Un maullido de vida llamado
ZORBAS
La historia de mi vida
MASABA
Un maullido de vida
Si el sol fuese el mayor enemigo de
la vida, ni mis maullidos ni mis retorcidos movimientos de ser viviente recién nacido habrían sido parte de lo que llegué a ser, un gato elegante por naturaleza, un emperador sin orbe, un minino como dicen por ahí, sigiloso y que maúllo para robar comida en mi hogar y en algunos otros, pues parece que la madre naturaleza y a lo que los 3
humanos le llaman selección natural, precisamente me había seleccionado para no ser parte de la historia natural de este mundo. Pero creo que aquellos maullidos de un inicio y mi caminar errante llamaron la atención de uno de los seres más maravillosos que en mi vida jamás conocí, ella, mi madre, que no tenía nada de pelos en su cuerpo, un ser blancucho y largo que fue capaz de escucharme a la distancia mientras observaba lo que ellos llaman televisión, creo que entre ella y yo existían algunos metros de distancia, algunas barreras naturales y artificiales, pero que no fueron impedimento para que la propia madre naturaleza me diera una oportunidad de habitar por casi cuatro años el mundo que muchos otros comparten. En realidad creo que la suerte jugó 4
a mi favor, y el dios gatuno intercedió ante aquella humana para que me encontrara. Cuando la vi llegar solo nos separaba una burda y pobre reja negra, la cual más tarde me serviría para practicar mis saltos y travesuras con quien fuera mi hermana adoptiva, a la que conocería como Kala, medio mañosa pero protectora, medio peluda y descolorida, pero que me brindó su calor a medida que fui creciendo, y me enseñó mis primeros intentos felinos. Ya era hora de sentir sus manos, («rescate» les llaman ellos, los humanos) estiró sus brazos largos, pero aun así no me alcanzaba, pidió ayuda y al fin me tomó, en ese preciso momento solo sentí en mi desvalido ser animal un amor incondicional, de aquellos que no se encuentran en cualquier 5
parte, un amor que en mi vida implicó llamados de atención por reclamar por mi atún diario; a su lado divisé a otro ser , este sí era un poco más oscuro, je, je, je…, creo que sería más tarde mi padre adoptivo, mañoso también, pero lo mejor de todo es que llegó a acariciar mi barriga en interminables ocasiones de mi vida; a él precisamente le debería mi vida en más de una oportunidad, pero en fin, más adelante se los cuento, ahora vamos a la parte de mi nombre, porque en realidad fue una suerte de búsqueda incesante, toma de decisiones compleja para ellos, a quienes llamaría más tarde «padres». En mi pequeñez pude observar que se tardaron un buen momento en elegir cual sería el nombre que mejor me representaría, y ese finalmente llegaría y sería bautiza6
do como Zorbas, un tal gato también de un cuento que jamás conocí, pero que por lo visto a aquella humana larga y blanca le encantaba. Mis primeros momentos junto a ellos fueron de hambre, y de observar esos grandes ojos que miraban con total curiosidad frente a lo que tenían: «Un gato negro es de augurio negativo», dijo mi padre; a lo que aquella largucha y blanca mujer respondió: «Estos seres son infinitos, son positivos, elegantes», y en ese mismo momento acotó que éramos además malolientes, me parece que habían pasado algunos días y no me había aseado, asunto que con mi crecimiento junto a mis demás hermanos gatunos aprendería, en especial cuando me tocaba acariciar mi cuerpo con mi lengua. Claro está que, en mis 7
primeros intentos, mi lengua rasposa quedaba abundante de pelos que al parecer fui cambiando con el tiempo. Una vez que llegamos a su hogar, el cual sería también el mío, lo primero que recibí de aquella mujer fue leche, no la mejor, pero era mi primer alimento, luego de un segundo alimento, que ellos llaman cariño; ellos sonreían, en especial cuando tocaba que me alimentara con ayuda de una mamadera, y mis orejas vacilaban de un lado a otro al ritmo de mis chupeteos incesantes que marcaban el ritmo de hambre que tenía. Es en esos primeros momentos, con mi madre larga y blanca, cuando comprendí que mi madre gatuna me había dejado, abandonado a la suerte de la vida, insisto, «selección natural» le llaman; no crecí junto a mis hermanos, 8
pero sí junto a mis más grandes compañeros de travesura, y hay que considerar que no precisamente eran todos gatos. Más tarde en el tiempo me acurrucaría sobre el regazo de mi madre para reír, solo como sabemos reírnos los gatos, sobre imágenes mías cuando apenas tenía tres semanas, era por lo visto bastante feo, pero algo de aquello cautivó a mi madre. Cómo no recordar todo lo anterior, si siempre tenía encima de mí, una cosa llamada cámara que utilizaban estos seres extraños para registrar momentos me parece, sí, fue así, pues a medida que fui creciendo muchas veces me topé con estos artefactos a los cuales olisqueaba con curiosidad pensando que eran comida, pues para mí todo lo que se movía se volvería una posibilidad de comer. 9
Así se inició mi vida en lo que ellos llaman hogar, y en el que vivía yo estaban otros, que acompañaban a estos dos seres humanos que por lo visto no tenían sus propios frutos (hijos), así que crecí junto a Danka, una perrita sabia y de color chocolate; Kala, mi hermana gatuna; Kira, una perrita cachorra, que por su pelaje brillante parecía de la realeza, y obvio a quien consideraría más tarde mi madre animal: Satí, una perrita de tez blanquecina y de mirada penetrante (la sabia, creo que era la más viejita del grupo de animales que acompañaban a mis padres adoptivos).
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ISBN 978-84-18649-75-2
9 788418
649752
E
sta es la historia de un gato negro muy particular, llamado Zorbas, que es salvado por una humana muy especial, larga y blanca, tras ser abandonado por su madre, dejándolo a la suerte de la naturaleza. En esta obra se narran las peripecias que vivió este felino, que mediante algunos maullidos, logró conectarse con los seres humanos, y así tener la oportunidad de vivir cuatro cortos años de manera intensa junto a sus padres humanos y a una manada bien especial, formada por gatos y perros. Este relato centra sus líneas en el inmenso amor que estos humanos dieron a Zorbas, el protagonista de este cuento, y cómo este gato negro, despreciado por la naturaleza, logra sobrevivir y entregar un amor incondicional a todos aquellos que lo conocieron, hasta el ocaso de su vida y su viaje a las estrellas.
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