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Rosso. El espíritu de la Luna

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Merce Castellanos Ilustrado por Germán Luna


Guía de palabras: Estación celeste: región del espacio habitada por seres de luz. Killki: Seres de luz que nacen de estrellas.


Era una noche inquieta en la estación celeste. El cielo estaba iluminado por un desfile de estrellas que anticipaba la hora de la luna durmiente. Rosso, el último killki nacido, jugueteaba al viento mientras sostenía su pequeña mandolina. Sus cabellos eran rojos como un atardecer de verano, y nadie podía explicarle el porqué con total certeza. —Es un misterio —le respondió una vez un killki superior—, pero de lo que estoy seguro es de que algún día lo entenderás.


Rosso nació de una pequeña estrella bajo los primeros rayos de la luna llena, y la marca espiralada sobre su pecho intrigaba a cualquiera, ya que era la misma que podía observarse sobre la gigantesca Luna. Todos sus hermanos habían nacido de una estrella, pero nunca antes alguien había nacido fuera de las horas del sol. Esta noticia llegó a oídos de todas las demás estaciones de la galaxia, y su nacimiento era un verdadero misterio para quien escuchaba su historia. Rosso cargaba una mandolina, instrumento que custodió desde que nació. Y allí, en compañía de la Luna, el pequeño componía lo que su tímida voz no se atrevía a decir. Su música era dulce como su joven corazón, pero nunca la compartía con


los demás. Solo tocaba lo que el killki superior le indicaba, mas no lo que había aprendido en el silencio de la noche.


Un día Atuq, el mayor de sus hermanos, quedó sorprendido al escucharlo tocar su melodía. Al oírlo, recordó el momento en que había dejado de ser una estrella, y una sonrisa se dibujó en sus labios. Pero cuando Rosso se detuvo, los recuerdos de Atuq también desaparecieron, y no pudiendo recordar más, se entristeció. «¿Qué música es esa?», se preguntó, sin poder encontrar alguna palabra para describirla. Estaba feliz, pero al mismo tiempo triste por haber sentido el recuerdo de tiempos lejanos tan cerca. Sin querer, Rosso había dado origen a una palabra que aún no existía y que habitaba en su corazón. Y esa pequeña marca en su pecho parecía custodiarla.


El pequeño killki se sentía diferente a sus hermanos. Ellos siempre estaban en sincronía; llegaban a tiempo a sus actividades; despertaban cuando las horas del sol lo hacían y dormían cuando la Luna empezaba a asomarse. Rosso, por el contrario, parecía despertar en horas de la noche, razón por la que nunca estaba listo cuando sus hermanos sí lo estaban. Esto hacía que llegara tarde a todos lados. Sin embargo, su mayor anhelo era demostrarles que él también había aprendido mucho de su instrumento, aunque solo ha tenido oportunidad de tocar frente a la gigantesca Luna. Una ceremonia importante se avecinaba, y Rosso pensó que había llegado el momento que estaba esperando. Corrían las noches de la primavera boreal, época que anticipaba la llegada del


solsticio, y por los días siguientes: la música, los cantos, los bailes y las melodías llenaron de alegría las estaciones celestes. El solsticio era una ceremonia dedicada al gran Espíritu de la Luz. Con sus primeros rayos daba inicio a un nuevo año, que indicaba un nuevo capítulo en el Libro del Tiempo. Era el momento en que unas estrellas debían apagarse, para que otras nuevas despertaran en alguna estación, y que así el ciclo de la vida continuase.


Desde una nube serpentina, Rosso observaba como la Luna en el crepúsculo conquistaba el infinito. Era su momento favorito de la noche; y sintiéndose inspirado permaneció largas horas despierto para practicar su melodía. Cada día, sus hermanos ofrecían lo mejor de su música, para así poder tocar con el gran coro ceremonial —un auténtico privilegio para cualquier killki—, aunque, para ello, primero debían demostrar cuánto habían aprendido de su instrumento, y este de ellos. Con sus melodías daban voz a sus pensamientos, anhelos y más nobles sen-


timientos. Cada uno era responsable de conquistar su armonía, aquella que manifestaba la verdadera voz de su alma, y que solo algunos lograban despertar, conocida con el nombre de la Llama Espiral. Era la oportunidad que Rosso necesitaba y que tanto había estado esperando. Y desde entonces, tocar frente al Espíritu de la Luz se convirtió en su mayor deseo. Estaba decidido, pero eso le demandaría llegar a tiempo a los ensayos, situación con la que no estaba familiarizado.


Los killki superiores se sorprendían al verlo llegar siempre a tiempo. Nadie hubiera creído que lo lograría por dos días consecutivos y menos por tres. —Su sonido es algo rígido —dijo uno de ellos. —Pero no hay duda de que tiene un verdadero entusiasmo en venir a los ensayos, ¿no cree? —añadió otro, sin obtener respuesta y dejando al killki mayor pensativo. Rosso sabía que no podía cometer ningún error o perdería su oportunidad de tocar en el solsticio. Había conseguido llegar a tiempo, pero no lograba tocar con la misma tranquilidad con que lo hacía durante la noche. Por el contrario,


lucía nervioso cada vez que se acercaba algún killki superior. A pocos días de la llegada del solsticio, Rosso, como todas las noches, regaló su última melodía a la Luna. —No creo que me elijan entre los músicos del coro, ¿sabes? —le dijo desanimado mirándola—. ¡Si tan solo pudiera tocar como cuando estoy aquí contigo! ¿Te gustaría acompañarme? —le preguntó jugando. Pero al darse cuenta de que su deseo era imposible, suspiró y continuó tocando. En ese momento, un desfile de cometas resplandeció centelleante alrededor de él. Atuq, que lo había estado buscando, lo encontró sobre su nube, y sin que Rosso lo notase, se detuvo a oír su melodía. Emocionado de escucharlo, se acercó al pequeño.


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Este fantástico cuento narra la historia de un pequeño e introvertido músico, al que llaman Rosso. Él, al igual que sus hermanos, tiene un solo deseo: tocar para la Fiesta del Solsticio. Para ello, tiene que convencer a los escépticos superiores de que no volverá a llegar tarde a los ensayos y que su melodía será especial. Por primera vez, Rosso está decidido, y mientras más cerca está de conseguirlo, descubrirá que solo hace falta tener a la Luna como inspiración y a alguien que crea en ti para brillar y dejar huella.

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El tema principal de este cuento está en las huellas que siempre deja el amor. Es un drama lleno de fantasía, que está inspirado en los mitos, el sincretismo cultural y la simbología precolombina.

ISBN 978-84-19454-10-2

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Rosso. El espíritu de la Luna by BABIDI-BÚ - Issuu