Edición Mayo Extra 2026
Editorial
Transformar la experiencia del paciente también exige coherencia En Clínica Vida hemos construido un propósito superior que nos convoca todos los días: transformar la experiencia del paciente y su familia, especialmente en uno de los momentos más sensibles de la vida humana: enfrentar el cáncer. Este propósito no se sostiene únicamente con infraestructura, tecnología, medicamentos o procesos. Se sostiene, sobre todo, con personas. Con equipos que cuidan con pasión, que entienden el dolor del otro, que responden con humanidad, que hacen bien su trabajo incluso en medio de la dificultad, y que comprenden que cada decisión clínica, administrativa, financiera y operativa tiene impacto directo en la vida de nuestros pacientes. Hoy más que nunca, nuestro liderazgo debe ser profundamente coherente con lo que decimos, con lo que exigimos, con lo que cuidamos y con el país que queremos ayudar a construir.
La experiencia del paciente empieza en nuestra forma de liderar Hablar de transformación de la experiencia del paciente no es hablar solamente de satisfacción. Es hablar de oportunidad, continuidad, seguridad, calidez, claridad, acompañamiento y confianza.
Cada paciente que llega a nuestra institución trae consigo una historia, una familia, un miedo, una esperanza y una necesidad de respuesta. Por eso, nuestro modelo de atención biopsicosocial no puede ser entendido como un concepto técnico más, sino como una manera superior de cuidar: mirar al paciente en su dimensión física, emocional, familiar, social y espiritual. La atención humanizada no es un discurso. Es una conducta. Es llamar por el nombre. Es explicar con paciencia. Es no trasladar al paciente nuestras cargas internas tanto asistenciales como administrativas. Es evitar respuestas frías. Es anticiparnos al sufrimiento. Es hacer que la familia se sienta acompañada. Es reconocer que detrás de cada autorización, cada procedimiento, cada entrega de medicamento, cada llamada y cada decisión, hay una persona esperando alivio, orientación y esperanza. Y para lograrlo necesitamos líderes presentes, sensibles y exigentes. Líderes que movilicen a sus equipos no desde
la presión vacía, sino desde el sentido. Líderes que inspiren pasión por lo que hacemos y que recuerden que trabajar en salud no es simplemente cumplir una función: es custodiar la vida, la dignidad y la confianza.
Cuidar al paciente también implica cuidar la sostenibilidad Nuestro compromiso con la experiencia del paciente exige también una enorme responsabilidad con la contención del costo y del gasto. No son temas separados. No hay humanización posible si no hay sostenibilidad. No hay continuidad de la atención si no protegemos los recursos. No hay futuro institucional si normalizamos el desperdicio, la ineficiencia o la falta de disciplina en el uso de lo que tenemos. La situación del sistema de salud sigue siendo crítica. Cada vez es más difícil garantizar el acceso oportuno a los servicios. Las barreras administrativas aumentan. La respuesta de algunas EPS frente a los servicios ya prestados continúa siendo insuficiente. El recaudo
de los recursos es cada vez más complejo. Y mientras las instituciones prestadoras seguimos atendiendo, cuidando, resolviendo y sosteniendo la operación, el flujo financiero se deteriora y pone en riesgo la estabilidad de todo el sistema. Esto no es una preocupación abstracta. Tiene consecuencias reales. Afecta la oportunidad de la atención, la disponibilidad de tratamientos, la continuidad de los procesos, la estabilidad de las instituciones y, por supuesto, la seguridad de los empleos que dependen de que las organizaciones de salud puedan mantenerse vivas, responsables y financieramente viables. Por eso, contener el costo y el gasto no es una instrucción administrativa: es un acto de responsabilidad colectiva. Cada ahorro responsable, cada proceso mejorado, cada desperdicio evitado, cada negociación cuidada, cada insumo bien utilizado y cada decisión prudente contribuyen a proteger la misión de Clínica Vida.
Votar con sentido: una expresión de coherencia En estos momentos del país, también estamos llamados a ejercer una ciudadanía consciente, a ejercer nuestro derecho y deber al voto. Hablar de votar con sentido no significa decirle a nadie por quién votar. Significa algo mucho más profundo: significa no votar desde la indiferencia, la emoción momentánea, la desinformación o la desconexión con la realidad que vivimos todos los días. Quienes trabajamos en salud sabemos lo que está pasando. Vemos las dificultades de los pacientes para acceder a los servicios. Vemos a las familias desgastadas por los trámites. Vemos a los equipos asistenciales haciendo esfuerzos enormes. Vemos instituciones que cumplen, pero no reciben oportunamente los recursos por los servicios prestados. Vemos un sistema tensionado, altamente golpeado por el momento político, con señales claras de agotamiento, y con riesgos que no pueden seguir siendo ignorados.
Por eso, votar con sentido es preguntarnos con responsabilidad:
¿Qué sistema de salud queremos vivir en Colombia? ¿Uno que garantice acceso real, oportunidad, continuidad y dignidad para los pacientes? ¿Uno que reconozca el valor de quienes prestan los servicios? ¿Uno que proteja a las instituciones que sostienen la atención? ¿Uno que cuide el talento humano en salud y preserve los empleos? ¿Uno que premie la calidad, la eficiencia, la transparencia y los resultados? Votar con sentido es votar pensando en los pacientes, en las familias, en los trabajadores de la salud, en la sostenibilidad de las instituciones y en el futuro del país. Es entender que las decisiones colectivas tienen consecuencias concretas sobre la vida diaria de las personas. No se trata de política partidista. Se trata de coherencia ciudadana. Se trata de mirar
la realidad con criterio, con información, con responsabilidad y con memoria. Se trata de no ser indiferentes frente a un sistema que necesita estabilidad, seriedad, capacidad técnica, sensibilidad social y decisiones responsables.
Nuestro liderazgo debe transformar, cuidar y proteger Hoy necesitamos líderes que no se queden en el diagnóstico de la crisis. Necesitamos líderes que actúen. Que inspiren a sus equipos. Que cuiden la experiencia del paciente. Que fortalezcan la cultura del servicio. Que defiendan la humanización. Que promuevan eficiencia. Que entiendan los números sin perder el alma. Que hablen con claridad, pero también con esperanza. La pasión por lo que hacemos debe notarse. En la forma como recibimos al paciente. En cómo resolvemos un problema. En cómo contestamos una inquietud. En cómo acompañamos a una familia angustiada. En cómo protegemos los recursos de la institución. En cómo hacemos equipo. En cómo asumimos
que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad directa en el presente y el futuro de Clínica Vida. Transformar la experiencia del paciente no es una tarea de un área. Es una tarea de todos. Humanizar no es una campaña. Es una decisión diaria. Contener el costo no es restringir el cuidado. Es cuidar con inteligencia. Liderar no es ocupar un cargo. Es influir con ejemplo, criterio y coherencia.
Cuidemos el sistema de salud que queremos para Colombia. Porque de nuestras decisiones diarias depende la experiencia del paciente. Y de nuestras decisiones colectivas depende el futuro del sistema en el que todos, de una u otra forma, tendremos que vivir, trabajar, cuidar y ser cuidados.
Liderar en Clínica Vida es transformar con humanidad, sostener con responsabilidad y actuar siempre con coherencia.
Un llamado final En este mayo, el llamado es claro: sigamos cuidando con humanidad, trabajando con pasión, liderando con responsabilidad y actuando con coherencia. Cuidemos a nuestros pacientes y sus familias. Cuidemos nuestros equipos. Cuidemos los recursos. Cuidemos la institución.
Con aprecio y confianza, David Mejía Zapata Gerente General Fundación Colombiana de Cancerología Clínica Vida
Nuestro liderazgo debe transformar, cuidar y proteger
Edición Mayo Extra 2026