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Cuentos y Fantasìas

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Cuentos y fantasĂ­as Caren Contreras MedellĂ­n, julio de 2011

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INTRODUCCIÓN Una selección de cuentos para compartir en familia, regalar una linda historia y motivar al encuentro con la lectura y las letras que regalan un soñar, una visión y un paraíso imaginable por quienes se enfrentan a ellas. Diez cuentos escritos para regalar color y sonidos, que sólo se encuentran en el interior de los lectores, capaces de imaginar, gracias a un pequeño universo creado por mí, como autora, infinidad de mundos,

de fantasías, de formas y matices

ligeramente mencionados y cargados con

fuerza emotiva para

trascender en el interior de quien los lee.

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TÍTULOS El baúl marrón. Féragon. Rueda por sonrisa. Sueños de juguete. Ecolores. El fantástico tren verde. El combate de la hormiga. Teresa, mi vaca. Muecua. Azul.

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EL BAÚL MARRÓN En un pardo castillo, caído y sin color, vivía un viejo doctor. Con su bata larga y blanca, con el pelo muy revuelto y sus gafas muy rayadas, caminaba en las noches, entre ramas y adoquines, se veía muy muy triste. Observaba extrañado a lo lejos grandes troncos, de la luna el color, en la noche oscura y fría, de repente algunos gritos, sus oídos escucharon: -¡Papá, papá! Una voz fuerte y miedosa, que gritaba poderosa a su paso por un árbol, aquel viejo notó cerca, acercándose al bosque, a lo lejos

del castillo,

parecía fuese su hijo, quien gritaba atormentado, pero el viejo recordaba que su hijo ya no estaba. • ¡Federico, hijo mío, no me asustes, vete ya estás muerto y no te encuentro, yo te quise y no lo dije en tu tiempo acá conmigo! Esas eran las palabras que repetía el doctor, en las noches cuando lejos, escuchaba un clamor, de su joven hijo muerto, por no escuchar su razón. Una noche de tormenta, imponente el gran astro de la noche iluminando y dos grandes nubarrones ocultaron su color, el doctor muy despeinado de su cama se paró, caminando por el bosque, mucha lluvia que caía y él que se mojó, el sonido y la fuerza de un gran trueno lo ensordeció y a un gran árbol derribó. El doctor notó un hueco que el rayo iluminó, indagar ese agujero se propuso y llegó, socavó con mucha fuerza y sus manos ensució. Mucha tierra había sacado, conmovido y extasiado, se llevó una sorpresa, un baúl se encontró.

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Lo sacó con fuerza bruta, como pudo lo abrió, aterrado y con dolor, sorprendido se quedó, la cabeza de su hijo, en el baúl encontró. Entre miedo y muchas lágrimas, el doctor la cogió, en sus brazos la tenía y con fé él le pedía: • Vé y descansa hijo mío, te perdono aquellas faltas, no me llames más de noche, que te quise igual de día, que descanses ahora quiero, si aprender hoy ya pudiste, entendiste que tu muerte, fue producto de la suerte, de tu rabia y prepotencia, no quisiste bien seguirme por el camino indicado, ya tu vida se ha esfumado y muy solo me has dejado. El doctor regresó al castillo, entre llantos y tristezas, el baúl fue la morada de su hijo ya tranquilo, que en el bosque se quedaba.

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FÉRAGON En un colorido lago, cerca de un mágico pueblo, se escuchan unos cantos, muchos bailes y mil juegos. Dicen que son unas hadas, bajo el agua viven ellas, atrapadas y en custodia, por una gran y feroz bestia. Todos le dicen Féragon, es un furioso dragón, mueve fuerte sus alas y las embruja con su voz, a su cola las amarra, son sus hermosas esclavas. Ata fuerte sus cabellos, las tiene dominadas, cada vez que se enfurece, las obliga a bailar, ellas sólo obedecen pues las podría matar. A oídos de un gran rey, llegó el rumor de aquel lago, con ejércitos y caballos, sin importar los estragos, él valiente va a enfrentar al presumido dragón, sus soldados tienen miedo, pero el rey va con valor. Féragon contento estaba, mientras las hadas bailaban, los caballos y soldados zambulléndose al lago, al dragón arrinconáron, un descuido del malvado y obligado ahora estaba a sacudirse con

fuerza, sus alas y su gran cola

provocaron en el agua, una gigantesca ola. El Rey muy valiente, sacando fino su espada, corta los cabellos de las lindas hadas, trepa a la espalda de la gran bestia, le entierra la espada y le muestra quién manda, el dragón brama con fuerza y tumba al valiente, sin embargo él que no miente, levanta su espada y vuelve consciente. Las hermosas hadas lo besan, lo salvan y su gran espada brilla empuñada, en el brazo fuerte del rey muy valiente. Las hadas ahora son libres, el gran rey las libera y a ese dragón malvado, ni el agua y en la tierra teme ahora y ni recuerda.

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RUEDA POR SONRISA En una ciudad pequeña, los niños no se reían, pasaban entre sus casas que eran bastante aburridas. Para jugar no había nada. Ni un parque, ni una pelota , ni una cancha, ni un teatro y menos una cometa. En una tardecita cuando el sol ya se oponía, en el cielo había una estrella, brillante y resplandecía, señalaba una sabana a lo lejos de las casas. Tres niños muy aburridos en balcones y terrazas, miraban hacia lo lejos, querían salir de sus casas, coincidieron y observaron la estrellita, señalaron con sus dedos y conocer aquel lugar uno a uno prometieron. Aquella noche durmieron esperando ver el sol y con él esa planicie, que parecía diversión, cuando el día había llegado, los tres niños despertaron, sacudieron su pereza y salieron apurados. Caminaron y se vieron, en el camino los niños, como si se conocieran, se trataron como amigos, encontraron la planicie, era el lugar que buscaban, era un parque muy enorme, muchos niños correteaban, sonreían y jugaban. En las ruedas daban vueltas, en los carros se chocaban y algunos hacían piruetas. En caballos galopaban, en trencitos ya soñaban, en barquitos navegaron, con payasos carcajeaban, compartían muchos dulces que había por todas partes y en la tarde se querían ir corriendo con sus padres. Corretearon y jugaron, diversiones por montón, pero sólo en sus casas encontraron el amor. Cuando el sol ya se escondía, muchos niños sonreían, con amigos y familia, todo, todo lo tenían.

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Sin embargo al otro día, al volver a la planicie, aquel parque no existía, empezaron a aburrirse y muy tristes observaban, las huellas de aquellos juegos que de allí se esfumaron. Un niñito sonriendo, les pidió que se unieran, que formaran una rueda y empezaran a jugar, con palmas, cantos y gritos se volvieron amiguitos y en las buenas y en las malas compartieron por doquier, mucho más que un gran parque, encontraron la amistad.

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SUEÑOS DE JUGUETE Tom es un carrito, con delirio de avioncito, un juguete de madera y su dueño no lo prueba, hace años no camina y con los aires él sueña. • Algún día seré avión, por lo pronto carro soy, como un juguete me hicieron y sin pilas ahora estoy, condenado a una mesa y soñando ser avión. Quiere Tom ser un avión y sueños comentaba: • Que las alas ya me salgan, pues yo quiero ir a volar, de esta mesa en que me tienen, yo quisiera despegar, aunque tengo mucha fuerza, yo no arranco sin turbinas, de inmediato saltaría, si me ponen gasolina. Sigue Tom con sus delirios y anhelando muchos vientos, pobre carro pretencioso, en sus puertas quiere alas y su cuerpo de metal. • Que mis ruedas se escondieran y los vientos me elevaran, que mi cuerpo alto llegara, que sin pilas yo volara. En su afán de ser avión, sin dudarlo y con destreza, al vacío se tiró, pero rápido y violento con el suelo se golpeó. Hacia el cielo él miraba, con envidia y decepción, pero pronto se dio cuenta, que valores él tenía: En un túnel no cabían, los aviones por gigantes y por más que lo intentaran, sólo van hacia adelante, la reversa no les nace. En las calles ellos caben, la bocina no les suena y viajar es su comida, desayuno, almuerzo y cena.

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• En el aire no estaré y nunca podré volar, pero desde aquí por los caminos, más gigante se ve el mar, las montañas y llanuras que acompañan y pasear. Y empezó a comprender, a dejar de anhelar, con razones y resignado a amar lo que él es, un carrito muy bonito que nació fue para andar. • Yo soy el carrito Tom, muy alegre y valiente, a mi paso por las calles saludo a toda la gente, muy contento yo me siento, mirando al cielo tengo claro, los aviones en el aire y los carros en la tierra.

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ECOLORES Una tarde fría y lluviosa, hablando Tomas con su abuelo, le contaba muy contento, lo que veía en sus sueños: • Mil animales corriendo y cien pájaros volando. El abuelo sonreía y lo veía emocionado. • Con ardillas y conejos en los bosques es que sueñas, duerme pronto y velos libres, que ésa será nuestra meta. Sin saber lo que pasaba, en sus sueños él pintaba, castorcitos y zorrillos, ardillas encontraba. En las noches las veía entre árboles y ramas, eran fuertes, eran libres, entre ríos y montañas. • Quiero ver los animales corretear por muchos bosques, galopar en mi caballo entre caminos y montes, esperar desde montañas, que los pájaros se bañen, con ese sol mañanero, que las mañanas nos traen, Se despierta y eso piensa, y a su abuelo le comenta, con una sonrisa en el rostro, el pequeño soñador, amigo de los animales y defensor del planeta. Pero sus ojos se aguaron al escuchar de su abuelo una muy mala noticia: • En la prensa dice hoy, que los ríos desviarán, una gran represa habrá, por aquí en poco tiempo, desalojando animales, de su hábitat y suelo. Un gran bosque inundarán, mucha agua pasará, arrasando a su paso todo lo que encontrará, sin animales quedará el bosque sólo dará energía para toda la ciudad. Asustado y con tristeza empezaba a balbucear, aquel niño acongojado, pensando en aquellos sueños: 11


• Ahora entiendo abuelito, mis sueños más que alegría, eran dolor y miedo, los indefensos animalitos morirán bajo las aguas, ¿estarán ahora a la espera de un buen samaritano? Si los sueños de aquel niño fueran ciertos y reales, si en los bosques estuvieran, sin problemas los animales, no habría tristeza alguna en el rostro del pequeño. Sin embargo imperantes, maquinarias e ingenieros, emprendieron una lucha contra el bosque y la vida y con miedo, pero dignos, los animales trataron de ganar esa disputa, para impedir que las aguas terminaran con sus vidas. • La energía de la presa, hoy mi tele encenderá, sin embargo en mi caballo, no volveré a galopar, las hormigas, los zorrillos, los castores y las plantas quedarán abandonados y su suerte los espanta, con esa represa nueva, quedarán muy inundados abandonarán la tierra, que mucho habían cuidado. Esas eran las palabras de Tomas que asustado y pensando con tristeza, suponía que esas aguas matarían a las platas y a los muchos animales que en el bosque habitaban, sin que nadie reprochara, la actitud tan egoísta de los hombres desafiantes, pretenciosos con los suelos que a ellos le robaban. Esa noche el abuelito, recordó que aquellas tierras por herencia a él dejaron, sus abuelos hace años, y buscó entre cajones los papeles que decían, que aquel bosque que sería una presa de energía, a él le pertenecía. Cuando el sol ya alumbraba, empezó una gran lucha, el abuelo se oponía con papeles en las manos, al trabajo de los hombres que intentaban en el bosque construir una muralla.

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Sorprendido está Tomas, observando a su abuelo, que emprendió solo una lucha en defensa de los suelos, de las plantas y animales que no tenían consuelo. Apoyó aquel pequeño la gran lucha de su abuelo, al lugar fueron llegando, directrices de la obra y también los animales, los amigos y familiares, del pequeño y del abuelo y así comprendieron todos que no hay valor más preciado

que la vida de todos los seres, sin importar cual especie, se

defiende en el ruedo. • ¡Este bosque es solo mío, me lo dieron mis abuelos! Decía el abuelito, movía con fuerza y ego los papeles del testamento, comprobaron los directores de obra en construcción, que las palabras del viejo, eran ciertas y con razón, olvidaron el proyecto y se fueron del lugar, los animales saltaron y el abuelo y Tomas se abrazaron y sonrieron y volvieron a cabalgar.

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EL FANTÁSTICO TREN VERDE De vagones voy armado, yo soy verde y de metal, mucha gente va conmigo, yo los llevo a viajar. Elefantes y leones, en el África Vivían, pero unos cazadores, sólo balas esparcían, muchos lugares bonitos, en estos bellos parajes, los animales tranquilos y los hombres muy salvajes. Por Europa caminamos y castillos encontré, vimos lagos y montañas que con mis ruedas escalé, pero algo muy feo vimos, que nos dio mucho pesar, algunos de estos países tiraban bombas al mar. Pingüinitos y un iglú, en los polos quiero estar, con los ositos polares, yo quisiera ir a pescar. Un calentamiento atroz, a todos está matando, es triste que las especies, todas se estén acabando. A Nueva York arribamos, por una hermosa vía férrea, pero aquí sólo pensaban, en estrategias de guerra. Suramérica buscamos, queríamos agua y selva, Ecuador y Bolivia, Paraguay y Venezuela, si Perú tiene a sus Incas, Argentina con su pampa, Ecuador muy artesano y Brasil con mucha zamba. En Colombia nos Entramos, fascinado yo quedé, que paisajes, que montañas, y cuantos ríos miré, animales muchos viven, mariposas un millar y tantas frutas había que ni las pude probar. En América agua hay mucha y una selva para andar, ojalá los visitantes no quieran deforestar. Con cariño yo lo digo, ¡qué bonita que es la tierra!, esperando que algún día, esos, nuestros gobernantes, no pensaran tanto en guerras. 14


Ahora quiero decirles, que no extingan los animales, no maltraten más la selva, no contaminen los mares, no destruyan el planeta. Y yo seguiré viajando, por el mundo y sus paisajes, anhelando que algún día adoptaran mi mensaje.

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EL COMBATE DE LA HORMIGA Raquel es una hormiga, peleonera dicen unos y defiende a su reino, como Atila con los Hunos. • ¡De los osos no me dejo! un ejército comando, las hormigas nos unimos, cuando estamos trabajando. La sorprendió un enorme oso, que con su trompa aspiraba, mientras ella trabajaba, una a una se unían y construían unas balsas pero el oso se burlaba. Saborearse las hormigas, se propuso imperante, aquel oso hormiguero riéndose sin mucho esfuerzo, no contó con que fuerza, del ejercito de Raquel, le propusiera combate. Y empezaron las hormigas, marchaban con son y ritmo, al oído de los gritos de su reina que orgullosa dirigía el ataque. Con viveza lo mordían, pero el oso se reía y con fuerza él soplaba y al soplar las elevaba y al agua algunas caían. Ordenó a Raquel sus tropas y su estrategia desplegó, al final dijo con fuerza: • ¡Sin armas y convencidas, a vencer saldrán ahora! Sus soldados se enfrentaron, y a su reina defendían, a ese oso atacaban y feroces se ponían. La reina con gritos fuertes, a sus tropas guiaba bien, sus soldados muy atentos esas órdenes seguían, pretendía ella vencer. Por las garras iban unas y las otras ya en el cuello, con pasión por su colonia, al gran oso hacían frente y sin miedo lo chuzaban, con rabia él se sacudía, sus solados la apoyaban y al caer en las aguas, pronto pronto se salían.

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En la tierra, él las pisaba, sin embargo no se rendían y con garras se aferraban, de su cuello se tenían, en su lomo se subían y a la tierra las tiraba, los aguijones picaban y ese oso ¡ayy! brincaba. Cuando ya estaba invadido, en la tierra se tiró y miraba aquellas balsas, de las que antes se burló. De la tierra se marcharon, las hormigas triunfadoras, sin fuerzas ahora el oso y observando iracundo en la tierra se quedó y en la inmensa espesura, de aquel bosque se perdió. Con su ejército esas tierras, de los osos defendió, peleonera o gran reina, es Raquel que con su fuerza peleará por ver su reino victorioso ante los osos.

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TERESA, MI VACA Teresa, esa es mi vaca, lechera y muy gordita, en el cuello su campana, suena y suena en la mañana. Y la leche a ella le sacan, muy temprano en el establo, Don Joaquín es quien la ordeña, y Teresa muge y muge, no le duele dice Don Joaco, sin embargo yo no creo, pues Teresa no se calla. El proceso se ve simple, Don Joaquín limpia la ubre que al sentarse sólo hala, y la leche fluye y fluye, la campana suena y suena y Teresa solo muge. Ella muge y da las gracias, explica Don Joaco y sonríe, ahora entiendo que le gusta, la leche nos confiere, no le duele y lo agradece, mi vaquita si nos quiere. Yo la leche necesito y Teresa me la brinda, en el campo ella crece y Don Joaco la protege, en la mesa yo me tomo muchos vasos de su leche, un proceso que es muy simple, sólo quiero comprendan, la importancia de la leche.

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MUECUA Saltan los monos y comen bananas, les grita su madre: • Laven sus dientes Los monos brincones

levantan sus cejas,

agarran las ramas, se van

desafiantes. Susurran los vientos, las ramas sacuden, la noche es oscura y aúllan los monos. Tití es un mono amable y querido, Muecua una mona grosera y distante, Tití duerme tierno y Muecua en un llanto. La madre se asusta, Muecua chillona le pide ayuda: • Me duelen los dientes, las encías me sangran. La madre angustiada, la mece en las ramas. Cuando el día es claro, con crema y cepillo Tití en el lavabo, a sus dientes da brillo. Muecua llorando se mira los dientes, un grito imperante le fluye al instante: • ¡Mamá!, mis dientes son negros y me duelen bastante. La madre Miquita, comenta muy triste: • Te dije Muecua, que lavaras tus dientes, te fuiste a jugar y ahora sin dientes te vas a quedar. Tití obediente, después de comer los dientes lavó y ahora sonriente blanquitos los tiene, Muecua llorando, muchas bananas ella comió y por no cepillarse sin dientes se vio, la madre les dijo: • Los quiero a los dos. Titi con sus dientes blanquitos quedó, y Muecua sin ellos muy triste lloró. 19


AZUL Unos zapatos azules de suela amarilla y cordones azules desordenados y desatados, tirados en un costado de mi cuarto. Mis ojos desorbitados, pelo revuelto y mi cabeza que no para de dar vueltas sobre mi almohada con funda de rayas verdes y amarillas, la cobija verde a un lado de mis piernas cubiertas sólo por el pantalón corto de mi pijama azul clara. Intento cruzar el puente de madera del parque de mi jardín, corro y luego de tres pasos grandes, los zapatos azules de suela amarilla y cordones azules, desatados y queriendo salir de los agujeros de mis tenis fue lo que vi. Movimientos innatos me llevan al suelo, mis dedos agarran los cordones y torpemente intentan hacer un moño, pero como resultado, un práctico nudo. De regreso a casa, Braulio, mi enorme perro negro, llega a saludarme. Su cola no para de bailar, su hocico, lengua y dientes llegan a mis zapatos azules de suela amarilla y cordones azules desatados. Se encarniza en el cordón de mi zapato derecho, lo lame, babea, muerde y hala. Su fuerza mandibular se lleva entre dientes mi cordón azul que intenta salir de los agujeros, pero al contrario, ejerce ahora presión, aprieta mi pie, y mientras mi cabeza se inclina hacia atrás, veo en el aire al compas del golpe y sonido que se produce al momento en que mi espalda toca el piso mientras Braulio intenta arrancarme el zapato azul de suela amarilla y cordón azul.

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Mi cama, mi almohada, mi pijama y esos zapatos azules, de suela amarilla y cordones azules desatados. Mi mirada se centra en ellos y una fuerza innata me obliga a levantarme de la cama, meto las manos entre la cobija y la retiro con fuerza de mi cuerpo, la tiro de golpe al suelo, apoyo la mano izquierda sobre la cama y levanto el torso mientras mis pies tocan el tapete. Me levanto por completo, doy cuatro pasos grandes y rápidos y llego hasta mis zapatos, los lanzo por la ventana de mi cuarto, justo enfrente de mis ojos, veo como los cordones se enredan ahora en un cable grueso de energía, cerca a la lámpara de iluminación de la calle sobre la que está construida mi casa. Pasaron diez años y cada vez que camino y observo esos tenis colgando de aquel cable, recuerdo con gracia y pego con fuerza el velcro adhesivo de mis zapatos, que concluye con un sonido sin igual que me recuerda que ese cordón ya no existe.

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