Había una vez un niño que se pasaba todo el día pensando en ir a la Luna. No pensaba en otra cosa, era lo que más quería del mundo.
Un día estaba sentado en un banco, mirando a la Luna y pensando cómo podía ir.
—Ya sé... Voy a coger muchos globos en la mano, y así seguro que podré llegar a la Luna en un periquete —dijo el niño.
Y de repente escucha una voz que le dice…
Pero ¡cómo vas a ir así a la Luna!... Así no se puede.