Es complicado, hoy en día, atreverse a sentir. Atreverse a reconocer lo que aflora dentro de nosotros y aceptar que como humanos estamos destinados a ello.
Es aún más complicado comunicar esos sentimientos, por el miedo, la culpa, el rechazo... Y tantas características que podrían definir el temor a la condena del sentir.
Sin embargo, cuando vamos a favor y no en contra, cuando comunicamos, cuando somos conscientes de lo bonito de la emoción, es cuando vemos la luz del sentir.
Lo especial de vivir sin miedo una continua luz sentida.