filllllBlALDA
PERIODItO DE AMEM LITE R ATI III ¥ MOD AS.
ASO 1.“
FEBRERO 20 DE 1856.
“Los hoinbres” ha dicho uii culebre escritor del siglo pasado que. en medio de los graiides estiavios de su imaginacion, no dej6 de reconocev imichas y tundameiitales veidades, “seran sieiiiprejp que quieran las mtigercs; eT que deaee li aqnellos gfahdes'y virtuosos, debe educar a estas en la grandeza y la virtud.” “Salidos loa dos sexos,” escribe el erudito Sr. La Sagra, “de las manos del Criador, como partes coustitutivas de un todo, quo es la especie humana, bubo eu la nielite divina un dcsignio de porvenir y de infliiencia, que debia ser realizado por medio de las cualidades diversas y en cierto modo opuestas, del hombre y de la inuger: la futrzu, la enerjta, laperseferanWa, en el uno; ia. debiliJiiJ, \adiilzura, el sentimiento, en la otra; y la inliligencia en ambos.” La mujer sin embargo, y no obstan te el gran paso que en la inmensa Car rera de la humanidad le bizo dar la re ligion eatblica, no ocupa el piiesto quo iiidudablemente lo corresponde, aqiiel para que fu6 creada y el que por lo re gular nunca ha dejado de llenar a pesar de la falta de las dotes 6 cualidades de que para ello debe estar adornada. Asi lo comprendiO el mismo escritor espanol, cuando al tratar este asunto dice. “En efecto, todo esto ba sucedido y esta sucediendo en los pueblos mas cultos del mundo. La familia esta mal constituida, por que la mujer no ejercc el in-
N.o 2.
flujo que le corresponde, ni se halla educada de la manera mas conveniente para ejercerla.” En efecto, deciraos nosotros a nuestra vez, busquese a la mujer en el estado mas brillante de su vida; en la maternidad. Vemosla siempre, dulce, sensible, ejerciendo s\i alto ministcrio; empero el desempeno de este, la mayor parte de las voces, no cubre los limites que le estSii marcados por las mismas exigencias do la sociedad. No son solo la dulzura y el sentimiento las dotes que exige este delicado encargo; son necesarias tambien la educacion y la instruccion, para que la inteligeneia naciente del hijo que se desarrolla en el seno do la mudre, encuentre desde luego una guia que le conduzca por los, para el, tenebrosos senderos de la vida. Es necesario un molde debidamente preparado para que la cera del corazon in until se vacie con provecho de si mismo y de la sociedad: ese molde es el carino maternal, son el corazony lainteligencia matemas, que deben posoer sentimientos puros y religiosos, educacion (5 instruccion competentes, para predisponcr el corazon y la inteligeneia del niflo, de modo que se robustezean con el tiempo csos mismos sentimientos, que adquicra mas tarde otra instruccion mas solida y clevada. Esto solo es una razon poderosisima para convencemos de la necesidad de la -educacion e instruccion de la muger. Hay
GUIRNALDA PUERT0-RIQUE5TA. sin embargo, otras mochas quo las exijan: la miijer es el eucaoto tie miestras sociedades', el premio de imestios afaoes en la tierra, ,ipor i|ue pues la mujer no ha de hallarse a la misma altura intelcctual que el hombre? jCon que placer no contemplamos las paginas en que la historia nos realza una mujer! jCon que satisfaccion no vemos las que aparecen sobre el nivel comun en nuestros dias! Y aun desceiidiendo de esta escala a las interioridades de la x-ida, a las costumbres del hogar domeatico; jcuanto jubilo no causa ver una madrc tierna y ca-iftosa que dirije ellamisma la primera iustruccion de sus hijos pequeftuelos! jCuanto no ganan los sentiimicntos de estos mismoa al contemplar a la que les dio el ser rodeada de Imdo su prestigio! Es innogable, por otra parte, que el corazon de la esposa gauaria tambien mucho si se cncontrara en esta altura: ese tiSmpo empleado en la educacion de los hijos, avivaria cada dia mas el amor al esposo, lle'naria el corazon de tal manera y tan dulcemente que no habria lugar a los estravios que el mundo ocasiona y en los que tal vez incurren corazones’ virgenes y puros. Nuestra pluma, a .pesar de su pequefiez 6 ineptitiid, corre facilincnte en uu asunto tan halagador y tan grandioso, pero los estrechos liinites de niiestro periodico nos impiden estendernos. Nos atrevemos, no obstante, a creer que las ideas que hemos apuntado, bastarhn para desarrollar otras y otras que prueban la necesidad de la educacion y de la instruccion de la mujer. Este es nucstro unico objeto, que t'rataremos de cumplir por cuantos medios nos sea dado. Con la brevedad pues quo requiere el poco espacio de que podemos disponer, iremos emitiendo en losuumei'os siguientes las ideas mas conduceutes h dicho fin.
EGOlSimO DEL CORAZON.
Eu nueutroa grnmloa rcgocijos como en nuostros graudes doloros, crecraos aiompre quo la uaturaleza siuipatusa cou las disposiciouea de uucgtrn
nloia. Trij^tos, todo llora con nuo.^tras Mgrtinas; el lUToya sc quo,a d los guijarro.-i do su Icoho, el vieuto frto gime y solloza, las paliims so incUnan dcscjiisoliulas on hi riveni Alegre.^, todo so iilegra con noriotros; ol arroyo munnura, el ciolo mini a hi tiorra con amor y las palnias cntregan a loa beSOS del viento su rumngo, verdo de voluptuosidad. Xo es el amor como el alum. El amor que no busca con quo hacer.se valet, es decir que no es fanfarron, engartoso ni hablador, pusa en general por una cosa bastanto insignificante y sin gracia. Un trozo poiHicc), una mirada fatal, ban disipiitado casi siempro los corazonea femeninoa (hablo do los mas comodidos, de los mas prudontes y de lea nj^nos desonfronados) a laa inanifestacionca hib i»steutneitm de una pacffica y vulgar nfoccion. Noehes silenciosas y solitarius [quidn no os Conoco? |0 noche mas belhi quo ol dia! laa almas pensativas quo ahoga la atmdsfera en dondo so agitun h>s liombres, aulielan vivir en tu sombra. Tu rcspiracion es pura, y no ha pusado aobro las puhvbras do la tierra; tus astvos son dulces y bciicvolos; tii nduermes li los poderosos, y ontregaa el mundo a las nobles almas quo viven agobiadas cn el. Tu ores el dia de los amantes y de los poetos; olios sc. levnutuii con tus cstrellas y so ausentau como olhis a los priiuevos rayos del alba- Dictni que tu ves algimas voces cn los cespedos bafiados cou tus suuvcs resphuidores, cimndo las eiudadca ropo^n. bluncaa visiones que acuden a formnr dauzas ligeras. Anadou que tan pronto como la aurora huco pulidocor los dianiautes do tu frente, esos ninos del aire, dando uii grito de ospuuto, so dispersan y dosaporccen como copoa do bruma li los primeros rayos quo purpuran el oriento. Ah! qiucu sabo si son almas atormentadas por las tristes roalidades quo ol sol aclaro, almas que el sol ofondo y quo to osporan para vivir y para umar! llajo ol purociolo de nueatro pais jcomoroverdocen los bosques al soplo do la eterna primavora! ouando todus las alogrius so dospiertau y oaatan bajo la trasparontt! atmdsfera do nuestros Campos, cn quo las brisos porfumadua de rosas, jozmiues y clavolos, corron d lo largo do les hojos; todo no es mas quo perfume, armonta, amor, esperanza; dcsdichado outduocs el cora zon quo no puedo omar! En medio do esas olas do savia y do vida quo so dosbordan por todas partos, on quo laa almas nmrehitas antes do tiompo so roplegan dolorosaiuouto sobro ellamismas Ilonas do una soledad mortal; cl esplcns dor do los hormosoa dias no haco mas que irritor su impotoncia; ol lujo do los bosques y do los
GUIRNALDA PUERTO-RIQUK^JA. campos insulta cstorilidud y en la vordura do la tierra sus niiiias fsorcvisten do im Rspect<*nia8 trinte y mnn soinbrlo Las selvu?* do vordos olorcfs Ins sciulus inistcriosap. los c(?spodes onibiilsnmadosy las pradorns sombradas d<*floi-os, potcnoccml la risuofln y l>olln juventud; pero para vosotrosi quo In tomiX‘stad ba dostn)zado y quo no soU mas quo rost»)3 do vosotros mismos, parn vosotros, tristos hi„os do jnrdiues mns graves y nustoros, que no os solicitan eii la dicha y no pldoii imda a vuostrn indigoncia; porn vosotros qiioda Dicieinbre cubierto con bus volndos rosplnndoros, fell inoribuiulo boI y i*u8 o.ns niurchitns. Entdncos, al mtbios, todo Horn nl wdedor do vosotros; como vosotros, todo docae. todo pnlidcco y todo so l)orra a vuestro alrododor, lo misuin quo on vucstro corazon; las liojus socas arraiicndns por ol viento so lamontan tristcincntc on la llunura.... Las nnijer's quo sloiripfc so luviostran iiululgcntos con las dcbilidodcsocultas, nopordonannunca las faltas niidosns quo pnroeon dcnimciar su soxo & la sospeeha.................................................................. Eu amor, la vfctinm es sienipro ol quo so acusa y liuinilla..................................................................... La pordida do los sores nniados so prosiuitn sioin* pro horrible. Einporo os do vor cuniidn no oxiston, el poco lugar quo tonian on miostru vida y que poqueno papel Imcian on nuostra dicha. Pnroce quo nl morir so Imn do llovnr a la tuinbn la mitad de nosotros y ban do romper ol oquilibrio del inundo; sinombargo, mueron y nnda so cninbin; ni uua sola rueda se dosarregla on la mdquina do nuostra vida ni unanotafnlta alnurmoniado Incroucion, ni uno solo domiostros habitos bo inuda por 080 cheque que debiaostndlnr nuostra alma; al dia siguionte do los funoralos todo ha tornado su curso acostumbmdo. Dobiamos llorar sioinpro y ol primer rayo de sol bnstn para socnr nuostrus lagrimas, toniamos promotida la otenudad a nuoBtro8 pesnres, y el ci'tiro acariciador nos distrno y nos consuola; llovabnmoB on nosotros un nbisino do doloros, mas lid aqui una gota de roeio quo cno cn dl; y ol nbismo so Ilona. Cm*azon del hombro, quo ores puos? y tu sobro todo corn/.oii di> la inugor? mas movil que la ho;a del rosnl, monos profundo quo el caliz do una dor. Es dulce habor pordido sore? mnados al principio do la cxistcncia; esos ol monos no ongafian: BU iinageii so consor^ a puro y graeitisu, y p«>domos amarlos siompre. Cruel vida! lloramos los viviontoa y los muertos pcnimnooen •solos. Asi pues dichosos mil voces lo- aim»ros quo no linn o-porado para c>tinglur^e la liigratitud y la incon taucia, y quo la muorto ha c»>rtado on la
dor do 8U8 hellos dins! e-o so llama morir d tiempo. El vordadoro amor es scmojnnte al incondio de los bo^quos do aloo.«, que no du bumo. Zeftema.
(jtalerCa de miigeres e#lebres.
Gmimi J 53 352!.^.. Catalina Alfcmli'i micio on 10S9 on \nia nUlca cerciule Dcpnnl, |)e(|Mcila poblacioii dc la Livonia, liijn de nnos pobres labradores de log qne se eneontrd hueii'ana a la edad dc 15 aflos. Reeo!iii'ila en sn easa ,por caridad un ininistro liiteiano, al cnal t'ne deudora de la mezqninii instrnccion que poseia, y de la qne eicrtanienre no necesitO para brillar mas tarile en nno de los primeros tronos del mmido. La muerte de su bienbeebor y la guerra entre Suecin y Rusia, de la que era principal teatro su pais natal, obligaron ala jOven All'endei a busenr uli asilo eu Mariemburgo; pero en aquel desgraciado vinje cayii eu inaiios de unos soldados suecos, (pie si'guramente la habrian heclio viotima de su brutalidad, a no (leclurarse protector siiyo un joveii sargento, hijo del respetable ininistro en ctiyo liogar apacible Inibia pnsado los primeros anos de sujuventud la desvalida Imerl'ana. Acogida por la ramilia de nn amigo de su libertador, pormanecin en ilariemburgo, Inista qne dielia eiiidad tomada por asnlto cayo en poder de los Rusos. Por una fatal coincidencie en el niismo dia do aqnel acontccimiento, liabia colebrado Catalina su matrimonio eon el bizarro sargento, yu iiiutilado en la guerra, y inuerto en uqnella triste y ultima jornada. Esposa y viuda eu un mismo dia la (Icsgraeiada juven cayb en maims de los veneedores; debiendo li su liermosura la (listineion tie qne ergeneral Jtcnziknt'la reseatase del soldado ipie se la liabia npropiado. Xo t'altan esoritores que se aventnreu a siiponer la existeneia tie inlimas relaciones entre el general rnso y sn bella
GUIRNALDA PUEKTO-KIQUESA. prisionera, suposicioii quc cn iiuestro c.oncepto queda completan>^nte destriiida [K)r el hecho de haber side Mcnzikof qnien proporcionb al Czar el conocimiento de aquella que estaba llaniada per el destine a ser participe de su poder y de su gloria. El amor que concibib Pedro el Gran de por Catalina fub tan violento, que se decidio a tomarla secretamente por emosa, y asi lo realize en 1707, no hacidndose piiblico aquel estrano enlace hasta quince anos despncs. Las rcvelantes prendas de Catalina la babian conquistado un respcto tan general, que fue coronada en 1724 con unanime aplauso, y al ano siguiente reconocida solemnemente por sucesora de 8U esposo, cuyos ultimos momentos liabia endulzado con bus cuidados y ternura. Cualcsquiera que hayan side las faltas que coinetiera en su vida privada aquella niuger singular, que como todos los personajes celebres ha side enaltecida y denigrada con exageracion, es innegable que se mostrb digna del alto puesto a que se vi6 elevada, y quc la historia no puede rehusarle un lugar distinguido entre los mas grandes soberanos. Catalina que durante la vida del Czar le habia acoinpafiado cn todas sus espediciones y prestadole importantes consejos, siguib despucs de la muerte de aquel principe, los grandes planes en cuya Concepcion le habia ayudado, y dib pruebas de tanto talento como firmeza de caracter. En su reinado desaparccieron los patibulos y los tormentos; se consolidaron las 'mstituciones y establecimientos utiles; se instituyb una nueva brden de caballeria, y puede decirse que hizo mas aquella gran muger en los diez y seis meses que gobernb sola el vastisiino imperio de la Rusia, que lo que habian hecho . todos losantecesores del cblebre monarca A quicn tan dignamente sucedib. Murib Catalina I? el 29 deMayo de 1727 dejando cubierto de luto el corazon de sus subditos.
P 0 E S IA S. La fuente del amor. Cayendo ostitn raudnlos trnnsparontrrt y el sol los oma do gentil color; jTc gustaiit Adelaida, osns vertientes? ;No Uebas! son la fueutc dol amor! La gota, al parccer, rico diunmnte, tc altfasa.cl Idbio, si sc posu cn ^1; tal vcz la probards mas adclunte; hoy tan solo d la flor pidcle mid. Apeiias toque su TIcor tu Idbio, . al corazon doscenderd el color: {Tentc, Adelaida; mi consejo es sdbio! ;No bebas cn la fuente del amor! Tu tiencs quince abriles, quince flores que en tu alma virgen floreciendo cstdn, y apenas tc sorprendau los omores una por una sucumbiendo irdn! Huye esas aguas! miralas de lejos! no to incite el munnullo arrullndor! ' Amiquo brinden espldndidos reflejos, no bebas... ;son la fuente del amor! (No vds las que imprudentos sc accrcartui, feliccs y risuefias como tu? En derredor gimiendo se quedoron, y cl cielo que ellas vdn no es de tisu! Huye Idjos! jNo sabes lo que tiencs con tu edad, tu inoccncia y tu candor! Huye! y si auhelas tan bennosos bienes, no bebas en la fuente del amor! J. Qarcia de la Huerta..
A JEHOVAH. Himrto del puehlo Hebreo, escrito por la Senora Dofla Gertrudis Gomez de AveUaneda, pO' ra eu trajedia oriental Savl,
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CORO GBNBRAL,
/A'e hay otro Dios que nuestro Dios! Dios es el Dios de la verdad! Dios es el rey del mar y el sol! JEn cielo y tierra esJEHO VAH!
GUIRNALDA PUERTO-RIQUESA. VinCiKNBS.
Ulos CK d qua vierto la llilvia y rodo; Quien vista los valtas dc alogvo vordor, K1 da los oristalos sonoroa al rio; A1 auva innrmullo, perfume d la flor.
Dies liiio los polos y on elloa asiento Did al mundo quo rige au mano inmortali <'im un love aoplo pudiorn an aliento Hacor ou sus cjcs la liorra tcmblar. VIBGENES.
K1 Sol, quo callando su voz obcdocc, A (?1 debo su otarna, feliz juventud: La placida luna dc amor palidooe Bebiendu eu sus o^os la fulgida luz riEBLO,
Quorubes ardicutos poatradoa scliuraillan En torno del adlio del Dios do Moiads; Y son las cstrellaa, que trdmulus briUan, Las aureus arenas que pisan sus pies. VIROENES.
iDichoso, cntrc todos los pueblos del mundo, Dichoso mil vecea, dicboso Israel! ;Scrd nuostra rnzo oual campo fecundo: Scriln nuostras tribua cual prddiga mies! riEBLO.
;,\y! av! de aqnel pueblo quo insano se atreva A alzarse enemigo del pueblo do Dios! Sord como el humo que el viento se lleva Xi love vestigio dejdndose en pos
LEVENDAS. La corona de flores> hryenda escrita enfrancea por el Baron de Banzancourt. Race algunos dias fuf d visitar d un arlisU amigo mio, ciimpUondo asi la palabra qiiole tenia dada. Este amigo es Mr. Wyld, pintordiatinguido, autordeesas obrasque producen anualmente una profunda sensacion en la sale de csposieiones. Entre la admirable coleccion do vistas que el gusto de este artista ba sabido esooger en sue viajes al .Africa e Italia, note sobre todoloseneantadores euadros rcprosentando a Venecia labella, con sus brillantes palacios y sus dormidas lagunas; a Florencia, >180 diamante de la Italia, y d Ndpoles la ber-
mosa, con su montana de fuego, miriindosc magcstuosameiite en lasolas del azuladomar. Estos cuadrcs, cjnyo belle eolorido y dvlicados toques solo pertenecen d este artista, llameron cumpletamente mi atendoii, sin cansarme de contemplarlos; pero apartando de olios mis miradaa por un movimiento involuntario, se fijaron de repente en un pequefio retrato colocado en un lingulo del gabinete. Era de una jdven, blanca como el alabastro, adoniada con largos y blondos eabellos, ([ue negligentemcnte trenzados caian sobre sus oapaldas. Cefiia su frente una corona de flures, pero esa frente era mas palida que blanca: sus grandes ojos entreabiertoslanzaban una mirada liinguida y sin brillo, y la sonrisa de sus lilbios era tan pdlida como su semblante. Origi nal era el conjunto, pues, en aquella corona de llores, en sus blondos eabellos y en aquel aspecto festivo, mezelado con un sentimiento inespli jable, no dire de tristeza, pero si de sufrimiento, exist ia alguu misterio, alguua eosa que yo no podia eomprender. Seguramente el alma del pintor sufria mientras su mano pintaba. Sin diida notara Wyld el interes con qne yo observaba aquel cuadro, jmes tocandome suavemente en el bombro me dijo; —jLe admira a U. este retrato! —Si, y a la verdad que no lo comprendo, porque en todo el solo las flores manitlestan alegria. Cuando LMobizo seguramente que no pensaba en una jdven adornadapara unbaile. —Oh! no, me contestd el artista, no es eso, amigo mio; el asunto de este cuadro es muy triste, y lo quo el me rccuerda, mas triste todavia. A'o vi por la primera vez li esta jdven en los I’irineos; era huerfana y vivin confiada al cuidado de una anciana tia. A pesar del brillo desu juventud, se deseubria d voces en sus mejillas cierta palidez sombria que revelaba la cruel enfennedad que insensiblemente la iba consumiendo. Uno de mis amigos, Arturo U**** que en la misma dpoca se encontraba alii, me presentd d ella. Ah! era una criatura cneantadora, dotada de un talento despejado, y comunicaba tanta gracia a sus palabras, y d sus miradas tanta espresion, que parecia cada vez mas seductora. Arturo me informd que se eonocian desde la infancia, y que existian proyectos do union entre las dos familias. Al siguiente inviemo volvi d verlos en un bailc; cuando vo entre en el salon vabvaban juntos. Si U. la hnbicra visto entdnees, jcnau adorable estaba! iCdmo se leia en el esmalte de su fisonomia, en el fuego de sus ojos, y on la dulzura de su sonrisa, lo grata que le era la vida! Los diez y siete afios brillaban sobre su frente de virgen mas que la corona de flores eulazada en sus lindos eabellos.
GUIRNALDA PUERTO-RIQUESA. Ucspucs del wairt fui i saludarla y dar la iiiano a Arturo. _—Scfiorita, le dijo, tengo mucliogusto eii ver a U. tan restablecida de .siis males. —Mil gracias, me conte.std ella, losbafio.s me ban probado eii estrcmo; si mi tia, unadio sonriendose, no me n^i)itieae diariamento i|ue he cstado euferina, li fm de impedirme bailar, ya no me acordaria. Algunos meses despuea do aciiiella noI'he, Arturo vino a dospedirse de mi; negoeios de importancia Ic obligaban a cmpronder un viage li America, y su marcUa era indispen sable. Va liabia trascurrido un aiio poco mas d meno.s desde la partida de Arturo, cuando una tarde, eerca de las seis, me fue entrogado un billete, (jue cuuteuia estas palabras: “La ,Sra. de Y*»** suplica al ,Sr. Wyld “.se .sirva venir a su casa con todo lo necesa"rio para pintar; lo agradecera .sumameute no “pierda un Ih.stante.” Lien puede U. calcular que li tal llamamiento no me debt resistir; asi pues, tome mi caja de colores, mis jtinocles y un pequeno lienzo, y me diriji inmediatamente S casa de la Srn. de ttomo estabamos en el ri gor del invienio, cuando llegue alii, ya era de noclie. I’.ecibidmo una aiiciana, y conducieudome & una alcuba, me dijo en voz baja; —Eutre U., caballoro, pero por Dios, no haga U, ruido; el ma.s insiguificante le causa niucho mal. Asi lo hice; cntre', amigo mio, y lo que presencie jamas podre olvidarlo, jamas. Era el cuarto de una jdvcn. Largas cortiuas blancas cubrian las ventanas. El lecboestaba colgado de lino cortinaje, por el que se entreveia un crueiiijo de marfil, colocado sobre un fondo de terciopelo carmesf. Apenas liube dado algunos pasos, escucbe una voz debil y trenmla que dijo: —i,Es el? —Si, respoudio la anciana. Acerqueme al lugar de donde salia la voz y cl espectiiculo mas triste y conmovedor se l>re8cntd li mi vista. En aquel leclio dcccansaba una pobrc jdven, una belleza consumida por cl snfrimiento, euya mirada tri.«tc, gastadas mejillas y palidez mortal, indieal)an que la vida se dcsitcdia de a(,uel cuerpo. Al verla senli heliirsemo el eorazon. Era la Itella qtie yo habia visto en los Pirineos y despues en un tiaile; si no su hubieso nombrado, imposible me bubiera side eonocerla; tal estrago liabia lieelio en ella cl mal qtio ladevoruba. j Dios mio, por que tan pronto marchilaste ilor tan liuda y tun lozana! —Muelio ugradezco la vcnida de I’., me dijo al venue, tendieiidome su mauo iiumede-
cida por un sttdor fcbril. He llamado al ,Sr. Wyld, porque recorde feliztnentc era atnigo de Arturo, y que nadie mejor que U. podria servirmo eti este case. Ya sabc U. quizii ipic Arturo a la vuelta de sti viaje debia ser mi esiioso, si la voluntad de Dios lo hnbiera queridrq ella disItotie lo coiitrario y yo acato sus deeretos, me resiguo sm murmurar y bendigo su notnbre. All! pobre Arturo, yano le vere mas! Cuando vuelva ya no estare aqui, jiptien sabo donde estare!! t<i, conozco esta verdad amarga y no quiero abandonarlo sin dejarle un reeuerdo de mi amor. He aiim' el motivo por que liiee cscribir a U. Y dirijtendo.se a la anciana, anadid: pon luces, Jenny, este cuarto estii demasiado oscuro. —Seuorita, pio sabe U. que la luz le hace dano? —Pero es preciso, replied ella con dttlzura, es necesario que el Wr. vea para pintar. -Senorita, Ic dije yo, ti todas boras me tiene U. a sus drdenes, puede U., si gusta, esperar y elegir otra que sea inenos moleatapa—Esperar!----- repitid la enferma, intorrumpiendomc; no puedo atnigo mio, no pttedo. —f^eria mejor agtiardar li quo estuviese L. restablecida, porque esto quiza agrave los males que la atligeu. —Ah! comprendo, repuso ella, U. no sc atreve & trozar esta fisonomia ptilida y ajada por los padecimientos. Tiene E. razon, es un reeuerdo mtty triste para dejarlo & un aniante. Ya lo veo----- pero yo puedo sonreir aim, mis descoloi'idos labios no so negartin & liacerlo. Al decir esto, qiiitdse la cdfia de dormir que abrigaba su cabeza, haclendo que su larga cubellcra destrenzada cayese sobre sus es paldas. —Qiierida Jenny, anadid, ven, trenzamis eabellos eomo lo haciaa ^ras veees cuando yo ilia a los bailes, ettandt^a vlda me brindabu sus plaeeres. —Pero, Senorita___ —Ah, Jenny! yo te lo ruego, repliedelbq con una voz dulcc y temblorosa ti la vez, juntando sus deseaniudas manos en senal de siiItliea, cun espresion tan dolorosa, que la pobre anciana, sin responder una piilabra, se puso silenciosiimente ft trenzar los blondos eabellos de la jdvcn paciente, inieiitras que dos gritesas bigrimas siircaban sus arriigadas mejillas. Entonees una debil sonrisu jiareeid animar el rostru de la enferiiiu.
f ConfluiniJ
GUIRNALDA PUERTO-RIQUESA. !H 0 D A S. Kn f*l nuniont anterior doefa A mis amablo8 unu{?iut<'t» que la GriRNALDA hubin otcogido para rifreccrb-s tod<» lo nmR elegante que la modu hubiu invifiitudo Pari», y que era mas ndai>tablo M imostro suelo: mas por lo vUto, no todiis lo cinnpremlieron nsf, puea el juevoH hullnbame yo f-n cuioi de las de---- ; unn elegante y C'Cogidu riMniion en quo pasan rnto!- niuy ngrndables; y tratando-e de la Gl'iilvali>A y su figurin, fe volvid hucia mf una bunita j6ven de apdnas quince ubrilta y mo dijo: —Xo cree U. que son muy de inviemo los trnges que presontu el figurin? —Senorita, me parecc quo la soda se usa tambien on verano y lo que cs las mnuteletas estdn muy ndniitidas eu miestro pais, sobre todo en esta epoea del afio. —Si, pero___no debiornn ofrecerso ma« quo figurines do verano, puesto que en esta parte do America reina etemamente la prlma—Creo quo U no recuerda los nortes; sin embargo el mismo trage quo U llevu en eete me mento me hace creer lo contrario; estd confonne en todo al figurin de la Guirnalda. —Cierto; mas.... Mas cierto es quo la Guirnalda oa ha ofrocido lo mas eecogido de la modo, |no ea verdad mis queridai compafleras? , Por esta mi.nia razon es que nada nuevo os digo boy: linicamente puedo afiadiros quo he vL?to tragos muy bonitos en Puerta de tiorra; troges cscocesos con volantes y sin ello.^; tragea de raso con elegantes corpifio^; tragos do moard antique jObI ol inoard antique os la tela del dia; el brillo de ^us hibia en contrasto con ^us hermosas aguaa, le dan un verdadero atraotivo, mucho mas ai cl color ozul 6 el violota olaro llcgan a hacer rcsaltar un csbclto talle. Oss acon^ejo, cl moatd antique ^ para vueatros trages de sociedadyde pasco. ^ En este ho visto tambien algunoa hermosos I ges de amazonaa, verde y violota, quo realzuban I la hermoanra de elegantes jdvencs quo monJj taban briosos corcelos. Lastima que no los hubioran acompanado con bonitos fieltros do los que nos vionon cuda dia do Fraucia. Basta de inodas por hoy quo tan poco inovimionto tienen aqui; en cambio la Guirnalda ob da un bonito modelo de bordudo de tapicerfa que figura una rosa de Alejandria y una flor de granada: ambaa florcs son del mas perfecto dibujo y de loa mas vivos colores; ost4n A propd&ito para
un olzapi<b para un alfilotero, para todo aquello en fin en que la flor rosulte y pueda lucir. Aceptadlaa pues, y que tenga yo el gusU» df ver adornnda alguim pieza do las dicha^t con una otra flor. Vuestra amigfi. LrzT.....
fO\VERS\€IOX. Cortad mi plunia, dad i;ola; que tengo dos coluranas eiiteras que llenar, de pura conversacion. ciiantos dias en silcncio pas^, sin quo mi pluma trasladara mi voz!.... Conversacion, tu sublime arractivo me embelesa; girando en torno a ti cual mariposa tu luz al fin me volvera pavesa. Mientras tanto, dejad que mil bcldades reuna, unto il mi y en medio de ellas humiU e y reverente, el que suscribe su- cumplidosofrezea a las hermosas que la CfuiRXALDA favorecen hoy; ellas otra guirnalda son de rosas, que, tiernas, perfumadas, -6 su vez el pais con orgullo nos presenta comoelmasricodon. Despues... despues debo hacer una rectificacion sobre este mismo YO que tiene cl honor de bablar jcon vosotras, mis amabilisimas lectoras. Existe algiiiio, que livido sin duda de vuestra conversacion, va por esos mundos publicando lo que no os; todo el que 08 diga, yo soy Y'O, no le creais; ese cs un Y’O apderifo que la Guirnalda no reconoce. Este Y'O, vuestro mas humildo sen-idor, que tuvo la dicha de ocupar eu otro tiempo la atenciou de ana ilustrada joetiza de este suelo, respeta demasiado a frase Yo soij, para que sus labios osen jamas el pronunciarla. —Ya que he nombrado labios, dispensadme el que os bable un momento de un especifico precioso para la boca; me refiero al Jiijmi/i del estudioso farmaceutico Babel, que tanta aceptacion va teniendo entre el bcllo se.xo. Usadle y vuestras palubras nl salir de la rosa de vuestros labios exbalanin el perfume del jazmin. Poned alguiias gotas de este especilico en cl agua quo useis para la bo ca y despues podreuios deeir como uu poeta americauo dice en una bellisiina oriental
GUIRNALDA PUERTO-RIQUEfJA. ............................ del labio do ella el ambar prueba que sonriendo da y dime ^cual aroma de tu Arabia no quisieras por 6l luego caiiibiar? —El ju^ves pasado habeis concurrido al templo a uiiir viiestraa tiernas plegarias a las dc todo un pueblo que daba gracias al Todopoderoso, por haberlo salvado del I’auto y laamargiira. Os felicito y me felicito a mi mismo: la gratitud cs el sentimieiito mas heriiioso que pnede adornar el corazor. He aqni pues mi pieilicc'oii cumplida; el Te deum se hacautailo, y por este solo licclio vemos ya alegre y animailala capital, aunque no olviilamlo, a la verdad, el tiempo santo en que nos hallamos. Las diversioucs, como es natural y justo, estan proscritas, pero en cambio tenemos tertulias, retretas y paseos. jOh! los paseos y las retretas estan concurridisimas: en las dos ultimas no podia haber mas gente en la p'aza: era aquello unjardin ile matizadas flores ciiyo encauto se anmentaba con ios melodiosos souidos de la imisica: a favor del giato ruido de esta ;cuantas palabras diilces he oido yo pronunciar! jcuantas suplicas reverentemente espuestas! jCuantas quejas espresivas!.... Pero no, no vaya's a creer que yo soy nn charlatan; & mi me gusta conversar con vosotras, mas eso de charlar de lo que no es mio, no lo oira ninguna bells demi boca; seria divulgargoccs de propiedad agena y estos gooes mis hermosas, secretoadel alma son, secretos tristes 6 alegres que guarda en si el corazon: pero secretos que no me pertenecen y por consiguiente no publico; en cambio la OulRNALDA poese otros secretos que pron to har& conocer a sus amables lectoras; es iina preciosa adqnisicion que vosotras sabreis apreciar debidamente. Me adelanto pues a recomendaros las cartas indditos que saldrdn ahiz desdeel nuineroprdximo, con el titulo de La teriului y el dor. Ellas os cnsefiaran la ciencia de la vida, que nunca es mas dichosa que cuando corre tranqnila, desransando on una intehgencia olara y despejada y en una con-
ciencia pura, agenadcmczqninnsinterrscs. —Intcreses hay, sin embargo, quo no deben ni dcrjirtciarsc ni mencspreciarsi; ta les son los que proporcionnn los medios de ser util a la sncieilud y <lnn A In vez el mejor estur individual. ^Qnien do vosotras no desea una pingiie rents, 6 nn bonito dote? Apropos to; {hay algunn qne unhele diez mil dnros? Pm s bieii, todas V( sotrns los tendreis; creedine; yo no seiia cajiaz de ehanceaime en nn asnnto tun delieado; tenilreis los diez mil durne, si, diez mil duros;y pronto, para las Pascuns, al efeetn ya esta ensajandolos la Soeiedad Conservadora: es una bonita zarzuela, quo tiene por titulo esa cnntidad; y estoy seguro de que os gnstara muclio. • — Iba ya a concluir, muy ii pesnr mio, pero nopuedo liaeerlo sin consignar un recuerdo de amistad a la joven***** que ha arrebatado la epidemia. Hermosa y en la flor de su edad como vosotras, cruzo In senda de la vida, rapida, cual luminosn exbaIncion; no dejandonos mas que 'a memoria, como grato perfume de sus virtudes; muy bien pudiera aplicarle el i pitafio que con igual motivo compuso t n otro tiempo un poeta muy conocido de vosotras. Pudo la muerte inexorable impia Trocar en polvo su czistencia amada, Sepulcro abriendo A la que cl mundo via Cual bella flor para mi eden creada. Pudo la sombra de la niebla fria Robarmo su presencia idolatrada. Mas siempre vive su memeria tieraa, Que es Santa la virtud, su luz etema. —Basta de tristezas; para disipar esa nube pesada y poneros A cublerto do ella, 08 recomiendo los Undos adornos y las cnpotas que vende la Gaditana; es todo lo que la plaisanterie francesa ha podido ofrecer demos bonito y elegante. No temo aconsejarc.s que compreis, por que sd que no habra velitos que os cubran A la vista, por lo mdnos de quien es vuestro mas rendido admirador. YO.
Etiab. Tipogrdfieo de D. I. Guatp, Direeler.