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AÑO VIII

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El carácter de la Arquitectura y su estética, son pro· blemas que siempre han de apasio na r por su co mpl ej idad. No existe u n acuerdo, u na sola man era de e n cararlos.
¿La arquitectura es solo u n arte de formas imp ues · tas por las le yes d el equilibrio o fuera de ellas el genio del hombre ha podido realizar l a belleza si n sujetarse a sus dictados? T ratare mos de analizar el pensami e nto de algunos filósofos que se han ex presado sobre Ar quitectura.
Di ce Nietzsc h e h abla nd o de este arte:
" L a pi edra , es ho y más piedra que antaño.-En ge" neral. no co mp re n de m os la arqu it ectura de l a mi s ma " manera co mo co mpr e nd e m os la m úsica (1) Hem os " crecido fuera d e la simbólica de l as líneas y de las " figuras co mo nos h e m os desacostumbrado a lo s efectos
•• sonoros de la ret órica y nos otros h e mos dejado de re ·
•• c ibi r desde el primer momento de nuestra vida , esta " espe c ie de lech e mate r nal de la educació n. En u n edi" ficio griego o cr istiano, todo e n e l or i ge n significaba " alguna cosa co n relació n a u n orde n superior; esta idea " de una significación inagotable quedaba alrededor de l " edificio, semejante a u n velo e n c an tado. La belleza n o " entraba sino co mo accesono e n el siste ma, sin inte re · , ( 1) Pa r a N iet2sche, la música, no es en si ni po r s i de tal motl o s ig ni f ica ti v a de n u estro ser int imo, tan profunda m ente e motiV'a, q u e pu eda pasar por e l lenguaje inmed i ato ue l sentim¡iento, s in o que s u a nt i gu a unión con la ¡)Qesía ha puesto ta n to s i mbolismo en e l mov im ie n to rí tm ico, en las fuerzas y en las deb ili dades del s oni do, q u e a ho ra te n emos la ilusión de que ha bl a d i rectam ente a l ser ín ti m o Y· p r oviene del mismo. La m ú sica dramát ica no es p osi b le si no c u an d o e l arte de los sonidos ha conqu istado un i nme n so im per io de m e di os simbólicos por la canc ion, la ópe r a y c ie n o t r as de e n sayo de p int u r a por el son ido.
A nt e ri o r a l le n g'U a j e es a ú n la i m i ta;c ión d e los g estos q u e se l)l·o<J uce i nv olun ta ri a m e nt e y todav ía hoy, ap-esar de una restr icció n ge n era l de l leng u aje d e l os gestos y un dominio adq u irido de los mú sc ulos, es t an fuerte que no podemos m irar un rostro en m ov imi e n to s in i n nervac ión ael nue s t ro. El gesto invitado llevaba. a l im itado r al se ntimi ento que dicl:o gesto expresaba en e l rostro o e l cue r po de l i m i t ado, y de a.hi nada una de comp r e n derse. Ente nd iéru:looe po r gestos, pod í a naoe r a su vez una simbó l Lca de los ges t os, e s Cleeir, un le n guaje de ::;onidos, a co n dic i ón <.le produc i r P rim e r o e l son ido y l uego e l gesto al cua l aquel se agregaba co m o s ímb o l o; m ás tarde so lament e e l son ido. As í , de antig uo , ht m ú sica fon m a b a un so lo cuerpo con la poes ía, la mí mioa y la ( l e ngooj e de g'estos), ¡y si desprovistos de estos elem entos q u e Ja e x p lica n no e r a m ás que un v.ano ru iido, el o ido, por un la r g o h á b i t o a esta asoc iaci ó n de y de movim ie nt o, aprend ió a i nte r p r e t ar de i n meda;to las figuras de los son idos y .Jlegó al n n a un g r ado de comp r ensió n rápido en el cual no hay necesidad ele ! mo v imi en to v i s ible para comp r e n de r al compositor. Se habla e nt o n ces de músi ca .a:bsomta, d o nde todo se co.mpre n de simbólicame nt e s i n n ec esi d ad d e l s o corro de la poesía o el m ovimiento, d es p u és q ue u n a la r ga evo l ución ha cargado l a for m a musical de id e a s y se nt imi ent o s. L os hombres que han quedado retrasados e n l a ev ol oc ió n de la músi ca p u ede sen t i r el m ism o -trozo de u n a ma n et' a pur a m e n te forma l, donde los más avanzad -os oyen s i mboli ca m e nt e E n sí , n in g un a música es profunda o signiüca ti va; no h a bl a d e vohm ta d, (A ) de cose¡, en sí. Es el inte lecto q uie n ha introd u c id o la si g nifi cadón en los sonidos, de l a misma mane r a qu e ha pu e.sto ¡,g· u a lm ente en l as re l a-cio n es de líneas y de m asas en arq uit ectu ra, u n a s ig n ificación que en si es co m p letame n te e xt r aña a las leyes de la m ecá. n ica.
( A) Se ref i e r e Niet;r.scll e al valor ele la voluntad en la filosorra de ISchopenhaue r
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" sa r e sen c ialme n te e l sentimiento p rofu ndo de siniestra " s u b l imidad, d e co ns agrac i ó n po r l a vecindad de los " dioses y la ma g ia; la belleza dulcificaba extra ordina r ia· " mente
" d i c i ó n " d za e el horror , pe ro este ho rror era siempr e la co n· primera. ¿Que es ahora para nosotros la bell eu n edificio? La misma cosa qu e el hermoso " r os tr o de u n a m ujer s in es pí ri tu : algo así co mo u na " más c ara. (Nietzsche: H u man o. af. 218) ".
Se g ú n lo q ue deja mos cita do, nuestra manera de c ompre nd er la arquitectura es p u ramente formal. De este fo rma l is m o n o está desterrada la belleza según el mismo p e n sa mi e nt o ni etzsc heano, p ues siguiendo el paralelo bos• qu ejado e n tre la Arquitec tura y la música, la interpreta· c ión for m al , e s u n a interpretación grosera en la cu al la medida del so ni do y sus diferentes acentos, en general, p r odu c e n placer si n l.legar po r eso a c olmar el grado más alto de la e m oció n. Per o mientras en la músi c a el hombr e puede alca nz ar la interpretación simbóli c a por una su· perviven c ia i n c o ns cie nt e de la re la c ión entre el sonido y la significación del gesto, e n Arquitectura se ha perdido por c ompleto todo si mbol is mo y ho y el ordenamiento de masas y de líneas no evoca e n n ue stro espíritu la verdadera s i g ni f i cació n que p udo haber tenido para los prim e · ros pueb los que la c rearo n.
La man era de p e nsa r d e Nietzsc he en estos problemas está indudablemente sistematizada dentro del espÍ· r itu que h a presidido a la elaboración de la obra c itada.
Como é l m is m o lo dice : " Todo idealismo m e es extraño. El título de mi libro q uiere decir esto: donde vosotros veis cosas ideales, yo veo cosas humanas, má s que humanas! Si se le mira de más cerca , se descubre u n espíritu despiadado que con o c e todos los vericuetos e n que se abriga el ideal, do nd e se e n cue n tra n sus e scondijos y su úLtimo refugio. Armado de u na antorcha, cuya .Uama no tiembla, p royec ta una luz cruda e n este m u ndo suhterraneo del ideal. Es la guerra , p ero l a guerra sin pólvora ni humo, sin actitu· des guerreras, s in gestos pat é ti c os ni contorsiones por· q u e todo eso sería idealismo" (Ec ce Homo, Capítulo Humano más que Humano).
Volvie n do a nuestro problema, es muy posible que bajo una for ma si mbólica, los templos antiguos hablar an a las m u l t it udes de f ieles de una manera m uy distinta a la que ho y lo ha ce n. Casi todos los tratadistas, procurar siem p re e n u na forma más o menos tímida, ex· plicar ciertas relac iones o p ro por c iones de masas y de líneas por u n s imbolismo que de ser facilmente co m·

Ak()UttECTURÁ
prendido, agregaría a la belleza del monumento una sÍg'· nificación que hoy no tiene para nosotros. Huysman, al hablar de las catedrales góticas, no deja un solo elemento sin atribuirle una virtud simbólica. Puertas, ventanas, botareles, colaterales, etc., etc , todo tiene su significa• c1on, y ya esten en un numero o en otro, ya esten ag'ru· pados en una forma o de manera distinta, ya existan o dejen de existir, la Teología le proporciona siempre mate· rial para e firmarse en sus teorías. Todo es-te lujo de erudición pesada y fastidiosa ostentada en un libro del que León Bloy asegura no haber nadie en el mundo que haya sido capaz de leerlo íntegro, tiene e fectos contraprodu· centes, por cuanto el análisis se resiste a la aceptación de teorías demostradas con tanto rebuscamiento.
Pero muy bien puede haber existido en la ordenación de los elementos en forma agena, como dice Nietzsche, a las necesidades de la mecánica, un simbolismo oculto y es quizá quimérico querer subordin ar a consideraciones puramente de técnica constructiva la génesis de las combinaciones formales. Solo que, el tiempo pasando en lento aluvión sobre la humanidad, ha borrado para siempre la facultad preciosa de alcanzar en todo su significado el valor integral de los monumentos que heredamos del pa· sado. El problema no tiene solución para nosotros, y por eso mismo es justo ponerse en guardia contra teorías exclusivistas que al pretender explicarlo todo en una for• ma unilateral, dejan enormes claros que luego son lle· nados con grandes palabras sin significación precisa y sin límites reconocidos.
La significación religiosa del gran arte era un ele· mento más de emoción pero no constituía en sí la emo• ción estética: se superponía a ésta. Nietzsche lo dice cla· ramente: La belleza no entraba sino como accesorio en el sistema (a f. citado). Creadas las formas, se les asignaba un valor de símbolo, se las agrupaba, como las palabras de una frase, para que hablaran al alma de las muche· dumbres creyentes, pero no estaba en eso la belleza.
De manera pues que Música y Arquitectura represen• tan dos grados distintos de evolución de una estética se· • mejante: la primera habla todavía con el valor del sím· bolo y evoca ideas y sentimientos con formas cuyo signi· ficado de convención nos aparece ahora •como valor esen· cial, mientras la segunda, detenida su evolución, se manifiesta sólo como belleza formal sin ninguna signi· ficación simbólica. En la primera la supervivencia del símbolo refuerza ad mirab.lemente la belleza pero en la seg'und a ¿hemos de aceptar por la carencia de un simbo· lismo preciso, la falta del sentimiento? Contestamos ense· guida no, y todo aquel que dotado de alguna sensibilidad se haya encontrado alguna vez frente a un monumento con· testará de la misma manera con nosotros Si se ha per· dido un significado, hemos hallado otro. Y .la belleza de un edificio está muy lejos de ser lo que es el rostro de una mujer hermosa y sin espíritu.
Es imposible que una cosa bella, por mas formal que sea su belleza de líneas o de masa, sea sólo un placer para los ojos y no despierte afinid ades simpáticas en otros órdenes, capaces de hacer nacer a su vez ideas y sentÍ· • m1entos.
En la realización de toda obra arquitectónica a todo problema artístico va unido un postulado de orden prác· tico: es necesario someterse lo mas habilmente posible a
las leyes de la gravedad y existiendo Ía facultad de eÍec ción en las propor ciones de .los materiales, hay ritmo y en consecuencia fijación y trasmisión de una emoción personal. En esta forma expresa Jean D'Udine (2) el problema arquitectónico. Sin duda, agrega, las líneas de un monumento por el hecho que nuestro ojo las percibe, crean en nosotros los ritmos motores que acompañan todas nuestras sensaciones visuales cinemáticas, pero esto no es sino una sensación artística secundaria, juxtapues· ta a la emoción arquitectural, de orden puramente está· tico. Buscar cuando se construye un monumen to, a rea· lizar primerame nte la belleza de la línea, es cometer un error anti·artístico que data del Renacimiento. La belleza Óptica de las formas monumentales debe ser una consecuencia del equilibrio de las masas grávidas: estas no deben someterse a priori a un postulado de la visión de las formas. Solamente toda construcción perfectamente lógica, proporciona a posteriori un placer a nuestro sentido motor visual.
El templo griego bien construido para su destino y la iglesia gótica que se esfuerza en subir hacia el cielo para dar mucho aire y mucha luz a una muchedumbre abrigada de la lluvia bajo un clima húmedo, realizan un conjunto de líneas que seducen nuestras miradas. Pero la ojiva y el contrafuerte no son dibujos inventados para que gus· ten por sus formas, sino que son órganos que per fecta· mente adaptados a su función estática, crean movimientos que nuestros ojos encuentran hermosos por añadidura. La belleza que nuestro intelectualismo moderno cree descubrir en las piezas de un museo de historia natural, no es beHeza artística.· De la misma manera la belleza arquitectónica de un monumento no existe en sus formas, sino en su equilibrio material, en su ritmo estático, en la imitación mas o menos perfecta de la gravedad que nos • sug1ere.
He ahí, claramente definida la belleza formal.
La arquitectura sería así un arte mimético, y es i ndudable que si esas juiciosas reflexiones no expresan toda la verdad están muy cerca de ella.
Pero si allí estuviera definida toda la estética que• daría aun un claro muy grande que llenar pues eso solo no basta para explicar en su totalidad todo el carácter emocionaL La vista de un hermoso monumento conmueve toda nuestra sensibilidad artística, no solamente nuestro sentido visual líneal y cromático, sino también nuestro sentido musical pues la rítmica espacial puede traducirse en ritmos de duración, sugestivos siempre de sonoridades melódicas.
Según Jean d'Udine, en el fondo tal cosa es un fenómeno sinestésico (traducción de una sensación de un orden a otra sensación de orden distinto). Si pensa· mos que el tacto (dentro siempre de su teoría) ha educado todos nuestros sentidos y se asocia todavía a todas sus operaciones, comprendemos tam-bién que está como impregnado de emociones de nuestros diversos cantones sensoriales y que por lo tanto la división de .las art es en artes (poesías, danza, etc.) artes cinemá· ticas (música pura") y artes estáticas (arquitectura) no es sino un artificio de análisis. Cada vez que uno de nuestros sentidos se halla estéticamente interesado, todos los otros se conmueven indirectamente porque
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ARQlritséTURÁ
tiuestro tacto, entrando siempre en función, arrastra por medio de li gaduras indestructibles, la resonancia de nuest ros otros órganos. De tal manera que no existe p ráctica ment e sino artes sinestésicas y que la mas simple y la más me cá nica de todas, la arquitectura, no puede co nmovernos sin que nuestras sensibilidades plásticas y musi cale s se despierten enseguida.
No trataremos explicar los fundamentos de estas afirmaciones, de un atrevimiento po co común. Solo direm os que si el tacto interviene en tal forma en la estética de J ean d'Udine es porque este af irma que e l fenómeno natural de donde derivan en último análisis todas las formas de arte es la gravedad, y aquel no c omporta so· lamente actividades motri ces , sino que es ante todo el sentido del peso de las cosa s y es co mo sentido de l peso que viene en ayuda de nuestro sentido de la visión de líneas y colores y de la audición de sonidos. El mismo D'Udine no deja de reconocer que todo esto es demasiado obscuro. Su experiencia no sobrepasa cas i a las intuiciones de la humanidad que desde hace m uc ho tiempo se expresa sobre lo mismo en términos sujestivos. Porque no solamente los epítetos motores de "r itmo" y de "movimiento"' se han unido, con el consentimiento universa l, a las formas de las obras plásticas, de las frases musicales y literarias, sino que la potencia atractiva de la tonalidad, los límites naturales de 1os versos y de las estancias, la densidad de los vocablos revelan todavía, a quien quiere c omprenderlo, su verdadera naturaleza po r • este admirable término de •• cadencia, ( cadere, caer) que pinta tan maravillosam e nte la obediencia de la materia artística a las exige ncias de la gravedad.
D e manera que en el fenómeno de .la emoción tectural hay la produc ció n de dos sinestesias: sinestesia visió n-ta cto, sinestesia tacto-sonido. Y el ritmo de Hneas y de masas se traduce en un r itmo musical de espacids y acentos, e n u n conjunto melódico. Pero entiéndase bie n! no es la audición del sonido material la que se provo ca , sino justamente la sugestión simbólica musical, las ideas y s e ntimientos que puede hacer brotar el ritmo so• nor o y de los cu ales é ste no es más que el símbolo. De esta manera c omprendemos bien que aun habiéndose perdido todo el simbolismo que Nietzs c he asigna a las líneas y mas.as arquitecturales, no por eso estas dejan de hablar al espíritu pues a este por las sensaciones vi· sua les, se abre todo el campo de la simbólica musical, tan llena de sugestiones de diverso orden.
Las coilsideraciones que dejamos expuestas, completan las a-firmaciones de Nietzsche sobre la belleza formal y reputan su opinión de que esa mis!,lla belleza es so.lo una mascara.
En todo lo que antecede solo he tratado de exponer algunas ' ideas sobre estética; la verdad de las distintas afir maciones es tarea superior a mis fuerzas para que yo intente emprenderla. De todas maneras, creo que algún i nter és despertará en los afectos a esta clase de problemas y es a ellos a quienes me dirijo, pues en Arquitec• tura no todo debe ser co nstru cció n y cálculo. Si es justo recurrir a la cie n cia para perfeccionar la técnica, no olvi· demos tampoco la ayuda de la filosofía y el prove,cho que de ella puede sacar el arquitecto para conocer y escudri· ñar en el fondo de los obscuros problemas de •la estética. f:,eo{wldo Carlos Agorio
ODia e conv esc1entes
Resul tado de un concurso
Transcribimos a continuación el fallo del jurado que entendió en el co n curso de proyectos para la Colonia de Convalescientes a co nstr uirse co n la donación Saint Bois, co mo así mismo publica mos co mo complemento del fallo la fotografía del pro yec to que mere c i ó el prim er • premto.

Proyecto Lema: "Colonia"- Primer Premio Fa chada ' "Montevideo, Diciembre 18 1921. - Señor Dire ctor General de la Asisten c ia P. Na cional, Doctor ]osé Mar· hrene. '1
El jurado designado para di cta minar sobre los pro· yectos presentados al Concurso para la Colonia Convalescientes a c onstruirse con la donación Saint Bois después de estudiados los 12 proye cto s en particular por c Ju. de sus miembros y en conjunto por todos ellos, en las varias reuniones efectuadas con ese objeto, resuelve:
1." Pro ce der por unanimidad a la eliminación de los proyectos "Fe''. Ombú,, 'Caridad'', "Ubi bene, ¡ • ··e v d , ··E •• ··e uot patna , ruz er e , speranza y ondor ,, por considerar que no responden de una man era co nveniente a las exigencias del prog'ra· ma, excediendo además algunos de ellos el costo • Arqtos. Carlos C. Massa y Enrique G. Quincke fijado co mo máximo por la base 3." del mismo.
2. 0 Después de un estudio detenido de la compo• si ció n arquitectónica y de una estimación deta· llada de los presupuestos de los cinco proyectos (··e 1 · •• ··v d d'' ··n· b •• "C restantes o onta , er a , 1m a , ruz Dorada,, y "Mirland") proceder a la eliminación de los tres últimos ( Bimba'', Cruz Dorada, y "Mirland" por exceder su costo de la suma es· tablecida en la base 3." del programa.
3. 0 Otorgar por u nanimidad al proyecto "Colonia, el primer premio por llenar de una manera co n· veniente las exigencias del programa, contener todos los locales pedidos dispuestos en forma que facilita el funcio nami e nt o del estab le ci mient o y co ntemplar al mismo tiempo sus co ndi cio nes higiénicas.
u n o mas de ellos un estudio meritorio y digno adede estímulo, por la labor realizada, u na remuneración de quinientos pesos a cada uno. Abiertos los sobres de los proye ctos premiados re· sultaro n c orresponder el lema "'Colonia, a los Señores Arqtos. Carlos C. Massa y Enrique G. Quincke y el lema "Verdad" al Sr. Arqto. Alejo Martínez (hijo).

4, " Otorgar por ci n co votos sobre siete el 2. 0 premio al proyecto "Verdad" por co nstituir también u na solución conveniente aunque inferior a la del pr oyecto "Colonia".
5." Sol icitar se acuerde a los proye c tos "Bimba , "Cruz Dorada,, y "Mirland" por representar cada
Saludamos al señor Dire c tor mu y atentamente. Firmados: ]. Martirin é - A. ]ones Brown. - ]. A. Scasso. - H. Acosta y Lara. - ]. S cre · mini.- M. M oreau.- G. Arri:zabalaga.
Planta del proyecto que obtuvo el Primer Premio
Otra de las plantas del mismo proyecto

La o 11 uncton de !a crn"aca
SU INFLUENCIA EN
A fin de que sea conocido y meditado por todos nuestros arquitectos, consideramos de utilidad reproduci r el interesante art1culo del Arqto: Dn. Carlos A. Herrera M ac Lean sobre "La /unción renovadora de la cr1tica
Hasta ahora, ,Por una mal entendida solidaridad profesional , todos nuestros colegas pre,Parados y eruditos , han cre 1do o,Portuno ccz.llar sus apreciaciones sobre el desarrollo de la obra arquitectónica en nuestro ,Pa1s en· tendiendo en esta forma evitar enfriamientos que pudie· ran traer aparejados trastornos capaces de dañar la ar· mon1a que ha caracterizado siem,Pre las relacion e s e ntr e arquitectos. Creemos que e sto no ha de suceder; la cultura de nuestros ,Profesionales es garant i a suficiente d e q ue ace,Ptar toda cr 1tica hecha con altura y tenien· do sólo en. cuenta el progreso arquitectónico.
Por otra parte, si los ,Profesionales no han olvidad o aun su vida de ta17er, deben recordar que la labor profesor no es más que labor de cr1tica y que si esta es necesaria para la pre,Paración del alumno, lo es tanto o más ,Para el arquitecto , muchas v e ces inca,Paz de reaccionar an.te las sugestiones de una moda o las exigencias de un ,Pro-Pietario, olvidando as1 lo que la cr 1t ica podr1a hacerle recordar: que al aceptar su misión de arquitecto, ha contra1do la obligación de educar al público sirviendo lo s verdaderos intereses del Arte.
Si el arte es el •• espejo de la vida., y nuestra arquitectura, por ende, refleja nuestra hora actual inquieta, apresurada, vanidosa, ¿quiere decir esto que es necesario esperar con paciencia musulmana a que cambie nuestra vida para que ese cambio se marque en nueva arquitectu· ra, ya como un avance, ya como un atraso? Si así creyéramos, estas modestas cr ó nicas no tendrían un objeto inmediato y eficaz porque ¿a que lamentar un mal que no tiene remedio y que debe sujetarse a una inevitable evolución? Más no creemos así:
Nuestra arquitectura, como no encierra valor artís· tico, no puede ser fiel reflejo de nuestra vida. Ha sid o levantada sin espíritu y ante nosotros aparece muda. Acusa sí. nuestros defectos, pero calla nuestras virtudes. Nos muestra utilitarios y egoístas y oculta nuestra sencillez, nuestra buena fé, nuestra generosidad, nuestro don hospitalario, nuestro entusiasmo viril, nuestra exponta· neidad, nuestra juventud.
Por todas esas virtudes que no delata la arquite c tura, cabe esperar su renovación. La ductilidad espiritual de nuestro pueblo lo hace apto para todas las reformas. Y si en ese intercambio de ideas y tendencias extranjeras, que acepta a veces su preocupación de su valor intrínseco, pierde personalidad, vive por .lo menos. abierto a las co· rrientes civilizadoras, Que es preferible no for mar una envoltura característica, a solidificar una rígida y porfiada cristalización de raza.
Nuestra sutil envoltura, que c ubre agitada mezcla de sangres conquistadoras, tiende, creemos, a independizar· se. Y mientras se forma la corteza nueva, no nos es dado a nosotros, glóbulos activos que circulamos con la fresca
savia, ve r la floración original y definitiva de nuestra planta. Pero ella se efectúa con lentitud en ambiente de fecundo eclectisismo.
Este eclecticismo es beneficioso en el campo de las ci encias y de las otras Es fatal para la arquitectura. Poco importa que sean extranjeras, las últimas máquinas que simplifiquen nuestra vida o las últimas creencias que l il exaltan, o la última frase sonora, la última vibración del verso, la última forma de la estatua. Pero la arquitectura quieta y adherida al suelo no puede sufrir las influen c ias nove dosas y a la moda. Debe estar sujeta a las ó rdenes del cielo que la cubre y de la tierra, que la soporta, únicas órdenes q u e le dan unidad y que le hacen v ivi r en el ambiente
Pero c on el eclecticismo que ha removido nuestra c iudad. dándole aspecto de abigarrado catálogo de arquitecturas diversas. con él podremos entrar dentro de la vía renovadora. Donde han triunfado las tendencias más absu rdas importadas de los blancos países nevados, o de las ariscas tierras montañosas, podrán entrar las nobles y c almas tendencias que nos convienen. Si antes triunfó la v anidad y la moda no nos será difícil hacer triunfar la v erdad de nuestra hora, la verdad de nuestro cielo, de nuestra tierra, de nuestro espíritu.
Es necesario y es posible infundir como un fermento, v irtudes nuevas en nuestro pueblo. Virtudes revoluciona· doras, virtudes que formen en el organismo endeble de la a rquitectura las defensas necesarias para cuidar su vida del c ontagio extranjero y para mantenerla con noble y fuerte fibra.
Estas virtudes pueden inocularse por medio de la c ríti c a, pueden y deben ser inoculadas. El juicio crítico es el juicio renovador por excelencia. uEn una época sin crítica de arte, dice Osear Wilde, el arte no existe o por lo menos permanece estancado, herático, limitándose a re• producir modelos consagrados.
Ha y épocas de crítica que no fueron creadoras en el sentido vulgar de la palabra, el espíritu humano solo ten• taba poner en orden sus tesoros, separando el oro de la plata y la plata del plomo, contando las joyas y dando nombre a las perlas. Pero no ha existido jamás época c readora, que no fuera al mismo tiempo crítica. Porque es el espíritu crítico el que inventa formas nuevas. La creac ión tiende a repetirse. Al instinto crítico debemos el nac imiento de toda nueva escuela, de todo nuevo molde q ue el arte encuentra preparado para cuando quiera em• plearlo
Esto q u e es ley general para todas las artes, tiene más verdad aún para la arquitectura, arte hecho de sere· nidad y de lógi c a, arte que debe ser discutido y pesado, arte que debe unir la rigidez de la fórmula matemática al r itmo ondulante de la línea, arte que no admite los arre• batos extraños y fantásticos de las nuevas estéticas. Por eso, del estado de pobreza y de decadencia en que vive la arquitectura en todo el mundo, hacemos culpable a la crítica. La crítica que fuera una vez el nervio de su belleza y que desde hace tiempo, herida o despreciada, se

ARQUITECTURA
alejó de la piedra a cuya sombra acostumbraba dictar su cátedra ·del buen g'usto.
En las épocas gloriosas en que el arte pertenecía al pueblo, en que había gerarquías y valores, '})ero no aisla· miento, el hombre, elevado artista o humilde obrero, dió vida a su arquitectura por dos medios: por la acción y por la crítica. Con su cerebro que creaba formas, con su brazo nervudo que aparejaba los muros, con su ma no hábil que esculpía el ornamento, con sus ojos refinados que aplica· ban el color y además con su espíritu crítico. El en tu· siasmo por el arte despertaba la crítica. Y el pueblo hacía y criticaba. Así tomando la arquitectura desde Grecia, primera época de inspiración y lógica, allí encontramos el alto florecimiento de la crítica.
Con un sentido crítico, 5teniales ordenadores de la carg'a lujosa y fantástica del Oriente, los griegos pudieron obtener los inmortales efectos de equilibrio, de armonía, de perspectiva, de ritmo, de luminosidad, de contraste. Su gusto, como una herramienta filosa y prolija, fué puliendo los perfiles, afinando el galibo de sus columnas, aligerando el equino de los capit r les. Y los sútiles detalles que ha encontrado la arqueología y que parecían accidentes for· tuitos, no, no lo son, son consecuencias de la crítica. De esa crítica serena, modelo de crítica, ejercitada al aire libre, a la som bra de los blancos muros o a la sombra de las verdes copas, como los ritos solemnes, como los dramas pomposos, como los jueg'os olímpicos. J ueg'o ella misma del espíritu en tensión continua, vibra ndo en el aire transparente y azul de la península, que cual inmenso anfiteatro se abría para el canto salvaje de las olas, para la blanca decoración de los templos y los dioses de már· mol, para sus poetas, para sus filósofos.
Mientras Platón divagaba sobre belleza y Sócrates sobre filosofía, los oyentes afirmaban sus facultades es· pirituales. Y aprendían a discernir y a discutir la belleza natural y a emparentarla con la deleznable belleza que pueden hacer los hombres.
Roma vencedora arrastra su lujoso botín de esclavos y de arte. Roba los mármoles de Grecia. Contrata sus ar· tistas. Esclaviza sus obreros. Y ebria de aparato y de grandilocuencia, al traer de Grecia Dioses y mármoles, deja olvidada a la Crítica. La olvida, o esta diosa sútil se esconde entre las ruinas para llorar la belleza en derrota. La obra del imperio no acusa espíritu de selección ni de lógica. Para los Cesares, todo siendo enorme y rico, todo es arte; el gusto muere aplastado por el amontonamiento de lujo y de trofeos Y el inspirado equilibrio de Grecia desaparece de la inmensa mampostería romana que ya no se levanta con espíritu
La crítica olvidada en Roma volvió a dar sus lucidos consejos al brillante estilo de Bizancio y al litúrgico y sa· cerdotal románico. Pero adquirió su antiguo dominio con el lirismo del gótico. Lirismo ordenado, sabio lirismo de la fuerza que soporta y que empuja, lirismo del orna· mento afilado que decora. El pueblo vivió día a día con su arquitectura en contemplación y en juicio. Y las agudas flechas penetraban en los plomizos cielos del Norte em• pujadas hacia arriba por miles de ojos que junto a su es• píritu de fe y de entusiasmo, ponían su espíritu observa· dor y crítico.
Vino después con la decadencia del Gótico el período sabio y erudito del Renacimiento.
Entonces se establecieron las categorías y las dignidades. Se catalogaron las ocupaciones humanas y se dispensaron títulos. El jefe se aisló del pueblo que cons· truía y este perdió su libertad de juicio. En el día en que nació el Renacimiento puede decirse que murió la crítica. No fué muerte rápida y decidida, sinó agonía dolorosa. Tal día se estableció la honda y triste diferencia que hoy persiste entre el artesano y el artista. Se creó el esca· lafón de méritos, no reales sino aparentes. El pueblo per· dió su facultad de admirador juzgando y pasó al elogio servil. Poco demoró en ir a la más fría indiferencia. Mien• tras tanto todo se reglamentaba: carreras, profesiones, es· tudios, títulos, medallas, diplomas. Se abrieron escuelas, academias, cenáculos. Y el arquitecto, sujeto a un difícil régimen de "estudios clásicos", era el único capacitado para hacer arquitectura, para hacerla y para juzgarla. Así repetía sus conocimientos flamantes, no ya más ex• traídos de la vida, sino importados de Grecia o de Italia. Cualquier problema lo resolvía por medio de los órdenes griegos. Y el triglifo, la voluta, y el acanto se distribuye· ron por doquiera. Desde ese día, arquitectura llevada al rango de un conocimiento hermético, se volvió un privi· legio de círculo, como la ciencia de conocer los astros, como la ciencia de curar los cuerpos, como la ciencia de endulzar las almas. La crítica quedó como privilegio de los iniciados. Se hizo al oído, de un colega a otro colega. Y el pueblo dominado de respeto por los valores académicos enmudeció o admiró por imposición extraña. Y así sin entusiasmo, si a veces hizo algo glorioso por orden de un cerebro privilegiado, lo hizo a despecho de ese ais· !amiento en que vivía la arquitectura.
Este aislamiento se hizo sentir más en arquitectura que en las otras artes. En música, en pintura, en escultu· ra, en lit eratura, el pueblo fué más irreverente con las dignidades le pareció que en estas artes no ha· bía nada de ciencia infusa y que le bastaba ver u oír para poder juzgar.
Las artes pasaron por todas las revoluciones. T uvie· ron períodos críticos, períodos de difícil gestación, períodos dolorosos como partos, pero siempre una época traía un aporte nuevo sobre la época pasada. La burla, el sar• c asmo, la ironía cayeron sobre los heróicos defensores de las ideas nuevas. Era la crítica siempre en acción, fe· cunda y renovadora, ya abriendo horrible boca para el colérico insulto, o ya dejando escapar de suaves labios la almibarada lisonja. Pero muda y opaca para la ar· • quitectura que siguió porfiada distribuyendo sus sabias ordenaciones clásicas. Las griterías de los grupos reno• vadores pasaron a su lado sin mirarla y sin herirla. Los muros se erguían cada vez más ufanos de esta indife· rencia, que ellos interpretaban como dignificante res· peto.
Después de este viaje rápido a través de las glorias pasadas de la arquitectura, nos cuesta volver a la mo• destia de nuestra vida cotidiana. Pero en ella. como ve· remos después, se han repetido los fenómenos que he· mos anotado. Nuestra arquitectura vive dormida y mu· da, por que no la alienta la crítica. Pero es necesario des· pertarla. Despertarla por boca de esa crítica, aún gri· tando, si fuese necesario. Así iremos al análisis, al jui· cío razonado, a la rigurosa valorización. Así aprenderemos a ver. Limpiaremos con la discusión nuestros ojos de
ARQUITECTURA
tanto polvo que los y nos parecerá que por primera están abiertos cuando veámos nuestra arquitectura con nuestras facultades sin auxilio de libros, ni de cátedras, ni de dogmas, sin prejuicios-clara y sencilla-

mente-llenos de amor, como vemos florecer las mar• ga ritas de seda en el verde manto primaveral o las margaritas de plata en el negro manto nocturno.
C. A. Herrera Mac Lean.
CASAS CONSISTORIALES DE ARAGON
(NO.TA§ DE EXCURSIONISTA)
El Concejo o Municipio medieval comprendía geo· gráficamente un centro urbano (villa o urbe), con el ter11itorio que le rodeaba (término municipal). Este territorio había sido separado, por concesión especial, del Condado o de la jurisdicción feudal de la cual había formado parte, o bien era un dominio real adquirido por conquista. El comes o el señor feudal y su5 oficiales judiciales fueron reemplazados por el iudex y por los alcaldes, que, elegidos en la Asamblea de vecinos, ejer• cían jurisdicción dentro de los límites del Municipio (1).
La tradición de la Casa Consistorial o del Consistorio en donde se reunían los ciudadanos designados para regir la ciudad, es romana. Avanzado el régimen
Lena ( Huesca ) Casa Consistorial
feudal, los ciudadanos lograron del señor el reconocimiento de ciertas libertades, como imponer tributos, administrar justicia, organizar milicias o somatenes, reparar las fortificaciones o defensas, poseer sello, relacionarse con otros Concejos en hermandad para defenderse de los malhechores, dividir la villa (si era popu• losa) en cuartones o distritos para designar ciudadanos que eligiesen los jurados y demás cargos concejiles, etc. En Aragón, desde el siglo XII, la cabeza de la ciudad era el le seguía el prior de jurados o jurado en cap, los jurados, almutazafe, el zalmedina, y más tarde el padre de huérfanos, el regidor del hospital, etc. (2).
( 1) E rle Hin ojosa, Estwlios sob1·e la H ist o l'ict clel D erecho (.Madrid, 19 03).
( 2) V éanse las O nli11nr:iones <le la citul <tcl <le Cantqoca (z • • vo ls Zaragoza, 190 8), por D Manue l Mora y Gaudó; el Fono n Ttwo lii (Zaragoza, 190 5), por D. Fran c isco Aznar Navano; la Cm·ta de población de l<t c iud<ul de Santa Ma1·ia d e Alb an·a cín (Z'a.ragoza, 1915), po r D. Carl os Riba y Garc fa: las 0 1·ditUtciones v paramientos de la cittdad d e Barbas tJ·o, p o r D. Mariano Pano , e n la Revista <le Arag6n (a ños 1903 1y s igui e ntes) ; mis A¡Junte s sob1·e e l antiguo 1 égimen mtmicipal d e H ues c a (Huesca, 1911 ) ; ll a Colecoión de fueros y c a1·tas ¡n¿ebl as de Muñoz Rome ro: lo s Do c1t11t ett to s histln-kos de Dm ·oca 11 stt c om tm idad, edici ón Campillo ( 1915) ; el T? atadu del f.}nt1·onado. de Cala tayttd por 1\fartlnez del Villar (Zaragoza, 1598), y la historia de esta ciudad , por Lafu e nte, e t c.
A medid a que se fué desenvolviendo el régimen municipal, aument aron las prerrogativas concejiles. El domim·o de Concejos y comen:zó, 'Como dice (3), muy humilde o de prestado, como tantas otras Instituciones medievales. Iglesias, -corrales, mercados, gradas, torres, y otros impropios loca•les daban pobre albergue a los Concejos. Pero, av anzada la Edad Media, se observó la necesidad, a favor del auge de la Institución municipal, de poseer el Concejo casa pro{Jia ( 4) y entonces esta casa del Consistorio pudo tener, cual otra cualquiera mansión noble, una o dos torres, el escudo de ar mas de la ciudad sobre la puerta, significativos adornos en el hastial de fachada, etc., alusiones sensibles a los privilegios comunales que otorgaron reyes o señores, y del incremento de >los Municipios. En los siglos XIII y XIV, el Concejo oscense se reunía en la que se denominaba C:asa de la Caridad. ¿Dónde estaba ésta 1 Lo ignoramos. Lo cierto es que así se la denomina en las Ord-enanzas del siglo y para su conservación se destinaba una parte (la tercera generalmente) de las multas que se imponían por infracciones de las disposiciones concejiles. En el siglo XV la Casa comunal es lla mada Casa o Casas de la Ciudad, y también Casas de la Corte. Esta, que debió habilitarse para tal objeto el año 1461, estaría probablemente situada en el mismo lugar que la actual, construída desde 1577, o aquella muy ampliamente modificada. Que eran distintas la Casa de la Caridad y la de la Ciudad, es decir, que fueron dos edificios, que el s egundo sucedió en destino al en el siglo XV. lo prueba un privilegio del rey Juan II, dado desde Calatayud, a 20 de Noviembre de 1461, por el que concedió licencia al Concejo para mudar la Caja de los Oficios de las Casas de la Oaridad a las de la Ciudad. Mas ola corte o audiencia • del justicia de Huesca, para dictar sentencias en los agr avios, se tenía en el siglo XII en el palacio real.
Es de suponer que los Consejos ordinarios no se tendrían en el real palacio donde todavía habitaban tem· 4 poralmente los monarcas aragoneses, sino en algún templo, o alguna casa, o algún atrio.
Los Consejos Generales solían celebrarse antiguamente en el cementerio o fosal de la iglesia de San Miguel (vulgarmente llamada d e las Miguelas). Entre otros ejem plos, lo prueba que en el año 1450 dictó el
( 3) Las cittda(les es11a1iolas y stt m ·quitec ttt1"<t m unicipal al · fi naliza1 · la Eda<l M e d i a (Madrid, 1917 , pá,g. 6 5 ). En AJlcalA.. s egún el F 1te1·o se r e un11a en un patio o corral ; e n Burgos, e n palac io de San Llorente, en la. ca tedral TomA.nlca, en una torre <'le la muralla., e n el c laustro .de la ca t e dral gótica y e n e l m e rca do d e mad era¡:; ; e n Sevilla , e n las g1·adas d e la oat e dml , que era aün aa mezqui ta puri f icad a; e n Barcelona , e n e l siglo XII. e l CQ11ce jo .alquHaba c asas particulares para sus reunion es ; en G tJanad•a, en l a mad1·aza m ora, a primeros del siglo XVI , y en M a drid . e n la misma fecha, en un sa lón de la igl e sia del Salvado r. ( 4 ) Al co menzar el •s i g lo XI V, Bu rgos habita un a torre <le la mura lla; Valladolid construy-e e n 13 38 un. e dificio e xpro feso. En 14 80 los R{!!Yes Ca tólicos ordenaron que todas la s ciu dad es y villas que no tuvies e n Casa Consistorial propia. la c onstruyes en e n e.l térm in o d e d os aoos. (Lampérez, ob. el t., pA.g 66.)
ARQUITECTURA
Con c ejo un estatuto acerca del número de cabezas de ganado que la aljama de los judíos debería tener, y de la forma en que se llevarían a pacer, y al final del documento se previene que los presentes estatutos y or· dina c iones no puedan ser r evocados sino po r el C o nsejo general de los que se t i enen en el fosal de San Miguel "(1). Y el c ronista Aynsa afirma en la página 607 de s u obra (2) que los del gobierno de la ciudad tenían en lo antiguo sus J u ntas y Consejos en el c ernen-

Graus ( Huesca ) - Plaza Mayor y Casa Con sistorial ( A la derecha )
t erio de esta i g lesia de San Mi g uel (antiguamente fu é parroquia) , "de que dan claro testimonio m uc hos actos y delibera c iones hechas en este puesto; y el año 1501 (debe de ser 1510) a u n duraba este uso, pues se halla dieron entonces en é l le y es y estatutos a los sastres".
Esto nos hace sospe c har que en el siglo XII, frecu entemente se re u niría el Conse j o en la Iglesia de San Miguel, pues esta tradición en el si g lo XV, evidentemente anterior, revela antiguo origen y c ostumbre. También se tendría en otros sitios ocasionales, y , c o mo anteriormente se dice, de pr e stado, c omo a c onteció en otras partes, en aquel siglo d e embrión para la organización mu· ni c ipal, que no c omienza a desar r ollarse en forma hasta el final de esta centuria duodécima.
' No se conserva en Aragón Casa Consistorial de fábri c a anterior al si glo XV. Ya se ha di c ho que en este tiempo debía ser lamentable el estado material de los Ay u ntamientos, puesto que los Re y es Católic os se vieron en la pre c isi ó n de mandar, en un ordenamiento de 1480, que todas las ciudades y villas donde los Concejos no tuviesen edificio propio, lo c onstr uy esen en el término de dos años (3)
La mayor parte de aquellas no lo tendrían y los irían levantando lentamente, y a entrado el siglo XVI; y en las que, como Za r agoza y Hues c a, lo tenían, el renacimiento, con su pomposidad, substituyó las medievales
Casas de la Cort, h u mildes, que en bien po co se diferen· ciarían de las demás ciudadanas, por edifi c ios de dilatadas proporciones, aunque difiriendo apenas en lo externo de las mansiones nobles o señoriales de la ciudad. El tipo de la Casa Consistorial en Aragón es el ___. ___ ( 1 ) mi cs tutl i o a c e n :a d e In J u d e rí a de H u esc.a e n e l /J ol c tín el e l a R eal A ca<lcnd a <l e l a H istoria , n6m e ro el e A br il d (• 1!11 5 ( 2 ) FuHda c:ió n, c .x: c e l e1td(l:; !JI"Ciltclc :: a s y c os a s 1/ICIIIOI'a bl es d r l a m rt iQ11fsi1 rw d w l ud el e Hu e s c a ( Hu e sca 1 6 1 9 ). ( 3 ) L o
de la gran solariega, aunque con locales obligados y de· pendencias privativas pertinentes; y su manera, en la mayor parte, más se acerca a la italiana que a la fran· cesa, en la cual última nación se conservan notab)es Hotels de Vi77e de los siglos XIII y siguientes, de un tipo más feudal por su aspecto y más minucioso y cuidad o Es muy corriente que la Casa Consistorial se al c e sobre una plaza rodeada de ar c adas, o porches en Ara· gón, ya semicir c ulares, ya ojivales, que perpetúa el /orum antiguo. Tal en Graus (Huesas), La Fresneda (Teruel) etc. La base de la fachada es asímismo un pórtico con arquería, caso bastante común, tanto en Francia como en Italia y España, desde el siglo XII; y transpuesta esta especie de lonja o atrio, se ve la entrada a las dependencias municipales, y la de la cárcel al lado. Así, en Bielsa, Loarre, Sena, Alcolea de Cinca, Graus, en la provincia de Huescas, y Valderrobres, en la de T eruel. Y en este porche se reunían, y se reúnen, mercaderes, g eneralmente forasteros, que allí realizan sus contrata· • c tones.
Por lo mismo que el tipo corriente de Casa Consistorial es el de la solariega ciudadana, están en minoría los edifi c ios c onsistoriales que, recordando la torre feudal o señorial, la poseen a modo de donjón municipal. El más severo y c ara c terísti c o, en este orden, es el de Hues c a, que tiene dos torres de flan c o, con mirador de arquería y su espadaña en el remate y en ella la campa-
Casa C ons istorial en Huesca na para llamar al pueblo a las Asambleas comunales o a c orrer el apellido , c omo se decía el toque de somatén. La Casa Consistorial de Barbastro tiene una que aún conserva también la campana. La de Bielsa ostenta en un flanco un tambor aspillerado, con todo y ser obra del siglo XVI.
estas torres simbolizaban los privilegios comunales, c omo el donjón o la torre del Homenaje la condición señorial.
(C une/u iní ) Ricardo del Arco.

Trabajos presentadO$ al Pallll Am®ricano de Ar«¡uite<etcs
CREACION DE LIGAS MllJNHCIPALES
Las aglomeraciones url-,anas, focos de la civilización m oder na, son organismos cuyo creci miento no debe librarse al azar. Los Gobiernos y los pueblos tienen el deber ineludible de intervenir en su transformación física y moral, y de ha cerlas bellas, sanas y atrayentes.
La mayor parte de las ciudades latino americanas, es ne c esario co nstatar, no han abordado todavía en forma amplia y previsora, ese inmenso programa que co mpr e nde el estudio de sus n u mer osos y variados pro· blemas de ur bani za ci ó n. Las autoridades muni ci pales se han limitado en la generalidad de los ca sos a atender las n ecesida des más inmediatas y dar trámite a asuntos de interés secundario pr o movidos por l a iniciativa priv ada La a cció n de los munic i pios se ha esterilizado con la aplicación de ese estrecho cr iterio de administración.
Altamente perjudicial para el desarrollo de las ciudades es ese criterio. Postergar indefinidamente la so· lución de los problemas fundamentales y vitales, es falta grave de previsi ó n, cuy a responsabilidad recaerá fatalmente en el futuro sobre aquellos m u nicipios que no han cu mplido co n su deber o n o han comprendido su misi ó n.
Esa misión es la de asegurar la circulación, defende r la salud pública co mprometida, pro y ectar los ensanches, e mbellecer y adaptar las c iudades a los progresos y al co nfort modernos. Pero como la vi da de las ciudades n o es limitada como la vida humana, y se desarrolla ante un horizonte siempre abierto, esos objet ivos, destinados a ser alcanzados en largas etapas, deben ser previstos co n la ma yor amplitud.
¿Pueden los muni c ipios cumplir tan vasto programa sin elaborar previamente un m editado plan de conjunto que prevea todos los t rabajo s necesarios y cordine los esfuerzos para ejecutarlos sistemáticamente 1 Imposible. Un gran plan de acción, aunque sea esquemático, se co n· sidera imprescindible para abordar cu estiones tan co m· plejas cÓmo son las de urba niza c ión.
El establecimiento de planos generales de extensión y de embellecimiento para cada aglomeración urbana, que prevean ampliamente los problemas de circula ció n, de hi gie ne y de estética, debe ser pués, la primera preo· cu pa ció n de los municipios. La importancia de los planos reguladores, desde cualquier punto de vista que se les considere, es indiscutible. Toda obra, en efecto, que implique un progreso para una ciudad está directa o indirectamente relacionada co n su plano regulador
El estado anormal de cosas determinado por la inerc ia de los municipios y la indiferencia del público, exige una soluc ión. La experiencia demuestra que las Ligas Municipales, constituidas por elementos seleccionados, pueden jugar un rol decisivo combatiendo aquellas causas, y provo ca ndo movimientos en favor del renacimiento de las ciudades.
Las Ligas Muni ci pales tendrían por misión contro• lar, asesorar y estimular la ac ció n muni c ipal, a la vez que abordar la obra de la educación del público, incul-
c á nd o le n ocio n es de higiene, despertándole id eales de belleza e i nte re sándole por medio de vigorosas propag andas y de en cu estas en la solución de los más vitales problemas de la s ciuda des
De acuerdo con las co nsidera cio nes precedentes y basadp en los magníficos r esultados que la obra de las Ligas MuQicipal es ha alcanzado en Europa Y especialmente en los Estados Unidos de América donde ha hec ho p ro di g ios, tengo el honor de someter a la _ considerac i ó n del Prim er Congreso Pan Americano de .Arquite cto s las siguiente s co nclusiones :
1." Las Li gas Muni c ipales desempeñan un ro l efic az e n obra de ensanche, transfo r mación y embellecimiento de las aglomeraciones urba nas.
2. " Los arquitectos, Sociedades de Arquitectos y d emás e ntid ades interesadas deben tomar la iniciativa en e l sentido de fundar una Liga Municipal en cad a ciudad de Améri c a
3. " Las Li ga s M u nicipales que se or ga nicen, drá n e ntre si estrec ha relación con el fin de facilitar el i n ter c ambio de ideas y asegurar la unidad de acción.
• Mont evideo , M arzo de 1920.
Raúl Lerena Acevedo.
C O N 1F E R E N C 1 A ·s
Las artes, al i gua l de aquellas otr as ramas de la humana producción cu y o orígen está regido por 1os distintos sentimientos y te mp era mentos a la par de la razón pura, tienen la característica , en sumo gra do, de ser fiel reflejo de un m edio ambiente o de una idiosindracia determinada. Y aunque fijen reglas ge nerales los cánones determinantes de mu c hos de sus variados aspectos de c oncepción y presentación, por ser sus producciones resultado exclusivo de ese medio ambiente o de esa idiosi ncr acia, son desde lue go - y salvo muy raras excepc iones - hijas de u n punto de vista reducido por las c üriosas limita cio nes que le significan el criterio de una hora parti cular y los convencionalismos de una época dada.
No otra cosa resulta-excepción hecha de los procedi mi e ntos de ejecució n-la serie indefinida de es cu elas que , en ciertos países primero y luego en el mundo cuando su propagación escalara las cu mbres, han fijado, en sus aspectos generales y en sus finalidades quintaesencia· das, el sentir de las na cio nes y de las razas para dejar al margen de la historia, con las hijas de su ingenio, el acuse de su existencia misma.
Y es así co mo, después que los siglos han pasado, req u e braj ando co n el andar del tiempo las telas sedientas de barniz y dejando en los mármoles de los monumentos la verdinegra pátina de los años muertos, puede el crít i co estudioso, a la manera de Taine, descubrir, por el arte, los pueblos, o por la historia de los pueblos la razó n de su arte, en el más · seguro y eficiente análisis estético.

ARQUITECTURA
Porque el hombre en su ansia de avanzar. que en resumen constituye el :iJe;al ae su tiempo. al producir obra en las distintas ramas de las bellas artes. no hace más que fijar. con la mate mática precisión de las reglas obligadas, ese sentir que tiene de suyo solo el quantum de genialidad con que lo expresa, pues es él exclusivo patrimonio de su patria o de su familia étnica. que lo produjera a cada instante en el •parto portentoso de todos sus dolores y de todas sus esperanzas.
Siguiendo este orden de ideas. la arquitectura-ánfora de alabastro desbordante de Chipre-al satisfacer con su continente la expresión de belle:$ de IU hora y con su contenido las necesidades materiales de •u época, vino a constituir para los pueblos la síntesis de -arte que, como ninguna otra. reducía a un solo término la com• plicada fórmula de sus ideales y de sus necesidades.
De este modo, eligiendo de la historia sus m4s notables modelos de expresión y objetivo, resumen la prepotencia de su autocracia, las pirámides de los Faraones; la espiritualidad de los siglos medios, las enhiestas catedrales de los góticos; la serenidad del dogma budista, las columnas de Acoka que decoran las orillas del sagrado río; y el remate de .la civilización quéchua el formidable conjunto de Tiahuanaco.
Con las sucesivas jornadas de los tiempos que se hacían pretéritos, van poco a poco adquiriendo las masas arquitectónicas ese justo equilibrio que, resultante del fin a que se destinaba la obra y de los medios con que se contaba para erigirla, producen despues de la inquie· tud de los ensayos, las clásica5 proporcione5 modulares salvadas del olvido hasta nosotros por la perseverante tarea del Baro:zi.
En adelante-poco son los siglos en la evolución del mundo-todos habrían de deber en esa Castalia de las inspiraciones esenciales, los principios viñolescos, sea para seguir sus huellas, sea para tratar de erigir sobre sus cimientos las atrevidas líneas de las nuevas crea-ctones. · '
De tal manera, como las ideas, como los hombres, co· mo la vida, se renovaron los estilos, sin que se pudiera a ciencia cierta asegurar que no fuera cáda uno de en sus novedosos aspectos, como obligadas reencarnaciones -permítaseme el término-de concepciones pasadas, de elucubraciones anteriores; al igual que en lo humano nadie salvó los lindes de su nacimiento sin estar sujeto a las influencias de la herencia, de las vidas anteriores, de los muertos.
Por tal motivo fué que en lo grande resultara la originalidad casi imposible de llevarse a la práctica, dentro de los lineamientos de la civilización occidental. salvo en la fa: puramente utilitaria de las distribuciones. Y solamente en u'n orden más relativo de cosas, aunque el más voluminoso en su carácter numérico, la ·edificación de la casa privada, adaptándose a cada medio ambiente, como los hombres a quienes servía, produce la variedad considerable de aspectos con que el ••Jtome•• de los ingleses se repite siempre, gramaticalmente hablando, pa· d , ''h d d d. ra ser en ca a pa1s otro ome a ecua o a una 1s· tinta necesidad.
Es este, sencillamente, el principal aspecto de la arquitectura de hoy. sujeta a reglamentación. a medida
y a prejuicios, para dejar de ser. en sus grandes líneas, el gentil resultado de una manifestación artística y volverse, llanamente, un intrincado problema de técnica civil.
Súmese a lo anterior el estudio de los distintos as• pectos con que se presenta la cuestión fundamental: pues mientras se pinta ésta como la ciudad moderna con el enorme fárrago de sus exigencias, son aquellos la fina• lidad del edificio, su adaptación al medio, la idiosincracia de sus propietarios y su valor de construcción.
De ahí, pues, la diferencia entre el alarife de ayer y el arquitecto de hoy.
De ahí también, la suma de atención que debe mere• cernos, en esta oportunidad de intercambio panamericano de ideas, todo aquello que tienda a ampliar y mejorar, aún dentro de lo relativo de estas cuestiones, el bagaje de conocimientos que constituye el exponente de progre· 10 cultural de nuestra profesión.
Especializados en los problemas de la enseñanza, tomaremos por esta senda.
Las más de las escuelas de arquitectura de América, son de reciente data. Fundadas en una copia formal de establecimientos similares exóticos, han iniciado y con· tinuado el desarrollo de sus respectivos programas a base de planes de estudio y procedimientos de enseñanza vaciados en los modelos europeos. Europeos también han sido y son buena parte del selecto conjunto de sus profesores. A la europea, for:osamente, ha sido el resultado obtenido hasta el presente.
Particularidad que explica en forma ámplia el por qué en las calles de las principales ciudades de la América meridional se suceden, en una alarmante monotonía, los elementos preponderantes de los estilos Luises; particu· laridad que aclara también el retardo que nuestra obra gremial acusa al no haber hallado todavía solución definitiva para el problema de nuestra edificación de campaña. Y es que cerrados los esfuerzos de los estudiantes de nuestras escuelas por el límite reducido de una aplica• ción que se repite a modo puede llegar,-y llega-a ser francamente académica, pero no siempre prác· tica conforme al sano criterio que enseña a producir de acuerdo al medio. hasta satisfacer la ley de adaptación. El fin que perseguimos tiende a reducir en lo posible, los efectos de esta marcada tendencia.
Mucho contribuirá a ello la obra directa y la benéfica influencia del Primer Congreso. El estudio por parte de nuestros profesionales de los temas capitales y la exposición de arquitectura con la eficiente representa• ción de los estudiantes, constituirá buena base y ex· periencia como punto de partida, para conocer el estado actual de nuestro gremio y las amplias esperanzas que en nuestros sucesores podemos cifrar.
Y como, dentro de la finalidad 'que cada una per· s-igue, el ambiente particular de las escuelas de arquitectura puede reaccionar por distintos caminos, bueno Será que una firme vinculación de todas ellas sea la fuente de futuros éxitos panamericanos.
Que así, cuando busquemos nuevas rutas a la en• señanza y nuevos métodos para la práctica aplicación, nos sorprenderá en el mútuo trabajo por hallar el desi'deratum de nuestra arquitectura americana, el saber que
ARQUITECTURA
hemos cumplido, con fraternal satisfacción el todo nos una, nada nos separa.. del clásico dicho.
Que así igualmente, cuando por el esfuerzo de la obra común, contemplemos alborozados el templo de nuestros ideales iluminado por las siete lámparas de la crítica ruskiniana, podamos volver con satisfacción el pensamiento a la pasada hora en que, sembradores de una feliz idea, derramamos en el seno de la juventud estudiosa la semilla que tales frutos iba a producir.
Persiguiendo tales resultados, propicio ante este .Pri· mer Congreso y solicito su aprobación para la práctica y viable idea que encierra mi conclusión:
•• Propóngase a las universidades de América que
•• propendan a un intercambio cultural panamericano,
•• con vistas al mayor progreso de la enseñanza de la
•• arquitectura y todas sus materias afines, por el esta·
•• blecimiento de ciclos anuales de conferencias a carg'o de catedráticos de las diversas Escuelas de Arquitec· tura, para cuyo fin gestionará cada una el envío de los
•• conferencistas que considere más oportuno, proveyen• " do a los gastos de viaje y estada",
Buenos Aires, Febrero de 1920.
... CarlCJs E. Becker. Arquitecto.
- CASA-=HABITACION
La casa propiedad del señor Don Pilar Muñoz Silva, cuyas plantas y fachada, proyecto de los arquitectos Azzarini y Vilamajó, llenan hoy el espacio destinado por ARQUITECTURA a las nuevas construcciones partícula-

Fachada
res de nuestra ciudad, presenta una car-acterística que es bueno hacer notar sobre todo por la necesida d, en que se encuentra hoy el arquitecto, de ubicar en terrenos de poco frente, como son la mayoría de los que dividen nues·
ARQUITECTURA

tra ciudad, una gran cantidad de elementos distintos, que acusados al exterior hacen, por su distinta importancia dificilísima la composición arquitectónica, dando a cada uno de ellos la debida importancia, en fachadas de espacio muy reducido. Es fácil comprender esto con solo observar muchas de nuestras construcciones en las que se muestra, en pocos metros, aberturas diversas como ser: entrada principal, entrada de servicio, puerta de garage, etc. Es casi imposible conservar co n esos elementos tan distintos la tranquila sucesión de línea, que requiere una buena composición arquitectónica.
La disposi c ión adoptada para esta casa soluciona este inconveniente haciendo que la independencia de los diversos locales se haga en el interior mismo de la casa, a la que se accede por u na entrada única la que adquiere por eso mismo una ma yor importancia. El garage y algu nos servicios, están dispuestos en la planta baja. Las habitaciones tienen en el primer piso la debida indepen-:. dencia. La parte destinada al servicio del comedor se comunica con este, de u n modo directo e independiente también, lo que evita hacer de la galería y Hall, lugar de pasa je obligado para todo el servicio de la casa.
La ilumina c ión y ve ntila c ión de la casa se hace lateralmente lo que facilita la co nservac ió n de u na temperatura constante. Los demas detalles de ubicación van indicados en las plantas correspondientes.
Hall
Comedor

Por r eputarla de alto inte r és par n. los prof.&sionales, transcribimos a continua c i ón la opinión del Arqultlecto Car l os Pé r e7. Mon t e r o, prof eso r a d junto d e A r quitect ur a legal e n la. l<'"' ac u ltad de Arqu i tectu r a, sob r e con su l ta <le med i a n e1rí a que l:e !1icie r a e l ar q uite c to Leopo l do J D i c ha opin16n a -aclarar un punto qu>e ha v enido d i:; c utiénclos e e n vn ríos n únle r os d e Al'tQUl'l'ECTUHA.
Montevideo, Diciembre 24 de 1921
Señor Arquitecto Leopoldo ] . T osi
Presente
Muy estimado colega:
Acuso re c ibo a su m u y estimada fecha 29 de Noviem· bre ppdo. en la que V d. hace la siguiente consulta:
He construido una casa ha c iendo uso de una pared • divisoria que ya estaba construida, pero no ocupo toda
•• la pared sinó una parte. Esa misma parte que he ocu-
•• pado se divide en dos fra cciones, porque una e s ocu-
•• pada con edificio y la otra simplemente como muro de ,, . ,, cerram1ento
"Ahora bien: yo deseo saber si al pagar la mediane· " ría tengo dereoho a deducir un sexto del valor de la
•• pared que queda de exclusiva propiedad del lindero y
•• d por concepto e recargo
He estudiado detenidamente el c aso que V d. me con· sulta y he llegado a la conclusión de que V d. no tiene derecho a c obrar a su vecino por concepto de re c argo la sexta parte del valor de la pared que ya estaba constru1da y que queda de exclusiva propiedad de su vecino.
Lo único que V d. puede y debe hacer, es tener en cuenta la sobrecarga al tasar el muro medianero el que tendrá un valor menor que si no est u viera cargado.
1A pesar de ser un punto bien especificado en el ar· tículo 602 de nuestro Código Civil. últimamente se ha discutido entre lo s Arquitectos, apareciendo varias opiniones en la Revista ARQUITECTURA" (números de Junio, Julio. Setiembre y Octubre de 1921).
Los que opinan que se tiene derecho a c o brar la sexta parte sostienen: "Que siendo el principio estable-
•• cido en el Código indemnizar un perjuicio que se
•• en este caso el de soportar el muro común, un mayor peso de la propiedad de uno solo de los condominios
•• de la pared medianera, no puede admitirse que ese
•• perjuicio existe cuando prim-ero se una parte y luego la otra y no existe, cuando el muro se ha levan" tado de una vez en aquella misma altura total".
Los otros sostienen que el a r tículo del C ó di go es bien claro, y que solo se pagará la· sexta parte cuando se trata de una nueva obra "la sexta parte de lo que valga la nuevamente levantada".
Es interesante en ese sentido un artículo firmado por A. aparecido en dicha revista (número de Octubre)
en el que tras c ribe la opinión de Guillot sobre este t o. Opina este distinguido c o mentarista, lo siguiente:
1.0 Que al c onstr uirse la pared, su propietario ha hec h o u s o de una facultad absoluta en el sentido de qu e no estaba obligad o , a indemniz.ar al vecino q u e no era entonces condueño del muro.
2. 0 Que el vecino podría hacerse condomino de una parte de la pared sin pagar nada, alegando la , compensacxon.
3.0 Q u e c on es> a interpreta c ión, se podría facilmente b u rlar la ley en perjuicio de los derechos del dueño primitivo de la pared divisoria, puesto que el v e cino que tuviese la intención de comprar la medianera de toda la pared, empezaría por comprar la parte inferior de la misma, para poder así alegar la compensación y luego adquiriría el r esto de modo que sería co-propietario de todo el m u ro pagando menos de lo que establece clara· mente la Le y
Y por ·último Guillot dá la solución sobre lo que se debe ha c er y dice a ese respecto:
"Al fijar el precio de la parte inferior de la pared, " los peritos tendrán en cuenta el menor valor de ella, " por e l aumento de peso que soporte, pero prescindiendo •• de l o qu e dispone el Núm. 2 del Artículo 577. (hoy art1culo 602)".
En esta forma se contempla el perjuicio a que alu· den los que sostienen que se tiene derecho a cob r ar la sexta parte.
IIEl artículo 658 del Código Francés que trata sobre el alzamiento de la pared medianera es diferente al nuestro.
Di c e di c ho artículo:
" El c on domino puede levantar más la pared medianera, pero debe pagar solo el costo de la mayor altura, •• la s composturas de conserva c ión de la pa rte nueva men•• te edifi c ada y además la carga en razón de la mayor alt u ra y según su valor ••.
El "Manuel des Lois du Batiment" de la sociedad Central de los Arquitectos Franceses comenta este ar· tículo del Código y dice entre otras cosas:
"La indemnización por el aumento de peso está mo· " tivad,a por el perjuicio que causa al muro medianero, la " parte nuevamente levantada la que debido a su peso, " disminu y e la duración del muro. Esta indemnización u estaba fijada por la Coutume de París (Art. 197) en la•• sexta parte del valor de la pared levantada pero el Código Civil no ha indicado nada en este sentido.
"La experiencia ha demostrado que esta avaluación es exagerada en la m"ayor parte de los casos debiendo
•• variar dicha indemnización entre 116 y 1112 según las ' ,. c •rc u nstanc1as •
" La indemnización por sobrecarga no puede jamás " igua l ar e l valor del muro c argado".
Y Pothier dice :
" Porqu é es evidente que por medio del peso que
•• se le hace soportar el muro no durará tanto y tendrá
•• necesidad de ser reparado más pronto que si no tuvie·
•• r a en c ima aquel peso; es pues justo que el otro vecino
•• c on q u ien se tiene el muro en c omún sea indemnizado ••.

ARQUITECTUftA
'!' anto eÍ uno como el otró sé refieren al caso gene· ral de muro nuevamente levantado.
Refiriéndose al caso especial que se consulta, Fremy· Ligneville en el Traité de la Legislation des Batimets Tomo II N. o 551 dice:
•• Aquel que solo compra la medianería de un muro
•• hasta la altura del cerramiento no puede recl•amar más
•• tarde en virtud del artículo 658 del Código Civil, una
•• indemnización por concepto de sobrecarga en razón del
•• excedente que carga sobre la parte medianera; se pre·
•• sume que se han tenido en cuenta los inconvenientes de la sobrecarga al avaluarse el precio de adquisición.
•• Por lo demás el artículo 658 no obliga a pagar una in·
•• demnuación sinó en el caso de haber abado la pared
•• sobre un muro que ya es medianero y en razón de la
•• sobrecarga que viene a imponérsele y no por el exceso
•• de muro que ya existía antes de la adquisición de la
•• d , ,, me 1anena •
Y Lepage en su libro Lois des Batiments " página
86, Tomo l, dice :
•• Un vecino hace solo medianera su pared hasta la
•• altura de un muro de cerramiento. Pero cuando sea
•• co-propietario de dicho muro de cerramiento ¿no podrá
•• pedir en virtud del artículo 658 del Código Civil el pago de una indemnización por la sobrecarga producida por el
•• excedente de altura del muro? El caso a que refiere el
•• artículo citado no sucede sino cuando el nuevo muro
•• se alza posteriormente al estado de medianería; mi en· tras que en el caso en cuestión se supone que existe un
•• muro elevado perteneciente exclusivamente a uno de
•• los vecinos, habien do obtenido el otro vecino solamente
•• la medianería de una parte de dicho muro. En el caso previsto por el Código la propiedad común habiendo
•• sufrido un desmérito a causa del al:zamiento hecho
•• posteriormente evidentemente el que alza su pared debe una indemnización al otro. Ahora bien: el que
•• compra la medianería hasta la altura de un muro de
•• cerramiento compra ese derecho por el valor actual de
•• la pared y en este caso, en la avaluación debe haberse
•• tenido en cuenta que la parte de muro hecho media·
•• nero tenía la sobrecarga del muro ya existente no me·
•• d ' .,1anero :
•• De manera pues que el vecino que solo compra la
•• medianería hasta la altura del c erramiento no puede
•• más adelante quejarse por la sobrecarga que existía
•• cuando hizo su convenio ni por consiguiente reclamar
•• una por lo que excede de la altura del
•• cerramiento; puesto que el precio que ha pagado ha
•• sido tanto menor cuanto mayor era la sobrecarga pro·
•• ducida por el muro existente".
Como puede verse tanto Gui.Uot como Fremy Legneville y Lepag'e opinan que al hacerse medianera solo una par te del muro existente no debe pagarse una in· demnización por sobre•carg'a puesto que al ava•luarse la pared que se ha hecho medianera debe haberse tenido en cuenta esa sobrecarga; en otras palabras, que al pa· gar la medianería, como el valor de la pared es menor debido a la sobrecarga, existe de hecho una índemniza• ción a favor del que compra una parte de muro con so• brecarga.
En la República Argentina le han dado tan po c o valor a la sobrecarga que no se paga por ese c on· cepto, cuando se trata de pared nuevamente levantada. El artículo 2732 dice : Cada uno de los condominos •• puede alzar a su costa la pared medianera sin indem• " nizar al vecino por el mayor peso que cargue sobre " 11 n e a •
Los codificadores argentinos se han inspirado en el Código Civil de Freitas (artículo 4395).
Como hemos dicho se trata en este caso de pared nuevamente levantada. En cuanto al punto consultado puede aplicarse nuestra tésis pues el artículo 2736 del Código Civil Argentino dice:
Todo propietario cuya finca linda inmediatamen· " te con una pared ó muro no medianero, tiene la fa c ul-
•• tad de adquirir la 'Medianería en toda la extensió n de la pared, o solo en la parte que alcance a tener la fin· ca de su propiedad hasta la altura de las paredes divisoria•s, reembolsando la mitad del valor de la pared "como esté construida, o de la porción de que adquiriera medianería".
Y a l tasar el valor de la pared como está construída deberá tenerse en cuenta el desmérito producido por la sobrecarga •
De manera pues, que aún en este caso existe diferencia fundamental si se trata de muro medianero c o n sobre c arga ya existente o de muro nuevamente levantad o sobre la medianera.
IVEstudiado pues el punto consultado bajo sus diver· sos aspectos y después de oir la opinión del estimado profesor Dr. Luis V arela, he llegado a la conclusión re· ferida al principio de esta carta, es decir "que cuando " existe un muro divisorio no medianero, propiedad úni· " ca de A. si el vecino B. adquiere la medianer1a de " una parte de ese muro, A no está obligado a pagar a " B la sexta parte del valor del exceso de muro ya exis" tente. Al fijarse el valor del muro medianero los peritos " tendrán en cuenta el desmérito que produce la sobre· .. '' carga ex1stente •
Pido a V d. disculpa por la tardanza en contestar a su consulta, pero como se trataba de un punto que desea· ba dejar bien aclarado he preferido estudiarlo con dete· nimiento, ya que puede servir de precedente para c asos • semeJantes.
Respecto a lo que V d. me dice sobre que "la pared
•• más alta lo perjudica porque le tapa el sol, perjudi•• cando la higiene de su casa" debo manifestarle que el vecino puede alzar su muro hasta la altura que las leyes y reglamentos vigentes se lo permitan, sin que V d. pueda impedírselo.
El perjuicio a que V d. alude, sería fácilmente rebatido por su vecino que le podría decir que Vd. al construir su casa debió prever de que en el futuro sus linderos podían edificar hasta la altura reglamentaria.
Esperando haber satisfecho su pedido de consulta, lo saluda su siempre afectísimo amigo y colega.
• Arq. Carlos Pérez Montero, Profesor adjunto de Arquitectura Legal
ARQUITECtURA
FACULTAD DE AROVITECTURA

Proye<eto de arquatectura Vll Y. Vlll - Segundo proyecto - Alñ\o 1911 - Tema- Un ediflcio para los <eon<eursos de Gran PR""emio.
De nuestro número anterior correspondien· te a Diciembre, publicamos, conjuntamente con las bases de este tema, el trahajo ej ecu• tado por el alumno Evaldo Roux. Las exigen· cías de la com-paginación no permitió dar 1" los dos trabajos que sobreslaieron en este tema, razón por la cual insertamos el poster• gado en este número, obra del alumno Leo• nides Chia ppara.
Las bases a las cuales hubo necesidad de sujetarse para la ejecución de este trabajo, puede encontrarlas el lector en la página 159 de ARQUITECTURA N." XLIX de la misma.
En honor del Arquiteeto Horacio Acos• ta y Lara.
El sábado J 4 de Enero del corriente año se verifkó en el Hotel Lanata el banquete que en homenaje al arquitecto Horacio Acosta y Lara le tributaban sus colegas y amigos por su bri· liante actuación en el Decanato de la Facultad de Arquitectura que dejó por expiración de su mandato legal. Alrededor de la mesa, artísticamente preparada, tomaron asiento los ·señores Horacio Acosta y Lara, doctor Manuel Quintela, arquitecto Jacobo Vásquez Vareta, arquitecto Leopoldo Carlos Agorio, Ernesto Quintela y Julio C. Bauzá, arquitectos Daniel Rocco, Carlos Pérez Montero, Elzeario Boix, Emilio Conforte, José BeUoni, Iglesias Higes, Alfredo Nin, Rodolfo Amargós, M. Cravotto, Armando Acosta y Lara, Pedro &Uoni y
Gadea, Román Berro, Mario Coppetti, J. Lerena Juanicó, Eugenio Baroffio, Claudio Williman, Arrarte Vidoria, Carcavallo, Gómez Ferrer, Durán Guani, J. Ma;zara, Vázquez Barderi, José P. Carré, A. R. Campos, O. Sambucetti, Alberto Muiños, Herran ,José Gimeno y Antonio Vázquez y señores Perfecto López Campaña, ltalo e Ignacio P. Ferro.
Al descorcharse el champagne, el señor Belloni y Gadea leyó de los señores Rector de la Universidad doctor Emilio Barbaroux, ingeniero Donato Gaminara, arquitectos Millot Grané, Horado Auarini y Quartino, y señor Luis Zerbino• • Acto continuo, el señor Daniel Rocco, presidente d e la Sociedad de Arquitectos, ofreció la demostración en un conceptuoso discurso en el que puso de relieve la obra que ha impreso a la - 15 -
Prof. Arq.: José P. Carré
Fachada
Alumno: Leonida s Chiappara
A
efe Arquitectura et homenajeado, obra que por si sola para consagrar una Se extendió en otra serie de consideraciones tendientes a poner de manifiesto las relevantes condiciones de laboriosidad e inteligencia que caracterizan al señor Acosta y Lara.
A continuación, éste pronunció el siguiente discurso agradeciendo la demostración.
Señores: Hay una recompensa muy grande para los que han tenido la oportunidad alguna vez de hacer algo en favor de una causa común, recompensa que es la estimación general y el aprecio de los amigos, que Vds. me ofr ecen esta noche y que me -:_ permitirá en el futuro perfumar mis recuerdos de Decano con el aroma que dejará en mí espíritu esta fiesta de amistad.
Me falta le elocuencia que necesitaría para poder agradecer solo con la palabra esta adhesión a la poca obra personal que haya podido realizar, pero puedo decir con entera sinceridad que esa falta la suple toda la inextinguible gratitud que este ado hace nacer en el fondo de mí alma.
Y o debo a todos, miembros del Consejo Directivo de nuestra Facultad, profesores, colegas, estudiantes y demás personal de la misma, un profundo agradecimiento por la valiosa cooperación que me prestaran para su organización y funcionamiento y me proporciona un gran placer el poder expresárselos ahora.
La cooperación que ya he recibido de todos ellos y la forma en que la recibí, fué siempre mí mayor estímulo y será en el futuro el más grato recuerdo de mí vida universitaria.
Yo Creo que durante estos primeros años de vida, en la Facultad se ha hecho todo lo que humanamente se ha podido hacer, todo lo que los medíos y las circunstancias han permit i do hacer , peto posiblemente no se ha hecho todo lo que era necesario hacer.
Institución ;oven, la F acuitad de Arquitectura necesita aclarar un pasado para abrirse un porvenir. Tiene que abrirse camino a través de una trama de prejuicios que influyen para que la profesión del arquitecto y la arquitectura no sean comprendidos tal cual deben ser, resultando así un estado de cosas poco favorable para su progreso.
Es por eso que esta F acuitad tiene un vasto programa que desarrollar y grandes compromisos que cumplir. Primero con los jóvenes a quienes va a formar otorgándoles el hermoso título de arquitecto y luego con la sociedad a quien a modo de foco debe iluminar, devolviendo amplificado y modificado en un solo haz de luz todos esos elementos que caracterizan un arte y que dispersos sin unidad ni dirección nada valen.
Por eso mis votos son para que no decaiga en el esfuerzo sino que al contrarío se intensifique, porque para progresar, para avanzar, para elevarnos no solo nos es necesaria la fuerza capaz de vencer la gra vítadón natural de las cosas que las atrae hacia abajo o la inercia que las inmoviliza, sí no la pujanza vigorosa que nos haga marchar hacía adelante o la conquista de todo lo que sea necesario para dignificar a nuestra querida Facultad, dignificando así nuestra profesión y dignificándonos nosotros mismos Señores, por la felicidad y prosperidad de todos Vds. Por el progreso de la F acuitad de Arquitectura.
la elección de Decano '" la Facultad de Arquitectura.
Realizase el día 20 de Enero la elección de Decano de la Facultad de Arquitectura, saliendo tr iunfante la candidatura del Arquitecto Don Ja-cobo V azquez V arel a.
El nuevo Decano, Señor V azquez V arela, es ante todo, un distinguido universitario, y es este uno de los mayores elogios que pueden hacerse de su persona, sobre todo en una época en que la mayoría de los que han pasado por nuestra Universidad, olvidan lo que esta es y lo que a ella deben. Dotado de una clara inteligencia y de una gran bondad, conserva frescos en su espíritu, el entusiasmo, el optimismo y la fe por la gran acción educadora y de renovación que incumbe realizar a nuestra Universidad.
Como miembro del Consejo Central Universitario o del Consejo de la F acuitad de Arquitectura, su acción desinteresada siempre tuvo por finalidad el beneficio de la e nseñanza y la afirmación de nuestros prestigios comunes. Al difícil cargo que le toca desempeñar !h_ora, no exento de preocupaciones y sinsabores, llevará el rico caudal de experien-cia recogida en su larga actuación universitaria.
Por otra parte, la destacada obra profesional del Señor V azquez Vareta, unida a su meritoria labor de profesor d,esarrollada
en su cátedra de la Facultad de Arquitectura, permiten caracterizarlo como una de .las personalidades de mayor relieve y de más sanos prestigios entre nuestros colegas.
ARQUITECTURA, que no puede ¡::ermanecer agena a la marcha de la Facultad de Arquitectura, al saludar al nuevo Decano Arqto. Dn. Jacobo Vázquez Vareta, hace votos porque el éxito más amplío acompañe su elevada misión.
El eJC Decano de la facultad de Altquitectul'a.
Por terminación de su mandato, ha dejado de desempeñar el alto cargo de Decano de la Facuitad de Arquitectura, el Arqto don Horado Acosta y Lara. Historiar la larga y meritoria labor de este distinguido colega, sería relatar todos los progresos que desde su .creación ha venido realizando la F acuitad de Arquitectura. Sus condiciones de organizador y su reconocida laboriosidad, han sido puestas a prueba durante los seis años de su ejercicio, saliendo triunfante de todas las dificultades con que debía tro¡::ezar la joven F acuitad al dar sus • primeros pasos.
ARQUITECTURA, al saludar al Decano saliente , se adhiere al homenaje c!,e los arquitectos nacionales y une sus felicitaciones por el éxito de la labor realizada.
El Presidente de la República y la Sociedad de Arqui· tectos.
El Presidente de la República, doctor Baltasar Brum ha pasado a la Sociedad de Arquitectos la nota cuyo texto a continuación transcribimos. "Montevideo, Diciembre 22 de J92J. Señor Presidente de la Sociedad de Arquitectos Dn. Daniel Rocco. Distinguido Señor: Deseando responder a las distinciones con que me ha honrado el Centro que V d. dignamente pr eside, tengo el proyecto de donar, como ya lo he hecho a la Sociedad de Arquitectos de Buenos Aires, una medalla para que sea otorgada como premio al e studiante vencedor en el próximo concurso anual de arquitectura. Al efecto de la acuñación de la medalla que ofrezco le ruego me comunique los datos necesarios para la leyenda a poner en la misma.
Saluda a V d. con mí consideración más distinguida Baltasar Brum.
Con este número se reparte el índice del tomo In dice del tomo VIl, VII, correspondiente al año J92J, a fin de que año 1921. los suscriptores puedan encuadernar la colecdón. Los interesados que por cualquier circunstancia no lo recibieran, pueden reclamarlo a la Administración de la Revista.
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o Obtención d e préstamos para edificar acordándose hasta el 85 ofo del valor del terreno, y de la co nstrucción a efectuarse.
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Cale ra de la Aguada, A venida General Rondeau 2260. ·
Gómez y Barlocco, San Carlos (Bella Vista).
"Calera de los 33", Cabildo 1939 esq. F. C. C.
Decora.:iones
Alejandro Steiner, Defensa 1072.
Juan Brignoni e Hijo, Maldonado 1601.
P. Guido Selva, Incas 1990.
Antonio Sta rico, Convención 1060.
Serra y Alberti, Guayabo 1604 esq. Piedad.
Selasco y Clingo, Uruguay 774
Bianchi y A lessandrini, Vázquez 1566.
Antonio Troccoli, La Paz 1656.
Pinturprías y papelerías
Viuda Moretti, Catelli y Mazzucchelli, 25 de Mayo 525.
Pi nturas
Sobrino y Vareta, Cerro
Herrera y Obes . Largo 999 esq Julio
P vr tland '
Compañía Uru gu aya de Cemento Portland, dras 387.
• # a os oro estona es a1s
Taller es mecánicos y herrerías
Guido Hnos., Miguelete 2008 y 2010 esq. De• mocracta.
Ceriani y Mussi, Mercedes 1311.
Andrés Mang, Miguelete 1g16.
Gabriel Tous, Colonia 1642.
Abraham Uboldi, Miguelete "1531.
Manuel Pellicer, Piedras 678 y 680.
La Norte Americana, Av. 18 de Julio 2251.
Tall er es en granito
Pablo Vedani, República 170g esq. Paysandú.
Po ser y De Mori, Batovi esq. Quito 1601.
Trabajos en zinc
Pedro Marti, Santa Fé 1066- 1068.
E scu llor es en 'mármol
Vicente Morelli, Colonia 1450.
l"' crret erías
La Llave, Rincón y Bartolomé Mitre.
Hidrófugos
Eduardo Delacroix, Ciudadela 13gl.
l11.s talaciones eléctricas
General Electric, Uruguay y Ciu 1adela.
Eíbio L. Fernándcz, Plaza Indepenrlenci s. 703 esc1u ina Juncal.
"Fiat Lux", Fernández Garcia y Chiodoni, 25 de :Mavo 614 • Ladrill os y Ticholos
"La Uruguaya", Bartolomé Mitre 1314.
Firpo Metkow ski y Cía., Camino a La Cruz, (Carrasco)
Luis Solé, 8 de Octubre 240
Carmelo Settimo, Cno. Maldonado, (Marañas)
}.1 osaicos y materiales de construcción
Brignoni Hnos., Ejido 1586 y Arenal Grande 1828.
Casanovas y Cía., Av. General Rondeau 1585.
M. y J. !)ebernardis, Galicia 11g6. Compañía Materiales de Construcción, Bella Vista.
R. Ambrosio Risso, Marcelino Sosa 2430.
Hilario Carbal, Av. Gral. San Martín 2317.
Eduardo Delacroix, Ciudadela 13gl.
Marmolerías y esculturas en mármol
Luis Raffo, Coloni? 1431.
Antonio Capelan, Arenal Grande 2345, Independencia 1714.
Ubo ldi y Manzo, Julio Herrera y O bes 112g. Laviere Vitacca e hijo s, Carmen 2276 al 2280. il'l at eria les de construcción
La Independencia - Viuda de Vallone e hijo, A ven ida Gral. Flores 2760.
F. Rocco y Cía. - Cerro Largo 801-821.
Wilson, Sons y Co. Limited, Misiones 1511 al 1517 - Anexo Maciel,-Macie1, Piedras y 23 · de Agosto.

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