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Policías al desnudo

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POLICÍAS AL DESNUDO

Memorias de medio siglo de servicio


PRÓLOGO DEL LIBRO POLICÍAS AL DESNUDO «El valor humano de elegir ser Policía»

Cada vez que se nubla el horizonte, y la vida que conocemos se llena de incertidumbre, siempre es bueno seguir los consejos de un viejo marinero. Llegan nubarrones de inseguridad, y lo que conviene siempre es agarrarse a referencias que nos devuelven la tranquilidad y el sosiego. La confianza. Es un desahogo mental que nos puede recordar a Ismael, «llamadme Ismael», el protagonista de Moby Dick, cuando contaba, en el inicio prodigioso de la novela de Herman Melville que, en momentos turbulentos, necesitaba embarcarse, adentrarse en alta mar, para reconciliarse con la vida. En la inmensidad del océano, en la lucha contra las ballenas, en la superación de tantas adversidades, Ismael encontraba las certezas que había perdido en las aceras de una ciudad. La necesidad de Ismael de embarcarse es una imagen metafórica que cada 13


Juan Bernal Galeano, Diego Martínez González y Alfonso Fernández Márquez

uno de nosotros puede compartir si nos ponemos a pensar en aquellas cosas que nos hacen sentirnos seguros, confiados, esperanzados. Es muy posible que todos nosotros, querido lector, querida lectora, coincidamos en que una de las realidades que nos instalan en ese estado de ánimo, cuando los nubarrones nos hacen dudar, son los cuerpos y fuerzas de seguridad de Estado. El libro que tiene en sus manos va a confirmar ese intangible de certezas que nos aporta la confianza en la Policía porque el testimonio que aquí se ofrece, que es el testimonio de vida profesional de tres policías de Sevilla, es una muestra valiosa de lo que representan y nosotros contemplamos a diario. Es fundamental en todo ello una de las características personales que comparte la inmensa mayoría de los policías: la vocación innata. Son policías porque han elegido ser policías. Un pensador de hace dos siglos, John Stuart Mill, escribió un ensayo sobre la libertad del ser humano que sigue siendo una referencia hoy para que no olvidemos aquello que nos hace distintos, como seres humanos, del resto de especies que pueblan la tierra. Decía Stuart Mill en ese libro: «Lo que distingue al hombre del resto de la naturaleza no es ni su pensamiento racional ni su dominio sobre la naturaleza, sino la libertad de escoger y de experimentar; de todas sus ideas es esta la que le ha asegurado su fama duradera». En tiempos en los que se nubla el horizonte con nubarrones que amenazan tiranías, recortes de libertades y derechos, populismos autoritarios 14


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incrustados en nuestra democracia, conviene respirar hondo ese aire de libertad, consustancial al ser humano, para reafirmarnos en lo que somos y hemos conseguido. En lo que hemos elegido ser. La libertad de escoger nuestro papel en la vida, nuestra dedicación. Cada uno, si mira hacia atrás en su vida, podrá encontrar ese momento, pero, con seguridad, en ninguno de nosotros aparecerá tan nítido como el de los tres policías que firman este libro. Cuando se adentre en sus páginas, estimado lector, apreciada lectora, es probable que una de las primeras afirmaciones que le llame la atención es la que se hace al hablar de la jubilación. Como un resorte, se rebelan contra la mera idea de la jubilación porque ese es un concepto, un estado, que no cabe en la mente de un policía. Un policía deja de estar en activo, pero no deja de ser policía. Es una forma de ser, de pensar y de mirar. Y como esa actitud solo desaparece con la vida, cuando un policía entrega la placa, sigue contemplando la realidad con los mismos ojos que cuando acudía todos los días a Comisaría. Un policía elige ser policía y, al hacerlo, elige morir siendo policía. Por esa razón, Diego Martínez, uno de los tres policías que suscriben este libro, no pudo contenerse cuando, el día efectivo en el que pasaban a ese estado etéreo, placentero y frustrante para ellos que todos conocemos como «jubilación»; ese día de entrega de la placa, Diego Martínez saltó como un resorte: 15


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«Creo que estas confundido. Un policía es policía hasta que se muere. Seguiremos pensando en policía». Tanto Diego Martínez, como Juan Bernal y Alfonso Fernández, que son los tres policías que nos ofrecen este libro, tienen la peculiaridad histórica de haber vivido dentro del Cuerpo Nacional de Policía un tiempo tan complejo, tan duro y al mismo tiempo tan brillante, como la Transición política española, del régimen del dictador Francisco Franco a la democracia plena que vivimos, el medio siglo de historia más importante de todos los tiempos, el de más libertades, más derechos y más prosperidad. Como en España tenemos la penosa peculiaridad de avergonzarnos, acomplejados de nuestra historia, hay que recurrir a grandes hispanistas extranjeros, como John H. Elliott, para darnos cuenta de que hemos sido el único país en la historia que ha transitado desde una dictadura a una democracia plena sin un derramamiento de sangre; de forma pacífica, sin eludir las enormes dificultades que entrañó el sacrificio enorme de aquellos días. España entendió que, por encima de ideales y creencias, existía el bien común del entendimiento y la tolerancia. Pues bien, ahora imaginemos, dentro de ese momento histórico de paso de un régimen a otro, a una generación de policías, nacidos al principio de la década de los 50, es decir, que alcanzaron la mayoría de edad cuando el franquismo ya comenzaba a agonizar. Es el caso de estos tres policías, dos de ellos nacidos en 1954 (Juan y Diego) 16


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y el tercero en 1951 (Alfonso). Cuando se incorporaron al Cuerpo Nacional de Policía, en España se les conocía como «la Policía secreta», porque convivían con otros dos cuerpos de seguridad que eran los que tenían más visibilidad en las calles, la Policía Armada y la Guardia Civil. La insólita normalidad de la Transición española se debió en gran medida a estos hombres que entendieron, rápidamente, el papel normalizador que les correspondía a ellos. Desde dentro de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado de extracción franquista, con mandos leales al generalísimo, ellos tenían que facilitar la llegada de la democracia plena y de las libertades. Y lo hicieron, combinando el rigor profesional cuando, por ejemplo, se convocaban y celebraban manifestaciones que podían alterar gravemente el orden público, pero con la conciencia clara de que el pueblo español estaba dando pasos, decidido, hacia una democracia plena. Con libertad para decir y pensar libremente, sin el temor de acabar con los huesos en la cárcel, como en las cuatro décadas anteriores. Alfonso Fernández lo resume bien en el libro cuando se muestra convencido de que existe una inseparable simbiosis: la policía no es nada sin la sociedad y la sociedad no es nada sin la policía. Es verdad y, por esa misma razón, la conexión entre un policía vocacional y la sociedad en la que vive no se circunscribe a un tiempo, o a una etapa histórica concreta, sino que permanece y se va acoplando a las circunstancias. Una vez 17


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instaurada la democracia la Policía española se ha ido especializando en las nuevas realidades delictivas que aparecían y, de todas ellas, merece reseñar aquellas que tienen que ver con la propia democracia. De la misma forma que esta generación de policías, nacidos más de una década después del final de la Guerra Civil, asistieron al nacimiento de la democracia, también fueron testigos de cómo había que proteger a la democracia de sí misma. Hablamos de la corrupción política, sí, la maldita corrupción política. Se atribuye a un historiador inglés, Lord Acton, de finales del siglo XIX, la famosa frase «el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente». Estos tres policías pueden dar fe de ello y, en especial, Diego Martínez, que participó activamente en la investigación de uno de los primeros grandes casos de corrupción de España, el «caso Juan Guerra». Permítanme en este momento que eleve un recuerdo emocionado a quien fue su compañero entonces, en la sección de Policía Judicial que ambos inauguraron en la Audiencia Provincial de Sevilla, José Antonio Vidal. Otro policía, tristemente fallecido a finales de 2024, que no podría haber dedicado su vida a otra cosa que a esta apasionada, arriesgada y sacrificada profesión de la que, en este libro que tiene en sus manos, encontrará una amena compilación de vivencias, sentimientos y anécdotas. «El crimen y la maldad siempre estarán ahí, pero ahí también estarán los policías; esos pestañís, maderos, madams o pasmas, como popularmente somos conocidos; ciudadanos que están fabricados de una pasta 18


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especial pero que, en realidad, somos simples y sencillos seres humanos, falibles e imperfectos como cualquiera, pero colmados de un inmenso espíritu de servicio a la sociedad». Nos necesitamos, los admiramos, los valoramos. Por el valor humano que encierra haber elegido ser Policía.

JAVIER CARABALLO. Periodista: Onda Cero. El Confidencial. Canal Sur. Antena 3.

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El título de esta obra no tiene connotaciones eróticas, sino que se refiere a la desnudez espiritual de una generación de policías. Los autores hacen un recorrido histórico de casi 50 años, narrando hechos sorprendentes, conmovedores, cómicos y críticos. Con franqueza y honestidad, critican actitudes jerárquicas, decisiones políticas y errores administrativos que afectaron el curso de su labor. Su objetivo es documentar la vida de una generación de policías comprometidos con el orden y

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ISBN 979-13-88050-00-8

la justicia en España.

mirahadas.com

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