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Intimidades del silencio

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Intimidades del silencio Ángel Ramírez


I

Te presento lo más íntimo del silencio, un sin adorno de la sustancia hablada, un doctísimo tesoro de la lengua quieta. Te presento a una península fonética que conversa con el discurso de la conciencia. Te presento el peso de una frase fugándose del cielo, el prólogo de un desnudo terreno imantado con el poder de la luna, aquel veloz vaivén de un minuto de gracia cuyo misterioso albedrío es una queja. Todo es una reserva del hombre que piensa 3


Ángel Ramírez

en una muda relación con la virtud, sin importar la fatiga del deleite. Te presento la otra cara del color, la animada avenida de lo quieto, al menos, un concierto menos marchito de un mancebo varón del camino; al menos, el hado de su noche oscura. Te presento la astucia de Penélope como el más digno escudo ante la ignominia. Te presento el beneficio de un ojo cerrado acusando la mirada llorosa de un vientre roto. Y es que defendernos del clavo reclinado puede admitir la flagelación del silencio. Te presento al piloto de la comprensión: el que maneja la nave de la prudencia, el que despega del próspero ingenio y aterriza en el parabién de la boca cerrada.

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II

Hoy quiero alternar lo íntimo de mi silencio con la magia de un campo de flores blancas, alternar con un sol sediento de agua en un crispado surco húmedo. Los caños de aquel vientre zurcido agazapan sus naturales ruidos oscuros, pues saben el temple del visitante silencioso. El rostro de la tierra es fascinante cuando ve a la opinión de la flor revaluarse con el aire. ¿Qué quiero conseguir con esto? ¿Demostrar que el silencio es hijo de la tierra? 5


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¿Encarar el vaivén del entusiasmo del sonido? Nada de eso, solo quiero reencontrar a dos viejos amigos, poner margen a las pasiones del planeta, narrar menos páginas de un Mediterráneo turbio, dar descanso a mi paciencia subyugada, inspirarme sin órdenes estéticos, imitar la doctrina de un jardín, aprender el idioma de una flor blanca. Solo quiero demorar el tiempo intentando la felicidad del faro, fabular en torno a la sonrisa para sentenciar mi cábala de hombre común. En fin, alternar con el libro del alma en un contexto infinito de paz.

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III

El silencio es mi pasión desmedida, es el amor de mi cosmopolita mundo. El silencio no me descompone ni con el hormigueo transgresor de la palabra, más bien es el delirio que me abraza con la felicidad que da la indiferencia. El silencio me revela la marejada de un trozo de tiempo, me somete con su éxtasis, me conduce por su misterio. Las intimidades del silencio son distintas, nadie puede someterlas a la copia. 7


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Su sensibilidad es muda, esto es cierto, pero su aspiración es poética. Lo profundo del silencio se resuelve en la pluralidad de su semiótico intento, leyéndonos el libro de las verdades y borrándonos el capítulo de la ofensa. El reino del silencio es extremo porque su verdugo es la emoción y su miseria la lógica. Con el silencio siento que resucito porque me ofrece una lección de piedad.

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IV

Arrojar el silencio sobre las almas pútridas puede ser una forma de torear al mal. ¡Aprendemos con mano de hierro! Si la luz se desvía es porque la distrajo la extraña prosapia de un ciego. Bajo las nubes se escurren los carneros, bajo el agua se encorvan los huesos; que nadie oculte la pezuña del rencor, que nadie escurra las hediondeces del enojo. Ya por el tejado viene caminando el silencio santo; 9


Ángel Ramírez

quien tenga que pagar: riegue la hierba; quien quiera tripular la infamia: que se aleje cabalgando palmeras; quien quiera golpear la mesa: que se quite el sombrero, porque al silencio no le importa ni la cola del diablo.

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V

Cuánto quisiera que el silencio no muriera. El silencio debe ser inmortal. Un lujo en la casa del tiempo entre limoneros de lluvia. El ruido que ahuyenta la liebre y desova en su empuje al otro yo de mis adentros. Si el silencio muere, el ruido sería un hereje amargado. Si el silencio muere, una patena hecha de viento viviría huyendo de la jauría fonológica. 11


El pensamiento de Ramírez Velásquez en torno al silencio, como segundo poder del mundo, nos conduce todo el tiempo en un intento de definición de este en un contexto infinito de paz. Desde la presentación hasta el final, se siente la seducción de un rostro pensativo y el lenguaje de una conciencia en trance. Quince partes de un varón del camino sin descartar las relaciones con el sonido, la vida misma, la comprensión, la prudencia y el ingenio. Entre palabras, el poeta desea dar descanso a la paciencia y refugiarse en el idioma de una flor blanca. Poco a poco se va planteando el problema de la sensibilidad del silencio borrando el capítulo de la ofensa. Hacia el final, Ramírez Velásquez nos baña con un cielo figurado en donde el silencio es la

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ISBN 978-84-19339-23-2

ilusión de una cruz que no tiene fin.

mirahadas.com

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