

VIDA y SALUD
El lenguaje humano
MARZO - ABRIL 2026
Año XXIV - Número 140
PSICOLOGÍA Y DESARROLLO

PAG. 6-7
Otro lenguaje: la somatización
ÍNDICE
EDITORIAL
TECNOLOGÍA Y HUMANISMO

PAG. 10-11
Cirugías del futuro: curando con manos de robot y corazón de médicos
ACOMPAÑAMIENTO

PAG. 26 - 27
Apoyo emocional en crisis infantiles
VIDA y
AÑO XXIII - No. 140
MARZO - ABRIL 2026
REVISTA BIMESTRAL
REDACCIÓN Y DISTRIBUCIÓN
CENTRO SAN CAMILO A. C. Av. Pablo Casals No. 2983
Col. Prados Providencia C.P. 44630 - GUADALAJARA, JAL. TEL: (33) 3640-4090
1 EL LENGUAJE HUMANO: PALABRA QUE PIENSA, PALABRA QUE VINCULA SOCIEDAD Y SALUD
2 TECNOLOGÍA: ATENCIÓN MÉDICA MÁS EFICIENTE, PERO NO MÁS HUMANA TANATOLOGÍA
4 EL ESCÁNDALO DE LA RABIA; CUANDO EL DUELO ES TAMBIÉN PROTESTA ANTE DIOS PSICOLOGÍA
6 OTRO LENGUAJE: LA SOMATIZACIÓN RINCÓN MÉDICO
8 ENFERMEDADES DEL COLÁGENO
TECNOLOGÍA Y HUMANISMO
10 CIRUGÍAS DEL FUTURO: CURANDO CON MANOS DE ROBOT Y CORAZÓN DE MÉDICOS
REPORTAJE
12 EL LENGUAJE HUMANO
MOVIMIENTO Y SALUD
20 LA ERGONOMÍA Y EL BIENESTAR HUMANO CULTURA
18 LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ ÉTICA
22 DERECHOS, DEBERES Y BIOETICA
ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL
24 CASA HOGAR NAANDI: UN HOGAR QUE CUIDA, EDUCA Y AMA
ESPIRITUALIDAD
25 SOMOS HIJOS AMADOS POR DIOS
ACOMPAÑAMIENTO
26 APOYO EMOCIONAL EN CRISIS INFANTILES
MUJERES
28 SORORIDAD: EL PODER DE LAS MUJERES CAMINANDO JUNTAS
VOLUNTARIADO
30 LENGUA DE SEÑAS MEXICANA: INCLUSIÓN SOCIAL Y COMPROMISO PERSONAL
STELLA VEGA
30 ¿QUIÉN CUIDA A LOS QUE CUIDAN?
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Georgina González García
Beatriz Lujambio
Maribel Delgado
María José Albanés
Luis Altamirano
Nancy Meza
Érika González Franco
Luz Teresa Millán
Jonás Heriberto López Sánchez
Jennifer Daniela González Solis

El lenguaje humano: palabra que piensa, palabra que vincula
En una época saturada de mensajes, notificaciones y pantallas, conviene detenernos a contemplar uno de los rasgos más profundamente humanos y, al mismo tiempo, más frágiles de nuestra existencia: el lenguaje. No como simple herramienta de comunicación, no como técnica para transmitir datos, sino como expresión viva de la persona: el lenguaje no es un accesorio del ser humano: es una de sus manifestaciones más altas. En la palabra se revela quiénes somos, cómo pensamos y cómo nos relacionamos.
Pensamos con palabras, damos forma a nuestras intuiciones a través de conceptos, articulamos nuestra experiencia mediante narraciones . La antropología personalista subraya que la persona es un ser espiritual y corporal, interior y relacional: el lenguaje es precisamente el puente entre interioridad y mundo. Gracias a él, lo más íntimo —una convicción, un dolor, una esperanza— puede hacerse comunicable. Y al expresarse, el pensamiento no solo se exterioriza: se clarifica. Muchas veces comprendemos verdaderamente lo que sentimos o creemos cuando logramos ponerlo en palabras. De ahí la importancia educativa y cultural de un lenguaje rico, matizado, capaz de distinguir y de nombrar con precisión.
El lenguaje no es solo relación con la verdad; es también relación con los demás . La persona humana es constitutivamente relacional. No se realiza en el aislamiento, sino en el encuentro. Y el encuentro se teje con palabras. La palabra puede abrir espacios de confianza o levantar muros de incomprensión. Puede sanar o herir. Puede dignificar al otro reconociéndolo como “tú”, o reducirlo a objeto. En este sentido, el lenguaje es un acto moral. Cada vez que hablamos, estamos eligiendo cómo situarnos frente al otro: como interlocutor digno, como adversario a derrotar, o como simple medio para nuestros fines. El diálogo auténtico es lugar de reciprocidad: en la palabra sincera nace la confianza, se consolida la fidelidad, se restablece la comunión.
Desde esta perspectiva, la salud humana —psicológica, social e incluso espiritual— está profundamente vinculada a la calidad de nuestras palabras. Allí donde se cultiva el diálogo, florece la comunidad; donde predominan la descalificación y el insulto, se deteriora el tejido social.
Vivimos, sin embargo, en una situación inédita. Las redes sociales han multiplicado exponencialmente los espacios de expresión . Nunca tantas personas habían tenido la posibilidad de comunicar sus ideas de manera tan inmediata y masiva: esta democratización del lenguaje es, en principio, un bien, pero no está exenta de riesgos: mensajes breves, emocionales, a menudo simplificados, titulares impactantes, frases cortas diseñadas para provocar reacción más que reflexión, se privilegia la velocidad sobre la profundidad, la viralidad sobre la veracidad. En este contexto, el pensamiento corre el riesgo de adaptarse a formatos que no siempre permiten matices ni complejidad.
Además, la coexistencia de múltiples “lenguajes” —técnicos, ideológicos, simbólicos, digitales— puede generar incomunicación. Cada grupo se encierra en su propio código, en su propio universo semántico. El diálogo se dificulta cuando no compartimos un suelo común de significados. Así surgen polarizaciones y malentendidos que fracturan la convivencia. Un peligro particular es la manipulación: cuando la palabra se desvincula de la verdad y de la responsabilidad ética, se degrada.
Existe también el riesgo de reducir el lenguaje a pura técnica: algoritmos que optimizan mensajes, estrategias de comunicación que buscan impacto, inteligencia artificial que genera textos sin experiencia vital. La técnica es valiosa y necesaria, pero cuando el lenguaje se entiende exclusivamente como mecanismo eficiente de transmisión, se pierde su dimensión personal; la palabra ya no brota de una interioridad que se dona; se convierte en producto. Hablar no es solo emitir sonidos o caracteres; es ofrecer algo de sí. Es comprometerse con la verdad y con el bien de los demás.
La tarea no es hablar más, sino hablar mejor. Educar el lenguaje implica educar el pensamiento y el corazón. Significa aprender a distinguir, a argumentar, a escuchar; pero también a callar cuando el silencio es más elocuente que cualquier discurso. El lenguaje se nos presenta como uno de los lugares privilegiados donde se juega nuestra dignidad. En él se manifiesta nuestra racionalidad, nuestra libertad y nuestra apertura al otro. Cuidar la palabra es cuidar la persona. ⚫
Tecnología: atención médica más eficiente, pero no más humana

La tecnología médica y la inteligencia artificial están de moda, tanto en la educación como en la práctica médica. En esta presentación comentaré algunas de las opiniones sobre la tecnología y la inteligencia artificial en la práctica médica publicadas en el número de enero-febrero de 2026 de la Revista Vida y Salud.
La Lic. María José Albanés Buentello (Tecnología que cuida y nos ayuda a vivir mejor), nos dice: “Una de las transformaciones más importantes y menos visibles que veremos hacia 2026, ocurre dentro de los consultorios médicos. Durante años muchos profesionales de la salud han tenido que dividir su tiempo entre el paciente y su computadora; escribir notas, llenar formatos y actualizar expedientes. La nueva tecnología está cambiando todo eso. Sistemas inteligentes pueden ayudar a registrar información automáticamente, organizar datos y preparar resúmenes clínicos permitiendo que el médico haga lo que mejor sabe hacer: escuchar, mirar a los ojos y acompañar. Para el paciente esto se traduce en consultas más humanas, menos apresuradas y con mayor sensación de cuidado. La tecnología no sustituye al médico, le quita carga para que pueda ser más humano”
Es cierto que hasta hace poco tiempo el médico, especialmente el institucional, dedicaba buena parte de su tiempo a llenar formatos, que poco o nada servían para establecer el diagnóstico, pronóstico y tratamiento del paciente, y que actualmente la mayor parte de la información médica y de exámenes de laboratorio ya están presentes en el expediente electrónico, lo que le permiti-
ría al médico dedicar mayor tiempo para el paciente; sin embargo, eso es relativo, ya en la medicina institucional los tiempos parecen reducirse en función del cálculo ideal, de cuánto tiempo debe dedicarse a cada paciente y es probable que le aumenten el número de pacientes que tiene que ver.
Por otra parte, para algunos la computadora es una interferencia entre el médico y el paciente, como dirá uno de ellos “al médico le importa más lo que está viendo en la pantalla que lo que le estoy diciendo”. En resumen, la tecnología, puede hacer más eficiente la atención médica, pero no más humana sino a la inversa: la despersonaliza.
El Dr. Luis Altamirano Álvarez (La salud integral comienza en casa) opina: “El papel que juega la IA (inteligencia artificial) al servicio a la salud es lo que se denomina medicina individualizada, adaptando los tratamientos a las necesidades espec í ficas de cada paciente. Este planteamiento no solo permite una mayor precisión en los diagnósticos, sino que también redefine el papel de los médicos al empoderar a los pacientes con accesos a su propia clínica. Algunos autores no solo argumentan que la IA no solo es capaz de mejorar la eficiencia y precisión del tratamiento, sino que paradójicamente puede humanizar la atención al liberar a los médicos del papeleo y de los detalles técnicos, permitiéndoles concentrarse más en la empatía y el cuidado personal”.
Este autor considera que “El papel que juega la IA permite tratamientos más individualizados, sin embargo lo anterior es relativo ya que lo que permite un tratamiento más individualizado son los estudios de la medicina genómica para establecer los fenotipos presentes en determinados pacientes y su relación con determinadas enfermedades, que son muy interesantes y prometedores, pero que están más cerca de la utopía que de la realidad, pues dichos estudios y tratamientos cuestan miles de pesos, por lo menos unas 10 veces más que los tratamientos convencionales, por lo que este tipo de de diagnósticos y tratamientos son inalcanzables para la gran mayoría de la población mexicana. En relación con la perspectiva de que liberar el médico del “papeleo” puede favorecer la “humanización de la atención”, podemos también prever, como lo he comentado anteriormente, que la despersonaliza.
El empoderar al paciente para que éste obtenga información médica a través de la inteligencia artificial no está mal, pero tampoco es resolutor de todos los problemas, porque -por mucho que se informe a través de internet- el paciente no superará los conocimientos y experiencia de un buen clínico; por otra parte, el tratar de confrontar al médico, ocasiona más daños que beneficios ya que disminuye la confianza que el paciente debería tener con su médico tratante y éste con su paciente.
El abogado y bioéticista Eduardo Casillas González (La inteligencia artificial: confluencias de la humanidad y la medicina) considera: “En bioética pensemos en los pacientes, que podemos encontrar en los pasillos de los nosocomios (hospitales) -angustia, esperanza, humanidad a flor de piel- y preguntémonos si una maquina estaría algún día en condiciones de acompañar al dolor, no únicamente diagnosticarlo. La inteligencia artificial puede vencer en ajedrez, puede anticipar arritmias, pero ¿ puede oler la tristeza? ¿Puede oír el silencio de quien ya no espera nada?”. “Como bioeticistas y sobre todo analistas de la realidad social, tememos más a la indiferencia que al error (a la indiferencia de la IA que al error del médico). La IA no odia, pero tampoco ama. No discrimina, pero tampoco elige. Su imparcialidad es su mayor fuerza y su más profunda limitación”. “Vivimos en un tiempo en el cual urge preguntarnos, no únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué deseamos que haga. En bioética el marco ético de referencia es meridianamente claro; una tecnología sin brújula ética no es progreso, es extravío”.
Como médico clínico y analista social estoy de acuerdos con las consideraciones de Eduardo Casillas: una computadora que almacena miles de datos y algoritmos puede ser más asertiva que un humano, pero es fría y no tiene sentimientos, lo que se traduce en que más que humanizar la atención médica la despersonaliza
¿La tecnología y la IA ayudan a humanizar la medicina o la despersonalizan?
La IA y la tecnología médica ayudan a humanizar la medicina: diagnóstico más preciso y temprano: algoritmos de la IA detectan patrones invisibles al ojo humano en algunos medios reduciendo errores; tratamientos personalizados: análisis de datos genómicos y clínicos permiten diseñar terapias acopladas a cada individuo; liberación de tiempo médico: al ahorrar tiempo en datos administrativos los profesionales pueden dedicar más tiempo a escuchar y acompañar al paciente; acceso ampliado: la telemedicina y los chatbots médicos permiten la atención en comunidades distantes.
Sin embargo, la tecnología y la IA favorecen la despersonalización de la medicina: riesgo de convertir el paciente en datos : la excesiva dependencia en algoritmos puede reducir al paciente en un conjunto de variables estadísticos; distanciamiento en la relación médico-paciente: si la telemedicina se usa sin criterios

puede debilitar la empatía; desplazamiento del juicio clínico: el abuso de sistemas automatizados puede erosionar la autoestima del médico y su capacidad de deliberación; deshumanización institucional: la presión sobre la eficiencia y la productividad puede llevar al uso de la tecnología como una herramienta de control más que de cuidado.
Nada sustituye al médico, ni al “cara a cara”
La tecnología médica y la IA podrán hacer más eficiente la atención médica, especialmente en los aspectos administrativos, y en algunos casos al diagnóstico y tratamiento, pero no en todos, porque debemos recordar que quien capta los datos y les da un determinado valor es el médico, no una computadora, por ejemplo en el interrogatorio de una paciente con asma, a la pregunta de ¿cómo era su tos? ella contestó “leve pero acabadora ”: en ese caso la computadora la hubiera captado como leve, cuando en realidad era grave, pues el calificativo de acabadora se traduce como “ahogadora ”.
Muchos de los problemas que llevan los pacientes a la consulta médica están más allá de la medicina. Debemos de considerar que los pacientes son seres biográficos , no una maquina biológica y que en muchas ocasiones acuden al médico en busca de orientación de algunos problemas personales o familiares que no están en los algoritmos de la práctica médica, como lo expone el Dr. Howard Waitzkin: muchos de los problemas que los pacientes llevan a la consulta médica, frecuentemente están más allá de la medicina, están en el contexto social, y si el médico ni siquiera lo cuestiona está legitimando el sistema (Waitzkin, H. A critical theory of medical discurse. Journal of Health and Social Behavior, 1989; 30: 220-239).
Para terminar, diré que estoy de acuerdo con el Dr. Vicente Guarner, un ex presidente de la Academia Nacional de Medicina de México ( Acerca de la desaparición del arte de curar. La Gaceta Médica de México, 2002; 138: 389-392) que nos dice: “ la medicina nació siendo clínica y clínica lo será siempre, de otra manera será ciencia, pero no medicina ”. ⚫
Humberto del
Mtro. Omar Olvera
El escándalo de la rabia; cuando el duelo es también protesta ante Dios
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Salmo 22,2
Después de reconocer el carácter provocador de hablar de gratitud en medio del duelo, emerge inevitablemente otra experiencia igualmente incómoda: la rabia. No una rabia superficial, sino aquella que brota desde lo más hondo, cuando la pérdida irrumpe sin aviso y desestructura la vida. Junto a ella aparecen el silencio, la sensación de abandono, la fe herida y una oración que ya no encuentra palabras, como si también tuviera que enfrentarse a la ausencia de Dios.
Desde la Tanatología Educativa comprendemos que estas vivencias no son desviaciones del proceso, sino expresiones legítimas del impacto de la pérdida en todas las dimensiones de la persona. Sin embargo, suelen ser mal entendidas en los espacios religiosos y pastorales. Con frecuencia se las interpreta como signos de debilidad espiritual o como etapas que deberían superarse rápidamente. Esta interpretación olvida que la rabia, la protesta y el silencio no son anomalías del duelo; forman parte constitutiva del amor que ha sido desgarrado
Quien pierde a un ser amado no solo enfrenta una ausencia, sino una fractura del sentido. La vida ya no responde como antes y Dios mismo parece callar. En ese punto, la persona no abandona la fe, pero la fe entra en crisis. Esta diferencia es fundamental tanto para el acompañamiento pastoral como para la educación del duelo.
Desde ciertos marcos religiosos, esta experiencia suele leerse como un fracaso espiritual. Fácilmente se juzga a la persona señalándole que “no confía lo suficiente”, que “se dejó vencer” o que atraviesa una etapa que debería resolverse pronto mediante oración, resignación o aceptación. Detrás de esta mirada opera un malentendido profundo del sufrimiento, vinculado a la idea —muchas veces implícita— de que el dolor es consecuencia de una fe débil o incluso una forma de castigo.
Existe una lógica religiosa simplificada: si creo bien, Dios me protege; si sufro, algo hice mal. Cuando ocurre la pérdida, esta estructura se derrumba. La persona no solo llora al ser amado, también se quiebra su imagen previa de Dios. Aparece una culpa silenciosa —“tal vez no recé lo

suficiente”, “quizá Dios me está corrigiendo”, “esto debe tener un sentido que no logro ver”— y el duelo se duplica; se pierde al otro… y se pierde la seguridad espiritual.
Desde esta perspectiva, la rabia se vuelve sospechosa, el silencio se interpreta como alejamiento de Dios y la protesta como irreverencia. El acompañamiento mal orientado, en lugar de sostener, intenta corregir. Se invita prematuramente a aceptar, agradecer u “ofrecer el dolor”, sin haber reconocido primero la herida. Aquí la Tanatología Educativa aporta una clave decisiva, enseñar a respetar los tiempos del sufrimiento, a no apresurar procesos interiores y a comprender que el duelo necesita ser habitado antes de ser elaborado.
Lo que realmente ocurre no es un fracaso de la fe, sino el colapso de una fe infantilizada , sostenida en la expectativa fideísta de un Dios que evita o impone a conveniencia el sufrimiento.
Desde la propuesta de Karl Rahner, el silencio del duelo no señala ausencia divina, sino el tránsito hacia una fe más desnuda, donde Dios ya no se encuentra en explicaciones, sino en la intemperie misma del amor herido. Del mismo modo, Jürgen Moltmann rompe la idea del sufrimiento como castigo al afirmar que Dios no ob -
serva el dolor desde fuera, sino que lo comparte desde dentro. El Dios cristiano no distribuye pérdidas como correcciones; se deja afectar por ellas. Hay aquí una certeza profundamente educativa y pastoral que es precisamente la revelación del Dios que se conmueve con nuestros duelos y llora con nosotros.
En esta misma línea, Hans Urs von Balthasar muestra que el abandono forma parte del misterio pascual. Cristo mismo atraviesa el silencio del Padre. Por ello, cuando el doliente siente que Dios se ha retirado, no está fuera del camino de la fe, sino misteriosamente dentro de él, recorriendo una experiencia que toca el corazón mismo del cristianismo.
Desde esta luz, la rabia, la protesta y el silencio dejan de ser signos de debilidad espiritual. Se revelan como expresiones legítimas del amor herido. No indican falta de fe, sino una fe que ya no puede sostenerse en fórmulas fáciles.
Aquí se vuelve explícita la tarea de la Tanatología Educativa; espiritualidad y fe no se abordan como contenidos doctrinales , sino como dimensiones profundas del sentido humano que inevitablemente se activan ante la experiencia de la pérdida. Educar para el duelo implica acompañar a la persona en su proceso de resignificación de la vida, del amor y de la muerte, reconociendo que toda pérdida toca preguntas últimas sobre el significado, la trascendencia y el valor de la existencia.
La espiritualidad , entendida como la capacidad humana de buscar sentido, de vincularse con lo trascendente y de sostener esperanza en medio del sufrimiento, se convierte en un recurso interior fundamental del proceso de duelo. La fe, cuando está presente, ofrece un lenguaje simbólico y relacional para habitar ese dolor, no como explicación del sufrimiento, sino como espacio de encuentro, protesta, silencio y confianza frágil.
Desde esta propuesta, la Tanatología Educativa no intenta “resolver” la crisis espiritual del doliente, sino educar en la escucha del propio proceso interior, ayudando a integrar emociones, cuerpo, historia y creencias. Aquí converge el pensamiento de Viktor Frankl con la intuición de Rahner; el ser humano puede atravesar el sufrimiento cuando logra descubrir o reconstruir un sentido, incluso allí donde el silencio parece definitivo.
La tradición bíblica legitima este movimiento interior. Job discute con Dios sin moderación. Los Salmos están llenos también de preguntas sin respuesta y silencios prolongados. Jesús mismo, en la cruz, pronuncia el grito del abandono. La Escritura no censura el lamento; lo incorpora como lenguaje auténtico del sufrimiento humano.
El grito del doliente no se lanza contra Dios, sino dentro de Dios . La protesta se vuelve comunión. El dolor humano es también denuncia contra un mundo que

prefiere olvidar a quienes sufren. La rabia del duelo posee así una dimensión profética. No es solo experiencia interior; es clamor ético. Desde este horizonte, la fe herida deja de ser un problema a corregir y se revela como lugar teológico. El silencio ya no aparece como vacío estéril, sino como espacio de encuentro. La oración rota no es ausencia de relación, sino su forma más frágil, es la luz incipiente de una lámpara que se resiste a apagarse.
Pastoral y educativamente, esto exige una conversión profunda del acompañamiento. No se trata de explicar el sufrimiento ni de apresurar reconciliaciones espirituales. Acompañar el duelo implica aprender a permanecer junto al enojo. Permanecer junto al silencio. Permanecer aun cuando no hay respuestas.
Por contradictorio que parezca, estas ideas revelan una verdad esencial para la Tanatología Educativa y la pastoral del duelo que tiene que ver con aceptar que no toda oración es luminosa, no toda fe es serena, no todo acompañamiento debe consolar. A veces, el gesto más humano y evangélico consiste simplemente en sostener la noche del otro. Ser testigo compasivo de la tormenta personal del otro.
Si en el artículo anterior afirmábamos que la gratitud solo puede emerger cuando el dolor ha sido respetado, ahora podemos reconocer que esa gratitud suele estar precedida por la rabia y el silencio. No se llega a la integración del vínculo sin atravesar antes su fractura. El duelo enseña que amar implica aceptar el riesgo del abandono, pero también revela que Dios no se escandaliza de nuestra protesta, en realidad la habita con nosotros.
Tal vez este tema nos ayuda a hacer un cierre del ciclo iniciado con el tema de la gratitud; este tema nos sigue invitando a acompañar sin prisas , a reconocer cuando la fe está atravesando su noche, cuando la persona necesita ser sostenida sin moralizar su herida, entonces —y solo entonces— puede comenzar a brotar una gratitud sobria, reconciliada y profundamente humana. No como respuesta al sufrimiento, sino como memoria fiel del amor vivido. ⚫
Mtro. Omar Olvera Cervantes
Victoria Molina / Psicoterapeuta
Otro lenguaje: la somatización
La somatización, o psico-somatización, es el proceso por el cual conflictos psicológicos, traumas o estrés emocional se manifiestan a través de síntomas físicos reales . No se trata de una invención de la persona; el dolor, la fatiga o la disfunción orgánica existen, pero sin una causa médica suficiente para explicarlos. Sería, entonces, una respuesta del sistema nervioso a estados mentales no procesados. Los síntomas no son “imaginarios” ni voluntarios, sino expresiones genuinas de una interacción compleja entre la mente y el cuerpo
Podría sonar extraño que algún estado emocional o determinados pensamientos puedan causar, por ejemplo, una gastritis o una dermatitis, sin embargo, es el lenguaje del cuerpo que transmite cierta información que no ha sido procesada cognitivamente.
Con frecuencia se cae en el error de pensar que la somatización implica que la persona “se inventa” los síntomas o los exagera conscientemente. Esto no es cierto. Los síntomas son reales y pueden ser muy limitantes. La diferencia está en el mecanismo de origen y mantenimiento de estos. Por eso, decirle a una persona que “todo es psicológico” suele aumentar la angustia, la incomprensión y la cronificación del problema.
Para muchas personas, el cuerpo se convierte en el principal lenguaje del malestar emocional. Factores como: experiencias traumáticas o de estrés crónico; vulnerabilidad biológica; aprendizaje emocional en la infancia; normas culturales sobre la expresión del malestar; dificultad para verbalizar emociones, etc. pueden hacer que el organismo “tramite” el sufrimiento a través del cuerpo.
La somatización no tiene una única causa; es el resultado de la interacción entre factores psicológicos, biológicos, emocionales y sociales
El estrés mantenido en el tiempo y los trastornos de ansiedad son algunos de los factores más claramente asociados a la somatización. Cuando una persona vive en estado de alerta constante, el organismo permanece activado de forma sostenida, lo que favorece la aparición de síntomas físicos reales como dolor, fatiga, tensión muscular, alteraciones digestivas o palpitaciones.
La comorbilidad con ansiedad y depresión no sólo es frecuente, sino que aumenta la intensidad y la persistencia de los síntomas somáticos.
La forma en que una persona interpreta sus sensaciones físicas influye enormemente en la intensidad del malestar. La atención excesiva al cuerpo, la hipervigilancia y la tendencia a catastrofizar síntomas normales
(por ejemplo, interpretar una palpitación como peligro de infarto) amplifican la percepción de los síntomas y mantienen el círculo de preocupación–síntoma–preocupación.
Este mecanismo es muy frecuente en personas con ansiedad por la salud o con historia de enfermedad previa.
En muchas personas (con somatización) existe una hiperactivación del sistema nervioso autónomo (especialmente del sistema simpático) y alteraciones en el eje del estrés (hipotálamo–hipófisis–adrenal). Sucede más o menos así: el cerebro detecta una amenaza (problemas relacionales, duelos, miedos, etc.), entonces el hipotálamo envía señales a la hipófisis, que a su vez estimula las glándulas suprarrenales para liberar cortisol y adrenalina; si el estrés persiste, el exceso de cortisol desregula el sistema inmune, inflama los tejidos y altera el funcionamiento de diversos órganos. Este mecanismo demuestra que la somatización es una respuesta del cuerpo ante una carga emocional que la mente no puede gestionar mediante el lenguaje o la acción.
Se estaría hablando de un organismo que reacciona de forma intensa a estímulos emocionales, con respuestas físicas exageradas: tensión, taquicardia, molestias

digestivas, mareos, dolor, fatiga. El cuerpo permanece “en guardia” incluso cuando no hay peligro real.
En la somatización, el cuerpo se convierte en un canal de expresión del sufrimiento psicológico, especialmente cuando la persona no dispone de recursos para poner en palabras su conflicto.
Algunos de los síntomas más comunes que se presentan al somatizar son: dolores de cabeza, dolores de espalda, náuseas, diarrea, distensión abdominal o colon irritable, mareos, debilidad muscular o fatiga, alteraciones en la piel, palpitaciones o sensación de falta de aire, etc. Estos síntomas pueden ser localizados o generales y variar en intensidad, afectan a distintos sistemas y no encajan en un diagnóstico médico.
La respuesta habitual, cuando una persona experimenta este tipo de síntomas, es acudir a diversas consultas médicas, las cuales le solicitarán una variedad de estudios y pruebas que, por lo general, resultarán normales. Sin un diagnóstico claro y específico del motivo de sus malestares, la preocupación aumentará generando pensamientos y estados angustiantes, lo que incrementará sus somatizaciones y deteriorará significativamente su calidad de vida.
Es oportuno aclarar que ir al médico y volver sin un diagnóstico es algo que en alguna ocasión le puede pasar a cualquiera y esto no significa que la persona esté somatizando, siempre que se quede tranquila al escuchar que “no es nada” y no vuelva a generar excesiva preocupación al respecto.
El diagnóstico de somatización se realiza cuando la persona sufre determinados síntomas que no se corresponden con un diagnóstico médico, pero no debe confundirse con el “trastorno por somatización”, que corresponde ya a una patología mental. La línea que los separa se puede volver muy delgada; se puede decir que

la somatización se convierte en un problema cuando causa angustia prolongada, desproporcionada y severa, limitando la vida cotidiana de quien la sufre.
A la hora de abordar la somatización, es frecuente encontrarse con una gran dificultad: las personas se aferran a la idea de que sus síntomas tienen una causa física (a pesar de que no existan evidencias médicas de ello). Estas creencias pueden hacer que no quieran t rabajar la parte emocional/psicológica para resolver el problema. Incluso, pueden llegar a enojarse con los

médicos porque no pueden encontrar la causa física de sus síntomas (por eso su peregrinar de especialista tras especialista y examen tras examen).
Por todo lo mencionado, cuando el cuerpo duele sin razón médica aparente, no se buscará corregir ni aliviar rápidamente el síntoma, sino preguntarse qué lugar ocupa ese dolor en la esfera psíquica de esa persona. ¿Qué se está diciendo allí? ¿Qué insiste sin poder nombrarse? Lo que no puede decirse se actúa, y el cuerpo se vuelve el soporte de ese decir.
En algunos casos, los síntomas físicos desaparecen o se transforman cuando pueden ser nombrados y situados. En otros, persisten, pero dejan de tener el mismo peso. Lo que cambia es la relación de la persona con su cuerpo y con su malestar. El objetivo terapéutico será, entonces, no sólo eliminar el dolor físico, sino transformar la angustia en una expresión psíquica comprensible y consciente.
La somatización, de hecho, no es un enemigo por derrotar, sino una forma de comunicación que hemos olvidado interpretar. El cuerpo no miente. Puede callar durante un tiempo, adaptarse, aguantar, pero cuando no puede más, encuentra la forma de hacerse escuchar. ⚫
Enfermedades del colágeno
Las enfermedades del colágeno, también denominadas enfermedades del tejido conectivo constituyen un grupo de padecimientos crónicos caracterizados por una alteración del sistema inmunológico, el cual ataca de manera inapropiada estructuras propias del organismo. El colágeno es una proteína esencial para la integridad de la piel, las articulaciones, los músculos, los vasos sanguíneos y los órganos internos; por ello, estas enfermedades suelen tener un curso multisistémico y un impacto significativo en la calidad de vida del paciente adulto.
El sistema principalmente comprometido es el sistema inmunológico, con daño secundario al tejido conectivo distribuido en múltiples órganos. Dependiendo

de la enfermedad específica, pueden verse afectados el aparato musculoesquelético, la piel, el sistema cardiovascular, pulmonar, renal y, en algunos casos, el sistema nervioso.
Principales enfermedades del colágeno
Entre las enfermedades del colágeno más frecuentes se encuentran: Lupus eritematoso sistémico, caracterizado por inflamación multisistémica y producción de autoanticuerpos; artritis reumatoide , que afecta principalmente las articulaciones y puede generar daño estructural progresivo; esclerodermia o esclerosis sistémica, con fibrosis cutánea y compromiso vascular y visceral; dermatomiositis y polimiositis, que cursan con debilidad muscular progresiva; síndrome de Sjögren, caracterizado por sequedad ocular y bucal, además de manifestaciones sistémicas; vasculitis , donde la inflamación de los vasos sanguíneos compromete el flujo sanguíneo a distintos órganos.
Señales tempranas de alerta
El diagnóstico suele retrasarse debido a que los síntomas iniciales son inespecíficos y de instauración gradual. Entre las manifestaciones tempranas más frecuentes se encuentran el dolor e inflamación articular, la rigidez matutina prolongada y la fatiga persistente. Asimismo, pueden presentarse cambios cutáneos como


fotosensibilidad, erupciones o endurecimiento de la piel, así como debilidad muscular que dificulta actividades cotidianas como subir escaleras o levantar objetos. El fenómeno de Raynaud, caracterizado por cambios de coloración en los dedos ante el frío o el estrés, puede ser uno de los primeros signos clínicos de estas enfermedades.
La identificación temprana de las enfermedades del colágeno permite iniciar un tratamiento oportuno que reduzca la inflamación, limite el daño orgánico irreversible y mejore el pronóstico funcional del paciente. Además, un diagnóstico oportuno facilita la educación del paciente y la planificación a largo plazo del manejo médico y psicosocial.
El diagnóstico se hace a través de una historia clínica completa, un examen físico y estudios de laboratorio y gabinete.
La evaluación de las enfermedades del colágeno requiere de estudios de laboratorio específicos que permiten valorar el grado de inflamación en el organismo y la posible presencia de autoanticuerpos. Si bien estos exámenes son fundamentales para orientar el diagnóstico, es importante destacar que no son diagnósticos por sí mismos, sino que deben interpretarse en el contexto clínico de cada paciente: velocidad de sedimentación globular (VSG): útil para identificar procesos inflamatorios sistémicos; proteína C reactiva (PCR): otro marcador que ayuda a detectar inflamación activa en el cuerpo; biometría hemática: permite evaluar alteraciones como anemia, leucocitosis o trombocitopenia, que pueden estar presentes en enfermedades autoinmunes; perfil renal
y hepático: ayuda a valorar el compromiso de órganos internos, frecuente en algunas enfermedades del colágeno.
Detección de anticuerpos
La presencia de autoanticuerpos es característica de muchas enfermedades autoinmunes. El tipo de autoanticuerpo presente orienta hacia el diagnóstico específico: ANA (anticuerpos antinucleares): prueba de tamizaje inicial utilizada para la detección de enfermedades autoinmunes sistémicas; Anti-DNA de doble cadena y anti-Sm: altamente sugestivos de lupus eritematoso sistémico; Factor reumatoide y anti-CCP: asociados principalmente con artritis reumatoide; Anti-Scl-70 y anticentrómero: característicos de esclerodermia o esclerosis sistémica; Anti-Ro/SSA y anti-La/SSB: típicos en síndrome de Sjögren; ANCA: útiles para el diagnóstico de vasculitis.
La interpretación siempre debe hacerse en conjunto con la clínica, ya que algunos autoanticuerpos pueden estar presentes en personas sanas.
Estudios de gabinete e imagen
Se utilizan para evaluar daño estructural u orgánico: radiografías: daño articular en artritis reumatoide; ultrasonido musculoesquelético: inflamación sinovial; resonancia magnética: compromiso muscular o articular temprano; tomografía o pruebas de función pulmonar: compromiso pulmonar en esclerodermia; ecocardiograma: afectación cardíaca.
Según el caso, pueden requerirse pruebas más específicas o estudios especializados: biopsia de piel o músculo: dermatomiositis, vasculitis; biopsia de glándula salival: síndrome de Sjögren; capilaroscopía: alteraciones microvasculares en esclerodermia.
Tratamiento y abordaje integral
Aunque no existe una cura definitiva, el tratamiento se basa en el control de la actividad inmunológica mediante antiinflamatorios, corticoides, inmunosupresores y terapias biológicas, según la enfermedad y su gravedad. El abordaje debe ser multidisciplinario, incorporando rehabilitación física y apoyo psicológico.
Las enfermedades del colágeno representan un reto diagnóstico y terapéutico en la población adulta debido a su presentación heterogénea y curso crónico. Reconocer sus señales tempranas y promover la atención médica oportuna es fundamental para preservar la función orgánica y la calidad de vida. Ante síntomas persistentes, la consulta médica especializada es esencial. ⚫
Lic. María José Albanés Buentello
Cirugías del futuro: curando con manos de robot y corazón de médicos
En el futuro no se trata de eliminar a los médicos, sino de potenciarlos - James Madara

Durante generaciones, la imagen del cirujano ha sido la de unas manos firmes, precisas y entrenadas tras años de estudio y práctica. Hoy, esas manos siguen siendo el centro de la medicina quirúrgica, pero ahora cuentan con un nuevo aliado: los robots quirúrgicos
Lejos de reemplazar al médico, estas tecnologías están ampliando sus capacidades, permitiendo cirugías más precisas , menos invasivas y con una recuperación más amable para el paciente. Hablar de robots en el quirófano ya no es ciencia ficción. Es una realidad presente en hospitales de todo el mundo y una tendencia que seguirá creciendo hacia 2026, siempre con un objetivo claro: cuidar mejor al ser humano.
¿Qué es un robot quirúrgico?
Un robot quirúrgico no es una máquina que “opera sola”. En realidad, es un sistema avanzado controlado en todo momento por un cirujano. El médico dirige cada movimiento desde una consola, mientras el robot traduce esos gestos en acciones extremadamente precisas dentro del cuerpo del paciente.
Estos sistemas eliminan temblores naturales de la mano, amplifican la destreza humana y permiten acceder a zonas del cuerpo que serían muy difíciles de alcanzar con cirugía tradicional. El resultado: incisiones más pequeñas, menor sangrado y una recuperación más rápida
Tipos de robots quirúrgicos que ya existen
Robots quirúrgicos asistidos: son los más conocidos y utilizados actualmente y se emplean en especialidades como urología, ginecología, cirugía general, cardiaca y oncológica. El cirujano controla los brazos robóticos que sostienen instrumentos quirúrgicos y una cámara de alta definición con visión 3D. Beneficios principales: precisión milimétrica; menor daño a tejidos sanos; menos dolor postoperatorio; estancias hospitalarias más cortas. Para el paciente, esto suele traducirse en menos miedo y una recuperación más llevadera.
Robots de navegación y guía quirúrgica; estos robots no realizan cortes directamente, sino que ayudan a planificar y guiar la cirugía, especialmente en procedimientos ortopédicos, de columna y neurocirugía. Utilizan imágenes en tiempo real y modelos 3D del cuerpo del paciente para indicar al cirujano el mejor ángulo, profundidad y posición de los instrumentos. Es como contar con un GPS quirúrgico. Beneficio clave: cirugías más exactas y personalizadas, adaptadas a la anatomía única de cada persona.
Robots endoscópicos y microrrobots: estos dispositivos diminutos pueden introducirse en el cuerpo a través de orificios naturales o incisiones mínimas. Algunos se desplazan dentro del organismo para observar, tomar muestras o asistir en procedimientos complejos. Son especialmente útiles en cirugías digestivas, pulmonares y procedimientos diagnósticos menos invasivos.
Nanorrobots: la frontera más fascinante. Si los robots quirúrgicos ya parecen futuristas, los Nanorrobots médicos llevan la imaginación un paso más allá. Aunque muchos aún están en fase experimental, algunos ya se utilizan en tratamientos específicos. Estos diminutos dispositivos —del tamaño de células o moléculas— pueden
Lic. María José Albanés Buentello
desplazarse por el cuerpo para: transportar medicamentos directamente a un tumor, atacar células enfermas sin dañar tejidos sanos; ayudar a limpiar arterias; detectar enfermedades en etapas muy tempranas. La gran promesa de los Nanorrobots es tratar desde dentro con una precisión nunca vista antes, reduciendo efectos secundarios y

aumentando la eficacia de los tratamientos.
Cirugía más humana gracias a la tecnología
Puede parecer contradictorio, pero la tecnología robótica ha hecho que muchas cirugías sean más humanas ¿Por qué? Porque, al reducir el trauma físico del cuerpo, también disminuye el impacto emocional del proceso quirúrgico: menos dolor, menos cicatrices y menos tiempo de recuperación permiten al paciente volver antes a su vida, su familia y su rutina.
Además, muchos procedimientos que antes requerían cirugías abiertas, hoy se realizan con técnicas mínimamente invasivas, lo que reduce el miedo asociado a “pasar por el quirófano”.
Es importante subrayarlo: el robot no toma decisiones médicas. La experiencia, el criterio y la empatía del cirujano siguen siendo irremplazables. El médico, en efecto, decide si la cirugía es necesaria; elige la mejor técnica para cada paciente; supervisa cada movimiento del robot; responde ante cualquier imprevisto.
El robot, por su parte, ejecuta con precisión lo que el médico indica. Es una relación de colaboración, donde la tecnología potencia la habilidad humana, pero el corazón de la medicina sigue siendo humano.
Beneficios claros para el paciente
Los robots quirúrgicos aportan ventajas concretas que impactan directamente en la calidad de vida: menor dolor postoperatorio; menor riesgo de infección; cicatrices más pequeñas; recuperación más rápida; mayor precisión en cirugías complejas.
Para muchos pacientes, esto significa menos días en el hospital y menos interrupción en su vida personal y laboral.
Cirugías complejas, nuevas oportunidades
La robótica quirúrgica también ha ampliado las posibilidades para pacientes que antes no eran candidatos ideales para ciertos procedimientos, como personas mayores o con enfermedades crónicas
Gracias a la precisión y menor impacto físico, hoy es posible operar con mayor seguridad a pacientes que antes enfrentaban riesgos elevados. Esto abre la puerta a tratamientos que prolongan y mejoran la vida.
El quirófano del futuro cercano integrará cada vez más tecnologías: robots quirúrgicos, imágenes en tiempo real, Inteligencia artificial para apoyo en decisiones, sensores que monitorean constantes vitales al instante.
Todo esto permitirá cirugías más seguras, personalizadas y eficientes, donde el equipo médico tenga una visión integral del paciente en cada momento.
¿Y el miedo a las máquinas?
Es natural sentir inquietud al pensar en robots dentro del cuerpo humano. Sin embargo, la clave está en la transparencia y la información . Los hospitales que utilizan estas tecnologías explican detalladamente el procedimiento, resuelven dudas y acompañan emocionalmente al paciente. Cuando las personas entienden que el robot es una herramienta y no un sustituto del médico, la percepción cambia. La confianza nace del conocimiento y del trato humano.
Como toda tecnología avanzada, la cirugía robótica plantea desafíos: costos, acceso equitativo y capacitación médica. El reto para los próximos años será democratizar estos avances, para que no sean privilegio de unos pocos.
La buena noticia es que, con el tiempo, la tecnología suele volverse más accesible. Así ocurrió con muchos equipos médicos que hoy son estándar en hospitales de todo el mundo.
En última instancia, los robots quirúrgicos no representan una medicina fría o deshumanizada . Al contrario, son una extensión del deseo humano de curar mejor, con menos dolor y más cuidado. El futuro de la cirugía no es una sala llena de máquinas operando solas, sino un equipo donde la tecnología aporta precisión y el médico aporta criterio, experiencia y compasión. Porque, por más avanzados que sean los robots, siempre será el corazón humano —empático, ético y cuidador— el que guíe cada decisión en el quirófano ⚫
EL LENGUAJE HUMANO: UNA MIRADA DESDE LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
El lenguaje humano es una de las capacidades más sorprendentes y decisivas de nuestra especie. No se trata únicamente de un medio para transmitir información, sino de una facultad profundamente ligada a lo que somos como seres humanos. Gracias al lenguaje podemos pensar de manera abstracta, compartir experiencias, construir sociedades complejas y desarrollar culturas que se transmiten de generación en generación. El lenguaje no se entiende solo como una herramienta funcional, sino como una dimensión esencial de la condición humana.
Reflexionar sobre el lenguaje humano es, en el fondo, preguntarse por el ser humano mismo. ¿Por qué el lenguaje fue tan importante en la evolución de nuestra especie? ¿En qué se distingue realmente de la comunicación animal? ¿Cuál es su papel en el desarrollo cultural y simbólico de la humanidad?
La reflexión antropológica actual evidencia la radical importancia del lenguaje en la vida humana y nos hace comprender que no estamos ante un mero instrumento que el hombre puede tomar y dejar como quien usa una herramienta, sino ante una realidad que se identifica con nuestro propio ser, que nos modifica y en la cual vivimos. El lenguaje, en efecto, nos precede y nos influye, determina nuestro modo de ver el mundo y nuestro pensamiento, modula nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos.
El lenguaje humano y la evolución de la especie
Como afirman los antropólogos, desde el punto de vista evolutivo, el lenguaje humano no apareció de manera repentina, sino como resultado de un largo proceso de transformación biológica, cognitiva y social. Los primeros homínidos ya contaban con formas básicas de comunicación gestual y vocal, similares en algunos aspectos a las de otros primates. Sin embargo, con el paso del tiempo, estas formas primitivas fueron dando lugar a un sistema mucho más complejo y flexible: el lenguaje articulado.
Uno de los factores clave en este proceso fue el desarrollo del cerebro humano. El aumento del tamaño cerebral y, sobre todo, la especialización de ciertas áreas —como las relacionadas con la producción y comprensión del habla— permitieron una comunicación cada vez más precisa y simbólica. Al mismo tiempo, cambios anatómicos en el aparato vocal (o de fonación), como

la posición de la laringe, hicieron posible la emisión de una gran variedad de sonidos.
Sin embargo, el lenguaje humano no puede explicarse solo desde la biología . Su evolución está estrechamente ligada a la vida relacional: los seres humanos primitivos vivían en grupos, dependían unos de otros para sobrevivir y necesitaban coordinar acciones como la caza, la recolección y el cuidado de los niños. El lenguaje ofreció una enorme ventaja adaptativa, ya que permitió transmitir información detallada, advertir peligros, planificar estrategias y fortalecer los vínculos sociales.
Lenguaje humano y comunicación animal
A menudo se afirma que los animales también se comunican, y esto es cierto. Muchas especies utilizan sonidos, gestos, posturas corporales o señales químicas para transmitir información. Sin embargo, aunque la comunicación animal puede ser muy sofisticada, existe una diferencia cualitativa con respecto al lenguaje humano
La principal diferencia radica en el carácter simbólico del lenguaje humano. En la comunicación animal, las señales suelen estar directamente ligadas a una situación concreta: peligro, alimento, reproducción o territorio. En cambio, las palabras humanas son símbolos , es decir, no están unidas de manera natural a aquello que representan: su significado es producto de un acuerdo social; este explica también la variedad de idiomas.
Pbro.
Silvio Marinelli
Otra diferencia esencial es la creatividad. El lenguaje humano es productivo: con un número limitado de palabras y reglas gramaticales, podemos generar una cantidad prácticamente infinita de mensajes nuevos. Podemos hablar de cosas que no existen, de hechos pasados, de posibilidades futuras o de ideas abstractas como la justicia, la verdad, la belleza o el sentido de la vida. La comunicación animal, en cambio, suele estar limitada a un repertorio fijo de señales y no permite este nivel de innovación.
Además, el lenguaje humano es reflexivo. No solo hablamos sobre el mundo, sino también sobre nuestro propio lenguaje, nuestros pensamientos y nuestras emociones . Podemos preguntar, dudar, mentir, imaginar y crear relatos ficticios. Esta capacidad metalingüística es prácticamente inexistente en la comunicación animal.
El lenguaje humano, a diferencia del animal, se forma y se transmite de generación en generación: se trata de una tarea colectiva . Podríamos afirmar que el lenguaje se configura como una realidad externa al hombre individual: lo precede. El ser humano es introducido en él cuando nace y lo va adquiriendo paulatinamente mediante un complejo proceso de aprendizaje. Los lenguajes animales nada tienen que ver con este complejo proceso.
El lenguaje como fundamento de la cultura
La cultura humana sería impensable sin el lenguaje. Todas las manifestaciones culturales — mitos, religiones, leyes, arte, ciencia y tradiciones — dependen de la capacidad de transmitir significados compartidos. El lenguaje actúa como un puente entre generaciones, permitiendo que el conocimiento acumulado no se pierda, sino que se conserve y se transforme con el tiempo.
Gracias al lenguaje, las experiencias individuales pueden convertirse en experiencias colectivas. Un descubrimiento, una enseñanza o una historia personal pueden ser comunicados a otros, ampliando así el horizonte de comprensión de la comunidad. De este modo, el lenguaje hace posible la educación y el aprendizaje social, elementos centrales del desarrollo cultural.
El lenguaje también cumple una función ética y normativa . No solo describe la realidad, sino que contribuye a establecer valores, normas y sentidos compartidos. A través del lenguaje aprendemos qué está bien y qué está mal, qué se espera de nosotros y cómo debemos comportarnos dentro de una sociedad. En este sentido, el lenguaje no es neutral: moldea nuestra manera de pensar y de actuar.
Asimismo, el lenguaje es esencial para la identidad personal y colectiva. Nos reconocemos como miembros de una comunidad lingüística y cultural, y a través del lenguaje expresamos quiénes somos. El
transmitir el idioma a las nuevas generaciones no es solo un fenómeno técnico, sino una transformación profunda de la forma de vida de un grupo humano.
Lenguaje, pensamiento y sentido de vida
Uno de los temas centrales de la reflexión antropológica es la relación entre lenguaje y pensamiento. La mayoría de los autores rechaza la teoría de la identidad entre lenguaje y pensamiento, elaborada en el contexto del conductismo de principios del siglo XX, que llevó a los conductistas a eliminar de la psicología todos los aspectos internos anímicos no controlables. Al contrario, parece imponerse la visión de Piaget de que las estructuras intelectuales son previas y más radicales que las lingüísticas. Sin embargo, no se puede infravalorar la influencia del lenguaje en los procesos cognoscitivos: el pensamiento mismo está, en gran medida, estructurado por el lenguaje; las palabras nos permiten organizar la experiencia, clasificar la realidad y darle sentido. Si no logro transformar mi conocimiento en palabras, mi mente se retrasará o se detendrá porque, si es verdad que los conceptos proceden inicialmente de las cosas y se formulan en palabras, también sucede el proceso inverso: las palabras me ayudan a establecer los conceptos y a delimitar sus contornos , y las frases y el lenguaje me obligan a determinar las relaciones que existen entre ellos.
El lenguaje también abre la posibilidad de la pregunta por el sentido último de la existencia . Gracias a él, el ser humano puede interrogarse sobre su origen, su destino y el significado de su vida. Esta capacidad de cuestionamiento es una de las características más profundas de la condición humana y está estrechamente vinculada al uso del lenguaje simbólico.
Desde esta perspectiva, el lenguaje no es solo una herramienta externa, sino una dimensión constitutiva del ser humano. Somos seres que hablan, pero, más profundamente, somos seres que se comprenden y se construyen a sí mismos a través del lenguaje.
El lenguaje humano es una de las claves fundamentales para comprender la evolución, la diferencia y la riqueza cultural de nuestra especie. Desde un punto de vista evolutivo, representó una ventaja decisiva que permitió una cooperación social más compleja y una adaptación más flexible al entorno. En comparación con la comunicación animal, el lenguaje humano se distingue por su carácter simbólico, creativo y reflexivo. Define nuestra manera de ser en el mundo; el ser humano construye cultura, transmite valores, desarrolla pensamiento abstracto y se interroga por el sentido de su existencia. En última instancia, comprender el lenguaje humano es comprender algo esencial de lo que significa ser humano. ⚫
LENGUAJE, IA Y REDES SOCIALES
El lenguaje es la casa del Ser. En su morada habita el ser humano.
M. Heidegger

El lenguaje no es un simple medio para nombrar la realidad. Es, más bien, la estructura invisible que la organiza, la interpreta y la vuelve habitable. A través de él el ser humano nombra y configura su cosmos, su mundo. No solo hablamos sobre las cosas; las pensamos, las sentimos y las vivimos desde el lenguaje. Esta intuición atraviesa buena parte del pensamiento contemporáneo y se vuelve decisiva cuando intentamos comprender el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial en la experiencia humana.
La lingüística moderna, inaugurada por Ferdinand de Saussure, mostró que el signo lingüístico se compone de significante y significado, unidos de forma arbitraria. No existe una relación natural entre palabra y cosa. El sentido surge por convención social y por diferencia; comprendemos “frío” porque no es “caliente”. Pensar equivale a moverse dentro de un sistema de oposiciones.
De ahí se desprende una consecuencia fundamental, que tiene que ver con la idea de que el significado no reside en los objetos, sino en las relaciones que establecemos entre los signos . La realidad se nos presenta siempre mediada por estructuras simbólicas.
Desde la antropología, Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf radicalizaron esta intuición al proponer que la lengua condiciona la forma en que sus hablantes perciben el mundo. La llamada relatividad lingüística sugiere que el lenguaje funciona como una lente cognitiva. No vemos primero y luego nombramos; vemos según lo que podemos nombrar. Cada idioma configura una experiencia particular de la realidad, una manera concreta de habitar el mundo. Esto se hace evidente en el arte de la traducción, podemos interpretar las palabras entre lenguas, pero nunca reproducir plenamente la experiencia simbólica que las sostiene.
El lenguaje aparece, así como horizonte perceptivo y como marco inevitable desde el cual se organiza la experiencia y se construye la identidad personal
El psicoanálisis lleva esta comprensión al interior del sujeto. Para Jacques Lacan, el inconsciente mismo está estructurado como un lenguaje. El ser humano entra plenamente en la condición humana al ingresar en el orden simbólico, es decir, al aprender a hablar. Pero este ingreso implica una pérdida, ya que dejamos atrás una relación inmediata con el mundo y quedamos de cierta forma atrapados por palabras que nunca logran decirlo todo. El sujeto queda dividido. Siempre falta algo de la realidad que no se puede integrar en el lenguaje.
El deseo humano se desplaza entonces a lo largo de cadenas de significantes, sin encontrar satisfacción definitiva. El lenguaje nos constituye, pero también nos separa de cualquier plenitud. Además, su dimensión semántica no es puramente racional; está construida por emoción, deseo y rechazo. En el lenguaje poético y creativo, lo corporal y lo afectivo irrumpen y quiebran la rigidez de las estructuras formales.
Desde la antropología cultural, Claude Lévi-Strauss aplicó el estructuralismo al estudio de mitos y rituales, mostrando que la cultura funciona como un sistema de comunicación simbólica. Más allá del contenido, lo decisivo es la estructura que revela patrones universales del pensamiento humano. Clifford Geertz se aparta de estos esquemas rígidos y propone comprender la cultura como un texto. El ser humano vive inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, y la tarea interpretativa consiste en realizar una “descripción densa”, leer gestos, rituales y narrativas como símbolos cargados de sentido.
Todas estas corrientes convergen en una comprensión decisiva, que nos lleva a concluir que el lenguaje no es accesorio de lo humano, es su arquitectura invisible. Nos constituye como sujetos, organiza nuestra percepción, estructura nuestras culturas y atraviesa nuestros vínculos. Somos seres hablados tanto como
Mtro. Omar Olvera Cervantes
hablantes. Habitamos sistemas simbólicos antes incluso de poder cuestionarlos.
Desde este horizonte, la reflexión sobre redes sociales e inteligencia artificial adquiere una densidad nueva. Si el lenguaje configura pensamiento, deseo e identidad, entonces automatizar la palabra no es un gesto neutro. Supone intervenir en el espacio mismo donde se forma el sujeto.
Las redes sociales aceleran, fragmentan y simplifican el lenguaje. La palabra se convierte en contenido circulable, en gesto de visibilidad y en búsqueda de validación. El yo se edita, la identidad se expone, la comunicación se mide en impacto. La conversación cede su lugar a la emisión constante. Progresivamente, el lenguaje se reduce a unidades mínimas de significado y deja de crear mundos para estandarizar imágenes del mundo bajo lógicas algorítmicas. La experiencia humana corre el riesgo de diluirse en relaciones mediadas por métricas y flujos digitales.
La inteligencia artificial amplifica esta dinámica al producir lenguaje sin experiencia encarnada. Puede generar textos coherentes, simular empatía y organizar discursos, pero no habita el tiempo, el cuerpo ni el dolor. Opera sobre patrones estadísticos, no sobre memoria vivida. La palabra se desacopla de la experiencia.
Aquí emerge una pregunta antropológica central, ¿qué ocurre con el sentido cuando el lenguaje se separa del cuerpo, de la historia y del vínculo? El riesgo no es que la tecnología reemplace al ser humano, sino que nos acostumbre a una comunicación sin interioridad, a símbolos sin espesor, a palabras sin silencio. Cuando el lenguaje deja de ser lugar de encuentro para convertirse únicamente en flujo de datos, se empobrece nuestra capacidad simbólica y se debilita la profundidad relacional.
Por eso, el desafío contemporáneo no es técnico, sino humano. Se trata de preservar el lenguaje como espacio de sentido, de cuidar la palabra como forma de vínculo, de resistir la reducción del diálogo a intercambio rápido de mensajes.
Sin embargo, no estamos condenados a un horizonte catastrófico. La inteligencia artificial y las redes sociales también pueden convertirse en una oportunidad para replantear nuestra relación con el lenguaje y con los otros. Todo depende del lugar que les otorguemos. Si comprendemos que la tecnología no sustituye la experiencia humana, sino que puede acompañarla, la tarea consiste en reapropiarnos conscientemente de la palabra dentro del entorno digital.
La IA puede ayudarnos a organizar información, ampliar horizontes y facilitar procesos creativos. Las redes pueden acercar voces, historias y comunidades antes dispersas. Pero su valor auténtico emerge solo

cuando permanecen al servicio del encuentro, del diálogo y del cuidado del vínculo. El desafío no es reducir nuestra humanidad al ritmo del algoritmo, sino introducir humanidad en el uso del algoritmo.
Esto implica decisiones concretas en la vida cotidiana: escribir mensajes que nazcan de la experiencia y no solo de la reacción, escuchar antes de responder, crear espacios digitales donde el lenguaje vuelva a ser narración y no solo consumo, presencia y no solo visibilidad. Implica también educar en el silencio, en la atención y en la profundidad, recordando que ninguna tecnología puede reemplazar la conversación que transforma, la palabra que consuela o el gesto que acompaña.
Si el lenguaje es la arquitectura invisible de lo humano, estamos llamados a habitar conscientemente esa arquitectura también en el mundo digital. La inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa y las redes un medio fecundo, siempre que no olvidemos que el sentido nace del cuerpo, de la historia y del encuentro real.
Quizás nuestra esperanza se juegue en usar la tecnología sin entregar la interioridad, participar en las redes sin perder el rostro del otro y permitir que la palabra siga siendo espacio de vínculo. Porque el futuro no depende solo de lo que las máquinas puedan decir, sino de nuestra capacidad de seguir hablando desde la experiencia, el cuidado y la responsabilidad compartida ⚫
LAS RELACIONES Y EL LENGUAJE
El ser humano es, por definición, un ser relacional. Existe en una red constante de intercambios con otros. Sin embargo, lo que verdaderamente define la calidad de esa existencia no es sólo la presencia de los demás, sino el lenguaje que media entre ellos. El lenguaje no es un simple código para transmitir información; es la herramienta constructora de realidades y el puente (o la barrera) en nuestras relaciones interpersonales. Es el medio a través del cual estructuramos el pensamiento, construimos realidades sociales y preservamos el conocimiento a través de las generaciones.
Para el psicoanálisis, el lenguaje no es sólo una herramienta para comunicarse, sino la estructura misma que nos constituye como sujetos. Como bien decía Jacques Lacan, “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, lo que significa que nuestros deseos, traumas y síntomas se rigen por leyes lingüísticas (como la metáfora y la metonimia).

El ser humano es, ante todo, un animal simbólico A diferencia de otras especies cuyas interacciones se limitan a señales instintivas de supervivencia, el humano habita en un universo construido por palabras. El lenguaje no es un mero instrumento para transmitir información; es el tejido mismo del que están hechas nuestras relaciones. Sin él, el “otro” sería una entidad inalcanzable. A través de la palabra, no sólo describimos la realidad, sino que la creamos, estableciendo vínculos que van desde la intimidad más profunda hasta las estructuras sociales más complejas.

El lenguaje que hablamos moldea nuestra forma de percibir el mundo y actúa como el puente entre dos mundos subjetivos.
En el contexto de las relaciones, esto significa que la calidad de nuestro vocabulario emocional determina la profundidad de nuestra conexión con los demás. Al nombrar los sentimientos del otro, otorgamos existencia a su experiencia. Una relación donde no hay palabras para el afecto o el conflicto tiende a la atrofia emocional.
Las parejas, familias y grupos de amigos crean “micro lenguajes” (bromas internas, códigos, apodos). Estos símbolos fortalecen el sentido de pertenencia y exclusividad del vínculo.
Al hablar de lenguaje , no es posible ignorar que, en las relaciones humanas, aproximadamente el 93% de la comunicación es no verbal (gestos, tono de voz, postura). Cuando nuestras palabras dicen una cosa, pero nuestro cuerpo dice otra, se genera ruido relacional. Para que una relación sea saludable, debe existir armonía entre el mensaje verbal y el corporal. La disonancia (decir “estoy bien” con el ceño fruncido) genera desconfianza y confusión en el interlocutor.
El silencio no es la ausencia de comunicación, sino una forma potente de lenguaje. Puede ser un espacio de comunión íntima donde las palabras sobran, o una herramienta de castigo y exclusión (la “ley del hielo”);
Psic. Victoria Molina
o también una pausa para dar lugar a la reflexión de las palabras dichas o por decir.
Las relaciones humanas están atravesadas por tensiones. El lenguaje puede ser tanto el arma que fractura el vínculo, como el bálsamo que lo restaura
El lenguaje puede utilizarse para ejercer poder. El uso de etiquetas peyorativas, el sarcasmo hiriente o la descalificación constante son formas de violencia que erosionan la identidad del otro. En este sentido, el lenguaje define la jerarquía de la relación: quién tiene derecho a hablar y quién es relegado al silencio.
Gran parte de los conflictos relacionales nacen de un lenguaje de “juicio moralista”. Si se evitan los juicios, interpretaciones o soluciones personales, el lenguaje se convierte en una herramienta de empatía que permite resolver conflictos sin destruir el vínculo.
Para lograr una verdadera comunicación empática, es necesario, también, saber escuchar ; sin este último ingrediente la empatía es imposible.

Escuchar no es simplemente oír; es un proceso activo que requiere presencia genuina y el compromiso de entender al otro sin juzgarlo; significa enfocar toda la atención en el interlocutor, eliminando distracciones. La escucha empática no sólo es una herramienta para una comunicación adecuada; es, por sí misma, una forma de lenguaje que fortalece la confianza y permite que la otra persona se sienta comprendida y valorada. Una relación humana es , en esencia, una conversación continua . Cuidar el lenguaje verbal (ser precisos, auténticos y empáticos con nuestras palabras), tanto como el no verbal es, por lo tanto, la forma más efectiva de cuidar nuestras relaciones
Actualidad
En la era contemporánea, el lenguaje está experimentando una gran transformación debido a la digitalización, creando un registro híbrido que combina la gramática tradicional con nuevas convenciones tecnológicas. Esta transición no sólo afecta el vocabulario, sino también la estructura de la comunicación y la percepción de las normas lingüísticas. Se ha consolidado un estilo de comunicación que difumina las fronteras entre lo formal y lo informal. Este lenguaje digital utiliza acrónimos (como LOL o BRB), grafías no estándar y una síntesis narrativa que prioriza la rapidez . El uso de emojis, stickers y GIFs ha transformado la escritura en un sistema de visualización rápida, permitiendo (o tratando de) expresar emociones de forma inmediata y, en ocasiones, sustituyendo frases completas. Aunque algunas instituciones no consideran que el lenguaje se deteriore, sí se observa una relajación en el uso de acentos y puntuación en las redes sociales. Además, el consumo de contenido breve puede reducir la capacidad de atención para textos más extensos y complejos.
A pesar de los desafíos, la digitalización es vista por muchos como una evolución natural que refleja la adaptabilidad y creatividad humana ante nuevos entornos de interacción.
De cara al futuro, está claro que la evolución del lenguaje en los espacios en línea seguirá acelerándose. A medida que surjan nuevas plataformas y tecnologías, traerán nuevas formas de comunicación que desafiarán las nociones tradicionales del lenguaje. Por ejemplo, la tecnología de reconocimiento de voz y la realidad aumentada ya están cambiando la forma en que interactuamos con el contenido digital, y es probable que estos avances conduzcan a nuevas expresiones y formatos lingüísticos.
Ante este panorama de los “adelantos” tecnológicos que avanzan a ritmos vertiginosos, sería prudente preguntarse lo que pasará (y está pasando) con las relaciones personales, que ya eran difíciles de manejar antes de tanta tecnología. Parece evidente que el interés en la tecnología está relegando dramáticamente el interés en las relaciones humanas. ⚫
La camisa del hombre feliz
Había una vez un rey…
Uno de los momentos más hermosos de la niñez suele darse al ir a la cama, sentirse arropado amorosamente por la madre y escuchar luego un cuento antes de dormir. La oralidad de la madre habrá de provocar el sortilegio de poblar sus sueños infantiles, convocar la imaginación del niño y ser simiente, en un futuro, de una personalidad creativa “capaz de convocar la ilusión”.
Me detengo un momento para abundar en el concepto “imaginación”, esa virtud propiamente humana, que nos permite contemplar “un mundo en un grano de arena y un cielo en la florecilla del campo, sosteniendo lo infinito en la palma de la mano ” (William Blake - 1757-1827, escritor inglés, figura fundamental en la historia de la poesía y la mística).
Pero, los cuentos no son sólo un divertimiento fantástico que se opone a lo real, al contrario, cada narración contiene una dosis de realidad profunda a manera de enseñanza y de aprendizaje. ¡Cuántas veces la imaginación creativa nos da una acertada metáfora que ofrece más verdad que la realidad misma!
Los cuentos infantiles nacieron originalmente para ofrecer un aprendizaje que se desprendía de un relato, es decir, acción y consecuencia; en ocasiones, incluso, con finales de cierta crueldad. Con el tiempo, se suavizaron algunos cuentos, modificando sus finales para hacerlos más accesibles y menos crueles para los niños.
Ahora bien, sabemos que el campo de la cuentística no sólo está enfocado a los niños; grandes escritores dan prueba de ello. Pienso en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges; “La metamorfosis” de Franz Kafka; o “El collar” de Guy Maupassant”, por sólo citar tres extraordinarios ejemplos.
Volvamos al cuento que hoy compartimos: “La camisa del hombre feliz”, de origen ruso y dominio público que popularizó y consignó el cuentista y ensayista ruso León Tolstói (1828-1910) cuyas dos grandes novelas son Ana Karenina y Guerra y Paz. Hasta aquí nuestro relato. Pero ¿qué es lo que se juega en este cuento y cuáles son sus implicaciones? En principio, en el título mismo del cuento, aparece el concepto “felicidad”.
Es un hecho que todos los seres humanos buscamos la felicidad, da cuenta de ello Aristóteles, filósofo griego (384-322 A.C.), en su Ética a Nicómaco: “La felicidad es el fin que busca todo ser humano ”. Luego, el filósofo estagirita desarrolla su discurso equiparando la felicidad con el bien
supremo y señalando el camino para lograrlo: el cultivo de las virtudes , especialmente la prudencia. Aristóteles concluirá aseverando que el hombre feliz es aquel que, no obstante las circunstancias difíciles de la vida en un momento determinado, no pierde la serenidad interior, que los griegos llamaban “Sofrosine”.

Hecha esta primera reflexión, vamos ahora al corazón del cuento, presentado justo en su conclusión: “El hombre feliz no tiene camisa ”. No significa, obviamente, que ser feliz requiera como condición “no tener camisa”, sino que, a pesar de no tener ni esa prenda tan elemental, un ser humano puede ser feliz porque su riqueza no depende de los bienes materiales, sino que reside en su propio ser.
Erich Fromm (1900-1980) en una de sus obras más conocidas, Tener o ser realiza una crítica a la sociedad contemporánea que fundamenta su felicidad en el tener. Recurrente es la cita: “¡cuánto tienes, ¡cuánto vales!”. ¡Cuán pobre forma de evaluar al ser humano!
El zar lo tenía todo y era profundamente infeliz. El hombre feliz en cambio no poseía bienes materiales… ¡ni camisa!
Yolanda Zamora / yolanda.zamora@gmail.com
Leamos el cuento, que es breve:
La camisa del hombre feliz

En las lejanas tierras del norte, hace mucho tiempo, vivió un zar que enfermó gravemente. Reunió a los mejores médicos de todo el imperio, que le aplicaron todos los remedios que conocían y otros nuevos que inventaron sobre la marcha, pero lejos de mejorar, el estado del zar parecía cada vez peor. Le hicieron tomar baños calientes y fríos, ingirió jarabes de eucalipto, menta y plantas exóticas traídas en caravanas de lejanos países. Le aplicaron ungüentos y bálsamos con los ingredientes más insólitos, pero la salud del zar no mejoraba. Tan desesperado estaba el hombre que prometió la mitad de lo que poseía a quien fuera capaz de curarlo.
El anuncio se propagó rápidamente, pues las pertenencias del gobernante eran cuantiosas, y llegaron médicos, magos y curanderos de todas partes del globo para intentar devolver la salud al zar. Sin embargo, fue un trovador quien pronunció:
Yo sé el remedio, conozco la única medicina para sus males, señor. Sólo hay que buscar a un hombre feliz y vestir su camisa, es la cura a su enfermedad. Partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la tierra, pero encontrar a un hombre feliz no era tarea fácil: aquel que tenía salud echaba en falta el dinero, quien lo poseía, carecía de amor, y quien lo tenía se quejaba de los hijos.
Sin embargo, una tarde, los soldados del zar pasaron junto a una pequeña choza en la que un hombre descansaba sentado junto a la lumbre de la chimenea:
—¡Qué bella es la vida! Con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares ¿qué más podría pedir?
Al enterarse en palacio de que, por fin, habían encontrado un hombre feliz, se extendió la alegría. El hijo mayor del zar ordenó inmediatamente:
Traigan prestamente la camisa de ese hombre. ¡Ofrézcanle a cambio lo que pida!
En medio de una gran algarabía, comenzaron los preparativos para celebrar la inminente recuperación del gobernante. Grande era la impaciencia de la gente por ver volver a los emisarios con la camisa que curaría a su gobernante, mas, cuando por fin llegaron, traían las manos vacías:
—¿Dónde está la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la vista mi padre!
Señor —contestaron apenados los mensajeros—, el hombre feliz no tiene camisa
A manera de corolario
No se trata de tener salud, sino de ser sano… no es tener amigos, es ser amigo… no es tener un oficio, es ser servidor, no es tener paz, sino ser paz. La vida no es una fotografía de un momento feliz que querríamos retener. La vida nos sorprende con cambios muchas veces inesperados: algunos alegres, otros tal vez no tanto, otros más nos retan a enfrentar dolorosos episodios. Recuperando el pensamiento de Aristóteles, podemos concluir en que El hombre feliz será aquel que, a pesar de las circunstancias, no perderá la prudencia, la alegría, el agradecimiento y la fe. El ejercicio de la sabiduría y el amor tendrá como componentes tres palabras: aceptación, paciencia y humildad… ⚫

La ergonomía y el bienestar humano

La humanización de la salud es un enfoque asistencial que sitúa a la persona (paciente, familia, personal sanitario) en el centro de la atención, tratando su dignidad, emociones y necesidades integrales más allá de la mera enfermedad; implica empatía, comunicación asertiva, respeto a la autonomía y un trato digno en todas sus dimensiones personales, así como, también, en su núcleo familiar y su entorno sociocultural, incluyendo otras áreas científicas como la sociología, la ingeniería y el diseño, así
como transformando relaciones técnicas en vínculos personales.
El humanismo es un movimiento intelectual y filosófico que coloca al ser humano como el centro y medida de todas las cosas. A lo largo de la historia ha evolucionado desde un enfoque académico, basado en la antigüedad clásica hasta una postura ética y vital en la actualidad.
Desde el punto de vista educacional, el humanismo es la convicción de que los seres humanos tenemos la capacidad de mejorar nuestra condición en el mundo a través de la razón, la compasión y la ética
Entre los valores más destacados del humanismo, en el campo de la salud, podemos citar la comunicación empática, los gestos de cuidado, el respeto a la dignidad, el apoyo emocional, la atención compasiva centrada en la persona, el cuidado integral, el fortalecimiento de la relación empática “médico-paciente”, alcanzando así una asistencia sanitaria digna.
El proceso de humanización busca un cambio de paradigma, donde la tecnología y la eficiencia técnica se ponen al servicio de la persona enferma-discapacitada, garantizando no solo la curación física, sino también un mejor estado emocional y social.

Uno de los aspectos a tomar en cuenta son los factores ergonométricos en el diseño.
La ergonomía como herramienta terapéutica para el bienestar integral
La ergonomía se integra en las demás disciplinas, las integra y las transforma, al construir su propio objetivo de estudio, servicio y trato personalizado, hacia el humanismo.
Dr. Luis Altamirano Álvarez

En la actualidad, la ergonomía, como tal, ha dejado de ser solo una medida preventiva para convertirse en un pilar del bienestar y/o salud de ser humano. La ergonomía se adapta al entorno, desarrolla tareas terapéuticas y rehabilitadoras y mejora la salud.
En efecto, la ergonomía se manifiesta como una herramienta preventiva, curativa y rehabilitadora.
En el diseño y desarrollo de instrumentos o accesorios participa con auxiliares quirúrgicos; así como en los diseños arquitectónicos, tanto en el hogar como en los recintos hospitalarios, para acondicionar y adaptar a
los requerimientos de los pacientes.
Cuando hablamos de herramientas terapéuticas complementarias para mejorar la calidad de vida, la clave no es curar, sino acompañar, potenciar y sostener al ser humano en sus dimensiones física, mental, emocional, social y existencial.
Se puede organizar la ergonomía en los siguientes bloques
Herramientas corporales (el cuerpo como puerta de entrada): ejercicio integrado a las actividades de la vida diaria (agacharse, cargar, empujar, girar); estímulos táctiles (texturas, presión, temperatura); postura y ergonomía cotidiana: “Tu cuerpo no es el problema, es el recurso”.
Herramientas cognitivas: un cambio en la manera de pensar: del “tengo que”, al “puedo elegir”; estar presente en lo que ya se hace (comer, bañarse, vestirse); contar la propia historia desde la adaptación y no desde el déficit; entender qué pasa en el cuerpo con la tensión para reducir el miedo y ansiedad presentes
Herramientas emocionales : no buscar eliminar emociones, sino darles cauce; nombrar lo que se siente; movimiento + respiración + pausa; sentirse escuchado ya es terapéutico
Herramientas relacionales y sociales: la calidad de vida no se construye en soledad: caminar acompañado; redes de apoyo; familia, comunidad, grupos afines; sentirse útil, necesario y reconocido.
Herramientas existenciales y de sentido: no “el gran sentido de la vida”, sino el sentido del día; aceptación activa de la vulnerabilidad; no luchar contra lo humano; hacer lo cotidiano con intención.

Herramientas lúdicas : juego aplicado a las actividades de la vida diaria; humor terapéutico; retos pequeños y alcanzables.
Se trata de construir tu clave integradora, es decir, tu sello personal La herramienta más poderosa no es una técnica, sino convertir lo cotidiano en terapéutico, sin que la persona sienta que “está en terapia”. El entorno también trata de educar y acompañar: cuando se diseña con ergonomía se convierte en un instrumento silencioso de salud. ⚫
Derechos, deberes y bioetica
Basándonos en la obra de J.M. Coetzee, premio Nobel de Literatura, específicamente en su novela The Schooldays of Jesus (en 2017 Random House la publicó en español con el título Los días de Jesús en la escuela), podemos discernir acerca de los derechos , así como los deberes , y la confluencia de ambos con la bioética. Lo anterior, para conocer otros puntos de vista y aproximaciones a estos temas de total actualidad tanto en el campo jurídico como en aquel de la bioética.
En lo que atañe a los derechos de los animales , el autor expresa algunas dudas respecto a los “derechos de los animales”, así entre comillas. El derecho más importante es el derecho a la vida. Es improbable que alguna vez se conceda al reino animal en su conjunto tal derecho; es preferible defender la idea de que los seres humanos sientan que tienen ciertos deberes hacia los animales
Los derechos pertenecen a la esfera de la ley : ese es su ecosistema. Los deberes, en cambio, a la esfera de la ética. En aquellos casos en que no se cumple con los deberes, uno se siente avergonzado: es una experiencia innata a lo humano. Es decir que el sentimiento de vergüenza es un indicativo de que uno no ha cumplido adecuadamente.
Partiendo de la clara reflexión de Coetzee sobre los derechos de los animales, podemos tomar ello para disertar brevemente acerca de los derechos de la especie humana.
Si leemos la Declaración de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948 (derecho obligatorio por cierto para nuestro país, al mismo nivel que lo es la Constitución), surgen con claridad un par de ideas, a saber: la voluntad, de carácter positivo, de quienes la produjeron y la realidad (negativa, triste) a 77 años de distancia de esos importantes principios. Esta última aproximación, la negativa, es la que por cierto en no pocas ocasiones mis alumnos me han interpelado en clase acerca del derecho como tal y su real utilidad para la sociedad; ello, desde luego, desde un muy particular punto de vista.
Así, el documento, bien intencionado de la ONU, se elaboró tres años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Existían razones de peso para explorar las vías encaminadas a restañar la esencia humana después de las catástrofes de la etapa de la historia inmediatamente anterior a su promulgación. La declaración aviva la idea bienvenida, pero a veces tergiversada del pensador Antonio Gramsci: “ Pesimismo de la inteligencia, voluntad de la razón ”.
Los seres humanos han dado a luz innumerables declaraciones, todas ellas impregnadas de “voluntades sanas”, pero es justamente el Homo sapiens el que justamente ha dado al traste con ello obedeciendo a su inteligencia (bombas atómicas, armamento, plantas nucleares).
La aplicabilidad de los treinta principios enlistados en la Declaración Universal de Derechos Humanos nos remite a nuestra realidad. No podemos sino compartir las primeras líneas del preámbulo: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana ” […], “La Asamblea General proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común para que todos los pueblos y naciones deban esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades…”.
La Declaración Universal de Derechos Humanos es un dechado de “ principios humanos para seres humanos ”. Suman ley y ética, binomio insuperable, pero sólo

Eduardo Casillas González /Doctor en derecho - Máster en Bioética
en el papel. Inexistente en la realidad. Se ignora la cifra de seres humanos cuyos derechos o son conculcados o no existen de plano, y cuyas vidas no trascienden más allá de la mera supervivencia cotidiana, que por cierto obedece a la nula ética de quienes detentan la silla del poder.
De ahí Coetzee, quien apunta que hablar de derechos de los animales, cuando incontables seres humanos carecen de los más básicos, plantea serios problemas, así como agudas preguntas. Subrayamos: los derechos pertenecen al ámbito jurídico; los deberes al mundo de la ética. Otra vez Gramsci: “Fracaso de la voluntad, realidad de la sinrazón”. De ahí la importancia del humanismo, para enriquecer ambos conceptos , en la práctica, y del trabajo que se disemina a través de él y cuyos frutos recaen más allá de cuentagotas, en las más diversas latitudes de nuestro mundo y nuestro país.
Así pues, la destartalada ONU –mejor tartamuda y coja que nada- está llamada cuando comenzamos el segundo cuarto de nuestro siglo XXI, a reescribir ésta y otras declaraciones. Organismo que, por cierto, la ONU, apunta a tener próximamente un secretario general latinoamericano, con la expresidenta chilena Michel Bachelet… veremos. La tarea, sin embargo, es mayúscula.
Es sabido que la ONU enfrenta en nuestros días una de sus peores crisis de legitimidad. De hecho, fue configurada por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, y no por nada se asienta territorialmente en los Estados Unidos, como principal país dominante en los años que siguieron a dicha conflagración y por al menos tres o cuatro décadas, pero ello está cambiando: estamos siendo testigos del surgimiento de un planeta multipolar, es decir con varias superpotencias en su seno.
En el mapa jurídico actual de la ONU, las otras cuatro potencias que integran con carácter permanente el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como máximo órgano de esta (países por cierto que cuentan con poder de veto de cualquiera de ellos para que las resoluciones del Consejo se estanquen ante escenarios por ejemplo como la invasión o no de un tercer país), son: Gran Bretaña, Francia, China y la Federación Rusa. Como vemos: tres occidentales y dos orientales, o “uno y medio”, si consideramos que Rusia abarca Europa y Asia como el país más grande del mundo.
Así pues, la realidad de nuestros días exige una reconfiguración y reordenamiento de este organismo supranacional (“por encima de los países”). Ello, porque hay potencias nuevas: la India, Brasil, Indonesia … y otras … quizá incluso México, si fuéramos optimistas. Y todo ello viene a colación, porque se requiere de una entidad jurídica que sea capaz de exigir a las diferentes naciones el respeto irrestricto a los derechos humanos dentro de su territorio y más allá de él.

Lo anterior, desde luego, no es una tarea sencilla, pero la complejidad de nuestros días lo vuelve imperativo. Si no, basta con mirar, lo que pasó en Gaza por años con la invasión y aniquilación de ese territorio por parte del Estado Hebreo, más allá de sus, legítimas o no, razones y a todas luces ilegítimo desde cualquier punto de vista (jurídico y ético). O lo que sigue ocurriendo en Ucrania, donde un día Vladimir Putin se levantó con la idea de que era necesario dar inicio con una “operación militar especial”, con su vecino, para, según él, “sacar a los nazis de Ucrania”; operación que por cierto cumplió cuatro años el 22 de febrero de este año, con miles de muertos en ambos bandos como saldo. Recordemos que Rusia es una potencia con poder de veto en el anacrónico Consejo de Seguridad de la ONU recién mencionado, lo cual vuelve la situación mucho más compleja e incierta de resolver a fondo.
Y en medio de todo ello, terminamos donde empezamos: por una parte, la necesaria e insoslayable protección de los derechos humanos con todas sus consecuencias en todas partes, antes que buscar hacer extensivos dichos derechos, por ejemplo, a los animales; por otra parte, los deberes éticos que de ello emanan y que nos vuelven también a nosotros responsables, y, desde luego, la Bioética como factor central en dicha discusión y, sobre todo, en su efectiva puesta en práctica. ⚫
Eduardo Casillas González /Doctor en derecho - Máster en Bioética
ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL
Lic. Maribel Delgado - Coordinación proyecto
Asociaciones Unidas por la Salud, en CSC
Casa hogar Naandi: un hogar que cuida, educa y ama

Fundada por la Madre María del Carmen Gutiérrez Peco, misionera originaria de España, la Fundación Santa María del Tepeyac A.C., conocida como Casa Hogar Naandi, es una obra que nace del encuentro con la vulnerabilidad. Tras casi tres décadas de misión en México y de trabajo pastoral en la periferia de Guadalajara, la Madre Carmelita respondió a un llamado claro: ofrecer hogar, cuidado y futuro a niñas en situación de abandono

Naandi significa “mamá” en lengua purépecha, y ese sentido materno define el corazón del proyecto. Aquí el cuidado no se fragmenta: se integra. La atención comienza desde los primeros meses de vida y acompaña a las niñas hasta la mayoría de edad —y más allá— con un enfoque que articula salud, educación, formación humana y espiritual, recreación, vestido y alimentación. El objetivo es desbloquear posibilidades y formar, desde la vida cotidiana, agentes de cambio para sus familias y comunidades.
Hoy, Naandi opera una red de hogares diferenciados por etapa de desarrollo: bebés y preescolar; primaria; adolescentes; y, a partir de 2026, una Casa de Jóvenes para mayores de 18 años que continúan estudios universitarios viviendo en comunidad, con padrinazgos y redes de apoyo. Este modelo por edades permite una atención especializada, respetuosa de los ritmos y necesidades de cada etapa, garantizando salud, seguridad y educación como derechos irrenunciables.
A lo largo de 28 años, más de 300 niñas han encon -

trado en Naandi un entorno seguro para crecer. Muchas de ellas hoy cursan estudios superiores o se desempeñan profesionalmente, evidenciando que la inversión en cuidado integral transforma trayectorias de vida. Los valores que sostienen la obra —integridad, vida saludable, derechos y educación para todas— se viven en prácticas concretas: acompañamiento cercano, formación en valores, y programas que fortalecen habilidades para la vida.

Mirando al futuro, Naandi impulsa iniciativas para el acompañamiento de egresadas, la certificación de familias de acogida y adopción en coordinación con autoridades, terapias de lenguaje y regularización escolar. La invitación a la sociedad es clara: sumar esfuerzos. A través de donaciones, servicios en especie, difusión, campañas o eventos benéficos, cada apoyo abre caminos y cambia destinos.
Naandi es, en esencia, un hogar que cuida, educa y ama; un proyecto que demuestra que cuando la compasión se organiza, el futuro se vuelve posible. ⚫
Ubicación: Guelatao 1768, Hogares, 45199
Zapopan, Jal., Mexico
Teléfono: 33 36 60 71 26
WhatsApp +52 1 33 1317 7344
Correo electrónico: contacto@casahogarnaandi.org
Somos hijos amados por Dios
Todos estamos llamados a renovar nuestras vidas. El hacerlo delante de Dios implica un cambio de vida concreto y real . La vida de los que acogemos a Cristo en nuestros corazones no puede seguir siendo la misma. Tomemos como ejemplo a San Camilo: encontró a Cristo en los enfermos y ese encuentro fue fuente de conversión y misión. Así nos ocurre también a todos los creyentes. El encuentro con Cristo es fuente de conversión porque implica el gran encuentro con el Amor y así se desencadena una vida llena de sentido.
Nuestro camino de conversión dura toda la vida, sin embargo, la Iglesia nos propone el tiempo de Cuaresma como tiempo de conversión y de libertad porque Dios nos ama como hijos, no como súbditos.
En el Libro del Éxodo la palabra de Dios se dirige personalmente a cada uno de nosotros: “Yo soy el Señor, tu Dios que te hace salir de Egipto (lugar de esclavitud)”. En este punto es muy importante que meditemos en lo que hoy día nos esclaviza y así plantearnos despojarnos de lo que nos pesa para volver a lo esencial y vivir una espiritualidad profunda transformándola en caridad activa.
Vivir con profundidad la experiencia de hijos amados por Dios significa caminar unidos en la esperanza de la promesa de Dios que nos da fuerza en los momentos difíciles de la vida y enfrentar juntos las fatigas de la vida cotidiana con fe.
La Cuaresma es el tiempo ideal para analizar psicológica y espiritualmente qué está ocurriendo en nuestro proceso de conversión, es tiempo de actuar, pero actuar es también detenerse para orar y acoger la Palabra de Dios y, como el samaritano, ayudar a nuestros hermanos heridos porque el amor al prójimo, el amor a Dios y el amor de Dios es un único amor. La oración, la caridad y el ayuno no son tres ejercicios independientes sino un único movimiento.
La Cuaresma también es el momento para reflexionar sobre nuestros estilos de vida y de evaluar qué tipo de contribución hacemos a la sociedad. Busquemos y arriesguemos, estamos en un momento histórico de desafíos enormes. Abracemos la idea de que los gemidos de dolor de la humanidad no son de agonía sino de parto; no el final sino el comienzo.
Hace falta mucho coraje y valentía para actuar y hacer que esto se haga realidad. Es la valentía de la conversión lo que nos empuja a salir de la esclavitud, de la apatía, la inmovilidad, el egoísmo y el individualismo. Solo la fe y la caridad nos dan la libertad y el coraje que necesitamos para transformar la agonía en parto. ⚫

Señor y Padre de la humanidad, que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad, infunde en nuestros corazones un espíritu de hermanos. Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz. Impúlsanos a crear sociedades más sanas y un mundo más digno, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras. Que nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra, para reconocer el bien y la belleza que sembraste en cada uno, para estrechar lazos de unidad y proyectos comunes de esperanzas compartidas. Amén.
Apoyo emocional en crisis infantiles
Cuando ocurre un evento adverso o una situación crítica, las personas son impactadas en todo su ser, desajustando sus mecanismos habituales para hacerles frente y creando con ello un desequilibrio emocional. Esto pasa también en los niños, quienes lamentablemente en muchas ocasiones son los grandes olvidados de la atención, bajo el supuesto de que “a ellos no les impacta” , “se les pasa rápido” o “no comprenden la situación” , estos y otros mitos hacen que los niños vivan en soledad las crisis y, al carecer de recursos adecuados para su afrontamiento dado su nivel de desarrollo, son más vulnerables a los efectos que tales situaciones conllevan.
Las crisis en la infancia
Los eventos que detonan crisis emocionales en los niños son variados y pueden ocurrir en diferentes contextos; pueden deberse a algo que esté ocurriendo en ese momento, a su estado de ánimo (extremadamente cansado, etc.) o algo que se les pide que hagan; así dentro de las causas más frecuentes se encuentran: peleas familiares, presiones escolares, dificultades sociales, violencia, bullying, pérdida de un ser querido y exigencias excesivas en el rol del niño.
Es sumamente importante diferenciar que las crisis emocionales no son “berrinches”, “llamadas de atención” o “manipulación emocional” del niño hacia los adultos, sino que son el resultado de situaciones muy estresantes que abruman al niño y en donde se siente vulnerable e incapaz de afrontar lo que sucede, simplemente, lo rebasa y desborda.
Cambios que pueden experimentar los niños en situaciones de crisis
Cuando los niños viven o presencian una situación de crisis, pueden experimentar cambios emocionales, conductuales y físicos, los cuales son reacciones normales frente a un evento muy estresante, y dependerán de la edad, el nivel de desarrollo y el contexto familiar de cada niño. De manera general es frecuente que los niños, presenten tras una crisis:
Alteraciones emocionales: miedo, tristeza, irritabilidad o sensibilidad aumentada;
La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir Jean-Jacques Rousseau

Cambios en el comportamiento: conductas agresivas, aislamiento, regresiones (conductas previas del desarrollo como necesidad de cercanía física intensa, chuparse el dedo, etc.), cambios en el patrón de la comunicación (permanecer en silencio);
Dificultades en el sueño o en la alimentación: pesadillas, insomnio, miedo a la oscuridad, cambios en el apetito;
Aumento de la ansiedad: preocupación excesiva por la seguridad propia o de sus cuidadores, pérdida de la autonomía, pensamientos reiterados sobre el incidente; Manifestaciones físicas: cansancio, dolor de estómago o de cabeza sin causa médica, temblores corporales.
Erika Lorena González Franco
Las reacciones anteriores, suelen disminuir después de la fase aguda del evento crítico, es decir, van disminuyendo de manera gradual durante la primera semana posterior a la crisis. Es importante mencionar que, en caso de no disminuir o incluso si las reacciones se agravan, de debe buscar atención profesional.
De la crisis a la calma
Los adultos que son parte de la vida afectiva del niño tienen un papel especial al momento de una crisis emocional, puesto que son ellos las figuras de referencia y, por tanto, se constituyen como el vínculo de seguridad y protección ante los peligros y la adversidad.
Para que lo anterior sea posible, es necesario que el adulto que brinde acompañamiento emocional al niño durante la crisis proporcione escucha, cuidado, consuelo, afecto, calma, validación emocional, información y seguridad, pero sobre todo, que el mismo adulto esté regulado en sus emociones para poder regular al niño, es decir, se precisa estar tranquilo para inducir la tranquilidad; ya que la activación del sistema de calma en un niño ocurre por medio del adulto, especialmente en los niños pequeños.
De ahí la importancia de que como sociedad podamos comprender e implementar acciones de contención y apoyo emocional inmediato en niños que experimentan situaciones de crisis; esto será posible a través de los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP).
Los PAP son un conjunto de acciones breves, prácticas y humanas dirigidas a disminuir el estrés inicial, promover la estabilidad emocional y facilitar la recuperación tras una crisis. En el caso de su aplicación en las crisis infantiles, el proceso de intervención se organiza en cinco acciones secuenciadas:
Contener : implica ofrecer un espacio para la estabilidad física y emocional del niño donde pueda expresar la situación que vive;
Calmar : en este punto se trata de ayudar a regular la emoción presente en el niño y reducir el estrés inicial que supone la crisis;
Informar : consiste en explicar lo ocurrido con lenguaje sencillo, claro y honesto; así como lo que va a pasar con sus cuidados y la atención de sus necesidades;
Normalizar: conlleva mostrar que las reacciones del niño ante la crisis son válidas y esperables ante el evento que acaba de vivir o presenciar;
Consolar : consiste en brindar acompañamiento afectivo al niño y cuidados, así como promover actividades positivas y vida social que transmitan esperanza en la vida.
En cuanto a la comunicación con el niño, es re -
comendable utilizar un tono de voz calmado y pausado, hacer preguntas abiertas que permitan la expresión de la vivencia, ayudarle a identificar y poner nombre a las emociones, evitar indagar sobre detalles dolorosos sobre el incidente que hagan que se sienta más vulnerable, validar su sentir, usar palabras sencillas, hacerle sentir protegido y cuidado, y mantenerse disponible para aclarar dudas o por si desea hablar.
Existen diferentes recursos que se pueden utilizar para ayudar a un niño en crisis, dentro de los cuales se encuentran: las técnicas de respiración y relajación, las técnicas de imaginación y creatividad, el uso del cuento y el dibujo, las actividades recreativas, el juego, los muñecos y peluches, entre otros. Las acciones antes descritas deben realizarse tomando en cuenta la edad del niño y su contexto.
A manera de conclusión, los niños al igual que los adultos experimentan situaciones de crisis que generan impacto emocional significativo, lo cual los pone en una situación de vulnerabilidad, más aún debido a la etapa del desarrollo en que se encuentran; por lo que es prioritario brindarles contención emocional, información y acompañamiento con un enfoque humanista, respetuoso e individualizado a sus necesidades para que no sólo puedan integrar la experiencia de crisis y puedan recuperarse, sino que eviten complicaciones de la no atención y afectaciones a su desarrollo. ⚫

Mtra.
Sororidad: el poder de las mujeres caminando juntas
Mes de marzo, mes de la mujer, nos invita a hacer una pausa para mirarnos. Recordamos luchas históricas, derechos conquistados y caminos que aún faltan por recorrer, sin embargo, más allá de las fechas conmemorativas y los discursos públicos, el mes de la mujer nos convoca a mirar con honestidad cómo estamos viviendo, sintiendo y relacionándonos como mujeres.
Dentro del marco del mes de la mujer, en esta ocasión hablaremos sobre Sororidad, nombrándola, como un acto consciente de amor, cuidado y sanación compartida,
En un mundo marcado por la prisa, la polarización y el dolor acumulado, emerge con fuerza una palabra que, aunque antigua, se instala como un pilar de salud emocional, sanación colectiva y un camino posible hacia vínculos más humanos y reparadores. La palabra sororidad proviene del latín “soror”, hermana.
Fue resignificada en el ámbito feminista para nombrar la alianza, el pacto consciente y solidario entre mujeres , especialmente frente a las desigualdades estructurales que históricamente han vivido. Marcela Lagarde (2012), antropóloga y feminista mexicana, define la sororidad como “una amistad entre mujeres que se convierte en una forma política de relación, una ética del cuidado y una práctica de apoyo mutuo, que les permite reconocerse como iguales, dignas y valiosas”. La sororidad no es una moda ni un concepto ideológico vacío; es una postura ética, emocional y relacional que transforma la manera en que las mujeres se miran, se acompañan y se sostienen mutuamente.
En el contexto histórico, durante siglos, a las mujeres se les enseñó a competir entre ellas, por la aprobación masculina, por reconocimiento social, por el amor, por belleza, por el valor personal a través de esquemas y mandatos culturales direccionados a mostrar ciertas conductas valoradas, aceptadas y esperadas socialmente en una mujer: cuidado del hogar, crianza de los hijos y tareas domésticas prioritariamente, acceso restringido a la educación formal o fomentado al desarrollo de habilidades domésticas donde la autoridad y las decisiones estaban centradas en el hombre (padre o esposo). Este mandato cultural fragmentó los vínculos femeninos y sembró desconfianza, comparación, enojo y rivalidad
La sororidad nace como una respuesta consciente a esa herencia cultural. Surge del reconocimiento de que
muchas de las heridas que cargamos no son individuales, sino colectivas. Desde esta mirada, se analiza que la sororidad va más allá de la simpatía o la cordialidad; implica un compromiso activo con el bienestar entre mujeres y acompañamiento en los distintos momentos de la vida. Psicológicamente, la sororidad cumple una función profundamente reparadora. Diversos estudios han demostrado que las redes de apoyo entre mujeres disminuyen los niveles de estrés, ansiedad y depresión, especialmente en contextos de crisis, duelo, violencia o transición vital. La sororidad diluye el aislamiento emocional, disminuye la autoexigencia y la culpa. Cuando una mujer se permite recibir apoyo de otras , está rompiendo el mandato de “poder con todo” en soledad, fortalece la autoestima y el


sentido de pertenencia, favoreciendo procesos de sanación colectiva. Investigaciones publicadas en revistas como Psychology of Women señalan que las mujeres que cuentan con vínculos solidarios femeninos muestran mayor resiliencia emocional y menor impacto negativo ante eventos traumáticos.
La sororidad no siempre se manifiesta en grandes actos, muchas veces vive en lo cotidiano: en aquella mujer que escucha sin juzgar, en la que valida el dolor de otra sin minimizarlo, en quien abre caminos y no cierra puertas, en la que acompaña un proceso de divorcio, duelo o enfermedad, en aquella que se atreve a decir: “no estás sola”. Un ejemplo claro se observa también en los grupos terapéuticos de mujeres, donde el reconocimiento y aceptación mutua transforma la vergüenza en dignidad, el dolor en fortaleza compartida, la revictimización en esperanza y acciones concretas. Carl Rogers afirmaba que la empatía genuina tiene un efecto profundamente terapéutico. Cuando esa empatía se da entre mujeres que se reconocen como iguales, el impacto es doblemente sanador.
Ser sororas no siempre es sencillo, tiene sus propios desafíos . También invita a cuestionar prejuicios internos, competir menos, escuchar más y revisar heridas no resueltas.
Marzo también es un mes que nos confronta con emociones colectivas intensas de dolor, enojo, frustración y cansancio acumulado. En este contexto, la sororidad adquiere un significado aún más profundo y urgente. Se requiere valentía para poner límites y no confundir so -
roridad con enojo desbordado, venganza o agresión, pues ninguna forma de violencia sana las heridas que le dieron origen. La sororidad no exige estar de acuerdo en todo, sino respetar la dignidad de la otra persona. En los últimos años, especialmente cada 8 de marzo, observamos expresiones públicas de enojo profundo por parte de un sector femenino. Marchas que incluyen reclamos legítimos se acompañan, en algunos casos, de actos de violencia simbólica y material: daños a establecimientos públicos y privados, pintas en muros y destrucción de monumentos históricos. Desde una mirada psicológica y clínica, este enojo no aparece de la nada. La raíz se deja ver en la expresión acumulada de generaciones de violencia, silenciamiento, abuso, desigualdad y dolor no escuchado. El enojo, en sí mismo, es una emoción legítima: señala una herida, un límite cruzado, una injusticia persistente, sin embargo, es fundamental diferenciar entre reconocer el enojo y normalizar la violencia como forma de expresión.
La sororidad no puede construirse desde el odio ni desde la negación del otro. Cuando el enojo se dirige indiscriminadamente hacia el género masculino o se traduce en actos destructivos, se corre el riesgo de reproducir la misma lógica de violencia que históricamente ha dañado al género femenino. El dolor no elaborado tiende a expresarse de forma desbordada. Cuando no hay espacios de contención, escucha y elaboración emocional, el enojo se convierte en rabia y la rabia busca salida en el acto.
El sentido de sororidad propone otra vía: transformar el enojo en conciencia, el dolor en palabra y la herida en acción constructiva. Ser sororas implica también asumir responsabilidad emocional. No todo acto que nace del dolor sana, no todo grito libera y no toda destrucción repara. La verdadera sororidad invita a canalizar el enojo hacia formas de expresión que construyan dignidad, justicia y un verdadero cambio social. Esto no significa callar ni minimizar la violencia que viven muchas mujeres; significa elegir caminos que no generen más fragmentación social ni perpetúen la polarización entre géneros. La sororidad auténtica no busca enfrentar mujeres contra hombres, sino mujeres consigo mismas y con otras mujeres desde la dignidad para promover relaciones más conscientes, equitativas y humanas. Cuando las mujeres se acompañan desde la dignidad, contribuyen a una cultura de paz, diálogo y corresponsabilidad social. No es una trinchera desde la cual atacar, sino un puente desde el cual dialogar, exigir derechos y construir una sociedad más justa. Sanar juntas no significa pensar igual, ni vivir sin enojo, ni renunciar a la voz propia. Significa elegir conscientemente caminos que cuiden la vida, las relaciones y la salud emocional. Que este mes de marzo sea una invitación a mirarnos con mayor compasión, a acompañarnos con respeto y a recordar que el verdadero cambio comienza cuando elegimos no dañarnos más. ⚫
Lengua de señas mexicana: inclusión social y compromiso personal
La Lengua de Señas Mexicana o LSM es mucho más que un sistema de comunicación alternativo; es una lengua viva, con gramática, sintaxis y estructura propias que constituye el eje central de la identidad cultural de la comunidad sorda en México.
A pesar de su existencia por muchos años, es reconocida oficialmente en 2005 como una lengua nacional. La LSM representa un derecho lingüístico y humano fundamental. Aun con el reconocimiento legal, persisten barreras sociales, educativas y comunicativas que limitan la plena inclusión de las personas sordas en distintos ámbitos de la vida cotidiana.

El voluntariado emerge como un puente para la visibilización, la sensibilización y la transformación social. No solo implica aprender señas, sino comprometerse ética y afectivamente con la inclusión, el respeto a la diversidad y la justicia social, entendiendo esta práctica como una vía concreta para construir comunidades más empáticas, accesibles y solidarias.
La Lengua de Señas Mexicana como lengua y cultura
Hablar de LSM es hablar de una lengua visual-gestual que se transmite principalmente a través de las manos, el cuerpo y la expresión facial. No se trata de una traducción literal del español ni de un conjunto de mímicas, sino de una lengua con reglas propias que
permite expresar ideas abstractas, emociones complejas y narrativas profundas, incluso comunicar la seña sin tener alguna palabra definida en el español.
Aprender LSM implica también un acercamiento intercultural; supone reconocer la sordera no únicamente como una condición física o médica, sino como una identidad lingüística y cultural. De esa manera, el voluntariado que se desarrolla desde esta comprensión evita miradas asistencialistas y promueve relaciones horizontales basadas en el respeto mutuo.
Barreras y exclusión social
A pesar de los avances normativos, la falta de intérpretes , infraestructura y personal educativo, el desconocimiento de la LSM por parte de la población oyente y los prejuicios sociales generan situaciones de aislamiento y vulnerabilidad.
Estas barreras son profundamente relacionales. La imposibilidad de comunicarse con el entorno inmediato puede derivar en sentimientos de invisibilidad, discriminación, frustración y exclusión
El voluntariado como experiencia transformadora
El voluntariado en esta área suele iniciar con el deseo superficial de apoyar, pero pronto se dan cuenta de que se transforma en un proceso de aprendizaje personal y colectivo. Se descubren nuevas formas de transmitir, se desarrolla una mayor sensibilidad corporal y se aprende a escuchar con la mirada y con el movimiento.
El voluntariado vinculado a la LSM puede desarrollarse en múltiples espacios . En el ámbito educativo, por ejemplo, personas voluntarias apoyan en escuelas inclusivas, talleres comunitarios o programas de alfabetización, facilitando la comunicación entre estudiantes sordos, docentes y familias oyentes.
En el área de la salud , el voluntariado en LSM contribuye a mejorar la atención a personas sordas en hospitales, clínicas y campañas de prevención, reduciendo riesgos asociados a la mala comunicación y promoviendo
Mtra. Georgina González García
el derecho a una atención digna e informada.
También existen experiencias de voluntariado en contextos deportivos, culturales, religiosos, comunitarios y en medios de comunicación, donde la presencia de personas con conocimientos en LSM permite la participación de la comunidad sorda en eventos, paralimpiadas, actividades recreativas y espacios de reflexión colectiva.

Cabe mencionar que el voluntariado no sustituye la labor profesional de intérpretes certificados, pero sí complementa y sensibiliza, generando entornos más accesibles.
Compromiso social y ética del cuidado
Cuidar en este sentido, no significa sobreproteger, eliminar, cambiar, ni hablar por el otro, sino crear condiciones para que cada persona pueda ejercer su autonomía y participar plenamente en la vida social, respetando la identidad de la comunidad sorda, evitar actitudes paternalistas y promover la inclusión desde una lógica de derechos humanos.
El voluntariado, si bien ofrece múltiples beneficios, también enfrenta desafíos importantes, uno de ellos es la formación adecuada. Aprender LSM requiere procesos formativos continuos y acompañados por personas sordas o especialistas para evitar la reproducción de errores o prácticas poco respetuosas.
Asimismo, es necesario promover una reflexión constante sobre las motivaciones , cuidando que el deseo de participar no derive en protagonismos o en sacar ventaja económica de la experiencia sorda.
Su servidora, como persona HOPS (Hijos Oyentes de Padres Sordos o en inglés, CODA: Child Of Deaf Adults)

quiero sugerirte que, si ya tomaste la decisión de aprender, tomes nota de lo siguiente: el tiempo es subjetivo y totalmente personal, puede que aprendas en 2 años o en 10 años; practica y anímate a comunicarte con personas sordas, tendrán que ser diferentes para que vayas conociendo sus múltiples formas de transmisión de mensajes; ten mucha paciencia contigo mismo, no te auto castigues, esto es práctica y error; no hay edad para el aprendizaje, mantén tu mente curiosa siempre; revisa bien las instituciones que proponen formación: muchos cursos ofertan intensivos en menos de 3 meses, la realidad es que no es así; no necesitas tener conocimientos previos, empezarás desde cero; las personas con discapacidad auditiva no son sordomudos, ya que mudo se refiere a una persona que no tiene la capacidad de articular algún sonido. Te sorprenderás al escuchar que las personas sordas pueden hablar, aunque a sus maneras.
Y, por último, no menos importante, has conocido o conocerás a una persona que con la edad avanzada ha ido perdiendo progresivamente su audición o a alguien que ha sufrido algún accidente y perdido su audición. La LSM no es para otros, es para todos. Integrarla a nuestras vidas nos facilitará la comunicación y la inclusión en un futuro, espero muy lejano. ⚫
¿Quién cuida a los que cuidan?
Jonás Heriberto López Sánchez - Lic. Psicología
Jennifer Daniela González Solis - Lic. Psicología

“Para
mí ser cuidadora significa dar un pequeño acto de amor y agradecimiento dando el apoyo a la persona que lo necesita con la intención de que mejore y que encuentre un poco de calma en la enfermedad”
Martha, cuidadora
¿Quién es un cuidador?
Se considera que una persona se vuelve cuidadora cuando asume la responsabilidad total de la atención, apoyo diario y toma de decisiones de la persona dependiente, principalmente, es quien le ayuda a realizar aquellas actividades que no puede ejecutar por sí misma, siendo estas sencillas o complejas.
¿Por qué una persona cuida a otra?
La mayoría de las personas cuidadoras no eligieron tener este trabajo, sino que, a raíz de las circunstancias, como la enfermedad de un conocido o familiar, asumieron este rol de forma desinteresada y por el cariño que tienen hacia las personas que cuidan, siendo su principal motivación el que sus seres queridos mejoren su condición de salud
y que encuentren ese apoyo para lidiar con las adversidades. Así, el amor por sus seres queridos se vuelve el eje transformador.
La importancia de los cuidadores
Los cuidadores primarios juegan un papel importante en la vida de las personas con insuficiencia renal, ya que son uno de los pilares principales para quienes viven con esta condición de salud. Los cuidadores asisten y velan por su familiar, fungiendo como guías y protectores, y en muchas ocasiones liderando todo su contexto familiar, adquiriendo el rol de proveedores y sustento del hogar.

Dificultades y retos de los cuidadores
Dentro de las principales dificultades que enfrentan la mayoría de los cuidadores es que no tienen preparación técnica ni experiencia en el manejo de personas dependientes, lo que trae como consecuencia una sobre carga emocional, física y mental. Además, el cuidado es un quehacer que no se reconoce como trabajo al no ser remunerado y, por lo tanto, pasa desapercibido por los otros.
Por esta razón, en Fundación Stella Vega, nos tomamos este espacio para reconocer la gran labor a las personas que son cuidadoras de otras y refrendamos el compromiso de seguir fortaleciendo los proyectos que fomentan el cuidado al cuidador, especialmente en el cuidado de personas que viven con Enfermedad Renal Crónica, a través de actividades como talleres, charlas que son dirigidas a nuestros beneficiados. ⚫

El Día Internacional de las Personas
Cuidadoras se celebra el 5 de noviembre para reconocer la labor esencial de quienes cuidan a personas mayores, dependientes o con discapacidad, ya sean familiares o profesionales
Participantes del taller Cuidando al Cuidador
¿Cuáles son los derechos de las personas cuidadoras? Conócelos …
• Dedica tiempo para ti, sin sentirte culpable.
• Permite a tus pacientes resolver por ellos mismos aquello que sean capaces, fomentando su autonomía.
• Busca soluciones razonables que se ajusten a tus necesidades y a las de tus seres queridos.
• Ser tratado con respeto por aquellas personas que solicitan ayuda. Cometer errores y ser disculpados por ello.
Tanatología educativa.
• Ser reconocidos.
• Quererte y admitir que haces todo lo humanamente posible.
• Disponer del tiempo necesario para atender tus necesidades.
• Expresar sentimientos de manera valiente y asertiva.
• Decir “no” a determinadas demandas excesivas.
• Seguir con tu propia vida.
Sensibilizar y humanizar el morir
En una cultura que exalta la juventud, la productividad y la inmediatez, la muerte suele ser relegada al silencio. Se la esconde en hospitales, se la reduce a cifras estadísticas o se la trivializa en los medios. Sin embargo, nunca como hoy ha sido tan urgente aprender a acompañar el morir con competencia profesional y hondura humana. El libro Tanatología educativa. Sensibilizar y humanizar el morir nace precisamente como respuesta a esta.
El subtítulo señala con claridad sus dos grandes objetivos: sensibilizar y humanizar. Sensibilizar significa educar la mirada y el corazón para reconocer la vulnerabilidad propia y ajena; romper la indiferencia y el miedo que muchas veces paralizan ante el sufrimiento. Humanizar implica situar el proceso de morir en el centro de la dignidad de la persona, evitando reduccionismos biológicos o meramente técnicos. No se trata solo de saber qué hacer ante la muerte, sino de aprender a estar, a acompañar y a cuidar desde una comprensión integral del ser humano.

El recorrido del libro es progresivo y formativo.
Inicia con una fundamentación antropológica y ética , donde se aborda la concepción personalista de la vida y la muerte, subrayando la dignidad inviolable de la persona hasta su último aliento. Continúa con un análisis cultural del fenómeno de la muerte en la sociedad contemporánea , explorando el tabú, la medicalización y los desafíos que plantea el entorno digital
y hospitalario. Posteriormente, el texto desarrolla los fundamentos pedagógicos de la tanatología educativa: cómo educar para la muerte desde la infancia hasta la adultez, cómo integrar el tema en espacios escolares, familiares y comunitarios, y cómo formar profesionales capaces de acompañar procesos de duelo.

Un bloque central está orientado a la comunicación, elemento esencial en la humanización del morir: la escucha empática, el manejo del silencio, la comunicación de malas noticias y el acompañamiento espiritual. Finalmente, el libro culmina con la dimensión espiritual y trascendente, reconociendo que la pregunta por el sentido se intensifica en el umbral de la muerte y que la atención integral debe incluir esta profundidad.
¿Por qué puede ser especialmente útil en nuestra cultura? Porque vivimos en una sociedad que ha avanzado extraordinariamente en recursos tecnológicos para prolongar la vida, pero que con frecuencia carece de herramientas para afrontar su final con sentido. La tanatología educativa busca integrar la muerte en el horizonte de la vida como parte de la condición humana. Educar para morir es, en realidad, educar para vivir mejor: con mayor conciencia, responsabilidad y solidaridad.⚫

Cursos
de Capacitación para el trabajo

Tanatología Educativa y Acompañamiento
Infantil
Reconocimiento del Centro San Camilo A.C. 32 sesiones / 128 hrs
Mixto / de 16:00 a 20:00 Los Miércoles inicio: 29 Abril

Relación de Ayuda
Reconocimiento oficial de la SEJ como capacitación para el trabajo (actualización en proceso RTCP201314022
30 sesiones / 120 hrs
Mixto / de 16:00 a 20:00 Los Martes inicio: 28 abril
Reflexión sobre la muerte y la vida eterna
Ejercicios Cuaresmales
TEMAS
. La muerte
. El juicio
. La vida eterna
. La esperanza cristiana
Solo presencial Sin inscripción Ingreso libre
Los jueves a las 19:45 horas
Fechas : 26 febrero, 5, 12, 19 y 26 marzo 2026
Meditaciones del Pbro. Silvio Marinelli
El número 141 Mayo - Junio 2026 de la Revista
Vida y Salud será dedicado a “El trabajo” Suscripciones secretaria@camilos.org.mx para enviarse por vía electrónica
El equipo de Redacción de la Revista y el Centro San Camilo A.C., expresan su más sentido agradecimiento a los bienhechores y patrocinadores:
- Fundación PiSA - Stella Vega, A.C.
- Tequila San Matías
- Mónica Gómez Flores
- Antonio Salles Ramírez
¡QUE EL SEÑOR LES PAGUE!
RELIGIOSOS CAMILOS AL SERVICIO DE LOS ENFERMOS
Religiosos - Orden de San Camilo
Somos religiosos unidos por el ideal de servir a los enfermos y a los que sufren.
Para jóvenes varones, solteros, de 17 a 29 años
¡Quieres descubrir tu vocación?
¡Estás interesado en un acompañamiento vocacional?
Religiosos Camilos Guadalajara, Jal. Tel. 33-3640-4090 sancamilo@prodigy.net.mx www.camilos.org.mx

San Camilo nació en Italia en 1550, se convirtió a los 25 años, consagró su vida atendiendo a los enfermos más pobres y desasistidos. Fundó en 1586 la Orden de los Ministros de los Enfermos (Religiosos Camilos). Eligió como distintivo la cruz roja.
La intuición de San Camilo fue fundar una “compañía de hombres piadosos y de bien que, no por dinero, sino voluntariamente y por amor a Dios, sirvieran a los enfermos con a que amor y cariño de una madre hacia su hijo único enfermo”.
Elaboró las reglas para servir con esmero y toda perfección a los enfermos. Adoptó nuevos medios para mejor servir al enfermo. Creó un modo original de estar frente a Dios, inspirado en el Evangelio de San Mateo: ‘Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron’.
