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Arquitectura 48 - 1921

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ORGANO OFICIAL DE LA SOCIEDAD DE ARQUiTECTOS REUI5TA mEH5UAL

Director : Le opol d o Cárlos Agorio •

Redactor es :

H oraclo T erra Ar oc ena- Juan fl Scasso

R.od o lfo Amarg ós - Maur icio Cravotto

P edro J Bell o ni Gadea

Secretario y Administrador: •

Perfecto Ló pez Campaña

VOL UMEN VII OCTUBRE Y NOVIEMBRE DE 1921

5UmARJO

Los pórticos de la Avenida 18 de Julio • Exposición de la Sociedad de Arquitectos contra un proyecto municipal.

Uha interesante iniciativa del Instituto Aistórico - Clasiricación de la zona histórica de la ciudad de Colonia, por el arquitecto Raui

Lerena Acevedo.

Sobre urbanización • Centros Cívicos en Estados Unidos, por el arquitecto mauricio Cravotto.

Proyecto de un Santuario nacional uruguayo, en el Cerrito de la

Victoria - Arquitecto Ernesto Uespignani.

Trabajos de la facultad de Arquitectura • La educacion arquitectonica en los Estados Unidos, por Emil Lorch.

5eccion Consultas - Otra respuesta a la pregunta Húm. 1.

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V ice- Presidente

Secretario

Tesorero

Bibliotecario

Vocales

SOCIOS HONORARIOS

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SOCIOS FUNDADORES

AcosTA Y LARA HORACIO.- Bartolomé Mlitre, 1314.

ARRARTE VICTORIA LUIS.- 18 de Julio, 1698. ARTEAGA JuAN JoSÉ DE.- Sarandí, 433

BALOOMIR ALFREDO - Durazno, 2444.

BAROFFIO EuGENIO P .- Canelones, 1429.

BERRO RoMÁN. -Sierra, 1697

Bmx EI.ZEARIO - Ellaur i , 21 (Pocitos). Cerrito, 685

ÜAMPOS ALFREDO R.- rOhucarro, 3 (Pocitos).

CAPURRO FERNANDO -Rincón, 508

DELGADO JuAN M - Juan Paullier, 1192.

FAGET RAÚL J.- Cerrito, 684

FERNÁNDEZ Luis G -ICerrito, 455.

GERANIO SILVIO.- Rivera, '2056.

GOMEZ F'ERRER FILISBERTO. - Cibils, 142.

HE RRERA ARRAGA JOSÉ iP. -Rivera, 2237.

LASALA FRANCisco. - Sarandí, 433.

LERENA ACEVEDO RAúL.- Ituzaingó, 1467

LERENA JuANICÓ ÜÁNDIDO.- 1467

l\{ATHURIN LECOCQ MARCELO.- Río Branco, 1140.

1\fENDIVIL RoDOLFO - (10armelo)

DIEGO. -M Barreiro 151PEDEMONTE JuAN J. -Rivera, 2209. PRAT 'PEDRO. - Eduardo Acevedo, 1027

RICCI Y TomBIO CARLOS. - Suárez, 2925.

SAMBUCETTI ÜCTAVIO. -Oil 31

VÁZQUEZ VARELA JACOBO.- Buenos Aires, 519 b i s

VÁZQUEZ ANTONINO. - Aldea, 152. ZERBINO Luis. - 18 de Julio, 909.

SOOIOS TITULARES

AcoSTA y LARA ARMANDO - Uruguay 1341. ACQUARONE HEcTOR. - Reconqu ista 466.

ADDIEGO BUENAVENTURA. - .Avenida 19 de Abril, 28.

AGOBIO LEOPOLDO C ..:..__ Colonia, 2'118

.ALvAREZ l\IouuA JAVIER.- Boulevard At1;igas

AuBRIOT JuAN M .- Wíll iman, 14 (Pocitos).

AZZABINI HORACIO. - Y aguarón, 118'1.

AMARGós RoooLFo L.- Joaquín Requena, 1244.

BAuZÁ Juuo C. - Magallanes, 1465.

BELLONI GADEA PEoRo.- Río Negro, 1456. CANABAL A'LBERTO. -Treinta y Tres, 1271

CAPRARio JORGE. - Sierra 1<)08 -bis.

ÜARLEVABO ALVARO R - 18 de Julio , 1865 , CONFORTE EMILIO. - rCerrito, 643.

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EMILIO CoNFORTE

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ARQ. ALEJANDRO CHRISTOPHERSEN.- Buenos Aires.

ARQ. ADOLFO MORA' ·ES DE LOS Ríos - Río J aneiro.

CRAVOTTO M:AURICIO -Canelones 2055.

CAMp ANTONIO. - Colonia, 1086.

CHIARINO ANTONIO. -P iedras, 459.

DuRÁN GUANI ENRIQUE. - Sarandí 444 {2. 0 piso).

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GIRIBALDO JUAN A..- Isla de Flores, 1840.

GIMENO JosÉ. - Guayabo, 1724.

GIURIA JuAN. -!Mercedes, 1837.

GAGGIONE JULIO·- 25 de Agosto , 602.

GOYRET LUIS A.- Colon ia, 1578.

HERRERA MAc LEAN CARLOS l\ - Cerrito, 382.

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VIGOUROUX RODOLF'o L. -Av. Canelones, 684.

VILLAVEDRA JosÉ B.- Paysandú, 1270.

VILAMAJÓ JuLIO. - Progreso, 937

VÁZQUEZ BARRIERE GoNZALO. - Ituzaingó, 1467.

WnJLIMAN JosE CLAUDIO. - A. B:rasil y Ellauri (Pocitos)

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Los pórticos de la Avenida 18 de ulio

Exposición de la contra un Sociedad de Arquitectos proyecto Municipal

He aquí la nota que la Comisión Directiva de la Sociedad de Arquitectos pas ó a la Asamblea Representativa de Montevideo, o poniéndose a la sanción .del proyecto sobre co nstru cció n de pórticos en la Avenida 18 de Julio, elevado por el Con cejo Departamental, para su aprobación "Señor presidente de la Asamblea Representativa d e Montevideo, señor don Guillermo Otero. - Señor presidente: La Comisión Directiva de la Sociedad de Arquitectos del Urugua y parti cu la l"lmente interesada e n seguir y toda actividad edi.ticia vincula da co n la arquitectura, se siente obligada a no silenciar su opinión con respecto al proye cto sobre pórticos en la Avenida 18 de Julio, a probado por el Honorable Concejo Depaorta mental de Administración y sometido actualmente a la consideració n de e sa H. Asamblea Representativa y con ese motivo se pel"'mÍte formular las considera•cio nes que siguen y solic Ítar de usted que dicha H. Asamblea Repr esentativa s e sirv a tenerla s en cuen ta como ante cede ntes en la deliberación que mantenga respecto a áquel proyecto.

I - Al iniciar el análisis de los distintos aspectos del proyecto referido y d e las posibilidades que eXJisten para su realización, s e encuentra u na primera y mu y seria dificulta d e n el pronun c iado desnivel que presenta la Avenida 18 de Julio en buena parte de su ext ensión.

Esta circunshn cia determinaría, en Vlirtud de que cada propietario deberá dar la aJtura regdam enta ria a la po rció n de pórtico que le corresponde ejecutar, un escalonamiento en la línea de la s cornizas que en cada edificio se de splazaría para •Conservar su dista n cia a l plano de la vereda.

Es fá c il imaginar e l efecto desagradable que produciría esa línea quebrada que limita una ·serie de pórticos escalonados, serie que se mantiene en el trayecto de varias cu,adras de la Avenida y en vereda s, y la im• presión no menos ingrata de la sucesión de plafones que techan interiormente •los pórticos y que aparecerían igualmente escalonados siguiendo Jas líneas constructiva S de cada sec cÍón. Además, com prendida la continuidad de p órticos entre la lín ea quebrada d e las cornizas o molduras que coronan el pórtico y la pendiente que el plano de la vereda tiene, ningún vÍn culo fácil y amplio podría ligar las distintas composiciones que integran esa arquite ctura. Si se pensa se en mantener a un mismo nivel me dio • e n cada cuadra la Jínea superior del p órtico, el resultado desde el punto de vista estético no sería mej or, pue s se tendría en un extremo pilares de una proporción dist i nta de los del otro extremo o si todos los pilares tuvieran una línea de base común, los dados o zócalos serían aun distintos y en algunos puntos excesiva ment.e distintos y por con sigwiente el efecto continuaría siendo desagradable. Además, aun cuando en una cuadra entera se mant uvi es-e la cor niza a una misma Hnea, en las cuadras siguientes habría que bajarlas o subirlas mientras continúe la pend ien:te y la diferencia de alturas sería en este caso, como es fácil comprender, más acentuada que en el anterior porque acus.aría el desnivel enter o de la · cuadra precedente. - 12H

li- A las dificultad es que acarr ean la falta de horizontalidad de la Avenida es necesario agregar consideraciones de otro orden.

La diversidad extraordinaria en las medidas de los fren•tes de los pr edios, la independencia que cada propietario tiene para programar de acuerdo con s-us necesidade s los locales q ue dan a la fachad ta y por consiguiente ordenar sus aberturas y sujetar las del pórtico al r esto del co njunto, el derecho que le asi ste de adoptar para su casa el estilo que más le agrad•e y el de emplear en la con strucción del pó r tico materiales, aunque nobles, de tonalidades y tipos que armonicen con el r esto del edificio, produciría necesariamente una yuxta posición incoherente de co m-posiciones, un agregado de las arquitecturas · má s diversas puesta s unas al lado ele las otras purament e por obra del azar, y que estarían necesariam ente ligadas de u n modo imperfecto. Se verían, mezol¡¡¡dos sin meditación, el empleo de columna s con d inteles, ar cos sobre pilar es, arcos sobre columnas, pila stras adosadas, etc. Esta circunstancia es incom patible con la belleza bien de ese género de arquitectura. El enc anto más apre<Cia.ble del p ór tico como .solución arquitectónica, no se debe únioamente a la belleza de las fo rmas o elementos que intervienen en su construcción y decoración sinó que emana principalmente de una sucesión estudiada • de ciertos elementos y la r epetición rítmica de otros, en forma tal que produzcan en el espe ctador una impr esión de serenidad y de reposo especialmente necesaria en los ca sos en que, como el pre.,sente el pÓr tÍco debe la vida a ctiv a que s-e desarrolla en una arteria de tanta • • 1mportanc1a.

Si la r eglamen tación, per..siguiendo la de ese efecto, obligase a adoptar determinada form a y dime nsiones para los elem·entos del pórtico, en l•a práctica se hallaría que su aplicac ión es i mposible en ra:ón de que la diferencia desordenada en Jas dimen siones de los frentes impediría la cons ervación d e los ejes entl'te las aher• turas de los pisos superiores y la de los arcos o interco· lu.mnio s del pórtico que la distribución munici..patl hiciese pasar al pié de cada edificio y es condición esenci•alla de conservar ordenadamente los ejes cuando .se empl•ea una forma arquitectónic a tan genuinQll11ente clásica como el . porhco.

Estas condiciones de organi:z.a•c.ión no puede n obte• n •e rs e en la Avenida 18 de Julio por 1a.s razones que se acaban de establecer, por consiguiente los pórticos así proyectados no podrían resultar verdad eramente hermosos.

Además hay que tener en cuenta que el pórtico es una solución de suyo ligera y elegante que exige en principio y desde el punto de vista estético, la m e nor carga sobre ella. Los pórticos más bellos son precisamente los que e stán en este caso. Ahora· piénsese que la Avenida 18 de Julio está destinada pór necesidad a ostentar edificios de gr an ¡¡ltura y se verá como habría un desacierto fundamental en .au em pleo.

Hay que agregar a éste respecto que entre la mínima y la máxima alturas tolera das para la edificación en dicha

y la m áxima alturas toleras para 1a edificación en diteha hay la posibilidad de colocar sobre pÓI'ticos de igual altura masas de distinto valor. Este pié for%ado para la composición arquit e ctónica obligaría en muchos edificios a de&proporciones notables del conjunto.

111- Si se consideran los efec tos de perspectivas, la solución propiciada por el proyecto present aría, además de •los inconvenientes señaJados en la cláusula I, otros más generales y no m enos im portantes.

Sería entre estos •la falta de diáfanidad en los pórticos para las perspectivas longitudinales en virtud de La aparente superposición de los pilar-es o columnas. Este inconveniente apareja otro que es el de que a la distancia a.pareceria visible únicamente la cal%ada con su tráfico de vehículos, para el interesante .ir y V'enir de los peatones, la vista de las vitrinas de los comercios que al egran la Avenida durante el día y Ja haoen a trayente durante la noche, no serían percibidos en las perspectivas longitudinales.

Mucho peores ..serían las perspectivas desde el interior de los pórticos por ra%ones análogas a las que se acaba de exponer y princi paLmen te por la indicada en la cláusula l.

Esta separación perspectiva en compartimentos dará a la Avenida 18 de ] ulio un aspecto triste desde la ca•lzada y agobiador y monótono desde los pórticos. Unica• mente las perspectivas transversal es tendrían animación y visualidad en virtud de que los pórticos serían m.ás diáfanos vistos perpendicu Larment.e.

IV- Existen ra%ones de higiene que no favorecen en ningún sentido la reali%ación de los pór ticos proyectados.

Las veredas de la Avenida 18 de JU'lio son transitadas diariamente por miMares de personas no siempre suficientemente cultas para contribuir per..sona•lmente a la higiene común, sería desventajoso por esa ra%Ón sus· traerla.s a la acción beneficiosa del asoleo y a la no menos útil de las lluvias.

V.- Existe además una razón de oportunidad que se opone a la reali:z.ación de las ideas.

'Hay en la Avenida 18 de ] ulio edificios destinado.5 a ser demolidos y reedificados, pero los hay, en buen número que son de con..strucción más o menos reciente y algunos de ba-stante importancia.

Estos edificios, algunos, sólidamente construidos, in.terrum•pirán durante muchísimos años, el desarrollo de los pórticos que se h agan en los edificios a construirse, cegarán la escasa perspectiva de su interior y desviarán la circulación de los peatones, circunstancia esta especialm-ente desagradable cuando dura decenas y decenas de años.

Es necesario contemplar la len titud con que se levantan nu evos edificios en la Av enida 18 de ] ulio, en virtud de la poca inclinación que existe en gran parte de nuestros capitalistas para invertir sumas importante en la edificación, y con ello -se verá en qué forma lenta y anémica se produciría la transforma c ión de nuestra principal avenida, transformación que duraría muchos lustros en efe.ctuarse, a lo largo de los cual es se acentuarían las molestias -que siempre producen al público estos estados de transición.

Para concluir es necesario decir que el pórtico en las avenidas es una solución a que no se recurre modernamente y sólo es aceptada para la decoración de plazas de plano horizontal en cuyo caso su belleza y lucimiento son extraordinarios. Véase sino las ciudades como Nueva York, en .la que todo progreso y solución edilicias tienen su lugar que no posee ni una sola avenida porticada.

Creyendo que estas consideraciones evidencian suficientemente las dificultades que el proyecto de pórticos en la Avenida 18 de ] ulio encontraría en SU realización especialmente las comprendidas -en las cláusulas I y Il, y dándo;le al señor Presidente la seguridad de que al presentarlas no guía a la Comisión Directiva de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay otro móvil que el de servir desinteresadamente al progr-eso edilicio y estético de la ciudad, tengo el placer de saJudarlo con mi consideración más distinguida. - Daniel Rocco, presidente; Román Berro , secretario.

UN'A INTERESANTE INICIATIVA DEL I-NSTITUTO HISTÓRICO

CLASIFICACION DE LA ZONA HISTÓRICA DE LA CIUDAD DE COLONIA

A Sociedad de Arquitectos debe ,mirar, con vivo inte· rés la in iciativa del Instituto Histórico, de promover una gestión en el sentido de conservar la poca herencia material que nos ha legado el coloniaje. La antigua ciudad de Colonia es la parte má.s interesante de esa vieja herencia. Es necesario, por las ra%ones que vamos a anali%ar, que ella no desaparezca por destrucciones deliberada-s o por la acción de una larga indiferen cia.

Será preciso abordar el estudio de las •medidas de protección necesarias, medid111s de carácter urgente. Un peligro de muerte se cierne sobre esos restos centenarios. Ello se explica. Nuestra cultura americana e-s nueva, y no ama mucho las viejas piedras.

¿Cuales son los motivos q ue existen para conservar esos restos de un pasado relativamente lejano, que se

remonta a los albores de nuestra v ida pre-institucional?. Existen razones de orden puramente histórico. Ellas son la•s más poderosas, las más decisivas, las más indiscutibles. Sobre ellas se ha pronun c iado la más alta autoridad del país; el Instituto Histórico.

Pero, además, existen razones de otro orden que nos corresponde examinar, porque son de nuestro resorte, razones que podríamos llamar de orden artístico.

No oculto que sería demasiado optimi&mo afirmar que Jos viejos edificios de la Colonia tienen algún valor arquitectónico. Sobre ese punto no hay que hacerse ilusiones. No son más que obras modestas construidas con míseros materiales. Pero en su conjunto ofrecen caracteres interesantes, como sistema de urbanización y como originalidad de paisaje.

Es, ante todo, con criterio de urbanizador , que re-

c Íamaría ia conservación de la antigua Colonia. Es su traza do urbano, que se acerca tanto al modelo clásico, lo que es particularmente remarcable. Frente al trazado moderno, igual al de todas nuestras ciudades, al de to· das las ciudades traza,dos arbitrariam ente con c ebidos con sistemátic a regularida d, de acuerdo con teorías absolutas, con lógica s inf.lexibles, con sus alinea· mientos de macisos arquitectónicos, sin unidad ni carácter, que admirable lea ción de sensatez, de equilibrio y de orden, nos da ese pequeño rincón tC olonial! Su trazado aparentemente capri c hoso, no tiene nada de arbitrario: responde a ci r cunstancias especiales de defensa, de abrigo, de relieve del suelo. Su edificación modesta mantie· ne una orientación claramente definida, que contrasta

abiertamente con nuestro actual "bolSJhevikismo,, ar-tístico. Com paremos las modern as con•cepciones urbanas, los pretenciosos siste mas geométricos, de regularidad y mo· notonía desesperante, de dudosa pra•cticidad, de valor artístico nulo, con esa pequeña aglom eración colonial. Den• tro de su marco de sencillez extre ma, diríase concebida de acuerdo con la sentencia de Aristóteles: "una ciud ad debe ser edificada de manera de dar a sus hahitantes la seg'urid ad y la felicidad".

¿Y qué diremos desde el punto de vista de Jo pintoresco? ¿No existe un valor no despreciable que por si solo justific a la adopción de medidas de protección? Ese poblado de sinuosas callejuelas tos c amente em•pedradas de abigarrado caserío terminado por tejados árabe s y do· minado por torres blancas; de anc hos muros do piedra dónde e• l musgo crece en la argam asa de puértas, faroles y rejas a la vieja usanza española, y circundado de antiguas murallas, cubiet'ltas de pátinas, lamidas por el mar, marcadas por los todo e se conjunto de cosas que han vivido •mucho tiempo, toda esa reducida imágen que el siglo XVIII nos trasm ite casi intacta, ¿no es para nosotros un cuadro lleno de nov edad y atractivo. motivo de eV'o c aciones heroicas y encantadoras?

Si, como espero, hay un acuerdo unánime, en mérito de las razones expuestas, en reconocer la necesidad de de· f-ender del tiem po y de los hombres ese último vestigio del coloniaje. temo no exista ese mismo acuerdo de opiniones sobre la naturaleza de las medid.as a adoptarse. He oído hablar, por ejemplo, de restaurar y de emhellecer, y un olV'idado precepto de Dridón, el arqueólogo, viene de per· las. Helo aquí: "en materia de e dificios antiguos, mejor es consoli dar que repar ar, mejor reparar que restaurar, mejor restaurar que pero nun•ca ;agregar o ,, supn•m1r •

No creo posible expresar en forma más clara y suscinta el verdadero camino a seguir.

Crear, componer, imaginar, es obr.a briHante y puede

no e star exenta de gloria. Conservar es sin duda tarea modesta y oscura, pero está llena de prudencia. de equÍ· librio, y de buen sentido.

No hay que olvidar que la mayor parte de las cons· trucciones de la Colonia son obra de modestos H alarifes ••. ¿No desentonaría en ese cuadro de gracia ingenu a y pri· mitiva, cualquier restaur ación o agregado háhi.Jment e c ompuesto por nuestros arquitectos? ¿No existiría el pe· ligro de que los puntos más brillantes .de la aglomera ción c olonia ! fueran fantasías personale-s, si bien con el espÍ• ritu antiguo, ..sin mérito de autenticidad 7

todavía otra faz de la cuesti6n. Lejos y a estamos de aquellos tiempos en que, al conjuro de urna única voluntad, surgían o desapar ecian las ciudades y los conjuntos arquitectónicos, y las .tend •encias artí-s· ticas se fijaban o renovaban. Poca o ninguna influencia tenía entonces el gusto o la inclinwción popular. Pero la democracia ha modificado esos proce deres dictatoriales y nuestras ideas modernas no pueden tomar forma sino al calor de la simpa•tía pública.

Par a conservar, pues, nuestra herencia colonial, for• memos el ambiente propicio, por medio de una persuasi• va prop aganda, que consiga despertar en la opinión el

necesario interés. Punto de partida de esa propaganda podría ser u n peregrinaj e hist órico -artísti co, que, en un claro día, llegara hasta la pe queña c iudad, s u mida en su largo sueño de paz y silen c io. Y e n una sola y gran j ornada se i n vitaría a los espíritus al respeto de esas pied ras

simples y ve nerables, evocadoras de por f i adas co nq uistas y ardientes luchas, y embellecidas por e l artífi c e i nim itable que, dice Fran ce , n o tiene otros t'tt iles de trabajo que la ll uvia , el c la ro de luna y el viento Raúl Ler e na A cevedo

BDIZBCIOD

Centros Cívicos en Estado§ Unidos

Biblioteca Públ ica - Sa n Franci sco

Los estudios de urbanización co mprueba n la convenien-cia de adoptar e n la co mp osición de la ciudad m oder n a , el pri n cipio de subdivisió n de fu n cio n es; es decir el de agrupación de edificios y •es p acios en zonas urba n as que re&po n da n en lo po•ib l e a d e term inad•as a c tividad e s los h ahi\: a n t'es que for m a n u n a ciudad. Co n • el ejemplo d e rea li zaciones actua• les co m o s e r S aló n ica, Alejan • dría, Ly on , A m beres, Milán, y c e n te n ares ,de ciudades de Estados Unidos, - e n las cual es lo ya realiza -do o lo previsto en her m osos pla n os reguladores

A yuntamien t o- Sa n Francisco

comprueba las ventajas de pre, , ver co n cn teno arhsh co y te cni co a m plio y ge n eral los problemas de edilicia modernavoy a co m enzar por exponer, sin que ello implique un pro grama, a l gu n as de las bases que conducen a la realización del sistema edili c io de subdivisi o n de fu n cio n es, y terminaré c on el ejemplo de di c ho pri n c ipi o aplicado e n aJgunas ciudades modernas con éxito completo. Las actividades que se des arrollan e n una ciudad 1011 e n su ma yor parte de índol e in· dustrial. comer c ial, intele c tual , y arhsttca.

Centro del Capitoli o

ARQUITECTURA

ARQUITECTURA

Fundamentalmente. es necesario cooperar al mejora· miento físico y espiritual del pueblo, simplificando en lo posible los medios materiales que conducen a su reali, zac1on.

Con el deseo de sintetizar diré solamente que en prin· c ipio, una ciudad moderna -debe tratar de realizar los gru· pos urbanos que tienen relación con las funciones administrativas, públicas y educacionales, y entre otros, ellas pueden comprender:

Los servicios administrativos.

Los servicios públicos con sus centros de reunión.

Los centros de deportes.

Los centros culturales. artísticos. científicos. escolares

Los establecimientos sanitarios. además como consecuencia natural de toda agrupación urbana, quedan de por si reunidas las habitaciones co• lectivas, obreras. los hoteles (en general en la proximidad de puertos. estaciones o lugares de esparcimiento). etc.

Un estudio especial -conduciría a resolver con exactitud y visión del medio ambiente el problema de las agrupaciones necesarias para desenvolvimiento de todas las actividades. pero sin implicar un aislamiento abso· luto de las mismas ya que la extensión de las ciudades importantes modernas detennina a veces lla multiplica· ción de los centros urbanos en diferentes zonas de la c iudad.

Durante mi viaje por Estados Unidos pude comprobar los resultados extraordinarios. prác-ticos y estéticos de los principios arriba mencionados en lo referente a centros universitarios y artísticos y a centros administrativos llamados estos últimos en ese país Civic Center".

Las Universidades de Vale. Princetown, Pensilvania. Harward. Columbia. Stanfort. Berkelley son her• mosos: verdaderos nÚ cleos monumentales de nobleza y emotividad incomparables que predispone n a dignas ac• tividades y sanas expansiones.

Los centros cívicos son en general agrupaciones mo· numentales. en amplias zonas y jardines. de edificios y dependenc-ias destinados a las funciones administrativas y de gobierno de cada estado de los 48 que forman el país yankee.

Entre los más interesantes se cuentan ed. de Washing· ton y el de San Francis co los que a pesar de estar si· tuados en dos regiones opuestas del país del norte. evi· dencian lo general del principio dirigente, aunque las ac• tividades, carácter de los habitantes. e influencias localles sean tan diversas.

El de Washington (fig. 4). se compone de varios edi· ficios ordenados arquitectónicamente alrededor del Capitolio. Uno de ellos. la Biblioteca del Congreso. es un magnífico monumento construido en mármol blanco del Maine.

El de San Francisco ( fig. 3). cuya planta general ad· junto. muestra la disposición principal de oc ho de sus edificios y una de las plantas del City Hall (Ayuntamien· to ), y nos presenta un caso claro de sistematización ur· bana. El plan ha sido trazado poco tiempo ha, por tres arquitectos a mericanos y sólo falta conS>truir el edificio destinado a teatro para que el conjunto quede completo. El más austero y posiblemente el más hermoso de todos ellos es la Biblioteca Públ ica ( fig. 2). concebido de acuerdo con su final idad cultural y realizado en un hermoso granito gris del país.

El Auditorium, destinado a todas las grandes reu· niones, a los conciertos de Órgano, a las fiestas. a exposi· ciones temporarias. está compuesto sendllamente. Varias dependencias, varias salas. una gran circulación y una inmensa sala para el público.

El Ayuntamiento, si bien en algunas de sus partes recuerda motivos de arquitectura del renacimiento ita· liano, presenta ciertas originalidades en planta en lo que se relaciona con el sistema de circulación vertical y ves· tíbulos de ascensores. La decoración de las salas tiene una característica especial derivada del empleo racional y ar· tísti•co de las hermosísimas maderas californianas. Termino con este edificio la descripción somera del Centro Cívico de San Francisco. habiendo sido mi sólo interés, en el presente artículo, evidenciar en lo posible , las ventajas estéticas de la previsión edilicia. claramente entendida, sin exageración y de acuerdo con la potencia económica del país y en rela ción con las necesidades del momento.

Los a mericanos consiguen por medio de los planos reguladores creados por arquitectos, realizar en períodos menores de 20 años, conjuntos monumentales. que por ser ejecutados de acuerdo con un plan arquitectónico amplia· mente concebido y bien estudiado. tienen la sugestión de las grandes obras artísticas. sugestión •derivada: de la armonía del conjunto edil icio de la ordenación en los edificios y en los jardines. de la fineza en el detadle de la nobleza del material. y de la acertada dirección artística y técnica de los ar· ' quitectos dedicados al amplio tema de la urbanización. Montevideo, Noviembre de 1921. M. Cravotto.

En el Cerrito de la Victoria

...,_ L proyecto que mereció el fal,lo del jurado, publicado en uno de los números ant eriores de esta revista, pertenece al arquiteCto Don Ernesto Vespignani, residente en Buenos Aires. y presentamos hoy en nues· tras páginas centrales la perspectiva general del mismo proyecto.

Es una variante del estilo bizantino hecho bajo la inspiración de la gran basílica de Santa Sofía de Constan· tinopla, joya de la arquitectura cristiana, la que será

siempre el prototipo de este estilo tan perfecto en su or· ganismo como admirable en su ornamentación. Responde el edificio proyectado a la orientación tomada en los últimos tiempos por los mejores monumentos religiosos. como la basílica de Montmatre de París. la catedral de Marsella. la nueva catedral de W estminster en Londres y la de San Luis en Estados Unidos. El arquitecto desarroHó la planta en f orma de cruz griega. Se eleva en el centro la cúpula peraltada sobre

ARQUITECTURA

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los cuatro al"cos torales y pechinas, co ntrar restá ndose el empuje por las dos bóvedas absidadas de igua l diámetro sobre el eje lon gitudi nal del edificio y a los lados por los m uros, co n sus característicos co ntrafuertes.

A esa fórmula de organismo corres ponden las cua· tro torres que se elevan sobre los pilares torales, co nso· lidan do l o s estribos de los arcos y coronando la cú pula, co m o tambi é n la gra du ació n de la altura de 'las masas que

constituyen la forma piramidal tan majestuosa en su • co nJunto.

La ornamentación del santuario está cuidadosamente estudiada en s u s decoraciones, mosaicos, revestimientos de m á l"moles y granitos, de cuyo conjunto resultará una obra que, además de su significación religiosa, será un triunfo interesante del moderno arte cristiano.

lla Facul\l"ad

C omposicñón de ornato

AÑO 1921 - 3er. Trabajo

"U n pequeño ]ard in de Invierno"

Se tr ata de proye c tar un Bow win•dow a manera de jardín de invierno que ocupará la 'P arte ce ntral del co· m edor de u n rico Hotel particular.

Este bow windon en saliente de una terra:u, tendrá dos ve ntanas y una puerta. Un motivo decorativo jarrón o estatua co locada en el eje co mplotará la composición.

SAL VANDO lUN ERROR

En e l informe de l Arquite c to Ma uricio Cravotto, re · da c tor de esta Re v ista, sobre Composición De corat i va Arquitectó ni ca presentado a• l H. Consejo de la Facu ltad de Arquitectura, se deslizaron algunos errores de correc · c ión, entre los cua les uno que ca mbia el vel"dadero sentido

del informe. En el párrafo donde dice que •• es siempre más eficaz ornamentar por acantos que cr ear zonas deco• . •• d b 1 •• .. d rahvas , e e eerse ornamentar por acentos , en vez e acantos, lo cu al es muy distinto. Queda con esto salvado el error de corr ección padecido y aolarado por co nsiguien· te el interesante informe del Arquitecto Cravotto.

Arqt o: C ándido Lerena }oanícó
Detalle del 44}ardín"
Alzado
Alumno: Héctor N. Ca se lli

En los Estados Unidos

A enseñanza or g anizada de la arquitectura es relativamente de re c iente o r igen en los Estados Unidos. Hasta cerca de 1870 los que deseaban ser arquitectos t e nía n poco campo en este país, para lo que se llama sistema de aprendiza g e, seg ú n el cual el estudiante entraba al estudio de un arquite c to para recibir tanta instru c ción como podía darle el arquite c to cuando no tenía otras ocupaciones. Estas relaciones entre maestro y estudiante variaban en gran parte reflejando a veces un delicado sentido de aten c i ó n de parte del arquitecto ha c ia el estudiante y futuro cole g a, mientras que las posibilidades de estas rela c iones eran influenciadas nec esariamente por la tempran a educación del estudiante y el ejer c icio del arquite c to mismo quien en al g unas ci rcunstancias ha sido capaz de viajar y estudiar lejos, y e n algunas otras, er a el mismo extranjero.

La instru c ción formal arquitect ó nica, f ué dad a primero en el Massachussets lnstitute of Technology, donde se g raduó el primer estudiante en 1873. En el trans c urso de l tiempo otras instituciones agre g aron c ursos de arquitectura, y ahora tal instrucción es dada en cuarenta u niversidades, fa c ultades y es c uelas técnicas, muchas de • las c uales ofrecen un curso c u y a finalidad es un título. Las instrucciones cultu r ales, médicas y le g ales y t é cnic as estaban estable c idas antes qu e se hiciera notar la demanda de una ens e ñanza arquite c t ó nica, y así sucedi ó qu e la instrucción d e arquit ec tura e stuvo primero o r g anizada como un departamento de una es c-uela técni c a. Tal proceder hubiera sido imposible en Europa, donde las grandes tradiciones de a r quitectura y arte son apre· c iadas y la naturaleza única del trabajo del arquite c to es bien comprendida. Aquí sin embargo era solo una c uesti ó n de saber desenvolverse y la misión de la a r quite c tura era c onfundida con la de la in g eniería la cu al ofrecía ciertos cursos que también podían ser seguidos p o r estudiantes de arquite c t u ra. El ejemplo así sentado fué seguido c on po c as ex c ep c iones al crear nuevos departamentos de arquitectura y nu e stra carrera arquitect ó ni c a hizo un fuerte énfasis en los estudios de ingeniería. Otra importante infl u en ci a q u e intervino en la e ducac ión arquifectónica, fueron los viaj es y estudios en el ext r anjero, la observa c ión y dibujo de los monumentos para el ejercicio del gusto y de es a s cualidades que n o pueden adquirirse c on una disciplina puramente científi ca Con esto vino a ampliarse el c oncepto sobre e l sentido de la •arquitectura y su c ará c ter como un arte, que debe actuar en un doble rol estético y utilitario. No hay q ue asombrarse por eso que nuestros nuevos arquitectos pronto se inclinan a L 'Ecole de Beaux Arts como un posible modelo para sus escuelas. En efecto dos de nuestros principales arquitectos, Richard M. Hunt y Henry H. Richardson e-studiaron en la escuela francesa y volvieron llenos de entusiasmo con sus métodos, mientras la amplitud y fuerza del trab a jo ejecutado mostraba los espléndidos resultados del eje rcicio francés. Mr. Hunt a y ud ó a demostrar su eficiencia en la dirección de una especie de atelier para jóvenes en su estudio

Y a•sÍ pasó que primero uno y después otros arquite c tos franceses que habían hecho distinguidos tra· bajos en su escuela n •acional, fueron inducidos a venir a Estados Unidos para enseñar dibujo arquitectónico; y a ellos en gran parte se debe lo que ha sido hecho en este campo, porque ellos nos trajeron el alto concepto y la firme devoción a los ideales artísticos, que siempre estan mejor grabados en pueblos donde la tradición artística existe desde siglos y donde la convicción de que la bu e na arquitectura y el arte tienen una misión, es c asi universalmente a c eptada y donde no tienen que luc har para que les reconozcan su existencia.

Con esta influencia creciendo en fuerza, surgió ac· tualmente la c uestión sobre la relativa importancia de los asuntos culturales, arquitectónicos y científicos, re· :;ultando que en algunas es c uelas se daba demasiada i mportancia a uno de ellos sobre los otros y lo contra· rio en otras; porque es necesario que se sepa que todas nuestras escuelas arquitectónica..s luchan con el obstáculo conocido con el nombre "curso de cuatro años"; s iendo este período el que generalmente observa el pÚ· blico como suficiente para dedicarse a una fac-ultad o a u na educación técnica o combinada cultural y técnica lue· g o de graduarse en los c olegios preparatorios y por eso ha sido necesario comprimir durante cuatro años toda la educación cultural o técnica. Es necesario retener es• to en la cabeza cuando se compare nuestros resultados c on los de la escuela francesa, donde la admisión es por concurso, el cual equivaldría a casi los dos primeros años de los cursos normales de arquitectura americanos. La edad t é rmino medio de entrada de nuestro ese studiante, es de diez y nueve años el c ual en muchos ca· sos no ha tenido en ninguna forma in•strucción de dibujo y no necesita para demostrar su aptitud seguir estudios fuera de la educación elemental general de la escuela preparatoria. Este vago término de compa• ración, es también debido en parte al hecho de que la arquite c tura como profesión no está reconocida en este país tan bien como lo estan derecho y medicina, en cualquiera de cuyos campos ha sido posible aumentar la norma de admisión a la escuela profesional a un punto equivalente a lo menos do..s años de trabajo general de facultad, habiendo sin embargo algunas escuelas para cuya admisión se ne c esitan cuatro años de trabajo de fa c ultad.

La prisa en producción industrial, en trabajo y en l él edificación, está inevitablemente reflejada en el proc eso educacional, estando los jóvenes ansiosos por empe· zar a practicar c uanto antes. Si además tienen que salir del país como es posible, el tiempo total requerido por la e duca c i ó n es naturalmente prolongado. Las restricciones de la educaci ó n arquitectónica americana son evidentes. El tan deseado límite extenso y alto no puede llegar a ser hasta que cambien las condiciones generales de control. Hombres de la más alta experiencia deben así imponer a otros a .seguir su ejemplo, y muchos jóvenes es· tarán deseosos de hacer los sacrificios que implica real-

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mente la adecuada educación. Las escuelas deben tener el sostén de Jos arquit ectos que quieren insistir en los fundamentos de una experiencia completa; las escuelas no pueden tener exigencias mayores que las que la pro· fesión puede sostener.

Practicamente toda s las escuelas arquitectónicas buscan remediar estas condicione•s ofreciendo cursos gra· duados que conducen a títulos superiores; y unas cuan· tas escuelas han elevado las condiciones de hasta hacerlas iguales a las de la escuela de medicina, con el resultado, sinembargo de que su cuerpo de es· tudiantes ha sido notablemente disminuido. Como im" portante influencia de mejora se puede citar el establecimiento de becas, que tiende a retener a los hombres de capacidad por uno o varios años y en algunos casos envía a los afortunados ganadores de becas al extran· jero donde estudian y observan. Muchos de nuestros estudiantes han podido mediante la recomendación de sus escuelas y ya graduados, ÍI'Ise fuera del país a estu· diar, donde la gran mayoría han tenido facilidad para en trar en los attelies y han obtenido entrada a la escue· la siendo numerosos los que han ganado el codiciado di plome", Muchos estudiantes están actualmente que· riendo dedicar más tiempo extra a la instrucción téc· nica que al estudio cultural adicional. Esto es debido a razones económicas y a la falta de comprensión de la obligación que tienen que cumplir para con sus contem· poráneos como miembro s de la sociedad, cultivados simpáticos, bien informados y lJenos de recurso. No es su· ficiente ni satisfactorio ser e.ficiente solo como especialista. Esto último es la idea de esas insútuciones de enseñanza y miran la educación desde un amplio punto de vista y se preguntan por que el arquitecto va a estar menos educado que el médico o el abogado. Hay nece• sariamente alguna s instituciones que se contentan con un ideal más bajo y también hay algunos arquitectos 1 '' • que quernan un curso mas prachco y que p1ensan que cuatro años son suficientes para un ejercicio libre y técnica a la vez.

Algunos aun querrían que solo hubiera asuntos téc· nicos en ese curso de cuatro años.

Lo que es evidente es que en el campo de educación arquitectónica no hay todavía una general aceptación respecto a• l contenido y •a la exte nsión de la práctica y hasta que no haya tal aceptación deberá haber una am· plia modificación en la preparación de la profesión; modificación que tiene muchas ventaja s para los diferente s grupos de individuos a los cuales permite practicar utilmente en un país del tamaño del nue&tro. La educación arquitectónica ha recibido estímulo y apoyo de fuente-s. El In stituto Americano de Arquitectos ha toma· do conocimiento de la educación arquitectónica publicando como •• aprobado'' los nombres de las principales escuelas y a cada una de ellas concede anualmente una medalla para premiar al graduado que ocupa el mejor puesto en sus cla:ses durante el período de estudio re· querido.

La educación arquitectónica es también fomentada por medio de las becas que están ya establecidas en m 1.t· chas escuelas, variando desde una cantidad equivalentl! a la matrícula anual, hasta una sum a bastante grande para sufragar los ga stos de vÍV'Ír fuera del país un año

o más. Hay también becas de viajes y becas comunes establecidas por particulares y por organizaciones. Entre las últimas figuran la Academia Americana en Roma, y Ja Societé de Beaux Arts. Las escuela,s pensaron mejorar de condición cuando en 1913 algunas de las principa· les escuelas org.anizaron la Association of Colegiate Schoolls of Architecture, con el fin de elevar las condiciones de la arquitectónica y estas aceptaron una base mínima de admisión y graduación. Sólo las escuelas ' que aceptaban subir sus condiciones y que tenian el cuer· po de profesores habilitándolas para ello, podían ser •miembros de Ja asociación. Trece escuelas actualmente, reforman de nuevo la precedente asociación y realizan reuniones anuales para discutir problemas educacionales. Seria oportuno que en algún congreso se reunieran re· presentantes de todas las escuelas arquitectónicas ame· ricanas. Uno de los pa sos más importantes dados por la asociación fué solicitar hace algunos años de la Carnegie Foundation for the advancement of teaching que hicie· ra una completa investigación sobre la educación arqui· tectónica como ha sido hecha en medicina, derecho e . , 1ngen1ena.

Ahora que se están normalizando las condiciones es de esperar que e sta investigación será pronto emprendida. Una influencia de creciente importancia ·será dada a las escuelas arquitectónicas por varias leyes nuevas aceptadas en este país para el reglamento de Ja prácti· ca de la arquitectura. Tales leyes significan el cimiento de la dignidad de la profesión y el establecÍ· miento de condicione•s de admisión a ella. Si estas leyes fueran bien interpretadas, su vigencia elevará las condiciones de la profesión, pero si fueran mal interpretadas su resultado será enteramente negativo.

El hecho de que las escuelas arquitectónicas no sean mejor consideradas, se debe sin duda primero a SU re· ciente establecimiento en reJación para con las otras es· cuela s profesionales y segundo al hecho que en muchos casos se confundan con otros de partamentos de ción, apareciendo así como unidades secundarias en lugar de tener la libertad del propio control.

W alter Cook presidente del instituto Americano de Arquitectos dijo una vez: ''El restringido aprecio por la arquitectura en este país, es debido en gran parte al con· trol de la arquitectura por las escuelas de ingeniería".

Mientra-s las escuela-s de arquitectura dependan de las otras, subsistirá el estacionamiento de la profesión, por• que los intereses de las escuela-s y los de la pro fesión son aquí uno e indivisible. Ninguna escuela profesional puede prosperar y desarrollarse cuando no tiene plena libertad y completa respon>&abilidad. Instalando Jas e s· cuelas sobre sus propios edificios, se es· timulará mucho más la dignidad profe sional y la dedica· ción de los jóvenes a esta profesión. Aunque tarde esto se rá realizado ahora por los arquitectos y muchos esfuer· zos se hacen ahora en varios Estados para llevar a cabo este resuftado tan deseado.

Se hace notar que hasta hace 25 años una mínima pa rte de nuestros arquitectos recibían una educación técnica y que en muchos de ellos sin embargo, la educación arquitectónica era de dudosa eficiencia. Ahora que existe un gran cuerpo de arquitectos que ejercen su profesión y de clientes ilustrados, la necesidad de una

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educación de facultad y de práctica profesional está casi generalmente aceptada. Muchos jóvene s ahora aspiran a frecuentar las escuela s porque se dan cuenta que ellas son mas propiae para enfleñar a verdaderos más que a dibujantes. En un futuro próximo casi no existirán arquitectos sin práctica, porque aunque las escuelas de arquitectura están lejos de ser perfect as · son sinembargo, el mejor camino (y esto lo saben bien} para llegar a un ejercicio coordinado y a una instrucción organizada en un tiempo limitado.

Su capacidad depende de condiciones generales, t ales como la cooperación que ellas aporten para elevar las condiciones de admisión y de graduación, depende de sus cuerpos de profesores, de los equipos y de sus edificios.

Los profesionales y el público deben mejorar estas condiciones como ha sido hecho en los casos de derecho y medicina.

CONSULTAS

Otra respuesta a la pregunta 1

La demora en publicar esta respuesta me permite algunas rápidas observaciones al margen de los comentarios hechos por A. B. C. en el número de ] ulio y por A. X. en el de Setiemb r e. Los juzgo neces arios, porque debatiéndose una cuestión legal, estimo que sólo la Ley y sus comentaristas autorizados pueden darnos Jas soluc iones, no las consideraciones personales.

Dice A. B. C refiriéndose al perjuicio que sufre una pared como consecuencia de las sobrecargas propias, que: no puede admitirse que ese perjuicio existe cuando primero se levanta una parte y luego h otra y no existe cuando el muro se ha levan tado de una vez en aquella misma altura total". Bien, si en ambos casos la pared se construyera en idénti c a forma y c ondiciones: pero, nunca se calcula, cimenta, construye y consolida una pared que ha de tener 20 mtr. de a.ltura y debe resistir 1as cargas normales de múltiples vigas y entrepisos, en igual forma que la de 4 mts. en la cual no se previeron pesos extraordinarios.

Luego añade, comentando el inc. 2.') del art. 577: no puede quererse decir c on eso que haya querido excluir los otros casos semejantes , que no hay mas remedio que resolver Por analogia como se ha hecho y se hace siem• pre ". Por casos semejantes debe entenderse aquí sólo los de alzamiento de pared medianera, únicos que se pueden considerar análogos entre sí, pero no con los que pertenecen al Art. 578 que son muy distintos como diré enseguida: y , en cuanto a crear por ana'logía pro c edimientos que la costumbre autori c e, creo sea peligroso e inútil en países donde el procedimiento está ya legislado.

Continúa: No admitir esto es aceptar que la le y establece una enorme c ontradi cc i ó n, como es la que re• sulta de que dos c osas completamente idén ticas produciendo el mismo perjuicio. se hacen completamente diferentes por el solo hecho de que se construyan tot a lmente en una sola v ez o par c ialmente en distin tas vec es". No hay tal enorme contradición, puesto que los casos son muy distintos. El Art. 577, sólo trata del alzar la par e d medianera. Lue g'o, y a existe una pared medianera: mientras que el Art. " 578 que dice: "Todo propi e tario " colindante tiene el derecho de hacer medianera la " pared en todo o en parte, aun sin consentimiento del " dueño, abonándol e la mitad de su valor actual, o la " mitad del valor actual de la parte que quiera hacer " medianera, y la mitad del valor del terreno en que está " edificada la pared". No existe pues pared medianera, que lo después de tldquirida la o

sea cuando ya habiendo cesado de regir este Art 578, puede comenzar a considerarse el 577.

Además, dice Guillot en sus Comentarios del Código Civil" T. 3.-De las servidumbres-pág. 249, Núm. 257: "El alzamiento de la pared es un derecho más extenso que el de ediHcar contra e71a. Cuando un condómino introduce vigas o tirantes en la divisoria para apoyar una construcción, no hace mas que ejercer su dere c ho de copropiedad, sin causar, en la generalidad de los casos, perjuicio alguno al otro condómino. Pero cuando se alza la pared medianera, no sólo utiliza todo el espesor de ella, sino que también alt era el estado de la divisoria que por su nueva altura puede quitar luz a Ja casa vecina y causar otros perjuicios. Esto justifica las reglas del art. 577 y que son las que debe observar el condómino que alce la pared medianera". _ También vimos ya que · el art. 578 prescribe para ta• sar el valor de la pared que se quiere hacer medianera, sólo su valor actual¡ mientras que el in c 7." del Art. 577, obliga a pagar la mitad del costo total de la parte nuevamente levantada. Como se comprende el costo de h pare d es g'en eralmente mayor que su valor actual, de modo que las disposiciones lega les ya referidas, siendo a este respe c to di stintas, dejan ver claram•ente como la ley en el Art. 577 se aparta del principio genera.l de que debe pagarse el valor actual de la obra que se adquiere y no su costo, lo que es una excepción.

Como A. B. C conc:Iuye transcribiendo un párrafo del HCours de Léegislation du Batiment" por E. Mulle y H. Tripier, pongo en guardia a los colegas sobre el relativo valor de opiniones extranjeras que comentan naturalmente sus códigos propios. El Mulle y Tripier que comprende eJ programa de Arquite c tura Legal de la Ecole de Beaux Arts de París, no siempre puede ser a c eptado en sus raciocinios y a que si bien en general los códigos se siguen unos a otros, muy frecuentemente están variados en sus detaUes o •modificados y completa dos por disposiciones locales: y precisamente, este Art. 577 del nues tro, ofrece diferencias muy grandes con los 658, 659, 660, sus correspondientes del C. Francés , que hace otras las consecuencias de ambos.

Re c omiendo en cambio los comentarios ante c itados de GuiHot, como de gran utilidad e interés.

En cuanto al caso que plantea A. X. se -r esuelve exclusivamente por el Art. 578 y a citado, pues se trata de una adquisición corriente de medianería: y, en lo relativo •a la pregunta particular que le formula a A. B. C. l a paso por alto, pues quedará respondida al final de mi artículo, no comprendiendQ ella únicamente re!}ide •• el

•

vailor que hasta cierto punto tien e el principio que defiende A. B. C. en su contestación'', que aca bo de comen· tar. ¡Cómo no se a un valor sentiment aJ.!

Sólo por propiedad de conce pto me permitiré insi· nuar a A. X. dos correcciones en su tex to, ya que carecen de otro mayor valor.

1." Considera el caso que plantea y lo cree posible si se tiene en cuenta la inestabilidad de las ordenanzas municipales". Entiendo que siendo un caso regido por el Código Civil saJe del dominio de las Ordenanzas Municipa•le..s, para pertene c er exclusivamente a la Legis· lación Legal de las Construcciones.

2." Dice al concluir: "Le parece al Arq. A. B. C. que esto es equitativo y que está de a cuerdo c on el esp1ritu de la ley?''. Entiendo también que no es necesario recurrir al esf,1ritu de la ley en caso tan claro, y sí directamente a la letra, al texto de la ley.

Respuesta a la pregunta de X. X. X.

B debe a A.

l. " La mitad del valor actual del muro A. G. H. D. E. F. que ocupa B con su nuevo edific io.

2," La sexta parte del valor del nuevo muro L. M. l. H. que B levantó sobre la parote D. E. F. K. ya exis· ten te; supue sto que la divisoria está construida sobre el terreno de ambos.

A debe a B:

La mitad de la parte D. L. M. E. que le falta al muro existente, para tener la altura de 3m00 que indica el C. C. a falta de Reglamentos.

Por consiguiente es un caso de diferencias de super• ficies y de va lores.

Como aclara ción a las dudas suscitadas con motivo de esta pregunta he creído útil y oportuno transcribir el párrafo siguiente tomado de la mencionada obr a de Gui· llot, pág. 283, núm. 296.

La retroactividad de la adquisición de la medianería debe entenderse en el sentido que queda indicado, (1) y no en el de que el nuevo condómino pueda ejercer todos los derechos que le habrían correspondido si hubiera sido copropietario del muro de sde que es te se cons· truyó. Supongamos que un propietario construye a sus expensas una pared divisoria de muchos metros de altu· ra, y que el vecino pretende adquirir la median ería hasta

( 1) E s t e se ntid o es el que estab lece la absoluta iguald ad (le 1 l e.r e:eoh os ent'l'e los c o ndómi no s, s it> m p r e q ue por 'Pl' esc ri poló n o po", t í tul o e-1 l'lllleño prim i tivo <le la pat·efl n o haya adqui ri do C'l l.('l't-0h o el e mantenet· en alg'unn o]).ra

tres metros : ¿podría e&te aiegar eri compensación de lo que debe pagar, la sext a parte de lo que valga la pared super ior, fundándose en que si él hubiera sido con dómi· no ar l levantarse el muro, habría tenido derecho a esa indemnización, d e acuerdo con el número 2. o del Art. 5777 Hay quien sostiene la afirmativa, que, a nuestro juicio, es evidentemente infundada. El Art. 577 prevé el caso de que se alce una par e d que es en parte medianera, y al obligar al pago de la sexta pal'lte de lo que V'alga la nuevamente levantada, lo que quiere es indemnizar al vecino por los perjuicios que sufre este como condómino de la divisoria. En el caso supuesto, al constl'luirse la pa· red, su propiet ario ha hecho uso de una facultad absoluta en el sentido de que no es•taba obliga do a indemnizar al vecino que no era entonces condueño del muro. Siendo esto así, no se con cibe que la venta de la medianería produzca el efe cto de convertir en acto indemnizable lo que no fué más que el ejer cicio de un derecho (Art. 1295). Por otra parte, la s con-secuencias de la que re· futamos serían inadmisibles. El vecino podría hacerse c ondómino de una parte de la pared sin pagar nada, aleg' ando la compensación de que se trata; lógicamente habría que sostener, confor me a esa opinión, que si la sexta parte del valor de la pared superior .importara más que la mitad del precio de la parte inferior que quisiera adquirir el vecino, é ste, no sólo se haría medianero sin pagar nada, sino que aun tendría derecho de cobrar la diferencia que resultara a su favor entre dichas callltidades, lo que sería eviden temente absurdo y contrario al texto y al espíritu del presente artículo. La interpretación que refutamos, daría, además, otro medio fácil de burlar la ley en perjuicio de los dere chos del dueño primitivo de la pared divisoria, puesto que el vecino que quisiera hacerse condómino de toda ella, empezaría por comprar la pal"te inferior de la misma pared, para poder así ale· g'ar la compensación, y luego adquiriría el resto, de modo que sería copropietario de todo el muro pagando menos de lo que establece la disposición que comentamos.

En definitiva: la adquisición de la medianería en el caso supuesto, se rige exclusivamente por este artículo (578); el anterior supone que la pared elevada o recons• truída es ya de co-propiedad de los vecinos. Por lo de· más, es claro que al fijar el precio de la parte mferior de la pared, los peritos tendrán en cuenta el menor valor de eUa por el aumento de peso qu e soporte, pero pres· cin diendo de lo que dispone el número 2." del artículo 577

CASA DE LOS EJERCICIOS

TRABAJO DE RELEVAMIENTO TOPOGRÁFICO

BRA de valor artístico relativo, pero histórica· mente grande, lo constituye la denominada Casa de Ej.ercicios, por pertenecer su construcción a una época señalada en los anales de nuestra Historia. Su construcción ha sido llevada a cabo durante un largo período, como sucedía con •la s obras de la época aún las de escasa importancia, como ser la primitiva Matriz, d ebido a la escasés de recursos con que conta· han los gobernantes y la pob:lación.

La época de su edificación se remonta a los princi· pios del siglo XIX en que el Cura Párroco de la Matriz, Don Juan José Ortiz, se propuso construir una Casa de Ejercicios Espiritual-es que reuniera mayores comodidades que las construidaB anterior.mente, constituidas por unos cuartos cuyas paredes er an de piedra y techados de tejas. Al efecto, comienza en -el año 1803, la cimen· tación del edificio, y en el año 22 en.contrábanse cons· truídas las primeras celdas al Sur, con el correspondien· te zaguán que servían ya, para los ejercitantes. La obra se llevó a cabo, como se vé, en un período relativamente largo, y de la manera siguiente: en 1803, hiciéronse los cimientos, en la esquina de las caJles de San Carlos, y Santo Tomás, hoy Sarandí la primera y Maciel la última, empesándose la construcción con limosnas colectadas • por el Párroco citado. Encontrándose la obra a fines del año 4 poco adeiantada a causa de la falta de recursos. el Cabildo le asignó la suma de 1.167 pesos para continuarla. El año 8 la auxilió nuevamente con mil pesos, para que se llevara adelante la obra, la cual había sido interrumpida durante la ocupación de la plaza por los

1 • mgleses. En el año 11 volvió a interrumpirse, a c on· se c uencia del primer asedio de esta plaza por los patriota-s: y la ausencia del Cura Ortiz, que acusado de insur• g ente, tuvo que aban-donar la c iudad.

La obra no volvió a continuarse hasta los años 17 o 18 con nuevas limosnas y fomentadas por el Presbítero don Manuel Barreiro.

En el año 22, las paredes tenían como 3 varas de altura en todo el cuadro que ocupaba el e difi c io y como q ue d a dicho, construidas las c eldas del Sur y zaguán de ejer c icios.

Otr o a c onte c imiento que acreciénta el valor históric o de esh casa, e s el de haber servi-do de cede en el año 1826, a los Gobernantes de la época, que la ocuparon c on la promesa del pa go de alquiler, cosa que no ·se realizó según documentos de la pe ro posteriormente el Gobierno Patrio, veló por la perfe cc ión de la obra, dotándola de la Capilla para lo s ejer c i c ios divinos, ha c iendo c onstruir además al lado un pequeño oratorio o capillita c onocida por la del Señor de la Humild a d y Paciencia.

Más tarde, c uando en los días de Julio de 1849, se c elebrada con toda solemnidad, el decimonono anive r sa· rio -de la Jura de la Con stitución, se contaba como primer elemento entre los festejos, la inauguraci ó n, en la Casa de los Ejercicios, de la Univer sidad Mayor de la República. Mas tarde estable c ió s e a.Uí la F a c uh a d de Medicina, por su ventajosa posición, en las cer c anías del Hospital de Caridad. Desde esta fecha, ha s u frido en g eneral modificacione s ta nto l a cap illa c omo el r esto d el edificio.

Hoy no existe la b ó veda que cubría la nave de dicha c apilla, cuya forma puede advertirse por el resto de la de c oración mural existente. Los muros son de ladrillo en su totalidad. La capilla conserva su vistos:> pavimento de mosaico español qu-e fué en c ontrado debajo de un sobre piso de ladrillo. Muchas partes del edifi c io han sido modificadas y aberturas que hoy se hayan a la vista, habían sido tapiadas. Falta de la CapiUa la anti g ua p u e r · t a de acceso que da a la hoy calle Sarandí y que se supone sea una existente en la Unión, por la decora c ión que la c aracteriza.

Montevideo, Octubre 21 de 1921.

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Secretar io y Adm inistrador: Perfecto Ló pez Campaña

Núft\ERO XLIX

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La Arquitectura Hacional de Chile- Arqto Rodotro Amargós.

Un museo Arqueológico para la Ciudad oe ffiéjico - Arqto. frarH:isco

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pOSI e a ormac1on e una

Arquitectura Americana?

(Trabajo pwesentado al Primer Congreso Pan -Americano de Arquitectos celebtrado en Montevideo del 1 al 7 de Marzo de 192.0)

SU MARIO

¿Qué .se entiende por arquitectura amer icana? ¿Existe una american a? Adapta:ción de la a rquit ectura al medio americano. Cond i ciones peculia r es de cli.m a, m •a:tetiales, razas, cost'Uimlbres.

La independencia po líti ca. económica, intel ectual, artrstica. ,obstáculos que oponen a la formación de una arquitectura a.merilcana L a eur opeización. La obsesión :del esUlo La simulación. Med ios extraviado& p ara formar una arquitectum ame ricana. El desconocimiento del pasado. L a arquitectura pre-colom.bia.na. L a he rencia del -coloni aje. E l exotismo. La arqueo.log ía, E 1 l futurismo.

.Medios que conducirAn a formar la arquitectura -ame r icana. La simplicidad. La verdad. E.: bue n uso oe los mat:J')riales d e con,struc:oión. Aoaptación M med io. Armonía con la na:turaleza. La espontaneida'(]. La ornamentación reg ional.

Papel .del Nu evo Mund o en la, civilización La personalidad d e los pueb.Jos en J.a arquitectura. El porve n ir <le la. arqu itect ura a merica na.

'' Toda a lma nacional es una agru pac: ión de e lem e ntos ord enada se gún un ritm o que, ni tiene preced'entes en tlo creado, ni se r.ep roduc irA jam{l;s, una vez roto aquel Inefable co nsorX!io. Mantener es t a. perso nalid!l!d es la epope ya i deal de lo s pneblos

Jos é Enriq11 e Rodó.

Ca da día que transcurre adquiere mayor claridad el papel eminente que el porvenir reserva en el desarrollo de la civili7ación al continente colombiano. La universal conti.en da que acaba de terminar ha puesto en evidencia que para la marcha de la historia ya no es posible dejar de contar con el concurso de América. Las viejas naciones europeas comprenden que los estados americanos repre· sen.tan un valor positivo en el concierto general del progreso humano.

Por consiguiente. no está fuera de lugar en un Con• greso Pan Americano de Arquitectos el estudiar la cuestión que sirve de tema a este ensayo. a fin de dilucidar cuá• l es el aporte que el continente de Colón puede y debe llevar a la evolución de la arquitectura.

Al referirme a una arquitectura americana. no quiero decir -que en todo el continente pueda llegar nunca a existir una arquitectura uniforme. La diversida,d de pueblos y costumbres. la diferencia en los materiales de construcción, la variedad de climas, harán forzosamente que la arquitectura ofrezca caracteres distintos en cada una de las regiones del dilatado continente que extiende sus extremidades hacia a mbos polos de la Tierra. Esas divisiones comprenderán en ciertos casos territo• ríos que, perteneciendo a naciones diferentes, estén vincula dos por algunas condiciones comunes. Otras ve· ces, por el contrario. un mismo país estará dividido en varia s comarcas en cada una de las cuales podrán formar se tipos locales de arquitectura.

Entendido en esa acepción. el término "arquitectura americana que se empleará en este ensayo. significa el conjunto de las diferentes modalidades arquitectónicas que, de acuerdo con las características propias de cada una, podrán formarse en las diversas regiones del Nuevo Mundo.

Fijado concretamente el alcance del título del pre• sente tra bajo. surge de inmediato una cuestión previa: ¿Hay actu"llm ente una arquitectura que pueda llamarse americana?

La respuesta Existen. sin duda.

• ha de ser necesariamente negativa. algunos casos originales de edificación genuinamente america na. P.ero son ejemplos aislados que, como las casas de campo en California y otros aná•logos • sirven para afirmar con la autoridad indis cutible .de los hechos. la posibilidad y 'las ventajas de la formación de una arquitectura adaptada a las condiciones peculiares de la América.

Al obs ervar, empero, el conjunto de la edificación contemporánea en el Nuevo Mundo se nota en todas partes la tendenc-ia irresistible a seguir ciega mente .las corrientes tran satlánticas. La europeización •• es la palabra de orden, a cuyo cumplimiento se sacrifican sin ningún escrúpulo las cualidadee positivas que constituyen la hase de Ja arquitectura.

En el transcurso de las edades la arquitectura ha sido condicionada por las circunstancias exteriores • .las cuales, al variar en las diferentes com arcas y en las distintas épocas han dado origen a la diversidad de los estilos que la s generaciones han dejado a sus sucesores como jalones inmortales de la marcha de la humanidad a través de los • hempos.

Y puede observarse una circunstancia digna de destacada por las fecundas enseñanz as que de ella se derivan. Un estilo cualquiera resulta tanto más valioso, tanto más bello, cuanto mejor se pliega a las exigenc-ias del progra ma local. Cuanto más fielm ente se ad a pta a las c ondiciones del medio ambiente. No de otra manera resulta más hermosa el ánfora cuando la arcilla se presta con mayor docilidad a adquirir la forma que le imprime el alfarero.

La historia provee en abundancia Ja contraprueba, porque siempre que la arquitectura ha concebido obras de capric ho, sin vinculación con el lugar ni con el tiempo, la decadencia no se ha hecho esperar. Aun en aquellos ca· sos en que el talento o la habilidad de un hombre ha conseguido realizar una obra agrad-able y atrayente, es inne• g'able que pierde ésta g'ran parte de su valor al con•templarla en el medio en que está colocada. Es evidente que se habría obteni do un resultado harto más bri.Ilante si la labor ma.Igasta da en ejecutarla se hubiera empleado en resolver los datos del programa local con la sinceridad característica de los g'randes estilos de arquitectura.

La arquitectura de América, para ser realmente bella, para no limitarse a ser una simiesca, sin alma y sin carácter, de los estilos extranjeros, ha de ser una interpre,tación racional de las condiciones particulares en que se plantea para las diversas comarcas americanas el problema de la construcción.

América abarca en su territorio todas las zonas. En su suelo existen los accidente s más variados. Esta diversi•dad de configuración se traduce en una desi· g'ualdad correlativa de climas, de paisajes. de ambientes,

a cada uno de los cuales conviene un tipo determinado de edificios.

El suelo americano posee riquezas inmensas en materiales de cons-trucción, muchas de ellas desconocidas o mal aprovechadas aún por sus m -ismos habitantes. Esos al ser utilizados en la e dificación deben imprimir a é sta el &eUo propio de su carácter.

A pesar de lo mucho que se ha hablado sobre •• el prejuicio de las razas", no puede negarse que, dentro de la gran familia humana, existen grupos que poseen características diferenciales de los demás. En nuestro continente, a despecho de las afinidades de origen que tienden a aproximar a muchas de la s naciones americanas, hay una evidente caracterización de cada una de sus poblaciones, y aun dentro de un mismo país se presentan a veces distinciones bien notorias entre los habitantes de unas y otras provincias. De aquí se origina una diferenciación de mentalidades, de idiosincrasias, de costumbres, de id eales, que han de traducirse en la arquitectura creada por los pueblos de acuerdo con sus necesidades y sus tendencias.

Todas las naciones americanas, después de un período más o menos prolongado, han llegado a alcanzar su independencia. Esta independencia para ser com,pleta no puede limitarse a la simple emancipación política. La faz política es, sin duda, la más fundamental, la que primero reclaman los pueblos cuando nacen a <la vida de las naciones. Pero h emancipación no es completa, sino se realiza en todos sus aspectos,-si no se consigue también la independencia económica, intelectual y artística.

La independen cia económica no ha podido ser obtenida en forma completa más que por los Estados Unidos. Las demás naciones americanas viven, en mayor o menor grado, entregadas a la tutela económica del eXItranjero y esta situación, aunque se va modificando graduaimente, ha de persistir todavía por mucho tiempo.

No puede negarse que en el dominio de la ciencia. la América ha realizado grandes progresos. Sobre todo en algunos de sus Estados la ciencia.-en sus múltiples manifestaciones,-tiene vida propia, cultivada como está por cerebros estudiosos y voluntades tenaces que luchan sin descanso contra la indiferencia y la hostilidad del medio am biente.

En la parte literaria. aun cuan do las corrientes de ultramar tienen influencia preponderante, la producción autóctona no puede ya ser pasa•da en silencio. Existe desde hace tiempo una vigorosa literatura americana que se desarrolla lenta pero seguramente y que ha entregado a la fama mundial muchos nombres inmortales.

Las letras. por gozar de mayor libertad, son siempre más precoces que las artes. Así se explica que el arte de América vaya r etrasa do en comparación con su literatura. Sin embargo, existe un arte americano que ha dado fru· tos promisores y que marcha con paso firme a la con· quista del porvenir.

Por desgracia, no puede decirse lo mismo de la artronco y sustento de Jas bellas artes, que yace bajo el dominio del yugo extranjero. En vez de adaptarse al ambiente, en lugar de satisfacer las necesidades y los gustos locales, se dedica a copiar •ervilmente los modelos de ultramar, muy hermosos. sin duda alguna,

pero concebidos para otros pueblos. para otras tierras. para otros cielos que no son los de América.

En los cuentos legendarios que viven en los recuerdos de la infancia. el hijo del rey tiene que vencer formidables obstáculos para poder liber-tar a la princ esa en· cantada. No menos poderosas son las ligadura-s que mantienen prisionera a la arquitectura de América, y le impiden levantarse a llenar sus grandes destinos.

La civilización de nuestro continente es descendiente directa de la europea. Los lazos que la unen a su madre, aunque menos estrechos en la actualidad, se mantienen aún naturalmente en pl eno vigor. En arquitectura la influencia europea es preponderante y excluyente. Un edificio cualquiera, según el concepto corriente, tiene que remedar con la mayor exactitud aparente a los modelos europeos, y el grado de su belleza estará en razón directa

'' . , ,, con su europetzacwn

Los arquitectos americanos no pueden de ninguna manera despreciar las f ecundas lecciones que sus colegas del Viejo Mundo entregan generosamente a su admiración y a su estudio. Pero este respeto agradecido por las enseñanzas recibidas de los maestros, presente6 o pasados, no debe llevarlos al aniquilamiento de toda iniciativa propia, sacrificada implacablemente en aras de una imitación rastrera que es la negación misma del progreso en el arte.

Por otra parte, es necesario para el público, que el edificio pertenezca a un estilo determinado. Según las épocas, la moda o el capricho imponen el rena cimiento francés o italiano, el Luis XV o el Luis XVI. el "art nou· vea u", los •• chalets •• suizos o normandos, los •• cottages ingleses. etc.

Así como en el mundo del pensamiento no puede concebir&e un hombre que piense por cuenta propia, sin estar rotulado y clasificado dentro de uno de los innume· rables ismos" en que está dividido el terreno de las ideas como otros tantos predios separados, así tampoco se concibe una casa que no esté clasificada den-tro de un es tilo más o menos supuesto.

Ese pie forzado del estilo es otro escollo formidable que mantiene bloqueada a la arquitectura de América en los bajos fondos de la impotencia y del plagio.

La vanidad, - no la noble altivez del que posee el fruto de su propio esfuerzo, - sino la ostentación del "rastaquére ''. es también un grave im.pedimento para la emancipación de la arquitec-tura americana. No pudiendo, o no queriendo emplear materiaJes nobles, preferimos simularlos con artificios indignos que bastardean la serena pureza del arte

Para llegar a la formación de una arquitectura americana no se han de poner en prá cti:ca procedimientos extraviados que llevan a resultados completamente opuestos a los que se persiguen.

En primer lugar, la arquitectura no puede olvidar las lecciones del pasado. Todo lo que ha sido hecho por nuestros predecesores: sus ensayos, sus aciertos, sus errores, sus fracasos. forman un caudal común, fuente perenne de inspiraciones y de enseñanzas. Prescindir en absoluto de la tradición, bajo pretexto de innovación, es

• ARQUitECtuRA

un error que conduce a la esterilidad y al extravío. Sería, como dice Ortega y Gasset refiriéndose a otro tópico semejante, "ensayar vanamente una indigna postura de cinocéfalo

El arquit ecto ha de proceder como el hombre de ciencia que confirma, rectifi c a o perfecciona los estudios de sus antecesores, sin nunca, por el con· trario haciéndolos servir al mejor éxito de sus investí• gac1ones.

Tampoco está la buena nueva en buscar la fórmula perdida de las arquitecturas precolombianas. ¿Qué puede haber de común entre nosotros y esas manifestaciones primitivas de un arte indígena, concebidas por otras razas, para otros estados rudimentarios de civilización, pa· ra otras épocas ya remotas 7

Sería también un error plagiar sin contralor alguno las construcciones del coloniaje. Estas propor c ionarán datos interesantes, y en aquellos casos en que existe una verdad era adaptación al medio, podrán indicar un camino digno de ser seguido, más .bien en su espíritu que en sus detalles. Pero sería una ingenuidad pueril creer que s e llegará a la formación de una arquitectura al repetir sin discernimiento los viejos modelos coloniales y cal c ar hasta sus imperfeciones o sus errores propios de una época atrasada, escasa de medios y de recursos.

Ni menos ha de bus carse la fu ente de la nueva arquitectura en las extravagancias morbosa s de la fantasía y del exotismo, flores malsanas que guardan como la adormidera en el seno de sus corolas fascinantes la • ponzoña y 1la muert-e.

Hay que prevenÍr se tam1bién contra dos tenden c ias diametralmente opuestas que, por proceder a m bas de un mismo origen, son análogas en el fondo. No en vano se ha .dicho que nada hay tan parecido al anverso de una medalla como su reverso. Me refiero a la moda de las antig üedades y del futurismo, -a ese e stado de espíritu en que sólo parecen buenos los modelos cubiertos con el polvo de los siglos, - o, por el c ontrario, que no concede patente de belleza más que a las cosa s que son totalmente extrañas y opuestas a las existentes.

Con frase lapidaria ha dicho Rodó: "'Tan irracional como J a pasión .de lo viejo que considera buenas las cosas tan solo porque tienen a su favor los prestigios de la tra· dición, es pasión d e lo nuevo que las considera buenas sólo porque tienen a su favor los prestigios de la novedad".

Circunscrito de esa manera el campo de los recursos que servirán a la formación de la arquitectura americana, separada de la cizaña falaz, el trigo generoso y fecundo, cabe plantear ahora el problema en su forma posi• • • hva y vtvten te.

La arquitectura americana no debe tener su fuente ni en la negación absoluta del pasado, ni en la resurre cción del primitivo arte aborigen, ni en la s seducciones del exotismo, ni en el culto fetichista de Ja arqueología, ni en las fantasías enfermizas del futurismo.

La formación .de los estilos no es un hecho imprevisto ni aislado. La arquitectura está en perpetua evolución, impulsa da por los medios que •condicionan su existencia : tradiciones, costumbres, materiales, clim.as. Jamás ha surgido un nuevo estilo del cerebro de un hom.bre como Palas Atenea de la cabeza de Zeus omnipotente. El genio podrá dirigir o adelantar la evolución de la arquitectura,

pero sería incapaz de Ím •provisarla. Sus transformaciones son lentas como las de la naturaleza y amenudo reclaman la labor de muchas generaciones. Pretender crear de . .. Improviso una arquitectura amencana es un sueno qut, men e o.

La arquitectura de América no se formará por la realización de hechos extraordinarios. Su nacimiento n o será señalado por ningún prodigio como los que saluda· han a los héroes antiguos en su cuna, a guisa de presagio de sus futuros destinos.

Los medios para llegar a la formación de la arquitectura americana serán bien simples, bien sencillos. No digo fáciles''. porque lo más simple suele ser precisa· mente lo más difícil, pero serán de una absoluta simpli• cidad: ad augusta per angusta".

El pri'l1ler medio será la lámpara que encendió Ruskin a la entrada del santuario de .la arquitectura: la verdad. La verdad en todo y ante todo. La verdad en el empleo de los materiales, en la interpretación leal del programa, en la adaptación al medio, en la satisfacción de las necesidades locales, la verdad en la distribución y en la construcción, en la decoración y en la comodidad, en el exterior y en el interior.

Basta y a de mistificaciones y de fraudes. Depuremos esa atmósfera de mentiras convencionales que deforman y alteran las línea s puras de la belleza, defini da por el filósofo griego como el esplendor de lo verdadero.

Para cohonestar ta ntos atentados como se cometen contra d sentido común y el buen gusto, no nos excusemos con el pretexto de que los malos materiales exi· gen un disfraz que los disimule. Un material rico y noble es por cierto una cualidad valiosa, una ve ntaja inapreciable para el arquitecto. Sin embargo todos los materiales son bastante buenos si se saben emplear con acierto. Es muy bello, sin duda, levantar un Partenón de mármol pero también es her mosa una catedral de ladrillo como la de Atlbi. Magníficas son las bóvedas de ojivales, pero son también seductoras las b ó vedas de yeso de los palacios árabes.

Tomemos los materiales que nuestro suelo o nuestros medios nos proporcionan. disponemos de mál"!moles y de bronces exornemos con ellos lo s edificios, pero no cometamos la torpeza de falsificarlos con burdos artificios. Si no tenemos piedra, hagamos las casas de arcilla, que no de otra cosa hizo Dios al hombre. Sea cual fuere el material que la suerte nos depare, utilicémo.slo con lealtad, pongamos a contribución su valor, y el resultado nuestra sinceridad. ¿No es más hermosa, acaso, una humilde conchilla de nácar que todo un collar de perlas falsas 7

Seamos también hombres de nuestro tiempo. Que nuestras moradas sean construídas, no para la ostentación vana y estéril, sino para la comodidad y el re poso de sus habitante s. Que estén en armonía con nuestras tradiciones, nuestros gustos, nues tras aspiraciones. No sacrifiquemos jamás al prurito del estilo o del fac-símil las condiciones e senciales del "confort.. o de la higiene. Sea nuestra guía la razón y la belleza, y no la ley inconsciente de Panurgo.

Hubo un tiempo feliz, - hoy ya lejano, - en que la vivienda del hombre estaha hec ha de acuer do con el clima. A cada reil'ÍÓn correspon día un tipo de edificación, como a cada zona una categoría de plantas. Las casa s no

entonces un en medio de la natura• leza, sino que armonizaban con ella hasta el punto de parecer tan arraigadas al suelo como los árboles y las peñas. La obra del hombre y la de la naturaleza se completaban como las estrofas de un mismo himno, como las notas de una sola sinfonía.

El "snobismo'\ el espíritu de imitación, la atracción de lo exótico, destruyeron ese estado de cosas. Hoy la construcción nos ofrece en un mismo lugar las más variadas muestras de edificios y las más peregrinas incongruencias. Los agudos piñones que claman por las tempestades septentrionales alzan su silueta circunfleja hacia cielos tibios y serenos. Las sombrías mansardas coronan las casas en ciudades donde la nieve es desconocida. En una palabra, la edificación, en vez de responder a las exigencias locales, en lugar de ser un exacto reflejo del ambiente, es una resultante artificial de la frivolidad y del capricho

Como un cuadro que se colgara indistintamente en cualquier lienzo de pared, así la casa es concebida para ser ubicada en un paraje cualquiera, lo mismo en la ciudad que en el campo, en la playa que en la montaña, en las zonas frías que en los trópicos.

Por ese c amino se lograrán fáciles triunfos entre los ignorantes y los que no tienen otra ley que la de la moda, tanto más tiránica cuanto más irracional. No es esa, sin embargo, la senda ha de seguir la arquitectura americana si quiere ser digna de ese nombre, si ha de representar el alma de una raza, si aspira a hacer obra perdurable, en armonía con el suelo, con el ambiente, con el cielo de América.

Hay que abandonar todo parti-pris", todo rebuscamiento. La espontaneidad, la sencillez, la naturalidad, han de constituir el numen inspirador de la nueva arquitectura. No pretendamos crear una fórmula original,-no imaginemos revolucionar el arte,-alejemos la obsesión deprimente del estilo.

Seamos pura y simplemente los fieles intérpretes del programa. Dentro de la mayor sinceridad realicemos ese programa con los datos que nos proporciona el medio ambiente y al consagrar nuestro esfuerzo a la solución de ese problema no a c ari c iemos ningún "arriére pensé e", Cuando los maestros d e obras del siglo XI se pusieron a reparar las iglesias destruídas por las invasiones nor· mandas, se aplicaron sencillamente a resolver en la me· jor fol"ma posible el problema entregado a su inteligencia, sin pensar en nin gú n momento que c reaban un nue-vo estilo de arquitectura.

La nueva fórmula de arquitectura surgirá por sí misma, con la naturalidad con que el árbol brota de la simiente con sólo emplear en su formación las cualidades esenciales de la arquitectura. Por ese procedimiento que, como la línea recta es el camino más corto y más seguro, se llegará a conquistar, como dice Guadet •'la ecuación perfecta entre la solución y el programa, que es en la más amplia acepción del concepto artísti c o, el elemento cierto del carácter, la prenda de la originalidad",

se ha hecho uso y abuso en el viejo mundo. Calcados córl mayor o menor fidelida d, constituyen todo el repertorio decorativo de los edificios americanos.

El yugo de la moda, - c ontra el cual nunca se protestará bastante, - la facilidad que proporciona al proye ctista un "stock" bien provisto de toda clase de motivos, han impedido que se pensara nunca en abandonar caminos tan trillados. Tiempo es ya de reaccionar contra esa ru· tina, para poner a contribuci ó n la propia inventiva y reemplazar los socorridos moldes que nada dicen al alma • amencana.

La fauna y la flora del c ontinente, -a la que se po· dría agregar todavía el reino mineral,- abren a la inspiración decorativa un vasto c ampo inexplorado en la a c tualidad. Millares de formas, c ombinaciones infinitas de c o· lores, plantas y flores magníficas, hermosos ejemplares de animales, todo un mundo nuevo se ofrece pródigamente a la originalidad de los artistas.

El día en que éstos consagraran sus talentos a interpretarlo y estilizarlo, la arquitectura americana realizaría una conquista invalorable. En lugar de repetir mecánic amente los gastados elementos transo c éanicos, la de coración de las c asas podría entonces basarse en motiv o s regionales, que unirían a su originalidad el mérito de armonizar con el ambiente, de vibrar al unísono con la naturaleza circundante, de hablar al sentimiento con la eloc uencia irresistible de las c osas que nos son familia r es y q ueridas.

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Cuando, en una alborada por siempre inolvidable, el navegante genovés vió desde el puente de las carabelas • c astellanas sur g ir del seno del Océano el continente americano y el Nuevo Mundo q u edó in c orporado al movimiento de la civil i za c ión, ¿lo fué acaso para que en su suelo se repitieran indefinidamente las mismas aspiraciones, las mismas tendencias, las mismas tradi c iones acariciadas p o r el antiguo?

Los q ue tenemos fe en el porvenir de América, c reemos, por el contrario, que, - sin renegar de todo lo que somos deudores a la madre Europa, - sobre la tierra virgen del continente de Colón deben alentar nuevas orientaciones, nuevos ideales que completen con facetas no c onocidas el diamante del progreso que la humanidad v a tallando lentamente con el esfuerzo incesante ,de las ge• nerac1ones.

En el suelo de América ha de formarse una te c tura que sea el fiel reflejo de sus condiciones y • arq u lcara cteres, el exponente acabado de sus sentimientos y de s u genio. Si los pueblos americanos poseen una personalidad propia, si en su vida alienta un espíritu que sea la raz ó n de su existencia, es ne c esario que en su arquitectura quede grabada su huella inconfundible, como lo ejecutaron todas las razas que pusieron el sello de su alma en la erec c i ó n de sus monumentos seculares.

La decoración en América no ha hecho por lo general más que repetir indefinidamente los modelos ya conocidos. Los elementos ornamentales son los mismos de que

"Toda alma nacional es una agrupación de elementos ordenada segí m un ritmo qu e , ni tiene precedentes en l o creado, ni se reproducirá jamás, una vez roto aquel inefable consorcio. Mantener esta personalidad es la epop ey a ideal de los pueblos". ¿Y dónde podría afirmarse e sa personalidad con mayor fuerza, con más perdurable vida, con mejor elo c uencia, que en la arq;.•ite..: t ura, esa epope y a de piedra, de ar c illa o de hie r ro en que la humanida d va

ARQUITECTURA

señalando las etapas de su existencia a través de las revoluciones de la historia?

Para lleg·ar a la formación e n América de una arquitectura americana confío en las fuerzas inmanentes que guían la del arte. Espero también en la virtud contagiosa del ejemplo que arrastrará la voluntad, ho y contraría o indiferente del públi co , una vez que alcance a • gustar el dulce sabor del agua tomada en u n vaso pequeño, co mo el del p oeta, pero en un vaso propio, libre de toda extraña adulteración.

Confío sobre todo, e n la labor entusiasta de las nuevas generaciones de arquitectos, de los que sienten en su espíritu joven la atracción i rre sistible de los grandes ideales.

Por eso, creo que no es u na engañosa quimera pensar que llegará un dí a en que, de un extremo a otro del mund o de Colón, florecerá, vigorosa y pujante, una arqu ite c tura americana, adaptada a las condiciones regionales de cada una de las comarcas del c ontinente.

La Arquitectura

t:;n la c x citad<J dt'l arqu itE>cto rtu e Yia.ia. bi e n se confun( ]{'11 l a pe r cepción fijativa <lf' 1111 sig no t;"Xis tent a con l a irnag en virtual d e l as diV<lga,oiones espirituale s y !:asta solem os su frir el mi r ajc d E' t r astrocar unas y otra-s. Yo 11 0 sl7! pu <> s s i cuan to digo aq uí l o h e v i s t o: o o h <-> pensado tan sólo de!' e !\n<lolo Yivamente.

Como se llega a Santiago de noche nos libramos en· tonces de conocerle retazos. Y la primera impresión' la tenemos de su co njunto, desde las torres de la Catedral o el mirador del Santa Lucía, o tre pando decididamente hasta la cumbre del San Cristóbal.

Todos son bueno s puntos de mira para quien quiere orientarse y co menzar a bus car Y ha y que convenir que en Santia go se encuentra mu y fácilmente.

Si elegimos pues el vértice que forman la Alameda y el Parque For estal en la P ,laza Italia y nos internamos alejándonos de ella en la espesura de las viejas call es, a buen seguro que hemos de detenernos co n frecuencia atraídos y fijados por multitud de restos de la arquite c• tura anhgua.

Es la tradici ó n española que se nos manifiesta en to• dos esos pequeños signos de lo que fué c iudad colonial y que salpi ca n de interés y variedad co n lo pintoresco de su arquitectura a las manzanas uniformes y monótonas que co nstituyen la característica e n e sta co mo en casi todas las ciuda des sudameri ca nas, del amanzanamiento español del co loniaje.

Pe ro aquí, en est e ri n có n, todavía como detenido en su c arácter, se tuercen sin or,den sus ca lles estr echas, que se curva n e interrumpen añadiendo variedad e interés a esas galerías voladas con columnas y alero de tejas de desusadas dimensiones, a los balcones corridos de barrotes espesos forjados co n habilidad, a las puertas macizas co n sus herrajes visibles y sus vichaderos enrejados. A toda esa elegante sencillez que fué car acterística de los constructores primitivos que tan bien Supieron ar monizar

Es a arquitectura, en perpetua renovación como todo l o que posee vida propia, ajustada con inefable armonía al ritmo sagrado de la naturaleza, será la represen tación ge· nuina de la raza, la vibración auténtica del alma nacional que, animada por el soplo creador del arte, el genio de la América entregará lleno de co nfianza a la sanci ó n del • porven1r.

CONCLUSION

EL I CONGRESO PAN· AMERICANO de ARQUITECTOS formula un voto para que, por la fiel interpre· tación del pro gra ma local, por la lógica adaptación al me· dio ambiente, p or la aplicación de una ornamentación regio nal. los arquitectos del continente propendan a la for• mación de una arquitectura a mericana que sea en cada lo ca lidad la traducción de su carácter, el complemento ar· m o nios o de la natural eza, la expresión genuina del alma de la raza.

Román Berro, Profes or adjunto de Teoría del Arte en fa F acuitad de Arquitectura.

NaCional ·en Chile

su vi gorosa y simple arquitectura co n el marco pintoresc o de las ca lles recortadas para crear ese ambiente que hoy n os deleita porque al pasar y observarle, creemos encon· trar un espíritu, como un alma aprisionada que todos com• prenden.

Per o este est ilo que co menzamos a admirar en tan genuino rincón de Santiago, lo hallamos disperso y como diseminado para salpicar de un recuerdo repetido a la ciuda d entera: y lo hallamos en plena plaza de Armas, ce ntro de la ciudad, y desde ella si nos dirigimos hacia su.s extremos, sin que nos detenga el Mapocho, el río que corre entre represas, para internarnos hasta los barrios co mpli cado s de su margen opuesta.

Iremos viendo entonces multiplicarse las casas y re· petir-se esas fachadas ya tan conocidas; más nos admira· rán otra vez sus portales barrocos y sus balcones de sos· tén robusto. V eremos los edifi c ios administrativos, la Casa de la Moneda con sus des co ncertant,es balaustres gran· des como hombres, y los templos admirables de murallas austeras y artesonados escalonados, como la augusta gran· deza de las serenas torres de Santo Domingo.

Santiago es así como la corte de una tradic-ción y un es pírit u que el pueblo chileno ha conservado y mantenido latente al través de los años con respeto de idolatría, y es tan vivo el arraigo de esta tradicción y de ese sentÍ· miento que pudo ser en un principio interés histórico, que el sentir de la patria aviva y fortale ce , que hoy ya es un es píritu, una modalidad y el ca rácter en que se expresa un arte que ha hallado lo nacional en el culto de su pasado. Porq ue co n tra la dominante y banal uniformidad de la arquitectura de ahora, que en todas partes se re pÍte y s e y ergue expresándose por iguales elementos y procedimien· tos análogos, estas casas españolas con tradición, con be· lle za y con virilidad hispánicas, se destacan tanto, dominan tanto, interesan tanto, que entre los macizos intermina· bles de los blocks arquitectónicos, ellas son la nota pinto·

ARQUITECTURA

resca de arte y de intensa emotividad que halla el arquitecto artista en su peregrinaje investigador.

Y o no diré pues que por su sentimiento, su estructura, ni su origen lleguen a ser una forma de expresión artística genuinamente nacional. un estilo pero sí puede ya aceptarse que así como hemos asimilado de los conqui1tadores una lengua, una religión y una idiosincrac ia que hoy ya son c omo patrimonio americano, así los c hilenos han añadido a sus caracteres adoptados el de una arquitectura que ya es casi históric amente regional. Y es que para estos pueblos jóvenes, desprovistos de histo•

rÍa, de tradición de pasado experiente, bien puede ser que la manera más natural, y adecuada de realizar obra propia, nacional, no sea c reando tipos arquite c tónicos originales, estilos nuevos, ornamentaciones desconocidas que den carácter peculiar a sus obras, sus ciudades y sus am· bien tes.

experiencia, de sólida cultura general, de refinamiento artístico, de esos pueblos nuevos que carecen de Los dones que son el legado de una tradición centenaria crea· dora de ciudades de arte en remotos países, virtud gloriosa del sentimiento innato que hace estetas por instinto, por naturaleza al pueblo de una ciudad, eso que desconocen los nuevos, porque carecen de ambiente y no han P<?dido aprenderlo, es lo que se opondrá siempre a la obra , . t1p1 ca amencana en nuestro c<!nhnente.

Es razón, que el camino que mal$ directamen-

te puede conducir a nuestros artistas a la concepción de hpos arqu1tecton1cos prop1os para crearse una arquitectura nacional, está más que en el esfuer:r.o impotente para desligarse de influencias extrañas pero universalmente dominadoras, en la obra lenta de adaptación de ese primer tipo que nos sugirió España y que al extenderse en América ya se hacia el híbrido de proporciones rudas que hoy constituyen el colonial.

Es así como algunos arquitectos jóvenes lo han comprendido en Chile, y con menos espíritu arqueológico que nacional, comprensivo de las necesidades actuales que se

derivan de nuestra vida moderna, agitada, dinámica, inestable, han c omenzado esta obra de renovación de ese c olonial tan difundido pero tan viejo ya y que sin embargo puede ser el mejor inspirador de la arquitectura de ahora en una ciudad que no ha perdido todavía el carácter de la época patricia.

He conocido en Santiago arquitectos que en su admiración por el colonial, han relevado con intenso respeto y férvido entusiasmo, restos y trozos de esa arquitectura que lueg o han aplicado en proyectos de estudio.

Respeto ese ahinco investigador que tiene un poco de la pasión estudiosa de un arqueólogo entusiasta, en cuanto es útil como ejercicio espiritual y habilita a la composic ión libre con reminiscencias oportunas de un estilo ya pasado; pero, sólo este rol le asigno a tales proyectos llenos de detalles v elemento5 realizadQs. CreQ en cambio ,

•

Moderno edificio de la Cruz Roja en Santiago. - Arq: Roterto Dávila Carson

ARQUITECTURA

que hallan su ruta quienes por no olvidar u na tradición que se ha co nservado intacta, tratan de prolon gar la reno-

Arquitectur a colonial. Torres de Santo Domin go, Santia go Dibujo de Alberto Riad

vando sus va lor es, mod er ni za nd o sus formas que respondían a otros elementos disponibles y modos de co nst ruir ,

acer c ando su espíritu a nuestro espíritu, talvez porque sa• ben que este es ahora otro y que no obstante todo el ca· riño que podamo s sentir por los legados de un arte que fué de antepasados, sólo podrá tener vida mo· derna, si asimila en algo el carácter actual de movimient '· de inquietud, de u tilitarismo que constituye el vital de n uestras ciudad es.

Y así, ese co lonial que ya es americano, llegará por este a moldars e a nuestro siglo, por esta ' evolución ne· c esarÍa de adapta c ión inteligente,' a constituir un nuevo est ilo que entonces sí será propio y característico, aun· que para crearle ha ya mos tenido que a -bandonar un poco el criterio arqueológico de conservar en su pureza las formas antiguas, ni menos haber caído en el otro extremo de despreciarlas, co ncibiendo todos esos tipos imper!Jonales de arquiteCtura internacional que e n todos los países se realizan p ero que ninguno reivindica para sí porqu e no so n de ' nadie.

Yo he creído e ntrever 'pues al pasar por Sántia go, que espíritus inteligentes, eclécticos, de cultura y predilecciones modernas, co menzaban a bus c ar sus r umbo s arquitectónicos en los viejos ca mpos del arte colonial, y que procedían co n un cri terio tan racional y tan lógico que es de esperar que pronto se eleven en esa ciudad los tipos de una arquite ctura que será como ninguna la Arquitecto· ra Chilena.

Desde otro punto de vista, Pedro Prado ha escrito un e nsa yo de un innegable valor didáctico· y es de cr-eer que no habrá pasado desapercibido entre sus compatriotas. S u misma esclarecida alcurnia le habrá preservado de ello.

Yo, sólo temo no saber como dije en un principio, si cua nto aquí ' di go lo he visto, o lo he pensado tan solo deseándolo viva mente

Montevideo, Di cie mbre 22 de 1921.

Rodolfo Amargós.

UN MUSEO AR LI'I·UEOL GI(CO PARA LA DE MEJJ!CO

La partida para su patria del arquitecto meji ca n o Francis c o Muji ca y Di e:::-. de Bonilla, que fuera n uestro huésped cua ndo el I Congreso Pan-americano de A rqu ite cto s, al que llegara representando a los estudiantes de Chile, donde cu rsó sus estudios, permitirá a "Arquite ctura" contar co n amigos hasta en las lejanas planicie s de Anahuac desde don-de nuestro esti•mado colega va a re· cordarnos.

Como la primera ge sti ó n que e l arqui-tecto M uj i ca pi-ensa realizar en su patria consiste en obtener de la s autoridades gubernamentales el apoyo necesario pa ra l a c onstrucción de un gran Muse o A rqueo lógi co en la ciudad de Mé jico, cuyo pr oyecto original lleva co nsigo co mo compendio de sus estudios e investigaciones de las arquitecturas indígenas de su patria y co lonial española, creemos de interés reproducir algunas fotografías de dicho proyecto que conservamos desde la I Exposición Pan· Congres o en

Marzo de 1920, e n la que obtuvo gr an premio con meda· lla de oro e interesó vivamente por ser el único trabaj o p res entado a ese torneo que contem plase un tema de ar•

• • qultectura amencana.

El he c ho de que uno de nuest-ros redactores ha y a • tenido una reciente oportunidad de -entrevistarse con é l en Santiago, nos permite al mismo tiempo adjuntar algunas noticias al respecto, así como las ideas que sobre arquitectura mejicana tuvo la deferencia de exponerle pa· ra nuestra revista y que reproducimos a continuación. He de confesar que fué un sentimiento nacionalista quien encendió mis entusiasmos arquitectónicos; fué el patrio tismo y no el arte; el afán de dar al arte nacional u n rumbo propio que respondiese a nuestros abolengos bien ganados en •la hi stor.ia de la arquitectura am-ericana.

Al estudiar la evolución del arte a través de los grandes ciclos que dis-ciplinan maravillosamente el pro• greso de la hum-anidild palpé la im•portancia del

ARQUITECTURA

estilo y vine a comprender el papel preponderante que ejerce en la caracterización de un pueblo, su arquitectu· • i ra prop1a.

Creo que ella es el compen dio de la patria. Arquitectura es su más va sta acepción, es todo el mundo substancial, toda la suma de sensaciones que denotan forma y color.

México tiene dos arquitecturas propias: la aborigen, en sus mil manifestaciones particulares, desde la milenaria tolteca hasta la sapiente y completa azteca y maya.

Y también ¿porqué no publicarlo con nuestro más íntimo orgullo 1 la arquitectura colonial. México sin dud a es el país de la que más ha asimilado a sus necesidades y a SU espíritu propio la arquitectura española.

El mexicano, vedado de usar su exornación, marca no obstante su rastro: toma los motivos decorativos del renacimiento distribuyéndolos a su sentir, repitiéndolos y multiplicándolos ha sta el infinito, formando así las ma· yas clásicas de la arquitectura yucateca y las monstruosidades fantásticas de la arquitectura azteca.

Pero la falta de preparación técnica del español, que permite a nuestra personalidad artística dejar su huella desaparece poco a poco. Arquitectos famosos de la 'Península elaboran los planos de las construcciones a levan· tarse en México; otros no menos notables se arraigan en el corazón mismo de la gran T enoohtitlan y a su censura severa y tiránica debe el arte mexicano, el nuevo arte mexicano como me atrevería a llamarlo yo, su muer• te repenhna.

El renacimiento sienta plaza en México.

Posteriormente el colonial se ca r acteriza con tenden· cias propias en la época barroca y churriguera. Esta ar· quitectura encuen tra campo fecundo porque tiene infinitos puntos de tangen c ia con nuestro sentir artístico: des· orden, profusión decorativa, imaginación fogosa y compleja, ansia de fastuosidad y de boato.

El churriguera y el barroco en sus últimos períodos

Detalle del Pórtico del gran Museo Arqueológico

sufre pues nuevamente la huella de los arquitectos criollos dejan do tan bien registrada su influencia, que no es posible la arquitectura colonial de esta época, con la colonial de cualquiera de los otros países indo-latinos, ni con el arte peninsular.

Gran Museo Arqueológico para la ciudad de Mi;íco- Fachada principal. Proyecto del arquitecto mejicano Francisco Mu;ica y DíH efe Bonilla

ARQUITECTURA

He ahí la tercera etapa de la arquitectura nacional. Después viene el período independiente y con él la bancarrota del arte

El tema de mi proyecto no fué el de un sim ple museo. Lo bauticé con este nombre para englobarlo en uno de los casilleros técnicos que más se asemejaba con sus finalidades.

El Museo Arqueológ'Íco para la c iudad de México, más que un museo es un templo grandioso al arte nacional. Situado en un parque en que la flora típica de México adorne nuevamente jardines maravillosos co mo los que en su época embalsamaran los verdores de los palacios y de los teocalis mexica.

El Museo y el parque serían el co mpendio material de Méxi co

Sus restos artísti co s gu ardados en un santuario que resuma en sí todas las arquite ctura s de aquellas épocas, no solamente nos llamarían a formar de nuevo nuestra síntesis propia: los misterios, las tragedias, los heroísmos que evocan, serían el incienso magnífico de ese templo maravilloso donde el pueblo iría a orar el amor a México.

En su parque se ubicarían todas las ruinas que no fuesen dignas de figurar dentro del Museo o que por sus dimensiones exageradas necesitasen de perspectivas es· paciadas.

Grandes avenidas llevarían el nombre de las más caracterizadas civilizaciones mexi ca nas, co n estatuas d e sus emperadores más famosos.

Quiero decir que este bosq ue sagrado sería la histo· ría viviente de México.

En él tendría también cabida el panteón de nuestros héroes nacionales, porque en su supremo heroísmo, el héroe es el más artista entre todos los artistas y el mayor amor entre todas las pasiones. El Panteón Nacional de México debe levantarse en este parque y ostentar tam·

bién en su arquite ctu ra las formas queridas del arte pre· co lombine.

Esta fué mi idea inicial en el terreno práctico después de divagaciones en el terreno teórico, Pero ello no es suficiente.

Si podemos levantar construcciones valiéndonos so• lamente de elementos aborígenes, •porque ellos respondan a necesidades idénticas relacionadas o derivadas de las que sintió el pueblo azteca, no es menos cier to que al· gunos temas que obedecen a necesidades enteramente diversas a las que ellos contemplaran, necesitan de mentos arquitectónicos nuevos que no es posible impro· visar en absoluto.

Buscando dentro del arte propio encontré facilmente

el complemento. La arquitectura colonial en sus primeros tiempos fué una combinación felicísima del arte español importado y del mexicano clásico.

El coloniaje caracterizó después nuestras necesidades arquitectónicas

Tomando pues d e esta arquitectura colonial mexicana ' el elemento, y del primer período combinado, la idea, sur· ge pues la ruta precisa que nos brinda una fuente inagotable y preciosa para darle a nuestra arquitectura un sen· dero nuevo: el estilo neo-mexicano.

De estas dos cor rientes que tendrán que surgir : el renacimiento mexicano y el estilo neo-mexicano, con el tamiz del tiempo y el esfuerzo que nuestro patriotismo desarrolle, se definirá posteriormente la ruta única y decisiva del arte mexicano conteutporáneo.

Estas son las ideas que me he formado después de • algunos años de consagración y de esfuerzo, y que ya ex· puse en Santiago de Chile en una conferencia que sobre M éxico y su Arquitectura, dí ei 16 d e Octubre de 1919. bajo el patrocinio del Instituto de Arquitectos.

Ahora creo llegado momento propicio para ir a

Plantas del Museo

ARQUITECTURA

México y llevar toda justicia la voz de los nuevos ruin· bos hallados y realizados, pues quiero echar mi grano de arena a esta justa aspiración de n uestro patriotismo, que representa para mi el ayuno absoluto de la vida en 4 lar· gos años de consagra c ión y de estudio, habiendo en estos

dos últimos, posteriores al Congreso ampliado notablemente mi trabajo".

ARQUITECTURA se co mpla ce en augurar al distinmeji c ano, la rea lización feliz de sus nobles ideales de juventud.

CASA HABITACI

CaUie Buetnlos Aires entre ltuzaingó y Treñnta y Tres

y Gue rr a y - lngenie!l"os

Como p u ede verse po r la s fotografía::; que a c o mp aña n estas líneas, el problem a a resolver consistía e n la ubic ación de todos los locales que exigía el p.::-ograma dentro de un terreno ql:c tenía 6. m05 de ancho.

No obsta nte esta difi cu ltad, e l problema fué resue lto a mpliamente de acuerdo c o n los recursos de la c omposi, , c wn arqulte c tontca.

La distribución ge n eral se ha hecho repartiendo los lo c ales en 3 pisos, ocupa ndo la planta baja, el vestíbulo de e ntrada, hall. co n la escale .::- a de mármol desarrollada en planta circular, escritorio, dep ós ito de libros, pieza del portero, toillete, b o de g a y patio de aire y luz.

El p : ! : : cr piso está formad o por el de la esca l era, la sala, co n u n pequeño nicho poligonal, co · medor, coc ina, dispe n sa, toillete, etc.

En la planta alta está n ubicadds los 3 dormitorios, cuartos de baño y la escalera secundaria.

Además tiene u n e ntrepiso para el servicio sobre la planta baja, y otra pieza sobre el 3er. piso.

Como p uede observarse, las co m u n ic aciones generales y la circulación está n estudiadas de acuerdo con las reglas de la composición, teniendo todos los locales su independencia y contando co n luz y ve ntilación. La fachada se ha estudiado co n sobriedad y elegan c ia, formando u n conjunto bien ordenado y tranquil o.

Fachada

Sala y hall del primer r:íso P..mo

ARQUITECTURA

!tmrA Svrlo l !!: Piso o.0iprn.

Antes de emp e zar el cá l cu lo, daremo s a la pi e za u na altura determinada, para pode r operar.

Generalmente se hace H = 1120 ó 1130 de la l uz a salvar entre los si la c ar g a es mu y g rande, se hace H = 1120 l.

También podem os hacer H' = 0,0375 raíz c uad r a da de M, siendo H' en c mts., y M en K gc ms.

Para la altura total H, agregaremos a H', 3 c mts. que es el espesor del hormigón ne ces ario para recubrir las varillas en la parte inferior.

Estas altur;:ts se toman considerando un trabajo del hormigón Rb variable 40 Ke. y 55 Ks , según la

c a n tidad de po rl and; y del hierro R ' a, variable entre 1.00 0 y 1.200 K s por V amos a c al cu lar la pieza. Si to mamos l os momento s de las fuerzas co n re · 1ació n a l c entro d.e la s co mpresiones, tendremos que M = F X h <1 ) sie ndo F e l esfuerzo de tracción que s e produ ce e n la a r mad u ra, a co ns ecue ncia de la c arga ext e rior P, qu e ohra sobre l a pieza, siendo h el brazo d e palan c a, o sea la dista n c ia del ce ntro de extensión al de c o mp r es10n.

Además, si que la distan c ia del eje de la armadura al borde inferior de la loza de 3 ten·

COWIA
OOJb

AkQUITECTURA

dremos que la altura útil de la lo:r.a será H' = H- 3 <2 ).

Ahora, para hallar el valor de h, hacemos h = 8 19 H' <3 )

Este valor se halla del modo siguiente:

En la fig. adjunta, tenemos que h = H'- d <4) pero d = y !3 l5 1 , puesto que las compresiones se producen en la 3. Aparte de la altura del triángulo A B O.

En efecto, es evidente que la suma de los esfuer:r.os representados por las ordenadas del triángu1o A B O, será igual a la superficie de este triángulo, y entonces esta resultante de las compresiones, pasará por el centro de gravedad de dicho triángulo, es decir por el 1 13 de la altura a partir de la base. Además, tenemos que y = 1 13 H', en efecto, en la ficrura tenemos que los triángulos ABO y OCD. dan AB jAO = CD IOD pero AB = Rb Ao CD = R'a jm DO = H' - y, luego sustituyendo valores Rb !y = R'a lm iH' - y despejando y, tendremos y(mRh jR'a + mRb) x H'.

Si hacemos que Rb = 50 kilos por R 'a = 1.000 kilos p. cm. :! , y m = 10; sustituyendo estos valores, tendremos: Y = 10 x 5011.000 + (10 x 50) x H' = 1 13 H'.

Entonces, sustituyendo Y por su valor en la ecua· ción 1 ;; 1 , tendremos: d = 1 13 (1 13 H') = H' !9.

Sustituyendo el valor de d en la < 4 ) quedará h = H'- H' J9 = 8 j9 H' que es lo que queríamos demost r ar.

Ahora bien, si en la 1 1 1 despejamos F, tenemo s

F = M ¡h (6 l Con esta fórmula, conoceremos el valor de F; luego dividiendo F por la sección u de los hierros, tendremos el valor del trabajo de la armadura.

Es decir que F lu = R 'a = l. 000 Ks. siendo 1.000 Ks. el coeficiente de trabajo del hierro a la tracción y •) por cmt.-.

Si ahora, despejamos u, tendremos que u = F ILOOO lo que nos da el valor de u en cmts.

Buscando en las tablas el valor correspondientle de u, tendremos la cantidad y la sección de los hierros • necesartos.

Esta manera de calcular, es empleada para los casos en que se considere la altura normal. Se entiende por altura normal, la ne c esaria para que la parte de la loza comprendida entre el borde superior y la fibra neutra, sea suficiente para resistir los esfuer:r.os de compresión. En general, estos cálculos se aplican a pequeñas lozas de poca importancia.

Cuando las lo:r.as o vigas a calcu'lar (pues también en las vigas se cumple el mismo procedimiento de según veremos más adelante) son de mucha imp ·.)rtan· cía. es necesario entonces; o bien calcular la pie:r.a por medio de la fórmula de la altura normal (que daremos

cuando lleguemos a vigas) o sinó ha<:er las verificaciones para ver como trabaja el hierro y el hormigón.

V amos a ver enseguida el procedimiento de verÍ· ficación.

La suma de todos los momentos estáticos de los elementos de la sección de la pie:r.a homogenei:r.ada, con re'lación a un eje que pasa por el centro de gravedad, es nula.

Los momentos con relación a ese eje, de las fuer:r.as que actúan sobre la pÍe:r.a, son:

1.0 Del hormigón comprimido M' = 1 12 b y 2 siendo b el ancho de la pie:r.a en este caso b = 1m t.

2. 0 De la armadura extendida M 2 = -m u' (H'- y).

Su será 1 12 b y 2-m u' (H'- y) = O.

Sustituyendo valores, tendremos el valor de y.

Si y= 1 !3 H', el cálculo estará bien, puesto que se cumplirá la condición de la altura normal.

Si y es mayor que H' l3, tendremos que aumentar la altura de la pie:za, para que haya mayor sección de hormigón, y por lo tanto disminuya el coeficiente de trabajo a la compresión.

Si no podemos, o no queremos aumentar la altura de la pieza, tendremos que poner hierros negativos para que ayuden al hormigón a resistir los esfuer:r.os de compreston.

Si y es menor que H' l3, se puede, o bien disminuir 1 la armadura, o bien reducir la altura de la pie:r.a, pues el hormigón trabajará a menor coeficiente que el ordinario, y el hierro también

Una vez obtenido el valor. de y, podemos hallar R'a y Rb. En efecto, con la fórmula h = H'- y j3. hallaremos h, que sustituído en la (6) nos da el valor de F Como hemos visto que Rb = (R'a lm) x Y (H'- y) y sabemos que R'a = F !u, tendremos las fórmulas que nos dan el trabajo del hormigón y del hierro.

•

Vamos a poner un ejemplo.

Sea una loza rectangular, de 2.00m x 5.00m, y que soporta una carg'a de 300 kilos por mt 2 , estando libremente apoyada por sus 4 lados.

Siendo 5 más de 2 veces 2, la c alcularemos en un solo sentido, es decir en el del lado menor.

Luego la luz será.

L = 2 00 mt. y el peso P = pxL = 600x2 = 1200 kilos, siendo 600 kil os el valor del peso propio más la sobrecarga.

El momento será

M = 1 18 x P x L = 1 18 "k 1.200 x 2 = 300 Kgmts.

Si hacemos H' = O 0375 raíz cuadrada de M. tendremos, puesto que M en Kgcmts es 30000, H' = 6 cmts. 495.

Luego, agregando 3 cmts., tendremos H = H' + 3 = 6.495 + 3 = 9.495

Tomaremos H = 10 cmts.

Luego H' = 10-3 = 7 cmts.

h = 8 j9 H' = 6.22 cmts.

F = M lh = 300 16.22 = 48.

u = F l1000 = 48 11000 = 0.048.

Buscando en las tab'las el valor correspondiente de u, tenemos que a 4.8 cmts, corresponden 7 varillas de 10 milímetros en 1 mt. de longitud de lo:r.a.

Lueg'o, armaremos la plan c ha con fierros de 10 mms. cada 0.14, y con otros transver sales de 10 mms. cada 0.40 para atar las varillas de resistencia, y al mismo tiemp o ayudar a repartir las c argas.

Ahora podemos ha cer la verificación para ver c omo trabaj an l os componentes de la pieza.

La f ór mula es 1 12 b y2- m u' (H'- y) = O

Sustituyendo valores, tendremos.

(1 12 X 100 X y 2 ) - (10 X 4.8 [7 - y J) - O.

50 y 2 -48 (7 -y) = o.

y 2 + 0.96 y-6.7 = o

Resolviendo esta ecu a c i ó n, tendremos para y y = 2.06 cmts.

Como vemos, y = 2cm. 06, y co mo H' l3 = 7 13 = 2.33. tenemos que 2.06 es menor que 2.33, luego podemos disminuir algo la altura de la pieza o de la ar madura.

Esto lo veremos enseguida, bus ca ndo el trabajo del hi err o y del hormigó n, los que serán menores que los coe ficient es usuales.

FACULTAD DE

h = H'- y l3 = 7- 2.06 !3 = ,,3iJ.

F = M ly = 300 16.314 = 47.5

R'a = F lu = 47.5 10.048 = 989 kilos.

Como vemos, el hierro trabaja a menos de 1000 kilos, luego podemos disminuir un poco la armadura, hasta que dicho coeficiente suba a 1.000.

Veamos el hormigón

Rb = R'a !m x y (H'- y ) = 989 110 x 2 06 1 (72. 206) = 41 kilos.

Vemos que el hormigón trabaja algo menos de 45 kilo s.

Como y era aproximadamente igual a H' l3, la pieza está bien c alculada\ pues el hierro y el hormigón trabajan en buenas condiciones.

En el número próximo, seguiremos con las lozas semi-empotradas y empotradas, y armadas en 2 sentidos.

Rodo1fo L. V igouroux, Arquitecto.

Dll!S\1J]0 IT»IE ORNATO Y FIGURA

Profesor: C. Herrera Mac-Lean Alumno: Alberto Aguerre
Lean, Alumno: Amérko M. Ricaldoni

DIBUJO DEL NATURAL Y MODELO VIVO- 1 SEMESTRE PROYECTO DE ARQUITECtURA V Y Vl

1921

4. 0 Proyecto de dos meses

T "L H b , d M ' d. " ema: a a ttacton e un e 1co

En un terreno de frente a dos avenidas y de las dimensiones del croquis adjunto, se proyectará la casa de un médico que constará de los locales que constituyen las agrupaciones siguientes:

1. 11 Sala de espera, consultorio, pequeña sala de cu• racione s, tocador del médico.

2. Sala de recepción, hall, comedor, ante comedor y • • se rvt c tos anexos.

3. 0 3 o 4 dormitorios, baños, sala de costura y locales de servicio.

Profesor: J. Belloní

Profesor .Arq: Jones Brown

Alumno: E. Casamayon
Fachada Alumno: Héctor Caselli Planta baja
Profesor Arq: J. Vhquez Vareta Fachada principal Alumno: A. D' Agosto

Proyecto de Arquitectura VIl Y.tVIII - Sejur)do proyecto - Año 1921 - Tema :" Ur) edificio para lo5 cor)cursos de Grar) Premio "

Este edificio construido sobre un te· rreno donado por un rico artista para permitir a los a-lumnos de una gran Escuela de Bellas Artes ha c er el concurso del Gran Premio en un ambiente favo· rable, se compondrá de:

l. n 30 talleres. 10 para c ada sección, Pintura, Escultura y Arquitectura, repartidos en uno o varios pisos. Los talleres de Pintura y de Escultura estarán acompañados de do s piezas : una pa r a el artista y la otra para el modelo. Además se dispondrán los ve s tÍ· bulos, vestuarios y W. C. necesa• rtos.

Los talleres de Arquitectura esta· rán acompañados también de las mismas dependencias, con la diferencia que la Sala modelo se reemplazará por una destinada a una biblioteca especial. 2." Una gran biblioteca conteniendo las obras principales de pintura. escultura y arquite c tura. Esta bi-

Planta alta
F achaáa lateral
Planta ba;a
Prof. Arq: José P. Carré
Fachada
Prof. Arq: P. Carré
Alumno: Evaláo Roure
Planta Alumno: Evaláo Roure

ÁRQtJITEC'fURÁ

blioteca comprender 3 secoo ciones separadas. nirse las 3 en una sola gran sala. Se dispondrán )ardines.

3 0 Una sala de exposición para cada sección pudiendo sin embargo reu·

4.0 Una gran sala de actos que ser· virá para conferencias. y para la distribución de los premios.

Sociedad de Arquitecto$

fuentes. exadros y lugares fres· cos de modo de constituir un con· junto agradable y pintoresco.

Balance desde Setiembre de 1921, a Noviembre de 1921 S

Nov itembre de Caja Obre r a 2 m e n sualidades $ 69. 4

Ca ja Nac io na l A y D 17 m ensu

d ades $ 4 O. 00

C aja Nac ional A

r e iro y C fa S aldo

Dismi mtei ón tl e ln deuda, soc ial • Ses ió n del 19 de Setiembre

!Resumen de lu Asisten los señores Campos, Canabal, Amargós y lellonea 11 ' la 'D- N h b' d ' ' 1 d d Comlal6n Dlrec· o a um o numero, so o se a cuenta e :tiva lle la So- los asuntos entrados. tCiedad. La Liga de Defensa Comer.cial, la Cámara de Industrias, la Asociación Patriótica, la Federación, la Liga de la Construcción recibo de la nota que participaba esta Sociedad la renovación de sus autoridades.

La 5ociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires y el Jockey Club de Montevideo, comunican la constitución de nuevos directorios.

Ses ió n del 26 de Septiembre

Asisten los señores Rocco, Acosta y Lar a, T erra Aroc:ena, Amargós, Conforte y Berro. ·

Se cambian ideas sobre reglamentación de concursos y se resuelve tomar como base de estudio un proyecto preparado por una comisión informante anterior.

Sesión del 2 de Octubre

Asisten los Señores Rocco, Acosta y Lara, Campos, T erra Arocena, Canabal, Amargós, Conforte y Berro.

Setie mbr e

Oc.tubre

B nlanre Cm·los P é1·ez M on t ero F.l

NI CA

A propuesta del Director de ARQUITECTURA se confirma como Secretario- Administrador de la misma al Sr. Perfecto Lópe: Campaña.

Sesión del 24 de Octubre

Se designa miembro del ;urado del concurso del Hospíta 1 de Convalescientes al Arq. Juan A. Scasso. Tómanse en consideración los balances de ARQUITECTURA referentes a los números 45 y 46.

Sesión del 31 de Octubre

Asisten los señores Rocco, T erra y Berro. De acuerdo con resoluciones anteriores se designa al Presidente y al Sr. Acosta y Lara para que se entrevisten con el Sr. Ponc:e, Presidente del Concejo de A. Departamental, a fin de gestionar la mejor forma de dictar un nuevo reglamento de la construcción.

Sesión del 14 de N()tl)iembre

Asisten los señores Rocco, Acosta y Lara, Terra, Amargós y Berro. Se acuerda pasar a la Asamblea Representativa una nota en la cual detallen las razones que tiene la S. de A. para pedir que no sea aprobado el proyecto del Concejo sobre formación de pórticos en la Avenida J8 de Julio.

eon los dibujos DE LOS

25 de ffiayo 271

H1POTE CARIO DEL URUGUAY

1\DQUISICIÓN v CONSTRUCCIÓN de QIQIENOI\S para Empleados y Ob re ros co n dere cho a jubilación

bey de 13 de tlullo de 1921

De acuerdo con esta ley, los empleados y obreros con derech o a jubilación , así c o mo los militares, y los jubilados, p,ueden reAlizar con el Banco, en condiciones espe ciales, las operaciones siguientes:

t.o AdQ,.uisición de fbtcas del Banco, pagándolas p ( r sin desembolso alguno ni co ntado .

2.o Adqui s ición · de fincas de propiedad de part ic ular es, parn cuyo fin el Banco otorga prést a mos ha st a el 85 oJo del del inmueble a a dquirirse.

o Obtención d e préstamos para edificar acordándoee hasta el 85 oJo del del terreno, y de la construcción a efectuarse.

También en estos dos últimos géneros de operaciones, el se atiende por cuotas men!luales, que comprenden el interé" y la amortización -y cuyo pago se garantiza con la afectación del sueldo del empleado, obrero o jubilado. hasta un máximum d e 40 o / o de la respecti\Ja a sig nación mensual.

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