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Comando en acción - edición 78°

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quien deja huella nunca muere

El nobel en su alma mater

Desafios del crimen transnacional organizado

Los temas que presentamos en este número de Comando en acción, son un reflejo de la compleja y dinámica realidad que enfrentan nuestras Fuerzas Armadas hoy: una realidad que exige tanto la reverencia histórica como una proyección doctrinal de vanguardia.

La perspectiva de su contenido cuenta con un análisis geopolítico contemporáneo que nos recuerda que la defensa nacional se define en múltiples dimensiones. Escenarios como el de la isla Santa Rosa de Loreto, punto clave en la triple frontera amazónica, o la zona de Corío, cuyo valor estratégico se proyecta en la seguridad marítima y energética, nos obligan a repensar el papel del Perú en un entorno internacional cada vez más interconectado.

De esta visión surge el nacionalismo de servicio, reafirmado en instituciones como el Colegio Militar Leoncio Prado, semillero de líderes. En esta línea, el encuentro entre el General de Ejército David Ojeda Parra, Jefe del CCFFAA, y el escritor Mario Vargas Llosa, simboliza el puente entre pensamiento, cultura y defensa. Este artículo es un homenaje desde nuestras filas a un exalumno cuya disciplina forjada en el cuartel lo catapultó al Nobel.

La revista no es ajena al diálogo nacional. El artículo “Desafíos del crimen transnacional organizado”, más que una simple reseña, es una demostración en la práctica nacional. Pataz no deja de ser un reflejo de esta triste realidad que el General de Brigada EP Marco Marín Saldaña encarnó luchando misionado en la sierra de La Libertad, al combatir la hidra de la minería ilegal, el sicariato y la extorsión, que no son sino manifestaciones locales de redes criminales que trascienden nuestras fronteras. El General Marín atisbó y puso en marcha una doctrina de defensa para el siglo XXI: un líder que migró del paradigma de la guerra convencional a la dura realidad de la seguridad interna asimétrica.

Los invitamos a sumergirse en este número y unirse a la defensa por un Perú más seguro y soberano.

Coronel EP Nerio Galvez Ñahuis Jefe de la Oficina de Prensa e Imagen Institucional

Corío: Geopolítica del Pacífico sur

Quien deja huella nunca muere

La paz amazónica

Desafíos del crimen transnacional organizado

Misiones militares

El nobel en su alma mater

Entre aviones y algoritmos

Misiones de paz en transición

Colegio militar Leoncio Prado: camino al centenario

Comandos operacionales en acción

El nacionalismo en nuestros días

Militares como forjadores de la identidad nacional

Doctrina militar del siglo XXI

QUIEN DEJA HUELLA NUNCA MUERE

Autor: César Yacsahuanga Vera

Nació en Bellavista, Callao hace 51 años. El General Marín, parte de la 99 promoción “General de División Carlos Miñano Mendocilla” de la EMCH, placa de Honor del XXXIX Curso Regular de Comandos y dos veces condecorado con la Medalla Cruz de Guerra al Valor del CCFFAA, es un ejemplo de cómo el verdadero legado de un soldado está en los valores que siembra en la gente que lo rodea.

La convicción no solo resonaba entre sus labios. Sus ojos, hincados en los míos, me manifestaban que aquel hombre frente a mí estaba más que convencido de su misión.

“Lo hacemos de corazón por nuestro pueblo, por nuestros hermanos

que, considero yo, se lo merecen”. Su compromiso se proyectaba en la inmensidad de aquel sol matutino que empezaba a bañar de luz a esta parte del planeta. Vistiendo el uniforme del Ejército del Perú y con la boina negra de los Comandos –distintivo que solo portan, sobre su cabeza, los

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mejores guerreros de esta institución armada–, el General de Brigada Marco Antonio Marín Saldaña cerraba así su respuesta a una de mis preguntas sobre las operaciones militares que lideraba contra el crimen organizado y la minería ilegal en Pataz.

Recuerdo aquella entrevista en el sector Vijus, en la convulsionada Pataz, en mayo del 2025. Recuerdo la sonrisa sincera y afable con que atendía cada una de mis interrogantes. ¿Cómo puedo mencionarlo en mi nota de prensa?, le pregunté. “General Marín, hermano; solo dime General Marín”, resuena su voz amable una vez más en mi cabeza. Siempre quedan dudas después de una entrevista. El periodismo tiene un hambre voraz, casi insaciable de información. Mucho nunca es suficiente. Pero, aquella mañana, tras esa plática, rescaté una certeza en mi interior. Esta misión está en las manos correctas, pensé, y le auguré un futuro prometedor, tal vez, en el nivel más alto de las Fuerzas Armadas.

Pero, la vida tiene enigmas. ¿Quién pudiera comprenderlos? La contingencia siempre está presente en el uniforme de la patria. Y a lo largo del camino, en lo más lejano del horizonte, siempre hay algo que no vemos. Y así fue. No pude. No pudimos ver que el Altísimo tenía otros planes. Le tenía prevista otra misión más compleja, otro ejército; pero no, en este mundo.

La impronta que ha dejado el General Marín está vestida de una eterna juventud. Son incontables los testimonios que lo describen como un líder nato, de firmes convicciones, con valores y principios bien arraigados como las raíces de un milenario ciprés mediterráneo.

Casi 6 meses después de aquella entrevista, tras indagar más sobre su vida, hallé otra certeza. “El que deja huella nunca muere”. Y la impronta que ha dejado el General Marín está vestida de una eterna juventud. Son incontables los testimonios que lo describen como un líder nato, de firmes convicciones, con valores y principios bien arraigados como las raíces de un milenario ciprés mediterráneo.

en su proceder, con un liderazgo acompañado de humildad y sentido humano. Guiaba sin imponer, enseñaba con el ejemplo e inspiraba con su conducta. Lo recuerdan como un hombre profundamente espiritual, que enfrentaba las adversidades con aplomo, con una fortaleza admirable. Jamás quebrado, nunca desanimado; siempre, manteniendo el control de sus emociones; siempre, encontrando oportunidades cuando la realidad se mostraba obnubilada. Lo recuerdan. Sencillamente, lo recuerdan y, por eso, vive.

Desde muy joven, fue puliendo las cualidades que lo llevaron a conquistar cada una de sus metas. Quienes, junto a él, ocuparon las aulas de la Escuela Militar de Chorrillos (1991-1995) y vivieron los sueños de jóvenes ávidos de servir al Perú, conservan intacto el recuerdo de a quien llamaban cadete “Malulo”, por su carácter exigente.

Lo recuerdan carismático, leal y noble. Siempre preocupado por pulir su piedra interior para ser un mejor ser humano. Lo recuerdan justo, ejemplar

A un hombre que asume retos, al final del camino, solo le espera la victoria. No hay fuerza que pueda detenerlo. El miedo y el fracaso se disipan ante él. Y si, acaso se presenta una impetuosa tormenta, el retroceder jamás será una opción. Si este hombre ha sido tallado de la misma madera del General Marín, ajustará las velas, analizará la situación, contagiará de valor a quienes lo siguen y como primer hombre enfrentará la tempestad. Y vencerá. Seguro que vencerá.

La carrera militar del General Marín siempre ha estado llena de desafíos. Y con la experiencia y carácter que

En la EMCH, como cadete a sus 16 años.

lo definieron, aprendió a abrazar las vicisitudes. ¿Cómo no hacerlo?, si amaba lo que hacía. Llevaba con orgullo el uniforme de la patria y estaba siempre listo para dar la vida por su tierra, por su gente, por las infinitas emociones nacionales que veía reflejadas en la flameante blanquiroja, aquella a la que le juró fidelidad tantas veces hasta su último aliento. Y jamás quebrantó su promesa. Desempeñó funciones estratégicas y operativas en Güeppi, en el VRAEM y en Pataz. Ocupó cargos de alta responsabilidad en operaciones especiales, inteligencia y formación militar. Asumió la Comandancia General Adjunta de Interoperabilidad del Ejército Sur de los Estados Unidos. Siempre, con la misma filosofía: hacerlo por amor al Perú.

Sus huellas viven, respiran y resplandecen ante la puesta del sol cada día. Están presentes en cada lugar, en cada mente, en cada persona que fue testigo de su paso en este efímero viaje que es la vida.

Su hermano, el Mayor EP Bruno Marín rememora incontables anécdotas y su capacidad de aligerar los momentos más difíciles con una simple sonrisa. “Me decía que, en el dolor, la vida sigue teniendo belleza y sentido”, evoca.

Recuerda el soporte que el General Marín le brindó para superar las pruebas más difíciles del Curso Regular de Comandos e ingresar a la Escuela Superior de Guerra del Ejército. Todos los días le exigía que le envíe videos de su entrenamiento. Estaba siempre pendiente y lo impulsaba a dar cada día lo mejor de sí. El resultado final fue positivo. Lo lograron juntos. “Recuerda, con humildad, sencillez y preparación haremos que nuestra institución sea grande ya que el cambio parte de uno mismo”, le decía.

El Capitán EP Carlos Mendoza lo conoció en el Batallón Contraterrorista N° 312 en el 2012, del cual el General Marín era el Comandante. En ese entonces, el Cap. Mendoza tenía el grado de Suboficial Segundo y estudiaba la carrera de Derecho. Necesitaba permisos para dar sus exámenes en Lima, pero por su especialidad de comando sabía que debía estar presente en las operaciones y en la instrucción del personal. Sus estudios y su futuro

Su legado más especial, seguramente, el más importante, yace en la memoria de su familia: en la mente de su esposa, Luz Marina; en los ojos de su hija de 24 años, Maricruz; en el espíritu de su hijo, Marco Antonio, cadete de tercer año en la Escuela Naval del Perú; y en la inocencia de su pequeña Luciana, su engreída.

27 de octubre 2025. General Marín conversando con 2 personas liberadas, tras la ejecución de la operación “Dante” en Pataz. Fue la última operación del CUPAZ bajo su liderazgo.

podían quedarse truncados por la negativa a los permisos. Cualquier otro oficial le hubiera negado el consentimiento, pero el General Marín –Comando Dante, como lo llama– se lo permitió. “Comando, nunca le niegues tu apoyo a alguien que quiere superarse”, recuerda con profunda gratitud quien, gracias a ese apoyo, pudo postular a un proceso de asimilación y hoy es un oficial de las Fuerzas Armadas.

Pataz: hasta entregar el alma

Su paso por Pataz fue interrumpido por la muerte; sin embargo, no dejó de ser contundente. Como Comandante del Comando Unificado Pataz (CUPAZ), inició la ofensiva, haciendo retroceder a quienes estaban causando zozobra en esta parte del país. El llanto y clamor del pueblo empezó a ser reemplazado por sonrisas; el terror, por esperanzas; la incertidumbre, por identidad, por patria. Hoy la bandera nacional flamea con firmeza en esta

tierra. El eco entre las montañas aún repite su nombre. Esa tierra árida y pesada sigue manteniendo sus pasos, sus últimos pasos.

El Coronel José Avellaneda, Jefe del Estado Mayor del CUPAZ, bajo su comando, recuerda sus palabras iniciales al empezar la misión: “Tenemos que devolverle la tranquilidad y la paz al pueblo de Pataz”. El reto se asumió con determinación y entereza. Esa impronta permanece intacta en la lucha que se continúa librando en este distrito de La Libertad.

Su legado más preciado Empero, su legado más especial, seguramente, el más importante, yace en la memoria de su familia: en la mente de su esposa, Luz Marina; en los ojos de su hija de 24 años, Maricruz; en el espíritu de su hijo, Marco Antonio, cadete de tercer año en la Escuela Naval del Perú; y en la inocencia de su pequeña Luciana, su engreída.

A pesar del dolor, en el rostro de Maricruz, se dibuja la misma mirada cálida y amable, la misma sonrisa sincera y tierna del General Marín. La aflicción todavía interrumpe su voz. Hay mucho que procesar. Pero, los recuerdos permanecen incólumes, atesorados casi con celo en cada parte de su ser. “Nos enseñó a andar con humildad, a tratar a todos por igual y no olvidar jamás de dónde venimos”, me dice, mientras, seguramente, un sinnúmero de imágenes de manera sucesiva recorre su cabeza. Recuerda al papá cariñoso y bromista, a aquel que le gustaba compartir sus experiencias para brindar una enseñanza. Recuerda al papá que se sentaba junto a ella y su bebita –como de cariño le decía a su esposa–, para ayudarla en la elaboración de las maquetas que tenía que presentar como parte de sus estudios de la carrera de Arquitectura. “Hubo veces en los que me amanecía en la computadora, ahí estaban ellos conmigo, mi papá y mi mamá”, rememora.

Las paredes, las sillas, los cuadros, hasta el más diminuto elemento que forma parte de su hogar tiene impregnado un recuerdo imborrable: tardes familiares, reuniones con amigos, logros, frustraciones, tiempos tristes, momentos alegres y dulces.

El General Marín le enseñó que lo primordial en esta vida es siempre la familia y hacer el bien sin importar a quien, de manera desinteresada, como lo hizo en cada lugar a donde lo llevó el destino. Así lo recuerda Maricruz: como el hombre que siempre estaba ahí cuando alguien lo necesitaba; como el amigo que aconsejaba; como su héroe.

Es un guerrero de una progenie milenaria. No es ambicioso decir que como Pachacútec, Chalcuchímac, Quizquiz, Rumiñahui, Olaya, de Sucre, Ureta y tantos otros valientes hombres que dedicaron su vida a proteger esta hermosa tierra del sol, el General Marco Marín vive en nuestra historia, en cada buen soldado que sigue sus pasos, porque su ejemplo no termina con él, sino que se multiplica en cada gesto de servicio, en cada acto de lealtad y en cada jornada silenciosa que honra el uniforme con convicción absoluta.

Hoy es parte del espíritu que sostiene nuestra identidad, la fuerza que inspira a no rendirse, la voz que recuerda que amar al Perú es una tarea diaria y sagrada. Su nombre es una herencia viva, un símbolo de liderazgo, coraje y sacrificio que nuestra nación llevará siempre consigo, porque quien deja huella nunca muere.

Arriba. De izquierda a derecha. General Marín, su madre, su hermana mayor Giovana y su hermano menor: Mayor Bruno Marín. Abajo. 9 de mayo 2025. General Marín junto a su esposa e hijos. Fue la última vez que estuvieron juntos los cinco. Su hijo Marco Antonio se embarcó en el B.A.P. “Unión”, como parte de su instrucción en la Escuela Naval. Ese mismo día, el General Marín viajó para asumir su nuevo cargo en Pataz.

GEOPOLÍTICA DEL PACÍFICO SUR:

DEFENSA DE LOS INTERESES NACIONALES CORÍO

Autor: Teniente Coronel EP Manolo Eduardo Villagra. Doctor en Desarrollo y Seguridad Estratégica por el Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN), cuenta con tres maestrías: Ciencias Militares con mención en Planeamiento Estratégico y Toma de Decisiones; Gestión e Innovación Tecnológica; y Ciencias de la Educación. Alcanzó la “Divisa de Honor” por el primer puesto en el XVIII Programa de Comando y Estado Mayor Conjunto de la Escuela Superior Conjunta de las Fuerzas Armadas.

En un mundo donde la competencia por rutas, recursos y nodos logísticos define el poder real de las naciones, quien controla los puertos, controla los flujos del poder global. Esta afirmación adquiere renovada vigencia en el siglo XXI, donde las rutas marítimas y la infraestructura crítica son disputadas por bloques geopolíticos en tensión. Para el Perú, el proyecto del puerto de Corío no solo plantea un desafío de inversión, sino una oportunidad para afirmar su soberanía, proyectarse en el Pacífico Sur y consolidarse como eje articulador entre América del Sur y Asia. En este contexto, la defensa de los intereses nacionales no se limita a lo militar: requiere una mirada estratégica integral en la que las Fuerzas Armadas (FFAA), con capacidades multidimensionales, cumplen un rol operacional fundamental.

Ubicado en la costa de Arequipa, el proyecto del puerto de Corío debe entenderse no solo como infraestructura logística, sino como una pieza geoestratégica en el ajedrez del Pacífico Sur, con ventajas comparativas frente al puerto de Chancay en términos de autonomía territorial, control estratégico nacional y proyección hacia el sur andino. Corío permitiría conectar al Perú con los mercados del Asia-Pacífico, consolidar

Además, su desarrollo podría beneficiar a países sin litoral como Bolivia, reducir tiempos logísticos para Brasil y ofrecer alternativas a Argentina y Paraguay, fortaleciendo la posición regional del Perú. En escenarios de equilibrio estratégico, sería un punto de presencia nacional que refuerza la autonomía logística; en escenarios de competencia sistémica, un objetivo de presión geopolítica; y en escenarios de conflicto híbrido, un blanco vulnerable a ciberataques, desinformación o

exige planificación estatal, visión geopolítica y una arquitectura de protección multisectorial antes de que intereses foráneos lo transformen en un enclave subordinado.

Infraestructura crítica y amenazas híbridas

El desarrollo de Corío debe articularse con una diplomacia preventiva, que proteja al Perú frente a presiones extranjeras.

Los nuevos conflictos no siempre se manifiestan mediante operaciones militares convencionales. El sabotaje cibernético, la desinformación mediática y la manipulación económica son hoy tácticas empleadas para debilitar la soberanía de los estados desde adentro. En ese contexto, Corío debe ser reconocido como infraestructura crítica de interés nacional, lo cual exige anticipación de amenazas híbridas y despliegue de capacidades tecnológicas de defensa. Esto no solo implica sensores o vigilancia marítima, sino sistemas de ciberseguridad, control logístico y articulación interinstitucional para preservar su desarrollo frente a intereses que podrían instrumentalizar el proyecto con fines geopolíticos contrarios a los intereses del Perú.

Las Fuerzas Armadas en la protección de infraestructura y activos críticos portuarios

Si bien la protección directa de activos estratégicos como los puertos no es una función permanente de las FF.AA., su rol como fuerza de respuesta inmediata ante cualquier amenaza que afecte la seguridad

nacional y los intereses estratégicos del país es ineludible. En este sentido, las FF.AA. deben estar dotadas de capacidades multidimensionales (logísticas, tecnológicas, cibernéticas e informativas) que les permitan actuar de forma eficaz y oportuna. Además, deben integrarse en protocolos de coordinación con la Policía Nacional, SUNAT, Dirección General de Capitanías, Dirección Nacional de Inteligencia, MTC y otros organismos, para formar un sistema nacional de alerta y protección estratégica. Su sola presencia disuasiva debe concebirse como un factor de estabilidad en entornos volátiles.

Corío como eje de integración territorial y cohesión nacional La construcción del puerto de Corío representa una oportunidad histórica para superar el centralismo logístico que ha limitado el desarrollo del sur del país, impulsando una red de corredores económicos que integren los departamentos de Puno, Cusco, Arequipa, Moquegua y Tacna con el litoral. Esta infraestructura permitiría dinamizar las economías regionales, promover una descentralización real y fortalecer la cohesión nacional en torno a un proyecto de Estado que reafirme

la presencia efectiva del gobierno en territorios postergados. Más allá de su función comercial, Corío simboliza un acto de integración geoestratégica del territorio nacional, capaz de reducir brechas históricas, generar sinergias interregionales y consolidar una plataforma de desarrollo sostenible que articule seguridad, inversión y proyección territorial en el marco de un nuevo pacto nacional para el sur andino.

Diplomacia activa y seguridad integrada

El desarrollo de Corío debe articularse con una diplomacia preventiva, que proteja al Perú frente a presiones extranjeras. Experiencias regionales demuestran que potencias con intereses comerciales o geopolíticos en Sudamérica recurren a inversiones, tratados, acuerdos bilaterales o influencia política para controlar infraestructuras claves. Frente a ello, el Perú debe adoptar un modelo que preserve la soberanía decisional, impida formas encubiertas de captura logística y articule a sus FF.AA. como garantes disuasivos del interés nacional. La seguridad portuaria debe abordarse no solo desde la técnica

operativa, sino desde la estrategia nacional de defensa y proyección internacional, consolidando una visión integradora entre desarrollo, seguridad y política exterior.

Reflexión final: Corío como dilema estratégico

Corío aún no existe, pero ya está en disputa. Su sola posibilidad redefine el equilibrio logístico del Pacífico

Sur y despierta resistencias visibles e invisibles. En un mundo donde los puertos no solo movilizan carga, sino poder, el proyecto Corío representa una amenaza para quienes prefieren un Perú subordinado, fragmentado o funcional a intereses externos. No será fácil llevarlo adelante: habrá presiones, sabotajes, campañas de desinformación, bloqueo político y chantajes financieros, porque lo que está en juego no es solo un muelle, sino la capacidad del Estado peruano para decidir soberanamente sobre su propio destino geopolítico. Este es el verdadero desafío: no imaginar Corío, sino construirlo con visión estratégica, respaldo político y protección nacional.

Y si el país decide no hacerlo, no será por falta de necesidad o potencial, sino por falta de coraje para afirmar su lugar en la historia. En este tablero de competencia sistémica, la inacción también es una forma de claudicación.

Este es el verdadero desafío: no imaginar Corío, sino construirlo con visión estratégica, respaldo político y protección nacional. /

LA PAZ AMAZÓNICA:

LECCIONES DE TRES CONFLICTOS

Autor: Teniente Coronel EP Alberto Castro Villa. Magíster en Historia Militar por la Escuela Militar de Cadetes “General José María Córdova” y Magister en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra “General Rafael Reyes Prieto”, ambas de la República de Colombia. Autor del libro “Historia del GAC Gral Pedro Silva Muñiz N° 501. Grupo Puma” y co-autor del libro “Artillería 200 años.

Perú y Colombia, naciones hermanadas desde las batallas fundacionales de Junín y Ayacucho en 1824 bajo el mando de Sucre, comparten una historia compleja marcada por la hermandad libertadora y, lamentablemente, por conflictos bélicos en los siglos XIX y XX, siendo el último el de 1932-1933.

Hoy, con la definitiva aceptación del Tratado Salomón-Lozano y superadas las diferencias, esta larga y tumultuosa relación ha evolucionado hacia una sólida cooperación binacional, evidenciada de forma tangible en la lucha conjunta y coordinada que sus fuerzas armadas sostienen contra las amenazas y actores ilegales internacionales que operan en su extensa zona fronteriza amazónica.

El origen: la guerra de independencia hispanoamericana

Al momento de producirse las guerras de emancipación en Hispanoamérica a inicios del siglo XIX, existían tres virreinatos en esta región: Perú, Nueva Granada y Río de la Plata. Del primero, nacería la República del Perú tras un largo enfrentamiento entre patriotas y realistas, consolidando su independencia el año de 1826, con la partida de su último libertador el general caraqueño Simón Bolívar, quien había sido ungido como dictador por el propio Congreso peruano. Fue este mismo general, quien había impulsado un 17 de diciembre de 1819 en el Congreso de Angostura, territorio de Nueva Granada, la promulgación de la denominada Ley Fundamental, dando vida a la República de Colombia, formada en aquel entonces por las que luego serían las naciones de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.

Desde esta etapa de orígenes nacionales, surgirían entre ambas Repúblicas desencuentros por cuestiones territoriales. Sería la regla del Uti Possidetis de 1810 con la que “Al constituirse en naciones independientes las colonias de España adoptaron la fijación de sus límites” (Porras, 2011 p. 41). Este principio también denominado en Hispanoamérica como Uti Possidetis Iure (Ramos, 2012 p.156) o de los Títulos Españoles (Puente, 1927 p.41) “alude al dominio de los Estados sobre aquellas extensiones territoriales que históricamente le pertenecen”

(Gutiérrez, 2023 p.408), tomándose como año límite el de 1809. La controversia entre los estados peruano y colombiano de aquel entonces, se originaría con el desconocimiento por parte del último de las Cédulas Reales de 1802 y 1803 del Rey Carlos IV de España. Mediante la primera, los territorios de Jaén y Maynas pasaban a incorporarse como parte de la administración política del entonces Virreinato del Perú y con la del año siguiente, de igual forma la provincia de Guayaquil.

A partir de ahí serían tres los episodios de armas de relevancia entre Perú y Colombia:

1. El primero denominado como la guerra entre perú y la Gran Colombia entre 1828 y 1829

2. El segundo conocido como el conflicto de La Pedrera en el año de 1911

3. El tercero y último sería el llamado conflicto de Leticia o Conflicto Amazónico entre los años de 1932 y 1933

La guerra grancolombo-peruana (1828-1829): el Choque de líderes

El primer gran conflicto entre las flamantes repúblicas estalló en 1828, motivado por tres frentes: el reclamo colombiano sobre los territorios peruanos de Jaén y Maynas, y la exigencia de pagos y reemplazos militares por los auxilios brindados para la emancipación peruana. La guerra se desató simultáneamente en el mar y la tierra. En el frente naval, la poderosa escuadra peruana, liderada

por el vicealmirante Martín Guisse, dominó la situación, culminando con la ocupación de Guayaquil en febrero de 1829. Sin embargo, en el teatro terrestre, el Ejército del Perú, comandado por el General Agustín Gamarra bajo la dirección del Presidente José de La Mar, se vio comprometido. La rivalidad y las malas decisiones de los líderes peruanos resultaron en la derrota en la batalla del Portete de Tarqui. A pesar de la victoria peruana en el mar, la derrota terrestre llevó a la firma del Convenio de Girón, y finalmente, al Tratado de Paz Larrea-Gual en septiembre de 1829, que forzó a Perú a levantar el bloqueo y entregar Guayaquil a la Gran Colombia (que, irónicamente, se disolvería poco después).

El conflicto de La Pedrera (1911): la épica marcha amazónica

A inicios del siglo XX, las tensiones fronterizas se reavivaron, especialmente tras la independencia de Panamá. A pesar de los intentos diplomáticos (como el acuerdo Velarde-Calderón-Tanco de 1906, que buscaba un arbitraje papal), Colombia denunció unilateralmente el statu quo y procedió a ocupar territorio peruano. La crisis se precipitó en 1910, cuando Colombia estableció un puesto aduanero y militar en La Pedrera, en el río Caquetá. La respuesta peruana fue contundente: el gobierno envió al Batallón N°09 al mando del entonces Teniente Coronel Oscar R. Benavides. Su travesía fue una hazaña logística de casi 3000 km, combinando navegación, ferrocarril y marchas por la difícil geografía. Tras tres días de intenso combate

en julio de 1911, las fuerzas peruanas reconquistaron La Pedrera. No obstante, las enfermedades tropicales (fiebre amarilla y beri beri) diezmaron a los soldados peruanos, obligándolos a retirarse meses después, demostrando que, en la Amazonía, a veces, la jungla es el enemigo más feroz

El conflicto de Leticia (1932-1933): bautizo de Fuego Moderno

La génesis de este crucial enfrentamiento fue el Tratado Salomón-Lozano de 1922, donde Perú cedió el Trapecio de Leticia (dando acceso al Amazonas a Colombia) a cambio del Triángulo de Sucumbíos. La entrega de Leticia desató un fuerte rechazo popular en Perú, lo que culminó el 1 de septiembre de 1932, cuando un grupo de civiles peruanos armados capturó el puerto que ya estaba bajo administración colombiana. Este conflicto se convirtió en el bautizo de fuego de los ejércitos modernos de ambas naciones, mostrando el impacto de las misiones militares extranjeras. Para Colombia, significó la creación urgente de su Fuerza Aérea (con ayuda de la empresa SCADTA), logrando superioridad aérea, y una rápida modernización armamentística. El conflicto se dividió en una ofensiva colombiana inicial (capturando Tarapacá y Güeppi) y una contraofensiva peruana posterior. Tras el asesinato del Presidente peruano Sánchez Cerro en abril de 1933, el héroe de La Pedrera, Óscar R. Benavides, asumió el mando. Optando por la vía diplomática ante un contexto internacional desfavorable para Perú, Benavides aceptó el cese al fuego

y, finalmente, ratificó el Tratado Salomón-Lozano a través del Protocolo de Río de Janeiro de 1934, poniendo un cierre definitivo al último conflicto bélico entre las dos naciones.

Estamos próximos a cumplir la conmemoración del centenario de estos hechos de relevancia histórica para el devenir de dos países hermanos que tuvieron desde entonces una relación más que fructífera en todos los aspectos. Ello no debe verse empañado de ninguna manera en la actualidad o a futuro, mas bien desde el sector político con sus debidos entes rectores nacionales, se debe buscar acrecentar cada día más a través del dictado de medidas que faciliten las actividades comerciales, académicas y turísticas entre ambos países. Un ejemplo de ello han sido los recordados acuerdos del Pacto Andino y la Alianza del Pacífico. Además, en los estamentos de seguridad y defensa nacional, se torna imprescindible estrechar más la cooperación tanto militar como policial como ha venido ocurriendo en los últimos años, para poder hacer frente de manera eficaz a los actores ilegales e ilícitos internacionales cuyo accionar ocasiona inestabilidad a nuestros Estados democráticos.

Se torna imprescindible estrechar más la cooperación tanto militar como policial para poder hacer frente de manera eficaz a los actores ilegales e ilícitos internacionales.

TRES TERRITORIOS, DOS MIRADAS, UN COMPROMISO

En las regiones más desafiantes del Perú, las Fuerzas Armadas despliegan su capacidad operativa mientras la población espera respuestas del Estado. Este especial reúne, por cada zona crítica, una voz militar y una voz civil. Juntos trazan el mapa de la seguridad nacional con responsabilidad y humanidad.

PUTU MAYO FUERZA DE TAREA UNIFICADA

Almirante Francisco

Bruckmann Portugal

Comandante de la Fuerza de Tarea Unificada Putumayo

En las comunidades fronterizas del Putumayo, donde el río es testigo tanto del progreso como de los conflictos, la misión de la Fuerza de Tarea Unificada del Putumayo FTU-P, bajo las directrices del COAM busca neutralizar amenazas y asegurar la estabilidad en la provincia del Putumayo, mediante operaciones conjuntas entre las Fuerzas Armadas, la PNP y en ocasiones, con cooperación de la Armada de Colombia.

Las principales amenazas son: los Grupos Armados Organizados Residuales (GAOR)/Comandos de la Frontera – Ejército Bolivariano, con estructuras armadas ilegales y experiencia de combate. El narcotráfico vinculado a la producción y tránsito de drogas; el crimen organizado con contrabando, tráfico de armas y extorsión; la minería ilegal extrae el oro dejando destrucción del medio ambiente; y la amenaza híbrida que busca coaccionar y corromper a la población para mantener control territorial.

La FTU-P busca neutralizar amenazas y asegurar la estabilidad en la provincia Putumayo, mediante operaciones conjuntas.

La intervención de la FTU-P ha sido relevante, a través de la operación Venecia, contra la minería ilegal, logrando destruir dragas en el río Putumayo; la operación Espejo, contra GAOR/CDF-EB, que logró la ubicación de cuatro campamentos insurgentes, la destrucción de ocho laboratorios de pasta básica de cocaína, dos campamentos de insumos químicos, tres dragas, una avioneta y más de 27 toneladas de insumos ilegales; y la operación Jaguar, logrando erradicar cultivos de coca con el Proyecto Control y Reducción de Cultivos Ilegales en el Alto Huallaga La FTU-P, en coordinación con la PNP, cumple un rol clave en la defensa de la soberanía nacional y la protección de la población, actuando siempre con respeto a los derechos humanos.

Ricardo Cordova Rios, Gerente de Servicios Municipales y Gestión Ambiental. Municipalidad Provincial de Putumayo

Como autoridad de la Municipalidad Provincial de Putumayo y también como ciudadano de esta tierra fronteriza, he sido testigo directo de los cambios significativos que se viven desde la presencia activa de las Fuerzas Armadas en nuestra provincia. En un territorio históricamente olvidado, hoy vemos un nuevo panorama marcado por la cooperación y el fortalecimiento institucional.

El trabajo conjunto entre la municipalidad y las Fuerzas Armadas ha permitido realizar operativos de fiscalización en zonas vulnerables, controlar el tránsito ilegal en la frontera, y brindar mayor seguridad a nuestras comunidades. Esta articulación ha mejorado la

percepción ciudadana sobre el rol del Estado, generando mayor confianza en las instituciones.

Las comunidades indígenas, que por años vivieron en incertidumbre, hoy muestran un ánimo más esperanzador. Se sienten acompañadas y protegidas. Muchas de ellas participan activamente en las mesas de diálogo y proyectos de desarrollo impulsados en coordinación con las FFAA.

El futuro de Putumayo ya no se ve lejano ni oscuro. Aunque aún hay desafíos, ahora hay una visión clara de progreso. La presencia militar no solo significa seguridad, sino también compromiso con el desarrollo. Seguiremos trabajando de la mano para consolidar una provincia segura, inclusiva y con oportunidades para todos.

Las comunidades indígenas, que por años vivieron en incertidumbre, hoy muestran un ánimo más esperanzador.

MARISCAL RAMÓN CASTILLA FUERZA DE TAREA UNIFICADA

General de Brigada

Luis Iván O’Connor Riglos

Comandante de la Fuerza de Tarea Mariscal Ramón Castilla

Entre ríos interminables y fronteras difusas, nació la Fuerza de Tarea Unificada “Mariscal Ramón Castilla”. Su misión: ser la unidad de maniobra del Comando Operacional de la Amazonía. Su escenario: la provincia loretana que lleva el mismo nombre, con 37 mil kilómetros cuadrados, cinco distritos y un límite que respira Colombia y Brasil.

La amenaza es múltiple. Grupos armados, narcotráfico, minería ilegal, tala indiscriminada, trata de personas. El territorio, enorme y quebrado por afluentes sin fin, convierte el control en un desafío permanente. Por eso el gobierno declaró el estado de emergencia en esta zona, asumiendo las Fuerzas Armadas, con la Policía Nacional, el orden interno.

La Fuerza de Tarea se nutre del Ejército, la Marina y la PNP. La 35ª Brigada de Selva, el Batallón de Selva N.° 17, destacamentos navales y antidrogas. Una estructura que actúa como puño cerrado en la espesura amazónica.

La Fuerza de Tarea es una estructura que actúa como un puño cerrado en la espesura amazónica.

Los resultados son concretos. Campamentos y laboratorios destruidos. Pistas clandestinas arrasadas. Armas, radios satelitales y motores decomisados. Ocho detenidos, la mayoría extranjeros. Una draga de minería ilegal hundida. Más de 1,500 hectáreas de hoja de coca erradicadas. Y un golpe económico superior a 30 millones de soles contra las mafias.

No es solo una operación militar. Es un pulso continuo contra el crimen organizado en la triple frontera. Es también la reafirmación del mandato constitucional: proteger la soberanía, garantizar seguridad y abrir caminos de desarrollo.

En Ramón Castilla, la patria se juega todos los días entre el río y la selva.

Integrante de la Oficina de Protocolo y Relaciones Públicas de la Municipalidad

Provincial de Mariscal Ramon Castilla

Telémaco Gaviria Del Castillo

En la provincia de Mariscal Ramón Castilla, ubicada en la triple frontera entre Perú, Colombia y Brasil, se desarrolla un modelo de cooperación interinstitucional entre el Ejército del Perú, a través de la 35ª Brigada de Selva, y la Municipalidad Provincial, orientado a fortalecer la presencia del Estado, mejorar la seguridad y promover el desarrollo en esta zona estratégica del país.

Las acciones conjuntas comprenden campañas cívicas y médicas integrales en comunidades urbanas, mestizas e indígenas, que contribuyen al bienestar de la población y consolidan la confianza ciudadana en las instituciones. Este trabajo coordinado evidencia que el desarrollo y la defensa son tareas complementarias.

Un hecho histórico es la firma del convenio marco y específico para el mantenimiento de la vía Caballococha–Santa Teresa, que conectará la cuenca del río Yavarí con el Amazonas, facilitando el transporte, el comercio y la integración de comunidades fronterizas. La llegada de maquinaria pesada del Ejército del Perú a Caballococha, producto de este acuerdo, permite ejecutar obras de infraestructura que antes resultaban inalcanzables por las limitaciones geográficas y presupuestales

Estas acciones reflejan el compromiso del Estado y de las Fuerzas Armadas, instituciones que analizan escenarios, anticipan riesgos y adaptan sus capacidades para trabajar junto a los gobiernos locales, consolidando la soberanía, la integración y el desarrollo sostenible en los espacios más distantes de la patria.

Este trabajo coordinado evidencia que el desarrollo y la defensa son tareas complementarias.

COMANDO UNIFICADO

PATAZ EN MEMORIA DEL GRAL MARÍN

General de Brigada

Marco Antonio Marín Saldaña Comandante del Comando Unificado de Pataz

En la provincia de Pataz, escenario de complejos desafíos vinculados a la minería ilegal, el accionar de bandas criminales y delitos conexos, el Comando Unificado de Pataz (CUPAZ), integrado por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, viene cumpliendo la misión de restablecer el orden interno y reafirmar el principio de autoridad.

En este marco, el CUPAZ desarrolla operaciones de intervención e interdicción, así como acciones de control territorial en las localidades de Shicun, Calquiche y Pamparacra. Asimismo, ejecuta la verificación de la inmovilización social obligatoria entre las 22:00 y 05:00 horas, actuando siempre con pleno respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.

Desde mayo, cuando las Fuerzas Armadas asumieron el liderazgo del CUPAZ, los delitos se han reducido en aproximadamente un 90%, logrando prácticamente erradicar las actividades delictivas en la ciudad.

Cuando las Fuerzas Armadas asumieron el liderazgo del CUPAZ, los delitos se han reducido en aproximadamente un 90%.

Los resultados obtenidos son significativos: se ha restaurado la confianza en una autoridad justa e imparcial que, junto al pueblo, las autoridades y las rondas campesinas, enfrenta decididamente a la delincuencia. Se ha reinstaurado el principio de autoridad: los estudiantes asisten con confianza a sus colegios, los transportistas y vecinos participan en las labores de control, y la población se siente más segura con la presencia militar.

Finalmente, las operaciones militares y policiales han generado pérdidas a las organizaciones delictivas valorizadas en aproximadamente S/. 238,961,613.00, gracias a la captura de criminales y la incautación de armas,

Nestor Santiago Miranda Solon

En pie de lucha junto al Ejército: la voz de una ronda campesina en Pataz

Presidente central de rondas campesinas del distrito de Pataz pudo sacar, y el anexo Pueblo Nuevo, que pertenece al distrito de Pataz, se convirtió en un punto marcado por la minería ilegal y la presencia de delincuentes.

Vivo en el distrito de Pataz desde que tengo memoria. Antes, nuestra comunidad era tranquila, un lugar donde todos nos conocíamos y el trabajo en las minas era solo para subsistir porque somos mineros ancestrales en proceso de formalización y se sacaba lo necesario para el día y nada más. Pero todo cambió cuando el precio del oro subió.

Fue entonces cuando empezaron a llegar personas de fuera, muchos con otras costumbres, otros intereses y, lamentablemente, con malas intenciones.

Con el tiempo, esas personas se metieron en las minas y en el 2019, en plena pandemia, tomaron la empresa La Poderosa. Desde ese momento, nada volvió a ser igual. No se les

Aquí todavía se siente ese dominio, aunque desde la llegada de las Fuerzas Armadas la situación ha empezado a cambiar. Su presencia ha frenado muchos abusos y, poco a poco, la población ha vuelto a tener confianza. Hoy sabemos que no estamos solos.

Aún hay enfrentamientos entre foráneos, incluso muertes, pero la diferencia es que ahora los militares están aquí y el miedo ya no es el mismo.

Nosotros, como rondas campesinas, también ponemos el hombro. Sabemos que la extorsión está en todas partes y tratamos de mantener el orden, aunque eso signifique arriesgar la vida. Los criminales no dudan en acabar con cualquiera que se les cruce, pero seguimos firmes, porque este es nuestro hogar y no lo vamos a abandonar.

Por eso, cada día trabajamos junto al Ejército, hombro a hombro, con el mismo objetivo: devolverle la paz a Pataz. No queremos que se vayan, porque su presencia nos da seguridad y esperanza. Aquí, en Pataz, seguimos en pie de lucha.

ENTRE AVIONES Y ALGORITMOS: LA NUEVA

ESTRATEGIA

DE GUERRA

Autor: Coronel (DOE) FAP Oswal Sigüeñas Alvarado. Oficial de Defensa y Operaciones Especiales de la FAP. Como operador especial ha realizado operaciones de acción directa y reconocimiento especial en el VRAEM. Su tesis del grado ESFAP titulada “Tareas operacionales de las Fuerzas Especiales”, publicada en 2017. optimizando el desempeño operativo del Componente de FFEE del Comando Especial del VRAEM.

La guerra aérea no es como las demás. No se parece a la terrestre, con soldados que avanzan entre barro y trincheras, ni a la marítima, con fragatas y portaaviones que disputan mares. El cielo es distinto: desde arriba, en segundos, se puede tocar el corazón de un país. El poder, la economía, la voluntad. Todo puede ser alcanzado en un instante. Esa capacidad única convierte al poder aéreo en un instrumento decisivo, temido y respetado en igual medida.

Desde que los aviones aparecieron como arma, los aviadores comprendieron que la verdadera diferencia no era solo técnica, sino estratégica. Podían atacar los centros de gravedad del enemigo (COG por sus siglas en inglés), aquellos puntos vitales que sostienen a un Estado. Y ahí está el secreto de la guerra aérea: la selección de objetivos. Elegir bien significa inclinar la balanza. Elegir mal es desperdiciar esfuerzo, vidas y recursos.

Pero seleccionar no es tan simple. Que algo sea alcanzable no significa que tenga valor. Y que tenga valor no significa que pueda convertirse en objetivo. La modernidad complicó aún más esta ecuación. Hoy no se trata solo de bombardear bases o fábricas. También son blancos decisivos las redes de fibra óptica, los satélites de comunicaciones, las plantas nucleares o ese territorio invisible y omnipresente que llamamos ciberespacio. El poder aéreo ya no se mide solo en toneladas de bombas, sino en la capacidad de afectar la vida política, económica y social de un país.

Ahí empieza el trabajo del estratega. Comprender teorías, combinarlas y diseñar un plan que traduzca metas políticas en objetivos militares concretos. Debe hacerse tres preguntas básicas: ¿cuál es la meta?, ¿qué podemos invertir para alcanzarla?, ¿qué valor le da el enemigo a ese objetivo como para protegerlo hasta el final? Con esas respuestas en mano, se traza un mapa de objetivos, no siempre para destruirlos, sino para debilitarlos,

paralizarlos o manipularlos. La guerra aérea es, en esencia, la ciencia de afectar sin necesidad de arrasar por completo.

Los primeros teóricos

El italiano Giulio Douhet fue uno de los primeros en imaginar el cielo como campo de batalla decisivo. Estaba convencido de que la población civil era el blanco central. Sostenía que el ciudadano común, sobre todo el urbano, no resistiría la presión de un ataque aéreo sostenido. Si se lanzaba una combinación de bombas incendiarias, químicas y explosivas sobre las principales ciudades, el miedo generaría caos, y con él, la rendición inevitable.

La Primera Guerra Mundial parecía confirmar sus ideas: los primeros bombardeos a ciudades crearon desconcierto y alarma. Pero la Segunda Guerra Mundial enseñó algo distinto. Londres resistió la Blitz alemana. Berlín aguantó los ataques aliados durante meses. Tokio, incluso tras incendiarse, no se rindió hasta la irrupción de las bombas atómicas. El poder aéreo devastaba, pero no siempre doblegaba la voluntad de un pueblo. Douhet se equivocó en un punto esencial: la moral colectiva podía ser más fuerte que las bombas.

Evolución y nuevos paradigmas

Con la Segunda Guerra Mundial llegó el uso masivo del poder aéreo. Desde Stalingrado hasta Normandía, los aviones decidieron batallas. Y con Hiroshima y Nagasaki apareció la sombra del arma nuclear: el aire podía destruir, literalmente, la existencia de una nación.

Después, Corea y Vietnam demostraron otra faceta: el poder aéreo era tan táctico como estratégico. No solo servía para aniquilar objetivos lejanos, también para apoyar a las tropas en tierra, desgastar al enemigo, mantener líneas de suministro. Fue allí donde cobró fuerza la idea de que el secreto de la victoria estaba en actuar más rápido que el oponente.

El coronel John Boyd, de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, lo formuló con claridad: la clave no era solo disparar primero, sino pensar primero. Crear un ciclo más veloz que el del adversario. Observar, orientar, decidir, actuar: el OODA loop. Un proceso continuo, mental y físico, capaz de desorientar al enemigo hasta paralizarlo. Boyd transformó la manera de concebir la estrategia, no solo en el aire, sino en todos los niveles de la guerra.

Warden y los cinco anillos

A finales del siglo XX, otro nombre marcó la teoría aérea: John A. Warden. Asesor del Pentágono durante la invasión de Kuwait en 1990, diseñó un esquema que aún hoy es referencia: los cinco anillos concéntricos.

En el centro, el liderazgo, para él el centro de gravedad más importante y frágil. Luego, los elementos esenciales: electricidad, petróleo, agua. En tercer lugar, la infraestructura: carreteras, puertos, aeropuertos. Después, la población. Y en el anillo más externo, las Fuerzas Armadas: fuertes, pero en realidad dependientes de todo lo anterior.

Warden veía al enemigo como un sistema. Un organismo que funciona en torno a objetivos políticos y militares, sostenido por capacidades interconectadas. La misión del poder

MODELO DE LOS 5 ANILLOS DE WARDEN, CONCEPCIÓN ATÓMICA

Fuente: The Enemy as a System, por John Warden.

aéreo, entonces, no era destruir indiscriminadamente, sino atacar los anillos adecuados para paralizar el sistema completo. Lo llamó “parálisis estratégica”: neutralizar al enemigo golpeando su esqueleto, no solo sus músculos.

Esta teoría dio al poder aéreo un marco conceptual ordenado. Permitió diseñar campañas simultáneas, en paralelo, que atacaban varios centros de gravedad a la vez. Ya no se trataba solo de acumular explosivos, sino de orquestar un plan que combinara precisión, velocidad y coordinación.

En la Teoría de los 5 Anillos, “El Poder Aéreo, según Warden puede saltar sobre los círculos exteriores para golpear el corazón.”

Flexibilidad y cambio constante

El poder aéreo es, sobre todo, flexible. Esa es su mayor virtud y también su mayor desafío. No existe un único manual válido para todos los conflictos. Cada guerra plantea sus propios centros de gravedad, sus prioridades y sus límites. Lo que fue decisivo en una campaña puede ser irrelevante en otra.

Además, los COG no son estáticos. Cambian de país a país, y cambian en el tiempo dentro de un mismo país. Una planta eléctrica puede ser vital en un escenario, pero secundaria en otro. La moral de la población puede ser inquebrantable hoy, y frágil mañana. El estratega aéreo debe medir con precisión qué efecto real tendrá un ataque, y si ese efecto ayuda a cumplir la meta política superior.

Por eso, al inicio de una guerra, la prioridad casi siempre es la misma: alcanzar cierto grado de control del aire. Sin ese control, las fuerzas terrestres y navales quedan vulnerables, limitadas o incluso imposibilitadas de operar. Con él, todo cambia: se abre la puerta a la iniciativa, a la ofensiva, a la libertad de acción. El cielo se convierte en escudo y espada a la vez.

Reflexión final

La historia de la guerra aérea es, en buena medida, la historia de la innovación en la estrategia militar. Desde Douhet y sus ciudades en llamas hasta Warden y sus cinco anillos, los teóricos han intentado responder a la misma pregunta: ¿dónde golpear para ganar?

Hoy los desafíos son distintos. El ciberespacio, la interdependencia tecnológica, la globalización de las economías. El poder aéreo debe adaptarse a un mundo donde lo vital no siempre es visible, donde el centro de gravedad puede ser un servidor en otra latitud o un satélite orbitando sobre nuestras cabezas.

Lo que no cambia es la esencia: la guerra aérea ofrece la posibilidad de afectar de inmediato los elementos centrales de un Estado. Su flexibilidad la hace poderosa, pero también exige claridad y rigor en el diseño de la estrategia. No basta con volar alto ni con golpear fuerte. La clave está en saber dónde, cuándo y cómo hacerlo. Porque en el aire no hay segundas oportunidades.

MISIONES DE PAZ EN TRANSICIÓN

Autor: Capitán EP Jacqueline Cecilia Montoya Vera. Magíster en Gestión Pública por la Universidad del Pacífico, con sustentación de tesis aprobada y título en trámite ante SUNEDU; Licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Bachiller en Educación por la Universidad Nacional Federico Villarreal y formación en el Programa de Gestión Logística Militar en la Escuela de Intendencia del Ejército.

La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUSCO) atraviesa una etapa crítica marcada por ajustes presupuestarios, repatriación de personal y unidades operativas. Esta situación se agrava por el incremento de incidentes de violación de derechos humanos cometidos por grupos armados como por elementos de las propias fuerzas del Estado como las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) y de su Policía Nacional (PNC). En este contexto, la misión debe continuar cumpliendo su mandato de protección a los civiles (PoC) en uno de los entornos más complejos del sistema de paz de la ONU.

Recortes presupuestarios en las misiones de paz de la ONU

La ONU cuenta con un presupuesto para operaciones de paz que, para el periodo 2025–2026, fue aprobado por la Asamblea General en $5,380 millones. Sin embargo, en el marco de la iniciativa UN80, una reforma impulsada para modernizar y hacer más eficiente el funcionamiento de la organización en su 80º aniversario, dicho presupuesto sufriría una reducción del 15.1 %, así como una disminución del 18.8 % en puestos de trabajo y del 13 % en los puestos financiados por el fondo de apoyo a las operaciones de paz, según el comunicado del Secretario General António Guterres.

Esto condiciona el entorno logístico y de gestión que respalda a las misiones en general. Como en el caso de MONUSCO, el cual, a pesar de haber tenido un ligero aumento en cifras, $907.9 millones en 2024–2025 a $914.5 millones en 2025–2026 que viene a ser un incremento de 0.7 %. Este sería solo un aumento marginal (solo cifras y mínimas) que no compensa el impacto de la crisis de liquidez (falta de disponibilidad inmediata de fondos en efectivo) ni los recortes operativos exigidos, producto del recorte de Estados Unidos como mayor contribuyente, retrasos en los aportes de varios Estados miembros y la presión por reducir costos, impuesta por la reforma UN80.

Después de la reunión informativa por el equipo ejecutivo de la ONU el 10 de octubre del 2025, MONUSCO deberá activar el plan de contingencia, a raíz de la reducción efectiva del 25 % en recursos disponibles, lo que ha resultado en la reducción de un 50 % en los contratos civiles (grupo 2), afectando al personal civil internacional, nacional y voluntarios.

Para el Perú, continuar participando activamente en estas misiones no solo fortalece su prestigio internacional, sino que constituye una inversión estratégica en conocimiento, doctrina y capacidades militares modernas.

Si bien se ha intentado proteger al personal militar y esencial (grupo 1), se ha ejecutado su repatriación progresiva y de ciertas unidades en un 50 %; así como un recorte de 40 % en su funcionamiento interno como logística, mantenimiento y tecnología (grupo 3).

Este tipo de medidas afectan a los componentes de las misiones, con implicaciones significativas en la capacidad de ejecución de los mandatos, con condiciones más restrictivas y limitaciones para responder a las necesidades de protección civil en zonas de conflicto.

Persistencia en medio de la violencia Por otro lado, en la sesión trimestral realizada el 30 de setiembre de 2025 ante el Consejo de Seguridad a cargo de la Representante Especial del Secretario General y Jefa de la MONUSCO, Sra. Bintou Keita, informó que, a pesar de avances diplomáticos, la situación en terreno sigue marcada por violencia con reportes de incidentes contra los derechos humanos en territorios controlados por grupos armados, las cuales se deben atender a pesar de la situación actual. Asimismo, en dicha sesión Jean-Claude Tshilumbayi, Embajador

Permanente de la República Democrática del Congo (RDC) ante las Naciones Unidas, mencionó que no sólo es un conflicto, es un genocidio silencioso que golpea a la población congolesa alrededor de 30 años.

Durante el período julio – septiembre del 2025, se documentaron secuestros, asesinatos, trabajos forzados, maltrato físico, saqueos, violaciones sexuales y otros abusos graves contra la población civil, según la Oficina Conjunta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo. En total, se registraron 1,154 violaciones y abusos de derechos humanos, que afectaron a 3,759 víctimas (2,623 hombres, 589 mujeres, 245 niños y 302 personas de género o edad desconocidos). El grupo armado M23 fue el principal responsable, con 439 abusos en Kivu del Norte (320) y Kivu del Sur (119), incluyendo la ejecución sumaria de 539 personas. Los grupos Wazalendo y aliados cometieron 134 abusos en Ituri y Kivu, con 59 civiles asesinados. El grupo ADF perpetró 88 abusos en Ituri y Kivu del Norte, afectando a 502 víctimas, incluyendo al menos 300 ejecuciones sumarias. Agentes estatales fueron responsables de 322 violaciones, principalmente la Policía

Nacional Congoleña (134) y las Fuerzas Armadas (125).

Dicho este contexto, cabe resaltar que, a pesar de estos ajustes presupuestarios; la misión afronta el reto de cumplir con su mandato de protección de civiles (PoC) en un entorno de conflicto realmente activo debido a que, en el terreno, estos incidentes, siguen siendo alarmantes al existir varios grupos armados como el M23, el cual ha tomado control de ciudades estratégicas como lo es Goma y Bukavu, es respaldado por

actores externos, entrenando a más de 7,000 nuevos combatientes y reemplazando instituciones formales en territorios ocupados; así como los atentados de otros grupos armados y entidades estatales.

La crisis humanitaria de RDC sigue siendo una de las más graves y complejas del mundo. En diciembre de 2024 hubo 7,8 millones de desplazados internos por los incidentes de violencia. Sólo en un año se llega a documentar más de miles de violaciones a los derechos humanos, incluyendo la violencia sexual relacionada con el conflicto (CRSV), tema que he podido apreciar de cerca en el curso llevado a cabo en International Peace Support Training Center (IPSTC) en Kenia – Nairobi, donde cabe remarcar que en la actualidad es una de las armas usadas por los grupos armados a fin de sembrar terror como el desplazamiento de la población para tomar el control de recursos, áreas, etc. Esta cifra supera ampliamente los reportes de otras misiones, lo que evidencia la magnitud del desafío.

entrenamiento, formación, desarrollo y promueve proyectos comunitarios para fortalecer la resiliencia como el establecimiento de Proyectos de Impacto Rápido en beneficio de las comunidades. Además, ha reforzado su colaboración con el sistema judicial congoleño para investigar y sancionar violaciones.

La experiencia de MONUSCO demuestra que, incluso en tiempos de austeridad y presión política, las misiones de paz pueden adaptarse y seguir siendo relevantes. El reto está en equilibrar el retiro y las dificultades presupuestales con la protección efectiva de millones de personas que aún dependen de la presencia internacional para poder sobrevivir en un entorno vulnerable.

la paz son verdaderos laboratorios de entrenamiento estratégico, donde los contingentes peruanos fortalecen su capacidad de interoperabilidad, liderazgo y adaptación ante entornos multinacionales. Estas competencias resultan esenciales para enfrentar desafíos internos como el crimen organizado, la minería ilegal o el control territorial en zonas de difícil acceso.

MONUSCO adelante, a pesar de las dificultades

MONUSCO continúa trabajando arduamente con su personal y unidades (contingentes). La misión mantiene posiciones defensivas en la mayoría de sectores, con operaciones conjuntas, logística, transporte, evacuación médica, inteligencia,

Finalmente, la participación del Perú en operaciones de paz, refleja un compromiso firme con la seguridad internacional. Sin embargo, las restricciones presupuestales, la reducción de personal y los desafíos logísticos que enfrentan actualmente las misiones de la ONU deben ser considerados al momento de planificar futuras contribuciones. Estas limitaciones exigen una participación estratégica, con personal capacitado para operar en entornos complejos y cambiantes.

Lecciones estratégicas y doctrinarias para el Perú

La experiencia de MONUSCO ofrece lecciones valiosas para el Perú y las Fuerzas Armadas en varios niveles:

1. Operacional y doctrinario: Las operaciones de mantenimiento de

2. Político y diplomático: Para un país comprometido con el multilateralismo como el Perú, los recortes presupuestarios que enfrentan las misiones de la ONU son una señal de alerta. La reducción de recursos no solo debilita la capacidad de respuesta de las Naciones Unidas, sino que también pone a prueba la credibilidad del sistema de seguridad colectiva, base de la política exterior peruana.

3. Humanitario: El Perú, con una larga tradición de participación en misiones de paz —Haití, Sudán, República Centroafricana y el propio Congo—, reafirma su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la protección de civiles, pilares de su contribución al sistema internacional.

4. Estratégico-regional: La prolongada crisis congoleña debe interpretarse también como un llamado de atención para América Latina. Las amenazas transnacionales, el colapso institucional y la fragmentación del control estatal son riesgos reales que pueden replicarse si no se fortalecen los mecanismos nacionales de seguridad y gobernanza.

DESAFÍOS DEL CRIMEN TRANSNACIONAL ORGANIZADO

Autor: Juan Carlos Liendo O´Connor. Coronel del Ejército Peruano (r), ex Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) y ex Director Nacional de Inteligencia (DINI), con más de tres décadas de experiencia en asuntos de Seguridad Nacional e Inteligencia.

La distinción entre amenaza y enemigo es esencial en los estudios de estrategia y seguridad nacional, pues orienta la formulación de políticas y el empleo del Poder Militar del Estado (Tokatlian, 2009). Una amenaza representa la posibilidad de que un actor o fenómeno cause daño significativo a los intereses vitales del Estado; un enemigo, en cambio, es aquel que ejecuta acciones concretas y hostiles contra dichos intereses, comprometiendo la estabilidad y continuidad del Estado.

Bajo esta premisa, el Crimen Transnacional Organizado (CTO) ha pasado de ser una amenaza latente a convertirse en un enemigo estructural de la seguridad nacional del Perú. Su carácter híbrido, descentralizado y adaptable lo convierte en un fenómeno de alta complejidad, cuyas redes transfronterizas impactan directamente en la economía, la institucionalidad y la autoridad del Estado (Silvestre Condo et al., 2024).

El CTO se nutre de la globalización de los mercados ilícitos y de la debilidad institucional en América Latina. Sus expresiones —tráfico de drogas y armas, minería ilegal, contrabando, trata de personas, migración irregular y lavado de activos— erosionan el estado

de derecho, corrompen estructuras públicas y generan zonas grises donde la autoridad estatal es desplazada por el poder criminal.

En el caso peruano, este fenómeno adquiere particularidades derivadas de su geografía, recursos naturales y contexto socioeconómico. La combinación de narcoterrorismo residual, minería ilegal y nuevas redes transfronterizas configura un escenario de crimen organizado híbrido. Las extensas fronteras porosas, la limitada presencia estatal en la Amazonía y Andes, y la corrupción en distintos niveles facilitan su expansión y consolidación.

Por ello, el CTO no solo desafía la seguridad interna, sino también la soberanía y gobernabilidad del país. Su combate requiere un enfoque estratégico, integral y sostenido, que articule los esfuerzos de defensa, inteligencia, justicia y desarrollo en un marco de seguridad multidimensional.

Impacto sobre la seguridad nacional

La convergencia de las actividades del Crimen Transnacional Organizado (CTO) genera consecuencias estratégicas que exceden las capacidades de la Policía Nacional para garantizar la seguridad ciudadana

y el orden interno. El incremento sostenido de la violencia mantiene al país en un estado de emergencia permanente: alrededor del 27 % de los peruanos ha sido víctima de algún delito (ComexPerú, 2024), mientras focos de violencia en zonas como Pataz, La Pampa o Condorcanqui evidencian la pérdida de control estatal y la necesidad del apoyo militar para restablecer el orden público.

El CTO también socava la cohesión institucional mediante la corrupción e infiltración del Estado. Autoridades locales, funcionarios y miembros de la Policía Nacional son captados por redes criminales que compran impunidad y financian candidaturas políticas regionales, degradando la legitimidad democrática y debilitando la gobernabilidad.

En el plano económico, el CTO captura recursos destinados al desarrollo y genera un “costo del miedo” que paraliza inversiones, fortalece economías ilegales y consolida estructuras criminales con poder territorial y político. En diversas regiones, estas organizaciones sustituyen funciones del Estado, administran justicia paralela y controlan circuitos económicos estratégicos, reproduciendo dinámicas observadas en México, Colombia y, más recientemente, Ecuador.

Finalmente, el CTO produce un daño estratégico sostenido que compromete la soberanía y la integridad territorial del Perú. Su control sobre recursos naturales —como oro y madera en la Amazonía— y su convergencia

con remanentes subversivos del VRAEM evidencian una simbiosis criminal sin ideología definida, pero con efectos insurreccionales. Este fenómeno amenaza el principio de autoridad del Estado, debilita el Estado Constitucional de Derecho y exige respuestas integrales, firmes y coordinadas para salvaguardar la seguridad nacional y la continuidad del orden republicano.

Respuesta estatal y estrategia de lucha

Ante el avance del CTO, el Estado ha delegado principalmente la responsabilidad operativa en la Policía Nacional (vía Ministerio del Interior) y ha impulsado estrategias multisectoriales. En 2019 el Ministerio del Interior aprobó la Política Nacional Multisectorial de Lucha contra el Crimen Organizado 2019–2030 (Ministerio del Interior del Perú, 2019), que establece metas como el fortalecimiento de la cooperación internacional, la inteligencia financiera y la coordinación interinstitucional.

En ese marco se han dictado diversas medidas: por ejemplo, en marzo de 2025 se lanzó la Red de Inteligencia Migratoria, un sistema binacional apoyado por la Unión Europea para intercambiar datos en tiempo real entre Migraciones, la Policía Nacional y países vecinos, con el fin de equilibrar seguridad y movilidad ante el aumento de actividades criminales transnacionales (Migraciones, 2025).

Asimismo, Perú ha estrechado la cooperación diplomática y de seguridad con otros países. Se han

establecido mesas de diálogo con Colombia y Ecuador para patrullas mixtas en la triple frontera, y se participa activamente en foros regionales (por ejemplo, la OEA y la UNODC) contra el narcotráfico. En el ámbito judicial se han implementado tratados de extradición más ágiles para enfrentar líderes criminales transnacionales. Institucionalmente, se ha fortalecido la lucha contra el lavado de activos con la creación de la Unidad de Análisis Financiero y la Ley N.° 30827 de decomiso anticipado, con el fin de atacar el pilar financiero del crimen organizado (Ministerio del Interior del Perú, 2019). A nivel local, se promueven iniciativas de desarrollo alternativo en el VRAEM y otras zonas cocaleras, buscando romper el círculo “droga-desarrollo” que alimenta la informalidad delictiva.

No obstante, estas medidas han resultado insuficientes para contener la expansión del CTO. Desde 2023 se han dictado más de diez decretos supremos de estado de emergencia (con sus prórrogas inclusive) que han autorizado la intervención de las Fuerzas Armadas, pero ninguno ha conseguido mitigar el avance de la violencia y el crimen. Por el contrario, se han aplicado acciones aisladas — como restringir a una sola persona la conducción por motocicleta, exigir chalecos a los pasajeros, registrar a repartidores, regular el uso de cámaras de vigilancia, desplegar drones de patrullaje, modificar la legislación penal, anunciar nuevos penales, etc.— que han resultado ineficaces. En conjunto, estas medidas aisladas

han sido un completo fracaso frente al agravamiento de la inseguridad pública.

En consecuencia, la política peruana ante el CTO se presenta desconectada de la realidad, pues sigue abordando el problema como si fuera delincuencia común con un modelo institucional de principios del siglo XX. La magnitud actual del CTO ha superado con creces la capacidad del Estado para garantizar la seguridad ciudadana, el orden público y el orden interno; en especial, ha sobrepasado totalmente las capacidades de la Policía Nacional. Constitucionalmente, la Policía Nacional tiene asignadas las funciones de garantizar el cumplimiento de las leyes, la seguridad ciudadana y el orden interno; sin embargo, ante su incapacidad para enfrentar una crisis de magnitud excepcional como la descrita, cabe abordar al CTO en la dimensión de seguridad nacional.

“Reafirmamos nuestro compromiso de intensificar las acciones ante cualquier amenaza contra la seguridad nacional”

En este sentido, resulta de extrema prioridad y de interés nacional activar el Sistema de Defensa Nacional y convocar al Consejo de Seguridad Nacional para dictaminar medidas urgentes y excepcionales; donde las

Fuerzas Armadas podrían intervenir, según la Constitución Política del Perú, 1993, art. 137 y art. 165, ante la grave conmoción interna y calamidad pública generadas por el CTO, las cuales ya han sobrepasado las capacidades policiales. En la práctica, el Ejército ha venido asumiendo funciones de apoyo a la Policía sin que estén claramente definidas las responsabilidades operativas o los límites legales, y sin que ello se traduzca en resultados concretos sostenidos.

La Política de Seguridad y Defensa Nacional reconoce la criminalidad transnacional como un problema estratégico (Ministro de Defensa del Perú, 2021). Dada la dimensión del daño y el proceso de violencia, este fenómeno puede tratarse como la lucha contra un enemigo, combinando la necesidad de asegurar el control territorial con operaciones de fuerzas especiales, unidades de control territorial y policía militar, así como acciones cibernéticas e inteligencia militar.

De cara al futuro, es indispensable que la respuesta eficaz del empleo del poder militar vaya acompañada de una reingeniería integral de la Policía Nacional, orientada hacia la especialización en seguridad ciudadana, orden público y orden interno. Al mismo tiempo, resulta necesaria una reforma profunda del sistema de justicia y un control efectivo de las economías ilegales: por un lado, para neutralizar el lavado de activos derivado del CTO y, por otro, para formalizar la economía de la

explotación aurífera con un enfoque claro de desarrollo social.

Solo una estrategia coordinada —que integre seguridad interna con desarrollo rural, gobernanza y seguridad— podrá mitigar la penetración permanente del CTO (Campos Hashimoto et al., 2025).

En conclusión, el CTO representa para el Perú un desafío estratégico urgente en materia de seguridad nacional. Su naturaleza cambiante —que combina delincuencia organizada, violencia y corrupción— exige respuestas firmes, flexibles y sostenidas. No existen soluciones unilaterales: combatir estas redes demanda el empleo del poder militar mientras se reforman simultáneamente la Policía Nacional y el Ministerio Público, todo ello sincronizado con acciones políticas del Poder Ejecutivo y del Legislativo para neutralizar las economías ilegales.

Al mismo tiempo, se debe impulsar el desarrollo social dentro de una economía de mercado formal, como herramienta indispensable para enfrentar la presencia del CTO. La población peruana ya percibe claramente el deterioro de la seguridad, y todos los recursos estatales deben estar preparados para confrontar la criminalidad globalizada.

La necesaria coordinación interinstitucional, tanto nacional como internacional, el fortalecimiento de la inteligencia estratégica y el compromiso sostenido con la legalidad, enmarcados en los mecanismos del Sistema de Defensa y Seguridad Nacional, pueden preservar la estabilidad del país y la legitimidad gubernamental. De este modo se garantizaría la vigencia de la legitimidad democrática y los derechos ciudadanos frente a la amenaza permanente del CTO (Campos Hashimoto et al., 2025).

cobrando vida propia y aparecerían en la memoria de sociedades dispersas en el globo. Pasarían al cine, a la televisión, a la radio, a la historia gráfica.

EL NOBEL EN SU ALMA MATER

Autor: Coronel EP Carlos Freyre Zamudio. Actualmente prestando servicio en la Escuela Superior de Guerra del Ejército. Graduado en el Curso Superior de Inteligencia Estratégica, Básico de Operaciones Psicológicas y Comandos Anfibios en la Marina de Guerra. Es escritor y guionista y publica historia militar, novela y crónica. Ha sido finalista de los principales premios literarios del país.

Era un día soleado de marzo del 2011 y Mario Vargas Llosa volvió al colegio en donde, a confesión suya, fue haciéndose un derrotero del que no se iba apartar; el de ser un escritor. Acababa de obtener el Premio Nobel de Literatura y propios y extraños reconocían su talento, su persistencia en tratar de abrirse paso a través de su intelectualidad en espacios extranjeros y en tratar de ser un deicida. En crear un universo desde el cual decenas de personajes irían

Nunca se sabe cuándo las paredes de un lugar pueden volverse como un elástico. El colegio lo ha perseguido en palabra y obra. Dos años en el colegio Leoncio Prado se transformaron con el pasar del tiempo en su primer libro aclamado, para muchos, como el fundador del boom. Comenzó a escribirlo en el otoño de 1958, en Madrid, entre las mesas de una taberna de la calle Menéndez y Pelayo llamada “El Jute”, que ahora no existe, y acabó el invierno de 1961, en una buhardilla de París, con 1.200 páginas mecanografiadas y un par de títulos provisorios: La Morada del héroe o Los impostores. ¿Por qué La morada del héroe? Quizás por intentar acercarse a lo aventurero y excepcionalmente arrojado que fue el coronel Leoncio Prado, ascendido a ese grado por su participación en la Guerra de los Diez Años (1868-1878), combatiendo por el ejército de Cuba en su lucha contra el dominio español.

El día que volvió lo hizo en honor a multitud. Otro leonciopradino como él, el coronel David Ojeda, lo recibió en los patios, que por esos días no eran los tradicionales de La Perla, sino el del Fuerte Rímac, donde el Colegio Militar se tuvo que mudar por un tiempo, mientras se iba remodelando su estructura física. Había oficiales de todas las jerarquías; desde generales hasta cadetes curiosos, con sus atuendos de formación. Desde el

umbral, avistando la formación con los uniformes de parada, los ojos del escritor parecían tener un brillo. Era como una mezcla de nostalgia y conmoción al ver al batallón formado, rígido y silencioso, como si el tiempo no hubiera pasado desde su adolescencia. En alguno de los cadetes, erguido y con la mirada fija al frente, creyó ver al joven que alguna vez fue, el mismo que sufrió, aprendió y se rebeló dentro de esas mismas paredes.

literatura. El paso por el colegio me hizo descubrir la diversidad social, racial y cultural de un país que solo conocía fragmentariamente”.

Habían pasado 48 años desde la aparición de La ciudad y los perros y de la condena que hicieran los cultísimos generales Marín y De la Barra. El hombre y la novela volvían al colegio. Parecía un hijo pródigo, o quizás un cadete pródigo, devuelto a su alma mater en olor a victoria. Era cierto; ganó varias batallas y perdió otras en el transcurso de esos 48 años, pero nunca se apartó de esa índole que se le impregnó en el colegio. Finalmente, ganó la guerra que él mismo se propuso pelear, y para la cual se preparó en esas aulas. Ganó la guerra del cadete leonciopadrino, cuyo lema, que parece una contraseña, es “Alto el Pensamiento”. Y el cadete pródigo lo llevó bastante alto, eso sí.

Para el entonces coronel Ojeda, esa visita significó un momento profundamente significativo. No solo porque se trató de darle la bienvenida a un exalumno que trascendió fronteras con su talento, sino también para rendir homenaje a una figura que, desde la literatura, puso al colegio en los ojos del mundo. Fue un acto de reencuentro con la historia, de reconocimiento al poder de la educación, y una oportunidad invaluable para que los alumnos se inspiren en su trayectoria. Su visita reafirmó el legado del “Leoncio Prado” como una institución que forma líderes en todos los ámbitos.

En esa jornada de 2011, cuando le tocó dar unas palabras, el escritor mencionó lo que significó su paso por el colegio: “Fue en mis años de cadete leonciopradino donde yo descubrí que mi vocación era la literatura y que lo que yo quería ser en la vida era escritor en un medio poco hospitalario y estimulante para el ejercicio de la

No sería la última vez que Mario iría al colegio. Quizás la vez menos ceremonial y más profunda ocurriría este año, cuando avizoraba el paso de la muerte. Casi a las cinco de la tarde del 17 de noviembre de 2024, el teniente Erick Morales, oficial de guardia de Colegio Militar Leoncio Prado se vio sorprendido porque llegó una comitiva sin señales oficiales ni escoltas. La encabezaba el propio Mario. Vestía sencillo, lejos de la elegancia de sus últimas apariciones. El capitán Javier Huanca estaba controlando el servicio y pensó que no ocurría nada interesante. Los cadetes se encontraban de paseo y no había ningún castigado. En eso, recibió la

llamada del teniente Morales: —Mi capitán lo llamaba para darle cuenta que el señor Mario Vargas Llosa está en la entrada del colegio solicitando permiso para poder ingresar y tomarse unas fotos en el frontis.

—¿Don Mario Vargas Llosa?, le preguntó el capitán.

—Sí, mi capitán.

—¿Mario Vargas Llosa, nuestro premio Nobel? ¿Estás seguro?

—Si, mi capitán. Es él.

—¿Y qué estás esperando para hacerlo ingresar? Que pase de inmediato.

Me estoy dirigiendo a la guardia para poder recibirlo.

Después de saludarlo, el capitán lo invitó a dar una visita por las cuadras, pero Álvaro, quien lo acompañaba, le dijo que solo se tomarían unas fotos en el frontis. El capitán lo acompañó hasta la estatua del temerario coronel Prado que mira en dirección al océano desde que lo pusieron en el pedestal. Debajo de este, hay una placa. Era una vieja conocida para Mario. Cuando era alumno en los años 50, la placa ya estaba puesta. Se detuvo y la leyó en voz alta, lentamente, con la voz gastada:

No hay pueblo del mundo que no honre y recompense a los fundadores de su independencia y yo deseo que tú seas uno de los que forjen la libertad de Cuba. Coronel Mario Ignacio Prado. Huanuqueños, hermanos de mi alma, hijos de mi pueblo. Sabed que las balas enemigas no matan y que morir por la patria es vivir en la inmortalidad de la gloria. Leoncio Prado.

diferentes confluyendo en una realidad compleja, parecida al propio país que los parió. Los cambios dentro del colegio y en sus alrededores eran ostensibles. Sin embargo, a pesar del cambio de colores y de materiales; el espíritu se quedó a vivir con él. Y él se quedó arraigado en el espíritu.

Era el plató de su primera novela; también las paredes donde se volvió un hombre. Donde, como ha expresado varias veces, comenzó a conocer el Perú y sus múltiples códigos escondidos de gentes

No sería la última vez que Mario iría al colegio. Quizás la vez menos ceremonial y más profunda ocurriría este año, cuando avizoraba el paso de la muerte.

/ Comando en acción

COLEGIO MILITAR LEONCIO PRADO: Camino al centerario

Autor: Capitán EP Jaime M. Taype Castillo. Historiador Militar. Licenciado en Historia por la UNFV y magíster en Desarrollo y Defensa Nacional por el CAEN-EPG. Primer puesto en el concurso nacional de tesis ANR-CONCYTEC (2013). Paracaidista militar y autor de varios libros y artículos sobre historia militar y naval, publicados por el Congreso y el CAEN-EPG.

Acomienzos de la década de 1940, Europa era el principal escenario de la Segunda Guerra Mundial, la misma que venía provocando gran mortandad en su población, particularmente entre los varones que eran movilizados al frente de batalla. Mientras tanto en el Perú, las autoridades proyectaban la creación de un colegio militarizado. Así nació el Colegio Militar Leoncio Prado (CMLP)

Entre la brisa marina y la disciplina militar

El 27 de agosto de 1943, por Decreto Supremo, se creó el Colegio Militar Leoncio Prado. El Presidente Manuel Prado Ugarteche estampó la firma. El Ministro de Educación, Elías Laroza, lo refrendó. El lugar elegido fue el cuartel Guardia Chalaca, construido en los años treinta frente al mar de La Perla, Callao.

Pocos imaginaban entonces lo que significaba levantar una escuela militar en medio de la brisa salobre y los arenales costeros. El 1 de octubre de 1943, se encargó al coronel José del Carmen Marín la misión de darle vida a ese colegio. Años después, el 5 de enero de 1945, sería oficialmente su primer director.

“El coronel Marín no escatimó esfuerzos para aprovechar el local del cuartel de la Guardia Chalaca en la mejor forma posible y se dedicó a su reconstrucción y remodelación con denodado empeño […]. Basura, mosquitos, tierra, desperdicios tuvieron que ser eliminados para convertir el colegio en un lugar habitable y agradable. Al principio no había cocina y los alimentos que tomábamos nos lo proveía el Restaurant Popular del

Callao. No había agua y esta era llevada en camiones cisterna, pero esto en lugar de arredrarnos nos dio ánimos, se soportó todo y al final se venció” (Gómez, 1993, p. 48)

Prado y Marín develarían el monumento erigido en honor al héroe de Huamachuco (que era hermano del entonces presidente), que daría nombre al colegio. Sin embargo, organizar aquel colegio militarizado no fue una tarea fácil para el coronel Marín.

“Cuando se creó el Colegio Militar y lo designaron para dirigirlo, fue durante muchos meses un director ambulante, sin local, sin una silla en la que descansar, sin una máquina de escribir para formular sus pedidos, sin secretario, y que con solo su nombramiento metido en un cartapacio recorrió innumerables veces las dependencias del Ministerio de Guerra y las de Educación para cristalizar en algo tangible la obra que le habían encargado: El Colegio Militar” (Vargas, 2014, p. 95).

Durante su ejercicio como director del Colegio Militar Leoncio Prado (CMLP), Marín recorría el plantel observando la instrucción de los cadetes, no solo en el aspecto castrense, sino también en lo referente a la difusión de conocimientos en sus diferentes asignaturas, la que debía realizarse de manera reflexiva y no memorística.

¿Qué buscaba el Colegio Militar Leoncio Prado en futuros cadetes? Fortalecer en el alma de nuestros alumnos el amor a la patria y el ideal de consagrar su vida al servicio de ella, mediante la evocación de los hechos gloriosos, el culto a nuestros héroes

y el conocimiento de los valores actuales del país y de sus posibilidades futuras, para infundirles orgullo de ser peruanos, optimismo en el presente y fe en el porvenir […] la aplicación inmediata de todo conocimiento adquirido, a la resolución se problemas concretos, que ejerciten el juicio, el raciocinio, el espíritu de observación, la iniciativa y la voluntad perseverante de los educandos […] la ventaja de desarrollar su espíritu de decisión y confianza en sí mismos […] (RMP, 1944, pp. 125-126).

Marín había experimentado el problema de la educación memorística durante su primer viaje de estudios a Francia, y ahora como director, buscaba evitar repetir esa dificultad entre los jóvenes cadetes. No obstante, durante su discurso-memoria leído con motivo de la clausura del año académico de 1945, Marín expresó lo siguiente:

“Nuestras escuelas se ven a menudo absorbidas por la parte relativamente más fácil de su misión, que es la de instruir […] esas constataciones se estiman satisfactorias solo por la cantidad de conocimientos que el alumno retiene en la memoria, prescindiendo de su habilidad para aplicarlos, es decir, para servirse de aquellos en la acción […].Trataremos de evitar este inconveniente, haciendo

que la adquisición de conocimientos no sea la finalidad de la enseñanza, sino el medio de formar hombres de acción, es decir, hombres capaces de resolver por sí mismos las dificultades que les opongan la realidades de la vida de paz y las tremendas responsabilidades del campo de batalla” (Escuela Militar del Perú, 1962, p. 113).

De esta manera, quien después fue general del Ejército, ministro de Guerra, fundador y primer director del Centro de Altos Estudios Militares (actual CAEN), marcaba la característica del CMLP.

Otro de los oficiales que se desempeñaron como directores fue el entonces Coronel Juan Mendoza Rodríguez, quien posteriormente, en el gobierno del General Manuel A. Odría (1948-1956) fue Ministro de Educación Publica y el verdadero impulsor de la creación de las Grandes Unidades Escolares y de las Palmas Magisteriales, la Universidad Enrique Guzmán y Valle, la sede del Ministerio de Educación en el Parque Universitario, entre otros.

Pero como director del CMLP, Mendoza (1945-1947) tuvo que enfrentar la problemática de la falta de textos para los escolares. En efecto, las carencias de textos no sólo lo lidiaban los cadetes del colegio militar, sino también las escuelas de formación del Ejército y los colegios estatales o “fiscales” a nivel nacional. Una importante contribución del CMLP para la época, impulsado por el Crl. Mendoza y sin recursos del gobierno de la época, fue la creación de una imprenta que pronto fue denominada “Editorial Colegio Militar Leoncio Prado” que tanto ha contribuido a la difusión de la cultura en el Perú (CMLP, 1968, pp. 90-91). Con esta imprenta, se subsanó

la falta de textos escolares en el CMLP, para luego abastecer a las escuelas de formación del Ejército, y durante el gobierno del General Odría, imprimir los textos que se repartían a los colegios nivel nacional.

Disciplina con humanidad

El Colegio Militar Leoncio Prado ha sido un referente educativo, no solo por su disciplina y prestigio en el ámbito escolar peruano, sino ha sido baluarte del amor a la patria y la defensa del orden constitucional. En octubre de 1948, cuando militantes apristas y un sector de la Marina intentaron un golpe, los cadetes se mantuvieron firmes en defensa del orden constitucional.

El colegio también forjó gestos de humanidad y entrega. En diciembre de 1946, el cadete Duilio Poggi Gómez ofreció su vida como símbolo de esa doble formación: firmeza militar y sensibilidad humana (CMLP, 1968).

Con el paso del tiempo, el colegio consolidó su prestigio. En diciembre de 2024 egresó la promoción número setenta y ocho. En casi ocho décadas, miles de jóvenes pasaron por sus

aulas. Muchos se convirtieron en oficiales, otros en profesionales civiles, religiosos, artistas o académicos. Todos con un sello común: la disciplina y la perseverancia que imprime la formación militar.

Entre los personajes que han estudiado por las aulas leonciopradinas destacan el fallecido premio novel de literatura Mario Vargas Llosa, Manuel Scorza, los actores Sergio Galliani y Ramón García, el historiador Juan José Vega Bello, los comunicadores Cesar Hildebrandt y Carlos Donato Barraza, entre otros.

El actor Ramón García al recordar su formación en el CMLP, manifiesta: “Gracias a este colegio, somos lo que somos. Hemos logrado una serie de avances en nuestras carreras, por una cuestión muy simple: por la diciplina, la moral y el trabajo que nos enseñaron en este colegio […] Yo tuve muchos problemas y gracias a esta diciplina, yo logré ser lo que soy” (CMLP, admisión 2023).

Mientras que Galliani en una entrevista, señala: “[El Colegio Militar Leoncio Prado] me dio el punche, la energía y la disciplina” . Mientras que el periodista Cesar Hildebrandt, relata lo siguiente

“Creo que el colegio fue muy importante. Tenía además un nivel de profesores estupendo que ayudaba mucho a amar lo que uno estudiaba. Es probable que otro colegio hubiese sido menos persuasivo, menos edificante para mí. […]. Sí, tengo muy buenos recuerdos del colegio militar, que no se parece en nada al colegio sórdido que pinta Vargas Llosa en ‘La ciudad y los perros’. Recuerdo que un profesor, Rubén Lingán, nos leyó la novela de Vargas Llosa, capítulo por capítulo […] no sucedió nada de lo que después se dijo: que los ejemplares fueron quemados en una hoguera casi nazi en el patio del colegio. Es absolutamente mentira” (Hildebrandt, 2021, pp. 10, 14).

Camino a su centenario de existencia, el Colegio Militar Leoncio Prado mantiene su prestigio entre los padres de familia y el resto de la sociedad peruana, cuna de la formación en valores de amor y respeto al Perú y calidad educativa escolar. La trayectoria profesional de sus egresados es la mejor carta de presentación del emblemático colegio militar peruano, porque “tenemos el compromiso histórico de asumir nuestras responsabilidades frente al país y a nuestros compatriotas” (Gómez, 1993, p. 16).

COMANDOS OPERACIONALES

Brazo operativo del Comando Conjunto, despliegan fuerza, estrategia y compromiso en cada operación al servicio del Perú; allí donde la patria los necesita, responden con valor y espíritu de servicio.

AMOCCOMANDO OPERACIONAL MARÍTIMO

Comandante del COMA

Calm Luis Vera Torres

En junio se desarrolló el entrenamiento “ARES”, en el área de operaciones centro, donde participaron unidades de superficie, unidades submarinas, aeronaves de ala fija y ala rotatoria, patrullas, operadores especiales y buzos, unidades guardacostas y el remolcador auxiliar de salvamento; navegándose 310 millas náuticas y entrenando a 1,122 tripulantes. Se realizaron ejercicios de lanzamientos exitosos de misiles Exocet y Otomat contra un blanco de superficie, resaltándose el alto nivel de preparación de las fuerzas navales.

En agosto se desarrolló el entrenamiento “VULCANO”, en el área de operaciones centro, donde participaron distintas unidades navales, aeronavales y terrestres; navegándose 400 millas náuticas y entrenando a 1,050 tripulantes, permitiendo alistar a las unidades navales, aeronaval y terrestres

que participarán del ejercicio multinacional UNITAS 2025 en Estados Unidos.

En ese sentido, entre agosto y setiembre, el B.A.P. “AGUIRRE” y el B.A.P. “PISAGUA” zarparon rumbo a la estación naval en Mayport – EEUU representando al Perú en el citado ejercicio multinacional, reconocido como el principal entrenamiento de mayor continuidad que conduce la Marina de Estados Unidos con países de la región. Ambas unidades navales arribaron a los puertos de Mayport y Norfolk, permaneciendo hasta el 7 de octubre, junto a escuadras de Infantería de Marina, patrullas de operadores especiales, de buceo y salvamento, un equipo de ciberdefensa y personal que integra el Estado Mayor Multinacional. Este ejercicio conmemora el 250° Aniversario de la US Navy.

COMANDO OPERACIONAL

DE LA AMAZONÍA

Comandante del COAM

Valm Gian Marco Chiapperini Faverio

Se alza como el muro de contención del Estado, defendiendo nuestra soberanía frente a las estructuras que buscan la desestabilización y la ilegalidad en la frontera vital. Mediante operaciones integradas con la Policía Nacional del Perú (DIRANDRO) y el Ministerio Público, el COAM ha ejecutado una ofensiva estratégica sin precedentes, enviando una señal clara: la Amazonía está bajo el control irrestricto de la autoridad estatal.

La operación Primavera marcó el inicio de esta arremetida: las fuerzas bajo mando del COAM lograron la destrucción de un laboratorio rústico, la incineración de cerca de dos toneladas de sulfato de cocaína y la inmovilización de una draga dedicada a la minería ilegal. La afectación económica superó los 86 mil dólares, demostrando que el COAM combate toda la cadena

delictiva que amenaza el medio ambiente y la soberanía nacional. Esta ofensiva se reforzó con la contundente operación Arahuana, que paralizó la producción de droga en el Yavarí mediante la destrucción de campamentos criminales e incautación de más de 5 toneladas de insumos químicos. Se ha logrado debilitar las redes transfronterizas, recuperando espacios estratégicos y demostrando que la voluntad de las FF.AA. es superior a cualquier amenaza.

Las operaciones Renacer y Apocalipsis representaron golpes directos al corazón del narcotráfico en la triple frontera. El liderazgo del COAM resultó en la destrucción de laboratorios activos, la incautación de más de 52 kilogramos de droga, armas de alto poder y detenciones clave, generando una pérdida económica que se acerca al millón de dólares. El COAM avanza, asegura y protege la Amazonía.

COMANDO OPERACIONAL DEL SUR

Comandante del COS

Gral Div Jorge Agramonte Aguilar

Inspirado en la Virgen de las Mercedes, “Gran Mariscala y Patrona de las Armas del Perú”, símbolo de esperanza, lealtad y sacrificio por la libertad, el Comando Operacional del Sur (COS) reafirmó su compromiso con la defensa nacional y la protección del medio ambiente, cumpliendo con los roles estratégicos asignados a su jurisdicción.

Entre julio y septiembre, la 2.ª Brigada de Protección de la Amazonía y el Batallón de Comandos N.° 613, en coordinación con la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA) y la Policía Nacional del Perú, ejecutaron contundentes operativos contra la minería ilegal en Huepetuhe (Manu) y la Reserva Nacional Tambopata, sector Malinowski. Estas intervenciones lograron la interdicción de maquinaria pesada, balsas, motores y materiales ilícitos,

reafirmando el compromiso de las Fuerzas Armadas con la preservación de la Amazonía.

Asimismo, ante la alerta de tsunami del 30 de julio, el Agrupamiento de Cohetes Antiaéreos “Crl. José Gálvez” participó activamente en la sesión de emergencia del COER Moquegua, desplegando personal en puntos estratégicos del litoral de Ilo para brindar seguridad, facilitar la evacuación preventiva y coordinar acciones con el COEN–INDECI y autoridades locales.

Finalmente, el 14 de septiembre, ante el incendio forestal en las faldas del volcán Misti, el componente aéreo (Ala Aérea N.° 3) realizó un vuelo de reconocimiento junto al COER Arequipa, evaluando daños y apoyando labores de mitigación.

COMANDO OPERACIONAL DEL NORTE

Comandante del CON Gral Div Carlos Rabanal Calderón

El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CCFFAA), actúa con la determinación que exige la seguridad nacional. Ha asestado golpes contundentes a las redes de minería ilegal y el crimen organizado que corren el norte del país. A través del Comando Operacional del Norte, se ejecutaron acciones militares policiales de alta precisión en un compromiso innegociable con la defensa ambiental y el Estado de Derecho.

En julio la ofensiva se centró en el sector Marleny, Cedros, logrando el desmantelamiento de dos bocaminas clandestinas que desafiaban la legalidad. En un operativo multisectorial ejemplar —que involucró a la PNP, Ministerio Público y diversas entidades estatales— se incautó una pistola Bersa Thunder 380.

La pérdida para la ilegalidad superó los S/800,000, enviando un mensaje claro: la impunidad ha terminado.

El esfuerzo escaló en agosto con la acción militar policial “Lima” en la bocamina Molinos, Pataz, La Libertad. Liderado por el Comando Unificado Pataz, esta operación de inteligencia y coordinación fue la respuesta inmediata y firme a enfrentamientos entre delincuentes.

El resultado fue una incautación que golpea directamente la capacidad de fuego del crimen: una pistola Glock, dos cacerinas para fusil y material explosivo (76 unidades de emulsión y 33 unidades carmex). Estas acciones conjuntas, que involucran al Ejército, Marina de Guerra y Fuerza Aérea, ratifican la solidez y la eficacia del CCFFAA para neutralizar amenazas.

c oa

COMANDO OPERACIONAL AÉREO

Comandante del COA

Tte Gral FAP José Martinelli Echegaray

La Fuerza Aérea del Perú pone a disposición del CCFFAA personal altamente capacitado y diversos medios aéreos para asegurar una participación eficaz en el componente aéreo del CE-VRAEM, desempeñando un rol fundamental en la seguridad y estabilidad de la región. Su labor es clave en la lucha contra el narcotráfico, terrorismo y en las acciones de apoyo social que impulsan el desarrollo económico y social.

Entre las actividades más destacadas, del 25 de agosto al 5 de septiembre se llevó a cabo en el Agrupamiento Aéreo San Ramón el Entrenamiento de Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape (SERE), dirigido a tripulaciones aéreas y personal de mantenimiento de las tres instituciones armadas que operan en el VRAEM. Asimismo, el Grupo de Fuerzas Especiales de la FAP culminó con éxito

el entrenamiento operacional conjunto “Capacitación de Paramédicos de Combate”, dirigido al personal de las bases contraterroristas y del componente naval del CE-VRAEM. Como resultado, 35 efectivos fueron certificados por la empresa Gama Salud en Soporte de Trauma Prehospitalario (PHTLS) y Stop the Bleed, mientras que 45 participantes obtuvieron la certificación en Cuidados Tácticos de Heridos en Combate (TCCC) y Stop the Bleed, otorgada por el Escuadrón de Recuperación de Personal (ESREP).

Finalmente, en cumplimiento del Decreto Supremo N.º 077-2025PCM, que prorroga el estado de emergencia en Pataz, La Libertad, se desplegó un helicóptero MI-17, y una aeronave Twin Otter en apoyo al Comando Operacional del Norte, para el traslado de personal y material, contribuyendo al control del orden interno.

COMANDO OPERACIONAL DEL CENTRO

Comandante del COC Gral Div Óscar Calle Pérez

El Comando Operacional del Centro reafirma su compromiso con el desarrollo y bienestar del país, extendiendo su acción más allá del ámbito militar para llegar directamente a las poblaciones más necesitadas.

En Lima, la 1ra Brigada de Fuerzas Especiales realizó una jornada solidaria en la Casa Hogar Sembrando Esperanza de Villa María del Triunfo, brindando atención médica, cortes de cabello, desayunos y donaciones a personas en situación vulnerable, llevando un mensaje de esperanza y humanidad.

En la región San Martín, la 5ta Brigada de Selva de Protección de la Amazonía participó en una jornada social en la comunidad nativa Kichwa Wayku, reafirmando el compromiso de las Fuerzas Armadas con la preservación y desarrollo de

las comunidades indígenas, guardianas de la identidad cultural del país.

Asimismo, en Chosica, la 1ra Brigada Multipropósito se sumó a la operación Abrigo, campaña impulsada por el MIDIS mediante el Programa PAIS, que busca entregar más de 21 mil kits de abrigo a comunidades vulnerables, priorizando niños y adultos mayores.

Paralelamente, el Comando Operacional del Centro mantiene una activa presencia en Lima, Ica, Huánuco y San Martín, coordinando operaciones conjuntas que integran seguridad y desarrollo. En el marco del estado de emergencia, sus efectivos participan en patrullajes móviles integrados junto a la Policía Nacional y serenazgos, contribuyendo al restablecimiento del orden y la seguridad ciudadana.

COMANDO DE INTELIGENCIA Y OPERACIONES

ESPECIALES CONJUNTAS

Comandante del CIOEC

Gral Div Francisco Costa Gallegos

Reafirmó su liderazgo regional en la integración de fuerzas especiales a través de tres acciones de alto impacto.

El “Simposio de Operaciones Especiales Conjuntas: Desafíos contemporáneos y perspectivas estratégicas” reunió a delegaciones nacionales e internacionales para analizar los retos actuales en defensa y seguridad. Se resaltó la importancia de fortalecer las capacidades conjuntas y multidominio, la interoperabilidad y la cooperación internacional frente a amenazas híbridas y transnacionales. La participación del SOCSOUTH reafirmó los lazos de cooperación con los EE.UU.

En el ámbito operativo, desarrolló la competencia “Ayar Huñunakuy – 2025”, que congregó a los mejores operadores especiales de las Fuerzas Armadas del Perú. Inspirado en la cosmovisión inca, este encuentro simbolizó la

unidad, disciplina y camaradería entre guerreros, mediante exigentes pruebas físicas y tácticas realizadas en Chorrillos, Ancón, Pucusana y Huarochirí. Asimismo, las patrullas del CIOEC cumplen un rol clave en la lucha contra la minería ilegal. Desplegadas en zonas como Pataz (La Libertad), operan junto al Comando Unificado Pataz y la PNP-DINOES, desarticulando campamentos ilegales, destruyendo maquinaria y restableciendo la autoridad del Estado. Más allá del impacto directo, la presencia de estas fuerzas especiales restablece la autoridad del Estado en territorios disputados, contribuye a proteger a las comunidades locales y favorece procesos de formalización minera. Estas acciones reflejan la visión estratégica del CIOEC: inteligencia, interoperabilidad y compromiso al servicio de la defensa nacional y la estabilidad regional.

COMANDO OPERACIONAL DE DEFENSA AÉREA

Comandante del CODA

Mag FAP Luis Brignardello Aguirre

En el periodo comprendido entre julio y setiembre del presente año, el CODA ejecutó acciones para reforzar la seguridad del Espacio Aéreo Nacional, con la finalidad de garantizar la protección de autoridades y fortalecer el entrenamiento conjunto en operaciones de elevada exigencia.

Durante este tiempo, se realizaron despliegues de sistemas antidron en diferentes actividades de gran relevancia, como los 40 años del Mirage 2000 en la Fuerza Aérea del Perú, el Día de la Fuerza Aérea y la Gran Parada y Desfile Militar en la avenida Brasil, además de otras operaciones de seguridad aeroespacial. Estas intervenciones reflejaron la capacidad del CODA para actuar con oportunidad y eficacia en eventos de alcance nacional, brindando confianza a las autoridades y ciudadanía.

Asimismo, se efectuaron despliegues en zonas estratégicas del interior y en áreas de frontera, reforzando la seguridad y contribuyendo a la protección del territorio en escenarios de importancia para la defensa. Dichas operaciones evidencian la preparación y disciplina del personal, que mantiene un alto nivel de alistamiento para cumplir su misión en todo momento.

De manera complementaria, se desarrolló un entrenamiento virtual conjunto orientado a operaciones contra el tráfico ilícito de drogas, en el cual se practicaron fases de interceptación y coordinaciones interinstitucionales, en el marco de la cooperación con los EE.UU. Estas acciones confirman el compromiso permanente del CODA con la defensa del espacio aéreo, la seguridad nacional y el fortalecimiento de las capacidades del CCFFAA y la FAP. C O D A

cCOMANDO OPERACIONAL DEL UCAYALI

Comandante del COU

Calm Diego Gago Rojas

El COU refuerza su liderazgo en gestión del riesgo y defensa ambiental en la Amazonía. El Comando Operacional del Ucayali desarrolló diversas operaciones conjuntas orientadas a fortalecer la gestión del riesgo de desastres, la lucha contra incendios forestales y la protección ambiental en la región amazónica.

Los componentes naval, aéreo y terrestre desplegaron sus capacidades integradas para brindar apoyo humanitario, transporte de víveres y asistencia médica a las comunidades afectadas. En coordinación con el Gobierno Regional de Ucayali y el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), el COU participó activamente en el Simulacro Nacional Multipeligro fortaleciendo la preparación de las fuerzas ante situaciones de emergencia.

Asimismo, el comando impulsó un entrenamiento especializado para combatientes de incendios forestales, consolidando las capacidades de respuesta frente a siniestros ambientales.

En paralelo, se desarrollaron operaciones integradas contra la minería ilegal, reafirmando el compromiso con la defensa del territorio y la protección de los recursos naturales.

“El trabajo conjunto con las autoridades civiles y la población permite proteger vidas y preservar el entorno natural, reafirmando el compromiso de nuestras Fuerzas Armadas con la seguridad y el desarrollo sostenible del país”, expresó el Contralmirante Diego Gago Rojas, Comandante del COU.

COMANDO OPERACIONAL DE CIBERDEFENSA

Comandante del COCID

Mag FAP Roberto Aranda del Castillo

Durante el presente semestre, se consolidó importantes avances en materia de ciberseguridad y cooperación internacional, reafirmando el compromiso con la defensa integral del país frente a los desafíos del mundo digital.

En el ámbito nacional, se suscribió un convenio con el INICTEL–UNI, orientado a la realización de Ciber ejercicios conjuntos que permitirán estandarizar procedimientos, técnicas y tácticas en entornos virtuales, fortaleciendo la capacidad de respuesta institucional ante incidentes cibernéticos. Asimismo, culminó con éxito el I Programa Especializado en Políticas para el Ciberespacio e Inteligencia Artificial, desarrollado en el CAEN – Escuela de Posgrado. Este programa abordó el impacto presente y futuro de la tecnología digital en la seguridad y defensa nacional.

En el ámbito internacional, el Coronel EP Octavio Freitas Farfán participó en el Programa de Desarrollo de Políticas Cibernéticas e Inteligencia Artificial para la Defensa, dictado en la Universidad Nacional de Defensa de los Estados Unidos (Instituto William Perry). Este programa permitió el intercambio de experiencias con representantes de más de diez países aliados, abordando temas clave como la protección de infraestructuras críticas y el impacto de los medios en la gobernanza global.

Finalmente, el Mayor General FAP Roberto Aranda del Castillo representó al Perú en la XXI Ronda de Conversaciones Bilaterales Perú–Argentina, donde ambas naciones reforzaron lazos de cooperación y compromiso conjunto en materia de ciberdefensa y seguridad regional, pilares esenciales para la estabilidad y el desarrollo de América Latina.

C O C I D

COMANDO OPERACIONAL

DEL ESTE Y COMANDO

ESPECIAL VRAEM

Comandante del COE y CEVRAEM Gral Div Hugo Molina Carazas

Conduce de manera eficiente operaciones militares integradas con la Policía Nacional del Perú en la lucha contra el terrorismo y su principal fuente de financiamiento: el Tráfico Ilícito de Drogas (TID). Este esfuerzo sostenido ha permitido reducir las zonas en emergencia de 19 distritos a 14 con 6 centros poblados, resultado de la ejecución de 1,312 operaciones de control territorial y fluvial, complementadas con misiones aéreas de interdicción, escolta, reconocimiento, inteligencia, vigilancia, transporte logístico y evacuación aeromédica.

El Comando desarrolla además operaciones de información, consolidando una estrategia integral que ha demostrado alta eficacia en su área de responsabilidad. Entre los principales objetivos alineados con la política del Comando

Conjunto de las Fuerzas Armadas destaca el de dar la estocada final a la OT-SL, habiéndose incautado 26 armas de fuego, municiones, explosivos, equipos de comunicación y neutralizado sus vínculos con el TID. A la fecha se ha decomisado 44.58 toneladas de clorhidrato de cocaína, 4.85 de marihuana, 355.40 de hojas de coca y 70.97 de insumos químicos fiscalizados, además de destruir 65 laboratorios, 2 pozas de maceración, inhabilitar 2 pistas de aterrizaje y detener a 35 personas vinculadas al narcotráfico.

El CEVRAEM también cumple su objetivo de contribuir al desarrollo de los pueblos, participando activamente con autoridades locales y respondiendo ante desastres naturales —aludes, huaycos e inundaciones— brindando apoyo crucial a las poblaciones afectadas.

Avanza con paso firme y consecuente, consolidando la política de comando estratégica definida por el CCFFAA. Durante el segundo semestre del presente año, el COE ha demostrado ser un pilar de acción integral, ejecutando con éxito las tareas asignadas por el escalón superior para garantizar tanto la seguridad como el progreso de la población.

La eficacia operativa es incuestionable: entre julio y septiembre, el COE ha ejecutado un total de 61 acciones militares. Este despliegue abarca desde la seguridad en zonas críticas hasta el apoyo tangible al desarrollo nacional, una labor fundamental conducida por nuestro Agrupamiento de Ingeniería “TTE CRL PRG”, el cual consolida el avance y la protección de nuestros ciudadanos. Pero la misión del COE trasciende lo netamente militar. Como elemento de primera respuesta en emergencias, ha

realizado 55 acciones militares en el marco del SINAGERD, participando activamente en la Gestión del Riesgo de Desastre en coordinación con las direcciones descentradas del INDECI. El resultado es un comando operacional listo, capaz de obtener resultados tangibles como primera línea de defensa ante cualquier contingencia.

El principal objetivo de la gestión del COE es el “logro del apoyo de la población”. Con 55 acciones cívicas ejecutadas en su sector. Estos acercamientos deliberados —incluyendo ceremonias castrenses, jornadas de Puertas Abiertas y apoyo solidario— no son gestos aislados, sino intervenciones estratégicas que fortalecen y consolidan el apoyo y la cooperación de la ciudadanía en las tareas de defensa y desarrollo nacional. El COE es la fuerza que avanza, protege y une a la patria.

NACIO NALISMO en nuestros días

Autor: Fausto Franklin Mercado

Philco. Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales- Universidad Ricardo Palma-URP. Catedrático de Pregrado y Posgrado- Universidad Nacional Mayor de San Marcos- UNMSM. Autor de libros en Políticas y Economía.

Entendamos al nacionalismo como la ideología de la edad contemporánea, que surgió con el concepto moderno de nación, en su comunidad e identidad. Y es el nacionalismo, que nos lleva a la nación y este al estado, expresado en habitantes, lengua, historia, cultura, y territorio. Poder entender así a este movimiento sociopolítico que surgió a finales del siglo XVIII, mejor dicho, después de la Revolución Francesa de 1789, y se asentó en la intensidad del siglo XIX y XX principalmente, preguntándonos, si el nacionalismo construye patria, o la divide.

“Cuando se aborda un fenómeno tan complejo y dinámico como el de los nacionalismos y las minorías, en el que concurren aspectos históricos, territoriales, sociológicos, políticos y culturales, además de las inevitables distorsiones que ejercen los estereotipos constantemente difundidos por los medios de comunicación, no siempre desinteresados y objetivos en sus informaciones, suelen desencadenarse interminables debates en los que las pasiones y la parcialidad, cuando no la intolerancia, suelen

sustituir al análisis racional, riguroso y fundado en el empleo de una metodología científica” (Calduch Cervera 1998: 02).

En ese sentido, comprendamos al nacionalismo como parte esencial de nuestra identidad, en el caso peruano en vinculación directa con nuestro espacio y tiempo vivido desde las primeras civilizaciones peruanas: Caral, luego las culturas precolombinas, Inca, virreinal y nuestra república desde 1821, hasta nuestros días. Y así se fue construyendo identidad, historia, cultura y territorio (lamentablemente mutilado en época virreinal y en época republicana principalmente, sumado a la traición entre nosotros e intereses subalternos a nuestra nación). En apetitos e intereses de un puñado de líderes peruanos del antaño, que no entendieron lo que

El nacionalismo, basado en la familia, patria, Dios y territorio debe de buscar para su sociedad en su conjunto y desde la protección y resguardo de sus Fuerzas Armadas, el respaldo a la institucionalidad... establecidas en su carta magna constitucional.

es unidad, integración y nación, siendo desmembrados de a pocos. Es así, que surgieron nuestros héroes nacionales, en ese amor por la patria y fervor nacional en equilibrio, a esas malas decisiones de nuestros gobernantes pasados en ceder por ejemplo nuestras provincias de Arica y Tarapacá, a la nación del Sur, cuando nuestro nacionalista patriota, y héroe Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, planteaba otro tipo de negociación, de estrategia, en respeto a la integridad y cuerpo indivisible de nuestro territorio nacional y recursos, de esa asimétrica guerra, llamada del Pacífico.

Llegando así, el nacionalismo importado de los países europeos en tiempos de la ilustración del Viejo Continente y luego en la segunda

mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, en extremos. Guerras, violencia, e intereses, a través de la Primera y Segunda Guerra Mundial, en sus líderes fascistas, nacistas, dictatoriales como Mussolini en Italia o Hitler en Alemania, o ese socialismo y su extremo comunista en su proletariado del oprimido, basado en su identidad y clase social. Nacionalismo tergiversado que llegó a nuestro continente en revolución mexicana y cubana comunista.

Bueno, por otro lado, desde un equilibrio geopolítico, el nacionalismo llegó a nuestras tierra republicana, en reformas, políticas y estrategias de aquellos momentos vividos en un nacionalismo acondicionado a nuestra realidad, en dirección y consistencia

reivindicadora en nuestro país, que se pudo plasmar con el General Juan Velasco Alvarado y su equipo de la mano del insigne geopolítico militar, Edgardo Mercado Jarrín, en esos siete años (1967- 1975), los que trataron de construir un país en reformas necesarias, pero no entendidas en su verdadera dimensión y alcance, lamentablemente a intereses, que llevaron a pensar que este nacionalismo, era el continuismo comunista cubano, ahora venezolano y nicaragüense… dictaduras populistas y comunistas totalmente trastocadas, retrógradas de esos estados fallidos, todavía vigentes en nuestra región americana.

Y ese no era el enfoque del gobierno Velasquista, preguntándonos que faltó para encontrar el registro necesario para lograr un nacionalismo para el pueblo en la identidad y convicción, en ese cuerpo vinculante de gobierno a gobierno que le sucedieron hasta nuestros días. Y desde afuera un mundo diferente llegó… algunos le llaman al revés, va capturando los diferentes estados del orbe, entre ellos, el nuestro, en un progresismo, que avanza, con una cultura woke, de las todas y todes, en racismos infundados, aliados ahora del comunismo que busca extenderse en toda la región americana

cual cáncer de esa ideología como mencionamos retrógrada, que ya conocemos. Y así llega la metamorfosis kafkiana en su ficción, pero traída lamentablemente a la realidad de nuestra región, en esa izquierda nacionalista, de nuestros días, arropada en la democracia, como bien sabemos, en el anzuelo de su asamblea constituyente y de dictadura que se vive en más de cien años entre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sumadas todas.

“El nacionalismo es una herramienta, como otras que existen en la política; pero es una particularmente útil y adaptable. Es precisamente Por eso, por su utilidad política y adaptabilidad, que el nacionalismo sigue siendo un

instrumento esencial de la vida política, en las más diversas circunstancias” (Hoyo Prohuber 2009: 34).

Conclusiones

Es donde el nacionalismo, basado en la familia, patria, Dios y territorio debe de buscar para su sociedad en su conjunto y desde la protección y resguardo de sus Fuerzas Armadas, el respaldo a la institucionalidad democrática y republicana, visualizada en las reglas de juego y libertades, establecidas en su carta magna constitucional, desde la política y no la politiquería en confusiones normativas para los intereses de esas gobernanzas que solo pueden traer retraso y corrupción para los pueblos que los eligieron, para

gobernar pensando en el bien común colectivo y no en agua para su molino en confiscación de los derechos, libertades y propiedad.

Y lo vivimos el 07 de diciembre del 2022, en intento de golpe de estado (felizmente fallido), o el 05 de abril de 1992 en golpe de estado perpetuado y consumado. Y el Perú no está para ninguna forma de dictadura ya sea de derecha, en ese nacionalismo, populismo y fascismo que la historia tanto nos ha regalado, o en la dictadura de izquierda, comunista y retrógrada en sus modelos económicos que tiene capturados a hermanos pueblos como Cuba (1959), Venezuela (1999) y Nicaragua (2007), que sumados ellos (como lo mencionamos en párrafos anteriores), a nuestras fechas ya van ciento diez años de opresión pobreza y falta de libertad para sus pueblos.

Sí al nacionalismo, respetando identidad, historia, cultura y territorio de nuestro pueblo, buscando siempre el bien común para su pueblo, en vinculación a bienes, productos y servicios de un mundo comercial y económicamente libre, pero como manifestamos considerando la economía social de mercado, con la economía de libre mercado y si caer en falacias politiqueras de esas dictaduras fallidas que buscan ser vigentes pese a que la historia los desacreditó en su gobernanza e ineptitud, tiempo atrás.

MILITARES COMO FORJADORES DE IDENTIDAD NACIONAL

Autor: José Romero Arce. Licenciado en Administración (UP) y egresado del IX CBDNCAEN (2001), es analista en desarrollo, seguridad y turismo. Columnista en LaAbeja.pe, dirige los blogs Ecoaventura Vida y El Oráculo de Don Tribi. Autor de cuatro libros digitales, fusiona análisis estratégico con narrativa y reflexión sobre el Perú.

La historia del Perú está marcada por hombres y mujeres que, desde su juventud, eligieron el camino de las armas como una expresión de amor a la patria. Sus vidas, muchas veces sacrificadas en silencio, han dejado huellas profundas en la memoria nacional.

Desde los héroes de la campaña de 1941 hasta los protagonistas de la operación Chavín de Huántar, pasando por innumerables oficiales y soldados que entregaron todo por la defensa de la democracia, cada uno ha contribuido a forjar una identidad basada en el valor, la lealtad y la vocación de servicio.

Este artículo busca rendir homenaje a esos militares que, con su ejemplo, han inspirado generaciones y consolidado la unión entre el pueblo y sus Fuerzas Armadas. Hay varios factores que influyen en la elección de una carrera profesional. El más importante, quizás, es la vocación: esa inclinación que nace de múltiples motivos, entre ellos la admiración por alguien o algo relacionado con la profesión elegida.

Recuerdo con especial respeto al Mayor EP Luis Torres Carreón,

veterano de la campaña de 1941 y defensor calificado de la patria. “Don Lucho”, como lo llamábamos, era el padre de una familia amiga en la que reinaban el amor, la disciplina y el orden. A ello sumaba su amor por el Ejército, al que se entregó desde muy joven con profesionalismo y vocación.

La formación de un militar, a diferencia de otras profesiones, empieza en la juventud temprana. Lo vi de cerca cuando un compañero del colegio Salesiano de Breña ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos. Tras su primera salida, luego del periodo de adaptación, lo encontré cambiado: otra actitud, otro porte. Ese amigo fue el Mayor EP Jorge Julio Romero Castro, quien cayó en 1992 en el Huallaga, a temprana edad, defendiendo al Perú y a su democracia.

Lo que hizo Jorge Julio es la prueba del inmenso amor de un peruano a su Patria, incluso hasta el sacrificio de su vida. Lo entendieron también militares como el Coronel EP Juan Valer Sandoval, el Mayor EP Marko Jara Schenone, el Capitán EP Raúl Jiménez Chávez y tantos otros que siguieron el ejemplo del Coronel Francisco Bolognesi y los Titanes

de Arica. Aquel juramento de “luchar hasta quemar el último cartucho” sigue vivo en cada generación. Jiménez lo resumió cuando, al saber que integraría el Comando Chavín de Huántar, dijo: “Que todo sea por la patria”. Palabras que no solo expresan obediencia, sino compromiso y lealtad, valores forjados en el hogar, la escuela y el alma mater del Ejército.

La vocación, entonces, es la piedra angular de una carrera de sacrificio y entrega que nace en la juventud y, muchas veces, en la niñez. Esa vocación no solo forma grandes militares, sino también mejores ciudadanos.

De allí la importancia de recuperar la formación en valores desde la niñez y juventud, porque ellos serán el futuro de la nación. La defensa de la fe, de la vida, de la familia y de la patria es fundamental para seguir aspirando a ser un país grande.

En este sentido, instituciones como las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional son tutelares de la Nación. Representan entrega y sacrificio, no solo en los momentos decisivos de la historia, sino también en el día a día. Todos recordamos aquel compañero de aula que llegaba de improviso porque su padre había sido trasladado de guarnición. La familia, sin duda, es el soporte de todo profesional, y especialmente de quien viste uniforme y sirve en distintos rincones del Perú, muchas veces alejados.

Cómo olvidar también a la rabona de la guerra del Pacífico, que acompañaba a su esposo al frente, exponiendo su vida para proteger la de él, como bien recuerda nuestro historiador Jorge Basadre.

La carrera militar empieza joven y dura casi cuatro décadas. Solo uno por promoción llega a comandar su institución. Son los factores personales y profesionales los que marcan la diferencia, pero ello no desmerece a quienes no alcanzan la cima. Es la ley de la vida. No todos llegan al final, pero todos comparten un carácter singular. La carrera militar, en ese sentido, tiene una impronta parecida al sacerdocio.

La vocación, entonces, es la piedra angular de una carrera de sacrificio y entrega que nace en la juventud y, muchas veces, en la niñez. Esa vocación no solo forma grandes

militares, sino también mejores ciudadanos.

Soy parte de una generación que creció con el espíritu de unión entre el pueblo y las Fuerzas Armadas. Con el tiempo, algunos intentaron sembrar animadversión con narrativas falsas y cargadas de odio.

Por eso, defender nuestras fronteras y asegurar la viabilidad de la patria implica también reavivar ese espíritu, hoy olvidado en parte de la ciudadanía. Que nuestras Fuerzas Armadas vuelvan a ser “nuestras” y que servir a la patria sea siempre un orgullo, ya sea como militar de carrera o a través del Servicio Militar, donde la juventud pueda expresar su compromiso y aportar al país.

Una alternativa adicional la ofrecen las maestrías y diplomados del Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN). Tuve el honor de ser parte del IX Curso Básico de Defensa Nacional en 2001, un espacio de intercambio de ideas entre civiles y militares donde, como reza su lema, “las ideas se exponen, no se imponen”.

La defensa de la fe, de la vida, de la familia y de la patria es fundamental para seguir aspirando a ser un país grande.

DOCTRINA MILITAR PARA EL SIGLO XXI

Autor: Capitán de Navio Ricardo Devoto Gagliardi. Calificado en Operaciones Especiales e Inteligencia Naval. Bachiller en Ciencias Marítimo-Navales, Magister en Análisis de Defensa con mención en Guerra Irregular y Magister en Seguridad Global. Catedrático y expositor en asuntos de Operaciones Especiales, Operaciones de Información y seguridad.

Estamos en una era de rápidos cambios y constante adaptación, donde emergen nuevas amenazas empoderadas por las tecnologías de uso libre y con acceso irrestricto a las plataformas de comunicación, creando así organizaciones más rápidas y dinámicas. Esto nos obliga a cambiar. Exige que nuestras Fuerzas Armadas reestructuren su organización y busquen medios militares solo a través de la innovación tecnológica. Ambos, el cambio estructural y la tecnología, actúan como un motor que impulsa, que exige, la actualización de nuestra doctrina militar.

El Espectro que se ensancha

En poco más de un siglo, la velocidad del cambio en el campo militar ha sido exponencial. La doctrina, a nivel mundial, se ha visto obligada a abarcar los extremos de un espectro cada vez más amplio.

Por un lado, la transformación de las operaciones militares propiamente dichas. Hemos visto la evolución: desde las guerras mundiales hasta la Guerra Fría, de Corea a Vietnam, de la guerra del Golfo a la guerra Global contra

el terrorismo. Hoy, el conflicto entre Rusia y Ucrania redefine la guerra del futuro.

Por el otro lado, las cada vez más frecuentes Acciones Militares, englobada en las Operaciones Militares Distinta a la Guerra (MOOTW, por sus siglas en Ingles), estas concentran la responsabilidad más sutil, pero igualmente vital, de nuestras Fuerzas Armadas durante los períodos de paz: mantenimiento de la paz, asistencia humanitaria, respuesta ante desastres, acciones cívico-militares, llegan incluso a operaciones contra el narcotráfico y la contribución al orden interno.

En Perú, esta dicotomía es la realidad diaria. Se refleja en los roles estratégicos consagrados en nuestra constitución: garantizar la independencia, la soberanía, la integridad territorial, coadyuvar o asumir el control del orden interno, participar en el desarrollo económico, en la defensa civil y en la política exterior.

Cuando se hace necesaria la reformulación de la doctrina Para cumplir con estos Roles Estratégicos, las Fuerzas Armadas

deben desarrollar capacidades militares articulando tres aspectos interdependientes: doctrina, organización y tecnología.

La estructura orgánica y la innovación tecnológica gozan de una velocidad de cambio diferente, son dinámicas. La doctrina, en cambio, debe fungir de engranaje, debe ser el mecanismo que las articule. La doctrina tiene la obligación de estar en armonía con las modificaciones a las tareas asignadas y con los cambios organizacionales, debe estar al compás de la innovación tecnológica que redefine nuestro arsenal.

Las tareas se modifican porque las amenazas son mutantes. Los actores hostiles se adaptan rápidamente, toman ventaja de las nuevas tecnologías libres. Esto da paso a una clasificación de amenazas más compleja, que arranca en lo híbrido. Detrás de cada singularidad hostil, la fuerza militar debe reformular. Debe adaptar su organización, su tecnología y, necesariamente, su doctrina a las amenazas emergentes.

Necesidades intrínsecas también producen cambios en la casa. Estos inevitablemente derivan en actualizaciones doctrinales. La creación del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas en 1957 y la posterior organización geográfica y funcional del Siglo XXI (Comandos Operacionales y Comandos Especiales) exigió la formulación de la doctrina conjunta. Una doctrina que está en constante, y necesaria, revisión.

Un ejemplo reciente es la creación del Comando Operacional de Ciberdefensa. Una lógica respuesta a la relevancia del actuar militar en el ciberespacio. Un dominio mutante, extenso, híbrido y oscuro. De esto se infiere una exigencia: que las organizaciones militares se adapten oportunamente a los nuevos contextos a una velocidad sin precedentes.

La subordinación y la tecnología

La debida subordinación a la autoridad política del Estado y al control civil exige más que la optimización de una cadena de comando. Son cambios estructurales. Y estos demandan adecuar la doctrina para responder a las preguntas fundamentales: ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo? se emplearán las capacidades militares hoy y mañana.

En la otra senda de la actualización está la innovación tecnológica. Vivimos en la era de los drones (aéreos, terrestres, subacuáticos). La inteligencia artificial acelera los ciclos operativos de Observación, Decisión y Acción (ODA). El ciberespacio es un arma de manipulación. Las armas láser son una realidad. Todo esto incrementa y diversifica nuestros arsenales. Y todo esto exige adecuar nuestras defensas. La innovación tecnológica acorta los ciclos de obsolescencia. Un desarrollo puede quedar inútil en pocos meses. Para enfrentar esta alta dinámica, se necesita nuevamente el engranaje de la doctrina, el código que articule la organización con los medios disponibles para alcanzar los fines.

La pregunta que nos persigue es si logramos adaptar nuestra doctrina a los nuevos desafíos a la misma velocidad que nuestra organización, y más aún, a la misma velocidad de la tecnología. Quizás no.

Entonces, ¿qué se espera de una doctrina militar moderna? Primero, debe preservar la esencia. Debe ser la depositaria de los principios inmutables del actuar militar, pero debe dotar a las fuerzas militares de la flexibilidad para adaptarse sin fricción a los cambios constantes en la organización y tecnología. Y, más importante, a los cambios en la organización y tecnología de nuestros oponentes.

Segundo, debe armonizar lo conjunto. Es el gran desafío. La doctrina debe ser el engranaje que articule la organización y la tecnología a nivel conjunto. Debemos pensar si la estrategia tecnológica de una Institución Armada particular afecta la organización de otra, o si reduce la eficacia conjunta de las fuerzas

militares. Una tarea reservada para mentes estratégicas.

Tercero, debe integrar dominios. Una doctrina efectiva tiene que entretejer los diferentes niveles de organización conjunta. Debe contemplar, de forma natural, la acción militar en múltiples dominios, incluyendo el de la información y el ciberespacio. Esto exige conceptualizar organizaciones más flexibles. Debe eliminar las barreras que ralentizan la respuesta oportuna.

Finalmente, una doctrina moderna y eficaz debe establecer el marco conceptual que permita a las Unidades Militares transitar sin desgaste entre diferentes escenarios. Una buena doctrina sienta las bases para la eficaz y oportuna intervención militar en cada matiz del espectro de operaciones: desde una asistencia humanitaria hasta el conflicto armado extremo.

El desafío está lanzado. La doctrina no es un documento estático; es la voluntad del comando plasmada en papel, lista para ser el mapa del futuro.

NOSOTROS

COMANDO EN ACCIÓN

N° 78 - 2025

DIRECTOR

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EDICIÓN PERIODÍSTICA

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EDITOR DE ESTILO

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DIRECCIÓN

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