No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los ávaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los salteadores, tendrán parte en el Reino de Dios, según San Pablo.
«La iglesia vaticana es la obra de una obsesión, … la de un exasesino y enfermo mental que creó su propio dios dogmático, normativo, recaudador y anti-fornicación … y triunfó».
Al final todo sale a la luz