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Género y Mujeres Puertorriqueñas (1994)

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GÉNERO Y MUJERES PUERTORRIQUEÑAS Tercer encuentro de investigadoras Intercambio / City University of New York - Universidad de Puerto Rico

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GENDER AND PUERTO RICAN WOMEN Third Encounter of Women Researchers Academic Exchange Program / City University of New York - Universidad de PuertoRico Alice Colón / Compiladora CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIALES UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO • RECINTO DE RÍO PIEDRAS


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GÉNERO Y MUJERES PUERTORRIQUEÑAS Presentaciones en el

Tercer Encuentro de Investigadoras Programa de Intercambio

City University of New York (CUNY) Universidad de Puerto Rico (UPR)

GENDER AND PUERTO RICAN WOMEN Presentations at the

Third Encounter of Women Researchers Academic Exchange Program

City University of New York (CUNY) Universidad de Puerto Rico (UPR)

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EXCESO DE COPIA► PARA DONAR CPR UPR RP

Alice Colón Compiladora CENTRO DE ESTUDIOS, RECURSOS Y SERVICIOS A LA MUJER (CEBES) CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIALES (CIS) UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO • RECINTO DE RÍO PIEDRAS

1994


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.Centro dé Investigaciones Sociales /1994 Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras

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Revisión de texto / Wenceslao Serra Deliz Diseño de Portada / Yolanda Pastrana Fuentes Composición tipográfica /Elba M. Colón, Minerva González, Sonia Sánchez, Margarita Maldonado Impresión / División Impresos, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras


INDICE PÁGINA DEDICATORIAS

viii

A Carmen Gautier Mayoral "Carmiña"

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A Rosa M. Torruellas "Ross"

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AGRADECIMIENTOS

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PRÓLOGO Tercer Encuentro de Investigadoras en Torno al Género y Mujeres Puertorriqueñas: Nuestra Realidad e Intercambio en Puerto Rico y Nueva York Alice. Colón

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PROLOGUE Intercambio And Puerto Rican Women's Research: The Meaning Of Our Encuentros Altagracia Ortiz xvii TRANSFORMACIONES SOCIALES Y LA VIDA COTIDIANA: LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES

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Ante la Coyuntura de Finales de Siglo: Un Boceto para el Asomo Feminista Idsa Alegría Alice Colón Annie Fabián Milagros Miranda Marga Muñoz Ivette Rodríguez

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111


Respuestas a la Pobreza entre Mujeres Puertorriqueñas: Identidad, Comunidad y Cultura Rosa M. Torrueilas Rina Benmayor

24

En Torno a la Noción "Experiencia de Mujeres": Un Breve Comentario sobre las Ponencias del Panel sobre Transformaciones Sociales y Económicas Ivette Rodríguez

35

Puerto Rican Women Writers of the United States: A Critical Reading of Critical Fictions Liza FioIMatta

41

La Construcción Social del Género y la Subjetividad: Educación y Trabajo Milagros Bravo Eileen M. Colberg Loida M. Martínez María Soledad Martínez Annette Méndez Luisa R. Seijo

56

Comentarios en Torno a la Ponencia Colectiva "La Construcción Social del Género y la Subjetividad: Educación y Trabajo" Zuleyka vklai

84

CONTROL DEL CUERPO Y VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES

89

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Conceptrali7ación y Perspectivas de la Salud y Derechos Reproductivos Alice Colón Ana Luisa Dávila Maria Dolores Fernós Ruth Silva Bonilla Esther Vicente

90

The Social Construction of Reproductive "Choice": An Ethnographic Study of Puerto Rican Women and Sterilization in New York City Iris López

105

La Realidad del Aborto en Puerto Rico: Investigar para Educar Yamila Azize Luís Alberto Aviles

12?

Comentarios a la Ponencia: "Conceptualización y Perspectivas de la Salud y Derechos Reproductivos" 132

Ana Luisa Dávila Comentarios en Torno a las Ponencias Presentadas en el Panel sobre "Control del Cuerpo Y los Derechos Reproductivos"

134

Annette B. Ramírez La Violencia en Contra de las Mujeres: Alternativas de Lucha Leonor Cantera Iris Beth Rodríguez Sara Benítez Jannette Rodríguez Virgen Cáceres Nilsa Torres

136

V


El Empoderamiento como Estrategia para Adueñarnos de Nuestros Cuerpos, Nuestra Sexualidad y Nuestra Salud Reproductiva 145

Eugenia C. Acuña Comentario a la Ponencia: El Empoderamiento como Estrategia para Adueñamos de Nuestros Cuerpos, Nuestra Sexualidad y Nuestra Salud Reproductiva

154

Nilsa Torres MUJERES Y GÉNERO: ASPECTOS DE TEORÍA Y POLÍTICA

156

Language, Cultura a Identidad: Women and the Reproduction of Language and Culture in the New York Puerto Rican Community 157

Celia Alvarez Towards Bilingual Education: Puerto Rican Educators in New York City Schools 1947-1967

174

Virginia Sánchez La Construcción Social del Género en los Procesos de Cambio Social: Los Movimientos Sociales y la Politica como Herramientas de Transformación María dei Carmen Baerga Nilsa Burgos Marta Elsa Fernández Margarita MergaI Vicky Muñiz

198

Comentarios al Panel "Mujeres, Feminismo, Movimientos Sociales y Políticos"(1) 206

Edna Acosta-Belén vi


Comentarios al Panel "Mujeres, Feminismo, Movimientos Sociales y Políticos"(2) Marra del Carmen Baerga

211

"Las Mujeres Son, Son, Son"... Implosión y Recomposición de Ja Categoría Nydza Correa Heidi Figueroa Marra Milagros López Madeline Román

215

A Place for Latinas in Feminist Theory and Women's Studies Linda Delgado

229

Comentarios "Debate en Torno a las Identidades Femeninas: Sobre las Posibilidades de la(s) Diferencia(s) Marra Isabel Quiñones

235

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DEDICATORIAS A finales de 1993 fallecieron Carmen Gautier Mayoral, Directora del Centro de Investigaciones Sociales de las Universidad de Puerto Rico, y Rosa Torruellas, Codirectora del Language and Education Task Force del Centro de Estudios Puertorriqueños de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), compañeras entrañables, investigadoras comprometidas y capaces, que contribuyeron de forma significativa al desarrollo del Encuentro de Investigadoras que hoy presentamos a ustedes. A ellas deseamos dedicar esta publicación como expresión de cariño, solidaridad y reconocimiento.


Dedicatoria

A Carmen Gautier Mayoral "Carmiña"

A Carmiña, la analista incansable... investigadora rigurosa, profunda, incisiva y comprometida. Ejemplo para nosotras de esa seriedad, honestidad y claridad intelectual que hacían sus argumentaciones aún más contundentes...

A Carmiña, directora y compañera solidaria... que compartió de forma generosa sus fuentes y conocimientos, que ofreció respeto, estímulo y respaldo decidido a docentes y estudiantes, que nos apoyó en los estudios de la mujer y el género y estuvo junto a nosotras en nuestras inquietudes feministas...

A Carmiña, la amiga... la de mil anécdotas y conversaciones interesantes... la amiga leal, afectuosa y sincera... nuestro cariño siempre...

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Dedicatoria

A Rosa M. Torruellas «ami„

Cuando Rosa Torruellas vino a trabajar al Centro de Estudios Puertorriqueños en 1985, era una joven antropóloga en los comienzos de su carrera. No buscaba una carrera académica convencional, sino que su interés por la investigación estaba motivado por su compromiso humano y político con la comunidad puertorriqueña y, sobre todo, con el avance de la mujer. Entre 1985 y 1991, Rosi levantó y dirigió —siempre de forma colectiva y participatoria— el Programa de Educación Popular de El Barrio. Se dedicó a abrir un espacio donde las participantes —que eran en su mayoría mujeres— pudieran aprender, creyendo en sí mismas. Ellas aprendieron de Rosi, pero Rosi también aprendió de ellas. Desde el comienzo, pero sobre todo en los últimos dos años, ella concentró sus esfuerzos en el análisis y la divulgación de lo que esta experiencia de investigación-acción le enseñó. En su contribución a este compendio, ella se refiere a una de estas "lecciones": Cuando las mujeres del Programa se relacionaban unas con otras, recurrían a prácticas de cooperación, de ayuda mutua, de apoyo unas a las otras, de interdependencia y de reciprocidad. (...) iban forjando en el Programa lo que nosotros llamamos "comunidad". Son estos mismos valores los que caracterizaron la relación que Rosi promovió en nuestro grupo de trabajo. Su rol fue vital y le dio a nuestro grupo una dinámica profunda de equipo. Nos guiaba con su claridad, su deseo de colaborar y su sentido de respeto. Tenía una habilidad para alentar a los demás a concentrar esfuerzos en una meta, para conciliar puntos de vista y para inspirar confianza y cariño en todo el que la conocía.

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Nuestras reuniones de trabajo eran espacios de apoyo mutuo, pero eran, sobre todo, espacios de creatividad. Rosi jugó un papel clave, manteniendo siempre en primer plano la importancia de vincular el conocimiento, la teoría y la práctica a las necesidades concretas de las personas. Tenía un don especial para ir al grano de cualquier asunto, de manera afirmativa y positiva, pero sin obviar la realidad. Se enfrentó a la labor intelectual con lucidez, sensibilidad y pasión. Y, en los pocos años que estuvo trabajando en el Centro, sentó un modelo de investigación participativa y comunitaria.

El legado intelectual, político y humano que Rosi nos dejó es inmenso. Su valentía y su fortaleza frente a cualquier obstáculo —incluso él de su enfermedad— fue ejemplar. Su calma, su sonrisa, su fe constante y su actitud siempre esperanzada de que para todo hay una solución, nos inspiran y nos guian más que nunca. Rosi nos hizo parte de su familia y a mucha honra. Nos sentimos profundamente afortunadas de haber podido ser sus compañeras y amigas, pues ella nos ha marcado el alma.

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AGRADECIMIENTOS No es posible nombrar en este espacio a todas las personas a quienes debemos agradecer la celebración del Tercer Encuentro de Investigadoras CUNY-UPR y la publicación de este libro. Vaya aquí, sin embargo, nuestro reconocimiento a algunas de las compañeras y compañeros que han participado en este esfuerzo. A los coordinadores del Programa de Intercambio de CUNY-UPR, Dr. Antonio Laura, Prof. Milton Pabón y Dr. Mariano Negrón; a la Oficina del Rector de la Universidad de Puerto Rico y al entonces Rector, Dr. Juan R. Fernández, por su apoyo en la realización del Encuentro. A nuestra querida Carmen Gautier Mayoral (Carmiña), entonces Directora del Centro de Investigaciones Sociales, quien nos ofreció su respaldo y solidaridad a través de este proyecto. A Ana Juarbe, del Centro de Estudios Puertorriqueños y a Altagracia Ortiz, de John Joy College, quienes participaron en la coordinación de éste y los Encuentros anteriores en Estados Unidos. A las compañeras de CEBES, Milagros Miranda, Jannette Rodríguez, Virgen Cáceres, Nilsa Torres y Marya Muñoz, quienes participaron en la coordinación del Encuentro en Puerto Rico. Este libro no hubiera sido posible, además, sin la valiosa colaboración de la compañera Idsa E. Alegría Ortega en la compilación de los escritos. Reconocemos, asimismo, el importante trabajo del personal del Centro de Investigaciones Sociales, el apoyo del Director actual, Dr. Emilio Pantojas, el trabajo de mecanografía de Elba M. Colón, Minerva González, Sonia Sánchez y Margarita Maldonado; el de José L. Ruiz, a cargo de la reproducción; así como la contribucion de Wenceslao Serra, quien realizó la revisión final; y Yolanda Pastrana, quien realizó el diseño gráfico de la portada. Agradecemos el trabajo de estas personas, de las participantes en los escritos que hoy presentamos y de todos los que de alguna manera han colaborado en este proyecto. Alice Colón

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Tercer Encuentro de Investigadoras en Torno al Género y Mujeres Puertorriqueñas• Nuestra Realidad e Intercambio en Puerto Rico y Nueva York Alice E. Colón*

Esta publicación recoge las ponencias y comentarios presentados en el Tercer Encuentro de Investigadoras en Torno al Género y Mujeres Puertorriqueñas celebrado del 31 de mayo al 3 de junio de 1992 en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, con el auspicio del Programa de Intercambio entre la Universidad de la Ciudad de Nueva York, (City University of New York-CUNY), y la Universidad de Puerto Rico (UPR). Agradecemos la coordinación de sus actividades a compañeras del proyecto Centro de Estudios, Recursos y Servicios a la Mujer (CEBES) del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico; y a Ana Juarbe, del Centro de Estudios Puertorriqueños en Hunter College (CUNY), junto a Altagracia Ortiz de John Jay College (CUNY). El Encuentro se planteó entre sus objetivos discutir el estado de la investigación y elaboración teórica en torno a diferentes aspectos de la realidad de las mujeres puertorriqueñas en la Isla y en Estados Unidos. Se propuso, además, comenzar discusiones dirigidas a desarrollar proyectos colaborativos y conjuntos entre las investigadoras. Las sesiones reunieron cerca de noventa investigadoras de Puerto Rico y Estados Unidos. De Estados Unidos participaron compañeras de los sistemas de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), la Universidad del Estado de Nueva York (State University of New York - SUNY), y universidades de otros estados. Las investigadoras de Puerto Rico provinieron de varios recintos de la Universidad de Puerto Rico, tales como: Recinto de Río Piedras, Recinto de Ciencias Médicas, Colegio Universitario de Cayey, Colegio

*Alice E. Colón es Investigadora en el Proyecto CEBES, Centro de Investigaciones Sociales del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.


Universitario de Humacao y Colegio Tecnológico de Bayamón, así como de la Universidad del Sagrado Corazón, Universidad Interamericana, Comisión para los Asuntos de la Mujer y Comisión de la Mujer Negra. El ambiente y las discusiones reflejaban el trabajo, la maduración y el entusiasmo generado a través de dos encuentros previos en 1989 y 1990, así como de las actividades que habíamos compartido a partir de entonces. Los Encuentros habían facilitado un espacio para que las participantes se conocieran, desarrollaran .publicaciones y se reunieran en paneles y seminarios en los cuales compartir proyectos e inquietudes. Motivadas por las discusiones de los Encuentros, las participantes de Puerto Rico establecimos una Red de Investigadoras en Torno al Género y .Mujeres Puertorriqueñas, también como un espacio en el cual considerar abordajes teóricos y metodológicos, proyectos de investigación particulares y tópicos generales de interés para el desarrollo de nuestros trabajos, así como en el cual continuar el intercambio con investigadoras de otros países. También las participantes en Nueva York han establecido redes Al presente de colaboración que trascienden el Encuentro. constituyen un grupo que ha incidido en el desarrollo de proyectos y organizaciones con base en Estados Unidos, (como la recién creada Puerto Rican Studies Association), así como de esfuerzos incipientes para formar una red entre investigadoras boricuas y chicanas, auspiciada por el Inter-University Project. El Tercer Encuentro entre las investigadoras de Puerto Rico y Nueva York ha dado ya frutos, además, en términos de proyectos colaborativos en torno a asuntos como salud y derechos reproductivos y mujeres y Estado benefactor, así como discusiones relacionadas con la identidad de las mujeres negras, educación y metodología feminista. Con esta publicación ofrecemos las presentaciones para una discusión más amplia. Algunas de éstas han sido ampliadas y desarrolladas a partir del Encuentro; otras, han sido editadas de manera más fiel a lo presentado. Las participantes de la Red en Puerto Rico desarrollaron presentaciones colectivas, dirigidas a establecer las condiciones para proyectos conjuntos y colaborativos, y a ofrecer para discusión, y como marco para investigaciones futuras, una visión panorámica de los trabajos desarrollados en torno a los temas abordados en los paneles. Las presentaciones de las participantes de Estados Unidos tienden a ofrecer análisis más específicos de proyectos y temas particulares. Parafraseando los comentarios de Annette Ramírez de Arellano, incluidos en la publicación, los trazos más finos y brochazos más amplios se complementaron en un marco de asuntos comunes, abordados desde diferentes ángulos y perspectivas. Todos los trabajos xiv


representan una contribución a nuestro objetivo de establecer los parámetros y los debates en la investigación feminista y con relación a las mujeres puertorriqueñas, así como los puntos para la discusión en torno a su experiencia y realidad en Puerto Rico y en Estados Unidos. Representan una instancia de síntesis y reflexión que se mantiene abierta y que esperamos sea útil como punto de partida para la elaboración de trabajos futuros. A dos años del Encuentro, nos parecen importantes la riqueza e intensidad intelectual y afectiva vividas a través de nuestras discusiones. Abordadas con profundidad, éstas estuvieron a la altura de las reflexiones y debates más álgidos y puntuales en los estudios del género y la mujer, incluyendo, como puertorriqueñas, la dimensión de la nacionalidad. Subyacían estos debates la diversidad de nuestras posiciones en torno al materialismo histórico, posmodernismo y las diferentes vertientes teóricas en las ciencias sociales y el feminismo. Son asuntos que continúan en controversia, cuyo análisis debemos continuar desde nuestras diferentes perspectivas feministas. Entre los asuntos discutidos podemos mencionar, por ejemplo, algunos relacionados con las transformaciones sociales, económicas, tecnológicas y en el Estado: los conceptos de trabajo y la sociedad post-trabajo; la complejidad de los beneficios públicos como mecanismos de control y medios de resistencia o sobrevivencia; el "welfare" como derecho reproductivo; las contradicciones que presentan las condiciones de apoyo y conflicto en las relaciones familiares; las posibilidades coercitivas o liberadoras de las nuevas tecnologías reproductivas; los límites y posibilidades de transformación en la situación de las mujeres a partir de trabajos de alguna manera vinculados al Estado. Estos asuntos plantearon debates más amplios sobre los mismos conceptos de resistencia, agencia y mecanismos de sobrevivencia en las diferentes instancias de la vida de las mujeres puertorriqueñas. Recurrieron, además, las discusiones en torno á la diversidad, y con relación a las categorías de género y nacionalidad, considerando hasta qué punto se erigen como totalizantes, y tomando en cuenta, sobre todo, sus implicaciones para la activación política. Se relacionan

*Para un texto que puede introducir las discusiones en torno al concepto de "agencia" (en términos de la dimensión activa o transformadora del comportamiento humano), utilizado en varios de los escritos en este libro, vea: "Introducción" por Anthony Giddens y Jonathan Turner y "Teoría de la estructuración y praxis social" por Ira J. Cohen, en Anthony Giddens, Jonathan Turner y otros, La teoría social, hoy, Versión española de Jesús Alborés, Madrid: Alianza Editorial, 1990.


a estos debates los plantemientos en torno al lenguaje, el bilingüismo y la migración, considerados elementos en la conformación de la identidad nacional-cultural como puertorriqueñas y de la diversidad en esa identidad. En términos metodológicos, se abordaron también los problemas que presenta la relación entre las investigadoras o coordinadoras de grupo y las participantes en nuestros trabajos de grupos de apoyo o proyectos de investigación participativa e, incluso, en la actividad literaria. Se consideraba aquí la inquietud de no reproducir en nuestros trabajos las relaciones jerárquicas, de separación y dicotomía sujeto-objeto entre investigadoras e investigadas que han caracterizado a las ciencias sociales, así como las posibilidades de desarrollar formas de trabajo que garanticen la participación y voz del conjunto de participantes en un proceso de inclusión y transformación. No se trataba de establecer consensos ni conclusiones en torno a estos asuntos en el Encuentro. Entendemos, sin embargo, que se dio un paso para aclarar nuestras diferencias y posiciones, así como para plantearnos como problemáticos puntos que antes quizás ni siquiera habíamos reconocido. El Encuentro recogió las inquietudes de los feminismos de principio de los 1990; fue un intercambio en el que lidiamos con el reconocimiento de nuestras diferencias y con las dificultades concretas que acarrea aceptarlas y dilucidarlas. Fue un encuentro de investigadoras en el cual estas diferencias y diversidades tomaron forma de discusiones teóricas; pero, fue a su vez, un encuentro feminista, en el cual las discusiones teóricas estuvieron permeadas por referencias a nuestras experiencias personales más íntimas, a nuestras inquietudes y sentimientos más profundos. Se trató, asimismo, de un encuentro de investigadoras feministas, en el cual nuestras discusiones estuvieron cargadas del compromiso profundo y honesto con la transformación de nuestra condición como mujeres y cuyo sentido va más allá de debates puramente académicos. Queda trabajo por realizar en todos estos aspectos. Esperamos que al publicar los escritos de este Encuentro ampliemos lo que fue su experiencia de reflexión y crecimiento.


PROLOGUE Intercambio And Puerto Rican Women's Research: The Meaning Of Our Encuentros Altagracia Ortiz*

For almost twenty-five years scholars from a variety of disciplines have been researching the experience of women on the island of Puerto Rico or of Puerto Rican women (puertorriqueñas) in the mainland of the United States, and through their studies have advanced our history, gender, and work experiences, and other aspects of the lives of puertorriqueñas on both sides of the Atlantic Ocean. But few of these studies have approached our historical past or the special issues that presently affect us from the dual perspective of an island/mainland analytical framework. Those of us who have researched Puerto Rican women in the mainland often consider women on the island (or the island itself) only as a "background" or as part of the colonial experience —a kind of prelude to our own studies of puertorriqueñas in the United States. Often, too, scholars in the mainland have looked at our experiences on the Island as the "fountainhead" of Puerto Rican women"s culture or as "explanations" of what makes us unique (or in some cases "the exception") in the United States. Similarly, researchers on the lives of women on the island, relegate puertorriqueñas in the mainland to a coda or a footnote in their studies, thus, failing to integrate the experiences of Puerto Rican migrant women and those of their daughters as part of a historical continuum that speaks to the same socio-economic and political reality. The annual encuentros (or gatherings) of investigators on Puerto Rican women which were held under the auspices of the CUNY-UPR Intercambio Exchange Program from 1989 to 1992, however, broke with these divisional approaches and made genuine attempts at generating new perspectives for the combined study of

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*Altagracia Ortiz is Professor of the Department of History at John Jay College, City University of New York (CUNY).


puertorriqueñas in Puerto Rico and the United States. The first of these gatherings took place at the University of Puerto Rico, Rio Piedras' campus, in June, 1989, and it focused on the work experiences of Puerto Rican women; since this was a developing research area that already had produced publications focusing on the experiences of puertorriqueñas in Puerto Rico (such as the works of Yamila Azize, María del Carmen Baerga, Nilsa Burgos, Lydia Milagros González, Isabel Picó, Marcia Rivera Quintero, Blanca Silvestrini, and Helen I. Safa) or in the United States (namely the works of Christine Bose, the Centro de Estudios Puertorriqueños Oral History Task Force, Alice Colón-Warren, Rosemary Santana Cooney, Altagracia Ortiz, Virginia Sánchez Korrol, and Carol Smith). At this path-breaking encounter we shared information about our scholarly interests and methodologies in several workshops —among these a "Women and History Panel," "Women and Health Panel," and a "Women, the Economy, and Demography Panel." Two concrete efforts emerged out of this Encuentro: a collective realization that we needed future gatherings to discuss our different researches, theoretical frameworks and methodologies; and a commitment to collaborate in projects that sought a fuller understanding of Puerto Rican women's lives both on the island and the mainland. Already this commitment has borne fruit in the anthology that I am presently editing for Temple University Press, Puerto Rican Women Workers in the Twentieth Century: New Perspectives on Gender. Labor, and Migration. This anthology is almost complete, and includes essays by participants of this first Encuentro —Rina Benmayor, Alice Colón, Ana Juarbe, Altagracia Ortiz, Carmen PérezHerranz, and Virginia Sánchez Korrol; of the second Encuentro —Marya Muñoz Vázquez; and of the third Encuentro —Geraldine Casey, and Julia Andino. All of the contributors to this anthology, except for one (Eileen Boris) has attended at least one of our encuentros. The anthology has obtained a contract from Temple University Press, and is scheduled for publication this coming year. This anthology is truly an expression of one of our goals, as members of these encuentros, to produce a more unified schólarship on Puerto Rican women. Until the first Encuentro, I had been doing research exclusively on puertorriqueñas in the United States, but by the winter of 1990, when Temple University Press contacted me about an anthology on Puerto Rican women workers, I had become convinced that we could no longer continue to dichotomize the history of puertorriqueñas into two "separate spheres" —the "island experience" and "mainland experience." Therefore, I suggested to Temple University Press a collection of essays that examined the lives of Puerto Rican women workers both on the island and in the mainland of the United States.

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Although the anthology will be published as part of their Latin American studies area series, it is organized within a historical chronology that captures the collective experiences of working puertorriqueñas in Puerto Rico and in the diaspora, while raising fundamental questions about women's work and its relationships to colonialism, capitalism and international migrations. The various essays closely examine the specific issues of wage-homework, gender and ethnic discrimination, migrant labor and community development, job loss and poverty, household and wage-labor, women's work and industrialization, and workers' struggles and resistances. The anthology will begin with an introductory essay in which I will provide an overview of the work history of puertorriqueñas that will take into account: 1) the colonial-capitalist structures that United States has imposed on the island since 1898; 2) the social (i.e., education, family-planning) and economic reforms initiated to "modernize" and industrialize Puerto Rico; 3) the labor migration flows accompanying the vast and rapid transformations that have characterized the Puerto Rican economy throughout the twentieth century; and 4) the extremely competitive capitalist reconfigurations that, beginning in the 1950s, threw Puerto Rican women workers into the "new international division of labor." The introduction also will integrate all the essays into this historical backdrop, while supplying information that bridges the content of each essay. The anthology then proceeds to illustrate, with an article by Eileen Boris (a well-known North-American women's studies scholar), the experiences of puertorriqueñas in the needle-trades in Puerto Rico during the 1930s, an essay that focuses on the problems of homeworkers and their reaction to United States congressional attempts to regulate this industry through the National Recovery Act of 1935. In the following essay I bring the Puerto Rican needlework experience to New York City, and explore the many difficult situations of puertorriqueñas in this industry, especially the problems of gender and ethnic discrimination in the city's garment factories and in the International Ladies's Garments Workers' Union (ILGWU) during the 1950s and 1960s. The work experience in the mainland is continued by Virginia Sánchez Korrol's account of migrant teachers in the city's public schools from 1947 to 1967, an article which illuminates the diversity of the migration experience among puertorriqueñas in the United States. The anthology then turns to Alice Colón-Warren's investigations on the declining labor force participation of Puerto Rican migrant women in the states, many of whom lost their jobs during the economic crisis of the 1960s and 70s in the Mid-Atlantic Region. Because a similar pattern takes place in Puerto Rico, the anthology here turns to the work of Carmen Pérez-Herranz, who

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evaluates the impact of economic transformation on the wage and household labor of garment workers in the early 1980s. Although all the above essays pause to examine Puerto Rican women's attempts to resolve the problems in their workplaces, the articles by Marya Muñoz Vázquez and Rosa Torruellas, Rina Benmayor, and Ana Juarbe deal exclusively with women's strategies to improve their work options and conditions in the mid-1980s. In the case of Muñoz Vázquez's essay we see women in the garment and textile factories of a large industrial complex on the western part of the island collectively struggling to create safe work environments. In New York City Torruellas, et al., see this same spirit of collectivity in the activities of unemployed puertorriqueñas seeking to redefine the meaning of work and "productive labor" through their skills-training, and family and community work. The anthology ends with Geraldine Casey's comprehensive analysis of the intersection of gender, race, and class among clerical workers in Puerto Rico in the late 1980s and early 1990s, an essay foreboding of Puerto Rican women's futures. In a concluding essay I also point to trends that appear to predict Puerto Rican women's future prospects in the labor markets of the United States and Puerto Rico, and propose some considerations for policy makers and investigators who are dedicated to improving work conditions and opportunities for Puerto Rican women in the 90s and beyond. Clearly, this was one of the most significant outcomes of our first Encuentro. Our second Encuentro took place at Hunter College of City University of New York in New York in 1990, and this time we decided to create two formal panels and invite several scholars to present their research. In the Women: Social Movements and Organization Panel, there were three presentations that excellently illustrated the research on island women: Ida Susser's "Women as Political Actors in Rural Puerto Rico: Continuity and Change," Nilsa Burgos's "La participación de la mujer en movimientos sociales de Puerto Rico: notas para el desarrollo del tema," and Marya Muñoz Vázquez, María Teresa Ríos, Virgen Cáceres, and Jeannette Rodríguez's "La organización en comités de salud: comparación de una experiencia comunitaria y otra en un escenario de trabajo." Vicki Muñiz's paper, entitled "From Consent to Resistance: Puerto Rican Women Defend their Homes and Neighborhoods," in the meantime, gave us a vivid account of the social and political work of puertorriqueñas in Brooklyn, New York that saved their community of Sunset Park from destruction. The Women, Work, and Migration Panel also was to consist of four presentations: Laura L. Ortiz Negrón's "En torno a la migración dominicana en Puerto Rico," Clara Rodríguez's work on "Race and Gender among Puerto Rican Women in the United States," Elsa Planell Larrinaga's "La campesina de Pezuelas: Efectos de la


migración temporera en su cotidianidad," and Carol Smith's "LowIncome Workers in the Welfare State: A Case of Dominican Women in New York's Garment Industry." Unfortunately, Carol Smith suffered a death in her family and was unable to present her work, but we did publish her paper as part of the Intercambio's Proceedings of the Segundo Encuentro de Investigadoras (Hunter College, June 1992), along with all the other papers presented at this Encuentro. Members of Project CERES of the Social Science Research Center of the University of Puerto Rico, Ana Juarbe (Centro de Estudios Puertorriqueños of the City University of New York) and I convened the third and final Encuentro at the University of Puerto Rico, Rio Piedras' campus, in 1992. For this Encuentro we worked very closely to bring together many more participants, who presented formal papers in different panels on a variety of issues affecting Puerto Rican women both in Puerto Rico and the United States. We also looked for equal representation from the island and mainland scholarly communities on all our panels. This last Encuentro was a magnificent example of interdisciplinary feminist work in action, for at this scholarly gathering we began to tackle specific problems that have affected Puerto Rican women on the island and the mainland in the twentieth century, such as poverty, cultural identity, reproductive rights, control of our sexuality, violence against our persons, and the more general and theoretical issues revolving around the impact of social and economic transformations on women and gender construction. This last gathering also showed all of us not only the dynamic and flourishing feminism that is evolving among us puertorriqueñas, but the divergent (and sometimes strident) thinking that is present within us as feminists. I think the lesson of these Encuentros for us should be to try and work together in spite of our differences, so that we can collectively confront the problems that we face as scholarly feminists and as Puerto Rican women wherever we may live or work.


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TRANSFORMACIONES SOCIALES Y LA VIDA COTIDIANA: LA PARTICIPACIÓN IE LAS


ANTE IA COYUNTURA DE FINALES DE SIGLO: UN BOCETO PARA EL ASOMO FEMINISTA

Idsa E. Alegría Ortega• Alice Colón Warren*. Annie Fabián••= Milagros Miranda•••• Mai-ya Muñoz Ivette Rodríguez' Este trabajo constituye una reflexión crítica sóbre las tendencias de la reestructuración social, económica, política y cultural que vivimos a nivel internacional entrada ya en :la coyuntura histórica de finales de siglo. En este ensayo discutiremos lo que vislumbramos como las posibles consecuencias de algunas de estas tendencias para la mayoría de nuestra población y en particular para las mujeres.

*Idsa E. Alegría Ortega es Profesora en el Departamento de Ciencias Sociales General, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. -Alice Colón Warren es Investigadora en el Proyecto CERES del Centro de Investigaciones Sociales (CIS), Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. --Annie Fabián es Investigadora en el Instituto de Estudios del Caribe, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. ««Milagros Miranda es Auxiliar de Investigación en el Proyecto CERES del Centro de Investigaciones Sociales, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. —~«Marya Muñoz es Profesora en el Departamento de Psicología, Recinto de = Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. ~««Ivette Rodríguez es Profesora en los departamentos de Sociología y Antropología y Ciencias Políticas, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico.

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Al decir "boceto" y "asomo" en nuestro título no lo hacemos encuadrar nuestras reflexiones. Queremos expresar simplemente para con ambos conceptos toda una serie de significaciones. Asomarnos desde un boceto es desatar un trabajo por hacerse; invitar a que se haga patente eso que se ha quedado fuera de las discusiones políticas y culturales actuales. Desde el boceto, el asomo es un gesto convocador, aún sin completar; algo colectivizador como este ensayo. Las integrantes del grupo no compartimos necesariamente los énfasis ni las perspectivas de análisis; no obstante, hemos podido recrear la hermosa pluralidad en el diálogo. Irrespectivamente de las diferencias metodológicas y conceptuales, los procesos aquí explorados constituyen parte del contexto de nuestras prácticas y el marco de nuestras investigaciones presentes y futuras. Sin pretender ser exhaustivo, nuestro trabajo aspira, por un lado, a puntualizar áreas de estudio y el debate que surge a la luz de las tendencias discutidas; y por el otro, a identificar nuevos enfoques y categorías de análisis que nos permitan obtener una visión más "integral" de los procesos que nos afectan. Nuestras discusiones se han enmarcado en el contexto del debate actual entre perspectivas de análisis en las ciencias sociales y la critica feminista. Comenzamos por discutir sobre los giros del capital y las transformaciones cotidianas de finales de siglo. También hemos dialogado sobre otras transformaciones experimentadas a lo largo del siglo en nuestros sistemas de pensamiento y que a nosotras como investigadoras feministas nos tocan muy de cerca. En lo que sería un primer acercamiento, o nivel de análisis, en las ciencias sociales, se sostiene la necesidad de una visión "holística" en la cual el concepto de modo de producción (según trabajado en La ideología alemana de Marx)' continúa como un eje fundamental de las interrelaciones entre las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Esto sin negar que cada una de éstas instancias tiene su dinámica propia que es importante investigar en sí misma. Como parte de esta perspectiva se hace énfasis particular en las transformaciones económicas, en las estructuras de clase y en las respuestas organizadas para el cambio social y político. Sin obviar necesariamente lo anterior, una segunda perspectiva incorpora en el análisis de las transformaciones el debate sobre la crisis en los sistemas hegemónicos (masculinistas) de representación en Occidente, así como el rechazo de la racionalidad como fundamento primordial del pensamiento y la acción en los asuntos humanos. Nuestras prácticas investigativas y políticas inciden en el tipo de cuestionamiento que esta crisis supone, en la medida en que el feminismo reta la concepción cartesiana del sujeto único (no fragmentado) del conocimiento (el Hombre) y la serie de dicotomías y 3


exclusiones en que se cimenta su definición (tiempo/espacio; mente/cuerpo; cultura/naturaleza, etc.). Esta consideración también examina la trayectoria del saber feminista y la recuperación al interior de su propio discurso de las mismas propuestas sobre el sujeto y las construcciones binarias que desea desmontar en el discurso masculinista. Además, se ocupa del cuestionamiento profundo a que se han sometido las premisas políticas que regían la llamada modernidad, por ejemplo: la confianza en los procesos de la democracia representativa, las políticas de desarrollo apoyadas en el industrialismo orientado a la producción y al consumo acelerado, así como en las jerarquías de poder sexuales, las raciales y por edad. De este modo, se le han puesto signos de interrogación a la política y a las estrategias de izquierdas basadas exclusivamente en reivindicaciones de índole nacionalista, laboral y clasista.2 De ninguna manera se pretende recoger en la descripción anterior la diversidad de los temas ni los diversos matices de estas perspectivas de análisis, sino presentar en forma sucinta lo que se ha presentado como diferencias de posiciones. No obstante, en este trabajo nos dedicamos a describir puntos de convergencia, en la medida en que entendemos que los objetos de estudio y los análisis de las diversas perspectivas no son contradictorias en todos sus aspectos. En nuestras discusiones se plantearon más diferencias de énfasis que posiciones completamente antagónicas.

Tendencias de la Restructuración Económica Comenzamos por discutir las transformaciones más amplias en el ámbito. de la producción en las sociedades capitalistas contemporáneas. Los planteamientos de reestructuración de índole económica para los noventa sugieren tendencias que venían desarrollándose como respuestas a la crisis del sistema capitalista desde la década del setenta.3 Entre los objetivos de las estrategias de desarrollo se plantean. Primero, la inserción en el mercado internacional a través de una competitividad en la producción para la exportación. Esto supone estrategias económicas que concentren la mayor parte de sus recursos en la producción y mercadeo de aquellos bienes y servicios en que puedan ser más "eficientes" (competitivos) a nivel internacional. Es decir, priorizar en establecer un nicho en el mercado mundial para generar los ingresos necesarios para la población, y no en la producción para el mercado interno, si ésta no puede realizarse a niveles rentables según las condiciones exigidas en el comercio Internacional. Dicha competitividad tenderá a fundamentarse en la continua aceleración del desarrollo tecnológico, la automatización y el 4

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incremento en la productividad; hecho que implica una mayor importancia del trabajo científico y técnico, y una marcada reducción en el uso de mano de obra. A la producción en masa que caracterizaba al capitalismo avanzado en períodos previos se añade la producción especializada y en pequeña escala. Este movimiento hacia una economía trasnacionalizada y de tecnología elevada ha implicado una transformación en la composición del empleo. Han disminuido en términos proporcionales los empleos en la producción agrícola y manufacturera mientras se han incrementado los empleos de los servicios profesionales y técnicos, así como los burocráticos, de mercado y financieros.4 Esta aceleración en la producción se ha impuesto sin considerar los efectos sobre la naturaleza y el medio ambiente a largo plazo, lo cual conlleva la destrucción de los recursos renovables y no renovables y una profunda crisis ambiental. La reestructuración de índole económica no ha podido solucionar la crisis a este nivel, con el agravante de una crisis ecológica y social.5 Segundo, el Estado interviene selectivamente en la consecución de los objetivos arriba mencionados. Sin ceder sus áreas de control fundamentales y su tradicional rol de establecer las condiciones apropiadas para la acumulación, la intervención selectiva del Estado se traduce en una reducción de sus funciones directas, particularmente en las áreas de asistencia social. El Estado, que a partir de la Depresión de los treinta y la Segunda Guerra Mundial fungió como inversionista en la infraestructura, la educación, la salud y otros servicios (dirigidos a la reproducción de los recursos humanos y a contener las tensiones sociales), ha visto en las últimas décadas minado su poder y drenado sus recursos. Para poder enfrentar la crisis del capital y su propia crisis fiscal, el Estado abre en este período espacios a las inversiones de otros sectores, en la medida en que consolida, reduce y directamente privatiza servicios de diversa índole.6 No es casualidad que el ámbito militar no se haya visto tan afectado por esta crisis. Precisamente en la medida en que el Estado se ve imposibilitado de contener las tensiones sociales a través de medidas asistencialistas, se hace necesario la utilización de medidas más abiertamente represivas. Por ejemplo, la industria militar ha sido central en el desarrollo y la hegemonía de la economía norteamericana y Estados Unidos ha sido el productor y vendedor principal de armas no sólo para su propio consumo, sino también para regímenes del llamado Tercer Mundo.? Tercero, se estimula la integración regional como medio de apoyo a la competitividad. Esto incluiría la posibilidad de la 5


negociación conjunta con otros organismos y regiones internacionales. Tenemos que analizar más detalladamente las consecuencias del mercado europeo, de la integración de los mercados de Estados Unidos, Canadá y México, así como de otros esfuerzos de este tipo en América del Sur y en el Caribe. Nos planteamos hasta qué punto estos acuerdos de integración serán sobre todo una forma de unificación para la protección de las empresas de los países del centro y una manera de justificar la apertura de los mercados de la llamada periferia. De hecho, entre las tendencias de la movilidad del capital encontramos el regreso de la inversiones y los empleos de las empresas trasnacionales a sus casas matrices en los países que son su centro.8 Ante estas condiciones, los acuerdos de integración pueden fortalecer como bloque a los sectores dominantes de los países ya más poderosos y perpetuar el control de éstos en su relación con las poblaciones marginadas y dependientes, particularmente de los países periféricos. Los intentos de integración propuestos pueden, asimismo, colocar a los gobiernos, y particularmente a los pueblos de estos países, en una competencia más intensa por los recursos e inversiones de las grandes empresas y organismos internacionales.9 Sin acuerdos formales, ya la fuga de industrias a países de salarios más bajos y hacia sus casas matrices han impactado nuestra industria de ropa, la electrónica y la atunera.io Industrialización y Empleo en Puerto Rico Hasta el momento, el desarrollo de estas estrategias económicas en Puerto Rico ha provocado el descenso dramático en el empleo de hombres y la limitación en el empleo de mujeres. Dicha situación no sólo nos plantea interrogantes en torno al futuro del incremento del empleo de mujeres, sino que a la vez sugiere la creciente marginación del mercado de trabajo de sectores cada vez más amplios de la población. En Puerto Rico se observa, en primer lugar, un descenso en el empleo de hombres. Según se desprende de nuestras investigaciones previas, el desarrollo tecnológico ha conllevado el desplazamiento de trabajadores principalmente dentro de la producción manufacturera y agrícola, lo que afectó particularmente el empleo masculino. El hecho de que las industrias de mayor desarrollo tecnológico, tales como las químicas y las farmacéuticas, las cuales han predominado en nuestra economía desde 1960, empleen una mayor proporción de hombres que de mujeres nunca ha logrado compensar la pérdida de empleo por parte del sector masculino en las industrias agrícolas; mientras, por

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otro lado, los empleos manufactureros de mano de obra intensiva y en los servicios favorecían el empleo de mujeres." En segundo lugar, es preciso aclarar que las nuevas estrategias de desarrollo económico tampoco han conllevado un aumento dramático en el empleo de mujeres. Las industrias manufactureras que fueron base de Operación Manos a la Obra no lograron compensar el descenso en empleo en las industrias de aguja y ropa tradicionales, aún cuando demandaban mano de obra predominantemente de mujeres. La fuga posterior de las industrias como las de ropa y eléctrico-electrónicas, así como el subsiguiente predominio económico de las industrias químicas y farmacéuticas, conllevó también un descenso en el empleo de mujeres en la manufactura. Esto es así, no sólo porque estas últimas emplean menos trabajadores en su totalidad, sino porque aun cuando han registrado un incremento en la proporción de mujeres empleadas, hasta el momento ocupan una proporción mayor de hombres. La participación de las mujeres en la manufactura no ha logrado, pues, alcanzar los niveles previos.12 El leve aumento en el empleo global de mujeres observado entre 1950 y 1990 ha sido, fundamentalmente, el resultado del incremento en los empleos de servicios profesionales, de administración pública, de trabajo de oficina y de ventas, que se aceleraron junto al desarrollo tecnológico a partir de la Segunda Guerra Mundial; empleos que históricamente fueron identificándose como renglones femeninos.13 A partir de estas tendencias, las proyecciones para el futuro han. sugerido la creciente feminización del mercado de empleo. 14 De acuerdo a estas proyecciones se esperaría que una mayor proporción de mujeres componga el grupo de la fuerza trabajadora que se mantenga activa. Así, por ejemplo, en la división internacional del trabajo se ha intentado que Puerto Rico quede como centro intermediario de funciones financieras, y posiblemente comerciales y técnicas, además de ser meca de la producción farmacéutica y de instrumentos científicos. Ante los límites del empleo manufacturero se buscan también nuevos nichos, como lo es la industria del turismo.i5 El que Puerto Rico se constituya en centro de servicios podría favorecer el empleo de mujeres. Nuestros estudios indican que esta proyección requiere de mayor reflexión.16 Tradicionalmente, el empleo de mujeres ha dependiddo de que éstas se hayan mantenido como mano de obra menos costosa. Los renglones que se han mantenido en crecimiento y que lo han hecho empleando mujeres, han sido los de menor jerarquía y remuneración por el trabajo realizado, aun en ocupaciones con 7


niveles de escolaridad más elevados. Si proyectamos lo sugerido hasta el momento, no esperamos que esta segregación de posiciones por género se erradique a corto o a mediano plazo. Aun más, este tipo de empleo de menor remuneración puede reducirse en la medida en que no sea requerido como estrategia de acumulación. Así, por ejemplo, las industrias en las que se requiere menos mano de obra, tales como la manufactura de tecnología más desarrollada, pueden pagar salarios más elevados tanto a hombres como a mujeres, pero también es menor en éstas la proporción de empleo femenino. Las recientes tendencias económicas y estatales podrían implicar, asimismo, una reducción considerable de empleos en los renglones de servicio, en los cuales hasta los últimos años se había mantenido el crecimiento en el empleo femenino.17 La privatización, la automatización en los servicios y en el trabajo de oficina, así como la centralización y la reorganización administrativa, podrían eliminar las posiciones descalificadas abiertas a las mujeres, y mantener mayormente las posiciones de mayor jerarquía y control burocrático y técnico, que tradicionalmente han sido ocupadas por hombres. El futuro de la feminización del empleo en Puerto Rico dependerá del grado de intensidad con que se desarrollen en la Isla cada una de estas tendencias. En este sentido, es importante señalar como tercer punto que, entre las posibles consecuencias de las tendencias económicas qué se vislumbran para finales de siglo, debe destacarse cómo aspecto predominante la marginación de sectores cada vez más amplios del mercado de empleo. El aumento en la productividad y la fuga de industrias ha dejado sin oportunidades de empleo a una mayoría de la población, sobre todo a trabajadores y trabajadoras de menor índice de escolaridad. El caso de Puerto Rico es un claro ejemplo de cómo, aun cuando las estrategias de desarrollo hayan favorecido el empleo de mujeres, no han sido capaces de resolver la falta de empleo para éstas ni el desempleo de los hombres. Aun en los años más recientes, menos del 30 por ciento de las mujeres en edad legal de trabajar se encuentra empleado y la falta de empleo ha aumentado no sólo entre aquéllas de niveles educativos inferiores y empleadas en las industrias manufactureras, sino entre trabajadoras de niveles de educación más elevados, con empleos profesionales, de' óficina o de servicio.18 No debemos olvidar, por otro lado, que la falta de empleo refuerza las condiciones para reproducir sectores económicos menos tecnificados y formas de trabajo no asalariado, que el sistema a su vez, demanda. Contingentes excluidos de los empleos en las esferas económicas dominantes se encuentran trabajando, en muchos casos de manera más intensa, y circulando dentro de lo que se han llamado las

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instituciones de la periferia.19 Es decir, se mueven a través de empleos que ofrecen condiciones de subsistencia cada vez más precarias; realizan trabajos en la economía paralela (el chiripeo) e incrementan el trabajo doméstico, mientras complementan sus ingresos a través de servicios públicos cada vez más insuficientes.20 A nadie debe sorprender que las mujeres constituyamos la mayoría en este sector. Estos trabajos toman como modelo el "amadecasismo" y nuestra definición social como trabajadoras secundarias con los que se refuerza la producción a domicilio y el trabajo doméstico.21 El capital no sólo crea las condiciones para la reproducción de estas formas de trabajo, sino que se las apropia. Este trabajo que el capital no paga —como el trabajo doméstico— o que es pagado a niveles ínfimos, mantiene a quienes lo ejecutan sumidos bajo niveles de pobreza. Así, por ejemplo, para 1987, productoras independientes de la industria de la ropa en Puerto Rico ganaban el equivalente de un dólar la hora —mucho menos que el salario mínimo.22 Desde la perspectiva del capital, bajo estas condiciones se reducen los costos de reproducción de la fuerza laboral, al igual que disminuye la presión para ofrecer ingresos más elevados incluso en renglones ocupacionales superiores. Los beneficios públicos y los trabajos periféricos a las industrias de mayor poder económico se constituyen así en subsidios para las empresas y en amortiguadores de su crisis, con la subordinación de las mujeres como factor fundamental en la reproducción del sistema.23

Tendencias de las Transformaciones de Indole Social Las tendencias del capital que venimos describiendo no sólo han producido efectos radicales en los niveles y distribución de empleo para hombres, y muy particularmente para las mujeres, sino que paralelamente han tenido claras consecuencias para el entorno ecológico, el estado de la salud y nuestra experiencia cotidiana en general. Podemos afirmar que se han creado problemas en magnitud sin precedentes en los últimos cincuenta años. Entre éstos se encuentran, además del desempleo, los estandáres de vida más bajos, la deuda, la inflación, la contaminación ambiental, la destrucción de los recursos renovables y no renovables, y una deteriorada calidad de vida que se manifiesta principalmente en un incremento de la violencia social, en la circulación y el uso de drogas y en la criminalidad. Podría plantearse el cuestionamiento que estos cambios suponen, tanto en la experiencia como en la conceptualización, de los espacios que material y emblemáticamente constituyen la red de

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relaciones que componen "lo social"; esto se refiere no sólo al trabajo, sino también a la familia y a la comunidad en general.

Familia y Ambito Doméstico Al acercarnos con una perspectiva de género a estos desarrollos es necesario considerar el ámbito (favorecido socialmente) de las relaciones de intimidad de mujeres y hombres, es decir, las relaciones familiares y el ámbito doméstico. En relación dialéctica con los procesos antes mencionados nos enfrentamos a transformaciones en los modos de intervención y control del Estado, de los llamados expertos y de otras instituciones, en el ámbito doméstico; dinámica que incide de manera diferenciada en los distintos sectores y clases sociales.24 Nos efrentamos, asimismo, a un incremento en las tasas de divorcio, a una incidencia más elevada de mujeres jefe de familia y a una mayor proporción de éstas entre los sectores bajo niveles de pobreza.25 El estudio de "la familia" presupone asumir su historicidad y el lugar que esta ocupa en el juego del poder y las dominaciones. La separación de la producción social y el ámbito doméstico que se acentuara bajo el capitalismo ofreció las condiciones para que se entendieran las relaciones familiares como una esfera aislada; reducto de la vida personal, de la intimidad y de apoyo afectivo que se antepuso a las relaciones segmentadas, utilitarias y de competencia que caracterizan al ámbito público. Así se destaca a la familia como la base primaria y fundamental de las relaciones personales en sociedades capitalistas y como el espacio natural de nuestros deseos, instintos y necesidades. Sin embargo, otros y otras (como las feministas), ya la han condenado también como foco de opresión e infelicidad para los individuos y en particular para las mujeres.26 El carácter conflictivo de los acercamientos al tema de la familia nos señala el lugar neurálgico, y por lo tanto político, que ésta ocupa en nuestras formaciones sociales.

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En las últimas décadas hemos sido testigos en Puerto Rico de una verdadera explosión de debates alrededor de los "issues" asociados con la familia. Sectores tan diversos como el gobierno con sus proyectos para el fortalecimiento de la familia, las iglesias, las organizaciones cívicas y los medios de información han insistido en aunar esfuerzos para enfrentar lo que han percibido como la crisis y la degeneración de "la familia puertorriqueña". Estos parten de la creencia de que todos los problemas de la sociedad puertorriqueña son causados por la pérdida de fortaleza de la "la familia". Evidentemente han ocurrido cambios en los patrones de convivencia


de la gente más joven, y los espacios familiares enfrentan una variedad de (nuevos y viejos) conflictos que van desde la violencia hasta la drogadicción y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Sin embargo, ya nadie cree que la convivencia familiar esté a punto de extinguirse en Puerto Rico. De hecho, en la Isla sólo 6 por ciento de hombres y de mujeres vive en relaciones no familiares, indicando el vigor de estos lazos y de las tendencias que lo mantienen.27 ¿Es que la vida familiar fue alguna vez más fuerte? ¿No será en realidad que el modelo dominante de "la familia" comienza a mostrar sus costuras? La teoría de que el "holocausto social" es producto de la crisis familiar pone al descubierto las premisas de la definición de familia que los discursos oficiales defienden. Este reclamo, así como todas las prácticas dirigidas a defenderlo, se fundamenta en la premisa de que la familia nuclear, es decir, la familia heterosexual, patriarcal y de clase media, es y ha sido un fenómeno social universal e invariable en la Isla. Cambios en los términos qué sostienen esta definición como, por ejemplo, el deseo y la lucha de las mujeres por su autonomía y por la prerrogativa de decidir sobre sus vidas y sus cuerpos constituyen para la oficialidad una crisis en ciernes. De este modo, y ante las tensiones y trastoques que suponen, por un lado, el desmantelaminento del Estado benefactor y la recomposición del mercado laboral, y por el otro, las reivindicaciones alcanzadas en las últimas décadas por los movimientos de mujeres y homosexuales, se reactiva discursivamente a la familia. Así, la concepción normativa de la familia tiene, como ha tenido históricamente, un uso político específico.28 :La cantidad e, intensidad de los abordajes públicos y acádemicos alrededor de esta construcción que llamamos "la familia" demuestra que ésta, no es una experiencia natural y transparente, sino el producto de procesos históricos complejos. Sabemos por experiencia que es una ilusión definir a la familia como un fenómeno social sin historia y fácilmente recortable de. otras experiencias de lo social. Una realidad más compleja se advierte cuando se considera la gama de experiencias Lo que se ha y significados que el concepto familia evoca. caracterizado como una unidad natural e igualitaria, en sí comprende una gran variedad de prácticas, de comportamientos y de afectividades a la vez que excluye y hace desaparecer otras. Por ejemplo, "la familia" recoge y evoca experiencias tan variadas como la de coresidencia, hogar, parentesco, matrimonio, sexualidad, crianza —experiencias que han variado cultural e históricamente— y las pone a funcionar alrededor de la pareja heterosexual y de la reproducción. Así se excluyen de este modelo de familia no .sólo otras relaciones afectivas .y estilos de vida, como las de las parejas homosexuales y las de aquéllos que no viven en matrimonio, sino la posiblidad de pensar la vida familiar desde otro lugar.29

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Algo tan palpable en nuestra sociedad como la violencia en el espacio doméstico, por otro lado, nos demuestra que la familia no es y nunca ha sido igualitaria. Aquéllos que componen la familia, es decir las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos no comparten la misma suerte en, la vida ni el mismo acceso a los recursos, tanto económicos como políticos y sociales. Existen conflictos al interior de las familias y entre las familias de distintos sectores.3o La familia y las mujeres, de hecho, también constituyeron asuntos de discusión y política pública a finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del XX. Investigaciones en curso exploran el carácter histórico y político del discurso sobre la familia y de las experiencias familiares en Puerto Rico, examinando los discursos y proyectos de principio de siglo que ponen en circulación el modelo dominante de familia y, por ende, de domesticidad y, lo que esto supone: la construcción de la maternidad y la infancia. 'En particular, se examina el discurso de la higiene y las prácticas asociadas a ésta como un discurso que interviene en la construcción de un modelo de familia y lo pone a circular, incidiendo en los cuerpos, los comportamientos y las relaciones. El higienismo de principios de siglo constituyó uno de tantos núcleos de preocupaciones alrededor de los cuales surgieron narrativas, iniciativas cívicas y una política pública dirigida a disciplinar las familias, muy particularmente los sectores populares urbanos. Este discurso reinventó la maternidad, la infancia y la sexualidad otorgándole un carácter terapéutico en lo social. En otras palabras, las familias, y dentro de éstas, las mujeres, se convirtieron en instancias para el reordenamiento social y político.31 Actualmente el modelo doméstico, basado en la tríada familiar (padre-madre-hijos), está desencontrada con la experiencia de muchos puertorriqueños, dado que las tasas de divorcio están cercanas a 40 por cada cien matrimonios y las familias con jefe mujer han aumentado a un 23 por ciento en 1990.32 La misma idealización y exclusividad de la relación de la pareja y la visión del amor romántico; las presiones sociales que condicionan la selección de nuestra, pareja y un sentido de obligación en las relaciones; las presiones impuestas por los conflictos sociales y económicos que vivimos fuera del ámbito familiar; y sobre todo, los conflictos y resistencias que genera la subordinación y las relaciones de violencia hacia las mujeres en el matrimonio son tendencias que propician altas tasas de separación y de divorcio y que señalan la necesidad de transformar las relaciones familiares.33 Un sistema en donde se han disuelto restricciones sexuales y en el cual se privilegia al sexo como principal medio de gratificación e intimidad, pero que mantiene la doble moral sexual y la subordinación

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de las mujeres, por otro lado, crea condiciones para un incremento de madres solteras y de familias con jefe mujer. Igualmente, las condiciones de inestabilidad económica y las tendencias a la atomización y el individualismo que caracterizan nuestras sociedades se añaden a los factores que inciden en que los hombres asuman responsabilidad en cuanto a las familias y que se desarrollen las relaciones equitativas y solidarias que reclamamos.34 En este sentido, las familias con jefe mujer no aparecen para nosotras como una desviación o un problema, sino como respuestas o resistencias a condiciones que dificultan esta convivencia más equitativa entre las parejas. Problema sí lo consituye el discrimen económico en contra de las mujeres para quienes ser jefe de familia y asumir la responsabilidad de sus hogares implica una mayor probabilidad de pobreza. Las relaciones familiares y de género median en las relaciones de clase, en la medida en que las familias con jefe mujer constituyen una proporción creciente en las estratas más bajas de las clases trabajadóras y las familias bajo niveles de pobreza, fenómeno conocido como la féminización de la pobreza.35 Para las mujeres de las estratas económicas inferiores no es necesariamente ser jefe de familia lo que precipita la pobreza, aunque ciertamente es un factor que puede mediar en acentuarla. Más bien son las condiciones de inestabilidad económica las que pueden agravar la situación de pobreza y a la vez generar conflictos en las relaciones de pareja. En todo caso, ante conflictos en las relaciones familiares, las mujeres de estratas más pobres no se ven tan presionadas a mantenerse en ellas por consideraciones de estatus social y económico.36 Las políticas de discriminación económica y social a las que se ven sometidas las familias con jefe mujer ponen de manifiesto, no sólo la resistencia del poder a reconocer este grupo como una familia, sino también las tendencias recientes a estimular la vuelta (aunque con modificaciones) de la mujer al espacio doméstico y a las labores maternales. Así, también podemos analizar las políticas de control sobre las prerrogativas de las mujeres sobre sus cuerpos y sus capacidades reproductivas, las cuales este año se reactivaron con el deseo de recriminalizar el aborto.37 En conjunto, estas políticas constituyen ese terreno escurridizo de los discursos y los poderes que buscan controlar y definir las posibilidades sexuales, reproductivas y sociales de las mujeres puertorriqueñas, adjudicándoles un espacio exclusivo para ellas: "la familia" y "lo social". Este es, sin embargo, el mismo terreno en el cual y contra el cual se desarrollan en nuestra Isla las luchas de las 13


mujeres por sus libertades reproductivas y su autonomía en general. En este contexto, las relaciones familiares podrían constituir un espacio de apoyo y ayuda mutua cuyas demandas se vinculen al desarrollo de luchas políticas más amplias.38

Movilización Social y Proyectos Comunitarios Como derivación de la crisis económica, ecológica y social, que afecta particularmente a los sectores más vulnerables, la movilización social durante las últimas décadas ha estado estrechamente relacionada con cuestiones coyunturales cuyo propósito exige una solución inmediata a problemas específicos, surgidos de los límites del Estado benefactor. Las luchas reinvidicativas han adoptado como sus metas asuntos tales como: la generación de empleos, el alza de salarios, la lucha en contra de la privatización, la recuperación de la salud, de los servicios sociales y de vivienda, así como detener el incremento en la violencia, entre otras. Esta movilización social, intensificada en las últimas décadas, ha cobrado un carácter diferente al de aquellas producidas en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en la que se destacaba la presencia del obrero como actor central. Sin que desaparezca su importancia en la animación y trayectoria de la movilización social, el proyecto político obrero se amplía, con la participación de los desempleados, los jóvenes, los profesionales, los pequeños comerciantes, las amas de casa, con sus demandas particulares.39 Observamos la entrada en el campo social, político y discursivo de una multiplicidad de nuevos agentes y grupos que, aunque no niegan la lucha de clases, la intersectan en el juego de fuerzas políticas y sociales. Aquí cabe destacar, como ejemplo, no sólo la lucha de los movimientos sociales que tuvieron su auge organizativo a finales de los '60 y durante los '70, como la lucha de las feministas, de los grupos étnicos y raciales, de los grupos de homosexuales y de los grupos ecológicos, sino también las luchas comunitarias que, al menos en Puerto Rico, han emergido durante las últimas décadas. Cabe destacar que los reclamos y formas organizativas de participación de las mujeres en estas luchas han sido muy significativas.4o Por su naturaleza reivindicativa, es decir, orientada a satisfacer necesidades personales y familiares inmediatas, y por proceder de las estos movimientos dirigen sus luchas comunidades, predominantemente contra el Estado, más que en contra de las Industrias. Puede decirse que el surgimiento de los proyectos comunitarios en Puerto Rico responde al fracaso de las estrategias económicas en proveer la subsistencia de muchas comunidades, al desmantelamiento del Estado benefactor y de sus políticas asistencialistas; y a la crisis de los mecanismos y formas de organización 14


tradicionales (específicamente los partidos políticos) para vehicular los reclamos de tipo social y político. Muchas de las comunidades se han unido alrededor de un problema de tipo económico o ecológico que afecta la supervivencia de la comunidad, como ha sido el caso de la lucha en contra de la construcción del presidio en Aguadilla, del vertedero en Ponce, o del Club Med también en el área sur. Además, existen grupos comunitarios cuyo objetivo es el de elaborar un proyecto económico rentable que les permita agenciarse la supervivencia. Entre otros, se puede mencionar como ejemplo el grupo Apari de Cidra y el Taller Amapola. Otros esfuerzos comunitarios han estado dirigidos hacia el desarrollo de facilidades deportivas y de ocio, la organización de actividades culturales y las demandas de naturaleza ecológica como la búsqueda de fuentes de energía en el Barrio Cubuy.41 Los proyectos de tipo comunitario nos plantean una serie de alternativas políticas de peso que debemos considerar. De entrada, las luchas comunitarias constituyen una alternativa organizativa inmediata, la cual provee un espacio abierto para la participación directa y la movilización de los hombres y, muy especialmente, de las mujeres de todas las edades. De este modo, en la agrupación comunitaria se retan las viejas jerarquías en el ejercicio del poder decisional y se han propiciado la discusión plural y el encuentro democrático de las personas locales.42 La participación directa de las bases —desempleados, jóvenes, profesionales, agricultores— en grupos de discusión y en reuniones deliberativas, conjuntamente con el incremento en la participación de las mujeres dentro de éstas, han sido factores cruciales para que se reten en estos movimientos las viejas jeraquías de poder decisional. Esto, por un lado, estimula un tipo de liderazgo más democrático y participativo y, por el otro, permite el aprendizaje práctico de cómo unirse, negociar y. luchar a la vez que se cuestionan los esquemas sexistas, los paternalistas y los autoritarios. Estos retos usualmente provienen de las mujeres, quienes tienen una formación menos orientada a competir por el poder, así como del aprendizaje de experiencias pasadas por parte de muchos dé los que asumen papeles de liderato en estas nuevas luchas.43 La participación se promueve, además, porque la lucha por reivindicaciones inmediatas ha estimulado el cruce de las líneas partidistas y religiosas, que en muchos casos es harto difícil de lograr en la Isla; lo que significa que los individuos no mantengan su afiliación político-partidista y religiosa como eje de actividad e identidad a largo plazo. De la misma manera, los planteamientos de estos grupos han manifestado, aunque de manera todavía muy implícita y ambigua, una 15


crítica a la lógica del capital y a la visión del saber científico como un ejercicio neutral, así como a la lógica del Estado y la ética del sistema dominante en la medida en que se rechaza el gesto individualista predominante en nuestra sociedad.44 Si bien los movimientos comunitarios constituyen una nueva alternativa y un valioso potencial político, la forma dispersa y temporera de sus luchas nos lleva a reflexionar sobre las posibles limitaciones que aún experimentan. Nos preocupa asimismo la posible vulnerabilidad en el cuestionamiento a la lógica y a la estructura del capital. Varios estudios sobre proyectos de desarrollo económico comunales y cooperativos en países latinoamericanos nos alertan sobre casos en que las grandes empresas se han apropiado del trabajo de los susodichos proyectos a través del control del financiamiento y mercadeo de sus productos. Es hacia este tipo de proyecto que se ha orientado el trabajo y el esfuerzo de muchas mujeres, para quienes las presiones de la responsabilidad familiar y la falta de experiencia laboral llevan a aceptar la idea de que algún ingreso es mejor que ninguno. Si a través de este proyecto se ofrecen alternativas de desarrollo económico independientes, es preciso estar atentos a los intentos de cooptación d.e la agenda de aquéllos que los han promovido como medios para una mayor autonomía y participación comunitarias. Para los grandes intereses éstos pueden constituirse en inversiones en las cuales los empresarios no tienen que correr los riesgos de ofrecer las garantías, ni los beneficios que constituían logros del movimiento obrero.45 Otra preocupación surge en torno a que en muchas ocasiones las reivindicaciones comunitarias se limitan a la consecución de un objetivo inmediato. Una vez alcanzado este objetivo queda la posibilidad de que se disuelva la organización, aunque siempre existe la posibilidad de que se desplace hacia otro objetivo. Por otro lado, pensamos en las consecuencias políticas de la falta de algún tipo de coordinación entre las diversas luchas comunitarias. El surgimiento de las luchas y las propuestas comunitarias estimulan la autogestión y cuestionan el centralismo organizacional donde las prioridades de unos pueden no ser necesariamente las de los otros. Sin embargo, la coordinación entre los esfuerzos de una y otra comunidad es necesaria y fundamental (aunque advertimos que debe hacerse por los mismos integrantes de las comunidades) a la hora de trascender el carácter estrictamente local de sus luchas.46

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Consideraciones Finales La década de los noventa se presenta como la aceleración de la crisis en los modelos y en las estrategias económicas y políticas, el trastoque de las relaciones sociales, de paradigmas y de visiones de mundo, así como la irrupción de nuevas prácticas científicas y técnicas. Este proceso de transformación invita a reflexionar, obliga a cuestionarnos los esquemas previos y a abordar nuestra crítica abiertamente. Nos enfrentamos a una capacidad tecnológica sin precedentes y un a intercambio internacional que, de moverse hacia un desarrollo adecuado y sustentable, pudiera convertirse en factor importante para la= liberación de los seres humanos. No obstante, las estrategias económicas, las políticas y aun las epistemológicas que todavía rigen las formas de este desarrollo imperante conllevan, por el contrario, el abuso y la destrucción de los recursos naturales, la reproducción de formas de trabajo no=tecnificadas y de empleos mal remunerados, del trabajo doméstico más arduo y, por último, la exclusión de amplios sectóres de la participación politica y del ejercicio del poder. Junto a los avances de sectores limitados de mujeres hacia posiciones de mayor jerarquía, observamos una tendencia continuada a la feminización del empleo peor remunerado e incluso a una marginación del mercado laboral en el que otras mujeres asumen el peso de la crisis con trabajo más intenso. Como sujetos centrales en la subsistencia de nuestras poblaciones, nos vemos sometidas a presiones cada vez más violentas, que nos mantienen como la "última colonia" dentro de la colonia.47 De esto es ejemplo el incremento de las mujeres jefe de familia entre las familias bajo pobreza. Relacionado a este punto consideramos que se debe investigar el rol de Puerto Rico en la división internacional del trabajo y -sus Implicaciones para la feminización del empleo y la pobreza. En este análisis es preciso_, a su vez, considerar los cambios en la experiencia dómestica y las relaciones familiares, así como el giro histórico de los discursos que las atraviesan y que definen su efectividad política y social. La llamada crisis de la familia puede analizarse como la expresión de resistencia a los núcleos de dominación masculina y a la heterosexualidad forzada. Estas resistencias plantean la posiblidad de nuevas formas de- relación en las parejas y vínculos de solidaridad entre las personas fuera de las estructuras familiares tradicionales. Como toda crisis es coyuntural, el momento ofrece la apertura a innumerables posibilidades. Así, junto a los intensos conflictos y vacíos aparentes, se asoman las oportunidades —no predeterminadas— de lograr el desarrollo de relaciones más equitativas y un mejor ambiente social, económico y ecológico. Ante la situación que experimentamos 17


en la actualidad las mujeres puertorriqueñas y caribeñas, enfrentamos el reto de aunar esfuerzos para elaborar estrategias alternativas de desarrollo económico y social. Este otro tipo de desarollo debe centrarse en la satisfacción de viejas y nuevas necesidades, por ejemplo: la ampliación de nuestras capacidades intelectuales, las espirituales y las afectivas de todo tipo; la conservación de la salud, de nuestro bienestar, de nuestra vida y, por lo tanto, del ambiente natural del que todo esto depende. Los proyectos comunitarios también constituyen repuestas que pueden, en sus prácticas y objetivos, ofrecer alternativas para una mayor participación democrática y la elaboración de directrices para las nuevas formas de desarrollo humano. Para adelantar estos procesos es imprescindible que se construyan lazos de colaboración y coordinación entre los diversos proyectos y diferentes sectores que sustentamos estos objetivos.48 La transnacionalización bajo el control de las grandes empresas y de los organismos internacionales nos enfrenta, finalmente, a otro gran reto: lograr una mayor integración regional en el Caribe y América Latina que vaya más allá de los acuerdos oficiales de los gobiernos. Se requiere urgentemente la colaboración, la solidaridad y la acción conjunta de sectores más amplios de nuestras poblaciones y de sus movimientos sociales. De esta forma, podremos responder con nuestras propias estrategias de desarrollo e integración a aquéllas impuestas por los intereses de acumulación a nivel internacional.49 Para lograr estos objetivos urge trascender las agendas aisladas e inmediatas y aunar esfuerzos hacia la transformación radical de nuestra realidad como mujeres y como pueblo.

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NOTAS

1.

Carlos Marx y Federico Engels. La ideología alemana, ara. ed., Montevideo, Barcelona: Coedición con Ediciones Pueblo Unido y Ediciones Grijalbo, 1970.

2.

Para una antología que discute algunos de estos planteamientos Linda Nicholson, ed., en relación al feminismo, véase: Feminism/Postmodernism, Nueva York: Routledge, 1990.

3.

Véase, por ejemplo: Ernest Mandel, Late Capitalism, London: New Left Books, 1976; Robert Averitt, The Dual Economy, Nueva York: Norton, 1968.

4.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Transformación productiva con equidad, Santiago de Chile, Naciones Unidas, CEPAL, 1990; Harry Braverman, Labor and Monopoly Capital, Nueva York: Monthly Review Press, 1974; Mandel, Late Capitalism.

5.

Vandana Shiva, Abrazar la vida: Muter, ecología u sobrevivencia, Montevideo: Instituto del Tercer Mundo, 1991.

6.

James O'Connor, "The Fiscal Crisis of the State", Nueva York: St. Martin's Press, 1973; Frances Fox Piven y Richard Cloward, The New Class War: Reaaan's Attack on the Welfare State and Its Consequences, Nueva York: Patheon, 1985.

7.

Gita Sen y Caren Grown, "Development, Crisis, and Alternative Visions", Nueva York: Monthly Review Press, 1987.

8.

Saskia Sassen, "The Mobility of Labor and Capital: A Study in International Investment and Labor Flow", Cambridge: Cambridge University Press, 1988; Annette Fuentes y Barbara Ehrenreich, Women in the Global Facton.i, Boston: South End Press, 1983.

9.

Carmen Diana Deere et al., In the Shadows of the Sun: Caribbean Development Alternatives and U.S. Policy, Boulder, San Francisco y Oxford: Westview Press, PACCA, 1990. 19


11.

Alice Colón, "La participación laboral de las mujeres en Puerto Rioc: Empleo o subutilización", Pensamiento Crítico, mayojunio, 1985; Palmira N. Ríos, "Export-oriented Industrialization and the Demand for Female Labor. Puerto Rican Women in the Manufacturing Sector, 1952-1980", Gender and Societe, Vol. 4, Núm. 3, septiembre 1990.

12.

Ibid.

13.

Alice Colón, Marya Muñoz, Neftalí García e Idsa Alegría, "Trayectoria de la participación laboral de las mujeres en Puerto Rico de los años 1950 a 1985: Estudio sobre la calidad de vida y la crisis económica", en Crisis, sociedad u mujer: Estudio comparativo entre países de América (1950-1985), Habana, Editorial de la mujer, FMC, 1988.

14.

Véase, por ejemplo, Angel L. Ruiz, PhD., "Cambios en el patrón de empleo femenino por sector industrial y por ocupación, durante el proceso de desarrollo económico de Puerto Rico", Puerto Rico Occupational Information Coordinating Committee, 1989.

15.

Junta de Planificación, Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Informe Económico aI Gobernador. 1991, Cap. V.

16.

Colón, A., et al., "Trayectoria participación"; Colón, "¿Empleo 0 subutilización". Alice Colón, "Mujeres puertorriqueñas: Empleo, subempleo y 'pobreza", presentada en el Congreso del Latin American Studies Association, Miami, 1989.

17.

Colón, A. "Empleo, S bempleo y pobreza".

18.

Ibid.

19.

Bennett Harrison. "Institutions of the Periphery," en Problems in Political Economu, 2da. ed., David Gordon, ed., Lexington, Massachusetts: D.C., Heath, 1977.

.

Helen Icken Safa, "Runaway Shops and Female Employment: The Search for Cheap Labor", en Eleanor Leacock y Helen I. Sala, eds., Women's Work, South Hadley, Massachusetts: Bergin and Garney Publishers, Inc., 1986; Emilio Pantojas Garcia, Development Strategies as Ideoloc Puerto Rico's Export-led Industrialization Experience, Boulder y Londres: Lynne Rienner, Publishers, Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1990. etr

10.


20.

Ibid.

21.

María Mies, Veronika Benholdt-Thomsen y Claudia Von Werhof, Women: The Last Colono, Londres: Zed Books, 1988.

22.

José I. Vega, "Current Subcontracting Practices of Home Based

Sewing by Puerto Rican Apparel Manufacturers", presentado en el Fourth Symposium on Hispanic Business and Economy, noviembre, 1987. 23.

Harrison, "Institutions".

24.

Barbara Ehrenreich y Deirdre English, For Her Own Good, Garden City, Nueva York: Anchor Books, Doubleday, 1979.

25.

Alice Colón, "Mujeres jefe de familia en Puerto Rico: Algunas consideraciones teóricas en torno a su incremento y niveles de pobreza", Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico, mimeo, 1988.

26.

Ibid.

27.

Ibid.

28.

Irene Dimond (ed.) (1983), Families. Politics and Public Policies, Nueva York: Longman.

29.

Diane Gittings (1985), The Family on Questión: Changinq Households and Familial Ideologies, New Jersey: Humanities International Press.

30.

Ruth Silva et al., Hay amores que matan. La violencia contra las mujeres en la vida conyugal, Río Piedras: Huracán, 1990.

31.

Esta reflexión es parte de la tesis doctoral, en proceso, de la Profesora Ivétte Rodríguez. Esta es sobre el higiénismo en San Juan, Puerto Rico de 1880-1929. Además,, véase: Jack Donzolot, La policía de las familias, Madrid: Pre-textos, 1979; Carol Smart (ed;), Regulating Womeñ, Nueva York: Routledge, 1991.

32.

Marya Muñoz y Edwin Fernández, El divorcio en la sociedad puertorriqueña, Río Piedras: Huracán, 1988: U.S. Bureau of the Census, Características generales de la población, 1990, Puerto Rico.

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~ Ñ


33.

Muñoz y Fernández, Divorcio; Colón, "Mujeres jefe de familia".

34.

Colón, A. "Mujeres jefe de familia".

35.

Ibid.

36.

Ibid.

37.

Esther Vicente, "El aborto: Derecho fundamental", Pensamiento critico, (16)(73), 1993.

38.

Helen Icken Safa, "Women's Social Movements in Latin America", Gender and Societu, Vol. 4, Núm. 3, septiembre, 1990.

39.

Marya Muñoz Vázquez, "Las luchas comunitarias. El poder de las mujeres: Perspectiva de la sicología social comunitaria", Pensamiento crítico, Año X, Núm. 54, mayo junio, 1987.

40.

Ibid.

41.

Para algunas reflexiones relacionadas, véase Neftalí García, "Las luchas populares en Puerto Rico: Hacia una nueva estrategia de desarrollo", Pensamiento crítico, Año XIV, Núm. 69, julioseptiembre, 1991.

42.

Marya Muñoz Vázquez, Presentación en el Simposio Poor Urban Women: Improving Their Living and Working Environments, NGO Forum, UNCED, Río de Janeiro, 8 de junio, 1992.

43.

Ibid.

44.

Ibid.; Neftalí García, "Luchas populares".

45.

"Towards a New Conceptual Framework", en DAWN Informs, Vol. 2, Núm. 1, diciembre, 1991.

46.

Neftalí García, "Luchas...". Otras reflexiones en Neftalí García Martínez, "La crisis del sistema capitalista internacional: Consecuencias para Puerto Rico", Pensamiento crítico, Año XIV, Núm. 70, octubre, 1991 /enero, 1992.

47.

Mies, et al.. Last Colony...

22


48.

García, "Crisis sistema capitalista..."; Alice Colón y Annie Fabian, "Introducción" al foro Mujeres en el Caribe, sus Luchas en las Comunidades, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, abril, 1992.

49.

Ibid.

23


RESPUESTAS A IA POBREZA ENTRE MUJERES PUERTORRIQUEÑAS: IDENTIDAD, COMUNIDAD Y CULTURA Rosa M. Torruellas* Rina Benmayor" El 24 de octubre de 1993 falleció nuestra compañera y colega Rosa Torruellas, después de una larga batalla contra el cáncer. Puesto que Rosi no pudo participar en una elaboración escrita de Io que fue originalmente una ponencia oral, he optado por conservar el texto y la forma dialogada de nuestra presentación, editando sus palabras mínimamente para así mantener viva su voz y ser fiel a su pensamiento. (Rina Benmayor) Rina: Nos gustaría agradecer a las compañeras de Puerto Rico, y sobre todo a Alice Colón y a Ana Juarbe, por todos sus esfuerzos organizativos para este Encuentro. Queremos señalar que Ana Juarbe también forma parte de nuestro equipo de investigación, pero debido a las responsabilidades organizativas que la han ocupado estos días, ella no va a exponer desde la tribuna. Sin embargo, su voz está representada en el contenido de esta presentación.

'Rosa M. Torruellas fue Codirectora del Language and Education Task Force del Centro de Estudios Puertorriqueños, Hunter College, City University of New York (CUNY). Dirigió el Programa de Educación Popular de El Barrio, en East Harlem, New York City, desde su fundación en 1985 hasta 1991.. 'Rina Benmayor es Directora del Cultural Studies Task Force del Centro de Estudios Puertorriqueños, Hunter College, City University of New York (CUNY); fue integrante del equipo de investigación en el Programa de Educación Popular de El Barrio entre 1988 y 1991. 24


Alternando nuestras voces, Rosa Torruellas y yo vamos a presentar algunas conclusiones de nuestro trabajo reciente titulado Identity, Responses to Poverty among Puerto Rican Women: Community. and Cultural Citizenship (Respuestas a la pobreza entre Identidad, comunidad y ciudadanía mujeres puertorriqueñas: por el Centro de Estudios publicado cultural), auspiciado y Puertorriqueños, Hunter College, CUNY.1 Queremos discutir algunas conclusiones en torno al tema de la familia, no sólo en sus aspectos concretos y estructurales, sino también como símbolo y eje de la identidad. Lo que nos interesa entender es cómo un grupo de mujeres puertorriqueñas residentes en Nueva York construyen el concepto de la familia de modo afirmativo, en relación con los procesos de transformación en que ellas están envueltas, y cómo a la vez la familia se reproduce como un `locus' de opresión. Al final, queremos señalar algunos logros y levantar algunas preguntas en torno a las prácticas de investigación con respecto al estudio de la mujer puertorriqueña. Nuestro trabajo fue una labor colectiva, de equipo, y fue un trabajo de intervención y de investigación a la vez. El enfoque fue etnográfico e interdisciplinario, inspirado, tanto por la tradición freiriana, como por los estudios De este modo, representa una culturales de corte político. aproximación más cualitativa a la política pública y una visión activista de la investigación.2

Rosa: Tenemos una larga relación con el grupo de mujeres con quienes estuvimos trabajando, a través de un programa de alfabetización en español de adultos —El Programa de Educación Popular de El Barrio— que el Centro de Estudios Puertorriqueños inició, que yo dirigí por los primeros seis años, y en donde tomamos un rol muy participativo, no sólo como investigadoras, sino como colaboradoras/tutoras en el salón de clase, como participantes y contribuyentes en todas las actividades sociales del Programa, y como presencias regulares en el recinto. Así que, nuestra relación con estas mujeres va más allá de generar algunas historias de vida, sino que conlleva una relación de años. Específicamente, el trabajo se basa en la experiencia con veintitrés señoras, que nacieron y se criaron aquí en Puerto Rico y que emigraron a Estados Unidos durante su juventud, recién casadas o para casarse. Como dicen ellas, emigraron "buscando un futuro mejor" y criaron sus hijos en los Estados Unidos. Vienen de una clase social pobre, muy pobre, aquí en Puerto Rico. Por eso emigraron. Y tenían poca o ninguna educación formal. El español es su primer idioma y en

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muchos casos su único idioma, a pesar de haber vivido quizás veinte años en los Estados Unidos. Son jefes de familia con ingresos muy por debajo del nivel de pobreza y, en su mayoría, reciben asistencia pública. Hemos visto a estas mujeres actuar en distintos contextos: por un lado, en el salón de clase, en el contexto del programa de alfabetización. También en sus casas hemos compartido con ellas y hemos realizado unas historias de vida bastante extensas. Nuestra presentación hoy se basa, tanto en estas historias de vida, como en el conocimiento más íntimo de las prácticas cotidianas y del estudio en el Programa. Creo que al combinar todas estas fuentes de conocimiento hemos logrado un análisis mucho más complejo y completo del que sólo una de estas técnicas nos hubiera dado. También, la aproximación etnográfica nos ha permitido entender mucho mejor la diversidad de estrategias que estas mujeres utilizan para negociar en condiciones de pobreza muy adversas. Como dijo Rina, el concepto de familia es sumamente importante en nuestro análisis porque lo es para las mujeres. Para empezar a hablar sobre la familia, en su aspecto tanto productivo como reproductivo, vemos que éste es el eje organizativo de las vidas de las señoras y que es también la fuente principal de su identidad, no sólo como mujeres, sino como mujeres trabajadoras. Al escucharlas hablar y contar las historias de sus vidas, vemos que desde niñas fueron socializadas para asumir la responsabilidad por las tareas del hogar y él cuidado de la familia. Muchas de ellas, sencillamente, o no fueron a la escuela, o se les sacó de la escuela muy niñas para que se ocuparan de la casa. Una de ellas, por ejemplo, nos cuenta: Sí, mi mamá, en quinto grado, me sacó de la escuela. Porque me decía: "Más sabe el burro que tú... Tú no vas a aprender nada, así que te vas a quedar en la casa para limpiar". Para cocinar y limpiar. Y no fui a la escuela. (Apéndice Núm. .6)3 Otras nos hablan de que se les sacó de la escuela para que pudieran hacer las tareas domésticas en casa de otras señoras más ricas del pueblo o para cuidar niños de familias más adineradas. Así que, ya dentro de su propio hogar o fuera de éste, era el trabajo doméstico para lo que estaban siendo adiestradas. Y, entonces, vemos cómo se van definiendo estas tareas como su trabajo principal como mujeres y, a la vez, su trabajo productivo principal. Es interesante notar, cuando escuchamos su discurso adulto, que nivel a ideológico ellas siguen creyendo o dependiendo de un concepto tradicional de la familia nuclear y el hombre como proveedor. Pero, en 26


la práctica, lo que en verdad se está viendo es una reelaboración de ese concepto porque ellas son jefes de familia, ellas son las que están manteniendo ese hogar y están asumiendo, hasta cierto punto, roles que ellas mismas acocian con la responsabilidad tradicional del hombre. Así que, vemos que hay un conflicto entre su práctica y su discurso, lo cual es muy interesante. Vemos, entonces, que al ellas asumir lo que se podría catalogar como su responsabilidad reproductiva principal, también están afirmando la familia como trabajo, como trabajo productivo. Por ejemplo, cuando muchas de ellas, en un momento dado de sus vidas deciden abandonar el trabajo asalariado para quedarse en la casa y cuidar a los hijos, no ven esto como un rechazo al trabajo. No están dejando de trabajar, todo lo contrario. Ellas lo ven como la manera de cumplir a cabalidad su misión social principal. Una de las señoras, por ejemplo, nos dice esto, con mucho orgullo, refiriéndose a sus hijos: ...Son cuatro, que todos tienen su diploma de cuarto año. Y yo, pues me dediqué a llevarlos y traerlos. Yo nunca dejaba que ellos fueran solos a la escuela y yo iba a las horas del lonch y los traía a Ionchar en casa... Me ocupé de ellos hasta el cuarto año. Me dediqué a ellos nada más... y a la casa. (Apéndice Núm. 32.) Ring: Según nuestras observaciones y las historias de vida, ellas crecieron con la expectativa de ser madres y de crear una familia. A la misma vez, debido a las condiciones de pobreza en que se criaron, ellas entendían que el trabajo asalariado sería fundamental para el sustento de esa familia. Crecieron con la idea de que tendrían que trabajar y ganar dinero. Y así fue. Tienen un historial de trabajo asalariado bastante extenso, mayormente en fábricas de manufactura. Hoy en día, ellas representan un sector muy marginado de la fuerza de trabajo y de la economía formal en Nueva York —debido a la reestructuración económica de los últimos veinte años. Pero su historial contradice directamente el discurso dominante que alega que las mujeres puertorriqueñas son vagas, que no tienen motivación para trabajar, que son parásitos sociales y que lo único que quieren es coger el "welfare". De hecho, durante los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos, las mujeres puertorriqueñas veían el trabajo asalariado, no sólo como una necesidad económica, sino también como la mejor vía de avance social. Y muchas veces el trabajo adquirió preferencia sobre

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otras formas de superación, como por ejemplo, la educación. Una de las mujeres lo dice directamente: ...mi mamá me puso en la escuela de noche. Ella quería que yo fuera a la escuela porque ella quería que yo aprendiera. Pero que las clases que me pusieron eran clases de inglés. Entonces yo no las cogía bien porque si no sabía el español no podía coger eI inglés... Estuve un tiempo, pero que después... conseguí trabajo y no fui a la escuela y me quedé trabajando... Y antes no se ganaba mucho. Pero me entusiasmé [con énfasis]. Con lo que ganaba, yo me entusiasmé con el dinero y me olvidé de la escuela. (Apéndice Núm. 12) Es importante señalar que el avance social por medio del trabajo no es sólo un asunto de superación personal, sino que gira en torno a la familia. Esta misma mujer nos dice;. y cito: Yo quería progresar. Yo quería hacer algo. Quería por lo menos tener mi casita, quería poner un negocito... quería hacer algo y tener pa' mis hyos y todo. Yo guardé [dinero], que no me duele porque lo gasté en mis hjjos, que estudiaron ellos, que fueron a la escuela... No me dolió gastar mi dinero en eso. Que hoy en día si no tengo nada ni nada, pero tos tengo a ellos y saben su escuela, estudiaron. En que sea algo, me queda que hice. (Apéndice Núm. 24). La superación de la familia impulsa y organiza su participación en el mundo del trabajo formal. Pero también ayuda a reconcebir su trabajo en el hogar como producción. El sentido de logro surge directamente de la visión del rol reproductivo como un rol productivo. El hecho de que sus hijos hayan estudiado y se hayan superado se debe a su trabajo y cuidado como madre. Y es dentro de este marco de la responsabilidad productiva en el hogar que las mujeres ofrecen una interpretación muy diferente al estigma de recibir el "welfare". El "welfare" viene a ser una forma de mantener viva a la familia, de proveer el sustento necesario para cumplir con el rol que la sociedad les ha asignado, según su propia idea, y de reafirmar una fuente básica de su identidad como mujeres. Esto contradice directamente el discurso negativo dominante acerca de las puertorriqueñas, en particular, y de las mujeres pobres y de color, en general —que es un discurso de deficiencia y de patología. Deficiencia en cuanto se alega que las puertorriqueñas carecen de los valores necesarios para lograr la movilidad social y la asimilación. También se les acusa de un comportamiento patológico, alegando que son ellas quienes reproducen familias "disfuncionales". 28


Hemos aprendido, en contraste, que las mujeres activan una serie de valores que contienen una dimensión afirmativa. O sea, valoran el criar a sus hijos como algo positivo; y ven a la familia como trabajo productivo positivo. Al enfocarse de esta manera, ellas reelaboran el estigma del "welfare" a su modo y para su beneficio, convirtiéndolo en algo positivo dentro de sus propios esquemas. Al afirmar valores culturales autóctonos, estas mujeres se definen en oposición al Estado. Muchas veces esta oposición se basa en un sentido humanístico de los derechos, o sea, en el derecho mismo de ser respetadas y valoradas por la sociedad. Este sentir se traduce en reclamos y reivindicaciones de derechos específicos y concretos. Quiero ofrecer un ejemplo de cómo el análisis de estas historias de vida y del discurso narrativo nos ha llevado a esta interpretación. Tenemos el ejemplo de una señora que al afirmar su rol de madre y de mujer entró necesariamente en conflicto con el estado benefactor, en este caso, con la oficina del "welfare". Ella cuenta cómo fue una vez a la oficina para reclamar el cheque mensual que no le había llegado. Sus seis hijos pequeños la acompañaron a la oficina, donde la dejaron desatendida durante tres horas. Ella cuenta cómo empezó a quejarse, insistiendo: ... "Hey, listen. I stay there desde nine o'clock in the morning. Look at my kids! I no eat breakfast, I no eat lunch, I no eat nothing. What happen? What happen?" Ella ala recepcionista] me dice: "Never mind, no is my family!" Y yo digo: "What!" ...Porque ella dijo que los hijos míos no eran familia suya... O sea, que no Ie tenía que importar y que yo me quedara allí esperando. Hasta que llega el supervisor y él me dice: "Ella está supuesta a atenderla porque son nenes chiquitos los que hay aquí". Y le dice a la dependiente "Los que ella tiene son babies, no son teenagers... y los babies no saben de 'no hay' cuando tienen hambre". (Apéndices Núms. 22 y 23.) El lanzarse a la oficina del "welfare" a reclamar un cheque se convierte en un reclamo del derecho de ser respetada por tener seis hijos, por ser madre y por quedarse en el hogar para criar a esos niños. Nosotras hemos llegado a entender este acto como una reivindicación de derechos reproductivos. El reclamo no es solamente individual, sino que tiene una base colectiva. Esta señora reconoce su situación como un caso muy común en su comunidad. O sea, que las condiciones de pobreza, dependencia y discriminación que ella sufre también las sufren una gran cantidad de mujeres en su propia comunidad. Esta base colectiva sustenta el enfrentamiento con el Estado y convierte, simbólicamente, un acto individual en un acto comunitario.

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Puntualizamos que ha sido clave en nuestro análisis el concepto de la ciudadanía cultural. Este es un término que hemos desarrollado junto con colegas chicanos y boricuas en un grupo de estudios, culturales auspiciado por el consorcio inter-universitario de investigaciones latinas, el Inter-University Program for Latino Research.4 El concepto nos ayuda a definir y entender la base cultural de los reclamos de diversas comunidades latinas y cómo el proceso de reclamar, tanto un sentido cultural de los derechos, como los derechos otorgados por la ley, se vincula a la identidad. Este concepto nos permite articular la identidad de clase social, de cultura nacional, de género y de raza al concepto de la `ciudadanía', en su sentido más amplio y progresista. Rosa: Como dijo Rina, vemos que cuando las mujeres afirman su derecho reproductivo —un derecho de género— están afirmando unos valores que tienen su base o que emanan de un concepto de identidad colectiva. El sistema dominante, por supuesto, trata por todos los medios de individualizar los reclamos porque les quita la fuerza si les quita el sentido comunal. Sin embargo, vemos que, dada la, oportunidad, las mujeres activan lo que nosotras estamos llamando valores de familia para organizar sus relaciones sociales de interaccióñ aún fuera del contexto inmediato del hogar. Y esto precisamente es lo que nosotras observamos que estaba pasando en el Programa de Educación Popular, el Programa de alfabetización. Por un lado, las mujeres hablaban del Programa como familia, en términos metafóricos. Frecuentemente, decían: "Esta es mi segunda familia". Pero vemos que, en la práctica, cuando ellas se relacionan unas con otras, recurrían a prácticas de cooperación, de ayuda mutua, de apoyo unas a las otras, de interdependencia y de reciprocidad. Según iban organizando su interacción en torno a estos valores, iban forjando en el Programa lo que nosotros llamamos "comunidad". Entonces, vemos que aunque las mujeres 'no utilizan un discurso de comunidad per se, sino un discurso de familia, para ellas el discurso de familia equivale a comunidad. Por ejemplo, cuando hablan de Puerto Rico y de cómo ellas recuerdan su niñez y su juventud aquí, lo hacen de una manera muy positiva a pesar de unas condiciones bien difíciles en que vivían, y los valores, las prácticas y las relaciones sociales que están afirmando son, precisamente, estas mismas formas de relaciones de dependencia mutua, de ayuda mutua, de apoyo y de reciprocidad que observamos en el Programa. Voy a leer dos ejemplos 30


de la manera en que las señoras hablan sobre su vida en Puerto Rico o lo que ellas recuerdan. Dice una de ellas cuando le estábamos preguntando sobre quién cuidaba los niños después que salían de la escuela: Allá no se quedaba nadie cuidando a nadie porque el vecino está allí con la puerta abierta. Vela, vela, ¡tú sabes cómo es! Allá no es como aquí, digo, en aquél tiempo. Los otros vecinos se velan por la cuestión que están las cosas allí una con la otra.., de puerta con puerta, tú sabes. (Apéndice Núm. 53.) Otra de ellas escribe y habla sobre la persona humilde de Puerto Rico, y dice: La persona humilde de mi patria era persona de buen corazón. Cuando ellas hacían el almuerzo, Io que se hacía era llamar a la vecina para darle un plato de comida. No le importaba que la vecina tenía también qué comer, pero esa era una costumbre que todo puertorriqueño de buen corazón y humilde tenía. (Apéndice Núm. 54.) Estas son afirmaciones que ellas hacen muy positivamente sobre esta relación de ayuda mutua entre las personas. Así que, básicamente, lo que vemos es un transferir de esos valores que operaban y aún operan en el ámbito familiar y doméstico a contextos más amplios. Rima: Al mismo tiempo, estamos conscientes de la importancia de no idealizar a la familia. Sí, es una base muy real, de apoyo económico, cultural, psicológico, anímico; pero también puede ser una fuente de opresión muy concreta. En muchas de las entrevistas, las mujeres hablan de cómo ellas han privilegiado las necesidades de sus hijos y de sus nietos, en muchos casos, relegando sus propios deseos de superación a último rango. La opresión que conllevan los roles femeninos tradicionales es muy palpable. Además, hay que bregar con un ambiente social muy hostil y peligroso, un ambiente de extrema pobreza y de mucha violencia física y psicológica. Dentro de este ambiente social, el hogar no es un refugio y la violencia también entra por la puerta. Nos preguntamos, entonces, ¿cómo las mujeres negocian esta tensión entre la familia como base de afirmación y como sitio de opresión? Y, ¿cómo entender estas realidades de modo más profundo, sin caer en la idealización ni en el estereotipo, y menos en el discurso 31


reaccionario sobre la familia? Se trata de no ignorar la realidad en nombre de la defensa cultural, pero al mismo tiempo, de ofrecer un entendimiento más profundo, más matizado y más acertado de esta realidad. Estas preguntas organizan nuestra próxima fase del trabajo donde pensamos analizar más de cerca el ámbito de las relaciones domésticas y ver cómo el proceso de superación educativa ha influido o no en él. Dado que la fase de etnografía intensiva dentro. del Programa mismo ha concluido, queremos experimentar ahora con nuevas formas de análisis que nos pudieran ayudar a profundizar más en este tema de la familia y las relaciones domésticas. Queremos, en el momento actual, reunir a las mujeres con quienes hicimos las historias de vida y desarrollar unos talleres de autointerpretación llamados "community self-interpretation workshops". La idea es involucrar a las protagonistas mismas en el análisis de sus historias, de forma que se generen discusiones sobre las experiencias individuales y comunes en torno al tema de la familia. En muchos casos, las historias de cada una son conocidas por las demás, pues llevan años compartiendo testimonios de vida en el salón de clase. Queremos que ellas mismas (y no sólo nosotras) respondan a los estereotipos que circulan en el discurso dominante sobre la mujer puertorriqueña y que, a la misma vez, den sus propias respuestas a las condiciones concretas que las oprimen, tanto dentro de la familia, como en la sociedad. Queremos ver qué interpretaciones dan ellas mismas a sus experiencias y a sus prácticas dentro de la familia, y articular sus visiones con las nuestras. Nosotras podemos aportar, tal vez, una contextualización más amplia de cómo las comunidades puertorriqueñas, la familia pobre y las. mujeres en particular se insertan en los procesos socioeconómicos e históricos. En todo caso, será un experimento metodológico para romper la barrera entre los "expertos" y los "objetos/sujetos" de análisis. A la misma vez, esperamos que se genere un entendimiento más profundo de cómo estas mujeres han confrontado las contradicciones y tensiones que han surgido en sus vidas familiares. Rosa: Muchas de las compañeras aquí en Puerto Rico están también buscando nuevas formas de investigación y me alegro mucho porque la verdad es que creo que es bien importante en cuanto a las posibilidades de análisis. Después de hacer este trabajo, hemos entendido la importancia de llevar a cabo investigaciones extensivas en que los investigadores puedan ser participantes y contribuyentes a un proceso de cambio social. O sea, esta experiencia nos ha demostrado la importancia de desarrollar proyectos donde se dé el tiempo y las

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condiciones para desarrollar una relación de larga duración con las personas con quienes se trabaja y, sobre todo, una relación basada en la confianza y en el respeto mutuo porque creemos que los resultados son cualitativamente diferentes. Para nosotras ha sido bien importante también poder dar algo a cambio a esa comunidad con quien se trabaja. No solamente obtener información y analizarla, sino devolver algo. En este caso especifico, nosotras hemos tenido la oportunidad de contribuir de diversas formas al establecimiento de un programa de alfabetización que responde directamente a unas necesidades educativas, sociales y de adiestramiento de las mujeres en la comunidad. También creo que, como investigadoras, tenemos la responsabilidad de realizar el potencial que tiene la investigación en cuanto a insertar un nuevo discurso en el debate público en torno a la pobreza, en torno a la familia, en torno al llamado "underclass", en donde muchas mujeres de nuestra comunidad se encuentran clasificadas. Es importante insertar este nuevo discurso porque está enraizado en una autodefinición de las comunidades, en este caso, de una comunidad de mujeres puertorriqueñas, en cuanto a quiénes son, qué las motiva, qué las mueve a actuar, en qué basan sus decisiones. Esta autodefinición está apoyada en una afirmación cultural en donde la diferencia con la cultura dominante se presenta como algo positivo, no como motivo de exclusión o de rechazo, sino más bien, como la base de inclusión y plena participación social. Creo que es importante que empecemos a buscar cuáles son esos recursos que las comunidades tienen para dar al bien social común y entiendo que esto nos va a llevar a un análisis muy diferente del que ahora mismo está vigente. Y con eso terminamos.

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N oTAs 1.

Rina Benmayor, Rosa M. Torruellas, Ana L. Juarbe, Responses to Poverty among Puerto Rican Women: Identity. Community. and Cultural Citizenship, Centro de Estudios Puertorriqueños, Monograph, New York: Centro de Estudios Puertorriqueños, 1992.

2.

Para una descripción más detallada del Programa y la Metodología e Investigación/intervención, véanse: Rosa M. Torruellas, Rina Benmayor, Anneris Goris, Ana Juarbe, "Affirming Cultural Citizenship in the Puerto Rican Community: Critical Literacy and the El Barrio Popular Education Program", en Literacy as Praxis: Culture, Language, and Pedagogo, ed. Catherine E. Walsh, Norwood, New Jersey: Ablex, 1990, págs. 183-220; y Rina Benmayor, "Testimony, Action Research, Puerto Rican Women and Popular and Empowerment: Education", en Women's Words: The Feminist Practice of Oral History, eds. Sherna Berger Gluck and Daphne Patai, New York: Routledge, 1991, págs. 159-174.

3.

Los extractos testimoniales fueron tomados de las historias de vida grabadas que se encuentran en el Archivo de Historia Oral del Centro de Estudios Puertorriqueños. Estos mismos trozos fueron publicados por primera vez en nuestra monografía Responses to Poverty among Puerto Rican Women (citado arriba). La referencia dada entre paréntesis al final de cada trozo corresponde al número del apéndice de dicho trabajo.

4.

Este proyecto sobre "ciudadanía cultural" en las comunidades latinas en Estados Unidos es una colaboración entre investigadores chicanos y puertorriqueños, auspiciado por el Inter-University Program for Latino Research. Incluye proyectos etnográficos en las comunidades puertorriqueñas y chicanas en Nueva York; San José, Watsonville y Los Angeles, California; y San Antonio, Texas. Se espera publicar un libro próximamente.

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EN TORNO AIA NOCIÓN 'EXPERIENCIA DE MUJERES' UN BREVE COMENTARIO SOBRE LAS PONENCIAS DEL PANEL SOBRE TRANSFORMACIONES SOCIALES Y ECONÓMICAS Ivette Rodríguez' Experience is at once always already an interpretation and is in need of interpretation. What counts as experience is neither selfevident nor straightfoward; it is always contested, always therefore political. Joan W. Scott "Experience" Mi tarea en esta mañana es comentar las ponencias presentadas en este primer panel del Tercer Encuentro de Investigadoras del Proyecto Intercambio CUNY-UPR. La primera lleva como título "Ante la Coyuntura de finales de siglo; Un boceto para el asomo feminista" de las compañeras de la Universidad de Puerto Rico, y en la cual participé de alguna manera; y la segunda se titula "Respuestas a la pobreza entre las mujeres puertorriqueñas: identidad, comunidad y ciudadanía cultural", de las amigas del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College. El comentario como forma narrativa, nos decía Michel Foucault, tiene desde siempre la encomienda de crear nuevos discursos, de fundar posibilidades abiertas para hablar con otros que le anteceden. Pero a la vez el principio del comentario supone un truco: enmascarar la repetición, decir de otro modo lo que el texto comentado ya ha dicho de antemano. Con esto se conjura el azar del discurso, en palabras simples, se excluye aquello que constituiría un peligro si se dijese. Si bien aquí retomo del comentario la invitación a decir algo (de) nuevo, me gustaría sin embargo no hacer conjuros,

* Ivette Rodríguez is Profesora de los departamentos de Sociología y Antropología y Ciencias Políticas del Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. 35


permitirle la entrada al riesgo, a la diferencia, y sobre todo a la crítica. Así deseo desde mi breve intervención estimular la discusión en torno a algunas preguntas y problemas teóricos que estos trabajos nos plantean. La coyuntura política y cultural de "fin de siglo y de milenio" parece haber, convocado a sectores feministas a reflexionen múltiples, y hasta detonado temores con ribetes apocalípticos. Por un lado, avispadas y eufóricas celebran las feministas la formación de ese territorio autónomo, de ese "otro" horizonte del saber y esa "otra" práctica política, que constituyen los feminismos contemporáneos. Simultáneamente, presencian angustiadas las transformaciones y crisis económicas y sociales de las sociedades modernas, así como el recrudecimiento de las políticas conservadoras estatales con respecto a los .11amados "asuntos de la mujer". A esta angustia se añade el espanto provocado por una falla en la meseta feminista. Las categorías que afincaban los entendidos teóricos y políticos del pensamiento y la práctica feminista han sido, dentro de su mismo horizonte discursivo, sometidos a un intenso cuestionamiento e historización. El terreno de la resistencia ya no parece tan sólido, deja de ser una masa, un bloque, y esto es para muchas motivo de honda preocupación. Este parece ser a grandes rasgos el con-texto en el cual localizamos estas ponencias. Las trabajos leídos en este panel sobre las "Transformaciones sociales y económicas" comparten el interés por explorar los efectos de éstas en la vida de las mujeres puertorriqueñas tanto en la isla como en la ciudad de Nueva York en los últimos años. Un viejo gesto del saber taxonómico nos permitiría comenzar a trazar los desencuentros e intercambios, de estos trabajos producto del empeño colectivo de investigadoras feministas. Al parecer la lectura que sobre "la coyuntura de finales de siglo" nos proponen las compañeras de la Universidad de Puerto Rico gusta de las explicaciones "macro": hablar de sistemas, estructuras, organizaciones y oposiciones. Por su parte, el acercamiento de las compañeras investigadoras del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College prefiere el uso de la lupa: mira "la coyuntura" desde un plano más minúsculo, "micro" y personal, para pensar las identidades, las negociaciones y las resistencias. Desde enfoques y categorías diferentes ambos esfuerzos intersectan y enfocan sobre un mismo problema: entender y hacer visible eso que nombran como "la experiencia de las mujeres puertorriqueñas". Mientras las compañeras de la UPR reflexionan sobre la posición cada vez más marginalizada de las mujeres en el mercado capitalista local e internacional, las compañeras de la Ciudad de Nueva York localizan al sector marginalizado, interroga su discurso y explora su posicionamiento ante la marginación.

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Los "enfoques" y "las categoría" desde las cuales las ponencias hablan sobre "la experiencia de las mujeres puertorriqueñas" no sólo presuponen posiciones de enunciación y lingúisticas divergentes (el ensayo original de las compañeras de Nueva York está escrito en Inglés) sino que implican los marcos institucionales y geográficos desde donde parten ambas reflexiones: centros investigativos con filiaciones académicas, estatales y con la comunidad muy diferentes las unas de las otras. De modo que la noción de "experiencia de las mujeres puertorriqueñas" que ambas ponencias construyen y trabajan no es, ni puede ser, la misma. A pesar de este gesto común en ambos trabajos se insiste en definir la idea de lo experiencial como algo exterior al discurso que lo estudia. A pesar de esto la noción de "experiencia de mujeres puertorriqueñas" parece desestabilizarse cuando ponemos a dialogar los trabajos, tanto entre ellos mismos como con el contexto político y cultural en el que surgen. ¿Reflexionan las ponencias en torno a sus categorías fundantes o las asumen y las piensan con sus categorías unívocas? A pesar de la evidente presencia de diversas preocupaciones y perspectivas críticas al interior del trabajo de las compañeras de la UPR, en éste predomina una lectura todavía demasiado economicista; explica la "realidad" y la "experiencia de las mujeres" enfatizando en el análisis de la lógica del capital y su tendencia a la globalización. A modo de resumen se nos propone que: "las tendencias [de la reestructuración económica de la globalización] que venimos describiendo no sólo han producido efectos radicales en los niveles y distribución de empleos para los hombres y muy particularmente para las mujeres, sino que paralelamente han tenido claras consecuencias para el entorno ecológico, el estado de la salud y nuestra experiencia cotidiana en general. Desde ese dato principal, se analiza la reactivación de los discursos familiaristas, las transformaciones en el espacio doméstico y la llamada "feminización de la pobreza". La interesante reflexión en este trabajo sobre las alternativas organizativas que los nuevos proyectos comunitarios ofrecen a las mujeres de ciertos sectores, nos permite no solamente localizar la idea de "experiencia de las mujeres fuera de lo económico. También posibilita analizar la formación histórica de esa "experiencia", así como pensar la formación de. subjetividades y diferencias al interior de ese conjunto de mujeres amasado por la política representacional de ciertos feminismos. Sin embargo, ésto no se explora, y se enfatiza por el contrario en los límites y las posibilidades de lucha de estos proyectos comunitarios. Se reconoce el desplazamiento de las antiguas formas de la organización obrera y el potencial autogestionario de estos proyectos pero se apunta a la necesidad de movimientos concertados de lucha. De esta manera "la forma dispersa y temporera de sus luchas" son sopesadas frente a la necesidad de "coordinación entre los esfuerzos de una y otra comunidad (...) a la hora de trascender el carácter 37


estrictamente local de sus luchas". Esta coordinación siempre alude a proyectos reivindicativos que requieren de una identidad en singular, en este caso, la lucha que parte de una experiencia de opresión compartida por las "mujeres puertorriqueñas". ¿Cómo plantear entonces las diferencias irreconciliables entre mujeres, más allá de la celebrada pluralidad? ¿Por qué exigir en las luchas políticas una misma "experiencia" como carta de identificación? Por su parte el interés de las amigas investigadoras de la ciudad de Nueva York es entender la experiencia de las mujeres del Barrio y el proceso de construcción de sus identidades político-culturales frente a las políticas exclusionarias del Estado Benefactor norteamericano. Esto conlleva analizar las respuestas de estas mujeres a la pobreza mediante el estudio no tanto de la lógica del mercado, sino del "entrecruzamiento de elementos sistémicos, culturales y simbólicos" en este proceso. Frente al Estado Benefactor algunas mujeres dependientes del "welfare" formulan estrategias, y negociaciones contradictorias reactivando los viejos valores familiares y comunitarios. Esta estrategia retórica les permite gestionar otra noción de la ciudadanía y el derecho ciudadano, que descansa ya no en definiciones jurídicas' sino culturales. El trabajo de las amigas de Hunter College parece más interesado, entonces, por las formas locales de la resistencia de las mujeres, sus contradicciones y las formas de su negociación. Sin embargo, propone en última instancia —para utilizar términos del argot marxista— una concertación de esa resistencia en la categoría de ciudadanía cultural. Así, si bien este trabajo postula una noción contingente, contradictoria e histórica de las subjetividades de estas mujeres, por otro lado requiere •de la categoría de ciudadanía cultural, y su eje la familia, para pensar las formas de 'la resistencia política. Para las investigadoras, la resistencia política no requiere, al parecer, de posiciones de sujeto contradictorias y negociadas sino de una identidad: "We read the life histories and case studies not only as personal `texts' but as embodiments of collective histories of exclusion, aspiration, and struggle. This perspective leads us to view the construction of identity, empowerment, and cultural citizenship in terms of social relations and communal frame of reference." Al superponer ambas ponencias emerge una "experiencia de mujeres" no tan evidente como problemática o que hay que problematizar. Los tres conceptos: el de "experiencia", el de "mujeres", el de "puertorriqueñas" se densifica ante nuestros ojos, y parecen resistirse a definiciones unívocas. De pronto las tres categorías nos muestran la multiplicidad de factores de todo tipo que inciden en cada uno de ellos transformándolos al instante. Varias reflexiones recientes ya nos advierten de la necesidad de historizar las categorías de análisis del trabajo feminista, particularmente las 88


nociones de "mujer(es)" y de "experiencia. Joan Scott nos ha advertido en su ensayo "Experience" que muchas veces aquellos trabajos que asumen la experiencia como lo evidente, como lo dado, toman por sentado a los sujetos cuya experiencia quiere documentarse. La noción de "experiencia" tradicionalmente ha sido entendida como aquello que connota "la realidad" o como la "aprehensión subjetiva" de dicha realidad. Así no sólo se busca legitimar y dar relevancia política a "la experiencia de las mujeres", sino establecer la identidad dé las mujeres en tanto entes con agencia. Esta perspectiva deja de lado: Primero, que la experiencia es construida y contextual. Segundo, que la noción de "experiencia" se refiere, precisamente, al proceso siempre inacabado —ese relevo entre los discursos y las prácticas institucionales— que produce la subjetividad (el ser mujer) para los ente sociales. Esto supone "entender las operaciones de los complejos y cambiantes procesos discursivos por los cuales las identidades son adscritas, resistidas y asumidas". Por último, que la agencia no es un atributo natural del sujeto sino que es posibilitada en condiciones históricas y sociales específicas. Entonces, la noción de "experiencia de mujeres" no debe ser utilizada para evidenciar la identidad de las mujeres sino para repensar cómo esa "identidad", se constituye social y culturalmente. En este sentido las mujeres no tienen una experiencia (compartida) de sujeto sino que son constituidas en tanto mujeres (una posición de sujeto entre muchas otras que también la constituyen) a traves de esa "experiencia".

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REFERENCIAS

Foucault, Michel. El orden del discurso. Marginales, Tusquets, 1983.

México:

Scott, Joan. "Experience" en Judith Butler y Joan Scott Theorize the Political. New York: Routledge, 1992.

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Cuadernos Feminist

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PUERTO RICAN WOMEN WRITERS CF' THE UNITED STATES: A CRITICAL READING CF CRITICAL FICTIONS Liza FiolMatta*

This essay, like its subject, is a work in progress. Recently there has been an increase in creative writing by Puerto Rican women in the United States, but this literature is still a fledgling one. With the possible exception of Nicholasa Mohr, we do not yet have a writer, writing in English, whose work has been received like that of the more recent generation of Latina writers. In 1992, mainstream presses published How the García Girls Lost Their Accents by the Dominican writer Julia Alvarez and Dreaming in Cuban by the CubanAmerican writer Christina García. The writing by Chicanas, while more often published by small presses, has a recognized literary tradition and is responsible for most theories of Latina writing and representation in the United States. Sandra Cisneros's The House of Mango Street and her collection of short stories Woman Hollering Creek, in particular, have given notice of the emerging voice of the Latina writer in the United States. In the past four years, however, Puerto Rican women writers have emerged, their work rendering the complex workings of identity formation, class and race consciousness, and cultural politics of the United States Puerto Rican reality. In this paper I want to touch on some points which I, as a reader and writer of this literature, find important in a consideration of this new literature at this rather early stage of its development. Historically, one can trace the roots of Puerto Rican women's literature in the United States to the life and work of Julia de Burgos, one of the island's most important poets. Arriving in New York via Cuba in 1940, she spent the last seven years of her life living in the Puerto Rican neighborhoods of Manhattan. The circumstances of her life and death in New York have become part of the island's mithology of life in New York. The elements of that mythology juxtapose the hope of economic self-sufficiency and exilic freedom with tragedy, *Liza Fiol-Matta is Professor at the English Department, La Guardia Community College, City University of New York (CUNY).

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poverty, and anonymous death in an anthropomorphic city which swallows one up. That de Burgos herself wrote only a handful of poems in English is immaterial. That she wrote in English at all is more significant, for she was, even in her exile, an island poet. In a letter written in English to her sister shortly after arriving in New York, de Burgos states her affinity for the English language: I feel a rare delight in it. I feel more universal. My spirit feels a sensation of greatness over the environment when it can gracefully adopt the mirrors of a foreign language, not before selected, to look towards the world of love, in this case represented by the most dear sisterhood... My mind knows its power over circumstances, and expression is one of the handicaps of foreigners around here, that makes circumstances more cruel and hard. For this reason, I must have practice in my most powerful weapon besides my will of power, that is my knowledge of English.' Though the island rightly claims her, she is the significant link uniting the work of two groups of women writers that have sprung up after her death, the island women writing as part of a majority national literature and those forging a minority literature within the United States. It is not until over twenty years after de Burgo's death that we find another woman's voice in Puerto Rican literature in the United States. Various women wrote poetry in the style that became known as Nuyorican poetry and were included in the important collection Nuyorican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Words and Feelings, edited by Miguel Algarín and Miguel Piñero (1975), but one name stands out: Sandra María Esteves. Esteves's work draws on the stance of oral performance, and on the inter-lingual use of English and Spanish (and Barrio versions of both). Her early poetry is in turn angry and conciliatory, aggressive and lyrical. Her voice is unmistakable; her feminism one that draws on "awareness of culture, self, and committed activism toward social change."2 Esteves has traced the ideological starting point of the consciousness of Puerto Rican women's literature in the United States to two women, de Burgos and Lolita Lebrón, the Nationalist militant who spent close to thirty years in federal prison for attempting a violent demonstration in the US House of Representatives in favor of independence for Puerto Rico in the early 1950's. Like de Burgos Esteves contends that (and Esteves), Lebrón is also a poet. understanding the circumstances of the lives of these two women is important for Puerto Rican women writing in the United States. In particular, coming to terms with Julia de Burgos's failure to survive the hostile New York environment of the McCarthy years is as crucial 42


as learning from her successful rendering of voice and experience in her poetry. De Burgos, then, serves as mentor, "guiding one through the darkness where the documents of our voices are absolutely vacant..."3 The most famous of de Burgos's English poems, "Farewell In Welfare Island," was written while a patient at Goldwater Memorial Hospital and only five months before her death. In it she names the psychic conditions (her literary themes) that exile in the metropolis brought to many Puerto Rican women: despair, silence, sadness. In this poem, New York is a "vast empire of solitude and darkness," where the writer searches in vain for the freedom, warmth, and beauty which could break through the alienating imprisonment of her solitude.

Farewell in Welfare Island It has to be from here, right this instance, my cry into the world. Life was somewhere forgotten and sought refuge in depths of tears and sorrows over this vast empire of solitude and darkness. Where is the voice of freedom, freedom to laugh, to move without the heavy phantom of despair? Where is the form of beauty unshaken in its veil simple and pure? Where is the warmth of heaven pouring its dreams of love in broken spirits? It has to be from here, right this instance, my cry into the world. My cry that is no more mine, but hers and his foreover, the comrades of my silence, the phantoms of my grave. 43


It has to be from here, forgotten but unshaken, among comrades of silence deep into Welfare Island my farewell to the world.4 (February 1953) That de Burgos haunts the Nuyorican poet as much as she has haunted ¡the new generations bf island poets, male and female, is borne out in Sandra María Estevés's vituperative apostrophe •to de Burgos: "A Julia y a mí." Angry at de Burgos for her failure to survive, Esteves verbalizes a fighting spirit born of barrio strength' and necessity. It is a response to one of de Burgos's most famous poems, "A Julia de Burgos." In the latter the poet addresses herself; Esteves also speaks to Julia. Ironically, though it is. de Burgos's weakness that Esteves reacts to, in the de Burgos poem Julia vehemently rises above society's petty restrictions of women. Singnificantly, de Burgos wrote her poem in the 1930's, before her self-exile to New York. It is a document of astounding subjectivity and authority. Renouncing the limiting categories of female identity proscribed by society, de Burgos claims for herself the right to name her Self: z "La que se alza en mis versos no es to voz: es mi voz/porque tú eres el ropaje y la esencia soy yo; /y el más profunda abismo se tiende entre las dos."5 In "A Julia y a mí" Esteves °angrily demands to know, "Why did you let the dragon slay you?" and affirms: " A ti Julia, ya será tarde pero -a mí iio ` z Yo vivo

y grito si me duele la vida r s y 'canto con ía gente • y bailo con mis hllas no soy lágrima de fsef soy el río la mariposa' y cúlebrá i my fist .is in thy soul -• it cuts into the blood of dragons and marks time with the beat of an afrocuban drum.6 It is difficult to convey how important Julia de Burgos —the constructed Julia, the mythologized Julia, the brilliant Julia, the doomed Julia, the hero Julia— has been for the Puerto Rican woman writer in the United States. One of these writers is Luz María 44


Umpierre. In "Immanence," from her collection The Margarita Poems, Umpierre works the themes of madness, lesbian sexuality, and search for self into that of her inevitable search for Julia: I am crossing the MAD river in Ohio, looking for Julia who is carrying me away in this desire. I am crossing the river, MAD, afflicted by rabies for those who'll call me singul, insane and senseless, a prostitute, a whore, a lesbian, a dyke because I'll fall, I'll drop, I'll catapult my Self into this frantic excitement for your SEX my Margarita, my yellow Margarita, my glorious daisy. I am transfering my Self, changing my clothes, spitting three times, clicking my heels, repeating all enchantments: Come, Julia, come, come unrestrained, wild woman, hilarious Julia..? Finally, Umpierre achieves her goal ("to bring my Julia forth") and the transformation is completed. Just as Julia was once "una amanecida de amor,"8 Umpierre's Julia is awakened in auto-erotic love: I am Julia, I have crossed the river MAD, I have come forth, 45


a new lady lazarus to unfold my margarita my camal daisy the buds between my spread out legs. I touch my petals: "I love me, I love me not, I love me, I love me not, I love me!"9 These works demonstrate how important a symbol and model de Burgos became for the Puerto Rican woman poet of the United States. The three poets whose voices I have enlayed here are also involved in another dialogue, a paradoxically public-intimate dialogue of identity and self. I see in their critiquing and refining the expression of the Self an example of women helping each other find themselves. The "A Julia" poems are individual dialogues with de Burgos herself. In the "María Christina„ poems, Esteves and Umpierre exchange challenges to grow and accept each other. The exchange produces a special link between an island-identified poet (Umpierre) and her Nuyorican sister (Esteves); both give each other critiquing that begets consciousness. Esteves's reply to Umpierre's critique of her early poem which begins "My name is María Christina" (in which Umpierre pointedly declares her name isn't María Christina) sums up the dialogue: So Your Name Isn't María Christina All right. I'll accept that. She was just a young woman. Another Puertorriqueña among many. Desperate to define self within worlds of contradictions. Caught somewhere in between the casera traditions of Titi Julia and the progressive principles of a Young Lords Cousin. So your name isn't Christina, but it really doesn't matter in which barrio you were born. We all get the same kick in the ass by faces that are similar. You're still her older sister, teachers of many metaphors. When she was ignorant you 46


pulled her closer, explaining the fruits of your experiences. So your name isn't María Christina, but you forgot to tell me if you understood she was just one person one Borinqueña within our universal identity. In some ways a lot like Titi Julia who took care of her when Mami went to work. You remember her, don't you? Now se can build her own house, even though her name hasn't changed. Thank God, it was a good thing you were around.lo Now I turn to a newer generation of writers whose work with two exceptions has appeared only in the last three years. In general one can say that the literature of the Puerto Rican woman is not a primarily Nuyorican (or New York-based) one. The variety of the experiences of its authors is reflected in the many places where they live and write. Carmen de Mont_eflores and Aurora Levins Morales in California; Judith Ortiz Cofer in Georgia; Rosario Morales in Boston; and Umpierre in various academic settings in New Jersey, Ohio, and Massachusetts. Of the published writers, only Nicholasa Mohr and Esteves are specifically writing the New York experience. Some of these writers were born on the island, and some were not. All, in one form or another, explore the links with the island as well as with the Puerto Rican community in the United States. For such a young literature and with only a handful of published writers there is a surprising diversity of voices. Having these voices out there (whether in the form of oral testimony, history, or imaginative literature) is how puertorriqueñas are forming self and identity. Judith Ortiz Cofer's work, most significantly in her memories Silent Dancing: A Partial Remembrance of a Puerto Rican Childhood and her novel Line of the Sun, is interspersed with references to common experiences readily recognizable to her Puerto Rican immigrant readers. First, the displacement from the island brings with it the fear of loóking out of place. La mancha (del plátano) something alternately painful, to be gotten rid of, and a sign of pride, impossible to erase. In the following passage she describes a home movie:

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The movie opens with a sweep of the living room. It is "typical" immigrant Puerto Rican decor of the time: the sofa and chairs are square and hard-Iooking, upholstered in bright colors (...and covered in transparent plastic) .... The linoleum on the floor is light blue, and if it was subjected to the spike heels as it was in most places, there were dimesized indentations all over it that cannot be seen in this movie... The three women in red sitting on the couch are my mother, my eighteen-year-old cousin, and her brother's girlfriend. The novia is just up from the island, which is apparent in her body language. She sits up formally, and her dress is carefully pulled over her knees... [sitting next to her] my gorgeous cousin... My cousin has grown up in Paterson and is in her last year of high school. She doesn't have a trace of what Puerto Ricans call "la mancha" (literally, the stain: the mark of the new immigrant —something about the posture, the voice, or the humble demeanor making it obvious to everyone that that person has just arrived on the mainland;...) My cousin is wearing a tight red-sequined cocktail dress. Her brown hair has been lightened with peroxide around the bangs,... My mother is somewhere halfway between the poles they represent in our culture. 11 Like many women of the diaspora, Judith and her mother are entagled in contradictory realities of what being a Puerto Rican woman is. The model child is an asset; the sensual woman a liability. In his attempts to move out of El Building, a Puerto Rican tenement in Paterson, Judith's father takes her along with him on visits to the landlord's store: Apparently, my father had convinced him. . . that we were not the usual Puerto Rican family. My father's fair skin, his ultra-correct English, and his Navy uniform were a good argument. Later it occurred to me that my father had been displaying me as a model child . . . I was always dressed as if for church and held firmly by the hand . . . As for my mother, her Latin beauty, her thick black hair that hung to her waist, her voluptuous body which even the winter clothes could not disguise, would have been nothing but a hindrance to my father's plans.l2

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The geographical distance, not only from the Island but from El Building (El Barrio) where Spanish and music and un pedacito de Puerto Rico can be found, creates a psychological distancing. Once in the new apartment, Judith's mother "lapsed into silence herself, suffering from La Tristeza, the sadness that only place induces and only place cures."13 Judith's father, on the other hand, "relished silence;„ the family was "to prove how respectable we were by being the opposite of what our ethnic group was known to be —we would be quiet and inconspicuous."14 In Cofer's work the voice of the Puerto Rican "colonized child"15 emerges. This child's speechlesness, her and his unconscionable colonization and domination by contradictory value systems, is a peculiar one. There are generations of Puerto Rican children who have lived the multiple consciousness of what two cultures define as ethnicity, nationality, race, gender, and class. For some, paradoxically, it is that they know English too well (You don't talk like a Puerto Rican) or fit into the majority culture's acceptable racial schemes (You don't look Puerto Rican); these are the Puerto Rican children "chosen ... to represent the colonizer's World, peddle the colonizer's values, ideas, notions of what is real, alien, other, normal, supreme."16 Treading water somewhere between islands of identity, the Puerto Rican-ness of these children of the diaspora is often suspect to the community itself (pero no pareces puertorriqueña) . Just as Chicana literature explores and unifies the indigenous experience to that of the mestizo Mexican, Puerto Rican women writers are defining .difficult intersections between race and ethnicity. Rosario Morales, coauthor with her daughter Aurora Levins Morales of Getting Home Alive, 17 offers a particularly moving example of the colonized child's struggle for recovery of the African voice: ...I forgot this heritage african Black up here in this cold place the sound of african in English of drums in these musics I forgot I breathed you with my air and declared fine and when you're not there I look and ask where you've gone but I know I know why I forgot I'm not supposed to remember what I do remember is to walk in straight and white into the store and say good morning in my see how white how upper class refined and kind voice all crisp with consonants bristling with syllables protective coloring in racist fields looks white and crisp like cabbage looks tidy like laid-out gardens like white aprons on black dresses like please and thank you and your welcome like neat and clean and see I swept and scrubbed and polished ain't I nice que hay de criticar will I do will I pass will you let me thru will they let me be not see me here beneath 49


my. skin behind my voice crouched and quiet and so so still not see not hear me there where I crouch hiding my eyes my Indian bones my spanish sounds muttering mielda qué gente fría y féa: se creen gran cosa aif escupe chica en su carfresca en su cariféa méate ahí en el piso feo y frío yo valgo más que un piso limpio yo valgo más yo valgo cágate en I'alfombra chica arráncale el pelo yo quiero salir de aqui yo quiero salir de ti yo quiero salir you see she's me she's the me says safe sarita safe.. 18 Language may well be the most important of the issues of representation and subjectivity in this new literature. On the one hand, the guilt of allegiances and loyalties, the apologetic selfrecrimination for accent, lapses of vocabulary, convoluted verb and word endings, the fear of not meeting some imagined standard of bilingualism (¿Y esos se llaman puertorriqueños? ¡Si no saben hablar ni inglés ni español!) are part of the daily life of the Puerto Rican in the United States. For the writer of this literature, the major challenge may be how to capture the variety and substance of this Puerto Rican language, full of class-determined nuances of pronunciation and structures as the site of struggle and resistance from silence and misrepresentation; how to write the language that reflects the reality of living in the projects and tenements, working in the migrant farmlands, the clerical workplace and factories, sitting in the public school and community college classrooms. Carmen de Monteflores's novel Cantando Bajito/Singing Softly19 is an exciting example of how one writer is attempting to fight speechlessness. She experiments with representing the class-bound, racially-specific speech patterns of her characters transliterally. In the dialogues her text resembles simultaneous oral translation: Noh vamoh a tener que ir temprano hoy. Loh neneh tienen que terminar suh leccioneh. El tutor viene mañana," Pilar said. We're going to have to leave early today. The children have to finish their lessons. The tutor comes tomorrow. "Tutol y tó ¿ah? ¿La ehcuela del pueblo eh muy pobre pa' loh niñoh ricoh? Tie'n miedo que se leh va a pegal la rajita?" Tutor and everything, eh? Village school's too p. oor for the rich children? You afraid they're going to catch a little color?2o Monteflores's shortcomings in translating the class-bound, rural speech into English are obvious to the Puerto Rican or bilingual reader. The substitutions of "I" for "r" (Tutol/tutor) and the aspirated "s" of Puerto Rican Spanish (Ehcuela/escuela) do not have a dialect 50


equivalent in English except perhaps to analogous dropping of the final consonant in words like goin/going and elisions such as want to/wanna. Similarly, translation of colloquialisms, never an easy task, are complicated by race and class consciousness. For instance, to translate pegarse is rajita into "catch a little color" fails to render the deeply racist connotations of the phrase, the sarcastic humor which often accompanies it, and the class significance of the concept in a mulatto culture. However, while Monteflores may not always "get it right," she attempts to transcribe a bilingual language that is race and class specific, and her novel challenges the Puerto Rican writer to be true to the voices of the people who inhabit our work. Once again, I must reiterate that this overview of the literature by Puerto Rican women in the United States is a work in progress. The writers of this diaspora experience, members of a unique interpretative community within the literature of the United States, are just beginning to surface. As they emerge, their work will challenge the definitions of national literatures. The island would do well not to ignore this literature, written in English but so specifically Puerto Rican, for there is much in these hybrid memories, these voices coming into consciousness, to learn about class, race, identity, and survival. The newer works discussed here teach essential lessons about what it means to grow up colonized. In most cases this means growing up shamed and misrepresented, needing answers to identify questions that one has been taught not to ask. The recent writing by Puerto Rican women in the United States attempts to recover painful childhood memories about class, gender and race inferiority and to represent the fullness and complexity of our experience as Puerto Ricans. Puerto Rican women's literature in the United States begins with a brilliant but doomed woman who knew who she was and where her allegiances lay. Julia de Burgos started us on our own diverse paths towards recovering ourselves, our voices, our memories, our pieces of this puzzle of being Puerto Rican. In so doing we reclaim her, acclaim our writers, and lay claim to ourselves, self-defined and unassimilated.

51


N OTES 1.

Quoted in Efraín Barradas, "Entre la esencia y la forma: sobre el momento neoyorquino en la poesía de Julia de Burgos", Julia de Burgos, Río Piedras: Ediciones Mairena, 1986, p. 35.

2.

Images and Identities, p. 171.

3.

Sandra María Esteves, "Open Letter to Illiana (Testimonio)," Breaking Boundaries: Latina Writings and Critical Readings, Ed. Asunción Horno-Delgado, et al., Amherst: University of Massachusetts, 1989, p. 119.

4.

Julia de Burgos: obra poética, San Juan, Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1961, p. 319.

5.

Obra poética, p. 65.

6.

Herejes y mitificadores: muestra de poesía puertorriqueña en los Estados Unidos, Ed. Efraín Barradas y Rafael Rodriguez, Río Piedras: Ediciones Huracán, 1980, p. 181.

7.

The Margarita Poems, Bloomington, Indiana: Press, 1987, pp. 16-17.

8.

"Amanecida", Obra poética, p. 111.

9.

The Margarita Poems, p. 18.

10.

Sandra María Esteves, Bluestown Mockingbird Mambo, Houston: Arte Público, 1990, pp. 32-33.

11.

Silent Dancing, p. 60.

12.

Silent Dancing, p. 61.

13.

Silent Dancing, p. 61.

14.

Silent Dancing, p. 61.

15.

Michelle Cliff, "Conference Presentation", Critical Fictions: The Politics of Imaginative Writing. Ed. Philomena Mariani, Seattle: Bay Press, 1991, p. 67.

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)I

Third Woman


16.

Cliff, p. 67.

17.

Ithaca, New York: Firebrand, 1986.

18.

Getting Home Alive, p. 57.

19.

San Francisco: Spinsters/Aunt Lute, 1989.

20.

Cantando Bajito/Singing Softly, p. 55.

~


BRIEF BIBLIOGRAPHY CF PUERTO RICAN WOMEN'S LITERATURE IN ENGLISH

Cofer, Judith Ortiz. Silent Dancing: A Partial Remembrance of a Puerto Rican Childhood. Houston: Arte Público, 1990. The Line of the Sun. Athens, GA: University of Georgia, 1989. de Monteflorres, Carmen. Cantando Bajito/Singing Softly. Francisco: Spinsters/Aunt Lute, 1989.

San

Esteves, Sandra María. Bluestown Mockingbird Mambo. Houston: Arte Público, 1990. Gómez, Alma; Cherrie Moraga; and Mariana Romo-Carmona. Cuentos: Stories by Latinas. NY: Kitchen Table, 1983. [Contains various short pieces by Puerto Rican Women.] Horno-Delgado, Asunción; Eliana Ortega; Nina M. Scott; and Nancy .Saporta Sternbach. Breaking Boundaries: Latina Writings and Critical Readings. Amherst, MA: University of Massachusetts, 1989. ["Part II: Puertorriqueñas. "] Levins Morales, Aurora; and Rosario Morales. Ithaca, NY: Firebrand, 1986.

Getting Home Alive.

Mohr, Nicholasa. El Bronx Remembered: A Novella and Stories. Houston: Arte Público, 1986. In Nueva York. Houston: Arte Público, 1988. [Orig., NY: Dial, 1977.] Turner, Faythe, Ed. Puerto Rican Writers At Home in the USA: An Anthology. Seattle: Open Hand, 1991. [Includes works by Rosario Morales, Aurora Levins Morales, Judith Ortiz Cofer, Sandra Maria Esteves, Nicholasa Mohr, Magdalena Gómez, and Luz María Umpierre.]

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Umpierre-Herrera, Luz María. The Margarita Poems. Indiana: Third Woman Press, 1987.

Bloomington,

Vélez, Diana, Ed.: and Trans. Reclaiming Medusa: Short Stories by Contemporary Puerto Rican Women. San Francisco: of Spinsters/Aunt Lute, 1988. [Translations stories by island writers Rosario Ferré, Carmen Lugo Filippi, Mayra Montero, Carmen Valle, and Ana Lydia Vega.] Vigil, Evangelina, Ed. Woman of her Word: Hispanic Women Write. Houston: Arte Público, 1987. [Poems by Sandra María Esteves: "Amor Negro," "A Celebration of Home Birth," "Portraits," "Transference:" and Judith Ortiz Cofer: "Progress Report to a Dead Father," "What the Gipsy Said to Her Children." Story by Nicholasa Mohr: "An Awakening... Summer 1956."]

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LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL GÉNERO Y IA SUBJETNIDAD: EDUCACIÓN YTRABMO

Milagros Bravo* Eileen M. Colberg** Loida M. Martínez*** María Soledad Martínez**** Annette Méndez***** Luisa R. Seijo Maldonado******

En este trabajo presentamos y analizamos la experiencia en tres proyectos llevados a cabo en Puerto Rico dirigidos a problemátizar la

*Milagros Bravo es Profesora en el Departamento de Estudios Graduados, Facultad de Educación, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. **Eileen M. Colberg es Profesora en el Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias Sociales, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. ***Loida M. Martínez, Ex-directora de la Unidad de Investigaciones de la Comisión para los Asuntos de la Mujer y Profesora en el Programa de Educación de Maestros, Universidad Interamericana. ****María Soledad Martínez es Profesora en el Programa Graduado de Educación, División de Educación en la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano. *****Annette Méndez es Profesora en el Centro de Investigaciones Educativas, Facultad de Educación, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. ******Luisa R. Seijo Maldonado es Coordinadora del .Proyecto Galateo y Profesora de Bienestar Social, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. 56


noción socialmente prevaleciente respecto a los géneros en contextos de educación y trabajo. Enmarcamos el análisis en una concepción construccionista mediante la cual exponemos la forma en que las sociedades construyen, validan y transmiten concepciones sobre los géneros, y cómo estas construcciones sociales se transforman en elementos de la subjetividad de las personas. Este marco teórico nos sirve para explicar la forma en la cual los tres proyectos descritos intentan deconstruir las estructuras que oprimen subjetiva y materialmente a las mujeres. Este escrito es el fruto de múltiples deliberaciones entre las autoras y pretende abarcar, del mejor modo posible, las diversas visiones y experiencias de las mismas. Marco Teórico El construccionismo social es una perspectiva teórica que ha sido utilizada en décadas recientes para explicar muchos procesos psicosociales (Berger & Kellner, 1970; Berger & Luckman, 1967). En este escrito integramos esta visión con la de otros teóricos que nos sirven para explicar el fenómeno que nos atañe. Construcción social de la realidad. El construccionismo postula que cada sociedad construye y mantiene unas concepciones particulares del mundo, las cuales, al ser validadas y compartidas interpersonalmente, llegan a ser consideradas como la única realidad existente. Sin embargo, dada su manufactura social, éstas deben ser continuamente mediadas y actualizadas por la persona para que puedan convertirse y permanecer también como "su mundo". La sociedad brinda a la persona ciertas construcciones fundamentales para su experiencia y conducta diaria. Le brinda, además, tipificaciones y criterios de pertinencia predefinidos, puestos a su disposición para ordenar su vida cotidiana. Las instituciones sociales contribuyen a definir patrones sociales, a atribuir signos y significados particulares a diferentes sectores dentro del marco social. A través de estos significados y códigos que socialmente contribuyen a definir los diferentes sectores, se definen, a su vez, jerarquías sociales. Weedon (1987) señala que "los significados sociales son producidos dentro de las instituciones y prácticas sociales en las cuales los individuos que están formados/moldeados por estas instituciones son agentes de cambio, en lugar de sus autores. Estos cambios, a su vez, pueden servir intereses hegemónicos o retar las relaciones de poder existentes" (Weedon, 1987, pág. 25, traducción nuestra). La construcción social de nuestra realidad compartida se basa en los opuestos y las diferencias, ya sea de raza, religión, nacionalidad, 57


edad, género y otras. La idea de la dominación es parte esencial de esta ideología, en la que un grupo o acercamiento conceptual debe ser superior y dominar a los otros (Astin y Leland, 1991). Por ejemplo: líderes sobre seguidores, blancos sobre negros, heterosexuales sobre homosexuales, hombres sobre mujeres, una religión y una nación sobre otras. Esta ideología promueve que el control de las instituciones esté en manos de los que dominan, como también el control de los recursos económicos, políticos y sociales. Esto es lo que se conoce a nivel de sociedad como el modelo jerárquico de dominación, como burocracia a nivel de las estructuras de trabajo asalariado organizado (Ferguson, 1984), y como patriarcado a nivel de la estructura de la familia (Muñoz y Fernández Bauzó, 1988).

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Construcción del género. Una de las tipificaciones- ``qüe sociedad brinda es la noción sobre el rol de la mujer y del hombre. Los grupos sociales usualmente han construido en forma diferente estos papeles, y los han validado mediante la interacción con otras personas cohabitantes del mismo mundo socialmente construido. Aún cuando existen variaciones interculturales, es común en muchas sociedades que el rol masculino se construya en torno a lo `instrumental', recalcando la independencia, la competencia y . racionalidad. El papel femenino, por otro lado, ha sido construido como `expresivo',dando énfasis al calor humano, la compasión y, el apoyo (Bem, 1974). Se ha dividido usualmente la experiencia social en dos esferas: el ámbito público y el ámbito privado. Esta visión concibe que los hombres contribuyen al bien común participando en la esfera pública y que las mujeres lo hacen desde el ámbito doméstico o privado.' El ámbito público es el que ha sido reconocido y validado como el importante para la producción social y el ámbito privado se descalifica y ha sido deshumanizado. Los hombres controlan la mayoría de las decisiones sociales y las mujeres establecen las políticas interpersonales para lidiar con el dominio masculino y de esta manera, con sus prácticas, influenciar el balance de poder (Lipman, 1984). Transmisión de la construcción del género. Las construcciones sociales son transmitidas de generación en generación a la vez que sufren transformaciones constantes. Son, además, biográficamente acumulativas: comienzan a desarrollarse en las primeras etapas de socialización y se modifican a través de la vida. La persona construye activamente la percepción de su realidad a partir de la interacción de su organismo biológico con su contexto social y material. Asimila los eventos ambientales en su concepción existente y modifica ésta en respuesta a las demandas del contexto (Piaget, 1954). La relación de la persona con su realidad es dialéctica, actúa sobre ella y ésta, a su vez, actúa sobre la persona. El contexto en que interactúa el 58


organismo es, a su vez, dinámico y está permeado de contradicciones que se articulan en procesos de negociación, acomodación, asimilación y consensos. Tiene una realidad social y material producto de procesos sociohistóricos. Los procesos cognoscitivos superiores surgen de la internalización de las operaciones externas (Vygotsky, 1978). Son sociales en su origen, mediados por el lenguaje en su estructura y voluntariamente dirigidos en su funcionamiento (Lucia, 1971). Las construcciones sociales sobre los géneros son, por tanto, producto de procesos sociohistóricos que se dan en la estructura de relaciones interpersonales del grupo social. La posición que ocupan las personas dentro de esa estructura social tenderá a influir esas concepciones. Típicamente, los hombres desempeñan posiciones sociales de mayor poder y prestigio que las mujeres. La identidad de las mujeres y su subjetividad se construyen dentro de este sistema de dominación, donde ésta es percibida como débil y menos preparada para ejercer funciones que requieren liderato y competencia.2 El hombre construye la identidad y subjetividad de la mujer- como aquella subordinada a la suya y a la de sus progenitores. Su :independencia llega hasta donde el sistema patriarcal se lo permite. Partiendo de estas premisas podemos estudiar las instituciones socializadoras (la familia, la comunidad, la escuela, la iglesia) en su rol de perpetuar unas definiciones y significados sociales que conducen a situar o ubicar los actores, en particular a las mujeres, dentro de dichas instituciones y del ámbito social a nivel amplio. De este modo, se hace necesario y hasta urgente, analizar las diferentes posiciones que le son otorgadas a las mujeres dentro de las instituciones sociales. Estos significados contribuyen a definir el rol de las mujeres como sujetos. De esta manera, al entender los símbolos que definen a las mujeres dentro de estas instituciones, podemos apuntar hacia el nivel de participación que la sociedad le asigna a las mujeres y así establecer el lugar que ocupan dentro de la estructura de poder. Rol de la familia y la comunidad. En las primeras etapas de la vida, la familia juega un papel crucial en la transmisión, construcción y mantenimiento de las concepciones de la realidad compartidas por el grupo social. Esta usualmente adiestra a las mujeres hacia la feminidad. Desde el momento en que nacen, a las niñas se les maneja y trata con sumo cuidado en comparación con los bebés masculinos, como si fueran más frágiles. A su vez, se les visualiza como ciudadanas de segunda clase. En nuestra cultura son "chancletas" con toda la connotación peyorativa del término. Sin embargo, estudios de neonatos demuestran que las niñas bebés tienen mayor probabilidad de 59


sobrepasar este período que los niños infantes (Yarrow, 1971). Durante la infancia, las niñas son mantenidas cerca de la casa, tanto en sociedades industriales como preindustriales. Las ropas delicadas a las que las niñas son expuestas le limitan en sus actividades físicas: trajes con adornos, enaguas, pantalones más ceñidos al cuerpo, etcéterá.3 Los juguetes son los instrumentos visibles de la socialización, que prepara a los niños y a las niñas para la vida adulta. Los juguetes típicos de las niñas son suaves y no mecánicos; por el contrario, los de los niños son mecánicos y duros. En los juegos de niñas no se fomenta la competencia y mucho menos entre amigas y, si surge, no se considera femenino. En el mundo femenino, la amistad y las relaciones se consideran más importantes que el ganar. Un estudio antropológico en grupos de tercer grado reveló cómo las niñas deliberadamente permitían que sus amigas ganaran en nombre de la amistad (Lipman, 1984). Esto resulta en que las mujeres estén menos preparadas o habituadas a la realidad del mundo económico-político que gira en torno a la competencia, el trabajo en equipo y la búsqueda de la victoria.4 `" Las mujeres aprenden a triunfar vicariamente, mediante el triunfo de otras personas. Es por ello que, en general, desarrollan diferentes maneras de ver la vida y de establecer sus metas y estrategias para lograrlas. En muchas ocasiones se encuentran evadiendo la competencia porque la consideran deshonesta y poco femenina. El único ámbito donde se sienten más libres de competir es en las relaciones de pareja o de amistad estrecha. Casi nunca trabajan para satisfacer sus propios intereses, sino que están en función de otras personas. Es por ello que han aceptado la imagen estereotipada de reducción de poder, de dependencia o de morbosidad que la cultura ha caricaturizado. Estas imágenes se observan diariamente en las artes, las religiones y los mitos cotidianos. Rol de la escuela. La escuela es una institución de educación formal que desempeña un papel crucial en la transmisión y mantenimiento de las concepciones de la realidad socialmente compartidas. Participa, además, en la modificación de la concepción inicial de la realidad que la persona adopta en las primeras etapas de su vida. El desarrollo del concepto social de género se logra tanto a través de la estructura de esta institución como a través del conocimiento que se genera a través de éstas. Esto es, a través del contenido y la estructura del currículo formal. El currículo escolar forma significados que acentúan la posición social de las mujeres. Estos emanan del contenido del conocimiento que se distribuye y perpetúa a través del contenido del currículo formal, los mensajes y significados que se institucionalizan a través de éste. Un análisis discursivo del contenido y la estructura curricular nos refiere a cómo se manifiesta el sexismo, el clasismo y el racismo, 60

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entre otros, por medio de la omisión, fragmentación, mistificación, estereotipación y simplificación del currículo (Anyon, 1983; McNeil, 1983; Golnick et al., 1983; Sadker y Sadker, 1985). De esta manera, podemos observar la continua omisión en el currículo de las luchas de las mujeres a través de la historia, la fragmentación de esta historia de modo que cuando se incorporan se reducen a una lista de datos fuera de contexto social. Esto no permite situar a las mujeres dentro de la historia pública, sino que, en gran medida, se mantiene la participación de las mujeres en el ámbito privado. De igual manera, las prácticas de mistificación y simplificación del conocimiento que se ofrece en torno a las mujeres a través del currículo contribuyen a mantenerlas en una posición de inferioridad dentro de la estructura social jerárquica. Por otro lado, la tendencia a simplificar la labor de las mujeres-maestras, simplificando el magisterio en comparación con otras profesiones, así como la simplificación de la labor realizada por las mujeres en el hogar, contribuye a perpetuar la construcción social del género dentro del contexto social. A esto se añaden los mensajes estereotipados •que prevalecen a través del currículo y que sitúan a las mujeres como sumisas, dependientes, intuitivas, poco racionales y sentimentales en contraposición a la figura fuerte, independiente y racional del hombre. La simplificación de las mujeres en el currículo no está ajena a la simplificación de la labor del magisterio. Esta se puede observar a través del enfoque de la historia como una sucesión de hechos aislados o accidentados donde la participación de las mujeres se diluye o simplifica al destacar a unas mujeres sin considerar los movimientos y luchas sociales que contextualizan los eventos históricos. Estos enfoques prevalecen a través del currículo tradicional. Por otro lado, la mistificación parece olvidar que las características tradicionalmente atribuidas a las mujeres parten, se sustentan y sostienen en la opresión a la que las mismas han sido sometidas. La privatización de los discursos relacionados con las mujeres, o mantener estos discursos dentro de la esfera privada, es otra manera de construir un conocimiento fuera del contexto social. De esta manera, la experiencia de las mujeres maltratadas se mantiene dentro de la esfera privada, descontextualizando su significado social. La construcción social del género se manifiesta tanto a través del contenido y estructura del currículo formal como de los mensajes ideológicos que se recogen en el currículo escondido (actitudes, expectativas, normas, prácticas educativas, lenguaje, clima del salón de clase). Ambos, el currículo formal o explícito y el currículo escondido, están permeados por visiones androcéntricas que contribuyen a situar a las mujeres en espacios de opresión y marginación.

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El ámbito escolar es un contexto en el que se reproduce la posición subordinada de las mujeres. Las prácticas educativas promovidas en los programas de preparación de maestros(as) y perpetuadas a través de la escuela, así como los. contenidos curriculares, limitan a las maestras de una participación más amplia y profunda en el proceso educativo. Esto representa un ejemplo de la posición que las maestras ocupan dentro de la estructura de poder social. En aras de profesionalizar la educación y el magisterio, a las maestras se les ha relegado de la tarea de la concepción del conocimiento convirtiéndolas en meros agentes encargados dé' transmitir e impartir el conocimiento. Las prácticas dirigidas hacia la profesionalización del magisterio se traducen en prácticas de intensificación del trabajo de la maestra y en prácticas que divorcian la conceptualización del contenido de la ejecución misma. Esta paulatina proletarización del magisterio aporta a la construcción de unos significados, roles y relaciones de poder que son parte esencial de la educación formal. Rol del mundo laboral. La construcción de las estructuras del mundo del trabajo asalariado es, en general, una réplicas de la estructura más amplia de la sociedad en general. Para ilustrar las similaridades entre la estructura patriarcal en el contexto de la familia y la estructura burocrática en el trabajo asalariado, obsérvese la Tabla 1. En la misma se identifican algunos de los principios que rigen ambos modelos estructurales y la diferenció en la posición de dominio entre géneros. En ambas estructuras las mujeres se encuentran en una posición subordinada a los hombres.

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TAer~x 1

COMPARACIÓN DE LOS MODELOS ESTRUCTURALES DEL PATRIARCADO Y IA BUROCRACIA Y SU IMPACTO EN LOS GÉNEROS

Principios

Supervisión directa.

Especialización y división de tareas.

Patriarcado

Burocracia

Padre a madre, padres a hijos.

Gerencia a empleados a razón de 1 a 7 ó 10.

La mujer al hogar, el cuido familiar y la reproducción; el hombre como proveedor principal y los niños como aprendices.

Jerarquía de mando

Padre a madre a hijos(as) mayores a hijos(as) menores.

Valores

Disciplina de los hijos para que sean ciudadanos productivos.

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En tareas, profesiones, títulos, puestos.

Junta directiva a presidente, a administración a empleados.

Disciplina para asegurar la eficiencia y la producción.


Las altas posiciones en las empresas continúan siendo de los hombres. Este fue el consenso de oradores y algunos administradores de recursos humanos entrevistados por la periodista Sagardía (1992), de El Nuevo Día. Ella se lo adjudica a los prejuicios y estereotipos de género. Utiliza como dato la cifra de Estados Unidos del "Equal Employment Opportunity Commission", de que el 45% de las mujeres en Estados Unidos pertenecen a su fuerza laboral, pero sólo el 5% controla las altas posiciones. No encuentra cifras al respecto para. Puerto Rico. Las mujeres continúan en la posición de subordinación en el mundo del trabajo asalariado. Clara Coria (1985) explica estos datos a través de un análisis de la identidad y de la subjetividad de las mujeres latinas, donde el machismo es más fuerte que en otros países.6 Nos dice que la realidad de las mujeres está construida en la subordinación y la dependencia económica, lo cual conlleva igualmente una subordinación social, emocional y psicológica. En esta realidad construida de dependencia se le limita su zona de acción, se le acostumbra a actuar dentro de unos límites y se le priva de la oportunidad de obtener la información que acompaña el tomar riesgos al actuar. He aquí la importancia del concepto de "empowerment" y las mujeres. Las estructuras del trabajo asalariado, originadas por el género masculino para el género masculino, exigen ciertas características de personalidad y situaciones que forman parte de la identidad y de la subjetividad de los hombres y no así de las mujeres. Estas se encuentran listadas en la Tabla 2. Las mismas se encuentran definidas y analizadas en el libro de Clara Coria (1985), El sexo oculto del dinero, donde se conceptualiza e ilustra cómo se forma la identidad de las mujeres y cómo la viven subjetivamente.

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TABIA 2

CARACTERÍSTICAS DE LAS ESTRUCTURAS DE TRABAJO MASCULINAS Y FEMENINAS

Estructuras Femeninas

Estructuras Masculinas

Espacio ilimitado

Espacio limitado

Independencia económica

Dependencia económica

Control de emociones

Emotividad

Tiempo delineado

Tiempo continuo

Planificación estratégica

Improvisación

Pensamiento lineal

Pensamiento holístico

Decisiones rápidas

Decisiones con el tiempo

Interpretación y manejo situacional

Interpretaciones y manejo de emociones

Cada una de estas características moldea la identidad de género y la subjetividad de los mismos. Los hombres, en su rol primordial de proveedores principales de la familia, se socializan para moverse en un espacio de acción más amplio que el de las mujeres.? Se les permite mayor movilidad para explorar su ambiente que a las mujeres, a quienes, por su rol primordial de sostén y apoyo en el hogar y la 65


familia, se les ubica principalmente dentro de un espacio más limitado, circunscrito al hogar y sus alrededores. Las mujeres son de la casa y los hombres de la calle. Aunque las mujeres hoy en día trabajan también fuera del hogar, se les socializa para que consideren su rol dentro del hogar como el de mayor importancia. Por lo tanto, prefieren los lugares, personas y situaciones que les son conocidas. Se les socializa para que su nivel de riesgo sea menor y para que su zona de comodidad sea más estrecha. Conclusión. Es por ello que las mujeres estamos llamadas a aclamar que hemos estado influenciadas por la cultura dominante, lo cual nos exige que todos los elementos de nuestra vida: lenguaje, instituciones, arte, literatura son sexistas, ya que todos representan la supremacía masculina. No podemos negar que la cultura masculina sigue siendo la nuestra; es por ello que estamos llamadas a continuar este proceso de autogestión personal y comunitaria para salir de la situación de dominio cultural y llegar a la verdadera liberación. Sin embargo, a nivel personal y comunitario este proceso no es generado única y exclusivamente a nivel individual o del género, ya que esto negaría el rol de la sociedad en el mantenimiento de las relaciones de opresión y los elementos de poder involucrados. Este trabajo tiene que iniciarse mediante la autoevaluación personal de definir dónde estamos mediante un cotejo ecológico, de pensamiento, emociones y ser físico. Es necesario la redefinición del Yo entendiendo que no somos seres fraccionados: un ser público y uno privado. Reconociendo que cada mujer tiene su propio paso y que cada una de nosotras tiene Reconociendo que en ocasiones la que empezar respetándolo. extracción de clase social puede ser un instrumento de represión para otras mujeres. Este proceso tiene que estar enmarcado en el respeto para nosotras, para otras mujeres y reafirmando el derecho a vivir plenamente; no respondiendo a la ideología del poder político, económico y social de la 'masculinidad.

Proyectos con Mujeres y Género: Hacia la Deconstrucción de las Estructuras de Opresión A continuación presentamos tres proyectos realizados con el objetivo de retar esa construcción de la subjetividad de las mujeres, de de-construir las estructuras que oprimen subjetiva y materialmente a las mujeres. ~..

66


Proyecto de Equidad en la Educación En marzo de 1990 la Comisión para los Asuntos de la Mujer dio inicio al Proyecto de Equidad por Género en la Escuela Francisco Matías Lugo de Carolina. A estos esfuerzos se integraron la Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico y el Programa Regular del Departamento de Educación. La meta del Proyecto estaría dirigida a impactar el currículo para contrarrestar aquellas manifestaciones sexistas presentes en las experiencias de aprendizaje de niños y niñas mediante la participación directa de las maestras en la evaluación y desarrollo curriculares. El Proyecto se ha sustentado en las siguientes premisas: 1.

Existe un marcado discrimen hacia las mujeres en el contexto educativo que se manifiesta tanto en el currículo explícito (guías curriculares, libros de texto, materiales instruccionales, objetivos pedagógicos, etc.), como en el currículo oculto (actitudes, expectativas, normas, prácticas educativas, lenguaje, clima del salón de clases).

2.

El trato desigual, la estereotipación, la presentación de imágenes de las mujeres como seres inferiores y la transmisión de esta situación de desigualdad por las instituciones sociales, entre ellas la escuela, tienen un impacto en la vida de los seres humanos tanto en términos de las decisiones que toman para participar en la esfera pública (mundo del trabajo, selección de carreras u oficios, relaciones interpersonales, etc.) como en su vida familiar o doméstica. De esta manera, se convierten en el preámbulo de problemas que afectan a la sociedad, particularmente a las mujeres, tales como la violencia doméstica y el hostigamiento sexual.

3.

Es necesario transformar el currículo, tanto explícito como implícito, para poder cambiar la situación de desigualdad.

4.

El proceso educativo tiene el potencial de convertirse en agente de cambio y de transformar esta situación de desigualdad desventajosa para las mujeres.

5.

La transformación curricular debe ir acompañada de un esfuerzo concientizador profundo a educadores(as) sobre los problemas de sexismo en la sociedad y •sus instituciones.

67


6.

La participación directa de maestros y maestras le da más sentido a una iniciativa de cambio curricular porque hay un proceso dual de cambio: cambio en el currículo explícito, visiones de mundo e ideología.

Este último punto ha sido un aspecto medular del Proyecto, ya que la participación de maestras nos ha permitido mirar el proceso de cambio desde adentro, o sea, iniciar el proceso de cambio curricular desde la perspectiva y con las experiencias de aquéllos y aquéllas que están encargados de implantar cambios. De esta manera, se ve el cambio desde una perspectiva de proceso. El Proyecto se inició con una serie de talleres que tenían como propósito sensibilizar a los(as) maestros(as) sobre el problema de sexismo, discutir estrategias generales para contrarrestar el sexismo en la educación e identificar participantes que trabajarían La temática voluntariamente en los esfuerzos de cambio curricular. de los talleres consistió de: Proceso de Socialización, Violencia contra la Mujer y Educación, Aspectos Legales de Equidad y Evaluación de Material Curricular y Estrategias de Cambio. Durante dos años las maestras participaron en reuniones, talleres y: seminarios que tenían como objetivo la formación ideológica y práctica de las participantes. El proceso se fue nutriendo a través de la discusión de problemas de sexismo que se identificaban en los currículos, los aspectos sexistas de la organización y el clima del salón de clases y los" problemas de sexismo en los materiales instruccionales. Esta formación también abarcó temas relacionados con pensamiento crítico, estilos cognoscitivos y estrategias de enseñanza cooperativa. A la par se llevaron a cabo actividades dirigidas a la comunidad escolar, incluyendo madres y padres, estudiantes y otros(as) maestros(as). Profesoras(es) de la Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico, así como personal de la Comisión ofrecieron asistencia técnica al Proyecto. Esta estrategia permitió impantar el programa de preparación de maestros a través de la incorporación del tema de equidad por género en varios de los cursos, incluyendo cursos de pre-práctica y seminarios de práctica docente. Personal de currículó del Departamento de Educación se integró al Proyecto durante el segundo año. Su participación en los talleres y seminarios, así como la asistencia técnica que proveyeron al Proyecto, contribuyeron tanto a su proceso de concientización como a vislumbrar posibles estrategias de cambio en los currículos que están revisando. Una característica importante de ese proceso ha sido la evaluación y ajuste del Proyecto a las necesidades y problemas identificados. Durante todo el Proyecto se ha recogido información 68


que permitió hacer cambios en los productos y en el proceso. Esta evaluación de proceso permite enriquecer a todos los componentes que han participado en el Proyecto: Comisión para los Asuntos de la Mujer, Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico, personal de currículo del Departamento de Educación Pública y las maestras participantes. Los resultados del Proyecto pueden verse en múltiples dimensiones. Su impacto a maestras, estudiantes, currículos o productos curriculares, programas de preparación de maestros(as), así como las proyecciones que nos permite visualizar, son algunas de las dimensiones de estos resultados. Los logros más significativos del Proyecto los podemos resumir de la siguiente manera: 1.

Las maestras participantes han desarrollado una gran agudeza y sensibilidad en la identificación del sexismo en las prácticas educativas, así como en los currículos con los cuales trabajan.

2.

Han integrado a las diversas materias estrategias para eliminar y contrarrestar el sexismo expresado a través de los mensajes no explícitos que son parte del proceso de enseñanza-aprendizaje.

3.

Se han desarrollado lecciones modelo que integran la equidad por género a las diversas materias partiendo del currículo existente. Algunas de estas materias son: teatro, español, ciencias, estudios sociales, inglés y matemáticas.

4.

En los cursos de preparación de maestros\as se ha integrado la discusión del tema de equidad por género y los(as) estudiantes han desarrollado materiales didácticos tales como videos y diapositivas para utilizar con estudiantes. También se han desarrollado unidades instruccionales con materiales didácticos.

5.

Se ha desarrollo un mini-curso para estudiantes de cuarto a sexto grado dirigido a discutir, problematizar y buscar alternativas para lidiar con la violencia hacia las mujeres.

Para efectos de esta discusión quisiéramos hacer énfasis en uno de los logros más importantes del Proyecto: la transformación de la conciencia desde el plano personal hacia el plano colectivo. Esta transformación se concretiza a través de un proceso de introspección donde la persona logra percatarse y cuestionar las sutilezas del 69


sexismo y mirar la realidad desde un nuevo punto de vista que incorpora la idea de que "lo personal es político". La autonomía personal se transfiere al salón de clases. Las maestras van adquiriendo poder sobre el currículo en la medida en que van problematizando los issues del sexismo y la opresión. Las mujeres van transformando el poder. Esta experiencia individual que, a nuestro parecer, recoge la experiencia colectiva, así como el significado en términos del desarrollo de una subjetividad en proceso de formación y cambio se recogen a través de la siguiente cita de una maestra:

el

...Me considero una persona creyente y defensora de la igualdad entre los seres humanos, práctica que llevaba a cabo en mi vida privada cada vez que surgía un tema o situación donde a la mujer se te subestimaba, se le omitía o se le estereotipaba, ahí estaba mi defensa... yo había establecido un paralelismo entre mi vida personal y la profesional. El tema de la igualdad entre eI hombre y la mujer lo dejaba aforar en mis relaciones personales; pero lo acallaba y dormía .en mi labor de educadora. Nunca me detuve a analizar una lectura escolar o .material curricular en términos de lenguaje sexista, inferioridad:de la mujer .0 omisión de esta. Fueron aproximadamente doce años enseñando destrezas de lectura, escritura, matemáticas, etc... Fueron aproximadamente doce años perpetuando la prejuicio lingüístico y la omisión supremacía masculina, de .la mujer. ¿Por qué? Porque cuando hacía uso del material escolar existente, por el contenido de los mismos, perpetuaba estas ideas en mis estudiantes. Concientemente no las estaba enseñando, pero el currículo escondido estaba .ahí y yo lo estaba transmitiendo a mis estudiantes... La mujer aparecía continuamente ligada a los atributos de belleza, dependencia y pasividad, mientras que el hombre era el fuerte, .valiente y decidido que realizaba las grandes hazañas. El anonimato de la mujer en estos escritos = era evidente pero yo no lo veía. N.o contrarresté estas ideas sutilmente presentadas en lecturas e ilustraciones. Me convertí en un instrumento transmisor de las mismas. El estar en contacto con el Proyecto de Equidad Educativa me hizo reflexionar sobre mi experiencia de años. El conocimiento recibido fue impactante y surgen las preguntas, qué he hecho?, ¿qué voy a hacer? No puedo cambiar tos años pasados, pero sí puedo cambiar mi actualidad... Vi la importancia de romper la cadena y que en esta ruptura participara la educación formal... (Esto] no es tarea fácil. Es novedoso,

y

70


chocante e linpactante. Se requiere de un arduo trabajo, pero, no podemos, ni debemos, pasarnos otros doce años añadiendo. eslabones a la cadena de -la inequidad. Hay que romperla y eI momento es ahora (Concepción, 1991). Proyecto de Grupos de Discusión y Apoyo para Mujeres con Jefatura de Familia ~ Los grupos de discusión de mujeres con jefatura de r familia surgen como una alternativa de- servicio iniciada en 1989 en el Centro Universitario de Servicios y Estudios Psicológicos (CUSEP). Responden al. .estudio exploratorio que se realizó con mujeres jefas de familia:y.sus condiciones de trabajo y-familia (Cblberg y Burgos, 1988). Entre los -hallazgos -se encontró que de una lista de 22 destrezas necesarias para trabajar, aquéllas más mencionadas- cómo deseables por las mújeres jefas _de familia empleadas fueron ,cómo lidiar con el estrés de .la doble jornada (56%) e información de las leyes que protegen a las mujeres en gel lugar de- trabajo. Las. destrezas mencionadas como más. deseables (48%) para las mujeres desempleadas fueron, entres otras: .dónde •y cómo buscar .trabajo (68%), •cómo llenar una hoja de solicitud y prepararse para una entrevista (68%), información de .distintas ocupaciones (60%), planes de cuido de niños (48%).Otro hallazgo importante del mismo estudio fue l& presencia de un tercer miembro a la jefatura de las mujeres empleadas. Este proveía cuido de: niños, apoyo 'emócional y •a veces económico. Las mujeres desempleadas mencionaban problemas con los niños u otros familiares como la razón para .abandonar su- -último .trabajo; mientras que esto no era así para -las mujeres empleadas y conpun tercer miembro de la familia. Los datos obtenidos sugirieron que este arreglo familiar del tercer miembro resuelve .sus problemas de cuido de niños y les brinda apoyo emocional. Es posible que este tercer miembro tome el lugar del compañero que. aprueba y apoya el rol de su compañera como mujer empleada y contribuye con las tareas familiares; o -de la sociedad, que actualmente no apoya ni facilita el desempeño de las mujeres con jefatura de familia ni la considera como otra unidad familiar. Eñ estos .grupos se discuten las situaciones difíciles en la vida de las mujeres trabajadoras con jefatura de familia. Las madres solteras con jefatura de familia comparten realidades similares como miembros de una familia no tradicional donde el padre no convive diariamente en el mismo hogar. En las reuniones analizamos esta realidad como producto de úna situación social compleja que sobrepasa el fenómeno personal que se le atañe, así como las condiciones de familia y trabajo. 71


Se presentan y se discuten las situaciones de sus vidas cotidianas a partir del marco conceptual de la Teoría del Patriarcado y la Teoría Burocrática. Se entiende que ambas son construcciones sociales que moldean y a la vez són moldeadas por las personas que viven dentro de sus estructuras sociales. Nuestro acercamiento se basa primordialmente en dos trabajos. Primero, el libro de Muñoz Vázquez y Fernández Bauzó (1988), El divorcio en la sociedad puertorriqueña, donde se presentan dos temas de interés y de relevancia particular para este trabajo. Estos son un análisis exhaustivo de la Teoría del Patriarcado y su relevancia para la estructura familiar; y los grupos de discusión como medio para el análisis y concientización del impacto del patriarcado en las relaciones de hombres y mujeres puertorriqueñas. Segundo, el libro de Ferguson (1984), The feminist case against bureaucracu, donde se presenta un análisis de la • Teoría de la Burocracia y sus implicaciones en los grupos formales de trabajo. Aquí también se explican las relaciones humanas en términos de la opresión de los que mandan y la opresión de los que son mandados. Se formularon los siguientes objetivos para el primer grupo de discusión y apoyo para mujeres jefas de familia, tomando como base la construcción social de los géneros: 1.

Atender a una población que no ha sido muy estudiada y para la cual no existen alternativas de servicio de ningún tipo.

2.

Proveer a las participantes la oportunidad de analizar grupalmente sus situaciones de vida y de trabajo enmarcadas en un trasfondo social con base en la Teoría del Patriarcado y la Teoría de la Burocracia.

3.

Crear una red de apoyo entre las participantes que alivie los sentimientos de aislamiento y soledad.

4.

Entender el proceso de cambio de las mujeres cuando ubican su trabajo dentro y fuera del hogar.

5.

Adquirir destrezas para manejar las múltiples demandas de la familia y el hogar.

6.

Explorar nuevas alternativas de relaciones entre los seres humanos en el hogar y el trabajo que liberen las relaciones hombres-mujeres y supervisores(as) -supervisados(as) y provea otras formas de relación donde las metas sean la 72


colaboración, comprensión y crecimiento mutuo (del modelo opresor al modelo colaborador). 7.

Romper con los estereotipos de géneros y títulos con el propósito de desarrollarnos como seres humanos completos capaces de integrar las diversas manifestaciones de las características humanas divididas artificialmente entre los géneros y los títulos.

El grupo piloto se integró en enero de 1990 con 12 mujeres que se reunieron en las instalaciones de CUSEP un día a la semana al mediodía, aproximadamente durante 2 horas. En el período de verano los grupos se reunieron 2 días a la semana por espacio de una hora y media. Durante las reuniones se discutieron temas específicos de interés para el grupo relacionados con las experiencias de estas mujeres. Las participantes fueron contactadas á través de invitaciones personales directas, el envío de cartas y mediante la colocación de carteles en diferentes áreas de la Universidad. La mayoría de ellas están vinculadas al Sistema Universitario, ya sea por trabajo o estudio. Las edades de las participantes fluctuaron entre los 34 y 48 años con hijos de diferentes edades entre 3 y 18 años. = En cuanto a su preparación académica, 7 (58%) han cursado estudios graduados a nivel de maestría, 3 (25%) han finalizado un bachillerato y 2 cursaron estudios a nivel de grado asociado. Además, 4 de ellas son estudiantes del sistema universitario. En sus trabajos, la mayoría de ellas, el 75%, se desempeñaban en labores relacionadas con servicios de ayuda tales como: consejeras, secretarias y °educadoras. Las estudiantes se preparaban en pzofesiones relacionadas con el área de servicios de ayuda. Al inicio de las reuriones el mismo grupo prefirió que éstas no siguieran una estructura formal con unos temas asignados y unas actividades específicas para el logro de los objetivos. Las participantes deseaban flexibilidad estructural para traer --sus inquietudes. Cada participante expuso algunos temas de interés y se decidió iniciar las reuniones con el tema .de la disciplina de los(as) hijos(as). Luego de la discusión de este tema los siguientes tópicos fluyeron libremente de acuerdo a las inquietudes de las participantes en ese momento. En el caso del Grupo de Mujeres con Jefatura de Familia esta deconstrucción trajo como resultado un patrón de comunicaéión horizontal entre sus participantes. El mismo se inició con las facilitadoras del grupo cuando se decidió que cualquiera de ellas podía coordinar las reuniones. Lo mismo se reprodujo con las demás participantes, las cuales coordinaron las reuniones trayendo sus 73


experiencias, compartiendo algún tema de interés o facilitando que otras participantes aportaran sus experiencias, dudas o inquietudes. El que este grupo se definiera como un grupo de apoyo y no de terapia permitió que surgiera el tipo de estructura donde las participantes tenían oportunidad de coordinar y responsabilizarse de las reuniones. La flexibilidad de la estructura de las reuniones, el tipo de comunicación horizontal y la disponibilidad de las participantes para compartir experiencias fuera del grupo facilitó el que se lograra una red de apoyo donde el grupo hiciera las veces de familia extendida. En las reuniones de grupo de la Fase II surge el tema del trabajo, las relaciones entre supervisores y empleados y las estructuras burocráticas. La discusión en el grupo trascendió el tema personal para ubicarse en el ámbito del trabajo y de la familia. Surgieron ideas entre las participantes de cómo lidiar con estas estructuras, cómo valorizarse en el trabajo y cómo enfrentar algunas demandas del mismo. Este es un tema de gran relevancia e importancia para las mujeres debido a las demandas de la doble jornada. Finalmente, el trabajo con la deconstrucción permitió: una mayor sentido de libertad y equidad entre las mujeres con jefatura de familia que participaron en el primer grupo del proyecto y deconstrucción y construcción de estructuras e ideologías de los géneros. La experiencia de trabajo en el Grupo de Mujeres con Jefatura de Familia nos permitió describir las implicaciones de la deconstrucción de la estructura para éste y otros grupos de apoyo, la que implica una mayor libertad para exponer las vivencias, experiencias y preocupaciones de las participantes. De igual forma, ésta puede ser también la experiencia en otros grupos de apoyo en el hogar y en el trabajo. Después de todo, la sociedad en que vivimos impone estructuras que terminan limitando las experiencias de vida. El tomar conciencia de cuán saludable puede ser deconstruir las estructuras dentro de este tipo de grupo puede ayudar a hacer de éstos unos instrumentos eficaces de ayuda, así como contribuir grandemente al logro de sus objetivos. El construccionismo social en el mundo del trabajo asalariado es una réplica y transmisión de las concepciones de géneros del sistema patriarcal. Se construye dentro de las organizaciones laborales en su estructura burocrática de poder donde las situaciones particulares de las mujeres no se consideran. El mundo laboral construye sus requisitos de trabajo basándose en las destrezas y características del género masculino, partiendo del proceso de socialización y las situaciones de vida cotidiana de éste. Las mujeres entran a competir por oportunidades de trabajo en este mercado donde, además de comenzar en situación de desventaja por sus procesos distintos de 74


socialización y de vida como mujeres, se les requiere ejercer sus funciones sociales de amas de casa y madre que las definen como mujeres. La literatura refleja una mayor carga física y emocional en mujeres de doble jornada y con jefatura de familia. Como ya se ha señalado en este artículo, las características de las estructuras de trabajo responden a aquellas que comúnmente asociamos con la construcción social del género masculino. Por el momento, para que las mujeres logren trabajar sin las presiones de la doble jornada se ven obligadas a delegar muchas de las tareas, actividades y comportamientos que las definen como mujeres de acuerdo a la construcción social actual. Aun así, es muy difícil evadir los prejuicios de género, especialmente en el mundo laboral, que ha sido históricamente construido por los hombres, tradicionalmente los únicos proveedores de la sociedad. Los grupos de apoyo y discusión de mujeres con jefatura de familia estudian, deconstruyen y construyen ideologías y estructuras de familia y trabajo desde el enfoque de los géneros. Provee el espacio para que las mujeres puedan compartir sus situaciones en la estructura construida por ellas. Aclara mucho de los personalismos ofreciendo una explicación basada en la construcción social de los géneros. Provee también una alternativa de cambio futura, al iniciar estructuras de ideologías que consideran las experiencias de las mujeres y una alternativa inmediata de un grupo de discusión de estas vivencias que a la vez le brinda apoyo social y psicológico. Proyecto Galateo El Proyecto Galateo se inicia el 5 de abril de 1991 con una reunión de la comunidad de mujeres jefas de familia residentes en el Residencial Galateo y el Proyecto Finca Galateo de Río Grande. En dicha actividad participaron sesenta y cuatro mujeres quienes mostraron interés en realizar estudios que las capacitaran para incorporarse al mundo del trabajo asalariado. Este Proyecto pone de manifiesto la respuesta de parte del estado mediante una de sus agencias, la Administración del Derecho al Trabajo, en el desarrollo integral de su pueblo y el fiel cumplimiento de los derechos constitucionales. Fue conceptualizado por una Junta Asesora compuesta por personal directivo de la Administración del Derecho al Trabajo y representantes de organizaciones, instituciones y agencias que prestan servicios a mujeres en Puerto Rico. La responsabilidad de esta Junta es velar por la implantación y desarrollo del Proyecto. A su vez, ofrece 75


servicios directos y de apoyo al equipo de trabajo y a las participantes de los servicios. El Proyecto Galateo es una experiencia de mujeres que trabajan para mujeres, promoviendo en éstas sus capacidades y fortalezas y, a su vez, desarrollando una experiencia de trabajo colectivo que lleve hacia la solidaridad femenina. La situación que viven las mujeres jefas de familia en Puerto Rico fue definida como una de lucha y explotación. El tener que dirigir ,sus familias en un mundo constituido y dirigido por hombres las expone concretamente a múltiples retos y responsabilidades. Cuando éstas dependen de subsidios gubernamentales tales como vivienda pública, asistencia económica, asistencia nutricional y médica o de pensiones que "nunca llegan", . por carecer de preparación académica y ocupacional que les capacite para el mundo del trabajo asalariado, el sentimiento de impotencia y de incapacidad se apodera de sus vidas. El enfoque de desarrollo comunitario que responde a las necesidades individuales de cada mujer y su familia ha demostrado que los servicios prestados en las áreas geográficas de las poblaciones servidas promueve la responsabilidad hacia sí misma y colaboración mutua.

a

El objetivo es proveer educación formal o adiestramiento técnico y vocacional 60 mujeres mediante el cual se preparen para el mundo del trabajo asalariado que las pueda conducir a su autonomía personal y familiar. De 100 mujeres que solicitaron los servicios, 67 han participado de servicios psicosociales. Aún cuando al inicio del Proyecto todas participaron de las actividades de orientación, motivos tan variados como dificultades personales, mudanza o no ser jefas de familia fueron las causales por lo que las 33 restantes no continuaron. La mayoría de las mujeres (44) son residentes del Proyecto Finca Galateo, urbanización de vivienda pública. En el Residencial Galateo viven 17 y 5 en el Residencial José H. Ramírez ubicado en el centro urbano de Río Grande. Todas estas familias residen en estas comunidades hace más de 10 años, por lo que existen vínculos socioculturales con el área. La media de edad de las mujeres se encuentra entre los 31 a 35 a 36 años. El tamaño promedio de las familias es .de 4 personas. El 60% de los hijos e hijas de estas mujeres se encuentra entre las edades de 5 a 15 años, la mayoría entre los 10 y los 15 años, etapas de 76


desarrollo psicosocial vulnerables a desorganización personal si no existen recursos familiares y comunitarios. Todas estas familias dependen de ayudas gubernamentales para su subsistencia económica. Todas participan del Programa de Asistencia Nutricional del Departamento de Servicios Sociales, 22 se benefician del servicio de renta negativa, 15 reciben servicios del Programa de Asistencia Económica, 8 reciben pensiones alimenticias, 4 reciben beneficios de seguridad social (Fondo del Seguro del Estado o Seguro Social) por incapacidad de los padres y sólo en 4 familias alguna persona trabaja asalariadamente (todos a tarea parcial). De agosto al presente, 57 mujeres han iniciado estudios a nivel universitario, en institutos técnicos o vocacionales y en cursos para obtener el diploma de cuarto año. La participación en 4 grupos de apoyo y talleres educativos y de autoconocimiento nos ha permitido revisar nuestra situación de opresión y sumisión en el contexto familiar y comunitario, así como la opresión de clase. Los procesos de consejería individual y familiar, así como los grupos de adolescentes y niños y niñas, son una experiencia de crecimiento para todas las personas participantes en el Proyecto. Los servicios de apoyo educativo que se ofrecen diariamente fortalecen a las mujeres y a sus hijos e hijas en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el que participan. Las palabras de una de las participantes nos revelan los significados de esta experiencia: ...Yo pensaba que yo estaba mohosa para irme a estudiar y que lo único que tenía que hacer era conseguir trabajo para ayudar a mis has y a mi hijo. No quería estudiar. Pensé... Yo voy a desarrollar mi intelecto. Cuando llegué a la universidad y vi a aquellas jovencitas arregladas, sonriendo, die, yo puedo también sonreir y arreglarme. Descubrí que yo tengo autoestima. Esa palabra es parte de mi vida. En el primer examen me esforcé estudiando y saqué 50. En el segundo de la misma clase saqué 60. Me die, si estoy bien en otras clases, porqué no lo voy a hacer en ésta que es de mi concentración. Hablé con la maestra y le die, yo puedo y voy a sacarle C en la clase. Y lo hice y sé que lo voy a hacer, porque lo estoy haciendo, voy a ser una trabajadora social y voy a ser trabajadora social de Galateo.

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Existe un comité interagencial compuesto por representantes de los Departamentos de Servicios Sociales, Vivienda, Salud, Servicios Contra La Adicción, Policía, Programa de Extensión Agrícola y grupos cívicos y religiosos que elaboraron un plan de colaboración y servicios en beneficio de las mujeres y sus familias. Para las mujeres de la comunidad esto significa que las "mujeres jefas de familia son importantes no sólo para Galateo". El logro fundamental de este programa es que sesenta y siete mujeres y sus hijos e hijas están revisando sus perspectivas de vida y vislumbran la educación y el trabajo comunitario como una alternativa para mejorar su vida personal y familiar. De 57 participantes que han iniciado adiestramiento, sólo ha habido 7 bajas. Situaciones de salud o problemas severos de índole familiar han sido las causales para abandonar los adiestramiento; no obstante, estas mujeres han manifestado interés en regresar a estudiar en agosto si las condiciones biosicosociales lo permiten. Este Proyecto ha respondido a la necesidad que tiene el sistema de bienestar social puertorriqueño de desarrollar programas alternos de servicios integrales para mujeres y sus familias que garanticen una respuesta adecuada a las necesidades de estas poblaciones residentes en las comunidades pobres de Puerto Rico. El. Proyecto Galateo es un ejemplo de la colaboración entre grupos de comunidad, instituciones de educación y agencias gubernamentales en pro de la calidad de vida de la sociedad puertorriqueña. Se ha desarrollado una red de servicios que responde, tanto a los objetivos de las instituciones particulares como a las necesidades de la población que se está sirviendo.

Comentarios Finales Los proyectos que hemos descrito, aunque diversos, tienen elementos esenciales comunes que los asemejan entre sí. Primero, los tres involucran principalmente a mujeres, facilitando así el cambio .en otras mujeres. , Segundo, persiguen el objetivo de deconstruir las estructuras que oprimen subjetiva y materialmente a las mujeres. En tercer lugar, propician un ambiente de apoyo, ayuda mutua y reflexión conjunta en que se de-enfatiza la autoridad jerárquica en su estructura. Finalmente, fomentan el crecimiento en el ámbito privado y en el público de todas las personas involucradas, tanto participantes como facilitadoras.

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Los proyectos parten de un modelo de cambio que se enmarca Esta en la teoría construccionista previamente presentada. humana, subjetividad noción social de la una suscribe a perspectiva se en que todos los esencialismos (naturaleza humana, identidad, temperamento, carácter, personalidad) son rechazados y sustituidos por la noción de `sujeto en proceso' (López, 1992). Parte del supuesto de que, ya que las nociones de la realidad se construyen y transmiten socialmente, las mismas pueden ser transformadas. En el caso de los proyectos descritos, esta trasformación se induce mediante el análisis de las nociones tradicionales sobre los géneros, según se manifiestan en los escenarios de educación y trabajo, al igual que con el contraste Estas de esas nociones prevalecientes con nociones alternas. concepciones alternas, al apelar a la equidad y a la justicia, resultan convincentes para las mujeres que se concientizan de la inequidad prevaleciente en las nociones tradicionales. El reto a los esquemas tradicionales da paso a la creación de nuevos esquemas de vida en las personas involucradas. Estos cambios se posibilitan en un ambiente democrático de apoyo mutuo que provee un espacio para la liberación personal. Sin embargo, estos procesos de cambio no se dan solos, han de ser gestados e impulsados por intereses opuestos a los que mantienen las nociones existentes. La experiencia de trabajo en los tres proyectos descritos nos permitió evaluar las implicaciones de los procesos utilizados para lograr la deconstrucción de las estructuras conceptuales y materiales que oprimen a las mujeres, tanto para éstos como para otros proyectos similares. La realidad en que vivimos las mujeres está enmarcada dentro de unas estructuras sociales y culturales que continuamente restringen su espacio, sus vivencias y sus oportunidades. Las estructuras jerárquicas son parte de estas estructuras en que se desenvuelven las mujeres, tanto en el hogar como en la educación y el trabajo. El propiciar el apoyo, la ayuda mutua y la reflexión conjunta, evaluando de manera crítica la autoridad jerárquica, promueve una mayor libertad para exponer las vivencias, experiencias y preocupaciones de las participantes. Esta también puede ser la experiencia en otros grupos de apoyo naturales. El tomar conciencia de cuan saludable puede ser deconstruir las estructuras dentro de este tipo de grupo puede ayudar a hacer de éstos unos instrumentos eficaces de ayuda y cambio personal, así como contribuir grandemente al logro de sus objetivos sociales. La visión construccionista tiene implicaciones importantes, no sólo para la acción social, sino también para la labor científica. Esta visión mantiene que no descubrimos la realidad, sino que, en buena medida, la `inventamos'. No observamos pasivamente la realidad `externa', sino que construimos activamente los significados que enmarcan y organizan nuestras actividades investigativas. La distinción 79

~~


entre hechos y valores es, por tanto, imposible. Lo que aceptamos como dato es tanto función del fenómeno en sí como de los marcos conceptuales, valorativos y metodológicos que usamos para estudiarlo (Polkinghorn, 1983). El conocimiento científico, como cualquier otro conocimiento, no es desinteresado ni políticamente neutral. Las teorías del género, al igual que otras teorías científicas, 'son representaciones de la realidad organizadas mediante particulares supuestos permeados por intereses creados y marcos ideológicos. La visión construccionista enfoca las teorías sobre el género como representaciones que forman nuestro conocimiento y orientan las prácticas sociales e investigativas. Al enfocar el asunto de este modo, abrimos la posibilidad de teorizar sobre el género de formas insospechadas. Nos permite ver que al ser personas observadoras e investigadoras del género también somos, en buena medida, sus creadoras. El análisis anterior nos permite vislumbrar que la construcción social del género es un proceso, no una respuesta (HareMustin y Marecek, 1988).

80


NOTAS

1.

Reconocemos que es éste un planteamiento controvertible que ha sido objeto de gran debate en la literatura pertinente.

2.

Esto no niega el ejercicio de liderato de mujeres en diferentes contextos y escenarios. Sin embargo, generalmente ese liderato está asociado a funciones atribuidas típicamente a las mujeres como extensión de las funciones domésticas.

3.

Este planteamiento no pretende argumentar que el problema de la subordinación de las mujeres se resuelve con el cambio en el estilo de vestimenta o cualquier otro cambio cosmético, sino más bien, ilustrar las formas particulares de dominación y los mensajes subyacentes en ellas.

4.

Reconocemos el uso de mecanismos de sobrevivencia para `compensar' por esto que, a primera vista, resulta limitante. Para una discusión más amplia de este proceso, vea M. López (1980), "Estrategias de autoafirmación en mujeres puertorriqueñas" en E. Acosta Belén (Ed.), La mujer en ta sociedad puertorriqueña. Ediciones Huracán.

5.

La réplica, en su acepción de espejo, no nos permite visualizar la complejidad del proceso y la capacidad humana de resistir y contestar las relaciones opresivas.

6.

La cualificación del machismo latinoamericano como más fuerte ha generado controversia entre las que suscriben este escrito. Algunas argumentan que esta concepción obvia la naturaleza misma de la opresión de las mujeres y las sutilezas en que esta relación de opresión se manifiesta en diferentes culturas.

7.

El espacio de acción más amplio tiene, sin embargo, sus cualificaciones. Por ejemplo, Bell Hooks, en su libro Feminist theory: From margin to center, plantea que aquéllos(as) que pertenencen al margen conocen también el centro, pues han tenido que "servir" y, por tanto, tener "acceso" al centro. Aunque el tener conocimiento del margen y del centro brinda un mayor espacio, no podemos olvidar que esa experiencia parte de una relación de opresión de la cual los que pertenecen al margen son víctimas tanto en el margen como en el centro. 81


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COMENTARIOS EN TORNO AYA PONENCIA COLECTIVA "LA CONSTRUCCIÓN SOQM, DEL GÉNERO Y IA SUBJETIVIDAD: EDUCACIÓN YTRABA JO" Zuleyka Vidal* El marco teórico que exponen las autoras de la ponencia refleja la realidad .de subordinación y marginalidad a que está siendo sujeta la mujer puertorriqueña en diversos contextos, pero con un mismo denominador común: el subdesarrollo deformador de su realidad como persona. El construccionismo social ofrece un marco de referencia amplio para el estudio crítico de los géneros, especialmente aplicados, como en este caso, a la realidad puertorriqueña. Los postulados ideológicos que lo afirman no sólo construyen, sino destruyen, paulatina, sostenida y con una red intrincada de contradicciones sociales, al potencial de desarrollo óptimo de su objeto-sujeto: la mujer. Los mecanismos institucionales operan para construir, reforzar y hacer víctima a la mujer de una marginalidad sumamente peligrosa y poderosa: la que introyecta en su ser y autoconcepto, producto no de unos procesos individuales, sicológicos, sino como un proceso de aprendizaje sociohistórico que la hace victima de la cultura y la sociedad que la sustenta. Las autoras describen en forma muy certera estos mecanismos ideológicos que producen una desmovilización en la mujer no concientizada .de la dinámica que la construye y la oprime en un quehacer social. "privado" y cotidiano. Este quehacer es el mismo que la ubica en situaciones llamadas "individuales" o pertenecientes a la esfera "privada" y la cual luego introyecta en su contra en las formas y maneras más deformadoras. En su subjetividad se traza el mito del eterno femenino que nos abordaba el sociólogo Ezequiel Ander Egg. La ideología construccionista facilita la dominación del hombre y la subordinación de la mujer, de la misma manera que funciona como

*Zuleyka Vidal es Profesora en el Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 84


aparato opresor de grupos por raza, religión, etnia, edad e ideas políticas. Los atributos valorativos de la construcción del género, que muy acertadamente describen las autoras en su ponencia, crean un prisma de real desigualdad en el cual se mira y se ve reflejada la mujer en la realidad de una cotidianidad aplastante. La dicotomía de esta construcción social en el ámbito público, poderoso, valorado en la economía y el status social preponderante del hombre, vis a vis el ámbito silencioso, privado, marginal y dependiente de la mujer, tiene efectos devastadores sobre la realidad de las relaciones humanas en los géneros. El control, dominio, influencia, "liderato" del hombre se contrapone a la visión de la "Santa Madre" de nuestra historia religiosa en virtud de la cual puede soportar los sacrificios más inverosímiles, si con ello le permite "realizarse" en el único espacio que realmente le adjudica la sociedad —el de la Santa Madre. Las autoras exponen con mucho arte y dominio del tema el proceso paulatino de socialización cultural que degrada a la mujer, en cuanto los mecanismos informales y formales de las instituciones llamadas básicas por la sociedad, no sólo no le proveen redes de apoyo para enfrentar tanta opresión, sino que cada vez más la colocan en una situación de inmovilización personal y social. La dependencia económica, la construcción hacia introyectar el mito de la dependencia sicológica y el poderío del opresor opera de la misma forma que Frantz Fanon describió hace mucho tiempo en la psicología del oprimido. Un principio rector debe guiar a la real liberación de la mujer, meta que todos aspiramos como parte de nuestra aportación a una sociedad más justa. El inicio de ello es la real concientización del sujeto-objetizado sobre las condiciones estructurales que inciden en su realidad particular del construccionismo social. A mi modo de entender, está inmerso en la ponencia la búsqueda de alternativas libertadoras por la propia mujer, en grupos comunitarios donde se comparta la realidad opresora, para luego dar el salto cualitativo hacia la movilización social y personal del cambio liberador. Las autoras describen con mucha especificidad la realidad de que este cambio es un proceso y que debe comenzar por las propias mujeres. Las autoras describen tres proyectos sumamente interesantes y alentadores de la viabilidad del cambio. Comparten las mismas metas libertadoras y la creencia en trabajar con el proceso subjetivo de la

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realidad específica de estas mujeres, en trinomía de ámbitos: académico, el laboral y el eductativo.

el

Los tres proyectos confirman la tesis de la necesidad de la deconstrucción de las premisas que oprimen a la mujer., como punto de lanza y de partida a la construcción de alternativas propias y a la vez colectivas para lograr la movilización libertadora. Otro proyecto investigativo comenzó hace dos años con la población sumariada en espera de juicio, en la Escuela Industrial para Mujeres en Vega Alta. Tenía como objetivo el explorar los factores socio-estructurales que incidían en la dificultad de esta población para ejercer su derecho constitucional a ser fiadas. Se inició con el coauspicio del Departamento de Bienestar Social de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y el Programa de Fianzas Aceleradas, dirigido por la que suscribe. Los hallazgos tendieron a confirmar, una vez más, el marco de referencia del construccionismo social que hoy abordamos. La realidad de estas mujeres —con una edad promedio de 3 años— es sumamente triste y desalentadora. Pertenecen al grupo más marginado dentro de las mismas mujeres, ya marginadas a su vez. Sus problemas, gestados en forma burda por la opresión de los géneros, las ha llevado a delinquir y con ello a pertenecer a "las desviadas" que Howard Becker señalaba. Sus problemas, gestados por la opresión construccionista y una ideología de marginalidad y opresión, las ha llevado a introyectar el mito de los "problemas individuales de la niñez", a devaluarse hasta las formas más serias en que un ser humano puede hacerlo y a caer cada vez más en esta trampa de una sociedad que las culpa por haber delinquido y no haber sabido "ser mujeres ni madres". El estigma social es muy fuerte para estas mujeres —se les considera prostitutas, adictas, madres negligentes, escoria. Su vida ha sido una cadena de rechazos, marginación y ha culminado, no empezado —con los eventos delictivos. El análisis de los móviles específicos del llamado delito se encuentra preponderantemente atado a nuestro marco teórico: muchas comenzaron en la adicción a drogas después de relacionarse con compañeros adictos que las explotaban económicamente y que las inducían a ser vendedoras, como señuelo de puntos de drogas; por su atractivo, por ser mujer, algunas en puntos de prostitución. Otras venían recientemente, sin ninguna preparación académica o experiencia ocupacional, proveniente de los bolsillos más grandes de pobreza en la metrópoli norteamericana. En el momento de su incidente delictivo, la sociedad puertorriqueña le impone el peso más grande de la pena y castigo a los vendedores de droga, por lo cual la misma sociedad le limita el único espacio de pasar en "libertad", aunque física, el periodo en espera de juicio.

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Los resultados de estudios, con nuestras recomendaciones, se enviaron a las agencias administrativas del Estado, a los fines de proveer algunas alternativas viables a su situación. Todavía estamos en espera de alguna contestación. Con esta población con urgencias apremiantes y múltiples, tenemos que trabajar para añadir unas posibilidades a las que ya agraciadamente comienzan a aflorar con otros grupos de mujeres en la Comunidad Galateo, en la Escuela Francisco Matías y en el Proyecto Mujeres con Jefatura de Familia. Es un gran reto...

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REFERENCIAS

Ander Egg, Ezequiel. La mujer irrumpe en la historia. España: Editorial Marsiega, 1980. Fanon, Frantz. Los condenados de la tierra. Cultura Económica, 1969.

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México:

Madrid, Fondo de


CONTROL DEL CUERPO Y VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES


CONCEPTUALIZACIÓN Y PERSPECTIVAS DE SALUD Y DERECHOS REPRODUCTIVOS Alice Colón* Ana Luisa Dávila** María Dolores Fernós*** Ruth Silva Bonilla**** Esther Vicente***** Las estructuras de relaciones sociales en las que hemos vivido las mujeres a través de la historia nos han negado el control de nuestro cuerpo, nuestra sexualidad y nuestra capacidad reproductiva. Nuestra acción e investigación en torno a estos aspectos debe comenzar por reconocer que este desbalance de poder atenta contra los principios básicos de equidad y constituye una violación a nuestros derechos a disfrutar de libertad, de dignidad como seres humanos y de intimidad. Es decir, se atenta en contra de nuestro poder para disfrutar y desarrollar en nuestro beneficio todas nuestras capacidades y recursos. En tanto partimos de la presunción de que los humanos vamos creando y recreando nuestra naturaleza en los procesos sociales en los que participamos, nuestra naturaleza como mujeres se ha ido transformando cada vez más desde fuera de nosotras mismas. En este sentido, nuestro análisis debe ubicarse en una discusión en torno a los derechos reproductivos como un reclamo de que esa transformación surja de nosotras mismas.

* Alice Colón es Investigadora en el Proyecto CEBES, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico. **Ana Luisa Dávila es Profesora en el Programa de Demografía, Recinto de Ciencias Médicas, Universidad de Puerto Rico. ***María Dolores Fernós es Profesora y Directora de la Oficina Legal, Facultad de Derecho, Universidad de Puerto Rico. ****Ruth Silva Bonilla, Proyecto CEBES, fue Profesora en el Departamento de Sociología y Antropología, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. *****Esther Vicente es Profesora de la Facultad de Derecho, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 90


Cuando hablamos de derechos reproductivos nos colocamos en la concepción más amplia del concepto.' No se trata meramente de la posibilidad de tener o no tener hijos, decidir sobre un método anticonceptivo en particular o terminar un embarazo. Nos referimos al derecho de las mujeres a decidir sobre todos los momentos y aspectos de nuestra vida reproductiva. Aún más, se trata de que las estructuras de relaciones sociales en las cuales participamos —incluyendo nuestras relaciones sexuales— ofrezcan las posibilidades en todo orden material, ideológico y político, para que nuestras opciones se den dentro de los espacios más amplios. En nuestra presentación discutiremos de manera apretada la trayectoria de políticas de población que nos ha llevado a los retos que enfrentamos al presente en el control de nuestra vida y capacidad reproductiva y algunas implicaciones que estos retos sugieren para nuestra acción e investigación con relación a las mujeres puertorriqueñas.

Trayectoria y nuevos retos. Control de población, control de natalidad Aun cuando conocemos que las sociedades han regulado sus tendencias demográficas y prácticas reproductivas a través de toda la historia humana, la preocupación por la población se acentúa a partir del siglo XIX2, cuando el desarrollo del capitalismo despojaba de sus medios de subsistencia a una proporción creciente de personas, quienes tampoco eran absorbidas por el emergente mercado de empleo. Sin confrontar los límites que el mismo sistema impone a las posibilidades de empleo y subsistencia, el maltusianismo y neomaltusianismo han planteado desde entonces que es el exceso poblacional, particularmente entre los sectores de menos recursos, la causa de la pobreza. De las políticas y prácticas de ideología eugenésica que se desarrollaron durante las primeras décadas, desembocamos en programas de control poblacional que, de manera eufemística, comenzaron a llamarse planificación familiar, y que fueron parte de las estrategias de desarrollo, sobre todo, a partir de la II Guerra Mundial.3 Según conocemos, Puerto Rico fue pionero y centro de experimentación de estas estrategias y de las discusiones que han surgido en torno a éstas.4 Las luchas anticoloniales en las décadas de los sesenta y setenta se dieron junto a la discusión de las políticas de control poblacional dirigidas particularmente hacia los países del Tercer Mundo. Diversas voces dentro y fuera de estos países invertían la ecuación planteando que no era la sobrepoblación la causa principal de la pobreza y que, en 91


todo caso, el desarrollo era la condición para posibilitar el control de la. natalidad. En las argumentaciones más radicales se planteaba que los programas de control de natalidad eran políticas genocidas dirigidas a eliminar las poblaciones colonizadas y empobrecidas. La Conferencia de Población de las Naciones Unidas en Bucarest en 1974 marcó un hito en el debate al plantearse el desarrollo económico como prioridad y al dar inicio a un período en que, sin erradicar las políticas de control poblacional, predominó como asunto la incorporación de las mujeres a este desarrollos. Sin negar los logros que propició la Década de la Mujer, no podemos abstraer los reclamos de mayor participación de las mujeres en las estrategias de desarrollo, de lo que han sido las tendencias a la internacionalización de la producción y el mercado; estrategias en las que las mujeres han constituido mano de obra abundante y menos costosa, en la industrialización restringida de los países periféricos que ha caracterizado la nueva división internacional del trabajo.ó La crisis del sistema económico capitalista que con oscilaciones vivimos desde la década de 1970, sin embargo, ha agudizado la polarización económica y el empobrecimiento de las mayorías, particularmente en los países periféricos. Regresa así el espectro del neomaltusianismo y nos enfrentamos actualmente a una nueva ofensiva de control poblacional que recién se plantea no sólo en aras de aminorar la pobreza, sino de evitar el impacto sobre los recursos naturales de lo que ahora llaman de manera eufemística "presión demográfica". En las discusiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre ambiente y desarrollo, celebrada en Brasil, hubo intentos de priorizar en el impacto de la población sobre el ambiente y no en considerar el abuso de los recursos por parte del aparato militar y las grandes industrias, el consumo excesivo por parte de sectores de la población, sobre todo en los países metropolitanos, y las raíces de la pobreza en las propias estrategias de desarrollo capitalista. Las mujeres rechazamos estos intentos.? El posible recrudecimiento de las ofensivas de control poblacional nos obligan a asumir la discusión que el control de la natalidad ha generado históricamente entre las feministas. De hecho, es preciso distinguir en nuestro análisis entre el control de la natalidad como parte de las estrategias económicas, políticas y sociales del Estado y sus sectores dominantes y las prácticas de control de la natalidad que emergen de las mujeres como parte de nuestra lucha por ejercer control sobre nuestro cuerpo y sobre nuestra capacidad reproductiva.$ Nuestra propia historia ofrece ejemplos de las extrañas alianzas que para las feministas ha implicado esta dualidad, con vínculos entre mujeres que defendían los derechos de la mujer y sectores involucrados en el desarrollo de políticas neomaltusianas, por 92


un lado, y sufragistas que rechazaban el control de natalidad por razones morales y de otro tipo, por otro. Desenmarañar la naturaleza de estos vínculos y el proceso a través del cual se dieron, es parte de nuestra agenda investigativa. El debate continúa dándose en términos polarizados. Por un lado, encontramos mujeres que argumentan a favor de facilitar el acceso de anticonceptivos a un costo reducido, particularmente para mujeres de escasos recursos. Estas señalan que las mujeres de estratos económicos inferiores podrían mejorar su salud y su condición económica al reducir su fecundidad y que, de hecho, éstas desean tener menos hijos. Se sugiere que la falta de información, los costos elevados y el uso inadecuado de anticonceptivos, así como las estructuras de dominación patriarcal, que definen a la mujer como madre y objeto sexual y que asocian a la masculinidad con un mayor número de hijos, son factores que presionan a las mujeres a una fecundidad más elevada. Este sector no parece asignarle tanto peso analítico a la circunstancia de que las mujeres puedan encontrarse presionadas o coaccionadas a tener menos hijos. Las mujeres que priorizan sobre el abuso y la desinformación que han acompañado a los programas de control poblacional argumentan, por el contrario, que los métodos que se utilizan no son saludables; y menos aún para las mujeres que los utilizan en condiciones insalubres, de desnutrición y sin seguimiento médico. Sugieren, que entre las mujeres de estratos económicos inferiores, que enfrentan estrategias de desarrollo en las cuales se mantienen la polarización económica, la economía informal y la agricultura de subsistencia, los hijos cobran una importancia adicional por su posible aportación inmediata al ingreso familiar. Aún cuando defienden los derechos reproductivos, en sus discusiones, estos sectores no parecen asignarle el mismo peso analítico a las circunstancias en que las mujeres puedan desear menos hijos.9 Trascender la polaridad de este debate nos obliga a retomar la conceptualización más amplia de los derechos reproductivos. En esta conceptualización se hace necesario reconocer que las prácticas reproductivas de las mujeres se dan en contextos de numerosas presiones que no necesariamente coinciden, por ejemplo, en su dirección pronatalista o antinatalista, en favor o en contra del aborto, o en favor de uno u otro método de control de natalidad. Entre las condiciones que han tendido a formar el contexto de tasas de fecundidad más elevadas encontramos, por ejemplo, las normas de las iglesias, y en particular de la Iglesia Católica, así como la subordinación de las mujeres y la valoración tradicional de la maternidad, que coloca el control de nuestra sexualidad al servicio de 93


los hombres y que nos define principalmente como reproductoras y cómo responsables del cuidado de los hijos. En la misma dirección presiona la importancia económica y social de los hijos en sectores sociales y momentos históricos en los cuales éstos aportan al ingreso familiar y constituyen para los padres una seguridad en la vejez. Esto, sobre todo, en estratos socioeconómicos que enfrentan más estrechez, y en momentos históricos en que las expectativas y costos de la crianza de los hijos son inferiores. Asimismo, condiciones sociales como niveles de mortalidad infantil elevados han promovido tasas de fecundidad más altas para asegurar la sobrevivencia de la prole. lo Visiones, por el contrario, menos tradicionales de las mujeres, su creciente incorporación al mercado de empleo, así como condiciones sociales en las cuales cada hijo representa una inversión económica mayor y en las cuales hay una mayor probabilidad de su sobrevivencia, han tendido a acompañar tasas de fecundidad inferiores.11 Añadiríamos a éstas, la resistencia creciente de las mujeres a la subordinación y violencia por parte de los hombres y a la institución de la maternidad que asumen cada vez con menos apoyo y más aisladas.12 Nuestras opciones se ven mediadas, a su vez, por las políticas en torno a la población, el estado de derecho vigente, él nivel de desarrollo de la tecnología reproductiva, así como el acceso de las mujeres a la información, y las condiciones económicas, de educación y salud que posibilitan el uso adecuado y el control de estás tecnologías, entre otras. Toda esta elaboración es conveniente a fines de señalar que lo que parecen, y de hecho pueden ser, elementos de resistencia de las mujeres a presiones en una dirección en sus prácticas reproductivas, pueden aparecer y, quizás constituirse, en el sometimiento a las presiones ejercidas en otra dirección por otras condiciones. Es así como señalamos que el debate en torno a los derechos reproductivos debe reconocer tanto la posibilidad de tener, como de no tener hijos, y el considerar las condiciones para hacer factible estas opciones. Son todas estas circunstancias las que se conjugan como límites de nuestra libertad, nuestra sexualidad, nuestro cuerpo, nuestra vida; límites sobre cuándo, con quién y cómo sostener relaciones sexuales, cómo y con quién procrear. Según nos señala Iris López en sus escritos más recientes, esta complejidad implica considerarnos como agentes de nuestras prácticas reproductivas —agentes que vamos creando y recreando nuestra realidad, pero circunscritas por condiciones históricas y sociales que tendríamos que transformar para ampliar nuestros espacios.13 Ante una nueva ofensiva de control poblacional, Puerto Rico vuelve a estar sobre el tapete como modelo y fuente de información histórica en las discusiones internacionales. Nuestro historial como 94


centro de experimentación de políticas de población y desarrollo y como conejillas de indias para métodos de control de natalidad se reconoce a nivel mundial, tanto por aquéllos que han favorecido sus resultados, como por los que las han rechazado. Puerto Rico ha sido, ciertamente, ejemplo de un país que ha pasado de un alto nivel de fecundidad y condiciones de pobre salubridad a niveles de fecundidad relativamente bajos y condiciones más favorables de salud materno infantil. Es también modelo de los límites y abusos de estas políticas y sistemas de desarrollo, salud y control poblacional. Nos corresponde a nosotras retomar esta revisión histórica desde la perspectiva de las mujeres puertorriqueñas, recogiendo toda la complejidad de la dualidad del control de la natalidad como elemento de políticas de control poblacional y como derecho de las mujeres sobre nuestro cuerpo. Annette Ramírez nos ha ofrecido un valiosísimo análisis de la heterogeneidad y ambivalencia en la ejecución de las políticas poblacionales, el desarrollo de programas que han favorecido la planificación familiar y las relaciones conflictivas de éstos y el Estado con la Iglesia Católica en Puerto Rico.14 José Vázquez Calzada, Zoraida Morales, Ana Luisa Dávila e Iris López, entre otros, han documentado la trayectoria de la esterilización femenina en Puerto Rico y nos alertan ante nuevas formas de abuso aparente ante la tecnificación y carácter invasivo de la práctica médica en general y de la medicina reproductiva en particular, en Estados Unidos y, de manera acentuada, en Puerto Rico.15 Nuestra Isla mantiene entre las proporciones de nacimientos por cesárea más elevadas en el mundo, lo que al realizarse en edades cada vez más tempranas lleva a las mujeres a plantearse la esterilización como medida terapéutica en partos posteriores. Al igual que en Estados Unidos, nos encontramos asimismo con una elevada incidencia de histerectomías, lo que posibilita un cuestionamiento de la necesidad de esta intervención quirúrgica de manera tan generalizada. El hecho es que cesáreas e histerectomías son nuevas formas a través de las cuales se aseguran las altas tasas de esterilización femenina en la Isla, una de las más elevadas en el mundo. Sin negar lo que hay de cierto en las acusaciones de desinformación, presiones indebidas por parte de médicos y agentes del Estado, intervenciones sin consentimiento y otras formas de abuso en la práctica de la esterilización en Puerto Rico, nos enfrentamos en el presente a una situación en la que la "operación" parece correr en familia y aparece como un momento aceptado, casi esperado, en el ciclo reproductivo de las mujeres. Se hace necesario investigar más a fondo el proceso a través del cual se fue conformando la generalización de esta práctica, así como de las condiciones y elaboraciones ideológicas que en Puerto Rico han propiciado una reducción en la tasa 95


de fecundidad. Esto, desde la perspectiva de los derechos de las mujeres y en particular de las mujeres de estratos económicos inferiores, hacia quienes han ido dirigidos los programas de control de natalidad. Es lo que propone Iris López en su análisis de la esterilización de mujeres puertorriqueñas residentes en Brooklyn.16 Es parte de lo que en CERES intentamos revisar en nuestra investigación sobre la participación de las mujeres en la historia de Puerto Rico, entre 1935 y 1960, y. el interés de Ana Luisa Dávila quien estudia el desarrollo de la política pública en torno al control de la natalidad en Puerto Rico.17 De especial interés en estos trabajos es explorar hasta qué punto y en qué forma se puede hablar de coerción e imposición de las prácticas e ideología de la planificación familiar a través de las diferentes entidades organizadas al respecto, así como del sistema de salud y el sistema de educación. Parte importante de este proceso es el análisis de la inmersión del ámbito público, de los médicos, los expertos y el Estado en las prácticas de salud e higiene y en la institución de la maternidad, también investigado por Pro Mujer y por Ivette Rodriguez para comienzos de siglo.i8 El momento actual nos presenta nuevos retos prácticos e investigativos. Tenemos que analizar las condiciones y valores que hoy propician el que las mujeres deseen un número menor de hijos, al mismo tiempo que el Estado parece haber reducido los recursos disponibles para el control de la natalidad, incluyendo la operación.19 Es como si una vez condicionadas o informadas y optando por una fecundidad inferior, a las mujeres se nos presionara a asumir la responsabilidad de este control a costos cada vez menos accesibles. Seria preciso analizar el impacto que sobre estas tendencias pudiera tener la sugerida ofensiva de control poblacional. En este sentido, la posibilidad de que las mujeres puertorriqueñas continúen participando como conejillas de indias en experimentos de anticonceptivos se nos presenta como una. incógnita; incógnita que, como en casos anteriores, posiblemente sólo conoceremos después que éstos hayan concluido. Las condiciones de pobreza y alta fecundidad que hicieron de Puerto Rico centro propicio para esta experimentación han cambiado. Sin embargo, nuestro mismo historial e infraestructura en el sistema de salud, las condiciones que ahora propician una fecundidad más baja, el acceso limitado a anticonceptivos, la falta de información sobre nuestro cuerpo y derechos reproductivos y el que seamos precisamente meca de la industria farmacéutica que desarrolla los experimentos, nos lleva a no negar la posibilidad de que estos continúen realizándose en nuestra Isla. Un aspecto que parece confirmarse en las investigaciones que se han realizado hasta el momento es la falta de información adecuada 96


sobre las prácticas sexuales, reproductivas y anticonceptivas.20 Históricamente la orientación disponible ha sido limitada y vinculada a la educación en torno a la salud materno-infantil.21 Es importante incorporar a esta educación, sobre todo, el conocimiento sobre nuestra sexualidad. Esto, no sólo en sus aspectos biológicos, sino en términos de la libertad y control sobre nuestros cuerpos, lo que incluye la revisión de las estructuras sociales que condicionan nuestras relaciones.22 El aspecto es inminente ante el riesgo del SIDA y enfermedades de transmisión sexual, así como ante el incremento en los embarazos de adolescentes, asuntos a investigarse en. sí mismos. Al analizar estos aspectos en torno a nuestra sexualidad es preciso considerar que el control no tiene que darse exclusivamente a través de la represión y de la negación de las relaciones sexuales, situación que ha cristalizado en muchas mujeres a través de la imposición de las ideologías más tradicionales. El control puede darse también dentro de las "nuevas aperturas" de nuestras expresiones sexuales. En un momento en que la sexualidad se presenta como la gratificación principal y máxima, en que se acentúa la relación sexo-poder, y en que se niega a muchos, y en especial a los jóvenes, otras formas de intimidad, de definición, de identidad, las relaciones sexuales en su expresión y despliegue pueden ser tan represivas como lo eran en su negación. Esto se acentúa para las mujeres, para quienes la presunta liberación sexual ha implicado en algunos casos el sentir que no pueden negarse a las relaciones sexuales, pero muchas veces sin plantearse si exigir o cómo exigir responsabilidades específicas por parte de la pareja. Sobre todo, es importante destacar que las relaciones sexuales aún se ven mediadas por el doble estándar que ofrece a los hombres mayor libertad y poder mientras mantiene a las mujeres como principales responsables de las decisiones reproductivas y de los hijos.23 Ante las condiciones que en nuestra sociedad propenden a la atomización y al incremento de mujeres jefe de familia y el discrimen económico que éstas sufren por razón de género, la incidencia de madres solteras puede acentuar la feminización de la pobreza discutida en otra de nuestras presentaciones. La situación se agrava para los adolescentes, restringidos aún más en información, derecho y oportunidades y en una sociedad que no comparte la responsabilidad de los hijos. 24 No pretendemos aquí unirnos a las voces antifeministas que claman por un nuevo romanticismo y el regreso a una familia tradicional y sexualidad restringida idealizadas. Deseamos recalcar que la libertad sexual, como en las prácticas reproductivas, exige para ampliar sus espacios el que lidiemos con las condiciones que todavía continúan restingiéndonos. Para las mujeres, esto implica el lidiar con nuestra subordinación en todos los órdenes en que esa subordinación se expresa, lo que incluye la expresión de nuestra sexualidad. 97


"Maternidad forzada o maternidad voluntaria", la discusión del aborto Con relación al aborto,25 las mujeres nos encontramos en el vórtice de una controversia en la que nuestra perspectiva ha sido silenciada. Somos bombardeadas por acusaciones, por represiones y por la práctica milenaria de sustituir nuestro criterio y nuestra voluntad por las de aquéllos que mantienen, o quieren mantener, el control sobre el proceso social y político. Sectores religiosos, legisladores, jueces, políticos y muchos otros sienten la obligación de sustituir su moralidad por nuestros derechos fijando sus necesidades e intereses a través de prácticas represivas. La inminente amenaza de la criminalización del aborto nos obliga a una revisión histórica de lo que ha sido su práctica en Puerto Rico y a un análisis de sus condicionantes en el momento actual. También en esto nuestra experiencia puede ser modelo, pues sólo Puerto Rico y Cuba han despenalizado el aborto en América Latina. La distinción que se hace en nuestras sociedades entre el aborto y otros medios de control de natalidad, distinción que algunas feministas han cuestionado, impone un análisis específico de esta práctica en la trayectoria de las políticas poblacionales y de las luchas por los derechos reproductivos.26 Así, por ejemplo, debido a razones religiosas y éticas, mujeres que defendieron el derecho de las mujeres al control de la natalidad se expresaron en contra del aborto; incluso defendían el uso de anticonceptivos como una forma de reducir el número de abortos ante embarazos no deseados.27 De la misma manera, aun cuando se ha documentado una práctica generalizada del aborto en la Isla, ha sido menos frecuente su defensa abierta como opción •28 Al presente continúa pareciendo una contradicción el impulso de políticas de control de la natalidad junto a aquéllas que restringen el aborto. Habría que comenzar por señalar que ni el Estado ni los diferentes. sectores sociales son necesariamente homogéneos y consistentes en sus posiciones. Por ello mismo, el énfasis en el control de la natalidad puede ir parejo con un énfasis en el rol de las mujeres como reproductoras y como madres. En estos casos puede ser consistente con una política antiaborto y con la reinstauración de las vertientes más antifeministas que reclaman una vuelta a la familia tradicional de manera idealizada. Como parte de nuestras investigaciones es necesario analizar los factores que han facilitado dicha práctica, las transformaciones en la intensidad con que se ha perseguido a quienes lo practican en 98


diferentes momentos históricos y el impacto de estos cambios en intensidad de persecución y criminalización en la salud y derechos de las mujeres. Es importante asimismo analizar la trayectoria de .los sectores y grupos que han favorecido la despenalización del aborto y aquéllos que se le han opuesto, así como reconocer el proceso de sus La discusión de las bases luchas y sus argumentaciones.29 jurídico-filosóficas para la defensa del aborto se constituye en elemento importante de este análisis y nos plantea los limites de una argumentación que se fundamente exclusivamente en el principio liberal del derecho a la intimidad y el derecho a la vida en abstracto. El debate no es sencillo, pero, en todo caso, debemos ubicar la discusión sobre el eje de la equidad y la calidad de vida de las mujeres en su relación con la vida del feto. Son éstos algunos de los ejes de las investigaciones de María Dolores Fernós, quien realiza un análisis de la trayectoria histórica de la práctica y la legislación en torno al aborto en Puerto Rico; Ruth Silva et al., quienes analizan las líneas de argumentación y debate en torno a éste; Pro Mujer, quien analiza las condiciones de la práctica en el presente; y Esther Vicente, quien elabora en el análisis jurídico desde el rprincipio de lá equidad.3o

Nuevas tecnologías reproductivas Es dentro de este contexto que debemos enfrentar el reto que nos plantea otro nuevo desarrollo: la ingeniería genética y las nuevas tecnologías reproductivas. Estas pueden presentar un potencial de desarrollo humano y de la naturaleza; el incrementar nuestra capacidad de controlar nuestra propia reproducción y la ampliación de las otras especies. Vandana Shiva nos alerta, sin embargo, que dentro de un contexto de subordinación de las mujeres, de la mayoría de las poblaciones y de la naturaleza, así como de estrategias de desarrollo orientadas a la producción y acumulación aceleradas, estas innovaciones han resultado en la destrucción de especies y de la biodiversidad y pueden implicar un mayor control de nuestro cuerpo y capacidad reproductiva.31 Ruth Silva et al., se proponen investigar las maneras en que los desarrollos en los aparatos de investigación y de manejo de la ingeniería genética se intersectan con las luchas sociales que en los diferentes países hemos estado desarrollando las mujeres en torno a los derechos reproductivos. Esos desarrollos, aparentemente, han sido desiguales en los diferentes países y hasta el momento parecen también haber sido desiguales los modos de intersección del desarrollo de las nuevas tecnologías con las luchas sociales de mujeres en diferentes contextos. He aquí otra área de investigación que debemos tener presente desde la perspectiva del control de las mujeres sobre nuestro propio cuerpo.32 99

~(


Conclusiones Hemos mencionado algunos de los aspectos específicos y modos de abordaje para nuestra acción e investigación en el área de nuestra salud y derechos reproductivos. Las nuevas tendencias nos sugieren la necesidad de actualizar la información cuantitativa básica que nos ofrecería el cuadro de lo que pueden ser las prácticas reproductivas prevalecientes. Las muestras básicas del Departamento de Salud podrían ser instrumentos iniciales en esta investigación. La complejidad de las prácticás reproductivas como procesos condicionados por numerosas instancias y estructuras sociales nos sugieren, además, la necesidad de realizar estudios más profundos de naturaleza etnográfica e histórica, así como de los procesos políticos, económicos y discursivos que son parte del ejercicio de nuestros derechos 'reproductivos. Sugiere, finalmente, vincular nuestras investigaciones a los procesos de educación y transformación social que como mujeres requerimos para ampliar los espacios de esos derechos .sobre nuestro cuerpo.

loo

La construcción histórica de nuestro ser está en la raíz de las controversias sobre nuestros derechos reproductivos. La negación de esos derechos, en sus dimensiones cuantitativas y cualitativas, ha sido fundamento sobre el cual se ha ido construyendo y reconstruyendo históricamente nuestra identidad y nuestra subordinación. Por lo mismo es la raíz y la promesa de nuestro poder y, por tanto, escenario donde se libran crueñtas batallas por parte de aquéllos que utilizan nuestra opresión como elemento crucial para mantener estructuras sociales ,avasailantes.


N OTAS

1.

Para un planteamiento afín, vea Betsy Hartman. Reproductive Rights and Wrongs: The Global Politics of Population Control and Contraceptive Choice, New York: Harper and Row, 1987.

2.

Ronald Freedman and Bernard Berelson, The Human Population, San Francisco: Watt Freeman & Co., "A Scientific American Book, 1974; Ronald L. Meek, ed. Marx and Engels on the Population Bomb, Berkeley, CA: Ramparts Press, 1971.

3.

Hartman. Reproductive Rights..., 1987; .Annette Ramírez de Arellano y Conrad Seipp, Colonialism. Catholicism, and Contraception in Puerto Rico, Chapell Hill: The University of North Carolina Press, 1983.

4.

Ramírez de Arellano y Seipp, Colonialism. Catholicism..., 1983.

5.

Hartman. Reproductive Rights..., 1983; Patricia Portocarrero y Patricia Ruiz. Bravo L., Mujeres y desarrollo: recorridos y propuestas.

6.

Para una antología sobre este tema vea: Kathryn Ward, ed. Women Workers and Global Restructuring, Ithaca, NY: ILR Press, Cornell University, 1990.

7.

World Women's Congress for a Healthy Planet Official Report, 812 noviembre, 1991, Miami, Florida. (Congreso Mundial de la Mujer para un Planeta Sano).

8.

Hartman. Reproductive Rights..., 1987; Ramírez de Arellano y Investigación en Seipp, Colonialism, Catholicism..., 1983. en la historia de participación de mujeres proceso sobre la las Puerto Rico (1935-1960) en el Centro de Estudios, Recursos y Servicios a la Mujer (CERES) del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico.

9.

Tomando como ejemplo las discusiones en los paneles "Disparate View of Population and the Environmental Crisis, Health, Women, and Population", en el Congreso Mundial de la Mujer

101


para un Planeta Sano, Miami, Florida, 8-12 de noviembre de 1991. 10.

Department of Economic and Social Affairs, The Determinants and Consequences of Population Trends, Capítulo IV sobre fecundidad, New York: United Nations, 1973.

11.

Ibid.

12.

Adrianne Rich, Of Woman Born. Motherhood as Experience and Institution, New York: W.W. Norton, 1973.

13.

Iris López, "Hard Choices: An Ethnographic Study of Sterilization and Puerto Rican Women in New York City", 1992. A publicarse.

14.

Ramírez de Arellano y Seipp, Colonialism, Catholicism..., 1983.

15.

José L. Vázquez Calzada, La población en Puerto Rico y su trayectoria histórica, Río Piedras, José L. Vázquez Calzada, 1988; José L. Vázquez Calzada et al., "Cesarean Chilbirth in Puerto Rico" y tablas correspondientes al estudio "Factores correlacionados a las cesáreas en Puerto Rico", 18 de mayo de 1983; Ana Luisa Dávila, "Esterilización y práctica anticonceptiva en Puerto Rico", Puerto Rico Health Sciences Journal, abril 1990.

16.

Iris López, "Hard Choices...", 1992.

17.

Centro de Estudios, Recursos y Servicios a la Mujer (CERES), investigación en proceso; Ana Luisa Dávila, "Esterilización...", 1989.

18.

Yamila Azize, "Los hechos desconocidos: la participación de la mujer en las profesiones de la salud en Puerto Rico, 19001930", Puerto Rico Health Sciences Journal, abril, 1990. (También video educativo.) Ivette Rodríguez analiza el higienismo en San Juan, Puerto Rico de 1880-1929, en su tesis doctoral en proceso.

19.

Departamento de Salud, Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Informe Anual 1979. Programa Planificación Familiar, ,Sección de Evaluación e Información, División de Programas Categóricos; Secretaría Auxiliar de Servicios Ambulatorios. Informe Estadístico Facilidades de Salud, Administración de Facilidades y Servicios de Salud, 1986-87.

102


20.

Margarita Ostoloza, Política sexual en Puerto Ricó, Ríó Piedras, Puerto Rico: Ediciones Huracán, 1989. Y

Centro de Estudios, Recursos y :Servicios lá Mujer (CERES), investigación en proceso, sobre la participación de las mujeres en la historia de Puerto Rico 1935-1960.

22.

Lorna Weir y Leo Casey, "Subverting Power in Sexuality", in Women, Class, and the Feminist Imagination, Karen V. Hansen e Ilene J. Philipson, eds. Philadelphia: Temple University Press, 1990.

23.

Ibid.; Barbara Ehrenreich, Elizabeth y Gloria Jacobs, Remaking Love: The Feminization of Sex, Garden City, NY: Anchor/Doubleday, 1986; Patricia Spencer Faunce y Susan Phipps-Gonas, "Women' Liberation and Human Sexual Relations„, en Juanita Williams, ed., Psychology of Women, New York: W.W. Norton, 1979.

24.

Vea "Ante la coyuntura a finales de siglo: Un boceto para el consumo feminista" en este libro. En relación a este tema, puede ver, además, Alice Colón, "Mujeres jefes de familia en Puerto Rico: Algunas consideraciones teóricas en torno a su incremento ,y niveles de pobreza". A publicarse.

25.

Ruth Silva Bonilla et al., "Maternidad forzada o maternidad voluntaria: El debate en torno al aborto", Río Piedras: Centro de 'Estudios Recursos y Servicios a la Mujer (CEBES) del Centro de Investigaciones Sociales de la. Universidad de Puerto Rico, 1990.

26.

K. Kaufmann "Abortion is a Woman's Matter: An Explanation of Who Controls Abortion and How and Why They Do It", in Testtube Women, Rita Arditti, ed., London: Pandora Press, 1984.

27.

Centro de Estudios, Recursos y Servicios a la Mujer (CERES), investigación en proceso sobre la particiapción de las mujeres en la historia de Puerto Rico 1935-1960.

28.

Ramírez de Arellano y Seipp, 1983; María Dolores Fernós, investigación en proceso "La política pública sobre aborto en Puerto Rico del 1920 al 1970".

29.

María Dolores Fernós,, "Política pública...

30.

Ibid.; Silva et al., "Maternidad forzada", 1990; Pro Mujer, Colegio Universitario de Cayey, Universidad de Puerto Rico, "La realidad del aborto en Puerto Rico. Guías para la elaboración de políticas

a

21.

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103


públicas", marzo 1992; Ester Vicente, "El cuerpo de las mujeres en el discurso jurídico sobre aborto". En proceso. 31.

Vandana Shiva, "Biotechnology and Biogenetics Bioengineering and Its Consequences for Women and for Plant and Animal Species", presentado en Congreso Mundial de la Mujer para un Planeta Sano, 8-12 de noviembre, 1991, Miami, Florida.

32.

Ruth Silva et al. Centro de Estudios, Recursos y Servicios a la Mujer (CERES), investigación en proceso.

104


THE SOCIAL CONSTRUCTION CF REPRODUCTIVE "CHOICE': AN ETHNOGRAPHIC STUDY CF PUERTO RICAN WOMEN AND STERILIZATION IN NEW YORK CITY' Iris López" Puerto Rican women have one of the highest documented rates sterilization of in the world.l In 1982, a study by a Puerto Rican demographer, Vázquez-Calzada, showed that 39 per cent of Puerto Rico's female population between the ages of fifteen and forty-five were surgically sterilized (Vázquez-Calzada, 1982). A similar situation can be found for Puerto Rican women and other minorities in the United States. In New York City, where this research took place, Latinas have a rate of sterilization seven times higher than that of Euro-American women and almost twice that of Afro American women (New York City Department of Health, 1982). Although information is scarce for most cities, my study of Puerto Rican women in one neighborhood in New York found that 47 per cent of the households of one or more Puerto Rican women over age twenty were surgically sterilized. Another study undertaken in Hartford, Connecticut reveals that 51 per cent of Puerto Rican females of reproductive age were sterilized (Gangalez et al., 1982). The questions this raises is why do Puerto Rican women have such a high rate of sterilization and how is it maintained and perpetuated? This study examines the social, historical and personal conditions that influence and constrain Puerto Rican women's fertility decisions. It concentrates on the interplay between resistance and

*Parts of this article were originally published in the issue Urban Anthropology and Studies of Cultural Systems and World Development of Urban Anthropology, Vol. 22, Nos. 3-4, (Fall-Winter, 1993), pp. 299323. *Iris López is Professor at the Department of Latin American and Hispanic Studies, City College of New York, City University of New York (CUNY). The author would like to thank Alice Colón and Caridad Souza for their insightful comments and editorial help. 105


constraint by teasing out some of the .contradictions in their reproductive decisions as well as by highlighting their diverse experiences with sterilization. The primary question that guides this study is how sterilization, a colonially imposed method of population control, gained acceptance among a large segment of the Puerto Rican community and was transformed, through a lack of viable options, into a widespread fertility practice that was transported to the United States, vis a vis migration, and reinforced through social policies, poverty, racism, and the state and women's cultural ideologies. In contrast to most studies on the reproductive experiences of Puerto Rican women, I diverge from an exclusively cultural perspective that focuses on the women themselves as the principal unit of analysis and will consider women within the wider structural and historical contexts that gave rise to and continues to perpetuate their high rate of sterilization. This aspect of Puerto Rican women's reproductive experience is as much a political as a cultural phenomenon, and ultimately speaks to wider issues of reproductive control and of women doing the best that they can with their lives, within the parameters of their sociopolitical oppression.

Cultural Baggage and Women's Familiarity With "La Operación" In New York City, sterilization became available for "birth control" purposes in the latter part of the sixties. Therefore, when Puerto Rican women migrated to New York City in the fifties, they were already familiar with la operación, the colloquial term used to refer to sterilization by Puerto Rican women. Because Puerto Rican women have been getting sterilized for almost six decades, tubal ligation is an operation that most women are familiar with and share specific ideas about, including a high rate of misinformation. Sterilization is part of women's cultural repertoire because of the extensiveness of la operación in the Puerto Rican community. Women's perceptions are also strongly influenced by the large number of females within their own families who have been sterilized. The effect of almost six decades of exposure to sterilization cannot be underestimated. For example, a high rate of sterilization was found among the female relatives of the women in this study. According to one woman: When I decided to get sterilized, I didn't give it much thought. My mother is operated on, and so are two 106


of my mother's sisters. My father has three sisters and all three of them did it. My sister was operated on. On my father's side I have six brothers. Half of their wives are also operated on. Also the majority of the women where I work are sterilized. The doctor thought I should do it too, so after my second child I was operated on. For a significant segment of the Puerto Rican population, sterilization has been transformed into a cultural practice that woman use to manage their reproduction and cope with adverse social, environmental circumstances and individual pressures. Essentially, many women get sterilized because it solves an immediate problem of an unwanted pregnancy before the fact. Although it may not change the long-term situation, or increase their options for social mobility, they are doing the best that they can with what is available to them. In this context, to acknowledge that sterilization has a cultural dimension to it does not make the decision to get sterilized one based on free will as if it existed in a vacuum, nor does it suggest that it originates from women's "folk" culture. Contending views of Puerto Rican women's reproductive decisions are paradoxical because they have been posed in binary terms. Puerto Rican women are either presented as victims of population policy (Mass, 1976) or free agents making voluntary decisions about their reproductive lives (Stycos, Hill, and Back, 1959; Presser, 1973). There are numerous problems with this logic. The argument that the high rate of sterilization is based on reproductive freedom reduces Puerto Rican women to the unit of analysis as the perpetuators of this practice, therefore, focusing on their cultural beliefs, to the exclusion of the sociopolitical forces that produce and perpetuate sterilization in Puerto Rico and the United States. This approach relegates all responsibility to Puerto Rican women vis a vis their culture, abstracting culture from its context and the conditions that generated it, thus absolving those in power from accountability. Sterilization became part of the cultural context for Puerto Ricans because the political and economic context favored it and created the conditions for this to occur through population control. In contrast, the view that focuses on Puerto Rican women only as victims of sterilization abuse makes them appear passive and does not take into account the diversity or the complexity of their experiences. Therefore, in examining Puerto Rican women's reproductive decisions, I take into account their diverse experiences with sterilization. This study demonstrates that Puerto Rican women make decisions about sterilization that are limited by their sociopolitical 107


circumstances. Their reproductive decisions are based on a lack of options circumscribed by a myriad of personal, social and historical forces that operate simultaneously to shape and constrain Puerto Rican women's fertility options. Presenting women as active agents of their reproductive decisions need not suggest that they are exercising free will or that they are not oppressed, but that they make decisions within the limits of their constraints. As their oral histories reveal, women do actively seek to transform and improve their lives, and controlling their reproduction is one means they avail themselves to do so. Yet, as their oral histories also show, the constraints of their lives play an equally significant role in shaping their reproductive decisions and experiences. While it is undeniable that all women have had their fertility options limited by the types of contraceptives developed and because they have had to bear much of the burden of population control, as this study shows, poor women living below the poverty level are even more constrained. Therefore, when considering the factors that affect women's fertility decisions, it is essential to take into account the role that class, race and gender play in determining the number of options that individuals have available and how much control they have over them. In exploring the reasons for the high rate of sterilization among Puerto Rican women, I reformulate the binary model between submission and agency as well as withstand the temptation to use the term "resistance" in a monolithic way in the context of this study. I found that there are "elements of resistance" in their attempts to fórge out a social space for themselves on a personal level. Some women use sterilization as an "element of resistance" against the constraints of patriarchy/female subordination which subjects them to double standards and make them primarily responsible for their fertility, childrearing and domestic work. Other personal difficulties related to female subordination, such as abusive relationships that involved substance abuse, also play an important role in some women's However, these "elements of decisions to become sterilized. resistance" do not make their decisions an entirely defiant and conscious act of resistance, nor a complete break with the social conditions that have perpetuated high rates of sterilization.2

Migration and Sterilization, Two Sides of the Population Control Coin In order to understand the reasons why Puerto Rican women in Puerto Rico, as well as in the United States, have such a high rate of sterilization, it is essential to examine the sociopolitical and 108


ideological framework in which sterilization developed in the Island. Puerto Rico became a colony of the United States in 1898. As early as 1901, government officials attributed Puerto Rico's poverty and under-development to an "overpopulation problem." Though, the "problem of overpopulation" in Puerto Rico was more the result of US capitalist policy and legislative interests than of uncontrollable growth in population, an ideology of overpopulation was developed and implemented as a rationale for encouraging the migration of Puerto Ricans, along with the sterilization of over one-third of all Puerto Rican women. By 1937, sterilization was implemented in Puerto Rico as a method of "birth control." The legislation grew out of the Eugenics Movement that developed in the United States to sterilize people considered socially or intellectually inferior. Migration was used as a temporary escape valve to the "overpopulation problem," while they experimented with more lasting and efficacious solutions, such as sterilization and diverse methods of fertility control. After World War II, Puerto Rico became a model for the strategy of development and a testing laboratory for the pill, IUD, EMKO contraceptive cream and the development of sterilization technology. Interestingly, sterilization was never an official government policy in Puerto Rico (Presser, 1973; Henderson, 1976; Ramírez de Arellano, 1983). It took place unofficially and became a common practice condoned by the Puerto Rican government and many of its health officials, frequently filling the gap for the systematic lack of temporary methods of birth control. Albeit many birth control clinics opened and closed throughout Puerto Rico's history, it was not until 1968 that federally funded contraceptives were made available throughout the Island. For 31 years, sterilization was systematically available while temporary methods of birth control were only haphazardly available. Ironically, the Puerto Rican government still denies that it conducted an official campaign to sterilize Puerto Rican women. However, the role of sterilization in controlling the fertility of Puerto Rican women is underscored by the fact that Puerto Rican women have one of the highest rates of sterilization in the world. It is within this context of a policy promoting population control, particularly for poor women, that decisions regarding sterilization must be analyzed.

New York City Sterilization Guidelines By the decade of the seventies sterilization abuse in New York City had become a pervasive theme among, though not exclusively, poor women of color (CARASA, 1978; Rodríguez, 1976; Vélez, 1978; Davis, 1981). We will here refer to sterilization abuse as that which takes place when an individual submits to a tubal ligation or vasectomy 109


without her/his knowledge or consent. In 1975, after a long and harrowing struggle undertaken by women's groups, health and community activists, sterilization guidelines were implemented in New York City to protect men and women against sterilization abuse. This legislation mandated that a thirty day period of time be observed between the time an individual signs a consent form to the day she is operated on. It also stipulated that women under the age of twentyone could not be sterilized with federal funds, and that a consent form must be. provided in a person's native language, and administered in written and oral form. Therefore, one of the questions my work raises is how do we then talk about agency and/or freedom of reproductive choice among Puerto Rican women in the context of the historical legacy of coercion and sterilization abuse? Although sterilization abuse is an important part of Puerto Rican women's experiences on the Island, as well as in the US, as I stated earlier, it is important to keep in mind that not all Puerto Rican women who have undergone the operation perceive themselves as In examining Puerto Rican women's having been coerced. reproductive decisions, it is necessary to take into account the diversity of their experiences with sterilization. These experiences range from explicit sterilization abuse to those women who suggest that they have voluntarily made the decision to be sterilized. Rather than pose this range of experiences in opposition to each other, I contend that all decisions are socially constrained and mediated when individuals confront them as active social agents. Diversity of Experiences In addition to becoming sterilized for a series of reasons, Puerto Rican women experience sterilization in a host of different ways. For example, while sterilization may give a woman a lot of freedom, it may be oppressive to another. Moreover, at one point, a woman may perceive sterilization as independence, yet at a different point in her life she may perceive it as oppressive. For example, a woman who is glad she is sterilized may regret it later if her child dies or if she remarries and is not able to have any more children. Sometimes resistance and oppression occupy different spaces and other times they occupy the same space because different realities can, and often do, coexist within a particular context. For example, a Puerto Rican woman may decide to get sterilized because she does not want any more children. This is a vital decision for her because it gives her more control over her body, therefore, giving her more selfdetermination over her life. In contrast, the state's motivation for encouraging her sterilization is due to her dependency on welfare where she is considered a burden on the state. By attempting to 110


control her fertility motivated by considerations of economy and politics, the state imposes its double standard of "choice" and "freedom" which is potent oppression. Consequently, women and the state's interests intersect on the level that there is consensus between the woman and the state —to control her fertility. Sterilization becomes simultaneously oppresive, while it offers elements of empowerment, because both the state and the woman's motivation for wanting to control women's fertility are at once synchronized, as well as diametrically opposed. Therefore, on this level, there is both consensus as well as conflict and oppression (López, n.d.). Another way that women experience sterilization differently is based on their life situation. Often, there are conflicting situations in women's lives where resisting one situation subjects them to another, potentially .oppressive situation. Thus, a woman may get sterilized as a way of resisting forced maternity, submitting as well, to a health practitioner's recommendation or state policy on sterilization (Colón et al., 1992). Finally, it is also important to consider that voluntary sterilization must be available as a means of birth control for women to exert their reproductive freedom. Some women seek sterilization because they have achieved their desired family size and they either decide independently or with their companion/husband that they do not desire, and/or cannot afford to have any more children. Those women tend to use sterilization as fertility control because of their social and historical predisposition towards this technology and due to the lack of viable options. Given a woman's conditions, in some cases, sterilization may be the most reasonable decision they can make. There is also the possibility that even if these women had viable alternatives and their conditions were different, they still might choose sterilization. However, for the majority of the women in this study, this is not the case.

Revisiting the Ideology of Choice The ideology of choice is paramount in a discussion of sterilization among Puerto Rican women. At the heart of this research lies the question of what constitutes a "choice" and what the concept of "voluntary" means in the context of the lives of Puerto Rican women. The "ideology of choice" is based on the assumption that people have options, that we live in a "free" society and have infinite alternatives from which to choose. As individual agents, we are purportedly capable of making decisions through envisioning appropriate goals, in order to increase our options. Implicitly, the higher the social and class status the greater the options. Striving 111


toward the middle or upper class is, in part, a striving toward a "freedom" of expanded choice, which is part of the reward of upward mobility. By focusing on individual choice, we overlook that choices are primed by larger institutional structures and ideological messages. The discrepancy and contradictions between agency and constraints led me to reconceptualize the ideology of choice in order to develop and refine a new language that enables us to think in a more dialectical way about Puerto Rican women's fertility behavior. In this formulation of individual choice, a distinction needs to be made between a decision that is based on a lack of alternatives versus one that is based on reproductive freedom. A decision is said to be more voluntary when it is based on a greater space of viable alternatives and the conditions that make this possible. Moreover, it is not simply a matter of the alternatives women have available to them but also the perceptions or knowledge women have about the various alternatives that are available to them. For example, a large number of women in this study did not know about the diaphragm. Even though today's contraceptive technology is limited for all women, the options presented to these women were constrained by their unfamiliarity with different forms of birth control technology as a result of limited resources and staff in the clinics/hospitals available to them. Therefóre, reproductive freedom not only requires the ability to choose from a series of safe., effective, convenient, and affordable methods of birth control developed for men and women, but also a context of equitable social, political and economic conditions that allows women to decide whether or not to have children, how many and when (Colón et al., 1992; Hartman, 1987; Petchesky, 1984). Consequently, I have deliberately avoided framing the fertility decisions of Puerto Rican women within a paradigm of choice for analyzing reproduction among Puerto Rican women because it obfuscates the reality of their fertility histories and experiences as colonial/neocolonial women.

Birth Control Versus Population Control Although, sterilization is technically considered birth control, a distinction needs to be made between sterilization and birth control on an analytical level as a result of the way it is used and its consequences for women's lives. For my purposes, birth control is defined as the ability to space children while sterilization entirely eliminates the management of birth control —in fact it renders the need to control fertility irrelevant. In most cases, sterilization marks the end of a woman's ability to reproduce; it has been a method of population control which I have termed fertility control rather than conception control. The important distinction is between population 112


control as a state imposition and birth control as a personal right. It is not between sterilization and other forms of controlling births. Population control may be achieved through other methods-Norplant and abortion, for example, are presently considered. Population control is when a population policy imposes the curtailment of fertility, as opposed to the individual right to control their own fertility, and even be sterilized if that is their desire. Fertility control can be defined as a population policy that imposes the curtailment of population growth, eliminating the individual's right to control their own fertility. In addition to the technical differences between sterilization and birth control, sterilization also functions as fertility control when population policy is defined and implemented by health care providers to curtail the rate of population growth among a particular class or ethnic group because they are considered, in Eugenic terms, a social burden, and therefore, should not procreate (Hartman, 1987). Consequently, the important issue here is not sterilization technology per se, but the way population policy is defined, translated and implemented. At the national and international levels, health care policy plays an important role in narrowing women's fertility choices. Whereas federal funding initially covered the cost of abortion, the Hyde Amendment of 1977 changed this policy by denying women on Medicaid funding for abortions except in restricted cases or special circumstances. The refusal of the state to provide public funds for abortion services except in narrowly defined therapeutic cases, while making sterilization readily available suggests a definite predilection for sterilization over temporary methods of birth control and abortion (CARASA, 1978). This reflects the goals of the director of USAID who stated in 1987 that by 1995 he wanted to sterilize one quarter of the world's female population (Hartman, 1987). I now depart from a political economic analysis of sterilization as population control in order to consider the diversity of women's experiences and the different levels of resistance they engage in. I seek to establish a much needed new paradigm of reproductive choice that explores, interrogates and expands on what consent, choice, and coercion really mean within the context of these women's lives. In doing this I hope to broaden the concept of what constitutes coercive sterilization —by showing the variety of factors that lead women to sterilization, including the active participation of women in sterilization and the elements of resistance they engage in. It is then possible to distinguish between birth control and population control.3

113


Despite the proliferation of sterilization procedures as a form of fertility control in the United States since the 1.960s, the primary goal of sterilization policy worldwide has been to control the rate of population growth among the poor in the Third World as well as in the United States (Hartman, 1987). The current popularity of sterilization in the United States confuses the history of coercive and/or managed sterilization, as well as the constraints which lead women to become sterilized with the ideal of free choice.

The Setting: A Community in Transition The high rate of sterilization among Puerto Rican women on the Island has been reproduced in the United States, where Puerto Ricans in New York City have one of the highest documented rates of sterilization. In the context of New York City as a changing metropolis, in one of the inner city's oldest and poorest neighborhoods, I set out in 1981 to learn more about the individual and social conditions that on a daily basis shape the reproductive decisions of Puerto Rican women with respect to sterilization.4 The neighborhood where these women live is located between Williamsburg and Bushwick in Brooklyn, New York. This is one of Brooklyn's oldest garment districts. Of the households with one or more Puerto Rican women over age twenty, 47 percent included one or more sterilized women. Ninety-three percent of the sterilized women were born in the Island, but they were sterilized after they migrated to New York, between the ages of seventeen and twenty-one.

Women's Perceptions of Their Bodies and Agency In unravelling the complicated subject of the interplay between women's resistance, constraints and agency, I begin with an examination of the ways that women assert agency. This is best illustrated through women's perceptions of their bodies and the question of who should control them, as well as through the circumstances that have led some of the women to use sterilization as an element of resistance to patriarchy and female subordination. The elements of resistance occur as each women's individual struggle to fight sexism, versus breaking with the constraints that have led them to get sterilized. With the exceptions of those who were openly victims of sterilization abuse, most women in this neighborhood adamantly shared the view that sterilization was their decision because it was their body and they would do with it as they pleased. Consequently, most women claimed that they did not have to ask the men in their 114


lives for permission to get sterilized. Women also claimed that most men rarely objected to a woman's decision to become sterilized unless the couple disagreed about the number and gender of the children desired. This was the case because most couples in this study agreed that it was difficult to raise and provide for more than three children. It is important to remember that the perception that sterilization was their decision, and the fact that they felt they had no viable options, appear to them as two separate issues. When I asked the question: "Who influenced your decision to get sterilized?," only one out of 96 women responded that her husband directly influenced her. This does not mean that women do not consult their husbands/companions about their sterilization decision. In most cases, they did. What it means is that regardless of the man's view, most women felt that they had the right to ultimately make the final decision .about sterilization, because they were the ones who were going to have the baby and would be the primary care takers. In addition to attitudes about who should control their bodies and their perceptions that they have been sterilized "voluntarily," population policy, class and poverty play a critical role in limiting the fertility options of Puerto Rican women.

Socio-Economic Considerations While most lower-income women experience a difficult socioeconomic situation, households headed by female single parents fare even worse. Sixty-six per cent of the women in this study are heads of households. Almost all of the women in this research stated that they had been married at least once, though 53.1 percent said that they were separated, divorced, or widowed. Almost three-quarters (70 per cent) received either supplementary or full assistance from Aid to Dependent Children. The mean annual income in 1981 was $7,000 or less. This income supports a mean of 3.4 children and often more than one adult. With this money, women support themselves and their children, buy food and clothing, and pay the rent. In 1981, more than three-quarters of the women in this study were not working outside the home, although 12.5 per cent were actively looking for jobs. Of the women who have spouses, 31.3 per cent had husbands who were employed and 15.6 per cent had husbands who were not working at the time this study was undertaken. The employed Puerto Rican women in this neighborhood are low-wage workers with little job stability, generally working in tedious jobs and often under difficult conditions. In addition to their wage 115


labor, when these women leave their place of work they go home to start the second shift as mothers and housewives. Housework and child care frequently consume most, if not all, of their evenings and weekends. Most do not work outside the home, not only because of the difficulties of coordinating a job and running a household, but also because it does not make sense for them to work only to have the majority of their wages go to a baby-sitter. The lack of low-cost and quality child care services is another factor that has forced many to stay home. As one of the women stated: Salaries are so low that all of a woman's money would go into the baby-sitting expenses. So, when someone takes care of your children not only do you have to pay them, but you have to buy them the food they will eat that day. After I had my third child, I stayed home so that I could rear them myself. If I had continued working, I would have worked just to pay the sitter. It didn't make sense. Eighty percent of the women in this study claimed that their economic circumstances directly or indirectly strongly influenced their decisions to become sterilized. Forty-four per cent felt that if their economic conditions had been better, they would not have undergone surgery. Nilda is one of these women:

If I had the necessary money to raise more children, I would not have been sterilized. When you can't afford it, you just can't afford it. Girl, I wish that I could have lived in a house where each of them had their own room, nice clothing, enough food, and everything else that they needed. But what's the sense of having a whole bunch of kids if when dinnertime rolls around all you can serve them is soup made of milk or cod fish because there is nothing else. Or when you are going to take them out, one wears a new pair of shoes while the other one has to wear hand-me-downs because you could only afford one pair of shoes. That's depressing. If I had another child, we would not have been able to survive. Although their socioeconomic position permeates every aspect of those women's lives, many of them did not reduce their reasons for becoming sterilized to strictly economic considerations because this was not how most of them expressed their views about sterilization and their lives. Instead they talked about the burglaries, the láck of hot water in the winter, and the dilapidated environment in which they live. Additionally, mothers are constantly worried about the adverse effect that the environment might have on their children. 116


Their neighborhoods are poor, with high rates of visible crime and substance abuse. Mothers are afraid to let their children play outdoors because they fear that their children might get involved with the wrong friends. In order to protect them, mothers try and keep their children in-doors for as long as they can. This is a problem, especially during the summertime, because of the relative lack of space in the apartments, the heat, and the noise level of kids playing in-doors. Often women claimed that they were sterilized because they could not tolerate having children in such an adverse environment and/or because they simply could not handle more children than they already had under the conditions in which they lived. However, rarely did anyone say that they were sterilized because their annual income was, for example, $7,000. They talked mostly indirectly about the conditions that led them to get sterilized.

Lack of Access to Quality Health Care Services On a local level, a person's resources profoundly affect the type of health care services an individual has access to, as well as their knowledge of their options. On a micro level, the quality of care and information that middle-class women receive in private hospitals broadens their choices by enabling them to make informed 'decisions within the limits of the contraceptive technology that is available. Conversely, the inadequate quality of care that poor women receive diminishes their ability to make informed reproductive 'decisions and in this way further restricts their already limited options. For instance, because public hospitals have fewer health providers, facilities, and time to spend with their patients, poor women are not always informed about all of the contraceptives that are available. This is particularly true about the diaphragm. There is a prevalent belief among health care providers that Puerto Rican women reject the diaphragm because of a cultural aversion to the manual manipulation involved in its use. While this may be true for some Puerto Rican women, there are other equally compelling reasons why a large number of low-income Puerto Rican women do not use the diaphragm. Some of the women in this study did not use the diaphragm because they had never heard of it. This is true primarily because it is not frequently recommended to poor women since, in order to prescribe it, the health provider must show the woman how to use it properly. This requires a minimum of ten to fifteen minutes of the health provider's individual time, as well as a Time and space are premium commodities in private space. municipal hospitals. Moreover, if the health providers believe that the diaphragm is a culturally unacceptable method of birth control for the poor, chances are that they are not going to recommend it. Finally, 117


there is also the attitude among health care providers that it is better to recommend mechanical and surgical forms of fertility control to the poor because they do not have sufficient initiative or responsibility for controlling their fertility.

Problems With Birth Control The quality of health care services a women has access to significantly influences her knowledge of contraceptives and attitudes about them. The lack of safe and effective temporary methods of birth control prompted many women in this sample to get sterilized. Although 76 per cent of the women used temporary methods of birth control before getting sterilized, they expressed dissatisfaction with the contraceptives available, especially the pill and the IUD. As one woman stated: The pill made me swell up. After three years, I had an IUD inserted. It made me bleed a lot so I had it removed. I was sterilized at the age of twenty-five because I couldn't use the pill or the IUD. I tried using norforms and the withdrawal method before I was sterilized but neither method worked very well. Thus, because women are cognizant of the constraints that their economic resources, domestic responsibilities, and problems with contraceptives place on their fertility options, many of them feel that sterilization is the only feasible "choice."

Religious Beliefs Towards Sterilization Although 87 per cent of the women in this sample were raised as Catholics, only 32 per cent felt that sterilization goes against their religious beliefs. In comparison, 46.7 per cent of the non-Catholics felt a conflict between their religious faith and undergoing sterilization. Therefore, in this sample, non-Catholics were more likely to be opposed to sterilization on religious grounds than were Catholics. Most women in this study were not aware of the position of the Catholic Church on sterilization, or if they did know, their attitudes were very pragmatic. For instance, in a number of cases women claimed that the church was not going to support their children, therefore they had to do something about controlling their own fertility. Although Catholicism may not appear to have a direct effect on women's decisions to be sterilized today, the fact that the Catholic Church still forbids the use of other options, such as abortion, may affect women's decisions by limiting their fertility choices. 118


Misinformation Puerto Rican women's social and economic conditions, their familiarity with sterilization, their cultural and religious views about it, and problems with temporary methods of birth control, all contribute to their decisions to become sterilized. In addition to this, there is a very high rate of misinformation among Puerto Rican women about the permanency of la operación. The importance of the high rate of misinformation about sterilization is that it is one of the main factors that maintains and perpetuates the high rate of sterilization. Eightytwo per cent of the women in this study made a distinction between the "tying" and the "cutting" of the fallopian tubes, a distinction that does not exist. According to one woman: I feel that if a woman is not sure if she wants any more kids, then she should have her tubes tied. Because of birth control pills, women get cancer or veins on their legs. It's a different situation when you get your tubes tied. At least then you can feel relatively safe that you will not have any more children until you want to. If a woman really has decided she absolutely does not want to have more children, then she should have her tubes cut. The misinformation issue is complicated because of its multifaceted dimensions. In some cases women have these beliefs and do not communicate them to doctors or health providers. In any case, it is the responsibility of doctors and health providers to tell women about the permanent nature of this operation. Although minority and poor women are more likely to be misinformed about the permanent nature of sterilization, a study undertaken in 1977 found that, regardless of ethnic group or class, most women are likely to be misinformed (Carlson and Vickers, 1982). With the introduction of tuboplasty, a method used to try to reverse a tubal ligation, a new form of misinformation is developing among Puerto Rican women. Women claimed that if they underwent a tuboplasty, they could have a successful full-term pregnancy again. Almost two-thirds (63.8 per cent) of the women in this study claimed that it was possible to have a child after undergoing an operation where a set of "plastic tubes" was inserted. Once again, this belief is inaccurate, since only a very small number of these reversals are successful. Despite this, most women are not being properly informed about the low rate of success of this operation and the high risk of ectopic pregnancy.

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The Relationship Between Language and Misinformation The language used to discuss sterilization is another factor that contributes to misinformation. Often health providers use language such as "band-aid sterilization," and the "bikini cut" to simplify the technical medical jargon. However, this language serves to deemphasize the serious and permanent nature of sterilization and creates the illusion of simplicity. In many instances, this terminology may lead women to believe that the surgery is less complicated than it really is. Moreover, the fact that the Department of Health classifies sterilization, a permanent method of fertility control among other methods of birth control, is equally misleading. This is particularly true for those populations which already have a high rate of misinformation. In addition to the combination of social and historical factors that limit and constrain Puerto Rican women's fertility decisions/options, there are numerous forces that operate on the personal and familial level that .also influence their decisions. These consist of women's perceptions of the ideal family size, the early age in which women marry, and women's responsibility for child rearing and their fertility.

Achieving the Desired Family Size The average woman in this study felt that the ideal family size was between two and three children. The majority desired to have at least one son. In some cases the conditions in which they lived influenced their fertility decision and in other cases they simply did not want to have more than two or three children. Some of the women in this ethnographic study also felt that with fewer children they could be better mothers and have more energy to dedicate to each child.

Women Marry Young The tendency to either marry or have their children while they still relatively young precipitates their decision to get sterilized at are a younger age: 66 per cent of these women were sterilized by the age of twenty-five and twenty-nine as compared to Euro-American and Afro-American women at the age groups of thirty to thirty four (New York City Health and Hospital Corporation, 1982). Moreover, most of the women in this study married and had their children before the age of twenty-five. Therefore, by their mid-twenties, they had already

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achieved their desired family size but still had approximately twenty years of fecundity left. Since the most effective method available to curtail fertility is sterilization, their choice was to accept it or continue using temporary methods of birth control for the next twenty years. Women are Responsible for their Fertility and Child Rearing In this study, 56.7 per cent of the women claimed that they were completely responsible for their fertility and child rearing. While this may appear as an issue of individual choice, it is really the construction of the nuclear family in a patriarchal society, in which the brunt of the responsibility of child rearing and birth control is relegated to women. The latter is accomplished by providing birth control mainly to women and few if any contraceptives for men. In addition to caring for their children, women are responsible for the domestic work and their husband's needs. Once again, this is one factor, among many, that has led Puerto Rican women to opt for or accept sterilization. Regret Regret is a barometer of the constraints and social coercion involved in the decision-making process. In general terms, the data shows that on some level women are well aware that their decisions were based on the social conditions in which they were at that point, even though they made the best, or in some cases, the only decision that they felt they could under the circumstances. Of the 96 sterilized women, a third (33 per cent) regretted that they were sterilized. Twenty per cent do not regret their decision. The others (46%) fell somewhere in the middle. That is, they did not regret their decision, but they were not happy with it either. They felt they made the best decision they could under their given conditions. Some women regretted their sterilization not only because of changes in their economic and/or marital status but also because of the death of a child and/or because they felt they had made a hasty decision. As the data indicates, before the New York City sterilization guidelines were issued in New York City in 1975, many women were sterilized shortly after making this decision. In this study, 49.4 per cent of the women were operated upon at some point between the some day that the operation was arranged and seven days later or less.5 Women who waited seven days or less had a higher percentage of regret than those who waited longer. Although the issue of regret is 121


complicated, those women who deliberated longer over this decision tended to show less regret.

Conclusion In order to accentuate the interplay between elements of resistance and constraints/oppression, this study has highlighted the complex, contradictory and multidimensional nature of Puerto Rican women's experiences with sterilization. The issue of sterilization among Puerto Rican women is a complicated one indeed. On the one hand, with the exception of victims of sterilization abuse, the majority of Puerto Rican women suggest that they made a decision between getting sterilized or continuing to have children under adverse conditions. Because of the limited nature of this "choice," however, many women feel they had no other viable alternative but to opt for, or to accept, sterilization. In the conceptualization of my work, I have deliberately rejected the language of choice. Such language invokes ideas of free will based on individual freedom, part of the liberal ideology of choice which promotes a binary framework of choice/no choice, voluntary/nonvoluntary decision-making, and obscures the interplay between social constraints and human activity. Moreover, all human decisions are socially mediated, but some people have more social space to make decisions than others. In attempting to exercise control over their lives, Puerto Rican women may use sterilization as an element of resistance to forge some social space for themselves by refusing to have more children than they desire, and/or by attempting to exert some control over their socioeconomic situation, female subordination, and/or problematic relationships. This finding forces us to reevaluate the culture of poverty thesis of Puerto Rican complacency, passivity and lack of planning. At the same time, it is necessary to frame their reproductive decisions within the context of the constraints they face. Despite women's desire to plan their lives, there are other forces operating simultaneously to shape, frame and limit their fertility choices. A woman's "individual choice" has been substantively circumscribed by Puerto Rico's and the United States' population policy, as well as by their poverty and gender oppression. The problem with sterilization is, of course, not the technology itself, but the way it has been used to solve Puerto Rico's economic problem of underdevelopment and poverty, by sterilizing Puerto Rican women, and the fact that given the

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social and economic constraints discussed it may appear to them as the main, if not only, viable alternative. After four decades of residence in the United States, Puerto Rican women are still living in poverty, and they are still faced with the same dilemma of how to control their fertility. Although there are certainly more contraceptives today than there were in the past, after using and experiencing health problems with the pill and IUD, a large number of Puerto Rican women turn to sterilization, a method of fertility control they have now been practicing for approximately six decades. Aside from their predisposition to la operación, sterilization is also frequently recommended to them in municipal hospitals. Although public attention in New York City is not directed at an overpopulation problem, as it is in Puerto Rico, the "welfare problem," is an item of considerable debate since it is the poor who are considered to have too many children. In addition to the historical antecedents, there are a host of individual and societal forces that maintain, condition and perpetuate the fertility decisions of Puerto Rican women in New York City. Women's familiarity with la operación, combined with the high rate of misinformation among Puerto Rican women about sterilization procedures, poverty, and lack of access to quality health care, further circumscribes women's fertility decisions by limiting their knowledge about their options. Moreover, the lack of access to safe, effective, convenient, and affordable birth control, in conjunction with the goals of sterilization policy to control the rate of population growth among the poor, play an equally important role in constraining women's reproductive options. By not offering women viable alternatives such as quality health care services, safe and effective temporary methods of birth control for both men and women, abortion services, quality and affordable day care centers, and opportunities for a better standard of living, (Hartman, 1987) women's fertility options have been effectively narrowed, at times making sterilization the only viable alternative. Until Puerto Rican women achieve a more equitable status in society and are able to improve their socioeconomic situation, they will continue to have one of the highest documented rates of sterilization in the world. Reproductive freedom means having all the alternatives and the conditions to have or not have children. As long as women continue to have children under these inequitable conditions we cannot talk about reproductive freedom.

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N OTES

1.

Sterilization consists of cutting and suturing of the fallopian tubes in the female to permanently block the flow of sperm to the egg cell and to prevent the egg cell from entering the In its broadest meaning, sterilization includes uterus. hysterectomies and vasectomies. The latter is the method used to sterilize men. Female sterilization is also referred to as a tubal ligation.

2.

Time and space considerations do not allow me to elaborate further this discussion on the concept of resistance and on the different levels at which women in this study may resist. Given the history of sterilization among. Puerto Rican women, however, it would be a distortion and a potentially dangerous statement to uniformly call all sterilization decisións acts of resistance. This discussion will be the focus of my upcoming book on this topic.

3.

See Note 2. As already suggested, time and space do not allow me to elaborate further on the distinctions between sterilization as birth and population control, and on the different levels that the women in this study resist, which will also be the focus of my upcoming book on this topic.

4.

Although this research originally took place in 1981, I have kept in touch with many of these families throughout the years. In order to update my ethnographic material in 1993 I collected more oral histories from some of these women.

5.

Maybe it is important to note that most of the women in this study were sterilized prior to 1975 when sterilization guidelines were implemented in New York City.

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~'


REFERENCES

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LAREALIDAD DEL ABORTO EN PUERTO RICO: INVESTIGAR PARA EDUCAR Yarnila Azize Vargas* Luis Alberto Avilés" Mucho se ha hablado del aborto durante el último año en Puerto Rico. Explotó el polémico tema del que tan poco se había investigado. Las propuestas enmiendas al Código Penal encendieron el debate. Las primeras enmiendas presentadas en febrero del 1992 tenían terribles disparates: hablaban de abortos a las 28 semanas de embarazo, cuando debían de hablar de parto inducido, por ejemplo. Las enmiendas querían restringir y la prensa sensacionalista dijo que iban a liberalizar. Las enmiendas aprobadas por el Senado en mayo de 1992 fueron aún más disparatadas. Al intentar prohibir los abortos después de las 12 semanas eran obviamente, inconstitucionales, pero a los "honorables senadores" no les importó y las aprobaron. Tenían también otras disposiciones que reflejan la ignorancia que han tenido casi siempre los legisladores al tratar con el tema de aborto. Pretendían que los abortos fuesen hechos por ginecólogos exclusivamente, cuando a estos casi nunca se les enseña —en la Escuela de Medicina— a hacer abortos. Las luchas de poder entre los cuerpos legislativos impidieron la aprobación de estas enmiendas. Pero, luego, el debate sobre el aborto pasó a la campaña política y el Cardenal Católico presidió el estilo de chantaje electoral sobre el tema. Muchos funcionarios públicos temen

*Mamila Azize Vargas es Directora del Proyecto de Estudios de la Mujer (PRO MUJER) del Colegio Universitario de Cayey, Universidad de Puerto Rico. **Luis Alberto es Consultor del Proyecto de Salud y Derechos Reproductivos en PRO MUJER. Ambos son autores de La Realidad del Aborto en PuertoRico: Guía para la Elaboración de Políticas Públicas, PRO MUJER, dos ediciones: marzo de 1992 y febrero de 1993. Próximamente también se publicará la investigación histórica sobre el aborto en Puerto Rico, a cargo de Rosa Marchand Arias, quien forma parte del equipo de PRO MUJER. 127


hablar del asunto. El recién designado Secretario de Salud, quien hizo historia al ser el primer Secretario de Salud en reconocer cuál es el estado de derecho y manifestar su posición a favor de la opción, fue regañado por el Gobernador Pedro Rosselló. Recientemente dos representantes radicaron una resolución que pretende resolver en 180 días la discusión religiosa y filosófica de siglos en torno a cuándo comienza la vida humana. Resolución que además tiene clara tendencia inconstitucional pues pretende enmendar el Código Civil sobre algo que va en contradicción con decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Por otro lado, todavía estamos en espera de cuál será la voz y posición de las mujeres legisladoras sobre el particular. El actual estado de derecho en Puerto Rico es claro y preciso: una mujer, en consulta médica, puede terminar su embarazo por razones de salud física o mental. Llevamos exactamente 90 años con una tradición legal que ha reconocido diferentes modalidades del aborto terapeútico y que ha estado en "abierta contradicción con la doctrina católica", según lo señaló en 1980 el licenciado y entonces Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, José Trías Monge. La legislación de Estados Unidos impuesta en Puerto Rico en 1902, a raíz de la invasión en 1898 y las leyes y códigos penales adoptados por la legislatura puertorriqueña en 1937 y 1974, han reconocido el derecho al aborto cuando se ve amenazada la vida o la salud de la mujer. Mas aún., partiendo del derecho a la intimidad —la no intervención del estado en la vida privada de las personas— reconocido por la Constitución de Puerto Rico (1952), tendría que reconocerse el derecho al aborto. De otro lado, no debe olvidarse que, en el ámbito internacional, la Organización de las Naciones Unidas reconoció en 1968, como un derecho humano básico, el derecho que tienen los individuos y las parejas a controlar la cantidad de hijos. El Proyecto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Puerto Rico en Cayey ha presentado en diversos foros públicos y educativos la investigación más abarcadora realizada en Puerto Rico sobre el aborto inducido. Respaldada por asesores del Departamento de Salud de Puerto Rico y de otras instituciones de investigación de prestigio científico (The Alan Guttmacher Institute, la American Civil Liberties Union, The Center for Reproductive Law and Policy, la Fundación Ford), la investigación desarrollada por PRO MUJER recoge la voz de las mujeres que utilizan los servicios de terminación de embarazo. A éstas se les ha condenado, se les ha acusado de criminales, pero apenas .se les ha preguntado por qué han necesitado y optado por un aborto. Los resultados del estudio de PRO MUJER destruyen varios mitos que se han querido utilizar para manipular la opinión pública en 128


contra del aborto. Acusaciones de que la mayoría son "adolescentes irresponsables" y mujeres egoístas que odian los hijos han resultado ser totalmente falsas. El mito de que los abortos se realizan en etapas avanzadas del embarazo, manipulado a través de fetos muertos morbosamente exhibidos, queda también sin fundamento ya que el 96% de los abortos se realizan durante el primer trimestre de embarazo. En la investigación desarrollada por PRO MUJER fueron entrevistadas 371 mujeres en 10 de las 13 clínicas que hay en Puerto Rico. Algunos de los hallazgos más reveladores son los siguientes: Religión:

92% creyentes, 74% se consideran católicas.

Familia:

77% consultó la decisión con su esposo o compañero, 66% tiene uno o más hijos, 67% son casadas, divorciadas o viudas.

Edad:

90% tienen 20 años o más.

Planificación familiar•

60% quedó embarazada utilizando algún método anticonceptivo. La mayoría de este grupo (50%) utilizaron el ritmo y la retirada, los dos métodos menos seguros que existen.

Razones para terminar Las dos razones más frecuentes fueron: su embarazo: dificultades económicas para enfrentar la responsabilidad de un bebé, y la carencia de medios y facilidades para el cuido del recién nacido. La mayoría de las mujeres que optan por el aborto, en otras palabras, lo hacen porque los métodos anticonceptivos les han fallado y desean ser madres conscientes y responsables. Lo que también nos indica esto es que, para poder elaborar una política pública responsable y adecuada, es preciso enfocar el aborto como un asunto de salud, además de derecho, y no como un asunto de moral. Esa es precisamente la diferencia fundamental entre los grupos en contra del aborto y los grupos a favor de que sea la mujer quien decida. Los primeros asumen posturas dictatoriales y antidemocráticas al pretender imponer una posición particular al resto de la sociedad. Por el contrario, los grupos pro-opción reconocemos que existe una diversidad de opiniones al respecto. Respetamos todas la razones, morales, religiosas, de salud y de derecho que pondera una mujer o una pareja en forjar su vida con o sin hijos: con uno, dos, más o ninguno. La realidad histórica del aborto muestra, como bien lo ha señalado el Concilio Evangélico de Puerto Rico, que restringirlo no 129


disminuye dicha práctica. En el caso particular de Puerto Rico la investigación de PRO MUJER ha podido documentar que por muchos años a partir de 1960 existió una red de servicios de aborto, coordinada en gran medida por un grupo de clérigos de Estados Unidos. Así, pues, el tan malversado argumento de que nuestro país no puede acatar decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos debido a las diferencias culturales y religiosas entre Puerto Rico y Estados Unidos queda sin ningún fundamento. El aborto no es un asunto ni cultural, ni religioso, ni moral; es fundamentalmente un asunto de salud. La prohibición del aborto causa la muerte. Sólo se podrá disminuir la incidencia de abortos si se disminuyen los embarazos no deseados. Y los embarazos no deseados disminuirán cuando se establezcan políticas públicas de educación y salud que se comprometan con programas de educación sexual. Muestra contundente del fracaso y deterioro de la planificación familiar en Puerto Rico es. que de acuerdo al Departamento de Salud, 60% de las mujeres que quedan embarazadas no han planificado su embarazo. Junto con la prevención de embarazos no deseados, es fundamental garantizar el verdadero acceso a los servicios de aborto en Puerto Rico. Que el aborto exista como principio de derecho o como parte del derecho a la intimidad es un paso importante pero no es suficiente. De hecho, las recientes campañas de bloqueo y hostigamiento a las clínicas de aborto en Puerto Rico, han evidenciado la vigencia de unas opiniones vertidas por el Lic. José Trías Monge, exjuez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico. Decía Trías Monge en 1980, en su opinión concurrente del caso Pueblo vs. Duarte: De nada vale proclamar solemnemente que sólo se permite el derecho al aborto tras intervención médica si no hay médicos disponibles, información para requerirlos o dinero con qué pagarlos. En tales circunstancias la imposicion de tal requisito equivale en efecto a la prohibición dei aborto. La Constitución no admite subtertugios. Garantizar el acceso y la calidad de servicios a las mujeres que deseen obtener un aborto debe ser también parte fundamental de nuestras luchas en favor de la salud reproductiva de las mujeres. La jerarquía, por otro lado, de la Iglesia Católica sigue oponiéndose vigorosamente —en plena era del SIDA— al uso de condones y de cualquier otro método seguro de planificación familiar. Así, pues, la ausencia de educación sexual y planificación familiar, y la anacrónica oposición de la jerarquía católica al uso de métodos 130


anticonceptivos son las dos causas más importantes que fomentan la práctica del aborto. La elaboración de una política pública de salud en lo relativo al aborto debe partir del análisis de nuestra realidad social e historia jurídica y de los derechos de las mujeres; y no de mitos y dogmas que nada tienen que ver con la situación de las mujeres y familias puertorriqueñas.

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COMENTARIOS A IA PONENCIA: "CONCEPTUALIZACIÓN Y PERSPECTIVAS DE LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS" Ana Luisa Dávila' Aunque nos limitaremos en nuestro breve comentario al trabajo del grupo de Puerto Rico, en las raíces de ambas situaciones, estrechamente vinculadas, convergen las distintas manifestaciones de la desigualdad, las distinciones por género, las diferencias sociales, los abismos económicamente palpables, los contrastes políticos marcados por relaciones de poder dispares, la dualidad que presentan las diversas fases de las políticas que dirigen los destinos de los pueblos, los abruptos cambios producto de los avances en la tecnología y la respuesta menos ágil de los valores, la relación dialéctica entre el bien colectivo y la libertad individual, especialmente de la mujer, que a través de la historia ha tenido que abrirse paso para reclamar el control que le pertenece: el control de su cuerpo, de su sexualidad de su capacidad reproductiva... La ponencia de Puerto Rico consiguió transmitir en forma concisa y precisa los aspectos más importantes de la realidad que concierne a la mujer puertorriqueña, sin dejar de enmarcar estos elementos dentro del contexto histórico y político. Articuló igualmente en forma efectiva el enmarañamiento de las políticas poblacionales ventiladas en los diferentes foros mundiales, que tocan de cerca a la mujer, y cómo han sido los debates respecto a estos temas en función de la libertad de la mujer para decidir, las alternativas que se le proveen, las presiones externas que reciben de parte de las diferentes instituciones, iglesia, familia..., la incorporación de las mujeres en el mercado de empleo y la complejidad que entrelaza éstos y otros factores que rigen el diario vivir de la mujer. No es menos importante la forma en que descuella el caso único que presenta Puerto Rico como modelo por la diversidad de formas adoptadas en la encrucijada política del control poblacional; ofensiva

*Ana Luisa Dávila es Profesora en el Programa de Demografía, Recinto de Ciencias Médicas, Universidad de Puerto Rico. 132


en la que la mujer ha sido protagonista sin ser forjadora de las directrices emprendidas. También presenta hábilmente cómo las mujeres han sabido obtener provecho para rescatar terreno que le pertenence en algunos ámbitos del control de su sexualidad, de su capacidad reproductiva... Además, deja abierto el debate al carácter discriminatorio de estas políticas por nivel de educación, acceso a los servicios de salud, disponibilidad de la información, situaciones de desventaja, asi como las proyecciones futuras del fenómeno. La mujer está inmersa dentro de un porvenir algo distinto a la trayectoria que han seguido sus pasos durante décadas pasadas: la feminización de la pobreza, las mujeres jefes de familia, el discrimen por género, la necesidad de la mujer de ampliar su espacio dentro de un mundo que le petenence. Sin perder de perspectiva el carácter complejo de las políticas implícitas relativas al control del cuerpo de la mujer, de su sexualidad y control reporductivo, esta exposición dicta las bases para abrir la discusión de temas ligeramente sugeridos en el transcurso de la presentación: La atención que exige la juventud.., el embarazo en la adolescente, las consecuencias escondidas tras el témpano del SIDA, las nuevas avenidas que presentan las llamadas tecnologías reproductivas, el abierto y cada vez más frecuente intercambio de cuestiones relativas a la mujer, las disposiciones legales recientes, las proclamas internacionales relativas a la población, el ambiente y la escasa responsabilidad adjudicada a la utilización de los recursos naturales, las ya iniciadas estrategias para asegurar el control de la población..., el abuso de intervenciones quirúrgicas indebidas, histerectomías, las cesáreas y cómo la experiencia adquirida en estos dominios ubicará otra vez a las mujeres puertorriqueñas en el centro de la contienda.

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~

COMENTARIOS EN TORNO ALAS PONENCIAS PRESENTADAS EN EL PANEL SOBRE "CONTROL DEL CUERPO Y LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS

Annette B. Ramírez de Arellano* Al igual que en la sesión de la mañana de ayer, tenemos ahora visiones dos de la esterilización y el control reproductivo de las puertorriqueñas. La ponencia del grupo de Puerto Rico presenta una visión panorámica, pintada a grandes brochazos, de la trayectoria de este tema en Puerto Rico. La ponencia de Iris López, por el contrario, enfoca con pinceladas más finas sobre las decisiones de un grupo de mujeres puertorriqueñas en un vecindario de Brooklyn. Esto no significa que las dos visiones estén en oposición, pero sí nos proveen dos ópticas distintas del mismo fenómeno, según se manifiesta en diferentes tiempos y lugares. Los datos sobre Nueva York nos particularizan el fenómeno de cómo las mujeres toman una decisión tan drástica como la de poner fin a su fecundidad. Vemos cómo la decisión responde a factores estructurales, así como a las idiosincracias específicas de la situación en la cual se encuentra la mujer, su percepción del futuro y su evaluación muy particular de las alternativas disponibles. Casi podemos referirnos aquí de nuevo a Julia de Burgos, quien tan gráficamente describió algunas de sus propias decisiones como influenciadas por, entre otros, "el cura, la modista y el qué diran social". Las compañeras también se han planteado la pregunta de en qué medida las decisiones han sido voluntarias, tomadas motu propio o, por el contrario, condicionadas y hasta determinadas por fuerzas externas a ellas. Este es un problema que ha preocupado a varios investigadores durante por lo menos las últimas tres décadas, y cada cual ha llegado a diversas conclusiones, conflictivas entre sí. Por mi parte, yo sostengo, y aquí me cito, que en Puerto Rico, "to a large extent the initial wave of sterilizations was physician induced,

*Annette B. Ramírez de Arellano, Ex-decana Asociada de Ciencias de la Salud, Hunter College, Brookdale Campus, City University of New York (CUNY). 134


externally funded, legally sanctioned, and politically accepted (though not promoted)". Después de esa ola inicial, el fenómeno siguió una trayectoria autosustentada, en la cual más y más mujeres recurrieron a este método quirúrgico para ejercer control sobre sus cuerpos. Hace trece años, cuando primero examiné este fenómeno, le pregunté a varias personas si creían que la incidencia de la esterilización femenina en Puerto Rico, entonces alrededor de un 35%, había alcanzado su nivel más alto. El consenso era que sí. Desde entonces, sin embargo, la esterilización ha seguido en aumento, y Puerto Rico continúa siendo uno de los países con mayor incidencia de mujeres esterilizadas en el mundo. No es, por lo tanto, sorprendente que el "issue" siga siendo motivo de estudio, especulación y asombro. A la misma vez, otros fenómenos asociados a la salud reproductiva de la mujer también ameritan ser estudiados. Las altas tasas de cesáreas y de abortos, ambos procedimientos asociados a la creciente medicalización de la reproducción, sugieren que la mujer puertorriqueña ha entrado en un pacto implícito y, a mi entender, insidioso y nocivo, con la clase médica. Esto es motivo de preocupación y debemos estar alertas que la gama de contraceptivos que aún no se han popularizado aquí (e.g., Depo Provera, Norplant, .y la píldora poscoital francesa) no refuercen esta tendencia. Me parece que estos temas, así como la recriminalización del aborto, ameritan más estudio, y espero que éstos, que nos tocan tan de cerca, sean "issues" en que llevemos a cabo investigacion conjunta.

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LAVIOLENCIA EN CONTRA DE LAS MUJERES: ALTERNATIVAS DE LUCHA

Nilsa

Leonor Cantera* Iris Beth Rodríguez* Sara Benítez** Janette Rodríguez** Virgen Cáceres* Torres

o

La violencia que se descarga contra todas las mujeres responde a un proceso histórico en el cuál las relaciones entre los hombres y las mujeres han sido construidas como relaciones de dominación —en el caso de los hombres— y relaciones de subordinación —en el caso de las mujeres. Cuestionamos entonces los planteamientos de que la violencia se dirige contra las mujeres por debilidades personales insuficiencias de carácter o una naturaleza biológica femenina determinada genética ú hormonalmente a la subordinación. Esta violencia es parte de una construcción social donde las. diferencias= dé sexo han sido trabajadas como inequidad que luego ha sido erotizada.

*Leonor Cantera es Profesora en el Departamento de Psicología, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. "Iris Beth Rodríguez es Profesora en el Departamento de Psicología, Recinto Metropolitano, Universidad Interamericana. "Sara Benítez es Profesora en el Departamento de Ciencias Sociales, Colegio Universitario de Humacao, Universidad de Puerto Rico. Rodríguez, Proyecto CERES, Auxiliar de "Jannette Investigación, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico. "Virgen Cáceres, Proyecto CERES, Auxiliar de Investigación, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico. ******Nilsa Torres, Proyecto CERES, Investigadora, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico. 136


De esta manera, el poder y la dominación entran a formar parte de los procesos eróticos de los hombres; sin este componente se les hace difícil, y a muchos imposible, obtener satisfaccion sexual, o más general aún, sentirse hombres. La dominación misma se vive como fuente de excitación sexual. En el caso de las mujeres, la falta relativa de poder y la subordinación sexual ha entrado a figurar como parte de sus respuestas eróticást'y, eú- general; en nuestra producción social como personas. Es común escuchar a las mujeres señalar que: "ellos nos dicen que saben lo que queremos y cómo lo queremos". De hecho, no tenemos , el espacias para hablar con nuestra pareja de nuestra sexualidad,.:nuestras inecesidades, nuestros intereses.

a

por

sino

Se ha pretendido, por otra, parte, medicahzar todas y cada una de las expresiones, de ;violenci `.sexual contra las mujeres. Así, las violaciones y el incesto;, él. hostigamiento sexual en el empleo y en los centros de estudio, lá violencia doméstica, las depresiones y los mutismos en las mujeres, etc., todas ellas han tendido a ser tratadas como si fueran: e1.. resultado de, rpatologías personales sin, conexión a estructuras selacionales asfixiantes y: atropelladoras.: En estos se aísla el i fenómeno, en cuestión de ssu etiología . social, ,pasando a ser examinado e intervenido fundamentalmente como enfermedad personal. Es impottanté' recordar que los seres " humanos no percibimos la realidad de modo "directo"; que nuestras el lenguaje. Al ser éste socialmente percepciones están -matizadas construido, recoge las rideologías que se vinculan a la producción y elaboracióñ de relaciones1 humanas. Así,. por ejemplo, la ideología del "amor romántico" es uno de Jos ` mecanismos sociales esenciales en la sujetación de las mujeres relaciones abusivas. Los mensajes sociales que contiene esa "visión del amor" -son presentados día a día: por múltiples vías: canciones, poesías, novelas, series televisivas, películas,, tarjetas postales; etc.,... y suelen ser confirmados en las ceremonias nupciales donde el padre "entrega" a su hija .a su. próximo dueño, y donde el sacerdote, ministro o juez conmina a las mujeres a estar z"sujetas" a- sus maridos y a "obedecerlos» siempre. Ese amor puede "sonar" bien cuando se le escucha o. ;se le ve como algo .distante a. la experiencia práctica. Pero cuando se tiene que vivir de día a día enfrentada a esa expropiación d e nuestro derecho a decidir sobre nuestra vida, el mismo suele cobrar un perfil altamente pernicioso y mutilante que nos ayuda a entender por qué nuestro país tiene. tan .elevada tasa de divorcios (Muñoz y Fernández,- 1987). y que sean las mujeres las que más a menudo inicien los trámites de separación legal —aún cuando presas de las contradicciones que el mismo apareja— (Silva Bonilla, 1985). Las investigaciones sobre violencia doméstica han sido cruciales para aclarar cómo en la convivencia, marital una mujer puede enfrentar presiones violentas contínuas por parte de su esposo; presiones que 137


devienen de su trato como propiedad privada por éste. Han ilustrado, además, cómo cualquier cuestionamiento por parte de la mujer de este trato como propiedad suele ser interpretado "socialmente por éstos como señal de desobediencia, de desamor y de reto a su hombría. Se ha presentado la violencia doméstica como uno de los recursos empleados por los hombres para afirmar una hombría tristemente construida sobre el ejercicio de la dominación; y como un modo de resolver y de descargar sobre nosotras (en tanto objetos de su propiedad) las crecientes frustraciones y tensiones que viven dentro del presente mundo histórico (Ball y Wyman, 1977-78, citado por Silva Bonilla, 199; Walker, 1980; Silva Bonilla, 1985). El amor, construido entonces como una fábula vale decir, de modo artificioso y falaz— encubre la dolorosa verdad de la dominación y expropiación de que ha sido objeto nuestra entidad, nuestra sexualidad y nuestra personalidad.

la

Como mujeres preocupadas y comprometidas ante el problema de violencia que vivimos, debemos realizar un análisis riguroso sobre cómo, en nuestro quehacer profesional, participamos en la producción y reproducción de ideología sexista. Debemos, pues, y exigimos participar en la búsqueda de alternativas liberadoras. Así, en la búsqueda del conocimiento, es necesario comenzar a romper con posturas fosilizadas que pudieran responder a modelos tradicionales en las ciencias sociales. Las explicaciones reduccionistas, lineales, universalistas y ahistóricas de la violencia contra la mujer sólo han ayudado a culpabilizarnos de nuestra situación de opresión y a enajenarnos de nuestra realidad social como indicáramos previamente. Los procesos de "ayuda", por otro lado, o psicoterapéuticos que se basan en los supuestos de neutralidad y objetividad, enmascaran y oscurecen la reproducción sexista que en los mismos ocurre. Han sido varios los estudios que se han realizado en Puerto Rico sobre esta situación (Matos y Vale 1984; Calderón, 1984; Martínez y Ralat, 1990). Un análisis distinto de la situación de violencia contra la mujer nos obliga a considerar las particularidades culturales y políticas de nuestra sociedad. Implica, además, la necesidad de desarrollar nuevos modelos de intervención para que respondan al cuestionamiento de la configuración del sujeto femenino tal y como se ha constituido a través de nuestra historia. Como profesionales de ayuda y feministas hemos visto en el grupo de apoyo y discusión un recurso importante, tanto en el proceso de transformación de las mujeres víctimas de violencia doméstica como en el proceso de investigación colaborativa. Ambos procesos —como ha sucedido en nuestra experiencia— pueden ocurrir en conjunto o por separado.

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A diferencia de las investigaciones tradicionales, la investigación colaborativa es un trabajo entre la investigadora y las mujeres maltratadas con el objetivo de facilitar el proceso de transformación a la vez que se trata de identificar los factores que obstaculizan o retrasan dicho proceso. La estructura de los grupos de apoyo puede variar. Entre otros se encuentran grupos de autoayuda como los estudiados por Hartman (1987), terapias grupales feministas como las expuestas por Nicarthy, Merriam y Coffman (1984) o grupos socioeducativos como los de la Coalición de Mujeres de Estados Unidos. Lo importante en dichos grupos es que tengan como delineamiento básico que el problema de la violencia doméstica es político; que el objetivo primordial en dichos grupos sea el de propiciar un cambio, tanto en actitudes individuales, como en prácticas sociales (Kravetz, 1987). Ante esos objetivos, la dinámica que ocurre en los grupos de apoyo y de discusión, así como la gestión de las facilitadorasinvestigadoras es de suma importancia. Por lo tanto, planteamos que: 1.

Las facilitadoras-investigadoras tienen que asumir un compromiso con el cambio y con la visión feminista que entiende la violencia como expresión de relaciones de poder.

2.

Teniendo en mente su rol como modelo, éstas deben mantener una actitud de autocrítica y de continua reflexión sobre su proceso como mujer y como agentes de cambio. Esto en ánimo de conocer nuestras áreas pantanosas, conflictivas y contradictorias; reconociendo que compartimos el mismo proceso de socialización y, por ende, no estamos inmunes a las situaciones de discrimen y de violencia.

3.

Recordar que, aunque las facilitadoras-investigadoras tienen poder en el grupo, el trabajo se dirige hacia una relación de compañeras y colaboradoras, no de sujetos, ni de objetos de estudio, ni pacientes, ni clientes. Asimismo, las dinámicas opresivas y estilos autoritarios deben evitarse. La comunicación clara y abierta entre todas permite expresar libremente nuestros miedos y corajes y nos damos el espacio para tomar riesgos y asumir posiciones de liderato. Por ende, es necesario que desde el principio se generen unas guías y objetivos generales que respondan a las necesidades o expectativas del grupo, así como a las necesidades y expectativas particulares.

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4.

El trabajo colaborativo reduce la brecha entre la teoría y la práctica. El proceso se. inicia desde la misma experiencia de las participantes; es decir, la facilitadora-investigadora no impone' las categorías que ella ha construido desde su discurso académico privilegiado.

5.

Este tipo de proceso evita la apropiación unilateral de los resultados de la investigación. Se visualiza la investigación como una forma de contribuir a entender el mundo social con el objetivo explícito de cambiarlo. En este sentido, este tipo de investigación es para y no sobre mujeres.

En nuestra experiencia, el trabajo con grupos de mujeres —más allá del que puede realizarse con mujeres a nivel individual— brinda la oportunidad de romper con el aislamiento que viven las mujeres; se desarrolla ún sentido de cercanía, de sentirse como' parte de un grupo social mayor. Se puede trabajar con actitudes y conductas que se adquieren a través de la socialización (Burden, Gottlieb, 1987) tales como: tratar de complacer a los demás todo el tiempo, sacrificando siempre nuestras propias necesidades; aceptar, dejar o esperar que otras personas decidan por nosotras; sentir necesidad de aprobación casi de manera constante; y el superar dificultades para asumir posiciones de liderato o de divergencia en determinados momentos. En un trabajo realizado por L.A. Hoff (1984), con mujeres víctimas de violencia doméstica, ella recoge los siguientes comentarios y evaluaciones que hacen las mujeres sobre su proceso: Me di cuenta que muchas mujeres han pasado por esto... entenderlo me ayudó. Me dio mucha autoconciencia, sobre todo lo que significa ser una mujer, como los roles de los hombres afectan a las mujeres. La entrevista.., fue la experiencia más increíble que yo he tenido. Me permitió dar cinco pasos adelante... contestó muchas de mis dudas. Muchas veces el proceso... me obligaba a pensar. Me hizo estar alerta de mí misma y de mis pensamientos. Walton (1971) encontró cinco logros en mujeres que habían participado en grupos de apoyo. Ellos fueron:

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1.

una visión diferente del mundo, entendiendo los aspectos políticos y sociales de lasi experiencias de las mujeres como grupo social;

2.

un cambio en autoestima y en actitudes hacia su sexualidad;

3.

mayor aceptación propia y menos sentido de culpabilidad;

4.

cambio en los grupos de referencia, viendo a las mujeres como primer grupo de referencia.

5.

cambio en trabajo o carrera.

Parecido a los hallazgos de Walton (1971) encontramos en Puerto Rico un grupo de mujeres pobres, de sectores marginados en el Barrio Galateo de Río Grande, que a seis meses de experiencia grupa! han podido sentir que tienen algunas mujeres en quien confiar, un lugar donde compartir sus problemas y dificultades, un espacio de aceptación y donde pueden aprender cosas nuevas, dónde entender que el mundo personal y particular no es el único al que hay que atender. Es decir, viven en un grupo mayor que tiene unas características que pueden influenciar en su mundo, aspectos que son cotidianos para nosotras, y que equivalen a descubrimientos para ellas. El trabajo en grupo, no obstante, puede ser altamente amenazante para algunas mujeres. Hay quienes preferirían, inicialmente, trabajar sus problemas a un nivel individual, ya sea por preferencias personales, por la magnitud del problema o por miedo a que no se cumpla con la confidencialidad. Además, es evidente que se dispone de ménbs tiempo para -presentar o discutir las situaciones particulares. No obstante, los grupos de apoyo ofrecen la oportunidad para constituirse en grupos de presión, o tan importantes como éstos, para transformarse en redes de apoyo a nivel comunitario y nacional. Ahora bien, cabe señalar que si bien es cierto que los grupos de discusión y de apoyo ofrecen un espacio de transformación y crecimiento a las mujeres, no es menos cierto que ese trabajo es boicoteado, de manera continua, por las entidades sociales, las ideologías y prácticas que promueven y nos llevan a mantener el status quo, el aceptar la situación porque se nos dice que "ésta es inevitable". Por esa razón, muchas de las compañeras que han iniciado su proceso de transformación y que evidenciara crecimiento personal, nos plantean que en situaciones de cónfrontamiento con sus compañeros: "pudieron resolver; se divorciaron o sacaron el agresor de sus vidas... pero, ahora...estoy sola!; ¿qué hago?"

'141


Este tipo de situacion nos vuelve a recordar que, en última instancia, los problemas de las relaciones en la pareja, no son susceptibles de ser resueltos totalmente a nivel de pareja. A ese nivel, hay posibilidades de negociar unos períodos de calma relativa. Sin embargo, en el fondo, quedan contradicciones que tendrían que resolverse a nivel estructural, en la organización misma de la sociedad. Por lo tanto, si se mantienen constantes los marcos estructurales sexistas que potencian la inequidad, en sus diversas y múltiples manifestaciones, se da permanencia a las relaciones de subordinación y de violencia. Esto implica que, además del trabajo grupal o individual que se realice, tenemos que ampliar nuestro espacio de accion para contribuir a la transformación de la estructura social misma. ¿Cómo se logra esto? ¿De qué otras maneras se aporta a ese cambio? Ese es nuestro reto.

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REFERENCIAS Burden, S. y Gottlieb, N. (1987.) Women's Socialization and Feminist Groups. En: Brody C. (Ed.) Women's Therapy Groups: Paradigms of Feminist Treatment. Springer Publ. Co., New York. Calderón, M.C. (1984.) La mujer en la sicoterapia, un estudio sobre la teoría y la práctica de un grupo de psicoterapistas en Puerto Rico. Tesis M.A., Universidad de Puerto Rico. Fernández, E. y M. Muñoz. (1985.) Apuntes sobre el desarrollo de un modelo de terapia de grupo en Puerto Rico. (Mimeo.) Hartman, S. (1987.) Therapeutic Self-Help Group: A Process of Empowerment for Women in Abusive Relationship. En Brody C. (Ed.) Women's Therapy Groups: Paradigms of Feminist Treatment. Springer Publ., Co., New York. Hoff, Lee Ann. (1984.) "Woman Battering" en People in Crisis: Understanding and Helping. California: Addison Wesley Pub., Co. Kravetz, D. (1987.) Benefits of Consciousness-Raising Groups for En: Brody C. (Ed.) Women. Women's Therapy Groups: Paradigms of Feminist Treatment. Springer Publ., Co., New York. Martínez, E. y S. Ralat. (1990.) Análisis de los valores e ideología de un grupo de terapistas de familia: su función social en la sicología puertorriqueña. Tesis M.A., Universidad de Puerto Rico. Matos, A. y O. Vale. (1984.) La práctica discursiva en la sicoterapia y la reproducción de la ideología sexual dominante en Puerto Rico. Tesis M.A., Universidad de Puerto Rico. Muñoz, M. y E. Fernández. (1987.) El divorcio en la sociedad puertorriqueña. Río Piedras: Ediciones Huracán. Nicarthy, G.; K. Merrian y S. Coffman. (1984.) Talking It Out: A Guide to Groups for Abused Women. Washington: The Seal Press. 143


Ortiz, L. (1982.) Estudio descriptivo-evaluativo de la terapia grupal sistemática interaccional. Tesis M.A., Universidad de Puerto Rico. Santiago, Z. y A.N. Rivera. (1985.) Discrimen hacia la mujer en el proceso de diagnóstico o sicoterapia entre estudiantes y profesores de psicología. La mujer puertorriqueña: investigaciones sicosociales. Puerto Rico: CEDEPP, Silva Bonilla, R. (1985.) El marco social de la violencia contra las mujeres en la vida conyugal. Folleto. Río Piedras: Publicaciones CIS, Universidad de Puerto Rico. (1991.) sin publiclar.

Sexualidad, poder y violencia doméstica. Mimeo.,

y otras. (1990.) Hay amores que matan: La violencia contra las mujeres en la vida conyugal. Río Piedras: Ediciones Huracán. Walker, L. (1980.) The Battered Woman. New York: Harper and Row Publishers. Walton, F. (1971.) The personal is political consciousness raising and personal change in the women's liberation movement. Presentado en la reunión anual de la American Anthropological Association, New Orleans.

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EL EMPODERAMIENTO COMO ESTRATEGIA PARA ADUEÑARNOS DE NUESTROS CUERPOS, NUESTRA SEXUALIDAD Y NUESTRA SALUD REPRODUCTIVA Eugenia C. Acuña*

Introducción Esta presentación comunica algunas de las ideas que se están forjando en un proyecto enfocado en el proceso de empoderamiento y la salud reproductiva de la mujer latina en Nueva York. Este proyecto se nutre del trabajo con Taller Salud en Puerto Rico y con el Programa de la Salud de la Mujer en Nueva York. La presentación comienza y concluye con el breve ejercicio siguiente: Respira profundamente, estírate; otra vez. ¿Dónde sientes la tensión? ¿el relajamiento? ¿en los pies? ¿el cuello? ¿los brazos? ¿la espalda? Otra vez. Este ejercicio tiene dos propósitos: a) reconocer la importancia de escuchar las señales que nos da nuestro cuerpo como una estrategia de empoderamiento; y b) recalcar la importancia de incluirnos cuando hablamos de "las mujeres", y hacer de nosotras mismas el punto de partida del proceso de empoderamiento. Creo que es importante recordar que también estamos hablando de nuestros cuerpos y de nuestras vidas.

Definición del Problema Existe una laguna entre lo que sabemos acerca de cómo cuidar nuestra salud reproductiva y cómo nos comportamos. La mayoría de

* Eugenia C. Acuña dirige el Proyecto de Educación sobre los Derechos Reproductivos en Hunter College, City University of New York (LUNY). 145


si

nosotras sabe algo de cómo cuidar nuestra salud: por lo menos, la importancia del examen del Papanicolau, del autoexamen de los senos, o de usar un condón para prevenir la transmisión del VIH o enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, encontramos que muchas mujeres no utilizan la información que ya tienen para cuidar su salud —esto va desde las mujeres que conocen bastante sobre la prevención (por ejemplo, algunas compañeras que trabajan en programas de prevención del SIDA), hasta mujeres que conocen muy poco sobre su salud. Es como nuestro cuerpo fuese algo ajeno. Suponemos que una causa de esta enajenación es el fenómeno de la opresión internalizada. Vivimos en una sociedad opresiva —que discrimina en términos económicos, en base a raza y género, y que separa a la gente en grupos dominantes y explotados. Este sistema de desigualdad es reafirmado por las instituciones y también por los estereotipos y la deshumanización de las personas del grupo oprimido. Cuando internalizamos la opresión, vivimos como si los estereotipos y mensajes negativos que recibimos como mujeres latinas fuesen verdaderos. Nos vemos cómo se nos pinta. Esta internalización perjudica nuestro bienestar y nuestra salud. Nos despreciamos como mujeres latinas, creyendo que somos inadecuadas, malas o defectuosas, y actuamos como si tuviéramos poco valor como personas. En muchas ocasiones, vivimos nuestras vidas como si estuviéramos en este mundo para cuidar y complacer a los hombres. El que se nos socialice para cuidar a otros significa que en muchas ocasiones lo hacemos a costa de nuestra propia salud. Esta discusión propone ofrecer algunos datos demográficos sobre la mujer latina en los Estados Unidos, en particular la mujer puertorriqueña; dilucidar las influencias negativas que impiden que las mujeres tomen un papél activo sobre su salud; y plantear algunas estrategias de empoderamiento que lleven al cambio personal y en los servicios de salud que recibimos. El tener una estrategia de empoderamiento puede ayudar a las mujeres con quienes trabajamos a: a

Cambiar cualquier actitud negativa o de impotencia sobre su cuerpo, su sexualidad y su salud reproductiva.

b.

Tomar un papel activo en mantener y cuidar su salud reproductiva. O sea, adueñarse de su cuerpo y su salud.

c.

Ayudar a las mujeres con quienes trabajamos a organizarse para obtener mejores servicios de salud.

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La Salud de las Mujeres Puertorriqueñas y Latinas en los Estados Unidos Las latinas que viven en los Estados Unidos, en particular las que poseen bajos ingresos, tienen indicadores de salud inadecuados'. Las Latinas tienen las tasas más altas de pobreza, y en los Estados Unidos, la pobreza significa mala salud. En el 1.988, el 77% de las familias latinas donde la mujer era la jefa de familia vivía en condiciones de pobreza. Las puertorriqueñas tienen una tasa más alta de mortalidad por cáncer del cuello uterino (cérvix) que las mujeres blancas. A la misma vez, las latinas tienen menos posibilidad de sobrevivir el cáncer del seno, ovarios y vejiga que la población en general. Se cree que la baja sobrevivencia se debe a que el cáncer es detectado más tarde en la mujer latina, lo que significa menos posibilidad de recibir tratamiento a tiempo y de tener acceso a distintos tipos de tratamiento. Las comunidades latinas tienden a tener tasas más altas de mortalidad infantil, y las mujeres, menos cuidado prenatal. Las latinas tienen una tasa desproporcionada del SIDA e infección del VIH, comparada con el resto de la población. A la vez, somos uno de los grupos donde la incidencia del SIDA está creciendo de forma más rápida. Sabemos que la pobreza y sus efectos —falta de vivienda, mala nutrición, escasos recursos de salud— están relacionados a las altas tasas de morbilidad, una expectativa de vida más corta y más susceptibilidad a enfermedades transmisibles como la tuberculosis, y la influenza. Hay un alto porcentaje de latinos que no tienen seguro médico, lo que obviamente afectará tanto el acceso como la calidad de los servicios de salud que reciben.

Algunos Factores que Afectan la Percepción y Acción Comencé hablando de que la internalización de la opresión afecta cómo nos cuidamos y qué acciones tomamos en relación a nuestra salud. Primeramente, quiero recalcar que examinar el papel que nosotras debemos desempeñar en nuestro cuidado y el retomar nuestros cuerpos no niega que el sexismo existe. Quiero aquí mencionar cómo nuestra socialización nos afecta directamente en

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nuestra salud reproductiva, pero no para obviar el hecho de que la opresión existe y que es importante erradicarla. El cuerpo de la mujer como objeto. Tanto los medios de comunicación como los servicios de salud tratan el cuerpo de la mujer como la vasija para traer un bebé al mundo. Aprendemos que nuestro cuerpo no es nuestro: es de nuestra pareja, del bebé o del obstetraginecólogo que nos atiende. Se nos ha enseñado que hay dos tipos de mujeres: la prostituta y la virgen. Y si la mujer disfruta de su sexualidad, entonces debe ser la prostituta. Las mujeres están deseosas de hablar y preguntar sobre la sexualidad, pero si no se les da confianza, muchas no van a arriesgarse a que se piense "mal de ellas". El que se utilice el cuerpo de la mujer como un objeto sexual nos impide aprender a cuidarnos y sentir que es nuestro. Revistas como Vanidades y Cosmopolitan, programas de televisión y la mayoría de los medios de comunicación nos dicen que estamos aquí para el placer sexual del hombre. El que las mujeres se sientan presionadas a expresar su sexualidad en función del placer del esposo limita la sexualidad de la mujer a los deseos de éste y, a la vez, dificulta la negociación en cuanto a métodos anticonceptivos o de prevención de enfermedades sexualmente transmisibles. Son muchas las ocasiones en que he oído a mujeres decir: "es que a él no le gusta el condón'. Conocer su cuerpo, saber qué es placentero para ella, es el primer paso en aprender a disfrutar de la sexualidad. Si una mujer tiene vergüenza, si no se puede tocar, su sexualidad será siempre entonces para otros, o algo desconocido. Ver la sexualidad de la mujer como dirigida al placer del hombre también limita a la mujer a la heterosexualidad, y conlleva la invisibilidad de las mujeres lesbianas y bisexuales. Muchos servicios de salud vinculan la salud de la mujer con la reproducción: muchas se hacen exámenes de rutina cuando están embarazadas o necesitan algún método anticonceptivo —dos aspectos que quizás una mujer lesbiana no tendrá que enfrentar. Por tal motivo, quizás ella no recibirá un examen del Pap, no se sentirá en riesgo y no se le motivará para que se autoexamine los senos. La vergüenza. A temprana edad aprendemos a tener vergüenza de nuestros cuerpos: a no tocarnos, especialmente los genitales. Si la mujer crece con vergüenza de su cuerpo y aprende a no tocarse, hablarle de lactar o tratar de convencerla de que se haga el autoexamen de los senos regularmente será difícil. Igualmente,

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educarla a usar un diafragma, el cual requiere que conozca sus genitales y los toque, será un gran reto. Nuestra alta tasa de mortalidad por cáncer del cérvix exige que las latinas nos hagamos el examen Papanicolau regularmente. Para muchas mujeres, ir a un examen ginecológico es una experiencia vergonzosa e incómoda. Se nos ha enseñado durante toda la vida que no debemos enseñar nuestros genitales, y aquí nos encontramos frente a un extraño con las piernas abiertas. Por supuesto que en esta situación habrá mujeres que traten de evadir un examen, excepto cuando no les cueste otro remedio —lo que en algunos casos puede ser demasiado tarde. La violencia sexual, o amenaza de violencia sexual, también puede afectar la frecuencia con que una mujer visite a un proveedor/a de servicios de salud para tratamiento preventivo. Para una mujer que ha sobrevivido a la violencia sexual, el examen vaginal puede sentirse como otro abuso. El amor o adicción al sufrimiento: Cargando con la cruz. En muchas comunidades oímos: "ella es tan buena, tanto que ha sufrido". Aprendemos a asociar el sufrimiento con la bondad. La mujer buena, la mejor, es la que sufre más. Este punto de vista impide el placer y que algunas mujeres busquen verdadera solución a sus problemas de salud. Ir al doctor para tratar un problema de salud sin hacer los cambios necesarios en nuestras vidas para erradicar ese problema (cambiar la dieta, cambiar el método anticonceptivo, reducir la causa de la tensión, etc.) es como buscar la manera de cargar la cruz más cómodamente en vez de decidir despojarnos de ella. Socialización de la mujer para cuidar. El que desde muy niñas se nos enseña cómo cuidar a otros, y a atender las necesidades de las personas que nos rodean significa que la gran parte de las mujeres ponemos a los otros antes que a nosotras mismas. Esto .significa que en muchas ocasiones, y algunas bastante serias, la mujer no presta atención a sus necesidades de salud, de manera que si tiene que escoger a quién llevar al médico, llevará a sus hijos, a su mamá, y/o cuidará a su pareja, antes de cuidarse ella misma. Procesos normales del cuerpo se ven como enfermedades o negativos. Aunque no siempre ha sido así, la ménstruación se ve como algo negativo, sucio, doloroso —otra cruz para cargar. Aunque para algunas mujeres no hay nada que alivie el dolor o la cantidad de flujo, tenemos suficiente información como para saber que tanto la dieta, el ejercicio y nuestra propia actitud hacia este cíclico evento en nuestras vidas puede aliviar muchos de los malestares. Igualmente, sabemos que la menopausia no significa el fin del deseo sexual en la mujer: para 149


muchas, significa alivio y libertad de metodos anticonceptivos e incluso puede llegar al momento en que se siente menos presionada a complacer a otros. Lamentablemente, muchos servicios de salud y las farmacéuticas hacen énfasis en la terapia hormonal para esta "enfermedad"; por lo tanto, aún son muchas las mujeres que creen que la menopausia es una enfermedad que debe ser tratada con hormonas y que significa el fin de la feminidad y la sexualidad. El estándar de belleza es impuesto. Si no nos gusta cómo nos vemos, menos aún vamos a cuidar de nuestro cuerpo. Las mujeres latinas que vivimos en los Estados Unidos (y también en América Latina) tenemos la imagen constante de que la mujer bella no se parece a nosotras. Es una mujer rubia, europea —"It's more natural to be born blonde", dice el anuncio para tinte de pelo. Si resentimos cómo nos vemos y si no amamos nuestro cuerpo, tampoco vamos a cuidarlo. Como mujeres nos conformamos con muy poco. Al mencionar una relación insatisfactoria, he oído a mujeres decir: "por lo menos no me pega", "es buen padre", "por lo menos el médico habla español". Es importante que enseñemos a las mujeres a exigir un trato de respeto, de cariño; a esperar lo mejor para nosotras y a no conformarnos con sólo un poco.

Algunas Estrategias para el Cambio Cualquier estrategia de cambio debe ir dirigida a que la mujer internalice que: —es su derecho gozar plenamente de la sexualidad y definir cómo, con quién y cuando la expresa; —es su derecho gozar plenamente de su cuerpo; —es su derecho tener servicios de salud adecuados; —es su derecho tener acceso a la información necesaria para decidir sobre su salud; —toda mujer puede aprender a sentirse conectada con su cuerpo y a tomar acciones para gozar de buena salud. La valorización y celebración. El vivir en una sociedad que constantemente nos desvaloriza subraya la importancia de valorizarse una misma. Es importante que cada mujer aprenda a enumerar una lista larga de lo que le gusta de sí misma; y que otras mujeres del 150


grupo le comuniquen aquéllo que les gusta de ella. A la misma vez, es más eficiente y efectivo construir desde la fortaleza de la persona, y no desde sus debilidades. Para toda mujer, el poder mencionar (especialmente en un grupo) cuáles son sus fortalezas —lo que la ha ayudado a sobrevivir los momentos difíciles— resulta ser un proceso liberador. Es importante, igualmente, celebrar los momentos reproductivos, especialmente cuando se trabaja con muchachas adolescentes y mujeres jóvenes. La menarquía (primera menstruación) puede ser un momento de celebración, de darle la bienvenida a una joven a su comunidad de mujeres. Este puede ser un evento donde la madre, tías, abuelas y/o madrinas le ofrecen información y apoyo. Qué lindo sería silos quinceañeros incorporaran algo de esto, en lugar de parecerse a. las bodas. La menopausia, como otro evento de transición en los ciclos de la mujer, también puede ser celebrada. Indica que la mujer pasa a una etapa en que se le debe respetar por su experiencia —es la mujer sabia de la familia y de su comunidad. El apoyo y el compartir. Sabemos que para las mujeres, romper con el silencio y el aislamiento es clave para nuestro empoderamiento. Saber que no estamos solas en nuestras experiencias, anhelos y deseos es esencial. Proveer un grupo o foro donde las mujeres puedan hablar de sus historias sobre su salud reproductiva y su sexualidad; donde se le aliente y apoye a hacer los cambios necesarios en su vida y su comunidad, es importante. La acción. Actuar, tanto a nivel individual como colectivo, sirve no sólo para lograr cambio, sino que ayuda a transformar las actitudes negativas que tenemos, a vencer el sentido de impotencia y, por ende, a tomar más acciones. Es importante trazar estrategias de acción a todos los niveles: el personal-individual, de la familia, y el colectivo, dirigido hacia la comunidad y la sociedad. En la esfera personal, podemos ayudar a las mujeres a hacerse un examen que se ha pospuesto, a cambiar la dieta o a integrarse a organizaciones dirigidas hacia el cambio social; en la familia, la mujer puede negociar tiempo para sí misma, el uso del condón con su pareja, etc. Los cambios que se hagan colectivamente, dirigidos hacia la comunidad o las instituciones —como exigir un servicio nuevo, conseguir una clínica en la comunidad, exigir el derecho al aborto, o afectar la política pública— son los que, a la larga, tendrán más efecto porque tienen el potencial de lograr cambios que vayan hacia una sociedad justa e igualitaria.

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Conclusión Una vez que decidamos involucrarnos en un proceso de ayudar a otras mujeres a tomar control de su salud y su sexualidad, es importante incluirnos nosotras mismas cuando hablamos de las mujeres. Este proceso será tanto para nuestro propio empoderamiento como para el de otras mujeres. Cada mujer debe definir su propio empoderamiento y las acciones que para ella serán liberadoras; cada proceso es diferente y no podemos asumir que lo que funciona para una, funcionará para otra. Las mujeres somos el pilar de las relaciones de familia y de nuestras comunidades. Una vez comenzado este proceso, afectará todos los aspectos de la vida de las mujeres, niños y hombres, tanto de la familia como de la comunidad.

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REFERENCIAS Acuña-Lillo, E. "The Reproductive Health of Latinas in New York City: Making a Difference at the Individual Level„. Revista del Centro, New York: Center for Puerto Rican Studies, Hunter College. Fall, 1988. Center for Disease Control. "Childbearing Patterns among Puerto Rican Hispanics In New York and Puerto Rico". Morbidity and Mortalitu Weeklu Report. January 30, 1987. Delgado, J. y F. Treviño. "The State of Hispanic Health in the United States", in The State of Hispanic America. Vol. V. California: The National Center for Advanced Studies and Policy Analysis. National Hispanic University, 1985. Mujeres en Acción Pro Salud Reproductiva: Northeast Project on Latina Women and Reproductive Health. "Puertorriqueñas: Observaciones sociodemográficas sobre la salud reproductiva de la mujer puertorriqueña en los Estados Unidos". Hartford: Hispanic Health Council, 1991. Navarro, V. La medicina bajo el capitalismo. Crítica, 1979. Timio, M. Enfermedad y clases sociales. Imagen, 1980.

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COMENTARIOS AlA PONENCIA: ELEMPODERAMIENTO COMO ESTRATEGIA PARA ADUEÑARNOS DE NUESTROS CUERPOS, NUESTRA SEXUALIDAD Y NUESTRA SALUD REPRODUCTIVA. Nilsa I. Torres Hernández* El control de la sexualidad, del cuerpo de las mujeres, constituye uno de los ejes centrales a su opresión y por ende, uno de los ámbitos en que se ejerce principalmente la dominación masculina y el control social. Por ello, nos resulta muy interesante la llamada que nos hace Eugenia sobre la necesidad de desarrollar en nosotras y en el proceso de ayudar a otras mujeres a lograr el poder suficiente— el empoderamiento que nos permita rescatar, para nosotras mismas, nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y nuestra salud reproductiva. Eugenia nos describe cómo la situación se hace más crítica para gran número de mujeres puertorriqueñas y latinas en Estados Unidos. La desigualdad, el discrimen y su horrible secuela que —entre otras manifestaciones— les condena a la pobreza y por ende a poco o ningún servicio médico adecuado, ha dejado su huella; la opresión se ha internalizado y con ella, la imagen desvalorizada de mujer. En consecuencia, se dificulta en éstas reconocer que el sentimiento de impotencia, de falta de control sobre su cuerpo, su sexualidad y salud reproductiva no es "natural", sino impuesta por y producto del entorno social. Impresiona conocer, por ejemplo, que la tasa de mortalidad debido al cáncer uterino, de senos, ovarios y vejiga es más alta entre estas mujeres que la población en general. Eugenia realiza un análisis de los factores que afectan la percepción y que además limita la acción de las mujeres. Nos alerta a que al diseñar e implementar estrategias de cambio, las mismas deben dirigirse a que las mujeres internalicen: que es su derecho gozar plenamente de su sexualidad y de su cuerpo... tener servicios de salud adecuados... tener acceso a la información necesaria para tomar las decisiones y acciones que las lleven a disfrutar de buena salud.

*Nilsa I. Torres Hernández es Investigadora en el Proyecto CEBES, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico. 154


En el trabajo hacia el empoderamiento de las mujeres, se resaltan dos elementos: De una parte, se señala la importancia de los grupos de apoyo. En la seguridad que ofrece el grupo, "romper el silencio, el aislamiento, re-conocer y mencionar sus fortalezas puede resultar en un proceso libertador para las mujeres". Por otra parte, añade que es de igual importancia pasar a la acción: tanto a nivel personal-individual-familiar como colectivo, hacia la comunidad, hacia la sociedad.

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MUJERES Y GÉNERO: ASPECTOS DE TEORÍA Y POLÍTICA


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LANGUAGE, CULTURA E IDENTIDAD: WOMEN AND THE REPRODUCTION LANGUAGE AND CULTURE IN THE NEWYORK PUERTO RICAN COMMUNITY Celia Alvarez* Les quiero dar las gracias por la coordinación de este Intercambio al Dr. Antonio Laura Perricelly y a Ana Juarbe de City University of New York, y a la Dra: Alice Colón del Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, por haber tenido la oportunidad de compartir en este seminario. Aunque nos conocemos desde Puerto Rico o desde Nueva York, tenemos pocos momentos en los cuales podemos compartir nuestros trabajos y esfuerzos, nuestras luchas y logros en un diálogo de colectivo. Voy a empezar con un esquema más amplio para ubicar los estudios en que yo he participado y dialogar un poco sobre unos puntos que han surgido de varios proyectos de investigación en que yo he. trabajado, a base de una metodología cuantitativa y etnográfica. Además, voy a plantear cómo me moví de la lingüística y sociolingüística hacia un marco de trabajo más amplio e interdisciplinario dentro de la historia oral para entender procesos culturales de nuestra comunidad. When I sat down to organize my remarks for this presentation, after having been immersed in our group discussions for several days in Puerto Rico, the thoughts and the words which came down on paper were all in Spanish. This was rather ironic since I have lived all my life in the United States and my professional writing and academic experience has been in predominantly English speaking environments. Consequently, I expected to give my remarks in English. In fact, one of the first issues which came up for discussion in this Encuentro among Puertorriqueñas from the Island and from the

* Celia Alvarez is Professor at Women's Studies, Arizona State University West, Phoenix, Arizona. 157


United States was the question of language: what language were we to speak? In what language could we affirm our cultural and national identity and be heard? Could we all speak in our own language and not be silenced by the legacy of our colonial history? It was clear from the opening reception that we came with different assumptions and differing abilities to communicate in Spanish and English. We had arrived within the backdrop of the movement to declare Spanish as the official language of Puerto Rico. The passage of a new law making Spanish the Official language of the Island served to once again affirm the cultural and linguistic autonomy of Puerto Rico from the United States. But where did it leave us? Would silence once again reign over the voices of those of us in diaspora? Could we hear each other, even in the language of cultural hegemony in this hemisphere? After some initial discussion the language question was posed to the group. We decided that compañeras could give their presentations in either Spanish or English; that is, the language which was most comfortable to the presentor. This was from my perspective a fundamental logro to overcome. It said we were willing to talk and willing to listen to each other. We would not deny each other's historical and cultural reality, in fact, we would use it to build the bridge between us. The breadth of our bilingual abilities emanating from schooling or community experiences; our shared personal, educational and/or working experiences with each other or with each other's communities, forged a critical mass of experience and trust from which to build and not further debilitate or destroy the necessary dialogue between us. Those of you who were present to hear my talk recall that it was presented bilingually —both in Spanish and English. This is a rhetorical style and way of speaking which characterizes the bilingual experience of many Puerto Ricans born in the United States. The study of this bilingualism, the role of gender and its relationship to language, culture and identity in our community has been the focus of my research. My entry points to this inquiry have been through my formal training in quantitative sociolinguistics and the ethnography of speaking; my experience with language policy and cultural issues in education; and the evolution of my work towards oral history, to examine oral narrative within the context of linguistic, cultural and historical processes. I would now like to contextualize the evolution of my research interests.

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Uno de mis intereses principales de investigación ha sido hacer un esfuerzo por entender, captar y caracterizar la autodefinición de la comunidad puertorriqueña, de clase trabajadora, que reside en los Estados Unidos y situar su experiencia dentro del marco más amplio de lo que definimos como la cultura e identidad puertorriqueña. Mi puerta de entrada y análisis ha sido el lenguaje —mi cuestionamiento, el plantamiento histórico de la homogeneidad de la identidad puertorriqueña a base de una noción purista, estática, ahistórica y asocial de cultura que se niega a reconocer y reclamar la heterogeneidad de experiencias de diferentes grupos sociales como auténticos y parte de la realidad cultural puertorriqueña. Por el "encuentro" con los Estados Unidos, Puerto Rico se ha encontrado en una situación en la cual el idioma ha sido central en la lucha contra el bombardeo cultural y lingüístico norteamericano en la Isla. Mientras tanto, el conocimiento del inglés ha estado aliado también al ascenso económico. Gerry Casey, por ejemplo, habló sobre su estudio de las trabajadoras de servicios y secretarias a quienes no les dan trabajo si no son bilingües. Hasta qué punto están sus posibilidades de conseguir empleo vinculado a su acceso (económicosocial) a una educación privada, en inglés? La afirmación de una identidad cultural puertorriqueña está aliada a una homogeneidad lingüística que deja afuera de sus esferas (spheres) la experiencia de aquéllos que por su posición de clase no tuvieron la posibilidad de mantener el español, o de desarollar ambos idiomas en su país o en los Estados Unidos, o de aprender a leer y escribir el español en Puerto Rico. ¿Qué ha pasado? Dentro de este esquema, ¿dónde se ha quedado la comunidad boricua en Nueva York? ¿Cómo se autodefine esa comunidad como puertorriqueña? ¿Qué rol juega el idioma en esa definición? ¿Qué rol juega la mujer en la reproducción y transformación cultural? Ahora voy a cambiar al inglés porque el trabajo que he hecho está escrito en inglés. The Language Policy Task Force (LPTF) of the Centro de Estudios Puertorriqueños, CUNY, undertook a number of attitudinal, ethnographic, and sociolinguistic research studies of language use in the Puerto Rican community of East Harlem during the late seventies and early eighties. At various stages in my own development, as an undergraduate and graduate student, I worked with this team to do an analysis of bilingualism in this community.

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These research projects preceeded the El Barrio Literacy Project which Rina Benmayor and Rosa Torruellas discussed in our first session. The studies at the Centro were done using various methodological approaches, including sociological, attitudinal, ethnographic field studies, and quantitative sociolinguistic approaches. The Task Force uncovered a broad spectrum of language use and behavior within the community which reflected gender, class and generational differences. Circulatory migration flows to and from the Island have contributed within the Puerto Rican community to the close and continuous contact between Spanish and English (Language Policy Task Force, Centro de Estudios Puertorriqueños, 1980; Zentella 1984). In New York City this has resulted in the development of a bilingual Puerto Rican community in East Harlem, the oldest continuous Puerto Rican settlement in the United States (Language Policy Task Force, 1980). In a study of language attitudes (LPTF, 1979, 1980, 1983) among Puerto Ricans who lived on a block in East Harlem and the Puerto Rican teachers who came to work in the public schools of the community, LPTF uncovered differences between speakers' attitudes and reported and observed practices. The teachers on the block claimed that to be Puerto Rican one had to speak Spanish. However, in their own everyday language practice, the teachers were predominantly English speaking. This was not unusual given the predominance of English language use among educators in the New York Public School system, including among coordinators and teachers in Bilingual Education programs. The residents of the block, however, maintained that to be Puerto Rican you could speak either Spanish or English, or both. The differences in attitudes reflect a class differentiation among the speakers. The teachers are perpetuating prescriptivist, middle class ideals in the schools which promote homogeneous language use and ascribe one language (in this case, Spanish or English) to a cultural and national identity; that is, a Puerto Rican is associated with Spanish language use, while being English speaking is associated with being an American. The contradictions between behavior and idealized norms becomes evident in actual linguistic and cultural practice. Many of the teachers were educated and are now teaching in, an English dominant educational environment. It is only in a very limited way, through Bilingual Education (the majority of programs are transitional in nature with a minority engaged in dual-language development), that the New York City Public School system fosters 160


language development and use of Spanish. The teachers' institutional positioning within the schools differentiates them from the economic and institutional marginality of many of the residents of the block. This positioning becomes reflected in the differences in local community attitudes and behavior toward language which is characterized by an awareness and acceptance of the fluidity of the relationship between language and identity (i.e., that to be Puerto Rican you could speak either English or Spanish or both). Another important research project of the Language Policy Task Force included the numerous studies on code-switching, the alternation or switching between Spanish and English among Puerto Rican bilingual speakers. A defining characteristic of this bilingual speech community (Gumperz and Hymes, 1972; Hymes, 1974) has been the observance of the lack of functional differentiation in the use of Spanish and English among ingroup members in informal settings and the prominence of language mixing as a mode of communication (Varo, 1971; LPTF, 1980; Pedraza et al., 1980). This phenomenon has been described by some as a deficient linguistic mode of communication characteristic of uneducated and uncultured sectors of Puerto Rican society incapable of speaking Spanish adequately (Varo, 1971; de Granda, 1968). Although characterized as an impoverished Spanish which is being replaced or heavily influenced by English (Meyn, 1983), sociolinguistic studies of code-switching in this speech community have shown that in order to switch appropriately speakers must be knowledgeable of the grammatical systems of both Spanish and English (Poplack, 1978; 1980). A distinction was made between code-switching, that is, the alternation from one language to another within and across sentence boundaries, and borrowings which were the result of the phonological, morphological or syntactic integration of Spanish into English as a result of language contact (Poplack and Pousada, 1981). The latter is the phenomenon we all know as "Spanglish." Both these linguistic processes have occurred historically in other language contact situations.. This is evident, for example, in the integration of loan words from French into English. But we have problematized this language contact phenomenon between Spanish and English. In the case of Puerto Rican bilinguals, we have ascribed negative social value to its use, reflective of the social and cultural positioning of its speakers. The "corruption" or influence of English on Puerto Rican Spanish and implicitly the Americanization of a Puerto Rican national 161


identity has been attributed in large measure to Puerto Rican bilinguals residing in the United States. The social class positionings of a majority of these speakers, who are working class or marginally employed —as evidenced by the persistent poverty rates of Puerto Ricans in the United States (Miranda, 1991)— is used as a basis from which to reinforce such stereotypes. The full range and complexity of language contact processes which have resulted on the Island and in El Barrio, across class lines, has yet to be fully explored and delineated. Transnational cultural and linguistic influences have crossed geographical and social spaces, permeating class boundaries in distinctive ways. El code-switching o intercambio de idiomas puede suceder a varios niveles de complejidad sintáctica; al nivel de palabra o frase, por ejemplo. Distinguimos dentro del uso de code-switching aquél relacionado con el habla de una persona que está aprendiendo un idioma, y aquél que es una forma de hablar entre bilingües. Además, ambos grupos se distinguen de aquellas personas que aprendieron ambos idiomas por separado, y relacionados con distintos grupos y contextos culturales. En todo caso, elegir hablar el español o el inglés o ambos en un intercambio de idiomas con otra persona depende de con quién uno esté hablando. Todo esto implica su conocimiento de las reglas gramaticales y normas culturales relacionadas con cada código. En las investigaciones sociolingüísticas del LPTF, Shana Poplack y Alicia Pousada, establecieron que en el code-switching de los puertorriqueños viviendo en Nueva York, había una relación sintáctica entre el español y el inglés en los puntos de intercambio. Por fin, pudieron resolver lingüísticamente que este fenómeno no era "una barbaridad", como se había pensado, en el habla y pensamientos de los puertorriqueños bilingües de Nueva York, sino que el code-switching requería un conocimiento gramático-social particular para poderse hacer; es decir, un conocimiento más allá que el de hablar el inglés o el español y usarlo entre monolingües. Los que hablan el español y el inglés no necesariamente pueden alternar idiomas apropiadamente; esto requiere conocimiento de las normas culturales y lingüísticas de la comunidad bilingüe. Bueno, uno de los resultados de estos estudios sociolingüísticos fue descubrir el rol de la mujer en esta forma de hablar. El codeswitching, como una forma innovadora de hablar de la comunidad, se daba más entre las mujeres. Esto fue un resultado interesante porque, en el mundo, las mujeres juegan un rol lingüístico contradictorio: es decir, somos las que mantenemos las normas sociales lingüísticas y, en ese sentido, conservadoras; mientras que a la misma vez somos las

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innovadoras, dándole impulso a cambios lingüísticos dentro nuestras comunidades. En sus investigaciones, el LPTF estudió el uso de idiomas relacionados con género, edad y etapa de vida de las personas. En un caso (Pedraza, 1982) se examinó el uso de idiomas durante diferentes etapas de la vida de una muchacha del Barrio. Se encontró que en su adolescencia el inglés predominaba de acuerdo a las influencias de sus amistades o "peer group." Pero cuando se hizo madre, resucitó su conocimiento del español. Como madre, hablaba mucho más el español. Claro, esto tenía mucho que ver con quién ella se estaba relacionando en cada etapa, adolescentes en un caso o con otras madres con hijos del bloque, en el segundo. Sus necesidades lingüísticas y culturales cambiaron con el tiempo. A base del repertorio de conocimiento lingüístico y cultural que ella tenía pudo adaptarse a nuevas condiciones. Confirmó que estos procesos no eran estáticos y que podían cambiarse durante la vida de una persona. Lo que sí afirma es que aunque ella se comunicaba en inglés con sus amistades como joven, pudo rescatar y desarollar de nuevo su conocimiento del español como adulta y madre. What then was my contribution to this research? Within the context of the research done for my doctoral dissertation in linguistics at the University of Pennsylvania, I examined the use of codeswitching within the oral narratives of personal experience of members of this same speech community in East Harlem. According to Poplack, the significance of code-switching in this speech community was that it marked ingroup membership among speakers in this community; that is, their identity as members of the Puerto Rican community in New York. Given that sociolinguistic research documented the ways speakers use phonological, morphological and syntactic forms to communicate social and linguistic meaning, I set out to explore how speakers in this community used code-switching to communicate meaning in the telling of stories. I chose to examine code-switching beyond the sentential level (Poplack's research had focused on the sentential level) and to examine its use within oral narrative texts. To be able to ascertain in what ways code-switching conveyed linguistic and social meaning beyond an emblematic function of group identity, it was necessary for me to situate its use beyond the sentential level of analysis. I was able to shift the focus of analysis by contextualizing the occurrences of code-switching within the structure of oral narrative. I examined its use and distribution across the structure of the narrative using Labov's 1971 taxonomy for the structure of oral narratives of personal experience. I examined the occurrences of code-switching in the Spanish and English narratives 163


told by 28 bilingual adult men and women in the context of formal (interview) and informal (group interaction) speech. The outcomes of my research were significant with respect to gender. The women who had lived most of their lives in New York City relayed stories in both Spanish and English while their bilingual male counterparts did so only in English. The women were the ones who had a more extensive repertoire of bilingual abilities; es decir, manejaban mejor, aunque ambos grupos eran bilingües, la producción de la narrativa en español y en inglés y, ademas, usaban mucho más el code-switching en ambos. Con respecto al use del code-switching, se esperaba que en su mayoría el alternar de idiomas fuera del español hacia el inglés como unos de los procesos intermediarios de la adquisición del inglés y hacia la asimilación cultural. Pero los resultados indicaron que la mayoría del code-switching era del INGLÉS hacia el ESPANOL. Estamos hablando de una población que ya hablaba inglés y reside en un pals donde no hay necesidad de usar el español. Entonces, to que yo planteo en mi estudio es que el use de code-switching en esta comunidad is a form of Spanish language maintenance within an English dominant society and in essence could be looked at as a form of cultural resistance; that is, the Puerto Rican community in East Harlem still values the speaking of Spanish, the issue becomes how much you use it; who has the possibility of using it; and to what extent at the lexical, syntactic and/or level of the speech act. I found that within the structure of the narrative, code-switching co-occurred with evaluative vs narrative clauses; as such it was an evaluative device conveying linguistic and social meaning beyond emblematic ingroup identity. In the English narratives, the occurrence of code-switching was highest at the beginning of the narrative, or in the orientation; while it occurred the most in the end or resolution of the Spanish narratives. While the code-switching functioned as an evaluative device overall, its distribution across the structure of the narrative (abstract, orientation, narrative clauses, evaluative clauses, resolution, and coda) varied according to the language of the narrative. While both Spanish and English language use are associated with being Puerto Rican by the members of this block (recall the results of the earlier attitudes study), the use of both languages, that is bilingual language use, is the norm —as evidenced by the code-switching found in both the Spanish and English narratives. These bilingual norms are to be differentiated from the norms acquired by monolingual speakers of either language.

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Additionally, while the overt prestige norm of the society is the acquisition of English —to have social and economic access in the United States —the use of Spanish is a covert prestige norm of the community, as evident in the higher incidence of code-switching from English to Spanish than from Spanish to English, which one would expect in the process of linguistic and cultural assimilation to United States society. In the context of the narratives themselves, the higher occurrence of code-switching towards Spanish in the beginning of the English narratives affirms this covert prestige norm; while the higher incidence of code-switching towards English at the end of the Spanish narratives affirms the bilingual (vs monolingual) norms associated with this speech community. As -noted in the research of Ana Celia Zentella, the range of Spanish language use in the Puerto Rican community in New York varies significantly. There is a continuum which ranges from bilingual to monolingual Spanish or English speakers. One significant finding I encountered among second generation Puerto Ricans born or raised the majority of their lives (60%) in New York City was the tendency for the women to have developed their language abilities in both languages and to code-switch more, while the men's language use shifted predominantly towards English. Spanish predominated among both women and men born and raised in Puerto Rico. Despite the social myths associated with the acquisition of English and educational and economic attainment, I found that the highest rate of employment occurred among the Spanish speaking males with less than a high school diploma. In comparison, I found that the second-generation women who had the greatest range of bilingual ability also had the highest level of educational attainment —they had graduated from high school and one or two had some college education— but, they were also the most marginal from the paid labor force: all were single heads of household with children and unemployed. Recent studies on poverty in the Puerto Rican community discuss our continued structural economic marginality in the United States. As Miranda (1991:33) notes: "Half of all Puerto Rican children live in female headed families. The labor force participation rate of Puerto Rican women is substantially lower than that of other Latina, About 44% of Puerto Rican women white or Black women. participated in the labor force in 1990 compared with 55% of all Latina women, 58% of white, 60% of Black women".

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What my sociolinguistic findings raised for me were questions for further study in understanding the reality of Puerto Rican women in the United States: What is going on here? What are the decision making processes underlying women's participation or nonparticipation in the labor market? Have Puerto Rican women been excluded from the labor market for structural/institutional reasons, i.e., institutional racism; relocation of industries, e.g., garment from New York City, etc.? Can it be also attributed to what Rina Benmayor and Rosa Torruellas were planteando in their earlier presentation with regard to cultural values associated with the family, making children a priority, childrearing a form of cultural, social and economic reproduction to be included in the definitions of work and a cultural right? To understand the cultural, economic and structural processes at work in our unique marginality within the United States economic system it will be important for us to pursue the answers to these questions. My interest in examining oral narratives went beyond the structural level. I wanted to examine stories of personal experience in context, as entry points to understanding cultural values, norms, human agency and significance in the lives of puertorriqueñas. I had an opportunity to explore these issues within the context of The Centro's interdisciplinary oral history project of the Puerto Rican Migration to the United States. One of the most significant experiences for me out of that project was the interviewing, public events and publication of the life histories of our mother's and grandmother's migration, work and social life experiences on the Island and in New York. "Stories to Live By: Continuity and Change in Three Generations of Puerto Rican Women" (Centro, Hunter College, CUNY:1987) was an intergenerational study of some of us who had lived in the United States and were now looking at ourselves, our mothers, grandmothers or women of the 30s, 40s, and 50s generations. Throughout this encuentro the question of defining what our relationship is to the people we study has been raised numerous times. I get a little uncomfortable with how we frame that question because it dichotomizes who we are in relationship to them as others, as if we, for who we are in all our multiple positionings, aren't also a part of the social, historical and cultural fabric at the moment of the research, as well as historically over time. My participation in the Centro oral history project was a turning point for me in my own personal and professional development in the sense of integrating all of my multiple selves. I could stand back in third person and use all my analytical frameworks to develop an interpretation, but I could also stand in first person in juxtaposition to the experiences of different women that we 166


had been working with to position my life story within the continuous thread of social and cultural history in the making within my community. And; in particular, what struck home to me —and this is an area of which I am continuing to do work with second and third generation Puerto Rican women— was that in examining Puerto Rican women's socialization into womenhood were the ways in which some 19th century cultural patterns or new reformulations of them were expressed in our community, in Puerto Rico and in the United States. I think that, in terms of issues of method, oral history is one approach in which we can negotiate our subjectivity and intrasubjectivity within our community. It enables us to negotiate and situate our commonalities and differences across generations, as well as explore from a comparative perspective the United States and Island experiences. The oral history process enables us to explore the relationship between ourselves, as subject and object of inquiry —from first to third positionings— within the context of our work. We can examine the continuity and change in our cultural formation and the trayectoria we bring with us ourselves across historical moments and social spaces. Building on my earlier research and moving towards an intergenerational and comparative analysis of the socialization of Puerto Rican women, I have been concerned with exploring the following questions: How do we develop a gender identity from adolescence to adulthood? What's our relationship to family? How do we deal with individuation in that context given the cultural expectations regarding our roles as women, and what kinds of continuity and change do we find in these processes? What factors or experiences contribute to (un)successful educational achievement (high school and beyond) and labor force participation among men and women? How does gender differentially impact on educational attainment and workforce participation? Why do women, with the greatest educational and linguistic resources in the community, experience the least integration in the labor force (National Puerto Rican Forum, 1980; Alvarez, 1988)? How are subsequent generations being socialized towards schooling and work within families? Given the economic reality of Puerto Ricans in New York City, what becomes of the educational aspirations and perceptions of opportunity in society among members of this community (Ogbu arid Matute-Bianchi, 1986; Saravia-Shore and Martínez, 1992)? What motivates individuals to stay in school and complete their education? What is the role of language (English or Spanish language dominance or bilingualism) in educational attainment and socioeconomic integration in the workforce?

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This last year, as part of a graduate research seminar with doctoral students in Bilingual-Bicultural Education at Teachers College, Columbia University, I engaged five Puertó Rican graduate students in an oral/life history project to examine the lives of second and third generation Puerto Ricans in New York City. This was a unique opportunity to work with a heterogeneous group of Puerto Rican students in a family oral history project. As a research collective, we engaged in discussing the challenges posed in entry to our community (e.g., coming to terms with the physical devastation of the South Bronx and the economic and social conditions of people vs the conditions of our community in other parts of the country; how our community was defined and affirmed in different parts of the country, etc.), as well as the interviewing process (e.g., who we were now as graduate students/professionals; our relationship to our interviewees; what we learned about ourselves, our relationship to and committments to community, etc.). In addition to collaborating with students in the research seminar, I worked very closely this year with one of my students, who lives in the Lower East Side. She is a third generation Puerto Rican woman in her early twenties, who is bilingual and was completing a Masters in Bilingual-bicultural Education. In addition to planning to teach in a local public school in the Lower East Side, she was preparing to get married in a very traditional Church wedding this last spring. In doing an initial analysis of her life history, I heard some of the same scenarios replayed in her life that I heard from the women in the thirties, from the women of the fifties and that I know for myself from the sixties. One of these was having to be chaporoned on a date and her boyfriend getting el permiso (permission) from her father to take her out... el novio tuvo que it a la casa a pedirle permiso al papá. This is phenomenal when you realize this is occurring in 1992 to a twenty-two year old living in New York City. She also recounted unos cuentos de los ratoncitos, rather than the tooth fairy, that her mother told her as a young child. Today, as an adult, she was comparing her Puerto Rican version of that tale with that of her Dominican fiance, to discover it was part of the folklore of the Spanish speaking Caribbean. I am sharing this with you, because I think we sometimes make some very simplistic assumptions about assimilation and maintain there is some linearity associated with the process of moving from one language and culture to the other. The stories she told me were in Spanish and English. The issue of cultural transmission and cultural continuity goes beyond the surface of language and is more complex than any explanatory power of a unilinear, culturally homogeneous assimilationist framework of analysis. She raises for us in our analysis of culture the following issues: how do we look beyond the surface of 168

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language, to explore the cultural values, folklore, and ways of being that we continue to replicate and transform (because they do not remain static) as Boricuas? I would like to close by saying that when examining issues of culture and identity we have to look at the heterogeneity in our community, that relates not only to issues of class and gender, but also to race and to bring that into the discourse of identity. I think we have to talk about cultural rights in the ways that we have been talking about human rights and reproductive rights; that is, we have the right to claim: a language which includes our multiple forms of linguistic and cultural expression; our world view and the ways we organize our lives, irrespective of where we are geographically located. We have a right to re-claim the experiences that have been left out —the legacy of continuity and change— of those historically excluded from the discourse of naming the world; and we must continue to challenge the notion of linguistic and cultural homogeneity as the basis of a Puerto Rican cultural identity.

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TOWARDS BILINGUAL EDUCATION: PUERTO RICAN EDUCATORS IN NEW YORK CITY SCHOOLS 1947-1967

Virginia Sánchez Korrol*

Hubo cambio de ideas, se creció de talento, se abrieron horizontes, se ampliaron avenidas y, seguros de que el niño era el factor potente, se peleó por programas hasta ser conseguidos. Aquel grupo de pioneros escarbó un potencial, y ha legado a este pueblo, y a otros presentes que Io toman por sentado, un programa y sus armas, de valor muy vital y un formato eficiente. (Rafael Vega).1 The activism and involvement of Puerto Rican educators, predominantly middle and working-class women, in providing alternative modes of instruction for the increasing numbers of Spanish-speaking youngsters arriving in New York City in the two decades following the Second World War, forms the core of this essay. It initiates the historical documentation of the role played by Puerto Ricans in the development of bilingual/ESL educational practices, and the events that led to regular licensure in bilingual education in New York. Above all, the essay promotes the belief that, contrary to popular opinion, the education of its children was, and continues to be, a primary objective in United States' Puerto Rican communities. The last thirty years, the decades of the seventies and eighties in particular, have set the state for a proliferation of scholarly investigations that both explain and challenge conventional interpretations of the Puerto Rican experience offered by earlier

*Virginia Sánchez Korrol is Professor and Director of the Puerto Rican Studies Department, Brooklyn College, City University of New York, (CUNY). 174


researchers. More recent comprehensive studies have begun to focus on the intersections of gender, race, and class and include critical analysis of the transformations forged by Puerto Rican women in several arenas, including the pedagogical. Utilizing the methodology of oral history, archival materials, and the testimonials of Puerto Rican women themselves, such studies aim to reconstruct this rich historical legacy, providing a more balanced interpretation of the group's experiences and placing it within broader United States perspectives. Scholarly sources now document the group's history in the United States prior to mid-nineteenth century, gender roles, labor force participation, political and sociological developments and cultural legacies. But, while urgent and overarching themes like migration, colonialism, race, and intergroup relations intersect the new "underclass" analysis found in current investigations, less has been written about those specific historical moments when the community has both challenged and, rising to the task at hand, collaborated with the dominant society to bring about meaningful and mutually beneficial social change. Such a sphere of confrontation underscored the education of Puerto Rican and other Spanishspeaking children in the public schools of New York City in the decades following the Second World War.

Educational Issues Between World Wars For the leaders of the pre-World War II New York Puerto Rican community, education rapidly assumed paramount proportions concretely manifested in organizational agendas and activities oriented around the condition of fledgling migrant communities. Such evidence appears as early as 1913, when a tobacco worker residing in New York alludes to the educational committees and study groups pledged to generating intellectual propaganda and dissemination of information. These activities constituted an important component of many of the early workers' organizations. The educative circles (of the mutual aid societies —my parenthesis) were always of anarchist ideology with the exception of the Círculo de Trabajadores (workers' circle) (...) In my neighborhood there was a club called El Tropical which sponsored dances and celebrated conferences from time to time (...)2

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The maintenance of language and culture, coupled with an awareness of Puerto Rican/Latin American historical antecedents that included strong doses of political and workers' struggles, figured prominently in the foundational objectives of numerous organizations such as the Alianza Obrera and the Puerto Rican Brotherhood of America.3 Some groups, fearful that migrant children would forget and lose Spanish fluency, offered language and culture classes after the regular school day. Others placed more emphasis on organizing religious cultural events, such as Three Kings Day and Eastern pageants specifically geared for young audiences. La Liga Puertorriqueña a Hispana aptly illustrates such ventures, because this group, formed in 1926 in order to advocate for the wellbeing of the Puerto Rican community, represented a confederation of community associations. Among its guiding principles were "obtaining civic defense and promoting the general welfare of United States citizens of Porto Rican and Spanish birth." Included within its immediate objectives: "To promote an education center."4 Their activities often combined social action with a political consciousness bent on protecting the civil rights of Puerto Ricans as American citizens. Another grass roots association, Madres y Padres Pro Niños Hispanos, openly petitioned local school officials to endorse their children's Spanish language proficiencies and academic skills. They went so far as to offer their voluntary services as liaisons or interpreters between the school and the barrio latino, suggesting the placement of a parent in each of the school's classrooms.5 By bridging the language gap, this group intended to demonstrate the intelligence and achievements of their children under less negative conditions. They sought to combat practices that downgraded Spanish-speaking youth, placing them two or three years behind in the public schools or relegating them to remedial classes. As early as 1937, the Catholic Settlement House, Casita Maria, offered English instruction in partnership with the Board of Education. Within the decade, the Office of the Department of Labor of the Government of Puerto Rico also prided itself on creating internal programs aimed at increasing the numbers of English speakers among Puerto Ricans. The difference between these efforts and the actions of earlier community groups seemed to be that the latter programs sought more to Americanize, while the first groups recognized, and often maximized, the importance of maintaining native language fluency and cultural identity. While some groups ascribed to the theory that fluency in the foreign language enhanced and reinforced English language acquisition, others simply saw no conflict in fostering bilingualism and biculturalism. 176


Along with community and daily presses, publications like Artes frequently editorialized about educational concerns, often Letras u citing the importance of nurturing heritage in children's primary education. As local newspapers and community groups often interpreted their roles as sentinels of cultural ties and tradition, they also saw fit to confront and challenge the dominant Anglo society on the education of barrio children. The Artes y Letras' editorial of March, 1936, as a case in point, denounced the intelligence testing of Harlem's Spanish-speaking youth as harassment. With the support of influential community groups, the journal launched a crusade against the authorities responsible for the act, the New York Chamber of Commerce. The Chamber's findings had labeled Puerto Rican children as genetically impaired slow learners. Their perceived biased results so riled and incited Puerto Rican/Latino neighborhood groups, that the latter rejected the conclusions of the testing service in an open forum, not only for stigmatizing Puerto Rican children, but also for failing to include Spanish-speaking professionals in the process, sensitive to the community's reality.6 This incident became a rallying cry for Harlem Congressman, Vito Marcantonio, considered a champion of Puerto Rican causes. The politician contended that Púerto Rican children were unjustly served by the report precisely because they were negatively predisposed to social, economic, linguistic, and environmental barriers. Yet, in spite of community efforts to the contrary, by 1938, the American social scientist, Lawrence Chenault described a common attitude held by teachers and other professionals with respect to Puerto Rican children in the public schools. His classic study, The Puerto Rican Migrant in New York, contends: Many Puerto Rican children who enter the public schools in New York City speak or understand little English. The children who are transferred from schools in Puerto Rico to those in New York are usually put back in their classes so that they are with children who are two or three years younger than they are. Americans who are teaching Puerto Rican children express the opinion that these children have had less training in discipline and in group cooperation than American children (...) One large agency in the settlement, which has dealt with Puerto Rican children for many years, reported that under proper conditions Puerto Rican children are responsive, easily managed, and affectionate. In contrast to this, another large institution said that for some reason which they could not explain the Puerto Rican children were more destructive than any group of children with whom they have had contact. All the evidence obtainable shows the 177


relation of unsatisfactory home conditions to dfftculties at school.? Chenault reiterated opinions held in common by many educators who, for the most part, were non-Hispanics themselves and knew very little about Puerto Ricans. They were bound by policies of Americanization that failed to consider the cultural and linguistic heritage of Puerto Rican students, and generally misunderstood the positive impact that could be exerted by engaging parents and the community in the educational process. At having to incorporate growing numbers of children who, althought American citizens by birth, nevertheless represented a foreign culture, language, and the customs and traditions of a racially mixed society, the educational establishment responded with English only instructional programs steeped in convention and inflexibility. But as the steady stream of newcomers continued to pour into the city's school corridors, particularly in the epoch immediately following the Second World War, new strategies had to be formulated. This was, in general, the situation to which Puerto Rican educators, both males and females, would respond. Post World War II Following the Second World War, thousands of Puerto Rican men and women migrated to the United States; excess laborers from the island's industrialization program known as Operation Bootstrap. Lured by the promise of jobs in the United States, Puerto Rican labor became essential to New York City's economic productivity, particularly in the garment industry, manufacturing, restaurants, laundries, hospitals, and other industries. This "Great Migration," as the massive exodus was called, also meant sharp increases in the numbers of Puerto Rican school-age children who would soon overwhelm the city's agencies and support services. So pervasive was the situation that the arrival of a flight from San Juan on Sunday invariably meant Spanish-speaking newcomers would be registered in the school system on Monday.S By 1949, the Committee of the Association of Assistant Superintendents attempted to remedy the situation by announcing the appointment of Spanish-speaking teachers as liaisons between the migrant population and the schools. Considered the first systematic study of Puerto Rican children in the United States, the Committee's report concentrated on the migration process, assimilation, acculturation, and education. Some 13,914 students were enrolled in the city's public shools, "for whom at least a year's time is needed before they are ready for preliminary instruction and language work 178


before they are ready for complete assimilation in the regular program."9 In response, the Committee announced the following action: The Elementary Division of the Board of Education has appointed a group of 10 Puerto Rican teachers (Substitute Auxiliary Teachers) to schools having the greatest concentration of Puerto Ricans (...) to assist in the orientation of these children (and to) serve as liaison between the school and the community.'° Four years later, the Mayor's Committee on Puerto Rican Affairs in New York City assessed the condition of the community and issued a second report that essentially endorsed the superintendents' The Mayor's Committee supported a more recommendations. plan that included the appointment of Spanishcomprehensive speaking teachers, expediting licensing procedures and examination schedules, disseminating information about Puerto Ricans and creating curricular materials for the instruction of Spanish-speaking students.'' However, the implementation of this plan rested on an inadequate supply of bilingual teachers. Except for those who taught the language on the secondary level, Spanish-speaking teachers were virtually nonexistent. Until now, the methods and staff for teaching English to speakers of foreign languages were woefully limited. There was no determined methodology for teaching English as a Second Language. The New York public schools favored a policy of total immersion or English only. Neither was language the sole factor to consider in the education of Puerto Rican children, according to authorities in the field. "Some have never attended school; others lack fundamental abilities in the communication arts; some lack basic concepts in many curricular areas."12 And all confronted the inherent problems of the uprooted. The Board of Education's practice was to place in-migrant children in regular classes where they were paired in a "buddy system" with an older or more experienced Spanish-speaking child who would help negotiate the complexities of the language and new school experience. Students, unable to function in mainstream classrooms, were relegated to "C" classes especially designed to focus on English language instruction. Within the assimilationist paradigm, it was important to teach towards an all-encompassing concept of the American melting pot. However, the "Great Migration" inadvertantly coincided with a growing tolerance for cultural pluralism. The pedagogical approach in 179


teaching became focused on the whole child, otherwise described as a "total educational and social philosophy." i 3 In educating Puerto Rican children in New York City it was believed that many of their adjustment problems stemmed from their schooling in the homeland where a poorly defined curriculum structured along the lines of American educational outcomes was then autocratically imposed upon the island. Sanctioned by Congressional Acts of Congress, first the Foraker in 1900, and later, the Jones Acts of 1917, the island's educational structure fell under the supervision of United States appointed commissioners. Symptomatic of the confusion, the medium of instruction shifted between English and Spanish, depending on the particular philosophy of the appointee. Such vacillation rendered students ill-equipped to handle either language. In retrospect, the Mayor's Committee for Puerto Rican Affairs was most -progressive in its deliberations because they recommended an educational policy that met a constellation of mainland Puerto Rican needs. Móreover, the Committee endorsed bilingualism and biculturalism as legitimate pedagogy in New York City classrooms when it stated: There is no doubt that a Spanish-speaking person on the staff will facilitate this initial contact with the schools. Many questions that arise in the minds of the parents concerning the school program, routines, and special services offered by the school, as well as many questions that arise in the minds of the school personnel concerning important aspects of the child's previous schooling and background will be resolved through the medium of the foreign language.14 The rationale for encouraging the use of Spanish by the classroom teacher, that it was "important that he (the student) communicate with others in Spanish until he is able to express himself somewhat adequately in English," was logical.15 But the utilization of the students' language, even as a temporary medium for instruction, did signal a shift from conventional methods couched in assimilationist theories, towards a pluralistic, multilingual, and multicultural paradigm. Whether of its own volition or not, the Board of Education embraced this new direction and ultimately proposed policies designed for its implementation. What transpired to change the Board's policies, if not its daily practices, from total immersion to bilingual methods? Although the literature in this regard is scant, several factors may be considered as catalysts for this ideological transition. First, around this time pedagogical theories did emerge that focused on the education of the 180


complete child. That included sensitivity to the home, community, the experiences brought into the classroom, the language, and culture of the student. Second, the Puerto Rican community itself brought pressure to bear on city agencies, not the least of which was their concern about the educational morass in which its youth was Third, since the turn-of-the-century European concentrated. immigration, there had not been such a massive infusion of nonEnglish speakers, in the schools. Teachers and staff were caught totally unprepared to deal with it. To further complicate the situation, the Board could not lose sight of the fact that Puertó Ricans were United States citizens, educated under United States policies in their native land. Finally, within the political context of the Cold War, the era of the early sixties witnessed the flowering of viable bilingual programs established for Cuban refugees in Miami. These represented concrete pedagogical alternatives that could very well be adopted in educating Puerto Ricans.

The Substitute Auxiliary Teacher In the New York City of the late nineteen-forties, the opportunity for creating a viable solution came about when a principal in PS 25, a Bronx elementary school with a significant Puerto Rican population, assigned a bilingual teacher to serve as intermediary between the school and the community. This opened the door to the hiring of Spanish-speaking teachers as Substitute Auxiliary Teachers, the title given to the new position. The Bronx teacher was Ana Peñaranda Marcial. Before her appointment, and the employment of the ten substitutes who followed her into the system, the few Puerto Rican educators found in the schools were teachers of Spanish at the secondary level. This had less to do with their academic preparation than with the fact that Puerto Rican teachers had Spanish accents and could not pass the speech test required by the Board of Examiners. Indeed, many former teachers trained in Puerto Rico left the profession for employment as case workers in the Department of Welfare and Catholic Charities probably because of such bureaucratic obstacles. Many of these individuals made their careers providing bilingual bicultural social services to the Spanish-speaking community and founding impressive organizations of their own.16 As the first of the groups of educators hired as Substitute Auxiliary Teachers, it is important to note the experiences and qualifications that Peñaranda Marcial brought to the profession. She was born in Arecibo, Puerto Rico, just three years after the United States invaded and occupied the island following the SpanishAmerican War in 1898. In a system that would essentially deny her legal status until the bestowal of American citizenship in 1917, 181


Peñaranda Marcial experienced childhood, adolescence, and motherhood. Inherent in the process of Americanization, compulsory education was extended throughout the island to prepare Puerto Rican youth to function in the political-economic system of the new order. This objective necessitated an increase in teacher training programs designed to attract competent men, but mostly women, into the pedagogical profession. Peñaranda Marcial was one who took advantage of a seven week program that, upon successful completion, offered a temporary teaching certificate providing one pledged to continue to study towards the baccalaureate degree. From 1921 until 1943, when she earned a baccalaureate degree as a teacher (maestra graduada), from the University of Puerto Rico, Peñaranda Marcial garnered knowledge and experience that would subsequently serve her well in the New York barrios. In the island, she taught all levels of elementary school. From a heterogeneous oneroom schoolhouse, where all the grades mixed together, to village schools where students rotated according to grade level. Ana Peñaranda Marcial weathered it all. As a novice rural teacher, she learned to ride a mare in order to travel the mountainous routes between village and country. Resources and teaching salaries were pitiful. Ana earned sixty dollars and twenty cents per month, a sum that would only increase to seventy dollars in her final years of teaching. In the early years of her career, she was expected to spend the entire week, from Sunday to Friday, in the village where her school was located. Expenses for room and board, although meager, came out of her salary. Committed to earning the baccalaureate degree, Peñaranda Marcial and others like her took courses on Saturdays at the University of Puerto Rico. Some lucky ones, who were able to travel to San Juan on Fridays, matriculated for classes on that day too. In time, the university instituted off campus sites where college professors travelled to different centers to offer the requisite courses. Since Ana lived in one of the university centers, the city of Arecibo, she attended classes there with other teachers from neighboring towns like Quebradillas, Camuy, Hatillo, and Barceloneta. For many, Ana included, this routine became a life-long habit. Completing her degreee in 1943, it had taken over twenty years to accomplish that goal. As a teacher, her reputation was solid. Sh'e believed in the highest ideals of her profession and had the common sense to cultivate her students' parents as her friends and allies. Peñaranda Marcial remembers that: I always tried to involve the children's parents in school affairs. Some teachers had the pupils in the morning and 182


that was it. Not me, I would call the parents in for after school conferences and before I knew it, I had gathered three or four parents and I began to gain their confidence. That helped me a lot. When I changed to the Barrio San Luis, to the Roosevelt School (...) and my assignment was to teach English to grades four and five (...) it was an unruly group. They were terrible. Oh, my God! But I said, 'I have to earn a living so I am going to work with them.' Slowly, the rumor had spread (...) that (Ana) Peñaranda was going to be the teacher for this class. Many mothers already knew about me, that I was strong and they knew that the child who entered my classroom was there to work, not to waste his time. The child has to be supported between two pillars, the parents and the teacher (...) (This way) he would not fall to one side or the other, and would grow up straight.17 Her honest approach towards teaching and no nonsense philosophy promoted classroom efficiency with limited waste of time. Those. who were willing to work with her, benefitted; others, did not. Regarding her difficult assignment, Ana Peñaranda Marcial would report: When the students arrived on the first day one had his books tied together and from mid-way into the room, flung the books to the desk. One by one they all did the same, so that their books banged onto their desks. Then, one would push another, the other would shove a third, and so on. Then some of them sat in their seats, but others put their feet on their desks (...) I stood still and watched them. When they were all in the room, I went to the door and slammed that door in such a manner that the room trembled (...) but, I still did not say a word, and they continued, (their destructive behavior) thinking they could destroy that classroom. I slammed the door again, and looked at my watch (...) when they calmed down, then I began, not the lesson, but to talk to them (...) (I said) you come in here to learn, I come to earn an honest living by teaching you, and what I teach is not lost. It is to remain in your heads one way or another. Then I began my lesson. When the bell rang to change classes, I said to them. 'I waited twenty minutes to start the class. When the 3:00 p.m. bell rings, I want all of you to return for the twenty minutes you owe me (...) They came back. Next day you could hear a pin drop.l$

183


As the numbers of Spanish-speaking children continued to multiply, the Board of Education responded by institutionalizing the position of Substitute Auxiliary Teacher in 1949. 'The importance of the position became more apparent as the target population expanded, a combination resulting in an increase in the numbers of appointments as follows:

Year

Number of SATs

Comments

1949 1949-55 1957-58 1958-59 1960-61. 1963-64

10 20 70 90 100 109

1964-65

117

License for supervisors of SATs is established. Five are appointed in 1967.

1965-66

142

License for Chinese Auxiliary Teacher is established.

1968-70

189

The designation of Auxiliary Teacher is changed to Bilingual Teacher in School and Community Relations.

1970-71

234

Position is created.

Regular license is established for ATs (Auxiliary Teachers)

Based on questionnaires completed by 155 teachers between 1950 and 1957, on file at the New York Office of the Migration Division, one begins to understand just who these educators were. The qualifications of Puerto Rican teachers living in the city, their ages, gender, marital status, English language proficiency, academic backgrounds, experience, and length of residency in the city appear on their employment applications. As expected, males accounted for only 39 of the applicants, while the majority, 116, were women. One hundred and fifty-two held university degrees. Of these, 132 earned Baccalaureates and 20 held degrees at the Masters' level. Eighty-eight were fluent in English, while 58 felt their proficiency was only moderate. Twenty-nine received their degrees from United States institutions. With the exception of 11 applicants, all had some 184


experience in the classroom. One hundred and thirty-eight were licensed teachers in Puerto Rico and 3 held licenses from the US. Most of the teachers were in the prime years of their productivity, between the ages of 30 and 35.i9

The Fifties and Sixties In 1953, the Board of Education in the City of New York reported 40,000 non-English speaking students in attendance in the public and parochial schools compared to 8,828 in 1948.20 That same year, the Board initiated the Puerto Rican Study, a four year inquiry into the education and adjustment of Puerto Rican students in the city schools.21 Its objectives were to assess the most effective methods for teaching English to non-speakers of the language, evaluate their progress, produce a more rapid adjustment to school and community life, and create a prototype of the Puerto Rican student. In response to the first task, the Study recommended an integration of several methods, the experiential, vocabulary and structural language approach in order to ,master the prescribed course of study. Resource units and language guides were developed along with special and orientation classes for migrant students.22 With respect to staffing, the Study also deemed essential the continued use of Substitute Auxiliary Teachers, and Puerto Rican coordinators, school-community coordinators, and Other Teaching Positions (OTPs), both: at the elementary and junior high school levels. In the senior high schools, teachers of English as a Second Language and Spanish-speaking counselors were necessary.23 So it was that yet another, report, this time The Puerto Rican Study, again advocated measures in keeping with the current pedagogical concerns, and a bilingual/bicultural approach that had been undergoing implementation since the hiring of Peñaranda Marcial and the rest of the SATs. Generally speaking, the Study was the most important document to appear until then, but its recommendations, although pedagogically sound, were only partially implemented. This would become a point of serious, contestation within the leadership of the Puerto Rican community.24 On the other hand, the report's endorsement of bilingual staffing throughout the system helped to strengthen the position and the programs of the SATs. By the time The Puerto Rican Study appeared in print in 1957, their numbers had substantially increased. Immortalized in a poem entitled "Los Pioneros Maestros Bilingües. " Rafael Vega, who was himself among the first educators and supervisors in the system, pays homage to the bilingual teachers.

185

~


Se abrieron las fronteras, y arribaron soldados, y llegaron los Koenigs, los Fortier, los Legazpy, la Marcial, la Pedraja, María Sánchez, Pistorino, Villareal, Monto, Inés Pérez, José Vázquez. César Nieves, Candy Rodríguez, Juan Méndez, Elba Collazo, Raquel Ferrer, los Sorvillo, Enrique Vázquez, Dolores Nazario, Nelly Ortiz, Lydia Laboy, Panchita Santos, Fred Aquino. Carmen Miranda, Hilda OrrioIa, Dora Pillot, Aida Torres, Salvador Vélez, y La Salle, Juan Méndez, Hilda Torres, Frank Suárez, Laura Arndst, Bill Rivera, María Power. Y tomó un nuevo giro la faena de la escuela, pues llegaron los padres a una fuente de agua, a beber comprensión, a entenderse con creces, y a crecer con sus hjjós, y a luchar en la fragua.25 The Auxiliary Teacher became the specialist who bridged the gap between the schools and the community. Beyond the baccalaureate degree, the bilingual educator was expected to submit coursework in guidance, social, and educational services in New York City, and in the cultural background of the Spanish-speaking students they taught. They fostered compatible community relations by developing communication and rapport between the school and the neighborhood. Bilingual participants in the guidance process, they also offered themselves as cultural resources throughout the system, provided sensitivity training to the teachers and staff, and implemented programs that enhanced the "cultural heritage and selfconcept of the children."26 Clearly, the bilingual--teacher furthered the educational experience of all children, not just the Spanish dominant. Withing the decade, directives from the Board to all schools in the system would request: Y

As in the past years all public schools at alI levels are asked to join with the New York Puerto Rican community and the Commonwealth of Puerto Rico in observing the commemoration of the discovery of Puerto Rico by Christopher Columbus on his second voyage to the New World in 1493. This celebration should be used to direct the attention to all children to the distinct contribution of Puerto Ricans and other Spanish-speaking peoples to their own society and to the American cultural mosaic in the fields of art, literature, music and the dance, science, technology and family living. This special focus on 186


Discovery Day should be part of an on-going school effort to further the goals of multi-culturalism and multi-lingualism. It is particularly important that children who do not have a Puerto Rican or Spanish background be afforded an opportunity to learn some of the significant facts about Puerto Rico.27 The decade of the sixties witnessed an intensification of the SAT program, and the advancement of its bilingual educators against a highly charged atmosphere that pitted the neighborhood school opposite decentralization and racism vs. integration. Intense debate by some of the nation's leading scholars posited diverse opinions about the function of the public schools. Were American schools oppressive institutions for the imposition of middle-class mores, agencies for social change or community cores, providers of jobs, leadership, and cohesion?28 These issues assumed more urgent dimensions in New York City's minority communities as black and Puerto Rican students became the majority in 1967. Of 639 schools, some 42 at the elementary level and 9 junior high schools were disproportionately composed of black and Puerto Rican students.29 A school population of roughly 190,000 children of Puerto Rican background, many of whom needed to learn English as a second language, stimulated the scope and productivity of the SAT program.3o As members of a tightly-knit professional community, the SATs meet regularly to share ideas and evaluate their experiences. Such close interaction, fanned by a strong sense of commitment and mission, aided in crystallizing their goals while, at the same time, generating the theories and practices that would lay the foundation for bilingual education as we understand it today. What transpired in the professional life of a SAT over the course of an ordinary school year? Peñaranda Marcial offers us one perspective: ...We started as special teachers in this program. That is how I began (...) then I continued taking graduate courses over here in New York University, and Hunter and City College. (...) I had my academic preparation and met the requirements, one had to have the required coursework. The principal, Mr. Schoenfeld said, `the class is yours.' 'Well what do you expect me to do with them?' He replied, `that you teach them English and that they begin to feel comfortable and happy' while learning.' My group was composed of fourteen or fifteen students recommended by their teachers (...) the most recent arrivals. They posed problems in their classes because 187


they didn't understand anything (...) basically, my class was conversational English (...) so I began to work with my children and since I was already a teacher, I had worked twenty-five years in Puerto Rico, (...) I began to teach them English. Then I read the work, I would immediately write it, and I had to use both languages which was what the American teacher could not do. But once I was able to teach them a phrase, I would translate it (from the Spanish), and they had to use it in English from then on (...) By the end of the semester the youngsters were learning to read, write and speak English.31 As Peñaranda Marcial points out, the "class" consisted of children recommended by their teachers and drawn from grades throughout the school. She customarily spent an hour with each grade in the mdrnings (9:00 to 10:00 a.m. for grade four, 10:00 to 11:00 a.m. for grade five, etc.), but the afternoons were reserved for the community aspect of her responsibilities. As pioneers in the field, SATs developed curriculum and created the materials for its implementation; formed study groups, and participated in academic retreats for their own intellectual growth; wrote pamphlets, booklets, and suggested activities for classroom use; published materials on the history and geography of Puerto Rico; and created filmstrips like Puerto Rico Today, Children of Puerto Rico, and The Bilingual Teacher in School and Community Relations, with their accompanying Teachers' Guides.32 Their professional organization, SPRAT, Society of Puerto Rican Auxiliary Teachers, paved the way for numerous Puerto Rican educators' associations. It served as an institutional vehicle for solidarity and support while advocating for the field's professional and political advancement.33 SPRAT held academic conferences that provided a forum for the dissemination of new scholarship in what was rapidly becoming the field of bilingual education. The group assessed the status of the profession and lobbied for recognition and permanency, not merely under substitute licensure, but as regular teachers in the system. They argued for increased visibility of Spanish-speaking professionals at all levels. SPRAT was at the forefront of the movement for licensure that ultimately resulted in institutionalizing the position of regular Bilingual Teacher in School and Community Relations. By 1960, the Board had drafted the resolution for the licence, and the first competitive examinations were held in February, 1962. All of the bilingual teachers in School and Community Affairs were active members of SPRAT. Many of them also pursued their 188


professional interests in PREA (Puerto Rican Educators' Association), an organization which they helped to create, and in establishing the first SAT chapter of the United Federation of Teachers. Indeed, many of the bilingual educator-activists, who began their careers as SATs, rose to prominent positions in the schools and in the community. Nilda Maldonado Koenig, appointed to the schools among the first group of ten, became Assistant to the Director of Substitute Auxiliary Teachers and Non-English Coordinators at the Board. She retired, not from the school system however, but after an impressive career with the Office of Civil Rights. María E. Sánchez became a SAT in 1958, rose to Supervisor in District 14, after that, a licensed Principal. Leaving the public schools, she accepted a position at Brooklyn College to develop the Bilingual Education major at both the undergraduate and graduate levels. Appointed Chairperson of the Department of Puerto Rican Studies in 1974, Professor Sánchez guided the Department through a highly critical moment in its formation.34 She retired as Professor Emerita in 1990. Dolores Nazario began her career with the Department of Welfare before becoming a Substitute Auxiliary Teacher. She rose to Supervisor and then Director of Bilingual programs for District 4. Carmen Rodríguez and Laura Maldonado became District Superintendents. María Power and Pura Bonilla began as SATs; both ultimately became Principals in the system.35 These educators now joined the ranks of earlier Puerto Rican principals and supervisors, among them, Carmen Rivera, Assistant Principal at I. S. 201; Hernán La Fontaine, Acting Assistant Principal at I. S. 201; Irma Fuentes, Chair of Foreign Languages at Evander Childs; and Alfredo Mathew, Assistant Principal in charge of the Auxiliary Teachers Program.36 By mid-sixties, Puerto Rican educators, among them Aida Legazpy, who aided iñ establishing the Board's Bilingual Office, and others like Carmen Miranda and Beatrice López-Pritchard, were also employed at the Board of Education. The community aspect of the SATs' portfolio generated intensive parental involvement that went far beyond a mere orientation to school policies and surroundings. SATs groomed parents for leadership roles in the Parent-Teacher Association, encouraging them to avail themselves of English language and other utilitarian instruction. Within the schools, parents formed support and informational networks that fostered the development of relevant coping and occupational skills.37 Because they were themselves part of the community, the SATs gained the confidence of the parents. They found ways, not only to enhance the educational experiences of their students by bringing 189


their parents into the classrooms, but to empower the community by increasing the parents' awareness about how the dominant society functioned. Once knowledgeable about the system, SATs and the parents set about to hone their advocacy skills. The parents were given access to decision making through participation at board meetings, political rallies, conferences, and lectures. They were politicized on those issues which not only affected their children's education, but their own survival as well. Instructed about health, nutrition, housing, and even their rights in the work place, they became a strong and self-reliant base of support for educational reform including the bilingual movement. Peñaranda Marcial, for example, mobilized barrio parents to serve as corridor monitors, crossing guards, playgrounds assistants, and chaperons for class trips. She organized a group of some eighteen or twenty parents, who were bilingual themselves, to teach English to the parents that needed to learn the language. At her insistence, English classes were soon offered in the evenings. She recalls that. The afternoon was dedicated to the community, to the parents, to the problems (...) On Mondays, for example, meetings were scheduled for all our parents, not just the parents of my students. There we talked and discussed issues and problems that really presented obstacles to them (...) so that they would become informed of the role of the school. That's when I began to find that avalanche of parents who pledged themselves to do this or that and that was all (accomplished) during those meetings. Then I organized a sewing class. The school provided the parents with sewing machines. In the afternoon the parents would get together in the library (...) I had scissors, material, patterns and everything that was needed (...) In the sewing class, we made dresses for the girls for when we gave the graduation activities. The moment came when we would dress the girls in unifoi ms and they would speak and recite (...) The mothers worked with me in everything. I think I got the support from those mothers that had never been gotten before (...) It was for me a real triumph. The work we accomplished with the parents meant a great deal to me.38 Peñaranda Marcial taught an additional twenty years in the New York schools as a Substitute Auxiliary Teacher. During that period, the number of SATs increased minimally in proportion to the numbers of children that required their pedagogical expertise.

190


As the decade of the sixties came to a close, the SATs belonged to an extensive network committed to attaining educational equity and excellence for Puerto Rican children, as well as bilingual education. The formation of grass-roots black and Puerto Rican coalitions, like the People's Board of Education, and community groupings, such as ASPIRA and United Bronx Parents lent strong support to their goals.39 ASPIRA, in particular, crafted under the able guidance of community activist and educator, Antonia Pantoja, intended to fill the Puerto Rican vacuum so prevalent in policy making at both the private and public sectors. Utilizing education as its agent for change, ASPIRA advocated on countless issues and sought to "guide Puerto Rican youth towards professional, business, and artistic fields, to direct them towards fields with promise and employment opportunitis."40 The failure of American institutions to educate Puerto Rican youth was a major theme in ASPIRA's conference of 1968. Coinciding with the tumultuous struggle for community control of the schools, this historic gathering served notice to the American educational establishment that Puerto Ricans were defining their own agenda and prepared to work towards meaningful gains. The conference was attended by leaders and students representing the Puerto Rican communities in Buffalo, Boston, Chicago, Rochester, and cities in Connecticut and New Jersey. Joined by Mexican-Americans, the other major Spanish-speaking group in the US, and key members of the non-Hispanic community, the participants pledged to renew the campaign for bilingual education and claim the rights of Puerto Ricans to the political agenda of urban America. Towards this end, ASPIRA and the Puerto Rican Legal Defense and Education Fund would bring a class action suit against the city's Board of Education that guaranteed bilingual education to all who needed it. This was the ASPIRA Consent Decree 41

Conclusion In 1967, the Congress of the United States enacted legislation that was designed to meet specific educational needs of children, ages 3 to 18, who had limited English speaking ability and came from environments where the dominant language was other than English (Bilingual Education Act, Title VII). 42 In essence, the Act provided equality of educational opportunity for non-English speakers, promoted bilingualism and reaffirmed the theoretical paths of the Puerto Rican pioneers in bilingual education. It supported many of the recommendations of former studies and declared a pluralistic, multilingual, and multicultural education the law of the land.

191


Four years later in the City of New York, approximately 450 full and part-time teachers of English as a Second Language, specially licensed English Teachers, newly created bilingual Spanish-speaking teachers in school-community relations, and bilingual common branch teachers, prepared to teach some 260,000 children of Spanishspeaking backgrounds.43 The student-teacher ratio remained alarmingly inadequate. Nevertheless, the recognition that specialized methods of instruction were legitimate and necessary for teaching, the limited or non-English speakers, and the professional licensure in the field, marked the culmination of a twenty-year campaign led, for the most part, by Puerto Rican women teachers. And this was only the beginning.

192


NOTES

1.

Rafael Vega. "Los Pioneros Maestros Bilingües", 20 de julio de 1984.

2.

César Andreu Iglesias (ed.). Memorias de Bernardo Vega. Río Piedras, Ediciones Huracán, Inc., 1977, page 123.

3.

Virginia Sánchez Korrol. From Colonia to Community: The History of Puerto Ricans in New York City. 1917-1948. Greenwood Press, Connecticut, 1983, Chapter 5.

4.

Ibid., page 154.

5.

Ibid., pages 75-76.

6.

Ibid. See also C. P. Armstrong. Reactions of Puerto Rican Children in New York City to Psychological Tests. A Report of the Special Committee on Immigration and Naturalization. State of New York, Chamber of Commerce, 1935.

7.

Lawrence R. Chenault, The Puerto Rican Migrant in New York City, Russell and Russell, New York, 1938, page 146.

8.

Interview with María E. Sánchez, January, 1992.

9.

Francesco Cordasco and Eugene Bucchioni (eds.). The Puerto Ricans 1473-1973. Oceana Publications, Inc., Dobbs Ferry, New York, 1973, page 113.

10.

Isaura Santiago Santiago. A Community's Struggle for Equal Educational Opportunitu: ASPIRA vs. the Board of Education. Educational Testing Service, Princeton, New Jersey, 1978, Chapter I. See also, Hernán La Fontaine, "Bilingual Education," in Cordasco and Bucchioni, The Puerto Rican Experience, Littlefield, Adams, and Co., New Jersey, 1973.

11.

Interim Report of the Mauor's Committee on Puerto Rican Affairs in New York City. The City of New York, September, 1949 to September ,1953, page 4. 193


The strength and effectiveness of the Committee has been due to the nature of its membership, comprising as it does practically all heads of governmental departments whose responsibilities touch and are affected by the newly-arrived Puerto Ricans, and embracing also civic leaders of the whole city, including a large and distinguished group of Puerto Rican leaders. 12.

Many Finocchiaro, "Puerto Rican Newcomers in Our Schools," in The Journal of Educational Sociolo.y, December, 1954, page 157.

13.

Ibid.

14.

Interim Report of the Mayor's Committee on Puerto Rican Affairs in New York Citu. September, 1949-September 1953, page 42.

15.

Ibid., page 43.

16.

Among the former teachers who became a social worker was Antonia Pantoja. With others in the Puerto Rican community, Pantoja went on to found numerous organizations, including ASPIRA, for the social and educational advancement of the Puerto Rican people.

17.

Interview with Ana Peñaranda Marcial, September, 1987, Brooklyn College, CUNY.

18.

Interview with Ana Peñaranda Marcial cited above.

19.

A Brief Study of Questionnaires Submitted by Puerto Rican Teachers Available for Elementary and Secondary School Positions in the New York Metropolitan Area. New York Office, Migration Division, Department of Labor, Commonwealth of Puerto Rico, September, 1957. (Interviews conducted between 1950-1957.)

20.

The Board of Education of the City of New York. J. Cayce Morrison, The Puerto Rican Study, 1953-1957, Chapter 13. See also Isaura Santiago, A Community's StrugaIe for Equal Educational Opportunity: ASPIRA Vs. the Board of Education, page 14.

21.

Also, in 1953, the Board of Education issued a brief report, Teaching Children of Puerto Rican Background in New York Citu 194


Schools. The report indicated awareness of the importance of Spanish usage in the classroom, bilingual teachers, and fully developed instructional programs for the non-English speaker. 22.

Isaura Santiago Santiago, ASPIRA Vs. the Board of Education, doctoral dissertation, Fordham University, 1987, pages 42-44. See also The Puerto Rican Study, Part I.

23.

The Puerto Rican Study, Part III, Chapter 16.

24.

See the proceedings of the First City-wide Conference of the Puerto Rican Community, Puerto Ricans Confront Problems of the Complex Urban Societu, Office of the Mayor, New York City, 1968. Also, the proceedings of the ASPIRA National Conference of Puerto Ricans, Mexican-Americans and educators, Hemos Trabajado Bien, ASPIRA, New York: 1968; and R. J. Margolis, The Losers: Puerto Ricans and the Public Schools, ASPIRA, New York, 1968.

25.

Rafael Vega. "Los Pioneros Maestros Bilingües," July 20, 1984. My translation: The frontier opened up and the soldiers appeared and then came the Koenigs, the Fortiers, the Legazpys, Marcial, Padraja, Marta Sánchez, Pistorino, Villareal, Monto, Inés Pérez, José Vázquez. César Nieves, Candy Rodríguez, Juan Méndez, Elba Collazo, Raquel Ferrer, the Sorvillos, Enrique Vázquez, Dolores Nazario, Nelly Ortiz, Lydia Laboy, Panchita Santos, Fred Aquino. Carmen Miranda, Hilda Orriola, Dora Pilot, Aida Torres, Salvador Vélez, and La Salle, Juan Méndez, Hilda Torres, Frank Suárez, Laura Arndst, Bill River, María Power. And the schools took a new turn well the parents ascended, to a fountain of water where they drank in comprehension, to understand themselves and to grow with their children and to struggle in the fray.

26.

Special Circular No. 64, 1967-1968. Board of Education of the City of New York, The Bilingual Teacher in School and Community Relations Pamphlet, 1968. 195


27.

Special Circular No. 27, 1967-1968, addressed to all superintendents, heads of bureaus, directors, and principals of all schools. Board of Education of the City of New York, Office of the Superintendent of Schools.

28.

Diane Ravitch. The Great School Wars: A History of the New York City Public Schools, Basic Books, Inc., New York, 1974; 1988, page 329. Ravitch includes Jonathan Kozol, Herbert Kohl, and Paul Goodman among those calling for school reform.

29.

See Ravitch, The Great School Wars, page 253. The figures the author gives are 90% at the elementary level and 85% in the junior high schools.

30.

Board of Education of the City of New York. November 12, 1965.

31.

Interview with Ana Peñaranda Marcial, cited above.

32.

Ibid. Bilingual Teacher in School and Community Relations. Photographed and edited by Rafael Vega. Multimedia Production Unit of the Bureau of Audio Visual Instruction. Board of Education of the City of New York. By this time, teachers like Carmen Sanguinetti were already creating bilingual curriculum materials for classroom usage. See Arnold D. Raisner, Philip A. Bolger, and Carmen Sanguinetti. Science Instruction in Spanish for Pupils of Spanish Speaking Background: An Experiment in Bilingualism, Bureau of Educational Research, Board of Education, New York, 1967.

33.

Private collection of papers on SAT activities and SPRAT communication belonging to María E. Sanchez.

34.

María E. Sánchez was at the core of the struggle to determine the autonomy of the Department of Puerto Rican Studies. Against the wishes of the faculty, who had elected her Chairperson, the College's President appointed an outsider to the Chairmanship. The battle waged over two years and the Department's faculty won the contestation.

35.

Interview with María E. Sánchez, January 29, 1992.

36.

By the early sixties, a cadre of US born, college-educated Puerto Ricans, including individuals like Hernán La Fontaine, Marco Hernández, Frank Bonilla, Alfredo Mathew, as well as the author, were increasingly incorporated into the teaching 196

Press Release,


profession. While many entered the schools as specialists in discrete disciplines, they also began to play key roles in advancing the educational concerns of the Puerto Rican community. The arena in which they came together with the island-born educator was in the professional organizations. Little has been documented about their joint efforts. 37.

A number of key community activists, including prominent figures like Evelina Antonetty and Amalia Betanzos, were among the first parents involved with reforming the schools. Little has been written about this phase of our community history.

38.

Interview with Ana Peñaranda Marcial, cited above.

39.

For a discussion of the Ocean Hill-Brownsville and I. S. 201 struggle and the coalitions that resulted, see Ravitch, The Great School Wars, pages 251-399; and also Luis Fuentes, "The Struggle for Local Political Control," in C. Rodríguez et al., The Puerto Rican Struggle: Essays on Survival in the U.S., Waterfront Press, New Jersey, 1984, pages 111-120.

40.

ASPIRA, Inc. Hemos Trabajado Bien. ASPIRA of New York, May 14-15, 1968, page 34.

41.

See Isaura Santiago. ASPIRA Vs. the Board of Education, cited above.

42.

For information about the Bilingual Education Act, see Cordasco and Bucchioni, The Puerto Rican Experience, Littlefield, Adams, and Co., New Jersey, pages 337; 349-354.

43.

Francesco Cordasco and Eugene Bucchioni (eds.). The Puerto Ricans 1473-1973, Oceana Publications, Inc., Dobbs Ferry, New York, 1973, page 113.

197


Los

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL GÉNERO EN LOS PROCESOS DE CAMBIO SOCIAL: MOVIMIENTOS SOCIALES Y IA POLÍTICA PÚBLICA COMO HERRAMIENTAS DE TRANSFORMACIÓN

María del Carneen Baerga* Nilsa Burgos** Marta Elsa Fernández*** Margarita Mergal**** Vicky Muñiz** * *

es.

Esta ponencia resultado de múltiples discusiones entre investigadoras interesadas en el estudio de la construcción social del género en los procesos de cambio social. Todas nosotras coincidimos en la urgencia de construir una sociedad más equitativa y en la importancia de desarrollar prácticas conducentes a la planificación de estrategias promovedoras de cambio. Para lograr esto es preciso profundizar en la investigación y el análisis del vínculo entre los procesos de cambio social y la construcción de identidades de género. En ocasiones, un mismo proceso de cambio social puede contribuir a transformar unas desigualdades mientras que refuerza y recrea otras. Nuestras investigaciones han revelado qué, en el caso de la mujer trabajadora, muchas estrategias de cambio dirigidas a transformar su

*María del .Carmen Baerga es Profesora del Departamento de Ciencias Sociales y Directora del Centro de Investigaciones Académicas de la Universidad del Sagrado Corazón. **Nilsa Burgos es Profesora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. ***Marta Elsa Fernández, Ex-directora de la Unidad de Acción. Afirmativa, Comisión para los Asuntos de la Mujer y es Coordinadora de Proyecto en el Instituto del Hogar.. ****Margarita Mergal y Vicky Muñiz son Profésoras del Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 198


situación de clase, reproducen y hasta profundizan su situación de subordinación por razón de género. Esto nos plantea el reto de crear enfoques que capten más adecuadamente la complejidad de las relaciones de desigualdad experimentadas por los diversos segmentos del género humano y de la relación que existe entre estas desigualdades. Decidimos enfocar nuestras discusiones como grupo en dos áreas de cambio social, en específico, los movimientos sociales y la planificación de política pública, por su trascendencia en las condiciones de vida de la mujer trabajadora. Además, éstas son áreas que han estado dominadas por visiones androcentristas y sólo recientemente han comenzado a ser objeto de la crítica feminista. El proceso de reflexión de nuestro grupo estuvo centrado en las investigaciones particulares de cada una de las compañeras, las cuales se mencionan a continuación. 1.

"El impacto de las relaciones de género y clase en el desarrollo de luchas colectivas entre trabajadoras asalariadas" por María del Carmen Baerga.

2.

"La reforma del Bienestar Social y las mujeres solteras con jefatura de familia" por Nilsa M. Burgos.

3.

"Cómo integrar las necesidades de la mujer en los Una procesos de planificación y política pública: contribución de la teoría del género a la teoría y práctica de la planificación" por Marta Elsa Fernández.

4.

"El desarrollo del feminismo en el Caribe hispano"; "La participación de las mujeres en la historia de Puerto Rico" (proyecto colectivo de CERES); y "La vida cotidiana de las prisioneras políticas y de guerra puertorriqueñas en las cárceles de los Estados Unidos" por Margarita Mergal.

5.

"Resistencia de la mujer puertorriqueña en contra del desplazamiento en Estados Unidos y la defensa de la puertorriqueñidad" por Vicky Muñiz.

Los orígenes de estas investigaciones son diversos; algunas son requisitos de grados, otras forman parte de esfuerzos colectivos o individuales de investigación vinculados a la academia o a agencias de gobierno. Aunque las investigaciones tratan aspectos diversos, como por ejemplo, perspectivas históricas y actuales, contextos geográficos distintos, así como una multiplicidad de temas (trabajo asalariado, vivienda, adiestramiento, bienestar social, identidad, entre otros), 199


identificamos muchos puntos de interés común y consenso. Decidimos organizar nuestra presentación alrededor de cinco puntos principales que por su importancia quisiéramos aportar para la discusión grupal. A continuación presentamos un corta discusión sobre dichos puntos. 1. Importacia de la categoría de género. Todas las investigaciones asumen una perspectiva de género.. Tal ejercicio revela cómo las identidades de género intervienen de forma importante a la hora de definir ya sea luchas sociales o política pública. Más aún, todas las investigaciones plantean, directa o indirectamente, que la construcción social del género ocurre en todas las esferas sociales, y no dentro de la familia exclusivamente, como frecuentemente se argumenta. En el caso de las investigaciones sobre política pública por Marta Elsa Fernández y Nilsa Burgos, se observa claramente cómo el Estado interviene, a través de su política hacia las mujeres, en la definición del género femenino como dependiente e improductivo, al no reconocer la complejidad del trabajo femenino en la sociedad capitalista e integrar a las mujeres de manera subordinada a sus planes de desarrollo económico y social. Tal hallazgo implica que las desigualdades por razón de género tienen que ser combatidas en todas las esferas sociales y que no basta solamente con transformar las relaciones dentro de la familia. 2. Crítica a las categorías tradicionales de análisis. Todos los trabajos presentan una concepción de la mujer como sujeto activo de los procesos sociales, lo que contrasta notablemente con la visión de los estudios tradicionales, donde frecuentemente se presenta a la mujer como víctima pasiva. Los trabajos presentan una visión distinta porque rechazan las categorías de análisis tradicionales, las que han sido construidas a partir de las experiencias masculinas exclusivamente y reflejan la comprensión masculina de determinados procesos sociales (Schmiechen, 1984:187). En. el caso de la literatura sobre los movimientos sociales, esto se hace evidente ya que sólo se denomina como movimientos sociales aquellas acciones colectivas que toman lugar en la llamada esfera pública y que estén definidas por conflictos de clases (Amir et al., 1990). El único momento que se menciona a las mujeres en esta literatura es cuando se discuten luchas donde las protagonistas son mujeres exclusivamente. Aún en estos casos, el análisis se conduce a través de las categorías tradicionales. Esto deja fuera otros tipos de luchas sociales, como la documentada por Vicky Muñiz en su investigación sobre el desplazamiento de los puertorriqueños en los Estados Unidos. Esta es una lucha que está definida alrededor de las identidades de género y etnicidad, aparte de que toma lugar dentro de la comunidad como parte de la vida cotidiana de las mujeres puertorriqueñas que defienden y luchan por ellas y sus familias diariamente. 200


La literatura sobre lo que se conoce como los nuevos movimientos sociales ha documentado el carácter heterogéneo de éstos, así como su diversidad organizativa, la cual exhibe una mayor flexibilidad y horizontalidad (Jelín, 1990). Las mujeres participan en este tipo de movimiento social porque los mismos ofrecen un espacio para utilizar las destrezas y contactos desarrollados a través de sus vidas. Estas se insertan en las luchas colectivas de diversas formas, desde las más visibles, que son las que se asemejan más a las formas tradicionales de participación, hasta las menos tradicionales, que pueden pasar desapercibidas (Andean Oral History Workshop et al., 1990). Nuestras investigaciones revelan que las mujeres de los sectores populares participan en los movimientos sociales cuidando niños de otras mujeres, participando en protestas y huelgas de otros miembros de su familia, recogiendo firmas y realizando trabajos clericales. Tales tareas viabilizan otros tipos de participación, que aunque más visibles, no son necesariamente más importantes.

lo

3. Necesidad de crear nuevas categorías. El rechazo a las categorías de análisis tradicionales nos lleva necesariamente a desarrollar una crítica epistemológica de los enfoques y conceptos de las ciencias sociales y de la historiografía tradicional. La literatura feminista ha denunciado en innumerables ocasiones el sesgo androcentrista de las teorías y metodologías aceptadas '(Hill Collins, 1991; Baron, 1991; Fonw y Cook, 1991). Sin, embargo, el legado de esta crítica ha sido la necesidad de repensar y crear nuevos enfoques que permitan la formulación de interpretaciones que reflejen y capten más adecuadamente las experiencias diferenciadas vividas por los segmentos del género humano y de las luchas de poder que se generan Por ejemplo, María del Carmen Baerga, en su entre éstos. investigación sobre las luchas colectivas de las trabajadoras asalariadas, cuestiona el concepto de proletarización, frecuentemente utilizado en la historiografía. Las mujeres asalariadas son conceptualizadas comúnmente como "semi-proletarias" debido a las condiciones de trabajo reservadas para éstas en las sociedades capitalistas, como por ejemplo, contratos informales de trabajo, trabajo a domicilio, pago a destajo, salarios bajos, falta de seguridad laboral y ausencia de beneficios marginales. No obstante, el concepto de "proletariado industrial" es masculino, construido históricamente alrededor del ideal del hombre proveedor económico y jefe de familia. Aceptar los conceptos de proletariado y proletarización acríticamente equivale a aceptar las experiencias de trabajo de algunos hombres como la "típica" o "normal" e ignorar la complejidad del trabajo femenino que involucra dimensiones asalariadas y no asalariadas (Baerga, 1993). Precisamente, que tenemos que explicarnos es por qué las experiencias de trabajo de las mujeres y de los hombres son tan distintas.

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4. Innovaciones metodológicas. La mayoría de los trabajos demuestran innovaciones metodológicas considerables, sobre todo aquéllos que utilizan lo que podría denominarse como investigaciónacción. Esta es una metodología que se basa en la participación activa de la investigadora como sujeto del proceso que está investigando (Fonow y Cook, 1991). Este es el caso de Marta Elsa Fernández en su investigación sobre la planificación social con el Proyecto para Mujeres Jefas de Familias de la Comunidad Galateos en Río Grande; de Vicky Muñiz en su investigación sobre el desplazamiento de puertorriqueños en Brooklyn; de Margarita Mergal en su proyecto con las prisioneras politicas puertorriqueñas en los Estados Unidos, y de Nilsa Burgos con su proyecto sobre las mujeres solteras jefas de familia y el impacto de la reforma de bienestar social sobre éstas. Esta metodología ofrece la ventaja de que las, preguntas de investigación, así como los marcos teóricos, se. van transformando a la vez que se lucha activamente por mejorar algunos aspectos de la vidas de distintos grupos subordinados en la sociedad. Además, este tipo de investigación ofrece la ventaja de que recoge más fielmente el punto de vista de las personas involucradas en los procesos estudiados. Esta metodología permite trascender uno de los problemas mayores de los estudios tradicionales. Estos tienden a producir un tipo de conocimiento que muchas veces no le sirve a las personas involucradas en los procesos estudiados por no responder a sus intereses particulares, ni recoger la compresión que estas personas tienen de los procesos que les ha tocado vivir. En el caso de la investigación de Marta Elsa Fernández en el Proyecto Galateos, se ha hecho un esfuerzo por garantizar la participación activa de las mujeres de la comunidad y de organizaciones y mujeres feministas en el proceso de evaluación, desarrollo y toma de decisiones del Programa. Tal participación ha sido clave para los logros obtenidos hasta el momento. Esta metodología, además, permite documentar procesos sociales que de otra forma resultarían invisibles, como demuestra la investigación de Margarita Mergal sobre las puertorriqueñas prisioneras políticas y de guerra en los Estados Unidos. Esta investigación tiene como propósito rescatar estas compañeras del anonimato e impedir que sus experiencias se diluyan en abstracciones políticas vitoreadas en marchas y piquetes. Esto sólo puede ser logrado permitiendo que estas mujeres nos cuenten con sus propias voces quiénes son, cuáles son sus experiencias y luchas. En resumen, a través del registro de sus vidas cotidianas se pretende convertir su encierro en un testimonio libertador. La metodología investigaciónacción tiene un impacto inmediato en las vidas de las personas porque permite a las investigadoras recoger mejor las preocupaciones de los actores sociales y trabajar junto a éstos en la búsqueda de soluciones colectivas.

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5.

Condiciones de la investigación en Puerto Rico.

Consideramos que es importante subrayar una vez más las condiciones adversas para la investigación en los países del llamado Tercer Mundo. Nuestras investigaciones se han llevado a cabo con fondos limitados, al margen de nuestros trabajos a tiempo completo y sin apoyo sustancial de las instituciones académicas. Tal situación no sólo afecta nuestras investigaciones particulares, sino que hace casi imposible el trabajo colectivo. En este caso en particular, la primera dificultad que tuvimos que vencer fue encontrar tiempo en común para reunirnos. Tuvimos que hacer grandes esfuerzos para coincidir todas en un mismo sitio a la vez. Aún así, no siempre lo logramos. Mientras que muchas compañeras de los países desarrollados cuentan con tecnología avanzada que facilita su comunicación, nosotras tuvimos que utilizar "las experiencias adquiridas a través de nuestras vidas" para poder escribir esta ponencia, como demuestra la siguiente anécdota. En un momento dado María del Carmen no pudo entregar sus comentarios iniciales a los puntos de consenso a los cuales habíamos acordado reaccionar. Este escollo hubiese sido fácilmente superado de haber tenido acceso a una máquina de facsímil (fax). No obstante, ninguna de nosotras cuenta con esta tecnología en sus oficinas y mucho menos en sus hogares. Afortunadamente la compañera Vicky Muñiz pudo recurrir a una "destreza femenina" adquirida hace muchos años. María del Carmen le dictó a Vicky por teléfono lo que había redactado y ésta lo copió en taquigrafía para luego transcribirlo a la computadora. Obviamente, este proceso nos consumió mucho más tiempo que si hubiésemos contado con una máquina de fax. Esta anécdota es tan sólo un ejemplo que demuestra la dificultad de llevar a cabo trabajo grúpal en este contexto. Tenemos que reflexionar colectivamente sobre esta situación porque, sin duda, las condiciones precarias descritas anteriormente no sólo afectan la investigación sino que también obstaculizan el trabajo político y práctico. A modo de cierre, quisiéramos plantear tres preguntas que pueden guiar futuras investigaciones en torrio al tema de género y transformación social. 1.

¿Qué circunstancias promueven la participación de mujeres en movimientos sociales y qué ha significado esta participación en términos de sus procesos subjetivos de concientización?

2.

¿Qué relación existe entre el movimiento feminista y otras luchas sociales?

3.

¿Cómo ha incidido la participación de mujeres en las luchas sociales en la transformación de las estructuras sociales y de la política pública? 203


Esperamos que estas preguntas y otras que surjan en la discusión sirvan de base para futuros trabajos colectivos.

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REFERENCIAS

Amir, S.; G. Arrighi; A .G. Frank e Immanuel Wallerstein. 1990. Transforming Revolution: Social Movements and the World System (Nueva York: Monthly Review Press). Andean Oral History Workshop y S. Rivera. 1990. "Indigenous Women and Community Resistance: History and Memory. En Women and Social Change in Latin America, editado por E. Jelín (Londres y Suiza: Zed Books Ltd y United Nations Research Institute for Social Development). Baerga, M.C. 1993. "El género y la construcción social de la marginalidad del trabajo femenino en la industria de la confección de ropa". En Género y Trabajo: La industria de la aguja en Puerto Rico y el Caribe Hispánico, editado por M. C. Baerga (San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico). Baron, A. 1991. Work Engendered: Toward a New History of American Labor (Ithaca y Londres: Cornell University Press). Caldeira, T.P. de R. 1990. "Women, Daily Life and Politics". En Women and Social Change in Latin America, editado por E. Jelín (Londres y Suiza: Zed Books Ltd y United Nations Research Institute for Social Development). Fonow, M.M. y J.A. Cook. 1991. Beyond Methodology: Feminist Scholarship as Lived Research (Bloomington e Indianapolis: Indiana University Press). Black Feminist Thought: Knowledge, Hill Collins, P. 1991. Consciousness, and the Politics of Empowerment (Nueva York: Routledge, Chapman and Hall). Jelín, E. 1990. Women and Social Change in Latin America (Londres y Suiza: Zed Books Ltd y United Nations Research Institute for Social Development). Schmiechen, J.A. 1984. Sweated Industries and Sweated Labor (Chicago: University of Illinois Press).

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COMENTARIOS AL PANEL "MUJERES, FEMINISMO, MOVIMIENTOS SOCIALES Y POLÍTICA (1) Edna Acosta-Belén* Antes de dar comienzo a nuestra sesión sobre Mujeres, feminismo, movimientos sociales y política quisiera expresar mi sincero agradecimiento a Alice Colón, las compañeras de CEBES, del Centro de Estudios Puertorriqueños y del Programa de Intercambio de CUNY por invitar a las compañeras de SUNY a que participen en este memorable encuentro (aunque fuese de "semi-coladas"). Espero que tengamos la oportunidad en un futuro cercano de celebrar un próximo encuentro en Albany como el que tuvimos en junio del 1991. Dos de las tres ponencias a presentarse en esta sesión de la mañana, la de Celia Alvarez sobre cuestiones de identidad cultural en la comunidad puertorriqueña, y la de Virgnia Sánchez Korrol sobre los educadores puertorriqueños en las escuelas de la Ciudad de Nueva York y su participación en el movimiento en favor de la enseñanza bilingüe, encajan dentro del marco más amplio del proceso de reconstrucción histórica de la comunidad puertorriqueña en los Estados Unidos y el movimiento multiculturalista que defiende los derechos de los las minoría étnico/raciales en los Estados Unidos a afirmar o defender su diferencialidad o diversidad cultural. La tercera ponencia sobre la construcción social del género en los procesos de cambio social, resume el trabajo de las compañeras Maria del Carmen Baerga, Nilsa Burgos, Marta Elsa Fernández, Margarita Mergal y Vicky Muñoz, las cuales destacan la necesidad de cuestionar, en términos teóricos y metodológicos, categorías tradicionales sobre la mujer y el género basadas en concepciones masculinas sobre determinados procesos sociales. Los dos primeras ponencias contribuyen a desentrañar mitos prevalecientes sobre la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos propagados por académicos norteamericanos (y a menudo también por

" Edna Acosta Belén es Directora del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en State University of New York (SUN?) en Albany, New York. 206


los isleños), que afirman que no hay un sentido de comunidad entre los emigrantes puertorriqueños, que sus tradiciones culturales son débiles, en fin, que comparten tanto la "cultura de la pobreza" como una "pobreza cultural". Como ya he mencionado, estos dos trabajos encajan en un proyecto más amplio de reconstrucción y rescate que se ha estado llevando a cabo entre académicos puertorriqueños en los Estados Unidos, especialmente aquéllos que se han dedicado al estudio de las etapas iniciales de desarrollo de la comunidad puertorriqueña en la Ciudad de Nueva York. Obras tales como las Memorias de Bernardo Vega (1977) y A Puerto Rican in New York and Other Sketches (1961; 1982) de Jesús Colón, dos tabaqueros que emigraron a Nueva York durante la década de 1910, crearon una importante apertura en la reconstrucción histórica de este período y han contribuido a generar otras investigaciones. Los escritos de Arturo Schomburg también introducen una importante e ignorada dimensión racial al promover el estudio y rescate de las contribuciones culturales e históricas del negro en diferentes partes del mundo. Ya anteriormente el valioso estudio From Colonia to Community: The History of Puerto Ricans in New York City (1983) de Virginia Sánchez Korrol y otras investigaciones llevadas a cabo por los(as) compañeros(as) del Centro de Estudios Puertorriqueños y otros académicos envueltos en programas de Estudios Puertorriqueños en los sistemas universitarios de CUNY y SUNY, han documentado una nueva visión de la comunidad puertorriqueña en los Estados Unidos, en la cual se destacan los siguientes aspectos: 1.

el espíritu de solidaridad, motivación para el trabajo, y capacidad de adaptación y sobrevivencia en un ambiente hostil de los pioneros puertorriqueños que emigraron a Nueva York durante las últimas décadas del siglo XIX y la primeras de nuestro siglo;

2.

su activismo político y social en el ámbito del trabajo en defensa de los derechos de los trabajadores, a nivel comunitario, y dentro del gobierno municipal y estatal;

3.

la efervescencia cultural reflejada en numerosas revistas, periódicos y otras publicaciones;

4.

el deseo de superación en el ámbito educativo reflejado en las campañas comunitarias en pro del establecimiento de programas de enseñanza bilingüe, los estudios puertorriqueños, y el más reciente movimiento multiculturalista;

207


5.

la continua producción de expresiones culturales que afirman una conciencia de la nacionalidad puertorriqueña en los Estados Unidos y una resistencia a la asimilación cultural.

Estos numerosos esfuerzos en defensa de los derechos culturales de los puertorriqueños y el mantenimiento de su puertorriqueñidad se han llevado a cabo a través de varios frentes: entre los investigadores académicos, el liderazgo comunitario, y entre los estudiantes y sus familias. A pesar de los logros obtenidos, la lucha por los derechos civiles y culturales de la comunidad puertorriqueña en los Estados Unidos se vio obstaculizada en años recientes por el conservadurismo de los gobiernos republicanos de Reagan y Bush. Estas administraciones promovieron una política cultural etnocéntrica y patriarcal que ha servido de terreno fértil no sólo para tratar de imponer mayores limitaciones a los derechos reproductivos de la mujer, o á los beneficios sociales de aquellos que viven en la pobreza, sino también para lanzar virulentos ataques contra el multiculturalismo, los programas de estudios de la mujer y de estudios étnicos, y la enseñanza bilingüe. Asociaciones tales como el National Association of Scholars y prestigiosas fundaciones como el National Endownment for the Humanities (NEH, la cual cayó por algunos años en manos de ideólogos culturales de derecha tales como William Bennet y Lynn Chaney), han sido utilizadas en esta campaña de negación del carácter multicultural y pluralista de la sociedad norteamericana. Las tendencias a limitar los derechos civiles de las minorías, como hemos visto, tienen también una dimensión cultural e intelectual que ha sido muy bien documentada en los trabajos presentados por Celia y Virginia. En cuanto al análisis que las compañeras de la isla hacen sobre la construcción social del género, quisiera destacar la necesidad de tomar en cuenta que en el proceso de formulación de enfoques teóricos y metodológicos que no partan de visiones/construcciones jerárquicas u homogeneizantes de la realidad, tenemos que tomar como punto de partida la relación entre el poder y la formulación y transmisión del conocimiento, el desarrollo y la formación las tradiciones intelectuales, y por último, la construcción de los cánones dentro de las disciplinas tradicionales. En otras palabras, cuestionar de por sí los fundamentos del legado cultural occidental que nos ha impuesto una tradición colonizada del conocimiento en lo que respecta a los grupos subalternos (mujeres, indígenas, individuos de descendencia africana, culturas tercermundistas). Esta visión colonizada sobre los grupos en posiciones de subordinación se refleja muy claramente en las categorías tradicionales que se han usado para 208


caracterizarles y para describir sus experiencias desde un supuesto estado "natural" subordinado. Podemos llevar esta discusión a un nivel teórico más amplio y global si consideramos, además, las relaciones de poder entre países dominantes y periféricos; diferentes grupos sociales, culturales y raciales; mujeres y hombres; y entre las mujeres mismas de diferentes clases sociales, razas o nacionalidades. En otras palabras, si nos enfocamos en el análisis de las jerarquías de poder y dominación ímplicitas en la formulación y transmisión del conocimiento dentro de la tradición occidental y le damos entrada a las voces y visiones de los grupos subalternos mismos y a sus interpretaciones y relatos de su realidad material e histórica. Esto ya se ha hecho en los trabajos de Hill Collins, Bernal y Asante sobre los afroamericanos y africanos, y los trabajos de Said sobre el orientalismo, y en otros numerosos trabajos sobre la condición de la mujer. Al reconocer la naturaleza jerárquica y visión limitada de la cultura occidental, podemos entonces emprender un necesario y arduo proceso de descolonización del conocimiento en las ciencias sociales y la historiografía y producir importantes trabajos reivindicativos sobre aquellos grupos suprimidos o silenciados a través de la conquista,. colonización, el sistema esclavista, y el predominio de relaciones capitalista-patriarcales.

~.

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REFERENCIAS Colón, Jesús. A Puerto Rican in New York. and other sketches. 2da. ed. New York: International Publishers, 1982. Sanchez Korrol, Virginia. From colonia to community: the history of Puerto Ricans in New York City 1917-1948, Westport, Conn.: Greenwood Press, 1983. Vega, Bernardo. Memorias de Bernardo Vega. (Editado por César Andreu Iglesias), Río Piedras, PR: Huracán, 1977.

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COMENTARIOS AL PANEL "MUJERES, FEMINISMO, MOVIMIENTOS SOCIALES YPOLÍTICOS"(2) María del Carmen Baerga* En este breve comentario me gustaría introducir un asunto que ha estado flotando a través de las discusiones pasadas y que además está presente directa o indirectamente en las presentaciones de las compañeras en esta sesión. Me refiero al asunto de cómo producir conocimiento que ayude en los procesos de transformación de nuestras vidas y de las sociedades en que vivimos. En otras palabras, me gustaría que reflexionáramos colectivamente sobre la cuestión de las metodologías de investigación. No es pura casualidad, como alguien mencionó en el día de ayer, que a pesar de que las sesiones fueron organizadas alrededor de temas distintos, preguntas similares de carácter metodológico surgieron una y otra vez. Todas nosotras, aunque investigamos temas distintos, tenemos compromisos similares; deseamos que el conocimiento que producimos a través de nuestro trabajo contribuya en alguna medida a transformar las relaciones sociales asimétricas que caracterizan a nuestra sociedad. Esto es algo que no podemos perder de perspectiva. A veces nos sentimos atraídas por posturas teóricas o discursos que suenan bien, pero es preciso que reflexionemos profundamente sobre el potencial transformador de éstos. Este debe ser, en mi opinión, el criterio que nos mueva a aceptar o a rechazar De hecho, este acercamientos teóricos y metodológicos. reconomicimiento es el que ha inspirado a las feministas a desarrollar_ críticas de las disciplinas tradicionales y a desarrollar acercamientos alternos a la producción del conocimiento. Otro aspecto que debe recalcarse es la importancia de la investigación de situaciones concretas. Si nuestro objetivo es transformar las relaciones asimétricas que existen en nuestras sociedades, el punto de partida de nuestra investigación debe ser el

*María del Carmen Baerga es Profesora del Departamento de Ciencias Sociales y Directora del Centro de Investigaciones Académicas, de la Universidad del Sagrado Corazón. 211


más

estudio profundo de las relaciones sociales concretas que queremos transformar. Es vital que anclemos nuestras reflexiones en contextos específicos que nos permitan movernos hacia la teorización, y a la vez someter nuestras teorizaciones a la prueba de tratar de explicar coyunturas específicas en toda su complejidad. Es importante utilizar metodologías que permitan entender los aspectos estudiados desde el punto de vista de las personas involucradas en esos procesos. Esto debe combinarse con otras metodologías que nos ayuden a entender cómo se han ido conformando las visiones particulares de los actores sociales dentro de contextos más amplios e ir construyendo puentes entre experiencias individuales y situaciones sociales. Estos son procesos sociales que se construyen a través de la historia, por lo que los acercamientos históricos y sociológicos son indispensables. Algo que me ha llamado la atención en la materia de las discusiones que hemos tenido, es la ausencia de una perspectiva histórica. En este sentido el trabajo de Virginia Sánchez Korrol es una excepción, ya que documenta, desde una perspectiva histórica, cómo se fueron construyendo alternativas educativas para los niños y niñas de habla hispana en la ciudad de Nueva York. No basta decir que en tal fecha se aprobó una ley que promueve el bilingüismo o que actualmente se está promoviendo el multiculturalismo en los currículos escolares. Es importante que tengamos una comprensión profunda de las luchas libradas por los distintos segmentos de la comunidad en coyunturas específicas y cómo estas luchas se vinculan al cambio social. Son muchas las lecciones que podemos aprender de luchas del pasado y del presente que pueden servir para organizar y promover luchas futuras. De ahí la importancia del estudio de los procesos de lucha y resistencia social. Como demuestra la ponencia colectiva de Puerto Rico, los procesos de lucha y resistencia social se libran en una diversidad de esferas sociales. En los últimos años se ha popularizado el estudio de "los nuevos movimientos sociales". Este concepto hace referencia a un tipo de lucha social distinta, caracterizada por representar intereses heterogéneos de actores sociales que luchan por establecer relaciones democráticas en los diferentes entornos sociales. La creciente visibilidad de los movimientos feministas, ecológicos, comunitarios, étnicos y religiosos, de un lado, y el fracaso de los movimientos sociales tradicionales, al no ser capaces de satisfacer los intereses y necesidades de la vasta mayoría de la gente, de otro lado, ha llevado algunos a concluir que han surgido nuevas formas de involucarse en procesos de transformación social. La pregunta que me hago frecuentemente es: ¿hasta qué punto son estos movimientos sociales nuevos? ¿No será que las categorías analíticas que hemos utilizado tradicionalmente sólo nos permiten explicar ciertos tipos de acciones sociales mientras que otras pasan desapercibidas?

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Algunos autores y autoras (Fuentes y Frank, 1989; Scott, 1990), han señalado que cuando se realizan comparaciones empíricas se hace evidente que muchos de los movimientos sociales actuales tienen sus orígenes en movimientos similares del pasado. Marta Fuentes y André Gunder Frank argumentan que movimientos como el de mujeres y el ecológico, así como el de campesinos y los comunitarios, por ejemplo, son versiones contemporáneas de movimientos que pueden ser rastreados en el pasado hasta el siglo XIX. Más aún, según ésta autora este autor, su ausencia del récord histórico tiene que comprenderse con relación a las victorias de los movimientos sociáles tradicionales. De suerte que una de las tareas más urgentes de la historia social es la de establecer el lugar apropiado de estos "otros" movimientos sociales en récord histórico y en la memoria social (Frank y Fuentes, 1990; 140-141). Sin embargo, no creo que se trate solo de rescatar una historia suprimida, sino de reconceptualizar las herramientas teóricas y metodológicas con las cuales investigamos e interpretamos éstos eventos históricos, ya que las existentes se han desarrollado desde la perspectiva de aquéllos que resultaron victoriosos en las diversas luchas sociales.

su

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Es importante que reflexionemos constantemente sobre las categorías que utilizarnos en nuestras investigaciones, de manera que podamos .captar la complejidad de las relaciones sociales en que se.. involucran los hombres y las mujeres a través de sus vidas. Esto puede servir para desarrollar nuevas categorías que sean más inclusivas y que puedan servir para el .desarrollo de luchas sociales que atiendan intereses particulares. Aquí han mencionado algunas, como es el .del caso concepto .de ciudadanía cultural, que sería bueno que discutiéramos más a fondo para establecer potencial como categoría analítica cromo :concepto alrededor del .cual se pueda organizar luchas futuras.

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REFERENCIAS

Frank, A. G. y M. Fuentes, 1990, "Civil Democracy: Social Movements in Recent World History". En Transforming Revolution, S. Amin, G. Arrighi, A. G. Frank e Immanuel Wallerstein (Nueva York: Monthly Reveiw Press). Fuentes, M. y A. G. Frank, 1989, "Ten Theses on Social Movements", World Development 17 (2): 179-191. Scott, A., 1990, Ideology and the New Social Movements (Londres: Unwin Hyman) .

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"LAS MUJERES SON, SON, SON':... IMPLOSIÓN YRECOMPOSICIÓN DE IA CATEGORÍA* Nydza Correa** Heidi Figueroa*** María Milagros López**** Madeline Román* * *** La naturaleza polémica de esta presentación, aI amparo del Encuentro entre la Red de investigadoras en Torno al Género CUNY-UPR, 1992, puso de relieve las tensiones que nos separan. Si para algunas asumir eI debate de lo postmoderno es traicionar la "causa", para otras, como nosotras, es airear la casa, dejar de defender los valores de la modernidad que, a fin de cuentas, han regulado y condicionado los términos de nuestra sujeción. No se trata de asumir la parálisis política ni la pérdida de todos los referentes dentro de ese debate. Se trata, sin embargo, de cuestionar la

*Versión editada y revisada. **Nydza Correa es Profesora del Departamento de Psicología en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. ***Heidi Figueroa es Profesora en la Facultad de Ciencias Sociales del Colegio Universitario de Cayey de la Universidad de Puerto Rico. ****María Milagros López es Profesora del Departamento de Psicología, en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.. *****Madeline Román es Profesora del Departamento de Sociología y Antropología en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. 21 5


"experiencia" como fuente de todo saber e impermeable a los códigos ideológicos. Nuestra intención es problematizar el debate, cuestionar aI feminismo en tanto discurso falocéntrico, racionalista y censurador de las formas de "ser" feminista, al tiempo que reafirmamos nuestro compromiso.

Varios procesos de carácter histórico se vinculan al surgimiento de la categoría de género, tanto en lo que concierne a las prácticas del feminismo organizado como a las del sector académico. La manera en que se fueron configurando las sociedades contempóraneas provocaron un espacio propicio para el emerger y la posterior identificación de "las mujeres" en tanto sujetos colectivos. Este espacio propicio se fue constituyendo desde los estadios iniciales del capitalismo, según como se fueron deslindando las esferas de lo social y de lo político y la de los diversos sectores subordinados: mujeres, niños, envejecientes, homosexuales, lesbianas, aptos y no aptos al trabajo, entre otros. Este deslinde estuvo vinculado a proyectos específicos de domesticación y docilización, de control y de dominación. A partir del siglo XIX, las mujeres advienen .como categoría sociológica y psicológica dada la cercanía de éstas con el orden de "lo social". Se, produce una feminización de lo social en la que las mujeres aparecen n6 excluidas, sino incluidas de maneras extremadamente asimétricas. Lo social se contrapone a lo político. Ya desde .el siglo XVIII se intensifica la "naturalización" de la feminidad en lo social, tomando como eje la forma familia.' A las mujeres, en tanto colectivo, se le adscribe el proyecto de "humanización" de lo social. Este proceso contempló una .doble inserción de éstas en su relación al orden de lo social: doble feminización que supuso, de un lado, que lo social adquiera estándares familiares —salud, educación, higiene, fertilidad, demografía, entre otras— y, de otro lado, el "corazón" de la forma familia se asume que son las mujeres (Riley, 1988).

lo

La mujer se convierte en categoría sociológica y psicológica en un doble sentido: como agente de social —interventoras a distintos niveles para ejecutar múltiples proyectos de reforma social— y objeto, a su vez, de estas mismas reformas. La inclusión de la mujer como género se configura, pues, de maneras asimétricas con relación al hombre, instituyéndose simultáneamente un "aparente" disloque entre la esfera de lo social y la esfera de lo político.2' La primera

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aparece como el terreno de lo femenino y la segunda como el terreno de lo masculino. Ya en el contexto de las décadas del cuarenta y del cincuenta, varias mujeres desde puntos diversos del planeta,3 comienzan a exaltar el que "una no nace mujer" —esto es, comienzan a recalcar la dimensión social-cultural de la categoría. Más recientemente, y en el contexto del campo de teorización que directamente nos precede,4 la categoría de género emerge al interior del feminismo académico y a su vez es incorporada en los feminismos en tanto movimiento social. Las investigaciones iniciales se centraron en el cotejo de las formas en que los géneros se han venido transformando y de las formas en que se han venido configurando las relaciones de dominación-subordinación entre "los hombres" y "las mujeres". Las tecnologías de género, en tanto configuradoras de prácticas reglamentadoras, han aperturado espacios a todo lo largo y ancho de los diferentes campos del saber disciplinario: las encontramos en la psicología, la economía, la demografía, la medicina, la biología y, ¿por qué no asumirlo?, en los saberes feministas. Los feminismos locales fueron configurando algunas de estas prácticas reglamentadoras en las relaciones entre las mujeres y el Estado benefactor. La situación del mercado laboral en Puerto Rico y la composición de los sectores económicos locales posibilitan, hoy por hoy, plantear que debido al desenvolvimiento "paradójico" de la posindustrialización periférica, nos encontramos tendencialmente hacia la transición a la sociedad post-trabajo. La expulsión masiva de amplios sectores poblacionales asalariados, sobre todo de las esferas de la agricultura y la manufactura, la creciente descalificación de la fuerza de trabajo y la relevancia cada vez mayor de la economía sumergida, se constituyen en algunos de los procesos que caracterizan la reestructuración de la economía local y su inserción en los procesos de globalización actual.5 De allí, la urgencia de reflexionar en torno a nuestros entendidos tradicionales en relación al trabajo, al no-trabajo, al fenómeno asistencial6 y a la "siniestra" convergencia "derechaizquierda" en torno al debate sobre el "welfare", la dependencia, los subsidios federales y el "rol" de los sujetos en tanto ciudadanos de un Estado benefactor que pueda autocontenerse. Al nivel local, es posible identificar un consenso entre los discursos oficiales de Estado y los sectores conservadores-predominantemente de los sectores mediosen torno a la negatividad que acarrea la dependencia de los fondos federales en Puerto Rico.. La solución recurrentemente propuesta7 es la de provocar una ruptura de la dependencia. Esto constituye el referente sobre el que deseamos examinar la tensa y contradictoria relación entre el feminismo local en su conjunto y las luchas por la extensión del salario social.s La contradictoriedad feminista, en este caso, gravita alrededor de tres asuntos principales: en primer lugar, la 217


sobrevaloración del trabajo asalariado y de la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo vs. el reconocimiento por parte de los feminismos locales de la centralidad de la esfera de la reproducción y de los valores de uso en el ámbito doméstico. Esto es, de una parte, los feminismos locales lanzan como denuncia principal la 'no valorización del trabajo doméstico en tanto trabajo, y de otra parte acogen acríticarnente la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado. El efecto de este quehacer ha sido la equiparación de trabajo asalariado y valor. Esta equivalencia ha posibilitado el que se tome el trabajo asalariado y la participación de las mujeres en éste como árbitro moral del valor de las personas y, más aún, de su capacidad como sujeto y agente social.9 En segundo lugar, y por consiguiente, sectores feministas, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, no han expresado grandes solidaridades por las luchas a favor del welfare, por los debates en contra del "workfare" u otros reclamos vinculados al incremento de los subsidios estatales a las mujeres. En este sentido, se trata de prácticas reglamentadoras desde los feminismos que coinciden con las discursividades conservadoras en sus oposiciones al "welfare". En tercer lugar, las posturas racistas, clasistas, elitistas y de saber-poder de los feminismos locales, en su mayor parte compuesto por sectores universitarios, medios, acomodados y/o profesionales obstaculizan las posibilidades de alianzas con las mujeres que se constituyen en recipiendarios de estas ayudas.10 El emplazamiento teórico y político es poder asumir la especificidad de Puerto Rico, en tanto contexto particularmente agudo de expulsión de fuerza de trabajo y de la creación de trabajos de baja calificación y remuneración, y la urgencia de reflexionar el tránsito hacia la sociedad post-trabajo así como sus efectos sobre las mujeres. A partir de la década del sesenta, los debates en torno a la "identidad de género" giraron alrededor de diversas posiciones: la discursividad biologicista, lo "femenino" como esencialidad y la relación persona-género en los discursos sicológicos y sociológicos. Desde el biologicismo se intentó ubicar los orígenes biológicos genéticos u hormonales— de la especificidad de género. La identidad de género se percibe como el resultado de determinantes biológicos adicionados a los procesos de socialización y encuadramiento. Estas visiones instauran la distinción sexo/género ubicando el sexo en el ámbito biológico anatómico y al género en el ámbito de' la construcción cultural. Se trata de posiciones que parten del binomio naturaleza/ cultura en tanto categorías dicotómicas y oposicionales. Tendríamos que preguntarnos, al igual que Judith Butler (1993), si ¿no será que la naturaleza es a la cultura lo que lo femenino es a lo masculino? Esto es, si esta construcción de la naturaleza no se vincula igualmente a una discursividad masculina en la que la naturaleza aparece ante nosotros(as) en tanto espacio pasivo aguardando el acto "penetrante"1' 218


de la inscripción cultural. Esta postura ha obviado la necesaria deconstrucción del orden de lo natural. Esto es, lo natural en tanto producción socia1.12 En relación a los asuntos de género, los binomios sexo/género; naturaleza/cultura posibilitaron el darle carácter de naturalidad al montaje heterosexual. Las diferencias anatómicas fueron asumidas como complementarias, esto es, la naturalidad (normalidad) de la heterosexualidad y de las prácticas procreadoras. Mas recientemente, el desmontaje de la categoría de género, en tanto construcción social cultural y del régimen de dominación que la sostiene,13 se ha desplazado a la exaltación de los abordajes esencialistas. Habiendo deconstruido la parte del binomio que se vincula a los proyectos de dominación, esto es, habiendo asumido el género en tanto inscripción cultural sobre un otro espacio que llamamos "sexo" , es como si no quedara otro resquicio contestatario que no fuera pensar en la existencia de un remanente, de un "irreducible", "inherente" a los cuerpos de mujeres que nos haga diferentes de los hombres y que a su vez se constituya en espacio de liberación. Nos parece que es esto lo que provoca el surgimiento de la discursividad en torno a "lo femenino".14 Se trata de una discursividad contradictoria toda vez que supone un proyecto en el que vertientes del feminismo pretenden subvertir justamente una de las instancias de mayor sujeción para las mujeres: el discurso biológico. Construcción que supone que el eje de la dominación se encuentra en las diferencias anatómicas. Esto es, la teorización en torno al género tampoco ha escapado del debate esencialismo versus constructivismo como tampoco ningún otro movimiento social que se fundamente sobre de la política de las identidades (Diana Fuss, 1990). No obstante, se ha señalado que las diversas posturas esencialistas pueden concebirse en tanto momentos constestatarios al interior de estos movimientos, sobre todo, cuando la interrogante teórica y política se vincula a cómo protestar una categoría socialmente impuesta si no es organizándose alrededor de la misma.15 La teorización del género, de otro lado, ha gravitado igualmente alrededor de la relación entre categorías universales como "persona" y género. Los discursos sociológicos y psicológicos tradicionales asumen la existencia de una "persona sujeto", "individuo"16 u otras categorías afines —en tanto entidad autónoma, que a través de los procesos de socialización asume los roles asignados de acuerdo a su sexo, adquiriendo de manera secundaria las características de género. Esta orientación supone la existencia de una "identidad personal" que se configura en primera instancia y a la que, un momento después, le sobreviene la "identidad sexual"—el génerol7 por oposición a asumir que el sujeto es sujetado y a su vez subjetivado por el género de tal manera que no existe un sujeto antes del género ni después del

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género. Esto es, asumir la simultáneidad de la construcción sujetogénero. Otro aspecto relativo a la teorización sobre el género es que éste, por lo general, se ha "centrado" más en los asuntos de la dominación que en el de las resistencias. Por ejemplo, cuando se encara el binomio hombre/mujer ha habido una preeminencia en el cotejo de las exclusiones respecto al discurso patriarcal que en la mirada al interior de las categorías del binomio. La discursividad patriarcal define y ubica a las mujeres en la posición del otro. El feminismo y la teorización sobre el género no obstante se inserta de manera dual: ante el discurso patriarcal su inserción es contestataria, se constituye en discurso de la diferencia, mientras que en su interior, al constituir un discurso totalizante que gravita alrededor de la diferencia sexual, el feminismo universaliza y esencializa la categoría Mujer. Así se activan otras políticas de exclusión en tres instancias a saber: las mujeres de la categoría Mujer, las diferencias y la diversidad de las mujeres entre sí y de cada una de éstas en tanto sujetos no unitarios sino múltiples y fragmentados.18 En la medida en que la teorización sobre el genero se ancló sobre el supuesto de la presencia de un sujeto identitario, gravitó alrededor de dos entendidos que han mostrado ser progresivamente insostenibles en el marco de las sociedades contemporáneas. Por un lado, se pensó a la Mujer (en singular) en tanto sujeto unitario, no fragmentado, in/dividuo-no dividido y ,en este sentido, la diferencia y la diversidad entre mujeres fueron pensadas en función de la intersección con otras categorías como clase, raza19, nación, y no a partir de la implosión de la categoría misma ("las mujeres"; "los feminismos")2Ó. Asumir la implosión de la categoría sugiere considerar el que las tecnologías de genero producen campos discursivos, discursividades múltiples que producen el sujeto "mujer" de variadas y diversas maneras que no excluyen discursos antagónicos, transversales, contradictorias entre sí, y que a su vez provocan el emerger de múltiples posiciones de sujeto-mujer. Multiplicidad discursiva que no resiste una teorización que aflore un solo tipo o unos tipos únicos de "ser mujer". Por otro lado, en el ámbito más explícitamente político21, se pensó en el supuesto de un sujeto identitario que gravita alrededor de la categoría Mujer la cual, una vez articula la problemática de la subordinación, se mueve hacia prácticas de resistencia guiadas por la búsqueda de formas nuevas y emancipadoras -la inserción de la razón en el discurso feminista. El legado del marxismo tradicional al interior del feminismo se ilustra en el entendido de que el problema de la subordinación de las mujeres evoca el problema de una falsa conciencia la cual, una vez trascendida, aflora al sujeto femenino o sujeto feminista "auténtico" de maneras muy similares al emerger del sujeto trabajador emancipado en Marx. A su 220


vez, este entendido feminista se sostiene sobre el supuesto de que, una vez articulada la problemática de la subordinación, debería evidenciarse un movimiento progresivo, esto es, una Gran Resistencia, donde se concilian las diferencias (mujeres en Mujer). En el ámbito de la investigación y reflexión académicas, uno de los ejes que articula esta discusión es el binomio ideología/ciencia donde ideología se asume como falsedad-error y ciencia se asume como "verdad". En este sentido, el proyecto feminista supone aflorar "la verdad" feminista. No obstante, otras consideracones contemporáneas, exaltan que no se trata de la oposición error/verdad sino del problema de la verdad, de los regímenes de verdad. La verdad en tanto producción del poder, la verdad produciendo diferentes efectos de poder ya sean estos llamados ideologías o ciencias. De otro lado, este campo de teorización sobre el género al que aludimos se ancla en la positividad de la ciencia aún cuando, hoy por hoy, el "mundo seguro" que proponía ésta se debate, como todos los demás campos discursivos, en una secuencia de agitaciones y crisis. La ciencia positiva deviene de la noción de ciencia newtoniana que propuso la teoría científica con carácter universal, determinista y objetiva respecto a la separación del observador22. La verdad, como búsqueda acumulativa de sucesivos enfrentamientos y consecuentes depuraciones, se presume como alcanzable a través de la conjunción, de la comprobación teórica con la prueba empírica como cuando la teorización sobre el género busca "validarse" con las experiencias "concretas" de las mujeres. El trabajo de la ciencia desde esta óptica asume la línea de la distinción y la separación, en el afán de la búsqueda y producción de "verdades científicas". Este régimen cientifista puso en marcha el acercamiento causalista y bipolar que permitió la separación entre lo científico y lo no científico, lo La verdadero y lo no verdadero, lo real y lo no real, entre otras. noción de ciencia así planteada, y articulada desde la razón positivista presume la separación de la esfera de la ciencia-saber como elemento de alejamiento necesario para la descontaminación de las "impurezas del mundo", del poder, de la falsedad, de lo "oscuro", de lo incierto. Es desde esta posición aséptica de la academia, laboratorio, centros de investigación, proyectos de estudio, que es posible desintoxicar a la ciencia de sus reductos ideologizados de falsedad, deformación y encubrimiento. El mito de la ciencia libre que libera se propuso la tarea de declarar su creciente verdad a través de la normatividad y la burocratización como reglas. Es esta una ciencia anclada en el poder de la razón y alejada de la razón del poder como canon de verdad instituyente23. Ya instalados los programas de estudios de la mujer su proyecto se pensó en términos cientificistas. Darle carácter de cientificidad a 221


los estudios de género. Presentar "la verdad" sobre el género, postura que se manifiesta recurrentemente en la necesidad de la búsqueda de nuevas y mejores teorías. Así se van configurando nuevas tecnologías de género desde los estudios de la mujer, desde los feminismos donde se sugiere lo femenino como un ausente y de ahí el imperativo de incorporarlo en la academia, en los procesos de trabajo, en las instancias decisionales. Se trata de una discursividad feminista que queda atrapada en la propia lógica binaria (hombre/mujer) en tanto para nombrar su ausencia ha tenido que estar "inevitablemente presente"24 y en tanto el afán de incorporación vuelve a remitirnos a la lógica universalista25 que justamente hemos pretendido desmontar —el discurso y la razón patriarcal. La reacción que típicamente provoca algunas de las posturas e interrogantes aquí comprendidas se vincula a cuáles son las alternativas de "acción" si se desea darle continuidad a algo llamado feminismo. Implícitamente, esta preocupación guarda la sospecha del inmovilismo o la parálisis como consecuencias "inevitables" de las interrogantes expresadas. No obstante, podemos identificar una diversidad de esfuerzos que ya han intentado la reconceptualización de estos asuntos refutando el supuesto inmovilismo y expresando una profunda preocupación política como elemento medular en la conceptualización. Las contribuciones de Judith Butler, por ejemplo, no se agotan en el reconocimiento de la crítica al esencialismo y al fundamentalismo sino que su reflexión incide en las búsqueda de nuevos dispositivos políticos. Para Butler, las feministas necesitamos producir narrativas que legitimen toda una multiplicidad de géneros "no coherentes".26 Ante la interrogante de si tales narrativas no le restarían capacidad contestataria o agencia a las resistencias, ésta responde que la noción de agencia supone una práctica instituída en un campo de restricciones. Exalta, de esta manera, la deseabilidad de producir discursos sobre unidades provisionales que pueden emerger en situaciones específicas y que no tienen como propósito la construcción de identidad (supuesta como coherencia y continuidad). Las múltiples posibilidades que ofrece esta perspectiva exalta justamente todo lo contrario a la inmobilidad política: "Sin la expectativa compulsoria de que la acción feminista debe ser instituida desde una identidad estable, unificada y acordada, estas acciones bien pueden ser un comienzo más rápido y congeniar más con un buen número de "mujeres" para quienes el significado de la categoría está permanentemente en discusión." (Butler, 1989). En el caso particular de Puerto Rico esta perspectiva nos permite la incorporación de un instrumental teórico extremadamente rico en posibilidades, sobre todo a la hora de asumir las representaciones de las mujeres en una diversidad de productos culturales (y las interpretacionesconstrucciones que diferentes mujeres hacen de éstas) tales como telenovelas, comedias, anuncios televisivos, entre otros. El feminismo 222


tradicional ha asumido estas representaciones como objetificación-cosificación-- sumisión de las mujeres mientras que algunas mujeres "no feministas" las han asumido en su positividad, esto es, en tanto espacios de desafio, provocación, diferencia, seducción.27 Se propone una concepción diferente, pues, de lo que es una política de coalición Esta que no asume la "identidad" como premisa fundamentaL 28 travesía teórica nos lleva a resituar lo político en las prácticas de significación que establecen, regulan y desregulan la identidad. Nuevos discursos feministas y de género han configurado una sensibilidad diferente conocida como la política de la diferencia, partiendo de la ruptura con toda subjetividad soberana y coherente para dar cuenta de múltiples subjetividades emergentes y contradictorias tanto en su acción como en sus saberes. La propia categoría de género implosiona formando una constelación imprevista que evoca diversas formas de acción contestatarias y el rechazo constante a las teorías soberanas. Esta nueva sensibilidad ubica en el corazón de la política feminista las formas divergentes de la experiencia, no en su sentido liberal sino apelando a una política de la diferencia que busca especificidad, heterogenidad y conexiones a través de las resistencias (Haraway, 1991). En la experiencia las categorías identitarias aparecen siempre precarias, simultáneamente afirmadas y deconstruidas. Podríamos arguir aquí que en esto radica su peligrosidad, su potencialidad súbversiva o la agencia, que, siempre imprevista, rebelde e incommesurable escapa a todo proyecto de encuadramiento programático. Estas reflexiones no conducen al inmovilismo, sino por el contrario a una explosión-implosión de movimientos y transformación.

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NOTAS 1.

Hablamos de la "forma" familia, ya que la familia, en tanto arreglo particular del ámbito de lo doméstico, es un fenómeno relativamente reciente vinculado, principalmente, a este estadio.

2.

Al interior de los saberes antropológicos, lo masculino se vinculó al orden de la cultura. Binomios tales como son hombrecultura/mujer-naturaleza se constituyen en expresión de este proceso.

3.

Simone de Beauvoir, entre ellas.

4.

Esto es, aquel campo de teorización en donde el género se configura al calor de los movimientos feministas en tanto movimientos sociales eminentemente modernos que gravitan alrededor de las luchas por la igualdad.

5.

De igual manera, la proletarización de nuevos sectores sociales, la pauperación de amplios sectores poblacionales y la polarización entre sectores aún insertos y los ya expulsados, provoca "la necesidad" de pensar en modos de vida que no presupongan la centralidad del trabajo asalariado en las vidas de la gente.

6.

Esto es, al "welfare".

7.

La cual no parece contemplar la imposibilidad del trabajo.

8.

Esto contempla igualmente una reflexión en torno a la redefinición de las nociones de ciudadanía, los derechos sociales y la articulación de las necesidades en Puerto Rico.

9.

Contradictoriamente se desvaloriza la función de madre y ama de casa en comparación con la importancia adscrita a tener un empleo fuera de la casa, una carrera y un compromiso "ardiente" con la ética de trabajo capitalista. Hemos querido demostrar que lo hacemos mejor que los hombres. Al mismo tiempo se trata de un feminismo que pensó que la proletarización masiva de las mujeres sentaría las bases para la igualdad entre hombre y mujeres al menos al interior del trabajo asalariado mismo. Hoy por hoy, reconocemos que la experiencia no ha sido esa. 224


10.

Es presiso señalar que, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, las mujeres constituyen la gran mayoría de los recipiendarios de estas ayudas, así como, de otro lado, constituyen la mayoría de los asalariados (as) a cargo de la administración del "welfare".

11.

Al igual que la pasividad que se adscribe a lo femenino.

12.

Esto es, lo natural es producido socialmente. Los seres humanos hemos construido discursivamente aquello que llamamos lo natural. El desmontaje de esta categoría requiere de ese despegue, y a su vez de hacer agarre del estado de las discusiones en torno a esta categoría. Por un lado, las maneras en que asumir algo llamado lo natural permite la configuración de un mundo de relaciones sociales que se viven como si fueran naturales, los abordajes antropólogicos que sugieren que ya cuando podemos identificar seres humanos en el planeta propiamente (lo que ha sido llamado la revolución homínide) éstos se encuentran al interior de lo que llamamos lo social y que, en el caso extremo y que estamos descartando-de que alguna vez hubiese algo llamable "lo natural", los seres humanos nos hallamos tan distanciados de eso al presente que ya no es posible convocarlo más como parte de eso que hemos construido como nuestra naturaleza. No obstante, es pertinente igualmente el señalar que las categorías de este orden llamado "natural" son constantemente reforzadas por los discursos y los saberes científicos.

13.

Tanto al interior de las prácticas académicas como en el feminismo organizado.

14.

Lo femenino en la escritura, en la política, en las prácticas sociales-cotidianas, en la academia, entre otros.

15.

En efecto, teóricas francesas como Cixious e Irigaray, a partir de una relectura de la psicología lacaniana, han venido configurando un campo discursivo en donde la creación de un orden de "lo natural femenino" —en este caso en lo que concierne a la anatomía femenina— constituye un punto de despegue para la elaboración de diversidad de terrorismos discursivos y de campos de resistencia.

16.

Esto es no-dividido.

17.

Al nivel de la discursividad popular, cuando los debates de género se acaloran siempre hay alguien que intenta apaciguar los 225


ánimos señalando: "ante todo somos seres humanos y en ese sentido iguales". 18.

El emplazamiento de las mujeres lesbianas ante el abordaje prioritariamente heterosexual al fenómeno de la subordinación, al igual que la postura de las mujeres negras ante lo que identifican como el feminismo de las mujeres blancas constituyen algunos ejemplos de la presencia del "otro", de los discursos de la diferencia al interior del feminismo. Las categorías siguen implosionando en la medida en que, al interior del feminismo lésbico y del feminismo de las mujeres negras, entre otros, se siguen suscitando las diferencias.

19.

Categoría que ha sido deconstruida y que expresa la propia lógica racista.

20.

Dé Mujer en mujeres.

21.

En su sentido tradicional de pensar el poder ubicado en un lugar estratégico único, el Estado.

22.

El campo de la explicación quedó demarcado por la búsqueda y constitución de un mundo finito y ordenado, de sucesivas complementariedades para el advenimiento de las posibles y "deseables" totalizaciones. Esta noción de ciencia supuso una posición absoluta del sujeto desde el cual éste asumiría un lugar privilegiado en la búsqueda de la Verdad. El sujeto en esta concepción se asume desde una perspectiva absoluta, identitaria. Es este sujeto quien observa/manipula y "transforma" el objeto.

23.

Contradictoriamente, gran parte de las ciencias sociales se amparan en una discursividad que ha sido desmontada desde la "ciencia" misma. A partir del siglo XX la discusión en la ciencia cancela la visión newtoniana-cartesiana como marco epistémico. De una parte el rechazo al empirismo y de la otra, las proposiciones einsteinianas al inicio del siglo, conforman un variado trazo de discusiones contemporáneas cuyos ejes están en el autoanálisis de la ciencia como discurso social por tanto construido y relativo a la multiplicidad de relaciones sociales que se establecen. La lectura de la ciencia elabora una mirada abierta a las múltiples posibilidades de explicación en un terreno que perdió el exacto punto de demarcación entre lo "científico" y lo "no científico". Hoy por hoy, la búsqueda de esto no constituye ya preocupación alguna.

226


24.

Y lo ha estado según se desprende de nuestro recuento inicial en torno a la configuración de lo social vis a vis lo político y ahora lo miramos en el plano discursivo sin sugerir línea de causalidad ninguna.

25.

Y habría que preguntarse si los estudios de género o el feminismo o ambos, han configurado una metanarrativa feminista.

26.

Esto en la medida en que, para Judith Butler, la identidad de género se configura a partir de una ficción de coherencia y dentro de la lógica heterosexual.

27.

Seducción, mala palabra para el feminismo tradicional, el cual, al regirse por la lógica oposicional no contempla otra resistencia que no sea de carácter frontal.

28.

Podemos decir que la noción de agencia supone un Yo soberano, encargado del mundo; un mundo externo sobre el cual el Yo En contraposición actúa sometiéndolo a sus designios. proponemos que el sujeto negocia su propia construcción --aún cuando estas construcciones están predicadas sobre su propia identidad-- dentro del campo discursivo. En este contexto la noción de agencia es redefinida o reformulada en función de cómo operan los procesos de significación y resignificación. La identidad se entiende como una práctica significante. Los sujetos son entendidos como "los efectos resultantes de un discurso regulador que se inserta a sí mismo en los actos expansivos y mundanos de la vida linguística" (Butler, 1989). Los discursos aparecen como organizadores específicos del lenguaje históricamente situados, como tales plurales, reguladores o contestatarios y con capacidad de generar posibilidades inesperadas. El sujeto no es determinado por las reglas a partir de las cuales se genera la significación porque la significación no es un acto fundante sino un "proceso regulador de repetición" el cual simultáneamente oculta y refuerza sus reglas a través de la producción de efectos substancializantes. Toda significación se instaura dentro de una compulsión hacia la repetición. De manera que la agencia debe ser localizada dentro de las posibilidades de variación, ruptura o cuestionamiento de la repetición.

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REFERENCIAS Butler, Judith. (1993.) Bodies that Matter. New York: Routledge. (1991.) Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity. New York: Routledge Fuss, Diana. (1989.) Essentially Speaking: Feminism, Nature and Difference. New York: Routledge. Haraway, Donna. (1991.) Simians, Cyborgs, and Woman: The Reinvention of Nature. New York: Routledge. Riley, Denise. (1988.) "Am I that Name? Feminism and the Category of 'Women' in History." London: Macmillan Press.

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A PLACE FC2R LATINAS IN FEMINIST THEORY AND WOMEN'S STUDIES Linda Delgado' At the beginning of the semester, a female Puerto Rican student asked me if I knew anything about Latina feminism. Did it exist? She added that she had taken several Women's Studies courses and knew about the history of that movement. She also seemed familiar with many black feminist writers. What she wanted to know was how did the experiences of Latinas in the United States fit into the picture. This paper is an attempt to respond to that student. Not too long ago, I was asked to present a paper on "The Future of Feminist Theory and Feminist Activism." When I arrived, I was seated at a rectangular table. At the head of this table was a white feminist writer who recently has begun to publish literature on African-American women's experiences. At the opposite end was a black feminist writer who has attacked the appropriation of black women's experience by white women writers. In the middle sat a white feminist philosopher and theorist and, me, "the new kid on the block." As I looked out at the audience, I noticed that the sea of faces before me were either black (African-American) or white; not a Latina in sight! I could only think to myself that this was indeed the essence of politics of location. As a Latina (puertorriqueña) feminist, I have often found myself caught with one foot in black feminism and one in white feminism and with both. sides tugging. As both sides spoke that day, I listened to exclusion being clearly and succinctly defined and Inclusion comes from yet neither touched on inclusion. understanding exclusion and it can be accomplished without appropriation or absorption. The whole is, after all, only the sum of its parts, but what if those parts do not wish to absorbed into the whole? What if they wish to be included only if they can negotiate the terms and costs of that inclusion? This is where I see Latinas in feminism today.

* Linda Delgado is Professor at the Women's Studies Program, State University College of New York (SUNY), New Paltz: New York. 229


When I was in my teens, I remember having a conversation with my mother about an article that appeared in the newspapers. The article concerned a group of young college women burning their bras From the other room, in Spanish, my as a form of protest. grandmother chimed in that, before I considered burning my bra, there were two things that I needed to keep in mind. First, according to my grandmother, these women could probably go out and replace their burned bras whenever they wanted to. Could I?, she asked. Secondly, she said that if I went without a bra for too long, no man would want me anyway! Well, as I thought about it and looked at the picture in the newspaper, it seemed to me that she did make some sense. If they could afford college, they probably could replace their bras and as for the second part of her hypothesis, since I was seventeen I didn't want to take the chance! This incident struck a chord and remained somewhere in my head. My understanding and definition of feminism was distilled through the media. At times the stories and pictures reminded me of suffragettes portrayed as caricatures representing man-like, ugly, screeching, angry females in American history books. However, through the 1960s I did listen and discovered that what some of these women were saying was not too different from what my mother was saying to some of the women who were our neighbors. It was not until years later that the parallels and coincidences of these two worlds began to make sense to me and it would be ten years so that I would be part of and committed to the processes of feminisms and feminist ideology. My mother arrived in the United States from Puerto Rico in 1925 at the age of two. She was reared and educated in New York City. Although Spanish was the home language, English became her primary language. I grew up in a housing project in the South Bronx and I can recall her telling me how difficult life was for some of the families there. My mother attributed some of his plight to "their lousy choice of men." She helped some of the newly arrived and their families fit into the neighborhood' and to get around the city. She often accompanied these women to hospitals, factories, social service agencies, and even Family Court. My mother maintained that not knowing the language was an invitation to exploitation on United States institutions. The one thing she was most adamant about was making these poor, uneducated, unskilled women understand that no man —husband, lover, father or brother— had the right to hit them even if they did burn the rice! One time she helped the women next door to us get an order of protection against the boyfriend that kept beating her up. I thought this man would kill all of us when he discovered it 230


was my mother that had been this woman's interpreter at the police station. He said that my mother was interfering in how he controlled his family! Human rights issues of survival in the South Bronx were the reality of the world I grew up in. They all worked at home, off the books, taking care of each other's children and got paid for various types of piece work by local factories, if they were lucky enough to get a job. Their prime concern was the welfare of their children and getting them a good education. Surviving in this environment was far from the world of the bra-burning coeds in the news. Although much was achieved during the Civil Rights Movement and other people's movements that followed the 1960s and 1970s, it was not until late 1970s that the voices of Latinas began to be heard in the discourse of the Women's Movement, as the false universalism of "Women" in the Women's movement began to be recognized and challenged. In 1981, Angela Jorge wrote an essay in which she discussed her reaction to being asked by Old Westbury College to initiate a course for the Women's Studies Program. The course was to be titled "Machismo and the Changing Role of Women in the Hispanic Culture." In this essay she. expressed her concern that Women's Studies was an extension of a "white, middle class movement with a few courses on the struggles of black women and other non-European women" (Jorge, 1981) thrown in. Three years ago, I was asked to put together a course to be titled "Latinas in the United States" for the Women's Studies Program at my college. I found myself reexamining my position as a Latina feminist in a predominantly male, white institution as well as my commitment to both my students in general and to my Latina students in particular. Rereading Jorge's essay made me wonder if anything had changed. It reminded me of our life in the South Bronx. Does feminist theory and its praxis hold a place for Latinas? I have come to understand feminism as a process, a political process. Its analysis and understanding has matured from a narrow vision of women to a broader interpretation and cognition of gender. In the late 1970s and early 1980s, the category of gender used first to analyze difference between the sexes was extended to the issues of differences within differences. Recognizing the implications of race, class, gender, and sexual orientation became pivotal in understanding women's experiences. Elizabeth Spelman, in her book The Inessential Woman: Problems of Exclusion in Feminist Thouqht, has clearly articulated an 231


understanding of white privilege within the women's movement. We have also struggled to understand the implications of this exclusion. Integration (in my opinion, necessary, if there is to 'be a whole) does not simply mean adding on or even including. It means a rethinking, reconceptualizing, and restructuring of what is. For example, it is not only important to examine what we teach, but how we teach. To quote Scott, "women cannot just be added on without a fundamental recasting of the terms, standards, and assumptions of what has passed as objective, neutral, and universal history in the past because that view of history includes in its very definition of self, the exclusion of women" (Scott, 1992). The pedagogy of Women's Studies and its methodologies offer a discipline that is conducive to fostering knowledge of ourselves, of Understanding the others and of our disparate experiences. relationship between power and knowledge is key to understanding power structures, its systems and how they interact with our daily lives. It is a way of moving from victimization studies and learned helpessness to an understanding of human agency and citizen participation. The issue of differences within differences has brought to the fore a debate about how, or even whether, to articulate gender as a separate category of analysis. This seems to me to be a common thread in the comprehension of simultaneous oppression. I see this kind of feminist scholarship as empowering and visionary. I do not feel that I face the same dilemma that Angela Jorge faced in 1981. Clifford Geertz and Max Weber believe that "manwoman is an animal suspended in webs of significance (they) have spun, I take culture to be those webs, and the analysis of it, to be therefore, not an experimental science in search of law but one in (Geertz, 1973). search of meaning" The Women's Studies framework, by its nature, provides the space for an interdisciplinary focus that is needed to investigate differences and commonalties. It could also provide the framework for disseminating a multicultural perspective on education. I have described feminism as a political process because it requires not only commitment, but also action leading to social transformation. I see teaching as a form of activism. Opening up new vistas for inquiry is very exciting. It is in the classroom that theory and praxis come together. The course "Latinas in the United States" has earned compliments from parents, students, and faculty. Heightened awareness not only of one's own culture, but also of the values and heritages of other cultures, has opened the lines of communication among the various ethnic groups in the class as we 232


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struggle to find our place within the larger American society. This is not a celebration of our ethnicity, but and inquiry into who we are as a people and where we fit into the American society. Hester Eisenstein, in 1983, stated that "feminist theory needs to take a direction which incorporates the insights of a womancentered analysis without jettisoning the basic understanding of the social construction of gender with a renewed commitment to the struggle for fundamental social change" (Eisenstein, 1983). I think this process is well underway. As a teacher, I feel that theories are only as good as their application. The most important questions for me are how knowledge is produced and how knowledge of difference is constructed, legitimized, and disseminated. How are identities constructed and in what terms? How have conceptual foundations and epistemological premises been constructed and by whom? There is no way to detach politics and the relationship of power to systems of belief and practice from knowledge and the processes that produce it. By helping to deconstruct, reconceptualize, and reconstruct with a sensitivity to the varying perspectives, feminist theory can provide a place for Latinas in its discourse as we find our way into more Women's Studies courses. This approach can allow for inclusion without absorption.

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REFERENCES

Eisenstein, Hester, 1983. Co., Boston), 141.

Contemporaru Feminist Thought (G.K. &

"Thick Description: Toward an Geerts, Clifford, 1973. Theory of in Interpretation of Culture, Culture„ Interpretive (New York), 5 and in Peter Novick, That Noble Dream (Cambridge University Press), 552. Jorge, Angela, 1981. "Issues of Races and Class in Women's Studies: A Puerto Rican Woman's Thoughts" in Race and Class: The Dunamics of Control. Amy Serdlow and Hannah Lessinger eds. (G.K. Hall Publishers, Boston, 1983). Scott, Joan Wallch. "Women's History" in New Perspectives on Historical Writting (Pennsylvania State University Press, Pa., 1992), 52. Problems o Spelman, Elizabeth V. The Inessential Woman: Exclusion in Feminist Thought (Beacon Press, Boston, 1988).

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COMENTARIOS: "DEBATE EN TORNO ALAS IDENTIDADES FEMENINAS: SOBRE LAS POSIBILIDADES DE IA(S) DIFERENCIA(S)" Maria Isabel Quiñones Arocho* En esta breve intervención abordaré algunas de las problemáticas, issues y propuestas que se han generado en el campo de la teorización feminista. En mis comentarios pretendo retomar, a su vez, planteamientos y preocupaciones que han permeado las discusiones en este Encuentro. Todo trabajo colectivo, como el nuestro, tiene la virtud de exaltar nuestras convergencias; pero al mismo tiempo, puede oscurecer o acallar las diferencias. Esas •diferencias son las que, contrario al pensar de muchos, nos invitan al debate, a la reflexión y a la problematización. Es en torno a esa diferencia, a la posibilidad de la identidad en plural sobre la que deseo hablar en la tarde de hoy. No propongo respuestas, prefiero lanzar nuevas preguntas. El debate feminista, con todas sus variantes, se inserta en un debate teórico más amplio, el del conocimiento científico social.l Nuestras preocupaciones y luchas feministas han tenido un impacto sobre los diversos campos del saber en las ciencias humanas. Consistentemente hemos criticado el "establishment" científico, sus categorías y presupuestos. En algunos casos, por excluir la experiencia femenina; en otros, porque sus categorías implícitamente refuerzan discursos asimétricos y totalizantes. La teorización feminista, a su vez, ha sufrido y sufre los embates de los nuevos discursos y propuestas en torno al objeto de estudio en las ciencias humanas.2 La fragmentación, la discontinuidad y la heterogeneidad que caracterizan la experiencia posmoderna, nos, ha llevado a cuestionar algunas de las identidades en torno a las cuales se ha articulado la lucha feminista en las últimas décadas. Más aún, a muchas nos incomodan categorías y acercamientos teóricos que aparentemente están agotados.

*María I. Quiñones Arocho es Profesora del Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Estudios Generales, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. 235


Esta incomodidad se refleja en las discusiones sostenidas en este Encuentro, desde la propuesta para reevaluar nuestras muy seguras posiciones frente al welfare, el trabajo y el ámbito doméstico, hasta el reclamo de nuevas definiciones de "lo político". Sin embargo, asumir una posición teórica en torno a estos issues no es tarea fácil. ¿Es posible desmontar nuestros discursos casi agotados utilizando nuevas categorías de análisis, las cuales han sido generadas, a su vez, dentro del campo de las ciencias humanas? ¿Es posible cuestionar todas las identidades e identificaciones femeninas, por ser limitantes, sin poner en riesgo los fundamentos de la acción colectiva feminista? Podría argumentarse, a fin de cuentas, que es el cuerpo de la mujer el que ha sido marcado por las prácticas de poder de la modernidad, desde el tajo de "la operación" hasta la violación sexual. Es el imaginario femenino el que ha sido devaluado o excluido de nuestras conceptualizaciones de mundo, de nuestro saber científico. Esa identidad cuerpo-mujer continúa siendo el eje de nuestras luchas. Algunas feministas, por otro lado y desde otra perspectiva, plantean que ese cuerpo de mujer no experimenta de forma uniforme la marca del poder; no hay un dolor —o goce— que no sea particularpersonal. En este sentido, no hay "un cuerpo" de mujer. También es objeto de cuestionamiento la supuesta existencia de "un imaginario femenino" que se constituye en oposición a las categorías universales de la ciencia. Esta última definida como ciencia occidental, blanca y masculina. Dada esta problematización, resulta relevante la pregunta que lanzan las compañeras ponentes en la tarde de hoy. ¿Cómo definir la diferencia sin que ésta se convierta nuevamente en una categoría estática? El discurso de lo femenino o de una identidad femenina/mujer se conmueve ante esta pregunta. Por un lado, es necesario problematizar los discursos esencialistas, en tanto nos regresan, en un sentido, al campo de la biología-anatomía femenina, en aquello que ya conocemos como la "escritura desde el cuerpo de la mujer" o el "hablar mujer". 3 Por el otro, no podemos negar la posibilidad y la fuerza que nos otorga el pensarnos como miel y leche, como brujas o locas, como todas esas múltiples identidades femeninas que nos han adjudicado y que hemos también construido. Todas inciden en el campo de la transgresión, en tanto escapan el triunfo de la razón, de lo masculino/universal como discurso homogeneizante.4 Un issue central permea este debate. Si bien el cuerpo no lo es todo, es parte importante de nuestra subjetividad, el eje de nuestros saberes y goces. También del dolor de parto, de la cicatriz infligida por la operación de esterilización. Sin embargo, ese cuerpo no es garantía de ser. Como sugiere Julia Kristeva, es en el posicionarnos 236


frente a los otros, frente al mundo, que se define nuestra mismisidad.5 No siempre habrá una relación armónica e isomórfica entre nuestro cuerpo-biológico y nuestra identidad de género. Es en el registro imaginario, intersecado por el orden simbólico, en el que se inscribe nuestra identidad-persona. De forma tal que tendríamos que aceptar la posibilidad de que no todos "los hombres" están habitados por un imaginario masculino y de que no todas "las mujeres" están habitadas por un imaginario femenino. Aun más, que actuamos estos imaginarios de forma aleatoria6 Desde esta perspectiva teórica, toda identidad política que se fundamenta exclusivamente en el cuerpo biológico es siempre, y por necesidad, una identidad tentativa y temporal. Esta afirmación nos inserta en un campo resbaladizo de la teorización feminista. Si la identidad de género es una construcción, si es ficción de múltiples posibilidades, ¿qué o quiénes definen los referentes imaginarios que median estas construcciones y nuestro posicionarnos como sujetos en el mundo? Como podrán imaginar, la pregunta responde al reconocimiento de que en la modernidad, lo femenino y lo masculino se ha simbolizado de forma asimétrica. En otras palabras, la(s) diferencia(s) hombre-mujer ha sido utilizada para justificar una distribución no equitativa del poder y el conocimiento. Es imposible, pues, abordar este aspecto de este debate sin hacer alusión a la dimensión política del mismo. La preocupación por las identidades, en un sentido más amplio, también ha incidido en nuestras discusiones sobre la nacionalidad, particularmente en sus aspectos étnico-culturales y de raza-color. Nosotras, aquí o en el exilio, reclamamos nuestra posibilidad de ser. Pero al reclamar ese espacio corremos el riesgo de instaurarnos como sujetos con S mayúscula. Sí, hay un riesgo en instaurarse como "la mujer puertorriqueña", en tanto no reconozcamos las múltiples posibilidades de la subjetividad, la diferencia, las variadas historias que usualmente escapan los discursos homogeneizantes. El lugar de nacimiento, como muchas sabemos, no "nos hace" ni más ni mejores puertorriqueñas. El color de la piel, tampoco. Es necesario explorar los contenidos de estas identidades, sus aspectos cambiantes y cómo éstas son intersecadas por los discursos del poder. Movernos más allá del binarismo maniqueo "hombre-mujer" no implica abandonar nuestros reclamos, tales como currículos más balanceados o la inclusión de un número mayor de mujeres en proyectos de investigación científica. Tampoco implica la negación de una agenda política, sino más bien el reconocimiento de nuestra pluralidad y las formas de acción que ofrecen las nuevas identidades y categorías de análisis teórico.? Rasgar, marcar o dejar una cicatriz en el cuerpo del conocimiento establecido es también un acto político. 237


N oTAs

1.

Harding, Sandra (ed.) Feminism and Methodolociu: Social Sciences Issues. Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press, 1987.

2.

Ricci, N. P. The End/s of Women. En Arthur and Kroker (eds.), Ideology and Power, New York: St. Martin's Press, 1991, págs. 301-17.

3.

Cixous, Helene. The laugh of the Medusa. Signs, I, Summer, 1976, págs. 875-99.

4.

Irigaray, Luce. When our lips speak together. Signs, 6, I, Autum, 1980, págs. 69-79.

5.

Kristeva, Julia. Women's time. Signs, 7, I, 1981, págs. 13-35.

6.

Saal, Frida. Algunas consecuencias políticas de la diferencia psíquica entre los sexos. En Lamas, M. y F. Saal, La bella (in) diferencia. México: Siglo Veintiuno Editores, 1991, págs. 7-34.

7.

Fraser, Nancy y Linda J. Nicholson. Social Criticism Without Philosophy: An Encounter between Feminism and Postmodernism. En L. Nicholson (ed). Feminism-Postmodernism. New York and London: Routledge, 1990, págs. 19-38.

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