En un vertedero de basura, vivía una simpática lata llamada Renata. Era juguetona y alegre, y soñaba con verse fuera de toda aquella porquería. Pasaba los días jugando con otras latas y una gaviota, hasta que un día llegaron unos hombres recogiendo chatarra. A partir de ese día, la vida de Renata cambiaría para siempre.