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Jimena y la Bruja Pesada

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Prólogo: Una pandemia mágica

Todo comenzó en un tiempo extraño, cuando el mundo entero se quedó quieto. Las calles estaban vacías, los parques cerrados y los balcones se llenaban de canciones. Jimena que apenas tenía tres años, no entendía por qué ya no podía salir con su patinete a jugar con sus primos o a visitar a sus abuelos. Cada día 3


miraba por la ventana con lágrimas en los ojos y preguntaba: —¿Cuándo vamos a salir? Y su papá, que no quería verla triste, decidió que necesitaban algo especial. Así que una noche, antes de dormir, le susurró con misterio: —¿Te conté que hay una brujita que ha venido a quedarse con nosotros? Jimena lo miró con los ojos muy abiertos. —¿Una bruja? —Sí, pero no es una bruja cualquiera. Es la Bruja Pesada. Muy pesada. Se pasa el día fastidiando, molestando y diciendo cosas raras… ¡Y le encanta llamarte chiquirrinchi! Jimena frunció el ceño. —¡Yo no soy chiquirrinchi! —Pues díselo a ella —respondió su 4


papá con una sonrisa traviesa—, aunque te advierto que no se cansa nunca. Y así, de la nada, la Bruja Pesada cobró vida en casa. Aparecía cada vez que Jimena se aburría, susurrando hechizos locos, escondiendo juguetes y haciendo travesuras invisibles. Siempre que Jimena tenía un problema, ahí estaba la Bruja Pesada, junto a sus primas para ayudarla. Así pasaron los días, las semanas y los meses. La casa se llenó de magia, risas y palabras raras, y el encierro se hizo un poquito más fácil. Lo que Jimena no sabía es que, aunque la Bruja Pesada había nacido de la imaginación de su papá, pronto se volvería tan real como cualquier otro recuerdo de su infancia. Y lo mejor de todo… es que nunca más se iría de su lado.

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Capítulo 1: Jimena conoce a la Bruja Pesada

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imena era una niña de tres años de pelo rubio largo y rizado. A Jimena le gustaba mucho jugar con sus muñecas y sus peluches. Una mañana, Jimena estaba jugando en el cuarto de juegos y de repente escuchó una vocecita chillona detrás de ella: —¡Oye, oye, oye! ¡cuidado, que me pisas! 7


Jimena parpadeó y miró a sus muñecas pensando que había hablado alguna de ellas. —¡Eh, chiquirrinchi! ¡Aquí abajo, detrás del oso regordete! Sentada en una silla rosa de la casa de muñecas de Jimena había una diminuta brujita con un sombrero puntiagudo y una capa de estrellas moradas. Tenía las manos en la cintura y el ceño fruncido. —¿Quién eres tú? —preguntó Jimena con voz temblorosa. —Soy Tina, pero todos me llaman Bruja Pesada, pero no entiendo por qué me llaman así —respondió algo extrañada. Jimena estaba algo asustada y algo confundida porque no sabía si era un sueño o era realidad, así que le preguntó 8


a la pequeña bruja si era un sueño todo aquello. En ese momento un remolino de viento rodeó a la Bruja Pesada, y, de repente, aparecieron muchas brujitas a su alrededor, y una de ellas se acercó a Jimena dándole una patada en el dedo gordo del pie. Jimena abrió los ojos como platos. —Como ya te habrás dado cuenta, no es un sueño, jeje. ¡Te presento a mi prima, la Bruja Pegona! —dijo sonriendo—. Y esta es la Bruja Enfadona —dijo señalando a una bruja con el ceño fruncido—. Cuidado con ella que se enfada por todo. —Pues claro que me enfado —gruñó la Bruja Enfadona—. ¿Por qué tardaste tanto en traerme, eh? Jimena se encogió un poquito. 9


—Y está en la Bruja Organizada —continuó la Bruja Pesada ignorando a su prima enfadada. La Bruja Organizada llevaba gafas y una libreta donde apuntaba todo. —Encantada, Jimena. ¿Sabes que tu muñeca está mal envuelta? Mira, si doblas la mantita así… ¡perfecto! Jimena miró su muñeca y luego a la bruja. Era verdad, la mantita estaba mejor ahora. —La Bruja Tímida es aquella que está escondida detrás del oso de peluche y… Antes de que pudiera terminar, dando una voltereta en el aire, con un vestido de lentejuelas, un sombrero lleno de plumas y una sonrisa radiante, apareció la Bruja Extrovertida. —¡Hola, chinorris!, ¡vaya suerte tienes de conocernos! 10


Jimena sintió ganas de esconderse, pero también de reírse. —No me llamo chinorris… —¿Ah, no? Bueno, ya lo decidiré luego —dijo la Bruja Extrovertida, guiñándole un ojo. —Bueno…, sigo con las presentaciones —dijo la Bruja Pesada, apoyando la cara en una mano y suspirando dramáticamente. —Aquella que está preparando los juegos, es la Bruja Juguetona. La que está a su lado bostezando es la Bruja Aburrida, la que se está quejando de los juegos es la Bruja Tiquismiquis, y la que está buscándonos en el cuarto de baño es la Bruja Despistada. De repente, se escuchó un ¡BOOM! tan fuerte que todos se dieron la vuelta. De entre la nube de humo y chispas mo11


radas apareció una brujita con risa traviesa y pelo desordenado, que tenía en las manos lo que parecía ser un petardo a medio explotar. Pero antes de que pudieran reaccionar, un chorro de espuma verde cayó del techo cubriendo a la Bruja Enfadona hasta las cejas. —¡Oh, lo siento! —dijo una voz cantarina, mientras una brujita con una capa de chistes y una nariz de payaso saltaba por encima de todos, como si nada. —¡Ahh, y estas son Traviesa y Bromista! —dijo la Bruja Pesada con cara de fastidio, pero sin poder evitar una leve sonrisa. Jimena miró a todas las brujas. Eran raras, ruidosas y un poco alborotadas… pero había algo en ellas que le hacía sen12


tir que, por primera vez, no tenía ganas de esconderse. Y así es como comenzó la historia de Jimena, la Bruja Pesada y sus primas.

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ISBN 979-13-88436-1

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Suricatos

791388

436154


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Jimena y la Bruja Pesada by BABIDI-BÚ - Issuu