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La calle se pobló de voces. Paisaje lingüístico y migración en Montevideo

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INVESTIGACIÓN CON FOTOGRAFÍAS

La calle se pobló de voces

Paisaje lingüístico y migración en Montevideo

Magdalena Coll - Lucía Arroyo - Clara von Sanden

INVESTIGACIÓN CON FOTOGRAFÍAS

Esta serie reúne resultados de proyectos de investigadores e investigadoras de la Universidad de la República que tienen como base  —aunque no exclusivamente—   la indagación y el análisis de fuentes fotográficas. Aspira a dar cuenta de las potencialidades de la fotografía como recurso para la producción de conocimiento en las diversas áreas académicas.

La calle se pobló de voces

Paisaje lingüístico y migración en Montevideo

Magdalena Coll, Lucía Arroyo, Clara von Sanden

La calle se pobló de voces. Paisaje lingüístico y migración en Montevideo.

CC BY-NC-ND 4.0 Está permitido reproducir el contenido de este libro bajo las siguientes tres condiciones: atribución (atribuir la obra en la forma especificada por los autores o el licenciante), sin uso comercial (no admite medios destinados o dirigidos a obtener ventajas comerciales o compensaciones monetarias), sin obras derivadas (no admite alterar o transformar esta obra).

El contenido de esta publicación es responsabilidad de sus autoras.

Centro de Fotografía de Montevideo

Web: CdF.montevideo.gub.uy

CdF@imm.gub.uy

Intendencia de Montevideo, Uruguay

Primera edición: julio 2026, 1000 ejemplares

Libros Udelar / Ediciones Universitarias Web: udelar.edu.uy/libros-udelar ucur@udelar.edu.uy Universidad de la República, Uruguay

Realización: Centro de Fotografía / División Información y Comunicación / Intendencia de Montevideo y Ediciones Universitarias, Unidad de Comunicación de la Universidad de la República

Investigación y textos: Lucía Arroyo, Magdalena Coll, Clara von Sanden

Introducción: Yolanda Hipperdinger

Corrección de estilo: Christian Almonacid y Nairí Aharonián Paraskevaídis, Ediciones Universitarias, UCUR, Udelar

Fotografías: Lucía Arroyo, Lucía Martí / CdF, Luis Alonso / CdF, Museo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional, Centro de Fotografía de Montevideo, Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra - SODRE

Digitalización: Clara von Sanden, Gustavo Rodríguez / CdF, Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra – SODRE, Biblioteca Nacional de Uruguay, Smithsonian Institution

Postproducción de imágenes: Guillermo Giansanti / CdF

Diseño: Andrés Cribari / CdF, Mathías Domínguez / CdF

Preimpresión: Andrés Cribari / CdF

Supervisión de impresión: Andrés Cribari / CdF , Mathías Domínguez / CdF , Guillermo Giansanti / CdF

Coordinación editorial: Magdalena Coll, Mauricio Bruno / CdF, Luis Díaz / CdF, Noelia Echeto / CdF

Coll, Magdalena

La calle se pobló de voces. Paisaje lingüístico y migración en Montevideo. / Magdalena Coll; Lucía Arroyo; Clara von Sanden; coordinado por Magdalena Coll; introducción Yolanda Hipperdinger.- 1a ed.- Montevideo: CdF

Ediciones, Ediciones Universitarias - UdelaR, 2026.-

152 p. ; fot. : 17 x 24 cm.- (Investigación con fotografías, 1)

Esta investigación generó una exposición titulada “La calle se pobló de voces”, desde el 22/11/2025 hasta el 09/02/2026 en Fotogalería Parque Batlle.

ISBN CdF ediciones 978-9915-9792-9-8.

ISBN Libros Udelar 978-9974-0-2375-8.

CDU: 81’27:314.15+77(899.1).

1. INVESTIGACIÓN - LINGÜÍSTICA. 2. MIGRACIÓN - S. XVIII - XXI. 3. MONTEVIDEO - URUGUAY.

Impreso en 1 y 4 tintas

Papel del interior del libro: bookcel 80 g y coteado mate 130 g; de la tapa, cartulina 280 g. Se utilizaron las tipografías Garamond y Barlow.

Impreso y encuadernado en Mastergraf SRL

Montevideo - Uruguay

Depósito Legal 391.036 - Comisión del Papel

Edición amparada en el Decreto 218/96

ISBN CdF ediciones 978-9915-9792-9-8

ISBN Libros Udelar 978-9974-0-2375-8

La calle se pobló de voces

Paisaje lingüístico y migración en Montevideo

Magdalena Coll - Lucía Arroyo - Clara von Sanden

Coordinado por Magdalena Coll

Pablo J. More Lander y María Isolina Magdalena Aladio Pizzorno. Década del cincuenta del siglo XX. (Foto: archivo particular familia Coll More).

PRESENTACIÓN

Magdalena Coll

Este libro se forjó en el marco del proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo», del que fui responsable en 2024 y 2025. Se trata de un proyecto financiado por el Programa Intendencia de Montevideo (IM) - Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República (Udelar) «Ing. Óscar J. Maggiolo», en la categoría «Montevideo como ciudad de migraciones y las diversidades étnico-culturales». Esa financiación me permitió convocar a la lingüista Lucía Arroyo y a la historiadora Clara von Sanden, con quienes conformamos un equipo interdisciplinario que se nutrió de diferentes miradas sobre la ciudad, sobre la lengua y sobre la sociedad.

Así las cosas, y con el muy valioso apoyo del Centro de Fotografía de Montevideo y de Ediciones Universitarias, de la Udelar, quedó conformado este libro que cuenta con tres capítulos, además de la introducción escrita por Yolanda Hipperdinger. El primer capítulo, de mi autoría, sirve de introducción a

la temática del paisaje lingüístico y la migración en Montevideo. El segundo, de Clara von Sanden, se focaliza en el aspecto histórico del vínculo entre paisaje lingüístico y migración, mientras que el tercer capítulo, de Lucía Arroyo, aborda la dimensión más contemporánea de esta relación. El libro cuenta, además, con una importante documentación fotográfica que es sustancial para el abordaje planteado. Estas imágenes tienen una doble finalidad: ilustran lo que se afirma a lo largo del libro, pero también, y de manera muy significativa, son fuente fundamental de la investigación desarrollada.

Una de estas fotos, la que acompaña esta breve presentación, resuena en mi memoria de manera muy particular. Mis abuelos, en algún momento de la década del cincuenta del siglo XX, posan frente a una cámara que los capta sonrientes, pero que también capta parte del paisaje lingüístico de la época. A sus espaldas, a lo alto, se lee Restaurant Morini, una evocación a la gastronomía francesa y a la migración italiana. Resuena esta foto en mi memoria y la recupero ahora en ocasión de este libro, que busca las palabras de las imágenes, las huellas lingüísticas de lo que vemos.

INTRODUCCIÓN

Yolanda Hipperdinger

Las últimas décadas han visto surgir y crecer el interés por la dimensión espacial del lenguaje, que tomó forma en el estudio del llamado paisaje lingüístico: el despliegue del lenguaje en el espacio público, con eje en la exhibición escritural de las diversas producciones lingüísticas que pueblan ese espacio, sobre todo cuando es urbano. Es en el marco de ese interés que se planificó y se desarrolló la investigación que dio origen a este libro, que tengo el honor de introducir, con el que se inaugura la descripción del paisaje lingüístico de Montevideo.

El libro toma como foco de atención, en el paisaje de la ciudad, la diversidad de lenguas —y de variedades de lenguas— que ingresaron a través de la recepción, continuada en el tiempo, de migrantes de muy variados orígenes. La innovadora investigación de los textos registrados reconstruye el nexo entre las circunstancias y derivas del ingreso de las diferentes colectividades, por un

lado, y el modo y grado en que ello se refleja en la escritura expuesta en el espacio público, por otro. Así, y tal como lo señala Magdalena Coll en el primer capítulo, el paisaje lingüístico les sirve a las autoras como una herramienta para desarrollar una nueva perspectiva sobre Montevideo como ciudad de migrantes, distinguible de los estudios anteriores por centrarse ya no en comunidades particulares, sino en su coexistencia en el espacio común.

Los datos a partir de los cuales se analiza la relación entre migración y paisaje lingüístico fueron extraídos de conjuntos de fotografías fundadamente articuladas. No obstante, la naturaleza diacrónica de la descripción obligó a las autoras a proceder de manera distinta para la obtención de datos sobre los tiempos actuales y otros pasados, al igual que lo hacen las indagaciones de la sociolingüística histórica sobre la oralidad. Como es habitual en los estudios de paisaje lingüístico, del paisaje de la Montevideo actual se tomó un registro fotográfico pautado, con decisiones ajustadas a los objetivos específicos de la iniciativa. En cambio, la descripción del paisaje lingüístico de la ciudad en la otra sección temporal considerada, correspondiente a finales del siglo XIX y comienzos del XX, debió basarse en fotografías tomadas oportunamente con objetivos del todo ajenos al interés por la exhibición de producciones lingüísticas. El trabajo de extraer de esos materiales de archivo las expresiones escritas pertinentes, escondidas tras el protagonismo de otras imágenes, permitió sumar a los hallazgos recientes la reflexión metodológica sobre este proceder, poco frecuente en el estudio del paisaje lingüístico, en el que, aunque son comunes las comparaciones entre paisajes de radicaciones diferentes, es en cambio muy rara la atención a las formas que ha ido adoptando un mismo paisaje en su devenir histórico.

El libro está compuesto por tres contribuciones y por un apéndice documental. En el primer capítulo, al que ya nos referimos, Coll hace la presentación general de la obra, precisa su encuadre epistemológico y destaca la originalidad de su aporte. Además, detalla los lineamientos de la investigación desarrollada y presenta contrastivamente los principales resultados obtenidos para ambas etapas, señalando sus continuidades y diferencias. También, en relación con ambas, enfatiza en que lo que se encuentra visibilizado en el paisaje lingüístico no se puede considerar un reflejo exacto de la diversidad

lingüística de la sociedad, ya que parte de la que se sabe ingresada con la población migrante (como las variadas hablas regionales de la inmigración italiana en la primera sección temporal considerada, o la de algunas variedades de español de la inmigración latinoamericana en la actualidad) no se observa, en cambio, en la escritura pública.

En el segundo capítulo, Clara von Sanden se ocupa del paisaje lingüístico montevideano del pasado, al que comienza contextualizando, y da cuenta de la conformación del cuerpo de datos recogido para estudiarlo. En tal sentido, refiere que partió de la revisión de varios archivos, entre los que se cuentan el Centro de Fotografía de Montevideo, el Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra del SODRE y la Colección Fotográfica del Museo Histórico Nacional, para reunir fotografías que hubieran recogido escritura en el espacio público de la ciudad entre 1860 y 1930, décadas cruciales para la recepción de población migrante por los nutridos flujos que por entonces tuvo la migración transoceánica, de procedencia fundamentalmente europea. La autora detalla las recurrencias a lenguas de diferentes colectivos alóctonos que se encontraron en las fotografías, atendiendo en especial a las configuraciones formales de las expresiones constatadas que, en ocasiones, muestran alternancia entre formas más y menos adaptadas a la lengua hegemónica en la sociedad de acogida, o solo se constatan influidas por el español, lo que demuestra la operación de procesos de acomodación y desplazamiento lingüísticos.

El tercer capítulo, a cargo de Lucía Arroyo, contiene el detalle de las previsiones procedimentales y los resultados alcanzados en lo que atañe al paisaje lingüístico montevideano actual (2024-2025). Presenta el contexto histórico, como en el capítulo anterior, en este caso principalmente en relación con la inmigración reciente desde otros países latinoamericanos. Explicita, asimismo, las decisiones que se adoptaron para generar el registro fotográfico, orientado a encontrar indicios lingüísticos de la presencia de los nuevos colectivos migrantes y que se concretó en diferentes zonas de los barrios Cordón, Centro y Ciudad Vieja de Montevideo. Entre los hallazgos se destacan tanto la novedosa presencia de escritura en alfabetos diferentes del latino o no alfabética, que testimonian la recepción de inmigración de Medio Oriente y Asia

Oriental (árabe, coreana, china), como la exhibición de formas dialectales de español diferentes de la uruguaya —sobre todo léxicas, y del ámbito de la gastronomía—, que patentizan la inserción de migración latinoamericana (en especial la proveniente de Venezuela, Colombia, Perú y Cuba).

El libro se cierra con un apéndice gráfico, conformado por una selección de las fotografías que constituyeron el material analizado, muestra vívida del paisaje lingüístico que se estudió y evidencia, también, del meticuloso trabajo de documentación de las autoras.

En su conjunto, esta publicación ofrece una visión comprehensiva de la evolución del paisaje lingüístico montevideano a través del prisma de su relación (a veces reveladora, a veces de silenciamiento) con la presencia de los grupos migrantes de distintas procedencias predominantes en las etapas consideradas. Contribuye así, simultáneamente, al conocimiento de los paisajes lingüísticos latinoamericanos, al que añade nada menos que el de una capital nacional, y al enriquecimiento de la historia lingüística rioplatense y, con ella, al de las polimórficas confluencias americanas.

PAISAJE LINGÜÍSTICO Y MIGRACIÓN1

Magdalena Coll

La gente no ve las cosas que tiene delante de los ojos hasta que les presta atención. Siri Hustvedt (2014), El mundo deslumbrante

1 Este libro se forjó en el marco del proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo», del que fui responsable en 2024 y 2025. Se trata de un proyecto financiado por el Fondo Maggiolo, de la Intendencia de Montevideo (IM) y la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República (Udelar), en el programa «300 años de Montevideo», en la categoría «Montevideo como ciudad de migraciones y las diversidades étnico-culturales».

El paisaje lingüístico que nos rodea

El conjunto de textos escritos que vemos en el espacio público, es decir, el paisaje lingüístico, hace a nuestra rutina lingüística diaria y a nuestro transitar por la ciudad.2 La cartelería, los nombres de comercios, los pizarrones de los emprendimientos gastronómicos, los postes publicitarios, los afiches en las paradas de ómnibus, la señalética, etc., forman parte de nuestra identidad sociolingüística urbana de una manera que hemos naturalizado. Muchas veces vemos esa cartelería sin realmente verla, pero otras veces la leemos de manera casi automática o la percibimos como ruido visual. En cualquier caso, el paisaje lingüístico habla de nuestra sociedad y, muy particularmente, de la relación que esta tiene con la lengua que hablamos y con la forma en que hablamos esa lengua.

Por eso, con este libro buscamos detenernos no solo en esas palabras escritas que nos rodean hoy en nuestras prácticas diarias en los espacios públicos de la ciudad de Montevideo, sino también en el paisaje lingüístico que caracterizó las calles montevideanas a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El hilo en ese devenir histórico, que comienza con el Uruguay de la modernización y que culmina en la actualidad, está dado en un rasgo lingüístico que puede verse —que elegimos ver— en la cartelería pública de ambas etapas. Ese rasgo —común y diverso al mismo tiempo— está fuertemente vinculado a la población migrante y las lenguas, o variedades de lengua, que hablaron o hablan. Así, paisaje lingüístico y migración se unen en una perspectiva que busca visibilizar la presencia de las diferentes corrientes migratorias a lo largo de la historia de la ciudad.

2 Sobre el concepto de paisaje lingüístico, cfr. el trabajo pionero de Rodrigue Landry y Richard Bourhis (1997).

Con esta mirada buscamos aportar a la investigación sobre la conformación histórica del habla de los y las montevideanas, desde una nueva mirada vinculada al paisaje lingüístico y a la lingüística de contacto, disciplina que estudia el contacto entre lenguas, en este caso, del español con las lenguas, y varie dades de lenguas, de los y las migrantes. Contribuiremos también al conocimiento sociolingüístico de estas lenguas y a la descripción de la sociedad que las ha hablado, y colaboraremos muy especialmente a visibilizar a Montevideo como un espacio de contacto y convivencia de migrantes y lenguas.

Paisaje lingüístico de migración

a finales del siglo xix y comienzos del xx

Acercarnos a los archivos fotográficos del Montevideo de finales del siglo XIX y comienzos del XX supone tener en cuenta algunos presupuestos básicos sobre el trabajo con las fuentes históricas en general, como conocer y entender las condiciones de producción de esos registros fotográficos y la intencionalidad con que fueron creados y conservados. Así, es importante tener presente que a partir de la década del sesenta del siglo XIX, a iniciativa de algunos estudios fotográficos, comenzaron a registrarse distintos escenarios de la ciudad de Montevideo para venderse como vistas coleccionables (Von Sanden y Wschebor, 2025). Esas primeras series de vistas de Montevideo reproducían el paisaje urbano a partir de sus edificios más significativos (el Templo Inglés, el Cabildo, el Teatro Solís, la Casa de Gobierno, por ejemplo) y de algunas vistas panorámicas. Con el paso del tiempo, se fueron formando distintos álbumes y colecciones de vistas, a cargo de diferentes casas fotográficas y con variados énfasis. Se incluyeron, luego, otras tomas y se incorporaron edificios modernos para la época o de reciente construcción, es decir, nuevos espacios a ser jerarquizados en el imaginario visual: flamantes edificios públicos, pero también numerosas residencias particulares e industrias destacadas se sumaron al repertorio de imágenes de aquellos álbumes, junto con representaciones de la costa o el paseo del Prado. A inicios del siglo XX, la tendencia a subrayar la presencia de las playas y los parques públicos se acentuó, en el marco de un creciente interés turístico (Von Sanden y Wschebor, 2025).

Aunque en la mayoría de los casos se trata de fotografías de paisajes y sectores sociales vinculados con segmentos de alto poder adquisitivo (que omiten otros escenarios de la ciudad), su revisión actual permite abordar nuevas narrativas historiográficas, como bien lo explica Clara von Sanden e Isabel Wschebor (2025). En nuestro caso particular, esa narrativa se construye en torno a la relación entre migración y paisaje lingüístico, que se da en una época en la que la ciudad, y el país, recibía grandes contingentes de población migrante, en su mayoría de origen europeo.

En este sentido, hacemos eco de las palabras de Marc Ferro (2000) y John Mraz (2005) (en Von Sanden, 2025), para quienes es necesario observar elementos tangenciales a la fotografía, ya que brindan gran cantidad de información sobre la sociedad en que fueron producidos. Ferro (2000 en Von Sanden, 2025) llama «lapsus» a estos elementos, que muestran que «una película, una fotografía, se ven siempre desbordadas por su contenido» (p. 124), en la medida en que los objetos, los gestos, las actitudes y los comportamientos captados en una foto suelen escapar a la voluntad del realizador. Estos elementos, no obstante, dotan a la foto de un valor documental que trasciende su intención inicial. De esta manera, la fotografía nos permite «descubrir cosas que fueron invisibles para el propio fotógrafo» (Mraz, 2005, p. 54 en Von Sanden, 2025). Precisamente entre estas cosas que fueron invisibles para el propio fotógrafo incluimos nosotras el paisaje lingüístico que quedó plasmado en las fotografías históricas, de forma no siempre intencional. Las series de vistas urbanas no tenían como objetivo registrar a los habitantes de la ciudad, por lo que solo de manera tangencial consignaban la vida que se desarrollaba alrededor de los espacios y edificios públicos. Estas vistas tampoco tenían como finalidad la cartelería pública que caracterizaba a esa sociedad urbana. Sin embargo, al observar estas fotografías en busca de los signos lingüísticos que las habitan se abre un nuevo camino de posibilidades para interrogarnos sobre cómo la cartelería pública, y la lengua en que fue escrita, fue moldeando nuestra relación con el paisaje lingüístico y la migración. Así las cosas, proponemos en este caso adaptar una perspectiva innovadora, ya que el estudio del paisaje lingüístico se ha centrado tradicionalmente en registros y estudios contemporáneos.3 Esta nueva mirada lingüística y diacrónica sobre

3 Destacamos dos estudios previos que han incursionado en esta mirada histórica del paisaje lingüístico: el de Yolanda Hipperdinger (2020) sobre la diacronía del paisaje lingüístico de

las calles de Montevideo abre un nuevo diálogo histórico con nuestra sociedad y nuestra lengua.

En las fotos —que se custodian en el Centro de Fotografía (CdF) de la IM, en la Colección Fotográfica del Museo Histórico Nacional (MHN), en el Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra (ANIP) del SODRE y en la Sección Materiales Especiales de la Biblioteca Nacional, en su mayoría— aparecen diferentes imágenes de nombres de comercios y anuncios publicitarios que van mostrando su relación con la población migrante.

La población proveniente de Italia comienza a visibilizarse en la cartelería que anuncia tiendas de ropa con el nombre de sus propietarios. En la Ciudad Vieja y en la hoy plaza Independencia podían verse, según consta en las fotografías de la época, carteles como Sombrerería y camisería. New London. De Capo y Maglione; Casa Spera la que vende más barato; Maggio al hacer cualquier compra en esta cigarrería […]; Gran sastrería de Luis De Stefani; Restaurant H. Morini y Cía., comercio inaugurado por un inmigrante genovés. También se recurre a topónimos italianos para nombrar un negocio: Juguetería y bazar Cantú. Los profesionales con apellidos italianos comienzan a aparecer asimismo en la cartelería pública: Tomas E. Peluffo. Dentista. Las sociedades de ayuda mutua, como era de esperar, aparecen en la cartelería en italiano, véase, por ejemplo, el Circolo Napolitano de Mutuo Soccorso. En italiano aparece también Bottiglieria Stella d’Italia.

A esto se suma la publicidad de productos italianos: Toscanos Regia Italiana. Los únicos legítimos o Toscano Avanti. Lo mejor que se fuma. En estos casos, como en otros que veremos para otros grupos migrantes, esta cartelería responde al prestigio del origen del producto publicitado y no necesariamente a la presencia de un grupo migrante de origen italiano. Entendemos, sin embargo, que esta es una falsa dicotomía, dado que una circunstancia no tiene por qué oponerse por fuerza a la otra.

Bahía Blanca (Argentina) y el de Virginia Bertolotti (2023) sobre el paisaje lingüístico de la América colonial, en el que usa el concepto de paisaje lingüístico en un sentido más amplio para describir los usos de la lengua escrita en la colonia.

Los migrantes llegados de Inglaterra —comerciantes sobre todo— desplegaron en las calles de aquel Montevideo su cartelería escrita en inglés, como en The Splendid House / walk-over shoes. For women. El hospital que se fundó para atender a esta población tuvo, como era de esperar, y tiene, su nombre en inglés: British Hospital. Como tal puede leerse en una fotografía de la calle Patagones (actual Lindolfo Cuestas), tomada entre 1890 y 1900.

Además se da la circunstancia de que un cartel contenga el nombre de la empresa en inglés y la explicación del rubro en cuestión en español, como Scottish Union & National. Compañía de seguros contra incendios, o de que el español y el inglés se combinen en diferentes formas que incluyen apellidos ingleses o productos cuyas marcas de origen son inglesas: Football - Casa Coates - Camisetas y medias; The Victory - Villar & Livio. Casa especial de artículos para hombre; Registradoras National. Nuevas y de ocasión. Por mitad de su valor; C. A. Jones. Agencia general de seguros. Peritajes. Comisario de averías ; Royal Salon. Se lustra calzado ; Bombonería Majestic. Azúcar. Garbanzos. Huevos frescos . Algunos de estos casos pueden no estar vinculados de forma directa al origen británico de sus propietarios: el inglés pronto adquirió valor como lengua de prestigio para el comercio en buena parte del mundo occidental y su función connotativa en el paisaje lingüístico es indiscutible.

El francés tiene también un lugar propio en el paisaje lingüístico de la época. Veamos, por ejemplo, el cartel de Rotisserie Solis Hotel o el anuncio de una carreta que vendía comida en la calle: Au bon marché . También aparecen anuncios del tipo Donne a ton meilleur ami un verre de bitter Sécrestat o Institut de beauté . La forma francesa restaurant se mantiene en Restaurant La Garibaldina, Restaurant Serveri y otros. La voz chic se combina en un cartel en español que promociona una tienda cuyo nombre está en inglés: La gente chic se viste en The Splendid House. En el anuncio de la tienda La Giralda se promocionan varios productos, entre ellos, thés, en su forma francesa. También se promocionan productos de la fábrica parisina de jabones, Malaceine. Parece razonable pensar que la presencia del francés en la cartelería de la época trasciende la presencia de migrantes de ese origen, dado que la lengua francesa se caracteriza por tener valores estilísticos muy altos. En cualquier caso, una cosa no se contradice con la otra y Montevideo

prontamente se desarrolló como un campo fértil para que sus calles albergaran la lengua francesa.

La colectividad alemana, aunque pequeña en términos numéricos, se dedicó sobre todo al comercio y, por tanto, tuvo su expresión lingüística en la cartelería montevideana de diferentes tiendas y negocios de la época. Los apellidos alemanes caracterizaron los nombres, por ejemplo, de una lechería, M. R. Schwartz, y de una joyería, Otto Feller. También se publicitaban bebidas como Bier y Bitter en la ciudad. En otros casos, la cartelería aparece en español y en alemán, como en Confitería Oro del Rhin / Konditorei Rheingold. La lengua alemana se utiliza, además, en nombres de comercios, como la cervecería Stadt Hamburg.

Estas poblaciones migrantes fueron dejando su huella lingüística en la cartelería de la ciudad y, en última instancia, esta nos muestra cómo la migración fue cambiando la sociedad y la lengua que hablamos. En este sentido, entendemos que si bien se ha profundizado sobre la historia del español y del portugués en nuestro país y sobre las historias del contacto con lenguas africanas e indígenas,4 no hay una mirada general y abarcadora que mire, en su conjunto, la presencia de las lenguas europeas y el peso que han tenido en la conformación del español del Uruguay. Sí contamos con antecedentes que se han ocupado principalmente del impacto del habla de la migración italiana en nuestro español, como es el caso de los pioneros trabajos de Giovanni Meo Zilio (1989) y Guido Zannier (1966). Se destaca asimismo la investigación de Graciela Barrios (2008) en la que se trata, entre otros temas, el mantenimiento y pérdida del habla de la migración de origen italiano. El francés en nuestro español ha sido estudiado en el marco de la influencia de la cultura francesa en nuestra sociedad.5 Estas investigaciones —que se enmarcan en el desarrollo disciplinario de la lingüística de la segunda mitad del siglo XX— nos ayudan a entender el contacto lingüístico desde la perspectiva de una lengua europea en particular. Nuestro propósito es brindar una mirada de conjunto que nos ilustre sobre la convivencia de esas varias lenguas de migración que se

4 Cfr., por ejemplo, Virginia Bertolotti y Magdalena Coll (2014).

5 Véanse, por ejemplo, Germán Canale y Véronique Ruel (2014); Bianchi (1989); Cassano (1972); entre otros.

hablaban en la época que nos ocupa y ver cómo el paisaje lingüístico se tiñó en forma rápida de ese contacto sociolingüístico heterogéneo.

El paisaje lingüístico de esa época también nos permite ver algunas manifestaciones lingüísticas monolingües (como Five o’clock tea o Meubles et articles français) que coexisten con otra cartelería bilingüe del tipo Instituto de belleza / Institut de beauté; Confitería Oro del Rhin / Konditorei Rheingold; Banco Británico de América del Sud - Sucursal Avenida Rondeau / The British Bank of America Avenida Rondeau Agency y Beer on draught / Cerveza en chopp. En algún caso particular se recurre al equivalente en tres lenguas en un solo cartel: Peluquería / Coiffeur / Barber Shop.

Paisaje lingüístico y migración en el siglo xxi

Con respecto a la dimensión actual de la relación entre migración y paisaje lingüístico, cabe recordar que la relativamente reciente migración de origen latinoamericano que ha llegado a Uruguay ha cambiado también el paisaje lingüístico. Esta población migrante tiene la característica de que es hispanohablante, pero su variedad de español no es la del Río de la Plata. Así las cosas, comienzan a aparecer en Montevideo carteles, pizarrones y anuncios en la vía pública que manifiestan la presencia de otras variedades de español.6

Cabe recordar asimismo que el trabajo con el paisaje lingüístico contemporáneo supone un ejercicio activo en la generación de fotografías. Ya no tenemos el límite del archivo, no estamos restringidas a lo que alguien decidió fotografiar alguna vez o a lo que alguien decidió o pudo conservar: ahora somos nosotras las que podemos sacar las fotos y registrar lo que nos parezca oportuno, desde el ángulo que nos parezca conveniente.7 Esto no

6 Esta convivencia lingüística tiene otras caras, claro está, y en muchos casos deriva en situaciones de discriminación. En este sentido, entre otros, el grupo «Observatorio sobre discursos mediáticos y política urbana en torno a movilidad humana en Uruguay» (2022-2027), dirigido por Mauricio Olivera, de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Udelar, y por Ana Sánchez-Muñoz, de la California State University, tiene una línea de investigación vinculada a la antropología lingüística y la sociolingüística que atiende la situación lingüística de los y las migrantes.

7 Incluso podemos acompañar las fotografías con entrevistas a los comerciantes, a los vendedores de un local o a quien corresponda.

significa, claro está, que no haya sesgo, pero ahora ese sesgo se hace explícito y se vincula con nuestros intereses de investigación, con nuestras maneras de ver la relación entre paisaje lingüístico y migración, y con nuestra propia cotidianidad en la ciudad de Montevideo.

Diseñamos, entonces, un recorrido fotográfico que abarcó diferentes circuitos de la actualidad montevideana: la feria de Tristán Narvaja, la Ciudad Vieja (desde la plaza Independencia, por Sarandí, hasta Pérez Castellano y luego hasta el Mercado del Puerto, además de otras calles laterales, como Florida, o paralelas, como Rincón o Cerrito, por ejemplo) y el Centro (que cubre 18 de Julio desde la plaza Independencia hasta la plaza Cagancha y algunos pasajes de las calles laterales, Colonia y San José). Este recorrido por las calles de Montevideo con una mirada en la relación entre paisaje lingüístico y migración nos permitió tomar más de doscientas fotografías, algunas de las cuales hemos seleccionado para esta publicación.

En ellas puede verse que quizás la mayoría de las voces y expresiones provienen de migrantes venezolanos, aunque algunas son compartidas con el español de Colombia. En las calles céntricas de Montevideo, puede leerse cartelería que promociona tequeños, tequepanchos, arepas, harina PAN, 8 cachapas, hallacas, entre muchas otras. En la feria de Tristán Narvaja, un puesto venezolano vende empanadas de carne mechada, pabellón, bacon, etc., y en otro se hace referencia al topónimo Maracaibo y a su gentilicio maracucho. También pueden leerse nombres de comercios que incluyen expresiones del tipo Q pasó pana! o incluso comercios que reivindican, en su cartelería, formas lingüísticas propias, como un comercio maracucho en el que se lee una lista de expresiones regionales (pa’ q’ sepais, grilluo o mollejua) junto a sabores de arepas (agüita e’ sapo).

La migración cubana se visibiliza en algunas pocas ocasiones en el paisaje lingüístico vinculado al rubro de los negocios de comida (como en Paladar Cubano ), pero con fuerza en la cartelería relacionada con peluquerías para hombres. Allí aparecen voces como barbería , barbershop o barber , y

8 Es una harina de maíz precocida que se emplea para preparar la masa de las arepas y las empanadas, marca PAN.

combinaciones como Matute’s Barber Shop, Techno Barber, Barbería Los Ibáñez, Rey Barber, etc., que pueden encontrarse en la zona que hemos fotografiado, pero también en otros barrios de Montevideo.

Asimismo, puede leerse la voz asere —que podría tener su equivalente en español del Uruguay en amigo— en Barber Shop Asere / Barbería Asere. En el cartel, que tiene los colores de la bandera cubana, se ve una imagen de san Lázaro, figura religiosa muy venerada en Cuba, y un perro que le lame las heridas. En su conjunto, lengua e iconografía se combinan para evocar el país de origen de esta población migrante.

En otro caso, en la cartelería comercial se lee ¿Asere, qué bola?, que equivaldría a expresiones del español del Uruguay del tipo ¿Qué hacés, amigo?, ¿Cómo estás, che? o ¿Qué tal, amigo? También tendría su equivalente en la expresión venezolana, y de otras zonas del español americano, ¿Qué pasó, pana?, que puede leerse en el paisaje lingüístico de Montevideo en el nombre de un emprendimiento gastronómico venezolano, como ya mencionamos.

La migración peruana, numéricamente pequeña, se visibiliza en la cartelería de ofertas gastronómicas que incluyen ceviche, pollada, chaufa; en un emprendimiento llamado Ake Vilela, en cuya cartelería aparece una imagen de Machu Picchu, y en la oferta de chicha, esta última en la cartelería de Tristán Narvaja. Para los residentes de Montevideo, el nombre de esta bebida no puede no evocar la expresión «ni chicha ni limonada», aunque es una voz que no solemos usar por sí misma. También podemos ver que en la cartelería pública de un emprendimiento gastronómico venezolano se lee chicha en referencia a una bebida hecha con arroz, leche y especias. Comienza, así, poco a poco la convivencia de diferentes acepciones de chicha en este escenario lingüístico de movilidad humana.

Esta migración de habla española se manifiesta en el paisaje lingüístico mediante la introducción de voces desconocidas o poco conocidas en el español del Uruguay, la mayoría de ellas vinculadas al rubro de la alimentación. Algunas de estas voces son de origen patrimonial, es decir, tienen su cuna en el latín, como pollada, o tienen su origen en otra lengua romance, como mechada, que

deriva de mecha, del fr. mèche. Pero otras son de origen indígena (como, por ejemplo, arepa, cachapa o hallaca) o incluso vienen del inglés (como bacon). De esta forma, a partir de esta migración latinoamericana, se incorporan a nuestro español voces de diferentes orígenes, en una dinámica social y lingüística mediada por otra variedad de español. En paralelo, comienzan a convivir dos acepciones de una misma palabra en Montevideo y se resemantizan algunas voces de nuestro español.9

Una situación comparable, aunque sin duda distinta, es la que se da en el paisaje lingüístico de Sevilla, que refleja la existencia de un colectivo hispanoamericano residente en la ciudad.10 Se analiza para ese caso a un colectivo hispanohablante dentro de otro colectivo hispanohablante, esto es, una situación, más que de lenguas en contacto, de dialectos o variedades en contacto. Se busca con ello ver una esca la de integración sociolingüística de la población migrante basada en el paisaje lingüístico. En ese sentido, se aplica al paisaje lingüístico la escala de seis grados que mide la «afinidad de las variedades de los inmigrantes llegados a España en relación con la lengua española (lengua mayoritaria)», propuesta por Francisco Moreno Fernández (2009, p. 142), y se pone en relación el español de los residentes (en ese caso, el meridional andaluz) con las variedades que le son más afines, es decir, con el español de variedades diferentes. La comunidad china en Sevilla estaría en el otro extremo de esta escala.

En la conformación actual del paisaje lingüístico montevideano también se constata la presencia de migrantes de Asia u Oriente Medio, hablantes de lenguas muy alejadas genética y tipológicamente del español. Vemos así en las calles del centro de la ciudad cartelería escrita en alfabetos diferentes al latino. En un restaurante coreano, junto al letrero de cerrado hay un segundo texto, en coreano, que se traduce como ‘estamos preparándonos para volver a abrir’. Además, el cartel de entrada del restaurante Tian Fu puede traducirse del chino como ‘tierra de abundancia’ o ‘lugar bendecido por el cielo’. La lengua árabe también se encuentra visible en la ciudad de Montevideo. Dentro de un

9 Carne mechada puede referir a la carne preparada al horno a la que se le mecha morrón, cebolla, queso, etc., pero también a una empanada elaborada con carne deshebrada y condimentada.

10 Cfr. Victoria Camacho-Taboada y Jiahui Yang (2023).

local de comida, se pueden leer, en esa lengua, los nombres de los hijos y nietos de su dueño. En árabe también está escrita la cartelería del Centro Islámico del Uruguay, que a su vez, en muchos casos, aparece traducida al español.

El paisaje lingüístico cambia a lo largo del tiempo, según hemos visto, pero también de una semana para otra, en la medida en que abren o cierran diferentes comercios. Cambia asimismo por calle y por barrio, y según sea de día o de noche. De hecho, el dinamismo de una ciudad se plasma en su paisaje lingüístico, que acompaña los cambios sociales, económicos y culturales.

Lo que no se ve igual existe

El paisaje lingüístico puede ser una ventana para vernos y ver cómo interactuamos con y en la ciudad en que vivimos. Pero siempre hay que tener en cuenta que, por razones muy distintas, hay diferentes poblaciones migratorias que no quedan plasmadas en el mundo de la escritura pública.

En algunos casos, la explicación está en lo lingüístico. La migración española de los siglos XIX y XX queda en particular invisibilizada en las calles de Montevideo de ese entonces porque la cartelería en lengua española de esos migrantes no se distinguía de la cartelería de los residentes. Su manifestación en el paisaje lingüístico, entonces, se reduce a alguna referencia al uso de topónimos o gentilicios de España en los nombres de tiendas o establecimientos comerciales, por ejemplo, Hotel Español, Sastrería Asturiana o La Giralda.11 Asimismo, aquellos que llegaron a Uruguay hablando gallego, catalán o vasco también se encontraron con una sociedad que ya tenía esos componentes en su conformación histórica, por lo que su manifestación en la cartelería pública es difícil de rastrear, aunque aparece cartelería que contiene topónimos y gentilicios, como Centro Gallego de Montevideo, Casa de Galicia u Hotel Bella Barcelona. También se refleja la presencia catalana en la marca de bitter Sécrestat. La presencia vasca se manifiesta en carteles que

11 Con el paso del tiempo, muchas panaderías tendrán el nombre de la región de España de la que provienen sus dueños. También se dará una relación similar entre los nombres de fábricas de pasta y diferentes zonas de procedencia italiana.

recogen apellidos como Urreta, en la publicidad de una bebida, o Aldave, en Aldave y Cía., un negocio financiero. Sin embargo, en su conjunto, el análisis del paisaje lingüístico no resultó especialmente valioso para el estudio de la migración de origen peninsular.

Las fotografías estudiadas no nos permitieron analizar el paisaje lingüístico de otros colectivos como los armenios, los griegos o los judíos, entre otros. No descartamos que el manejo de un corpus fotográfico más amplio nos permita acceder a esta información, aunque inevitablemente ese corpus mantendrá las limitaciones de toda fuente de tipo histórico. Dicho esto, también es importante recordar que el paisaje lingüístico no nos acerca a todos los tipos de movilidades humanas y sus lenguas. La población indígena, que hablaba guaraní y otras lenguas, no queda plasmada en la cartelería histórica de Montevideo, excepto por el Almacén del Guaraní. Además, en el estudio de la relación entre migración y paisaje lingüístico queda, de hecho, invisibilizada la presencia de lenguas africanas, que tampoco pueden considerarse, claro está, como lenguas de migración.

Cabe también aclarar que en las zonas de Montevideo elegidas para hacer nuestro trabajo de campo actual el paisaje lingüístico invisibiliza la presencia de la migración dominicana. Esto tiene su explicación en las características demográficas y económicas de esta migración, que no se desempeña en el tipo de actividad comercial que se recoge en la cartelería pública o que no lo hace en el centro de la ciudad. Con seguridad, en otros barrios, como en el así llamado Barrio de los Dominicanos en Colón, la situación sea muy diferente. En cualquier caso, es un escenario dinámico y cambiante que habrá que seguir atendiendo.

La relación entre paisaje lingüístico y lenguas de migración no es lineal. Solo si la problematizamos y la cuestionamos podremos tener en cuenta la periferia dentro de la periferia y podremos valorar la diversidad que se da en las oleadas de migrantes que llegan con diferentes niveles socioeconómicos, con diferentes perspectivas de retorno, con diferentes intenciones o posibilidades de retomar la migración hacia otros países, etc., y con lenguas (y variedades) maternas de mayor o menor prestigio en las sociedades que

tienen que abandonar y en las sociedades a las que llegan. De esta manera, tengamos en cuenta que en las fotos históricas en las que hemos estudiado el paisaje lingüístico no aparece el italiano de manera proporcional al peso demográfico de la migración italiana. Tampoco aparecen otras variedades itálicas (el genovés o el napolitano, por ejemplo) que eran, en muchos casos, las lenguas maternas de esa población.12

Por razones muy distintas, la presencia lingüística de la migración argentina es muy difícil de percibir en el paisaje lingüístico de Montevideo. Las disimilitudes entre las variedades de español de Argentina y Uruguay no se visualizan en este tipo de espacios públicos, salvo quizás en casos muy particulares, como La Facturería. Al mejor estilo argentino, que recoge en su nombre una creación neológica con la voz argentina factura. Sí se puede ver en el paisaje lingüístico montevideano una serie de cadenas de comercios argentinos cuyos nombres están en italiano, como Heladería Freddo o Heladería Grido. No implican, sin embargo, una relación directa con la migración argentina.

En otro orden de cosas, señalemos que la migración brasileña que ha llegado a Uruguay en los últimos tiempos no queda plasmada en el paisaje lingüístico que hemos estudiado.

Lo ubicuo en el paisaje lingüístico

El inglés y el francés circulan, en nuestras sociedades, como lenguas de prestigio. En este sentido, la cartelería en inglés aparece en el paisaje lingüístico asociado al comercio de distintos rubros en buena parte de las principales ciudades del mundo occidental. El francés, por su parte, es la lengua de la cartelería de la industria de la cosmética y la perfumería y como tal se reproduce en el mundo globalizado. En muchos casos, se trata de productos que se importan con el nombre en su lengua de origen, lo que hace a su valor de mercado. En otros casos, se elige localmente recurrir a nombres o publicidades en inglés o en

12 En el mismo sentido, Claudia Ferro (comunicación personal), de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), comentaba que en esa ciudad no hay aimara en el paisaje lingüístico actual, aunque la migración boliviana es la de mayor peso demográfico.

francés o con algunas voces de ese origen. Se toman prestadas voces de estas lenguas porque se prioriza la finalidad connotativa del inglés y los valores estilísticos del francés. Estas elecciones lingüísticas —que se dan, sobre todo, en el paisaje urbano— no se vinculan necesariamente con la presencia de migrantes que hablen inglés o francés. Así, estas lenguas pasan a tener un fuerte papel en el paisaje lingüístico dominante de nuestras ciudades.

Nuestro trabajo está orientado hacia la migración y, por eso, no hemos atendido los datos de este paisaje lingüístico que mantienen una estrecha relación con el comercio global, las influencias culturales, el turismo, etcétera.

Montevideo, paisaje lingüístico y migración: a modo de cierre

Montevideo ha sido —y es— una ciudad de migraciones; sus calles y barrios manifiestan la diversidad étnico-cultural que estas migraciones han aportado a la caracterización de diferentes aspectos de la vida de la ciudad. Aquí nos focalizamos en cómo las diferentes oleadas migratorias se ven reflejadas en el paisaje lingüístico de Montevideo.

Partimos de la base de que las diversas corrientes migratorias han contribuido a la formación del español que hablamos los y las montevideanas. Nuestro español, sobre finales del siglo XIX y comienzos del XX, vivió la influencia de la población de origen italiano, francés, inglés, alemán, entre otras. A su vez, muy recientemente, el habla de Montevideo comienza a recibir préstamos lingüísticos de migrantes —provenientes sobre todo de Cuba, Venezuela y República Dominicana, — que hablan otras variedades de español de América. También partimos de la base, claro está, de que la relación entre lengua e identidad es fundamental en la caracterización de toda comunidad de hablantes y es un pilar en la identificación de cada hablante con su manera de hablar y con su lugar de pertenencia.

El trabajo de archivo junto con el trabajo de campo nos han dado herramientas para describir, analizar y ponderar el paisaje lingüístico que ha definido y define a Montevideo en su relación con los movimientos migratorios. En su

conjunto, el paisaje lingüístico manifiesta la presencia de diferentes colectivos migrantes tanto en el pasado como en la actualidad, aunque lo hace de manera diferente según la época.

La cartelería histórica de migración recurre más a topónimos, gentilicios, nombres propios y apellidos que el paisaje lingüístico de migración actual. Por otra parte, las lenguas de migración europea aparecen en el paisaje lingüístico en carteles monolingües, pero también en diferentes combinaciones con el español, o incluso puede presentarse una cartelería en español con un préstamo aislado de la lengua de migración, préstamo que con gran probabilidad forme hoy parte de nuestro español. Hay que destacar algunos casos de bilingüismo en los que la misma información del cartel o anuncio está en una lengua de migración y también en español.

El paisaje lingüístico de la migración de finales del siglo XIX y comienzo del XX se vincula con diferentes emprendimientos comerciales y asociaciones de ayuda mutua, hecho que se explica con facilidad por el perfil de los migrantes y su inserción en la sociedad uruguaya. De la misma manera, dado su perfil demográfico, económico y cultural, los rubros en que aparece la migración contemporánea en el paisaje lingüístico son más acotados y se restringen, en muchos casos, al sector gastronómico y eventualmente a la belleza personal.

Solo en el paisaje lingüístico actual vemos un reconocimiento explícito a la variedad de español hablada. Este es el caso, por ejemplo, de un local o un carrito de comida en el que se recogen diferentes expresiones del habla de Maracaibo y en cuya cartelería se lee, como ya hemos visto, una lista de expresiones regionales como pa’ q’ sepáis, grilluo o mollejua. Estas expresiones caracterizan al español que se habla en una región particular de Venezuela, Maracaibo, y no necesariamente en todo el país. Se destacan, de esta manera, formas lingüísticas que hacen a la identidad de los y las maracuchas.

El paisaje lingüístico de la migración de finales del siglo XIX y comienzos del XX contempla solo el alfabeto latino. A principios del siglo XXI, sin embargo, el paisaje lingüístico muestra la migración de poblaciones cuya lengua se escribe en otros alfabetos (como el coreano o el árabe) o que se escribe en un alfabeto ideográfico (como el chino).

Así las cosas, el paisaje lingüístico de dos épocas muy diferentes de Montevideo pone de manifiesto la presencia de diversos grupos migratorios, de sus lenguas y de su convivencia en la ciudad. Esta convivencia lingüística de diferente población migrante en el paisaje es una manifestación social de la coexistencia que se daba en las calles, en los barrios, en los conventillos, en las escuelas y fábricas, en las iglesias y templos, en las quintas y viñedos, en la así llamada prensa extranjera, en la prensa local, etc. El paisaje lingüístico surge como una herramienta que nos permite desarrollar otra perspectiva sobre Montevideo como ciudad de migrantes y otra perspectiva sociolingüística sobre una lingüística de migración.

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UNA MONTEVIDEO MULTILINGÜE

Clara von Sanden

Introducción

Acercarse al pasado con nuevas preguntas es siempre un trabajo fecundo. Y si para el presente resulta interesante observar cómo las colectividades migrantes y sus lenguas y variedades van haciéndose visibles en el paisaje de la ciudad, para el pasado (o los distintos momentos pasados que podemos observar), incluso más. Focalizarnos en el paisaje lingüístico del Montevideo del pasado implica sumar una nueva perspectiva a la historia de las migraciones al país, que tiene un interés lingüístico evidente, pero que también arroja luz sobre su historia social y cultural.

En este desafío interdisciplinario que resulta reconocer el paisaje lingüístico de un momento del pasado montevideano, hemos decidido enmarcar el análisis entre 1860 y 1930, un período de sostenida entrada al país de personas extranjeras, que llegaron a alcanzar la mitad de la población. Esta decisión obedece sobre todo a que las características de las fuentes existentes (fotografías históricas del espacio público) no hacían posible contar con un corpus voluminoso y variado de casos sin un marco cronológico que abarcara varias décadas.

Con una población en su mayoría conformada por personas de ascendencia hispana o lusitana, indígena y africana, en el período mencionado, la reciente república recibió personas de múltiples orígenes. Si bien la migración regional ha sido sostenida, una gran parte del incremento poblacional en este período provino de la inmigración europea. De acuerdo con estudios a escala global, se estima que el saldo neto de migrantes europeos a Uruguay entre 1870 y 1930 fue de seiscientas mil personas (Beretta Curi, 2014, p. 15).

Esto implicó el uso de diversas lenguas americanas y europeas en el espacio público. Es de presumir que muchas de ellas se oían por las calles de la ciudad, así como también eran utilizadas en medios de prensa de las colectividades o en afiches y carteles de la vía pública. Este trabajo se centrará en los vestigios que nos quedan de esta última forma: su integración visual en el paisaje.

Poner los ojos en el paisaje lingüístico del pasado: las fuentes

Recorrer las calles del Montevideo del pasado tiene límites. No podemos elegir por dónde doblar ni en qué año pasar frente a una fachada. La observación está en principio limitada con claridad y sesgada por las fuentes con que contamos. Y para conocer el aspecto visual del espacio público montevideano entre 1860 y 1930, dependemos esencialmente de las colecciones de vistas de la ciudad tomadas por agentes públicos y privados que se conservan.

El interés por tomar vistas fotográficas de la ciudad estuvo presente ya en las primeras imágenes de este tipo creadas en Montevideo en febrero de 1840. Sin embargo, fue a partir de la década del sesenta del siglo XIX que comenzaron a conformarse verdaderos repertorios de vistas, en forma de álbumes, fotografías individuales o láminas y, más tarde, tarjetas postales. Distintos estudios, como Chute & Brooks o Bate y Cía., promocionaban lotes o docenas de imágenes a la venta que incluían elementos dignos de orgullo por parte de sus habitantes o de interés a ojos extranjeros: espacios urbanos destacados y edificios —en general públicos— significativos o monumentales (Von Sanden y Wschebor, 2025, p. 48). Dadas las condiciones tecnológicas (que hacían difícil captar elementos en movimiento o espacios poco iluminados), estas primeras vistas ofrecían fachadas, plazas y calles con escasa presencia de personas, animales y vehículos que mostraran el modo en que estos espacios se habitaban cada día.

En las décadas siguientes, estas colecciones de vistas se vieron engrosadas con nuevos edificios, monumentos, calles y espacios, que se valoraban como novedosos y dignos de mostrarse al público. Se sumaron así edificios

como el nuevo Manicomio Nacional o la Cárcel Penitenciaria, muestras de un Estado pujante y moderno, así como suntuosas residencias particulares (manifestación de un cierto progreso económico), y numerosas vistas de parques y playas, que añadían un potencial turístico. La incorporación de tecnologías de impresión fotomecánicas hacia finales del siglo XIX permitió una reproducción más masiva de esta clase de series y dio lugar al auge de las postales, otro soporte en el que se dio a conocer la Montevideo de entonces.

Es importante tener en cuenta que las condiciones materiales y simbólicas de producción de estas series de vistas de Montevideo nos esconden el aspecto de muchos de sus espacios, ya que se trata de una recopilación de paisajes y lugares asociados en general a sectores privilegiados o de alto poder adquisitivo. Estos valiosos relevamientos visuales recorren en general los espacios centrales de la ciudad y omiten, salvo excepciones, otros escenarios, como los barrios y viviendas más humildes, o los negocios y pequeños talleres. Sin embargo, un análisis «a contrapelo», al decir de Carlo Ginzburg (1999), 13 de estas mismas imágenes nos permite captar elementos que, sin ser el objetivo principal del fotógrafo, quedaron plasmados en su imagen lateralmente. De este modo, registros de espacios destacados como el Templo Inglés o la plaza Independencia pueden ser fuente para conocer, por ejemplo, la fachada del Café de Génova por la calle Brecha o la Teinturerie Française, respectivamente. 14

A las series mencionadas de vistas y postales de Montevideo, que mostraban sus espacios destacados, se suman algunas realizadas ad hoc como conmemoración o cobertura de eventos extraordinarios, como visitas diplomáticas, o con el objetivo de ser obsequiadas a visitantes ilustres, como

13 Rescatando una expresión de Walter Benjamin, Ginzburg (1999) propone una lectura a contrapelo de las fuentes históricas que permita rescatar lo marginado, lo invisibilizado u oprimido en las mismas fuentes producidas en el marco del sistema opresor. En nuestro caso, si bien algunos ejemplos están reproducidos a propósito, muchos otros, menos renombrados, aparecen en los márgenes de las fotografías, casi por casualidad, no porque el autor haya tenido intención de resaltarlos o siquiera de registrarlos.

14 Véase, por ejemplo, en Colección Fotográfica del MHN: Pastorino. Templo Inglés, Montevideo. [Fotografía] (ca. 1870). MHN-UY, CF_A102_48; Strobach, E. Vista de Plaza Independencia y avenida 18 de Julio, Montevideo. [Fotografía] 1913. MHN-UY, CF_A145_1 (Imagen n°37).

Sarah Bernhardt,15 que reúnen imágenes específicas de su visita con vistas de la ciudad. En algunos casos, fueron los fotógrafos amateurs o fotoclubistas los responsables de registrar espacios y cambios urbanos en Montevideo (Broquetas, 2018, p. 210), como sucede con el registro del desmantelamiento de la Ciudadela colonial hacia 1877.16

Por último, algunas publicaciones ilustradas como Tierra de promisión (1910) o el Libro del centenario (1925), así como algunas revistas ilustradas de inicio de siglo, nutrieron el repertorio visual de los espacios montevideanos (Von Sanden, 2011, p. 212).

La revisión de variados archivos públicos y privados17 nos ha dado acceso a un corpus documental de enorme interés, que nos permitirá exponer algunas constataciones e hipótesis acerca del paisaje lingüístico de Montevideo en relación con las poblaciones migrantes entre 1860 y 1930.

Una ciudad con la mitad de su población extranjera

El historiador uruguayo Oscar Mourat identificó para el siglo XIX dos principales oleadas migratorias. La primera, en la década del treinta de ese siglo, fue protagonizada por unos cuarenta a cuarenta y cinco mil inmigrantes, en su mayoría franceses. La segunda, entre 1850 y 1870, implicó la llegada de unas setenta a setenta y cinco mil personas, principalmente desde España e Italia (Mourat, 1969, en Duffau y Pollero, 2015, p. 216).

Como hemos mencionado, para el momento de la constitución de Uruguay como Estado, la diversidad étnica ya existía en el territorio. A los pobladores indígenas de diversas etnias locales se sumó tras el período de colonización

15 Véase, por ejemplo, en Colección Fotográfica del MHN: [Álbum de vistas de Montevideo y escenas rurales dedicado a la actriz francesa Sarah Bernhardt] [Álbum de fotografías]. (1886). MHN-UY, CF_C206.

16 Reproducciones de la serie de fotografías estereoscópicas tomadas por Ramón Escarza en 1877 del desmantelamiento de la Ciudadela colonial de Montevideo se conservan en el CdF de la IM y en el MHN.

17 Los repositorios utilizados para este trabajo han sido, sobre todo, el CdF de la IM, el ANIP del SODRE, la Sección Materiales Especiales de la Biblioteca Nacional y su hemeroteca, la Colección Fotográfica del MHN y su biblioteca, el Archivo del Instituto Crandon y el Smithsonian Institution.

clara von sanden

una masa de origen hispano y lusitano y otra africana, a partir de la trata de personas esclavizadas hacia Sudamérica, en la que el puerto de Montevideo tuvo una centralidad importante. Estos conjuntos poblacionales son los que Nicolás Duffau y Raquel Pollero (2015) identifican como «población nativa», para diferenciarla de las oleadas migratorias posteriores a 1830 (p. 215).

La inmigración fue en particular fomentada por el nuevo Estado para solucionar el problema de la reducción de la mano de obra a partir de un largo período bélico y de la abolición de la esclavitud. Contratistas privados, con apoyo estatal, captaban a inmigrantes europeos de escaso poder adquisitivo, que venían al país a desempeñar diversos tipos de trabajos remunerados, con los que pagarían el costo del pasaje que se les había cubierto (Duffau y Pollero, 2015, p. 216).

En esta primera etapa (entre 1860 y 1880), son pocos los anuncios o carteles publicitarios a los que hemos podido acceder, pero resultan especialmente gráficos para visualizar la multiculturalidad de aquel Montevideo, en el que la cultura francesa en particular se hallaba presente, dado el gran número de pobladores de ese origen.

Por ejemplo, la observación de los afiches de teatro en los muros del Mercado Viejo o de la antigua Ciudadela demuestra la presencia notoria de la lengua francesa. Su uso en los títulos de obras o en los nombres de los artistas no resulta llamativo, por lo corriente que resultaba recibir compañías extranjeras, pero se alcanza a leer que en más de uno de estos afiches todo el contenido se halla en francés, incluso la fecha y hora del espectáculo.

Si bien las series de vistas de este período son bastante más escasas en carteles, las fuentes complementarias, como los almanaques y guías anuales y el plano de la ciudad editado por Godel, y diseñado por Aymez en 1870, muestran un gran número de negocios con nombres en francés.18 Avanzado el siglo XIX, el uso del francés será cada vez más asociado a la alta cultura y a algunas áreas de actividad como la belleza personal, lo que hace más improbable que su presencia en los carteles tenga una necesaria relación con la inmigración francesa.

18 Véase Plano guía de Montevideo levantado y arreglado por A. Aymez publicado por el autor y por la Litografía de A. Godel. Montevideo, 1870.

Montevideo como foco de atracción para negociantes

Ya desde mediados del siglo XIX distintos agentes propagandeaban a Uruguay como un destino atractivo para acercarse como inversionistas. José Pedro Barrán y Benjamín Nahum (1967) mencionan a «Don Juan M’Coll (o MacColl)», un «destacado hacendado escocés», autor de dos folletos editados en 1861 en su país para servir de manuales a quienes se interesaran por emigrar a Uruguay. En ellos se detallaban todas las ventajas económicas, paisajísticas y culturales, así como aspectos prácticos sobre el costo, la duración y las comodidades del viaje, que llevaba unos treinta y cuatro días, y el costo que implicaba trasladar ganado en pie, si pensaban establecerse como productores agropecuarios al llegar (pp. 154-155). El italiano Francisco Lanza escribió un informe para inversionistas británicos en 1888 en el que destacaba a su vez las políticas gubernamentales que hacían ventajoso establecerse en el país, en el que no había «temor de guerra civil» (Beretta Curi, 2003, p. 13). Se trataba de apenas dos exponentes de una campaña que continuó en las décadas siguientes y que intentaba atraer una migración de perfil burgués, que también fue parte del conjunto que estamos analizando.

Esta promoción del país coincidió con un período de intensa industrialización y expansión internacional de la economía alemana, a partir de la unificación del país en 1871, que desafió el lugar de Gran Bretaña en varios de los espacios que el imperio informal inglés ya dominaba y triplicó en pocos años el comercio con Sudamérica (Bernecker y Fischer, 1996, p. 13). Una cierta cercanía cultural y lo limitado de estas colectividades en número hacían que los agentes de uno y otro origen se hallaran con frecuencia relacionados. La instalación de bancos y entidades financieras de estos orígenes acompañaba la de otro tipo de comercios y pequeñas industrias (Kisling, 2023, p. 446).

Los trabajos de Alba Mariani acerca de inmigrantes ingleses que alcanzaron gran preponderancia social en nuestro medio prueban hasta qué punto el ámbito rioplatense se volvió un «foco de atracción» para empresarios europeos, cuya actividad estaba centrada en el comercio, pero solía expandirse hacia otras áreas, como las finanzas, la industria o la producción agropecuaria (Mariani, 2013, pp. 165-166). La preponderancia de la presencia inglesa

en el comercio queda de manifiesto en el relato del viajero Thomas Woodbine Hinchliff, quien aseveraba que «un inglés, especialmente, puede estar seguro de encontrar compatriotas en todas las calles principales» (en Mariani, 2013, p. 166). Y a juzgar por lo observado en este corpus documental, otros inmigrantes centroeuropeos podían decir lo mismo.

Una pieza enormemente valiosa para reconocer diversos negocios alemanes, suizos e ingleses en Montevideo hacia 1900 es el álbum denominado

Aufnahmen: Händels & Geschäftshäuser Deutscher und Deutschredender in Montevideo. 19 A diferencia de otros repertorios de vistas que hemos relevado, este conjunto presta especial atención a las fachadas de comercios diversos, incluyendo en algunos casos una vista del entorno circundante o la presencia de personas ligadas a ellos. Esto permite observar con relativa claridad en muchos casos las leyendas y carteles publicitarios que utilizaban y la presencia de las lenguas inglesa y alemana en el paisaje montevideano de finales del siglo XIX.

De los negocios retratados en este álbum, una buena parte estaba dedicada a la producción y expendio de comidas y bebidas; otra, a servicios financieros e importaciones; otra, a talleres de relojería, joyería y talabartería; otra, a medicina y farmacia, y otra, a dibujo, grabado e impresión.

En muchos casos, la lengua alemana aparece traducida al español o al inglés y se conforma una versión bilingüe o trilingüe del anuncio. Así sucede en varios expendios de cerveza, llamados Bierquelle, como el denominado Stadt Hamburg (en homenaje a la ciudad de Hamburgo), en la esquina de las calles Pérez Castellano y Cerrito, donde se aclara en dos lenguas, inglés y español, que lo que se ofrece es «cerveza en chopp» o «beer on draught».20 En la misma fotografía se divisa a lo lejos un negocio con la leyenda Grocery Store, que en aquel entonces se asociaba a un almacén, pero sobre todo en el Río de la Plata al comercio de productos importados de Gran Bretaña.21

19 El título se traduce como ‘capturas fotográficas de casas de negocio y comercio de alemanes y germanoparlantes en Montevideo’. Si bien se desconoce su autor, la fecha de edición impresa en la portada es el 1.o de enero de 1900. Un ejemplar de este álbum se encuentra en la Sección Materiales Especiales de la Biblioteca Nacional.

20 Véase imagen 2.

21 Véanse, por ejemplo, las publicidades de negocios como J. Freijo & Co. Grocery Store en The Montevideo Times (28 de noviembre de 1890, p. 2) en las que se ofrece «tea, coffee, canned goods» y «whiskey, the best brand imported».

José Pedro Barrán (2014) ha planteado la hipótesis de que junto con la «exportación de hombres y capitales» los europeos expandieron con rapidez por el globo el orden burgués y los elementos de la mentalidad a él asociados, como la valorización del trabajo y el ahorro por encima de otros valores, o el ansia de ascenso social, que el nuevo entorno social les permitiría más fácilmente que sus sociedades de origen. Los migrantes funcionaron así como «impulsores de los cambios subterráneos» que ocurrían en la sensibilidad (Barrán, 2014, pp. 218-219).

En materia comercial e industrial, parece en especial clara la creciente incorporación de cartelería —que se dio en forma masiva alrededor de 1890—, que incluía no solo datos o identificación de negocios, sino también elementos de diseño que hacían más atractivos los servicios o productos que ofrecían. A diferencia de los ejemplos observados antes, los incorporados en este período comenzaron a incluir nuevos materiales en su publicidad, como placas metálicas esmaltadas o pintadas, lonas pintadas o impresas, vidrios pintados o diseño de luminarias.

La expansión y cambio en los orígenes de las personas migrantes

La situación europea y la creación de la Comisión de Inmigración en 1865, que promocionaba el país como un destino de interés para trabajadores, colaboraron a que hacia finales del siglo XIX se diera un cambio en el origen mayoritario de los inmigrantes. Si hasta entonces Francia, Alemania e Inglaterra habían tenido una participación sostenida en este conjunto, a partir de ese momento la mayoría de los inmigrantes provinieron de España e Italia (Oddone en Duffau y Pollero, 2015, p. 217).

Entre 1870 y 1914, en América Latina en general se dio un proceso de modernización económica e institucional que dio lugar al desarrollo de infraestructura y a la formación de un mercado de bienes de consumo creciente, explicado en parte por un proceso de urbanización y crecimiento poblacional. Esto favoreció la aparición de nuevas industrias y establecimientos

comerciales, que solían tener la forma de pequeños talleres, artesanatos y tiendas (Beretta Curi, 2014, p. 16).

Al igual que en otros países de la región, la inmigración europea (no solo la alemana e inglesa mencionadas antes) se asocia con el comienzo del desarrollo industrial, mediante el aporte de personas y capitales. Estos inicios fueron, de todos modos, dotados en general de escaso capital y dependientes de habilidades específicas y del manejo de herramientas en establecimientos con escasa mano de obra. No obstante, como señala Alcides Beretta Curi (2014, pp. 34-35), en el caso uruguayo el Estado estableció políticas proteccionistas desde finales del siglo XIX y con más fuerza a inicios del XX.

El censo de la capital en 1889 mostraba el lugar que tenían los extranjeros en el desarrollo comercial y el mundo del trabajo: el 73 % de los comerciantes de Montevideo y el 79 % de los hombres en edad activa habían nacido en el extranjero (Duffau y Pollero, 2015, p. 218). En 1889, los italianos constituían el 21 % de la población, seguidos entre los habitantes nacidos en Europa por los españoles, franceses, ingleses, suizos y alemanes. La participación de los italianos en la esfera industrial fue mayoritaria y su preponderancia fue en especial notoria en algunas ramas, como la fabricación de calzado, el textil, la producción de harinas, la talabartería, la carpintería, la mueblería, la hojalatería y las bodegas e industrias relacionadas con la construcción.

En efecto, los rubros a que se dedicaban estos inmigrantes se manifiestan en el análisis de las fotografías que estamos observando, pero las imágenes suman a los datos estadísticos diversos detalles acerca de qué servicios ofrecían y cómo promocionaban su trabajo.

Entre los ejemplos vascos se encuentra la agencia financiera Aldave y Cía., que a su vez ofrecía servicios específicos a inmigrantes, como adquirir «pasages para Europa» o enviar cartas a Italia con respuesta paga. Su vitrina, ubicada en la calle Sarandí a inicios del siglo XX, se hallaba pintada por completo con los precios e información relevante.

Son en particular llamativos algunos casos en que los productos se ofrecen en varios idiomas. Este fenómeno, que se daba en el entorno del puerto (aunque no solo allí) y que se observa también en varias peluquerías,22 hace pensar en la estrategia de apuntar a varios públicos en sus propias lenguas, apenas tocaran tierra uruguaya.

La peluquería ubicada frente a la plaza Manuel Herrera y Obes (hoy reducida en parte por el trazado de la rambla portuaria) ofrecía hacia 1920 a sus potenciales clientes servicios en tres idiomas: Peluquería - Coiffeur - Barber Shop. 23 Del mismo modo, un cartel metálico colgado en la calle Piedras en 1925 anunciaba, con curiosas faltas de ortografía: Friseur - Barber Schopp - American Cervis. 24 La expresión schopp parece ser una forma errónea de la voz inglesa shop, del mismo modo que cervis podría ser una alusión a service. En este caso, podría presumirse que quien redactó lo escrito en el cartel no manejaba la lengua inglesa con facilidad y quizás sí alguna otra.

El ejemplo más variado de un anuncio traducido a varias lenguas que hemos hallado hasta ahora es la lona que servía de parasol a una vitrina de un local de artículos para viaje que hacía composturas y arreglos en la esquina de 25 de Mayo y Ciudadela a finales del siglo XIX, en la que se ofrece ese servicio en seis idiomas distintos, sin incluir el español: «rhabillages» (francés), «si compone» (italiano), «[zaharrak] arranyatzen-dira» (euskera),25 «[mending] done» (inglés), «[fa]zen se composturas» (portugués) y «für Ausbesserungen» (alemán). Si bien no conocemos con certeza el nombre ni el origen de los dueños de este establecimiento, es notorio su interés por alcanzar un público amplio a través del uso de distintas lenguas que presumiblemente convivían en la Ciudad Vieja hacia 1900. Un elemento llamativo de este ejemplo es la inclusión en un lugar central de la lengua vasca, de la que hemos hallado pocos ejemplos en el paisaje, aunque los datos demuestran una presencia numerosa de vascos en la primera etapa de la migración europea de este período.

22 Véase, por ejemplo, en el archivo del CdF, este ejemplo: un letrero de la Peluquería - Dressing Saloon, ubicada en la calle 25 de Agosto a la altura de Juan Carlos Gómez (ca. 1920). Disponible en: https://cdf.montevideo.gub.uy/buscar/fotos/0261FMHB.

23 Véase imagen 33.

24 Véase imagen 7.

25 Esta expresión utiliza euskera antiguo, hoy en desuso.

Para el caso italiano, Beretta Curi (2014) hace notar que los estudios han demostrado que «se emigraba de las áreas rurales a las urbanas y marítimas» (p. 43). Durante varias oleadas, arribaron a Montevideo personas provenientes de distintas regiones de Italia. Entre ellas, las venidas de Liguria y de otras provincias industrializadas tendieron a incorporarse a esa actividad, mientras que las de otras regiones tuvieron más presencia en el comercio y servicios. Algo que han demostrado los estudios sobre migración italiana es que, a diferencia de otras colectividades, su asimilación a la lengua española fue bastante acelerada. Esto se explica, para Graciela Barrios (2003) y Virginia Orlando (2003),26 en la falta de generalización que la lengua italiana tuvo en la península en comparación con los dialectos regionales, lengua materna de muchos de los inmigrantes al Uruguay, que solía tener un corto alcance al pretender comunicarse, incluso con italianos de otras regiones. La cercanía de las lenguas y la positiva integración social de la colectividad italiana facilitaron que prevaleciera «una situación de hibridación entre las distintas lenguas en contacto: el dialecto, el italiano estándar y el español» (Orlando, 2003, p. 94). Esta asimilación explica quizás la escasez de expresiones del italiano en la cartelería comercial en comparación con otras lenguas, salvo los numerosos ejemplos de apellidos de ese origen. Son especialmente interesantes dos posibles incorporaciones del italiano al español. Por un lado, la expresión alla minuta, que aparece castellanizada como a la minuta, en referencia a la comida de factura rápida.27 Del mismo modo, el Almacén del Ristoro, ubicado en la esquina de Ibicuy y Maldonado, incorpora el vocablo italiano ristoro para referirse al refresco o alivio, pero nombra al negocio como almacén en castellano.28

Sabores del mundo

En los rubros de bebidas y comidas es quizás donde la diversidad lingüística y cultural es más evidente, ya que aparecen ejemplos italianos, franceses, alemanes, norteamericanos, vascos y suizos.

26 Si bien los trabajos mencionados abordan sobre todo la última etapa del período que interesa a este trabajo, se considera que pueden extrapolarse al período inmediatamente anterior.

27 Véase imagen 9.

28 Véase imagen 35.

Entre los ejemplos relacionados con bebidas se encuentran las lecherías de origen alemán (¿o suizo?) e inglés. Entre ellas, la Lechería Nacional, de Schwartz, cuyo origen se muestra apenas en el nombre del negocio, ofrecía en castellano leche «garantida pura a cada hora».29 Por su parte, la Lechería Moderna, ubicada en la esquina de las calles Zabala y Cerrito, sumaba a la oferta de «chocolate cocoa» la de «milkeggport», término inglés que podría referir a un licor de huevo sobre la base del oporto.30

A las ya mencionadas cervecerías de origen alemán con letreros bilingües deben sumarse ejemplos angloparlantes como bar, en el caso de American Bar, 31 o saloon, en el caso de Beer & Lunch Saloon, 32 que ofrecía también un letrero en castellano.

Los expendios de bebida de tradición italiana se hacían llamar bottiglieria o botiglieria, como la Bottiglieria Stella d’Italia en la calle Colonia esquina Andes, y aunque se presume que se especializaban en vinos y otras bebidas de origen italiano, también podían ofrecer «cerveza en chopp» en su menú. Hacia 1925 se halló también una castellanización de este término como botellería, aunque con elementos en italiano en su nombre: Botellería Restaurant Napoli en Montevideo.

Las mismas bebidas alcohólicas que se fueron incorporando a lo largo del período al repertorio de bebidas de los bares de Montevideo vieron más tarde castellanizados sus nombres desde el inglés (vermouth), el gallego (xerez), el francés (cognac) y el alemán (Bitter). De todos estos nombres originales hay rastros en el paisaje de Montevideo en este período.

Con relación a las comidas, de acuerdo al relevamiento efectuado, durante todo el período la voz restaurant, de origen francés, se utiliza en esa forma, sin agregar una e al final, y denomina a negocios diversos en su origen, a juzgar

29 Véase imagen 55.

30 De acuerdo con Federico Sardi (2024), existía en Montevideo la costumbre de consumir licores de huevo en el ámbito doméstico a mediados del siglo XIX. Se estima que pueda tratarse de un producto similar.

31 Véase imagen 62.

32 Véase imagen 59.

por los nombres: Restaurant Morini, Restaurant y Rotisserie Internacional, Restaurant y Posada Rivadavia, Restaurant La Garibaldina, Restaurant Criterion Gasthof, entre otros.33 Este nombre convivió con los de fonda y café, y también con los de Beer y lunch saloon, que aparecían expresados en la también identificada como Cervecería y Café Gambrinus de Magnus Heinrichs, ubicada en 18 de Julio y Cuareim.

Pocos son los elementos del menú de cada uno de estos espacios que podemos reconocer en las fotografías históricas, aunque se observan carteles que quizás los mostraran al transeúnte desde el interior. Las fuentes complementarias como la publicidad en prensa periódica muestran la fuerte carga cultural y lingüística que con seguridad se hallaba también en estos elementos. Otros detalles que dan cuenta del lugar de la lengua en la identificación con una cultura de origen son, por ejemplo, la incorporación de la expresión alemana Prosit!, utilizada al brindar, escrita en la puerta de entrada del restaurante Criterion, en la calle Colón esquina 25 de Mayo.34

La tierra

añorada

El uso de topónimos y gentilicios para nombrar sus negocios es una elección que podría estar ligada a la pretensión de subrayar un sentimiento identitario, que la distancia podía haber convertido en nostalgia. Es así que existieron en la Ciudad Vieja entre 1890 y 1910 negocios que evocaban nombres de países, como el Hotel Español, la Ferretería Inglesa, la Talabartería Alemana y el Café Suizo, y otros que citaban regiones y ciudades, como la Tintorería Asturiana o el Hotel Bella Barcelona. Con el mismo sentido de reivindicación identitaria, existían negocios que utilizaban gentilicios, como el Almacén del Toscano,35 la Botica del Romano36 y el Almacén del Guaraní.37

33 Véase imagen 56.

34 Véase imagen 56.

35 Véase imagen 40.

36 Véase imagen 46.

37 Véase imagen 51.

A su vez, Duffau y Pollero (2015, p. 218) destacan la creación, por parte de varias colectividades inmigrantes, de las llamadas sociedades nacionales, que tenían la función de cumplir con tareas de asistencia sanitaria, además de mantener tradiciones y costumbres, y defender la lengua de sus patrias de origen.

Las vistas del país, que solían incluir edificios de renombre, muestra del desarrollo edilicio de la ciudad, abarcan varios pertenecientes a estas sociedades. Su porte y ornamentación demuestran la fortaleza de instituciones como el Circolo Napolitano38 o el British Hospital,39 ubicado al principio en la actual calle Lindolfo Cuestas. Es de destacar que en estos casos se denota un particular esfuerzo por integrar el nombre de la sociedad mutual al edificio, ya sea junto a elementos alegóricos y ornamentales, como se ve en el caso del Circolo Napolitano, o solo como leyenda, como sucede con el British Hospital. Además de sociedades nacionales, los inmigrantes fueron protagonistas de la creación de asociaciones empresariales, que daban marco para la inserción e innovación, entre otros objetivos. En algunos casos estas asociaciones tuvieron una identificación étnica (Beretta Curi, 2014, p. 22).

La preeminencia de los extranjeros en los negocios es visible a partir de otra práctica común en la Montevideo de este período: el uso de apellidos para nombrar los negocios. Esta utilización del nombre propio como apelativo para un comercio tiene que ver con la preponderancia de las industrias y comercios de pequeño porte, que implicaban una forma de relación con la clientela basada en la confianza personal, que el nombre pretendía garantizar.

De acuerdo con el relato de Josefina Lerena Acevedo de Blixen (1967, pp. 65-66) en sus memorias, «el novecientos fue la última etapa de una bella época» en la que los comerciantes trataban con amabilidad a sus clientes, «les acercaban una silla» o les aconsejaban qué vestir. Esto antecedió a un concepto «rígido y antipático» del comercio, que en su relato está enmarcado por la aparición de grandes tiendas, de un trato más impersonal.

Si repasamos los orígenes de los apellidos que dieron nombre a los negocios montevideanos de inicios del siglo XX, reuniremos varias de las nacionalidades

38 Véase imagen 39.

39 Véase imagen 40.

y regiones desde las que migraron al país muchas personas en las décadas anteriores: italianos, franceses, ingleses, alemanes, pero también suizos, polacos, catalanes, vascos, gallegos, norteamericanos y griegos.40 En esta observación, tanto la migración hispana como la proveniente de la región parecen disimularse en su similitud con los apellidos ya existentes en el país.

Reflexiones finales

La revisión de fotografías de archivo permite recorrer, parcialmente y con un alcance territorial limitado, las calles de Montevideo en el pasado y reconocerla como una ciudad exponente de un cruce de lenguas y variedades del español que con seguridad iba acompañado de multiplicidad de expresiones culturales que las complementaban, como costumbres, comidas y bebidas, entre otros.

Esta constatación de la convivencia de lenguas y variedades en el paisaje lingüístico confirma lo que la bibliografía ya exponía: la ciudad de Montevideo en la segunda mitad del siglo XIX y hasta inicios del siglo XX fue habitada por una mayoría de personas inmigrantes de primera generación, que en mayor o menor medida se integraron a la sociedad rioplatense, pero que por lo menos hasta la segunda generación mantuvieron, en el plano doméstico y de colectividad, elementos de identidad cultural como la lengua o dialecto de origen.

Durante el período 1860-1930, se constata una presencia visual marcada de lenguas como el francés o el inglés, que además de estar vinculados a personas migrantes de estos orígenes ocupan un lugar importante a nivel internacional como lenguas de prestigio o de referencia en distintas áreas, como los negocios o la cultura.

Sin embargo, también se hallan pruebas de la presencia de otras lenguas europeas, como el alemán, el italiano, el euskera, el portugués o el gallego. La presencia de la migración en el paisaje lingüístico se hace evidente a su vez en la gran cantidad de topónimos y gentilicios que se relacionan con los principales

40 Véanse, por ejemplo, los apellidos italianos Libonatti y Galli en imágenes 43 y 44, el eslavo Malakoff en imagen 41, los vascos Aldave y Urreta en imágenes 46 y 47, el francés Doyen en imagen 43, el alemán Schwarz en imagen 55, entre otros.

puntos de origen de las personas llegadas a la ciudad en el período. Del mismo modo, los numerosos apellidos de origen francés, italiano, alemán, vasco e inglés junto a aquellos de origen castellano en los nombres de comercios e industrias destacan cierta heterogeneidad cultural en la participación en los distintos rubros económicos abarcados.

Los rubros en los que prima la diversidad lingüística son en especial los de la gastronomía y el cuidado personal (belleza y accesorios), en los cuales se reiteran los ejemplos de carteles bilingües y trilingües. Este fenómeno se ubica territorialmente con mayor claridad en el entorno del puerto, aunque no solo allí. Los indicios hallados confirman que la ciudad de Montevideo de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX era un espacio urbano multicultural, en el que las lenguas y dialectos convivían en el espacio público y se hibridaban al igual que diversas costumbres y prácticas que cada colectividad migrante traía consigo. La integración de estas expresiones, topónimos y nombres propios tan distintos en el paisaje visual montevideano pueden haber colaborado a subrayar en el imaginario una Montevideo normalmente cosmopolita. Quizás sucedió en nuestra lengua lo que en otros aspectos de la cultura como la gastronomía: algunos sabores y recetas —como apellidos y expresiones— provenientes de distintos orígenes fueron asimilándose, a tal punto que a muchos de ellos hoy ya no los reconocemos como extranjeros.

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HUELLAS MIGRANTES EN EL SIGLO XXI:

EL PAISAJE LINGÜÍSTICO DE MONTEVIDEO

Lucía

Perspectiva histórica de la migración en Uruguay

Uruguay ha tenido, históricamente, y hasta hace algunos años, un saldo migratorio negativo, es decir, el número de personas que emigra ha sido mayor que el de personas que llegan al país. Sin embargo, desde 2009 esta tendencia se ha revertido —a excepción de 2012, año en el que el número de arribos de migrantes volvió a caer (Ministerio de Educación y Cultura [MEC], s. f.)—, y desde 2017 —con un corte durante el período de la pandemia de COVID-19— hasta, por lo menos, 2022 este incremento se intensificó (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2024).

Este punto de inflexión encuentra posibles explicaciones, en primer lugar, en el establecimiento de restricciones para la migración en los destinos mayoritarios para la migración sur-norte, es decir, Europa y Estados Unidos, y el desarrollo de programas que priorizan a la población nacional, como consecuencia de la crisis económica y financiera de 2008. Tanto este panorama como el creciente desempleo que resultaba de la crisis incidieron en las decisiones de las poblaciones en cuanto a los destinos a los que migrar y a la continuidad de su trayectoria migrante. En este contexto, los países de Latinoamérica, algunos de los cuales estaban desarrollando programas de relacionamiento con expatriados, como es el caso de Uruguay, promovieron movimientos de retorno para recibirlos en el país.

En segundo lugar, según señalan Maldonado et al. (2018), de acuerdo a las coyunturas políticas y económicas de los diferentes países de América Latina y el Caribe en los últimos años, se ha tornado más frecuente la migración

dentro de la región: 63 % de las personas que se mueven eligen quedarse en un destino intrarregional. En Uruguay, el fenómeno mantiene una proporción muy similar: 65 % de las personas que migran hacia aquí provienen de países de la región.

Si consideramos América Latina y el Caribe, Uruguay está en tercer lugar entre los países que reciben la mayor cantidad de migrantes recientes, es decir, quienes llegaron en los últimos cinco años, con un 25 %. A su vez, Uruguay tiene el stock migratorio (personas que se instalaron en Uruguay, permanecieron en el país y están vivas) más alto, ya que alcanza el 46,5 % (Carrasco y Suárez, 2018).

Las personas que migran a Uruguay provienen de diferentes lugares, pero, en su mayoría, pueden identificarse, por un lado, con la migración sur-sur, que procede de los países limítrofes y se explica por el regreso al país de padres y madres que nacieron en Uruguay, y, por otro lado, a personas que llegan desde otros países de Latinoamérica (Consejo de Educación Inicial y Primaria en MEC, s. f.).

En cuanto a las franjas etarias, en general, quienes se mueven son personas «en edad de trabajar» (entre 15 y 64 años), en especial en los casos de migración reciente (Carrasco y Suárez, 2018). Esto es, en el rango de personas de entre 15 y 64 años, hay una mayor proporción entre migrantes recientes que entre miembros de la población local o migrantes llegados hace más de cinco años.

Las actividades laborales en las que se desempeñan sobre todo quienes migran a Uruguay, tanto quienes vienen de la región como quienes vienen del otro lado del océano, pertenecen al sector servicios (Carrasco y Suárez, 2018).

Según los datos recabados en el censo de 2023 (INE, 2024), casi 57.000 personas se radicaron en Uruguay entre 2012 y 2023. Con respecto a los países de origen de estas personas, los tres que corresponden a la mayor parte de esta población son Venezuela, con 15.230 personas; Argentina, con 12.186, y Cuba, con 11.338. Siguen en la lista, más lejanos en proporción de población, Brasil, con 3513 migrantes; España, con 1591;

Estados Unidos, con 1151, y otros (países no especificados), con 11.728. Consideramos relevante incluir este último dato, a pesar de no conocer el origen de esas personas, dado lo representativo del porcentaje (20 % del total de migrantes) (INE, 2024).

La migración en Montevideo

El porcentaje de población migrante en cada departamento es sustancialmente diferente, pero existe una preferencia notoria por establecerse en la capital del país. Los departamentos con mayor proporción de migrantes son Montevideo, con 5,3 %; Rivera, con 3,3 %; Rocha, con 3,1 %, y Canelones, con 3 %, de acuerdo a los datos del INE (2024).

Montevideo es una ciudad que ha experimentado cambios importantes en los últimos decenios, producto de las transformaciones sociales que acompañan el devenir de las poblaciones. Desde 2009 se añaden los cambios que favorecen la llegada de migrantes, tanto de la región como de orígenes más remotos. Por ejemplo, en algunos barrios de la ciudad, como Centro, Barrio Sur, Cordón, La Aguada, es posible identificar zonas de residencia de ciertos colectivos migrantes. De esta manera, de acuerdo a las dinámicas de su población, Montevideo puede considerarse «un contexto urbano de condición multiétnica emergente» (Boggio, Funcasta, De León y Olhaberry, 2019). Así, en áreas cercanas a los centros comerciales y financieros, pero también en barrios menos céntricos, es frecuente encontrar, por ejemplo, locales que ofrecen arepas o tequeños, sea para servir en el lugar o para llevar, o barberías, que en general se identifican con los «postes de barberos», tubos con líneas en espiral que alternan los colores rojo, blanco y azul, en su versión más tradicional, o alguna combinación más innovadora, y tanto los mencionados productos gastronómicos como el servicio de barbería tienen en el imaginario social local un fuerte vínculo con la migración. También hay barberías que tienen tan solo la imagen del poste en su fachada, en lugar del objeto, barberías que carecen de este ícono en cualquiera de sus modalidades y locales que se presentan como «peluquería» y, sin embargo, presentan el poste de barbero en la puerta. Esto puede interpretarse como que tanto el concepto de barbería como su símbolo han permeado la cultura local a partir de la migración desde otras partes de América Latina.

Paisaje lingüístico y migración

La llegada de migrantes es un aspecto relevante para explicar las transformaciones de las sociedades (es clave, por ejemplo, para determinar la evolución del tamaño poblacional de un país) y, como consecuencia, de las ciudades.

Considerando que, como se ha señalado, la mayoría de las personas migrantes está en edad de trabajar y, de acuerdo con Carrasco y Suárez (2018), muchas de ellas se ocupan en actividades como el comercio por mayor y menor, en actividades administrativas y servicios de apoyo, en rubros de alojamiento y servicios de comida, en servicios sociales y relacionados con la salud humana y en la enseñanza, es esperable que coincidamos con ellas en el día a día en sus espacios de trabajo en la ciudad.

Esta presencia migrante se puede escuchar en los intercambios en alguna de las actividades mencionadas, en los acentos que animan las calles en conversaciones espontáneas, en el curso de sus llamadas telefónicas, ya sea en la calle o en el transporte colectivo, pero también se puede ver —literalmente— en el paisaje lingüístico.

El paisaje lingüístico, concepto acuñado por Rodrigue Landry y Richard Bourhis (1997), es el conjunto de la cartelería dispuesta en el espacio público en un área específica y en un momento determinado. Puede incluir carteles de la caminería, anuncios publicitarios, nombres de calles o lugares, señales de tránsito, avisos públicos, anuncios comerciales, carteles en oficinas oficiales, etcétera.

En este conjunto de textos que se expone en los espacios públicos —y, en particular, en los carteles que son creados por particulares, no por agentes del Gobierno—, es frecuente encontrar algunos que correspondan a autores migrantes que dan a conocer su actividad al tiempo que comparten rasgos de su identidad.

Entre agosto de 2024 y julio de 2025, tres docentes de la Universidad de la República llevamos adelante el proyecto «Paisaje lingüístico y migración en

lucía arroyo

Montevideo»,41 en el que se tomaron más de doscientos registros fotográficos que dan cuenta de la presencia migrante en diferentes áreas de los barrios Cordón, Centro y Ciudad Vieja. Las fotos fueron tomadas en Cordón, en la feria de Tristán Narvaja; en el Centro, en un recorrido que cubre 18 de Julio desde la plaza Independencia hasta la plaza Cagancha y algunos pasajes de las calles laterales, además de Colonia y San José, y en la Ciudad Vieja, en un circuito que abarca la calle Sarandí desde la plaza Independencia hasta Pérez Castellano y luego hasta el Mercado del Puerto, además de otras calles laterales, como Florida, o paralelas, como Rincón o Cerrito. De estas fotografías, una selección integra la exposición de la fotogalería del Parque Batlle, titulada La calle se pobló de voces, que incluye, a su vez, imágenes del paisaje lingüístico de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Uno de los objetivos del proyecto era encontrar indicios de la migración reciente en la cartelería de la ciudad, a partir del relevamiento de las lenguas y variedades lingüísticas que allí aparecieran.

Dentro del material encontrado, el primer hallazgo a mencionar es la presencia de variedades diferentes a la variedad de español rioplatense, que es la que caracteriza gran parte del habla de Uruguay. En segundo lugar, entre estos anuncios en «otros españoles» de la región, nos interesa destacar los carteles vinculados al abasto de comestibles o la producción de comida, ya sea para llevar o para servir en el lugar, y a los vinculados a locales que se identifican, tanto por el texto como por otros signos, como barberías. En tercer lugar, nos detendremos en la cartelería que consigna expresiones de otras variedades de español, más allá de la registrada en las imágenes sobre la gastronomía o el servicio de barbería. Por último, daremos cuenta de la detección de textos que corresponden a comunidades hablantes de otras lenguas diferentes al español, pero que, además, cuentan con alfabetos no latinos para su escritura.

A continuación nos referiremos a cada uno de estos puntos, que presentamos en apartados diferentes.

41 Este proyecto fue coordinado por Magdalena Coll y participamos en él junto con Clara von Sanden. Fue a partir de este trabajo que surgió la idea de elaborar el presente libro.

Español ¿de dónde?

En la investigación referida se relevaron las lenguas o variedades lingüísticas (formas de una lengua que identifican el habla de grupos sociales con características compartidas, por ejemplo, una franja etaria o la pertenencia a un área geográfica común) presentes en el paisaje lingüístico, que difieren del español del Uruguay o, mejor dicho, de las variedades de lengua que integran el español del Uruguay, puesto que tampoco en este país se habla igual en todo el territorio.

A los efectos de esta investigación, cabe resaltar el papel central de la lengua en la construcción de la identidad y cómo, de acuerdo con M. A. K. Halliday (1982), el empleo de determinada variedad lingüística da cuenta de la identidad de quien habla, tanto en términos geográficos (en relación con su lugar de origen o de pertenencia) como sociales (en lo vinculado a los grupos sociales de los que forma parte).

La información que encontramos tiene cierta coherencia con los datos que arrojan los informes sobre movimientos de población hacia Uruguay. Como se señaló antes, entre los países de los que provienen los migrantes que llegan en mayor cantidad, se destacan Venezuela, Argentina y Cuba. En la cartelería relevada en las zonas referidas se identifican textos de Venezuela, Argentina, Cuba, Colombia y Perú, en cuanto a orígenes latinoamericanos.42

Dado que en diferentes aspectos las variedades de lengua habladas en Argentina tienen una similitud importante con el habla de Uruguay, además de que compartimos la variedad rioplatense, no es sencillo identificar si en la cartelería hay un texto producido por un enunciador de Argentina. Se halló un único texto que da cuenta de una posible presencia de población migrante que proviene de ese país, que se muestra en la imagen 16. El texto registrado incluye una palabra derivada de factura (la voz empleada en Argentina equivalente al bizcocho uruguayo), facturería , además de que hace referencia al «estilo argentino».

42 Se hace esta precisión porque más adelante en el texto haremos referencia a evidencia que aparece en el paisaje lingüístico vinculada a la presencia de migrantes de otras zonas de origen, como China, Corea y Medio Oriente.

lucía arroyo

Sin embargo, en la cartelería de autoría de migrantes de otros países de Latinoamérica y el Caribe sí es posible notar que hay expresiones propias de otros lugares, sobre todo en relación con el léxico. En otros casos, además o en lugar de identificar el origen por las voces presentes en los textos, aparecen signos o símbolos, como ilustraciones o fotografías de productos o de objetos, que responden a otras regiones. Se destacan entre estos países

Venezuela, Colombia, Perú y Cuba, en la medida en que aparecen elementos de sus culturas en los carteles que fotografiamos en Montevideo.

Los anuncios que contienen indicios de migración de Colombia o Venezuela, registrados en esta investigación, se vinculan con comida. Se identifican con facilidad a partir de la oferta de productos o platos típicos, la presencia de vocabulario o locuciones características de diferentes variedades lingüísticas (que en muchos casos resultan familiares gracias a la llegada de diversos productos culturales que circulan fuera de sus fronteras, como la música o realizaciones audiovisuales), las banderas (con o sin la imagen de las estrellas, que es una de las diferencias entre la bandera de Venezuela y la de Colombia), las ilustraciones de edificios emblemáticos, la silueta de las ciudades de origen de la población migrante, etcétera.

Muchas veces estos elementos no lingüísticos que aparecen en la propia cartelería contribuyen a la competencia cultural del lector incauto o no familiarizado con los platos típicos que puede así distinguir la oferta gastronómica venezolana de la colombiana, y viceversa.

En el caso de Perú, también encontramos en la cartelería de restaurantes ubicados en el barrio Ciudad Vieja la denominación de platillos tradicionales y en un kiosco localizado en la calle Tristán Narvaja una ilustración de Machu Picchu (imagen 17).

En el conjunto de fotografías tomadas, el caso de la migración cubana se ve reflejado en algunas barberías. Si bien no hemos confirmado que las expresiones empleadas que corresponden a servicios vinculados al estilismo o la peluquería tengan una procedencia específica, sí se confirma, en por lo menos dos de los locales, la presencia de banderas cubanas, una colgada en la pared y otras dibujadas en

un pizarrón (imágenes 11 y 12). Asimismo, al conversar con propietarios y encargados de algunos de los salones, se confirma el dato de que provienen de Cuba en, por lo menos, dos más de las barberías.

Españoles otros

El caso de Venezuela, Colombia y Perú: la gastronomía

Los procesos de migración conllevan transformaciones a nivel sociolingüístico en las que la lengua se constituye como un elemento central para el desarrollo de la identidad, tanto de los individuos como de los colectivos migrantes (Ariolfo y Mariottini, 2018). En este sentido, la defensa de los íconos de la cultura nacional es una consecuencia de esta necesidad de construir la identidad en un entorno diferente. La oferta de platos típicos, además de constituir un medio de vida y permitir la difusión de la cultura de origen, sostiene y refuerza esta construcción identitaria. De acuerdo con De Fina (en Ariolfo, 2019),

El hecho de que la gastronomía y la comida en general sean fundamentales en la vida del migrante y de que posean un fuerte carácter identitario, independientemente de la generación o del tiempo de residencia que un individuo lleve en un espacio nuevo, explica la abundancia de estos elementos en áreas urbanas con asentamientos de migrantes (p. 630).

En consonancia con esta afirmación, entre los registros fotográficos que contienen cartelería con indicios de presencia de migrantes, la mayoría de los textos recogidos hace referencia a la venta de comida. En particular, en el conjunto de la gastronomía latinoamericana o caribeña, encontramos sobre todo, como se ha dicho, productos venezolanos, colombianos y peruanos. Se trata de textos que hallamos en la feria de Tristán Narvaja, en el Centro y en Ciudad Vieja, pero que quizás también aparezcan en otros barrios de la ciudad. Lo interesante de estos anuncios es que contienen expresiones de otras variedades de español que nombran productos culinarios que fueron introducidos a partir de la migración más reciente.

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Por un lado, tenemos léxico que nos era ajeno, como arepas y tequeños, al igual que las delicias que denotan, y por otro lado, voces que conocemos, como empanadas, pero cuando nos acercamos a una definición detallada del producto notamos que presenta variantes respecto de lo que se conoce en Uruguay con el mismo nombre. En el caso de las empanadas, por ejemplo, hay diferencias en la composición de la masa —que en la preparación de Venezuela y Colombia incluye harina de maíz y no harina de trigo— y en los rellenos típicos que allí se ofrecen.

Así, encontramos preparaciones que se identifican específicamente con una determinada cultura. A continuación, mencionamos algunos ejemplos de productos o platillos que se ofrecen en el paisaje lingüístico del circuito recorrido, vinculados al origen de la población migrante. Como venezolanos, se presentan el bacon, la cachapa, el cachito, la chicha maracucha, la empanada venezolana, las hallacas, las mandocas, el pabellón o pabellón criollo, el papelón, el pastelito, el pepito, el perro caliente, los pinchos, el sancocho, el tequeño y el tequepancho. En un local identificado como colombiano, el menú expuesto al público (imagen 18) ofrece aguapanela (bebida), arepizza, avena casera (bebida), bandeja paisa, choriarepa, deditos de queso, pandebono, panela, papas rellenas y patacón burger. Entre las ofertas de la carta peruana de dos restaurantes de Ciudad Vieja, se encuentran la causa, la chaufa de pollo, la parihuela mixta, el tacu tacu, el trío marino, la pollada y la papa huancaína (imagen 19), mientras que un vendedor ambulante que recorre la feria de Tristán Narvaja con su carro y una heladera anuncia en un cartel chicha morada peruana (imagen 31).

En todos los casos, las culturas migrantes van permeando y siendo permeadas por la cultura receptora. Ejemplo de este intercambio es la citada inclusión de especialidades de Venezuela, Colombia o Perú en el menú disponible, es decir, en el abanico de posibilidades que consideran quienes habitan Montevideo, así como la creación de voces nuevas, híbridas entre dos culturas, como podría ser la choriarepa, o lo habrán sido, tal vez en otros recorridos, la arepizza y el tequepancho.

Además de los productos y platos, también se revelan en la cartelería pública algunos ingredientes para estas preparaciones, como harina PAN (para las

arepas y las empanadas) y las hojas de plátano (para las hallacas) en locales de Venezuela, y la panela (azúcar natural de caña), el plátano, el queso costeño, el queso llanero y el toci (apócope de tocino) en el puesto colombiano. Se suman a estos ingredientes denominaciones de otros que difieren de como son llamados en Uruguay. Así, la carne desmechada o mechada y el pollo desmechado, deshilachado o mechado serían la carne y el pollo deshebrados. Por otro lado, carne molida es el nombre que le dan en Venezuela a lo que en Uruguay llamamos carne picada. Además, usan la opción de sabor mixto para empanadas, para dar a entender que se pueden seleccionar dos gustos de los ofrecidos, no preseleccionados. Llama la atención el hecho de que en lugar de ponerle el cartelito carne a la empanada de carne, en un carro de comida venezolana se etiqueta como picada. En cuanto a las razones para esta especificidad, podríamos aventurar que es porque el relleno habitual de la empanada de carne venezolana consta de carne deshebrada en lugar de molida o picada, de manera que valdría la pena hacer esa diferenciación, pero, como no hemos indagado en el tema, se trata de una mera hipótesis.

También observamos que algunos nombres de especialidades tienen un homónimo (nombre que se escribe y se pronuncia igual, pero tiene un significado diferente) en otra variedad de español. Este sería el caso de la empanada, aunque se trata de un producto bastante similar, de los pastelitos, que en Venezuela son como empanadas con la forma de la pasta rellena que en Uruguay se conoce como sorrentinos, y de la salchicha, que es la denominación que le aplican al embutido llamado, en el español del Uruguay, frankfúrter o pancho

Para quienes nacimos en Uruguay, la curiosidad sobre el origen de la arepa (masa de maíz con forma de disco, de entre 12 y 15 cm de diámetro, que por lo general se cuece en un sartén de fondo grueso, se abre y se come con diversos rellenos) se extiende a medida que aumenta la presencia de locales (o venta por aplicaciones o redes sociales) que ofrecen comida típica de Venezuela o de Colombia. Sin embargo, de acuerdo a investigaciones de antropólogos de uno y otro país, está claro que las arepas nacieron en el seno de los pueblos originarios, en la América precolombina (Dorta Vargas, 2015; Sulbarán Lovera, 2017), cuando no existían las fronteras nacionales, de manera que, caso cerrado, son americanas. Se trata de una falsa disputa que podríamos comparar con la puja

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por ganar el lugar del origen del dulce de leche que enfrenta a los dos países que nos recostamos en los márgenes del Río de la Plata. Hoy en Montevideo las arepas son un ícono de la gastronomía tanto de Venezuela como de Colombia. Se han popularizado en el circuito de los barrios céntricos y en diferentes eventos, como las ferias barriales, las ferias zafrales que cuentan con plaza de comidas, festivales musicales, entre otros, y constituyen una alternativa que está presente en el repertorio de comidas rápidas de quienes habitan o visitan Montevideo, tanto para comer al paso como para llevar o pedir desde casa.

Además de las arepas, otros productos culinarios que se presentan tanto en locales que se identifican como venezolanos como en puestos o tiendas que se presentan como colombianos son las empanadas, los patacones y la salchipapa (imagen 20).

Las barberías

Hace ya algunos años, Karina Boggio et al. (2019) reconocían los cambios que se veían en la ciudad producto del establecimiento de barberías en el Centro, algo que señalaban como un fenómeno reciente. En la actualidad, esta modalidad de peluquería trasciende las zonas céntricas; así, es posible encontrar barberías en barrios como Aires Puros, La Blanqueada o Paso de la Arena. Sin embargo, no cabe duda de que el Centro y las zonas aledañas ostentan una concentración que no se da en otros lugares.

Como se ha mencionado, hay un vínculo significativo entre los locales que ofrecen servicio de barbería y la población cubana, que se evidencia en los símbolos que se exhiben en los locales y en la presencia de propietarios o personas empleadas, que provienen de Cuba. No obstante, también encontramos en estos lugares, en menor número, personas de Colombia, Venezuela y Uruguay.

La información que arroja el análisis del paisaje lingüístico vinculado a las barberías no aporta grandes novedades en materia de variedades lingüísticas. Sí se reconoce que las formas barbería , barber o barbero se están

adoptando en el mercado local; los clientes (en general, varones) ya han incorporado el término y van a la barbería a recortarse el cabello o la barba, pero la terminología empleada para los servicios que se despliegan en los banners y vidrieras (como «black mask», «perfilado de ceja» o «progresivo») no se vincula con el origen geográfico de quienes poseen estos negocios o trabajan en estos locales.

Se relevó un solo ejemplo de una barbería que contiene léxico propio del español empleado en Cuba, en su nombre: asere. Esta forma significa ‘amigo íntimo’ y suele usarse en contextos de confianza, como en la expresión Asere, ¿qué bolá?, como saludo o para preguntar ¿Qué tal?.

Dime qué dices y te diré de dónde eres

Más allá de los textos que identifican productos o servicios a la venta, algunos de los puestos o locales que comercializan platos típicos de Venezuela ofrecen ejemplos de uso de la lengua que trascienden los ejemplos de vocabulario y muestran, por ejemplo, locuciones, frases o formas de tratamiento combinadas con formas verbales que resultan extrañas para alguien que no hable las variedades lingüísticas con las que se identifican las personas migrantes que diseñaron la cartelería o, al menos, redactaron sus textos.

En un puesto de la feria de Tristán Narvaja que se presenta como de la región de Maracaibo aparecen, entre otras, expresiones para ponderar algo que está muy bien, como «mollejua» o «vos sois la pepa er queso», o muy mal, es decir, para expresar rechazo, como la interjección «¡vergación!» (imagen 22). También se puede leer una frase empleada para mostrar sorpresa o disconformidad como «dígame vos». Por último, se presentan las expresiones «ar coco», para mostrar orgullo o presumir de algo (que se usa, por ejemplo, en el enunciado «estoy ar coco con mis zapatos nuevos, son comodísimos»), y «grilluo», para referirse a una persona fanfarrona o presumida, de manera crítica.

En un local del Centro, una heladera ubicada en el interior está ploteada con frases como «cómo está la vaina», empleada para preguntar

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cómo van las cosas; «brincas o te encaramas», que hace referencia a la situación en la que es forzoso tomar una decisión; «me estás mamando gallo»43 que implica un reconocimiento, por parte de la persona que habla, de que su interlocutor o interlocutora se está burlando, y «qué tripeo», que expresa el reconocimiento de que se está pasando bien (imagen 21).

Un local de comida venezolana lleva por nombre la locución ¡qué pasó, pana!, que podría tener, como correspondiente en el español del Uruguay, la expresión ¡qué hacés, che! En ambos casos se trata de saludos que se emplean en un contexto de confianza o cercanía afectiva.

Un destaque especial merecen las formas de tratamiento44 que encontramos en un local que comercializa un postre maracucho. En una de las opciones del postre en el menú, en el espacio que se dispone para la descripción del postre,45 aparece la expresión «como vos queráis», que combina el pronombre singular vos con la forma verbal queráis, que está conjugada en la segunda persona plural vosotros, en lugar de la forma esperada por quien habla español del Uruguay para acompañar el vos, que es quieras. 46 Asimismo, en otro local que se identifica con la región maracucha y que presenta un listado de expresiones características de Maracaibo, encontramos ejemplos de combinaciones como «estáis repleta», que también emplea la forma verbal en la persona vosotros y, sin embargo, se dirige a una segunda persona en singular (podemos inferir esa información porque, aunque el sujeto no está explícito, el atributo repleta está en singular). También encontramos «dígame vos», que, en cambio, vincula la forma verbal dígame (que en el español del Uruguay correspondería

43 Si bien esta expresión se presenta como característica de Venezuela, Eduardo Arias (2008) y Merilyn Guerra-Ramírez y Lucy Muñoz de Rodríguez (2013) la citan en trabajos académicos de Colombia. A su vez, a partir de narraciones informales no se descarta su uso en México, aunque no se encontró bibliografía que lo constatara.

44 Las formas de tratamiento son «formas pronominales, verbales o nominales que elegimos cuando hablamos a otros, como vos, che, ustedes, digás, cantás, puedes, muchachos, pibes, señores» (Bertolotti y Coll, 2014, p. 29).

45 Por ejemplo, en una de las opciones se especifica que contiene «canela y leche condensada».

46 Cabe resaltar que antiguamente esta era la forma habitual del voseo referencial, que conjugaba las formas verbales que correspondían al sujeto vos (que connotaba un tratamiento de respeto) con la desinencia que corresponde hoy al sujeto de segunda persona plural de tratamiento de confianza, vosotros, en el español peninsular (Real Academia Española [RAE] y Asociación de Academias de la Lengua Española [ASALE], 2009). huellas

al tratamiento formal que se le daría al sujeto usted)47 con el pronombre de segunda persona singular que connota mayor cercanía, vos, 48 y «vos sois la pepa er queso» (imagen 22), en la que se combina el pronombre singular vos con la forma verbal que en la sincronía actual corresponde al plural vosotros.

En síntesis, llama la atención a un hablante de español del Uruguay, en primer lugar, que al sujeto representado por el pronombre singular vos le corresponda la conjugación de la segunda persona plural vosotros (es decir, que se emplee vos queráis en lugar de vos quieras).49 En segundo lugar, sorprende el empleo del pronombre vos en combinación con la forma verbal conjugada en la segunda persona usted (dígame vos en lugar de decime vos o dígame usted), identificada en Uruguay y otros lugares de Latinoamérica como característica de un trato distante. En tercer lugar, cabe resaltar que se presenta el pronombre vos como pasible de ser empleado tanto con formas verbales conjugadas en vosotros como con formas conjugadas en usted.

Como se ha podido apreciar, la procedencia mayoritaria de quienes crearon los textos registrados en los circuitos visitados es Venezuela. A su vez, en varios de los carteles aparecen referencias a diferentes regiones de Venezuela, tanto en los textos como en las imágenes que presentan. Así, se destacan la región de Zulia en el nombre Gustazo Zuliano y la ciudad de Maracaibo en el nombre de Chicha Maracucha y Maracuchos Montevideo, en las imágenes de siluetas de edificios y en las expresiones que se muestran en una pared lateral del puesto rodante Maracuchos Montevideo. Se destaca, también, la ciudad

47 Según Virginia Bertolotti (2015), en Costa Rica, Panamá, Venezuela y Colombia se confirma el empleo del pronombre usted combinado con las formas verbales de tercera persona del singular, tanto en el tratamiento cercano como en vínculos o ámbitos de mayor formalidad, en diferentes proporciones respecto a otras formas de tratamiento, de acuerdo al lugar. En particular, nos interesa destacar que la autora presenta Zulia como una de las regiones de Venezuela ustedeantes, es decir, que emplean la forma pronominal usted y la conjugación correspondiente para el tratamiento de confianza. Cabe resaltar que Maracaibo, la ciudad que da nombre a Maracuchos Montevideo, local que presenta estos ejemplos ustedeantes, se encuentra en el estado de Zulia.

48 Esta combinación no aparece en las formas de tratamiento que se verifican en el español del Uruguay, en el que sí se presentan expresiones como dígame usted o decime vos.

49 La Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009) reconoce esta combinación (vos queráis) como una variante del fenómeno conocido como «voseo flexivo», presente entre las opciones de formas de tratamiento en zonas de Cuba, Venezuela y Bolivia, entre otras áreas, que aparece en alternancia con la combinación vos querés

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de Barquisimeto en el nombre escrito y el perfil del paisaje urbano en la fachada del carro de comida Cómeme.

A partir de estas observaciones se hace visible la necesidad de precisar el lugar de origen, más allá del nacional, y el papel de la lengua en la construcción de la identidad, puesto que a hablantes que pertenecen a diferentes grupos sociales o habitan en diferentes lugares les corresponderán diferentes variedades lingüísticas.

Lo veo y no lo leo

Como hemos señalado, en un recorrido por los barrios céntricos de la ciudad es posible encontrarse con carteles o anuncios que contienen expresiones en diferentes lenguas. En algunos casos, el fenómeno responde a estrategias comerciales para avisar de liquidaciones o descuentos, y, en otros, a tendencias, por ejemplo, en el sector de la gastronomía, para ponderar platos o dotar las preparaciones de un halo de sofisticación. En esos casos, en general se trata de voces que podemos comprender o fácilmente averiguar qué significan. Existen, sin embargo, otros textos que llaman la atención porque portan una grafía que no es familiar para la mayoría de las personas que habitan Montevideo: son carteles en alfabetos no latinos.

Así, podemos encontrarnos con marquesinas o letreros que presentan el nombre de locales de venta de comida china o alimentos en su lengua original, como en las imágenes 13 y 23, que corresponden a un restaurante ubicado en Ciudad Vieja y a un comercio localizado en la calle Tristán Narvaja, respectivamente. Asimismo, podemos cruzarnos con carteles con textos en coreano, en el alfabeto hangul, en restaurantes de comida coreana, como los que se registran en las imágenes 24 y 14.

También está presente el alifato, alfabeto que corresponde a las lenguas árabe, persa y urdu. Encontramos un ejemplo de escritura árabe en un local de comida de Medio Oriente en el Centro (imagen 15). Un dato curioso que vale la pena agregar es que, al consultar sobre el significado del texto, las

personas a cargo del local explicaron que se trata del nombre de los hijos y nietos del propietario del negocio.

Comentarios finales

A lo largo del texto se ha dado cuenta de las particularidades de algunos textos hallados en el paisaje lingüístico montevideano e información vinculada a la lengua o variedad lingüística en la que están escritos, que identifica la cultura de origen y conforma la de quienes los redactan. Se trata, como se aclaró en un principio, de registros efectuados en un recorrido acotado en el espacio, diseñado con el objetivo de acercarnos a grupos migrantes que correspondieran a los movimientos de población más recientes.

Entre los descubrimientos a los que nos enfrentamos, se destaca la presencia de colectivos que, de acuerdo a los datos de población del INE (2024), no tienen una proporción significativa, pero sí una visibilidad reconocida, como la población de Colombia y Perú. Por otra parte, llama la atención la presencia de índices de migración de personas de China, Corea y Medio Oriente, que se identifica a partir de la observación de la cartelería ciudadana. Estos orígenes se ubican, asumimos, en la categoría que agrupa a personas que migran a Uruguay desde diferentes lugares, señalada como otros, que constituye, como fue mencionado, un quinto del total de la población migrante.

Por más evidente que pueda resultar, vemos la necesidad de señalar que no todas las identidades migrantes presentes en Montevideo aparecen manifiestas en el paisaje lingüístico, en general, menos en el caso del circuito recorrido, que fue trazado a partir de los objetivos particulares del proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo». Por ejemplo, podríamos citar nacionalidades que figuran en el reporte del INE (2024) y no fueron relevadas en las rutas visitadas, como Brasil, España y Estados Unidos. No nos detendremos a indagar en las causas de estas ausencias, que quizás se relacionen con el tipo de actividad de la población migrante o con cuestiones culturales. Entendemos que no será un tema vinculado al número de personas, porque sí nos cruzamos en la cartelería con índices que identifican grupos migrantes más pequeños

(por ejemplo, de China, Corea o Medio Oriente) que no están desglosados en el informe del censo de 2023 y estarían contenidos en la categoría otros, que reúne 11.728 migrantes que llegaron entre 2012 y 2023 (INE, 2024).

En este sentido, nos interesa destacar que si bien el paisaje lingüístico constituye una referencia para encontrar huellas de autoras y autores migrantes, en modo alguno constituye una imagen fiel de la migración en la ciudad. Como se señala en Hipperdinger (2019), más que dar por sentado que el paisaje lingüístico muestra fielmente el contexto en el que está inmerso, se debe contrastar la información que ofrece con los datos de la realidad, para determinar en qué medida la refleja.

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Biografía de las autoras

Lucía Arroyo (1976) es maestranda en Ciencias Humanas, opción Lenguaje, Cultura y Sociedad y licenciada en Lingüística por la Universidad de la República . Se desempeña como docente en la sección Lenguas y Estudios sobre el Lenguaje en la Facultad de Información y Comunicación de la misma universidad y es profesora de Español como Lengua Adicional en el ámbito privado. Integra los equipos de investigación «Literacidad disciplinar y prácticas letradas en comunicación» (CSIC, Udelar) y el colectivo interdisciplinario «Lectura y escritura en la FIC» (LesFIC). En su línea, se dedica al estudio de textos de humor en prensa en Uruguay a finales de los años sesenta.

Magdalena Coll (1968) es profesora titular del Instituto de Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, Uruguay. Es investigadora nivel III del Sistema Nacional de Investigadores y académica de número de la Academia Nacional de Letras del Uruguay. Es doctora en Filosofía del programa de Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de California (Berkeley) y es licenciada en Lingüística de la Universidad de la República. Es autora de El habla de los esclavos africanos y sus descendientes en Montevideo en los siglos XVIII y XIX: representación y realidad (2010), y es cocompiladora, junto a Laura Álvarez, de Una historia sin fronteras: léxico de origen africano en Uruguay y Brasil (2012). Publicó, junto a Gabriela Resnik, en 2025, un diccionario rioplatense diferencial, titulado Dos orillas. Vocabulario diferencial del español rioplatense (argentino-uruguayo | uruguayo-argentino). Además, ha publicado otras obras y artículos sobre lingüística histórica, lexicografía y lenguas en contacto y coordina y dirige proyectos de investigación nacionales e internacionales.

Clara Elisa von Sanden (1985) es licenciada en Ciencias Históricas, maestranda en Historia Rioplatense (Universidad de la República). Forma parte del equipo técnico del Museo Histórico Nacional y es docente de la Tecnicatura Universitaria en Bienes Culturales de la misma universidad. Ha participado en varios equipos de trabajo en investigación y preservación de documentos visuales: películas, fotografía e iconografía en distintos soportes. Fue corresponsable del proyecto de base de datos de cine uruguayo www.cinedata.uy (con apoyo de los Fondos Concursables para la Cultura) y encargada del archivo fotográfico de Mario Benabbi, de gestión comunitaria. Es coautora de Fotografía en Uruguay. Historia y usos sociales: 18401930 (Montevideo: Ediciones CMDF, 2011); de Iconografía republicana: imágenes y conceptos políticos en Uruguay (1830-1930) (Montevideo: Universidad de la República, 2022) de Una vida breve en el 900 (Montevideo: Planeta, 2024), y de Todos los viajes del viaje (Montevideo: Planeta, 2025).

IMÁGENES

Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 1. Fachada de la licorería Bottiglieria Stella d’Italia. Colonia entre Andes y Florida, Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10364 - Autoría: s. d.).

ABN 10401 - Autoría: s. d.).

Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 2. Fachada del local Stadt Hamburg. Al fondo, Almacén El Nuevo Siglo - Grocery Store. Pérez Castellano esquina Cerrito, Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales,

3. Fachada del local gastronómico Q’ Pasó

La

7 de mayo de 2025. (Foto: 104850FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen
Pana!! Mercado Agrícola.
Aguada, Montevideo.

4. Detalle del local móvil de comidas Maracuchos Montevideo. Feria de Tristán Narvaja, Cordón, Montevideo. 8 de diciembre de 2024. (Foto: 103213FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía –Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen

CDF.IMO.UY

Proceso

Imagen 5. Fachada del restaurante coreano «Arariyo». Ciudadela esquina Colonia. 3 de enero de 2025. (Foto: 103517FMCMA.
- Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo).
fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 6. Cartel ubicado a la derecha de la entrada del Mercado Viejo. Montevideo. Año 1868. (Foto: MHN-UY, CF_C286_18A - Autoría: s. d. / Chute & Brooks). Proceso fotográfico: Fotografía en gelatina y plata sobre papel. Soporte: Papel. Formato: 32,5 x 42,5 cm.

Imagen 7. Carteles ubicados en la calle Piedras esquina Pérez Castellano, Montevideo. Año 1925. (Foto: Smithsonian Institution, RU7231/S15/B83 - Autor: Waldo Schmitt).

Proceso fotográfico: Fotografía en gelatina y plata sobre papel. Soporte: Papel. Formato: s. d.

coll - arroyo - von sanden

la calle se pobló de voces

Imagen 8. Toldo exterior de una casa de artículos de viaje en la que se ofrecen composturas en español, francés, italiano, euskera, inglés, portugués y alemán. 25 de Mayo esquina Juncal, Montevideo, ca. 1890-1900. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10328 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 9. Fachada de negocio en la calle Yacaré a la altura de 25 de Agosto. Montevideo. Año 1920 (aprox.). (Reencuadre de foto: 0268FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 13 x 18 cm.

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Imagen 10. Fachada de la Lechería Moderna. Zabala entre Piedras y 25 de Agosto, Montevideo, s. f.
(Foto: 0106FHMB - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: vidrio. Formato: 13 x 18 cm.

Imagen 11. Fachada de la barbería Los Ibáñez. Galería comercial, avenida 18 de Julio, Centro, Montevideo. 26 de febrero de 2025. (Foto: PLs21.0065b - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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Imagen 12. Cartel de la peluquería Magnética. Calle San José, Centro, Montevideo. 25 de febrero de 2025. (Foto: PLs21.0059a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

(Foto: 103494FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 13. Fachada del restaurante chino Tian Fu. Calle Uruguay, Ciudad Vieja, Montevideo. 3 de enero de 2025.

Imagen 14. Cartel del restaurante Minzhine. Calle Ciudadela, Ciudad Vieja, Montevideo. 7 de agosto de 2024. (Foto: PLs21.00031a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital. la calle se pobló de voces

(Foto: 103157FMCMA.CDF.IMO.UY -

Imagen 15. Interior del local gastronómico El Palacio del Falafel. Calle San José, Centro. Montevideo, 3 de diciembre de 2024.
Autoría: Luis Alonso / CdF). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 16. Fachada de la panadería La Facturería. Calle Sarandí, Ciudad Vieja, Montevideo. 3 de enero de 2025. (Foto: 104389FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 17. Fachada del kiosco Ake Vilela. Calle Tristán Narvaja, Cordón, Montevideo. 9 de agosto de 2024. (Foto: IMG_2039 - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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Imagen 18. Menú exhibido en puesto de arepas La Colombiana. Feria de Tristán Narvaja. Montevideo, 9 de agosto de 2024. (Foto: PLs21.00045a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital. la calle se pobló de voces

Imagen 19. Cartel del restaurante Sabor Peruano. Calle Bartolomé Mitre, Ciudad Vieja, Montevideo. 7 de agosto de 2024. (Foto: PLs21.00028a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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Imagen 20. Banner de puesto rodante de comida de Mr. Hot Dog. Feria de Tristán Narvaja. Montevideo, 16 de junio de 2024. (Foto: PLs21.00004a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital. la calle se pobló de voces

Imagen 21. Cartel de restaurante Parchita. Calle San José, Centro, Montevideo. 25 de febrero de 2025. (Foto: PLs21.00058b - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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Imagen 22. Pared lateral del puesto rodante de comida Maracuchos Montevideo. Feria de Tristán Narvaja, Cordón, Montevideo. 16 de junio de 2024. (Foto: PLs21.00011a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 23. Letrero electrónico de tienda de alimentos Sui Yuan. Calle Tristán Narvaja, Cordón, Montevideo. 9 de agosto de 2024. (Foto: PLs21.00038c - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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Imagen 24. Cartel en la fachada del restaurante Arariyo. Calle Ciudadela, Ciudad Vieja, Montevideo. 7 de agosto de 2024. (Foto: PLs21.00029a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 25. Fachada de la barbería Asere. Calle Magallanes, Cordón, Montevideo. 7 de mayo de 2025. (Foto: 104844FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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26. Fachada de la barbería Matute’s. Galería comercial, avenida 18 de Julio, Centro, Montevideo. 14 de enero de 2025. (Foto: 103554FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen

27. Fachada de la barbería Techno Barber. Galería comercial, avenida 18 de

12 de

(Foto: 104392FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

de

Imagen
Julio, Centro, Montevideo.
marzo
2025.
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de la

avenida

de enero de

(Foto: 103565FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen 28. Fachada
barbería Rey Barber. Galería comercial,
18 de Julio, Centro, Montevideo. 15
2025.

Imagen 29. Pizarrón de la panadería La Embajada. Calle Rincón, Ciudad Vieja, Montevideo. 25 de noviembre de 2024. (Foto: 103162FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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30. Pizarrón del restaurante Norte. Calle Zabala, Ciudad Vieja, Montevideo. 25 de noviembre de 2024. (Foto: 103166FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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Imagen 31. Vendedor ambulante de chicha morada peruana. Feria de Tristán Narvaja, Cordón, Montevideo. 16 de junio de 2024. (Foto: PLs21.0016a - Autora: Lucía Arroyo / Proyecto «Paisaje lingüístico y migración en Montevideo»). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

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32. Fachada de la sede de la organización Casa Veneguaya. Bulevar General Artigas, Tres Cruces, Montevideo. 25 de noviembre de 2024. (Foto: 105588FMCMA.CDF.IMO.UY - Autoría: Lucía Martí / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Fotografía digital.

Imagen

Imagen 33. Cartel en la fachada de una peluquería - coiffeur - barber shop. 25 de Agosto esquina Treinta y Tres. A la izquierda, plazoleta del Muelle (actual plaza Manuel Herrera y Obes), Montevideo. Año 1920 (aprox.). (Foto: 0252FMHB. CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 13 x 18 cm.)

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Imagen 34. Fachada de la confitería Pâtisserie Française. Sarandí esquina Bacacay, Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10460 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 35. Almacén del Ristoro. A la izquierda, feria dominical, entre Ibicuy (actual Héctor Gutiérrez Ruiz) y Soriano, Montevideo. Década de 1890. (Foto: Museo Histórico Nacional, Colección Fotográfica, CF_C210_177 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 32 x 27,7 cm.

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Imagen 36. Fachada del comercio de Roch, Capdeville, Jahn y Cía. promocionando sus servicios: fábrica de soda water, aparatos de química, accesorios de farmacia, perfumería fina. Cerrito entre Ituzaingó y Cámaras (actual calle Juan Carlos Gómez), Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10450Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 37. Plaza Independencia y avenida 18 de Julio. Montevideo. Año 1913. (Foto: MHN-UY, CF_A145_1 - Autor: E. Strobach). Proceso fotográfico: Fotografía en gelatina y plata sobre papel. Soporte: Papel. Formato: 38 x 27,5 cm.

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Imagen 38. Almacén de la Reparación de Luis Schmitt. Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10459 - Autoría: s. d.).

Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Proceso

Imagen 39. Fachada de la Societá Italiana di Mutuo Soccorso Circolo Napolitano. Soriano esquina Cuareim (actual calle Zelmar Michelini), Montevideo. Año 1900 (aprox.). (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 1546 - Autoría: s. d.).
fotográfico: Impresión fotomecánica. Soporte: Papel. Formato: 41 x 27 cm.
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Imagen 40. Fachada del Hospital Británico / British Hospital. Al fondo, Almacén del Toscano. Patagones (actual Lindolfo Cuestas) y Buenos Aires, Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional - Sección Materiales Especiales, ABN 10348 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 41. Edificio del Hotel Malakoff. Plaza Independencia esquina 18 de Julio (actual ubicación del palacio Salvo), Montevideo. Año 1870 (aprox.). (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN_1716 - Autoría: s. d.).

Proceso fotográfico: Fotofrafìa en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 14 x 10 cm.

(Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10387 - Autoría: s. d.).

Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 42. Pared lateral de la relojería y joyería de Otto Feller. Calle Uruguay esquina Convención, Montevideo. Década de 1890.

Imagen 43. Balcón de la sastrería V. Libonatti y Cía. Sarandí esquina Misiones, Montevideo. Año 1922. (Foto: 03165FMHGE.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 13 x 18 cm.

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Imagen 44. Fachada de la papelería Galli. 25 de Mayo esquina Ituzaingó, Montevideo. Año 1920 (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, D10908 - Autoría: s. d. / Galli y Cía.). Proceso fotográfico: s.d. Soporte: s.d. Formato: s. d.

Imagen 45. Farmacia Franco Británica de Félix Schickendantz. Rivera esquina Defensa (actual Pablo de María), Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10454 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 46. Fachada de la casa financiera Aldave y Cía. promocionando «giros sobre Italia y Buenos Aires. Pasages para Europa. Cartas a Italia con respuesta paga». Sarandí esquina Bartolomé Mitre, Montevideo. Década de 1900. (Foto: Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra del SODRE, UY-SODRE-ANIP-DFC-FPK-CH-0008-MD - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Negativo en gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: s. d. la

Imagen 47. Publicidad del refresco Urreta en una ventana del Mercado Central. Ciudadela entre Reconquista y Canelones, Montevideo. Año 1930 (aprox.). (Foto: 1013FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía –Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 18 x 24 cm).

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Imagen 48. Fachada del Banco Británico de América del Sud - Sucursal Avenida Rondeau / The British Bank of America Avenida Rondeau Agency. Rondeau 286, Montevideo. Años 1910-1918. (Foto: Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra del SODRE, UY-SODRE-ANIP-DFC-FPK-0191-MD - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Negativo en gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: s. d.

Imagen 49. Tablado de carnaval Galicia Chica. Galicia esquina Paraguay, Montevideo. Febrero de 1922. (Foto: 03103FMHGE.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 13 x 18 cm.

Imagen 50. Local de la Pinturería y Bazar de la Viuda de Moretti Catelli y Cía. Esquina de las calles Rincón y Bartolomé Mitre, Montevideo. Año 1900 (aprox.). (Foto: 0874FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía –Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 18 x 24 cm.

Imagen 51. Vista del Hospital de Caridad. A la derecha, fachada del Almacén del Guaraní. 25 de Mayo esquina Guaraní, Montevideo. Año 1889. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN10894 - Autor: Joseph Fillat). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 33 x 44 cm.

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Imagen 52. Letrero ubicado en los galpones del puerto de Montevideo. Año 1920 (aprox.). (Foto: 0084FMHA.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 18 x 24 cm.

Imagen 53. Carro del café y almacén de artículos importados Au Bon Marché en ocasión de la Fiesta de la Locomoción. Montevideo. 19 de abril de 1917. (Foto: 01490FMHGE.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía –Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 13 x 18 cm.

Imagen 54. Plaza Independencia. A la izquierda: Hôtel Français Panier Fleuri. Montevideo. Año 1890. (Foto: 0870FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 18 x 24 cm.

Imagen 55. Fachada de la Lechería Nacional de M. R. Schwarz ofreciendo «Leche garantida pura a Cada Hora». Calle 25 de Mayo esquina Pérez Castellanos. Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10465 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

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Imagen 56. Fachada del local gastronómico Criterion Gasthof. En la puerta central se lee «Prosit». Calle Colón entre Cerrito y 25 de mayo, Montevideo. Década de 1890. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN 10383 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 15 x 11 cm.

Imagen 57. Fachada de la Confitería Oro del Rhin / Konditorei Rheingold. Calle Convención esquina Colonia, Montevideo. Año 1933 (aprox.). (Colección Particular - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: s. d. Soporte: Papel. Formato: s. d.
Imagen 58. Pared lateral del Mercado del Puerto. Montevideo. Año 1900 (aprox.).
(Foto: MHN-UY, CF_A113_212 - Autoría: s. d.). Proceso fotográfico: Impresión fotomecánica. Soporte: Papel. Formato: 41 x 27 cm.

Imagen 59. Fachada de una cervecería en los bajos de la residencia de doña Matilde O. de Arocena. En la entrada se lee: «Bier-quelle / Cocktails, Sandwiches / Cerveza Culmbach / Beer & Lunch Saloon». Calle Zabala esquina Piedras, Montevideo. Año 1889. (Foto: Biblioteca Nacional, Sección Materiales Especiales, ABN_10899 - Autor: Joseph Fillat). Proceso fotográfico: Fotografìa en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 33 x 44 cm.

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Imagen 60. Bar de la Casa Cusenier en la Terraza de la playa Ramírez. Montevideo. Año 1900 (aprox.). Reproducción de copia fotográfica. (Foto: 1932FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Plástico. Formato: 35 mm.

Imagen 61. Plaza Zabala y calle Solís. Al fondo: teatro San Felipe. Montevideo. Año 1910 (aprox.). (Foto: 0863FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 18 x 24 cm.

Imagen 62. Cruce de las calles Piedras, Yacaré y Pérez Castellano a la izquierda Mercado del Puerto. Montevideo. Año 1915. (Foto: 0269FMHB.CDF.IMO.UY - Autoría: Fotógrafos municipales / Centro de Fotografía – Intendencia de Montevideo). Proceso fotográfico: Negativo de gelatina y plata. Soporte: Vidrio. Formato: 13 x 18 cm.

Imagen 63. Peluqueria América. En el centro, cartel en el que se lee «Dressing and Shaving Saloon». Montevideo. Febrero de 1907. (Foto: MHN-UY, CF_C204_55 - Autor: Jesús Cubela). Proceso fotográfico: Fotografía en papel albuminado. Soporte: Papel. Formato: 18 x 8 cm.

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A Mauricio Bruno, Noelia Echeto, Richard Gilreath, Facundo Fernández Guerra, Lorenzo Li, Lucía Martí, Jon Mendiola, Laura Navatta, Enrique Poittevin, Federico Sardi, Christian Stahl y Carlos Varela.

A los y las estudiantes del taller «Historia y presente del paisaje lingüístico y la migración en Montevideo» (Licenciatura en Lingüística, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República [Udelar], 2025): Andrea Benedetti, Marisol Calero, Juan Carissimi, Gimena Castillo, Georgina Colombo, Facundo Criado, Yuliano Diconca, Daniela Gazzán, Pablo Marichal, Karina Marrero, Mariel Martínez, Sofía Mattos, John Mc. Cue, Manuela Pais, Lucía Peraza, Mauro Pose, Pablo Somma, Carolina Truzzi, Francisco Villaverde e Iliana Yacosa.

A los encargados de los distintos repositorios en que consultamos fotografías históricas: Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra del SODRE, Sección Materiales Especiales de la Biblioteca Nacional, Centro de Fotografía (CdF) de la Intendencia de Montevideo (IM), Archivo del Instituto Crandon, Smithsonian Institution y Museo Histórico Nacional, en particular a Gabriela Jaureguiberry, Elizabeth González Sauane y Sofía Oña.

Un agradecimiento especial al CdF de la IM, que ha apoyado este proyecto desde un comienzo; ha impulsado la creación de este libro, ha diseñado y colaborado en la curaduría de la fotogalería La calle se pobló de voces (fotogalería Parque Batlle, noviembre de 2025, https://cdf.montevideo.gub.uy/exposicion/la-calle-se-poblo-de-voces) y nos ha abierto sus puertas para que estudiantes de la Udelar pudieran hacer trabajo de extensión. A su equipo técnico en pleno, muchas gracias.

El sentido del Centro de Fotografía de Montevideo (CdF) es incentivar la reflexión, el pensamiento crítico y la construcción de identidad ciudadana a partir de la promoción de una iconósfera cercana. Esto implica, por un lado, poner en circulación imágenes vinculadas a la historia, el patrimonio y a la identidad de los uruguayos y latinoamericanos, que les sirvan para vincularse entre sí y que los interpelen como sujetos sociales, en el entendido de que, pese a que su cotidianidad está marcada por la circulación masiva de imágenes, pocas tienen que ver con esos aspectos. Por otro lado, ese objetivo implica la necesidad de facilitar el acceso, tanto de los autores de imágenes uruguayos y latinoamericanos como de los ciudadanos en general, a las herramientas técnicas y conceptuales que les permitan elaborar sus propios discursos y lenguajes visuales.

Sobre la base de estos principios y desde enfoques y perspectivas plurales nos proponemos ser una institución de referencia a nivel nacional, regional e internacional, generando contenidos, actividades, espacios de intercambio y desarrollo en las diversas áreas que conforman la fotografía.

El CdF se creó en 2002 y es una unidad de la División Información y Comunicación de la Intendencia de Montevideo. Desde julio de 2015 funciona en el que denominamos Edificio Bazar, histórico edificio situado en Av. 18 de Julio 885, inaugurado en 1932 y donde funcionara el emblemático Bazar Mitre desde 1940. La nueva sede potencia las posibilidades de acceso a los distintos fondos fotográficos y diferentes servicios del CdF.

Gestionamos bajo normas internacionales un acervo que contiene imágenes de los siglos XIX, XX y XXI, en permanente ampliación y con énfasis en la ciudad de Montevideo. Además, creamos un espacio para la investigación y generación de conocimiento sobre la fotografía en sus múltiples vertientes. En el año 2020, el CdF resolvió liberar los derechos de las imágenes del archivo fotográfico histórico, para su uso colectivo en alta resolución. Esto implica que toda la sociedad pueda acceder sin restricciones a contenidos que le pertenecen.

Contamos con los siguientes espacios destinados exclusivamente a la exhibición de fotografía: las salas ubicadas en el edificio sede –Planta Baja, Primer Piso y Subsuelo– y las fotogalerías Parque Rodó, Prado, Ciudad Vieja, Peñarol, EAC (Espacio de Arte Contemporáneo), Goes, Capurro, Unión, Santiago Vázquez (ubicada dentro de uno de los predios del centro de reclusión), Parque Batlle, Parque Rivera y Espacio Modelo concebidas como espacios al aire libre de exposición permanente. También gestionamos otro tipo de espacios expositivos como los fotopaseos del Patio Mainumby, de la Plaza de la Diversidad en Ciudad Vieja y del Intercambiador Belloni, así como un espacio dentro del Centro Cívico Luisa Cuesta en Casavalle.

A fines de 2019 el Centro de Fotografía se consagró como el primer Servicio de la Intendencia de Montevideo en ganar el Premio Nacional de Calidad que otorga INACAL (Instituto Nacional de Calidad). La institución está comprometida en el proceso de optimización de la organización y planificación del trabajo, y desde el año 2013 está certificada en Gestión de Calidad en todos sus procesos a través de la Norma ISO 9001:2015. Seguimos trabajando en equipo en la Mejora Continua de nuestros procesos de Calidad, con el foco puesto en la ciudadanía.

Intendente de Montevideo

Mario Bergara

Secretaria General

Viviana Repetto

Directora División Información y Comunicación

Natalia Acerenza

Equipo CdF

Director: Daniel Sosa / Jefa Administrativa: Verónica Berrio / Coordinaciones: Mauricio Bruno, Gabriel García, Victoria Ismach, Lucía Nigro, Johana Santana, Claudia Schiaffino / Planificación: Luis Díaz, David González, Andrea López / Secretaría: Martina Callaba, Andrea Martínez / Administración: Eugenia Barreto, Andrea Martínez, Mauro Carlevaro / Gestión: Federico Toker, Francisco Landro, Ariana Castro / Producción: Marcos Martínez, Mauro Martella / Curaduría: Victoria Ismach, Lina Fernández, Martina Iturria, Analia Castro / Fotografía: Andrés Cribari, Luis Alonso, Lucía Martí / Ediciones: Noelia Echeto, Andrés Cribari / Expografía: Claudia Schiaffino, Brenda Acuña, Mathías Domínguez, Guillermo Giansanti, Martín Picardo, Jorge Rodríguez, Ana Laura Surroca / Preservación: Julio Cabrio / Documentación: Ana Laura Cirio, Mercedes Blanco, Gonzalo Silva, Yoana Risso / Digitalización: Gabriel García, Luis Sosa / Investigación: Mauricio Bruno, Alexandra Nóvoa, Yoana Risso / Educativa: Lucía Nigro, Magela Ferrero, Mariano Salazar, Lucía Surroca, Milagros Silva / Mediateca: Noelia Echeto, Victoria Pesce / Coordinación operativa: Marcos Martínez / Atención al Público: Johana Santana, Gissela Acosta, Victoria Almada, Valentina Cháves, Andrea Martínez, José Martí, Patricio Fonseca, Virginia Caseras / Comunicación: Elena Firpi, Brenda Acuña, Natalia Mardero, Laura Núñez, Candelaria Inzua / Técnica: José Martí, Alvaro Marioni, Pablo Améndola, Miguel Carballo / Actores: Karen Halty, Pablo Tate.

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La calle se pobló de voces. Paisaje lingüístico y migración en Montevideo by Centro de Fotografía de Montevideo - Issuu