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Ruf, el gato

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Ruf, el

gato

Marga Jung de Komari

Ilustrado por: Camino Pérez Arias


Amanecía sobre el monte. Comenzaba el

verano y a esa hora el aire era todavía fresco. Había llovido mucho durante el invierno y se notaba en las verdes copas de los árboles, en la serenidad de los vastos espacios iluminados por la primera luz del día. El coche se detuvo en el arcén, a pocos pasos del mirador; los padres y el niño mayor salieron a contemplar el paisaje, dejando abiertas las puertas del coche. El


hermano pequeño quiso quedarse con Ruf, el gato. Encerrado en su jaulín, el animalito oteaba receloso el exterior a través de las barras; era ya la segunda vez que la familia iba a la casa de la abuela en el pueblo a pasar allí el verano, y Ruf, que detestaba los cambios, estaba molesto y confundido. El niño lo llamó: —¡Ruf, eh, Ruf! Le daba pena ver al gato tan afligido. —¡Ruf! Inmóvil, el gato no parecía oírlo. Entonces el niño quiso darle un poco de libertad; alargó la mano y abrió la puerta del jaulín, cogió a Ruf, lo apoyó en su regazo, lo acarició. A lo lejos, a toda velocidad, se acercaba un camión, y al ver el coche detenido


a un costado de la carretera el conductor tocó el claxon; ocho ruedas pasaron con estrépito mientras la bocina ululaba. Ese ruido tremendo provocó en Ruf un espanto indecible. Se revolvió entre las manos del niño, se libró, saltó del coche y en un instante había desaparecido entre los arbustos del monte. A los gritos del pequeño, la familia acudió alarmada; al ver el jaulín abierto, comprendieron lo ocurrido. Durante dos horas lo buscaron, lo llamaron; en vano. Finalmente, derrotados, volvieron al coche. El niño sollozaba, ya sin lágrimas. —No podemos encontrarlo —le dijo el padre—. Se habrá ido muy lejos. Hay que seguir viaje. El niño pataleaba, clamando que quería seguir buscando, pero nada podía hacerse. Subieron al coche y reanudaron la


marcha. El chiquillo lloriqueaba quedamente; su hermano intentaba consolarlo, pero su propio corazón estaba lleno de amargura. ¿Qué sería de Ruf, solo en el monte, sin comida? ¿Sin agua, en el calor del verano? Demasiado abrumado para llorar, sus ojos secos contemplaban la carretera que discurría velozmente, alejándolos de Ruf para siempre. En medio de altos pinos paró al fin Ruf su loca carrera; el corazón le latía con violencia y su cuerpecito temblaba. Entonces, un nuevo miedo lo atrapó. Atemorizado, giró dos o tres veces sobre sí mismo, mirando ansiosamente a su alrededor: todo le era desconocido. Caminó unos pasos, se detuvo, volvió a caminar. Con la confusa idea de que si seguía


andando, se encontraría con algo familiar, se dio a marchar sin rumbo. Estuvo así largo tiempo, quizás horas. Finalmente, llegó a un amplio claro y allí se detuvo. Fue entonces cuando por primera vez alzó la vista al trozo de cielo entre los árboles. En el piso donde había vivido sus dos años de vida, el firmamento solo había sido un retazo entre edificios, parte de un decorado que vislumbraba a través de ventanas, porque todo su mundo se encerraba en esas habitaciones, entre paredes que terminaban en un cielo raso inmutable. Inmóvil, permaneció unos minutos contemplando el espacio, la vista perdida en su insondable profundidad. A través de la fronda brillaba el ardiente sol del verano; poco a poco se desplazó hasta que finalmente el gato vio bri-


ISBN 978-84-19339-00-3

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Luego de haber pasado los dos primeros años de su vida en un piso de ciudad, mimado por una familia que lo adoraba, Ruf se pierde en el monte. Así comienza su historia de aventuras que ponen a prueba su valentía y su fuerza de voluntad. Sus encuentros con los habitantes de una naturaleza que hasta entonces le era desconocida le llevarán a confiar en sus propias fuerzas y afianzarán su amor por la independencia.

VALORES IMPLÍCITOS: Valentía y habilidad para desarrollar capacidades latentes, a fin de superar los obstáculos, y además, la determinación y el amor por la independencia.

LIBROS DIFERENTES para noches cortas de invierno y largas de verano, ¿o es al contrario?


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