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POEMAS DE PILAR PAZ PASAMAR

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DÍA DEL LIBRO 2015 BIBLIOTECA DEL IES ZOCO


MARA (1951) ¿Dónde voy yo, Dios mío, con este peso tuyo entre los brazos? ¿Para qué has designado mi pobre fuerza a tu cansancio inmenso? Si quieres descansar, descansa en otros, apoya tu palabra en otras bocas que te dirán mejor. Yo quiero ir a solas por el campo, sin motivos, sin lazos y sin cosas. Vete ya, no soy yo quien debiera sostenerte. Tu peso duele mucho, y es muy grande tu fatiga de Dios sobre mi cuerpo. ¿A dónde quieres ir sobre este vago caminar de mis pies, que no se orientan?


Búscate un lecho blando en el pecho del niño, o del poeta, pero déjame a mí, muda y perdida, sobre la tarde sola. No huelles más mi hierba que humedece un rocío continuo y desvelado. Estoy empobrecida de lágrimas y gestos, no tengo más calor que el de esta pena sorda, y eres muy grande Tú para este frío, y es muy pequeño el beso de mi boca. ¡Déjame ya, Señor! ¡Hay tanta espiga! ¡Hay tanta espiga enhiesta…! No recorras este arenal desierto de mi huida. ¡Déjame ya!... ¡Se está tan bien a solas!


Madre, tú eres ya, no tuya, sino mía. Te has ido dando como la luna sobre el agua. Toda tu claridad se ha reflejado inmensa sobre mi alma. Madre, ya no eres tú, tu risa no es tu risa, soy yo quien te sonríe, quien te mueve las manos, quien te vive y respira por ti. Ya no eres tú, madre mía, has fijado tu claridad lo mismo que la luna en el lago. En mí tu imagen flota, reposa, duerme, gira, en una completísima unidad que nivelan tu carne con mi carne, tus ojos con mis ojos, tu pena con mi pena. Y tu fin –extinguirte sonriendo− es el mío. ¡Tu fin! Allá en lo alto te esperará una estrella. Yo te sujetaré con mis manos, tan jóvenes, más arriba del mar, más arriba del tiempo, y nos daremos juntas, madre mía, tan juntas, que Dios no pueda nunca distinguir si eres una o somos dos, a una, las que nos hemos muerto.

UNIDAD


ABANDONO

Pero tú no sabías que el amor es tan fuerte por la mano de Dios, tú no sabías eso, apenas enredado en los hilos del sueño. Pero tú no sabías que el amor es más grande que el dolor, que es más puro y más grande que el mar, y no te diste entero a mi honda ternura. Porque tú te creías que podías romper el filo de la estrella, y ahondar con tu estatura la bóveda del cielo, y palpar con tus manos este fuego, esta ansia, y luego abandonarlos… Pero te has ido ya y, sin embargo, tienes −¿verdad?− aún en tus ojos lágrimas imprecisas, y un peso entre tu pecho que te dice que vivo, que me he quedado atrás, muda, aguardando el alba…


VIAJE Hoy el viejo recuerdo me visita en un poniente azul que a yodo sabe. Por mi mar se desliza ya la nave de la pasión, porque el recuerdo incita. Voy cruzando mi anchura. Necesitan mis ojos lo infinito de la tarde para que tu figura, inmensa, encuadre en este atardecer, en esta cita. Internándome en mí, más pura fluye tu palabra de ausencia y tu caricia se desdobla más pura en mi desvelo. Quiero llegar al fin, hasta la nube, por los surcos del alma, sin sonrisa, y mi pecho desnudo frente al cielo.


LAS COSAS OLVIDADAS Desprendidas estáis de mi memoria por las urgentes manos del olvido. Puedo pensar, tan sólo, que habéis sido paso de nube o ave transitoria. Que cruzasteis un día por la historia del corazón sabiéndolo dormido, y fue tan leve el paso y sin sonido que no os pudo aprehender. Por la ilusoria madeja que es el tiempo, busco en vano el hilo del regreso, mas la mano que os enreda mantiene esta porfía. Y aunque reclame vuestra carne ausente, y aunque la invoque, sé que inútilmente os pienso ya. La eternidad no es mía.


LAS COSAS ODIADAS No es culpa mía. Hay un abismo abierto aun antes de existir. En la memoria de quien lo hizo esté el remordimiento. Estoy desperdiciando con vosotras una frecuente luz que bien pudiera iluminar las manos generosas, iluminar los trigos y las cepas, encenderme en el llanto o la alegría. ¿Cómo es posible que no os lleve junto a mi corazón como a otras tantas, que involuntariamente en mí os destruya? Más que dolor es miedo a contemplaros desde mi pensamiento, reconocer que es imposible quereros acercar y, sobre todo, saber que incluso el odio es una forma de sentir la vida, que estáis también alimentándome, que vuestra muerte es una forma de crecerme en mí misma, que involuntariamente el corazón os siente: ¡que sois mías!


EL RECLINATORIO ¿Quién colocó mentira sobre el suelo para las descansadas bienvenidas? ¿Para qué fe sin luz, ansias mullidas arropan al dolor con terciopelo? Quien cabalgue amargura, vaya a pelo con las roncas espuelas doloridas, fluyéndole la sangre por las bridas, sobre las ancas de la bestia en celo. De rodillas aquellos, los que ignoren que pueden encontrarte en una rosa o en la terrible soledad espesa. Que es muy fácil, Señor, que aquí te lloren con una bienvenida presurosa y la sangre rotundamente ilesa.


Ablativo amor (1956) VII Descubro aquí el engaño y me sonrojo, de soledad ante el amante muero. Quiero decir Amor sin poder, quiero fingirte, Amor, cogerte y no te cojo. Lanzo mi lazo tristemente, arrojo mi soledad al aire del alero donde un pájaro pudo compañero llevar compás con otro pico rojo. Te deseo a ti solo y seriamente sin que te burles más desde otra boca donde muestras tu gracia insobornable. Tú que lo puedes todo, al fin consiente: Date ya de una vez. Mírame. Tócame con tu alado filo vulnerable.


Ablativo amor (1956) XIII Todo lo que se dice en la distancia me llega al corazón cansado y frío como a la desembocadura el río y la memoria al mundo de la infancia. Sin sal, sin olor ni la prestancia con los que Amor se crece en poderío, así perdió la letra el mucho brío y el corazón sus fueros y sustancia. Así te tengo; lejos y a deshora, Amor, tan lejos como a Dios te tengo sin saber en verdad tu pertenencia. ¿Dónde poner los ojos a esta hora? No sé si te reclamo o si me vengo invocando al olvido en esta ausencia.


Ablativo amor (1956) XV Sabes mi corazรณn como un camino que hayas cruzado una y cien mil veces, como el oficiador sabe sus preces. Haces costumbre del Amor mi trino. Te sabes de memoria mi destino, y en su tierra te hundes o te creces, cosa que no has ganado ni mereces pero que quiero darte como un vino. Sabes tanto que sabes que no puedo llegarme a otra fuente que tu boca y que no tengo libre la mirada. Sabes que te prefiero y que concedo todo lo que tu dulce mano invoca. Que en ti estรก todo, y lo demรกs es nada.


Por ti, te lo confieso, busqué en el Diccionario nuevas palabras para nombrarte enriquecida, extraños nombres de aves, de flores y de pájaros, nombres que al escribir tu nombre se me olvidan. Nada aprendí. Lo siento. Los libros no me aportan otra cosa que dulces golpes de agua escondida, como si una marea subiera por mi pecho y un bajamar total me dejase rendida. Mis palabras de ahora son las mismas palabras como siempre que espero, mi esperanza es la misma de encerrarte en un canto total en donde quepan todas aquellas cosas que no son para escritas. Para decir tu nombre mejor, yo convocara todas las primaveras del mundo y las que existan cuando mi boca quede hundida para siempre en la tierra, y yo pueda cantarte desde arriba. Pero es así, y te cumplo de esta inútil manera, de este modo deforme con que tejo sin prisa el tapiz amoroso donde he de echar mi cuerpo cuando esté la tarea rebosada y cumplida. Acato el mutilado sonido que me tañes, las imprevistas flores, tus fugas y visitas. Déjame que te nombre como puedo nombrarte: la Nunca Poseída.

LA POESÍA


SECRETO

Mar amarilla y amarga, yo bien me sé tu secreto: atada estás para siempre, de cara a los cuatro vientos. Por ser tan grande, ya ves: todo te viene pequeño. Saca a subasta tus peces, pon a tus tesoros precio, vende el limo de tu fondo, la espuma azul de tus pechos, devuelve, mar amarilla, la sal a los salineros, escupe en la orilla antes que lleguen a tu secreto… Te miro desde la orilla acurrucada, en acecho, recitando de memoria tu letanía y tu rezo… Que no. Qué pena me das, tan grande y tan sin contento… Te pierdes lo que te pierdes por avariciosa. Pero −mar amarga y amarilla− yo bien me sé tu secreto: ¡Qué darías por saber lo que pasa tierra adentro!


Violencia inmóvil [1967] SOLO me queda el corazón. Palabras ya no me bastan. Sobra el pensamiento. Solo me queda el corazón, más grande, cada vez más amargo y más sediento. Hablo con él, le digo: ten cuidado, te has lastimado muchas veces. Pero yo bien sé que me puede y que se crece con cada asombro y cada desaliento. He nacido con él y no hago nada por emerger en otro clima. Pendo como la luna más desamparada en un vaivén de luces y de vientos.

Voy buscando señales en los ojos, en las calles aparco mi desvelo, me arrimo por las sombras de otras voces y cuelgo mi pregunta en los aleros. Cuando llega una tarde como estas, una tarde sin prisa ni deseos, una tarde de pena, una de tantas tardes oscuras del aburrimiento, puedo oírlo mejor. Late despacio, tremendamente solitario. Puedo sentir el corazón en cada vena, está casi en la punta de los dedos. Casi puede romperse de tan frágil, de tan crecido casi escapa. Quepo mejor yo en él que en mí cabe el latido… ¡Le viene grande el corazón al cuerpo!


COMPAÑERO pacífico, monarca de la espera. Pasa tu mano ya por mis pestañas, vuélvete a mí, vayamos de la lucha a los sueños, tú que todo lo encalmas cuando llegas. Llegas tú silencioso, como ciervo gigante. Llegas, y se reposan las nubes y las charcas. Apareces soberbio, como un golpe de espuma y mi frente ensanchada recoge el universo. Tú concretas la tarde y ahuyentas los ruidos, compañero apacible, paz de mi noche oscura. Tu paso ordena el mueble, la sábana se esponja, purificas el humo, mi gran desinfectante, no solo a mí me abrazas con tus brazos redondos, no me besas tan solo, me apaciguas, me ciegas. Tu madera es la puerta donde a la paz me arrojo.


La torre de Babel y otros asuntos [1982] APRENDIZAJE Mis ojos aprendieron a mirarte, soltaron sus escamas. Mis brazos aprendieron a abrazarte: soltaron sus amarras. Mi miedo abandonó la casa un día “estando ya la casa sosegada”. Mi falsa paz quedó sin apellido, tuviste que nombrarla. Mi paso perdió el rumbo y me encontré golpeando tu aldaba. Me amenazaron vientos y ciclones… ¡Y yo, como si nada!


Philomena [1994] •

SUMERGIDA ATLÁNTIDA ¡Dejemos de escarbar en pueblos sepultados, las ruinas de la Atlántida sumergida, los odres rescatados, los vientres de la tierra! Todo lo engulle, todo se lo apropia la cautiva materna, todo lo amalgama o lo sacude como fiera, aventa parásitos de un golpe. Aquí su coletazo sepultó un paraíso, su saliva marina paladeó el desastre y ya nadie se atreve con el fondo del agua. Irene, Santa Irene, Santorino, pendemos en el aire por los cables metálicos y, en la quilla, la barca nos regala su espuma. Qué menos ni que más que respirar el gozo del azul, reciclados a tierra, hermosamente vivos, de cara a la belleza, ¡busquemos la postura como la buganvilla sobre la cal del muro!


FELICIDAD Jamás con la conciencia, siempre con los sentidos. Te puedo oler, gustar, mirar, palpar, pero nunca saberte. En el preciso instante de conseguirte, huyes y retornas a ser mi perspectiva, intento, objeto deseado, eres incompatible con la pausa, paréntesis de dicha, saboreo del gozo detenido, tú, pretérita o por llegar, felicidad ausente. Inconsciente te vivo en un relámpago, transverberas y rompes los tejidos de la dicha, transeúnte... (Quédate en mí, que ya no he de pensarte, no voy a darme cuenta todavía para que no desaparezcas.)

Sophía [2003]


PALABRA Libre y frágil y armónica, liviana compañera, paloma mía, vuela desvalida. Asirte no, pero sí hacerte, hacernos juntas y el zureo sea un cántico unísono, una nueva sinfonía, un ritmo repetido, entre la novedad y la rutina, hacia adentro, anidada perdurable, huésped de mi sonido más profundo, en el tiempo enroscada antes de alzar el vuelo pronunciado, en la voz. Ave de mí, palabra fugitiva.


MURO DEL LLANTO Aparten sus cabezas del muro y pongan ellas sus regazos, las madres palestinas, el humo de sus bocas que arrojan lava y grito, pongan sus labios en la piedra, madres hebreas, madres de Terra Sancta, todas las madres de la Tierra. Dominus flevit: lloren los hombres que provocan y causan este rĂ­o. Y crucemos, de vuelta, las puertas desoladas.


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