SEPT. 2016
Vivimos tiempos violentos, y no únicamente a la violencia en las calles, ni la que se da en el transporte público, ni la que tiene que ver con del robo a casa-habitación; tampoco me refiero a la que se da en los grupos extremistas terroristas que atacan lugares públicos en ciudades europeas o norteamericanas. Me refiero a la que se vive en contra de la familia; los padres, madres y niños, pues la llamada Ideología de Género, pretende mediante leyes y los “derechos humanos”, arrebatar las educación y formación de los hijos. En 1980, la COC, la mayor asociación gay en los Países Bajos, acompañada de Comisiones de Derechos Humanos, declaró en forma pública que la pedofilia es del interés de su organización, y que la liberación homosexual nunca sería completa sin la liberación de los niños y los pedófilos, lo que nos permite ver que detrás de la ideología de género, está la intención de devorar a los hijos, ya que no se trata de algo inocente, ni se limita a una preferencia de índole personal. Dios nos da una orden a los padres de familia: ¡No le tengas miedo al enemigo! ¡Recuerda al Señor, quien es grande y glorioso, pelea por tus hermanos, tus hijos, tus hijas, tu esposa y tu casa!
No condenamos a quienes tienen preferencias sexuales diferentes, pues al igual que cualquiera de nosotros, tiene la oportunidad de la salvación y perdón de Dios por medio de la sangre de Jesucristo derramada en la Cruz, cuando hay arrepentimiento del pecado y de la forma de vivir alejados del Señor; pero ello no significa que callemos y no hagamos nada por proteger y defender a nuestros hijos, hijas y mujeres, entregándolos a una ideología destructiva. Hoy es tiempo de levantarnos en oración y ayuno, de alzar nuestra voz en un clamor por la vida y la familia, pues nuestra lucha no es contra personas de carne y hueso, sino contra una ideología que nace en principados, potestades y huestes espirituales de maldad.
Gilberto Rocha giroma@calacoaya.com