Begoña Lisón ilustrado por: Cristina Velado Conde
TRILOGÍA
Hugo, Naya
y el medioambiente Hugo y Naya viajan a la ciudad
Los nuevos amigos de Hugo y Naya
Érase
una vez una ardilla llamada Naya, que vivía con su familia en un bosque cerca de las montañas donde habitaban muchos animales, entre estos, un castor llamado Hugo, que era su mejor amigo. Les encantaba escuchar las historias del abuelo Castor, que es el 3
abuelo de Hugo. Este era muy mayor, y les contaba las aventuras que había vivido cuando fue a conocer el mundo de los humanos, que estuvo en una ciudad grande en la que había mucha gente, y donde hizo grandes amigos. Un día les contó que algunos humanos tiraban cosas a los ríos, ensuciándolos, y le preocupaba que las aguas se contaminaran con las basuras. Le chocó también que estos se desplazaran de un lugar a otro en carros conducidos por caballos. —Un día, casi me atropelló uno —dijo el abuelo Castor. —¿Por qué volviste a las montañas, abuelo? 4
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—Comprendí que esa vida no era para mí, y decidí volver a casa, a mis montañas, donde la vida era tranquila, los ríos y el aire no están contaminados como en la ciudad con humos de las chimeneas de las casas y de unos edificios a los que llamaban «fábricas». Hugo y Naya, que siempre lo escuchaban muy atentos, preguntaron: —¿Crees qué habrá cambiado la ciudad de los humanos? —No lo sé, pero ahora soy muy mayor para comprobarlo. A Naya, que le encantaba ir al río y mirar cómo construían los castores las presas con los troncos de los árboles y escuchar los relatos del abuelo 6
Castor, le picó la curiosidad, y pensó que podrían viajar a la ciudad. Un día en el que estaban sentados a la orilla del río, Naya le preguntó: —¿Quieres que vayamos a la ciudad que está en el mundo de los humanos para ver si ha cambiado y comprobar todo lo que nos ha dicho tu abuelo? —Sí, sí —contestó Hugo, a quien también le picaba la curiosidad. Al comenzar la primavera comunicaron a sus familias la intención de irse de viaje a la ciudad del mundo de los humanos. El abuelo Castor les dio muchos consejos, y sus papás les prepararon comida para el camino. 7
Al cabo de unos días, emprendieron el viaje, y todos salieron a despedirlos. Iban tan contentos hablando y cantando que, sin darse cuenta, comenzó a hacerse de noche, y decidieron cobijarse debajo de un árbol, se sentaron y sacaron la comida que les habían preparado sus papás. —¡Tengo hambre! —dijo Hugo. —¡Y yo! —respondió Naya. Al comenzar a comer, escucharon una voz que les gritó: —¡Eh, vosotros! ¿Quiénes sois y qué hacéis debajo de mi árbol? Asustados, miraban por todos lados, no viendo a nadie. —¿Será un fantasma? —comentó Naya. 8
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Hugo temblaba de miedo. Viéndolos tan asustados, el animalito decidió presentarse: —Mirad hacia arriba del árbol —dijo y los saludó—. ¡Hola! Soy un búho, pero nadie me ha puesto nombre, así que para vosotros seré el señor Búho. —¡De acuerdo! —contestaron mirando hacia la rama del árbol dónde estaba el búho. Después de conocerlo, se quedaron más tranquilos, y le invitaron a cenar presentándose: —Me llamo Naya y soy una ardilla. —Yo, Hugo, y soy un castor. —Me alegro de conoceros —dijo el señor Búho—. ¿A dónde vais y de dónde venís? 10
—Queríamos ir a la ciudad. El abuelo Castor estuvo allí y nos contó muchas historias, nos picó la curiosidad y decidimos conocerla, porque queríamos saber si había cambiado. —A la vuelta me contáis lo que habéis visto, pues cuando despertéis, estaré dormido; vigilaré toda la noche para que no os pase nada —dijo el señor Búho. —Buenas noches —contestaron los dos a la vez. Estaban tan cansados que sus ojitos comenzaron a cerrarse y se durmieron tranquilos, sabiendo que el señor Búho velaba por ellos. Al día siguiente, y sin hacer ruido, se pusieron en marcha; el señor Búho ya dormía, tenía los ojitos cerrados. 11
Por el camino iban jugando, cantando y cogiendo flores. El tiempo pasó tan rápido que nuevamente volvió a hacerse de noche. Decidieron descansar en una pradera cerca del río, y al disponerse a cenar, escucharon una voz que les dijo: —¡Hola, mi nombre es Veloz y soy una liebre! Al oírla se asustaron, pensaban que no encontrarían a nadie por ahí. Veloz se puso a su lado y les preguntó: —¿Qué hacéis por aquí y a dónde vais, no os había visto antes? Antes de responder, decidieron presentarse: —Me llamo Naya y soy una ardilla. —Yo, Hugo, y soy un castor. Hemos 12
venido a conocer la ciudad que está en el mundo de los humanos, mi abuelo estuvo allí y nos contó muchas historias. —¿Pensáis pasar la noche aquí? —les volvió a preguntar. —¡Sí, sí! —respondieron. —¿Queréis venir a mi casa? —les invitó Veloz y después les advirtió—: Aquí corréis peligro, algún animal grande os puede hacer daño por la noche. —Gracias, Veloz, por ofrecernos tu casa y avisarnos de los peligros que hay en la pradera. Por supuesto que iremos. Se levantaron, recogieron sus mochilas y se pusieron en camino. Cuando llegaron a casa de Veloz, Hugo preguntó: 13
“Hugo, Naya y el medioambiente”, es una colección de varios libros. En este cuento, Hugo, que es un castor, y su amiga Naya, que es una ardilla, escuchan todas las mañanas las historias que el abuelo de Hugo les contaba de cuando fue a la ciudad. El abuelo Castor les comentó que había hecho muchos amigos y que le hubiera gustado continuar en la ciudad, pero comenzó a contaminarse debido a la industria, así que decidió volver a sus montañas, donde el aire y los ríos eran puros y limpios. Hugo y Naya, llenos de curiosidad, deciden emprender un viaje a la ciudad, que resultó ser toda una aventura; allí conocieron a Unai, un niño humano, cuyo papá se preocupaba de cuidar el medioambiente. ¿Quieres acompañar a Hugo y Naya en su aventura? Valores Implícitos La Tierra está enferma por culpa de los residuos y la contaminación ambiental. Debemos cuidarla para poder sanarla, pues así también mejorará nuestra salud.
ISBN 978-84-18649-12-7
9 788418
649127