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Historia Eclesiástica del Puerto Rico Colonial Vol. I 1508-1700

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VOLUMEN I a 1500-1700

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ANTONIO` CUESTA MENDOZA '4AESTRO EN ARTES Y DOCTOR sN FILO.SOFIA Y EN LITERATURA

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EL. OR'GANIZ'ADOR DE LA IGLESIA DÉ PUERTO RÉCQ , „ Su primer pastor y su descanso , h aquel santo Marón, Alonso Manso, varón de benditisimas costumbres, en las divinas •letras cabal hombre, dignisimo de más excelsas cumbres, merecedor de más alto renombre, , su nombre denotaba mansedumbre, y ;así midió stts obras con su nombre. Fúé de menesterosos gran abrigo,

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'porque le conocí, sélo que digo.

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CASTELLANOS, JUAN DIil: EtLEGIA 15.

DADOR DEL PUEBLO DE' PUERTO RJQOI

Algo fué rojo, de gracioso gesto,, afable, bien querido de sus gentes, en todas proporciones bien compuesto, sufridor de trabajos grandemente, en cualesquier peligros ,el más presto, no sin extremos grandes de valiente, s_ enemigo de amigos 'de regalos; `pero muy enemigo de los malos, t~k CASTELLA1WlS, JUAN DE:

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iLGIA VI, Canto VII_

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"PEPITAS DE ORO

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"Tiene una iglesia catedral de elegante arquitectura, con un doble orden de columnas y ventanas". Juan dé Laet; " Descripcion", 1640. r "Son buenos cristianos" (los indios) . Ponce de León, "Descripcion", 1582:

"Dios no quiso que la isla fuese de los ingleses",'Layfield, 1598.

"Más de una vez recibieron (los, gobernadores) de los frailes diocesanos lecciones de diplomacia, de previsión gubernativa y de decoro social. Brau. Bol. Hist., X, 227.

"Son verdaderos católiéos, siñ hipocresía". Tomás de' Córdoba, "Memorias".

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"Radicavi in populo honorificato", Sap. XXIV, 15.

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A MANERA DE INTRODUCCION 'lo. Cada país` posee su Historia Eclesiástica. — 2o., Menos Puerto Rico. — 3o. Remediado con ésta. — 4á. Que será bien recibida. 5o: Por escrita con perspectiva y clave. — Go. Adelante. lo.—Escasamente habrá uú solo país americano, que carezca hoy de su correspondiente Historia Eclesiástica. Santo Domingo tiene la del Lic: Carlos Nouel, en dos tomos; Cuba,, la de J. M. Leiseca; Venezuela, la de Mons. Navarro; con otras_ monografías de mérito; y Méjico, la del Padre Mariano Cuevas, en 5 volúmenes, con duplicada edición. Y e$ natural que así sea, dada la suma importancia que, para el conocimiento del pasado y la orientación del porvenir, encierra la historia religiosa de cada nación. 2o.—Desgraciadamente hasta hoy, Puerto Rico carece de su propia Historia Eclesiástica, a pesar de haber sido una dé las tres primeras diócesis del Nuevo Mundo, ,de constituir Un pueblo de relevantes características singulares, y de neo 'cesitar, acaso más que ningún otro; conocerse en su pagado, para orientarse en su porvenir. Este es un hecho patente, 'cuyas causas parecen hallarse en los vaivenes de tipo internacional, por que tíltimamente ha pasado y que han sido para él lg que para la naciente capital el huracán de 1526, que "derribó la mayor parte de~sta cibdad, cpn la yglesia" --9=-

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3o.—A remediar, siquiera en parte, esta necesidad, viene la presente Historia, fruto de muchas diligencias 'y producto de la más sincera estimación del país. Por ser la primera y por escrita sin tener a la mano todos los materiales necesarios, no es obra perfecta, pero sí aplana el camino para que álguier obsequie al público, no tardando, con otra definitiva y cabal, Ella es amanera del sendero trazado por el pie indio, a través de la Isla, convertido más tarde en ancho caminó, real, por la, planta del hombre blanco.

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4o.—Lo que sí puede adelantarse, sin humos de presunción, es que será; recibida con parabienes y leída con cu= riosidád y provecho, por los hijos de la tierra, y por los que, venidos de fuera, la habitan hoy: católicos, protestantes e incrédulos, si es que de los últimos hay realmente algunos aquí. Ella ofrece algo que todos ansían saber; que todos comprenden que deben y han menester conocer. Sin, manual histórico de un país,, sin. prontuario que revele el pasado, que en todas partes gravita sobre el presente e influ~ ye sobre el porvenir, ni los' propios, ni los extraños disponen de brújula para navegar con acierto, por los mares de su conveniencia y utilidad. Pasado e idioma son los dos pies, con que se camina en la elida d'e los negocios, en. la labor del apostolado' y n las encrucijadas de la política. ¡Verdad tail profunda como olvidada por individuos y. pueblos! 5o.—Tan solo nos resta afiactir que, aunque los documentos ,históricos son la materia prima para redactar una historia, no todos son necesarios para componerla aceptable, bastaido los más básicos y angulares, si son bien entendidos y juiciosamente interpretados. De falta de este requisitos adolecen muchos de los trabajos hasta hoy publicados, 'sobre la Historia de Puerto Rico. Son como monumentos sin perspectiva, como leyendas de la piedra Rosetta; sin clave interpretativo. Acaso el mérito de esta obra, si /alguno se le quiére otorgar, consista 'en haberle dado esa perspec-

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tiva a la Historia Eclesiástica de Puerto Rico, y haberle aplicado su interpz'etación verídica y racional. ¡Dios sabe a qué precio de reflexiva investigación! 6o.—Como quiera que sea, en el pórtico de esta obra, que es a manera de galería de un pasado decente y noble, sonreímos a los visitantes o lecitores,1y estrechando su mano de hidalgos, les decimos con hospitalidad castellano-nativa: "Bienvenidos,, amigos; adelante; están en su casa; esta es su propia historia desenterrada, que vivieron y honraron sus gloriosos antepasados. ¡ Adelante !, NOTA:Las citas de Fernández de Oviedo', Torres Vargas y otros autores lag situamos en la "Biblioteca Histórica" de A.. Tapia, edición de 1945, pqr suppnérla a la mano de la xnayoria de los lectores. Tes de S: Brau, en sus. Papeles, las identificamos así: Br. P. E., Br. P. Córr. y Br. Misc., según estén tomadas de sus "Papeles Eclesiásticos", "Papeles Correspondencia" y "Papeles Miscelánea", cuya explicación irá en Bibliografía.

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CAPITULO I

PRIMICIAS RELIGIOSAS EN EL PUERTO RICO COLONIAL. 1508.-151.3 lo. Desde muy lejos. — 2o. pesde demasiada ,cerca. — 3o. Religiosidad del puebla. español. — 4o. Rodilla en tierra al desembarcar.. — 5o. Pence, sus .capitanes y los primeros hogares. — Ao. Trasplañte del árbol de la Cruz. lot Urge la venida de clérigos. 80. A le gran estadista. — 9o. Habrá, con quéroveer al culto. — 10o. Templo en C'aparra.— 110., Posibles Gantes y Motolinias. 12o: Antes ;de 1511.— 13o. Ornamentos, Cálices y campanas. — 14o. Cédulas Reales. lo. --Hay quienes, al escribir sobre el establecimiento de la Religión en la bella Borinquen, gustan de remontarse al mismo descubrimiento tl'e América, por el navegante genovés. No estaría ello de más, tratándose de una Ilistorit Eclesiástica General de este hemisferio, o tal vez, de la Historia Eclesiástica de la Isla. Dominicana. Respecto de la pues= tra, tal proceder parécenos dilatorio, causón e innecesario de todo en ,todo. 2o.—,Otros escritores, de los pocos habidos, no hallan huellas religiosas, a lo ;menos dignas de mencionarse, hasta —13=-i ir C


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el magnífico arribo de Manso, primer obispo, en 1513, y cuando más, hasta la creación de este Obispado, en 1511, y erección de su Catedral en Sevilla, en 1512. Ni falta alguno que asevere inconsultamente que, hasta mayo de 1513, en Borinquen ni"hubo sacerdotes, ni se vieron cruces, ni se rezó un Padre nuestro.. , 3o.—Por supuesto que tal aseveración puede fácilmente desvanecerse, yá apelando a la índole profundamente religiosa del pueblo español, en aquellos tiempos, ya atendiendo a las pruebas históricas que no faltan, aunque esta afirmación cause extrañeza a muchos. Y en cuanto a lo primero ¿dónde asentaban el pié los Conquistadores, qhe no doblaran la rodilla ante Dios? ¿bónde fijaban sus viviendas, que an-

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tes o simultáneamente no alzaran altares al Divino Crucificado? ¿Qué decimos al fijar el pie o construir sus moradas? Desde que hacían leva y veían hincharse al viento sus vela's, surgía de sus pechos a plegaria al Altísin o. Y todos los anocheceres veían juntarse la tripulación, en la cubierta de las naves, para elevar a Dios y a su Madre bendita las vespertinas oraciones y el emocionante canto de la Salve Regina. 4o.—Pues, cuando a puerto llegaban y pisaban las tierras vírgenes, ¿ cuál era su primer acto colectivo y privado, sino hincar las rodillas en tierra,. besar el suelo que pisaban y opn sollozantes y entrecortadas palabras clámar a Dios; en acción de gracias y en súplica de bendiciones? Todas y cada una de las conquistas hechas por españoles en este hemis ferio, de la Florida a California y desde Nuevo .México y más arriba hasta la Araucana y más abajo, de mar a mar, así lo ponen en luz meridiana. Citar casos específicos sería hasta de mal gustó. 5o.--Pues bien, volviendo a nuestro caso concreto, ¿ se tfe suponer que Ponce, el gran Ponce de León, padre y1, ha —14—

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patriarca del pueblo puertorriqueño, modelo de pobladores, de padres de familia y de cristianos, viviría a lo pagano er. los 5 años que precedieron a la llegada del primer Obispo, con sus dos sacerdotes acompañantes? Y sus iñtrépidos Capitarles, los Añasco, Almansa y Toro, León y Juan López con el 'invencible Salazar "capitán, de los cojos", tan devoto de Nuestra Señora, ¿ dejarían de acordarse de las prácticas religiosas, durante aquel quinquenio, en qué echaban .los cimientos inconmovibles de esta' sociedad arraigadamente cristiana? Sobre todo, teniendo que dprmir, noche tras noche, con la cota y espada al alcance de la mano? Y en aquellos primeros hogares de bendición formados en Pueblo Viejo, donde nacían los primerísimos encantadores niños puertorriqueños y muchos agonizaban por 'la condición insana de las aguas no corrientes o del clima insalúbre ¿nadie pasaría las cuentas del Rosario, ni entonaría la Salve Regina, ni adorarían la Santa Cruz, ni envólvería en sus plegarias al niño que abría los ojos y al viejo o enfermo, que para siempre los ce-. rraba a la luz maravillosa de Puerto Rico? Solo podrían creerlo, los desconocedores del pueblo español en general; y de los Conquistadores de Borinquen en particular. 6o.--Cuando en mayo ,de' 1508, saltaba a tierra Ponce de León, con su medio centenar de acompañantes y del brazo de Agúaybana volteaba la Isla, hasta acampar en la explanada de Pueblo Viejo, ¡qué de oraciones recitaría, agradeciendo a Dios la creación de esta tierra tan bella y fecunda, en que vivo había de descollar por sus prendas de pobla dor y guerrero, y muerto había de i eposár hasta el día del `Juicio; honrado y venerado por sus habitantes! Ya entonces concibió la idea de realizar lo que, vuelto a la Española, solicitó y consiguió del gobernador Ovando: formalmente trasplantar a la Isla, ya de sus amores, el árbol milenariamente bendito de la S. Cruz, el mismo a cuya sombra naciera en los Campos de Palencia; el mismo á que tocara su espada, —15—


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en"son de conjuro, para blandirla en la Vega granadina, el mi rto a ie ,hiciera fructificar,_ en las riveras del IIiguamo, cuando capitán del Higüey. 7o.—Por ello, al concertar con Ovando las cláusulas de la población de Borinquen, no divaga .pidiendo gajes y privilegios, más concrétase a exigir clero que .le venga a, acompañar, en la cristianización de la Isla. Sus palabras más pa-recen de un misionero celoso que de un capitán de soldados, y por eso las 'reproducimos aquí, con el subido comentario que

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demandan, como timbre de gloria para la cristiandad que asentara en Borinquen. "Así mesmo, en la dicha ysla de Sanct Xoan, es menester de aquí adelante, clérigos que digan Misa. Vea Vuestra Merced si manda que vengan frayles, ymbiándolos el provincial, e si frayles non fuessen, sean cié rigós."

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80.=¡ Cosa admirable! Váse Ponce a embarcar, en direccióh a su Isla poblada y señoreada, .no digamos por los centenares de miles de habitantes que forjaran mentes calenturientas, pero sí por sus buenos quince o dieciseis mil indios. Como ya conocédor" de. la .daza, no se lisonjea, de ,x

que todos serán de la mansa índole del patriarca que lo abrazara en su primera visita. ¿Se escaparía a su mirada escrutadora y d'escifradora la cara aviesa y maligna del .séggundo Guaybana, que no andaría lejos de su hermano mayor y su madre? Mas no pide armas, ni soldados, ni bastimentos, pa-, ra tamaña empresa, sino frailes, clérigos, elementos de vida religiosa. ¿Para qué los necesitará el bueno del poblador? No para labrar la tierra, de cuyo fruto se han de sustentar todos cuantos allá vayan ; no para blandir la espada ni manejar .el arcabuz, cosa ajena de la profesión clerical. Pues entones ¿para qué? Pura y simplemente para "que bautice

a los indios e confiera los sacramentos a los crystianos". Indios y cristianos, indígenas y advenedizos, gentes de cultura elemental qué nunca han traspasado los límites isleños y

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hombres que llegan de .la Espacia grande, en su mayor 'ápd geo, todos —piensa Ponce de León y piensa a'lo sabio y gran estadista necesitan de ministros de la Religión, que los eleve moralmente, que les ayude a dominar las pasiones avíeas y dirija suw almas inmortales, por el sendero que conduce a la eterna felicidad. Si el .indio se ha de bautizar, ha menester instrucción primero, y bautizado, ha de aprender lá lengua y acomodarse a la superior vida, social y ecdríóniica, de los nuevos pobladores, y eso se lo ha de enseñar el ministro religioso que demanda y pide Ponce de León. Y si él hombre blanco ha de comportarse humana y cristianamen: te, como sus familias dejadas al otro fado del mar, con `el consejo r ayuda ha de ser del misionero de Cristo. Ponce lo comprendió así, como Cortés, como Pizarro, como Valdivia, e mo todos los caudillos hispanos, fundadores de pueblos en América.

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9o.—Una no pequeña dificultad surgía, en la venida de los frailes o clérigos, que para Borinqtien demandaba Ponce: cómo subvenir a las necesidades ineludibles de los sacerada uno dé los pobladores debería atendotes solicitados. der a las suyas, demás de fabricar su. casa, cultivar sus tierras y acaso, manejar la espada y .rodela, llegado el caso, ná 4niprobable, ni imprevisto. Pero los clérigos pedidos por el caudillo ¿quién les construiría albergue, erigiría templó y sustentaría con el yantar cúotidiano ? fácil tod'b ello en tierras pobladas, en burgos organizados y en territorios por largo tiempo habitados, por gentes cristianas. Pero en Borinquen, que no ofrecía sino esperanzas para lo futuro y de presente nada inmediato y tangible, sino trabajo rudo, clim enervante y nuevos temores e incertidumbre, cómo pensar en aumentar el número de consumidores, incapaces por su, ministerio, de remediar sus propias necesidades? ¿I3abría recapacitado Ponce sobre tan espinoso problema? ¿ O inconsultamente arriesgaba su crédito dé organizador, pidiendo lá. ~

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venida de sacerdotes? ¡ Ah! la respuesta dictada por su fe en la Provicfencia, anticipábala el Conquistador en la misma pes tición a Ovando y a renglón seguido de ella: "Para el salario qué obiere, de aber éliezmos, avrá'de aquí adelante, placiendo a Nuestro Señor, 'de que se podrá pagar". No supone ,y pretende qué el clérigo viva del aire, ni que con sus manos agencie íneClios' de vida, ni que socialmente ocupe categoría infe rior. Su salario decente tendrá, todos se lo pondremos en la mano, apartando de cada diez tantos que agenciemos uno para él y la Iglesia. No de la España remota, ni la cercana Quisqueya, ni de Roma o Jerusalem, sino de nuestra propia hacienda, de la de lqs ciento que ahora vamos, y de los mil que nos seguirán después, recibirá la Iglesia y su clerecía medios superabundantes de vida. ¡ Bien presentía Ponce de León la índole religiosa del pueblo qúe se aprestaba a fundar. Eco de sus palabras fueron, en el correr de los tiempos, las de los creadores y organizadores de todos y cada uno de los pueblos y riveras de la Isla, como en su propio lugar probas emos ultrasuperabundantemente 1 10o.—Pero bien:, éste era solamente un propósito, una esperanza del gran Ponce. ¿, Tuvo luego realización, vinieron clérigos. a San Juan y hubo con qué proveer al culto? Es históricamente cierto que sí. Por de pronto, y seguro de que vendrían sacerdotes, Ponce de León puso manos a la obra de levantar templo. Sería pequeño, sencillo .y pobre, pero la población de Caparra nunca excedió de 40 vecinos. Simultáneamente comenzaron a elevarse del suelo las casas de los vecinos y el templo donde ellos rezaran y el sacerdote administrara los sacramentos. Casas de piedra nunca hubo en Caparra, salvo la del 'Capitán, que juntamente servía de fortaleza para la defensa y de lugar seguro para los caudales de la Colonia. Casas y templo duraron allí la doceha de años que antecedieron al traslado de la población. Y si ni casas ni templo mejoraron de materiales, trocando la tabla y las ya-

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guas por piedra, tapiería y tejas, fué por la prohibición .real, de 12 de febrero de 1512, de construir edificios de materiales largamente durables, mientras .no se fallara en 'definitiva, sobre la pe ncia o traslado de la población. Mas, cuando en mayo de, 1513 rribó a estas playas el primer mitrado, en esta prim f iglesia edificada en 1509, fué litúrgica y soy lemnemeñte recibido y en ella ejerció sus funciones episcopales de altar y púlpito: 10., cfe 1513 a 1515 'y después, desde 1519 hasta 1521.

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11o.—Que las sandalias franciscanas pisaron las veredas que llevaban de Caparra a las riveras del Bayamón, del Toa y Sibucó, nos parece ajeno a toda razonable duda, cuan do leemos Ta orden d'e Fernando el Católico a Illediados de 1511, y un mes antes de la creación de la Diócesis y del nombramiento de Manso, para que en Caparra se les erigiera a los hijos del Poverello de Asís un pequeño Convento, en qué alojaran y adoctrinaran por cinco años a los hijos de los principales Caciques. Los maestros ya andarían por aquí: fálj tábales la escuela para internado de sus amados niños indígenas, y eso es lo que 'el Rey Católico ordena proporcionárles. Lástima grande quel infaustaménte la dis osi.. ción real no se pusiera en planta, pues entonces 'Puerto' Ri-. co hubiera contado con sus Gantes y Motolinias, no menos preclaros que los que la Nueva España y México recuerdan a todás 'horas. ¡ Oh; Ponce de León! ¡ Qué inspirado estuviste, al demandar para la Isla de tus amores, frailes o clérigos que bautizaran a los indios y administraran los sac%amentos a los cristianos que este pueblo fundaran! 12o.—Asegura el gran historiador de Cabo Rojo que, á fines de 1510 vinieron clérigos de Sevilla para atender a las necesidades espirituales de Borinquen, no remediadas hasta entonces. Séanos permitido poner en duda el último extremo de la afirmación. A ello nos lleva el conocimiento de 'la R. C. de 26 de enero de 1511,, ezi que Fernando el Cató-19--

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tico ordena que de los diezmos se pague a los sacerdotes, su haber. Muévéle a ello la representación elevada ,por lpa primitivos colonos, que no hallan razonable seguir abonando pus salarios a los clérigos, cago hasta el presente lo han he.cho; cuando aparté contribuyón para tan loable fin, con el pago y contribución de los diezmos. Tal representación :hú= •bo. de preceder .en algunos rnesés al Acuerdo real; y al hacerla, ya lgs colonos habían estado salariando de su pecúlio a !os sacerdotes por algún tiempo, digamos que por un año a lo menos, quedándonos cortos. Y siendo ello así, no a. fines del año 10, en dicho de Brau, .cuando la representación .iba ya camino de España, sino antes, bastante antes, en el recedente año; lógicamente hubo de haber aquí clérigos, pues eran ppagados de los' colonos: W

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13o,.. Nadie ignora, estando versado en las peripecias e la deposición y reposición en sus cargos, de Cerón y Díaz, yue éstos reembarcaban en Sevilla ,para Puerto -Rico, con das varas de la gobernación y {justicia, dos años antes :de que viniera el primer obispo, o sea en 14 de septiembre de 1511 Pues_ •bien: para el cú1t9 de la Capilla de. Caparra recibierop. de los oficiales reales, hasta 7 ornamentos, varios cálices; campanas y cuanto se necesitaba para el culto ,religioso en orinquen. Como es natural, los sacerdotes anteriormente venidos acompañaríanse cada uno dé lo imprescindible para el ejercicio del ministerio; mas estos utensilios serían .de usa y propiedad particular, que can cada sacerdote vendrí n y con cada sacerdote volverían a salir de la Isla. ,Mas el avío litúrgico aportado por los repuestos gobernador y, justicia, habían de servir de dotación permanente al nuevo templo de la Colonia. ¿$ esas campana estarían mudas hasta la llegada de Manso, un bienio después, sin despertar gcos en las '1lánuras de Pueblo Viejo, y sin hacer correr sus sonidos por 3Sobre las agúas de la bahía, hasta chocar en los acantilardos de la isleta, hoy asiento de la Capital? Negarlo, o poi er-20—


lo en duda, indicaría desconocimiento de lo. que entonces era para cualquier español el tañido. blando o sonoro, pausado a rápido de ese instrumento, lleno, de •recuerdos, de' ansias, de esperanzas terrenas y celestiales. Guardan en Filadelfia y, en México las campanas qué repicaron con arrebato, llamando a la lid emancipadora a los soldados de la libertad. ¿'Qué fué de vosotras, campanitas de Pueblo Viejo, que estremecístéis con vuestros ecos los corazones de los primeros pobladores blancos de Puerto Rico? ¡ Cómo les haríais añorar los campal, ies de Salamanca y 'Segovia, de Sevilla, Toledo y C&doba!

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14o.= -Fináimente, casi abundan las pruebas de la pÑsencia preepiscopal de sacerdotes en Puerto Rico, con la 'secela de actos religiosos que ella lleva consigo: bautizos, casamientos, entierros, confesiones, sermones, procesiones y misas. Hay Reales Cédulas que señalan el tanto del salaria que han de percibir, la calidad de moneda en que se les ha de pagar y el fondo de dónde tal' gasto deberá sacarse, que sou los famosos e incomprendidos, diezmos, de los que oportunamente daremos explicación clara, interesante y por demás, ilustrativa de las páginas historiales, eclesiásticas y civiles de Püertd Rico. Por ahora baste decir que, en el primer quinquenio, en los albores mismos de la Sociedad puertorriqueña, la Religión Cristiana alentó aquí poderosamente, 'pre ludiando la vida pujante que tendría después, en el accidentado correr de los siglos. ¡Las raíces del árbol profúndaron demasiado para no secarse jamás, ni por vendabales protestantes, ni por gélidos aires racionalistas y ateos! Pasen ós a verlo.

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{ CAPITULO SEGUNDO

ALONSO MANSA, PRIMER OBISPO. ~ f

Yo. Bien merece un capítulo aparte. — 2o. Aspectos excluidos. — 3o. De cepa castellana. — 4o. Colegial de Sáh Bartolomé. — 5o. Sacristán mayor del príncipe.— 6o. Visitador y Magistral. — 70. Npmbrado Obispo. — 80. Diligencia en venir. — 9o. Obispos dominicanos. — 10o. Obispos cubanos. — 110. Diezmos personales. -- 12o. Retención de su canongía. —. 13o. Remisión de las rentas. — 14o. Ajuste de cúentas. — 15o. Los cuatro mil pesos de alcance. — 160. Diezmos de la Margarita. -17o. El Cabildo y el Rey en la muerte de Manso. 180. Testimonio de Fernández de Oviedo.,— 19o. X del poeta historiador castellano. -- 20o. Y del cronista real González Dávila. — 210. — Críticas de 'los historiadores modernos. 1o.--Si algún personaje de la Histoia Eclesiástica de 'Puerto Rico merece cumplidamente u.n capítulo apárté, es su primer Obispo. Con pluma de oro debiera, su biografía escribirse, en estricta justicia con él y en alabanza envidiable para la Isla. Tanto más, cuanto que ha sido epsalzado por los historiadores ¿oetáneos suyos y denigrado por los modernos, al revés de lo sucedido con otras figuras históricas, des—23—


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lucidas por los antiguos y decoradas por los escritores modernos. 2o.—Descartamos en este capítulo su aspecto de Inquisidor, qué expondremos. en otro especial, y su labor como organizador de la Diócesis y constructor de la Catedral, que también merece su capítulo aparte. Forma la materia del presente su biografía general, su interés y apego a la Isla y sus condiciones de excelente, admiñistrador. Lástima grápdé que 'esca'seen los datos sobre su vida, que a nuestro juicio podían hallarse en el archivo canonical de Salamanca, en. el Colegio Mayor de San Bartolomé de aquella ciudad y en el General de Indias, de la capital andaluza. Bien es verdad que bastan los que poseemos, sospesados con inteligencia, para poner en clara luz que puede ufanarse de su primer 'OMspo la Isla de Puerto. Rico. 3o.--Vió él la luz pública, en Becerril de Campos, tierra palentina, cuna también del fundador del solar puertorriqueño. Ufánanse otras regiones americanas del toledanismo, extremeñismo o andalucismo de sus ascendientes primitivos; los de `Pue'fo Rico fueron de pura cepa castellana vieja. La fecha próbabilísima 'del nacimiento de Alonso Manso fué alrededor de 1470, ya que 16 años después recibía úna_.beca,~ que exigía por lo' menos esa edad. S<n perdernos en lucubraciones genealógicas, sí haremos presente qué .el apelativo Manso, aparte de adjetivo slstantivado como sobrenombre, al estilo de Hidalgo, Noble, Recio y otros más, significaba antiguamente ciertas y determinadas propiedades o fincas rústicas, aún hoy llamadas así, o bien igFesiarios o heredades eclesiásticas. Jugar con el apellido de nuestro primer Obispo, contraponiéndole al carácter que gratuitamente se le atribuye, sobre injusticia, trasluce cierta ligereza de pluma. Por los cargos que, desde joven, desempeñó Manso, aparéce prob'tda la nobleza de su estirpe, sin cuyo requisito eran aquellos inaccesibles entonces.

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4o.—Pero n ás aún lo demuestra su admisión en el Colegio Mayor de San Bartolomé, de la ciudad salmantina. Fué el citado colegio el primero de los. Colegios Mayores, que tanto lustre dieron, en la edad de oro, a las universidades `y cultura españolas. Era fundación del Arzobispo Diego de Anaya, primer presidente del Consejo .de Castilla, que lo erigió y dotó con sus propios dineros, en 1413, adhiriéndolo a la Universidad famosa del Tormes. En sus aulas se formaroii 7 cardenales, 20 Arzobispos, 7 virreyes y otros tantos prei5identes. de Castilla. Tal fué la influencia social, política y académica de este centro cultural, que plasmó y reflejóse en la frase vulgar de que T "el mundo estaba lleno de bartoiomicos", la, cual significaba que por doquiera se veía, ocupando los más altos puestos, a antiguos colegiales dé San Bartolomé (1). Venía a ser, a manera de academia superior, e~i que, por espacio de ocho años, se preparaba a la- más escogida juventud'nobiliaria, para el desempeño de las cátedras universitarias y de los Ministerios del Estado. Al dar cima a los estudios allí cursados, sus alumnos quedaban graduados en la facultad que habían seguido. El haber pasado por el Colegio Mayor de San Bartolomé, era garantía de sobresaliente preparación cultural y social, que por sí sola acercaba a los puestos y dignidades a sus felices poseedores. • 5o.—Por •donde se podrá colegir quién era, en su juventud, el futuro Obispo de Puerto Rico y se aclarará el origen de su grado universitario de Licenciado en Teología, m tteria •d.e cavilaciones para más de uno de nuestros historiadores (2)'. Que fué colegial del ameritado plantel lo asegura el cronista. oficial Gil González Dávila (3). A los dos años de terminar sus estudios, Alonso Manso era nombrado Sacristán Mayor del Príncipe. Don Juan. No cansaremos a los lectores ponderando la elevación de este cargo, en la pequeña corte del hijo único de los Reyes Católicós, destinado a ser su heredero universal, y, a tluien, declarado mayor de edad, —25—


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se le rodeó- de faustoso cortejo en 1496, con sus palacios y servidores aparte, entre los cuales dcupaba rango espe, ial el jefe de la capilla del Príncipe, con el título de Sacristán Mayor., Es lógico suponer que, en tal calidad, acompañó constantemente al Príncipe, ya en su corte, ya en sus viajes al Cantábrico, para recibir a su futura esposa, la hija del Emperador Maximiliano. Con él iría, asistiéndole espiritualmente, a Reihosa, Burgos y Salamanca; donde infaustámente m crió don Juan,, a los 19 años de edad, en 4 de octúbre de 1437. 6o.—Tan infausto suceso impidió el ascenso rápido de nuestro biografiado a las más altas dignidades eclesiásticas y acaso políticas-también, según era entonces y siempre pi,áctica general explicáble. Mas bien pronto le confirió el Rey Católico un cargo que, aunque transitorio, suponía en el elegido las más altas dotes de discreción, entereza y talento. Este cargo fué el de Visitador de la autónoma y celebérrima universidad salmantina, en el apogeo entonces de su fama y grandeza. ; Allá era nada examinar la conducta y compulsar las cuentas de aquel emporio de cultura, lumbrera de. España! Y sucect'ió que, habiendo hallado el Visitador Manso cierta irregularidad .en las cuentas, condenó a los cateriráticos a que de su bolsillo pagaran los gastos .de los flamantes trajes de seda, con que se habían engalanado para recibir al Príncipe Don Juan, y que ellos habían cargado a la caja universitaria (5). Pertenecer al Cabildo Catedralicio de Salamanca, era ya de por sí un encumbramiento social, seguido ordinariamente de otro mayor, que sólía ser el solio episcopal, en aquella época de los Obispóspríñcipes. Y canónigo de Salamanca fué el futuro Prelado de Puerto Rico, con la particularidad de desempeñar la magistralía, asequible por oposJcón, cuya carga y honor consistía en llevar en el púlpito la voz de la Corporación, en ocasiones y festividades solemnes. 7o.--En puesto tan elevado se hallaba 'en 1504, al ser presentado por los Reyes Católicos para una de las tres pri~ —26—


meras sedes episcopales del Nuevo Mundo, lo que vino a tener realización plena en 1511, al ser creada lá diócesis puertorriqueña, en sustitución y reemplazo .de la Maguatense en la Española, para la que había sido primeramente nombrado, suprimida luego por especiales motivos; de nula o .poca importancia para nuestra historia local. Ya desde este momento es nuestro el prevendado salmantino y él se .dá enteramente y para siempre a sus hijos de Puerto Rico. ¡Y cómo se dá! 80.—Mayor expedición y ligereza no tuvo prelado alguno en acudir a su Iglesia. Despachadas en. Roma sus Bulas, el 8 de agosto de 1511 y ,recibidas y pagadas en Sevilla -el 4 de mayo siguiente, asienta con el Rey Católico las normas básicas de gobierno cuatro días después, 'recibe seguidamente la consagración episcopal,. realiza la .erección canónica de lat diócesis en 26 de septiembre del mismo año, y en junio de 1518 echa pié. a tierra en las playas de nuestra Isla. ¡Bienvenido a ella seáis, Obispo Manso ! 9o.—A primera vista parece cosa natural la preste2a de nuestro Obispo en venir a su obispado; mas este parecer se altera, al observar la demora de los obispos de aquella época para venir a ocupar el suyo` induáablemente por razones de peso, que no anulan el hecho de la tardanza. De los dos juntamente, nombrados con Manso, el uno, García de Padilla, no llegó a venir pronto ni tarde, aunque recibió la consagración y al fin fué sorprendido en España por la muerte, año de 1515. El otro, Suárez de Deza, sí vino, pero muchos meses después que Manso. El tercer Prelado de la Española, famoso Alejandro Gerald'ini, sucesor (de García Padilla, se entretuvo paseando por Europa, durante cuatro años, después de su consagración, por supuesto desempeñando altas comisiones eclesiásticas y palatinas„"pero que, le retuvieron alejado dé su diócesis hasta 1520. 10o.—Pues si repasamos la historia cubana, aún tropezamos con el hecho de una mayor demora, de sus primeros --271


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huérfana y desamparada obispos para posesionarse de Fernandina, Bernardo de diócesis. El primer Obispo de Mesa, nombÑdo en 1516, renunció; el segundo, Julián Garces, nombrado en 1518, sin tomar posesión, pasó a serlo de Tlaxcala en. Méjico, a donde tampoco arribó, sino muchos años después; tercero, Juan, Wite o Uvite, verificó, sí la erección de su diócesis en 1523, mas no viro a ponerla eu planta, renunció luego la mitra y se fué de Capellán dé la Reina Leonor, hermana de Carlos V, que pasó al ser esposa de rrancisco Z, ,rey de Francia; el cuarto Miguel. Ramírez de Salamanca, vino por fin, mas al poco tiempo, en 1545, renunció volviéndose a España y dejando vacante la sede hasta 1551. Y no sigamos, pues con lo recordad'o, ya resalta bastante el interés del Obispo Manso, por su mínima Iglesia de Puerto Rico. Vino el primero, y con .ausencia de tres años España, diligenciando el bien de su sede, regresó. a ,ella, no la desamparó en toda su vida, y en ella murió- santamente,, cerca ya de 1540.

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11o.—Motéjanle de interesado algunos historiadores modernos, por, haber exigido las décimas personales, que en otro capitulo tienen su explicación. Pero ya el Rey Católico refrenó las quejas de los oficiales de Racienda en la Isla, diciéndoles en sustancia: cómo quieren que el Obispo no recla me los diezmos de toda clase, si a su vez tiene qué reintegrar el dinero que se le adelantó para pagar sus bulas ? Por lo -que hace a los personales, traten de llegar a Run, arregló con él„ proponiéndole por ejemplo que, en vez del 10%, se dé por satisfecho con el 5%. A lo cual se conformó el Obispo Manso, tan sobre las proposiciones de' los vecinos, que ni el diez, ni el .cinco, ni siquiera el uno por" ciento, volvió a pedirles "de los diezmos'jDersonales, en el resto de su larga vida, cediendo un derecho capitulado con el Rey, en beneficio del vecindario. Ejemplo seguido después por sus sucesores. De lo cual religereza extrema, se le salta un panegírico suyo, lo que, ha echado en cara por gratuitos censores (6:). —28—


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12o.—En este orden de cosas, también se ha censúrado su conducta, por la retención úe su pr:ebencla salmañtina. Ante todo, fue costumbre no. infrecuente en aquellos tlem= pos, la acumulación en una misma persona 'de, •dos o tres beneficios. Con 1'a suya se quedó por algunos años Suárez ,•de Deza, Obispo de la Concepción de La Vega. Bastidas retuvo su deanáto de La REspáñola, .durabte tod'b el tiempo de su episcopaclo venezolano. La zumbona frase .de un historiador soque, sin don de ubicúidad, mal podía el Obispo Manso servir el obispao de aeá y la canongia de allá, solo revela el desconocimiento de las prácticas e'dlesiásticas de aquellos tiempos pretridentinos: Fuera de que ¿.daba acaso la sede episcopal de Caparra,redios de vida suficientes para sostenerse con mediano' decoro un Prelado? Ni entonces, ni ciricuenta o cien años después, la Mitra de San Juan bastó a cti,brir medianamente los gastos más indispensables de sus po•aeedores. Si en 1530, el Emperador Carlos V sugirió al Obispo Manso la renuncia de su prebenda salmantina, fué porque a~entonces .los diezmos de la Margarita .y .Cubagua acrecían las rentas episcopales, 13o.—Sigue la ingrata letanía de inculpaciones contra el primer Obispo, por haber éste, encargado, al ausentarse para España eh 1515, que se le enviaran las rentas allá. ! Qh ca= nonistas excelsos! ¿No tenía derecho pleno a disfrutar vacaciones, un par de meses al año, según la cláusula de la ley orgánica de la diócesis y la práctica general de la Iglesia y del Estad'o? (7). Y ¿no realizaba el viaje, •en utilidad de su naciente diócesis, dónde todo carecía, de tradición y base y se presentaba una nube de cuestiones no imaginadas, por los canonistas, que reclañiabañ ayuda y' consejo? Y en tales casas ¿no marca el Derecho que hay opción Plena a' las rentas del bé ieficio?' Pues entonces, ¿ por qué no se' le habían d'e remitir allá, donde, estaría de temporada y tendría, gastos cuantiosos e inaplazables para su_ persona y su 'cargo? —29—


~ Tal recomendación de envío dos cosas arguye: que era buen administrador y quemase .recelaría de los oficiales de Hacienda, si mucho no les encargaba y recalcaba la remisión 4e las rentas que le fueran cayendo. Siquiera no se las pidió por adelantadó, como tantos' otros. ,

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14o.—Otra cosa dispuso Manso, antes de su única visita a España, que fué la rendición de todas las cuentas de los diezmos, hasta el momento de su partida. Tales cuentas da= taban de seis, años atrás, cuando definivamente se instaló la Colonia. Siguiendo la costumbre antigua de España y reciente de La Española, los oficiales reales cobraron en Puerto Rico los diezmos, al igual- que cobraron el quinto del Oro, el tanto de las salinas, y el cuanto de otras varias socaliñas: aleabala, almojarifazgo, etc. Pues bien: en virtud de arreglos entre la Corona y la Tiara, y .entre Fernando V y él Obispo Manso, a éste o a su iglesia se le habían de pagar ciertas su= mas,, en la forma y cantidad, que en el capítulo sobre los diezmos diremos. Del año 9 al 13, los oficiales habían cobradó esas sumas, sin intervención episcopal, y desde el' 13 al 15, presente. ya aquí el Prelado, que los observaba. Era preciso rendir cuentas; pero los óficiales dichos eran representantes del Rey y eran hombres. ¿Puede extrañar a quien no acabe de venir del limbo, que "el arreglo de estas largas cuentas fuera complicado y de gestación enojosa? ¡Qué de tiempo y qué de complicaciones no acompañaron a todas las rendiciones de cuentas tomadas por entonces a otros personajes de la Colonia ! Sin embargo de ello, no faltan autores que se asombran de la controversia suscitada, en la rendición de las cuentas diezmales, echando la culpa al Obispo y elevando a la categoría de sentencias salomónicas las afirmaciones de los oficiales de Hacienda, en sus cartas al Soberano. Actitud explicable la de estos funcionarios, al procurar aplicar al Tesoro, partidas de pertenencia dudosa; pero el Prelado se mantuvo vigilárite y firmé, a tenor de lo acordado con el Rey,, de quien —30-i


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los oficiales no eran sino meros delegados, ejecutores de su voluntad. Ponderaban ellós los "múchos pesos" á que as, tendía la parte tocada al Obispo (9). Y examinadas y sopesadas, esas cuentas, hallamos que no excedían de nuevecientos pesos al año los ingresos episcopales, con los que había, que hacer frente al pago de las bulas, viajes; paramentos del oficio, servidumbre, provisorato, etc. La verdad es, qué, ante tamaña pobreza y tanta cicatez vecinal, solo el sentimiento fuerte del deber aceptado y su amor a la grey confiada, pudo mover al Obispo Manso a regresar, a Caparra. 15o.—Prosiguiendo el hilo de la narración, sobre la rectitud administrativa del Obispo Manso, llegamos al hecho de las cuentas que le tomó don Rodrigo Bastidas, por comisión regia, en. 1532. Recalcan los historiadores modernos que le alcáaizó en la suma de cuatro mil pesos, que le hizo. devolver al contado y que depositó en `el arca de tres llaves, dando cuenta de todo a la Corte. Es natural que, con tan magros datos, se nos ocurra dudar de la honradez administrativa del Obispo Manso. Nadie dudó de la de Ponce de León, en la administración de la hacienda del Toa, en que iba con el Rey a partes iguales, no obstante el alcance que le hizo Sanchó Velázquez al tomarle cuentas en '1512, y que luego rectificó Antonio de la Gama, en 1520. No todo lo que pide el Fiscal otorga la Corte, ni la superior confirnia siempre cuanto sentencia la inferior. Sabemos que Manso apeló de la sentencia y se querelló ante el Soberano. Del montante global de los diezmos adjud'icábase al Rey aproximadamente una novena parte. En vez de ponerla aparte, el Obispo Manso la venía acumulando en la masa general, por razones o presunciones que para ello tenía. Bien sea por lo que él expuso en su apelación al Rey o porque al Rey Católico le pareció razonable su proceder, los cuatro mil pesos se destinaron nuevamente a beneficio de la Catedral y se utilizaron para echar los cimientos de la nueva, comenzada á construir en 1540 (10) . El Obispo. —31—


Manso entendía clue' los Novenos Reales se éedían por S. M. para la edificación de los templos, .y de hecho así sucedió, durante dos siglos en Puerto Rico, aunque renovando periódicamenteela concesión. Y•por lo que hace a las demás` diócesis americanas;, así fúé hasta 1817, quién sabe si por efecto de la apelación •de nuestro piciu er Obispo (11).

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16o..—Buen administrador hasta las postrimerías de su vida, el Obispo Mansot exigió a los oficiales de hacienda de las' Islas 'de las Perlas, que le pagaran la cuarta episcopal de los diezmos de ellas. Si aquellas islas de estaban encomendadas pór cercanía, justo era que le correspondieran económicamente, como las démás partes de 'la diócesis. Quejáronse ellos. de la exigencia al Consejo de Iñdias, .del que recabaron Real Cédula, •prohibiendo .al Obispo Manso .la demanda de los t diezmos. Firme éste en su deiecho, renovóla. Nuevás quejas de lps oficiales lograron I. C. en 18 de noviembre dé 1538, meses antes de la muerte del buen Obispo, en la que se 1p,, decía que leyese la anterior ,Real Cédula y que lo que tuviera que exig' a dichos Oficiales, lo hiciera. 'por conducto del Consejo de Indias. (12,) Quiénes y qué tales eran los Oficiales, nos lo revelan las cartas del Obispo Bastidas, acusán= dolos de que los "diezmos los gastan como quieren", a pesar ce las Rs. Cs'. (13). Con Bastidas no les valieron las mañas del tiempo del anciano Manso,; -mas, gracias a las diligencias de éste, los anejos vigorizaron por muchos años los pobres ingresos de la Mitra de San, Juan. 1'7o.—Fiñalmeñte, tras un episcopadq,le 28 años, el más dilatado que nuestrd episcopologio registra, el Obispo Manso rindió su cerviz a la muerte y entregó su alma enérgica y bondadosa al Dios que la creará, .en 27 de septiembre de 1539. Ile aquí como el Cabildo Catedralicio, da la noticia de la muerte del Obispo Manso, a los 15 días de ocurrida, aprovechando la, primera nave que salió .para España. Firman la carta del Vicario Capitular recién elegido, que lo era el chantre Juan --32=~

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de Cea, el .arcediano Escolástico Santo Domingo García y el Canónigo Juan de Segura. "En 27 de septiembre, murió nuestro buen prelado Alonso Manso. Todos recibimos mucha pe- , na, porque con su buena vida y doctrina teníamos mucha consolación" (14). A esta comunicación contestó Calos V, desde Madrid, el 12 de enero de 1540, o sea a los tres meses siguientes, firmando la carta de su puño y letra. "Vuestra letra en que nos hacéis saber el fallecimiento de Dpn Alonso Manso, Obispo que fué cTe esa Isla, he recibido y hanos desplacido mucho de su muerte, por tenerle como le teníamos por tan buen Prelado y celoso del servicio de Dios Nuestro Señor y Nuestro". (15) 180.—Nada mejor que cerrar este capitulo con los testimonios de los que conocieron y trataron al primer Óbispó de San Juan, agregándolos a los ya copiados del Cabildo y. del Rey' Carlos V. El cronista general Fernández de Oviedo, que ya le conoció en~lá Corte del Príncipe Don Juan, en 1497, escribía-refir4éndóse-a-él-en153-5—De-la-Catedral-de-San Juan "aún vive el primer Obispo llamado Don Alonso Manso, religiosa persona e buen prelado, el cual fué sacristán del serenisimo Príncipe Don Johan, mi señor, y después que el 'príncipe pasó gesta vida, fué por el chatólico Rey elegido a esta dignidad e obispado.. .. y ha seydo hombre de' gran( ' exemplo e sancta persona" (16). Lo de las "influencias palaciegas" para calzar la mitra, de que habla un historiador, nos parece que holgaron y sobraron, en el caso de nuestro primer Obispo, tratado de cerca por el Rey Católico, que lo nombró para 'jefe eclesiástico de la Corte. del malogrado príncipe. Ni se nos alcanzan las misteriosas razones que pudieron mover al cronista para adular al Obispo Manso, él que en la Española y en España ocupaba los más altos cargos. 19o.—El cuarto panegirista fué el poeta historiador Juan de Castellanos que, á su paso por San Juan para Tierra Firme, conversó con el Obispo Manso, durante varios días, y pos-.38—

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teriormente trabó amistad con muchos hombres de armas y de negocios que emigraron de la Isla-a Colombia, donde Castellanos compuso sus Elegías, en las que llama a nuestro Obispo "Varón santo, de benditísimas costumbres, en las le tras divinas cabal, hombre dignísimo de más excelsas cumbres, d menesterosos gran amigo, porque le conocí sé lo que digo". A los treinta y más años de su entierro ño tenía `Castellanos otro motivo para dedicar tan cumplido .elogio al 'Obispb Manso que él sentimiento de justicia que debe siempre mover la pluma del narrador de hechos pasados. 20o.—La memoria de las virtudes del Obispo Manso se conservaba fresca, un siglo después de su paso a vida mejor, pues el cronista real Gil González Dávila lo califica de "Prelado llano, humilde, de santa vida y costumbres". (17).. 21o.—Cop esta quíntuple corolla de 'alabanzas, creemos, bien calificada la vida y pontificado; del ,Obispo Manso. Y en verdad que- lá Iglesia de Puerto Rico se puede mostrar muy 'reconocida a los pañegiristas coetáneos de su primer Obispo. ,En nota consignamos la crítica que de él. ha formulado álgú= no de los historiadores locales" del día, dejando a los lectores que, en vista, de todb, formen ellos mismos su 'propio criterio. Recomendamos 'la lectura del opúsculo de los Doctores Pe= .rea, titulado "EarlyrEcclesiastical History of puerto Rico', editadó• en Caracas el año 1929, en que documentalmente vinnican y enaltecen la actuación del primer Prelado de Puerto Rico, ouyo nacimiento, patria, estirpe, estúd'iOs, áltos cargos de Sacristán del Príncipe, Visitador de la Universidad•, Can&. nigo Catedralicio, 'interés por su iglesia y recta admixüstráción en pro de ella, 'con la opinión que dejó de sí hemos brevemente consignado en este capítulo. NOTAS: 1, "Ditrio de La Marica. Habana, 12~ de octubre • de 1947: 2. Perea, Dres: PJEVYSTA, 212: "Se sabe, porque lo dicen

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fuentes,, qué era licenciado cn Teología, mas nm podemos precisar de cuál Zjniversidád:" r 3,. donzález Dávila, PG.: TEATRO. EOLESIASUCo I. i~ 4. Cii ñtós formaron park del séquito ya..Coi'te del ,Príncipe .Don 4 Juán, posteriormente ocuparon puestosde la amayor importancia, siendo uno de ellos el cronista Ferñáñde de Ovie4do. " 5. Las Casas, HIST. 502. Las Casas debia ser por entonces estur diáhte de aquélla Úñiversidad. ~ 6. Tapia,. 272: "Si el; Obispo insiste enr que se} le paguen las dáci. mas personales no podrá evitarse, mas ved que se, contente con. riño de cada veinte o eintiéinco"., " Se van cobrando del O L o ~ los cien ducados del despacho de las Bujas". En cambio'el Obispo de santo Domingo no condonó los diezmos: personales, si bien los rebajó al 4%. Utréra, C: Dilucidaciones II. 7. TAPIA, 382: "Queremos y ordenamos..: que estén obligados a residir y vivir en dicha iglesia Catedral por diez ,meses". 8. TAPIA, 161: "Que los Obispos lleven diezmos según la Bula"'. 8. BOL. fST., III, 195: "También le dicen que se hizo la cuenta. con el Obispo de los diezmos que se habían cobrado... e que montaron muchos pesos". 10. TAPIA, 310: "-Eli alcance que Bastidas hizo al Obispo se. gastará. eri la fabrica dO a Tglesia;luego que íTuestra- Majestad- declaLe , la orden cómo se ha de hacer". 11. BRAVO UGARTE, J': HISTORIA DE lVLESiCO, 11, 195. 12.. BOL. lUST., III. 65: 13.' TAPIA, 344. 14. TAPIA, 328. 15. TAPIA" 489. r 16. TAPIA,. 28' 17: GONZALEiZ DAVIIiA, Gr: TEATRO ECLESIÁSTICO; L 18. BR. COL. 218: "No ha de verse ed Don Alonso Manso a un pastor cristiano de los prixnitivos,tiempos. Las influencias adquiridas en el cargo le valieron una canongia magistral en Salamanca, y esas mismas influencias debieron servirle para obtener una de las primeras sedes. que había reservado, la canongfa salmantina... solo poseyendo él don de ubicuidad, hubiera podido servir cargos tan distintos, en sitios tan distantes - ( por' esto ha de vérsele reñir con los Oficiales Reales que no se avinierón a sus pecuniarias exigencias. , . Dieron motivo a que se averiguase por Chévres que el Prelado puertorriqueño disfrutaba una canongía, y pareciéndole desmedido el doble usufructo, o queriendo acomodar a uno de tantos pedigueños, iritimóle al magistral la orden de renun35?

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ociar"... (¡Los arios que habían transcurrido desde la ausencia de Ché. vres, cuando Manso renunció!). "Bastillas llegó.., encontrando en las cuentas producidas por Manso un alcancé a favor del Tesoro, por valor de cuatro mil pesos (id., 399) . "Quedaron comprobadas las Imputaciones que motivaron las pesquizas... "Es iracundia y iio mansedumbre la que destila la idiosincracia de aquel Prelado... "Que Don Alonso Manso se mostró soberbié, vengativo, codicioso, no es posible negarlo (id., 432) Así, con brochazos tañ `burdos ha sido hecho él retrato moral del Obispo Manso, por el más acucioso historiador moderno de Puerto Rico, ya vimos en e} texto cuán injustamente.

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CAPITULO III.

'' "EL PATRONATO" lo. Desconocimiento_ — ,2o. Lo que es. -- 3o. Su otorgamiento. 4o. Razón de la concesión. — 5o. Sil tras cendencia. — 6o. Presentación de Obispos. -- 7o. Motivo de satisfacción: — $o. Fórmula de presentación.9o: Seguridad de su aceptación. —10o. Infundadas afir naciones: llo: Recomendaciones, — 12o - Presentación de prebendados. — 13o. Terna para Párrocos. — 1 o. Atenciones litúrgicas.— .15o. Exclusiva para iglesias y monasterios. — 16o. Resumiendo. i 1o. Actualmente reina total desconocimiento o bastante confusión, sobre lo que fué el patronato de los Reyes de Esparta, en las iglesias de Indias, por lo que no se juzgan con< acierto muchos hechos relativos a él. Por eso vamos a dará en este capitulo, una sucinta explicación de su esencia y im breve historial de su actuación, en la iglesia de Puerto Rico, en sus dos siglos primeros de vida. 2o.—En sentido canónico, es patrono el que erige o constit}iye un beneficio y lo dota. Lleva anejos varios derechos; o privilegios, siendo el principal el dé presentación del beneficiario, y subsiguiente, el de lugar distinguido en el templo y el de preferencia en ciertos actos litúrgicos, sobre el comes. —37—

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de lós fieles. A nadie 1' puec?e causar extrañeza que, a qúien edifica un templo a su costa, se, le conceda exclusivo sitial o lugar preferido, en los actos religiosos. Si quien compra boletos de preferencia para viajar en un, tren o solazarse en un teatro u hospedarse en un hotel, tiene derecho a especiales ventajas y comodidades, quieñ gastó sus caudales en templos o capillas, ¿por qué no ha ele gozar de determinados privilegios? Ello es de sentido común y. de práctica diaria. Quien se malhumora, al tratar del patronato de los monarcas españoles, sobre la Iglesia Indiana, olvida que, en una u otra £orma, siempre y en todas partes, hubo patronato eclesiástico. Y hasta diríamos que vestigios de él quedan, en las atenciones singulares, que se tienen en las puertas de los templos en el interior de ellos, con quienes se cree que ,las merecen, o por su rango_ social y político, o, por sus actuaciones propagandistas; o por sus espléndidas generosidades, en pro .de la religión. ¿Y qué decir de los p.ew ,rents?. 3o.—E1, patronato sobre las iglesias de Znd'ias fué concedido3a`1os IleYes Católicos y sus sucesores, por el Papa Julio t1 er 28 de julio de 1508, mediante. la siguientes pala"Concedemós a lós citados Reyes. . . , el que, sin bras • expreso consentimiento suyo, no pueda ninguno coüstiúir, edificar' ni. erigir grandes iglesias, en las predichas islas y,_ ligares. . `y les otorgamos el •derecho de patronato y de pre j sentar personas idóneas para las tres catedrales referidas y~ para cúalesquiera otras iglesias metropolitanas o súfragá veas, mdñasterios, digiiida`des en 'lis mismas iglesias... y1 para las iglesias colegiales o cualesquiera otros beneficios o -lugar piadoso" (1).. 4o.--Así; al aire vista tal concesión, aparece extraña, pes, o no fué sino lógica y beneficiosa, para el Estado y la Igle.~ sia, contrapesada con sus antecedentes y. consiguientes. Lose antecedentes eran la obligación impuesta a los reyes de establecer, dotar y defender la religión en estas tierras, cuya


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magnitud •se entreveía. Los copsiguientes eran la pósible. iñterve~ición de otros gobier.no:s en estos países, con o Sin'• pretexto religioso, y la unidad de dirección y gobierno, en las nuevas cristiandades. La mirada del Rey Católico, el estadista más perspicaz de su época, se extendía penetrante, a través del tiempo y del espacio. 5o.—Ño estaría de más que españoles e hispanoamericanos se dieran cuenta de que a ésta, 'digamos, centralización, es debida en gran parte, la unidad y homogeneidad üe Iberoamérica, que le da hoy relieve tan marcado, en =el concierto mundial de naciones. ¡ Qüé üe üece's se censuran hechos históricos o mal interpretados o no bien :comprendidos, a los cuales sin embargo somos deudores de grandes beneficios! 6o.—En dos clases podemos dividir el patronato de que, tratarnos, por lo .que hace al derecho de presentación: presentación de Obispos y prebendados catedralicios y presentación de párrocos y benefieiu;dos-menores—Por-lo-clue-se-refiere al primer aspecto, todos cuantos Obispos lo fueron de Puerto Rico, fueron presentados al Sumo Pontífice por los, Reyes de España, desde el primero que vino, Alonso Manso, hasta el último que maxlejó el báculo pastoral, Toribio. Miñguella. La presentación la hacían lds Reyes, proponiendoy al' Papi un;sacerdote idóneo para _regir esta Diócesis. Nd incluía la presentación tres cándidatos, para que de entre ellos ese`` cogiera uno Su Santidad,, sino uno solo, para que le preconizara y ,nombrara, transfiriéndole con esto el cargo y jurisdicción. 7o.--Motivo. de satisfacción es para esta Diócesis y de gratitud hacia los Reyes, que ni una solo de los presentackós fuera rechazado por los sucesores de San Pedro-; antes todos y cadá uno aceptados y nombrádos, sin más, informes. Hubd, si, algunos sacerdotes,-que declinaron el honor de la presentación real o de la preconización papal, mas ni uno solo fué rechazado por inepto o indigno. —39—


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80.—Como modelo de presentación, transen] la hecha por Carlos V, del segundo. Obispo de Puerto 1Y1, V. Su daes de 16 de septiembre de 1540: ,"Muy Santo. Padre y Señor Reverendísimo: Yo escribí al Marqués de Aguilar, mi embajador en esa Corte, que de nuestra parte presente a Vuestra Santidad la persona de Don Rodrigo de Bastidas, Obispo de Venezuela, para Obispo de la Diócesis de San Juan, que es en las nuestrs 1n..ias del mar oceano, que está vaco por falleci~nient.o de Don Alonso Manso, que fué de dicha isla, por ser persona docta y benemérita, cual conviene; y humildemente suplico a Vuestra Santidad que, dándole entera fé y creencia, que lo mande despachar asi, haciendo gracia ,y merced al dicho Don Rodrigo de Bastidás de la dicha iglesia y Obispado de San Juan, en los límites., que por Nos le sean señalados." Dado en Bruselas, etc. 9o.—Tan seguro estaba el monarca de .que sus presentadoe serían aceptados por Sú Santidad que; iabiendó urgencia, lós enviaba inmediatamente a su Obispado, con ruego al Cabildo de trasmitirle la jurisdicción, hasta que le llegaban las Bulas, lo cual se hizo necesario en ocasiones, por impedir las guerras europeas la rápida comunicación con el Obispo de Roma. Así ocurrió, por ejemplo, con el Obispo Ramírez de Fuenleal, en Santo Domingo y con el Obispo Juan de Zumárraga, en México y con el Obispo Pedro de la Concepción Urtiaga, en Puerto Rico. A pesar de tales razones, se ha cent surado el hecho, por irreflexión. 10o.--De qué medios y por qué canales recibía el Rey la información necesaria para acertar en la presentación de Obispos para. América, es fácil conjeturarlo: A unos los conocía personalmente, como aconteció con los dos primeros Prelados puertorrique?3os; a otros los había oído predicar, por serlo ellos de la Corte, como a. Escañuela y López de Haro; otros eran misioneros de Indias, famosos por sus dotes de gobierno, como Diego de Salamanca y Pedro de Solier, y —40-


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finalmente, a otros' les daban relieve episcopal sus escritos, sus .cátedras y sus prelácías, como a Nicolás de Ramos, Bernardo de Valbuena, Benito de Rivas y tantos otros.

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Da pena leer en autorizado escritor ciertas apreciaciones sobre el particular, como• la que el Obispo Manso hubo de poner en juego altas influencias palatinas para calzarse la mitra de Puerto Rico. ¿Necesitaría de tales palancas, quien había sido jefe de la Capilla del Príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos? (2). No deja de chocarnos algo la afirmación de Torres Vargas sobre el Obispo Ramos, "hombre tan virtuoso que no se entendió solicitase el Obispado, porque se le did sin pretenderlo" (3). Como que tal circunstancia sorprendía al canónigo cronista. Cuantos declinaron la. Mitras• es evidente que no la habían pretendido, y cuantos la acepta- . ron, méritos de sobra tenían para merecerla. Maravíllanos también Torres Vargas, al asegurar que "dicen que él,, (Ramos)', decía ser de humilde linaje, hijo de un carbonero, y así era 'de condición llana y sencilla" (4). Como que•parece- atribuir a su origen humilde la llaneza de su apacible •condición. Generalmente carecen de esta condición los tales. Y en cuanto a pobre, no lo debía ser tanto, cuando su sobrino Juan de Villanueva disponía de una `hacienda de varios miles de ducados (5): Como quiera que sea, en el Consejo de Indias había una sección o negociado de los principales, para la selección de los Obispos de Indias, y por este filtro se tamizaron las prendas episcopales de todos los preseñtadós para esta Isla y de toda América, en los siglos; coloniales. 11o.—Por fin, los Prelados de por acá exaltaban lasprendas de sus secretarios y cooperadores, recomendándoles 'para las sedes episcopales. En su epístola de 1 de septiembre de 1548, consigna Basti•das: "IHa sido Dios servido' de dar una clerecía a..esta Iglesia, muy honrada y de buen espíritu, y entre ellos un arcipreste que tengo por provisor y verdadero hermano, que es verdadero hijo de esta Iglesia e padre de —4.1-

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todo esté púebio. 'Fué Capellán del que ahora es Óbispo de León (N'icar`agua) y bien parece crianza suya, y por ser bueno dóy noticia de él a Vuestra Majestad" (6). El "Obispo Salamanca, en 3 de enero de 1575,, luego de poner por las nubes los méritos de dos de sus secretarios y .coadjutores, concluye: "cesta que Vuestra Majestad sea servido hacerles la merced que a los demás religiosos que en las Indias se ocupan en el ministerio de los indios, porque certifico a Vuestra Majestad que en las Indias- hay pocos que descarguen más la real, conciencia de Vuestra Majestad (S)'.

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12o.—También proveía directamente la Corona los beneficios dé las Catedrales, del Deán hasta el último racionero. Para ello anualmente pedía -a los Obispos la lista de los más d=ignos entre el clero residente, nativo en su mayoría. Por esas listas nos enteramos de los clérigos y sus cuaiMa-. des, que había en la Iglesia de Puerto Rió (9). Por estos informes anuales de nuestros Obispos, tenemos noticias de los Liendo, Ramos, Barbosa, Sanabria, Mata, Salinas, Ponce de' León, Menéndez de Valdés, Morcelo; Santolaya, Avila, FranGarcía Oyon,`Villa Mayar, Govantes y cien más, que sería; tarea larga póner aquí: Los aspi'antes a prebendas ca„. tedralicias enviaban también sus peticiones al Consejo de Indias, relátaiido sus méritos propios familiares: "Vuestra Majestad me hará merced de mandar proveer ,a personas tales la, chantria y maestrescólía de esta Iglesia., con las cualidades que la erección pide y de dos canoñgías y dos raciones, las cuales se podrán dar, si Vuestra Majestad-fuere servidoz ,a Crist& al de Sanabria, y a Pedro de Mata, subdiáconos, hijos de vecinos y muy antiguos en ella. Envían sus recaudos y probanzas" (10). Cada agio los Obispos de Puerto Rico remitían a Madrid la nómina de los clérigos más dignos dé.su Obispado.13o.—La segunda fase del patronato afectaba a. la provisión de curatos. Estos se proveían por oposición, como en —42—


su lugar veremos; pero de .entre los aprobados .triunfatr~ tes, el Obispo" o Cabildo en sede vacante; elegía • una terna y la presentaba al Gobernador; éñ su calidad de vice Real 'Par trono, que seleccionaba al que le parecía mejor y a quien luego se daba la 'colación canónica y la jurisdicción y título ne=4 cesario por el Prelado ("11) . Hay que confesar que casi siempre medió cierta tirantez entre los Obispos y loa Gobernadores; en cuanto a esto,• procurando aquellos pasar por alto la interveneión del Vice Patrono, nombrando por sí solos lósr Dárrocos. Pero de, este aspecto. trataremos en el capítulo. de las parroquias y capellanías. 14o.—E1 patronato llevaba consigoy algunos privilegios o• atenciones, qué pudiéramos llamar litúrgicas, como el' deasiento distinguido en el presbiterio y el da primacía sobré todos los demás fieles para récibir la paz, la: palma, la- "ces' piza; la vela, etc. y el honor de la salutación nominal, al coínienzo de los sermones de tabla. En, los tiempos coloniales,. casi carentes de otras solemnidades sociales que .no- fuesen' las religiosas, tales atenciones a privilegios revestían impor-' táncia grande y eran celados y estimados en el más alto gra-d c, que en ocasiones ros parece exagerado y hasta puntilloS , según a su tiempo veremos. 15o.--Finalmente era excluisiva del Rey la facultad part levantar iglesias mayores o menores, cuya facultad o. privilegio era oneroso ciertamente, pues conllevaba la erogación de enormes sumas de dinero. ¿Quién sino el Tesoro veal o séase el Monarca, hubiera podido costear las, setenta, mil. iglesias y monasterios erigidos .en nuestras Indias;,wen sólo el, siglo dieciséis? Hágase memoria de las innúníeras cantidas des pecuniarias, donadas por los reyes para la, Catedral dé San Juan y para los. monasterios da San Francisco y Santb Domingo, •comenzando por los cuatro mil~pesos en oro, donados a éste, ova en 1524. Consiguientemente las armas réales blasonaban monasterios y-templos, y solo en lugar sé-43-'C-


cúndario,y subalterno podían aparecer los de otras personas bienhechoras, de lo' q"ue hay muchos casos en la historia de Puerto Rico. Sonrojo da el que, mientras eñ los castillos y palacios todavía, se destacan con honor las armas reales de España, ya de ellas no queda rastro en los monumentos de piedad, erigidos en todo o en parte por la. munificencia de Carlos V y sus sucesores. 16o.—Resumiendo lo detallado en este capítulo, diremos: que el derecho de patronato eclesiástico, fué otorgado por Roma a la Corona de España; que entrañaba el derecho de presentación de los' candidatos a todos los Obispados, prebendaa y curatos; que todos, y cada uno de los Obispos de Puerto Rico fueron aceptados sin reparos por el Sumo Pontífice; que los prebendados de la Catedral eran escogidos ordinariamente de las listas que cada año remitían los Pre lados a la Corte; que los curatos se proveían ;por concurso, de la tenla presentada al Vice-patrono real; que de esa especie dé centralización eclesiástica es hija la homegeneidad en religión, lenguas y costumbres de los veinte pueblos hipanos de América, con cuanto ello representa .hoy mundialmente, y que la lista de los veinte Prelados de Puerto Rico, durante la Casa de Austria, evidencia el, acierto que, en el ejercicio del patronato, mostraron los Reyes de España. ~ NOTAS; 1.Eernaez, 1, 24; Doc. I. Indias, XXXIV, 25. 2.—Br. COL 218. á.—Tapia, 470. 4.—Tapia, 470. 5.—Sal. Wst. III, 49: "Juan de Villanueva qué por mis bulas y obligó la hacienda que tiene en su tierra por 1500 ducados para pagarlas". 6.—Br. P. E., 15 V. '7.—Br. P. E., 43 v.. y 44. ----~~~--


$;=Bol, list. $I. 204. 9.—Si en 1937 hubiéramos copiado este lista de los Papeles de Bran, podríamos ofrecer a -los leptores, no sólo la nómina de iqs sacerdotes adscritos en los tiempos coloniales a esta Diócesis, sino también de sus familias, servicios de sus mayorés y méritos de .ellos mismos. Y sobre todo, podríamos poner en clara luz, cuán numerosa fue la clerecía nativa. Confiemos en quo el feliz poseedor de estos Papeles prestará este servicio a la Historia, para lustre del clero del país y de esta Diócesis. '19.Bastida§, carta dei 25 de julio de 1557. Br. P.E., 21 y v. 11.—Acts. I, 31 y 1.34: "Se nombran las ternas para cura y sacristán de La 'Margarita y se mencionan los méritos de los opositores" "Se despachan los títulos de cura y sacristán, en favor de Antonio Frías y de Sebastián de Albornoz, entresacados de las ternas por el Gobernador de 'aquella isla".

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r CAPITULO IV.

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"LOS DIEZMOS

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a 1o. Conocimiento necesario. --- 2o. En Judea y en Espana. 3p, El Estado imitó la Iglesia. — 4o. Su implantación en Puerto Rico. — 5o. El Comisario Apostólico. — 6o. r. Distribucóii de los diezmos: — 7o. Rectificado un historiadoj: -- 80. El tanto pot"ciento. — 9o. Dónde se'pagaban. !- 100. Valor dé los animales.— 11o. Quién pagaba la conducción. -- 12o. Distrito de San Germán. — 13o. Pobre cuantía de los úiezmos. — 14o. Se árxenda •`ban. =— 15á: Penas por'noo pagar. -- 16o Del Rey abajo. —= 17o. También `láb comunidades. — 180. Sustitíitos de los diezmos. "

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1ó.—Es imposible comprender la historia eclesiástica del Pü.erfo Rico colonial; sin previó y claro conociinieato dé los diezmos, que fueron su base económica, total y única al principio y 'siempre importante Cu su desarrollo económico. Bueno o malo el sistema, fué el único viable en los siglos pasa= dos, aquí, en el resto de. América cristiandades eúropeas católicas y ,protestantes. Y aún hoy lo 'siguen siendo,. 'en muchas corporaciones religiosas disidentes. los

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2o.—Supérfluo sería en estas páginas evocar genes e historia del sistema contribuyente diezmal y su per-47=


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manencia al través del tiempo y del espacio. Bástenos recordar que se practicaba en .el pueblo judío y en la nación ibérica, desde siglos antes del descubrimiento de América. 3o.—Ello pos revela que, en su organización económica, la Iglesia adelantóse al Estado, Por aliado sostenedor, éste le pidió a aquella participación en los diezmos, que dieron margen a las famosas "tercias reales", por las que, de Jaime el Conquistador abajo, el Estado se ayudaba, con la tercera parte e lo que por sus diezmos percibía la Iglesia. Con los vientos ¿le fronda que comenzaron a soplar, a fines del ` siglo XVIII, acá y allá y prácticamente en todas partes, no ya como liado sino como opositor de la Iglesia, alzóse el Estado con la totalidad de los diezmos, y cuando mucho, concedió una partecilla de ellos a la Iglesia, porque no se dijera. 4o.--Mas lo que a nosotros nos interesa saber, es cómo y en qué forma se estableció en Puerto Rico el sirte. ma de los mentados diezmos. Para lo cual hay que traer a memoria que, en 1501, el Papa Alejandro VI se los cope-. dió para sí y sus sucesores, a los Reyes Católicos, en toda la extensión de las tierrás descubiertas y ,por descubrir, en este. cóntinente Mas nó graciosamente, sino con la precisa condición de dotar previamente las Iglesias y de subvenir a las necesidades del culto y de sus ministros. Ratificada fué esta concesión y convenio, en octubre de 1510, entre el Papa Julio II y el Rey Católico, sobre la misma imprescriptible obligación, quedando así divididos los diezmos en esta forma: para el Rey los del oro, perlas y piedras preciosas, y para la Iglesia los de los frutos y animales del campo, llamados diezmos reales, y los de trabajo de industria de los individuos, llamados corporales o personales. Mera extensión a América die lo estilado en España (1). Así las cosas, antes de ser consagrados Obispos, Manso y sus compañeros de episcopado, ajustaron una capitulación con el citado monarca, que aunque idéntica para los tres prelados, la referi--48—

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r remos al de Puerto Rico. Soslayando de momento los demás particulares, que en lugar oportuno serán explanados, haremos hincapié ahora en el especial de los diezmos. Según la mencionada capitulación, la Iglesia los .cobraría todos en Puerto Rico, con la exclusión apuntada de los 'del' oro, perlas y piedras preciosas, y ella se las compondría para subvenir a todas sus atenciones y necesidades. Como el oi:o aparecía copioso en todos o casi todos nuestros ríos y las perlas cuajaban en las ensenadas de Margarita y Cubagua, el Rey coritentóse con esta ganancia; y como la tierra rebosaba fertilidad por estas latitudes, que se esperaba ver pronto pobladísimas, también se quedaron satisfechos y esperanzados Maiiso y sus compañeros (2). 5o.—A tan placentera luz y perspéctiva halagüeña, `sé contempló entonces el porvenir, ¿ Correspondió la realidad a lá esperanza de todos? Poquito a, ,poco lo i'remo viendo. Por de pronto y 'ya recibida la consagración, Don Alonsü, Manso "proceúzó a redactar h Carta Magna de su Diócesis, llai inda Erección, 'el 26 de septiembre dé 1512, ciñcb meses después de sil capitulación con el Rey. Redactóla, no como simple Obispo, siquiera fuera él primero, pues eii taV caso, lá vigencia de la carta de organización no tendría mayor duración que su vida. Para semej~inte organización obraba como Comisario Apostólico y como Delegado Regio, segciii él misn`to lo expresa y era dé sentido común: "Nos Don Alonso Víanso, Obispo y Comisario Apostólico, atendiendo a que esta petición y requerimiento Son justas y conforme a razón, que riendo como' verdadero hijo de obediencia que los mandatos apostólicos dirigidos a, Nos se ejecuten con toda reverencia, como es de nuestra obligación, aceptamos dicha comisión y usando en esta parte .de la misma autoridad' apostólica que se nos ha comunicado, pidiéndolo e instándolo Su Majestad arriba dicho, erigimos, instituimos y creamos, etc" (3)". 6o.—Pues bien: en cuanto a los diezmos, Manso diSpo-49—


tie el módb y la cuantía de su reparto y distribución a cada, uno de los prebendados y sirvientes de la Catedral y de los. curas y beneficiados de las Parroquias, y a la fabricación y sósténimiento de hospitales e iglesias, principalmente de la matriz, reservando la cuarta parte d'e la masa total para sí y sús sucesores, según la práctica de la Iglesia de Sevilla, que tenía a la vista y de la cual era sufragánea su naciente diócesis. Mucho clero y bien ,retribuído, espaciosa y bien dotada catedral, espléndido y frecuente culto 'religioso, pues se trataba de América, que en lontananza se dejaba ver espléndida y rica, cual otra reina de Sabá. De cualquier manera, el total de los diezmos se había de distribuir así: para el mitrado, la cuarta parte; para el Cabildo catedralicio, otra cuarta parte; de las dos cuartas partes restantes, se harían nueve porciones, de las que dos para el Rey, cuatro ~para los curas y beneficiarios de las parroquias; y las tres ;restantes para la fábrica, y sostenimiento de hospitales e iglesias. Para la fábrica de la Catedral se destinarían, adémás, los diezmos del segundo eontr1ibuyente de cada parro quia y para la misma fábrica y la de todas las parroquias, el diezmo de la cal, ladrillos y tejas. Tal fué la distribución hecha y duradera de' los diezmos, por el Obispo Manso, la cual. debe retenerse en la memoria, si ha de entenderse des pués lo relativo a la subsistencia de la Iglesia de Puerto Rico. .•r 7o.—De paso debemos rectificar a un historiador que no tiene "por buen consejo e'! gravar con tributos los materiales de construcción, cuando las malas condiciones de alojamiento reclamaban facilidades para fomentar y mejorar los edificios urbanos" (4). Por la razón que se aduce, se debiera haber extendido la excepción a todos los diezmos. Pero en tal caso, hubieran sido imposibles las edificaciones urbanas, irrealizables en un pueblo cristiano, dónde ante todo se exigía la construcción de un templo. Fubra de que la existencia de éste daba realce a la población. Precisamente, por —50-

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la .negativa de los vecinos a pagar el rdiezmo de tejas; cal y ladrillos, se retrazó la construcción de una catedral durable, y en cúanto a los templos lugareños, fueron los mismos pueblos en, formación, quienes los hubieron de fabricar y man-. tener en buen estado durante siglos (5).; 80.—Aclaremos ahora a qué tanto ascendía el por ciento pagadero, que, no era' siempre el diez, en cada uno de los frutos y animales del campo. Específicamente lo hallarnos consignado en las páginas del Sínodo Diocesano de 1645, no como cosa nueva, sino, antigua y tradicional: "para evitar pleitos que suelen seguirse del modo en qúe se han de pagar los diezmo... ordenamos que de agrií en adelante se observe y_ guarde la costumbre, en que los hemos hallado, y que no se innove ni altere" (6). Del gengibre, se pagaba de cada quince, uño. Del casabe, de cada veiñte, uno. Del azúcar, de cada veinte, uno. Del melado, de cada 'quince, uno. De la caña, de cada trece, uno. Del maíz, arroz, mijo, frutas, legumbres y' otras semillas; de cada diez uno. Del, ganado de cualquier género y a.ves domésticas, uno por cada diez. De los ganados monte ses, uño poi cada veinte y sola la corambre. Del tabaco y cacao, que eran frutos nuevos, se pagaba, según el cdnve= irio entre, ambos. Cabildos, a tener •6e lo que se pagaba en Cumaná por el primero, y en Caracas por el'segundo. Coma se ve, eh esto consistían los famosos diezmos, bien poco cos-' tosos, por cuanto abundaban entonces estos frutos de latierra, que'casi no se exportaban para el exterior. (7) Aunqúe al principio de la Colonización, los oficiales reales exigían que los diezmos se' pagaran en oro, pero los vecinos, con sus justos representaciones, lograron del Rey poderlos pagar en los mismos frutos del campo, siguiendo la costumbre antigua de España y reciente de La Española (8). —51—

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9o.-=-Curiosa e interesante era la forma y manera de hacer efectivo el pago dé los diezmos, "que ha cle ser y observarse, corno la sido y es costumbre" (9.) . El ,diezmo del gengibre se pagaba, al embarcar éste en los navíos ",cómo se ha pagado y está convenido y acostumbrado por los antiguos", a la cuenta del fiel del gengibre; sin tener obligación de otra manifestación. Los demás frutos de azúcar, melado, casabe, maíz, arroz, caña dulce, cacao, tabaco, ganado, aves y fueros de montería y demás semillas de' cualquier género y calidad; se pagaban puestos en la ciudad, en casa del coleetór de diezmos, y a costa de los diezmadores, sin descuento alguno por la traída, ya que de muchos. de los dichos frutos se pagaba menos del uno por diez. De lose ganados vaeunos, yeguas, ,potros y demás bestias, se pagaba el diezmo, en los corrales de los, 'hatos, cuando ya eran añales y pastaban por si.

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100.—Aunque podían pagarse em pie, también podían pagarse en dinero, en esta forma y a éste tipa de precio: desde el río Toa por el norte y desdé el río Loiza por el Este con, sus, cor}tornos hasta, la Capital, los becerros se .evaluaban, a dos .pesos por cabeza.. Desde los puntos, en' adelante hasta la marisma y río Sibuco por, el norte y, desde Caguas por el sur, se tasaban a doce reales la p}eza. Desde estg írjtes, liasta la: jurisdicción fdel Distrito,. efe Sin Germán, o .sea hasta el Jacaguas y camuy„ a, ym solo peso. pode cabeza. Quiere esto decir que los• animales• tenían un, tri pie precio, según su distancia de la capital: de dos pesos los• más próximos, de .peso y medio los medianamente distantes y de un solo peso los más alejados. En cuanto a los. potros y spotrancas, domésticos y monteses, tenían en toda la, isla un solo• precio, que era de veinticinco reales, las muias.e e cincuenta y los jumentos el .de 25. No llegando, a diez, se porrateaba su calor, pudiendo pagarse en' dinero, si en ello venían dueño y colector. —52—


~ 110.= La conducción ,de los .diezmos a la capital era por cuenta de los dueños, si éstos vivían en el. primer semicírculo de ella, o sea desde la boca clel Río ránde, corriendo por el valle de Caguas, Bayamón y Toa Alta, hasta la .desembocadura del Sibuco. Se estimaba que 'la distancia de la capital a la línea del semicírculo era de seis ,leguas.. A los que vivían en el segundo semicírculo o sea hasta la línea •del Jacaguas al Camuy, se les descontaba el costo de la conducción,Fsi eran_ pudientes, ,y si pobres, entre el colector y el capellán respectivo le facilitaban el medio de la conducción (,10). 12o.—Los vecinbs del "Distrito de San Germán todos debían depositar los diezmos en la pila 'bautismal de dicha villa. Recuérdese que política y eclesiásticamente, 'la isla es'taba dividida en dos partidos separados entre sí por los ríos Jacaguas y damuy, unidos desde sus orígenes por una 'línea imaginaria que I'emontaba la Cordillera Central, que corría. del porte al sur. Con lo expresado, quedan nuestros lectores bastantemente enterados de lo que eran los diezmos, el tanto por ciento a que montaban y su modo de funcionar. De los diezmos reales decimos, pues los persoñales no existieron nunca en la Isla, gracias al desprendimiento del Obispo Manso, más generoso en esto que otros prelados americanos. 13o.—A primera vista parecerá ,que el montante de .lqs diezmos ascendía a muchos miles de' pesos cada año,. l)sí hübiera sido ciertamente, de haberse poblado con rapidez la Isla, desde sus ;principios. Mas repárese que, en los dos primeros siglos de la colonización a que se contrae este volumen_, no excedió nunca la población de cinco mil moradores., Las causas .de, ello pertenecen .a la historia general de la Isla y pueden ,repasarse en nuestras anteriores obras de toria (11). N'o continuando la explotacipn de las~minae ríferas; por el apocamiento .de los indígenas y en precaria: :situación los, ingenios, por la earestia del factor etíope, ,y más aún, por, los, cantos de sirena del dorado poniente ,y snx, la ~ —53—

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mayoría de los moradores de Puerto Rico, todavía no bien arraigados aquí, corriéronse hacia esos Dorados, dejando la Isla como devastado mesón .o como casa robada, en frase de escritores de entonces. De ahí que los diezmos rindieron muy`poco, ni la décima parte de lo esperado y soñado. En dem.stración de lo cual, no hay sino traer a cuento 'lo ocurrido en las cuentas rendidas por el Obispo Manso al Visitador Bastillas, en las postrimerías de 1532. Vése por ellas que el Visitador alcanzó al residenciado en unos cuatro pesos. de Tales cuatro mil pesos provenían los novenos pertenecierates Rey y4ue nó le habíañ sido entregados o adjudicados. Pasemos por el momento alto que, de ser, ello cierto, más responsables que Manso eran los oficiales r' eales por su negligencia en cobrar dicha suma. Que efectivamente eran de la cada ,eclesiástica, lo comprueba el hecho de que nunca h gresaron del 'todo en las cajas reales, y al fin, dedicáronse a la construcción de la Catedral; ¡ ironía de la vida! en el período siguiente del propio Bastidas (12). Pero, bueno, lo atañente al caso es que esa cuestionada suma era el producto montante de los das novenos reales, correspondientes a más de una quincena de, años (1515-1532) . Equivalían a una, novena._parte del rendimiento total diezmal, durante todos esos años fiscales. Siendo eso así, deduciremos que la totalidad diezmal montaba a treinta y seis mil pesos, en ese largo lapde tiempo, que dividida por diecisiete, daba la modesta suma de dos mil ciento diecisiete peos al año. Con° esa cantidad había de obsequiarse a Su Majestad, niaritenérse Prelado, dotar al Cabildo gsclesiástico, construir la Catedral 'y proveer al culto divina Andando los años, bajó más cl cupo de los diezmos, pues el Obispo Bastidas decía y repetía, que su cuarta episcopal no excedía de cuatrocientos cineúen ta pesos al año "de mala moneda y peor cobran&' (13). Si cuarta .episcopal montaba a esa suma, el total no podía pá: sar de mil ochocientos. Así vemos que era, pues en cádá trienio los novenos reales solo producían seiscientos pesos de que —54--


hacía gracia a la fábrica ,de la Catedral. Y en 1580 no .11ega.. ban siquiera a cien ducados, lo que evidencia que la totalidad' de los diezmos no pasaba de novecientos pesos al año. 14o.—Al igual que la"s entradad por alcabala y moxari fazbo, las de los diezmos se arrendaban a particulares, qué se encargaban de cobrarlos y pagaban el tanto convenido a la Iglesia. De esta manera, el clero se eximia de la enojosa labor de cobrarlos por sí mismos. 150.-1:tespecto de las primicias, se pagaban de los primeros frutos en cada año, uno de cada siete. Si no llegaban a este número, no se pagaba nada y aunque excediesen en mucho, no se pagaba más en cada año. Ef pago se efectuaba en fanegas o quintales, en el maíz, arroz, gengibre y cacao, ,por arrobas en el azúcar y por cargas en el casabe, siempre que llegaran a siete, pero no llegando, no ha1 la que pagar nada. De tas crianzas tampoco se pagaba nada de primicias. El pago se efectuaba por Pascua de Resurrección pero de los hatos o crianzas, durante el mes de julio. 15o.—Quienes no pagaban los diezmos, los usurpaban o desaconsejaban el pago, incurríais en excomunión mayor, si se trataba de particulares, y si de consejos o comunidades, en entredicha (16). 16o.—Es muy de notar que fos diezmos y primicias los. pagaba Htodo el mundo, comenzando ,por el propio Rey. Así vemos que de. su hacienda en el Toa; satisfacía ,los diezmos correspondientes. Rehusaban. hacerlo, los oficiales rgales, peto de arriba les vino el mandato ,de ejecutarlo (17). 170: También las comunidades religiosas pagaban diezmos a la Iglesia por sus haciendas y granjerías, a no ser que las poseyeran con ani_brioridad a la celebración del Concilio IV Lateranense y las atendieran por sí mismas. Por la diferánte interpretacióxi que los doniiñicos dieron a las disposiciones canónicas sobre el pago de diezmos, sobrevinieron —55—

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las dispuths .que tuvieron con el Obispo Bastidas, de que extensálrlente tratamos en nuestro libro "Los Dominicos en el Puerto Rico Colonial". 180.—Al cobro de los diezmos redujéronse entonces los ingresos de la iglesia. Abolidos posteriormente, se han 'sustituido por la colecta parroqúial, el pew rents, el plato petitorio, mas los cepillos y colectas ordinarias y extraordinadas. ¿Cuál, el mejor sistema? NOTAS í,— Por escribir de hiero, creemos, los historiadores seglares y eclesiásticos dejan entrever su opinión de que estos Papas otorgaron los diezmos, como forzados y a título de mal menor. ¿Podían hacer y hubieran hecho otra cosa, por muy libres que fueran? ¿Podían asumir sobre sí la carga económica del envío y sostén de misioneros y de dotación de los Obispos, cuando les cobraban a éstos no leves sumas por- la expedición de sus Bulas? Y lá Iglesia de' España, fraccionada en tantas Diócesis, ¿podía hacerse cargo dé costear •los gastos que traerían consigo las nuevas cristiandades arrierjcanas? 2.— Por virtud de tal capitulación entre el Rey y los Obispos, que actuaban por sí y sus sucesores, el Estado descargóse de la obligación de 'proveer al culto y clero, que le impusieran. los Papas, al traspasarle el derecho de cobrar para sí los diezmos, pues para este fin se los devolvía a los Prelados. Nos parece que muchos autoros no han llegado al fondo de la cuestión y así descargan man. dobles y cuchilladas verbales contra el patronato real. Véase; por ejempló7"" ló que dice un historiador,• "F'ernando previsor, astato e Interesado en' que' éi poder real s@ mantuviera sobre todo otro ~oder.... concertó con el Papa • Alejandro VI un convenio, por virtud .del cual..., esos diezmos debían ser propiedad del Estadó IElspañol, comprometiéndose éste.., a propagar y mantener la religión... No previó aquel Papa... El Estado Español fué virtualmente administrador directo de las rentas y medio de vida de la Iglesia•" (Leiseca, J. 1d.: APUNTES JUST, ,ECLESIASTIGA DE . CUBA, 1928, .pag. 21) 3.= Tapia, 376. Parece que los ilustrados Doctores Perea, que tantas puntos oscuros han aclarado en nuestra historia, no calaron el significado y alcance del título de Comisario Apostólico que os-

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tentó Obispo. Manso, en el acta de erección, pues dicen: "En una historia, general de Puerto Rico... no vamos a entrar a examinar el alcance del título de Comisario Apostólico, que Manso portaba y usó en ISecreto de erección de la Catedral", pag. 214. Tal título se i••efería solamente al acta de erección, como necesario para dar carácter de perpetuidad inviolabilidad a sus disposiciones, como efectivamente lo tuvieron. 4.— Br., Col. 216. 5.— Eli el Sínodo de 1645, se lamentó la falta de pago de este diezmo, por lo cual, "con_ haber pasado más de un siglo de años, "no se ha tener cóngrua suficiente, haber tenido 'podido edificar, por así para los edificios y ruinas de estas islas, como para los ornamentos y serviéios del culto divino, antes muchas iglesias están arruinadas y la Catedral muy empeñada, y no tiene con qué labrar, campanas, ni retablos, ni .con qué poder sustentar dos acólitos" etc. Sínodo, 90. 6.— Sin. Dioc., 87. 7.— Sin. Dioc., 87. 8.— Bol. list., II. 47. 9..— Sini. Dioc., 87. 10.— Sin. Dioc., 89. "Y por cuantó, fuera de las seis leguas, hay mu. chas personas pobres, que no podrán fácilmente conducir lo diezmos a esta ciudad, ordenamos que... entré el Capellán y Colector de los diezmos ajusten el modo más pia&uo para dicha conducción.., de modo que los pobres no sean dejados nf apremiados de otra manera". 11.— Cuesta Mendoza, A.: LOS DOMINICOS, Cap. I, e lIST. DE LA EDUCACION, T. I: cap. 6. 12.— Tapia, 340. "El alcance que Bastidas hizo' al Obispo 5e gastará en la fábrica de la Iglesia, luego que Vuestra Majestad declare la orden de cómo se ha, de hacer". 13. Tapia, 338: "La cuarta de este Obispado vale cuatrocientos pesos, con que no puede susténtarse. El Obispado valdrá cuatrocientos de mala moneda y peor cobranza". 344: "Los .dlezmos se arren. daron por cuatro años en seis mil pesos pagados a largos pla_ zos". Id. 345. 14.— Br. P. E., 31 v. 15.— Sin. Dioc., 9. 16.— Sin. Dioc., 90 " 17..- Bol. list. nI, 195.

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CAPITULO V. "LA INQUISICION" lo. El coco de la Inquisición.— 2o. Iniciado su esclarecimiento gn la Isla. — 3o. Inquisición moderna. -- 4o. Unico Obispo en América. — 5o. El caso de Sancho. Velázquez. — 6o. El de los Varas. 7o. El de Villasante. 80. El de Vadillo. -- 9o. El Visitador Bastidas. -- 10o. _ Otros varios casos. —i llo. La sociedad deudora a la Inquisición. — 12o. Ultimo Inquisidor.. — 130. Error do Torres Vargas. -- 14o. Supuestas hogueras. — 15o. Los sambenitos. -- 16o. Canongia suprimida. — 17o. La cárcel de la Inquisición. _=-- 180. Reducción del personal. -- 190. Resumiendo. ~ 1o.—Aún en nuestros días, la Inquisición pone un gesto agrio en muchos semblantes, no solo latinos, sino sajones, y no solo de seglares, sino hasta de ciertos eclesiásticos; Viene a ser su recuerdo para estas personas graves y sesudas, ló qué el espantajo del coco para los párvulos inexpertos y asustadizos. A veces se nos ocurre atribuir el pavor al ambierite reinante, creador .del dogma laico dé la intangibilidad del pensamiento libre, mayormente en ideas y creencias religiosas. Y bien pudiera ser así, en algunos casos. Mas nos parece, en otras ocasiones, que la reacción hostil que la palabra Inquisición produce, es efecto de la opinión muy generaliza59 r


da de q'ué la Inquisición fué la Institución más; tiránica y abominable de cuantas ha habido en el mundo, para afrenta y tormento de la humanidad.

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2o.—Por lo que a Puerto Rico hace, esa prevención contra el Santo Oficio, se advierte, a primera lectura, en sus escritores, publicistas e historiadores del siglo pasado y del presente. Se han hecho a la idea de que el mayor borrón, el hecho más bochornoso, en nuestra historia insular, fué la intervención e ingerencia en ella del llamado Tribunal de la Fe. Qué gran bien haría el feliz escritor ,que pusiera en clara luz lo que, en realidad de .verdad, fué en Puerto Rico la Inquisición: una institución necesaria, un tribunal justo, blando, apacible, bienhechor y de duración escasa, a nuestro juicio, desgraciadamente para la población. Ya ha realizado alguien esta .labor últimamente y a nosotros nos place ampliarla aún, más, extendiéndola siglos adelante del primer. Obispo (1). 3d: Cojamos, pues, por las astas ál toro de esta tan cuestionada cuestión, y reseñemos su funcionamiento en el país. Ante todo; no constituyó ñóvedad su implantación en Bórinquen. Existía en todas 1'as regiones, disímiles en fueros, de la propia España, ase commo .en otras naéiones del mundo. Existió en las regiones protestantes de Europa, sí con distinte nombre, con mayor rigidéz 'y aspereza ,que en Iberia. Y los lectores dirán si aún hoy, en tal siglo de libertad, no alienta por doquiera esa institución, escrutándonos eón más ojos que Argos, con nombre de espionaje, 'contraespionaje y otros varios, que nos fichán, .nos encartan, nos registran en las listas negras, nos toman las huellas digitales y a sol y sombra nos siguen, investigan y, en más de *xia ocasión, nos —con perdón— nos amuelan. ¿No es, pues, árcaiszno y fariseisino el engolar la voz y afilar la pluma, maldiciendo de la Inquisición, como monstruo único y el mayor de la historia? --60--.


4o.--Se.. nos presenta .al Obispo Manso, regresando en 1519 a la Isla y blandiendo, como arpón ballenero, su cargo de Inquisidor contra, sus'ovejuelas cuitadas, llenándolas de espanto. ¡.Mur cuitadas por cierto? Sí hubo jamás hombres de pelo en pecho en el m' undo, arrestados a todos los. peligros imaginables, fueron los primeros diocesanos del. Obispo' Manso. Entre sus filas habíanse deslizado gentes indeseables en todo sentido, escurridas de Europa y cuya noticia obligara al Rey Católico a expedir Real Cédula en 2 de fe-. brero. de 1511, prohibiéndoles rigurosamente la entrada. (2) Cómo mar- embravecido, agitá'base Europa en aquellos días,. fermentada. por cuestiones religiosas, tanto y más como ho~r e agita y débate por cuestiones sociales` (3). En tal' situación, el reposado flanneneo; Cardenal Adriáno, Inquisidor general de España y el perspicaz joven políticoCarlos dé. Austria, cargaron sobre los hombros del Obispo de .Puerto Rico, de visita en la Corte, el pesado manto de Inquisidor General de América y sus aledaños. ¿Sobre, cuyos hombros lo. iban a imponer, si no había acá más Obispos .que él? La hor.fandad de las iglesias de Cuba y Santo. Domingo-.y la hemos. visto anteriormente, y más prelados nó hábía en este hemisferio, que todavía no mostraba visibles más que las Antill'ás y algunos bordes de Tierra Firme. El Obispo de Amrica, conocido o incógnito, era ante España Alonso Manso. y, quisiera. o no quisiera, a él le fué encomendada la .labor inquisitorial. 5o.--¿Y cómo la desempeñó? Como lobo carnicero, según inconsultas plumas. Si así fuera, no merecería el conde rulo simbólico sufrir el bochorno de figurar, por partida doble, en los, blasones de la Catedral y en los de. la Isla. Con. todas. las rebuscas y hurgamientos de' Alejandro Tapia y de. Toribio Medina, solamente, en diez ocasiones aparece ejerciendo el Obispo Manso su cargo •de Inquisidor, durante los veinte años qr~e lo fué, de 1513 a 1539. Recordemos ligeramente —61—


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anos de estos casos. Fué el primero el referente al Lie. cho Velázquez. Quién era éste; lo dice claramente la historia de Puerto Rico, en que actuó varias veces de Juez de residencia y de Gobernador. A su vez,, fue residenciado por Antonio de la Gama, a fines de 1519. Unos cuantos vecinos acumularon cargos sobre él, entre otros, Ponce de León, á quien hubo de devolver los mil y trescientos pesos, en que le había condenado, al tomarle cuentas, siete años atrás. ,Con ello se animaron también Otros vecinos a demandarle por perjuicios recibidos, de que le juzgaban causante. En el curso de estos debates, fué también denunciado a la Inquisición y de resultas, encarcelado por ella, con consiguiente embargo de bienes. A los quince días de preso, murió. En ello están contestes quienes enteran del asunto al Consejo de Indias, que lo atribuyen a causas naturales, menos el inquieto mano de Dios, casSedeño, que malévolamente ve en ello tigadora de los crímenes que él le, carga. Pero, como en el caso intervino la Inquisición, algunos historiadores moder nos dejan entrever que fué ella la única causante de la muerte del encarcelado Velázquez. Nosotros preguntamos: ¿ gozan ésta presos de exensión de .la muerte? ¿Es la primera que fenece un detenido por la justicia eclesiástica o civil? Sin apelar a especial vindicta divina o a perversa acción humamuerte na, ¿ño pudo ser efecto de causas naturalísimas inquisiVelázquez? ¿Resentimiento del en prisión de Sancho dor, porque no le adjudicara más indios en el reparto del año quince? No era ese motivo, de ser cierto, caso de Inquisición. iii con la muerte violenta de Velázquez, iba el Obispo a recobrar indios, que en sus dos tercios' se le acababan de morir de viruelas. ¿El ansia :de los bienes del procesado? Por morir éste abintestato, sin previo juicio condenatorio, no iba heredarle la Iñquisición, sino sus herederos forzosos, como ocurrió. La herencia del primer reo de la Inquisición conservábase intacta en 1529 y fué devuelta á sú madre Dola Beatriz de la Fuente por la justicia real (4). En resúmenc que —62-


pór alto que fuera el Juez Sancho Velázquez; como cualquier hijo de vecino fué llamado a la barra de la Inquisición, como antes lo había sido ante los estrados,del pesquisador de la Gama; ,que feneció a los pocos días: de encarcélado, por berrinche que le diera, o porque su hora le había llegado, y que sus bienes fueron finalmente a manos desu anciana madre, que no estaría sobrada de ellos. Pena da tener que esclarecér estos hechos.

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6o.—No se habían apagado los ecos del ruido causado por el enjuiciamiento y muerte de Sancho Velázquez, cuando por segunda vez tuvo que actuar el Inquisidor Manso, en el caso de un tal De Varas, padre e• hijo, ocurrido en .1520 y 1521. Salió el padre fiador de su hijo en el arrendamiento por éste de las rentas o ingresos de Santo Domingo. Falló en las cuentas el hijo y hubo de responder el padre, cuyos bienes fueron puestos en almoneda, para resarcimiento de las defraudadas cajas reales. ¿Hay algo insólito hasta aquí? Mas medió entonces la circunstancia de que la subasta nd se pudo llevar a efecto, por estar o caer bajo embargo de la Inquisición los bienes de Vargas padre, por algún dicho o heello gravecillo de que había sido acusado. Por ley del Reino y expresa voluntad real, en concurrencia de ambas jurisdiccionest la real cedía el paso a la Ínquisitorial. Como ésta no. ventilara su caso con la celeridad que quisieran los óficiales reales, á, quienes convenía el biien balance de sus. cuentás, acudieron en alza ante el Ínquisidor Gendral de España, quejándose de la demora de la Inquisición de ,aquí; de que se seguía perjuicio al Fisco y.a pariiculares. Como era de esperar salieron de la apelación con las manos en la cabeza. Y del caso Varas no se vuelve a .hablar en papeles antiguos. Mero. con-, flicto de jurisdicciones, resuelto a fávor de 1'a Inquisición, sin que por ello merezcan reproche los agentes de Hacienda, ni casi tampoco los concursantes a la subasta, deseosos de aprovecharse de la oportunidad que legalmente se les venía a las xñanos. —63—

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ti ?o.—El caso de Blas de Villas personaje de reliecle Puerto Rico, haves en las primeras.tdécadas histori cendado de la tierra y Tesorero del Rey, resulta hasta ,pintoresco: Por alguna cosa que no debió ser de mayor importancia, por cuanto a los pocos días se le dió su casa pox ~ cárcel y luego lá ciudad y finalmente sus posesiones y estancias, Villasante fúé enjuiciado pot la Inquisición. Como su tesorería fuese cargo d'e tanto honor y no poco provecho,, uno dé los aspirantes a ella recabó del Emperador el título apetecido, con el que quiso reemplazar a Blas de Villasante. 'Consiguió del,Ipquisidor testimonio detener éste enjuiciado ~ al viejo tesorero, y con su título y este testimonio logró o quiso desbancarle. Pero Villasante superaba en astucia a su pretenso sucesor, al Consejo entero de lá ciudad y á lós oficiales reales. Negóse enfáticamente a hacer entrega del cargo, .alegando que a la vista de todos estaba, .que su en- . e i tamiento no estorbaba el desempeño de sus funciones de' Tesorero, pues era libre en sus idas y venidas y gn sus; salidas y entradas. Picados jos regidores y Oficiales trataron de embarcarlo a la fuerza, enviándolo a Esatia. S.ábedor de ello el Inquisidor repuso en la ,cárcel al preso, dando por tazón que mientras su proceso durara, no podía Villasante salir de los términos dé la Isla. A 'las representaciones de los Oficiales que decían reclamaba el Rey la presentación de Villasante, replicó el Obispo que en tal caso debiera pedírselo a él propia y directamente, y que entretanto, no insistieran ellos, pena de excomunión mayor. Quién tuviera razón y. quién saliera triunfante, lo revela el hecho de que meses después fungía todavía de Tesorero el Villasante, seguraménte 'ab~ suelto o declarado inocente por la Inquisición. ¡ Vaya pues una víctima de ella! (5). Y ¡vaya la sinrazón del historiador que, l de este incidente, saca la inculpación de que triientras a unos reos el Tribunal de la Fe daba por cárcel la amplia Isla, a otros los dejaba pudrirse en sus horribles mazmorras (6) .

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80.—El caso del Auditór Vadillo, enjuiciado por la Curia de Cuba y mandado a absolver por Inquisidor Manso, sí, con apercibimiento de penas para avocando la causa quien no obedeciera, si algo prueba, es que celaba sus derechos, que al mismo tiempóeran obligaciones; que era enemigo de sentencias precipitadas y que se mantenía firme ante togas y mitras, nivelándolas con los medianos comerciantes y humildes plebeyos, cuando de impartir justicia se trataba. (7) .

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9o.Esta su actitud personal y enérgica no sabemos como coñciliarla con la inculpación de que le hizo objeto Visitador Bastidas, al escribir que "para bien de la _Isla Vuestra Majestad debiera proveer que en ella no hubiese Inquisición. ,Los vecinos son pocos, el Obispo muy viejo, sus Oficiales no tienen habilidad para ejercer el oficio, es una judicatura entre compadres, ningún secreto se guarda, todos tienen gran sujeción al Obispo, por respeto de dicho oficio y a sus criados" (8) . Decimos no acertar a explicarnos las expresiones y juicios de Bastidas. Muy joven era esté entonces, y en Santo Domingo todo lo había hallado suave, en su calidad de Provisor y Deán. Sabido es que la juventud, con honrosas exCepeiones, es muchas veces algo precipitada en, juicios y hechos, aún tratándose de eclesiásticos. En cuanto a los Oficiales y criados de Manso, que Bastidas califica de. inhábiles, no Io entendemos, pues por entonces moraban en San Juan sacerdotes como el Provisor Guadiana, de que todos se hacen lenguas, y religiosos de la calidad dei Padre Vicente de Guzmán, predicador del, convento de Santo Domingo, a quienes Manso utilizó varias veces como ayudantes. Bastidas llegaba entonces de la fastuosa Corte Española, donde todo habían sido triunfos para él, por sus prgpias cualidades y por ser hijo de quien era, el segundo explorador de este continente. Ante él irían a deponer los inquietos habitantes de San Juan, enredados casi todos en usuras e ilega-65—

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lidades que valientemente reprendía el Obispo. Por lo que hace a judicatura entre compadres, era frase corriente en la Isla y se aplicó al gobierno de los Alcaldes, al de los Tenientes del Almirante y al de los Gobernadores del Rey, sin que sistema alguno de gobierno aplaciera a todos, poi el estado excppcional de la población. Claro que chocaría la democracia del gobierno Inquisitorial a Bastidas, habituado a las solemnidades de los juicios celebrados, ante la Audiencia de Santo Domingo, con la intervención pomposa de' fiscales y abogados, ya que desde su "tierna edad" no salió de Santo Domingo hasta ir a España, para su consagración, el Obispo de Venezuela. Pero el tiempo corrige a los hombres y rectifica sis juicios y pro~ederes y esto es lo que le aconteció a Bastidas. ¿Quién le había entonces de decir a Bastidas, que tres años' •despu'és había de ser él mismo el que diera la voz de, alarma al Emperador, sobre la e dsteneia de herejes por estas latitudes, sobré la necesidad de casar los privilegios otorgados para el gobierno de Venezuela a los alemanes Welscher, y sobre la necesidad en que se había visto de encausar l mismo a cierto Juan el flamenco y de ,remitirlo para su procesamiento inquisitoilal al caduco Manso (9). De los hombres es equivocarse y corregirse, y eso hizo Bastidas; en justificación del Tribunal de la Fe.

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10,o.—Después de lo cual. bien podemos pasar por alto los Otros casos inquisitoriales ocurridos en Puerto Rico: el de Martín García, penitenciado a seguir una procesión, descalzo con mordaza y vela (10) ; siendo luego autorizado para regresar a Santo Domingo, antes de cumplir sus dos meses de cárcel; el del Doctor Juan Blazquez que luego de terminar su misión de Juez de Residencia, pasó cuarenta días en la cárcel de la Inquisición, pagó de multa cincuenta pesos y aprestó juramento sin duda para hacerle más cauto en lo futuro, saliendo del contratiempo con tan poca merma Øe eréctito, que luego pasó a Centro América con el mismo cargo; (11) y finalmente el del Doctor Qarrera, clérigo que se de—66—


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cía médico y cirujano, que ejercía tal profesión contra lo prescrito por los cánones, y a quien se remitid a 1;a Española en las condiciones más benignas y liberales. (12).

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11o.—Cierto que su labor inquisitorial dióle harto trabajó y moléstiás al obispo Manso. Más por ello que por su edad, francamente pidió ayuda el 18 de marzo de 1535, cuatro años antes de su muerte. Hartas preocupaciones y sinsabores le motivabán la construcción de su Catedral y la organización de su Diócesis, más incomparablemente mayores las propórcionalía el Santo Oficio de estas tierras, "dó hay necesidad que siempre ande sobre las gentes la Inquisición, porqué teman poner en obra sus malos pensamientos. Ya mis fuerzas —az}ade— no sufren tanto trabajo. Pido persona de letras ayude" (13). Mas no se le debió ateny conciencia que der y así pegó al término de su larga vida, firme en su puesto y vigilante en su oficio. Quien considere las condiciones de los habitantes de aquellos años, cuya mayor parte no estabán avecindados ni tenía constituida familia y anhelaba marcharse a otras partes, en busca de libertad loca y de Besen- : frenada ansia de fortuna,, se explicará 'las duras palabras che Manso, sobre que no se les podía quitar el ójo de encima para estorbarles la ejecución de sus malos intentos. Gracias a' esa vigilancia, no creció aquí la cizaña y poco a poco lá población saña remansó aquí y la inquieta y vagabunda echóse mar afuera, para desgracia che las poblaciones a donde se fué trasladando.

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1; Be puede decir que, con la muerte del Obispo Man-, existir aquí ala Inquisición, de' hecho por lo meso, dejo nos. Pocos años después, su sucesor Bastidás lamentábase de tener que tolerar la presencia de los que debiera expulsar de su Obispado, según apremio del Emperador (14) ; y el Obispo Salamanca escribía al' Consejo de Indias que el cargo dé Inquisidor debiera seguir aquí unido al de Prelado diocesano (15), lo qué patentiza que, había ya desaparecido. --67—


13o.---Y pone de manifiesto, además, la equivocación de Torres Vargas, al afirmar que "el Oficio de Inquisidor hásta entonces lo tenían los Obispos de esta Isla": Se refiere al episcopado de Ramos, del que asegura que en su oficio "se mostró severo y, riguroso, como lo pide su recta administra= cón, quemando y penitenciando en los autos que hacía..a. a1= gunas personas y hasta kloy sé conserva el lugar del quemadero que cae fuera de la puerta de San Cristóbal" (16),. A pesar :de su hostilidad a la Inquisición el historiador Brau, refuta la afirmación de Torres Vargas. "Fuerza es, .. esclarecer honradamente que no existen pruebas documentales acerca de los 'suplicios" (17). _ ` 14o.—La segunda razón adueida por Brau contra la existencia de las hogueras inquisitoriales, cae por su base. Supone que no las encendió Manso; porque no le convenía mermar el rebaño de cuyo vellón vivía, cuando precisamente los bienes de los relajados al' brazo secular para ser quemados, pasaban a la Inquisición. No hubo hogueras en San Juan, porque'.no. hay de ellas rastros en la copiosa documentación dficial existente, y la Historia se ha de fundar "en ,hechos comp1obados y no en 'suposiciones fantásticas. 15o.—La verdad es que chocan las afirmaciones de Torres Vargas. Lo de los Sambenitos existentes en el trascóro de la Catedral, solo prueba que 'hubo penitenciados, mas no quemados. De haber continuado siendo Inquisidores los Obispos de Puerto Rico, constaría en el Sínodo Diocesano celebrado en 164,5 y ni se hace mención siquiera de ello. Desde 1610 solo hubo en América tres, Inquisidores, el, de Mé~cico,_ el de Lima y el de Cartagena, a que pertenecía la diócesis Borinqueña, juntamente con las de Santo Domingo, Venezuela y Cuba. 16o.—Y tan a menos vino su actuación delegada aquí que para cubrir el salario de los comisarios y familiaes, hu-68_.


po que destinarle los frutos de una de las canonglas' que no relataban sino unos pocos pesos. (18) _ 17o —En cuanto a cárcel, "sí la hubo'inquisitoriál, como la hubo, eclesiástica para los propios clérigos, y al estile de la época no carecería de medios de seguridad para que no se fugasen. los reos, como de las cárceles públicas se. escapó Sedeño y los portugueses de que hace referencia Ponce de León II en su carta de 20 de febrero dé 1565 (19) y el individuo a quien el Gobernador Vallejo sacó dé debajo del monumento, a dende se había acogido. ¿Es,, que puede haber tribunal sin cárceles.y justicia sin prisiones? Mas de ahí a que se estilaran las torturas en las prisiones de la Inquisición, hay mucha distancia. Si de ellas no quedó huella en los casos de Velázquez y demás enjuiciados por Manso, menos pudo haberlas, después de trasladada de aquí la capitalidad del tribunal (26), 180.---X para dar por terminado este capítulo de la Historia de la Inquisición en Puerto Rico, diremos que solo quedaron aquí un Comisario y algunos oficiales subalternos de ella, figuras tan decorativas y tan poco sanguinarias, como Don Agustín Valdejuli y Don Miguel Antonio Arizmendi, .entre otros. En nota hallarán los lectores los juicios formulados, contra la Inquisición en la Isla, por algunos de los historiádóres de ella, a nuestro parecer, prevenidos, inaliriformados y participantes del ambiente moderno (21). NOTAS: Pereá, Doctores: Early Ecclesiastical History of Puerto Rico, 1929. , Sol. Híst., II, 48. T'ié en 1517, cuando Lutero lanzó sus famosas 95 tesis. "No envié la residencia de Sancho Velázquez, porque había de ir juntó ,con .ella, .y el Obispo de esta ciudad le prendió por la Inqui— sieión, ,en, cuya cárcel .ha nuerto.,El Obispo le embargó los bienes 4.(era .lo acostumbrado) y áiguna&personas, pedían ,de ellos en,vir

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tud de 'la residencia que ahora va" (De la Gama, 12 de junio, de 1520). En Tapia 288: •'Sentenció el consejo en Toledo, a 4 de febrero de 1529, condenando al Licenciado por las multas en doscientos pesos de oro, los cuales recibieron sus herederos•'eii recompensa de .cualquier cosa que debiera .Su Majestad" (Tapia, f18 5.— Tapia,. 299, 302, 303 y 318. Villasaute ,siguió sirviendo el cargo de Tesorero hasta su muerte en, 1536, en que le sucedió Juan de Castellanos. 6.— Br. Coi., 433. "Los vecinos y funcionarios que se adaptaron al n16todo no sufrieron personales molestias; los que osaron resistir, en ' la cárcel dieron con su cuerpo." 7,—= Documentos de Indias, segunda serie, t. IV, 312. Y Tapia 191: "Ofreciéndose el caso de suicidarse algún acusado en tanto que obtenía otro permiso para recorrer la Isla y administrar su hacienda sin haberse dado fin al proceso".. 8.— Tapia, 307. 9.— Aguayo, Becker, 11st. I, 75. 10.— Bol. list. 149. il.— Documentos de' Indias, I, 566. 12.— Tapia 319: "Va después del mandamiento una orden para que si el Fiscal conductor viese que el tal doctor hace lo, que se le manda, le- deje ir libremente a embarcarse para Tierra Firme". 13.— Tapia, 318. `14.— Tapia, 342: "Aquella isla de San Juan parece estar .en, constelación de. ser inquietos los moradores de ella''. "La. necesidad .nos hacer pasar por algunas flaquezas, y ni en todo se puede efectuax3 la R. C. que V. M. me ehvió, mandando que expulsase de esta. Isla a todos los clérigos que sin licencia de su muy alto Consejo hubieren pasado y pasasen". (Br. 1. E:, 21.) , 15.-- Br., F. E., 42 v. 16.--- Tapia, 471. 17.— Br. Col., 743. 18.— ACSJ, I, 59 Y. 19.--' Bbl. list., V, 83.85. 20.— Fernández 4uncos se ,hace eco de la tradición qué indiéaba que la cárcel de la Inquisición estuvo en la planta baja del cohve ito de Santo Domingo. Bran informa de otra tradición que la sltuába en el sólar-esquina sur de la calle del Cristo y Caleta -de San Juan, frente a las escaleras de la entrada principal de la Catedral. 21.— "Es . ndudalílé que la aplicación de la hoguera se 'excusó por el

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Prélado portbrricense, aconsejado a ello, no por mansedumbres evangélicas sino por conveniencia utilitajia.... El ejercicio del cargo limitóse de hecho...; a exacciones, prisiones, vejámenes, atropellos y socaliñas. Que Don Alonso Manso en el ejercicio de sus funciones episcopales se mostró soberbio, vengativo y codicioso no es posible negarlo. La inquisición puesta en manos 'de Don Alen.. so Manso o mejor de sus auxiliares, puestos en evidencia por Bastidas, fué algo así como la escopeta de aquel pordiosero a quien diera Gil Blas de Santillana la bolsa en una encrucijada, poniendo en salvo la amenazada vida... Los que osaron resistir en la cárcel dieron con sus cuerpos" etc. etc. Bráu (CoL 432 y 433) Al hue. no de Don Eduardo Neuman se le ponen los pelos de punta al hablar de la Inquisición, y así por el estilo a otros mal informados historiadores. Ello era de buen tono hace unas décadas.

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CAPITULO VI. "LOS' OBISPOS —I-"

rápido.

1o. Carencia de episcopologio. — 2o: Veinte Obispos. — 30. Nobles y caballeros. — 4o. Dos hijos naturales. — 50. Procedencia canónica. — 6o. Cultura. — 7o. 'Nombramiento — 80. Pago de Bulas. — 9o. Apuros para pagarlas. 10o. La consagración. — 110. Familia episcopal. — 12o, Exentos de nepotismo. — 13o. Vá1buena y su sobrino. — 14o. La travesía.— 15o. A la vista del puerto. ,

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1o.—Desgraciadáinente nos se ha publicado todavía, el episcopologio, de Puerto Rièo, a pesar .de que constituye el desfile' de los personajes, que más han contribuido' a constitueión y formación espiritual y cultural de pueblo. Acertadamente aseguró un escritor del país; hace ya treinta años t "El díá en reunidos todos los datos, que hoy están esparcidos, se escriba la Historia Eclesiástica de Puerto Rise verá cómo el 'Episcopado fué elemento de civilización, cultura y progreso, mereciendo por tanto el respeto y admiración de todos pueI torriqueños, siñ distiñción de opiniones religiosas, dé ese modo; hacerle justicia, se le paga el tributo de gratitud que el .patriotismo le debe' .(1). Otro conocido escritor dio a la estampa, hace el mismo número de años, un Episcopologio portorricence, que' . llena veinticinco _..73._.-

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páginas del libro Sínodo Diocesano, que en 1917 se publicó. (2) . Pero tal estudio, muy meritorio por cierto, es más bien cronológico que sociológico y religioso, deficiente en datos y errado en algunos. No es nuestro propósito, ni disponemos de materiales suficientes, para trazar ese cuadro episcopológico, en estas páginas, sino más bien dar una nota de conjunto, sobre los Prelados que gobernaron la Isla, y de sus actuaciones religioso-sociales, sal frente de ella. 20.—Comencemos recordando que, en los siglos XVI y XVII, el ,número de ellos subió a 24, de los que solo 20 ocuparán nuestra atención, por no haber ,llegado los cuatro restantes a la Isla, ni haber ejercido en ella función alguna~de su alto cargo. Segregámoslo por tanto de los demás, concretándonos a apuntar sus nombres y anotando que los cuatro pertenecen al siglo XVII. Ellos fueron Alonso de ,Monroy, Manuel de Molinedo, Francisco Naranjo y Bartolomé García. Como se verá en el cuadro sinóptico,, de los veinte efectivos, 7 episcoparon en el siglo XVI y'13 en el XVII: Pasémosles revista. /

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3o,—Por su condición social, con excepción, acaso de uno solo, Nicolás de Ramos, todos eran de familias nobles, y 'varios, 'de familias. ricas. En algunos, la nobleza tocaba los linderos de la caballería, rango süperior al de la nobleza común, ,como ocurrió en Vázquez de arce,, Cabrera y Córdoba ' y Alonso de Solís. 4o.--Si del aspecto religioso-moral de sus 'ascendientes se trata, dos de ellos no' fueron vástagos legít mos:1.zq}Iez de Arce y Bernardo de Valbuéna, aunque sí reconocidos después y entroncadas en bus linajudas familias. Por sus ijitos personales bien puedé afirmarse que los dos fueron hijos de sus obras. Y no se santigüe por ello ningún pío lector, ,si entre los de esta historia ,los hubiere, .pues tales casos no,fueron del todo infrecuentes en. aquellos, siglas; bastando solo •ci--74--

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tar el nombre del Padre Juan de Mariana, benemérito por sus o'Eras y esclarecido miembro dey la Compañía .de Jesús, pero ,hijo "cTe padre que, por razón de su estado, no pudo,ré-conocerlo" (3) . 5o.—Por su carácter canónico, de los veinte Prelados de Puerto Rico, solamente siete procedían del clero secular, a saber: Alonso Manso, Rodrigo de Bastidas, Antonio Calderón, en el siglo XVI, y Bernardo de Valbuena, Juan López Agurto de Mata, Francisco Arnaldo de Isasi y Marcos Arista, de Sobremonte,, en el siguiente. Los trece restantes eran miembros desórdenes religiosas: franciscanos, Andrés~de Carvajal, Nicolás de Ramos, Hernando del Lobo Castillo, y Bartolomé García de Escañuela ; dominicos, Vázquez de Arce y cabrera y Córdoba; agustinos, Diego de Salamanca y Pedro de Solier Vargas; gerónmo, Manuel de Mercado; carmelita, Alonso de Solís; benedictino, Benito de Rivas; mercedario, Francisco de Padilla-; y trinitario, Damián López de Haro. 6o.—Por su ilustración y cultura, eran graduados en, Universidades" todos los clérigos, con excepción .,de -Bastidas; (4) Los religiosos habían sido catedráticos en sus, respectivas órdenes, provinciales, predicadores y confesores reales, habiendo dos de ellos, Salamanca, y Solier, ejercido el, caigo de organizadores de misiones en México y Filipinas. Fueron, por tanto, las personas más cultas, que hubo ,en,Puerto ico, durante los, doscientos años primeros de su existencia. Licenciados seglares hubo pocos, generalmente de paso o beve estancia, y los Gobernadores, exceptuados dei La Garra, Caraza y Vallejo, fueron todos o militares o caballeros sin carrera literaria. No sacamos aquí en comparación a los .dominicos y franciscanos, entre los que hubo muchos graduados de, lectores, presentados y maestros. 76.—Aspecto interesante, íle nuestros Obispos es la 'prontitud, con que fueroñ p`resentacios nombrados, desde. el pii- , —~-75--


kti► moro e ellos, ,Manso, hasta el últimos Padilla. Prontitud reiatkva, por supuesto, dada las circunstancias y la, escasez de comunicaciones, y esas lentas, entre España y la Isla y entre Roma y España, entorpecidas frecuentemente -por guerras en tierra y mar, lo que no debe olvidarse. Según fué creada la Diócesis, se nombró a Don Alonso Manso. NO cumplida el año de su muerte, ya estaba presentado Bastidás. Renunciaba éste en mayo de 1567 y en junio de 1568, ya estaba preconizado su sucesor Carvajal. Promovida éste a fines dele mismo año, ya era preconizado Mercado, en 1570. Al ausentarse éste en 1577, ya se hallaba en la Isla su sucesor Salamanca. Meses después de renunciar éste en 1587, era nombrado Ramos, y a éste casi le pisó los talones Antonio Caldérón, último mitrado idel siglo XVI. Así que en toda esta centuria, la sede de Puerto Rico no pudo estar más atendida por el Soberano y el Papa, q'ue así demostraron el interés qúe les .merecía. Otro tanto sucedió en la centuria siguiente, qué no detallamós, en evitación de prolijidad, bastándonos tomar nota de ello. 80.—Tras la presentación y preconización, sobrevenía a nuestros Obispos la preocupación de satisfacer el in%pórte de sus Bulas, sin cuyo requisito no se podía d'ar paso adelante. Fruncir el ceño, por la noticia de que habían de pagar una cantidad a la Curia Romana, arguye ligereza de juicio y. escasez de. cultura, pues si en la Ciuda'd Eterna había montada una oficina para la expedición d'e Bulas, en evitación de fraudes y para autenticidad de las mismas, con todas los requisitos y formalidades del caso, necesario se hacía mantenerla en pié decorosamente, y natural, que lo fuera con el óbolo de los agraciados. Verdad, que el Sumo Pontífice era soberafo de unos territorios italianos, mas no era justo que el erario de esos Estados sufragara oficinas.para fuera de ellos. Ahora 'y siempre, los grados universitarios e infrauniversitarioa y sus correspondientes ,diplomas creditivos han sido gra~ --76=--

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badbs con una cantidad metálica mayor o menor, para los que los reciben. Dé lo que sobran las pruebas en ,la historia ' de la educación de la Isla. (5).. 9o.—Ningún reparo ofrecía entonces" la racionalidad, del pago de las Bulas, pero sí los medios para verificarlo. ¿De dónde los electos allegaban los. recursos que el Papa exigía y que ascendía a la suma de más de cien mil maravedíes. Los Prelados religiosos, trece en número, a fuer de tales, no disponían de un mai avedí, y sus religiones que; por el nombramiento episcopal, iban a carecer de sus servicios, no era razonable que les pagaran las Bulas. Lo más que hicieron, qué adelantarles, en calidad de préstamo, el cginero para pagarlas: Y ya vemos que, en el caso del Obispo Rivas, monje de Cardeña, el monasterio hubo de apelar al embargo de los expolios y rentas devengadas por dicho Obispo, al morir és= te, sin haber podido reintegrar el anticipo que le hiciera su monasterio (5). En, cuanto a los candidatos clérigos, les aconteció lo que a Valbuena, que hubo 'de pedir al rey la concesión de los frutos de la vacante, para sufragar sus Bulas. (7): Lo que se acostumbraba, ahorrando demoras, era que la Casa de la .Contratación de Sevilla adelantaba el dinero' de las Bulas, según vemos que lo practicó con Manso y sus compañeros (8) . Mas ,¡ Ay! que estos señores de la Casa de la Contratación y los oficiales de Puerto Rico acosaban `luego a los infelices Prelados, urgiéndoles el reintegro inmediato y total, y amargábañles la: vida, por no serles posible él pago rápido, a, causa de la escasez de los diezmos. Cumplían ciertamente con su deber los oficiales reales, pues las cuentas son cuentas, pero daban con ello lugar a situaciones difíciles. Al Obispo Salamanca le apremiaron tanto, que hubo de apelar al Rey,-"en carta sentidisima de 1579, dos años después de .su arribo. "También me piden el dinero de mis Bulas y cuatrocientos ducados que me dieron en Sevilla para aviarme. Suplico a Vuestra Majestad sea servido de mandarles no __771..


me los pidan por algunos cuatro o cinco años, pues mi pobreza dirá etc.. •. ." (9). 10o.—Pasemos al requisitó de la consagración episcopal. Arreglado el problema del pago de las Bulas, los electos tenían que ser consagrados. Por cierto que la primera consagración de Obispo americano verificóse en la "pobrecilla" iglesia de S'an Juan, a donde vino a recibirla en 1529 el gran Ramírez de Fuenleal. Mas los demás Obispos, comenzando por Manso, fueron. consagradas en Españat hasta 161,0. Con ocasión entonces de la actitud, de Fray Alonso de Monroy qué, consagrado en España, rehusó venir a la Isla, quedándose allá de muy obispo, "el Real Consejo de Indias.., mandó que los Obispos de Indias no se conságrasen en España" (10) . Así pues, de allá vinieron consagrados los; ocho, primeros Obispos; pero Cabrera y los siguientes, hasta López de H. ro, por acá recibieron la unción episcopal (11). Más'prónto. derogó su disposición el Consejo de Indiast como lo hizo con López de Haro, que ya vinó consagrado de Madrid, en 1644,. "y otros lo vienen por el gasto y riesgo, que se ocasioña a todos, de irse a consagrar a otras partes" (12) . ól ~

11o.—Cumplido el requisito dé la consagración, o antes, los Obispos seleccionaban sus familias, o sea,lb`s qué les acompañarían como secretarios, confesor, socios, criados y sirvientes. Venían los Obispos a tierra desconocida, donde escaseaba el personal que necesitaban. Mercado se acompañó de un cofrade para provisor y tres negros sirvientes, y Salamanca de dos religiosos letrados y "ciertos criados. . ; que murieron en llegando a esta tierra" (13) Ponderando luego .la escasez de colaborádores,wañadía: "Si lo supiera en España, como acá lo veo, hubiera suplicado a Vuestra Majestad me hiciese la merced de mandar me diesen más religiosos, con los cuales hacer algo que veo ser necesárió" (14). El Obispo Solier trajo al sacerdote Alonso dé Montoya, un religioso' y On esclavo (15) ; López de Haro, .dos criadós, un religioso —78— w ~


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y un esclavo; (16) Solís, dos capellanes, uri gentilhombre, dos pajes, un criado y un religioso (17). Y así poco más o menos los demás. Personal más numeroso acostumbraban traer para sus Diócesis otros Prelados americanos. En 1674, pasó por aquí un Arzobispo de Santo Domingo con un tren de 21 acompañantes (18). 12o.—Este es el apropiado lugar para ,destacar el hecho honrosísimo de haber estado inmunes de nepotismo los Obispos de Puerto Rico. La mancha tan exténdida entonces de la propensidh prelaticia a acumular rentas y beneficios sobre los parientes, no deslució la capa-magna de los mitrados ,p'uertorriq'ueños. Por supuesto, que no tachamos de nepotismo la adjudicación de un beneficio a un pariente eñ'igúald'ad de circunstancias, con otros aspirantes, pues por serlo, nó ha de ser de inferior condición un déúdo'del Préladó. Mis"en los fastos puertorriqueños apenas hallarnos huellas dé tales deudos. De' los deudos, de que era rmahdado :Manso, en 1532, según Bastidas (19), no hallamos más vestigio que un sobrino suyo, llamado Francisco Alegre, Regidor durante muchos años, Alguacil Mayor en 1574, y que guardaba todavía entonces muchos papeles de la Inquisición (20). El Obispo Ramos abogó porque a un sobrino suyo, Juan de Villanueva, se le otorgara una prebenda de la Catedral de aquí, primero, y luego otra de la de Santo Domingo; pero fué porque de las rentas del sobrino se mantenía, regateándosele las de la mitia (21). 130, El Obispo Valbuena intercedió por un sobrino, pe= ro i qué tal sobrino y qué tal tío! eran elfos para la pequeñez que suplicaba! "El Zicenciado Juan de Villanueva, sobrino mío, es sujeto virtuoso y noble, de buena vida, costumbres y letras. que ahora un año fué• a ésa Corte, por procurador de la Iglesia, y aunque hasta ahoga no tiene más méritos y servicios que los de la aprobación ct'e su vida y costumbres, si los míos de tantos años pueden valer algo en el real acatamien—79--

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to de Vuestra Majestad', le suplico humildemente que, a cuenta de ellos y de los que espero hacer, mientras viviese, a su real corona, sea servido honrar al dicho Juan de Villanueva, en una de estas dignidades, con que' yo quedaré bastantemente premiado en mi deseo, y él desde luego comenzará a merecer por sus buenos servicios, lo que ahora le querría valer por los míos" (22). Bien dicen las líneas transcritas de quién son. A pesar de todo, no lograron'nada, pues no hay huellas pos-. tenores de tal benemérito sobrino en las actas catedralicias. De quien se pudhera formular alguna censura es del Obispo Bastidas, auñque no de nepotismo, sino de excesivo cariño a -_ su anciana madre, si es que puede haberlo en este aspecto, que le hacía permanecer a su lado años enteros, .lejos de su " grey, aunque él se justificaba en 15 de septiembre de 1555, diciéndo "que gobierna, aunque a veces ausente, tan bién como cualquiera" (23).

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14o: Púesto en claro el punto de que los Obispos no venían a Puerto Rico rodeados de parientes, describamos su travesíS, con la que comenzaban sus aventuras. El viaje d'e la flota de Indias no se efectuaba sino una vez aI año, porque la ruta estaba infestada de piratas. Lo que ocurrió en la última Guerra Mundial, alrededor de Puerto Rico y Cuba, donde barco que salía o navío que llegaba era echado a. fondo por lós submá.riños alemanes, ocurrió a las naves españolas en su travesía por el mar ocean infestado de piratas franceses, holandeses e ingleses. De ahí que la flota de Indias venía en conserva, o sea, escoltada de fragatas con los cañones listos. Mas esta flota pocas veces tocaba en Puerto Rico, al sur del cual pasaba hacia Santo Domingo, en cuyo puerto de Ocoa hacía la aguada. Al Obispo Salamanca despacharon a tierra en las playas del Mosquital, cerca dé Guánica, y con todo su acompañamiento, repechando montañas y vadeando ríos, tuvo que hacer el viaje a la Capital. El Obispo Ramos y el Obispo Vázquez de Arce fueron desembarcados en las coz-So—


tas venezolanas. Cuando no hallaban pasaje en la flota ,dé un año, tenían que demorar el' viaje' hasta el año siguiente, como le pasó al Obispo Mercado. (24). Los trabajos y defunciones a bordo no tenían .cuento. De los 14 compañeros que llevaba el Padre Salazar, para Filipinas, vía Méjico; diez no 11egaron a Veracruz. De las calamidades a "bordo en la flota que trajo a López de Hai o, dá él cuenta: "Yó vine con mu: chas incomodidades. . . tardamos en montar las islas Canarias 23 días, á causa de las calmas y vientos contrarios. ... dijeron haber echado al mar de veinte .a treinta de cada navío" (25). ¡Y así, llegó a. San Juan aquel gran Obispo, provincial trinitario, predicador. de Felipe III y .que ,había• rescatado de Argel a 200 cautivos , . . para morir ' te viruelas, én Visita Pastoral, cuatro años después! ¡Y con semejantes molestias y peligros hicieron la travesía los otros 19 mitrados!

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15o.—Por todo lo cual sek puede colegir el sentimiento ¿le alegría que inundaría sus corazones, cuando desde alta

mar comenzaban a columbrar la punta del Morro, y penetraban en la sosegada bahía, ,y percibían el ruido ,de ,las cadenas que se deslizaban por la borda, arrastradas por las anclas aseguradoras, y levantando sus ojos, los posaban en.la concurrencia de gentes qué. cubría la rampa üe1 muelle,a Ja.Catedral, cuyas campanas repicaban a gloria, dándoles la bienr venida. Sí, bienvenidos seáis a vuestro obispado, esclarecidos mitrados de Puerto Rico.

N,0 T A,S. : 1.= 2.— 3.— 4.—

Navarrete, A.: Sínodo Diocesano de 1917, pag. 175. Paniagua, A.: Sin. Dioc., 135-138. Salcedo, A.: ≥<.a Literatura Española, U, 463. Bol, list. III, 229. "El Obispo de dan cuan... llámase Bastidas que aunque no es letrado, es persona de gran capacidad" etc.

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5'.—. Cuesta Mendoza, A.: Hist. de la Ed. I. 6. Br. P. E., 164 v. 7.— Br. P. E., 99. 8.— Tapia, 160 y Br. P. E., 3i: ' n 16 de noviembre de 1570, avisa el Rey que había sido nombrado Obispo Mercado; que sus Bulas `habían costado 137.316 maravedíes, y manda a sus Oficiales de Puerto Rico, que de los diezmos que le pertenecen a diclió Obi3;po en los dos años primeros... cobréis los dichos. Manda el Réy a los Oficiales de Sevilla que adelanten a Mercado 400 pesos de a 375 maravedíes cada uno y valen 150.000". 9.— Bol. Hist. XI, 203. Por grave tenemos el error de Brau,,en Colonización, 250, diciendo que el costo de las Bulas de Manso montaban a 100.000 ducados, no llegando ni a la tercera parte. X10.— Tapia, 472. 11.— Br. P. E., 95. En 11 de febreró de 1616, el Obispó, Solier escribía désde aquí que pronto iría a Santo Domingo para consagrarse. Sabido es que Valbuena lo fué también en dicha ciudad. 12.— Tapia, 472. 13.= La palabra criado no significaba entonces un sirviente, como hoy; sino empleado, generalmente de escaleras arriba. Así Pasdmonte fué criado de Isabel la Católica, Díaz, de Colón y Sedeño, de Pance de León. 14.— Bol. list. XI, 203. 15.— Br. P. E., 95.. '16.— Tapia, 450. ; 17.— Br., P. ., 203, 18.— Br., F. E., 213. l 19.— Tapia, 307. ' ., 1 20.— Br. P. E. 35. 21.— Bol. Hist., In, 49. "No tengo que comer. Suplico a V. M. me yinbíe facultad para que la primera prebenda que en esta yglesia vacare, se la dé al dicho clérigo, al cual Vuestra Majestad hizo ra. cionero de Puerto Rico... porque con lo que él tuviese, él y yo pasaremos nuestras vidas". Demorizi, E. R.: Eelaciones, II, 149. 22.— Br. P. E., 104 v. 23.— Bol. list. III, 229. '24.— Br. P. E., 33. ' ' 25.— Tapia, 410.

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CAPITULO VII.

"OBISPOS -II-"

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lo. A la puerta de San Juan. — 2o. Al bie del altar. — 3o. Casas episcopales. — 4o. Reparadas por López de Haro. 5o. Cucaña y danzas. — Go. Actividad ministerial. — ?o. Por la Isla. — 80. Asuntos de la Visita. — 9o. La de Coamo. — 100. Lo debido a los prelados. lo.—Conocida la tradicional, heredada y nunca desmentida hidalguía, puertorriqueña en la recepción y trato de los visitantes, muy natural parecerá la actitud delj pueblo, ayuntamiento y clero, desplegada en el arribo de los Obispos, visitantes distinguidos por su nobléza, ilustración, cargos desempeñados hasta entonces y la dignidad eclesiástica de que venían revestidos; siendo además de Obispos, miembros del Consejo Real, aspecto de que carecían los mismos Gobernadores y Capitanes Generales. 2o.—Pobre recibimiento el que debió tener el Obispo Manso, al bajar tambaleándose del .barco para saltar a las ce nagosas playas de Caparra. Mas cuando en 1542 llegó su súcesor Bastidas, la población entera fué a recibirlo al desembarcadero de la' hoy Puerta de San Juan. Aún estaba ella por construirse y la fachada de la Catedral no se alzaba majestuosa frente a ella; pero por el repecho intermedio aseen-83-----

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dieron Bastidas, Carvajal y Mercado, para prosternarse en. acción de gracias ante el ara santa. De cómo eran recibidos los Obispos, antes después de erigida la imponente,muralla, nos entera un testigo de excepción, López de Haro, en su,onderada carta "Dta de San Antonio de Padua, a quien yo principalmente y todos los del navío nos habíamos encomendo .. . tomamos este puerto, donde. füí recibido, nó solo con todas las prevenciones que dispone el Ceremonial Romano, ciño con muchas demostraciones de singular alegría" (1) 7`res aspectos revestía el recibimiento: el litúrgico, el popular y el clerical. Preparábase a la lengua del agua un altar y sobre él se colocaban los ornamentos sagrados que había de ponerse el Prelado, mas incensario, agua bendita y un crucifijo, düé sé daba a besar al visitante, incensándolé lueo. Mitra en, cabeza y, báculo en mano, repartiendo benévolamente sonrisas r bendiciones, el Prelado se encaminaba cuesta arriba en dirección a la Catedral, en que sonaban alegretneñte las campanas, precedido del clero y rodeado del pueblo y autoridades, del Gobernador abajo. Difícil se hace; creer que uno solo de los moradores dejaría de concurrir a la puerta de San Juan, haciend'o`sonar en sus labios las palabras grabadas sóbre la puerta de entrada: `Benedictus qui vent in nomine Domini'.' (2) . Si todavía siglos adelante la visita ocasional del Obispo a los pueblos era la piedra miliaria para fechas y acontecimientos ¿qué importancia no revestirían par, los sanjuaneros estas primeras entradas de los !Obispos que venían de la Madre Patria, donde estaban los solares y la .parentela de los vecinos? Llegados al altar mayor y rezadas las preces rituales, el Prelado dejaba oir su voz y -ida'ba la bendición al pueblo. 3o.—Venía luego la segunda parte del recibimiento: El Prelado era condúcido a las casas episcopales, que se habían aderezado para el nuevo morador, vacías desde meses o años antes. "Estando para llegar el nuevo Obispo, leemos en acta —844

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de 27 de mayo de 1653, se acuerda 'asear las casas episcoi a-'' les; y darle de comer por ocho' días, con toda ostentación y lujo y, preparar en la puerta de San Juan el altar acostumbrado" (3). Estos gastos y ptearativos corrían por cuenta del Cabildo, o mejor dicho, de la fábrica de la Catedral, a juzgar por otra acta de 15 de marzo de 1658, cuando se ésperaba al Obispo Arnaldo dé Isasi.: "Al Obispo venidero se le dará de comer, solo cuatro díás, atendiendo a la misérrima condición en que se halla esta santa Iglesia" (4). Las casas episcopales, por otro nombre de la Dignidad, pues la del 'Obispo era la, dignidad mayor, siendo dignidades menores las tres del Deán, Arcediano y Chantre, se levantaban em. la parte norte del área catedralicia, dando sus fachadas a la? Catedral por el sur y a la hoy calle de San José por el éste. Allí estuvo y se conservó la morada episcopal por más det doscientos años, hasta que el Obispo Pizarro, la trasla'dó el 1728, a la donde aún hoy existe, según a su tiempo veremos_ Para aquellas calendas no podían destinarse sitio mejor en toda la ciudad, por la proximidad al templo, del que distabas u=nas cuarenta varas de terreno, sombreado por hermosas palmas y con la perspectiva incomparable de la bahía, costas de Bayamón, Toa y Sibuco y el mar bravío sin límites. Poi entre esas palmas pasearon, y en esa residencia vivieron todos cuantos pontífices empuñaron bácúlo pastoral en Sail, Juan, desde Manso -a Valdivia. Eran propíedad de la Caté dral y por habitarlas pagaban los prelados una renta correspondiente. Restaurólas el Obispo Salamanca, y acusado por el Gobernador Céspedes ante el Rey de haber ocupado en' elló los negros destinados a la reconstrucción de la Catedral, respondió sacudidamente, en 2 de'enero de 1582: "Sobre la acusación de haber hecho mi casa con los negros que Vuestra Majestad me hizo merced para la obra de esta Santa Iglesia,. yo no tengo casa en esta tierra, ni la he edificado. La Iglesia, cuyos sor las casas episcopales, las ha reparado y han. vivido en ella los Obispos por alquiler,, que es de 60 pesos, -' —85—


K por parecenne poco adelanté por cada año 340, de la mone lá` que corre, y lo propio he hecho con las demás cosas,, de que ha tenido necesidad' mi pobreza, y esto hago de ordinario por entender que de ello tengo obligación" .(5).

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4o.--Como otras cuarenta y seis de piedra y 52 de maderas, estas casas episcopales, con todo lo más principal de la población fué derribado y quemado del holandés en 1625, y al llegar 19 años después el Obispo López de Haro, tuvo necesidad de labrar cocina y demás oficinas: "Estrella que siempre me ha seguido", dice, (6). Lo de haberle seguido siempre la estrella de reconstructor, lo dice el Obispo López de Haro, porque, Prior y Provincial de su Orden en España; desplegó especial habilidad para reedificar y agrandar `sus conventos. ¡ Qué placentera situación le pareció la de la morada episcopal Sanjuanera, expresamente lo declara él en la. carta citada, al compararla con la, qué más le había satis= fecho en España: "Al nodo todo de .nuestra casa de Málaga". Como hombre de arranque y que parecía nacido para arquitecto, López de Haro reconstruyó el palacio episcopal en mede tres meses, a contar de su llegada; masa ¡ ay 1 ¿ dónde se guarecería el Obispo Valbuena, que wió negras y agrietadas las habitaciones palaciegas y no era hombre de ploma= da sino de pluma? Y en cuanto a sus sucesores López Agur to y Solís, ambos se pasaron la mayor parte de sti el iscopadq visitando la Diócesis. ¡ Qué tristeza da la consideración de que ni hay lápida que conmemore, ni libro que recuerde . jue, en ese ángulo de las calles de San José y Luna, se levantó la vivienda de más de 25 Prelados Puertorriqueños! 5o.—Respecto a las manifestaciones del regocijo popo-. lar, •en la recepción de los Obispos, fueron más o menos las 'ocurridas a la llegada de López de Haro, de que él da cuenta: danzas, comedias, toros y cañas, que aunque estaban preveiiidas para lá fiesta de San Antonio, se le' apropiaron a él, á quien no se esperaba todavía, por haber llegado su barco, va-

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ribs días antes que la flota. l ntreveradas con estas fiestas,. de regocijo popular tenían lugar las visitas personales J, prelado, de unos por haberlo conocido en España, de otros por ser sus coterráneos, y de todos por el interés y' la reverencia que les inspiraba. 6o.—Sosegados ya los espíritus y descansado el Prelado de los trabajos y molestias del viaje, ponía luego manos á. la obra de su ministerio, 'procediendo casi siempre a la Ordenación de clérigos, escasos en la Isla, sobre todo tras las vacantes, a veces de años. "Luego que llegué, escribe Lopez de Haro, traté de confirmar, habiendo primero consagrado los óleos de que tenía mucha necesidad, .hice órdenes generales y particulares,t con el indulto de Su Santidad, porque había gran falta de sacerdotes. He comenzado a predicar y trato de visitar y hacer Sínodo" (7) . Cuando estas líneas se escribían, no habían transcurrido 3 meses de la llegada de su autor que, tan mal viaje tuvo. Lo propio había hecho el Obispo il<Iercado; llegado en 25 de marzo de 1572, pues en sus primeras cartas ya daba cuenta "de cómo abía comenzado a visitar el estado eclesiástico y seglar de esta ciudad..., y puesto estudio" (8). Su sucesor el Obispo Salamanca vino desde el Mos güital, haciéndose cargo de los hatos y rancherías esparcidos por la isla y trazando el plan de agrupar en pobrado á sus mo. radores. Los Obispos Vázquez de Arce y Ramos, aún antes, de arribar a San Juan, ya atrevesaban la diócesis practicando la Visita Pastoral. De sí mismo escribe el Obispo Valbuena,, que arribó de Santo Domingo a San Germán;."Luego que tomé puerto en la Isla entré visitando sus iglesias y administrando el sacramento de la Confirmación, de que .tenían mucha necesidad, ppr haber varios años que carecían de él. En esto gasté la mayor parte de la Cuaresma hasta; que ál fin llegué esta Catedral a la consagración de los Santos Oleos y otros actos pontificales que son de aquel tiempo" (9). De visita hallamos al Obispo Vázquez de Arce en San Germán, en 1607, —S7-

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y ál Obispo Padilla, en 1686. El Obispo Sobremonte, al visitar el Cabildo de la Catedral en 1680; prescribió unas Constituciones que tuvieron vigencia hasta fines de la Colonia.

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7o.--Cuando el Obispo salía de visita; lo anunciaba por edicto a la Diócesis y nombraba un Gobernador de ella en su ausencia, para que el despacho de los negocios no sufriera retraso, a causa de las dificultades de comunicaciones que entonces había. En el día y hora señalada se dirigía a la Catedral desde su Palacio y rezadas las preces litúrgicas, se despedía el pueblo y autoridades allí reunidas y emprendía el cl`escenso hacia el embarcadero de la Puerta .de San Juan, desde donde la nave portadora le llevaba por mar a. . . . donde iba: Arecibo, San Germán, Costa Sur .de oamo o los Anejos. La visita y estancia del Prelado en las parroquias ya sabemos que hacía época en los pueblos, que de ella se servían para fijar la fecha de los sucesos más iniportarites. No se limitaba la visita a la inspección del templo y administración de sacramentos de la Confirmación, sino que se extendía detenidamente a la averiguación de la, observancia de la ' religión y modo de vivir de las familias. Los malcasados se arreglaban, los matrimonios separados se ajuntaban de nueve, los amancebamientos se cortaban y las disoluciones públicas eran remediadas. Era como una efectiva cazripaña sanitaria de moralización. 80.—He aquí los puntas más importantes a que atendía la Visita Pastoral, siempre acompañada de un notario oficial que levantaba acta de todo: 1.--Visitábase el Santísimo Sacramentó, su cdnaervación y administración a enfermos; ~ 2.—]Ca Sacristía, sacristanes y ornamentos; 3.—Los altares, cuadros e imágenes; 4.—Las fábricas, capillas, ermitas y hospitales; 5.—Las cuentas de los Mayordomos; 6.—Las heredades y predios eclesiásticos; 7.El cumplimiento de las disposiciones de anteriores visitas; 8.—Las fundaciones y ó~ras pías; 9.---La conservación de los bienes eclasiásticos.; --88—

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1 10.—Las memorias pías, mandas y su cumplimiento; 11.=— , El cumplimiento por los curas de sus, obligaciones; .12.—Si se enseña la doctrina cristiana a tenor, .del Concilio Trideñtino 13.—Sobre la asistencia a los enfermos y cumplimiento de sus últimas disposiciones; 14.--Sobré las matrículas de los_ confesados; 15.—Lo referente a los beneficios y capellanías ,particulares; 16.—Sobre la conducta de los aspirante a clérigos y sus títulos de ordenación; 17.—Sobre ks clérigos vagabundos, las misas y su celebración; 18.—De los maestros y, escuelas; 19.—Si hay pecados públicos; 20.-Instrucción de las comadronas; 21.—Si se habían hecho obras sin licencia; 22.!Visita a las iglesias y ermitas en despoblado; 23.—Casamiento de amancebados. Había para el caso un formulario de 24 preguntas a que' respondían los feligreses llamados (10) . ~

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9o.—Nada tan, conducente para ver e informarse del procedimiento seguido en las visitas pastorales, como el acta de la del valle de Coamo, en 1661, que mucho agradará leer a nuestros lectores: —En-el Valle de San Blas de Íllescas de Coamo en veinte y siete de Febrero de mil seiscientos sesenta y un años, el' Illmo.y Revmo. Sr. Dr, D. Francisco Arnaldo de Issassi, 'mi Sr., habiendo llegado a dicho Válle como á las cinco de la, tarde, Domingo, donde le tenía el P. Cura Capellán Diego Her nández un altar prevenido, un poco apartado de. la. iglesia,. para .su recibimiento, allí se apeó el. Obispo mi Sr., tomó bacu• lo y mitra, y adoró la Sta. Cruz, y la incensó y el cura ca= pellón se la dió a besar á Su Sría. Illma, y ,lo incensó. Después en forma de procesión, cantándose el Ave Manis Stella, fue para la Iglesia y entró en ella, hizo oración y el P. Capellán le cantó la oración de su recibimiento: después los exhortó el Obispo mi Sr, á todos', y dió á entender á lo que venía, y les previno á todos Se juntasen en. el miércoles siguiente, que era de cenit ' --89— J


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za, para que oyeran el Edicto general, y con esto se fué á descansar á su posada, que le tenían prevenida. Otro día, como a las ocho de la mañana, fué el Obispo mi Sr, á la Iglesia y. dijo la misa, y visitó el altar mayor y oró, y acabada la misa, tomó el báculo, y mitra y en forma de procesión, cantando un responso con ,dobles de campana, .entonó un responso por todos los sacerdotes difuntos, y entonando 'otro en el cuerpo de la Iglesia, y después otro en el otro lado, por, todos los fieles difuntos; y porque la Iglesia no estaba acabada, porque se estaba obrando en ella, no tenían colocado el Señor, ni estaba en la dicha Iglesia que lo tenían en la permita de'' Ntra. Sra. de Alta Gracia, dispuso su Sría. dónde habían de hacer la Pila`.. . Al otro día, fué á la Herrriita y visitó el Stmo. Sacramento, que la. . .. y aseo, y estaba para colocarlo. . viril de plata con sus vidrieras muy curioso y aseado en un cáliz de plata muy curioso, y tárribién estaba den,tro ce la caja un depósito de plata muy bueno: allí 'incensó el Stmo. el Obispo mi Sr. y lo .dió á adorar, cantando el, Tantiin erg''o Sacramei tum. Así mismo visitó los santos óleos que los pidió. al P. Capellán y sacó una cajita en que los tenía, y hizo demostración dé ellós, los' cuales estaban en un vaso de plata muy curioso; el uno era el santo óled, el otro de crisma, el otro~ixifirmorum, y los halló muy bien sebados con sus pajuelas. Así mismó, día de ceniza, se leyó el Edicto general a todos a la mida mayor, después del Evangelio, y después predicó el Obispo mi Sr. un gran sermón, y la tarde se' hicieron confirmaciones á cosa ú'e las cuatro, y se confirmaron treinta personas. Otro día se confirmaron sesenta y seis personas. Otro día se confirmaron setenta y tres. Otro. día se confirmaron cuarenta personas Otro día se confirmaron cuarenta y ocho personas. Otro día se confirmaron diez y siete personas. Otro día se confirmaron veinte y ocho personas. Así mismo visitó el Obispo mi Sr. todos los testamentos y los ajustó, y las cofradías y capellanías que siive el Padre Cura, y visitó la Hermita •de Nuestra Senora de Alta


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Gracia, .y vió todos sus bienes por inventario, y todos lose bienes de esta Santa. Iglesia: hizo algunos casamientos que no se hubieran hecho menbs que con su persona, y refrendó los asientos de entierros, y dió algunos títulos en esta Ssütá-Iglesia: así mismo visitó los libros de= bautismos, casamientos y entierros, y los mandó hacer y que se asentasen las partidas.. . así mismo instituyó la cofradía de S. Pedro, y dió "título y Cons.. ...licencia al P. Cura. ., de la doctrina cristiana a los niños y negros, y encargó mucho esto al P. Cápellá'n y Cura de aqueste. valle que es el Ldo. Diego Hernán dez Batista. Así mismo bendició la santa Iglesia que se hizo nueva, y predicó el' Obispo mi Sr. ese día Domingo catorce de Marzo .de 1mil seiscientos ,sesenta y uno, y dejó colocado al Smo. `Sacramento en ella, y á la tarde hizo confirmaciones, y confirmó dieciseis personas. Constituyó Cofradía la de 'la Limpia •Concepción; dió las gracias al ,P. Diego 'Hérnándéz~' 3atista, Cura. Capellán de ,aqueste. Valle, por lo bien que ha acudido á su oficio y obligación de la administración, y que no se le ha hallado en esta visita general cosa contra él, sing que ha vivido como buen ministro Sacerdote y -así se, lo tencarga el Obispo mi Sr. para lo de adelante; 'y hizo, ponér todo aquesto en este auto general para que onste: así ,lo provg,~ yó, mandó y firmó. (11) 10o.—Esta visita la repitió el Obispo tsasi en todas las feligresías existentes en aquel tiempo, y vuelto a la ciudad pasó a mejor vida,a los dos meses cabales, y haciendo escasamente dos años que había llegado a la Isla. Leemos en el Episcopologio portorricense que: "por exagerada puntualidad en inateriá de ritual y etiqueta en las fiestas de tabla, dió lugar a que el público siguiendo 'al Gobernador don José y Noboa y Moscoso, abandonase el templo en dichás fiestas, no teniendo el predicador a quien dirigir la palabra" (12)'. Cuando este hecho sucedió, ya el Obispo Ísasi yacía en la sepultura. Como quiera que sea, los prelados de Puerta Rico, de Man--=91

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so a Padilla, recorrieron en todas direcciones, la Isla, afirman. do en la paz social y en la rectitud, moral a sus diocesanos. A ellos se debe en máxima parte la consolidación en los buenos hábitos y costumbres de nuestro pueblo.

NOTAS:,

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3.— Tapia, 451. 2.— Tapia, 501, ACSJ, I, 25. Por cierto que nos intriga este acuerdo, pues por entonces no había más Obispo preconizado que el dominico mejica_ no Francisco Naranjo, el cual no vino, y si tomó posesión en la persona de Torres Vargas, fué bastante después. (ACSJ, I, 36. yJ, ¿Obedeció el acuerdo a algún rumor de venida qug falle? 4.— ACSJ, I, 47. Er:, P. E., 54 V. 5. 6.— Tapia, 452. No parece del todo exacta la afirmación dei Episcopo, logio portorricense página 141, de que levantó de nuevo or palacio episcopal. 7; Tapia, 456. 8.— Br. P. E„ 30. Br., . 'E., 99 V. Y L10.— Sin. Dloc., 137-154. 11..— Bol. Hist., IV, 162. _ 12.— ACSJ, I, 56 v.

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1 CAPITULO VIII. "LOSA OBISPOS _ III" 1o. Desavenencias naturales. —2o. Cómo deben tratarse.3o. Triple clasificación. — 4o. Gobernadores no letra= doss — 5o:Gobernadores .novatos. — 6o. Eranlo Cambien les Obispos. -- 7o. Aspereza de lenguaje. — 80. Laudo y Mango. — 90. Gobernador Vallejo. — 10o. Temor a las censuras. -- 110: Casóse al fin. 12o. Tres lustros después. — 13o. Melgarejo y Salamanca. -- 14o. Sancho de Ochoa y Vázquez de Arce. — 15o. De parte y parte. — 16o. Corolarios. 1o.—Tanto se ha especulado por los historiadores nativos sóbre las relaciones mantenidas entre Obispos y Gobernadores de Puerto Rico, que nos obliga a enfocar la atención sobre ellas. Lijero dé juicio será quien manifieste extrañeza y se escandalice de que, en ocasiones, no fueran enteramente cordiales y acabaran en ruptura y quejas a la superioridad. ConnaturaL es a los hombres la diversidad de criterios; en muchos asuntos de carácter práctico, y por eso se es~ablecie- ~ ron apelaciones y tribunales superiores. ¿Existen carreteras sin curvas y ríos sin obstáculos y retorcimientos? 2o.—Por lo que hace a las fricciones habidas entre las primeras autoridades eclesiásticas y civiles, bien pocas en —93--


número y escasas en importancia ciertamente, uña cosa nos ha perecido advertir, a saber: que, con excepción de tal o cual historiador, los demás generalmente se parcializan por las civiles, o. mejor, militares. Efecto, a nuestro juicio, del resabio anticlerical, muy marcado en algunos de ellos, o acaso, más todavía, de la .irreflexión e ignorancia. A fuer de historiadores, aunque modestísimos y de última fila, y tal vez por ello mismo, a nosotros el bastón y el báculo nos merecen pareja simpatía e igual consideración, por tratarse de lumbreras que fueron del cielo de la historia puertorriqueña.

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3o.—A tres pueden reducirse las controversias eclesiástico-civiles, surgidas entre nuestros obispos y gobernadores, durante las dos centurias, que en este libro historiamos: por razón de la Inquisición, por motivo del Patronató y por competencia de jurisdicción ordinaria. De las primeras, limitadas al episcopado de Manso, ya ,hicimos mérito en capítulo de la Inquisición. De las dos restantes, nos ocupáremos en el presente, entremezclándolas cronológicamente. 4o.—Como dilucidación previa y con toda la consideración que merecen•los Gobernadores que fuerón de Puerto Rico, notaremos que la casi totalidad de ellos fueron soldados, es decir, hombres• sii cultura universitaria y sin refinarniéntos sociales. Por el brillo del acero, habían ascendido hasta las alturas de la gobernación cívico-militar de esta Isla. Como plaza fuerte y en frontera de guerra, desde mediados .del siglo XVI, Puerto Rico estuvo siempre gobernada por soldadós, antiguos e intrépidos capitanes de caballos o de navíos. Graciosa fué la ocurrencia del Gobernador interino, Don Juan cle Solaños, en 1642, al reembarcar en Arecibo a Don Juan Melgarejo, enviado en calidad de Gobernador, por la Audiencia de Santo Domingo, a saber: "Que las plazas de frontera ño se habían de fiar de quien no entendía de guerra" (1). Verdad es que algunos obispos, como Mercado y, Salamanca, insistentemente, pedían que, los gobernadores, fueran letra-


dos, llegando a decir que las cosas de la guerra se podían aquí resolver fácil y~ prontamente, no así las del gobierno interior. (2) Pero es que ellos, lob Obispos, de artes bélicas debían entender harto menos que de Artes liberales. Como quiera que sea, por tal deficiencia de letras, de que adolecían los Gobernadores, se les ordenó que no pronunciaran sentencias ,de carácter civil, sin antes asesorarse de .letrados. Por no haberlo hecho un Gobernador, cuando despoje a los herederos de .Ponce de León del Patronato sobre la capilla mayor de Santo Domingo, su resolución fué anulada y casada en el Consejo de Indias (3). 5o.—Fueron, pues, nuestros Gobernadores en su mayoría hombres de campo y cuartel, ,no de pluma y palacio, con. la particularidad agravante de. que ' 'el que viei e aquí a gobernar no lo ha hecho en otra parte", según afirmación de Salamanca, en carta al Rey de 6 de abril de 1579. (4) Es decir que eran novatos. En razón 'de ello, llegó a decir Brau, coi mo resumiendo un juicio crítico de las fricciones epíscopogubernativas que "más de una vez recibiéron• los gobernadores .de los frailes diocesanos leciones de diplomacia, de previsión gubernativa y de decoro social" (5). Amargamente se quejaba a la Corte el' Obispo Escañuela, en 3 de mayo de 1673, diciendo: "Al cayado episcopal o lo pisañ .o lo' qúiebran" (6). 6o.—Cierto que también eran nuevos en el- cargo los Obispos que venían aquí, con excepción de Bastidas y de Lobo Castillo, pero el medio eh que se habían educado er"a el escolar, el palaciego o el régimen monacal de altura, como lb evidencia la galería de los 20 Prelados venidos en lbs siJ glos XVI y XVII. 7o.Tambiéu debe tenerse en cuenta, al examinar los rozamientos hábidos entre ambas autoridades, la particularidad de lenguaje de los querellantes, especialmente los civiles, que era agrio, asperísimo y quemante. Sin resuello se que —95--


da a veces el lector, al leer ciertas imputaciones de los funcionados civiles contra los eclesiásticos, lo 'misnio aquí que én otras regiones americanas. Sabe por ejemplo todo el mun, do quién fué Alejandro Geraldino, Obispo de Santo .Domingo, (15i6-1524) conspícuo humanista y, más conspicuo palacie. go de, las cortes de. Fernando y de Carlos. Pues véase lo que sobre él escribió el Licenciado Figueroa, Gobernador de Santo Domingo, el 1 de julio de 1520.: "El Obispo Geraldino que acá está es del todo inútil. No tiene más inteligencia que. un niño: Necesita coadjutor". ¿Y todo esto por qué? "Una noche a las diez, hube de salir a despartir .a su provisor y clérigos que se alanceaban con los oficiales d'e la ciudad, sobre un preso, e porque no le. consentí repicar campanas ,e' allegar coronados e hice algún castigo en quien repicó, está quejoso de mi" (7). 80.—Pasándó por alto'var as incidencias entre .el primer Obispo y el enjambre de gobernadores que, como meteoros se sucedieron en los primeros `años de la Colonia, que se hallaba en evolución contíñua, llegamos a la situación .de tirantez ocurrida entre las dos primeras autoridades, en 1534 y' '1536. Era por entonces' Gobernador Don Fránciseo Manuel de Lándo, cuya -gestión al frente de la Isla .parece haber sido laudable. La desavenencia provino de querer. el Obispo . sustraer a sus negros sirvientes del rigor de unas disposiciones dadas por Lando contra los africanos que andaban levan. tiscos, y luego a sus familiares, de la jurisdicción ordinaria en .delitos comunes. Una competencia de fueros, 'como 'la que observamos en nuestros mismos días, pero en la que Manso fué criticado del Rey, por haberse excedido en los medios utilizados para resguardo de su autoridad. Anotamos sin embargo que, en los seis años del gobierno de Lando, no aparece qué húbiera otra contienda alguna gravé con el Prelado. ~' 9o,—Unos quince años después nos habla la Historia del choque habido entre ambas autoridades, o sea el Obispo o ~-96—


su Provisor y el Gobernador Valléjo. En eté 'da5ó: Se ti?átá del derecho de asilo. Por complacer a. un amigo, Vallejo metió en'la cárcel a un 'individuo que no había terminado cier. tos servicios del tal. Llegó la festividad de Jueves'Santo, en que todo el mundo ,con inclusión del earcélero acudió a lar Iglesia. Aprovechando la soledad, el preso ,désatóse de las amarraduras, salió á la calle y se refugió en el templo, píe= cisamente debajo del monumento. Viéndose burládo el 'Go= bernador montó en cólera, y acompañado de sus esbirros, au= daz y sacrílegamente, penetró en la iglesia y éxtrájo déi es= coñdite al asilado, conduciéndole nuevamente a la cárcel y propinándole allí soberana paliza, a usanza y concbráancia de las costumbres de antaño, de las que aparentemente .ná desentonan las de ogañó, de vez en cuando. Coil ello incurrió el Gobernador en fragrante violación del derecho de asilé; sancionado por las leyes, del que quedan hoy remembranzas en las Legaciones y Embajadas de las naciones. Como se ve,• el derecho dé asilo era un escape y amparo en beneficio dei perseguido, a veces injustamente, más bien que una prerrogativa del clero, que no reportaba de ello beneficio alguno, no incomodidades y molestias, por la presencia en el templa del huésped asilado, como largamente se expone el caso en el .Sínodo del 1645 (9). Sancionando la violación, .a, temor de los• cánoñes de la .Iglesia y de las leyes del Reino, el; Provi'soi~ de Bastidas_ lanzó excomunión mayor contra el Gpbernador~ poniéndole fuera de la comunión de los fieles. Arrebatado de ira el Gobernador ,llamó a su presencia al Provisor,, y, pena de embarcarlo, le demandó que lo absolviese, consiguiéndolo con tal amenaza. Embarcar a uno entonces, era ponerlo en manos de los piratas. Narrando este hecho; se frown 1ás manos de satisfacción algunos historiadores; como celebrar= do el triunfo del poder civil sobre el eclesiástico. No tal, sinb la violación de un derecho, de un fuero del pueblo. Como=güi'éT ~á que sea y tratando de parar el golpe que de la Corte pu= diera venirle, he aquí cómo narra el suceso dicho Gobéia= _97=

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dor: "Aquí. no para clérigo; por las molestias de un Provis.r muy apasionado 'y poco letrado. Como el Obispo está fuera de la Isla, es absoluto. Saqué yo cierto delincuente de 'la Iglesia justamente y me descomulgó el Provisor y puso en entredicho la tierra" (10). El Provisor que ya venía siéndolo tres años antes, era tenido en alta estimación por él Obispo' Bastidas, (11).. Por cierto que éste, tratando de la absolución otorgada bajo tan severa amenaza; graciosamente añade que él la hubiera concedido también, por nd verse a las pocas horas entre los dientes de los tiburones o colgado del palo mayor por los piratas, rabiosos herejes generalmente: 1Oo.—Dejemos a los sabios canonistas ventilar la cuestión de si fué o no válida la absolución impartida, bajo tan grave amenaza. Bástanos a nosotros tomar nota de dos cosas: 1 que la irritación del Gobernador Vallejo por la censura y su exigencia de inmediata absolución revelan que era. religioso y que la temía; 2a. que dé su carácter arrebatado dan testimonio el Tesorero Cristóbal de Salinas, a quien por replicarle "le metió preso en parte dañosa a su salud" (12), y los Regidores de la ciudad, que ,se quejaron "de las vejacionés dé este Gobernador" (13). 11o.—Al fin debió irse amansando poco , a ,poco el bravo Gobernador, casóse con una hija del país y quedóse a vivir en. la tierra, como lo hicieron nó pocos otros gobernadores (.14) .. 12o.—A los tres lustros de la controversia anterior, vino aquí de Gobernador Don Francisco Bahamonde de Lugo que tuvo algunos rozamientos con los Provisores del Obispo 13astid'as, de los que habla con notable acritud en los descargos que presentó, al sincerarse en el juicio de residencia. Su lenguaje es muy propio de un "Capitán de caballos de Flandes" (15) y sus procedimientos tan duros 'y horripilantes, como '.el tiempo lo consentía, de acanalar y sajar los pies de los# qúe —98—


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se empeñaban en escaparse al Perú (16) . Sin embargo ae ello, no le faltó razón en quejarse, á requerimiento del Protector .de indios, del Provisor Cristóbal de Luna, cuya deposición logró del Obispo Bastidas, por desafueros cometidos contra unos infelices indios. Mas fué hombre recto, ju~ticíero, austerísimo en sus costumbres, y tan ajeno de lucrar indebidamente, que al embarcar de regreso, pudo- decir con. verdad, que salia pobre y no llevaba nada de Puerto laico (17). 13o.—Una década después, registra la Historia un choque fúerté entre el Obispo Salamanca y el Gobernador Meh gárejo, que viino de Santo Domingo, nombrado interinamente por la Audiencia, a fines de' 1581. De él escribe Salamanca pocos día, después: "Melgarejo muestra poca experiencia, para hacer justicia templada con misericordia. No se requiere con gente tan humilde y acorralada en un palmo de tierra cercada de mar., Menosprecia clérigos y frailes, no queriendo guardar las inmunidades" (18). Del mal trato a clérigos y frailes debió propasarse a tenerlo con el Prelado, por ],o que éste le formuló acusación ante la Real Audiencia, al parecer sin resultado, según el testimonio del Arzoibizpá de Santo Domingo, en carta al rey del"20 de enero de 1585: "El Obispo de Puerto Rico me ha escrito se va a España, por lo que con el dicho Melgarejo pasó, viendo que la Audiencia no lo remedia ni Castiga". Pocas líneas antes había escrito: "Un Juan Melgarejo, alguacil mayor de esta ciudad, persóña que de tratar mal y descomedidamente a Obispos tiene experiencia, porque es' el que con el Obispo de Puerto Rico hizo eso, con mucha demasía" etc. En qué realmente consistióx la fricción .no lo sabemos. Este es el Juan Melgarejo que casó con una hija de Ponce de León y que a su vez fué padre, del Juan Melgarejo y Ponce de León, Oidor más antiguo de Santo Domingo, en 1642. Fué también el Gobernador que suscribió la Memoria del bachiller Santa Clara y de Ponce de Leen en 1582. —99-

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` 14o.—Fuerte con.1 roversia. hubo también en .los inicios, de la,décima séptima centuria entre el Obispo Vázquez de Aré y el Gobernador Sancho Ochoa de Castro. .: "Capitán de. ~t. galeones." (19). Dejemos a un lado su conducta introduciendo "los créditos que se dan a los soldados. • ,. destrucción geñeral de la tierra" por no caer en el ámbito de nuestra .historia •(20) , La fricción surgió, por oponerse el Gobernador aque el Obispo legitimase las uniones de los militares con criollas, algunas de la nobleza y las más mulatas e hijas del pueblo. Rigurosamente estaban prohibidas .ellas por motivos .bélicos, atendibles en todos los pueblos colonizadores, pero sobre las razones del código militar pesaban más las del .orden toral ,y aún social,,en la conciencia del Obispo, qué, rompiendo peor tódó bdnilécía tales uniones, ya que. castidad. ,de: érenitas no se iba a exigir a losásoldados y vivir amaxcebados no les era lícito. Blandió el Gobernador el código militar con .graves amenazas al Prelado de .exhilarle .o» privarle .de sus ."rentas, y esgrimió el Obispo el Código cristiano, conminando al Góbernador con ponerle fuera de •la ley, cristiana. Truenos hubo muchos y retumbantes, pero los rayos no llegaron a` os~del. fulgurar. La, tempestad fué .a deshacerse en„los,.es Cd~ sejo de Índias, donde parte de razón dióse al Obispo •y , parte de la misma al Gobernador. 15o.¿Hay algo en este rozamiento que-pueda escandalizar sino a los ignorantes e intonsos? Antes nos páréce lúe entrambas autoridades cumplieron eón su 4debér, áF,cúal bieran faltado, procediendo de diversa manera. Una falla notanios en la gerencia -del Gobernador: qué-trató ciiáftéleseá.= menté a su antecesor en el cargo, que se había domiciliado en el país, levantando una honorábilísima familia, la -de 1VIé= néndez de Valdéz. Además si hubiera prevalecido el rigor ;de las ordenanzas, nonos ufanaríamos hoy del gran cronista Torres Vargas, hijo de militar- y criólla (21). Gran repúblico, nos dejó las Casas Consistoriales y la fuente junto a la casó l

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y fuerza de los gobernadores Sancho de Ochoa, señor de la casa y solar de •los hombres de Salvatierra én Vizcaya (22). Y en cuánto al Obispo Vázquez de Arce; recuérdese'gue 1ég& a,la.Catedral toda su hacienda de más de veinte mil ducados, más p-na gran sarta de perlas (23).,Si a cualquiera de iba lectores se le ocurriera :alzar la voz' para proclamar que geñerosa y merecidamente hay que otorgar indulgencia a los que, como nuestros protagonistas, así beneficiaron al país, nada absolutamente podríamos objetarle.

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16o.--Para concluir este capítulo y dejando á un lada otros casos más dé dificultades `surgidas en las velacionéa eclesiástico-civiles, como las habida,s en tiempo del Obispo Padilla y del Gobernador Noboa,quereinos traer a cuento lo que acerca; de estos tiquis, miquis se acostumbra decir, a saber: que revelan 'la puntillosidád del carácter español en 'las 'edades pretéritas, etc. Pase que así. fuera, pero advirtamos: 1o. que el Cabildo catedrálicio se integraba casi, totalmente y siempre de sacerdotes nativos; 20. .que Obispos como Padilla., Vázquez de Arce y otros eran. americanos; 3o. que las solemnidades religiosas de entonces ,eran también sociales y casi únicas; 4o. que entonces, ahora y siempre, estos rozamientos. ocurren frecuentemente en razas diversas y países distintos, por razones o motivos de etiqueta; 5o. y Altimo, que en la histórica conferencia de Viena, en 1814 predecesora de la ONU y UNESCO, tantas fueron las peleas entre los vivaces franceses, flemáticos ingleses y graves. austríacos —todavía no contaban los americanos— por la precedencia y presidencia, que al fin tüvier'on que cederlas al Nuncio papal, lo que todavía está en vigor en las ,Cancillerías, de la diplomacia. Y si hoy 'no se riñe y pelea, por etiquetas y preferencias, sí se pelea y debate por mercados, puntos estratégicos, bases militares y zonas de influencia, es decir; 'por imperialismos y materialismos. Lo que nos evidencia que -ia— die•está sin pecado, que la humanidad es siempre la misma;eia


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el fondo y. . . . que nuestros mayores tuvielQn más de pala xnas envidiosllas que de lobos devoradores y carniceros. -NOTAS

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1.— Tapia, 427.. 2.— "Resulta suplicar a Vuestra Majestad sea servido, cuando enviase a esta tierra Gobernador, sea letrado, porque las cosas de la guerra se dejan entender con poca práctica en tierra tan angosta como ésta, y en las cosas de la judicatura se padece gran trabajo y, más costa de la que ,los vasallos de Vuestra Majestad pueden sufrir, porque como no hay letrados en él gobierno, ni en ninguno de los jueces jurista ninguno que dos encamine, no satisfacen las sentencias que agtú se dan y esles forzoso ir a Santo Domingo para la defensa de su hacienda, y cuando salen_ cork su intento, han sido\muchas más .las costas que lo que monta el principal". `(Carta de Mercado, Brau, P. E. 32). C 3.--, Brau, aol., 492. 4.— Brau, P. E., 47: "Tambiéñ escrebi a Vuestra Majestad dando abiso de una cosa que cada díá boy conogciendo ser más necesaria a esta x,sla,' y así la tornó a suplicar de nuebo con particularidád ynstancia, y es que los Gobernadores que. Vuestra Májestad aquí enviese sean letrados, o se les pongan tenientes que lo sean, porque en tierra donde no hay ningún letrado ni lo a abido' de mu-, ' chos acá es grande ynconveniente que gobierne une caballero mozo sin letras ni experiencia, pues el que aquí •bien a gobernar, no ló ha hecho en otra parte. Esto mismo pide .a Vuestra Majestad, de muchos años atrás, esta tierra y a ella ymbió hombre propio que le procurase a esa corte" etc. (Bol. fist. XI, 200) 5.— •Brau, Bol. fist,, X, 227. 6.— 'Ítionegro, F.: "Relaciones de das Misiones de los Padres Capuchinos en Venezuela" (1650-1817.) 7.-= D. Í, de Indias, 1, 418, 19. 8.-- Brau, Col., 416. 9.— .Sin. Dioc:, 121. ' 10.— Tapia, 348 y 349. 11.— Brau, P. E., 15 V. 12.Tapia. 349.

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13.— Tapia, 351. "En un navío que de aquí partigitiabrá un año y -se perdió decíamos de las vejaciones de este qaülernador". 14.- Tapia, 451: "El Gobernador de esta Isla cas5 s tiempo ha cQr* 'una hija de Alonso Pérez 1Vlartel, Regidor de esf t ciudad". 15.— Tapia, 476. 16.— Bol. Hist. XI. En su bando de julio de 15P prohibió la salida de la Isla "so pena de la vida, si es hombre:Áde baja suerte y si de más calidad pena de 200 azotes o la terce a parte de sus bienes". 17.— Tapia, 477: "Acabando su gobierno qué ,. España, tan pobre que una vuelta de cadena que solo tenía, sé la dió... a la mujer de un sobrino suyo dicienclh: ''señora, nü me agradezca el darle esta cadena, que no lo hago por servirla, sinó por decir cori vepdad que no llevo nada de Puerto Rico". 18.— Brau, P. ., 54v. 19.— Tapia, 460. 20.— Tapia, 481: "Créditos es anticipar la paga a los soldados, dán_ dolas eri drogas, 'a más de su justo valor. 21.x- Tapia, 980. s 22.— Brau, P. E., 92:

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CAPITULO IX

"OBISPOS -IV-" 1o. Materia del capítulo: —. 2o. Dl Consejo de Su Majestad. — 3o. Actuación de Mercado en 1573. — do. Continuada en 1575. — 5o. En la escala del barco en 1577. .6o. Por qué no se perdió Puerto Rico. — 7o. Agenciando pobladores. — 80. Describiendo la Isla. — 90. A lo largo y ancho. — 10o. Ganaderías. — 110. Precio de la carne. — 12o. Padilla pide cien familias canarias. 1o.—Vamos a hacer materia de, este capítulo la cooperación prestada por los Obispos a la población y buen gobierno de la Isla, Aspectc éste que interesa por igual al creyente y al que dice no serlo, en su calidad de hijos de Puerto Rico o amantes de su pasado histórico. 2o.—Por su condición de miembros del Consejo de Su Majestad, los Obispos podían y debían sugerir á los gobernantes de la nación los medios estimados más eficaces para el bienestar y prosperidad de lá Isla, lo que realizaron todos a plenitud, y hasta con superación algunos. De la- participación en él estaban excluidos los gobernadores de la Isla, por may capitanes generales que fueran, lo que evidencia, la prestancia y relieve de los Prelados, en los centros dirigentes de la nación, que se explica por: la acentuación del sentimiento —105-


religioso y por las prendas de talento y gobierno de los Pr~L lados eclesiásticos. 3o.--Reduciremos a tres las -gestiones altamente benL ficiosas de los Obispos de Puerto Rico, a saber: en relación con la formación de centros urbanos, con el foménto de la riqueza pública y con la gobernación de la Isla. En cuanto á lo primero, a é11os se debo la constitución de importantes centros urbanos. El primero en propulsar la medida, fué el Obispo Mercado, desde sü arribo a la Isla. La reconoció toda, a pesar' de la carencia de comunicaciones y estadó selvático del país. En 8 de septiembre de 1573, consignaba ex~ 'barca al Rey: "Visitando la Isla he hallado que había grandísima necesidad de hacer otro pueblo más ,de los ,que había, casi en el riñón de la costa, así para el resguardo de ella y de toda la, Isla, como por recoger a más de 30 vecinos qué hallé derramados y muy lejos de poblado; sin iglesia, ni clérigos, ni oir misa en todo el año, ni recibir los sacramen'tos de la Iglesia y finalmente como salvajes, aunque españoles de nación casi todos. Véase esto, que entiendo será negocio de que Vuestra Majestad será servido y la tierra aprovechada" (1). Acabábase de ,asentar definitivamente la villa de San Germán, peregrina hasta entonces desde 1528, por varios lugares, acosada de caribes y piratas. El Gobernador Francisco de Solís no se preocupaba de fundar el tercer pues blo necesario, fatigado por los quebraderos de cabeza que le causara la fijación del de San Germán. Mas el pastor de almas, dolido del abandono espiritual en que más de 30 vecinos 4e la banda sur vivían, sí puso empeño en reunirlos en lugar común, "para resguardo de la costa y de toda la Isla". 4o.--Firme en su propósito continuó llevando a ejecución el agrupamiento de los vecinos, derramados por la región, a leguas de distancia unos de otros, ,y doliéndole la residencia en la capital, por razón de la Cuaresma, en que la predicación al pueblo era muy necesaria. Así escribe en 14 de agosto i —106—

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de 1515: "He procurado que tenga efecto el pueblo que conviene se baga en la costa y medio de la Isla y aunque por haber paco clero y mal dispuesto yo ayudo en predicar toda la cuaresma, y por las muchas aguas que ha habido este año no he podido ir personalmente a la costa, he dado órdenes cómo se escoja. sitio cual -convenga y se van haciendo las easas, donde se comienzan á recoger los que han de poblar. Sáldré 1'o más breve que podré a,dar orden cómo se efectúe obra tan necesaria." (2).. Las muchas aguas que expresa Mercado haber habido, en 1575, hacen referencia a la desoladora tormenta ocurrida entonces y que fué la de más estragos en los cuarenta años 'siguientes, de la que se conservó esta memoria 'por muchas décadas y que no tuvo otra igual basta 1615. "En él, dice Torres Vargas, fué la rigurosa torinenr ta que sucedió en esta Isla, después de cuarenta años que había pasado la de San Mateo" (3).

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5o.—Puesto ya el pié en la escala del barco que lo trasladaba al Obispado de Panamá, y ya en la Isla su sucesor el Obispo Salamanca, enviaba a la Corte. el Obispo Mercado las siguientes líneas: "Yo he procurado que se hiciese pueblo en la costa de esta Isla, por ser cosa importantísima al seguro de ella, como lo advertí a Vuestra Majestad y me fué mandado lo hiciera. He notado tan poca voluntad y casi contradicci6n en los Gobernadores desta Isla; algunos pocos vecinos comenzaron a poblar; no he podido llegar al cabo ; pero dejo la orden y traza para que mi sucesor supla mis faltas y así creo lo hará" (4). Los Gobernadores aludidos fueron Francisco de Solís que dejó el gobierno en diciembre de 1574 y Francisco Ovando ,y Mejía que le siguió en 1575.. Gravemente enfermo hasta tener que trasladarse a .la Española para reponer su salud, pocas ganas debía sentir de fomentar la creación de Coamo, ya por esquivar esfuerzos, ya por desvio hacia la oficiosa intervención episcopal, aunque sancionada por 'el Consejo de Indias. Mal lo pasó, de todos modos,


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el Gobernador Ovando, pues regresando de Santo Domingo fué cogido por los piratas,'tuvóYqué réscatarse a fuerza dé ducados y al fiñ. falleció en 'la Capital á poco de haber llegado. (5). 6o. Fortuna fué para el valle de Coamo el que al. Obispo que trabajó durante cuatro años por constituirlo en pueblo;: sucediese el Obispo • Salamanca que secundó ,el plan y lo coronó con el éxito más completo. Y no solo salió beneficiado. Coamo, .con las gestiones cívicas del Obispo Salamanca; sitió también el nuevo San Germán que no acababa de formalizarse en pueblo, .y aún toda la -Isla (6).

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Solo tenemos ahora que añadir que gracias en gran parte, en la mayor parte, a estas actividades episcopales, la Isla de Puerto Rico escapó al peligro de ser habitada por gentes extrañas a la raza y religión de „sus pobladores primitivos, como le ocurrió a Santo Domingo, por el abandono de su costa noroeste, donde fijaron la planta los que con el tiempo constituyeron la república de Haití, con el detrimento sabido, de su unidad racial y linguística. Ni valga decir que lo qué ocurrió en Santo Domingo, por su extensiói territorial, nó hnbier& podido ,suceder, en la pequeña .Borínquén, pues mucho más pequeña que ésta es la diminuta Isla de San` Eustaquio, donde dos nacionalidades distintas dividen su Territorio. Ahí está también Guatemala exhalando conmovedores lamentos, por tener clavada en el costado la zarpa del leopardo inglés, mañosamente establecido en Belice. Esto sin mencionar las Guayanas holandesa, francesa e inglesa, sustraídas a la hoy república venezolana. Y finalmente las' islas de Trinidad y Jamaica, si pasaron a dominio extranjero, fué por carecer ambas de 'Obispos tan patriotas y tan previsores' estadistas como los que Puerto Rico disfrutó.

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74--Porque los citadlos y otras muchos Obispos contribuyeron al mejoramiento de la Isla, con sis, exposiciones a la Corte, --108—

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no cesando `de pedir póbladóres y proponieñdo los medios' más. eficaces para su venida y "arraigo. Ya éñ su primera cáii"tá de 15 de septiembre de 1577, sugería el Obispo Salamanca, ej envío de. 1Ó0 labradores "áüñqúe fuesen portugueses"; ayúdándoios en el viaje' y •dáñdo la disposición de que no salieran para otra parte en 15 o veinté años". (7). hiteresando en la empresa monarca, le-dice gtie si envían póblsen. breve a 1'a Real Hacienda de Vuestra dóres, "aquí 1Vlajestad' más provecho que en flete y matalotaje pdd'ían hace'' de'cóstá, y qüe para que hiciésen asiento se les podría. señalar a cada uno un par de vacas y otro de yégúas y otro` de puercas, tódo lo cual no costaría aquí más de diez o doce ducados" (8). Pide además 'L0Ó0 negros, o donados a la Isla vendidos al púró costo de su traída aquí, 'para éniplear la mitad en las niñas y la otra mitad en •los ingénios. Con el' valor de su venta los oficiales comprarían cueros que valdrían el doble en Sevilla. (9). '80.—Mejores cantores de la magnificencia y fecundidad de sus cámpos y de las riquezas y de la diversidad de sus pastos y frutos, rio los tuvo país alguno cómo Puerto Rico, ií la pluma de sús Obispos. Notemos solo las descripciones Sr súgerenciás d'e dos de ello: •Salamanda y Vázquez de Arce. Nada tan interesante y poético como 'la descripción hecha por el Obispo Salámancá de su primer recorrido al través de la Isla: "Con la desgracia que me aconteció de pasax al puerto del Mosqúital, me há sido ñecesario atravesar 30 leguas de tierra y como testigo de vista, que muy despacio lo he considerado, deteniéndome 37 días, a causa de los •mentes, ríos y malos caminos, certifico a Vuestra Majestad que es la mejor y más rica tierra que he visto en todo lo descu'bierto d'e las Indias, por haber muchas minas de oro .y aparejo de muchos pastos, ganados y tierras para, sembrar, y hay quien tiene experiencia de haber sembrado trigo Sr cogídólo y se da en cantidad, como las demás semillas y plantas que se trajeren, que; por no tenor= --ib9-


las y por el poco_ ánimo 4d tiene .lap gente' dest€ isla, viendo el poco remedio que tiene, siendo. pocos, no ' hay quien dé ánimo con trabajar. Yo he procurado lo posible de animarlos, ya que en el valle de Coamo,, que es la mejor tierra de toda la Isla, tengo persuadidos a 15 o 20 criar, dores, que viven derramados en dehesas por todo el valle, que se junten y hagan un pueblo, en un lugar que les tengo seña-

fádo, y me han prometido de hacer lue?o iglesia y de pagar ur clérigo que les diga misa y doctrine, porque están como bárbaros, sin oir misa, ni saber de las cosas de su salvación por falta de ministros, dernás' de que es un gran bien para, guarda de esta costa y que no se atrevan franceses a entrar la tierra adentro, y podrán castigar a los portugueses que vienen con mercaderías sin registro, y las venden a. escondi-

das a los vecinos, que hallan solos y les venden y se llevan Jos cueros y_ lo que tienen los vecinos, de que se sigue gran dañó hacia la hacienda de Vuestra Majestad como al buen gobierno de la tierra" (10). • 9o.—Solacémonos ahora admirando las bellezas de la Isla en la pluma de un Obispo peruano, que las recogió .en el

lienzo, de una carta, éscrita una veintena de años después de, la anterior, el Obispo Vázquez de Arce: "Yo salí por mayo pasado a visitar la Isla que había 16 años y más que no se visitaba. Entré por el valle que llaman de Coamo, que es por la banda del sur y llegué hasta lo último de ella, que es la villa qué llaman de San Germán, 40 leguas de esta ciudad, y volví por la ribera que llaman del Arecibo, que es por la banda del norte, que son otras cuarenta leguas, todo camino muy áspero y fragoso, lleno de muy espesa arboleda, lo más de él y muchos pantanos, caudalosos ríos y arroyos en abundancia, de que solo por dar cuenta a Vuestra Majestad y por curigsidad conté más de 400, cuyas riberas son muy apacibles y deleitab1es." 10o.—"En los llanos de esta tierra hay muy buenas y abundantes dehesas para pastos de ganado mayor y menor,

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ainenté~ ~tcer más de cien mil cabezas de dónde sólían veinte mil de éstas. El múltiplo apenas`hay ganado. Ahora •es la cuarta parte que son dos mil quinientos., Este sí sé come en esta ciudad todos los años que se reparten. entre los criadores con obligación de traerlos a su costa. En el valle de San Germán y en el de Coamo y en la ribera de Arecibo se comen más de 400. Los perros que se llaman cimarrones• destruyen gran parte, particularmente becerros, que como lobos hambrientos y rabiosos acometen indiferentemente a grandes y chicos, de que hay gran abundancia en la Isla. Los negros fugitivos hacen lo mismo y los que están 1 en los ingenios no tienen otro alimento." " 11o.—"El arraldé de carde vale en la villa de San Germán das cuartos que es la moneda de esta Isla, que son máravedises, castellanos; en la ciudad, a doce y catorce cuartos de esta ;moneda. Los criadores de este ganado son la gente más pobre y miserable de la Isla. Son grandísimamente molestados y se quejan de penas que les echan y vejámenes que les hacen: Viendo que se pierden criando este ganado, de propósito lo dejan alzarse al monté y así dehesas que solían sustentar dos y tres mil cabezas de ganado, muchas de ellas están sin él y otras np ,tienen cien. Negocio es éste en que conviene mucho al real servicio y, al público desta Isla poner remedio" (11). A continuación indica los medios más eficaces, comd garantía a los ganaderos, mayor consumo de tortugas, copiosa, preparación de cecinas y restricción del cultivo de gengibre, etc. 12o.—Últimamente y desechando mucho material, pongamos un broche de oro al presente capítulo, copiando al Obispo Padilla, último prelado de esta época, en su carta de 25 de diciembre de 1684, "Estando la mayor parte de ella vacía y siendo su fertilidad maravillosa, especialmente paraÑ llevar los frutos de azúcar, tabaco y ganado, me parece más conveniente mandase Vuestra Majestad viniesen por lo me-111-h

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nos 100 familias de Canarias, para su población y cultivo, porque, además de ser esta gente de mucho trábajo e inteligencia en la labranza del campo, la 'de aquí se aviene muy bien con ella. S`eguiríáse• que estarían también muy bien guardados y vigilados los parajes y entradas, por dónde nos pueden invadir los enemigos, y como se deja ver la tierra más defendida. Y así mismo que su aplicación le rindiese frutos, con que mantener comercio, cuya fálta la tiene destruída. Y lo más es, sobre ser hoy el número, de vecinos dé 'tódár la Isla tenuisimo, , casi todos están enlazados, con pai'ientés". (12). De los 'testimonios aducidos se desprende cuán beneficiosa fué para Puerto Rico, aún en el meró orden ina= ferial la .actuación de sus Obispos, poniendo de relieve: ante Ja Corte,. las condiciones, ventajas, necesidades y medios de hacer prosperar el país.. ~ 7`Tb'rAS. ssrau, P. E:, '~2. Bran, P. E., 36.' Tapia, 472. Brau, P. E., 38. Tapia, 477: "Haciendo viaje a -la Isla de Santo Domingo, a curarse de, una enfermedad grave, a la vuélta le capturó un, corsario inglés, que pidió por él rescate, que se lé dió y fueron cuatro inil ducados". 6.— Brau, P. E., 46; y Bol'. Hist., XI, 199 y 200. 7.— Brau, P. E., 89. 8.— Bran, P. E., 41. 9.— Brau, P,. E., 41 v. f 10.— Brau, P. E., •39 v. P. 11.— Brau, E., 80 y v. 12.— Pérez Nolasco, P.: "Los Obispos de la Merced", 29ff.

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CAPITULO X. "LOS OBthPOS -V--" 1o. Aspectos por contemplar: — 2o. Presumible contraste.30. El paraíso soñado. — 4o. Los blasones de Castilla;. 50. Natúra servi. — 6o. Juicios del Obispo Valbuena.— 7o. Obispado feo. — 80. Mendigando un plátano. — 9o. Quien había sido catedrático y predicador real'. — 10o. Añorando el carnero. — 110. Los trece fallecidos lejos.. 12o. Sepultúra de Manso. — 13o. De Vázquez de Arce. 14o. Dé 'Valbuena. — 15ó. De Sólís. — 16o. De Rivas. 17o. Cómo Méjico recuerda a sus Obispos. 1o.—Aún quedan por recordar muchos de los aspectos interesantes que ofrecen las próceras figuras de los, Obispos de Puerto Rico, en las dos primeras centurias coloniales. Repasemos algunos, ;ya que tódos sería labor prolija e innecesaria, aunque deleitosa. 2o.—¿ Qué impresión recibían los Obispos al llegar a Ja Isla y ver por vista de ojos la situación religiosa, social y comercial del país? Por muy virtuosos y experimentados que fueran, no podía ser muy halagüeña, por el fuerte contraste entre lo visto y soñado anteriormente y la duna realidad de una colonia semi-abandonada y vejada por todas las calamidades imaginables. Siquiera el misionero 1de Indias venía --1134


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dispuesto y preparado para lo peor, algo así como el maestro rural que presiente la calidad de los discípulos que va a tener- y del ambiente social en que ha de vivir, él que procede de hogar generalmente acomodado y del alegre ambiente universitario. Pero los mitrados que llegaban a la rada de Puerto Rico procedían todos de la España triunfal, en el apogeo de sus glorias, de sus catedrales fastuosas y de sus monasterios nimbados de celebridad y abundancia. Fuera de. la sugestión que el rumboso nombre de Puerto Rico en las Indias del mar océano, debía ejercer en sus ánimos, con la eonsigui'ente fascinación. 3ó.—Pero -contrastemos este supuesto con. Ía realidad histórica. Por la donosidad de la pluma que la expresó y por .eF carácter de intimidad, que reviste, nada tan revelador ~omóia carta. del gran Obispo López de Haro al Oficial Mayor del Cdnsejo de Indias, Juan Diez de la Galle, a .los tres meses de su arribo a 1'a Isla: Tócante a -la comida dice así: "Temo entrar en la .relación de las demás cosas, porque son tan:.siniestras. las relaciones de lo que allá me dijeron .y yo dejé dicho por información en. algunas visitas', :que no sé cómo salir bien, sino es con decir que ló nis fué mentira; y antes de entrar en la relación, porque no se. entienda que es llorar lástimas lo que dijere, quede asentado que, con la bondad del clima. yo ]o paso ,muy bien y con salud, a Dios gra= ciar, que como pájaro bobo no me aporreo en la. jaula, y aunque hay algunos trabajos que para otros fueran intolerables, yo los ofrezco a Nuestro Señor y los llevo con buen aliento y paciencia. Esto supuesto, está tan lejos de comerse la carne de valde en esta tierra y de matar las terneras a su voluntad los esclavos, dejándose la carne en el campo, ya por la ganancia de la piel, o ya por la golosina ,de las mollejas, `coino allá me habían mentido, que se pasan muchos días y aún se han pasado semanas, después que estoy aquít sin que se, haya. pesado vaca en la carnicería, ni tocinó, ni otro género de car-

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ne" . . . "También me dijeron en esa corte, preguntando si había médico y botica, que no se trataba de eso, porque todos estaban' sanos y morían de, viejos, conque yo júzgúé que venía al paraíso; pero el més pasado enterramos ,más de cincuenta y ha abidá muchos enfermos y estoy persuadido a que no se han muerto tanto de mal curados como de mal comidos" etc. 4o.—Respecto a lbs ,habitantes tan ufanos: de sus títulos de hidalguía y nobleza, como abatidos por la necesidad a las ocupaciones más humildes, en .contraste ,con lo que el,. festivo prelado estaba ,acostumbrado a ver entre ,los entonados Grandes de España, le brotó de la pluma aquella punzante décima ,en que dice: "Aquí están los blasones de Cas tilla,— en pocas casas muchos caballeros todos tratantes en gengibre y cueros.— los Mendoza; Guzmanes,.y el Padilla" (i)

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5o.--Tocante- al carácter de lós habitantes lo. observó algo servil; o. excesivamente. obsequioso respecto de' los gobernadoresi Bien, es. verdad que la pincelada se le escapó .de lag._ pluma,' en un= momento de gran, cóntradicción y _hasta humi llacióri para sus, ínfulas de eximio predicador de la Corte. Fué ele caso,',que, en plena cuaresma:°y ocupando él la sagra. da cátedra, la novedad de dos' notables predicadores. domi-.nicos, que ocupaban la ,de Santo Domingo, .excitó la cttriosh dad ;pópúlar "y el Gobernador se llevó' allá los bancos ,dele Ayuntamiento' y conlos; Alcaldes ordinarios' fy demás •Justi= cias se fué al. Convento y a su imitación. todo el lugar": Y ahora va el brochazo: "q'ué en estas partes siempre' arrastran al pueblo los Gobernadores, y no vivieran si dejasen de seguirlos" (2). Cuarenta años más tarde de estampar esta agria y realista frase, hallamosotra escapada de la pluniá de otro insigne' 'Obispó del 'país, ,por cierto americano. de nacímiento, Vázquez' 'de Arce, igualmente consignáda dn niomenj: tos 'amárguísim'os para' él, puesl desilusionado ~y'triste:.por la.. ~ x


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resistencia hallada a sus planes de reforma, presentaba su renuncia al' Rey y le pedía licencia para "retirarse (a los cincuenta' años de edad) a una celda en Lima donde nació o a Salamanca donde se crió en sus tiernos años en el Convento de San Esteban". A continuación, "hace constar de nuevo que la gente del lugar es pobre y miserable la mayor parte .y no solamente de hacienda, Binó también de entendimiento y por decirlo en una palabra natura servi" (3). Molestarse por tales apreciaciones con prelados cómo los dos citados, sería injusto, pues por el bien espiritual y' temporal de sus diocesanos libraron arduas batallas y por ellos y para ellos murieron prematuramente y les dejaron cuanto poseían. 6o..—Equidistante de' Vázquez de Arce y López. de Haro, 'pastoreó la diócesis el amabíé Obispo Válbuena, cuyos juicios sobre el püéblo, la milicia, los caballeros y el Goberhador, no pueden ser más halagüeños y ensalzadores. Del í pueblo en general afirma: "La gente de esta Isla, según la he' hallado en ,la experiencia de las' visitas que hasta ahora -he hecho, es generalmente corregida y virtuosa". De la iiifantería 'añade: "Según corre la voz, nunca se Ja visto más dócil y más bien disciplinada.. , no hay en las Indias infantéría más quieta y bien disciplinada". Se er fiere a la tropa ,que al año siguiente resistió y ,derrotó a los fieros , invasores de Holanda. Pues de los caballeros se expresa en este lengúaje enaltecedor: "Los ciudadanos del estado de caballeros que en ésta ciudad hay, muchos son de calidad conocida auhque pobres, por nó ser la tierra de más substancia. Se tratan con súpérflua pompa, con buen lustre y autoridad en sus personas, acuden bien a su9 obligaciones y en las del divino culto se extreman notablemente y no dudan de empeñarse para este fin, más que para otra causa profana". To.~lavíá con mayor encomio se expresa del Gobernador, que lo era entonces Don Juan de Vargas, y hasta del Cabildo CatedraFlicio y del clero en, general habla elógiosamente, como en otro lugar decimos, el amable cantor del "Bernardo" y de• la. —116—


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``Grandeza Mejicana". ¿Influía en sus apréciaciones el recuerdo de lo visto en Jamaica, durante diez años? Pero anteriór mente había contemplado el esplendor de las grandes ciudades de Méjico y la majestuosidad de las' Universidades de.. España. Sea como fuere, Puerto Rico le debe gratitud por sua juicios tan favorables y laudatorios. 7o.—Dando un salto en el correr de los años, nos acercamos en 1659 al. Obispo Don Francisco dé Isasi, que por llegar a su diócesis más pronto, fletó un barco desde Méjico donde se hallaba al tiempo de su nombramiento. Ofrece ,la particularidad en sus cartas de escribir siempre I'ortorrico_ Tiene en su haber el .mérito de haber retenido lá propiedad" para la Iglesia del hospital de la Concepción, de haber proveído la Catedral de buenos, cantores y de haber peregrinado tierra adentro,,visitañdo las parroquias con la despaciosida& y fruto que vimos en la de -Coamo, que transcribimos en otra página. Pues bien: este excelente Prelado recibió tan desilusionarte impresión al llegar a la Isla, que no se recató do -manifestársela al propio Rey, en su epístola de 6 de julio de 1659, meses después de llegado. "Mi Obispado, Señor,—le dice— aunque me lo pintaron muy feo, lo he hallado más ,feo aún" (4). De modo que él venía ya enterado de .la condición de pobreza y desolación de, su obispado; pero todavía ,lo hallé más decepcionante y triste. Tál vez ella influyó en. su temprana muerte ocurrida a los dos años, por cierto bien, aprovechados para levantar a la Ijiócesis de su postración! Pero eran tiempos aéiagos, en que por las guerras de la Metrópoli no arribó al puerto un solo barco de registro, por espacio' de trece años. So.—Quien parece lo pasó peor aquí, fué el Obispo Eacañuela, a gúien somos deudores del primer censo forma1. de"la población. En su primera comunicación a la Corte se expresa de esta manera: "Llegué a éste mar de angustias, a 24 días de 'agosto de 1673, donde he estado solo 21• días y en ellos: —117—


no son ponderables los trabajos y miserias que he experimentado. Vuestra Majestad tiene tan solo 792 criaturas blancas, con los niños y niñas de diez años para arriba, con las mujeres Que es mayor el número y los' pocos hombres que ay, y no varían mucho esto los ,soldados, pues aun con los embarcados de esta flota solo son 150 con poca diferencia. Soy su pastor, veo y lloro con ellos desto, mas no alcanzo a remediarlo. Pan, vino, aceite, ropa y cosas necesarias para el culto divino y la vida humana faltan. En 21 días, he asistido a mi iglesia solo, que no hay quien me acompañe; he celebrado de pontifical, he predicado a los pocos que pueden ir, (por falta de vestidos) al templo a oirme; he consagrado óleos y fué menester dar la materia de lo poco que previne al venir. Lo mismo ha sido preciso hacer, dando yo la poca harina que traía para mi sustento, para hacer hostias, con que consagrar en el Santo Sacrificio de la Misa, y de aquí 'a pocos días habré de dar el poco vino que tengo, para que haya materia con que celebrar. Pan, vino, aceite y'persona; todo lo trüje ,empeñado. No merecí que se me ayudara' con un real siquiera de la Real Hacienda, no habiéndose puesto en ella el situado del año 72, certificando a Vuestra Majestad Católica que los escasos, remedios medicinales que tomé de la botica en el ,navío, no tuve can qué pagarlos y que busqué prestados dosciéntps pesos de dós personas. Oscuro y feo nublado que afrenta a la serenidad pontifical' es mendigar 'un Obispo, y yo necesito de pedir un plátano por amór de Dios para comér, y esto en lá Iglesia de que Vuestra Majestad (La Reina) es patrona. Desdoro es en el siglo presente andar a pié y sin decente aderezo ún Obispo, y yo. `salgo a pié, como el negro esclavo más humilde, por soles, aguas, lodos, sin posibilidad de llevar por decencia y defensa del sol, .en los incendio's de 'éste clima, un quitasol, adorno y defensa que usa aun el dé mediana esfera, si tiene para ello". '9o.—Remata s' conmovedores lamentos el tinfeliz prelado, recordando °a sus padres 'y sus honoríficos :empleos en

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España que de nada le han servido aquí. "El religioso más austero puede socorrer a su padre ;én mi religión, para que no mendigue, y yo nombrándome Obispo y en las Indias, sábiendo que mi padre perece, no le puedo dar un pedazo dé pan. Sólo cobro 400.000 en casabe, maíz, naranjas, caña dulce y otras yerbas, porque en dinero no se éobra ni beneficia, ,ni ay comercio para. ello. Como maestro de escuela, enseño la doctrina a los niños en^domingos por la tarde; como 'lector de moral, la leo todos los días y presido conclusiones el sábado; como maestro de ceremonias, examino de ellas a los sacerdotes los jueves; como maestro de púlpito, predigo dos veces en la semana; solo en amancebamientos he' despacha-' do auto para 500 individuos, hombres y mujeres; no tengo estipendio con qúe comprar un lentezuelo, con que enjugar"me el sudor. Si considero mi salud, experimento que voy cegando; -si a mis padres, los veo pérecer sin poderlos aliviar; si a lo que debo, imposible pagarlo, y confío tener la gracia del Espíritu Santo para- no perder en una hora lo adquirido en cincuenta años de católico, treinticinco de religioso y quince de catedrático; con dieciséis de criado y predicador -de Vuestra Majestad" (5). No debió de durar mucho ésta angustiosa situación del Obispo, si hemos de prestar atención a su labor fecunda en tos cuatro' años siguientes, que gobernó la Diócesis, dejando fundada una memoria pía en el convento de San Francisco, al irse para la diócesis de Durango, a donde fué, trasladado en 1676. 10o.—Frases y lamentos tan desconcertantes como los de Escañuela, no hayamos en todo el epistolario copiado por Sálvador Brau en Sevilla, aunque albo se les parecen las quejas del Obispo Ramos, en su misiva de 20 de octubre de 1589: "No hay sino casabe. No lo, puedo comer y, la carne ordinaria es vaca y falta muchos días y hartas veces se me acuerda de un pedazo de pan y un poco .de carnero, ,que nunca falta a los frailes legos de mi orden" añadiendo, que no tiene "hora de salud desde que llegó, por el desconcierto del —19---


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vientre que no le permite levantarse de`•la cama" (6) ¡'Y nos imaginamos acaso nádando en la abundancia y fastuosidad `a aquellos tan ilustres Prelados! 11o.—¿Dónde duermen el sueñq de los justos los veinte Prelados que gobernaron espiritualmente a Pto. Rico, en sus dos primeras centurias coloniales? ¿En la vieja Catedral de San Juan todos? No. Trece de ellos esperan la resurrección en remotos, paises: tres, en tierra venezolana: López de Haro, Sobremonte y López Agurto ; uno, en Honduras, Díaz Cabrera otro, en Panamá, Mercado; uno más en las planicies aztecas, Escañuela; dos en el Alto Perú, Calderón y Padilla; cuatro en Santo Domingo, Bastidas, Carvajal, Ramos y Soh er, y finalmente, uno en España, Diego de Salamanca. Con excepción de los dos primeros y de los dos últimos, los nueve restantes- están. sepultados en las 'Catedrales a donde fueron promovidos desde la de San Juan. De los cuatro res-• tantes, López de Haro y Sobremonte rindieron su espíritu al Creador, visitando los Anejos, B.astidas en su amado Santo Domingo, y Salamanca en Burgos de España, a donde se había retirado renunciando la Mitra. Seguramente que el recuerdo de la islita no se borró nunca de su memoria y que en sus labios sonó infinitas veces con, nostálgico, eco el nombre de Puerto Rico. ¡ Con honor habíais salido todos de- esta erra! 12o.—Respecto de los siete que en nuestra Catedral están sepultados, el primero Manso "murió en esta ciudad y se enterró en su Catedral, donde hasta la venida"de Boduyno Enrico ,se conservó al lado del Evangelio un nicho con figura de obispo, de alabastro y un cordero a los pies, la cual figura deshizo dicho enemigo" (7). Lo cual .es prueba de que, por espacio de 85 años la memoria del primer pastor fué venerada por el pueblo, que seguramente con el Cabildo y Autoridades costeó su lujoso mausoleo. Advertimos a los futuros historiadores de la Catedral que; según las palabras copiadas de Torres Vargas, que millares de veces contem-120— ~


piaría dicho "memorial", los holandeses destrozaron la figura episcopal de alabastro, pero no pusieron manos en el nicho que encerraba los restos mortales del Prelado, por lo que es posible se hallen todavía en el interiór de la pared del ábside en el lado del Evangelio. Pórque, aunque es verdad que en 1641, se removieron de la bóveda o nicho original, pero "se pusieron los huesos en el mismo altar" del lada indicad'o, según vamos a ver. 13o.—El segundo mitrado que duerme el sueño eterno en nuestra Catedral, es .Fray Martín Vázquez de Arce, fallecido en •1609, quien "maridóse enterrar en su iglesia, como se hizo, al lado de la epístola en bóveda particular, donde estuvo hasta que el año de 641 se quitó, con la otra del Obispo Mánso, para acrecentar las gradas del altar mayor y se pusieron los huesos en el mismo altar .mayor, al lado de la epístola" (10). 14o.—El tercer prelado que tiene sepultura en la Catedral, es el insigne literato Valbuena y precisamente .en la capilla mandada construir por él con este destino y de lá que en otra página de esta obra se trata. Y es lástima que no lo ,recuerde a los visitantes, principalmente estudiantes de literatura de la Universidad, alguna lápida, siquiera semejante a la, que rememora la sepultura del Padre Bérríos. Mas prevemos que ello se efectuará, cuando se acentúen los reclzerdos de los tiempos viejos gloriosos. 150.—E1 cuarto Obispo sepultado en nuestra catedral es el maestro Don Fray Juan Alonso de Solis, "enterrado en el altar mayor de la Catedral de esta ciudad y tiene una losa al lado derecho del Evangelio, donde, fué su sepultura, con el epitafio siguiente: "Doctor Don Joannis Ildefonsus de Solís, foeliciore soeculo vivit. Toto virtutum cumulo nitidissimum exemplar. Hujus urbis proesul sine exemplo. Die XIX Aprilis anno 1641 obiit plorandus. Cujus in Yemoriam lapidem hunc duraturum minus, sobrinus dominus Ignatios de ,la Mota Sarmiento dicavit" (11). —121—

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i6o,.—De los tres Obispos restantes fallecidos. en, San Juan, Lobo Castillo, Isasi y Rivas, solo _hemos logrado deitificar'el lugar de la sepultura del último, cuyos restos_ fueron depositados en la capilla de San Antonio frontera a.la del Sagrario viejo, según en otro lugar declaramos. Isasi debió enterrarse en la capilla de lob mártires que edificara, según ,afirmación del Boletín Eclesiástico año de 1859. 17o.—No creemos que los prelados de la capital ,azteca, hicieran más en favor de aquel pueblo, que los nuestros por el de Puerto Rico. Allí se les recuerda en solemnísimas honras fúnebres anualmente, y en los labios de los mejores orádores sagrados, vibran y se rememoran sus grandes hechos y ~ excelsas virtudes. ¿Cómo ponderar dignamente lo qué Puerto Rico debe a los veinte prelados de sus dos primeras centurias? ¿No es a ellos a q~iienes princípalmerite es deudor de su constitución como pueblo y del acervo y caudal de la cultura social y científica que de abolengo le viene? Í Bendita, pues, sea la meritoria y recuérdo de ellos para todos nosotros! NOTAS:" 1

1.—. Tapia; 450 y siguientes.. .Algunos historiadores parecen molestados por la sátira del .prelado; a nosotros nos placen más los nobles que en Puerto Rico sudabtin el quilo para mantenerse, que los potentados que en Iberia •se comían las rentas dejadas por sus antepasados. Los de acá subían; los de allá bajaban, en quilates de mérito personal. 2.= Br., P. E., 142. 3.— Br., P. E., 88 V. 4.—' Br., P. E., '151) v. 5:—.. Br., P. E, 189 203 v. Br., P. E ,.61. 6.r 7.— Tapia; 469. 8.— Tapia,, 472. / r 9.— Tapia, 472. 10.— Tapia, 473. -11.— Tapia, 473.

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CUADRO SINOPTICO DE LOS OBISPOS DE PUKR O RICO.

SIGLO XVxr Nombramiento Nombres 1.—Alonso Manso 1511 2.—Rodrigo de Bastidas 16-IX.1540 3.-Andrés de Carbajal ' 2-VI-1568 4.Manuel de Mercado 15-XII-157'0 5. —Diego de Salamanca IV-1576 6.—Nicolás de Ramos 12-XI-1588 7.=Antonio Calderén 5-111-1592

Posesión

Cesación

V-1513 VII,-1542 1568 25-ÍII-1572 17-VIII-1577 1589 1593

29-TX-1539 ,V-1567 XI-1568 4-XI-1576 1587 13-V114592

1597

SIGLO XVu.

13-I-1609 1613 1619

8.-Martin Vázquez de Arce 1600 9. Francisco Díaz de Cabrera 1610 10.Pedro de Solier 17-XI-1614 11.—Bernardo, de Valbuena 1620 1630 12.—Juan López Agurto 13,—Juan Alonso de Solía 1636 14.Damián López de 1. 9-II-1644 15,Hernando de Lobo Castillo 1649 16.—Francisco de Issasi 25.XII-1657 «-VI-1663 17.--benito de Rivas 18.-Bartolomé G. de IV.1671 Escañuéla 19.-Marcos de Sobremonte 1679

24-VIII-1673 26-II-1679

6-VI-1676. 10.VIII-1681

1683

23.VI-1684•

24.V-iú94.

20s Francisco de Padilla

1603 1610 26-XII-1615 I-1623

11-X4629.

1¢36 •13-VI-1644

1635 11.IV-1641 27-VIII-1648

1649

18-ÍV.1651

25-II-1659 2'1-VI.1684

4-IV-1661 27-VIII'-1688

1631

(1) Por nombramiento significamos la presentación o preconizacián; por posesión, la efectuada por sí o por delegado; por cesación, el fallecimiento, la renuncia o el traslado. Todo por vista de conjunto. No siempre se puede precisar el dfa.,o el mes, "Los números romanos indican el mes.

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CAPITULO XI. "LA CATEDRAL -Ilo. Su necesidad. -- 2o. Carencia de todo. — 3o. Detención forzosa. — 4o. Diezmos personales. — 5o. El montón de ceros. -- 6o. Ancha para mucha gente. — 7o. El mejor' sitio. — 80. 10.000 varas cuadradas. -- 9o. Panorama sin par. — 10o. Día vendrá. — lloil Panteón venerando. lo.—Diócesis sin Catedral es como escuela sin domicilio, cátedra sin aulá y Consejó sin casa consistorial. Eso quiere decir Catedral: lugar y cátedra por excelencia de un Prelado diocesano: Y pues se creó la diócesis de San Juan y se le dió por Obispo a Manso, a éste y á sus sucesores les era indispensable disponer de un templo, donde oficiar y, ejercer su ministerio. 2o.—Siempre es y ha sido trascendente empresa la 'de hacerse cargo del gobierno de una diócesis, y ello, aunque esta dotada de una buena Catedral, y abunde en clero bien preparado y en grey' numerosa y disciplinada, como hoy son por lo general los millares de Diócesis esparcidas por' el mundo. Por animoso y esforzado que fuera el magistral de Salamanca, debióse echar a temblar, al Ilégar a Caparra y ver que de todo esto carecía su flamante diócesis y que a todo cuanto, 'la constituye y decora tenía él que darle ser,_ organización y vida. 125~ H


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80.—El primer obstáculo con que tropezó, fué la precaria ubicación de la capital de su sede. La espada de Dámocles del traslado, pendíá amenazadora sobre ella.. Hasta existía prohibición de fabricar morada alguna de piedra, en tanto la cuestión del traslado no se resolviera en definitiva, y no se resolvió hasta seis ,años después, ni se llevó totalmente a efecto hasta 1521. Hubo, pues,, de cruzarse de brazos el buen señor y limitarse a 'ir' acopiando' recursos para alzar su Catedral, lo más digna que pudiera, llegado el momento oportuno. Y humilló su cerviz'y 'trató 'de ,darfal olvido sus ínfulas 'salmantino-sevillanas, celebrando sus misas, predicando sus sermones y .ejerciegdo sus altos cargos, en la pobrecilla iglesuela derCaparra, .acaso no mucho mejor que un ranchón de secar 'y guardar frutos. ¡ O tiempos heróicos primitivos! ¡ Y tanta prisa que. para venir le; había .dado su celo ! 4o.—Mas, en fin, la esperanza alivia las penas y 'mirando al porvenir Manso se pond"ría a aprestar los medios para construir, llegada oportunidad, su. Catedral alta, espaciosa y esbéJ a, al estilo dé las vistas allende los mares. Perb aquí' le esperaba el segundo contratiempo, más angustioso que ,el anterior. Las únicas. fuentes de ingreso para fabricar algún día su Catedral eran los diezmos. Desimaginémonos de los donativos que hoy llueven, sobre manos episcopales,, que se aprestan a levantar seminarios, construir iglesias o' erigir escuelas, hospitales y albergues parad obras de propaganda, caridad y apostolado. El primer Obispo borinqueño carecía de esos vellocinos de oro y no veía ante sí n~ási:que los diezmos. Conforme a todo derecho 'e inexcusable, necesidad, comenzó a pedirlos a los vecinos °personalmente, hacién' dose mensajero de sí mismo, pues los lujos' de colectores, .cobtadór y tenedores de libríss, ni soñar 'con. ellos. Mas he aquí que de las dos clases de diezmos, los personáies se le rehusan por los vecinos 'y los predia=t les se le discuten por los Oficiales de gobierno: t Co-, ~

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ino era su deber, apremia al pago de los primeros, mediante las armas espirituales, con resultados contraproducentes, pues los caparreños le merman hasta los medios de subsistencia, según afirmación de Las Casas ('1), Llévada la controversia al Rey, sostiene. éste el .derecho del Prelado y sugiere un arreglo decoroso con él, como por ejemplo, el de pagar los diezmos personales, a razón de uno por cada veinte, en vez de uno por cada, diez, en atención a las especiales condiciones .de la Isla. Y con tal motivo el Obispo se deja llevar .de, un sentimiento noble, y prescindiendo de su pleno derecho a los diezmos personales, hace dejación de ellos y los condo a a sus diocesanos, según los .oficiales lo comunican al Rey, el 8 de agosto de 1515 (2). Mas; ay!, de esta generosidad del OMspo por amor a la paz, se resentirá luego la fábrica de los templos, privada de esta fuente de ingresos, que acaso montaba a un alto por ciento de la totalidad de ellos. Yerran los escritores que hacen del caso asuntó, personal del Obispo. No lo era, sino muy parcialníenté, o con toda exactitud, en uñ 25.%, perteneciendo el resto al destino general de los diezmos, incluyendo los mismos novenos. reales. Parécenos en consecuencia que yerra Torres Vargas al asegurar qué Manso "sobre las diferencias de los diezmos personales 'que pedía, volvió a España" (3). Ni los oficiales ni Gil González Dávila pensaron así. Aquellos supusieron que regresaba para so-licitar indios sirvientos ; éste afirma que sobre asentimiento y arreglo de ciertos asuntos de la Diócesis (4) . 5o.—En cuanto a los diezmos reales o de frutos y anu a,les del campo, percibidos hasta entonces por los Oficiales, hubo dimes y diretes, como es' corriente en esta materia, sin que ello merezca reproche ni parezca improce dente la 'conducta de los controversistas. No nos ,di= cen las cartas de los oficiales a cuánto. montaban los diezmos, ciñéndose a afirmar .que-fueron. muchos. Esté muchos era la suma de los pocos percibidos. por- ellos,, en los ~


seis años precedentes,_ de los que dedujeron los gastados en la fábrica de las iglesias de Caparra y San Germán, en loS siete ornamentos, imágenes, cálices, campanas, etc. traídos 'de Sevilla, el 4 de septiembre de 1511 (5). Y los salarios de los curas y capellanes, a contar por lo menos desde mediados del año 10 (6) . Esto, sin mencionar lo invertido "en una c-pilla de la advocación de San Juan Bautista" y en el "monasterio aunque sea pequeño para frailes franciscos", ordenados construir el 25 de julio del año onceno" (17. Y si a ello, se adiciona el costo de las Bulas de Manzo, ascendente a 197.666 maravedises (8) ¿qué montón de pesos pudo quedar a disposición del cuitado Obispo? Y no hemos dado entrada a los dineros que en Sevilla se le adelantaron pára aderezarse de la indumentaria episcopal, siempre costosa,.y realizar su viaje y el de sus clérigos ayudantes. Se nos figura que le restáron al Prelado una larga lista de ceros, con los que ¿cómo `pensar en construir los muros y torres de su Catedral? ¿Cuán fatigado de espíritu y caído de ánimo debió regresar a. Es= paña, en 1515! 6o.—Pero en fin ya está de regreso el Obispo y la ciudad trasladada a la isleta, donde se ha de trazar en calles y ,' solares por el plano de la qué se abandonaba; calles anchas, solares amplios y "la iglesia ancha; según y de la manera que pueda• caber en ella mucha gente, porque confiamos en el Señor que su población ha de ser de las más señaladas de estas partes" (9). Profética nos parece la visión que los Padre Jerónimos tuvieron de la grandeza que había de alcanzar la población de San Juan, conforme a la ,cual señalóse amplísimo solar para asiento del templo matriz. 7o.—Y ya tenemos al Obispo Manso recorriendo el perímetro de la futura urbe, en solicitud del sitio más a propósito para su suspirada iglesia. Que fué acertadísimá la elección del lugar, no cabe la menor duda, al, acotarlo en el punto donde, el terreno comenzaba a inclinarse. -suavemente hacia el t,L

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~ 0 surgidero de las naves, y a distancia de unos doscientos metrós d'e él. Porque: ha de tenerse en, cuenta que, entonces y, por veintenas de años adelante, fué en el brazo de mar .delante de la Catedral, donde atracaban los navíos que llegaban de luengas tierras, y doiíd'e embarcaban los vecinos en dirección a los ríos de Bayamón, Toa y el Sibuco, a cuyas márgenes se extendían sus estancias y haciendas. Todávía a mediados del siglo XVII, era en ese punto donde surgían los grandes transportes, para descargar el pasaje, que ,iba derecho a la Catedral, para rendir gracias a Dios por la feliz llegada. Luego se trasladaban los buques para la carga y descarga ante la puerta de San Justo (10). Y aún en el último tercio del siglo XVIII, era a ,presencia de la Catedral, donde embarcaban y desembarcaban los vecinos y sus familias, cuando iban hacia el centro y oeste de la Isla, y regresaban, por lo. que pagaban de portazgo una cantidad que ingresaba en el. erario munieipal (11). ¿Qué más puede decirse acerca; del acertado emplazamiento que el Obispo did a su Catedral? Hasta. promediado el siglo XIX, los Obispos, después de orar en la Catedral con clérigos y fieles, descendían procesionalmente por la rampa que unía la Catedral y el surtidero de las naves y allí subían a bordo para jx por, la costa a visitar las parroquias. Por manera que el Obispo Manso emplazó su Catedral, en el lugar más apropiado y cercano para recibir a los que llegaban y despedir a los que a sus ,próximas heredades y lejanos países se despedían. Ni más hacia ,el norte, ni más hacia el sud, pudo él enmarcar el área de su templo, qué era el de todos y para el mejor servicio de todos. I Loor a él por su acierto! 80.—Toda una cuadra entera señalóse para área de la Catedral, o sea todo el espacio limitado hoy por las calles de San Francisco al sur, San José al naciente, El Cristo al poniente, y. .. . las casas que miran a la Catedral por el norte, incluso el trozo de calle actual entre El Cristo y San José dj

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De modo .que el solar catedralicio extendíase a unas cien vapor sus cuatro costados, aproximadamente 80 metros por ;cada rumbo. Por las razones que apuntaremos en su lugar, este espacio de 10.000 varas comenzóse a reducir y mermar, hace aproximadamente cien años, hasta quedar la relativa estrechez en que ahora le vernos. Mas en todos los tres siglos y medio coloniales, tuvo por términos los mismos límites que le señalara el Obispo Manso. Bellos y deleitosos lugares hay en el inundo, recreo 90 de la vista y alegría del espíritu; mas pocos superarán la hermosura y vistosidad á` e la ciudad de San Juan y del área vieja de su Catedral. ¡ Qué cinturón de bellezas en derredor, en que la vista se explaya y el corazón se estremece de asombro b En toda su intensidad luminosa, resplandecía este panorama contemplado desde cualquier ángulo del- solar primitivo catedralicio. ¿ Quién pudiera sentarse en cualquiera de .sus ángulos, sin sentirse poeta y cantar a la magnificencia del horizonte, en que había puesto el Creador los tonos más delicados de su pincel? Rica la amplitud reposada de la bahía que rozaba sus pies ; rico el ilimitado e inquieto mar de blanca espuma que' se *rizaba más lejos; rica la ondulante. cinta de perpetuo verdor que bordeaba las aguas; ricas las fecundas exhuberantés llanuras, que se dejaban ver por doquiera; ricas' y elegantes, las colinas airosas y las cimbreantes montañas que aparecían tras ellas; y rico y majestuoso el' astro rey, que en las alturas se paseaba de luz a luz derramando torrentes de belleza y fertilidad por toda la sobre-haz que aparecía ante el contemplativo. Se explica que la palabra rico plasmara instantáneamente en los labios de 'los visitantes primeros del puerto. Por ,algo los sagaces ingleses ambicionaron por siglos este lugar. Layfield su cronista de la armada" de Cumberland estático consignaba en su relación: "Des+le ella (la Catedral) se distinguen los barcos entrando y saliepdo de la hermosa bahía" .(12). Dé Sevilla y Málaga, lugares mágicos de belleza, procedía el cultisimo Obispo' López de —1.30--

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Haro y expresaba, su impresión sobre la ubicación de' la Catedral diciendo; "Súbese a ella por gradas de piedra y por, los tres lados está cercáda, de una plazoleta cón parapetos. de 3 iampostería y sillería, con algunas palmas de coco que la adorüan y la vista es el mar, al modo todo de nuestra casa de alaga, y dél otro lado están las casas de la dignidad cón las. mismas, vistas" (13) . ¡ Qh Manso, Manso, .qué inspirado estuviste al .acotar para tu Catedral sitio tan privilegiado! ¡ Qué de veces pasearías de un extremo a otro del venerando splar, soñando en las miríadas de hijos tuyos espirituales, que. lo ocuparían vivos para orar, y muertos para su eterno; descansó! 10o.Rodeada hoy de casas la Catedral, cercado su perímetro por apretadas viviendas, interceptada la vista 'de sú horizonte del sur y poniente, poblada de altos edificios su. rampa descendente hasta la histórica puerta de San Juan, el área catedralicia há perdido sus encantos del ayer. ¡Diríase que . apenas le quedan vestigios de su embriagadora vistosidad de antaño! Anciana de días, de siglos, de todos los tiempos coloniales, la Catedral es hoy matrona desprovista de sus atractivos de antaño; pero sus pergaminos nobiliariós existen y día vendrá, en qué se saquen a luz, siendo el primero de ellos, el de depositaria de ,los restos venerandos de cuantos dieron vida, notoriédad y grandeza a la ciudad y aún la Isla, como pasamos a ven 11o.—A tres usos se destinó el área de las 10.000 varas

cuadradas dé la Catedral, no sucesiva sino simultáneamente: a templo, a cementerio y a. vivienda de sus empleados., El templo ocupó su centro, en equidistancia de sus límites por los cuatro costados, tal y como. hoy lo vemos: Detenidamente trataremos de él adelante, ,así como de las viviendas allí eris Respecto del cementerio, conviene recordar, que en tgdas partes y hasta, principios del siglo XIX ceñía a la Iglesia. Dentro de ella se ,enterraban sus fundadores y biephe

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chores principales'y los miembros de algunas cofradías. Tani-• hién .oportunamente tocaremos el punto de'la's sepulturas teriores de la Catedral. Innécésaria parece lag exposición dé. razones, por las que el cementerio era parte integrante del área de iglesias y catedrales, én pasadas épocas. Desde 'San Mateo de Cangrejos por el naciente y desde] Bayamón y Guaynabo por el oeste y sur, todas las viejas iglesias pa rroquiales se construyeron en el centro de terrénes destina dos a cementerio de sus feligi"eses'. Ateniéndonos a lo ocurrido en San Juan, diremos que, desde su' emplazamiento en la isleta; todos y cada uno de -los fallecidos en pasadas épocas se enterraron en su área,, desde 1521 a 1814. Todá la parte del área sur de la Catedral, en los, terrenos ocupados hoy por varias dependencias gubernativas, sirvieron de cementerio durante más de doscientos años. De, la ,hoy calle de San Francisco y hacia la mitad del trozo comprendido entre la de San José y el , Cristo, mediaba ancha vereda que daba ,acceso a la Catedral por aquel costado. Por espacio de muchos años, fue esta'entrad'a la más frecuentada, por facilitar el acceso al templo de toda la feligresía viviente, en las "proximidades de la Plaza Mayor y hacia el sur. Subíase a la vereda por algonos escalones, no tantos desde luego como los de la entrada principal del poniente. Partía en dos porciones .casi, iguales el cementerio, a su derecha, e izquierda. En ,aquella parte se enterraban los cadáveres de los párvulos y en ésta los de las personas mayores. Altas cruces con sus respectivas se= hales indicaban los nombres y fechas de defunción de los alh enterrados, entre' arbustos y follajes de ex`h'übérañcia tropical. Como el espacio, aunque ancho de unas 25 varas y largó de unas 40, rebosaba de sepulturas, de tiempo en tiem. . .1k po se extraían los restos fünérarios y s depositaban en un osario adherido a las' paredes de la. Catedral, por la parte que miraba al naciente. Así nos entera Torres Vargas que: ' 4E1 General (aula) donde se enseña gramática y el osario de lbs clhifuntos están juntos' y'cont huos" (a lá Catedral) (14): r, A

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x Pero corrían los tiempos .y aumentaba la población,r cadavea con mayor rapidez, y fué.,neeesario a mediados, ,del. ,sigl& XVIII, extender- el área mortuoria por el lado naciente y nor..:. tedé lea Catedral y así se hizo desde aquella época y continuó practicándose hasta la fecha indicada, de 1814. .De,modo que hasta .el borde da la hoy existente línea de casas en todo. el frente, norte dé„la Catedral,•poblóse de tumbas sagradas, hasta el punto de poderse decir que no queda parte alguna de toda el área indicada del templo, que na sirviese de maternal acogida ajos restos de los que iban :muriendo. Había sinem bargo unas, estrechad parcelas que se conservaron libres' y 'eran las veredas de acceso al templo por sus .costados y el ancho cinturón que de inmediato le rodeaba, utilizada para las procesiones .de la CofrácYía de Animas,, que era una de las principales 'y más numerosas (15). Si no precisar, sí_ se puede calcular por alto el número de ,habitantes capitaleños enterrados en el área de la Catedral. Al principio y por casi toda la centuria primera no excedieron de un par de ,cien:tos los vecinos de la Capital, según sucesivos..y~coiucordes tes-. timonios dé cronistas•e historiadores. Por supuesto que, aparte de los vecinos, cuyas familias se suponían de 5 individuosr había otros moradores no avecindados y más numerosos en ocasiones que aquellos. La calidad de vecinos llevaba aparejados algunos privilegios; de que carecían los que no.lo eran. Los vecinos, de entonces eran comparables a los ciudadanos nativos de ahora, y los no vecinos a los. que no son hoy ciuda_, danos del país, en °que viven, por muy vecinos que parezcan de él. Andando el tiempo, los cientos de vecinos subieron a miles y antes de 1814 pasaban de 10.000 los moradores de'San Juan_ Pues bien: con excepción de las personas, pocas en relación con el número total, que en la iglesia de Santo Domingo se enterraron desde su erección y en la dé San Francisco' desde 1642, todos los demás fallecidos en la Capital 'recibieron cristiana sepultura en el área de la Catedral. Y téngase en cuanta que en ningún de los citados conventos había cemente —133—

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pio alrededor de sus templos, pues solamente las iglesias pa "rroquiales solían disfrutar .de cementerios. Por lo que del perímetro de la Catedral surgirán en el día del juicio final, el noventa o noventa y cinco por ciento de los enterrados en esta ciudad durante trescientos años. ¿ Cuántos fueron ellos? ¿50 .000 ? ¿ 100 .000? Difícil precisarlo, pero si fueron muy chos, porque fueran prácticamente todos. En solé el mes dé agosto de 1644, vió morir y enterrar el Obispo López de haro más de cincuenta (16) r. Y aunque el muy madrileño Obis~ po añade estar "persuadido a que no han muerto tanto de mal curados como de mal comidos", lo cierto es qué hasta medio centenar- se inhumaron solo en un mes. Y cuando cuai enta años después sobrevino 'la calamitosa peste del 89 y 90, tantos fueron los muertos; que fué necesario providencias se el Obispo que "la hora en que moría uno esa era lª de su entierro.''; (17). Cayeron a las fosas del cementerio todos. los prebendados menos uno, y dos terceras partes de la guar= nición con el grueso de los civiles que se deja ,suponér. De modo y manera que, aunque solo diéramos un promedio anual de 20G defunciones, entre sesenta y cien mil personas duei=' men el sueño de 'los justos en torno de ,la Catedral. Soldados, casi todos cuantos defendieron la plaza; prebendados, iguale mente todos cuantos entonaron las salmodias sagradas en el, amplio templo; negros, indios y'mulatos; cuantos sudaron en la edificación del caserío, castillos y murallas; vecinos de alta y baja posición s' ocial; en fin, cuantas aquí alentaron vida y hallaron la muerte; bien cerca de nosotros dejardñ sus res= tos 'convertidos en polvo y ceniza. ¡ Oh, venerando panteón de aiítepasados de nuestra Catedral de San Juan! 1 NOTAS: 1.-- Iras Casas, list. II, 5¢s. .2,— Tapia, 289. 3'.— Tapia, 469.


~ 4.— Tapia, 284.

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5.— Tapia, 159. 6.— Bol. lust., II, 49, 7.— Tapia, 158 8.— Tapia, 160. 9.— Bol. Hist., III, 112. 10.— Tapia, 501. 11.— Cuesta Mendoza, A.: Hist. T, 295; y ACS,!' III, 205. 12.— Bol. Kist. VI, 52. 13.— Tapia, 452.

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14,— Tapia, 497. 15.— Tapia, 499. 16.— Tapia, 456. 17.— Cuesl a Mendoza, A.: Bust., I, 408. ~

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CAPITULO XII. "LA CATEDRAL -II-" ~ 1o. Al comenzar la obra. — 2o. Se termina: — 3o, Su capacidad: 4o. Actuación de Bastidas: — 5o. La cantera del Toa. — 6o. La Capilla Mayor. 7o. Costo total.80. Con fondos de la tierra. — 9o. Actuación de Mercado. —'10o. La de Salamanca: -- 110. Otras mejores: -12o. Los Obispos Ramos y Calderón. — 13o. L casa so-

lariega. 1o.—Muchas veces nos hemos puesto a considerar la si= tuación de ánimo del Obispo Manso, al poner manos a la obra, 'de su Catedral Porque, aparte, de la escasez de ,diezmos para fabricarla, los materiales eran sumamente escasos y la' mano de obra más. escasa todavía y muy difícil de conseguir. Así fuera; de tapias y madera con cubierta de pobres tejas, ¿ dónde se hallaba todo esto entonces? Y los operarios ¿ dónde hallarlos, .mayormente expertos? Habiendo hoy dinero, lo demás fácil es conseguirlo, aunque últimamente ha habido la experiencia, por razones de las guerras mundiales, dé que ciertos materiales, ni pagados a precio de oro podían conseguirse, por reservarse con fines bélicos. Fuera de ello, no había vecino en San Juan que no estuviera atareado en la hechura de su propia morada. Nos figuramos qué, apesar de

todas sus hidalguías que les vedaban el ejercicio de oficios ~ —137—

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manuales; aquellos. finchadbs mílites se verían forzados por la necesidad batir el barro, cavar las zanjas, pulimentar a medias. los troncos de-árboles y sudar tomó negros para construir sus albergues, a los lados de la Plaza Mayor y a .largo de las calles que hácia los cuatro vientos arrancan de ella. Probablemente con mayor afán que los constructores de la Torre de Babel, los vecinos de San Juan se apurarían en alzar sus viviendas. ¡Y feliz el quo dispusiera de álgún operario, indio o negro, advenedizo o transeunte! ¡ Qué hormiguero de actividades debió ofrecer la naciente población, ,en sus primeras décadas -de existencia! Imposible imaginárnoslo hoy. A ciento veinte llegaba el número de casas. qué hallara Ramírez de .Fuenleal, su paso para la Isla Española, en 1528, de tierra y tablas las más, con unas pocas de cantería mismo (1). Siquiera a Hernández Cortés le sóbrabai por tiempo los operarios indios para la' reedificación de la gran Tenothzizland, ya que no por cientos, sino por enjambres de iYiillares se le brindaban a porfía; .mas ¿áqui ? 2o.—Como quiera que fuese, Obispo Manso arremetió con la ingente empresa de alzar su Catedral. De los 150 indios adjudicados en.1515, , apenas le quedaba una tercera parte de qué disponer, pera a quienes había que albergar, vestir y alimentar, mal que bien, y sobre todo dirigir en el, trabajo. Negros tenía una veintena comprados en España por su apoderado (2,). Del bosque vecino, que lo era cerrado hasta el puente de San Antonio, o ial vez de los mismós árboles que los había seculares en la propia área de la Catedral, se, serviría, así como de la tierra removida al nivelar el cuadrado. Lo cierto es que vió cómo de las profundas zanjas surgían los muros, se elevaban las paredes y la alta chumbre se cerraba poco a poco. La obra iba muy adelantada, cuando en 4 de octubre de 1526 redoblado huracán tó lo construido y por construir, arruinando a todo el mundo, del gobernador abajo, qué quedó por puertas, según el dicho vulgar, hasta el más infeliz de los pobladores (3)'. ¡Pobre —138—


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Manso al verlo todo por tierra y tener nUeiiamerite qué có menzar ! Pero lo hizo coi áñimó ,supériót a 1'as circunstancias adversas y a finés de 1528, sti Catedral estaba terminada. (4). Vaya nuestro recuerdo de admiración y de gratitud pa los escuálidos indios y los retintos robustos negros que• la levantaron. Ya en sus canceles se fijaban los editos epis-. copales y en .su presbiterio se efectuaba la primera cónsa oración episcopal, nada menos que de uno de los grandes, Prelados y gobernantes venidos a playas americanas, el esclarecido Ramírez de Fuenleal, Obispo de Santo Domingo, organizador y primer Presidente de la Audiencia, dominicana y mejicana y'finalmente Presidente del Consejo de Indias (5).. 3o.—Respecto a ía,capacidad que Manso diera á su Catedral, tenemos el testimonio dado por Fuenleal, que aseguraba podía albergar a más del doble del vecindario existente entonces, es decir de un par de miles de personas (6). Qui= siera o no, Batidas confirmó este juicio de Fuenleal sobre la amplitud del primitivo templo, en 1 de septiembre de 1548, escribiendo al Emperador que con la Capilla Mayor con un pedazo de Iglesia, "que iba él levantando" para la incorporar con lá vieja, se podría pasar, ."hasta que. Núestro Señor sea servido de dar posibilidad para la acabar" (7) . En lo cual 'no había hecho Manso, sino atenerse a lo prec.eptuado por los Gobernadores Gerónimos, sobre que la Catedral fuera bien capaz. Por nuestra parte sospechamos «ue la primitiva Catedral, se extendía por toda el área hoy ocupada por las tres naves, con parte del crucero y la Capilla Mayor. Da "pgbreéilla Iglesia" de que nos habla Bastillas, juzgamos que se refiere a los materiales solamente "ya que todo lo alto de ella se viene a tierra y tiene mucho costo en la, sustentar, por ser' lo alto de madera", (8), y en manera ninguna a la magnitud y grandeza. 4o.—En sus 25 años, de episcopado, Bastillas• reedificó de piedra sillar, no solo las sacristías que se 'conservan intactas; —139=-.


sino tla Capilla Mayor y un pedazo de Iglesia, .hasta techarla del• mismo, perpetuo material: "Esta ,Catedral edificó el Obispo pasado de. tapias, madera 'y tejas. Cómo aquí la madera se .corrompe luego, eónstantem.ente se ha de estar en reparos,. o se ha de. hacer .de cantería, como el Cabildo, de la Iglesia y los Oficiales Reales acordaron en sede vacante. Empe zaron,," etc. (9). Conteste era su afirmación, con la. hecha por el Cabildo en J10 de febrero- dé 1542, al escribir a Carlos V.: "Habrá año, y medio que principiamos a hacer la Iglesia Catedral desta, tal que sea perpetua" (10). Mientras hubo cau-. dal de donde pagar la obra, continúóse afanosamente, pero ya para el 20 de marzo de 1546, "la obra de la Catedral nueva se ha suspendido por la poca renta de la fábrica" (11). Si Su Majestad alargara su mano, si se le pudiera aplicar la parte de los diezmos dedicada a hospital!. . . Así parece sucedió, pues que; en 1 de septiembre de 1548; estribé ,Éastidas puntualmente:, "Ya por otras .escribí a Vuestra Majestad cómo el Obispo pasado, que sea .en gloria, hizo aquí una pobrecilla Iglesia y tal que todo lo alto de ella se viene a tierra y 'se tiene mucho costo en la sustentar, por ser lo alto de madera, a ,cuya causa comenzamos una iglesia y de presente la capilla mayor con un pedazo de la Iglesia se llevan muy buenos términos y con muy galanos y perpetuos edificios, para• la incorporar con .la vieja, hasta que Nuestro Se ñor sea servido de dar .posibilidad para la acabar.' Toda esta capilla y pedazo de su Iglesia se,vá ya cuasi en la mitad de su altura. Anse gastado én ella más de 6.000 castellanos, porque es obra costosa y la piedra se trae por mar de más de tinca o seis leguas. Vuestra Majestad le 'hizo merced y limosna de 600 pesos pagados en tres años que füé socorro para/su pobreza, están ya gastados los dos 'tercios en negros que andan, en las obras, que tenemos en ella hasta veinte, r el otro tercio se debe para cuando se dé. Padece ésta Iglesia mucha necesidad. A maestros y mayordomos que andan en , obra se pagan más de 400 pesos. Y porque esta obra que• —140—

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está medianamente encaminada , no cese, suplico a Vuestra:, Majestad sea servido de mandar que la dicha limosna, con algún aumento más se dé, hasta tanto qué la dicha éapilla y pedazo de Iglesia se acabe de cerrar; o por el tiempo que Vuestra Majestad fuera servido, pues el edificio es para'honra de Dios y servicio de Vuestra Majestad y aumento y per. petüidad de la población ,desta isla" (12)'. Para la historia, de la Catedral, en tiempo de. Bastidas, no tiene precio esta carta, que solo en extracto publicó Tapia (13) y que, luego comentaremos. Un año casi después, en 10 de marzo de 1549; el Cabildo manifestaba: "ha nueve años que va la obra. de .esta Iglesia. La fábrica es pobre, los vecinos con poca posibilidad. Vuestra Majestad, hizo limosna de 600 pesos en tres años. Suplicamos se continúe. . , : Ello está subido de .presente en altura de entablamento, todo de cantería y muy real edificio (14). Lo .que en carta del siguiente día confirma el Prelado diciendo: "Sigue la fábrica de la Igle= sia" (15). Unos seis años después, la, edificación proseguía, pues insiste Bastidas, en -su carta de 15 de septiembre de 1555: "Por muchas veces tenemos dada noticia a Vuestra Majestad del estado y edificio delta Iglesia y de su pobreza y, Vuestra Majestad la ha socorrido con su real limosna, que le d en cada tres años de su real hacienda 600 pesós de oró. Hase acabado el tiempo y la limosna. A Vuestra Majestad suplico la mande continuar con el acrecentamiento que fuere servido, porque el edificio es calificado y la Iglesia muy pobre y necesitada (16) . Por última vez hallamos en la corres pendencia de Bastidas alusión °al edificio catedralicio, .en 5, de abril de 1559, veinte años después de la'muerte de Manso casi otros tantos de echar los cimientos del nuevo templo: "Está Iglesia sigue su edificio como lo tenía comenzado, aunque con harto trabajo y necesidad. Es calificado. Hace falta lá real limosna ordinaria que el Emperador nuestro Señor que sea en gloria le hacía. A Vuestra Majestad suplico 'sea servido de mándarlá continuar, que será limosna de que Diós —141—.


uestro Señor será servido, porque este edificio vio pare, ni se pierda lo edificado que es en cantidad" (17) . 5o.—De los párrafos epistolares copiados, sacamos en, consecuencia primeramente que la nueva Catedral comenzó y. prosiguió con materiales de primera clase. Nada menos que de seis leguas arriba de la boca del Toa, se extraía la piedra y se la 'traía a la Catedral. La memoria de ello se conservaba fresca en .1582, según aserción del eroñista Ponce de León en el' capítulo XIX de su "Memoria". Hablando de este río y de sus Eres ingenios, uno de agua y dos de caballos, con un curso de más de catorce leguas dice: "junto al ingenio de agua arriba dicho, que llaman La Triñidad, hay una cantera de piedra muy buena, blanca, lisa que la traían de allí para la obra que se comenzó de antiguamente en la Iglesia mayor desta ciudad" (18). Todavía conservábase memoria de ésta cantera a fines' del siglo XVII :p se' ja utilizaba para la Catedral, según oportunamente veremos: 6ó.--Parece deduccióil segura qué, por lo menos, Bastidas términó la Capilla Mayor y parte del cuerpo, o mejor, crucero de la iglesia, antes. de, renunciar lá mitra en 15.67. Ya en 1548 iba: "en la mitad de si altura" yen 1549 "en ál= tura de entablamento". A dónde alcanzaba el propósito de Bastidas, 'lo revela él, al decir que aspiraba a incorporar lo `viejo con lo nuevo, "hasta que Nuestro Señor sea servido de dar posibilidad para la acabar". Afirmase ello por el texto de Torres Vargas: "En tiempo de dicho Obispo se debió de hacer, o por lo menos comenzar, la Capilla Mayor de la Iglesia Catedral, porque en el principal textero de ella están labradas de piedra las (armas) de dicho Obispo Don Rodrigo de la Bastidas. . . La fábrica de esta Iglesia se dejó a las dos primeras capillas (laterales) cjue siguen a la mayor" (19). No se iban a labrar dichas armas, sin estar ya techada "la Iglesia, ni sé iban a. preocupar de hacerlo los siguientes Prelados, que harto tuvieron que hacer con proseguir penosamente el r` esto de la Iglesia.

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7o.—Sobre el costo total de la obra catédralicia hasta el punto a que la llevó Bastidas, siii gran esfuerzo podemos conjeturarlo. Trienios tras trienios, el Rey traspasaba •a beneficio de la Catedral los 2 novenos que de los diezmos le pertenecían y que montaban a 600 pesos cada tres años, o sea 200 én cada uño. A estos doscientos' pesos reales, hay que añadir los 3 novenos <propios de la fábrica y del hospital; adjudicados a este fin, cuando menos desde 1544, por lo tocante al hospital. Si éada noveno, como vemos; producía 100 ducados al año, los tres novenos adjudicados a la Catedral' montarían a 300 pesos anualmente. Es decir que lo destinado a la fábrica cada tres años, ascendía a no más de`500 pesos; que multiplicados por los 27 años transcurridos del 40 al" 67; dan un total de trece .mil quientos pesos, a que hay que agregar los. 4.00.0 aprovechados de las cuentas 'de Manso: .Ya .en septiembre de 1548, o séase; en el primer tercio del :tiempo iban invertidos "más de 6.000 pesos". El promedio anual de ingresos, sumadas ambas cantidades, no alcanza a 650 pesos de. los que 400 se llevaban mayordomo y maestros, restando los 250 para sustentar a los negros que trabajaban y aportar los materiales: precisos. Indios puros nó trabajaban en 'esta reedificación, pues ya para sus comienzos, o gozaban de libertad o habían mezclado su sangre con la de los inmigrantes. 80.—Otra advertencia se nos ocurre, antes de pasar adelante: que los muchos. miles de pesos enterrados en la reédificación de la Catedral, de la tierra surgieron y de fuera no vinieron, pues aún las limosnas reales provenían de los diezmos. Donativos especiales llegados de Méjico o extraídos de las cajas reales de la Isla no ocurrieron en este pe ríodo. Fué, pues, la ,Catedral de San Juan hecha con los recursos propios de sus. moradores. 9o.—Desde 1567 y prácticamente desde que Bastidas se quedó de asiento en Santo Domingo, unos cuatro años antes, —143—


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hasta 1572, eñ qué llegó el Obispo Mercado, las" obras de la atedral estuvieron al cuidado del Cabildo, ya que. el Obispo intermedio, Carvajal, no pasó aquí siquiera un año. El Obispo Mercado representó la invalidéz de los negros operarios, pues por viejos gastaban más que producían y 1?idió y rconsiguió del rey 16 más (20) . Logró también una ayuda especial,. ~a nuestro juicio la primera) de mil ducados que debían surtir las' cajas reales de Méjico. Pretendió ✓a la vez el Rey que igual donativo hicieran los encomenderos y vecinos de la ciudad "según la calidad de riqueza de cada uno", por Cédula de 3 de marzo e 1573 (21). En cuanto a los encomenderos nada dieron, pues no los había;. en cuanto a los vecinos, el Obispo Mercado se excusó de cumplirla, "por la pobreza que sus moradores padecen y que si el Rey ,lo autoriza, .lo hará cuando vean que la obra va adelantada y mejoran las circunstancias" (22),. En 15 de .marzo de 1574; pidió que los mil ducados. del Rey se emplearan en Sevilla en comprar "las herramientas y cosas necesarias y el. restó en la lista de cosas enviada de aquí "para que vendidas en la tierra se puedan pagar los oficiales y sustentar los negros" (23): Como el Obispo Mercado no se ausentó hasta agosto. de 1577 ,y mostró;tanto interés por su Catedral y la Isla, es de suponer que hasta: el últtmo momento siguió,empujanáo las obras; tanto más cuanto que llegó a empeñarse personalmente ,en `niás de 5.000 ducados, con haberse tratado como un pobre. (24). Y pues se trató como un pobre, en favor de su Catedral gastaría suma tan gruesa. Había hallado la Catedral "muy mal re= parada y parte de ella cubierta de paja" por lo que se hacía forzoso, "dejar .el servicio divino en tiempos de aguas, que son en esta Isla muy continuos, por no poder estar en la iglesia, a ¿áusa de lloverse toda" (25). De donde se ve que parte, a lo menos, de las tejas de que cubriera Manso la Iglesia habían volado con los vendabales o inútilizádose ya. 10o.--Tras el Obispo Mercado llegó Fray Diego de Sa,, lamanca, que era dado a construir. Trajo consigo cuatro ofiz

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11o.--No solo esto, sino que reparó las casas episcopales y por habitarlas subióles la renta anterior de 60 a 340 pesos al año (29). Demás de ello "hizo a su costa y expensas las gradas de fuera de la Iglesia Catedral" según hace constar Torres Vargas (30). Las gradas a que se refiere no eran solamente las del frente, únicas que 'hay hoy, ya desfiguradas, sino también las demás que Serüían de acceso, pues según el Obispo 'López de Raro; "Súbese a ella por gradas de piedra y por los tres lados esta cercada con tina plazuela con parapetos" (31). Arregló el cementerio y lo bendijo solemnemeñte, de modo que la Catedral, por dentro y por fuera, quedó vistosa y majestuosa (32). FinalmentO la dotó interiormente de lo necesario para el culto, incluso un órgano, el órgano ¡ ay! que en 1598 se llevaron muy gustosos los .ingleses de Cumberland (33). 12o.—Ni el Obispo Ramos, ni el Obispo Calderón, sucesores de Salamanca, debieron .avanzar en la construcción de. la 'Catedral sino acaso ligerámente, ya por su breve permanencia en la Isla o ya porque su antecesor había llevado a, feliz término dicha obra,, hasta dejarla en el punto de perfección, en que la halló Mr.. Layfield, Capellán cronista de la armada inglesa que la describe así': "La Catedral es tan buena como cualquiera de las Catedrales de Inglaterra y tal vez más perfecta y más Hermosa. Viene columnas próporcionadás que forman dos knaves laterales y la nave principal llega —1454

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ciales de carpintería y albañilería, conseguidos por dos años, a cada uno de los cuáles pagábase 18 reales por ,día o sea., tres ducados (26) "La iglesia se cae y llueve toda y está llena de murciélagos, por no poderse cerrar las muchas aberturas que tiene y está peligrosa y sin remedió de poderse echar un tejado, no tiene negros ni gente que lo haga" (2'). "Con dos mil ducados que e gastasen se podía poner de suerte que pareciera Iglesia" (28)'. Debió conseguirlos; puesto qué adelantó muchísimo la obra de la. Catedral.


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~ hasta el altar mayor. Es más oscura que las iglesias comunes, pues tiene pocas ventanas, muy estrechas y sin vidrieras, como están todas las ventanas de la población La mayor .cantidad de luz la recibe por las puertas, dando la principal hacia el znar, desde la que se ven los barcos entrando y saliendo en la hermosa bahía. Las otras dos puertas están al lado de la principal. Hay otra lateral qué conduce a la casa de los obispos y otra que lleva al coro, etc. Puede verse la reseña completa en nuestra Historia de la Educación, I, 405.

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{ ''13o.—Detengámonos un momento ante la casa solariega dé la cristiandad isleña, contemplándola tal como era al teririiñar la centuria 16: a los 60 años de iniciada su reedificaeión. Dé, tres naves amplias, separadas por esbeltas columnas, con doble serie de ventanas, las de la nave mayor y las de las ~bs laterales. Y como quiera que todas las reparaciones he-' chas en los siglos posteriores solo afectaron a la techumbre del cuerpo de la iglesia, cuanto de ella dijeron Laet y Lope de Maro resulta exacto. El primero vió "una iglesia catedral de elegante arquitectura con un doble orden de columnas y ventanas, cerradas con- fino cañamazo por la escasez de cristales. Tiene además dos pequeñas capillas" (34). Completa la descripción el segundo,: "La Iglesia comenzó de sillería muy buena, pero jamás tuvo con qué poderse acabar. y dándose por deshauciados sobre dichas paredes de sillería la hi= cíerón de mampostería y mucho menor que la traza; será algo mejor que la de Sail Sebastián de esa Corte. La bóveda de la capilla mayor es de piedra excelentísima y el cuerpo de la Iglesia de buenas maderas y, el retablo pobre como la fábrica" (35). NOTAS: 1-

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Tapia, 298: "VI cómo en la ciudad había 120 casas, dellas de pie: dra y las más de tablas y paja". 2.— Tapia, 182: "Don Alonso Manso.., pide licencia para que su enviado pueda comprar 20 negros y pueda pasarlos".

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i Tapia, 295. Tapia, 298. "La iglesia se acabó de cubrir estando yo allá y es suficiente para 200 vecinos más". 5.-+ Tapia, 301: "Detúveme can la venida del Presidente a consagrar-

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Había por lo menos tantos vecinos como casas y éstas llegaban a 120. Puenleal asegura qué la Catedral era suficiente pare.' "doscientos vecinos -más", en junto 320 que multiplicados por 5 da. ban 1,500 personas, más los no vecinos y esclavos. 7.-- Br., P, j., 15 y 16. 8.- Br., P. E., 15. 9.- Tapia, 338. 30.- Tapia, 334. 11$- Tapia, 340. 12.-Br.,P.E„15yV. 13.- Tapia, 344. 14.- Tapia, 345. 15.- Tapia, 346. 16.- Br., P. E., 23. 17.- Br., P. E., 24. 18.- Memoria No. 19. 'IL- Tapia, 440. 20.- Br.,P. E., 30 y 31. 21.- Br., Miscelánea, 23. 22.- Br., P. E., 32 V. 23.- Br., P. E., 32. 24.— Br., P. E., 43 v. 25.— Br., P. E., 30. 26.— Br., P. E. 43 v.' 27.— Br., P. E., 43 V. 28.— Br., .P. E., 43v. 29.— Br., P. E., 54. 30.— Tapia, 470. ' 31.— Tapia, 452. 82.— Cuesta Mendoza, A.: 1(1st. T, 405. 33.— Br., Corresp. 34.-- Tapia, 139. 35,— Tapia. 452. 6.-

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CAPITULO XIII.

"LA CATEDRAL =Ill-". 10. Fuentes de información, — 2o. Despdjo y tormenta. --3o. Desbarajuste administrativo. — 4o. Lo que se llevó el holandés. — 5o. El crucero restaurado. — 6o. Un nativo constructor. — 7o. La Catedral en 1640 y 1644.-80.. Averiadas torres y sala capitular. 9o. Carta del Gobernador Noboa. — 10o. Torres Vargas y la antigua cantera. — 110. Composturas pasajeras. — 12o. Lag. Capilla de San Bernardo. — 13o. Opinión del Doctor Murga.— 14o. I)iligencias del Cabildo. — 15o. La Capilla de San Antonio: — 16o. Sobre nombrada también de San Benito. — .17o. Blasonada. — 180. La de los Mártires. — 19o. Resumen. r

lo.—Para seguir esbozando la historia del templo cate d'ralicio en el siglo XVII, no contamos sino con los extractos tomados en 1913 del Libro, I de Actas de su Cabildo, que comienza en noviembre .de 1652. Para la fecha de nuestro extracto, ya no existían los libios de actas anteriores, lo que parece. También, disponemos de los apuntes sacádos- de los papeles de Salvador Brau en 1937, sintiendo ahora no haberlos tomado más amplios. Finalmente con algunas frases de Torres Vargas podremos completar nuestro cuadro, que de-149—

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seamos pueda perfeccionar pronto algún historiador más 'do-' cumentado. 2o.—.Diremos por de pronto que, con el despojo del inglés, que se llevó :órgano, campanas y cuanto movible de valor / halló en la Catedral, ésta quedó desornada, silenciosa y muda. Además, .en 12 de septiembre de 1615, sobrevino una tormenta tan furiosa que "hizo tanto daño en la Iglesia •Catedral que fué necesario, por una parte cubrirla de paja y avisar a Su Majestad, 'suplicándole~.hiciese una limosna para su 'fábrica y concedió 4.000 ducados con su acostumbráda grandeza, y con ellos y lo qué debían los prebendados, desde el tiempo de la almoneda de la hacienda del Obispo Don Fray Martín Vázquez de Arce, se hizo un arco y dos pilares, con que se reparó el crucero de dicha iglesia, y sobre ello se fundó el nuevo-que el año de 641 se hizo, a solicitud de Don'Iñigo de la Mota Sarmiento, Gobernador de esta ciudad" (1) . Sabido es que esta tormenta fué una de las que mayores estragos produjo en toda la Isla, que hizo recordar la de 1575, cuarenta años antes. Como pajuelas se llevó las tejas y hasta el crucero ,lo quebrantó. La cuantía de los' gastos de reparación fúé enorme,- pues consumió sobre, 25.000 ducados, de los que más de 20.000 habían sido legados a lá. Iglesia por el Obispo Vázquez de Arce, fallecido en 1609 (2). 3o.—Sin caer en superstición, casi pudiéramos sospechar, que tal desastre sobrevenido a la Catedral fué aviso de Dios, por la malversación de fondós causada por los prebendados, según avisoreservad'o que, al ausentarse para Trujillo, dejó el Obispo Cabrera, al° Obispo Solier que le sucedió, en carta confiad, al Prior de Santo Dbmingo (3). Confirmólo por vista de ojos el Obispo Solier; escribiendo "haber habido descuido en administrar los bienes ,de la Iglesia en tiempo de 'Vázquez, y no ha habido caja de llaves, ni cuentas de entrada y salida" (e). Concluye su carta el Prelado, describiendo el desastre del crucero, y suplicando 'se ordene al Gobernador

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r que ayude con loS materiales no necesarios para la fábrica del Mbrro (5)". Era Gobernador por aquellas calendas, Don Pelipe de Béauiit y Navarra, de muy feliz recordación en los fastos isleños, y pues tan cumplidamente acudió al remedio de los ciudadanos, semejantemente atendería a la reparación de la Catedral (6). A este desbarajuste pus6 final remedio el Obispo López Agurto en 1632, consiguiendo acrecentar en 600 ducados la renta de las casas que eran propiedad de la Catedral (7). 4o.—No se había todavía repuesto bien 'la Catedral del despojo del inglés, cuando en 1625 llegó el holandés, de perpetua ingrata memoria para los sanjuaner-os. Lo primero que hizo fué quemar las .imágenes sagradas de templos y capillas, y raspar los dorados de los altares. En el barco Koninginne cargó: 12 ,pequeños sacos de a doscientas' piastras cada uno, un saco con plata en pedazos de 3 libras y 11 onzas, una cruz de plata con peso de poco más de una libra, 51 cajas de azúcar, 40 fardos de ger~gibre, 52 cueros, 23 cajas de tabaco, 9 campanas grandes y pequeñas, 6• escudillas de cobre,. 6 cajas y un barrilito de cuartos españoles y una porción de otras obras de cobre. En el buque Jonás metieron: 2.285 .cúeros, 3 cajas de estaño con gengibre, 4 cajas dobles de azúcar, 18 calibrazos de hierro, 130 piezas de hierro, un barrí lito' de acero, 2 cajas de estaño con incienso y 1'0 saquitos de a 200 piastras cada uño (8) . Así que dejaron la Catedral vacía y estropeada y el almacén de ella limpio de diezmos. 5o.—A los. 1.1 años ,del desastre holandés, teníamos de Gobernador un hombre, ;a quien Puerto' Rico debe 'gratitud suma. "Siguió con tanto afán la fábrica de las murallas que en seis años que gobernó acabó la cerca con tres puertas excelentes. . , el crucero de la Iglesia Catedral lo hizo de huevo, porque tenía alguna desgracia con su ruina, e hizo uña cerca a la Iglesia, solicitando para dicho efecto la cobranza de deudas que, por su antigüedad, parecan incobrables" (9). Sobre —151—

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los dos pilares que en 1616 se habían fabricado demás de un arco, Iñigo levantó otro, ,con que la obra del crucero quedó completa y asegurada (10). Tan agradecido quedó el Cabildo que, "en memoria de esté beneficio perpetuamente sé obligaron el Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia a decirle una misa ,cantada todos los años al señor San Juan Bautista en su d'ía, de quien era tan devoto, etc." (11).

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6o.—A esta obra de reparación ayudó por modo extraordinario un prebendado de la Catedral,, hijo del país, de quien hace cálida recomendación el Obispo López de Haro, en sus cartas del 20 y 25 de septiempre de 1644, diciendo que "ha reedificado la Iglesia" y "que por 'su, mucha industria y trabajo se ha reparado la Catedral y parte de las casas" (12). Era Don Juan Morcelo, hermanó de Don Lorenzo Marcelo, Alcalde ordinario muchas veces., L1egóNa'°ocupar el Deanato y falleció muchos años después, dejando heredera a la Iglesia de la tercera parte de su hacienda. Tal era su relieve social y tan conocidos sus méritos en la Corte; que en atenci 5n a ellos, el 'Obispo López de Haro,. pedía una canongía pasu sobrino Juan Menéndez de Valdés y Morcelo. 7o.—Por obra de unos y de otros, la Catedral presentakía tan lucido aspecto como la describe en 1640 el testigo de vista Juan de Laet, e igualmente+el Obispo López de Haro, cuatro años después a tenor de los textos o citas de ellos,, transcritas anteriormente. So.—En tal estado y conformidad permaneció la Catedral por espacio de algunos años, no machos, pues a cada tormenta fuerte l ' techumbre de maderas y tejas se deterioraba. La que sobrevino en 1653 debió ser de órdago, pues dañó hasta ,la bóveda de la sala capitular y la media naranja de la torre (15). Esta sala capitular nos parece que erra la actual pieza contigua al ábside, por su lado sur, próxima a la torré, qúe debía tener otra cuerpo más dé altura, terminado " en media naranja. Las grietas fueron de tal calibre, que —152—

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fué preciso cubrir de madera y teja dicha bóveda (16),, para reparar estos desperfectos se pidió 1 Góliernador Don Diego de Aguilera la cal que se le había prestado para la fábrica del Convento de San Francisco (17) . Elevósé juntamente una súplica al Rey para que concediese el .auxilio de 14.000 ducados necesarios paróla reparación total (18). 9o.—Y así llegamos• al año de 1660, en que sobrevino el deterioro de tódas las techumbre del cuerpo de la iglesia. 'El Gobernador Novoa lo puso en conocimiento del Rey, en carta de 24 de abril de 1660, que copiamos por hallar en ella informes interesantes: "Señor: la Catedral de esta ciudad tiene gran necesidad de repararse, porque toda su techumbre es de madera antigua, tan podrida que corre gran riesgo de venirse de golpe al suelo, y suceder sobre la ruina una desgracia. Yo la hice reconocer de los maestros de carpintería y albañilería, y hallaron lo mismo que yo había visto muchos días antes. Si se vuelve a fabricar de maderas tendrá el mismo riesgo en Otros tantos años, o en menos, conforme le entrase el comején, que es una hormiguilla que la destruye brevemente y es la que ha destruido los puentes de la fortaleza del Morro, y con mayor costo, por cuanto las maderas cacla vez se cortan y conducen de más lejos 'y según la costa que hoy tienen, costarán tanto como si, se .hiciese de bóveda de cantería y ladrillos, o ,poco menos. Haciéndola de este material se hallará de más hermosura y permanencia, que si ,se hace de madera; y si se hubiera hecho así, desde un principio, se ahorraría° el gastovque ahora es preciso hacer y los venideros. No he podido excusar el representar a Vuestra Majestad, por lo preciso, Etc." (19). El Cabildo de la Catedrah secundó la propuesta del Gobernador, escribiendo en conformidad de ella, el 27 de agosto inmediato (20). Vinieron consultas y fueren exposiciones' sin mayor resultado: 10o.—Aunque con lentitud peligrosa, se seguían agenciando las maderas de reparación, con augurios de conseguir 'I


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ayudó cumplida, pues en 5 de noviembre de 1666 "se encomienda a Torres Vargas que, continúe apeando los teches de la Catedral y acopiando todos los materiales necesarios para hacer ,de nuevo la obra, según la primera planta, en lo que se pudiere" (21) . Se recordará que Torres Vargas había _viste en° España el plano de la Iglesia proyectada en 15,40, pues dice: "Si como se comenzó dicha Iglesia, se ejecutase hasta ' el fin, fuera según la planta que yo vi de ella, hecha en pergamino tan grande como lo es hoy la de Sevilla'° (22) . Y en otÑ parte había dicho: "En la ciudad hay iglesia Catedral antiquísima y que comenzó- con gran fábrica" (23). Este recuerdo nunca se desvaneció de la memoria del cronista e influyó a sus compañeros. Tampoco el Cabildo había echado de menos, la cantera del Toa arriba, de que se extrajeron los sillares primitivos, pues, en 8 de agosto de 1659, se encargó al Licenciado Carlos Martel: `Busque persona que ponga las piedras que están en -la ribera del Toa en 'el embarcadero, para que puedan llegar a la ciudad ('24). 11o,—Tuvo Su Majestad un rasgo de inusitada generosidad, otorgando a la Catedral un auxilio; de sesenta mil ducados,. pero en los efectos de comiso, cobrables poco a poco, y se le rogó lo señalase en otras fuentes de ingreso (25): En 22 de enero de 1677 el Cabildo comisionó al Virrey, Dean y Cabildo de Méjico para cobrarle los 18.000 ducados concedidos por Su 'Majestad (26)., Yen 15 de julio de 1684 se le enviaba otro' poder para cobrar 6.000 ducados pertenecientes a esta Iglesia (27) . En 10 de octubre' de 1695, se comisionaba al Doctor Martín Calderón de la Bar= c para la reedificación de lá Catedral (28). En definitiva, no se logró en todo este siglo XVII, poner bóveda de material, que exigía un buen golpe de miles de pesos, y todo se redujo a remiendos y retejos pasajeros. 12o.—La planta de la Catedral en el siglo. XVI se eoncretaba a las tres ,naves, sin capilla alguna, ¿Ce las seis que ahoy —154—


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tiene. La primera que se 1evntó fué la de San. Bernardo, que es también hoy la priYnera a mano izquierda, según se entra por la puerta del oeste. Esta capilla se construyó por disposición testamentaria dei Obispo Valbuena y fué erigida poco después de su muerte, ocurrida en 1627. "Mandó .si hacienda a la Iglesia, dice /Torres Vargas, con cargo de -que se labrase una capilla al Señor San Bernardo para Sagrario, y en ella se colocasen sus huesos, dotando la lámpara de aceite que pudiera gastar cada año y en cada primer domingo de mes se le dijese' una misa cantada y el día del Señor San Bernardo con sermón y vísperas, como todo se hace" (29) . 13o.—Tratando del Obispo Valbuena, asegura el Doctór Vicente Murga, en sus interesantes artículos sobre Historia Eclesiástica, publicados en el Boletín Eclesiástico de la Dio'-' cesis de Ponce, que este Obispo no vino rico de Jamaica, contra el aserto de Torres Vargas. Y lo prueba, agregando que para trasladarse de Jamaica a Puerto Rico hubo de acudir al. Rey, en solicitad de auxilio. La petición iba enderezada a lograr los frutos de la vacante, como los consiguió. "Pidió .Rey la mitad de la vacante o de los frutos del Obispado, en el tiempo de la vacante, pues los necesitó para hacer despachar sus Bulas y hacer el viaje desde Jamaica donde se halla a Puerto Rico y así• costear su pontifical". Así extracta Brau la carta de Valbuena, de julio 29 de 1620 (30). ¿Por qué había de gastar de lo suyo, pudiendo recabar la ayuda real? .Por otra parte, ¿de dónde pudo lograr Valbueña los, "muchos frutos y dineros" que según Torres Vargas enió. . . en los navíos que salieron aquellos afós d'e estos puertos", para fundar un convento de Monjas Bérnárdas en Viso, Extremadura? (31) Por cierto que en 1623 en que llegó, ni siquiera pudo .corresponder al pedido que el Rey hacia a la ` Iglesia, pues en 25 de marzo de 1624 le dice: "Yo no tuve éste año de mis diezmos sino 100 arrobas de azúcar blanco. Con esto sirvo a Vuestra Majestad, con no pequeño desconsuelo, porque quisiera fueran otros tantos quintales de oro" (32). —155— ~


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Al año siguiente, fué la invasión holandesa qué despojó a todo el mundo de lo que tenía, yy dos años después .expiraba el Obispo. ¿De dónde, pues, pudo agenciar dineros y frutos, .si ya no dispOníá de ellos anteriormente'? Parece, pues, indudable que ya vino rico de Jamaica, fuera de serlo por su propia familia. 140.—Hay que alabar la diligencia del Cabildo de aquel tiempo, en cumplir con la voluntad del testador prontamente y venciendo 'la oposición de los oficiales reales que queríán apoderarse de la Hacienda del Obispó. (33) No solo en 1647, sino cuarenta años después de la muerte de Valbuena, seguía en su ser- la capilla de San Bernardo, de la qué nos habla el • Obispo Rivas en 1667, añadiendo el dato de que sobre su por tada aparecían las armas nobiliarias del fundador (34) . Por el destino que se le dió, esta capilla llamóse también del Sagrario y del Baptisterio.

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15o.—La segunda capilla de la Catedral es la erigida por los portugueses, en honor de San Antonio, frontera a la de San Bernardo, y que es la primera a -mano derecha entrando por el oeste en .el templo. Llama la atención la, insistencia ., con que Varios Obispos de San Juan reclamaban inmigrantes portugueses. Los Jerónimos, Mercado, Salamanca, Vázquez de Arce, Padilla, los consideraban de la mejor calidad .como labradores y que congeniaban admirablemente bien con los naturales. Y como en 1580 ocurriera la agregación de Portugal a Castilla, con tal motivo su número aquí creció en forma tal que constituyó la cofradía más nutrida de cuantas había en la ciudad, según la menciona Torres Vargas en su Descripción de la Isla, entre las existentes en 1648 (34) . Cuatro años antes había llegado a la cumbre de la prgsperidad esta cofradía, de modo que celebrara la fiesta de San Antonio, como nos lo refiere el Obispo López de Haro (35). Como es propio de toda cofradía pujante, la de San Antonio, disponiendo de fondos abundantes, labróse su propia capilla en —156—


la Catedral, donde dejamos 'dicho, para rendir ,culto especial al'patrono y lograr enterramiento para sus miemuros.. Co-. mo en 1640 sobrevino, el rompimiento de Portugal, sepai;ándose de España, eñ guerra que duró siete años; los portugueses de San Juan se fueron ausentando para otras regiones y no llegó a quedar sino uno solo. Consiguientemente su capilla .fué desatendida y casi abandonada, por lo que el Obispo Rivas pensó. darle un nuevo destino. En 28 de abril de 1667, escribía a Su Majestad, pidiéndole autorización para erigir su sepultura en la capilla "clue está enfrente (de la ,de San Bernardo) desta, y desamparada y desierta, porque los portugueses que cuidaban de ella y tenían allí su cofradía en Puerto Rico, se acabaron los de esta nación. No hay sino un solo vecino, y aunque ellos la dedicaron a San Antonio, no le quiero quitar yo el título, sino que sea de San Antonio y San Benito, por ser de este título el altar privilegiado que Su Santidad para esta Iglesia me concedió y ya la capilla se cuida y aliña, después que hay en ella altar" (37). 17o.—La .capilla estaba blasonada tomó la de San Bernardo; .pues* se. dispone en una de las actas del Cabildo, que se retoquen y, repinten las armas que están encima del altar mayor; como también las del altar. de Animas y de San Antonio (38). 180.---Igualmente esta capilla disponía de cripta, que ' olvidada durante muchos años, fué descubierta en 1771, según consta del Acta ,dél .13 de agosto del mismo año, que habla de "la bóveda que nuevamente se encontró 'ante la puerta de la capilla de San Antonio" (39). En el acta del 12 de ,abril de 1796 se le "que se componga la ,bóveda de San Antonio siempre que las ratas vuelvan a abrirla, poniendo < viguetas y encima losetas, como está la del viejo Sagrarios (San Bernardo) (40). 19o.—La tercera capilla de la Catedral fué la de los Santos Mártires, construída hacia el' 1660, por el Obispo Arnalt =157

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de de IS'sasi, sin duda para que le sirviera cPe sepultura. Al' presenté no podemos fijar su situación, pero sí indicar que fué una de las que seguían a la de Ssn Bernardo o a la de San Antonio (41). 20o.—Resumiendo lo expresado en este capítulo, tenemos que, en toda la centuria 17,, ho se pudo techar de' material permanente la Catedral; a pesar de los muchos ducados invertidos en, ella, no obstante lo cual, se. logró conservarla grande y vistosa, y añadirle las tres primeras capillas, que desde sus principios se abovedaron. Su arquitectura le pareció elegante al historiador holandés Laet y el Obispo López cTe Haro la comparó con una de las principales iglesias de la Corte. NOTAS: , 1.— Tapia, 472 y 47,3. 2.— Br., P. E., 92. 3.— B3'. Z, Ex, 93, v. x 4.— ,Carta de 9 de febrero de 1611. Br., P. E:, 94. , b.=. No habiendo bancos en lo antiguo el 'dinero o,caüdales de .la Catedrál se conservaban en arca fueíte eón tres llaves, depositadas en pgder dei Deán, una, de un C:anónigp otra y de un rcionerb la tercera. La simultánea. presencia de los tres era necesaria para abrir y cerrar el arca y extraer o depositar el dinero, tomándose nota circunstanciada de todo. Tal cautela falló, parece, en la pri-

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mera quincena del siglo XVII. Tapia, 482. Torres Vargas lo eucentda así: ',Eh su tiempo (16141620) sucedió, la gran tormenta del 12 de septiembre acudió a la necesidad con admirable diligencia, enviando bajeles a todas las t islas vecinas, con que no se sintió el hambre, remediándola con su providencia. Y por qué en los púlpitos le acomodaban el lugar del Evangelio: "Philipe, unde ememus panem", señaló casa particular de depósito, donde se diese el maíz y casabe, que es el. pan de la tierra de la isla, a todos los pobres, al mismo precio a que se había comprado de' las otras islas de donde se trujo. Mostraba ser cristiano y devoto, dando buenas limosnas a personas necesitadas y así Dios le dispensó de dónde; porque en el tiempo de su gobier-

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no entraron en este puerto once navíos de negros arribados, sin más de otros doscientos de islas de Portugal y Casilla. k'uese, a España con su residencia el año 621 y Su Majestad le hizo merced del Castillo de Pamplona, cabeza del reino de Navarra, qué, hasta él no se había fiado a ningún natural de la tierra". 7.— Tapia, 465 y Br., P. E. 109. 8,=- Ván Horne, 'E1 Obispo Valbuena", pág. 96. 9.— Tapia, 486. 10.— Tapia, 473. 11.— Tapia, 486. 12.— Br. P. E., 124 y 126. 13.— Tapia, 139. 14.— Tapia, 452. t 15.— ÁcJSJ, I, 28 V. 16.- ACSJ, I, 29. 17.- ACSJ, I, 30. 18.— ACSJ, I, 28 V. 19.— Br. Corr., leg. 1, 32. 20.— ASCJ, I, 5L. 21.— ASCJ, I, 61. 22.Tapia, 470. 23.— Tapia, 463. 24.— ASCJ, I, 54. 25.- ASCJ, I, 67. 26.- ASCJ, 'I, 69. 27.- ASCJ, I, 79. 28.- ASCJ, I, 82 v. 29.Tapia, 473. 30.— Br., P. E., 99. 31.— Tapia, 473. 32.— Br., P. E., 101. 33:— Tapia, 473. 34.— Br., P. E., 11.3,: 35..— Tapia, 499. 36.— Tapia, 451. 37.— Br., P. E., 163. 38.— ACSJ, I ; 89. 39.— ACSJ, 'II, 89,. 40.— ACSJ, VI, 77 v. 41.— Bol. Eco, de 1859, pag. 260.

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CAPITULO XIV "EL CABILDO DE LA CATEDRAL" lo. Das cabildos. — 20. Creación del eclesiástico. — 30. Su reducción. — 4o. Por antigüedad. — 5o. Informes del candidato. — 6o. Real cédula de presentación. — 70. Obligaciones litúrgicas. — 80. Cómo las cumplían. 90. Deficiencias: — 100. La paga en especie. — 110. Muy tenue siempre. — 120. Gobernando en las vacantes. 13o. Consejero del Prelado. — 140. Con jueces adjuntos. — 150. Intervención en los negocios del procomún. 160. Sesión bisemanal. — 170. Los libros de: actas. lo.—Dos Cabildos hubo eñ San Juan; el secular y el eclesiástico. Agíiel recibió varios nombres, a lo largo de los años. Primero, llamóse Regimiento, de regir, guiar, gobernar, y sus edilés .o miembros denominábanse regidores. IJiios lo eran a perpetuidad, por derecho propio, mediante concesión real, fundada en méritos personales o heredados. Así Ponce cl'e León le fué perpetuó y tras él su hijo Luis y su nieto Juan. Otros lo fueron temporales, elegidos cada cierto tiempo, generalmente un año. Su número fué vario, siendo, cuando más, diez. También hubo Cabildo o Regimiento. en la villa de San Germán, desde su primera fundación en 1511 y en las villas de Arecibo, Coamo, AguacTa y Ponce, desde su erección en tales. En unión con los oficiales reales o de la .=161—


w i Hacienda 1Rea1, factor, tesorero, contador, se juntaban en sesión, que presida el Justicia Mayor o GoberpadO nombrado, a veces por el Rey, como Ponce de Leon, o por el Virrey como Cerón y Moreno, o por los misrxios Regidores, con el nombre de Alcalde. Sin dilatarnos más sohre este aspecto, ehterarnen;e de carácter civil, concluirernos que el Regimiento, Cabildo o Ayuntamiento, concurría en cuerpo a las fiestas r&igioF,as llamadas de tabla, algunas ás las cuales cos~ teaba por devoción, como la de San Juan, o por voto hecho como la de Santiago, ya por sí solo, ya a veces en unión del Cabildo eclesiástico., como por ejenlpló, la de S Patricio. "A quien se Q tó fiesta en ambos Cabildós, haciéndola la ciu~ dad con misa, serrnóii y procesión, con c~ue hasta hoy (1647) se óbserv4 y guarcla".

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2o.--Respecto al ;Cabildo, eclesiástico., entra de lleno su relát'o y explicación en esta Historia, de la que (1) formó parte integrante en sus primeras centurias. Fué creado por el Obispo Manso en 26 de octubre de 1512, por sus letras de erección de la, Catedral por mandato del Papa y a requeritniento. del Rey Católico; "Erigimos e instituir mos, en nuestra dicha Catedral, el Deanato, el' Arcedianato . . . y creamos, . . al. Chantre'. . . al Maestrescuela . •. . al Tesorero; la dignidad de Arcipreste. :: y diez canongías y prebendas, seis raciones enteras y tress medias raciones y- seis acólitos, y seis capellanes,. . . y ,al Sacristán y al organista, el oficio de Pertiguero, al Mayordomo, el Secretario .o Notario, el Caniculario". (2) Todo al estilo de la Catedral de Sér villa, de la que era sufragánea esta IgJesia. 3o.--Poi la cortedad de los hatos y estado incipiente de la Diócesis, Manso rebajó el número de ministros del, Cabildo, a• tres dignidades, cinco canongías y tres racióneros con los Oficiales inferiores más precisos. De frioménto y por ]a mistña razón, suspendió el Deanato y una canongía, cuyos frutos 'iiian a beneficio de la Mitra. Por eso no hubo Deán en el episcopado de Manso, ni una de las hinco canongías, creadas —162'—

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por él. Andando el tiempo fué suprimida ,otra de las canonjías, aplicándose su renta a beneficio de la In-, qüisicón. De manera que, por todo el tiempo, o épocá qüe historiamos, se compuso el Cabildo, de Deán, Arcediano y Chantre, tres canónigos y tres o dos racioneros. Algo desmemoriado o deficientemente, informado mostróse el cronista Ponce de León, al consignar én su Merofiá: "Las dignidades que tiene son Deán, Chantré, questá vaco, cuatro canónigos, dos racioneros y un cura y algunas capellanías : en tiempos antiguos hubo más diguiedades, pórq'ué había Arcediano y Maestrescuela y Arcipreste" (3).. La dignidad de Arcediano sustituyó a la de Maestrescuela, ,ciando ésta se hizo innecesaria por la rydotación. • tr .~ i de un preceptor de Gramática y por' la dificultad partcular de conseguir un graduado con renta tan limitada, Torres Vargas, a sus siete años de canónigo escribía: "Su obispado tiene corta renta con sus prebendados, que son ocho, porque aunque eran nueve, se mandó consumir una canongía para; la I uisición, :habrá ocho o nueve años; y así hay Deán; Arcediano y Chantre, tres canónigos y dos racioneros" ('4). 4o.—Las tres clases de beneficios del Cabildo eran prébéndas, pero no todas las prebendas recaían en canónigos, en, racioneros o en dignidades. Generalmente los prebendados comenzaban por ser racioneros, luego canónigos y. finalmente dignidades. El Licenciado Barbosa, en 1550, y el Bachiller Torres Vargas, en 164Q, subieron .de pronto a canónigos; pero fué por sus antecedentes universitarios, Como el ascenso de uno a otro grado en el Cabildo efectuóse generalmente por rigurosa antigüedad y ordinariamente fué larga la vida de los prebendados, frecuentemente el ascenso de ellos resultó muy lento. Torres Vargas, que ya se incorporó como canónigo, hubo de pasar muchos años antes de ascender a Chantre y de Chantre a Arcediano y de aquí a Deán. en 1657, que lo fué hasta su óbito en 1670. x

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5o.—Como lo común era que del clero nativo, desde que hubo, se seleccionaran los prebendados, anualmente debían lo enviar los, Obispos una lista de los candidatos más meritorios. Estos sólian enviar también su hoja de méritos y servicios, al Consejo de Indias, según se ve en multitud de cara tas episcopales. Recalcaban mucho los Prelados que no se nombraba en Madrid a clérigos no recomendados por el Obispo desde aquí. "Ño hallo al presente persona de habilidad y suficiencia, en quien se pueda proveer, y Vuestra Majestad por ahora no debe hacer merced .de prebenda alguna, aunque de acá se haya pedido, porque de siete clérigos que hay en la Isla, no hallo ninguno en quien méritamente se pueda proveer. En viendo que aprovechan en el estudio, avisaré como debó Vuestra Majestad, para que les haga ínérced" (5). Tres lustros'. antes, Mercado escribía:: "Convendrá que, cuando Vuestra Majestad haya de hacer merced de. alguna prebenda a alguno, como antes de ahora" tengo advertido, sea con el voto y parecer del que obtiene este lugar, para que entienda quién sea y las partes y suficiencias de los que la pretenden" (6). Y bastante antes que Mercado, había, escrito Bastidas: "Suplico a Vuestra Majestad, que si algunos fueren a pedir beneficios, no se dén sino por la forma .que Vuestra 14Iajestad dice, porque será así acertado" (!1). 6o.—Era, pues, el Rey quien presentaba los candidatos a prebendados de la Catedral, en uso del derecho de patronato. Para ello escribía una Real' Cédula dirigida al Cabildo, presentándole el candidato y rogando se le diese la colocación del beneficio. En este lapso de tiempo, no hemos hallado un solo caso de recusación del presentado, que era quien el Cabildo abierto mostraba su título de presentación. Si dejaba transcurrir año y medio sin presentarse a la colación canónica, perdía el derecho a ella, a tenor de lo dispuesto en las Letras de constitución del Cabildo y del texto de la propia Real Cédula. —164—

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7o.- Con respecto a las oI ligaciones que pesaban sobre ,los prebendados, la :principal era, la asistencia a los actos litúrgicos y el rezo del oficio divino. "Ordenamos que el Oficio Divino, ,nocturno y diurno, así en las misas como en las horas del día _se rece y cante, según la éostumbre de la Iglesia de Sevilla." Demás de la misa del día, de santo o de feria, y, de la solemne en los días festivos, el Cabildo debía celebrar, a la, hora prima, una misa de aniversario los primero,s vier nes de mes, por los Reyes de Castilla, vivos y difuntos, y en. todos las sábados, "a honra y gloria de la gloriosisima Virgen María" por el Rey y Reina, y todos los lunes primeros de mes, por las l eiiditas ánimas del purgatorio (8).• 80.—De cómo el .Cabildo cumplió con la obii;ación dicha, abundan los testimonios de los Prelados. El Obispo Bastidas escribía, en 1 de septiembre de 1548: "Ha sido Dios servido de dar úna clerecía a esta Iglesia muy honrarla y de buen espíritu" (~). En 20 de octubre de 1589, hacia constar el Obispo Ramos: "Esta Iglesia. aunque muy pobre, como fué de las primeras de Indias, fué fundada en mucho concierto y de ahí quedó que las horas canónicas se siguen con mucho concierto" (10). En 22 de noviembre de 1624, consigna el obispo Valbuena : "Los prebendados de esta Iglesia, aunque por la cortedad, de sus prebendas, que son muy tenues, y tanto que, sin las obvenciones del curato no Cuera posib'.e custertarse, en todo se tratan con gravedad y lucimiento y sobre todo con buen ejemplo, honestidad y virtud, que es lo que me tiene con mayor 'contento, como en otra cualquiera Iglesia de Las, Indias,, aunque entren las de más aventajadas rentas y esta por la mucha asistencia y diciendo siempre todas las horas. cantadas, excepto los maitines y conformándose cómo en lo demás con la ereccjón" (11). Obvio es pensar que al escribir así, Valbuena tenia en su mente a las Catedrales de México, Puebla, Guadalajara .y Santo domingo, donde él había estado, lo cual es mucha .alabanza. Finalmente, en 6 de julio de —165—

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1664, el Obispo Rivas revelaba a la Corte: "Tres años 'lian estado sin Obispo, pero los prebendados de esta Iglesia, aunque pocos, son tan ejemplares y reformados. : .. que en una vacante tan larga no hallo, gracias a Dios, disonancia ni abuso que exija remedio' (12).

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90 —En manera ninguna significan los testimonios aduci4os que nunca hubiera falta, aún en la observancia coral de los prebendados a lo largo de doscientos años 4e vida, mayor= 'mente por'el cort*simo número de ellos, que hacía más pesada la .carga, y por los achaques de algunos por su avanzada edad, que a veces los dejaba ciegos y a veces baldados e inútiles, y hasta por la ausencia, motivada o no, de tal cual prebendado. El Obispo Salamanca se quejaba, en 1579 y con razón, de' la ausencia prolongada por cinco años de dos prebendados: el uno, .Alonso de Avila en México,. de donde era nativo, y el otro, Cristóbal de . Sanabria, en Saito ,Domingo; como. Capellán de la Audiencia. "Y aúnque no gozan la renta, ocupan el lugar que otros pudieran sirviendo" (13). El 'Obispo Solier entera a la Corte que su antecesor el• Obispo 'Díaz de Cabrera, al salir para 'la Diócesis de Trujillo, le había dejado una carta, en poder del Prior de los Dominicos (14)', enterándole de la conducta inmoral de algunos. El Obis= pb Vázquez de Arce da cuenta de que "los encuentros que ha tenido con los de su Cabildo han provenido de que los oblligó a que digan las horas en común, cantándolas en las misas mayores, práctica que estaba olvidada" (15) . Teles altibajos ocurren siempre con los cuerpos eclesiásticos colegiados, aún en los de austeridad mayor. 10o.--Como quien sirve al altar, de él es razonable que los prebendados recibían su paga en calidad de diez, i ios, cada uno según la clase en que servía el oficio. "Al De4n ,señalamos 150 libras, llamadas vulgarmente pesos, con tal que cada uno equivalga a un castellano de oro. .. . al Chantre 130, al .Maestrescuela lo mismo, a cada uno de los —166—


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11o. Mas en moneda o en-especie, siempre fué tan tenue renta de los prebendados, que malamente les bastaba pala ra uní mediano' pasar. Tal es la afirmación más repetida en las crónicas viejas, desde los escritos de Bastidas haste los de Padilla. Se explica sin esfuerzo, .por la escasez de habitantes en el 'siglo primero y por la carencia de contratación mercantil en los siglos XVI y .XVII. Ésto no fué nunca Sevilla, como tal vez se imaginó al principio el Obispo Manso. "Nunca, decía en 8 de enero de 1578 el Obispo Salamanca, la cuarta del Obispo llega a cien mil maravedises, ni la renta del Deán llega a cincuenta mil". "De aquí nace estar esta Iglesia tan falta de ministros suficientes, que fuera del Deán y otros que por ser naturales de la tierra no la han dejado, no, hay clérigo, en quien yo pueda descargar mi conciencia, en ninguno de los'ministerios necesarios; .porque el que sabe graniática, se va luego a otras tierras', donde halle estipeaidios 'ccn que se pueda sustentar" (20). Recuérdese además que los prebendados y clérigos ¿fe Puerto Rico, no eran misiá= neros de Indias. ' —1G7--

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canónigos a cada uno de los, racionéros 70", etc. (1F'): Lo malo era que la paga se *efectuaba en especie, pues los diezmos se satisfacían, con. los ,frutos dél país, según a si tiempo vimos. "Ye no tuve este año de los diezmos sino lOb arrobas de azúcar"; dice el Obispo Valbuena, en parta de 15 de marzo de M24 (17) . "Pór,cuenta de diezmos me dan casabe cada semána,Ypara que coma la familia, y'los pobres, qué la necesidad les ha enseñado a comerlos, pero a mí no me .pasa de los dientes adentro", relata el Obispo ,López de }j q con su habitual gracejo, en septiembre de 1G44 (18). La costumbre de pagar 'los diezmos de los frutós de la tierra ba, desde principios de 1511; en que,, de resultas ct'é una reclamación de lqs vecinos contra la, exigencia de los oficiales reales que los pedían en oro, dispuso el Rey .que los pagaran, en especie, según .costumbre de la Isla Española y de España


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12o.—Fuera del cultó de la Catedral y de concurrente a la resolución sobre otros asuntos de carácter general, el Cabildo era en sede vacante, Gobernador de la Diócesis; y co-` mo estas vacancias sumadas entre la .muerte y traslado de unos Obispos y la llegada de. otros, en los 20 Preladós sumaron muchos años, durante los cuales gobernó la Diócesis el. 'Cabila do catedralicio. Por supuesto que"lo hacía mediante el Vicario Capitular que elegía; pero éstos por el origen de sú cargo y .por la interinidad de él, le consultaban con más frecuencia que los Préladós en ,propiedad. El primer Vicario Capitulár lo fué en 1539 el Chantre Juan de Cea, que gobernó hasta la' llegada del Obispo Bastidas en 1542 (21). 13o.—En su calidad de consejero oficial del Prelado era consultado por' éste en multitud de ocasiones, en algunas de las cuales debía atenerse a su voto y parecer, confórme• al Derecho de entonces. 14o.—En cuanto a ser, juzgados, ningún capitular lo podía ser por el Obispo, si, no era éste asistido de dos conjueces adjuntos, que fueran capitulares.. Sobre ello mediaron ,muchas diferencias entre el Prelado, y el Cabildo, qué al fin logró prescribir en su derecho. "Los capitulares pretendían que .no los podrá juzgar el Obispo sin acompañarse de dos de ellos. Los Obispos anteriores lo contradijeron. En uña sede vacante sacaron orden del ,Provisor de Santo Domingo" (22). No' obstante se opuso el Obispo López Agurto a tal privilegio, pero dice Torres Vargas: "Gozan sus capitulares .de j Leces adjuntos, por cóstumbre inmemorial, y aunque el Obispo Don Juan López Agurto quiso interrumpirles la costumbre, apelaron a la Metrópoli, con que quedó ejecutado en favor de dichos capitulares, pór haberse hallado gozaban de ellos antes del Concilio Tridentino' (23). Como el Concilio Tridentino tuvo fin en 15883 y fué dispuesto su cumplimiento en las Indias al año siguiente, quiere ello decir que, por lo menos desde los jiempós de Bqstidas, gozaban los capitulares' del derecho de tales jueces adjuntos. ,


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1.5o.—Otro, privilegio asistía también al Cabildo eclesiá.stico de San Juan y era el de ser consultado por las auto- u ridades civiles en todos los, asuntos importantes del proco~ inún. Así, por ejemplo, cuando había nécesidad de echarse sisa sobre el, pan, vino, aguardiente; etc., para reparar los puentes, arreglar los caminos, construir o reparar los edificios, públicos, se le' consultaba y pedía su consentimiento por el Gobernador y Cabildo de la ciudad, de lo que hay ejempíos múltiples en las ac1tss de las sesiones'. 16o.—Para la resolución de los propios y ageno negocios, el Cabildo celebraba dos sesiones a la semana, a. saber': "el martes y el viernes, y en el del martes se' trate y confiéra d'e los negocios ocurrentes, y en el del viernes; de la corrección y enmienda de costumbres y no de otra cosa, y se vean y dispongan las ,cosas que pertenecen al. culto divino" (24) . No obstante lo cual y como ,los asuntos a tratar aúméntasen, en 22 de diciembre acordóse celebrar junta cuantaB veces fuese necesario en cada semana para el mejor y mas pronto despacho (25). Los ,negocios personales no se podían tratar ante los interesados, sino a solas por los capitulares. 17o'.—De toda sesión y acuerdo se levantaba: acta formal que suscribían los concurrentes,, la cual hacía fé en cualquier tribunal. Cuando por la humedad del clima se deterioraban estas actas, se copiaban y,autenticaban_ en otros libros. Por la intervención del Cabildo en sus asuntos propios siempre y en los de la Diócesis y Gobierno a, veces, es imponderable la trascendencia de sus libros de, actas para la historia del país. .De las existentes en 1913 publicamos un .extracto en el semanario "La Verdad" de entonces, y en nuestros escritos aparecen frecuentes alusiones a ellas. Con íntimo pesar lo decimos: desgraciadarnente apenas quedan ya hoy huellas y rastros de tan preciosos e inestimables infolios (26) . Del Cabildo eclesiástico tampoco quedan sino vagos e inseguros recuerdos. Apenas los de su Sala Capitular, primero ubicada --169—


~ w a 1a` izquierda del ábside y últimamente encima de la actual sacristía. ¡ Lo que se ha llevado el viento de los tiempos! NOTAS: 1.Tapia, 469. 2.—' Tapia, .336. 3.-- Bol. Hist. I, 88. 4.— Tapia, 463. 5.— Br., P. E., 45 y V. 6.— Br., P. E., 30. 7.— Br., P. E., 8 v. 8.— Tapia, 383. , 9..=• Br., P. E., 15 V. ' 10.— Br., P. E., 61. 11.— Br., P. E.; 102. 12.— Br., P. E., 157., 13.— Br., P. E., 45 V. 14.—Br.,P.E.;03v, 15.—'Br., P. E., 88 V. 16.— Tapia, 379. 17.$r., P. :E., 101 v, 18.—Tapia, 453. 19.— vol.. Hist: II, 47. 20.—.Br., •Pi É.,.43. 21.— 330. 22.= $r;, P. E., 93. 23.— Tapia, 497. 24.= Tapia, 384. 25.— ACSJ, I, 47. 26.— Cuesta Mendoza, A.: fist., I'.

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CAPITULO XV. "GOBIERNO DE L. DIOCESIS". lo. Tribunal de justicia ,própio. — 2o. La primera actuacióndel Provisor.— 3o. Nombres de algunos de ellos: — 40. Quién los nombraba. — 5o. Tres cualidades. — 6.o. Actuación del Provisor. — 70. De los Procuradores. — 80. De los Notarios. — 9o. Su arancel. — 1Oo. Fiscal Eclesiástico. — llo. Otros oficiales. — 12O. La Cárcel. =13o.. Resumiendo. 1o.—Cómo sociedad perfecta qúe era, constituida acórdemeni e a 'los cánones y leyes vigentes, la Iglesia 'en` Puerto Rico disfrutaba de gobierno propio y autónomo; para re;lamentar su desenvolvimiento, cumplir las .leyes ,y; saneio oar su transgresión, ya fuera por los clérigos, ya por los lain sede plena y presente en la Diócesis el cos bautizados. Obispo, había siempre un Provisor o Vicario General, que hacía sus veces, asistido de oficiales ayudantes y con tribunal y estrado propios. Suponía el Derecho que el Prelado estaría ocupado preferentemente eh negocios más importantes; que lá simple y cotidiana administración de, justicia. 2o.—No deja de llamar la atención que, aún antes dele Concilio Tridentino (1545=15G3), que reguló las atribuciones del Provisor; ya éste figurara en Puerto Rico, gozando de la —171—

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plenitud de las atribuciones, que ejerció después en todas las Diócesis. Precisamente lo vemos actuando en un asunto de trascendencia social y económica de capital iniportaucia, el de la. usura; que estrangulaba la, población. Leamos: "Información hecha, en la ciudad de San Juan. de Puerto Rico, en 4 de febrero de 1533, por el Provisor Bachiller Francisco García de Guadiana y el Pad're Fray Vicente de Guzmán, predicador del monasterio de domiñicos de dicha ciudad, de orden del Obispo Manso, sobre el pecado de la usura, logro y renuevo y comprar al fiado desordenadamente, "etc. Ante dicho tribunal desfilaron los notables de la urbe y algunos religiosos y clérigos, deponiendo todos "ser así verdad", el pecado y transgresión de las leyes canónicas (1);

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33o.—Al Provisor Guadiana siguieron otros de relieve en la historia del país: en 1544, entera Bastidas al Rey del "Provisor hábil, merecedor de mitra, que le ha cabido en, suerte;" en 1550 menciona .el Gobernador Vallejo al que sea, le enfrentó excomulgándolo, por violacipn de sagrado (2) ; en 1565 se hace notable el Provisor Cristobal de Luna (3) ; los obispos Mercado y Salamanca ensalzan a sus Provisores; religiosos de sus respectivas familias; (4) ; el cronista Torres Vargas recuerda al criollo Gaspar' de Santolaya, dejado aquí al frente de la Diócesis al retirarse a España el Obispo (5) ; y en los fastos eclesiásticos del siglo,XVII tropezamos con. los Provisores y Lugartenientes, ya casi todos nativos, de los trece Prelados de aquella centuria, entre los que sobresalen Moreno de Villamayor, Luis _Ponce de León, Juan de Morcelo y el, merití imo Torres Vargas. Es decir qne desde, los meros años de la Diócesos, ella disfrutó de la actuación de un, funcionario tan importanr'ce para la administración de justtcia, como es el Provisor y Vicario General. 4o.---Siendo los Provisores vice-gerentes del Prelado,, a éste solamente correspondía su nombramiento, como corres ponde a un propietario el nombramiento de. Su administra--i72— Y

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r dar. El vigor de este nombramiento ciúraha el tiempo que el Prélado y cesaba automáticamente al ocurrir la muerte, traslado o inhabilitación de éste. Así vemos que el Obispo retiró sus poderes al Provisor Guadiana, cuando lo tuvo por conveniente (7). N"o era, pues, atribución del Vice Patrono Real, ni del Monárca el nombramiento de Provisor, que en resumen venia a ser una persona y la misma del Obispo, erg asuntas administrativos y de justicia,: "nuestro Juez Provisor y Vicario General", que decía en sus di osiciones el .Obispo "López de Haro, (8).

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5o.—Tres cualidades debían acompañar al Provisor pa= ra ejercer su oficio. Primera, la de sacerdóte o a lo menos ordenado en sacris, al tiempo de, su nombramiento (9) . Aconteció alguna vez, aunque" ño en la época estudiada ahora, que eáerció el cargo de .Provisor en la Isla, quien todavía no era sacerdote (10). Lo cual no éxtraiiar~t, recordando fique tampoco tué sacerdote algún Secretario de Estado de Su Santidad por los mismos, años (11): La segunda cualidad para I'rovisoi era el haberse graduado en cánones en alguna univer&dad. Lo era Francisco G. de Guadiana coa Manso, Jo sz de p.;bao con Issasi y Torres Vargas con cuatro o cinco Prelados. No r' euniendo• esta cualidad, en razón de la esca-, sez de universidades en este }hemisferio; estaba incapacitado para dar sentencia en litigio de derecho, sin parecer 'de, asesor graduado.. En tales casos se equiparaba a los ,Gobernar dores; que sin parecer de asesor tampoco podrían dictar reso,lución en determinados asuntos, de lo que podrían citarse muchos casos en la historia civil de la Isla. La razón es obvia y de sentido común, pues el cargo dá agtorid'ad mas r no ciencia, y nadie, puede ser juez en asuntos que desconoce. La tercera prenda del 'Provisor era la rectitud de vida y lini~ pieza de costumbres. 6o.—En todo .día ño feriado, el. Provisor debía celebrar audiencia pública, en el lugar señalado para llo, que

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era una de las salas del Palacio Episcopal, entonces situado' en la esquina de la hoy calle de San José y área norte de la Catedral. La Audiencia se extendía a una hora, en verano nueve a diez de la mañana y en invierno de diez a once. Vacaba el, Tribunal Eclesiástico desde el Domingo de Ramos al de Quasimodo, desde el 24 de diciembre al 7 de enero y los tres días de Pascua del Espíritu Santo (12) Obligatoriamente era asistido del promotor Fiscal, .Alguacil Mayor, No• tarios, Procuradores, Receptores y Cursor, pena de cuatro reales, cada vez que cualquiera de ellos faltara (13). Con dos peticiones de cada parte, se daba por concluso el asunto,,, sin dar lugar a la prolongación de los pleitos y evitando en los posible las costas, no habiendo materia de proceso, en litigios de tres ducados abajo. Aunque fueran muchos los delin~ cuentes y culpados, no había lugar a más de un proceso sobre el misnló delito. En cosas graves y éausaá criminales contra clérigos debía consultar al Obispo. No firmaba mandamiento; ni despachaba alguno, sin que precediera la firma del Notario. No podía cobrar derechos a los pobres, ni poner entredicho por causas civiles, ni •recibir o mandar tomar juramento euí causas criminales a los delincuentes; sin preceder información, a lo írsenos semiplena, ya se 'procediera de justicia, por acción del Fiscal o por querella de parte. A nadie podía dar comisiones generales, para ir por el Obispado a hacer informaciones, debiendo tratarse siempre de comido= nes especiales, con expresión de la persona y del delito averiguable. Un día a la semana debía visitar las cárceles eclesió.sticas y enterarse de la conducta de los presos, a cuyo acto'dehfán acudir los libres bajo fianza,Ni ningún oficial de su Audiencia podía recibir dádivas ni presentes en manera alguna, directa ni indirectamente, por sí, ni por interpuesta persona, pena del cuatro-tantos. (14). 7o.—En cuanto a los Procuradores, debían asistir a las Audiencias del Provisor para defender el derecho de sus partes con toda diligencia, evitando siempre impertinencias, ca-174—


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• lumnias y colusiones. Personalmente debían. entregar al Provisor las peticiones y~escritos de las partes y ante el Pro visor era que los Notarios las debían ,recibir. Cualquier escrito de demanda o respuesta de bien probado interrogatorio ' que presentara, debía ir firmado de letrados. Tampoco se le recibía de otra manera ya "que a su oficio solamente tocan las peticiones ordinarias del juicio". Débíañ tener un libro de memorias, para llevar nota del estado de los pleitos de que se encargaban (15). 80.--Era deber estricto de los Notarios, guardar absolu(to secreto de todo cuanto ante ellos pasase y en los autos y sentencias del Provisor, que recibían en membrete para su extensión, hasta que fuesen publicados. Igualmente en todas• lbs probanzas arte ellos pasadas "para que no sepan las partes lo que dijeren los testigos hasta sú debida publicación" Debían dar copia y trasladó de lo que se les mandaba, sin• largas" demoras, para evitar costas y vejaciones y al procura dor de partes le debían dar el original y sin costa, en la Audiencia. Extendían lo que el Provisor proveía; luego en su misma presencia o a Io .menos en el mismo día, pena de cuatro reales. La causa debía proseguirse y acabarse ante el mismo Notario que la inició. A llevar ante el Provisor su proceso para sentencia definitiva o interlocutoria, "lo lleven con-cercado y cosido y todos los autos rubricados y juntos deba- 'y jo de una cuerda" no fiándolos a las partes, sino a letrado o procurador con constancia de su recibo. Al entrar a ejes= cér su oficio, recibía por inventario todos los papeles, cqn claridad y distinción de años, y los ponía bajo llaves y en pprte segura •de peligros y lo mismo practicaba con los aute»ti= cad'os ante ellos ".para que siempre conste de la verdad y la justicia y defensa de las partes no padezca, pena de suspen sión del oficio por un mes y otras penas". No les era per= mitido en las probanzas tomar las declaraciones en membrete, ni por abreviatura, sino escribiendo y extendiendo el dicho —175—

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del testigo, como éste lo produjere, pena de suspensión del oficio y diez mil maravedíe, aparte del interés de las partes (16). 9o.—Es curioso el arancel de derechos por gue se regían los Notarios, del que pendía una copia en las paredes de la sala de la Audiencia, para inteligencia y aviso de 'todos. Se ajustaba a lo prescrito en Cédulas Reales, de las que la de 12 de Junio de 1559 disponía que los de las Indias se ajustaran al del Arzobispado de Toledo, bien que triplicado el tanto. Y rezaba así el de Puerto Rico: De una demanda por escrito o de palabras, 12 maravedíes De una negativa por escrito o verbal, De juramento de calumnia o decisorio, 24 De ló escrito en la declaración, por hoja de " 33 renglones y cada renglón diez partes, 36. De cualquie citatoria breve 1 •2 " De,la larga por cada hoja, . 36 De, cualquiera citatoria breve, 12 " De cada caución sin fianza o con ella 24 " Del, juramento de la parte, dé no escapar 24 " Del asiento de cualquier fianza 25 " Dé la conclusión para interlocutoria, de' cada 9 " parte De la señtencia de prueba 18 " Sigue una larga .lista de 30 circunstancias, casos o intervenciones,, señalando al Notario los derecho que ha de cobrar en .lo .civil y otra .de otros y más casos en. lo criminal. (17) .' 10o.—Otro de los oficiales del Tribunal Eclesiástico era el Fiscal, que debía ser subdiácono, al nombrársele, y jurar al posesidnarse del cargo, desempeñarlo fielmente, mirando al servicio de Dios y a la enmienda de los vicios, defender la libertad de la Iglesia y de los eclesiásticos y no denunciar a persona alguna, sin haber precedido infamia, acusación o denunciación. Antes de dictarse sentencia final, érale vedadg —176—

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llevar costas, ni derechos, pena del cuatro-tant~s, 1'a. "vez pri-

mera, y pérdida del oficio, la segunda. Déb'íá tener un 'libó para asiento .de las causas criminales y los .demás negocios a su cargo, con .lo q Ie se ha sentenciado ,y, a quién se han, apli cado las penas, para poder dar cuenta oportunamente de(to das las, causas. Aunque hubiera. parte acusante debía asistir, a, estrados, por interés de la jurisdicción y paró, evitar ;,cQlu siones. "Sobre palabras ~,liwianas que pasan entre, clérigos o legos" no debía entrometerse a hacer pesquisas o informa-. cionés de ofició, ñi, formular acusación alguna,' no, intervi-,, hiendo armas prohibidas, efusión de sangre, percusión, gran de escándalo o queja de parte (18). 110—É1 Alguacil, el, .Censor y el Alcalde; de, .la- cártel debían prestar juramento de cumplir bien y 'fielmente .su_s" ofh, cios,, antes dé tomar posesión de ellos, ante' el Provi ,or,, con! anotación al .dorso de haberlo, ejecutado. Tenían 'además .qae, prestar fianza satisfactoria; obligándose a los. daños que se,. siguieran de su negligencia: Ni podían prender a las ,ecle , siásticos con .escándalo y pl}blicidad; en lo posible; Tarnpoc,'ot los podían ápresais sin mandanilentd; no cogiéndolos en

f rágante ,delito o en fuga, coir peligro: dG, escape;, en cuyo, caso} los, llevarían al Provisor para que proveyese. Una vez en Ial cárcel, él Alcaide debía, tenerlds a buen recaudo, siéndo~' r. es-L ponsabie .de cualquier daño o pérdida de lo que se le entregse. A cada .0-no según sú calidad debía' tratarlo bien; sine permitirles, juegos mayores, ya entré si, ya con quienes fue-, ran a, verlos. 'Si alguno enfermaba, daría cuenta de ello, al Prc visor, para que proveyese a su salud espiritual y temporal. Les estaba prohibido. quitar de su voluntad las prisiones a los condenados á ellás, ni permitirles salir de la cárcel, ni me-

nos dormir fuera de ella, ni que mujer alguna penetrase en ella, pena de excomunión mayor y de multa de veinte pesds.a por' supuesto percibían algo, por sus 'actuaciones cuatro reales de plata por cada prisión el Alguacil, y per carcelaje 108

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maravedíes el .Alcaide, si el preso dormía en la cárcel, y la. mitad si no dormía (19) . 12o.—La cárcel de que aquí se trata, era la cárcel eclesiástica, 'que algún tiempo, por lo menos, estuvo situada en la calle de San Francisco, frente á la entrada lateral de la Iglesia- Mayor (20) . No pocas veces la propia casa servía de cárcel al castigado, como lé ocurrió al racionero Cuadros, a quien el Provisor dió su domicilio poi cárcel, en razón de algún d'scomeclimieñto que cometió. Como por ello no asistiese al coro de la Catedral, el Cabilo le envió a. preguntar el motivo, a que contestó que "por estar preso en su casa por orden dél ?rovisór" (21). 13o.=Resumiendo lo dicho en este capítulo, se ve claro que la justicia comenzaba por casa, para 16 que existía siempre una corte o tribunal que la impartía. Su reglamentación era tan perfecta, como pized'e s.erló la del cualquier tribunal de otra índole. De sus resoluciones hubo muy pocas apelaciones y éstas iba-n' al Provisorato de la Española, sede dei Metropolitano, y algunas también a la Corte. Así por ejemplo, el 8 de septiembre de 1693, el 'Cabildo se quejó al, Rey de que. el Obispo Padilla, no. ,le guardaba los usos y costumbres, por lo qué ,habían acudido en consulta al Arzobispo de Santo Domingo. "El Rey les contestó que sobreviniendo' litigio en punto de ceremonial se acuda al Arzobispo y siendo sobre ~ otrós puntos al Consejo Real". (22) Los litigios eclesiásticos en la Isla: nunca fueron estrepitosos ni escandalosos en las dos primeras centurias. NOTAS: 1.— Tapia, 192. 2.— Tapia, 347 y 348. 3.--4 Véase el lució de residencia del Gpbernador Baüamdnde;'Bol. Hist., XII, 6. <

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4.= Br., P. E., 36 y 43 v: 5.— Tapia, 476. a.— Br., P. E., 104. y Sin. Dloc. 154. '1.— Tapia, 318. 8.'— Sin. floe. 154. .. 9.— Sin. Dios. 101. lo.— Dionisio González de Mendoza, doctor en Filosofía, Teologla y Jurisprudencia, que más tarde ascendió a Juez del Tribunal de la. Rota 11.= Giacomo Antoneili, Secretario de tado de Fío IS. 12.— Sin. floe., 128. 13.—.Sin. floe., 99. 14. No transcribimos los textos completos por prolijos. Los curiosos pueden leérlos en la Constitución cxvnr, paga. 99 y 100 del Sib.. floe, de 1645. Sin. floe., 103. 15 16.— Sin. Dion; 103 y 104. ' 17.—. Sin. floe. 10$ y 109. 18,— Sin. floe., 110. 19.— Sin. floe., 111 y 112. 20.— ACSJ 1,55 Y. 21.— ACSJ I, 74. , 22.- ACSJ I, 85 V.

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C~iPITUL• O XVI

"ADlyIINISTR•AC1cN DE BIENES", 1o, Facultad .propia y. régülada:. ~-=- 2o. Administrador ñata. 3o Licencia por escrito: — 4o. Tres condiciones. — 5ar Prohibido prestar. — 6o. •Requisitos para la venta. -7o. Dos ejemplos. 80. Quién era quién. -- 9a. Á1éh va de escrituras. - '10o. Como bienes de mayorazgo. ibo. Redención. de Censos. — 12o. Doble administración en la Catedral. — 13o. Patrimonio lentamente acúmulado. — 14o.• Corruptela corregida. — 150. Comidas de cofrades., — 160. Administración de hospitales. — 17e., Dos aclaraciones. 1º.—Disponiendo la Diócesis, en aquellos siglos, de bienes temporales, necesariamente había de regular. su administración. ,Esta no podía ser caprichosa ni personal, sino qüe debía calcarse en las leyes generales eclesiásticas de la época y en las emanadas del poder .Real,,que hoy llamaríamos civiles.. Fs la buena administración el eje de la prosperidad•económ ca, lo mismo para individuos que para entidades, tanto é&siásticas como civiles. 2o.—El administrador nato,, por virtud .de ambos 'derechos, .era el. Ordinario,}qüe era el Obispo presente, o, en vacalleja, el Vicario Capitular, elegido por los prebendados ca<-181— c

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tedrálicios, en reunión especial. Y puesto que era administrador y no dueño, el Ordinario ejercía sus. facultades, a tes nor de lo que las leyes le marcaban y señalaban. Cuando así nó lo hacía, ocurría la denuncia a la superioridad; que, en ciertos casos, era el tribunal metropolitano y en otros, el Vice Patrono Real o el Consejo de Indias. Notorios son los casos de los Obispos Salamanca (1577-1587) y Padilla (16841695) acusados: el primero injustamente por el Gobernador, de emplear para la reconstrucción de su palacio a los negros concedidos por el Rey para• la fábrica de la Catedral (1) y el segundo denunciado por el deán Pérez Vasco, de emplear indebidamente los novenos reales en utilidad ajena al destino + para el que los concedía él Rey (2). 3o.—Facultad privativa del Ordinario era la concesión de licencia para fabricar iglesias y ermitas de carácter público, la que se daba por escrito, y por escrito, se otorgaba también para demoler las ya fabricadas, so pena de reedificarlas a su costa quien las demoliese sin tal requisito (3)'. Cuatro condiciones se hacían precisas para la edificación de las iglesias. del campo destinadas a capellanías. rurales, demás del permiso episcopal, que con carácter general otorgóse en el Sínodo de 1645; primera, que distaran 'los hatos, estancias y criaderos, en que se levantaran; seis leguas de otras iglesias de igual carácter; segunda, que hubiese en ellos una población mínima de treinta vecinos; tercera, que demás de construirla a sus expensas, se obligaran atenerla en buen estado y a sustentar un capellán tres meses al año, para que les administrase los sacramentos y dijese misa, durante un mes cada cuatro (4) ; cuarta, que a ello se obligaran por escritura pública (5). 4o.—Este fué el origen de, la mayoría de las poblaciones 'de Puerto Rico, por lo que la disposición reviste suprema importancia para la historia general del país y particular de J x cada población,

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5o.—No se permitía prestar ni arrendar pertenencia alguna de los templos a .nadie, ni por motivo alguno, ;ni siquiéra los ornamentos o cualesquiera enseres, sin poder hacerlo los mayordomos? ni los curas, ni el provisor. La pena señalada a los transgresores era el pago dé tres-tantos del valor del objeto prestado o empeñado; "la mitad para la fábrica de .la Iglesia, ,cuya fuera la tal cosa émpeiiáda, y la otra, mitad paró obras pías; de más. que será castigado con ,rigor se-. gún la gravedad del delito" (6), 6o.—Para ,proceder a la venta, empeño o enagenación de bienes muebles o raíces de iglesias, hospitales, ermitas, lugares píos o destinados a causas pías, se pregonaba la venta al ofertorio de la misa mayor, por tres domingos sucesivos, expresando claramente la cosa que se enajenaba, la causa que motivaba la venta y el precio y condiciones para el remate. Expresando todó, esto se fijaban edictos en las puertas de la Iglesia, con aditamento del daño o provecho que se seguía. "Allende de todo esto,. el. Cura envíe su parecer y las razones en que se funda, cerrado y sellado, que en vista de todo se concederá o denegará la dicha licencia" (7) . Con todas estas cautelas, por otra sparte tan generales, y flecesarias, se procedía entonces a la enagenación de las propiedades de la Iglesia. 7o.—Cuando se quiso vender el ingenio de Can6vanas, cedido al Convento_ de Carmelitas por su fundadora, se siguieron rigurosamente estos trámites y no Se pasó a enaj'eparlo por falta de comprador que se ajustara a las condiciones del remate. Cuando el Okiapo López Agurto trató de enajenar ocho pares de casas de propiedad de la Catedral, lo ejecutó, bajo expediente de mayor utilidad y ciertamente °con la ventaja considerable .de seiscientos ducados más de renta. El. Arcediano que .eras un Ponce de León, movióle pleito sobre la venta de la. casa-colegio de San Ildefonso, que él tenía arrendada de años atrás y llevó la .cuestión ante la Real 4,udiencia —183'.— ~ t


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de Santo Domingo, en que finalmente perdió el caso, por demo'strar el Prelado• haberse ajustado enteranl.ezite a °derecho y con información de' .mayor' utilidad y al mejor postor (8). 8ó.—Es interesante el retrato que nos dejó de este Obispo el cronista .criollo: "Era hombre entero, ajustado de vida y como dicen los italianos de testa y tenía muchas otras partés dé las que pide San Pablo para los Obispos, con que no }contentó 'a 'algunos, pareciéndoles, muy severo 'para lo • relajado, e infeliz de estos tiempos" (9). En cuánto al. Arcediano, no carecía de prendas personales, aparte de su linaje •tomó rebizniéto, del fundador del hogar .puertorriquero. El Goberrnador Beaumont lo recomendaba mu 'ho, ya '"een 1616, y en 1644 el Obispo López de Haro lo escogió para. su Provisor y Vicario General (10) .

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9o..=Las propiedades eclesiásticas sufrieron notables perjuicios, 'por' no haber habido él recato necesario- para Ja claridad y conservación de sus bienes", y por eso sé rénov'5 'en. el ;citado Sínodo la disposición de que, a costa de `su fá' brida,, Se 'hiciese un archivo para 'guardar las, escrituras, y pa-peles tocantes á élla y obras pigs. de la Parroquia, mediante unwinventario y apeo de bienes raíces Én cuanto á las: escriaiiras de la 'Catedral, se guardaríais bajo tres llaves, cu'os tenedores serían los ,prebendados, que designara el. Capítulo, y bajo 'dos llaves, en las demás Parroquias, .en poder del Cura y del Mayordomo. Esté archivo se -debería hacer en ,el préciso término de dos meses, pasados los cuales, a costa de los curas y mayordomos, se haría con doce pesos más de multo. Y no se saque papel ni escritura alguna, sino .en caso urgente y necesario y entonces dejando conocimiento en un libro que para este efecto haya y esté en el dicho archivo, en .que se deja la escritura que se sacó y quién ,y cuándo y al al •efecto para qué, y cuando volviere se diga' en la 'margen del. dicho conocimiento, pena de doce pesos. Los curas debían recibIr las propiedades eclesiásticas .por formal inventario, s

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al hácerse4cargo de :lasrparrogiiias y cada ñueyeraño ebi~n renóvarse los .inventarios con toda $olémriidad,y bajo graves. panas (11). 1Oo,—Cuando se daba alguna casa, heredad o ,posesióñ. a alguna persona, demos dé los .requis}tos corrientes ,y.:cláusulas ordinarias, había que añadir la especial de que quien la `recibía, no la podía enajenar ó traspásár a más dé una perro'sPbr 'su muérre pasaba, comb si fuese bien de mayorazgo, en su hijo o hija mayor, con ,la carga anexa. De' no hacerse así, se caía' en comiso y el contrato ea inválido y nulo (12). 11o.—Para redimir un censo,, había. que acudir ante él ,Provisor o él Prelado, con citación al patrón de la memoria: El dinero del censo se volvía a imponer inmediatamente sqbre otra propiedad, con las solemnidades acostumbradas. Si de otra manera se efectuaba, la rédención censual era nula y demás de tener que seguir pagando los réditos, se incurría en la multa de doce pesos que se añadían al capital (13) . 12o.-Una doble administración de bienes había en ula Catedral; la propia de :la fábrica 'de .la misma y la' eséci'PM Cabildo, con sus libros diferentes .de cuentas y un pártiedlár encargado de cada una. A la primera `p'erteneclan. las ésdri= tUrás de Capellanías; bienes y rentas de la 'Catedral 'y las cuentas originales que cada año se tomaban al Mayordomo, más libro mayor de hacienda, en' que constaban por 'su orden todas las dichas escrituras,,' ante quién pasaron, con las cargas y .obligaciones de dicha Catedral y con razón de toda 'la renta .qué' gozaba y le pertenecía. De este libro mayor dé la' Catedral, cgn..,los .gastos y salarios •de cada año, sé éntregaba al Mayordomo una copia, por la que se aceptaban las cuantas. La segunda administración .era propia del C,ábildo mismo y `se tenía alas capellanías de misas cantadas y rezadas y obras pías y manuales de los prebendados y demás zñi,ñistros fíe la Catedral, según constaba eri su propio libro, de . que ,se" daba un traslado °•al Colector de Manuales. De' moda ,1

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r que la separación y administración de cuentas era, absoluta•, entre la Catedral de un lado y el Cabildo de otro (14). Los Ili= bros matrices jamás podían sacarse del archivo, situado en la sala de la Catedral, que era fuerte y seguro, infranquea-. ble sin la actuación simultánea de los tres llaveros. 'E f

13o.—Los ocho pares de casas vendidas canónicamente por el Obispo López Agurto en 1633, pertenecían a la primera administración, y a la seguñda o. del Cabildo los; réditos de ~ misas de capellanías cantadas y rezadas que montaban a 26.200 reales de plata, de que hace mención Torres Vargas (15). Este patrimonio especial veníase formando desde los tiempos de Manso y Bastidas, como lo revelan sus cartas (16). 14o.--Fué corriente y general la costumbre de aquellas centurias que historiamos, el pedir limosnas para el sosténi. miento de cofradías, de ermitas. y hospitales, ya a las puertas de 'los mismos, o bien domiciliarmente. Por ciertas razones ó pretextos, se introdujo la corruptela de arrendar estás limosnas a particulares, que se encargaban por negocio de recogerlas: abonando cierta cantidad a los establecimientos beneficiados. Por tal corruptela las limosnas eran menores y no se empleaban totalmente en el destino para el qué los fieles las ofrendaban. Prohibió tal costumbre el Sínodo Diocesano, disponiendo que solamente los cofrades y personas diputadas para ello recogieran tales limosnas, cuyo total •constaba en los libros .cie ingresos y gastos. Por la misma constitución, vedóse el pedir estas limosnas con insignias o imágenes; ni que para las limosnas generales se publiquen indulgencias. (17). 15o.—Fuera de estas limosnas sueltas, las cofradías disfrutaban de muchas mandas pías y donativos, para misas y ejercicios devotos. Mas sucedía, a veces, que parte de estos ingresos los invertían los cofrades en comidas, bebidas y colaciones "defraudando las voluntades de los difuntos". A es-

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te abuso se puso coto por el Sínodo Diocesano, que prohibió la reuni& dé los cofrades para `tal efecto, sin licencia por escrito del Preladó o Provisor, que tasaba- la cantidad' invertible, habiendo causa para ello. El quebranto se multaba con dos pesos por persona para obras pías, y On el examen de los libros de cuentas por los visitadores, no Se reconocían las partidas de tales gastós (18). 16o.—Los dos hospitales que, hasta 1700, hubo en la Isla subordinados a la Iglesia, 'el de la Concepción en la Capital y el de San Germán en la poblac'i'ón del óeste, fueron administrados escrupulosamente. Tenían libros de rentas y lir mosnas, con inventario de sus bienes y de las camas dotadas, cuyo número se procuraba aumentar, para no gastar en ellas "lo que está diputado para las medicinas y .regalo de los pobres enfermos". n otro cuaderno aparte, se apuntaban las limosnas cotidianas y las cuentas de recibo y gasto, que anualmente se tomaban a los administradores y mayordomos. Ahí los Mayordómos de los Hospitales, como todos los de iglesias y ermitas, tenían que dar fianza .y solo ejercían el cargo de una a otra visita episcp'pal (19). 17o.—Dos aclaraciones son precisas en las regulaciones administrativas que hemos mencionado: que la mayor parte dé ellas databan de muy antiguo y se establecieron conforme lo iban aconsejando las circ~;nstancias; no habiendo el Sínodo de 1645 hecho otra cosa, qué confirmarlas y cleclararias, según él mismo advierte. De modo que las codificó. La segunda adverteñcia es .que la conservación de las escrituras se dificultó extraordinariamente en la Isla, ya por la_ acción destructora del clima o bien por la invasión de enemigos, que daban fuego a los archivos o se llevaban los papeles. Con dolor expresa el Obispo López de Haro: "El año 25 saqueó el enemigo esta ciudad y se llevó basta. las escrituras de la Iglesia, porque no le ofrecieron mucho dinero' (20) . De modo que la deficiencia administrativa no se debió totalmente a descuido —187—


i ~ o malicia ;personal, sino a'fatalidades del tiempo y.clima considerablemente., Como se ha visto en. este capítulo,, las normas para la administración de los bienes .eclesiásticos fueron eabáles, hasta el extremo .de admirarnos hoy y aleccionarnos, La historia es maestra de la vida y los antepasados sabían mucho y no alardeaban de ello, tan4o acaso como nosotros. n NOTAS. : 1`.- ,Br,, P. E., 54: 2.- ACSJ, I, 86. 3.= Sin. Dioc., 34. 4.- `Sin. Dioc„ 34. 5:- -Sill. Dioc.; 34. .6.-, Sin. hop.. 80. 7,.- Sin. Dioc., 81. ~ ~ ~8.- Br,., P. 'E:, 109. 9.- Tapia; 474. 10.- Br.; Corr., 6 V. 11.-Y ~iü: 'Dic., 81. s 12:~'Siñ.KDioc;; 84. 13.-, Sin.- Dióc:, 84. 14.=- Sin. Dioc., 85. ,,; 15 . = Tapia, 463. '16:=''' Tapiá', °344 y 346. 17.- Sin. Dios., 91. 18.-~ Sin. Dioc„ 92. 10.- Sin. Dioc., 94. 20.- Tapia, -455.

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CAPITULO •XVII.

"LAS, CA_gF~LI,ArNIAS•RURALES" . mpar signi~ficacip,e z ertaneia. en 1a .. ~Q.. Per o el,sáeeraote:. — 40.. El. ara, sagrada .Rriiitoeras,lau,oxg.s. cámR,estres. .—. . 5,0:. Y en lade lc►s o,n= ce ingenios primeros. —~ 6o. Su a~tigüeyd,ad.. de Canóbañas. — 80. Como puntos luminosos. — 9o. Las de Loiza:.. — l0os.. Río.. Piedras.. - llo:. Coamo. — r 12o:r Manatís =-= 13o: Arecib~.. .— lÁoz..Las- deli T6a„— ~.> 15:» Y Bayamón. — 16.o Hormigueros y Agguadd. — ~ i2o. Oblignciáries. — 18o:z Medios de ;vidá: --<,190: Si , £ueron colativas. — 26ó.y Párrocos, curas y~. capellanes. ( 110..

lo.—Llamamos en está historia capellanías rüralés' a las` establecidas en' los campos y servidas permanente o temporalmente por sacerdotes. Andando el tiempo y creciendo él número dó habitantes, llegaron todas o casi tocla a ser parroquias fórmales:. Silt tener clara idea• de su establecimiento y manera .de funcionar, parece imposible entender bien la, historia eclesiástica de la Islas, en los siglos pasadas. Soxi además ellas la prueba"rnás robtistá del arraigo secular de la religión en este pueblo y de su generosa liberalidad eñ el sosfe= riimiento del culta y clero. Por lo que le consagramos todo este capítulo. -=189-=


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2o.--Con rigurosa historicidad puede asegurarse qñe la religión comenzó a existir en la Isla, sostenida en capellanías. Prescindamos de las que hubo antes de la creación de la Dióvenida del primer Obispo a mediados de 1513, cesis y de por haberlas historiado én el capítulo primero sobre las primicias religiosas. La materia del presente únicamente más lejos y en malas que se fueron estableciendo, cada yor número, en las afueras de los dos pueblos primitivos, San Juan y San Germán. Aunque tuvieran su residencia oficial en los dos pueblos citados, pero muchos de los pobladores se apresuraron a levantar sus haciendas en 'valles y montañas, mediante ingenios de azúcar y hatos de ganado, en que resibían continuamente sus esclavos y ágregados, fuesen indios, negros, blancos o advenedizos. Como hoy la afición; y tendencia de la gente es hacia las poblaciones, cuanto mayores mejor, así antaño era al contrario: de los centros úrbanos'al any fecundo campo.

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3o.—Pero a las agrupaciones campestres no podía dejárselas sin los auxilios religiosos, de donde los dueños de estancias estaban obligados a construir capillas y.' sustentar Capellanes. De ahí que, ya en 1518, se quejara al Rey el Tesorero Haro de que no se atendía a esta necesidad, por Gobernadores Geróñimos] falta de clérigos (1). También lamentaban Ja' carencia de sacerdotes en la Isla, con detrimento espiritual de sus moradores (2). Y cuando por sus motivos el Obispo Manso suspendió el servicio religioso en las estancias, reclamaron sus dueños ante el Rey y consiguieron que se restableciera el servicio (3). Lo cual significa que, desde su expansión por los campos,, los pobladores de Puerto Rico quisieron y establecieron la práctica de ser atendidos espiritualmente. No pudieron habituarse a vivir y menos a morir, en el olvido de las prácticas .religiosas. Siguiendo él ejemplo del gran Ponce de León, que al venir definitivamente a Isla en 1509, demandó del Gobernador Ovando cléri-190--


tuvieron para sus estancias campes

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4o.—Capellanías, pues, hubo s' iquiera fuesen algunas servidas solo temporalmente en todos y cada uno de los doce embriones de poblaciones, enumerados en su Memoria de 1582, por el, cronista Ponce .de León, florecientes en sus principios y luego arrasados e incendiados por los fieros caribes. Guádianilla, Jácaguas, Abeyno o Salinas, Río Guayama, Río Inabo, Guayanesco o Yabucoa, Río Humacao, Río Pedagua, Río Fajardó, Río Grande, Río Luquillo 'y Río Loiza, r lugares fueron donde, siquiera por algunos años, la hostia sagrada se ofreció a veneración de campesinos, y donde éstos recibieron del sacerdote visitante los auxilios de la religión (5) . El ara sagrada 'presidió las primeras labores campestres y escuchó los primeros vagidos de nuestros. infantes y 'las primeras plegarias de nuestros honrados antepasados. 5o.—Las 'dds Iglesias parroquiales edificadas por Bastidas en 15:47, atendidas por sacerdotes nombrados por él, a costa de los diezmos, bien pronto quedaron rebajadas a Capellanías rurales y como otras muchas fueron sostenidas por los propios moradores, sin ayuda alguna de los diezmos. Hasta .11 ingenios llegaron a contarse aquí, en el decurso de la primera centuria: cuatro en la ribera 'del Bayamón, tres en la del Toa, tres en la del Loiza y otro en las llanuras. de Caparra, y los once eran 'a manera de lugares, como aldeas' de España, a causa de los b ienós edificios que tienen, porqué.. los 'négros y mandadores, fuera de la casa principal, tienen en, el contorno cada persona su casa, que parece alcarria alquería- de España y tienen iglesias y en algunos hay capellanes cuando se hallan, porque la tierra es tan pobre, que un clérigo, no .siendo prebendado, no puede Sustentarse en ella y se va" (6) . Como se ve por esta cita de Ponce de León, en. estos once ingenios había su correspondiente iglesia, con —191—


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asidua..asisténcia de sacerdote en algunos, y. con visitas oca sionales, .dos, tres o cuatro veces al año, en otros, de sacerdotes, ya, de San Júan o bieii de San Germán, y también y acaso más ordinariamente, de religiosos del. Convento de Santo Domiñgo. En ellos ,permanecía el visitante por varios días] o semanas, administrando lo 'sacramentos del bautismo, confesioti, comunión y matrimonio. Si estos capellanes visitaban liastaJa distante y peligrosa isla de la Mona, cuánto más estos ingenios selarnente ciistantps unas leguas de la Capi tal, y hasta. a la, vista .de .ella? (Ti). Claramente lo expresa Sálamanca, én su. carta de 3 de enero de 1578, al consignar que los "mismos dueños dejos ingenios" le pedían sacerdotes que "sirvan- dé decir. misa y, confesar los negros" (8). , 6o;— Corno se .podrá ád`ve tir; la, antigüedad de estás capillas 4e lós ingenios, cóincidé con la- de ellos mismos; pues° para.,funcionar., ne~esitaban aquellas por virtud de las orden-nanzas, de modo que todas ellas son anteriores a la; parró-i quia. y pueblo de, .Coamp, el ,más antiguo-- do todos i los de la la Isla, después, de los .dos de San Juan, y San Germán. Y su duración no fue efímera, pues existia en 1645 al celebrarse, Sínoelo, Diocesano y muchos, años desp.ué' de éste, dando hase y„origen con eL tiempo de vaiias poblaciones de ,la Isla, hoy dé éonsidera;ble importancia . 7o...Merición particular queremos- hacer .de lino de estos indicadós• ingenios; el de Canébanas, por haber constituí do parte de la dotación del convento de- Madres! Carmelitas. Pertenecía. a la ftmdadóra doña Ana de. Lanzós, que lb destinó al noble fin indicado. Y aunque años adelante sé trató de venderlo en junto, no se consiguió; áunque sí se pudo arrendar, en 1500, pesos anuales (9). ' 80.—Como puntos luminosos en cielo estrellado, así fue- ' r`on apareciendo en el área de la Isla estas capellanías rodeadas de núcleos de población. Esta aparición aumentóse, al agotarse las minas de oro; por la extinción o absorción de la —1-92—

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~ raza india .y la disminución de los ingenios azucareros, por la, carestía .del brazo africano, que redujeron su número a solos siete, antes de mediarse el siglo diecisiete, y eran cuatro en el río Bayamón, dos en el río del Toa, y uno de agua en el río de Canóbanas, que los otros cuatro que había: dos en el río de'Loiza, uno en el Pueblo Viejo y .otro en el río de Toa Arriba, "se han desecho, unos por las invasiones de los' enemigos y otros por mayores conveniencias de siis dueños", dice el cronista de la Catedral., Según el Obispo Salamanca que pudo afirmar "no e dejado casi rincón que no e bisto", apenas había una sola legua .de terreno sin algún morador (11). Lo confirmaba el Obispo Sólís, en una carta de doce de agosto de 1636, diciendo: "He hallado que gran parte de la población de esta tier%a está en los campos que llaman estancias" (12). De modo que, nueve años después, se habían multiplicado tanto estas capellanías, que hubo que normalizar su. funcionamiento en el Sínodo Diocesano. , 9o.—A tenor de éste en la ribera del Loiza había cuatro iglesias o capellanías: la una en el Ingenio de Canóbanas, la otra en Canobanillas, la tercera en Campeche y la cuarta en la estancia, que fuera de Doña Mayora de Solís. Por escasez de clero; las cuatro capellanías eran servidas por un solo clérigo, clúe las atendía por trimestres. Su jurisdicción se extendía por el oriente hasta las cabezas .de San Juan y por el -sur hasta el valle del, Caguas distante seis leguas, y "otros feligreses distan doce, como los que viven en Maunabo y Abacoa, Buenavista, Hato Viejo y todos los labradores y criadores que viven entre los vados del río Loiza, corriendo la, ribera hasta la boca ,del dicho río, están unos a cuatro leguas y otros a cinco.., todos los dichos feligresés pertenecen a dicha iglesia y capellanía" x(13). No es extraño que el Gobernador Arredondd hallara tan poblaga esta región del Loiza que tratará de erigirla en villa e igualmente en Parroquia colativa de patronato real. --193—

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10o.—La Capellanía de Río Piedras ,se integraba de más de media docena de estancias o poblejos, o sea Cangrejos arriba, Cangrejos abajo, Quebrada, Sabana Llana, San Antón; Guadalcanar, Doña Alonsa, Lorenzo Morcelo y toda la ribera del dicho río de Piedras, por una y otra barra . . . hasta la boca 'del dicho río (14) . La mayoría de estos nombres lugareños son históricos y perduran hasta hoy. El de Lorenzo' Morcelo, por ejemplo, es el de un patricio' centenario en 1¢44, de quien ensalza los méritos el Obispo López de Haro (15)• ` lío: La iglesia, capellanía o parroquia de Coamo, abarcaba casi un cuarto .de lá Isla, o sea toda la región suboriental de ella, desde la rtbera izquierda del Jacaguás hasta Patillas y Mala Pascua, por el oriente sur, y hasta el valle de 'Caguas al norte. El texto sinodal es interesante por ,envólver los nombres dé muchos núcleos urbanos de alta significación corriendo los años. "Los vecinos que viven en el valle de. Coamo se extienden por la costa ,del sur hasta Guayama, unos 4a una legua y otros a dos, a tres y a cuatro, y algunos a seis; como lo son los del dicho Guayama, y desde la Iglesia de Coamo, viniendo por el ,camino real, hasta la iglesia de Ríb Piedras, hay dos hatos de criadores: el uno que se llama Laybonito y otro llamado Caller, con otros hatillos circunvecinos distantes de Coamo tres legúas" (16). De modo que Cagu'as, Cayey, Aybonito, Ceiba, Cidra, Barranquitas, Juana Díaz, Santa Isabel, Salinas, San Lorenzo, Guayama, Villalba y Barros, con otras eritidade`s vecinales, fueron surgiendo a la 'vida eclesiástica autónoma, desprendiéndose de la iglesia matriz de Coamo. 12o.—Manatí era otra de las Capellanías existentes en 1645, Sabido es que comenzóse a poblar en la última década de la primera centuria, al labrar allí Menéndez de Valdés, una estancia. Aunque con Iglesia propia, al celebrarse el Sínodo, parece no disponía .de medios seguros y fijos para —194— ~ L__

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spstener" capellán propio: "Si no pueden'sustent"ar• al Capé= 11án; diée'la disposición, giiedan 1agregadbs a la.iglesi'a de Aré- t cibo,'a donde por mayor ereanía' y cómodi:dad suya los .gregainos" (17). La .jurisdicción territorial de" esta capellanía era láwmás limitada entre las existentes, pues no se alargaba sino hasta la ribera izquierda del Sibu'co por Oriente y Barceknetá por óccidente; corriéndose por el sur hasta Morovis y Cialés (18). 13o.—Eir cóntraste•la capellanía o ,curato de Arecibo disponíá al sur de uña extensión° que nos parece hoy fantásti a, pues» abarcaba. 'los territorios 'dd'laso"hóy vecindarios de Jayuya, Utuado; Lares y Adjuntas. Paralélámente al mar sus límites lo formaban, de' un lado Manatí .y de otro 'el ríd Cami y, que distaba, solameñte tres leguas 'según, él ,Sínodo. Por lo menos, desde 1559, moraban algunas, familias, en Arecibo, pues en tal año vio allí la luz ,de Dios una santa mujer ; llamada ,Gregoria Hernández, ;que.murió en la Capital de másr de 80 años, en 1639, de la que -se expresa .encomiásticainente el cronista Torres 'Vargas y de la que nos ocuparemos más r extensamente en otro. lugar (19.). 14o.—Dos capell tníás había: en lar ribero" del Tes., atina en el ingeñioti=de °Doña Violánte•'eri er y otra 'n el de• Dori Pe= dro de Moya. Loa dueños de los dos 'thgetiles'paréCe' érañ e-tos señores, 9de los que acababa de morir entonces el segundo: Por semestres' servía éstas éapellañías' un acerdóté: Les' -estaban agregados -todos los moradores dé' cada ribera`, ti deseé Ta Púntilla'hasta la boca y el Sínodo les agreg' "las es= tancias de La Vega; 'de~Sibucd y' de Cabo Cari'gua con los há= tos •y' criadores de ganado que están en los éerrillos con 'distancia de tres "leguas" (20'. 15'ó.—Finalmente en la ribera •del Bayamón existían cuatro -capellanías: la una en el ingenio de Don Juan de Sálinas, la otra en el de Dolía María dél Rincón; la tercera en el dé Don Diego Menéndez y la 'cuarta, de recieñte- creacióñ, en el. ~ —195-=

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i de Don Angel Mojica. Las cuatro eran servidas por un solo capellán, mediante la residencia cuatrimestral, 'binando para servir la capellanía .del último ingenio. "Por conveniencia de dos feligreses tambiéii se le agregan las estancias de Buinabo y todas las de Bayamón arriba hasta la boca del río por.la una yptra banda'', concluye la disposición sinodal (21). Suponemos que la agregación de Buinabo o Guaynabo la "mo tivó la supresión del, ingenio de Caparra, que tuvo ,efecto pocos años antes. El Capellán de estas iglesias llamado rancisco Moreno del Rincón, acaso hijo de la dueñá del segundó ingenio; fué uno de los -firmantes en el tantas veces citado Siñod'o y prebendado de la Catedral años adelante, - 16d.—Tildas éstas capellanías radicaban en el distrito nrieritál;' 'quer parece 'se pobló antes que el occidental, acaso por las ventajas que lé ofrecía la proximidad de la capital. En el otro distrito, no había en 1645 capellanía ninguná, 'ni siquiera ,eri la Aguada, a pesar de la frecuenéia con que los navegantes la,visitaban. Pero chesde entonces debió poblarse rápidamente, ya qué én` 1692 fúé declarada parroquia y viha. La que sí existía por entonces y desde muchos años antes, era la ermita de Hormigueros "de la advocación. de Ntra. Sra. dé Monserrate" che que en su oportunidad daremos noticia. Así que, resumiendo, a mediados del 'siglo diecisiete existían en la isla, aparte de las parroquias de la Catedral y de San Germán y,de las que también denominamos parroquia de Coamo y Arecibo, una docena de capellanías rurales, servidas, por escasez de clérigos, solamente de cinco capellanes, indudablemente ayudados a temporadas por compañeros, ;sobre todo del clero regular.. A esta docena debemos añadir las de la Aguada, Hormigueros y Ponce, che mucha importancia a fines de la segunda centuria. 17,o.—Es indispensable: advertir que los encargados y sirvientes de estas capellanías tenían todas las obligaciones -de párrocos, incluso la aplicación de la misma por los fell-. --1,96--

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greses en los días de precepto. Así' terminantemente lo establece la constitución 13 del Sínodo Diocesano: "Todos los capellanes referidos están obligados a decir misa en dichas iglesias y ermitas todos los •domingos y, fiestas', y aunque sea nombran capellanes son párrocos rurales y hari de hacer oficio como tales y administrar los Santos Sacramentos; a todos los que habitan, fuera de esta, ciudad" (22) . En la constitución 17 se lee: "Todos los capellanes que tienen capellanías de ingenios o estancias, son como tenientes de la parroquia, y están obligados cada uno en su iglesia y distrito a enseñar la doctrina cristiana, administrar los santos sacramentos y cumplir todo aquello a que están obligados los curas" (23). Ciertamente que eran de índole particular tales capellanías, grabadas con todas las obligaciones parroquiales y rebajadas en algunos de sus derechos,, ya que los de entierro y casamientos y bautismos eran privativos, ,de las parroquias. ma=, trises, que solo fueron dos' durante casi todo el tiempo colonial (24). Tampoco teñían parte en el cobró de los diezmos. 180.—Entonces ¿de qué vivían los Capellanes rurales?" Primeramente del estipendio de la misa que les quedaba disponible, excepto cuando celebraban pro pópolo. Además los Capellanes de )o's ingenios recibían de los dueños .de ellos 5U pesos anuales, pagaderos en dos plazos. Por la binación que tenía que hacer el capellán de Bayamón en el ingenio de Don Angel Mojica percibía de él otros 50 pesos: A esta obligación se habían comprometido los dueños mediante la hipoteca del ingenio, valedera por ellos r sus sucesores (25). Eü cuanto a los capellanes de estancias percibían de los dueños "en obligación ,y costumbre" ocho reales de plata ánúales por cabeza de cada uno de los esclavos. Esta) éaritidad la "re•cibian en dos plazos. `Disponían además del estipendio de, la misa, obligaciones voluntarias y oficios• qué cantabafi. Además 'los- dueños de ingenios y estancias tenían lá obligación. de conservar en buen• •estado la iglesia, .crespues° de haber costeado su construcción y de proveer de ornamentos, vino, cera

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y todo lo, ñecésario.<para celebrar, y así ,mismo, cuando los. capellanes fueran por ma-r -tenerles en la playa, caballos para pásar a .sus iglesias y sustentarlo los días que -por su- ,causa se detuviera o por el mal"tempóral, cada uno en- su ingenio el tiempo que le tocara (26): 19o.—La provisión, y' cuidado de estas ,>capellánías- rurales produjeron, muchos dolores ;de cab'ezá. a ..los -obispos; sobre toda' al Obispo Solís. (16,36-1641) Malló que reran amovi= Úlés los capellanes a voluntad del Pelado, a.pesar-•de ser, pagados por los naturales. `Consiguientemente no constituían congrua' o patrimonio, para la ordenación de los cléricos.. Si lo fueran, decía. el Obispo, "así habría a título. de qué ordenarse. algunos buenos estudiantes que 'hay, que por no tener' patrimonio no se-ordenaü". NO podían enviar a ellas .los ,ya,,.ordenados, que alegaban "que. pues se ordenaron 'a' título, .dezpatrimonio, no hay razón. para, enviarlos 'a- desterraderos 'Siendo congruas y +colativas' estas capellanías V`habr-ía rrnuchos que las ápeteciesen y quisiesen con la- espergxiza.de'la promoción" (27) . Su, prematura muerte impidió a este; celoso y previsor Obispo arreglar convenientemente ,este asunto, que-en parte lo fué cuatro años después en el Sínodo Diocesano. 20o.—Dos s,dvertencias, queremos hacer para corppletar lo, dicho en este y en el ailterior capítulo. La- primera, que hay escritores que afirman que en Arecibo y oamo ,ne hubo ni se constituyó parroquia formal. hasta 1692, en que por gestiones el Gobernador Arredondo fueron estos ,pueblos declarados villas, juntamente con el de la Aguada y Ponce. ?os parece que lo fueron desde 1616 y 1577 respectivamente. Si no ostentaron, la característica de ,parroquia, fué, en evitación por los' Prelados de la intervención patronal en el nombramiento, de sus 'encargados; y ;ádemás, por nó, mermar ros diezmos a,-las dos parroquias preexistentes. La segunda..advertencia es -que por aquellos remotos .tiempos se usaba pocas veces el nombre•de ;párroco, prefiriéndose el de' cura. Con este nombre se- denomina al encargado de Coamo en la visita pas-


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toral de 1661 y con el msmo a los encargados de San Germán y de la Catedral en las actas del Sínodo Diocesano. Párrocos en propiedad y por oposición eran los de San Felipe de Austria. "del Presidio de San Martín y de Cumaná en los Anejos y sin embargo se les denomina curas en el mencionado Sínodo. En confirmación de lo cuál puede, traerse asolación el texto de un oficial del Consejo de Indias que en 1646 eseribía: "Arecibo:.. tiene iglesia parroquial, cura y vicegobernador con dos alcaldes ordinarios, alguacil mayor, dos regidores y un escribano público (28). u NOTAS: 9

1.= "Tapia, 287. 2.— Bol. Kist. ,II, 206. 3.— Bol. Hist. II, 206. 4.— Bol. Hlst. 1, 5.— Bol. Hist. I ; 81 y 82. 6.— Bol. list. 1, I, 88. 7.= Bol. Hist. III, 329. 8.- Br., P, E'., 45. 9.- Bol. Hist., III, 264. 10.- Tapia, 460 y 461,. ii.- Bol. list, XI, 200. 12.- Br., P. E.. 113. 13.- Sfn. Dioc., 30. 14.- Sin. Dioc., 80. 15.- Br., P. E ; 126.

16.- Sin: Dioc., 30. 17.- Sin. Dióc., 31. i8.-= Sin. Dioc., 30.

19.- Tapia, 47. 20.- Sin. Blocs. 31. 21.- Sin. Dioc„ 31. 22.- SIn. Dioc., 35. 23.- Sin. Dioc., 34. 24.- Sin. Dioc., 31. 25.= Sin. ,Dioc., 31. 27.- Br., P. E., 116. 26.- Sin. Dioc., 31. 28.- Díaz de la Callé, Noticias Sa. eras, 21.,

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CAPITULO- XVIII. "LAS PARROQUIAS" 2o. Manso las crea y relo. Lo que es una parroquia. gula. — 3o. Las dos primeras., —= 4o. La de San Juan. 5ó. Su incorporación al Cabildo. -- 6o. La de San Germán. — 7o. Su campana primbrosa, — '80. Parroquias de Santa Ana y Valle Hermoso. — 9o. La de Coamo.10o. La de Arecibo. — 110. La de Aguada. — 12o. La de Pantie. .-- 13o. Otros núcleos de fieles. — 14o. Cómo 15ó. Cóngrua' del Párroco. se proveían.

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lo.—Al igual que la 'Iglesia Católica se, integra y compone de Diócesis y Provincias Eclesiásticas, las Diócesis se componen e integran, de parroquias y,arciprestados o Vicarías. En el orden eclesiástico vienen a ser las parroquias lo que en lo civil los Ayuntamientos, y .municipios. Una 'Diócesis no es un todo amorfo e indivisible, sino un' conjunto de células vitales u. organismos de propia e independiente vid'a, con jurisdicción y derechos propios y con territorio ludependiente de las demás circunvecinas. Sin funcionamiento perfecto y cabal del, sistema parroquial, una Diócesis tare= de buena y eficaz ,organización y satisfactorio gobierno, por numerosas y exhuberantes entidades religiosas, que en, ella radiquen. Entendemos que la prospéridad del catolicismo en ciertos ,países es efecto primordialmente de la orga-201--


nización y admirable regulación de las parroquias ,diocesa- nas. Pero sigamos. 2o.—Dando por sabido que incumbe a la potestad épiscopal solamente la creación y organización de nuevas parroquias, comprobaremos que ya, en su decreto de °erección de la Diócesis, el Obispo Manso trata de ellas, al decir qué se irá "erigiendo en cada aldea o lugar una, iglesia parroquial, a la cual le asignamos el título de iglesia parroquial y en ella haya dos beneficios, uno con, cura de almas y otra sin cura", y les señala sus derechos correspondientes (1). Acción que secundaron sus sucesores a medida que lo reclamaban las circunstancias, al surgir nuevos centros urbanos e ir aumentando la población. 3o.—Gemelas y parejas surgieron las dos primeras parroquias en: Puerto' Rico.: la .de la ciudad de SandJuan y la de la Villa de San 'Germán, núcleos civiles .ya existentes, el 26 'de septiembre de^ 1512, fecha de' la erección d la Di6cesos. Cómo en ,otra parte dijimos,'. 'la atención clerical en ambos centros tuvo carácter de intérinidady en forma de capellanías, durante la, breve temporada .pre-episcopal: Su raya divisoria era la misma que partía ,la Isla en dos distritos civiles. Obscura y borrosa será, para quien la, repase, la historia de. Ía .Isla, en cualquiera de sus aspectos, religioso, o civil, si no tiene. presente 4a línea, divisoria formada por .los ríos Camuy al norte y Jacaguas al sur., unidos entre sí desde sus orígénes en 'la altura per imaginaria línea. Para .ciertos aspectos de ambas -clases; esta linea perduró -a todo ,lo largode las' dos centurias, a que se cdntrae el presente volumen. 4o.—Por lo que se refiere a rla parroquia de .Sán Juan, tenía su sede en la misma. Catedral, fuera en Caparra o fuera en la Isleta. En ella se bautizaron cuantos niños nacieron aquí y en ella y a su alrededor fueron sepultados cuantos murieron en aquellas centurias, con excepción de muy pocos. El titular de la Parroquia era el de nitra. Sra.

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de los Remedios, tal, vez .por ,haber sido.esta ,advicac ón, el nombre de la nao en, que;. arribó a estas, playas el .primer Obispo (2). Posibleménte esta advocación de la primera Ápattr.oquia se olvidó; obscúteció o, dejó de sonar, al ser ésta anexada por. el Cabildd Eclesiás' co de la Catedral; titulada de' San•Juan Bautista. 5o.--Porque en efecto, ya en las postrimerías de la primera centuria, la parroquia, había pasado a las manos. del Cabildo cate.dralicio, al igual que las de las catedrales pobres de América. Por efecto de tal -incorporación, los ingresos de la Parroquia acrecier` ón los; del Cabildo, que eran extremadamente ténues. Claro, que hubo por ello quejas y .:reclama.ciones por parte de los Prelados, en razón de ,reclamar ellos sus ,derechos al nombramiento del .Párroco, y aún llegaron algunos a. 'conseguir del Rey la supresión de semejante intervención del Cabildo; péro fué temporalmente tan sólo y el curato revertió a poder .de los capitulares (3).

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6o.—En relación con la Parroquia ,de .San ,Germán, ella peregrinó con. ja villa, ,de Añasco a Guadianilla o Guayanilla y desde,aqui a su .definitiva ubicación, en 1571. Saqueada la ,Iglesia e incendiada y en zozobra y temor continuo, no pudo prosperar mucho, ni en feligreses, ni en edificios: De •ella { escribía, en 20 de octubre de 1607, el. Obispo •Vázquez de Arce, que apenas contaba con cien vecinos:. ".no tiene iglesia sino de 'paja. Por ser tan -mal parada y arruinada, no .puede estar en ella el Santísimo Sacramento. Han juntado entre sí, algún dinero para hacerla de propósito en ,donde lo pudieren tener. Yo los animé para esta santa.obra. Como la. ,gente es pobre y miserable, es poca la cantidad que para el efecto"han juntado. No tienen más que un soló sacerdote .para la administración de los sacramentos, y .eónio°'la tierra de suyo no, es bien sana, acontece a veces enfermar y falta quien le. administre los sacramentos. Él' qué es cura, de ordinario vive •desconsolado, por no tener a quéñ comu---;203-

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nicar, ni con quién confesarse, y para tener allá nistro ha de ser con violencia" (4) .

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7o.—Entre "las tres cosas de gran estimación" 'que, en 1647, había ,en San Germán, según el cronista Torres ,Vargas, era una excelente campana y una imagen de la Concepción, en lienzo de admirable mano y hermosura" (5) . •En una de sus cartas al Rey, el Gobernador Aguilera le pide esta campana, "que tengo noticias que es muy linda y de muy clara voz y es lástima que la tengan en tierra en un despoblado, colgada de un palo, sin esperanza de iglesia, ni donde pon ha y arriesgada, por estar expuesta a que se rompa" (6). La solicitaba el Gobernador para el Convento de San Francisco que estaba fabricando en la Capital. Paro Ta paxrgquia .de San Germán, fué aunque lentamente, alzando cabeza, y prosperando mucho y llegó a ser la matriz de tocYas las parroquias que se fueron organizando, ,en el' oeste de la Isla, desde Camuy a Ponce. $o: A la vista y cereá de la Capital se crearon otras dos parroquias, en los comienzos de 1547. Bien vale insertar aquí las calürósas frases, con que da cuenta .de ello el Obispo Bastid'as : "Gregorio de Santolalla ha hecho a gran costo, en términos de esta ciudad, un ingenio poderoso de agua; con. sus dos edificios de piedra, y otro (ingenio) che caballos. En la ciudad ha edificado una casa aventajada de las otras y tiene mujer, hijos y deudos .de mucha bondad.. Ha sido el primero en hacer ingenios de agua y caballos, en gran bien de la Isla. Yo he hecho dos iglesias parroquiales en sus in genios, una en el de agua y se dice Ntra. Sra. de Valle Hermoso, otra en el de caballos, debajo del título de Santa Ana y puesto dos curas, a costa de los 'diezmos. Suplico a Vuestra Majestad. 'lo confirme" (7). No sabemos si lo confirmó o no Su Majestad, ni por cuanto tiempo estas dos parroquias duraron en ser de tales; pero sí que en estos lugares hubo siempre ingenios y capillas, como al tratar de éstas hemos dicho. --~204--


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9o.—Si los orígenes, de algunas parroquias de la Isla se conocen cón exactitud son los de la de Coamo. Fué en este valle y por la feracidad de sus tierra, donde primeraménte se formó un fuerte núcleo de pobladores, nó menos. de treinta, con sus respectivas familias, y esclavos. Por consejo y apremio de los Obispos Mercado y Salamanca, juntáronse en el Hato de Blas de Yllegas,' levantaron sus casas y fabricaron iglesia a su costa. Y no contentos con esto, la proveyeron de todo lo necesario y ;ofrecieron sustentar un clérigo permanentemente, como lo hicierdn. 'Les fundé iglesia y dl traza de pueblo y puse ministro clérigo", 'dice Salamanca, en su carta al Rey de 6 de abril de 1579 (8). Y como Su Majestad sancionase lo realizado por el Prelado, dando la correspondiente Real Cédula, parroquia y pueblo quedaron constituidos con toda formalidad. Y además, de mañera permanente y definitiva, ,pues nunca, en el correr de los años, la Parroquia de Coamo sufrió colapso o interrupción. De su iglesia parroquial, dice -Torres Vargas que poseía una lámpara de plata y la componían unos cien vecinos. Se lamenta de que, en sus Memorias Sacras, no la mencionara Juan Díaz de la Calle y añade: "Dicen sus vecinos tienen hecha 'merced de villa, aunque no les ha venido la Cédula" (9) . Con anterioridad a 1582, ya era población de' espaiioles, regida por ún Alcalde. nombrado por el Gobernador (10), lo que prueba -haber sido efectivas las gestiones de Mercado y Salamanca, en pro de la agrupación vecinal. Y como además del templo parroquial, Coamo poseía una hermita de la Altagracia, bien dotada y rica ,en 1647, es claro que el vecirid'ario era numeroso y rico. De aquí que no acabemos de-.;entender por` qué, en 1617, el Obispo Solier significaba que debiera relevársele de la carga de sostener al sacerdote que la venía sirviendo. Por cierto que la Real Cédula, a que contesta el Obispo, habla de "cura y sacristán", lo qué eviencia la categoría de"parroquia que realzaba iglesia y pueblo (11). Como quiera que, sea, desde entonces el Cura de Coamó re= ~

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~ cibió'de las cajas reales la consignación de, `25 pesos niensuales, lo que duraba todavía en 1706 (12): x 10o.—A la Parroquia de Coamo sigue, en el orden del tiempo, la, de San Felipe de Arecibo, cuya .constitucign como tal débese principalmente al Gobernador Beaumont y al Obispo Solier, en la segunda década del siglo XVII. Ya .des.3 de• mucho antes, era esta feligresía servida a tiempos desde la Catedral;, pero logróse entoncés de Felipe III su elevación a la. categoría parroquial con sacerdote fijo residente e inamovible. Beaumont propuso al Rey que hubiera Cura fijo y, se le pagara lo que a un cabo de escuadra, que; rnontaba.a 1323 reales, y luego se elevaron los emolumentos, a 40' pesos. ál .mes, lo que aún se practicaba. en 1706 (13) . La extensión comprendía desde la ribera oriental del Camuy hasta la occiuental del Sibuco, mientras la de Manati no existió, con todo el territorio montaña arriba,, hasta las colbidancias remotás dé la de Coamo y San Germán: Generosamente ,pródigos pen su religiosidad; los, feligresés .de Arecibo, no, ,sólo: susteñtáron °.el templo parroquial y ayudaron al Párroco icon sus limosnas o contribuciones de pie de altar, sino que además edificaron "otra, hermita de Ntra. Sra. Idel Rosario: donde van las procesiones y eon renta y capellanías de misas que' dejó un vecino, natural de -aquel pueblo' (14). 110.—Otras dos parroquias se organizaron en la última década del mismo siglo, en que intervinieron el Gobernador` Arredorido y'e1 Obispo Padilla: La de la Aguada, en el extremo noroeste, y la de Ponce, en las playas centrales d'el sur. Por la excelencia de su puerto y la abundancia tYe sus aguas dulces, desde los primeros años de la colonización, fué la Aguada puerto visitado por los navíos en tránsito y lugar preferido por muchos pobladores. Hasta debió revestir categoría parroquial, durante la efímera estancia en ella de los religiosos franciscanos. Poco a poco fué aumentando el número de pobladores, hasta el punto de ser constituida en 2Ó6—' F l

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~ parroquia formal colativa, aproximadamente en la fecha in:. icada. No lo era todavía al tiempo de celébrarse el Sínodo Diocesano, ni cuando Torres Vargas envió a Madrid su Descripción, años después, mas sí desde los postreros., años de la centuria indicada. 12o.=Y llegamos a la fun. ación parroquial de Ponce coetánea de la anterior. Fué Ponce uno .de 1os pocos ,pueblos surgidos a la vida en la centuria -diecisiete, que ya en 1670 contaba con una iglesia dedicada a Ntra. Sra. de Guaalupe, poco importa al caso, si la de Méjico o la de Extremadura.. Demás de edificar'su templo,y sustentarlo en pie dé buen ornato y decencia, los moradores de Ponce se óbligarop a satisfacer al Párroco un peso por familia. Como el número de éstas, aumentase de año en año, igualmente, subía el subsidio aportado al Párroco; pero el acuerdo permaneció inaIterable hasta 1844 (15).

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• 13o.—Y estas fueron las, parroquias que hubo en Puerto Rico, en sus dos primeros doscientos años de vida. Descontadas las de Bayamón y el Toa, rebajadas de categoría la los pocos añosa solo perduraron las seis historiadas; de San Juan, San Germán, Coamo, Arecibo, La Aguada y Ponce. Mas no se crea que ellas constituyeron, 1Qs únicos centros religiosos del país en aquellos siglos, pues hubo otros mu•chísimos, llamados capellanías, de que ya tratamos. en el capítulo anterior. 14o.—Debemos completar el presente, coh, la explanación de otros particulares de índole parroquial. Y es el primero el atinente- al nombramiento de los' párrocos. Por el ~ patronato incumbió el nombrarlos o señalarlos al Gobernad'or; en su calidad de Vice Patrono Real. De una terna que le presentaba el Obispo, selecciónaba él a quien prefería. No nombraba a quien le placía, d entre todos los clérigos, sino solamente de entre los tres .presentados. Al escogido le confería el Prelado el nombramiento formal, con la jurisdict

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ción y derechos espirituales y temporales correspondientes. A este acto se le denóminaba `colación canónica, sin la que no podía hacerse nadie cargo de una parroquia. Para ser candidato a la presentación, el aspirante debía someterse a un examen de concurso y ser aprobado eñ él. Según lá importancia de la Parroquia y la abunti'ancia de clérigos, el concurso, era más o menos numeroso, acudiendo hasta seis. aspirantes en uiia ocasión,, y ninguno en otra (16). Hasta ahora no hemos hallado pruebas ni indicios de haber tenido que rechazar, ni el Gobernador alguna terna; ni el Prelado a gúnó cle los propuestos por el Gobernador. Hay que advertir que el Párroco de la Catedral ni debía acudir al concurso, ni era presentado al Gobernador en terna, ni recibía la cola~ ción canónica del Prelado, por la razón de serlo el Cabildo catedralicio, persona moral que nunca moría, ni nunca dejaba vacante el beneficio.

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15o.—Toquemos ahora el punto de la subsistencia, del Párroco. Según el decreto de la erécción de la Diócesis, le correspondían dos partes y media de las 18 en que se dividía el grueso de los áiezmos; y además las primicias. Pero de los séis Párrocos aludidos, solo el de San Germán percibió esta última fuente de ingresos. El de la Catedral percibía el salario especial que le señalaba el Cabildo, único perceptor de los iezmds. El de Coamo se sostenía hasta 1618 con la cuota que le pagaban los feligreses, y desde entonces en adelante con una subvención de las reales cajas, que suponemos de unos 150 a 200 pesos anuales. El de Arecibo se sustentaba con el salario propuesto por el Gobernador Beaumont, que era el mismo de un cabo de la milicia. El dé Ponce dijimos que percibía un peso por cabeza de familia, y el de La Aguada una suma más o menos comparable a la del Cura de Coamo. Con esto y parte de los derechos de estola se stistentaron los sacerdotes de que tratamos. Diezmos y primicias fueron siempre del Cabildo, que aún así siempre se sustentó. ,pobremente por la mezquindad de sus dotaciones. P,.or —208— ~

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supuesto que las primicias de que hablamos eran las del distrito oriental solamente, pues las del occici'ental las percibió siempre el párroco de San Germán.

NOTAS E : t

1.— Tapia, 382. 9.— Tapia, 466 y 503. 2,— También la parroquia de la iO.— Ponce de León, Memorias, ca. villa, en Guadianilla. se tituhó pitulo 19. como la de San Juan. 11.— Br., P. E., 97 v. 3.— Br., P: E. 94 v. 12.—'Bol. fist., VII, 85 'y 86. I 4.— $r., P. E., 84 v.; 13ká Bol. fist., VII, 86. 5.-- Tapia, 466. 14.- Tapia, 467: 6.— 'Br., Puerto Rico en Sevilla, 19 15.= Br., P. Corr., legajo 3, 23, 7.— Tapia, 343. 16,— ACSJ, I., 66. 8.— Bol. Hist., XI, 199.

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CAPITULO XIX "EILii CLEROzNATIyO"

~ 1o. Importancia del, asunto. — 2o. Reconocido poI la Iglesia. -- 3o. Mayormente; hoy. 4p. Política nativa de España. — 5o;.,Realizada con ,la escuela~de .Gramática. 60. Manso no ordenó sacerdotes nativos. —.7 Pero sí. Bastidas: 80. Los cuatro primeros nativos. -- 9o. Otros muchos sacerdotes del país. — 10o. El más ilustre de todos. --i1. Nicplás. de Añasco. — 12a. Todas' las prebendas para los nativos. — 13o. Y también los cargos de responsabilidad, y honor. -- 14rp. Y~ hasta usufructuan los de otros países. -- 15o. Quenr se puedo quejar de qui&. 1o.—Hablar del clero en una región o. país,, es hablar, de algo muy vital a la Iglesia. Precario ese el estado y vida de ésta, donde no _se nutre de clero propio. A la primera, racha de venc?abal persecutorio o alprimer asomo de cambio político ,radiéál, el clero ectraño, huye y desampara él puesto, dejando en ho$andad a la grey cátólica. Planta que de solo el espaeio vive, sin arraigo. y savia de la tierra, grave riesgo corre de secarse y malograrse a la primera sequía o, al primer soplo de ventaval. Espina dorsal es el clero„ nativo para el cuerpo o entidad, religosa de cualquier país;, de cualquier raza, y de cualquier época ` de "la historia. Él repaso de ésta ratiuica las antedichas afirmaciones. 2x-1--.


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2o.—Esencial ha sido y es a 1'a política de la Iglesia, el poner el mayor empeño en el fomento de las vocaciones eclesiásticas nativas. Diriase que no está satisfecha del estado religioso de un país, mientras en las filas del clero np predomine el elemento nativa; en número y calidad. Donde no hay seminario de formación para los nativos, la Iglesia, Roma, el ,Santo Padre, aunque callan, aunque disimulan, lamentan la situación y suspiran por que mejore. r

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3o.—Sobre todo, en los tiempos que corren, no solo de emancipación patriótica, sino de éxacerbación, de hispersensibilidad nacional y racial, que mira con recelo, con hostilidad y hasta con odio, al elemento de otros países. Ciego o fatuo,4 muestra estar, quien así no lo vea. 4o.-Cóñ visión real y profética, España. endereza su pólitica én Puerto Rico y América a la formación inmediata` dé clero nativo. Con la nueva` raza que había de surgir en esté hemisferio cón la Colonización, quiso ella que surgiese también el elemento local del clero. Falló en Puerto Ricb, én 'cuanto a la formación del. elemento dirigente civil, procurado con la educación trienal de los hijos de los caciques, en el convento franciscano de la Capital; ,pero no falló en su intento de poner en manos de los nativos la dirección. de las almas, el gobierno espiritual de los pueblos. Dolorosamente extraña es la falta de énfasis, con que se ha ,leído el ártícúlo tercero del Convenio y ajuste gntre, el Rey Católico r el Obispo Manso, al sentar las bases de, la Diócesis Puertorriqueña, nada menos que en la fecha de 4 de mayo de 1512: "Todos los beneficios que adelante vacaren, se proveerán a fijos y descendientes legítimos de los que destoS reinos han pasado o pasaren a poblar a dichas partes y no a los hijos naturales, hasta que se determine otra cosa por sus Altezas" (1) . Es decir que habían de ser netamente puertorriqueños lds adalides de la religión; desde• que aquí los húbiere, y hasta cuando llegara el caso, que infortunadamente no llegó por la extinción de la raza indígena, hasta los puros —212=—

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indios disfrutarían del honor y de la utilidad de beneficiá,dos_ Los nacidos en España, cuanto más en' otro país europeo, no tenían por qué venir a estas. tierras en busca .de prebendas eclesiásticas. ¿A quién no pondrá alabanza en los labios y admiración en, el pecho esta política de la nación. ibérica? 5o.---Y que no era teoría bonita y nada más esta base de los beneficios para los nativos, lo puso en evidencia a los cuatro meses el organizador pontificio y regio de la Diócesis, al crear en 26 de septiembre del propio año, la plaza de director del primer .plantel eclesiástico docente de Puerto Rico, o- sea la de Maestrescuela,, "pana enseñar la Gramática, por sí y no por otro, a los serviciales y clérigos de la Iglesia; y a todos los del Obispado que la quisiesen oir" (2). El cual 'no debía de ser un cualquiera o un sacristán .o ex-sargento, "sino graduado en algunos de los Derechos o en las Artes de Bachiller, en alguna Universidad de España" (3). 6o.—Hasta la duar-ta década por' lo menos, del siglo dieciseis; no pudo haber en Puerto Rico nativos con edad suficiente para ser sacerdotes. Sabemos que la mayoría de los nacidos en Caparra se malograban por lo enfermizo de la región. Como. murió' el hijo y heredero de Ponce de León, 'recién trasladado a la Isleta, sin llegar a la mayoría de edad, así perecerían otros varios, infantes nacidos en la isleta, dei año 21 al 30. Lo mismo ac¢nteceria en San Germán, cuyas calamidades tuvieron comienzo en. 1528 con el asalto, robo é incendio de los franceses. Por donde es lógico presdmir que difícilmente pudo ordenar á ningún na'ti'vo el Obispo Manso. Lo cual extrañará menos, atendi'endo a que en la Española, población más antigua, numerosa y rica que Puer= 'to Rico, tampoco parece' haber habido sacerdotes nativos hasta mediados de la centuria, (4) y a que en la muy extensa, poblada y tranquila TV'ueva España, hasta 1570, nó se pudo ordenar al primer indio, que se llamaba Pablo Caltzontzín, hijo del último rey miehoac'a (5). ~ —213---

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76.--Pero si "él 'anciano "y trabajado Manso no tuvo ele imponer cónsuelo de ,sus manos a nirigüi nativo, el fuere= y' aniinóso Bastidas sí las, impuso y a varios. Desde 1540; por ló menos, funcionábá perfectamente la eseúela de Gira' mática, que continuó abierta hasta diez años después. Por entonces prosperaban los ingenios y la población aumentaba y se enriquecía. Dds años después de su llegada, ya ventila "Bastidas el asunto de los clérigos nativos, en su, epístola de 20 de marzo de 1544, en que dice de "un clérigo que es natural de acá y sirve en esta iglesia, llamado Gonzalo Domingo", y de otro "diácono por nombre Francisco Días Lepe,, natural de la Isla y que se ha criado en esta Iglesia y es hábil" (6). Conviene no olvidar que las ordenaciónes verificadas por Bastidas y sus sucesores no siempre eran de sacerdotes. A la de éstos precedían las de minoristas y mayoristas, distintas entre síysepa'radas por los llamados ` intersticios o espacios de tiempo. Así vemos que los Prelaidos unas veces °hablan de haber conferido las .órdénea "üienores, otras las del subdiaconado o diaconado y finalmente otras, las del presbiterado. La serie de estas ordenaciones era' ,en la Iglesia lo, hue son en la escueja las graduaciones" sures sivas y escalonadas de octavo grado, de bachiller, licenciado y' doctor: Muy claramente las distingue Bastidas en cartas. 8o,r---Pór fín y entre 1547 y 1548 florecierón las ordenaciones de los cuatro primeros sacerdotes nativos; con cúyos nombres queremos orlar estas páginas y fueron: Gonzalo Domingq, Francisco Díaz ¿k Lepe, Sebastián de Sanabria y Francisco de Liendo.. El último de ellos era. hijo del arquitecto "Francisco de Liendo, natural del pueblo del mismo nombré, en la hoy provincia de Santander, que dejó imborrables huellas, en varios templos de la Bspañola: Él hijo uó primeramente racionero de la Catedral de San Juan y más tarde canónigo de la metropolitana de ,Santo Domingo, muy estimado y prótegido .del Obispo Bastidas. El otro 'no= --21'4—


vel sacerdote, Francisco Díaz d Lepe, era hijo de unb 'dé los"•primeros conquistadores y pobladores de la Isla, que 4 vantó aquí una honorable familia y mereció del Rey la dis= tinción de nobleza blasonada. Hijos igualmeííte de hombres prominentes entre los fundadores de la sociedad puertorriqueña eran los dos restantes sacerdotes Gonzalo Domingo y Sebastián de •Sanabria. .Los cuatro debieron ordeñarse a tí tubo de patrimonio, es decir con garantías de poderse sustentar ,y vivir a expensas propias, por cuanto ya estaban oi deñados cuando Bastidas solicitó para ellos prebendas en ls Catedral. 9o.~Naturalmente que, en población tan escasa y en Diócesis tan pobre, como lo fué en el siglo XVI la de Puér=. to Rico, no pudieron 'abundar las vocaciones eclesiásticas. En' 1 de septiembre de 1548, Bastidas se lamentaba: "Tenem.o muy gran necesidad, de clérigás en estas Islas, porque .pox nuestros pecados muy pocos salen de ellas" (7). De menos de doscientas familias, la mayoría en lucha titánica contra la ádversidád, y en período de consolidación y lucha contra vehementes ansias de emigrar al Perú, ¿cómo podía haber s6hrado ambiente para dedicar hijos al sacerdocio? Pese a ello, puede asegurarse que acaso la mayoría de aquellos hidalgos hogares ofrendó un hijo al altar. Mencionemos .alguL nos para gloria de la tierra. En carta de 25 de julio de 155, Bastidas recomienda al Rey a Cristóbal de Sanabria y a Pedro de Mata, ya súbdiáconos "hijos de vecinos de esta ciudad y muy antiguos, que allá envían sus recados y probanzas" (8). El segundo debía ser hijo de Pedro de Mata, uno de los prhll-ros pobladores venidos aquí muy joven y que alcanzó- largos años de vida, pues contaba ochenta., al declarar en él: ,juicio de residencia de Bahamonde de Lugo, en 1579 (9). El hijo .fué racionero y canónigo de la Cateí~ral hasta su muerte en,1576, ¿le que da cuenta el Obispo Salamanca (iO). Canónigo fué también de San Juan el Presbítero CristóJiá7l de Sanabria, que en 1574 ascendió a Capellán de la Real A-215,---

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diencia de Santo Domiligo y acaso fué el primer sacerdote nativo de exportación, es decir que ejerció el ministerio fuera del terruño. Otra de las primeras familias formadas en Puerto Rico, se apellidaba Malayer y de ella salió para la Iglesia un vástago, llamado Cristóbal de Malaver. Si él no fué el primero que ocupó el Deanato de la Catedral, fué cuando menos el segundo. Pues ya ocupaba la primera silla en 1569 y siguió ocupándola once años después, hasta ocurrir su muerte en. 1580 (1i.') . Sonadísimo es. en los fastos isleños el apellido Santolalla, llevado por tres generaciones a lo menos. El fundador de este hogar llamóse Gregorio e igualmente su hijo, el que en 1547 organizó hasta tres ingenios de azúcar en la ribera del Bayamón y tiel Toa. También construyó en la ciudad una de las mejores casas dé piedra en que vivía "su mujer, e hijos y una hija casada ,y. otros deudos; con. mucho honor" (12) . De tal clara familia nació' otro sacerdote llamado Gaspar de. Santolalla, a quien el Obis. Po Salamanca escogió para Capellán y administrador suyó en 1577; "clérigo, presbítero y natural, nacido en esta. Isla de padres españoles. .. . y su agüelo se alló en la conquista fiesta Xsla y él es de buena fama, vida y costumbre etc." (13). Y este excelente sacerdote fué provisor y Gobernador, al ausentarse Salamanca para España y renunciar la mitra. Dejamos en el tintero los ,nombres de una veintena de sacerdotes nativos 'de fines del siglo dieciseis, p~rá evitar el cansancio de los lectores (14) . 10o.—De quien en manera alguna podemos guardar silencio, es del nieto del fundadór del pueblo puertorriqueño, heredero de sus títulos y hombría de bien y de su mismo nombre y apellido. Nos referimos a Juan; Troche y Ponce pie León; nacido hacia el 1520 y que, después de haber escalado todas las 'alturas sociales y formado una muy honrada y numerosa familia, al quedar viudo y ya casados sus hijos, renunció''al mundo y se dedicó al altar en 1579. Vivió una docena de años y llegó a ocupar la segunda silla de la —216—


~ Catedral, para él solicitada por el Obispo Ramós (15)'.. De tal importancia juzgamos la personalidad de este levita. na-, tiyo, que ojalá pod'arr~os dedicarle algún día una monografía especial., Solo dos cosas queremos aquí? consignar en su ala-

banza: 1a. que fúé el primer cronista de la Tsla, con su Meanoria y Descripción; suscrita por el Gobernador Melgarejo, en la que calcó el historiador Herrera muchos de los datos consignados en sus Décadas; y 2a. que su ingreso en el clero influyó poderosamente en la consagración al Santúario de muchos hijos de las principales familias, comenzando por la dl él mismo. Desde los primeros años del siglo diecisiete, nutrieron las filas del clero los Ponce de León, Salinas, Montañez, Menéndez de Valdéz, Guilarte; Calderón. de la Barca y otros de las más nobles y patricias familias isleñas. 11o: ~'odávía no hemos podido comprobar enteramente la condición borinqueña de un sacerdóte de renombre, en los primeros años del siglo XVII. Nos referimos a Don Nicolás de Añasco; Deán primero de Puerto Rico y Deán, desde 1596, de la Catedral de Santo Domingo. De resultar cierta su naturaleza puertorriqueña, sería él el segundo sacerdote, nativo que sobresalió fuera del país. Se le confirió el Provisorato de la Arquid'iócesis; en tiempos muy críticos, para la F.eligión por causa de la propaganda protestante en .la Isla Española, rea1izads por los filibusteros. En las visitas que realizó en las poblaéiones del' norte y centro del país, recogió hasta 300 biblias heréticas, de que hizo auto público, mandándolas quemar en la Plaza Mayor de aquella ciudad. No siendo graduado en Derecho, incurrió en algunos erro-res jurídicos, al actuar de juez eclesiástico, por lo que le

retiró el Provisórato el célebre Arzobispo Dávila Padilla. Mas era Añasco de tal próbidad y virtud, que el mismo Prelado pidió al Monarca una prebenda más pingüe para su Deán. "Su virtud, recogimiento y buen ejemplo merecen que Vuestra Majestad le haga merced, mejorándole la prebenda en iglesia más pingüe" (16). —217--.


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12o.---Una cosa es cierta y 'no. nos cansarérrios de ha-' cela resaltar en estas páginas,, y es que; a lo largo dé las' dos centurias primeras, se cumplió a la letra, la ya•inenciona dacóndicióñ ajustada entre él patrono real y el Obispo orj ganizador, a saber: que los beneficios .que 'vacaron ~se otorgaron a los hijos del país. Para muchos de ellos, aún antes dé alcanzar él sacerdocio, ya lo Prelados pedían se les otorgaran las prebendas de la Catedral. Ni un solo Prelado faj lló en ello, entre los. veinte de lás dos primeras centurias, si exceptuamos a Bastidas y Valbuena, en solos dos casos y° por las razones ya apuntadas y justificadas por cierto. Año' tras año, elevaban su exposición al Rey, presentándóle a los nativos más dignos de las 8 o 9 prebendas de la Catedral. Decimos de las prebendas de la Catedral, porque para la colación de los demás beneficios de la Diócesis no, ,era necesa-. ría la sanción real sino solamente la del Gobernador de aquí, en su calidad de Vice Patrono, y esta presentación de los nativos más dignos la reiteraban anualmente los Prelados, no sólo por su expontánea benevolencia, sitió en cumplimiento de las órdenes del Gobierno de la Metrópoli. De manera que la política religioso-administrativa de entonces se podía resumir en estas palabras: los beneficios y prebendas del país para los nativos. A esta teoría de gobierno correspondía la práctica, pues en todo este lapso de tiempo fueron hijos del país los usufructuantes de los beneficios eclesiásticos, siempre que hubo candidatos para ello. El Obispo Salamanca significaba en 1578 que aquí no había más clérigos que los nao turales, pues los de fuera pasaban de largo, por no poder mantenerse. Y abarcando de una mirada el pasado y presente, el cronista Torres Vargas consignaba en documento oficial de 1647: "De ordinarió todas las dignidades y prez benclas de esta Iglesia las gozan los naturales por el patror nato reál que los prefiere a otros (17). 13o.—Pero 'hay más: pues no soló disfrutaron generalmente los sacerdotes nativos de los curatos y prebendas, si-


no che-tós- car`g4s y •di'griidédes, cóñ: •la única éi cépción, dé ,•ui solo (él Dr: Félix dé Galvez Carvajal; 16241649) "pérsOna dé.gráñdes partés:y lireñdás" (18). Tódos los demás Deanes dé la'Catedrai puertórriqueños fueron. Los cuñas o tenientes curas de la Catedral iguáhrrente. Los ,Secrétarios de los Pres lacios; cargo de- coñfianza pérsonalísima, en su mayoría los provisores dé! Obispado désde Sántolalla hasta Calderón de la Barca, lo'niismo, y en fin los Vicario Capitulares no menos: ¿Qué más podía hacerse én gracia a los -sacerdotés nativos ?• Pues se hizo más todavía, I 14o.—Ya hemos mencionado a dos hijos del país- que fuera de él ocuparon puestos de alta responsabilidad. Muchos más se les puedan añadir, no desconocidos por, cierto sino de claras hejeeutorias; $us nombres aparecen en, la DESCRIPCION.dé Torres Vargas, enviada al cronista real Gil Dávila' 'Todos' los ineñciomá'dds viviam y ludan*'a .inedia= dos del siglo XVII, por lo gtie iti los ya fenecidas para entonces, ni los que osteriorménte di'e'ron, lustré á la Isla en el exterior apaiecen en ella. Mencionemos .a los que entonces '~iivían. salidos del país y que lo ilustraban manifiestamente:' el Dr. Don •Jüañ'de •Sálinas, defensor del Arzobiso de la Española, en un pleito ruidoso qüIe?ganó, canónigo de su Catedral primero y luego dignidad Tesoréro 'de la de Casacas, "con gran ejernplo de virtud" ; ` Ón Añtonio "de Ayala, Arcediano de Segovia e Inquisidor de Valencia en 1547 y de la Suprema en '1669 (19) ; su herrriano ,Don •J,uan de Ayala, Deán de Segovia; Don Alonso de Ulloa, racionero de Guada= lájáf~a; Dón Diégo de Cárdenas,`Déán dé Caracas; Don Francisco Altamirano, Canónigo de Tlaxcala,; Do i Gerth imo' Campusano; chantre de Cartagena; y Don Francisco M. de' Thvera, racionero de Yucatán (20) . Cerremos la lista eón el nombre de Don Joaquín de Ayera y Santamaría, organizador y primer Rector del Seminario de la capital azteca, capellán Jefe del Real Convento de Jesús María, amigo fraternal del mónstruó de los ingenios americanos, Don Carlos dé Sigüen-

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za y Góngora, y poeta premiado en. varios certámenes 'lite~ raros de Méjico (21). 15o.—No, los historiadores puertorriqueños no pueden quejarse de que sacerdotes extraños vinieran a usufructuar los beneficios eclesiásticos de la' Isla, sino los de otras regiones de ambos hemisferios pudieran sentir resquemor de que nuestros nativos les fueran allá a ocupar las plazas mejores de sus iglesias y catedrales. Pórque en efecto los puertorriqueños' descollaban entonces en Colombia, Venezuela, Méjico y Santo Domingo y hasta en la misma España sobrada de eclesiásticos eminentes. NO;TAS : 7.- Br:, P. E., 12. 1., . Tapia, 141. 8,- Sr.,, P. E., 21 v. 2.— Tapia, 377. 3.— Cuesta Mendoza, A: Historia Q.— Bol. Hist., XII, 31. de la Educación en el, Puerto" 10.— Bol. Hist., XI, 20S. Rico Colonial, I, 99.113. Allá 11.— Bbl. Hist., XII, 5. remitimos al lector que ambi. '12.— Br., P. Fl., 14. cidne empaparse en la tras- 13.— Bol. Hist., XI, 203. 14.—' Cuesta Mendoza, A.: Hist. de cendencia de esta medida. la Vid. I, 125.137. 4.— Juntamente con Francisco de Liendo, presunto p r i ni. e r 15.— Br. P. E., 62. sacerdote dominicano, Basti. 16.—'Demorizi, IS. Rodriguez: Relaciones, II, 234 y 193. das ordenó al puertorriqueño Sebastián de Sanabria, de en. 17.— Tapia, 389. Br., P. E., 113 v. trambos habla elogiosamente 18 en su carta de 25 de julio de 19.- ACSJ, I, 62 V. 20.—. Tapia, 489. 1553. 5.— Cuevas, M.: Historia de la 21.— Cuesta Mendoza, A: Hist. de la Ed., I, 247. Iglesia, II, 77. 6.— Carta de Bastidas de la fecha indicada.

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CAPITULO XX. t

"FORMACÍON DEL CLERO"

1o. Ley sobré Seminarios. — 20. Cuándo implantados en América. — 3o. Rectificado Gútiérrez de Cos. — 4.o. Criados en 10 iglesia. — 5o. Frases- hirientes dé tres. _ Obispos.. — 6o. Que se atenúan y suavizan. — 70. •Si por el clero no hubiese sido... . — 80. A principios del siglo XVII. — 90. El ejemplo de Ponce de León, nieto. 10o. Requisitos para llegar al sacerdocio. — Concurso para. la provisión de 'parroquias. — 12o. Diferencia entre clérigo y sacerdote. — 13o. Tres grados de clerecía. 140. Traje en la población y en el campo. — 15o. Juegos y diversiones. — 16o. 'Frecuencia de Sacramentos. 1o.—Para la defensa de la nación, hay academias militares, y para la regulación, áplicáción y sanción de las leyes hay planteles universitarios. Para la formación y preparación,de los sacerdotes, defensores de la religión y ministros de ella ante el pueblo cristiano, también se necesita Seminario o escuela' particular, uno en cada Diócesis de extensión y población regular. Anteriormente al Concilio de Tren to, ordenado cumlir en América } en 1564, no había en las Diócesis centro especiál destinado a los estudios particulares del clero y a su formación espiritual. 'Las ciencias sagradas enseñábanse en las Universidades, 'y en ellas y en otros centros docentes, las letras y ciencias humanas. El —221---.


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ambiente social era sano moralmente y las familias plebeyas .y nobles hasta los estrados reales, se consideraban honradas al dar a la Iglesia alguno de sus vástagos. 2o.—Hasta fines del siglo XVI y principio del siguiente, no aparecieron en América loss Seminarios formales,, .al estilo aunque desvaído de los conocidos hoy, no solo en las Diócesis pequeñas ypobres pero ni en las `grandes y populosas, como las de Méjico, Colombia y, Perú. Santo Domingo inició su Seminario en 1604; Cuba poco después; y Venezuela bien adelantado aquel siglo,, en cuyos años postreros surgió el de la capital mejicana, cuyo organizador y primer rector ya dijimos haber sido un, ,sacerdote de Puerto Rico. Fue pues lenta y relativamente moderna la constitución en este hemisterio de los, planteles., sacerdotales de tipo exclusivo., 3o.—En justificación ,y vindicta de la conducta; de los veinte Prelados, que' tuvo la Diócesis puertorriqueña, en sus dos primeras centurias; debemos, rectificar aquí uhá, apreciación heeliai por el berléméxito ;Obispo Gutiérrez, de ros, eri su edicto de 2 de julio de 13 en, c ue anunciaba. a. toda la, Diócesis la creación del Seminario Conciliar, de. la calle del Santo Cristo. 'Con. ,énfasis oratorio, pone' el venérable prelado en boca del pueblo esta ipterrogación: "Por qué en tres siglos que han, pasado,, desde que se erigió' el: Obispado de Puerto, Rtco, no se ha fundado Seminario, tan encargado por .el Concilio de Trento" ? Honda pena, causa en el lector instruido en los hechos capitales de, la historia,, de la Isla, el desconocimiento de ella, que se. nota en las cartas y documentos de bastantes de sus Prelados, por otra .parte celosos y bien_ intencionados: Y es que no basta el celo y la cultura, por sí solos, •para tomar el pulso espiritual a una Diócesis, cuando se desconoce su historial, que nos revéla y 'aclara el motivo y origen de sus buenas costumbres y .de malos hábitos; De lo cual pudiéramos aducir..aqui nú= grey borinqueña, inerosos eJemplos, por lo que hace ,a

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ro que dejamos para sus oportunos, lugares,, notando aquí . .solo, en atenuación, que tal ignorancia, se debió a veces. a.los incendios, piraterías y efectq del clima, destructores de papeles y archivos. Por lo que hace al casó que ventilamos, no hacía tres siglos .que estuvieron o ligadas las Diócesis americanas a ,dotarse de Seminario especial, ni la de Puerto' Ri; co dejó de. intentarlo, procurarlo y aún tenerlo, en lo posible; mucho antes de la venida aquí del peruano Gutiérrez de Cos ~ y hasta mucho antes de que él naciera. 4o.—Antes que se esbozara la carta constitutiva de ninguna Diócesis americana, ya la de Puerto Rico, por la „ pluma dél Obispo Manso, creaba aunque embrionariamente el centro educacional de los levitas de la Diócesis, mediante la plaza del Maestrescuela, a quien "pertenece enseñar la gramática por sí y no por otro a los serviciales y clérigos. . . del Obispado" (1) .,Que el' pequeñó pero bastante seminario estaba .en rparchá, tresciento años antes del de. Gutiérrez de Cos, lo evidencia la carta ded Obispo Bastidas,, en y1548, en la qae entera al Rey de la ordenación de los primeros sacerdotes puertorriqueños "doctos en ,latinidad, hijos de vecinos y criados en la Iglesia" (2.). Ser buen latino entonces, en .Púerto Rico, decía Ramos, equivalía. a ser doctor (3). Tan así era que los que lo poseían, pasaban adelante, en busca de , empleo, más retribuído :para,, sus estudios (4), Ni qué altas especulaciones Filosóficas, ni teológicas, ñi escriturarias,, fuera de. unas cuantas nociones de Teología moral, se precisaban aquí,, donde la: grey no excedía de. dos o tres mil almas, si pecadoras a veces, creyentes sinceras, siempre? En cuanto a criados en la, Iglesia, vale tanto la fray se como moradores de la Catedral y constantes compañeros de los prebendados ,y obispos, viviendo a su sombra, guiados por ellos y participantes de sus rezos litúrgicos y sencillas expansiones sociales. 5o.—No sería honrado ocultar aquí que los Obispos de la primera centuria tachan de ignorantes y hasta de idió-


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tas en latiñidad a los clérigos .de entonces. íSus expresiones son fuertes y sus calificativos. punzantes. Mercado el celoso, Salamanca el constructivo `y Ramos el, austero, estiman ig= norantísimos a los sacerdotes de su época. Dice el primero, en 1 de marzo de 1573: "He puesto en esta Estudió, de que había gran necesidad ,porque, aunque ay mediana copia de eclesiásticos, son los más tan ignorantes que tienen harta necesidad de estudio" (5). El segundo lisa siempre "las frases más cáusticas sobre la instrucción de los clérigos: "N"o hay quien, la sepa (moral) ni quien la 'pueda enseñar a otros; no hay clérigo a quien seguramente se pueda cometer por la poca. instrucción ,que para ello tienen" (6) , Finalmente el tercero pondera: "la grande ignorancia que hay en lbs prebendados hasta ahora, por rio haber Estudio sino a terhporadas, y así ,hay muchos idiotas" (7). 6o: Todo 'esto sería verdad, pero con estas acotaciones áclarátivas : la. que todos nuestros Obispos procedían 'dé' grandes centros culturales; entonces en la cúspide de su florecimiento, por lo que les chocaba más la indigencia cultural del nuestro en aquellos años; 2á, que la palabra idiota tenía entonces significado menos extremoso de' ignorancia que actualmente. En su etimología significaba tal palabra descbñocimiento hasta de la jota; 3o. que esta impresión desapacible, que revelan las cartas de los Prelados, fié efecto del primer choque con la realidad, a la que ellos ponían remedio inmediato con la reapertura del Estudio, amortiguado eri la vacancia de las mitras, como ellos mismos lo ,expresaban claramente y se puede contrastar; cotejando las citas apuntadas; 4a, que la ignorancia achacada a los clérigos no era privativa de los educados aquí, pues por aquellos años todavía la mitad o tercera parte de ellos procedían de Diócesis españolas; 5a. que ese bajo .nivel cultural se fué reformando al correr de los tiempos, según el clero aumentaba y se afirmaba y crecía la población; '6a. que mediante la dotación de una clase de gramática por Francisco Ruiz en 1589,, —224—


el studio ya permanecié abierto perennemente, con pre cóptores como Moreno de Villamayor y Gómez de Govantes,~ de luminosa estela en los fastos educativos de la Isla; y 7a., omitiendó otras aclaraciones, qué muy pronto se éncendIeron. los_ focos culturales de Santo Domingo y San t+rancisco, quo irradiaron claridad por todos los ámbitos de la Isla. Una última y conclúyente razón pudiera añadirse, atendiendo a que igualmente era por éntonces deficiente l~ ,cultura de los liábitantes isl'éños, pues los propios mencionados prelados se quejaban de que no eran letrados los Gobernadores, y de q'ue por ningún rincón se hallaban gentes salidas de untversidad. "Aquí no hay hómbre que haya estudiado y que pueda dar un parecer", afirmaba el Obispo Mercado, en 15 de marzo de 1574 (8) "En toda esta Isla no hay ahora hombro que en su vida haya estudiado leyes ni cánones y uno sólo: que había se fúé en estos días con el Obispo de hknn á (Merca " do)," consignaba el Obispo Salamanca, en 13 de enero de 1578 (9). Aún, de médico carecía .la Isla en septiembre de 15.77 y esté Obispo pedía uno al Rey,, insinuándola que le, hiciera mercedes ,(10). lViás ¿qué médicos, abogados o letrados _iban a`fijar entonces su morada en esta desolada tierra, donde "no llegan a 130 los vecinos de toda, ella entre españoles e indios"2 según palabras del Obispo Salamanca, en 15 de 'septiembre de 1577" (11). Epoca era aquella de duelo a muerte con Francia e Inglaterra; en que las energías espagolas sobrantes pasaban como nubes altas por encima de las Antillas para fecundizar las altiplanicies aztecas y ,andinas. Harto ilustrado, era, eL clero isleño, para tan ,escasa y tan moderada grey apacentablé. 7o.—Y si no hubiera sido pore la acción permanente civilizadora del clero, se hubiera extinguido aquí o estancado por lo menos la ilustración ciudadana, como sucedió en Ja- ' maica y en las islas .de Barlovento, donde el clero o. no sentó en firme sus plantas .o hubo de abandonar el país, para no s perecer de hambre. Mas pesaban mucho en la balanza divi-225--


na los altos destinos de Puerto Rico y por eso, unos tras otros los 'siét prelados que lo rigieron espiritualmente en el siglo XVI, en el púlpito y en la cátedra fueron maestros incomparables, asistidos de clérigos traídos o formados por ellos mismos. Manso, con su Provisor Guadiana y 'su consejero el Padre Vicente Guzmán, dominico; Bastidas con el el 'Doctor Barbosá y el Licenciado Ramos; Mercado' con el innominado compañero que trajo consigo y reabrió cátedra; Salamanca con sus dos hermanos prestantes letrados. teólogos; y el inmenso Ramos y el Doctor Calderón con Villanuevá, Santolalla y Moreno de Villamayor, no dejaron que la sociedad puertorriqueña viviera en la oscuridad cultural y fueron permanentes voceros 'de las letras divinas y de las r letras humanas. 80.—Cón el 'alborear de la centuria XVII la formación del clero avanzó notablemente en la Jsla, a pesar del .rudo golpe propinado por el asedio holandés. A la clase de Gramática añádiose la de Artes Libérales, llegando 'el número 'de alumnos de entrambas a 36 en 1644, ya antes de la llegada ;del Obispo López de Haro. Desde muchos años antes, ya el clero nativo cubría prácticamente todas las plazas de la Diócesis y tenía destacados representantes en la Española, Caracas y Méjico y en la propia España, según señalamos en otra parte. Aunque s_e conceda, por ser lógico, que los levitas' puertorriqueños proseguían estudios mayores en Seminarios o Universidades extranjeras de alto nivel, pero sus estudios primarios y secundarios aquí los debieron hacer. No hubieran podido ocupar plazas en las catedrales mencionadas anteriormente, en la primera mitad del 'siglo XVII, sin sólidos fundamentos de estudios y sin inmaculada probidad de vida previamente, y ello cede en mayor loa del clero nativo, cuando en todas esas catedrales brillaban eminencias del saber eclesiásticos. 9o.—Por lo menos desde 1630 se hallaba ya aquí formalizado el Seminario que se conocía ,con el nombre de Colegio 226—

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de San Ildefonso y que tenía sus clases en .los af)ei,os de la. Catedral '(12). piariamente daban clases los jatirfos por espació de cuatro horas, de 6 a' $ de la mañana y de 2 a 4 de la tarde (13). Desde los primeros años de la centuria seguían la carrera sacerdotal vástagos tle las principales familias, siguiendo el ejemplo de Juan Ponce de León, nieto, que, muerta s,,mujer y casados sus hijos, se había dedicado al servicio del altar: 10o.—Los estudios y conocimientos imprescindibles para llegar al Sacerdocio simple eran los siguientes: por la capitulación entré el Obispo Manso y el Rey de 4 de mayo de 1512, nadie podía ordenarse de corona que no supiera latín (14). Corona se llamaba el acto litúrgico, por el que el Obis-' po solemnemente adscribía a uno entre las filas del clero, mediante determinadas preces y el corte del cabello en la parte alta posterior de la cabeza. Desde entonces 'el individuo gozaba del fuéro• eclesiástico, en la forma, y extensión que en otra parte se expone. Demás e saber toda la doctrina cristiana, no memorial sino inteligentemente, y estar bautizado y confirmado,. el aspirante debía saber "leer la-, tín y escribirlo' (15). Lo cual requería un par de años de estudios regularmente,. Para acercarse a las cuatro órdenes menores, llamadas de acólito, exorcista; caniculario y lector, " "demás de lo susodicho, han de tener inteligencia y conocimiento de la. lengua 'latina con término y aprobación de su maestro'. Como estos minoristas servían ordinariamente el altar y coro y demás funciones litúrgicas, su expedición' en la ,lengua, oficial tenía que ser eficaz y corriente. Para ordenarse de epístola o subdiaconádo, el aspirante debía teñer 21 años y "tener suficiencia para .leer y~construir (el latín)' y tener alguna noticia del breviario', libro manual del rezo u• oficio divino. Para llegar al diaconado o, Evangelio, demás de 23 años de edad, el pretendiente debía saber 'rezar, es decir, manejar cumplidamente el breviario. Fina). mente, para subir al sacerdocio, aparte de 24 años de edad y todo lo ante dicho, debía "entender las formas y, materias" 227 ~-


de_ los; sacramentos, la absolución de la excomunión .mayor y. ele los pecados, pues en el artículo de. la muerte l puede ejercitar, sin otra licencia, .aunque. . . la absolución fuese, reser`vada". r. 11o.—Como se ve por todo esto, unos eran los estúdios necesarios para el simple sacerdocio sin obligación de predicación y de cura de almas, y otros los indispensables, pera él desempeño del púlpito y de atención parroq}~iai. Para esto había que ampliar la esfera de conocimientos y demostrarlas em concurso abierto, que tenía. lugar cada y cuando que. vacaban las plazas. Cuando el .mencionado requisito de estudio se confirmaba en el Sínodo de. 1645 y desudé mucho fintes, se cursaban Artes Liberales, o sea facultad dq Filosofía, e propio colegio catedralicio y sin embargo se. prescindía de esa ciencia para la, mera ordenación sacerdotal. La catedra de Teología moral la desempeñaron muchas; veces los mismos: Obispos, como lo atestiguan ' ellos, mismos é i sü cartas, en párrafos aquí citados, y no hay duda de que, iew do oráculos, d'e la ciencia divina muchos de, ellos,~ en}inentes oradores y. catedráticos y varones, maduros p.or la edad y la .experiencia, fácil. y brevemente elevarían el nivel, cultural de. sus oyentes en clase., A esa solían acudir todos _los clérigos residentes en la capital y sus cercanías; jóye ies y .a,cianps 12o.—Fn cuanto a la formación, digamos,, espiritual del clero, como ciase socialv aparte, comenzaba desde el moxnento de recibir la tonsura o corona abierta. Era ésta, en tres tamaños: 1a. el menor para los simplemente tonsurados y minoristas del grandor de tina moneda de peso fuerte; 2o. el, mediano, un pQCo mayor para los ordenados, in. acris v ~ sea subdiácoi os y diáconos, llamados de epístolas y evange-' lip yJ 3o. el mayor, exclusivo de solos los sacerdotes. Como 'se puede entender fácilmente, todos los, tonsurados eran clórigos, naas no todos eran de orden sacro,, ,ni menos, sacerdotal., 13o.—Para que un simple tonsurado o minorista pudiera goza del fuero eelésiástico en causa criminal necesitaba —228—


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poseer un beneficio colativo, desempeñar à1'gúu mñisteria éh lá IgTésia de mandato y l'icéncia episcopal, o ser estudianen alguna universidad aprobada, con licencia del Prelado, jubtamente con seis meses de llevar la corona abierta y eI traje eclesiástico (16). Por desconócimieñto de esta difereñcia existente entre los simples clérigos y los sacerdotes, a veces ciertos historiadóres han mal interpretado ciertós pajes de la histdriá de la sla. Como no es h'oy lo mismo un seminarista que un presbítero, tampoco en pasadas centurias era una mi'sma cosa ser clérigo a secas que ser sacerdote ordenado: Por 'la relevancia social y hasta económica del clec ro, no escaseaban los individuos qué ingresaran. en esa clase, para sustraerse a la jurisdicción real, sin animarse dél verdadero espíritú eclesiástico y sin aCampañarse de la austeridad propia del 'estado eclesiásticó. 14o.—D'erriás de la 'tónsurá correspondiente; los clérigos °del Obispado ,y los transeuntes- debían distingúirse por "lá barba baja, pareja, redonda, sin punta ni bigote" (17). En contraste suponernos con la estilád'a por otras gerar= guías. sociale.s El traje exterior era talar, negro. De color no pódíán vestirse, "peña de perder el vestido". De color era todo lo que no era negro. °De paso o de Camiho stpodíáh .vestir de color,. Las medias habían de ser negras precisámente, o al menos pardas, leonadas o moradas. Vedadas les estaban las sortijas o anillos eh los dedos,, no siendo los que "por derecho pueden traerlos:" Igualmente, ni andas en calzas, ni jubones, rii con seni,breros, sino, de camino o en el campo, en tienípo., llúvioso, y entoncés de buen tamaño 'de falda, y en las iglesias en ningún tiempo, pena de seis días de cárcel por, primera vez (18). Sobrepeliz no podían usar,si . no en la Iglesia; en las procésiones y yendo directamente de su casa al templó: éstañdo próximo. El uso dél bonete era tan obligatorio qué su abstención u olvido .para i"r de -la sá~ cristía al altar, era penado con seis pesos de iniíia. .Por sobre este particular del vestir hubo algunas fricciones entre: los Prelados y sus clérigos. —22J

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15o.—En cuanto a juegos, les estaban vedados los prohibidos, dados, ni al parar ni vueltos, ni cartas, pintas ni otros semejantes, pena de seis pesos la primera vez y 15 días de reclusión, eli su iglesia. Permítaseles empero poderlo hacer hasta la cantidad de dos pesos. Nada de rondar por las calles de noche, ni tañendo instrumentos, ni llevando músicas, pena de un millar de maravedises. En cuanto a comedias, danzas, músicas, fiestas, máscaras o vestirse de + ni marraclios, aunque fuera en los días de Corpus Christi y otras solemnidades podían tomar parte los clérigos tonsurados y minoristas, no los .de órdenes mayores (19). 16o.—Ponemos término a este capítulo sobre la formación del clero ene los siglos XVI y XVII, aclarando que los _clérigós minoristas debían confesarse muy a menudo, los mayoristas comulgaren las Pascuas y días solemnes .y los sacerd'otes recibir el sacramento de la penitencia semanalmente (2Ó). Otras muchas noticias interesantes sobre las costumbres, derechos y obligaciones' del clero se hallarán esparcidas en este volumen. Confiamos que su recuerdo y conocimiento derramará mucha luz para mejor comprender la vida ,religiosa de Puerto Rico, plasmada en las enseñanzas del clero, que fué su guía espiritual y consecuentemente un 'bienhechor- temporal. NOTAS: 1.-- Tapiá, 377. 2.— Sin. Dioc„ 1917, 176. 3.-- Br., P. E:, 61. 4.-- Br., P. E., 43. 5.— Br., P. E., 30. 6.=- Br., Pt E., 43. 7.— P. E., 61. 8.— $r.. P. E:, 35 v. 9:.— Br., P. E., 43. 10.— Br:, P. E., 39 v.

11.— Br., P. E., 40 v. 12.—Br., P. E., 109. 13.—ACSJ, T. 14.— Tapia, 161. 15.— Sin. Dios., 78. 17.— Sin. floe., 59. 18r— Sin. floe., 59. 19.— Sin, floe., 61 y 62.. 20.-~ Sin. Dioc., 129.

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CAPITULO XXI "ADMINISTRACION Y RECEPCION DE LOS SACRAMENTOS" ~

lo. No es tratado teológico. —. 2o. Sin cambios. — 3o. Cómo se administraba el bautismo. — 4o. Campesinito apadrinado por un Grande de España. — 5o. Confirmación. — 6o. Penitencia. — 7o. Casos reservados, — 80. Cédula de confesión. — 9o. En tablilla infamante. — 10o. Confesonario. Ato. La comunión pascual. — 1,2o. La primera Comunión. — 13o. La lámpara del Santísimo. = 14o. Extremaunción. — ].5o. Orden sacerdotal. 16o. Matrimonio. lo.—No siendo obra cl'e Teología la presente, no procede exponer en ella el aspecto teológico de los sácrámentos, de lbs que, por otra parte, suponemos un, conocimiento, siquiera elemental en los lectores, aunque algunos de ellos no fueran cristianos, pues es casi imposible tal ignorancia, en quienes viven en medio de una población católica; como la de Puerto Rico. 2o.—Desde luego, podemos adelantar que, sustancialmente, no ha variado hasta nuestros días la manera de administrar y de recibir cualquiera de lob siete sacramentos, tal y como se efectuaba, en las dos primeras centurias de la Colonización. Siendo de notar que la existencia de la --23Y—

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Iglesia de Puerto Rico antecede, no sólo á la vigencia y celebración del Concilio Tridentino, sirio también a` la Reforma Protestante.

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3o.—En cuanto al Sacramento del Bautismo,; debíáse administrar a los niños, antes de transcurrir la primera quincena del nacimiento (1). No podía administrarse, sino en la propia iglesia de la parroquia (2) . Como eñ toda la Isla no hubo, durante muchísimos años, sino dos ,pilas bautismales, la de la Ciudad y la de la Villa, en beneficio de los moradores del campo, se concedió que pudieran ,bautizarse sus niños en las iglesias o capillas, erigidas en distancias de de siete leguas de las iglesias matrices (3). A los negros llegad'o a la Isla igualmente había que bautizarlos, de no hábé seguridad moral de qué lo estuvieran, con conocimiento ..y voluntad, y en caso de duda, se les administraba, bajo condición .y eoh todos los ritos, practicados al bautizar a los d'e.,más niños (4) . Para asegurarse de ello, se les sometía á examen investigador. El bautismo se administraba por 'él Manual Romano, que se había de tener delañte, para no errar ,palabra, ni omitir ceremonia (5). Cuandó por necesidad se hubiera bautizado la criatura en su casa, al ponerse buena, debía ser llevada a la Iglesia, para ponerle el óleo y crisma y hacerle los exorcismos acostumbrados (6). Para ello, en cada parroquia o iglesia habilitada, debía tenerse "un de plata llano y liso, de poca, costa para los bautizos, el cual fse guardaba con los crismas, no utilizable para usos 'profanos": Y si en alguna iglesia solo lo hubiere con grabaduras, se procuraba deshacerse o trocar por otro liso, "porque con grabaduras no se pueden purificar bien el .óleo y crisma, coh que se bautiza" (7) . Cuanto se servía para la administración le éste Sacramento "esté todo bien ceirad«o y guardado y la llave en poder del Capellán" (8). Cuando ocurría algún baui izó de necesidad, se` examinaba cuidadosamente ala personá bautizante, para comprobar si había ejecutado bien el "acto y, en casó de duda, se reiteraba el bautismo cond'ico —232—


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nalmente (9). A las parteras se las tenía bien instruías'd ~córno debían admini`strax el agua de socorro (10). Finalméñ~ te en todo. caso, debía haber un padrino, o uno y uña para el bautizado, para evitar parentesco espiritual, no menor !de 15 años (11): Tanto los nórrbres de éstos como el del bautizado y de sus padres, con las demás circunstancias dél caso, debían registrarse en ui libro, conservado cüidadbsámente (12). Rigurosamente estaba prohibida la adiníxíistración en las casas, lugares párticúláres y aún oratorios e iglésias no autorizados para el efecto (13). A quien demoraba el bautismo o )as ceremonias supldtoriaas, más allá del tiempo señalado, se le impedía, hasta qué lo verificara, la entrada én la Iglesia, con otras sanciones (14). k 4o.—Propio, de este lugar es el recuerdo del hecho histónico ocurrido en las playas de La Águada, en 1640, cua,ñdo en ellas desembarcó el primer Grande de Espaiia, que, i isitara este Continente, Marqués de Villena, y duque de Escalona, Don Diego Pachéco, :qüe iba de Virrey a Méjico, ún1 mente. .con Don Juan de Paláfox y lIendoza, que iba de. Arzobispo de Puebla, y otros Prelados: "el acto de niayo trascehdeiicia que, en lo prófaño, se há podido poner en rr~e in&ia, desde que se descubrieron las Indias" ('15). A un niño hijo de un vecino echóje las aguas del bautimo, dicho Árzobispo y lo apadrinó el expresado Grande de E`spáña que le di'ó su ñómbre y apellido, "ordenando que se le buscara, cuando fuese adulto para' hacerle el favor que le ocasionó sú ventura" (16). De tal hecho deduce Srau que había iglesia parráquial en La Aguada, siendo así que, cinco años después, ni parroquia, ni iglesia siquiera, habiá en dicha región, según. se ve ,por la relación que a~areee en el Sínodo Diocesano (1.7). Mas ¿,qué necesidad tenían de pila bautis i al; los Obispos' que desembarcaron, que por tales y por serio de este Continente disponían 'de facultades arnplísimas:? Advirtamos de paso que quien lo era entonces de la Isla, no salió a recibir a tales señores„ por =andar entonces muy ocupado en bautizar indios en 'Cumaná. —233--

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5o.—Pasemos a examinar cómo se administraba el segundo sacraménto de la Confirmación. Privativa era entonces de los Obispos esta administración, e iban ellos ejerciéndola por los pueblos, estancias e• ingenios de la Isla, en sus' visitas pastorales. Por cierto que con hartos trabajos, ya por la aspereza de los •caminós y pobreza de' los alojamientos, como por su edad, avanzada casi siempre, y por su vida anterior, si no regalada, cómoda, y tranquila. De siete años para arriba debían tener los confirmandos. Obligación de los padres y encargados era la 'preparación de los niños para la recepción de. este Sacramento, enseñándoles su importancia y' necesidad y la manera de prepararse para recibirlo, con la confesión o, a lo menos, con la contrición de sus pecados. Como para el bautismo, debía concurrir un padrino, que contraía parentesco espiritual. Eh libro especial debía anotarse el hecho, con el nombre del Obispo, la fecha, lugar, nombré y calidad de los .padres, si se conocían o si no, expresando no conocérselos. Suscribía la lista el Prelado confirmante,, luego dé expresado el número de lós confirmados "porque se quite la ocasión de fraude'. Con el' cuidado que 'el de bautismos, debía el cura conservar el de confirmados y "los que fueren negligentes en algo de lo dicho, sean penados en mil maravedises, la mitad para la fábrica de sus iglesias y lá otra mitad para el denunciador (18). Gracias a esta precaución del registro parroquial, ha sidó posible recoger datos históricos de la mayor importancia. Donde nunca llegaron en el interior de la Isla muchos gobernadorés, hicieron seto de presencia por varios días nuestros Prelados, que por eso llegaron a conocer mejor las necesidades de los moradores y las condiciones de las tierras. Las visitas de los Obispos hacían época en los fastos de los pueblos. 6o.—Pasemos a tratar .del tercer Sacramento que es el de lá Penitencia y confesión. Obligación de recibirlo tenían cuantos llegaban a los años de la discreción. La obligación era anual, a lo 'menos, y se había de cumplir con ella, des„ -234---


de la Dominica de Pasión hasta la Segunda después. de Pascua. Con el propio párroco y, no con otro sacerdote la confesión se debía hacer. Y él no podía autorizar a sus feligr-e ses para hacerlo con nadie más, fuera clérigo o religioso. Los padres de familia y tos dúeños de ingenios y estancias estaban en la obligación de entregar al Párroco cédula de cómo habían cumplido con la Iglesia sus hijos y dependientes (19). Dicho está que para el caso eran Párrocos los capellanes de los lugares y pueblos de la Isla, aunque no constituyeran parroquias formales, También se ha de sobrentender que las demás confesiones, entre año, podían hacerlas los penitentes con cualesquiera confesores aprobados y fuera de sus parroquias y de la Diócesis. Diariamente en la Catedral •se sentaban varios sacerdotes para oir connfesionés (20). 7o.—'Quince eran los casos reservados al Obispo, de los que no podían absolver Ids sacerdotes, párrocos o no: el peculádo o robo de cosa sagrada, o 'no sagrada en lugar sagrado ; supersticiones, adivinaciones y ensalmos; los contrayentes o testigos de matrimonios clandestinos, válidos o no; la blasfemia pública; el homicidio voluntario; el aborto consumado culposo; el incendio diurno o nocturno y tala de 1"os campos la ordenación furtiva y per saltúm; la falsificación de escrituras; la testificación falsa; la retención de diezmos y primicias; el incesto, sodomía y bestialidad; la percusión de clérigos; el perjurio hecho en juicio contra tercero, y el pecado "carnal con hija de confesión: "la absoluión de los cuales r"enervamos en Nos" (21). 80.—Para llevar nota exacta de los cumplidores y quebrantadores de este precepto, al principiar la cuaresma de cada año, los curas formaban los padrones o listas de todos los feligreses sujetos al precepto, y al cumplirse el tiempo prescripto confrontábanlos con, las cédulas de confesión, tomando nota de los incumplidores. En todos los domingos de cuaresma, el Párroco recordaba la obligación pendiente, y si algunos ,quedaban, todavía por cumplir con ella para el se-235— r


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gundó domingo dé Pascua, les, 'otorgaba 'una semana más dé benignidad, avisando que d'espúés de ella qúeclarían excomulgadós y daría cduocimiento al Provisor; pero todavía, les daba de término final otra semana hasta el domingo cüartó, después de cuaresma. "Y si de allí en adelante alguno' fuese tan contumaz que no lo hubiese cumplido, que sin licencia nuestra. . . no pueden ser absueltos, la cual 'han de venir á pedir personalmente y contra los que perseveraren en su einora, se proceda hasta excomúlgárÍos dé anátemá e' participantes e ,invocación del 'brazo secular" (22) .

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9o.—Consiguientemente estos rebeldes no podían asistir a lo"s Oficios divinos, sus nombres aparecían en una tablilla colocada én lugar público, y si morían en tal .estado, no .podían recibir sepultura sagrada. Tal disciplina, extremosa a primera vista, es la que lnás o menos modificada, pero en esencia la misma, se sigue hoy en' las párroqüias bien organizadas de países sajones. ¿.Y qué otra conducta se sigue con los miembros de sociedades, que nunca concurren a sus reuniones, ni satisfacen sus cuotús; si no borrarlos de las listas y privarlos de los privilegios adjuntos? Esto, para no traer a colación la política de todos los gobiernos, con quienes no pagan las contribuciones y hacen tabla rasa de las leyes. YOo:Finalñlente en todas las iglesias debía haber confesoñario en la parte más clara, 'donde únicamente podían confesarse las mujeres. 11o.—En cuanto al Sacramento de la Eucaristía y su recepción, había la misma 'disciplina que para el de la confesión. Obligaba una vez al año, generalmente con el de 1'a confesión. De cuando se reéfbía por devoción se habla en otrb capítulo. Era en Jueves Santo, cúandó se administraba al p"ueblo, del Gobernador al último sirviente: A los 'enfermos de gravedad, por via de viático, se llevabá con extráordiiiaria pompa y hasta acompañámiehto de música. Con-

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curría todo el clero, incluyendo los sacerdotes y clérigos _ño beneficiados, y las campanas daban toques, espec 4es con 'ocando a los fieles `devotos, ,ai qufees por la asistencia se concedía ndulgeiicias articulares. ` 12o.—Por lo que hace a la edad. requerida para la Prime. ra Comunión, se dejaba a la discreción de los curas, aconsejando que mediará algún tiempo antes de ella; después de la primera confesión, y recordando que, en el que la recibe, haya mayor entendimiento, para conocer lo que en él se dá y, sepa discernir el pan divino del común. Esto, no habienpeligro de muerte en el adolescente, porque en tal, caso "se tia de administrar el santo; sacramento de la Eucaristia, pp viático, a cualquiera persona que tenga uso de razón parecibir el de la penhI encia, afinque fuera de esté caso se de esperara que hubiera mayor discreción, porque esta en peligro de nunca poder gozar, del fruto de tan alto acramento. ,Se consideraba de mucho merecimiento el ejercitarse en .confesar niños, porque entgi ces están. en estado de poderse encaminar (23).

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13o.,—Respecto del- reservado, se había de tener en todos los templos de carácter parroquial, con ,lámpara. encendida permanentemente, ya a costa de la fábrica, ya también por• los fieles.. A quien contribuía con algo, se.'le otorgaban diez ,días de perdón y a quien alumbaba un día, cuarenta (24). Cuando había nublado y gran tormenta, se permitía exponer el Santísimo Sacramento en su propio altar debidamente alumbrado; pero no sacarlo fuera del templo, para enfrentarlo a la tempestad. También se prohibía :llevarlo a los enfermos por sola la visita y adoración. 14o.—El Sacramento de la Extremaunción se administraba a los enfermos .de gravedad, luego de confesados. Para lo cual el médico deba advertir al enfermo y sus familia res. Cuando eraa el. médico desatendido, no podía reiterar las, visitas bajo graves .penas; corno era la .de infamia y privación 237-

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del. grado. Al. doctorarse debían jurar cumplir en sus tiempos con esta obligación. (25). El médico debía avisarlo a la tercera visita, habiendo calentura y peligro, a no ser que el sacerdote aconsejara alguna espera. mayor. Por supuesto que quien. rehusara recibir los últimos sacramentos, no podía ser sepultado, en el cementerio común, sino tan lejos de que de allá no se percibiera el canto de 19s oficios divinos. 15ó.—Generalmente los Obispos de Puerto RicO d'ispopían de facultad para conferir toda, clase de Ordeñes,, fuera de las 4 témporas del año, por la escasez de sacerdotes; así que, todos o casi todos luego de llegar, conferían Ordenes y aún dispensaban del tiempo que por regla general debe mediar entre la colación de una y Otra, llamado intersticio.. Cuando, pues, en las crónicas se relatan usos y costumbres de los clérigos, no debe entenderse, siempre que eran, sacerdotes, como. cuando el Gobernador Bahamonde habla de "loa élérigos "armigeros". Muchos se ordenaban de sola tonsura o bien de órdenes menores, ya para disfrutar del fuero eclesiástico, ya también para hacerse aptos para tal o cual beneficio no curado. Algo llamará la, atención por qué a los clérigos de tonsura u órdenes menores no se les exigía la comunión, siquiera semanal. Los in sacris comulgaban las Pascuas y,d'ías solemnes. De siete cosas 'se examinaban los or,-denandos: ante todo del linaje, en que se sobreentendía lo dispuesto por el derecho común' y el especial del Obispado. También si había contraído alguna irregularidad o adolécía. de algún defecto corporal, de que se pudiera seguir escándalo o menosprecio de la; clase. Debían disfrutar de algún oficio o beneficio, de cuyas rentas poderse susteíitar honestamente. Llevar vida ejemlar y honesta y sin nota de pecado público y sin infamia de derecho o de hecho. Debían ser modestos y recogidos, quietos y pacíficos y no revoltosos y pleitistas. No tratar familiarmente con personas de mala vida y costumbres. Igualmente retirados de tratos mercantiles,, de logros, usuras y contratos directos. 238—•


16o.-En cuanto al Sacramento del Matrimonio, era irrito el clandestino, y el sacerdote que quebrantaba lo preceptuadb para él, quedaba suspenso por medio año e incurría en excomunión mayor. Las amonestaciones debían ser triples y publicarse en las parroquias donde hubiesen resididó los contrayentes por tiempo notable. Por cada amonestación se pagaba real y medio y por su certificación otro. tanto. Los extra diocesanos debían presentar fe de soltería extendida por el párroco de origen, aprobada por el Provisor de su tierra. Era necesaria la presencia de dos testigos, los cuales firmaban el acta con el sacerdote. Los novios que cohabitaban antes del matrimonio eran tenidos por pecadores públicos y forzados a separarse. °Como a veces no se podía simultanear el casamiento y las veláciones, , hasta recibidas éstas se prohibía la cohabitación. Los casados advenedizos debían mostrar la certificación de estarlo, al radicarse en una población. Igualmente los viudos debían probar serlo, autorizadamente: Parientes o afines hasta el cuarto grado necesitaban dispensa que ,se' tramitaba por el tribunal eclesiástico. Y como la mayoría de los habitantes lo eran, resultaba de ahí grave entorpecimiento, que los Obispados trataron de aminorar pidiendo se facilitase la inmigración (26). Los contrayentes debían haber recibido los sacramentos de .penitencia y comunión y pasaban examen de la doctrina cristiana. Todo se anotaba y firmaba en un libro especial de la parroquia. ~ NOTAS: 1.— 2.— 3.— 4— 5,— 6.— 7.—

Sin. Dioc., 52. Sin. Dioc., 52. Sin, Dioc.. 34. Sin. Dioc., 48. Sin. Dioc., 52. Sin. Dioc., 53. Sin. Dioc., 52.

8.— Sin. Dioa, 34. 9.— Sin. Didc., 53. 10.— Sin. Dioc., 53. 11.= Sin. Dioc., 55. 12.— Sin. Dioc., 50. 13.-- Sin. Dioc., 52. 14.— Sin. Dios., 53.

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22:— Sin.'fioc., 129. 23.— Sin. D`ioc., 28. 24.— Sin. Dioc.. 73. 25.— Sin. Dióc., 99. 26.— Tapia, 495. 27.— Sin, Dioc., 124 y s}g.

15.— Tapia, 487. 16.— Tapia, 487, 17.-- Sin. Dioc., 3O, 18.— Sin. Dioc., 225. Sin. DiOC.. 21.— Sin. Dioc., .128,. ZO.-- ÁCSJ, Y, 24.

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CAPITULO XXII "SANTISIMO SACRAMENTO lo. Flor d' las devociones. 2o. Su manifestación. — 3o. El Sagrario. — 4o. La lámpara. — 5m. »isposición Ge. ºeral. — 6o. Fundación de Valbuena. —= 7o. Misa so`lemne los jueves. — So. Exposición en los terceros do= mingos. — 9o. Los Caballeros extremosos. --- 1Uo. La Minerva: 1,10. Buscando chirimías., — 12o. Los músicos del Obispo Issasi, -- 13o. Festividad de, Corpus Christi. — 14o. Los seises o xdanzas sagradas. — '15o. Nublados y enfermos. — iGo. El Viático. — 17o. Penas para el alumbrado. -- 1Eo. La Custodia de Carlos V. 1o.—Flor de las devociones se ha llamadá la que tiene por objeto el culto al santísimo Sacramento del altar. Mejor aún pudiéramos calificarla de sustancia, base, sustent táculo y razón de sgr de las demás devociones, incluyendó la tributada a la Virgen María. Ella es la vida de la Iglesia Católica y de• los fieles cristianos, sin la cual nuestras plegarlas semejarían y aún serían como las de las congregaciones disidenties, 2o.—Por culto y devoción al Santísimo Sacramento, no significamos aquí meramente la audición de la Misa en loS días de fiestas, ni siquiera la recepción de la Eucaristía por —241= ~Y ~


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Pascua Florida, ni aún la recepción de la primera comunión, sino las manifestaciones y actos especiales de reverencia y afecto, tributados al Sacramento de nuestros altares. Esta devoción la hallamos acentuada en la reserva o custodia continua en los templos con su alumbrado, en las procesiones celebradas en su honor y en las cofradías instituidas para darle culto.. 3o.—Por supuesto que, en ambas .parroquias primitivas, hubo Reservado, prácticamente siempre. Aquí, como en muchas otras partes, la parroquia de la Catedral llamóse corrientemente del Sagrario, o sea aquella en que perennemente había reservado. Para ello, había una razón, especial y ,era la facilidad de dar la comunión por viático a los que re,pentinamente enfermaban de gravedad. Por tal razón hubo muchas, teces Reservado, aún en las parroquias rurales, en ,evitación de tener que esperar hasta el día siguiente, .en que el sacerdote celebrase. 4o.=—Fué siempre obligatoria la existencia de una lámpara encendida delante del Reservado, precisamente .alimentada con aceite de oliva. Habiendo de importar de España este, aceite, compréndanse los cuidados y gastos «ue ello suponía. Tiempos hubo que, por carencia de este combustible, con grá n péna de los fieles,. no pudo haber lámpara, ni consiguientemente haber Reservado en nuestras iglesias,. Muchas de éstas, incluso la Catetllal, a vecés carecían de fondos para el sostenimiento del alumbrado continuo. Ello dió ocasión a que los fieles acudiesen con sus limosnas al sostenimiento de la lámpara. ~ 5o.—Para estímulo y premio de esta ayuda, en el Sínodo Diocesano de 1645, se concedieron a los fieles muy espete ciales gracias e indulgencias (1). 6o.—En esta devoción, sobresalió notablemente el Obispo Valbuena (1.620-1627), quien legó su hacienda a la Catedral, con cargo de que se labrase una capilla al Señor 'San 242--


Bernardo para Sagrarió...dotando la lámpara del aceite, que pudiera gastar cada año (2). De modo que, de allí ~ezt adelante, no solo quedó asegurada la .lámpara, sino que hubo capilla especial, con Reservado perpetuo (3). 7ó.—Desde los ;primeros años del siglo diecisioté, se 'incrementó la devoción al Santísimo Sacramento, por la práctica de ceYeb'rar una misa cantada todos los jueves "cdn la mayor solemnidad que sea ,posible, para que renovándose continuamente la memoria de, este divino misterio, crezca la. devoción de los: fieles" (4). Palpita esta Real, disposiciún en los fastos catedralicios, innumerables veces, desde entonces en adelante. 80.-De la misa solemne en los jueves se pasó a lá exposición del Santísimo, lós terceros domingos cle mes. Para ello se formó una cofradía de 24 personas,. mitad seglares ,y mitad sacerdotes, que tenía por finalidad única el culto al Sacramento, en los, terceros domingos de cada mes. Parece era. la cofradía principal' y descollante, sobre todas las de~ m4s de la ciudad. De ella escribe Torres Vargas en los. tér. minos siguientes: "La del Santísimo Sacramento tiene 24 hermanos, los'dbce eclesiásticos, que, con sus compañeros seculares cada mes a su costa, el tercer domingo, del mes que les toca, celebran la fiesta, con misa, procesión y sermón, teniendo descúbiertó el Santísimo Sacramento, y asistiendó los Hermanos con cirios encendidos, procurando unos a otros aventajarse en su fiesta, en el adorno" de la Iglesia, música, olores, predicador y flores, que se, van regando por dónde pasa el Santísimo Sacramento. El principal estatuto es .celebrar todas las fiestas del Santísimo Sacramento, a que acuden como arriba está dicho y que piden limosnas los dos Hermanos todos los jueves, del mes que les toca hacer la fiesta, para que la. cofrádía''pague ~a los sacerdotes, que van cantando. y llevan el guión, ,varas de palió e incensari'o's cuan'= do va el, Santísimo. Sacramento a visitár, los enfermos. Tie-


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ne prefecto a .quienes juran obedecer, mayordomo, diputados; y secretario, que se eligen todos los años" (5).. 9o.—A estos y otros caballeros de la ciudad se refiero el Obispo Valbuena, en su carta de ,24 d'e marzo de 1624: "Acuden bien a sus obligaciones .y en las del, culto divino se extreman notablemente y no dudan de empeñarse. para este fin, más que para otras causas profanas" (6).

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1Úo.—No solo en la ciudad capital, sino en todas las parroquias de la Isla, ,plasmó esta devoción en cofradía es-e pecial, llamada de Minerva. Para formalizarla más y 'aprovecharan las indulgencias especiales concedidas, Sínodo Diocesano dispuso que los pueblos sacasen copia de la Bula sobre su establecimiento, "para que con más devoción se aéuda `a dicha institución" (7).

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11o.—Para mayor esplendor del culto a la Eucáristía; el Obispo Padilla (1684-1695) pidió al Rey, en 21 de enerd $e 1688, que "le rhandáse miritriles chirimías, para que sir/ van al mayor culto y veneración del Santísimo Sacramentq de. la Eucaristía, en sus, fiestas, y cuando se. administrará los enfermos". Por más' diligencias que. hiciera en .Santo Domingo, Habana y Méjico, no los habéa podido conseguir "por el horror con que todos miran la pobr.gza de esta tierra". Pedía también instrumentos músicos, "porque en esta se ha visto jamás" tierra no hay cosa alguna del género, (8), 12o.—No había encontrado .tantas dificultádes, para sostener el esplendor del culto en la Catedral, él Obispo Is•sasi, 28 años antes, pues en su carta de 4 de octubre de 1660 manifiesta: "Nunca me han faltado músicos de balde, de los muchos ministros y frailes 'que vienen a ordenarse de otras partes. Estos han enseñado y van enseñando a algunos muchachos a tocar órgano y saber canto, para que 'no falte en adelante el lustre del culto divino. La fábrica da salario a un organista, y un chantre, etc" (9) y añade "del noveno y me-244—


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dio del Hospital én erección . ...se sustentan cuatro i gurllós, que sirven a la Santa Iglesia". 13o.—En la festividad de Corpus Christi, a la devoción de las almas uníase el entusiasmo de los ánimos y se celebraba edn manifestaciones exterñas de júbilo. Desde tiempo inmemorial,• se verificaban comedias, ya dentro del templo, ya en el atrio de las iglesias. Las sancionó y reguló el Síno do Diocesano de 1645, con la siguiente constitución: "Por cuanto para regocijar solemnizar la gran fiesta de Corpus Christi y otras fiestas que nuestra Madre la Iglesia,, entre años, celebra, hay cóstumbre da haber y representar comedias .y autos, permitimos' y toleramos la tal costumbre,. con tal que los autos y comedias, que en tales días se representasen, estando en la Iglesia patente el Santísimo Sacramento, sean lo .divino y vistas y aprobadas por Nos a nuestro Provisor o Vicarios, y con tal que no se puedan mezclar en ellas entremeses, bayles, ni otras cosas, que toquen. a género de deshonestidad, y con tal qúe' no se hagan dentro de Iglesias" (10). 14o.—Se introdujo también la costumbre de bailar ano Santísimo Sacramento docenas de múlatitos, al estilo te de los de la Catedral de Sevilla, donde todavía se conserva esta danza infantil, en ciertos días del año. Alguna incorrección debió hallar en ella' el Obispo Padilla, pues las prohibió 15o.—También se deslizó la práctica de llevar el Santísimo los enfermos solamente para que lo adorasen y de presentarlo ante los nublados o tóimentas que se acercaban (12) ; lo que prohibió el mencionado Sínodo o por lo menos lo regularizó. 16o.—Respectó de la devoción que se desplegaba para capitulo administrar el viático ya tenemós dicho algo en dé la recepción de los Sacramentos. Con anticipación se hacampanas, que no .cesaban de sonar hasllamamiento a la Iglesia, y acudían todos la comitiva de regreso ta el velas, encendidas y bajo palió con pueblo cofrades y mucho

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y acompañamiento de seis hachones, se,'llevaba• cel Sacra-: mento a los enfermos eñtre los rezos litúzgicos, a la ida y, a la vuelta. A los asistentes al acto y a los que, impedidos rezasen un Padrenuestro por la salud del enfermo o enüiasen velas que lo alumbrasen, se les concedían 40 días ,de indulgencia. En cambio los cofrades ausentes por negligencia y el sacristán que fallase en los toques preceptuados de cam-, panas, se les multaba con la pena de un peso. En todo~s'e guardaba lo dispuesto por el Ceremonial Romano, en boga y vigencia aquí,, desde siempre (13). 17.ó—Generalmente las' penas pecuniarias impuestas por el quebranto de leyes eclesiásticas, como la transgresión, del descanso dominical, etc. se destinaban al sostenimiento de la lámpara del Santísimo, cuando no a la fábrica del templo. 180.—Tanto en la Catedral, como en 1'a villa de Sari Germán; había una gran Custodia de .plata; en qúe se llevaba el Sántísiino Sacramento a los enfermos: "Obra primorosa" la primera y de "extremada hechura" la segúnda, eriviaáas, por Carlos V. Todavía existían en buen uso y estado en 1849, según testifica Torres Vargas (14). NOTA.S: 1.— "En todas las iglesias.., delante del Santfsimo Sacramento, haya lámpara eñcendida, 'a costa de la fábrica de la Iglésia, y Si la fábrica no bastare por su pób.eza, se dipute una persona que pida para lumbre de dicha lámpara, y a cualquiera que a su costa alumbrare el Santísimo Sacramento, le concedemos cada día d0, días de perdón, allende del mérito que ganará delante de la Di_ tina ? ajestad, por la buena obra, y a los que dieren limosna pa_ ra él dicho efecto lo diás de perdón... y en las iglesias, en 'dónde ahora no hay lámparas, mandamos las hagan hacer dentro de mi mes, pena de dos' pesos para cera del Santísimo o para aceite". (Sin. Dioc., 72 y 73) . „7.— 'apta, 173.

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3..-~ Esta .es la capilla más antigua de la Catedral, en donde en años

recientes fueron depositados los restos mortales dé Mons. Pedro Berrios. 4.— Cuevas, M.: Bist., III, 126. 5.= Tapia, 499. 6.= Br., P. E„ 103. 7.— Sin, Dioc., 7.. "En todas las villas y lugares..., se Instituya la Cofradía de 'la Minerva de la fiesta del Santísimo Sacramento y ....los curas tengan cuidado de encargar a los pueblos... saquen la copia de la bula, y hagan las diligencias que para la 1}articipación dellas fueren necesarias", 8.— Pérez Nólasco, Los Obispos, 281. 9.— Br., P. E., 155., 10.— Sin. Dioc., 74. 11,— Como se desprende del texto, la práctica de las comedias se extendía a otras fiestas también. Por ld demás fué general en núestra América. 12.— Sin. Dioc. 72. "que. no se lleve el Santísimo a los enfermos, para solo adorarle,, si •no estuviese para recibirle, ni le lleven con viriles. La costumbre de sacar ,el Santísimo ,fuera de la Iglesia pa. ra enfrentarlo, a las tormentas y nublados, no se estiló en Puerto Rico, sino en ,los Anejos. ` 13.— Sin. Dioc., 73, 17.— Tapia, 477.

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CAPITULO XXIII CULTO A SANTA MARIA 1o. Hidalgo conquistador mariano. — 20. La misa, sabatina de la erección. — 3o. La, salve cantada. — 4o. Hospital de ,la Conceción. — 5o. Lo beneficia el Gobernador Silva. —= 6o. En juicio ,contencioso. — 7o. Sede de tres cofradías. — '80. Nuestra Señora de la Altagracia. 9o. La ermita de Coamo. = 10o. Santuario de Hormigueros: -- 110. Relato de Torres Vargas. — 12o. Nuestra Señora de Guadalupe.. — 13o. La Virgen del Rosario. — 14o. La del Carmen. — 15o. La Devoción del Angelus. — 160. Las efigies de Nuestra. Señora. —¡ 17o. Doctrina mariana, -- 180. Pinceladas de Iñigo Abad. 1o.—No hállanos mejor principio a este capítulo que el recuérdo de Diego de Sal'azar, tipo de la valentía castellana, en la conquista de Puerto Rico, tan respetado de los aborígenes como estimado y tenido en el más alto aprecio por los españoles. A él debió la vida Pedro Súárez, cuando Salazar solo acometió a los que se preparaban a sacrificarlo en festín bélico; a él debieron la, salvación los españoles de la 'villa Sotomayor, acometidos de noche por una nube de indios, y a él finalmente, centenares de compañeros, que con sola su presencia entre ellos se sentían seguros de ñd ser vencidos —249--

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ni, aún asaltados de los indios que' pensaban "que ni los christianos podían ser vencidos ni ellos vencer cuando el Capitán Diego de Salazar se hallase, que' lo primero de que se informaban con toda diligencia, era saber si yba con los cristianos este capitán" (1.). Pues bien: la pluma de Fernández de Oviedo vibra de entusiasmo al recordar la encendida devoción y acendrada piedad de este hidalgo castellano, "muy devoto de la Madre de Dios e de honesta vida". Vuelve sobre lo mismo Oviedo, al final del capítulo IV, recalcando el valor y la piedad mariana de Salazar y concluyendó: "en la verdad fué persona según lo que a testigos fidedignos -y de vista yo he oydo, para le tener en. mucho, porque además de ser hombre de grandes fuerzas y esfuerzos,, era en sus cosas muy comedido e bien criado e para ser estimado doquiera hombres óbies é todos le han de muy devoto de Nuestra Señora. Murió después de aquel trabajoso mal que he dicho, haciendo una señalada e paciente penitencia, ségún de todos fuí informado, en parte 'del mismo Johan ronce de León e de Pero López Angulo e de otros caballeros ~iidalgo, que se hallaron presentes en la Isla". Aunque no de tan, acentuada devoción como este Salazar, rayo de la guerra, bien podemos conjeturar qúe todos sus compañeros dé",arrimas, fúndadores del hogar puertorriqueño, fueron de' otísirnos de la Virgen María. 2o.—Ya en la carta magna de la erección de la Catedral Diócesis, el Obispo Manso' dispuso, que "en todos los sábado se' celebre misa a honra y glorió de la gloriosísirna: Vir:gen María" (2)., Tal costumbre de la misa sabatina conservose siempre -en la Catedral y a fines de 1675 se la dotó espléndidamente, merced a la piedad de una. rica señora llamada .Jacinta de Salinas que al' efecto legó en su testamento unas casas colindantes con las escalinatas de la Catedral y además dn solar en la plaza mayor. Las casas se vendieron en tres mil pesos y el, solar en mil reales que se impusieron a censo para dotación de estas misas (8)'. —250,r


3o.--Esta devoción de las misas: sabatinas en hondr de. la Santísima Virgen, tomó incrementó y amplióse muy ponal canto solemne de la salvé en el último día de cada se.-. mana, a la que se hizo una obligación de aasistir todo el pues No. Sancionándola y estimulándola con la concesión d'e indulgencias, el Síndodo Diocesano de 1645 encargó: "a todos lbs curas. . . que tengan especial cuidadó de decir en sus iglesias todos los sábados del año en las tardes la salve cantada con toda la mayor devoción que pudieran, maridando tañ1 y hacer señal para que el pueblo sepa la hora" (4) .. Por disposicióu del Obispo Sobremónte en 1680, a esta salve eoneurria obligatóriamente todo el clero de la ciudad, desdé los minoristas hasta el ,grave Deán. Dicho está que la fórmula.. y composición de esta Salve. era la misma .e idéntica que la que rezamos nosotros._ 4o: Con las primeras éásas de la ciudad, un piadoso y ricó vecino construyó en 1524 un hoapitál 'para póbres que, é1i honor, de la Santísima, Virgen, en unó de sus prinéipales nvsteriós, apellidó dé la Concepción. Ampliólo en éspacib y medios un "tal Juancho, vizcaíno de nación", Alcalde qué era - en 1541.. Este hospital de. la Concepción. llegó á disponer de, tantas rentas, qué pude tener capellán ,propio, con casa adjunta en que ivir y x00 ducados de dotación. .Desde antiguo. organizóse en él una cofradía de devotos del misterio. de. la Concepción, en que participaban clérigos y. seglares. Anualmente se verificaban las elecciones de diputados mayotdpmos, en cuyos cargos. alternaban .miembros ,de .ambos. Cabildos. Tanta era. l'á devoción que :inspiraba este hospital, de. la Concepción, que, para disfrutar dé sus. indulgenéias y. privilegios, muchas personas pudientes se hacíaü trasladar a él; en péligro de.muerte. 0o,—Entre los muchos bienhechores del hospital de la Concepción,: distinguiese el Gobernador Don Agustin Silva, qué en 1641 hizo en el, a .sus expensas dos altares colatera-~25X-- . ~


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les al de Ntra. Srá. de la Concepción, colocando én el uno uñ Santo Cristo muy devotó que estaba relegacTo en la sacristía, y en el otro a Santa Catalina mártir, eit Un retablo que. le costó 600 pesos (5). 6o.—Pocos años adelante suscitóse controversia sobre la pertenencia de este hospital entre la Mitra y el Ayuntamiento. El pleito fué llevado a la Audiencia que sentenció a favor del Obispado. En julio de 1659, llevó a Madrid toda la documentación el Pbro. Licdo. José, de Bilbao_, Provisor que fuera del Obispo Issasi (6). 7o.—Este Hospital de 'la Concepción llegó a ejercer tal atracción •devota sobre los fieles, que fué escogido para sede de tres cofradías: la de Nuestra Señora del Rosario, la de Nuestra Señora de la Soledad y la 'de la Vera Cruz, de las que. las, dos primeras se servían con "algún lucimiento sobre las otras". También fué este Hospital .punto de forzosa visita y parada en todas las procesiónes de la Catedral, que en áquellos remotos tiempos eran actos religioso-sociales d_e suma importancia (7). 80.—Aparte de la devoción encendida y, generalizada a Ja Santísima Virgen en el misterio de la Concepción, desde tiempo inmemorial sé la veneró aquí bajo 1'a advocación de Ntra. Sra. de la Altagracia. Esta devoción fué originaria de Santa Domingo; donde tuvo un Santuario, desde los primeros años de la colonización. Según la Historia Eclesiástica. de Santo Domingo por el Canónigo Luis Gerónimo Alcócer, dos' hermanos vecinos de Higüey en 1514 habían traído de España la imagen de la Altagracia. Por temor a los piritas qué infestaban estos mares, los viajeros de aquella isla se trasladaban a Puerto Rico, no embarcándose en la Capital. misma, sino en el puerto de 'Higüey y atravesaban el Canal de la Mona, en pocas horas, para echar pie a tierra en el frontero puerto de San Germán. l recorrido desde la ciudad del Higuamo hasta la villa de Higüey y lo hacían por el —252--i r


hasta tiempos modernos llamado: a"éamino viejo de Puerto Rico". Como los viajerps solían tener que esperar ep. Higüey algunos días, aguard'ai3do oportunidad de embarcarse, hacían sus promesas, a la Virgen de .la Altagracia, irnploraí~do• eu protección contra los peligros del mar y ,de los piratas. De donde es lógico inferir que la devoción a esta Virgen en Puerto Rico tuvo su ,origen de aquí. Lo cierto es que desde muy antiguo brotó su devoció en los pechos borincanos. Tantos fueron sus devotos, que se organizaron en cofradía,especial, costearon efigie y altar y` consiguieron el privilegio de sepultura en la Catedral (8). No hemos podido averigúar la ubicación primitiva de dicho altar, pero sí que fué trasladado en tiempos posteriores del Obispo Martí al lado izquierdo de la puerta prinéipal o sea a su lado norte (9). 9o.—Esta devoción a Nuestra Señora de la Altagracia se no ciñó a solo la. Capital, sino que muy pronto prendió también en pueblo tan importante cómo el de San Blas de Coamo. De, muy antiguo debió haber en él devotos de esta advocación, pues en '1647 le habían erigido ermita particular. Torres Vargas declara que "es de gran devoción y su imagen, pequeña de bulto, de tamaño de una vara y tiene tributos con que se sustenta la lámpara que es de plata" (10), Capilla propia, lámpara de plata, efigie de altura de una vara y tributos para alumbramiento perenne, más gran devoción en el pueblo, son indicios de antigüedad considerable, que bien podemos remontar a los primeros años de aquella centuria,, a lo menos, A su sombra protectora fué prosperando y en auge Coamo, que contaba con 100 vecinos en aquellos días, es decir con cien familias organizadas y de arraigo en la• localidad, con los agregados blancos 'advenedizos y la servidumbre copiosa de mulatos y negros. Cuando catorce años más adelante el Obispo Issasi visitó la población, la ermita de .la Altagracia servía de parroquia, por estarse reedificando la parroquial.. Por la lectura del acta que se ley vantó, bien se echa de ver' que la ermita era amplia y capaz, --253,--.


Atestigua dicha acta que el Prelado "visitó la eriüiitá de Na. Sras de Altagracia y vio todós sus bienes por invéñtarió'2 (i1). Continuaba aumentando la población, pués cónfirmó eI Prelado hasta 418 personas; a pesar de no haber tránscurrido. sino muy pocos años désde 1'a precedente; visita pasto= ral. ' 10o.—De un radio de devQción más ampli ,regional de toda la isla, podemos decir fué Nuestra Señora de ,Monserrate en la vistosa colina de Hormigueros. Cuando, todavía no elevaba sus torres iglesia alguna en todo el distrito, de San Qermán, aparte de la parroquial y conventual' de. dicha villa; ya oleada's de devotos llegados de todas partes subían rezando a =la ermita de Hormigueros. Iñigo Abad se, transportaba de emoción religiosa, al girar la vista en derredor de la colina, de la que dice: "Se descubre la llanura más hermosa y, más fértil de toda la Isla". Su fundador; primero, sú Mayordomo, luego y su Capellán, finalmente, fué el hacendado de aquellas ilimitadas .planicies Giráldo González. Acaso per sü origen catalán o el. de sus mayores, profesaba particular devoción a la Virgen Morena de aquella industriosa región. Había formado su hogar, que alegraba una niña de ocho, años de edad: E improvisamente desapareció ésta pedid en el cerrado boscaje de aquella soledades. Inútiles fuérOú cuantas diligencias empleó el padre, la familia y la servidumbre para dar con la pequeña,~por espacia, de dos sema-. nas de angustias mortales. Cuando ya la daban por perdida apareció la criatura "buena y contenta y la ropa sana. . .y dijo que Una mujer la había dado comer todo aquel tiempo, halagándola y acariciándola cómo madre". El buen Giraldo González, en acción de gracias, no se contentó con menos que edificarle una ermita a la Virgen de Monserrate y convertirse en su Mayordomo, publicando a los cuatro tientos el fávor recibido de la Santisima Virgen. Al fin colocada toda su familia y viudo de su mujer hizose sacerdote y cómo Capellán cuidó del Santuario por el resto de sus "díás. Sú -=25

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nonibre "figura en las actas del Sínodo Diocesano de 1645, como adscrito a la Vicaría de San Germán (12):

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11o.—Dada la, alta significación que para la historia eclesiástica de Puerto Rico tiene él Santuario Mariano de Hormiguero, creemos que debe insertarse en estas páginas el relato que de su origen hace Torres Vargas, autor coetáneo y casi testigo presencial de .lo que narra. Dice pues.: "Tienen en dicha villa: una imagen, en el sitio que llaman .el Hormiguero, de la advocación de ,Ntra. Sra.. de Monserrate, es pintura del grandor de tres cuartas de largo, en ermita particular y con tributos para "su renta, de gran devoción y algunos milagros; y dejando de referir muchos, fué notorio que el Mayordomo de dicha Capilla, llamadó Giraldo González, tuvó entre otras una hija que, de edad de 8_ años, se le perdió en los montes, que en aquella parte son de grandes tierras y alturas y enviándola a puscár a muchas personas, al cabo de 15 días hallaron la niña buena y contenta y con la ropa sana, como cuando se perdió. y preguntándole cómo había vivido sin, sustentarse; dijo que una mujer la había dado de comer todo aquel tiempo, halagándola y acarieiánIo1a como madre, de que entendió §er la de misericordia y Virgen de Monserrte de quién el autor .y padre era devoto y fundador de la, ermita que hoy tiene, crecida su devoción con milagros que, .obra, con la gente de aquella villa cada día" (13"): 12o.—La devoción a Ntra. Sra, de Guadalupe fué otra de las que tuvierón prosélitos en la Ísla. .No tanto desde luego como los hubo en otras regiones de este hemisferio, bladas por cristianos de Extremadura, siendo nuestrós pobladores originarios en su mayoría de tierras castellanas. Los que, desde mediados del siglo diecisiete se fueron congregando en él "sitio de Ponce" y que a los pocos años suseparada de San maron tantos que constituyeron la Germán, a Ntra, "Sra. de Guadalupe escogieron por su tutelar y patrona. Sea que tal devoción fuera un reflejo de =--255'.---


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ala protectora de Méjiéo, como algún historiador dice, o [que viniera importada directamente de lspaña, como otros suponen, Io cierto es que los fundadores de la gran ciudad se ' cobijaron baja el manto protector guadalupano. Empero muchas décadas antes de que empezara a formarse el embrión ponceño, ya en la capital era eficazmente invocada la Virgen "de Guadalupe. Tan atrás como ef 1575, ocurrió aquí la tormenta de huellas destructivas y doloroso recuerdo, duran té muchos años. Fué como una infausta piedra miliaria, en hs anales isleños. El Obispo Mercado habla de ella y Torres Vargas la menciona repetidas veces. Pues bien: en tál ocasión Ntra. Sra. de Guadaluje acudió en socorro de una niña que la invocara, al verse leüantada en alto y llevada por-los aires en furioso remolino. "Viva y sana debajo de una teja" fué hallada por sus familiares pasados ya tres días. Tan patente y milagroso fué explicado el hecho que se publicó en el Libro de Ntra. Sra. dé Guadálup"e,w del que lo copió el diligente cronista criollo (14) . 13.—i'Ias la invocación mariana más socorrida, antigua y extendida en la Isla, durante la época que historiamos, parece haber sido la de NtrL Sra. del Rosario. Sin detenerfinos ahora en el impulso que nata ra`lmente hubo de recibir.. de los hijos de Santo Domingo, que le dedicaron la primera capilla de su Iglesia, capillas y cofradías le hallamos dedicadas en otros lugares. Ya hicimos mención de la cofradía suya erigida en el hospital de la Concepción, una ~de las de mayor lucimiento entre la docena de ellas que por entonces había eu la Catedral. Arecibo no podía quedarse rezagado en el culto a la Virgen del Rosario y desde que se inició• su prosperidad le erigió también altar y capilla. No un extraño advenedizo, sino un hijo de la población, nacido y arraigado en ella, destinó para ello gruesa suma de sus pingües ha~,ienda, Afortunadamente, la historia ha conservado su nombre, que era el de Juan Martinez Benavides. Situada en lugar despejado, la ermita del Rosario y no distante de la Y

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~ iglesia matriz, a ella iban a parar las procesiones que dei ésta partían, con la frecuencia de costumbre entonces. Cedamos la palabra al cronista de la ~Cátédral, que" tan béllá' descripción ños hiló del Jardín Dorado arécibe oc "Tieiie este lugar además de la Iglesia, otra ermita de Ntra. Sra. del Rosario, donde van las procesiones y con renta y capeIlani de misa, que dejó un vecino y natural de aquel pueblo; llamado Juan Martín Benavides" (15). 14o.—Aún cuando otra prueba no existiera de la devoción de ese pueblo a Ntra. Sra. del Carmen que la fundación del- monasterio de religiosas Carmelitas, bastara ella sola para corroborarla. Ira fundación de una casa religiosa súe lé .ser siempre fruto de la devoción a su titular o patrona. Mas en nuestro caso tenemos la existencia preferente d' la Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen en la Catedral, bajó la protección dé su Cabildo. ET novenario y fiesta cglébrá= banse muy solemnemente, desde tiempo inmemorial. Años después de fundado el monasterio, a su iglesia se trasladó' la efigie de Ntra. Sra., por disposición del Obispo Is'sasi, aunque con desagrado de los capitulares, con éxcepcióñ del Deáü Torres Vargas. Reaccionaron muy pronto y, al aproYimdr~ se la festividad, acordaron "que se haga la fiesta de Ntra. ira. del Carmen en la Iglesia de las Monjas, a tenor de los estatutos de la cofradía" (16). Y desde entonces, la lámpara de esta devoción ardió siempre en el templo carmelitano., 15o Aparte de las mencionadas, fué general en toda la Isla la devoción del rezo cotidiano y simultáneo del Ángelus. Interrunipíanse las conversaciones por interesantes que fueran, alzábase la mano de las labores domésticas o campestres y todo el mundo saludaba a la Santísima Virgen con las palabras del Arcángel y de la Madre del Bautis(a. Mientras tanto, sonaban en el espacio los majestuosos golpes de " 'la campana mayor, de tres .en tres, despaciosamente, "de modo que en la distancia de unos golpes a otros se pueda ré. zar una avemaría". La Isla entera con todos sus moradores —257—


reverenciaba a ra Madre de Dios y se traía sus bendiciones. La mera negligencia del sacristán en el tañido y aviso para esta plegaria mariana era sancionada con la multa de dos reales, de plata, para la fábrica de la Iglesia.

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16o.—Con el mayor respeto y d'ecen la eran tratadas las imágenes de Ntra. Sra., tan difíciles de lograr entonces y tan expuestas a la acción destructora del clima. Pintadas unas en lienzos o retablos, y expresadas otras en bulto y tamaño, no se las reverenciaba por su materialidad, sino por su representación y recuerdo. Vedada estaba la representación en retablos o paredes de imágenes o pinturas de Ntra. Sra., expresivas de historias o heéhos milagrosos sin previo •~xamen y aprobación de la autoridad eclesiástica. Las deterioradas o extravagantes eran retiradas rigurosamente ,del culto. Ni era lícito componerlas "con ritos u otras novedades e invenciones quq las mujeres no con santos fines han inventado" (18)'. 17o.—La salutación de la Salve Regina se enseñaba de memoria a los pequeñuek s juntamente con el Credo y el Avemaría y las Letanías de Ntra. Sra. áe rezaron por nuestros mayores, desde que San Pedro Canisio las compuso en 1567. En el texto de la doctrina cristiana conocido y explicado en aquellas centurias había preguntas y respuestas como las siguientes: "¿ Quién hizo el Avenaría? —De la Salutación del Angel a Santa Isabela la priinerá y la'Iglesia añadió la postrera. —Y la Salve ¿de quién la aprendimos? —Del uso de la Iglesia. —¿Quién es la Virgen Maria? —Una gran señora llena de virtudes y gracias,. madre de Dios verdadero. ¿Dónde está esta gran Señora? —En el cielo en cuerpo y alma. ¿De qué nos sirve? —De ponernos delante de aquella viva que representa" etc. (19) . De modo qué la devoción a la Santísima Virgen en esta Diócesis, no solo data de sus mismos orígenes y se manifestó en relación con sus distintas formas populares, sino que estuvo siempre m tpregnada de la doctrina más pura y espiritual. —258—

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180.—Omitiendo con pesar otros muchos datos históricos sobre la devoción mariana de Puerto Rico, cerramos este capítulo con el broche de oro del párrafo sobre el Santo Rosario que le consagra Iñigo Abad en su incomparable historia .y que aunque se refiere a años posteriores, datába de la época que historiamos. Los ríos se fórman y acrecen con

las corrientes, que en su curso reciben desde su origen fontal. "Estos Isleños son muy devotos de Ntra. Sra. Todos llevan el rosario al cuello; lo rezan a lo menos dos veces al día. Todas las familias lo empiezan con este santo ejercicio; algunas lo repiten al medio día, sin omitirlo ,por la noche". NOTAS: 1.— 2.— 3.— 4.— 5.— 8.—. 7.—

11.— Bol. list., 1V, 162. 12.— Sin. Dicc., 156. 13.— Tapia, 476. 14.— Tapia, 488. 15.-; Tapia, 487. 16.— ACSJ, I, 55 y 58 17.— Sin. Dioc., 57. 18.— Sin. Dioc., 94. 19.— Sin. Dlo~+., 20.

Tapia,, 33, 34. Tapia., 383. ACSJ, I, 67 V. Tapia, 465. Tapia; 498. Br., 1. E., 150. ACSJ, I, 55 V.,

8.— Tapia; 499. 9,.— ACSJ, U. 10.— Tapia, 467.

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CAPITULO XXIV DEVÓCION A LAS ÁNIMAS Y A LA SANTA CRUZ 1o. Dé de 1512. — 2ó. Cláit res de las cáiñparias. — Siñ mános piádosas al lado. — 4o. El quinto dé los bienes intesta IÓ . — 5o. Disposiciónes testamentarias ,piádosas. — 6o. Mé nórias pías. — 7o. Hospitales y emitas. 80. Cofradía de ánimas. — 9o. Fruto dé la vivéza de fe. _ 100. ;Lá paloma dé López dé Haró. == 110. El regalo de Carlos V. — 12o. La Santa Cruz por doquiera. — 13o. Siempre en alto. — 14o. La Cruz de Santa, Bárbara. o.-por lo menos desde lá erección de la Diócesis, en 24 de septiembre de 1512, data la devoción a la"s Animas Benditas del Purgatorio, pues ya en ella se dispone que "todos los lunes primeros de mes se diga misa solemne por las Benditas Animas del Purgatorio" (1). 2o.-.Desde que en Puerto ,Rico húbo campanas, se' uti hzaron al anóchecer para invitar al pueblo a rezar ,por los thfunfos. "A las 8 en punto se tocará a las ánimas, como~s costumbre, para que tddos hagan oración por los difuntos" (2), Cuando el sacristán se descuidaba en tañer, tema, multa d'e dos réales de plata,_ por cada ,vez (3). Por cada difuizto se tañían las campanas ,tres veces clamorosamente, por espacio de un cuarto de horát.la primera, luego de éxpirar;


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segunda, al llevar el cuerpo a la iglesia, y la tercera, cuando se le sepultaba. Otro clamor se daba igualmente en el novenario y cabo de año. En los oficios y conmemoración de los difuntos, o, en el aniversario de las congregaciones las honras y muertes de los soberanos y prelados, se daban tres clamores de campanas, por espacio dé media hora, al anochecer, a la media noehe despunte del alba, para encomendarlos a Dios Nuestro Señor (4) . Se hace notar en la constitución sinodal que él "tañer las campanas por los difuntos es santa, loable y antiquísima costumbre de• la Iglesia, para acordar a los vivos que como aquel difunto murió, también han de morir ellos". De modo que en los campos dilatados de Caparra y en las márgenes del Añasco. 'y desde entonces en adelante, el triste y doloroso tañido campanil acompañó, con las oraciones de los supervivientes, a los pobladores y primenos nativos qué iban descendiendo sepulcro.

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atención, 3o.--Se debe en. esta oportuñidad llamar sobre el hecho religioso-social del ingente número de españóles que, aquí como en toda América, rendían la jornada de vida _en aquellos remotos tiempos, sin téner a su lado a nadie que les cerrara los ojos. Sus bienen iban a parar al ciscó y montaban en ocasiones cantidades considerábles. De estés bienes llevaban buena cuenta los oficiales del Rey, solían destinar a obras ,piadosas, en aquí y en Sevilla, sufragio de sus. primitivos dueños. Así, por ejemplo, vemos que los dominicos de San Juan, el Obispo Salamanca y Otras personas recibieron ayuda pecuniaria, proveniente de estos bienes dejados ab intestato. Ojalá se hiciera par algún acucioso historiador un cómputo de los cientos de millares de españoles que, en tamaña desolación, sin que por ellos doblaran las campanas qué repicaron en su nacimiento, tristes .y solitarios, rindieron la cerviz ,al yugo dé la muerte, en los campos de tuerto Rico y en las sabanas americanas. Entonces se recibiría, la sensación de lo que a la Madre Pa' --262--


tria costó en sangre y energías la formación de los jóvenes pueblos americanos. 4o.—Previsora y compasiva, la Iglesia tenía ,dispuesto que de los que aquí murieran intestados, se destinase al su= frágio de sus almas el quinto de sus bienes, o "lo que en el lugar o parroquia se se use gastar por un difunto semejante (5). Con el fin de que sus parientes próximos o remotos no se apropiaran• toda la hacienda, olvidando el alma del que .1a dejó. Como en aquellos tiempos eran muchos los que ,iban a morir a los hospitales, o por su pobreza o por lucrar las indulgencias vinculadas a ellos, como ocurría con el Hospital de- la Concepción (6) -a los tales se les tomaba nota de la procedencia y familia, y se inventariaba lo que traían, de lo que, descontados los gastos y el quinto para sufragio por su alma, distribuíase el resto a sus herederos presentes o ausentes, a quienes se pasaba aviso (7). 5o.—Las disposiciones testamentarias de carácter piadoso debían los herederos o ejecutores ponerlas en conocimiento del Párroco "pena de excomunión mayor .dentro de los nueve días" y se transcribían al libro de defunciones en la respectiva parroquia, y en las visitas pastorales averiguábase si se había cumplido, por los Obispos o. .sus delegados (8). Fácilmente se entenderá que la accióp e intervención de la Iglesia, en los testamentos, 'se ceñía únicamente a los disposiciones dé carácter benéfico y espiritual, por" cuya ejécución tenía obligación de velar, en cumplimiento de su, misión y en beneficio .de los difuntos que las dictaron, contra, la posible codicia de herederos interesados. Gracias a esta legislación eclesiástica, nos enteramos de muchos particulares de los vecinos de aquellos tiempos remotos. Por no haber parado mientes en la razón y finalidad de estos cánones, dan palos de ciego algunos escritores, al tratar ciertos pasajes de la historia eclesiástica (9). 6o.—Gracias a las memorias pías y capellanías en sufragio de las almas del Purgatorio, se hizo •posible la vida —263—


del clero en la capital y en la Isla. Llámanse así las fundaciónes piadosas creadas y dotadas por particulares, con obli= gación por parte de los clérigos de celebrar actos religiosos, en memoria de ellos, en días señalados del año perpetuaínen. te. Los primeros en hacerlo fueron los Reyes de España, qu hicieron gracia a la Iglesia de Puerto Rico ¿te las Tercia Reales, a que tenían derecho por concesión papal, en compeñ ración de las oraciones y sufragios que por ellos, vivos y difúntos, se habían de verificar y efectivamente se ,réalizá; ron siempre én nuestra Catedral (11). Para la Iglesia de San Francisco de la Capital concedió Felipe IV hasta 2000 ducados, en cuya compensación los religiosos se obligaron a ley'antar determinadas cargas espirituales (12). El Obispo Bástidas escribe en 1548 que con las fundaciones piadosas dejadas por fieles difuntos se sostenían medianamente algunos clérigos, que con los solos diezmos no hubieran alcanzado a vivir (13). Y en fin el cronista Torres Vagas escribe qué "esta es la principal renta" (14) . 7o.—Con estos censos de sufragios de los difuntos se mantuvo en pié el Hospital de la Concepción, la ermita dé. °Nfra. Sra. del Rosario en Arecibo "donde van las prócesiones, con renta y capellaiúa de misas que dejó un vecino"

(15) y en general, todas las ermitas de la Capital y del interior, levantadas y sostenidas por los fieles, a condición de que se encomendaran sus almas y las de sus antepasados a 14 piedad divina (16). 80.--Con relación a las cofradías de ánimas, nos ceñimos a citar la existente en la capital, a mediados del siglo diecisiete, de que nos entera Torres Vargas, en el siguiente párrafo: "La Cofradía de las Animas tiene otra Hermandad de 24 hermanos. . . celebran fiesta todos los terceros lunes de mes a las ánimas del Purgatorio, cada dos hermanos, con misa, procesión y sermón, puesto un túmulo en medio de la Iglesia en dos gradas, adornado de 24 luces y muchas 'bulas de difuntos, a costa todo de los dos hermanos que hacen la ~

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fiesta, y la cofradía r' eparte cera entre los hérniánds .y cá` frádés para la misa y procesión y piden limosnas dichos dos hermanos todos los lunes del mes que les toca, para pagar las demás misas, y procesioñes, que se dicen 'y hacen `los de-

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más lunes del añó y un díá. después que muere cualquier hermano se le dice una misa cantada" (17) . 90 .—A ésta devoción por ,los fieles difuntos,*debióse, en aquellos tiempos la costumbre de que Iglesia y Cexnenteriq r1constituyeran una misma entidad y pertenencia igualmente, sagradas y venerandas. Hasta eI negro esclavo y el infeliz y obligado mílite, y el aherrojado en cadenas o que moría éh el patíbulo, expiando sus culpas, gozaban del, privilegio de; sepultura, a la sombra del templo de Dios y sus tumbas eran, rociadas con el agua lustral y sus almas encomendadas'-ar la divina .piedad por las oraciones públicas Tr privadas de la congregación de los fieles. Tan pía devoción era fruto de la fé viva y sincera, en todas o en casi todas las creencias.,religiosas de la época; en la redención de la húmanid'ad por el Hijo de Dios, en la responsabilidad personal de cada individuo respecto de sus obligaciones morales, en la personalidad y existencia de la Iglesia dadas por Jesucristo, en la igualdad ante Dios de todos los seres humanos sin distincion c1'e categorías sociales, en la eficacia de la oración de los. vivos en pro 4e los ya muertos, y finalmente, en la existencia y perduración de la sanción divina a las acciones de los

humanos. Por eso tal .devoción era vital, perenne y fervorosa entre nuestros antepasados. 10o.—Nós parece 'éste el lugar oportuno para relatar un ,suceso cón trazas de maravilloso, ocurrido en las honras. fúnebres celebradás en la Catedral, el 21 dé octubre dé 1648, por el alma del Obispo López de Haro, muerto de contagio en agosto del mismo año, en la Isla de La Margarita, dor~d'e se hallaba entendiendo en la Visita Pastoral, Cedamos la palabra al cronista Torres Vargas, testigo présencial del, suceso: `FDiciéndose la prior ra Luisa del' no~éñario, entró úñá

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paloma montaraz en la Iglesia y se puso sobre el coro, eri medio de un tirante cae sobre la silla Obispal, estando cantando la música, después de la epístola, el verso "in memoria eterna erit .justus, ab auditione mala non timebit", cual se estuvo allí hasta que se acabó misa y salieron del coro a cantar el responso donde estaba túbúlo, al lado del Evangelio, juntó al altar- mayor donde el entierro de los señores Obispos, y entonces dió. un vuelo pasando por sobre el túmulo, y se estuvo allí cuatro días naturales, hasta el sábado, después de la misa del novenario, sin comer cosa alguna. De esto hubo general regocijo en la Iglesia, teniéndo1'ó por buen augurio de que estaba en carrera de. salvación el alma de dicho Señor Obispo. De La Margarita se avisó hay hecha información cómo el Señor Obispo profetizó su muerte; también se hizo informacióña con mucho número de testigos y, le vieron muchas veces llamar a los pájaros y venírseles a las manos" '(18). Del hecho no puede dudarse, ni probablemente tampoco de su significación, por referirse a Prelado que, en los cuatro años de pontificado, hizo prodigios de organización en su Diócesis y murió víctima de acendradó celo pastoral. 11o.---En relación con el tema de la devoción a la Santa Cruz, comenzaremos diciendo que el propio Emperador Carlos V obsequió a la Iglesia dé San Juan con el regalo d una cruz preciosa, hecha de tal materia que • "habiéndose quebrado, no ha habido aquí quién la pueda enderezar". Otra cruz "de extremada hechura" regaló también a la Parroquia de San Germán, lo cual debió tener efecto en la tercera o cuarta década del siglo dieciseis (19). Fuera estímulo de ,devoción o premio y recompensa por ella, lo cierto es que la veneración del leño santo vibró en los hijos de Puerto Rico, desde que los pobladores sentaron aquí la planta. 12o.—Al desembarcar por primera vez en las playas del oeste, Ponce de León, según costumbre .y siguiendo sus propios impulsos cristianos,, de dos ramas robustas trazó una --266--


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enorme cruz y con sus compañeros. rindióle .de hinojos lomenaje de adoración. En las rústicas casas de Caparra y en las, vistosas 'o humildes de la capital, lo. que .a la entrada, de todas se destacaba, era la cruz redéntora. Antes que los padres estampasen los primeros bésos en las mejillas de "sus recién nacidos, cdn dedos trémulos de emoción les signaban la freiste con el emblema santificador del, Calvario. Un bosque de altas erucés conlenzóse a formar en rededor de la Catedral, señalando y santificando las tumbas dé los 'recios intrépidos<°habitantes; que iban trasmigrando a las mansiones eternas. Asi se fué formando la devoción a la Santa Cruz aquí y en otras tierras americanas, en, forma tan perdurable, como todavía lo admiramos al cabo de cuatro siglos y medio (20). 13o.—En ningún. lugar, siquiera fuera el suelo de la misma Iglesia, dónde pudiera ser pisada, podía ser tallada o erigida o, pintada la señal de. la Santa Cruz, tomó ni los nombres benditos de Jesús, y de María (21). Es decir que siempre debiera aparecer y mostrarse en, alto y levantada, en lo material y visible, como en lo espiritual y cordial. 14o.—Francamente desconocemos todavía el origen y circunstancias histéricas de la Crúz de Santa Bárbara, capilla, en que terminaba la calle que aún ostenta su nombre y que partiendo de la Plaza Mayor expiraba en una explanada de la cumbre, eón vista al ancho mar. Sí sabemos que era éste el lugar escogido del pueblo para sus ejercicios' religiosos y para sus honestas expansiones sociales. NOTAS: 1.— 2.— 3.— 4.— 5. --

6.7.— 8.— 9.—

Tapia, 383. Sin. Dioc., 57, Sin. Dioc., 57. Sin. Dioo., 57. Sin. Dioc., 113.

Tapia, 465. Sin. Dioc., 116. Sin. Dioc., 113. Gracias a la intervención de la Iglesia en cuanto a las dls. r

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1 pósidiónes 'piadó'sás dó los tés. 14.- Tapia, 4¢3. tádores sabemos hoy, por ejem 15.-~ Tapia, 467. plb, qüe fué Franciscd Ruiz 16.— ACSJ, en muchós lugares: quien doto en 1589 la cátedra 17.— Tapia, 500. de .gramática y que en 1801 18.— Tapia, 496. Miguel Xiorro,legaba sus bie- 19.— Tapia, 497. nes para dotación de doce be- 20.— Los dos conventos de varones cas en 'el Semiñario Conciliar. en la capital formaban parte 10,— Tapiz, 361. de entidades, tituladas de la 11.-- ACSJ, `T, 44. Santa cruz, en cuyo sello 'de 12. Libro Becerro de San wan. provincia resaltaba el santo lecisco. ño del Calvario. 13.— Tapia, 344.. 21.— Sin. Dioe.,, 115.

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CAPITIJLO XXV'

DEVOCION A LOS. SANTOS s S. r 10. Su razón teológica. — 20 Lo ocurrido en 1625. — 3q. Él mayor dé los santos. — 4o Nombre impuesto a la ~ Isla. —4'5ó Primér santo invocado. s = M 60. Su festivi~Íad. — 7o. La primer "puerta. 80. El' santo y J seña de ün. Gol ernadór. — 90 San Germán. — 100. San Patrició. — ño. Santiago Apóstol: — 12o. Santo Domingo r San Francisco. — 13ó., San Antonio de Padóa. 14o. Santá iia. — 15o. Santa Rosa de Lima. — 16o. Carácter religioso de los regocijos públicos. f 1o.—No siendo éste un tratado de Teología,, no procede exponer- aquí el fundamento de la devoción a los santos entre los católicos. Condensada se halla esta doctrina en el Sínodo Diocesano de 1645, precisamente en el extracto del catecismo que aprendían de memoria los fieles. "A las imágenes debemos la misma reverencia que daríamos a_ los santos que ellas ,representan, y a las reliquias de los santos debernos la reverencia qué debemos a ellos mismos, qúe fuerón templos vivos de Dios". (1). 2o.—Cuando, en 1625, los holandeses penetraron en San Juán, lo primero que hicieron fué apilar las imágenes que hallaron en templos y capillas y prenderles a todas fúe~


go. De modos que, tanto detestan los herejes el culto a los santos, como los católicos se lo tributan devotamente. 3o.—La más antigua devoción a santo particular fué la tributada al precursor del Señor, San Juan Bautista, santo de, devoción universal, canonizado en vida por el mismo Salvador del mundo: "Entre los nacidos de mujer, nadie igualable a Juan el Bautista" (2). 4o: Fué el propio Cristóbal Colón, quien dió el nombre de este santo a la Isla de Puerto Rico, cuando la descubrió y tomó posesión de ella, en su segundo viaje efectuado en 1493. Le impuso el nombre en honor del príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos. y presunto heredero de sus coronas, que entonces contaba unos. quince años. Al principio, eI apelativo San Juan no designó particularmente a la capital, conocida coxi el nombre de Caparra primero, y ciudad de Pd rto Rico después, sino igualmente a toda la Isla. Cuando la ciudad primitiva se trasladó a la isleta en 1521, y en ella fijó su sede y levantó su Catedral el Obispo Manso, para distinguirla de la otra población llamada San Germán y todo su partido, comenzó a apliéarse también a la Capital el nombre del hijo de Zacarías e Isabel. Mientras tanto, el' nombre de Puerto Rico, concretado a designar al principio la primera población, se fué dando a toda la Isla igualmente. Así que, al cabo de algunos años, trocóse la significación de ambos nombres, significando el de San Juan la Capital, y el de Puerto Rico toda la Isla entera. 5o.—De todas maneras, fué el Bautista el primer santo particular-, a quien se le rindió culto en la Isla. A él quiso que ee dedicase el primer templo en 1511 el Rey Católico, ya que la Isla lo llevaba. Con esta designación creóse en él mismo año la Diócesis, por el Papa Julio II, y no con otro apelativo se 'designaba el Obispo Manso, en el acto de fdr.ºrial erección efectuada en •Sevilla, el 26 dé septiembre de 7512. Consiguientemente, fué San Juan el Bautista el pri~--270--

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roer santo, de quien se rezó y a quien se invocó en esta tierra. Por eso aparece en las armas nobiliarias de la ciudad otorgadas en 1511, y en el escudo de laCatedral, otorgado poco después, la figura del Cordero simbólico, como San Juan llamó al Redentor. 6o.—Por lo que, no solo en nuestra Isla, sino en todo este hemisferio, fué San Juan él primer santo de la liturgia católica invocado por el pueblo cristiano. Por eso, su culto nunca ha sufrido interrupción en la Iglesia matriz y en el pueblo de la capital. Con la vigilia ole su fiesta, comenzaban los regocijos populares que, andando el tiempo, se prolongaron por cinco días hasta la festividad de San Pedro. 7o.—A él fué también 'dedicad'a la primera puerta de entrada a la ciudad que ha conservado su nombre a través de las, vicisitudes que trae siempre consigo el correr de los tiempos. Por bajo su arco pasaron Obispos y' Gobernadores, ricos hacendados y pobres labriegos: la puerta de San Juan, al oeste 'de' la ciudad. Sobre el macizó de esta puerta se erigió una capilla en la que se celebraba misa el 24 de 'junio y ,lgunos otros días del año. En la capilla se veneraba la efigie del Bautista "en lienzo de pintura de buena mano", segun el cronista criollo que se expresa así: "La tercera puerta está á la parte del oeste, a la entrada del puerto, donde surgen los navíos luego que entran. Llámase del Señor San Juan Bautista, con capilla y armas, etc. (3). 80.—Entré los moradores devotos de San Juan Bautista, descuella uno de los Gobernadores, que más eficazmente trabajaron por la ciudad. En sus años d'e gobierno, terminó el cerco amurallado de la ciudad con sus tres correspondientes puertas, rehizo el arco toral de la Catedral que amenazaba ruina, cercó el área catedralicia con sólida y elegante tapia y fabricó la mitad del convento de Santo Tomás, con otras varias obras que hicieron su memoria imperecede-271--


ra. Llamábase este buen gobernante Don Iñigo de la Moya Sarmiento, (1635=1641). Púes bien: era tan fervorosa su dé •voción a San- Juan Bautista, `"que jamás dio el nombré para la guardia y defensa de la ciüclad, que sé. acostumbra en la milicia dar, sin haber hecho oración en esta `Iglesia al Señor San Juan Bautista, su patrón" (4). Lo cual" así avivó la devoción del Deán y Cabildo que se obligaron a decir una, misa todos los años al titular de la ciudad e Isla. 9o.—El segundo santo venerado en la Isla fué San Germán, bajo cuyo patronato se puso la segunda póblación dé la Isla, erigida en 1511, por el segundo Almirante Don "Diego. Los impuestós en la Historia General de España saben que, por entonces, era esposa d'el Rey Católico Doña Germana Foix, oriunda dé Francia, donde por siglos se venía rindiendo culto al Obispo San Germán. En honor de ella y en tributo de lisonja a su esposo, se adió el nombre de San Gérnián a la población levantada en la ribera del río. Guaorabo. Pacífica y prósperamente se desenvolvía esta población, compitiendo con la capital, hasta que fué reducida a pavesas en 1528 y precisamente por piratas, franceses. La odisea de' la ciudad en sus traslados a Guadianilla primero y a su actual emplazamiento después, no afectó al santo titular de la población del oeste, qué siempre se tituló de. San Germán. Su patronato no se circunscribía a loc actuales límites de la población sino que se extendía a todo él partido del oeste, desde el río amuy al norte hasta el Jacaguas al sur. Ponce y La Aguada, que 1692 fueron constituidos pueblos y parroquias formales, fueron hasta .entonces caseríos y capellanías filiales de San Germán, y aún desde entonces hasta promediado el siglo diecinueve tuvieron cierta dependencia eclesiástica de San Germán, según a su tiempo veremos. 10o.—La historia 'del culto al tercer santo venerado enr la Isla reviste caracteres seminovelescos. Ya no es un santo impuesto desde fuera y por exttrai~os, si, .es que tales pueden llamarse los Colones, ni un homenaje y obsequio a personna--2.721

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jes tan agenos a la Isla como el Príncipe Don Juan y la reina franceisa Doña Germana. Fué un santo venido directamente de lo alto, con los panes qué el pueblo necesitaba para subsistir. Sabido es que el pan de las Antillas provenía de la yuca, tubérculo indígena, que la necesidad obligó a comer a conquistadores y pobladores. A, veces ni para la celebración de la misa había harina de trigo, cuánto menos. para el sustento diario. No se ignora tampoco que la necedad es devota y que si quieres saber orar entra en la mar o carece de pan. Sucedió pues, durante el episcopado de Manso, que azotó la Isla una plaga de insectos que devoraban la yuca. Remedio en lo humano no lo hallaban los cuitados vehambre que les apretaba cada vez más. Recinos contra cordando la costumbre de los pueblos de España, que por sorteo escogían el °protector celestial que les protegiera contra alguna desgracia,. insacularon los nombres de todos los santos venerados en la Iglesia, y al azar sacaron la papeleta de San Patricio, santo que conocían muy poco entonces. En razón, pues, de esta circunstancia, segunda y tercera vez procedieron a repetir él sorteo, y segunda y tercera vez surgió el nombre de San 'Patricio, como abogado señalado del cielo contra el gusano que les privaba de pan. El acto de la selección del patrono revistió inusitada solemnidad, presidiéndolo ambos Cabildos encabezados por el Obispo Manso y presenciado por todo el vecindario. El resultado de la elección se tuvo por milagroso y clero y pueblo eligió por patrono contra la dicha plaga a San Patricio, obligándose por voto a celebrar su fiesta todos los años "con misa, sermón y procesión, con que hasta hoy se celebra y guarda, sin que haya habido falta notable, no es en las tormentas 'del dicho casabe; y porque se ha enfriado algo el afecto de los ánimos en la celebración, aunque siempre se ha continuado, este año de 1641 comenzó otra vez el gusano a comer la yuca y haciéndole muchas fiestas con tres procesiones, cesó luego y ha vuelto a reverdecer la yuca, que son los panes —273—


de estas partes, con admiración de los labradores" (5). La cita es de testigo ocular, hijo del país, con raigambre en él, por línea materna, de varias generaciones y miembro del Cabildo de la Catedral, desde los años de lá renovación del culto fervoroso al patrón de Irlanda. Llama un tanto la atención que San Patricio fué 'discípulo y compañero del Obispo San Germán, allá en el remoto siglo quinto. Los que en vida ejercieron juntos el apostolado, se volvieron a juntar once siglos después, para dispensar favores a los habitantes de Puerto Rico. La memoria de San Patricio se ha conservado perennemente en la Isla, y especialmente en el pueblo de Loiza que se honra con su patronazgo. 11o.—El cuarto santo de devoción popular en la Isla fué el apóstol Santiago, patrón de España y grito de guerra para el español combatiente. Como aquí hubo guarnición, casi desde los primeros arios, la devoción a este santo apóstol no podía faltar.. Tomó incremento especial en las primeras décadas del siglo diecisiete, al construirse el fuerte del Boquerón, en tiempo del Gobernador Gabriel de Roxas (16081614) . Como él fuese particularmente devoto de este santo, dió su nombre al fuerte e influenció a 1a ciudad para "que con particular voto se le hiciese fiesta, con misa, sermón, toros y cañas, como muchos años se ha hecho". Demás de esta obra de defensa, dicho Gobernador Roxas hizo también de piedra el puente de los soldados (San Antonio) que por ser de madera anteriormente le fué posible tomarlo años antes al Conde de Cumberland (6) . Repasando la lista de los Gobernadores, de Puerto Rico advertimos esto: que los que más se esforzaron por sus mejoras, fueron precisamente los que más se distinguían por su piedad religiosa, como será fácil probar aquí y se irá viendo en eI decurso de la presente historia. 12o.—Al tratar de los conventos de Santo _Domingo y de. San Francisco veremos cómo tuvieron sus titulares per, manente culto en esta Isla, no solo en la, capital sino también —274—


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en la Isla, por habérseles también dedicado altares en San Germán y en La Aguada. 13o.—De la devoción a San Antonio, ya hicimos mérito especial en el capítulo XIII, al tratarse de las capillas de "la Catedra'. Esta devoción corre pareja con las más primitivas de la ciudad, por originarse de los portugueses, cuya traf da ya recomendaban en '1518 los gobernadores gerónimos; y luego unos tras otros muchos Obispos. Poco tenía de lusitano el madrileiiísimo López de Haro, y ya sabemos que a San Antonio se encomendó con los de su barco, en_ los peligros de la travesía, logrando desembarcar en el propio día del Santo, al que la ciudad honraba con la mayor esplendidez posible (7) . La cofradía existente y su capilla de, la Catedral son muestras de la devoción popular a San Antonio de Padua. 14o.—En cuanto a las Santas, muchas fueron también las, veneradas por nuestro pueblo. Sobresale por su antigüedad el culto de la bienaventurada Santa Ana, madre de la Virgen María. Junto al Ingenio de caballos de Gregorio de Santolalla, construyó una iglesia el Obispo Bastidas en 1547, bajo el título de. Santa Ana (8). En la noche de los tiempos, se pierde la construcción de la ermita de Santa Ana, en la parte sur de la ciudad, que ya cita en su .Memoria Lópe de Velasco en 1570 (9).. ,Aunque todavía de madera, seguía en pie esta capilla en 1625 (10). Eñ la crónica de 1647, la menciona en primer término entre las cuatro de la ciudad. el prebendado Torres Vargas (11). En determinados días del año se celebraba en ella la misa y los prebendados solían concurrir a oirla por devoción (12). De cuantas ermitas atraían la devoción de los capitalinos, en las dos primeras centúrias de la colonización, solo ha perdurado y mejorada en ,tercio y quinto la de la gloriosa Santa Ana. 15o.--No es posible pasar por alto la devoción a Santa Rosa de Lima, cuyos padres fueron vecinos o acaso también, nat iralés de la villa de San Germán, que como otros mu275—


chas habitantes de la isla emigraron al Perú, a mediados del siglo dieciseis. En su capital, Lima, nació en 1586 la primera santa americana que ha merecido el honor de los altares. No muchos años después de su muerte, fué la santa limeña canonizada, corriendo el de 1667. El Maestro General de predicadores comunicó oficialmente el fausto acontecimiento al Ordinario de Puerto Rico, obsequiándole al mismo tiempo con un valioso y artístico cuadro de la Santa. En la carta que envió, decía el Maestro General que lo hacía, en atención de haber sido naturales de Puerto Rico los progenitores de San- ta Rosa. Vacante la mitra, regía entonces la Diócesis, en calidad de Vicario Capitular, el esclarecido Torres Vargas. En sesión de 19 de julio de 1669, acordó el Cabildo en pleno que la fiesta de la Santa se celebrase en esta Diócesis, el c7ia 26 de agosto. Desde entonces, fué esta fiesta una de las cinco costeadas por la ciudad y celebrada por todo lo grande. Las otras cuatro eran las de la Candelaria, Santiago, San Juan y Corpus 'Christi. Como siempre ocurre, á1_tomar mucho cuerpo entre el pueblo una devoción, la de Santa Rosa de Lima plasmó y consolidóse en cofradía, con estatutos particulares, imagen y altar propios. La efigie de la Santa en lienzo o cuadro, que dedicara a Puerto Rico el Maestro General de los dominicos, conservóse cuidadosamente en la sacristía hasta los comienzos del siglo diecinueve. No fué pues la devoción a Santa Rosa de Lima exclusiva del con'vento de Santo Tomás, sino de general arraigo en toda la Diócesis (12). 16o.—Otros muchos santos y santas recibieron intenso culto en nuestra Isla; pero no podemos alargar .más el. presente capítulo. Una particularidad queremos notar acerca de los regocijos públicos, con que se les festejaba en sus días. A saber: que formaban parte esencial de las fiestas,; comedias, danzas, cañas y toros, eran sustancia del culto a los santos, por el espíritu que los animaba y por la decencia y honestidad con que se realizaban. No asistir a las corri-276--


das de toros. era deslucir la fiesta del santo, en cuyo honor se lidiaban las reses. Se asistía a las corridas en corporación. De ahí que los Arzobispos, virreyes de México, concucurrieran a presidirlas, no se sabe si hasta con cruz alzada, asegura festivamente un concienzudo historiador de aquel país, Padre Mariano Cuevas, S. J. (13). NOTAS: 8.— Tapia, 343. 1.— Sin. Dioc., 20. 2.— Inter natos mulierum tierno 9.— Bol. Hist., XII, 132. 10:— Bol. H'ist., XII, 133. anajor Johamne Baptiste. 11.— Tapia, 465. 3.— Tapia, 501. 12.— ACSJ, I, 62. o.— Tapia, 469. 13.- Ouevas, dVl.: Hist. de lá Igl_ 6.— Tapia, 481. 7.— Tapia,

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CAPITULO XXVI VIRTUDES Y VICIOS DEL PUEBLO P

lo. CIaro-oscuro. — 2o. Prototipo y modelo: — 3o. Muchos gobernantes ejemplares. — 4o. Francisco de Bahamonde. -- 5o. Francisco de Solís. -- 6o. Juan de Céspedes: 7o. Menéndez de Valdéz. — 80. Juan de Vargas. -- 9o. Presidente Santo. —. 100. Iñigo de la Mota. — 110. Ingenero Silva. — 12o. Diego de Aguilera. -- 13o. Ana de Lanzós. — 14o. Gregoria Hernández. 15o. Acta heróico de caridad. — 16o. Hijos de tales padres.— 17o. Desequilibrio sexual. -- 180. Distancia de la Iglesia. 1o.—La norma de conducta del pueblo puertorriqueño, en sus dos primeras centurias, fué la netamente cristiana; consignada en los mandamientos de la Ley de Dios y en los preceptos de la Iglesia Católica. Ninguna otra doctrina teórico-práctica guió los pasos de este pueblo. Sincera fe en las mentes, nobles aspiraciones en el corazón, conducta pública y privada normada en las máximas evangélicas: esto epiloga la vida bicgntenaria die nuestros ascendientes, en el Solar borinqueño. Lo cual no significa q'ue no tropezaran nunca en el camino de 1'a rectitud, ni que sus actos acordaran siempre con sus creencias. Como siempre y en todas partes, ocurre a individuos y púeblos, aquí se trasgredió muchas veces el Decálogo, se traspasaron los preceptos de la Iglesia, y ,las —279—


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pasiones brotaron con frecuencia a la superficie de la vida familiar y social. Un claroscuro de virtudes y vicios relució sobre la faz espiritual de Borinquen, pero nunca fué canonizado el vicio, ni tenida en desestima la virtud. 2o.—Prototipo y modelo para todos fué y será siempre Juan Ponce de León: personalmente y como individuo, familiarmente y como padre de familia, y social y políticamente como poblador y organizador de esta sociedad. Al celebrarse, en 1913, el cuarto centenario de la Civilización Cristiana de Puerto Rico, en noble y debatido palenque salió luminosa y triunfante la conducta del .padre y fundador de la patria puet~torriqueña, por sobre las relevantes y gloriosas siluetas de todos los demás conquistadores y fundadores de naciones hispánicas en este hemisferio. Gloria excelsa que nadie podrá disputar al pueblo de Puerto Rico (1). 3o.—Si no todos, por desgracia, lo cual es humanamente imposible, y ni España.ni la Palestina pueden ufanarse de haber sido regidas siempre por gobernantes modelos, muchos de los que aquí gobernaron civilmente el país, fueron perfectos caballeros cristianos. No empece para ello que, en ocasiones, tuvieran rozamientos con las Prelados, ni que a veces entrechocaran con individuos particulares: gajes del oficio son esos incidentes inevitables, mayormente en una población, que se estaba entonces formando. 4o.—El, Gobernador. Francisco Bahamonde de Lugo (1564-1569) fué un gran cristiano, al igual que un gran dirigente. La aspereza de su carácter correspondía a la hispedad de sus gobernados y a la reciedumbre y gravedad de las circunstancias. Por eso apareció resplandeciente y sin mancha su conducta privada y pública, en su juicio de residencia (2). Con plena verdad pudo decir al embarcarse de ida: "No llevo nada de Puerto Rico" (3). 5o.—Cristiano gobernante fué igualmente su sucesor Francisco de Sólís (1569-1572), el autor del traslado de San —280—


Germán a su emplazamiento definitivo, que tenía la costumbre de oir misa casi a diario en el Convento de Santo Tomás (4) . 6o.—De la religiosidad del Gobernador Juan de Céspedes, fallecido el 2 de agosto de 1571, da fé la lápida sepulcral, cuyo epitafio términa así: "Dejó toda su hacienda a los pobres". De él dice Torres Vargas que "murió con opinión de santo, y cuando murió toda la gente acudió a verlo, porque tuvo la cruz en la mano derecha hasta que le enterraron; que siendo tan admirable su vida, se puede entender haber Nuestro Señor querfdola mostrar en esta maravilla" (5). 7o.—De su sucesor en propiedad, Diego Menéndez de Valdés (1582-1593) hablan muy favorablemente los dos Prelados que le trataron: Salamanca en sus cartas de 4 de enero y 2 de• abril de 1584 (6) y Ramos igualmente en las suyas de 1590 y 1591. 80.—La pluma del Obispo Valbuena se dilata en las alabanzas del Gobernador Don Juan de Vargas (1620-1625). En 21 de junio de 1623, le pondera así: "Hallé la tierra tan alcanzacla, así de dinero como de los demás frutos y mantenimientos della, por una gran falta de temporales que, si no fuera por "el buen gobierno y cristiandad de Don Juan de Vargas, vuestro Gobernadór, que cón tantas veras se desvela en acudir al real servicio de Vuestra Majestád y al bien y aumento de esta ~í epública y a ser verdadero padre dé los pobres, se hubiera, padecido con la gran carestía y necesidad que en todo ha habido" (7). 9o.--Del Gobernador Enriquez .de Sotomayor (16311635), nos limitamos a copiar el párrafo de Torres Vargas que dice: "Lo que se afirma es que en esta ciudad resplandeció en él, con admiráción de todos, la virtud de la continencia, que, en años que no llegaban a cuarenta, es digna de ponderación". A los dos -dos .años' de traslalado "con grande opinión de fama entregó su alma a Dios, dándosele él nombre de Presidente santo" (8). --281—


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—El Gobernador siguiente, Iñigo de la Mota (16351641) se hubiera hecho acreedor, por sus méritos cívicos y religiosos, a una estatua en la Plaza Mayor y otra en el frontis de la Catedral. En el primer aspecto, amuralló la ciudad, y en segundo, la Iglesia Mayor y el Convento de Santo Tomás lo consideran como su mayor bienhechor. Como cristiano fue ejemplarísimo en su conducta, teniendo hasta confesor especial, que lo fué el Padre Jacinto Martínez, O. P., a quien llevó consigo, al ser trasladado al gobierno de Panamá, "con no menos fama de continente que su antecesor" ya mencionado. Tan especial fué su virtud en la continencia; a pesar de su juventud extramada de 35 años al venir a este gobierno, que siempre se conservó virgen, según testimonio su confesor (9) . A entrambos Gobernadores, al saberse aquí su muerte, hicieron honras fúnebres solemnísimas Catedral y Conventos, porque fué su muerte (la de 'E•nriquez) generalmente de todo el pueblo tiernamente sentida, correspondiendo al amor que siempre le mostró) (10). La memoria de Don Iñigo perpetuóse en la Catedral con una solemne misa cantada en cada año.

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llo.—El Gobernador Don Agustín de Silva y Figueroa, fortificador de Gibraltar, caballero del hábito de Santiago y notable ingeniero, fué el que adaptó la Fortaleza para morada de los gobernadores de lá Isla, amplió, mejorándola, la capilla dél Hospital de la Concepción y se proponía salir a pedir por la ciudad para fabricar el Convento de San Francisco, cuando la muerte le sorprendió, a los seis años de llegado. 12o.—De quién fué el Gobernador Don Diego de Aguilera yde su extraordinaria ejemplaridad cristiana (1648-1655), ya haremos debida mención en otro lugar de esta obra. No son éstos los únicos gobernadores isleños, que dieron aquí alto ejemplo de virtudes cristianas, y si no citamos más nombres, es por mencionar otras personas seglares, que merecen aquí recuerdo especial. —282—


13o. Corresponde el' primer lugar, entre ellas, a Pgña Ana de Lanzós, que después de haber dedicado, su gran fortuna a obras pías, se consagró a sí misma al servicio de Dos, haciéndose religiosa del Carmen, con muchas otras almas devotas de la ciudad. De esta virtuosa hija del país se habla largamente en el capítulo XXX, de esta obra. 14o.=A mediados del siglo dieciseis, vió la luz en las riberas del Arecibo una niña que había, andando el tiempo, de ilustrar esta cristiandad con sus virtudes.. Llamóse Gregoria Hernández y murió a los 80 años, en 1639. De su matrimonio con un Capitán de Infantería, de apellido Villodas, tuvo dos hijos, a quienes educó piadosos como ella y valientes como su padre. Su resignación, entereza y paciencia, no tuvieron límites, al ausentarse su marido en servicio real para Italia, y después, sus dos hijos llamados a filas por él y cautivados en el mar por los turcos. "Viniéndole la nueva de tan fuerte dolor, jamás lo mostró, ni impaciencia sino una conformidad con la voluntad de Dios, que admiraba a los que la conocían". Parece que fundó un beaterio de mujeres piadosas, en las proximidades del Convento de Santo Domingo, bajo la dirección cfe 'un santo religioso de aquella .comunidad. Vivía como en clausura, sin salir si no a cumplir su deberes religiosos, en el inmediato convento. Distribuídos sus '.bienes entre 'los necesitados, no pedía limosna a nadie, sino solo pasaba con la del Convento". En resumen: remedaba en esta región a la bienaventurada María Raggi, que por aquellos días descollaba en Italia, por sus virtudes. El juicio que sobre ella formó el historiador Torres Vargas, que casi la conoció, fué el siguiente, parangonándola con la,.famosa hija de Italia: "Creo que no ha •de ser menos la gloria de esta buena mujer, por las virtudes de paciencia, humildad y, pobreza que toda la ciudad conoció en ella". Repite la opinión del confesor de ella, quien ``decía grandes cosas de, su virtud y revelaciones", y la de las virtuosas mujeres que vi;vían con ella, a saber: "que era de gran santidad y peniten-~-2$~—


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cia". Concluye su largo relato el cronista, con este atestado toda la ciudad es qué era humilde" y resumen: "Lo que (11). 15o.—A la materia de las virtudes del pueblo (fe esta Isla, ponemos remate y corona, con el relato dei acto heróico de caridad llevado a efecto por uno de los primeros conquistadores. Su nombre era el de Alonso d'e Niebla, cuyas proezas refiere en largos párrafos Fernández dé Oviedo y que resumimos nosotros. Sucedió, pues, que en el año de 1526, cultivaban sendas estancias en tierras de Luquillo el dicho Alonso de Niebla, que en España fuera siempre labra(for, y un hidalgo vizcaíno llamado Martín de Guiluz. Grandemente enemistados, odiábanse cordialmente y no había manera de ponerlos en paz. Mas ocurrió que, 'de repente, los indios asaltaron la hacienda de Martín de Guiluz, y apresándolo, se lo llevaban con servidumbre y ganados' para las canoas, en que habían venido. "Súpolo luego el enemistado Alonso de Niebla y saltando sobre su caballo y seguido de sus fieles sirvientes, todos armados, corrió en auxilio y socorro de su mortal enemigo, exclamando: "No' .pliega Dios que digan que, por estar yo mal con Martín de Guiluz, le dejo padescer e perder lo que tiene o dejo de yr, hallándome tan cerca, contra los que le .han robado'. Pero leamos al gran Fernández de Oviedo: "E fué en seguimiento de los indios caribes e peleó con ellos e desde encima del caballo los tomaba por los pelos y los sacaba de entre los otros e los daba y entregaba a sus negros e volvía por otros". En estas idas y venidas fué herido en la ingle por un indio que llevaba en volandas y portaba una flecha envenenada; "e como se vido herido, él mató al indio y a otros siete u ocho ansí mesmo e volvió con sus despojos e diólo a su dueño Martín de Guiluz . . . e murió de aquella herida, pero como buen cristiano e repartió muy bien cuanto tenía a pobres e personas ñecesitadas y en obras pías" (12).

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16o.—Así eran los primitivos pobladores de. Puerto Rico y de la descendencia dé .tan egregios hombres se fué formando esta sociedad, tan hidalga y viril, como noble y cristiana. Once años después de tamaña jornada, se ponía en letras de molde y era leída en ambos hemisferios. Y quien más frecuentemente la tenía en sus labios y la repetía y comentaba entre los antiguos compañeros dé armas y los geniales adolescentes ya nacidos en el país, era el propio Martín de Guiluz "vecino agora de la cibd'ad de San Johan de Puerto Rico e de los principales de aquella cibdad", remarca el notable historiador de las Indias. Vecino y casado aquí, era este título muy bastante para solicitar en 1541 el cargo en propiedad de factor. "Lo pido, escribía al Rey, pues han dos años que lo sirvo por mandato de la Audiencia de la Esañola. Soy casado aquí, etc".

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17o.—En cuanto a los vicios o defectos morales, dos principalmente contaminaron la sociedad puertorriqueña, en sus dos primeros siglos. Previamente a su exposición, advertimos que procedían de dos estados sociales, lo cual no se debe perder de vista, porque sirve de atenuante, ya que no es lo mismo ser vicioso por maldad, que serlo por 'debilidad motivada del ambiente social. Eran estos dos vicios de las uniones ilegales y el del abandono en cumplir' con precepto dominical. Mal comprendería el primero, quien desconociera o no tuviera presente el proceso 'de formación de la sociedad puertorriqueña, que adoleció desde sus comienzos del desequilibrio sexual y del desparramiento por el campo, de sus componentes. La mayoría de los conquistadores y pobladores vinieron solteros. Los peligros del mar y el costo de la navegación retrajéronlos de traer aquí a mujeres españolas. Las leyes que ordenaban la venida de las mujeres de los casados, se recibieron pero no se cumplieron en infinidad de casos. En otros, sí, como n el del Gobernador Lando, (1530- a 1535) que trajo de España a su esposa (13). A quien venía con su familia érale dificilísimo sustentarla —285—


aquí, como lo lamentaba el Tesorero Salinas (14). Para formarse idea de tal situación, recuérdese el censo formado en 1530 por el Gobernador Lando, en que de trescientos cesen tinueve varones, solo sesentiuno eran casados y el resto, solteros (15). 180.—Desde que aquí resonó el habla castellana, cundió sonora por valles y montes, hasta el punto de que apenas había una sola legua sin moradores, como lo expresaban a la Corte los Obispos Salamanca y Mercado, sin facilidades para oir misa en todo el año, ni recibir los Sacramentos. Añádase la escasez de clero, notable desde los comemos de la colonización. El sacerdote que servía en San Juan, no podía hacer acto de presencia en las estancias e ingenios de su distrito de 6.000 kilómetros cuadrados, y lo mismo. el que residía en! la villa de San Germán. Ello y la soledad de los campos facilitaban las uniones ilegales y la ilegitimidad de los hijos. Pero estas mismas uniones ilegales quedaban arregladas en las visitas pastoralgs de los Obispos, que además disponían de especiales facultades para dispensar los impedimentos que hubiese. De ahí que en el acta oficial de la visita del Obispo Issasi a la Parroquia de Coamo, se diga que "hizo algunos casamientos que no se hubieran hecho menos que con su persona" (16). 19o.—Verdad es también que hubo notable descuido en la observancia del precepto dominical, y así consta en las actas del Sínodo Diocesano; pero ¿puede imputarse a. pecado que no oyeran misa los que distaban de sus iglesias, de dos a catorce leguas, que era el caso general? Los graves perjuicios seguidos de ausentarse de los hogares para asistir a la misa, ¿no atenuaban en sana Teología el precepto eclesiástico. Hubo, sí, deficiencias en cuanto al cumplimiento de las leyes de la Iglesia en Puerto Rico; pero, al sospesarlas, no deben olvidarse las circunstancias atenuantes que húbo.


NOTAS : 1.— Cold y Tosti, P.: "La Isla de 7.— Br., P. E., 99 r. Puerto Rico en 1597". "Nin. 8.— Tapia, 484. gimo de los conquistadores de 9.— Tapia, 498. Indias dejó prole tan honra. lo.— Tapia, 486. da pomo la de Ponce de León" 11.— Tapia, 467 y 468. 2.— Bol, Kist. XII, 64 y alguien- 12.Tapia, 41. 13.— Tapia, 476. tes. 14.— Tapia, 349. 8.- Tapia, 477. 15.— Br., Col., 362. 4,- Tapia, 477. 5.- Tapia, 477. 16.— 801. 01st., IV, 162. 6.— Br., P. E., 57 y 59.

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CAPITULO XXVII CONVENTO DÉ DOMINICOS -I10: Salo tres'conventos. — 2o. Fruto necesario. — 3o. Veni-

da de los dominicos. — 4o. No edificado con diezmos.5o. Surgido como por ensalmo. — 60. Costo del mónasterio. — 7o. Construcción de la Iglesia. — 80. La Capilla del Rosario. — 9o. Recursos allegados para la edificación del templo. — 100. Imagen de la Candelaria. — Uo. Nuestra Señora de Belén. 1o.—Solo tres conventos hubo en Puerto Rico, durante las dos primeras centurias coloniales: el de Santo Domingo, el de San Francisco y el del Carmen. Hubo, sí, conatos para conseguir otras dos fundaciones religiosas: la de Jesuitas en 1574 y la de los Juaninos o Hermanos de San Juan de Dios, en 1634 (1.). Ninguna de las dos cuajó. Los pequeños conventos de dominicos en San, Germán y cle San Francisco en La Aguada forman una misma entidad con los dos similares de San Juan, para los efectos de la presente historia. 2o.—No dejaría de revestir interés la averiguación de si hubo nunca alguna Diócesis o ciudad importante que careciera de algún convento, por tiempo de algunos años. Porque, en el probable caso negativo, nos demostraría que 'la vida claustral es consecuencia necesaria de la vida cristiana, como los consejos evangélicos lo son de la implantación de los preceptos de Diós y de -la Santa Iglesia. —289—


9o.—Como quiera que sea, y poi lo que a Puerto Rico se ,refiere, ya en su carta orgánica se hace mención de la institución de "las iglesias regulares de cualesquiera órdenes, según juzgaren que conviene para el mayor aumento del culto" (2). Y años antes, en los primeros vagidos de la Colonia, ya su epónimo organizador reclamaba la concurrencia de frailes para el cuidado espiritual de indios y pobladores (8). 4o.—.Si el hijo 'de Santo Domingo de Guzmán no presenció el alumbramiento de la cristiandad en Puerto Rico, ni aún en Santo Domingo bien pronto hizo acto de presencia en este hemisferio, y ello con la prestancia ingénita que en todas partes. El célebre Montesinos y stis tres compañeros, y luego protomártires éstos de Tiera Firme, ya rezaron y probablemente predicaron en la Iglesia-ranchón de Caparra. Y de los moradores che la Isleta, convertida en ciudad permanente en 1521, fueron los dominicos los que entre los pri-• meros vecinos concurrieron a hermosearla y enriquecerla con su gran monasterio. Aunque poco más podemos escribir sobre el convento de Santo Domingo, que lo ya estampado en anteriores recientes libros (4), vamos a esclarecer en éste tres particulares, a saber: el referente a la construcción del convento e iglesia, el atañente al culto y predicación y el relativo a la enseñanza e ilustración popular, con breves alusiones al Convento de San Germán.

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4o.—No con el producto de los diezmos y primicias exclusivos del clero secular, sino con donativos particúlares y reales fué que los dominicos levantaron sus edificios contra 10 opinado por el Dr. Coll y Toste (5). Y lo hicieron con plan, constancia y brevedad. Comenzaron por edificar oficinas y habitaciones en un amplio cuadrado, 'de dos plantas, no de tapieria o tablas, sino de ladrillos y mampostería. Para ello montaron sus propios hornos de cal y ladrillos, en las proximidades del lugar, donde luego construyóse la Fortaleza. De oratorio o iglesia provisional sirvioles, por algunos años, i una de las primeras piezas arregladas o algún modesto y bai -290—


1~ rato edificio que improvisaron. Con ser el Convento espacioso y macizo, ya era habitado 'pol' más de 25 religiosos, a fines de 1528, según testimonio de Ramírez de Fuénleal, que pasó por- aquí para la Española, a donde iba de Obispo y Presidente: "hácese un mónasterio de Santo Domingo, y lo más" que está ya terminado e muy bien", escribió; al Emperador. Así que podemos dar ya por terminada las obras del monasterio, para el año 1530, más o menos. 5o.--Veamos ahora la impresión que su vista causó a los ;escritores que lo mencionan, durante las dos consabidas centurias. El primero de ellos y más importante fué el eronista real dé indias, Fernández de Oviedo, que en 1535 escribió: "1) ay en esta cibdad de Sanct Johan un gentil monas' terio de la Orden de Predicadores y muy bien edificado, aupque no de todo punto acabado' (6). La última frase se. refiere, a nuestro juicio, a la Iglesia no edificada aún, según veremos después. Ea pluma que tan altof pone la gentileza y buena edificación de este monasterio, había trazado antes .la siluta de los existentes en la Española, de los que consigna que "eran gentiles edificios, pero' moderados y no tan` curiosos como los, principales de España" (7). Unas ti1es décadas después, el cosmógrafo López, de Velasco, que se habia extasiado ante tantos grandiosos monasterios ya existentes en América, calificaba de "suntuoso edificio" el de nuestra ciudad (Ibis). ,E1 cronista Ponce .de León, bien familiarizado con la vista y contemplación de este monasterio, asegura de él, en 1582, que lo constituían "buenos edificios, salvo que están arruinados" (8). Lo estaban sin duda por la espantosa tormenta que azotó y destrozó la Isla siete años. antes. Por interesante tenemos la descripción siguiente débida a. la pluma del cronista de la escuedra de Cmn erland, venido de Inglaterra en 1598, y que de tamos otros conventos del mundo se habría ocupado: "Existe tamo bién. un monasterio, situado al norte del oblado, un poco distante del caserío. Está fabricado de ladrillos en espacio c4291—


clrado. Tiene iglesia y salón y todas las celdas necesarias para el prior y la Comunidad de frailes. Parece que no está terminado aún, pues tiene un claustro sin techar. .., la situación de este edificio es espléndida, deliciosa, sobre una colina, desde donde se domina el mar por tres partes, etc." (9). Lo que del claustro no techado afirma Layfield, debe referirse al lado o galería todavía no restaurada de los estragos del ciclón que arruinó el convento, según Ponce de León. , Es bien sabido que este convento sirvió de cuartel general a los invasores holandeses, en 1625, que lo dejaron tan mal parado que, a los pocos días de haberlo abandonado, la torre se ladeó, cayendo sobre la Capilla Mayor. No había en toda la ciudad edificio alguno, ni siquiera el de la Fortaleza Vieja, donde se pudieran resguardar mejor. En 1641 el Gobernador Iñigo de la Mota Sarmiento, según Torres Vargas, "hizo la mitad del convento", que se nos antoja debió ser reparación de los estragos del tiempo de invasiones que tal lo habían parado, que repararlo equivalía a reedificarlo (10). Es el mismo cronista el qué nos entera de que, en tiempo c1e1 provincial Jacinto Martínez, (1646-1650) "hoy se está fabricando nueva casa de noviciado, para que en ella se hagan generales para los estudios (11). "Convento grave y en tal asiento fundado que mueve a devoción" dice de él Torres Vargas, por cuya pupila habían desfilado los conventos de Cuba y de Santo Domingo y hasta los de media España (12). Muchas vueltas le debió dar y desde muchos puntos observarlo el Obispo López de Haro, antes de escribir a la Corte aquella espeluznante carta, sobre el riesgo que corría Ja soberanía de España en la Isla, por la multitud de portugueses; civiles, soldados y frailes que la poblaban. "El Convento de Dominicos, sobre ser muy fuerte, está en. una eminencia que señorea toda la ciudad" (13). En resumen: el ,Convento de Santo Domingo era el edificio más hermoso, más . espacioso y mejor edificado y situado de toda la ciudad, en sus. dos primeras centurias. Demás de esto, era y sigue siendo el más antigua de todos: más aún que la For-292---


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taleza, el Morro y la Catedral misma, exceptuadas acaso su sacristía. Y brotó todo de un golpe, bajo un mismo plan, en menos .de una década, como' visión maravillosa; y ya estába terminado, cuando sobre él posó su mirada el ínclito Ramírez de Fuenleal, en 1528. 6o.—Solo nos falta por averiguar un dato importante: el costo del Convento de Santo Domingo. Escribiendo a la Emperatriz, el 20 de julio de 1532, le dicen los oficiales, de la ciudad que a los Dominicos "les falta por hacer la Iglesia, de que solo hay los cimientos. Han gastado ya sus 12.000 pesos" (14). ¿De dónde salió esta suma tan considerable? En 24 de noviembre de 1522, les fué librada la pr'i mera ayuda, llamada entonces limosna, por valor de 50.000 maravédises en oro, y en 28 .de enero de 1524 se les concedieron 4.000 pesos d'e la misma moneda, en el plazo de ocho años, a razón de 500 en cada año. En la carta citada aseguran los oficiales reales que esta limosna "se les va acabando y suplican siga". Quiere decir que solamente una tercera parlé de lo gastado o poco más, pues los 50.000 maravedises. equivalían más o menos a ciento treintitrés pesos, había salido de las cajas reales. Suponiendo que en los cimientos de la Iglesia, que la han sostenido sin fallar por espacio de más de cuatrocientos años, se hubieran invertido un par escaso de miles de pesos, resultaría que todo el amplio monasterio no absorvió más allá de 10.000 pesos (15). Muchas limosnas particulares de ayuda debiéronse recibir y con gruesa cantidad propia contribuir los mismos religiosos. Vasta área al lado poniente del monasterio, donde después de' la excláus-. tración, se fabricó la Escuela de Artes y Oficios, la convirtieron muy pronto en vergel' de esparcimiento y eñ productora de hortalizas y granos alimenticios. Allí se aclimataron por primera vez los plátanos traídos desde Canarias en 1516. por el Padre Serlanga, primer provincial de la Orden posteriormente y además Obispo de Panamá (16). Y con el ejercicio del ministerio, casi todo en sus manos entonces y por —293—


muchos años, y el de la enseñanza a que desde un principio se dedicaron, mas el ejemplar esritu agricultural e indusy rial, de que dieron alto ejemplo desde entonces, aportaron ellos más que recibieron del monarca, para levantar, primero, su monumental convento y, a continuación, su artística Iglesia, para lustre de la Religión y gloria de la Isla de Puerto Rico. r 7o.—Respecto de la fabricación de la Iglesia, podemos ahora precisar la fecha de su iniciación y de su terminación, cosas no concretadas hasta hoy. Si, en junio de 1532, ya estaban echados los cimientos y, en septiembre de 1548, pedían la ayuda real "para acabar su iglesia" (17), lógico es concluir que, al filo del medio siglo o poco más, ya estaría terminada, totalmente, en piso, paredes y bóveda. Y tan terminada estaba, en 1559, que pudo dar ,albergue a los restos mortalés del padre de la patria puertorriqueña, tra~dos de La Habana, por su nieto del mismo nombre y apellido. Y como por lo cimentada y sólidamente construida, la Iglesia de Santo Domingo en su cuerpo principal y crucero, nunca necesitó de reparos, ni afortunadamente sufrió alteraciones, síguese con toda evidencia que debe ser tenida y estimada por un templo cabal de mediados del siglo dieciseis y joya inapreciable del estilo colonial puro de las Antillas. 80.—Las capillas laterales de una Iglesia ordh ariamen te son posteriores al mismo templo. La Catedral .dc San Juan no tuyo capilla alguna, hasta la muerte del Obispo Valbuena en 1627, que dejó hacienda con que levantarla. No tardó tanto la Iglesia de Santo Dpmirigó, en ser ampliada con una capilla, que fué la de Ntra. Sra, del Rosarip, .,fabricada. antes de 1582, pues la menciona el cronista Ponce de León, en la Memoria de tal año. La costearon sin duda para que les sirviera a ell_'os y sus descendientes de panteón, "Juan Guilarte de -Salazar y dbña Luisa de Vargas su cuñada" (18) . Esa capilla fué retocada por el Gobernador Iñigo.. e la Mota ear.miento (1635-1641) y destinada para panteón de los Gober-294— ~


nadores de la Isla que fallecieren aquí, el primero de los cuales fué el Ingeniero Don Agustín de Silva y Figueroa, de que se hace honorífica mención, en otra página de este libro. "Está enterrado en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, que para esto dejó señalada Don Iñigo de la Mota" consigna Torres Vargas (19). No podemos asegurar documentalmente, si .la capilla de ]vira. Sra. de Belén fuá fabricada en el siglo XVI, aunque presumimos que sí, por la antigüedad de esta devoción, como luego veremos. D todas maneras, iglesia y convento eran tales, en 1548, que Obispo Bastidas ponderaba ser "de grandor bastante para un pueble de dos m11 vecinos" (20). Como los Gerónimos, al dar la traza de la Catedral, la querían espaciosa y grande, por la esperanza que abrigaban del extraordinario crecimiento de la población, así los dominicos trazaron en grande su monasterio e iglasia, por ser optimistas del porvenir y grandeza de la ciudad. 9o: ¿De qué fondos dispusieron lqs hijos de Santo 'Demingo para construir su grandioso templo? La Hacienda Real desde luego los siguió ayudando, según lo pedían en 1532 los Oficiales de la Isla, que no debieron ser desoídos, especialmente al verse cuán bien los dominicos empleaban la limosna de los últimos 8 años y la triplicaban con su diligencia. Por de pronto se les otorgaron 50.000 maravedís de oro para que prosiguieran las obras y en 1535 se les biza gracia de .la tercera parte de los bienes de los Vfuntos intestados. Quinientos ducados más les fueron entregados en 1552 según carta del tesorero Salinas (21). Esto, sin contar con la ayu . da permanente de la Oblata, que desde muy temprano se les concedió (22). Cuando en 1548 suplicaron limosna para po•• ner remate y terminar su iglesia, es más que probable que les fué otorgada, sobre todo, atendiendo a la reacción del Rey, disponiendo no se contestase a la petición contraria del Obispo Bastidas (23). Pero a bastantes millares de pesos debieron subir los consumidos en los recios muros y techumbre de material, cuando en .solos los cimientos y parte de los mu-295—


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ros de la Catedral se invirtieron, por los mismos años, has6.000 castellanos de oro (24) . Primeratente los Dominicos arreglaron grandes hatos y haciendas, algunos de los cuales les venderían por ,módico precio los muchos pobladores, que en aquellos años se trasladaron al Perú y Centro América. Luego montaron ingenios de azúcar que rendían uti buen por qué, y finalmente agenciaron o recibieron para su Iglesia muchas memorias pías. La principal de ellas fué hecha por Ponce de León, nieto, que les traspasó la estancia o granja de su mujer úbicada en las bocas del Loiza (25). Lás fundaciones piadosas crecieron en_ tal manera que, a mediados del siglo XVII, "eran muchas capellanías que valdrán la mitad de lo que a la Iglesia Catedral, o sea 13.000 reales" (6). Aparte de lo dicho, corrió de su cuenta exclusiva, por muchos años, la predicación de los sermones de tabla de la Catedral y todos los sermones de compromiso, más la capellanía castrense, que desempeñaba en tiempo de paz y en tiempo de guerra, sin hurtar el cuerpo al peligro, de lo que fué ejemplo loado, el prior Rojas,r,aL internarse con las tropas en el, Castillo del Morro, cuando el fiero ataque holandés "que como animoso nos quedó de tantos eclesiásticos como había y fué de gran consuelo ,para, las necesidades y riesgos de la vida" (27). En sus brazos expiraría aquel bravo Capitán Torres, padre del cronista de la Catedral. Añadamos para terminar que su culto era `intenso; ordenado y solemne, atrayendo en ocasiones a toda la oblación, con preferencia a la Catedral, por los altos predicadores ,ya conventuales, ya venidos de la Española, y que siempre disponían de personal excedente para auxiliar a los curas y suplirlos en sus enfermedades y su muerte, como aconteció con la peste de 1690, en que por varios años suplieron las parroquias y feligresías vacantes. De modo .que si cuaiitfosa fué la contribución real para la construcción de su templo, más que triple fué la propia de ellos, agenciado con su ministerio e industria. 10o.—Prescindiendo de otras imágenes y devociones en —296—


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la Iglesia de Santo Domingo, hasta 1700, y entre ellas las de San José, Santo Domingo, Santo Tomás, Ntra. Sra. del Rosario y seguramente la de Santa Rosa de Lima, desde 1669, vamos a detenernos ante dos de ellas: una menos antigua, aunque lo era mucho, y otra tan, antigua, que parece coincidhr con los primeros años de la, fundación. Para nuestro .propósito e inteligencia de los lectores, bástanos copiar y comentar el texto que escribió sobre ellas el bien enterado y concienzudo cronista Torres Vargas, en 1647. ,Respecto de la primera, estas son sus palabras: "También hay otra imagen más, nueva, de bulto, que se trajo ba treinta y cuatro años, de Sevilla, que es de la advocación de Ntra. Sra. de la Candelaria, y estando el navío para quedarse en aquella flota, por la mucha agua que hacía, así como entró la ima= gen Santísima estancó el agua e hizo el viaje hastá esta ciu, dad sin hacer ninguna, y en ella ha obrado muchos milagros y conmigo dos, que poi. la brevedad no refiero, pero es cierto .que si no fueran así no lo dijera y siendo necesario lo juro' (28) Ante todo, no debe pasarse por alto que la devoción a la Candelaria tomó mucho incremento en América, desde el Descubrimiento, acaso porque muchos de sus pobladores procedían de Canarias, donde esta advocación es muy venerada, y también por el rito especial que acompañaba la, fiesta. Luego, escrita esta crónica en 1647, resulta que la efigie vino de España 34 años antes, o sea en 1613. Lo verosímil es que, anteriormente a 'esa fecha, floreciera ya aquí la devoción a la Candelaria, que culminaría en la. adquisición de la Imagen. Esta era de bulto, es decir, de madera más o menos preciosa, y no .de lienzo o pintura, como otras muchas., El milagro del estancamiento del agua es admisible, dados los posteriores ciertos, de los que dos ejecutados en el cronista que los testifica. ¿Por qué no supoveneranda imaner que, él mismo presenció el arribo de gen, pues se hallaba entonces en la ciudad y, era adolescente muy curioso y averiguador? (29). Es lástima que por la brevedad que dice, no se explanara más autor, sobre la ca-297—


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Iidad de los prodigios, con que la sagrada imagen lo favoreció y cuyo conocimiento nos placería mucho a nosotros. 11o.—Mayor importancia histórica y piadosa rodea a la imagen de Ntra. Sra. de Belén. Copiemos la relación del cronista: "Entre las "cuales (imágenes) está en el, altar del Señor San José Ntra. Sra. de Belén, en cuadro pequeño, como de tres cuartas y antiquísimo, pero tan lindo y lucido, como si acabara de hacerse, habiendo más de cien años que está en el dicho convento. Esta santa imagen estuvo muchos años en el dormitorio del Convénto, en altar particular, y por tradición se tiene que lé cantaban algunas nochés maitines los ángeles y siempre los religiosos de aquel convento y vecinos la han tenido y tienen en suma veneración" (80). Se ilumina y entiendé este texto con lo que anteriormente, expresamos sobre el convento e. iglesia. En 1765, el P. lector" Pedro de Figueroa nos describe la imagen "pintada en unu materia a manera de lienzo, muy fina, poco más de media vara .de altura, rostro venerable y moreno, pelo suelto, rayos alrededor de la cabeza, ojos humildes, inclinados alegremente al c ulcisimo niño envuelto en pañales reclinado en sús brazos y que con igual dulzura mira a la madre, de pecho descubierto con unas pequeñas gotas de leche dirigidas a los labios del precioso niño, y en último vestida en túnica azul, manto carmesí y de medid, "talla, cuyo cuadro adorna a la espalda una especie .de arboleda oscura a manera de montaña; y se conserva esta efigie pegada a tosca tabla (31). Si re-' cordamos que la actual iglesia de Santo Domingo, hoy San' José, no se, inauguró hasta promediado el siglo XVI, se explica la aserción del cronista de 1647, al decir que "ha más de cien años que la imagen está en dicho convento". Como se explica igualmente lo que afirma de que "esta imagen estuvo muchos años en el dormitorio del convento en altar particular', es decir según el Padre Figueroa "en altar y claustro del noviciado", lo cual ratifica a su vez lo atestado por Torres Vargas, .de que casa de noviciado: "la hubo antigua--298—


mente". En tttantó a la áfirYñacióh del Pádre Figueroa de que, "por tradición ~de padres y ábúélós y sin contradicción, esta imagen prodigiósá hábia sido x4, ecida, por el año 1511, en el brocal del aljibe qué servia al convento antiguo de los Padres, cuyas paredes y bóvedas aúii existen subterráneos" etc; por apócrifa hay que enmendar la fecha, posponiéndo-

la dos o tres lústroá, pues el con~rentó' ice cdinenó á edificar'se Bastó X522, lb más pronto. FérinWáserios reconstruir el históriál én esta forma: en los primerlslmos años de lá fundadión, tuvo efecto la aparición, posiblemente en el lugar que se dice.;, por su, aparición.. milagrosa'ñtre laudes angélicas,' los religiosos la trasladaron al noviciado, en que fué veneráda, liá. ta ábfirsé la iglesia al culto, hacia 1550; desde tal feche, lk sañtá iiiiágen, ya aureolada por prodigios, que si= gulerdil repitiénddse, recibió culto de religiosos" e lares, . primero en el altar de San José y luego en la.c, pilla particii- " lar "en un tabernáculo (J ornacina) de su cápilla, situáda en

el crucero, a la parte de la epístola", dice, el ,susodicho Pa-, dre Figueroa. Para ensanchar dicha capilla donó un corral la madre del Presbítero Doctor Antonio C. de Mena (32). Si a alguien le parecen bagatelas estas disquisiciones sobre. la imagen y devoción .de venerandas efigies del pueblo, desde que éste existió, ¿por qué les otorga tanta importancia a

las inseguras elucubraciones sobre los cemies y penates de los aborígenes precolombinos? NOTAS: toria I, 87. Br., F. E., 35 V. Tapia, 374. 7 bis.—Bol. Mist., ,X, 89. 8.— Bol., Mist, II, 78. BoL Mist., I, 125 y 125. Cuesta Mendoza, A: Los Do. 9.— Puede leerse la descripción completa en nuestra Historia minicos e Historia. de la Educación I, 408, 5.— Bol. Mist. I, 148. 6.— Fernández de Oviedo, O.: His- 10.— Tapia, 485. 11.— Tapia, 464. torta, I. 466. 7.— Fernández de Oviedo, F: His- 12.— Tapia, 464,

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Tapia,

13.— Br. P. E., 127. 25.— Br., Col., 241. 14.— Tapia, 306. En 1675 disfrutaba 26.- Tapia, 4&3 y 464. este convento del sueldo de 27.— Tapia, 422. dos plazas de soldado, de- 28.— Tapia, 464. más del beneficio de la obla- 29.— Tapia, 431 y 483. ta. (Bd., P. Corr, ,lég. I, 66 y' 30.— Tapia, 364. 65. 31,— Copia del maliuscrito existen15.— Br., Col. 492. No es exacta té' en el Archivo Generalicio del todo la afirmación de de los dominicos, que ;debe, Brau, de que "el Convento que mos al Rdo. Lorenzo, de Bayacon donativos regios se consmón, a quien somos deudores de otros muchos datos que apatruyó". recen en éste y otros libros de 16.— Fernández de Oviedo, Gs nuestra pluma. El P. Figueroa fist., 17. lector de Filosoffa en el era 17.— 344. Convento de Sauto Tomás, en 18.- BoL fist. I, 88. 1762, según Acta de la fecha 19.Tapia, 486.. en el Ayuntamiento de San 20.— Tapia, 344,, Juan. 21,— Tapia, 349,. 32.— Cuesta Mendoza, A: His. Edu22.= Sin. floe., 135. I, 304. 23.— Tapia, ''344. R 24.— Br., P. E., 15 V.

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CAPITULO XXVIII CONVENTO DE SANTO DOMINGO -II—

lo. Los viejos mentores. — 2o. Los primeros que abrieron escuelas. — 3o. Y las. continuaron., — 4o. Cierre temporal. — "5o. Cambio de escenario., — 6o. Certificado de nacimiento. — 7o. Tres siglos de enseñanza.— 80. Lo que era uh ,Estudio General. — 9o. Para los extraños.10o. Cursos calificados.— 110. Nombres imperecederos. 12o. Cuadro de profesores en 1695. — 13o. Flor de santidad. Yo.—No puede haber un nativo, a quien los dominicos del Puerto Rico Colonial dejen de interesar vivamente, cuando no por sacerdotes religiosos, si no es creyente, a lo menos y muchísimo, por maestros de las generaciones pasadas. Por eso, y a pesar, de haber publicado, hace un par de años no más, un libro, sobre este aspecto de los viejos moradores del convento de la cumbre isleteña, nos parece q'ue el presente adolecería de gran omisión, si no lo integráramos con un especial capítulo, dedicado a la enseñanza dada por los dominicos; entre 1521 y 1700. Beneficio que no se recuerda, no se agradece y quien, por ignorancia o corazón dañado, no agradece, es árbol sin xaíces y seco, propicio a los soplos del huracán. 2o.—Si quien primero legisló, o si se quiere, habló de la enseñanza para Puerto Rico, fué el Obispo Manso, quienes —301—


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primero la comenzaron a dar fueron los dominicos. Ni Manso, ni los padres franciscanos, pudieron montar escuela en Caparra, sencillamente porque Caparra fué tan solo un mesón de tránsito, nunca una estación de término. ¿Y a quién iban a enseñar? Ni el indio en revuelta, ni el español en incubación ,de familia todavía, podían suministrar alumnos; pero en la isleta, la realidad fué enteramente distinta. Al abrirse en ella las primeras zanjas, ya la brisa agitaba en lo alto de la colina el hábito blanco de los Guzmanes. A pocas partes de América llegaron los Dominicos con tan definido plan y medios para realizarlo, como a Puerto Rico. Verdad es que su fundador Montesinos, más que corría, volaba, en todas sus empresas. Levantar aquí en cuatro o cinco añosn monasterio del grandor del de la cumbre, y poblarlo die 25 a 30 frailes, traídos de La Española unos y che España otros, obra fué que parece un `sueño. Lo indiscutible y cierto es que, ya en 1528, para asombro de Ramírez de Fuenleal, sobrepasaban aquí los dominicos el número de 25. Y como todos no eran de misa, cátatelos estudiantes algunos, más, probablemente. Y como las cátedras de los Guzmanes nunca fueron exclusivas de religiosos, sino de libre 'acceso para los extraños, clérigos, seglares y aán .frailes de otro hábito, con rigurosa ilación se puede asentar que, en 1528, ya había en San Juan aulas de enseñanza. En esa fecha y antes también; pues los tantos dominicos que presentaron sus respetos al Obispo y Presidente de la Española, no formaron ante él como soldados paracaidistas de hoy, antes sentidos que vistos, sino que habían ido llegando, con anterioridad, en grupos de tres, de cinco y acaso de diez. Y las 120 casas de piedra o de tablas que contó el visitante, de vecinos eran con su correspondiente familia .de cinco individuos, a lo menos, según contar oficial. Y entre esos vecinos se hallaban los que afincaron aquí: Pones, Guzmanes, Santolallas, Aguiluces, Castellanos, Castres y Troches, sillares de la colonia primero, y ,pueblo autónomo después, de Borinquen. —302-


3o.—Tal número de frailes no tuvo la instantaneidad de un relámpago, sino la percluración de una época de medio siglo, como lo asegura, en 1582, quien entre ellos debió enseñarse y crecer, el Cronista Ponce de León, que dice que el Convento "solía mantener beinticinco religiosos .. , y que agora ha venido a menos... con diez frailes pocos más o menos" (1). En 1544 alude Bastidas a "los demás (religiosos) mozos aunque honestos• y recogidos", y cuatro años después, "a los mancebos isleños" agregados a la comunidad' y que llegaban a molestarle. (2). ¿Qué quiere todo es-o decir, sino que seguían abiertas las aulas de la loma, frecuentadas por propios y extraños? Tanto más verosímilmente cuanto que, hasta 1551, no se redujo y se circuncribió la enseñanza, diríamos graduada y calificada entre los Dominicos a determinados conventos. Uno solamente de estos señalóse para la inmensa pero naciente América, y sin embargo, en todas sus cinco provincias de aquellos años, las aulas de sus conventos continuaron abiertas y francas para seglares y religiosos (3). No podía suceder diferentemente en el de San Juan, segundo de la Orden en América y donde habían residido, siquiera por semanas o meses,' muchos de los que organizaron los estudios, en esotros distantes monasterios. 4o.—La colonización de Puerto Rico estancóse y hasta retrocedió, en el último tercio del siglo dieciseis; primero .con la cesación de las minas auríferas, luego con el decaimiento de los ingenios y últimamente con la batería incesante de los huracanes interiores y de los piratas exteriores, culthinando todo eón los ataques de Drake, en 1595, y de Cumberland, en 1598.,. Tales plágas reflejáronse en el convento de Santo Domingo, que cerró su noviciado y entornó las puertas de sus aulas. De tal postración ibase reponiendo la Isla, aunque lentamente; cuando sobrevino, en 1625, la hecatombe del ataque holandés; que fué como una recaída en enfermedad grave. Pero escrito estaba en los astros que Puerto Rico sobre'viviría por siglos, y con Puerto Rico'y para ilustración de sus —303—


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hijos, el Convento de Santo Domingo. Ya éste había levantado cabeza y vuelto a florecer, en la cuarta década del siglo diecisiete, no sólo en lo material de hatos,, estancias y capellanías, sino en abundancia de personal selecto; nutrido de hijos de la tierra, como se decía entonces nacidos en el país.. Consiguientemente, se rehabilitaron y mejoraron los antiguos estudios, y ya para no, decaer jamás, antes alcanzar la categoría casi universitaria. Veamos cómo. 5a.—Cuando la Provienciá quiere engrandecer a un pueblo, hace surgir de su seno una pléyade de varones esclarecidos. Así ocurrió en Puerto Rica, en el' segundo cuarto del siglo XVII, a partir del mismo asedio holandés. Como de repente, comenzó a alborear la erá de oro de este gran pueblo. Diríase que la brava resistencia opuesta al invasor, defendiendo templos y hogares, lengua y raza, atrajo sobre la tierra una como lluvia de bendiciones, o como si dijéramos, él vellocino de oro de una' no soñada prosperidad. Reánudóse la marcha hacia el bienestar económico, cultural y religioso, suspendida desde la tormenta de 1575. Esta era de florecimiento . en general se extendió hasta las 'postrimerías de la centurias, señaladamente hasta la asoladora epidemia de 1690, menos en el aspecto cultural .de Santo Domingo, que ya nunca padeció crisis, hasta la exclaustración religiosa de 1821. !Qué Obispos y qué Gobernadores los de aquella época! El cinturón de altas murallas y baluartes fortísimos hizo a la ciudad inexpugnable. Una quincena de poblaciones, salpicando de animación y belleza la Isla, surgió como por eñsalmo y hasta la Virgen de Monserrate dejó verse derramando favores en la vistosa loma de Hormigueros. 6o.—¿Dónde hicieron sus estudios superiores y ejercieron el magisterio los dominicos nativos que establecieron aquí el Estudio General de la Provincia,, que compitió y hasta superó al de la Isla Española, durante muchos años? Lo desconocemos aún. Pero lo que sí nos consta con certeza histó-304-


rica, es qué, como botones de rosa en .cálida pri1uvera, aparecieron aquí los estudios formales, de, Gramática primero, en 1642, si no antes, de Artes Liberales, dos años después, y finalmente de Teología dogmática, moral y mística, en 1647. Como brillante eri collar de perlas, debe insertarse aquí e texto de Torres Vargas, que equivale a un certificado de nacimiento y confirmación -del Estudio General, en el Convento de Santo Domingo. "Los religiosos ordinariamente son trein ta, porque hay casa de noviciado, que alcanzó el Provincial de esta Orden, Fray Jorge Cambero, como natural de esta ciudad, el año 1645; que aunque la hubo antiguamente se había reducido a Santo Domingo, y asimismo puso Casa d~ );studios, de Artes y de Gramática para los novicios y veci; nos de a ciudad que quisieran estudiarla, y hoy se está fabr;icando nueva casa de noviciado para que en ella se hagan generales para los estudios" (4).. 7o.—En conformidad con este interesante relato de Torres Vargas, tres grados de enseñanza hubo en el Convento de Santo Domingos el de Gramática, el de Artes Liberales y el ¿fe Teología. El primero ya se dió, desde 1526 o 1527 hastá aproximadamente 1575. Se le restableció, no en 1645; sino por lo menos en 1642. El Provincial Cambero logró su confirma. ciÓn y ratificación, por el Capítulo' General de 1644, no su mera erección. El cronista dice que los religiosos eran treinta ordinariamente, lo que indica que lo venían siendo desde algunos bastantes años atrás. Y si venían siendo treinta, desde siquiera una docena de años antes, desde entonces ya había noviciado y enseñanza de Gramática, Véase el texto del Capítulo General. de 1644: "Confirmados y aprobamos la la erección hecha del convento de Santo Tomás de Aquino de Puerto Rico, para casa de naviciado, de modo que en ella puedan ser educados los novicios y recibidos al hábito y a la profesión" (5). En cuanto a la enseñanza cte las Artes Liberales, hay indicios de que las hubo también, en el siglo XVI, pues Porice de León nieto, según el Obispo Salamanca asegn-305=-

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xa de él que era hombre de experiencia y de letras humanas", (6).Así pudo, en julio de 1581, tomar la altura y elevación de la capital, como persona poseedora de conocmientos científicos (7). Pero ¿dónde los pudo adquirir, quien no consta haber salido de la Isla, hasta después de casado? Y fuera del Convento de Santo Domingo, no había aquí quien pudiera suJninistrarle esos conocimientos. Sea como fuere, con la enseñanza de Gramática fué restablecida por el Provincial Camboro la de Artes Liberales, que como río caudaloso de perenne corriente fluyó sin alternativas' ni intermitencias, por siempre en adelante. Y con ella la de la Sagrada Teología, en' sus diversas fases, desde el año de 1647, ahora previsamente hace tres siglos. He aquí el precioso texto generalicio, elevando a Estudio General el Convento de Santo Domingo, expedido en Valencia de España, a mediados de 1647: "Erigimos el Convento de Santo Tomás de Aquino de Puerto Rico en Estudio General de esta Provincia y querernos que los lectores que en él enseñen, lo hagañ conforme a la fórmula y grado del magisterio" (8). Y para que esta disposición tuviera fuerza de ley y que nadie pudiera invalidarla, segunda y tercera vez fué ratificada por la Asamblea suprema de la Orden. Y de su perenne vigencia nos dan fe los anales de Puerto Rico, que a todo lo largo de los siglos XVII,, XVIII y parte del XIX; nombran los Profesores y mencionan los actos públicos académicos de la- Institución. 80.—Pero ¿qué era un Estudio General? En la legislación civil significaba Universidad, montando tanto decir Estudio General como expresar Universidad. Era el centro superior escolar, donde se enseñaba cuanto en las épocas pasadas se solía y podía enseñar, señaladamente las cuatro facultades de entonces: Filosofía, Teología, Cánones y Medicina. Y aunque no siempre se simultanearon en unMEstudio General estas cuatro enseñanzas, por circunstancias especiales, pero siempre las podía tener y para ello estaba autorizado. Consiguientemente, en un Estudio General o Universidad, los —806—


bien;

alumnos se graduaban en la facultad que seguían y se les confería aptitud para ocupar los cargos y prebendas, que reel Estudio Genequerían semejante preparación. Pues ral, en la Orden de Santo Domingo, era una TJniversidad privada, cuyas enseñanzas terminaban en la habilitación de sus alumnos religiosos para las cátedras de la Orden, y cuyos lectores o profesores eran candidatos a los grados de presentados y maestros, puesto y premio el más encumbrado y estimado en la corporación. En la esfera cultural, en el areópago cerebral de los Padres Predicadores, prestigiaba más el" título de Maestro y aún el de Presentado que el de Prior local Provincial o General. Por donde se podrá graduar la importancia del Estudio General, establecido en el Convento Domínico de San Juan, y que sin interrupción continuó existiendo, hasta 1821. ¡ Ojalá algún día se logre formar el elenco de los jóvenes procedentes de Santo Domingo, Cuba y Venezuela, que se graduaron aquí para Lectores, y de los Lectores que, tras seis o doce años de ejercicio meritorio, recibieron la borla de Presentados y Maestros! 9o.—La validéz académica de los estudios hechos en el Convento de .Santo Domingo no se extendía a los estudiantes de fuera, por ley general. Sí los comprendió alguna vez, por indultos particulares. Mas aunque a los extraños, cléri-. gos o seglares, los cursos en este Convento no les facultara para graduarse, sí les impartía igual ilustración que a los religiosos, y hasta los habilitaba para pasar exámenes de graduación en centros universitarios, con opción a la borla, a la cual se podía aspirar, mediante rigurosos exámenes de prueba final, en aquellas temporadas en que el Estudio Gen ral gozaba de Indulto. Y, por supuesto, como para la inmensa mayoría de los cargos y •prebendas de entonces era innecesaria la titulación académica, bastando la suficiencia y aptitud, éstas las adquirían en nuestro Estudio General cuantos aspiraban de veras a los elevados puestos eclesiásticos o civiles, dentro .y fuera de la Isla. Así se explica claramente que muchos na-307--


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tivos de las pasadas generaciones llegaran a desempeñar altos puestos; sin ,haber frecuentado otras aulas que las abieresta ciudad. Y pues ello fúé así; ¿cómo no mirar con tas ojos de complacencia el Convento de Santo Domingo, troquel de tantas inteligencias y voluntades que dignificaron este país? 100_Pero los. tiempos avanzaban, la población crecía y los anhelos de preparación rigurosamente académica y digamos cotizable, se apoderaba de todos losespíritus. De tal estado social surgió el proyecto de elevar el Estudio "General de Santo Domingo a Universidad ,calificada, desde segundel siglo XVIII. Menudearon las reuniones para enda mitad cauzar el asunto, cruzáronse oficios entre los Cabildos y el M nasterio y se elevaron razonados informes a la Corte de España.. El resultado práctico de todo este movimiento fué consecución de una Real Orden, de 1788, que daba realce académico a los cursos del Estudio General, en tal forma que, quien los hubiera hecho legalmente, comprobándolo ante la Universidad de Santo Domingo, pudiera graduarse en ella. Trascendente ya en sí esa concesión, sentó precedente el camino para las similares que posteriormente se otorgaron a. otros es'tud'ios de la Isla y especialmente a los de Medicina y Farmacia, en 1816. Los conatos para la creación de la Universidad de Nuestra Señora de Belén, sobre la conciencia colectiva a que dieron unidad y empuje, no resultaron estériles, sino trascendentalmente fecundos. Por de pronto, ellos se debe la real Orden aludida y la concreción práctica del proyecto de Seminario, que desde entonces mismo cristalizó. Mas este aspecto pertenece a una época posterior a la que en este libro estudiamos. 11o.—Imperdonable sería la omisión de los dominicos que contribuyeron a la formación y perennidad del Estudio General de Santo Tomás. Al frente de todos, debe figurar el Padre Jorge Cambero, natural de San Juan y entusiasta de .su tierra y de su religión. Tras largos años de .enseñanza y —308=


de prelacías menores, desempeñó el alto cargo de Provincial de esta Provincia de Sta. Cruz, desde 1642 a 1646. Al concurrir al Capítulo General de Roma en 1644, se puede decir que acaparó la atención de la Asamblea, en beneficio de su Provincia. No solo el Capítulo General sancionó el gradó de Presentado concedido por el Vicario General, sino que le otorgó el superior de Maestro; a petición entusiasta de la Provincia. Siempre será sagrada en Puerto Rico la memoria del Padre Cambero. Pareja con la, de éste, es la importancia dei Padre Jacinto Martínez, predicador general en los conventos más importantes de la Provincia, en momentos cruciales para ella, por el elemento portugués que la perturbaba. Fué elegido Provincial para el cuatrienio de 1646 a 1650. Había sido confesor del esclarecido Gobernador Iñigo de la Mota, de tan eficiente gobernación sexenal, quien se lo llevó consigo en su ascenso a la Presidencia de Panamá. Fué este Padre Jacinto quien logró del Capítulo General celebrado en Valencia de España, en 1547, la elevación del Convento de Santo Domingo a Estudio General. Con letras de oro debe escribirse en los anales puertorriqueños el nombre del Padre Jacinto Martínez, meritisimo hijo de esta ciudad de San Jüan. A sus lado merece puesto el Padre Diego Romero, que en 1650 le sucedió en el_ Provincialato, para el que fué reelecto segunda y tercera vez. El fué también el iniciador del Estudio General del Convento de La Habana, que en años posteriores desenvolvióse en Universidad. Alrededor de estastres sobresalientes figuras, merecen agruparse los nombres del Padre Antonio Rojas, Prior de Santo Tomás en 1625, que de ahí pasó a serlo de Monte Plata y Lector de la Universidad' de la Española, donde mereció el grado de Presentado. No son olvidables los provinciales, Enríquez, Calderón y Padilla, (que naufragó, viniendo o yendo a la visita de Puerto Rico) los cuales fueron preparando los caminos para vializar los estudios mayores en esta Isla. 12o.—Por último y aunque silenciando con pena los nombres de los muchos lectores conocidos del Estudio Ge--309—

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neral, plácenos reproducir la lista de los religiosos que, en 1695, integraban el Convento de Santo Domingo. Héla aquí: Francisco Gutiérrez, Presentado y Prior; Diego del Godo, Sub-Prior; Ignacio de Riveira, Alfonso de Mieses, Sebastián de Dávila, Maestro de Novicios; José de Leyba, Pedro Calderón, Pedro de la Escalera, Juan de Pastrana, Andrés Bravo, Miguel Bravo, Sebastián Dávila, Antonio Quiñones, Juan Blanco, Francisco Martínez, Agustín Ortiz, Mauricio Gauna, Pedro García, Presentado; Felipe Lavano, Lector de Teología; Dionisio de Morillas, Lector de Artes; Juan López, Francisco Reguera, Maestro de Estudiantes, y Abel Pérez (10).

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13o.—Una flor de santidad del Convento de Santo Domingo ofreceremos ahora a nuestros lectores. Nos referimos Padre Francisco de Peraza, nacido hacia 1592 en la ciudad de San Juan y que, después de una vida de extraordinaria santidad colmada de prodigios, durmió el sueño de los justos, en. el Convento de Caracas, el año 1662. De la ejemplaridad de este santo varón se hizo eco el Padre Marinis, General de Orden, en su carta de 17 de marzo de 1664, en la que asegura de él que sobresalió en la observancia regular, en la penitencia y austeridad y en el don de milagros y predicción de su muerte. De modo, pues, que con significado rigurosamente ,literal puede ahora afirmarse que el Convento de Santo Domingo no solo floreció en letras, sino también en virtudes y que después de siglo y medio de haber afirmado los Obispos mexicanos Garcés y Zumárraga que "aquí se vivía ad norman crucis", según lo sabían por vista de ojos, seguía ello siendo una consoladora, verdad. NOTAS: 1.— 2.-3.—. 4.--

Bol. Hist., II, 88. Tapia, 339 y 344. Cuesta Mendoza, A: Los Dominicos. Tapia,. 464.

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~ ~ 5.— Acta Cap. Gen. VII, 132 y 160. "Confirmamus et approbámus erectionem factam in domum noviciorum conventus. Sancti Thomae Aquinatis de Therto Rico, ut in i11á ,possint educani novitii, recipi ad habitum et professionem emittere". 6.— Bol. fist. XI, 201. 7.— BOI. fist., II, 67. 8.— Acta Cap. Gen. VII. "Erigimus conventum Sancti Thomae de Puerto Rico ill Studium Generale hujus Provinciae, volentes quod Lectores ibi legendes legant pro formula et gradu magisterii". 9.— Br., P. ¡E. Leg. 30. 38 y 39. 10.— Br., Corr., legajo 3, 38 y 39

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CAPITULO XXIX CONVENTO DE SAN FRANCISCO lo. Convento de Caparra. — 2o. Los mártirés de La Aguada. — 3o. Dos aclaraciones. — 4o. Un Tesorero y un Obispo. = 5o. Causas de la demora. — 6o. Los esposos Aguilera-Menéndez. — 7o. Religiosos notables: _ 80. Memorias pías. — 9o. La del Obispo Escañuéla. — 10o. Venerable Orden Tercera. — 11o.—Cátedras de Primeras Letras. — 12o. La Provincia de Santa Cruz. --- 13o. Intercambio yirofesional. — 14o. ¿? 1o.—No hay razón suficiente para que ocupen páginas de este libro los franciscanos de La Española o de cualquiera otra región americana. Harto estrechas resultarán para compendiar el historial franciscano de Puerto Rico. Al tiempo de la venida de Ponce. de León, sí los había y eran los únicos en La Española y para esta Isla fueron pedidos y prornetidos. De que vinieran, se ocupaba el Rey. Fernando, en 1511, pues les mandaba' fabricar convento, alababa su vida y ordenaba entregarles lós hijos de los caciques, para su adoctrinamiento religioso y social. ¡ Lástima de plan tan suave y cuerdo, frustrado eh su nacimiento! ¿ Realizóse o no se realizó el plan de la fundación de Caparra? En sentido afirmativo existen dos pruebas. La de que, huyendo a la Justicia un sobrino de la mujer de Ponce se refugió en el monasterio, en 1515 (i) y la de que para fundar los franciscanos, en San —813—


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Juan, en 1634, adujeron el argumento, que resultó eficaz, de que era reedificación (2). Además diríase que la Orden Real de fabricarles convento obedecía a su ya existencia o, próxima y sancionada venida.

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2o.—De que también en La Aguada hubo convento de franciscanos, hay absoluta certeza histórica y hubiera sido una gran fundación, de no ocurrir el asalto caribe, que redujo a pavesas poblado y convento, con muerte de cinco religiosos, que fueron los protomártires de la Isla. Lamenta Torres Vargas desconocer sus ñombres, "por la antigüedad y falta de archivos y papeles", y nosotros podemos repetir sus palabras, si bien advirtiendo que, en el Archivo General de Indias, existe rica documentación todavía instacta, sobre éste y otros hechos franciscanos de Puerto Rico y las Antillas (3). 3o.=Dos puntos hay que aclarar, sobre todo lo que Torres Vargas y algunos escritores modernos discurren demasiado: que los franciscanos sobrevivientes de La Aguada se ausentaron por preferir ser confesores a mártires. Parécenos grauita opinión. Cuando os persigan, fugite in aliam, dictó°el Divino Maestro. Por falta de seguridad de vida y hacienda, se despoblaron más de una docena de incipientes poblejos de la Isla, y por motivo idéntico se retiraron de San Germán los dominicos, tras repetidos asaltos caribes; ,regresando hasta 1606, cuando la villa se había definitivamente asentado en lugar seguro. El segundo reparo se opone al cronista, sobre lo que dice de la oposición de los dominicos a la vecindad de los franciscanos. Con tal motivo se sacan a plaza envidias, resquemores, celos, rivalidades y anhelos de predominar exclusivo. ¡ Tonterías! Sabiamente el Derecho Canónico disponía que no se multiplicasen los conventos, donde unos a otros pudieran perjudicarse, en su subsistencia y apostolado. Y dispone además que los existentes puedan y deban oportunamente reclamar contra el establecimiento de los que, por su proximidad, puedan inferirles perjuicio. Obran--314—


do así, hay ejercicio de un derecho sagrádo y' hasta de una obligación ineludible, ya que siempre fué mejór prevenir que remediar. Desatino hubiera sido erigir a la vez dos monasterios en la capital de 1521, que por entonces fabricaba sus primeras casas, y en 1528, aún no contaba sino con 120 edificios, de tablas la mayoría. Pero cien años después, ya era otro el cantar, cuando San. Juan había crecido notablemente y sumaba más de cuatrocientos, o quinientos vecinos. Por ello en esta ocasión falló la oposición de los dominicos, carente de base legal. '4o.—Dos personajes influyeron principalmente en la fundación franciscana de la Capital: Don Francisco de Villanueva y Lugo, Tesorero de la ciudad y el Obispo López Agurto de Mata. El primero, hallándose en Santo Domingo, en 1633, "por devoción del nombre y del santo", pidió la fundación a los padres franciscanos que iban a Caracas al Capítulo Provincial. El segundo, que en 1634 se hallaba de visita pástóral en La Margarita, no solo les otorgó a los franciscanos. la licencia que le pedían, sino que los ayudó con mil ducados, "cumpliendo con la obligación de •su oficio", comenta elogiosamente Torres ' Vargas. De resultas se presentaron én San Juan, los franciscanos, en 1634 (4). Fueron pues diligentes en venir a fundar, como si de antiguo lo estuvieran deseando y solo esperaran una oportunidad. Los ocho años 'empleados en agenciar fugar apropiado y licencia real, no fueron muchos, dada la lentitud obligada por 1'a' distancia de la Metrópoli, la dificultad de las comunicaciones y el vencimiento de la oposición. El 11 de septiembre de 1641, el Rey extendía la licencia, y el 3 de 'octubre de 1642, el Ayuntamiento daba a los frailes posesión del solar pedido (5). A los •tres años completos tenía efecto la dedicación de la Iglesia, según la lápida hallada tras del altar mayor, en julio de 1925, y que hoy se halla en poder del Señor Hostos,, historiador insular. Modestísima debió ser la iglesia. de los' .primeros años, y más modesto el convento,. pues "aquella se reducía a •-315— ~


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un bajío, subYerto de paja capaz de hasta treinta personas" y ésta "en la misma conformidad", a decir del Gobernador Aguilera, en su informe al Soberano •de 1651 (6). Sin embargo de ello, debióse construir ya entonces la Capilla Mayor .de material y bóveda, pues la lápida conmemorativa hallóse en la pared del testero. 5o.—Tal estrechez primitiva origiñóse de dos causas: 1a. muerte la prematura del Gobernador Silva y Figueroa, fallecido al. medio año de haber tomado posesión, el cual se había ofrecido a los'religiosos del señor San Francisco de dar principio a la obra de su convento con el año de 1642 y cuando murió que fué por navidad de 1641, "trataba de salir a pedir limosna por el lugar, deseando imitarr y seguir los pasos de su antecesor Don Iñigo de la Mota Sarmiento, en las obras que hizo en los templos" (7). La otra causa fué que los franciscanos de San Juan no disfrutaron de la esplendidéz regia, como los dominicos; mimados de Carlos V, en fabricación de su monasterio,, como precedentemente expusimos. 6o.—No deja de ser notable la exageración con que, en 1651, da cuenta el Gobernador Aguilerá de la calidad de la y•convento levantados por él: ",fábrica .real y mejor que se halla en todas las Indias", porque en verdad todo ella fué siempre infjerior a lo erigido por los dominicos. Sí se ajustó a la verdad, al decir que se había "hecho todo este gasto con limosnas e in£eligencia, sin que de parte de Vueshaya dado ninguna". Más que nadie contritra Majestad buyó a la obra el propio Gobernador Aguilera, que además de grandes sumas pecuniarias que aportó, "empeñó las alhajas suyas y las de su esposa y hasta los bienes dotalés de ésta" (8), según se lee en el Libro Becerro del convento. En agradecimiento, sus armas fueron puestas en lo alto del altar mayor. Cuando eu 1577 su viuda Doña Ana Menéndez de Valdés vió tan mermada su hacienda que necesitó de ayuda, la recibió del convento durante años, según consta en el mismo Libro Becerro. (9). En lo que sí contribuyó la Hacienda Real


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fué en la dotación de la sacristía con alguna esplendidéz, me-; diante el donativo de dos mil pesos que se colocaron a ceiso en el hato de Cangrejos, perteneciente a la familia Calde= r dóñ. Eñ agradecimiento, se aplicaban en 1677 doce misas cantadas por los Reyes y otras doce por el Gobernador Aguilera. 7o.—Desde sus comienzos habitaban el convento franciscano notables religiosos, entre los que, en 1641, sobresalía uno de quién se expresa así Alonso de Solís, precisamente ocho días antes de dormir el sueño de los justos: "El consuelo que he tenido en esta tierra es haber tenido en ella un santo fraile de San Francisco. Y pienso que si Dios no ha enviado un castigo a ella, es por él y así Vuestra Majestad no consienta que salga de ella y si Vuestra Majestad lo hace cabeza de esta Iglesia lo acertará. Llámase Fray Martín de la Cueva y Manrique. Es primo del duque de Maqueda y dei duque .de Alburquerque y sobrino del marqués de Lores de' Avila, es gran predicador, cTe mucha virtud, etc". (10) En` 1641 era guardián el Padre Bartolomé de Mendoza, que vino a ser el fundador del convento; en 1645, el Padre Pedro de Almagro, cuyo nombre y cargo registran las páginas del Sínodq Diocesano; en 1651, el Padre Benito Arriza de Sobremén ; en 1656, el Padre Francisco González de Albornoz; en 1660, el Padre Cristóbal Fulero; en 1675, el, Padre Juan Pecador; en 1676, el Padre Antonio del Rosario y, en 1684, el Padre Juan de Rivas. Algunos de los mencionados eran nativos, que como otros coterráneos fueron lectores y superiores en Venezuela y Santo Domingo. Sobre todos ellos descolló el Doctor Blas Calderón, ingresado en la Orden en 1688 y, que años adelante fué elegido Provincial de la Provincia de Santa Cruz. 80.El pueblo recibió con afecto la fundación y desde luego contribuyó a sostenerla con memorias pías. Llámanse asís los legados dejados en testaTnento, montantes a algunos centenares de pesos, d'e cuyo rédito anual debían celebrarse —317—


en el monasterio sufragios periódicosf por las almas de los legatarios. La primera de estas memorias fijé hecha en 1644 por el prebendado Melchor Luis de La Vega, consistente en un principal de 125 pesos, de cuyos intereses debían pagarse en cada, año dos misas de corillo. Hasta 30 de estas memorias pías habían sido dejadas al Convento, al finalizar el siglo XVII, y 122 las consignadas hasta 1839, en qué cierra el Libro Becerro. 9o.—De una memoria pía plácenos dar cuenta aquí, fundada en el Convento de San Francisco por el Obispo Escañuela, el 15 de septiembre de 1676 y que ocupa el número doce entre todas las de dicho monasterio. La •del señor Escañuela constaba de un capital de 600 pesos, con dos cargas: una puramente espiritual, de cuatro misas anuales por su alma en altar. privilegiado, seguida de la oración del Santo Sudario y otra caritativa consistente en el reparto semanal de dos grandes tortas de casabe entre los encarcelados. Patrono sería el, Ordinario. Luego el Presbítero Susarte y usufructuarios en sus días sería el presbítero Francisco Cortinas y .después el Convento. El orden en el reparto sería: españoles,, criollos, soldados y forasteros (11). 10o.—Acostumbraban los franciscanos establer, en donde levantaban sus pabellones, la Venerable Orden Tercera, una asociación de seglares de ambos sexos, que se imbuían de su espíritu de austeridad religiosa. Ya en 1655, la organizada en San Juan, presidida por el médica cirujano Agustín de Herrera, pedía al definitorio provincial aprobación del reglamento de gobierno. Y tal vigor animó desde su origen á esta asociación, que luego contó con medios suficientes para construir capilla propia, al costado derecho de la iglesia, con entrada directa desde la dalle, aunque comunicada interiormente con la nave central. En ella celebraban los Hermanos sus ejercicios devotos y en ella tenían su enterramiento. Para la construcción de esta capilla había pedido autorización al Provincial, Don Juan Guilarte de Salazar. Cuando, a media-318—


dos del siglo XVIII, la Venerable Orden Tercera constríiyó una capilla• mayor, que es la hoy conocida por Capilla Franciscana, la primitiva pasó a ser parte in£egrante de la Iglesia de San Francisco. 11o.—Por encima de todas las actividades religiosas de los Franciscanos en San Juan, resalta la que ;desarrollaron, en pro de la cultura e ilustración popular. Por concedido, que esta actividad no fué tan extensa en tiempo como la de los dominicos, pues la de éstos se inició un siglo antes y llegaba a la plenitud de su desarrollo, cuando todavía andaba en mantillas la fundación de los franciscanos. Cuerdamente éstos iniciaron su docencia por la de primeras letras, a que nunca, parece, dedicaron su atención los hijos de Santo Domingo. Afortunadamente dimos con el nombre del primer maestro en el archivo arzobisal ,de Caracas en 1931. Su nombre: Ignacio Jubera. Llegado de España en mayo de 1656, fué destinado primeramente a la enseñanza, en el convento de Trujillo, Venezuela., En diciembre de 1659, fué trasladado a San Juan, en calidad de maestro de primeras letras. Como ya en esa fecha existía esa cátedra en el convento, evidénciase que anteriormente otros franciscanos la desempeñaron, de modo que podemos asegurar que son coetáneos en Pto. Rico el convento de S. Francisco y la iniciación de la enseñanza no familiar de, las primeras letras. Y por supuesto que esta cátedra subsistió siempre en adelante en la ciudad +de S. Juan. Como los franciscanos cosecharon desde su llegada en 1634 muchas vocaciones y montaron aquí noviciado, es lógico concluir que, a continuación de las primeras letras, enseñaron las subsiguientes asignaturas de Filosofía y Teología, en noble emulación con los dominicos, aunque no lo podemos todavía probar documentalmente, pues hacían lo propio en los .demás conventos de la Provincia. 12o.—Para cuya inteligencia se ha de saber que nuestro convento no era una célula única y separada, sino parte integrante de una entidad llamada Provincia de Santa Cruz al —319—


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principio, y luego, de La Española y Caiacas. Su escudo ,de distinción era el signo de Cruz Redentora, eón la siguiente leyenda: "Ecce crucem Domini, fugite partes adverrsae". De modo que la componían 10 o 12 conventos radicados en estas tierras, y que se daban la mano unos a otros e intercambia ban perdiódicamente su personal y eran regidos por un superior llamado Provincial. Í3e vez en cuando recibían la visita de un enviado del Padre General o del Comisario Genede Indias residente en Sevilla, con jurisdicción sobre top caos los franciscanos residentes en este hemisferio, nativos u, originarios de la Península. 13o.—Y éste es un aspecto escapado a la investigación de los historiadores regionales, a pesar de la importancia que tiene. Porque esta intercomunicación periódica antillanovenezálana y con España, impidió el rutinarismo entre los profesores del convento de San Francisco, a diferencia de lo que acaso ocurría con el clero nativo, que no era renovado, sino con la muerte, ni solía ver otros horizontes que los limitados isleños. Los religiosos de San Francisco, prácticamente todos, fueran o no fueran nativos, de tiempo en tiempo pasaban a los conventos de Venezuela y Santo Domingo y eran reemplazados pór los que de esas tierras venías, llevando allá y trayendo acá, respectivamente, nuevas ideas y planes, con ventaja para la mejora de los estudios. Además, cada tantos años se trasladaban algunos a España y Roma, como electores y votantes .de los Capítulos o Asambleas generales de la Orden. 14o.—El arcaísmo que en el lenguaje dominicano creyó advertir el muy erudito Pedro Henríquez Urelia, debido al aislamiento en que la Española quedó y que se acentuaría en Puerto Rico, queda muy desvirtuado, atendida la corriente contínua e intercambio de personal docente, que hubo siempre de unas Antillas con otras y con Venezuela y España, sin hacer mención especial de los Obispos, todos ellos ilustres —320—


por sus letras, que sucesivamente llevaron el báculo pastoral de la Isla. NOTAS: 1.— 2,= 3.-4.— 5:--

Documentos Inéditos de Indias, T. 36, 432. Tapia, 464 y 476. Tapia, 466. Tapia, 464, 466 y 484. Cuesta Mendoza, A: Rist. Ed., I, 93, `donde se reproduce el acta de la toma de posesión. 6.— Br., Puerto Rico. en Sevilla, 18. 7.— Tapia, 498. 8.— La Verdad, 1915, pág. 139. 9.— La Verdad. 1915, pug. 139. 10.— Br. P. E. 122. 11.— La Verdad, 1915, 222 que lo copia del libro Becerro. 12.E-- 8enrfquez Urefia, P.: La Cultura.

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CAPITULO XXX CONVENTO DE RELIGIOSAS .lo. Conventos antiguos. — 2o. Conventos modernos. — 3o. Una marquesa monja. — 4o. Angustiosa realidád social. 5o. La ciudad trata de remediarla. — 6o. El Dean Lizama, ofrece 1Ó.000 ducados. — 7o. Pide el patronato. 80. Respuesta del Rey. — 9o. Reitera la ciudad su petición. — 10o. Ley histórica. —110. Familia de Doña Ana de Lanzós. —12o. Hacienda dé la misma. — i3o. Leñta cristalizáción del proyecto. — 14o. Escritura de dotación. —15o. Licencia del Rey. — 16o. Vienen, las fundadoras. — 17o. Un cronista testigo. — 1So. Se establece lá clausura. — 19o. Las plazas dotadas. lo.—No hubo ciudad importante en Hispano América que a los tantos o cuantos años de fundada, no contase con algún monasterio de religiosas. Si no faltan hoy y aún los hay en mayor número, a pesar de. los cambios verificados en costumbres e ideas, a nadie extrañará su existencia, en los si= glós coloniales, de intensa vida religiosa y de grave austeridad de costumbres para la mujer. Conventos de Monjas surgieron en La Habana, Santo Domingo y Venezuela,, por no citar las opulentas metrópolis de México, Lima y Santa Fé de Bogotá. Eran estos monasterios reproducción y trasplante de los de España, matizada de ellos en grandes ciudades y' —323—


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i en poblaciones pequeñas. En América, como en Andalucía y Castilla, Aragón y Valencia, los hubo de tipos variados, en reclusión de retiro, indumentaria de colores y parcedad y pobreza de viandas. 2o.—Para mayor ilustración del avisado lector, :diremos que con mayor profusión hoy que ayer, el árbol de la religión católica sigue en nuestros días'?notando estas flores de heroicidad, que se llaman con! nombre genérico Religiosas, y con el específico, de tal o cual advocación del Señor, de la Virgen María o de varios santos. Relativamente al número de católicos, hay mayor número de religiosas en los países sajones que en los latinos, de tradición cultisecular católica. Sorpresa se llevará quién otra cosa opinare al viajar; verbigráciá5, por •ló Estados Unidos, donde las Religiosas sé° cuentan por centenares de miles, pululan por calles° y plazas, vapores y aviones- y llenan" escuélas, hospitales y centros: 3o.—Volvieñdo ahora al" Puerto Rico diminuto, mal poblálq y muy tranquilo dé los siglos XVI y 'XVIÍ, veremos cómo• también en él florecía la vida monacal femenina de tipo cláustral, único practicado entonces. mundialmente. Al alborear el siglo XVII y comenzar con él ,a aumentarse la población, se sintió la necesidad` de un alber°gúe para 1ás -muchas jóvenes honradas, qué' ya abundaban y que, por falta tre .patrimonio no• podían casarse o que, no carentes de biennes, se sentían atraídas al" claustro. Las que anteriormente liabiáñ aspirado a, alejarse del bullicio mundanal, disponen. do de medio, se habían trasladado a conventos de España,, al' lado de deúdás nacidas allá, o bien a Santo D`omingó, dotado de conventos de clarisás y dominicas, desde mec Lados de la centuria colpnial primera. Por la crónica de La . ield, que que la nos narra el' asedio irles de 1598,, nos enteramos de ~a ~• t' lüja de un marqués español, casada con un hijo de Puerto Rico, a cjuien su padre "legara más de cien mil• ducados, separada légalm'+ente dé él, gntró religiosa y ".está actualmente eü un convento de Santo' Domingo (1) —324--


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4o.—Portador de esta necesidad popular ante el Trono, fúé Obispo Valbuena que, en 23 cYe novieIrnbre de 1623, escribía haber gran necesidad de un monasterio de monjas "porque ay muchas doncellas pobres y las más de buen nácimiento y virtud, nietas de conquitadores y pobladores antiguos que, por falta de caudal con que casarse conforme a sir calidad, están al riñcóri de sus padres, expuestas a muchos riesgos" (2) . ¡ Cuadro expresivo de una realidad social angustiosa ! Nobles por brillo de la espada de sus mayores, venidas al mundo en esta Isla, conquistada y amada .de ellos, puesto que aquí situaron' su hogar, pero sin caudal bastante para casarse, no coñ cualesquiera hombres, sirio de categoría `=conforme a su calidad" dé ellas. 5o.—Añade el dramaturgo Obispo que, al unísono con él, la ciúdad. anhela la fundación y apronta para ella hasta 10.0Q0 ducados. Lo cual significa de que antiguo aspiraba la ciudad' a tener convéñto de religiosas, y para ello venía juntando recursos. Si hoy ciudades y provincias perentoriánlente se preocupan de procurar colocación a qúieies carecen de ella y están sin trabajo, pues eso mismo realizaban las autoridades de antaño al .cooperar a la erección de conventos de religiosas, en que sus hijas, las hijas de regidores, veciños y habitantes, hallasen un buen pasar vitalicio, a la apacible y preservadora sombra del santuario. 6o.—Pero además de' la ciudad, sigue .diciendo el autor de la Grandeza Mexicana, hay un prebendado que ocupa la siifa primera del Cabildo, que apronta otros 10.000 ducados para la fundación del monasterio mongil, Don Pedro de Lizana, "un clérigo grave y buen cristiano". ¿ Quién era este generoso Deán, que ofreció 10.000 ducados para ayudar a fundar el convento de religiosas? El Obispo (Vázquez) lo ensalza, en su carta de 7 de octubré dé 1604 diciendo "que ha sido de mü cho provecho al servicio de la Iglesia y como a tal le han siem pre cometido los negocios de importancia .y ha dádó buena cuenta de todo, y así, siendo Vúestra Majestad servido, esta. --325—


dignidad (de Chcntre) estará bien empleada en su persona, en remuneración a lo que ha servido a la Iglesia" (3).. De tan laudatorias palabras y de otras parecidas deducimos que, ya desde 1584, más o menos, prestaba sus servicios a la Catedral, pues era menos antiguo en ella que el. clérigo Esteban Franco; ponderado por el Obispo Salamanca, en abril de' 1579 (4) . Varios años llevaba ya de racionero, cuando fué nombrado canónigo, a principios de 1604. Por recomendación del Obispo Vázquez debió ascender a la 'Chtantría, de la que pasó al Arcedianato y ya en 1613 le hallamos sentado en la silla deanal (5). A los 30 y más años de servicios y economías, este buen clérigo había reunido la suma •disponible de 10.000 ducados, que ofrecía para la dotación del convento de monjas, quedándose para su sustento propio, por el resto de sus días, con solo los frutos de su prebenda. 7o.—Mas fijaba para ello la condición de que se le reservase el patronato del monasterio.. Aspiración era de aquellas edades el pretender la sobrevivencia de las personas, anexándola a una memoria pía o a un patronato monasteriaL Y tal fué también la aspiración del deán Lizana, al despreñ erse de los ahorros de toda su vida, prolongándola en la memoria del patronato del monasterio. No había transcurrido todavía un año de su ofrecimiento, cuando rendía su espíritu a Dios y pasaba a la vida imperecedera, pues su plaza estaba vaca, en 18 de julio de 1624 (6). 80.—Esforzaba el Obispo Valbuena su •petición de monasterio, suplicándo al Rey que fabricara iglesia y casa para cien monjas, ya que abundaban los materiales sobrantes del castillo del Morro (7) . La contestación del Rey se limitó a aprobar ed pensamiento, con exigencia de que antes de pasar adelante, se situaran las rentas necesarias. Así se hubiera hecho indudablemente y desde entonces habría San Juan disfrutado de fundación tan apetecida. ¿Por qué entonces se demoró por espacio ,de 25 años más? Por la misma fatalidad que paralizó muchas empresas en Puerto Rico, retrasando su des-326—

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arrollo en medio siglo, cuando menos. Y la causa fúé la invasión y ataque holandés que azotó la tierra, empobreció la Catedral, destrozó el convento de Santo Tomás, y arrasó 46 casas de piedra y 52 de madera, es decir, más de la cuarta parte del caserío. 9o.—No bien repuesta del desastre, la ciudad volvió a mover el asuntó de la fundación del monasterio .de religiosas, exponiendo que había "más de 50 doncellas, hijas y nietas de padres nobles y pobres, conquistadores y pobladores de la Isla y que por sus grandes necesidades no tenían con qué casarse y deseaban ser monjas", suplicando la licencia para fundar convento ",donde pudiesen entrar religiosas, para lo cual pedían él sitio de una casa donde solía estar la casa real y ya es hospital, y cal, ladrillos y tejas de los destinados a las Fuerzas. A la petición de la ciudad unió su informe favorable, en 17 de enero de 1642, el Gobernador Don Juan Bolaños, uno de los más eficaces gobernantes de Puerto Rico. 10o.—Mas todas estas gestiones de los vecinos y sus cabildos hubieran sido ,de ninguna eficacia, a no aparecer una rica dama, que brindó toda su cuantiosa hacienda para la fundación del Convento. Diríase ser ley histórica que, para todas las grandes obras de carácter religioso-social, haya de ser una mujer, quien las facilite con su influencia y recursos. Así sucedió en la Española, donde la viuda del hidalgo Arana dotó el convento de Religiosas Dominicas, y en Caracas, donde el Convento de Concepcionistas lo fundó Doña Juana Velilla con sus hijas, en 1616. Y respecto de Puerto Rico, parece ser una como ley providencial que hayan de ser hijos de la tierra los que arrimen el hombro para la organización y dotación de sus mayores empresas, tras el fracaso de las gestiones realizadas para lograr ayuda exterior. Así aconteció en el asunto de 1'a fundación del monasterio para refugio de veintenas de doncellas nobles y honradas, y en la empresa de la creación del Seminario Conciliar para la formación de eclesiásticos. Para lo segundo deparó la Providencia —327— h


al acaudalado y piadoso Miguel Xiorro y para lo primero a Doña Ana de Lanzós. 110.—De rancia nobleza gallega, descendía y .había nacido ,en Puerto Rico dicha señora, en los últimos a s del siglo XVI o en los primeros del XVII. Su casa solariega era blasonada y tenía por emblema nobiliario una torre coronada de tres torrecillas; orla de oro, con cuatro lanzas de hierro, de azar, y en el jefe e interior troncos de lanzas. Tenía tres hern+~anós: el presbítero Don Diego de Lanzós, Doña Ana de Lanzós y Doña Antonia de Lanzós. Por su padre o su madre, era sobrina carnal de Don Diego Menéndez de Valdés (Don Alfonso de Valdés y Don Francisco de Valdés, descendientes de Don Diegq ll enéndez de Valdés, de clara memoria, Gobernar dox que fuera, de Puerto Rico, desre 1582 a. 1593, tronco de una de las familias más nobles y numerosas de la Isla, y fundador primero del pueblo de Manatí (9) . Estuvo casada con el Capitán Don Pedro de. Villate y Escóbedo, hermano del otro Capitán Don Santiago de los mismos apellidos, que se distinguieron heroicamente en la defensa de la ciudad, dontra él invasor holandés, en la fecha tantas veces mencionadá (10) . Parece que Doña Ana de Lanzás no tuvo familia en su, matrimonio. Ignoramos si su esposo era natural de la Isla o venido directamente de España. Por lo menos su cuñado el Capitán Santiago era solamente "vecino de esta ciudad". 12o.—,De quién heredó Doña Ana de Lanzós .sus blasones y bienes? Es extraño que, tratándose de bienes vinculados, y teniendo un hermano varón, el clérigo Don Diego; no fuera él el heredero y usufructuario de ambas cósasr que pasaban de padres a hijos por línea de varones. Lo averiguado es que ni Don Diego, ni Doña Ana o Doña Antonia de Lanzós disfrutaban de ellos, sino privativamente nuestra biografiada. Al ponerse en venta al mejor postor la casa-colegio de San. Ildefonso en 1633, por el Obispo López Agurto; la que mereció la buena pro fué nuestra Doña Ana, que se comprometió a pagar anualmente de .renta hasta mil reales, en vez —328—


de los doscientos que pagaba el anterior, inquilino. Este .edi_ ficio con 'su solar había servido ,de hospital, en los primeros años de la colonización, y fué construido por el Obispo Manso con la parte de los diezmos, señalados para ello. Porque el Hospital de la Concepción hizo innecesario el de San Ildefonso, a mediados •del siglo fué éste convertido en colegio y sus rentas diezmales transferidas a la fábrica de la Catedral; con su cuenta y razón, para devolverlos al Hospital o emplearlos en la enseñanza más adelante, lo que nunca se verificó. Siguió el edificio utilizándose para enseñanza de la Gramática hasta 162a, en que fué maltratado por el holandés. Para no interrumpir la enseñanza, fué transferida ésta a unía .de las salas de la Catedral, y reparado luego el colegio lo arrendó para vivienda propia el arcediano don Luis Ponce de León, que tuvo que abandonarlo, al ser comprado por Doña Ana de Lanzós, en 1633. Para comprometerse Doña Ana a pagar mil reales anuales por renta de esta casa, debía disponer de otras Rropiedades productivas, y así era efectivamente, pues era dueña del Ingenio de Luis. ,de Canóbanas, que solía rentar .hasta mil quinientos pesos al año; Era, pues, dama acaudálada la fundadora del Carmelo en nuestra ciudad.

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13o.—Ahora bien; ¿cuándo y con qué motivo surgió en su alma el pensamiento de hacerse religiosa? .Probablemente al perder a su esposo el Capitán Villate y quedar sin hijos a quienes educar y traspasar su hacienda. ¿Habría ya enviudado y soñaba con vestir lá toca carmelitana al comprar el inmueble del antiguo hospital-colegio? Nos inclinamos a creer q,ue a lo menos, como un deseo vago, como una aspiración imprecisa. Ordinariamente las empresas de trascendencia van poco a poco tomando cuerpo en el espíritu. humano; incrementándose y concretándose a'impulsos de las circunstancias. Per los mismos años, en La Habana y Caracas, agitábase el proyecto de erigir monasterios de religiosas, lo que no se se ignoraría entre la familias piadosas de aquí. La primera semilla la arrojó al surco el Obispo Valbuena, ,que la.hizo rna--329—


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tenia de ofrecimiento y gestiones por parte de ambos Cabil-

dos. De todo esto estaría al corriente la futura fundadora y lo conversaría con los visitantes de familia que tenían hijas casaderas, con o sin dote, pero anhelosas de la vida retirada y claustral. Así que poco a poco el proyecto fué madurándose en su, mente y tomando posesión absoluta de su corazón. La empresa era dificultosa en verdad, pues no se trataba de un asunto particular suyo, sino de llenar una aspiración popular, que requería grandes sumas de dinero y larga tramitación oficial. La misma fundación del convento franciscano en Puerto Rico, aún llegados aquí sus fundadores, consumió ocho años en ser autorizada, y muchos más en verse cumplidamente realizada. De todas maneras, Doña Ana comenzó a adaptar para monasterio su Casa-Mansión, que al estilo de las buenas de la época, comprendía toda una cuadra. Cuanto la ciudad y particulares habían llegado a ofrecer nuevamente, no pasaba de 18.000 pesos, esperando que la munificencia real brindase cierta casa y los materiales necesarios para adaptarla y ampliarla. Como el tiempo transcurría, sin que la ambición de todos cristalizase en algo concreto, en un arranque definitivo Doña Ana escribió al Rey ofreciendo para la fundación hasta 50.000 pesos de a 8 reales .de plata cada uno, por de pronto, y el resto de su hacienda, para después de sus días. Tal rasgo de generosidad trajo la licencia

del Rey. 14o.—Al hacer Doña Ana su ofrecimiento, bien. aleccionada y muy discretamente, fijó ciertas condiciones reducidas a las siguientes: 1a que puedan entrar religiosas, sin dote alguna, seis de sus parientas por una sola vez; 2a. que las de'más hayan de traer doce mil pesos, de a 8 reales de plata cada uno y 400 para su manutención en el noviciado, sin rebajarse nunca esta cantidad; 3a. que ella ejercería el patronato durante su vida, y después de ella sus tres hermanos ya mencionados y sus hijos y descendientes (solamente se casó Doña Antonia), a sus tíos carnales, Don Diego Menéndez de —330—


Valdéz, hijos y descendientes comenzando por, sú primo Don ¡Pedro Valdés Éscobedo, Don Alfonso de Valdés, hijos y descendientes, y los hijos y descendientes del tercer tío ya .difunto, Don Francisco Menéndez; 4a. que sobre el arco del prebisterio se fijarían las armas nobiliarias de su familia; y 5a. que la calidad de las religiosas sería la ,de Ntra. Sra. del Carmen Calzado. Los 50.000 pesos los situó Doña Ana "en las casas qué al presente vive, en las que se ha de hacer y fabricar dicho convento, porque al presente tiene bastante capacidad y disposición". Con todos los requisitos legales, firmóse la escritura ,de dotación, ante el Arcediano, Provisor y Vicario General Don Luis Ponce de León, el Deán Don Félix de Gálvez Carvajal, el chantre Don Moreno de Villamayor, por el Cabildo, Eclesiástico; el Alguacil Mayor Melchor Pérez Cerrato, el Procurador General Lic. Diego Pérez Vazco y los testigos Lic. Don Luis Coronado, Lic, Benito López cTe Castillo, ahbogado, y Agustín de Cuadros vecino. La fecha de la escritura es de 25 de junio de 1645, dós meses después de celebrado el Sínodo Diocesano (11). 15o.—Enviada luego la documentación a la Corte, tardó un año en ser despachada favorablemente, con la Real licencia para la fundación, que fué otorgada en Zaragoza, el 1o. de julio del siguiente año. Acaso cause extrañeza este requisito del permiso real para una fundación tan piadosa y que remediaba una necesidad social grave. Mas así lo demandaba el derecho de patronato real, y en el orden práctico la medida era necesaria para firmeza y asentamiento de obras de tanta importancia. Doña Ana acompañó el documento con una exposición a Su Majestad, diciéndole que la fundación se destinaba al remedio y amparó de muchas doncellas virtuQsas y pobres y que las que desean ser monjas tienen que ir a otras tierras", lo que nos hace presumir que ya para aquel año eran varias las jóvenes puertorriqueñas que se habian expatriado, para poder tomar el velo de religiosas (Ibi), Aceptaba el Rey las condiciones indicadas por Doña Ana y a —381—


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1 su vez exigía otras tres: 1a. que las Religiosas estuvieran sujetas al Oríl'inario; 2a. que se asegurara el cobro de los ofrecimiéntos hechos; y 3a.. que ya ultimada 1'a fábrica, se lle, varan las monjas fúndadoras'de otra parte (12). 16o.—Pero, ¿ de dónde conseguir y traer a las fundadoras? ellas debían ser naturalmente ya muy prácticas y veteranas en la profesión religiosa y consiguientemente tras sus muchos años de reclusión; pocas tendrían, ánimos para abandonar su convento y atravesar los mares tan borrascosos y peligrosos. De Sevilla ,no se pudieron conseguir, que- es decir de ninguna parte de España, pues. Sevilla era el único puerto de ella habilitado para el tráfico ultramarino. Las gestiones fueron infructuosas y hubo de acudirsé al Rey .para poderlas traer de Cartagena o Santo Domingo, lo que se consiguió, en 26 de julio de 1648. Fué de esta últina. ciudad, de donde vinieron las tres necesarias. Cono no había. Carmelitas en. Santo Domingo; se4rajeron tres Dominicas, señaladas "por su religión y prudencia y escogidas el 29 de marzo de 1651 por el Padré Presentado Juan Bardeci, Prior de los Dominicos de aquella ciudad, facultado para ello •por el Paci 'e Presentado Provincial Diego Romero. Los nombres de las fundadoras eran: La Madre Luisa de Valdelomar, para prelada; la Madre María de los Angeles Ayala, para vicaria y maestra de Novicias; y Madre Gerónima de Otañez; para tornera (13). Graves riesgos debieron tener en la travesía, pues vinieron resguardadas por una fuerte escolta de 50 mosqueteros. ¡Eran tantas las naves perseguidas y apresadas al dirigirse de una a otra Isla, con estar tan próximas sus costas! 17o.--Muy pocos días transcurrieron entre el arribo de las Monjas de Sto. Domingo y la inauguración canónica del Monasterio. El Obispo Fernando Lobo del Castillo, sucesor de Lódez de Haro, tras breve estancia en la Catedral, se había ausentado para visitar los anejos. Como Provisor, Vicario Géneral y Gobernador Eclesiástico, le representaba el deán Don —332--.


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Juan Mórcelb, be pér t~ó y ,conspíciio eclésíástYeó y' c udadár no. Él dia 1 de julio de 1651 Visite Yel ,ion'ento y lo halló' ajustado y comj leto para e tablecer ya ,formálrneht'o _la cláu,surá. Celebro luego la Santa Misa, ,confirmo solemnemente lior Aba4esa á la. Madre Valdelomar y .desde el' altar, a lo, higo dé lá Iglesia, la; con'd'ujo p ócésionálmeríte hasta ias 'puertas de entrada y la introdujo dentro de la portería, donde las Religiosas le rindieron; hornenájeA de obediencia. A continuación el señor Deán cerró las puertas de la clausura y en demastraeión 'de: posesión ,,.y autoridad le en~regó7 las suaves d éñlir~ dasy todáa las dél monasterio. A tañe iiunow visto aetó' solémné 3' conmóvédor, concurrieron arribos' iabiTdós de 1'a .ciudád. Está est pues, Ja fecha memorable "e histórica de 1'a iauguraciin, dei a vida .claustal femenina *eu `Puerto Rico,, a se dele,rá olvidar y que muy e l breve cwx'i eel'w qu phrá süi ter¢.er centériario. ¡ Trescientos años duranter los cuales un coro 'dé írgénés, verdáderos ángeles de lá tierra, ininterrumpidamente hn estado elevando sus' iigátia's á Gehóvá por el bienestar y prosperidad de esta` tiérrá dónde nacieron 1 ¿Qué familia puertorriqueña no podrá congratularse de haber contado alguna de sus ascendientes en este jardín de azucenas que se llama monasterio del Carmen?. 180.—Habíamos quedado en que la patrona se reservaba el derecho de nombrar 'a seis doncellas para religiosas, sin necesidad de pagar dote. No habían transcurrido dos ,años de inaugurado el Convento, cuando Doña Ana presentó a las cuatro primeras, cuyos nombres deben aparecer en esta historia. La presentación formal tuvo efecto, el 17 de abril de 1653, con Doña Ana de Lanzós, Doña María Menéndez de Cabdevila, hija de Don Lópe Menéndez de Valdés, y cle. Doña María Flores de Capdevilla, ya difuntos, Doña Juana Valdés, hija de Don Juan Valdés y Doña Juana Maldonado; y Doña Juana de. Cuadros, hija de Don Agustín de Cuadros y de Doña María de Lugo Sotomayor, ya difuntos. Finalizamos este capítulo diciendo que Doña Ana de Lanzós no solo entregó su --888—

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hacienda al Convento, sino se entregó también a sí misma, vistiendo el hábito carmelitano. Elegida Priora al terminar su período la Madre Valdelomar, con su talento, discreción y. piedad, hizo florecer la vida religiosa en tal forma, que aún sigue perfumando el ambiente social y poblando de almas el paraíso, después de tres centurias de edificante existencia. NOTAS: 1.— Bol. Hist.; V. .40 a 70: 2.— Br., P: E., l0Ó v: 3:— Br., P. E., 65 y V. 4.— Bol, list: XI, 203. 5.— Br. P. E., 91. 6.— Br., P. E., 104. 7.— Br., P: E, 100: 8.= Tapia; 437. 9.— Tapia; 478: 10.— Tapia, 429 y 437. 11.— Bol, list.. III, 254, 256.

1lbis. Efectivamente em 1632. el cronista dominico Sanmiguel aseL gura que al convento de Dominicas de Santo Domingo ~'veníari .a profesar de La Ha. bana y lo mismo de Puerto Rico"¿ Nouel, C. list.; I; 157: 12.— Bol, list., III;, 252: 253. 13.— Bol, list., III, 257. 14.— Tapia, 465,.

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ACLARACION DE JUSTICIA Lo es dar una explicación sobre las frecuentes referencias en esta Historia a los ataques y hostilidades de otras naciones a las costas y puertos de la Isla, mayormente a la de los holandeses en 1625. Con las rivalidades nacionales uníanse entonces las opuestas creencias religiosas. Los piratas asaltantes eran herejes proselitistas que por igual conspiraban contra la fé de los puertorriqueños que contra el dominio español de la Isla. Con su contrabando de ropas, alimentos y utensilios, deslizaban, donde podían, la doctrina herética y el libro protestante. De una sola redada, recogió en La Española el provisor Nicolás de Añasco hasta 300 biblias vitandas, de que hizo auto público en la Plaza Mayor. Y por lo que a Holanda se refiere en particular, por aquellos años luchaba denonadamente contra España, conquistando su independencia y tomando represalias donde y cómo podía contra los ejércitos españoles que retenían su territorio. Hoy día, el tiempo y el cambio de ideología han suavizado las relaciones internacionales y han hecho olvidar lo pasado, de parte y parte. Holanda es en el día un país acentuadamente católico e hijos escogidos suyos fomentan, desde hace más de cuarenta años, el catolicismo en la Isla, lo que aquí se recuerda, con no escaso interés y gran placer. Con esta oportuna aclaración, ponemos fín al presente volumen, que ojalá pueda ser pronto seguido del segundo, para mayor esclarecimiento del pasado, glorioso por igual al pueblo borincano y a su tradicional Religión.

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APENDICE a) PAPfl ES DE DON SALVADOR BRAU. Eh 1937, tuvimos la dicha á medias de posar en ellos nuestros ojos. Dicha a medias decimos, pues solo fué por unas cuantas horas, distribuidas en una escasa sema. na. Facilitónoslos gentilmente el Rdo. Dr. Vicente Murga, en tanto él practicaba los Ejercicios Espirituales, en el Colegio de Sán Agustín, que' hoy se denomina de San José. Los guardaba en su residencia, ubicada en la Plaza de Río Piedras, que servía también para juntas y reuniones clel elemento católico y universitario de la población. Tres grandes, enor_ mes legajos, integraban estos Papeles. El primero llevaba este títúló: "Cartas Episcopales y Documentos Eclesiásticos": copia auténtica de los originales existentes en el Archivo de Sevilla. Investigación autorizadla. gubernativamente y practicada por Salvador Brau, desde octubre de 1894 a junio de 1897". El segundo legajo se calificaba así: "Correspondencia de los Gobernadores de Puerto Rico, dirigida al Consejo", tomada en extracto de los originales existentes en el Archivo General de Sevilla. Labor realizada por Salvador Brau, desde octubre de 1894 a junio de 1897". El tercer legajo llevaba este rótulo: "Documentos para la His. toria. Miscelánea, muy bien aplicado, a lo que contenía en su interior, todo concerniente a la historia de Puerto Rico, en varios de sus aspectos. Del mérito y valor extraordinario del primer legajo, daba cuenta el señor Brau, en carta de 15 de marzo de 1909, dirigida al benemérito y recordado Obispo, Monseñor Guillermo Jones, O. S. A. publicada en .la Prensa de Puerto Rico, y aún en la de Cuba, de donde transcribimos él siguiente párrafo, referente a dichas cartas: "Tan jugoso fué el hallazgo que, no solo a un hijo mío, sino a tres escribientes más, hube de emplear para copiar parte de un epistolario que, con más de 600 folios, obra en mi poder". Fruto de las notas tomadas entonces son las frecuentes le dán consistencia y valor. El que citas qa~e van insertas en esta obra a veces se pongan aquí reparos a juicios críticos del gran historiador, en

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nada desvirtúa el aprecio ep que le tenemos, ni el mérito insuperable de sus Papeles, pues no todos y siempre podemos acertar en todo. Dónde exactamente se hallan hoy estos inapreciables Papeles de $rau, lo igno. ramos; pero sí nos parece que, para gloria del pasado de Puerto Rico, debiera adquirirlos el Gobierno Insular, la Universidad, el Instituto de Literatura Puertorriqueña, o alguna entidad cultural de las Varias que - honran la Isla. b). ARCHIVO ARZOBISPAL DE CARACAS (AAC). Frecuentemente lo citamos en nuestra "Historia de la Educación del Puerto Rico Colonial". Cuando trabajamos en él, corriendo el año de 1931, contenía hasta 15 legajos interesantisimos para la historia de Puerto Rico, los cuales describimos en el libro citado, páginas 388-390. Baste decir que a dicho Archivo fueron a parar los libros manuscritos de actas definitoriales y de gobierno de la Provincia Franciscana de Santa Cruz, de que formaba parte principal el Convento de Puerto Rico. Mas ¡ay!; con fecha de 8 de noviembre de 1947, un buen amigo, residente en la patria de Bolívar y autor de varios libros de alto valor histórico sobre Venezuela, nos escribió lo siguiente: "En mi deseó de ayudarle en sus investigacioxies, fui personalmente al famoso y tan abandonado E .rchivo Arzobisal...: busqué los libros manuscritos que Ud. cita, y que yó conocía muy bien, por haberlos examinado hace años, y no inc fué posible encontrarlos. Como me dijeron que parte de los libros los habían trasladado a itn Departamento de la Catedral, hablé con Mons: Navarro, Deán y Vicario General, quien me dió toda clase de facilidades. Allí hallé varios libros que efectivamente estaban antes en el citado Archivo Arzobispal„ pero los manuscritos, franciscanos que buscaba, tampoco estaban aquí, o, a lo menos, a mí no me fué posible encontrarlos. ¿Qué habrá pasado? ¿Se lo habrán robado? Ignoro lo que habrá sucedido". Otra gran calamidad para Puerto Rico, pues ayudándonos de ellos, soñábamos escribir un libro parejo al de "Los Dominicos en Puerto Rico", que llevaría por nombre: "Los Franciscanos en Puerto Rico". c). ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE SAN JUAN. (ACSJ) En 1913, trabajamos en él y publicamos el extracto de las Actas Capitulares, en la revista La Verdad. Constaba de 22 volúmenes manuscritos, que daban comienzo en 1650 y terminaban, justamente al plegarse las banderas hispanas. De los apuntos tomados entonces, hacemos uso no infrecuente, en este libro. Recientemente quisimos repasarlos; pero apenas hallamos rastro de ellos. Como los Papeles de Srau, como los l% anuscritos Franciscanos del Archivo Arzobispal caraqueño, también parece que el viento se los ha llevado, apagando las luces que pudieran ilustrax el glorioso pasado.

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INDICE DE MATERIAS FL ORGANIZADOR Y Eh FUNDAD PEPITAS DE ÓRO A MANERA DE INT11ODUCCION

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CAPITULO .I PRIMICIAS RELIGIOSAS EN EL PUERTO RICO COWNIAI-+ 1508-1513 K lo. Desde muy lejos, 20. Desde demasiado cerca. — 3o. Religiosidad del pueblo español. — 4o. Rodilla en tierra al desembarcar. — 5o. Ponce, sus capitanes y los primeros hogares. — 6o Trasplante del árbol de la Cruz. — 7o. Urge la venida de clérigos. — 80. Habrá con qué proveer el culta. loo. Templo •en Caparra. — 11o.—Posibles Gantes y li2otolinias, -- 12o. Antes de 1511. — 130. Ornamentos, Cálices y campanas. — 140. Cédúlas Reales.

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CAPITULO. II ALONSO MANSO, PRIMER OBISPO lo: Bien merece un capitulo aparte. — 20. Aspectos excluidos. — 3o. De cepa castellana. — 4o. colegial de San Bartolomé. — 50. Sacristán mayor del príncipe. — 6o. Visi. tador y Magistral. — 7o. Nombrado Obispo, — 80. Dilige~icia en venir, — 9o. dbispos dominicanos. — 10o. Obispos cubanos. — 11o. Diezmos personales. — 12o. Retenci¢n de su canongia. — 13o. Remisión de las: rentas. — 14o. Ajuste de cuentas. — 15o. Los cuatro mil pesos de alcance. — 16o.

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P4gina Diezmos de la Margarita. — 170. El Cabildo y el Rey en la muerte de Manso. — 180. Testimonio dé Fernández de Oviedo. -- 190. Y del poeta historiador castellano. -. 200. Y del cronista real Gonz~1ez Dávila. — 210. Criticas_ de los historiadores modernos.

CAPITULO III sEE' PATRONAlO" lo. Desconocimiento. — 2o. Lo que es. — 30. Su otorga miento. — 40. Razón de la concesión. — 5o. Sa trascen deuda. — 6o. Presentación de Obispos. — 70. Motivo de satisfacción. — 80. Fórmula de' presentación. — 90. Seguridad de su aceptacióíi. — 106.''Thmundádás afirmaciones. — i1o. Recomendaciones. — 120. Presentación de prebendados. — 130. Terna para Párrocos. — 140. Atenciones litúrgicas. _ 150. Exclusiva para iglesias y monasterios. — 160. Resumiendo.

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CAPITULO IV 'LAS DIEZMOS" 1o. Conocimiento necesario. — 2o: En Judea y en España. 30. El Estado imitó a la Iglesia. — 40. Su implantación en Puerto Rico. -- 5o. El Comisario Apostólico. — Co. Distribución de los diezmos. — 7o. Rectificado un historiador. — 80. El tanto por ciento. — 90. Dónde se pagaban. 100. Valor de los animales. — ilo. Quién pagaba la conducción. — 120. Distrito de San Germán. — 130. Pobre cuantía, de los diezmos. — 140. Se arrendaban. — 15o. Penas por no pagar. — 16o. Del Rey abajo. — 170. También las comunidades. — 180. Sustitutos de los diezmos.

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CAPITULO V "I,A INQt1fSICION" lo. El coco, de la Inquisición. — 2o. Iniciadd su esólarecimiento en la Isla. — 30. Inquisición moderna. — 4o. Uní. co Obispo en América. — 5o. El caso de Sancho Velázquez. Co. El de los Varas. — 7o. El de Villasante. — 80. El de Va-

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Página. dillo. — 90. El Visitador Bastidas. — 10o. Otros varios casos. — 110. La Sociedad deudora a la Inquisición: — 120. Último Inquisidor. — 130. Error de Torres Vargas. — 140. Supuestas hoguéras. — 15o. IDOS sambenitos. — 160. Canonfía suprimida. = 17o. La cárcel de la Inquisición. 180. Reduéción dei personal. — 190. Resumiendo.

CAPITULO VI "LOS OBISPOS —I—" lo. Carencia de episcopologio. — 2o. Veinte Obispos. — 3o. Nobles y caballeros. — 4o. Dos hijos naturales. — 50. Procedencia canónica. — 6o. Cultura. _ 7o. Nombra_ miento rápido. — 80. Pago de Bumas. — 9o. Apuros para pagarlas. — 100. La •consagración. — 110 Familia episco. pal. — 12o. Exentos de nepotismo. — 13o. Valbuena y su sobrino. — 140. La travesía. — 150. A la vista del puerto.

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CAPITULO VII I "OBISPOS —II—" lo. A la puerta de San Juan. —20. Al pie del' altar. — 30 Casas episcopales. — 4o. Reparadas por López de'Haro.50. Cucañas y 'danzas. so: Actividad ministerial. — 7o. Por la Isla. — 80. Asuntos de la Visita. — 90. La de Coamo. — 100. Lo debido a los prelados.

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CAPITULO VIII "LOS OPISPOS —III—" lo. Desavenencias naturales. — 20. Cómo deben tratarse 3o. Triple clasificación. — 4o. Gobernadores no letrados 5o. Góbernadores novatos. — 6o. Eranlo también los Obispos. — 7o. Aspereza de lenguaje. — 80. Lando y Manco. 9o. Gobernador Vallejo. — 100. Temor a las censuras. ibo. Casóse al fin. — 120. Tres lustros después. — 130. 130. Melgarejó ' y Salamanca. — 14o. Sancho de Ochoa y Vázquez de Arce. 150. De parte y parto. — 16o. Coro-

larios.

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CAPITULO IX. "LOS OBISPOS —IV—" , lo. Materia del capitulo. — 20. Del Consejo dé Su Majes tad. — 3o. Actuación de Mercado en 1573. — .40. Continua da en 1575. — 50. En la escala del barco en 1577. — 6o. Por qué no se perdió Puerto Rico. — 7o. Agenciando pobladores. — 80. Describiendo la Isla. — ,9o. A lo largo y ancho. SOo. Ganaderías. — 110. Precio de la carne, — 120. Padi 11a pide cien familias canarias.

Página 105

CAPITULO X "LOS OBISPQs5 . -<T_" lo. Aspectos por contemplar. — '2o. Presumible contraste. 30. El para4so soñado. — 4o. `Los blasones dé Castilla.— So. Natura servir — 6o.. Juicios del Obispo Valbuena, — 7o. Obispado feo.. -- 80. Mendigando tin plátano. — 9o. Quien labia sido catedrático predicador real. — lOo. Añorando 120. Se. el carnero. — 110. Los trece fallecidos lejos. pultura de Manso. — 130. De Vázquez de Arce. — 140. De Valbuena. — 15o. De_ Solís. -- ,160., De Rivas. — 170. Cómo Méjico recuerda a sus Obispos.

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Cuadro sinóptlgó de los Obispos de puerto Rico

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CAPITULO XI i'LA CA1 )L RAL -I—" lo. Su necesidad. — 2o. Carencia de todo. — 30. Detención forzosa. — 40. Diezmos personales, — 5o. El montón de ceros. — 60. Ancha para mucha gente. — 7o. El mejor sitio. 80. 10.000 varas cuadradas. — 90. Panorama sin par, — 10o. Día vendrá. — 110. Panteón venerando.

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CAPITULO XII i'LA CATEI)RAL -II—" .. , :.. lo, Al comenzar la obra. — 2o:, Se termina. — 3o. Su capacidad. — 4o. Actuación de Bastidas. — 5o. La cantera del Toa. — 6o. La Capilla Mayor. — 7o. Costo total. —

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Página 80. Con fondos de la tierra. — 90. Actuación de Mercado. Zoo. La de Salamanca. -- 110. Otras mejores. — 12o. Los Obispos Ramos y Calderón. .— 130. La casa solariega.

CAPITULO XIII 149 "14 CAiL)RAL —III)-». 10. Fuentes de información.. — 2o: Despojo y tormenta. 3o. Desbarajuste administrativo. — 40. Lo que se llevó el holandés. — 5o. El crucero restauradó. — 6o. Un nativo constructor. — 7o. La Catedral en 1640 y 1644. — 80. Averiadas torre y sala capitular. — 9o. Carta del Gober-. nador Noboa. — 10o. Porres Vargas y la antigua cantera. 110. Composturas pasajeras. — 120. La Capilla de San~ Bernardo. — 13o. Opinión del Doctor Murga. — 14o. Diligencias del Cabildo. — 150. La Capilla de San Antonió. 160. Sobre nombrada también de San Benito. — 170. Blasonada. — 180. La de los Mártires.— 19o. Resumen.

CAPITULO XIV "IEL CABILDO DE LA CATEDRAL" lo. Dos cabildos. = 2o. Creación del eclesiástico. — 3o: Su reducción. --= 40. Por antigüedad. — 50. Informes del candidato. — 6o. Real cédúla de presentación. — 7o, Obligaciones litúrgicas. — 80. Cómo las cumplían. — 9o. Deficiencias. — 10o. La paga en especie. — 110. Muy tenue siempre. — 120. Gobernando en las vacantes. — 130. Consejero del Prelado. — 14o. Con jueces adjuntos. — 15o. Intervención en los negocios del procomún. 160. Sesión bisemanal. — 170. Los libros de actas.

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CAPITULO XV "GOBIERNO DE LA DIOCESIS" lo. Tribunal de justicia propio. — 2o. La primera actuación_ del Provisor. — 3o. Nombres de algunos de ellos,6o 4o. Quién los nombraba. — 5o. Tres cualidades. Actuación del (Provisor. — 7o. De los Procuradores. — 80 De dos Notarios — 9o. Su .arancel. — 10o. Fiscal Ecle-

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Página sº&stico. — 110. Otros oficiales. — 120. La Cárcel. — 130. Resumiendo.

CAPITULO XVI "ADMINISTRACION DE BIENES" lo. Facultad propia y regulada. — 2o. Administrador nato. 30. Licencia por escrito. — 4o. Tres condiciones. — 5o. Prohibido prestar. — 6o. Requisitos para la venta. — 70. Dos ejemplos. — 80. Quién era quién. — 9o. Archivo de escrituras. — loo. Como bienes de mayorazgo. — lló. Redención de Censos. — 120. Doble administración en la Catedral. — 13o. Patrimonio lentamente acumulado.14o. Corruptela corregida. — 15o• Comidas de cofrades. 16o. Administración de hospitales. — 17. Dos aclaraciones.

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CAPITULO XVII "LAS CAPE[LANIAS RURALES" lo. Su significado e importancia. — 2o. Tendencia al campo: — 30. Pero con el sacerdote. — 4o. El ara sagrada en las primeras labores campestres. — 5o. Y en las de los. onceingenios primeros. — 6o. Su antigüedad. — 70. El de Canóbanas. — 80. Come puntos luminosos. — 9o. Las de Loiza. — loo. Río Río Piedras. — 110, Coamo. — 12o. Manatí. — 13o. Arecibo.. — 14o, Las del Toa. — 150. Y Bayamón. — 160. Hormigueros y Aguada. — 17o. Obligaciones. 180. Medios de vida. — 190. Si fueron colativas.-20o. Párrocos, curas y capellanes.

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CAPITULO XVIII "LAS PARROQUIAS" lo. Lo que es una parroquia. — 2o. Manso las crea y regula 3o. Las dos primeras. — 40. La de San Juan-. — 5o. Su incorporación al Cabildo. — 6o. La de San Germán. — 70. Su campana primorosa. — 80. Parroquias de Santa Ana y Valle Hermoso. — 90. La de Coamo. — 10o. La de Are_ cibo. — 110. La de Aguada. — 12o. La, de Ponce. — 13o. Otros núcleos de fieles..— 14o. Cómo se proveían. — 15o. Cóngrua del Párroco.

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CAPITULO XIX "EL CLERO NATIVO" lo. Importancia del asunto. — 2o. Reconocido por la Iglesia. — 30. Mayormente hoy. — 40. IPolitica nativa de España. — 5o. Realizada con la escuela de Gramática. — 6o. Manso no ordenó sacerdotes nativos. — 7ó. Pero sí Sastidas. — 80. Los cuatro primeros nativos. — 90. Otros muy chos sacerdotes del país. — 10o. El más ilustre de todos. 110. Nicolás de Añasco. — 12o. Todas las prebendas para los nativos. — 1$o. Y también los cargos de responsabilidad y honor. — 14o. Y hasta usufructúan los de otrós países.— 150. Quién se puede quejar de quién.

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CAPITULO XX "FÓRMACION DE CLERO" lo. Ley sobre Seminarios. — 2o. Cuándo implantados en América. — 30. Rectificado Gutiérrez de Cos. — 40. Criados en 1'á iglesia. — 50. Frases hirientes de tres Obispos. — 6o. "Que se atenúan y suavizan. — 7o. Si por el clero no hubiese sido....— A principios del siglo XVII. — 90. Eli ejemplo de Ponce de León, nieto. _ 10o. Requisitos para llegar al sacerdocio. — leo. Concurso para la ,provisión de parroquias. = 120. Diferencia entre clérigo y sacerdote. 13o. Tres grados de clerecía. — 14o. Traje en la población y en el campo. — 150. Juegos y diversiones. — 160. Frecuencia de Sacramentós.

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CAPITULO )XI "ADMINISTRACION Y RECIEPCION DE LOS SACRAMENTOS" lo. No es tratado teológico. — 2o. Sin cambios. — ~o Cómo se administraba el, bautismo. — 4o. Campesinito ápadrinado por un Grande de España. — 50. Ccnfirmáción. 6o. Penitencia. — 70. Casos reservados.— 80. Cédula de confesión. — 9o. En tablilla infamante. — 10o. Confesónario. — 110. La comunión pascual. — 120. La primera Comunión. — 130. La lámpara del Santísimo. — 14o. Extremaunción. — 15o. Orden sacerdotal. —'16o. Matrimonio

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CAPITULO XXII Página 341

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loo.

"SANTISIMO SACRAMEIrTI'O" lo. Flor de las devociones. — 20. Su manifestación. — 30. E Sagrario. — 4o. La lámpara. — 50. Disposición General. — 6o. Fundación de Valbuena. — Eo. Misa solemne los jueves., — 80. Exposición en los terceros domingos. — 9o. Los Caballeros extremosos. La Minerva. — 110. Buscando chirimías. — 12o. Los músicos del Obispo Issasi. — -13o. Festividad de Corpus Cristi: — 140. Los seises o danzas sagradas. 150. Nublados y enfermos. — 160. El Viático. — 170. Penas pára el alumbrado. 180. La Custodia de Carlos V.

CAPITULO XXIII 249

loo.

CULTO A tS.ANTA MARIA lo. Hidalgo conquistador mariano. — 2o. La misa sabatina de la erección. — 30. La salve cantada. — 4o. Hospital de la Concepción. — 5o. Lo beneficia el: Gobernador Silva. 6o'. En juicio contencioso. — 7o. Sedé de tres cofradías.80. Nuestra Señora de la Altagracia. -- 9o. La ermita de 110. Relato Santuario de Hormiguerós. Coamo. — de Turres Vargas. — 12o. La Virgen del Rosario. — 140. La del Carmen. — i5o. La Devoción del Angelus. — 160. Las efigies de Nuestra Señora. — 170. Doctrina, mariana. 180. Pinceladas de Iñigo Abad.

CAPITULO XXIV

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DEVOCION A LAS ANIMAS Y A LA SANTA CRUZ lo. Desde 1512. — 2o. Clamores de las campanas. —jo. Sin manos piadosas al lado. — 4o. El quinto de los bienes in. testados. — 50. Disposicicnes testamentarias piadosas. — 6o. Memorias pías. — lo. Hospitales y ermitas. — 80. Co_ fradía de ánimas. — 90. Fruto ce la viveza de fe. El regalo die Carlos La paloma de López de Haro. V. — 12o. La Santa Cruz por doquiera. — 13o. Siempre en alto. — 14o. La Cruz de Santa Bárbara.


CAPITULO XXV DFIVOCION A LÓSI SANTOS lo. Sú razón teológica. — 2o. Lo ocurrido en 1625. — 30 El mayor de los santos. — 4o. Nombre impuesto a la Isla. 5o. Primer santoTinvocado. — 6o. Su festividad. — 7o. La primer puerta. — 80. El santo y seña de un Gobernador. 9o. San Gel"mán. — 1áo. San Patricio. — ilo. Santiago Apóstol. — 12o. Santo Domingo y San Francisco. — 130. Sian Antonio dé Padua. — i4o. Santa Ana, — lo. Santa Rosa de Lima. — 160. Car4cter r' eligioso de los regocijos públicos.

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CAPITULO XXVI jTIRTUDES Y VICIOS DEI:, PUEBLO lo. Claro-oscuro. — 20. Prototipo y modelo. — 3o. Muchos gobernantes ejemplares. — 40. Francisco de Bahamonde. 50. Francisco de Solís. — ,6o. Juan de Céspedes. — 70. Menéndez de Valdés. — 80. Juan de Vargas. — 9o. Presidente Santo. — 10o. Iñigo de la Mota. — ilo. Ingeniero 130. Ana de Lanzós. Silva. = 120. Diego de Aguilera. 14o. Gregoria Hernández. — 150. Acto heróico de e'~ridad. 16o. Hijos de tales padrés. — 170. Desequilibrio sexual. 180. Distancia de la Iglesia.

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CAPITULO XXVII CONVENTO DE DOMINICOS lo. Solo tres conventos. — 2o. Fruto necesarió. — 30. Venida de los dominicos. — 4o. No edificado con diezmos.5o. Surgido cómo por ensaiino. — 6o. Costo del monasterio: — 7o. Construcción de la Iglesia-. — 80. La Capilla del i~osarió. 9d. '.Récdx'sds álle'ados para la edificación del templo. — 10o. Imagen de la Candelaria. — ilo. Nuestra ' eñorá cié Belén.,

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CAPITULO XXVIII CONVENTO DE SANTO DOMINGO -II-e , 10. Los. viejos mentores. — 2o. Los primeros que abrieron

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escuelas. — o. Y las continuaron, — 4o. Cierre tempora•L — 50. Cambio de escenario. — 60, Certificado de nacimiento. — 70. Tres siglos de enseñanza. — 80. Lo que era un Estudio General. — 9o. Para los extraños. — 10o. Cursos calificados. — 110, Nombres imperecederos. 12o. Cuadro de profesores en l695. `— ido. Flor de santidad.

CAPITULO XXIX CONVENTO 'DE SAN FRANCISCO lo. Convento de Caparra. — 2o. Los mártires de La Aguada. — 3o. Dos aclaraciones. — 40. Un Tesorero y un Obispo. — 50, Causas de la demora. — 60. Los esposos AguileraMenéndez. — 7o. Religiosos notables. — 80. Memorias pías. — 9o. La del Obispo Fscañuela. — 10o. Venerable Or den Tercera. — 110. Cátedras de Primeras Letras. — 120. La Provincia de Santa Cruz. — 130. Intercambio profesional. — 140. (e?)

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CAPITULO XXX CONVENTO DE RELYGIOSAS lo. Conventos antiguos. — 20, Conventos modernos.— 3o Una marquesa monja. — 4o. Angustiosa realidad social.50. La ciudad trata de remediarla. — 6o. El Deán Lizama, ofrece 10.000 ducados. lo. Pide el patronato. — 80. Respuesta del Rey. — 90. Reitera la ciudad su petición. 100. Ley histórica. -- ilo. Familia de Doñá Ana de Lanzós. 12o, Hacienda de la misma. — 13o, Lenta cristalización del proyecto. — 140. Escritura de dotación. — 150. Lu cencia del Rey. — 16o. Vienen las fundadoras. — 170. Sé establece, la clausura. — 280. Las plazas dotadas.

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ACLARACION DE JUSTICIA APENINI;CE

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INDICE DE NOMBRES Lista de los lectores y religiosos del Convento en 1695 Lista de franciscanos notables del Convento en el siglo XVII Lista de los deudos de Doña Ana de Lazós

310 317 328

Beaumont, Gob.: 151, 183, 206, 208. A Abad, Iñigo; 259. Benavides, Juan M.; 256, 257. Adriano, Cardenal; 61. Berlanga, .Padre; 293. Aguaybana,, cacique; 15. Bilbao, José de: 174. Aguilera, Gob.: 204, 279, 282, 313, Blasquez Juan; 66. 315. Bolaños, Gob.; 94. Alcocer, Luis G.; 252. Bravo Ugarte, José; 2, 35. Alegre, Francisco; 79. Brau, S.; 7, 11, 20, 35, 44, 45, 57; Alejandro VI; 48, 58. 68, 70, 71, 82, 92, 102, 103, 112, Almansa, Luis de: 15. 119, 122, 146, 149, 158, 165, 170; Altamirano, Francisco; 219. 172, 179, 188, 199, 209, 220, .247; Ana, Santa; 269. 259, 299, 300, 311, 321. Anaya, ob.: 25. C Añasco, Luis dé: 15. Cabrera, ob.: 74, 75, 78, 120, 123, 150. Añasco, Nicolás; 210, 217. Calderón, ób.: 75, 76, 120, 123, 137, Antoneili, Giácomo; 179. 145, 226. Arismendi, Miguel H; 69. Calderón, deán; 154, 217. Arredondo, Gob.: 198, 206. Cambero, Jorge; 305, 306, 308, 309. Ayala, Antonio de: 219. Carasa, Gob.; 75. Avila, Alonso de: 42, 166. Cámpusano, Gerónimo de; 219. Ayera, Francisco de; 219. Canisio, San Pedro; 258. B Carbajal, ob. 75, 76, 85, 120, 123, 144. Bahamonde, Gob.: 98, 178, 215, 236, Cárdenas, Diego de: 219. 279, 280. Castellanos, poeta; 5, 33. Barbosa, Rodrigo de; 42, 163, 226. Carlos V.; 28, 29, 33, 40, 140, 246, Bastidas, ob.: 29, 31, 32, 35, 36, 40, 261, 266. 41, 45, 54, 57, 59, 65, 66; 67; 75; Cea, Juan de; 33, 168. 79, 84, 95, 97, 120, 123, 137; 139, Cerón, Juan de; 20, 162. 140, 141, 143, 164, 167, 168, 186, Céspedes, Gob.; 85, 279, 281.. 204, 210, 214, 215, 217, 218, 220; Coll y Toste; 240, 287. 226, 295, 306. Córdoba, Pedro T.; 7,

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Cortés, Hernán; 17, 138. Guilarte; 217. Cuadros, prebendado; 178. Guadiana, provisor; 65, 172, 173. Colón, Cristóbal; 270. Guiluz, Martín de; 284, 2$5. Colón, Diego; 272. Gutiérrez de Cos, ab.: 221. Cuesta Mendoza, A.; 57, 82, 135, 146, Guzmán, Vicente de; 65, 172, 226. 170, 220, 299, 300, 310, 321. H Henriqúez Ureña, P.; 321. Cuevas, Mariano; 220, 24'7, 277. Cueva; Martín de la; 317. Hernández, Gregoria, 195, 279, 285. b Herrera, Antonio de; 217. Dávila, Padilla; 217. Hostos, historiador 315. Diaz, Juan; 20. I Diaz de Lepe; 214, 215. Issasi, ob.: 117, 122, 158, 173, 241, Díaz de la Calle; 114, 199, 205. 252, 286. Domingo, Gonzalo; 214. J E Juan, el príncipe: 25, 26, 33, 35, 41, Enriquez, Gob.; 281, 282. 270, 273. Escañuela, ob.; 40, 75, 95, 120; 123, Julio II,; 38, 48, 270. F Jubera, Ignacio; 319. Felipe III; 81, 206. L Felipe IV.; 264. Lanzós, Ana de; 192, 279, 323, 328; Ferrer, Violante; 195. 329, 330. Fernando, el Católico; 19, 30, 270, Laet, Juan de; 5, 158. 272, 312, Lando, Gob.: 93, 96, 285, 286. Figueroa, Gob.; 96. Las. Casas; 127, 134. Figueroa, Padre; 298, 299, 300. Layfield, cronista; 7, 130, 145, 292, Fernández Juncos, M.: 70. 324. Franco, Esteban; 42, 326. León, Juan de; 15. Fuenleal, Ramírez de; 302. Leiseca, J. M., 9, 56. G Lizana, deán; 325. Gama, Gob.; 31, 62, 75. Liendo, Francisco de: 42, 214. Gant, Pedro de: 13,~ 18, 19. Lima, Santa Rosa de; 269, 275. 276, García, Martín; 64. 297. García, Bartolomé; 74. Iópez Angulo, Pedro; 250. Garcés, ób.: 28. López, Juan; 15. Gálvez, Félix; 219. Lobo Castillo, ob.: 75, 95, 122, 123. García, Opón: 42. López Agurto, ob.; 75, 120, 123, 150, Gerardino, Alejandro; 27. 168, 183, 186, 315, 326. González, Giraldo; 254. 255. López de Haro, ob.; 114, 116, 120, González de M., Dionisio; 179. 123, 130, 134, 145, 152, 156, 158; González Dávila, Gil; 23, 25, 34, 173, 183, 187, 226, 265, 275, 292. 35, 127. Lorenzo, Padre, 300. Govantes, Gómez de; 42. Luna, Cristóbal de; 99.

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M Neibla, A. de; 284. Malaver, Cristóbal de; 216. Neumann, G.: 71. Manso, ab.: 5, 19, 20, 23, 24, 26, 27; Noboa, Gob., 90, 101, 149, 153. 28, 29, 30, 31, 32, 33, 35; 36; 38; Nouel, Carlos; 9. 40, 41, 50, 53, 54, 57, 61; 63, 65, O 66, 67, 69, 71, 75, 76, 77, 78, 79, Ochoa, Gob. 93,, 100, 101. 83, 85, 93, 94, 113, 120, 122; 123; Ovando, Gob.: 15, 16, 18, 190. 127, 128, 129, 130, 131, 137, 138, Ovando, Gob. 107. 139, 143, 145,'162, 167, 173, 186; P " 190, 201, 202, 210, 212, 214, 220; Padilla, García de: 27. 226, 227, 250, 270, 271, 273. Padilla, ob.,, 75, 76, 88, 101, 105; 11.0 Mariana, Juan de: 75, 120, 123, 156, 167, 198, 206, 245. Mata, Pedro de: 42, 215. Paniagua, A.,; '81. Martínez, Jacinto, 282, 292, 309. Pacheco, marqués; 233. Martel, Carlos; 154. Palafox, ob,; 233. Medina, Toribio; 61. Perea, Doctores; 34, 56, 69, Melgarejo, Gob.: 93', 99, 217. Peraza, Francisco, 310. Pérez Nolasco, Pedro, 112, 1VXexiéndez, Gób.: 279, 281. Menéndez de V. Juan; 42, 100, 152, Pérez Vasco, deán. 182. 194, 195, 217, 279. Pizarro, ob.; 85. Mercado, ob.; 75, 76, 78, 81, 84, 102 Pizarro, Francisco, 17. 105, '106, 107, 121, 123, 137, 144 Ponce de León, rebiznieto, 172, 183. 156, 164, 172, 204, 205, 225, 256, Ponce de León, nieto,; 7, 142, 161, 163, 191, 209, 216, 217, 227, 247, 286. Mesa, ob., 28. 291, 292, 293, 296, 304, 305, 'Mingueua, ob.: 39. 306. Ponce de León, poblador; 5, 13, 14, ólinedo, ob.: 74. 16, '17, 18, 31, 162, 190, 250; "266, Monroy, ob.: 74, 78. 311. Morcelo, Juan; 42, 152, 194. Montoya, A. de; 78. R Ramos, Antonio, 42, 123, 137: Motolinia, Padre; 13, 19. Ramos, ob.; 41, 68, 74, 75, 79, 80, Moreno, Gob.; 162. Mantesinos, A.; 290. 87, 119, 120, 145, 165, 217, 281-. Mota, Gob.: 272, 279,` 282, 293, 295, Rionegro, Froilán; ,102. 309, 315. Rivera, María; 195, Mogica, Angel; 196, 197. Rivera, Francisco M. de: 219. Moya, 'Pedro 'de: 195. Rivas, ob.: 41, 75, 97, 113, 122, 123, 156, 165, 166. Murga, Vicente; 149, 155. Rojas, Gob., 274. N Naranjo, ob., 72, 92. Rojas, Padre,; 296. Ruiz, Francisco, 204. Navarrete, A., 81{ Navarro, N.: 9.. Romero, Diego, 3.09.

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S 100, 107, 127, 132, 145, 146, 149. Salazar, ob.; 81. 154, 155, 156, 158, 163, 168, 172. Salazar, Diego de: 15, 249, 250. 173, 195, 218, 219, 246, 249, 255. Salamanca, ob.: 40, 42, 67, 75, 76, 256, 257, 264; 265, 275, 276, 277. 77. 80, 85, 87, 93, 99, 107, 108, 281, 283, 287, 292, 295, 297,•:315. 109, X120, 123, 137, 144, 145, 156, Toro, Luis de: 15. 166, 167, 172, 182, 204, 205, 215, U 218, 305, 326, Ulloa, M. de: 219. Salinas, J. de; 42, 195, 217, 219, Utrera, Cipriano de: 35. 225, 262, 281, 282. V Salinas, tesorero, 98, 286. Vadillo, oidor; 59, 65. Salcedo, A., 81. Valbuena, ob.; 73, 74, 75, 77, 79, 86; Sanabria, Cristóbal de; 42, 166, 215. 87, 113, 116, 121, 123, 155, 156; Sanabria, Sebastián de: 214. 159, 165, 167, 218, 242, 243, 281, Santolaila, (raspar: 172, 215, 226. 325, 326, 329. Sántolaila, Gregorio, 204, 215, 275. Valdivia, 17, 84. Sigiienza, Carlos de; 219. Valdijulli, A.: 69. Silva, Gobi; 249, 251, 279, 282, 295, Vallejo, Gob., 69, 75, 93, 97, 98, 172; 315. Varas, p. e. h.: 59, 63. Solis, Gob.: 107, 279, 280. Vargas, Gob.; 116, 279, 281. Solis, ob.. 74, 75, 119, 121, 123, 198. Vásquez de Arce, ob.; 74, 75, 80, 87, Solis, Mayora de; 193. 93, 100, 101, 109, 110, 113, 115; Soifer, ob.: 40, 75, 78, 120, 123, 150, 116, 120, 123, 150, 156, 166, 243; 205. 326. , Súáxez de Deza, ob.; 27, 29. Velasco, López de: 275, 291. Sobremonte, ob.; 75, 88, 120, 123. Velásquez, Sancho: 62, 63, 69. T Villamayor, Morlaño de: 44, 172, 225 Tapia, A.: 11, 35, 44, 51, 61, 70, 82, 226. 61, 70, 82, 92, 102, 109, 112, 122, Villanuevá, Francisco: 315. 134, 135, 141, 145, 146, 158; 159, Villanueva, Juarí de: 226. 170, 178, 186, 188, 199, 207, 209, Villasante, 59, 64, 70. 220, 220, 230, 240, 243, 246, 247: Villate, hermanos: 326. 259, 267, 268, 287, 299, 300, 310, Wite, ob.: 28. 321. Xiorro, Miguel: 268. Torres Vargas, Diego: 11, 41, 68, 92; Zumárraga, Ob.: 40.

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Con las debidas licencias

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Historia Eclesiástica del Puerto Rico Colonial Vol. I 1508-1700 by La Colección Puertorriqueña - Issuu