ANTOLOGIA COMPLETA ~ POETAS PORTORRIQUEÑOS ~
LOS CONTEMPORÁNEOS TOMO II.
COPILACION Y PROLOGO DE CARLOS N, CARRERAS
BIBLIOTECA "PUERTO• RICO ILUSTRADO" SAN JUAN, P. R.
BIBLIOTECA
"PUERTO RICO ILUSTRADO"
ANTOLOGIA COMPLETA DE
POETAS PORTORRIQUEÑOS TOMO II
Los Contemporáneos COPILACION Y PROLOGO DE CARLOS N. CARRERAS
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SAN JIéAN DE PUERTO RICO MCMXXII c
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I
PÁRRAFOS SUELTOS
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OS poetas que figuran en este tomo que titulamos LOS CON TEMPORANEOS, es la generación actual, que determinó un verdadero'auge en la lírica portorriqueña. El movimiento revolucionario de la poesía moderna, en Puerto Rico, como en todos los demás pueblos de la fabla de Cervantes, tuvo su época de imposición contra las viejas y gastadas formas del clasicismo, ¡y lo que primeramente fué tomado con indiferencia y burlas por algunos recalcitrantes conservadores del verso de Quintana y de Núñez de Arce, pronto determinó el remozamiento de nuestra lírica, acogiéndose a él los que más tenazmente le habían combatido por incomprensible. Hablor ahora, detalladamente del modernismo, reá*ltaría tan fuera de tiempo, como hablar del clasicismo, cuando lo uno y lo otro a fuerza de tanto discutirse ya tienen igual sabor añejo. Era una necesidad de la (época renovarse; cambiar las empalagosas forma' del Romanticismo por nuevas maneras que. resulta-an más elegantes y más armoniosas en el arte del bello decir. Todo había cambiado en América desde el último tercio de la pasada centuria acá; pero nuestros poetas seguían con dos siglos de retraso; en Francia eran antiguas las tendencias de Sully Prudhom-
II me y Francois Coppé, y evolucionaba la escuela del Simbolismo, proclamado. con todo el vigor de una fuerza nueva e impetuosa que mantenían Verlaine, Corbere, Rimboud y Mallarmé, el "altísimo maestro" que comandaba el grupo de los revolucionarios de la poesía francesa, irreverentes todos, ante las reputaciones académicas, que a su paso triunfal derribaron y destruyeron los viejos ídolos.
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De Francia tenían que venir las nuevas corrientes que depuraran nuestro arte, y ellas llegaron claras e impolutas a través del filtro de Rubén Darío, no sin antes celebrar el nuevo príncipe de las letras castellanas, la fiesta en la tierra de Lope de Vega y del gran Quevedo, donde habrían de brindar en nuevos vasos, los Valle Inclén, Machado, Martínez Sierra, Carrere, Villaespesa y Jiménez que secundaron el bizarro movimiento de renovación. Ya en nuestros pueblos hermanos eran consagrados loa nombres de Chocano, Lugones, Amado Nervo, Urbina, Díaz Mirón, Andrés Mata, Herrera Reissig y Asunción Silva, mucho antes que se dejara sentir en nuestra isla el soplo de influencia que había de ejercer el cambio decisivo en nuestra poesía nacional. Como todo lo nuevo, para imponerse, necesitaba de sangre joven, sangre llena de glóbulos rojos; mozos orgullosos de codearse con la joven intelectualidad del Continente de los Andes, plenos de entusiasmos viriles y llenos da rebeldía, que amenazaban con teas incendiarias y con vocablos irritantes acabar con todo lo rancio. El grito inaudito de nuestra juventud poetizante, con sus ansias de libertad, no implantó determinada esouela literaria, !sea dicho en honor a la verdad!, pero .impuso el arte libre en nuestras letras, afinando el espíritu de nuestros Hermes, dentro de las nuevas corrientes de una estética moderna. RA•
Este tomo cte versos, es una manifestación completa de
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vez
en
nuestros buenos poetas. En él figuran firmas de legítimo orgullo para nuestro país y también para América. Los que aquí figuran no enmudecieron en el nuevo ambiente revolucionario, acogiéronse a él, y muchos de ellos ayudaron a iniciar el movimiento con esplendorosos resultados. No es nuestro fin único, al presentar nuestros poetas, hablar de estas cosas en lugar preferente. Sería difícil clasificar nuestra poesía en distintas tendencias; en realidad, ella es nueva en conjunto total, y expresa su belleza en distintos tonos y matices como los colores del arcoiris la gloria azul del cielo. Tampdco citaremos nombre alguno de poetas, ellos aparecen en este libro, colocados sin luguir prominente, en orden alfabético, de acuerdo con sus nombres, y el lector juzgará según su preparación intelectual y con las sensibilidades que tenga para recibir la emoción. Nuestro propósito con estas antologías que venimos publicando, no es otra que la de demostrar que hay un pueblo en América,—tal olvidado por su extensión geográfica—, que dentro de su pequeñez territorial encierra las grandezas que aspiran a tener los pueblos grandes para determinar su cultura en armonía con la civilización del Siglo. Pueblo pequeño que dió un Hostos, una de las figuras más elevadas die lo intelectualidad de Hispano-E4mérioa, no debe pasar inadvertido. Pueblo que puede presentar una legión de poetas tan brillantes como copiosa, bien merece ser estudiado y admirado, tanto en su origen como en su desarrollo progresivo. Acaso, pudiéramos presentar mejor a nuestro pueblo, desnudo del ropaje intelectual, si ojos extraños contemplaran de cerca nuestros paisajes, y tierra adentro por nuestras montañas detuviérase el viejero un instante, y oyera palpitar el alma de Puerto Rico en las alas de un cantar que vuela desde las sierras, de labios campesinos, ya cuando sonríe el alba y comienza la labor del arado, o
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IV cuando se difuma el sol tras vaporosas nubes y retorna el mozo que conduce la carreta cargada de heno... Como Mauriege Boucher, el poeta que se afanaba en mostrar la grandeza de su patria, manteniendo las tradiciones del canto popular de Francia, alguna vez habíamos nosotros de recurrir a nuestros cantares o coplas, que suelen las coplas a los cantares traslucir el alma de un pueblo. Yo las he oído al cruzar por los caminos de nuestras campiñas, en de luna, cuajado el cielo de gstrellas, y las he oído tamlf`én, en los días de sol, a la hora del ocio, bajo las sombras de las palmeras, o dentro la espesura de exuberantes cañaverales... Copla rebelde, que a veces quema como el sol de agosto, copla irónica, que hiere, como la punta de un alfiler, copla ingenua y blanda, como la sonrisa de una novia, copla melancólica y diáfana, como el alma adoldrida de nuestro pueblo! Copla que es llanto, suspiro, beso, flor, ingenuidad, ironía, odio y amor!. . . Y, así se oye, como el chasquido de un beso, si nuestro jíbaro canta a su amada, y suena el rasgueo de la bordonúa o del tiple bien templado, en ndehes de luna: "Si supieras mi vidita como me tiene tu amor; recogiendo itorecitas y echando en el corazón".
Y si amor es el tema, las hay como esta: "Eres chiquita y bonita, así es como yo te quiero pareces campanillita en las manos de un platero' .
Cuando la Amada está lejos: "Desde que te fuiste, PeVa, regao ', El huerto no se ha La yerba buena se ha muert" Y el perejil se ha "secao".
O esta otra: "En la palma de la mano te quisiera retratar,
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para cua' db esté ausente abrir la mano y mirar''.
Otra copla melancóMca y triste como los pinos: "Ya no voy a tu casa ni de noche ni de día. porque se socó la mata donde yo dores cogía".
Una lágrima de un decepcionado en requiebros amorosos: "Debajo do un limón verde donde mana el agua fria, yo le di mi corazón a quien no Ic merecía".
La copla de despecho, burlona y cruel:
En los ratos de fiesta hay coplas ingeniosas cha gracia, como estas:
y
"Cuando supe la noticia de que tu no me querías, hasta la perra de casa me miraba y se reía".
de mu-
"El aguardiente de cada es un hombre cabsllero que se sube a la cabeza como si fuera un sombrero". "Dios mío dame paciencia y dame conformidad, y dame un millón de pesos aunque no me des más "ná".
Otra copla sagáz: "Yo conozco al buey que faja y a la vivora que pica, y a la mujer que se mete sin permiso en la botica".
Y estas otras, picantes como la mostaza inglesa: "Dicen que la maya hinca cogiéndola por la punta.; más hinca una lengua larga cuando con otra se junta".
Son estas coplas así, tiernas unas, y otras sagaces
y
"El demonio no intentó lo que intentó mi vecina: echarle huevo a la gata como si fuese gallina".
VI crueles, sentimentales en su me.yor parte, las que determinan la psioología de nuestro país, juzgándolo crudamente, en su aspecto popular, lejos de la vida urbana, por nuestras lomas y valles, donde se entierra el rayo de sol fructífero en el surco de la tierra y se preñan de frutas y de caña de azúcar nuestros huertos lujuriosos. *** Y digo yo, lector, que un pueblo que así se muestra desde au humilde estado social, hasta la preRentaoi6n de sus altos intelectuales que sirven de exponente en esta obra que dejo en tus manos, bien puede considerares como un orgullo representativo de nuestra Raza. Carlos N. CARRERA$.
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ABRIL, MARIANO
ABRIL, MARIANO Pasionaria Soy do aquellos que llevan en el alma antiguos héroes la armadura recia, que marchan al combate con la calma de los antiguos hijos de la Grecia. re
Soy de aquellos que vagan por el mundo como tristes y errantes soñadores, llevando entre mis brazos, moribundo, el pálido ideal de mis amores. Alma infeliz para el dolor nacida, el rudo ataque a la traición prefiere, ni el hombre con sus odios me intimida, ni la mujer con su desdén me hiere. Mi pensamiento, como el ave andina, se burla de las negras tempestades y pasa por el mundo de la inquina como Cristo pasaba el Tiberiades. Si el odio y la traición de su guarida salen a herirme con artera saña, mi corazón, al recibir la herida, salta como el jaguar en la montaña.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Golondrinas de amor mis ilugiW se alejan cuando ven mi desventura, y brotan de mi pecho las canciones cuando el alma destila su amargura.
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Yo soy, mi bien, el combatiente rudo que leva un ideal en la cabeza, nn idtal que realizar no pudo que vió hundirse en el mar de 'a tristeza. Yo soy, mi bien, el soñador de amores a veces melancólico y sombrío, si me quieres así con mis dolores ven a mis brazos pronto, sueño mío.
Medallón Esp:éndiia hermosa y soberana, el busto arqueado, la cabeza erguid pasas, mujer, con altivez romana. Sobre la base firme de tu seno cual torre de marfil, se alza divino tu hermoso cuello de contorno heleno. En tu rostro de gracia arrobadora brillan tus ojos, como dos luceros prendidos en el manto de la aurora. Capitel de tu imagen hechicera, artístico remate de la estatua se entrelaza tu negra cabellera. Y al moverse con ritmo voluptuoso, cual palmera mecida por el viento, cimbran las curvas de tu cuerpo airoso.
ABRIL, MARIANO ¡Oh Venus de los mágicos vergeles, para causar con tu belleza envidias, te dió sus tonos el pincel de Apeles y sus encantos el buril de Fidias.
Es inútil fingir... Es inútil fingir. . . . el alma tiene nebulosas y estrellas como el cielo, horizontes de luz, sombras de duelo, y atmósfera de amor que la sostiene. De las pupilas de tus ojos viene el fuego de mi amor y de mi anhelo como la luz del sol desciende aI suelo vivifica la flor y la mantiene. Es inútil fingir. . . . Si tu alma siente el amor que subyuga mi albedrío, ¿a qué oponer un dique a la corriente? Olvidemos del mundo los agravios, une tu pecho palpitante al mio, y que estallen mis besa en tus labios. . . II Suelta en bucles tu negra cabellera bañada por los rayos de la luna, espléndida y hermosa cual ninguna aparece tu imagen hechicera. Si del fondo del ar Venus surgiera dasnuda como un o de su cuna, al ver las gracias tu cuerpo aduna sl fondo de las aguas volviera.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO ¡Oh amor de mis amores, verdadero tirano de mis sueños, a quien llamo an mis noches de insomnio traicionero, ¿por qué no acudes presto a mi reclamo? No te han querido como yo te quiero! ¡No te han amado como yo te amo!
Marinera Como una nave perdida ein velamen ni timón, va en pos de ilusión florida por los mares de la vida navegan el corazón. A. veces la luz incierta de alguna esperanza muerta brilla a lo lejos sombría cual pupila que despierta con los albores del día. Mas esa constelación tan sólo dura un momento, y el perdido corazón a impulsos del raudo viento sigue en pos do su ilusión. Si moribundo y maltrecho le arroja a la paya un día algún vendabal deshecho, dale abrigo, vida mía, en la rada de tu pecho.
El la Ella tiene en su ro§tro la belleza d. una imagen pintada por Ticiano,
ABRIL, MARIANO y en su talle se ve la gentileza de las hijas del suelo americano. Ella tiene en sus labios encarnados todo un mundo dé amor y poesía, y en sus ojos, hermosos y rasgados, todo el fuego del sol del mediodía. Su voz es dulce, armónica, vehe:nento, mas si a shis labios la pasión asoma, es a veces el eco del torrente o el arrullo fugaz de la paloma. Descubre en el fulgor de su mirada y el fuego oculto que en su pecho arde, y lleva en su sonrisa enamorada las tristes languideces de la tarde. ¡Cuánta dulzura en su mirar sereno! ¡Cuánta poesía en su sonrisa pura! En su ondulante y modelado seno vive el amor en eternal clausura. Cuando extasiado su belleza admiro mi corazón se rinde a su reclamo, va hacia ella mi alma en un suspiro, y más la miro cuando más la amo. Ella es mi ilusión y mi tormento, inspiración primera de mi alma, la que presta más luz al pensamiento y vuelve al pecho la perdida calma. Hasta el umbral sombrío de la muerte uno solo ha de ser nuestro destino, y no pretenda la contraria suerte separarla jamás de mi camino.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRAI:O Pues la mano de Dios ató los lazos de este amor tan profundo y tan ardiente, y enlazados los dos en nuestros brazos iremos a merced de la corriente.
AMADEO, FRANCISCO L.
ANADEO, FRANCISCO L. Paz Sientes la paz aldeana. . . Paz de canción uue desgrana en su fino surtidor la fontana?. . . ¿Oyes?. . . Suena la campana, la que llama a la cristiana Fe, como voz del Señor. . . Ya sube de la lejana llanura, el vago rumor de la triste caravana. . . —,Por qué dobla la campana? Por qué ese vago rumor de la triste caravana?. . . Una trova rusticana cuenta el profundo dolor que aflije a la caravana, y dice por qué el clamor de la doliente campana:
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRAI» —Pué Poeta y Luchador; dejó la paz aldeana para lanzarse al fragor de una lucha sobrehumana; llevó en su escudo una flor, y en los ojos el fulgor de una hoja• toledana Se pierde allá en la lejana distancia la caravana murmurando tuca oración. . . Ya no dobla la campana. . . . Ya el más grande corazón duerme en la paz aldeana; paz pie canción que desgrana en su fino surtidor la fontana. . .
Mensaje Amada! . . . ¿Por qué te fuiste Cuando era pradera en flor El abril de nuestro amor?. . . Amada: todo es hoy triste, porque de luto lo viste mi dolor Amada! ¿Por qué será tau cruel nuestro destino? Mi anhelo, que peregrino siguiendo tus huellas va, encuentra tan largo ya el camino. . . . Amadal . . . M
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AMADEO, FRANCISCO L. está sangrando; mi duelo, ave triste, tiende el vuelo y va, en peregrinación, ini profundo desconsuelo. Amada, es noche sombría; a través de mi ventana, pálida estrella lejana me basa con su luz fría. . . —,Uuándo anuncias nuestro día, estrella de mi mañana?. . .
Ei oro de la Margarita Toda llena de gracia, la fina aristocracia de su nívea corola dobló una margarita, que estaba triste y sola, para cantar su cuita a un pálido lucero. (Un príncipe e.,cantado, prisionero en el palacio azul de una laguna) . Pasó un nublado, que apagó—tal una pena nubla en el pecho la alegría— el lucero que ardía; y en un llanto de pétalos, la flor dijo de su dolor. Y fué la nueva aurora. Y, sobre el tallo erguido de la flor angustiada, brilla ahora un botón encendido; porque Dios, conmovido de la flor ante el lloro, puso en su cáliz im lucero de oro
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ARANA, COSME
ARANA, COSME ES LA LINEA MENOS A.RMONICA
La recta Aborrezco el reposo occidante de las cosas, la quietud misérrima que pone moho en los objetos y cansancio en las almas, la extrema inamovilidad que el vivir torna en inútil silencio y en soledad siniestra. Ni (mico bien ni mal único: nada que no sea equilibrio entre dos fuerzas. ¡Cuánta desolación indescriptible en las llanuras inmensas donde ni un accidente señala nuevas rutas a la Belleza, madre de la Armonía y Emperatriz de la Naturaleza! ¡Anido Sahara sin límites donde la caravana sedienta suspira por lejanos oasis y donde nunca llega!
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¡Estepas que alfombra la nieve, donde la manada perversa de lobos asalta de los peregrinos las débiles tiendas! ¡Triste nido, el aislado del águila que ni duerme ni acecha; tal en la maldición do la Historia Napoleón en Santa Elena! ¡Insoportable quietud de las aguas que laboran cieno! ¡Siniestra posición de las pirámides que se yerguen sobre las llanuras yermas! Aborrezco el reposo occidente cuyos lomos soportan la Pereza, porque él preside lo impoluto y hace infecundos los vientres de las hembras.
LA CURVA ES LA LINEA QUE RIGE LOS TORSO, LAS ORBITAS DE LOS MUNDOS Y LAS OADERA$
Amo nos crespúsculos que derraman hilos de luz y chorros de tiniebla. Tanto en la evolución de un mundo como en la evolución de luna molécula, adquiere formas distintas sin dejar de ser la materia. Las cumbres son las hermanas de las nubes y en la gallardía de sus crestas, pone la aureola de su poderío la tempestad, madre de la centella.
ARANA, COSME
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¡Bendita la ola que bate y derriba con furia y, enjendra! ¡Salve, brisa que giras voluble y trae nuevos gérmenes a las Sementeras! ¡Loor a los vientres que sufren espasmos dolorosos al dar vidas nuevas! Amo lo que se mueve en todo sentido, que así el tóxico es miel en las colmenas; y amo las almas que en lucha sin término se vigorizan: tal el acero de las espadas y las fleches en las rojas fraguras adquiere al par que flexibilidad, firmeza.
ARRILLAGA, BIRLA DE
ARRILLAGA, BIRLA DE Te ví pasar Te vi pasar. En tu ceñuda frente Se notaba una nube de tristeza, Y aunque el peso era firme, parecióme Que inclinabas la vista hacia la tierra, Y mientras yo a tus formas dirigía Una mirada compasiva y tisana, P..econocíme al fin conquistadora. . . De volcánico amor ardiente hoguera Tu corazón aniquiló y el mío; Pero de las cenizas que aún humea Vi levantarse hacia el azul sereno Una llama final, brillante y trémula, Como indicando el sitio donde pueden Los huérfanos de amor calmar sus penas. ;Qué sólo en las ''alturas'' hay consuelo_ Cuando el amor feliz falta en la tierra. De3de allí contemplé tu triste vida Antes que el sol marcase su carrera,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSFEADO Y de tu juventud las puras rosas Antes de tiempo vi mustias y secas. El fuego en que te abrasas sólo puede Ofrecerte; oh, dolor! mancilla y pena!
ARNALDO SEVILLA, PATRICIO
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ARNALDO SEVILLA, PATRICIO Paisaje
primaveral
Un cielo de albas nubes salpicado y un riachuelo de límpida corriente, a cuya orilla pasta mansamente blanco rebaño en el luciente prado. El tinte verde gris del arbolado en concierto armonioso y sonriente, da suave sombra a la parlera fuente donde abreva el cordero sosegado. El bosque es palio inmenso de colorea, la ti ra alfombra de brillantes flores, y se destaca entre el ramaje umbrío, Un pescador, que con paciente maña prepara el cebo de su débil caña que arroja luego en el cristal del río. . .
El canto del cisne EN EL ESTANQUE. . . Vedlo allá, lejos, cómo cruza airoso, ¿el lago triste la extensión serena;
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO y cómo al ascender sobre la arena, al sol ostenta su plumaje hermoso. . . Yo le he visto pasar belllo y pomposo, cuando mi alma de nostalgia llena, suele en las tardes distraer su pena a orillas del estanque silencioso. ¡Cuántas veces, en medio del encanto de aquellas tardes, misterioso canto el silencio turbó de aquel paraje, algún cisne que triste se moría, y cantaba al morir su melodía sobre el dulce vaivén del oleaje. . .
En el crepúsculo.... Y en el bello poniente sonrosado, cuando la flor de nácar de la luna, temblando en el azul de la laguna borda de plata su cristal rizado, sobre las ondas, flota el nacarado cuerpo del cisne muerto, bajo una pincelada sutil de sombra bruna donde resalta su plumaje alado. . . . Yo quiero en un crepúsculo violeta que floten mis despojos de poeta en lago azul, después que en mi agonía, bajo el nocturno palio de las frondas, cante sobre la eFp,lma de las ondas mi alma-cisne su dulce melodía. . .
ASTOL, EUGENIO
ASTOL, EUGENIO Armería ideal En el pals remoto de la Quimera donde triunfa radiante la poesía extendiendo los pliegues de su bandera, hay una venerable, vasta armería, y allí muestran su antigua gloria guerrera los trofeos de andante caballería. Por su aspecto semeja regio castillo que noche y día guardan cuatro dragones, centinelas innobles junto al rastrillo; las lombardas asoman por los bastiones; quien lo mira deduce su épico brillo de los signos grabados en los blasones. En el salón se afirma la chimenea —garganta inverosímil de algún coloso— donde el seco sarmiento prende y humea; ya Ge yergue la llama, ya culebrea, o se oye su eco débil y misterioso cuando el fuego encendido chisporrotea.
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Decoran las par ides armas extrañas; no de forjas vulgares fueron salidas ni proclama la historia dus inil campañas: al numen dei ensueño fueron debidas; a genios inmortales están unidas; la leyenda es heraldo de sus hazañas. ¡Salud, oh valerosos, firmes aceros, que fuisteis redentores de las princesas oprimidas por magos viles y arteros! Por las altas beldai5s lidiábais fieros. . . . Después de realizadas tales empresas ¡Con qué amor os ceñían los caballeros' ¡Y salud a vosotros, áureos puñales! Sutilmente matásteis muchos dolores en las deslumbradoras fiestas ducales, palenques de torneos galanteadoras, cuando en los orgullosos pechos feudales vuestra hoja escondíais envuelta en flores. Junto a ellos se ostentan las rudas mazas, que de un golpe partían viejas corazas, y los desmesurados, fuertes lanzones, que apuntaban al casco de los campeones, y chispean, sutiles los yataganes, que en la lid esgrimieran los musulmanes. Marcadas por las bregas de lizas crueles están en sus escudos las armaduras de los héroes cristianos y los infiel . Parecen, ajustadas, férreas figuras que en los ángulos duermen, tristes, obscuras, soñando la nostalgia de los laurelles. Media noche. Las doce. La fantasia fulgura en esa hora de hechicería.
ASTOL, EUGENIO Su pelliza de nieves viste el invierno y dirige la inmensa, bronca armonía, que cual pálida copia del ritmo eterno la tormenta repite con voz bravía. ¿Qué condei.sa el soberbio, pasmoso canto? Lo que encubre la noche bajo su manto: el caer de la lluvia; la parda niebla que con vagos perfiles los aires puebla; los sueños invernales; la huella leve de fantasmas errando sobre la nieve. . . . De metálicas voces se oye el concierto: algo así como lentos, sordos rumores salmodiando en las sombras del un mundo muerto el poema angustioso de los dolores. Tal gimen, encontrando su lar desierto, las aves solitarias en los alcores. Son las armas que cuentan sus añoranzas y dan por fenecidas sus esperanzas y evocan el espectro de sus tristezas, contemplando marchitas bus remembranzas, despuntadas por siempre las rudas lanzas y a polvo reducidas las fortalezas. Singulares coloquios ¡Palpita en ellos el arcaico lenguaje de tiempos idos por los' rojos matices cruelmente bellos, que encendían las almas y los vestidos con la magia terriblel de sus destellos, y hoy yacen entre brumas, descoloridos. La agonía del último Abencerraje murmura la honda pena de su Granada. . . ¡Ya no brilla el alfanje sobré la espada! ¡Ya no gimen las guzlas bajo el boscaje!
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Y contempla, llorosa, como un miraje que se pierde lejana, Sierra Nevada! Con los nervios robustos bien extendidos, el arco de Guillermo su dardo aseeta al yugo de los parias y los vencidos. ;Cómo ruge la daga de Malatesta, por los tálamos nobles que ve ofendidos sin la mancha de sangre de una protesta! Habla el lanzón famoso de Don Quijote, romancesco dechado de paladines; aquel que en su divisa tuvo por mote no bajar hasta el lodo de empresas ruines, de la gente maleante gallardo azote, ¡terror de los gigantes Pentapolines! Largo, seco, negruzco y enmohecido, lleno de cicatrices mas no abatido, del hidalgo manchego cabal trasunto, juzgando por cobarde todo quejido, con someras razones toca el asunto que a sus viejos colegas ha entristecido. —Vuesas mercedes dicen francas verdades, y e11 mi ánima las tengo por bien sabidas; hogaño son amargas las realidades: ya no vibra en los campos y en las ciudades el aliento fecundo de nuestras vidas, que ficiera gloriosas otras edades. Ya, ro hay hadas famosas en los vergeles, ni beldades gimiendo en los torreones, ni endiablados Merlines tras los broqueles. ni andantes caballeros en sus bridones. . . Desdeñando la fama, ved los donceles de prosaico combate por los doblones.
ASTOL EUGENIO ¿Qué se¡ han hecho los lauros del heroísmo? Los pueblos, dirigidos por rabadanes, entréganso al grosero mercantilismo y se mofan ¡cuitados! de nuestros manes. Ayuntados la envidia y el egoísmo denigran la aventura de los batanes. . . Mas ya que en tiempos tan desdichados tocónos el olvido por mala suerte y en la sombra vivimos arrinconados, mostremos el empuje del varón fuerte que es roble inquebrantable frente a los hados y así, no se doblega, ¡ni aún a la muerte! Apenas se apagara su altivo acento llegando a lo más hondo del sentimiento, a la grave asamblea tornó el reposo. Nada turba lo augusto de aquel momento. Sólo afuera, con giro vertiginoso, sus silbantes pulmones expande el viento. Mas de pronto, rotundo, con furia estalla el grito formidable de una batalla; el eco rumoroso de lejos viene. . . . ¡Es que al fin Espartaco su voz no acalla y un pueblo civilizado su honor mantiene con el ruido estridente de la metralla!
¡Oh belleza de nuevos, gratos verdores, ;Oh dulces energias primaveraleis, donde laten en germen las estivales que la tierra matiza con sus colores! Oh poder de los brotes estremecidos, que revientan en las pomas como en los nidos! Habladme de aquel grito. . . ¡Yo no lo intento,
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porque el milagro abisma mi pensamiento! Sólo sé que en las armas, antes medrosas, ardieron bizarrías maravillosas, que el invierno rugoso silbó un lamento, ;y el lanzón castellano se ornó de rosaal . .
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tabla
Cojed las rosas, cojed las rosas es la mañana alegre de las cosas. Cojed la espiga dorada en la ópima cosecha de la hora mediada. Cojed el ensueño, —no se os vaya a perder— en la bruma violeta del atardecer. Cuando se haga la noche con su profunda luz, cojed la cruz.
Lo que queda Esclavo o galeote: !el rastro de tu oprobio ha de borrarlo el tiempo con su invisible rueda! Vividor libertino: !No quedará en tu alma ni la huella de un beso ni el rece de una seda! Cerebros arrogantes; ;polvo, ceniza o lava marcará vuestro paso por la opaca. vereda! !Subid, ascended todos! Hay un sello imborrable. rin que luz grano en la criba de él eximirse pueda. !Subid, ascended todos! La marca de fuego del espirita !Es lo único que queda!
ASTOL EUGENIO
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Eucaristía Como un nuevo Saturno me doy a mis suefios; en ellos me reparto y viven de mi mismo. ¡Ensueños pensativos! Hijos míos que adoro.. . Les hago con mi sangre la señal del bautismo. Que coman de mis panes; que 'beban de mis viña; mi alegría se nutre con su sano egoísmo. . Mas yo sé que algún día resurgiré unitario, redivivo, invencible, del fondo de mi mismo, y en un triunfal espasmo, hecho luz o hecho llama, pondré un. reír de oro en la faz del abismo.
Liberación ¡Dolor, me has depurado! ¡Amor, me has encendido! Pues que apuro las heces del pasado, ya sueño con sentirme redimido por las ansias que sufro y hel sufrido, por los bienes que adoro y he adorado.
¡Canta, corszón! ¡Qué alegres las campanas, las campanas, en las misas risueñas de las mañanas!
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! Cuán suaves los flautines, los flautines en los bailes rientes en los festines! ¡Hola! ¡Eh!. . Corazón. . . Viejo cansado. . . Ya nadie bulle y danza por tu lado! Las campanas han doblado. Los flautines han callado. Anima tu tic-tac, y canta una serenata a la luna. . . .
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Azul y gris Mi tierra es una joya da opalinas vislumbres en solitario engarce sobre el azul del mar, y todo es suave en torno; las espumas se extinguen con un ritmo de cuna sobre el manso arenal. Algún peñasco a trechos. La roqueda es escasa. Sus rugosos perfiles los suaviza el palmar. Dirime gigantes que avizoran las rutas y en actitud inmoble vigilan el umbral. . . ¡Mi tierra es una joya sobre el azul del mar! Parece que no plugo al divino joyero verter sobre las almas igual claror de paz, y la jocunda risa de ese cintillo áureo se pierde en las penumbras de un gris crepuscular. La alegría del monte, del llano y la arboleda, los cálidos paisajes del pincel tropical, una leyenda tienen: es la melancolía, diosa grave que ambula por el nativo lar y en las copas vernales destila su nostalgia como lluvia de otoño que empañase un cristal. Así, mi tierra es triste. Sutil bruma la envuelve. Valle de sombras trémulas que suspirando van. . . ¡Ella misma una sombra sobre el azul dei mar!
ATILES GARCIA, GUILLERMO
ATILES GARCIA, GUILLERMO Romeo y Julieta La tarde es triste, pensativa y triste, como un adios al moribundo día; con un gran velo de melancolía la tarde viuda al padecer se viste. El día, que a la muerte se resisto, ya resurge entre cantos de alegría, y en medio a la sagrada poesía el manto de la aurora le reviste. ¡Oh, Romeo y Julieta, el fuego arde en vuestros corazones y Dios ora; hace de amor el Universo alarde Y ve el poeta que lo excelso adora, Un beso de Romeo en cada aurora. Y in adios de Julieta en cada tarde!
Venus espl€ndente Si en mis ansias de amor, niña, pudiera, partir la luna en dos. ¡loco contento!
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO acniiráse en el amplio Firmamento la curva magistral de tu cacera! En tu pecho, el botón de Primavera se ha hinchado como el goce, en un portento de mármoles de Paros. . , tal presiento el rosal de tu carne tempranera. Por tu cuello suspiran los rosales; en tu boca sonríen los corales con las perlas; el sol tu frente nombra• ¿Qué más bello completa su idealismo?, . ¡De tu mirada el seductor abismo, al oculto paisaje da tu sombral. .
La
vida
Meditad de la vida el gran asunto. . . Tal vez Creso dirá que es un problema; Campoamor, un bellísimo poema; Napoleón,; combate! diga al punto. Nietzche, calculador y cejijunto bifurcará la vida en un dilema, Mientras Newton dirá que es un teorema Y un sueño, Calderón. . . Tal en conjunto Lo que llamamos en el mundo vida, lo que la torpe sin razón convierte en lucha desigual y fratricida. Mas anafe o realidad, combate o suerte, vivir es comenzar una partida en el oscuro plano de la muerte.
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AVELLANET MATTEI, ERNESTO
AVELLANET MATTEI, ERNESTO Crucifixión Oid: las campanas ya doblan a muerto; Entre los celajes de tarde callada Parece escucharse la voz del desierto, El Sermón del Huerto, Llenando la trágica visión de la vida De luz ignorada, Como una esperanza de fe prometida, Bajo la tristeza ?le toda una noche que pueblan vestiglos, Tal cual si en_ un llanto la Naturaleza, Denunciara el Crimen a todos los siglos. . . Lloran, lloran lloran la 's roncas campanas, Mil voces lejanas Delatan la obra de la turba impía; Ojos que mirásteis la trágica escena, Habladme de aquella infinita pena Que sintiera el Justo en cruel agonía. . Tarde melancólica. un arpa eólica Pulsaba un Arcángel en la niebla densa;
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Susurraba Zl viento entre la espesura, Llegaban las sombras, huía la luz; Y en aquella triste soledad inmensa Se alzaba divina la noble figura Del noble Jesús. . . Tristemente pálido, tristemente bello, Vacilante el paso, hirsuto el cabello, Altivo y supremo iba el Verbo-Dios; La Cruz infamante, como un simbolismo; Mostraba su frente todo el heroísmo del Dios Trino y Uno hecho paz y amor. . . Y la turba incrédula al Justo insultaba: ''Tú, que en los sepulcros, muertos levantaba Rey de los Judíos, levántate tú;'' Y el Verbo divino triste respondía: "Voy a la esperanza, voy a un nuevo día, Yo marcho a la al.rora, porque soy la Luz. . . ' '¡Ay. ay, de vosotros, fariseo y escriba, En verdad os digo que la paz estriba, En el justo bien; Bienaventurado aquel que me crea, Porque soy la eterna fuente de la idea, Blanco derrotero del Supremo Edén." ''Bienaventurados los desheredados, Los pobres de espíritus, bienaventurados, Porque los humildes mi gloria verán; Mi reino no es reino de este falso mundo; Mi espíritu habita el cielo profundo Porque soy de allá; Venzo las tinieblas de la eterna duda, El perdón me salva, el amor me escuda, Al dolor humillo, desvanezco el mal' . . . . Y la turba impía llegaba al Calvario,
AVELLANET MATTEI, ERNESTO La Cruz infamante, esperaba al Cristo, Y entonces los ojos de aquellos sicarios Vieron impasibles lo que yo no he visto!. . . Vieron aquel Mártir, como una azucena, Expiar la culpa de todos los hombres, Vieron una frente mística y serena ¡Sudar los dolores que no tienen nombres!. . , Vieron al divino, puro Nazareno Orar en la cumbre por el Dios bendito, Labios temblorosos apurar veneno, Pupilas azules buscar lo Infinito. . . . Vieron las injurias de todas las leyes Burlar aquel código de inmanente amor, Vieron la venganza de todos los reyes Profanar la cumbre del Hijo de Dios. . . . Cárdenos relámpagos, truenos errabundos, El sol ocultando su dorada luz, Un gemido triste por sobre los mundos, Vn triste sollozo por bajo la Cruz. . . . Y entre aquel confuso gemir de las cosas, Del agonizante, como una visión ¡Vieron sus dos labios abrirse cual rosas, Y murmurar trémulos: ¡Oh, Padre, Perdón!
Old las campanas qué fúnebre gimen, Lloran el recuerdo del dolor de Cristo; ¡Temblad, que ya escucho voces que redimen Ojos que mirásteis lo que yo no he visto.
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CANALES, NEMESIO
CANALES, NEMESIO Tu
beso
Bésame con el beso de aquel día cm que la lluvia su canción lloraba; Cuando tu me besaste... yo soñaba un sueño de otoñal melancolía! Bésame con aquel beso fragante que tenía el aroma de mil flores. . Vivamos otra vez aquel instante de lluvia, de tristezas, y de amores. . Vibraba dulce tu mimoso acento. . . Y en tanto, brumas y más brumas, fuera Pasaban con un vuelo de quimera cual gasas desgarradas por el viento. Dame otra vez la plácida poesía que aquel tu beso en mi alma destilaba; cuando tu me besaste, ;yo soñaba un sueño de otoñal melancolía'
En tu nido. . . Yo quisiera eantarte en mi verso con acentos de un raro lenguaje,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO de un raro lenguaje sensual y perverso, con sinuosidades de danza salvaje. Yo quisiera exprimir, en el vaso tosco de mi rima, zumos de locura, que quemasen tu carne de raso con el fuego impuro que a mi me tortura. Cortante, mi frase, como un puñal sea que de tus pudores los velos desgarre. . . Que mi estrofa arda con furor de tea evocando raptos de insano aquelarre. De esa fiebre de ti que me mata, es horrible y perenne el flagelo. . . Sea mi verso el bajel de un pirata que me traiga, cautivo, tu anhelo. ¡Oh visión de una luz mortecina, alumbrando en tu lecho revuelto, de tus flancos la curva divina y la onda lasciva de tu pelo suelto! ¡Oh sedientas palomas de tu seno! ¡Oh musgo leve en tu busto moreno! ¡Oh turba de lunares que, golosa, se ha dormido en tu piel voluptuosa? En mi pasión sin freno, Yo quisiera morir de ese veneno, de infinitud de amor y muerte lleno, ojos, en la boca, en el seno, que tienes en ¡y en cada punto de tu estatua melodiosa en que tu sexo es rosa!
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Por el camino... Sibaríticamente Resbalaron mis ojos por tu frente,
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Y ardieren en la hoguera de tus ojos, Y adormecieron sus antojos Bebiendo con sed loca En la lírica copa da tu boca. . . . Va el auto devorando La larga carretera, Y yo voy encontrando, En cada trazo del paisaje, Un erótico y místico mensaje, Concebido en el mágico lenguaje Que me habló cada pliegue de tu traje. . . ¡Y cada nota jubilosa de la riente pradera paréceme una glosa de tu brava cadera! Y. mientras el auto jadeaba Y a la cumbre volaba, Mi mente se llenaba De la diabólica visión De una carne de nardo, De cuyo aroma guardo Tal penetrante sensación, ¡Que estoy sintiendo como un dardo Que me desgarra el corazón!
Mi caballo Mi caballo no vuela, ni corre desbocado, al fatigo obediente de ningún ideal. Mi caballo es uu manso caballo fatigado que sabe que es lo mismo correr o estar parado. . . ¡Porque todo es igual! Mi caballo va lento, mudo, y un poco triste, curado de las fiebres del odia y del amor, No suefia con la hembra, ni con ardor la embiste:
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sólo le pide un poco de dulzor su carne de flor. Mi caballo está enfermo de una melancolía que le pone en el belfo un rictus de ironía: mueca de la tragedia de su vida vacía. Abomina del sol. . . y busca por el día, la sombra solitaria del árbol de la filosofía. Y es tan sólo de noche, que a mi caballo viene. la vaga ensoñación del gran enigma que toda vida tiene, dentro del corazón! Mi caballo va lento, va callado, va triste. . . Y aunque el pájaro azul de la ilusión le canta, a veces, dentro, romántica canción, siempre en el tardo ritmo de su paso persiste. . . Y sigue su camino, bien callado, bien triste, rumiando la amargura de todo cuanto existe!
CASTRO, GUALBERTO
CASTRO, GUALBERTO Te he visto Llorar... Yo te he visto llorar. . . De tus pupilas, veladas por recónditas tristezas, ha brotado el dolor, dolor del alma, en gotas de irisada transparencia. Yo te he visto llorar, y no he sentido al contemplar las cristalinas perlas que caían del cielo de tu vida sobre la blanca flor de tu pureza, pesar en tus pesares ignorados mis penas en tus penas. La envidia me asaltó, ruin y cobarde; pero una envidia intensa. . . . ;es tan dulce sentir que los dolores convertidos en lágrimas nos dejan, si el alma, delirando con la dicha, ante el dulce recuerdo se postema, que envidio los recónditos pesares que conturban tu cándida inocencia! ¡Dichosa tú que puedes los dolores diluir en el llanto, como perlas
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO arrancadas por Dios a la corona quo luce la gentil Naturaleza, para adornar la flor que en los jardines al beso de la Aurora se despierta! ¡Las lagrimas son gotas de rocío con que exorna el Señor las almas buenas!
CESTERO, FERDINAND R.
CESTERO, FERDINAND R. ¡Qué noche tan larga.... La noche está triste: la casa tranquila; desierta la alcoba; y una bella mujer en la sala disipa su angustia leyendo ella sola. El reloj, que ha marcado la una en su esfera redonda, interrumpe el silencio apacible con el leve tic-tac de las horas. Abierto está el piano; y la bella mujer soñadora, de leer ha cansado sus ojos, y el libro abandona, que va de sus manos rodando a su falda y va de su falda rodando a la alfombra_ En un vaso de fina bohemia doblando su tallo se inclina una rosa, y en el rojo cojín de damasco que un sofá de la sala decora el gato dormido parece una mota.
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El piano la cansa y el libro la hastía, se siente agitada y está muy nerviosa, el más leve ruido la exalta y la inquieta: se encamina al balcón, y se asoma; se frota las manos con un desespero que a ella misma la asusta y le asombra, no sabe, no encuentra, con que distraerse, vuelve a la sala, muy triste y muy sola. Torna al mismo sillón, y se sienta con la frente poblada de sombras; piensa en las horas felices. . . y exclama: —¡No sé lo que haría si fuera ura loca''!
Los hombres no saben lo que es el desvelo de una bella mujer angustiada que siente una duda clavada en el pecho! Su espíritu erratil se va muchas veces tan lejos, tan lejos! que buscando otro amor de su vida acaricia un infiel pensamiento . ¿Habrá quien olvide lo santo y lo noble, la tímida alondra de cándido pecho, por carne de orgías en una subasta de impúdicos besos?. . . Y en tanto, la bella impaciente se mece en la sala con un balanceo que le imprime al sillón, donde sola se entrega al reclamo de sus pensamientos, y rebusca en el fondo del alma detrás de una rima. . . la flor de un recuerdo. Parece que reza, parece que llora, parece que, a ratos, recita unos versos. . . . y queda un instante como ensimismada en un vago enslxeSo.
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No saben los hombres lo que es el desvelo de una bella mujer que está sola pasando un balance de amor por su pecho! Empieza borrando la cifra que suma mentidos amores y falsos afectos. Ve nombres escritos que nada le dicen: ve tul gran cementerio que a solas recorre, y en su aturdimiento tropieza con uno, que apenas pronuncia temblando de miedo. y entonces, ;entonces' llorando se dice: —` `Hay muertos que viven, y hay vivos ya muertos"!
¡Qué noche tan larga! ;Qué triste y cansada me siento! Ya lie debido habituarme a estar sola. Ya van tantas noches que sola me quedo! Y al fin, temblorosa, como una sonámbula que va caminando con ojos abiertos, penetra en la alcoba; destrénzase el pelo; desciñe la bata de encajes plisados que marcan las curvas de todo su cuerpo, y viste la clámide que llama ella misma "su ropa de sueño", pero antes contempla su rara hermosura delante del fino cristal del espejo, y palpando sus carnes floridas, y echando a sus plantas el túnico bello, se vió más hermosa que Safo y Elena, que Ofelia y Atala, que Aspasia y que Venus.
Nupcial es la cama y es amplo su lecho;
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mm, viendo a su lado, después que se acuesta tan ancho vacío detrás de su cuerpo, lo llena ella misma con sus pensamientos. . . . Y ya no está sola. Palpando la sában. se escucha en la alcoba como un aleteo; y hablando en la sombra no sé con qué frases de lírico acento, extiende sus brazos y finja que roza su cuerpo a otro cuerpo. . . . .
En tanto amanece; y aún reina en la casa profundo silencio: la sala vacía; la rosa en el vaso, y el libro de versos tirado en la alfombra, como si llorara la virgen poesía delante de un muerto! En la calle que está adormecida, se sienten los ruidos que llegan de lejos, y en el fino cojín de damasco despiértase el gato y enarca su cuerpo. ¡Su alcoba está triste! nada turba el profundo silencio. Ella siente un extraño vacío en lo más escondido del pecho: ¡terrible vacío que llena ella misma con sus pensamientos! ¡No saben los hombres lo que es el desvelo de una mujer bella que está sola, y en el soliloquio de un largo fraseo, rebusca en el fondo marchito del alma detrás de una rima la flor de un recuerdo. . .
CESTERO, FERDINAND R. La luz de la aurora la sorprende tendida en su lecho. Parece un marasmo el divino sopor de su eiisueño. Una vaga visión le deslumbra que quisiera acercársela al pecho, va a abrazarla en la sombra. . , y llorando se duerme con los brazos abiertos!
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COLL Y TOSTE, CAYETANO Génesis JUAN PONCE DE LEON Salta del batel en tierra el valiente castellano, dispuesto en sus aventuras a dar mandobles y tajos; luce el airoso plumón en el reluciente casco, puñal florentino al cinto y el espadón al costado. Con ballestas y arcabuces le siguen los castellanos, brillando el sol de Borinquen en sus petos acerados. El paladín atrevido llgva en la potente mano de los Católicos Reyes el estandarte morado; y avanza con sus parciales por escabrosos atajos, con pie firma y brazo fuerte,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO en busca de sus contrarios. Tiende el sol gasas de oro por los bosques solitarios, y tiemblan en las llanas aljófares nacarados. Hay ópalos por los cielos y azahares por los llanos, y entre lirios y amapolas preludia el viento sus cantos. Ronco murmura el torrente, aroman los verdes prados, las torcaces se querellan, y el ruiseñor, preludiando su armónica y dulce nota, trina en la rama de un árbol. Las palmeras se divisan en los abruptos collados, y la gigantesca ceiba tiende soberbia su manto. Ante el hermoso paisaje r el vivo azul del espacio. el escuadrón se detiene de la tierra enamorado. ¡Tierra hermosa de Borinquen perdida en el oceano: tierra a merced del más fuerte por serle contraria el hado!: Levantan el campamento alegres los castellanos, y dejando el arcabuz vivaquean los soldados. y bajo un toldo de ramas durmió, como un soberano, el Juan Ponce, adormecido con los efluvios del campo!
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(1)
Seguido de sus fl echeros marcha Guarionex, altivo, a degollar castellanos y perseguir enemigos. Arde ya Sotomayor (2) por las llamas sorprendido y el incendio se propaga devorando el caserío. Silban las agudas flechas, y al asalto prevenido, hacha de sílice férreo maneja arrogante el indio. La macana de palmera tiene cortantes los filos, y el guanín de oro, brillante, luce Guarionex erguido, las plumas de su penacho agita el viento al capricho, brillando tornasoladas con los colores más vivos; el cacique es el primero en arrojarse al peligro, y a los flecheros seduce con su formidable grito; el asalto está empeñado, y el viento lleva, en sus giros, del arcabuz el estruendo, y el clamor de lo c heridos; (1) Famoso jefe indio o Cacique de los habitantes indígenas de la isla de Puerto Rico, que luchó contra los españoles durante la colonización en las guerras entre indios y colonizadores. (2) Villa de Sotomayor. Una de las primeras aldeas que se fundaron en la isla, destruida por los indios.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO fuego vomita el incendio; flechas arrojan los indios; y un puñado de valientes defienden el caserío. Salazar los acaudilla, capitán de muchos bríos, cuya espada cortadora por doquier abre camino; mas, ceden los castellanos y retroceden vencidos caminando hacia Caparra (1) Fin esperanzas de auxilio, seguidos de Guarionex que luce el guanín, altivo, degollando victorioso a los pobres fugitivos.
Caparra Cabe fragosa ribera batalla el indio arrogante, defendiendo a sangre y fuego sus tierras y sus hogares. Mas, un tiro de arcabuz decidió del duro trance, dando muerte al jefe indio que dirigía el combate; cual se doblega el arbusto, que vientos contrarios baten, así sucumbió el indígena, víctima de la catástrofe. Los indios se desparraman por los cerros y maizales, y a los pies del triunfador (1) Primera población fundada por los colonizadores e'pañolen en Puerto Rico.
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COLL Y TOSTE, CAYETANO se arrodillaron cobardes. El vencedor los condena a trabajar en los cauces y a buscar el oro ansiado, perdiendo sus libertades. Y en las márgenes del río llora el indio sus pesares; olvidando sus fetiches, sus costumbres y lenguaje, recibió en paz el bautismo, adoró a la Virgen Madre, y al invicto paladín rendía sus homenajes. Mezcló con los castellanos en lecho de amor, su sangre, y juntos aran la tierra, y unidos alzan hogares. ;Dulce amanecer de un pueblo; de patria nueva, celajes: la conjunción de dos razas: la fecunda obra del Arte!. . . Y en Caparra, Juan dd Ponce al pie de extensos palmares, levantó humilde villorrio do los cristianos morasen. Y en un modesto bohío con pífanos y timbales, en rítmica y dulce nota, cantóse el Regina Mater!
El incendio Reina un silencio fúnebre. La noche tiende tranquila sus brumosos velos, la hacienda está dormida. Los guardianes también reposo buscan por los huecos.
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La mano infame que venganza ansia, fluctúa en sombra; se decide presto aplicando al bagazo la vil tea, rápido brota el resplandor siniestro. —'' iFuego! "—grita la guardia sorprendida, al ver surgir, en medio del ingenio, por entre las provistas bagaceras, de súbito, la llama del incendio. Tras ese horrible grito, la campana, con su estridente y clamoroso acento, auxilio pide sin cesar, turbando del mayordomo el reposado sueflo. Cual reguero de pólvora inflamada, corren las llamas, y de trecho en trecho se propaga el incendio, formidable, con oleadas de color sangriento. Flamean las techumbres encendidas, salta el endeble combustiblo ardiendo, y vuelan por los aires rojos átomos dibujando brillantes arabescos. Las refulgentes chispas a raudales, en confuso tropel cruzan los cielos: dorada lluvia en el volcán arroja, torbellino de luz que lanza eQ fuego. Al poder del flamígero coloso, se estremece la hacienda en sus cimientos, vacilan del trapiche las pilastras, en ascuas ruge el roto pavimento. Se desploman los altos arquitrabes, se desquician los sólidos maderos.
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COLL Y TOSTE, CAYETANO Y al crujido dei seto que se quiebra responde el infernal chisporroteo. Clreyérase que el fuego de la hornada, por siempre entre barrotes prisionero, se subleva colérico, potente, y estalla con horribles centelleos. Al fulgor de la inmensa luminaria, vése teñido de escarlata el cielo; y el campo de esmeralda, rodeando aquel terrible funeral brasero. Invaden el poblado y la llanura tenebrosas columnas de humo deliso, que marchan, empujadas por la brisa, como un enjambre de fantasmas negros. Y, en medio de la hoguera, se destaca la ennegrecida chimenea: quimérica atalaya, gigante solitario, combatido por furias del averno. Las llamas se revuelven en su torno el pedregoso muro carcomiendo: se retuercen, se enroscan, se entrelazan, gimen y luchan con feroz denuedo. Semejan cruel manada de dragones rojizos, jadeantes y frenéticos, asaltando de un cíclope las fraguas, que altivo, los contempla con desprecio. La atmósfera candente reverbera, el estupor penetra por los miembros; y, en las tinieblas, multitud humana bulle y gira impotente contra el fuego.
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Se divisan los rostros caldeados y los labios plegados y sedientos; y las negras siluetas ambulantes al triste corazón infunden miedo. Al fragor de la llama que chispea se une del bronce el repicar inquieto; y a los gritos de mando de los jefes, la ruidosa faena del bombero. Y los pobres ilotas, infelices, —ayer esclavizados, hoy libertos— en vez de contemplar cual se derrumba la fábrica amasada con sus huesos. e impávidos mirar el foco ardiente donde el oro y su sangre van envueltos: olvidando del látigo el ultraje, olvidando la saña del negrero, ¡allí están, generosos y valientes, luchando con las llamas cuerpo a cuerpo! ¡Sarcasmo horrible, incomprensible enigma, tal vez de Dios providencial secreto! Y cuando el fuego, cual cansado monstruo, aplacaba su ardor y sus reflejos, y escombros y ruinas humeantes lanzaban los relámpagos postreros; rasgando de la noche la negrura, entre nimbos de nácares espléndidos, apareció la luna por Oriente, —globo de luz que asciende al firmamento. Parecía la pupila centelleante do algún ser misterioso y gigantesco,
CULL Y TOSTE, CAYETANO mirando compasivo el triste sitio cubierto de despojos cenicientos. Ante el grato reflejo de la luna, que sentía infiltrarse en mi cerebro, —rayo de amor, en ondas luminosas acariciando al dolorido pecho,— las amarillas y rojizas llamas furiosas y enroscadas por el suelo, mostraban a mi loca fantasía turba infernal de espíritus negreros. Los silfos de la noche, en gran falange, ante el astro de luz, súbito huyeron, y el terral con sus alas invisibles aventó las cenizas del incendio. Tendió la muerte el fúnebre sudario, sobre el solar del abrasado ingenio. . . . 1 Sólo quedan allí tristes vestigios: montón informe de pedruscos negros!
Los pinos del cementerio ¡Cómo acuden a la mente, en tropel, tantos recuerdos! Aquí la ruinosa ermita con su campanario esbelto, sus paredes agrietadas y sus inclinados techos. Allá, las tapias caídas del antiguo cementerio, con los blanqueados nichos y los pobres mausoleos. ¡La legión de los estragos
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO como el huracán violento, en sus briosos corceles cabalgó por este suelo! ¡Todo se ha hundido en la nada destrozado por el tiempo, o por la mano del hombre, siempre cruel con lo que es viejo! ;Sólo quedan unos pinos añosos y macilentos, pues—que llaman el villa je ''los pinos del cementerio! '' Son tress: el grupo semeja tres ancianos corpulentos, fatigados por los años, rendidos por el invierno. Uno quebró el vendabal, torció su ramaje el cierzo; pero se levanta erguido, batallador y soberbio. Los otros dos están tristes, deshojados, mustios, secos, sin esmeralda sus copas, y sus troncos cenicientos. Representan otra época, representan otros tiempos; mas, todos ven con cariño los pinos del cementerio! En esta lima pardusca, de antaño llamada ''El Cerro'', hoy se erige un hospital, refugio de los enfermos: tiene arcadas, tiene ojivas, galerías, flores, huerto. . . ¡pero ruedan por los aires, cual quejumbrosos lamentos, (2-3i
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COLL Y TOSTE, CAYETANO ayes dolientes, que pasan en las ráfagas envueltos! ¡La legión de los estragos, como el huracán violento en sus briosos corceles, cabalgó por este suelo! ¡Las tapias se han derruido, los sepulcros se han abierto, las fosas se han socavado, se han revolcado los huesos! ¡Sólo esperan el ultraje los pinos dei cementerio! Era una tarde lluviosa, —!cuán triste gemía el viento!— y la luz palidecía en los últimos reflejos. . . Yo contemplaba a un faquín cavando en hondos cimientos: el ganapán avanzaba, avanzaban los obreros.... Y cuando estaba abstraido en profundos pensamientos, una voz suena a mi lado con un sonido siniestro: ¡Es necesario tronchar los pinos del cementerio! ¡Tronchar los pinos—repito. ;Troncharlos!—dice el bracero--: hay que segar las paredes; se necesita el terreno.. . El viento zumba en las ramas, seineja una voz de duelo. Miro el sombrío pinar, y, al mirarlo, me da miedo: me parece un homicidio
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO lo que propone el obrero. 1La legión de los estragos, oomo el huracán violento en sus briosos corceles, va a pasar por este suelo! Esos árboles añosos los sembraron nuestros viejos; es muy triste derribarlos: ¡recuerdo de lns abuelos! Mas, el Progreso lo exige y en las aras del Progreso la ermita rodó por tierra, se derribó el cementerio, se socavaron las fosas, se revolcaron los huesos, y ¡ay! fué preciso tronchar !los pinos del cementerio!
Mi protesta
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—Si en un momento de febril delirio soñó tu monte, ¡oh, vate borincano! la lira someter a cruel martirio y sus cuerda donar. . . !detén la mano! ¡Detén la mano!: que crueldad sería ver el arpa de Homero desgarrada, el laúd de David sin armonía y tu lira ¡oh, Caribe, destrozada! ¿Quién pintaría entonces los torrente. que bajan a los llanos, bullidores, (1) Esta bella composición la escribió el autor con motivo de la poesía "Adios a ml Lira'' del inspirado lineo portorriqueño José G. Padilla (El Caribe) .
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las ninfas juguetonas de las fuentes, el matiz encendido de las flores; el rosicler de la naciente aurora, .1 níveo lampo de la luz que ondea, y el pabellón de grana, que decora al sol que en el ocaso centellea? ¡Quién pintaría entonces, plateados rayos de luz, que dan en la laguna, y medrosos crespones enlutados, al asomar el disco de la luna? LY por las rocas la flotante niebla que se condensa al ascender sombría, y, al reflejo lunar, el monte puebla en cascadas de bella argentería? ¡Ah! no, imposible! Que el pincel de Apeles las musas a tu lira le han aunado, y su gentil diadema de laureles Beethoven en tu plectro la ha engarzado. Y brotan a raudales los sonidos al preludiar tu caribefla lira, ya del trueno imitando los bramidos, ya del cocal el aura que suspira; ya ,de tórtolas amante la querella, ya, los trinos de músico jilguero, ya, el arrullar de la calandria bella, o el gorjear del ruiseñor parlero. O gime, cual favonio en los rosales, o silba como el viento en la enramada, o rompe, como el mar en peñascales, ;o ruge, cual tormenta desatadal. . . .
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Y si, feliz, conservas el misterio, vedado por Apolo al arpa mía, de arrancar los acordes del salterio y derramar torrentes de harmonía, ¿qué te importa que espléndido no alumbre un sol de primavera en tus montañas?. . . De los Andes, nevada está la cumbre, y palpita un volcán en sus entrañas! . . ¡Canta, poeta! Con ánimo arrogante desecha el torcedor de tus dolores, y entre sándalo y nácar luzca amante la odalisca gentil de tus amores. Tú levantaste el velo que encubría de la bella Borhquen la riqueza; y, al pintar su hermosura y gallardía. ebrio de amor, doblaste la cabeza. ¡Canta, canta! Tu címbalo sonoro en la riqueza lid, es el primero; y, al escuchar tu acento, aplaude en coro cautivo a tu cantar, un pueblo entero! El joven adalid, con frente osada, de súbito en la arena se aparece, y al ver la muchedumbre congregada, la vista apaga. tiembla y desfallece. Pero el guerrero, aliado del trofeo, que conoce el alcázar de la gloria, con paso firme avanza en el torneo y empuña el galardón de la victoria. ¡Así eres tú!. . . Y, gladiador valiente, de vítores y lauros fatigado,
COLL Y TOSTE, CAYETANO amante anhelas reclinar la frente en el seno del hijo idolatrado. ¡Tal vez, tal vez! . . . Mas, sigue tu sendero mientras aprende tu sonora nota, ;que, al terminar el himno postrimero, Borinquen guardará tu lira rota!
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CORDERO, MODESTO ¡Oh juventud! ! Oh, juventud! La vida sonriente muestra falaz a tu ilusión hermosa, en perspectiva mágica y luciente, una dicha esplendente. un cielo azul, un sol color de rosa. Arpegios dulces de canoras aves, ritmos sonoros de apacible brisa, que en aleteos suaves el cristal terso de las ondas riza; luces, perlas, brillantes y colores en profusión bordando los espacios; bella cascada de sedosas flores; corona de topacios; circulo inmeso de esmeralda y oro cuajado de radiante pedrería, es el rico tesoro que miente a la risueña fantasía, de la vida febril la luz primera, que es a la vez un cántico sonoro. La mañana es muy bella; mas su encanto no puede perdurar hasta la noche,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO la Primavera se desciñe el manto, al sentir que entre nubes de amaranto, rompe el verano su luciente broche. Tal es la juventud: luz que se esfuma entre temblantes frondas; sarta do perlas de brillante espuma que se deshace en la dormida onda. Y llega pronto la vejez sombría acongojada, tímida, ruinosa. llevando en su pupila triste y fria un rayo de la luz del mediodía, y un resplandor de la mañana hermosa. Y es que el tiempo que corre abarcando en su vuelo el infinito, va dejando su huella imperceptible en el alma intangible lo mismo que en el mármol y el granito! Es que la juventud de tonos bellos. puede ser sombra o luz en la existencia, y a su penumbra igual que a sus destellos, ;se despierta del hombre la conciencia! El pasado no muere: su perfume alienta nuestro ser o lo deprime; y la vejez resume nuestra vida, ya pérfida o snblime. El tiempo es como un libro de memorias que atesora en sus páginas eternas, las dulces y las trágicas historias que ocurren de la vida en las cavernas. . 1 El fotograba en tersos caracteres y en forma apocalíptica y sombría, sobre el telar ingente de los cielos. el pensamiento que en la mente ardía, la palabra que el labio repetía, y el hecho que causó nuestros desvelos.
CORDERO, MODESTO Mas. . . hemos de partir con triste grito, en medio de la dicha y los dolores, nos detiene una voz del infinito. . . Es el reloj de arena fiel emblema de la vida fugaz y transitoria; mengua incesante hasta el postrero grano! y después el silencio, el hondo arcano, el misterioso y trágico problema. . . ! ¡Oh, juventud, que brillas como aurora con celajes de grana, en un cielo que encantos atesora; no olvides el mañana! No olvides que el presente se evapora. Sólo hay un medio de esperar la muerte con entereza y brio. armado el brazo de inflexible acero y es ceñir con valor robusto y fuerte de la virtud el mágico atavío. ¿Qué son las glorias frágiles, humanas? Lentejuelas que adornan un momento, ilusiones quiméricas y vanas! Polvillo de oro que disipa el viento! Poder, riqueza, bienestar, renombre, son Luzbeles con alas fulgurantes; piedras falsas con tonos de diamantes que deslumbran al hombre Son esos amuletos las causas inmanentes del pecado, pues su brillo infecundo sutil ha envenenado la atmósfera moral en este mundo. "No me envidies la tierra miserable que cubre mis despojos"
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO fué de Ciro el magnifico epitafio. Y al mirar su riqueza deleznable cubrió Mabmoud de lágrimas sus ojos; y Jerjes y Alejandro con tristeza lloraron como niños ante la pequefiez de su grandeza. Hay que vivir como vivió Pericles y morir como Kant mirando al cielo, o caer como Raleigh sobre el tajo, sin sentir más anhelo que el amor infinito, que ennoblece, a la verdad augusta y al trabajo. El nacer p el morir son el engarce de la humana existencia; mas algo sutilfsiino se esparce como luz inmortal en la conciencia, que a través del misterio que a doquier nos alcanza, busca el hombre con ansias el imperio donde fulgura el sol de la esperanza. No hay más riqueza, ni esplendor, ni gloria, que el bien y la virtud: son las escalas para alcanzar la espléndida victoria tendiendo a Dios las Impalpables alas. Esa es la bella religión del justo que como un martir eEpir6 en Judea; ese es el dogma augusto que evangeliza, que levanta y crea. ¡Oh, juventud, que corres desolada por senda matizada de perlas y de flores; tiende tu vista al porvenir que abruma y observa entre su bruma
CORDERO, MODESTO de la verdad los bellos resplandores! Haz porque al ascender adonde moran loe que la hermosa redención predicen, llegues envuelta en celestial albura; y que al mirar atrás, desde esa altura, sólo contemples ojos que te lloran y labios, que temblando, te bendicen. . . !
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CORDOVA DAVILA, FELIX
CORDOVA DAVILA, FELIX Horoscopo
la
De la edad juvenil en los albores y llorando su mísero destino, vera del camino, una niña, a pide limosna y regala flores. Aunque sufre del hambre los horrores, bajo su traje rústico y mezquino adivinase un cuerpo alabastrino portador de secretos tentadores. —¡Pobre niña, mugrienta y haraposa, que vives explotando la belleza de las flores que ofreces afanosa; ¡sabe Dios, si mañana, en tu pobreza venderás, como vdndes una rosa, la delicada flor de tu pureza'
En el Baño Por no exhibir la desnudez entera de sus formas, que guarda con decoro,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO oculta entre las ondas el tesoro de %u cuerpo de púrpura y de celta. Destácase la blonda cabellera como el ígneo chispear de un meteoro, quebrándose en relámpagos de oro sobre el níveo perfil de su cadera. Túrgido el seno de jazmín y rosa, cuando surge del baño, temblorosa, arroba con sus mágicos hechizos, sacudiendo el trigal de sus cabellos, como un sol que reparte sus destello■ en una lluvia do flotantes rizos.
¡Peligrosa! ¿Por qué recorres el derrotero que tantas veces cruzo yo al día. . .? ¿Quién te dirige por mi sendero, Oh, princesita del alma mía? ¿Qué poder tienes en tus morunos electrizantes ojos trigueños que se desdoblan como ningunos en una cinta de luz y sueños? ¡Sí me pareces una figura que de Tanagra volé a estos climas para ofrecernos una aventura y apoderarse de nuestras rimas! Como devoto de tu belleza y de tu alma sencilla y pura
CORDOVA DÁVILA, FELIX todas las tardes mi lira reza en los altares de tu hermosura. Mas cuando cruces por mi sendero no me dirijas ni una mirada ¡ni una tan sola! mira gue muero con el reflejo de tu mirada.
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CORTES, ARTURO
CORTES, ARTURO Ayer y hoy Yacía en un rincón abandonada y de polvo cubierta la pobre lira que sirvió en un tiempo de consuelo a mis penas lanzando al aire con vibrantes notas mis sentidas querellas. . . Las penas de mi pecho se alejaron cual soñadas quimeras, y en su albergue, sonriente y amorosa, de la pasión emblema, la augusta emperatriz de mis amores me brinda deliciosa recompensa. . . sis Hoy de nuevo la lira está en mis manos pero al pulsar sus cuerdas no se escuchan sonidos quejumbrosos que el ánimo atormentan. . . Ora sus ecos son himnos amorosos! i Notas sublimes de pasión inmensa! La sonata que brota de mi lira Y hasta el cielo se eleva,
Ti
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO el recuerdo la inspira de mi amada y su amor para mi la dicha encierra. !Cuán dulces son las horas de mi vida! !Cuán plácidas y bellas las que paso mirándome en el ángel que encanta mi existencia! Leo en sus ojos de diamantes negros un mundo de promesas que me transportan del amor en brazos a. las regiones célicas, en las que, de un idilio de ternuras, los goces nos esperan.
CINTRON, GUILLERMO V.
CINTRON, GUILLERMO V. Demencia No intentes desprender, amada mía, este amor que arraigado está en mi alma; para negro desdén y cruel falsía, tengo en mi pecho poderosa calma. No intentes desgarrar mi pecho herido recordando mis horas de Ventura; mi triste corazón llevo transido do dolor, de tristeza, de amargura. No atormentes mi vida y mi martirio con recuerdos de dulces embelesos; ya volaron las horas de delirio en que me dabas amorosos besos. Si ayer eras risueña y cariñosa, hoy te contemplo silenciosa y muda; huyeron los perfumes de la rosa, y a mi mente acudió la negra duda. Yo no puedo arrancar de mi alma herida tu dulce y sacratisimo recuerdo,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO y un bajel sin velamen es mi vida en el mar de la duda en que me pierdo. Yo no puedo, mujer, en mi amargura, tu imagen arrancar de mi memoria; recuerda que en tus ratos de locura me mostraste las puertas de la gloria. Recuerda tus halagos, tus caricias y tus promesas de cariño eterno, y después de tan plácidas delicias, no pretendas lanzarme al negro Averno. No te olvides ,mujer, nuestros arrullo, en dulces horas de amorosa calma, cuando unidos mis labios a los tuyos en mis besos de amor te daba el alma. No te olvides, mujer, que en mi demencia mi pecho te estrechó con ansia loca; que llenaste de dicha mi existencia aspirando el perfume de tu boca. Recuerda aquellas noches voluptuosas de benditas y puras venturanzas, que soñamos en horas deliciosas un mundo de risueñas esperanzas. Que embriagada en tu amor y tu ternura, y llena de pasión el alma mía, forjaba un Paraíso de ventura en mi loca y ardiente fantasía. Que en instantes supremos y divino, recogía en mis éxtasis de amores, dulce miel de tus labios purpurinos, y de tu pecho perfumadas flores.
CINTRON, GUILLERMO V. Que libre de pesares y de enojos, sonriente, amoroso y satisfecho, me abrasaba en la lumbre de tus ojos, •ontando los latidos de tu pecho. Recuerda que embebido en tu cariño te amé aquel tiempo que con pena invoco, con la ternura sin igual de un níiio; con la febril excitación de un loco. Que forjando en mis locas alegrías un mundo de ilusiones y de anhelos, enlazadas tus manos y las mías mirábamos las puertas de los cielos. Aunque el pecho la angustia me taladre, siempre voy hacia ti, corazón mío; como el hijo al regazo de la madre, como va hacia la mar el manso río. Es tuyo el generoso sentimiento que a adorarte con fe me precipita; tuyos mi inspiración, mi pensamiento; tuyo el amor que entre mi ser palpita. Sí ha traído a mi pecho tu desvío un presente de luchas y dolores, tu serás en mi loco desvarío, la musa del amor de mis amores. Trae bien mío, la calma que ha volado, a este mi pobre corazón demente; con los dulces recuerdos del pasado se borran las tristezas del presente. Para ti mi amor siempre será eterno; tú siempre vivirás eu mi memoria: y aunque trueques mi vida en un Infierno, siempre al mirarte soñaré en la Gloria!
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CUEVAS ZEQUEIRA, RAFAEL
CUEVAS ZEQUEIRA, RAFAEL Beatitud Hay algo en mi de clérigo frustrado; que en el bullicio de mi vida inquieta, más de una vez, romántico y poeta, con la vida monástica he soñado. Yo soy un noble abate fracasado, que desdeñó la vocación de asceta, la molicie claustrai, y la secreta delicia de vivir sin más cuidado. Que holgar con la rutina cotidiana, sin temor al desastre de mañana; el pan nuestro yantar de cada día, y, siempre a hurto de la humana gresca, gozar de una novela picaresca, en la paz conventual de la abadía.
Psalmoa Calma, abatido pensamiento mio, la lucha en que te empeñas
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO por ahuyentar el cúmulo de sombras que envuelve la existencia Atrevido ignorante, quise un día que fueses caballero a la contienda, a dominar prejuicios seculares que esclavizan del hombre la conciencia; Y en el reñido y desigual combate, que consume tus fuerzas, triste angustiosa soledad del alma consigues cual fatídica presea! Imposible es vencer ¡oh pensamiento! ¡En tus afanes de laureles cesa, quiero vivir feliz junto a la escoria, que no sabe de sueños, que ni piensa ni conoce nostalgias Infinitas, ni padece el insomnio de la idea! c * • —Nada mitiga el sufrimiento mío. . . Desde que tú eres buena, siento mi corazón cansado y frío. ¡Ayer por tu maldad, dolor y pena; por tus caricias hoy, tedio y hastío! Salvo excepción extraña, en amores no existe la armonía: si el hombre quiere, la mujer engaña; si el hombre engaña, la mujer confía. Tienes mujer, a mi perdón, derecho. No importa que mi pecho sangrando está por tu maldad herido; el alma mía se resiste a odiarte ¡y se consuela del dolor sufrido, con el dulce placer de perdonarte!
CUEVAS ZEQUEIRA, RAFAEL Mi hastiado corazón, triste y rendido, en una vaga indecisión se entrega a sofiar con un bien desconocido, que calma su ansiedad. . . !porque no llega! El buen Dios que nos manda a la vida, para hacer que olvidemos la muerte, de bondad y de amor puso un poco en el alma de algunas mujeres. No desterreis del mundo la perfidia, ni del humano corazón la duda. La fe es cobarde y el dolor augusto. . . . !Dejad que el hombre sufra!
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DÁVILA, VIRGILIO
DÁVILA, VIRGILIO Mi musa Mi musa no se viste con traje muy galano. Para ostentar primores mezquino en su caudal, y a los lujosos trajes, mas de segunda mano, ha preferido siempre su traje de percal. Bien sientan los zafiros, diamantes y rubíes; no así lo que es de ellos falaz imitación. Mi musa lleva al pecho un ramo de alelíes, y ornato de sus sienes las madreselvas son. Sencilla y sin afeites, cual joven rusticana, expone sus sentires con frase lisa y llana, sin términos pomposos, y a su conciencia fiel. Si por humilde y franca mi musa borinqueña la charla que te brinda tu corazón desdeña, ya estás junto al bohío. No pases el dintel,
El pueblo Be el pueblo chiquito, y alegre y pintoresco: su treintena de casas de antigua construcción,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO y algunas nuevas . Todas pintaditas al fresco, y unas, con antepechos; las otras, de balcón. En el medio, la iglesia de ligeros perfiles, con su media naranja de subido punzó, y ostentando orgullosa en dos torres gentiles, en una, las campanas; en la otra, el reloj. A compás de la iglesia, la placita cuadrada, que simula por mayo una alfombra floreada. (En el centro ella tiene un viejo flamboyán . ) ¿Lo demás? Los bohíos, hogar del desconsuelo, por detrás de las casas, pegaditos al suelo, como si en ocultarse vincularan su afán. . .
E1 Alcalde Era un hombre que vino de lejanas regiones. Su paisano, el cacique, lo pidió al General. (Un cacique empeñado en ganar elecciones contra los muchos votos del bando liberal . ) Del Concejo encauzaba los debates, y cuando por las calles salía, facistol y marcial, ostentaba orgulloso, por insignia de mando, un bastón que él pensaba que era el cetro resll. Al maestro tenia por revolucionario; como a un mísero siervo trataba al secretario; imponiendo tributos, su capricho era ley. El domingo iba a misa, y luego a la gallera. Por las noches, su brisca con el cura. Tal era el alcalde del pueblo donde yo me crié.
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El Cura Era el cura rechoncho, de grosero talante, de repletas alforjas y ninguna instrucción. El dormía la siesta con tranquilo semblante en una gran hamaca que colgaba al balcón. Si algún torpe chicuelo quién es Dios no sabia, al maestro increpaba con coraje y tesón. Todos los Jueves Santos al púlpito subía, y mataba a los fieles con el mismo sermón. Cifraba su cariño en su perro y su gato, y anatemas lanzaba contra el concubinato y el vicio del cigarro. (El usaba rapé.) A la vera del templo una moza vivía, fresca, gorda y lozana, que por la sacristía, al terminar la misa, le llevaba café.
El Maestro Mi mentor era viejo de ojos claros y vivos que al llegar los exámenes, a su terminación, pronunciaba un discurso de muchos adjetivos, y alcanzaba del pueblo una gran ovación. Mientras cura y alcalde cobraban sus retrasos y en duros relucientes la nómina mensual, el maestro cambiaba sus haberes escasos por viandas, en la tienda del cacique rural. El sabia retórica, y sabía latines. Si cualquiera moría por aquellos confines, él era fatalmente el fúnebre orador.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO A pesar de su celo y su labor constante, por mambi lo tuvieron, y dejaron cesante cuando vino Laureano Sana de Gobernador.
La Escuela Ocho de la mañana. Aún tiene la neblina tendidos sus encajes en el próximo alcor. La turba de muchachos al aula se encamina, como alegres insectos que van de flor en flor. Los tunos se revisten de maneras formales cuando, al entrar, saludan al viejo profesor, y hacen luego sus planas con trazos magistrales, todos los que componen la clase superior. Mientras escriben éstos, en loca, algarabia los más chicos dan muestras de su sabiduría con una insoportable grita descomunal: Uno repasa el ' 'Fleury''; el otro deletrea; canta aquel: ''Qué es palabra? —El signo de una idea'' ; y aún otro renacuajo dice: ''Por la señal. . . "
El Médico De Madrid o Santiago muy orondo llegaba. Su criterio exponía con petulancia atroz, y ninguno en el pueblo a replicarle osaba, porque el médico era, si no un dios, casi un dios. El saltaba del lecho a las doce del día, que ayer y hoy trasnochaba, y mañana también; y si alguno del campo sus auxilios pedía, sin verlo, una receta daba en un santiamén.
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De los gallos del pueblo lo mejor fué su banca, apostaba a su gallo hasta quedar sin blanca, si a su encuentro salía un adversario audaz. Visitaba a una enferma y divina vecina a la cual su señora miraba con inquina, viendo que le tomaba el pulso y algo más. . .
El Boticario E1 señor boticario era un don Juan Tenorio con agallas más grandes que el cacique rural. Como vino de Ponce, era en bane y casorio, y en concierto y velada, elemento esencial. Era dado a la música y dado a los pinceles, y fama le otorgaron de artista superior, aunque distaba mucho de ser lo que fué Apeles, y no distaba menos de ser lo que Gounod. Su devoción al médico, que en verdad era mucha, dióle medios de sobra para llenar la hucha, tal que si hubiera sido el pueblo un Potosí. Mas deciaróse una de chismes y de intrigas; médico y boticario no hicieron buenas migas, y el boticario tuero que alzar velas de allí.
Las comadres Doña Paz, doña Luisa, doña Inés, doña Juana y otras cuantas comadres que hay en la vecindad, van todos los domingos a la misa temprana, ansiosas de indulgencias para la eternidad. Pobres sexagenarias y míseras jamonas que sólo han obtenido desdenes del amor.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Las unas costureras, las otras comadronas, y aquélla, ama de llaves de algún viejo señor. Al salir de la iglesia, yo—que luí monaguillo— las he visto en el atrio departiendo en corrillo sobre temas, algunos no muy santos a fe: "Que si Fulana quiere que le cosan de balde. . ." "Que si ya salió encinta la mujer del alcalde. . . " ''Que si del padre cura se dice no sé qué . . . ' '
María María fué una hembra de las más deslumbrantes que dió por aquel tiempo la zona tropical. Dos pétalos de rosa pudieron ser sus guantea; sus chapines, dos flores del ítamo real. Impúber era, cuando la enamoré y me quiso. (Supo de nuestro idilio la Casa Parroquial.) ¡Qué turbación la mía cuando me dió aquel rizo, sedeño, fino y blondo, cual barbas del maizal! Temiendo al padre cura, dejé las relaciones; pero la muchachita en todas ocasiones tentaba mis anhelos, y—¡ claro!—al fin pequé. Cierto día de Reyes que andábamos de trulla, armóse la del diablo, y en medio de la bulla, de mi chiringo rucio al anca la monté.
Y Yo era un chico esmirriado, de semblante cobrizo, Cuando estuve en la escuela, nadie me aventajó. (2-i)
so ap niosoo BpFpuaaua o 'oao op snosn un outoo ngroii?sg o gond it* ososa us sotQ uenq ta soieta soi tto sapuag is soioo opstisA ap soiitiot°aa xnsa~ti sssnpnSioo snsna svi opun~ua~so 'unsapusq ssi sspszt 'saiino sni snpnqta2SsaQ soonid ia nqstttos 6 'snuad ssi usqnFn; £ 'et~saA as oigand ia sato.auz ssin3 sn, R sai nqstounus 1c 'saoaun ?ts TO u ntins saiiso sni sod oiqand iap unsntio s' ouas .& ¡nºtantauae pu ap sasgttnnsoo s saisossts~nd sniianbn ap o~ipueg optanoes ie uoioottte aoinp nun ap sutis ttu suati otu9~'• ¡eaizuot~sd sn2sag ssQ! ¡oigond tut ap ss~sap 'ti ! I
ojgand tui ap s~;sai3 ºa-~ Vdsd ?nt o8ad am 'ootpatu iap
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so outatptt TO tta eub ofi; ap 'oisnuz as t5) o~nqasss osotsn; op nuaii atu opsauoat to o~noe~uattt ianbs op uttn 'ootpáut iap nqs~saaeQ tt9goq oputi tzn to anb 'nsno iap ntttnbttia ni 'npsnN sind unaa sein8tapntu sttu otad !uotaatpstsnf ni ap suiengostiontu esi nind vtosti snpssstio B'sossaA soi unqn~sn8 ay`i toog op inna ep sosgti snptpuoasa n ngssonap 'ozt~os oaatioaut un ap atqutni ni n 'atioou ni soa L8
OIZIO2IIA 'Y'IIAVQ
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO II
Ya la grey campesina, de sus usos esclava, las callejas invade bulliciosa y locuaz, enn sus rústicas luces y su "música brava,' ' confundidos en uno, mujer, hombre y rapaz. Ya a la plaza la orquesta, con sus aires mejores, a las mozas del pueblo por bandadas llevó; ya en el éter el globo de vistosos colores de muchachos y adultos la atención cautivó. El hábil pirotécnico su sapiencia pregona, exhibiendo la imagen de la Santa Patrona, cuando salir del templo a los creyentes ve. Y truena el triquitraque, y la vieja se asusta. y el cohete serpea cual flamígera fusta, y a correr nos obliga el audaz buscapié. In Con simbólicos lazos y medallas brillantes se estimula en lo= niños el progreso escolar, y hay q ie ver de los niños los alegres semblantes, si en la lid generosa han iog.ado triunfar. ¿Y la moña soberbia que la airosa chiquilla prende al pecho del joven que la cinta alcanzó? ;.Y la rifa en la plana de la lucia novilla que en la testa y el rabo cien adornos llevó? ¿Y los raros kioskos donde están las picadas? ¿Y la nota risueña de las cien enramadas quo decoran las calles y la plaza también? • ¿Y del chico travieso los seguros percances su el palo ensebado? ¿Y los cómicos lances que ls brinda a] granuja la tiznada sartén?
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DÁVILA, VIBGILIO
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Iv Para cada cual tiene sus encantos la fiesta: para el mozo o la moza que a los veinte llegó, la soñada conquista que, al compás de la orquesta y al fulgor de las luces, en verdad se trocó. Al mendigo le place la limosna que alcanza; al muchacho los premios que logró conquistar; al romántico abuelo, la sentida añoranza, y a los fieles, el lujo con que brilla el altar. Al granuja atrevido, los populares juegos; al vecino del campo, la picada y los fuegos; al soñador, felices a sus prójimos ver. . . . ¡Ay! ¡Mal haya el criollo que no luche y no bregue por hacer que reviva, y menguado reniegue de lo que así exaltaron los criollos de ayer!
DE DIEGO, PEDRO R.
DE DIEGO, PEDRO R. Soulevardera Muchachita de rubios cabellos Tan negros y bellos Corno tus ojitos de noche sin luna. . . ! El reloj ha marcado la una De la madrugada, Y tú andas descarriada, Solita, vagando, Andando, andando, andando por ese paraje de vicio, de orgía, de ultraje. Muchachita de faz placentera, De boca hechicera como de miel y perfume. . . . ¿Por qué se consume Tu espíritu erratil en esta escabrosa. Triste y azarosa senda de placeres, En que agotan las pobres mujere. Pudor y bell a A cambio de oro de falsa grandeza ¿Pero, qué? ¿Te entristeces y lloras
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO y el rostro coloras Con el tinte de un rojo subido? ¿Acaso has sentido, Removiendo en el surco infecundo De tu seno inmundo, De ese surco agotado Donde crece la flor del pecado, Como surgen las rosas que un día Perdieron su aroma y su lozanía? Muchachita de rizos cabellos, Tan negros y bellos Como tus ojitos de noche sin luna' El reloj ha marcado la una De la madrugada, Y i andas descarriada; Solita, vagando. . . Andando, andando, andando Por este paraje de vicio, de orgia, de ultraje.
~ DELGADO, LUIS MARIO
DELGADO, LUIS MARIO Ojos negros Ojos negros que al mirar me inspiráis hondos anhelos, y despertáis mis ideas Y lleváis mis pensamientos A las sublimes regiones Del éxtasis y el ensueño. . . . Ojos divinos, brillantes, Deslumbradores y tiernos, Cuya luz llega a mi alma Como emanada del cielo A disipar mis angustias Y a exaltar ml sentimiento Que a veces gime abatido Por mis dudas y mis tedios ;Oh, qué inmensa es mi alegría Cuando de cerca os contemplo— Cuando de cerca recibo Vuestros vívidos destellos Que penetran triunfadores
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Hasta el fondo de mi pecho, y me restituyen fuerzas Y me dan valor y alientos Para marchar decidido Por el seguro sendero Que conduce al porvenir Venturoso, con que sueño!...
Ojos gegros que al mirar Me inspiráis hondos anhelos Permitidme que os adore; Que me embriague en el recuerdo De aquella bendita hora Y de aquel feliz momento, En que el ignoto destino Por sus designios .secretos, Me llevó por vez primera Frente a unos ojos tan bellos. Dejad, sí, a mi triste alma, Pobre esclava en cautiverio, Que os envíe los efluvios De su apasionado afecto, Como el espacio, inflnito, Como los mundos, eternos, ! Ojos negros que al mirar Me inspiráis hondos anhelos! . .
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DEL TORO, EMILIO
DEL TORO, EMILIO Margaritas Era la tarde misteriosa y triste como el quejido del amor que muere. Las nubes opalinas coronaban de las montañas las altivas frentes ¿,Te acuerdas?. . . Me dijiste:—Descansemos! Y nos sentamos en el fresco cósped, y la brisa jugaba con tus rizos y me juraste que me amabas siempre. Tal vez el eco de tu voz divina escuchó el ruiseñor, pues con celeste canto armonioso regaló al oído, y al escucharlo te pusiste alegre, y estrechaste mis manos eon tus manos, me hablaste de ilusiones, de placeres, de ensuefios deliciosos, de esperanzas. . . . Mas, calló el ruiseñor y el miserOre de la tórtola viuda que lloraba, resonó en el espacio tristemente. Te aproximaste a mi toda convulsa y vi nublarse tu preciosa frente. . . . ¿Qué vislumbraste?. . . El porvenir sombrío que nos espera en este mundo aleve o que ese fuego de tu pecho, acaso, habrá de convertirlo el tiempo en nieva?
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Ven y reclina la nacárea frente en mi pecho sereno. ¿Por qué tiemblas ? ¿Temes acaso que el amor profundo que arde en mi alma como sacra hoguera pueda extinguir su luminosa llama?. . . ¿Por qué miras así? Ven, y tus penas enéntalas todas, que mi labio frasee tendrá de amor que aparten la tristeza. ¿Dudas? ¿Sonríes? ¿De nil brazo aspiras que al enemigo prepotente venza? !Lloras!. . . —¡Escucha; de tu amor profundo nunca dudó mi alma, que serena unió feliz al tuvo mi destino. y admiró siempre tu sin par nobleza. Mas ¡ay! mi amor; aquí, dentro del pecho, ''Siento el rudo golpear de una piqueta que mi sepulcro labra''; mi enemigo no lo puede vencer! —Yo. . . No! . . . La ciencia' ¿por qué miras así?
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—Sarcasmo horrible! Si no puede el amor ¿cómo la austera ciencia podrá? Yo siento que se acaba por instantes la luz de mi existencia; Conocen mi enemigo, y sin embargo no lo pueden vencer. ¡Oh! ¿por qué tiemblas? ¿Qué hizo del valor que te animaba? ¡Ah, por qué Dios al dar la inteligencia su martir,'o d!ó al hombre y no su gloria?
Mas, no temas, mi amor; que mis tristezas huyeron ya veloces, y en tus brazos quiero gozar la dicha de la tierra. Ven, y que el sol de tu carifo inmenso ilumine la noche de mi pena!
DEL TORO, EMILIO
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M1 bella prometida, mi errante soñadora, eh pálida princesa de mi ideal amor, ¿qué tienes? ¿estás triste? ¿qué espina punzadora ■u dardo aleve clava en tu alma, mi señora? ¿acaso oculto guardas un mal torturador? ¿Por qué tu frente blanca más pálida que el lirio de las montañas vuélvese, y tiene tu mirar como ondas de tristeza, que agrando en mi delirio y formo un mar inmenso de sombras y martirio, donde me siento, náufrago, ahogarme de pesar? ¿Por qué tus labios rojos, más rojos que un celaje que colorea en la tarde la luz crepuscular, no vi&ten en su ármonico y férvido lenguaje de sentimiento perlas envueltas en ropaje de luz y de armonía, de nardos y azahar? —Escúchame, poeta: El ritmo de tu acento. la fe de tu esperanza, tu ardiente inspiración, tus mágicos ensueños, tu amor, tu pensamiento no son para mi sola, y la nostalgia siento que invade y que entristece mi pobre corazón. —¿Te acuerdas?. . . . Cuando niño con alma soñadora los cielos escalabas buscando el ideal, surgir de entre las brumas de una risueña aurora me viste, y desde entonces yo fui tu inspiradora, tu amante cariñosa, tu compañera leal. Si triste me llamaste, en noche de amargura, le di con mis caricias consuelo a tu dolor; que yo tenía en mi pecho raudales de ternura, tesoro inagotable de amor y de dulzura para ofrendarlo amante a ti, mi trovador. Cuando dejaste un dia tu patria idolatrada, rendida y cariñosa tus huellas yo seguí y te animé en la lucha con ala entusiasmada, y al verte victorioso al fin de la jornada, más noble, más hermoso, más grande yo te vi. Mas, !ay! mi amor es sólo, oh bardo, una quimera, yo soy la imagen tenue, fugaz de una ilusión,
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yo ful tu amante dulce, tu noble compañera, cuando la inspiradora de tus cantares era la musa que forjara tu misma inspiración. Mas hoy, hermosa, altiva, gallarda y triunfadora, la realidad inspira tu mágico laud; no es una sombra fiche la quo tu alma adora no nace de las brumas de la risuefia aurora, respira por doquiera belleza y juventud. Mas no, no inclines triste la soñadora frente, no temas, oh poeta! con eola yo estaré; y haré nacer en tu alma amor puro y ardiente y brillaré en sus ojos, y viviré en su mente, y mil historias tuyas de amor la contaré. Yo la diré que la amas con ciega idolatría, que su gallarda imagen vive en tu corazón, que son sus ojos bellos tu luz y tu poesía, que siempre al contemplarla tu alma se extasía, que es pura, que es hermosa, que es noble tu pasión. Y te amará; que en su alma de virgen pudorosa tu .sombre impreso siempre, ¡oh, bardo! quedará; Ella será tu musa, tu musa cariñosa, y entre vosotros, tenue, fugaz y vaporosa, uniéndoos para siempre mi sombra flotará.
Mas, ¡ay! si acaso altiva tu puro amor desdeña si tras su seno hormoso no existo corazón, si es fría como el hielo, si es dura cual la peña, no temas, que la sombra con que tu mente sueña será pasa tí fuente de eterna inspiración.
FERNANDEZ JUNCOS, MANUEL
FERNANDEZ JUNCOS, MANUEL El sol de laos Antillas Ligera hiende la nave del mar el liquido seno, y entre las ondas avanza con gallardo movimiento. Peina la calma, y a bordo sólo interrumpe el silencio la sentida barcarola de algún cantor marinero, y los trémulos latidos y el acompasado estruendo del hélice, que palpita cual corazón gigantesco, dando impulso, fuerza y vida al negro monstruo de hierro. A solas con mi tristeza, desde la nave contemplo del astro rey moribundo los ya fugaces reflejos que sobre les pardas nubes fingen matices sangrientos.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO El buque hacia el Norte sigua su constante derrotero; la sombra hacia el buque avanza, y a presidir el encuentro llega la noche, y en torno tiende su lúgubre velo. Ni una estrella se distingue sobre el fondo ceniciento de la bóveda celeste, envuelta en vapores densos. ¿Qué fué del cielo antillano, de aquel primoroso cielo siempre azul, siempre apacible, Siciúpre diáfwu y sereno? ¿Dónde esta su gala? ¿Dónde, los diamantinos destellos de sus estrellas hermosas? ¿Dónde, el matiz pintoresco y los prodigiosos tintes de sus celajes espléndidos? ¿Dónde, aquel sol rutilante, a cuyo influjo benéfico se cubre el campo de flores, se impregna de aroma el viento, entonan las avecillas sus trinos y sus gorjeos, y es eterna la harmonía como es el verano eterno? ¡Ay!, que la rápida nava traspuso ya los linderos de aquella región querida, de aquel deleitable suelo, y va impasible, callada, buscando en rumbo certero las brumas septentrionales,
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FEKNANDEZ JUNCOS, MANUEL la triste región del hielo, donde es más negra la noche, y brilla el sol macilento, y hay más reposo en la mente y en la sangre menos fuego! Ya la brisa bienhechora que, en el jardín borinqueño, de mi acalorada frente calmaba el ardor extremo, y jugaba entre mis rizos, y me arrullaba en mi sueño, cesó en sus dulces caricias, trocóse en helado cierzo, mi rostro, implacable, azota, la sangre hiela en mi cuerpo, entorpece mis sentidos, acorta al numen su vuelo, y en negra melancolía sumerge mi pensamiento.
—Nave, voladora nave, sigue rauda el derrotero, dejando atrás las regiones del Norte brumoso y gélido; llega a la costa de España, y cuando el clima benéfico de esta dulce patria mía torne a mi cansado cuerpo la savia y vigor perdidos, vuelve, ¡oh, nave!, vuelve presto, y llévame hasta las playas de mi jardín borinqueño, donde en cielo siempre puro brilla aquel astro de fuego
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO que dió a mi vida fulgores, que dió entusiasmo a mi pecho, quo encendió mi fantasía y produjo en mi cerebro eea agitación fecunda, ese vivo centelleo con que se inicia y se impone la vida del pensamiento. A ese Edén de mis amores vuelve ¡oh, nave!, que yo anhelo sol que me abrase y mo inunde, cielo azul, limpio y sereno. . . ¡y no hay sol como el sol suyo ni cielo como su cielo!
Sursum Corda —No te apenes, Novel, de haber nacido en una isla de extensión escasa; que no se juzga al hombre, por su casa; ni a la; aves canoras, por su nido. Isla el Atica es, donde ha lucido mejor del genio la fecunda brasa, y las fronteras de la gloria, pasa su renombre do ''pueblo esclarecido'' . Era pequeiia y triste Palestina, y en la más infeliz de sus regiones brilló del Redentor la luz divina. ¡Alienta en el trabajo y las lecciones: que no hay región aislada ni mezquina cuando produce grandes corazones! (2-6)
FERNANDEZ JUNCOS, MANUEL
Amor forestal —Buen leñador, de aquel árbol no has de tocar ni una rama. Me cobijó, cuando niño, v hoy mi gratitud ampara. Allí lo plantó mi padre por su mano venerada, y algo do hermandad existe entre mi sangre y su savia. ¡Leñador, yo te lo ruego, no lo hieras con tu hacha! ¡Cómo evoca en mí este roble los recuerdos de la infancia! ¡Cuántos momentos felices disfruté a su sombra grata! Yo jugaba en aquel sitio, aquí enfrente, mis hermanas; allí, nuestra buena madre siempre al llegar nos besaba. . . Leñador, yo te lo ruego, no le hieras con tu hacha! Tiene el venerable cedro, de nuestros bosques patriarca, corazón incorruptible y corteza perfumada. Cien generaciones de aves crecieron entre sus ramas, y hasta el ciclón le respeta y le arrullan las borrascas. ¡Leñador, yo te lo ruego, no le hieras con tu hacha! De este laurel con las hojas ha coronado la Fama
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO la frente de los poetas y los héroes de mi patria. No le toques, que la Gloria vive entre sus nobles ramas, para dar premio al que triunfa, y al que lo intente, esperanza. . . Leñador, yo te lo ruego, no le hieras con tu hacha! Gala y ornato del mundo, los árboles y las plantas, suben cual las oraciones, buscando de Dios la gracia. Los buenos, los que dan fruto, los que curan, los que agradan, los que dan sombra y abrigo, los que inciensan, los que aman. . . ¡que nunca, leñador, sientan las heridas de tu hacha!
Optimismo Amo la vida, que ocasión me ofrece de practicar el bien; amo la ciencia, madre de la verdad. Con la experiencia mi trabajo se ajusta y fortalece. En el Gran Todo mi esperanza crece. admiro su bondad y omnipotencia, y siento emocionado su presencia do el arte triunfa y la virtud florece. Nunca el odio abrigué. Tiendo la mano lo mismo al linajudo que al villano, nunca me afilie el bienestar ajeno.
FERNANDEZ JUNCOS, MANUEL Ni me mudan los cambios de la suerte, y voy hacia el dominio de la muerte, de paz, de dicha y de esperanza lleno.
El entusiasmo Eres la fuerza espiritual del mundo, ya impulses el amor o el pensamiento, ya des al héroe, en el combate, aliento, o numen des al escritor fecundo. Todo cede a tu imperio sin segundo, triunfan por ti la gracia y el talento. Al ensalzar tu influjo, en mi lo siento, y en la experiencia práctica me fundo. Tú das viveza al corazón humano, fuego a la mente, fuerzas a la mano, y eses árbitro activo de la suerte. Sólo por ti el valor crece y se exalta! Si el entusiasmo alguna vez me falta, no quiero vivir más: !venga la muerte!
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FEIdNANDEZ VANGA, E.
FERNANDEZ VANGA, E. Burbujas Si está soñando sin estar dormido, Os lo ruego por Dios: ¡No le hagáis ruido! Nada me importa el eternal mutismo Con que tu amor o tu desdén me escondes; Diálogos tengo yo conmigo mismo En los que tú preguntas y respondes. Estoy cansado ya de estar en guardia Y de oir el neurótico "quién vive": Dáine fuerza, mas no para el combate, Dáme fuerza, Señor, para rendirme. ¡Qué terrible! ¡Qué bárbara! ¡Qué aguda! Dios de Israel, arráncame esta duda! No sé bien el estoy muerto O si estoy todo vivo todavía; Solamente estoy cierto de que desde "aquel día" Nací al dolor y a la melancolía.
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Está en el pecho que por tí padece Tan vivo de tu imagen el reflejo Que al mirar tu retrato, me parece Que tengo el corazón ante un espejo. Si hablaran las almohadas de mi cama Las oyeras decir: ¡te ama! ¡te amal. . . Ya es muy tarde, gentil nazarena: Ya no da mi tierra ni espina ni flor; De amor y de pena mi copa está llena: Ni me cabe en el alma otra pena, Ni tampoco en el pecho me cabe otro amor. . . .
Hacia la sima ¡Treinta afos. . . ! Las nubes en el cielo i+e espesan más; los seres y las cosas van tomando esa tinte de las rosas cuando, marchitas, las reclama el suelo. Cuanto diera placer, causa desvelo; y se han vuelto—por artes misteriosas— moscardones, las áureas mariposas; cardo, la flor, y el entusiasmo, hielo. Y el mundo sigue su correr, en tanto; ni amor, ni risa, ni dolor, ni llanto obstaculizan su fatal jornada. !Ay! . . . Si posible al corazón le fuera detener, en su estúpida carrera al Tiempo, que nos lleva hacia la Nadal
Sevillana ¿Es ave esa mujer, o flor o estrella? ¿Náyade, acaso? ¿musa? ¿palma? ¿lirio?
FERNANDEZ VANGA, E. ¡Brilla en sus ojos el fulgor de Sirio, y el alma de un jazmín palpita en ella! En sus labios de púrpura, destella el resplandor sangriento de un martirio; y en su carne fantástica, el delirio dejó estelada su incitante huella. Al andar, sus caderas de sultana entonan una música pagana de tibias notas que al amor conspiran; Y detrás de sus curvas de española, casi se pueden ver, formando cola, los besos de los hombres que la miran.
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GONZALEZ GARCIA, MATIAS El poeta El pueblo está intranquilo; no es posible que un alma más en el salón ya quepa; la. hirviente muchedumbre allí se agita cual se agita un enjambre en su colmena. Bajo rico dosel álzase nn trono, y sobre el trono, con doradas letras, hay un lienzo pintado que así dice: "Yo soy Narsés, el corazón de piedra". Pensativo está el rey, y por instantes inclina con dolor su frente regia, cual sin consigo hablara y se dijese: "Es en balde. . . ! Es en balde. . . ! No hay quien pueda.. ." De pronto se levanta. Todo el mundo guarda silencio y con respeto espera. —Vasallos, dice—al fin—sabéis mí nombre: yo soy Narsés. "El corazón de piedra" . . . . La mitad de mi reino doy gustoso al que llegue a ablandar tanta dureza. Conque escuchadme bien: será mi amigo
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Aquel que de vosotros hoy se atreva a contarme un suceso que mi alma ya de dolor o de placer conmueva. . . t3entóse el soberano. Por estancia hubo un corto murmullo, y con presteza, saliendo de las filas, un guerrero habló con majestad de esta manera: —Señor; vengo del campo, donde por vos con furia se pelea. Ayer, casi perdidos volvíamos la espalda cuando llega de pronto un general, y así nos dice: "Si tomáis del contrario la bandera ganaréis la victoria. . ." Y como un loco me lacé al enemigo, con tal fuerza, que a diez hombres maté, siempre corriendo, hasta llegar a donde estaba ella. Luché como un león. . . Allí un soldado se empeñaba también en defenderla, y hasta hundirle mi espada en la garganta no logré que aquel hombre la cediera. . . No hay, señor, que decir que la victoria desde aquel mismo instante fué ya nuestra. . . . —Está bien,—dijo el rey—eres valiente y has dado de tu honor valiosa prueba; pero, tanto en el mundo he combatido que nada me conmueve de la guerra. —Sefior,--iijo otro hombre, saludando al monarca—allá, en la selva, con un oso he luchado esta mañana venciéndolo por fin con mi destreza. . . . —Está bien, está bien. . . repuso el rey— eso le pasa a un cazador cualquiera. . .
GON7.ALEZ GARCIA, MATIAS —Sefior: voy a contaros,—dijo otro— la gloria de los héroes. En la Grecia. . . —Está bien, basta ya. . . ; puedes marcharte. . . estoy cansado de escuchar leyendas. . . . --Sefior: vengo de Lidia, donde he visto de Creso las riquezas. . . . el oro, los brillantes. . . —Basta, basta ; para la lengua. ya sé lo que dirás Si mi alma ablandar quieres con oro, no es tan pequeña. . . ! te engañaste, infeliz —Señor: Dejadme antes que de pámpanos cubra la cabeza y dejadme también que una corona para vos yo fabrique de la hiedra. . . Del vino os voy hablar. . . Oh, sí. . . ! del vino. . . ! que ci dulce gozo y el placer engendra dei zumo delicado que del famoso Chipre da la cepa.. . —Calla. . . . Calla, por Dios, y no prosigas. . . que tan sólo tu aliento me malea —Señor: dicen que hay en región apartada de estas tierras, colestiales huríes, cuyos ojos la dulce dicha del placer reflejan. Los reyes del país tienen palacios donde guardan por miles estas bellas y en donde gozan de un amor ardiente, entre besos, suspiros y ternezas. . . . —Nada vale, en verdad lo que me hables: el no es pura invención eso que cuentas pero, fuese o no fuese, puedes irte, y Si falta alguien más, pronto, que venga. . . . deseo concluir. . . Mi pobre pecho es imposible que ablandarse pueda. . .
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Nadie más se movió; hubo un instante en que todos callaron, y en la escena, un joven presentóse taciturno adornado de larga cabellera. Acercóse hasta el rey, y éste le dijo: —si tienes algo que contar, empieza. Y el joven, tembloroso cual si en profundo sueño se sumiera, comenzó a murmurar, muy por lo bajo: —Qué triste aparecía la floresta —Y de quién hablas tú. . . ?—repuso el rey— Señor de un pajarito —¡Qué simpleza. . . ! —Escuchadme, señor. Pobre avecilla. . . ! volaba, la infeliz, de selva en selva, en pos de sus hijuelos que un infame habíale robado. . . No os da peina. . .? Si viérais la campiña como estaba de nieve. . ! Ni una yerba lucía su verdor, y ni un insecto oiase cantar en la pradera. . . ! —Oh, qué toste! . . . ¡qué triste! . Así la he visto yo, como tú cuentas Pero acaba. . . qué fué de la avecilla ? —Hacia el oriente vuelta, señor, sobre un arbusto, piaba la infeliz, de angustias llena. Entre tanto la nieve caía tan espesa, que la cuitada madre, con su boquita abierta, tiritando de frío pugnaba en vano por trinar sus quejas. . . . " y después?—preguntó el rey —Y después con los ojos nublados de tristeza.
GONZALEZ GARCIA, MATIAS
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' Ah aefior —Y después no era posible . .l se le heló el corazón. . . y cayó muerta. . . . ! —Ven a mis brazos exclamó el monarca. Tú mi amigo serás. . . . ¡Bendito seas. . . ! Tú me has hecho llorar. . . Oh, ya no tengo, como pensaba, el corazón de piedra Pro dime tu nombre. , . A ver quién eres Respóndeme. . . —Señor. . . , soy el "Poeta' ' .
GORDILS, JOSE
CORDILS, JOSE Como escribo mis versos Mafiana primaveral. . . detrás del lejano monte la aurora en el horizonte con sonrisa virginal, asoma entre luz rosada que tímidamente brilla del color de una mejilla de mujer ruborizada, y el inmenso mar sonoro saluda con su rugido al día recién nacido entre pañales de oro! Y en la hora bella y santa en que luchan sol y bruma, mientras la rosa perfuma y mientras el ave canta, sentí surgir la poesía del fondo del pensamiento,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRAD y al bajar del firmamento en ondas rubias el día, luz y versos en tropel corfundiéronse anhelantes, y al darse un beso de amantes cayeron sobre el papel.
¿Cómo el verso se concibe? No sé; quien un verso hace es porque siente que nace y cuando nace, lo escribe! Ave impiume y sin canción que va y viene interiormente del corazón a la frente de la frente al corazón, porque al sentirse que Sota sin ritmos y sin plumaje va a la frente por el traje y al corazón por la nota! Después. . , hacia fuera avanza y bajo sus alas puras lleva ensueSos, amarguras y capullos de esperanza. De su prisión rompe el lazo, y antes de que vuele libre y de que su ritmo vibre. . . fuerza extraña impulsa el brazo. . . . sobre el papel blanco y terso la tinta relampaguea, tiembla, en la pluma, la idea ;y salta, cantando, el verso! (2-7)
GORDILS, JOSE El verso es mi fiel amigo, acaso el más fiel que existe. ¡Más bello cuanto más triste! ¡Es del dolor dulce abrigo! Llanto y música atesora y cuando el vuelo levanta, ¡mientras más llora, más canta, mientras más canta, más llora! Yo hago ml verso con tul, con tul y con hiel, al par. ¡Se parece mucho al mar ¡es amargo y es azul! Es bueno ante un alma buena, fuerte con quien le provoca, como el mar. . . ¡hiere la roca pero dá un beso a la arena!
La estrofa al mar se parece. Quien sus secretos codicie piense que la superficie no siempre limpia aparece. La estrofa hay que comprenderla. Como el mar el verso es hondo. . .I ¡quien sepa... ¡que baje al fondo para que encuentre la perla!
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La danza comenzó como un deifrio. . . ¡Era un ardiente suspirar de notas! Mi brazo le brindó y al darme el suyo lo alzó como alza el ala una paloma.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO ¡Qué cerca la vi entonces! Su pupila era dorado amanecer de aurora y las sortijas de su pelo oscuro, ondulante tropel de hebras de sombra. Luego. . . movió sus labios y yo absorto, miré temblar la frase entre su boca y salió la palabra. . . !como un trino que sale del capullo de una rosa!
Detrás, la muerta esperanza, delante, el soñado anhelo; la hora que viene, el arcano. la hora que se fué, el recuerdo.... Delante, lo que se suena y allá, atrás, lo que ya ha muerto. . . ¡y así pasamos la vida entre un cadáver y un sueño! m ~ Tú tienes la batería del castillo de mis sueños y yo recibo las balas que son blandas como céfiros. En las fiestas del cariño la batería hace fuego ¡y se estremecen tus labios y suenan salvas de besos!
Cuando de tarde el fulgor en el ocaso desmaya, he visto que un ruiseáor va triste a cantar su amor a la orilla de la playa. Y mientras pálido brilla del sol el destello suave, con trova dulce y sencilla
GORDILS, JOSE también en la opuesta orilla va a cantar su amor un ave. Dos aves que van a amar. . . . en cada playa un cantor y entre playa y playa, el mar. Siempre en la vida ha de vetar la amargura entre el amor!
Idilio Histórico Paraíso. Extasiados frente a frente Eva y Adán. Un árbol de manzana dorado por la luz de la mañana. Fresco olor de rosal en el ambiente. Se acercan él y ella. De repente el alma se despierta soberana. . .. ;por vez primera en la pupila humana brilla el amor en la mirada ardiente! Ambos en embriagante paroxismo, protagonistas son del gran poema. Cae Adán en los brazos de Eva preso, se oye a Luzbel reir desde el abismo, pronuncia Dios el bíblico anatema ;y entalla en la Creación el primer beso!
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LAGO, JESUS M.
LAG®, JESUS M. ASUNTOS CRIOLLOS
Espejo rusticano Baja el arroyo entre sonatas que adulan plátanos y helechos, fingiendo audaces cataratas, o recitando heroicos hechos. Salpica el cesped y las matas dando frescuras y provechos, y en mansedumbres o en bravatas, impone al paso sus dereohoe. Pero se aquista en la Ranura y allí se expande a sus antojos omo una luna veneciana, para que mire su hermosura y el dulce encanto de sus ojos, la campesina borinoana.
Erotismo salvaje Curvan las frondas el ramaje hasta besar en el remanso,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO donde las aguas, en su viaje, hacen un cómodo descanso. Sobre el cristal se copia el manso mirar del cielo, y su plumaje, blanco, lo mismo que un celaje, limpia en afanes torpe ganso. Llega cargando su vasija, por agua fresca, una muchacha oliente a pan de flores tiernas. . . . Y ganso, agua, fronda y guija, sienten pasar como la racha de un rudo amor al ver sus piernas.
Rosa y Clavellina En la ciudad y cuando suefia entre las sábanas de lino la burguesita que el destino de sus tesoros hizo dueña, La rozagante lugareña, con el lucero matutino, comienza, alegre, su trajino con los quehaceres de la ordeña. de porcelana, ofrece el raso La una es rosa que, en su vaso de su corola desvaída. . . . La otra es flor de la montaña, que en la beldad del sol se bafla y da el perfume de la vida. .
LAGO, JESUS M.
El manglar de la bahía Flota la niebla en el pantano con luminarias de amatista, bajo el pincel del gran artista al descender al oceano. Pone la caña el tono sano de su verdura nunca vista, como a manera de una lista, que marca el límite lejano. Sube la hidrópica marea; con ella viene un soplo ambiguo quo huele a flor, marisco y brea. . -Y como perla que se engarza en oro verde y cobro antiguo, brilla en los mangles una garza.
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LIMON DE ARCE, JOSE
LIMON DE ARCE, JOSE El canto del peregrino Peregrino del Arte, mis cancionee son como compasivos corazones que se ofrecen a labios irredentos. . . Ellas tienen sabor de adoraciones, flagelos de vibrantes maldiciones y alma sagrada de apacibles vientos. Esta tierra que guarda mis amores como guarda el nectario de las floree su perfume sutil; triste y bravía, dió a mi lira la hiel de sus dolores, la linfa de sus sueiíos redentores y la paz de su azul melanoolía. A veces en mis íntimos delirios tienen de apoteosis y martirios halagos dulces, realidades crueles, Y en los que, como deslumbrantes olrios Maestra el poeta los preciados lirios que cultivó afanoso en sus vergelee. . . .
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Yo he tenido visiones singulares. . . He visto surgiendo entre ase hares la imagen de una linda borincana, —Sultanita ideal de mis cantare: fugaz como la espuma de los mar's, bella como la luz de la mañana, arrancó de mi mano extremecida por la emoción, la péñola esgrimid en sonantes batallas vengadoras, Y del plumaje que, diadema nngi por óleos misteriosos de otra vida— era en su frente un estallar de aurorce. quitó una pluma de color violeta y la puso en mis manos de poeta para que fuese talismán sagrado que tiene somnolencias de paleta, rasgos de virgen y perfil de atleta y dulzores do pan santificado. —''Canta, me dijo, y que tu cante bálsamo, pira, cruz, himno, presea, patíbulo y altar y cuna y fosa; ¡Torna tu canto vengadora tea y nube incensatriz y miel hfblea y acíbar y oblación y beso y rosal Y a su mandato surgen mis canciones como aifojar perlino de oraciones o desgranadas cuentas de un rosario: Tienen divinidad de adoraciones, abismos de dolientes maldiciones y cumbres reder°toras de calvario.
LOPEZ SÁNCHEZ, FRANCISCO
LOPEZ SANCHEZ, FRANCISCO ¡Oh, tu boca! ¿Qué es tu boca, herida abierta, o venero de ambrosía? ¿Nido del ave-poesía, o flor que a la flor despierta? Púrpura viste su labio, como im César. Lo que dice, si es pecado se bendice, si es error, lo llaman sabio. Menuda como la guinda e intensa como el amor. Recogida en el dolor Es que parece más linda. Ríe, y madura granada ella es de blanco grano, pulpa bermeja, que ufano pide el mirlo en la enramada. Fraternalmente los labios eetrocha si está celosa,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO y su palidez hermosa dice que es tumba de agravios. Charla vivaz, y es clavel que deshojándose muere, y donde se posa, hiere, donde hiere, deja miel. . . . Bésame, hiéreme, boca, que siento el alma suicida. Por el placer de tu herida un alma parece pocal . . . .
LLORENS TORRES, LUIS
LLORENS TORRES, LUS Camp*sina cric~Íia Campesina, la campesina de audaz ojera tropical, muy hermana de la gallina, sabrosamente femina y frágil como de cristal. Campesina de las montañas, campesina de los bohíos, mi campesina, que te bañas en la penumbra de las cañas sobre el remanso de los ríos. Campesina madrugadora; alma hermana de la aurora, fresca como una cantimplora; de amplia cintura, gordos senor pálida tez y ojos morenos. Por delante de tu bohío, una verde alfombra se tiende, desde la colina hasta el río; Diana de cocuyos la prende y Asia la reclama de rocío.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTI:ADO ¡Quién pudiera, mi campesina, vivir contigo en una hacienda, y despertar con la neblina, y ayudarte, tras la cocina, a ordeñar la vaca berrenda! Feliz quien logre en su alazán llegar temprano a tu caney, para que tu mano le de una rebanada de pan con una taza de café; café molido en el mortero y colado por la mañana sobre el fogón que su humo mana por las líneas del alero en mechones de barba cana. Mi campesina, i quién pudiera seguir tus pasos, como un perro, cuando vas a la sementera o cuando bajas por el cerro brincando como una ternera! En el bochorno del estío sales a buscar agua al río y la cargas en la cintura y tienes siempre en tu bohío un calabazo de agua pura. Bajo la crepuscular calma, de tarde, rondas por el valle, o te tumbas junto a una palma, con una rosa sobre el talle y una sonrisa sobre el alma. Sabes a vida y a esperanza y a don Panchito haces tu 4sciavo
LLORENS TORRES, LUIS
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cuando te das toda en la danza y en la fiebre del giiro bravo hueles a canela y a clavo. Bajo la noche misteriosa, tu mano es tibia y amorosa, sabia tu mano cuando besa, y tu cadera anca nerviosa de fina yegua cordobesa. Bajo la egida de tu ala, tu huerto da frutos benditos, tu cabra tiene dos cabritos, y tu gallina va a la tala, seguida de siete pollitos. Tus flores nacen sin la ayuda del abono ni de la azada en tu jardín de tierra cruda, pero en la lata oxidada cuidas una mata de ruda. Yo amo tus ríos, tus cabañas, las trovas de tu ruiseñor; yo amo tu nido y tu calor; yo quiero ser de tus montañas, siendo tu esclavo y tu señor. Y en tu bohío yo quisiera mecer la hamaca que te duerme, y destrenzar tu cabellera, y bajo de ella adormecerme como bajo una enredadera.
Velas épicas A S. M. Don Alfonso XIII, en prenda de amor y devoción de América a la madre Espa1 a. Año mil cuatrocientos noventa y dos de Jeenerieto.
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Tras siete dolorosos e inmortales siglos, re oyó al pie de la Alhambra un adios y un suspiro, q toda la España fué del León y el Castillo. ¡Por fin la paz: el descanso dei guerrero león!. . . . (Y en Santafó los reyes de Castilla y Aragón pusieron sus reales firmas en la capitulación del visionario Don Cristóbal Colón). ¡Por fin la paz! La paz! Para el amor y la alegra.; la paz, para el abrigo y el pan de cada día; la paz, para las fábricas y el cultivo del suelo; la paz Pero en un monasterio se agitaba el pafiuelo de un grave franciscano, mientras tres carabelas hundían en el Poniente sus románticas velas. ...
Tres naos que impulsaba un soplo de locura. Y hombres fornidos, ágiles, de recia contextura, de amplio tórax, de mediana estatura, pecho velludo, mano dura, tez morena, barba oscura, franca la sonrisa, la mirada pura, la parla fogosa, el ánima segura. . . . Tales les hombres para tal aventura. Tres naos que impelía una tenue esperanza. Tripuladas por hijodalgos de la Mancha; hijodalgos que en tierra se dejaron a Panza disfrazado de Ciencia en Salamanca. Jornada de Quijotes que enfilaban sue lanzas a toda nube oscura de la lontananza. *:rs ¡Oh, los ojos errantes en la comba del mar!. . . ¡Ojos hipnotizados de tanto miran Cada ave que venía les parecía que un ramo en el pico traía. Y a cada hueco monte de la lejanía, Kue ante la prora se desvanecía,
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los marinos sentían que en sus carnes crujía algo como una entraña que se les rompía. Pasaban días y noches y semanas y meses. A veces, noches de aulladoras lobregueces. A veces, se quedaban dormidas las auroras tras las copiosas ubres de nubes mugidoras. Y a veces, días tan mudos y tan quietos como si todo no más fuese que un paisaje de plomo. s * s Doce de Octubre. Dos de la madrugada. La Pinta, más velera, navegaba delante. Y un Rodríguez Bermejo que iba de vigilante: ¡ ¡Tierra!!, desde la cofa gritó a sus camaradas. Un trueno de lombarda horadó el hondo silencio du la noche, de la mar, del cielo. La tierra se veía como un banco de arena en la lejanía. Y la Niña, la Pinta y la Santa Maria as pusieron al pairo y aguardaron el día. ¡La tierra! Ante ella, que era la victoria y la vida y la gloria, ¡oh, héroes, cómo sería vuestra emoción y si salto que en el pecho dió cada corazónl ss• Cien hombres en la playa rozan esta oración: Domine Deus, eterna et omnipotens, sacro tuo verbo coelum et terram et mare creasti: benedicatur, glorificetur et laudetur nomen tuum, agnoscatur et proedicetur in hac altera mundi parte. ¡Cien hombres! Sobre ellos, el sol de un nuevo mundo, Cien gigantes que alzan la losa de los siglos que el Génesis dejó sobre la mitad de la tierra. Y ante ellos, América, robusta y nueva, ■ó10 herida por la macana y la flecha, lujosa de aves y flores, y de ríos y de montaflae inmensas, aureada de arenas en la playa y gris de troncos en la selva
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América ebria, olorosa, musical y desbordante, ¡América! t s ~ Bajo la densa espesura, erraban las siluetas de una raza desnuda. Cuerpos que sombras parecían resbalando en la opacidad de la umbría. Fantasmas trashumantes de rostros pintarrajeados, en una selva oscura, como disfrazados para otro ensueño del Dante. Fantasía loca de desnudos bronces que en la sombra vagaban y en la obscuridad rubricaban con hierbas encendidas en la boca. lY'Iil idolos, nLl caciques, mil legiones, para un salto formidable de leones. La armada continúa de isla en isla. . . . Y mientras Pinzón en la Pinta a vela encinta vuela hacia la Baneque imprecisa, Colón zarpa de Cuba a la isla de Hayti y en costas del cacique Guacanagarí naufraga, y con las tablas de su nao capitana edifica la casa que en América fué el primer hogar de España. ¡Solitario ''Fuerte de Navidad''; los Arana, Gutiérrez y Escobedo, qué inmensos en tu inmensa soledad! ¡Solitario ''Fuerte de la Navidad'' ;Jaula de leones cuyos rugidos desgarraban los silencios de las selvas y despertaban
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a los dormidos indios de la América! ¡La noche que el incendio devoró a tus leones, ''Fuerte de la Navidad'', de qué rojo serían tus resplandoveR ¡Héroes de "La Navidad" I De vosotros la Historia nos habla. Pero el poeta para vosotros canta. ¡Héroes, en Palos cuando un monge os despedía del patrio suele y más héroes en el adios con que agitábais los pafiuelos desde ''La Navidad'', mientras dos carabelas hudian en el oriente la pompa de sus velas!
El zapatito azul Este era un azul zapatito, que hallé una noche en la escalara de un palacio todo encantado, allá en un país de quimeras. Cuántas veces me interrogué: ¿de quién será este zapatito. . .? ¿de qué rosado y lindo pieO En un alcázar granadino. de árabes torres y ajimez, las odaliscas parecían ungidas para Mahomet. Vi sus sandalias, de brocados de Bagdad y de Mequinez. Y alcé mis ansias al profeta: —por Alá, dime, Mahomet, ¿de quién será este zapatito? ¿de qué rosado y lindo pie? Y era tan ludo y tan pequeño, que el profeta dijo; No sé. En una villa da Venecia,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRAD® los graves mármoles pisé. A las duquesas venecianas las áureas botas les besó. Pasa la pompa del Gran Duque. Y así al Gran Duque saludó: —,de quién será este zapatito? ¿de qué rosado y lindo pie?— Y era tan lindo y tan pequeño que el Gran Duque dijo: No sé. París. Champaña. Bulevares. Sonoridades de café. Blancas sonrisas de cocotal. Ondulaciones de minué. Y en los dorados escenarios, que fascinaron a Rubén revoloteando como aves los escarpines de satén. —Por Paul Velaine, adivinadme, sabio Rubén, mago Rubén: ¿de quién será este zapatito? ¿de qué rosado y lindo pie? Y era tan lindo y tan pequeño, que Rubén me dijo: No sé. La Babilonia neoyorquina. ¡Oh, que lujoso cabaret! Seguían mis ojos las pisadas de un galopante baile inglés, con que domaban lob violines el rubio coro de las girls. Tras sorbos de aromado wiskey, con Pierpont Morgan platiqué: —¿de quién será este zapatito? ¿de qué rosado y lindo pie?—
LLORENS TORRES, LUIS Y era tan lindo y tan pequeflo que Morgan dijo: No sé. Una tarde de nubes horras, en la montaña me interné. Tras un maizal, llegué a un bohío; frente a la puerta me paré; y a una criolla de mi tierra, tímida flor, le pregunté: —¿de quién será este zapatito? ¿de qué rosado y lindo pie?— Ella encendióse en la amapola de su inocente sencillez. Y cuando, herida por mis ojos, batió sus faldas al correr, vi un zapatito igual al mío y vi desnudo el otro pie.
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MARTINEZ ROSSELLO, MANUEL
MARTINEZ ROSSELLO, MANUEL LIENZOS BIBLICOS
Los ojos de Jesús ;Qué triste son tus ojos, Jesús, qué tristes son! Son tristes sin enojos; brillan como cerrojos del arca de Sión. En tu pecho está el arca y la puerta en tu faz, que el infinito abarca; !Pareces un monarca siempre sonriendo en paz! Tus ojos son cerrojos que se abren sin pasión; sin adios, sin enojos; y por esos tus ojos se asoma un corazón! Por ellos mansamente se muestra el alma—luz que se irradió en tu frente,
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BIBLIOTECA PUERTO R[CO ILUSTRADO cuando el perdón sonriente descendió de la cruz. Perdónalos,—dijiste,— Padre mío Señor; con tus ojos sonreíste, y tu sonrisa triste fué símbolo de amor! ¡Qué tristes son tus ojea! ¡Qué tristes son, Jesús! Miraron los abrojos, y sin mostrar enojos lloraron en la cruz!
Las manos de . esúb Blancas manos de nieve; manos de redención; de gesto noble y leve; ! con qué dulzura llueve de ellas la bendición! Manos como azucenas; manos de tal virtud que con sus gracias plenas se elevaron serenas sobre la multitud! Manos de transparencia pura como cristal; manos llena de esencia; maestras en la ciencia con que se extingue el mal; Manos por milagrosas
MARTINEZ ROSSELLO, MANUEI. besadas con fruición, y elevadas piadosas sobre todas las cosas ávidas de perdón; Manos que tantas voces mostraron su poder multiplicando peces, consolando reveses, matando el padecer; Manos que destrozadas vertieron tanta luz; manos, por lo adoradas, altamente lloradas, al verlas tal?.dradas por clavos en la cruz; la sangre que vertieron gota a gota cayó; Tierra y Cielos la vieron; las tinieblas se hicieron y la Tierra tembló. . . . ¡Blancas manos de nieve; manos de redención, de suave gesto, y leve movimiento tan breve; manos de bendición'
Corazón de Jesús ;Cuán grande es este hermano corazón, que adoró tanto al género humano que por él expiró.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Fué bueno y lo lancearon en brazos de una cruz; cuando lo atravesaron como gotas de sangre brotaron estrellas de luz! Fué bueno y vivió haciendo obras de caridad; fué siempre repartiendo milagros y bondad! Resucitó los muertos; los ciegos curó; y en todos los desiertos de los ánimos yertos sus rosales sembró. a
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Fué grande en sus bondades, y en su hermosa quietud de llanto y soledades tuvo una gran virtud: Perdonar con nobleza de Judas la traición; Era todo grandeza, era todo pureza, aquel gran corazón! Si vuelves, con tu mano, a violar, sin piedad, ! oh, cruel género humano esa arca de bondad, su sangre bienhechora, que es luz y es esperanza; será tu redentora al rodar por tu lanza!
MARTINEZ ROSSELLO, MANUEL ,No lo vas sin defensa? ¡Qu6 noble corazón, lleno de pena intensa en la desolación! . . . . ¡Oh, corazón hermano, lanceado en una cruz, por el género humano! ¡Diste por sangre luz!
Los labios de Jesús Labios de Jesús, finos, de acento embriagador como los buenos vinos; labios, por lo divinos, inocencia y candor; Labios por los que an ealma fluía un manantial lentamente de un alma alta, como una palma, como una palma real! Labios que perdonaron; que fueron dulce miel con la que sazonaron el agua que tomaron los que le dieron hiel; labios suaves, divinos; de voz tan celestial que se ola en los caminos con los sedosos trinos de un ave de cristal; labios adivinantes,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ¡LUSTRADO volved a predecir como lo hacíais antes; ¿dóndo están los distantes rumbos del porvenir? Labios que, por divino., decíais la verdad; y descifrábais caminos para la eternidad; ya veis que los malditos acudimos a vos a pedíros contritos: hablad, que los precito quieren oir a su Dios. Labios que predicaron con palabras de miel; labios que sazonaron el agua que tomaron loa que le dieron hiell
MATOS BERNIER, FELIX
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MATOS BERNIER, FELIX Lo que dice el aerojlalo Sobre erguidos campanarios de vetustas catedrales, sobre cúpulas doradas y edificios señoriales, sobre monte, gruta y llano, parapeto y peñascal, el monstruoso alción del siglo, con sus alas extendidas, sobre lueblos y ciudades asombrados y aturdidos, dice todo cuanto sigue con su verbo excepcional: Soy el último delirio de aquel Siglo XIX que en su lecho de laureles epiléptico se mueve, ya cansado de la lucha como un viejo general; soy la fórmula gigante de sus últimos empeños, el problema ya resuelto que era el alfa de sus sueños, y el principio generoso de la paz Universal. Mis progresos son victorias, las magníficas victorias de la Ciencia y del obrero, cuyas prácticas y glorise dejan trazos indelebles en la humana evolución, mis dominios son inmensos porque dan al infinito donde no mandaron dueños, donde todo fué bendito desde el día que hubo cultos y hubo amor y religión. Yo sorprendo con mis alas a las mismas tempestades: soy sombro y esperanza, y a vencer dificultades
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naáie puede aventajarme, ni lo pudo suponer, porque el hombre que hizo el barco contó siempre con el viento,
con el lomo de las aguas del magnifico elemento, poro sólo en suefios tuvo la noción de mi poder. Mientras tanto trabajaban en secretos atareos los excelsos de la ciencia, loS invictos Prometeos que en la roca del martirio sufren penas hasta el fin, y al calor de sus trabajos persistente y generoso dieron formas materiales al ensueño de coloso que Duniont tuvo en América y en Europa Zeppelin. Yo domino los espacios que engalanan las estrellas, y no dejo en mi camino ni mis sombras ni mis huellas, cuando lanzo por los aires mi gallardo pabellón, y al vencer inconvenientes los que fueron Luis creadores iile impusieron con su esfuerzo la pasión de sus amores por las luchas radicales y la humana redención. Otros tiempos fabulosos vieron máquinas de guerra cubrir campos y ciudades destruyendo de la guerra ciencias, artes, monumentos, con las cálifas de Omar; y jardines encantados en la egregia Babilonia, y mosaicos granadinos y amuletos de Sidonia, y galeras que batían, blancos ansares, el mar. Eran tiempos de conquistas por la fuerza y por el hierro,
en que el César era invicto y el esclavo en su destierro como ser sin esperanzas soportaba su abyección; eran tiempos de milagros y dramáticas leyendas, de pasiones siempre vivas y aventuras estupendas, de salvajes heroísmos y exterminio y convulsión. Aparecen en las sombras de esos tiempos olvidados, Galileo que amó al cielo con sus limbos estrellados, Aristóteles, el canto, que era enorme en el saber, y no existen en los viejos pergaminos de la Historia
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ni el despojo de sus carnes ni los mirtos de su gloria; porque el tiempo lo hace todo, mas lo vuelve a deshacer.
al
Duermen héroes y tiranos en sus criptas funerales, duermen sabios y poetas sobre lauros inmortales, todo en polvo se convierte, nada puede subsistir, y, salvado de las ruinas y vencido lo posible, tiendo yo mis alas anchas que investigan lo invisible sobre el genio del pasado con mi rumbo porvenir. Mi dominio es lo ignorado, lo que llaman firmamento, ml auxiliar es el acero, mi mecánica es el viento, nú esperanza es el reinado de la Ciencia y del Amor; yo uniré todas las almas en conjunto inexplicable, porque siendo yo el Progreso soy también inexorable, la retranca de la guerra, su vestiglo y su terror. Yo suprimo las trincheras y al terrible acorazado cuyos flancos el mar bate, de sus fuerzas indignado, pronto al mundo por inútil con valor denunciaré: sobre todo afán de muerte tenderé mis pabellones, destruyendo iniquidades y ofreciendo a las naciones nuevas fórmulas de vida, nuevos simbolos de fe. Como el águila gloriosa del progreso culminante, yo diré lo que no han dicho redentor ni navegante do las cumbres himalayas y del piélago polar; lo que abarca el pensamiento será luego conocido; Soy el águila del genio que abandona ya su nido y procura nuevos reinos sobre el monte y sobre el mar! Nadie puede, sin seguirme, sorprender mis aventuras, aunque escale del planeta las espléndidas alturas que coronan albas nieves como clámide inmortal, porque tengo alas de condor y pulmones de gigante y en mi seno está la chispa que hace el oro y el diamante, la sustancia misteriosa de la. fuerza universal.
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Puedo ver como la tierra se conmueve en su cimiento; ceiba inmensa en la llanura, palma erecta en el jardín y a mi paso sobre todo lo que Dios puso en la tierra, siento el himno del insecto con sus éinulos en guerra la sonata de las aves y el perfume del jazmín. Soy del siglo XIX, pero rompo en el presente la crisálida pomposa del enigma trascendente que fué duda y sacrificio, privilegio y excepción: la mecánica es mi madre y el artífice es mi hermano: ;soy el símbolo del genio! ¡soy el condor soberano que proclama en los espacios la futura redención!
MATOS BERNIER, RAFAEL
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MATOS BERNIER, RAFAEL Musa cálida En tu bata de baño cruzabas el pasillo, Dejando descubierto del torneado tobillo Hasta el amplio recodo de tu .Muslo sensual. Penetraste en el cuarto de la ducha dichosa, Y sentí ios cantares que en tu cuerpo de diosa, El agua improvisaba con su voz matinal. Yo no pude alelarme de aquel sitio encantado, Y quedeme muy cerca saboreando el pecado Quo on tus carnes desnudas el agua cometió. . . . ¡cómo ardía en mi mente el temblor de tus tenor, La visión de tus formas, tus ojazos morenos, La canción de aquel chorro que tu cuerpo besó! Y al salir de aquel cuarto en tu bata de baño Que palpaba tus curvas —eucarístico paño Sobre el pan sonrosado de tu cuerpo ideal—
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—En un dulce arrebato fui hacia el baño corriendo, Y al sentir tu perfume y a mis ansias cediendo, ¡Yo llevó hasta mis labios aquel agua lustral!
Fervorosa Te vi en el templo silenciosa y triste Frente al altar del Cristo arrodillada, Como una flor de luz inmaculada, y mi piedad con tu fervor venciste. Todo el amor que en tu mirar existe, Nimbaba con su intensa llamarada Aquella augusta frente, coronada Con las espinas que el amor resiste. Miré el Cristo de angustia poseído, Y tuve miedo que tu amor vehemente Le hiciera descender dd su madero, Y olvidando sus glorias de elegido, Por amor a una virgen penitente, ¡Despreciara el amor del mundo entero)
MIRANDA, JUAN ESCUDERO
MIRANDA, JUAN ESCUDERO El poema ele
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Ella, con majestad de soberana, en su coche pasó deslumbradora, como cruza en su tren de porcelana el rosado prodigio de la aurora. ¡Aún reía en oriente la mañanal. . . . Desde el albor de tan feliz momento, en el pecho del bardo quejó impresa la imagen celestial de aquel portento; y ya en seguirla por doquier no cesa el cóndor de su amante pensamiento. El gran globo de fuego todavía del zenit en las cumbres se cernía, cuando el vate, nutrido de esperanza, a la divina búsqueda se lanza de aquel viviente emporio de poesía. Y al punto ea que los oros de la tarde, de primores de luz haciendo alarde, sus brillos desataban en la altura, alcance da el poeta a la hermosura por quien su corazón de amores arde. Y ¡oh, sensación inusitada y bella! al verse junto a la sin par doncella,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO el gozo que sintió fué tan intenso, que creyó que arrancaba de lo inmenso el fúlgido tesoro de una estrella. Trémulo de emoción a los pies de ella deshoja con afán las ígneas flores de la ardiente pasión en que se inflama, le descubre el horror de sus dolores y por la miel de su clemencia clama. Compadecida al fin la tierna dama, como desciende el sol, baja del coche; él la trae hacia sí con ansia loca, y en el atrio del templo, de la noche le dá un beso larguísimo en la boca.
Claro -oscuro Bañó el sol tu cascada de cabellos con sus besos de luz más auricentes, y en la bóveda ebúrnea de tu frente dejó la placidez todos sus sellos. Su añil cedió la mar a los destellos de que tus ojos son mágica fuente, y tiñó con su grana más luciente el clavel reventón tus labios belios. Son tus senos dos pétalos de rosa; tu lindo talle de pagana diosa por flexible y gentil es junco y palma. Puso en tu tez el lirio su pureza, la roca en tus entrañas su dureza y la noche sus sombras en tu alma.
MOLL, MERCEDES
HIOLL, MERCEDES (FLOR DALIZA)
Sin nido. . . Somos dos aves, po:•re hermana, Dos aves huérfanas que vieron Rodar deshecho el viejo nido; Fiera sopló la tramontana, Hojas y florea perecieron Y el tronco enfermo cayó hendido. Somos doe pájaros errantes Posados hoy en una rama, Macana en otra, en otra luego, Siempre añorando el nido que antes Brindóles tibia y blanda cama Y paz de espíritu y sosiego. Sombrío y triste está el sendero Que a nuestra selva conducía; Todo el ciclón lo ha desvastado, Y en el recinto placentero Donde la dicha florecía iZey SóIo abrojos han brotado.
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Cuando los nidos se deshacen Y hogares rotos y vacíos Deja a su paso la tormenta, Nidos y hogares se rehacen Y aves y seres nuevos bríos Cobran, si Mayo los alienta. Mas, ¡ay, hermana! Otoño ronda Y nuestros pobres corazones Ya sólo anhelan paz y olvido, Porque aves son en cuya fronda No hay rubias briznas de ilusiones Para formas el nuevo nido.
MUÑOZ RIVERA, JOSE
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MUÑOZ RIVERA, JOSE El canta de la esperanza Yo fui el agua purísima de un manantial del cielo. Dios mo mandó a la tierra para ser el conaualo de todos los que sufren. Mi nombre es "la eegeranza"; El mendigo me dice: "eres pan y abrigo"; y yo siempre respondo si me llama el mendigo . Yo soy para el soldado la gloria en la victoria, y para el genio vida que comienza en la gloria. Me llama "amor" la virgen que lleva a los altares, cual pan de eucarlstia, su ramo de azahares. Mí forma es la de un nido para las avecillas que se aman en los arboles de frutas amarillas. En las crestas del Ande me buscan los condones; rocío y luz soy para las plantas y las florea La esposa ve en mi al hijo que en su entrafia palpita; la madre, al hijo en gloria de ventura infinita; y, con la esposa, sueño; y con la madre, arrullo al niño que as la rosa de la vida rn capullo. Hace el mar, contempl4ndome, que, níveas aureolas, emerjan de su seco los cisnes de las olas. Si en nombre de los náufragos, yo clamo en las tormentas, el mas, rendido, aplaca las iras turbulentas. Bn ml cierne la noche, porque yo soy la aurora;
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vio
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en ma atraen loe abismos, porque yo soy el vuelo. Domeflando a la muerte, la eterna vencedora, aún en la tumba misma soy promesa de un cielo. 8ln mi, la negra angustia, la angustia, soberana del orbe, tañería sn fúnebre campana, Sin quo dieran al viento raudales de armonía vibrátiles orquestas de amor y de alegría. Para el feliz creyente, soy el Rabi, surgente del sepulcro, formando el alma del creyente; soy la fe que en el mundo, con su hálito fecundo, dió el empireo a las almas y dió a Colón un mundo. Es el sueño mi hermano; a las veces mi dueüo porque yo canto amores en los bracos del sueño. Cuando todas sus galas viste la primavera, en mis telares bordo con hilos de quimera. En los dies serenos, en las albas g'_orioeas, todo luz es mi espacio, mi campo as todo rosas. Ofrendo a las abejas del trabaja mis fío_ °s, y en ellas pongo todos mis almas resplandores. De los pueblos uncidos llevo a Dios la querella, de loe pueblos uncidos llevo a Dios la plegaria; De Polonia en la noche Kosciuszco es mi estrella, Tell mi luminaria. la noche de miza París, la augusta madre, la Némesis herida, con mis propios ojos a Francia redimida. Cuando el divino Hugo cantó en "Los Miserables' ', Juan Valjean víó en mi reino las dichas inefables. Después que dió Cervantes su Manchego a la Historia, él no me vió en su muerte, pero me vió en su glorie.. Cuando en el circo alzaban sus doloridas manos, mi argéntea luz veían los mártires cristianos. Al decir el Gran Martir "Perdónalos señor", en la frente del mundo puse un beso de amor. Los ojos de Bolivar yo oerré, triste y grave. "Aré en el mar" él dijo: Ahora Bolivar sabe que sus grandes lumineos con lumbre de aureolas n_ duermen en el sean de laa amargas olas. Ofseeido mi simiente al aureo de la tierra;
MUÑOZ RIVERA JOSE en la paz fructifico, fructifico an la guarra; y en la alegre vendimia los áureos frutos míos son las semillas nuevas para nuevos plantíos. Inspiro las pl9garias fervientes del azceta, y, eternamente núbil, soy novia del poeta. Oomo si fuera linfa de claros manantiales, serpeo en las arenas de los secos eriales; y cuando en los eriales esplenden mis amores, hasta en las rocas ríen las gracias de mis flores. La duda al mundo dice: "es la nieve mi emblema," y yo le (ligo al mundo: "el sol es mi diadema." En las almas anhelo y dulzura en las pomas, soy mariposa errátil; pero la luz no quema. paro la luz no quema mis alas policromas. Lucero matutino que vibra on lontananza, soy oro y luz: por eso me llamo "la esperanza". &i en una triste noche de amargos desconsuelos tornara a mis verjeles azules de los eielos, sin mis divinos ojos, sin la fe que me guía, bajo la eterna sombre, la tierra ¿que sería?
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NEGRON SANJURJO JOSE A.
NEGRON SANJURJO, JOSE A. Perspectivas —Girón de cielo o mar—dos infinitos—, la saya azul que en tu escarpin se acota esfuma, entre los pliegues, los contornos de la doble columna en que te apoyas; roja como la i'or del amaranto, la cinta que tus crenchas aprisiona finge un halo de fuego en torno a un haz de rayos de la aurora; las suaves lineas de tu torso, cubre blanca almilla gaseosa, a la que, por la espalda, inunda en oro tu destrenzada cabellera blonda; hasta ascender a ti, tónica aguda, cada mujer de esto concurso, es nota con que el capricho del azar escribe una escala cromática de hermosas: escueta de oropeles y de atavíos sobria, fuerte on el pedestal de tus encantos, miras en derredor, como queriendo oontestar su saludo a la victoria!
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO verde esplendor se escapa de tus ojos,
¡y todos te proclaman vencedora! Torbellino El vals y mi emoción a un tiempo vibrax: luces y ritmos por el aire ondean, colores y fragancias se confunden, arpegios y fulgores se esiremczcian. Hay boda: del pincel y del pentágrama. Hay besos: los del tinte y la cadencia. G-entil, como tú sola, como tú sola, bella, al leve impulso que mi mano imprime sobro tu esbelto tallo de Minerva giras por el ampl'simo rectángulo, y en, pos de ti, la cnvidia que despiertas. Yo, como el ave herida en la natal floresta, giro también:. . , en busca de mi nido de sueiíos •de poeta: voltaica sacudida precipita la sangre en mis arterias; chocan en mi cerebro, rotas en mil pedazos, las ideas; Eros quiere encarnar en mi palabra, y, torpe, el labio a balbucir se niega; rendido, hipnotizado bajo la sugestión de tu presencia, voy dando como autómata la circular acompasada vuelve; y, cuando la brillante catarata de melodías c a, busco un sitial en que la calma lo~ree; gredas en él como en tu solio, ¡oh reinas Y al fin, resuºitando de aquel v tgo, me acuerdo de que estoy sobre la tierra..,
O'NEILL
GONZALO
O'NEILL, GONZALO Sonoras bagatelas A E. Fernández Vanga. Son mis versos sonoras bagatelas Que brotan de mi alma, Como del seno del botón de un lirio Los pétalos de plata. No hay en ellos el tinte de cultura La vida y la fragancia, Que en las bellas estrofas de los bardos Que fueron a las aulas Y escucharon de romero y de Virgilio La mágica palabra Que nutre y robustece el pensamiento Con su fecunda savia. Son mis versos los pálidos destellos De una estrella que avanza Con rumbo hacia el ocaso donde mueren Las ilusiones plácidas Que acaricia la mente soñadora; Mariposas doradas Qua retosan alegres con los céfiros; suspiros de mi arpa,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Avecillas canoras que aletean En las inquietas ramas, Del árbol del amor en que florecen Mis dulces esperanzas. Son mis versos sonoras bagatelas, Conjunto de palabras Que ora expresan amores y alegrías Y ora penas amargas• Escritos con sonrisas unas veces Y otras veces con lágrimas.
Diálogo Dice a Venus, Borinquen: Si tuviera tu luz, tu resplandor y tu hermosura, Sería para mí, gloria y ventura Brillar contigo en la radiante esfera. Y Venus le responde: Yo quisiera Ser, sin bajar de la celeste altura, La estrella solitaria que fulgura En el triángulo azul de tu bandera. Llevada Venus por tan dulce anhelo Pide al cielo el color que lo engalana, Al alba franjas de su blanco velo, Al sol sus rayos de encendida grana Y surge como un iris en el cielo La enseña de mi virgen borincana.
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PADILLA, TRINIDAD
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PADILLA, TRINIDAD (LA HIJA DEL CARIBE)
Aquí
estoy.
..
A la memoria de mi amado. Ya llegó la hora de la cita, amado, que me diste al alba en la paz diurna, mientras los luceros empalidecían entre los cendales de la inmensa urna, Yo avanzo liada el bosque pleno de sonidos, aspiro el aroma de fuertes nectarios, cuando ya los pájaros se quedan dormidos, bajo los ramajes verdes, milenarios. Ven, que aquí te espero bajo la arboleda ceñida mi frente con mi negra toca, con rosas muy frescas do tu rosaleda y besos muy tristes en mi mustia boca. No quiero acercarme a tu encuentro, dudo. . . porque temo al frío que hiela tus huesos, y quiero que vengas en un soplo mudo a galvanizarte con mis dulces besos. . . .
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Paisaje tropical El cielo azul cobalto se aborrega de nubes como iºmcnaoa rebaños do corderos; la luz ea un incendio, y, en la arena, que ciega, su selvática pompa extienden los uveros. En la dorada playa, bajo el reverbero del sol una espalda desnuda se arquea, rosa blanca que besan las espumas cuando hierven a flor de la marea. Una mujer hermosa se baña en las aguas del mar: au rubia cabellera, incandescente, como una antorcha alumbra: es el rubio dorado de Brunhilda y Ofelia, el rubio incomparable de aquellas venecianas dogaresas, que aclamaban a las gloriosas huestes italianas. Ya on el desmayo del crepúsculo vespertino, cuando la luz cobarde s. extiende vagamente por la tierra como un velo de novia vaporoso, pliega el viento sus alas rumorosas, cierra la flor su broche, el mar se duerme con murmullo leve, las estrellas de luz hacen derroche, y sólo se percibe en la oquedad desierta un rastreo serpeante entre las ramas secas de algún reptil, que, cual todo lo ruin busca la sombra y perturba el silencio sonoro de la noche.
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PEREZ, LOSADA JOSE
PEREZ LOSADA, JOSE Primavera Ya tiene tu jardín todas sus flores; este bello rosal que estaba yerto y era bajo la nieve como un muerto se ha vestido sus púrpuras mejores. Ya hay violetas debajo de los pinos; y, hasta en las tapias del jardín, la yedra por entre las hendiduras de la piedra ha prendido sus regios gobelinos. . . ... !Ah, si el humano corazón tuviera tras de cada dolor en que muriera por alguna traición crucificado, como una primavera florecida en que cada dolor transfigurado, fuera una flor sobre la abierta herida!
La Oración de Cupido Un silencio de angustia flota sobre la tarde; el sol se está muriendo, y es lenta su agonía,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO hay en todo el paisaje una melancolía que un punto me domina y me siento cobarde. Como una lucecita, allá en el cielo, arde una estrella. Anoche. Tu mano entre la mía siente un leve temblor. .. Las aves en la umbría buscan el nido que su amor resguarde. Te he mirado a los ojos, y en tus pupilas leo una ansiedad extraña y un extraño deseo que pone en tus ojeras un matiz de violetas. Amémonos—me dicen tus manitas inquietas. . . Y repiten tus labios con tenue balbuceo: ¡Por las novias frustradas de todos los poetas!
Flor de
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Tanto te quise besar, fué mi boca tan avara de las rosas de tu cara que las llegué a marchitar. Mas, te puedes consolar; que entre mis manos inquietas tuve las tuyas sujetas adorándote de hinojos, y vi en torno de tus ojos un circulo de violetas. ...
RAMIR:EZ DE ARELLANO, CLEMENTE
RAMIREZ DE ARELLANO, CLEMENTE La poesxa (FRAGMENTO) Tus huellas he seguido, paso a paso, E ignoro a dónde irás, bella Poesía. . . ¿Cuál ha sido tu cuna" ¡el cielo acaso!Has debido empezar aquel gran día En que el hombre primero, al rayo ardiente De la joven Creación que sonreía, Con inefable calma Caer sintió de repente Un beso de mujer sobre la frente Y nna gota de amor dentro del alma! . . . . Has debido nacer cuando su broche Entreabrieron las rosas, y el Estío De su verde caudal hizo derroche; Cuando, al romper en medio del vatio El arcángel trigueño de la noche Sus collares de perlas de rocío, Con millones de borlas de topacio, Dios queriendo mostrar su poderío, Adornó la canela del espacio! Diafanizada luz que el aire enciende,
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Placea el manantial, la espiga dora; Yo te he visto en la noche que se tiende; (mando raya la aurora Cual bordado de plata zn el dosel azul dei firmamento; Te escuché en el acento Del hirviente raudal que se desata Llenando el mudo corazón de frío, Y en el rápido vais que ensaya el viento Sobre el teclado de cristal del ríos ¡Cuántas veces te ví, lejos del mundo, Cruzar dei Septentrión al mediodía, Internarte en el piélago profundo, Surcar después la inmensidad vacía, Y, no saciando tu creciente anhelo, Con gentil gallardía Te miré cabalgar con nunbo al cielo, Del mundano rumor haciendo mofa, Y al fin del cenit alcanzar la cima, Sobre el hombro de fuego de una estrofa, O en el ala de seda de una rimal . . De l. vida en el áspero camino Iras dejando plumas de canciones Que el mortal nunca vió. Tu lumbre pura Vivirá mientras haya Un astro que fulgura, Una ola en la playa, Mientras duro una roca, Y guarde el hombre en la memoria impreso El sollozo de un ángel que le evoca, Y cual perfume entre corales preso, En el nido caliente de un.a boca Palpite el alma de jazmín de un beso! . . .
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REAL, CRISTOBAL
REAL, CRISTOBAL Trova Romántica Dejé un palacio, un lis y tuia corona por las justas de amor y los rondo?es, y en la fidelidad de mis lebreles encontré más nobleza que en Belona. Herido por Amor, que no perdona, combatí, ingenuo, por gustar sus mieles, y rendí, por románticos joyeles, una lira, una flor y una tizona. Mi juventud fné breve llamarada, que refleja en mi pecho todavía. . . Una sombra, un rumor y una estocada. Y en mi rostro los años han impreso tres huellas, más profundas cada día... . . ¡Un rubor, una lágrima y un beso(
Madraa Antillas Las finjo, cuando el sol las arrebola y alzan las nubes sus temblantes velas,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO tres aves, del misterio centinelas, dormidas en la espuma de una ola. De las tres, el dolor hizo una sola; que al surgir las audaces carabelas, (Tres cual las verdes islas), sus estelas dejaban centelleo de amapola. Por ellas como el náuta visionario, subieron (¡Son tres islas y tres cruces!), Martí, Duarte y Ruiz Beivis, al calvario. Mas, quien vida infundiera al cuento de hadas de Colón, y en las sombras puso luces, ;podrá hacer de las cruces tres espadas!
31asór heróiL _? Soy la flor de los bravos paladines, porque tu eres mi escudo y mi coraza; guían mi acero,formidable maza,— tus ojos,—incendiados polvorines. Los pif antes bridones, en rocines convertí; las banderas, en hilaza, y a mi grito guerrero de ¡''abrid piza' !; callaron falconetes y clarii:es. Como no hay en la tierra quien me dome, quiero, retando a la azulada altura, que a tus ojos robárale la luz, dar el '' quien vive''! al sol, en cuanto asome; coger el polvo que, a tus pies, fulgura, ¡y dispararle un tiro de arcabúz!
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Sólo en el iris—su bandera-.Lleva una brizna de verdor. Rubia es tu Ígnea cabellera, Oh, madre luz; a tu calor Vive mi musa, una quimera Que atiza el fuego so$ador. ¡Oh, girasol tu en la mafana Ávido sigues a la aurora Para embriagarte de su luz; Mas en la tarde el sol aforo Tu pleitesía campechana Sobre el verdor de tu capuz!
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RODRIGUEZ DE TIO, LOLA
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RODRIGUEZ DE TIU, LOLA Tristeza Huid memorias de mi edad florida, Del tiempo el vuelo rápido seguid; Esperanzas risueñas de otra vida, Dejadme en paz, huid! ¿Qué es lo que el alma en su ilusión delira? ¿Qué es cuanto halaga al triste corazón? ¿Qué es la amistad? Tan sólo una mentira Una cruel ficción. ¡En vano es esperar! Silente olvido Tendré mañana como tuve ayer. . ... Siempre en mi triste corazón va unido El dolor al placer! El llanto interrumpiendo a la alegras, El amargo recuerdo a la ilusión. . . . Los goces con que sueña el alma mía, ¿Qué son al fin, qué son?
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No son sino visiones de la mente, Fugaces nubes que cambiando van;
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO Oual ellas !ay! se cambian de repente, Mis goces en afán. De blancos lirios fúnebre sudario A mi Fe el d.sengaño entretejió, Y sobre su sepulcro solitario Losa fría cayó. ¡Imágenes de amor! Sueños de gloria! Ilusiones que in tiempo acaricié! Huid, dejad tranquila mi memoria.. . . . . Allí yace mi Fe.
Al esposo ausente Mi amor, cuando to ausentas Qué triste estoy sin ti! Sólo respiro ansiando Que vuelvas junto a mí; I:?as cuando s< 1110 vuelves Me siento tan feliz! !Qué cosa hacer podría para lograr, ay! di, quo siempre estés llegando y al mismo tiempo aquí?. . .
TEXIDOR, JACINTO
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TEXIDOR, JACINTO Arte rebelde Cada verso tiene su nota, su ritmo y su cadencia, como en la Vida Universal tiene cada Sor su matiz y su propia esencia, y cada astro su color y su rumbo en la via sideral. La idea, la Alma-Idea, la Amada poesída e inviolada, renueva en cada abrazo su perfume virginal. . . La Luz-Idea, Poesía Gloriosa y Sagrada, Ella tiene los Ritmos y encuentra la Palabra Inmortal. . . . Reglas? Marcáis al rayo un previo recorrido? Dáis un curso previsto al Aquilón? En qué pentágrama ponéis del Mar el rugido, o a qué compás ajustáis su eterna canción? ¿Cuando, al tender su vuelo, tuvo el Aguila un rumbo conocido?
LO cuándo anduvo por las carreteras el León?
Música Iffieaga Parecen amarillas las teclas de tu piano cuando sobre ellas pasa, crepúsculo matut1 o,
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO
la inmaculada albura de tu mano. Mano. . . Blasón. . . Una regia estirpe en tu mano adivino. . . Balada de Chopin! Sacra melancolía de una tarde de Otono! Canción de lunal . . . Dolor! . . . Tus dados rezan, con tu alma, la misteriosa melodía. . . . Pasión de ensuefo.. . Muerto amor! Otra balada dicen a tus pupilas tus ojeras, nube de tempestad sobre tus primaveras. Agoniza en el piano una cadencia rota. . . En una sola herida se funden nuestros labios. Y recojo en los tuyos, inocentes y dulces, inexpeatos y sabios, el alma de Chopin, con la última nota. . .
7.ENO GANDIA, b1ANUEí.
ZENO GANDIA, MANUEL Estudio del natural En la corriente de un río lancé una guija de oro y ví que, al romper las aguas, fuése, sin flotar, al fondo. Cediendo al capricho, luego lancé un pedazo de corcho, y al contacto de la linfa flotando liviano y tosco, le vi a lo lejos perderse siguiendo el cauce sinuoso, por el ímpetu llevado del tibio caudal sonoro. En las corrientes del mundo, del tiempo al compás insécrono, arroja al azar las almas que anima viviente soplo. Todas desvalidas caen en el ancho cauce anónimo, y, a veces, por triste sino, son, en amargo abandono: el sabio, dorada guija;
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BIBLIOTECA PUERTO RICO ILUSTRADO el necio, giron de corcho, arrastrado a flote el uno, hundido y brillante el otro. . . , Pasen las ondas del tiempo, cúmplase el humano horóscopo. . . mas, cuando así caen las almas y las nivela el oprobio, ,ay, de la injusta corriente y malhaya el mundo estoico, en donde el guijo se anega y flota seguro el corchos