Año 6 - Edición Nro 57 - Noviembre 2025
Reflexiones desde alta mar
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Año 6 - Edición Nro 57 - Noviembre 2025
Reflexiones desde alta mar

Desde la inmensidad del mar, Leandro nos comparte su misión como biólogo marino: cuidar a los albatros y petreles, aves que enseñan fidelidad, ternura y fragilidad. Una vocación que nace del amor recibido y se transforma en testimonio de fe y admiración por la creación.
CAMPAMENTO 15 y 16 de noviembre
15 de noviembre




En estos tiempos de oquedad, de oscuridad iluminada, de distracción a perpetuidad, de imbecilidad tan programada.
Aunque no encuentres la voz, aunque te paguen con platos de arroz, aunque te asustes y puedas caer, la dignidad no se pierde, sabés.
No estás aquí para pasar sin que te vean, ¡qué carajo! Si ser lo mismo es virtud, vos sabés bien que también es quietud, Si anda rondando la felicidad no tengas tanto temor de cambiar
Vas a bailar, como si fuera la última noche.
Vas a bailar, como si fuera la última noche.
No sos un mueble en un rincón, o solo un número en un legajo. Te quiero oír respirar, quiero abrazarte y sentirte vibrar, No hay que viajar a otra dimensión para escuchar lo que suena mejor, dentro tuyo.
Vas a bailar, como si fuera la última noche. Vas a bailar, como si nadie estuviera viendo.
Vas a bailar, porque no hay otro que este momento.
Tanta soledad, todos conectados, niños de pantalla bienvenidos al mercado.

Una que sepamos... Una que nos deje pensando

“Dos pajaritos no valen más que una moneda. Sin embargo, ningún pajarito muere sin que Dios, el Padre de ustedes, lo permita. ¡Dios sabe hasta cuántos cabellos tienen ustedes en la cabeza!”
Jesús - Mateo 10:29
Editor responsable:
Bernardo Milipán


En toda comunidad cristiana aparece una tensión constante entre lo urgente y lo importante. Lo urgente siempre nos empuja: hay actividades que organizar, personas que atender, problemas que resolver; pero lo importante, lo que da sentido a todo lo que hacemos, suele quedarse en silencio esperando su momento.
Lo urgente nos da la sensación de estar activos; lo importante nos invita a detenernos para escuchar.
Y, sin embargo, es en lo importante donde el Reino de Dios se gesta y crece. Jesús lo mostró una y otra vez. Cuando todos esperaban que reaccionara ante las urgencias —que sanara más, que resolviera los conflictos políticos, que apurara el Reino, Él se retiraba a orar. Prefería escuchar al Padre antes que ceder al apuro de las expectativas humanas. No fue esclavo de la urgencia; fue fiel a lo importante. Como comunidad de fe, también nosotros
Compartinos tu pedido de oración
debemos aprender a discernir las prioridades. Lo urgente puede ocuparnos todo el tiempo: los programas, las reuniones, los mensajes, las necesidades inmediatas; pero si no cuidamos lo importante —la oración, la comunión, la formación, el amor mutuo, la misión compartida— podemos terminar haciendo mucho sin avanzar en lo esencial. Fijar prioridades espirituales no es elegir entre acción o
Los miércoles a las 19:30 nos reunimos para orar y compartir un estudio bíblico.
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Filipenses 4:6


Y la comunidad deja de correr detrás de lo inmediato para caminar al paso del Espíritu. Podemos preguntarnos:
¿Qué cosas nos urgen, pero no necesariamente nos edifican?
¿Qué aspectos del Reino estamos descuidando por falta de tiempo o descanso?
¿Qué necesita hoy nuestra comunidad para volver a lo esencial?
su justicia, y todo lo demás les será añadido” (Mateo 6:33).
Cuando el Reino y su justicia son nuestra prioridad, quizás las urgencias dejan de dominarnos.
Y entonces la comunidad encuentra su ritmo, su paz, y su verdadero propósito: ser un signo del Reino en medio del mundo.
Jon Terry, pastor de la Iglesia de la Unión, calle Catamarca - MdQ contemplación, sino poner a Dios en el centro.
Cuando lo importante se ordena en torno a Él, lo urgente encuentra su lugar.
Jesús dijo: “Busquen primero el Reino de Dios y
El pasado sábado 18 nuestro templo se vistió de fiesta para celebrar el Día de la Familia. Fue una tarde llena de alegría, donde las familias del Taller de Dios nos reunimos para compartir y fortalecer nuestros lazos. Mientras los chicos se divertían a lo grande en el inflable, riendo y jugando juntos, los padres tuvimos la oportunidad de disfrutar de largas charlas y conocernos más. También compartimos una rica merienda que preparamos entre todos. Fue un tiempo de calidad, donde pudimos celebrar la bendición de la familia y la importancia de estos momentos juntos como comunidad. ¡Esperamos poder repetirlo pronto!







Imágenes compartidas por Leandro mientras trabajamos en esta edición y él navegaba en su misión de cuidado.

“demasiadas aves las que esperan/la primavera para empezar su quehacer/yo prefiero a la diuca que canta/y en la noche se adelante pa’ que empiece a amanecer ”
“Tiempo y lugar”. Manifiesto de Jorge Fandermole. Cantautor santafesino. Contemporáneo.
Pasé todo el mes de octubre en el mar. Como biólogo trabajo en conservación de albatros y petreles. Estas aves tienen 3 características que llaman la atención: 1) viven más de 60 años, 2) ponen un huevo por año o uno cada dos años e invierten mucha energía en el cuidado de los pichones y 3) forman pareja para toda la vida.
Estas características hacen que se parezcan más a animales superiores y no a otras aves. Además las expone al peligro de extinción. En las islas, donde tienen sus nidos, la amenaza más grande es la depredación por roedores introducidos y en el mar, donde pasan la mayor

parte de su vida, es la captura incidental en los barcos de pesca: atraídos por el pescado pueden quedar atrapados en la red o en los cables de arrastre que la sostienen. Trabajamos junto a las tripulaciones de los barcos para espantar a los albatros de la zona de peligro con métodos que no perjudiquen su salud. Pasamos entre uno y dos meses a bordo de buques pesqueros siendo visitantes para las personas que trabajan en la pesca. Mi trabajo es una misión: cuidar a los albatros, transmitir la pasión que pongo al hacerlo y compartir lo que hago para que otros se animen. Esto es un aprendizaje constante que requiere de una inspiración enorme que no viene de mí: Cuido porque soy cuidado, amo Su creación y sigo aprendiendo que soy pequeño ante tanta inmensidad y valioso para estar en estos lugares mostrando un poco de este amor infinito recibido.



Leandro Nahuel Chavez
Es Licenciado en Ciencias Biológicas. Universidad Nacional de Mar del Plata. Desde 2009 trabaja en el Programa Marino de Aves Argentinas evaluando y estimando la captura incidental de aves marinas en las flotas pesqueras de arrastre de nuestro país. Instructor en medidas de mitigación para reducir la captura incidental. Responsable del proyecto educativo "Guardianes de las aves marinas". Esposo de Valeria. Papá de Emilia. Integrante de nuestra comunidad de fe.



“Dejen que vengan a mí...”

Vero y Pablo decidieron dar refugio a tres hermanitas que necesitaban contención. Lo que comenzó como un gesto solidario se transformó en una experiencia familiar, espiritual y profundamente humana.
Hace un tiempo, decidimos abrir las puertas de nuestra casa y nuestro corazón a tres hermanitas de 2, 4 y 5 años. Sus padres, recién llegados a Mar del Plata desde Misiones, estaban desbordados por una
situación en particular y temían que las niñas fueran separadas. No conocían la ciudad ni sabían cómo desempeñarse en el sistema. Al ver su desesperación, sentimos que debíamos intervenir
No era la primera vez que ofrecíamos refugio. Años atrás, recibimos a un joven misionero de 17 años que había llegado por trabajo y no estaba bien. Hoy, con 19, se lo ve bien y con mejor semblante. Esa experiencia nos dejó la certeza de que ayudar transforma.
Las niñas llegaron a la casa del aserradero donde el padre trabajaba como casero. Conocimos a la madre y a las nenas. Luego empezamos a compartir encuentros en casa, y ellas comenzaron a llamarnos “tíos”. Desde el principio, nos conmovieron con su ternura, aunque no sentimos una emoción puntual más allá de la admiración por su belleza y dulzura.
Para Vero, que crió tres varones, peinar mujercitas fue una novedad. Para Pablo, el desafío pasó a ser el de acompañar, guiar y educar a seis chicos. Como familia, todos nos activamos: cada uno colabora de alguna manera. Descubrimos el amor y el apoyo de quienes nos rodean, y sentimos que no estamos solos. Siempre contamos con la ayuda de Dios y de nuestra comunidad. En casa, aprovechamos

cada momento libre para conversar con ellas, enseñarles lo que está bien y lo que no, y darles espacio para que cuenten cómo les fue en el día. Antes de dormir, hacemos la oración juntos. Aunque llegaron con hábitos que no compartimos, rápidamente fueron aprendiendo e incorporando otros. Una noche, la mayor pidió orar y dijo: “Señor Jesús, ayuda a la tía Vero a que pueda traer a todos los niños del hogar”. Esa frase nos marcó. Los momentos difíciles también existen. La niña mayor pregunta por qué se fueron del hogar, cuánto tiempo estarán con nosotros, si volverán con sus padres. Respondemos lo que podemos, y cuando no sabemos, pedimos a Dios que nos dé las palabras. A veces dice “yo no quiero a papá ni a mamá”, y eso duele. Le explicamos que Jesús nos enseña a querer a nuestros padres, aunque nos cueste. Contamos con el acompañamiento del jardín de infantes, el centro de salud, psicólogos y trabajadores sociales que nos brindan herramientas para acompañar sus emociones.
También recibimos ayuda material: ropa, calzado, juguetes. Los vecinos, la comunidad, la iglesia y los parientes se acercaron con generosidad, siempre

preguntando qué necesitamos. Desde que Vero propuso ayudar a estas niñas, nunca nos sentimos solos. Lo primero que hicimos fue pedir ayuda a Dios. Luego compartimos el caso con el grupo de “Alimentos para el alma”, no con la idea de pedir algo, sino como una charla amena con mates. A partir de ahí, la ayuda se multiplicó. Estamos más que agradecidos a Dios y a la familia que tenemos en la Unión.
“Yo, el Rey, les responderé: “Todo lo que hicieron a mis hermanos necesitados a mí me lo hicieron”
Mateo 25:40
Soñamos con que algún día las niñas puedan volver con sus padres, que ellos vean el cambio y comprendan que con amor y responsabilidad se puede criar bien. Imaginamos que, en el futuro, ellas recordarán el esfuerzo y dedicación que les brindamos, y que quizás también ayuden a otras personas. Nos gustaría que la sociedad abra su corazón y entienda que los niños merecen el mismo respeto que los adultos. Que cada persona es digna de amor y compasión. No se trata solo de donar dinero o tiempo, aunque eso ayuda, sino de estar presente, escuchar y ofrecer afecto.
Para nosotros, y para ellas, esta experiencia es transformadora. Si alguna familia tiene la posibilidad de dar refugio, amor y una oportunidad de crecer a quienes más lo necesitan, es buenísimo tomar la decisión y hacerlo. Es importantísimo hablarlo en familia y pedir la guía de Dios. Claro que hay desafíos, no es fácil. Pero se siente bien ayudar. Y entendemos que para eso estamos: para hacer buenas obras.
“Somos creación de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios de antemano ya había planeado.”
Efesios 2:10


Aquel sábado, hace años, llegué desganado a un taller de formación teológica. Me habían asignado un tema que juzgué superficial, poco desafiante. Lo dicté por compromiso, cuidando apenas que no se notara mi desinterés. Al terminar, se acercó un pastor que conocía desde mis primeros pasos en la teología. Humilde, entregado, recorría pueblos con su familia para sostener comunidades invisibles. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Me dijo, conmovido, que lo que
compartí era la respuesta que llevaba años esperando: un marco bíblico que respaldara su deseo de una iglesia abierta, comprometida con los barrios y con lugar para las mujeres.
Me invadió la vergüenza. Me vi atrapado en la arrogancia de quien mide la profundidad teológica según parámetros ilustrados, progresistas, como si la eficacia de un discurso dependiera de su nivel de disrupción. Me dolió aún más saber, un mes después, que ese pastor fue expulsado de su iglesia por compartir esas “nuevas ideas”.
Esa experiencia me marcó. Me enseñó que lo divino no se aquieta en nuestras elucubraciones, sino que se mueve entre experiencias, encrucijadas, sufrimientos y saltos de humanidad. Que la teología no depende de nuestra elocuencia, sino de nuestra apertura al movimiento constante de lo Otro. Que el método importa más que el argumento: cómo participamos todos en la construcción teológica, no cómo defendemos nuestras posiciones. Aprendí que el colonialismo atraviesa nuestros cuerpos, y que debemos sospechar de nuestros lugares intelectuales. Que lo divino es una experiencia muy superior a lo que podemos definir humanamente. Y que cuando absolutizamos nuestra posición, nos convertimos en teólogos antiteológicos, suspendiendo el impacto de la trascendencia por una lógica idolátrica. Ese sábado lloré. Y aún se me cierra el pecho al recordarlo. Porque allí entendí que la teología no se impone: se descubre, se comparte, se honra. Y que su objeto, lo divino, no nos pertenece. Nos visita, nos desborda, nos confronta y, si estamos atentos, nos transforma.
Nicolás Panotto. es un activista e investigador argentino, licenciado en Teología, Magister en Antropología Social y Política, Doctor en Ciencias Sociales, Investigador postdoctoral de la Universidad Arturo Prat (Chile) y Profesor de la Comunidad Teológica de Chile. Autor de varios libros y artículos de investigación en religión y política, teología pública, y teoría/teología poscolonial. Actualmente se desempeña como Director general de Otros Cruces.


¿Qué será esto?


La teología no es neutral, dice Elisabeth Schüssler Fiorenza. Aunque no lo sepa, siempre toma partido: o acompaña a los oprimidos o los ignora. Esta idea nos invita a revisar cómo hablamos de Dios y desde dónde lo hacemos. Jesús lo dejó claro: estuvo del lado de los excluidos, sanó, escuchó y denunció injusticias. En un mundo globalizado que normaliza la desigualdad, pensar la fe sin compromiso es perder su esencia. La teología, entonces, no es solo reflexión: es opción. Y esa opción, si quiere parecerse a Jesús, debe mirar primero a quienes más sufren.

bien común enfrentan obstáculos.


16 HS.
David, el rey de los salmos, no se guardó las quejas. En varios de sus poemas expresa desconcierto al ver cómo los malvados triunfan, acumulan riquezas y parecen vivir sin consecuencias. “¿Por qué prosperan los impíos?”, se pregunta con honestidad. Esa inquietud no es solo suya: es profundamente humana. Nos cuesta entender cómo personas que dañan, mienten o abusan del poder logran éxito, mientras quienes buscan el
Hoy, en tiempos de redes y globalización, esa sensación se multiplica. Vemos vidas “perfectas” en pantallas, modelos de éxito que premian la astucia sin ética y una cultura que uniforma deseos y valores. En medio de eso, la pregunta de David sigue vigente: ¿vale la pena hacer el bien? En tanto, Jesús nos ofrece otra mirada. Él no niega el dolor ni la injusticia, pero invita a confiar en un Reino que no se mide por apariencias. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”, dice. Su camino es el de la coherencia, la compasión y la esperanza activa. No promete fama ni fortuna, pero sí sentido, comunidad y vida plena.
Volver a los salmos de David y a las palabras de Jesús nos ayuda a resistir la tentación del cinismo. Nos recuerda que el valor de una vida no está en lo que se exhibe, sino en lo que se entrega. Que el bien, aunque silencioso, transforma. Y que en medio de una sociedad que, en general, aplaude el brillo, hay una luz más profunda que no se apaga: la del amor que no busca recompensa

El sábado 4 de octubre tuvimos la oportunidad de compartir el taller "La comunicación restaurativa en la familia " junto al neuquino José Luis Lozano en el SUM de la Primera Iglesia Bautista. Resultó una experiencia enriquecedora, que a quienes participamos nos invitó a incorporar un nuevo espacio de diálogo en nuestras familias, entendiendo la importancia de la comunicación sana y restaurativa en lo cotidiano. Valorar nuestros vínculos para aprender, desde las prácticas restaurativas, nuevas formas de comunicarnos. Durante el desarrollo del taller, cada propuesta de José Luis, desde lo testimonial hasta las prácticas desarrolladas durante sus años de experiencia, nos invitaba a querer saber más sobre el tema planteado. Cuando creíamos haber probado todo para mejorar el diálogo en la familia, conocimos términos como el VIC (voluntario, imparcial y confidencial); aprendimos s preguntar de una nueva manera y lo más maravilloso es que quien primero lo aplicó fue Jesús. Fue una tarde más que bendecida.
Georgina Gil

El 15 y 16 de noviembre, tendremos nuestro campamento. Se está pensando desde hace tiempo y el desafío para quienes coordinan el "taller de Dios" y el grupo de adolescentes, es vivir un fin de semana donde convivan niños desde 5 a 17 años de edad.
Nuestros adolescentes serán desafiados una vez más a servir siendo capitanes de equipo en los juegos, cocinar y contener a los más pequeños.
Con más de 25 personas confirmadas, entre niños y adultos, esperamos que Dios sea parte y podamos vivir un tiempo hermoso. “Así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Mateo 20:28
Sofía Espósito





¿A dónde irá la basura desechada?
El periodista británico Oliver Franklin-Wallis investigó durante cuatro años el destino de la basura que generamos. Su trabajo culminó en el libro *Vertedero* (2025), donde denuncia que el sistema de gestión de residuos está diseñado para ocultar la verdad: la basura no desaparece, sino que se convierte en propiedad de una industria que busca lucrar, muchas veces enviándola a otros países. Solo el 12% de los residuos se recicla. El resto termina en vertederos, muchos ilegales, o se exporta desde el Norte Global al Sur Global, en lo que Franklin-Wallis llama “colonialismo tóxico”. Tras el cierre de fronteras de China al plástico en 2018, países como Indonesia y Vietnam recibieron toneladas de basura, generando plantas ilegales. Cuando también rechazaron esos residuos, Europa comenzó a incinerarlos o quemarlos en fábricas de cemento. El autor advierte que muchos materiales que creemos reciclables no lo son realmente, y que esta industria contribuye con el 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, más que el transporte marítimo y aéreo juntos. La solución, afirma, no está solo en reciclar, sino en consumir menos. El problema de fondo es el consumo desmedido, y enfrentarlo requiere repensar nuestros hábitos y exigir mayor transparencia. Porque tirar no es desaparecer: es trasladar el problema a otro lugar

La alegría, la tristeza y sus paradojas

Contemplo la bella mañana en mi ciudad mientras escucho música. Unas frases de la canción me recuerdan algo que viví hace un tiempo: Compartí una nota a publicar en un medio para el que trabajaba y la persona, luego de leer la página y observar la imagen, me dijo: “qué linda nota, pero qué triste imagen”. Esa frase quedó rondando en mí. ¿Es posible entrelazar lo triste que nos rodea con la dicha que nos regalan ciertos momentos? ¿Cómo expresar y vivir una felicidad plena en un entorno de tanto dolor? ¿Cómo convivir con la tristeza sin que se nos apague la alegría? ¿Cómo mirar el sufrimiento sin que nos gane la indiferencia? Jesús lo hizo. Lloró por su amigo Lázaro, se conmovió ante la multitud hambrienta, abrazó la fragilidad humana en la figura de una muchacha condenada; y también celebró la vida compartiendo comidas, caminando con amigos y disfrutando del vino en una boda. No eligió entre la tristeza o la alegría. Vivió ambas, cada una en su momento, con el corazón plenamente abierto.
Hoy, en un mundo que nos muestra tanto sufrimiento, podemos elegir mirar con ternura, con compasión. No para quedarnos en la pena, sino para que esa mirada nos despierte; y al mismo tiempo, no perder el gozo de estar vivos, de compartir, de reír, de bailar y de disfrutar lo bello que la vida nos ofrece.
No se trata de potenciar el mal ni de vivir de jarana egoísta, ignorante y eterna. Se trata de caminar con esperanza, como quien sabe que la cruz no es el final. Como quien cree que, aún en medio de la noche, hay una luz que no se apaga, sino que ilumina hasta los rincones más oscuros del alma humana.
“...les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.”
- Juan 16:33