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Hacia la Resocialización de los Terapeutas puertorriqueños en la diagnosis (1974)

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EXCESO cE COPIA PARA DONAR CPR UPR RP

hacia la resodalizac& cb los terapeutas puertorriqueños en la diagnosis

Prof. PEDRO A. VALES Prof. DAVID D. HERNANDEZ 1974

PUBLICACIONES C.I.S.- ~6 CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIALES-UPR, RIO PIEDRAS


.~

3°' vi~~,~,

Universidad de Puerto Rico Recinto de Rio Piedras Facultad de Ciencias Sociales Centro de Investigaciones Sociales

Hacia la Resocialización de los Terapeutas Puertorriqueños en la Diagnosis

Por: Prof. Pedro A. Vales

x

y ** Prof. David D. Hernández

1974

*

Soci6logo, Director, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico.

**

Soci6logo, Director, Departamento de Sociología y Antropologl.a, Universidad de Puerto Rico.


Hacia la Resocialización de los Terapeutas Puertorriqueños en la Diagnosis*

Existe una anécdota popular conocida como el cuento de la polilla.

Ocurre que en una escuela elemental rural la maestra

lee del texto adoptado por el Departamento de Instrucción Pública de Puerto Rico.

El libro de Rafael Picó, Geografía de Puerto Rico,

es básico para trasmitir la descripción de nuestra sociedad. maestra lee:

La

"Puerto Rico -Puerto Rico es un país muy pequeño.

Puerto Rico no tiene recursos naturales.

Puerto Rico cabe seis

veces en la República Dominicana, trece veces en Cuba. comparado con la India es infinitamente pequeño." indica a un niñito:

Puerto Rico

La maestra le

"Juanito, ve al mapa que hay en la pizarra y

localiza a Puerto Rico."

Juanito se acerca al mapa apolillado,

busca y busca, y luego de pasar un rato, y de ser infructuosos sus esfuerzos dice:

"Missis, me parece que a Puerto Rico se lo comió

una polilla."

Trabajo presentado en el Foro: La Universidad de hoy ante el Puerto Rico del mañana. Este Trabajo, con algunas variaciones, fue también presentado en la reunión de La Asociación Americana de Sociología, Sección de Minority Research: Methodological Issues in Mental Health and the Social Sciences, New York, en agosto 27 de 1973. Nota:

Queremos agradecer la colaboración tan valiosa del Sr. Milton Baigés Chapel, Investigador Auxiliar del Centro de Investigaciones Sociales, quien fue responsable de la recopilación y análisis de gran parte de la literatura utilizada para la preparación de este trabajo, así como del Sr. Wenceslao Serra Deliz, Editor, Centro de Investigaciones Sociales por sus recomendaciones en la edición del mismo.


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Dicho sea de paso, Rafael Picó es un intelectual puertorriqueño, geógrafo, planificador, un politico de gran reconocimiento. sive el primer Presidente de la Junta de Planificación.

Fue inclu-

Sus trabajos

son muy conocidos, y ha tenido gran influencia en las decisiones públicas que se han tomado en nuestra so ciedad. Es nuestro propósito destacar la influencia que escritores, eruditos y estudiosos de la soclédad puertorriqueña han tenido en el desarrollo y diseminación de un vocabulario sobre capacidad limitada y ausencia de recursos, y que en el mismo proceso ha sido acompañado por una cosificación de estas mismas categorías.

Estas categorías produ-

cidas por una élite intelectual y diseminada para el consumo de

una

1/ "intelligentsia", han logrado tal grado de cosificación y reificación que se le otorga un estatus "casi sagrado" o incuestionable, convirtiéndose en obstáculos para el desarrollo de nuevas conceptualizaciones y aún para el estudio empírico de las realidades puertorriqueñas.

Mayor

preocupación nos produce aún, si consideramos que la reificación, con su colateral aceptación dentro de los sectores de la administración pública, ha contribuido grandemente al desarrollo de un proceso de construcción social, en términos del cual se procede a enmarcar al puertorriqueño.

En otras palabras, la cosificación de unas categorías de in-

competencia e impotencia social ha legitimado una política acelerada de 1/

El proceso de reificación implica la otorgación de un estatus de realidad incuestionable y substantiva a una construcción linguistica perdiendo por consecuencia la noción de que dicha construcción es conceptual y nrobabilistica, sujeta a verificación empírica y aún a reformulación teórica.


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programas de salud mental y tratamiento social que ve al puertorriqueño caracterizado por un déficit social y necesitado de rehabilitación y tratamiento. Nuestro análisis no depende ni cuestiona las motivaciones de los autores de las categorías cosificadas, ni de sus consumidores y repetidores posteriores.

Más aún, creemos que es posible que ellos hayan

tratado de dar la voz de alerta y mostrarnos unas tendencias sociales, pero desgraciadamente teniendo las consecuencias adversas que ilustraremos en este trabajo. Debe quedar claro que nuestro análisis tiene que ver estrictamente con el proceso metodol6gico envuelto al estudiar la sociedad puertorriqueña y con las consecuencias que tienen las reificaciones de categorías de déficit social para el desarrollo de las ciencias sociales y para la política pública en Puerto Rico. Hemos analizado una serie de producciones literarias y socio-científicas relevantes al campo de la salud mental con el propósito de ilustrar la reificación de la llamada "personalidad puertorric*ueña" y sus consecuencias en el desarrollo de la política pública de nuestro pals. Históricamente la literatura escrita por puertorriqueños y referente a Puerto Rico ha tratado de representar consistentemente una "personalidad puertorriqueña" caracterizada básicamente por los mismos rasgos socio-psicológicos.

Estos escritos caracterizan al nuertorriqueño como un ser bási-

camente conformista, sumiso, resignado, fatalista, dócil y pasivo en sus relaciones interpersonales, creyente en que toda influencia extranjera es superior a la nativa, extremadamente dependiente de otros, y confuso y confundido de su propia identidad.


Estas conceptualizaciones aparecen originalmente expresadas en obras novelísticas y literarias y luego reafirmadas en estudios sociocientíficos en el campo de la antropología, las ciencias políticas, la economía, la sociología, la psicología y la educación. Cabe señalar que en su mayoría los estudios que producen estos rasgos de la personalidad puertorriqueña tienden a basarse en observaciones de la estrata social más humilde de la sociedad puertorriqueña. Las características o rasgos de personalidad aludidos se expresan como evidencia en estos escritos de la cualidad patológica de un sistema social, cultural y de personalidad puertorriqueña.

Es importante indicar

que la descripción de estas características por estudiosos de la realidad puertorriqueña puede corresponder a una preocupación sociológica que concibe dichas características como el resultado de unas relaciones de poder macro-sociales estáticas.

Entendemos aue los estudiosos implícitamente

han adoptado una visión normativa de la personalidad individual desarrollándose en conformidad con un sistema social pre-existente al individuo y correspondiente a un sistema cultural.

La relación es macro-social en

tanto que el sistema social define las características y los roles del puertorriqueño.

Este poder del sistema social lo deriva de su concordan-

cia con el sistema cultural.

Esta interpretación estática no provee para

el surgimiento de nuevos roles desvinculados del orden social superordinado al individuo y desvinculado del sistema cultural.

Por ende,

la

concepción estructural asumida por estas personas, ven la personalidad como una función mecánica del sistema social y éste como una función mecánica del sistema cultural.

Esta percepción concibe al puertorriqueño


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en términos de una ausencia de libre albedrío en sus relaciones interpersonales, y carente de creatividad, espontaneidad o agresividad como actor social. De esta forma la interacción social del ouerto~riqueño al nivel micro-social es vista caracterizada por un conformismo exagerado sometido a un orden cultural de relaciones de poder pre-establecido.

La

literatura presenta una cualidad colonial constante en las interacciones sociales del puertorriqueño.

Este marco teórico limita la posibilidad

de observar la reacción o rebelión efectiva hacia un supuesto orden objetivo de relaciones sociales de poder.

Mas bien se observa la sublimación

de la posible reacción en términos de una pasividad extrema, auto-castigo, dependencia extrema, fatalismo, vicios sociales tales como alcoholismo o adicción y migración externa o interna como parte de una relación social de dependencia.

Es obvio que las características resultantes son vistas

en la literatura, ya sea literaria o socio-científica, como cualidades negativas o patológicas resultantes de las relaciones de poder macrosocial, y de los procesos de socialización del puertorriqueño. Algunos de los primeros escritos que describen la socialización y características del puertorriqueño ocurren en obras literarias, especialmente entre novelistas y poetas, para fines del Siglo XIX, principios del siglo XX.

Muchos de estos autores fueron influenciados por aquella

generación de intelectuales españoles que presenciaron, experim,a_itaron y expresaron, en forma traumatica el decaimiento de la influencia española durante fines del Siglo XIX, y principios del Siglo XX.

Bajo esta

influencia, los autores puertorriqueños experimentaron la transferencia


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oolitica de Puerto Rico a un sistema cultural ajeno y contradictorio como la posible sórdida de la personalidad puertorriqueña-hispánica. Aún más, perciben su propia realidad social (su identidad hispánica) ahora amenazada por un nuevo sistema colonial que no valoriza la personalidad hispánica.

Cabe señalar que prácticamente todos estos auto-

res pertenecen a una elite puertorriqueña de su época.

Su preocupa-

ción exagerada por conceptualizar la personalidad puertorriqueña (hispánica) y por el síndrome cultural concomitante y su enjuiciamiento de la misma como patológica, es resultado de su posición subordinada dentro de una relación macro-social a un orden normativo conflictivo y extranjero.

De hecho, esta situación sirve de indicador a su esfuerzo

constante por proclamar y mantener su propia visión de la mentalidad puertorriqueña dentro de un marco de tradiciones culturales hispánicos. Para fines del Siglo XIX, Manuel Zeno Gandia, en su novela

La

Charca, ofrece un cuadro del puertorriqueño conformista, alcoholico, fatalista y sumergido en un ambiente social degradante del cual es incapaz de librarse para copar en forma eficaz y realista con su posición social superimpuesta.

Más tarde, para la década del 1930, el

Prof. Enrique Laguerre, en su novela La Llamarada (1935) también nos presenta un puertorriqueño pesimista, sumiso, conformista, emocionalmente inestable, un actor social en estado de servidumbre.

Ya para el

año 1S58, René Marquóz escribe El Puertorriqueño Dócil, donde nos plantea un puertorriqueño sumiso, dócil, carente de iniciativa, de agresividad, y sobre todo, con una conciencia que le destina a la auto destrucción y que le impide dirigirse a las verdaderas causantes de su


-7 estado de opresión,

Germán de Granda, en su obra de 1969, Transcultu-

ración e Interferencia Linguistica en el Puerto Rico Contemporáneo, describe al puertorriqueño emergente como uno que se caracteriza por su estado de dependencia, docilidad, escapismo.

Un hombre que no es capaz

de atribuirse valor propio y que típicamente es inseguro de si mismo. Esta visión denigrante y de impotencia del puertorriqueño presentada en estas obras se manifiesta consistentemente en la literatura puertorriqueña. Las tendencias descriptivas reaparecen en los escritos de la ciencia social puertorriqueña abundante y significativamente.

Los cientí-

ficos sociales, al escribir sobre el puertorriqueño, han adoptado y continuado un marco interpretativo similar o en armonía con el marco interpretativo anteriormente desarrollado por los literatos.

Su descripción

de la condición mental puertorriqueña típicamente ocurre dentro de un modelo estructo-funcionalista implementado mecánicamente.

Queremos de-

cir con esto, que los científicos sociales han tendido a evaluar el comportamiento individual de acuerdo a cuán bien responde a unas pautas preestablecidas sistemáticamente por un orden social y cultural normativo externo al

individuo,—

Estas interpretaciones, como tal, argumentamos, que, refuerza y preserva la cualidad patológica del síndrome socio-psicológico desarrollado por los literatos.

Es decir, la interpretación de los roles so-

ciales individuales y el comportamiento colectivo, necesariamente obedece 1/

Ejemplos clásicos de la implementación de un sistema estructo-funcionalista lo son: Emile Durkheim en The Rules of Sociological Method; Ralph Linton: Study of Man; y, The Cultural Background of Personality.


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a unos requisitos estructurales dei sistema social y cultural pre-establecido.

La oosibilidad de observar un comportamiento individual o

colectivo independiente de los requisitos estructurales externos al individuo es imposibilitado una vez rue se implementa este modelo sociológico determinista en forma mecánica y reificante.

En adición, encon-

tramos que aún en aquellas obras científico-social critica, influenciada por modelos de análisis Freudianos o Marxista, se tiende a manipular la conceptualización, particularmente la teoría freudiana de sublimación y la teoría marxista de enajenación, de tal forma que respalda y corrobora el síndrome patológico de la "personalidad puertorriqueña."

Este síndrome

es interpretado como el resultado de una relación subordinada de la personalidad hispana a una realidad socio-política externa, objetiva y extranjera al puertorriqueño. Al examinar la literatura socio-científica, comenzando con la obra de Antonio S. Pedreira, Insularismo (1934), un trabajo socio-filosófico, encontramos una descripción del puertorriqueño como un ser exageradamente obediente a la autoridad, sumiso, degradado, inferior, y sobre todo, incapaz de sobreponerse y confrontar en forma competente a su realidad circundante.

Un determinismo geográfico y político permea la obra de Pedreira.

Su visión de Puerto Rico como una isla pequeña y aislada, con limitaciones físicas graves, le permite la interpretación de una condición mental puertorriqueña troncada y carente de desarrollo.

Para el 1956, Kathleen t'lolf,

una antropóloga norteamericana, escribió "Growing Up and Its Price in Three Puerto Rican Subculture", donde analiza las prácticas de socialización entre clases sociales medias y bajas en subculturas rurales.

Ella

encontró que la población estudiada consistentemente se caracterizaba por


-

n

-

rasgos de dependencia hacia otros, sumisión, y la represión de comportamiento agresivo.

Dos años más tarde, los sicólogos Carlos Albizu Miranda

y Herbert Marty Torres escribieron "Atisbos en la Personalidad Puertorriquena", (1958).

Estos autores utilizaron pruebas psicológicas proyectivas

suministradas a muestras de clase social baja en Puerto Rico y a migrantes puertorriqueños en los Estados Unidos.

Sus hallazgos indican que el con-

formismo, la pasividad, el complejo de inferioridad, la inseguridad y la carencia de iniciativa caracterizaban esta población.

En el 1965, Oscar

Lewis, un antropólogo norteamericano, publica una obra muy controversial La Vida;

Una familia puertorriqueña en la cultura de la pobreza, San Juan

y Nueva York.

Lewis señala en la introducción de su obra "al nivel del

individuo, las características primordiales son el sentido de marginación, de sentirse indefenso, de dependencia e inferioridad (p. XLVIII).

Más

aún, y a un nivel de mayor determinismo e interpretación estructural, Lewis dice:

"Ya a la edad de seis o siete años, los niños del arrabal

habrán internalizado los valores básicos de su subcultura y psicológicamente no tendrían la capacidad para aprovechar al máximo las condiciones cambiantes y las posibles oportunidades que le pudieran surgir durante su vida" (p. XLV).

Es de importancia el hecho de que Lewis hizo su estu-

dio en un arrabal urbano.

Sin embargo, aún cuando no es un estudio de

una población rural de clase pobre, él culmina atribuyéndole al puertorriqueño los mismos valores básicos y los mismos rasgos de personalidad que anteriormente habían señalado otros escritores científicos y literarios que estudiaron la ruralla pobre.

Eduardo Seda Bonilla, en el 1967,

publicó su artículo "La Jueyera, Enajenación y Seudo Conflicto."

En


esta obra se desarrolla una interpretación de la interacción social cotidiana caracterizada por la sublimación y por un seudo conflicto ineficaz. El autor nos sugiere que el puertorriqueño se encuentra sumergido en unos patrones de comportamiento inefectivos e incompetentes al nivel interpersonal.

A la vez, Seda Bonilla considera que las fuentes del conflicto

cotidiano del puertorriqueño deberían ser buscadas a un nivel macro-social. Sin embargo, estas fuentes reales pasan desapercibidas por los actores sociales envueltos en la rutina del diario vivir.

De hecho, nos describe

a un puertorriqueño confuso, enajenado, reprimido, e inconsciente de las fuentes macro-sociales cue generan la violencia y agresividad típica de su vida cotidiana.

El

puertorriqueño desempeña su vida diaria como si

estuviera en un criadero de jueyes, en una violencia y caos constante y arbitrario.

El conflicto cue se expresa es solo un substituto deficiente

por la imposibilidad de comprender y lidiar con las verdaderas y auténticas fuentes de su opresión, y de las cuales la personalidad puertorriqueña está enajenada.

A través de esta interpretación, el análisis de la vio-

lencia cotidiana en las relaciones interoersonales cobra una afinidad significante con interpretaciones freudianas y marxistas de represión, sublimación y comportamiento enajenado.

En el 1969, Ramón Fernández

Marina, Eduardo Maldonado Sierra y Ursula Von Eckart, (dos siquiatras y un científico social) publican su obra: of Operation Bootstrap.

The Sober Generation, Children

Estos autores usan como sujetos una muestra de

estudiantes de escuela superior considerada como jóvenes de clase media y exitosos en los programas académicos en que participaban.

Sus hallaz-

gos indicaban que la socialización primaria de estos jóvenes resultaba en un tipo de personalidad caracterizado por ser obediente, conformista,


incapaz de retar y sumiso ante la autoridad.

En este estudio, encontramos

que los mismos rasgos atribuidos a la ruralia y al sector urbano pobre, también ocurre en la clase media, aún cuando esta población está concebida y destinada a un éxito posterior dentro de una estructura profesional y burocrática.

En el 1972, Luis Nieves Falcón, un sociólogo y edu-

cador, publicó su libro Diagnóstico de Puerto Rico. "El Niño Puertorriqueño:

En el capitulo sobre

Bases Empíricas para Entender su Comportamiento,"

nos habla de las prácticas de socialización en la familia puertorriqueña dirigidas al desarrollo de rasgos de conformismo, dependencia, docilidad, y ausencia de agresividad en el niño puertorriqueño. 5e desprende de su obra que estos rasgos impresos en los procesos de socialización primaria del puertorriqueño se reflejan y se expresan en su status adulto, quizás con mayor énfasis en la cultura política de part.dos e ideologías puertorriqueñas. Como ejemplo de la aceptación y difusión de los rasgos de "personalidad patológica" la revista Bohcmia (julio 30 a agosto 5) publica una entrevista con el Dr. Manuel Torres Aguiar, siquiatra distinguido, profesor de la Escuela de Medicina de Puerto Rico, donde afirma que de un 80 a un 90 por ciento de los puertorriqueños son afectados por desórdenes mentales. En resumen, nuestro análisis de esta muestra de escritos que comprende varios autores representantes de distintos carnpos tales como la filosofía social, antropología, siquiatría, sociología o educación, revela un modelo explicativo similar y superimpuesto a poblaciones de distintos trasfondos socio-económicos y gecgr~ficos.


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Al considerar que el interés típico socio-científico en estos estudios se ha dirigido al análisis de comportamientos infructuosos entre personas de clases de privación económica y social, deberíamos esperar que la política social generada en función de ellos propulse el mayor crecimiento de burocracias públicas de bienestar social y de salud mental. Por lo tanto, estas burocracias tenderán a orientarse a poblaciones puertorriqueñas económicamente marginadas y conceptualizadas socio-científicamente como necesitadas y merecedoras de servicios de salud mental.

Ha

de esperarse la multiplicación de centros de tratamiento social y de servicios de salud mental comunales, así como de su difusión y aceptación entre los mismos sectores de la población que anteriormente estaban ajenos a ellos, pero más importante, que eran desconocedores de que tenían necesidad de los mismos. Consideramos que en la actualidad los programas de salud mental no son solamente vistos en función de unas agencias proveedoras a una población necesitada y merecedora de sus servicios, sino que van aún más lejos al propagandizar, difundir, competir, y aún amenazar la credibilidad de las estructuras laicas de la familia y de la comunidad que cumplen funciones de socialización y de salud mental.

Ejemplo claro de lo que que-

remos decir es la utilización de programas de tratamiento social para la custodia y rehabilitación de jovenes como medida preventiva, situaciones observadas por Hernández en el Centro de Cuidado Diurno de Niños, en Ponce y Río Piedras, Puerto Rico, 1973.

En este programa había niños que

habían sido referidos al Centro por sus propios padres, los cuales cedían su custodia por considerarse incapaces de bregar con los niños en situaciones difíciles futuras, así como la percepción de que el programa está


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dirigido por profesionales que "tienen" el conocimiento y las destrezas para proteger a sus hijos. La literatura sociológica ofrece ejemplos más dramáticos sobre el rol y la función de algunas estructuras comunales, como lo es el espiritismo puertorriqueño, para lidiar con problemas de salud mental. estudios de Rogler, Seda Bonilla y Koss así lo evidencian.

Los

Es nuestra

preocupación que la función terapéutica de estas y otras estructuras comunales se ven amenazadas y hasta destruidas por las nuevas fuerzas burocráticas.

Creemos que esta situación tiende al desarrollo de una

legitimación de la capacidad de rehabilitación de la comunidad de terapeutas profesionales, aún sin ser empíricamente verificada.

Asi se ha

adoptado en forma mecánica una perspectiva teórica estructo-funcionalista, El resultado obtenido de este proceso metodológico ha sido la reificación de una "realidad" puertorriqueña impedida de lograr un ideal de personalidad óptima.

De hecho, esta literatura ha proclamado constantemente la

existencia de un síndrome de personalidad negativo y patológico. De mayor preocupación para nosotros es el uso que se le ha dado a estas reificaciones en el desarrollo de unas decisiones de planificación social proyectadas en programas de tratamiento social, centresde salud mental, y burocracias gubernamentales utilizadas como medios para rehabilitar al puertorriqueño desarraigado, reprimido, inestable, en fin, patológico. No podemos menos que criticar las estrategias o metodologias de investigación y de política social, vigentes en tanto que entendemos que la realidad de una sociedad moderna pluralista no está adecuadamente representada en la conceptualización dominante de personalidad, co*'portamiento


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colectivo y programas de salud mental en Puerto Rico.

Entendemos que

el surgimiento de una multiplicidad, diversificación y sustitución de roles por edad, sexo, ocupación, consumo, y aún dentro de un contexto étnico y linguístico, exigen que la sociedad puertorriqueña sea estudiada desde una nerspectiva pluralista y dinámica, y no desde una orientación estructural monolítca.

Aunque parezca repetitivo, queremos enfatizar

que los estudios relevantes a la salud mental se han caracterizado por la implementación de una orientación estructural estática reificante que es inadecuada para la interpretación de la realidad puertorriqueña, y aún menos, para el desarrollo de una planificación social abarcadora. Deberla ser de gran preocupación para los científicos sociales modernos el respaldar y mantener un sistema interpretativo de la personalidad puertorriqueña, ya que el mismo ha resultado en definir estilos de roles sociales emergentes como desviados y sujetos a tratamiento y control social. Esta ideología de patología mental ha influenciado significativamente en el desarrollo de agencias gubernamentales especializadas, dirigidas al tratamiento y rehabilitación de grupos especiales, tales como jóvenes, consumidores de drogas, y pobres desarraigados, durante los últimos cuatro años. Cueremos aclarar que no es nuestra intención desarrollar, trasmitir o apoyar una política de desatención benigna a estas poblaciones, sino mas bien señalar que una política caracterizada por control social y manipulación de crecientes sectores de la población a través del diagnóstico y terapia de salud mental, debe ser seriamente reevaluada ya que entendemos cue dicha política se fundamenta en suposiciones teóricas carente de verificación científica.


Alternativas al terapeuta tradicional puertorriqueño: Sugerimos que el investigador científico, así como el politico social, comiencen a orientar su labor en términos de una multiplicidad de modelos teóricos, y de métodos de investigación, que podrían ser de utilidad para su desvinculación de un solo modelo determinista con supremacía interpretativa.

Consideramos que una vez el investigador y el

politico social rompan con la práctica rutinaria de aceptar un modelo monolítico, tendrán una mejor oportunidad para desarrollar una actitud analítica y critica saludable y adecuada para el estudio e interpretaciones de realidades dinámicas y cambiantes. Una vez se logre la desvinculación por los científicos sociales de una orientación mecánica estructo-funcionalista, se dará la condición necesaria para comenzar la reformulación teórica y metodológica. Sugerimos que la implementación de una multiplicidad de posibles perspectivas podría producir una descripción sociológica más auténtica y relevante sobre la realidad nuestra, como por ejemplo estudios sobre la socialización ocupacional, la socialización política, biografías familiares, así como movimientos sociales puertorriaueños. Consideramos que las áreas de mayor promesa, en cuanto al desarrollo de teorías al nivel microsocial, se encuentran en la clasificación de teorías sico-sociales simelianas o interaccionistas. *

Asimismo, consideramos

Por interpretaciones socio-psicológicas dentro de un enfoque similiano queremos apuntar a aquellas interpretaciones cue destacan el elemento de poder negociativo o institucionalizado presente en las relaciones interpersonales. Esto es, aquellas relaciones donde todos los actores son vistos en forma dinámica y con poder para orientar la interacción en función de su contexto subjetivo, pero atento a la capacidad de poder de aquellos con quienes interactúa.


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cue _la interpretación macro-social analítica se debe dar dentro de una conceptualización dinámica de la burocracia. En cuanto a estrategias metodológicas a seguir en estudios microsociológicos es aconsejable, que los investigadores le presten mayor énfasis a estudios socio sicológicos usando estrategias longitudinales. Como resultado, hay mayor posibilidad de generar información sobre las peculiaridades de los estratos emergentes de la sociedad puertorriqueña al igual que en los procesos de desocialización y resocialización actualmente desatendidos.

Respecto a una orientación macro-analítica o demo-

gráfica se podrán hacer estudios comparativos que podrán emplear grupos de control ofreciendo, por lo tanto, una interpretación más completa de la realidad puertorriqueña, por ejemplo:

estudios sobre la movilidad

ascendente deben considerar a su vez estudios sobre la movilidad descendente; estudios sobre el pobre fracasado debe considerar también al pobre "exitoso"; estudios sobre las carreras infructuosas de jóvenes de clase media, a la vez que el joven de clase media exitoso. Esta nueva perspectiva permitirá una evaluación más realista y más critica sobre el comportamiento exitoso del puertorriqueño contemporáneo dentro de un modelo pluralista de la sociedad y de la personalidad puertorriqueña.

Se proveerá a su vez unas bases alternas para la formulación

y para el ofrecimiento de servicios de sistemas de salud mental y de programas de tratamiento, que no resultará en una perspectiva rehabilitativa monolítica.

Esta posición es sugerida por Vales en su ponencia sobre la

necesidad de reformular La Ley de Menores de Puerto Rico.


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Sugerimos que en vez de construir programas de salud mental dirigidos a la intervención y manipulación de comportamiento, la planificación y política social, podrían concebirse programas de salud mental que generen y expandan las estructuras de las oportunidades sociales de tal manera que faciliten la ejecución de la mayor cantidad posible de comportamientos exitosos dentro de la sociedad.

De esta forma los sistemas de servicios

de salud mental deberán ser observados como programas genuinos de tratamiento social ya que habrán de ser evaluados por su capacidad para permitir la introducción de nuevos estilos de roles dentro de una sociedad pluralista contemporánea.

Como cuestión de ilustración, nuestro propio

trabajo en el campo de evaluación científica dentro del área de salud mental, ha demostrado que la competencia social y la salud mental son vistas frecuentemente en términos de la capacidad de un programa para modificar el comportamiento y producir satisfacción en su clientela. Asimismo, no ha existido ningún intento para evaluar empírica y objetivamente la naturaleza y capacidad adaptativa del estilo de rol que el cliente traiga al programa en términos de su relevancia para copar exitosamente dentro del ambiente social contemporáneo en Puerto Rico. Vales:

(Hernández y

La Evaluación Científica, 1972).

En los estudios realizados se ha notado consistentemente la ausencia de evaluación del potencial social integrativo del cliente en los programas de tratamiento social y de salud mental.

Aparentemente eso ha sido

un resultado de la aceptación por parte del evaluador de las definiciones hechas por estos programas en forma estigmatizante del rol del cliente. Más aún, debemos criticar los márgenes tan limitados de estos programas en términos de los esfuerzos de evaluación científica rutinaria que han


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adoptado.

Nos explicamos:

hay una ausencia de evaluación critica del

rol social recompensado y respaldado por los programas de tratamiento. De hecho, y de mayor importancia (ya que se refiere a las consecuencias en la biografía de toda una población-clientela) es la ausencia de evaluación de los roles sociales generados y reforzados por el programa en términos de la competencia social requerida para la posible integración del cliente en áreas de participación externas al programa. Por último, esperamos que el desarrollo de preocupaciones metodológicas deberá permitir más estudios y análisis de información social dentro de una perspectiva dinámica e interaccionista.

Naturalmente que es-

peramos que los estudios en el campo de la salud mental, y particularmente el desarrollo de sistemas de servicio de salud mental, corresponda a la nueva información generada.


Referencias

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