El tesoro del tenedor rosa y otras aventuras de piratas Crónicas de Puerto Corsario Volumen 2 Antonio Sánchez Serrano
Ilustraciones de Ernesto Rodríguez
El tesoro del tenedor rosa
Esta historia empieza con nuestros amigos
piratas comiendo pollo en Puerto Corsario. Estaban Juan Sinojo, Chester y Ben De Sastre, Pepe, María y Diego, invitado por María. Estaban todos muy contentos y disfrutando de ese tiempo juntos. En un momento dado, Juan Sinojo dijo a Pepe: —Pepe, te gusta tanto el pollo que creo que te vas a comer hasta los huesos, como las hienas. —Y luego harás caca blanca, como ellas —añadió Ben De Sastre.
Todos se rieron felices, incluido Diego, aunque interiormente estaba preocupado de que el almirante Penumbroso pudiera descubrir que estaba con piratas en su tiempo libre. Al final de la comida, cuando Pepe ya no podía ni respirar porque había comido demasiado pollo, Juan Sinojo se acercó a Chester De Sastre, su segundo de a bordo, a hablar de algo importante con él. —¿Sabes, Chester? Este ha sido nuestro último tesoro. Ahora mismo, no tenemos ningún otro mapa del tesoro. Me preocupa que no vamos a tener nada que hacer en las próximas semanas. —Creo que esta es la ocasión apropiada para confiarte un secreto de mi familia. Y, de paso, darnos una excusa para nuestra siguiente aventura —le respondió Chester de una manera totalmente inesperada. Juan Sinojo no entendía nada y le dijo: —¿Qué estás diciendo? ¿Un secreto en tu familia? ¿Qué tipo de secreto?
En ese instante, Ben De Sastre les interrumpió a todos: —¡Silencio, mi hermano Chester os va a contar una leyenda muy importante! Ben De Sastre era un hombre de pocas palabras y que apenas hablaba, pero cuando hablaba, todos se callaban y escuchaban con atención. Su hermano Chester entonces empezó a hablar: —Os voy a contar la leyenda de la princesa y el tenedor rosa. Y esto es lo que les contó: «Hace muchos años vivía una princesa en un castillo muy lejano junto a sus padres, los reyes, y su hermano. Esta princesa era especial porque solo comía usando una cuchara, un tenedor y un cuchillo rosas. Si no los tenía con ella, no comía nada. Un día una bruja malvada, que quería hacer daño al rey, preparó una ráfaga de aire, que entró por una ventana del castillo y se llevó el tenedor rosa volando por otra ventana.
La princesa se puso muy triste cuando vio que no tenía su tenedor rosa, y se negó a comer. Como resultado, solo comía con las manos o sopa con su cuchara rosa. Toda la vida y la alegría que había antes en el castillo desapareció poco a poco. Una densa capa de tristeza lo cubrió todo, y el castillo cayó en el olvido. El hermano de la princesa decidió salir a buscar el tenedor rosa, y le prometió a su hermana que volvería al castillo con él. Sin embargo, nunca más se supo más de él, aunque la leyenda dice que averiguó dónde estaba el tenedor rosa, pero no pudo regresar. Antes de desaparecer para siempre, el hermano de la princesa hizo cinco mapas con la ubicación del tenedor rosa, y se los mandó a los cinco caballeros más valientes que había entonces. Uno de estos caballeros era Rigoberto De Sastre, nuestro abuelo. Mientras tanto, la princesa sigue vagando por el castillo, que ahora está encantado, esperando a que su hermano regrese con el
tenedor rosa. Por las noches, se la puede escuchar llorando por las enormes habitaciones, vacías y decrépitas, del castillo». Todos escucharon esta historia con gran atención, y en cuanto hubo acabado Chester De Sastre de contarla, se levantaron dos hombres que estaban en la mesa de al lado, y descubrieron sus caras (pues hasta entonces habían estado con la capucha puesta). ¡Eran Felipe y Tomás, que les habían estado espiando! Felipe les dio una orden muy clara: —¡Dadnos inmediatamente ese mapa! El almirante Penumbroso se pondrá muy contento cuando se lo llevemos. Juan Sinojo les habló a sus hombres en el código secreto que tenían para este tipo de situaciones: «Jeden, dva, triiiii». Al decir eso, salieron todos corriendo del restaurante. Diego estaba totalmente confundido y no sabía qué hacer, si correr con los piratas o con los soldados. Finalmente, Felipe le dijo que persiguiese a los soldados, y así lo hizo.
Pepe era el único que iba protestando por el camino: —La verdad, Juan, es que no sé si prefiero las mazmorras de la fortaleza o ir en busca de ese tesoro tan peligroso. Tengo mis dudas, Juan. ¿Podemos volver a hablar del tema? María se dio cuenta de que no iba a tener tiempo para despedirse de Diego, y le iba lanzando besos a la carrera. Diego, confundido, dejó pronto de correr. Felipe se paró al poco tiempo, cansado y tratando de coger aire mientras decía: —Ay, ay, ay, que ya no corro como cuando era joven, ay, ay, ay… Tomás vio que era el único que seguía corriendo, y pronto se paró. A fin de cuentas, no iba a poder reducir él solo a tantos piratas. En cuanto los piratas subieron al barco, prepararon todo rápidamente y se hicieron a la mar, antes de que el almirante Penumbroso pudiera mandar más soldados a quitarles el mapa del tenedor rosa.
Chester De Sastre les dijo que, según el mapa, debían navegar hacia el norte, hasta llegar a una bahía muy profunda. Allí tendrían que bajar del barco en una pequeña playa, junto a la desembocadura de un río, y andar un poco hasta llegar al escondite donde la bruja malvada podría esconder el tenedor rosa. El mapa también les advertía de que el escondite de la bruja malvada estaba custodiado por varios osos grizzly, que eran particularmente fieros y grandes. Sin embargo, Juan Sinojo sabía qué hacer en caso de encontrarse con un oso grizzly, y les dijo: —No temáis. A los osos les encantan los dulces. Llevaremos miel y azúcar con nosotros, y si nos encontramos con uno de esos osos gigantes, se la tiraremos para que se la coma y nos deje a nosotros en paz. Tras varios días de viaje hacia el norte y de pasar más y más frío, llegaron un día a la bahía que señalaba el mapa. María iba en lo más alto
del mástil, intentando adivinar dónde estaba la desembocadura del río que señalaba el lugar donde se encontraba el tenedor rosa. Pronto vio la pequeña playa y bajaron todos del barco. Les llamó la atención que hubiera una pequeña barca en la orilla. Juan Sinojo les pidió a todos extremar las precauciones, por si se encontraban con otra tripulación de piratas buscando el mismo tesoro. Los piratas podían volverse muy hostiles cuando otros venían a buscar su tesoro. Así emprendieron el camino, con Pepe quejándose como habitualmente: —No sé, Juan, este bosque me da mala espina, quizá pasar unos pocos días en las mazmorras de la fortaleza no era tan mala idea, después de todo... Como estaban acostumbrados a las quejas de Pepe, siguieron su marcha sin hacerle mucho caso. Al poco tiempo, empezaron a escuchar unos gritos que provenían del bosque. Quien-
quiera que estuviera gritando se estaba acercando más y más... De entre los árboles, apareció un pirata con grandes músculos corriendo. Detrás de él, venía un oso grizzly gigantesco, enorme y con unos grandes dientes amenazadores. Se dirigían los dos hacia ellos a gran velocidad y pronto iban a chocarse. Juan Sinojo dio enseguida la orden a su tripulación: —¡Tirad los dulces a vuestra izquierda, o el oso nos atropellará a todos! Todos tiraron la bolsa con miel y azúcar, tal y como Juan Sinojo les había dicho, excepto Pepe, que había decidido guardarla para más adelante. El oso grizzly enseguida olió los dulces y se dirigió hacia las bolsas, sin hacer mucho caso a los piratas. Estos se alejaron corriendo de allí para ponerse a salvo del oso grizzly. Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos, el pirata se presentó a sus salvadores:
—Muchas gracias por salvarme, ese oso grizzly estaba a punto de cogerme. Me llamo Bernardo Larfuerte, pero todo el mundo me llama Fortachón, porque soy muy fuerte. Y era cierto, tenía unos músculos enormes en los brazos. Juan Sinojo, como capitán, fue el primero en contestarle: —Ha sido un placer, es importante que nos ayudemos entre piratas cuando estamos en dificultades. Yo soy Juan Sinojo, capitán de «El Unicornio Pirata», y esta es mi tripulación: Chester y Ben De Sastre, María y Pepe. Fortachón saludó a todos uno a uno, y se volvió con gesto serio a Juan Sinojo: —Como capitán pirata, sabes que, según el código pirata, ahora paso a formar parte de tu tripulación. Es lo justo por haberme salvado la vida. Juan Sinojo no estaba del todo satisfecho con la idea, y le dijo: —En efecto, conozco el código pirata. Sin embargo, estamos aquí buscando un te-
soro muy importante y no podemos entretenernos. Te libero de tu obligación. —¿También estáis buscando el tesoro del tenedor rosa? Yo llegué aquí ayer, solo, porque mis amigos piratas se asustaron y decidieron salir de aquí sin esperarme. Yo fui el único valiente que bajó del barco a tierra firme. Viendo la cobardía de mis compañeros piratas, la verdad que no tengo muchas ganas de volver a ese barco —respondió Fortachón con una sonrisa. Incumplir el código pirata no estaba muy bien visto dentro de la comunidad pirata, y Juan Sinojo pensó que, después de todo, tampoco les vendría mal otro hombre en el barco. Además, con lo fuerte que era, podían necesitar su ayuda ahora que iban a enfrentarse a la bruja malvada. Y entonces, en vista de todo esto, le respondió a Fortachón: —Bienvenido a «El Unicornio Pirata». Espero que te sientas aquí como en casa, todos estamos juntos en esto y formamos un equipo.
Sin más formalidades, siguieron andando por el bosque y llegaron pronto a la entrada de una cueva. Pero no iba a ser tan fácil. Chester De Sastre les advirtió: —Según el mapa y lo que escribió el hermano de la princesa, no va a ser fácil llegar hasta el tenedor rosa. Habrá que superar unas pruebas muy difíciles, que pondrán a prueba nuestras habilidades. Cogieron unas antorchas y entraron en la cueva. Allí se encontraron en una sala grande, con una serie de baldosas en el suelo, cada una de ellas con una letra. Chester leyó en el mapa: —«Solo el que camine sobre el nombre de la princesa podrá pasar a la siguiente sala». La pregunta se la hicieron todos al mismo tiempo, y fue Ben De Sastre quien la formuló primero: —¿Cómo se llamaba la princesa de la leyenda del tenedor rosa?
El capitán pirata Juan Sinojo y su tripulación se han quedado sin tesoros que buscar, y se aburren en Puerto Corsario. Hasta que Chester De Sastre les habla del tesoro del tenedor rosa, un secreto que ha pasado de generación en generación en su familia. Los piratas se lanzan a esta aventura, que les llevará hasta misteriosos y peligrosos lugares, donde conocerán personajes interesantísimos. Y es solo el principio de todas las aventuras que se suceden a continuación. En sus nuevas aventuras, la tripulación de El Unicornio Pirata y los soldados ingleses, encargados de vigilarles, además lucharán contra la maldición del tesoro del Capitán Black, partirán a la búsqueda de la ciudad secreta de El Dorado, necesitarán la ayuda de la estrella del norte para poder regresar a casa, y se enfrentarán al peligroso brujo Calzoncillo en la Cabeza.
VALORES IMPLÍCITOS: A través de estas aventuras de piratas, se muestra la importancia que tienen el respeto y el trabajo en equipo para conseguir un fin común, estando siempre dispuestos a ayudar a los demás, sin importar su condición o lo que hayan hecho antes. Además, se resaltan valores relativos a la capacidad de perdonar y a la empatía, mientras que se muestra el lado negativo de la codicia y la envidia.
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R CU IO ISBN 978-84-19339-60-7
A partir de 10 años babidibulibros.com
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