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Los de la mesa 10

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Los de la mesa 10 Osvaldo DragĂşn


Seguramente ustedes no conocieron a los de la mesa 10 Nosotros los conocimos


Yo fui amigo de…

Yo fui amiga de…


Es una historia de amor algo triste. 驴Te acord谩s c贸mo empez贸?


Precisamente en Almodobar, el mismo bar en donde despuĂŠs se juntarĂ­an siempre.


Se conocieron una noche que salimos y estรกbamos bailando.


Viste que te dije que la Coca iba a presentarte alguna amiga, mirá allá están las dos ¿Qué te parece?


Y así José vio a María…


¿Te parece? No sé, me tengo que levantar temprano mañana.


Pero dejate de joder. Dale, JosĂŠ, vamos.


María, José Hola


Y bailaron‌


Y bailaron mucho, parecían conocerse de toda la vida. Nosotros que los mirábamos desde afuera estábamos contentos, parecían la pareja perfecta.


¿Cómo es que no te conocí antes?


Ah, por fín te decidiste a chamuyarme. ¿Por qué decís eso?


Por nada, en realidad hoy estoy contenta.

Esos comentarios de María inhibieron más a un José que ya no daba más de los nervios. Ni sabía qué decir.


Y para no seguir hablando siguieron bailando.


Qué callado que estás. ¿No vas a hablar en toda la noche?

No sé, pasa que tengo miedo de decir macanas.


No seas tonto, nada que ver, me siento re bien con vos. 多En serio?

Claro, de verdad.


Ya es tarde. 多no me quer辿s acompa単ar hasta mi casa?

Dale, te acompa単o.


Afuera, ya habĂ­a amanecido.


Y salieron caminando hacia la casa de MarĂ­a, sin embargo, JosĂŠ ya estaba mĂĄs distendido y no iba a perder la oportunidad de hablar con ella.


Se sentaron en una garita.

José, es tarde, podemos vernos otro día, además no sabés lo locos que son mis viejos.


Me van a matar si llego tarde y encima acompañada.

Pero, María… yo te quiero…

Ay, no, José, por favor, vamos hasta mi casa. Tengo frío.


Está bien, pero prométeme que nos vamos a encontrar para seguir hablando.

Obvio que te lo prometo, pasé una noche muy linda.


Yo vivo acรก, no podemos hablar muy cerca porque se van a despertar mis viejos.


Se apartan un poco de la puerta.

Ah, ¿tienen auto?

Sí, ¿por?


Yo no hago nada, se nota, ¿no?

Porque yo soy mecánico. Mirá los cayos que tengo.


Ah, no puedo creer que seas tan vaga.


Nos volvemos a ver mañana, ¿Querés?


Mañana, no sé, tengo partido con mis amigos.

Te llamo, ¿Querés? Y entonces cuándo? ¿No era que te morías por volver a verme?


Dale


JosĂŠ se va caminando, y se cruza con un borracho.


Estoy medio perdido ¿Sabés dónde queda la terminal de colectivo?

Hip.

Hip.


Queda allá en la esquina.

Aaaah... Hip.

Porque yo estoy en curda, ¿Sabe?


¿Y qué sé yo?


¿Qué no voy a estar? Estoy más triste que la gran…

¿Y qué sé yo?


Buenas señores, ¿algún problema?

¿Sabe dónde está la terminal?

Hip.


Ah, no, se単or. Usted tiene un pedo galopante. Me va a tener que acompa単ar.


Y se lo llev贸.


Después de ese día, José y María volvieron a juntarse y se pusieron de novios.


Era fรกcil encontrarlos siempre juntos, planeando su futuro.


Pensativos, enamorados, so単adores, incluso acordando el casamiento.


Eran tan felices.


Hasta que… Hija, ¿cuándo empezás el ingreso en la Universidad?

No sé, me parece que la semana que viene.


Entonces José la llamó por teléfono. Hola, María, ¿podemos vernos en un rato en el bar? Hay algo que quiero hablar con vos.

Bueno, ya salgo para allá.


¿Quién era?¿Por qué pusiste esa cara?

José, mi novio. Estamos pensando en vivir juntos. Estamos buscando trabajo... bah, él esta buscando un trabajo extra porque ya es mecánico.


¿Pero, qué estás diciendo, María? Tu destino es ser arquitecta, y un chico que trabaja es una interferencia entre tu carrera y vos, y yo no estoy dispuesto a permitirlo.

Así que no te hagás ilusiones y andá cortando todo eso.


Basta, papรก, nosotros vamos a casarnos y vos no te vas a meter en nada. Yo sola me las voy a arreglar.


Ese chico no pisa esta casa, escuchaste. Un mecánico, ni más ni menos, ¿Dónde se vio?


Y en el bar...


Ese dĂ­a los vi diferentes, no estaban como otras veces. Los de la mesa 10 (asĂ­ les decĂ­amos porque se sentaban siempre en la misma mesa), parecĂ­an tristes.


¿Qué ganamos desde que nos conocimos, María? Vos dejaste tus amigas, ahora te peleas con tus viejos, pensás en no estudiar…. Y yo… yo aprendía a sufrir… pero a sufrir de una manera especial… No sé… Te llamé porque….


Fue pura mala suerte que nos conociéramos. No estamos hechos para seguir juntos… no podemos seguir juntos.

Es difícil, pero mirá el lado bueno, soy hija de ricos, tarde o temprano me van a perdonar y nos van a ayudar.

No seas tonto, amor.


No, María, ya lo dijste, tu viejo nunca va a aceptar que yo sea pobre, que no pueda estudiar. No, María, esto no va más.

Tenés razón, yo esperaba alguien que se la jugara, que enfrentara viento y marea, para salvar el amor. Pero veo que terminás siendo un cobarde. Nos vencieron, José.


Si alguna vez, cuando pase el tiempo, me ves por ahí… ¡María, no me mirés! No quiero volver a llorar, como hoy….


Por un tiempo, no volvĂ­ a ver a la parejita de la mesa 10, sin embargo tĂ­midamente volvieron al bar por separado.


Se notaba su tristeza‌


A veces se cruzaban pero no se hablaban, JosĂŠ no paraba de armar barquitos de papel. Ella no dejaba de ver la ventana, como si encontrara un refugio en la luz de la tarde.


No sé quien tomó la iniciativa pero un día los encontré de nuevo juntos y en la mesa 10.


José, te quiero, me parece que fue un error separarnos, con vos aprendí muchas cosas.

Mientras estuve sola, comprendí que no podía volver a vivir como antes, porque sería arruinar mi vida y darles la razón a los que quieren arruinar lo nuestro.


Antes te pedí que no me mires más, y ahora no quiero que dejes de mirarme. Tenés razón, María, no podemos vivir separados. Y aunque lo que venga sea difícil, tenemos que seguir juntos.


Y comenzaron a so単ar de nuevo.


Y allĂĄ van los de la mesa 10. Tomados de la cintura. MaĂąana, quiĂŠn lo sabe, pero yo les tengo confianza a los de la mesa 10.

FIN


Participaron:

E.S.B. Nยบ1 3ro 1ra


Tamara Manzo

MarĂ­a


Cristian González

José


Andrés Sánchez

Amigo de José


Gabriel Suárez

Amigo de José


Ariel Tulli

PolicĂ­a


Fernando Nanzos Basualdo

Borracho


Luciano Molina

Padre


Los de la mesa 10, del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún, cuenta las esperanzas y el amor de dos jóvenes en un contexto urbano poblado de falsas convenciones y prejuicios sociales, y de como el amor cuando es auténtico y correspondido se ve obligado a abrirse paso entre toda esa maraña de absurdos obstáculos de clase. En la obra, José, un joven mecánico de humilde procedencia obrera, conoce en un baile de graduación a María, la hija de una acomodada familia de profesionales. A los padres de María el amor se les apagó desde mucho tiempo atrás, teniendo que permanecer juntos nada más por compromiso y apariencia para complacer a las páginas de sociales de los periódicos. José y María se enamoran y se ven obligados a enfrentar el ensueño de su amor con la dura realidad de sus diferentes procedencias sociales.


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Los de la mesa 10 by Sebastián Asegurado - Issuu