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“Todas las cosas se hallan entrelazadas entre sí y su común vínculo es sagrado y casi ninguna es extraña a la otra, porque todas están coordinadas y contribuyen al orden del mismo mundo”
“La corrida, la vida, es el proceso durante el cual la muerte nos desengaña del sueño de la vida, utilizando el principio de que tus deseos son mis armas”
José María Sánchez Barrio

T“El toro siempre ha sido el símbolo de la bravura.”
José Ortega y Gasset
odo lo que comienza termina, esa es la ley. El “no final” no es una opción, es la consecuencia de que hubo un principio. Principio y fin son opuestos complementarios, de esta forma podemos decir “al final, como al principio, pero en opuesto complementario”. Si celebramos los comienzos de la vida, naturalmente guardamos luto por su final. Empero, sabemos que a todo final, sigue un nuevo comienzo distinto. Para los humanos, según narran los sabios, dejar este mundo es la antesala de otra existencia distinta, en forma de energía.
Hay ciclos en la vida para los que somos toros y otros para los que somos toreros. Los ciclos de nacimiento y muerte están mas allá de nuestro gobierno; como al toro, con sus “suertes”, los tiempos están marcados y sólo su resistencia, fuerza y bravura marcaran la diferencia. Para los otros ciclos, los de en medio, podemos llegar a ser toreros, siempre que sepamos como torear las embestidas de la vida y el cambio.
En lenguaje taurino al entrar a matar al toro se le llama “la suerte suprema” y ella designa, si bien hecha, el triunfo o el fracaso de la faena; por muy bien que ésta haya sido realizada, sin una buena muerte, no hay reconocimiento, ni premio. En la vida saber acabar las cosas, es tanto o mas importante, que saber comenzarlas. El ímpetu con el que naturalmente uno tiende a acometer los comienzos, suele venir de serie; el verdadero valor, la maestría, se muestra pues en su contrario; por ello se dice que lo importante no es como entramos en las cosas, sino como salimos de ellas.
Al ser seres rutinarios nos resulta difícil ejecutar la suerte suprema y adornarla con las justas virtudes que los grandes maestros usan. Verdad, determinación, precisión, temple, desapego y rectitud. Reconocer que algo ha terminado y saber matarlo, evita que el natural pudrimiento que acompaña a la muerte, sea ésta real o figurada, contamine nuestro camino. Así pues, el cerrar los ciclos de esta manera, antes que ellos se cierren para ti, es estar por delante del cambio, acompañar los tránsitos con consciencia, robarle a la muerte el premio, adueñándonos de los tiempos. Dice Carlos Castaneda que todo lo que toca la muerte tiene poder. Y es que ser protagonista pasivo del cambio, no es lo mismo que uno activo. Quien consciente de la oscura presencia, sabe terminar un ciclo, obtiene un tesoro, un premio; ganándole al destino por la mano, muestra la superación implícita que acompaña a todo inalterable final. Dicen algunos toreros que llegado el momento “el toro pide la muerte”, cuando ya ha sacado todo lo que lleva dentro.
Querer extender los procesos ya terminados, crea zombis reales y virtuales, que nos consumen y empequeñecen. A veces son los sitios, que ya no forman parte de nuestra historia, otras las personas, que ya han cumplido en el embroque que en esta vida con nosotros tocaba, otras nuestras creaciones, que llegado el momento pueden reconvertirse en nuestros amos, esclavizándonos. Sin libertad no existe el libre albedrío y sin éste, el destino se adueña de un todo, que es nada, porque se impone sobre algo sin poder personal.
Toda ola tiene su romper, todo ciclo conlleva su natural decaer; sólo la muerte trae la vida, pues para que algo viva algo debe morir, así es la ley. Apegarse a las formas, a las cosas, cuando el final toca a la puerta, no evita el dolor del cambio, pues éste se alimenta de nuestra ceguera, esa que nos impide ver todo lo bueno que un final puede traer.
Para saber vivir hay que reconocer la presencia la muerte en cada final de fase, y antes de abrir la puerta para adentrarnos en una nueva sala, dejar todo bien terminado y arreglado en la que estuvimos, agradecer por todo lo recibido y partir ligero de equipaje… la aventura siempre continua.





Enrique de Vicente entrevista a
Enrique de Vicente entrevista a
Shidoshi Alfredo Tucci en su canal de youtube sobre Ebunto el Chamanismo japonés de los indigenas de Japón
Shidoshi Alfredo Tucci en su canal de youtube sobre Ebunto el Chamanismo japonés de los indigenas de Japón


Los mas mayores vivimos un mundo marcial distinto; luchamos por obtener un conocimiento escaso que hoy es fácilmente entregado y que en su abundancia, mezcla frecuentemente lo real con lo falso, sin haber dado a los que lo reciben condiciones y criterio para navegar en esas procelosas aguas. La única manera de afrontar esta situación, es mirar a través de los ojos de los que, mas experimentados en el camino, pueden iluminar con la luz de su experiencia, los confusos, revueltos y sobresaturados tiempos que vivimos.
Sensei David Stainko durante muchos años con sus artículos, sobre diferentes ángulos y materias que conforman el mundo de las Artes Marciales, ha iluminado nuestras páginas, trayendo una necesaria visión ordenada y coherente sobre la materia en tiempos de ruido y confusión. Una voz sensata y experimentada sólo podía venir de alguien de “la vieja guardia”, que habiendo vivido los grandes cambios de estas ultimas décadas en el sector, las ha acompañado sin levantar los pies del suelo, con el pragmatismo y la perspectiva de quien, habiendo vivido mucho, no ha perdido la curiosidad y el espíritu de aquella vieja frase, “¡A veces maestros, siempre estudiantes!”.
Nunca ha buscado el protagonismo, brindando su experiencia con la generosidad que solo tienen los grandes; llega hoy pues su sobradamente merecida portada en esta entrevista, con el objeto de acercar a nuestros lectores el maestro que hay detrás de tantos excelentes artículos de fondo, artículos que sin duda, han puesto los puntos sobre las íes, informado, organizado, y aclarado muchas cosas, especialmente a los mas jóvenes lectores, que desconociendo el pasado, frecuentemente tienden a juzgar mal el presente.
Alfredo Tucci


Les presentamos al Sr. David Stainko, de Croacia, un respetado instructor y experto en Artes Marciales reconocido internacionalmente. David «Sensei» Stainko ha dedicado 53 años de su vida al aprendizaje, la práctica, la investigación y, posteriormente, la enseñanza de diversas Artes Marciales. Dentro de la comunidad de las Artes Marciales, el instructor David Stainko es conocido por destacar especialmente por sus conocimientos. Descubra quién es el instructor y profesor David «Sensei» Stainko: un maestro de las artes marciales, un experto en ciencias marciales y una de las figuras destacadas de la vieja escuela de artes marciales.
B.I: ¿Su primer contacto con las artes marciales tuvo lugar en 1972?
David «Sensei» Stainko: Sí, así es. Ese año recibí un librito pequeño pero fascinante titulado Karate Made Easy, de Moy Rone, en inglés. Empecé a hojearlo, mirando las imágenes e intentando imitar los ejercicios lo mejor que podía entenderlos. Pero eso no me bastaba, así que en octubre me inscribí en el Budokai Karate Club de Rijeka. Recibí mi carné de socio a principios de 1973, y fue entonces cuando comenzó oficialmente mi «viaje» al mundo de las artes marciales.
B.I: Cuéntenos algo sobre el estilo Budokai de karate; se sabe relativamente poco sobre él.
David «Sensei» Stainko: El Budokai es un estilo de karate que se originó en Londres, Inglaterra. Sus raíces se remontan a 1918 y se construyó sobre los cimientos del primer club de judo de Europa, llamado Budokwai, dirigido por el maestro japonés Gunji Koizumi. Unos veinte años más tarde, varios de sus alumnos se separaron y comenzaron a practicar lo que entonces era un nuevo arte japonés para ellos: el karate.
El nombre Budokai se compone de dos palabras: Budo, que significa «el camino de las artes marciales», y kai, que significa «escuela». En el resto del mundo, el estilo de karate Budokai también se conoce con los nombres de Budokwai, Budokwan y Budokan, habiéndose desarrollado este último en Malasia, pero basándose también en los fundamentos del estilo Budokai. El Budokai es un estilo de karate muy eficaz, que se distingue por su mezcla única de técnicas tradicionales de judo, jiu-jitsu y karate. El entrenamiento con armas, como parte de la disciplina más amplia del ko budo, comenzó a incorporarse de forma más intensiva al estilo de karate Budokai a mediados de la década de 1960.
B.I: También entrenaste y estudiaste otros estilos de karate. Cuéntanos algo sobre ellos.
David «Sensei» Stainko: Así es. Ya en 1973 tuve la oportunidad de asistir a un seminario dirigido por el conocido maestro de Shotokan Taiji Kase. Más tarde, también aprendí de otros maestros de Shotokan, entre los que destacaría especialmente a Hirokazu Kanazawa, Hidetaka Nishiyama, Shiroshi Shirai y el Dr. Ilija Jorga. Estudié el estilo Budokai con el Dr. Emin Topić, el estilo Uechi-ryu con Mario Topolšek y el estilo Sankukai con Yoshinao Nanbu.
Hoy en día, poseo el 8.º dan en el estilo Budokai de karate-do y soy uno de los pocos representantes originales de ese estilo. También poseo un 3.º dan en Shotokan, un 2.º dan en Uechi-ryu y un 2.º dan en Kyokushinkai, un estilo que ayudé a introducir en Croacia. También estoy muy familiarizado con los estilos Goju-ryu y Wado-ryu, que también practiqué, y más tarde pasé a estudiar otros estilos de karate.


B.I: Hoy en día prefieres no afiliarte a ninguna organización de karate. ¿A qué se debe eso? David «Sensei» Stainko: Hoy en día se ha convertido en algo habitual que cualquier maestro medianamente conocido establezca su propia organización de karate. Como resultado, ahora hay más de 15 organizaciones de Shotokan en todo el mundo, y la situación es la misma con las organizaciones de karate Kyokushinkai. Otros estilos de karate se encuentran en una posición ligeramente mejor, pero incluso ahí están lejos de lo ideal. Entre las muchas organizaciones de karate que existen hoy en día, casi todas afirman ser la auténtica. No puedo estar de acuerdo con esas afirmaciones, porque veo muchos cambios que se han introducido en ciertos estilos de karate en comparación con las formas originales que aprendí.
Además, cuando vas a los clubes de karate hoy en día, la mayoría practica karate deportivo con guantes. Eso no es karate, es puramente un deporte. No están muy interesados en los estilos tradicionales de karate. Sus instructores son entrenadores de karate, no maestros —no sensei—. El karate como arte de la «mano vacía» ya no existe realmente para ellos, por lo que, para mucha gente hoy en día, el karate-do se ha convertido esencialmente en simple karate deportivo. Lo mismo ocurre con el judo moderno, e incluso con el taekwondo. Las artes marciales no son deportes; son mucho más que eso.
B.I: También eres experto en el arte marcial del kung fu. Cuéntanos algo al respecto. David «Sensei» Stainko: Mi primer contacto con el kung fu fue en 1974 en Alemania, en un seminario impartido por el maestro Al Dacascos. Más tarde estudié en Italia con el maestro Shin Dae Wong, experto en los estilos Tan Lang, así como en una variante del estilo Shaolin y del estilo Pa Kwa. Comencé a estudiar el estilo Tai Chi Chuan en Croacia e Italia, y continué mi entrenamiento en Suiza e Inglaterra.

En 1982, empecé a aprender Wing Chun con instructores que habían sido alumnos del ahora famoso maestro Ip Man. Primero me formé en Hungría con el maestro Leung Ting y, poco después, en Serbia con el maestro William Cheung. Partiendo de esa base, e influenciado por las películas de Bruce Lee, más tarde estudié el sistema Jeet Kune Do.
B.I: Usted ostenta el título de instructor de kung fu y el rango de maestro sifu. David «Sensei» Stainko: Sí, ostento ese rango en el arte del kung fu desde 1985. Debo decir que el kung fu de hoy en día es diferente en comparación con el pasado y con la forma en que yo lo aprendí. En muchos estilos es evidente que se han producido cambios. Hoy en día, junto con el Tai Chi, la gente de todo el mundo habla principalmente de los estilos de kung fu Sanda y Wushu. El Jeet Kune Do como sistema de combate me resulta especialmente interesante, aunque hoy en día muchos lo promocionan sin saber realmente mucho sobre él. Muchos instructores modernos de Jeet Kune Do se limitan a imitar los movimientos de Bruce Lee, y eso es un completo error.




Bruce siempre decía que en las artes marciales hay que expresarse a uno mismo, y que el Jeet Kune Do, como sistema de combate, debe adaptarse exclusivamente a uno mismo y a las propias capacidades. Además, mucha gente no entiende que este sistema no es plenamente eficaz a menos que se sea un maestro; es decir, hay que tener conocimientos, velocidad y experiencia en el combate. Al fin y al cabo, el nombre lo dice todo: «puño interceptador», es decir, la capacidad de anticipar el ataque del oponente e interceptarlo antes de que se produzca. Solo un luchador bueno, experimentado y habilidoso puede interceptar el ataque de un oponente; para todos los demás, se trata principalmente de una «ilusión».
B.I: Sabemos que también eres entrenador de boxeo. Cuéntanos algo al respecto.
David «Sensei» Stainko: En Rijeka, mi ciudad natal, el boxeo como arte marcial es especialmente respetado. Puedes ser campeón del mundo de lucha libre, esgrima, judo, kárate o taekwondo, pero si no has practicado boxeo y no has estado en un club de boxeo para entrenar allí, es como si nunca hubieras existido como luchador o como alguien que entrena artes marciales en serio. Así es como empecé yo también: me enamoré del boxeo y me quedé con él. En 1987 me convertí en entrenador de boxeo. Por aquella época también empecé a estudiar savate —boxeo francés— y más tarde obtuve el título de instructor de Silver Glove.
B.I: También estás familiarizado con las artes marciales coreanas, e incluso dirigiste un club de Tang Soo Do. David «Sensei» Stainko: En 1974, en Alemania, vi una demostración del maestro Jhoon Rhee y así conocí el TKD. Como entusiasta de las artes marciales, mis colegas de la Facultad de Kinesiología reavivaron mi interés por el taekwondo, así que empecé a entrenar con ellos. En 1982 comencé a practicar TKD en el sistema ITF. El instructor principal para Croacia en aquel momento era el maestro coreano de TKD Park Sun Yae, que entonces ostentaba el rango de 5.º Dan. También conocí al general Choi Hong Hi, aunque el seminario que más me impresionó fue el de Inglaterra dirigido por Hee Il Cho. En 1988 me ofrecieron la oportunidad de dirigir el primer club de Tang Soo Do en Croacia, y la acepté como una especie de reto. Me pidieron principalmente que basara el entrenamiento en el enfoque del Tang Soo Do presentado por Chuck Norris. Fui testigo de la época en la que muchos instructores de TKD cambiaron del sistema ITF al sistema WTF, entonces más «rentable y popular», por razones políticas.
B.I: Fuiste un competidor de éxito en varias artes marciales diferentes. ¿Puedes contarnos algo sobre tu carrera deportiva?
David «Sensei» Stainko: Sí, tuve alrededor de 200 combates en total, con unas 17 derrotas, aunque no conozco las estadísticas completas y precisas. En aquella época no se llevaban registros tan precisos como hoy en día, y competí en diversas artes marciales. Empecé compitiendo en kung fu, donde fui campeón juvenil de Yugoslavia durante dos años consecutivos. Más tarde, competí en karate tradicional, así como en karate budokai, donde fui el líder del equipo que ganó el campeonato nacional yugoslavo en 1982 y 1983. Después de eso, competí en karate de semicontacto y de contacto completo, y luego pasé al kickboxing, donde participé en 4 Campeonatos de Europa y 4 Campeonatos del Mundo. Fui el competidor más joven en el primer Campeonato del Mundo de la WAKO en 1978 en Berlín. Representé a Yugoslavia, y más tarde a Croacia, pero también a Italia y Alemania, e incluso competí en Inglaterra para un club de kung fu de Oxford. Luché en kung fu, karate, karate de semicontacto y de contacto completo, kickboxing, boxeo, lucha libre, judo, taekwondo, e incluso tuve combates de savate, karate kyokushin y algunos combates en el ejército yugoslavo. Gané varias competiciones en la antigua


Yugoslavia, pero también en otros lugares, como los Campeonatos Abiertos de Italia y Alemania. Fui campeón de Europa y miembro del equipo europeo de kickboxing, así como subcampeón del mundo en 1988. En 1991, cuando tenía 29 años, comenzó la Guerra de Independencia de Croacia y ya no había tiempo para el deporte.
B.I: ¿También fue instructor militar de artes marciales en el ejército yugoslavo?
David «Sensei» Stainko: Sí, en 1981, mientras prestaba el servicio militar obligatorio en el ejército yugoslavo, me propusieron convertirme en uno de los instructores de artes marciales. Me sometieron a pruebas junto con otros cinco instructores y luego fui seleccionado como instructor principal. Tenía a mi mando a unos 400 soldados, junto con 5 instructores y 3 oficiales, y recibía órdenes directamente del comandante, que era el oficial al mando. Fue él quien se encargó de que recibiera entrenamiento militar especial en combate con cuchillo, combate con pica militar, así como lanzamiento de cuchillos y entrenamiento de supervivencia en la naturaleza. El entrenamiento se basaba principalmente en el sistema ruso.
B.I: Hoy en día tiene la condición de veterano de la Guerra de la Patria.
David «Sensei» Stainko: Sí, en 1991 fui llamado a filas en el Ejército croata debido a la guerra que estalló en la antigua Yugoslavia, cuando Croacia luchaba por su independencia. Estuve en el frente con solo unos pocos descansos breves desde 1991 hasta 1994. Primero serví en la infantería, luego como comandante de tanque y artillero, y más tarde, a petición mía, fui trasladado de la unidad de tanques a la policía militar. Dejé el ejército con el rango de oficial de policía militar y tirador de élite.
B.I: También trabajaste como portero en discotecas y en empresas de seguridad.
David «Sensei» Stainko: Sí, durante mi primer año de universidad, cuando hubo un baile de primer curso, me ofrecieron estar en la entrada y mantener el orden y la disciplina. Más tarde, me invitaron a trabajar en la discoteca de los estudiantes. En 1984, me invitaron a trabajar en la discoteca Tropicana, donde me pagaban bien. Después de eso, trabajé como portero en Italia y en varias empresas de seguridad como jefe de equipos de seguridad. Me encargué de la seguridad de muchas personas conocidas y famosas, e incluso formé parte del equipo de seguridad del papa Juan Pablo II.
“vieja guardia” de AAMM

B.I: Es menos conocido que fundaste el primer club de MMA registrado oficialmente. David «Sensei» Stainko: Sí, en 1978 volvimos a registrar el antiguo Club Juvenil Budokai Viktorija, pero con un nuevo nombre: Club de Artes Marciales Viktorija. En la antigua Yugoslavia, nos enfrentamos a muchas dificultades con el proceso de registro. En aquella época, en Europa, todos los clubes tenían nombres como boxeo, lucha libre, judo, kung fu, kárate, taekwondo... cada uno especializado en un arte marcial. No había ni un solo club que combinara todas las artes marciales en su nombre. Sin duda, este fue el primer club de este tipo en Europa, y quizás incluso en el mundo. Tenía la idea de que, si practicas un arte marcial, es difícil evitar el contacto, de una forma u otra, con otros artes marciales. Simplemente no quería limitarme. En aquel momento, con 16 años, me convertí en el instructor jefe de la WAKO más joven de cualquier centro de artes marciales de Europa.



B.I: Eres uno de los pocos instructores actuales del sistema de artes marciales casi olvidado llamado Bartitsu, también conocido como el arte marcial de Sherlock Holmes.
David «Sensei» Stainko: El Bartitsu es un sistema de artes marciales que se originó en Londres, Inglaterra, y fue desarrollado por el inglés Edward William Barton-Wright. Enseñó este sistema de combate desde 1901 hasta principios de 1904. Fue el primero en idear un sistema de entrenamiento circular, en el que grupos de practicantes rotaban entre diferentes instructores. Hoy en día, es un sistema de combate olvidado. El Bartitsu, como sistema de defensa personal, es extremadamente eficaz y tiene ventajas sobre muchos de los sistemas o estilos más conocidos y populares que se practican hoy en día. El problema de este sistema, sin embargo, es que para dominarlo verdaderamente se necesitan unos 7 años de entrenamiento. El Bartitsu es una mezcla de diferentes artes marciales, incluyendo el boxeo, el savate (boxeo francés), la lucha libre, el judo, el jiu-jitsu, la lucha con bastón (La Canne) y el antiguo arte de la lucha con espada, con una espada en una mano y un cuchillo en la otra.
B.I: Hoy en día, tienes el estatus de experto en ciencias de las artes marciales, aunque muchos lo simplifican y te llaman experto en artes marciales.
David «Sensei» Stainko: Sí, tengo un máster en kinesiología y soy organizador sénior de actividades recreativas de kinesiología, y me gradué en la Universidad de Zagreb. Llevo involucrado de forma continua en las artes marciales desde 1972. En 1995, comencé a escribir artículos profesionales, que tuvieron muy buena acogida. En 2004, terminé de escribir mi libro «La historia de las artes marciales». Publiqué el libro en formato electrónico en Croacia, y ha tenido mucho éxito y ha sido muy leído. Yo digo que soy experto en ciencias de las artes marciales, pero a menudo los instructores lo simplifican y dicen que soy experto en artes marciales. A algunos instructores esto les sorprende a menudo. No entienden cómo alguien puede ser experto viniendo de Europa, concretamente de Croacia. Para esas personas, no se puede ser experto a menos que se venga de Japón, China, Corea o, como mínimo, de Estados Unidos. Bueno, que esos supuestos expertos enseñen sobre las artes marciales originarias de Europa, como los estilos de lucha popular, el combate griego o romano, el boxeo y el savate, diversas formas de lucha con palo, la autodefensa, el combate con cuchillo y la lucha con espada o daga. En cuanto a las artes marciales de China, Japón, Corea, Estados Unidos o el resto del mundo, todos los mejores instructores estaban en Europa ya en 1900. Así que hemos tenido 125 años para aprender algo, para aquellos que realmente quisieran.

Figura destacada de la “vieja guardia” de AAMM
Figura destacada de la “vieja guardia” de AAMM


B.I: Recientemente has declarado que no estás satisfecho con la forma en que se están desarrollando las artes marciales. ¿Crees que el desarrollo va en la dirección equivocada y qué es exactamente lo que criticas?
David «Sensei» Stainko: Hay mucho que mencionar, es difícil abarcarlo todo. Por ejemplo, el karate es una disciplina de mano vacía, pero hoy en día, en diversas competiciones de karate, se utilizan con frecuencia guantes. En el karate actual, se han vuelto inevitables. Muchos estilos de karate están ahora marginados y olvidados, y la esencia misma del karate casi se ha olvidado. Muchas técnicas de karate están ahora descuidadas y rara vez se aplican, como ciertos golpes con las manos y muchos lanzamientos. En el judo, se han eliminado muchas técnicas simplemente para convertirlo en un deporte. En el taekwondo, así como en algunas modalidades de jiujitsu, los competidores ya no llevan el tradicional gi o dobok, sino que visten uniformes. En algunas competiciones, se realizan los llamados katas creativos, que son una mezcla de danza y ejercicios de gimnasia acrobática que no tienen nada que ver con las artes marciales. También hay reglas deportivas extrañas. Por ejemplo, la medalla de oro olímpica en karate se otorgó a alguien que no sabía protegerse adecuadamente y acabó recibiendo una patada limpia en la cabeza. Además, en el karate kenpo americano hay más instructores con cinturón negro de 10.º dan que en todos los demás estilos de karate juntos. Hoy en día hay muchos títulos y grados en las artes marciales, pero el conocimiento real es, en realidad, mucho menor.
B.I: Rara vez impartes seminarios. ¿A qué se debe?
David «Sensei» Stainko: Hoy en día los tiempos son diferentes, y hay ciertas cosas de los seminarios que realmente no me gustan. En los seminarios, siempre hay que empezar por lo básico porque no se conoce el nivel de los participantes. Y luego, antes incluso de empezar, los instructores de hoy en día se precipitan inmediatamente con comentarios del tipo: «Oh, esto ya lo sabemos, eso nos resulta familiar». Simplemente carecen de la paciencia necesaria para dejarte avanzar hacia técnicas más avanzadas. A veces, también te encuentras con personas que no pueden controlar su ego. Estas personas pueden ser tan desagradables que tienes que «ponerlas en su sitio» para que se den cuenta de quién son. También está la cuestión del dinero. No cobro por mis seminarios, solo pido que me reembolsen los gastos de viaje. Y ahí es cuando surge el problema, porque muchos instructores piensan que solo tiene valor aquello por lo que han pagado mucho dinero. Estas personas no se dan cuenta de que ninguna cantidad de dinero puede pagar las lecciones y los conocimientos que he adquirido a lo largo de los años. Además, algunas personas piensan que, si han pagado por algo, automáticamente merecen un título o un estatus a cambio. Algunas incluso llegan al extremo de presionarme con diferentes diplomas para que los firme. Estos diplomas y títulos son, en esencia, comprados, no ganados con esfuerzo.


B.I: ¿A qué te refieres con el término «Old School»? David «Sensei» Stainko: Se refiere a la antigua forma de entrenar. En aquella época, los golpes se lanzaban con más fuerza y había muchos más moratones. No era raro que alguien quedara noqueado por un estrangulamiento. Había narices sangrantes, labios partidos y otras lesiones. El entrenamiento se abordaba con mayor seriedad y dedicación total. Cada arte marcial se trataba con respeto. Para nosotros, el boxeo seguía siendo el «arte noble», la esgrima era la «habilidad suprema», el karate era el «arte de la mano vacía», la lucha libre era la «autodefensa para caballeros», el judo y el jiu-jitsu eran el «arte de la suavidad», y así sucesivamente. Hoy en día, cuando voy a clubes de karate a impartir una sesión de entrenamiento, sus kimonos se rompen como si estuvieran hechos de papel, y en los centros de taekwondo, un tercio de los alumnos sale cojeando después de clase con dedos de los pies rotos. En algunas escuelas de artes marciales ni siquiera usan protectores bucales, y algunos practicantes ni siquiera pueden hacer diez flexiones. Hoy en día, todo se reduce al deporte. El deporte tiene su propio conjunto de reglas, pero a veces estas carecen de los códigos de honor y las normas de conducta que han existido en las artes marciales durante siglos. Basta con fijarse en las competiciones actuales de la UFC. La base de las artes marciales es el respeto. No se pueden practicar ciertas artes marciales sin un compañero. Cuanto mejor sea tu compañero, más probable es que tú también mejores. Por eso debes respetar tanto a tu compañero de entrenamiento como a tu oponente en la competición.
B.I: Tienes el apodo de «Sensei». ¿Puedes contarnos algo al respecto?
David «Sensei» Stainko: Así es como mis alumnos empezaron a llamarme a principios de 1988, como muestra de respeto por mi dedicación a las artes marciales. En aquel momento, les pareció interesante y a mí no me importó. Así que el apodo se me ha quedado hasta hoy. Hoy en día, algunas personas también me llaman Hanshi, Sifu, Maestro o Gran Maestro. El título con el que alguien se dirija a mí no es importante, siempre y cuando tenga un deseo genuino de aprender. Cada vez que enseño a otros, también aprendo algo de ellos. Cuanto más conocimiento adquieres, más te das cuenta de lo mucho que aún te queda por aprender. En las artes marciales, si tienes conocimientos y habilidad, los diplomas y los títulos no son necesarios. Por otro lado, si presumes de tus títulos o diplomas sin poseer verdaderos conocimientos y habilidad, no valen nada.
B.I: Sr. Stainko, gracias por la conversación y por los tantos y excelentes artículos que ha enviado a Budo durante todos estos años.



Muay Boran IMBA: el Arte del Ataque
Como cualquier estilo tradicional, el Muay Boran IMBA se basa en conceptos generales que forman la base de este sistema de combate. Una vez que los conceptos fundamentales hayan sido claramente comprendidos y analizados a fondo, el alumno poseerá un conocimiento sólido que le permitirá profundizar en los elementos técnicos avanzados con mayor facilidad. Las 7 puertas que conducen a una comprensión correcta del sistema de combate del Muay Boran IMBA deben ser abiertas por el Nak Muay (practicante de Muay) con la ayuda de un experto Khru Muay (maestro de Muay). Para obtener más información sobre las claves para desbloquear las 7 puertas del Muay Boran IMBA, los lectores interesados pueden consultar el libro en PDF: Muay Boran IMBA - La filosofía del combate de Arjarn Marco De Cesaris. Volumen 1 http://www.muaythai.it/muay-boran-imba-pdf-book/ (descarga gratuita).

La puerta número 5 se refiere al enfoque estratégico del combate: en pocas palabras, un practicante de Muay Boran debe aprender a atacar (Mai Rook), defender (Mai Rab) y contraatacar (Mai Kae) correctamente para poder desplegar sus armas de la mejor manera posible. Hacer todo esto puede parecer bastante fácil, pero en este caso, como suele ocurrir en las cuestiones relacionadas con el combate, poner en práctica una buena teoría puede resultar difícil. De hecho, el verdadero nivel de habilidad de un luchador se basa en su habilidad para aplicar correctamente estos 3 enfoques estratégicos fundamentales en innumerables variaciones y combinaciones. Solo cuando ha logrado esta habilidad, un Nak Muay puede ser considerado un experto. Comenzamos nuestro análisis examinando las estrategias de

ataque del Muay Boran IMBA.
Sillapha Kan Rook o el Arte del ataque es uno de los elementos más intrigantes de todo el trasfondo técnico del Muay Boran. Un ladrillo aparentemente elemental en el muro de las tácticas de combate que todos los practicantes del Muay tradicional aprenden a aplicar en el combate. De hecho, las Estrategias Ofensivas de la mayoría de los estilos tradicionales de Muay son complejas y detalladas. El plan de trabajo del Muay Boran IMBA combina los principios ofensivos de varios estilos siameses antiguos de combate mano a mano. El resultado es un conjunto articulado de patrones ofensivos que pueden aumentar la eficiencia de combate de sus practicantes en un tiempo relativamente corto.


El primer paso del entrenamiento consiste en aprender a utilizar las principales armas del cuerpo o Gayawoot, al estilo clásico tailandés. El practicante debe ejecutar los ejercicios básicos en el lugar, Ta Yu Kap Ti en la jerga del Muay. Las formas básicas de usar puñetazos, patadas, rodillas y codos para atacar se entrenan primero en una postura de dos puntos de apoyo con los pies ancho de los hombros en paralelo, de modo que tenga la sensación de que las caderas y los hombros giran con cada golpe. El siguiente paso es pasar a una postura de tres puntos de apoyo: los mismos ataques se realizan desde una base diferente y se introduce la diferencia entre la parte delantera y trasera del cuerpo. Debería pasar muchas horas probando todos los ataques básicos en el lugar en estas dos posiciones estáticas antes de cambiar a la modalidad en movimiento. Una vez que los 4 patro-
nes básicos de juego de piernas han sido introducidos y suficientemente absorbidos por el alumno, se deben comenzar a entrenar las combinaciones de pasos y golpes. Al dar un paso hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados el Nak Muay debe golpear con puños, patear,golpear con las rodillas y los codo de acuerdo con los diversos modelos tradicionales de sincronización. Esta formación avanzada se llama Ta Kleun Ti en la jerga del Muay Boran. Después de un tiempo suficiente, el Khru Muay debería introducir patrones de ataque avanzados en el entrenamiento diario de sus alumnos. Cada maestro de Muay guarda el secreto de las antiguas estrategias ofensivas de su estilo. En el Muay Boran IMBA, cinco elementos se consideran esenciales para desarrollar la eficiencia ofensiva de un alumno. Estos elementos son los siguientes.
1. Número de ataques
2. Poder de los golpes
3. Arma natural utilizada
4. Técnica inicial
5. Ataques especiales
1. El primer elemento se refiere al concepto de combinación de ataques o Phasom Muay. Hay 4 tipos básicos de combinaciones ofensivas en el Muay con respecto a la cantidad de golpes lanzados. De hecho, un boxeador puede golpear con uno, dos, tres o cuatro golpes con buenos resultados si sabe combinar los ataques correctamente con el tiempo adecuado y un buen juego de pies. En el Muay tradicional todos los maestros dividen el ritmo de los ataques en estas 4 categorías:

• Mai Rook Neung Chawa (técnicas ofensivas basadas en un solo golpe)
• Mai Rook Song Chawa (técnicas ofensivas basadas en una combinación de dos golpes)
• Mai Rook Saam Chawa (técnicas ofensivas basadas en una combinación de tres golpes)
• Mai Rook Si Chawa (técnicas ofensivas basadas en una combinación de cuatro golpes).
En general, aunque teóricamente son posibles series de cinco, seis o incluso más golpes, la mayoría de los thai boxers tienden a atacar con combinaciones de no más de cuatro golpes para ser efectivos y mantenerse a salvo de un posible contraataque.
2. Una vez que se comprenden completamente los cua-
tro patrones de combinaciones ofensivas, el elemento de la podencia de los golpes debe incluirse en la ecuación. De hecho, todo buen boxeador tailandés sabe que no todos los ataques están destinados a lastimar. Por el contrario, en una serie de 3 golpes, por ejemplo, el ataque "verdadero" podría ser solo el último, mientras que los dos primeros golpes juegan un papel de camuflaje. Para realizar la función de engaño, se debe ejecutar un golpe con gran velocidad y poca potencia. En otras palabras, la masa corporal del boxeador no debe entrar en juego y la extremidad atacante debe golpear y regresar lo más rápido posible. Estos golpes ligeros y rápidos están destinados a provocar y distraer, abriendo brechas en la defensa del oponente. En cambio, el ataque final se realiza con toda la masa corpo-

ral del boxeador detrás del golpe, con el objetivo de infligir el máximo daño.
3. El tercer elemento se refiere al uso de las diversas armas del cuerpo para atacar según los dos primeros esquemas analizados anteriormente. Se pueden realizar series de uno a cuatro golpes con las manos, los pies, las espinillas, las rodillas, los codos y la cabeza. Obviamente, el arma correcta debe usarse a la distancia correcta. Por ejemplo, patear a larga distancia, luego acercarse para atacar con puñetazos a media distancia y finalmente cerrar con un codazo a corta distancia es una buena manera de combinar las armas del cuerpo. Por el contrario, usar un arma natural a la distancia incorrecta puede conducir fácilmente a la derrota. Un ejemplo común de este mal compor-

tamiento es tratar de atacar desde larga distancia con el arma que la mayoría de los principiantes consideran la más letal de todas, el codo. Este comportamiento por lo general no conduce a resultados apreciables y potencialmente expone al boxeador a un duro contraataque.
4. El cuarto elemento del Arte del Ataque del Muay Boran IMBA se refiere a la elección de la mejor arma natural con la que iniciar un ataque para una situación de combate dada. Elegir la mejor arma para iniciar una combinación ofensiva parece obvio, pero sigue siendo una habilidad que debe entenderse a fondo y entrenarse adecuadamente. La mayoría de las veces, el ataque utilizado para iniciar una combinación es el más importante de la serie. De hecho, puede ayudarnos a alcanzar la distancia escogida del oponente, bloquear su juego de pies, crear brechas en su defensa y abrir el camino para ataques ulteriores. Todo esto, sin exponernos a posibles contragolpes. El Jab (Mahd Trong Nam) y la Patada Frontal adelantada (Tiip Trong Nam) son consideradas las mejores armas para iniciar un ataque en el Muay Boran IMBA. En otros estilos modernos-tradicionales como el Muay Chaisawat, la patada circular vertical (Poed Tawan), el rodillazo directo (Gratung Kampang) y el codo hacia arriba (Soil Ga Sa) también se consideran excelentes técnicas de apertura.
5. La quinta categoría se refiere a los llamados "ataques especiales". En la antigüedad, los guerreros siameses se entrenaban para el combate cuerpo a cuerpo, sin restricciones. Junto con el uso de espadas, lanzas, hachas y cuchillos los soldados tenían que ser entrenados en técnicas de combate con las manos desnudas que podían salvarles la vida una vez que fueran privados de sus armas. El entrenamiento para el combate en el campo de batalla implicaba golpes con varias partes del cuerpo y tácticas a corta distancia destinadas a dislocar las articulaciones del enemigo o proyectarlo para terminarlo con patadas o rodillazos. Las técnicas de lucha utilizadas por esos antiguos guerreros todavía se consideran una forma brutal pero extremadamente efectiva de atacar a un oponente y están incluidas en las cinco estrategias ofensivas del Muay Boran IMBA. Tum (lanzar), Tap (aplastar), Chap (agarrar), Hak (romper) son los cuatro sistemas especiales de ataque de las artes marciales siamesas tradicionales que deben incluirse en cada plan de trabajo de Muay Boran y deben ser cuidadosamente estudiados por todos los practicantes serios de este fascinante Arte Marcial.
Para mas información sobre el Muay Boran IMBA:
Sitio web oficial IMBA: www.muaythai.it
• Europa: Dani Warnicki (IMBA Finlandia) dani.warnicki@imbafinland.com
• América del Sur: Juan Carlos Duran (IMBA Colombia) imbacolombia@gmail.com
• Oceanía: Maria Quaglia (IMBA Australia) imbaaust@gmail.com
• Secretaría General: Marika Vallone (IMBA Italia) imbageneralsecretary@gmail.com


¿Hasta qué punto pueden destacar las mujeres en el Jiu-Jitsu Brasileño?
¿Por qué la mayoría de la gente sigue creyendo que el mundo de las artes marciales es solo cosa de hombres? Aunque las cifras siguen indicando que hoy en día es así, las mujeres están dando grandes pasos. En el Jiu-Jitsu brasileño (BJJ) en particular, ya hay muchas deportistas y deportistas que entrenan, por lo que no tardará mucho en cambiar esta situación.
Esto se debe también a nuestras atletas, que no solo triunfan en la competición, sino que también están dando el importante paso de trabajar como entrenadoras. No todas las mujeres se sienten cómodas entrenando con hombres. Por eso quiero dar las gracias ahora mismo a todas las Julias, Sandras, Maryams y demás. Estoy orgulloso de que todas apoyéis esto y demostréis a otras mujeres y chicas que el BJJ es un camino que pueden seguir sin ningún tipo de reservas.

Desde hace varios años, vengo hablando de un «boom», una ola, en el jiu-jitsu brasileño. Cada vez más chicas y mujeres de todas las edades se están sumando a nuestras sesiones de entrenamiento. ¡Es lo mismo en toda Europa! Todas reconocen que el BJJ es uno de los mejores entrenamientos y que ofrece un beneficio añadido: también se aprenden algunas técnicas esenciales de defensa personal. El BJJ beneficia por igual al cuerpo y a la mente y fomenta la confianza en uno mismo. No es ningún secreto que el yoga, el pilates y otras opciones de fitness tradicionales siguen siendo populares. Sin embargo, quienes llegan a la lona de entrenamiento —a menudo porque han asistido a una clase de defensa personal, han oído hablar del BJJ o porque un compañero de trabajo, un amigo o un familiar ya está en una escuela de BJJ— descubren los beneficios del BJJ y quieren probarlo.
Tanto mujeres como hombres buscan nuevas formas de reforzar su autoestima, encontrar un mejor equilibrio en la vida y centrarse mucho más en la salud y la nutrición. Sé que es un reto para todos, pero una vez que comprendas los beneficios que puedes obtener de ello, lo disfrutarás aún más y te sentirás genial. Necesitamos encontrar el equilibrio y seguir nuestro propio camino en la vida para sentirnos bien y realizados. El BJJ puede ser una herramienta realmente valiosa si el instructor es también una persona positiva y accesible que apoya a los alumnos en este camino.




Todos sabemos que el entrenamiento en artes marciales suele ofrecer algunos elementos básicos para la autoprotección. Pero el aspecto de la autodefensa por sí solo no te satisfará plenamente a largo plazo. Si eliges el BJJ, hay muchos otros aspectos que marcarán la diferencia tarde o temprano: dónde y con quién entrenas. Con el tiempo, la comunidad también juega un papel importante, ya que pasas mucho tiempo con tus compañeros de BJJ.
El BJJ que enseñamos (Gracie Concepts® Network), basado en las enseñanzas del Gran Maestro Hélio Gracie, fue desarrollado para que personas más débiles y de menor estatura pudieran defenderse de oponentes más grandes y fuertes. Utiliza el efecto palanca, las tácticas y la inteligencia. En el BJJ moderno (competitivo) se aplican reglas diferentes, ya que se trata de atletas. Al igual que en todos los demás deportes, la capacidad atlética es sin duda muy importante.
En los primeros tiempos en Brasil (alrededor de 1908), cuando se introdujo el jiu-jitsu tradicional japonés —que más tarde se convertiría en el «Gracie JiuJitsu»—, los maestros brasileños y sus seguidores participaban en combates reales no para alimentar sus egos, sino para poner a prueba la eficacia del estilo Gracie. Así es como surgieron los nuevos métodos de entrenamiento y las técnicas mejoradas que conocemos hoy en día.
No había katas, ni rituales, ni técnicas innecesarias: así es como surgió el auténtico jiu-jitsu brasileño. Durante esta época, el Gracie Jiu-Jitsu emergió utilizando estos combates de sparring, también conocidos como «Vale-Tudo», como campo de pruebas y estableciendo la lucha en el suelo como el eje central de este estilo. Como siempre me recordaba mi mentor de BJJ, el Gran Maestro Pedro Hemetério (primer cinturón negro de Carlos Gracie y primer cinturón rojo de Hélio Gracie), las peleas de ValeTudo se utilizaban como un «filtro» para poner a prueba lo que funcionaba y lo que no. Basándonos en esta experiencia de combate de alto impacto, nuestro Gracie Jiu-Jitsu actual incluye técnicas y tácticas como la «guardia cerrada» (una llave de pierna con la espalda en el suelo), la defensa contra técnicas de golpeo («Punch Prove»), llaves de brazo y hombro, así como una variedad de estrangulamientos.
Las técnicas de lanzamiento en pie son una parte importante del combate de GJJ, aunque el objetivo es diferente al del judo o la lucha libre, ya que la pelea debe terminar no con puntos, sino con una sumisión.
En defensa personal, puede ser eficaz dar una patada en la ingle o un golpe con los dedos en los ojos si la situación lo permite. Pero seamos sinceros: si crees que es tan sencillo, estás viviendo en un mundo de fantasía.
Si quieres defenderte con éxito, también debes estar preparado para luchar por ello en una situación real. El BJJ ofrece todos los elementos y opciones de entrenamiento para aprender y practicar este mismo «espíritu de lucha» y para sobrevivir ante la presión de un oponente.


Las agresiones sexuales siempre son inesperadas y, por desgracia, a menudo provienen de personas de tu círculo más cercano. El Gracie Jiu-Jitsu también enseña a utilizar el lenguaje corporal para mantener a un agresor a distancia. Pero, a más tardar cuando se produzca la agresión física, también necesitarás las herramientas adecuadas para detener a tu oponente.
Sé que a las mujeres (al igual que a los hombres) a menudo les cuesta empezar con el BJJ, y que siempre es fácil encontrar excusas. Por eso ya he mencionado que, a la larga, empezar con el BJJ «solo» por defensa personal no es la motivación adecuada.
Sin embargo, te prometo que tras unas pocas clases, serás capaz de superar tus inseguridades y lograr cosas increíbles. No intentes imitar a tus compañeros masculinos de BJJ. ¡Sé tú misma! Pide ayuda a tu instructor para que te sientas cómoda en el entrenamiento desde el principio.
No intentes comerte toda la pizza de una vez; en su lugar, córtala en trozos pequeños y saborea cada bocado. Lo mismo ocurre con el Gracie Jiu-Jitsu: si no quieres acabar con indigestión, ¡también debes disfrutarlo a pequeños bocados! Dar un paso cada vez es más fácil y más eficaz.
No nos centramos en la competición de BJJ, pero podría ser una gran experiencia. En Gracie Concepts®, nos centramos en el «BJJ para todos». La combinación de contacto físico, relaciones de confianza e interacción lúdica crea un entorno en el que pueden forjarse amistades duraderas. En mi humilde opinión, el verdadero objetivo del Gracie Jiu-Jitsu es una vida sana y equilibrada. La fuerza que necesitamos para la vida, la familia, el trabajo y el logro de objetivos personales se basa en la fuerza, el equilibrio y la positividad.
El BJJ es una forma estupenda de lograrlo. Me ha motivado durante más de 35 años, y estoy muy agradecido a todos mis profesores, compañeros, alumnos y amigos por ello. El jiu-jitsu brasileño te tiene reservadas algunas de las sorpresas más útiles. Notarás los beneficios de inmediato, te encantará este deporte y te darás cuenta de que deberías haber empezado hace diez años.
– Franco Vacirca
Desde que tengo memoria, siempre he sido muy activa, y el deporte siempre ha desempeñado un papel fundamental en mi vida. Llevo 14 años practicando deportes de contacto. Empecé con el boxeo y el kickboxing. Fue entonces cuando sentí por primera vez que por fin había encontrado un deporte con el que realmente conectaba, porque todo lo que antes solo había encontrado en aspectos aislados de diversas actividades deportivas estaba finalmente accesible aquí en combinación: fuerza, resistencia y retos tanto físicos como mentales.
Durante la pandemia, nuestro grupo de entrenamiento se disolvió y, por desgracia, nunca volvió a reunirse. Sin embargo, a través de algunos antiguos compañeros de entrenamiento y entrenadores, acabé en el Dino Team Magdeburg, un club que se identifica principalmente con el BJJ. La acogida aquí fue cálida desde el principio, y me pasé al BJJ, aunque al principio con cierta vacilación, pero luego con un entusiasmo creciente. Aquí me di cuenta de que, aunque seguía sintiendo pasión por el combate de pie, echaba de menos nuevos retos. Las numerosas y variadas técnicas, los movimientos fluidos y la eficacia que se consigue simplemente cambiando los detalles más pequeños me causaron una impresión duradera. Pronto, mi atención se centró más en el combate en el suelo. Me di cuenta de que en el BJJ había encontrado algo en lo que uno puede seguir creciendo constantemente y se enfrenta repetidamente a los retos que busco con mi ambición deportiva. Además, si uno entrena con conciencia y cuida su cuerpo, el BJJ se puede practicar incluso en la madurez. No tardó mucho en surgir la pregunta: ¿y si compito? Debo admitir que al principio me mostré reacio. Había utilizado mi edad como excusa (tenía casi 40 años en aquel momento) y pensaba que ya estaba fuera de juego. Sin embargo, la pregunta realmente me hizo pensar: de alguna manera, ¿quería saber qué haría? Y darme cuenta de que, al final de la vida, solo te arrepientes de verdad de las cosas que no hiciste me llevó finalmente a acercarme a uno de nuestros entrenadores y preguntarle si podía ayudarme a desarrollar una estrategia de competición. Lo hizo de muy buena gana y con gran atención al detalle. Esto despertó mi ambición, y logré un enorme progreso técnico en poco tiempo.
Ahora era el momento de poner a prueba estas habilidades en un torneo. Se unieron más personas a nosotros para este próximo torneo internacional, así que empezamos a pasar un buen rato juntos preparándonos intensamente para la competición con sesiones de entrenamiento extra, ejercicios técnicos y mucha diversión. Luego viajamos juntos al torneo. Fue un día increíblemente emocionante y muy exitoso. Competí en un total de cinco partidos ese día, algunos de los cuales perdí, pero otros gané. Así que, en mi primer torneo, pude llevarme a casa una medalla de plata. Ese día cargado de emociones, que disfrutamos todos juntos, permanecerá en mi memoria para siempre.


Pero la cosa no quedó ahí, se había roto el hielo. Le siguieron más torneos, en todos los cuales competí con mucho éxito. Por desgracia, en la mayoría de estos eventos posteriores, aún no he tenido la oportunidad de enfrentarme a cinco o más oponentes para poner en práctica las habilidades que he adquirido. Es especialmente notable en los torneos que las mujeres siguen estando muy poco representadas, a pesar de que el BJJ se ha vuelto muy popular entre muchas chicas y mujeres. Sería maravilloso que más de vosotras os animaseis a participar en competiciones, independientemente de la edad, por supuesto. De hecho, una vez tuve la experiencia de enfrentarme a una mujer en el tatami en un torneo que no solo tenía el mismo grado de cinturón, sino también pertenecía al mismo grupo de edad que yo. También guardo recuerdos muy positivos de esta experiencia, ya que el estilo de lucha y la concentración pueden variar mucho según la edad. ¡Otra experiencia nueva, sencillamente fantástica!
En mi círculo más cercano, siempre intento ser una influencia motivadora para quienes me rodean y, al parecer, a menudo consigo inspirar a otros con mi entusiasmo. Como resultado, cada vez se reúnen a mi alrededor más chicas y mujeres que se están entusiasmando con el combate de pie, el BJJ y la participación en competiciones. Apoyo y aliento esto lo mejor que puedo y estoy emocionado por ver adónde nos lleva este viaje.
Pero independientemente del género, la edad o las circunstancias de la vida, en todas las competiciones, eventos de tatami abierto, campamentos de entrenamiento y sesiones de entrenamiento abiertas en las que he podido participar, un ambiente de profundo respeto siempre ha sido el núcleo de nuestras interacciones. Esto me ha dejado una impresión duradera y me ha inspirado profundamente. Son experiencias que recuerdo con gratitud y que, al mismo tiempo, me motivan a mirar hacia el futuro con ilusión.
www.graciejiujitsu.eu



Aprovechar el poder positivo de las artes marciales en la pedagogía, la terapia y el coaching
El Dr. phil. Jörg-M.Wolters, pedagogo, psicoterapeuta corporal y maestro de budo, es considerado un «pionero del karate en Alemania» y fundador de uno de los «estilos más importantes bajo la denominación de “Kempo”» (W. Lind, Budo-Lexikon, Berlín 1997). Basándose en sus muchos años de experiencia práctica y trabajo científico, desarrolló en la década de 1990 la pedagogía del budo, un método que aprovecha de forma específica los principios activos del budo para la pedagogía, la terapia y el coaching. El enfoque no se centra en las artes marciales como fin en sí mismas, sino en su uso específico como herramienta para proyectos concretos con un marco temporal y unos objetivos precisos. La pedagogía del budo combina la profundidad de los principios tradicionales del budo con las exigencias de la práctica pedagógica y terapéutica moderna, abriendo así nuevas vías para el trabajo con personas en general y, en particular, para el trabajo con personas con necesidades especiales.

Dr. Jörg Wolters, Gründer der Budopädagogik
Budo: un camino de vida
Las artes marciales tradicionales del Lejano Oriente (Budo) ofrecen una teoría y una práctica propias y probadas de entrenamiento del cuerpo y la mente para el autocontrol tanto físico como psíquico. Enseñadas como Budo original, son un medio para moldear el carácter del ser humano. Quien comprende la violencia que hay en sí mismo puede, como guerrero pacífico, utilizarla como fuente de energía consciente y regulada o renunciar a ella. El Budo es un camino de vida, una «filosofía práctica» para superar las propias limitaciones y el sufrimiento. El dojo es, en este sentido, más que una sala de entrenamiento. Es un espacio de enseñanza y aprendizaje, o mejor aún, un espacio de experiencia en el que puede crecer una comunidad comprometida con un camino de vida compartido y orientado a los valores. La etiqueta especial, las reglas, los roles y los rituales, así como la estrecha relación «de corazón a corazón» entre maestro y alumno, constituyen un valioso método para el desarrollo personal. Desde siempre, en las artes marciales se considera al ser humano como un todo; el cuerpo y la mente están indisolublemente unidos: quien practica el budo entrena tanto el cuerpo como la mente.

Pedagogía del budo: nuevos caminos para salir del estancamiento, la frustración y la impotencia
En la pedagogía del budo se aplican de forma específica los medios y métodos del budo para fomentar el desarrollo personal de niños, jóvenes y adultos. La transmisión de valores particular de las artes marciales crea un marco alternativo y «exótico» con modalidades de aprendizaje variadas y eficaces.
De repente, los niños inquietos prestan atención y los jóvenes desarrollan metas. Muchos profesores formados en pedagogía del budo ejercen una influencia positiva en el comportamiento social y el desarrollo de la personalidad de sus alumnos. La pedagogía del budo ayuda a niños y jóvenes, así como a educadores y profesores, a restablecer un buen contacto social entre ellos a través del movimiento.
La pedagogía del budo no se limita a niños y jóvenes. La pedagogía del budo también ofrece valiosos impulsos para los adultos: los directivos aprenden nuevos enfoques para motivar física y emocionalmente a los equipos, los fundadores pueden desarrollar nuevos conceptos y los coaches obtienen herramientas eficaces para el acompañamiento profesional y personal.

Los elementos esenciales y los principios del budo constituyen la base de la pedagogía del budo. La pedagogía del budo no se limita a un estilo de arte marcial o a un deporte de combate:
• disciplinas de golpes y patadas, como por ejemplo el karate, el kung-fu Shaolin, el taekwondo, el wing tsun y
• disciplinas con armas, como por ejemplo el eskrima, Iaido son tan adecuadas para la pedagogía del budo como
• disciplinas de proyección, como por ejemplo el aikido, el jiu-jitsu y el judo
• disciplinas para el entrenamiento de la energía interna, como por ejemplo el tai chi chuan.
En función del grupo destinatario, el pedagogo del budo selecciona los ejercicios de forma específica. Se puede hacer especial hincapié, por ejemplo, en ejercicios de cooperación, autoestima o control emocional.

Además de la selección de los ejercicios, es importante el diseño del espacio de entrenamiento y el ambiente de aprendizaje. El pedagogo de budo actúa como figura de referencia, espejo y punto de fricción para el desarrollo personal. Su autoridad surge de forma natural de una ventaja reconocible en cuanto a conocimientos y habilidades. Su autenticidad abre la puerta a una relación con sus clientes.
Mientras que la pedagogía del budo se utiliza a menudo con niños y jóvenes para el desarrollo de valores y competencias sociales, en el coaching cobra mayor protagonismo la aplicación de los principios del budo en el ámbito profesional y la vida cotidiana. Las formas de pensar y trabajar de la pedagogía del budo complementan los conceptos modernos y enriquecen la forma de trabajar del «coach de budo».

Hace más de 30 años, el Dr. Wolters, maestro de Kempo y Karatedo (Hanshi, 7.º dan), desarrolló la pedagogía del budo. El punto de partida fue la «terapia deportiva social» (Prof. Dr. Rieder, Universidad de Heidelberg) en combinación con la enseñanza clásica del budo, basada en la filosofía y con raíces en el taoísmo y el budismo. Un proyecto inicial, la atención ambulatoria de jóvenes infractores («Karate en lugar de cárcel»), desembocó en una medida contra la violencia en el sistema penitenciario juvenil. Esta iniciativa constituyó el núcleo práctico de la tesis doctoral del Dr. Wolters, «Las artes marciales como terapia: la relevancia socioeducativa de los deportes de combate asiáticos», que demostró científicamente la eficacia de su medida. Partiendo de ahí, desarrolló la pedagogía del budo hasta convertirla en una disciplina independiente, que se amplía constantemente y ha demostrado su eficacia en la práctica (Budo International ya informó al respecto en 1991 y repetidamente en los años siguientes).

Hoy en día, la pedagogía del budo se difunde principalmente a través del Instituto de Pedagogía y Terapia del Budo (IfBP) (www.budopaedagogik.de), bajo la dirección del Dr. Wolters, su alma mater. Se ha diseñado una formación continua sólida que cualifica profesionalmente, de acuerdo con los estándares de medidas reconocidas y subvencionables con fondos públicos, la cual se imparte con éxito desde 1999 en Alemania, Austria y Suiza a través de diversas series de cursos. A partir de ahí, se ofrecen programas de perfeccionamiento (Máster en Pedagogía del Budo e Instructor de Pedagogía del Budo) y especializaciones (Pedagogo Clínico del Budo, Budoterapeuta).
Pedagogía
Los pedagogos de las artes marciales formados y certificados trabajan a tiempo completo o parcial en diversos campos pedagógicos, dirigen sus escuelas de artes marciales con un mayor conocimiento técnico, ejercen como entrenadores o son empleados de una institución donde dirigen programas de pedagogía de las artes marciales.
Estas ofertas de pedagogía de las artes marciales llegan a muchos grupos destinatarios diferentes, desde niños en edad preescolar que descubren la escuela, pasando por alumnos de primaria y secundaria, hasta estudiantes universitarios y directivos de empresas. La lista de ejemplos es larga, por lo que aquí solo se enumeran unos pocos:
- En guarderías y escuelas se han llevado a cabo con éxito, hasta ahora, proyectos sobre el desarrollo de valores y una autoestima sana.
La pedagogía del budo puede ser de gran ayuda, especialmente en la transición de la escuela primaria a la secundaria.
- La pedagogía del budo puede ayudar a niños y jóvenes con dificultades en el comportamiento social, con dificultades de aprendizaje, como por ejemplo la dislexia, o con trastornos de la imagen corporal y obesidad, a mejorar la percepción de sí mismos y de los demás. Diversos pedagogos del budo ya han llevado a cabo con éxito varios proyectos en este ámbito.
- En el ámbito del coaching de budo, se han desarrollado y aplicado con éxito algunas ofertas para la resolución de conflictos en la gestión y para el desarrollo de start-ups.
- En particular, las personas con discapacidad y las personas con trastornos psíquicos y físicos pueden beneficiarse especialmente del enfoque corporal «movimiento – encuentro – reflexión». Así, la pedagogía del budo se ha aplicado con éxito durante muchos años en la psiquiatría infantil y juvenil de Baja Sajonia.
Las oportunidades de networking y cooperación profesional de los pedagogos del budo se dan principalmente a través de la Asociación Profesional Internacional de Pedagogos del Budo (Budo-Pädagogen e.V.), en congresos especializados, encuentros de expertos y en cursos de formación continua que se ofrecen periódicamente.


Formación continua para convertirse en pedagogo de budo©
La formación continua para obtener la cualificación profesional de pedagogo de budo© permite a los pedagogos titulados con experiencia en un arte marcial o deporte de combate, así como a los profesores de artes marciales o deportes de combate, aplicar de forma profesional los aspectos de desarrollo de la personalidad del budo.
La formación se imparte en grupos reducidos y con modalidades de aprendizaje específicas, para poder acompañar a cada participante de forma individualizada. Los docentes son el fundador, el Dr. Wolters, y pedagogos del budo con amplia experiencia, que transmiten sus conocimientos adquiridos en la práctica (www.weiterbildungen-budopaedagogik.de).
Conclusión
La pedagogía del budo combina los métodos y los efectos de las artes marciales tradicionales con enfoques pedagógicos, terapéuticos y de coaching profesionales. Abre nuevas vías de desarrollo personal, refuerza las competencias sociales y crea espacios de aprendizaje orientados a la práctica para todos los grupos de edad.
Más información:
Dr. phil. Jörg-M. Wolters (Dirección)
Tilsiter Str. 11, D-21680 Stade www.budopaedagagogik.de
Sobre el Dr. Wolters:
«El trabajo del Dr. Wolters ha desempeñado un papel decisivo como impulsor».
(Prof. Dr. D. Rössner, UNIVERSIDAD MARTIN LUTHER DE HALLE-WITTENBERG)
«El trabajo del Dr. Wolters tiene un carácter pionero en múltiples aspectos. Su concepto es un logro notable desde el punto de vista de la metodología deportiva. Wolters demuestra su experiencia de manera convincente.»
(Prof. Dr. H. Rieder, UNIVERSIDAD DE HEIDELBERG, Instituto de Deporte y Ciencias del Deporte)
«Wolters es un científico destacado y un experto en la práctica»
(Prof. Dr. W. Ramb, UNIVERSIDAD DE LÜNEBURG, Sección de Pedagogía Social relacionada con la Psiquiatría, Director Médico de la Clínica Especializada en Psiquiatría Infantil y Juvenil, Lüneburg)
«La pedagogía social tendría motivos de sobra para desear contar con más representantes de su disciplina del calibre de un JÖRG-MICHAEL WOLTERS, que se encuentra entre quienes trabajan en primera línea de la asistencia a la juventud con jóvenes especialmente difíciles.
WOLTERS destaca como un pedagogo valiente y apasionado que, en su exigente trabajo con jóvenes altamente agresivos en el ámbito psiquiátrico y penitenciario, merece todo el apoyo de sus colegas especialistas».
(Prof. Dr. W. Tischner, UNIVERSIDAD TÉCNICA DE NÚREMBERG, Facultad de Ciencias Sociales)

No es fácil en este mundo tan moderno, establecer criterios de evaluación, una vez que estamos frente a cambios constantes que, de un momento a otro, nos hacen reposicionar la medida con que identificamos y establecemos los juicios de valores. Cuando pensamos comprender las respuestas, viene la vida y cambia las preguntas. En este artículo, donde nuestra invitada, Alma Alejandra Ocampo Lugo, esposa de Shidoshi Jordan Augusto, nos explicará, como siempre lo hace, con profundidad, los rincones más oscuros de la mente humana, que piensa en agredir, dañar, o, de igual manera, elevarse, mejorarse, con el uso de las artes marciales.


Si viajamos un poco al pasado, veremos que desde que establecieron los primeros límites fronterizos, es decir, cuando los primeros pueblos empezaron a luchar por sus espacios y a través de ellos establecer sus reinos, el arte de la guerra siempre estuvo presente en la mente humana como una forma de subyugar aquel que se encontraba en su camino. Tal vez, aquí, Sun Tzu, tuvo razón cuando dijo: Estad preparados para lo peor y esperad lo mejor. En otras palabras, la mente de un artista Marcial, piensa lo mismo: Llorar en el Tatami y reír en la guerra. Para explicarnos todas esas variables y composiciones sistemáticas de la mente humana en su criterio conciencial y progresista, sobre todo en un tiempo de una modernidad líquida, con lazos sociales verticales, les presentamos a la gran psicóloga forense, Alma Alejandra.




Doctora, ¿Qué nos dice la evidencia científica sobre el perfil psicológico típico de quienes practican de forma regular una arte marcial tradicional?
Respuesta:
Diversas investigaciones muestran que, en promedio, los practicantes de artes marciales tradicionales, presentan un perfil de personalidad más equilibrado y adaptativo que la población general.
En términos de los “cinco grandes” factores de personalidad (Big Five), se observa que suelen puntuar:
- Más alto en apertura a la experiencia: Interés por aprender, flexibilidad mental.
- Más alto en conciencia: Mayor responsabilidad, organización, persistencia y disciplina frente al entrenamiento.
-Más alto en extraversión: Mayor sociabilidad, disposición a interactuar con el grupo de entrenamiento y a participar en actividades colectivas.
-Más alto en amabilidad: Mayor disposición a cooperar, a respetar al compañero, evitar conflictos innecesarios y aceptar la jerarquía sin competitividad enfermiza.
- Más bajo en neuroticismo: Menor tendencia a la ansiedad, a la depresión, a la inestabilidad emocional y a la autocrítica excesiva.
En otras palabras, suelen ser personas más autónomas, resilientes y con mayor capacidad de autorregulación. Esto se materializa en conductas como mantener la calma ante la frustración, aceptar la corrección del instructor y perseverar ante el fracaso técnico.
Podríamos decir, ajustando una frase célebre de la filosofía marcial:
«La persona que domina el arte marcial no domina al otro, sino a sí misma».
Este dominio interno encaja muy bien con lo que, en psicología, denominamos “locus de control interno”: la sensación de que uno es el responsable de sus respuestas y conductas, más que víctima de circunstancias externas.
¿Implica eso que los artistas marciales son gente menos agresiva o, más bien, simplemente más “fuertes”?
Respuesta:
Es un punto delicado, porque hay una idea muy extendida de que aprender a golpear o a someter a otro aumenta la agresividad. Sin embargo, la evidencia apunta a lo contrario: La práctica estructurada de artes marciales tiende a reducir la agresión y a aumentar el autocontrol.

En investigaciones que comparan practicantes de artes marciales con personas que no entrenan, se observa que los artistas marciales:
- Reportan menos ira total y menos ira-hostilidad
- Plantean estrategias de afrontamiento más activas (anticipación, planificación, búsqueda de apoyo) frente a la ira, en lugar de expresiones explosivas.
- Desarrollan un nivel más alto de autorregulación emocional, que permite contener la respuesta impulsiva aunque se sienta la provocación.
Incluso en artes donde el contacto es intenso, como en el de esta Escuela Tradicional de Ogawa Sensei y su familia, se ha encontrado que el autocontrol funciona como un “freno” para la agresión: la persona puede sentir la tensión interna, pero aprende a canalizarla en técnicas, movimientos y decisiones, no en violencia difusa.
Desde la psicología, esto se traduce en una idea central:
«La contención no es debilidad, sino el origen de la verdadera fuerza». En psicología forense, este tipo de perfiles interesan especialmente, porque se sabe que la violencia impulsiva suele relacionarse con baja regulación emocional, alta irritabilidad y baja tolerancia a la frustración. Que un grupo de personas, expuesto a entrenar golpes y contactos físicos, desarrolle precisamente más autocontrol y menos ira, es un hallazgo muy relevante para la prevención de la violencia.


Desde la perspectiva de la psicología forense, ¿Qué sentido tiene analizar a estas personas? ¿No es más propio de la psicología deportiva?
Respuesta
En mi trayectoria personal, he trabajado en psicología deportiva, la distinción entre “psicología deportiva” y “psicología forense” no es tan rígida como se piensa. En psicología forense se estudia la conducta de riesgo, la capacidad de autocontrol, la toma de decisiones bajo estrés y la relación entre entrenamiento físico y regulación emocional.
Si consideramos que muchas de las conductas que terminan en un juzgado (violencia doméstica, agresiones en la vía pública, abusos de fuerza, delitos impulsivos) están mediadas por baja regulación emocional y alta impulsividad (sin olvidar los antecedentes familiares, estructura psíquica, contexto de convivencia, etc) entonces los artistas marciales representan un grupo de “resistencia” interesante.
Los estudios muestran que:
- Quienes entrenan artes marciales con continuidad presentan menor nivel de ansiedad y depresión que la población general, lo que reduce el riesgo de síntomas que pueden empujar a conductas desadaptativas.
- Desarrollan mayor resistencia al estrés, mejor concentración y mayor capacidad de toma de decisiones en situaciones de presión, habilidades muy valiosas no solo en el deporte, sino también en contextos de seguridad y orden público.
En ese sentido, un instructor de arte marcial tradicional puede entenderse como un “entrenador de autocontrol”: No solo enseña técnicas, sino normas de conducta, respeto, jerarquía no violenta y control de la ira.



Hace algunos años, empecé mi práctica marcial tradicional en esta escuela, anteriormente practiqué 12 años de arte marcial de manera deportiva y en este caso, hablando sobre mi propia experiencia, mi experiencia en la psicología deportiva, y la psicología forense, me dice que no existe un solo “artista marcial tipo”. Diferentes estudios han identificado grupos psicológicos diferenciados dentro de la población de practicantes, según resiliencia, motivación, estrategias de afrontamiento y contexto vital.
Un trabajo reciente que analiza perfiles psicológicos y sociodemográficos en marcialistas, nos indica que la misma práctica marcial puede tener efectos distintos según quién la practica y en qué contexto. Un joven sin responsabilidades familiares, poco integrado socialmente y con poca calidad de enseñanza, puede aprovechar menos los beneficios psicológicos y seguir siendo vulnerable a la ira y a la impulsividad.
Desde la psicología forense, esto indica que no basta con saber “si practica artes marciales”, sino que hace falta analizar:
- El tipo de escuela (clima de respeto, reglas claras, jerarquía no humillante).
- La motivación (búsqueda de autocontrol, defensa personal, salud vs. necesidad de dominio sobre otros).
- El entorno social y familiar del practicante.
Este tipo de norma ética, cuando se interioriza, se convierte en un factor de protección frente a conductas violentas, algo que la psicología forense valora especialmente en evaluaciones de riesgo.
Quisiera terminar esta entrevista dejando una frase célebre de D.T. Suzuki sobre la disciplina marcial:
«La disciplina del campeón no es solo física, sino la disciplina de no caer en la ira».
“Quienes entrenan artes marciales con continuidad presentan menor nivel de ansiedad y depresión que la población general, lo que reduce el riesgo de síntomas que pueden empujar a conductas desadaptativas”




La filosofía de las Artes Marciales es mucho más que el aprendizaje de técnicas de defensa personal o para vencer a un adversario. Es un camino de desarrollo personal que moldea por igual el cuerpo, la mente y el carácter. En muchas culturas, especialmente en Asia Oriental, las Artes Marciales no se consideran solo una disciplina física, sino una filosofía de vida profundamente arraigada en principios éticos y espirituales.
Un elemento central de la filosofía de las artes marciales es el autocontrol. Quien practica las artes marciales aprende rápidamente que la fuerza bruta por sí sola no basta. Se trata más bien de dominar emociones como la ira, el miedo o el orgullo. Un verdadero artista marcial no actúa de forma impulsiva, sino consciente y reflexiva. Esta capacidad de autocontrol se traslada también a la vida cotidiana: los conflictos no se agravan, sino que se resuelven con calma y claridad.
Estrechamente vinculado al autocontrol está el principio del respeto. En casi todas las artes marciales, el entrenamiento comienza y termina con una reverencia. Este gesto simboliza el respeto hacia el maestro, los compañeros de entrenamiento y el propio arte. El respeto también significa reconocer los propios límites y valorar las habilidades de los demás. Sin respeto, el entrenamiento degeneraría rápidamente en caos o incluso en peligro.
Otro aspecto importante es la disciplina. Las artes marciales requieren práctica continua, paciencia y perseverancia. Los progresos no se consiguen de la noche a la mañana, sino a través de años de dedicación. Esta disciplina moldea no solo el cuerpo, sino también la mente. Enseña a perseguir los objetivos con constancia y a aceptar los reveses como parte del proceso de aprendizaje. Quien recorre este camino desarrolla una fuerza interior que va mucho más allá del entrenamiento.

La filosofía de las artes marciales también hace hincapié en el equilibrio entre la dureza y la flexibilidad. Muchos sistemas enseñan a no combatir directamente la fuerza del oponente, sino a desviarla. Este principio demuestra que la flexibilidad suele ser más eficaz que la fuerza rígida. Es una lección que también se puede aplicar a la vida: no toda resistencia debe superarse de frente; a veces es más sensato adaptarse y esperar el momento adecuado.
Un pensamiento profundo dentro de las artes marciales es la búsqueda de la armonía interior. La lucha no solo se ve como un conflicto externo, sino también como un espejo del estado interior. Quien está inquieto interiormente, actuará de forma descoordinada e insegura también en la lucha. Por ello, muchas artes marciales conceden gran importancia a la meditación y a las técnicas de respiración. Estas ayudan a calmar la mente y a desarrollar una percepción clara.
Además, la responsabilidad desempeña un papel decisivo. Los practicantes de artes marciales poseen habilidades que pueden ser potencialmente peligrosas. Por ello, se les enseña a emplear estos poderes solo en caso de emergencia. El verdadero maestro no es aquel que lucha constantemente, sino aquel que evita los conflictos. Esta actitud fomenta una conciencia ética y una sensibilidad hacia las consecuencias de las propias acciones.
Un aspecto que a menudo se subestima es la humildad. Cuanto más aprende una persona, más se da cuenta de lo mucho que aún le queda por descubrir. Esta toma de conciencia protege contra la arrogancia y fomenta una actitud abierta hacia nuevas experiencias. En las artes marciales no hay un objetivo definitivo, sino solo un camino continuo de mejora.

Por último, las artes marciales son también un viaje de autodescubrimiento. A través del entrenamiento intensivo, no solo se aprenden técnicas, sino que también se llega a conocerse mejor a uno mismo. Las fortalezas y debilidades se hacen evidentes, se superan los miedos y crece la confianza en uno mismo. Este desarrollo personal es a menudo la ganancia más valiosa que ofrecen las artes marciales.
En resumen, se puede decir que la filosofía de las artes marciales va mucho más allá del combate físico. Transmite valores como el respeto, la disciplina, el autocontrol y la responsabilidad. Al mismo tiempo, ofrece un camino hacia el equilibrio interior y el desarrollo personal. Quien se dedica seriamente a las artes marciales descubre no solo un método de defensa, sino una forma de vida que conduce a una mayor conciencia, fuerza y armonía.

“La filosofía de las artes marciales va mucho más allá del combate físico.”





“Take five” TOMA 5: ORIENTE Y OCCIDENTE: UNA CULTURA
COMÚN GRACIAS A LA TEORÍA DE LOS
En el último siglo, las culturas orientales se han extendido por todo el mundo. En el ámbito de las artes marciales chinas, se ha hablado cada vez más de los 5 elementos, que representan los pilares fundamentales de la cultura del Imperio Celestial. Estos surgen de simples observaciones realizadas por los sabios del pasado: de las fuentes de montaña brota el agua que, al fluir, alimenta la vegetación y, por tanto, la madera, con la que se hace el fuego cuyas cenizas nutren la tierra bajo la cual se encuentra el metal. Y, para cerrar el círculo, con el metal se fabrican las herramientas que condensan el agua. De hecho, los campesinos, a primera hora de la mañana, siempre encuentran sus herramientas de metal mojadas e incluso goteando. Esta sencilla observación de la naturaleza es la base de todo el pensamiento chino: medicina, acupuntura, masaje, moxibustión, organización de los espacios e incluso de las artes marciales como el Tai Chi Chuan, el Hsing I Chuan y el Pa Kua.
¿Y en Occidente nada de todo esto?
¿Somos los occidentales solo materialistas dedicados a la tecnología y la economía?
Como de costumbre, ¡no es así!
Bastará con echar un vistazo rápido a cualquier texto de filosofía para encontrar analogías asombrosas entre Oriente y Occidente. El punto en común entre los dos hemisferios son precisamente los 5 elementos. Los occidentales, como veremos, difieren muy poco de los chinos.


En Occidente.
Como sabemos, la antigua Grecia, sobre todo alrededor del siglo VI a. C., estaba salpicada de prósperas ciudadesestado. La cultura griega se enriqueció gracias a los continuos viajes por mar que les impulsaban a explorar tierras lejanas. Los griegos aprendieron la geometría de los egipcios, la astronomía y el calendario de los pueblos de Asia Menor. También crearon un lenguaje preciso capaz de describir el mundo y los acontecimientos.
Los intelectuales de aquella época comenzaron a concebir la idea de que la creación no era fruto del azar, sino que existía un orden oculto y, sobre todo, un principio original.
El filósofo Anaximandro (546 a. C.) planteó la hipótesis de que la Tierra estaba suspendida en el espacio y que todas las criaturas procedían del agua y los hombres habían evolucionado a partir de los peces. Para él, el agua era, por tanto, la sustancia primordial.
Hacia el año 500 a. C., Heráclito identificó en el fuego el origen de las cosas y de la vida. El filósofo concebía la existencia como un flujo continuo; es famosa su frase: «No puedes bañarte dos veces en el mismo río».
Anaksímenes, por su parte, eligió el aire como principio fundamental (arche). Sostenía que la rarefacción del aire daba origen al fuego, mientras que la condensación generaba las nubes y la lluvia, es decir, el agua, y también las sustancias sólidas como la tierra y la piedra.
Empédocles pensaba que no había un solo elemento básico, sino cuatro: aire, agua, tierra y fuego. Estos elementos inmutables, al interactuar entre sí según modalidades y proporciones diferentes, dieron origen a la creación.
El gigante del pensamiento griego, Aristóteles, añadió a los cuatro elementos un quinto elemento que dio que hablar hasta el descubrimiento de la mecánica cuántica: el éter.
Aristóteles creó también una especie de escala que iba de lo más denso a lo más «etérico» (precisamente).
La tierra, elemento más pesado y denso, ocupa el centro del universo.
El agua, menos densa, es un fluido capaz de seguir su curso natural.
El aire, aún más ligero que los dos anteriores (tierra y agua).
Fuego: el elemento más ligero de todos, con tendencia a ascender hacia arriba.
Éter: es la famosa quintaesencia, el más perfecto de los elementos y, según Aristóteles, se ocupa de los cuerpos celestes
Es interesante observar cómo las ideas de los citados filósofos griegos se asemejan mucho al pensamiento oriental, que ve en la identificación y la combinación de los elementos el origen de las cosas.
Comparemos lo que acabamos de decir: en China tenemos los 5 elementos agua, madera, fuego, metal y tierra, de los cuales, como podemos observar, 3 de 5 coinciden con los elementos occidentales.
En la India, en cambio, encontramos: Tierra (Prithvi), Agua (Jala), Fuego (Agni), Aire (Vaju), Espacio o Éter (Akasha). Para conocer el uso práctico de los cinco elementos en el mundo occidental, debemos considerar la medicina del pasado.


La teoría de los temperamentos y los 5 elementos en la medicina occidental
En la medicina de Hipócrates fue estudiada y desarrollada por Galeno de Pérgamo. Este último fue el médico de Marco Aurelio y de otros emperadores romanos. Hoy, cuando en la farmacia leemos «preparado galénico», nos referimos a este médico, filósofo y científico nacido en Asia Menor (129-216 d. C.). Su nombre se convirtió en sinónimo de preparados a medida, pero es su trabajo sobre los temperamentos lo que nos interesa aquí. Desarrolló la teoría de los cuatro humores y, al igual que en la medicina china, la salud está relacionada con el concepto de equilibrio. Los humores son: sangre, flema (linfa), bilis amarilla y bilis negra. Si se produce un desequilibrio entre estos cuatro elementos, surge la enfermedad física, mental o ambas. Cada uno de estos humores está estrechamente relacionado con uno de los elementos primordiales:
El temperamento colérico deriva del elemento fuego
El temperamento sanguíneo, del elemento aire
El temperamento melancólico, del elemento agua
El temperamento flemático, del elemento tierra.
La teoría fue posteriormente abandonada para ser redescubierta más tarde por Rudolf Steiner (el fundador de la antroposofía y la euritmia). En la actualidad, la teoría de los 5 elementos vuelve a estar en auge con el redescubrimiento de las teorías sistémicas, en las que se tienen cada vez más en cuenta las relaciones entre cuerpo, mente, espíritu, entorno…
Los 5 elementos en el ser humano
El ser humano goza de salud psicofísica cuando los elementos están equilibrados dentro de su cuerpo energético. Si nos remitimos a la tradición oriental, el agua representa el yin, el fuego el yang y el aire es el principio equilibrador o neutro. El elemento tierra los contiene y los fija, mientras que el elemento espacio (o éter) permite la visión y la intuición sobrenatural. El temperamento personal, el estilo de vida y las numerosas influencias externas desequilibran la armonía de los elementos, creando el predominio de uno de ellos sobre los demás. Algunas secuencias de movimiento, como las formas del sistema «take 5», permiten restablecer el equilibrio centrando mayor atención en el elemento deficitario sin descuidar, sin embargo, a los demás. En otras palabras, siempre se trabaja con todos los elementos, pero aumentando el tiempo y la atención dedicados al elemento del que se carece. Será la intuición la que os dé la idea de cuánto se necesita. El quinto elemento (espacio, éter o universo), en cambio, requiere un tratamiento especial, una consideración aparte que solo se podrá abordar después de haber adquirido una conciencia suficiente de los cuatro elementos fundamentales.
La tradición india, sobre todo la del yoga, identifica las cualidades de cada elemento (los 5 tattwa): Tierra: es el símbolo de la estabilidad, la fuerza y la confianza en uno mismo. Las posturas que expresan poten-


cia, solidez y arraigo en el suelo ayudan al desarrollo de este elemento en quienes carecen de él. El elemento tierra es el último elemento creado por el éter en su proceso de solidificación. El elemento tierra involucra a los otros tres elementos (fuego, agua, aire). Su polaridad negativa lleva a las personas a ser intolerantes, perezosas, irresponsables y pedantes. La polaridad positiva del elemento, en cambio, aporta estabilidad, capacidad para realizar razonamientos racionales y estratégicos («tener los pies en la tierra») y firmeza en las decisiones.
Agua: es el símbolo de la fluidez, pero también de la purificación y de la capacidad de adaptación a cualquier situación. Las personas rígidas en el cuerpo y en el pensamiento deberán practicar movimientos que ayuden al desarrollo y a la armonización de este elemento. Los atributos fundamentales son el frío y la contracción. En su polaridad activa, el elemento agua es generador de vida; en la polaridad pasiva, en cambio, los atributos son negativos, como la descomposición, la fermentación, la división y la dispersión. La personalidad negativa por exceso del elemento acuático expresa indiferencia, apatía, frialdad, timidez, insolencia e inestabilidad. La polaridad positiva, en cambio, aporta fluidez al pensamiento y al cuerpo, serenidad a la hora de afrontar situaciones difíciles y capacidad de adaptación a cualquier situación.
Aire: es el símbolo de la respiración libre, de la ligereza, del movimiento delicado pero preciso. Las personas que se toman demasiado en serio, que nunca se desequilibran, que tienden a convertir cada acontecimiento en una tragedia, necesitan equilibrar y desarrollar el elemento aire. Se trata de un elemento mediador entre los dos elementos opuestos, el agua y el fuego. En su forma negativa, el aire expresa una personalidad frívola y presuntuosa, que induce al chisme y al despilfarro. En su polaridad positiva, el elemento aire expresa ligereza, la capacidad de no dejarse llevar en exceso, sobre todo en la expresión de las emociones, y ayuda a afrontar la vida sin cargas emocionales.
«El ser humano goza de salud psicofísica cuando los elementos están equilibrados dentro de su cuerpo energético. Si nos remitimos a la tradición oriental, el agua representa el yin, el fuego el yang y el aire es el principio equilibrador o neutro».

Fuego: Es el primer elemento generado por Akasha (éter); el fuego representa también la luz. El conocido Fiat lux fue la expresión del elemento fuego que generó la luz. Este principio elemental simboliza el calor, la energía del cambio, la acción dinámica, la potencia sin pesadez. Las personas que necesitan ser más decididas, enérgicas, operativas y volitivas necesitan desarrollar y equilibrar el elemento fuego. El aspecto positivo del elemento fuego permite buscar calor en las relaciones humanas, involucrar a las personas, encender los ánimos. En su polaridad positiva, representa también la expansión, la capacidad de generar energía para el desarrollo de proyectos. En la negativa, en cambio, el fuego expresa irracionalidad, destrucción, desintegración. También son negativas la envidia, la ira y la incapacidad de controlarse. Espacio o Éter. Según la sabiduría india, este es el elemento que genera a los otros cuatro. Es también el elemento que nos conecta con el inconsciente colectivo, con el campo metamórfico, con la vida ultraterrena; se cultiva bien con la meditación, tanto estática como en movimiento. El desarrollo de este elemento es particularmente útil para las personas demasiado materialistas, para aquellas que se preocupan única y exclusivamente por sus bienes, demasiado apegadas al dinero, al trabajo, a la posición social. Es el elemento del conocimiento universal.
«El
elemento Tierra está representado por el Norte
El elemento Agua por el Oeste
El elemento Fuego por el Sur
El elemento Aire por el Este»

Volvamos ahora a Occidente, donde, como sabemos, hubo una campaña represiva que preveía la tortura y la muerte en la hoguera para todos aquellos que se alejaran de la «verdadera fe». Algunas confesiones religiosas no toleraban la competencia y, aliándose con los poderosos de turno (reyes, emperadores, dictadores, jefes de Estado) y aprovechando la ignorancia y los miedos del pueblo, lanzaban acusaciones fáciles de brujería o herejía. Estas acusaciones conducían con mucha facilidad a la condena a muerte y a la destrucción de cualquier material didáctico como libros, símbolos, estatuas, amuletos, etc. El libro fue el primero enser incluido en el Índice, fácil de descubrir, difícil de ocultar. Sin embargo, existen excepciones notables, como por ejemplo los rollos del Mar Muerto o los de Nag Hammadi, probablemente ocultados para evitar su destrucción (aunque existen diversas hipótesis al respecto). En otros lugares, el conocimiento antiguo se conservó dentro de símbolos. Estos podían ser tal y como los imaginamos, es decir, dibujos o grabados, o bien de forma aún más invisible dentro de cuadros o esculturas e incluso en los planos sobre los que se erigían suntuosas catedrales. Conseguir ocultarlos bien servía no solo para transmitir el conocimiento oculto (llamado así porque estaba oculto), sino también para salvar el pellejo.
«El elemento Tierra está representado por el Invierno
El elemento Agua por el Otoño
El
elemento Fuego por el Verano
El elemento Aire por la Primavera»


Basta pensar que por mucho menos se acababa en la hoguera y el ejemplo de Giordano Bruno, quemado vivo en la plaza el 17 de febrero de 1600, debería dar una buena idea de los tiempos difíciles que atravesaba cualquier forma de disidencia o pensamiento alternativo. También podemos citar a Galilei, que se vio obligado a retractarse de sus hipótesis científicas para no correr la misma suerte. A veces, sin embargo, para ocultar mejor hay que ponerlo todo de manifiesto. Así lo hicieron algunos. Durante mi juventud, fortalecido por el conocimiento científico e impregnado de la filosofía ilustrada, me burlé de quienes se hacían leer las cartas del tarot. Pensaba que esas cartas, aparte de su indiscutible atractivo estético, no tenían nada de interesante; más bien eran un juego para mentes pobres. Obviamente, me equivocaba, ¡porque el tarot era un libro!
Un texto que solo podían leer quienes comprendían su lenguaje. Ilustres personajes del mundo del arte quedaron fascinados por el tarot y lo convirtieron en objeto de sus estudios: el famosísimo psicólogo Carl Gustav Jung, el pintor flamenco Hieronymus Bosh, el primer Nobel Dario Fo, el escritor y estudioso René Guénon, el artista y director Alejandro Jodorowsky…
Igualmente interesantes son las cartas de juego comunes, cuyos cuatro palos representan precisamente los cuatro elementos.
Veamos su significado:
El elemento Tierra está representado por los Oros
El elemento Agua por las Copas
El elemento Fuego por los Bastos
El elemento Aire, por las Espadas
Los elementos también se representan como figuras angelicales; en la tradición, cada elemento se visualiza como un arcángel:



El elemento Tierra está representado por Uriel
El elemento Agua, por Gabriel
El elemento Fuego, por Miguel
El elemento Aire, por Rafael
Los cuatro elementos también se corresponden con las cuatro estaciones
El elemento Tierra está representado por el invierno
El elemento Agua por el otoño
El elemento Fuego por el verano
El elemento Aire por la primavera
E incluso a los cuatro puntos cardinales:
El elemento Tierra está representado por el norte
El elemento Agua por el oeste
El elemento Fuego por el Sur
El elemento Aire por el Este
Es interesante señalar que también hay posiciones y movimientos que pueden asociarse a los 5 elementos (en este caso incluimos también la quintaesencia, es decir, el éter\Espacio); la tradición oriental, sobre todo la del sudeste asiático, ha logrado conservar mejor este aspecto en comparación con la occidental. Los orientales han utilizado el movimiento para conservar el saber, por lo que en secuencias de movimiento como las danzas o las «formas» se conservan los antiguos conocimientos que permiten acceder a las energías primordiales representadas por los 5 elementos. Algunas posturas de yoga, por ejemplo, cumplen la misma función: poner al ser humano en contacto con las fuentes energéticas originales.
El sistema Take 5
El sistema consta de solo 5 sesiones de 10 horas cada una, en las que se aborda un elemento cada vez. Se comienza por el elemento agua, aprendiendo:
1. La filosofía. Exposición del elemento agua, de sus cualidades positivas y negativas, con la correspondiente meditación del agua
2. Posturas. Posturas relacionadas con el elemento agua, también denominadas «yoga del agua»
3. Movimiento. Las secuencias de movimiento del elemento agua, es decir, las formas del agua
4. Respiración. La respiración del agua
5. Terapia. El contacto energético basado en el elemento agua es un trabajo en pareja con el objetivo de utilizar la energía del elemento agua para ayudar a mejorar la condición psicofísica del otro.

El mismo esquema se repite para cada uno de los elementos hasta el último, es decir, el éter (o espacio), que permite el desarrollo del estado de conciencia.
Una vez aprendido a aprovechar los recursos de cada uno de los 5 elementos, como un alquimista moderno, el operador Take 5 sabrá dosificar en sí mismo y en los demás una composición adecuada de los 5 factores primordiales, ayudando a moldear el carácter, el movimiento, las emociones, los patrones de razonamiento, las relaciones con los demás e incluso el estado de salud.
Al estudiar los elementos, se vuelve a una formación global y ya no sectorial, donde la meditación, la respiración, el yoga, la ejecución de formas, la filosofía y la terapia contribuyen conjuntamente al reequilibrio del hombre moderno, cada vez más ajeno a sí mismo.
Las secuencias de movimiento presentes en el sistema Take 5 se inspiran en los 5 elementos y en su sabio reequilibrio.



El resumen que tienen ante ustedes representa mi interpretación de cómo las técnicas de autodefensa civil y doméstica sin armas se gestaron, evolucionaron posteriormente y, en última instancia, sentaron las bases sobre las que se desarrolló el karate. Aunque la explicación sea breve y carezca por completo de menciones a aquellos pioneros que más contribuyeron a marcar su rumbo, estoy convencido de que resulta convincente y no pierde nada por su concisión.
Un regalo para la paz mundial
El arte del karate representa la fusión perfecta entre ciencia y arte, que se unen para crear una magia transformadora. Esta tradición consagrada por el tiempo ofrece un camino en el que el viaje de autodescubrimiento puede conducir a una vida sana, feliz y significativa. Altamente desafiante y profundamente reflexivo, el karate-do puede ser un puente entre la autoaceptación y la autoprotección: un método único para acondicionar el cuerpo, cultivar la mente y nutrir el espíritu. Es el regalo de Okinawa a la paz mundial.
¿Qué es la tradición?
Sin embargo, a pesar de su importancia, una lección aparentemente sencilla sobre la naturaleza de la tradición es con demasiada frecuencia malinterpretada, sospechosamente descuidada o evitada a propósito. Envuelta en un velo de ambigüedad cultural, distorsionada por el tiempo, los malentendidos y la propaganda interesada, la verdadera naturaleza de la tradición sigue siendo una de sus enseñanzas más importantes. Una exploración exhaustiva de su evolución temprana y ecléctica revela el proceso ineludible que los primeros pioneros utilizaron en su búsqueda de la competencia funcional. Tal descubrimiento puede servir para inspirarnos a cada uno de nosotros a ir más allá de nuestro alcance, liberarnos de las cadenas de la conformidad y abrazar la naturaleza maravillosamente innovadora de la tradición.
Al principio no había nada; luego llegaron las personas. Un gran número de personas. Los primeros humanos evolucionaron de parejas a clanes, a comunidades más grandes y, finalmente, a sociedades, debido a la seguridad que ofrece el número. La supervivencia del más apto creó una lucha inherente: una lucha por sobrevivir. La violencia física evolucionó junto con la humanidad como un mecanismo de adaptación para la supervivencia, la seguridad y el control. El miedo dio paso a la necesidad, y la necesidad se convirtió en la madre de la invención.
La necesidad es la cuna del descubrimiento, y las primeras civilizaciones comenzaron a desarrollar métodos para comprender, catalogar y hacer frente a los actos de violencia física, tanto armados como desarmados, considerados habituales en la naturaleza humana. Una teoría sugiere que el deporte evolucionó originalmente como un medio para aprender a cazar, luchar y protegerse. A lo largo de una historia incalculable de brutalidad civil, la observación empírica permitió a las mentes más innovadoras mejorar continuamente las prácticas de lucha embrionarias.
Armas de fuego
Los santuarios monásticos resultaron ser uno de los campos de pruebas más exitosos en los que se desarrollaron métodos de combate altamente funcionales en relativo secreto. Como enseñanzas codiciadas, dichos métodos acabaron siendo muy buscados y, lamentablemente, cayeron en un silencioso letargo tras el auge y la popularidad de las armas de fuego entre la plebe a mediados del siglo XIX. Con poca o ninguna formación formal de ningún tipo, un adversario armado ya no temía ni siquiera al luchador más formidable. Una sola bala bastaba.


«El arte del karate representa la fusión perfecta entre ciencia y arte, que se unen para crear una magia transformadora».
Perdidas en las arenas del tiempo
Sin embargo, a pesar de ser consideradas inferiores, las prácticas de combate sin armas no desaparecieron por completo. Las mentes predominantes vieron un beneficio alternativo en el mantenimiento de tradiciones tan arraigadas. Con modificaciones calculadas, el kata se convirtió en un complemento eficaz que respaldaba la maquinaria bélica de Japón, empleado como rutinas calisténicas estructuradas para fomentar la aptitud física, la conformidad social y el espíritu de lucha entre grandes grupos de estudiantes, en preparación para el servicio militar obligatorio. Al dejar de ser apreciada por sus prácticas de combate sin armas, otrora tan funcionales, esta enseñanza atemporal se perdió en las arenas del tiempo.
Un microcosmos cultural
Como actividad recreativa cultural, la popularidad de esta práctica modificada creció exponencialmente. La práctica embrionaria adquirió nuevas características, moldeadas a imagen de las tradiciones japonesas del budo más responsables de haber influido en su crecimiento y dirección —a saber, el kendo y el judo—. Tras haber evolucionado hasta convertirse en una fascinante actividad recreativa cultural y en un deporte altamente exigente y regido por normas, la tradición es ahora practicada por entusiastas en todos los rincones del mundo.
Ahora, de la misma manera que la necesidad acunó en su día el nacimiento de una interpretación contemporánea desde las entrañas de la tradición clásica, la naturaleza ha cerrado el círculo. Un movimiento de base ha dado lugar a una nueva generación de aprendices: practicantes empeñados en redescubrir el arte original y sus enseñanzas atemporales. Las codiciadas prácticas de aplicación en pareja, largamente enterradas bajo capas de actuación y conformismo, han abierto de par en par las compuertas del pensamiento crítico y están obligando al conformismo a ahogarse gradualmente en las profundidades de su propia ignorancia. Esto es tradición. Este es el camino de KU.



Patrick McCarthy Hanshi y el Círculo Abierto
Un viaje a Okinawa y la tradición viva de las Artes Marciales
«La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego».
Patrick McCarthy Hanshi
Mi reciente viaje a Japón fue más que un simple viaje: fue un retorno a las raíces de las artes marciales, una reconexión con la historia y un hito profundamente personal.
En el centro de todo estaba Okinawa… y un reencuentro con Patrick McCarthy Hanshi.
Lo conocí en 1985, cuando era un joven practicante en Japón. Desde ese primer encuentro, compartimos una visión común: que las artes marciales tradicionales deben ser algo más que un ritual; deben hablar de la realidad del conflicto humano. Esa idea me ha acompañado desde entonces.
Esta vez, tuve el privilegio de alojarme con Patrick McCarthy Hanshi y su esposa, Yuriko, en Okinawa. Su hospitalidad fue generosa y sincera, pero más que eso: me ofreció algo poco común: tiempo. Tiempo para entrenar, para intercambiar ideas y para conectar con maestros veteranos de Okinawa en la cuna del karate.
Uno de los momentos más emotivos de mi visita fue recibir el título de Hanshi y el grado de 9.º dan. Lo acepto no como una meta alcanzada, sino como una responsabilidad: la de seguir aprendiendo, enseñando y evolucionando.
Patrick McCarthy Hanshi es una de las principales autoridades en artes marciales clásicas. Nacido en Canadá y formado durante décadas en Australia, Estados Unidos y Japón, ahora reside en Okinawa. En su día fue uno de los instructores de seminarios más solicitados del mundo y ha pasado más de treinta años viajando por todo el mundo, impartiendo cientos de seminarios en más de treinta países.
Como director fundador de la Sociedad Internacional de Investigación del Karate de Ryukyu (IRKRS) y creador del Koryu Uchinadi, su trabajo tiende un puente entre el pasado y el presente, preservando los principios funcionales del karate tradicional de Okinawa y haciéndolos accesibles a los practicantes modernos.
Sus estudios se remontan a figuras influyentes como Kinjo Hiroshi, Hanashiro Chōmo, Itosu Ankō y Matsumura Sōkon. Sin embargo, lo que define su trabajo no es solo el linaje, sino la capacidad de cuestionar, analizar y dar sentido a lo que a menudo quedaba sin explicar.
«Como deportista de competición, destacó en múltiples disciplinas: kata, kumite, armas y más allá. Su experiencia abarca el karate, el jujutsu, el judo, el kobudo y las tradiciones de la espada japonesa, lo que refleja toda una vida de inmersión en las artes».
Como deportista de competición, destacó en múltiples disciplinas: kata, kumite, armas y más allá. Su experiencia abarca el karate, el jujutsu, el judo, el kobudō y las tradiciones de la espada japonesa, lo que refleja toda una vida de inmersión en las artes marciales.
Su traducción de The Bubishi sigue siendo una de las contribuciones más importantes a los estudios modernos sobre el karate, al abrir al mundo un texto que antes era oscuro.
A lo largo de décadas de viajes e investigación por Okinawa, el Japón continental, China, el sudeste asiático y Filipinas, Patrick McCarthy Hanshi ha explorado no solo la técnica, sino también el tejido cultural e histórico del que surgieron estas tradiciones.
Entre sus contribuciones más influyentes se encuentra el concepto de «Actos Habituales de Violencia Física» (HAPV), un marco que vuelve a conectar el kata con la realidad de cómo se produce realmente la violencia. Es aquí donde la tradición deja de ser abstracta… y vuelve a ser funcional.
Pero quizás su mayor contribución radica en cómo enseña.
Desafía a los practicantes a pensar. A cuestionar. A ir más allá de la imitación y buscar la comprensión. Su enfoque se adapta al individuo, reconociendo que no hay dos personas que recorran el mismo camino.
Okinawa da a todo esto un significado más profundo. No es solo un lugar: es un archivo viviente, donde la historia no se conserva tras un cristal, sino que se transmite a través de la práctica.
Este viaje me recordó algo sencillo, pero que se olvida fácilmente: Las artes marciales no son una elección entre tradición y modernidad. Son el puente entre ambas.
Y a través de maestros como Patrick McCarthy Hanshi… el círculo permanece abierto

«Las artes marciales no son una elección entre tradición y modernidad. Es el puente entre ambas. Y gracias a maestros como Patrick McCarthy Hanshi… el círculo permanece abierto»


el Fuego: Un regreso a Kyumeikan
En memoria de Kubo Akira Sensei — Un homenaje de Avi Nardia, Hanshi 9.º Dan
En las artes marciales, solemos decir que muchas personas escalan la misma montaña por caminos diferentes. Pero con el paso de los años me he dado cuenta de algo preocupante: demasiadas personas se limitan a dar vueltas alrededor de la montaña, convenciéndose a sí mismas de que están ascendiendo. Esa distinción —entre la escalada genuina y el cómodo paseo por la base— es la esencia misma de lo que separa las artes marciales como camino de autoconservación y autodefensa de las artes marciales practicadas puramente como un pasatiempo o actividad recreativa. Un camino te exige todo. El otro no te pide nada.

Con estos pensamientos en mente realicé mi última visita al Kyumeikan Dojo de Tokio —el histórico dojo fundado en 1957 por Kubo Kahei Sensei y continuado durante décadas por su hijo, Kubo Akira Sensei, quien falleció el 23 de octubre de 2023. Akira Sensei no estaba allí. Nunca volverá a estar allí. Pero en el momento en que crucé esa puerta, pude sentir su espíritu en cada tabla desgastada del suelo, en cada trazo de los caracteres caligráficos que colgaban de las paredes, en cada eco de ese espacio sagrado. Fue la visita más pacífica y a la vez más triste que he hecho jamás a un dojo.

Mis pensamientos en ese dojo se remontaron a una historia zen que llevo conmigo desde hace muchos años, una que habla directamente de la diferencia entre las artes marciales como defensa personal y las artes marciales como autoindulgencia. Un joven samurái estaba de pie con un arco y varias flechas, midiendo cuidadosamente la distancia a su objetivo. Un monje que pasaba por allí se detuvo y le dijo: «Nunca aprenderás a disparar bien si te permites la comodidad de corregir un tiro fallido. En la batalla, no hay segundas oportunidades. Aprende a dar en el blanco a la primera; recuerda siempre que solo tienes una flecha. En la vida también debes hacer todo con total dedicación desde el primer momento, pues puede que no haya oportunidad de reparar lo que se ha hecho con descuido».
Esta es la filosofía plasmada en el concepto japonés de ichi-go ichi-e (一期一会): «una vez, un encuentro». Nacido de la cultura de la ceremonia del té, enseña que cada encuentro, cada momento, es absolutamente único y nunca volverá a repetirse. Tratar cualquier momento con descuido es desperdiciar algo que nunca podrá recuperarse. Recuerdo vívidamente mi primera clase de Kyudo. El maestro nos miró y dijo, con absoluta seriedad: «El objetivo no es dar en el blanco». Me quedé perplejo. Soy, por naturaleza y por formación, una persona profundamente práctica. He pasado mi vida estudiando artes marciales desde la perspectiva de su aplicación en el mundo real: Kendo, Iaido, Jodo, Kenjutsu y técnicas de combate prácticas modernas. Cuando alguien me dice que el objetivo no es alcanzar el objetivo, quiero respuestas. Pero con el tiempo lo entendí. En el Kyudo, como en la vida, la perfección del proceso —la quietud de la mente, la corrección de la postura, la pureza de la intención— produce el resultado. La flecha da en el blanco no porque apuntes a él, sino porque todo lo demás está bien. Este principio es la razón por la que las artes marciales serias deben considerar siempre la autopreservación y la autodefensa como objetivos unificados, no separados. Practicar la técnica sin la presión de las consecuencias reales es dar vueltas alrededor de la montaña. En el momento en que interiorizas que solo hay una flecha —que cada técnica, cada decisión, cada encuentro puede ser el único que tengas—, la calidad de tu entrenamiento se transforma por completo.


Fue Kubo Akira Sensei quien primero me ayudó a comprender que el kendo, a pesar de todo su rigor y disciplina, es una puerta de entrada, no un destino. Llevar armadura y golpear con el shinai es, por diseño, seguro. Esa seguridad es lo que permite a los principiantes desarrollarse, lo que permite a los practicantes esforzarse al máximo sin temor a las lesiones. Pero conlleva un peligro oculto: el peligro de olvidar lo que es realmente la espada. Kubo Sensei nos recordaba que, en la realidad, no se producirían largos intercambios de espada contra espada. Una espada real, al chocar con otra espada real, se rompe. La física del combate real no se parece en casi nada a los fluidos intercambios que practicamos en el dojo. Cada golpe «fallido» en el kendo podría significar la muerte con una espada real. Esta comprensión es precisamente la razón por la que Kubo Sensei insistía en que sus alumnos adultos practicaran no solo kendo, sino también iaido y jodo. «Después de obtener tu shodan en kendo», solía decir, «debes empezar a estudiar iaido. Debes comprender la katana: en qué se diferencia y en qué se parece al shinai de bambú que manejas con tanta libertad». Y luego el Jodo, con su precisión de un milímetro y su sincronización implacable, para devolver al practicante un sentido visceral de la seriedad que exigía el entrenamiento antiguo.




Lo que hacía tan distintivo el kendo de Kubo Sensei era su profundidad y su carácter físico —y gran parte de ello provenía de una fuente que podría sorprender a quienes solo lo conocían como espadachín. Kubo Sensei también era luchador de sumo amateur, y esa experiencia dejó una huella inconfundible en todo su enfoque de las artes marciales. El sumo no se reduce a la envergadura o la fuerza; se trata de el arraigamiento, de leer el cuerpo, de un enfrentamiento explosivo de contacto total sin equipo de protección y sin margen de error. Esa sensibilidad se trasladó directamente a su kendo. Su juego de pies era más pesado y decidido, sus entradas más contundentes, y su sentido de la distancia se basaba en esa inteligencia física bruta que solo se desarrolla en la lucha cuerpo a cuerpo.
Además, Kubo Sensei practicaba y preservaba lo que a menudo se denomina kendo de antes de la guerra: una expresión del arte mucho más agresiva, combativa y completa que la que la mayoría de la gente conoce hoy en día. El kendo moderno, moldeado por las reformas de la posguerra y su evolución como deporte de competición, tiende hacia el refinamiento y la puntuación. El kendo de antes de la guerra era algo completamente distinto: más directo, más brutal en su intención, dispuesto a incorporar técnicas de lanzamiento, contacto corporal y una gama más amplia de tácticas que reflejaban sus raíces en el manejo real de la espada. Kubo Sensei nunca permitió que el kendo se convirtiera en un mero deporte bajo su techo. Lo mantuvo como budo —como bushido— vivo con el espíritu y la seriedad de la tradición guerrera de la que procedía. Entrenar con él era sentir la diferencia entre un juego practicado con espadas de bambú y una disciplina basada en la comprensión de que la espada es un arma y el guerrero es responsable de su vida y de la vida de los demás.
Tuve la suerte de entrenar no solo en Kyumeikan, sino también, gracias a la extraordinaria generosidad y los contactos de Kubo Sensei, en los niveles más altos del mundo del manejo de la espada japonesa. Estudié en la Universidad Kokushikan bajo la tutela del legendario Kiyoshi Nakakura Sensei, un hombre que había sido tanto el mejor alumno de Nakayama Hakudo como un representante enviado a entrenar con Morihei Ueshiba en el dojo de Aikido. Me formé en Shin Kiba, el dojo de la jefatura de policía, y en el dojo del Palacio Imperial bajo la tutela de Sato Sensei. Cada uno de estos maestros aportó una filosofía diferente, una interpretación distinta del Camino de la Espada. Juntos, formaron un mosaico que ningún maestro por sí solo habría podido proporcionar.
Tengo el 6.º dan en kendo y poseo grados en iaido, jodo y kenjutsu, además de mis artes marciales modernas y prácticas. Esta amplitud no fue casual, sino que fue a propósito, según el diseño de Kubo Sensei. Me envió a más de cien maestros y escuelas diferentes. Estudié diversos estilos, filosofías y tradiciones. Su filosofía fue siempre: «Abre la mente, pero cuida de que no se abra de par en par». Una mente abierta es uno de los grandes regalos del estudio de las artes marciales, pero lo que permitas entrar en esa mente abierta debe ser siempre cuidadosamente considerado.


Kubo Akira Sensei no siempre estuvo destinado a ser lo que llegó a ser. Era, en muchos sentidos, un soñador: un hombre que quería vivir libremente en Estados Unidos como fotógrafo profesional y saborear el aire libre de Australia. Había hecho ambas cosas. Había vivido en Estados Unidos durante siete años, había obtenido su tarjeta de residencia e incluso había sido reclutado para ir a Vietnam antes de que el destino interviniera. Estaba estudiando la vida a su manera.
Entonces, su padre, Kubo Kahei Sensei, falleció repentinamente. Akira era el mayor de tres hermanos. No hubo deliberaciones, ni decisiones prolongadas: solo giri, el concepto japonés de deber, obligación y compromiso que es más profundo que el deseo personal. Regresó a Japón, renunció a su tarjeta de residencia, renunció a Estados Unidos y cargó con el peso de Kyumeikan sobre sus hombros. Se convirtió, en ese momento, en el kancho —director de dojo— más joven de Japón. Su madre falleció poco después, y se quedó solo, sin guía, sin manual, aprendiendo todo a base de experiencia y voluntad.


Esta es la historia en la que pienso cuando la gente idealiza la vida del profesor de artes marciales. El dojo no era un cómodo legado transmitido con instrucciones claras. Era una carga aceptada con dignidad, un fuego que había que mantener vivo para que no se extinguiera. Como se dice en la tradición: lleva el fuego, no las cenizas. Llevar las cenizas es preservar la forma sin el espíritu: mantener la apariencia de una tradición mientras su esencia se desvanece. Kubo Sensei llevó el fuego.
Bajo su dirección, Kyumeikan se convirtió en algo extraordinario. De un único dojo en Itabashi-ku, creció hasta convertirse en una institución que llegó a más de cinco mil alumnos en Japón y a más de tres mil practicantes internacionales de cincuenta países. Kubo Sensei organizó cincuenta y dos viajes internacionales a treinta países, difundiendo personalmente el kendo, el iaido y el jodo por todo el mundo. Su lema —wa to shinrai, amistad y confianza— no era un eslogan. Era la filosofía que guiaba todo lo que construyó.
Una vez escribió: «No somos más que una mala hierba en el campo —no tan hermosa como una rosa, sino uno de los muchos pequeños esfuerzos hacia la paz y el entendimiento mundiales». Esa humildad era genuina. Y, sin embargo, a su manera discreta, lo que Kyumeikan logró fue todo menos pequeño.
Los años como uchi-deshi: viviendo en el dojo
Yo era uno de los uchi-deshi de Kubo Sensei, un alumno interno, inmerso en la vida del dojo día y noche. La relación de uchi-deshi es una de las más íntimas en las artes marciales. No te limitas a asistir a clases; habitas el mundo del maestro. Absorbes no solo la técnica, sino también los modales, la filosofía y el ritmo diario de una vida dedicada al Budo.
A través de Kubo Sensei, se abrieron puertas a las que nunca habría podido llegar por mi cuenta. Me presentó a maestros cuyos conocimientos y linajes abarcaban toda la amplitud de la tradición marcial japonesa. Gestionó esas presentaciones con cuidado: sabía qué maestro me desafiaría de qué manera, qué escuela corregiría una laguna en mi comprensión, qué filosofía ampliaría mi forma de pensar. No era simplemente un maestro. Era el artífice de una educación marcial.
Gran parte de lo que soy como artista marcial —como Hanshi, como instructor, como alguien que ha desarrollado y enseñado sistemas de combate prácticos por todo el mundo— proviene directamente de aquellos años en Kyumeikan y de la red de conocimientos que Kubo Sensei construyó a mi alrededor. No se puede cuantificar lo que eso significa. Solo se puede llevar adelante.

Kubo Sensei solía hablar de Shu-Ha-Ri: las tres etapas del dominio. Shu: seguir las reglas al pie de la letra, sentar las bases, no permitir desviaciones. Ha: empezar a cuestionar, a intercambiar, a poner a prueba los principios frente a otras ideas. Ri: trascender las reglas, habiéndolas interiorizado tan completamente que ya no es necesario seguirlas conscientemente.
Este marco refleja mi propia creencia, forjada por décadas de entrenamiento en muchas disciplinas: para comprender lo nuevo, primero hay que dominar lo antiguo. Las artes clásicas — Kenjutsu, Iaido, Jodo— no son piezas de museo. Son los cimientos sobre los que se construye toda comprensión práctica de la espada. Sin esos cimientos, la práctica moderna u orientada al deporte flota sin raíces. Con ellos, todo se vuelve más significativo, más preciso, más honesto.
Por eso siempre he insistido, tanto en mi propio estudio como en mi enseñanza, en que la autopreservación y la autodefensa deben estudiarse como un todo. No son caminos separados. El cultivo interno que exige la práctica clásica —la quietud, la disciplina, la ética— es inseparable de sus aplicaciones externas. No se puede desarrollar una mientras se descuida la otra y seguir llamándose a uno mismo artista marcial en el sentido pleno.
Sembrando la semilla: el kendo llega a Israel
Entre las muchas cosas que le debo a Kubo Sensei hay una que tiene un peso personal especial: fue él quien me ayudó a establecer el primer dojo de kendo en Israel y, junto con Sato Sensei del dojo del Palacio Imperial, apoyó la fundación de la Federación Israelí de Kendo en 1985 —afiliada desde sus inicios a la Federación Internacional de Kendo—. Esto no fue algo menor. Para plantar un arte marcial en un terreno nuevo se requiere no solo entusiasmo, sino también credibilidad, contactos y el respaldo de quienes gozan de reconocimiento dentro de la comunidad internacional de ese arte. Kubo Sensei proporcionó todo eso. La fundación de la Federación de Kendo de Israel es, a su manera, una historia de cómo llevar la antorcha. El kendo no tenía un hogar natural en Israel. No había tradición, ni infraestructura, ni una comunidad establecida de practicantes. Lo que sí había era la convicción de que el budo —el verdadero budo, con sus fundamentos éticos y su exigencia de un compromiso genuino— tenía algo que ofrecer que trascendía la cultura y la geografía. Kubo Sensei creía en ello firmemente y actuó en consecuencia, apoyando el esfuerzo para hacerlo realidad. Sato Sensei, cuya propia reputación en el mundo de las artes marciales japonesas otorgó a la federación su legitimidad a los ojos de la Federación Internacional de Kendo, prestó su nombre y su influencia en un momento crítico.
Esa federación, nacida en 1985 de la visión de dos maestros japoneses y un estudiante israelí, sigue en pie. Es uno de los monumentos más discretos de lo que construyó Kubo Sensei — no a través de grandes gestos, sino mediante la confianza personal, presentaciones específicas y el paciente trabajo de difundir el kendo no como una exportación japonesa, sino como una herencia humana.


Cuando me encontré en el Kyumeikan en mi última visita, el dojo estaba en silencio. El tatami, las armas en las paredes, el equipo de entrenamiento desgastado... todo estaba exactamente como lo recordaba. Kubo Sensei ya no estaba, pero el espacio aún conservaba la huella de todo lo que él había volcado en él a lo largo de su vida. Pensé en las palabras del monje al joven samurái. Solo tienes una flecha. Kubo Sensei gastó su flecha —su única vida— en algo que importaba. Renunció al sueño de ser fotógrafo, a la aventura americana, al camino fácil. Llevó el fuego cuando habría sido mucho más sencillo dejarlo. Gracias a esa elección, miles de personas en cincuenta países llevan hoy algo de ese fuego en sus propias manos.
Salí del dojo con la misma sensación que me llevo de cada encuentro auténtico con las artes marciales: agradecido, humilde y más decidido que nunca a honrar lo que se me ha dado escalando —escalando de verdad— y no simplemente dando un paseo por la montaña.
Kubo Akira Sensei — Director del Dojo Kyumeikan, 1957–2023. «Lleva el fuego, no las cenizas».
Sobre el autor
Avi Nardia ostenta el rango de Hanshi 9.º Dan y es una autoridad reconocida tanto en artes marciales clásicas como modernas. Posee el 6.º Dan en Kendo y grados avanzados en Iaido, Jodo y Kenjutsu, además de amplias credenciales en sistemas de combate modernos y prácticos. Antiguo uchideshi del Dojo Kyumeikan, se formó bajo la tutela de Kubo Akira Sensei, Kiyoshi Nakakura Sensei y muchos de los maestros de artes marciales más destacados de Japón. Sigue enseñando y transmitiendo las tradiciones que recibió con la convicción de que comprender lo antiguo es el camino más seguro para dominar lo nuevo.





Mi trayectoria con el difunto actor y artista marcial Chuck Norris comenzó a mediados de 1976, durante el campeonato del gran maestro S. Henry Cho, donde conocí a Chuck por primera vez a través de mi instructor, el difunto Joe Hays —campeón mundial y alumno de mi gran maestro, el Dr. Richard Chun—. Fue un honor mostrar nuestras habilidades en las artes marciales ante un público numeroso en el Madison Square Garden de Nueva York. Me emocionó especialmente conectar con Chuck, quien por entonces estaba perfeccionando activamente su arte y ganándose el reconocimiento dentro de la comunidad mundial de las artes marciales. Nuestros caminos se cruzaron de nuevo más tarde, y él me recibió con calidez, abrazándome como a un familiar.
Chuck era un amigo íntimo del gran gran maestro Aaron Banks, el principal promotor de artes marciales del mundo quien, junto a Bruce Lee, desempeñó un papel fundamental en la introducción de las artes marciales al público general. El Sr. Banks siguió siendo un promotor destacado durante décadas. A lo largo de los años, Chuck y yo mantuvimos el contacto. Me sentí muy orgulloso de verle iniciar su carrera como actor, inspirado por la orientación de su alumno, el actor Steve McQueen, en su escuela de artes marciales. Chuck se ganó el reconocimiento mundial como artista marcial, destacando en Tang Soo Do, Taekwondo y jiu-jitsu brasileño.
El 26 de abril de 2000, tuve el honor de volver al Madison Square Garden para defender mi título de «World Martial Arts Daredevil». Para mi alegría, Chuck asistió al evento vestido con su atuendo de Walker, Texas Ranger, uniéndose a una reunión de élite de grandes figuras de las artes marciales, entre los que se encontraban S. Henry Cho, el Dr. Richard Chun, el Gran Gran Maestro Aaron Banks, Hanshi Steven Kaufman, Lou Neglia, Rick Lenchus y otros. El ambiente se encendió cuando el público presenció una electrizante exhibición de artes marciales mixtas. Cerré la competición como último luchador, defendiendo con éxito mi título por quinta vez: un triunfo emocionante. Tras el combate, realicé una demostración temeraria: rompí una pila de cristales con un golpe de mano en



forma de cuchillo, ejecuté dos patadas voladoras para destrozar cinco tablas de 2,5 cm de grosor de un solo golpe y realicé golpes con la cabeza y el pulgar para partir otras dos tablas gruesas.
En la final, muy impresionado por mi actuación, Chuck subió al ring, me colocó el cinturón de campeón del mundo alrededor de la cintura y declaró: «Eres un gran campeón». Ese momento se erige como la cúspide de mi trayectoria en las artes marciales: un homenaje que siempre atesoraré. Seguimos cruzándonos en eventos a lo largo de los años, como el Ocean State Grand National Championships en Rhode Island, donde él promocionó varios de mis libros de artes marciales. Me alegro de que mantuviéramos una amistad duradera que incluía a su maravillosa esposa, Gina. Formaban una pareja extraordinaria, y siempre he admirado los logros de Chuck.
Descansa en paz, querido amigo. Gracias por tu dedicación de toda una vida al avance de las artes marciales y por apoyar a innumerables personas necesitadas a través de tu inspiradora iniciativa, Kick Start America. Que Dios te bendiga.

Mas allá de toda duda, es una de las estrellas más brillantes del firmamento Marcial y ha dejado una definitiva huella en el Cine del sector. Un Cine en el que siempre estuvo en el lugar correcto, en el momento adecuado, desde su encuentro con el pequeño Dragón en la memorable pelea del circo de Roma, hasta una carrera propia, plena de éxitos en Cine y Televisión. Pero Chuck Norris es mucho más. Detrás del personaje hay toda una historia, un individuo tocado por el destino, que queremos conocer. Por ello pedimos al Maestro Pedro Conde, nuestro súper experto reportero, que ahondara en la biografía del “ranger” más famoso de la historia, y el ha preparado este fantástico artículo, definitivamente entretenido y completo, que sin duda será para los coleccionistas, una referencia a partir de hoy.
Alfredo Tucci
Texto: Nuria Ortiz López & Pedro Conde. Fotos: Pedro Conde. Archives of Budo & Don warrener
Carlos Ray Norris, más conocido por Chuck Norris, nació en Oklahoma, el 10 de Marzo de 1940. Norris se educó en el seno de una familia modesta y muy religiosa, de hecho, el nombre de Carlos se lo pusieron como un pequeño homenaje al reverendo Carlos Berry, ministro espiritual de la familia en esos años.
Norris tiene ascendencia irlandesa por parte de su abuelo paterno y de su abuela materna y ascendencia Cherokee por parte de su abuela paterna y de su abuelo materno. Cuando era competidor, acostumbraba a bromear sobre sus orígenes diciendo a sus adversarios: “Si consigues vencer a la combatividad de mi mitad irlandesa, mi mitad Cherokee te arrancará la cabellera”. Hablando en serio, siempre consideró que su energía y vitalidad le vienen de su sangre irlandesa y que su determinación y estoicismo de su sangre india.
Cuando Norris afirma que nunca le han regalado nada y que siempre ha sido un luchador, sin duda tiene razón, su mismo nacimiento fue una lucha con la vida: tras un largo y complicado parto, nació con graves problemas respiratorios y necesitó cinco días de atentos cuidados médicos para poder ser declarado fuera de peligro.
Su infancia no fue nada fácil. Por un lado desarrolló una inmensa timidez, debido entre otras cosas, a que desde un principio le fue imposible hacerse amigos duraderos: su familia estaba continuamente mudándose de casa. Antes de los 15 años ya había pasado por trece ciudades diferentes. La situación económica de la familia nunca fue demasiado buena, solían alquilar pequeños apartamentos en los que se debían amontonar para dormir. Otro gran problema de su infancia fue el alcoholismo de su padre: Ray Norris regresó de luchar en la Segunda Guerra Mundial con graves problemas con la bebida. Esto dio lugar a numerosas situaciones tensas con su mujer y sus hijos. “Afortunadamente, nunca nos llegó a pegar” - recuerda Norris - Era un hombre pacífico y cuando no estaba borracho era muy agradable, pero cuando estaba bajo los efectos del alcohol (la mayor parte del día) era muy sombrío e imprevisible. A veces nos gritaba y amenazaba, cosa que me afectaba muchísimo, ya que yo era un niño muy sensible y vulnerable. Otras veces, desaparecía durante días e incluso semanas…”
La situación se hizo insostenible y cuando Norris tenía 16 años y sus hermanos Wieland y Aarón 12 y 4 respectivamente, sus padres se divorciaron. Poco después, su madre se volvería a casar y el padrastro lograría estabilizar la situación familiar, periodo durante el cual Norris conoció a Dianne, con quien se casaría años más tarde. Tras su graduación, Norris decidió que quería ingresar en el ejército, para intentar después cubrir un puesto dentro de la Policía Militar. Se alistó en Agosto de 1958 y fue destinado a la base militar de Lackland, Texas. Fue ahí donde los otros reclutas, ante la dificultad de pronunciar su nombre "Carlos", comenzaron a llamarle Chuck.

“Carlos Ray Norris, más conocido por Chuck Norris, nació en Oklahoma
el 10 de Marzo de
1940”
Al poco tiempo, a finales de 1959, le mandaron a una base militar de las fuerzas aéreas americanas en Osan, Corea. Este traslado, en un principio muy problemático, pues no podía llevarse consigo a Dianne (con la que se había casado recientemente), resultó ser determinante para la vida y el futuro de Chuck Norris. Nada volvería ser igual cuando regresara de Corea:
“En la base militar de Osan tan sólo tenías 4 actividades a las que dedicar tu tiempo libre: jugar a las cartas, irte a beber con otros reclutas, apuntarte a clases de formación académica o

aprender Judo. La mayoría de los reclutas elegían las dos primeras opciones, yo elegí la última. El por qué es bastante simple: a nuestros instructores militares les importaba muy poco si entrenabas o estabas en forma, en cuanto tenían ocasión, te machacaban físicamente hasta dejarte exhausto. Por lo tanto, decidí practicar Judo (el único arte marcial que era conocido en esa época) para desarrollar mis capacidades físicas y de paso, intentar vencer la inseguridad que me caracterizaba”.
En una visita que realizó al pueblo de Osan, un extraño espectáculo atrajo su atención: rodeados

Imágenes curiosas de un joven Chuck Norris en su etapa de competidor.
Perteneció a la élite de la revolución del Karate Contacto, junto con Mike Anderson y otros grandes nombres de ese tiempo, que “desjaponizaron” el Arte Marcial y dieron vida a un nuevo concepto del deporte

por gran cantidad de curiosos, unos jóvenes coreanos estaban realizando una demostración de Artes Marciales, ejecutando increíbles patadas de todas las facturas, circulares, en giro, en salto, etc. Norris quedó francamente impresionado por lo que veía, jamás había pensado que el cuerpo humano fuera capaz de realizar tales proezas.
Después de mucho insistir, Norris logró ser aceptado del Maestro coreano Jae Chul Shin, en las clases de Tang Soo Do, que así se llamaba el Arte Marcial que practicaban aquellos jóvenes).
Recuerda Norris, con una sonrisa:
“Shin impartía el entrenamiento al estilo tradicional, es decir, cinco horas diarias de lunes a sábado. Éramos cerca de 20 alumnos, la mayoría coreanos cinturones negros y unos pocos americanos. Los comienzos fueron especialmente duros. Shin y sus alumnos sabían muy poco de psicología pedagógica. No había término medio: o te gustaba y apasionaba hasta dejarte el alma en cada entrenamiento, o al cabo de una semana te largabas echando pestes. Afortunadamente, fui desde el principio hasta el final un alumno asiduo y perseverante. Se puede decir sin ánimo de exagerar, que las Artes Marciales cambiaron mi vida. A los pocos meses de entrenar,

Bruce Lee lanzó su carrera en el Cine, en la que dejó profunda huella a lo largo de una larguísima trayectoria. Fotos durante la grabación, algunas curiosas, con la toma falsa a la derecha. Arriba con Bob Wall, que sería su amigo durante años.


comencé a sentirme mucho más seguro de mí mismo y me volví más comunicativo y sociable con los compañeros de la base. ¡Incluso me eligieron en una ocasión como "el soldado del mes"!.
Cuando en Marzo de 1961, Norris tuvo que abandonar Osan para regresar a los Estados Unidos, ya poseía el Cinturón Negro de TangSoo Do y el Cinturón Marrón de Judo. De regreso a su casa fue nombrado sargento de la Policía Militar, en la base aérea de Riverside. Entonces decidió compaginar su carrera en el ejército con su pasión por las Artes Marciales. Siguió recibiendo clases de Judo (incluso compitió en diferentes torneos interestatales) mientras practicaba el TangSoo Do por su cuenta, al no conocer a ningún maestro que enseñara este estilo.
Comenzó entonces a dar clases de "Karate", ya que por la época si hablabas de Tang Soo Do, la gente pensaba que te referías a alguna comida oriental, por lo que Norris se vio obligado a utilizar un término mínimamente conocido como "Karate". Sus primeros alumnos fueron sus hermanos, sus primos y militares de su base. Pronto se dio cuenta que había muchísima gente interesada por las Artes Marciales, por lo que en 1962 abandonó el ejército y decidió dedicarse de pleno a la enseñanza. Abrió un pequeño gimnasio, pero las cosas no iban como esperaba:

“Si realmente quería triunfar como profesor de Artes Marciales, tenía que ganar unos cuantos torneos nacionales. Era la única manera de darme a conocer en este mundillo y de captar la atención de la prensa especializada”.
Por extraño que parezca, Chuck Norris salió derrotado en sus dos primeros intentos de proclamarse campeón. Lejos de dejarse llevar por el desánimo, demostró una vez más que la perseverancia y la fe en uno mismo dan, tarde o temprano da sus frutos; así es como en 1964 se proclamó vencedor del torneo de Los Ángeles. Fue el principio de una extraordinaria carrera deportiva, en la que Chuck Norris puso pronto de moda las patadas en giro, que le dieron más de un título. Él y sus alumnos, empezaron a arrasar allá donde fueran. Por fin, en Agosto de 1966, se le presentó la oportunidad de competir en el torneo más prestigioso de la época: “Los Internacionales de Long Beach”, organizados por Ed Parker, oportunidad que no desaprovechó, ya que regresó a casa con el título de los pesos medios.
Es entonces cuando Chuck Norris entendió que si había tenido que sudar sangre para llegar hasta la cima, mucho más le iba a costar mantenerse entre la élite. Así pues, decide entregarse en cuerpo y alma a las Artes Marciales. Comenzó a entrenar con los mejores profesores de Karate de la Costa Oeste: Fumio Demura, experto en Shito Ryu;




Hidetaka Nishiyama, Maestro de Shotokan y con Tutamu Oshima, del que guarda un recuerdo muy especial:
“Oshima era extremadamente duro. El nivel que imprimía a sus clases era muy impresionante; con él aprendí a superar las limitaciones que impone el propio cuerpo y a basar el progreso físico y técnico en el poder de la mente, a través del sacrificio y del sufrimiento”.
También entrenó Hapkido y Aikido con el Maestro Jun Chung y Ju Jitsu con Al Thomas. Bajo la tutela de Ed Parker aprendió Kenpo-Karate y Gene Lebell, experto en Lucha Americana, Judo, Boxeo y Karate, le proporcionó una buena base de lucha en la corta distancia y en el suelo.
El talento de Norris y las enseñanzas de tales maestros le permitieron, en 1967, revalidar su título de Campeón del peso medio y además, llevarse el título de Campeón de todos los pesos, ganando al célebre Joe Lewis. En este campeonato es donde conoce a Bruce Lee.
A este torneo se sucederían otros, convirtiéndose en el gran coloso de la competición americana. Sobre su éxito en estos eventos deportivos, declararía:
“Hay tres facetas para ser un ganador: la mental, la física y la psicológica. Me preparo mentalmente conociendo los puntos débiles y fuertes de mi oponente y así los aprovecho. Cuando me encuentro mentalmente preparado, puedo ver y estoy consciente de todo lo que pasa a mí alrededor. Me preparo psicológicamente creyendo en mi habilidad y en que puedo vencerle. Me preparo físicamente entrenando con ahínco y de esa forma, ejecutar mis técnicas de la mejor forma posible. Cuando estoy en excelentes condiciones, con frecuencia le pego a mi oponente, antes que mi cerebro lo registre. Donde veo un hueco, por allí entro”.
A raíz de conocer a Bruce Lee, empezaron a entrenar juntos de tres a cuatro horas, una o dos veces por semana. Así nació su amistad. Norris logró convencer a Bruce de que siempre podía ser útil saber patear alto (Bruce por esa época muy influenciado por el Wing Chun, tan sólo pegaba patadas de la cintura para abajo) y le enseñó varias técnicas, a cambio de las cuales el Pequeño Dragón le explicó la mecánica del golpeo directo en el Wing Chun, que Norris enseguida incluyó en su repertorio de combate.
El primer papel que Chuck Norris realiza en una película, lo consigue gracias a Bruce Lee, cuando una mañana de 1968 éste le llama y le dice:
“Chuck, puedo conseguirte un pequeño papel ideal para ti: tendrías que hacer de guardaespaldas de la actriz Elke Sommer, en la película "The Wrecking Crew". ¿Te interesa?".




En esta película actuaban también Dean Martin y Sharon Tate... Evidentemente, a Norris le interesaba enormemente. Pero la primera oportunidad de una participación seria e importante en el mundo del 7º Arte no llegaría hasta que en 1972, Bruce Lee le llamó desde Hong Kong, proponiéndole el papel de co-protagonista de su próxima película "El furor del dragón". Aunque Norris gozaba ya de bastante popularidad, no desaprovechó la oportunidad que Bruce Lee le ofrecía, de darse a conocer por todo el mundo e introducirse en la industria del cine. Norris viajó a Roma y después a Hong Kong, para filmar con Bruce Lee, lo que se ha llegado a denominar "El combate del siglo", su duelo en el Coliseo, rememorando a los antiguos gladiadores.
Después de haber ganado prácticamente todo, Chuck Norris dejó de competir a principios de 1974, para dedicarse plenamente a su labor de profesor de Artes Marciales.:
“Algunas veces, saber cuándo retirarse de algo es casi tan importante como saber cuándo empezar. A los treinta y cuatro años de edad, había mantenido el título de Campeón Mundial de Karate durante seis años consecutivos. Yo ya no sentía la necesidad de volver a competir, así que decidí dedicarme de lleno a la enseñanza de las Artes Marciales. Ya sea que la decisión estuvo influenciada por la muerte de Bruce Lee o simplemente por el deseo de retirarme cuando estaba en la






cima, no estoy seguro, pero oficialmente me retiré de los Campeonatos de Karate en 1974, abandonando el cuadrilátero como seis veces campeón mundial profesional del peso medio”. Tras su retirada, se asoció con Bob Wall y juntos abrieron varias escuelas. Norris se ocupaba de dar clases y Bob se encargaba de llevar el negocio. Pero aquello no funcionó. Después del estreno de “El furor del Dragón” en Norteamérica, su fama se acrecentó y en 1977, protagonizó “El poder de la fuerza”, seguida un año después por “Los valientes se visten de negro”. Tras la muerte de Bruce Lee, el trono del “rey de las artes marciales” había quedado vacante y parecía que ningún oriental tuviera el suficiente talento para ocuparlo… Entonces, Hollywood buscó una alternativa: Por lógica, el único occidental con fama y conocimientos
marciales para ocuparlo en aquella época, era Chuck Norris. Era evidente que el público estaba harto de tantas películas orientales, hacía falta un actor occidental con el que el público se sintiera identificado. “Fuerza 7” fue su siguiente trabajo (donde actúa junto a Bill Wallace) y “Duelo final”, “Golpe por golpe”, entre otros. Si bien la primera etapa de su filmografía se reduce básicamente a películas de Artes Marciales, a principios de los 80, Norris va a intentar cambiar el papel en el que le encasillaban y dedicarse a protagonizar películas de acción, en la línea de Stallone o Schwarzenegger; “Desaparecido en combate”, “Invasión USA”, “McQuade, lobo solitario”, "Código del silencio" y “Delta Force”, son un buen ejemplo de la segunda etapa cinematográfica de Chuck Norris. Respecto a este cambio Norris comenta:



“A mediados de los 70, enseguida me encasillaron como un karateca-star. Mi propósito fue el romper con ese tópico y para ello me tuve que alejar bastante de las Artes Marciales cinematográficas, pero creo que ya he logrado hacerme un nombre entre los más grandes del cine de acción y ya puedo pensar seriamente en volver a incluir muchas Artes Marciales en mis películas”.
En 1987, antes de comenzar el rodaje de “Braddock, Desaparecido en combate III”, Chuck Norris tuvo una experiencia que cambiaría por completo su concepto en artes marciales:
“Bob Wall y yo viajamos a Río de Janeiro, Brasil, en un viaje para bucear. Mientras andábamos por allí, quise conocer los diferentes estilos de Artes Marciales que se practicaban en el país. Entrenamos en varias academias y en todo lugar donde íbamos, alguien nos contaba acerca de la asombrosa familia Gracie, unos íconos locales de Jujitsu. “Nadie se mete con los Gracies” - decían todos. “¡Esa gente es muy ruda!” Bob y yo decidimos que queríamos conocer a la familia Gracie y empezamos a buscar su academia en Río. Allí conocimos a Helio Gracie, el padre del clan, un hombre pequeño, de poco más de setenta años y a su hijo Rickson, uno de los más jóvenes de los Gracies, era el líder. Bob y yo les pedimos entrenar con ellos y los Gracies amablemente y con gusto aceptaron. Con anterioridad, yo había aprendido algo de Jujitsu en los Estados Unidos, con Gene LaBelle y soy cinturón negro en Judo, por ello sentía que podría mantenerme a buen nivel con estos muchachos. Pero cuando entramos en el tatami, rápidamente descubrí que todos los movimientos de Artes Marciales que conocía, no eran efectivos contra los Gracies. ¡Era como si nunca en mi vida hubiera hecho Artes Marciales! Fue la experiencia más humillante que he tenido como practicante de Artes Marciales. ¡Esos tipos me dejaron por el suelo! Helio Gracie entró en el tapiz y quería que realizáramos un combate. Luchamos por toda el tatami y por un momento pude estar encima de él. Entonces el señor Gracie me dijo:
“Chuck, pégame”.
“Oh no, señor Gracie, no le voy a pegar…”
“No hay problema. Adelante, pégame”, insistió el anciano.
Le dije: “Bueno... si Vd. lo quiere…
Mientras levantaba mi brazo... - y eso es lo último que recuerdo, el me noqueó. Cuando desperté y miré a mí alrededor, pensé que el anciano me había hecho una llave en el cuello y me había dejado inconsciente. Me parecía que mi garganta me dolería durante días. El señor Gracie sonrió y me dijo:
“Chuck, quédate aquí en Río, con nosotros y te haré uno de los mejores practicantes de Jiujitsu del mundo”.
“Gracias, señor Gracie, pero de verdad, tengo que volver a los Estados Unidos” - le dije mientras trataba de tragar. Iba a comenzar el rodaje de otra película y por eso no podía quedarme más tiempo en Brasil.”
Sin embargo aquella experiencia le marcaría hasta el punto que cuando tuvo ocasión, empezó a entrenar Brazilian Jiu Jitsu con los hermanos Machado y en alguna ocasión, con los Gracies…
“Desde 1978 he encabezado una organización de practicantes de Artes Marciales cinturones negros, conocida como la “Federación de las Artes de Lucha Unidas”. Cada año, en Julio, invito a todos mis estudiantes cinturones negros a una convención en Las Vegas, donde entrenamos juntos durante varios días. Por diez años seguidos, empezando en 1993, los Gracies y los hermanos Machado han impartido seminarios en la convención”.
Remitiéndonos a su carrera cinematográfica, a finales de la década de los 80, la figura de Chuck Norris como actor y como artista marcial entró claramente en crisis. Sus últimas películas ("El Héroe y el Terror", "Hitman") no obtuvieron el éxito esperado. En España, por ejemplo, estas producciones salieron directamente al mercado videográfico, sin estrenarse en las salas de cine.


A pesar de todo, seguía siendo muy popular en los Estados Unidos. Como amigo personal del ex-presidente Bush, desarrollando un amplio programa de lucha anti-droga, mediante la enseñanza de Artes Marciales a los jóvenes de los barrios marginales…
En 1992, cuando parecía que otros “héroes” del cine marcial y de acción le cogían la delantera, le propusieron un proyecto arriesgado: una serie de televisión, cuyo personaje evocaba al personaje que había interpretado en "Mc Lobo solitario":
“Mientras estaba en Israel filmando la película Hellbound, en 1992, mi representante, Mike Emery, me llamó y me preguntó si estaría interesado en hacer una serie semanal, llamada “Walker - Texas Ranger” con la CBS. Una historia moderna de un ranger tejano, que tiene valores chapados a la antigua y que representa el bien contra el mal. Al principio no estaba muy interesado, pero Mike me motivó cuando me dijo que la serie era sobre un oficial de la ley tipo vaquero, que luchaba contra el crimen en la ciudad moderna de Tejas.
“Déjame pensarlo Mike. No estoy seguro de que quiera hacer televisión” - le dije –“Después de todo, sería un gran riesgo. Además, si la serie no tiene éxito, podría afectar mi carrera en el cine”.
En alguna ocasión Chuck Norris había declarado que se había sentido muy identificado y cómodo con el personaje que había interpretado en “Mc Lobo solitario. La idea de la serie le seducía pero si no obtenía el éxito que se esperaba, tal y como iba su carrera en los últimos tiempos, un fracaso podría traerle fatales consecuencias. Chuck Norris había tomado muchas decisiones



arriesgadas a lo largo de su vida y “casi” siempre le habían salido bien y aquella ocasión, no fue una excepción… Aceptó protagonizar la serie…
“Walker se convirtió en la serie más exitosa de la televisión de los sábados por la noche, desde la legendaria serie Gunsmoke. No era de sorprender que muchos críticos de la televisión la catalogaran como muy violenta. Estaba decepcionado, pero no estaba molesto. Nosotros teníamos un ambiente tipo vaquero de antaño en el programa y nuestros personajes frecuentemente se metían en peleas y disparaban pistolas y por supuesto, Walker ganaba muchos altercados, incorporando sus conocimientos de Artes Marciales. Eso hizo que algunas personas lo consideraran violento. Lo que los críticos decidieron ignorar, era el hecho que los buenos en Walker nunca usaban la violencia, si había otra forma de arrestar a los criminales y aún en esas circunstancias, siempre mostrábamos que la violencia usada era un último recurso y sólo como un medio de que el bien venciera al mal”.
La serie no sólo triunfó en Los Estados Unidos, sino que también lo hizo en aquellos países donde se estrenó, convirtiendo a Chuck Norris en el personaje a nivel marcial, más conocido por el gran público, superando su fama a la de Steven Seagal o Jean Claude Van Damme.
Walker, Ranger de Texas constó de 203 episodios de 45 minutos, fue emitida entre el 21 de abril de 1993 y el 19 de mayo de 2001, por la cadena Norteamericana CBS. A nivel internacional, fue retransmitida en más de 80 países de todo el mundo, con un promedio de mil millones de espectadores por episodio.
“El último episodio de Walker, Texas Ranger, un gran final de dos horas, fue el 6 de abril del 2001. Fue un momento muy emocionante para todos nosotros. Muchos en el reparto habíamos trabajado juntos durante ocho temporadas; éramos como una familia. Cuando terminamos nuestro último día de trabajo, hablé brevemente al personal y al reparto. No me atreví a hablar demasiado por temor a terminar llorando. Sin embargo, hubo bastantes lágrimas al ir diciéndonos adiós. Cuando cerramos el escenario de Walker, miré a mi esposa Gena y le dije: ¡Vamos a casa!. Cuando empezamos a trabajar para la serie, pensé que Walker tenía el potencial para mantenerse durante tres o cuatro años. ¡Nunca creí que pudiéramos llegar a ocho! La CBS hubiera continuado otro año más, pero en ese momento, Gena estaba embarazada y yo no quería estar atado a los horarios rígidos de la serie. Gena iba a tener gemelos y yo sabía que iba a necesitar mi ayuda”.
Tras el nacimiento de los gemelos, Chuck Norris, prácticamente se retiró, protagonizando esporádicamente alguna película (estreno de televisión) vinculada a su serie. En el 2005 rodó la película “El mediador”, que pasó prácticamente desapercibida. Desde entonces casi no ha salido de su rancho “Lone Wolf” en Napisota, Tejas. Cuando lo ha hecho ha sido sólo para algunos actos públicos. En 2012 accedió a participar en “Los mercenarios II”, siendo este su último trabajo.
A sus 74 años, ahora tan sólo quiere tranquilidad y disfrutar de su familia. Los que han tenido el honor de conocerle, saben que es un SEÑOR, que es el GRAN CABALLERO, con mayúsculas, de las Artes Marciales. Quienes han tenido el privilegio de conocerle y tratarle, lo pueden corroborar, dejando el listón altísimo como Persona y Maestro, de los que pocos quedan en esta última materia.





La vocación tras la rendición
¿Qué debe hacer un Guerrero una vez que se ha rendido a Cristo?
Hay un momento en la vida de un hombre que las palabras apenas pueden expresar. No es ruidoso, aunque pueda sacudir los cielos. No es visible para el mundo, aunque lo cambie todo. Es el momento en que un hombre, tras pasar toda su vida luchando, esforzándose, conquistando, resistiéndose y aguantando, finalmente llega al límite de sí mismo y se inclina—no ante otro hombre, no ante el dolor, no ante el fracaso, sino ante Dios.
Ese momento no es debilidad. No es derrota. No es el colapso de la fuerza, sino la revelación de su límite. Es el desmoronamiento de la ilusión. Es la muerte del orgullo. Es la comprensión de que ninguna cantidad de poder, intelecto, disciplina o logros mundanos puede llenar el vacío dentro del alma que fue creada solo para Dios.
Y después de ese momento —después de las lágrimas, después del quebrantamiento, después de la rendición— surge una pregunta que brota silenciosamente desde lo más profundo del corazón, pero que lleva consigo todo el peso de la eternidad:
Ahora que me he rendido a Jesucristo como mi Señor y Salvador, ¿qué hago?
Esta pregunta no es tan sencilla como parece. De hecho, es una de las preguntas más difíciles e importantes que una persona puede plantearse jamás. Porque una cosa es postrarse ante Dios. Y otra cosa muy distinta es levantarse de nuevo y vivir el resto de tu vida de acuerdo con esa rendición. Muchas personas llegan a un momento de convicción. Muchas incluso llegan a derramar lágrimas. Pero rendirse verdaderamente significa que el resto de tu vida ya no te pertenece. Significa que ya no te preguntas qué quieres, qué prefieres, qué satisface tu ambición o qué beneficia a tu imagen. La única pregunta que queda es: ¿Cuál es Su voluntad?
Cuando me acerqué a Cristo por primera vez, luché profundamente con esta pregunta. Pensé que tal vez la respuesta era obvia. Quizás, para servir verdaderamente a Dios, tendría que abandonar todo lo que había conocido y todo lo que había heredado. Quizás tendría que renunciar a mi liderazgo en Hwa Rang Do®. Quizás tendría que alejarme del legado de mi padre, de la carga de mi linaje y del camino que había definido cada aliento de mi existencia desde la infancia.

Me planteé si debía ingresar en un seminario, convertirme en pastor y dedicar el resto de mi vida a predicar desde un púlpito. En mi mente, esta parecía ser la forma más directa y noble de servir al Señor. Pero esa suposición, aunque sincera, se basaba en una visión limitada del servicio. Era una forma de pensar humana, no divina.
Mientras permanecía aislado, inmerso en las Escrituras, la oración y un sinfín de sermones, empecé a ver algo que antes no había logrado comprender. Vi a hombres y mujeres de todos los ámbitos de la vida siendo utilizados por Dios. Vi a predicadores, sí, pero también vi a personas quebrantadas, personas arruinadas, personas olvidadas: hombres en celdas de prisión cumpliendo condenas de por vida sin posibilidad de libertad condicional, hombres a quienes el mundo había descartado como irremediables, hombres que habían cometido graves errores y, sin embargo, tras aceptar a Cristo, predicaban el Evangelio tras las rejas y llevaban a otros presos a Dios. Allí estaban, encerrados entre hormigón y acero, condenados exteriormente, y sin embargo espiritualmente más libres que muchos de los que caminaban por la tierra. Vi que Dios no los había abandonado. No había dicho: «Porque estás aquí, no puedes servirme». Al contrario, había transformado el mismo lugar de su juicio en el terreno de su ministerio.
Y eso me impactó con una fuerza tremenda.
Si un hombre en prisión puede servir a Dios, si alguien sin libertad terrenal puede cumplir el propósito divino, entonces está claro que no hay una única forma de servir al Señor. Hay muchas formas. La cuestión no es la forma. La cuestión es la obediencia.
Entonces las palabras de Cristo y de los apóstoles cobraron vida de una manera nueva. Se nos dice que el cuerpo de Cristo está compuesto de muchas partes. El ojo no es la mano. La mano no es el pie. El oído no es la boca. Sin embargo, ninguna es mayor, ninguna es prescindible, y ninguna puede decirle a la otra: «No te necesito». El cuerpo es uno porque el Espíritu es uno, aunque las funciones sean muchas. Esta es una verdad simple, pero de profundas consecuencias. Los seres humanos siempre estamos tratando de clasificarnos. Queremos saber quién es más importante, quién tiene el papel más santo, quién hace la mayor contribución. Pero Dios no ve como ve el hombre. El que predica desde un púlpito no es más grande que el que sirve fielmente en la oscuridad. El que enseña las Escrituras no está intrínsecamente por encima del que las encarna a través del sacrificio, la disciplina, la veracidad y el valor. Cada parte tiene su lugar. Cada alma tiene un llamado. La cuestión no es si mi vocación se parece a la tuya. La cuestión es si estoy dispuesto a hacer la voluntad de Dios en el lugar donde Él me ha puesto. Esta comprensión comenzó a abrirme los ojos. Cristo, cuando le preguntaron cuál de los mandamientos era el más importante, no dio una respuesta centrada en el ritual, el título o la institución. Redujo todo a su esencia. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y el segundo es semejante a éste: ama a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas. Todo se basa en el amor. Aquí es donde mucha gente malinterpreta la obediencia. Creen que la obediencia significa sumisión bajo amenaza. Creen que obedecer a Dios es actuar por miedo: miedo al castigo, miedo al juicio, miedo al infierno. Pero el miedo puede refrenar el comportamiento sin transformar el corazón. El amor es lo que transforma el corazón. Un niño que ama a sus padres no obedece simplemente porque teme las consecuencias. Obedece porque anhela complacer a quienes ama. Puede que falle. Puede que no esté a la altura. Puede que los decepcione. Sin embargo, si el amor es verdadero, entonces su deseo no es rebelarse, sino hacerlo mejor. Y cuando tropieza, unos padres amorosos lo perdonan, lo corrigen y lo aman igual. Me di cuenta de que esto no es más que un pálido reflejo de nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Cristo dice: «Si me amáis, guardad mis mandamientos». No dice: «Si me teméis». No dice: «Si queréis evitar el castigo». Dice: «Si me amáis». Eso lo cambia todo. El motivo ya no es el terror, sino la devoción. No nos esforzamos porque nos imaginemos perfectos. Nos esforzamos porque amamos. Nos esforzamos porque la gracia nos ha abierto el corazón. Nos esforzamos porque, después de ver quién es Él y lo que ha hecho, ¿cómo no vamos a desear ofrecer lo mejor de nosotros mismos? Sin embargo, incluso cuando esto se me estaba haciendo más claro, seguía habiendo en mi mente un nudo con el que había luchado durante muchos años: una pregunta que durante mucho tiempo había alimentado mi orgullo y había sido una barrera para mi entrega. Era la cuestión del libre albedrío.


¿Cómo puede el hombre poseer libre albedrío si Dios es omnisciente, omnipotente y está más allá del tiempo? Si Dios lo sabe todo —lo que hemos hecho, lo que estamos haciendo, lo que haremos e incluso los pensamientos de los que nosotros mismos aún no somos conscientes—, entonces, ¿en qué sentido somos verdaderamente libres? ¿Es nuestro libre albedrío meramente una ilusión desde nuestra perspectiva limitada? ¿Estamos simplemente representando lo que ya ha sido visto y conocido en su totalidad? Esta pregunta me atormentaba. Más aún, alimentaba mi arrogancia. Pregunté a pastores, filósofos, intelectuales e incluso a uno de mis alumnos, que era profesor en una prestigiosa universidad cristiana. Ninguna respuesta me satisfizo plenamente. Y como no podía estar satisfecho, me aferré a la pregunta como si fuera una prueba de mi propia superioridad. Me refugié en la complejidad. Me escondí tras el intelecto. Confundí el misterio sin resolver con un motivo para resistirme a Dios.
Entonces, un día, solo, al aire libre, me fijé en un rastro de hormigas bajo mis pies. Era algo sencillo. Tan común que la mayoría ni siquiera le habría echado un segundo vistazo. Las hormigas se movían una tras otra en fila india. Vivían en una secuencia lineal, cada una en su propio momento, avanzando desde el principio hasta el final. Pero yo, desde mi punto de vista, veía toda la fila de una sola vez: la parte delantera, el medio, el final. De un solo vistazo percibí lo que, desde su perspectiva, se desarrollaba paso a paso.
Y de repente, algo se abrió en mi mente.
Vivimos en el tiempo lineal. Esa es la condición de nuestra existencia humana. Nos movemos del pasado al presente y al futuro en una sola dirección y no podemos escapar de ello. Pero Dios no está dentro del tiempo como nosotros. Él está fuera del tiempo. Lo ve todo: el principio y el fin, lo primero y lo último, todos los momentos a la vez en una simultaneidad eterna. Así como yo podía ver toda la fila de hormigas mientras ellas se movían dentro de ella, así también Dios ve toda la historia mientras nosotros vivimos en ella. Eso no significa que las hormigas no se estuvieran moviendo. No significa que no estuvieran eligiendo su camino. Simplemente significa que mi punto de vista superaba al de ellas. De la misma manera, la omnisciencia de Dios no niega nuestra experiencia de elección. La trasciende.
Entonces me vino otro pensamiento, aún más humillante. Mientras observaba a esas hormigas, me di cuenta de que tenía poder absoluto sobre ellas. Podría aplastarlas. Podría ahogarlas. Podría destruirlas en cualquier momento. Estaban completamente indefensas bajo mi mirada. Y, sin embargo, las dejé vivir. En ese momento sentí, en la más mínima fracción, lo impotentes que somos ante Dios, y lo paciente que es Él con nosotros. Le desafiamos, le ignoramos, le maldecimos, nos exaltamos contra Él, y aun así Él nos permite vivir. Actuamos como si fuéramos soberanos, como si nos hubiéramos hecho a nosotros mismos, como si nuestro desafío fuera fuerza, y sin embargo somos tan indefensos como las hormigas ante nuestro Creador. Y aun así, Él nos ama.
Esa comprensión me quebrantó de una manera que ningún argumento jamás podría haberlo hecho. No respondió a todas las preguntas filosóficas, pero destrozó el orgullo que se escondía tras ellas.
Hubo otro tema con el que luché intensamente tras mi rendición, y fue la cuestión de la fe en sí misma. Me reuní con el maestro coreano que una vez me había desafiado a leer la Biblia: el mismo hombre a quien Dios utilizó como instrumento en mi camino hacia Cristo. El encuentro en sí mismo me pareció providencial. Él no tenía intención de quedarse en Los Ángeles, pero debido a una grave lesión en la espalda no pudo volar y tuvo que quedarse durante semanas. Así se abrió la puerta para que nos reuniéramos en un pequeño restaurante coreano en Koreatown. Estaba emocionado, rebosante de gratitud y preguntas. Sin embargo, entre todas las cosas que discutimos, un punto se convirtió en el centro de nuestro desacuerdo: la fe.
Argumenté lo que la mayoría de la gente da por sentado: que la fe significa creer en algo que no se puede demostrar. Así es como el mundo suele definirla. Razoné que esa era mi ofrenda a Dios, mi «acto de fe», mi disposición a confiar incluso sin pruebas. Pero él me desafió con dureza. Insistió en que, si creía sin haber resuelto mis dudas y preguntas, entonces no era verdadera fe en absoluto. Eso me enfureció. Discutí con vehemencia. Pensaba que mi disposición a dar el salto a pesar de la incertidumbre era noble, incluso hermosa. Sin embargo, sus palabras se me quedaron grabadas, porque en algún lugar de mi espíritu intuía que había algo más profundo que él intentaba decirme.
Así que estudié más. Mucho más. Me sumergí en debate tras debate, argumento tras argumento, explorando el cristianismo frente al ateísmo, el cristianismo frente al islam, el cristianismo frente al judaísmo, los argumentos a favor y en contra del diseño inteligente, la teoría de la evolución, el ajuste fino del universo, la física, la biología, las pruebas históricas, las pruebas arqueológicas, las afirmaciones geológicas, las objeciones filosóficas… todo lo que pude encontrar. No fue cuestión de un día o una semana. Me llevó años. No estaba dispuesto a renunciar a mi

intelecto. Había que afrontar cada objeción. Había que sacar a la luz cada duda. Y lo que llegué a comprender a través de todo ello fue algo a la vez sencillo y devastador: no hay nada en este mundo que tenga una prueba absoluta tal y como muchos exigen de Dios. No vivimos de pruebas absolutas. Vivimos del juicio razonado, de la evidencia, de lo que está más allá de toda duda razonable.
Incluso en nuestro sistema judicial, se puede condenar a muerte a alguien no porque se hayan eliminado todas las dudas posibles, sino porque el caso se ha establecido más allá de toda duda razonable. Sin embargo, cuando se trata de Dios, la gente exige un estándar imposible. ¿Por qué? Porque una prueba absoluta no dejaría lugar para la rebelión del corazón. La cuestión no es la evidencia. La cuestión es la rendición.
Este fue otro gran punto de inflexión para mí. Llegué a comprender lo que había querido decir aquel maestro coreano. La fe no es irracionalidad. La fe no es una tontería ciega. La fe no es un deseo sentimental. La fe es una convicción establecida más allá de toda duda razonable, al tiempo que se reconoce que la mente humana es finita y nunca puede alcanzar la certeza absoluta como lo hace Dios. La fe no es contraria a la razón; es la conclusión legítima de la razón llevada a la humildad.
Al mismo tiempo, comencé a leer la Biblia con una disciplina inquebrantable. Me comprometí a leer al menos un capítulo tres veces al día. Esto era algo que comprendí gracias al Hwa Rang Do. La disciplina se me había inculcado a fondo a través del entrenamiento y de mi padre. Así que apliqué esa disciplina a las Escrituras. Tres veces al día, pasara lo que pasara. En realidad, no era la primera vez que intentaba leer la Biblia. Lo había intentado antes y había fracasado. Me parecía difícil, árido, incomprensible. Pero esta vez fue diferente. Las palabras cobraron vida. Saltaron de la página y entraron en mi corazón. Empecé por el Nuevo Testamento, y a menudo me encontraba llorando. Cristo dice: «Que los que tengan oídos oigan, y los que tengan ojos vean». Todos tenemos oídos. Todos tenemos ojos. Pero no todos oyen de verdad, y no todos ven de verdad. Él se refiere al corazón. A menos que el corazón desee la verdad, a menos que busque verdaderamente a Dios, los oídos permanecen sordos y los ojos ciegos, por muy bien que funcionen físicamente. Pronto, un capítulo tres veces al día se convirtió en tres capítulos, luego en cuatro, luego en diez. Pasé al Antiguo Testamento, que era más difícil: lleno de historia, geografía, genealogía, ley. Sin embargo, incluso allí empecé a ver algo extraordinario. La Biblia no era meramente una instrucción moral. Era historia, profecía, el relato del desarrollo de la humanidad desde la creación hasta la consumación. Y cuanto más leía, más convencido estaba —no solo por la emoción, sino por la totalidad de su coherencia, profundidad y verdad— de que era, en efecto, la Palabra de Dios.
Así que, una vez que por fin pude decir, no por sentimentalismo sino con convicción, «tengo fe en Jesucristo», la pregunta volvió con aún mayor fuerza: ¿Cuál es, entonces, mi vocación?
Es en este punto donde muchas personas se equivocan. Asumen que el llamado significa elegir alguna nueva identidad religiosa para sí mismas. Pero no somos nosotros quienes elegimos a Dios en el sentido más verdadero; es Él quien nos llama. Se nos da la libertad de aceptar o rechazar, de abrazar o resistir, pero la iniciativa es siempre Suya. Y si Él nos ha llamado, entonces el propósito no es escapar de quienes somos, sino convertirnos en quienes estamos destinados a ser bajo Su señorío.
Esa comprensión no me alejó del Hwa Rang Do, sino que me llevó de vuelta a él con una nueva perspectiva.
Durante años había enseñado, guiado, disciplinado, escrito, construido, corregido y sacrificado a través del Hwa Rang Do. Sin embargo, ahora, tras la rendición, volví a examinar —más profundamente que nunca— sus valores, virtudes y propósito. Y lo que encontré no fue contradicción, sino alineación. El Camino de los Hwarang, en su forma verdadera y más elevada, no se oponía a Cristo. Era una preparación para comprender profundas verdades espirituales. No era la salvación en sí misma, nunca eso; sino un vehículo a través del cual se podían cultivar la disciplina, el sacrificio, el valor, la lealtad, la veracidad y la entrega de uno mismo. Estas cosas encuentran su perfección no en los logros marciales, sino en Cristo.
Y entonces llegué a ver algo que antes no había comprendido del todo: toda la lucha humana tiene su raíz en el libre albedrío. Lo que separa al hombre de otras criaturas no es meramente la inteligencia


en el sentido práctico, sino la conciencia de sí mismo y la capacidad de elegir en contra del instinto. Un animal sigue el apetito, la supervivencia, el impulso. Pero el hombre puede saber lo que es bueno y negarse a hacerlo. Puede saber lo que es malo y elegirlo de todos modos. Esta es la tragedia y la gloria de la libertad humana. Somos capaces de razonar, de tener conciencia, de aspirar y de trascendernos a nosotros mismos, pero también de rebelarnos, corrompernos, ser crueles y autodestruirnos.
Entonces, ¿qué se requiere para que el hombre haga lo correcto de manera constante?
Una palabra: disciplina.
La disciplina no es un castigo. La disciplina es el entrenamiento para hacer lo correcto. Es el cultivo de la voluntad para que la acción correcta sea posible incluso cuando la emoción, el miedo, el deseo o la conveniencia impulsen lo contrario. Me di cuenta de que esto es el corazón del Hwa Rang Do. Más allá de todas las técnicas, formas, entrenamiento de combate y rigor físico, el verdadero propósito es la disciplina. Más concretamente, la autodisciplina: la capacidad de gobernarse a uno mismo de acuerdo con lo que es correcto, sin necesidad de fuerza externa.
¿Cómo enseñamos la autodisciplina? La enseñamos ayudando a las personas a comprender que cada elección tiene consecuencias. Las buenas elecciones producen buenos frutos. Las malas elecciones producen dolor, destrucción, pérdida y corrupción. Si el comportamiento negativo queda sin respuesta, si lo incorrecto se ignora, se tolera o se recompensa, entonces no estamos amando: estamos participando en el mal. Por eso la disciplina es una de las formas más puras de amor, aunque también sea una de las más incomprendidas y odiadas.
Durante toda mi vida, me pareció que me habían asignado ese papel. Quizás comenzó con mi padre, quien era en sí mismo un auténtico Hwarang: un guerrero feroz que defendía la justicia y hacía lo correcto sin importarle el coste. Como hijo mayor, se me dio la responsabilidad de cuidar de mis hermanos menores. Si ellos hacían algo mal, yo también sufriría las consecuencias. En aquel momento lo odiaba. Pero esa carga me moldeó. Me enseñó liderazgo, responsabilidad y el precio de la tutela.
Recuerdo que, de niño en Corea, cuando mi padre estaba en Estados Unidos trabajando para traernos allí, mi madre se quedó sola al cuidado de siete niños pequeños mientras trabajaba muchas horas. Un gélido día de invierno, reuní a los niños y decidí que ayudaríamos lavando la ropa. No había lavadora, ni tuberías en el interior, solo una bomba de agua manual en el patio. Trabajamos juntos y completamos lo que nos pareció una tarea heroica, tendiendo la ropa fuera con aire triunfal. Esperábamos ansiosos a que mi madre volviera a casa y nos elogiara. En cambio, cuando regresó, se encontró la ropa completamente congelada por el aire invernal. Sin una palabra de reproche, se cambió, hirvió agua al fuego, remojó y escurrió cada prenda, y las volvió a tender en la cocina. Durante años conté esa historia como un alarde de mi liderazgo infantil. Pero después de entregarme a Cristo, la recordé de otra manera. No vi la comedia, sino el rostro de mi madre. Vi el dolor, el cansancio, el sufrimiento silencioso escrito en él. Y lloré. Me di cuenta de que ella no nos castigó porque verla soportar las consecuencias de nuestro error era castigo suficiente. Eso fue disciplina mesurada. Eso fue sacrificio. Eso fue amor. Por eso la disciplina y el amor no pueden separarse. La mayoría de la gente piensa que el amor significa ser amable, afirmativo, permisivo, querido. Pero el amor verdadero se sacrifica. El amor verdadero sufre. La medida del amor no es el sentimiento. Es el sacrificio. Si das lo que no te cuesta nada, no hay sacrificio. Si das cuando es fácil, no hay sufrimiento. Pero cuando das lo que no tienes, cuando aguantas
por el bien de otro, cuando eliges lo que es correcto aunque te cueste la reputación, la comodidad, el afecto, la relación, incluso todo... entonces empiezas a comprender el amor. Y cuando nos sacrificamos, ¿qué recibimos a cambio? Sufrimiento. Ese es el precio del amor. Este es el camino de Cristo. «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16). La medida de su amor fue el sacrificio, y la experiencia inmediata del sacrificio es el sufrimiento. Este es también el verdadero camino de los Hwarang. Cada gran relato sobre los caballeros Hwarang es una historia de sacrificio, lealtad, sufrimiento y entrega por el rey, el país, la familia y la hermandad. Aquí, una vez más, no vi contradicción, sino una profunda armonía con el Evangelio.
Esto también me llevó a una sombría pero necesaria comprensión respecto a mi propia vocación. Quien disciplina — ya sea padre, maestro, mentor o líder— rara vez recibe gratitud. Más a menudo recibe rechazo, resentimiento, calumnias y abandono. Nadie alaba a quien debe corregir. Ningún niño dice: «Gracias por tu castigo». Ningún estudiante se alegra de ser puesto en evidencia. El disciplinario a menudo se convierte en un trapo que limpia la suciedad. El trapo mismo se ensucia. O como los hombres que recordaba de Seúl, que en la década de 1970 transportaban grandes cubos de desechos humanos por callejones estrechos. Hacían el trabajo que nadie deseaba hacer, un trabajo absolutamente necesario para que otros pudieran vivir con cierto grado de higiene y dignidad, y sin embargo ellos mismos eran rechazados porque olían a lo que transportaban. Esta imagen me perseguía porque me reconocía en ella. Durante años, tal vez toda mi vida, me resistí a aceptar que ese era mi papel. Quería ser amado, admirado, apreciado. Sin embargo, lo que Dios me estaba mostrando es que mi tarea no es caer bien. Mi tarea es hacer Su voluntad.
Y así, ahora lo veo más claro que nunca: mi vocación es disciplinar y ser disciplinado. Enseñar y encarnar lo que es correcto. Ayudar a otros a permanecer en el camino estrecho volviéndome lo suficientemente fuerte y valiente como para soportar el dolor que conlleva la obediencia. Perder el mundo, si es necesario, por el bien del alma. «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?»
Esa es la verdadera pregunta que se plantea todo guerrero tras la rendición.
Y, una última advertencia y recordatorio como artistas marciales que seguimos el camino del guerrero: para muchos que caminan por el camino de Cristo, existe la suposición inmediata de que seguirle es abandonar el camino del guerrero —que rendirse es deponer la espada por completo, retirarse del conflicto, volverse pasivo ante la adversidad. Pero esto no es lo que Cristo enseña.
Cristo no dice: «No levantes la espada».
Él dice: «Los que viven por la espada, por la espada morirán» (Mateo 26:52).
Y en esa distinción reside una verdad tan profunda que transformó por completo mi comprensión de lo que significa ser a la vez guerrero y siervo de Dios. Porque yo había vivido por la espada. No solo la había empuñado, sino que había vivido por ella. Hay una diferencia.
Vivir por la espada es depositar tu confianza en ella. Es creer —ya sea consciente o inconscientemente— que tu fuerza, tu habilidad, tu disciplina, tu voluntad… son suficientes. Que a través del dominio, puedes controlar los resultados. Que a través de la fuerza, puedes moldear el destino. Que a través de la pura determinación, puedes superar cualquier cosa que se interponga ante ti.
Yo creía esto. Y durante gran parte de mi vida, parecía ser cierto.
Cada obstáculo al que me enfrenté, lo ataqué. Cada des-

afío, lo superé. Cada limitación que se me presentó se convirtió en algo que romper. Me prosperé en la adversidad. Me alimenté de la resistencia. Construí mi identidad sobre la inquebrantable creencia de que nada podía detenerme. Pero lo que no logré comprender entonces —lo que solo llegué a comprender tras ser destrozado, despojado y puesto de rodillas— es que la espada puede ganar batallas… pero no puede salvar tu alma.
Y, al final, llega una batalla que la espada no puede ganar. Esta es la verdad inevitable a la que todo guerrero debe enfrentarse.
Como Hwarang, no estamos llamados a la debilidad. Esa nunca ha sido nuestra forma de ser. Nos forjamos a través de la disciplina, de las penurias, del entrenamiento implacable; no solo para hacernos fuertes, sino para hacernos capaces. Capaces de mantenernos en pie cuando otros caen. Capaces de actuar cuando otros dudan. Capaces de soportar cargas que otros no pueden llevar. Pero con esa vocación viene algo mucho mayor que la fuerza. Viene con consecuencias.
Ser Hwarang es aceptar que cada acción tiene su peso. Que cada decisión tiene un coste. Que cada vez que levantas la espada —ya sea física, mental o espiritualmente— entras en un reino donde los resultados ya no dependen de ti. Esto no es teoría. Es la realidad. Y es una verdad que he vivido.
Hubo momentos en mi vida en los que creí que mi papel era indispensable, que sin mí todo se desmoronaría, que era mi responsabilidad cargar con todo, arreglarlo todo, soportarlo todo. Pero esto también era una ilusión, una nacida del ego, enmascarada como deber. El guerrero debe enfrentarse a esta ilusión. Porque creer que todo descansa sobre tus hombros no es fuerza, es orgullo. Y el orgullo es precisamente lo que te ata a la espada. Cuanto más me adentraba en este camino, más empezaba a ver la paradoja del guerrero. El mundo ve la espada como poder. Pero la verdadera carga de la espada no es el poder, es la responsabilidad. Luchar es arriesgarse a perder. Liderar es asumir las consecuencias. Disciplinar es llevar el peso. Y vivir como un guerrero es aceptar que se te pedirá cuentas, no solo ante el mundo, sino ante Dios mismo. Por eso la advertencia de Cristo no es una condena de la espada, sino una revelación de sus límites. Porque si tu identidad se basa en la fuerza, cuando la fuerza falle, caerás. Si tu identidad se basa en el control, cuando te quiten el control, te derrumbarás. Y si tu identidad se basa en la espada… cuando la espada ya no sea suficiente, no te quedará nada. He visto cómo se desarrolla esta verdad no solo en mi propia vida, sino en las vidas de innumerables personas. Hombres que eran fuertes, pero estaban quebrantados. Hombres que eran disciplinados, pero estaban vacíos. Hombres que lograron todo lo que se propusieron conquistar… y, sin embargo, no encontraron paz en sus victorias. Porque vivían por la espada. Y la espada, por muy afilada que sea, no puede atravesar el vacío del alma. Aquí es donde el camino debe cambiar. No abandonando la espada, sino trascendiéndola. El guerrero inmaduro se aferra a la fuerza. El guerrero experimentado la refina. Pero el guerrero iluminado… ya no depende de ella. Porque comprende que la espada no es su fundamento. Dios lo es. Esta es la transformación que debe tener lugar tras la rendición. La espada permanece en la mano, pero ya no en el corazón. Sigues actuando. Sigues entrenando. Sigues luchando cuando es necesario. Pero ya no confías en estas cosas como tu fuente. Porque en el momento en que lo haces, vuelves al mismo ciclo. El ciclo del esfuerzo, del control, de la ilusión. El ciclo que viví durante décadas. El ciclo que, en última instancia, tenía que romperse. Y romper ese ciclo… requiere algo mucho mayor que la fuerza. Requiere rendirse.

No la rendición de la debilidad, sino la rendición del control. La rendición del ego. La rendición de la identidad. La rendición de la creencia de que tú eres quien determina el resultado. Porque la verdad —la verdad difícil, humillante y liberadora— es esta: tú no tienes el control. Nunca lo tuviste. Y una vez que aceptas esto… una vez que lo aceptas de verdad… ocurre algo extraordinario. La carga se alivia. La presión se disipa. Y, por primera vez, eres libre.
Este es el camino de los Hwarang después de Cristo.
No más débil, sino más claro.
No pasivo, sino alineado.
No dependiente de la espada, sino ya no esclavizado por ella.
Sigues recorriendo el camino de la disciplina.
Sigues aceptando las consecuencias de tus actos.
Sigues asumiendo la responsabilidad con honor.
«El que a la espada se entrega, de la espada perecerá».
Pero si vives para Dios… Entonces, incluso en la muerte, tendrás vida.
Porque una vez que Cristo se convierte en Señor, ya no te perteneces a ti mismo. Tus dones no son tuyos. Tu herencia no es tuya. Tu fuerza no es tuya. Tu sufrimiento no es tuyo. Todo ello se convierte en material para la voluntad de Dios. Algunos están llamados a predicar. Otros, a construir. Otros, a proteger. Otros, a liderar. Otros, a escribir. Otros, a disciplinar. Otros, a servir en silencio y sin ser vistos. Pero todos están llamados a amar a Dios por completo, a amar a los demás con sinceridad y a hacer lo correcto sin importar el coste.
Eso, ahora lo entiendo, es mi vocación a través del Hwa Rang Do.
No abandonarlo.
Sino redimirlo mediante la obediencia.
No ponerlo por encima de Dios.
Sino situarlo plenamente bajo Él.
No buscar mi propia gloria a través de él.
Sino utilizarlo como un medio para cultivar la disciplina, el valor, el sacrificio, la verdad y el amor en un mundo que se ahoga en la indulgencia, la cobardía, la confusión y la adoración de uno mismo.
Ahora sé que lo único que importa es lo que Dios piensa de mí. No lo que dice el mundo. No si la gente lo entiende. No si me alaban o me condenan. Mi deber es hacer Su voluntad, tanto si me gusta como si no, tanto si me eleva como si me humilla, tanto si gano seguidores como si los pierdo. Si, a través de mi sufrimiento, alguien más puede ser corregido, fortalecido, purificado o acercado un paso más a Dios, entonces ese sufrimiento tiene sentido.
Esto es lo que debo hacer ahora que me he rendido a Jesucristo.
Debo obedecer.
Debo amar.
Debo sacrificarme.
Debo sufrir bien.
Debo disciplinarme.
Debo perseverar.
Y, sobre todo, debo permanecer en el camino: no en mi camino, sino en el Suyo.
Porque, al final, la vocación más elevada del guerrero no es conquistar a los demás, sino conquistarse a sí mismo mediante la rendición al Señor de todo.



KICKTORO: DISCIPLINA OPERATIVA Y PLENO CONTACTO
Lo que hoy defiendo y practico, no nace de una teoría, sino de una vida dedicada al estudio del combate bajo presión. Mi carácter es de natural funcional, operativo, y mi experiencia el resultado técnico de miles de horas de entrenamiento al más alto nivel; todo ello forjado en escenarios donde no había lugar para el error, desde una base de utilización conjunta en los años 80, hasta la cruda realidad del trabajo en la noche.
El Yunque de la Disciplina: Volumen y Maniobras Conjuntas
Mi estructura se templó con la exigencia extrema de los CAI (Comandos de Acción Inmediata). Aquella no era una práctica convencional; eran jornadas de máximo rendimiento que comenzaban con 8 kilómetros de carrera y continuaban en la pista americana.
Sin embargo, el verdadero termómetro de nuestro nivel era el altísimo volumen de entrenamiento que alcanzábamos realizando constantes maniobras conjuntas. En esos despliegues, operando codo con codo con unidades de élite de otros ejércitos, aprendí la importancia de la coordinación y la adaptabilidad. Como francotirador en esas maniobras, sumé un tiempo incalculable de enfoque y control de las pulsaciones bajo estrés real. Esa precisión operativa es la columna vertebral de mi metodología: mantener la calma absoluta y la efectividad en el momento del impacto.

“Mi estructura se templó con la exigencia extrema de los CAI (Comandos de Acción Inmediata). Aquella no era una práctica convencional; eran jornadas de máximo rendimiento que comenzaban con 8 kilómetros de carrera y continuaban en la pista americana.”

Mi visión se nutrió de los mejores. Formarme en el equipo nacional, compartiendo sesiones con figuras como Jean Pierre Carbila, Oscar Zazo o los hermanos Torres, me enseñó lo que es la técnica pura. Pero ese bagaje me hizo también detectar rápidamente lo que odio de ciertos entornos marciales: la pérdida de tiempo en florituras, la rigidez excesiva que no sirve en el caos y el ego de quienes creen que un grado o un cinturón te protege de un golpe real.
En el gimnasio de base, junto a mi compañero Juan (Campeón de España de Boxeo en peso Wélter), pasamos el examen de la realidad. Nos medimos en un intercambio global constante contra especialistas de Karate Americano, Kenpo, Muay Thai y Full Contact. Allí no valían los gritos innecesarios ni las poses estéticas; o eras efectivo o te superaban. Esos años de choque me enseñaron a despreciar la marcialidad de escaparate. Comprendí que el karate solo es útil si es operativo.
A este bagaje se le suma la experiencia de haber trabajado en la noche. Es ahí donde se termina de pulir el carácter y donde más se detesta la teoría barata. La noche no perdona los errores ni los movimientos coreografiados.
El trabajo nocturno me enseñó a leer el lenguaje corporal y a aplicar el pleno contacto de forma selectiva. He visto cómo sistemas supuestamente infalibles se desmoronaban por falta de realismo. Por eso, mi enfoque huye de lo artificioso; se trata de dominar la distancia y gestionar el estrés cuando la situación se vuelve crítica y el "calor" del enfrentamiento es real.
Conclusión:
Tras décadas de experiencia, mi conclusión es directa: El Karate deportivo es solo una faceta, un juego de reglas y distancias controladas. El Karate funcional es el final del Karate, el punto donde la técnica se convierte en una herramienta operativa real. Pero es el Karate efectivo lo que realmente te da la realidad del calor; esa verdad que solo se encuentra cuando el enfrentamiento no tiene adornos y lo único que importa es salir vencedor. Mi trayectoria es el legado de esa evolución: Estar siempre listo, ser siempre preciso y mantener la mentalidad operativa por encima de todo.

