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Arquitectura 59 - 1922

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Secretario •

Tesorero

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Vocales

Daniel Rocco

Horado Terra A r ocen a

Román BeNo

Rodolfo L. V¡jgouro ux

Rodolfo L. Ama rgó s

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Enrique Du rán Guani

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Banaba Américo. - C e rtito 685 .

Campo s Alfred o R. - Ch ucano, 3 ( P ooitos).

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Belloni Gadea Pedro. - Rí o Negro, 1456 Catwba l Alberto. - Trei nta y Tres, 1271. Caprario J orge. - Sierra, 1908 bi s. Carlevaro Alvaro · R - 18 de Julio, 1865

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Durán Gu.ani Enrique. - Ituzai ngó, 1297

Durán V eiga Luis. - Ituzaing6, 1297. Dighiero /tal o - Convención 1426. Elzaurdia Roberto - P,a¡ysandú, 1172 Federici R aú l - BU'C'11os Aires, 288. Gen ta Mario. - Uruguay, 1210 Giriba ld o luan A - Isla de Fílores, 1840 Gimeuo l osé. - Yaguarón

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Lamolle Juan C - Cerrito, 365

Maini América E - Oi11dadela, 1274. Juan M - 8 de Octubre, 231.

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Director

remisión de la Revista de Arquitectura

H orado Ter m Aroc.ena

L eopoldo Catílos AgoliÍo

Raúl Federüoi

Dighiero

R edactores

Secretario - Admin4strador

J uan A Seas so

Rodolfo Amargós

A lberto Muñoz

Perfecto López Campaña

SOC IO S CORRESPONSALES

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SOC IO S FUNDADORES

Gómez Ferrer Filisberto. - Cibi}s, 142 H errera Arraga J osé P. - Rivera , 2237 La sa la Francis co. - Sarandí 433. Ler ena Acevedo Raúl. - Ltuzaing6, 1467 L erena Juanicó Cándido. - Soriano, 1105. Matht.,rin L ecocq Marcelo. - R ío Braoco, 1140 M endivil Rodolfo. -( Carnnelo). Noboa Courrás Dieg o. - M Barreiro 151 - Pocitos. Pedemotlte Ju an J - Santiago Vázq.uez 7. Pooitos Ricci y Toribio Carlos. - Suálrez, 2925. Sambucetti Oc tavi o. - Gii 31. Vázqtee.z Varela Ja cobo. - BUie41o s Añres, 519 bis V áz qu ez Antouino. - AJldea, 152 Zerb ino Luis - Rincón, 479.

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Nadal Pedro. - Río Neg ro , 1445

Ntíñez Dt•lio Jacittto. - Agraciada 2399. N oceto L11.tk - Cerrito, 685.

P érez Montero Carlos. - Reconquista, 416. Pitamiglio HU1n ber t o. - Ej ,ido , 1392 Polanco MtJ>sso Lt•is. - Cont. Colonia 52. Ruíz Aleian dro. - Río Negr o, 1445

Rocco Dani el - Bueno s Aire s, 519 b is

Rodríguez Larreta Carlos. - PWedras, 421.

Ríus Joon At1tonio. - 18 de Julñ9, 1698.

Rodríguez H éctor L. - J tlaln P au'la ier 1385

Rubio Antonio. - Tiristán Narvajas , 1121. · Sanguinetti D oming o. - A ve nida CanJellones, 675.

Scasso Juan A. - 2014

Schinca Carlos E. - 8 de OctUbre, 280 ,

S egu-ttdo Lu-is E. - ES!t. del F. C C. - Sala ,de dibuj o. '

Silva Díaz B er nardino - Mercede s 1463.

Terra Arocena Horacio. - Paysand ú 1927 - Dpto. D

T erra Urioste Carlos D. - Rivera, 2804.

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Vilamai6 Juli o. - P .rogreso, 937.

Vázquez Barriére Gonzal o. - L'tluzañngó, 1467. · .

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EDIFICIO HOULDER

ARQUiTECTURA

DIVERSAS lF ASES EN

Hemos hablado en artícu•los anteriores de las fases estéticas, sin detenernos mayormente sobre· un punto que tiene sin embargo c apital importancia en el terreno práctico, cuando se trata de formular juicios y de hacer crítica respecto de las obras artísticas.

Muchas confusiones y divergencias de criterio que• darían las más de las veces mágicamente allanadas, si se planteara como asunto previo a la emisión de cualquier juicio sobre lo bello, la aceptación de la fase ' estética que es preciso considerar.

Una pintura con un fuerte valor expresivo de la rea· lidad, puede ser pobre mente decorativa, puede aún te· ner una escasa sugestión idealista; y otra en la que el sello decorativo descuelle por la estitiz.ación de la figura o por la combinación del colorido, es apenas un signo muy débil y atenuado de la realidad que pretende servirle de • mohvo.

Se dirá que tan solo se trata de diversidad de es· cue las. Pero es que precisamente lo que separa a una es· cuela de otra no es más que la pref erencia por una u otra fase estética. Casi podríamos decir que entre dos artis· tas con distinta personalidad, aún dentro de una escuela determinada, la misma raz-ón de fases es en el fondo lo que los distingue. Porque a sÍ como las · fa ses de los objetos son para cada uno, en número indefinido, así tampo c o podríamos catalogar en el corto número de las escuelas clasificadas, las múltiples y diversas preferen· cías de los artistas en materia de fases estéticas.

Los mismos medios de realiz-ación dan lugar no SO· lamente a la diversidad de las artes, sino también a la diversidad de las escuelas. En un gran dibujante, no busquemos la expresión del colorido, su a specto no es ese, su aspe cto es el de la línea.

Y he aquí una recomendación que pareciendo harto vulgar y hasta axiomática, se descuida demasiado por los críticos de arte y, desde luego en una escala mayor, si descendemos de la crítica ilustrada, al comentario co· rriente en los salones de exposición, en los museos, o frente a la arquitectura de las calles. ¡Cuántas veces llénase uno de confusión, oyendo aplicar a tal o cual creación artística, los preceptos inflexibles de una escue• la que le es perfectamente agena y aún respecto de ella de tendencias extrañas y divergentes!

Podríamos comparar esto de •las fases a los lenguajes, teniendo desde este punto de vista cada escuela y cada artista su lenguaje o su dialecto propios.

La fase estética como anteriorm•ente hemos dicho. no es más que un resultado de la formación de los sÍg· nos expresivos; y de un mismo y único objeto pueden surgir diversos signos expresivos, según se hagan predo· minar unos u otros de los infinitos factores que lo com· ponen.

Una escultura considerada bajo la fase formal tiene un valor expresivo: expresa leyes, ritmos, abstracciones de la naturalez-a, orden inteligente crea do por el artista. La misma bajo la fase ideal, tiene un v alor expresivo in· dependiente del primero: sugiel'le pensamientos, habla y hasta tiene razón o se equivoca. Bien: pero además de estas fases catalogadas y conocidas ¡cuántas incataloga· bles! ¡Cuántas sutiles subdivisiones de estas mismas.

LA OBRA DE ARTE

El arte como hijo de la naturaleza no escapa a su complejidad, y si el artista aislado aunque sea genial, es como hombre, limitado siempre, entl'le todos los artistas c abe la misma complejidad inagota-b1e. Cuanto más afina su observación y su sensibilidad el artista, más nue• vas y penetrantes expre-siones y más distintas maneras de expresar encuentra. Sólo que éstas maneras de expre· sar las tiraniza al ambiente: el artista no expresa para sí, • sino para los demás, para el público, y entre ambos debe ne c esariamente existir el lenguaje convencional y esta· blecido. sin el cual la comunicación es imposible. esta circunstancia han debido luchar tan ruda· mente. todos los revolucionarios artísticos. En busca de una nov e dad siempre distinta, han visto o han creído ver a go tado el l enguaje para expresarla. Pero en el instante de adoptar las nuevas fases estéticas, se han encontra· do divo rc iados del público. se han sentido incomprendidos y aislados.

Mientras tanto el público ha continuado observan• do sus obras con extrañeza, buscando en ellas bajo la fase antigua, la menor de las expresiones; par.a concluir desilusionado, sin otro hallazgo que el de violados pre· ce ptos. descuidos incomprensibles. formas sin objeto.

El espíritu artístico ha sido luego descubierto bajo las nuevas fases, y el público ha aceptado más o m enos • tardíamente las convencion es de los lenguajes nuevos. Tal la historia de las revoluciones triunfantes. Otras hanp erec ido en el ridículo, talvez porque surgieron en me· dios poco ingén u os, o demasiado cargados por los pre• juicios de una vida secular.

Hay ambientes más o menos propicios para estas re· novaciones; los hay totalmente inelásticos para amoldar· se a los lenguajes distintos. En ellos crítica solo admite una o muy pocas fases para cada arte, y dicta moldes estéticos, como diccionarios inflexibles para los artistas.

Otros ambientes son más favorables. La sencillez de costumbres y la ausencia de toda erudición autorita• rÍa los crean, y en eUos elartista encuentra siempre la manera de hacerse comprender.

No quisiéramos que de aquí Se dedujera nuestra aceptación de todos los snobismos" y de todas las •• po· ses" que suelen ser c arcoma del verdadero arte. El pa· pel de revolucionario atrae a muchos; y la verdad es que casi siempre atrae más a los más superficiales y a los menos capaces.

El verdadero artista es revolucionario a su pesar y por algún motivo; el otro lo es por su gusto y sin motivo alguno. Cuando de la renovación haya de surgir un cam· po fecundo en expresiones nuevas, cuando el lenguaje viejo se encuentre incapacitado para expresar, a fuerza de gastado o plagado de frases hechas y de giros tirá· nicos, la renovación es necesaria y legítima. Cuando la no tenga más objeto que el de aislar al ar• tista del público, ella es sólo perniciosa y negativa en efectos estéticos. Por este error muchos artistas a penas tienen un círculo de íntimos admiradores y el púhlico no se interesa por ellos. Por el mismo error las masas sue·

•

Íen interesarsé poco por ei arte en general, no lo prenden: El lenguaje se renueva con demasiada frecucucia y el público no sabe contemplar la obra artística\ pierde frente a ella en las más absurdas consideracion repite las opiniones más diversas que oye aquí y allí, y mismo desorden de los juicios concluye por matar efecto estético en el ánimo de los observadores, a fu za de ponerles por delante una serie de jeroglíficos explicables.

Si es cierto que hace falta educa r al público, lo también que los artistas deben educarse un poco a sí mismos. Diríamos talvez que en esta época de cia, sólo ellos van a quedarse encerrados en su aristoc cía misteriosa, lejos de la m asa que estaría destin a consagrarlos con títulos más sólidos.

El crítico puede pues objetar d esde estos puntos 1uc vista las r-enovaciones de lenguaje, pesar sus ventaj y sus inconvenientes, ya sea teniendo en cu-enta la cul ra intelectual o ética del público, ya contemplando la yor o menor fecundidad estética de los nuevos len jes, etc. No debe sin embargo-y esto es demasiado cuente - pretender valorar el mérito expresivo de la obra, sin estar dentro de la fase estética en que el a ta expresa. Esto es previo a todo juicio: o se admite y se comprende el lenguaje, o no se puede juzgar lo que se expresa en él.

Por esto suele ser temerario el juicio sobre el pretérito o sobre el de pueblos y razas distintos de r.o.v;:, que cobijan al crítico. Muy difícil parece que nadie da penetrar tan bien un ambiente de cultura extraña, L'l"h<n para valorar el mérito expresivo de una obra artís

respecto de ese medio. Por lo demás ¿qué objeto tiene por ejemplo, el juicio sobre el arte barroco hecho por un neoclásico 1 ¿Qué más puede expresarnos, que un antagonismo fundamental entre dos fases estéticas diversas, hechas para dos épocas y dos ambientes distintos?

1EL

Como el eremita ante la estatua de Cesárea, necesitamos para el proceso imaginativo, una fuerza amor sa, un inspirado acto de animación que provoque en nue tro espíritu la vibración de todas las armonías, dormí as, vivientes o entrevistas para que la inteligencia y la voluntad puedan tener materia, en la obra de inven ión artística, en la gestación de la forma bella.

Pero esa fuerza que debe guiarnos en ese acto delicado de la creación, debe ser muy sútil, muy

El ejercicio de esa fuerza, con distinción, con bon• dad, con inteligencia, el admirable don J de nuestro maestro, Monsieur Carré.

La reconocemos en la forma elevada de progr ar los temas de los proyectos de clase, la advertimos e las 'd' 1 'b 1 d conversaciones coh 1anas, a sentimos v1 rar en ea a una de sus correcciones, la vemos en todo su cuando sonrientes, contemplamos a su lado la de nuestros proyectos en su-s últimas etapas.

Es durante las hermosas horas de clase, conver y dos en espectadores de nuestro propio crear, bajo la y el comentario del maestro, que el aprendizaje db la arquitectura tiene un alto valor.

Cabría pensar porqué no sentar como ideal artístico la realización de lo expresivo dentro de todas las fases estéticas que admite una obra; pero el mundo es demasiado viejo para que esta aspiración no haya sido pretendida ya, y con bastante deficientes resultados. El eclecticismo en el arte no es ideal recomendable. Ya tuvo la escuela bolonesa el deseo de reunir en sus cuadros, al dibujo de Rafael, al colorido de los vene c ianos y al modelado de Leonardo de Vinci, la significa c ión ideológica d ,el Giotto. Tantas fases expresivas no eran compatibles con la intensidad de la expresión en cada una, y las obras de esta escuela han sido de vida más efímera y pobre. El arte a11tes que nada, como realizador de belleza, debe buscar la intensidad de la expresión, no tanto la multiplicidad y complejidad de la misma. No hay artista que aún inspirándose en la naturaleza complejísima, no sienta la necesidad de acentuar alguna fase de su obra, para en torno de ella crear la unidad expresiva que le es indispensable. La multiplicidad cabe sinembargo mientras no crea incompatibilidades, y mientras el artista es capaz de abarcar cuanto se propone. No es esto último lo frecuente y por lo general, aquí como en todas las cosas, se pierde en intensidad lo , que se gana en extens10n.

AESTR @

¡Cuántas formas diferentes nos sugiere el maestro en un rápido análisis de nuestras concepciones! Y cuando gráficamente derrama su inventiva ,cu ando vierte todos sus recursos artísticos para insin u ar un buen camino, una buena solución, ¡qué desfile de ideas pasan ante la imaginación del alumno, que quisiera de todas ellas arrancar la verdad y la belleza latentes! Por eso sus discípulos hablan del maestro con tanto cariño y admiración. Porque M. Carré vive en el taller, las inquietudes, las dudas, las satisfacciones de sus alumnos. En su taller, él dá sin preferencias personales toda la esquisitez de su saber, de su fineza y de su inspiración. M. Carré, es el maestro, sobre todo c uando encamina, cuando aconseja, cuando inspira, cuando critica. Por eso hay que escucharlo, hay que comprende r lo en el ta71er, entre sus alumnos, cuando despierta un lógico asombro al anaJ.izar esas grandes composiciones recien bosquejadas, en las que ellos no ven aún la claridad, mientras él ya prevé el conjunto de armonías que podrán salir a luz con el estudio constante y ardoroso. En conocimiento de su alta misión, él los hace detener en otras variadas soluciones antes de dejarlos en-

H. T. A.

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t rar e n la se nda d e s co n ocida aú n, d e l a s pr e f e r e n c i as d e

estud iant e Porq ue sa be que a h í es t á e l ve r d a dero ap re n-

d iz a j e , e n e s e ejerc i c i o de l a im agi n ac i ó n y del buen

gu st o

Y c on l a m is m a co n vicc i ó n l o s esti m u l a a v ia jar im ag in at i va m e nt e p or e n tre l as be ll e z as re aliz a da s que

m uestra n l os li bros , pero co n d e sin terés , sa bie nd o que s i e mp re ll egará p ara e ll o s, u na fuer z a d e i n s pira ció n o

u n a as o c i ac i ó n fe l iz que des pi erte l a i m age n d e l as for ma s , que h a n quedado i n vo l u n taria m e n te c in ce lad as e n

e l es pí r i tu , la s que se u n irá n p rovec h osa m e n te a esas

for ma s hi jas d e l a p ro p ia i n sp i r a ció n

El m aes t ro e n seña a sus a l u mn os , o h juve n tud ro ·

m á nti ca , a so ñ ar , a m ed i tar co n exa l tació n de ar t i stas, so b re l os te m as propuestos para e n trever u n a belleza

mejor , ya que m a s tarde, el frío razona miento, la autocrítica y la rea lid a d materi a l disminuirán en parte el valor de la be ll e z a i ma g inada.

L es e n se ñ a de • u n a m1sm a de l icade z a , co n

sobr e t o do a amar las otra S artes, hijas a r monía ; y todo esto con bondad, c on esa resp e tuosa humildad artística que caracter iza a l o s h o mbr e s superiores.

Y es así c om o Monsi e ur Carré, ce loso de las ense· ña n zas d e su e s cue la madre, l'E c ole des Beaux-Arts de P arís , tr ansmi te a su s al u mn o s los principios de composició n arq uitec t ó ni c a d e spertando en ellos esa fuerza a m orosa , que e n e l pr oc eso de la invención artística arra n ca de l círcu l o de l o in c on c iente la idea fe c unda, la for m a be ll a.

M. Cravotto.

T orres , ca mp a na r i os , claus t r o s co mp os t e l a n o s. T od o s

e ll os h e rm a nan co n esa p a z , esa bo n a n za , ese ro m a n t i-

c i s m o e x ubera nt e de G al i cia; co n ese de li cioso ••e n c an·

tiñ o " hond o, v i e j o , trad i c i o n a l.

Y ese e n ca n t iñ o e st á e n la polifonía que brota de las in n u m era bl e s c ampanas de e xtrañas tonalidades que deja n percib i r si n e m ba r go, la dulce, serena y melancólic a n ota de a l gu n a c ampan a ma y or que vibra en su trono

'' el ev ado; y está en el bullíc i o estudiantil que no apaga la voz de un viejo maestro que ni la plegaria d e algún m í s t ic o en los c.! au stros.

Y está en las colinas ga· lle g as y está en sus mozas f u ertes y primitivas que van a la fuente antigua a llenar su c ántaro reluciente.

¡Torres de Santiago de Compostela 1 Para lo s nat.ivos q ue retornan, ellas son co mo el brazo erguido de al, g un ser caro que espera y para los artistas, para los soñadores la última forma q ue buscan los ojos en la tarde, c omo síntesis de tant o s en c antos revelados.

M. Cravotto.

ARQfltEétURA

HISTORIA Y CONDICU N JURllDICA

DE LA PROFESI<bN DEIL, AR@Ull'fiECTO

La historia de 1a Arquitectura, la evolución de estilos, la transformación del Arte en el tran scurso tle los siglos, han sido objeto de prolijos estudios; porq¡ué la historia del Ar quitecto no ha sido intentada aún. Si se exeptúan algunas monografías, algunos raros artícmlos, ciertas aprecia cio nes obtenidas concernientes a época determinada, ningún estudio de conjunto ha sido aún publicado. Sería interesante indagar rlas vicisitude s sufridas en el pasado por la profesión del Arquitecto, cu anto más, que amenudo el conocimiento de las cbn· diciones por las cuale s una construcción ha sido rfalizada, permite comprender, o al menos explicar cier tas dificultades, cie rtos puntos permanecidos ocultos e ignorados

Es esta la obra que he emprendido co n el solo au· xilio de la verdad. No la presento co mo definitiva: 1 es en efecto un ensayo, una síntesis, y reconozco que ame· nudo por falta de do cu mentos, debemos contentarhos con simples hip.ótesis.

Concerniente a la Antigüedad, espe c ialmente, los indicios que he podido recojer son raros y amen bdo tmprecisos. La verdadera fisonomía del Arquitecto, es difícil despejarla. Que ha ya n exi stido grandes artistas, eso no podemos dudarlo. Pero cuales eran sus funciones? A que C'la se social pertenecían? Existían Arquitectos privados u oficiales? Cuantas pregu nltas, en los que la ausencia de textos no permite las. Es cierto que la Arquitectura fué considerada al principio, como un verdadero sa cerdocio, donde el 9 jer· cicio y los secretos restaban el privilegio de los pontífices y de los hierofantes. En Egipto los murket o Arquitectos de'l rey eran elegidos amenudo entre los p,rinc ipes de sangre real. En Caldea, los f,ateshi, prínc i pes gobernadores, y al mismo tiempo jefes de la clase sacerdotal, fueron grandes co nstructores, donde el más ilustre, Goudéa, es representado como el Arquite ctJ de su propio palacio.

Se conoce por una estela descubierta en Sus ¡ en 1902, e'l famoso Código de la s leyes de Hammourabi, rey de Babilonia (2000 a. J. C.), y que contiene ¡respecto a los Arquitectos severas disposiciones:

Si un Arquitecto ha construido para una una c asa, y no ha hecho sólida su construcción; si la ca sa co nstruida se derrumba y ha matado al dueñ b de la casa, el Arquitecto es sentenciado a si es el hijo del dueño de la casa al que ha matado, se m J tará al hijo de• l Arquitecto ; si es la fortuna mobiliaria que él ha destruido, deberá restituirlo todo, y puesto 1 que no ha he c ho sólida la construcción pués se ha der tu mbado, restaurará la casa por su única y exclusiva cuenta"

••La Gre cia verdadera cuna del Arte, ha 1 los más célebres artistas de la antigüedad. Eran objeto de una alta consideración y recibían grandes honpres. Sus nombres eran dados a los monumentos que erigido. En cuanto a los Romanos, pueblo más bie r comerciante y militar, no se interesó sino demasiado tarde por la Arquite ctur a, prin ci palmente en la de Augusto.

La primera parte d e la Edad Media, fué pa ra la s Artes, un período de infortunio y de tinieblas, invadida por los bárbaros, la civi liza ció n no pudo le va ntar se a ntes de varios siglos. El Arquitecto no pudo sustraers e a ese cataclismo y sería difícil afirmar al gu na cosa precisa, relativa a esa é poca.

Es p or el siglo XI que s e inicia e l Rena ci mi e n to artístico medioeval. Durant e todo este período, no se posee nin gú n dato exacto sobre los Arquitectos; se sabe solamente que las Artes, estaban refugiadas dentr o de los claustros, y que los primeros co nstru c t ores fueron los monjes o los abates.

En que momento surgieron -los Arquitectos l aicos?

S e ha dicho: en el s i g lo XII. Re cié n e n el siglo si g uiente los arquitectos entran en las Ordenes R e li g ios as como le gos

Existen desde entonces Arquitectos de profesi ó n, que viven de sus obras, burgueses, y la ma yor pa rte casados

Esta transformación se explica: dentro de esa época, en efecto, se acusa la emancipación de los obr eros, que abandonando los claustros, se orga nizan e n corporaciones independientes de toda autoridad.

D ur ante el siglo XIII co rr-ienza el florecimient o de la Arquitectura; pero es el período en que es difícil de co no cer el papel exacto del Arquite c to. Se h a hablado m uc ho del Dir ector de Obra: que ha y de c ierto? Era un verda dero Arquitecto? Si no, cua les eran su!= atribuciones? Formaban parte de las cor por acio n es? Era igualmente empresario? Realizaba los ne gocios por cuenta o por la del propietario? Que relaciones tenía con este último? Cuantas cuestio nes delicadas. sobre 'las cua les, infinidad de opiniones fueron emitidas, amenudo erróneas. Jamás una síntesis de las f u n c ion es del Arquitecto, en la Edad Media, ha sido esquizada, por lo dificultoso que era para esbozado, pués esas funciones no siendo r eglamentadas u niformemente, por los principios admitidos por toda la Fran c ia, ca da uno obraba según el lugar y las circu nstancias.

No es mientras tanto imposible de desarrollar algu nas ideas ge nerales sobre la situación del Dir ec tor de la Obra. Es menester indicar que ese n o mb re n o tiene nada de riguroso; el Arquitecto era designado por una cantidad de expresiones diversas: aparejador, pagador, maestro de obra, maestro, ta17ador, etc., etc.

Por consiguiente, la palabra Director de Ob ra, n o comprende siempre al Arquitecto pero sí algunas veces a los re'ligiosos, ma yor domos, tesorero!!• previso res , simples jefes de cantera. No es casi siempre más que una dificultad de terminología, quizá sea más difi cu ltoso definir el papel del Director de Obra.

Para emprender exac tamente lo que Arquitecto durante la Edad Media, es podría ser el indispensable transportarse a• l estado social y económico de esa época.

La libertad del trab ajo no existía enton c es: c ad::. gremio agrupaba, cor poraciones regidas por estatutos, a los cuales debían indefectiblemente someterse. No se podía ganar la vida trabajando a su gusto.

ARQUITECTURA

Para ejercer un oficio cualquiera había que pasar por distintos grados a los cuales no se a ccedía sino me· diante obediencia a condiciones rigurosamente determi· nadas. Concerniente a la construcción había tantas corporaciones como gremios. Los más importantes eran los de los a•lbañiles y carpinteros; luego los herreros, pintores etc. En cuanto al Arquitecto cualquiera que sea el nombre con el que se le quiera designar, no es el artista tal cual nosotros le conocemos hoy en día, autor de planos y proyectos, director general de •las Obras, mandatario y representante del propietario, ejerciendo una profesión liberal. Aquel que se designa Arquitecto en la Edad Media, es un simple obrero, casi siempre un maestro que por su inteligencia, su capacidad, su trabajo, ha llegado a perfeccionarse, a distinguirse entre sus camaradas, a elevarse sobre su rol modesto, pero quedando siempre un simple obrero, un maestro albañil dependiente de su corporación, y sometido a los Estatutos que la rijen. Habiendo pasado por todos los grados de 1a jerarquÍa profesional, trabaja manualmente, amenudo con los camaradas que dirije, habita con ellos en .la loggia anexa al taller, y es pagado al final de la con el mismo sueldo de ellos.

Los directores de obra de la Edad Media podían recibir salarios elevados, volverse propietarios de fincas, obtener riquezas y honores, producir verdaderas obras de arte e igualar por su genio a los más grandes artistas; ellos no :han sido nunca verdaderos Arquitectos, libres e independientes como los de nuestra época; ellos han quedado siempre maestros oficiales dependiente de su corporación.

••N ada más falso que representar el Director de Obra teniendo las atribuciones del Arquitecto actual, dirigiendo el conjunto de la construcción, mandan do a los maestros de las distintas ramas del oficio que están bajo sus órdenes; el Director de Obra no es otro que el maestro albañil.

Cual era pues el régimen de las construcciones en -la Ed-ad Media? Cuando un señor quería hacer construir una igle sia o un castillo, la primera persona que se l lamaba era un maestro albañil, y se trataba con el antes que con otra persona; no •e s pues él, en realidad, e-l que debe ejecutar el trabajo más considerable?

Se trata luego con los maestros de las otras ramas del oficio; cada uno de eHos pasa su tiempo solamente en la parte que le concierne. Ellos tienen su esfera de atribuciones bien determinada y, bajo ningún pretexto, pueden usurpar los unos el terreno de los otros. La historia de la Edad Media está Hena de conflictos que se levantaban constantemente entre las corporaciones y hasta el fin del antiguo régimen, estos defenderán enérgicamente sus monopolios respectivos. Quien pués asegurará la unión entre los diferentes cuerpos de estado? Es un personaje representante del propietario y teniendo poder para .mandar sobre todos. En las cons· trucciones religiosas era un obrero un procurador de la fábrica; en las construcciones civiles, era un tesorero o un lugarteniente, una especie de administrador gene• ral, que se o c upaba de toda la obra y amenudo designa· do por este motivo, Director de la Obra.

••El prin cipio que preside con relación a l gremio de artesanos representa una autonomía completa. En efec-

to, mientras tanto, los directores se entenderán .siem• pre para obrar de acuerdo, y lo más amenudo ace ptarán la dirección general del maestro albañil, justificando así su título de Director de la Obra. Pero recordemos bien que ese reconocimiento de autoridad del maestro albañil resulta de un acuerdo tacitamente consentido er,ltre los directores de los distintos oficios; en definiti· va estos conservan su independencia absoluta.

Creo poder resumir su situación diciendo que, es• tos son colaboradores del director de Obra, pero no sus subordinados.

Durante el siglo XV ha .sido para las artes, y par· ticularmente para la ATquitectura, una época de deca· · dencia muy pronuncia da. El Director de Obra cambia de mentalidad, inquietudes de orden material vienen a asaltarlo; amenudo en efecto, debe procurarse ia mano de obra y aun los materiales; esta s absorverán má s o menos su espíritu, despreocupá!ndos e de las cuestiones de arte. Además, la idea del lucro nace en él; a los modestos honorarios que recibe, tra· tará de añadirle a'lgunos beneficios obtenidos sobre la provisión ,de mateTial.

Por otra parte el dueño atraído por el deseo de rea• lizar economías, no eligirá sinó a aque l constructor que le ofrezca precios más ventajosos.

Consecuencia de esto será que los distintos maes• tros se conocerán mucho menos. La autoridad, conven· cionalmente admitida del Director de Obra, de sapare• cerá también; cada uno tratará de hacer •su trabajo lo más pronto posible, y con la mayor ganancia posible, sin preocuparse de los otros. He aquí como las construcciones no tendrán más ese gran carácter de unidad-, que presentaban en las época-s precedentes; se ocuparán de los detalles, pero no del conjunto.

"El siglo siguiente será al contrario, teatro de un renacimiento general de las artes, •los métodos de construcción serán completamente cambiados; manteniéndo· • se las corporacione s todavía sentirán sin embargo va• cilar sus planes; nuevas situaciones profesionales se• rán creadas surgiendo entonces el verdadero Arquitec• to, y asi también al -constructor. Durante mucho tiempo, esas dos profesiones permanecieron confundidas • dentro de un cierto límite, las pa!labras no Se aplican exatamente dentro de las situaciones que ellos definen.

Esos nuevos AT'quitectos son muy diferentes del antiguo Director de Obra. Casi todos de origen burg'ues tendrán amenudo una educación y una instrucción muy avanzada, que les permitirá beneficiarse con el aprecio de los señores, y con el favor real. Estos serán los letrados que conocen a sus dásicos, que han leído a Vitrubio, y capaces de es CTibir ellos mismos, tratados de Arquitectura. El mas ilustre indudablemente es Filiberto Delorme.

En el siglo XVII asistiremos al triunfo de la profe· sión de l Arquitecto. La pa•labra es definitivamente con• sagrada; sabemos que los Arquitectos son artistas, que habiendo hecho estudios tienen conocimientos generales sobre todas las ramas del Arte y sus funciones pro'lijamente definidas. Es la época de la mo• narquía .absoluta; la Francia va a embellecerse con espléndidos monumentos, los reyes y los nobles senti· rán la necesidad de proteger a los artistas, los ligarán a

ARQUITECTURA

su persona colmándolos de atenciones. La profesión re• cibirá en fin su consagración oficial por la creación de la Academia Real de Arquitectura, fundada por ins· tigación de Colbert en 1671.

Mientras tanto, muchísimos Arquitectos hacen siempre de empresario, hecho que no debe extrañarnos; en efecto; nos o tros no nos hemos todavía alejado de la Edad Media, para que la separación entre el arte y la profesión sea prolijamente establecida.

El ejemplo más cara-cterístico es el de Salomón la Brosse, a la vez Arquitecto y constructor del Palacio de Luxemburgo. La Academia de Arquitectura no excluyó absolutamente de su seno a los constructores; se componía de dos clases de Arquitectos, y a los de la primera clase solamente les estaba absoluta mente prohibido hacer de empresarios. La calificación de Arquitecto era desde ya tomada por simples obreros albañiles. Era necesario pues establecer leyes para reprimir esos abusos.

Además como en el siglo precedente, todo el mun· do pretende hacer arquitectura; no importa que dibuje los planos y se ponga de constructor.

••Además el siglo 18, nuevos acontecimientos parecerán que han de ejercer una cierta influencia sobre la construcción de los edificios. El sop lo de individualismo, la idea de la independencia irán a contribuir a la dislocación de las antiguas instituciones concernien· te a los oficios, sobre todo, el espíritu corporativo decae cada vez más; los obreros se emanciparán de esos agrupamientos que los generan y ejercerán libremente su oficio, a despecho de todos los reglamentos, hasta que la revolución venga a c onfirmar ese estado de c osas, suprimiendo definitivamente las corporaciones. Esos acontecimientos no serán del todo favorables a la profesión de Arquitecto; ella estará cada vez más compro· metida por la usurpación que harán de ese título una multitud de gentes poco dignas de U.evarla.

"El arquitecto artista, es desde entonces raramente empleado en los trabajos privados. Es en París donde se , senhra mas.

El Gran Premio, que se celebra cada dos años en la Facultad de Arquitectura, consiste en una beca de $ 150.00 mensuales durante dos años para perfeccionar los estudios y ampliar los horizontes artísticos en los pau1es extranJeros.

Este concurso se efectúa en varias etapas y está reservado a los arquitectos egresados de la F. de Arquitectura que ha y an obtenido un promedio de tres buenos en la c arrera. Los aspirante s en estas condiciones son sometidos a dos pruebas eliminatol'lias y que consisten: la primera en la composición en 12 horas de un tema de caracter decorativo y la segunda de 48 ho· ras ( 4 día-s) en la que se crea el esqui c io para • servtr de base al proyecto definitivo.

Este proyecto se clesarroHa en un de trabajo individual bajo la crítica Carré.

plazo de 4 meses verbal del Prof.

En una forma general, no existen res que se hacen pasar por Arquitectos, ya en las provincias.

• smo constructo· • YR sea en París

Durante esta época, todo el mundo construye y se titula Arquitecto; artistas de todas clases, hombres de negocios, simples artesanos; se busca ante todo gana r dinero. En cuanto a las personas de mundo, literatos, sabios, no se ocupan de Arquitectura como especuladores pero si c omo diletantes; la ma y or parte es c ribe obras y hace crítica del Arte. Se puede pues afirmar que en el siglo 18, la confusión sería tanto en las ex· presione s como en los hechos, y que lo más amenudo , la palab r a a rquitecto no designa sino a un empresario. No es pues asombroso que lo s autores del C ó di go Civ il hayan i g norado completamente al verdade r o A :- quite c to.

La extensión de la profesión se ha he : ho !entamen· te en e l transcurso del si glo 19. Si antes l o s p ar ticula res podían con dirigirse a un empr e sario, e s que las re g-las de la c onstrucci ó n er a n r elativam e nt e simples y poco variables. L a competencia de los e m· presarios se sentirá durante mecho tiempo.

Elementos hasta ahora intervendrán en la c onstruc c ión; c on el progreso de las ciencias, el arte de c onstruir se hará cada vez más difícil.

Nuevas concepciones se manifestarán; la necesidad del c onfort y mismo del lujo necesitarán conocimientos especiales; el gusto de las Artes exijirá una educa· ción profesional más refinada. Pronto, el empresario no podrá acumular sus funciones con aquellas del Arquitecto. La especializació n de este último se impondr á en una forma absoluta, y los particulares se verán en b obligación de dirijirse a él, antes que al empresario. Per o esta evolución ha ido formándose muy lentamente. Hoy está casi terminada; la profesión de Arquiteéto y la del empresario están prolij amente determinadas, teniendo cada uno un rol distinto y atribu c ion es particulares.

Géo Minv ie ll e Abogado.

De la revista L 'Ar c hite c ture.

TEMA: "EL PALACIO DEL PROGRESO"

En nuestro si g l o , donde el progreso sigue adelantando tan rápida mente que es difícil seguirlo de un mod o continuo, y que, para ponerse al c orriente de los c onocÍ· mientos del día ocasiona a todo el mundo averigua c iones penosas y enorme pérdida de tiempo, es menester c oncentrar todos los esfuerzos y conquistas de la humanidad para poder apreciarlo de una manera segura, discutir, y permitir el estudio de las cuestiones planteadas y emprender el de las nuevas que preparan el camino del porvenir.

Además sería una especie de instituto abierto a los sabios más notables del mundo en el cual eHos encontrarían los medios necesarios para proseguir los estu·

. · ARQUITECTURA

dios científicos y hacer los trabajos y exp'eriencias úti· les a la continuación de sus .investigaciones.

El edificio será dividido en dos partes principales : u na parte pública y la otra reservada a los sabios.

Esquisse de admisión al Gran Premio. Prueba eliminatoria de do<:e horas. Monumento a la Concordia.

Arquitecto Rodolfo L. A margós

La parte pública se compondrá de:

Una gr an sala de conferencias, en donde los sabios podrán exponer sus teorías y explicar sus nuevas inven· • c tones.

Esta sala estará acompañada de las dependencias nec e sarias, vestíbulo, salas de espera, vestuarios, salas de p r eparación, laboratorio, w. c. etc., etc.

Un gran Museo, para la exposición de las prin ci· pal•es inv e nciones que han marcado un paso en el pro• g reso de la humanidad en las diferentes ramas de la • • c tencta.

A este efecto se podrá dividir el museo en varias parte s correspondientes a esas diferentes ramas.

Acompañando a este gran Museo que resumirá todo el progreso antiguo, serán anexadas otras salas como: Electricidad, Mecánica, Üptica, Fotografía, Hidraúlica, Cale facción, Higiene, Navegación, Aviación, etc.

En cada una de estas salas serán clasi,ficados por orden cronológico los descubrimientos principales que han sobresalido sobre olas innumerables invenciones mo• dernas.

Estas salas conportarán una parte inutilizada por el momento y esperando los productos del porvenir. Ade· más serán dispuestas de manera de poder a este efecto, tomar extensión sin molestar :las grandes líneas de h ., compostcton.

U na gran pudiendo también dividirse en • vanas

Será fácilmente accesible al público, y contendrá todos los libros científicos antiguos y modernos, así como las numerosas revistas cie ntíficas.

Esta Biblioteca será acompañada de las dependenc ias necesarias : depósitos de libros, gabinete del bibliotecario, gran sala de lectura, gabinetes particulares de • lectura, vestuarios, w. c. etc.

Una Administración, compuesta de varios despachos para la secretaría, departamento y gabinete del Dir'e c tor, departamento y despacho del administrador, algunos salones de recepción y de espera, vestíbulo, piezas de servi c io, etc.

La segund a parte, será destinada a :los .sabios de r enombre universal.

Se c ompond r á de tres divisiones:

1." Se c ción mecáni c a.

2. " Se c ción química y física.

3. " Sección medicina.

La e cci ó n M e cánica comprenderá:

Un gran taller general para la confección de las pie-

z as de grandes dimensiones.

Un pabellón para la fuerza motriz y sus dependencias.

Depósito para materias primas.

V arios talleres particulares.

V arios gabinetes de trabajo y sa'las de estudio.

Una Biblioteca especial.

S e cción Qu1mica y F1sica comprenderá:

V arios laboratorios particulares, con sus dependen c ias, antecámaras, vestuarios, W. C., piezas para los frascos y aparatos de precisión.

V arios gabinetes de trabajo y salas de estudio.

Una Biblioteca especial.

Una o dos salas de colecciones.

Un gran gabinete de física.

V arios ta-lleres de fotografía.

Cámaras obscuras.

Locales para la instalación de fuerza motriz •

Un local para las pilas eléctricas.

•

Una sala para los instrumentos de , prectston.

Una sala

Una sa'la . , preswn. para .los productos químicos. abovedada para las experiencias

Una sala para las experiencias de precisión. bajo

Una pieza para el depósito general de los aparatos.

Una pieza para el depósito general de los frascos.

Patios para las experiencias al aire libre (con sotechados).

D •epósitos, vestuarios, W. C. etc.

Esqui sse de admisión al Gran Premio. Monumento a la Concordia. Arquitecto José B. Villa vedra
Gr a n P remio. P a l acio del Pr og r es o
G r an Pre mi o . P a l acio d el Pr og reso

ARQUITECTURA

Alojamientos de porteros.

La sección medicina comprenderá:

Varios laboratorios particulares con sus dependencias: a ntecámaras, vestuarios, W. C., pieza :para los frascos y aparatos de precisión.

Varios gabinetes de trabajo y sus salas de estudio.

V arias salas para la radiografía y sus dependencias.

V arios talleres de fotografía.

Cámaras obscuras.

Una bih'lioteca especial.

Una o dos salas de colecciones.

• Locales para la instalación de la fuerza

Un local para las pilas eléctricas. motnz.

Una sala para • Instrumentos.

Una sala para los microscopios.

Una perrera y una cogollera.

Una • el depósito de p1eza pa:ra

Una el depósito de p1eza para

Una farmacia.

Un laboratorio para los análisis.

Depósito, vestuarios, W. C. etc.

Alojamientos para porteros. los sueros. los frascos •

La mayor -dimensión del terreno aislado no excederá de 400 metros.

L2 opinaófll del los

H»lr®S®ntados

El tema propuesto para el Concurso del gran Premio de Arquitectura ha sido este año un Palacio del Progreso. Programa muy moderno y bien apropiado para permitir un estudio amplio y poner en evidencia el valor del mérito de los concurrentes.

El proyecto del Arquitecto Rodolfo L • Amargós que ha obtenido el Primer Gran Premio se distingue por por cualidades excepcionales de conjunto. El estudio pu· ramente arquitectónico, es decir, el que corresponde a la concepción de la forma, la agrupación, armonía y equilibrio de las diferentes partes tiene un valor incontestable. Lástima, sin embargo, que el proyectista se haya dejado llevar por su brillante imaginación al punto de qlvidar que la complicación no es .siempre sinónimo de belleza y que la tranquilidad y seren idad exalta al contra· rio 'la impresión de nobleza y grandiosidad. En el estudio del detalle que se revela sobre todo esa tendencia que acabamos de señalar.

Sin querer aminorar las cua!lidades que resaltan a la vista del proyecto, tenemos que hacer notar sin em• bargo los defectos o mejor dicho los errores que hemos notado en el mismo.

Si no se tiene en cuenta el programa, no hay duda que estamos en presencia de un trabajo de alto mérito y de un gran interés artístico. El proyecto representa un edificio hermoso, imponente por su forma y el detalle de su ar quitectura, y es mucho haber conseguido este resultado. Pero no hay que olvidar que el Arquitecto debe crear belleza siempre en función de un fin bien determinado.

La belleza debe descansar siempre sobre un razona· miento sólido; sin tal condición será fragil y no podrá existir más que por su similitud con otra belleza ya reco·

ARQUITECTURA

11o c ida y teniendo c omo ori g en una base perfectamente d efinida.

Es por eso por lo que en Arquitectura las formas r e petidas pierden siempre valor, a menos que se tambien las causas que las han justificado. Y es tam· b i e n por eso por lo que las formas absolutamente nales, consecuencias de cosas nuevas, pueden chocar a pr imera vista si no se c onocen bien las razones que las han motivado.

E l p r o g rama pedía un Museo ;pero un museo bien

especial; no un Museo de Bellas-Artes. ni u na Sala p a r a Exposiciones Temporarias, sino más bien una e sp e c i e d e Bibliote c a de objetos, fácil de clasificarlos y co ns u lt a r · loso. También pedía Salas para las diversas ramas m od ernas tales como : Eléctricidad, Calefa c ción, Me c áni c a, Üp t ica, Fotografía, Hidráulica, Higiene, Navega c i ó n, Avi ación. etc. Estas Salas dispuestas para la Clasifi c a c ió n por orden cronológico de los descubrimientos prin c ip a l es que han sobresalido sobre las innumerables inven c io n ec; modernas, debían estar previstas para permitir una ext e n-

ARQUITECTURA

del Pr og reso Pla

s i ó n futura sin m olestar l as gr and es lí n eas de

, pOSl C lO n

Es e n esta part e que debía bie n caracter izars e la origi nalidad del progra m a: Mu seo bien especial, una

Diploma: Arq uitecto J osé B. Villa vedra parte permanente o M useo antiguo , y u n a part e exte nsible para las inve n c ion es m oder n as y futuras.

En el proye c to que co n sidera m os, ha y u n defecto en la co locació n de las Salas dest inadas a l as inv e n cio n es

Un Pala<:ío
nta

ARQhiTECTURA

modernas que si bien son cómodas y de fádl acceso (l que es una gran cua•lidad) son por otra part-e dificilme • te extensibles y por consiguiente no corresponden exa • tamente al programa.

La Bibliot-eca colocada simétricamente con .la Salfl de Conferencias cerca de la entrada principal del ficio ha resultado por este hecho y por las dificu!ltad d t agrandarla sin molestar el aspecto del edificio un poc j chica, no tal ve:z como dimensión, sino más bien de as· pecto, teniendo en cuenta que e sta Biblioteca debe re presentar una Bibliote-ca Universal, conteniendo todo los libros que •se han hecho y que se harán.

La parte reservada a los Sabios aún cuando se un poco de en las secciones de física y de medi l c ina esta bien en el espíritu del {'rograma.

La fachada tratada con un carácter moderno re su lta muy interesante como edificio propiamente dicho pero se podría decir que en la Fachada como en 1 planta se ha caracteri:zado más bien un Museo de Ex posiciones temporarias, lo que no corresponde absolu tamente con el programa.

El Señor Arquitecto José B. Villavedra ha h echo un proyecto, con presentación y estudio incompletas. Se ha puesto de este hecho en una situación inferior porque no se puede juzgar unicamente sobre una in· tención, y e'l estudio y conclusión de los detalles tiene también una gran importancia que no se puede dejar de tener en cuenta.

Sin embargo hay que reconocer que su proyecto,

EL D

El arte decorativo francés moderno es netamente individualista.Como un pintor, un escultor, un poeta, un músico, el artista decorador expresa en su obra su sensibilidad. - No hay hoy día un estilo, pero si estilos.

Continuación del número anterior

En fin, y para concluir, una cuestión se plantea: el arte decorativo francés moderno, tal como nosotros lo vemos cuotidianamente manifestarse, ¿corresponde a nuestras costumbres, constituye la expresión en cuanto puede y debe serlo, de nuestras ideas morales o sociales, de nuestras maneras de vivir. de sentir, de pensar? Y o lo c reo firmemente.

De otro modo que Inglaterra, pero todavía puede ser más que Inglaterra, somos individualistas. Hay ciertas disciplinas a las cuales un Anglo Sajón se plegará y a las cuales, mal que bien nosotros somos incapaces de plegarnos: la unidad, la monotonía, la uniformidad de la vida inglesa lo prueba. La nuestra es infinitam ente más variada, más personal: nosotros nos preciamos de a por· tar a ella mayor independencia, de no ser tanto como 1 nt: estros amigos, esclavos del dirán", de pensar y sentir más por nosotros mismos\ nosotros somos en ge· neral menos snobs que ellos. Me atreveré a decir que somos más inteligentes?, en todo caso somos más com·

mejor terminado hubiera podido perfectamente soportar una comparación ventajosa con el de su co mpetidor. En efecto, desde el punto de vista composición y agrupación de las diferentes partes del Edificio, ha acertado bastante bien con el espíritu del programa. Aquí vemos por ejemplo que la Biblioteca es amplia, sin d emasiado complicaciones de detalles y fáci'lmente accesible por er gran patio de honor que acompaña las tres secciones públicas: Museo, Bi:bliote c a y Sala de Conferencias.

Las Salas destinadas a las investigaciones modernas están dispuestas de modo de poder extenderse, l o que es, como hemos dicho ya, una condición esencial de'l programa. En la parte correspondiente a los Sabios las masas de edificios están también bastante bien repartidas.

Habría ganado el proyecto de estar más estudiad o El Museo es aun demasiado chico y las galerías de m useo que dan acceso a las Salas de inven c iones mod ernas no son bastante amplias.

La Fac had a ha quedada también en el camin o , falta de estudio y conclusión.

Tales son en sus grandes líneas las críticas que pueden hacerse so bre los proyectos presentados. Tenemos que repetir sobre todo para el Primer Premio qu e hemos revelado errores sin querer restar ninguno de l os méritos excepcionales que el autor del proyecto ha puesto en evidencia.

}os é P. Carr é

CORATllVO

prensivos, más intuitivos: somos también, más fantasi stas y seguramente también más enamorados de la n o · vedad.

¿Qué de extraño por consiguiente, que nuestros decoradores sean individualistas y que el arte decorativ o francés sea individua-lista como lo somos nosotros mismos? Cada uno de ellos tiene su concepción propia de l a vida íntima, del confort, del hogar: cada uno de ellos tiene su personalidad bien de finida, y que él incorpora si puede decirse así, a sus obras. Es un error creer que sólo un pintor, un poeta, un escultor, un músico, tiene e l derecho y la posibilidad de expresar sus sueños. su sensibilidad, su ideal, en la form.a de un mueble, la elecci ó n de la madera en que está hecho, el ornamento que lo decora: en el juego de las coloraciones adoptadas para el tinte mural, el género de las cortinas y de los asient os el tapisado de un "boudoir" o de un comedor: en la crea· ción de un vaso, de una copa de gres o de porcelana, de una alhaja, de un hierro forjado, de una vidriera; un recopilador como hoy los h ay, un ceramista, un joyero, un herrero, si tiene algo que expresar, puede expresarlo tan bien como el poeta en su poema o el músico e n su sinfonía. Todo está en que tenga a.lgo que decir y q ue lo diga bien, sin exceder los límites de su arte y con arreglo a las características parti cu lares de este arte. El hecho de que los decoradores, que los artífices que están en este caso no sean innumerables, no aminora en modo alguno la legitimidad de ese derecho ni la noble:za del

ARQUITECTURA

papel que debe n dese m peñar, c ada vez que lo asum e n ,

ni el orgullo, ni los riesgos. P ero hay ta n tos p in tores o es -

c u lto res, po etas o músi cos que h abla n sólo por de c ir

c ual quier c osa, y , ¿no so n los m ás n u m erosos quie n es

no te n ie n do n ada que decir habla n lo m is m o y n o obs -

ta nt e s e les escuc h a? No reproc h e m os pues a n uestros

decoradores y artífices el h aber t omado u na a c titud que e n co n tra m os ta n n atur al e n sus co l eg as de ho y

Ade m ás , ¿cual es la que h abr ían pod i do adop t a r s in

c ho c ar ab i erta m e n te co n el e sp íritu y las c ost u mb res d e

su é p oca 7

P ero esta actitud , se m e d i r á, está en oposi c

directa con la formación de un est ilo y no es que se esté todavía. después de trei nta años de esfuerzos. es p erand l ese estilo moderno con el cual se nos 1ha aturdido. esl

a nada todos los estilos consagrados Y. ante todo. ll'll.unc pretend ieron l os promotores y l os defensores del artf decorativo moderno, dest r uir sea como fuere más que lh que los arquitectos y los decorado r es del Primer perio y del reino de Luis Felipe no pre t end ie rall'll suprimt aque.llos o estos la s creaciones de los es t ilos precede¡a tes; no pretend ieron l os u n os ni los otros. s in o crear para sus contemporáneos u n decorado má s apropiad o a su vida y social, l os guo to s , a !as a las neces 1dades de su hempo.¿ Y porque se rta admttxdo que un pintor o un escultor tenga el e n pl en f si g l o XIX de hacerse el intérprete de l as aspiraciones. dj l os sueños. del ideal obscuro y acaso n o formulado de su época, y emplear para f i jarlo plásticamei'flte, otro§ medio técnicos que aquellos de los cua le s se Bervían los pint u res y los esculto res de l os siglos XIV y XVI. en tant que un arquitecto y un decorador han d e estar etern a mente obligados a construir casas y a ornamelól.tarla segú n las regla s e l esp íri tu y l as formas en vog'a e n la épocas precedentes, o lo que es peor. según las de un

El d e Oct ubre se r ea.liz í• e n la Fa c ult ad de A r qu it ectu ra l h om0 n aje con qu e un grup o d e e x - di scfp ul os y discfpu los d el P rofes t ( '; tn é t e s timoniauan a ést e su afec to admiración por la fecunda l:l hor ¡·c-a liza cla Pn r¡uin c e aiios el e profesora,clo.

La s : n c illa ceremonia f'uP. r ea,Jz ada p o r la presencia del Se ñ 1' l'r e!' id e nt e de la R e ptlblica D r. Balta zar Bru m Mi nistro de Fra n ci :\1r. A uzony. Recto r ele la U niversidad Dr. Em il io Barbaro ux , D<· n nn ele la F. d e Arquit ectura Arqto. Ja cobo Vázqnez Vare l•a, D -

<· ano d e la F. ele Jng eniería Ing. Donato Ga mlnara, mi e mbros d l

Co n s e j o de la F. de Arquitectuna , Presidente de la Socied ad e :\rqui tecto Ar(Jto. Da:niel Ro cc o y la casi tot a lidad de los profso n 'R al umn os y eg r esarlos d e la Ii'. d e Arquitec tura. O fr ec ió la de mo straoi6n e l Arqto Tiatíl 'Le r e n a Ace v ed o. pr!' itl c nt e d e l Co mité de Hom e naje qui e n hizo e ntr ega a l S r. Carré e una m e< l a ll a d e o r o y un album co n f ir ma s de las person s , ¡u e ha bfan pres tigiado el hom e n aje. Sig ui e ronl e e n e l uso de pa labr.a e l A¡ •qto Hor a c io T e rra Ar o<:ena e n r e pr ese ntación d rl <'ons Pjo de F. de Arquit e ctu ra y e l es tud ia nt e Main¡,ro l' n nombre de s us com ¡)ai'í e ro s. P o r tíltlmo la Sei'íorita Julia nu:nina Fi ch t e ofre ció al Profesor Cer r é u n hermoso ramo e rt o res en nomb r e d e las a lu mn as de la Facultad.

El 1PI·ofesor Ca rr é ce rr <'l el a c to. agradec ie nd o el ho m e naje qu e s P l e tributaba siendo al fi n al <le s u s ;palabras e n tu s iastam e nt l' o\·acionado. 1la:m os a c onti :lllación los he rm osos discursos le i d o s dur a n e l:1 c·en •m on ia.

DI SCU R S O D E L A rqto. Lé.'R EN A t OEV RDO

M r. Car r é: La idea el e ¡·e ncliro s u n hom e naj e d e r e co n oc imiento, d e tl <.' admirac ión surg ió hac e ti e mpo e ntr e v u est ros antigu s oliseí pulos. P a r a ha 0er la efecttwt h e m os es p er a clo a qu e se cupli€' r an tres lustros tl es d e c¡ ll'e e J e re éis vues tro alto puesto e n nu e tra Fa c ult ad. Consideram os que d e sd e e st a altura ya se pue e a pr ec iar y comp rend er la admirab l e Ia1bor q u e hab é is r ea Iizado. Co mo e s ce nario prop ic io para verificar e ste acto íntimo, f é vuestro propio taller. N ingún s iti o m e jor pam r e unirn s tl l nut"VO e n torno del ar.taestro , qu e es t e taller qu e es hof,"al' e Jl(•nsamiento hogar común que nos vuelve a es trechar en uni n

1 rat PrnaJ y asi, durante un bre.v e mom e nto, sentir su se ducci n qu e no s retie ne , antes de partir bajo el a rdor de las largas r u tas H e mos querido citarnos a quf para expres aros lo 9ue haiJ,rét s !"o r pre ndido má.s de una ve z en e l fondo d e no s otros mtsmos. Algo "u e e s hora de traducir e n palabras, aunque ta palabra destrur a t• n c anto indefinibl>e que e n vuelve e l sentimiento que se ca l'la, c omlo •·1 e co penetrante e l hec h izo de la fu e n t e ado rm eci da.

H -e mos venid o , en f in para. d ec iros que vu est ros esfuerzos c ompre ndidos Y va lorados. d eci ros qu e vuestra obra sido yan a Y para ello, co n d e h er ir v ue stra mo<lestta , 98 he mos a rrancado a la yida re tirada y s il e n ciosa a q u e os senUs i1w linado po r t e m¡>e ramento , po r de li cadeza d e sensibilidad. 1 H ace quince años, e n rm d fa c om o é s te. Jlegabá.is a nues t ra Esf u e rzos co n sidembles, que es justi c ia reco noce r , se hí:tn h ec ho hasta e nton ces en e l se nti do de o rg a nizar y onienttr los e st udi os de arquitectura. V entas e n el mome nto propicio pa a impt imir •a ese organismo que e r ec ta una direcdón nueva , infle n la reforma de sus méto dtos y sistemas de estud io y llonos Pse a,mbi e nte admir rubl e sin e l c ual no e xiste enseñam¡:a nrtfstica. posibl e, e s e &mlJi e nt•e nclmimbl e qu e s e dlama "taller'.

sola época. la del siglo XVIII 1 Y por otra parte. no es completame nt e natural que la formacÍÓll'll de un estilo n o esté sometida hoy. para realizarse. a l as misma s leyes que ayer y que. sill'll embargo. ullil estao mod er no , puede tan repr e EJell'lltat i vo y adatj:lltmll'lldlose tan adecuadamente a las costumbr es de hoy. como representativos y adaptados a las costumbres die ayer. eran los estilos consagrados 1 ¿Y el!il fin. ll'llO es liilormal. - y no es lo colliltr ario lo que seria al!'llormal. q¡ue ex istiendo hoy no un solo público. sinó. vcnrios públicos. varias catego r í as de públ i cos. - teniell'lldo e lfi tre ellos s illil duda un cierto número, pero u n cie r to núm ero sol a m e nt e de puntos com unes. afi n i dades m ane ras comunes de v er de vivir, de comprende r , de se n tir. no pueda ex i st i r un so l o estilo eino un cierto núm ero de es tilos de arte decorativo francés m od er n o. uiilidos los ullilos a lo s ot r os por la zo s más o menos estrechos. mms o m e no s profundo s. por trazos de se mejanz a y trmzos de desemeja n za que dall'il al arte decorativo francés moderno ull'\la fisonomía múh i ple y una caracierñstica aunque. com · puesta d e e lem ento§ tallil diversos y el!'il apariencia tan poco coherente?

Gabriel M ourey. (Concluirá).

Desde los mági cos ti e mpo s del r enaci mi e nto. es e l único c r is o l clon<l e se forman los art istas. verdade ra c lfni ca de a rt e, olon<l , todo se e xamina disc u t e y realiza, a.pare nt e¡me nt e sin esfu t- rz o. JH>r<Jue se c t e a e n es piritual y bajo un g ran d p e ntusia s mo. Y hábilm e nt e a J m e d io, s in s e guir cieg-am e nt e pri n c i pi os. b é ls sa bido h acer d e vu e stro taJ:le r u na pro l onga (' i() 11 d e l'FJco le de Beaux Art s. S ubntgados po r una ord e n de d e vo (' il•n. h e mos se nti do esa im1wesi .6 n, cuando h e.mos e n trado e n é l por \ (' Z p rim era Después. años, cr uzamos })Or est e tall e r No s in vi\ :t nosta re co rd a m os la s hora s v ividas e n él tan r:ipidn m t' n t t• E ran el e esas h o r as d e qu e no s hahla uno d e vu es tro s c ritore s qu e quedan en e l fondo el e nu est r a memoria. como ttn t es oro. J):lra enca n ta rnos. Las m agist r a l e s lecc ion es q ue disteis han qu e dado ho ndam C' nl <' g ra baclas e n n u estro espir i tu. s i e mpre d >es lumorado co n In just t•z:t <l e v u est r a c rfti ca :r la fecur.d idad de vuestros r ecu rsos P or ·•s o mismo a hora. e n pltma actl\·idacl profes io nal , c uando e n ln c ión artfs ti c a. e n qu e parece q ue se dej-ara a lg<O d e vicia P !l <: Hla esfuerzo. n os oc urr e n m o me n tos de incertidumbr e. nu e s tr o pensami e n t o vue la. d esa len ta d o a l h o gar común, a l tall e r c omo si c,t lis iera adivina r vuestro con sej o a nt e la obra que no sa t isf a c e nut> Stro espf ritu , <tu e no puede i gua lar nu e stra im ag ina c ió n Os hemos oíd o , a lguna v e z. comparar la e n señanza (l e ! ta ll (' t' a un tei;U)ro in agotabie, pu esto a m e rced de t odos y del c ual t·:ul: t uno pudi era lleva r se lo Que quis iera. E sa visi6n ele c ue n t o or iP nla 1 nos persigue. y n os ha c e pensar a menudo , no si n remordimi e nto de avaro, si de ese tesoro n o hu biéramos po (li do re coge r m:'ts. Teníais todas las elotes n e cesarias para ejercer con é xit o tra gran mi s l:tín. y e l tiem¡.o ha confi rmado las esperanza s l-' t cif raron e n vue st ro empuje. No e n vano se os r econocra d e la paRta ele los ma es tros Vuestro mismo il ustre "m'<a it r e ", ese iHI.triar<' a de la arqoltectur a fran cesa q u e se ll amó J e an Louis P-as e a l. s0 co mpl ació, alguna v e z, e n sei'íwlaros como uno de sus di s c tpul os preclJ il ectosBr illante a lumn o el e la Escue la de Be l las Art es d e Pa rt s, laureado del I nstituto de Fran.c ia. •Prix Chenav.ard, varias 'logista del Gra n d Prix de Ro me, he ahf algunos de los a ltns títulos qu e acredita ban vuestro saber. Pero la magnifica actuac: i6n que habéi s tenido entre nosotros, os ha p e rmitido un nu ev o s iti o y agregar otro gra n titulo : el de m aestro in tliscu bido. So is , e n e f ecto , un ma es tro en la más amplia ac epc i ó n d e la palabra Se os r eco noce una devoción a bsoluta por la e n se r1anz n. Tenéis e¡ arte de saber co nducir vuestros adivina n<lo su s condiciones co n p e n etr ación de psi c ólogo , d ese nlV olvi e.nd o l-' ll personalidad s in d estru ir lo or ig inal de su tempe rame nto. afinad o su se ntido d e la crf ti ca y pronunciando la pa.l aJbra o p o rtun a do n de hay u n de s fa ll eci mi e n to o un exceso de imagina c ión y el<' j u ve ntud Tenéis. ademA.s una admirable probidad a rtf s t ica. m e zcla. a u n tre mpo d e orgullo y modestia , que recuerda e l prim e r Mansa.rt, c u yas ob ra s contenta ban a todo el mundo s in pod e rlo con tentar a s f mi s mo Per o hay un aspecto d e vuestra personalidad que m e complazco en poner de reliev e porque es el comp le m e nto in d ispensabll• dtel maestro. Hablo de vuestms condiciones morales Si n pre tenll<'r analiza r las , sólo cli ré que poseéis en e ¡ trato un don es p ec ial 1l C" atracc ifm. un a se n c nl e z e ncantadora, una amabilidad perfecta, un:1 manera de clecir todo lo qu e es necesario s in 1her ir, un art e par a

ARQUITECTURA

ir; 1 t;tr :1 tlisclpnlos L'n un mismo plano 1le igu·aldnd, sin que nadie apereihillo 1111:1 prci'PI't'neia m<tO i fiPsta. ' I' C'néiR ;t dl'mús un p:-;píri tu a Ita m Jn lP c·ompn•nsi vo q ne os Jll'l'm i l'l'sl>l'ta r tollas id ·as :- atenuar todos los t>tTnn· ..;. \' ucslro arle ;\' ,·ucstr:t \'ida Jlllt•d '11 ofrc<'E'J'S(' al 11liSillO ( Íl•mpo on ejemplo. :'\o o:-; hahí·!s limiU:tc1o entr • nosot¡·o!S a labrar \'W"stro prps-

Por C'so. pste homenaje de rcronoci miento que se os tri iluln. in\'olull'a tambif>n nn llontE'naj<' a [<'r·ancia. Homenaje a s11 ensC'ñanza v a su csctrE'Ia, ele la cua l nol'l sentimos hijos espiritua l l'i'i Homenaje a !>t: tu·te, heredero del (•ctro de G r eeia d!' l!oma. tJUC' ha sabido mantpner reanimanclo la ardiente llama dPI clasic·ismo.

tigio P '• rson -nl. lwluéis trabajaclo la.mltién por engrandecer el m·esligio inleiP<"lual dt> \'UE'stro ]1aís. Yuc•Rtra a<.·c·iún. vuestra enseñanza han ,·ido. <.'n t'!o\ t sPntido. factor eficax \ tm ,·é>s de las lecciones r ec·ibidn!> no!-\ haht"i!> C'nsei'ta<.lo a amar v a adm irar todavía mfls a Franc·ia. ha sido un esfue rzo lento y consta nte de infiltraeit•n dl· cultura francesa. d(' a<'ercamiento latino. ReconocPqlll' th•S!lC' F-1 alto put:'sto habéis sido un eolahot·;ulor hrillanl" L·n la ohra itl<'linar espíritus ame ri ca nos hacia Fran<'ia.

obrl'l no era la co nu clt' oro rey de Thulp a n·ojatla al golfo para irisar un mom ento la onda No ten<l t'á C'Rl' <' f'fnwro d·esti no. Ella perdurarfi, y cuando todos hallamos desa pa t' f'C·.i<lo su influon cia quedará entre nosotros eter nizada e n el arte <le •las líneas i nmó\'iles. e n ya no habéis formado toda una g<.'nc r aci(Jn de afl([l>itectos 1._:n el diffcil camino del arte los sallillo iniciar ;\' co ntltwir paso a paso como un gufa espi ritual. inculeanuo , uestro orden. vue-stro sentido <le la medida y vu es tra -1!59 -

francesas, en espfritus americanos, vibrantes atin, en violenta sión, de suntuosa fantasfa y de español.

M. vos que conocéis nuestro carA.cter sabéis todo lo significa este homenaje, en su misma sencl'llez. Hijos de una sa1rutr·-e a¡pasionada y arrogante, no prodigrumos el aplauso y menos la consagración. Dejamos en silenc io pasar v perderse la obra lectiva de las generaciones , y. es tardfa a 'menudo nuestra para reconocer un surco luminoso sobre el fondo d el <-om(m

Porque estA. lejos todavla el final de vuestra obra lejos la hora dulce del retiro "lauri sub umbra", este homenaje Üene de excepcional. Os lo hemos querido rendir en la plenitud del intele-ctua:], cuando el camino es aún lar go y r-esplande c iente, lo r e ndimos en nombre de todos vuestros dlscfpulos, en cuya reJlte sentaclón os ofrezco , como t estimonio <'l oe recuerdo esta med y es t e a}bum.

DISCURSO DEL A1·qto H. TERRA AROCENA

"Señor Ce.rré: El H. Consejo Directivo de la F.. ha que sea un ex discfpulo d e vuestro taller, el que traiga a este menaje - en su nombre - la adhesió t ca•lurosa. He aceptado esa designación que ha ca Ldo sobre mr, que la hora - que es hora d e afecto y d e gratitud - m e a .., J>ara recibir esa tarea , honrosa y grata. Precisamente porque ho ra es de a fecto r de gratitud

De todos los maestros, e l que ha guiado nuestra juventud cia la hlelleza, es el que mAs se ha unido a nuestro corazón. Hay una comunicación Irresistible y esPOntA.nea de hombre hombre. !'rente al indefinible esplendor de la belleza. Y esta oomunicaclón abarca lo Intele c tual v lo afectivo • :mn.tre el maestro y e l discípulo lo qu e a un tiempo inclinados s obre Ita mi s ma obra, la forma misteriosa de lo bel .r qu e uno a otro se trasmit e n con alborozo intuicione s rtue, a las veces. corona de éxito, largas horas de investigaci ón de duda; el ma estro y el discípulo que, uno con paso vacilante el otro, mar c ha n uni.¡os en un común esfuerzo i nt e l tual, se estabdece una lnt é nsa. solidaridad de afecto. :El arUsm es ademA.s e l maestro por vocación. Su es¡lfrl.t-u fle ja de modo Irresistibl e. cuanto él conoce de las secretas m on ías del Universo. La honda capa cidad ¡para compre nder fo r mas exp r es ivas le es ca racterfstica; y mismo ' ', n o pudl t:: IJLUU resistir al d ese o d e esa unión con e} mundo exterior que lo exnr'"•sivo r e aliza, se vuelve todo expresión. todo trasmisión de sus tires fnttmos hacia la mente y el corazón de los demA.s , todo e sión esp iritual e n una amplia y total ge nerosidad.

S eñ or C arré: Vos sois entre nosotros ese artista. Vos sois tanto entre nosotros el maestro. Sois, - desde luegoamig-o de todos. Y he aquf porque esba hora, es Ja hora de la titud y e s la hora del afect,o. H a béis sido como nadie "efooión'' V1.11estra palabra y g-esto -y má.s aún qu e e l gesto y la palabra - el trazo n e rvioso ele \'uestro IA.piz mA.gi c o han volcado vuestra luz interior so bre senda qu e e ra aspiraci ón e n el de vu e stros dls c lpulos.

Aquf es tamos reunidos los que lo fuimos y los que lo son ho los que hemos vivido esa co municaci-ón de Intuiciones con VlOs m mo, y los que la viven hoy a vuestro lado ; los que sab e mos, ,.,.,.,,. tanto. cuA.n g rande es el c audal de vuestros conocimientos; y que -p o r la misma co ndi c ión que os es ca racterfstica, no hemt•s podido re ci-bir vuestra enseñanza, sin re cLbir, al propio ti e mpo , a tra cc ión sLmpA.tica vuestra p e rsonalidad.

El signo de los disctpulo s es el afecto que os profesan, vos no pudisteis enseñar sin ponoer el corazón en la ens e ñanza, e1los asimilar vuestM palabra, sin recibirla co n el deseo del Pero aquf estAn también los que sin ser disctpulos de es te lle r - por ser anteriores a él - han tenido igual mente la corh!pr e nsión d e los artistas para valorar vuestra obra Qui e ro mencionarlos , porque esa compre nsión los honr a a \'os mismo.

EH-os han estado a vue stro lado, han hecho esta Facu ltad , Arquitectura Que nos enorgullece; profe so res ,los uno c omo arquitectos mAs o menos ligados a ca sa los otros , tod'Os co ntrlbufdo a vuestro lado para darnos la obra. Y to dos · el lado vuestro en esta hora del afecto, para acentuar má.s, .nuestra unidad comOn de en el culto d-e l que en la vida nos ha he c ho coincidir. El H. Co nsejo de la d e Arquitectura, que repregenta co mo cabeza de esta institución que nos es tan ca ra, que rido que y o sea su portavoz en este homenaje. Aceptad, pues, en su nombre la adhesión sincera y el neo aplauso".

DISCURSO DEL EDMUNDO MAINERO

Extm o Sr. Presidente , Sres. Ministros, Sefiores compañeros. Es con verdadero entu s iasmo, quE\ los e studiantes d e te ctu ra tomamOs oparte a c ti va en este sincero homenaje, settcillo e n. su forma , pero la mA. s noble inaviración, ya que un anhelo de justicia. May o r es su signifi caci ón, al partir la dativa de los que hace aflo s dejaron las aul as, los que absorbid por la looha diaria, son ta lvez mA.s propellS()s a l olvido, y que h haciendo un · a s us a<!tlVIidades, reviven hora s c onfundiéndose con nosotros en' este taller saturado de sablllcS 1 c lones, donde todos apr ec iado la sabidurfa, la bondad y modestia de l Maestro. DemA.s estarfa d et allar le. obra idealista realizada por M. en nuestra Facultad ; tan. vasta compleja ha sido , que ha 11 hasta aquellos que no tuvieron la de r eci bir direct-amanlf.a s us enseñanzas. Nosotros, los que sentirnos en la obra diaria del taller, f'tl.tuslasmo que emanoa de sus sabios y serenos consejos no mos me nos que admirar s u manera 16gica y sencilla de en ca rar

problemas de arquitectura, don de le. raztm, l a b1etleza v la ver.'la c1 única r-eligión d e l artista, guía e l l)ensa:miento ha s ta ei triunfo fl.nitivo. Por eso, le. n eces idad de e xpresar nuestro reconocimi e nto qu<' ex istía .latente desde qoo M Car ré a formar arquit ec tos. ha podido al fin cristalizarse e n este acto, que significa para él, e l broche d e su c onsagración IPe ro no debemos lamentar qu e este homenaje haya sido tardfo; llega oportunamente, pues los añ os tran..-c:;curridos! h an P€rf!1ltiQo que sus enseñ a nzas hay a n adquirido forma .mater.1al, e n ladrf.llo y piedra. Las m o<l e rna s de nuestra ciudad, son y a el testimonio indelebl e · el E> la reahdad de su obra. Por últl.mo, señores: - Este homenaje no es un acto qu e h o ,· se realiza termina: debe te ner sus proyecci on es e n el futuro. \ · por nuestra parte, los actual es es tudiantes de arquitectura. c uand o me.ñama, y a profe sionales, Ja ete rna ley d e r e n ovaci6n nos ll t> \ '1' n dirigentes, el nombr e de M Ca rré s e rA el símb olo que guiará n u<'!-1tras actividades ; s e rA la bandera bajo la cual n os agrupar e m os todos, -para dar n uestras meJores y mA.s nobles e n e rgfas, e n bi en de nuestro art e de nuestra Facultad. Y co n sideraremos c umpl i<lo un deber moral s t logramos perpetuar las irrem.plazabl e s -? ns eila n)( ll!-1 d e l Maestro.

DI SCU RSO DEI PROFE S OR CARRE

Señores: Desearla poder agradecer co m o se la sim.pát ica ,l er110!-It ración que vosotros habéis tenido J.a am a -bilidad de ofrec e rm ·.: Jt t·ro t e mo no pod e r hallar las p 81la bras sufi c i e ntes p a ra e xpr es ar l' l in te nso placer Que me procura la presencia d e cada uno clf' \'OHot ros en esta cordiial reunión. El >S.cuerdo que tan amabl e me nt e me hab é is ofr ec ido será s il' mpre para mi uno de los qu e él eja r á n en mi co ra zó n un a m:tn·a profunda y durad e ra. A gradezco las simpá ti c-as palabras pronunc iadas en mi honor

Agradezc o a s us Exc elenc ias los señores: Pres hl ? nte t.le la 1ttpú blica, señor Rector de la Universidad ,. se ñ o r Ministro de Fran• cla por haber dado con su presenoía una alta s lgnifi cac iún a esta ce remoni•a. Agrad e zco a los or ga nizadot' es ele e st e <tcc to por habt•t· e le gi-do este tall e r, nuestro tall e r, para su ce l e bración. y hab c rl t' dado de este modo un carácter más espec ial. Y s obre todo yo no )';to com o agradecer la fina aten ci ón de hab e rm e h e oho e l honor dt' da r mi nombre a este iocal , a es t .:! t alle r t es t igo de nuestro s (•:.;f uerzos, d e nuestro trabajo coti dia no.

E l taller es para nosotro s, sí mbol o d e , u es tr os juveniles, de vu e stras aspir ac io n es artísti c as. y para mí f'l s ímbolo ltr.oás pur o ele mi misiffil Uno no pued e reeordar su t a ll e r sin la mA s profunda emoe iém. e inconJCientemente mi pensami·ento va hacia e l mfo, mi tall e t· <h • la Escuela de B e llas Artes, e l taHe r Pas ca l, h ogar mil ve ces Hag rado en dond e se escuchab a religiosament e Ja;s lecc ion>t>s dt•l Profesor, lecciones bien espe c ill!l es de nu est ro a rt e. qu e no ten e r nin gún rl gti dez y son .m As bien conv e r sac ion es. suge stiunt•!-1. c onse jos da d os por e l a l alumno, p o rqu e e n el ar tf' n o h a y, no puede haber leyes demasiado definidas, no pu ed-e e xi s tir nada más que experiencia, s e ntlmi' ? nto, g usto, exp r es iones. rawm·s l6glcas, y para e l -profesor qu e debe guiar a l alumno, una gran parte de psicologJe. y de tacto pa ra hac e r <! Omprend e r y a <.'c pt : ll ' sus ideas, sus correcdones. He tratado s i e mpre de d in ig iro s en el sentido de vuestra s p f' rson alidad-es, de aclarar lo más posible, para qu e os :parezca n l um inosos y accesj.bles, los senderos por v osotro s sel,;uidos, y si h · tenido alg'fin. resultado, s i vosotros para ml labor ai¡;On r·t•conocimiento, de mi lado, debo declr lo también q u e siem;pre h e enco ntrado en vosotros el terr eno preparado para la e ultura qm• !11' intentado desarrollar.

En esta prepar9.'C'ión han co ntribuido ta;mbi én los que me ha,n pr ece dido y a e ll os d e b e ir una 11a rt e de vu es tr o n·c onocimiento.

Para mi nada hubiera servido e xpresar ricas teorías si otros no me hubi eseis comprendido. Al contra rio , mi t a r e a ha sido fA.c il y agradabl e , porque -habe i s co rrespo ndid o a mis esfue t·:r.o!-1, hab e is ac-eptado y aprovechado •los principios qu e he t en i do el gusto de exponeros. No he tenido otra pretención que la de formar vuestro c rit f'rlo, dar imopulso a vuestra vocació n artistica.

•Es para mi una gran satisfacción de v er que mis esfu e r zos no han sido inútiles, y que alrededor mio s e ha l:o r.ma.do un grupo de arquitectos, de artistas qu e ya ti e nen e l gusto mlí.s re fi nad o ,. una Víislón más seguro de nuestro arte. que pu e d e n caminar c o it pie firme en una vfa libre de prejuicios, pero co n una ba se s61ida que les impedirA cae r en las e x age ra cione s y divagaciones d e que no tienen principios. :Señores, en e ste dfa, mientras nu e stros co razon es vibran c on una intensa eflloclón, ,permltldme ha c er exten s ible esta slmpfltil·a demostración a mis com¡pañeros y¡ ma e stros d e la Escuela <le 1:3 cll as Artes, porqu e soy antes de todo a lumno tle ,la Gran Es coo la, Y lo que yo sé, y l o que he podido enseñaros lo d e b o a mi s m al'Htr os de la Es c uela de Art es, y particu larm e nte a mi mat>st rn arquitecto Pascal.

Por consi_guiente, Indire c tam e nt e, es a Fr anela qu e va \'Ut>stra simpatía. y reconoc imiento, y es así seg uram e nt e (.lu e lo hn b l i:.; co mprendido, porqu e habéis invitado especial'rnente al Señor MIni st ro representante de Francia ;para que el ta-mbién recogi e ra la gran parte que l e toca a Francia del reconocimi e nt o que

Por ml part e agradez<!o infinitamente e.l Señor Ministr o 1lc Francia opor haber acentuado con su 'Presencia e l a lcance e x cf' pcio na l del acto de hoy. RestarA m i agradecimiento por sus Ex ce le n cias los Presidente la República , se ñor Rector de la U niversidad, las a utoridades Universitarias, el Co nsejo de la Faculta d .y a t odoH vos otros, 1mis dis c lpulos y ex-discípulos que h abe ls sabitlo tu n perfectamente manife star vu es tra simpatía p a r a mi labor d e pr ofesor en esta Facultad.

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