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V OLUMEN VIII
DE 1922
NúMERO LIV
• SOCIBI>AD DE ARQUITECTOS
• COLÓN t386- MONTBVIDBO
COMISION DIRECTIVA
Presidente
V ice - Pr esident e
Secretario
Tesorero
Bibliot ecario
Vocal es
SOCIOS HO NORARIOS
Dr. Baltasar Brum. - Montevideo. Arq. José P. Car1·é. - Montevideo.
Femández Luis G. - Cerni-to, 455. Geranio Silvia. - Rivera, 2056.
A oo sta y Lam Armando. - Canelones, 1375. Héct or - Reconqw st a, 466.
Addieg o Buenaventura. - Avenida 19 de Abril, 28. Agorio Le opoldo C. - Colonia, 2118. Alvarez M oulia Jav ier - Boulevard Artigas. Aubriot Juan M. - \:V11liman, 14 Pocitos. H omcio. - Eduar do Acev ed o, 11 60. Amarg6s Rodolf o L. - Joaquín Requena, 1244.
Bauzá Ju lio C. - Magallanes, 1465
Belloni Gadea Pedro. - Río Negro, 1456.
Barbé Luis Alberto. - Cerro Largo, 1066. Ca1wbal Alb ert o. - y Tres, 1271.
Caprario Jorg e - S ierra, 1908 bis. Carleva.ro Alvaro R. - 18 de Julio, 1865. Confort e Emilio. - CerJ:Iito, 643.
Nobo a Courrás Diego. - M. Barreiro 151 - Pocitos. Pedemonte Juan J. - Santiago Vázquez 7. Podtos Ricci y Toribio Carlos. - Suálrez, 2925. Sambucetti Octavio. - GH 31.
Vázquez Varela J acobo. - Buenos Adres, 519 bis. Vázquez Antonino. - Mdea, 152. Zerbino Luis - 18 de Julio, 909.
SOCIOS TITULARES
América E. - Qi.udadela, 1274
Mariano Juan lvf. - 8 de Octubre, 231. Martorell Sebastián G - 25 de Mayo, 709 · .Mazzara Jos é. - San José, 1214. Moreau Mario. - Reconquista, 416 Molins Carlos A. - Olivos, 99 7. Muñoz Alberto. - Agraciada, 2704.
}.1/usso Luis PoZanco. - Cont. Colonia, 52 Nadal Pedro. - Río Negro, 1445. N 1f,,.1 ez Dulio Jacütto. - Ag raciada 2399. N oceto Luis - Figueroa 1925 bis Pérez Montero Carlos. - Reconquista, 416 Pitamiglio - Ej<ido, 1392. Ruíz Alejandro - Río Neg r o, 1445. Roc co Daniel. - Bueno s Aires, 519 bis Rodríguez Larreta Carlos. - Ptiedras, 421. Rius JU<1tt Autonio. - 18 de Juláo, 1698. Rodríguez H éctor L. - JU3111 Pau'lllier 1385.
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Cu mpli e nd o u na ant erior promesa, ofre c emos a n ues• tros lectores el interesante trabajo de l Arqto Dn. J ac obo V as quez Va r ela, D e c ano de la F a c uitad de Arquitectura, y que es un resu m en de la c o n versació n c o n que se dirigió a tlo s •estudiantes de esa F a•cultad e'l día de da inauguración de los c ursos e n el c orrie nt e año.
Mi pr o p ósito no es e n reatlidad hacer u na co n fere n· c ía sino simpLemente e l de manten er algo a sí co m o u na co n v:ersac i ó n co n los alumnos sob re u n tema mu y co n oc ido y siempre interesante. Me refiero a lo que signific•a el programa para las obras arquitectó ni c as
El pro gra m a es a•l g o ta n importante que casi podríamos co nside ra:t'llo co m o u na ,l,ey que rij e la acción deil arquitecto y que limita su Jibertad ta nt o al proyectar sus obras co m o al ejecutar:las.
T odos Vds. lo pues e n los ta-lleres de la Facuit ad se repit e n a diario c o nside ra c iones sobre este mismo as u nt o , co nsidera c i o n es ge neraLm e nt e n uevas y sujeridas po r e l desarrollo dado a !las cue stiones propuestas por los profesores o por los mi s m os alumnos. Una observación del discípu•lo da m otivo a m uc has digre&iones del maestro sobre ese tema, pero n u n ca se i n sistirá co n exceso sobre todo su s ignif i c ado y sobre su verdadero a:l ca n ce
Com o definición podríamos decir que p rogra m a es e l e nun ciado de lacs c o n di c iones que debe tener el edificio que se desea. D e esa simple defin•ición se deduce que ha y e n l os •programas u na par te explica•tivamente estah1eci.da y que el resto también comt pr•endido, aunque implícitamente, debe deducirlo e l arquitecto uti l iza nd o ta n solo su prepara c ión y sus dotes artís.ticos L a importan c ia que s e co n cede a u na de tesas dos p artes de un pro gra ma varia muchísimo. En c ie rto s casos es amPlio, a m plísimo, y deja cas i todo en manos dell arquitecto; el debe n o sdlo h acer ,la composició n del edificio que se pide, sino que también, debe prev er todas sus ne cesidade s. En otros, se enun c ian tal c antida d de detaJ.les que la libertad de11 artista se limita extraordinariamen t e
Ha y o piniones m u y e n co n tradas respecto a esas dos formas de presentar hs c uestio n es al arquite c to, pues mientras puede aducirse que los programas d e e n u n c iado simple perm ite n ma yor vari edad d e soluciones y n o e n torp ece n l as co n cepciones del artista , ta m •bién c abe observar que los programas deta!llados c o nd uce n a resultados m ás prácticos, evita n divagaciones tÍnútrles y h a c e n que e l p ro y e c tista to m e m ás rápida m ente u n ca min o se g uro que l o Hevará a u n a mejor int er p re tació n d e la obra • que s e ne cesita.
No po cas veces l os p r obl e mas que los arquite c tos está n Hamados a r esolver p re senta n l i m ita c io n es i mp ortantes c o mo son las referentes a•l terre n o a los pisos .de que debe co ns tar eil ed ifi ci o, a l a c apacidad d e l os lo c a 'les o al costo de Ja ob r a Las limita c io n es del terre n o, siempre que n o vayan u n idas a a l gu n as de las antes en u nciada s si bien n o c rea n c or r ie n te men te i mp osibilidades absoll utas pa ra encarar el asunto, pueden e n m uch os c asos, imlplicar difi c utltade s insa1lvables para r e solver b i e n tel p r oble ma propuesto.
En principio todo lo que torture el libre uso de la ima· g ina c i ó n es ha rto desagradable para el artista que quisier a vealizar sus obras tal cua l las concibe, pero debe reco· no c erse ge nera1lmente la ne cesidad de hacer la composi· c ión para u na dimen•sión det el"lminada, pues so'lo como ca· s o d e excepció n puede Clldmitirse que el arquitecto proyecte si n c o n ocer el terreno que uti Lizará, y en caombio, si las limita c iones va n u nidas a una enum'eración l arga de Jos loc a•l•es co nsid erelldos imprescindibles, sin que estos ha ya n programados en justa relación con ,los !límites f ijados c ab r ía observar que 'la s cond iciones pedid a s son contra· di c torias, pues n o siendo presumible que ya se co nozca una bue na sdlución del caso propuesto, sucede amenudo q ue e l probllema p rese ntado a sí, no •puede resalvers e en forma ace•p table; las buenas soluciones posi•ble s exigirían el c ambio de tlos términos d e la cuestió n y •por co nsiguient e c on e llos n o se tlabría in-terpretado f-iel mente el progra· m a sometido De ese modo se pide atl arquitecto lo 1m· posi b le , se le coloca en situa ció n desairada y difícil, ha· c i e n do malo grar sus a pti tudes fre nte a un asunto ingra to y malo por natu ra'leza
El presupuesto fijado e n u n p rogra ma no tiene por lo g e n er al u na bas•e segura. Si aú n no se ha proy¡ectado la obra mal puede co noc evse su va!lor. Fijar conjuntamente hs c o ndi cio n es ese n ciales y el costo de un edificio cuyo plano aún no se ha trazado, e ntraña impllicitamente una a n omadía; o lo u n o o lo otro. O se fijan con pre ci sión las c o n di c iones espe c ia1l es de 1la obra que s e pide detallándola de manera que se determinen con clar,idad SU índole y s u deja ndo de lado el costo que no será sino u n a c o ns ecuencia lógica de la debida rea.'.lización de esas c o n di c iones, o de lo co ntrario se establece d e ante-mano la ca n ti dad de dinero de que se dispone haciendo que el arquite cto proye c te co n •entera tlibertad la obra posible dentro de esa limitación y dentro de un concepto sobre !la s n ecesidades más indispensables para Ja co modidad y la belleza
A!lguie n ha sost•en ido que un programa gráfico es una aberra c ión y si n e mba rgo , para ciertos asuntos complejos pu e d e ser la forma mejor p l"le c isada de presenrtar no solo l a en u mera c i ó n de los locales ne c esarios, sino ta'lllbién tla de e nunciar sus co ndicione•s ge nera1le s, su importancia y su ubica c ión relativa Es .claro que, a •ese esquema no deb e atribuírsele gra n va'lor p ues solo serviría co mo dato il u strat i vo y c o m o exposición de las condiciones exigidas po r los n o -a rquite c tos , sujetas siempre a la inte r pretaci ó n q u e l e s diera e l t éc ni co y el artis ta que habrá por Bu cr i ter io una distribució n r azonada y hermosa ut.illizando de l e squema antes facid. itad o tan sdlo aqueltlo que pu e da e ngarzar en s u c o n cepció n y que corres ponda a asesorami e nto de índo.J e especial que p ueda recibir el arquitec• to sin .desdoro para su profe si ó n.
De todo eso se deduce gran parte del signifi cado y d el a • l c an c e que tie n e todo lo que se l"l efiere a programa s y sobre tlo c ual debemos insistir m uc ho ante •los a!lumn os de arquitectura , preparán dolos y ejercitándalos constanteme•n te sobre la i nte r preta ció n de distintos te'ltl as dentr o de c o ndi c iones q u e e n c aucen su imaginación, dirijiéndola
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hacia 'las que con sud.ten mejor en to• das sus faces •el caso especial propuesto, pu,es esa y no otra será siempre la senda obligada que deberán segu ir los arquitectos, venciendo difi cultades de conveniencia y de f o rma, no solo al h a c er las c omposi c ion es de conjunto. sino también, al estudiar c ada uno de los detaLles. Es indispen sable que adquieran la convicción de que todos lo s proye c tos y todas las r eailiza c iones se fun dan en un proc rama determinado y de que en su interpretación reposan la faz útil. la beUeza y el verdadero mérito de las obras de arquitect u ra.
El arte del arquitecto es esenciallmente prác,tico y d e saparecería en una bruma de valores inconsistente s en cu anto se pretendiera separar su part e artista y su fun c i ó n de c orativa de la parte utilitaria y c ien tífica. De ahí t o da h importan cia de la c uestión que trato en este moment o
Si se ana1liza la obra del arquite c to fácilmente se co mprenderá que cada parte de s u labor g ira alrededor de datos singulares. Una v e z indi c a das las líneas f u ndamentales de la obra dentr o de un cr iterio q u e abarque el c onjunto, surj en después los pro g ramas para cada uno de los sectores y para c ada uno de los e lementos de la composición. lo mismo en planta q u e en alzado. En un edifi c io importante los servicios tienen distintas necesidades y c ada local requiere propor c i o nes, ubi c ación y capa c id a d r e lativas a su objeto
La decoración interior y todos los alzados tienen también un punto de partida y ciert a s uj eci ó n a 1las fo r · mas de convenien c ia. g uiada s por h s necesidades reales • • • u nas veces y en otras. 1mpuestos por c1rcunstancJ.as espec iales inherentes a l caso q ue se presenta.
A toda s esas d educiones que pu e de ha c er con fa c ilidad el proyectista o el realizador que conoz c a bien su arte, cabe agregar las imposi c iones del med io y las exigencias del propietario. Las preferen c ias del ambiente y ha sta la moda llegan a bastardear las concepciones propias modificando el sentimiento que les h u biera impreso el artista libre de esa intervenci ó n tantas veces mortificante El propiet ario existe •siempre y es una entidad q u e vive c on anterioridad a la gesta c i ó n de la obra de arte pe· dida al arquitecto. Llámes•e du eño de ca sa, ] e fe de Oficina, o Comisión Consultiva todos p r oceden c omo bles usando los derechos innegables a toda persona q u e un encargo. Desgraciadamente. jamás podremos imponer la a c eptación de obras nuestras na c idas fue r a de los p r o· ce dimientos usuales que han sido en g endrados por la c o stumbre y por la naturaleza de lla intervenci ó n que co mo pr o fesiona les nos corresponde.
Es .dar un pro g rama fijar h condi c ion es g enerales de un e dificio. es dar un programa inolinars e a determinadas soluciones, es dar un programa fij ar u n estilo o exigir u na imita c ión de una obra consagrada. e s dar u n pro gr ama, m ostrar preferencias por determinados motivos o señalar el c arácter que se .desea pa r a ciertos el•ementos d e Ja composi c ión. En todo eso, y en mu o ho más, intervienen las personas llamadas a establecer los f.undamentos que debe utilizar el •arquitecto para planear y para realizar -su obra.Los c as os se muhipl•ican enormement-e cuan•do &e trata de construcción de edificios para habita c iones partÍ• culares. Cad a propietario tiene una manera distinta de en· tender la comodidad y .la bel1leZJa, ha c e un programa es,pecial para cada una de la partes de la ca sa, fija dimensio·
ne de algunas piezas, su sus y hasta el lugar y forma de sus muebles. Las condiciones de su familia, el modo de vivir, sus hábitos y sus gustos integran las explicaciones y datos que facilitan al proye'C· tista primero y al ejecutor después. Muy amenuodo esta· blecen también el género de arquitectura que prefieren para las fachadas.
El arquitecto está llama do a interpretar el programa o pro g ram•a s que se le presentan empleando toda s su s a c titudes para ordenar los datos en forma cómoda y a r · tística, con fá c il c irculaci ó n, con higiene y disponiendo lo !; distintos de una man era constructiva. Deb e r ealizar bien o de la mejor manera posible ,¡a obra q ue se le pide. Solo pu e de y debe negar se a ejecutar todo aqu e · Uo que ofrezca peligros o que sea realmente desdoroso pa· ra •el profesional: lo demás estará dentro de sus cometidos.
Y a he dicho antes que el mérito de toda obra si se ha de ju:zgar en su conjunto no puede medirse sino en re· lación c on el programa. Cuanto más se estudie el asunt o propuesto. cuánto más se profundice e'i razonami ento para llegar a conclusiones de utilidad y de be:!deza, mayor será e l número d e las con c esion•es y de •las compensaciones que deben hace rse. Al balancear todas las buenas cua'lidades Y' todos los defectos se irá eLiminando aquello que podríamos llamar cantidades despreciables, no por su valor intrínseco que puede tener mucho. si no para consegui r el propósito determinado que en ese momento a caricia el proyectista o el realizador. Se van dis cutiendo y ordenando todas las ideas expresada s en los e squi,oios y regi das por esa •le y casi inexorahle. que encauza esa•s ideas forzosamente dentro de s u s cdáusulas las que suelen tene r una ri g idez enervante para la expansión imaginativa del • arhsta.
Es un mal que no tiene remedio: a e sa ley vivire mo s eternamente ata dos porque el1la representa la esencia de 'la fina lidad profesional en su faz más útil para la vida. FJ arquite c to no puede sino tratándose de edificios de corativos. que son ca sos de exc epción, concebir y rea•lizar sus obras c omo los otros artistas. Bl pintor y e l escultor po· nen en sus obras toda su a1lma y todo su tem peramento con u na tlibertad de que nosotros care c emos. Entregan a la c r íhca en la tela o en el mármal el fruto íntegro de s u imaginación y bien pued en e:l'los presentarse como su s propios y exclusivos g e rminadores. Nosotros en cambi o c argaremos siem pre c on todo e:l peso de una misión artística c asi siempre ingrata. pues e1l mérito de las obras en qu e intervienen los arquitectos a m en u do se mantien e n en e1l misterio. v otras veces. apenas si en ellas se tran s- \ paren-t a n lo defectos inh erentes al a s •unto mismo. No hay nada más erróneo que ese juicio de hs obras arquit e ctónicas que se hace al pasar po r calles y por plazas y nada sería que la crítica se limitara a en carar la faz decorativa de las fachadas, si no Se esa única aprec iación posible para formar definitiva opinión so· bre tlos mJéritos de la obra en su •conjun•to. Todo el mundo se considera para aquÍ'latar m é ritos como si un edifi ci o fuera un objeto de arte de sim ple y pequeña e structura que pudiera abarcar se rápidamente. La crítica se hace usando siempre la comparación: un edif icio visto desde afuera resulta mejor o peor que otros y sin em barg'o todos podrían tener valores equiparables si se ju%g'aran
ARQUITECTURA
éonociendo cÍe rrtanérá com,pleta la forma en que oum,plen su programa.
Son j ustas las obs•erva c iones qu e acaba de ha•cer una revista d e Arquitectura de Buenos Aires a Jos llamados c on c ursos de que no sirven sino para estimular a los Arquitectos en forma inconveniente y Jtaciéndole s cr eer que solo mere c en recompensa la faz decorativa exterior de los edifi cios, sin llegar wl corazón mis mo de las obras pa l"a valorar todos sus méritos desde el punto de vista de la buena distribución, de tla belleza interior, de la solidez y de la higiene.
Con má s razón aún no ca be 'la a•preciación real de los planos prescindiendo de los datos fundamen•ta•les qu e han servido para trazarLos y sin un conocimiento exact o de las necesidades del edi fi,c io que se proye ct a. Por e s o toda exposición de proyec tos ofrece escaso interés para la ma y-o ría de los concurrentes. Su ignoran· cia sobre su verdadero al•cance hace que Se miren con una indiferen ci a que Jlega a ser des c onsaladora pues hasta los mismos arquitectos que no esten vincullados al certamen po r circunstancias especia1es r eoorren -los planos con frialdad y Jesgano. Esa es la verdad de snuda que puede verse no solo en este país sino ta m-bién en c en•tros artíticos como París y Roma. En todas parte s apa•rece co• mo una rea lidad el di c ho por demás conocido de q u e las solitarias exposicion•es de arquitectura sirven so'lo para rin có n de los enamorados.
Y si imagináramos, una serie de proyectos sin letre• ros, sin indi>ea ciones sobre el objeto de l edificio, sin inscrip c iones sobre las distintas dependencias de las obras planeada s, expuestos simplemente como dibujos y acua• r elas, la indiferen•cia por eHos l tle garía a Hmites descono• cidos. Es que la obra del arquitecto no va(le nada cuando se reduce a eso y cuando su programa no se conoce o no se transparenta fácilmente.
Las dificulta des para juzgar bien un plano son siem· pre enormes. Enterarse del programa que ha Servido para trazar el proyecto no es conoc e&o dehida-mente, ni a preciar todos sus detaUes. Y s i ese programa tiene limi ta· ciones de terreno u otras de análloga im portan cia la s dificultades paTa la aprecia ción exacta aumentan s obt'le· manera. Para ciertos asuntos no hay pericia que pueda ahar ca.dos ra pidamente.
A menudo se incurre en este error. Se ven méritos de conjunto, se abarca bien Jo que se consid era fu ndamental y lo fundamenta l! se determina fácilm•ente cono· ciendo el de stino de la obra, pero se olvida el estudio de 1los detaldes de importancia y es precisam•ente con ese estudio que podría llegarse ad. conocimiento de las bondades rea,les de lo fundQIJ'Il ental. Es necesario que exista cierta armonía en todos los detalles de un plano, que denote estud io completo de todas sus neces-idades, de modo que e11 ·edificio sirva mañana para el objeto que se d.::stina y que todos y cada uno de los que han de zarlo se sientan comodamente en éL Todo eso no puede encararse rápidamente, pues las •conclusiones a que ha l•legado el proyectista importan eJ. resumen de razonamientos profundos y minuciosos.
En una larga •ex petl'i encia y en una actuación muy repetida como concurrente a dos con cursos ele planos y como miembro de muohísi•mos ]uraidos, he 1Ueg31do a la convicción de que no a otra cosa se .debe el fra caso deil pro•
cedimiento d e los concursos públicos. Es un procedim-iento a todas luces imperfecto para -'obtener una obra • de verdadero mérito, y a ese respecto hay opinión hecha en el mundo entero, sin que ésto implique que por azar no Hegue a c onseguirse edificio que se busca. Se man· • • • • • hene en p1e no por su conven1enc1a, n1 se reco· nozca como el mejor medio para obtener una obra buena, sino porque, efectivamente, hay ra:z.ones de índole social que hacen aceptar los concursos como una necesidad para evita1 r el abuso de las preferencias por los arquitectos c onsagrados que dejarían siempre en la oscuridad a todos .los artistas no ba stante conocidos o aún no iniciados c uyas aptitudes latentes se ma'lograrían no utilizándolos para .la reaJhzación de las obras importantes. El convencimiento de que ese medio es casi siempr'e contraproducente se funda en un conjunto de razone s todas elllas ,derivadas de las difi•cultacles inherentes a la interpretación de los programas y por ende a la cda sificación de los .méritos de las obras •pres ent3!da s por los arquitectos concurrentes 'y el desprestigio que tienen los c oncursos públicos en el mundo entero se basa también en la falta de garantÍa s para una verdadera jus ticia en el faJlo, para la cual de nada sirven las mejores intenciones, ni los nombres más consagrados de los miembros de los Jurados, pues la experiencia los presenta estrellando todas esas intenciones y to das sus gran des a ptitudes con• tra las insalvahles e ingratas dificultades de la misión que se les confía. Esa jus ticia en la 11'layoría de los ca· sos será imposible mi•entras los Jurados procedan como lo hac•en corrientemente.
Cuando los progra mas son de índole especial y com· pliÍcados por natura1eza, o tienen d,imitaciones de impor• tancia,casi la unanimidad de los jurados carecen de la competencia nece saria para poder seleccionar en ese caso los planos presentad-os. El mérito de los proyectos está en relación tan íntima con la forma de encarar en todas sus par tes 1las bases propuestas y como cada asunto, aún dos de índole 'más análoga, Se por un programa es•pecial, puede sostenerse que los iribun ade s l'lamados a resolver no nun ca a empaparse lo suficiente de to• da s las faces que presenta el problema sometido a los concursan tes. Toda la preparación del all"quitecto no le bastará j amá s para l'legar a soduúones def¡.mtiva:s mien· tras no abo!"de resuel tamente ,}a c uestión que se le pre· senta en cada oportunidad; no puede Uegar a v•erdadera s conclusione s como técnico y como art.i,sta ni a.barca todos los cortllp'lejid ades de1l tema mismo, sino de&pués de razona r muchísimo, de tam izar sus distintas idea s sobr e e'i papel y de pesar cada una de las exigencias propia s del caso propues to, y para es o, se hace indis pensa· ble una Jabor larga, concienzu,da y minuciosa que exige entusiasmos y aspiraciones, cosas todas ellas que no es ni razonabl,e pedir en ese momento a los miembros de los Jurados de los concursos.
Los concursos entre profesionades tienen una final,i•dad absolutamente distinta a la que tienen las pruebas análogas a que se someten los aílumnos de arquitec· tura durante sus estudios. Por eso, mientras puede sostenerse q:ue aquellos signifi.can un procedimiento en mu• chos casos equivocado, cabe reconocer la conV!eniencia innegable de las pruebas en forma de con our,sos establecidas en las E&cu olas más adelanta das.
•
En la enseñanza artística es ta l vez el medio más co ndu ce nte para el desarr o llo de las facultades y el que mejor despierta la emula c ión y los entusiasmos ne cesarios para los estudios, que resultan así má s amenos y más interesantes. El estudio de un mismo asunto interpretado de distinta manera por cada u no de los alumnos de una misma c ategoría y sometido después a la comparación que necesariamente ha ce n los examinadores, dá motivo a que .los estudiantes rea licen esfuerzos ha cia adelante cada vez ma yores. Con la interpretación co nstante de los programas que se someten en los T ahleres de Arquitectura se hace la gimnasia más útil para sacudir la imaginación y para amoldar las rultas concepciones d e l espíritu a las n ecesidades re;lll es, ya q u e en arquitectura deben mar c har co n sta nt e ment e subordinadas las u n as a las otra s.
Los tribunales tampoco están en el caso de los jurados de Jos co n cur sos públi cos. Su misión se circunscribe a determinar el grado de pr e paración de los estudia ntes y s e integran con 1los profesores que conocen a fondo los temas propuestos y que los anallizan y discuten co njuntamente con sus alumnos. En esas tareas emuladoras e interesantes y en ese intercambio d e ideas co n los prof esores se forman el c arácter y ll as aptitudes de los futuros arquitectos pr eparándolos para que mañana puedan abordar co n todo e l entusiasmo que requieren las l uc has árduas y Jos estudios prácticos de la vida profesional más ingratos siempre y e n ge ne ral sometidos a pro gr amas de mayor rigidez.
V asquez Var ela
Desde que se incendió nuestr a Aduana se han preocu pado nuestros legisladores, de su inmediata reconstrucción, proyectando para el nuevo edificio las amplia• • • • • cto nes y reparhcwnes que e n n ue stro hem po requtere un edif icio de tal naturaleza.
Como correspondía e ,s.perarlo, la financiación de esta obra ha sido el punto que ha primado e n el estudio de este problema, desde que la magnitud de tal empresa habrá de exigir o ne rosos dispendios, más difíciles ahora en días de crisis na cio nal.. de estos proye cto s han tras cendido a la prensa que les ha dado difusión, pudi e nd o creerse que hoy día nadie ignora que en cualqu ie r momento se tomará resolución a ese respecto, y se realizará algunos de los proyectos esbozados.
Nada más plausible que la intención apuntada, tanto por lo que tiene en si d e útil, prácti co e imperioso, cuanto por que será sin duda un n uevo edificio monumental co n que se enriquecerá el casi ilusorio, por es caso, patrimonio de belleza plás tica que ostenta nuestra ciudad.
Sea siempre bienvenida toda acción que tienda a embellecer nuestra crecie nte toda mejora urbana, toda obra edilicia, todo monumento de desde la sugestiva y deli cada ar monía de la estatuilla que nos apa· rece en el ca min o , o del grupo de árboles en el rincón ameno en que descansa el mirar obsesionado por la in· cesa nte preo c upación; hasta eol severo monumento que magnifica la ptlaza y pone u n recogido pensar en nuestra mente que contemplativamente mir a para que u n a obra de arquite c tura, cualesquiera fuere su índole, llene u n rol estético, ofrezca la nota propia de belleza que en el conjunto de una ciudad ordenada, debe destacar, es menester que al co n cebirla , junto a su utilidad ne cesaria , se piense también e n su es pír itu, en esa alma que l as obras de arte llevan e n sí para que el pueblo las co m-
prenda-y que hay que crearsela , plasmar.la con amor de belleza desde el instante mismo en que se inicia su gesta. Es obra de artista, de arquitecto, que engendra un hijo de su espíritu y codicia para su esplendor, en el anhelo d e la concepción, la s gracias que antes otorgaban las hadas blancas y tutelares, pero que ho y él es capaz de imponerlas y ofrecer a su obra: da gracia de la pr oporción, la gracia de la armonía, la gracia de la belleza, d e la verdad, del carácter, todas las gr acias de la ar• q ultectura.
Pero aún así, aún imaginando la obra perfecta, ll ena de serenidad y sentimiento, pronto co mprenderíam os que toda su armonía se pierde y confunde si no se realza co n el ambiente que la rodea, si no se ¡),a co mplementa co n dl mar co que le es necesario e indispensable, cu ando este ambiente no existía en un prin c ipio. En la esce na del arte, e l principio de adaptación es tan fundamental que no se pu ede co n ce bir la obra aisladamente. Es menester que d e ella misma f.luya una armonía que complete el carácter de lo que la que lo que la rodea realce, prolongue, la obra misma y que con eLla exprese sentí. , mtentos untsonos.
He aquí porq ue cua ndo las n ecesidades fijan u n emplazamiento determ inado a una obra necesaria, es m en ester que de acuerdo con eHa se estudie su complemento indispensable, los alrededores, sus accesos, sus pers ·· pectivas. E1 l claro oscuro, la escala de lo circundant e lo hará desta car entonces co n el va•lor deseado.
En el tema co n creto que guía nuestro pensami e n to momentán ea ment e , cua l es el n uevo lo ca l aduanero, hemos visto co n pesar que nin gu no de quienes de él se han ocupado, ha encarado el problema co njunto de su u bi c ació n, de su emplazamiento, q ue es el estudio m ás tras c edental y el primer o a rea lizars e.
Vamos a co ns truir u na n ueva aduana, su edificio de -
]acobo
ARQUITECTURA
finitivo; pero, ¿dónde le vamos a emplazar? Sohre los escombros ahumados del que antes existía?.
Ignoramos si se ha estudia-do el punto con criterio ajustado; pero ningún in dicio nos lo manifiesta a.sí y es menester que antes de tomar una decisión concreta, se tenga plena conciencia de que se realiza obra buena.
Una ciudad des:tinada por su situación a ser tan compleja como lo será la nuestra, no podrá ofre cer nunca un aspecto determina-do y característico, una únic a fa-c hada. Lo multiforme de la vida moderna •conduce fata llmente las c iudades, - centro de actividades humanas circundan-te.s, - c omo la nuestra, a la subdivisión en barrios de características propias. Las pequeñas ciuda,des dentro de la ciudad g'rand•e que es su conjunto.
Tienen e111as sus servicios propios, sus e lementos de vida especialles, y en su dis tribución, sistemas, carácter todo se combina par a satisfa c er de modo adecuado su vida material.
Así encontramos los barrios marinos, los comer c iales, los cívicos y administrativos, los .Ín•dustriales, los d e ri · cas mansiones, ilos obreros, los universitarios, etc., etc., bien de finidos cada uno •por su arquitectura pe culiar, que con los otros signos de la vida hlllmana, le dan su ca · rácter inconfundible.
Es l ógi c o pues que no toda la ciudad deba ostentar las galas que le procuraría un espíritu de concepción solo guiado por un sentimiento de arte decora•tivo. Basta con perseguir estos efectos en un barrio de termina do, en ca• lles y plazas indicadas que vinieran a ser como el orgu\Ho y la gloria de la ciudad, don•de todos sus habitantes sintiesen el c ontento .de la vida, y la exaltación de sentimientos nobles y elevados.
Pero en lo restante, en los barrios más humildes del com•ercio y de la industria, donde la vida va de prisa y agitada, sin lugar a la contemplación: y .la vista se abs-trae obsesionada por la ganancia diaria, poco interesa que el canabá de sus calles se haya trazado con olvido de la estética siguiendo el culto de las alinea ciones rectas, indefinidas, que se pierden con la vista en 1la profundidad del horizonte.
AUí dejemos el campo libre a los higienistas Qué desarrollen su técnica libremente: que ouadricU'len los hlocks de edificios, que a mplien los an-chos de las calles, como quien traza caminos en el verde y libre campo con .Ja regla y el com pás.
Pero aun en estos barrios huérfanos de beHeza, si el destino les depara la magnificencia de un edificio armonioso, que puede lucir propios valores, sería imperdonable que se le relegara como lo restante al -destino común y se le dejara perdido en la monotonía de las formas iguales, llenas de vulgari dad. Sería menester que el artista del barrio pintoresco y el ingeniero de la zona técnic•a, colaboraran un instante y construyeran de acuerdo un rincón armonioso, bello por el contr aste, en el monótono d amero circundante.
Es e<l caso de nuestra A duana. Situada a la en tra da de la ciudad, en una de sus puertas principales - talvez la primera por su alcurnia, por su antigüedad, por su tradición, puesto que -por ella nos ha Uegado todo nuestro pasa do y n os arriban aún las úl.timas manifestaciones del progreso mundial.
Puerta magnífica que abiertamente saJuda al vía-
jero que arriba a nuestras playas y .le brinda la primera impresión de nuestra nuestra cultura, nues• tro progreso; arco de bienveni da que recibe al que Uega en demanda de trabajo en una es peranza promisora, como al intelectual que le trans pone en un ansia de infundirnos su profundo saber, es también la puer ta de donde desped imos a la patria cuando de etla nos alejamos y cuya imágen es la Úiltima que guarda la retina co n ca•, nno y veneracton.
Anáilogamente, se expresaba Blavette, el gran profesor de teoría de ''rEcole de Beaux Arts, de París al explicar el espíritu del programa que dió para el concurso por el premio de reconocimiento de los Arqtos Americanos del 6 de Octubre d e 1919 y cuyo tema era tam• bién una Aduana y Esta ción Maritim.a.s par a uno de los más importantes puertos de •los E. U. de América.
•• Construída en materiales modernos, decorada con
•• lujo, su aspecto sería monumenta'l y grandioso y con-
•• siderado como debiendo ser la primera imtpresión del
•• genio nacional americano, sobre lo s extranjeros des-
•• embarcando en América".
La índole de una aduana, que participa a la vez de un carácter marítimo y terrestre, puesto que está en su limite y con ambos e<lementos ha relación, es excesivamente compleja para que no se tenga especial cuidado en situarla en med io adecuado. 'La proximidad de nu estro puei"tto a 1!1 estación del segunda gran •puerta de nuestra ciudad , y cuya directa comunicación es imprescindible por ser e :l camino de nuestra riqueza interior hacia los mercados extranjeros, hace pen•s a.r en la ne cesidad de una subestación que enlazara Íntimamente estos servicios, cuya necesidad se iría afirmando con el incremento de nuestro comercio de expor tación.
A su vez, e<l comercio de importación y el tráfico de pasajeros entre la ciudad y el puerto crean la tercera directiva básica de<l programa. Tendríamos así para la concepción del proyecto, que idearle en manera a contemplar debidamente estas tres rutas de comunicación obligadas
Considerando como centro el propio aduanero, su emplazamiento y disposición deberán ser de tal modo que a él se converja dire-ctamente desde e<l puerto, desde .la estación del ferrocarril y -desde e1 centro comercial de la ciudad. En otra forma, siempre quedaría desplazado en una de estas tres direcciones. En las dos primeras, la actual característica de eLlas, constituidas por grandes espacios abiertos, fadlita extraor dinariamente cu alquier sO'lució n; no ocurrien•do de igual modo con la última, - el nexo de unión con la ciudad, - cuya dete r minación es más com-p1icada por con templar va• lio5os intereses ya existent es.
Estas brevísimas consideraciones bastan para hacer c omprender cuanto es necesal'lio si se quiere emprender obra durable y seria, comenzar por regular este pequeño barrio de nuestra ciudad, cuya sistematización produciría beneficios inapreciables en el porvenir y que por estar constituído en su mayor parte por edificios vetustos, de es,caso valor ac tual, simplif,icaría en mucho la realización de:l proyecto.
Determinadas así las tres vías dire ctas a · tres centros, logícamente se ,deduce que debiendo Ber a su vez ei Centro Aduanero su punto tel"minai estaría ubica· do en su convergencia.
ARQUITECTURA
No se nos oculta la dificultad de la empresa, ni lo largo de •la obra, pero, como todos los proyectos con miras a satisfa-cer también u n futuro próximo, deben ser resue• ltos en etapas parciales a med ida de las posiibilidades, pero de acuerdo con u n programa de conjunto como el que acabamos de esbozar y que debe establecerse y resol• • • ve r se •en un prtnct•pto.
No se pueden gastar sumas mirll o narias en trabajos de tal magnitud sin mu c ho estudio y medita•ción. Tenemos el vicio de la improvisaci ó n cuyas imprevisiones pronto se manifies•tan sin posibilidad d •e reme dios efi c aces, engendrando todas e sa•s obras pllagadas de re· miendos imperdonables.
En el mism o puer-to se está !>e c hando u n pabellón de pa sajeros desprovisto en absoluto de carácter , indepen· diente de todo co njunt o y e n inade cu ada ubicación. Es una co nse cuen c ia más de la falta de preVIisi ó n de la s au· toridades dirigentes. Se constitu ye n c onjuntos no por eil armónico y razo nado enila ce de eleme111tos afines, por la yuxtaposi c ión arlequines c a de elementos dis co rdes en u na deses perante an•arquía e ins co nciente aglom.erac i ó n, como aquelarre de no c he de s-ábado. No nos extra• ñemos pues, que co mo resultado final ha yamos creado
cu erpos a cuyo perfe c to organismo t éc ni co le falt e el a lma, que les •da vi•da y perenne valor.
Resol ver u n problema Arq u itect ó ni co no es salo tra• zar co municaciones, estudiar c ompleja s ins tah c iones m e · cá nicas e hi g iéni c as, dotar a las n u evas obras de tod as las mejoras prá c ticas con q •ue la c ien c ia tJTloderna ha co ntribuido a la vida en c omún; co n todo e llo , no se habr ía dado aún el primer paso para realizar u n a o bra que p ud i era gozar de la co ndi ci ó n de artísti•ca.
En la complejidad de la vida moderna, los • • pnn o lpales prab:lemas se resuelven resulta nte de valores y fuerzas por cola bora ción, son l a diversas dirigi das co nj u ntame nte a un fin, y nosotros c reemos que si queremos seria ment e dotar a la c i u dad d e un eficiente Centro Ad uanero, debe el J e g islador admitir a s u 'lad o , e n íntim a c olabora ci ó n al Arquitecto y al artista.
El le diría lo que de los v alo res existentes co nvi e n e conservar, aquello qu e ha y que librar a la piq ueta m ág i c a del progreso reformado r , y pondría de su in ge ni o y su saber cuanto faltare p ara co mpl etar u n con ju nt o ar -
• montoso.
Avenida España, ( 0mlbú ) - Pro piedad del Sro Pedro Yr i'berry - Pro y ec il:i
Váz q uez Barriere y R uano
La idea su g e r ida po r el p ro pietario fué la c onstr u c· c i ó n de una residencia permanente de p u ro esúlo Norman· do. El terreno de que se disponía era de 3.000 metros cua· drados, con un frente de 50 mts. sobre la Avenida Espa· ña y una salida de servi cio sobre la -c alle Luis de la To rr e.
En este terreno, y aprovechando la venta j a natura 'l de su altura sobre el niv e l de la calle, de la que n o se des mont ó un solo ce ntím etro, se desarroiLló el estudio del vasto programa da do por el propietario.
El estudio c uidadoso de Jos diversos lo c ales pedidos, llevó a los proye c tistas a la división de éstos en cua tro plantas.
En la planta principal} están todos los 1locales destina•dos a la recep c i ó n, desarroHa.dos y ligados entre sí de una mane ra ta l, que desde cua lquier pun• to de la casa se desarrollan grandes perspe c tivas; amplias portadas dividen estos lo call es c on e 'l hn de fonnar un solo ambiente de la planta entera, en caso de hestas.
A continua c i ó n ded por o h de entrada se en•cuentra el vestíbulo, desde donde se accede a las dos partes principa•les de esta planta. De un lado el escritorio y e'l biJ.Iar, de puro estilo T udor, que con su correspondiente toiUette, el ascensor y el cuar to de teléfonos, forman la p r imer parte del programa destinada al dueño de c asa; del lado opuesto se entra en el Gran Ha1Ll, decorado estilo Holandés, todo revestido de madera, co n su g'ran c h im e nea de leña y c on ac c eso a la terraza cubierta sobre el frente a la Avenida España. En toda esta planta y especia lmente en el Ha11 y Comedor se ha tra•tado de imprimirle con un resultado feliz el ambiente c álido y fami· liar de los hogares del Norte.
D e este Hall part e la es caJl era a la plan ta alta qu e se apoya en u n doble a rc o q u e c omuni c a el Hall c on la salita de músi ca , destinada par-a a u di c iones de órga n o y • co nciertos.
El amplio co medor con su Bow-Window-Fumoir , del que lo separa un g'ra n arco de made ra, está decorad o también en estÍt1o H ola nd és, lo mi.smo que el salonci t o
La parte d e los servi c ios ha sido est ud iada co n espe c ial cuidado, pudiendo de c irse que constit uye u n a v er· dadera instala c ión mod e l o. ta nt o po r sus co ndi cion es hig i énicas como p or la s instala c iones es,peciales que se han he c ho, que enumeraremos m ás addlante.-
Las c onexiones del servioio co n Jos lo c ales d e est a planta están h ec hos d e tal modo, que de c ualquier lado qu e se llame es inmediatamente ate ndid o sin m olestar co n su paso por otros loca!les.
El primer piso está exclusivame nte dedicad o a ha b ita c iones-dormitorios. Constitu y e éste dos apartamentos principales co mpuestos : 1.0 del do r mitorio de la s eño ra y niñ a c on su b añ o y cuarto de vestir , y 2.n, dormitorio del S r. y niñ os co n su baño. Además ha y e n este piso otro dormitori o c on su toiUette y locales de servicio independie n tes. Está dot ada esta planta de todo el co nf oi'It ne ce sario, co ntand o l os apartamentos co n toda su independ e n c ia. a pesar de estar u no junto a otro; todas las habita c iones tie nen amplia l u z y ventilaci ó n, gra ndes terrazas y armarios e mb ut idos en la pared.
En la planta de la bohardilla están los dor m itorios de h ués pedes, locales de servicio y cu arto de estudio de l os .ntn os.
'
R. L. A.
a mp liamente
locales para • • serv11C10 que c asa a que n os referimos más 1arriba.
ARQUITECTURA
El además de los esgrima y co n tie n e los lo ca les de co mpl eta n las i nstala ciones ge n eralles de la
Pasaremos a enumerar suci n tamente todas estas instaJlacio n es que por su novedad y por su util idad prá c ti c a está n 'llamadas a te n er gra n apli c ación en tod as las constr uccio n es m odernas, porque todas ell as tie n den a s o l uci onar el co mpl i c ado proble ma del serv i cio, abreviándol o e n todo 1lo posible.
Ha sid o ne c esano co n este fi n ha c er u na verdadera sub - est a c ión eléctrica den-tro del edifi,cio , pa r a poder abastecer de la corr iente n ecesaria a todos los aparatos que sin exce p c ión f u n c io n an por electric idad.
La instala c ión eléctrica ha s ido proyectada p or té cni cos espe c ialistas; es u n verdadero model o e n s u gé n e · ro Cada p:lanta está dividida e n varias s e,oc ion e s, cuyos fu sibles y c ajas están todos c e nt ral iz ados e n u n sitio es · pec ial al alcan c e de la man o para ca mbi ar e n cua'lq uier m o ment o los fusibles quemados La ca le-fa cció n se ha ce
F acha da
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Detalle de la entrada
por medio de rad i adores hidrotérmicos que están ubicados e n ni c ho s especiales e n todas las habita c iones, y la li mpi e za diaria de pisos y paredes se hace p or el sistema del vacío Vacum
El lavad o de la vajilla entera que se utiliza diariamente se hace en u n lavado r eléctrico "W alker D ishwash e r" que lava y se ca automáti ca m ente por medio de u na c orrie n te de agua y aire ca•liente, si n ha cer la menor rotura
El lavado y planchado de toda la ropa utilizada se
ha ce también por me dio de má qui nas eléctricas que está n ubicadas e n el sótano y la ropa llega hasta estos por u n caño especial co n aberturas en todos los pisos y que e n los planos se vén j u n to a la escalera de servicio
La basura se icinera ta mbi é n eléctr i c ame n te cada ve z q ue llega al horno que está ubicado e n el sóta n o , por medio del tubo que pasa junto al a n terior , que tiene p uerto.s adecuadas e n c ada piso, y que termina e n u n a c h i-
mene a La provisión de agua cClll i ente de todos los baños y
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servicio s de la casa se hace por u n aparato úni c o a bas e de gas, ubicado en el sótano. Es éste un aparato de funcio n a miento automático y de circulación contínua, de manera que permite tene<r agua caliente de inmediato en
Garage y servidos
todas · las canillas. En la provisión de agua pota:ble para todos los servicios también se ha previsto el caso frecuen· te de !la faJita de presión d e l agua co r riente, poniendo en la cu mb rera de los techos gra nde s tanques que se llena n durante la noche y a u n la falta absoluta de agua se remedia por un pozo artesiano del que una bomba elé ctr i ca subterránea saca el agua necesaria, rul ma c ená n ddla Sub- suel
a u na p r esi ó n d e 71 litros por pulgada cuadra da, en un t anq ue de hierro d e 5.000 li t ros. Todas Jas cañerías, o p ar t e de ellas, funcionan indistintamente co n las dos clases de agua, c on el movimiento de u n a simple Llave.
Fachada Sud
Las n u m e rosas bocas de in c en dio distribuídas e n el in ter io r y ex t e rio r del ed i f i c io son a1liment adas tamb i é n ba jo p resi ón por e l r ef er ido tanque, que automática m e nte se ll e n a al bajar la presión
En el offi c e se ha instrul ado un modelo especial de h elad era "Frig i d air e " de funcionamie nto automático el éc · a t emp era t ur a constante, regulada a voluntad. Tie·
Pl an ta principa l
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mentos independientes, u no para el c haffe ur y otro des· ti nado a enfermería, e n c aso de ser ne cesario aislar algú n miembro de la familia atacado de enfermedad co n• tagtosa.
Como se vé por las fachadas que acompañamos, el estiJo es el Normando, muy adaptable para nuestras playas, caracterizado tanto por el gran movimiento de los techos co mo por el capric ho de su co mposici ó n arquitectónica, y en este edificio, que culmina en u na de bs alturas más hermosas de la pla ya de Po citos , se ha co ns egu ido u ni r a toda la belleza dell esti>l o co nsa grado en el Norte de F ra n c ia , todo el confort indispensable a u n a residencia moderna.
Primer pi so
n e este aparato c ompartimentos independientes desti n ados a oar ne, legumbres, frutas , et c pudiéndose hacer in s -
ta n tá neam e nt e en los c omparti mentos destinados a ellas tanto hielo en barras, co mo pancitos, helados etc.
No enumeraremos por ser ya co no cidas todas las p e queñas má quinas , int e rfo n os de co m u ni c ación en t o·
J o el edificio, etc.
El garage u bi c ado j u nt o a la mediane ra Este tiene :· apac idad para cc atro autos y en 'los altos dos aparta-
S!hAa«:ión U'opogwál fá cc <4lo y li ®S®tfu a solb> we R2 s $a mm8U'a$ ;¡
Comenzamos en e ste número la publicación de un trabajo de Histor ia del Arte referente a Po m p eya de q ue e s autor nuestro colega el Arqto. !talo Dighi e ro. Creemos que este trabajo no dejará d e llamar la a te nción de arquitectos y estudiantes, no s ó lo por lo int e r e sante del tema sino p or la seriedad y juicio cr í t i co qu e ha pu esto en ejecutarlo e l Arqto. D ighiero
PARTE 1."
En la part e m eridional de Italia, e n la zona co mpre ndida entre el ma r T irre no y los Apeninos, que se e n c orva y desciende a medida que avanza hacia el mar, surje la vasta región de ;la Campania, región que por su clima, fertilidad, posi ció n y bel'leza, fué cu na de las gra ndes c iudades, que más tarde han l'le p ercut ido en los analles de la histori a
Hacia el Oeste, la Campania presenta al mar Tirre· n o una vasta lín-ea li gera mente encorvada, la que por su forma, da origen a tres c abos: Gaeta, Misena, y el promontol'lio de Mine rva" ho y e l de CampaneHa, que la en dos gra ndes bahías. Delante de la curva ar ·
moniosa de sus costa s , se m eja n tes por su forma a un vaso griego mod e lado por algún a rtista át i co, se extienden hasta perderse en la inmensidad azul, las tranquilas aguas del Golfo de Nápoles; y al fondo de esa curva sobera na, cua n do los últi m os ra y os del sol poniente doran e l polvo de la tarde , se ierg'uen imponentes y ma j estuosas hs líneas del V esubio , giga nt e q u e deja escapar de sus fauces siempre abiertas, co mo si quisiera ha cer recordar su t errible poderío e n medio de h de la hora, un pena c ho de h um o.
En las mismas laderas del volcán, hacía las últim as estribacio nes sobre el mar, e nv uelta en un mant o de oro y azul se levan taba u na ciudad
Edifi c ada e n u n o de los más hermosos paraj es de lta!lia, viendo perders e delante de su vista las rojas velas de los trirremes en las azules lejanías; guardadas las e-spaildas por las verdes laderas del V es ubio; refleja d o los rojos tej ados y los mármdles de inmaculada blancura, sobre las ondulantes aguas del Sarno, y oye ndo por las n o c h es, bajo u n man to de azul tachonado de estrellas, entre las dulces m elodías de las c ítaras, el ronco crepitar del fuego, rugiendo por salir de las entrañas de la tierra,
Buhardilla
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para ahogar bajo la lava hirviend o a la c iudad dormida; Pompeya brillaba co mo 'la joya m á•s preciada del mundo • anhg'uo.
Esta inmejorable y envid iable posición, ha hecho de Pompeya ciudad de los encantos y placeres, donde por todas parte s solo se respiraba rit mo, armonía y belleza, en medio d e una poblaci ó n a la que la griega había afinado y purificado en sus gus tos. Rodeada de sus artísticos y e ni g máti cos ja't"drnes, donde vibraba el Númen de la poesía, y dominada por la terrible y trájica m:aj e stad del Vesubio, bajo el cua l se despejaban los misterios de la vida, ha exah ado !la imaginación de tantos artistas, que han he oho repercutir el alma de Italia, e n todos los ámbitos del mundo. l ,
Tales son los e n c antos que e n cierra esa gr andi osa regió n de la Campania, de la cual diremos que era, se· gú n la verdadera expresión de Un trozo del pa· raíso transportado a la tierra
Con razón los griegos la llamaban "Pompeya rio, a ese he r moso ja rdín de Itali a, manantial inagotable de goces, donde pintores, poetas y filósofos, acudían a buscar inspiración ritmo y medita ció n.
Con razón comprendemos co mo fué ellej•ido ese sitio por los tale ntosos romanos, qUie por eil clima, .la tranqui· lidad y la encendió e inspiró al a:l ma de tanto s artistas llev á ndolos hasta las m ás altas cu mb res de h glo r ia.
Es quizás sumamente difi cultoso , aventurarse a es· tablecer los oríge nes de Pompe ya por cua n to la -le ye nd a le atribuye mu y grande s y nobll es principios. Mient ras que las ten-dencias antiguas, atribuían co mo fundador a H ércu les que co n los bueyes d e l Ge yró n cruzó 'la Italia, otros los más mode r n os cita ndo e nt r e ellos a Carlos R osini, cree n qu e el primitivo nombre fué P om pia (fu ego apagado), desde que la pa:la bra Hercul (monte ardido) se encuentra a c ada paso, desde e1l promontorio de Misena, hasta el H ercu lano, que tuvo culto especiaJl a H ér · cules atrihu ye ndo •a este Dios 'los efectos -de 1las desastrosas dev-astacione-s volcánicas.
Pompeya fué fundada en el siglo VI por una població n itá!lica, que abandonando sus hogares en busca de n uev os ho rizo ntes atravesaron los establecién· dose en la vasta región de la Campania.
Un ce ntenar de famaias llegadas a.si a estas fértiles y he r mosas colinas, bañClldas por el Sarno ha!Cia el oriente, y por el mar hacia el occidente, establecieron sus mora· da s, c ircundando la zona por un a vas-ta y profunda fosa, que marcó el sitio, donde más tarde se •le vantaron los primeros ci mientos de la ciudad Pompeyana.
Establecidos los límit es de dicha ciudad, se proce· dió a la repar tición de esa vasto recinto, obteniendo cada u n o de sus jefes dos Hjugeri" de tierr.a (fracción de tierra tal, que es lo que podía arar una yunta de bueyes en
u n día, o sea aproximadamente una extensión de 74 m etros de largo por 37 de ancho).
Subdividida así ila región de Pompeya en zonas secun· darias, y como era ne cesario pa ra el futuro esta blecer un plano definido de la c iudad, procediose a fijar este, to· mando pa•ra puntos de partida dos trazados.
El prime ro de Mediodía a Septe-ntr-ión y el segundo de Oriente a Occidente, a g regándosele más adelante en virtud de los declives del dos nuevos paraleilos a l os primeros, quedando en definitiva -el área tota l dividida en nueve segmentos. - (Ver plano).
Surjieron la..s casas así a lineadas, pero más bien es· p a rcidas por el campo circundando los es pacios de tierra cu:ltivados, dando margen a la formac.ión de cada familia llamada heredium ••.
Empieza desde entonces, u na nueva faz de Pompeya, bajo el dominio de una poblaci ó n ávida de trabajo. Día por día los ca mpos iban cultivándose, y las toscas y rústicas casas se iban multiplicando en una forma extraordinaria , empleando para e1lo piedras usadas en grandes paralepípedos, que supe-rponían s.in cemento, de los montes vecinos de Castelllama r e; a-si tamhién com o la mad era que sacaban de los montes cercanos del Vesubio.
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La belleza del c ielo y de la tierra, la fertilidad derl suelo, su pros-peridad creciente, fué c ausa d e su infor· t u nio, pues siemp r e codi c iada por 1as huestes guerr eras, e ra vigilada desde los montes vecinos. de donde veían esa florec iente ciudad, rica pr-esa pa ra colmar sus insa· c iablles ambiciones.
No tardaron mucho en ver realizados es-tos propÓ· sitios. pues f u eron los Osques los primeros qu •e se apoderaron d e Pompe y a, pero c omo era más bien una raza de carácter ruda y apática, poco se interesaron por eLla, ha c iendo casi nada por el florecimiento de esa tierra. Est o d u ró hasta e¡ año 424 (a. J. C.) época -en que los Samnitas invadieron otra v-ez a Pompeya, arrasando las toscas cabaña s de l o s Osqu e s, da n do prin c ipio a una nueva y g loriosa er a de esplendor y beLleza que mas t ard e bajo la influencia de las artes helén icas, transportadas por los nue v os c onquistadores, tran.sform-aron esas c abañas en alegres, lujosas y cómodas mans•iones, espléndidamente de cora da s p or l a s clásicas formas del d ó ri c o, e mpedraron las call e s, las nivelaron, erijieron fastu o sos templos, levantárons e grandes monumentos, edificios pÚ· blicos y transforma r on P?mpeya, dada su índole guerre· r a, e n un temible baluarte cont r a .las .incursiones itálicas.
Pero a este período que duró cerca d e tres siglos, s u cede un te rc ero al finalizar las guerr-as de Mársica, dond e oprimidos por Sila, los pompeyanos sucumbieron para siempre, e n los campos de Nola.
Desde entonces y con la coopera ción forzada de los colonos romanos, la restricción de los derechos a los sam· nitas, la intromisión -en la política y las leyes; Pompeya l a op wlenta y grandiosa ciudad de los Samnitas, se t r ansformó en la "Colonia, V e neria, Cornelia, Pompei" y d e sde entonces con e se nuevo nombre, vueilve a reapare• c er , desp u és de haber sufrido toda clase de transfor ma• • e tones.
Así vemos a P o mpeya, bajo eJ. poder de los romanos, transformarse en u na c iudad de recreo y de placer, donde hu y endo de la vida, de las fatigas de las gran des ciudades, venían a buscar a est e hermoso jardín de Italia, entre las verdes col•inas y el azulado m.ar, que llevaba hasta las últimas pendientes deJ. V es ubio, las blancas e sp umas de sus olas; la tra:nqui.Iidad, el goc e, y los pla· ce res que ofrecían a man os llenas, el grandioso panorama, la belleza de su arquitectura, y los labios rojos de las p o mpeyanas.
En este rol de c iudad de •lujo y de pla c er duró casi u n si g lo, hasta que el 23 de Setiembre de-l -año 79 (D. J. C.) sacudida por los grandes terremotos, desapareció para s iempre bajo una lluvia de lava y de ceniza, que el Vesubio en llamas, en el a•pogeo de su furor, desencadenó sobre eHa, produciendo el más terrible y d antesco es• pe ctác ulo que ha contemplado la historia.
Mucho se ha discutido sobre la fecha en que se pro· dujo la terrible er u p c ión, que puso fin a las tan flore· c i e ntes como hermosas ciudades de Hercula•no, Sta bia. y Pompeya. 16 años antes, Pompeya, había sido casi destru -ida por un fuerte temblor de tier r a, pero los pompe· yan o s con un ejemplo digno de su raza, pasados los primer o s instantes de pánico, empezaron a recontruirla, c on una actividad e x traordinaria, vol V'iendo al poco tiem• po a respirarse el mismo aire d -e bienestar y prosperidad de a ntes.
Pero el destino que se cebaba implacable y feroz con esta hermosa vil-la, después de concederle una pequeña tregua de breves años, volv ió a sepultarla pa r;\ siempre en la noche roja de la catástrofe.
La mayor parte de los arqueólogos, basados en atenta s y profundas observaciones, encontraron al hacerse la s escavaciones, pruebas bastantes fidelignas de la hora y época en que debe haber-se produ c ido la erupción. En efecto, buscando y removiendo los escombros de la an· t igua ciudad, encontraron los restos de ciertos frutos de árboles, que solo na c en en las postrimerías del otoño, así como infinidad de braceros y t ellas halladas nos demuestran que ya la estación en que se produjo el tráji c o a co ntecimiento era muy avanzada.
Es opini ó n general que el volcán en di c h :1 er u p c ió n no arrojó lavas, y mie ntras que las ciudades de Pompeya y Stabia eran envuehas en una densa nube de cenizas, Herculano era bañada por un río de espeso fang o
La desaparición de Pompe y a y de Stabia debe haber tenido principio algunas horas después de H er c wlano, porque cuando la funesta nube hizo su apari c ió n sobr e Ja cima del mon te, ya la campaña herculana había su· cumbido.
Pompeya, encontrándose sobre un altiplano, fu é preferida por las cenizas, que cayendo con tanta abun· dancia, c ubrieron c asas, c alles y j ardines c on un a capa de 2 metros de alto, capa mas que sufi c iente p ara ahogar toda la ciudad.
lnu-til sería des c ribir la agonía de esta florecient e villa, ya que P.J.inio en sus célebres cartas nos trasmite fielmente el triste episodio. Hubieron incendios parciales provocados por Ja caída de escorias in c andescentes, así como también carbonización general de las maderas, f ru · ta•s y tod-as las mate rias combustibles, p or la enorme presión de la lava.
Pompeya a más de ser sepultad a y lapidada fu é como bombardeada por los enormes trozos de esco r i a incandescentes, que a!l caer sobre las cenizas que am o :tiguaban sus golpes, producían en su torno los efecto s de una g ran hogueN.
ltalo Dighiero. Arquitec-to, (Continuará).
AR.Qt.JttEctt.JttA
ACVL T AD DE AR UITECTURA
fPJROYECTOS Y C<5>NCURSOS
PROYECTOS DE ARQUITECTURA III Y IV SEMESTRE
Primer esquicio del año escolar de 1922
T ema : SALA DE PASOS PERDIDOS EN UN PALACIO DE JUSTICIA
Se proyectará u na sala de pa sos perdidos para un Pala c io de Justicia.
Esta Sala tendrá u n largo má XJi mo de 20 m. y dará acceso a las sa1as de audiencia situadas a sus costados, uno de cuy os testeros dará a un vestíbulo que le precede y el otro a las oficinas propias del Pa-la c io.
Tema: UNA CASA DE RENTA
En un terreno r ectangular de 18 metros de frente por 35 metros de fondo entre medianeras. se proyectará un edifi cio privado que comprenderá: un pÍs o bajo y cuatro pisos altos destinados a habita cÍón y que constarán de dos departam•entos por piso.
Se pro Y'ectará una es calera principa• l y una de serVIÍicio. Cada depar•tamento constará de los locaJes de uso en este género de construcciones, como salas, escrito rios. co medor, dormitorios. baños, ante comedores, • • serviCIOS, etc.
Prof. Horací á Acosta y Lara Alumno: Alberto Aguerre
Alumno: Roberto Rodríguez Esteva.n
Prof. Alfredo Jones Brow n Alumno: Héctor Mondino
Prof. Hor wcío Acosta y Lara Alumno: Carlos Gaf'lcía Arocena
ARQtJifÉCtURA
bE
ARQUitECTURA - 1922
1 er esquicio de ocho horas
Tema: UNA EXEDRA
En la extremidad de una avenida que ter mina en u n maciz o de árboles se desea edificar una exedra.
Esta exedra podrá ser recta o curva de aspecto se· mi monumental y es tará formada por un muro que ser· vira de basamento a una column-ata ca da por un pilar coronado quier otro motivo decorativo. que terminara en por · va sos o cual-
El ancho de .la exedra no excederá d e 12. m. OO.
PROYECTOS DE ARQUITECTURA III Y IV PRIMER PROYECTO DEL AI'¡O
Tema : "U na es cal era para un gran palacio".
La escalera empezará en u n V'estí bullo y se hará en lír.ca re : ta. debiendo Hegar a otro ves.tíhu-lo galer ía del
piso superior. Esta gatlería podrá también continua r a los c ostados del vaoio de h escalera. A la mitad de la ahura que debe vencer la escaJera se establecerá u n amplio descanso que co ndu c irá a un entresuello. debien· .,
do en este punto hacerse la co m:posi•ció n co n u n motiv o importante que ocupe toda la a'ltura.
El ancho de la esccil.era tendrá 8m.OO c omo m áxi m o.
•
Prof. A. Jones Brown
Cort e
Pr of H. A <:osta y Lara Alumno: T eófilo Herr an
Alumno: Juan Aubriot
PROYECTO DE ARQUITECTURA t V Il SEMESTRE
Pr imer proy ecto de dos meses
T em a: U na ga l e r1a
D ela n te de'l c o m edor de u n gra n hotel de viajeros se pr oyect ará u n a galería que podrá servir trumbi é n co· mo amplia c ión de aquel y que c omprendrendo su alt ura e l del piso prin cipail edific i o , s u techo servirá a habita c io n e s de l p r im er piso.
A esta g alería que te n drá a m plias rubei"Yt uras co n vidrieras solo se podrá ascende r desde el exterior por u n a sola de eUas que la pon drá e n comuni cac ión co n u na amplia terraza que te nd rá dos o tres es ca•lon es más que aquella.
La ga,le r í a te n drá un an c h o m áxi mo de 5m.OO.
Prof. H Aco sta y Lara Pl anta Alumno: Te óHlo Herra n
Prof. H. A costa y La r a A l umno: Teófilo H e rra n
Prof. H. Acosta y Lara Alumn o: Teófilo H e rr an
Pr of. H Ac os t a y Lara Alumno: Teófilo H e rran
\ Lfi'I1EDO D BLL I S
:-{us últim os fu e ron unn co nsu n ción rá.¡)ida :-· dolorosa, hasta morir e l .J de :\1ayo.
l>espués le desJJ<-dimos en un .JtteYes Y descolondo.
J•:s táb am os a su alretleclor totJoo s sus ca m pa n ero s : los que n os en<·o ntrúba mos cada día en el bullicio del amp l io tall e r e n las c aras hn ra>' mati n ales lle n ns d e \"itla, alborozo, : hispeantc hu·otl!a_. a lr etl eol o r (¡ 1• las nw>'as s E> n wjantes a mudos t est 1gos: los qu e Yl\'tmos con
1•1 las tra n quilas tanle>' en las horas de inte n so trabajo y co m Da rtintos ¡as febriles n och t> H de dgilias tan ple n as ele r ec u erdos como de dnro!'l sac: rifi c io s Le ba,iapo n a su ro sa de e ntr e todos n osot ros, ele nu es t ra tristezn. de n u estt·a. am:n;..: ura que po r co ntraste ev ocab a fata lm e nte l as horns claras. co nfi adas y iumi n osa.-; d e Jos patios y talleJ·es (le la Facultad do n dp tra ns eu rriú lo mejor de nuestra jove n vi el a a lborotada. Doncl e le ,·eíamos siempre con su spre n a alegría asomada a lo s l ab i os la llonda!l a los o .in s. :-;u r ostro pálido, < l onde se tr asf un -
AB WL DE 192:! 'R1 1tncrlas
:-\alílo 1lc )il a¡·zo <l t> 1 !\:!:? :-\odos .\ rquitcc-tos " Estucl innt e s • • ( 'ohra nzas 2 por mil • •
( : astos G cncralE>s \ lqu il e r es • •
o a ,la N Rc i onn d e A. y D. La Caja Obr f'm :-\u(')(l os • • ( '0111 i"i On ('S • •
DEUD. \ f'OCL\ l..
]) (' url:l. a 3 0 < l f' ele? 192 1 (Fecha de in e ntr ega d <.> la T eso r ería)
D('ulla Soc ial a 30 ele .\h ril el<' 1922: f 'a.ia Nac iona ¡ A. y D. 12 m t• n sua li chul es
C':1ja Nac ion:1! A. n. :?0 Jr.:!' nsu:-tli< ad t' !< l::tl'l'l'ir·o & <'ía. f'nl rlo cue n
tlía esa prof un da bo n d ad de s u espfri tu y su c or azó n, sie mp re abiert o a l os se n tim ient os exponté.n eos de la afec tuosidad, la l e altad, la •gener osa so licitud que t e n f a para todo!'; n osotros. Vigouroux enton ces nos dijo en voz alta de sus Yirtud es, de sus tale n tos, de su n ti midad T odos co no cemos las pri m er as. p or eso mi smo b asta co n Jo :-·a dicho; a nadie h ay q ue ilustrar Ell as le habfan llevado a l final dE' s u carrera con brillo y co n s idera c ión: dos e xl\.m e ne s mé.s y cor o n n· ba sus es Cuerzo s P or su es píritu, su c rit e r io, su s aber , e r a ya C>n cambio a r quitecto y alcanzado la co diciada met a. P ero la m ue r te qu e l o ha llevado. al d eja rn os esa cla ra co n ciE'nc ia de s us valimientos, nos d ej a má s qu e t odo e l se n timie nto d e per4 l e r su co razón. Le e n terramos ya; •y si n embargo e n l os patios abiertos, ahf donde l e ve t a mo s <.:Rda dfa a nimar co n s u vida l a anima c i rm de t oclos, nos pa r ece que s i empre va a volve r·, a m e zclar se co n n oH· o tros Jo mismo que era an t es o a n eg rear •• en nuestros proye c toH <'o n de enco ntra r e mos siempre la parte e n que él ayudó nu estr a t ar-" a.
Y es que e ra esta tal vez una de su s cualidades m ás d estaca<lnH que debe mo s in s i n uar co mo un e e mplo a l os es tudi a ntes de a h ora, y a los que ve ndrán. Nun ca no s n eg ó su a n s i ada co labor acirm : :-· e r a m ejor aú n n os la of r ecfa n expo ntán eam en te. antepon iénd o la a sus mismos inter eses - y triunfando así :-en cilla, a n6nim amentp co n los triunfos de todos.
H e a ll í su esp fritu de co mp a ñ e rismo tan úni co , ta n pers o n a l.
ta n ind epe ndi ente ele t oda ami s ta<t E ntendf a asi el tail er y e!-<l: l modalidad tan poco cult ivada en n uestro am bi en t e c uanto arra :ga<la e n Escuelas ext r anjeras, es el mejor eje mplo para qui e n t>" pueden está n e n hora de m oldea r su espíritu a) e n trar en tra casa e n las sendas lumi n osas el e los que ya se fueron dejand" 0s t el as tl e lm:. Espa t·ci clas es t e las que se d il ata n e n n u es tro yo intim o, p ar n ab r i r se con la clarida u de l as flor es frescas y tier n a.o:;, ele corola!-< y místic>a fraganc i a Difunden en n oso tros beatitud es e xt f'l· ticas : así el r ec u e rdo de n uestro bu en amigo!
F e lices los que al vi\•ir a Ye ra r e f r esca n nu est r a vid<t co n un poco d e amor solic i tud A lalmclos qui e n e s com part en n m st 1 as fatigas aJh·iánc1onos de sus ear;..:as r 4 l <' SPE'.ia n c l o n nu es tro lae nhrupto camino.
• • •
Fué un m es triste es t e de \ 'O .muY trist e !
•Para la Facultad de Arc¡uitectUt·a, para Jos es tudiantes, para Jos .-\rqu itectos, sobre todo los jóvenes, qui e n es estlin ml\.s pr í•xi· mos el e la casa auste r a ;..:ra n de, ele t od os. ll e n a de af ecc i o n es. <·o· bijaclora, .donde fuimos po t· igua¡ co mpañ e r os, y n os co nfundim o" junt os en las alegrí as y l as inq uietwles, d e las espe r a m:a s y th• los traba jo s. Triste m es ele y de Otoño, ele soles amarill os sin (•nlor ni brillo. de cien:os hel a dos ,y cielos d e plomo ca r gados de pesndumbre co mo la que hoy p es a e n nu est r o c orazón! " ..-\ rtQ U ITECTURA" es tá también de l uto.
lD))E AR@ll.JITECTOS
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Barreit'O C í :l. a l e Caja Na c ional de .-\. _,. n. \lq u il e r t:-s G astos G en ern l e s Comi::-iones
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De acuerdo con esta ley, los empleados y obreros con derecho a jubilación, así como los mUitarea, y los jubilados, pueden realizar con el Banco, en condiciones especiales, las operaciones siguientes:
t. o Adquisición de fincas del Banco, pegándolas p( r mensualidades, sin desembolso alguno ni contado.
·
2. o Adquisición de fincas de propiedad de particulares, parn cuyo fin el Banco otorga préstamos basta el 85 ofo del del inmueble a adquirirse.
5 o Obtención de préstamos para edificar, acor: dándose basta el 85 oJo del \'alor del terreno, y de la construcción a efectuarse.
También en estos dos últimos géneros de operaciones, el préstamc se atiende por cuotas men suales, que comprenden el interés y la amortización -y cuyo pago se garantiza con la afee· tación del sueldo del empleado, obrero o Jubi· lado, basta un máximum de 40 o / o de la respec· asignación mensual.
f>ara folletos y explicaciones: 'Dirigirse a la &cci6n " 'Despacho e 7nformaciones " ele/ Banco.
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