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Las Islas Malvinas y la Antártida Argentina: atlas documental

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Nos es grato dejar constancia, desde la apertura de estas páginas, de que el tono polémico que surge como una natural consecuencia de la relación de los hechos históricos enfocados en esta obra, y de las consideraciones sobre los mismos, no encierra animosidad particular alguna que sea capaz de empañar el ideal de paz y de justicia a que servimos. L. R. G.

Hecho el depósito


LAS ISLAS MALVINAS y ifl

ANTÁRTIDA ARGENTINA ATLAS DOCUMENTAL

POR.

LEOPOLDO RAMOS GIMENEZ Ex-Delegado del Paraguay al Primer Congreso del

Instituto Panamericano de Historia y Geografía, reunido en Río de Janeiro. Miembro de la Sociedad

Geográfica de Lima. Miembro de la Academia de

la Historia de Cuba. Miembro de la Sociedad Geográfica Americana.

BUENOS AIRES IMPRENTA “ÁBACO” - CHACABUCD 661

19 4 8

MATERIA. j±MLKl

■


MOTIVO DE ESTA PUBLICACION r UNIMOS a ponernos con este trabajo,

las Sanvich del Sur, y todo el sector antártico, como así también el de Chile.

al servicio de la justicia internacional.

Esta doctrina ha sido clara y luminosa­ mente expresada de nuevo por el Ministro de Relaciones Exteriores de la República Ar­

Como americanos, nada de lo que está

Si la primera marcación en los papeles

fuera de la justicia podría interesarnos, si

110 es para expresar nuestra esperanza de

del decreto mencionado no ha podido tener efecto alguno ante la razón jurídica del mun­

que ha de volverse siempre hacia la acepta­

do, pues que jamás el Territorio de Santa

ción de la verdad histórica y hacia el res­

Cruz y la Tierra del Pliego, ni las islas que

peto del derecho de las naciones.

les son vecinas, vieron que se haya izado en

“De manera ilegítima —dice— Ingla­

ellas el pabellón, de Gran Bretaña, la segunda

terra se apropió de las Islas Malvinas. De lo

dentes históricos, geográficos, políticos y

no nace con validez ni crece en posibilidad, y sólo llega a servir, o continúa a servir como

ilegítimo 110 puede extraerse títulos legíti­ mos”.

jurídicos, y legitiman su soberanía en espa­

la primera, para seguir denunciando al mun­

cios que le son propios por esos mismos an­ tecedentes, y en tiempos que corresponden

do el vicio de origen de una ocupación para

cuya muy opaca gloria solo asistió el numen

“El derecho de un Estado sobre su te­ rritorio es permanente, aunque para soste­

a su existencia desde su nacimiento, no es

de la fuerza.

nerlo 110 cuente con la fuerza. El derecho de

Si los Estados se fundan sobre antece­

posible que los pueblos admitan dictámenes

de la f uerza que arrasa con esos principios T malogra los postulados de la fe en una armónica convivencia internacional.

gentina, doctor Juan Afilio Bramuglia, al

referirse al estado en que se halla la posesión

de las Malvinas y la enunciada pretensión

inglesa sobre el sector antártieo argentino.

un pueblo, grande o chico, es jurídica y mo­ Pero así como por consenso universal ¡a vieja piratería ha. desaparecido de los mares,

ralmente equivalente al de otro pueblo, chico o grande, cuya preeminencia consistiera en

aún sin olvidarse que en base a ella, se trazó

la fuerza actuante”.

alguna política en el pasado, así también la

Tal es la doctrina, a nuestro juicio, bajo cuyo imperio ha de contemplarse el caso de

fuerza, como atributo de naciones más po­

Erente a esa fuerza actuante está la lim­

derosas para el sojuzgamicnto de los pueblos,

las Islas Malvinas, de cuya ocupación ilegí­

ha sido descartada como razón, como guía y

tima por Eran Bretaña se quiere hacer ex­

como principio en el derecho público inter­ nacional.

pia causa de la Argentina, que es causa de la América porque el derecho y la justicia, han llegado a ser, como sentimiento y como aspiración, un patrimonio del espíritu con­ tinental.

tender derechos sobre el sector antártieo

argentino, sin más adución de títulos de la nación usurpadora que los decretos de la misma para marcar el globo cuando y donde le viene en parecer.

A tal manera de marcación de territo­

rios, Gran Bretaña denominó Carta Patentc. Con una llegó a cubrir, el 21 de julio

de 1908, dentro de la extensión continental argentina, parte del Territorio de Santa Cruz, la Tierra del Luego, alcanzando al mismo tiempo a Chile, y más numerosas is­ las de los dos países colindantes. Pareciera así que a juicio de Gran Bretaña la ilegitimidad de la ocupación de las Islas Malvinas, po­

dría conducir, sin miramientos de ninguna laya, a la progresión en cualquier sentido de

otra ilegitimidad, ya que ¡a línea de tal

Para América no hay naciones más Po­ derosas que otras, como potestades de dere­

En homenaje a esa causa aparece este

cho. En 1907, en la Segunda Conferencia de

trabajo, con una ordenación de documentos

La Haya, la austera figura de Rui Barboza

que edifican por sí solos la verdad histórica

proclamaba en nombre del Brasil “la equi­ valencia de los Estados como único colorado

y afirman, una expresión de derecho, en for­

de la existencia de las naciones'’ y declaraba que sólo daría su voto a la Corte de Arbi­ traje si se establecía como condición absoluta “LA IGUALDAD DE LAS NACIONES CUALQUIERA EUESE SU

TUERZA

do a la f uerza sin gloria con que pisara en

“¿Es posible que las grandes potencias logren vivir en paz?” —preguntaba hace

nosotros la noble efectividad de un voto es­ tas palabras del Ministro de Relaciones Ex­

poco, en la Asamblea de la. Naciones Unidas,

teriores de la República Argentina:

Alberto Lleras Camargo, gran espíritu y

fiel intérprete de la Unión Panamericana. “Si, es posible”, continuaba, pero “para ello

sólo hay una fórmula: deben estar dispues­

para Gran Bretaña el mundo estuviese dor­

tas a vivir como si fuesen pequeñas, o como

mido, como para permitirle sacar provecho de su sueño. Pero aconteció que al cabo de nueve años, ella decidió proceder a una nue­ va remarcación de esta parte del globo, con

si cada, nación, por el hecho de ser nación,

de

de la justicia británica, cuando, renuncian­ las Malvinas, Inglaterra recoja los lauros al retirarse de las islas. Por eso tienen para

sión de aquellas islas. Pareciera también que

J8

Nuestra posición de americanos no nos priva del anhelo de celebrar un día la hora

O SU GRANDEZA”.

Carta Patente decía obedecer a su pose­

una nueva Carta Patente, de fecha

ma inequívoca ante el mundo.

fuese grande”. De ahí que ante la razón jurídica, la fuerza ni la grandeza de un Estado bastan

“Ello no quiere decir que Argentina 110 confíe en la posibilidad de que Gran Bre­ taña, inspirándose en las tradiciones más puras del derecho internacional y de las li­ bertades esenciales, que han fundamentado su preocupación por la defensa de la huma­

nidad, realice el ideal tan acariciado de de­ volver las Islas Malvinas al pueblo y go­ bierno argentinos, consolidando de tal ma­

marzo de 1917, excluyendo los territorios e islas continentales que abarcara con la pri­

para suprimir el derecho de otro Estado. De ahí que la paz y la cooperación internaciona­

nera las relaciones entre nuestros dos pue­ blos, como así también aportando esta con­

mera, contentándose de esta vez con las Islas

les descansan primordialmcntc en el respeto

tribución al establecimiento de las más puras

Malvinas, las Islas Georgias del Sur, las Is­

de las soberanías.

fuentes de entendimiento universal".


LOS DESTINOS DEL CONTINENTE JLARA todo americano, la lectura de los hechos de toda patria ameri­ cana, equivale a una consulta del alma del continente. El trasplante ibérico es en el Nuevo Mundo una expresión anímica que tiene su

ámbito territorial por encima de las fronteras. Por eso en América, la causa de una nación, es la causa de la Amé­ rica. Por eso toda América se comprime y se dilata como un enorme

y único corazón. Por eso no hay en América cálculo de parcelas que rompa el equilibrio del conjunto, porque la gran armonía que es la

justicia, la suprema aspiración que es la libertad, la única verdad que

es Dios, no separan a los hombres y a los pueblos sino que los amal­ gaman y utilizan para la conquista del bien común.

No hay una voz americana que no suene al diapasón de la jus­ ticia. Sólo lo justo se concibe que sea lo americano. Y como la her­ mandad en la justicia no requiere esfuerzos, como que nunca resulta difícil disponerse a la práctica del bien, la unidad americana nace,

vive y se fortifica por una ley natural que es garantía de civilización.

Más allá de la América latiría está la América del Norte. La huma­ nidad en tierra nueva, es nueva humanidad. La diferencia de origen de los pueblos desaparece en la similitud de los destinos: la libertad.

Donde ha sido rota la esclavitud, se ha ensanchado el horizonte a los ojos del espíritu. Mientras los despotismos cierran tos senderos para

la ascensión del hombre y de los pueblos, los caminos de la libertad conducen fatalmente al abrazo universal. Por eso hay una sola América, del austro al septentrión. Por eso la América, cuando emprende una acción, la funda sobre el derecho y sólo acepta la causa que esté limpia de toda agresión, sea ella próxima o remota. Por eso, porque bien sabe que alguna cosa es el pasado, alguna

cosa es el presente y alguna cosa el porvenir, si todo ha de resumirse

en una historia de honor ante la conciencia de la humanidad.

Por eso la nación de los Estados Unidos de Norte América, que es fuente de energía al servicio del progreso; que es escuela de paz y no de

guerra; que es código de derecho antes que baluarte del despojo, está

unida por eslabones indisolubles a la íbera hermandad de las naciones, en el sistema panamericano. Tal el acervo, tal el clima, tal la realidad del tiempo y de los pueblos, dentro de los cuales ha de medirse el reclamo de la República Argentina, para que de una vez por todas, la justicia internacional se

extienda, en plena claridad, por sobre los destinos del continente.


SUMARIO

• Las Islas Malvinas. Su descubrimiento y ocupación. • Visión geográfica de las Islas Malvinas. • La Protesta del Gobierno de las Provincias Unidas.

• El Mapa de la República. Una incidencia diplomática. • El estado de la discusión sobre las Malvinas en 1888. El Gobierno argentino reitera el mantenimiento de su pro» testa. • Los mapas de la Argentina deben representar el total del territorio de la República. • El Observatorio Meteorológico y la Estación Radiotele gráfica de las Oreadas del Sur. • La Declaración Argentina en la Conferencia Panameri cana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente. • Cómo define el problema de la Antártida el Presidente de la Nación Argentina.

• Las expediciones científicas hacia el Polo Sur. • La Marina de Guerra en la Antártida a principios del siglo. Proeza de la Nave “Uruguay”.

• Las expediciones argentinas a la Antártida. • Los signos de la Soberanía Argentina en la Antártida. • La Comisión Nacional del Antártico.

• Vuelo de exploración de un avión de la Marina de Gue rra argentina a la Antártida, en viaje sin etapas. • Operaciones navales en la Antártida, realizadas por la Flota de Mar de la República Argentina. • El acuerdo chileno=argentino sobre la Antártida.

Ilustraciones: Documentos históricos, fotografías y mapas.


LAS ISLAS MALVINAS SU DESCUBRIMIENTO Y OCUPACION No se ha podido establecer quién podría haber sido el primer descubridor del Archipiélago de las Malvinas. En cambio bién se sabe que los españoles fueron los primeros en recorrer los mares del sur al servicio de S. M. C. Mucho antes que Drake, invocado por Inglaterra como descubridor, ya habían nave­ gado por el Atlántico sur Américo Vespucio en 1502, Magallanes en 1519, Loaisa en 1526, Alcozaba en 1535. Alonso de Camargo en 1539, Vi 11 alobo en 1549, etc., etc. “No es dudoso que Juan Davis, comandante de uno de los buques de la escuadra inglesa, enviada al Pacífico en 1591. bajo Cavendich, vió a su paso en 1592 una de las islas del Nord-Oeste, sin tocar en ella, siendo este antecedente el que invoca la Inglaterra para su mejor derecho". H'. J. Ortiz)

El 24 de enero de 1600, el navegante holan­ dés Sebal de Weert, con su navio Gcloof, descubre las islas Mal­ vinas, las describe y las designa con este nombre: Islas Sebaldrnas. Los geógrafos del siglo XVII, 1as reconocen en sus cartas con ese nombre. El TÓ de enero de 1616, los navegantes holandeses Schouten y Le Maire “avistan y registran las islas aus­ trales, ya conocidas por “Sebaldinas". El 6 de febrero de 1650 el inglés John Strong, incursiona por el canal que divide en dos fracciones a las islas, dando al canal el nombre de Balkland Sound, en homenaje a la memoria de quien fuera su protector: lord Falkland. “Del nombre del canal derivan después los ingleses el de la isla oriental, y mu­ cho más tarde, con su característica táctica, el de todas las islas . (J. C. Moreno)

Los ingleses citan a Richard Hawkins por esta época como el primer descubridor. Pero Hawkins había es­ crito sobre sus viajes a las islas 25 años después, cuando ya habían sido divulgadas diversas noticias de los españoles sobre esas zonas óó LoeBcP El 20 de enero de 1701. la fragata “Felipaux”, al mando del oficial francés Villefort, fondea en la bahía de las islas. Desde entonces las islas constituven una etapa de las embarcaciones francesas que realizan expediciones al Mar del Sur o que regresan del Pacífico, pasando por el sur del Cabo de Hornos. En 1748, antes de toda ocupación, España considera de su pertenencia el archipiélago, y por eso ella se opone en ese año al propósito de explorar las islas expresado en un pro­ vecto del Comodoro Anson que auspicia el Almirantazgo inglés. La advertencia, en ese sentido, del ministro español Carvajal fué suficiente para que el Almirantazgo renunciara a su propósito.

El 2 de febrero de 1764. fecha memorable en la historia de las islas porque desde entonces data el primer ensayo de ocupación y desde entonces les viene el nombre con que las conocemos hasta hoy, desembarcan en ellas 140 hombres de la tripulación de las fragatas “L'Aigle" y “Le Sphinx”, comandadas por el oficial francés Luís Antonio de Bougainville, quien en esa ocasión funda Puerto País, en una entrada de mar que designa con el nombre de “Bahía J'rancaise". Otras dos expediciones arri­ baron después a las islas desembarcando en ellas 53 colonos, todos operarios, y un grupo de oficiales, siendo la mayoría de ellos proce­ dentes del puerto de Saín - Malo, siendo de los inalouines que derivó el nombre de malouinas y más tarde inalvinas, nombre que las islas conservan hasta hoy. En ese tiempo llega a las islas en misión científica el naturalista Don Perneti. quien luego publicaren Varis, en 1770. su “Histoire d’un Voyage aux Tsles Mauloines", en dos volúmenes. Después de Don Perneti llegó a las Malvi­ nas, de paso para otras regiones del globo, otra misión científica francesa, de la que se publicó en París, en 1772, la memoria de via­ je. Una traducción al castellano ha sido publicada por Calpe, en Madrid, en TQ2T, con el título de “Viaje alrededor del Mundo por la fragata del Rey de 1a “Boudcusc” y la fusta “La Estrella’’, en 1767. 1768 y 1769.”

El 23 de enero de 1765, el comodoro inglés Byron funda puerto P.gmont, en la isla Saunders, que corresponde a la fracción oeste de las Malvinas y que a la sazón ya era explo­ rada por Boungaiville. Siguiendo viaje hacia el norte entra en la Bahía l'rancaisc, dándole otro nuevo nombre: Berkclcy Sound. El i9 de Abril de 1767 ocurre el hecho polí­ tico internacional más interesante en la historia de las A l al vinas. España, que ya en 1748 había considerado como parte de sus do­ minios el archipiélago haciendo llegar entonces una advertencia al Almirantazgo inglés, al que hizo desistir de un proyecto de explora­ ción por la zona de las islas, reclamaba ahora ante Francia por la ocupación dirigida por Bougainville. Como resultado de esa recla­ mación, Boungaiville entrega Puerto Luis, por orden del gobierno

de Francia, a los representantes del Rey de España, cobrando en concepto de indemnización por todas las realizaciones y materiales de navegación con que contaba en la isla, la suma de 6T8.108 libras. En su libro “Viaje alrededor del Mundo” dice Bougainville: “Es­ paña reivindicó estas islas como una dependencia del continente de la Améiica meridional; y habiendo sido reconocido su derecho por el Rey. recibí orden de ir a entregar nuestro establecimiento a los españoles”.

"Habiendo reconocido Francia el derecho de Su Majestad Católica sobre las Islas Malvinas, el rey de España, por un principio de derecho público, conocido en todo el mundo, no debía ningún reembolso por estos gastos. Sin embargo, como ad­ quirió los navios, bateles, mercaderías, armas, municiones de gue­ rra y de boca que componían nuestro establecimiento, este monarca, tan justo cuanto generoso, ha querido reembolsarnos de nuestros adelantos, y la suma supradicha nos ha sido entregada por sus te­ soreros, parte en París y el resto en Buenos Aires.”

Así terminó en las Malvinas la actuación de uno de los mas notables hombres que había pisado esas islas; hom­ bre de empresa, soldado y navegante, en quien había además una pasión por aportar nuevos útiles datos a la ciencia, habiendo pu­ blicado en París el resultado de sus viajes, con las observaciones he­ chas conjuntamente con su médico M. de Comercon. Fué hombre de no corta vida. Nació y murió en París: 1729-1811. El reconocimiento de la soberanía de Espa­ ña. por parte de Francia, hacía prever la acción futura, que debía emprenderse contra los IAP-IC^ FLLLC como intrusos en las islas no podían ser tolerados por España. “Su Majestad ordena que no per­ mita establecimientos ingleses y desaloje a la fuerza a los existentes si no acataran su intimación conforme a la ley”, decía la orden fe­ chada el 25 de febrero de 1768. Y así fué que tres años después de la entrega de Puerto Luis por los franceses, el gobernador de Bue­ nos Aires, Bucarelli, ordena una expedición militar hacia las is­ las. En consecuencia, el 8 de mayo de 1770, zarpan cinco fragatas de Montevideo, al mando del capitán Juan Ignacio Madariaga, con 1.500 hombres de combate. Esta expedición, una de las más impor­ tantes y serias de 1a historia que se relacionan con la seguridad con­ tinental tan invocada en nuestros días, y con la heredad territorial de España en el nuevo mundo, llega a Puerto Bgmond el 10 de ju­ nio de 1770, e intima a los ingleses a evacuar las islas, por exigirlo así los derechos sobre las Malvinas de la Corona de España. Como resultado, la isla Sanders es abandonada por los ingleses, y, tal co­ mo en el caso de! Puerto Luis de los franceses, se hace un inventario de los bienes abandonados. Pero esta vez no se termina el pleito con una gestión de pago por esos bienes. El imperio se siente ofendido por la forma en que España restablece y hace respetar su soberanía, y exige reparaciones. Carlos Til que había hecho sentir bien a fondo su voluntad en defensa de los derechos de España, no podía ni debía ceder ante la exigencia de Gran Bretaña. La orden de Bucarelli y la misión cumplida por Madariaga. eran un ejemplo para el mun­ do de cómo no debe permitirse que la falta de respeto al patrimonio territorial ajeno se convierta en principio de moral política interna­ cional.

Digamos que ya entonces, la Corona de S. M. C. procedía conforme a lo que debía ser y hoy es la ley de las na­ ciones, basada en el respeto de las soberanías, sin cuya existencia es imposible la existencia de los Estados, y el mantenimiento de la paz en el mundo. Digamos también que esta empresa por ha­ cer valer un principio, en el caso de las Malvinas, era digna de la España descubridora y fundadora, la que no podía permitir ni es­ cuchar alegaciones de incursores sin mandato que pretendieran obli­ garla a renunciar a las islas que formaban parte del nuevo mundo que estaba bajo su dominio, mundo en el que ella se jugaba su des­ tino como nación, como pueblo y como raza.

Pero los ingleses no se avinieron a aceptar la posición de doctrina en que se colocaba Carlos ITT. Los incurso­ res en dominios ajenos abundaban libremente en la época, bajo abierta protección. Se prepara entonces la guerra entre Inglaterra y España por la posesión de las Malvinas. Francia, que había reconocido plenamente los derechos de España, es solicitada por ésta para una ayuda contra el Imperio, pero Francia niega la ayu­ da solicitada al mismo tiempo que sugiere a España la necesidad de un arreglo con Inglaterra. Comienzan las tratativas cuyo fi­ nal no podía predecirse. Se encuentra por fin la fórmula y España sacrifica c! gesto mejor de sus servidores, funcionarios y soldados, desautorizando al gobernador Bucarelli. Pero al dar esa satisfac­ ción al honor inglés, dejaba constancia para anular toda pretención futura del Imperio, de que esta fórmula de solución del conflicto, estipulada en Convenio “no puede ni debe afectar en nada la cues­ tión del derecho anterior de soberanía de las Islas Malvinas”. Apar-


Las Islas Malvinas (Fragmento de un Mapa de la Dirección de Navega­ ción e Hidrografía del Ministerio de Marina de la Rep. Argentina). Los núme­ ros indican las profundidades marítmas en brazas, ( TOO brazas igual a 182,88 mts.) La profundidad del mar entre la costa continental argentina y las Islas

Malvinas, comprueba que hay una natural continuidad territorial submarina que solo desaparece al Este de las Malvinas. A 1700 kilómetros de Buenos Aires, y nada más que a 480 de la entrada del Estrecho de Magallanes, están situadas las Islas Malvinas, entre los para­ lelos sur 51 y 53 y entre los 57 y 62 grados de longitud.

te de esta constancia se estipulaba en una cláusula que entonces no se hizo público lo siguiente: 1os ingleses abandonarían la isla reco­ nociendo la plena soberanía de España.

en la de los Comunes. Y a la vigilancia sobre el cumplimiento de él obedecen muchas órdenes escritas que se conservan de la Corona de España. Posteriormente, siglo y medio después, todo quedó aclara­ do, sin poder darse lugar a dudas de que Inglaterra, reconociendo el derecho de soberanía de España sobre las Islas Malvinas, resol­ vió retirarse del islote Sanders. De esto mismo tratamos en otro lugar de este trabajo.

Y aquí haremos una cuestión especial sobre esos dos aspectos de la transacción que constituyen en sí el fondo del asunto para resolver el problema de la soberanía: la constancia de España sobre el derecho anterior de soberanía y la obligación in­ glesa de abandonar e! puerto de la isla Sanders, cumplida después en la forma establecida en una cláusula secreta. Las declaraciones cambiadas entre España y Gran Bretaña se leerán en los documentos que se reproducen, de las incidencias diplomáticas, en el curso de este trabajo. Ellos mues­ tran eme a la declaración de España sobre el derecho anterior de so­ beranía, ninguna otra declaración que la contradiga existe en el tex­ to correspondiente de Gran Bretaña.

Gran Bretaña no opone otra reserva a la re­ serva hecha por España, al darse por finalizado el conflicto, lo que quiere decir, lisa y llanamente, que no tenía otra reserva que oponer. O en otros términos: Gran Bretaña no pedía otra cosa que la reparación del agravio inferido a su bandera, y fué satisfecha en ese pe­ dido. España no hacía otra cuestión que la de soberanía, y no le fué negada, ni puesta en duda esa soberanía.

Esta realidad de las convicciones y de los he­ chos, no podía conducir a otro corolario que el abandono por parte de Inglaterra de uno de los islotes del archipiélago, único islote en el cual había plantado su bandera. El compromiso de ese abandono se hizo de palabra, compromiso que descansaba en la buena fé, de rey a rey. Esc compromiso era secreto, no obstante consta que él no solamente era sospechado sino conocido por eminentes hombres re­ presentativos de la época. A él se aludió en la Cámara de los Lores y

El 22 de enero de 1771 era suscrito el conve­ nio en la ofrma cuya explicación se antecede. Y con ese convenio, desautorizado Bucarelli, quedaba sin embargo, de hecho, confirma­ do y acatado el resultado de la expedición de Madariaga, pues, tres años después, en cumplimiento de las cláusulas del mismo, los ingle­ ses abandonaban definitivamente Puerto Egmont, el 22 de mayo de '774- Con ese abandono Bucarelli quedaba desagraviado, y la doc­ trina de España triunfante, haciéndose prevalecer el derecho sobre la autoridad que invoca como origen una simple usurpación. Desde entonces hasta la independencia, durante treinta y seis años, los go­ bernadores con igual título que Bucarelli, jamás descuidaron a las Malvinas, sobre las que ejercitaban dominio ininterrumpido, tenién­ dolas unidas con Puerto Deseado, bajo una comandancia. Los in­ gleses así habían reconocido en forma definitiva que las Malvinas eran de España. Nunca más volverían a molestarla. Solo volverían a las islas no ya para desafiar a España, sino para sorprender a los argentinos, herederos naturales de la madre patria. Y allí quedaron desde esc día de la sorpresa, que fué en 1803, 60 años después del abandono de Puerto Egmont. Es por eso que hoy, como en el tiem­ po de Carlos III, el Imperio se enfrenta a la doctrina. Y es por eso que, si los tiempos han cambiado y existe ya un derecho internacio­ nal público codificado, no es ya la hora de pretender aún que la simple ocupación intrusa se convierta en título de propiedad.


Visión Geográfica de las Islas Malvinas Las Islas Malvinas se extienden entre los pai alelos sur 51 y 53, y entre 57 y 62 grados de longitud Oeste del meiidiano de Grennich. Un canal que lleva el nombre de San Carlos en unos mapas y Falkland en otros, divide a las islas en dos regiones, una del Este y otra del Oeste, casi iguales en extensión pero bien diferentes en fisonomía. Centenares de islas pequeñas rodean a las dos islas grandes que constituyen aquellas regiones, todas ellas for­ madas de rocas o de esquistos pizarrosos, siendo desprovista sde vegetación arbórea.

La superficie total de las islas se estima en J6-384 kilómetros cuadrados. Las referencias sobre las caracterís­ ticas de las Malvinas abundan en las crónicas del pasado. Entre las “circunstancias más notables que se advierten en dicha isla”, anota Alsedo y Herrera en “Piraterías etc. etc., en 1 a América Española, desde el siglo XVI al XVIII- • .” (Biblioteca Nacional, N® 5.644) cosas como éstas:

Lo que en las Malvinas consideraban de uti­ lidad se reducían a tres puntos: “Primero, el puerto para refresco y refugio de nuestras embarcaciones en estos mares; el pasto para la subsistencia y cría de todo ganado campestre, pero no para el me­ nor y doméstico; tercero, el clima que en medio de su notable des­ templanza parece a propósito para la conservación de víveres y aún para el sales de carnes”. “Los tiempos dominantes son vientos tempes­ tuosos y tenaces que por lo general no salen del tercero y cuarto cua­ drante”; “frío casi continuo aunque menor del que corresponde a la expresada latitud”. “Rara vez hay tempestad de truenos”. “El clima, no obstante su intemperie, no es malsano para los robustos, pero sí molesto y arriesgado para los achacosos. • • En toda la isla no se cría insecto ni animalejo per judicial o que incomode - -. Nin­ gún animal muerto se'corrompe ni exhala olor - • . El estiércol jamás fermenta como en otros países; cuando más la mutación no pasa de pasmo o disipación”.

Estas informaciones proceden de un oficial francés, con autoridad en la isla. Alsedo también publica el informe del oficial español, a cuyo cargo quedó la isla, y quien, en fecha 20 de marzo de 1768, después de referirse a la boga y al pez rey, de las Malvinas dice entre otras cosas lo siguiente: “Lo que hay con mucho exceso cs.caza; pues es orror las que se matan, particularmente becacinas, y otros grandes como pavos, que en España se llaman gansos, y aquí los franceses les an bautizado con el nombre de abutardas, y no hay duda que es comida delicada; con ella suplimos la falta de carne fresca”.

“Hay muchos leones marítimos y lobos de la misma especie - • . También abunda esto de unos pájaros niños, (se refiere a los pingüinos) que más se pueden llamar diablos: son animales anfibios, y los franceses habiéndolos comido, dicen que saben a bonitos”. Como descripción de las islas no hemos leído libro alguno que pueda superar en acopio de datos y en riquezas de colorido al de Juan Carlos Moreno: “Nuestras Malvinas” (Viaje de estudio y observación). Este libro, fruto de una visita a las islas, y escrito por encargo de la Comisión Nacional de Cultura (la tercera edición es de 1944) “ha venido a remover un terreno semiabandonado y a cubrir la necesidad imperiosa de reflejar con fidelidad los valores económico-sociales y político-militares del archipiélago ar­ gentino.” (') Através de la lectura del libro de Moreno, único argentino de nuestro tiempo que ha pisado las Malvinas en viaje de estudio, burlando en cierto modo, si se quiere, la ocupación ilegítima de Gran Bretaña, haremos una síntesis fisonómico-geográfico de las islas: Malvina Este: “Está provista de mejores tie­ rras y pastos y cuenta con excelentes puertos naturales.” Su monte más alto es el Asborne, de 673 metros.

Malvina Oeste: “Es más desolada, más are­ nosa y tiene cerros más elevados.” Su monte Adam tiene 708 metros. Costas: Altas en partes, y en otras, bajas, “con pocas riberas navegables formando profundos senos, semejan­ tes a fiordos, que evidencian la acción de antiguos glaciares.” Tam­ bién abundan, bordeadas de rocas escarpadas las playas de arena blanca finísima.

Geología: En los cerros predominan la roca, los esquistos pizarrosos y la arcilla, mientras el campo es de arena y de tierra negra y esponjosa. “El suelo es ondulado, con tendencia a formar colinas que siempre terminan en picos de piedras.” Vegetación: “Ningún árbol se ve en los cam­ pos, ni en los valles, ni a orillas de los arroyos de agua clara que nacen en los cerros y bajan hasta elocéano.” Pero en los lugares habitados “han logrado aclimatarse varias especies forestales propias de las zonas australes”, y sirven de “magníficos protectores de las vivien­ das contra los vendábales.”

“Las superficies desprovistas de piedra están cubiertas de gramíneos. En el espacio de un metro cuadrado pueden observarse de doce a quince variedades de hierbas, algunas con vis­ tosas florecitas. Hay un trébol que produce una flor coposa y perfu­ mada. Abunda la frutilla silvestre y el “diddle-dee” o bruyera, pe­ queño arbusto resinoso.” Una ierba semejante al espartillo, (festuca flabellata) y que alcanza hasta a dos metros de altura, sirve de ali­ mentación eficaz para el engorde de la hacienda. “En la Patagonia, sólo en la Isla de los Estados se ve esta hierba singular.”

Clima: Frío, seco y saludable. “La transición del invierno al verano no es brusca ni pronunciada.” Vientos y lluvias: Los primeros, son inten­ sos, y fastidian en el campo, pero no al amparo de los cerros. Las segundas son frecuentes; “puede decirse que día de por medio hay precipitaciones pluviales”, pero son “más bien lloviznas que a nadie molestan”. “En un mismo día puede caer agua varias veces y en cada intervalo aparecer el sol.”

Piedras para construcción: Para este fin, existen grandes canteras que rinden material apropiado. Producción agrícola?. Las tierras de las islas no se prestan, con el clima nada propicio, para el desarrollo intensivo ¿y de la agricultura. La avena no llega a espigar, debido a la baja tem­ peratura, en cambio rinde bien la papa, el repollo, la col, la cebolla y la remoláca, y crecen en forma silvestre: el apio, la frutilla y el berro.

Turba: Es un combustible natural que suple la falta de carbón y leña, siendo su caloría igual a la de la leña. Es abundante y es de fácil preparación para el uso. Ganado: Las islas son aptas para la cría de ovejas, especialmente la de rruza Merino. “Las primeras ovejas de laza Merino introducidas en la Patagonia fueron importadas de las Malvinas en 1885.” También son aptas para el ganado vacuno, ca­ ballar, porcino y cabrío. Ea fauna: La propia de la región es la ma­ rítima, y la costera de mar constituida por la ballena, los lobos ma­ rinos y los pingüinos. Abundan al mismo tiempo las focas y los pájaros marinos. En cuanto a los pájaros, dentro de las islas “pros­ peran en forma extraordinaria patos de distintas clases, gaviotas, petreles, abutardas, becacinas, cercetas, caranchos, cuervos, zorzales y hasta gorriones". El jabalí, el zorro y la liebre que habrían sido los animales salvajes primitivos, hoy están casi extinguidos.

Hasta aqu íla síntesis de la visión geográfica que ofrecemos de las Malvinas, gracias a la Comisión Nacional de Cultura, de Buenos Aires, que encomendara la noble tarea de estu­ dio y observación a Juan Carlos Moreno, en cuyo libro, al que nos hemos referido más adelante, encontrará el lector la más vivida expresión de la realidad de las Islas.


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Con la línea en negro, de punto y raya, que corresponde a la “mar­ cación” hecha por Inglaterra en 21 de julio de 1908, se pretendía que también correspondían a la soberanía de Gran Bretaña, a más de las islas Malvinas, parte del territorio continental argentino, abarcando una gran zona de Santa Cruz y toda la Tierra del Fuego. Naturalmen­ te, la raya pudo vivir solamente sobre el papel. Nueve años después de esa “marcación”, Inglaterra rectificó su Carta Patente y creyó pru­ dente liberar de su línea demarcadora el territorio continental sur de la Argentina. Absurdos como este verdadero absurdo histórico, poli-

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Ileo, jurídico y geográfico, son los títulos invocados por Gran Bretaña para pretender derechos sobre el sector antártico argentino.

La Carta Patente del 28 de marzo de 1917 ya no incluye a parte del territorio de Santa Cruz y la Tierra del Fuego como zonas del do­ minio británico; tampoco, justicieramente, incluye a las islas Malvinas, pero continúa con la ocupación de éstas, iniciada por la fuerza en 1832, de modo que Inglaterra al “renunciar” a sus pretensiones en el terri­ torio continental, sigue “contentándose con las islas Malvinas, las Geor­ gias del Sur, islas Sandwich del Su?- y todo el secto?- antártico argentiuo-chileno.


LA PROTESTA DEL GOBIERNO DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA El 24 de Enero de 1833, el ministro Manuel V. de Maza daba Purn . ín<?blC Sab ¿e RePresentantes de la Provincia de ’ .\11es, de la nueva escandalosa agresión que ha cometido so­ bre las islas Malvinas un comandante de la marina inglesa, más notable aun por las reciprocas relaciones de amistad y de comercio entre ambos estados, que la que en el año anterior cometió otro comandante de marina de una Nación amiga, la E. U. de la América del Norte .

El Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata en­ comendó luego a su Ministro en Londres, don Manuel Moreno, la protesta ante el Gobierno británico, redamando la restitución’ dé­ las islas, y exigiendo al mismo tiempo la reparación de la injuria y de los perjuicios causados. . La contestación británica a esta protesta elude toda discusión de fondo, y en vez de señalar en qué se funda su derecho a la sobe­ ranía sobre las Malvinas, niega que el abandono de Puerto Egmond fuese el resultado de la Declaración y la Contra-Declaración entre M. Británica y la Corona de España.

THE

ANNUAL REGISTER, OR A VIEW OF THE

POLITICS, AND

líe aquí el texto de la protesta y reclamación Argentina: 7

. . , ^ suscripto Ministro Plenipotenciario de las Uovincias Unidas del Río de la Plata, tiene el honor de dirigirse a Su Excelencia el Vizconde Palmerston,. Principal Secretario de Es­ tado de los Negocios Extranjeros, la presente Memoria y la Presen­ te 1 1 otesta contra los actos del Gobierno Británico, quien se ha am­ parado de la posesión y soberanía de las Malvinas, de otro modo lla­ madas Islas Ealkland, y ha despojado, por la fuerza ,a las Provin­ cias Unidas de una parte de su territorio. Pero antes de haber recurrido a los medios de defensa de los derechos soberanos de su gobierno, el suscripto ha tenido el honor, el 24 de Abril último, de suplicar que el Gobierno de Su Majestad quisiera bien informarle si realmente había dado órde­ nes para que se expulsara de las Malvinas la guarnición Bonaeren­ se, así como lo ha pretendido, el Capitán Onslow, de la corbeta de Su Majestad la Clio; como así también si él ha autorizado y querría reconocer la declaración supuesta de haber sido hecha, relativa al derecho de posesión de estas Islas. Puesto que, a la llegada de la co­ rrespondencia de Buenos Aires, datada del 14 de Enero, se había co­ nocido por cartas particulares que fueron insertadas en los diarios de Londres, que la guarnición de Buenos Aires y los colonos de las Malvinas, así como un navio de guerra, la Sarandí, estacionado en es­ ta parte de la República Argentina, habían sido obligados a retirar­ se por la fuerza bajo una orden del dicho Capitán Onslow, quien ha declarado que iba a tomar, y tomó en efecto, posesión de las Islas en nombre de Su Majestad Británica, a pesar de la discusión pen­ diente. Una explicación de esta especie era tanto más necesaria, por la circunstancia de no haber recibido el Gobierno de la República Argentina ninguna notificación del hecho, excep­ tuando la que conoció por casualidad a la llegada a Buenos Aires, el 15'del mismo mes de Enero por la guarnición y los colonos que habían sido expulsados de manera tan sorprendente; y su legación en esta corte no ha tenido otra información de las intenciones del gobierno de Su Majestad que la que fué dicha verbalmente por una de las personas principales del departamento de negocios extranje­ ros, quien declaró al suscripto que instrucciones relativas a la discu­ sión estaban a punto de ser dadas al nuevo ministro nombrado en Buenos Aires, Mr. Hamilton, quien no había aún salido de París. Su Excelencia Lord Palmerston respondió, el 27 del mismo'mes de Abril, “que el comandante de la Clio no había sino ejecutado las instrucciones, dadas por el gobierno de Su Majes­ tad al Almirante Baker, quien últimamente mandaba en jefe la esta­ ción de la América del Sur ;que este Almirante tenía órdenes de enviar un navio de guerra a las Islas Malvinas, para ejercer allí los antiguos e incontestables derechos de soberanía que (según su Ex­ celencia) pertenecían a su Majestad y actuar en dicho paraje como en una posesión de la corona de la Gran Bretaña y que por conse­ cuencia de estas mismas órdenes, en el caso de encontrarse en esas Islas personas extrañas o fuerzas militares que desconocieran la soberanía de su Majestad, al comandante del navio de guerra, debía requerir a esas personas y fuerzas militares de retirarse, debiendo también procurarles los medios de hacerlo. La nota de su Excelencia Lord Palmerston termina diciendo “que las instrucciones expresadas fueron comuni­ cadas por el Almirante Baker a la legación de su Majestad en Bue­ nos Aires’’. Entre tanto esta información trasmitida a la legación de su Majestad debió ser comunicada al gobierno de la República Argentina, para evitar que fuese despojado de improviso como debía suponerse según la amistad existente entre las dos nacio­ nes y las deferencias ordinariamente observadas entre poderes so­ beranos, y es muy penoso hacer notar que la legación Británica no lo haya comprendido de esta manera; desde que ella no ha dado nin­ guna información al respecto y aun más que la haya denunciado o negado que tuviese que comunicar. Por la correspondencia recibi­ da en el mes de Mayo último, parece que el 16 de Enero, dos días

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Reproducción fotográfica de la primera página de “The Animal Register”, en cuyo volumen 75, correspondiente al año 1833, en la página 371 se lee la reproducción de la comunicación pasada con fecha 24 de enero de 1833, por Juan Ramón Balcarce y Manuel Arícente Maza a la Sala de Representantes de las Provincias Unidas, informando del ataque sorpresivo de Inglaterra. La información continúa en la página siguiente dando el texto de la intimación de S. b. Onslow, comandante de la Clio, a la guarnición argentina de las Malvinas, y luego el de las notas cambiadas entre el gobierno de las Provincias Unidas y Encargado de negocios británico Philip G. Gore, diciendo éste no poder con­ testar al gobierno de Buenos Aires por carecer de instrucciones. Así quedé) registrado el ataque a las Malvinas en un libro inglés, corres­ pondiente al mismo año del ataque, con la particularidad de que al mencionar las islas el libro no llama Falkland a las mismas sino Malvinas (Biblioteca Na­ cional, N’ 126). En este mismo órgano anual oficial se reconoce implícitamente la sobe­ ranía argentina, al comentar el conflicto argentino-norteamericano en estos tér­ minos: “...La República (Argentina) estuvo en cierto peligro de colisión con los listados Unidos a causa de que un navio de guerra americano destruyó un establecimiento perteneciente a la República”, etc. etc.

después del regreso de la guarnición en la rada de la capital, el mi­ nistro de relaciones exteriores de la República comunicó oficialmen­ te al encargado de negocios de su Majestad “que acababa de instruir­ se que el comandante de la corbeta de guerra Clio había tomado po­ sesión del puerto de la Soledad, en las Malvinas y que había enarbo­ lado el pabellón Inglés donde flotaba anteriormente el de la Repú­ blica Argentina; que este acontecimiento inesperado había afectado profundamente al gobierno de Buenos Aires; y aunque no hubo ningún pretexto para justificar esta conducta, entretanto está per­ suadido de que el encargado de negocios, a quien se dirige, debe te­ ner conocimiento del motivo que haya ocasionado un acto que com­ prometía los derechos de la República, y le suplicaba de darle las ex­ plicaciones necesarias”.

Por su parte el Encargado de negocios ex­ presaba claramente en la nota del 17 de Enero 1833, que “no había recibido instrucciones de su corte para poder contestar a este respec­ to al gobierno de Buenos Aires” he liad 11 ot rcccvued instructions Irom his court lo mahe my communicatioii to thc government of Buenos Ayres apon that subject. En la ausencia de toda explicación anterior o subsiguiente sobre el acto de despojo, el gobierno de Buenos Aires se ocupó de verificar el hecho por los dichos de los oficiales expe­ lidos de cuyos términos resulta, que, el 4 de Enero de 1833, la corbe­ ta de su Majestad, la Clio, comandada por J. Onslow, hizo anclas en el puerto Luis de la Soledad de Malvinas, y tres horas después del mediodía fué a bordo del navio de guerra la Sarandí e intimó a su


comandante que venía a tomar posesión de las Malvinas, como per­ tenecientes a la corona de su Majestad; que tenía órdenes terminan­ tes de enarbolar la bandera inglesa dentro de las vinticuatro horas, así como lo había hecho en otros puestos de las Islas, y pedía perentoiiamentc que al día siguiente la bandera de la República fuese retiiada; que el comandante de la Sarandí rehusó esta imposición, pro­ testando contra este insulto y violación de los derechos de la Repú­ blica que resuelto a no ceder sino ante una fuerza superior, prohibi­ ría a los habitantes de la Isla retirar el pabellón de la República Ar­ gentina; y en fin, el día siguiente a las nueve de la mañana, tres chalupas armadas, con soldados y marineros desembarcaron de la Cho en Puerto Luis; y después de haber fijado un palo mástil sobre la habitación de un inglés a cierta distancia de la casa de la goberna­ ción, enarbolaron allí la bandera inglesa, y descendieron después por sus propias manos la de la República. Para tener una idea exacta de la cuestión así renovada relativa a la soberanía de las Malvinas, es esencial dividir la historia en tres partes distintas. i9 29

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1107-14 R E C L A M A CI O N

GOBIERNO DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA, COMBA

EL DE SU MAGÉSTAD BRITANICA,

Su descubrimiento original, hecho o no simultáneamente por diver­ sas naciones europeas. Su ocupación efectiva desde 1764 hasta 1774; y la disputa que*e siguió entre España e Inglaterra. Su estado después de terminada esta disputa y bajo que soberanía incontestable lian permanecido hasta ahora, es decir sesenta años después.

Esto conduce naturalmente a la cuestión de si la corona de la Gran Bretaña ha sido y es investida del derecho de soberanía sobre las Malvinas o bien si esc derecho ha sido y es de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La historia de las Malvinas es una de las mas simples y mas auténticas que se conocen; y entretanto, sea por­ que se relaciona a tiempos en los cuales prevalecía la manía de los descubrimientos de países lejanos y despoblados sea porque las nue­ vas posesiones fuesen adquiridas sobre débiles principios y sin reglas en una época en la cual las leyes internacionales eran todavía tan imperfectas; o sea en fin, que el vivo aunque efímero interés prove­ niente de una antigua disputa, haya podido dar lugar a tradiciones erróneas y a prejuicios nacionales, la cuestión ha sido interpretada algunas veces de una manera extraordinaria, y enteramente opues­ ta a lo que se debía esperar de la evidencia de documentos públicos de una suficiente autenticidad y fáciles de procurar. Aún se han des­ lizado errores geográficos: Puerto de la Cruzada o Port Egmont .0 el Puerto de la Soledad, etc. y además se ha tomado una porción de las Malvinas, y no la más grande por su totalidad. Se ha pretendido algunas veces, que el pri­ mer descubrimiento de un país, hasta entonces desconocido hecho por hombres civilizados y cristianos, sea debido al azar o de otra manera, daba derecho a la soberanía sobre la tierra nuevamente vis­ ta, a la nación a que pertenecían los navegantes, o las personas que se atribuían ser los primeros descubridores. Este modo de apropiación de un territorio, en virtud de una vista casual era demasiado objeto de interminables disputas; porque era casi siempre imposible decidir sobre las pre­ tensiones de diferentes naciones europeas, con razón ha dejado de considerarse como justo título de dominio; y aunque se ha ensayado remediar las incertidumbres observando ciertas formalidades en la toma de posesión tales como el ceremonial 'militar de desembarcar bajo salvas de cañón; enarbolando los colores nacionales, erigiendo cruces o dejando otros recuerdos; los mismos inconvenientes o incer­ tidumbres se presentaban hasta que al fin por un arreglo que se puede decir universal y más conforme a los principios de la razón y de la filosofía, se convino que para establecer un derecho de dominio el hecho accidental de un descubrimiento, o de una posesión momentá­ nea era insuficiente. Este debe ser un establecimiento formal v tranquilo, habitado y cultivado.

Relativamente a este principio, un publicista moderno dice: "El simple hecho de haber sido el primer descubridor o visitador de una isla, etc. y en seguida abandonada, parece insufi­ ciente, aun la misma confesión de las naciones, tanto que no se haya de dejar trazas permanentes de posesión y de voluntad, y no es sin razón que se ha disputado a menudo entre las naciones, como entre los filósofos, que sus cruces, postes, inscripciones, etc., son suficien­ tes para adquirir o para conservar la propiedad exclusiva de un país que no se oculta. (De Martens - Précis du droit des gens modernes de l’Europe).

Así no es de gran importancia hoy día saber cuál fué la nación que primero descubrió las Malvinas, así como ellas son llamadas por los franceses y los españoles, y Falkland por los ingleses; Sebal y Gibbel de Wert por los holandeses y Pepys por otros; puesto que ni el descubrimiento, ni el nombre por sí solos pueden servir para decidir ni comprobar nada que se relacione a la soberanía y a la posesión de estas Islas. Pero, si este punto era de menor interés, y si había algún indicio para esclarecerlo, todas las probabilidades concurren a atribuir a los españoles el derecho de ser los primeros en haberlas descubierto. Está reconocido que Fernando de Magalla­ nes al servicio de España y quien dió su nombre al estrecho que

LA SOBERANIA Y POSESION

DE LAS ISIAS MALVINAS (FALKLAND)

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.DISCUSION OFICIAL.

LONDRES: IMFRMO roa ARV'*'» CARLOS LUTHMAN, a, GAÍIUU?,T -CJ-’

I

Reproducción fac-similar de la publicación hecha en Londres en 1841, que contiene el texto de la Reclamación Argentina, en español, francés e inglés, adompañado de un plano de las Islas Malvinas que reprodurimos también en esta obra. (Biblioteca Nacional, N° 140.744).

está en la extremidad de la América del Sur y la separa de la Tierra del Fuego, ha sido el primer navegante que ha visitado esas regio­ nes; y que fué en Octubre de 1520, mucho tiempo antes del descu­ brimiento del Río de la Plata, y solamente veintisiete años después del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón. Magallanes debe haber visto las Malvinas, y no habría querido ciertamente despre­ ciar las formas usuales de esta naturaleza para caracterizarlas como el fruto de sus trabajos en honor de su soberano. Ocho años des­ pués el español Loiza pasó el estrecho y fué seguido por navegantes de la misma nación —Alcorzaba en 1535— \ illalobos en 1549, y otros. Pues durante más de un siglo el viaje al mar Pacífico se hacía por el estrecho de Magallanes; y esta navegación, que estaba ente­ ramente bajo el poder de España, entonces dueña exclusiva de Chile y del Perú, debe haber ofrecido a sus marinos frecuente ocasión de explorar las islas en cuestión, que se hallaban situadas sobre su ruta. Sir Francisco Drake, al servicio de Ingla­ terra, entró en el estrecho en 1578. Es a él, que se atribuye el des­ cubrimiento del Cabo de Hornos, y podría también haber visto las Malvinas. Por lo demás estas observaciones dejan en tan grande incertidumbre que 196 años después, el célebre capitán Cook, durante el segundo viaje, de descubierta en el año 1774, no tenían aún una idea exacta de la configuración del Cabo y no sabía si formaba parte de la Tierra del Fuego. La opinión general ha establecido que Jacob Lemaire, al servicio de la República Holandesa, ha sido el primero que descubrió el Cabo de Hornos; su viaje se realizó en 1616.

Si los escritores ingleses han procurado atri­ buir a Dawis, compañero de Cavendish, el descubrimiento accidental de las Malvinas en 1592, bajo el reinado de la Reina Isabel, y hacen notar que dos años después, fueron visitadas por Sir Richard Havkins, quien las denominó Maidenland, en honor de su soberana: no es menos incontestable que este fué un acto tan transitorio, que en 1598 los Estados de Holanda creyeron haberlas descubierto de nuevo, y'las llamaron Islas de Sebal de Wert, en honor del almirante de esta expedición. La Francia, ha disputado también el honor del primer descubrimiento, por medio de navios enviados al electo de Saint Malo desde 1700 hasta 1708. Estos viajeros dieron a las islas el nombre de Malouines o Malvines, nombres con el cual apaiecen en todas las cartas marinas que no sean inglesas y no queda la menoi duda de que fueron los franceses los primeros que tomaron posesión en forma; quienes allí fundaron los primeros establecimientos, y quienes han sido también los primeros en habitarlos. En cuanto al descubrimiento primitivo, queda por desarrollar dos opiniones respetables, la primera, la del señor Bougainville, jefe de la Colonia Francesa en las Malvinas, quien en la historia de su segundo viaje hace esta observación: "Creo que el


Reproducrión reducida del mapa de las Islas Malvinas que acompaña a la publicación hecha en Londres en 1841, del texto de la Reclamación Argenti­

primer descubrimiento debe atribuirse al famoso navegante Américo Vespucio, quien en el tercer viaje que hizo para descubrir la América, visitó sus costas septentrionales en 1502. En verdad que no constató si formaban parte de una isla o del continente, pero la ruta que siguió, por la latitud a que llegó, y aún por la descripción que da de la isla, no es difícil constatar que era una de las Mal­ vinas”.

La segunda opinión es la pronunciada en The British Naval Cronicle de 1809 Ia cual pretende que: “aunque el descubrimiento de las Malvinas haya sido atribuido a Dawis, es muy probable que hayan sido vistas por Magallanes y otros que le han seguido’’.

Para terminar aquí la controversia, es decir, si algún gobierno pudiera alegar con justicia otro título a las Mal­ vinas que el primer descubrimiento 110 apoyado de posesión actual, es evidentemente el de España; durante el lapso de tiempo de que se trata es la única potencia que puede justificar de cierta manera sus derechos, al considerar como puntos accesorios al continente, y por consecuencia indispensable a su seguridad; pues era más razonable para la España conservar estos puntos contiguos a sus costas ame­ ricanas que ceder sus derechos a otra potencia separada por tres mil leguas de mar. Al menos las Malvinas, hasta podrían set conside­ radas como sin poseedor, res nullius. Y además, se infiere de lo antedicho que no existe verdaderamente una prueba positiva ni aún de conjeturas de que los navegantes ingleses hayan sido los primeros descubridores de estas Islas.

Después de haber terminado el primer punto de estas investigaciones: es decir el descubrimiento primitivo de las Malvinas no seguido de ocupación, pasaremos el segundo que es: su posesión formal desde 1764. a 1774 y la consiguiente discusión entre España c Inglaterra. De un título dudoso e incierto, el del pri­ mer descubrimiento, pasamos a uno real, firme y manifiesto, el de primera posesión; y aquí ocurre comprobado de manera auténtica que quienes formaron el primer establecimiento europeo, y tomaron la primera posesión fueron los franceses. M. de Bougainville, coronel de infantería y capitán de la marina francesa, ha sido el primer fundador de una colonia en las islas con permiso y autorización de Luis XV. Se hizo a la vela en St. Malo, el 15 de septiembre de 1763, y llegó a las islas el 3 de febrero de 1764. Las encontró entonces enteramente inhabitadas y sin el menor indicio que indicara que hubiesen sido jamás cultivadas. Habiendo hecho construir habitaciones para los colonos, así como un almacén y un pequeño fuerte sobre la isla más oriental, la cual fué llamada Port Loáis o Port de la Soledad des Malvinos, hizo erigir el 17 de marzo, un obelisco a cuyo pie fue depositada una medalla de su soberano, llevando una inscripción conmemorativa de este acontecimiento. Volvió a Francia a pedir

na, y cuya reproducción fac-similar de página también aparece en esta obra. (R. Martí, Litho, 26, Lona. Acre, Laudan).

nuevos recursos para la empresa así comenzada, y en los primeros meses de 1765, visitó de nuevo la colonia que continuaba prospe­ rando sin ser inquietada, hasta que al fin recibió órdenes de su corte de hacer su entrega a España; y fué en su tercer viaje a las Malvinas, en 1767, que cumplió esa orden. Los detalles de todas las circunstancias están desarrolladas en la obra de este oficial, titu­ lada: “Voyagc autour du monde por la Erógate du Roí la Róndense, et la Flúte l’Etoile, en 1766, 1767, 1768 y 1769. París, 1771”.

La España que se había quejado del estable­ cimiento, francés en las Malvinas lo que consideraba como una usurpación, no mostró menos su respeto por el principio de posesión, y el título de primer ocupante (favor possessionis) de que estaba inves­ tido el gobierno francés ;y la cesión de la Colonia no fué negociada sin que una considerable suma fuese estipulada como idemnización. El pago se constata en un recibo firmado por M .de Bougainville y fechado el 4 de octubre 1776. Por esta pieza M .de Bougainville reconoce haber recibido de España seiscientos dieciocho mil sesenta y ocho libras, trece sueldos y once dineros, para reembolsar a la compañía de St. Malo sus gastos de la formación de sus establecimientos en las Malvinas; y es importante notar que más de la mitad de esta suma, —o sea 65,625 duros— fué recibida en letras de cambio pa­ gadas por la tesorería de Buenos Aires.

En el mismo tiempo se envía de Inglaterra, en donde se quería aparecer no tener conocimiento de la colonia francesa, al comodoro Byron, en 1765: un año después del estable­ cimiento de Port Louis, para apoderarse de las islas, en nombre de su Majestad Británica; pero este oficial se limité) a repetir algunas ceremonias de poca importancia, para establecer pretensiones sobre el Puerto Egmont. En 1766 fué reemplazado por el Capitán Macbride, quien desembarcó) en este punto con una fuerza militar y edi­ ficó un fuerte. Así es un hecho evidente que la llegada de ésta, bajo las órdenes del capitán Macbride, a una de las Malvina, es la época en la cual comienza la ocupación por los ingleses; y que esta época era posterior a la toma de posesión por los franceses. En estos tér­ minos, los franceses habíanse adelantado dos años al establecimiento de los ingleses, no solamente fijando banderas y por salvas de arti­ llería, sino por habitantes, habitaciones y cultivos de la isla. Así el hecho apoyado por la prueba histórica más completa, y más precisa, y aún por las autoridades inglesas, es que la primera posesión per­ tenece incontestablemente a los franceses. La manera cómo las partes pretendientes se condujeron (la Inglaterra y la Francia) está indicada por el testi­ monio de M. de Bougainville, en su obra ya citada capítulo 3, pág. 52 y 53 en la cual dice: “Entretanto, como acabamos de decirlo, el comodoro Byron que vino en el mes de enero 1765, a reconocer las islas Malouines, había abordado al oeste de nuestro establecimiento, en un puerto llamado ya por nosotros Port de la Croisade, y había


tomado posesión de estas islas para la corona de Inglaterra, sin dejar allí ningún habitante. Fue recién en 1766, cuando los ingleses envia1011 a estableceise una colonia en el Puerto de la Cruzada, que ellos habían llamado Port-Egmont; y el Capitán Macbridc, comandante de la fragata Jason, vino a nuestro establecimiento a principios de diciembre del mismo año. Pretendía que estas tierras pertenecían al Rey de la Gran Bretaña, amenazó invadir por la fuerza, si se obs­ tinaba en rehusarle; hizo una visita al comandante, y desplegó velas el mismo día.” ‘‘Tal era , agrega él ‘‘el estado de las islas Malvinas cuando las devolvimos a los españoles, cuyo derecho pri­ mitivo se encontraba apoyado todavía por el que nos daba incon­ testablemente la primera habitación”. La corte de España nombró a Don Felipe Ruiz Puente para recibir de las autoridades francesas a las Malvi­ nas, y en virtud de la convención ya mencionada, y en virtud de órdenes transmitidas al efecto por Su muy Cristiana Majestad. Puente anunció su llegada al gobernador de Buenos Aires Don Fran­ cisco Bucarelli, en un despacho del 25 de abril 7767. Previniendo así que el 27 de mayo, la sesión se haría con las formalidades orde­ nadas. Después que los españoles se instalaron en el dominio y po­ sesión de esta colonia francesa con la sanción de sus fundadores, y el pago de un precio que les había dado todo el carácter de un con­ trato perfecto, no fueron menos turbados y alarmados por una in­ timación traída por un navio de la colonia inglesa de Port-Egmont, de que las islas pertenecían a la corona de la Gran Bretaña. Esta intimación fué respondida por los españoles, con la expresión de su sorpresa a un procedimiento que anulaba sus derechos; sosteniendo que se encontraban en las posesiones de su propio soberano y que correspondía a los ingleses el retirarse. Esta respuesta era tanto más natural, en cuanto que los españoles se habían acostumbrado desde largo tiempo, a observar que Inglaterra no había puesto jamás en duda sus derechos sobre estas islas. Un autor inglés (Miller, History of the Reign of George III) dice, que en 1744 los ingleses proyec­ taron un establecimiento en las Malvinas, por recomendación de Lord Anson, después de un viaje alrededor del mundo, como el pa­ raje mejor para el establecimiento de un puerto de refrescamiento antes de doblar el Cabo de Hornos. Diez años después, cuando el mismo Almirante Anson estuvo al frente del Almirantazgo, hizo preparativos para ejecutar su proyecto, pero el Rey de España se opuso como poseedor de las Islas. El ministerio español declaró que, si el objeto del viaje era formar un establecimiento en la isla, sería un acto de hostilidad, que daría todas las informaciones que se de­ searan, sin necesidad de incurrir en los gastos de una expedición para satisfacerla. En vista de lo cual, agrega este autor, los ingleses aban­ donaron esta empresa. Los españoles no se limitaron pues a respon­ der en los términos observados anteriormente; pues hicieron inme­ diatamente amonestaciones en el establecimiento de Port-Egmont, dando instrucciones a sus enviados de protestar ante oficiales in­ gleses ;que era contrario a la fe de los tratados venir en estos do­ minios sin el consentimiento expreso de su Majestad Católica. Lo que se comprueba por la correspondencia oficial de Don Felipe Ruiz Puente, en los archivos de Buenos Aires.

En fin, este altercado adquirió nuevo interés, por la expedición enviada de Buenos Aires, al comienzo de 177o’ por el gobernador Bucarelli, bajo las órdenes del comandante de la real marina Don luán Ignacio Madariaga, para expulsar la colonia inglesa de Port-Egmont; y el i9 de junio de este año, se firmó una capitulación por la cual las fuerzas inglesas, así como los súbditos, debían retirarse de la isla en un plazo indicado, lo que fué ejecutado. Les fué acordado que, hasta su partida, la bandera inglesa perma­ neciera izada en sus barrancas de tierra; pero debiendo dejai la artillería y el material de guerra. Para establecer las circunstancias y los deta­ lles de este acontecimiento, el más extraordinario en la historia de las Malvinas, y para evitar repeticiones, sea permitido al suscripto remitirse a los State Papcrs, publicado en el Registro anual de 1771. (vol. XIV, 7’ edición, en Londres 1817) en el cual se encuentra la correspondencia del comandante Madariaga; la capitulación de las tropas inglesas en Port-Egmont; la discusión que origino entic In­ glaterra v España; y en fin el arreglo hecho el 22 de cncio i/7L P01 el príncipe de Maserano embajador de España en Londres, y acep­ tado por el Conde Rockford, seccrtario de estado de negocios extran­ jeros de su Majestad Británica. El gobierno inglés, resentido del insulto que le había hecho por la expulsión de su colonia de Port-Egmont, se dirigió al gabinete de Madrid pidiendo amplia satisfacción. Las negociaciones pertinentes comenzaron el 12 de setiembre del mismo año 1770, pero por consecuencia de me­ ditados plazos de parte del gobierno español, se hicieron en Ingla­ terra grandes preparativos militares, y Mr. Harris (mas tai de Loid Malmsburg) recibió orden de dejar Madrid, en donde insistiera pol­ la satisfacción pedida. Las diversas vicisitudes de este asunto son conocidas; la intervención de Francia por intermedio de M. le Comte de Guiñes, su embajador en Londres; las cartas de llamada expedidas a Mr. Harris, y en seguida revocadas, la llamada y en seguida la continuación del Príncipe de Maserano; las aparentes alternativas de ruptura y de arreglo; y sobre todo la irritación de la nación 111glesia. Pero es esencial observar que la verdadera causa de la discu­ sión era más bien la expulsión por las armas y la violencia, que la

soberanía de las islas. El hecho de que esta disputa terminara con la declaración hecha en nombre de España, por su embajador el Prín­ cipe de Maserano, y fechada en Londres el 22 de enero 1771, en la cual notificó que su Majestad habiéndose quejado de la violencia cometida el 10 de junio 1770, él había recibido instrucción de de­ clarar, y declaraba en efecto, que su Majestad Católica había visto con desagrado esta expedición que hubiese podido alterar la paz entre las dos naciones y desaprobaba esta violenta empresa; prome­ tiendo tomar las medidas inmediatas para que las cosas fuesen colo­ cadas en el mismo estado en que se encontraban-el 10 de junio, y que a este efecto, su Majestad Católica daría orden de restituir el Puerto y el Eucrtc Egmont, con las artillerías, las municiones de guerra y los diferentes efectos encontrados, y reconocidos por inventario como pertenecientes, tanto a su Majestad Británica como a sus súbditos.

Pero esta declaración agregaba también: “ El príncipe de Maserano declara, al misino tiempo en nombre del Rey y su señor, que el empeño de su Majestad Católica de restituir a su Majestad Británica el Puerto y Pucrtc llamado Egmont, no puede ni debe, en manera alguna, afectar la cuestión de derecho anterior de soberanía sobre las Malvinas, llamadas de olro modo Islas Ealkland”. En el mismo día fué aceptada esta declara­ ción por el gobierno de Su Majestad Británica, bajo la firma del Conde de Rockford, especificando que su Majestad Británica con­ sideraría dicha declaración del Príncipe de Maserano, con la entera ejecución de la convención de parte de su Majestad Católica, como una satisfacción de la ofensa inferida a la corona de Gran Bretaña (véase, State Ppers en el Registro anual de 1771, y también De Martcns, Colección de tratados, vol. II, Declaraciones recíprocas de España c Inglaterra respecto de las lies de Falkland 1771 a U74)En consecuencia, la corte de España envió, por intermedio de su Ministro Don Julián de Arriaga, al coman­ dante de Malvinas Don Felipe Ruiz Puente, la orden real siguiente, fechada el 7 de febrero 1771:

“Atento lo convenido entre el Rey y su Ma­ jestad Británica, por una acta firmada en Londres el 22 de febrero último por el Príncipe de Maserano y el Conde de Rockford que la gran Malvina llamada por los ingleses Isla Falkland será inmedia­ tamente colocada en el estado en que se encontraba antes de que fuese evacuada por ellos el 10 de junio del año último, le notifico por orden del Rey, que la persona comisionada por la corte de Londres, os presentará esta orden, y debéis tomar las medidas necesarias para la remisión al Puerto de la Cruzada, o Egmont, y de su fuerte y dependencias; como así toda la artillería, municiones y efectos que se hubiesen encontrado pertenecientes a la Majestad Británica y a sus súbditos, según los inventarios suscriptos por George Farmer y William Maltby el 12 de Julio de dicho año, desde su partida de este puerto; de las cuales os envío conjuntamente copias conformes y originales y por mí certificadas; y que asimismo que estos dos envíos hubieran sido ejecutados en las formas debidas, haréis re­ gresar inmediatamente al oficial y demás súbditos del Rey que pue­ dan encontrarse en el país.”

En virtud de esta orden, que fué remitida al gobierno británico, Inglaterra retomó posesión de la colonia del Puerto Egmont, el mismo año. La tesorería de Buenos Aires quedó encargada de reemplazar los efectos que se había ordenado restituir.

Así se terminaron las discusiones entre In­ glaterra y España con respecto a las Malvinas o más bien dicho, al Puerto Egmont. Después de esta época no sobrevino ni quejas, ni querella ni sujeciones, ni violencia; y si la Gran Bretaña reinstalada en la posesión del paraje disputado, lo abandoné) tres años después (en mayo 1774) fué debido a su propia voluntad; o como vamos a verlo, porque se lo dictaba su honor en razón de su compromiso contraído en la convención del 22 de enero. Por este tratado, vemos a los ingleses en po­ sesión de nuevo del Puerto Egmont, y plenamente satisfechos; y vemos también a los españoles poseer a su vez el Puerto Luis en el mismo archipiélago y en inmediata vecindad. Los dos poseedores uno frente al otro, se observan de cerca y se respetan mutuamente. Las islas son demasiado pequeñas para ser el dote de dos coronas; una de ellas debía prevalecer como más antigua poseedora y por tal razón la más fundada.

La simple ojeada de la convención del 22 de enero de 1771, sugiere reflexiones peculiares. En este acto solemne, el gobierno español protesta que la restitución del Puerto Egmont, no debe tener ninguna consecuencia en su perjuicio, y reserva todos sus derechos a la soberanía de las islas. El gobierno de su Majestad Británica, en su respuesta y su adhesión a este acto, no se opone a dicha cláusula. ¿No es esto pues admitirla y consentir la reserva de que se invistió la España? O al menos, este silencio no era segura­ mente el medio de oponerse o de afirmar sus derechos; y es evidente que la ocasión, y tal vez la necesidad de responder por una contra reserva, no podía ser más natural y más fácil de concebir si se con­ sideran todas las circunstancias del caso que se trata. Esto hace sospechar que en el fondo de esta transación hubo algo de misterio­ so (1), pero al mismo tiempo de tanta importancia que influenció y decidió la naturaleza de la convención. De aquí que apenas fué (J) Véase en este Atlas.

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Entre los documentos del siglo XVIII, compulsados por Gómez Langenheim, y que son del Archivo de la Nación Argentina, figura éste que da

una idea de la labor de reconocimiento llevada a cabo por los españoles durante el largo período de la ocupación y administración de la madre patria.

puesta al día, excitó la sorpresa y el asombro de un hombre de estado tan previsor y distinguido como el célebre Conde de Chatham. quien, el 6 de febrero del mismo año, hizo la moción de colocar a consideración de doce jueces las cuestiones siguientes.

De donde podría venir la persuasión unifor­ me de los historiadores y geógrafos ingleses y de otros escritores de ese tiempo, quienes concuerdan al decir, apoyándose en el mismo convenio del 22 de enero 1771, que la Gran Bretaña cedió las Islas Malvinas a la España? ¿Pueden ellos estar todos en error? ¿Es ad­ misible que historiadores nacionales, tratando ex profeso de la res­ titución del Puerto Egmont a la Gran Bretaña, hubiesen llamado precisamente una cesión de parte de Inglaterra, si ésta no hubiese, en verdad, sido hecha?

i9

Si legalmentc, la corona imperial de este reino podía conservar algún territorio o posesión de su pertenencia, de otro modo que en soberanía ?

29

Si la declaración o el acto, relativo a la restitución a hacerse del puerto y fuerte llamado Egmont por el Rey Católico a su Majestad, bajo le reserva de un derecho de soberanía disputada, expresada en la declaración o acta estipulando esta restitución, puede ser aceptada, o puesta en ejecución, sin derogar el principio de ley invocado relativo o inherente a la dignidad de la corona de la Gran Bretaña? De otro lado hubiese sido probable que una con­ vención que evidentemente dejaba dos jurisdicciones, opuestas so­ bre el mismo paraje, hubiese jamás sido hecho, o al menos desti­ nada a perdurar?

El suscripto, podría hacer aquí numerosas citas de autoridades que dan la prueba de la cesión; pero se limita a mencionar una producción de esta época, también de un autor inglés, quien sutilmente aclara el misterio que entrañaba el convenio del 22 de enero. (Anecdotes of the Right Honorable William Pitt, Earl of Chatham, Vol. TIT, cap. 39):


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J3 2a 2J 22 23

Entre los documentos que obran en el Archivo General de la, Nación, y que fueron pacientemente compulsados por el historiador A. Gómez Langenheim, se encuentra este plano de la Casa de Gobierno y habitación del

Sr. Gobernador, levantado en 1807, y que acompañaba a la relación que se hacía conforme era regla en la época, sobre las construcciones que los españoles realizaban en las Malvinas.

“En tanto que Lord Rochford negociaba con el Principe de Maserano, Mr. Stuart M’Kenzil negociaba con Mr. Francois, secretario de la embajada de Francia en la corte de Lon­ dres. En fin, cerca de una hora antes de que se reuniera el parla­ mento, el 22 de enero de 1771, se firmó una declaración por el Em­ bajador Español, bajo las órdenes de la Francia, y una indemniza­ ción fué acordada por la restitución de Falklands Island a su Ma­ jestad Británica, pero la importante condición por la cual se obtenía esta declaración, no se mencionaba en ella, lista condición era que las fuerzas Británicas deberán evacuar las Islas Falkland tan pronto como fuese posible, después que hubiesen sido puestas en posesión del Puerto y Puerte Egmont. Y el ministro Británico se empeñó, co­ mo una prueba de su sinceridad a cumplir esta promesa, que sería el primero en efectuar el desarme”.

ténticas de estos despachos, tomados de los archivos de Buenos Aires, en donde se hallan depositados los originales, están en pose­ sión del suscripto, que los cree de suficiente importancia para tras­ cribirlos aquí literalmente:

“Tres días después que el Embajador hubo firmado la declaración fué llamado; pero sufrió la misma suerte que la de Mr. Harris; poco tiempo después recibió orden de per­ manecer”. “En Febrero de 1771, el ministro Español de Madrid dió a entender a Mr. Harris la intención de la corte de Es­ paña de requerir del ministro Británico la ejecución de las obliga­ ciones tales como habían sido convenidas. El despacho de Mr. Ha­ rris, conteniendo éste, fué recibido por el ministro el 4 de Marzo. Tres días después, llegó el mensajero español portador de las ór­ denes del Príncipe de ¡Maserano de hacer el reclamo positivo de. la cesión de las Islas Falkland al Rey de España. El Embajador Es­ pañol, comunicó estas órdenes al embajador Francés, con la inten­ ción de saber si quería ayudarle con su concurso en esta demanda. El 14 tuvieron ellos una conferencia sobre el asunto con Lord Roch­ ford, cuya respuesta fué de acuerdo con el espíritu que él había uni­ formemente demostrado. La respuesta de Francia fué civil, pero men­ cionaba el pacto de familia; la de España no llegó a Londres hasta el 20 de Abril. Durante este tiempo los ministros celebraron diversas conferencias con Mr. Stuart Makenzyl. El resultado de todo esto fué que los Ingleses dieron el ejemplo del desarme, que las Islas Falkland fueron totalmente evacuadas y abandonadas después; y que ellas han estado en posesión de España desde esta época”. Esta revelación, que según un juicio imparcial no puede negarse como de gran peso se encuentra confirmado, relativamente a la cesión o al abandono de las Malvinas por Inglaterra, por dos despachos del ministro Español Arriaga, quién, el 7 febrero 1771, firmó la orden de restitución de Fort Egmont, y quién, el 9 de Abril de 1774, dice al Virrey de Buenos Aires, y al gobernador de las Malvinas que la corte de Londres había ofrecido abandonar el establecimiento en la gran Malvina; lo que era lo mismo que Puerto Egmont. Copias au­

“Por la copia de un despacho adjunto, se enterará Ud. de lo que en esta fecha se previene al gobernador de Malvinas, relativo a la orden de la corte de Londres de abandonar el establecimiento que hizo en la Gran Mahina, lo que prevengo a V. S. de orden del Rey para que por su parte disponga su cumpli­ miento. Dios guarde a V. S. muchos años.

Aranjuez, 9 de Abril 1774. Firmado: DON JULIAN DE ARRIAGA. Sr. Don Juan José Vértiz.

“Ofrecido como está por la corte de Londres, el abandonar el establecimiento que hizo en la gran Malvina, reti­ rando de allí la poca tropa y gente que tenía, quiere el rey que Ud. se halle al tanto de este asunto, a fin de que pueda observar con prudencia y cautela, si en efecto los ingleses abandonan dicho esta­ blecimiento, sin emprender acto nuevo por esas inmediaciones, y que después de asegurarse que lo han ejecutado en los términos in­ dicados, renueve de vez en cuando su investigación para asegurarse de que no retornan en aquellos parajes, informándome con toda precisión de lo que pueda ocurrir ahora o en lo sucesivo. Estas instrucciones se las comunico por orden de su Majestad, para que las ejecutéis puntualmente hasta que en otra oportunidad se os dé una idea más completa de todo lo relativo a este punto. Dios guarde a Ud. muchos años.

Aranjuez, 9 de Abril 1774. Firmado: DON JULIAN DE ARRIAGA.

P. D.: Hasta nuevas órdenes que os agre­ garé, ajustaros a la letra de las instrucciones que se os dan, v prohi­ bir que alguien retorne a dicho establecimiento cedido, excepto aque­ llos que enviareis para ejecutar las órdenes recibidas. Al Gobernador de las Malvinas. ♦ ★ ☆

En efecto, el 22 de mayo de 1774, tres años después de la restitución, vemos a la Inglaterra retirar pacífica­ mente su establecimiento de Puerto Egmont, sin que nadie la hubie­ se compelido a ello, y sin que hubiera ocurrido algún altercado o violencia. La anterior disputa había terminado; y sería un anacro­ nismo confundir esta salida voluntaria, con la expulsión en 1770,


Este mapa de la zona oriental de las Islas Malvinas, se debe a quien, poco después de confeccionarlo, fuera nombrado gobernador de dichas islas, don Luis Vernet.

En la misma fecha se nombra el Comandante, conforme al texto siguiente:

Por decreto de fecha TO de junio de 1829, el gobierno de Buenos Aires, disponía:

“Habiendo resuelto por decreto de esta fecha, que las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el mar Atlántico sean regidas por un Comandante Político y Militar y teniendo en consideración las calidades que reune don Luis Vernet, he tenido a bien nombrarlo, como por el presente lo nombro, para el expresado cargo de Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas, delegando en su persona toda la autoridad y jurisdicción ne­ cesarias al efecto.”

“Art. i9 — Las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el mar Atlántico, serán regidas por un Comandante Político y Militar nom­ brado inmediatamente por el Gobierno de la República.” Art. 29 — La residencia del Comandante Político y Militar sera en la isla de la Soledad, y en ella se establecerá una batería, bajo el pabellón de

“El Gobierno de Buenos Aires.

(Firmado) : Martín Rodrigues

la República.” “Art. 39 — El Comandante Político y Militar hará observar por la po­ blación de dichas Islas, las leyes de la República, y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios .

Salvador M. del Carril

Hay un sello------------

“Art. 49 — Comuniqúese, y publíquese.”

(Firmados)::

RODRIGUEZ

Salvador María del Carril...

Estos documentos figuran en publicaciones oficiales de la época. El Mapa ha publicado A. Gómez Langenheim en su obra en dos tomos “Elementos para la historia de nuestras Islas Malvinas” — Colección de “El Ateneo”, 1939.


efectuada por la expedición de Bucarelli. Asi el hecho de este aban­ dono pacífico, demuestra la realidad de la cesión; o como lo explican ciertos escritores ingleses, ambas partes cumplieron su convenio. “Los españoles restituyendo Puerto Egmont; y los ingleses, aban­ donándolo después de aquella entrega”. El teniente Clayton, quien mandaba en Puerto Egmont en nombre de Su Majestad' Británica, dejó una inscripción grabada en una placa de plomo fechada el 22 de mayo de 1774 en la cual declara que las Islas Falkland y el puerto y fuerte Egmont, así como los depósitos, provisiones de gue­ rra. etc. pertenecían de derecho únicamente a Su Majestad Jorge 111; en prueba de lo cual dejaba también izado el pabellón inglés. Pero, si una inscripción bastase para garan­ tir un dominio, la del teniente Clayton fué posterior a la inscripción francesa de 1764, y por esta razón no tiene validez. En segundo lugar, es exagerada, pues tiende a invalidar los derechos de sobera­ nía española en Puerto Luis. Por fin es ilegal, si como es de creer el abandono de Puerto Egmont obedece a un convenio de su gobier­ no, que por ser secreto, no es menos obligatorio. Se ha pretendido que esta inscripción y este pabellón así dejados, indicaban la intención de volver a ocupar el territorio en tiempos más propicios, los cuales, sea dicho de paso, no parecen haber llegado sino sesenta años después.

Entretanto, se debe notar que, si esa inten­ ción era real, ella no puede conciliarse con la fe empeñada y la cues­ tión podría resolverse en saber, si la gran Bretaña había ofrecido retirarse de las islas. Entonces para prueba de esta intención, hu­ biera sido indispensable dejar signos más durables de posesión y voluntad. Es evidente que si los signos externos de esta naturaleza, y la misma prioridad del descubrimiento, eran insuficientes para otorgar un derecho de soberanía conforme a las opiniones estable­ cidas, menos podrán bastar para conservar y trasmitir este derecho. La propiedad puramente intencional debe ce­ der a la propiedad formal y física. Se debe observar todavía como singularmente extraño que el mismo hecho de la evacuación, que realmente finaliza la posesión, tuviese al contrario el efecto de ex­ tender el dominio ideal sobre parajes que Inglaterra no obtuvo ja­ más; sobre todas las Islas Malvinas y particularmente sobre Puerto Luis o Puerto de la Soledad, llamado por los ingleses Berkeley Sound. Podríase preguntar todavía si el teniente Clayton, al aban­ donar Puerto Egmont, pudo imponer un veto a todas las naciones del globo, para que jamás habitasen las islas que él había dejado desiertas o que ellas no las cultivasen jamás como una mansión que la uiano y la voluntad del Creador tiene destinada al hombre. De­ bería particularmente notarse que tal prohibición no podría com­ prender a la España, a quien la Inglaterra había reconocido y tra­ tado como soberana de la Isla del Este de lo que ha sido establecido, que los derechos de España sobre las Malvinas eran su ocupación derivativa. Esto cierra el período de diez años, recorridos, o la dispu­ ta entre dos coronas desde 1764 hasta 1774.. “La propiedad se adquiere de derecho por una ocupación sin defectos; y se conserva por una posesión continua”. (Günther’s Volkerrecht).

Esta ocupación española se continúa sin inte­

rrupción de parte de algún otro poder ; y es de notar que en los trata­ dos celebrados después entre la Inglaterra y la España no se hace ninguna alusión o mención relativa a estas islas; la inducción debe ser que la cuestión era considerada como definitivamente transada. Podríamos citar aquí la lista de gobernadores españoles que han te­ nido el comando en Puerto Luis bajo la inmediata dependencia y expensas del Gobierno de Virreinato de Buenos Aires. Es conocido de todos, que por la Revolución del 25 de Mayo de 1810, y la solemne declaración de Independencia de Buenos Aires, nació una comunidad política bajo el nombre de es­ tilo y título de “Provincias Unidas” del Río de la Plata”, la cual ha sido reconocida por Inglaterra y otras naciones principales. Esta co­ munidad política no podría existir sin territorio pues donde no hay independencia de territorio, no puede haber estado soberano; y así como adquirió el derecho de los tratados, el de competencia para ne­ gociar con las potencias extranjeras, adquirió también el derecho de propiedad de estado (jus in patrimonium reipublice). Las Provincias Unidas sucedieron por consiguiente a España en los derechos que esta nación, de la cual se habían separado, poseía en esta jurisdicción. Las Islas Malvinas habían sido siempre parte de este país, y de este distrito y como tales, formaban una porción del dominio y de la pro­ piedad pública del nuevo estado (patrimonium reipublice publicum) y fueron reclamadas y habitadas por sus súbditos, quienes establecie­ ron allí una guarnición. La soberanía de las islas que cesó de perte­ necer al gobierno de España, por la Independencia de América, no pudo pasar en sucesión a. Inglaterra; ni renovar una cuestión de pre­ tensiones extinguidas. Apoyado en tan grande y tan sólida base, fuerte en la justicia de su causa y en la conciencia de sus derechos, el gobierno de la República protestó el 22 de Enero de 1833, a Ia Lega­ ción Británica en Buenos Aires, contra la expulsión de su guarnición y de su establecimiento de Malvinas, y contra la asunción de sobera­ nía que se hacía en nombre de la Gran Bretaña, etc., dando al mismo tiempo orden al suscripto de reiterar esta protesta al Gobierno de su Majestad Británica.

En consecuencia, el Infrascripto, en ejecu­ ción de estas órdenes y de estas intrucciones, protesta formalmente en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, contra la so­ beranía asumida últimamente por la corona de la Gran Bretaña en las Islas Malvinas y contra la expoliación y expulsión del estableci­ miento de la República, en Puerto Luis; llamado por otro nombre Puerto de la Soledad, por la corbeta de su Majestad Británica la Clio, pidiendo justa reparación exigióle por la ofensa inflingida, así como también por las consecuencias de semejante proceder.

Las Provincias Unidas hacen este justo re­ clamo al honor del gobierno de Su Majestad Británica y a la opinión imparcial del mundo.

Londres, 17 de Junio de 1833. Año 24 de la libertad y 18 de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Firmado: MANUEL MORENO His Excelency. The Rigth Honorable Viscount Palmerston, G. G. B., etc., etc., etc.

INSTRUMENTO QUE OTORGO BOUGAINVILLE para la entrega de los establecimientos de la Cía. de S. Malo, en las Malvinas

“M. Louis de Boungaiville, Coronel de los Exercitos del Rey Cristianí­

branzas que se me han entregado expedidas por el Exmo. Sr. Baylio Fr. Don

simo: He recivido seiscientas diez y ocho mil, ciento y ocho libras, trece

Julián Arriaga, Secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias y Marina de Su Magestad Católica. Y mediante estos pagos y consiguiente a las órdenes de S. M. C. me obligo en toda forma, a entregar ala Corte de España aquellos Establecimientos, con sus familias, casas, obras, maderas, y embarcaciones allí construidas, y empleadas en la Expedición, y finalmente cuanto perteneciese en ellos a la Compañía de Sn. Malo como incluido en la cuenta que se satisface, y Su Majestad Católica Cristianísima por la volun­ taria cesión qtie ha hecho, declara nula toda reclamación, sin que jamás la Compañía, ni otra persona que sea interesada, tenga que repetir ¡ contra el Real Erario de Su Magestad Católica, ni pedir más dinero ni otra recom­ pensa. En fe de lo que firmo el presente recivo como principal interesado y autorizado para la percepción de toda esta cantidad, según consta en la Se­ cretaría del Despacho de Estado en Sn. Ildefonso a 4 de octubre de 1766.” (Firmado): Luis de Bougainville.

sueldos, y once dineros, que importa un estado que he presentado de los gas­ tos que han causado á la Compañía de Sn. Malo las Expediciones hechas para fundar sus intrusos establecimientos en las Islas Malvinas de Su Magestad Católica. En esta forma: cuarenta mil libras que me entregó en París el Exmo. Conde de Fuentes, Embajador de Su Magestad Católica en aquella Corte a buena cuenta de que di el recivo correspondiente; doscientas mil libras que se me han de entregar en la misma Corte de París, según el libra­ miento que ha dado a mi favor el Sr. Márquez de Zambrano, Tesorero Gene­ ral de S. M. C., a cargo de don Francisco Ventura Llovera, Su Tesorero extraordinario en ella; y sesenta y cinco mil seiscientos ‘veinte y cinco pesos puertas y tres cuartas partes de otro, que valen las trescientas setenta y ocho mil, ciento y ocho libras, trece sueldos, y once dineros restantes, al respecto de cinco libras cada peso que he de percivir en Buenos Aires, según las li­


EL MAPA DE LA REPUBLICA ARGENTINA UNA INCIDENCIA DIPLOMATICA Siendo ote trabajo, a más de un resumen expositivo, un docu­ mentarlo cartográfico sobre las islas Malvinas y la Antártida argenma cabe reproducir aquí los documentos oficiales relativos a una incidencia diplomática sobre la confección de un mapa de la Repú­ blica Argentina. Dicha incidencia comienza el 15 de Diciembre de 1884 y ter.Mayo de 1885, y consta en las notas cambiadas entre el Ministro de Relaciones Exteriores de la Nación Argentina, don francisco J. Ortiz y el Encargado de S. M. Británica don Edmundo Monson. ORIGEN Y FIN DE LA INCIDENCIA

Por ley del 18 de setiembre de 1884, el Congreso Nacional au­ torizaba Ja entrega al Instituto Geográfico Argentino de la suma de veinticinco mil pesos nacionales para cubrir los gastos de la pu­ blicación del mapa de la República. El Instituto anunció que incluiría en el nuevo mapa las islas Malvinas. Antes de que el mapa apareciese, Inglaterra formuló su protesta.

El gobierno argentino sostuvo que el Instituto no era depen­ dencia del Estado, y sí una institución particular y que la responsa­ bilidad gubernativa podría establecerse después de publicado el mapa, al darle su aprobación o al rechazarlo, por lo que consideraba extemporánea la presentación inglesa sobre un trabajo no realizado todavía.

En 1 estimen: la responsabilidad de la confección del mapa era del Instituto Geográfico Argentino y no del gobierno el que no podía admitir que se le responsabilizase de un trabajo particular en eje­ cución; y el que en últtimo caso, concluido el mapa, podría darle su aprobación para hacerse responsable de ello desde ese instante.

La incidencia terminó con la declaración de que “el gobierno de S. M. colige que el gobierno argentino desecha toda responsabili­ dad respecto a dicho mapa”, y con la respuesta del gobierno de la Argentina de que le era “altamente satisfactorio saber que el Go­ bierno de S. M. B. ha considerado aquella obra en el mismo con­ cepto que ha tenido el honor de presentarla...”.

por el ex-Presidente Mitre, y para los cuales, si no estoy equivocado, el Congreso Nacional ha votado el costo presupuestado, se ha resuelto incluir como Territorio Nacional, al grupo de Islas conocidas por Falklands, cuyas Islas forman parte de los Do­ minios de la Reina, mi Augusta Soberana.

Como promulgado sólo por unos cuantos diarios, este rumor carece, por supuesto, de carácter oficial. Por lo tanto, es un rumor que no podría yo tener derecho al­ guno a deducirlo fundado en hechos, si no sucediera que, en cuanto yo sepa, no ha sido contradicho oficial o autorizadamente. Si bien el Instituto Geográfico no es un Departamento de Gobierno, en este caso está ocupado con un trabajo que le ha sido encargado por el Congreso; y presumo que el nuevo Mapa ha de ser considerado como un Mapa Ofi­ cial Nacional.

En vista de estas circunstancias creo V. E. lo ha de reputar como cosa muy natural el que tenga yo mu­ chos deseos de conseguir informes autorizados para trasmitirlos éstos a mi Gobierno, sobre si el Mapa que está por publicarse será considerado oficial por el Gobierno Argentino; y sobre si es cierto que dicho Mapa comprenderá a las Islas Falkland como Territorio Nacional Argentino; Al pedir a V. E. tenga la fineza de sumi­ nistrarme en breve estos datos en la misma forma confidencial que he dado a esta nota, réstame sólo añadir que es única­ mente la gravedad de la materia en cuestión que me induce a dirigirme a V. E. respecto al aserto de un diario, de cuyo aserto en nada es responsable, por cierto, el Gobierno Argentino. Aprovecho esta oportunidad para repro­ ducir a V. E. las seguridades de mi más alta consideración.

Firmado: EDMUNDO MONSON.

O sea el gobierno argentino no desautorizó al Instituto Geográ­ fico Argentino, siendo de la responsabilidad exclusiva de ese Insti­ tuto la ejecución del mapa, el que una vez aparecido podría ser objeto de la consideración del gobierno, sin que éste tenga que ate­ nerse para tomar una decisión a ningún reclamo extranjero previo o extemporáneo. Tal es la doctrina que fluye de los documentos.

El Ministro de R. E. al E. E. y M. P. de S. M. B. BENEFICIO DE LA INCIDENCIA

Buenos Aires, Diciembre 19 de 1884. La lectura de los documentos que reproducimos, y que no por ser ya anteriormente divulgados, carecen de actualidad, servirá a cuantos ignoran los antecedentes en que la Argentina funda su de­ recho de soberanía sobre las Malvinas, como una luz que disipa totalmente toda duda sobre la materia. En efecto, el Memorándum con que el Ministro de Relaciones Exteriores, don Francisco J. Ortiz, acompañó la nota respuesta al representante británico, en fecha enero 2 de 1885, es una pieza ex­ positiva que no pudo ser invalidada por ninguna otra adución de derecho por parte del gobierno de S. M. B. Bastó ese memorándum para que la protesta británica que “tomada en su doble aspecto de forma y de fondo es inconsecuente con la historia, con el derecho y con los hechos” quedase deshauciada, sin causa y sin propósito honradamente valedero. Lo más curioso en esta incidencia aparece en el cambio operado en el representante británico, después de la lectura de ese memo­ rándum, que le fuera presentado a raíz de haber declarado que por “órdenes terminantes” recibidas de su gobierno, no tenía otra alter­ nativa que “hacer constar la formal protesta” en “contra de tal inclusión — las Malvinas— o de cualquiera decisión que autorice dicha inclusión". En efecto, en su quinta nota a la cancillería argen­ tina, segunda después del Memorándum, expresaba que él podría “correr el riesgo de la reprimenda que el principal Secretario de listado para los negocios extranjeros tendría perfecto derecho de dirigirle” por haberse hecho cargo “de la trasmisión al Conde Granville del Memorándum incluido en la nota de S. E. de fecha 2 del corriente”, ya que había la posibilidad del uso de la rutina diplomática para que sea el representante argentino en Londres el encargado de elevar aquel texto al gobierno de S. M. B. Con 1a noticia de esa po­ sible reprimenda se escudaba frente a la imposibilidad de destruir los fundamentos de la respuesta argentina. Era el canto de la re­ tirada. Tal fué el beneficio de esta incidencia: expresarle al gobierno británico lo que conviene expresarle por el derecho, por la geografía y por la historia, para allanar el camino de la justicia internacional.

El E. E. y M. P. de S. M. B. al Ministro de R. E. (TRADUCCION):

1 (‘pación de S. M. Británica.

Buenos Aires, Diciembre 15 de 1884. CONFIDENCIAL :

Señor Ministro :

. .

Han declarado últimamente uno o dos dia­ rios de esta Capital que en el Atlas y los Mapas de la República Argentina que se preparan actualmente bajo los auspicios del “Instituto Geográfico Argentino” por una Comisión presidida

CONFIDENCIAL :

Señor Ministro : A mi regreso de Montevideo he tenido el honor de recibir la atenta confidencial de V. E. del 15 del co­ rriente, en la que a mérito de rumores esparcidos por dos dia­ rios de esta Capital sobre la próxima publicación de un mapa de la República bajo los auspicios del Instituto Geográfico en el que se ha resuelto incluir como territorio nacional al grupo de Islas conocidas por Falkland o Malvinas, me pregunta, con tal motivo, si el mapa que está para publicarse será considerado oficial por el Gobierno y también si es cierto que comprenderá las citadas Islas como territorio de esta Nación.

Muy difícil me sería poder dar a V. E., sin las prudentes reservas que el caso requiere, una contesta­ ción categórica en cuanto a que tal mapa, que aún no conozco, sea o no declarado oficial, ni menos respecto del alcance que ^ declaración pudiera tener; pero sí me es posible expresar eSa Publicación no alteraría en ningún sentido el estado de la cuestión relativa a la soberanía de las Islas Mal­ vinas o de Falkland; pudiendo en este punto dar a V. E. la mis­ ma contestación con que fué favorecido en 1849 el Ministro Argentino en Londres, cuando, en un caso análogo por tratarse en las Cámaras de los Comunes de las referidas Islas, prescin­ diendo de nuestros derechos, preguntó oficialmente al Ministro de Relaciones Exteriores entonces, Vizconde de Palmerston, cuál era el alcance de las declaraciones que S. E. el Señor Mi­ nistro de S. M. Británica había hecho al Parlamento en presen­ cia de la protesta y reclamaciones argentinas; a lo que se le contestó por el mismo Señor Vizconde, que, “cualquiera que fue­ ra la importancia que el ministro argentino atribuía a las de­ claraciones hechas, ellas 110 alteraban en manera alguna el es­ tado de la cuestión pendiente, que debería considerarse por nues­ tra parte en el mismo estado que había quedado en 1843”. Limitándose por el momento a lo expuesto por creer bas­ tará a satisfacer los deseos expresados en la referida confiden­ cial que contesto, me es grato retribuirle los afectuosos senti­ mientos de alta consideración con que V. E. me favorece. Firmado: FRANCISCO J. ORTIZ. A. S. E. el Sr. E. E. y M. P. de S. M. B., Honorable Edmundo Monson.


(TRADUCCION):

El Ministro de R. E. al E. E. y M. P. de S. M. B.

bJ E. E. y M. P. de S. M. B. al Ministro de R. E. Buenos Aires, Diciembre 23 de 1884. Legación de S. M. Británica.

CONVIDEN CE IL :

Buenos Aires, Diciembre 24 de 1884.. CONVIDENCIAL ; Señor Ministro :

, . . ^or su apreciable confidencial de ayer, eo que v. E. insiste aún en sus observaciones relativas al al «•anee une atribuye al mapa de la República que confecciona el Instituto.Geográfico y que las explicaciones que mediaron con este motivo entre.V. E. y yo, las juzga en contradicción con una nueva resolución del Instituto imputando los gastos qm demanda la confección de dicho mapa a la lev de setiembre del corriente año.

A

Señor Ministro :

Con fecha 19 del corriente, V. E. me hizo el honor de contestar mi nota confidencial del 15, relativa al nuevo mapa de la Depública Argentina que actualmente pre­ para el Instituto Geográfico. V. E. tuvo la bondad de decir en su nota (pie le sería difícil observar la prudente reserva que el caso requiere y darme una contestación categórica a mi pregunta respecto al alcance del mapa al cual no conocía personalmente; pero que podía afirmar que su publicación no introduciría di­ ferencia alguna en la cuestión relativa a la. soberanía de las islas Falkland; refiriéndose V. FZ en lo tocante a este punto a la correspondencia, cambiada entre Lord Palmerston y el Mi­ nistro Argentino en Londres, sobre el mismo asunto en 1849. como análogo al incidente actual. Al día siguiente, el 20 del corriente, tuve el honor de celebrar una entrevista con V. E. en la cual tuvo la fineza de ir más lejos todavía en esa materia: afirmando que los fondos votados por el Congreso, no habían sido votados es­ pecialmente como yo lo creía para la preparación de ese mapa; sino que lo habían sido como una concesión para ayudar los propósitos generales del Instituto; fomentando al mismo tiem­ po los estudios y las investigaciones científicas. Podía, pues, por esto, añadió usted, afirmar categóricamente que el Gobierno Argentino no consideraba como oficial el mapa que se estaba preparando ahora; no siendo responsable, en manera alguna, por su contenido.

Dije a V. E. que si era así, yo no daría los pasos que mi Gobierno me había indicado en sus instruccio­ nes; que aceptaría las seguridades de V. E. sobre el carácter no oficial del mapa. Dije esto porque habría faltado a la cor­ tesía que debo a V. E. si hubiera titubeado en aceptar de la manera más franca, una explicación presentada por V. E. con franca cordialidad y con una atenta alusión hacia las amistosas relaciones entre la Gran Bretaña y la República Argentina y que yo aprecié muy cumplidamente. Sería altamente indecoroso en mí, sugerir que V. E. estaba equivocado en la afirmación que hizo respecto al verdadero propósito con que los fondos antes mencionados fueron votados por el Congreso, y sin embargo, en el acta de la sesión que celebró ayer el Instituto Geográfico, publicada en “La Tribuna Nacional” de hoy, entre una serie de resoluciones respecto a la traslación a esta Capital de la Oficina Cartográ­ fica que hoy se halla en Córdoba, encuentro el párrafo siguiente: “6* El gasto que demande ;la ejecución do esta resolución so imnutará a la lev que vota fondos para la impresión del Atlas de la República.” De esta resolución parecería que los mis­ mos miembros del Instituto, están bajo la impresión de que el dinero fue votado especialmente para la confección del mapa. Si así fuere efectivamente, aún cuando V. E. cree (pie no es así, difícil sería, para mí convenir, como tengo la seguridad de que el Gobierno de Su Majestad difícil­ mente convendría, en considerar el mapa como una publicación no oficial. Por lo menos presumo, que la expresión de una reso­ lución por parte del Congreso, es la expresión de la Suprema Autoridad Soberana de la República; y que por cualquier acto ejecutado por el Congreso que afecte a las Potencias extranje­ ras, el Gobierno Ejecutivo debe responder.

He aludido antes a la cordialidad del len­ guaje empleado por V. E. en nuestra reciente entrevista, en lo tocante a las relaciones existentes entre los dos países. Aseguro a V. E. que yo deseo ardientemente hacer todo lo que pueda para mantener esas relaciones sin interrupción, deseando mu­ chísimo que nada en el métoddo que observo para dirigir los negocios de la Legación de su Majestad, pueda ser causa de re­ sentimientos indebidos para el Gobierno Argentino. Pero para poner a cubierto mi propia responsabilidad, hacia el de Su Ma­ jestad, que me ha dado las órdenes más precisas sobre este punto, me veo en la obligación, a riesgo de parecer a V, E. des­ agradablemente pertinaz, de pedirle, que tenga la bondad de aclarar la discrepancia a que antes ha aludido, informándome, además si estuviese en su mano, sobre las intenciones de los cartógrafos, en lo que se refiere a la descripción de las Islas Falkland. Aprovecho esta oportunidad para reiterar a V. E. las seguridades de mi más alta consideración. Firmado: EDMUNDO MONSON.

Nada encuentro en la referencia que V. E. se sin;e haeer que. altere ni cambie las declaraciones que hice a V. E. y que reproduzco en contestación a su nota de aver.

El Instituto Geográfico es una Sociedad Científica que no es propiamente oficial, ni es una Oficina del Estado. Sus miembros no son nombrados por el Gobierno, ni tienen emolumento alguno de la Nación y las resoluciones une adopta son de carácter privado, como las de cualquier otra So­ ciedad Científica.

El Honorable Congreso tuvo a bien votar la suma de 25.000 pesos para organizar el mapa de la República según la ley que en copia adjunto, y que el Instituto Geográfico fue encargado de confeccionarlo, como podría haber sido cual­ quiera otra Sociedad o persona particular competente para el caso. El carácter oficial que ese mapa, una vez concluido, pueda tener, no depende de los fondos que se destinan a ese objeto, sino de la declaración gubernativa, o decreto que apruebe dicho mapa y lo declare oficial.

Puede suceder que el mapa no sea aproba­ do, puede suceder también que sea aprobado en una parte y en otra no, y es después de la sanción oficial que vendría bien cual­ quier observación que V. E. creyere oportuno hacer. Además de eso y para disipar toda alarma que V. E. pudiera abrigar, debe tener presente que un mapa no dá ni quita derechos, y a los que tenga Inglaterra o la República Argentina a las referidas Islas no quedarán en ningún caso re­ sueltos porque en un mapa esas Islas figuran con tinta azul o encarnada. El medio de dirimir la cuestión pendiente sería tratar directamente el fondo del asunto y yo me compla­ cería en oír sobre el particular al Sr. Ministro, si alguna instruc­ ción tuviera al efecto de su Gobierno. ■ Por lo demás el Sr. Ministro debe estar persuadido que el más grande interés de la República es con­ servar bajo el mejor pié de amistad las relaciones con la Gran Bretaña, sin que pudiera en ningún caso dar ocasión a que ellas se alteren en una discusión amistosa y razonada sobre un punto de Derecho Internacional como sena el de la soberanía de las referidas Islas. Firmado: FRANCISCO J. ORTIZ.

*

•Y.

¥

El E. E. y M. P. de S. M. B. al Ministro de R. E. Legación de S. M. Británica.

El abajo firmado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica en la Re­ pública Argentina en virtud de instrucciones que ha recibido ^ Gobierno de Su Majestad, tiene el honor de hacer a S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de dicha República, la siguiente representación fundada en circunstancias que han formado ya tema para comunicaciones confidenciales entre S. E. y él.

Por la ley de 18 de setiembre último, El Congreso Nacional autorizó el pago al Instituto Geográfico Ar­ gentino, de la suma de veinticinco mil pesos nacionales, para cubrir los gastos de la publicación del mapa de la República que actualmente se está confeccionando por el antes mencionado Ins­ tituto. El día 8 del presente mes apareció en la primera columna del diario “El Nacional” la afirmación de que este nuevo mapa incluiría las Islas conocidas de Falkland o Malvinas, como territorio Nacional Argentino. Ese aserto ha sido aceptado como auténtico, cuando menos, por otros dos dia­ rios de esta Capital; y hasta hoy, no ha recibido contradicción alguna, oficial ni periodística. El abajo firmado era de opinión y lo es todavía, que un mapa para el cual el Congreso ha votado una suma especial de dinero, no puede ser, y no será considerado por el Gobierno de Su Majestad y por el resto de las Naciones, de otra manera que como un mapa oficial.

S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exte­ riores, sin embargo, es de una opinión enteramente distinta.


C°í-™ T el “a?a 110 P«ede considerarse oficial: y que ei COÍSO^^ 110 eV“ manera alg™«> responsable de su HP* í qU!-Sea formalmente aceptado por él. por una declaración gubernativa o por medio de un decreto.

, . ^1 abajo filmado ha prestado cuidadosa atención a las razones de S. EL el Sr. Ministro de Relaciones Exerrores, sobre este punto: pero se ha visto en la imposibilidad de opinión de S. E. en lo que se refiere al carácter no ofi­ cial del Mapa que se va a publicar. , , . ^n lo tocante a la intención de los anto­ jes ael mapa, de incluir como Territorio Nacional Argentino las islas conocidas como las de Falkland o Malvinas, el abajo firVa P°dldo conseguir informe alguno de S. K'el Sr. Ministro de delaciones Exteriores.

. Su Excelencia lia hecho presente al aba jo iirmado que cuando el mapa sea oficialmente sancionado por el Gobierno, habrá llegado el momento para que el infrascripto haga todas las observaciones que tenga que hacer sobre él. Tero el abajo firmado no puede, en vista de las ordenes terminantes que ha recibido del Gobierno de Su Majestad, dejar duda alguna en el espíritu de su Excelencia, respecto al alcance que aquel atribuiría a la inclusión como Terátorio Nacional Argentino, en un mapa levantado con la sancion directa, y por cuenta del Congreso Nacional, de un grupo de islas que forman parte de los Dominios de la Corona Bri­ tánica.

Por estas razones, el abajo firmado, en cumplimiento de sus instrucciones, no tiene otra alternativa que hacer constar la formal protesta que el Ministro de Su Majestad hace, en contra de tal inclusión o de cualquiera decisión que autorice dicha inclusión. Al hacer esta protesta formal, el abajo fir­ mado desea hacer presente que el Gobierno de Su Majestad, al mismo tiempo que lamenta que sucedan actos como eí que nos ocupa, se adhiere sinceramente a los sentimientos que tiene la convicción de que puede atribuir con toda seguridad al Gobierno Argentino, y que tiene por norma, el deseo y la intención de mantener las relaciones entre la Gran Bretaña y la República Argentina en la misma base de amistad y de armonía sobre que han desccansado felizmente, durante tantos años.

El abajo firmado aprovecha esta oportuni­ dad para reiterar a Su Excelencia el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores las seguridades de su más alta consideración.

Firmado: EDMUNDO MONSON.

F1 Ministro de R. E. al E. E. y M. P. de S. M. B. Buenos Aires, Enero 2 de 1885. El Secretario de Estado y Ministro de Re­ laciones Exteriores que suscribe ha tenido el honor de recibir una nota de S. E. el E. E. y Ministro Plenipotenciario de S. M. Británica en la que, en virtud de instrucciones de su Gobierno, turne ocasión de hacer la representación que enuncia fundada en circunstancias que han dado ya tema para las comunicaciones confidenciales que han mediado entre ambos.

Agrega S. E. el Sr. Ministro de S. M. Bri­ tánica que por Ley de 18 de Setiembre último el Gobierno Nacioal autorizó el pago al Instituto Geográfico Argentino de la suma de 25 mil pesos nacionales para cubrir los gastos de la publicación del mapa de la República que actualmente prepara; que el día 8 del corriente mes publicó “El Nacional”, la afirma­ ción de que el mencionado mapa incluirá las Islas de Falkland o Malvinas como Territorio Argentino y que este aserto ha sido ■aceptado como auténtico por otros dos diarios de la Capital, sin que tal afirmación se haya contradicho oficial ni periodística­ mente. De estos precedentes deriva S. E. que un n apa para el cual ha votado el Congreso una suma de dinero, no puede ser ni será considerado por el Gobieno de S. M. Bri­ tánica y por el resto de las Naciones, de otra manera que como un mapa oficial; y no obstante las razones que verbal y confidencialmente el infrascripto ha expuesto a S. E. sobre la pre­ matura consulta que lo ha dirigido respecto del mapa que se ha­ lla en preparación y de cuya exactitud no sería posible formar juicio ni adelantar opinión oficial en ningún sentido, desdo que tal obra se realiza bajo exclusiva responsabilidad de un Insti­ tuto particular, S. E. manifiesta que, en vista de instrucciones terminantes que ha recibido, no puede dejar duda alguna en cuanto al alcance que su Gobierno atribuiría a la inclusión como territorio argentino en un mapa levantado con la sanción direc­ ta y por cuenta del Congreso Nacional, de un grupo de Islas que forman parte de los Dominios de la Corona Británica; y que, por tales razones no tiene otra alternativa que hacer constar la formal protesta que hace en su elevado carácter contra tal in­ clusión, o de cualquiera decisión que autorice dicha inclusión, manifestando con este motivo que al mismo tiempo que el Gobierno de S. M. Británica lamenta que sucedan actos como el que nos ocupa, adhiere sinceramente a los sentimientos que atri­

buye con toda seguridad al Gobierno Argentino, y que tienen co­ mo norma el deseo y la intención de mantener las relaciones entre la Gran Bretaña y la República Argentina, en la misma base de amistad y de armonía sobre que han descansado feliz­ mente durante tantos años. Ha sido bajo los expresados conceptos que el infrascripto ha dado cuenta a S.E. el S. Residente de la República de la enunciada nota y protesta que le ha sido dirigida el 27 de pasado, por el E. E. y Ministro Plenipotenciario de S. M. Británica y no obstante la anticipación con que S. E. el Sr. Ministro la dirige, S. E. el Sr. Presidente de la República ha en­ cargado al infrascripto de contestarla expresándole al mismo tiempo, los deseos que abriga porque una solución amistosa ponga término a la discusión pendiente sobre la soberanía de la Malvinas. Tomada en su doble aspecto de forma y de fondo, la protesta es inconsecuente con la historia, con el derecho y con los hechos.

Bajo el punto de vista puramente geográ­ fico carece de fundamento desde que no se refiere a hechos pro­ ducidos. como sería la Publicación evidente del mapa, y el Go­ bierno Argentino no podrá en ningún caso tomarla en conside­ ración desde que se trata de meras conjeturas y de afirmaciones noticiosas de los diarios, cuyos, juicios no es de práctica recti­ ficar oficialmente porque el Gobierno se reserva siempre la fa­ cultad de autorizar o no las publicaciones de ese carácter aunque sean costeadas, como al presente, por el Tesoro Nacional.

Por otra parte, y aun suponiendo que el mapa de que se trata se hubiera ya publicado y contuviera las indicadas Islas como parte integrante de la República Argenti na, el Gobierno de su Majestad Británica no debería hallar en esto un motivo fundado de protesta, desde que esa inclusión no modificaría en nada el estado en que siempre se han considerado las Malvinas, cuya cuestión, como V. E. ha tenido la deferencia de manifestármelo, se halla pendiente y sujeta a la solución de los Gobiernos. Esto en lo que se refiere al fin ostensible de la protesta con respecto a la publicación del mapa. Ahora en cuan­ to al fondo de la nota que es la afirmación incondicional de nue el grupo de las Malvinas forma parte de los Dominios do Su Ma­ jestad Británica, cumple al infrascripto recordar a S. E. que la ocupación actual de ese Archipiélago no está asegurada por títu­ lo indiscutible de dominio; une la soberanía de esas Islas ha sido objeto de largas discusiones en el pasado y en el presente siglo, habiendo quedado definitivamente asegurados los derechos de España desde 1774 en que se levantó el establecimiento inglés de Puerto Egmont, hasta 1810: y desde esta fecha en poder de la República Argentina emancipada. La actual ocupación por Inglaterra data de 1833. en que fué violentamente tomada la Gran Malvina o Isla de la Soledad donde existía una guarnición y una colonia argentina. Esa ocupación agraviante de un territorio donde jamás había existido ningún establecimiento de la Corona Británica, fué enérgicamente protestada por la Legación Argen­ tina en Londres, y después de una ilustrada discusión con el Ga­ binete de Su Majestad Británica, la protesta, fundada en títulos que por la emancipación habían retrovertido a la República Ar­ gentina, quedó pendiente lo mismo que la negociación de que ha­ bía sido objeto. Tal es el estado de la cuestión Malvinas. El infrascripto se complace en que S. E. el Sr. Ministro de su Ma­ jestad Británica le haya prestado ocasión para demostrar los fundamentos en que el Gobierno Argentino se apoya para soste­ ner los derechos de soberanía do la República en las citadas Islas, como lo hace en el Memorándum que tiene el honor de adjun­ tarle. y espera de la habitual cortesanía del Ministro de Su Ma­ jestad que quiera elevarlo a conocimiento de su Gobierno, con­ fiando en la seguridad que tiene el Gobierno Argentino de la rectitud del de Su Majestad Británica, que la discusión aplazada será nuevamente abierta por la contestación que el abajo fir­ mado espera, a sus observaciones, y resuelta por los medios amis­ tosos y de derecho que hoy adoptan las naciones civilizadas para arreglar cuestiones de este género. Esperando que la solución definitiva del dominio histórico y legal de las Malvinas ha de ser un motivo más para estrechar las constantes y leales relaciones existentes entre los dos países, el Ministro que suscribe aprovecha esta nueva oportunidad para reiterar a S. E. el Enviado Extraordi­ nario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica, las seguridades de su alta consideración.

Firmado: FRANCISCO J. ORTIZ. * ¥ ¥ A. S. E. el Sr. E. E. y M. P. de S. M. B., Honorable Edmundo Monson.

MEMORANDUM

Las Islas Malvinas se hallan situadas en­ tre los 51 y 53 grados latitud Sud y entre los 57 y 62 grados de longitud Oeste de Greenwich. La extensión superficial de este Archipiélago se ha calculado en tres mil millas cuadradas, y sus


1111 ail$ÜSto I torturóse canal, ° Malv,na dcl Oste y Falkland Malvina

la mencionada expedición Byron, tomó posesión en 1766 del puerto de la Cruzada (o Egmont, según los ingleses) que está situado en la Malvina Occidental.

tensa En bi ^e es^as islas es la más ex’i ’ Panera de ellas (Malvinas Occidental) v cortado Zém^Te^ Se/Un4r ‘i1 .establocimiento inglés de Puerto T"da (Mal™,a O«ental) cortado aproximamente poi el meridiano 58, se halla Puerto Luis o de La Solé< <U que es donde estableció Bougainville la colonia que los Es­ pañoles continuaron ocupando después de haberla comprado a los franceses, y hasta que la guerra de la Independencia tras­ mitió su dominio a las Provincias Unidas.

Antes que esa ocupación tuviera lugar el Gobierno Español había reclamado del Francés por la ocu­ pación anterior de la colonia de Boungainville, pero respetando sus derechos de primer ocupante, negoció la entrega del establecimiento mediante el reembolso de las sumas invertidas en el que ascendieron a 618,108 libras. Esta cantidad fué recibida por el mismo Monsieur de Bougainville, parte en España y parte en Buenos Aires.

i i ^01 su situación geográfica las Malvinas ti’SniX*6 dh C°lltiuente mas próximo, y por su posición as tionomica se hallan comprendidas dentro de la línea trazada españoles por la célebre Bula de Alejandro \ 1, datada en 1493. y que respetaron en sus tiempos todos los .Monarcas cristianos.

Instalado en la Malvina Oriental, el Gobernador nombrado por la Corte de Madrid, D. Felipe Ruiz Puente, las colonias inglesas de Puerto Egmont y española de la Soledad, continuaron coexistiendo.

se denomina*^ dd Este

^e ha suscitado dudas sobre quién fuera <1 primer descubridor de las Malvinas. Las oscuridades notadas a ese respecto han nacido en gran parte de las reservas hechas poi la España en la publicidad de las Cartas Geográficas y por las narraciones incompletas de sus viajeros v descubridores, en tanto que los navegantes de otras Naciones- han dado mayor circulación a sus derroteros, por medio de la imprenta, abun<lando en detalles prolijos de las comarcas visitadas y recono­ cidas en todos los mares. De aquí ha resultado que, si bien existen mi divos para creer que las Islas Malvinas fueron visitadas cu 1502 por América Vespucio y en 1520 por Hernando de Maga­ llanes, no se halla noticia documentada de ello, ni es la más auténtica la versión de varios autores españoles, de que muy al principio de los descubrimientos, fueron notadas esas Islas por navegantes de su Nación, denominándolas Islas de Leones: mi tanto que no es dudoso que Juan Davis, Comandante de uno de los buques de la escuadra inglesa, enviada al Pacífico en 159.1, bajo Cavendich, vió a su paso en 1592 una de las islas al ÑorOeste sin tocar en ella, siendo este antecedente el que invoca la Inglaterra para su mejor derecho.

Aléganse respecto al primer descubridor, otras visitas de navegantes, más o menos ciertas; pero ninguna de ellas constituye en título respetable porque carecen de la fuerza eminente de la toma de posesión, en nombre del Sobe­ rano que representaban los titulados descubridores. Se ha desechado en principio que el sim­ ple descubrimiento sea un título de soberanía, por considerarlo insuficiente cuando no es seguida de la ocupación y población del territorio. Este principio es todavía más limtado en las Islas, que como partes dependientes de la costa firme o con­ tinental, no basta que una Nación las ocupe, las arme y cultive, si geográficamente están sujetas al dominio de otra Potencia soberana de la costa de que hacen parte. En este caso se hallan las Malvinas por su cercanía a la región austral del continente descubierto y colonizado por los Españoles. Para fundar el mejor derecho a la sobera­ nía de las Malvinas con arreglo a los principios más universalmente admitidos, es preciso esclarecer quién fué su primer po­ blador y si esta primera población, por su importancia, puede considerarse título perfecto ante las demás Naciones. En este caso se encuentra la ocupación francesa llevada a cabo por Mr. Luis Bougainville el 3 de fe­ brero de 1764. Fundó allí la colonia de Puerto Luis en la Mal­ vina Oriental, con pobladores sacados de Acadia o Nueva Es­ cocia cuya colonia había sido transferida a los Ingleses. No obstante hallarse en las mejores rela­ ciones los Soberanos de España y Francia, que habían suscrito dos años antes el célebre pacto de famila, el Monarca español interpuso reclamo contra el establecimiento de la colonia fian­ cesa en las Malvinas, por pertenecerle aquellas Islas. Ese fué el primer plantel de colonización asentado en las Malvinas.

Poco tiempo después, el Gobierno de Su Majestad Británica enviaba al Pacífico una expedición descu­ bridora a las órdenes del Comodoro Byron, que salió de Ingla­ terra en junio de 1764. El referido Byron recibió instrucciones liara buscar algún paraje propio que sirviese de punto de escala, y “aunque” dice el preámbulo de las instrucciones, “Las Islas “de Su Majestad llamadas Islas de Peppy e Islas de Falkland, “situadas dentro de dicho camino a pesar de haber sido primero “descubiertas y visitadas por navegantes ingleses, nunca han “sido suficientemente reconocidas para formar un juicio exacto “de sus costas y productos. Su Majestad tomando estas premi“sas en consideraciones y considerando que ninguna conyun“tura es tan propia para una empresa de esta naturaleza como “un período de profunda paz, que su reino a presente feliz“mente goza, ha creído propio que sea ejecutado . Por esta orden, el Capitán Macbride de

La ocpación por los ingleses efectuada cuando ya los franceses se hallaban establecidos y dominaban las dos grandes Islas del Este y del Oeste, solo debía juzgarse* como un acto abusivo y considerárselos intrusos.

Sin embargo, después de instalados los españoles en el dominio y posición de la antes colonia francesa, mediante el asentimiento de sus fundadores, y un precio con­ venido y oblado que perfeccionaba el contrato, fueron inquie­ tados por una intimación que les hizo accidentalmente un bu­ que de la colonia inglesa de Puerto Egmont, de que aquellas Islas pertenecían a la Corona de la Gran Bretaña. Esta intimación fue contestada con la sorpresa que les acusaba un proceder que desconocía sus delechos; derechos que muy anteriormente, en 1774, había res­ petado y reconocido el Gobierno de Su Majestad Británica desistiendo de la empresa de colonización proyectada entonces por el Almirantazgo y que atendiendo las justas reclamaciones del Ministro Español en Londres, había quedado sin efecto.

A la. contestación de los españoles siguió la intimación de desalojo en virtud de su mejor derecho y por­ que era faltar a la buena fe de los tratados el andar en aquellos dominios sin expreso consentimiento de Su Majestad Católica.

Como los ingleses no dieran cumplimiento a las intimacones hechas, el Gobernador de Buenos Aires, en obediencia de una Real Orden datada en febrero de 1768, despa­ chó a principios de 1770 al Comandante de la marina real, I). Juan Ignacio Madariaga para desalojar la colonia de Puerto Egmont, y en 10 de junio de aquel año se firmaba una captulación por la cual la fuerza y súbditos británicos debían retirarse de la Isla, como lo efectuaron. Esta expulsión produjo el más alto descon­ tento en la opinión pública en Inglaterra, y su Gobierno, al mismo tiempo que protestaba enérgicamente ante la Corte de Madrid, hacía grandes aprestos militares, resuelto a vengar por las armas la ofensa recibida.

Las negociaciones diplomáticas interrumpi­ das y reanudadas repetidas veces por aquel trascendental moti­ vo, serenáronse, felizmente al terminar el año 1770 y el 22 de enero del año siguiente el Príncipe de Masserano, Embajador Español en Londres, hacía la siguiente declaración para termi­ nar la contienda :

“Habiéndose quejado S. M. Británica de “la violencia cometida al 10 de junio de 1770 en la Isla llamada “comúnmente la Gran Malvina y por los ingleses Islas de Falk“land, obligando a la fuerza al comandante y súbditos de S. M. “Británica a evacuar el que ellos denominan Puerto Egmont, “paso ofensivo al honor de su Corona; el Príncipe de Masserano, “Embajador Extraordinario de S. M. Católica, tiene orden de “declarar y declara que S. M. Católica, en consideración al amor “que tiene a la paz para que continué la buena armonía con S. “M. Británica y reflexionando que aquel suceso pudiera inte“ irrumpiría, ha visto con desagrado dicha empresa capaz de tur“baria, y en Ja persuasión, en que S. M. se halla, de la recipro“cidad de sentimientos de S. M. Británica y cuan lejos se halla “de autorizar cosa alguna que pudiera turbar la buena inteli“gencia entre ambas Cortes, S. M. Católica reprueba la sobre“ dicha violenta empresa y, por lo tanto, el Príncipe de Masse“rano declara, que su dicha M. Católica se obliga a dar orden “inmediatamente que se repongan las cosas en la Gran Malvina “y Puerto Egmont en el mismo estado que se hallaban antes “del 10 de junio de 1770; a cuyo efecto S. M. Católica comisio“nará a uno de sus Oficiales para entregar al Oficial autorizado “ por S. M. Británica, el puerto y fuerte llamado de Egmont, “con toda la artillería, municiones de guerra y efectos de 8. M. “Británca y de sus súbditos, que se hallaban allí el mencionado “día, conforme al inventario que se formó.

“El Príncipe de Masserano declara al mis“mo tiempo en nombre del Rey su Amo, que la promesa que hace “Su dicha M. Católica de restituir a S. M. Británica la posesión “del fuerte y puerto de Egmont, no perjudica de modo alguno “a la cuestión del derecho anterior de Soberanía de las Islas “Malvinas, por otro nombre Falkland. En fe de lo cual, yo el


“(lilí-iioAn Ijml’aj.ulor Extraordinario lie firmado la presente de lar anón en la forma que acostumbro, etc. etc.”.

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precedente declaración fue aceptada ^. Británica, Conde Rochfort en los tér8 C011tra Aclaración que sigue, dada en la

í(1. . . ~ “Habiendo autorizado Su Majestad Catóu Bxmo. Señor Príncipe de Masserano, su Embajador Ex­ traordinario. para que se ofreciese en nombre de S. M. al Rey ^e^a m — Bretafía lma satisfacción por la injuria hecha a '•S. M. Británica, desposeyéndole del fuerte y puerto Egmont; habiendo firmado hoy dicho Embajador una declaración auc picaba de entregarme y en que expresa que, deseosa S. M. Ca_tolica de establecer la buena armonía y amistad que subsistía entre las dos Coronas, reprueba la expedición contra Puerto Egmont, en la cual se empleó la fuerza contra las posesiones, ( omandaiite y subditos británicos, y promete también reponer inmediatamente todas las ('osas en el mismo estado en que es“taban antes del 10 de junio de 1770, y que Su Majestad Cató“lica dará comisión a uno de sus Oficiales para entregar al Oficial “comisonado por S. Al. Británica el puerto y fuerte Puerto Eg“mont, como igualmente toda la artillería, municiones y efectos “de S. Al. Británica y de sus súbditos según el inventario que “se formó; y habiéndose también obligado dicho Embajador en “nombre de S. Al. Católica a que se realizara el contenido en di“cha declaración, entregándose en el término de seis semanas “a uno de los primeros Secretarios do Estado de Su AI. Británica “el duplicado de las órdenes que pase S. Al. Católica a sus Ofi“ cíales; S. Al. Británica, a fin de manifestar las mismas dispo“sciones amistosas, me ha autorizado a declarar que mirará la “citada declaración del Príncipe de Masserano y el entero cum“plimiento de la promesa de S. Al. Católica (-orno una reparación “de la injuria hecha a la Corona de la Gran Bretaña. “En fe de lo cual, etc., etc., etc., etc.”. En virtud de estos arreglos (pie daban so­ lución tranquila a un negocio qué había enardecido los espíritus y casi arrastrado a una guerra, los ingleses se restituyeron a. Puerto Egmont en 1771 y los Españoles continuaron en el Puerto de la Soledad sin declinar su soberanía. Se ve, pues, que la Inglaterra no había discutido título de dominio eminente, sino de simple ocupación, y por la ofensa inferida a su bandera.

No consta que alegase derechos sobre la posesión española ni que pidiera su desalojo de la Alalvina Orien­ tal, dándose por satisfecha con la restitución ÍJI statu quo del reducido establecimiento de Puerto Egmont. Este hecho es importante porque dejó de pié después do caluroso debate, la soberanía española, en la ma­ yor de las Islas, soberanía que se robusteció más tarde, en .1774, por el abandono incondicional y silencioso que hizo Inglaterra, levantando su colonia.

Antes de abandonar aquel establecimiento el Gobierno Inglés lo participó al de S. AI. Católica dando oca­ sión para que (‘1 Ministro Español, Don Julián de Arriaga, lo comunicarse al Gobernador de Buenos Aires el 9 de abril de 1774 y que impartiese la orden siguiente al Gobernador de las Alaivinas :

“Habiéndose hecho ofrecimiento, por la “Corte de Londres de abandonar el establecimiento formado por “ellos en la Gran Atalvina, retirando de ellas las pocas tropas “y habitantes que allí hay, el Rey quiere que se le instruya a “Vd. de los detalles de esa transacción, a fin de que pueda Vd. “observar con atención y prudencia si en efecto los ingleses “abandonan el dicho establecimiento, sin tratar de formar uno “nuevo (ai su inmediata vecindad; y que después de haberse “asegurado que ellos lo han ejecutado en los términos indicados, “renovará de tiempo en tiempo sus esfuerzos para asegurarse “de que ellos no vuelven a esos parajes, informándose con la “mayor precisión de todo lo que pudiera acontecer en este mo“mento o en cualquier otro. Estas instrucciones le serán trans“mitidas por orden de Su Majestad, para que las ejecute pun“tiialmente, hasta que en otra ocasión futura, le sea dada una “idea más completa de todo lo que se relaciona con esta materia”. El abandono del Puerto Egmont fue con­ siderado por escritores ingleses de nota y aún por el mismo Lord Chatam, como el resultado de un compromiso secreto y solemne, y en ese carácter lo presentó a la Cámara de los Lores, acusando al Ministerio de haber olvidado los derechos soberanos de la Gran Bretaña en la transacción ajustada, contestándose con una reparación insuficiente y abandonando eso mismo, poco después, en beneficio de otra soberanía. El Gobierno Inglés dejó entonces, en poder de la España, respetando su mejor título, las Islas Malvinas, v no volvió a penetrar en ellas hasta 60 años mas tarde, olvidando esos antecedentes y pretendiendo yasmmr derechos que en dos ocasiones solemnes había reconocido faltarle paia domimirlas.

La Inglaterra concluye finalmente en 1790 por reconocer el dominio exclusivo de la España en esas regiones, en el Art. 4? del Tratado firmado el 22 de Noviembre en San Lorenzo el Real, cuyo tenor es como sigue : M. Británica, se obliga a emplear los “medios más dicaces para que la navegación y la pesca de sus ^súbditos ('ii el Océano Pacífico o en los mares del Sur, no sir\ an de pretexto a un comercio ilícito con los establecimientos ^españoles; y con esta mira se ha estipulado además expresa“meiite que los súbditos británicos no navegarán ni pescarán “en los dehos mares a distancia de diez leguas marítimas de “ninguna de las costas ya ocupadas por España”.

El abandono de las pretensiones inglesas aparece claró por los enunciados compromisos. Obligarse a no frecuentar las Islas en 1790 después de haber levantado el esta­ blecimiento de Puerto Egmont en 1774 en virtud de arreglos pri­ vados y como consecuencia de la declaración del Príncipe de Alasserano, sobre todo no haber discutido en 1770 derechos de soberanía contentándose con la devolución de los muebles y ar­ mas existentes en la Colonia, revelan que su intención como sus obligaciones eran de un perfecto desistimiento. ( Apoyada la España en sus títulos, en los 1 Aados y 011 venciones con Francia en 1766 y con Inglaterra en 1771 ó en 1790 continuó tranquila cu la posesión y gobierno de las Malvinas, insumiendo anualmente en su sostenimiento arriba, de ciento cincuenta mil pesos fuertes que eran sufragados en su mayor parte por las cajas de Buenos Aires. . ~ Tanto las invasiones inglesas al Río de la 1 lata en 1806 y 1807 como el movimiento revolucionario de 1810, produjeron la desmoralización en el Gobierno A!ilitar de Alalvnias y no siéndole posible sostenerse sin los auxilios de Bue­ nos Aires, sus autoridades abandonaron las Islas temporaria­ mente trasladándose a Montevideo.

Desde 1810 a 1820 no existió en aquel Ar­ chipiélago, ninguna autoridad española ni extranejara. POTO en esos diez años se multiplicaron las expediciones dé los pescado­ res ingleses y norteamericanos atraídos por la abundancia de anfibios. En 1820 consolidada ya la. nacionalidad argentina, ('1 Gobernó de las Provincias Luidas reasumió el dominio de aque­ llas Islas, nombrando un Gobernador encargado de hacer res­ petar las leyes vigentes prohibiendo la pesca o caza de anfibios en sus costas. Desde 1823 se pensó seriamente en la re­ población de las Islas Malvinas. Al amparo de las leves espa­ ñolas, quo había hecho suyas la República, al reasumir los de­ rechos que correspondían al Soberano, como es notorio a todo el mundo A especialmente a la Inglaterra, el Gobierno Argentino autorizó la fundación de una colonia industrial de pesquería y faena de ganados en la Alalvina Oriental.

El abuso repetido durante varios años por los (extranjeros pescadores de anfibios en aquellas costas conti­ nuaba, empero, ejerciéndose en detrimentos de los intereses de aquella empresa. Como esto se hacía desconociendo los tratados y disposiciones vigentes, el Sr. Vernet, concesionario de la Co­ lonia establecida en el puerto de la Soledad, solicitó del Gobier­ no en 1828 el privilegio de la pesca y caza de anfibios, que le fue concedido. Para garantir esta concesión el Gobierno expidió el 10 de julio de 1829 el sguientc decreto:

“Cuando por la gloriosa revolución de 25 A inay° de ^^ se scp^i’aron estas Provincias de la domina“ción de la Aletrópoli, la España tenía una posesión material de “las Islas Malvinas y de todas las que rodean el Cabo de Hornos, “inclusa la que se conoce bajo la denominación de Tierra del huego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho “de primer ocupante, por el consentimiento de las principales “Potencias de Europa y por la. adyacencia de estas Islas al Con“tinento que formaba el Aurreinato de Buenos Aires, de cuyo “Gobierno dependían”. “Por esta razón, habiendo entrado el Go“bienio de la República en la sucesión de todos los derechos que “tenía sobre estas Provincias la antigua Aletrópoli y de que go“zaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en di“chas Islas, sus puertos y costas a pesar de que las circunstancias “no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio “de la República la atención y cuidados que su importancia exi“ge pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medi­ dlas que puedan poner a cubierto los derechos de la República, “haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que puedan “dar los productos de aquellas Islas, y asegurando la protección “debida a su población, El Gobierno ha acordado y decreta: “Artículo Primero. — Las Islas Malvinas “y las adyacentes al Cabo de Hornos, en el mar Atlántico, serán “regidas por un Comandante político y militar, nombrado inme“diatamente por el Gobierno de la República”.

“Art. 2® — La residencia del Comandante “político y militar será en la Isla de la Soledad, y en ella se es“tablecerá una batería bajo el pabellón de la República”.


“Art. 39 — El Comandante político y mi“ litar liará observar por la población de dichas Islas las leyes “de la República, y cuidará en sus costas de la ejecución de los “reglamentos sobre pesca de anfibios”.

Afectivamente, por decreto del 10 de se­ tiembre de 1832 y en vista de no poder regresar a ocupar su pues­ to el Comandante de Vernet, el Gobierno había nombrado inte­ rinamente al Mayor Estivier para desempeñar aquel destino.

Con la misma fecha 10 de junio el Gobier­ no nombró a 1). Luis Vernet, Comandante Político y Militar de los Territorios designados en el anterior decreto.

A consecuencia de este nombramiento, la goleta de guerra Sarandí, a las órdenes del Comandante Pinero fue despachada para las Malvinas y el 10 de octubre inmediato tomaba posesión del Puerto de la Soledad en nombre de la Re­ pública.

En su vista y después de haberlo comuni­ cado al Gabinete de S. M. Británica, el Encargado de Negocios señor Woodbine Parish dirigió al Ministerio de Relaciones Exteriores, con fecha 19 de noviembre de 1829, la siguiente protesta:

“El infrascripto, Encargado de Negocios “de S. M. Británica tiene el honor de informar a S. E. el señor “General Guido. Ministro Encargado del Departamento de Nc“gocios Extranjeros, que ha trasmitido a su Gobierno el docu“mentó ofcial firmado por el General Rodríguez y D. Salvador “María del Carril, en nombre del Gobierno de Buenos Aires, y “publicando el 10 de junio último que contiene ciertas medidas “para el Gobierno de las Islas Malvinas”. “El abajo firmado ha recibido órdenes de “su Gobierno para hacer presente a S. E. el General Guido, que “al expedir este decreto se luí arrogado una autoridad incompa“tibié con los derechos de soberanía de S. M. Británica sobre las “Islas Malvinas”. “Estos derechos fundados en el primer des“cubrimiento y subsiguiente ocupación de dichas Islas fueron “sancionados por la restauración del establecimiento británico “por S. M. Católica en el año 1771, el que había sido atacado y “ocupado por una fuerza española anterior, y cuyo acto de vio“lencia suscitó acaloradas discusiones entre ambos países”.

“El retiro de las fuerzas de S. M. de estas “Islas en el año 1774. no puede considerarse como una renuncia “de los justos derechos de S. M., aquella medida tuvo lugar si“guiendo el sistema económico adoptado en aquel tiempo por el “Gobierno de S. M. Británica. Pero se dejaron en la Isla vesti“gios y señales de posesión y propiedad. A la salida de allí del “Gobernador quedó enarbolada la bandera inglesa y se observa“ron todas las formalidades que indica en el derecho de propie“dad, así como la intención de volver a ocupar el territorio en “mejor tiempo”. “El infrascripto, en ejecución de las ór“denos de su Gobierno, protesta formalmente en nombre de S. M. “ Británica contra las pretensiones manifestadas por parte de “la República Argentina en el precitado decreto de 10 de junio, “y contra todo procedimiento que se haya hecho o haga en ade“íante, en perjuicio de los justos derechos de soberanía que has“ta aquí ha ejercido la Corona de la Gran Bretaña”.

La inesperada pretención enunciada en la nota del Sr. Parish sorprendió al Gobierno de Buenos Aires y el Ministerio de .Relaciones Exteriores se limitó al acuse de re­ cibo de la protesta prometiendo ocuparse de ella más adelante.

El 5 de enero de 1833 estando repoblada \ defendida la Isla por la guarnición argentina de un buque de la armada, tuvo lugar la ocupación del Capitán Onslow, que impuso a nuestros soldados el abandono de la colonia. . z *^ noticia de este avance llevado sobre el teuitorio de la República sin declaración preventiva y en plena paz, fué conducida a Buenos Aires por los tripulantes de la go­ leta Sarandí. p r ^or n°ta de 16 de. enero, el Ministro de £CIaciones Exteriores interrogó al Encargado de Negocios de U Británica sobre aquel hecho tan ofensivo al honor y al derecho de la República. La respuesta que obtuvo fué: que no había recibido instrucciones de su Corte para hacer comunicación alguna al Gobierno de Buenos Aires sobre aquel asunto.

, ^ proceder del Capitán Onslow reviste el carador de un atentado contra la Soberanía Argentina. Si su Gobierno podía alegar alguna acción a las Malvinas, nunca esa acción debió salir del perímetro del Puerto Egmont, o Malvina Occidental donde únicamente existió durante ocho años, desde 1766 a 1774 un establecmiento inglés que fué abandonado; pe­ ro en la Malvina Oriental o Puerto de la Soledad, cuya distin­ ta posición geográfica se ha demostrado al principio de este me­ morándum, 110 tenía Inglaterra ni siquiera una pretendida ac­ ción reinvindicatoria, autorizada por la posesión temporal res­ pecto de otra Isla que había abandonado en favor de España, sesenta años antes. Fra, pues, un acto de conquista lo que efectuaba en territorio poblado por un Gobierno independiente y amigo.

Con este acto, 110 solo usurpaba derechos indisputables^ basados en una larga y tranquila posesión, sino que desconocía u olvidaba los principios sostenidos por Mr. Canning en 1823, y que forman la base de la doctrina Monroe, por cuyos principios y doctrina no es permitido a los Estados Euro­ peos fundar nuevas colonias en América. La Inglaterra ha olvidado, estos principios en las Malvinas, y la República Argentina, en uso de su sobera­ nía desconocida elevó formal protesta ante el Gobierno de su Majestad Británica por la ocupación violenta del Capitán Onslow.

Reinstalado el Comandante Vernet en su colonia, teniendo a su disposición los medios de hacer cumplir las leyes que prohibían la pesca en las costas del Sur, detuvo y embargó, remitiéndolas a Buenos Aires para ser juzgadas, tres goletas norteamericanas que reincidieron en la pesca después de haber sido notificadas de no poderla efectuar en aquellos parajes.

Esa protesta fué objeto de una detenida discusión entre El Gabinete de Su Majestad Británica y el Ple­ nipotenciario Argentino. Por una y otra parte se exhibieron com­ probantes del derecho que respectivamente creían tener las dos naciones a los indicados territorios, siendo de notar, que las con­ sideraciones y antecedentes presentados por la Legación Argen­ tina manifiestan de una manera incontrovertible los mejores de­ rechos de la República. Esta discusión fué suspendida en 1841 sin que la Inglaterra hubiera podido demostrar de una manera satisfactoria la justificación de la violencia ejercida por el Ca­ pitán Onslow y de su permanencia en las Islas.

Con motivo de esa captura se siguió un cambio de notas mitre la Legación y Consulado de los Estados Unidos y el Departamento de Relaciones Exteriores. El Gobier­ no de “Washington envió el Sr. Vylies en el carácter de Encarga­ do de Negocios para tratar esta cuestión; pero en vez de resol­ verse por los medios conciliatorios de la diplomacia, el proceder violento del Comandante I hincan de la corbeta americana Lexington, complicó la negociación llevando el 31 de diciembre de 1831, un ataque a mano armada contra la colonia argentina del Puerto de la Soledad, destruyéndolo todo y cautivando a los hombres. Un atentado semejante cometido en plena paz mereció la más enérgica protesta del Gobierno. La actitud que asumió nuestro Gabinete por este acto descomedido, demos­ tró al Si1. Vylies que su permanencia en Buenos Aires era impo­ sible, si 110 estaba autorizado para dar satisfacción completa de la ofensa inferida al pabellón nacional y por los daños causados.

A este respecto es oportuno citar que en la sesión del Parlamento del 25 de julio de 1848 en la Cámara de los Comunes, Sir William Malesworth, miembro distinguido de aquella Cámara hizo moción de: “que declarase que en la opi“nión de la Cámara los gastos Coloniales del Imperio Británico “necesitaban ser sujetados a un riguroso examen con la mira de “reducirlos”, y después de extenderse en la demostración de esos gastos sobre las principales colonias de Inglaterra, bajó a la categoría de las que calificó onerosas, que fueron algunas de la costa de Africa, y mencionando finalmente, las Islas Mal­ vinas (Faltkland Islands), dijo: “Ocurren aquí las miserables “Islas Malvinas, donde 110 se da trigo, donde 110 crecen árboles, “Islas batidas de los vientos, que desde 1841 nos han costado “nada menos que cuarenta y cinco mil libras, sin retorno de nin“guna clase ni beneficio alguno. Decididaméte soy de parecer “que esta inútil posesión se devuelva desde luego al Gobierno “de Buenos Aires, que justamente la reclama(1)”.

El Gobierno de Buenos Aires, en su Men­ saje de 1833, dando cuenta a la Legislatura de los hechos ocurri­ dos en la colonia do Vernet y de la gestión iniciada contra los Es­ tados Unidos, agregaba: “La repoblación de las Malvinas fue in“mediatamente resuelta del modo que lo han permitido las de“más atenciones de la Provincia; pero muy luego tuvo lugar un “suceso tan inesperado como desagradable. — El gobierno os “dió cuenta de que el Comandante de la corbeta de su Majestad “Británica Clio, sostenido por una fuerza superior, y favorecido “de circunstancias que ya sabéis, tomo posesión de las Islas en “nombre de su Soberano”.

Es basado en los antecedentes que prece­ den y en la formal protesta que tiene pendiente según la decla­ ración dada a su Representante en Londres, en 1849, que el Go­ bierno de la República Argentina funda sus indisputables dere­ chos a la soberanía de las Islas Malvinas como parte integrante del territorio nacional. Buenos Aires, Enero 2 de 1885.

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¥

(') Véase: Morning Chronicls Daily News, del 27 de julio de 1948.


Vi

(TRADUCCION):

El E. E. y Al. P. de S. AL. B. al Ministro de R. E.

Legación de S. Al. Británica. El ahajo firmado, Enviado Extraordinario y Alinistro Plenipotenciario de S. AI. B. en la República Argen­ tina, lia tenido el honor de recibir la nota fecha 2 del corriente, en <pie S. E. el Secretario de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores ha contestado a la protesta que el abajo firmado en cumplimiento de instrucciones que el Gobierno de su Ma­ jestad, dirigió a S. E. el día 26 último, en contra de la posible inclusión de las Islas Falkland como Territorio Nacional Ar­ gentino en el mapa de la República que va a aperecer y que ahora está preparando el Instituto Geográfico.

S. E. afirma en esta nota que, tanto en su forma como en su fondo, la mencionada protesta está injus­ tificada por la historia, por el derecho y por los hechos. S. E. hace presente que como el Gobierno Argentino se reserva el derecho de autorizar como oficiales las publicaciones del carácter del mapa, la protesta del. abajo fir­ mado carece de fundamento, desde que el Gobierno no ha dado todavía ese paso; no teniendo en manera alguna obligación de hacer rectificaciones oficiales de los informes o de las conje­ turas de los diarios. A esto, el abajo firmado debe replicar que cualquiera que sea la extensión hasta donde el Gobierno Argen­ tino pueda reservarle el derecho de conceder carácter oficial a las publicaciones do la naturaleza del mapa en cuestión, en todo lo que pertenece a la jurisdicción interna de la República, él no puede eximirse, en lo que se refiere a sus relaciones con las Potencias Extranjeras, de la responsabilidad anexa a una publicación autorizada y costeada* por el Congreso Nacional, si semejante publicación contiene material que una Potencia Ex­ tranjera está justificada en considerar como incompatible o atentatoria de sus propios derechos Soberanos. En el caso en cuestión, el Congreso Nacional ha impuesto, de acuerdo con los términos claros de la ley, al Gobierno Ejecutivo la obligación de pagar un mapa, que, según se ha dicho públicamente, va a contener materia de aquella naturaleza. El Gobierno Argentino, cuando el abajo firmado le pidió algunas explicaciones, rehusó afirmar o contradecir esta afirmación, y su actitud a este respccto no deja al ahajo firmado otra alternativa que salvaguar­ dar los intereses confiados a sus cuidados haciendo una pro­ testa anticipada. S. E. en la nota a que el abajo firmado es­ tá contestando, dice a continuación, que aún cuando el mapa estuviera ya publicado y contuviera el detalle que se objeta, el Gobierno de Su Alajestad no tendría motivo fundado para pro­ testar, desde que la cuestión de soberanía sobre las Islas Falk­ land pendiente entre los dos Gobiernos, no sería afectada por él.

S. E. ha de perdonar al abajo firmado que le observe, que el Gobierno de Su Alajestad ha mantenido siem­ pre que por la parte que a él le toca, la cuestión de soberanía sobre las Islas Falkland, quedó definitivamente arreglada por las notas dirigidas al Sr. Moreno por Lord Pálmcrston, con fe­ cha 8 de enero de 1834 y al'mismo caballero por Lord Aberdeen el 15 de febrero de 1842, y que la fuerza de la determinación declarada por ellos, de que no permitirían violacón alguna de Jos indudables derechos de la Gran Bretaña sobre las Islas Falk­ land, no ha sido perjudicada, en manera alguna o disminuida (ni vigor por la declaración hecha por Lord Palmerston al Sr. Aloreno en la carta que a esto caballero le dirigió con fecha 8 de agosto de 1849. El abajo firmado, debe observar además, que al atribuirlo la admisión de que la cuestión de soberanía está todavía pendiente y sometida a la solución de los dos Go­ biernos, S. E. ha ido algo más lejos de lo que ha dicho el abajo firmado en sus declaraciones, quien se limitó a hacer una refe­ rencia a la comunicación de Lord Palmerston a que se ha alu­ dido últimamente, como conteniendo la expresión de la situación de la cuestión, como la entiende el Gobierno de Su Alajestad, en todo aquello que concierne a la actitud del Gobierno Argen­ tino. El resto de la nota de Su Excelencia so ocupa del argumento de que, siendo en sustancia la protesta del abajo firmado una declaración incondicional de que el grupo de Islas, conocido por Falkland o Malvinas, forma una parte de los Dominios do la Borona Británica, ignora la historia de las discusiones a que la cuestión de soberanía ha dado lugar, tanto en el siglo pasado como en el presente; y también la historia de la ocupación de las mismas Islas. Su Excelencia pasa rápi­ damente en revistas estas historias, en Ja versión de las cuales, tales como se exponen, el ahajo firmado no debe entenderse que les presta su adquiescencia, debiendo entendérsele especial­ mente que protesta contra la afirmación de que a partir del ano 1774 hasta el año 1810 los derechos de soberanía fueron asegu­ rados a España y que desde esa última fecha, quedaron en po­ der de la emancipada República Argentina. En la revista hecha

de ese modo, Su Excelencia omite toda mención de la protesta dirigida por el Encargado de Negocios Británico, con fecha 19 de noviembre de 1829, al Ministro de Relaciones Exteriores de la República, contra el proceder del Presidente de la misma República, al dictar decretos y hacer concesiones de tierra, por su naturaleza actos de soberanía, sobre las Islas en cuestión. Al abajo firmado se le debe permitir observar que la protesta entonces hecha por orden del Gobierno Británico fue lógica y justificadamente seguida por el procedimento que Su Exce­ lencia denomina como ocupación agresiva.

Su Excelencia se refiere finalmente a un Memorándum trasmitido con su nota en el que están expuestas todas las razones sobre que se apoya el Gobierno Argentino para sostener que la soberanía sobre las Islas Falkland le pertenece por derecho; y el cual pide Su Excelencia, al abajo firmado, que lo lleve a conocimiento de su Gobierno. El abajo firmado, después de haber estu­ diado atentamente el Memorándum, pide permiso para mani­ festar a Su Excedencia, que ha encontrado mucho de él a lo cual debe objetar. Pero como la refutación autorizada de mu­ chos puntos de vista esenciales de su contenido sería infinita­ mente de mavor efecto si viniera directamente del Gobierno de Su Alajestad, el abajo firmado no so atreve a anticipar, como podría hacerlo muy bien con los documentos que posee, la vin­ dicación detallada de los derechos de la Corona Británica, que los Consejeros de la Reina crean tal vez conveniente hacer. El abajo firmado no debe omitir, sin embargo, recordar a Su Ex­ celencia el Alinistro de Relaciones Exteriores, que él ha tenido ya el honor de recordar a Su Excelencia, por orden del Principal Secretario de Relaciones Exteriores de Su Alajestad que el Go­ bierno Argentino ha sido informado repetidas veces que el Go­ bierno de Su Alajestad no podía consentir violación alguna de Jos derechos de soberanía de Su Alajestad sobre las Islas Falk­ land; y que en la misma ocasión el abajo firmado añadió que en la opinión del Gobierno de Su Alajestad, nada bueno resul­ taría tal vez, de toda tentativa para reabrir la cuestión. El abajo firmado aprovecha la presente oportunidad para renovar a Su Excelencia el Secretario de Es­ tado y Alinistro de Relaciones Exteriores las seguridades de su más alta consideración. Firmado: EDMUNDO MONSON. Buenos Aires, enero 9 de 1885. •Y-

-Y

El Ministro de R. E. ai E. E. y AI. P. de S. AI. B. El abajo firmado ha tenido el honor de recibir con fecha 9 del corriente la respuesta de S. E. y E. E. y Alinistro Plenipotenciario de S. Al. Británica, a la nota y Me­ morándum que, en contestación a su protesta de 26 de diciem­ bre último, le fué oportunamente dirigida. Si esta nueva comunicación de S. E. se hubiera limitado a la parte que expresa el recibo de la nota y memorándum, y en la que, declinándo de una contestación per­ sonal, en el punto que se discute, S. E. ha creído conveniente que esos documentos sean contestados directamente por los Con­ sejeros de S. AI., el abajo firmado se habría limitado a esperar la indicada contestación a la vez, que verbalmente, se habría complacido en expresarle sus agradecimientos por tan aceptada dirección; pero conteniendo la indicada nota del 9, otra parte, en que S. E. expone: que el abajo firmado ha ido alejo más lejos de lo que S. E. ha dicho en sus declaraciones al atribuirle la admisión de que la cuestión de la soberanía de las Islas Malvinas está todavía pendiente y sometida a la solución de los dos Gobiernos, no le es posible dejar subsistente tan importante salvedad haecha por S. E. Al asegurar que S. E. el Sr. Alinistro de S. AI. Británica había reconocido que la cuestión estaba pen­ diente desde 1849, el infrascripto se fundaba en un párrafo de su confidencial de 23 de diciembre que así lo expresa y porque encontraba esa declaración exacta y de acuerdo con la corres­ pondencia de la época. La apreciación que hoy hace S. E. de la nota Lord Palmerston, de 8 de agosto de 1849, es mi punto en que el abajo firmado tiene el sentimiento de manifestarle, que no está en armonía con los documentos cambiados en esa fecha, por el Alinistro inglés y nuestra Legación.

El abajo firmado se inclina a suponer que S. E. el Sr. Alinistro de Su Majestad Británica no tiene cono­ cimiento pleno de aquella correspondencia y es por eso que da un significado erróneo a la respuesta de Lord Palmerston, en­ tendiendo que quiso decir al Representante Argentino, en su correspondencia de 8 de agosto citada, que la cuestión AI alvinas estaba terminada. Si S. E. el Sr. Alinistro de Su Alajestad Británica tiene la deferencia de leer la protesta del Plcnipoten-


ciario Argentino de 31 de julio de 1849, que el infrascripto tion<\ a satisfacción de acompañar, junto con la respuesta de que fue objeto se convencerá con su alto y distinguido criterio, que la interpretación que hoy ha dado S. E. a la respuesta de Lord Pahnerston, no es ajustada a sus precedentes, y que lo verda­ dero es lo que antes había expresado S. E. en orden a encon­ trarse pendiente la cuestión Malvinas.

En presencia de tan clara demostración, S. K ha de encontrar justificada la inteligencia que en la nota de 2 enero, ha dado el infrascripto a su manifestación confiden­ cial citada, sin extralimitar en lo mínimo lo que consta do documentos fehacientes y cuya rectitud de sentido, no presenta ninguna duda.

Con tal motivo, el abajo firmado tiene el honor de renovar a S. E. el Sr. Ministro de Su Majestad Bri­ tánica las seguridades de su alta consideración. Firmado: FRANCISCO J. ORTIZ. Buenos Aires, enero 13 de 1885. C O P 1 A

“My Lord: ‘En el relato de la sesión del 27 del corriente en la Casa de los Comunes, que hacen los diarios, aparece lina pregunta por un Miembro de ella, Mr. Baillie, sobre lacuestión entre el Gobierno de Buenos Aires y el Gobier­ no Británico acerca de las Islas Malvinas (Falkland Islands) ‘y estado en que se halla el asunto, Y ¡en la Respuesta que dió V. E. como Ministro de la Corona, se le atribuye haber dicho que: '‘Habiendo estado inocupadas dichas islas por algún tiempo, to­ mó posesión de ellas la Gran Bretaña, y mantiene desde enton­ ces un establecimiento ly que según creía V. E., sería muy des­ acertado el revivir una correspondencia que había cesado con con­ sentimiento de una de las Partes, y del sosten de la otra'’,

“Estas expresiones son tomadas del relato de Times; otro papel, el Dayle News, las registra en estas pa­ labras: “Lord Pahnerston creía que bajo estas circunstancias el Honorable Caballero hallaría que no había mucha utilidad en abrir la correspondencia que había cesado por la adquiescencia de ambas partes”. En consecuencia de esto, porque el sal ¡en­ rió de esta Legación no se tome alguna vez por confirmación de la errónea aserción que se atribuye a V. E., caso que efectiva­ mente haya ocurrido, me permito recordar a V. E. que el Go­ bierno de Buenos Aires y Confederación Argentina, nunca ha consentido en el despojo de su soberanía en las Islas Malvinas, que le hizo el Gobierno Inglés, en 1833; y que lejos de retirar su protesta de 17 de junio de aquel año, reiterada en la de 29 de Diciembre de 1834, ha mantenido sus indisputables derechos a aquella posesión por todos los medios que han estado en su poder, y constantemente ha declarado su justa queja por falta de sa­ tisfacción.

En sus Mensajes al Cuerpo Legislativo, desde entonces y año por año, ha consignado un formal recuerdo de la cuestión y ha mantenido los reclamos. Es de suponer que esta clase de documentos son transmitidos por los Agentes Pú­ blicos a los respectivos Gobiernos, y deben sin duda estar en el archivo de ese Departamento. Sólo citaré, pues algunos de ellos, y que me hago el honor do acompañar para facilitar la referencia. En (‘1 Mensaje de 1843, se lee lo que sigue:

“El Gobierno confía en que el de S. M . B por un acto honorable de justicia acerque el momento de atender los derechos de la República al territorio de las Islas Malvinas”. En el de 1844; “El Gobierno no ha cesado de reclamar el perfecto derecho de la ¡República al territorio de las Malvinas”. En fin en el último Mensaje de fecha 27 de Diciembre de 1848, se dice: “Invariablemente sostiene el Go­ bierno de la Confederación los incuestionables derechos de la Re­ pública al territorio de las Islas Malvinas”.

En este sentido han sido las órdenes que ha recibido y continúa recibiendo en esta Legación, para vigilar este asunto; y si, de algún tiempo a esta parte, la corresponden­ cia no ha sido tan activa, esto es debido a estar la discusión casi agotada y al estado de las relaciones desde la Intervención; pero S. E. el Vizconde Pahnerston, en su alto saber, no ha podido sin duda equivocar la intermisión de la correspondencia con un con­ sentimiento y adquiescencia, tácito o expreso, que de ningún modo se ha dado por el Gobierno Argentino a los actos a este res­ pecto del Gobierno de Su Majestad. Tengo el honor de ser, con toda considera­ ción, Mv Lord, de V. E. su más obediente, humilde servidor. MANUEL MORENO. Julio 31 de 1849. A S. E. (*1 Vizconde de Pahnerston.

(TRADUCCION):

DEPARTAMENTO do NEGOCIOS EXTRANJEIN)S 8 de agosto de 1849. Señor:

■Tengo e* honor de avisar a Vd. el recibo de su nota de 31 de julio en que expresa que la respuesta, que habían referido algunos papeles de Londres, haber yo dado a una pregunta que me hizo Mr. Baillies en la Casa de los Comu­ nes el' 27 de julio, no describía correctamente el estado de la cuestión entre el Gobierno Británico y el Gobierno de Buenos Aires respecto de las Islas Malvinas; y tengo el honor de infor­ mar a V d. que sea lo que fuese lo que me hayan atribuido los papeles públicos haber dicho en la ocasión antes citada, siempre he entendido que el asunto en cuestión se halla exactamente en el estado que Vd. ha descripto en su comunicación. Tengo el honor de ser, con la más alta consideración, Señor, su más obediente y humilde servidor. Al Señor Moreno etc. etc. (TRADUCCION):

El E. E. y M. P. de S. M. B. al Ministro de R. E. Legación de S. M. Británica.

El abajo firmado ha tenido el honor de recibir la nota de fecha de hoy, ten que S. E. el Secretario de Estado y Ministro de Relaxiones Exteriores, le ha hecho notar lo que S. E. considera una inexactitud en la nota del abajo fir­ mado, del 9 del corriente; y ha tenido la bondad de enviarle copias de la correspondencia cambiada entre Lord Pahnerston y el Sr. Moreno en 1849. 1

El abajo firmado, se apresura a manifes­ tar su agradecimiento a S. E. por la consideración que ha mos­ trado en trasmitirle esta correspondencia, de la que existe, sin embargo, una versión idéntica, tanto en español como en inglés, en los archivos de la Legación de Su Majestad, y que el abajo firmado ha consultado, como lo ha sido también toda correspon­ dencia cambiada con suma frecuencia, durante el progreso de la discusión entre los Gobiernos interesados.

En 'contestación a las observaciones he­ chas ahora por S. E. el abajo firmado se ve competido a mani­ festar que él no puede ver, en nada de lo que ha emanado de él durante esta controversia, admisión alguna de que el Gobierno de Su Majestad, o que él personalmente consideren la soberanía de las Islas Falkland como una cuestión pendiente en todo aque­ llo que concierne a la Gran Bretaña. ■Con fecha 5 de marzo de 1843, Lord Aberdeen cerraba una nota al Sr. Moreno con las siguientes palabras: “y el abajo firmado tiene también que informar al Sr. Moreno “que el Gobierno de Su Majestad considera como final la de“ claración con que el abajo firmado cerraba su nota al señor “ Moreno de fecha 15 último, relativa a la determinación del “ Gobierno de Su Majestad, de no permitir violación alguna de “ los indudables derechos de la “Gran Bretaña, sobre las Islas “ Falkland”. A la nota de marzo 10, en que el Sr. Mo­ reno replicaba a Lord Aberdeen, el Gobierno 'de Su Majestad, consecuente con su determinación de considera]* concluida la cuestión de lo concerniente a él, no dió contestación alguna.

La nota de 30 de agosto de 1849 en que Lord Pahnerston asegura al Sr. Moreno que el “había entendido siempre que el asunto en cuestión se halla exactamente en el estado descripto por el Sr. Moreno en su comunicación”, no puede en manera alguna afectar la posición, del Gobierno de Su Ma­ jestad, por cuanto ella sólo admite que den tanto que el Gobierno de Su Majestad mira la cuestión como concluida), tiene conoci­ miento que el Gobierno Argentino ha dejado abierta su pro­ testa”. Convencido, como necesariamente debe es­ tarlo, el abajo firmado, de que el Gobierno Argentino, por ínti­ mamente persuadido que esté de la justicia de su reclamación, no puede ignorar que el Gobierno de Su Majestad ha declarado repetidas veces que él, por su parte, considera como indudables, los derechos soberanos de la Gran Bretaña, y que no permitirá que ellos sean violados, declarando que su determinación sobre esta cuestión era final, no puede comprender por qué el Gobierno Argentino habría de esperar que haga, por sí o parte del Go­ bierno de Su Majestad, la admisión de que la cuestión está pendiente.

El, nada puede encontrar en su nota de 23 último, que confirme las vistas de S. E., porque si así fuera, le rogaría a S. E. que le permitiese indicarlo, que en esa nota se ha abstenido enteramente de admitir la fuerza de la analogía


sobre que S. h. se basa y aprovecha esta oportunidad para explicar que así lo hizo, por deferencia hacia S. E., con quien no deseaba estar en desacuerdo en un asunto de apreciación, que al considerarlo por el momento de relativamente menor impor­ tancia, sostenía en realidad una opinión enteramente distinta de la de S. E. Antes de terminar esta nota, el abajo fir­ mado, ('011 toda la deferencia hacia el ilustrado criterio y experiencia de S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores, se toma la libertad de hacerle presente que, en los pasos que ha dado recientemente, no hay nada que sea incompatible con la actitud que, durante los últimos cincuenta años, ha observado el (lobierno de Su .Majestad, con respecto a este asunto. Las instruc­ ciones que el abajo firmado ha recibido, lamentan cualquiera tentativa por parte del Gobierno Argentino para reabrir la discusión sobre los méritos de una cuestión, sobre la cual el Go­ bierno de Su Majestad declaró hace mucho tiempo, que había pronunciado su última palabra. Al hacerse cargo, pues, de la transmisión, al (Ande Granville, del Memorándum incluido en la nota de S. E., de fecha 2 del corriente el abajo firmado se ex­ pone a la muy probable desaprobación del Gobierno de Su Ma­ jestad, que le recordará sin duda alguna, que él debía haber so­ licitado al Gobierno Argentino que siguiese el uso más ordinario de la rutina diplomática, encargando a su Ministro en Londres que dirigiese a Su Señoría las comunicaciones que pueda tener que hacer al Gobierno de su Majestad sobre este asunto. Pero los sentimientos de respeto que sinceramente abriga el abajo firmado por S. EL el Presidente de la República y por S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores lo han decidido a consentir en el pedido que se le ha dirigido, y a correr el riesgo de la repri­ menda que el principal Secretario de Estado para los Negocios Extranjeros, tendrá perfecto derecho de dirigirle por haber obra­ do de esa manera. El abajo firmado aprovecha esta oportu­ nidad para renovar a S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores las seguridades de su más alta consideración. Firmado: EDMUNDO MONSON.

Buenos Aires, enero 13 de 1885.

(TRADUCCION):

El E. E. y M. P. de S. M. B. al Ministro de R. E. Legación de S. M. Británica. Buenos Aires, mayo 5 de 1885.

Señor Ministro :

Refiriéndome a la correspondencia cam­ biada entre los dos, en los meses de diciembre y enero últimos, relativa al nuevo mapa de la República Argentina que confec­ ciona actualmente el Instituto Greográfico Argentino, tengo el honor de manifestar, por encargo del Ministro Secretario de Es­ tado en el Departamento de Negocios Extranjeros, que el Go­ bierno de S. M. colige de aquella correspondencia que el Gobierno Argentino desecha toda responsabilidad respecto a dicho mapa. Aprovecho la ocasión para ofrecer a V. E. las seguridades de mi más alta consideración. Firmado: EDMUNDO MONSON.

El Ministro de R. E. al E. E. y M. P. de S. M. B.

Buenos Aires, mayo 6 de 1885.

Señor Ministro :

Con la mayor satisfacción he recibido la nota de V. E. en que refiriéndose a la correspondencia cambiada con este Ministerio, relativo al nuevo mapa de la República que prepara el Instituto Geográfico Argentino, me manifiesta por encargo del Ministro de Negocios Extranjeros que el Gobierno de S. M. B., deduce de aquella correspondencia que el Gobierno Argentino desecha toda responsabilidad respecto de dicho mapa. Al acusar recibo de tan interesante comu­ nicación, me es altamente satisfactorio saber que el Gobierno de S. M. B. ha considerado aquella obra en el mismo concepto que he tenido el honor de presentarla a V. E., en las comunicaciones aludidas. Aprovecho esta nueva oportunidad para reiterar a V. E. las seguridades de mi más alta consideración. Firmado: FRANCISCO J. ORTIZ.

A. S. E. el Sr. E. E. y M. P. de S. M. B., Honorable Edmundo Monson.

El estado de la discusión sobre Las Malvinas en 1888 El Gobierno Argentino Rei’era el Mantenimiento de su Protest J ,. . , A ra^ de la publicación ele la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores de 1887, en la que se hacía re­ ferencia a la existencia de una cuestión pendiente relativa a la sobelania de las Islas .Malvinas, el representante británico en Buenos Alies, por instrucciones de su gobierno presentó sus objeciones a esa referencia, alegando que conforme a una correspondencia de Lord Aberdeen dirigida al representante argentino en Londres, don Ma­ nuel Moreno, el 8 de enero de 1842, la discusión sobre las Malvinas, "quedaba cerrada”. bá 20 de enero de 1888, el ministro de Rela­ ciones Exteriores de la República Argentina, D. Norberto Quirno Costa, remitió al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotencia­ rio de^S. M. B., Sr. E Pakemham, una extensa nota expresando su extrañeza por "la manera absoluta con que el Sr. Marqués de Salisbury, Ministro de Negocios Extranjeros, dá por cerrada la discusión en una cuestión de soberanía en que ambas partes se invocan títulos y derechos”. La cancillería argentina recordaba entonces, en esa nota que en fecha muy posterior a las expresiones diplomáticas cambiadas y citadas por el ministro británico, había documentos del gobierno inglés, del año 184c;, por los que en vez de darse por cerra­ da la discusión sobre las Malvinas, "el asunto se halla exactamente en el estado” considerado por el gobierno de la Argentina. Luego reproduce la cancillería argentina las notas cambiadas entre el Ministro Moreno y Lord Palmerston, en Londres, que son las siguientes:

1849:

De Moreno a Palmerston, del

de Julio de

, el relato de la sesión del 27 de Julio, en la casa ele los Comunes, que hacen los diarios, aparece una pregunta por un miembro de ella, Mr. Baillie, sobre la cuestión entre el gobier’/rui sAircs y eI tierno británico, acerca de las Malvinas (Falkland Islands) y estado en que sé halla el asunto. Y en la res­ puesta que dió V. E. como ministro de la Corona, se le atribuye haber dicho que: , , . “Habiendo estado inocupadas dichas islas, por algún tiempo, tomó posesión de ellas la Gran Bretaña, y mantiene desde entonces un establecimiento” y que según creía V. É sería muy desacertado el revivir una correspondencia que había cesado por el consentimiento de una de las partes y el sostén de la otra”. . Estas expresiones son tomadas, decía el Mi­ nistro Moreno, del relato del Times; otro papel, el Daily News, las registia con estas palabras: “Lord Palmerston creía que bajo estas cir­ cunstancias el honorable caballero hallaría que no habría mucha uti­ lidad en abrir la correspondencia que había cesado por aquiescencia de ambas partes”, etc. . ., kn consecuencia de esto, porque el silencio de esta Legación no se tome alguna vez-por conifrmación de la erró­ nea aserción que se atribuye a V. E., caso que efectivamente haya ™e permito acordar a V. E. que EL GOBIERNO DE BUENOS AIRES Y LA CONFEDERACION ARGENTINA NUNCA HABRIA CONSENTIDO EN EL DESPOJO DE SU SOBERANIA EN LAS ISLAS MALVINAS, QUE LE HIZO El GOBIERNO INGLES EN 1833; Y QUE LEJOS DE RETIRAR SU PROTESTA DEL 17 DE JUNIO DE AQUEL AÑO, REITE­ RA DA EN LA DE 29 DE DICIEMBRE.DE 1834, HA MANTE­ NIDO SUS INDISPUTABLES DERECHOS Á AQUELLA PO­ SESION, POR TODOS LOS MEDIOS QUE HAN ESTADO EN SU PODER, Y CONSTANTEMENTE HA DECLARADO SU JUSTA QUEJA POR FALTA DE SATISFACCION”. Contestando el visconde Palmerston a tan pelentoiia interrogación respecto al estado de la reclamación Malvi­ nas, con fecha 8 de Agosto decía al representante argentino: “Tengo el honor de acusar a Vd. el recibo de su nota del 31 de Julio, en que expresa que la respuesta que habían referido algunos papeles de Lon­ dres haber yo dado a una pregunta que me izo Mr. Baillie en la Casa de los Comunes el 27 de Julio, no describía correctamente el estado de la cuestión entre el gobierno británico y el gobierno de Buenos Aires, respecto de las Islas Malvinas, y tengo el honor de inofrmar a Vd. que sea lo que fuese lo que hayan atribuido los papeles públicos, haber dicho en la ocasión antes citada, SIEMPRE HE ENTENDIDO QUE EL ASUNTO EN CUESTION SE1 HALLA EXACTA­ MENTE EN EL ESTADO OUE VD. HA DESCRITO EN SU COMUNICACION. Al finalizar la nota, el canciller argentino Dr. Quirno Costil declaraba "que hoy, como antes, el gobierno argentino mantiene su protesta respecto a la ilegítima ocupación de las Islas Malvinas, que no abandona ni abandonará jamás sus derechos a esos territorios y que en todo tiempo, hasta que le sea hecho justicia, los considerará como parte integrante, en la prioridad del descubrimien­ to, de la ocupación, en la posesión iniciada y ejercida en el reconoci­ miento tácito y explícito y en la adquisición por tratado de estos tí­ tulos que pertenecían a la España”.


La Corte de España ordenaba por Real Ordenanza de octubre de 1766, al Virrey de Rueños Aires: “Con el fin de que tengan las Islas Malvinas el fruto espiritual que con­ viene, ha resuelto el Rey que V. E. pida a los Superiores de la Religión de San Francisco, dos religiosos de entera satisfacción que a mas del expre­ sado objeto, pueda emplearse uno en el tantear de las costas del Estrecho de Magallanes la reducción de aquellos indios, que según han experimentado

los franceses, se manifiestan afables y proporcionados al trato de gentes..."

En atención a esta orden, cuatro religiosos fueron a las islas, procedién­ dose entonces a la Construcción de la Capilla en Puerto de la Soledad. La primitiva capilla era de tepes, pero 30 años después, como puede verse en el plano la iglesia ya estaba construida de cal y canto, su techo era de la forma de un polígono irregular, y contaba como edificio anexo la casa habi­ tación para los capellanes. (De la ob c. de .1. G. L.)

LOS MAPAS DE LA ARGENTINA deben Representar el total del Territorio de la República

En 18 de Septiembre de 1937, bajo la Presidencia del General Justo, se dictó un decreto por el cual se prohibió la publicación de mapas que no representasen el total del territorio de la República.

de inmediato todos los mapas de la República Argentina que estén mutilados, por otros que se encuentren en las condiciones establecidas en los artículos 19 y 29 del presente decreto.

El texto de dicha resolución tomada en acuerdo de Ministros comprende siete artículos, que transcribimos a continuación:

Art. 49 — Por el Ministerio del Interior se remitirá a los Señores Gobernadores de Provincia copia del presente decreto, solicitando su cooperación para el cumplimiento del mismo en el territorio de las mismas.

Artículo 19 — Prohíbese la publicación de mapas oficiales y no oficiales de la República Argentina que no representen el territorio do la Nación en toda su extensión, sean cuales fueren los fines de ilustra­ ción a que se los destine.

Art. 29 — En las impresiones que se hagan y que por razones de la escala empleada, se vea en la necesidad de fraccionarla, podrá ello hacerse a una escala única. Art. 39 — Las reparticiones, oficinas, dependencia y servicios oficiales, como asimismo las escuelas, instituciones y demás entidades oficiales subvencionadas por el Estado, quedan obligadas a reemplazar

Art. 59 — Las autoridades nacionales en todos los lugares sujetos a esta jurisdicción, quedan encargadas del cumplimiento del presente decreto. Art. 69 — Las Secretarías de Estado dispondrán lo que fuere con­ veniente para el fiel cumplimiento del propósito que motiva este decreto.

Art. 79 — Dése al Registro Nacional y archívese en el Estado Mayor General del Ejército.

El Mapa que debe publicarse en la forma autorizada oficialmente, es el que aparece en una lámina de esta misma obra y que es reproducción fotográfica de una ^edición del Instituto Geográfico Militar


Cómo Define el Problema de la Antártida el Presidente de la dación Argentina Corresponde al Excmo. Sr. Presidente de la Nación Argentina, Ge­ neral de Brigada Don Juan Domingo Perón, el honor insigne de haberse impuesto del mandato de la historia y de la geografía, para servir a su patria, en el tiempo y en el espacio, y a América en su tradición de doc­ trina y en su prestigio universal, planteando, decididamente, la solución del problema de la Antártida en un ambiente de paz y de justicia. La gran virtud de este estadista en cuya visión la América aparece como un mundo realmente nuevo, consiste, indudablemente, en inter­ pretar con fidelidad el pasado de su patria, y en disponerse a llenar el presente con una acción que acerque cuanto antes el porvenir mejor de la República Argentina. Y consiste también en que esa acción la asocia a la práctica de una real solidaridad continental, y a un ideario de paz que hace extensivo a todos los pueblos de la tierra.

Un jefe de Estado, de tal visión, no sólo llega a auscultar el alma de las masas ciudadanas, para modelar su obra conforme a la realidad anímica de la Nación; obedece, al mismo tiempo, a una razón telúrica que le permite contemplar el medio físico de la patria como un amplio escenario en que no debe perdonarse el vacío o la ausencia de una rea­ lización.

. ¿Cómo iba entonces a descuidar, protelándolo, el problema de la Antártida, desde el punto de vista nacional e internacional?

Una nación como la Argentina, nacida para la gesta de los llanos y de las cumbres, y para la vocación del mar, —porque campos, cordi­ lleras y costas contribuyeron en su formación para disponerla a todos los destinos luminosos— debe, naturalmente, vivir en el ámbito histó­ rico y geográfico que le corresponde, con toda la plenitud de la sobera­ nía de su bandera. Tal es, lo que podría llamarse, un estado de conciencia argentina en este período feliz de la República. Estado de conciencia que se tra­ duce y se interpreta, con firmeza y con altura, por S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dr. Juan Atilio Bramuglia, en el te­ rreno internacional. Estos juicios nos vienen a la mente al reproducir, en sus párrafos esenciales, las palabras con que en la nota preliminar de un libro del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Excmo. Sr. Presidente de la Na­ ción se refiere, con nítida claridad, al problema de la Antártida:

Son bien conocidos los fun­ damentos que acreditan los titulos

sometido sus pruebas de derecho

jurídicos del país sobre la An­ tártida.

en el problema de la Antártida. Admitirá con igual respeto jurí­

La Nación Argentina, ha

dico las pruebas de los demás

Es innegable que los Estados interesados en resolver los proble­

Estados, pero al proclamar los derechos argentinos sobre los sue­ los del Sur. sobre la Antártida,

mas de posesión sobre la Antár­ tida,, deben abrir el debate sin

ante la opinión internacional, rea­

demora. Asi lo quiere y piensa la

firma una vez, mas que su tra­ bajo diario por la consagración

Nación Argentina, segura de que

sus justas aspiraciones se afir­ man en principios internacionales inconmovibles. No hay ninguna ra-

Zpn jurídica que pueda invocarse

en contra de los títulos nacionales,

y, de realizarse la convocatoria

de una asamblea - de la que tam­ bién se manifiesta partidaria la

de su política de pacificación, no

es anhelo de renunciamiento, ni menos negación de lo que consti­

derechos imprescriptibles a la zona discutida.

Las aspiraciones argentinas

y sus derechos al reconocimiento del dominio referido, han sido ya

fundamentados sobria y elocuen­ temente por la Cancillería de la República. No puede estructurarse sobre la base de expediciones y

manifestaciones de jurisdicción accidentales, posesión de esas tie­ rras ó derechos adquiridos. El

hecho fundamental, de

determinada

que las zonas de que se trata

por la jurisdicción indiscutida e

contituyen la natural prolonga­

sobre

ción geológica de nuestro territorio,

tuye una posesión

indiscutible de Argentina la zpna austral.

situado en la parte más austral

El magno asunto de la An­

y en el extremo sur de América está diciendo que, a las razones

Nación Argentina-, esperamos que

tártida, con las proyecciones estra­

las deliberaciones traigan las so­

tégicas y económicas que ofrece,

luciones integrales de manera tal,

dehe ser tratado con la debida

que no se llegue a la lesión ju­

responsabilidad. Toda la contri­

rídica, ni territorial para ningu-

bución argentina, a la solución

na de las partes actuantes y

de tan importante asunto, coa el

La Nación Argentina, de­

muy especialmente, que no se ha­

propósito de resolverlo en la for­

fenderá celosamente su soberanía

gan presentes en ellas, odiosas

ma más

y de

territorial y, en la discusión pa­

imposiciones de voluntades deter­

acuerdo a la trayectoria interna­

cífica de sus derechos, expresará

minadas, ni menos subordinacio­

cional, tiene una sola directiva:

su voluntad indeclinable, de que

nes de ninguna naturaleza a so­

defender la soberanía de la repú­

no se alteren los titulos legítimos

luciones preconcebidas.

blica y acreditar ante el mundo, los

que ofrece.

amplia posible

de derecho, se suman, también, las razones geográficas e históricas del

continente.

General JUAN D. PERON Presidente de la Nación Argentina


í7 Patagonia, nave insignia de la expedición naval argentina de 1947. fotografiada en el mar antartico a la luz de la media noche.

LAS EXPEDICIONES CIENTIFICAS HACIA EL POLO SUR Habiendo el Sexto Congreso Internacional de Geografía, reunido en Londres, en 1895, recomendado a las Sociedades científicas del mundo para que contribuyeran a la exploración de las zonas australes del globo, diversas naciones se aprestaron a cumplir con la recomendación. La verdadera expedición científicamente coordinada comienza en 1901, pero antes de ese año Adrián de Gerlache zarpa de Amberes el 16 de agosto de 1897 con el Bélgica, recalando en las Shetlands del Sur en enero de 1898. Explora el archipiélago de Palmer, y su viaje da nombre al estrecho que justicieramente lo recuerda. Queda bloqueado por los hielos en los 69 grados y 50 minutos de latitud sur y 80 grados de longitud oeste, de donde puede salir un año después y se dirige a Punta Arenas. Otro expedicionario, C. E. Borchgrevink, zar­ pa de Inglaterra en Southern Cross, el 22 de agosto de 1898, visita la tierra Victoria, inverna en bahía Robertson y hace el reconocimiento del límite de hielo hasta la longitud 164 grados y 33 minutos. El 13 de noviembre del mismo año, sale del Cabo de Buena Esperanza en el Valdivia el expedicionario alemán doctor Karl Chum, quien no halló la isla Thompson que era su objetivo.

Luego vienen las expediciones coordinadas, y con sectores de actuación preestablecidos, que veremos en seguida. Más tarde, desde 1907, los nombres de los expedicionarios Shackleton, Charcot (segunda expedición), Amundsen, Scott (segunda expedición), Mawsin, Shirase, Fiechner, etc., aparecen como ligados al empeño de llegar al polo sur.

Por tales razones, reconocidos hombres de ciencia estuvieron de acuerdo en afirmar que solamente enviando a esos lugares expediciones netamente científicas y perfectamente dotadas, se podrían realizar trabajos que permitirían ahondar aún más los es­ casos conocimientos que se tenían de aquellas regiones. “Fué así como en el año 1901 —dice José Manuel Moneta— por iniciativa de la Sociedad Geográfica de Londres y con la colaboración de diversos países, se organizó una gran Expe­ dición Antártica Internacional de la que formaría parte Inglaterra con el buque Discovery, bajo las órdenes del capitán Scott; una ex­ pedición alemana a bordo del Gauss, al mando de Von Drygalski; otra sueca que mandaba el conocido geólogo doctor Otto C. Nordenskjold con el buque Antartic, y la cual exploraría la parte sudeste de la Tierra de Graham, expedición de la que luego formó parte el entonces alférez de la Armada Nacional don José M. Sobral y, finalmente, la expedi­ ción francesa que, con el buque polar Le Franqais, conduciría al doctor Charcot.”

Cada una de estas expediciones tenían asig­ nado el sector en que debían actuar en cumplimiento de un vasto plan científico. Ese plan abarcaba magnetismo terrestre, geofísica, metereología, oceanografía, topografía, y fauna y flora antártica.

Veamos ahora las expediciones que fueron coordinadas. Muchas son las expediciones que siguieron a éstas. Pero nuestro objeto aquí es hacer ver que la Argentina, desde principios del siglo, es decir, desde el tiempo en que aquéllas se realizaron bajo un espíritu de cooperación internacional, estuvo activa como partícipe ini­ cial y como continuadora en la gran empresa del conocimiento de la región polar, en cuyo sector que le corresponde por derecho, tiene ex­ tendido su dominio. /

Uniéndose a esta gran empresa internacional, de reconocimiento y estudio de la región polar, organizábase en Escocia otra expedición, la que debía tener por jefe al explorador ya de fama, Capitán William S. Bruce. Esta expedición, como la de Nordenskjold, debía tener después una relación muy particular con la Argentina, pues a ella se debería el origen del que desde 1904 es el Observatorio Nacional de las Islas Oreadas del Sur. La República Argentina en esa época, no sólo cooperó en toda forma, al éxito de la misión confiada al Antartic, al que abasteció de víveres y carbón, y a cuya disposición ordenó que estuvieran todos los recursos de la base de Ushuaia; sino que también, adhiriéndose a los fines del Comité Internacional, y asociando los servi­ cios de su territorio a los reclamos de la ciencia para una investigación a fondo de la realidad polar, instaló el primer observatorio en la Isla del Año Nuevo, que quedó a cargo, desde entonces, de la Armada Nacional.

Las diversas informaciones de los navegantes que no concordaban entre sí, y las dificultades que hallaban a su paso los audaces expedicionarios que se internaban en los mares del Sur, sin poder definir exactamente las rutas que se veían obligados a seguir, contribuyeron a mantener en el mundo la incógnita polar hasta fines del siglo XIX, pese a las naves que desde el año 1520 se lanzaron en el mismo derrotero de Magallanes.

Tal es el origen de las expediciones científicas más fecundas en resultados que fueron llevadas a cabo, aí comenzar el siglo, hacia el Polo Sur. La presencia de la Argentina en ellas, es un título más de este país, que jamás se desinteresó de todo cuanto en el orden nacional e internacional se relaciona con las islas y los mares que corresponden a la configuración de su territorio y con el casquete polar en que continúa la línea de los Andes.


Vista de los establecimientos de la Compañía Argentina de Pesca, en Geor­ gia del Sur, la isla San Pedro de los navegantes españoles que llegaron hasta ella en 1756, con el buque León, y en la cual faenaron “por vez primera lobos marinos y focas para extraerles sus cueros y grasas”. La producción total de barriles de aceite en el antartico desde la iniciación <le la industria en 1904-5 hasta 1944-45 (por convenio internacional la temporada <le caza comprende del Io de noviembre al 30 de abril) ha sido de 40.677.470, figurando la Argentina en el cuarto lugar, después de Noruega, Gran Bretaña y Japón, con 1.908.281 barriles. Le siguen en orden de importacia de producción en ese período, Alemania, ^Panamá, Estados Unidos, Daneses y Chile.

Para ampliar esta información, y en el afán de registrar en este Atlas todo lo que tenga valor documental dentro del aunto de que trata, reproducire­ mos las noticias dadas a conocer por Julián Pedrero, en el N" 197 de la Revista “Argentina Austral”, proporcionadas al mismo por el capitán Fridthjof Jacobsen, quien desempeña actualmente la gerencia de la Compañía Argentina de Pesca, S. A. Bajo la inspiración del capitán Carlos A. Larsen, el mismo quien va des­

pués de viajes anteriores por los mares dél sur (1890-1894) volviera como capitán del Antartic en la expedición del sabio Nordenskjold (1901-1903), se fundaba en Buenos Aires, en 1904, la Compañia Argentina de Pesca, S. A. la que contó desde sus orígenes con la colaboración de la firma Ernesto Tornquist y Cía., con sede en Bmé. Mitre 531. El primer directorio de la Compañía fué integrado con los señores H. H. Schlieper, presidente y Pedro Christophersen y Th. De Bary, vocales. En ese mismo año la Compañía adquirió en Noruega los veleros Louise, de 1.800 toneladas, Rolf, de 400, mandando construir al mis­ mo tiempo el ballenero Forhma. Ya inscriptas en la matrícula argentina de barcos mercantes, las mencionadas naves zarparon de Buenos Aires el 3 de noviembre de 1904, conducidas por el capitán C. A. Larsen, secundado éste por los señores Thv. Tharsen y Fridthjof Jacobsen para llegar a Georgia del Sur después de 13 días de muy penosa navegación. De este modo correspondió a las empresas privadas de la Argentina la iniciación de una explotación mo­ derna de la industria ballenera en esta parte del globo. Y es por considerar a estas nota de un valor histórico innegable, frente a las actividades argentinas en el antártico, desde principios del siglo, que venimos a asociarlas a la orde­ nación de las piezas documentales.

EL OBSERVATORIO METEOROLOGICO Y LA ESTACION RADIOTELEGRAFICA DE LAS ORCADAS DEL SUR UNA INCIDENCIA La expedición antartica llevada a cabo por el explorador escocés W. S. Bruce, que había partido de Edimburgo el 2 de noviembre de 1902, estableció en la isla Laurie del Archipié­ lago de las Oreadas del sur un observatorio meteorológico sin haber solicitado permiso a la Argentina.

Es indudable que Bruce, advertido de la falta cometida, y ya que su labor era científica y su proceder no abrigaba ninguna intención política de reconocimiento de la soberanía de In­ glaterra sobre esas islas, resolvió presentarse personalmente ante el gobierno argentino y ofrecerle en transferencia las construcciones efectuadas en la isla, poniendo a! mismo tiempo a disposición del gobierno el buque expedicionario “Scotia" para que la comisión recibidora que se designe pueda trasladarse hasta el lugar. El gobierno argentino se hizo cargo de! pri­ mitivo observatorio, disculpando la falta de Bruce, ya que éste sabía muy bién a quien dirigirse, —al gobierno argentino y no al britá­ nico— para correr con , el mantenimiento de la estación. Fué así como el 22 de febrero de 1904 el país al que corresponde la sobe­ ranía de las islas, se hizo cargo de la pequeña instalación de Bruce, A’ envió hasta ellas el personal técnico necesario, los instrumentos correspondientes y los víveres. Desde entonces hasta la fecha, du­ rante más de 4.0 años, la Argentina ha estado en posesión efectiva y de derecho de las Oreadas del Sur, con el símbolo de la estación amparada por su pabellón, y del personal que allí presta servicio regular. La Oficina M etereológica Argentina, que es organismo del Ministerio de Agricultura, ha seguido mejorando

DIPLOMATICA a través de ese largo espacio de tiempo, de más de ocho lustros, los servicios que presta a la ciencia y a la Patria la estación de las Oreadas. Con la intención de que los beneficios de la estación alcanzasen al mundo, como una contribución de la Argentina a un servicio universal, el Ministerio de Agricultura procedió en 1925. después de más de veinte años de sostenimiento ininterrumpido ele la estación metereológica, a la instalación de una estación radiotelegráfica en las oreadas del Sur. Y cosa curiosa, recién en esa fe­ cha Inglaterra se dió por apercebida de que el Ministerio de Agri­ cultura de la Argentina, tenía una estación en las Oreadas, con lo que la Argentina no hacía sino ejercer su indiscutible derecho de soberanía, sobre su territorio continental, sus mares territoriales y sobre sus islas. El embajador británico en Buenos Aires opuso en­ tonces sus observaciones a la instalación de la estación radiotelegráfica, contestándole el Canciller Angel Gallardo, el 30 de noviem­ bre de 1925, que no podía aceptar las reservas opuestas por Gran Bretaña, y que “la República respecto a las oficinas construidas en el territorio argentino, procederá en este asunto de acuerdo con lo previsto en las Convenciones Internacionales radiotelgráficas de que es signataria." Luego viene, como era natural, la incorpo­ ración de la estación de las Oreadas, al servicio internacional de la Unión Postal Universal. En fecha 1 |. de setiembre de 1927. el Jefe del Servicio Internacional, de la Dirección General de Correos y Telégrafos de la Nación se dirige a la Oficina Internacional de la Unión Postal en estos términos:

“Refiriéndome a su carta circular número 2.122/53 del 22 de marzo último, relativa a nuestro pedido de in-


mine instante en que

del destacamento naval antartico argentino escuchan la ejecución del himno de la patria.

formes sobre la jurisdicción territorial de cada administración de la Unión Postal, tengo el honor de rogarle quiera hacer saber a las diferentes oficinas de dicha Unión Postal, que la jurisdicciém territorial argentina se extiende de derecho y de hecho, n la super­ ficie continental, al mar territorial y a las'islas situadas sobre la costa marítima, a una parte de la isla Tierra del Fuego, a los Ar­ chipiélagos de los Estados, Año Nuevo, Georgia del Sur, Oreadas del Sur y a las tierras polares no delimitadas. De derecho, no podiendo ejercerlo de hecho, debido a la ocupación mantenida por la Gran Bretaña, le corres­ ponde también el Archipiélago de las Malvinas” ........•........... • . . .

lista comunicación, firmada por Luis M. Camúsi, y que aparece transcripta en la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores del año 1927. motivó una nueva nota del embajador británico Sir Malcolm Arnold Robertson, fechada el 17 de diciembre de 1927, acompañando una prcmemoria que se refiere a las Islas Malvinas y a las Oreadas del Sur y Georgia del Sur, sosteniendo que las autoridades argentinas se excedían al invocar el derecho de la República sobre las islas, que han estado bajo la ocupación británica ininterrumpida durante un siglo y expresaba la confianza de que la presencia de las relaciones eminentemente amis­ tosas que siempre han existido entre ambos gobiernos, se adopta­ rían las medidas para desaprobar la acción de la Dirección General de Correos y Telégrafos de la Nación.

El 20 de enero de 1928. contesta la Canci­ llería argentina, y dice “que si bien es exacto que desde 1833 esas islas —las Malvinas— han estado bajo ocupación británica no 1o es menos, que desde esa fecha, y en diversas oportunidades el go­ bierno argentino ha protestado por dicha ocupación y por el acto originario que la determinó." “En lo que concierne a las islas Oreadas del Sur. ratifica lo manifestado en su nota de fecha 15 de diciembre pasado, en el sentido de que este gobierno lamenta no poder com­ partir la opinión del gobierno de S. M. B. desde el momento que todos los precedentes confirman la situación legal de la República Argentina con relación a esa soberanía, que deriva, aparte de otros derechos inalienables, de la primera ocupación efectiva y constan­ temente mantenida." En cuanto a la Dirección General de Co­ rreos y Telégrafos de la Nación, el ministro Antonio Sagarna ma­ nifestaba que la declaración de la misma fecha a requerimiento de la Oficina Postal de Berna “se concreta a dejar constancia de una situación que realmente es la que existe” y “se ajusta en un todo a los antecedentes que invoca el gobierno para sostener su soberanía sobre las islas."

La Declaración Argentina en la Conferencia Panamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente La Delegación Argentina declara que dentro de las aguas adyacentes al Continente sudame­ ricano, en la extensión de costas correspondiente a la República Argentina en la. .zona llamada de seguridad, no reconoce la. existencia de colonias o posesiones de países europeos y agrega que especialmente reserva y mantiene intactos los logílirnos títulos y derechos de la República Argentina a las Islas Malvinas. Islas (Geor­ gias del Sur, Islas Sandwich del Sur, y tierras inclui­ das dentro del sector antartico argentino, sobre el cual la República ejerce la correspondiente soberanía.

Esta Declaración figura en el Acta Final de la Conferencia., suscrita en 1 etiopohs, Estado de Río de Janeiro, por todas las Naciones Americanas. La Delegación Argentina a esa Conferencia estaba integrada por el Doctor Juan Atilio Bramuglia, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto; Doctor Enrique V. Corominas, Embajador de la República; Doctor Óscar Ivanissevich, Emba­ jador Extraordinario y Plenipotenciario en los Estados Unidos de America; Doctor Pascual La Rosa, Embajador de la República; General Nicolás C. Accame, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en los Estados Unidos del Brasil; Doctor Roberto A. Ares, Enviado Extraordinario y Ministro Pleni­ potenciario.


6!

La Marina de Guerra Argentina en

la Antártida, a Principios del Siglo

PROEZA DE LA NAVE "URUGUAY"

La marina de Guerra argentina, cumpliendo la misión que le corresponde, como guardiana de la soberanía nacio­ nal en los mares territoriales, y como mantenedora del espíritu de sacrificio que constituye su tradición, ha realizado en la Antártida, desde el principio y en el curso de este siglo, obras de verdadero alien­ to y de significación nacional e internacional.

Por medio de su Marina de Guerra, la Ar­ gentina ha estado presente en la Antártida y en el pensamiento del mundo, con una acción visible del ejercicio de sus derechos y con una obra que es índice de la capacidad realizadora de sus hijos. Nada ni nadie pudo impedir jamás que la Ma­ rina cumpliese su programa en el Antártico, y al seguir cumpliéndo­ lo en forma continuada y progresiva no puede tenerse otra impre­ sión de su labor que la que surge de un dominio ejercido con la con­ vicción profunda del derecho que para ello le asiste.

Su misión ha sido llenada hasta hoy en forma intensiva y múltiple y ella ha sido reflejada en bien de la humanidad, en servicio de la ciencia y en beneficio de la patria. Si tuviéramos que buscar un comienzo a esa misión, nos remontaríamos, a principios del siglo, cuando en 1903 la corbeta Uruguay, comandada por el capitán de fragata Julián Trizar, rescata de la prisión de los hielos polares la expedición científica que había enviado el gobierno de Suecia a la zona antártica, bajo la dirección del sabio doctor Otto Nordenskjold. y bajo el comando del capitán C. A. Larsen, en el ballenero “Antartic”. Dicha expedición era compuesta además de un grupo de especia­ listas entre los cuales figuraba el profesor Anderson, jefe de la comi­ sión científica, y sus colaboradores y colegas Bodman y Ekelof. El ballenero /hitartic había recalado en Bue­ nos Aires en 1901. El gobierno argentino miró con simpatía la empresa, y de común acuerdo con los expedicionarios resolvió integrar la comisión científica con un oficial argentino que fue el entonces al­ férez de fragata fosé M. Sobral, y suministró al Antartic carbón y víveres, asegurándole al mismo tiempo toda la ayuda que le fuese necesaria desde su partida del puerto de Usuhaia. El representante argentino que así integraba la expedición debía participar en todos los estudios de tan importan­ te campaña polar, en cumplimiento de la patriótica iniciativa del en­ tonces ministro de Marina, capitán de navio don Onofre Betbeder, cuya clara visión del porvenir de la Antártida argentina marcó rum­ bos a la marina nacional. El 21 de diciembre de aquel año, salía el Antartic de Buenos Aires, rumbo al Antártico. El 21 de febrero, des­ pués de desembarcar parte de los expedicionarios, entre ellos Nordeskjold y Sobral, en la isla Snow Hill, situada a los 66", 30 m. de latitud, volvía la proa al norte para regresar a Usuhaia, en cuya zona debía hacerse estudios y relevamientos hasta el próximo verano en que debía volver en busca de la misión científica desembarcada. Lle­ gado el verano, partió de nuevo hacia Snow Hill, dejando el capitán Larsen un pliego en que marcaba el itinerario a cumplir, con la ad­ vertencia de que si el Antartic no regresaba a Usuhaia para fines de abril sería solamente porque la expedición necesitaba auxilios. La nave no regresé) en el tiempo indicado. La expedición había quedado aislada en el infierno blanco del casquete polar, y el Antartic, que había venido del lado de los hielos del polo norte, sería, a esas horas, una presa inmóvil del polo sur.

Ante la falta de noticias de los expediciona­ rios, se despertó la ansiedad del mundo. Charcot, que estaba aun en el período de preparación de su después célebre viaje, apresuró sus tra­ bajos, porque así lo decidía el gobierno de Francia, en el deseo de sal­ var la vida de los expedicionarios. Por su parte, el gobierno argentino no tardó en disponerse para la obra de auxilio que se hacía necesa­ rio, consciente de que él era partícipe de esa expedición en cuyo seno estaba el teniente Sobral, y animado también del sentimiento de so­ lidaridad que frente a las desgracias une a los hombres y a los pueblos. El Ministerio de Marina destinó para el fin del auxilio la cañonera Uruguay, equipándola para hacer frente a

las contingencias polares. Equiparla, significaba, en este caso, trans­ formarla. Ella ya había servido en la “escuadra Sarmiento”, en 1875. Era de 550 toneladas. Vieja por sus servicios, e inadecuada para el objeto del salvataje reclamado, parecía una aventura el tener que utilizarla. Pero no se disponía de otro surcador de mares que reu­ niese mejores condiciones. Es entonces cuando, antes de la proeza del crucero de la nave, se proyecta y se ejecuta la proeza de su trans­ formación. Como este hecho cabe recordarlo como un honor de la marina argentina, ya que muestra el pensamiento directriz de sus jefes, con la capacidad para afrontar las más difíciles situaciones, reproduciremos aquí lo que Armando Braun Menéndez escribe con abundante detalle en el número 197 de “Argentina Austral”. De la vieja embarcacaión “no se utilizaron —dice— más que el casco y los palos machos. Al casco de hierro, además, se le colocó por den­ tro un forro de madera, llenando el hueco con corcho, y por fuera se le reforzó con chapas de acero a fin de hacerlo resistente a la presión del hielo; y en cuanto a sus frágiles palos, provistos antes de velas cangrejas, se les transformó en una sólida arboladura de barca, con gavias dobles para velas cuadradas. Se le sacó también su vieja máquina y la caldera, poniendo en su lugar las del destróyer “Santa Fe”. Respecto a la obra muerta, ésta se reforzó levantando lomos de ballena que cubrieron la proa y la popa y erigiendo un puente central a prueba de chubascos. El buque quedó dividido me­ diante siete mamparos de hierro en otros tantos compartimientos estancos y se arregló convenientemente su disposición interior para dar comodidad a oficiales y tripulantes. El trabajo de transforma­ ción constituyó para la época una verdadera obra de arte en la cons­ trucción naval; y el mérito corresponde al Arsenal de Marina, del que era jefe el contraalmirante Barilari, y a los técnicos que proyec­ taron las obras, Sundbland Rosetti y Jacinto Caminos, este último teniente de navio que había obtenido su título de ingeniero construc­ tor naval en la Universidad de Glasgow”.

Bien hace Braun Menéndez en darnos esta descripción tan breve y tan completa de la proeza realizada, pues el asunto merece el homenaje de nuestro tiempo. Cuantas veces el ar­ gentino de hoy repita la lectura que antecede, tantas veces encon­ trará un motivo para sentirse tan capaz de realizaciones en la me­ dida que lo requiere el mar, ese mar que es parte de su tradición, y en cuyo dominio pacífico y fecundo está la clave del destino de su patria.

“El 8 de octubre de 1903, el presidente de la República, general Julio A. Roca, despedía a los expedicionarios con bellas palabras de aliento, mediante las cuales y después de señalar la noble importancia de la misión en que estaba interesada la ciencia, amén de ser un deber de humanidad, celebraba la habilidad de los ingenieros navales que habían convertido a la vieja nave en un bu­ que fuerte y bien provisto, y les expresaba finalmente su confianza en el éxito de la empresa y su deseo de poder saludarlos triunfantes a su regreso”.

Comandaba la Uruguay, como queda expre­ sado más arriba, el teniente de navio Julián Trizar, y le secundaban el teniente de fragata Ricardo F. Hermelo y al alférez de navio Jor­ ge Jalour. Al detenernos en esta referencia conviene dejar constancia de que tanto el proyecto de transformación del bu­ que, como la ejecución de ese proyecto, se cumplieron dentro de los tres meses escasos, lo que realza aún más el esfuerzo realizado, correspondiendo así al gobierno argentino el hecho de haber podido ser el primero, frente a los otros gobiernos del mundo, en poder colocarse al servicio de la salvación de los expedicionarios.

Durante ese tiempo transcurrido, allá en la prisión polar, la expedición se sentía abandonada, y sin seguridad al­ guna de que un auxilio feliz y a tiempo pudiese socorrerla. Na había la comunicación inalámbrica que hoy acerca entre sí a todos los rin­ cones del mundo y hace posible que un dolor o una alegría del hom­ bre alcance una irradiación universal. El Antartic no había podido cumplir su programa de reencuentro con los miembros de la expe­ dición que quedaron en misión de estudio en la región polar. La nave desaparecía en el abrazo de los hielos y los expedicionarios ya solo veían pasar el tiempo con el aumento de las penurias; con todo, es-


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Gráficos de la derrota del “Antartic” y del “Uruguay”, con la indicación, al mismo tiempo, de la extrema latitud alcanzada por el capitán

Larsen con el Jasón en 1893, en un mapa del ingeniero argentino E. Delachaux. Buenos Aires 1903.

luchaban y trabajaban: trabajaban y estudiaban, como misioneros impasibles ante el espectro de la fatalidad y como cumplidores de un designo que la humanidad imponía a los más fuertes entre los hom­ bres. Entre ellos, el teniente Sobral vivía la hora de su patria como un auxiliar de la ciencia y como un esplendido soldado. Con él estaba la memoria de sus mayores, los que cruzaron mares y montañas en pos del ideal, ya como españoles o ya como hijos de la patria eman­ cipada. Con él había llegado a la Antártida Argentina el latido de la patria.

“y corrimos a Santa Cruz para trasmitir desde allí la fausta nueva a Buenos Aires, donde nos esperaba el premio excesivo de una gran­ diosa recepción que en todos nosotros despertó el deseo de hacernos dignos de ella, participando en la expedición que algún día, quizá no muy lejano, irá a invernar en los hielos australes costeada por el pueblo argentino y arbolando el pabellón de la patria.’

Desde la partida del Uruguay el alma nacio­ nal ruedo suspensa. Los institutos científicos del mundo inquirían noticias y más noticias a través de mes y medio de silencio de la nave salvadora.

El encuentro de los miembros de la expedi­ ción que durante dos años trabajó en el casquete polar, en la zona del cuadrante argentino, y de la ballenera Antartic. irremisiblemente per­ dida, se describe en una conferencia posterior del teniente Jalour, oficial de derrota de la Uruguay, y delegado del Instituto Geo­ gráfico.

“Continuamos sin descanso —dice en esa con­ ferencia en la parte relativa al regreso— y luchando siempre con los malos tiempos hasta el día 18 que recalamos en Año Nuevo”. ■ •

La noticia del regreso de la nave salvadora llegaba desde Santa Cruz a Buenos Aires el 22 de noviembre. El mundo científico, que tanto interés había puesto en la expedición sueca, se asoció) al júbilo de Buenos Aires, cuando la gran capital del sur, heredera de todas las nobles tradiciones hispanas, celebró la victoria de su nave bajo los cielos de la Antártida. El presidente Boca pudo así saludar, confor­ me fuera su deseo, a los expedicionarios de la Uruguay, triunfantes a su regreso. Esos expedicionarios de salvación eran todos argenti­ nos. Habían partido siendo absolutamente nuevos para la empresa en que se arriesgaban sin guías experimentados, y volvían como ve­ teranos, para escuchar en los ecos del mundo la gratitud de hombres y de pueblos. Mientras el mensaje de Oscar II, rey de Suecia, remi­ tido al presidente de la República decía: “envío mi homenaje a los esfuerzos de vuestro gobierno a los cuales debemos la salvación de nuestros compatriotas”, palpitaba más que nunca en el ámbito de la tierra la realidad de una nueva y gloriosa nación.


VUEÍO DE EXPÍORPC/ON DE UN PIDON DE¿4 MXR/N4 DE GUERRP 4 ¿4 PNTPONDA EN VMJE E/N ETPPPS

rubbcamos a continuación el texto de la Conferencia radial sobre el vuelo a la antartica, pronunciada por el contraalmirante Gre­ gorio A. Portillo, quien fuera el jefe de la misión aerea tan exitosa­ mente cumplida, el 13 de diciembre de 1947. De este modo, este Atlas Documental, trata de registrar, en forma nítida y completa, un acon­ tecimiento que a mas de ser de carácter eminentemente argentino, interesa vivamente al mundo como esfuerzo de la aviación en su penetración al Polo Sur.

El día sábado 13 del corriente (diciembre de 1947) un avión naval, en cumplimiento de órdenes expresas del Mi­ nisterio de Marina, inicia un vuelo de exploración y reconocimiento a la zona antártida, partiendo del Aeródromo Comandante Luis Piedrabuena, en el Territorio de Santa Cruz. A este efecto, este Aeródromo fue anticipadamente preparado como Base de Opera­

ciones, dotándoselo de todos los elementos auxiliares indispensables para apoyar al avión que debía ser empleado en la expedición aérea.

El vuelo se inicia a las 4 hs. 45 ms. en con­ diciones de tiempo locales poco favorables, pues durante la noche había soplado fuerte viento arrachado con granizo, habiendo además plafond bajo y visibilidad reducida. No obstante esto y ante la apreciación que se hizo de las condiciones metereológicas probables en el Océano Glacial Antártico, se tomó la resolución de iniciar el vuelo en las condiciones mencionadas. El avión elegido para el vuelo fué un Douglas cuadrimotor, especialmente preparado para actuar en zonas frías y convenientemente equipado con todos los elementos necesa­ rios para asegurar una sobrevivencia efectiva en caso de que, por


diversas causas, la maquina tuviera que afrontar un acuatizaje de emergencia o un aterrizaje imprevisto en los hielos de las regiones polares. La tripulación estaba compuesta por 5 Oficiales y 5 hombres del Personal Subalterno, con lo que quedaron cubiertos todos los servicios que demanda un avión de gran porte, destinado a tareas tan especiales como las que iban a realizar. Esta dotación quedó, ademas, integrada con un operador cinematográfico que tenía la misión de registrar, todos los acontecimientos que se fueran produ­ ciendo en el transcurso de la expedición. El servicio meteorológico, coordinando su ac­ ción con el de comunicaciones, venía trabajando desde días antes de la preparación de la carta del tiempo, mediante el acopio de infor­ maciones nacionales y extranjeras relativas a la zona del Océano Glacial Antartico, y fue así como el día 12 por la tarde ya pudo to­ marse, en principio, la decisión de iniciar el vuelo en la madrugada del día siguiente. Esta situación quedó claramente establecida a la una de la mañana, con el pronóstico producido del análisis de las con­ diciones generales reinantes, a lo largo de toda la ruta que debía re correr el avión Douglas. Estas en resumen pueden sintetizarse di­ ciendo que se encontraría mal tiempo para el vuelo hasta más allá de la Tierra del Fuego, en que debía ir mejorando a medida que se avanzara hacia la Antártida. En las condiciones descriptas, el avión decoló con sus tanques de nafta completos, más otros adicionales fueron instalados para incrementar su autonomía, a fin de alcanzar, dentro de la zona polar, los puntos culminantes desde el punto de vista del reconocimiento y la exploración. La ruta quede') fijada para efec­ tuar el vuelo sin etapas, llegando a la isla Decepción, en las Shetland del sur, pasando previamente por el Cabo de Hornos. Desde allí fue intención trasladarse al archipiélago Melchior, en la Bahía Dallman, pero, efectuando, reconocimientos previos en la costa norte de la tierra de Graham. Sobrevolando el archipiélago, debería tomarse una decisión a fin de establecer el regreso o bien continuar el vuelo. Insta sobrepasar el círculo polar antártico, ya sea sobre el mar de Wedell a la altura de la isla Wettel o bien sobre el mar de Bellinghausen, a la altura de la isla Adelaida y bahía Margarita. Fué esta úl­ tima la resolución tomada, después de considerar las condiciones metereológicas reinantes en la zona y la situación general del avión, especialmente los consumos efectuados hasta ese momento. Fué asi como el D-54 con rumbo SW cruza el circulo polar antártico antes de llegar a la isla Adelaida y sobre el meridiano 68° de Greenwich.

En concordancia con lo mencionado el vuelo quedó dividido en cuatro etapas, con características propias, a sa­ ber : alcanzar la isla Decepción, sobrevolando, en primer término la parte sur del continente, efectuando el cruce del estrecho de Drake. La segunda etapa, el reconocimiento de la parte norte de la Tierra de Graham, estrecho de Gerlache, las islas de Lieja y Bravante, has­ ta la bahía Dallman, en cuyo interior se encuentra el archipiélago Melchior. En una de sus islas se ha construido, hace un año aproxi­ madamente, el observatorio que mantiene el Ministerio de Marina. La tercera etapa consistía en llegar hasta el círculo polar antártico y, finalmente, el regreso al punto de partida por un recorrido algo mayor de 4.000 kilómetros. En la primera etapa que se ha mencionado el avión tuvo que soportar fuertes vientos de proa, viéndose obli­ gado a remontarse hasta 1 1.000 piés de altura a fin de montenerse sobre la capa nubosa que se extendia hasta más allá de las 200 millas al sur de Cabo de Hornos. Con esta determinación fué po­ sible iniciar una navegación astronómica mediante observaciones de sol, lo que permitió conocer en todo momento, la exacta posición de la aeronave. La medida adoptada representó, en principio, el tener que consumir una cantidad de combustible adicional a lo que se había calculado, a causa de la trepada con carga máxima que en esc momento era de 66.000 libras, es decir aproximadamente 34 toneladas. Una navegación de contacto sobre el mar en esta pri­ mera etapa, hubiera sido peligrosa por tener que atravesarse la cor­ dillera que bordea el Canal de Beagle y ello en condiciones pésimas de visibilidad, a lo que debe agregarse que en pleno Estrecho de Drackc y en gran parte de este trayecto estaba nevando fuerte­ mente, al mismo tiempo que soplaba un viento huracanado el que hu­ biera hecho derivar la máquina más allá de lo aconsejable. En la for­ ma descripta, se mantuvo el avión durante gran parte de la travesía sobre el Estrecho de Dracke, hasta que, a unas 150 millas de la Shetland del Sur, se redujo la altura para navegar en contacto con el mar. Fué asi, como a 1 1 horas, aproximadamente, se observa en el horizonte los primeros puntos blancos que se supuso fuesen témpanos navegando a la deriva, y casi conjuntamente con esto se observa una cinta blanca que va aumentando por momentos. Eran los picos nevados de las numerosas islas que constituyen las Shetland del Sur, las que corren paralelas a la Tierra de Graham, o sea el Continente Antártico propiamente dicho, separadas entre sí por una distancia de 130 kilómetros.

El avistaje de las primeras tierras polares, desde la proa del D-54, donde nos habíamos congregado constituyó un acontecimiento emocionante por el significado tan especial que tenía para el vuelo que se estaba realizando, al par que ello repre­ sentaba para cada uno de nosotros la realización del anhelo de lle­ gar a las inhóspitas regiones polares, tan llenas de leyendas como de misterio. Hasta donde podía alcanzar la vista, sólo era

dado ver el inolvidable espectáculo de tierra que iban surgiendo detras del horizonte cubiertas por un manto de nieve en contraste vigoroso con el azul acentuado del mar, dando la sensación de que la magnificencia extraordinaria del Continente Antártico, con sus cordilleras imponentes, era un mundo que nacía repentino ante el asombro incontenible de quienes teníamos el privilegio de asistir, con deleite, a la contemplación de las maravillas que nuestra vista cap­ taba con viva emoción.

Mientras tanto, el avión se mantenía a altura 1 educida, debido al bajo plafond de la capa de nube que cubría pi acticamente toda la zona Antartica, y también para conservar al máximo la visibilidad, lo que permitía sortear las elevaciones de las primeras islas que, conjuntamente con las de Snow, Smith y Low, cerraban el horizonte hacia la Península de Palmer. Mientras tanto en el piar aumentaba el número de témpanos de formas caprichosas y variados aspectos, cuyas características y coloraciones podían ob­ servarse en toda su magnitud, desde el aire, siéndonos permitido ver a través del agua, gran parte de la porción sumergida de los mismos. Pero la velocidad del avión no permitía detenerse en la con­ templación del extraordinario concierto de panoramas que ofrecía la cadena de las Islas Shetland y que se renovaban a cada instante. Fué así como, casi repentinamente, surge detrás de aquellas, la fa­ mosa Isla Decepción cuya forma y disposición, tan característica, constituye una novedad. En eefeto, se trata de la cima de un vol­ can apagado que sobresale del mar, formando en su interior una enorme bahía en lo que corresponde ser el cráter. Sus costas son elevadas, alcanzando a 500 metros y extraordinariamente irregula­ res y las playas interiores, de pendientes suaves, estaban desprovis­ tas de nieve, como si ellas conservaran una temperatura superior a la normal en esas regiones. Cuando el avión penetró a la bahía, se presentó a la vista una enorme dársena, perfectamente resguardada de los vientos y del mar, la que constituye un refugio seguro para los buques que navegan por esa zona. De la Isla Decepción el avión puso proa a la Fierra de Graham a fin de reconocer la elevada cordillera que la bordea y hasta donde lo permitiera la nubosidad existente. Esta extensa península que proviene del Continente Antártico, separa los mares de Wedell y Bellingshausen y determina una diferente climatología para cada uno de ellos. A este respecto, el gran explo­ rador norteamericano Almirante Byrd ha dicho que “el mar de Wedell es la tumba de los anticiclones que se forman en el Océano Antártico y sobre el Estrecho de Dracke”.

Tan pronto como pudo distinguirse los prime­ ros aspectos del Continente, se advirtió también que la ruta a se­ guirse hasta el archipiélago Melchior, por el Estrecho de Gerlache, formando entre la península y el archipiélago de Palmer, se pre­ sentaba con poca visibilidad, por lo que se decidió llegar al punto mencionado, recorriendo la parte norte de las islas Lieja y Bra­ vante. Contorneadas estas islas, sin más alternativa que el espec­ táculo ofrecido por témpanos que la rodean y enormes depósitos de nieve en las mismas, donde los cerros de más de 1.900 metros de altura, perdidos entre las nubes, constituían verdaderas murallas, se llegó a la bahía de Dallmann en cuyo centro, un conjunto de islas de pequeña magnitud, totalmente cubiertas de nieve y hielo, cons­ tituyen el archipiélago del Melchior. A poco andar, pudo advertirse, proyectadas contra la nieve, las antenas de la radio instalada en el Observatorio, y mientras se volaba sobre él se observó la pre­ sencia del personal, constituido por 2 Oficiales y 7 hombres de nuestra Armada, que cumplen allí la patriótica misión de contribuir, con el sacrificio de su imponente aislamiento, a los estudios de di­ ferente orden que se le han encomendado. Fué realmente conmove­ dor divisar este minúsculo refugio, perdido entre las nieves eternas que lo rodean, donde ese grupo, de argentinos, mantiene izada la bandera de la patria como testimonio de nuestra soberanía. La emo­ ción que se apoderó de todos, en el avión, fué compartida en igual grado por los camaradas del Observatorio, lo que queda patetizado en el telegrama que remitieran respondiendo a nuestro saludo y que dice: “Señor Almirante: 'En nombre del personal, del teniente “Oliva Otero y en el mío, agradezco conceptuoso mensaje “emocionado aún por el magnífico vuelo de las alas navales.

Teniente Nadaud". El avión, reduciendo su altura, pasó sobre el lugar a manera de despedida, mientras deja caer un tubo men­ saje con correspondencia, diarios y revistas, apreciando que ello constituye el mejor obsequio para quienes han permanecido casi un año aislados materialmente de sus hogares. Cumplida esta honrosa misión que nos impusimos al planear el vuelo, se toma altura para salir nuevamente al mar contorneando la isla Amberes, notable por su gran extensión y el monte Francés —de 2.800 metros— que la domina, cubierto de nieve, cuya cima solo un instante fué posible admirar. Establecido el rumbo SW. y tan pronto como dejamos por la cola la bahía Dallmann, se advierten los primeros síntomas de formación de hielo en la superficie del mar y, pocos instantes después, estamos sobrevolando el “pack”, es decir, la enor­ me extensión de mar helado, que rodea las tierras antárticas y que, sin interrupción, se extiende hasta 100 kilómetros de la costa, sobre el Estrecho de Dracke.


I na visita de la Isla Decepción en la Antártida, donde la Argentina mantiene un destacamento naval, un Observatorio meteorológico y una estación

radiotelegráfica. “Este lugar es muy visitado por comisiones científicas y de caza pelágica de distintos países”.

Tuvimos ante la vista el espectáculo más extraordinario de las regiones polares que, por su magnificencia, constituyó para nosotros un deleite indescriptible, moviendo el áni­ mo a la extraordinaria contemplación de tan admirable panorama. La vista de este desierto helado, que se perdía en el horizonte, ahon­ dó aún más en nosotros la extraordinaria sensación de soledad que embargaba nuestros ánimos, sobrecogiendo el espíritu de los 10 tri­ pulantes del avión y trayéndonos a la memoria los dramas vividos en zonas como esas, por tantos exploradores que rindieron sus vidas en aras de la ciencia y en beneficio de la humanidad y cuyos nom­ bres se perpetúan en cada uno de los accidentes geográficos de las regiones recorridas. Y es así como tan pronto estuvimos sobre el mar helado, que los perfiles de las costas e islas se iban confundien­ do con la continuidad del “pack”, haciéndose difícil establecer con precisión donde comienzan o terminan, al mismo tiempo que los canales desaparecen mientras islas e islotes, conformados en una sola masa de blancura extraordinaria que llegó a cegarnos, con la luminosidad reflejada, pierden su carácter individual.

“ridiano 68° por segunda vez, colocando a nuestra patria “¡unto al país que, por el aire, tuvo el privilegio de ser el primero".

En estas condiciones pasamos el estrecho de Bismarck, que separa la isla Ambercs del Continente Antártico y el archipiélago de las islas argentinas, las que prácticamente estaban ocultas entre las masas de hielo flotantes que la circundaban.

A esta altura del vuelo se iba francamente, en demanda del Círculo Polar Antártico, que debía ser cruzado antes de llegar al extremo norte de la isla Adelaida, dejándose en el trayecto, a la izquierda, numerosas islas que, separadas del Con­ tinente, van formando con él profundos canales navegables. A me­ dida que se avanzaba hacia el Sur, la altura de las nubes disminuía y el horizonte se presentaba brumoso, con lo que la visibilidad de­ crecía considerablemente. Se apreció, en este momento, que las con­ diciones meteorológicas en la Bahía Margarita iban empeorando para el vuelo. En efecto, este lugar es famoso por los temporales y los vientos huracanados que allí soplan. A 13 hs. 41 ms. el avión cruza el Círculo Polar Antártico: todos los miembros de la expedición sentimos la sensación del deber cumplido y quizás, íntimamente, la satisfacción de haber alcanzado un anhelo abrigado durante el largo tiempo que duraron los estudios y preparativos de la empresa, (pie precisa­ mente, terminaban en esc instante. Y fué en ese preciso momento, de tanta significación para la expedición aérea, que se envió a S. E. el Señor Ministro de Marina el siguiente despacho:

“Con profunda emoción informo a V. 1C que a 13 horas 41 “minutos se ha cruzado el Círculo Polar rlntártico, en mc-

No obstante el acontecimiento mencionado, se mantiene la derrota y se sigue volando al SW hasta que alcan­ zada la latitud 67" 20’, se pone rumbo al N. en demanda del Cabo de Hornos, cruzando así, por segunda vez, el famoso y temido es­ trecho de Dracke. El avión alcanza la 'fierra del lluego a la altura de bahía Aguirre, donde se observa todavía la cola del temporal que azotó esas regiones en las primeras horas del día y, una hora des­ pués, sobrevuela Río Gallegos, capital del territorio de Santa Cruz, para aterrizar finalmente a 20 hs. 15 ms. en la Base de Operaciones de Comandante Luis Piedrabucna. Hasta ese instante el avión se había mantenido en vuelo, en forma ininterrumpida, durante quince horas y media.

Hasta acá una síntesis del vuelo realizado co­ mo imperativo de órdenes y disposiciones del Ministerio de Marina. La Aviación Naval, parte integrante de nuestra A fariña de Guerra, había cumplido con la misión que le corresponde como vigía avanzado de la Flota. Estando concebida para satisfacer los requerimientos del poder marítimo, forma parte de su organización de la misma manera que los otros elementos que la constituyen. Es por esto que, en esta oportunidad, su ac­ ción, basada en su expresión más singular, ha estado orientada en el sentido de contribuir con su esfuerzo a la política que la Marina de Guerra desarrolla en la zona Antártida, no sólo como afirma­ ción de 1 1 soberanía argentina en regiones de indiscutible continui­ dad geográfica, sino también para ayudar al conocimiento de las zonas polares, como aporte a la ciencia y al esfuerzo que desde hace más de un siglo, se viene realizando para alcanzar el conocimiento del casquete polar.

No es desconocida para los argentinos la ac­ tuación que nuestra Marina ha tenido en la zona Antártica. Ella escribió en expediciones inolvidables a través de los mares borras­ cosos del Océano Glacial Antártico, páginas elocuentes de nuestra historia naval. Es así como tenemos, en el año 1903, la primera expedición de la Corbeta Uruguay al mando del capitán de fragata Julián I rizar, para salvar a la expedición sueca de Nordenskjold; la segunda de la corbeta Uruguay al mando del capitán de fragata Ismael F. Galíndez, el 10 de diciembre de 1904: la del capitán Vago, con el Transporte Guardia Nacional, en 1923; la del capitán Oddera, con el “!• de Mayo" en 1942, la que se repite al año siguiente al mando del capitán Harriague y, finalmente, al comienzo de este


ano, la que fué mandada por el capitán García y formada «por seis buques de nuestra Marina, y un Ballenero.

tárente a estas magníficas tradiciones, le cabe hoy un lugar en la historia de la Antártida a la Aviación Naval que ha querido asociarse al sacrificio de los hombres del mar, que luchan para afirmar —con la elocuencia de los hechos— la sobera­ nía de la Patria en tierras que son una prolongación de su territorio hasta el polo mismo. El vuelo a que me he referido no ha sido, en manera alguna, una improvisación sino el resultado de un estudio completo donde intervienen los más variados factores tendientes a obtener enseñanzas, sacar conclusiones y experiencias y preparar así, sobre bases firmes, otros vuelos similares que han de demostrar hasta qué punto están unidas, con vínculos evidentes y efectivos, por mar y aire, las regiones que hoy han despertado un singular interés en muchas naciones del mundo.

En la expedición nada se dejó librado al azar y es por ello que se previeron, no sólo los elementos indispen­ sables para afrontar condiciones rigurosas de tiempo, sino también contingencias imprevistas. A este efecto el avión estuvo equipado con elementos de sobrevivencia y salvamento y los víveres indispen­ sables para afrontar una permanencia adecuada en aguardo del rescate.

Pueden enumerarse así, como complemento de los primeros, los equipos radiotelegráficos, de navegación, de oxí-

geno, de gran abrigo, y calefacción, antihielo y los zafarranchos de abandono, como así también el plan de navegación,' cuidadosamente trazado en función de la topografía y climatología del lugar. Creo, con profunda convicción, que esta ex­ pedición aérea ha sido de grandes beneficios por la enseñanza y experiencia adquirida, y del estudio detallado y minucioso que ac­ tualmente se está haciendo de la misma, han de surgir resultados que serán aprovechados y contribuirán a enriquecer las informaciones que, año tras año, va acumulando la marina. El sobrevuelo de la Zona Polar Antartica, partiendo de una base en territorio argentino, constituye un hecho destacado que ha de robustecer los derechos que nos asisten y que es necesario fortalecerlos con realidades que determinan situaciones como éstas, en que se abren nuevas posibilidades a lo mucho que todavía queda por hacer en las regiones que, desde hoy, quedan más estrechamente vinculadas a la patria grande.

La conciencia que sobre la Antártida argen­ tina vaya ganando terreno en el pueblo, será un síntoma del resur­ gimiento de viejas tradiciones que, a través de los tiempos, lia uni­ do a todos los argentinos en un ideal común de lucha por el engran­ decimiento de la patria y la conservación de sus virtudes inmaculadas. Es por esto que todos debemos mirar con singular simpatía hacia el Sur, tan lejos que lleguen al polo mismo nuestros sentimientos y el deseo firme de ver proyectados en la nieve del Continente Antártico, los colores de nuestra bandera.

Creación de la Comisión Nacional del Aniáriico A raíz de una invitación del gobierno de No­ ruega fechada en junio de 1938, para que la República Argentina participara en la Exposición Polar Internacional que debió realizar­ se en Bergen en 1940, coincidente con un congreso de Exploradores Articos, como parte del programa de la misma Exposición, el Poder Ejecutivo, por Decreto N? 35.821, del 15 de julio de 1939, designó una Comisión Provisional dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, la que tendría a su cargo la elaboración del pro­ yecto de la concurrencia de la República a la Exposición y Congre­ so referidos.

En la fecha de la publicación de este trabajo la Comisión Nacional del Antartico está integrada como sigue:

Dicha Comisión Provisional quedó integrada por el Consejero Legal del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, doctor Isidoro Ruiz Moreno, quien actuó como presidente; por el capitán de navio Francisco J. Clarizza, en representación del Mi­ nisterio de Marina, y por el ingeniero Alfredo G. Galmarini en re­ presentación del Ministerio de Agricultura de la Nación. La secreta­ ría quedó a cargo del jefe de la Oficina de Uniones Internaciones del M. de R. E. y C.

General de Brigada OTTO H. HELBL1NG, Dirertor General del Ins­ tituto Geográfiso Militar, Virepresidente.

La proyectada Exposición y Congreso no se llevaron a cabo a causa de la guerra mundial y como resultado del decreto mencionado la Comisión Provisional que por él fuera creada produjo un extenso informe en el que se ponía de manifiesto “la necesidad de que el país contara con un organismo adecuado, de re­ presentación nacional y carácter permanente, para que desempeñara las funciones de asesor del Poder Ejecutivo Nacional en los asuntos antárticos”. Atentó a las conclusiones de ese informe el Gobierno de la Argentina creó por decreto N9 61.852, del 30 de abril de 1940, con carácter permanente y bajo la dependencia del Minis­ terio de Relaciones Exteriores y Culto, la Comisión Nacional del Antártico, que fue integrada por los mismos funcionarios que actuaron en la Comisión Provisional. Esta Comisión actuó desde 1940 a 1945. o sea hasta su reorganización por decreto en 1946. Intervino en la reunión argentino-chilena realizada en Santiago de Chile entre el 14 y el 26 de marzo de 1941, donde los delegados de los dos países re­ conocieron simultáneamente los mutuos derechos argentinos y chi­ lenos en la región conocida como antártida americana. Participó des­ pués en la preparación de dos viajes de exploración antártica reali­ zadas por el transporte de la armada argentina 1? de Mayo, durante los veranos de 1942 y 1943. Por Decreto N^ 8.507, del 23 de marzo de 1946, el gobierno argentino reorganizó la Comisión Nacional del Antártico, integrándola con representantes de los Ministerios de Re­ laciones Exteriores y Culto. Justicia e instrucción Pública, Guerra, Marina. Agricultura y Secretaría de Aeronáutica.

Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Doctor JUAN ATILIO BRAMUGLIA

MIEMBROS DE LA COMISION NACIONAL DEL ANTARTICO

Doctor PASCUAL LA ROSA, Director del Departamento de Rela­ ciones Externas del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Presi­ dente.

Comodoro CÉSAR R. OJEDA, Subsecretario de Aeronáutica.

Doctor JOSE CARLOS VITTONE, Sub-Director del Departamento de Relaciones Externas del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

Contraalmirante ISMAEL I. PÉREZ DEL CERRO, Director General de Navegación c Hidrografía del Ministerio de Marina. Ingeniero ALFREDO G- GALMARINI, Director General del Servició Meteorológico Nacional.

Capitán de Navio ALBERTO J. ODDERA, Jefe del Personal Superior del Ministerio de Marina. Ingeniero Agrónomo RAFAEL GARCÍA MATA. Director General de Investigaciones del Ministerio de Agricultura.

Vice-Comodoro de Justicia Doctor SANTIAGO DÍAZ BIALET, de Ja Secretaría de Aeronáutica. Coronel (R) JUAN JOSÉ TASSO, Director de Defensa Nacional del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

Capitán de Fragata D. LUIS MANUEL GARCIA, del Ministerio de Marina. Capitán Ingeniero Militar D. MANUEL JOSÉ OLASCOAGA, del Ins­ tituto Geográfico de Guerra.

Doctor AGUSTIN EDUARDO RIGGI, Director del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Secretario General de la Comisión, Consejero 1). JOSÉ MANUEL MONETA. Secretario, Consejero Doctor JOSE MARÍA COSENTINO.

La Comisión, desde la fecha de su reorgani­ zación “sobre bases firmes e integrada por funcionarios especializa­ dos y estables” comenzó a trabajar intensamente en cumplimiento de un vasto plan esbozado. Las referencias sobre ese plan, las inter­ venciones que le cupo a la Comisión, la preparación de la expedición de 1947 por la misma, y su cuidado, en lo que le corresponde en los asuntos de carácter internacional, darían material ya ahora a un volumen de provechosas informaciones sobre felices y oportunas me­ didas, así como de provechosas enseñanzas.


LAS EXPEDICIONES ARGENTINAS A LA ANTARTIDA Asociándose la Argentina al movimiento in­ ternacional de investigación de las zonas antarticas, iniciado al co­ mienzo del siglo, con la movilización de notables hombres de ciencia europeos y de técnicos en la navegación polar, ofreció su concurso y participó desde entonces en arriesgadas empresas que le dieron lu­ gar prominente en el conocimiento y dominio de la región austral del globo.

Hoy es la Argentina la nación que posee la estación mas avanzada hacia el polo sur, con dotación permanente de hombres. La primera expedición oficial hacia los mares australes fue la de la corbeta Uruguay, la que en 1903, bajo el man­ do del capitán de fragata Julián Trizar, rescata a los expedicionarios suecos de quienes el mundo no tenía noticias hacía más de un año. A esta memorable acción de la marina de guerra argentina, se dedica en esta obra una mención especial.

La segunda expedición se llevó a cabo en 1904-1905, nuevamente con la corbeta Uruguay, que, comandada por el capitán de fragata Ismael Galindez, tenía entonces por misión

que él no había podido entrar a isla Decepción por haberla encontra­ do cerrada por los hielos, y que sobre isla Wiencke había dejado cairn, pero en el otro canal —el Neumayer— que le había resultado más libre”.

Son sobrevivientes de aquella expedición de hace cerca de medio siglo, el vicealmirante Galindez, el jefe de má­ quinas ingeniero inspector Gregorio Pcrcyra, el capitán de navio Horacio Esquivel y el capitán de fragata T. Caillet-Bois, distingui­ do escritor quien ha publicado recientemente en “Argentina Aus­ tral” una narración de la misión cumplida entonces por la Uruguay, de la <|ue fuera oficial de navegación, y que lleva por título “Mi viaje a la Antártida”. La tercera expedición se lleva a cabo con el Guardia Nacional, bajo el mando del capitán de fragata Ricardo Vago, en el año 1923. Igual que la anterior, esta cumple sin incon­ veniente su viaje a las islas Oreadas del Sur, desde donde después de relevar el personal de la estación se dirige a las islas Georgias del Sur. y luego de ejecutados importantes trabajos de reconocimiento, y recogidos valiosos datos para la navegación, dá por cumplido satisfactoriamente su objeto.

La cuarta expedición se lleva a cabo en 1942. Por gestiones realizadas por la Comisión Nacional del Antártico durante los años 1940 y 1941, pudo obtenerse que la marina alistara el transporte 1® de Mayo para ese fin. . El 1? de Mayo —dice una publicación ofi­ cial—. zarpó de Buenos Aires para las aguas australes en enero de 1942, bajo el mando del capitán de fragata A. Odera, y llegó a la isla Decepción el 6 de febrero del mismo año. Salió más tarde para puerto Melchior, en el archipiélago del mismo nombre situado cerca de la Tierra de Graham, en donde colocó una baliza; luego se dirigió a las islas Argentinas y continuó hacia el sur hasta la latitud de 66°, la (pie alcanzó el 16 de febrero. Cuando el 19 de Mayo regresó nuevamente a Puerto Melchior. el 26 de febrero, se procedió a instalar un faro cuyas coordenadas son; 64o 17’9 de latitud sur y 62o 57’8 de longitud oeste. Durante la expedición se hicieron numerosos vuelos con el hidroavión que se había provisto el buque.

La quinta expedición se realiza al año si­ guiente. El 4 de febrero de 1943, el i? de Mayo largó amarras del puerto de Buenos Aires para iniciar otro crucero por el sur, al man­ do del capitán de fragata S. Harriage.

Capitán de fragata Luis M. García, jefe de la expedición 1947. Ai inaugurar las instalaciones dd destacamento naval de Pto. Melchior.

el primer relevo del personal de la estación metereológica de las Orcadas del Sur, y la búsqueda, para prestarle auxilio si necesario fuere, del explorador Charcot que había invernado en esc periodo en la Antártida. La expedición partió el ro de diciembre: el 19 estaba 1 rente a la boca del Estrecho de Magallanes, y oí 23 ancla­ ba en Usuahia, de donde, después de proveerse de carbón salió va pa­ ra dirigirse en linea recta hacia las Oreadas del Sur, entrando en los campos de hielo y en la zona de los témpanos “tabulares", hasta lle­ gar al encuentro de los cinco moradores del Observatorio, dos de los cuales, ya con dos años de reclusión polar, eran el jefe Mossman y el cocinero que estaban allí desde la recalada del Scotia. Era el 31 de diciembre. Al otro día la Uruguay abandonaba las Or­ eadas dejando en ella a los nuevos moradores, y se dirigía ya en busca de Charcot. Conforme marca el itinerario que reproducimos, llega a las islas Shctlands del Sur. y continuando la marcha llega el día 7 a la isla Decepción. No habiendo encontrado allí a Charcot. los expedicionarios de la Uruguay erigieron allí un pequeño “Cairn". o pirámide de piedra, con una comunicación de la visita realizada. “Aclarado algo el tiempo, dice Caillet-Bois. zarpamos el 9 y embo­ camos el mucho más angosto estrecho de Gerlachc. conocido por el libro de este explorador belga, sobre su reciente campaña de inver­ nada con el lUlgica: la carta inglesa lo señalaba en blanco, como zona desconocida”. La nave llega hasta la isla Wienckc, donde se abre ya el estrecho hacia el Pacifico, y no encontrando a Charcot. ni noticias de él por algún signo que hubiese dejado, “el comandante decidió dar por terminada su búsqueda, que no era obligatoria ni necesaria — ya que Charcot tenía aún dos o tres meses por delante antes de terminar su campaña”. “No hubo más novedad, El día 1 1 salimos al océano líbre por el norte de las Shctlands e hicimos escala en Harberton, Ushuaia y P. Arenas para carne fresca y combustible. Por último singlamos para Buenos Aires, llevándonos la cisión de tanto estupendo escenario grabado para siempre en la memoria. Llegamos el 8 de febrero y dos meses después arribó Charcot; se supo entonces

Después de una breve escala en Ushuaia, para tomar combustible, el buque se dirigió directamente a Puerto Melchior, a donde llegó el 21 de febrero para reabasteccr el faro instalado el año anterior. Luego se dirigió al sur navegando por la costa oriental de la Tierra de Graham, para llegar a bahía Marga­ rita el 6 de marzo. En esc lugar estuvo ubicada la llamada “Base del Este” de la Expedición del Servicio Antártico de los .Estados Unidos, realizada durante el año 1940 y parte del siguiente.

La expedición argentina aproveché) la opor­ tunidad para visitar las instalaciones abandonadas y realizar diver­ sas observaciones de carácter científico; luego regresó al norte para visitar la isla Decepción, oportunidad en la cual fueron colocadas nuevas señales indicativas de la visita del buque argentino.

La sexta expedición, ya se organiza en base a muchos conocimientos adquiridos en exploraciones y estudios desde principio de siglo. Cuando la Comisión Nacional del Antartico fué reorganizada en marzo de 194b, una de sus primeras gestiones fué la de interesar a las autoridades nacionales para que fueran rea­ nudados los viajes de exploración iniciados por el i9 de Mayo en 1942. Durante la segunda reunión de la Comisión, efectuada en la Cancillería en 1946, se resolvió que “el estudio y proyecto de un viaje a la Antártida, con un buque de bandera na­ cional” pasara a estudio de la Subcomisión denominada “formación de Expediciones”, para ser tratado en la reunión siguiente. En la sesión celebrada el 2 de octubre, se resolvió que “era conveniente ocupar con nuevos observatorios o estaciones científicas argentinas, a cierta región de las tierras antárticas”.

Por fin, en la reunión del 8 de noviembre, dice “Informaciones Argentinas” de la que reproducimos estos co­ mentarios, la Comisión resolvió hacer gestiones directas ante los se­ ñores Ministros de Relaciones Exteriores y Culto, y de Marina, para poner en su conocimiento “la urgente necesidad de realizar un viaje de exploración a la Antártida en la presente temporada de verano”. Tales gestiones, cambios de notas, reuniones de subcomisiones, estudios, dictámenes, etc., dieron origen a los preparativos de una expedición argentina que zarparía para el sur en los primeros días de enero de 1947.


Sobre ia primera edición de 194 0, de esta Carta, se hizo correcciones en 194 2, y en la misma fueron incluidos después itinerarios hasta 1947.

La expedición que recorrió a principios del año la zona antartica que pertenece a la -Argentina fue organizada por el Ministro de Marina, contraalmirante Fidel L. Anadón, y di­ rigida por el capitán de fragata Luis M. García. Integraron la expediciém los transportes Patagonia y Chaco, los patrulleros King y Muraturc, el rastreador CranviUe. el buque estanque Ministro Incurra y un ballenero. La expedición partió el 4 de enero de nues­ tro puerto y, en primer termino, se ocupó en renovar la comisión técnica que atiende el observatorio meteorológico de las islas Or­ eadas. Posteriormente, los navios recorrieron el sector argentino del continente, antartico hasta el paralelo 73. reconociendo la isla Decepción, los archipiélagos Shetlands y Melchior y la tierra de Graham desde la isla Joinvillc hasta la bahía Margarita entre los 67" y 68° de latitud sur, lugar en el cual una comisión anterior ins­ taló una baliza.

La expedición hizo campamento en la isla Gamma, del archipiélago Melchior, donde en un mes y medio de tra­ bajo, aproximadamente, construye) un sólido edificio destinado al observatorio, que funcionará permanentemente con personal de la Marina de Guerra. Dicha estación, en la que actualmente prestan ser­ vicios nueve hombres, dista seiscientas millas de Ushuaia, v es la región poblada más próxima al casquete polar. Junto al edificio del Observatorio, ha sido levantado un mástil para que el pabellón señale allí la soberanía argentina. Además, se restableció la luz del faro “i? de Mayo”; en Punta Py (isla Foumer) fué construido un nuevo faro —el “Patagonia”—, y en el Cabo Anna, sobre la Tierra de Graham, se instaló una nueva baliza luminosa, que se denominé, “King”.

El personal de los distintos buques que inte­ graron la expedición realizó permanentemente trabajos hidrográfi­ cos, aerofotográficos, oceanógraficos y otros muchos destinados a


Vista de la estación de Melchior, cuyas poderosas instalaciones le permiten una comunicación directa radiotelegráfica y radiotelefónica con Buenos Aires.

LOS SIGAOS DE LA SOBERANIA ARGENTINA DESTACAMENTOS NAVALES Y OBSERVATORIOS METEOROLOGICOS En las islas, en los mares y en el continente austral que corresponden a la Argentina, se mantienen, con conoci­ miento del mundo, signos permanentes de la soberanía de la Nación.

Queda expresado que la isla de Año Nuevo, al norte de la isla de los Estados, funcionaba ya un observatorio a principios del siglo, y que desde 1904 también funciona bajo el pabe­ llón argentino el Observatorio Metereológico de las islas Oreadas del Sur donde, además, desde 1925, presta servicios una estación radiotelegráfica, siendo el personal de los mismos, normal y perió­ dicamente renovado. En cuanto al sector argentino de la Antár­ tida propiamente dicha, los signos de soberanía lo constituyen el destacamento naval de la isla Decepción, y el observatorio y la es­ tación radiotelegráfica de Melchior, y más los faros y balizas lumi­ nosas que así como son signos inequívocos del cuidado de una real y efectiva dominación, sirven, por voluntad del gobierno a que per­ tenecen, de eficaces guías para todos los navegantes que se internan en los mares del Sur.

Es merced al servicio combinado de los ob­ servatorios mencionados que se puede formular en cualquier mo­ mento un cuadro de pronósticos indispensables para el desarrollo de cualquier navegación marítima en el Antártico, que por ser una de las zonas más tormentosas del mundo, exige de los navieros las mayores precauciones.

La Argentina, por todos estos motivos, es la nación que posee el dominio mejor organizado en la Antártida, y que ocupa su sector, y establece a través de él un tráfico regular creciente, cada vez con mayores recursos de material y de hombres.

En la línea en que los derechos de la Ar­ gentina se confunden con los de Chile, ambos países se complemen­ tan en el esfuerzo patriótico y en la labor científica, concientes de

que ambos constituyen en la Antártida, geográfica y políticamente, la natural correlación continental que representan. La solidaridad argentino - chilena en la afir­ mación y en el mantenimiento eficaz de la soberanía de los dos Estados, en los sectores antárticos que les corresponden, es un ejem­ plo de cómo dos pueblos, vecinos y hermanos, celosos de sus desti­ nos, pueden armonizar sus intereses al amparo y en la confianza de la justicia internacional.

COMO SE CONSTRUYE UN

OBSERVATORIO EN LA ANTARTIDA El día 30 de marzo de 1947 se daban por terminadas las construcciones llevadas a cabo durante la expedición de ese año, en Puerto Melchior. Las viviendas del Observatorio miden 27 por 7,50 metros, de sólida y confortable construcción de madera, de paredes, piso y techo dobles, con aislación de vitrolana y papel asfáltico. Se hallan asentadas sobre muros de piedra y dis­ ponen de amplios sótanos para depósito, a mas del espacio compren­ dido entre el cielo raso y el techo que puede ser utilizado con el mismo fin.

La división interna es de nueve camarotes individuales, comedor, salón de esparcimiento, oficina de trabajo, baño, cocina, despensa, sala de motores, sala de acumuladores y estación radiotelegráfica. La calefacción central de agua caliente es suministrada por una caldera a carbón colocada en un alojamiento especial de la cocina.

Agréguese a la importancia de esta construc­ ción la instalación radioeléctrica, planta generadora de dos gru­ pos electrógenos de 4 HP. cada uno para iluminación y carga de baterías; dos baterías de acumuladores para iluminación y cuatro para alimentación del transmisor de emergencia y de los receptores de radiodifusión; y además, varios transmisores y receptores.


El avión de la nave “Patagonia” en la Antártida

toneladas, de las cuales 150 correspondieron al carbón destinado a calefacción y cocina.

EL 31 DE MARZO SE INAUGURA EL OBSERVATORIO DE PUERTO MELCHIOR l ie aquí las palabras del jefe de la expedición: “El 25 entró en servicio la estación radioeléctrica, que a partir de esa fecha funcione) sin interrupción y sin inconvenientes. En esos días tuvimos la oportunidad que tanto an­ siáramos, la de hablar con los nuestros por radioteléfono. La pala­ bra es mezquina para reflejar ahora la emoción de esos instantes, la de escuchar, en plena Antártida, a través de miles de kilómetros la voz de nuestros seres más queridos, después de varios meses de ausencia. Quienes habían compartido nuestras inquietudes bien me­ recían la grata sorpresa de acudir al teléfono y escuchar el anuncio de un llamado desde el confín más austral de la República para ente­ rarse de nuestro bienestar y pronto regreso. El día 30 las instalaciones estaban termina­ das: usina, calefacción, cocina, estación radiocléctrica y obras sani­ tarias se hallaban en pleno funcionamiento. Procedimos a recoger y reembarcar el campamento, dejando gran cantidad de materiales, so­ brantes para futuras reparaciones del observatorio.

El 31, día fijado para izar el pabellón, ama­ neció magnífico. Un cielo purísimo y un sol radiante, que inundaba de luz el paisaje, constituían un marco digno de la trascendencia del acto que íbamos a cumplir. A las 0.45 de la tarde, todo el personal mili­ tar y civil formó en cuadro en torno al mástil y cantamos el Himno Nacional mientras el pabellón ascendía lentamente para quedar fla­ meando bajo el cielo antártico y proclamar a todos los vientos nues­ tra soberanía sobre el confín más lejano de la patria.

La alegría de ver coronados tantos esfuerzos nos conmovió a todos.

Ante la obra realizada, no podíamos repri­ mir un sentimiento de orgullo y de íntima satisfacción, a la par que agradecíamos en nuestro fuero interno que se nos hubiera concedido el privilegio de una oportunidad tan brillante.

FAROS EN LA ANTARTIDA En 1942 fué instalado en Melchior el faro denominado “i’ de Mayo” por la expedición de la nave del mismo nombre, comandada por el entonces capitán de fragata A. Odera. El 20 de febrero de 1947, la expedición naval a la Antártida, llevada a cabo en forma memorable al mando del capitán de fragata Luis NLG.Wa, procedió) a la erección de un nuevo faro en Punta Py, isla Doumer, a los 64-52, 2 de latitud y 63-35,5 de longitud. Este faro lleva el nombre de “Patagonia”, en recuerdo de la nave insignia de la fuerza expedicionaria.

Las características del faro son las siguien­ tes: trípode metálico de 11 metros de altura coronada por una fa­ rola de 7 millas de alcance. Las patas se asientan sobre sendas bases de concreto que tuvieron que insumir 1000 kilogramos de cemento. En la base se lee, igual que en el faro “i.9 de Mayo”: “Propiedad del Ministerio de Marina de la República Argentina”.

BALIZA LUMINOSA El 21 de Marzo de 1947, el patrullero King, con personal del Patagonia, instaló una baliza auxiliar luminosa de 7 millas de alcance en el cabo Ana, de la costa de Tierra de Graham.

Los primeros patrulleros construidos en la Argentina que recorrieron el sector Antártico Argentino son el “King” y el “Murature”. “Estos buques, escribe el Capitán García, construidos en Río Santiago, se comportaron admirablemente en la Antártida. Equipados con radar ,que tanta falta nos había hecho en el “Patagonia”, y capaces de desarrollar altas velocidades, en pocos días recorrieron sin inconvenientes nuestro Sector Antártico, visitando las Oreadas, las Shetland y toda la costa oeste de la Tierra de Graham desde la entrada del mar de Wcddell hasta más al sur de la bahía Margarita”.

“Ellos fueron los primeros buques construi­ dos en el país que recorrieron nuestro Sector Antártico”.


Distancia comparativa entre Ushuaia y diversos puntos del sector antartico argentino.

Operaciones Navales en la Antártida, Realizadas

por la Flota de Mar de la República Argentina En cumplimiento de un vasto plan de operaciones navales, el 12 de febrero del corriente año, partieron desde la base de Puerto Belgrano hacia la región antartica numerosas naves de guerra de la Armada argentina. Después de un período de preparación en que la ciencia de

la navegación polar y la técnica de la guerra se conjugaron para ase­ gurar el éxito del programa a desarrollar, las operaciones se iniciaron participando en ellas las siguientes unidades: cruceros Almirante Brown y 25 de Mayo, que tienen cerca de 9.000 toneladas de desplaza­ miento cada uno; torpederos Misiones, Entre Ríos, Santa Cruz y San Luis, naves de tipo veloz, de las modernas, y los torpederos de cons­ trucción anterior, pero igualmente rápidos, Cervantes y Mendoza. Completaban el grupo numerosos barcos auxiliares para diversos fines, cubriendo el conjunto varias millas de distancia del Atlántico Sur.

Altos jefes de la Armada, varios miles de oficiales, sub-oficiales, y personal subalterno formaron la dotación de hombres que cumplirían esta vez la misión de desarrollar una acción que a más de constituir parte de la Academia de Guerra, debía ser reveladora de la incues­ tionable e inequívoca soberanía que ejerce la Argentina en la zona antártica que le corresponde. Tal como lo previera el Comando de Operaciones Navales, a cargo del vicealmirante D. Juan M. Carranza, las maniobras se realizaron^ con todo éxito, alcanzándose todos los objetivos, en una navegación de más de 5.000 millas. El comandante en jefe de la flota de mar, contra­ almirante Harald Cappus que viajaba en el Almirante Brown, vió con satisfacción que nada impidió en la región polar el cumplimiento de sus órdenes, pues tanto las naves utilizadas como los hombres respon­ dieron con eficacia a las misiones que tenían asignadas, haciendo frente a borrascosas tormentas y furias de corrientes entre témpanos de hielo.

MI “Almirante Brown”, nave insignia de la flota de mar en operaciones, durante las maniobras realizadas en la Antártida Argentina.

A bordo del 25 de Mayo viajaba el contraalmirante Ismael Pérez del Cerro, comandante de la fuerza de tareas N9 1 de la escuadra. Cupo al torpedero Misiones, a cuyo bordo iba el comandante de


MAPA DEL MAR DE LA FLOTA

operaciones navales ya mencionado y el contraalmirante Gregorio A. Portillo (el mismo que hiciera en diciembre de 1947 un viaje de 15 horas y media en un vuelo de ida y vuelta sin etapas hasta el círculo polar antartico), la misión de adelantarse en la ruta de la flota hacia el sur, e informar del estado del tiempo. Las naves de guerra argentinas, durante el ejercicio de maniobras, llegaron a cubrir una vasta zona del sector antartico argentino, e hicie­ ron desembarcos en las islas y en las regiones heladas del continente más austral del mundo. Los destacamentos navales argentinos de ubicación permanente en el Antartico, así como el personal de las esta­ ciones meteorológicas y radiotelegráficas que constituyen en la ruta hacia el polo los signos indestructibles de la soberanía argentina, no se vieron tan aislados y tan distantes del suelo continental de la patria, al verse rodeados de la flota de guerra en un imponente espectáculo de fuerza, de capacidad y de dominio.

Desde la realización de estas operaciones navales, la gran zona marítima que se extiende entre la Península Trinidad de la Tierra de Graham y las Islas Shetlands del Sur, quedó denominada Mar de la Flota, nombre con que en adelante figurará en las cartas geográficas de la República. La prensa argentina, invitada por el Ministerio de Marina a asistir a las maniobras por intermedio de sus representantes que viajaron en las mismas naves que intervinieron en las operaciones navales, registró este hecho con una gran suma de informaciones y de ilustración gráfica que luego fueron difundidas por el mundo. De este modo el ejercicio de la soberanía, argentina en la antártida se desarrolla a la luz de la conciencia universal, y sin que exista frente al derecho en que ese ejercicio se fundamenta ningún otro derecho, ni ninguna fuerza extraña capaz de desviar a la Nación del derrotero que la historia y la geografía le han. marcado sobre la tierra.

Junto al pabellón Nacional Argentino, flamea en un mástil de la Antártida, la insignia del comandante en jefe de la flota de mar.


Nave de guerra argentina en la Antártida y un “jeep” de la Armada desembarcado

El Acuerdo Argentino ■ Chileno Sobre la Antártida “Reunidos en Santiago de Chile, en el Minis­ terio de Relaciones Exteriores, el ministro del ramo, señor Germán Vergara Donoso, y el embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Argentina, doctor Pascual La Rosa, han convenido de dejar constancia en la presente declaración conjunta del resultado de las conversaciones que respecto de la Antártida Sudamericana han celebrado, de conformidad a lo acordado anteriormente por los res­ pectivos gobiernos y a la declaración conjunta del 12 de julio de 1947. "‘Hasta tanto se pacte, mediante un acuerdo amistoso, la línea de común vecindad en los territorios antarticos de Chile y la República Argentina, en nombre de sus respectivos gobier­ nos, los señores Vergara Donoso y La Rosa declaran:

“Primero: Que ambos gobiernos actuarán de ¡ común acuerdo en la protección y defensa jurídica de sus derechos en la Antártida Sudamericana, comprendidos entre los meridianos 25 y 90 de longitud oeste de Grecnwich, en cuyos territorios se reconocen Chile y la República Argentina indiscutibles derechos de soberanía. ‘"Segundo: Que están de acuerdo en conti­ nuar su acción administrativa, de exploración, vigilancia y fomen­ to en la región de la frontera no definida de sus respectivas zonas antárticas, dentro de un espíritu de cooperación recíproca. “Tercero: Que a la mayor brevedad y, en to- ■ do caso, en el curso del presente año, proseguirán las negociaciones hasta llegar a la concertación de un tratado chileno-argentino de de­ marcación de límites en la Antártica Sudamericana.

"‘Hecho en Santiago, en doble ejemplar, a los cuatro días del mes de marzo de mil novecientos cuarenta y ocho. (Fir­ mado) : Vergara Donoso - Pascual La Rosa.” Izamiento de la bandera en la Antártida.


Esta primera edición de “Las Islas Malvinas y la Antártida Argentina. Atlas Documental” aparece en Abril de 1948.

Una segunda edición de la misma obra, en idiomas español e inglés, verá la luz en el curso de este año.

En la segunda edición dejaremos expresa constancia de los nom­ bres de las personas y de las instituciones con cuya colaboración nos ha sido posible llevar adelante este trabajo, de iniciativa eminente­ mente particular. Atento a los fines de divulgación que perseguimos, publicaremos, también en este año, un libro de edición corriente, titulado BIBLIOGRAFIA MALVINIANA Y ANTARTICA

en el que orientaremos al lector no habituado a esta clase de consultas, para que pueda recurrir con facilidad a las fuentes que obran en el Archivo General de la Nación, en la Biblioteca Nacional y en otras instituciones de índole oficial y particular, aportándole las ubicaciones correspondientes, por secciones, y.números y ofreciéndole a la vez un resumen del contenido de las obras.


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Las Islas Malvinas y la Antártida Argentina: atlas documental by Bibliotecas BCRA - Issuu