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Cuentos 4to primaria

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Los cuentos de 4to primaria

Instituto San JosĂŠ

Profesora: Marita Versaci AĂąo: 2020


Villafañe Lucia Tamara 4to primaria/ Ateneo de Practicas del lenguaje

En una tarde calurosa de primavera, se encontraba una jirafa magnifica llamada Caledonia, no era un nombre poco corriente que solemos escuchar, pero ella estaba contentísima con él, en fin, siguiendo con el relato, esa tarde Caledonia estaba comiendo unas frescas hojas de un árbol el cual, se encontraba en un bosque con muchos árboles, pastos y un hermoso paisaje verde. Al extraer y comer hojas frescas le dio mucha sed, fue en ese momento que al inclinarse para beber agua de repente su cuello se puso duro como una roca, ella sintió dolor, pero no le dio importancia y siguió bebiendo agua. Al día siguiente, se despertó con molestias en el cuello, salió a tomar sol, cuando se cruzó con su amiga la abeja Marta. - ¡Hola marta! ¿Cómo estás? Dijo la jirafa Caledonia - ¡Hola Caledonia! Yo bien, gracias por preguntar, estoy buscando polen que se encuentra en cualquiera de las flores bellas que hay al nuestro alrededor, ¿Y vos como estas? ¡Te noto un poco preocupada! contesto Marta la abeja

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Villafañe Lucia Tamara 4to primaria/ Ateneo de Practicas del lenguaje -Si, me preocupa el dolor de cuello que tengo, pero capaz no es solo que una simple molestia.

Contesto la jirafa Caledonia - ¿Quieres que eche un vistazo? Le dijo la abeja Marta La abeja Marta, se posó en el cuello de la jirafa Caledonia, buscando el causante del dolor de cuello, pero no encontró nada. Subió y bajo, subió y bajo por el cuello de la jirafa hasta que la jirafa Caledonia exclamo con un dolor horrible - ¡Ay, me duele mucho! - Ya voy a llamar a la vaca Rebeca, ella es doctora y sabrá que hacer, aguanta un poquito más por favor. Asustada le dijo la abeja Marta. Fue volando lo más que pudo hasta llegar al consultorio donde se encontraba la doctora vaca llamada Rebeca. Al llegar al consultorio, La abeja Marta llamo y llamo, pero nadie contesto, se tomo el atrevimiento de asomarse por la ventana cuando vio a la vaca Rebeca estaba descansando un poco, para levantarse y tener las ideas frescas como las hojas. La abeja Marta no pudo esperar, y con unos zumbidos en las orejas de la vaca Rebeca le decía -Bzzzz, Bzzzz, te necesitamos vaca Rebeca, la jirafa Caledonia tiene muchísimo dolor de cuello. La vaca Rebeca se despierta y le contesta - ¡AY! Ya vamos para ahí. Si más apuros, la vaca Rebeca se levantó y fue directo donde se encontraba la jirafa Caledonia. Al llegar al lugar la encontró llorando y preocupada porque no sabía por qué le dolía el cuello. La doctora vaca Rebeca hizo como todo médico, primero indago para saber qué es lo causo el dolor, pero al revisarla no nota nada raro. - ¿Podrás ayudarme? muy preocupada le pregunta la jirafa Caledonia, -Si, pero necesitamos mover un poco el esqueleto con una dosis de merengue dijo la vaca Rebeca. - ¿Cómo con merengue? ¿Te réferis a los pasos de baile? Respondió la jirafa Caledonia

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Villafañe Lucia Tamara 4to primaria/ Ateneo de Practicas del lenguaje -

Claro, como no se me ocurrió, ya pongo música dijo la abeja Marta

En ese momento, la vaca Rebeca, la abeja marta y la jirafa Caledonia, se pusieron a bailar merengue, moviendo de apoco las patas, el cuerpo, los brazos hasta llegar al cuello, el baile le calmo el dolor de cuello a la jirafa Caledonia y el misterio de su dolor, era que necesitaba mover el cuerpo de vez en cuando, para que su cuello este sano, fuerte y alegre como todo su cuerpo. - ¡Muchas gracias! Me siento feliz y ya no estoy triste, gracias a su compañía, cariño y preocupación ya se me fue el dolor. Dijo la jirafa Caledonia.

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Patricia... ¿solo una vaca? En el campo de mi abuelo había una vaca muy gorda, negra con manchas blancas. Si si, leyeron bien. Negra con manchas blancas. Porque no es lo mismo decir blanca con manchas negras. Era una vaca joven, con buena carne y gritona. Pero eso no significaba que era mala, sino gritona. La vaca Patricia era enfermera del campo, pero lo único que hacía era estar recostada sobre la alfalfa. En el campo nadie se enfermaba. Pero ella, lo único que quería trabajar. Por un lado, se sentía orgullosa que los animales de la granja, al parecer tenían buena salud, se alimentaban bien y no se enfermaban nunca. Sin embargo, llego un momento que ya no sabía qué hacer, estaba muy aburrida, ella quería ayudar a alguien, y poder trabajar de lo que tanto amaba. Por una parte se sentía un poco celosa que sus amigas, vacas lecheras, no paraban de hacer cosas. De aquí para allá, de allá para acá y así todos los días. Ella las miraba triste, quería ejercer su profesión. Un día, hermoso para decir verdad, había un sol magnifico y ni una sola nube, de esos días que te alegra la vida, estaba ella recostada, contando las arañas en el techo: - y una, y dos y tres…- que de pronto se escuchó: –PATRICIAAAAAA- , Entonces, dio un salto y fue rápidamente a ver qué es lo que sucedía. Era Beto, el perro de la granja; todos admiraban a Beto, era el canino más veloz que conocían, y el más apuesto. El era un perro ovejero alemán. Si, de esos peludos, que dicen por ahí que son compañeros de la policía. Se había resfriado! Y el dueño del campo quería salir a cazar. Más bien quería salir a buscar al culpable de la desaparición de sus gallinas, y quien más lo podía ayudar a investigar que Beto. Por esta razón, había tanto escándalo en la granja, Beto no podía respirar de tantos mocos, y cuando intentaba correr comenzaba a toser y toser que no podía recuperar su aliento. Estaba tan desesperado. El abuelo, quería salir a la mañana siguiente, al amanecer. Beto necesitaba recuperarse urgente. Entonces, Patricia decidió hacer un té súper súper efectivo para ayudarlo, deprisa corrió hacia el monte, ya que necesitaba elementos naturales, de esos que solo se encuentran en el monte santiagueño, por todos los rincones buscaba “, gramilla, garabato y poleo”. Luego de encontrarlos, volvió rápidamente a la granja y comenzó a hervirlos en una gran olla, obviamente con fuego de leña. Dejó que diera su primer hervor y de forma acelerada se dirigió hacia Beto, que se encontraba recostado, cansado y agitado. Cuando él sintió el olor, su cara mostró asco y Patricia con su voz chillona le dijo: -si no bebes esto, el abuelo se irá sin ti-


Así que entre reproches, Beto bebió la taza de té. Al otro día, se levantó de un aventón, fue corriendo hasta Patricia a mostrarle que había mejorado completamente y darle las gracias. Ella se puso muy feliz, ya que demostró ser una buena enfermera. Y Beto, bueno ese día ayudó al abuelo a encontrar los responsables de la desaparición de sus gallinas. Finalmente, quedó muy claro que en la granja del abuelo, había una excelente enfermera, y esta noticia recorrió todo el pueblo, así que imagínense la alegría de Patricia, sí la vaca negra con manchas blancas.

Bento Marcela


Recreación del cuento Cuello Duro de Elsa Bornemann

Título: El hermano que le seguía. Esa mañana primaveral en Villa Crespo los despertó con malas noticias. Llamó Gladys, la señora que cuidaba a su abuela de noventa y seis años. Al parecer “la Meme” venía hace días con los ánimos por el piso; apenas se levantaba de la cama para ir al baño y ya ni escuchaba su programa preferido de radio. Las noticias sobre el coronavirus la tenían devastada. Nico, el hermano mayor de los seis nietos de la Meme no dudó en subirse al auto para visitarla. Intentó sacarle charla a su abuela, contarle sobre sus aventuras en velero, le mostró fotos de sus hijos. Pero todo era en vano… la Meme levantaba la mirada de vez en cuando, y como por compromiso asentía con la cabeza, sin emitir palabra. Viendo su misión frustrada Nico llamó a Manuel, el hermano que le seguía, para que les alcanzara las cartas; tal vez eso la animaría. Manuel llegó entusiasmadísimo y desafió a la Meme a una canasta. – Tal vez otro día, Manu. – Fue todo lo que obtuvo por respuesta. Los nietos mayores se miraron perplejos, y concluyeron que Ana, la hermana que les seguía y predilecta nieta mayor, le sacaría una sonrisa con las delicias que cocinaba. Cuando la llamaron dio la casualidad de que tenía un bizcochuelo recién salido del horno; lo envolvió y enfiló para lo de la Meme. Al llegar, el olor a chocolate llegó hasta el cuarto de su abuela y los hermanos se relamieron. Pero la Meme, que siempre se jactaba de no haberse empalagado ni una sola vez en sus noventa y seis años, ni siquiera lo advirtió… Era la persona más dulcera que conocían; la situación definitivamente, era más grave de lo que pensaban. El caso es que la abuela no quiso probar bocado, pero sí levantó la mirada y les agradeció a los tres por su visita. Eso los animó a probar con la visita de Marcos, el hermano que le seguía a Ana. Marcos llegó con la guitarra al hombro, resuelto a sacar a la Meme de la cama con su música. Pero ya con solo afinar la guitarra, su abuela pidió que dejara de hacer ese ruido, pues le dolía un poco la cabeza. – ¡Ya sé! ¡Las mellis van a poder con esta vieja gruñona! – dijo Marcos. – ¡¡¡Marcos!!! – lo retaron sus hermanos mayores al unísono. Entonces Manuel fue a buscar a las mellis a la casa de sus padres. Las mellis estaban felices de que por fin las tuvieras en cuenta para ayudar en un asunto familiar “de grandes”. Se pusieron de acuerdo para bailarle la última coreografía que habían aprendido a la Meme.


Pero cuando llegaron, la Meme dormía. Y allí estaban, los seis hermanos sentados en la mesa redonda de la cocina mirándose las caras largas y al reloj de agujas, cuyo segundero parecía ir en sentido contrario. Ring ringgg, sonó el timbre. Los hermanos se miraron unos a otros desconcertados, y el mayor los contó uno por uno señalándolos con el dedo. Si estaban los 6 ahí, quién llamaría a la puerta de la Meme un sábado a la noche. Saltaron de las sillas y se amontonaron en torno a la mirilla de la puerta de entrada para espiar (a las mellis les tuvieron que hacer piecito). Se veía la silueta de un hombre mayor, que parecía tener un ramo de flores en sus manos. – ¡Yo voy, yo voy, yo voy! – se escuchó desde el fondo del pasillo. Era la Meme, vestida con su mejor ropa y hasta maquillada. – Córranse, córranse que les quiero presentar a alguien – dijo la abuela de noventa y seis años, mientras abría la puerta con los ojos brillosos como lo de una quinceañera. Lo nietos, anonadados, miraban en silencio la escena. Se saludaron con un cálido abrazo y el recién llegado, entregó las flores provocando que la Meme se sonrojara de pies a cabeza. –Chicos, les presento a Eduardo, mi novio– dijo ella muy resuelta. Entonces los nietos entendieron todo… ¡Todo era una tramoya de la pícara abuela para reunirlos, en plena cuarentena, y presentar a su novio! Enternecidos, los nietos, la hicieron quedar impecable a su abuela; agasajaron al invitado con cuentos de navegaciones por altamar, juegos de cartas, un rico bizcochuelo y una coreografía muy bien ensayada.

Paula Lanusse


La Aventura de Cuello Duro y sus Amigos

Hace unos

años, en un fantástico bosque con muchísima

vegetación, vivía una bella y elegante jirafa. Era tan elegante, que cada mañana se levantaba muuuyyyyy temprano para bañarse y esperar a sus amigas estilistas que la maquillaban, peinaban y retocaban cada bella peca de su cuerpo…porque las jirafas están llenas de pecas grandes, pequeñas, medianas, pero todas brillan y resaltan con un espléndido color dorado, dorado como los rayos del sol.

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Caledonia, así se llamaba la jirafa, nunca supo el porqué de su nombre, simplemente la llamaban así desde muy pequeña, pero pronto descubriría por qué… Un día, comiendo unas riquísimas y frescas hojas del follaje del bosque, sintió un dolor inaguantable. – ¡Aaay! ¡No puedo mover el cuello! –gritó de repente la jirafa Caledonia. Y en verdad no podía moverlo ni para un costado, ni para el otro, ni para arriba, ni para abajo,

ni hacia adelante, ni hacia

atrás. Su larguísimo y esbelto cuello parecía almidonado. Caledonia se puso a llorar, tanto, que sus lágrimas mojaron todas las plantas que se encontraban bajo los árboles. De repente, una de sus lágrimas cayó sobre una flor, sobre una bella y aterciopelada flor, sin darse cuenta que allí posaba una tierna abejita que escuchaba todos los lamentos y dolores de Caledonia. – ¡Llueve! ¡Llueve!–exclamó la abejita. Cuando de repente vio a la jirafa y con voz preocupante le preguntó: – ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? – ¡Buaaa! ¡No puedo mover el cuello! ¡Me duele! ¡Me duele!Exclamó la jirafa mientras lloraba sin cesar. –Quédate tranquila, seguramente la doctora Doña Sofía, la vaca tendrá la solución. Iré a hablar con ella, espérame aquí –Y la abejita salió volando hacia el consultorio de la vaca. Es así que la pequeña abejita partió rumbo la casa de Doña Sofía, una vaca muy amistosa y responsable, que curaba a todos los animales del bosque, pero que hacía mucho tiempo no tenía

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trabajo, porque nadie se enfermaba. Y es que ella daba tan buenos consejos que todos los seguían al pie de la letra y así permanecían sanos. Al llegar a la casa de Doña Sofía, la abejita llamó y llamó, pero nadie salía, así que se asomó por la ventana y vio a la vaca dormir plácidamente, pero justo en ese momento, Doña vaca despertó y abrió rápidamente la puerta. -¿Qué sucede? Soñé algo muy real, soñé que alguien necesitaba mi ayuda. Es así que la abejita le contó lo que le pasaba a la jirafa. -¡Por fin una que se enferma! –dijo la vaca, desperezándose–. Enseguida voy a curarla. Entonces se puso su delantal,

su gorrito blanco, sus guantes y

tomó su maletín, el cual poseía sus mágicas cremas sanadoras, polvos iluminadores de sonrisas, y un sinfín de instrumentos maravillosos que curaban, pero que solo ella podía hacer que funcionen. Así, emprendió camino y fue a ver a la jirafa que todavía seguía bajo el árbol con el cuello duro. -¿Cómo te llamas? Preguntó la vaca a la jirafa -Me llamo Caledonia. Respondió la jirafa. -¡Con razón! ¡Ahí está el problema! - ¿A dónde?- Le preguntó la abejita -En su nombre está el problema, les explicaré…Caledonia es un antiguo nombre que proviene de un país llamado Escocia, y

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significa DURO, se dice que quienes porten ese nombre serán duros como los muros. -¡¡¡Noooo puede serrrr!!!- Respondió la jirafa- ¡Tiene que haber una solución!– ¡Hay que darle masajes! Pero yo sola no puedo. Necesito ayuda. Su cuello es muy largo- Comentó la vaca Doña Sofía. Entonces, Doña Sofía bostezó: – ¡Muuuuuuuaaa! –y llamó con su señal al burrito Marito. Justo en ese momento, el burrito estaba lavándose los dientes. Sin tragar el agua del buche debido al apuro, salió corriendo a toda marcha a socorrer a sus compañeros…Pero al llegar, se dieron cuenta que todavía sobraba mucho cuello para masajear; entonces Doña Sofía dijo: –Nosotros solos no podemos –dijo la vaca. Entonces, el burrito hizo gárgaras muyyyy ruidosas y así llamó al cordero. Justo en ese momento, el cordero estaba mascando un chicle muy sabroso de pastito y escuchó la llamada, es así que salió corriendo, pero al llegar se dieron cuenta que todavía

sobraba

mucho cuello para masajear… –Nosotros solos no podemos –dijo la vaca. Entonces, el cordero hizo su llamado chillón y así llamó al perro. El perro estaba saboreando su cuarta taza de chocolatada, la bebió muy rapidito y salió corriendo a socorrer a sus amigos. Pero tanto esfuerzo no funcionó, todavía sobraba mucho cuello para masajear, es que era tan, pero tan largo el cuello de la

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jirafa, que ni la abejita, la vaca, el burro, el cerdito y ni el perro llegaban a lo alto para masajearla. –Nosotros solos no podemos –dijo la vaca. Entonces, al perro le dio hipo y así llamó a la gata, quien justo en ese momento, estaba oliendo un perfume de pimienta y con la nariz llena de cosquillas corrió y corrió camino a socorrer a sus amigos. ¡Pero todavía sobraba mucho cuello para masajear! –Nosotros solos no podemos –dijo la vaca. Entonces, la gata estornudó y así llamó a Don Conejo, quien estaba jugando a los dados con su coneja y sus conejitos. Por eso se apareció con la familia entera: su esposa y los veinticuatro hijitos en fila. Así, todos ellos se treparon ligerito, saltando al burrito, del burrito al cordero, del cordero al perro y del perro a la gata. Después, don conejo se acomodó en dos patas arriba de la gata y sobre don conejo se acomodó su señora y más arriba -también uno encima del otro- los veinticuatro conejitos. – ¡Ahora sí los masajes! –Gritó la vaca–. ¿Están listos, muchachos? – ¡Sí, doctora! –contestaron los treinta animalitos al mismo tiempo. – ¡A la una... a las dos... a las tres!- gritaron todos juntos. En ese preciso momento, la vaca trepó con todas sus fuerzas por encima de la cadena de animalitos, y al llegar a la cima del cuello de la jirafa Caledonia, dio la orden de que todos juntos comenzaran a masajear el cuello de la jirafa, mientras ella colocaba sobre la cima del cuello su pomada mágica. Pero eso solo no

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funcionaba, es así que Doña Sofía comenzó a entonar la siguiente canción: EL CUELLO DE LA JIRAFA EL CUELLO DE LA JIRAFA VA DESDE EL SUELO Y LLEGA HASTA EL CIELO.

PERO ESTÁ DURO COMO UN MURO ES EL PROBLEMA, ES EL PROBLEMA.

EL CUELLO DE LA JIRAFA TIENE PEQUITAS PORQUE ELLA ES UNA ESTRELLITA.

PERO ESTÁ DURO COMO UN MURO ES EL PROBLEMA, ES EL PROBLEMA.

¡AY DOÑA JIRAFA! TÚ ERES PODEROSA ERES MUY VALIOSA ERES UNA DIOSA.

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PERO TU CUELLO ESTÁ DURO COMO UN MURO ES EL PROBLEMA, ES EL PROBLEMA.

¡AY DOÑA JIRAFA! HABLANDA TU CUELLO HABLANDA TU CUELLO

LA JIRAFA ESTURNUDÓ Y SU NUDO DESATÓ EL MURO CALLÓ Y LA JIRAFA GRITÓ ¡QUÉ FELÍZ QUE SOY!

Caledonia bailó al compás de la canción, porque la vaca dijo que la música también era un buen remedio para calmar dolores. Y así fue como, al rato, la jirafa pudo mover su larguísimo cuello otra vez. – ¡Gracias amigos! –Les dijo contenta–.Para agradecerles, la jirafa Caledonia, los llevó a todos de paseo, para que pudieran observar el bello paisaje desde lo más alto y así, de pase en pase, los fue llevando a cada uno para su casa.

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Claro que los primeros que tuvieron que bajarse fueron los conejitos, para que los demás no perdieran el equilibrio...Después se bajó la gata; más adelante el perro; luego el cordero, el burro, y por último la doctora vaca, quien al llegar, cayó redonda al piso, porque claro, estaba muyyyy cansada. La jirafa Caledonia, volvió de regreso a su casa, con su amiga la abejita, a quien le propuso organizar una enorme fiesta sorpresa para todos los animalitos que la ayudaron a recuperar el movimiento de su cuello. Es así que se pusieron a pensar en las maravillosas cosas que podrían preparar… Fin Virna Letton

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Instituto San José.Ateneo de Prácticas del Lenguaje

La jirafa Caledonia se despertó con el cuello duro Una mañana de enero en la selva de Madagascar con un calor agobiante la jirafa Caledonia se despertó con mucho dolor de cuello y tanto, era su dolor que el llanto la invadió. Por allí pasaba su amiga la abeja Manuela, quien asustada por el llanto le preguntó - ¿Qué sucede Caledonia? - ¡Tengo el cuello duro Manuela y me duele mucho! No te preocupes amiga voy a ayudarte-Dijo la abeja Manuela Enseguida puso su alas en movimiento y voló hacia el consultorio de la vaca Mariana, con tanta prisa iba que se chocó con Monzón, un abejorro de muy mal humor pero de un gran corazón -¿A dónde vas con tanta prisa Manuela?-protestó el abejorro - Voy en busca de la vaca Mariana, porque la jirafa Caledonia tiene el cuello duro, no puede moverlo y le duele mucho - ¡Pobre Caledonia!, exclamó Monzón ,que todavía seguía de muy mal humor pero dispuesto a colaborar por su gran corazón ¡Yo puedo ayudar! -¿Cómo puedes ayudarla mi querido Monzón?-entusiasmada dijo la abeja - Puedo hacerle un té de yuyos que cura todos los dolores-dijo el abejorro - ¿Un té de yuyos?-Preguntó sorprendida la abeja Manuela - Sisi un té de yuyos que cura todos los dolores-Aseguró el abejorro - ¡Que bueno Monzón!, pero primero vayamos en busca de la vaca Mariana y luego le haces el té de yuyos que cura todos los dolores Y juntos volaron hacia el consultorio de la vaca Mariana. Una vez allí tuvieron que despertar a la vaca que estaba tan aburrida que se quedó dormida. -¡Despierta mariana!-Gritó la abeja - ¿Qué sucede ?contestó entre bostezos la vaca - La jirafa Caledonia te necesita y con mucha con urgencia-Insistió la abeja - ¿Que le ha pasado? preguntó con pereza la vaca Mariana -Tiene el cuello duro y duele mucho -Respondió la abeja muy preocupada. Mariana agarró su delantal, su maletín y les dijo: - No se preocupen están con la persona indicada yo voy a curar a Caledonia Una vez en casa de la jirafa … - ¡Caledonia! lo que tú necesitas es una sesión de masajes -Afirmó la vaca ¡Pero yo sola no puedo curarte ! Entonces tomó su celular y llamó a sus asistentes : Pedro el burro, María La cebra, Eduardo el toro y Ramón el caballo. Una vez todos reunidos se pusieron uno arriba de otro y con sus patas entrenadas para dar masajes comenzaron a masajear el cuello de Caledonia Mientras tanto el abejorro Monzón le dio su maravilloso té de yuyos que cura todos los dolores . Y de pronto como por arte de magia Caledonia exclamó ¡Ya estoy bien! ¡ Qué alegría puedo mover el cuello!!

Rotondo Christener Erika 1


Instituto San José.Ateneo de Prácticas del Lenguaje Y así fue ,como una mañana de mucho calor en una selva de Madagascar gracias a unos masajes con varias patas, y un té de yuyos que curan todos los dolores Caledonia ,la jirafa volvió a sonreír sin dolores. Colorín colorado esta historia se ha terminado.

Rotondo Christener Erika 2


PAIVA APONTE, MAYRA JAQUELINE- ATENEO PRÁCTICAS DEL LENGUAJE

Cuello duro - Elsa Bornemann Era una mañana soleada cuando el sol alumbraba hacia la ventana de la jirafa Caledonia, ella comenzaba a abrir sus ojitos y a desperezar gran parte de su cuerpo, todo parecía normal como todas las mañanas, hasta que de pronto su madre, Rita, comienza a llamarla: - “Caledonia, es hora de levantarse a desayunar”, “No te demores, recordá que hoy es tu presentación de baile y debes prepararte” Caledonia se encontraba en su cama todavía, no lograba levantarse, pero no porque ella no quisiera, sino que tenia un gran dolor en el cuello que impedía que ella se levantara. Nuevamente su madre llama a Caledonia: - “No vas a llegar a prepararte Caledonia, si seguís acostada.” Al ver que Caledonia no aparecía por la cocina, Rita, decide acercarse a la habitación de Caledonia y la encuentra acostada aún. ¿No escuchaste cuando te llame, en varias oportunidades? ¿Qué esperas para levantarse? Dijo Rita. Es que no logro mover mi cuello mamá. Estoy muy preocupada, hoy es el día de la presentación de baile y yo no logro moverme. ¿Qué podemos hacer? Dijo Caledonia a su madre. Automáticamente la madre de Caledonia sintió una angustia terrible por lo que le sucedía a su hija en este día tan especial para ella. Caledonia amaba bailar y era la primera vez que iba a realizar una presentación en otra ciudad. Rita comenzó a pensar en la posible solución para lo que le sucedía a su hija, debía ser algo que permita la curación lo más rápido posible ya que no podían perder mucho tiempo, solo tenían horas para la presentación.

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PAIVA APONTE, MAYRA JAQUELINE- ATENEO PRÁCTICAS DEL LENGUAJE

Mientras Rita pensaba y le comunicaba a Caledonia que ya estaba pensando en la solución para su dolor de cuello golpean la puerta de la casa. Rita se dirige a la puerta a ver quién golpeaba la puerta, y era su vecina la Vaca “Lola”. Rita apenas la vio le comentó lo que sucedía con Caledonia y que no sabían que hacer ya que tenía una presentación de baile por la tarde y no podía hacer reposo, era algo muy pero muy importante para Caledonia, amaba bailar. Lola le dijo que podía tener la solución pero que no era lo mas seguro, Rita ni bien escuchó que había una posibilidad de curar el dolor de cuello de Caledonia comenzó a saltar de felicidad. Cuando me pasaba que no lograba mover el cuello, mi madre y mi tía me hacían masajes, esto podríamos hacer con Caledonia, dijo Lola. Rita sin dudarlo le dijo –“vamos a la habitación de Caledonia, no tenemos que perder tiempo Lola”. Lola le dice que había algo que ella no estaba teniendo en cuenta, Rita comienza a pensar y para ella no había ningún tipo de obstáculo frente a la propuesta de Lola. - ¡Rita!, Caledonia es una jirafa nosotras 2 no somos suficientes para hacerle masajes, ella tiene un cuello muuuuy largo, dijo Lola. Tenes razón Lola, me había olvidado de ese detalle. Y ahora ¿a quién podemos pedir ayuda? Dijo Rita. Rápidamente Lola se acordó que su vecino el conejo “Filip” junto a su esposa “Linda” tenían 24 hijos conejos, y ellos podrían venir a ayudar con los masajes para Caledonia. Para no perder tiempo yendo a buscarlos, Lola decide hacer una llamada por WhatsApp pidiéndoles ayuda para hacerle masajes a Caledonia en su cuello. Sin dudarlo Filip y su esposa Linda junto a sus hijos conejos fueron de inmediato a la casa de Rita.

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PAIVA APONTE, MAYRA JAQUELINE- ATENEO PRÁCTICAS DEL LENGUAJE

La familia conejo, Rita y Lola comenzaron a hacerle masajes a Caledonia, y a su vez le transmitían la tranquilidad que todo iba a salir bien para poder llegar a su presentación justo a tiempo. Transcurridos unos minutos de masajes Lola le indica a Caledonia que comience a mover su cuello lentamente, es allí cuando Caledonia lograba empezar a mover su cuello. Finalizaron con la sesión de masajes y el resultado fue positivo, Caledonia logró mover su cuello. Caledonia se encontraba muy contenta ya que ahora si podía prepararse para su presentación de baile, estaba muy agradecida con los vecinos que asistieron para hacerle los masajes necesarios. Rita se encontraba muy agradecida con Lola y la familia conejo, pero destacó por sobre todas las cosas el acierto de Lola al recomendar hacerle masajes a Caledonia. Nunca se me hubiera ocurrido hacerle masajes, ahora lo tendré en cuenta si llegará a suceder de nuevo. Muchas gracias, Lola, dijo Rita. Caledonia para expresar su agradecimiento decidió invitarlos a su presentación de baile, con gusto iremos dijeron la familia conejo y Lola, no nos perderemos esta oportunidad de verte bailar. Y es así como Caledonia pudo realizar su presentación de baile y sus invitados asistieron muy felizmente para verla brillar.

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Lo perfecto no existe Mi nombre es Luján y formo parte del Club de los Perfectos. Pero ¿es tan perfecto como parece? Quizás para un adulto perfecto sí, pero ser parte del Club siendo niña o niño no tanto, o no tanto para mí. Una niña perfecta debe estar perfectamente peinada todo el tiempo, perfectamente limpia y perfectamente hablada y esto es muy difícil para una niña. Los días sábados son mis favoritos, porque no tengo clases en el colegio perfecto y puedo jugar un poco en mi casa, me siento menos perfecta estando aquí. Pero lo que no me gusta de los sábados es que a por la tarde debemos ir al Club de los Perfectos a ver los partidos amistosos, que por cierto son aburridísimos. Un sábado me levanté muy muy temprano, rompí con el horario habitual en que los Perfectos nos podíamos levantar. Estaba soleado, y me encantaba. Me puse a oler los jazmines de mi abuela, eran increíbles. Mientras los olía escuchaba un ruido de hojas que venía del cantero. Me acerqué para ver qué era lo que lo provocaba, y como los Perfectos no debemos tener miedo metí la mano y removí las hojas. Estaba allí asustada y quieta, me pareció tan extraño este insecto, no lo conocía, no formaba parte de los animales que nos enseñaban en el colegio los perfectos. Era de color negro, pequeña, estaba sucia y se movía muy rápido. Escuché los despertadores sonar, tenía poco tiempo para correr a mi habitación y que no me descubran entonces escondí a mi bichito en el bolsillo y corrí rápido a esconderme. No podía decirle bichito, entonces la nombré India. Quería que fuese mi nueva mascota, pero no podía presentársela a mis padres todavía. Debía bañarla, educarla y enseñarle a caminar perfecta como nosotros. Lo hice, la bañé y quedó con un negro brillante, aprendió a caminar muy despacio y perfectamente bien, pero había un problema. India veía comida y se desesperaba. Y yo no tenía más tiempo para poder enseñarle a contenerse, teníamos que ir a los aburridos partidos amistosos y no quería dejarla sola, entonces la llevé en mi cartera blanca. Se las iba a mostrar a mis amigos del club, lo que no recordé es que esa noche teníamos una cena.


Miramos el partido, nos sentamos para cenar y en el momento que iba a sacarla para mostrĂĄrsela a mis amigos, India no estaba. CaminĂŠ perfectamente rĂĄpido y la vi, estaba subiendo por el mantel blanco de la mesas de los adultos perfectos del club. Y bueno, el final ya lo conocen. Florencia Miranda


Tributo a George Floyd (Tema: Black Lives Matter)

Tick, tack. El sonido de las agujas del reloj, marcando la hora. Tick, Tack. Ocho minutos, cuarenta y seis segundos. Ojos que se cierran lentamente, lo último que pueden ver, es el oscuro color del pavimento. La abrasión del asfalto que raspaba sus mejillas. Aprisionado, encadenado por quienes brutalmente lo mantenían a la fuerza boca abajo, podía solo advertir cómo sus pulmones descarrajaban sus reservas de oxígeno. Su mundo se tornaba oscuro. Solo podía escuchar el sonido estridente que ahogaba sus oídos. Le faltaba el aire, no podía respirar. Tenía la garganta aplastada contra el piso. Se sentía como si una serpiente se enroscara en ella y, con toda su fuerza, sin compasión alguna, estrujara, obstruyendo sus vías respiratorias hasta que el oxígeno no pudiera llegar hacia sus pulmones desesperados. Lloraba, pedía a gritos ayuda mientras que, a su alrededor, solo se dignaban a contemplar sus últimos momentos llenos de dolor. Su nombre era George Floyd. Un ciudadano americano como cualquier otro. No, no era perfecto, su vida se había manchado de errores que había cometido. Manchas que nunca se borrarán, que por siempre plagarían su mente, que lo seguirían hasta el día de su muerte. Aún así, su tiempo llegó antes de lo esperado, en manos de quien debería mantenerlo seguro. El día 25 de mayo del año 2020, George Floyd fue asesinado por un policía, quien con fuerza brutal e innecesaria, lo arrojó al piso y, con su rodilla en su garganta, con todo su peso sobre sus vías respiratorias, escuchando como pedía ayuda, un descanso, diciendo: “no puedo respirar”, lo asesinó a sangre fría, sin arrepentimiento alguno. George Floyd era un hombre negro, inocente. Arrestado brutalmente por la mera sospecha de un billete falso. Cuatro policías, ocho minutos, cuarenta y seis segundos con tal peso sobre su garganta. Un hombre inocente brutalmente asesinado por el color de su piel. Ocho minutos, cuarenta y seis segundos. Sofía Zenobi


Anexo 1: ¡Un traje elegante! - ¡Uy! ¡Pero esto no cierra! – Exclamó el elefante Tito intentando abrochar su botoncito. Tiro y tiro hasta que de un estirón pudo abrochar su botón. Contento y feliz, se asomó a su ventana para cerrarla y caminar hacía lo de su hermana Ana, quien lo iba a poner fragancia de banana, hasta que sin previo aviso su botoncito salió disparado de su tapado, viajando directo hacía la cara de Román, el ratón más charlatán. - ¿desde cuando llueven botones? – Dijo sobándose sus moretones -Perdone, perdone, aún no controlo mis botones- Respondió Tito. - ¡Camarada! ¿Cómo anda? ¿Qué le sucede con esa cara? – Gritando desde la vereda - ¡Prrrr! ¡Tengo una cita con Nina! – De manera picara responde Tito jugando con sus orejitas -Ah pero que gavilán- Respondió el charlatán. -Si, ¡Quiero ganarme su corazón! Pero, no me entra ni el calzón- con angustia y preocupación completa la oración. -Yo te voy a ayudar, espérame no más- alejándose Román, ayuda a Tito a calmar su ansiedad. Román caminó por las calles de Caminito intentando encontrar la ayuda para Tito, hasta que a la vuelta encontró a su prima, la oveja Ruperta, quien lucía su nuevo look radiante con un ovillo de lana gigante. - ¡Pero que linda se ve hoy- Le gritó el muchachón! - ¡Hey! ¿Qué hace charlatán por aquí! – Respondió la oveja. -Necesito ayuda, Tito tiene una cita y necesita estar elegante, pero su traje debe ser gigante- Alargando sus manos, respondió. -¡Uh que macana! Pero yo puedo ayudarlo, ¡Mirá cuanta lana! – le respondió a Román mostrando su ovillo. - ¡Pero que estupendo! – Exclamó el ratón con gran satisfacción. -Pero debemos buscar a mi hermana la rana, ella sabe como coser esta lanaY con toda la lana envuelta, Román y Ruperta, caminaron hacía la alberca. La rana envejecida, se tumba panza arriba. -¡Doña Juana! ¡Doña Juana! – Grito la oveja, haciendo que la rana levante una oreja. -¿Cuál rama?- Respondió desorientada para sentarse sobre su pequeña rama. - No doña, aquí Ruperta- Habló la oveja en tono de queja. -No querida, ¿Dónde pondría una puerta? - acomodándose su lente habló de repente. -No doña ¡Ay! ¿Se acuerda de Tito? – La rana Juana de un saltó con ganas, respondió. -¡Si, el elefantito!- con emoción lo dijo en tono de canción. -Si él, necesita un traje para una cita-


La ranita viejita, tomó sus agujas y sin ninguna queja llamó a su amiga la coneja, en la cual se montó y se encaminaron de salto en salto a la casa del león. El león les dio botones, dado que los leones tienen de montones. Después, sin ninguna parada más llegaron a la casa de Tito, quien lloraba sosteniendo un botoncito. -¿Por qué llora mi elefante?- Habló Juana la rana, montada en su amiga la coneja Ana. -¡Doña Juana! ¡Ana! ¡Román, Ruperta! ¿Qué hacen en mi puerta?- Respondió arrojando su botoncito el elefante Tito. -Venimos a ayudarte, así que ven, acércateY así pasó la tarde, tejiendo y tejiendo, mientras algún botón volaba y la coneja saltaba por atraparlos, Román lo peinaba y la oveja lo acicalaba. Llegó la hora, ya estaba listo y en un imprevisto, tocaron su puerta y sin alerta, la abrieron y sonrieron al ver que era Nin a la radiante elefante, luciendo muy elegante, con una sonrisa amplia, Tito le dio un jazmincito, de la mano y contento se fue a su encuentro. Sus amigos quedaron fascinados con la vista puesta en los enamorados.

Melina Trinidad Ledesma


El club de los sifones En cada barrio o en cada municipio al menos hay un club. Estas asociaciones de personas que se reúnen a compartir algo en sus recreos, como hacer deporte, compartir una lectura o realizar manualidades, y si se reúnen con otros clubes son para competir. Pero, yo conozco un club que no tenía lugar fijo y que no quería competir. Este club se caracterizaba por tener sus caras como un sifón, ¿Qué será que tenían en sus caras? Sí, una nariz muy grande. Eran tan grandes sus narices que claramente se distinguían del resto. Aquí en Buenos Aires, hay muchos así, y como son tantos decidieron hacer un club muy grande. Estaban destinados a seguir buscando más sifones que lamentablemente eran burlados. La gente que no era así los miraba mal, creían que les iban a estornudar encima y los iban a llenar de mocos. Con este frío que peligro sería si nos estornudan ¿no? pero lo hacían como cualquier persona. Otros creían que por tener la nariz así iban a respirar a los niños como si fueran una aspiradora humana ¿Que loco no? Pero amaban reunirse, siempre en un lugar distinto de Buenos Aires, una vez al mes porque se hacía complicado reunirse más seguido al vivir tan lejos unos de otros. Aveces contaban sus anécdotas, muy graciosas por cierto. Como olvidar cuando Felipe contó que se había llevado puesto el tender de la ropa porque no lo había visto. O cuando Melisa contó que cuando fue al restaurante ese tan conocido en el barrio de La Boca, por una porción de tortilla de papa y se llenó con solo oler un poco su plato. ¿Y cuando Rita contó que se fue a la costa y una ola hizo que sintiera que se había respirado el mar literalmente? Siempre había algo para compartir.


Cada vez se sumaba más gente, llegaban tantos mails para comunicarse con el club. Un día uno de los encargados tuvo que enviar las invitaciones. Leyó el mensaje de un integrante del club en donde se reunirán el próximo mes. El encargado redactó entonces: Queridos participantes del club de los sifones. Nos vemos el próximo 5 de junio a las 18: 00 hs. en lo de Zategui. Vamos a visitarlo. Como eran tantos ya, nadie sabía quién era pero bueno se guiaron por la dirección. Ese día pusieron el gps con la dirección de este participante del club de los sifones y llegaron. Zategui, cuando abrió la puerta no lo podía creer. Dijo -No recuerdo que yo los haya invitado, pero pasen. Todos pasaron, se acomodaron y comenzaron a tomar algo que les ofreció Zategui. Faltaba gente pero bueno, ya llegaría. El dueño de casa impresionado comenta -Me estaba preparando para salir, pero que grata llegada la de ustedes. Entonces si él no había enviado el mail ¿Quién había los invitado a su casa para esta reunión? De repente suena un celular alguien contesta y dice -Hola ¿Cómo andas? Acá ya estamos ¿qué estás esperando para venir? que ya encargamos unas pizzas. Después de un rato de silencio ¿Cómo que nos estás esperando? ¿Donde queda tu casa? ¿Eras vos el del mail? Gente acá me dice Pedro que era en su casa donde nos deberíamos reunir. El encargado abre los ojos grandes, tanto que ya su nariz no parecía ser tan grande. -Yo leí que veníamos a lo de Zategui. -Pero no, Pedro no vive acá. ¿Saben cúal fue el error? El encargado tendría que haber leído Berazategui, allí era donde quedaba la casa donde vivía Pedro, quien los había invitado. Su nariz lo confundió pensando en que tenían que ver a Zategui. Vieron como los perritos que giran su cabeza intentando ver porque su hocico nos lo deja enfocar, bueno al encargado le había pasado lo mismo. Decidieron llamar a Pedro para que venga a lo de Zategui desde Berazategui. Comieron sus ricas pizzas y esto sumó otro anécdota para compartir en sus reuniones.

Rocio Diaz


Ateneo de las Prácticas del Lenguaje

Cuello duro Elsa Bornemann Datos a tener en cuenta: 

Personajes: Jirafa Caledonia, Vaca doctora, abeja mensajera, burro, cordero, perro, gato, don conejo, su esposa y sus 24 hijos.

Acción: masajear el cuello de la jirafa al compás de la samba.

Plan de escritura: 

Personaje: Don zorro periodista.

Contexto: o Lugar: En la frontera de la selva misionera, justo donde se encuentra la granja de Don Julio. o Tiempo: Justito ahora, cuando el sol comienza a salir y la luna ya desaparece. Cuando el clima se encuentra muy cálido y las nubes les permiten ver el paso.

Mirando fijamente a la granja de Don Julio esperaba que algo nuevo pasará, estaba ya cansado de que todos los días que el sol volvía a aparecer todo fuera igual. El sol se ponía en su punto, los animales salían a alimentarse, volvían al corral y se reían de cosas que hacían los animales más chicos ¿no se cansaban de siempre hacer lo mismo? Desesperado por estar perdiendo su única pasión, don zorro, empezó a armar su maleta, puso su micrófono, su ropa, sus libros y justo cuando estaba por guardar su cámara escucho un leve zumbido que iba directo al consultorio de la doctora vaca. Don zorro no pudo con su curiosidad, se dijo que un buen periodista siempre seguía su instinto y justo hoy este estaba más activo que nunca. Se acercó muy despacio al consultorio de la vaca y oyó como la abeja le decía que en la selva se encontraba Caledonia, una jirafa que lloraba, lloraba de dolor, su cuello estaba a punto de caer. Pisadas se acercaban a la puerta, zorro se escondió. Doctora vaca y abeja no lo vieron y siguieron su camino, directo a la selva a ayudar a Caledonia. Mac Lean, Rocio Página 1 de 3


Ateneo de las Prácticas del Lenguaje

En silencio, con pisadas muy sigilosas, el periodista las seguía, sabía que detrás de ellas había una gran noticia. Cerquita, muy cerquita de donde ellas se pararon, él se quedó y desde su puesto veía un destello amarillo que se movía, parecía que su movimiento eran productos de los espasmos del llanto que se escuchaba. Hizo silencio y presto atención a lo que le contaba a la pituca doctora. Las órdenes de la vaca retumbaron por toda la selva, tanto así que de un momento a otro muchos animales se encontraban siguiendo sus mandos. Zorro no se aguantó más encendió su cámara y comenzó a grabar todo lo que sus ojos veían, no podía creer que eso que estaba grabando fuera cierto, pensó que era un gran materia, una noticia que lo llevaría directo a los televisores de todo el mundo, se dijo donde se vió una jirafa que su cuello fuera un trapecio, animales haciendo equilibrio sobre este, una noticia de loco, su noticia. Contaba y volvía a contar 31 eran los animales que estaban ayudando a la adolorida paciente, Don zorro seguía los movimientos con su cámara, nada se le escapaba, todo estaba siendo registrado. Tanto era su asombro que tomo muchas imágenes, desde que ayudaron hasta que volvieron a su lugar en la granja o la selva. Termino con su gran noticia cuando la doctora vaca llego a su consultorio y los ronquidos fueron registrados. Feliz Don zorro periodista se dirigió con el gran señor lorito, el mejor distribuidor de noticias, a este nada se le escapaba. Lorito y zorro volvieron a ver el video y ninguno salía del asombro, tan bueno fue el agrado del loro que la noticia se difundió por toda la frontera. Don zorro periodista tuvo que desempacar su bolso porque desde que el video fue difundido le llovieron propuestas, él y la vaca fueron grandes aliados a la hora de conseguir trabajo, cuando un animal se enfermaba los dos corrían a ayudarlo y grabar tan grande hazaña. El zorro periodista nunca dejo de grabar, la selva lo recibió y la granja nunca lo perdió, su curiosidad siempre lo movió y lo ayudo a quedarse en su tan adorada casa. El zorro pensó que nuca hay que bajar los brazos, porque cuando uno menos lo espera las cosas llegan.

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Ateneo de las Prácticas del Lenguaje

Bibliografía Bornemann, E. (s.f.). Cuello Duro. Libros del bicentenario.

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¡De todo un poco! -¡Uf qué calor! Voy a reposar sobre este verde colchón de tréboles. No me quedan muchas ganas de caminar -Reflexionaba, jadeando su lengua el perro Alfonso. El viento seco le susurró al oído trayéndole un volante recién repartido. En éste se anunciaba el festejo por el aniversario de un pueblo llamado “De todo un poco”. Alfonso abrió de golpe sus lagañosos ojos -¡Mi pueblo querido! -Gritó tanto, que Susana la araña se enredó del salto que pegó mientras tejía. Alfonso se paró sobre sus cuatro cansadas patas, se pasó la lengua por las cejas y emprendió su corto viaje hacía su pueblo. Al llegar a la entrada del pueblo se encontró con un cartel enorme que decía “BIENVENIDOS AL PUEBLO DE TODO UN POCO”, disfrute de su estancia, muy atentamente la comisario CALEDONIA. -¡Guaaauuuu! Caledonia es la ley -Su afónica y cómplice risa lo acompañó durante el recorrido de los primeros metros del pueblo. La banda de sapos y luciérnagas tocaban una chacarera a todo ritmo, las lagartijas, muertas de risa, pedían una ronda más de jugo. A la izquierda del mercado se dejaba ver un cartel “Hospital el Bostezo”, jefa de terapia Dra. Vaca. Alfonzo entró al hospital, en la entrada lo recibió Clara, una oveja bastante simpática. El sorprendido amigo le pidió ver a la doctora Vaca, esta se hizo presente en menos de lo que los grillos refriegan sus violines. -Alfonsoooooooo, querido amigo! Tanto tiempo -Decía la doctora mientras se acercaba con su silla de ruedas. -No te quedes ahí, vení a darme un abrazo. Te sorprende mi silla, los años pasaron y mis patas ya no quieren hacerme caso, se ofendieron por usar muchos zapatos de taco. Pero no te preocupes, ellas no siguen pero yo sí. Luego del saludo, vaca tomó su celular llamó a abeja y le pidió que contactara al matrimonio conejo, a Burro, a la gata y que los citara urgentemente en el bar del caimán. -Vamos yendo -Dijo la vaca, haciendo girar las ruedas de su silla se dirigió junto a Alfonzo hacia el bar. Allí, agitados por la rapidez, atónitos por la curiosidad estaban todos los convocados esperando a la doctora. Al llegar, Alfonso podía oír su corazón galopar, los recuerdos de un hermoso tiempo se hicieron presentes.


Se abrazaron, lloraron de alegría, pidieron una mesa para muchos, bebidas para todos. Uno a uno fueron contando qué hicieron con su vida, el burro llegó a ser el director de la escuela, gata es la chef del mejor restaurante del mundo, conejo y coneja se habían hecho famosos por salir en el libro de los records, llegaron a ser la familia más numerosa que se conoce. Juntos recordaron aquel día en que el cuello de Caledonia se había empacado reusándose a aflojar. Alfonso, era un viejo escritor, que leyendo las voces de sus amigos juntaba letras para las palabras de su nuevo libro, quizás, por qué no, llamado “De todo un poco”. Así, mientras el sol y la luna hacían cambio de guardia, se oían las risas cómplices de un grupo de amigos que compartían una larga charla, tan larga como el cuello de la jirafa.

Claudia Carrillo.


Almeida Tatiana Micaela, 4to Primaria.

“De la fantasía a la realidad solo hay un paso” Esta es una historia que muchos me han pedido contar. Una historia que muchos habrán escuchado, pero pocos habrán entendido. Esa historia amigos míos es justamente mi historia, la historia de un delfín que un día se creyó ballena. Seguramente muchos de ustedes al oír esta última frase deben haber pensado que me volví loco pero la verdad es esa y no hay otra forma de decirla. Para que se entienda un poco tendremos que volver algunos años atrás, cuando estaba a punto de cumplir mi mayoría de edad y por lo tanto seria libre para formar mi propia familia. El problema creo yo, es que nunca me he parecido al resto de mi manada, ellos eran grandes, imponentes y un tanto aburridos. En cambio, yo era muy pequeño y mucho más divertido, ya que amaba dar vueltas y giros. Y, por si fuera poco, nunca he podido conocer al resto de las ballenas, ya que muchas de ellas se creían que venían de otro mundo y por lo tanto mantenían su exclusividad para sus semejantes. Mi madre siempre me dijo que había dos clases de ballenas. Las primeras eran aquellas que se creían tan perfectas que solamente se juntaban con ballenas perfectas, aquellas con dientes perfectos, aletas perfectas, las que poseían un color azul tan perfecto como el del océano y por su puesto eran las más grandes entre todas las demás. Por otro lado, las segundas estaban formadas por todo tipo de ballenas, aquellas que no eran tan perfectas como la perfección que poseían las ballenas azules, sino que se caracterizan por ser muy diferentes unas de otras. Podríamos encontrar ballenas dentadas como: los cachalotes, la ballena narval, la ballena piloto, la ballena franca y la Ballena beluga. Todas y cada una de ellas tenían una diferencia, muchas eran veloces, otras muy lentas, muchas poseían jorobas, otras eran gordas, algunas tenían varios colores, para otras sus aletas no siempre eran iguales y por supuesto ninguna de ellas era tan perfecta como para estar entre las ballenas más perfectas de todo el océano. Un día después de tanto observar a las ballenas más perfectas, me animé a acercarme un poco más hacia ellas y pude escuchar que una de ellas con su voz tan perfecta le decía a la otra que una criatura muy fea se había enredado en una red de un pescador, por lo cual decidí ir a echar un vistazo. Cuando por fin llegué al lugar que mencionaban, pude ver a la criatura que entre forcejeos intentaba liberarse. Mientras más me acercaba más me asombraba de la apariencia de esa

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Almeida Tatiana Micaela, 4to Primaria.

criatura, no podía explicarme como por fin había encontrado a una ballena igual a mi (o al menos eso creía). Justo cuando estuve en frente de ella, la mire y la ayude a liberarse. Esta rápidamente subió a la superficie y dio un gran salto. Cuando volvió a sumergirse, me presente y la invite a conocer a mi manada, por lo cual nos dirigimos allí con mucho entusiasmo, ya que como me comentaba Delfina, se había perdido, luego de ser arrastrada por una gran corriente. Una vez que llegamos, le presente a mi manada, pero ella un poco confundida me miro y me dijo: _Creo que esta no puede ser tu manada_ dijo Delfina. _Sé que soy un poco diferente al resto de las ballenas, pero siempre me han cuidado_ respondí. _Pero vos no sos una ballena, sino un delfín_ me contesto. _Me parece que ahora la confundida sos vos, ambos somos ballenas y no delf… delff, eso que mencionaste_ acote. _ No, ambos somos delfines, solo mírate tenes las mismas aletas y cola que yo, tenemos el mismo color y el mismo tamaño, hasta estoy segura de que te debe gustar tanto como a mi dar saltos y giros_ me respondió. _En eso tenes razón, pero ¿Cómo es posible que haya estado tanto tiempo entre tantas ballenas y ningún delfín? _ conteste. _Seguramente una corriente te debe haber alejado de tu manada cuando eras muy pequeño para recordar_ menciono. _Tal vez eso sea cierto, pero entonces tengo que encontrar a mi manada y a mi familia_ respondí. _Si quieres yo puedo ayudarte a encontrarla, y tal vez encontremos a mi manda en el camino_ contesto. Luego de esta revelación, me despedí de todas las ballenas, agradeciéndoles por haberme cuidado tanto tiempo como si hubiera sido una ballena más, para luego emprender mi viaje. En el transcurso del viaje y conforme pasa el tiempo, descubrí que existían muchísimas criaturas que nunca antes había visto, muchas de ellas convivían en grandes grupos, dejando de lado cuan diferentes pudieran ser. Por otro lado, me sorprendió mucho haber visto manadas de ballenas conformadas tanto por los dos tipos de ballenas que conocía. Aquellas que sus diferencias las

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Almeida Tatiana Micaela, 4to Primaria.

separaban de las perfectas ballenas azules y las tan destacadas como las ballenas más perfectas del océano. Luego de tanto viajar y nadar hasta el cansancio dimos con una manada de delfines que resulto no solo ser la manada de Delfina, sino que también era la manada que tan anciadamente estuvimos buscando… Y como dicen por ahí “… y colorin colorado este cuento ha terminado…”

Basado e inspirado en el cuento “EL CLUB DE LOS PERFECTOS” de Graciela Montes.

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Scoleri Rocío, “Boicot a los perfectos”

Cuento: Tema: Boicot a los perfectos Personajes: Los imperfectos y los Perfectos. Lugar y tiempo: Barrio de floresta, tiempo sin determinar. Conflicto: Plan secreto para revelar el secreto de los perfectos.

En el sótano de una vieja mansión abandonada de Floresta se escuchaban voces y susurros, una multitud reunida bajo la luz tenue del lugar esperaba impaciente a que comience la primera reunión anti perfectos. Los imperfectos estaban cansados, hartos de la perfección, y tenían un plan para acabar con el club de los perfectos. -

¡Silencio!- Dijo la jefa del grupo, luciendo unas enormes gafas negras que le daban un aire de misterio pero elegancia a la vez - ¡Comenzaremos con el plan!

Apretando un control que tenía en su mano, bajó del techo una pantalla y un proyector para comenzar con su presentación. -

Como vemos, acá están los miembros del famoso “Club de los perfectos”señaló indicando en la pantalla una foto de cada uno de ellos- pero ya todos tenemos el desagrado de conocerlos. Siempre rubios, impecables, bronceados hasta en pleno invierno, ni flacos ni gordos, ni altos ni bajos, sonrisas iguales, siempre felices, sin problemas. Los únicos elegidos para representar al barrio, los únicos que salen en las tapas de las revistas, en todas las redes sociales. ¿y el resto qué? ¡Se terminó! ¡Hasta acá llegó su club! ¡Es tiempo de que nosotros, los imperfectos, revindiquemos nuestra imperfección! ¿Por qué está mal ser flaquito? ¿O gordo? ¿o tener pecas, rulos, ser morocho? Lo que ellos no saben es que nosotros sabemos su más temido secreto, y ¡lo vamos a exponer! para que todos sepan que su perfección es una mentira. Primero vamos a darles donde más les duele: el bronceado…

Así los imperfectos se organizaron y fueron al famoso solárium de floresta, donde todos los jueves los perfectos iban a la cama solar a mantener su bronceado caribeño. Fingiendo que consultaban los precios, entraron y cuando por fin nadie los veía, averiaron las camas solares. Pobres perfectos, su bronceado estaba arruinado. Los días siguientes los observaron de cerca, al principio no notaron cambios, pero luego de una semana aquel color naranja característico se empezó a diluir, y los perfectos empezaron a empalidecer. ¡Parecían fantasmas! En su piel se podían ver pecas, marcas, cicatrices, ¡granos! Algunos de ellos trataron de disimular con maquillaje, pero todos notaban lo que había pasado. La perfección llegaba a su fin. Página 1|3


Scoleri Rocío, “Boicot a los perfectos”

-Es tiempo de poner en marcha la fase dos del boicot: sus cabellos dorados- dijo la determinada jefa de los imperfectos en la segunda reunión secreta. Los imperfectos se complotaron con las peluqueras y peluqueros de la zona, cansados de los aires de superioridad de los perfectos, ellos accedieron con gusto. Así llegó el sábado, y como todos los sábados, los perfectos iban a retocar su cabello. El barrio los vio entrar con sus melenas rubias, lacias, sin frizz y los vió salir con los peinados más raros y excéntricos de la ciudad, trenzas de colores, rodetes despeinados, rastas verdes moco, jopos rojos como el fuego. ¡Las caras de los perfectos al ver sus peinados! ¡Gritaban del horror! ¡No lo podían creer! Los días siguientes intentaron ocultar el espanto con boinas y gorros, pero ya todo el barrio comentaba sus disparatados looks. Esa misma noche los imperfectos convocaron a la tercera reunión ultra secreta en el viejo sótano de la mansión abandonada. -

¡La fase uno y dos fueron completadas con éxito! –Exclamó la jefa-Los tenemos pálidos, al natural y con peinados rarísimos. La gente del barrio empieza a ver cómo son en realidad. ¡Es tiempo de pasar a la fase tres, el final de nuestro plan maestro! ¡es tiempo de develar su más grande secreto, aquel que intentan ocultar detrás de sus risas forzosamente perfectas!

El aniversario del barrio se acercaba y como todos los años, se celebraba con una gran feria nocturna. Adivinen quienes eran el show principal: ¡sí, los perfectos! Ellos cerrarían la noche con su típico show de canto y baile coreografiado. Pero esta vez sería distinto… El día llegó, y los imperfectos ya presentían su victoria. Esperaban impacientes la hora de la verdad. El presentador de feria anunció las 10 de la noche, indicando que era hora de poner en marcha la fase final. Antes del esperado momento del show, llenaron el escenario de slime, ese pegamento verde viscoso; y colocaron su arma secreta: cosquimagic 2000, una máquina especialmente diseñada para hacer cosquillas. Dejaron todo armado sin ser descubiertos, y se infiltraron en el público, listos para el espectáculo que estaba por suceder. El momento llegó. Las luces se apagaron, se prendieron los reflectores del escenario, y se abrió el pesado telón rojo. Los perfectos subieron al escenario, con sus pieles al natural, sus peculiares peinados a la vista, y un llamativo traje dorado con brillos. Tomaron posición para iniciar el show. El conteo de batería indicaba que comenzaba la pista musical, pero al dar el primer paso hacia delante, los perfectos quedaron atrapados en el slime verde. Sus pies pegados al suelo no permitían que hicieran sus perfectos pasos de baile. En ese momento se activó la malévola máquina, unas garras mecánicas salieron por detrás de los perfectos, se posicionaron a la altura de sus panzas y sucedió lo inevitable. La máquina comenzó a hacerles cosquillas y los perfectos, comenzaron a reír. El público quedó estupefacto ante lo que sus ojos veían, pero aún más ante lo que sus oídos escuchaban. Sus bocas se abrían incrédulas de tan bizarro espectáculo. Perfecto 1 reía como hiena, Perfecta 2 reía como bruja, Perfecta 3 Página 2|3


Scoleri Rocío, “Boicot a los perfectos”

reía como payaso de circo y Perfecto 4 reía como chancho, con ronquidos. Luego de la sorpresa inicial, el público, uno a uno, comenzó a reír también. No pudieron resistirse a las contagiosas risas que salían de los perfectos. Los imperfectos celebraban, sus ojos brillaban de la felicidad del éxito de su plan. Pero, justo en ese momento, la máquina de cosquillas se detuvo. Los perfectos se quitaron los zapatos, desapegándose del suelo y comenzaron a saludar indicando que el show había terminado. El público se puso de pie, y comenzó a aplaudir, algunos gritaban felicitándolos, silbaban, los ovacionaban, pedían otro show. Lo imperfectos miraban la situación sin entender, habían revelado el mayor secreto de los perfectos y aun así la gente los amaba. Habían demostrado que la perfección no existe, que era un invento de ese nefasto club, y aun así los aplaudían y felicitaban. Su pensado y estratégico plan había fallado. Decepcionados con la situación, se retiraron a sus casas, enfadados y tristes. Al otro día, los imperfectos salieron a pasear por el barrio, vaya sorpresa se llevaron. En las calles de floresta se imponía una nueva moda. La gente, desfilaba trenzas de colores, rastas, rodetes y jopos, cabellos rojos, verdes, amarillos, azules, pieles naranjas, blancas, marrones, con pecas y granos. El barrio se inundó de risas excéntricas, con ronquido, de bruja maléfica o de payaso. En el olvido quedaron las risas correctas. Pero lo más sorprendente fué que, al pasar por la mítica casa dónde se reunían los perfectos algo había cambiado. Su cartel principal había sido modificado mostrando su nuevo nombre: “El club de los imperfectos”. Parece que ahora todos forman parte del mismo club…

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MEDINA NOELIA, 4° PRIMARIA.

Los imperfectos de San Nicolás Hoy vengo a contar la historia de los Imperfectos de San Nicolás. Este pequeño pueblo se encuentra alejado de la ciudad de Buenos aires, en este sitio residen muy pocas personas, donde sus viviendas que se encuentra muy alejadas unas de otras, un ejemplo de ello es la señora Ana Sosa, Amanda Pérez y Hugo Herrera. Ana o “Anita” como le dicen sus más allegados, es una mujer de 38 años muy imperfecta, una característica por lo que la destaca la gente del pueblo, es porque esta se dirige de una manera irrespetuosa y altanera hacia las personas que quieren tener algo tipo de trato con ella. Los que la conocen muy íntimamente, se encariñaron de su imperfección. Esta señora para ir a tomar “mates” a la casa de su mejor amiga Amanda, recorre 6 kilómetros de ida y también de vuelta, solo para concretar el encuentro por una tarde. Por ese motivo solo dos o tres veces por semana se reúnen, sólo si el camino se lo permite. Las lluvias de esa región muchas veces dificultan el traslado, los caminos son de tierra y con la caída de agua se hace barro así que es imposible para ella caminar hacia tal lugar. Amanda, es una mujer de 40 años, esta se lleva muy bien con “Anita” ya que ella también es señalada, por algunos vecinos, como una “imperfecta”. Se comenta que esta señora mastica chicles todo el día con la boca abierta, tan abierta que dicen que una vez se tragó una mosca, muchas veces la han visto mascar mientras digiere los alimentos -una cosa asombrosa-. Esta señora es muy amiga también de Hugo Herrera. Hugo es un hombre de 60 años y es dueño de una proveeduría, en el pueblo. El sitio donde reside el hombre y donde también se encuentra su local, se encuentra a unos 3 kilómetros de distancia de donde yace la vivienda de Amanda. Este señor es considerado para la gente de la zona como un anciano imperfecto y detestable, algunos vecinos cuentan que cuando la gente se acerca a su almacén, ni siquiera los recibe con unos “Buenos días” o “Buenas tardes”. Además, otro de los defectos por lo que lo describen al sujeto, es por ser muy tacaño Muchas veces cuando se acercan personas al pueblo, que no son del lugar, el muy pícaro finge “olvidarse” de entregar los vueltos a los clientes. También comentan que muchas veces agrega dinero de más al total de los precios que debe cobrar, para acrecentar las ganancias del día. Los sábados por la tarde, estos tres imperfectos suelen reunirse a “matear”, pasan la tarde discutiendo sobre sus diferencias e imperfecciones. Uno de esos tantos sábados en los que solían reunirse apareció un joven que, al parecer, por su vestimenta, venía de la ciudad. Al ingresar el joven a la proveeduría les comenta a los presentes, que le habría surgió un inconveniente en el motor de

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MEDINA NOELIA, 4° PRIMARIA.

su auto, preguntó si sabían de algún mecánico en el pueblo y si podrían prestar un teléfono que el suyo se encontraba sin señal. Estos tres imperfecto, comenzaron a reírse e ignoraron por completo al joven, como si nadie estuviese allí. El joven insistió – ¿me podrían ayudar? - Solo fue ignorado por estos tres. Al pasar la hora, el joven decidió tomar el teléfono que se encontraba junto a la góndola de las galletitas y comenzó a marcar el número de emergencia, al instante se dio cuenta que el teléfono se encontraba fuera de servicio. Los tres imperfectos seguían riendo. Luego de un tiempo el joven sin moverse del lugar notó algunas de las particularidades que tenían “Anita”, Amanda y Hugo. Observó que cada persona que entraba al lugar era objetos de burla para estos tres. Fue así como el joven determino ser imperfecto por un momento para darles una lección. Tomó las verduras y las lanzó por el aire, luego abrió todos los paquetes de galletitas y llenó su boca de ellas, también comenzó a saltar de acá para allá entonando barbaridades. Los tres amigos no entendían qué estaba sucediendo con el joven, se molestaron mucho por todo el revuelo que visitante estaba generando dentro del lugar. Los clientes que querían ingresar miraban esta situación desde la puerta de entrada y salían horrorizados. Algunos comentarios que se lograron escuchar señalaban – ¡Listo, se completó el grupo de bandidos imperfectos en este lugar! – De esta manera el joven logró captar la atención de los tres imperfectos, estos imploraron que se detuviera y dejara de hacer lio dentro del lugar, ya que de esa manera estaba espantando a toda la gente que quería ingresar a comprar. El joven les recordó les estaba pidiendo ayuda para arreglar su vehículo y la respuesta que obtuvo, por parte de ellos, fue comportamientos extraños e indiferencia. Así fue entonces como considero tener un el mismo comportamiento y ser igual de imperfecto. Finalmente, luego de dialogar sobre todo lo sucedido y todos aquellos comportamientos, llegaron al acuerdo de que trabajaran sobre esas cuestiones para no generar más disgusto a la gente del pueblo con sus acciones. Hugo se retiró a conectar el teléfono de línea y le permitió al muchacho comunicarse con su primo Ramiro, que era mecánico. Al anochecer Ana, Amanda, Hugo y él joven se encontraban felices en sus casas luego de una jornada larga de locuras.

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¡¡¡¡Pobre Caledonia, tiene el cuello duro!!!!

Era el atardecer de un día de verano, cuando se escuchaba que alguien se acercaba, era Caledonia, la jirafa. Fue la abeja, Margarita, quien notaba que algo sucedía y decidió acercarse y preguntar. -¿Te pasa algo Caledonia? - Tengo el cuello duro y me duele mucho, no puedo moverlo, contesto Caledonia. Fue entonces que Margarita (la abeja), pensaba como podría ayudarla, mientras tanto, pasaba por ahí, Santiago (el burro) y viendo que algo le pasaba a Caledonia, pregunto -¿Las puedo ayudar? -Margarita contesto: Lo que pasa es que Caledonia tiene el cuello duro y no sé como ayudarla. -Santiago contesto: no se preocupen, yo conozco a Roberto (el toro), él es médico, seguro nos podra ayudar. Entonces se fueron los dos juntos a buscarlo. -Robertooo!!!!!! grito Santiago. -¿Qué pasa? Pregunto Roberto - Necesitamos tu ayuda contestaron, Caledonia tiene el cuello duro y le duele mucho!!!! -Roberto no dudo en buscar sus cosas e ir con ellos para ayudar a Caledoña. En el camino se cruzaron con José (el oso), quien los vio muy apurados y pregunto. -¿A dónde van con tanto apuro? - Entonces los tres le contaron lo que sucedido y sin dudarlo decidió acompañarlos para ayudar. Al llegar al lugar Caledonia, no podía más de tanto dolor.


-Margarita la abeja le dijo que se quede tranquila, que estaba Roberto, el doctor , él la ayudara. -Roberto la revisa y les dice que necesitará darle mucho calor, así el calor la ayudara a aflojar el cuello. - Ya se dijo el burro¡¡¡¡y si la cubrimos con barro y eso le dará calor!!! - no- dijo la abeja- mejor la cubrimos con hojas de los árboles, después de un rato eso le dará más calor. - Mientras tanto José (el oso) observaba callado desde lejos. Cuando de pronto dijo: ¡¡¡¡Tengo otra idea!!!! ¡¡¡ Mejor lo abrazo muy fuerte cubriendo el cuello con mi cuerpo muy despacio hasta que logre aflojarlo!!! _ Excelente idea dijo Roberto, el doctor. Fue así que José comenzó muy despacio a cubrir el cuello de Caledonia, con todo su cuerpo hasta lograr darle mucho calor, Y después de un rato Caledonia comenzó a mover su cuello. -¡¡¡¡No lo puedo creer dijo Caledonia ¡!!!!! ¡¡¡Estoy mucho mejor!!!! - Y fue así que Caledonia pudo calmar su dolor!!!!

Sonia Schvintt


“Ateneo de prácticas del lenguaje”

¡Un gran club! Estaba terminantemente prohibido ingresar a su club, el ¡Club de los perfectos! A este club solo podían ingresar las personas perfectamente perfectas… ¿Pero los demás? ¿Los que no eran perfectos no tenían un club? El día 7 de mayo, Margarita que tenía los ojos saltones y la nariz demasiado pero demasiada pequeña, se le ocurrió una idea... armar su propio club, uno donde todos puedan asistir sin ningún tipo de restricción, este será el club de los vecinos, a él podrán ingresar todos, como Pedro que tiene el pelo rizado y muchísimas pero muchísimas pecas en su rostro o como Juana que es mucho más petiza que el resto de las personas. Ellos jamás pudieron entrar al club de los perfectos, según ellos por obvias razones que están a la vista... ¡No son perfectos! Margarita puso su plan en marcha e invitó a todos los vecinos que no calificaban para entrar al club de los perfectos, al cabo de unos días el club estaba repleto de gente “imperfecta”, en este club algunos bailaban maravillosamente, realizaban pasos increíbles hasta parecían profesionales, otros cocinaban como los dioses y preparaban manjares para compartir entre todos. Definitivamente en este club la pasaban muy pero muy bien. El único inconveniente que tenían era que el espacio era demasiado chico, ya que era la casa Margarita y no alcanzaba abarcar a tanta cantidad de gente. El día 19 de mayo aproximadamente a las 17:00 horas, Margarita se cruzó con María Pía, presidenta interina del club de los perfectos. Margarita: ¡Hola María Pía! ¿Cómo estás? María Pía: Hola… bien. (Le responde como desinteresada de hablar con una persona tan pero tan imperfecta) Margarita: ¡Me alegro!... y, ¿El club cómo va? María Pía: mmm No va del todo bien... Pero nosotros somos perfectos asique ya los vamos a solucionar. (Le responde con un tono soberbio) Margarita: ¡Si, de eso no hay duda! Igualmente sabes que pueden contar con nuestro club. María Pía: Gracias pero no sé si va a ser necesario. Luego de unos días de ese encuentro, en el club de los vecinos alguien golpeo a su puerta... era Sofía miembro vitalicia del club de los perfectos, ella venía a invitarlos a su club ya que en él había mucho más espacio dado que los “perfectos” eran mucho menos cantidad que el resto... Además no la pasaban muy bien que digamos. Nadie bailaba por miedo a sudar y arruinar su preciosa imagen, no tenían comida ya que nadie tenía tiempo de preparar nada, dado que todo el día estaban ocupados en mantener su apariencia en perfecto estado.

Quaranta Aldana Noemí Instituto San José

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“Ateneo de prácticas del lenguaje”

El club de los vecinos aceptó la invitación ya que esto beneficiaria a todos, los perfectos tendrían comida y se divertirían con más gente y el club de los vecinos tendría un lugar más amplio para estar. Al entrar al club de los perfectos, quien recibía a los invitados era María Pía, ella les dio la bienvenida y asumió que a pesar de que no todos eran perfectos, era casi necesario que estén todos juntos dado que esas diferencias hacían que se complementen entre sí. Ese día bailaron y comieron toda la noche dejando de lado las diferencias que los separaban.

Quaranta Aldana Noemí Instituto San José

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Cuello roto (Elsa Bornemann)

Plan de escritura: Luego de que los 24 conejitos se hayan subido uno encima del otro seguía quedando un poco de cuello para masajear pero si bien los masajes estaban relajando muchísimo a la jirafa Caledonia, necesitaban un toquecito especial. En un momento el último conejito miro hacía bajo, y cerca del suelo pudo ver a doña gallina que comía tranquila un poco de maíz moviendo de un lado hacia otro su pequeña cresta roja, entonces haciendo unos sonidos un poco extraños intentando imitar una cacareo logro llamar su atención. Doña gallina sorprendida de ver tanto animales haciendo equilibrio sobre la jirafa Caledonia acepto subir hasta la cima del cuello, con saltos largos paso sobre la doctora doña vaca, el burro, el cordero y los demás animales que se encontraban ayudando. Una vez en la cima se dio cuenta que con sus patitas no podía hacerle masajes sin embargo comenzó con su pico puntiagudo a dar suaves picotazos en el cuellos de la jirafa contracturada, era eso lo que necesitaba, ese era el toquecito especial que les faltaba. Fue así que al compás de la samba que ayuda a curar dolores que masajearon y picotearon un rato el cuello de la jirafa Caledonia para calmar su dolor. Julieta Agustina González


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