A Ramón, el león, le encanta rugir, pero de tanto rugir… ¡se ha quedado sin voz! Aunque no quiere cuidarse, sus amigos no lo dejarán solo. Con ingenio, empatía y mucho cariño, le ayudarán a entender que cuidarse no es motivo de vergüenza. Un cuento tierno y divertido que enseña que la verdadera fuerza también está en saber parar y dejarse ayudar.