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Discurso Inaugural del Rector Carlos E. Chardón (1931)

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DISCURSO IN AUGURA L RECTOR CARLOS E . CHARDO N TEAT RO MUN ICI PAL DE SAN JUAN , P. R., 20 DE M AY O DE 193 1

H ONOR>ABLE GoBERN ADOR, S EÑOR PRE SIDENTE y M IEi\IBROS DE LA JUN TA DE Sí:Nm o o s, D AMAS Y C ABALLEROS:

Celébrase en la mañana d e hoy, la ·instalación formal del Rector de la Universidad d e Puerto Rico, cer emonia tradicional en casi todas las universidades, en la cual se d a a conocer las normas, ideales y orientación que ha de impar tirle a la institu ción el nuevo j efe. Implica esto, no sólo u na gr ave r esponsabilidad p ar a con el claustro y el cuerpo de estudiantes, si que t ambién u na r esponsabilidad mayor aún para el p aís a que se sirve. Si además cop.sideramos que el movimiento univer sitario mu ndial siempre espera ávido la enunciación de nuevos rumbos, f ácilmente se p uede compr ender la gr avedad y tras cendencia de las ideas aquí emitidas, sobre todo si ellas implican un cambio de rumbo y un apartamiento considerable de la manera de p ensar y de la ideología tradicional, mezcla de sentimiento y forma, que hasta ahora ha car acterizado a los pueblos hispanoamericanos. Cúmpleme ante t odo testimoniar nuestro r econocimiento ha.c ía aquellas personas de la administr ación que han contribuído en una u otra forma a exaltarnos al difícil y delicado car go de la rector ía de la Universidad de Puerto Rico. Primero entre ellos, al Honor able Gobernador Teodoro Roosevelt, cuyo inter és en el desarrollo de la Univer sidad se ha manifestado t an patentemente en múltiples oportlmidades; al Dr . José P adín, Comisionado de Educación y President e d e la Junta de Síndicos, y a todos los demás miembros de ésta, que han puesto inmerecidamente sobre nuestros hombros la r esponsabilidad de desarrollar y or ientar por nuevas sendas a la juventud puertorriqueña. El primer pensamiento que pasa r ápido por mi mente, en este momento trascendental para nuestr a vida, es para los j óvenes estudiantes, en cuyo espíritu intranquilo, pero puro y diáfano, veo 1

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levantarse las columnas sólidas del porvenir del país. Corresponde a nosotros moldear su carácter y orientar sus esfuerzos hacia aquellas sendas que los conduzcan a la realización de nuestra :felicidad política, económica y social. Para ellos, los hombres del :futuro, va nuestro primer pensamiento y toda la devoción, solicitud y espíritu de compañerismo de los que como nosotros, no ha tanto tiempo, :fuimos uno de ellos. No deseo pasar por alto tampoco el dedicar otro pensamie~to a las instituciones educadoras y centros científicos estadounidenses, de los cuales nos sentimos producto y al calor de cuya inspirac10n y estímulo, con la experiencia que trae el tiempo, nos hemos hecho hombres. Muchas de las ideas aquí emitidas son hijas de nuestras estrechas relaciones y el contacto personal con hombres, a los cuales, por su devoción a la causa de la educación y la impresión que han sellado en nuestra ideología, nos sentimos vinculados por los lazos de la ·hermandad sagrada de la Ciencia. Es posible que la nota que más haga vibrar nuestras fibras, en este acto, sea la presencia d el Profesor H. H . Whetzel, de la Universidad de Cornell, padre espiritual, consejero e infatigable investigador. Al maestro y al amigo va nuestro más respetuoso saludo, y por su conducto, a las universidades norteamericanas. Si las relaciones humanas pudiesen ten er puntos de contacto tan sensibles como éstos, caerían todas las :fronteras y se derrumbarían todos los prejuicios para dar paso al espíritu de la Humanidad que está por encima de todas las naciones. Nuestro pensamiento, es lógico, va también hacia el Sur, a las repúblicas hermanas por la tradición y por la sangre. La Universidad de Puerto Rico no puede asumir una actitud de indiferencia hacia las universidades hermanas con las cuales estamos obligados por muchas razones, a cooperar activamente. La presencia del Dr. Roberto Alamo Ibarra indica claramente el interés de estas universidades por nuestra Universidad. Deseo, por su conducto, saludar a todas las universidades hispanoamericanas y testimoniarles nuestros deseos por su mejor éxito y desarrollo en el :futuro. A las universidades de Caracas, Bogotá, Michoacán, Medellin, Cauca, San Marcos, Quito, Buenos Aires, La Plata, Córdova, Tucumán, las de Chile y Méjico, así como a las de Cuba y Santo Domingo, va nuestro mensaje de salutación y :fraternidad. Durante el curso de esta disertación nunca nos apartaremos del pensamiento, digo más, del hecho real e incontrovertible de considerar a Puerto Rico ideológicamente como una parte vital, y por demás necesaria, de la gran :familia de ios pueblos hispanoamericanos. Nuestra situación política en relación para con Estados Unidos de América es cuestión aparte de estos sentimientos. 2


Reclamamos, pues, para nosotros, la condición de hispanos ; y, partiendo d esde esa base histórica, etnológica e ideológica, bosquejaremos nuestro programa univer sitario al influjo de las brisas del Norte y de las corrientes vivificadoras, alentadoras y cordiales que vienen de los grandes centros univer sitarios de E stados Unidos. Ignorar estas influencias sería pretender una suficiencia que no poseemos'; pecar de estrechos y mezquinos cerrando las puertas a aquello que nos pueda ser útil, y proclamar además un sent ido exclusivista, estilo oriental, que nos puede llevar al aniquilamiento propio. Mucho más cuando el intercambio de las ideas e instituciones entre los pueblos, y su adaptación al ambiente peculiar de cada uno, es una de las características más pronunciadas del presente siglo. Si nuestra escuela no ha llenado cumplidamente su m1s1on en Puerto Rico, merece señalarse el hecho de qu e en ningún país, la misión educadora se lleva a cabo a per fección ni a satisfacción de los grandes p edagogos, pero a p esar de las críticas qu e se hacen sobre nuestro sistema de educación, la intensidad de nuestro esfuerzo y la devoción con que nos dedicamos a levan tar el edificio de la educación insular, ha constituído una de las páginas más memorables y alentadoras de nuestra historia, de la cual nos podemos sentir legítimamente orgullosos. '' L a historia de la edu cación en los Est ados Unidos continentales, dice el 'Su1·vey ' de la Universidad de Columbia, al compararlo con nuestro sist ema, no demuestra caso paralelo alguno. La Nación Americana pone gran cuidado en su educación popular . Ella pone gr an orgullo en los sacrificios públicos . y privados que emp ezando desde el p eríodo colonial se ha h echo por esta causa. P ero tanto en la devoción desprendida por la causa de la educación y en la rapidez con que se ha desarrollado la instrucción , el continente ha sido superado por est a joven comunidad americana. '' Con el transcurso del tiempo ha venido una mej or orientación en nuestras corrientes educativas, Y no es mera coincidencia qu e este nuevo rumbo venga en el preciso momento en que t oman la responsabilidad de la nave los elemen tos n ativos formados al calor de ese mismo r égimen, de la nueva escuela, y como parte integral de él han podido apreciar sus defectos, Y conscientes de su r esponsabilidad p ar a con el p aís, anhelan por fin levantar una j uventud a ten or de las corrientes modernas del siglo, pero sobre los cimientos de u na cultura y tradición por demás r espetable y meritoria. Sobre la maquinaria educativa elemental, que ya mu estra señales de solidez, es qu e debemos construir nuestro edificio universitario. En menos de una generación hemos convertido nu estro primer cen tro docente, de humilde escuela par a hacer maestros, en una universidad 3


respetable con siete facultades : en Derecho, Educación, Artes y Ciencias, Administración de Negocios, Agricultura e Ingeniería, Farmacia y Medicina Tropical. Mantenemos relaciones cooperativas con las universidades ele Columbia; Boston y Cornell, y con el Centro de E studios Históricos de Madrid. Hace sólo un año conferimos ciento treinta y dos títulos académicos y profesionales, y ciento cincuenta y dos certificados. H emos crecido. No hay eluda. ·A pesar de la crisis económica sin precedent es por que atraviesa la isla, el presupuesto universitario se ha mantenido en un estado que nos permitirá seguir desarrollando, sin obstáculo mayor, los planes universitarios. La pregunta lógica que nos formulamos ahora es la siguiente: ¡, Qué nueva orientación debemos dar a la Universidad de Puerto Rico 7 P ara prepar ar el t erreno a las ideas que más adelante se enunciarán, procede desglosar el concepto que tenemos de la educación universitaria, es decir, &qué objetivos deberá llenar la instrucción ofrecida en nuestras aulas a la juventud ~ El concepto que tienen los pueblos hispanos de la educación universitaria, es que debiera tener como objetivo la conservación y difusión de la cultura general: cultura en el concepto de su a ntiguo significado, que equivalía a erudición, o bien, interpretada por la clásica definición de Arnold: ''de conocer lo mejor que se ha dicho y se ha pensado en el mundo". En aquella época, lo mejor que se decía y pensaba en el mundo, interpretado por el criterio estrecho de la universidad inglesa pertenecía a un mundo abstracto, de formalidad clásica bien definida en el tipo de Oxford y Cambridg~ . Las ciencias físicas, no encontrando ambiente en estos límites universitarios, se empezaban a desarrollar casi por iniciativa y filantropía de centr os y sociedades extrauniversitarios. Fué la universidad alemana, combinación de enseñanza académica e invest igación, la qu e vino poéo a poco a sacudir el polvo medioeval acumulado sobre las tradiciones inglesas y a modelar el pen simi en tal forma que incluyese también el conocimiento de las leyes naturales que rigen nuestros destinos. Después de todo, el hombre nace y se desanolla en un ambiente natural cuyo estudio se hace necesario e imprescindible a la felicidad y prosperidad de la especie -huma.na. Vino entonces la influencia ele la escuela naturalista de investigadores como Spencer y Huxley, y las ciencias físicas tomaron un sitio prominente en la educación universitaria inglesa. Estos educadores extremaron demasiado sus r ecomendaciones en apoyo de su nueva tesis para obtener el r esultado de una i-eacción saludable. Huxley, por ejemplo, define el obj etivo de la educación por medio de una ingeniosa metáfora. Compara la vida con un inmenso juego 4


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de ajedrez cuyas reglas son las leyes de la n aturaleza, y cuyo éxito depende del conocimiento profundo de los movimientos que han de determinar el jaque del en emigo y de las reglas que gobiernan esos movimientos. Luego, la obligación del padre para con el hijo y del estado para con el ciudadano, es la de prepararle para el complicado juego humano del cual dependen nuestros destinos. Esta idea de la educación ha sufrido alteraciones apreciables en los últimos años; pero encontrándose el movimiento universitario de los países hispanoamericanos en condiciones algo parecidas a las de las instituciones inglesas de la época de Arnold, es natural que intentemos aplicarle las mismas ideas extremas, cuya aceptación con modificaciones ulteriores ha generado la moderna universidad norteamericana, cuyas raíces provienen, a través de Spencer y Huxley, de la escuela científica alemana. Ortega y Gasset, p ara quien el primer objetivo universitario es la transmisión de la cultura, al definirla, no se aparta esencialmente del concepto educativo de Huxley: ''La vida es un caos, una selva salvaje, una confusión. El hombre se pierde en ella. Pero su mente reacciona ante esa sensación de naufragio· y perdimiento : trabaja por encontrar en la selva 'vías', 'caminos', ideas claras y firmes sobre el universo, convicciones positivas sobre lo ·qu e son las cosas y el mundo. El conjunto, el sistema de ellas, es la cultura en el sentido verdadero de la palabra; todo lo contrario, pues, ·qu e ornamento. Cultura es lo que salva del naufragio vital, lo que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o brutal envilecimiento''. ¿Debiéramos combinar la concepción utilitarista y eminentemente científica de Huxley con la cultura de Ortegá y Gasset, excluyendo lo puramente decorativo, y armonizadas éstas, adoptarlas como nuestro anhelo universitario ~ Creemos que sí. Las condiciones sociales y económicas de Puerto Rico dictaminan enfáticamente que nuestro primer objetivo universitario, el más inmediato e imperativo, se interprete según el concepto Huxleyano de la educación, es decir : como la preparación mental y física de nuestra juventud para el mejor bienestar personal y colectivo. Esta preparación debiera ser tan variada, que diese cabida a casi todas las aficiones y gustos, y siempre marchando de acu erdo con el diagnóstico mental previo del estudiante. Este plan educativo, de carácter .práctico y humano, tan criticado por los partidarios de una amplia educación cultural, es una responsabilidad ineludible de nuestro gobierno para con el ciudadano. Y en oposición también a las ideas de los exclusivistas de la cultur a, esta educación debe ofrecérsele al mayor número de ciudadanos. Hacer lo contrario sería ignorar nuestro medio social Y económico, dando la espalda a nuestros

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problemas colectivos sin sentir la obligación primaria de educar para la lucha al mayor número de puertorriqueños. f Esta aspiración será. básica en nuestro programa universitario, y es equivalente más o menos a la :finalidad de los Land Grant Colleges en los. Estados de la Unión Americana. Satisfecha hasta donde sea posible la finalidad utilitarista y democrática de la educación, debemos dar paso a los estudios culturales que desarrollan la sensibilidad y pertenecen al dominio del espíritu. Todo aquello que pertenezca al intelecto abstracto y al estudio de las grandes corrientes de pensamiento que han . regido al universo, debe encontrar abrigo al calor de nuestras aulas. Preciso es confesar que muy poco se ha hecho en nuestra Universidad por estos imperativos de la cultura, pero nos ocuparemos con gran solicitud de que estos estudios reciban toda la atención a ·que son acreedores. No se nos escapa la importancia que tienen los estudios académicos, t endentes a aclarar y difundir la esencia de nuestra raza hispánica; ya encauzados por personal experto y competente, contamos con estudios históricos, literarios y filológicos que iremos acrecentando con nuestros mejores impulsos. Según lo vaya permitiendo nuestro desarrollo iremos sumando a este programa otros cursos que hagan viable el pensamiento del educador cubano, José de la Luz Caballero, cuando dijo: "Educar, no es preparar al hombre para las profesiones, sino templar el alma para la vida". Todo este acopio de datos y estudios, patrimonio y herencia histórica de cuatro siglos, y que forman parte tan vital de nuestra personalidad, encontrarán su sitial preferente en el pensi1,m universitario. Es innegable, como dijimos antes, que un fin principal de los grandes centros educativos hispanoamericanos, es la difusión de la cultura clásica y la formación de hombres bien informados. Esta aspiración cuadra perfectamente a nuestra idiosincrasia, y no quedará cumplidamente lograda en tanto no pongamos al estudiante en trance de ofrecer su propia contribución a la cultura. En todas partes se admira siempre la brillantez y la buena disposición delhombre culto; él es poseedor de un conocimiento amplio de los múltiples estudios del saber humano; pero si el objetivo universitario fuese tan sólo el lanzar jóvenes bien enterados de lo que otros han dicho o han pensado, la educación sería puramente estática, inefica2 e incompleta ya , que no basta poseer conocimientos enciclopédicos. Hay, pues, que prepar ar a nuestra juventud culturalmente, p ar a que pueda contribuir con eficacia al progr eso humano, pero es necesario también que esta Univer sidad provea los medios adecuados par a r ealizar tr abajos de in>estigación, que hagan posible dotar al 6


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estudiante, dentro de la especialización preferida, de los métodos imprescindibles para realizarla. A los hombres clásicamente cultos tenemos que aparejar los hombres modernamente técnicos. La cultura tradicional tan preconizada por los pueblos hispanos, ha tenido desgraciadamente el defecto de ser una cultura efectista, de elegancia social y discursiva. Tendemos a la conferencia, a la velada literaria, a la tribuna; la vivacidad mental hispánica y la elocución fácil, han ayudado mucho a moldear nuestra mente impresionable. Es un placer oír explicar a nuestros hombres en la tribuna, o en el Ateneo, lo que otros hombres han dicho o han pensado, pero ¡, dónde está el hombre que, apartado del aplauso público, estudia en la soledad mística del laboratorio, los misterios de la naturaleza? &Aquel, que, especializado en una rama del saber, contribuye con algo provechoso al conocimiento de las fuerzas vitales que rigen nuestros destinos ~ ¿Dónde está el hombre de números, el economista y el sociólogo, que fríamente analizan los problemas actuales y proponen soluciones para beneficio y felicidad de todo un pueblo ~ ¡, No es éste acaso un aspecto muy serio de la cultura que no debemos ni podemos excluir de los objetivos primigenios de la Universidad 1 ' El concepto gener al que hasta ahora se ha tenido de la cultura, con la exclusión de la investigación, especialización y la técnica, ha sido uno de los errores más fundamentales y funestos de nuestra historia. Con muy raras y significadas excepciones, el siglo de libertad política 'q ue ha seguido a la liberación de las colonias americanas, aunque prolífico en la producción de hombres de letras, ha s.ido muy estéril en · 1a producción de hombres de ciencia. Sin embargo, pudiéramos anotar que en algunas colonias, como en la Nueva Granada, en el ocaso ya de la dominación española, se empezaba a destacar el siglo de oro de la ciencia; y así vemos que a principios del siglo XIX una figura científica tan connotada como era la de Humboldt, al llegar a Santa Fe de Bogotá se admiraba del florecimiento de las ciencias en aquellas apartadas regiones del globo bajo la dirección de Mutis, Zea, Camilo Torres y el sabio Francisco José de Caldas. Los colombianos pagaron bien caro el precio de su libertad: las reuniones de los patriotas que se celebraban en el observatorio astronómico del ilustre sabio, lo complicaron en el movimiento político, y Caldas fué juzgado y condenado a muerte. Al caer bajo el plomo español, desaparecieron para no volver a renacer, una escuela nueva que hubiera dado frutos pingües al d esarrollo de las ciencias americanas. Vargas en Venezuela, Tria.na en la misma Colombia, Carlos de la Torre en Cuba, y Agustín Stahl en Puerto Rico. 7


fueron brotes luminosos, pero esporádicos, que apenas han dejado escuela ni sucesión, víctimas del ambiente depresivo, de la indiferencia de nuestros gobiernos y del público, por razón de que estos estudios no merecían el aplauso, ni eran propios para la amena conferencia cultural. Mientras la juventud latinoamericana se dedicaba a los clásicos, a la filosofía d el siglo XVIII y al interesante deporte de las luchas políticas, el mundo, impelido por las fuerzas que motivaron la revolución industrial y el desarrollo de la técnica de la producción, evolucionaba hacia un poderoso sistema económico y las nacionalidades al igual que los hombres, d eterminaban su existencia al margen de la célebre frase de Darwin: "La supervivencia del. más apto". Así vemos que en 1859 mientras la juventud del Ecuador estudiaba las lenguas muertas en la antigua universidad de Quito, el botánico inglés Ricardo Spruce estudiaba sin ser molestado, las quinas de las selvas del Pacífico, y mandaba las primeras semillas a la India y Malaya, privando así a América de una de sus industrias autóctonas más valiosas; y mientras la juventud peruana en las aulas de la Universidad de San Marcos, comentaba en sus tesis doctorales el resultado de la guerra del Pacífico y la pérdida de Tacna-A.rica, los ingleses y holandeses, casi perdidos en las enmarañadas selvas del Huallaga, el Marañón y el Ucayali, obtenían las semillas del caucho, y esta segunda riqueza trasplantada al lejano Oriente ha abandonado a América para no volver. El Ecuador, Colombia y Venezuela sufren los estragos de temibles enfermedades en el cacao. La producción del Ecuador, considerada como la mayor en el mundo en 1920, ya ha bajado a la mitad, sin que se haya hecho esfuerzo coordinado para investigar debidamente el mal. El control de la producción de cacao ya ha pasado al África, a las colonias inglesas de la Costa de Oro, donde la técnica científica ha hecho prodigios. Así vamos perdiendo una a una nuestras riquezas naturales. Lo que se ha expuesto anteriormente sobre las riquezas agrícolas, es también aplicable a las riquezas minerales y a la fuerza hidroeléctrica. El petróleo, lo poco que queda del oro, plata y platino, el cobre del Perú, en su mayoría están en manos extrañas. Hasta se pretende ahora obtener el control de los ferrocarriles nacionales como garantía de futuros empréstitos. ¿De dónde provienen estos males ? Son el producto de la técnica; de una técnica superior 'q ue nos seguirá7 ahogando a menos que nos preparemos a batirnos con iguales armas. El espectáculo que ofrecen los pozos petroleros de Barranca Bermeja, las Bocas de Ceniza en el Magdalena, las minas de Cerro de Paseo en Perú, o la Central Guánica en Puerto Rico, es el mismo en el 8


fondo; por todas p artes la t écnica, desde las casas p r otegidas contra los mosquitos, hast a los adelantos más intrincados de la mecánica, la met alurgia y la química, y a su frent e, los hombr es de ciencia produ ctos d e la moderna u niversidad. Y estos métodos han triunfado. No hay duda. E s la más grande tragedia del siglo, que nos ar ropa a todos. D e continuar nosotros en la indifer encia, esa fuer za acabará por destruirnos, y los soñadores despertar án demasiado t arde para verse envueltos entre las fuer zas de un poderoso sistema econ ómico sin precedentes. ¿Dónde debe estar la nueva fuerza, la nueva prepar ación, el cambio totai d e frente de nuestra ideología ancestral que pueda traer · la r eacción lógica y la prep aración adecuada contr a estos enemigos comunes 7 Afortunadamente, el saber huma.no no tiene fronter as y la ciencia sirve a todos en p¡::oporción directa al empeño que ponemos en desarrollarla. Su brazo más fuerte, la t écnica, puede darnos las armas par a nuestra def ensa integral económica. E s la nueva visión u niversit aria, la escuela moderna, la única que bien or ientada y dirigida puede proteger nu estros menguados r ecurnos económicos. E s a la Universidad a quien le toca desper tar esta r eacción emancipadora y p r otect ora para nuestros países, ya sean éstos las An tillas, o los pueblos hispanos del continente. H e ahí la nueva orientación que deseamos impartirle a la Universidad de Puerto Rico, sin descuidar la que antes mencionamos. En Puerto Rico no han faltado hombres de clara visión en el pasado, 'que compenetrados de la n ecesidad de nuevos rumbos, hayan dejado sentir el valor de sus opiniones en este sen tido. Al plantear valientemente el p r oblema de la educación científica ante el p aís, don Román Baldorioty de Castro, en su proyecto de E scuela Filot écnica, la ar gumentaba en esta forma diciendo que: '' En estos tiempos no había otro medio de darle grande impulso a la riqueza pública, sino estudiar mucho y muy seriamente todos los r esortes del trabajo humano, par a p er feccionarlo y par a abrir nuevos r ecursos ; o de lo contrario quedarse atrás, par a ser más y más tributar ios cada día de los pueblos instruídos y llegar pronto a la miser ia., ya que nuestra época, con necesidades intensas, no conocidas de nuestr os padres, no se podía satisfacer hoy con la Gramática y el Ripalda únicamente. Don F ederico Asenjo y Art eaga en 1887, hablando de la n ecesidad imperiosa de estudios científicos en la isla, comentaba esta n ecesidad en su conceptuoso trabaj o titulado ''Cuál debe ser la Instrucción Pref erible en Puerto Rico 9, al decidirse p or la científica, t er minaba en esta forma : ''He aquí el lado moral y social de la instrucción que debe preferirse en P uerto Rico. Hoy en día se vive y se p rosper a 9


no por las revoluciones políticas, ni por las revoluciones sociales, sino única y exclusivamente por la revolución científica". Esta misma orientación es la que están pidiendo con vehemencia los grandes pensadores españoles, para las nuevas universidades de la Madre Patria. Pío Baraja decía hablando de la ciencia: ''es lo más inmediato para un país que quiera hacer algo en el mundo, lo que da el prestigio más rápido. En estos últimos años, fuera de España, no hemos visto más que el retrato de un español contemporáneo nuestro: el de Ramón y Cajal, y no porque se le considere el único ni el primero, sino porque los sabios forman la hermandad más ilustre y querida de Europa". Que la madre España evoluciona ya hacia la moderna escuela, lo dice el mismo Ortega y Gasset : ''Todas las r eformas de los últimos años acusan decididamente el propósito de acrecer en nuestras universidades el trabajo de investigación y la labor educadora de científicos, de orientar la institución enter a en este sentido". El magno proyecto de la Ciudad Universitaria le Madrid, contiene explícitamente expresado en su folleto de propaganda que será ''un centro que tenga la modalidad característica de las universidades de Norte América, esto es, que no sea meramente un conjunto de aulas, colegios y seminarios para la educación y enseñanza de la ciencia existente, sino centro de investigación científica, dotado de todos los elementos y facilidades para que esa labor creadora del progreso pueda r ealizarse por el personal, laboratorios y bibliotecas que para t ales fines se organizan en las universidades americanas". Consideradas debidamente las generalidades arriba expresadas sobre las principales corrientes de educación superior, tócanos ahora r esumir los tres grandes objetivos que pensamos impartirle a la Universidad de Puerto Rico : Primero, la adopción con las modificaciones que demanda el nuevo ambiente, de las ideas de estudio y adaptación al medio natural de Huxley y Spencer, tendiendo siempre a una amplia democratización de estos principios; Segundo, construir sobre estos conocimientos en toda su amplitud el aspecto cultural y espiri tual de la educación, en el sentido en que lo expone Ortega y Gasset, y Finalmente, la iniciación de una verdadera escuela científica, dedicada a la investigación en todas las :facultades posibles, a manera de las universidades alemanas y norteamericanas, y que se dedique, entre otras cosas, al estudio de nuestros problemas económicos y al d esarrollo de la técnica de la producción. Estas tres finalidades educativas, debidamente armonizadas integrarán la base del programa instruccional de la Universidad de Puerto Rico. Constituirán la trilogía universitaria que guíe nuestros pasos 10


futuros, hasta lograr que la Universidad ocupe un lugar de dignidad y respeto, entre los grandes centros educativos de América. Somos una isla pequeña y un _pueblo pobre, pero ambicionamos crecer hacia arriba, intelectualmente, culturalmente. En el terreno de las ideas, los pueblos se comprenden mucho mejor y se respetan mucho más. Puerto Rico, por fortuna o por desgracia, goza de una situación privilegiada en América. Sobre la obra colonizadora de cuatro siglos, legado de la madre España, las instituciones puramente nativas están levantando el edificio de una moderna escuela. Si el nuevo edificio no se empotra :firmemente sobre los cimientos de nuestra historia y nuestras tradiciones, caerá falto de base por su propio peso; si se siguen los viejos moldes, las corrientes económicas que integran la época contemporánea pueden destruirlo como a un juego de naipes. Toca a la generación que se levanta en las aulas univer sitarias el armonizar todos los elementos que deben entrar en la construcción del templo sagrado de la patria futura. E n la consagración de esta suprema aspiración, empeñemos todos nuestros esfuerzos y dediquemos solidariamente nuestras vitales energías hasta lograr, en lucha eterna contra el medio, dejar sólidamente señalada la promesa de una patria más feliz par a nuestros hijos, grande por el intelecto de sus hombres dirigentes, y respetable por la virtud y laboriosidad de sus ciudadanos. Al volver la página del libro de nuestra Historia, empecemos en el día de hoy un nuevo capít ulo, el de la juventud clásicamente culta y modernamente técnica.

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Discurso Inaugural del Rector Carlos E. Chardón (1931) by La Colección Puertorriqueña - Issuu