Tuk y sus hadas
Una aventura con piratas del caribe Steve Hambler
ÍNDICE
Prólogo...................................................................................9 Capítulo I: Rose Mary Adler............................................ 15 Capítulo II: Ana.................................................................. 35 Capítulo III: Elizabeth Swann Turner el mensaje......... 63 Capítulo IV: Grettel Grey................................................. 87 Capítulo V: El castigo de Sonia Ochil................................. 101 Capítulo VI: Anel Brown................................................ 113 Capítulo VII: Katheryng................................................. 123 Capítulo VIII: Tía Dalma................................................ 137 Capítulo IX: Alina............................................................ 145 Capítulo X: Abigail Ranger............................................. 155 Capítulo XI: Angelica Armors....................................... 171 Capítulo XII: Roselin Tuk.............................................. 179
PRÓLOGO —Traducto —susurran los albaralfos en la tierra, y
en el cielo. Los Lundarin se reúnen para atender bien a esta historia que cuentan los rollos de la primavera, en el Gran Vidar, los salones mágicos del reino en las estrellas. Ya toman todos asiento, cada uno de ellos se reúnen y unidos beben de la fuente infinita, mientras observan en aquellos rollos benditos, bordados por las mismas áryades, en un minucioso trabajo de costura, los lienzos de la creación que ya cubren incontables paredes y muros históricos de las galerías del Gran Vidar, el Inuwalë, el Swär; y mientras muchos de los nimles escriben, os cuento ahora la historia que ha de bien contarse, y esa es la historia de Tuk, el albaralfo, y jelfo a la vez, del cual varias canciones y cuentos ya se han escrito, más para que sea plasmado en las páginas doradas donde escriben los nimles y las hadas, y donde se narra una vez más esta historia, sí, porque más de una vez se ha escrito. 5
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Los nimles la escriben bien claro, mientras es transmitida en los lienzos de la primavera. La misma estación en la que esta historia empieza. El señor Tuk nació en un lugar llamado Zelanda, eso es cierto; su hermana Gustava ya se había mudado del pueblo hace tiempo y él, por su parte, mantuvo su casa en el bosque de Zelanda, donde más de una criatura mágica pudo visitar su casa. Esperen, vamos a empezar una vez más. Con… —Oh, lo lamento, empecemos de nuevo. En una casita en el bosque vivía Tuk, cuyo nombre significa Carlos, un aspecto muy importante de esta narración. Esta es la historia de Tuk, y de la forma en que se encontró a sí mismo en un viaje que le llevaría a descubrir a más de un individuo de los que nunca se imaginó que iba a conocer; os estoy hablando de los piratas. Si sois bienvenidos al mundo de Albia, ese mundo fantástico llamado Albia y sus historias, y en todas las crónicas de la tierra media de los mundos del Santiago, os podréis haber enterado y ya sabréis entonces sobre Tuk y sus amigos; todos, tanto extranjeros como nativos, podréis conocer además sobre el relato de Tuk. Se dice que Tuk nació en otra tierra, el reino del que proviene, y que encontró, siendo aún muy niño, al igual que sus hermanos, Buck y Puck, al señor Tuk, que fue fundador de un reino y se hizo amigo de mucha gente. Y 6
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esas personas eran los albaralfos, y los jelfos de los caminos, un pueblo del que varias historias se han escrito, mas esta es la historia de Tuk, el albaralfo. Tuk era descendiente de familias católicas y judías; su fe en nuestro Señor y en sí mismo era inquebrantable; tanto es así, que el señor Tuk, siendo pequeño y joven, halló la tierra mágica de Albia, y después la del Santiago, al igual que muchos otros lo habían hecho antes; él no fue el primero, y para explicar eso se deberían dar muchas explicaciones de portales, que bien vale explicar después, y la tierra de Yavia también fue testigo en uno de esos días, y muchos otros mundos más de los que fue partícipe a través de los portales de ensueño, portales mágicos de los que se habla más adelante. Mas su tierra, siempre fue la del Santiago. Tuk adoraba el Santiago, y viajar a Albia todo el tiempo fue por casualidad; sin siquiera darse cuenta, no sabía nunca cómo era tan honrado el visitar semejante lugar; al final comprendió del porqué allí era necesaria su presencia. Tanto es así, que con sus hermanos Buck y Puck fundó un reino maravilloso para los albaralfos y los guió. Cuando ya se hubieron asentado en ese país, el señor Tuk se decidió a viajar de vuelta a casa, mientras que sus hermanos continuaron en Albia. Tuk dedicaba su tiempo en escribir sus historias, y a todo el mundo que podía les hablaba sobre ellas; muchos le llamaban loco, y otros adoraban oír unas historias de las que única7
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mente habían escuchado por boca de él, los sucesos de los grandes héroes de todas las tierras a las que había visitado. Eso, hasta que encontró a una muchacha de su misma tierra, la dama Eira de los caminos, un ser celestial que adoptaba la forma de una muchacha de cabellos rubios en la tierra y de hermosos ojos; a veces podía ser una niña, otras una señora, y en algunas ocasiones, una joven. El caso es que era siempre la más hermosa de las doncellas, fuese quien fuese. Tuk se la encontraba en su trayecto, caminando por el bosque junto a su casa, por la pradera, o andando en la ciudad. Tuk se encontraba con esa dama, llamada así con el nombre de Eira, Eirë, una deidad de los cielos de Albia. Un día, Eirë estaba triste por el mundo, y lloró tanto, que sus lágrimas hicieron un jardín en casa de Tuk; llevaba puesto un camisón y entonces le preguntó al verla en su jardín, de improvisto: —¿Por qué llora, mi hermosa dama? —preguntó Tuk. Recordad que esta historia sucedió con hablantes de lengua inglesa, alemana, española, francesa, italiana y rusa, incluso, no sabemos de qué forma es la magia del hechizo Traducto, el más poderoso que une a todos los mundos y a todos los reinos, que se puede escribir esta historia en español, aunque de todos sus personajes, se puede decir que el señor Tuk también hablaba un excelente español, siendo el inglés su lengua materna. 8
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Al principio, Tuk no hablaba muy bien el español, pero después descubrió el hechizo Traducto, y la magia sucedió en él, para que llegase a un lugar en el que ciertamente conocía a todos los que hablaban ambas lenguas y algunos, muchas más. Y desde ese lugar viniese toda esta historia, se puede decir que todas las hadas le ayudaban a hablar más de una lengua. —Tu dama está triste por el mundo —dijo ella. —No has de llorar, mi hermosa dama, el mundo no merece vuestras lágrimas —dijo Tuk, mientras se sentaba a su lado. —Bien pronto me tendré que ir, y el mundo seguirá igual hasta mi regreso —dijo ella—. Toma mis lágrimas, Tuk, y ten siempre presente que hasta el más pequeño de todos los seres puede encontrar su grandeza, y marcar la diferencia. —Sí, pero la grandeza no me sirve si es que vos estáis triste. —Aun así, guárdalas, y nunca te rindas en tus sueños —dijo la dama Eirë y Tuk guardó sus lágrimas en una ampolla y desde entonces las llevaba consigo a todas partes; y fueron tantas veces las que se encontró con la dama Eirë y de las que fue testigo de sus lágrimas, que la ampolla de Tuk se llenó hasta el tope. Ahora bien, ya sabéis el comienzo de la historia; desde ese día, el señor Tuk se decidió a viajar por el mundo, el 9
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cual ha de decirse que era su mayor deseo del corazón, de ahí que fuese una raza muy emparentada con los hombres, ya que él era un jelfo de los más conocidos albaralfos que existen. Después de eso, se compró una casa en Irlanda, viajó por Alemania y Francia, estuvo en Suiza y en Italia, también en Rusia; más tarde viajó a España, y ahí fue donde se compró un barco con ayuda de un joven llamado Henrick y su hermana, para irse definitivamente a Cuba, donde se dice que una gran historia empezaba. Aquí es donde esta narración comienza verdaderamente.
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I ROSE MARY ADLER Rose Mary Adler caminaba por el pasillo empedrado de
la hacienda del señor Tuk, mientras era conducida y defendida por algunos de los hombres de Tuk, al mando de Henrick Gwavafield, un muchacho flaco pero de gran habilidad con la pistola de double canyon, de la forma en que él lo decía; a veces, los hombres de Tuk solían reírse de él por su forma de hablar, pero, aun así, Henrick podía mandar sobre todos. De ese pequeño detalle la señorita Adler se había dado cuenta. Sus hombres estaban muy bien armados, por cierto. Ella llevaba un vestido azul de fina costura y la sombrilla blanca cerrada, mientras caminaba por aquella hacienda con jardines maravillosos, decorada con palmeras que llegaban hasta tan altos parajes del cielo que parecían tocar el cielo, y las plataneras a todo lo largo de la hacienda del rosario en la provincia occidental. 11
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—Siéntase bienvenida, mi dama —dijo Clarckson, el mayordomo, a cargo de los criados de Tuk. Rose Mary lo único que hacía era pensar en las noticias. Todo el pueblo hablaba sobre el nuevo inquilino, y sobre sus muchas casas en todas las villas de Cuba, sus caballos magníficos y sus haciendas en los campos. Rose Mary tenía los cabellos muy bien peinados hacia un costado, en una ruleta que terminaba sin moño, con unos rizos muy delicados y castaños del mismo color que su pelo, que caía entre su rostro de una lindísima piel blanca y unos ojos color de miel. —Dan un buen trato aquí en este lugar. Siendo una extranjera, me siento halagada —dijo Rose Mary. —El señor Tuk insistió en que se le ofreciera lo mejor desde su llegada al puerto de La Habana, esa fue su intención. —Pues es un placer. Dígame, ¿qué tal está mi amigo, Clarckson? —dijo Rose Mary. —Cansado, pero alerta —dijo el señor Clarckson. —Y puedo preguntar, ¿a qué se debe esa alerta? —Ya sabéis cómo están las cosas desde el intento de toma de la Habana por los ingleses. —Y, aun así, él se encuentra muy bien —dijo ella, señalando la posición de su amigo; enfrente de la situación actual de la capital, era obvio que su posición era más un apoyo que una crítica a su entrañable amigo. 12
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Rose Mary se guardaba de hacer críticas innecesarias y todo lo que hablaba eran cosas buenas, al igual que muchos de los que frecuentaban en su círculo de amigos, de ahí que Rose Mary fuese una muchacha joven, deseada, famosa por su belleza, su discreción y su finísima educación; ya había viajado por varios países, incluso más que Tuk, y su preferido era Suiza. Mas ella únicamente hablaba de sus viajes cuando le preguntaban, aun con los niños, y en aquella hacienda había cientos de niños de las familias de los alrededores que Tuk había empleado. De la misma forma en que Tuk lo hacía, Rose Mary se llevaba muy bien con los niños principalmente, a quienes había traído ya varios regalos desde su primera llegada a la hacienda; sus hombres contratados los repartían a todos: la mayoría eran chocolates suizos y dulces, ropas y calzados, esas camisas blancas y holgadas a la antigua usanza. La mansión era una amplia construcción, nada ostentosa. De amplias ventanas y con columnas coloniales al estilo romano, construidas algunas con el mismísimo mármol traído de la isla de la Juventud. —Aparentemente —dijo Clarckson, con el rostro preocupado. Si bien ya conocía lo suficientemente bien a su señor para darse cuenta de su estado de ánimo. —¿Ah, sí? ¿Y a qué se debe? —preguntó Rose. —Hay cosas que el dinero no puede ofrecer, y que un hombre no puede hablar —dijo Clarckson con voz solemne. 13
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Y os digo que aquí en Cuba hablaban un excelente inglés con acento británico y todo, con un toque germánico, céltico y anglosajón; os parecerá complicada al principio la situación, pero después de un tiempo, también me acostumbré a escucharlos en su idioma, y a ser partícipe incluso de sus sucesos. Fuese donde fuese que se desarrollase la historia, no tengo idea de qué forma soy honrado con el placer de contaros esta historia. —Supongo que tenéis razón, pero para eso he llegado. Para despertar su corazón —dijo Rose Mary, con una sonrisa bastante pícara. Clarckson no comprendió, aunque ella parecía bastante segura de sí misma, y así lo expresó: —Parecéis bastante segura de vos. —Lo estoy, no lo hubiese dicho si no lo estuviese. Aunque de todo no se puede estar seguro, mas de algunas cosas he de hablaros con certeza. —De hecho, aun así —dijo Clarckson—, parecéis bastante resuelta. En cualquier circunstancia estoy feliz de que hayáis decidido hacernos la visita y también a vuestro inquilino y anfitrión. El señor Tuk estalló en colores el día en que recibió vuestra carta anunciando su salida de Londres para puertos cubanos. — Me complace que te agrade. La dama Rose Mary desenvolvió el abanico chino que recién se había comprado, y empezó a abanicarse con toda gracia y velocidad. El calor podía llegar a ser extenuante, 14
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pero ¿qué no haría ella por su familia?, por una hermana que estaba a punto de elegir un camino que la llevaría por medio de sus mayores temores y sus más grandes agravios. Pero de esto ya os iréis dando cuenta en el camino. Entraron enseguida hasta un salón de la abadía. Un señor de cabellos rojos y castaños esperaba en aquella habitación donde todo parecía cosa de reyes, dicen que una de las sillas de las casas del señor Tuk perteneció a un rey español, y así muchísimas de las demás cosas que allí había eran de finísima confección, importadas muchas, y otras muy bien mandadas a hacer, regalos de las muchas personas a las que el señor Tuk había ayudado con su dinero, del cual por cierto no le gustaba hablar, según había aprendido de su familia en Inglaterra, que no es bueno hablar de dinero más de lo necesario. Así había libreros con marcos de oro y plata, y tableros, maleteros, incluso una cama del tiempo colonial, y una repisa con gavetas y muebles de la mayor clase. Era toda una colección. Aquella era una sala de estar. —Mis disculpas, míster Tuk —dijo Clarckson. Fredegar Clane arreglaba los jardines de afuera. Tuk tenía la vista perdida en el horizonte de la finca, en los platanales, en los cañaverales y en los cafetales también. A veces tenía rasgos de miopía y le costaba ver en la lejanía, allí por los naranjales; en esa zona era donde sus esclavos liberados cortaban la caña. 15
GINKGO BILOBA
Tuk es un hacendado inglés que milagrosamente vive en la provincia occidental de Cuba, después de tener una aventura en España buscando un barco para ir al Nuevo Mundo. Un día, recibe la visita de una amiga muy estimada, llamada lady Rose Mary y se entera de que la hermana de Rose está a punto de casarse al año siguiente con un conde francés llamado François. Tuk ama a Roselin, la hermana de Rose, por lo cual sale hacia el puerto de La Habana desde su hacienda, en la actual provincia de Matanzas, y allí encuentra un barco, gracias a la ayuda de un pirata llamado capitán Jack Sparrow, del cual es prisionero también de aquel barco por intentar robar en los tesoros de unas cámaras infinitas; pero este es un barco maldito que viene desde otro mundo, y lleva varado en aquellas aguas sesenta años. Tuk ayuda a esos marineros, dado que no puede salir del barco, al estar también él prisionero. A Tuk la maldición no le afecta, ya que tiene un medallón mágico llamado Galion. Después de romper la maldición por completo, Tuk viaja a Inglaterra, y allí Roselin le espera para decirle que ella también le ama.
Este libro es una colaboración entre Light Kingdom Studio y New Light Studio perteneciente a la colección Two Lights Studio ISBN 978-84-18017-99-5
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