El Origen de Fosquito Fosforito
De los cuatro gatos de la camada Fosquito Fosforito
es el más delgado. Arrierita Durazno, Forro Ceporro, y Fatuo Cobrizo, su hermana y sus dos hermanos, no es que sean gatos gordos, pero él siempre ha sido el más delgado, y cuando decimos delgado queremos decir el más pequeño de los cuatro, pero hay un porqué. Fosquito Fosforito no es un gato normal, una gran mancha en zigzag le confiere la forma abstracta de un rayo, un rayo que recorre la mitad de su cara, un rayo de color gris claro y que al contacto con la luz del sol se transforma en verde, desde la base de la oreja izquierda hasta la mitad del hocico subrayándolo como si se tratara de un pequeño bigote. Y justo ese, ni más ni menos, es el tamaño exacto de su mancha en forma de rayo. Fosquito Fosforito nació un 25 de mayo, en las primeras horas de la mañana. Al instante de nacer, las primeras luces del día se posaron sobre su rostro. Ese primer contacto con la vida le otorgó el apodo de Fos13
forito. Lo de Fosquito, en cambio, se debe a su lugar preferido para dormir: una caja de color rojo y amarillo. Esta caja aún conservaba un dulce olor a bizcocho, crema y chocolate de los pasteles que alguna vez contuvo, listos para ser devorados y que él transporta a modo de perfume corporal. La mancha en forma de rayo y el lugar donde duerme, su cama, definen claramente su nombre. Y es que ese nombre, el verdadero, el gatuno —o como a ellos les gusta denominarlo, Cattunom, que viene a ser la contracción de algo así como Cattus Nomen Eius—, y es que el nombre real de un gato no se compone de palabras sueltas sin más. ¡Qué va! Es toda una descripción, una especie de etiqueta completa, de DNI, que encapsula la esencia de los gatos, por eso es tan importante. Este tipo de «etiquetas completas», formadas en su mayoría por dos palabras que juntas nombran a alguien, es lo que los gatos con más experiencia en gramática llaman «sintagma nominal». Pues bien, ese Cattunom, ese sintagma nominal tan personal, es el tesoro mejor guardado de un gato, mucho más que su olor, su pelaje o sus gustos por los ovillos de lana. ¡Es su nombre secreto de gato! Secreto para los humanos, no para el resto de animales. Así que ya sabes por qué cuando llamas a tu gato o gata, nunca viene (o al menos, se hace el despistado).
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Otro de los grandes secretos de nuestros amigos gatunos es su amor por el aroma a bizcocho, después del olor intenso a pescado, es el mejor perfume que un gato puede oler o incluso palpar con sus bigotes tensos, pero hay que tener cuidado, porque son estos bigotes tensos los que les informan de cualquier cambio en la receta que varía ese aroma y textura incomparable. Así que parad un segundo de leer e imaginad un gran bizcocho relleno de pescado, esponjoso, sobre un plato llano, mostrando en todo su esplendor ese bizcocho relleno de pescado o como se conoce comúnmente en el mundo gatuno «Pudin de Miau». ¿Puede haber manjar más deseado para cualquiera de nuestros amigos gatunos? Yo que los conozco de manera profunda puedo decir con total seguridad que no, así que ya sabéis, si queréis conquistar el paladar de vuestros michis felinos nada mejor que un recién hecho y apetitoso Pudin de Miau. Fosquito Fosforito fue el primero en nacer de sus cuatro hermanos, y aun así su cuerpo es el más delgado y pequeño. Al mirarlo, aun siendo un gato joven, vemos un cuerpo largo de patas curvas que se detienen en unas pequeñas almohadilladas que esconden su arma secreta, sus uñas. Según cuenta su madre, en las noches de lluvia en las que se reúnen él y sus tres hermanos alrededor del calor de la chimenea, el parto de la camada fue largo y él, al nacer el primero, Fosquito Fosforito, 15
tuvo que esperar a alimentarse hasta que nacieran sus hermanos, así que agazapado en el vientre de su madre, con el calor que desprende y la suavidad de su pelaje, esperó plácidamente a que el resto llegara, escuchando el rugir de su estómago con la felicidad de conocer quiénes iban a ser a partir de ahora y durante el resto de sus vidas sus hermanos, una espera en la que durmió y en la que ya soñó con ser el gato que un día llegará a ser. A Fosquito Fosforito ser el más pequeño nunca le impide ser el más luchador a la hora de conseguir la mejor tajada, la arena más clara y la más limpia, jugar más horas o ganar. Competir le encanta y ganar es la parte más divertida. Pasado ya algún tiempo, y con la edad gatuna de seis meses de edad, Fosquito Fosforito ya es el primero en deshacer ovillos y en llegar a lo más alto de las cortinas con sus afiladas uñas, en seguir ágilmente a su madre hasta el respaldo del sofá de pana verde con apoyabrazos anchos como patas de león de madera caoba del salón de la casa. Mientras Fosquito Fosforito busca retos, nuevas aventuras hogareñas, sus hermanos buscan sitios incómodos en los que pasar la tarde sin hacer absolutamente nada o simplemente maullar de aburrimiento, lo cual detesta, no le gusta en absoluto; y ese tesón hace que su madre le adore. A la madre de Fosquito Fosforito le gusta mucho ver cómo su hijo se esfuerza por ser el más fuerte y el más
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astuto, y cómo ese esfuerzo en su pequeño cuerpo de gato le tensa hasta erizar su lomo, su lugar preferido y que siempre muestra a la hora de ser acariciado. Aunque la madre de Fosquito Fosforito se esfuerce en recordar, nunca antes, ni siquiera el más lejano pariente, el gato más antiguo de los que ella pueda recordar, le recuerdan en lo más mínimo a su pequeño. La madre de Fosquito Fosforito es una gata blanca de figura esbelta, ojos verdes y largos bigotes, con una mancha violeta con forma de estrella perfilada con la precisión del pincel de Leonardo Da Vinci en su huesudo lomo. Si aún no conocéis a Leonardo Da Vinci solo deciros que este amigo de los gatos fue uno de los pintores, anatomista, arquitecto, paleontólogo, botánico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista más famoso de la historia, y su amor por los gatos fue tan grande que incluso llegó a decir que «El felino más pequeño es una obra maestra». Además de que se conservan numerosos bocetos y dibujos de Leonardo donde se representan gatos en diferentes posturas y actitudes, mostrando su interés por capturar su belleza y movimientos. Lo que está claro es que seguro que Da Vinci sabía algo de los gatos que el resto no, ¿sería su Cattunom su amor por el Pudin de Miau? Y que si había alguien que pudiera perfilar la estrella en el 17
lomo de la madre de Fosquito no podría ser otro que el mismísimo Da Vinci. Fosquito ama observar a su madre para aprender y a su madre le encanta observar cómo él consigue poco a poco todo aquello que se propone, desde lo más simple, como lamerse las orejas, afilarse las uñas con los viejos cojines del sofá con estampados de flores tan reales que si los miras fijamente te entran ganas de estornudar, hasta cosas tan complejas como abrir picaportes, concretamente el de una de las puertas de la casa, la puerta baja de color marrón oscuro que da a la alacena, un lugar repleto de latas de comida húmeda, con unas estanterías viejas y ruidosas, pero que no solo almacenan comida sino olores deliciosos. A Fosquito Fosforito le encanta ver cómo su madre le observa, le encanta escuchar su voz cada vez que le llama para contarle una cosa, para lamerle los bigotes con tanto amor que parecería que estuvieran impregnados de aceite de sardina. Cada vez que consigue hacer algo nuevo, cada vez que aprende algo y lo muestra con el cariño y la pasión con que lo hace todo, su madre se lo recompensa. Que una madre le lama los bigotes a su hijo es el mayor de los premios, la medalla de oro del amor gatuno. La madre de Fosquito Fosforito, antes de que se nos olvide, se llamaba Angorina Fugaz. No hace falta decir que su
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pelaje y el hecho de haber nacido en una noche de estrellas fugaces le otorgó, merecidamente, su Cattunom. A Fosquito Fosforito el Cattunom de su madre le parece el más bonito que ha escuchado nunca, aunque también es verdad que tampoco conoce muchos: el suyo, el de sus hermanos y el de su madre; en total cinco.
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ISBN 979-13-87982-20-1
9 791387
Suricatos
982201