EDITORIAL
OLIVOS Y ACEITUNOS, TODOS UNOS Una respuesta no oficial a la pregunta sobre quién controla al controlador. Cuatro columnas de opinión de la revista Semana, del 10 de febrero de 2013, comentan acerca del matrimonio de la hija del Procurador General de la Nación bajo los siguientes encabezamientos: la boda del año, orgía en latín, la misa de la Alejandro Angulo Novoa, S.J.* coronación, la boda de procurador 1. En las cuatro columnas hay una descalificación implícita o explícita de la mezcla de invitados a esa fiesta, como si fuera un hecho sin precedentes o contrario a la ética de la nación. Todo lo contrario, esa doble mezcla de fiesta privada con personas públicas y de figuras de la justicia en alegre y costoso festejo con las figuras de la injusticia es el diario acontecer de la política colombiana real, que es distinta de las que nos venden los medios de comunicación, con honrosas pero rarísimas excepciones. Y esa misma mezcla es la respuesta a los visitantes de nuestro Banco de Datos de Derechos Humanos cuando se quedan perplejos ante la intensidad y la persistencia de la violación a los derechos humanos en nuestro país, así como de la cuasi total impunidad que responde a semejantes crímenes. Sin duda que esa impunidad tiene unas razones técnicas. Los abogados del centro De Justicia o sus pares de la Comisión Colombiana de Juristas, lo mismo que otros colectivos de abogados, han apuntado muchas posibles explicaciones: entre otras causas, enumeran la acumulación de fechorías y, por tanto de denuncias y diligencias, que desbordan la capacidad de los juzgados. También consideran que la inadecuación de los organismos que deberían investigar esos delitos, bien sea por la insuficiencia de instrumentos de trabajo o por la proliferación de jueces y de investigadores incompetentes o corruptos, alarga los tiempos y facilita el vencimiento de términos que permite a los acusados escapar impunes. Sin embargo, las respuestas técnicas no agotan la explicación. Hay también causas éticas, o sea, maneras de relacionarnos entre colombianos que revelan las raíces inmorales profundas de dicha impunidad. La más general de esas formas inadecuadas de relación es la indiferencia de un ser humano por otro, que conduce al comportamiento desvergonzado, hasta el punto de no sentir respeto por la desgracia o el dolor ajeno. Y aquí viene como anillo al dedo la crónica periodística sobre la que opinan los cuatro columnistas de Semana y que desde la perspectiva ética muestra una sencilla razón de la impunidad: los encargados de castigar las fechorías y los que las cometen son los mismos grupos de poder que celebran juntos su situación privilegiada y que ‘hacen fiesta’ de los recursos nacionales.
1 http://www.semana.com/opinion/articulo/la-boda-del-ano/332844-3
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