y los
Kirilo aviones papel
Rebeca Barberá Martínez
de
Ilustraciones de
Tamara Durán (PATAMALA)
Capítulo 1:
Lo que más me gusta del mundo
Me pasaría horas y horas mirando esos aviones de papel. Su vuelo es perfecto, fruto de unas alas bien dobladas, simétricas y llenas de babas. ¿Os habéis preguntado alguna vez qué sería del mundo sin las babas? Sirven para todo, para borrar, para pegar, para escupir, para hacer pompas…, y si te lo propones, también son de gran utilidad para lavarte los dientes. ¡Son la caña!
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Lo que iba diciendo, no hay cosa más agradable que ver volar a los aviones de papel. A mí la verdad es que no me salen muy bien, me ocurre lo mismo con la peonza, y es que le pongo muchas ganas, pero siempre acaba bailando al revés. Aun así, no pierdo la esperanza y estoy convencido de que algún día seré un experto volador de aviones, el más famoso si cabe. Todo el mundo me conocerá y gritarán al verme «¡Kirilo, Kirilo!, ¿podrías hacernos un avión de papel?». Entonces ahí, yo sacaré mi mejor kirilisonrisa, que es algo así como una risita picarona. Y es que en mi colegio existe mucha afición por los aviones de papel. Vayas por donde vayas, puedes encontrar aviones volando sobre tu cabeza o tropezar, si cabe, con alguna improvisada pista de
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aterrizaje. Todavía recuerdo el primer día en el que un Boing 530 S4, de cartón cromado, aterrizó sobre mis pies; fue además mi primer día de colegio, el mejor día de mi vida. Os diré que los profesores no permiten su vuelo en el centro, están todo el día en modo alerta y han creado grupos de vigilancia para confiscar cualquier avión que no esté pegado a tus manos. Las malas lenguas dicen que existe un baúl enorme, en el cuarto de mantenimiento, lleno de aviones que han sido arrebatados durante el transcurso de los años. En kirilisecreto os diré que existen competiciones importantísimas. La más famosa de todas es la que tiene lugar a final de curso, ya que en ella pueden participar también los hidroaviones, una mezcla entre avión y barquito de papel,
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que pueden aterrizar en el agua y mantenerse flotando unos minutos. Sin menospreciar a las demás, esta es sin duda la mejor competición. Muchos alumnos participan, pero pocos pueden ganar a la seis veces campeona seguida, Zicupeta la Avioneta, una niña de quinto de Primaria, famosa por diseñar avionetas y conseguir que vuelen más de cinco segundos en línea recta. Quizá os preguntaréis por qué me gustan tanto los aviones de papel; os lo diré: es que al lanzarlos sientes un poder especial, un arranque de energía electrizante, el corazón empieza a latirte más fuerte, pones todas tus esperanzas en ese trozo de papel que puede cambiarte la vida. Después sigo su vuelo e imagino dónde podría llevarme, y entonces ahí, amigos, ahí empieza todo…
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Capitulo 2:
Kirilo en la academia de los EVAP —¡Kirilo,
Kirilo! ¡kirilidespiertate ya!, vamos, hijo, que hoy empiezas en la Academia de Expertos Voladores de Aviones de Papel ¡Venga, levántate, lávate los dientes y baja rápido, que están a punto de llegar! —Pero… ¿llegar quién, mamá? No te entiendo… ¿de qué estás hablando? ¿en una academia de qué…? —¡Rápido, hijo, que están a punto de llegar y todavía no has desayunado!
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De repente y sin dilación, tocan a la puerta. Entre los rayos de luz que se cuelan al abrirla, alcanzo a ver la silueta de un señor que viste raro. Lleva un pantalón azul con rayas amarillas, una camisa rosa con unos trazos naranjas como botones, una corbata verde pistacho, unos zapatos rojos y un sombrero verde a conjunto de su corbata. ¿Cómo? ¡Pero si es un dibujo! Es un dibujo pintado con lápices de color. Tiene dos grandes puntos negros como ojos, una nariz puntiaguda y una sonrisa bien marcada que no se le borra al hablar. Mi madre está loca si quiere que me vaya con este señor. ¡Es un dibujo! ¡Tengo que despertar, estoy kiriliteniendo una pesadilla! Cuando creo que voy a despertar tras arduos esfuerzos por mantener los ojos cerrados, vuelvo a mirar hacia la puer-
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ta, y allí sigue bien plantado ese señor tan raro, o dibujo, o no sé, pero sigue ahí esperando mi saludo. Poco a poco y sin prisa alguna, me acerco a comprobar si es realmente un dibujo. Lo miro de arriba a abajo mientras el hombre sigue sonriendo todo el tiempo. Amablemente, me invita a acompañarle, y entonces descubro que mi desconcierto no ha hecho más que comenzar. Todo lo que hay delante de mis ojos es obra de un dibujante de primaria. Hay colores por doquier, dibujos que se abrazan al verse, bocadillos de diálogos y pensamientos, uves voladoras y un cielo azul con un sol que está «más feliz que una perdiz». Sorprendido, sigo mirando todo lo que hay a mi alrededor, que empieza a parecerme cada vez más divertido, y se me escapa una kirilicarca-
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jada al subir en un coche cuya forma se parece más a una figura geométrica que a un vehículo de verdad. Su color es negro y despide un humo que se eleva lentamente a modo de nube de algodón, y que lo hace todo más ilógico si cabe. Una vez dentro del vehículo y con una sensación extraña, me he quedado boquiabierto cuando he descubierto que también mi casa era de papel pintado, igual que todo lo que se iba abriendo paso ante mis ojos. De golpe y porrazo el coche se ha detenido bruscamente. Se trata de dos pegatinas, son dos tipos raros que han cruzado sin mirar. Los miro y me recuerdan a esas pegatinas que venían en los bollos de chocolate. Llevan un aparato de música sobre sus hombros, y no paran de dar volteretas. ¿Os acordáis de esas
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Kirilo es un niño al que le encantan los aviones de papel. Todo a su alrededor gira en torno a ellos.Un día al despertar, descubre que su mundo ha cambiado. Empieza así, una gran aventura que le llevará hasta la Misión Usuguba Basú. ¿Quieres saber de qué se trata? Pues sube volando a este libro y conoce un mundo de fantasía tan real como tu imaginación.Al final del libro también encontrarás unos kiriliconsejos muy kiriliprácticos.
A partir de 8 años
ISBN
babidibulibros.com x xxxxxx
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