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Cada año crece el n úmero de lo s artistas pllásticos.
Cada mes, n uevas ga l erías de art e h acen pasar por delante de los ojos de un público c ada vez más indif ere n te, las obras de artistas que son ho y des co no c idos y que lo serán siempre. Los salones se inundan y que sean ofic iales o no co ncl uye n por transfor m arse en verdaderas fer ias Y este núm ero si e mpre crec iente de ex positor es es co mo un rebaño sin past o : , c o mo u n na vío zarandeado por las olas y a quien no guía ya !la es,trella del f aro p :: otector
Rodin
Uno s permanecen esclavos d e fó r mulas e n desuso , de re g'las falsas. Otros, a fin de que n ada empañe l a fuente cristali na de la inspira c ión desdeñan toda e n seña nz a y se lanzan co n ardor juveni l e n p o s de la vida y mu y a m e nudo esta los desengaña. Algunos se pierden en espe cu la cio n es puram ente cere brales que les hacen per•der e 'i sentido de la realidad. Las te nd encias que rigen estas masas son demasiado contradictorias para que e 1 l equilibrio se establez ca Cada u na de ellas es a la vez , errónea y cierta Si es verdad que lla falsa e ns eña n za de las escuelas oficiales, anula frec ue nt eme nt e las na tura.lezas medianamente dotadas, e n cambio, n egar toda enseñanza real es retirar al artista el m edio de poner e n valor los dones que Heva en sí. Ba c h estaba he c ho a todas las dificultades técnicas y sin embargo, su obra que data de
dos siglos es tan viva y ta n jove n como en su primer día Antes de ser maestros, los gra ndes artistas del rena· c imiento fue ro n aprendices, y el sello oficial de la Villa Medi c is no impidió a D ebussy escribir P e leas.
A ho ra que vivi mo s e n una é poca turbada po r tantas corr i e nt es contrarias que c ho ca n y se cruzan entre sí, ex ist e u n maestro que sintetiza tlas aspi r aciones de los que quieren que lo porvenir sea tan hermoso co mo lo pasado y este ma es tro es Bourdelle.
Se l e co no ce mal y no se le co lo ca n u nca en su verdadero sitio. Y sin embargo, s i hay alguien ca paz de reunir las fuerzas dispersas de los jóvenes que no saben todavía ni de scu brirse n i analizarse, es él.
Apesar d ell for midab l e trabajo ejecutado cada año, apesar de los numerosos encargos que le hacen todos los p a ís es del mundo. a pesar de las numerosas lecturas matinales, hechas antes de e mprender su tarea, a p esar de los conciertos, de la s no c hes pasadas en el teatro y del tiempo que es n e c esario sacrificar cuando se quiere parti c ipar en la v ida de s us conte mporáneos, Bourdelle no deja nun c a de co nsa gr arse a sus co mpañeros de estudio, a sus discípulos. Se complace e n instruirlos, en hacer• l es aprove c har la experie n cia adquirida, en dis-ciplinar las fuerzas nuevas, e n sentir a su alrededor el entusiasmo y la efervesce n c ia de :la juventud.
Fu é ha c ia e l año 1900, en u n ta!ller del Boulevard Montparnasse a m ed ias con Rodin, donde dió sus prim er as le•cc ion es. Rodin correg ía una vez por mes y Bo ur delle, cua t ro De inmediato tuvieron unos cincuenta alumnos - sobretodo ext rangeros - llegados de América o de Extre mo Oriente, porqu e , en esta época, el nombre de Rodin era el fanal hacia e1l cual se volvían todos los que aspiraba n a e n co nt rar las ley es seculares del arte, y se sabía que Bourdelle poseía perfe ctam e nte la técni c a del ma estro.
Al c abo d e cu atro meses p or razones .de orden materia l, e1l taller hubo de cerrarse. Varios alumnos pidiero n a Bourdelle que co ntinuara s us cu rsos, pero siendo po c o numerosos, el pro yec to no pudo ser llevado a término. S o lamente a l gu nos años más tarde, cua ndo uno de e llos abrió la A c ademia de la Grande-Chaumiére, pudo asegurarse el co n cur so de su antiguo maestro. Desde e sta épo c a, c ada vier n es, Bo urdetlle va a comentar los trabajos de una m ultitud de discípulos, sobre todo extrangeros, p er o n o co mo un maestro que enseña a sus aprendi ce s, si no co m o u n artesano que trae su experien• c ta a otros artesa no s.
En e sta academi a, Bourdelle se encuentra en presenc ia d e es píritus y de razas diversas Los hay que ignoran el fra n cé s y deben recurrir a u n ca•marada para co mprender lo que di c e BourdeUe. Por tanto, es necesario que é ste ha ga más flexible su enseñanza a fin de discernir las dotes de cada uno, sin a ho gar su originalidad y su personalidad.
En arte - exce pción hecha del don Ín terior que se posee o n o- se puede enseñar la técnica o, para emplear -
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\Jita éxprés1oñ mas comp eta, as c1enc1as ae rte. sta ciencia el discípulo la subordina enseguida a su visión interior, a las dotes que le son propias; pero raro es el artista que sea excelente técnico.
Con frecuencia se oye decir: "Es un artista mediocre pero es un excelente maestro Nada hay mas falso. Para ser un verdadero maestro es necesario primera• men te ser un gran arhsta.
¡Cuantos ver daderos pintores han aprendido mas viendo las Meninas o el Concierto campestre que hacién· dose corregir, o mas bien empobrecer sus esbozos por un premio del gobierno! ¿Y cien lec c iones de un agre· gado de la Sorbona valen acaso la lectura de Berenice?
Para Bourdelle la enseñanza es un sacerdocio por· que un maestro - en el sentido mas ampiio en que la palabra puede ser tomada - es responsable de lo porvenir. Si comete un error, el país entero sufre por ello y su porvenir artístico está comprometido; igualmente al maestro corresponde instrui r al discípulo de las dificu,l· tades que le esp e ran, de los obstáculos de que deberá triunfar.
Como ha sido y será siempre, dos caminos se abren: el de los éxitos fáciles y las ventas seguras, y el otro, el más áspero pero también e l más hermoso, en el cual es necesario luohar y batirse sin descanso. Y es todavía al maestro a quien c orresponde si el discípulo es capaz de llegar a ser un verdadero artista. Para eso. dos condiciones son necesarias: estar dotado y tener la voluntad tenaz de llegar sin descorazonarse por 1los obs· táculos.
Se reconoce que un discípulo está bien dotado en que posee ante todo el sentimiento de lo bet lo y enseguida cualidades in herentes a su arte: para el pin· tor o el escultor la memoria del color y de la forma, para el músico la me moria de las com binaciones sonoras, para el novelista la memoria de los hechos, de los gestos, de las entonaciones, de las expresiones fison ó mi-cas.
Pero estos dones no son nada, si · no posee la tenaúda d; es decir, que debe adquirir a la vez una fuerza moral suficiente que le per mita •triunfar de todos los obstáculos y también el conocimiento profund o de las ciencias de arte, a las cuales se da a 'menudo, sin re• flexionar, el nombre de oficio.
Este trabajo diario, esta labor in c esante que unica· mente puede proporcionar al artista el verdadero conocimiento de su arte, es lo primero que Bourdelle exige de sus alumnos. Primeramente ha ce de el!los buenos obreros a fin de que mas tarde, c uando llegue para ellos el momento de expresarse libremente, no se vean de· tenidos por la falta de conocimientos.
El alumno escuhor debe primeramente dibujar, no solamente amasando la arcilla o la cera entre sus dedos de donde resultan perfiles sin vigor, sino tallando, dibujando con el esbozador. Enseguida, si quiere conser· var su maqueta, debe estar capacitado para hacer él mis· mo el moldeado. Al despojar la prueba de su molde, aprenderá que es necesario tratar de manera diferente la arcilla y el yeso pues este multiplica la luz, la otra la absorbe. Aprenderá t31tn bién que un moldeado, por bien hecho que esté, no se asemeja nun ca al original por· que los dos son de diferente materia. En fin, si el discí· pulo quiere reproducir su obra en el mármol o en la pie-
dra, deberá atacar el mismo el bloc, llevario a punto, y traducir su obra en el espíritu de la materia em· pleada. ,
Esta manera de proceder fué siempre la de los grandes maestros. Antes de trabajar para sí eran, du· rante 1largo tiempo, aprendi c es en un taller: Leonardo con Verrochio, Miguel Angel con Ghirlandajo, y con u n orfebre desconocido el admirable y profundo Donatello.
Pero a todo trabajo, el que prefiere Bourdelle es el dibujo, porque dibujar es construir, es reproducir exactamente la naturaleza como lo ha hecho Rodin en la Edad de Bronce, de tal modo precisa que parece un moldeado, pero esto es solamente el punto de partida auténtico del arte.
Para copiar la naturaleza, es necesario primeramente establecer estrictamente la construcción interior. es decir, la construcción ósea, el esqueleto. Y para que la construcción interior sea perfecta, es necesario que los perfiles se acuerden y se equilibren geometricamente. logicamente como en la naturaleza, que cada parte esté en relación con el todo: y cada una de las partes depende • de tal manera de las otras que es una herejía cuando se hace un busto, por ejemplo, tomar otro modelo para establecer el cuello y los hombros; porque la forma ósea de la cabeza corresponde a la forma ósea del cuerpo y recíprocamente. Es una construcción rigurosa, es el equilibrio perfecto de las masas y de los planos lo que da el parecido y no una precisión fotográfica, ni cierto rictus, ni un simple desplaza miento de líneas, porque est e parecido sería s óJ o superficial.
Lo que Bourdelle aconseja todavía a sus discípulos. es organizar su obra, concebirla largamente, ejecutarla según un plan solidamente establecido. Na da debe s e r deja do a la casuallidad, porque la escultura exige tanta precisión como la ciencia. Así como Pasteur realizaba cien veces la misma experiencia, a fin de estar seguro de su exactitud, el artista debe volver a empezar cien veces el mis mo trabajo para llegar a alguna certeza. Solamente cuando posee un conocimiento profundo de la naturaleza puede liberarse; de otro modo el error está en el umbral de cada tentativa.
La frase de Buffon es eternamente cierta. El hombre de genio es el hombre paciente que observa, mira. cuyos ojos tienen tal acuidad que no se detienen solamente en las apariencias. sino que sahen revelar el misterio de un ser. Y solamente es un verdadero aquel que sabe exteriorizar la intimidad de su mod e lo, que sa,be acusar tal rasgo de su e ará c ter que p o ne en valor su personalidad. Porque poseían esta visión tan aguda, V elazquez y Rem1brandt serán eternos. Quizá los retratos que hicieron de sus contem•poráneos no eran parecidos desde el punto de vista fotográfico de la palabra, pero cada uno de ellos es !la revelación de un alma y es allí donde está la verdad.
Por exigente que sea Bourdelle con sus discípulos en .lo que respecta a las ciencias ddl arte, quiere que sean c ompletamente libres en cuanto a la realización y alienta a cada uno de ellos a pel'lmanecer personales. Poco le importa que a la perfección por uno u otro camino. El arte es una perpetua renovación y todo sis-
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tema es u n descanso. D esde el momento que u na obra es co ns cie n te y lógicamente establecida, y lleva e l sello personal de su creador, n os co nm ueve, así sea gr i ega o e squi m a1l.
La escue la está e n la calle, repite a m e nud o, porque la c a ll e está llen a de obras maes tras para quien puede ver las.
Al tiempo de darles u na e ns eña nza té c ni ca, Bo urdellle discute co n sus discípulos las obras de arte célebres o reputadas tales. Les i ndi ca porque en la sala del mu seo de Ha arlem do nd e está n reunidos l os F rans Hals, la atención del visita nt e es rete nida por un grupo a n ti g uo r e presentando u n c e nt auro raptando una Lapita, c on detrimento para las obras vecinas; porque, tratán-
dose de la pintura de caba:llete, coloca a Courbet e n el pri m er puesto por la disti n ción de su pal eta, por la sobriedad de su expresió n que ha ce n de é l u n clásico , por la universalidad de su visión que da tanta profun.dida.d a sus telas; porque u n retrato de Carot puede ser superior a un V er m eer; porque el arte hindú demasiado tranquilo y sab io, siempre igual e irreall co n exceso, es u n eje mplo peligroso para el principiante; y si prefiere u na é po ca de arte a otra, explica ampliamente sus razones. Sus pref ere n cias van ha cia el arte medioeval, por el que fué, sobre todo influenciado. Gusta e n él la libre expresión, la fantasía, la in mensa variedad. Estima la hec h ura simple de ese arte co ns u mado de u na profunda sabiduría. Si ha ce algunas restricciones pa ra el arte gótico - sobre todo el de los siglos XV y XVI - a menudo embarazado co n detalles inútiles que destruyen la ar monía pura de hs líneas, admira sin reservas e l bizantino y el los dos tan lógi c os, tan sobr ios y de un esplendor tan viril.
Hay que hacer notar que Bo u rdelle se siente atraído sie mp re por las é po cas primitivas. Para el arte cristiano, prefiere el siglo XII al XV; en los griegos, juzga los frontones de Olimpia superiores a los del Partenón. En c ada c ivilización, gusta sobre todo la expresión altiva y sin c era de las primeras edades, cu ando 1la risa y las lág ri m as brotan co mo una fuente pura de las almas llamadas pueriles y que Bourdelle cree sensitivas y sabias a la vez ¡ • 11:\:1\,!
Y hace una gra n .diferencia e ntre el fragmento separado y el arte mon u mentaL
Prefiere ila escultura na c iendo d e la arquitectura, como la rama del tronco. Así se satisface su sentido arquitectural, su necesidad de l óg i ca , porque ella tien e u na
razó n de ser, u n a fina lidad n eta ment e d e finida. E s q uizá probable que si sus preferencias van siempre al arte de las c ivilizaciones lla madas primitivas, es por>qu e estas i g n oraron siempre el fra•gmento, co pia fiel de la nat uraleza, teniendo siempre una finalidad de corativa. Si Bourdelle se ocupa frecuentemente .con sus discípu• l os de te ma s que se refieren más bien a las ciencias de su arte que a e ns e ñanza técnica propia mente dicha, lo hace para reaccio nar co ntra la antigua fórmula, mu y a menudo verídica y que adornaba los talleres oficiales: •• E ' 'd 1 " stup1 o co mo un escu •tor •
Así co mo David exigía de sus discípulos que fueran capaces de lee r e n la 1lengua ma dre do s autores latinos, Bourdelle tiende a que los suyos tengan una vasta cultura ge n eral. El aprendiz debe cu ltivar su espíritu. Debe leer no solamente Uos poetas y filósofos antiguos, sino tambié n los de su é po ca , co nocer la música y las art e s de s u tie mp o, y ta m bié n las de los siglos pasados Debe
Herald es
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Un ta.le n toso arquitecto mexi ca n o, muerto desventu· rada m e n te en la flor de la vida cua nd o todo se es peraba de é l. J esús T. Acevedo, tmtre otras m uc has cosas substanciales sobre la arquitectura dijo lo siguiente:
"La c ivilizaci ó n españo l a, co mo un n uev o Sim'bad, volcó su c ofre de viajera y por n uestra s c ampiñas solíd 1 , tanas ro· aron as ge m as
Tan justas palabras v ienen a .la m e moria cua n do se contempla en pleno c ampo, a i s lad a en 1los aledaños d e u n pueblecillo, la sin g u l ar y pre c iosa i gl esia d e San Francisco A ca t e pe c
La ri queza arquite ctó ni c a d e las principa1 es ciudades mexica na s es ya universal ment e co no c id a ; notorio que la Cat edrd M e trop o litana e s la primera en todo el co n-
de Cr i sto, l as h ostias y el Jicor co n sagrado pa ra l as comuni o n es e spirituales.
D e la historia de este peregri no templo n ada se sabe, pues de l os archivos do nde p u diera e n co n trarse algo re lativo a h época y a los p or m e n ores de su co n strucc ión, ha desaparecido todo rastro. Con g'ra t ulémon os de que a despecho de motines, cu artelazos y revo luc iones, la del i cada fábrica perdure en to do su espl e ndo r.
El férreo Hernán Cortés da c uenta a C ar lo s V, e n u na de sus c artas , de co mo el primer edific i o que co n struyó e n M éx i co , fué u na ma c iza f orta leza, a s •u 'Propia imagen, "' he c h a tal que au nq ue y o h e vi sto a 'lgunas casas de a tarazanas y fuerzas, no la h e visto que la i guale", Antes de someter complet a.mente a los indí g enas todas
tinent e; p ero se ig n ora que esa su nt uos id ad monumenta l n o es privil eg io ú ni co de las grandes urbes, sino que de la m a n er a más in esperada y sorprendente se revela a u n en la s ap artadas ca mpiña s v e n llas serra n ías esco n d id as del vasto territorio m exica no.
Como ej empl o de é stas soberb ias c onstrucc i ones ru· ra l es pu ede n c ita rse, entre otras el te mp•lo y co n vento de T epozotlá n , el co nvento de A co lman y .la i g lesia pa· rroqu irul de Ta xco , así como el b e ll ís imo templo de San Fran c isco A c atepe c , objeto de ést e artí cu lo.
Allí lo ten é i s e n el grabado, lev a n ta n do s us gr á c ile s arabe s c os e n e l más rústico .d e los paisajes y lu c i e n do sobre e l c i ell o transparente y bajo el so l d e oro, la espléndida poli cr omía d e l os milla re s d e azulejos que lo rev ist e n. Culmina sobre un ca m po ll e n o d e plantas de maíz y de a gave , y e n e sto hay un símbolo cur ioso. Los p roductos de1l maíz y del a g ave, o ma guey, so n n a da m enos que e l pan y el vino de l pueblo de M éx i co
Ahora bie n , aq ue lla iglesia suntuosa y resplandeciente, no e s m ás que una sublimación d e l a esencia de aqueJ l ca mpo, pues si éste co ntien e el vi no y e l pan d el cuer p o, aquella es u n mon ume nt al re li c ario co nst rui do sólo par a gu ar>dar e l pan y el vino la c arne y sa n gre
las co nstruc c iones españo l as tuviero n ese carácter. Cronistas e histori ógr afos hablan de l Co nv e n to d e S a n A g ustín co mo de inmensa y e-levada mole: El P ah c io Arzobispal te nía tres torres, u n a ce ntral y otras m uc h o m ás altas en l os extre mos y estaba co n struido tan fi r m e m e n te que ni co n minas h ubiera sido d errumbado". Aun refirié n dose a las habitacion e s d i ce e l cro ni sta C erv ant es Salaza r: '"cualquiera diría que n o era n casas si no for· talezas"
M uc h o ti e mp o después surgió si n d ud a el bell o templo de San F ra n c i sco A catepec , pues en él n o h ay nada torvo , n i am e nazan te , n i beli c oso . M ás bie n pare ce u n himno d e victoria ca nt ado e n plena paz, u n bello himno e spañol con a l go de mo risca a l ga rabía y u n dejo d e .dolor in díge n a fundido e n la ese n c ia-1 tristeza cr i sha n a
L as fáb r i ca s d e azulejos de P uebla de 'los An ge les d ebe n haber estado e n todo su apogeo, cua ndo el templo se c onstruyó, a juzgar por la •Cop iosa exor na c i ó n de loza vidri ada que c hapea el santuario y arrancando del suelo, sube co mo l a hiedra fiel, h asta los pináculos d e la torr e , c i rcu nstancia que permite tla antigüedad de la , c onstruccw n,
El templo de San Fr ancisco Acatepec
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Levántase el templo sobre suave colina, donde qui7 ás en remotas edades precortesianas se asentó algún adoratorio in dígena, cuyos ídolos rotos se mezdaron con las piedras de los ci mientos al erigirse la fábrica cristiana. Un muro tos co , de aparejo irregu'lar, rodea el vasto recinto sagrado, •limitando etl atrio, antiguo cementerio donde aun se ven algunas tumJbas rústicas. Pero en ese muro hay puertas de e'laborado marco, trabajadas horna· c inas y una airosa y monumental portada, que flaqueando el atrio es como un discreto anuncio de la suntuosa
En los de estos templos coloniales de;ó el alma española el misticismo de sus frailes poeta s y el alma indígena de su magnificencia tropical
fachada interior que desde el umbral de la portada se divisa, al fin de una c a'lza da -de troenos A medida que por ésta se avanza, ,l a fachada de opulencia plater esca , rea•bada por los bri'llantes co lores de los azulejos, ama· rillos, verdes y azules, mez-clados con rojos iladriUos, va revelando sus primores.
La rica fachada se adelanta a los cuer pos r ec-t an gulares de 'las torres, in cur vándose en sus tres cuerpos superpuestos, como acogiendo al visitante, a cuya mirada, -lo primero que se ofrece es la artística y an c ha puerta de ma c izo ta Llado en arábico ataire y elaborados paineles, flanqu ea•da por ha c es de tres columnas, a cu· yo s lados hay sendos ni c hos c on imá ge nes esoculpid as en piedra. En el segundo c uerpo de :la fachada, columnas semejantes, pero más com puestas, flanquean una ventana c on vitral, el co ronami e nto de cuy a arquivoha es u na co n c ha, y por fin en e l cen•tro del remate de la fachada, perfilado por ménsulas invertidas e igualmente -flanqueado por columnas iguales a las del segundo cuer po, hay un ojo de buey ins cr ito en u na est rella, cuyo p e rfil de cu atro ángulos unidos por otras tantas curvas, es la figu ra-tema o leit-motiv de la arquitectura general. Para tener una idea del esplendor de esta fachada hay que representársela tan briHanfe y rica de colores co mo si fuera una magnífica po r.ce lana de Oriente, pues toda ella cha peada de azulejos parece tener una vestÍ· dura de mosaico.
En receso de la fachada se levantan coronándola, 1la torre y la espadaña. Aquella que tiene dos c uerpos, es por el esplendor de sus esmaltes coll}o una torre de kaolín del l<111pe r i o AmariNo, ,más por su opulen cia ornamental semeja una pagoda de la India. Su primer cuerpo está formado p or columnas salomónicas, c uyo fuste son dos espirales, una formada por cabezas aladas de serafines, modeladas en ataurique y 'la otra por tres handas de azulejos cuyo brillante divisionismo semeja los aniLlos constrictores d e u na serpiente, en torno de los ángeles. En el remate de lla torre, separadas por la c ornisa, .las columnas d el primer cuer po se co ntinúan en jarrones y ménsulas qu e a su vez se transforman, en torno de la media na ra nj a, • en lindos pinác ulos como acabados de salir del torno y del baño de esmalte de un ceramista persa. Y entre el cielo azul de México y e.l remate de esta obra maest ra de su arte, místico y sensual como su p ro pia ima g ina c ión , nada más que .la cruz c ristiana
En las tardes, a los ra y os del sol occíduo, la sombra de la torre con la cruz en su remaJte, tiéndese, como un bra:.o que bendijera, sobre los campos del contorno sem· brados de maíz y agaves, el pan y el vino, la car n e m orena co mo la tierra y eil espíritu místi co y batallador d e ese pueblo belicioso y creyente desde los Moctezumas y cuyo s principales libertador e s, al i gua l de sus re yes p r imitivos, fueron sa ce rdotes y salieron de las i g lesias
El interior de la i&t:e sia rural de San Francisco A catepec afirma en madera hon,damente taHada y devotamente dorada, en piedra esculpida con emocionante ingenuidad, en atauriques de ar g amasa poli cr omada que corren por marcos de puertas y ventanas y •por las n er · vaturas de las bóvedas, en pinturas y retablos y obj etos del culto, la suntuosidad verda.deramen•te tropical de l exhuberante ex:terior. Algunos críticos han por fortuna sólo murmurado, a propósito de esta singular obra de arte, inconformida des mu y sutiles Q u e si su estilo es decadente, que el barroquismo, qu e la impureza del estilo, que esto es rudo y aqu ello bá rbaro.
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El interior de San Francisco Acatepec afirma la suntuosidad exterior en pinturas , esculturas, talla s de mad era dorada y atauriques de argamasa policroma
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Y .de todo eso, si n embargo, se despre nd e e l e n c anto fervie n te y se n sual de tales arquitecturas y de tales de corac io n es. No ha y que ap l icar el precepto greco - ro m a n o a obr a s que s i co n él estuviera n co n for m es sería n "past i c h es •• sin carácter propio. O tras a lm as y otras sensi· bi lid ades cre aron esa belleza.
Go n lo que aportaro n de la cultura es pañola la s a lmas rudas y p ri mitiva s de los c onquistadores y 'los frail es, donde e l arte arábi go se había infiltrado, flore c i e n do e n e l mud éjar y e n las cual es brota1ban también un ver· duga l del gótico florido, fueron las aJ1ma s indí ge n as saturadas p or lo so br e na tura l, a lu ci nadas por su t eogo ní a monstruosa y batalhdora y que ll evaro n a la i co no grafía y a l as art e s plásticas cr i stia na s, su se nsi b ilid ad antigua , disi m ula da, per o cuya potencialidad irrumpía
T o da esa rudeza, toda esa barbarie , se sub lim ó e n arte exces i vo y se puso a l servicio del ideal cr i stia n o, para co n stru i r y or n a m e n tar estos te mpl os colo nial es de M éxico , don.de Hota u n pavor sem eja nte a aquel " h orror gó tico" que e n l os templos oj i va l es des cu brie ra L afcadio
Hearn
P ero si el al ma española puso e n eHos al go del es· píritu d e V a ld ez L ea l, el terrible pint or, y a l go del San to Ofi c io, m u c ho puso ta mbi é n del in efabl e espíritu de sus frailes po e tas y del arte opu lent o y sutil de G ó n gora
Y así ta m bié n el in.dio que n o ha:bía olvidado a su cruell deidad, H uic hil obos, derram ó e n c ambio e n esos sa nt uar ios h m ag ni fice n c ia tropical.
S acudida así por los go lp es del desti n o , envuelta entre las rojas espirales del in ce n dio , y sa h u mad a por los va po res ve n e n osos escapados d e la tierra, sucumbió tragica m e n te , y n o n os hubiera dejado m ás que el recuerdo de s u ref in a d a si no fuera que d e bido a l os i nfat i gabl es trabajos de los gr andes arqueólogos mod er no s, vuelta a l a l uz del día, pa ra bri n dar n os en una época pu· ra m ente mecáni ca y m erca n til, los e n ca n tos y la belleza de una c i udad su nt uosa
P AR TE II
H istoria g e neral de las escavacio n es
Horas despu és de l a terrible erupció n, R oma pres e n· c iaba un sor p re n de n te co mo curioso es p ectácu l o El sol que hasta e nton ce s bañaba esa gra ndios a c iudad co n sus c á lidos ra yo s, fuése de bilitand o po co a po co, h asta ocultarse por co mpleto, tras u n a es p esa cort in a de nub es gri sá ceas que cubría n el espacio , su mi e n do paulatinamente a la c i uda d, e n profundas tinieblas. L a pobla c ión alar· mada buscab a e n va n o u n a explicació n pa ra el i mp revisto fenómeno, no hallando u na so l uc i ón satisfa ctor ia , h asta que el ve l o trágico, que se cer n ía impla ca ble, sobre l as hermosas y fl orec i entes ciudades de P o mp eya , Es tabia y Er cu l a no, pudo por fi n des c orrerse, presentando e n to n ces a n te ,la vista de l os ató n itos ro m a n os, u n o de l os m ás tristes y desolados cua dros.
La decoradón in terior de las bóved as es especialmente suntuosa. R elieves y pintur as expresan el s imbolismo cristiano i n terpretado por la m ano indígena
Los altares de San F r ancisco A cat e pec co n sus vertig inosos follajes, carg a dos co n la flor a y l as f rut as de oto n os y primaveras m ag n íficos, p arece n en efecto u na Ja uja de l T rópico, u n a prodi gio sa se lva v ír ge n, que fu e • r:l de oro
}os é ]u'an Tablada.
Las ce niz o. s arrojadas po r el volcán en ese a mar go día, fuero n esparcidas p or todo el co ntinente, 'lle ga ndo a exte n derse h asta Africa , Si ria y E g ip to El E mp erador Tito, co mpr e ndi e ndo de inmediato la ma g nit ud de la catástro fe, e n v i ó dos senadores, que co n el título de "Cur atores, Campaniae re stituendae,. trataran por todos los medios posibles de restaura r Jas c iudad es Per o des gr a c iadamente sus intentos se vieron fr usta d os, a n te los gr andes esfuerzos que n ece si taba n, para ha cerlas resurgir de nu evo' - pues mi e nt ras E rcu lan o yacía sumergida bajo u n a espesa capa d e lodo, Pompeya estaba sepultada y oprimida bajo u n a m asa co mpa cta de esco• • nas y ce n tzas.
Sin e mb argo e n esta últi m a ciudad, c ontra l o q ue se su p uso a l pri n c ipio, las ce niz as n o lle garo n a sepu1tarla t otalment e , pudiendo distingu i rse aú n, las torres, t errazas v el coro n a mi e n to de algunos te mplos, que n o a'l ca n.z aro n o. ser cu biertos.
Parte de la població n, que había sobrevivido h u · y e nd o de los estrago s causados por el vol cá n, una vez terminada la erupc ión, vo l vió de n uevo , y s i é nd o l e m uy fácil reconocer sus casas , p e n etró en ella, ya sea por las ve ntana s o tejados , y -trató de recuperar sus a lhaja s, así co m o i n f in idad de objetos preciosos.
Pero la desaparició n de m uC'h os m ár m o l e s, así co· mo hermosas y art íst i cas estatuas y gra n cantidad de objetos de arte, se debió a ciertas cla ses de per so· nas poco escrupulosas , que de wltas investi·
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duras , pro cedía n a un saqueo descarado, aprove c h a ndo el desconcierto que reinaba e n esos momentos, e ntr e los prófugos; todos esos objetos sirvieron lue go , para enriquecer las lujosas y espléndidas mansiones de l os nobles.
Después de estos saqueos, el tiempo se e nca rgó de borrar poco a poco el recuerdo de esa villa, ha cie n do des• aparecer tlos últimos vestigios de ella, que aún aso m a · ban fuera de la tie r ra, c omo si quisier a n pedir a los h o mbres, una ayuda, para resurgir de nuevo.
La tierra vegetal fué re ha c i éndose sobre 'los campos y allí, la nat urale::;a volvió a re c o b r ar sus derechos, c ubr i é nd o los c o m o otras d e nuevas y ricas vegetaciones, que favorecidas por el cl im a, fueron como una inmensa Jápida , que cubrió par a siempre, la c i udad m uerta
La indiferencia q u e dominó durante tanto tiempo a la arqu eo logía, hizo que todos los vestigios que aún quedaba n, pasaran desapercibidos; s olo d e vez en c uando al pasar de los años, se oía c itar a Pompeya , e n la s c o mposi c ion es de l os poetas o literatos, pero estos no
P om¡::eya. - La calle de la Abund ancia -. 1
eran más que fant asías, pue:; lo c iert o es que n o se c onocía absolutamente nada de esta ciudad Re cie n a fin es del año 1592, el arquit ecto Fontana, al c onstruir u n ca nal por orden del co nd e M uzzio Tu t tavilla , p ara co nducir las aguas del Sa r n o a Torre Annunziata, tuvo que atravesar Pomp eya de u n extremo a otro, horadando sus muros. A n adie se le ocurrió, a p esar de la s inscripciones hallada s, que la s excava c ion es pra c ticadas p erfo raban los mur os de .la ciudad dormi da y olvidada. Durante el gob i er no d e Carlos III unos 'labrad ores al abrir la tierra bajo los go lpes de sus palas, e n c o nt raro n unos objetos de m etal, que puestos a descubierto, resultaron ser: un Priapo de bronce, y un peq ueño trípode. Est e hallaz go Hamó la atención del ingeniero Alcubie rre, el que interesándose much o por este descubrimiento, obtuvo permiso del rey par>a intentar u na ex ploración, concediéndole a demás 30 forzados, para ut ilizarlos en los trabajos de excavació n.
Pero a juzgar por la precipitación, así co mo e l desorde n co n que fu ero n efectuadas, se desprende que el ú ni co objeto que Llevaban, era la bus ca de objetos de n rte, lo Es así, co mo para extraer
algunas interesantes pint uras , deterioraban y derribaban sus m uros ; despojándolos de sus mármoles y escu lturas, que luego volvían a rellenar co n la tierra extraída, abandonándola de nuevo a su destino. Re c ien el 20 de Agosto de 1763, se e n co nt ró u na inscripción, co n la siguiente l eye nd a "T. S. Clemens ha restituido al m uni c ipio de Pompeya (República Pomp eya norum) los terre nos ocupados por los particulares",
Esta ins cripc i ó n, junta c o n otras hallad as, permitiero n demostrar que la ciudad sepultada que se vio laba , era P o mpeya.
Lej os de a.Jentar los trabajos co n este descub r imiento, trajo más bien desagradables c o n se c ue n c ias, pue s distrajo la atención de las otras es c avacio n es, p r ocediéndose a u n saqueo e n forma poco lí cita, guiados por u n mism o prin c ipio y bajo u na misma ambición.
Tr es años más tarde, se dirijen de nuevo las e s c avac ion es ha cia l a p uerta de Erculano y a los ed ifi c i o s que la rod e an (re g ión VI) co ntinuand o c o n el te mpl o de Isis, y la v il!a suburbana de Diom ede, ll eva n d o luego t odos sus esfuerzos h ac ia el alojamiento de los g la diadores y sobre los teatros (región VII).
El e mp erador ] osé II a l visitar l as es c avaciones e n el año 1796, se quejó al rey Fernand o II de la forma como se venían efectuando, aprobándose por ú ltimo, la i dea del in g e niero Francisco la Ve ga , para adq uirir los terrenos que cubrían la ciudad
Desd e e nton c es , las es c avacio n es se prosi g ue n co n e ntusiasmo, e l eva n do M urat el núm e ro de obreros a 0- 00, despl eg ando así, una a c tividad aso mbros a. Durante este período feliz, la rei n a Carolina interesas e por el desarrollo de estas, siendo bajo su presen c ia des c ubiertos l os prin c ipales monumentos del Foro Civil, hasta los muros del reci nto.
T erminadas las escava c iones del a nfi teatro (Reg. II) fueron de n uevo interrumpidos l os trabajo s , c on la vue lta d e los Ba rbo n es
Estos co m e nz aro n por r e ve nde r los terrenos c omprados, y ,los trabajos abandonados, vuelven a l g u na qu e ot ra vez a emprenderse, ante la p rese n cia de c i ertos pn n c 1p es
De spués d e la a n exió n del re ino de Nápoles, e n el año 1860, fueron proseguidos bajo la dirección d e Fi orelli , espíritu culto y elevado, que guiado por los má s entus iast as y n obles prin c ipios, Llegó a c ompen e trars e profu ndam e nt e co n l os miste rios de ese lab eri n to, rec og iendo cua ntos datos y observaciones fueran h ec has, logrando así establecer u na clasificaci ó n extraordi na ria, c o mo estupe nda, que sirvió de base para las futuras es• cavac1o n es
La mayor parte de la superficie de Pomp eya, c ua ndo Fiore lli asumió la dire c ció n, ofre c ía u n aspe c t o lam e ntab le; por todas partes translucíanse las huellas deja da por la piqu eta demoledora de las anteriores ge n er acio nes, cuyo vandalismo podemos a pr eciar, Clll obse rvar co n gra n dolor, las ruinas que aún queda n e n pie, de lo que fué Pomp eya Fio re lli, ante e l aspecto desolador que ofrecía l a c i udad , principió por despejar Jas part es profanadas, reparando y co nsoli da n do los pedazos que amenazaban ru ina, poniendo a descubierto las ca ll es , jardines y paseos, h acié nd ola así a c cesible a los turistas, que podían
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c ir cu lar li brem e nt e e n ella, co mo h acía n los pompeya· nos e n otra e po ca
Fué también d ebido a él , que se pudieron co nse r · var lo s cuerpos d e la s vfctimas de la catá s trofe, e n la mi s m a forma y p osició n que se e n contra b a n, cu and o se produjo la eru p c i ó n.
En efecto cu ando e n e l día trágico, la c i u dad se cu bri ó d e ce ni zas , l os envolvió po r todas pa rte s, pene· trando por e n tre sus ropas, y formando a s u a lr e d e do r a l go así co mo u n m olde Envueltos así •los cuer pos, fu éronse corro mpi e ndo, y u n a vez que l as car n es fuero n co nsumi das, solo se c o n servó u n h ueco, de nt ro d e l cua l quedaban las osa m e nt as.
Fiorelli , hi :zo colar dentro de esos m oldes yeso líqu id o, obteniendo así, esos fi f!lle s retra t os de los pom· p eya n os , retra to s, que aú n refleja n e n sus rostros, ia h or ribl e a go n ía de la m uerte
Como di g n os auxilia res e n sus trabajos tuvo Fiore ll i a R ugg i ero , P etra, S og'li ano y a l in ge n iero Cozza, es pí ritu artista y m odesto restaurador de l a arquitectura pomp eya na, e n l a cua l de mo stró su fi n a observac ión y su e sq u isito ar te. P r u eba d e e ll o es la rec i e nt e restauració n de l a casa "'dei V ettü" por l a cua l e l m u nd o c ivil inter esa s e bast a n•t e.
Re corde mos junto a estos hom bres de cie n c i as, a Spinallo za, que prosi gu i e ndo la s escavacio n es , p ro p uso de inmedi a to, l a apertura d e toda la ca lle, que co n tin ua ndo co n la de l a Ab u ndan c ia, c onducía a los p o mp eya nos a los es pe ctácu l os d e l a nfit eatro ; - (V er plan o)y al escu ltor L ore n zo Cozza, quie n in teresá nd ose po r e l es tudi o d e e sta nobl e c i uda d, d escu brió e l p uer to, dond e Plinio e n e l año 79 (A. C.) co ndujo la escuadra de e l Miseno, co n obj eto de p re star so corr o a los prófu g o s pompeyanos, que se habían refugiado en la playa. C on fe liz ac i erto e instinto, observó despu és d e h aber pra ct i ca d o varias escavac i o n es , (v er pla n o de l P uerto d e Pomp eya 1 y 2) que las arenas a n ti g uas penetraban h ac ia el interi or , e n u n a exte n s i ó n d e 1250 m etros, do nd e el terre n o se e l evaba re p e n t in a men te p or u n a decena d e me tros , e n c ont rá nd ose co n una pl a t ea h ec h a , co n u na es pe c i e de ce m e n -to (3) y lu e g o la c aLle , co n l o s surcos de l o s carros aú n v isibl es , que d e l a Pu er t a Marina c onducía al m uelle , ( 4) así c o m o l os gr andes bloks d e las obras p ortuar ias batidos por el mar, h asta e l día e n que l a erupció n volcá ni c a, ter m inó p or destruirlas.
T res s istemas se han e m pleado e n e l transcurso d e las • escavac 1on es
El primero ini c i a d o e n tiempos d e Car los lll qu e c onsistía e n socavar el terreno, des p ojar lo s d e sus objetos de arte, y reL:e n ar l o d e n uevo. Este m é t odo h a sido perjll'dicial, p ues ha servido para deteriorar y des• • tru1r num er osa s co n s t r u cc i o n es
El segundo, fué p erfecc i o nad o po c o a poco e n el s i gl o pa sa do , ( é p oca d e M urat) y co n sistía e n perfo ra r y cortar las co lin as s i gu i e nd o las que pa ulatinam e nt e se a bría n bajo l a pi queta de los obreros. Pero c on este sistema, toda la part e superior de las ca s as, se derr u mbab a h a c ia e l in terio r , ro <npiend o n umero s os objeto s frág il es.
El tercer si st e m a (empl eado por FioreLli) ta mbi é n las calles, p ero por l a pa r t e s u p e ri or d e
• s i gue la co·
lina, trazando l o que p ur i éra m o s llama r , islas subterrán eas . L a escavació n se ha cia p or c apas su• cesivas, h a st a ll egar a las más baja s , apuntalando y c o ns ol id a nd o todo lo ya escavado, a medida que se iban descubriendo l os mu r os.
Pom}:e ya. - Arquitrabe con d ivínidad es p in tad as al f r esco
Po m pe y a c o n tra lo que s e creyó al prin c ipi o. n o fu é destruida por e l fuego , pues este hizo su aparición parc ialm e nt e
A pesa r de los e fe c to s d e la eru p ció n, 1 as casas h an c o n serva n do s u fisonomí a bastante co mpl eta , p u di e n d o lleg ar ho y aún a impresio n ar n os l o suficie n te, c omo p ar a reve l ar a n ue stras almas, 'l os e n ca ntos que ofrecía esa • her mosa c i udad Es cierto que no pos eía grandes y opule nt os palacios, n i monument os ni templo s tan gra ndi osos c o m o l os de Ro ma, p ero en ca mbi o , por doquier s e ' resp iraba J a a r m o n ía y la serena proporci ó n q ue e n cerraba su arqu i tectura
A n t iguo Puert o de P o mpeya
La influ e n c ia gr i ega ha b í a ll ega do a i n fu ndi r e n ese pu eb lo u n gusto superior por la bell eza , gust o que Imprimían e n todas su s obras, y e n todas sus a rtes , ll eg ando a hac er de é l, u n c ul to f erv ient e.
Ho y ante el mat er i a lism o de ,la é po c a, que c o n spira co n tra l a rea li zació n del arte superior de nu es t ra Arquitectu r a, solo n os resta e mo c iona r n os ante l a s s erenas y l u m i n osas v i s i o n es, que emanan de l os m ár mol es • a nh guos
ltalo Dighi er o Arqu i tecto.
CEMENTO ARMADO
«:ALCULO DE ESTRilffiOS
Adherencia. - La c arga de seguridad a l deslizamien· to, que llamaremos Rd. generallmente se hace igual al 1 110 de la carga de seguridad a la compresión.
Este coeficiente varía de 4 a 6 kilos por cmt2, según varíe la proporción de c ement o de 300 a 450 kilos por metro cúbico de hormigón.
Entonces vemos que el esfuerzo al deslizamiento, siendo proporcional al esfuerzo cortante, será máximo con éste cerca de do s apoyos, en donde es necesario asegura rse de que la adherencia sea suficiente.
Como regla general se adopta que la adherencia es suficiente cuando el diámetro de las barras no es mayor que d. igual o menor que 5 11000 l. siendo su longitud, y d el diámetro de 1as barras.
Estribos. - Esfuerzos cortantes
Sabemos como se ejer c en los esfuerzos cortante•s y l os de deslizamiento longitudinal. y también que san i gua les entr e e llos para un mismo punto de la sección.
y los esfuerzos horizontales de deslizam.iento lon g itudinal, cuya r esultante tiene igual valor.
A los esfuerzos primeros, el estribo opone su resistencia a la tracción; y contra los segundos su resistencia a1l corte.
El deslizamiento longitudinal se ca lcula como repartido uniformement e en la altura de la sección. por la fórmula T lh. El esfuerzo medio entre 2 estribos será pues TK !h. desde que h es casi igual a la altura del estribo.
La resistencia al corte ,será Rd x u'. siendo u • la sec c ión total de las ramas de los estribos en la misma . , secc1on.
Podemos duego hacer TK ih = Rd x u'. desd e que son igualles en la misma 1sección.
En esta fórmula, conociendo u'. Rd, T. h. despejamos K. que es la separación de los grupos .de estribos.
El V'alor u • se expresa en milímetros cuadrados, Rd vale 8 kilos por milímetros cuadrado como y a dijimos anteriormente; h y K se expresan en centímetros.
Calcullando el esfuerzo cortante en distintas se cc iones de la pieza, los valore•s de K nos permitirán ha cer la separación de los estribos.
Método de Pendariés
Este ingeniero de Puentes y Caminos, ha dado a c onoce r el siguiente método, que es de mucha ap'licación y de fáciles y buenos '.t' esultados práctic os
En las piezas con cargas uniformemente repartidas, el esfuerzo cortante máximo se produce en los apoyos, con un valor igual a 1 12 p x l. y es nulo en el centro d e la pieza.
En los c asos corrientes de lozas y vigas, a veces la s cargas no son uniformes, y entonces el esfuerz o cortante ya no es nulo en el medio; entonces M. Pendariés propone de dar un valor igual al 1 14 del esfuerzo c ortante máximo, es decir hacer T' = 1 14 T = 1 18 p x l.
Ahora bien, si en la figura adjunta. tomamos sob r e un•a horizontal que represente la mitad de la pieza 112. levantamos en sus extremos 2 ordenadas vertica1les; l a una representando el esfuerzo c ortanteT, y la otra i gual
Para contrarrestar e l efecto de esos esfuerzos, se c olo c a e n el inte rior de la pi e za. unos hienos verti ca les o inclinados que se llaman estribos. y tienen además la ventaja de solidariza r las armaduras con la masa d e l h or mi gó n co mprimido. a T l4. y uniendo sus estremos obtendremos un trape-
En e l cálculo de l o s e stribos, se puede tener en- c ío, cuya superficie representará la suma de las ardecue nta la resisten c ia que tiene el hor!'tligón al desliz a - nadas, o sea la de los esfu erzo s cortantes en la med1 a miento, que varía co n la proporción del cemento, de 4 luz de la viga; y podremos decir que esta suma es i gual a 6 kilo3 por c tm2; p ero en no se toma en cuen· a la suma de las resistencias de todos los estribo s ta. ha c iendo que e l m etal s o porte solo todos los esfuer- La superficie del trapecio será: zo s. La carga de se g u ridad al deslizamiento e s general- S = 1 12 (T + 1 14 T) x 1 12 1 = 5 116 x T x l. mente los 4 15 de la carga de •seguridad a la tracción. Ahora bien, si suponemos que ha y a n grupo de esComo el acero lo ha c emos trabajar usualmente a 10 tribos semejantes, y que cada uno tenga como sección kilos por milímetro cuadrado, podemos hacer Rd = 4 15 total de ramas u'. la altura siend o h, la suma de r .; ,:: R = 4 15 x 10 = 8 kilos. resistencias será: El estribo soporta dos es,fuerzos, cuy a resultante es s· = n X u. X Rd X h. el esfuerzo cortante sobr e la sección d e la pieza dete r · Enton c es podremos poner 5 116 x T x 1 = n x u' x Rd minada por la distan c ia de dos estribos, distancia que x h de donde despejando n = 5 116 x (T x 1) 1(h x Rd X !llamaremos K. muhiplicada por el esfuerzo cortante T; u') = 0.31 x (T x l) 1(h x Rd x u').
ARQUITECTURA
En esta fórmula prácti ca, dando a u' el valor sección de los grupos de estribos, tendremos la dad de ellos en 1::-. mitad de la pieza.
de la • c anh·
Ejemplo:
En el caso de la viga ca l cuJ.ada e n e l n ú me ro anterior, teníamos que el valor de P era 10432 kilos.
El esfuerzo cor tant e T se hace igual a P \2 para las vigas de sección rectángular, y T = P \3 las de se cción e n ele y te.
L uego en este caso de viga te, e l valor del esfuerzo cor tante será T '--· P l3 = 10432 13 = 3477 kilo,s: lue go aplicando la fórmula dada, y dando valor es , t e ndremos:
n T = 3477 kilos
1 = 300 ce ntímet ros h -::;:: 22 ce ntímetros
Rd = 8 kilos
u' = 4 ramas de 8 milím etros = 200
0 .31 X (3477 X 300) \(22 X 8 X 200) = 9.18
Si se quisieran menos, tendremos que tomar ma yor va lor para u',
M freiD mjJ» TI fl cal llcaJ
Este hermoso y ú ni c o chalet", ed ifi c ado no ha ce mucho e n Cin c innati, Estados Unido s, no es precisamente una de aquellas casas que aparece n en l os cuentos de Had as; peri si u n a verdadera co ns trucció n de cemento c on todo el confort d e una casa moderna.
Como vemos, se ne ce sitan 10 estribos de 4 ra mas de 8 en la mitad de 'la
NOTA : Partimos de la base de colocar estribos de se cc ión si quisiéramos h al'lar la sección que correspo nde, entonces te ndríamos que determin,ar antes el núm ero de estribos que queremos colocar, para poder despejar u'
R epartición gráfica de los estribos
En el diagrama anterior, prolongamos A'B' hasta c ortar a AB e n sobre A 'B' co mo diámetro, describirem os u na s •e mi c ir cu n sferencia, y dividi endo la recta A 'B' e n n + 1 partes i gu aJes, tendr e mos los puntos 1 2 3 4 n por los c uales levantando las no r males a A'B' hasta en c o n trar la media c ircu.nsferencia en 1' 2' 3' n'
Estos puntos rebat id os con arcos de ce ntro e n O, ocu p ará n las posiciones 1,. 2" 3". n ", d'e donde bajando las normales a AB, tendremos la repartición exac· ta de los e stribos.
Rodolfo L. Vigouroux, Arquitecto.
redes, debiéndose tener cuidado de hacer todo lo que se de sea co nstruir durante la co nstrucción de las pa re · des y del te c ho, no pudiéndosele agregar nada una vez terminado el trabajo.
Para co n struir es ta casa se han empleado unos mold e s de barro blando. Los cimientos so n de u n m etro dentro del sudo, y la construcción de las paredes en sus irre gu lares y fantásti cas formas, se va h a c iendo vacia nd o dentro de l os mold e s ce mento semi-líquido, hasta H egar a la altura deseada.
S e refuerza además la construcción co n pedazo s de piedras, troncos de árboles y co n g lomerado d e casco tes, co n struyé nd ose el techo en Ja misma forma que las pa·
Despu és de dos semanas de habe r llenado los moldes, e l co nstru cto r puede e mp ezar a retirar los moldes de barro, tanto del interior, co mo del exter io r, pudiendo d espués limpiar las pared es interiores y exteriores co n un fu er te lavado co n agua.
Esta construcció n resulta tan original, que el mi smo co nstr uctor no podría c onstruir una i gua l, debiendo ne· cesaria m e nte ser otra que s •e hiciera, diferente, de acuer· do co n la s Variantes que los moldes asumirían.
LOS RASCACIELOS RICANOS
cpmp:uieros que !;epan afilar ho c:es : s11 L·s l o qu e busca LJI Cr e<t tlot· Se l es ll ama rú tle:-<truetore s y d es pr ' 2Ciatl o t·c s (1 \! l bie n ' · d e l rnal: ¡¡e ro dio!:' ,. se !to l.• tn" · :-. 1 - Así h ab l aba Z ara t uslra
No ha de pretenderse conseguir un procedimiento lógico y sistemático para llegar a producir la belleza; formar, sí, un órgano capaz de crea ción, sensible, emocional y fuerte, una cultura previa, un conocimiento previo de la técni c a de los problema•s, no como fin, sino como medio, de la estructura y de su mecanismo de resolución\ después vendrá la marcha; el pensamiento podrá desenvolverse y cabrá la esperanza de hacer o de con• se g uir.
Ha de ser, en suma, preocupación fundamental la c onsecuencia de un c on c epto, y luego, de los medios de desarrollarlo; lo d e m á s nos será dado po r añadid u ra.
La técnica por la té c nica, el problema por el ma, la erudición por vanidad, no son fértiles, aun cuando pueda ser de finalidad prácti c a para los creadores la l a bor d e los one e !' t o h a g an.
La labor es considerable para el indiv iduo , y ha de re alizarse por la colectividad. En último término, este he c ho es el que se produce diariamente, a un c uando l a pomposa vanidad de un título pretenda o b s cu r e c erlo y r e alm e nte negarlo.
Las obras c ompletísimas de la moderna • arquitectura s on realizadas por té c ni c os anónimos, cuya labor usurp a el té c ni c o le g almente responsable: el arquitecto.
Los magnífi c os problemas de la disposición y de la e stru c tura son resueltos por hombres a quienes se da una forma conseguida previamente; téc nicos de la industria, que no del arte, obtienen la solución industrial. no siempre bella.
* * ili
El desarrollo c ontinuado de la técnica en nuestra profesión dió nacimiento a la ingeuiería como una nueva especialidad, acaso por la complejidad, cada vez más frecuente, de los problemas que se suscitaban.
El abismo que ho y nos separa de los ingenieros ha sido, sobre todo, c reado por un vicio de educación: el clásico horror a la matemática, inculcado como un princ ipio innegable en todos los que se sentían inclinados a cultivar las disciplinas artísticas
Y. sin embargo, el progreso es cada vez más mático, más inflexible, más incompatible con lo mate• pmto· 1 esco
Y con los in g enie ro s h e mo s forzosamente de colaborar, hoy más que nun c a. " T ht'S t lriu m ph s of Olll' tj.a:c. th L' .-\tla n1k',.: d cable th <c· P ac ifi c n ti l - rua () tllf' ::-illl•l: ('anal. t ltc M unt Ceni:-< H n d Got ll ard. and l l{)osac 'Cunn cls th e Broo l<l v n B rid g-e. l'll t'llt al! sp an n' < l \\'ith iron ·r·ai l,.: w Üh litll'H of Th n•a tl i ng e \·(•py s.:oa " W <dt W hi t man.
Nosotros queremos, en fuerza de ser lógicos, continuar armonizando nuestras producciones con leyes de· t ivadas del pasado, sin tratar de enunciar otras nuevas.
Ellos - los ingenieros -. sin más preocupación que la exclusivamente científica, han dedu c ido una estructura Y una forma consecuentes de los datos o factores mismos del problema, sin preo c upación previa de la for• ma antenor.
Si el puente, si el ferro c arril hubieran quedado estancados en sus formas primarias; si el in g eniero hubiera sólo pensado en imitar o plagiar el puente y l a calzada romanos, no se habría llegado a esas f o rmas modernas que tienen la belleza de la fuerza y del equilibrio Y que parecen presagiar aún otras insosp e cha d as.
Sus investi g aciones les han condu c ido por un c amino en el que les era necesario, o •se g uir adelante, o d e jar de hacer obra útil.
En tanto, nosotros, los ar q uite c tos, pro c ediendo a la inversa, partimos de .la forma cono c ida, pr e m e ditam o s el estilo, para encubrir una silueta estructural, de la que ni aun somos autores en la mayoría de los c asos * * *
Sería preciso crear espíritus entonados, capa ce s d e por sí del ra:;onamiento científico, del dis c e r nimi e nt o fundamentado, sin preocupación de la forma que ha d e vestir al razonamiento, ni de la fórmula o camino a nt es seguido. Suprimir, en una palabra, la erudici ó n alm a c e · nista, finalista, por la erudición evolutiva, bas e o medio, camino tan s ó lo. Esta, y no otra, es la ruta seguida po r los ingenieros en sus investi g a c iones; este c amino l es ha Uevado a produ c ir obras de una actua•lidad indis c utible: así, los dep ó sitos de agua de hormigón armado, los g'randes puentes del mismo material, los d e hierro Puentes como el de Quensborour g y Brooklyn, en los que no aparecen - es verdad - ninguno de los el e m e ntos conocidos de acentuaciún; en los que sólo el materi a l, c on su elasticidad, su ligereza, con su desnuda e xpresividad contribuye a totalizar la expresión y el carácter de algo muy siglo XX,..
No será la emoción despertada por ellos del ord e n de .la que despierta la co nt emplación del templo d e Karnac, del Partenón, de la catedral de Amiens; c r e o, sin embargo, que no existe sólo en esa emoción el factor de lo gi g antesco y de lo audaz; creo que en el .c amino fe c undo de .los comentarios literarios e n cierran más elementos patétic os y sentimentales, en relación con la psicología actuaL
La beHeza, c omo la proporción, son c on c eptos d e rivados de la experiencia y de la depuración de un sist e ma. Cada época culm in a en lof\ su y os con un ejemplo p e rfecto. Un templo g riego es desproporcionado y r ast rero para el que guste con sinceridad de una catedral g óti c a. Sólo con un ecle c ti c ismo impersonal nos expli c amo s ambos
Esos conceptos se han desplazado, c omo se han d e splazado imágenes e ideas.
Sólo con un sentido más apasionado y más c omplej o de la belleza, apreciaremos esas obras significativamente presentes, en las que, a primera vista, parece únicamen-
AltOlJtteefUlA
te observarse una anárquica viola oión de todos Jos principios considerados imp erec ederos. • • •
Admirarem OS en la Opera de París, en el Palacio de Justicia de Bruselas, en tantos edificios del siglo pas a do, un esfuerzo considera-ble de concepción, un sentido refinado de la compo sición, aciertos dispositivos indudables; pero nos v eremos forzados a reconocer que, más que esos edificios, r e sponden a la sensibilidad actual obras como el V o ldersla-c htdenkmal y la estación de Leipúg, y los puentes c itado G
¿No l a torre Eiffel la expresión más a c abada del fino espíritu franc é s? ¿ No es la c onse c uen c ia inevitable y presente del espíritu que produjo las catedrales de la Edad Media? Tiene algo nuevo, sin embar g o; audaz, e le g ante y serena. responde al siglo del maquinism o y de los ae r oplanos, y si al g o en ella nos repugna como f u e• ra de lu g a r , s on a q uellos e s c asos espacios en los que el autor ha tenido la pr e o c upa c ión de decor a r el hierro.
Si son bellos los a r botantes de una cated r al, y es n b elleza se acentúa al per c ibi r el implí c ito sentido e s tru ctur a l que poseen, tan bellos so:1. e sos pilares que se c urvan en su estructura como un a g r ac ia sin precedentes, tan bella esa maHa metá,li ca q ue se a fina y s e el e va c omo u n gi g antesco e in gr ávido obelis c o moderno. Ha y una calidad tal de expresión en la elástica es · t ru ct ura, que, sin quer er lo, encontramos fríos y misera·· bie s todos los edificios que se dom•inan desde la alturaForzoso nos será r e cono c er que no existe en Pa r í s un solo monum e nto - en el más puro sentido de la pa· l a bra - que m e jor defina el e sp í ritu fran cés. • • *
•
Estamos, pues, separados de los ingeni e ros por c nu · s as dive r sas; una unión f e cund a se obtendría f u ndiendo las dos enseñanzas, p a ra que ellos incorporasen a la s e ·· q u edad de su forma c ión eJ matiz de la gracia, y pa ra q u e nosotros pudiéramos arran c a r de la Matemática, si no toda, al menos u na buena parte de nuestra Filosofía y de nuestra Est é ti c a. N o nos v eríamos e :n pujados así a 10 maneJar con ma y or o menor Justeza, c as1 Siempre con un ' c rit e rio elemental, un vademécum t é c ni c o; c o mo si el
Las casas c onstr u ctoras de obras han adO'ptado últimamente en Estados Unid o s un nu ev o mét o do para limpiar ladrillos vi.ejos de obras de rr umbadas que s e des e a utilizar para construcciones nuevas.
Este método consiste en emplear un martillo ne u mático de picar, pro visto de un cincel extra, ancho, fo r jado de acero, con el que pu e dan Jimpiaue 3.000 ladrillos dia· rios con u na economía de un 75 por 100 en del método anti gu o consistente en limtpiados a mano. El golpe que produ c e es-te nuevo martillo no e •s tan fuerte que rompa el ladrillo, pero, sin embargo, de suficiente intensidad para quitar toda la argamasa que le queda adherida al sacarlo de la obra vieja.
médi c o, después de iniciarle en los conocimientos prote• sionales, se ajustase al uso exclusivo de un recetario.
Es preciso continuar al lado de los in g enieros investigando, -depurando, para no adoptar ante sus ideasacaso secas, aca.so, y esto les beneficia, privadas de todo vanidosa del que se presta a revestirl(l.s de belleza. De esta colaboración nacería, sin duda, lo verdaderamente actual.
Ese divorcio a que tantas veces he aludido, ha sido señalado en todos los países del mundo. En todas partes preo c upa el mismo problema.
¿Es que la complejidad de los conocimientos a c tua· les impone la especialización cada vez más limitada?
Ardua sería Ja labor para produci r en un -solo tipo el dificulto so el coeducar, de un modo fecundo, cerebros orientados en da vida en a c tividades que parecen cada día más antagóni c as.
De la respuesta negativa de esos enunciados arran· caría una afirmación desconsoladora para nuestra fesión la de que nuestra especialidad se limitaría casi a la de decoradores y distribuidores.
¿O se despla:zaría hacia sectores, que, por se r a c· tuales y novísimos, · nos señalan una posible ruta a se• g uir?
Me c onsidero incapaz de responder a estas pre g un· tas.
El entrar en el anáJ.isis de las facetas que la vida moderna nos presenta, para que arranquemos de ellas nuestras nuevas el definir el campo hasta donde podría llegar nuestra actuación, es un problema que veo tan preñado de contradicciones con las ide a s que por educa c ión todavía tienen sobre mí un poderoso prestigio, que no me atrevo ni aun a enfocarlo.
Sería preciso comenzar a sopesar definiciones dive r · sas, conceptos de estética, valores tradicionalles. Sería necesario llenar con otras, el vacío que tantas verdades, hoy insuficientes, abre aonte nosotros.
Se impondría. en suma, una revisión total del c oncepto de la Arquitectura.
Roberto F ernández Balbuena.
para lnmpiar lladriRlo
EJ trabajo se hace sobre una mesa en que se colocan los ladrillos arrimados unos al lado de los otros. Esta disposición permite aJ ope rario limpiar lOO ladrillos oor una de sus caras antes de darles Ja vuelta para limpiarlos por la otra cara y por los cantos.
El éxito del procedimiento anterior ofrece la solución a problemas de trabajos que producen pérdidas y los convierte en obras que proporcionan lo cual es muy digno J.e tener en cuenta por los contr-atistas. espe c ialmente en estos tiempos en que andan por las nuhes los materia-les de c onstruc c ión y la mano d e obra.
•
ARQUITECtURA
IPAClUlLTAD DIE AR@UJHTtECC!f\URA )f
CONCURSO DEL "GRAN PREMIO"
AÑO 1922
Tema: " EJ Palacio del progr eso ".
En nuestro siglo donde el progreso sigue adelantando tan rápidamente que es difícil seguirlo de un mod o co ntínuo, y que, p ara ponerse al corr i e nte de los conocimientos del día ocasiona a todo el mundo · averiguaciones penosas y enorme pérdida de tiempo, es menester concen-
c ientífi c os y verificar los trabajos y experiencias útiles a la co ntinuación de sus investi gacio nes.
El edif icio estará dividido en dos partes prin ci pal es Una parte públi c a y la otra reservada a los sabios. La parte pública se co mpondrá :
Una gran sala de conferencias - en dond e los sabios podrán exponer sus teorías y expli c ar sus nu evas inv e n c iones. Esta est•ará acompañada de las dependen c ias ne cesa rias: vestíbulo, Sé)Jlas de espera, vestua· rios, salas de prepara c ión, laboratorios, w.w. c c ., et c
Prueba de 48 hora s
trar todos los esfuerzos y conquistas de la humanidad para poder apreciarlos de una manera seg'ura, discutir y permitir el estudio de hs cuestion es planteadas y em• prender el de las nuevas que preparan el camino del • porven1r.
Además sería una especie de Instituto abiertc- a los sabios más notables del mundo en el cua:l encontrarían los med ios ne c esarios para proseguir los estudios
José Villa vedra
ler grado
Un gran museo - para 1la exposición de las grandes invenciones que han marcado un paso en el progreso de la humanidad en las diferentes ramas de la cien• c1a.
A este efe ct o se podrá dividir el museo en varias partes c orrespondientes a esas diferen tes ramas.
Acompañando este m useo que resumirá todo el antiguo progreso, serán anexadas otras s a'las corres pon·
a las diversas rám áS mod ern,as tales como: Elec· tricidad, M ecá ni•ca, Üpt-ica, Fotografía, Hidráulica, Cale· facción, Higiene, Navegación, Aviac ión, etc.
En cada una de ,},as salas serán clasificadas por orde n cro nol ógico los descubrimientos principales que han sobresal ido sobre las innume'l'ables inven•cio nes moder• na s Estas salas comportarán una parte inutili%ada 'POr el momen,to y esper-ando los produ ctos deJ porvenir. Adem ás est.arán dispuest·as de manera de poder, a este e fecto, tomar extensión sin m 6lestar las gra n des líneas de , co m pos1 c 10n.
Una gran biblioteca (pudiendo también divid-;se en varias part es) - Se rá fácilmente accesible a!l público y contendrá todos los libros científicos an.tiguos y mode'l'no s, así co mo numerosas revista s c ientíficas.
Esta Bibliot eca esta rá acompañada de las dependencias ne ce sarias z depósitos de libros, gabi nete del bibliote c ario, gran sala de lectura, gabi net es pa r hculares, de le c tura, vestuarios, w.w. c.c ., etc.
Una administ1 ación - Compuesta de variosdespac h os para la S e c retaría, depa rtamento y gabinete del Di rector, depar tamento y despa•cho del Administrador,
algunos salones de y de éS;péra, vestíbulo, pie zas de servicio, etc.
La segunda parte estará destinada a los sabios de renombre universal. Se compondrá de tres divisiones:
1.0 - Se cc ión Mecáni ca
2. 0 - Se cc ión Quími ca y Físi ca
3.0 - Se cc ión Medicina.
La sección mecánica comprendera: un gran taller ge neral para la confección de :l;¡s piezas de grandes di• m e nstones.
Un pabellón para la fue rza motriz y sus dependen• ctas.
Depósito para materias primas.
V arios talleres par:ti cu:lares.
Varios gabinetes de trabajo y sa.las de estudio. Una biblioteca especial.
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