestro corresponsal. Por la misma ra zón de que en los, progresos, de dicha instrucción esté basada la prosperidad de los pueblos, creemos tiue Naranjito no llegará nunca por ia senda que marcha al pináculo de felicidad que profetiza nues tro amigo. Para instruir 75 niños, que es un nú mero insignificante con relación a un vecindario que cuenta acerca de 4000 almas, se encuentra ago biado el pueblo con sus gastos municipales. ¿Po drá gravar con un centavo más sus presupuestos a fin de crear nuevas escuelas? Cuando el corres ponsal nos pruebe que con las dos existentes está bien servido el pueblo sin necesidad de otras, en tonces nos dejáremos convencer de sus argumentos. Y tenga entendido que si en nuestro artículo ante rior no mencionamos la escuela de niñas, fué por una distracción. 64
Contradice el corresponsal nuestro acertó de que la mayoría del vecindario desea la unión con Toa-alta. Sobre esto debemos dar una explicación. Al apoyarnos en la mayoría no entendemos por tal la muchedumbre de mujeres, niños, jornaleros, etc. que no tiene representación en el vecindario y pue de decirse, con raras excepciones, que carecen de opinión propia en cuestiones de esta naturaleza que están fuera del alcance de su comprensión: la ma yoría de que tratamos es la de las personas de ilus tración y de arraigo. Pudiéramos citar aquí nom bres propios de personas muy respetables. Niega el corresponsal que los terrenos de Na ranjito se vayan de pauperando gradualmente, co mo dijimos nosotros y afirma que tiene hoy sino más, el mismo gérmen productor, que la Providen cia les concedió desde su creación. Ignoramos lo que serían los terrenos del Naranjito antes del di luvio universal. Dejamos esta cuestión intacta pa ra que la esclarezca nuestro antagonista. Lo único que debemos añadir es que unos terrenos vírgenes cómo eran los de Naranjito 50 años atrás, suma mente quebrados, que se han descuajado casi en su totalidad y que se les hace producir continuamente sin abonarlos, o tienen que empobrecerse o han de trastornarse las leyes de la física. En todo lo que hemos examinado hasta aquí del escrito de nuestro corresponsal no hemos encontra do nada que se oponga a la reunión de Toa-alta y Naranjito. Saca ahora a cuento la pronta adminis tración de justicia. En otro artículo trataremos con más detenimiento y con toda imparcialidad la cuestión. Si D. Braulio Morales tío carnal del que
suscribe, pidió en 1825 la separación del Naranjito fue porque entonces era muy costosa por no tener allí parroquia, cargar un muerto hasta Toa Alta; y porque nunca imaginó que los presupuestos munici pales de Naranjito, pudieran subir, como han subi do algunos años, a más de $4,000, y que sus hijos llegaran jamás a tanta pobreza. Si el corresponsal no fuera RECIENVENIDO al Naranjito, le pregunta ríamos ¿si existen allí hoy día capitales como eran los de D. Claudio y D. Braulio Morales, y los de D. José Hernández y D. José Rivera Luna en 1825? Pero le preguntaremos, porque debe saberlo, ¿cuál es la causa de que algunos años ha sido muy notable las salidas de vecinos con domicilio? No se crea que este pueblo, dice el corresponsal, se surta para su comercio y mayoría de transac ciones a la plaza de Toa-alta.” Lo sentimos, pero debemos decir que la sola tienda que merece este nombre en el Naranjito no es mas que una sucursal de los Sres. Helguera y Comp. de Toa-alta: que has ta el virtuoso párroco de aquel pueblo viene con frecuencia a este último con objeto de comprar lienzos en bastante cantidad que dá de limosna a los pobres, como es público y notorio *, y de Toa Alta se lleva el pan hecho para venderlo en el Naranjito. Continuaremos otro día. J. P. MORALES. PLEITO
PERDIDO
A petición del Excmo. Ayuntamiento de esta * El virtuoso P. Ramón Ortíz Renta
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Capital, el Excmo. señor Gobernador General con cedió autorización para que la referida Corporación, asociada ccn los demás Ayuntamientos de la Isla, pudiese construir una cárcel. Prévia convocatoria, se reunió la Junta de que trata el artículo de la Ley municipal vigente, el día 15 del mes próximo pa sado de Septiembre, y con la sola excepción del voto del representante de esta Capital, todos los de más concurrentes en representación de los pueblos, acordaron no contribuir para la indicada fábrica, fundándose en la situación precaria en que se en cuentran los Municipios y en que se creen con de recho a la propiedad de la Cárcel de esta Capital en atención a que han estado remitiendo a élla sus presos en los 67 años que van trascurridos desde su construcción. El Ayuntamiento de esta Ciudad, no conforme con semejante resultado, que sin duda no esperaba, ha acudido al Excelentísimo señor Gobernador Ge neral, para que se sirva disponer que se proceda a la inmediata construcción de una Cárcel pública, costeándola la Exorna. Diputacción Provincial, los Ayuntamientos de los pueblos que forman Tos dis tritos judiciales de Catedral y San Francisco y el Ayuntamiento de esta Ciudad, en la proporción que las leyes de la materia determinan. Los fundamentos que alega la Corporación para tan extraña reclamación, si no estamos mal infor mados, son los siguientes: 1’—Que el servicio a que se alude es obligato rio, y con arreglo a la Ley de 21 de Octubre de 1869 las Cárceles de partido judicial deberán cos tearse por los Ayuntamientos de los pueblos que
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compongan cada partido y por las diputaciones pro vinciales las de Audiencia. 2’—Que la Cárcel hoy existente en esta Capital es propiedad exclusiva de este Municipio y la ne cesita para otros usos. 0 3’—Que los bienes municipales no son suscep tibles de prescripción. Al primer fundamento nada tenemos que oponer, y no le dá ni le quita razón a los Ayuntamientos en sus respectivas pretensiones. Hemos calificado de extraña la reclamación del Excmo. Ayuntamiento porque no creemos que le pertenezca como propiedad particular la Real Cár cel que ha venido siempre teniendo el carácter de provincial y de cabecera de partido, habiendo sido construida con fondos generales y no con los pro pios del Ayuntamiento. Téngase en cuenta que antiguamente estaba la Isla dividida en dos Municipios, el de la Capital y la villa de San Germán. Por Real orden 14 de Enero de 1738 se crearon los Municipios de Are cibo, Aguada y Coamo, permaneciendo esta división hasta 1815, salvo la alteración pasajera de 1812. En las escrituras públicas de aquellos tiempos lee mos la fórmula sacramental del sepan cuántos este instrumento vieren como yo Fulano del Tal, vecino de la Ciudad de San Juan Bautista de Puerto Rico y morador en esta Rivera de Toa ■ baja, etc. Si los vecinos de la Capital construyeron una Cárcel para la cabecera del partido judicial; si con posterioridad se desmembraron nuevos Ayuntamientos del de la Capital, que forman hoy los Distritos judiciales de Catedral y San Francisco y continuaron usando esa
Cárcel a la cuál tenían derecho por haberse cons truido antes de la segregación, claro está como la luz del día que lo que durante tantos años ha venido poseyendo el Ayuntamiento de la Capital, •. n común con los deemás pueblos, no puede llamarlo hoy propiedad exclusiva suya. Pero el establecimiento de que hablamos n: solo tiene el carácter de Cárcel de cabecera- de partido judicial, sino el de provincial o de Audiencia, por haberse construido con fondos generales y ."o con los de propios. Debe tenerse presente que cr aque llos tiempos no estaban, como hoy, tan bien deslin dados los derechos y deberes del Estado, de la Pro vincia y del Municipio. En la Memoria que’ el Gobernador don Esteban Bravo de Rivero elevó en 15 de Marzo de 1759, al Gobierno de S. M. el Rey, se lee lo siguiente: “Están estancados en la dicha Isla únicamente el aguardiente y aloja, con la pensión dé un mara vedí en el cuartillo de ésta y ocho en el de aquél i favor de la Real Hacienda, y se ha arrendado uno y otro en pública subasta en don Antonio de Cor dova, por tres años contados desde Enero del inme diato año de 58, en cantidad de 5,400 pesos." “Cuyo arbitrio con el derecho de Alcabala del viento se incorporó a la Real Hacienda, por Cédula de 31 de Julio de 1,755, con la situación en su pror'n''to de 100 pesos anuales para gastos extraordi narios del Cabildo secular de esta Ciudad, y, el restó des-tinado a la conservación de las casas,de Ayun tamiento y los puentes de San Antonio y Martin Peña.” (1) (1) Biblioteca Histórica de Tapia, pág: 509; Memorias de don Pedro Tomás de Córdova tomo 2’ pág. 432.
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Don Pedro Tomás de Córdova hablando, en sus Memorias, de la Cárcel dice: “Este edificio es otra de las obras más útiles que se han establecido en la Ciudad. La proyectó y llevó a eíecto el Mariscal de Campo don Salvador Meléndez. Contiene 23 varas de frente y -78 de fondo, dos pisos y tres pátios. Su fachada es sen cilla y vistosa, adornada con un hermoso escudo de armas Reales de piedra, con el dístico de Odia el delito y compadece el delincuente. (2) “Impuesto de Catedral. No se lian encontrado otras noticias de este ramo, desde su establecimien to hasta la fecha, alteraciones que ha sufrido, la importancia de las cuotas que forman su fondo, y diversos destinos que a éstos se les ha dado, que las siguientes. En un oficio de 30 de Junio de 1807, del Gobernador Intendente don Toribio Mon tes, a los ministros, dice aquel jefe que el arbitrio tomado desde el mes de Agosto de 1805 de exigir una gratificación o donativo voluntario a los con signatarios o capitanes de buques americanos que por su propia conveniencia y utilidad solicitasen pa sar a otros puertos de la Isla a vender las harinas que no eran necesarias en la plaza, había producido 13,191 pesos 2 reales, previniendo a dichos señores rebajasen de esta cantidad los 4,273 pesos que ha bían percibido los escribientes ocupados en la Con taduría en el trabajo que se había aumentado con motivo de la guerra, y que los restantes 8,919 pe sos 2 reales se entregasen al Reverendo Obispo, además de 6,000 pesos que ya había mandado se (2)
Memorias, tomo 2’, pág. 12.
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tuviesen a su orden, para que con estas dos canti dades diese principio a la fábrica y establecimiento de una casa de recogimiento contigua al hospital.” “A consecuencia de solicitud del Cabildo Ecle siástico sobre que los productos del impuesto de dos cuartos en libra de pan cocido se destinarán a la fábrica de la Iglesia Catedral, se expidió Real orden en 7 de Noviembre de 1812, por la que la Regencia del reino resuelve se lleve a debido efecto la orden de las Cortes generales y extraordinarias de 2 de Septiembre de 1812, practicándose la cobranza de dicho impuesto con relación a cada libra de harina del tiempo de su importación, llevándose por sepa rado la cuenta de los ingresos con expresión del día en que se haya empezado la exacción para fijar con la debida exactitud el cese de la gracia, cuando llegue el tiempo prefinido por S. M- en la orden ci tada, y en lugar de una nota puesta y rubricada por los ministros de Real Hacienda en el cuaderno de cargos de dicho impuesto, contraida a manifes tar que no habiéndose pasado para la correspon diente toma de razón la expresada orden de las Cortes de 2 de Septiembre de 1811, el Gobernador había asegurado al Contador que la gracia que com prende aquélla es por el tiempo de cuatro años, constando del indicado cuaderno que la exacción empezó el día 3 de Febrero de 1813." “De lo expuesto se colije que el impuesto de los dos cuartos sobre cada libra de pan en su principio, y últimamente sobre la harina, debía exigirse a la que se introduce de norte América, y los capitanes de propia conveniencia solicitaban pasar a otros pueitos de la Isla para venderla; que sus productos 71
se destinaban y destinaron hasta el año de 1809 a la fábrica y establecimiento de «¡na Casa de reco= gidas contigua al hospital, y que por virtud de la antedicha Real orden los expresados productos de cuatro años que debían espirar en Febrero de 1817, se destinaron a la fábrica de la santa Iglesia Cate dral contigua, cobrándose como si fuese una contri bución desde su principio a beneficio de aquélla; que no aparece la casa de mujeres recogidas para cuyo establecimiento se instituyó el impuesto, y úl timamente que no se evidencia si la exacción debía cesar luego que se construyese la casa propuesta, o continuar para sostener el establecimiento.” “Esta noticia, adquirida con otras por el autor de esta Memoria de la Contaduría mayor de la Isla, la hallo inexacta, y confundido el derecho o im puesto de Catedral, con el arbitrio para Casa de recogidas. Tiene entendido que el Gobierno Supremo concedió al Cabildo- Eclesiástico el arbitrio de dos cuartos sobre cada libra de pan, por el térmi no de dos años, para la fábrica de la santa Iglesia Catedral, y que recibió del comisionado del Cabildo el todo o la mayor parte del producido; LE CONSTA QUE EL GOBIERNO DE LA ISLA CONSTRUYO CON EL PRODUCTO DE DICHO IMPUESTO LA HERMO SA CARCEL QUE HAY EN LA CAPITAL; y también tiene entendido se concedió la gracia de otros dos años para la fábrica de la referida Iglesia, ignorando si se llevó a efecto la entrega del producto. Lo que sí sabe es, que la Real Hacienda ha percibido cons tantemente dicho impuesto e invertídolo como otros ramos en las atenciones de la Isla. En cuanto a que el derecho ha debido cobrarse sólo en la Capi
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tal, no halla razón en lo que dice la Contaduría, pues cuando se estableció el impuesto fué sobre las harinas que de ella se extraían para el resto de la Isla, y porque una casa de recogidas y la Catedral son establecimientos que deben pesar sobre la pro vincia; y como se establecieron después varias aduanas en éila, en todas ha debido hacerse ¡a exacción. Lo que sí sería justo es, que completada la gracia a la Santa Iglesia de los cuatro años, re bajándose el tiempo que la haya disfrutado, cese el referido impuesto como temporal.” “Por Real orden de 2 de Octubre de 1829 se li berta a la harina española de este derecho, y se debe tener presente la Real orden de 7 de Noviem bre de 1830, y decreto de la Intendencia de 27 de Enero de 1831, citado ya varias veces.” (1) Un edificio construido por el Gobierno y con el producto de su arbitrio como el de las harinas, que gravó a toda la Isla en general, no puede decirse que es propiedad exclusiva del Ayuntamiento de la Capital, que tampoco ha podido ganarlo por pres= cripción, cuando, desde el momento en que fué términado, hasta el día, ha venido usándose en común por todos los pueblos de la Isla como Cárcel de ca becera de partido judicial y de Audiencia o provin cial. Respecto a la doctrina que sienta el Ayuntamien to de que los bienes de los Municipios no pueden (1) Memorias sobre la administración de Puerto Rico por Córdova pág. 138. No debe confundirse esta Memoria, impresa en Madrid el año de 1838 con la Memoria del mis mo autor impresas en Puerto Rico.
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prescribirse, aunque en general es inexacta, se con vierte en un arma de dos filos que puede herir al mismo que la esgrime. El Ayuntamineto de la Ca pital no puede entonces alegar la prescripción con tra los Municipios segregados después de construi da la Cárcel en cuestión, ni contra la Isla entera que contribuyó a su edificación. No son prescrip tibles, según nuestras leyes, las plazas, calles, ca minos, dehesas, ejidos y demás lugares que tienen los pueblos para el uso común desús vecinos; psro las cosas del patrimonio de las ciudades o villas, esto es, aquéllas cuyo producto sirve para el bene ficio común, como v. gr. para la construcción o reparo de muros, puentes, fuertes u otras obras pú blicas, o para salarios de Corregidores, u otros em pleados, sin que ninguno de los vecinos pueda usar de éllas en particular, se prescriben por el tiempo de cuarenta años, bien que se puede pedirse por las ciudades o villas la restitución in integrum du rante cuatro años después de los cuarenta. (2) No dudamos que S. E. el Gobernador General, cuya rectitud e imparcialidad son notorias, no resol verá esta cuestión sin traer a la vista los antece dentes que sobre la construcción de la Cárcel por el Gobierno y con fondos generales deben de existir en la Secretaría del Gobierno General y en las ofi cinas de Hacienda. La Excma. Deputación Provin cial y los pueblos interesados en esta cuestión de ben oponerse a las pretensiones del Ayuntamiento de esta Ciudad, que seríamos los primeros en apo yar si las creyéramos fundadas, pero que por los (2)
Diccionario de Escriche.
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datos que hemos hecho referencia no las tenemos por justasRespetamos las intenciones de la excelentísima Corporación, que desea mejorar la condición moral y material de los presos; sacar del centro de la Ciudad un establecimiento que desdice de nuestra cultura, y por último darle una útil y benéfica aplicacción al local de lo que hoy es Cárcel; pero nos otros siempre sobrepondrémos lo justo a lo Útil, porque los fines no justifican los medios. Publicado en “El Agente” de 23 de julio 1380. LA LEY DE IMPRENTA
Nuestro colega el Boletín Mecantil, al ocuparse de un folleto que trata de la situación de Jamaica, concluye su artículo con este notable epárrafo: “El indicado folleto trae por apéndice otras cartas que dan mucha luz sobre la manera mejor que creen los hacendados jamaiquinos de organi zar el trabajo libre. Pero si bien en la Gaceta 110 se ha publicado, que sepamos disposición alguna prohibiendo tratar de esta cuestión aquí, ni se nos ha comunicado nada en este sentido, tenemos en tendido que a un colega se le ordenó en tiempo del general La Portilla que no escribiera sobre esta, cuestión. Más tarde el general Laserna declaró que solo quedaba vigente el decreto sobre imprenta de Marzo de 1875. Así es que en realidad no sa bemos a qué atenernos sobre este punto que el go bierno debe tener interés en que se discuta. Por eso, temiendo invadir el terreno vedado, no sin pe sar, nos abstenemos por hoy de trasladar a nue? 75
tras columnas los indicados documentos de nues tros vecinos de Jamaica. La verdad es que la le gislación de imprenta que nos rige es por demás confusa y deficiente, y es de esperar que el ilus trado gobernante que nos rige se dignará aclararla, a fin de que se coloque la prensa en un círculo me nos reducido en que moverse.” Se contrista el espíritu al leer estos pensamien tos que dan una idea lastimosa de la situación del periodismo en Puerto Rico, que arrastra una vida de dolores desde el año 1874, en que fueron suspen didas las garantías constitucionales. “El fin de las leyes, dice Bentham, es dirigir la conducta del ciudadano, y para que esto se verifi que son necesarias dos cosas: 1’ Que la ley sea clara, esto es que ofrezca al entendimiento una idea, que represente exacta mente la voluntad del legislador: 2’ que la ley sea concisa para que se fije fácilmente en la memoria. Claridad y brevedad son pues sus dos cualidades esenciales.” Nuestra ley de imprenta, o mejor dicho los de cretos que sobre ella rigen, son un caos. No se sa be cuál es la parte que está vigente, ni cuál la de rogada. La censura previa no existe en el texto legal, y sin embargo la tenemos en la práctica, co mo el hilo salvador de Ariadna que sólo puede sa carnos de tan confuso laberinto. Lo que dice el Boletín en las palabras que copia mos, lo ha repetido el mismo periódico cien veces y otras cien lo ha proclamado en coro toda la prensa de la provincia, inclusos nosotros. Cansados esta mos todos de pedir al Gobierno General que nos sa76
que ele tan lamentable situación. Pero creemos hoy que equivocamos los fines y los medios. Con lealtad y respeto io decimos. No es el medio más acertado de normalizar la situación de la prensa periódica seguir pidiendo, como erra damente hemos pedido hasta aquí, que el Goberna dor General legisle sobre imprenta, ni sobre otra otra alguna materia. El poder legislativo corres ponde a las cámaras y a S. M- el Rey, y tiempo es ya de que Puerto Rico entre en el concierto de las demás provincias españolas. Preferimos la situa ción que hoy soportamos a que el Gobernador legisle sobre imprenta. El remedio está en otra parte. Creemos que lo que cumple a nuestros intereses y a los de la pa tria común, es que, puestos de acuerdos todos ios Directores de periódicos, se dirija una respetuosa exposición a las Cortes pidiendo una ley de impren ta. Una iey por restrictiva que sea, pero ley clara y terminante. Así sabremos los periodistas cuales son nuestros deberes y cuáles nuestros derechos. No marcharemos entonces como hoy, llenos de te mores y a ciegas. Desde que se toma la pluma pa ra escribir un artículo de periódico, se duda del acierto, porque la buena fortuna del escrito para que circule después de impreso, depende más de la particular idiosincracia del Sr. Censor (hablamos con respeto) que de los textos de los diferentes de cretos que aquí tenemos como leyes. A las Cortes y al Gobierno de Madrid debemos dirigirnos con premura, pues esta situación es in sostenible. La cuestión urge porque es de vida o muerte. No pidamos ley liberal y ámpliá como la
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apetecería la mayoría del país. Pidamos solamente una ley; y aunque sea draconiana... Pero no, en el siglo XIX y bajo un sistema constitucional no pueden dictarse leyes como las de Dracón. El pen * sarlo sólo sería una ofensa a la civilización y reti ramos la palabra, hija tal vez del despecho que engendra la desgracia y que nos hace a veces ser in justos. De Madrid podrá venir una ley conserva dora, pero no injusta; y sea cual fuere su sentido, ha de ser siempre mil veces preferible a lo que hoy tenemos, que en realidad no es otra cosa que el criterio ilustrado del Censor, pero que siempre es el criterio de un hombre solo que puede engañarse y engañarnos. Proponemos a todos nuestros colegas que se co misione al Director del Boletín Mercantil, Don José Pérez Morís, por ser este periódico el Decano de nuestra prensa, para que dicho Sr. redacte dos bre ves y sentidas exposiciones; una dirijida al Congre so y otra al Sr. Ministro de Ultramar, en nombre de todos los Directores de periódicos de la Isla, en cu yas exposiciones ;n color ni carácter político, se pida sencillamente una ley que normalice la situa ción de la prensa en Puerto Rico. Al propio tiempo debe redactarse una carta co lectiva para nuestros representantes en las Cortes, que se insertará en todos los periódicos con las ex posiciones; cuidándose los respectivos Directores de remitir un ejemplar del número en que lo hagan a cada uno de los Diputados por Puerto Rico. No dudamos que las exposiciones, cursadas por conducto de nuestro digno Gobernador, serán por éste informadas favorablemente; pues notoria es la 78
ilustración y amor a las letras y a la justicia que adornan a uno de los gobernantes más ilustrados que han venido a Puerto Rico. Ningún hombre sa bio, como S. E. el general Despujol, puede aborrecer la prensa, ni quererla encadenada; sino que sujeta al benéfico y suave yugo de la ley, trabaje por la ventura del país, difundiendo la instrucción v las luces y dándole a conocer al pueblo sus derechos y sus deberes, todos sagrados, todos obligatorios pa ra el hombre civilizado; porque la idea del deber se completa con el derecho, y ninguna que desconozca sus propios derechos puede cumplir los deberes que las leyes divinas y humanas le imponen. Suplicamos a nuestros colegas que mediten so bre nuestras razones, y que si las creen justas y aceptables, no tardemos un solo dia en poner por obra tan necesaria y útil empresa, sin olvidar aque llas divinas palabras: pedid y se os dará: llamad y se os abrirá. (Publicado en “El Agente” en 17 de Agosto de 1878.) LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD
Cuando el informativo de 1867, recordamos per fectamente la mala impresión que causó el haber pedido nuestro amigo e¡ Sr. D. José Julián de Acos ta y el Sr. D. Segundo Ruiz y Belvis, la abolición de la esclavitud en Puerto Rico inmediata, con in demnización o sin ella. Graves disgustos les pro dujo a ¡os dos comisionados, la actitud que toma ron en tan importante cuestión. El partido reformista siempre defendió la abo
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lición inmediata, y e! conservador, que no la rechaZ’iba en principio, porque no podía rechazaría en mitad de! siglo XIX, ia quería gradúa!, opinión a que se inclinaban algunos reformistas, cosa que no hemos de negar, porque somos amantes de la Buena fé. Es decir, que los dos partidos que com batían en esta Isla, estaban divididos en tan grave cuestión, más por la forma y modo de hacer la abolición, que por el fondo de la cosa. Las ideas reformistas triunfaron y se hizo la abolición inmediata, objeto de dura crítica por par te de nuestros adversarios, y de lamentos para al gunos que todavía suspiran y vuelven los ojos ha cia las ollas de Egipto. Han pasado los años, y con el tiempo se cal man las pasiones, los hechos se eclaran y la verdad se abre paso y recobra por completo su imperio, que en vano se ha tratado de disputársele. Nadie niega hoy que la abolición inmediata fue bien hecha, y que no pudo hacerse de otra manera mejor. Hace años que hablábamos con un reformista exaltado, materialista por más señas, el cual nos decía: “no estoy con ustedes por lo que toca a la abolición inmediata.” ¿Y por qué razón, le con testamos?—Porque apenas se les dé suelta a esos negros ignorantes, abandonarán el trabajo y ten dremos partidas de bandidos por nuestros campos. Así exageraba los peligros la imaginación, hasta en aquellas personas decididamente partidarias de la libertad del esclavo; pero la piedra de toque de la experiencia vino a dar la razón al partido refor mista, y, con orgullo lo decimos, en ningún país 80
del mundo se ha hecho la abolición más pacífica mente y con más orden que en Puerto Rico. De aquí nace que los mismos prohombres del partido conservador han modificado sus opiniones, y reconocen que la abolición inmediata es la más ventajosa. Buena prueba de lo que decimos es el general *Sanz, cuya política como Gobernador de Puerto Rico hemos combatido, pero que en el caco presente no podemos menos de hacerle justicia, y se ia hacemos gustosos, porque nosotros gozamos en darle un aplauso merecido al adversario que he mos combatido lealmente. Copiémos de El Tribuno” diario democrático: ‘“La vez primera que nosotros oímos que era materia de debate, a los ocho años largos de estarse cumpliendo, la ley preparatoria para la abolición do la esclavitud, dicha comunmente ley-Moret, fue hará cosa de tres meses, cuando el señor ministro de Ultramar tuvo a bien invitar a una conferencia a los señores diputados y senadores de Cuba y Puerto Rico. Si nuestras noticias no son equivocadas, el Sr. Albacete expresó en aquella reunión su deseo de conocer en globo el espíritu y tendencias que entre los representantes de las dos Antillas reinaba, res pecto de los problemas ultramarinos. Naturalmen te el primero que se abocó fué el de la esclavitud, y esta fué ocasión para que un señor diputado de Cuba—creemos que de Pinar del Rio—después de ponderar la regalada vida de los negros esclavos, y de aducir en prueba de su tésis el dato de que en la isla al cabo del año morían más libres que siervos, concluyó por insinuar la conveniencia de
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no pasar la ley de 1870, toda vez que en esta se hallaban los medios de que la esclavitud conclu yera, o por manumisiones parciales, o por entrar los negros en los sesenta años, o por muerte de los esclavos. Tan singular opinión chocó abiertamente con la del señor ministro de Ultramar, que no podía olvidar que el Artículo 21 de la ley de 1870 ofrece de un modo preciso e indudable otra ley definitiva de abolición, para los que después de aquella toda vía permaneciesen en servidumbre al tiempo de con currir a las Cortes los representantes de Cuba. La única condición que el artículo 21 pone, es la de que la abolición sea indemnizada. Y aún creía más ei señor ministro; creía que el art. 21 citado prometía una ley de abolición inmediata y simultánea. Con el Sr. Albacete opinaron los diputados li berales cubanos, y en pró de la abolición inmediata se manifestaron los diputados y senadores conser= vadores de Puerto Rico, donde la experiencia se ha hecho con un éxito felicísimo y celebrado fuera y dentro de España por amigos y adversarios. El general Sanz, sobre todo, apoyó resueltamente es ta solución.” Es tanto más plausible para nosotros esta ac titud de los conservadores puerto-riqueños y mu cho más del general Sanz, cuanto que ésto prueba que los reformistas no éramos utopistas exaltados, inquietos, ni anti-españoles, cargos que diariamente nos hacía la prensa conservadora, cuando pedíamos la abolición inmediata. Estos y otros hechos semejantes vienen a poner en claro cuan equivocados andaban los que consi-
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doraban utópicas e irrealizables las doctrinas del partido reformista, que poco a poco van siendo ad mitidas por los que con más empeño las combatían. Al fin vendremos todos a parar en que las solucio nes liberales, para la política antillana, son las más prácticas y fundadas. El absolutismo es un árbol seco que no puede dar fruto, aunque se coserva incorrupto; el doctrinarísmo conservador, es una cosa peor, es un árbol muerto y podrido. Publicado en EL AGENTE. Puerto-Rico, Octubre 28 de 1879.
ESTUDIOS HISTORICOS
LA COMPAÑIA DE JESUS.
ARTICULO PRIMERO. INTRODUCIOS
Si no eres de Voltaire, eres de Ignacio: Incrédulo has de ser o jesuíta, Entre los dos extremos no hay espacio.
José Joaquín de Mora. ‘‘¿Qué hombre cristiano y cuerdo hay, que vien do en estos miserables tiempos una obra tan seña lada como es la de la mano de Dios, y una religión nueva plantada en su Iglesia en nuestros días, y extendida en tan breve tiempo y derramada casi por todas las provincias y tierras que calienta el sol, no desee siquiera saber como se hizo ésto; quién la
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fundó, qué principios tuvo, su discurso acrecenta miento y extensión, y el fruto que de élla se ha sacado?” (1) Sí al nacer la Compañía pudo con razón, uno de sus más ilustres hijos y de nuestros mejores hablistas, el P. Rivadeneira, hacer una ob servación tan atinada ¿con cuánta más justicia no podemos decir hoy, que no hay espíritu pensador y filosófico que no deba estudiar e inquirir lo que es la famosa Compañía de Jesús, organismo fuerte y ba tallador, joven y lleno de vida, fenómeno de sumo interés en la moderna Historia? Más útil y conveniente que ridiculizar y hasta calumniar la Compañía, es conocerla, estudiarla a fondo y saber tener conciencia de lo que se trata. No tenemos nosotros la pretensión de acometer tan alta empresa; lo que deseamos y queremos es llamar a la juventud estudiosa hacia la buena senda, pu blicando algunas noticias sobre la Compañía, a fin de que sirvan de estímulo para que otros más afor tunados y que posean libros y datos, de que care cemos por desgracia, hagan estudios de mayor tras cendencia sobre esa orden religiosa. No irémos a buscar datos ni noticias en los es critores conocidamente desafectos a la Compañía, ni nos dejaremos dominar por el espíritu de partido o de escuela, para repetir la centésima vez ata ques vulgares. Procurarémos ser imparciales en cuánto serlo podamos, y escribir con recta probidad literaria, que poco nos halaga el papel de tribunos y mucho nos importa la reputación de hombres de bien. Los que deseen oir injurias crueles contra (1) Rivadeneira, Vida de San Ignacio
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la Compañía, o elogios inconscientes y desmedidos, no nos lean, porque desde ahora ¡es decimos que no han de encontrar lo que buscan. Estos artículos serán una serie de cuadros, que contribuirá a amenizar nuestro periódico y a ins truir al pueblo, y particularmente a la juventud que tanto amamos, dándoles algunas noticias históricas tocantes a la Compañía: para ¡os sabios no escri bimos, porque a éstos nada podemos decirles de nuevo. Se notarán huecos, lagunas y hasta cierta in conexión en estos estudios; pero téngase muy en cuenta que el periódico es una hoja llamada a morir el mismo día que nace, y por lo tanto procuraremos que cada artículo quede completo y surta su efecto, sin necesidad de relacionarlo con otros. Si carece de interés nuestro trabajo, culpa será da I?. poca hibiiidad con que escribimos, que eí asun to de suyo es grande, de trascendencia suma y sobre todo de actualidad. La Compañía vive y lucha en todo el mundo civilizado. Porque lucha y es fuer te; merece todas las simpatías del articulista; siem pre hemos admirado los grandes carácteres y bata lladores por temperamento, aunque hombres pací ficos, de orden y legalidad por convicción y por há bito, no podemos mirar indiferentes ese raro fenó meno, por el cual los hijos de Ignacio son en tedas partes perseguidos. Si no fuéramos lo que somosnos gustaría ser jesuítas. Cuenta una piadosa tradición, que al santo fun dador le concedió el Altísimo que pidiera una gracia y le sería concedida. Dicen que Ignacio solicitó |r- de que sus hijos fueran siempre perseguidos y
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molestados en todas partes, io que equivalía a pedir que vivieran piadosamente, porque según dice San Pablo en el capítulo 2’ de su 2’ epístola a Timoteo y lee la Iglesia el día de San Ignacio, todos aquéllos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, pa= decerán persecución. La gracia ofrecida no podía ser denegada, y asi explican algunos ese pontínuo chocar de los hijos de Ignacio con las supremas potestades, y esa vida de trabajo y de lucha, que parece ser su estado normal. Repetimos que tenemos la pretensión, quizás vana, de ser justos con la Compañía, en cuanto lo permitan nuestros escasos conocimientos literarios y las debilidades de nuestro corazón; porque una triste experiencia nos enseña que no siempre las obras del hombre son hijas legítimas de los buenos deseos, que a veces la pasión nos extravía y sole mos adorar como una virtud lo que es un vicio en mascarado. Contra los que desean la difamación de la Compañía de Jesús, ni tenemos que defendernos, ni que resistirnos. Nuestros sentimientos naturales nos apartan, sin esfuerzo, de estos excesos conde nados por todos los hombres de bien, en el mundo entero. ¡Vías cautos tenemos que ser contra esa nueva escuela de católicos intransigentes o rigoristas que prohíben tratar públicamente de los defectos del clero. Nosotros creemos que la Iglesia Católica, madre de la verdad, no necesita que se falsifique la His toria en su provecho. Los que practican tales mis tificaciones y las juzgan indispensables, son los ma-
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yores enemigos del Catolicismo. Yo soy la verdad y la vida, decía el Divino Maestro. Sus verdaderos discípulos jamás han necesitado, ni necesitan para defenderse, no digamos de la mentira, pero ni si quiera de ocultar la verdad de los hechos que son públicos. Aquí, vienen muy a pelo las siguientes reflexio nes, con que un distinguido escritor de La Revista Contemporánea de Madrid, el cual firma X, bajo cu ya letra sospechamos que se oculta el nombre de un sacerdote ilustrado, combate este espíritu de in transigencia religiosa. El Siglo Futuro acusó al señor Pidal y Mon de que había combatido a las órdenes religiosas. El señor Pidal y Mon, no hizo otra cosa que reprodu cir, en 1867, los argumentos de los adversarios de las órdenes religiosas para desvirtuarlos, y conve nir en que no todos los religiosos fueron Santos y que algunos dieron escándalos. Presupuesto lo que acabamos de decir, óigase a la Revista citada. ‘“¡Qué lógica! ¡Cuánta y cuán profunda igno rancia! ¿Cree El Siglo Futuro que la verdad se defiende con mentiras? ¿Se figura que para de fender a los frailes hay obligación de afirmar, sea o no cierto, que todos fueron santos? ¿Qué apo logistas católicos servirán de modelo a El Siglo Fu= turo? “¿Será San Ambrosio? No, porque este Santo Doctor, al hacer constar que la Sagrada Escritura recuerda los vicios y errores de los Patriarcas y Santos del antiguo Testamento, asegura que esto convenía para que viésemos “que estos justos llega ban a la perfección, no por ser de una naturaleza
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superior a la nuestra, sino porque se esforzaban más que nosotros para observar la ley divina; no porque no conociesen los vicios, sino porque procuraban corregirlos y dominarlos” (1) ¿Será modelo de Ei Siglo Futuro el cardenal Paliavicini, historiador, y a la vez defensor, inmortal del Concilio de Trento? Tampoco, porque este tan insigne crítico, al contestar a los que le acusaban de haber dicho muchas veces verdades no poco amargas, dice que el historiador, no es panegirista y sostiene muy de propósito, que, cuando se trata de vicios o errores, que son del dominio público, nada se pierde con no intentar disimularlos y se gana bastante con comenzar reprobándolos y recha zando toda su responsabilidad. Así, y sólo así, es como se quitan armas a los enemigos y calumniado res de la Iglesia’. (2) “En fin, para no prolongar demasiado esta enu meración, si el modelo de El Siglo es n’ San Ambrosio, maestro de San Agustin, ni Paliavicini, impugnador de Fra Paolo, ¿lo será por ventura el cardenal Pacca? Menos aún. Por el contrario, este tan célebre cardenal, tan erudito y tan celoso defensor de la Santa Sede, después de alegar las ra zones que había tenido para censurar a los religio sos, sacerdotes seculares, obispos y hasta miembros dél Santo Colegio que se habían hecho dignos de (1) Ut cognoscamus, ¡líos non natur praestantioris fuisse, sed observavtioris; nec vilia neicisse, sed enmendasse, Lib. Santo Joseph. (2) Cardenal Paliavicini, Carta de 2 de Marzo de 1658, dirigida al Marqués de Durazzo.
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censuras, dice que “como ia verdad, tarde o tem prano,siempre llega a conocerse, lo mejor es decirla pronto y con sinceridad (3)” “Si no basta esto a El Siglo Futuro, lea a Cal mes, El Protestantismo comparado con el catolicis mo, tomo 1’, al tratar de si al nacer el protestantis mo había o no necesidad de una verdadera reforma. Y por si aún no queda satisfecho, consulte las CrÓ= nicas O Historias ele las órdenes religiosas refor madas, y ya verá como son muchos, muchísimos los historiadores eclesiásticos que, intentando de fender las órdenes monásticas y defendiéndolas, han dicho bastante más que el señor Pidal. Si El Siglo Futuro ignora esto, la culpa será sólo de quien osa entrar en materias, en las cuales es de todo punto incompetente.” “Pero examinemos la cuestión bajo otro aspec to. Lutero, el fundador del protestantismo, era fraile agustino.” “Campanella, el filósofo visionario, antitomista y no sabemos si también sensualista y racionalista, todo a la vez, era dominico. A la misma ínclita orden pertenecían Natal Alejandro, el historiador regaüsfa por excelencia, y el P. Mas, rigorista de los tiempos de Cárlos III, que no se cansaban nun ca de escribir y declamar contra los jesuítas, lla mándolos peregrinos, corruptores de la moral y hasta maestros de regicidio." “Fra Paolo, el enemigo rencoroso de la Santa (3) Memorie de Storiche, parte 3’, edición de Roma, 1830, pag. 262.
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Sede y calumniador sistemático del Concilio tridentino, era servita.” “Norbert, tan tristemente célebre, por el satá nico empeño con que procuraba calumniar y des prestigiar a la Compañía de Jesús, y Chabot, el te rrorista cruel e inmundo de fines del siglo pasado, eran capuchinos.” '< “Gavazzi, el tan famoso y desdichado Capellán de Garibaldi, era bernabita.” “El P. Jacinto, que tantos escándalos ha dado en Ginebra, y está dando ahora en París, es car melita.” “En fin, Raynal, el filósofo enciclopedista, Pasaglia, que tanto trabajó contra la Santa Sede, des de 1859 hasta 1865, y Curci, que tanto afligió a Pío IX en los últimos años de su vida, fueron todos miembros de la Compañía de Jesús.” “Y, ¿cuál ha sido la conducta de todas estas órdenes religiosas, con todos estos perversos y de generados hijos? ¿Han intentado ocultar sus crí menes? Por el contrario, ¿nó los han rechazado como se rechaza a los apóstatas?” "Si, pues, el marqués de Pidal dijese mañana: “Es verdad que Lutero fué Agustino; pero en la orden de S. Agustín no hay Luteros”, ¿daría por esto motivos para que se le tuviese por enemigo de las órdenes religiosas? ¡Cuánta ceguedad en El Siglo Futuro! “Y aún hay más. Cretinean-Joly, tan erudito y tan ardiente defensor de la Compañía de Jesús, comprendiendo que en vez de ganar, se pierde mu cho con negar lo que no puede negarse, comienza por confesar que es completamente cierto que el 90
día 19 de Diciembre de 1761 los jesuítas franceses declararon solemnemente y por escrito, que acep taban las cuatro famosas proposiciones de la igle sia galicana, llegando hasta el extremo de prome ter “que en las cátedras de teología, tanto públi cas corpo privadas, enseñarían la doctrina estable cida por el clero de Francia en las cuatro proposi ciones de la Asamblea de 1682, y que si, lo que Dios no permitiese, el general de la orden les man daba algo contra esta doctrina ellos no le obede cerían, considerando como nulos sus manda tos.” (4) “Y Cretiean-Joly, historiador y panegirista de la Compañía de Jesús, no sólo confiesa esto, sino que, a continuación sin el más leve reparo, añade, que esta declaración “fué una debilidad moral que con nada podrá repararse.” (1) Con el fin de acabar de ilustrar a El Siglo Futuro le recordaremos otro hecho. “El cardenal Pacca, acaso el jefe de todos los zelanti y antiliberales de su tiempo, refiriéndose al Breve Dominus et Redemptor, que suprimió la Compañía de Jesús, dice que “las mismas personas amigas y devotas de aquella orden célebre, atri buían, en gran parte, su caída y destrucción, a la culpa del general Ricci y de los Asistentes generales de aquel tiempo, exclamando con frecunecia: ¡Ah! Si al frente de la orden se hubiese encontrado un Lainez, un Acquaviva o un Tamburini, o si entre (4) Clemente XIV et les jesuites, cap. 2’., edición de 1848 pags. 317 y 118. (1) Memorie Storiche. Part 1’ pag. 7.
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los Asistentes generales hubiese habido un Fabri u otro de igual actividad y prudencia, acaso hubiera podido evitarse este triste suceso. ¿Quién sabe si la grande inteligencia de estos hombres hubiese ;.odido encontrar medios de conjurar la tempestad, cab mando el furor de los soberanos contra ¡a Compa= nía y librando al Papa del conflicto en gue se veía?” (2) 0 .. “Esto no lo dice un liberal; lo dice el carden?1 Pacca, esto es, el cardenal zelaníe, el autor de I? Bula de excomunión contra el ejército francés, que ocupaba a Roma, el primer ministro de Pió Vil, el que mereció acompañar a este santo Pontífice, cuan do el general Radet lo llevó preso a Francia, el que por su fé, cu firmeza y su lealtad, después de oa sar algunos años encerrado en Fenestrelle, en lo más alto de los Alpes, estuvo desterrado bastante tiempo en Usez, cerca de los Pirineos, el que en fin, léjos de ser enemigo de los jesuítas, se gloria de haber contribuido, como ministro de Su Santi dad, a que revocara el Breve de Clemente XIV con tra la Compañía de Jesús.” “Y, por otra parte, ¿qué pierden los jesuítas con que se digan estas cosas? La gloria de la Com pañía de Jesús consiste, no en que se suponga fal samente que todos sus miembros son sabios y san tos, sino en que todo el mundo vea y diga con ver dad, que los jesuítas, que son también hijos de Adán, en igualdad de número y circunstancias, gra cias a sus Constituciones y a su disciplina, tienen más santos y más sabios que cualquiera otra socie(2) Elle constatait une faiflesse morale que ríen reche terail. Lugar citado pág. 113 hacia el fin.
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clac!, cuyas Constituciones no sean tan perfectas, y cuya disciplina no sea tan severa.” “Pero se dirá acaso: “¿No sería más conve niente callar estas cosas? Si son públicas, nó: porque el silencio sería inútil y además nocivo Inútil, porque como lo que es público, no puede dejar de ser público, el escándalo nunca se podría evitar, y nocivo, porque el empeño en ocultar lo que no puede ocuitarse, dar a motivos para que se decla mase contra las órdenes religiosas, y aún contra la Iglesia, suponiendo en unas y otras complicidad y responsabilidad. Por esto, en casos parecidos, lo mejor y lo único conveniente es confesar franca mente y pronto la verdad, y reprobar y condenar el crimen, sea quien sea y llámese como se llame el criminal." Sirvan estas justas y atinadas reflexiones de contestación anticipada a los cargos que espera mos de los rigoristas. Hay hombres que quisieran, como vulgarmente se dice, tapar el cielo con la ma no, y que, a semejanza de los pequeñuelos, les parece que cerrando ellos los ojos nadie los vé.
UN CATOLICO. CENSOS DE POBLACION DE LA ISLA DE PUERTO RICO-, FORMADOS EN VARIAS EPOCAS Años
Habitantes
1,765 — 1,778 — 1.782 — 1.783 —
44,883. 66,000. 81,120. 87,994.
Años
Habitantes Años
1,791 — 112,712. 1,792 — 115,557. 1,793 — 120,022. 1,794 — 127,133.
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Habitantes
1,802 —163,192. 1,803 —174,902. 1,812 —183,014. 1,815 —220,892.
1.784 — 91,845. 1.785 — 93,300. 1.786 — 96,233. 1.787 — 98,877. 1.788 — 101,378. 1.789 — 103,051. 1.790 — 106,679.
1.795 — 129,758. 1.796 — 132,982. 1797 — 138,758. 1.798 — 144,525. 1.799 — 153,232. 1800 — 155,426. 1,801 — 158,051.
1,817 — 221,772. 1,820 — 230,622. 1,824 — 261,268. 1,827 — 287,673. 1.829 — 321,661. 1.830 — 330,051. 1,834 — 358,836.
ESTADOS NECROLOGICOS Casados Años Muerfos Nacidos 1,823 ---- ------ 15,755 —------- 5,900 —------- 2,286 1,824 ---- ------ 14,560 —------ 6,799 —------- 1,882 1,825 ---- ------ 14,082 —------ 8,224 —------- 1,554 1,826 ---- ------ 14,196 —------- 8,825 —------- 1,798 1,827 ---- ------ 15,769 —------- 8,361 — ------- 1,907 1,828 ---- ------ 14,327 —------- 3,285 —------- 1,533 1,829 ---- ------ 15,400 —------- 8,620 —------- 1,908 1,830 ---- ------ 15,272 ——— 8,158 —------- 2,203
HISTORIA DE LA CONTRATACION PUBLICA Marzo 8 de 1867. Noticias interesantes sacadas de los protocolos del pueblo de Toa-Alta. Legajo N’ 1’ contiene documentos de los años 1,737, 75, 76, 82, 83, 84, 85 y 87. El primer documento que apare ce es una escritura de venta de terrenos otorgada a José Raimundo Pérez a favor de Juan Pérez de la Cruz, ambos vecinos de Puerto Rico y moradores de Toa-Alta, como se titulaban entonces. El papel no tiene las armas reales, siendo el sello, al pare cer formado de carácteres movibles de imprenta, se forma un círculo tosco compuesto de circunfe rencias concéntricas, con unos adornos en forma de
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línea ondula entre los anillos: entre el círculo dice Pto. Rico. Año 1783. Sello 3’ el último número del año y el que marca el sello son manuscritos: en años sucesivos se ve usar el mismo sello poniendo otro número, según el año: por no tener el trabajo de tirar y retirar en la imprenta se ven los dos se llos, del papel por un mismo lado, según se usaba por aquellos tiempos. A cada hoja le marcan como precio un real, con letra de mano, es decir la mitad de lo que hoy vale el mismo sello. Es de sospe char que este papel se timbraba en la misma Isla. La escritura está fechada en 6 de Febrero de 1783 escrita toda de letra del testigo Sebastián de Torres, que firma a ruego de los otorgantes: también fue ron testigos José Claudio y Cayetano Marrero: au toriza el documento Don Diego García Pagán, Te niente a Guerra, por falta de Escribano peo. y Real. En ella se nombra la quebrada Escacha, (hoy Es cache) y el río Mucarabones. En Toa-alta a quince de Enero de 1787 D. Ca yetano Cabrera compra a Doña Micaela del Valle, una estancia en esta Ribera y sitio de la Boca de la Quebrada, colindante con Vicente Ojea, Fran cisco Estrada, Polonia Hernández, José Arroyo, Jo sé de los Reyes. En todas las escrituras de aquel tiempo se observa la frase: cuya estancia la vendo al uso dejando la propiedad de la tierra a favor de S. M. a quien pertenecía. Aparece gravada con 379 pesos a favor del Rl. Convento de Predicadores. Letra de Vicente Montes testigo con Andrés Fran cisco de la Cruz y Domingo de Rivera; firma D. Ca yetano Cabrera, el Montes y el Tente, a Grra. D. Tomás Daza. Anotador de hipotecas D. José Anto-
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nio de Tovio, Doña Micaela del Valle viuda de D. Manuel Rodríguez Román. Aparece una escritura desde fojas 5 visto hasta fojas 7 vuelta tachada y excluida del índice forma do en 1838 por el Alcalde Don Lorenzo Cabrera, los documentos parece que andaban sueltos y en de sorden hasta 1838, que se formuló el índice. '¿Quién tachó esta escritura y por qué? Está autorizada por el Tente, a Grra. Daza, y firmada a ruego de los otorgantes por el testigo Montes, de cuya letra está escrita: fueron además testigos Marcos de Zierra y Domingo Rivera. — Está fechada a 20 de Enero de 1787 y la otorgan Francisco Rosado y Paula de Luna reconociendo ciento noventa y cinco pesos de una capellanía que gozaba el Arcediano Don Juan Lorenzo Matos, que es el mismo censo que tenía ssbie sus tierras Don Felipe Rodríguez y su mujer Doña Lucia Candoza: gravan la misma finca, que era de la Candoza colindante con Don Lázaro Vázquez, Don José Marrero, y Don Eusebio Morales. Esta finca es probablemente la estancia que po see hoy Don Andrés Cabrera.
AL MERCURIO Tercer Artículo de nuestro corresponsal en Toa Alta
Aunque es algo dudoso, yo quiero conceder que en el siglo pasado, a pesar de la mayor perfección de los aparatos que se usan hoy para la cristali zación, se sacaron de una cantidad de guarapo da da las mismas ocho partes de azúcar, que según 96
“El Mercurio” se sacan en la actualidad; pero nun ca podré convenir que de igual cantidad de cañas se aprovechara la misma medida de guarapo, por que ni los trapiches de entonces tenían la fuerza de los que usamos ahora para desecar el bagazo, ni los desperdicios de hoy son tan notables como log3 de áquella época. Esto sólo basta para poder asegurar contra lo que dice “El Mercurio”, que en una extención de terreno dada se sacan más productos en este siglo que en el pasado; pero además se agrega que la caña que generalmente se sembraba entonces era la criolla, que rendía muy poco, preparándose mal el terreno por desconocerse los modernos arados que ahora usan los hacendados ricos, y no saber desaguar los pántanos ni regar los secos como ahora se usa. Tampoco tenían la curiosidad de plantar la caña en calles tiradas a cordel, para aco modar mayor número de pies en una extención igual. Pero demos de barato que los productos fueran ¡guales, todavía nos resta hoy la ventaja de que se hacen grandes economías en el cultivo de la caña y en la elaboración del azúcar. Si una extención de terreno producía en el siglo pasado como ocho gastando como ocho, y en este siglo produce tam bién ocho, gastando el agricultor solamente cua tro, podemos decir con verdad, que hemos adelan tado, y, que somos más agricultores. Contrayéndonos a la caña, como se contrae "El Mercurio”, por más vueltas que le demos a esta proposición: “La agricultura en Puerto Rico está en el mismo estado que estaba hace cien años”, 97
lo mismo que esta otra: “Hoy se esprime la caña y se elabora el azúcar del mismo modo que cien años atrás”; siempre las encontraremos falsas, completamente falsas. Respecto a la caña, somos más ricos, y somos también más agricultores. Tocante a los demás frutos convendré cierta mente, en que despreciando algún insignificante adelanto, que en el cultivo de algunos de ellos se ha hecho, bien puede decirse que de una cuerda de tierra no acertaremos a sacar mayor número de fanegas de arroz o maíz que en el siglo pasado, y en ciertos lugares producirá menos, porque los te rrenos han desmerecido con la continua labor y no los abonamos. Pero no por esto hemos de asegurar, como dice “El Mercurio”, que produci mos menos de estos frutos proporcionalmente a la población. Recuerde “El Mercurio”, que según la opinión generalmente recibida, en el año de 1720 vino a la América la primer planta de café; y que por con siguiente cien años atrás se hacían los primeros ensayos de su introducción en esta Isla, que casi toda era un bosque impenetrable. Recuerde que bastaba un huracán para que sus habitantes se vieran acosados por el hambre, en tanto grado, que el año 1738 los vecinos de Ponce y Coamo por este motivo abandonaron estos par tidos, y tuvieron que mantenerse de raices nocivas que les causaban muchas enfermedades (1) Recuerde que “en 10 de junio de 1,758 conce dió S. M. en propiedad los terrenos de esta Isla. (1) Memorias de Puerto Rico por Don Pedro Tomás de Corcova, torn. 3’ cap. 3’ pag. 22.
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Estos se hallaban divididos en hatos, ocupados sin título alguno, y apenas había agricultura cuando se trató de este arreglo, y de acomodar a los po bres. Se presentaron muchas dificultades para llevar a efecto la Real gracia, particularmente por los vecinos de San Germán, que ocurrieron a la Real Audiencia de Santo Domingo, y ganaron va rias provisiones en sostenimiento de los hatos de Sábana Grande, Guanajibo y Hormiguero. El go bierno graduó estas oposiciones como una usurpa ción de las tierras a que no tenían derecho, hubo fuertes altercados entre los que se llamaban pro pietarios, hasta el punto de cometerse excesos, y fué preciso comisionar varias personas, entre ellas D. Pedro Vicente de la Torre. El resultado de las comisiones presentó disgustos, personalidades, y un semillero de pleitos, y fué preciso suspender aquellas y retirar los comisionados a la Capital. Hasta dos mil títulos habian expedido éstos, y el Gobernador informó a S. M. se dejasen en pié en los diez y nueve pueblos que tenia la Isla, aquellos hatos y criaderos que estuviesen dotados de cua lidades ventajosas para la cría, multiplicacicón / conservación de los ganados vacuno y de cerda, el caballar y demás cuadrúpedos; que de ellos, co mo dehesas o invernaderos, sacasen los dueños los becerros y novillos cuando les conviniese; y las vacas viejas o estériles para cebarlas en las estan cias y que sirviesen para el abasto, señalando cada dueño su ganado con hierros, y pastoreándolos en la dehesa, quedando los vecinos obligados a guar darlos como carga concegil: que separados así los hatos de dichas calidades, se demoliesen los demás,
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y se repartieran los terrenos entre los pobres pa ra el cultivo de la caña, café, achiote, algodón, añil, tabaco, pimienta, jenjibre, granos y plátanos, con cuyo plan decía llegaría a lograrse que en pocos años se pareciese la isla ai reino de Valencia. (2) “Recuerde que todavía en el año de 1,785 ve rificó el Sr. Daban la visita de la Isla manifestando que sólo había podido hacerlo por la costa, pues aunque intentó penetrar el interior no lo pudo lo grar por lo espeso del bosque, maleza y falta de caminos; halló muy poca agricultura, la vida de los vecinos miserable, y procuró activar las co municaciones por mar a la Capital. (3) Y todos estos recuerdos le servirán de prueba al Mercurio, que en la mayoría de nuestros frutos producimos mucho más que en el siglo pasado. Si no son suficientes estas, pruebas, el siguiente cuadro comparativo acabará de desengañarlo.
Productos en 1,830
Productos en 1,783.
3,156 cuerdas de caña daban 11,103 cuerdas de caña daban: 78,884 botijas melado 4,224,152 cuartillos miel 10,949 arrobas azúcar 1,130,084 arrobas azúcar 103,591 cuerdas de algodón 8,165 & bocoyes ron. 2.079,310 pies de algodón producían 4,475 arrobas 28,070 id. de tabac® 8,315 cuerdas plátanos. 62,024 arrobas de maíz80,386 id de arron. 45,049 id. de café.
producían 38,508 arrobas. 79,580 id. de tabaco. 21,761 cuerdas plátanos. 151,796 arrobas maíz. 2155,080 id. de arroz. 525,488 id. de café.
(2) Ibid. tom. 3’, cap. 9’, pag. 25. (3) Ibid, tomo 3’, cap. 18, pag. 51.
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Estos datos son oficiales y tomados de la obra de que he sacado las anteriores citas. Fijándo nos en el café y ajengibre que son dos de los fru tos a que especialmente se contrae “El Mercurio”, diremos que el segundo no se cultiva hoy tanto como antes, porque se ha generalizado el uso del catéa cifya bebida ha sustituido casi totalmente en esta Isla a la del ajengibre; y tocante al primero le observaremos que a la enorme diferencia que hay entre la producción de 1,783 y la de 1,830, se agrega que el año de 1,857 se exportaron de la Isla 329,786 arrobas que unidas al crecidísimo consu mo que hacen medio millón de almas que habitan la Isla, al paso que en el siglo pasado, como cosa nueva, pocos lo usaban, tendremos una suma ex cesivamente mayor al producto general de 1,733 que fueron 455,049 arrobas, aumento absoluto y también relativo a los 87,994 habitantes que habia entonces, y a los que existen actualmente. Igual consideración se puede hacer sobre el tabaco y otros frutos. Que un país aumente en mayor escala de lo que aumenta su población, las importaciones de frutos extranjeros, no prueba que su agricultura va en decadencia; pues bien puede probar otras cosas, como v. g. que el consumo de aquellos frutos se aumenta porque el país adelanta, y los habitantes gozan de más bien estar y pueden proporcionarse más comodidades. Si fuera cierto lo prime, o, en tonces estatíamos autorizados para decir que la agricultura en Inglaterra decae, porque se ha au mentado el consumo de té, azúcar, café, algodón.
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vinos, granos, etc., del extranjero, y principalmente datará su atraso desde la reforma promovida por Sir Roberto Peel. Pudiera extenderme en otras muchas considera ciones para rebatir el aserto de que la agricultura en Puerto Rico está en el mismo estado que estaba cien años atrás; pero para quien busca lá’verjdad desapasionadamente y de buena fe, como mi ama ble refutador, lo dicho es suficiente; para quien quiere hacer prevalecer sus opiniones a toda costa, por descaminado que vaya, nada basta. Si yo soy el equivocado, demuéstrelo “El Mercurio”, que no tendré empacho en confesarlo. Publicado en “El Fomento”.
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INDICE
Al Lector ........................................................................ San Juan. ¿Por quién y por qué causa se puso este nombre a la isla de Boriquén .............................. Fundación de Caparra .................................................. • Glorioso Aniversario ....................................................... Bibliografía ..................................................................... Américo Vespucio ......................................................... Un heroe desconocido ...................................................... El comodoro Porter en Fajardo .................................... El gobernador Juan de Vargas ..................................... El obispo Balbuena ....................................................... X" Más Justicia .................................................................... El Jíbaro .......................................................................... A la buena memoria de Don Pascasio P. Sancerrit.... A Bayamón ...................................................................... Toa-Alta y Naranjito .................................................... Pleito Perdido ................................................................. La Ley de Imprenta .................................................... La Abolición Z............................................................... Jesuítas ............................................................................ Varios censos de la isla ................................................ Estados necrológicos ...................................................... **“ Historia de la contrataciónen Puerto Rico..................... Al Mercurio ................................................... - -.............
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1 3 6 13 17 24 26 29 34 38 46 51 54 56 61 66 75 79 83 93 94 94 95