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Arquitectura 60 - 1922

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Com i sión Directiva de la Sociedad de A r qu i t ec-tos

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H erran J or ge. - Andes, 1431.

La m olle Juan C. - Cerrito, 365

M aini América E - Ci u da dela, 1274

Ma r ia n o Juan M. - 8 de Octub re , 231.

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M o reau Mario. - Reconquista , 416. Molins Carlos A. - Olivos, 997

M uñ oz Al berto - Agracia-da, 2704

N adal P e dro. - Río Negro, N úñez Dulio Jacint o. - 2399.

N oceto Lut's. - ·Cerrito, 685.

Pérez M antera Carlos. - Reconquis ta, 416

P i tamigl io Humb ert o - Ejido, 1392

PoZanc o Mu s so Luis. - Cont. Colonia 52

Rufz Alejandro. - Río Negro, 1445

R oc c o Danie l. - Buenos Aire s, 519 bis

R o drí gue z Larreta Carlos -= Pliedras , 421.

R í us Juan Antonio. - 18 de Jultto, 1698.

R o drígue z Héctor L - Juan Pau1nier 1385 . Rubio Antonio. - T!fistán Narvajas, 1121. Sanguin e tti D o m i n g o - Avenida Candlones, 675

Sc asso Juan A. - Cebolla.ti 2014

Schinca Carlos E - 8 de Octubre, 280.

S egundo Luis E. - Esat. del F C C - Sa la de dibujo.

S ilva D íaz B ernaráin o. - Mercedes 1463.

Te rra Ar oc ena Horacio - Pay sandú 1927 - Dpto D

T erra Uri os t e Carlos D - Rivera, 2804.

Triay Bart olomé R. - P6edras, 459

Valabrega Ricardo E. - Malldonado, 92 4

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Villavedra J os é B. - Paysa11dú , 1270

Vil amaj ó Julio - P rogreso, 937

Vázquez Barriére Gonzalo. - Ltuzaingó, 1467.

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Ura"ga Joaquín: - Inca, 2075.

ARQUITECTURA

PRO <O) ¡re, GUSTAV(Ó) ·tRES

D u rante bre ve tie mp o fué h uésped dist in guido de la F a c uitad de Arq u it ectura, cuya cátedra de exte ns ió n c ultural ocupó, el e minen te p rofesor de la S orbo na y exdirector de la Es cuela F ra n ces a d e At e n as, M r . G us tav o F ougé res.

que se escalo n a n desde la c i vili za c ión de Knosos hasta las escuelas h ele n ísticas posteriores a Alejandro. Y e n su cuarta y ú ltim a c o n fere n ci a, c autivó al auditorio co n u n a descr ip c ión llena de co lor y v iva c idad, de la Gr ecia mode r n a de cuy a na tura l eza p r ivilegiada evocó l os paisa-

Gustavo F ougé res , e minent e pr ofeso r de la Sorbon a

El inter és desper tado por e l anu n c i o de sus co nf ere n ci as, llevó al Sal ó n de Actos d e n uestra Universidad, u n públi co ávido d e oir la palab r a del cé lebr e arqueólogo , quie n, e n u na síntesis admirable, traz ó , co n ex posición fácil y flor ida, el cu ad ro del n ac imi e n to , evoluc i ó n y dec aden c ia del arte griego, abar c ando e n e l desarroUo d e sus tres primeras dise r ta c ion es los períodos g lo riosos

jes que los m itos y la hi stor ia ha n poetizado, c on su& t ip os c aracterísti co s de habitantes, el isleño, el ribereño y e l mediter rá n eo

La Co mi sió n de Hom e n aje a los intele c tuales franceses , a c u y o s esfuerzos se debe la ve nida del Prof esor Fougéres, pued e estar satisfe c ha del éxito que en nuestro públi co inteligente ha te nid o s u in Íciativa que estre-

chará aun ma-s los lazos que nos unen a la cultura fran· cesa.

Antes de su partida, la F acutltad de Ar-quitectura obsequió con un banquete al Profesor Fougéres; la fiesta transcurrió en un ambiente de exquisita cordialidad ha· ciendo a su final uso de la palabra, el Decano de la F acuitad de Arquitectura, Arqto. don J acobo Vasquez Varela, Ministro de Relaciones Exteriores doctor don Juan A. Buero, Presid-ente de la Comisión de Homenaje, Mr. Rouanet y doctor don Juan Zorrilla de San Martín, contestando el Pro -fesor Fougéres con palabras de agrade• • c1m1ento.

Damos a continuación el discurso pronunciado por el Decano de la F. de Arquitectura Arqto. Vasquez V arela.

Mr. Fougéres:

Os hablo para ofreceros este sencillo homenaje flue es una exteriorización expontánea de la simpatía que vuestro admirable talento ha despertado en el ánimo de todos los presentes y que apenas representa un eco vago del entusiasmo sentido y de las emociones recibidas por todos los que han tenido la suerte de oÍros en la oportuni· dad de vuestras conferencias, pero cábeme, más especialmen'te, el honor de dirijiros la palabra en nombre de la Facultad de Arquitectura del Uruguay, cátedra de extensión cultural ha sido honrada estos días por vuestra palabra sabia, por vuestras interesantes y hermosísi-

espíritu renovador en constante avance y de acción independiente, y si tan solo, para guiar el gusto y la inventiva de sus artistas por las sendas más racionales y de mayor pureza, hincando los jalones de sus artes como se hizo en las grandes edades ya vividas, en una evolución paralela a la marcada por los sentimientos, el saber y las costumbres de cada pueblo y de cada época.

No es otra la razón de la existencia de esa institución · que se llama Escuela de Atenas de la cual ha sido el ilustre Profesor Mr. Fougéres miembro distinguido primero y Director dignísimo después. Es una institución de estudios filosóficos, históricos y artísticos cuyos benéficos dones se espanden por intermedio de la brillante intelectualidad francesa en la cátedra y en los libros, dentro de Francia y fuera de Francia.

Y ahí tenéis, señores, como nosotros que estamos muy lejos en distancia de la gran nación y muy cerca de ella por nuestras vinculaciones ideológicas y por nuestro cariño, hemos recibido también el soplo de los encantos y de las enseñanzas de la vida ateniense traído hasta aquí directamente por uno de sus grandes mentores, por un propio ex-director de la famosa Escuela y · por obra y gracia del desprendimiento y del patriotismo de varias asociaciones franco-uruguayas unidas en el propósito firme y elevado de exaltar aún más esas vinculaciones y esos cariños entre Francia y los pueblos de la América del Sur. ' mas disertaciones sobre la vida helénica, Hevando a n\iles- ·· · · A los componentes de esas agrupaciones que han tro espíritu la noción exacta, clara y sorprendente de vuestro profundo conocimiento y de las exquisiteces de la crítica que habéis hecho como arqueólogo, como y como maestro, de aquella pura vida helénica que atín perdura como un símbolo de perfección y de amor a la belleza.

Francia, la sentimental, devota sublime, clarovidente y con visión siempre de ese amor precisa del a•lma de una raza ejemplarizadora, envía casi anualmente a Grecia algunos de sus hijos predilectos, a la inmortal Grecia que es templo destruido y enhiesto a la vez, de todo lo bello, comprendiendo que de allí, de aquellas maravillosas ruinas se irradian constantemente, como hálito bienhechor, las enseñanzas básicas, los ensueños más pJros de arte y las mejores expresiones plásticas de vida intensa, de sentimiento estético o de realidad hermosa. Y esos hombres así seleccionados entre los muchos que tienen vocación para los estudios es peculativos, ungidos ya en un ambiente -de cultura excelsa, van a Grecia como verdaderos apóstO'les del bien y de las satisfaccio· nes del espíritu, sin otra compensación -significativa ¡que la proporcionada por los placeres íntimos que se sieJ.ten en la investigación prolija; van todavía a escudriñar ruinas y a remover aquellas privilegiadas tierra-s de miles de años, en busca muchas veces de un átomo, de una sola gota de la sabia útil que les dá la historia para infiltrarla, después, en el cuerpo de la Francia y del universo entero, como un nuevo rayo de luz que ilumirte el camino que sigue la humanidad hacia el deleite de una vida más perfecta.

Persevera Francia en el clasicismo como si quisiera extra er de sus entrañas todo lo bueno, todo lo justo, todo lo bello; pero no para arrogarse las formas y los principios que no le pertenecen y que tampoco cuadrarían a su

tenido la iniciativa de estos acercamientos intelectuales debemos pues, gran parte de nuestro agradecimiento por hahernos brindado la ocasión de oir aquí, en nuestra propia casa de estudios, en el modesto ambiente de la tierra uruguaya, las lecciones metódicas, de clarísimo y hermoso concepto dictadas en forma siempre amena por el notable Profesor de la Gran Sorbona, que es madre de universidades y cuyo influjo científico y literario se percibe en todos los ámbitos del globo, como un efluvio benefactor y sentimental esparcido desde París, que es alma y es centro del saber del mundo, por ese altruismo incontestable que es patrimonio de toda la raza latina.

Pero nuestra gratitud se colma hacia la gentileza del Profesor que hoy ya rodeamos con simpatía personal y con admiración verdadera, pues -si ella no hubiese me• diado para que el gran maestro ampliara el programa de su excusión cultural por los países americanos viniendo también a Montevideo, nos habríamos visto privados de aquellas incomparables lecciones, dictadas por la misma voz y análogas a las que se dan en plena Sorbona, que han venido a enriquecer las etapas de nuestros reales adelantos, presentándonos, vez más, ante los ojos del mundo como una nación anhelante de todos los progresos y definitivamente vinculada a todas las manifestaciones que impliquen amor a la sabiduría y amor a las artes.

Y si vuestra palabra ha conmovido ciertas esferas intelectuales de la sociedad haciendo nuevos prosélitos para los estudios del arte clásico, imaginaos cual no será la sensación producida por vuestras evocaciones en el seno de los centros-· que como la Facultad de Arquitectu· ra, aquí representad a por profesores, egresados y alum· nos, sienten una devoción inmensa por la Grecia y lle·

AkóurrectukÁ

van en la bandera de sus aspiraciones el emblema de las artes madres mostrando para sus enseñanzas, allá en la cumbre de esas aspiraciones, el ideal de las con• ce p c iones artísticas que puedan mañana legarse a la pos· teridad como fueron legadas las maravillas que nos hab é is mostrado al traves de vuestro temperamento incomparable.

Mr. Fougéres: brindo por vuestra felicidad personal, por la prosperidad de la Escuela Francesa de Atenas cu· yos beneficios alcanzado hasta nosotros y porque las relaciones con Francia se manteñgan afectuosas pro· porcionándonos amenudo ocasiones como para poder exteriorizar nuestra admiración y nuestro reconocimiento hacia ella en la persona de sus hijos ilustres.

S(f;ntimientc artistico y cultura artistica

IMAGINACION

y BUEN GUSTO

La cu ltura artística es un valor !trtificial, un valor adquirido, y que puede poner al que lo posea en condiciones de hablar mu c ho y hasta .de hablar bien de Arte; pero la cultura artística por sí sola no vale un artista, llamando así al que sea c apaz .de crear una obra de arte.

Es mu y común que se c onsideren más de lo que son a esta clase de estudiosos del Arte, probablemente por lo que impresiona la palabra, y también quizá por esa extendida admiración al saber; pero no al •saber bien sino al saber mucho.

Son perjudiciales para el Arte, porque desvían la atención de los que por el Arte se interesan y que por ellos pueden llegar a perder de vista a los de sentÍ· , mt e nto arhshco.

Estos son los verdad e ros artistas, los que compren· den el lenguaje de las obras, y los que tienen necesidad de expresar estados de alma propios que es un bien que sean conocidos.

Los verdaderos artistas, para que merezcan el ca· lificativo de tales, necesitan, es claro, una c uhura artís· tica; pero será desde un punto de especial, con· sistiendo en la investiga c ión de los sentimientos que inspiraron las obras del pasado, y no en la retención d e nombres de obras, nombres de autores y nombres de lugares donde aquellas están, para tener después el pla ce r de repetir de memoria lo que cualquiera puede en c ontrar en los libros de Historia del Arte que a que• llos leyeron con mal provec ho.

completamente distintas, que aunque pueden encontrar· se juntas, pueden también hallarse aislada s.

Se sabe bien lo que es la imaginación, por la que se c onsigue ver lo que no existe, combinando imág'e· nes de cosa S existentes y que se han recibido por intermedio .de los senti dos.

En cuanto a los elementos de la cosa imaginada, podemos afirmar que nada nuevo aparecerá ya bajo el sol; pero atendiendo al conjunto, hay que aceptar evidenteme nte que puede ser infinito el número de ideas.

La imaginación tiene pues una parte sobre la cual se puede influir, dirigiendo en cierto sentido y con cierta intensidad la atención, y también variando lo que se observe; y tiene una parte dependiente de la constitución e spiritual y completamente insensible a toda acción voluntaria o exterior.

No basta, pues, visto mucho •• • para tener tma· 1 gtnacJ.on; pero es ·'

A · veces se ;gabe también lo que es él buen gusto.

El buen gusto solo no hace un artista de qai.en no tenga imaginación; pero un gusto muy bueno puede compensar una imaginación mediana.

El buen gusto es la facultad de saber elegir, de entre las cosas imaginadas, cuál es la que merece ser realizada; es el freno d'e· la imaginación.

' Si se admite que ser artista quien teng!a imaginación, pero no , Jiu ; n gusto, ese será un artista probablemente el Arte.

Por otra parte, el t:;fi en gusto •sin imaginación no puede producir sino un crítico de Arte.

Ref-iriéndonos solamente a los que hemos llamado verdaderos artistas, es decir, a los artistas creadores, podríamos llegar a clasifi c arlos según que prevalezca en ellos la imaginación o el buen gusto.

La imaginación y el buen gusto son dos fa cu ltades

El buen gusto es una consecuencia de un equilibrio de facultades. Como parece que entre las facultades mentales es más común el que el equilibrio, no es raro pues que el buen gusto abunde mucho menos que la imaginación •

}. A. Wi71iman • • • -

ARQUitECTURA

!GLESIA EN
Dibu jo por el Arquitecto Carl os A. H e rr era Ma c Lean

EL CALIFATO DE e RDOBA

FORMACION DEL ARTE HISPANO-ARABE

Señoras, señores: desarrollada por Facultad de

Como no ha y mal que por bien no venga, el he c ho de la invasión m usu lmana, co m o todas las invasiones y co mo todas las guerras , trajo co nsigo también ciertas determinaciones favorables dentro de la evolución es· pañol a.

Realmente, e l organismo Social que esta invasión vino a perturbar, no ofrecía suficientes esperanzas para que debamos lame ntar mu c h o su desaparición. La decadenc ia del imperio Visigod o era bastante clara, bastante sensible: El desqui cia miento so c ial, la disgrega· ción de fuerzas, sólo mantenid as e n equil ibrio ficticio po r la unidad guber nativa, era cosa que había de sobrevenir, que había de patentizars e rápidamente a cualquier embate; y ese embate f ué, precisamente, el de l a invasión musulmana.

Por de pronto, la acción n egativa prevaleció; pues entiéndase que se trata de una cr isis de guerra deso· ladora: la suspensión de actividades y de valores posi· t i voe h:.bía d e ser, por de pronto, intensís-ima; pero si la cultura, propiamente dicha, degeneró, cayó, desapa· reció en una gra n parte; si el arte resulta entonces ca si invisible, nulo, durante much o tiempo, las bases f u n· damentales de la sociedad, aquella s sobre que p odía reaccionar m ás firme e intensamente, adquieren nu eva fuerza y una dirección más en armonía con lo que habr á de co nside rarse su prosperidad futura.

El otro día les indicaba que, e n la sociedad hispánica la invasión musulmana trajo consigo un elemento positivo de ex'traordtnaria para levantarla por encima de la cultura y de la organización latinas: es a saber, un código integral; una le y ge nérica, absoluta, que podía y tenía que servir de matriz invariable para todo síntoma, para todo aspecto social. Y es u n he c ho conocido, hoy perfectamente n otorio, que lejos de ser la sociedad musulmana una co l o nia militarista, un in· vasor sin m ás le y que la espada, es u n pueblo que se organizó má s rápidamente que ning ú n otro de la Edad Media, y que, desde el primer m o mento , empieza a tener aspiracion es e ideas y signos de atención ha cia los valores positivos del Estad o, que se revelan, por ejem· plo, en su sistema monetario y e n su estadística.

La estadística, función cas i desconocida, por no decir que absolutamente descono cida, en la Edad Media Cristiana, es lo que constitu ye u no de los valores básico s de la organización m usul mana. Claro está que ello viene de Ori e nte: no podía formularse entre los árabes, en sobre u na antigua mal co·

el Gómez Arquitectura)

Moreno. en nuestra

nocida por nosotros; pero, al consolidarse entre m u• sulmanes decidió nuevos adelantos, porque con ella dió un gran salto la numeraci ó n, ba se de las matemáticas. En cua nto a la reforma monetaria, el imperio musulmán llev ó co nsigo, inmediatamente, a todos los ámbitos co· merc iales, un saneamiento de valore S, que fué norma de crédito en toda la Edad Media. De modo que ha· blando de lo árabe no •se trata de un factor meramente militarista; se trata de un órgano integral progresivo y mu y intenso, que abarcaba todas las ramas .sociales.

Aquí no podemos ofrecer sino alguno que otro pun· to de vista, porque el tiempo apremia.

La España musulmana tuvo, sobre la latina, una característica muy esencial, desde este punto de vista, de la organización, que se formula con una palabra que • en la Edad Media no tenía prestigio, ni lo ha tenido hasta los tiempos modernos, pero que hoy sí está muy de moda: la Democracia.

El imperio romano, con la esclavitud y la ciudadanía falseó este concepto: nunca fué demócrata, ni entre cristianos ni entre pagano s. La democracia caía fuera del dereC'ho latino; y el cristianismo, trazado en lo romano socialmente, no podía reconocerla y menos aun valorizarla. Tampoco la demo c ra cia fué atributo de los árabes, aunque esto contradiga la opinión de Dozy, quien al frente de su seductora "Historia de los Musul· manes en España'\ planta co mo base de la c ivilización árabe, del pueblo árabe, el célebre lema de la Revolución francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Pero si el lector hojea el mismo libro, pronto quedará conven· cido, le ye ndo la historia .del pueblo árabe, de que todo en ella resulta un mentís a lo proclamado en el primer capítulo: e l espíritu árabe es antitético a la libertad, a la i gua ldad y a la fraternidad, absolutamente.

La democracia estaba en el Evangelio; pero su es· píritu nunca informó los códigos cristianos. Al contra· río y desvirtuando la tradición árabe, el principio demo· crático se impuso en la sociedad musulmana, una vez acogido en su código, en el Alcorán. Aquí es ley la igualdad absoluta entre todos los creyentes; no hay clases de ningún tipo, no hay jerarquías dentro de la religión mahom eta na, dentro de la organización legal del Islam: todo siervo de Dios es absolutamente igual, y no .se destaca más que uno: el representante de la autoridad divina y de la autoridad humana, el Califa, Sumo Pontífi ce y, al mismo tiempo, jefe de la Potestad Militar. Pues esto, que era teoría, en la práctica secuen cias tan sencillas c omo vitanda-s.

• traJO con·

ARQUITECTURA

El cr istianismo no podía redi m ir la esclavitud, por· que sobre sus p receptos m ora les pesa ba la le y i ntangibl e , queda n do au n que n o san c ionados, por· que ello n o era posible, los pro ce dimientos de m a n u m i · sió n sólo a m erced de los patro nos. Ent re m usu lm a n es el c aso era más si m ple : l a esclavitud desaparecía de u n m o do automático , solame n te c o n que el esclavo se pla n· tase e n tierra de un m usul m á n , co n fesa nd o la fór m ula u ni taria: "No ha y m ás D ios que Aláh, y Mahom a es su profe ta", Bastaba eso para que el cr istiano, el siervo, fuera m usulmá n e ips o - facto absoluta m e n te libre. Est o, n atural m e n te , desquiciaba las bases sociales

C órd o ba - C a ted r al a n tiguas, pe rturbaba todas las trad i cio n es r o man as y au n la org'a ni zació n que l os árabes quis i ero n co ns ervar para la població n española Ellos en efecto , n o destruyeron el rég imen visigodo, antes a l c o n trario man tuviero n c ierta ple ni tud autonó m ica, co n l ibertad absol uta, administrativa, le g i slativa y relig iosa. L os c r ist ia n os seguía n go ber· ná n dose po r sus co ndes, po r sus obispos, según sus l eyes y sus propias institu c iones. No se le s exigía si n o aca ta r la su p er i or i dad de l a re l igión mahometana, la autoridad d el c alifa y pagar como tributo u n a c a nti dad enor m e m ent e ma yor que la satisfe c ha por los m usul m a n es. Así , ta m-

b i é n, el que re n egaba del crist ianism o llevaba, desde el punto de vista eco n ó mi co, u n a enorme ve nt aja. L a liberació n, median te el re n egar, y la e m ancipació n de los duros tributos que pesa ba n sobre el cr istian o. fuero n los dos gra nd es disolventes d e la so ciedad m ozára be sometida, y e llo sin a p re mio s , s in insti ga c io n es, y au n e n co ntra de l os inte reses m usulma n es Las co nv er· s iones al islamismo c onstituían u n a fue n te m e n or de ingresos, y , po r co ns ecue n c ia, de nin gu n a m a n era podrí a desearlas el fis co A pesa r de eso, no h u bo m ás remedio que ad mi tir dentro de la so c iedad m usul mana u n a c antidad pr ogre sivamente ma yo r de c onversos. '

Ab derra hman l se pasó la ma yor parte d e su vida ate n to a domina r la serie de disturbios y de rebeldías que agitaban al p ue blo andal uz, al puebl o español súbdit o - 16()t .. (

E nlazamien t o de arco s

Po r de pronto, el Estado Hi s pan o - árabe pe rtenecía al O r iente, c omo p rov in cia del Califato d e Dam as co P ero derribado éste, al m ediar el siglo VIII, se des g ar ró , m edia n te la p re sen c i a e n España de u n mi e mbro de la familia Üm ey a, Abderrahman I, ú n ico sobrevivi e nte de aquella di nas tía, el cu al. si n reco n ocer l a autoridad del n uevo c alifato Abasí, c o n stituy ó u n Estado i nd epe n dient e a España.

ARQUITECTURA

suyo. Al cabo, ya muy viejo, logró algunos años de paz: y, entonces, fué cuando pudo acometer una obra, la úni· ca obra arquitectónica musulmana que ha llegado a nos· otro s de aquel siglo en España, y donde está la base y fundamento del nuevo orden artístico, que había de culminar con el califato de Córdoba.

Abderrahman fué un militar abrumado por luchas continuas; pero entre los árabes el militarismo no era tan absorvente en su rudeza como entre los pueblos del norte. Al mismo tiempo que él reinaba, floreció Cariomagno, que, como todos saben, se pasó la vida entre e<s· fuerzos titánicos para aprender a escribir, sin ' lograrlo nunca, y aun el leer era entre laicos un colmo de ilus• tración apenas generalizado. En cambio Abderrahman era poeta, como lo fueron casi todos los reyes árabe s de aquellos tiempos, cuando el musulmán culto, no solamente era hombre de letras, en el sentido de escribir y de leer, sino de ejercitarse en la oratoria, recitar poesías antiguas y componer versos.

Por consiguiente, en estas condiciones, no es raro que sintiese Abderrahman la quemazón de ser edificador, de tener iniciativa artística en tal sentido, y hubo oca· .sión propicia para ello, ante la necesidad de dotar a su capital, Córdoba, de una mezquita mayor, capaz de recibir el creciente número de conversos y de berberiscos,porque Africa empezaba a entrar dentro del círculo de influencias español, - tantos en número que ya no cabían en el antiguo edificio.

La Catedral de Córdoba se había conservado, des· pués de la invasión, como propiedad de los cristianos. Era la única iglesia que, dentro del recinto · murado, se respetó, mediante capitulación, abierta al culto. Pero esa concesión er,a a los de Córdoba, cuando todos eran cristianos; empiezan ellos luego a renegar, y ya no utilizaban la iglesia, pero tampoco habían de perder su derecho sobre ella. Entonces recurrióse a un procedimiento para dejar a todos servidos: se dividió la catedral, y la mitad quedó en servicio de los cristianos y la otra mitad convertida en mezquita.

En tiempos de Abderrahman, la mitad reservada a los •musulmanes era insuficiente para contenerlos; al fin en 785, se compró a los cristianos, previa indemnización cuantiosa, la parte que les correspondía; se des•hizo la iglesia, y, en el año siguiente, 786, construyóse una mez· quita nueva. Se trataba del Santu é'. rio por excelencia de la capital de España, del centro religioso del Islamismo en Occidente, de algo extraordinario, que afectaba a toda una nación en su alma; y, precisamente, para que una na· , , cton tenga arquitectura, no se necesita mas stno que se en· cariñe con un edificio; que tome un edificio como suyo, como cosa peculiarmente propia. En el momento en que está allí petrificado su ser, en el momento en que ve allí la expresión de un ideal artístico, ese pueblo ya tiene arquitectura. Y así fué como nació la Gran Mezquita de Córdoba. ¿Qué formas y qué procedimientos la animan? El problema es complicado, es difícil, y en mis manos se ha complicado más todavía, en cierto modo. Antes, veíase la cosa llana; no se discutía. A mí m 'e pareció que podría otra explicación mucho más compleja, y una teoría nueva quedó formulada hace años, con aceptación, al parecer, o cuando menos no se la ha re c hazado. La hipótesis consiBte en suponer, que Abderrahman derribó de

la mezquita lo menos que pudo, y conservó de ella lo más que pudo; qu-e de la Catedral primitiva de San Vicente subsiste una parte, y aun quizá proviene de ella lo funda· mental de toda su organización. La fachada de occidente, será en este caso la que había de corresponder al hastial ,· 1 e la catedral antigua, y en cuanto a 'la disposición inte· rior, hubo de alterarse, pero sus elementos arquitectónicos serán los mismos que sirvieron antes para constituir las naves de la catedral.

Un hecho concluyente, es la dificultad - tratándose de edificio de 3200 metros cuadrados superficie cu· bierta - de que se realizase una obra de tal magnitud, como consta, dentro de un año. Es materialmente imposible que sus enormes pared es, todas de piedra de sillería, 6US columnatas y arcadas, de estructura tan compleja, y además el maderaje de las cubiertas, se erigiese todo enun ano.

El tiempo que se invirtió en otras ocasiones para ha· cer edificios equivalentes siempre fué de diez a veinte años; y en el siglo VIII, y en Córdoba, las c ondiciones para acelerar una obra, eran de lo más desfavorable, abso· lutamente perdida la tradición artística desde casi un siglo

La Mezquita lleva en sí una forma artística que no nos es extraña: el arco de herradura; pero este arco es en ella un elemento casi accidental, es un tema complementario. Su arco fundamental es el semicircular o de medio punto. Vimos el de herradura campear con preferencia en los edificios visigodos del N. O. de España, y tampoco dejaba de tener precedente en Andalucía. En dicha portada occidental de la Mezquita mis ma, exuberante en decoración bizantina y que parece del siglo VI, encontramos arcos de herradura. Además, en cierto lugar del recinto murado de Córdoba, consérvase una puerta, que existía desde antes de la conquista de los musulmanes, y se compone de dos arcos gemelos de herradura, gran• demente aparejados. El Puente de Pinos, cerca de Granada, donde Cristoban Colón recibió la noticia de que los Reyes Católicos, por fin, aceptaban su propuesta para la expedi c ión a las Indias occidentales, tiene tres arcos, también d e herradura, y en Mérida, a la cabeza de su gran puente romano, subsiste parte de otro arco, seguramente pre-islámico e igualmente de herradura.

¿Qué más hay allí en la Mezquita? Por lo pronto diré que en sus arquerías entran dos materiales alter· nados, dándoles policro mía: ladrillos rojos y piedra amarilla, lo que tenía su precedente en los acueductos roma· nos de Mérida. Aun la estructura de las arquerías mis mas, con sus arcos de entivo, los de herradura, y refuerzos co· mo estribos en sus pilares, hallan un prototipo en estos mismos acueductos. Esos son sus caracteres típicos, los más fundamentale s, y que dan aspecto bastante original al edificio. Se ha dioho que era una imitación de la Mez· qu ita de Damasco; pero ésta se conservó casi intacta hasta hace unos 50 años y resulta que no se le parecía en nada. Como que su aspecto es de basílica, conservando tres naves, corridas transversalmente, esbeltas y desta· cadas, sin perspectiva de profundidad. Lo contrario abso· lutamente de Córdoba: aquí la impresión de lo ilimitado, de lo infinito es real en sentido de anchura y de longitud, con hacer que se pierdan los confines del recinto, a través de una selva de columnas; en cambio, una hori·

%ontalidad uniforme y relativamente baja constituye limitaci ó n de altura en gra d o mínimo, mientras las igle!'ias medievales extremaron desproporciones en sentido • co ntrarto.

¿Queréis buscar en esto una expresión del idealismo cristia no, por una parte, del positivismo y materialismo musulmán, por otra 1 Son muy arriesgadas estas teorías, pero pueden admitirse y pueden tener su fundamento. Lo que sí habremos de observar en firme es, que con esos arcos de herradura, con ese dualismo de materiales co ns•

Córd oba- Catedral

tituyendo policromía, y co n unos cua ntos accesorios , sale una arquitectura nueva; nada más, por e nton ces Lue go. viene su evolución siglo tras siglo. porque las cosas que han de vivir, las cosas que han de tener fuerte vida, exige n un proceso lento.

Trascurre aún casi otro medio siglo inactivo para e l arte; luego sobreviene un reinado de extraordinaria importancia, el de Abderrahmanii. Entonces, el Califato de Córdoba entró en relaciones co n Oriente, y empieza la aflue n cia de jurisconsult os, gramáticos, teó lo gos. historiadores, matemáticos, poetas etc. Constitúyese en Córdoba u na Corte de tipo orie ntal, co n florecimiento de cultura y su reflejo intenso en arte, en arquitectura especialmente,

cuya irradiaci ó n produce una obra muy importante. pero no en suelo español: la gran mezquita de Cairuán e n Africa, al sur de Túnez, matriz religiosa y política rival de Córdoba. Reconstruida esta otra Mezquita mediando d siglo IX. bajo la dinastía de los Aglabíes. resulta un trasunto de la de Córdoba, pero aquí no podemos analizarla. Ella es fruto de la evolución del arte de Abderrahmanl, con ciertas modifi cac iones muy importantes, co· mo son: predominio del arco de he rradu ra, cúpulas de ga llones, dinteles descargados por arcos etc. Ya queda

Arcos apuntados lobulados

tra%ado el ca mino que había de co ndu c ir a otro desarrollo ulterior; y. efectivamente, en el siglo X es cuando -el califato, la pujanza cordo besa, - y si n o parece mal. el esplendor de la vida española, - llega a uno de sus apogeos , mas 1ns1gnes.

Bajo Abderrahman III. la España arabizada alcanza plenitud de independencia y de fuerza, envolviendo en su aureola de gloria también a la España cristiana septentrional y mozárabe.

La organización cordobesa, fué integral. absoluta: todos los elementos orgánicos del Estado adquirieron una cohesión, u n desarrollo, una depuración, extraordinarios, y con ello, naturalmente, florece de inmediato el arte. Se

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ARQUITECTURA

producen obras notabilísimas. que han pasado a lo legen• dario. que tienen entre nosotros un carácter maravilloso. análogo al de las Mil y Una Noches: -me refiero a los Alcázares de Medina Azahra. la ciudad peregrina dis· puesta frente a Córdoba. al pie de su sierra. habitación de los Califas. ideada a semejanza de aquellas ciudades· palacios del Asia. que los reyes antiguos acostumbraban erigir a capricho para residencia suya. Formábanla tres mesetas: en la alta surgía el palacio; en la inmediata se extendían jardines; en la inferior estaba la mezquita y casas para los altos dignatarios. De todo ello quedan grandes vestigios. bajo las encina s y el cesped. donde. merced a excavaciones sistemáticas. van saliendo. poco a poco. murallas. p aredes. solerías. alcantarillas : todo lo aue el tiempo y. sob:r e todo. los destrozos del hombre. ha dejado de aquella maravilla. Y eso que se va descubriendo. cotej ado con las descripciones de los antiguos cronistas. que hablaron de la ciudad cuando estaba viva y esplen-dorosa, acroedíta:las de absolutamente ciertas. Lo único que podría 'haber en ellas es un poco de Ilusión respecto de m 'ateriales. 'que donde se habla de piezas de oro y de plata. se entenderá que estabansimplemente doradas y plateadas; por lo demás. la magnitud del palacio. la riqueza arquitectónica. la sensación extraordinaria de lujo. eso hahía -de ser exacto; el esplendor de _ su aspecto sería algo nunca visto. y mucho más para aquel tiem,po y para la Europa occidental.

De Medina Azahra los cronistas cuentan la inmensidad de columnas y de puerta s; la cantidad de sillares y otros materiales que se emplearon. su procedencia. el costo. el tam•año. una porción de menudencias que hoy dicen poco a nuestro espíritu y nada sugieren de'l aspecto suyo. Pero hay también descripciones un poco más expresivas, que hablan de su esplendor y magnificencia; de salones con arquerías y puertas de marfil y ébano. oro y perlas; de una famosa pila verde traída de Oriente. la que sostenían doce animales de oro y pedrería puestos en rueda, y de un cisne también de oro que lanzaba chorros de agua por su pico; de otra pila llen a de azogue que. agitándolo cuando e'l sol en el,la. producía extraños relampagueos en la dorada cúpula. dando lugar con ello a que el Califase complaciese en amedren· tar a sus visitantes. También. columnas de jaspe y ágata. mosaicos bi:r.antinos, tejas de oro y plata. una colección de fieras y aves peregrinas. etc. Todo ello da un-a idea del carácter exótico que allí se ostentaba. sobre el tipo real. aunque más o menos legendario para nosotros. de los palacios del Oriente.

Las ruinas nos dan .a conocer el estilo artístico a que correspondía el edificio y sus elementos int egrales. Pero no necesitamos aprender en ellas. cuando otras obras nos dicen con perfecta elocuencia lo que fué la arquitectura cordobesa en tiempos del Calif.ato.

Abderrahman III. como sus dos predecesores homónimos. ante todo era un gran político. un gran militar. Es probable que él no tuviese margen de sosiego para dedicarse a perseverantes iniciativas cu'ltur ales; pero tenía al lado a su hijo Alhaquem. que merced a la larga vida de su padre. pudo. siendo adulto. satisfacer estos ideales generosos. libre de las preocupaciones del gobierno. El proc uraba que la Corte se honrase con artistas, literatos y poetas, él reunió una biblioteca selecta y co-

piosísima y, cuando obtuvo el Califato. realizó la obra má s importante, más extraordinaria y rica de arquitec· tura que nos queda de su siglo. y ella. absoluta y perfec• tamente conservada: la segunda ampliación de la Gran mezquita de Córdoba. ALhaquem estaba en relaciones directas con lo que en Oriente había de más útil para poder apreciar valores· artísticos y literarios: con el Imperio de Constantinopla y con el Imperio Aba sí; pero. sobre todo. el primero fué su abastecedor en arte. Y es natural. por• que. de una parte. entre Omeyas y A:basíes la rivalidad era irreconciliab'le. juzgándose mutuamente detentadores del Ca iifato. que ambas dinastías reclamaban como propio. y además los precedentes andaluces caían del lado del bizantinismo.

No era. por consiguiente, lógico, que Córdoba aspirase sino a eclipsar en arte la.s magnificencias de Bag· dad. llevando más bien su orientación hacia las tradiciones Omeyas de Damasco. Ímpregn adas de arte bizantino. Efectivamente. a ese mismo tipo. a ese mismo influjo bizantino. obedeció esta evolución suprema del califato occidental. La arquitectura cordobesa tiene un factor primordial indígena. lo que corresponde a la obra primitiva. con su arco de herradura. aparejo polícromo etc.. y una serie d -e progresos. serie de añadiduras, de carácter parecido a lo que se hacía en Constantinopla en aquel mismo tiempo. pero todo desarrollado, todo agigantado; y esto más bien en lo decorativo que en lo fun· damental. Conjuntamente. estructuras arquitectónicas nuevas aparecen originalmente desarrolladas. pero cuya génesis puede ya rastre-ars e más hacia Oriente. dando testimonio de influjos abasí es. muy velados, pero fecun· dísimos. como verem'os.

En todo lo oriental no hay un organismo tan complicado, no hay ornamentación tan profusa. tan expléndida como en 'la de Córdoba. Ello constituye un progreso enor· me sobre cuanto produjo el cristianismo respecto de arquitectura decorativa; •pero no se contentaron los artífices cordobeses con esto solo. Al lado de temas que indican la paternidad bizantina. otros hay más extraños. más difíciles de explicar en su génesis. que. poco a poco. merced al conocimiento que se logra de lo asiático. allí van descubriéndose. Uno de ellos implica evolución en la forma de los arcos: los primitivos eran redondos y de herradura. como ya sabemos. En el siglo X aparecen dos nuevos: el arco apuntado. típico de lo abasí. y el arco lobulado. que es el mismo apuntado. pero. en vez de for· marle dos ramas continuadas de arcos de círculo. com· prende una serie de semicírculos. es decir. de arquitos. cabalgando sobre le generatriz aguda. Este arco es oriental, es asiático; pero sólo s e emplea allí. bajo sa sanidas y árabes. como cosa ornamental. como guarnición simplemente decorativa. De consiguiente. su desarrollo en España implica una evolución enorme y un sentido nuevo del arte d e construir. Arcos así. de curvas complic a das. de curvas mixtas. hasta entonces no se habían visto.

Sobre estas complejidades nuevas, la progresión sigue acentuándose. Llega un momento en que. dentro de la misma Mezquita de Córdoba. no satisfacían las simples alineaciones de arcos. no obstante su rique:r.a.- y se llegó a enlazarlos unos con otros: es principio cons· tructivo de trascen-dencia admirable. que entonces tuvo tambiJn su arranque. La forma primordial fué ligar

ARQUITECTURA

arcos lobulados unos co n otros, y asímismo los de he· rradura, dando lugar éstos, por co nsiguiente, a un tipo n uevo de arco, que llamamos de herradura apuntado, cuyo futuro predominio significa otro período en el a r te andaluz. \ !!JI <'

Esto de co mbina r , d e •enlazar arcos, adoptóse, no só lo como • c onstru c tivo, recurso artístico, sino co mo pro ced imiento originando c omplejidades de estructura ventaja radica en producir organismos de y rigidez, de suerte que, inic-ialmente, es e normes. Su gr an firmeza

Córdoba - C ated r al

verosímil na ciese la id ea de apli c arlos ante el problema de c onstit u ir poderosas resistencias y distribuir cargas sobre apeos exiguos, co m o eran las co l u mnas. Idea que viene a ser u na evolució n del principio de los ar• cos de entivo, base est ruc tural de la mezquita primit iva, P ero no reposó todavía c on esto la fecundidad cor • dobesa, sino que a tal c ompli cac ión en las arquerías re spondieron otras co m plicacio nes, más admirables aún , para las b ó vedas. Es in tere sante, sumamente interesante e n el arte árabe español , cómo un principio u n a forma cualquiera evolucio na, se espande en u n ci clo progresivo, dentro d e l o arquitectura l; y c uando ya ello no puede avanzar más, empieza a redu c irse, a e mpeque•

ñecerse el tema, d ando margen a nuevos desarrollos de· c orativos, hasta convertirse en cosa exclusivam-ente orna· m e ntal. Así, desde lo más sencillo se llegó a complica• c iones máximas; pero todo orgánico, todo progresivo, todo sin saltos, sacando de cada forma y de cada tipo to· dos los recursos posibles. El ideal de fastuosidad que lleva coneigo, como nin gu na otra, la arquit ectura cordobeS>a, exigía para sus bóvedas algo igualmente original, igualmente rico, igualmente capaz de todo género de complicaciones, y se in-

Arcos de herraduras policromados

venta .la boveda de crucería, análoga a la de ogivas; pero e n vez de organizarse sobre dos simples arcos cruzados, son mu c hos, son ocho, cuatro cuando menos, y hasta doce y diez y seis combinados entre sí, formando de-sarrollo geo métrico en torno de un polígono estrellado, con pre· ferencia, que deja relegadas a excepción las composicio· nes radiales. Esta es la gran novedad, éste el gran p r ogreso de la arquitectura del califato de Córdoba, creadora de uno de los tipos más bellos, más importantes, más progresivos y fecundos de la Edad Media. No hay orga niza ció n alguna, en lo arquitectural de entonces, tan admirable como ésta de las bóvedas cordobesas. Y su mérito principal está en aunar la magnificencia y graci-

ARQUITECTURA

lidad de su aspecto con admirab'les co ndicion es de equilibrio y de resistencia, huyendo de llevar e mp ujes co n· tra lo s ángu los, como puntos flacos que 'eran, localizando cargas y valiéndose de contrafuertes, de arcos formeros y de gabletes, como lue go vulgarizó el arte gótico. T odo ello fué en tiempo de Alhaquem 2. 0 a la mitad del siglo X. Despu és viene Hixem II, y con é l un predominio de militarism o: así era de necesitad para soste ner las fuerzas d el Imp erio, amenazado de desqui· cia mi e nt o pero este militarism o, guiado tan sólo por la signifi c ació n personal de Alrnanzor, trajo co nsi go el des· quiciamiento mismo. Entonces la decadencia es perfec· tamente notoria\ cae el califato en definitiva, a princi· pios del siglo XI, y nace una organización política nu eva , lo que se llama reinos de Taifas, o sea emancipación de las provincias, cada u na erigida en gobierno indepen· diente, co n su dinastía de re y es minús culos. Con e ll o sobrevino la dispersión de fuerzas, antes co n ce ntrada s e n Córdoba, y cada nueva Corte co nstitu yóse e n foco de cultura, de poesía, de arte. Se ha p erdido en enormes proporciones lo que esta situación produjera. Solo queda muy poco re'lativo a arte, pero es bastante para que po· damos seguir su evo l uc i ó n importantísima. Dond e subsiste m ás es en Tol edo ; no obstante, solo diré algo de la m ezquita del Cristo de l a Luz, fechada en el año 1000, mu y pequeña, pero co n u na particularidad excepcio nal: se r de tip o bizantino, co m o las i glesias d e Ca'labria y Si c ilia, abovedad a toda y esbeltís ima. Por lo demás, los mismo s arcos, .las mismas estructuras de Córdoba: arcos enlazados, arcos inscritos unos en otros y una serie de bóveda s de crucer ía de tipo cordo b és, todas d ive rsas, y todo c o n variaciones que patentizan la consabida rebeldía es pañ o la a cristalizar e n tipos y reglas. El otro edificio, importantísimo, donde se advierte más aún el avance progresivo del ide al d e Córdoba, co n una evolución ex· traordinariamente rica, extraord in ariamente fe cu nda en complica c iones, c orrespond e a Zaragoza. Allí hubo una dinastía pujante, co n un rey de 'larga vida, Abucháfar Almoctadirbilá, que, ha c ia l a mitad del siglo XI , edificó el p alacio llamado Casr Assorur, y vulgar m e nte castillo de la Alj afería. Era el pr i me r palacio, el más antiguo pa· l a cio árabe que se conservaba; desgraciadamente, puede considerarse ya como perdido. Su primera transforma· ció n fué e n tiempo de los R e y es Católicos\ la segunda, barbaramente demoledora, vergo nzosa, fu é e n 1866.

Este p ala c io llevó hasta un último Hmite de r a c iones el sist e m a arquitectura l cordobés Ya no es piedra ni l adriUo; ya es exclusivamente yeso el rnaterial de sus arquerías y bóvedas, en bloques tallados que fa· cil1taron enormes complicaciones decorativas, nunca al· canzadas en otro período alguno de la Edad Media, con desenfreno de barroquismo digno de estudio por muchos conceptos

Llegó así el mom e nto e n que ya no podía pasarse má s a Há, dentro de1 idea l artístico de Córdoba. Era im· posib l e avanzar más en complicaciones. El arte de co mbinar arcos de todas form as, co locados en todas direc· ciones y de todo tamaño, en series desconcertant es , ver· tiginosas, no era sus ce ptible ya de progr eso Vin o , como es natural. la selección, l a depuración, organiza c iones en se ntid o regresivo, simplista; pero la corr iente crea dor2 sie-uió man a ndo, siem pre fe c u nda y si e mpre dentro de l • mtsmo cauce.

El período siguiente está caracterizado además por una dislocación de la centralidad política española fuera de España, en Berbería, por consecuencia de inva-siones barbaramente fanáticas, que contuvieron la acción arrolladora de las armas cristianas contra los reinos de T aifas, de sde fines del siglo XI. Esta reacción empezó vio• lentamente, de squiciando las bases sociales y todo signo de cultura, pero rápidamente la absorción típica de lo español sobre todo lo extranjero, actuó con vitalidad ex· traordinaria. Allí, el hijo de Yúsuf, de aquel emir almo· rávide que entró en España flagelando a sus musulmanes por herejes, por disipados, y queriendo regirlos a seca s por el Al corá n, se convirtió en un hombre culto, humano y pacífico, en un gran edificador, a quien se deben los dos edificios donde pode mos form-arnos idea del arte andaluz en la primera mitad del siglo XII aunque ambos fue r a de España. Son la torre de la mezquita de los Esc riba nos, llamada Cutubía vulgarmente, en ila ciudad de M arruecos, y la mezquita mayor de T remecén.

Sus elementos son los mismos del Ca•lifato y de Zaragoza, pero simplificados. Los arcos, cada vez más varios en su forma, pero sencillos y valorándose cada uno por separado\ sus enlaces vuelven a ser de ti.po an· t i guo, co n carácter decorativo simplem ente, y las rías de las bóvedas se afinan, perdiendo igualmente su valor construct-ivo, y evolucionan con :localizaciones de estirpe nueva, constituyendo los almocárabe.s o estalactitas, maravil:losa combinación de prismas recortados en pe c hinas y trompas, que llegaron más tarde a formar bóv edas enteras. suplantando a ;las de •crucería.

Encauzada nuevam ente y con mesura la evolución artística en el período almohade, explotó su actividad con ánsia edificadora. Fué de todas las dina-stías la más fecunda, tla que dió de sí más palacios, más castillos, más mezquitas, y que hizo obras gigantesca's por su tamaño y grandiosas por su clásica sobriedad.

En España, Sevilla fué la ciudad favorecida por los · al mohad e,s. Su gran mez-quita era de una magnitud y g randiosidad extraordinarias, principalmente visibles aún e n su famosa torre, la Giralda, que :era trasunto de la torre de la mezquita de Córdoba y r epresenta uno de los jallones más es pléndidos de la evolución musulmana en España.

Ella, co mo sus hermanas las torres de la Alcazaba de M arr u ecos y de Rabat, es enor me, altí-sima, cuadrada, con una subida en torno del macizo central, cuya maifnÍ· tud dá lu gar a habitaciones, y, en vez de escalera, cons, htuyese por rampas.

La torre primitiva, la de Córdoba, tenía dos escale· ras dispuestas de tal modo que ell que subía por una no veía al que subía por la otr a hasta que se juntaban en lo alto. Ellas gir aban también, como las rampas, en torno de u n ma c ho c entr i l, de magnitud determinada, permi-tie ndo desarrollarse para lellamente ambas escaleras, de suerte que so bre cada una de ellas, la bóveda sustenta· dora de la otra qu edaba visible, y arrancaban una a un de la torre y 1a contraria en el Ol)uesto. Esta duplide subidas apenas era recomendable como es n11e c;, razon:tble que no se repitiese\ más cabía seguir Pt,arda ndo la misma distancia relativa de tramo a tramo, e n u n Rolo orden ascensional, disminuyendo las pendientes, v el resultado fué sustituir 1a s escale r as por una rampa suave y cómoda.

•

Decorativament.e, la Giralda y demás coetáneas no 1epresentan casi nada nuevo respecto de la mezquita de Córdoba y la Aljafería: las combinaciones de arcos, las variaciones de arquerías de todos los tipos, son las mismas de pero consolidando :la evolución almorávide en sentido progresivo. Ante s, cuando eran desconocidas obras del siglo XI y primera mitad del XII. fué lícito pensar en un hiato entre lo cordobés y lo a hora la filiación está perfecta mente definida; sólo una ex plosión de refinamientos denuncia proximidades más espléndidas.

Em piezan a destacarse formas desarrolladas sobre temas antes precarios, como el arco mixtilíneo, el festo• neado, los almocára bes; luego, la cerámica vidriada, constituyendo alicatados, el adorno geométrico en gra·

1

ciosas y originales com posiciones, bóvedas de paños com· plicadísimas, un tipo nuevo de columnas, la epigrafía cursiva, etc., y en cambio los antiguos cruzamientos de arcos retroceden hasta límites de simple ornato. La pe· netración del arte oriental evolucionado s e deja sentir en alguno de estos aspectos, si bien acomodándose al genio personalísimo español en su desarroLlo. Persiste un individualismo bien definido, la evolución continúa, vivificada por nueva savia. Durante todo el siglo XIII los aspectos ar trsticos d enuncian ya un período nuevo, que rápidamente •se ava lora en sentido clásico por el camino de los perfeccionamientos, y así se llega a las maravillas de la Alhambra, con un apogeo de sutilización, y bajo un ideal en que sólo hay líneas y colores, geometría y luz produciendo belleza.

Prórroga de Plazo •

en los Concurses

UNA NOTA DE LA SOCIEDAD DE

La Sociedad de Arquitectos ha presentado al Sr. Ministro de Obras Públicas la siguiente nota con motivo de la prórroga inesperada del plazo fijado en el concurso para el edificio de la Aduana:

Montevideo, Diciembre 1 de 1922.

Señor Ministro de Obras Públicas

Ingeniero Dn. Santiago Calcagno.

Señor Ministro:

La Comisión Directiva de 1a Sociedad de Arquite c· tos, entidad representativa de los intereses profesiona· les de lo s arquitectos del Uruguay, se considera en el deber de venir a expresar al Sr. Ministro su desconformidad con Ja circunstancia de haberse verificado por el H. Consejo Nacional de Administración modificaciones sucesivas a las bases del llamado a concurso para el edificio de la Aduana de M ontevideo.

El Sr. Minis-tro puso en conocimiento de los inte· resados con fecha 10 de Octubre pasado una resolución del H. Consejo Nacional de Administración por la cual se amplió el área señaláda en el programa para los pa· tíos de d espacho y se prorrogó, por virtud de ésta cau· sa, el plazo para la entrega de los ante-proyectos hasta el día 15 de Diciembre próximo.

Posteriormente con f echa 19 de Octubre •hizo circular una nota por .la que se hacia conocer una nueva modificación de las bases consistente en ampliar el · área total para asiento del futuro edificio. Finalmente hace pocos días ese Ministerio informó que el H. Consejo Nacional de Administración había resuelto con fec ha 29 de Noviembre prorrogar hasta el día 10 de Enero de 1923 la fecha fijada para la recepción de los anteproyectos.

La Sociedad de Arquitectos entiende que un llamado a concurso establece por el mero hecho de su publicación un compromiso formal entre la entidad q u e lo provoca y la masa desconocida de técnicos que se ampara en el anonimato exigido por cláusula expresa del programa.

Entiende así mismo que una vez impuesto de los términos del programa y muy particularmente de la fecha de entrega de las piezas exigida s, todo arquitecto que responde al llamado, se ve en la necesidad de o r · ganizar sus actividades en forma adecuada que le pe rmita distribuir el tiempo que le otorgan .las bases escalonando gradualmente la meditación sobre el asunto, el estudio de las idea s que le sugiera y el trabajo indispensable de su presentación.

Esta distribución de esfuerzos acarrea en la gene· ralidad de los casos algún perjuicio, de importancia naturalmente muy variable, en las demás tareas remunerativas del arquitecto, al que mueve cuando resuelve presentarse a un concurso no solo los beneficios materiales que puedan emanar de un éxito inseguro sino también una alta emulación y el propósito consiguiente de arribar a una fórmula, lo más perfecta posible, que resuelva acertadamente el problema arquitectónico que el llamado ha puesto a •SU vista, circunstancia sobre la que reposa la virtud capital de la institución del concur· so público.

P.or consiguiente a medida que van apareciendo las modificaciones impresas con posterioridad al llamado, se esteriliza una parte del esfuerzo realizado ya por el arquitecto en el sentido en que se expresó el programa inicial.

La Sociedad de Arquitectos silenció su opinión frente a las dos primeras resoluciones de modificar las bases del concurso en razón de haberse adoptado bastante al principio del plazo estipulado y de la considera· ción que le •merece -el a1to cuerpo que las tomó, pero

ARQUITECTURA

n.o puede callar su protesta por la tercera, que concede una pr ó rroga de u n mes más para la entrega d e los planos, en un momento en que faltan solo quince días para expirar el plazo formalmente establecido y en que la gran mayoría d e los concurrentes que prestaron atenc i ó n n o rmal al llamado y que confiaron en la indispensable rigidez d e sus términos, se halla ya comprometida con sus soluciones, detenido por consiguiente el estudio g lobal de sus pro y e c tos e iniciádo el largo y delicado trabajo de su •presentación.

Esta Sociedad c onsidera que no es causa suficiente para tomar esa resoluci ó n que afecta a tantos interes es, la invo c a ción de un pedido más o menos aislado. pues c ree que de la naturaleza del c ompromiso que constituye el llamado a c oncurso no pued e considerarse como parte interesada. además del Estado en este caso.

sino al conjunto anónimo de todos los col\currentes, de manera que a su juicio se necesitaría la aquiesencia de la totalidad de estos o en el más ,favorable de los casos de una numerosa presunta mayoría cuyo pedido diese fuerza a la razón de la prórroga, si no se quiere producir perjuicios modif.icaciones eventuales, que no por ser causados a profesionales cuyos nombres no se conocen, son menos respetables y dignos de tenerse en cuenta.

Aprovecho la oportunidad para saludar al Sr. Ministro con mi mayor consideración.

Daniel Rocco, Pr esidente

Rodolfo Vigouroux, Secretario.

de Ua

Siempre es at re vido y delicado rozar las leyendas a c reditadas. y entre e stas hay una relativa al racionalismo que poseen. se gún parece, las obras de arquitectura de la Grecia anti gu a c u y a perf e c c ión se reputa indiscutible.

Desde ha c e mu cho tiempo se viene mistificando con esta afirma c ión que sin embargo ne c esita ser dis c utida. Así, trataré de expl icar que, si los griegos han sido insuperables en sus monumentos desd e e'l punto de vista de la belleza, desde e l de la razón y la lógica han quedado a un nivel muy inferior.

Es curioso notar que uno de los p r incipales promotores de este pretendido racionalismo ha sido Viol1let-leDuc. T en iendo ne cesidad de apuntalar s u teoría sobre lo s orígen e s de la arquitectura en la Edad Media, ha llamado en s u so c o r r o a los g riegos tratando de hacer creer que estos habían pro c edido, como constructores, según los mismos prin c ipios que los maestros de obra del si g lo XIII; 'lo cua-l es falso, porque estos últimos han dado prueba de una ló g ica d e la cual los arquitectos de la Hélade no tuvieron ninguna idea (D. Naturalmente, a c ontinuación del gefe de fila, han venido a agrupa r se los amigos, los discípulos y sobre todo, los escritores de ar t e y 1os snobs que no conociendo sino de lejos el arte arquitectónic o, han repetido a más y mejor que la arquit e ctura g riega era el ideal de la raz ó n puest a en obra y un modelo acabado de •lógica para todos los constructores.

A pesar del pequeño e scándalo que mi oposición levantará probablemente quiero dar mi opinión en este • asunto Intere s ante.

(1) El mi s mo escri tor, en u n Ent1e t iens, ha hnlscado un a soluc ió n .mas i n geniosa qu e e xa-cta cl e.l pape l de l os trl g lifo s d e los t em¡:»los gr.legos, qu e supone haber sido co n cebidos c o mo soportes l apiñari o s y Tl() como un r ecu er d o de las cabeza s d e tiran tes de los te m plos en :mad e ra de las a n ti guas edades; esta ú lUma t eo rf a es au n l oa ma s v e rosímil.

•• Tomemo s c omo ejempllo el más hermoso modelo de · arquitectura griega: .el Partenón y examinemos su planta. Se c onstata de inmediato que un gran edificio rectang ular abriga, bajo un techo uniforme, locales de importancia y afectaciones muy diferentes. Primeramente el pronaos (vestíbulo) ; después la naos (santuario) conteniendo los altares y la gran estatua de Palas Atenea; luego también e l opistodomus (tesoro) y por último todos los pórticos que rodean el edificio.

¿Quién podría desde fuera? porque nada aparece ni surge del conjunto; además, estando compuestas las cuatro •fachadas del monumento por · columnas semejantes espaciadas igualmente, no se puede ident i ficar, a la distancia, la entrada principal, las dos fachadas de frente repitiéndose identicamente.

¿Es esta verdaderamente :]:a lógica ideal tan alabada 1

Por otra parte, la cornisa que corona el entablamento, útil sobre los muros Lterales y en las pendientes de los frontones, se continúa horizontalmente en los dos tímpanos de los frentes, no sirviendo ahora para 'l imitar una cubierta sino solamente para soportar grupos esculturales que hubieran debido poseer, logicamente. motivos de apoyo especiales y apropiados a su destino.

No es esto todo; el admirable capitel que corona las columnas de 'los p ó rticos y cuyo gálibo y pureza de perfil causan a los artistas un encanto .de los más justificados, no hubiera tenido verdaderamente su razón de ser sino en el caso de haber con s u abaco cuadrado. solamente las cuatro columnas de los ángulos, donde el arquitrabe se vuelve en ángulo recto. Para las columnas intermediarias la razón hubiera exigido 1 a amplificación del abaco solamente en an c hura, a la manera jónica.

Además, estas columnas de ángulo apenas .mas gruesas que la s otras, hubieran sido reemplazadas mas lógicamente por pilares cuadrados (antes) visiblemente mas

tuertes, mas aptas para a los pesos y para traba las fachadas.

Que no se me acuse, después de estas manifes di,;J.Lvnes, de hacer el proceso de la arquitectura griega; por contrario, admiro en la arquitectura helénica la ó sadía frente a un prog'rama de orden tan elevado, de busc ante todo la belleza sacrificando la razón.

Si las so: uciones lógicas indicadas hubieran seguidas, no tendríamos el admirable edificio, tranquil y magestuoso, que corona tan dignamente el peñasco sa· grado de la Acrópolis. En este caso todo debía concurrir unicamente a un efecto noble y puro, cuya simplicidad hubiera sido destruida por 'la multiplicidad de motivos que por lo contrario convenía redu c ir a un mínimum Así lo comprendió el gran artista Z etino y lo que él hizo está bien hecho. ·

Si se quisieran ejemplos de arquitectura racional, se les encontraría mas bien en Egipto y aun en Asiria. pero los mejores tipos son aun los monumentos de Roma: pa· lacios, templos, circos, termas. etc., en los cua'les la ló 1 gica de la composición se une a menudo a la belleza siempre a la grandeza, -dejando de lado detalles general

mente tan poco l ó gicos como en Grecia, donde encuentran, • por otra parte, su ongen.

A este respecto, Viollet-le-Duc ha criticado muy duramente la ar c ada bajo dintel de los romanos; reflexionando bien, ésta es todavía menos irracional que la cornisa señalada mas arriba, en los tímpanos de los frontones del Partenón.

Pero este lu c hador terrible no entraba en detalles para reducir a sus adversarios y sospe c ho que. en su fuero íntimo, cr eía ll)Oderadamente en sus teorías redactadas sobre todo para un públi c o que e ra necesario co nvencer a toda costa.

Si se quisiera continuar l a nomenclat ura de los il ogismos sería fácil encontrar todavía otros, pe ro me detengo aquí y, sin la pretensión de haber puesto la s co sas en su punto. he manifestado con franqueza m i pensamiento, creyendo cumplir un deber que incumb e a un antiguo arquitecto enam or ado de su arte pero que gu sta también de analizarlo p ar a saborear mejor su v a l or

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P od emos hoy ofrecer a los señores arquitectos y a los lectores de ARQUIT1ECTURA e n general un resumen frMico interesan.tf slillllO oe los trabajos realizados durante los v e in -te últimos años por el Instituto N. Físi c o Climatológico, de que es direc tor el ilustrado compatriot a Dn iLuls Morandi.

Este resumen tiene u n doble interés: ofr ece e n primer lugar mO.ltiples datos sobre las oscil aclo n es y los promedios d e l clima n acional, dando a.l arquitecto .los fundamentos para muchos di.lculos técnic os, en los que e l cUma d esarrolla un Important e .papel ; e n segundo lugar, presenta resumida la labor d e un Instituto qu e hace ho nor al Pafs siendo sumamente grato para t p dos conocer y -pesar la trasce nden cia d e un · trabajo intelectual perseve r ant e e i nt e nso que honra también y e n primer térmi : w a los que han sabid o mantenerlo con te só n durante un largo pe río do de tiempo.

BREVIE !RETROSHIDCTO HIS.TOR ICO. - El : •bserva torlo del 'Prado se J:un(ló en 1900 J)Or la de :Montevideo. Co n cebida su Idea pqr Dn A lberto GO.mez Ruano, cir c unstancias especiales estuvieron a punto de malo g rar la iniciativa, cuando en Julio de 1899, por gestión del ST. Luis Mora.ndi, Director del Obs e rv ato rio del Colegio Pfo de Villa Colón d es d e 1886 hasta esa fecha, se consideró el proyecto,se aprobó y se aceptaron -sus servicios para la og.anización de la nueva Oficina. El año 1900 se e mpl eó en la adquisi c ión , i n stalaci ón y est udio de los 1apa ratos. en tarea ;hubo qu e v e noer no poca s dificultades, e sp ec ia lmente a la fa lta de r ecurso s, e st ando redu c ido todo su personal al Director y •al Sec retario , Sr. J eróni mo Zolesi.

NAoCIONALIZACION. - F.n Marzo de 1905 el J n g Alberto Capu rr o, •Ministro de Fom e n to, encargó a l Sr .Morandi un proyecto de nacion a liza ción del Observatorio .Muni<.:ipal, que d e spués de sUifrir modificaciones en las Cé.rnaras provocó la c r eació n de dos Institucior.es ind epe ndient es, una d e ellas el I nstit?,to Nacional Físico - Climat ol {Jgico.

ORGA!N IZ .AtCI ON AC'l'UAL JJIDL INS,TI T UTO - Abarca cuatro secci o n es.

1.• El Hbse rvatorio Centra l , cuyo programa es el co rrespondi ente a una Esta c ión lóglca primer orden.

a) Lléva observaciones horarias de los prin-cipa l es e l ementos meteorológi cos

b) Atien d e aparatos seismol6gi c os: Los mi,crosefsmografos A1fa n i y Vi ce ntini.

e ) Practica observa c iones geotermométricas hasta la profundidad de 20 metros.

d) Dispone. , de un p equeño pabellón as tronúanlco dotado de anteojo Zei ss de 14 ce nt. de apel'tu ra. e) .Efecttía banzamientos de globos pilotos.

2.• 1Serv!cio !P l uvio.métrico Nacional, que cu e nta co n 400 estaciones.

3.• Servicio P Juvio- T e legr!lfico diario, co n stituido actualm ente por 1•60 estaciones, que los d fas ,l.,o, 11 1y. 21 de l m es r e mit e n , adema.s, un inCorme decll.dico de l a lluvia , heladas, granizo, estado de los campos y seme n teras y e nfe rmedades e n los_,-ganados ' 4.• !Servicio P l uv io- Termográfi c o , f ormado por 22 estacion es

LOCAlL E INSTALA CIONES. -El Observatorio esté. u'b lcado a 5 kilóme tros al Norte de la catedral , e n !la parte mé.s elevada de una p equefia lama. 'L imita al Oeste eo n terrenos muni c ipal es; al S ur y al Norte c on qui ntas y a l Este con el Camln.o Suá.Tez. 'Lati tud Sur: :Ho 52' 48". Longitud w · Parfs: 58o 32' 19 "

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DmOLINACION MAGNETICA - El valor calcu lado para e l 31 de Dici e mbre d e 1920 ( esti -

mAn<lose la va r iación anual en 0° 9' 8" d e l E al W) es N 2° 42' 34" E.

A!:úTURA DE L A •CUBET.-\. - H asta Abril de 1913, m.29.34. En es ta fecha los baróme tro s se trasladar on al salón bajo, q1Jie dando la cubeta a m.24.92. E n la prese nte ¡SinoP&is todos los valores fueron ' r ed ucidos a la alt ur a primitiva.

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Morandi: amplia :r bie n aer ea da: a m. 60 del edi fi cio mAs próx imo y so br e suelo €!m1)astado. Los aparatos a m. 1.50 sobre el sue lo E n proximidad funci on a e l pluvi 6g rafo H e llmann-&uess

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