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No hay mayor tormento para el alma que la certeza de lo inevitable Yo, Alex Mortimer, con el corazón encogido y la mente vacilante, me dispongo a relatar un suceso que ha oscurecido mi vida y me ha arrastrado a las profundidades de una demencia incontenible. Si lees estas palabras, te ruego que no las tomes como mera ficción; son la crónica de una caída, la mía, en un abismo que no tiene fondo. Todo comenzó una noche en la que los vientos clamaban paz entre los árboles desnudos, como si las mismas sombras susurraran secretos olvidados en el transcurso de los siglos Aquella noche, el ambiente estaba impregnado de una densa oscuridad, una negrura más intensa que la de cualquier noche normal. Me encontraba en mi estudio, rodeado de libros antiguos y pergaminos polvorientos, cuando escuché un golpe en la puerta, un sonido hueco, casi inaudible, pero que reverberó en mi pecho como un augurio siniestro.

Al abrir, no encontré a nadie, excepto una figura indistinta en la penumbra, más sombra que ser Mis ojos intentaron descifrar su forma, pero mi mente se resistía, como si se negara a aceptar la realidad de lo que veía. La figura no se movió, ni habló. Pero un susurro gélido se deslizó en mi mente, palabras que no se articulaban en mi lengua, sino en la lengua de los antiguos, un dialecto inhumano, arcano, que nunca había oído, pero que, de alguna manera, comprendía Esa noche, el sueño me fue esquivo. Me atormentaba la presencia de aquella sombra que, aunque invisible, sentía acechando en cada rincón de mi hogar Intenté sumergirme en mis libros, en los textos olvidados que tanto había estudiado, pero nada me proporcionaba consuelo Fue entonces cuando comencé a notar los cambios en mi entorno. Los objetos se movían ligeramente de su lugar, las sombras parecían alargarse, y un hedor fétido, a tierra húmeda y podrida, se impregnó en el aire.

Mis noches se convirtieron en un calvario de insomnio y terror. La sombra, aunque nunca volvía a manifestarse físicamente, me acosaba en cada instante Su presencia se hacía más palpable, como si la realidad misma se doblara bajo su peso. El susurro en mi mente, que al principio había sido leve, se convirtió en un rugido ensordecedor que amenazaba con romper mi cordura El tic-tac del reloj se alargaba, los segundos parecían horas, y cada instante que pasaba era un martillo golpeando mi ya frágil sanidad.

Los espejos de mi casa comenzaron a mostrar imágenes distorsionadas Mi reflejo no era el mío, sino una figura oscura con ojos vacíos, carentes de humanidad. El rostro que veía en el espejo sonreía, pero no era una sonrisa de alegría, sino una mueca de satisfacción malévola, como si algo dentro de mí estuviera despertando, algo antiguo y monstruoso

Los sonidos en la casa también cambiaron. Los crujidos normales del piso de madera se convirtieron en pasos lentos y pesados que recorrían los pasillos Podía oír el arrastrar de pies descalzos en la noche, acercándose cada vez más a mi dormitorio. Una noche, mientras estaba acurrucado en mi cama, oí un susurro al oído. Fue tan cercano, tan íntimo, que sentí su aliento helado en mi piel: "Te estoy esperando, Alex". Me congelé de terror, incapaz de moverme o gritar

En mi desesperación, acudí a un viejo amigo, un ocultista conocido por su estudio de lo esotérico. Le conté mi situación, esperando que pudiera ofrecerme alguna forma de salvación Sus ojos se oscurecieron mientras escuchaba mi relato, y cuando terminé, me dijo con voz grave: "Has despertado algo que nunca debiste tocar. Esta entidad... es anterior a todo lo que conocemos. No es solo un espíritu o un demonio, es una fuerza primordial, una personificación del miedo y la desesperación misma " Me proporcionó un libro, uno de aquellos que estaba destinado a no ser leído por ojos humanos, y me instruyó sobre un ritual para sellar la entidad, aunque advirtió que podría ser demasiado tarde. Las instrucciones eran claras, pero los ingredientes eran difíciles de obtener Aun así, lo logré Preparé el ritual en la sala de mi estudio, en la madrugada, cuando la oscuridad parecía más espesa y tangible. Comencé a trazar un símbolo arcano en el suelo de mi estudio, utilizando la tinta negra de un libro prohibido que había encontrado en una biblioteca olvidada. Mientras dibujaba, las paredes del cuarto parecieron cerrarse, y la oscuridad se volvió tan espesa que sentía que podía cortarla con un cuchillo.

El símbolo se completó, y en ese instante, una risa grave y gutural llenó el cuarto, resonando desde las mismas paredes. La sombra emergió del suelo, tomando una forma más definida, una amalgama de rostros retorcidos y cuerpos deformes, cada uno expresando un tormento eterno. Era como si todas las almas que alguna vez habían sido consumidas por el terror se hubieran fundido en una única entidad, un ser hecho de pura desesperación.

La risa se intensificó, y con ella, el símbolo que había trazado comenzó a brillar con una luz malsana, verde y pútrida Sentí como si mi alma misma fuera absorbida por aquella abominación, arrastrada hacia un lugar donde el tiempo no existía, donde los horrores más antiguos y primigenios aguardaban con hambre insaciable

El ambiente se tornó sofocante. El aire parecía estar cargado de un peso invisible, una presión que aplastaba mi pecho y hacía que cada respiración fuera un esfuerzo titánico. La oscuridad en la habitación dejó de ser simplemente la ausencia de luz; se convirtió en una entidad en sí misma, una masa tangible que se retorcía y serpenteaba a mi alrededor, susurrando promesas de tormento eterno.

El susurro volvió, esta vez en un idioma desconocido, pero cuya esencia comprendí de inmediato: "No puedes escapar Estás destinado a ser mío." La voz no venía de una sola fuente; parecía emanar de cada rincón, de cada sombra que se movía en la habitación. Intenté gritar, pero mi voz fue sofocada por la densidad de la oscuridad, como si hubiera sido absorbida por la misma entidad que ahora se cernía sobre mí Desesperado, levanté una vela, la única fuente de luz que quedaba en la habitación. Pero su llama parpadeó, como si la misma oscuridad la devorara, y finalmente se apagó, sumiéndome en una negrura total Sentí manos, o algo similar, rozando mi piel, garras invisibles que arañaban mi mente. El dolor no era físico, sino mental, una sensación de desgarro en mi conciencia, como si mi identidad, mi propia alma, estuviera siendo arrancada de mí

No sé cómo escapé de aquella visión infernal. Tal vez nunca lo hice. Quizás, mientras escribo estas palabras, no soy más que una sombra de lo que fui, un vestigio atrapado entre dos mundos, condenado a revivir eternamente aquel momento de horror supremo Si lees esto, no intentes buscarme ni comprender lo que aquí se narra. La verdad es un veneno, y su conocimiento solo conduce a la locura. Las sombras se acercan de nuevo. Siento su susurro frío en mi mente, llamándome por mi nombre No me queda mucho tiempo Rezo, si es que existe un Dios que escuche, para que nunca conozcas la oscuridad que ahora me envuelve, para que nunca escuches el susurro en la penumbra Pero sé que mis oraciones son en vano Lo inevitable se acerca, y no hay refugio en este mundo o en cualquier otro Mi destino está sellado.

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