Estamos llamados a la comunión durante toda nuestra vida. A medida que crecemos y nos desarrollamos, las diferencias con los otros se acentúan, pero esa conexión primitiva se transforma en una comunión más rica y consciente en la que las diferencias no son barreras, sino oportunidades para complementarnos y enriquecernos mutuamente. Solo en la diferencia puede haber verdadera comunión y encuentro.