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Arquitectura 46 - 1921

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A So c iedad de Arq uitec t o s del Uru gu a y ha pasado al Concejo Departamental de Adm Ínistra c ión, la nota que má s abajo se trans cribe y en la que, velando por los intereses y presti g ios p r ofe sionales, impu g na el propósito d e las autoridades del M u ni c ipio de Montevideo, de sanc ion,ar una ordenanza sobre Empresarios de Obras Sani· tarias, por la que, s e capacitaría a estos para invadir },as atribuciones q u e ..son de e x clusiva incumbencia del Ar· • q tl'ltecto.

He aq u í la n o ta a q ue aludimos : Sr. Pr e sidente del Con c ejo de Departamental. ln g Don Luis P. Ponce. Seño r President e:

La p r o yecta d a o r d e nanz a sobre Empr e sarios de Obras Sanitarias, podrá sin d u da al g una estar in spirada e n el plausible deseo de obtene r garantia s de c ompetencia en las personas - industria'les o artesanos - que se dedic an a explotar ese ramo d e la c onstruc c i ó n, pero son tan amplios los c ometidos q ue se le a si g nan a esos simple s prá c ticos o c omer c iantes en e l de su trabajo y son tan extr añas las facultades que se abroga la Oficina Técnica de la Dirección de Salubridad, qu e esa ordenanza - que d e ntro de un Hmite pruden c ial de atribuciones y de di s c re c ió n en su apli c a c i ó n, podría ser ta'l vez benefi c iosa , - se traduc irá en un atentado ha o ia los intere<( es más le g ítimos de los profesiona les que han obteni· do sus diplo mas facultativos al amparo de las .leyes vi ge ntes en la repúbli c a, y si g nifica r á, por otra parte, u n pa•so atrás en lo que atañe a la tan an siada e .Ímprescin· dible re glamenta c ió n de las ca.rreras técnicas.

El primer error de la Oficina Técnica de la Dirección d e Salubridad reside -a nuestro entender - en desna· t ur alizar su función de simple contralor que logicamente d e be tener esa O f icina, para erijirse en e scuela técnica y organismo c apacitado para dar dip loma de idoneidad, creándose facultades docente•s con a.lcan c es de autoridad tales, que podrá pone r se frente a la Universidad de la Repúbl,ica, hasta el ext re mo de paralizar el efecto legal de los títulos superiores que otorga esta entidad, por Ja simple decisi ó n de una r e solución administrativa, como se verá más adelante.

Por las le y es en vi g or, la Univ ersidad ejerce el monopolio en la expedici ó n d e títulos, no estando estable c ido, por lo demás, en nin g una ley de Junt as, de lntendenc Ías o de Con c ejos Departamentales, el derecho de discernir diplomas de idoneidad o de aptitudes qu e dan habilitac ión para el ejercicio de cual q uier prof e sión. Con el criterio que in spira la ordenanza que se informa podría tambi é n la Dire cc ión de Obras Muni c-ipales, facultar la firma de planos de construcción a .las pet'lsonas que demo straran poseer el mínimo d e c onocimiento empíricos, revel a dos en la misma dósis de exi g encia té c nica y por otra parte cada Con c ejo Departamental d e la República, sería dueño de establecer con variado criterio, el otorgamiento de título sobre las diversas especialidades o partes de la construcci ó n, y a fuere de e dificios, c omo de caminos o p u entes, se g ún las ne ce sid a des espe c iales d e cada medi o

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Pre c isamente la creación de la ex-Facultad de Matemáti c as por Le y de Lo de Ju1io de 1885 abolió .la fun• ci ó n de las Juntas E. Administrativas, de autor.izar el ejer c i c io de la profesión de constructor, que había nacido ante la imperiosa ne c esidad que entrañ aha la falta de t éc nicos en e'i país, pero el ambiente científico y cultural de la nación ha avanzado lo basta nte para no justificar la v ue lta a ese mal, del maestro a.lbañil autor iza do para firmar planos

Más tarde la ley del 27 de Noviembre de 1915, creó la Fa c ultad d e Arq u itectura su artículo 3.0 apar•tado C) Esta facultad expedirá el título de Arquitec" to, y t e ndrá entre sus cometidos el de preparar el e._ " m entos idón e o s para el arte de la Construcción y Ramas

A " n e x a s •

Pa r a jus•tifi c ar su proyecto, la Oficina Técnica de Salub r idad afirma que c orrientemente los ha c e n los planos de obras sanitarias. Aún admitiendo qJJe e xistan c asas comerciales que en .la práctica e s os do c umentos deben ellos estar sometidos siempre .al contralor c ientífico de los técnicos que poseen un títul(l u nive rsitario superior, no solo por lo que se refiere a la simple instalación de tuberías y artefactos, sinó también por el e nla c e que estas instala c iones tienen con el resto de las obras, y a en su faz constructiva - para atender las exigencias de la solidez de un edificio - ya en lo que di c e r elación c on el resto de la higiene de 1a habitación, de s u c onfort y a ú n c on su mrsma decoración.

Bueno es qu e los c ontratistas de obras de cualquier ramo de la construc c ión, conozcan el ofioio .a que dedican sus a c tividades, pero de ahí a otorgar la f.a.cwhad de firmar p r o y ectos de cu alquier obra que se a, por el solo hecho d e saber colocar un c año o trazar empíricamente una simple instala c i ó n, existe un abismo. Con tal criterio llea dar tan po c a importancia a la rama de la cien· cia que pr ofes-a el propio autor de la ordenanza en nuestra Fa cu ltad, que en verdad, par.a ser consecuente, debiéra· m os s u primir del plan .de estudios de •la cart'lera de Ar• • • qu1te c to esa 1mportante astgnatura.

El hecho que se apunta, de que otras de pendencias d e l Es t ado se ha y an abrogado dicha facuha d para ciertas instala c iones, no justifica la invasión que representa 1la pro y ec tada ordenanza. No es tampoco argumento valedero. e.l que Se ad uc e de que algu,nos mun•ic ipios de otras ciudades americanas hayan Í:mplantado ese sistema , pués en realidad la legislación edaicia de toda la América del Su r , no c onstitu y e, por cierto, un ejemplo de excelente re g lamentación en lo tocante a .las carrera-s de l a constru cc i ó n. Si fuéramos a valernos de tales precedentes llegaríamos a sacar a lu7 la omniciencia de algunos organismos m u nicipales de nuestro continente, en los cuales cie rt os jefes de ofi c inas expiden certificados de arquitectos, el mismo q u e e n nuestro país requiere on oe años de estudios consecutivos, para alcanzarlo.

Bien e stá. repetimos, que se exij a a los obr eros J> c omer c iantes una garantía de idoneidad por más que creemos qu e bastaría c on aplicar las disposiciones del código

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ARQUITECTURA

civ il a los directores de obra, únicos responsables ante la ley de los vicios de co nstru cció n que s e notaren a pesar de todas las ordenanzas que se proye c ten y a pesar de todas las firmas que exijan las distintas oficinas por donde se tramite un pro yecto , a los diversos c olaborad ore s del arquite cto de la obra. De modo que aquí se produc irá una fla gra nt e injusticia l ega l, que es la qu e impo r ta dar fa cu ltades a quie n no tiene respon sabilidad y c ercenar los dere c hos a las pe rso na s técnicas, pa ra las que pesan todas las durezas de la ley.

Por otra parte el artículo 5. 0 obliga a los arquitectos - que han ad quir i do un derecho por le y , pa ra ejerce r su profesi ó n en toda la Repúbli ca - a registrarse en la n ó mina d e las personas facultadas para firmar planos y por el artículo 6. 0 de la pr o y ectada or denanza, p odrá h Ofi c ina T éc ni ca de la Dir ecció n de Sal u bridad, qu i tar l e esos der ec hos po r l a simple falta de c umplimi e n to a cualquier disposición emanada de las autoridades m u nic ipa'les - co n lo que se verá que una que otorga un título a u n p rácti c o, podrá qui társelo a un técnicoque no c umpliera cualqw'er disposición emanada de una de acuerdo c on todos los requisitos de la ley - siempre que no cu mplie ra cualq u ie r a disposición e manada de u n a cor pora c i ó n, que n o es c ientífi ca sinó administrativa.

P or lo tanto opinamos que si es c o nvenient e la orde nanza, debe limitars e sus efectos atendiendo 1las observaciones expresadas y n o debe tener -a nuest ro juici o - otro alcance qu e el de autorizar a los prá c ti cos a co nstr u ir obras sanitarias ba j o la direc c ión de p er s o nas , tecn1cas.

En co n secue n c i a de lo ex p ue sto y lue go de co ns u ltados l os asesores le t rales de la S o c iedad, la C o m isió n • Dire ctiva , ruega a •l Sr. Pr es iden te d el H. Con cejo de Administ ració n D e p ar tamental que ant es de pro cede r a la sanción de la Or de nanza pro y ec ta da, te nga a bie n disp oner se c o n ozca la autorizada o pini ó n de l Señor As esor L etrado de esa Corporación y la de las autoridades u niv ersitarias c ompetentes, p ues c o mo se dejó dicho, so n l as ú ni c a s c a p ac i tadas legalmente pa ra otorgar títulos que c o mo e l que se c rea por la orde n a nz a referida está n c o mp re ndido s e n los términos ex pr es os de la le y

A l a g radecer al Sr. P reside n te la deferente c o nsi d erac i ó n a nuestra So c ied ad n os es grato presentarl e y por su int er medio a l o s Sres. Miemb ros del H. C. Depa rtamental l as prot estas de n uestr a ma yor c o nsidera c ión.Monte v i deo, Setiembre 15 de 1921. D aniel Ro cco , P res ide nt e R on:Ún B erro, Se cretario

a s t eo as e a arcq ifi:e Ira y el efect o de los b o mbardeos en lReoms y Soissons

11. - El testim o nio d e las ruinas

Ante s de examinar en detall e las fotografías de los monuarru inados es pr eciso ha ce r al g un as obse rvacione s generale s Ya hem os indicad o fa posi bilidad de poner algo má s en claro la verdadera índole de su construcción. Y no só lo podern os esperar enseñanzas de l a s partes fracturadas, sino tambi én de a que-

don es semejan te s, nos se r á dado aproximarnos al punt o de vis ta de aquellos artistas, much o m ás que p o r el procedimiento, ca s i sie mpre seg uido, de deducci ones que parten del monumento ya t ermin a do Y e n r ea lidad , ¿no pod ríamo s afi rmar que únicamente así no s li be rtar em os de es a te n de n cia a encontrar fu n dam en t o lógic o }:ara todas y ca d a una de las formas, pue sto que p a ra

Fig. J. " - C a t e dral de Soissons B óvedas d e la na ve mayor

Fi g. 2. " - C a tedral d e Soissons N ave m ayo r

lla s qu e han estado sie mpre má s o menos ocultas, tal es como el tra sdó s de las bóv ed as, las a rmaduras de cubierta y su relación con m uro s y pilares M ás aún: pod r e mos en mucho s c asos volver a ver la s estructuras tal como sus c onst ructores las veían. Como quiera que l os arquit ec tos o ma estros de aquellos tiempo s viví an realmente en l as obr as, han d ebido de ha«rse cargo mucho mejor qu e lo s arquitectos actuales de las suce siva s etapas del edificio ha sta su te rmi nación; a sí es que, a l encontrarnos a hora en con di-

F ig 3." - Ca ted r al de S oi sson s C os tad o norte

hi st o ri ado r es , crític os o arqueólogos de espíritu científic o la explic ación lógica se r á la que l es má s na tural ?

De l os m uchos sende r os invisibles ( ta les como dificultad es m aterial es, fracasos, ca¡:richos, su¡:e rvi ven cia de tradiciones o raz ones de estricta l ó gica ) que pueden haber condu cido ha sta l os resultados que nos m ues tra es ta a rquitec tura , no se rá el d e la lógica el que m ás tr a bajo cues te buscar y s egui r a una gene raci ón raz onada y clas ific a nte

8

ARQUITECTURA

Por 6hímo, suelen inducir a e rrores 1os dibujos geométricos de nuestros libr os, en especial las secciones dadas usualmente por los vanos más bien que por los macizos. A sí, por eje mplo, fundándonos en ellos nos pre cipitamos a supone r que los enjarjes de la s bóveda s es t a ban macizad os o rellenos en gran parte, o bien admitimos que el a rb otan t e ¡:rocede de la s bóvedas de cuadrant e de cañón, usadas en el r ománic o como con tr a rre st o continuo; hipó tesis que, aunque discutida, es ¡:robablemente exacta, pero que re su lta , indudablemente, muy favorecida ¡: or la se mejanza de aspecto que ambos e l emen to s presentan en las secciones geométricas al u so

Al ccu¡:a r se ya de lo s efe c tos del bomb a r de o en edificios tales co mo la s igl esias gótica s, su r ge, ante todo, la siguiente cuestión: Hablando muy en gener a l, puede afirmar que e l ca so m ás sen cillo y menos frecuente es la pe rforaci ón d e una techumbre o de una bóveda por un proyectil si n exp l osión, porque ésta ocurre, por lo general, en el primer punto de contacto. En el caso de fractura o exp l os i ón, los fragmen t os que vue l en o caigan pu ede n causar ulteri ores destrozo s sobre cuJnto les rodee o cojan debajo. Ademá s de tales de str o zc s hubo en algunos casos bomba s íncendíariaos, como sucedió en Reims, gran número de eso s proyec tiles fueron disparados contra la catedl'al, causando la destrucción, por incendio, de la flecha y de la techumbre (J )

La dirección de eso s ¡:royectíles er a ¡:robablemente ve rtical en el caso de la s bomba s de aer oplan o, y casi lo mi smo para los obl1 ses, qce, siendo de amrlía trayectoria, caerían ca s i rectos; p ero la más ligera desviación, o el e stallido junto a un m u ro o pilar, deberían modificar la dirección del impacto.

Además de l os indicados efectos, síem¡= re cabe la posibilidad de que fue sen varios los tiros que hayan pr oducido los re su ltado s qu e contemplamos. E n S oi ss ons y R eim s, por lo meno s, vemos en fotografías sucesivas que la dest rucción fué progresiva en los añoo qu e duró la guerra (2 )

Por todo lo cual es evidente que, dada la tromba de de strucción que cayó so br e algunas de aquellas construcciones tan delicadas y finamente constituída s, hay que proceder con g ra n cautela para explicar cómo sucedió tal o cual cosa; con frecuencia lo má s que se puede hacer es tomar nota de aquella s partes que han qu ed ado en pie sin segui r en su ruina a otras contig ua s, para no

Ante s de c o menzar nue st ro examen, es preciso advertir que, habiéndo se basado la s t e or ías discutidas so bre unas cuantas de la s más importan t es catedrales, tomándose de ellas los ejemplos muy en especi a l ( aunque la mayor parte d e los Críticos la s generalicen luego ) , habremos de limitar nue stros te stimonios a los que nos sumini stre n l as ru ina s de monumen t os de igual e:ategoría. Porque si t i: n e s ci er to que puede ap r ender se mucho en los re sto s de nume-

Fig. 4.'' - Cated r al de Soisson s Na v e y co l a teral no rt e sacar de ello sino las deducci o n es má s inmediatas. Y au n a sí e s preci so tener muy en cuenta la s excen tr icida de s de estabilidad qu e tan frecuentes son en las rui nas causadas por fuegos o explosiones, aunque, a mi juicio, cuando se presenta dos veces el mismo caso, se puede inferir con certeza qu e no se trata de una de esas rareza s o e xcen tricidade s

( 1 ) N o car ece- r á d e in terl>s E' l indi c a r qu e E' l in ce n dio d el a nd a mio q u e habta e n u n á n g ulo de la fach ada prin c ir, a l , no fu é , co mo p o r a l gu n os se ha d ich o , l a c a usa d e q ue ::w- di e!'; e n la s c ubi e rtas, puesto qu e h u bo <;uatl o foco s ini c ial es ( L -'a rt et l es a r tistes, pág N i tam r.oc o l o fu é la paj a qu e h a bia e n t> l I n te ri o r qu e p r el' i sam e n t e ard i ó no r e fec to d e bo m bas monmnent s F mn c ais e s (l e t n t i ts ww 1' A ll e uíCL{Jn P-, pág 5 7 ). ( 2 ) So n c uriosa s l as o b s H vRc lo n es h ec has p o r E ug Dhu iequ e s ob r e l os e f ec t o s del bomh a t <l f>o en l o s m o num e r> to !'; ( Sa1t v ou s es n dnes B u ll etin .ll e n sue l d e la Socié t tS Cl"rtl 1'(t l e el ' A 1'c hi t ec t w r, el e B e l gi q 1te núm 1 2, jun i o d e i !120) :

Fi g 5 .'' - Catedr a l de S oissons I n terior mirando a los píes de la na ve r osos templ os má s mode stos ilustrados en la obra de M. A. Alexand r e ( 3 ) , ademá s de o f r ecer m ás dís¡:ersas la s prueba s, mucha s de la s igle sia s citada s ¡= e rtenecen a épocas má s avanzada s o a regione s d o nde el g ó tico se desarrolló con menos perfección. Ahora bien: siendo un hecho que d os d e los principales monumentos , la s catedrales de Reíms y Soissons , sufrieron los más terribles b o mbarde os, a ellos recurriremos para obtener nuestras en señ a nza s La s de La on , Am íens y Bea v ai s, por fortuna , han que dado intacta s, a un que la s de Noy ón, Seulis y docenas de iglesia s má s pequeña s haya n suf r ido la d es trucción más o menos ex ten samente. Toda vía no se pueden utilizar fotografías de sus r uinas; ¡:ero aunque su estu dio no pueda por menos de ser muy valioso de sde el punto d e vista del desarrollo histórico, nunca podrán tener la importancia que los dos grandiosos ejemplares referidos , p o r lo que atañ e a la teoría del gótico plenamente desarrollado.

Llegado s a este punto, se nos permitirá que nos detengamos a examinar el caso interesantísimo mo strado en la figura J. ". Sí determinásemos con certeza en qué punto ocurrió el choque o explosión que pr odu jo e ste d es ast re, así como el orden en que cayeron los pedazos de la s fábricas, obtendríamos gran esclarecimiento sob re lo s principios con structivos de la arquitectura gótica. Desde luego parece s er este el caso má s importante de ruinas que nos ofrecen todas las fotografías di spo nibles ha•sta ahora. pues, de e ncont rar , si es ¡=osible, un camino seguro en nuestras • pesqw sa s

D es d e lue go ¡:ode m os afi rmar que l o suce dido no fué meramente q u e e l tiro die se e n la bó vda y qu e ésta arrastrase consigo a los demás element os , ¡:uesto que en la figura 2 / vemos que pu eden h undi r se las bó v edas sin que el resto de la estructura sufra la menor ¡:erturbación.

Vamo s a supo ne r q ue ocasionase la rotura del arbotante inferior - que, según demues tra la figura 2.", es el verdaderamente e sencial para l a es tabilidad de la bóveda, - o, si se quiere, que se r omp i esen amb os a rbotantes sin que el muro ni las pélas corresp ond ie ntes fu ese n alcanzados por el proyecfíl. Con tal hipótesis nos coloca rí amos en un caso interesante, pero ext ra o rdinariamente im¡:r o bable, porque e l tiro hubie se tenido que da r derechamente en el a r botante inferio r O muy cerca de él, y ent o n ce s apare=er í an la s salpicaduras de la explosión en la cara interna del botarel o en los arbotantes y botareles contiguos, lo cual no se advierte e n las figuras J. • , 2." y 3.". Las que muestra en su costado izquierdo el botarel r e f erído difícilmente hubieran podido se r cau sada s por un tiro tan directo y vertical. Además, según e sta hipótesi s era de es¡=erar que la b óve da hubiese re<venfado hacia afu era ; pero el montón de escomb r os ( figs. 4. y 5. •) parec e i n dicar que todo 5e hundió a plomo, puesto que el montón es mayor sob r e el sitio donde se alzaba el volumen de fábrica más considerable. Por ta nto, aun que el primer impulso en este caso no s lleve a suponer qu e la rotura d e lo s arbotantes oca sio nase el (:1} f.rs monumrnfs fr a nea is e clestruits wo · I' A ile m arm e P al'ís 1 9 1 S.

ARQUITECTURA

reveniamlento ele la bóveda bada afuera y el hundimiento de la pila, vemos que la hipótesis tropieza con demasiadas dificultades para que podam os te ner confianza en ella.

Estudiemos, pue s, otra hipótesis; supongamos que una bomba en dirección algo sesga da alcanzó a la bóveda de la nave baja , o mejor al muro de la nave central cerca de la línea de la pila y a una altu ra comprendida entre la de los ábacos y la coronación del triforio; con este su puesto tal vez podamos explicarnos los de sultad os que contemplamos, porque la pila debió desplomarse bacía adentro, ocasionándose la rotura de los arbotantes y el hundimiento de la bóveda de la nave central; la de la nave latel'lal ( fíg. J. n) , si no fué d es trozada directamente por la bomba, lo sería por la caída so bre ella de los arbotantes. Las t'ocíaáuras de la explosión debieron ser amortiguadas por el efecto áe colch ón que debió ejercer la techumbre de la na ve lateral ( fig. 6." ) , pues los escasos deterior os que presenta el botarel en su cara interna ( fíg. l." ) pudieron se r producidos por lo s fragmentos de escombro que chocasen con él. E sta hipótesis parece satisfacer las condiciones requeridas, y además deja cierta holgura res¡:ecto a las circunstancias y sitio del impacto. Es una lástima que tal explicación parezca ser la más verosímil; porque sí en realidad sucedieron así las cosas, no nos reporta grandes enseñanzas para nuestro estudio de la teoría del gótico, exceptuando quizá s lo referente a la ligereza de la construcción y al organizado enlace

explo sivos sobre estas d elicadas y complejas malla s de piedra, y que, sin embargo, se limitase la destrucción casi exclusivamente a lo s elementos alcanzados por los proyectiles.

Pero si proseguim os nuestras reflexiones llegaremo s a convencernos, sin embargo, de que la est ructura r eve lada por las ruina s no es, en modo alguno, la que nos indica la teoría. S e nos había habituado a creer qu e dicha estructura só lo constaba de bó• vedas, pilas de apoyo y contrafuertes; pero ahora vemos, pr ácticamente, que ta nto l os arcos del cuerpo alto de luc es como el muro que media entre e llo s y por cima de ellos, en R eims ( fig. 7. ") , están magníficamente organizados y construí dos ( fig. 2." )

Asími smo, considerando el caso en que las bóvedas han podido ser arrancadas de cuajo, nos cercioramos de que es preciso contar ese muro y esos arcos entre lo s elementos que deb e mos considerar como estructura. P or otra ¡:arte, se nos r evela la fachada principal como una maciza y g randiosa edificación en un todo capaz de su bsistir aisladamente. Tanto se a¡::roxima, en realidad, a con s tituír una composici ón completa en sí mi sma, que cuesta trabajo per suadir se, cuando se la mira ¡::or la cara posterior, d e que so lamente sea una fachada y no una edificación independiente (fíg. 8 /). Hecho que todavía resulta más patente si examinamo s otras ruina s, muy próximas a Soissons, en la s que vemos los rest os que la Re v olución francesa dejó de la iglesia de San Juan de la s Viña s ( fíg s 9. fi y lO. ft ). Ruina que puede contar se entre

7." - Catedral de Reims. Trasdó s de las bóvedas de spué s de la destrucción de la cubierta.

Fi g 8. " - Catedral de Soi ssons. Trasdó s de la fachada principal y de la s torre s , puesto al descubierto por la destrucción de las nave s de los elementos de cada tram o de bóveda. El precedente análisis nos servirá, sin embargo, para evidenciar cuán difícil es conjeturar con ¡::recisión cómo debieron ocurrir los diferentes casos de hundimiento y qué arrie sga do se ría el pretender sa car excesivas consecuencias en ese sector de nuestras investigaciones.

Habiendo ya examinado cuidadosamente los hechos puestos de manifie sto por las vistas de las ruina s, y después de relacionarlos entre sí, tanto por lo que se refiere a los elementos constructivos a que afectan, como por lo que atañe a los principios teóricos implicados, ¡::ermítasenos seguir examinando la teoría general de la arquitectura gótica y las cuestiones en tela de juicio que suscita ( según pusimos de manifiesto en la primera parte de este trabajo ) V ea m os cómo soporta aquélla el cotejo con los hechos, y si pueden éstos dilucidar tan debatidas cuestiones.

La impresión m ás vigorosa que se desprende ciertamente del estudio realizado en estos monumentos es la de su trabazon orgánica. Cuanto mas descarnado queda su esqueleto en estos trágicos cortes que revelan si multáneamente lo interior y lo exterior, viéndose todo en per spectiva, mejor percibimos su ingenioso sistema, tan diferente del que de s cubren la s ruinas de todas las demá s arquitectura s Vemo s, por ejemplo, un gran machón ( el botarel ) intacto, pero separado del cuerpo del edificio por un corte tan limpio como el de la amputación de un miembro (fíg. l.", e ) Se nos muestra todo un tramo de bóveda suprimido udicalmente; pero las líneas de ruptura coinciden casi con las divisiones arquitectónicas y estructurales, como s í se tratase de una vértebra ( figs. l. " , a, 3.", b, y 5 .") De scú bre se, en verdad, una estructura más orgánica de lo que nos bacía suponer el espectáculo de esas mismas bóvedas que se hundieron dejando limpios lo s muros (Hg 2. n). Así es que, en realidad, nos llena de admiración que pudieran precipitarse aquellas tromba s de acero y de los má s terribles - 100

las má s hermosa s y menos conocidas de Europa ente r a. Por último, en la catedral de R e ims, lo s arbotantes de las naves, vis t os, como ahora pueden verse, a través de lo s ven tanale s de las torres , patentizan la deficiente proporción entre el conjunto de la fachada y el de las naves; así como en Soiss on s vemos la carencia de conexión estructural. Todo lo relativo a las fachadas principales plantea también una cuestión de inobservancia, no sólo de lo s ¡::rincipios lógicos y del de manifestación de la estructura , sí que también del de la osatura orgánica , y, por consiguiente, merece se r dete nidamen te analizado en esos r espectos. Por lo que concierne al principio orgánico, es preciso consignar que, si bien lo expresan ¡::erfectamente en sí mismas, se nos muestran estas fachada s - y ahora más claramente que nunca - como una patente infracción de dicho principio en cuanto se refiere a la relación de la imafronte con el cuerpo principal del t emplo Y heno s aquí otra vez plantea ndo la inevitable cuestión, verdadera espina en toda esta materia. ¿ Fu é, pue s, la lógica (la lógica esencialmente constructiva ) la guía y la ley que pre si di ó la concepción y el trazado de estas catedrales? Indudablemente, se puede contestar, que sus trazas estaban mu y penetrada s de un razonador espíritu arquitectónico, especialmente en cuanto se refiere a las bóvedas y sus nervaturas, por se r estos elementos esencialmente constructivos. E s muy posible que, justam ente por tratarse de ¡::roblema tan riguroso y difícil, se haya planteado con sen cillez tan notoria. La protección absoluta que las bóveda s suministran al re sto del edificio contra l os ri esgos de una techumbre combustible (s egún se ha demostrado en Reim s), la forma de las bó vedas, la pequeñez de sus piedras, su ligereza, su tradosado a nivel, su adaptaci ón a los peraltados arcos formero s par a concentrar los empujes, son ra sgos que parecen ba sa r se todo s ellos exclu sivamente en un ideal const r uctivo. Y, s in embargo,

Fig 6."- Catedral de Soi ssons. La gran brecha de l a nave mayor y el contrarre sto de sus bóvedas.
Fig.

ARQUITECTURA

sabemos que en uno de sus caracteres más fundamentales, cual es su inmensa altura, no estaban r eguladas por la lógica, sino por otro ideal. Ese constante e ideal prurito de aumentar su elev acíón originó algunos de los mayores problemas de esta arquitectura; por lo pronto es la verdadera causa de todo el sis tema de contrarr estos exte ri ores, con todos sus riesgos y costo sa construcción. Pero cuando ent re las afirmaciones teóricas nos encon tramo s la de que esta a rq uitectura se basaba primordialmente sobr e {a ' \. .

Fig. 9 " -·· Parte posterior de las torres de San Juan de las Viñas, antes del último bombardeo compleja di al é ct ic a d e [os t ie m pos m e di o s ( 4 ) , o bien cuando nos dice uno de sus más reciente s historiadore s ( 5 ) "ni un átomo de la es tru ctura era ineficaz , ni se dejaba nada que fuese vital al capricho o al azar. ley es de la belleza quedaban subordinadas a las de la vida científica", advertimos que se pretende imponer el seño r ío absoluto de la lógica. Pero actualmente, ¿qué es lo que la r ealidad nos enseña? En R eims vemos la importancia del trozo de muro que se alza a bastante altura por cima del trasdó s de las bóvedas, en torno de todo el edificio (fig. 7. " ); pero toda vía se nos muestra otro e.s fuerzo considerable d e los constructores en el suntuoso para¡:eto puramente decorativo ( 6 ) que corona el referido muro ( fig. l2 ") ; ve r emos la construcción para la esl:elta torre, exclusivamente decorativa, que ' se alzaba so bre el centro del crucero y que tan importantísimo papel debió desem¡:eñar en el efecto gene ral exterio r del antiguo edificio del siglo XIII. También ahora, más cla r amente que antes, advertimos ( fi g 0 ."), a través de los ventanales de las torres, la enorme disparidad que media entre el tamaño y la forma del cuerpo de la iglesia y los d e su fachada. Pues bien; lisa y llanamente, nada de es to tiene la menor relación con la "dialéctica" ni con la s de la vida científica " Esas aplicaciones t an excesivas y autoritarias de la teor í a no concuerdan en modo alguno con la realidad del monumento. Cierto, muy cierto, que su edificación es lógica; pero no de un modo absolutamente exclusivo. Así, pues, el maestro autor de aquellas obras no estaba supeditado de un modo absoluto a la lógica, ni a la estricta economí a, ni a nada por el estilo. No por cierto. A veces se separaba por completo de la lógica e insertaba en su catedral cosas que implican una car g a e x traordinaria para los cenceños y esbeltos pilare s y un gasto inútil", según la f ra se vulga r. H ombre de t ales a rr estos, es bien seguro que habrá hecho en el edificio otras muchas cosas tan "ilógicas" y tan decorativas como las re señadas. Establecido todo esto, tratemos de esclarecer otras hipóte sis o problemas. Uno de ellos es la supre sión del muro en el cuerpo de luces de la nave. ¿ Fué el en tu sias mo de haber ll egado a de t ermina r l ógicamente la inutilidad del muro l o que condujo a aquellos maestros a substitui r el cerramiento de pi ed ra con el encristalado, apesar de que éste d ebía segurame nte re sultar más caro y menos duradero?

P orque, sea cual fuere el coste de la s vidrie ra s, nada r esul ta hoy día en Francia m ás barato ni más sencillo que la cantería lisa, necesaria para la construc ción de dicho muro; y, a juzgar por la maestría de los mazoneros medievales, no es fácil que ocurriese entonces lo contrario. Si aun nos cupiese alguna duda, podemos convencernos viendo en es t e ejemp lo esa gran masa de muro continuo que el constructor colocó sobre lo s arcos de la

(4) A K P orler , Bey encl A.n·hilcr· t urc, ¡1ág. 3 7 (5) S t uq;is y Frotl t ing ham YOI II L pl-'tg. 29 (6) Co m p[nese c on e l ele la cate d ra l d e S ol ss o n s (Cig. 3.a).

d e r educi d a a:tut-a. la (lue ¡llt ram e n te ex ig t s u ú til, seg ún he ¡Jod i do co mprobar

ventanería alta, contrariando por completo la s exígenciélls estructurale s.

También en este asunto cabe dudar de la intervención de la lógica e inclinarse a creer que el verdadero motivo para la supresión del muro fuese el atractivo ejercido por la belleza misma de las vidrieras pintadas.

El principio lógico va íntimamente unido con el del acuse o manifestación de {a estructura para conseguir efectos estéticos. También en esta materia se esclarece la teoría por el examen de las ruinas , que la en sus más amplías aplicaciones. Confírma se de un modo sorprendente la teoría de que las nervaturas sopo rtan Jos plementos de la bó veda, por el modo como ha ocurrido su fractura, así como por la extensión de ésta, haciéndonos ve r que los ne rvio s, no só lo son miembros realmente funcionales, sino que constituyen la parte más importante de la bóved a. Los ejemplos en que todo el plemento se ha caído hasta junto el mismo nervio o baquetón, no sólo son más numerosos que los del caso contrarío, sino que en estos últimos mismos se manifiestan generalmente unas quiebra s que siguen dirección paralela a los nervios. Todos estos he<:hos parecen, pues, desmentir la opinión de Porter (7), de que la función de los nervios o baquetones como sopo rte s de la bóveda había sido uexagerada sobremanera", ya que ante todo se r vían para sostener las cimbras de madera durante la construcción; así como la afirmación de Brutails (8) de que las nervaturas er an soportar, en teoría; pe r o en realidad sólo servían para el aspecto o apariencia". Por lo que a este principio general, parece existir, sin embargo, cierta confusión de conceptos. Es cierto que para la obtención del efecto del edificio convenía acusar el sistema de la s bóvedas nervadas. Parecidos recur sos han usado todas las arquitecturas - recuérde se si no la decoración interna de la cúpula del Pante ón de Roma o el modo de subrayar la función mecánica del arquitrabe en el entablam ento griego, dejándole absolu tame nte liso. - Análogamente, l os constructores góticos acentuaban con énfasis la nervaturélls de sus bóvedas. De todo lo cual resulta inevitable que l os más bellos efectos de los edificios góticos están íntimamente ligado s con las necesidades que satisfacían: tal es el caso de la s in su perabl es per¡:ectívas de sus interiores, producidas por la manife stación estructural de las part es del edificio - naves laterales, crucero y deambulatorios, - impuestas, de segu r o, por necesidades litúrgicas. Por tanto, no se

Fig. lO. " - Ruinas de Sa n Juan de las Viña s miente al decir que l as principales fuentes de -sus efectos estéticos brotan de la re ve lación de la estructura, con la única y notable excepción de la s vidrieras de colores. Pero un error dialéctico, en el que con frecuencia se incurre, consiste en transformar el concepto de lo que sólo es un medio en el de fin primordial. Tal ha suce dido al parecer con este principio de la manifestación de la estructura, llegando a creerle una ley del estilo de universal aplicación, y así se ha originado la teoría expuesta en ( 7) P o m·ter, of Lombm·cz a n d Gothic Y,a u lts pág 16. ( 8 ) B n•ta il s, o bra cita da, páginl:l 153.

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ARQUITECTURA

Cuadro de elementos y principios

RESULTADOS ORDENADOS

POR ELEMENTOS

l .-- Las nervaturas sostienen la b óve da. y, por tanto, concentran s u s empujes.

2. -· En la parte baja no sopo rtan la bóveda.

3.- Los arcos diagonale s proporcionan má s sos tén a la bóveda que los de cab e za.

4.- E l arbotant e no ejerce empuj e s obre la bóveda.

s.-A rb otante sup e rior. implantado d ema s iado arriba; es de e scasa eficacia para el contrarresto d e la bóveda.

5 bis.- Rotura d e l arbotante s up e ri o r.

6.- Los pináculos de los botareles r es ultan demasiado ligeros.

7. - Bóvedas. Los tramos contiguo s , en l as naves, no dependen unos de otros.

8.- Bóvedas. Se ha exagerado s u importancia en relación con la de l o s muro s

9. - Bóvedas. Altura d e l macizado o relleno de lo s senos.

1O. - Bóvedas. La zona d e arranqu es o e njarjes se sostiene por s í s ola , ind e pendientemente de l os nen-ios.

11 - Trasdosado de las b óvedas.

12.- existe solidaridad e ntre los plcmentos apoyado s sob re un mi s mo arco diagonal.

13.- Ligereza de la ed ificación. - Soiss on s

14.- Grande s espesores de la s bóveda sReims.

1.:;.- Las bó,·edas son ind epend ient es el e lo s muros.

16.- No hay so lidaridad entre lo s ar co:i forme ro s de la nav e mayor.

16 bis. - Lo s fustes o baqueton es d e la s pilas no son estructuralment e ese nciale s.

17.- E sc aso es¡)esor de lo s mur os.

18 - La parte de muro e ntr e l os arcos d e los ventana l es ti e ne v e rdadera importancia.

19.- Supresión de l os mur os.

20. - A rma zón orgánic a de la estru c tura.

21.- Importancia de la t echu mbr e.

22. - tran svers ale s d e bajo de la cuhi e rta de las nave s lateral es.

23. - Verdadera importan c ia d e l parapeto decorativo.

24. - La supresión del muro e n el cuerpo de luces es más decorativa qu e l ó gica.

2s. - La torre y flecha s sobre el cruc e ro ( 1 ) • muy lig eras, decorativa s.

26.- Falta de correspondencia en tr e la fachada y el cuerpo de l as na ves

27.- La estructura subsiste ca s i completa supr imida s las bóveda s.

28.- El arbotant e s uperior apenas contrarr es ta nada de las bówdas.

FIGURAS

Figuras l.a, a, 4.", b, 6.", e, y 16.•

Figuras 2.", b, 4.", e, 13.a (dos perforaciones).

Figuras 1.", a , 2!, e , s.•, 6!, a, b , d.

Figura 2.", d.

Figu ra s 2. ", f, y 5·"

Figura s 2." , d , y 14.", a.

Figura

F igura s l.", c. y 6.\ a.

Figuras 2.\ k, y 17 .•

F ? , 3 8 b 4 • , 6 ., b tguras _ _. e, e, , , . , a , 5-' y .' ,

Figuras 2." , b , s.a y 6. " b.

Figura 7 8 •

Figuras 2.". c. 4.•. c. y 6." , d

Figu r a s 2.", c s. \ 6.•, d , e, f. y 17."

Figura 13.•

Figuras 2. " , k, 4.a, a, y 18.•

F ? " 3 a " 1guras -· Y s..

Figuras l. ", f, 4.", d, y S·a

Figuras 1. ", d, 3.", b, y 6.•, e, f.

Figura 2.'\ k.

Figu ra La, b, c.

Figuras 1.8 e, S.• y 6.•, g.

Figura s 2." y 12.•

Figura 6. 8 h.

Figuras 7. " y 12 •

Figura ::; 7.a y 12."

Figuras 7." , 8.", 9.\ lO.a y 1¡a

Figuras z.a y 17."

Figuras 2.a, d, e, f, y 6.\ e.

DEL PRINCIPIO

confi rma e l prÍnCÍllÍO l ógico, a s Í como el acuse de la estructura. Contrariado el principio lógico y el acuse de la estructura.

Cont rariado el acuse de e s tructura ; confirmado el contrarresto de empu jes Contrariada la contraposición d e empujes.

I d e m íd. íd.

ld e m íd. íd.

Contrariada la t eorí a de l os pinácul os

Contra riado el equilibrio por colllrap us ición de empujes.

Co ntrariada la teoría.

Confirmada la teoría.

Contrariado el acu se de la e s tructura.

La teoría queda perfectamente d e m os trada

1

S <: con tra dice la teoría del equi libri o d e • empuJeS

En el pre sente caso la con strucción r es ulta r ealmente lig e ra.

Se contradice la lig e reza de la con s trucción en es te caso.

Punto de vista m ed ieval.

Se contradice el cq uililn·iv por colllraposición de empujes.

Acuse de la es tructura contradich o. a s í como e l principio de la /óyi ca.

Se confirma la ligereza de la con s trucción.

Revela el verdadero punto de Yi s ta medieval.

Coní irmad a la teoría.

Se confirma la t eoría.

Se contradice el acuse de la e s tru c tura.

I d em íd. íd.

Contrariado el rigor lógico.

Idem íd. íd.

Contrariado el rigor de la lóyica.

Idem íd. íd.

Punto de vista m e dieval.

ldem íd. íd. • •

ARQUITECTURA

los libros. Como en realidad equivale a atribuír ciertos sentimientos e ideales a los arquitectos de la edad media, esas afirmadon e s adquieren ípso facto interés de humanidad y comunican a l a historia del arte gótico un carácter dramático y ha sta moral sí se quiere. Es lástima que no puedan basarse o confirmarse tale s atribuciones con pruebas documentale s, que en vano se buscarán en los hí.storiadore s ; véanse, por ejemplo, los trabajos de un autor como Mr. Porter, que tan hábilmente sabe llegar a la entraña de lo s documento s para explicar lo s punto s de vista de aquellos tiempos, y nada análogo oí remotamente parecido se podrá encontrar. Para su examen y discu sión nos vemos, pues, limitado s al estudio de los monumento s mi smo s

La realidad nos enseña ahora que algunas cosas cons iderada s frecuentemente como estructura acusada no son verdaderamente estru-cturales. El fuste único ado sa do al cuerpo inferior de las pilas en la catedral de Soissons {fig s. J. " , f, 4.", d, y 5.") no soporta en realidad a los que corresponden a la s bóveda s de la na ve mayor, ni, por tanto, recibe carga alguna d e estas bóvedas. L a rotura muestra además la escasísíma ligaz ón que existía entre el fuste y la ¡;ita, insuficiente ¡:-ara c;:ue aquél aumente en nada la resistencia del pilar. Lo dicho no significa que el adosar ese fu ste sea un defecto de trazado, sin o únicamente que no expresa la r ealidad de la estructura; sólo es una ficción que sa tis face a la vista, aunque lo haga tal vez del modo má s adecuado.

Vol vamos a estudiar el caso del arbotante y su botarel. Sí observamos cuidadosamente el pu nto en que el arbotante superior intesta en el muro - catedral de So issons, fígs. 2. " , f, 6.", e,relacionándole con la altura del macizo de la bóveda ( fígs. 2. " , e, e, 4.•, 5.", y 6.", b, ), veremos que tal vez sólo el borde inferior de su secci ón coincide con la parte sólida del enjarje de la bóved a, y que el borde superior só lo acomete al muro. No explica esto muy sa tisfactoriamente la fundón de dicho arbotante superior; así es que nos podemos preguntar, como en el ca•so precedente, si no se rá una expre sió n estructural que no corre spon da c on la realidad de las cosas.

Por otra parte, mue stran también la s ruina s ciertos e lementos estructurales que no se acusan. Uno de ellos, que ahora se ve más , "

Fig. J J. " - Cated ral de Reims. La fach ada después del bombardeo claro que en Jo s dibujos t eó rico s, es e l macizado de l a parte inferior del arranque · de l as bóvedas, que sugiere la posible tra nsmisi ón del empuje de l os arcos de osatura a esa parte sólida ( fíg s. 2.", b, 5.", 6. " , b ) Decimos posible, porque del aspecto del macizado ( figs. 2.", e, 4. " , a, 6.", d, y J7.") parece deducirse un escaso resi stente para dicho se rvicio, siendo lo probable que sólo prestase el de aumentar ¡:eso De todo s modo s, se ve que el arranque y enjarje desempeña una función completamente distinta de la del resto de la bóveda, función que no s e acusa como no sea en el tamaño algo ma yo r de las piedras de esa esto tiene en sí poca importancia; pero en cierto aspecto no deja de tenerla , porque su trazado y ejecución contribuyen mucho a dar esa impresión de que las bóvedas se sostienen por completo en el interior.

A cuyo fin tendía también m gran parte el trazado de las nerva tura s y fustes.

En la catedral de Reim s se encuentra otro caso análogo (9). Son unos muros de traviesa que hay encima de las bóvedas; acodalando los arbotantes superiores. Esta interesante construcción sólo se encuentra en Reims; en Soissons no a parece, y pare-ce mostrar que los arbotantes de la parte superior no desempeñan el papel que aparentan, sino otro no acusado.

Otro caso del mismo g énero nos manifiestan los arcos diagonales que, tanto en la na ve central como en las laterales ( fígs. J. • , 2.", y J3 /), parecen limitar las o, lo que es lo mi smo, ser los arcos má s fuertes de la bóveda y los verdaderos

" - Catedral de Reims. Vista desde el Sur de destruída la t echumbre

límites de sus di visiones estructurales. Y , sin embargo, esto no se acusa por una mayor sección tran sve rsal de los diagonales, sino que, por el contrario, son los arcos perpiaños o fajones los que aparecen expresando tales funciones, con sus 'Perfiles más vigo., rosos y mayor secc10n.

También tenemos la estructura de la techumbre, que manifiestan -con toda claridad las fotografías de Soissons ( figs. 2.", y J7." ) , ¿puede eludírse la cuestión diciendo que "no es la verdadera cubierta " (JO ) y que no tiene importancia bastante para exigir que se acuse su es tructura, ni cómo se sosHene? Sabemos que su peso total era próximamente los dos tercios del de las bóvedas ( J J ) , carga con la cual no tu vie ron más remedio que contar los que traza sen el edificio. También poseía un valor decorativo, cuya importancia muestra la comparación del aspecto antes y después de su de strucción ( R eí ms, fíg. J2. " ). Y además c:onstituía una estructura orgánica con sus formas o cuchíllos correspondientes a los arcos de la s bóveda s, estructuras que los constructores hubieran podido revelar al exterior si hubiesen querido.

Queda, por último, la cuestión de las fachadas. No es de ahora la di sc usión de su mayor o menor falta de relación con el cuerpo del edifico, o del acu se de aquél; pero sí han aumentado considerablemente las facilidades para que nos podamos cerciorar. Los ejemplos de Reíms y San Juan de las Viñas, Soissons ( figs 9.", JO. " y H. " ), son convincentes. Estudiémosla también en la catedral de Soissons, con una fotografía tomada a•ntes del bombardeo final ( fi g. J5. ") y con un croquis hecho desFués de la s jo rnadas del Ai sne - j unio de J9J8 - (fig. 8.") , mirando por la brecha de la na ve hada el trasdós o respaldo de la fachada ¡:ríncipal. Con asombro nos damos cuenta de que el arco rel ativamen te pequeñísimo que vemos en el centro corresponde a la sección de la bóveda de la na ve, y que los arcos de los lados pertenecen al basamento de las torres.

Contemplemos ahora la fachada ( fíg. J5. "), y advertiremos la expresión tan sencilla y directa que manifiesta de algo que no tiene la menor relación con el edificio que hay detrás. ¿Es posi ble sos tener que para los artistas que construyeron estas fachada s haya podido ser el acuse de la estructura un principio regulador en el sen tido que nos lo imponen los libros modernos ? Sí la s comparamos con la encantadora traza de la iglesia de San Nica sio (Reims), de la que ya no qu edan más dibujos ( J2), y la consideramos como ylerdadero tipo de fa chada gótica plenamente desarrollada, tendremos que reconocer que las otras distan mu-

( 9 ) En un a fo tog raffa e n la H i sto ri n de lct A 1·q uU ec t unt, de Ki r. ball y E;ugell, p á.g- 2 8 7 , ii g 144.

( 1 O) M oore, p á.g ina 170

( 11 ) En S t - Oue n , d e Ro u e n , e l p e so de la cub ier t a sobre ca da p il a es d e 12 0 0 0 kilo gra m os y e l de la bóv e da 20.0 0 0

( G u adet , v o l II pá.g. 3 44, f¡g 1.096)

( 12) S ttu·giss y Ft·othi?hUhant II, pág. 110. ( Viollet le Duc, D ico io n n t'i o d e A t•q ni t e c t ut ·a, tomo III, C lo cker, fig, 7 5. -

Fi g. J2.

ARQUITECTURA

cho de serlo. ¿Por qué, pues, aceptar como ley, r eg las que presentan excepciones de tal importancia ?

Todos estos ejemplos de cosa s, que aquellos constructores conocían mejor que nosotros y que no han querido acusar, contradicen la generalidad del principio y nos deben hacer más ca u tos en lo sucesivo para limitar la generalidad en nuestros aserto s

Tócano s ahora revi sar el principio llamado generalmente del equilibrio de em pu jes y considerado muy a menudo como el más fundamental del estilo (J3). Su caso más sencillo y comprensible es el de los arcos adyacentes, que se contrarrestan mutuamente. Según la teoría, al suprimir uno, lo s demás tienden a caer se como una fila de ficha s de dominó; porque se sostienen por equilíbraftSe mutuamente los empujes de cada dos contiguos. Pero si examinamos los arcos formeros de la na ve y los de comunicación, en la catedral de Soissons ( figs. J. " , 2." , 3. " y 5. ") , veremos que los arcos que han quedad o a uno y otro lado de la brecha se sostienen perfectamente sin el contraempuje -de sus contiguos destruidos, aun a pesar de las terribles conmociones que los sucesivos destrozos han debido causar a la osatura del edificio.

El equilibrio de empujes contiguos se supone generalmente que también existe entre los plementos adyacentes de una m is ma

bóveda, así como entre los dos arcos diagonales que arrancan de un mismo apoyo. En cuanto a los plementos, no lo confirman las figuras J. " , 2.", e, 4. " , e, y 6. " , d, por el modo como han quedado, pareciendo ser má s cierto que sobre los nervios diagonales mismos se anula el empuje del plemento. Respecto a los arcos diagonales, el testimonio de los que han quedado intactos se muestra contradictorio. En las figuras 2. n, e, y 6.", d, queda un solo diagonal contradiciendo la teoría; en las 2. ", b, 4. " a, y 6. ", a, vemos que quedado la parte inferior del sólido del enjarje que basta a contrarre star al arco contiguo, confirmándose la teoría. En la nave baja (Hg. J. " , a, a), están intactos los diagonales de dos tramos contiguo s

Por lo que res¡::ecta a l os tramos de la nave mayor, podrá afirmarse que no se contrarrestaban mutuamente, sí se con si deran las fases sucesivas de su ruina mostradas por los figuras 2. " , 5." y 8. " ( véase núm. 7 del cuadro general). Parece, pues, confirmarse la opinión sostenida por algunos de que dichos tramos no pretendían contrarrestarse y que su independencia mutua constituye positivamente una ventaja constructiva. Como caso típico y capital ejemplo del prínéipio que estudiamos se cita· siempre el contrarresto de la bóveda por el arbotante. Pues bien; ahora vemos que no hay tal contraposición de empuje acfi<vo en la acepción que se venía usando. Si el arbotante ejerciese empuje contrarío al de la bóveda, cuando esta se hunde, aquél volcaría al endeble muro hacía el interior; cosa que no ha sucedido en varios casos de lo s que examinamos (fígs. 2.", d , f, y 6. " , f). Claro es que existía el equilibrio, y que la bóveda empujaba contra el arbotante; pero este último actuaba casi meramente .como un puntal que recibe dicho empuje y lo transmite a los grandes botareles exteriores. Transmisión de empujes más bien que equilibrio, es lo que el ejemplo nos revela.

El dibujo de la sección de St - Ouen, de Rouen (J4 ) , en el que se indica la forma teórica del contrarresto, al par que la real-

(1 3) Sturg iss y Ji'rothingham III pág. XXIX. (14) D e l a o bl'a d e Guad et fig. 1.096. Pana los s opo rt es pro

mente u sa da en esa i g lesia, acabará de esclarecer este particular. El arbotante , calculado científicamente, apar e ce en su ve rdadero oficio de puntal, li sa y llanamente. Pero su s líneas esquemáticas no constituyen la exclusiva solución del problema. El sistema empleado por el constructor es una a¡:roximación a la forma teórica, ¡::ero mucho más agradable que aquella; así como la s complicadas combinaciones curvilíneas de las grandes armadura s inglesas de madera, se aproximan a los diagramas rectilíneo s d e ciertas formas o cuchíllos que serían la solución puramente m ecánica del problema constructivo. Aquí surge inevitablemente la cuestión de si los tracístas o mae stros góticos conocían esa solución matemática, ese mínimo científico. E s indudable que no sabían hallarlo matemáticament e (J 5 ) Pudiera, sí, vislumbrarse, por lo que hemos indagado acerca del acuse de la estructura, que se hacían cargo de que la forma artística y práctica que adoptaba n se distanciaba bastante de la forma útil o necesaria. Pero si admitimos que aquellos artistas ¡::royectaban en conformidad con l a verdadera estructura, aunque sabiéndola ampliar libremente cuando la juz ga ban inadecuada, también ¡::adremos admitir que en sus primitivos ensayos (l6 ) con structivos , en su s tallere s y pla nos de montea, pudieron aprender ap ro xi madam ente cuales eran la s

líneas nece sa rias del arbotante; ¡::ero que prefi rieron satisfacer la s condiciones del problema por medio de formas más libre s y má s arquitectónicas, como las que vemos en la catedral de Soissons.

Las conclusiones a que respecto al arbotante hemo s ll ega do no nos impiden reconocer que esa transmisión de empuje s con stituyó realmente una gran innovación, tan original como atrevida , y tan afortunamente tratada como genuinamente gótica. En vez de lo de la s "fuerzas vivas" actuando c ons tantemente y "luchando entre sf', nos contentarem os con la transmisión de empujes y con un sistema real y efectivo de bóvedas, elementos que en r ealidad constituyeron una nueva arquitectura, cuya mae stría, originalidad y le dan títul os suficiente s a nuestro estudio y admiración.

Quédanos por estudiar otro principio más general: la ligereza de la construcción y sus causas determinantes. En las ru inas de edificios más reducidos se encuentran casos sorprendentes d e ligereza en la construcción de la s bóveda s, cuyas plem en taria s. por ser meros cascarones de sittareios del gadísi mos, se han aplanado sobre el suelo ca si como si fueran d e baldosines ( fi g. 16 ") Y aun en la catedral de Soissons las bóvedas de la nave son tan ligeras que algunas parecen haber se venido abajo, con nervaturas y todo, con explosione s tan débil es que no han destruido siguiera la techumbre. Pudiera esto deber se a que el proyectil sólo ¡:erfora se la cubierta y la bóveda ( fig. 2. " , m ) , o bien a que entrase ¡::or un ventanal, como en la figura 2 .', d, haciendo luego volar en añicos las delicadas plementarias y nervaturás, al estallar dentro. Pudiera sos¡::echarse si no se habrán caído l os dos tramos de bóveda contiguos a la g ran brecha por consecuencia de la ruina de la bóveda correspondiente a ésta, y al principio d e l equilibrio de em¡::ujes. La figura 5. • , de fotografía tomada en fecha anterior, nos muestra que se hundió dicha bóveda, pero quedaron en pie la s dos conti g ua s En S oissons los muros son también muy delgados ( figs. J. " , d, 3.a, e, 6.", f), especialmente en su parte superior, donde no tienen más es¡::esor que el de un

(t5) Guadet, 11 }Jág. 331. (16) Por ejempl o, en l a tle Xoyo n. ' lu st r &da ¡10 1' 1\ioore, fig, 4 7

Fig. 13." -Catedral de Reims. Perforaciones en las bóveda s producidas por la s bombas.
Fig. 14.3 - Absíde de la catedral de Reims.
Fig. J5. " - Catedral de Soissons. La fachada ante s del bombard eo

ARQUITECTURA

sHlarejo, cuyo g rue so sólo excede al de la tracería li sa de los veotanates, en el saliente de l a moldura de las archivoltas de éstos (fígs 2. ' , f, 6.", e, y J8. ") P o r el contrario, las bóved as de Reim s ( fig. J3: ) son muy reci as y no muestran síntoma s de hundimiento. Se ve que los proyectiles no han hecho más que ¡:erf orar limpiamente la espléndida fábrica de las bóveda s O 7 ) I gual se manifiesta en el gran muro de recinto y en su parapeto ( fig. 7. " ). A su g ra n fortaleza - proverbial en Franci a - se debe que éstas bÓveda s no hayan sido totalmente arruinadas por los b ombardeo s, así como también a la abnegación de los soldados franceses, que, cuando e l bombardeo, continuamente di-

Fig. J6." -Iglesia de Nettancourt

rí gido contra el crucero, ame naza ba a rru ina r tod o e l centro del edificio, trepaban bajo el fuego rara construir los areos de fábrica necesarios para evitarlo.

El motivo básico de 'la ligereza que, en general, presenta l a construcción gótica se re vela en g ra n parte mediant e la comparación de l as catedrales de R eims y S oissons. Esta última era mucho menos impo rta n te y estaba construida con menor lu jo. La d e R ei m s se erigió para que fue se el templo regio y más espléndido de Francia. Cl a ramente se deduce que la ligereza constructiva de Soissons dimana de la economía, mostrada también en t odos sus demás elementos y detalle s

Pero en tiénda se bien que la li ger e za de la construcción es cosa distinta del efecto o impresión de ligerzea, el cual es mu cho más ¡:ronunciado en Reim s, con sus haces de columnas en lo s apoyo s, aé re os arbotantes y eshltas torrecillas en la fachada, y no ¡: or economía, sino por amor a l efecto per seguido, que es u na de las más l:ellas característica s del gótico.

E x puest os ya la mayo r parte d e los problemas relativos a le s elementos de aquellas construcciones, nos queda por discutir cuál fué la raz ón determinant e rara preferir el arco apuntado al de medio punto, y examinar si tal cuestión, que parece ta n d e pura arqueología, se pudiera dilucidar ¡=or el estudio de las ruinas. Y a h e mos visto que los arcos diagonales se han co ns truido mejor que los otr os ( cuadro genera l núm. 3 ) ; pues bien, lo s de la na ve ba ja son de medio punto ( fig. J. " ) , y los de la na ve ( fíg. 5 "), casi l o mismo, mientra s que lo s demás arcos son apuntados ( figuras 4 " y 5." ) Las apariencias, p o r lo que a la construcción se refiere, favo r ecen al a r c o de medio punto, lo cual hace s uponer qu e se adoptaría el apuntado por ot r as razo nes, tales como l a reducción del empuje, el aparejo de las bóvedas o la belleza de la forma. P e r o el testimonio de las r uinas no es tampoco d ecisivo en cuanto a qué forma de arco sea más resistente; por lo cual, esta es una d e las muchas que han de esperar para se r re sue lta s a q u e p r og re se el conocimiento de la construcción y d e su histori a.

Un detalle interesante en la evo lución del estilo es el cambio del fin ú til de los pináculos de los contrafuertes, en un fin casi exclusivamente decorativo. El á b side de Reíro s ( fig. J4. ") nos muestra destruídos dos de lo s elevados templetes de sus pináculos, y ctro privado efe una de las columnas que lo sos tienen; lo cual no ha implicado g raves daños para la construcción en torno suyo, excepto par a el ligero parapeto de coronación de las capillas, evidenciándo se a:sí la verdadera ligereza de aquellos elementos, a pesar de su aparente solidez, y poniendo de manifie s to, que aun (17) p oseo fo tog rafías de lo s d estrozos post e ri o r .:- s. E n l\l<t d e L>l !> no s e ha l:>fa n publi ca do t o da vra postal e s del int erio r, y cua nd o e stuv e, en Octubre d e 1918, se prohibf.a l a e n trada a 1a catedral, por las mu chas p i edr 1s q ue se d e sp r c n dfl'l.n.

en época tan temprana como la de a quella construcción, se sabía ya que no eran esenciales para l a estabilidad, y que constituían e leme n t os d eco rativo s tanto en el aspecto como en la realidad. El es tudio de las últimas vistas de Soissons ( fíg. 2. " ) sugiere una importante observación de carácter general, a saber: la importancia de la masa de edificación que de hundirs e las bóveda s ha quedado en p ie Causa verdadera sorpresa el adve rtirlo, mucho mayor si se recuerdan los prolijos estudios acerca de bóvedas y apoyos de que están llenos nuestros libros sobre arquitectura gótica. Cuando esperábamos encontrar que el muro exterior, que juzgábamos mera envolvente de las bóvedas, se habría derrumbado al caer éstas, y <:reíamos que todo el edificio se cifraba únicamente en bóveda s, pilares, contrafuertes y cerramientos de vidrieras, vemos cosa muy distinta ante nuestros ojos. De las siete bóvedas que componían la na ve han desaparecido cuatro, dos de ellas materialmente extirpadas, y, sin embargo, la r.ute más considerable del edificio quedó en píe. Advertimos en seguida que los muros subsisten también con toda la composición de la na ve completa, excepto que, en vez de las bóvedas, nos muestra la techumbre de madera ( fig. J7."). Esto nos hace recordar con timidez las herética s elucubraciones de F érgusson sobr e la s ''fingidas cubierta s de piedra" 08), y sugiere la idea de que tal fué e l a s¡:e cto del edificio durant e largos años, en la Edad M edia, · mi en tra s estuvo en c onstrucción ( má s o menos utilizado para el culto), hasta llegar a su última con la construcción de las bóveda s b aj o la rrotección de la techumbre. También nos hace pensar en que, para el maestro que trazó el monumento, constituyeron no pequeña parte d e sus rroblemas y ca vilacíones esta cubierta, esos muros, el triforio, las cubiertas de las na ves b ajas, la acción del viento, la evacuación de las aguas y de las nieves, y que todo ello lo tuvo que resolver independientemente de las b óvedas o a ¡:esar de ellas. De esta contemplación se sale con un nuevo conce¡:to y sentido del monumento, apreciándolo como un conjunto condicio n ado en lo fundamental por la bóveda, ciertamente, ¡:ero constituyendo en sí mismo una gran composición y una obra g randi os a.

Terminado nuestro cotejo de la teoría en esos dos magníficos ejemplares del arte gotico, trataremos de resumir los resultados.

Emrezarem os rcr rec onocer la teoría se confirma en cuanto se refiere al principio con má s insistencia formulado y con mayor unanimidad admitido; cual es la trabazón orgánica de la estructura, ¡: atentizada admirablemente r o r el modo como ha soportado la violencia del bombardeo.

En seg uida hemos de consignar que, si bien las ruinas ponen de manifiesto la íntima ada¡;tación del sistema de bóvedas a las

Fíg. J7. " - Cat ed r al de Soísson s. Cubi erta de la na ve central necesidades constructivas, han revelado también otros elementos y r e lacion es de partes que las contradicen. Cierto es que estos casos no son de extraordinaria importancia, pero bastan para refutar la • teor ía de que las exigencias constructivas, llevadas hasta sus más ló gicas consecuencias, pueden por sí solas dar la explicación de aquellas comple j as traza s Ca si por completo obedecieron a razones de o rden estético, cuya probable importancia proclaman.

E l principio del equilibrio por contraposición de empujes resulta mucho menos cierto y, al parecer, debiera <:oncedérsele menor alcance. En su principal aplicación, en el caso del arbotante, aparece en oposición manifiesta con los hechos, y sólo parece confirmarse res¡:ecto a algunas nervaturas de las bóvedas.

Al ac u se o manifestación de la estructura parece habérsele dado exagerada transcendencia. Más que un principio, debe considerar se como un recurso arquitectónico, como, a mi ;uicio, hacían los constructores de la Edad Media, que lo manejaban según requería el efecto artístico del conjunto.

( 1 8 ) Férgttsson, Histo1·y of A 1'chit ec t w·e, I pAg. :}2 1.

ARQUITECTURA

La ligereza de la construcción se confirma de un modo sorrrendente; ¡:ero, más que nada, parece motivada por necesidades económicas, res¡:ecto a la construcción estructural, y por exigencias del trazado arquitectónico, en los elementos de forma y apariencia.

En cuanto basta ahora llevamo s dicho nos hemos limitado al análisis de la teoría, y cuando hemos encontrado que los hechos oponen a ella, hemos hecho resaltar, no lo que na aquella arquitectura, sino lo que no era. Se pudiera, pues, sospechar que hemos querido despo;arla de sus excelencias, una tras de otra, y GUe nos hemos propuesto una labor destructiva aprovechándonos de sus terribles infortunios para descubrir sus errores.

Permítasenos volver la página. Lo que pudiera parecer labor destructiva tiende en realidad a libertar esas bellísimas creaciones de las cadenas demas iado fuertes de la clasificación, for;adas por literatos de espíritu científico. Las afirmaciones autoritariast fundadas sobre las entusiastas hipótesis de Viollet-le-Duc, o sobre teorías literario-arquitectónicas, no pueden sino dañar a la causa de un arte como aquél e inspirar de svío, más que devociónt entre sus admiradores; teorías menos rígidas, más libres y veraces, son la s que convienen a esos capítulos de la hi storia del espíritu bumano, cifrados en aquellas catedrales. Si al hacer esto privamos al historiador de su capítulo umás satisfactoriort, donde ''todo descansa sobre ¡:remisa innegables, matemáticas y científicasrt (J 9), tanto ¡:eor para él. De las grandes arquitecturas es ésta la más penetrada de imaginación, la que más se funda en ll!l programa puramente ideal. Aunque desarrollado con admirable fuerza razonadora ese programa inmaterial - principalmente inspirado por el sentimiento religioso y su inherente tendencia a la elevación y al misterio,- es su verdadero fundamento y se revela en todas sus partes.

Al rom¡:-er as í abiertamentet en ciertos puntos, con las teorías ( 19) Sturgis y Ft"'tll in gha m JI p{lg 9.

DE LA

de los tratadistas, de ningún modo emprendemos sendas retrógradas, sino que, por el contrario, nos orientamos bacía el porvenir. La contemplación de estas ruinas ba de sugerir inevitablemente un nuevo concepto del gótico; concepto en cuya exposición, las nervaturas de las bóveda s, los haces de columnas de las pilast la forma dada a los arbotantes y contrarrestos, los amplios ventanales, y, por último, las fachadas, encontrarán su verdadera explicación como partes de un trazado y composición puramente arquitectónicos, que, no sólo se asimiló las exigencias de orden religioso y constructivo, sino que las dominó y satisfizo por completo.

R o gerio Gitman. (Traducción del arquitecto R omá n Loredo).

Nota. -El siguiente párrafo, tomado de una reciente publicación francesa ( 20 ), explica cómo se produ;o la ruina de la catedral de Soissons: uA ¡:rincipios de Febrero de l'H5, una bomba a la segunda pila de la nave y la cortó a unos cuatro metros de altura sobre el suelo. Se hundió su ¡:arte superior con el capitel y la s hiladas del arranque correspondiente de la bóveda, arrastrando en su caída las partes contiguas del triforio y su muro de cerramiento. Pronto aumentó la ruina. A fines de marzo, las bóvedas de la nave mayor y de la colateral que cargaban sobre la pila destrozada, faltas de su apoyo, se hundieron, así como también todo el triforio correspondiente: los ventanales, el arbotante, la armadura de madera y la cubierta de la nave".

Si esto es exacto {y no hay motivo para dudar de tan circunstanciado relato ), aunque v aría mi explicación de cómo pudo ocurrir la ruina, no invalida nada de lo expuesto en este estudio. (20) Gnides 1/111strées 1fkll cli 11 d es dwm¡ Js d e /JH/a ! l/ u

P ar ís d e 1919; s e c c i(m el e pág. 2 1.

N PANAMERICANA

ID>E ARQUITECTURA Los los nacionales

OR repu-tarlo de interés, publicamos a continuación el veredi c to del jurado que entend-ió en los ios presentados por los Arquite c tos uruguayos a la Primera Exposición Panam ericana de Arquitectura celebrada en Montevideo, en Marzo de 1920 con motivo de l Primer Cong'reso Panamericano de Arquitectos.

En Montevideo, a ocho de M arzo de mil novecientos veinte, reunidos en ] urado los delegados señores R. Villem inot, delegado ar g entino; A. Coni Molrina, delegado argentino; O. Montané Urrejola, delegado chileno; E. Boix, delegado cubano; Newbery Thomas, delegado nor· te americano; M. T alía, delegado paraguayo; Horacio Acosta y Lar a delegado uruguayo; J acobo V ázquez V arel a. delegado urug'uayo y Daniel Ro cco , presidente del Comité de Exposición, han acordado lo siguiente:

Primero: Declarar fue r a de concurso las obras pre· se ntadas por los señores H. A c osta y Lar a, V ázquez V a• rela y Onofre Montané Urrejol.a, Boix y Terra Arocena en razón de ser miembros del ] urado sus autores o c oautores.

Segundo: Declarar igualmente fuera de concurso a la Direcci ó n de Arquitectura de la República Argentina en ra::tón de no haberse ajustado a la dáusula primera de las c ondiciones de presentación y al arquitecto ] osé P. Carré en sus proy ectos de Gobelinos, en virtud de no correspon· der por su destino a edificios o monumentos realizados o a realizarse en América.

Tercero: Declarar igualmente fuera de concur so al señor arquitecto Cayetano Moretti en virtud de que los trabajos que ha presentado son la continuación obligada de conceptos generales de otros aTquitectos y de no ha·

llarse en ellos por esa razón c ompletam ente repres e ntada su personalidad artística.

Cuarto: Discernir los siguientes premios:

Primera Categoría. - Gran prremio de honor : a) a la Dire cc ión de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Rep {, blica O. del Urugua y b) AJ arquitecto ]osé P. Carré.- Medalla de oro: a) al arquitecto Ernesto Vespigniani (Ar g entina). b) a los arquite c tos Cifuentes y J acquier (Chile). e ) al a rqu ite c to Albe rto Shade (Chile) - Medalla de plata con primera men c i ó n : a) al arquitec· to Juan M. Delgado (Uru guay ). b) a los arqu.ite c tos E. Durán Guani y L. Durán V e iga (Ur ugu a y ). - Medalla de plata con segunda men c ió n: a) a los arquitectos Azza· rini y Vilamajo (Uru g ua y ).

Segunda Categoría. - MedaUa de plata con primerra mención: a) al Arquite c to A lbertolli. (Argentina). b) a la Comisi ó n de Casas Barata s. (Argentina). e ) al Arquite cto J osué Smith Solar. (Chile) d) a los Arquitectos Lerena Acevedo y Lerena ] uanic ó (Urugua y Tercera Categor1a. - Medalla de plata con primera mención: :s) a• l señor Rodolfo Brú gola. (Argentina).

Cuarta Categoría. - Desierta.

Quinta Categoría. - Desierta.

Sexta Categor í a. - Men c iones espe c iales: Repúbli c a Argentina: a) Arquitecto Alejandro ChristopheTsen. - El Jurado lamenta que en razón de lo establecido por el agre· gado al programa para los trabajos presentados en esta Categoría, no le sea posible discernir a dicho señor una más alta rrecompensa al valioso conjunto que ha presenta· do. b) Arquitecto Alejandro Bustillo. e) Sociedad Central de Arquitectos. d) Arquitecto G. Aloisi. e) Arquitecto Al-

ARQUITECTURA

bertolli. f) Arquit ectos T ogneri y Fitt e g) Ar quitecto Juan W aldorp. Bolivia: a) Arquitecto Emilio ViUanueva. b) Arquitecto A. Posnansk y. e) Arqu ite cto J. Mariaca. Chile: a) Dirección General de Obras Públicas. b) Arquitectos E. Doyere y Patricio lrrazabal. e) Arquitecto Mo rales. d) Arquitecto Luis Mosquera. Estados Unidos: a) Office of Supervising Architect Treasur y Departament U. S. A. b) Mac Kin, Mead and \Vhite. e) U. S. Housing Corporation d) W. M. B. Stin e r. Uruguay: a) Arquitectos Azzarini y Vilamajó. b) Arquitectos V ázquez Barriere y Ruano. e) Ar quitectos More a u y Pérez Montero. - El Jurado otorga también menciones especiales para los conjuntos de docu mentos fotográficos p re•sentados por .las Repúblicas del Ecuador, Paragua y y Perú. Firmado: A. Coni M olina, delegado argentino. R. Vill emin ot, delegado •argen,t tino. O. M ontané Urrejola, delegado chileno. Elzeario Boix, cuba-

no. l. Newbery Thomas , delegado norteamericano. M. Talia, delegado paraguayo. H. Acosta y Lara, delegado uru· guayo ]. V ázquez V arel a, delegado uruguayo. Daniel Roeco , Presidente del Comité de Exposición. El Comité de hace saber que el juicio so· bre los trabajos argentin os, chilenos y norteamericanos presentados con poster ioridad a la fecha oficial y expues· tos al público en el mes de Agosto de 1920, se verificó por Jurado compuesto por Jos señores Ar•quitectos Horacio Acosta y Lara, Decano de la Fac u ltad de Arquitectura, ]o· sé P. Carré, Alfredo J ones Bronw y J acobo V ázquez Varela profesores de arquitectura, Elz.eario Boix delegado de Cuba al Congreso de Marzo y el infrascripto Preside nte. Firmado. Daniel Rocco , Presidente. Pedro Belloni y Gadea, Se cretario.

Proyecto de Jardines

Ampliación del jardín botánico del Prado

1--- AL TABA en el Jardín Botánico del P rado - el principal y más bello paseo público de Mont'evideouna zona reservada al cult i vo de la s especies medi c.¡na l es •' "'' • ,_.' :

del país y de otras co marcas suceptibl e•s de aclimatarse al clima de la capital.

La Dirección de Paseos Públicos, que actua lm ente termina los tr abajos de transformación y embellecimiento del Jardín Botánico, ha decidido anexarle un•a

parcela de terreno de unas tres hectáreas de superficie, co ntiguo al mismo y co n fr ente al camino Re yes El trazado de caminos y la subdivi,sión en canteros '

se hará de acuerdo co n el plano que publicamos, proyecto del arquitecto J. A. S casso , técnico de la Dir ecc ión de Paseos Públicos, que fué aprobado por el Conoejo de A. Departamental con fecha 13 de Diciembre de 1920. Dos zon as se destacan en el 1la próximo al

-

ARQUITECTURA

ca mino, reservada para las plantas medicinales agrupa· das de acuerdo con u n cie ntífico moderno, cons· tit uye u n museo vegetal, e n tal c oncepto los c anteros t i e nen reduc ida extensión, y so n de c onfi g ura c i ó n regular ; la segunda, la poste rior, será u na com pleta cole cc ión botáni c a y zona de experimenta c ión.

Es en esta par t e que los estudiantes de .la F ac uitad de Medi c ina y Es cue la de Farmacia, realizarán sus es t u ·

dios de botánica p ráct i ca y aplicada, completando los pro · gramas en toda su integridad y c on todo el aprovechamien· • to ne cesano

Para q ue estos estudios p ue dan efectuarse de manera efi c az se ha previs to la co n strucció n de un laboratorio. La decoración de los jardines se co mpleta co n un vasto estanque e n el ca mino c entral, pérg olas, bancos de• cora hvos, et c

EL MONUMENTO AL GAUJ(Clffi6

lF ALL()) DEL ]URAIQ) (Q)

He aquí el fallo del ] urado que entendió en el con· curso de bocetos para u n Mon u mento al Gau c h o que debe erigirse en nues tra c apital.

"En Monte vi d eo , a los 26 días del mes de Setiemb re de 1921, reunido el jurado para p r o c eder a la designación de los premios, de acuerdo co n el llamado a co n curso y después de exponer c ada u no de s u s miembros las ra-:.ones co nfirmatorias de l as ex posi c iones, en sesiones anteriores, se pasó a tomar los vo to s dando el siguiente re· sultado.

Para p ri mer premio: El señor arquitecto ] acobo Varela por el lema "Ansina"; el do c tor Alejandro GaUinal

Lema "An sin a " , Primer Premio

Autor: J osé Zorrílla de San Martín

"G b' , " por uazu 1ra ; el señor presidente doctor Regu les por "Guazubirá ", En co nse c uen c ia se declaran: por Ansina"; el señor Pedr o Blanes Viale por "La Fu en • te"; e l señor ingeniero Carlos A. Aro ce na por "Ansina,.; el señor pr es idente do ct o r Elías Regules por "Ansina".

Para segundo pr e mi o: El señor V ázquez Varela po r el lema "Centauro"; el doctor GaUina:l por "Centauro"; e l señor Blanes Viale p or "Centauro"; el señor Arocena desierto; el señor presid e nt e do c tor Regules po r "Guazu · b , tra

Para t e r c er prem io: El ar qu itecto V ázq u ez Varela p or el lena "Gesta"; el doctor Gallina! por "Guazubirá" ; el señor Blanes Vial e por Ansina,; el señor Arocena

108-

" C entauro", Segundo Pr emio

José Barbieri

•

Lema "Guazubirá", Tercer Premio

Aut o res: Pa scual Gui ssan i y Fra n ci sco Zorrílla de S an Martín

Lema
Autor:

ARQUITECTURA

P "A ,. r1mer premiO: nstna

Segundo prem Ío: Centauro".

T ''G b' '" erc er prem1o: uazu ua

Abiertos los sobres cerrados de los :lemas premiados de acuerdo con las bases del concurso, resultan premiados los siguientes autore•s:

Con primer premio: Lema Ansina ". El señor José Luis ZorriUa de San Martín.

Con segundo premio: Lema Centauro". El señor José Barbieri.

Con tercer premio : Lem-a Guazubirá". Los señore s

Pascual Guisani y Francis co Zor-r.iUa de San Martín.

Se toman además las siguientes resoluciones:

Que desde el día 27 del corriente, los autore s de los bocetos no premiados, pueden retirar ,su trabajo de acuerdo con el artículo 9. 0 de las bases del concurso. Que ,¡a Comisión del Monumento a:l Gaucho queda enca rgad a de ha cer la entrega de los premios y llenar las demás formalidades previs ta s en las mism as bases. No siendo para má s el a-cto, y a fin de que cons te, f ir mamos la presente en MonteV'ideo, a 26 de Setiembre de 1921.- (Firm¡ado): EHas Reguiles, Carlos A. Arocena, Alej andro Gallina'l. J. V ázquez Varela, Pedro Blanes Viale.

PROGRtlMtl : Una Sociedad de ffiúsica .

El edificio que será destinado a la sede de una sociedad de Músi co s y Autores Dramáticos, se co mpondrá de:

Un V estíbulo. - Un Hal.l. - Un alojamiento de cied.ad de Músi cos y Autores Dramáti cos, se compondrá de:

Un vestíbulo. - Un Hall. - Un aloja miento d e Conserj e. - Varios salones pa ra fiestas. - Jardín de

invierno, etc. - Un café R •estaurant. - Salones de juego. - Varios salones de estudio para la composición.Una Bibliote c a musica-l con Gabinete para el Bibliotecario. - Un Museo de in strumentos an•tiguos y modernos. - Una sala de Conciertos para 800 auditorios, con sus dependencias, uno o dos "Foyers ", algunos camarines para artistas, vestuaTios, W. C., etc. - Los varios locales estarán reunidos por pórticos o galerías. - El terreno aislado no excederá de 150 mts en su mayor dimensión (comprendidos los jardines).

Alumno. - A. Barbieri
Planta principal
Prof. Arqto: José P. Carré

ARQUITECTURA

A continuació n transcribimos el programa que sirvió de base para el desarroUo del primer esquicio del año en el 4. o curso de Arquitectura.

TEMA : Una Institución de Ciencias naturales.

Este establecimiento situado dentro de una gran ciudad universitaria, tendrá su entrada principal sobre una pública y comprenderá tl'les divisiones: Geología y Mineralogía.- Zoología.- Botánica.Estas tres divisiones comprenderán cada una: Un anfiteatro. - Varias salas de prepara c ió n y conferencias. -

Uno o dos laboratorios. - V arios gabinetes para profesores y maestros de conferencias. - Depósitos. - Una sa•la de colec c iones. - Un laboratorio especial para el certificado de estudios - La Zoología deberá además disponer de an acuario, un vivero y una perrera.

La botánica deberá disponer de invernáculos y de un jardín que se dispondrán de manera que participen en la decora c ión d,e conjunto del estable c í• mtento.

La mavor dimensi ó n del terreno no ex c eder á de 15 0 • metros.

Alumno. - A. Barbieri
Fachada
Prof. Arqto: Jos é P. Carré
Alumno Alberto Muño:
Profesor Arqto : José P. Carré
Alumno ltalo Dighiero
Profesor Arqto: José P. Carré

ARQUITECTURA

CURSO DE MODEltiDO : 1 ? 11 Semestres

Los trabajos que p ubl i ca mos a co ntinuación han sido

ejecutados copiando del yeso el motivo Central y componiendo el alumno la guarda, para lo cual se le ha dado co mo elemento. hojas naturales.

América Ríc aldoni

antuario acional

En Montevideo el seis de Setiembre de mil novecientos veinte y u no, reunidos los infrasc,riptos que constituyen el Jurado que debe resolver sobre los pro· yec tos de los Arquite ctos que fueron premiados e n e'l primer grado e invitados a co n curr ir al segundo grado del concurso de pla nos para la erecc ión del San tuario N acional del Cerrito, acordaron por unanimidad .lo que sigue:

1. 0 Declarar e legido el pro yecto presentado por el arquitecto don Ernes to V e spigniani, qu•ien gozará por lo

ICA

La reforma de tos Estatutos y la personerla jurldlca de la Sociedad de Arquitectos

Publicamos a continuación, la nota de la Comisión Directiva de la "Sociedad de Arquitectos del Uruguay " pasada al Ministerio de Industrias acompañando lo s Estatuto s reformados, así como la resolución del Gobierno acordando nuevamente a la · Sociedad, su personería j urídica. Los Estatutos, con las modificaciones introducidas, fueron ya ¡:ublícados en estas mismas páginas. Montevideo, Mayo 3J de l92L - E xm o. Ministro de Industrias. - Alfredo R. Camfos y Fernando Capurro, respectivamente Presidente y Secretario de la "SOCIEDAD DE ARQUITECTOS DEL URUGUAY", con sede en la Avenida l8 de Julio N. o 953, antes V. E. nos presentamos y decimos: Que, ésta Sociedad en Asamblea General el día 9 de Mayo último, reformó sus Estatutos y dispuso que se obtuviese del P. E. y en su favor la personería jurídica que le es indi spensa ble para llenar cumplidamente sus fines.

A la consecución de éste propósito adjuntamos copia autenticada de los Estatutos reformados y pedimo-s a V. E. se sirva acordar a la "SOCIEDAD DE ARQUITECTOS DEL URUGUAY" la personería jurídica correspondiente: Art. 2 J Código Civil.

tanto de los derechos que le acuerda el artículo 7. 0 de ¡as bases para e.l segundo grado de e-ste concurso.

2. 0 Declarar así mismo que el señor arquitecto don Juan Giur ia es acreedor a la asignación correspondiente establecida en el referido artícülo.

El Jurado se complace en manifestar que ambos arquitectos ha n confirmado l o s méritos revelados en el primer llamado.-Firmado: ]uan Zorri71a de San M art1n, Silvio G er anio , Alfredo Arocena, Elzeario Boix, Daniel Rocco

Sírva se V. E. a sí disponer por ser justicia. - A. R. Campos, F. Capurro.

TESTIMONIO MINISTERIO DE INDUSTRIAS. Montevideo, Junio 24 de J 92J. - "Vista la solicitud ele "la So" cíedad de Arquitectos del Uruguay" elevando al P. E. sus 41 estatutos reformados a fin que le sea reconocida la ¡:ersonería " jurídica: Con el Señor Fiscal dictaminante: EL CONSEJO H NACIONAL DE ADMINISTRACION. RESUELVE: J. o ConH ceder a la Socieda4 de Arquitectos del Uruguay la ¡:ersonería 11 jurídica que se solícita de acuerdo con el artículo 2J del Código H Civil y con sujeción a todas las prescripciones legales generales 11 y es¡:eciales vigentes y que en lo sucesivo se dicten. 2. o Que '' rrevía reposición de sellos y timbres que correspondan, se ex" pidan los testimonios que se solicitan. Se notifique, se publique H y se archive. POR EL CONSEJO. BATLLE Y ORDOÑEZ. 11 Luís C. Caviglía. T. Vidal Belo'\ - Secretario Es copia fiel. - Carlo s del Castillo, Director de Secciones.

Con motivo de la fecha patria del 25 de Agosto, Confraternidad la Sociedad de Arquitectos ha recibido los telegraprofesional mas cuyo texto a continuación se transcribe: Del Instituto de Arquitectos de Santiago. "Agosto • 25. Sociedad de Arquitectos. Instituto de Arquitectos adhiere con t-ntusiasmo sincero aniversario Independencia gran Re-

Juan Aubríot

ARQUITECTURA

pública Uru guay, formulando votos pro s¡:eridad pueblo hermano. González Cortes, Presidente. Muller Sierra, Secretario.

V al paraíso 25 de Agosto: Presidente Sociedad de Arquitectos. Montevideo. Instituto Arquitectos V al¡:araíso presenta en este día a colegas uruguayos sus más calurosas felicitaciones. Horado Duble, Presidente. A. Vargas Stoller, Secretario.

Los telegramas tra ns critos fueron contestados p or la nota siguiente:

Montevideo, Ago sto 29 de l92J.

Sr. Presidente del In st ituto de Arquitecto s Santiago de Chile

Arq. Don Ricardo González Cortés.

De mi mayor consideración:

En nombre de la Comisión de la Sociedad de Arquitectos, agradezco a V d. la amable gentileza que ha tenido el Instituto de su digna presidencia al enviar un atento telegrama de felicitación en ocasión de nuestra fiesta nacional.

Ese generoso rasgo de confraternidad contribuye a estrechar con mayor intensidad lo s vínculos que nos unen a esa institución hermana.

Al reiterar la expresión del más since ro reconocimiento, los arquitectos uruguayos envían a sus colegas de la noble República de Chile la seguridad de su invariable afecto.

Con tal motivo, me es grato suscribirme de V d. con mi consideración más distinguida.

Daniel Rocco, Presidente.

Rom án Berro, Secretario.

Nota análoga fué pasada al Sr. Presidente del Instituto de Arquitectos de V alpara íso Chile. Arq. Don Horado Duble:

Reaúmen de las actas de aealo· nea de la Comiai6n Directiva de la Sociedad

Sesi ón del 8 de Agosto. - Habiendo sido llenada las vacantes que por expiración de su mandato de;aron algunos miembros de la Comisión Directiva, en la sesi ón que con esta fecha se celebra, se procede a la distribución de cargos, de acuerdo con sus Estatutos reformados, quedando constituida la nueva autoddad en la forma que se expresa a continuación: Presidente: Emilio Conforte. Vice Presidente: Daniel Rocco, Secretario: Rom.án Berro, Tesorero: Carlos Pérez Montero, Vocales: Horado Acosta y Lara, Alfredo R. Campos, Horado Terra Arocena, Alberto Canabal y Rodolfo L. Amargós.

Sesión del J5 A gosfo. - Asisten los señores Rocco, Acosta y Lar a, Amargós, T erra Arocena y Berro. Habiendo presentado renuncia del cargo de Presidente para el que fuera designado en la sesión anterior, el señor Emilio Conforte y atento a las causas que la fundan, se resuelve aceptarla, designánd ose en su sustitución al Vice Presidente señor Daniel Rocco, pasando el señor Conforte a ocupar el cargo de Vice. El seño r Eugenio P. Baroffio es designado para integrar la comisión del nuevo hospital, en reemplazo del señor A. R. Campos que renunció.

Pasa a estudio de una Comisión la Ordenanza sobre instaladores de obras sanitarias que el Concejo de Administración Departamental ha remitido en vista a la Sociedad.

Se sió n del 22 de Ag osto - Asisten los señores: Rocco, Acosta y Lara, Pére: Montero, Campos, Conforte, Canabal, Amargós y Berro. El señor Campos presenta un informe sobre la Ordenanza de instaladores sanitarios. Se aprueba y se encomienda al señor Pé rez Montero cónsu lte nuevamente al Asesor Letrado de la Sociedad. Luego, de acuerdo con el nuevo Reglamento Interno de la Sociedad, se procede a la designación de Director de la Revista "ARQUITECTURA" para el período Jq2J-l922, designaci ón que recae en el señor Leopoldo Carlos Agorio.

Sesió n del 29 de Agosto. - Asisten los señores: Rocco, Acosta y Lar a, Campos, T erra Arocena, Amargós y Berro. Se cambian ideas con el señor Agorio, director de "ARQUITECTURA", que asiste a la sesión, sobre la organización de la Revis ta. Sesi ón del 5 de Seti embre. - Asisten los señores: Rocco, Acosta y Lara, Pérez Montero, Amargós, Terra Arocena, Canabal,

C onforte y Berro. En esta sesión se dá a conocer la opinión del asesor letrado d e la Sociedad so bre la Ordenanza de instaladores sanitarios y se discute sobre el informe que debe presentarse a la s autoridades municipales.

S esión del 12 d e S etiembre. - Asisten lo s señores: Rocc o, Pérez Montero , y Lara, Terra Cam¡:os y Berro. Queda acordado el texto definitivo del informe sobre la Ord enanza de instaladores sa nitarios. Se designan Redactores de "Arquitectura", de acuerdo con la propue sta del Director de la misma, señor Agorio, a l os arquitectos: H orado T erra Arocena, Juan A. Sca sso, Rodolfo Amargós, Maurido Cra vo tto y Pedro J. Bell oni Gadea.

Entre el Preal- He aquí el texto de las notas cambiadas entre e1 dente de la Repaíbllca, doctor Presidente de la Rept'tblica, doctor Baltasar Brum y Baltaaar Brum y la Sociedad Central de Arquitect os de Buenos Air es, la Sociedad Cen- d l l b tral de Arqullec - e a cua es socio onorario. toa de Buenos Montevideo, Agosto 6 de 1921. - Señor Pre si dent e Ai res. d Central de Arquitectos Don Carlos E. Becker. Buestinguido señor:

Agradecido ¡:or la distinción con que me ha honrado la Sociedad de Arquitectos de Buenos Aires, al nombrarme socio h onorario y queriendo al mismo tiempo vincularme aún má s a esa pre stig iosa institución, ¡:íenso donar una medalla para que se adjudique al vencedor en alguno de los concursos de estudiantes qu e se organiza ba;o su patrocinio.

Como no estoy suficientemente ínteriorizado respecto de l as condiciones en que se otorgan lo s premios en tales concursos, des earía que me comunicase el de stino que se daría a dicha medall a a electo de adaptar, si fuera posible la acuñación de la mi sma y ponerle la leyenda correspondiente.

Saludo a V d. con mi con side ración más distinguida. Firmad o B atfasa r Brum.

SOCIEDAD CENTRAL DE ARQUITECTOS. Buenos Aires, Setiembre 5 de l92l. A S. E. el Señor Presidente de la R epública Oriental del Uruguay, Doctor Baltasar Brum. Montevideo.

Tengo el honor de dirigirme a V. E. para acusar recibo d e la nota fechada el 6 de Agosto ppado. y agradecer en nombr e d e la Sociedad Central de Arquitectos, la valiosa oferta que se dig na hacerle y que dará a nuestros concursos anuale s de "Estímulo de Arquitectura ' ' un poderoso impulso. Quiera, antes todo, V. E. di sc ulpar la demora en contestar tan honrosa nota; ello se debe a la circunstancia de que durante el mes de Agosto han sido renovadas las autoridades de la Sociedad. En la primer sesión de la nueva C. D. ha sido aceptada la gentil do nación de V. E. re so l vién dose que la medalla figure como "Gran Premio" en el concurso "Estímulo de Arquitectura " Estos concur sos se realizan anualmente sobre temas varios de arquitectura y corresponder á al próximo el N. o XV. ( Año J92J ) Aprovecho esta oportunidad para saludar a V. E. con mi má s alta con sideración. Carlos Jf m·ra, Pre s idente. Jorge V. Ri'Darol a, Se cret ario.

Nota pasada por 1 a Sociedad a loa ex - directores de " Arquitectura ".

He aquí el texto de la nota pasada por la C omi sión Directiva de la Sociedad de Arquitecto s, a los miembros del Consejo de Dirección de la revi st a "ARQUITECTURA", arquitectos Eugenio P. Baroffio y Silvío Geranio con motivo de beber terminad o su cometido al frente de dicho órgano de publicidad, por expiración del plazo por el cual fueron designados.

"Montevideo Agosto 2q de J 92J. - Sr. Arquitecto Distinguido consocio: Cumplo con el grato deber de expresarle el reconocimiento de esta Comisión Directiva por los valiosos servicios que V d. ha prestado a la Sociedad en su carácter de miembro del Consejo de Dirección de la revi sta "ARQUITECTURA". Al iniciar ahora, de acuerdo con el Reglamento Interno de la Soci eda d, una nueva organización de "ARQUITECTURA", me complazco en dejar constancia de su activa gestión al frente de la mi sma, donde ha demostrado una vez más su interé s por nuestra in stitución profesional.

Con tal motivo reitero a V d. las segurida de s de mi ma yo r aprecio. Firmado: D .:t niel R occo, Pre si dente. R omán Berr o, S ec r etario•

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