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Martina y el misterio del cobertizo

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el misterio del y

Martina COBERTIZO

Celia Cobo Fernández

Martina, Granada y una nave supersónica

—¡Cada día que pasa tardo más en subir a mi nave supersónica! —murmuraba Martina mientras terminaba de recoger las cuerdas de la escalera colgante.

Veamos… ¿qué día es hoy?... ¡Recórcholis!... ¡No puede ser! ¡Martes trece!, bonito día para contaros la historia más alucinante que hayáis podido imaginar jamás.

Bien... me presento: soy Martina, M para los amigos, tengo once años y me paso la vida en la nave de la que os ha-

blaba antes. Seguramente ahora mismo os estaréis preguntando sobre qué clase de chaladura habita en mi mente, pero… ¡NOOOOOO! todo a su debido tiempo.

Llegué a esta ciudad hace aproximadamente dos años, aún recuerdo lo mucho que me enfadé cuando llegó mamá y me dijo: «Martina a papá lo han destinado a Granada, nos mudamos el día…».

¿A Graaanaa...qué?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué? —empecé a preguntar estrepitosamente, casi sin respirar y entrecortando a mi madre.

—Martinita, cariño, estoy convencida de lo bien que lo vas a pasar cuando conozcas a tus nuevos compañeros del colegio, no deberías ser siempre tan negativa.

Además, Granada es una ciudad que te va a encantar, puedes estar tranquila, pequeña —me dijo ella con tono amistoso.

—¡Claro, mamá, eso solo lo dices para hacerme sentir mejor! ¿Granada? ¡Qué pesadilla!, pero ¿dónde está esa ciudad? ¡Maldita sea, esto no me puede estar pasando! —dije entre dientes mientras andaba cabizbaja rumbo a mi habitación.

En ese momento cerré de un fuerte golpe la puerta, como si así pudiese deshacerme de toda la rabia y tristeza que invadía mi cuerpo, me tumbé en la cama y comencé a llorar desconsoladamente.

Los días posteriores tras conocer la horrible noticia mejor ni os los cuento, porque como os podréis imaginar no fueron para nada la alegría de la huerta: despedidas, maletas, idas y venidas, discusiones... ¡ aaayy! ¡No quiero ni acordarme! Disculpadme, no es que sea doña dramas… ¡Pero me hacía sentir tan triste…!

Veinticuatro de abril, Villa

Interestellar y un supermercado

Llegó el fatídico día, creo que nunca se me olvidará: 24 de abril, 09:38 de la mañana, año 2024.

Mi padre cerró la puerta del maletero, miró por última vez la casa, suspiró y subió al coche. El viaje se me hizo interminable, pero la verdad es que no quería que terminase nunca, me gustaba pensar que todo esto simplemente era un mal sueño.

Al cabo de seis horas, bueno, eso dijo mi madre, si me preguntáis a mí, os podéis hacer una idea, unas tropecientas, llegamos a nuestro nuevo hogar.

—¿Esta es nuestra nueva casa? —pregunté sorprendida intentando disimular ante mis padres.

—Sí, Martinita, bienvenida a «Villa Interestellar» —contestó papá haciéndome un guiño.

No me gustaba admitirlo en ese momento, pero... era una pasada, era una casa increíblemente grande y estaba rodeada por jardines repletos de árboles y flores. El barrio era residencial y parecía ser bastante tranquilo.

Rápidamente comencé a olismear entusiasmada todo lo que tenía a mi alrededor y sin darme cuenta estaba en un huerto en la parte trasera de la casa, donde pude

ver con mis propios ojos un árbol enorme, pero no un árbol cualquiera, no, ¡un árbol con un cobertizo!, ¡sí!, igual que los que salen en las películas y siempre soñamos tener, ¡pues ahora lo tenía en casa! ¡EN MI CASA! No podía creerlo.

El cobertizo era de madera clara, con grandes tablones, tenía una puerta decorada con unos mosaicos de colores rojizos muy llamativos. El árbol, como os he descrito hace un momento, era muy frondoso y a simple vista estimé que podía medir unos cinco metros de altura.

¡Papáááááá, papáááá!, ¡ven, por favor! —grité.

—No, Martina, ven tú y nos echas una mano a descargar el equipaje, se nos ha echado el tiempo encima. Después estoy contigo para lo que necesites —contestó él.

—¡Buuufffff!, está bien —asentí enfurecida, y volví despacio hasta donde estaba aparcado el coche. Sabía perfectamente que si entraba en guerra por desobedecer en esto terminaría perdiendo.

Tras un par de horas habíamos colocado todo lo imprescindible en casa y empecé a contarles mi nuevo descubrimiento con la intención de volver al patio e investigar aquella casita de las alturas, pero de nuevo todo eran malas noticias: debíamos ir al supermercado porque no teníamos absolutamente nada de comida en casa.

—Mi pequeña Martina, mañana nos enseñas todo lo que quieras, cariño —me dijo papá mientras me daba un tierno beso en la mejilla.

Pusimos rumbo al supermercado. El día fue agotándose sin que nada más in-

Cuando Martina se muda a Granada, pronto descubre que su nueva vida guarda un misterio inesperado. Un enigma en su hogar la impulsa a iniciar una aventura extraordinaria. Con sus nuevos amigos, Laura, Alba y Santi, seguirá una cadena de secretos que los llevará por monumentos mágicos, rincones ocultos y lugares llenos de historia. Entre constelaciones, símbolos y sorprendentes hallazgos, avanzarán paso a paso hacia el extraordinario secreto que esconde el cobertizo.

Valores implícitos

Martina y el misterio del cobertizo nos transmite que la verdadera amistad, el trabajo en equipo y la valentía florecen cuando avanzamos juntos, compartimos ideas y transformamos miedos en confianza.

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