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Universidad de Puerta Rico Recinto de Ría Piedras Centro de Investigaciones Sociales
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I Marginalidad, Dependencia y Participaci5n Política en el Arrabal Rafael L. Ramirez
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4
Artículo incluido en Ramirez, R. L., B. B. Levine y C. Buitrago PROBT,Ei\4AS DE DESIGUALDAD SOCIAL EN PUERTO RICO. San Juan Librería Internacional. (En prensa). PROHIBIDA LA REPRODUCCION
4 ~
En el arrabal todo marcha mal... Roy Brown
La participación de las masas en los procesos políticos de nuestro país constituye una de las áreas de estudio a la cual nuestros investigadores no han prestado suficiente atención.
Por ello existe la tendencia
a conceptualizar a las masas puertorriqueFias como seres pasivos, carentes de información y de fácil manipulación por líderes .políticos carismáticos. Aunque recientemente una nueva generación de investigadores ha comenzado a cúestionar las interpretaciones aceptadas sobre los procesos sociopolí1 ticos en Puerto Rico, todavía prevalece la idea de que los movimientos y 2 partidos políticos se caracterizan por una orientación "personalista", en la cual el gran líder contr ola de manera casi absoluta la organización del partido y sus orientaciones ideológicas predominantes.
Como resultado
de esa tendencia, la cual podemos llamar la "teoría del procerato",3 los procesos políticos en Puerto Rico se discuten generalmente partiendo de la concepción ideológica de los líderes más destacados y de sus actuaciones en determinados momentos.
Se considera al líder como una variable
independiente de las ideologías que prevalecen en la colectividad y de s las circunstancias económicas y sociales que permiten el acceso al poder de determinados individuos y grupos.
La inclinación a exagerar el rol del
gran líder y a minizar la participación de las masas en los procesos políticos no ha permitido que se provean respuestas adecuadas a la interrogante de cómo se mantienen en el poder los sectores gobernantes.
Ante la
ausencia de un análisis estructural de las relaciones de poder en esta sociedad y de crin , sc
tir,,la.n 1 .s diferentes sectores de la población
2 en los distintos partidos políticos, se responde a la pregunta sobre la supervivencia del sistema a base de dos explicaciones simplistas. La primera de ellas establece que existe un alto grado de integración de las masas con el liderato político en el poder desde que a principios de la década del cuarenta el Partida Popular Democrático destacó la función del campesinado y el proletariado rural en la supuesta reestructuración de la sociedad puertorriqueña.
El argumento destaca
que al reconocer la importancia de las sectores marginados en las .procesos políticos se les dió dignidad a la vez que se les fue entrenando en la dinámica de la participación democrática.
Esta explicación, que preva-
leció durante la década del cincuenta y fue recogida por Tumin y Feldman (1961) en un voluminoso libro sobre clase social y cambio social en Puerto Rico sufrió una ligera modificación durante la campaña electoral de 1968, para apuntar que la organización de los partidos o "maquinarias" en manos de políticos profesionales impedían la libre participación del L. pueblo en el proceso de escoger sus gobernantes. Algunos de los críticos del sistema colonial utilizan una segunda explicación cuando señalan que las masas puertorriqueñas can conservadoras, que carecen de un conocimiento adecuado de las procesos políticos y que ello favorece que sean engañadas por los líderes.
Es esta la tesis
que sostiene Le~ris (1970) en sus estudios sobre la cultura de la pobreza en Puerta Rico.
A pesar de que las aseveraciones de Lewis han sido
5
refutadas por varios críticos de sus libros
su posición ha sido recogida
por Maldonado Denis (1969:52) para afirmar la existencia de "un lumpen proletariat urbano que es aliado - y así lo demuestran las elecciones recién celebradas - de la reacción política que representa el anexionismo en la vida puertorriqueña."
3 Estas explicaciones no profundizan en el análisis de los criterios que utilizan las habitantes de arrabal y otras zonas marginadas para Tampoco discuten las mecanismos que utilizan
hacer decisiones políticas.
los partidos políticos coloniales para reclutar el apoyo electoral de ese sector de nuestra población.
Actualmente las habitantes de los sectores
marginados urbanas (arrabales y caseríos) constituyen un grupo significativo del electorado puertorriqueño como resultado del constante y acelerado crecimiento de dichas areas urbanas.
La importancia de ese
sector en la vida .política puertorriqueña se demostró en las elecciones de 1968.
La importancia del voto urbano, especialmente en los sectores
marginados, amerita un análisis más cuidadoso de la participación de las masas en los procesos políticos y de las criterios que utiliza la gente para hacer decisiones de apoyo electoral a determinados partidos políticos. Es el propósito de este trabajo discutir la participación de los residentes de zonas de arrabal en el sistema político puertorriqueño y de analizar los criterios que ellos utilizan para hacer decisiones políticas.
i;ii interés principal es tratar de explicar cómo un sistema
de desigualdad y explotación se sostiene con el apoyo de aquellos sectores de la población que ocupan los escalones más bajas de la estrata. social.
0 sea, tratar de entender las razones por las cuales
los más explotadas en este sistema dan el apoyo .político a los grupos 1nc
e~entan los grandes intereses económicos del país.
de los arraha,lPs ci 1 para el análisis
árcu
Lr
Un sector
'~1_itana de San Juan constituye el marco
6
y las elecciones de 19 968 forman la situación social
para la discusión de participación política.
Aunque no abrigamos una
It intención de generalizar para todos los arrabales de Puerto Rico, las conclusiones que se derivan de esta investigación tienen varias implicaciones que pueden ser útiles para entender ciertas tendencias en la política puertorriqueña actual. Los arrabales Los arrabales son asentamientos urbanos formados por invasiones de terreno y originalmente localizados en áreas marginales alrededor de las ciudades.
El desarrollo de estas comunidades en Puerto Rico muestra
tendencias similares a las descritas para asentamientos de este tipo en otras ciudades del Tercer Mundo.
En el área metropolitana de San Juan
se encuentran localizados en las áreas pantanosas y en las orillas de los canales que rodean parte de la ciudad, mientras que en otras ciudades y pueblos donde no existen áreas pantanosas se han desarrollado en las orillas de los ríos y en las colinas que rodean varios pueblos. Cuando gran parte de estas comunidades se formaron los terrenos en que están localizadas actualmente constituían áreas inservibles para la agricultura o el desarrollo urbano.
Los residentes de las zonas
pantanosas han ido aecando los terrenos paulatinamente y con la expansión de las áreas urbanas muchos de los arrabales de San Juan se encuentran ahora en terrenos de alto valor comercial.
La escasez de
terrenos marginados ha forzado a muchas familias a invadir terrenos de potencial agrícola que están baldíos y a establecer las nuevas comian~ña1es de invasión o rescate7 en pueblos adyacentes a la ciudad de San Juan. En el 1969 existían en Puerto Rico I21 arrabales, cada uno de ellos con un nombre y territorio específico.8
Los arrabales han continuado
5 aumentando, a pesar del programa de renovaci~n urbana que se estableció hace aproximadamente veinticinco años, el cual se dedica mayormente a construir viviendas multifamiliares para localizar a los residentes de arrabales y que se conocen con el nombre de "caseríos".
Desde 1968 en
adelante nuevas comunidades de invasi3n o rescate han sido organizadas como respuesta al grave problema de la escasez de viviendas para familias de ingresos bajos. Los arrabales comenzaron a crecer en el área de San Juan a partir de la década del treinta, como resultado de la emigración masiva de campesinos y trabajadores agrícolas a las zonas urbanas en busca de mejores condiciones de vida, (Safa, 1964).
Aunque algunas familias se
han mudado de los arrabales como resultado de un proceso de movilidad social ascendente para la mayoría de los residentes éstos se han convertido en lugares de residencia permanente.
Es por eso que la gente
trata de mejorar sus casas y los alrededores de la misma, ya que esperan pasar allí gran parte de sus vidas.
El interés de los habitantes de
los arrabales en ser dueños de una casa y vivir en áreas cercanas a centros de trabajo y fácil acceso a la transportacién pública conflije con Tos programas de ren~va.ci~n urbana, que están mayormente orientados a cicsal ajar a la gente de esas comuni_dacles y mudarlos a caseríos en áreas más distantes del centro de la ciudad. Las condiciones de vida en los arrabales muestran la existencia de pobreza extrema, desempleo y sub-empleo, bajos niveles de escolaridad y otras características relacionadas con situaciones de desigualdad social.)
Condiciones similares se encuentran en los caseríos, pero la
diferencia fundamental entre ambos estriba en que los últimos proveen
6 viviendas adecuadas.
Como las problemas de la desigualdad no se
resuelven con la transferencia de la gente del arrabal al caserío, muchos de ellas están adquiriendo las características asociadas con las ghettos de las ciudades en las Estadas Unidos.
Además de tras-
ladar al caserío las problemas de los arrabales, sus residentes tienen que pagar renta y están sujetos a una serie de normas administrativas que crean gran resentimiento y en cuya formulación las residentes no tienen ninguna participación.
Como las caseríos constituyen una
prolongación de los arrabales, sus residentes también se pueden considerar parte de los marginados urbanos en Puerto Rica. El área escogida para realizar nuestro estudio exhibe características similares a las de otras comunidades marginadas de Puerto Rico. Los arrabales del área estudiada se empezaron a formar durante la década del treinta, pero no fue hasta el periodo comprendido entre los años de 19+4 a 1956 en que la población aumentó notablemente.
En
nuestra muestra de 157 individuos mayores de 21 años encontramos que el 63.6 por ciento nació en zonas rurales y que s610 un 31.9 por ciento nació en areas urbanas.
Cuando abandonaron el sector de nacimiento, el
75.8 porciento de los nacidos en la ruralía se mudaron directamente a una área urbana.
Aunque en la muestra encontramos personas nacidas en
L.5 municipalidades de la isla, la mayoría (91.1 porciento) provienen de las áreas norte y central de Puerto Rico. ,csic1enci_a en el sector .
El promedio de años de
de arrabal era de 16.3 años en el 1969 y un
LiL6 p'rc ient > h hia emir r-Prl- hacia.
,nrhana entre 191+x4 y
1956. Las condiciones de desigualdad social en el área estudiada, el
7 municipio de Cataño, han sido descritas en varios informes.10 Aunque el municipio cuenta con unas áreas que no se consideran arrabales y una población de ingresos medios-compuesta por profesionales, empleados de cuello blanco y obreros diestros - la mayoría de los habitantes viven en los arrabales y los caseríos.
Los arrabales se encuentran en zonas
inundables que son vestigios de los manglares que poco a poco se fueron secando según aumentaba la población de las comunidades de invasión en Cataño.
Las casuchas originales han_ sido ampliadas y reconstruidas por
sus dueños.
Aún así, y de acuerdo con un informe de la Administración
de Renovación Urbana y Vivienda (1966), el noventa porciento de las casas de la municipalidad se consideran inadecuadas y la mayoría de ellas están en los arrabales.
En la comunidad de Juana Matos se encontró que
el 97 porciento de las viviendas eran inadecuadas, mientras que en Puente Blanco se elevaba la cifra a un 99 porciento. Las condiciones físicas del área:
calles sin pavimentar, falta de
alcantarillado, casas localizadas al lado de caños y cunetas contaminadas, ausencia de alumbrado adecuado en las calles y la deficiencia en el recogido de basuras demuestra que aestas áreas no se 1e provee de los servicios que tienen otros sectores urbanos de Puerto Rico.
La situación
de desigualdad no se manifiesta únicamente en la inadecuacidad de los servicios públicos, también la vemos en la posición que ocupan los residentes de los arrabales de Cataño en la estructura social puertorriqueña. La mayoría de las familias se encuentran dentro del 42 porciento de ln
L. .1.7ar,~n
t~ta1
de Puerto Rico que para el 1969 recibía menos de
$3,000 anuales de ingreso (rnexto Rico:
Junta de Planificación 1971).
Aunque nuestras entrevistas se hicieron durante un período de alto
8 empleo y s510 medimos con alguna certeza el ingreso mensual, encontramos que el 51.7 porciento de las familias entrevistadas recibían menos de
251 dólares mensuales de ingresa y que un 21.6 porciento recibían menas de 100 dólares al mes.
Un 5.7 porciento de las familias recibían una
mensualidad de la oficina de Bienestar Público, un 12.7 porciento recibía una compra como suplemento y un 4.5 porciento vivía de la ayuda que le prestaban otros familiares.
Cabe recordar que estas cifras eran
para un período de alto empleo donde solamente un 20.6 porciento de la fuerza obrera en la muestra estaba desempleada.
Varios meses después
de terminar nuestras entrevistas comenzaron a reducirse las ofertas de empleo, ya que algunas fábricas cerraron por una temporada y cesaron proyectos de construcción.
Esas fluctuaciones son comunes para esta
población cuyos empleos son mayormente en la industria de la construcci3n, en fábricas livianas y en las áreas de servicio.
Alrededor del
64 porciento de las personas empleadas eran obreros no diestros que trabajan en construcción, fábricas y en empleas tales como conserjes, empleados de comedores escolares, mensajeros, recogedores de basura, choferes y otros.
Solamente cuatro personas en la muestra se podían
considerar profesionales - dos maestras y dos enfermeras.
Cualquier
variación en la oferta de empleo afecta adversamente a estas familias de obreras no diestros, donde regularmente es una persona la que (casi 11 siempre el jefe) contribuye al sostenimiento del hogar. El nivel de escolaridad para el grupo mayor de 25 altos en la muestra destaca el bajo nivel educativo de la población.
Encontramos que para
de la escolaridad promcdim rasa Pl
área,
dicho grupo el promedio de escolaridad era de 4.8 años, muy por debajo metro.},o7.itana de San Juan, que
9 era de 7.1 años para el 1966
(Puerto Rico:
Administración de Renova-
ción Urbana y Vivienda, 1966), Igualmente, en el grupo de edad de 20 años o más, s510 el 18.3 porciento había estudiado más de noveno grado
y un 3.8 porciento tenía alguna educación posterior a la escuela superior sin que eso implique que llegaron a completar estudios universitarios. La posición subordinada que los habitantes de los arrabales de Cataño ocupan en la estructura socio-económica de Puerto Rico, manifiesta en los índices de ingreso, escolaridad y en las ocupaciones que ostentan, se complementa con su participación en otras instituciones que se consideran accesibles a toda la población o gran parte de ella, tales como facilidades recreativas, servicios médicos adecuados, y facilidades de crédito, especialmente para obtener préstamos sobre hogares.
La inmensa
mayoría de los habitantes de arrabales en Cataño y en Puerto Rico no cualifican ni siquiera para los programas de vivienda a bajo costo.
La
situación de marginalidad como resultado de un profundo estado de desigualdad social en nuestro país crea unos patrones de dependencia que se reflejan en distintos niveles del comportamiento. En el resto de este trabajo me propongo analizar la marginalidad social y económica como creadora de dependencia en las instituciones e individuos que controlan el acceso a los bienes y servicios y cómo se refleja esto en el comportamiento político de la gente del arrabal. Marinalidad social y participaci6n política El concepto de marginalidad social que se utiliza frecuentemente en 12 la sociología latinoamericana se refiere a la posición de desigualdad que ocupan diversos sectores de la población con respecta a la sociedad nacional y a su limitada participación en el desarrollo económico y en
10 los procesos políticos.
Discutiendo el caso de México, González
Casanova (1965:108) dice lo siguiente: El marginalismo social y cultural tiene relaciones obvias con el marginalismo político; influye y es influído por el marginalismo político. Para entender la estructura política de México es necesario comprender que muchos habitantes son marginales a la política, no tienen política, son objetos políticos, parte de la política de los que sí la tienen. No son sujetos políticos ni en la información, ni en la conciencia, ni en la organización, ni en la acción. Como ilustración de su posici5n destaca el autor la escasa participación electoral de las sectores marginados mexicanos (1965:11 ) el hecho de que casi cuatro millones de familias no tienen la información política del México moderno; de que más del 50 porciento del total viven al margen de la información política nacional directa, y poseen silo una ínformaci$n local o verbal, coincidente en gran medida con la falta de una conciencia nacional actualizada al día, operante; el hecho de que en las últimas elecciones presidenciales no votaron aproximadamente 8 millones de ciudadanos que deberían haber votado, cantidad que aumentó considerablemente en las elecciones de diputados y en las de otros puestos representativos, y que deja al margen del sufragio a una parte considerable de la ciudadanía: al 50 porciento aproximadamente. Estos hechos son indudables. No se prestan a la menor interpretación demagógica. Nos indican la existencia de una estructura social, en que es marginal a la política democrática por lo menos el 50 porciento de la población. La situación descrita para i-éxico se repite para muchos países de la América Latina en los cuales el nivel de la participación electoral es de alrededor de un ?_0 porciento de la población: cinco habitantes se inscribe para votar
silo uno de cada
(Horowitz, 1970).
En el caso de Puerto Rico nos encontramos que, contrario a la situación de otros países latinoamericanos, existe aquí un alto grado de participación en las elecciones.
En el estudio sobre abstenci5n
electoral de Aldarondo (1968) se encantr5 que para las elecciones de
11
1956, 1960 y 1964 la abstención electoral fue de 25.0, 23.7 y 24.4 perciento respectivamente.
El estudio tar'h i€n demuestra que no existe una
diferencia significativa entre la abstención en zonas de arrabales y caseríos con las de otras áreas residenciales.
Esta situación nos lleva
a preguntarnos cuáles son las razones que explican el que la marginalidad social y económica según se demuestra en los arrabales de Puerto Rico no se correlaciona con la baja participación electoral, lo cual es un índice de marginalismo político en otras sociedades. De otra parte, Valentine (1968) ha señalado la existencia de un alto grado de información sobre los asuntos políticos entre los habitantes de arrabal en Puerto Rico utilizando los datos de Oscar Lewis así como la interpretación equivocada de éste último sobre la participación política de las familias descritas en La Vida.
Hi investigación en los arrabales
de Cataño durante las elecciones de 1968 también evidencia una alta participación y el acceso a la información sobre temas discutidos en la campaña.
No niega esto la existencia de una condición de desigualdad y
marginalismo debido a que en nuestro país el votar en las elecciones y estar informado de los asuntos políticos que se discuten no altera fundamentaLnente las estructuras de poder, ni a los grupos que se perpetúan en el gobierno por su control de los medios de comunicación y la hábil manipulación de un electorado colonizado.
La alta participación electoral
debe ser enmarcada dentro de la dinámica política de esta sociedad y dentro de la función de los partidos políticos mayoritarios como administradores de la colonia. El primer punto a destacar en la discusión de participación política es que en nuestra sociedad el ser miembro de un partido político no
12 constituye un criterio adecuado para medir participaci5n política debido Por lo regular,
a que el concepto de miembro de partido es confuso y vago.
la gente dice que pertenecen al partido por el cual votaron en las pasada.. A su
elecciones o al partido por el cual piensan votar en las próximas.
vez, los partidos consideran miembros a aquellas personas que se inscriben con ellos o son identificados por medio de los censos electorales que se hacen antes de cada elección general.
En un sentido estricto, los puerto-
rriqueños son mayormente votantes o simpatizantes de un partido y la membresía está limitada a un número relativamente pequeño de líderes a diversos niveles y a un grupo de militantes y trabajadores voluntarios. Son ellos los miembros de los comités de precinto y de los sub-comités en barrios y vecindarios.
Los miembros de los comités son los que con-
tribuyen regularmente al sostenimiento del partido ya sea con cuotas o ayudando en las actividades de recaudación de fondos.
Durante la campaña
electoral se reclutan más personas para el trabajo político, especiaLmentc en el caso del partido de gobierno, pero el número de trabajadores y militantes es siempre minoritario. Aparte de ser miembro de un partido existen otras formas de participación en actividades políticas según se refleja en la Tabla I.
El
análisis de la tabla demuestra que la actividad que exhibe la menor frecuencia. Ps agnella que exige un mayor grado de envolvimiento en la política, o sea, el pertenecer a la organizaci5n del partido.
Mientras
tipo de partieipaci5n que exhibe
mayor
que el tener interés y escuchar los resultados de las elecciones es el frecuencia, el votar en las
elecciones también tiene una frecuencia muy alta, ya que en este caso
razones
Los que se abstuvieron no lo hicieron
por
1968.
generalmente
el 75.2 porciento de las entrevistados votaran en las elecciones de
13 ideológicas, sino por dificultades administrativas tales como no estar inscrito o haberse ausentado del país durante las elecciones o época de inscripciones.
Las primeras tres actividades de la tabla son las que
exhiben mayor frecuencia y a su vez implican un menor compromiso con un partido político.
A mayor compromiso, disminuye la frecuencia de la
participación, lo cual es congruente con la dinánica político-partidista de Puerto Rico que refuerza la dependencia en los políticos como los encargados de tomar las decisiones fundamentales, mientras el resto del pueblo se limita a dar su aprobaci3n o no por medio de un voto cada cuatro años.
En el caso de los sectores marginados, mientras menor sea
el compromiso, más fácil es transferir su adhesión a los que resulten electos y poder utilizar el argumento del apoyo electoral como mecanismo para demandar y tratar de obtener los servicios y bienes que necesitan y los cuales en muchos casos son administrados por los políticos electos. Durante el período de campana los habitantes de los arrabales estudiados se mantenían informados de los temas que se discutían y del progreso de la misma por medio de la televisi5n y la radio conjuntamente con la información a nivel de comunidad que llegaba por altoparlantes desde los locales y los vehículos de los .partidos, así como por la celebración de rnítines y la distribución de material propagandístico.
Muy
pocas personas se podían marginar a la campauía y, tanto en los vehículos de transportaci3n pública como en los negocios del área, la política constituía uno de los temas principales de conversación iniciados por aquellos con mayor interés en el resultado de las elecciones.
Es por
eso que las contestaciones ofrecidas por los entrevistados al pedírseles que dieran su explicaci5n del resultado de las elecciones demuestra un
l4 conocimiento adecuado del enfoque que se le di6 a la campaña electoral. En todos los casos, más del 60 porciento de los entrevistados ofreció explicaciones adecuadas sobre el resultado de las elecciones. (Tabla 2), El resultado de las elecciones de 1968 en los arrabales de Cataño demuestra el apoyo recibido por el Partido Nuevo Progresista, a pesar de que el liderato máximo de dicho partido está compuesto por la burguesía intermediaria que más se lucra con el actual sistema de desigualdad. A conclusiones similares ha llegado quintero (1970) en un análisis de los resultados de la votación en la ciudad de San Juan que muestra el apoyo a dicho partido en las áreas de caserío y arrabal. Las razones que explican el planteamiento aparentemente contradictorio de que los menos beneficiados por el proceso de crecimiento er_on6mico en Puerto Rico den su apoyo político a los representantes de la burguesía intermediaria y privilegiada surgen del mismo contexto de desigualdad y marginalismo.
La ausencia de una conciencia de clase
entre estos sectores marginados, así como de organizaciones que promuevan sus intereses de clase,l3 hace que los habitantes de arrabales y caseríos tengan que depender de los líderes políticos locales para resolver problemas inmediatos para los cuales ellos no tienen los recursos ni las posibilidades de resolver individualmente o con la colaboración de familiares y amigos.
El liderato local es reclutado
dentro de la misma comunidad y no se diferencia fundamentalmente del resto de la gente, lo cual le permite cumplir en forma más o menos adecuada su función de intermediario entre los gobernantes y la masa. El líder local representa al partido y a través de él se canalizan peticiones y querellas mientras éste pueda mantener el apoyo de la
15 gente en los distintos vecindarios a su cargo.
La administración del
Partido Popular Democrático, que por 2Z años control5 en forma exclusiva el gobierno de Puerto Rico, foment5 la dependencia en alcaldes y líderes políticos de base como una forma de obtener apoyo electoral.
Estos
proveían los servicios públicos como una especie de trueque por el apoyo político de la gente en sus áreas.
Liientras a los populares les fue
posible ofrecer materiales para la construcción de casas, proveer servicio médicos adecuados, empleos ocasionales y la extensión de servicios público tales como agua, electricidad y calles pavimentadas, los habitantes de los arrabales ofrecían su apoyo a éstos.
Cuando el liderato local del
Partido Popular Democrático, especialmente en el caso de Cataño, se vis imposibilitado de continuar ofreciendo esos servicios en la forma acostumbrada y demostr5 su impotencia en impedir la destrucción de los arrabales, por la Corporación de Renovación Urbana y la Autoridad de Carreteras, la gente que vivía en ellos comenzó a destacar las fallas del liderato local de ese partido y el incumplimiento de las promesas de 14 campaña.
Esta situación fue habilmente utilizada por los líderes del
Partido Nuevo Progresista que, tanto a nivel nacional como en arrabales y caseríos, comenzaron una efectiva y costosa campaña destacando las desigualdades del sistema.
Bajo el lema de "los humildes serán los
primeros", el Partido Nuevo Progresista comenzó a señalar los grandes problemas de los sectores marginados como fallas de los populares que no podi.an retinlver los problemas del pueblo.
La incapacidad de los populares
para resolver los problemas de desigualdad conjuntamente con los conflicto: internos del partido motivó que los residentes de sectores r~rginados comenzaran a considerar el Partido Nuevo Progresista como una alternativa.
16 ITo es de extrañar que ante la ausencia de conciencia de clase y de organizaciones que la promueven se vea como alternativa a un partido con una organización eficiente y el dinero para montar una campaña como agente de cambio.
El descontento hacia el Partido Popular Democrático se cana-
lizó en el apoyo al Partido Nuevo Progresista como agente de cambio habilmente recogido en el lema de dicho partido "Esto tiene que cambiar". El comportamiento político de los marginados urbanos en Puerto Rico no parece un misterio visto dentro del contexto de una dinámica social y unas instituciones que evitan que se promueva el desarrollo de una conciencia de clase.
Entre los diversos agentes de control - los maestros,
el sistema de comunicación en masa, la burocracia ~ e destaca el líder político de base, el cual cumple la función de intermediario entre la burguesía gobernante y la masa.
Ese líder político expresa la ideología
de la clase dominante mientras destaca las bondades del sistema y su capacidad para promover el beneficio de los "humildes", a la vez que ataca a los políticos de la oposición como individuos incapaces de proveer lo que la gente necesita.
Se presenta por medio de la propa-
ganda política la alternativa de cambiar los individuos que ocupan cargos ,públicos como la soluci5n a los problemas de los marginados, sin considerar la posibilidad de cambiar el sistema en su totalidad o en algunas de sus manifestaciones.
La mayoría de los habitantes del
arrabal están ta,n apabullados por los problemas que les crea su situación de desigualdad que no consideran la posibilidad de rebelarse contra el sistema, a la vez que todo el sistema social de Puerto Rico está orientado a impedir el desarrollo de la conciencia que lleve a e
alternativa.
Jse hecha conjnnhmente con la incapacidad de los
17 grupos radicales (por lo menos hasta el 1968) de establecer un contacto adecuado con las masas populares para bregar con problemas concretos a la vez que se contribuye al desarrollo de una nueva conciencia _política no deja otra alternativa al habitante del arrabal que bregar con los políticos tradicionales para obtener algunos beneficios. ción con
Esta comunica-
los políticos locales y los individuos con acceso a fuentes de
poder se establece por medio de un sistema de regateo en el cual se intercambian votos por servicios en un sistema de doble manipulación en el cual tanto el político como el hombre del arrabal tratan de obtener ventajas uno sobre el otro.
En esta forma, las concepciones que tiene
el político colonial sobre el funcionamiento del sistema es totalmente compatible con la visión del habitante del arrabal en cuanto a lo que hemos llamado el sistema de intercambio de votos por futuros beneficios. La información limitada del habitante del arrabal sobre las complejidades del sistema socio-económico, conjuntamente con la tendencia del político a atribuirse la distribución de bienes y servicios, refuerza la orientación individualista de aquellos que no han podido desarrollar el sentido de colectividad necesario para organizarse políticaruente.
En
vez de concebir a la sociedad puertorriqueña como un sistema donde los recursos son limitados debido al sub-desarrollo y la estructura de clases, se considera que la falta de acceso a los recursos necesarios
en su falta de interés en
eumplir
se debe a la falla de los individuos que ostentan el poder político, y eon las promesas de campaña.
La
úniea alternativa que se presenta es la de cambiar a los individuos. Ese mismo enfoque lo promueven los políticos coloniales y en este sentido ambos se complementan mutrA.riente. Es la propia dependencia
18 del marginado con relación a los que ostentan el poder para distribuir bienes y servicios, lo que promueve la participación electoral y el interés en estar informado sobre el progreso de una campaña.
19
TABLA I
PARTICIPACION POLITICA EN LOS ARRABALES DE CATAÑO DURANTE EL AÑO ELECTORAL DE 1968
: PARTICIPO % Número
Escuchó o en televisión el resultado de las elecciones
: 122
vis
1.
TIPO DE PARTICIPACION
. 2. Vot6
NO PARTICIPO : Número
77.7
35
22.3
. . 118
75.2 . 39
24.8 .
3. Vis programas politicos en tele- : 100 visión
63.7
57
36.3
4. Asistid a mítines
73
46.5
84
53.5 .
5. Desplegó banderas del partido en
62
39.5
95
60.5
39
24.8 : 118
75.2 .
7. Trabajó para partido
9
5.7
148
94.3
8. Miembro de un comité o subcomité :
7
4.5 : 150
95.5
su casa
6. Asistió a reuniones de comités del partido
del Partido
20
TABLA 2
EXPLICACIONES OFRECIDAS POR LOS ENTREVISTADOS AL RESULTADO DE LAS ELECCIONES DE 1968
/o
POR QUTE EL : ¿POR (UE EL CATEGORIA DE LA EXPLICACION : ¿POR QUE EL PNP GANO. LAS : PP PERDIO LAS PPD PERDIO LAS ELECCIONES? ELECCIONES? : ELECCIONES? Número : Número : Número :Orientación hacia el candi24.8 . 34 :data a la gobernación . 49 31.2 : 39 21.7 :Problemas internos del PPD
. 31
19.7 . 29
18.5 .
:Promesas de campaña
21
13.4
44
28.0;
:Reacci6n al continuísmo
6
3.8;
4
2.5;
:Dinámica de la campaña :política
2
1.3 :
:Falta de tiempo para organizar el partido :Otras razones
1
0.6:
3
1.9:
1
0.6;
47
29.9;
9
5.7;
:No sabe
. 47
29.9 . 41
26.1 .
63
40.1 ,
Totales
. 157
100.0 : 157
100.0
157
100.0
21 NOTAS 1.
Véase a García (1970) y a Cuintero Rivera (1970) como representantes de unas nuevas tendencias en el análisis socio-político en Puerto Rico.
2.
Es esta la tesis defendida por Anderson (1965), G. Lewis (1970) y Maldonado Denis (1969).
3.
Términos utilizados por Angel Q. Quintero Rivera para caracterizar dicha tendencia.
4.
Este enfoque fue parte fundamental de la campaña que desarrolló el Partido del Pueblo durante las elecciones de 1968.
5.
Véase a Valentine (1968) y Current Anthropology Book Review (1967),
(1969). 6.
Utilizo el concepto de situación social según Gluckm n (1958).
7.
Algunas de estas invasiones han tenido el apoyo del Partido Independentista Puertorriqueño el cual las llama rescate de tierras por entender los miembros del mismo que la tierra debe ser de los que la trabajan y la necesitan.
8.
Véase la publicación de la Administración de Renovación Urbana y Vivienda (1969).
9.
La descripción de las condiciones de desigualdad social en los arrabales de Puerto Rico se encuentra en Lewis (1968) y Marín (1967 y en el Informe Económico al Gobernador de la Junta de Planificaci6r de Puerto Rico (1968).
10.
La información sobre este tema aparece en los informes de la Cámara de Representantes (1965), Administración de Renovación Urbana y Vivienda (1965) y en una propuesta sometida por Urban Renewal Corporation (1966).
11.
La muestra consistía de 157 familias para obtener datos sobre las condiciones socio-económicas de los habitantes de los arrabales. En esas familias se escogió al azar un individuo mayor de 21 años para entrevistarlo intensivamente sobre su participación política.
12.
Aunque la literatura sobre marginalidad es extensa el tema se recoge adecuadamente en las siguientes obras: González Casanova (1965), Nun (1969) y Stavenhagen (1969).
13.
Los sindicatos obreros de Puerto Rico limitados por la concepción del trade-unionismo no cumplen con la función de promover una conciencia de clase entre las masas obreras.
22
14.
Este punto al igual que las conclusiones que están en las páginas que siguen se discuten más detalladamente en Ramírez (1972).
23
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