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El duelo elegante

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EL DUELO ELEGANTE ALBA. G

PRÓLOGO

Cuando Alba me propone escribir este prólogo yo también estoy en duelo. El dolor compartido nos alegra, nos alivia la coincidencia. Confluimos en esta vivencia junto a millones de personas y animales en el planeta y nos sentimos dolientes afortunadas. El dolor señala nuestro vínculo, el misterio de la existencia.

Estar vivas conlleva un Duelo constante, pérdidas grandes y pequeñas, inherentes al vivir. Somos seres sintientes y sensibles que nos vinculamos con objetos, ideas y personas, dependemos de «otro» para encontrar sentido, pensarnos y sentirnos. No hay un «yo» sin un «tú», sin un «nosotras».

«El dolor es hecho inevitable para quien, siendo valiente, decide atreverse a vivir».

EL DUELO DUELE

¿Cómo no va a doler perder lo que amamos, deseamos, necesitamos?

Duele emocional, física y espiritualmente.

Resquebraja nuestro sentimiento de seguridad y permanencia, desvirtúa la narración de nuestra historia, destruye los proyectos de futuro, amenaza a la identidad y al sentido de nuestra existencia. Redimensiona, a menudo, el valor de lo que tuvimos y ya no está.

Duele tanto como la importancia que ha tenido en nuestra vida el vínculo con lo perdido.

Este dolor nos deja ateridas, vulnerables, aterradas ante lo inevitable. En una noche oscura donde el temor, casi vaticinio, es no ver ya más la luz: que nunca amanezca.

El duelo duele. ¡Cómo no va a doler!

Duele porque estamos vivas y algo se ha roto, ha caído o se ha muerto, porque no queremos separarnos de lo perdido. Duele porque escucho el murmullo «sin ti no soy nada» y me asusta ser sin ti.

«Porque aquí abajo ¿Quién sabe respirar?».

Duele tanto que ¡cómo no luchar y a la vez protegernos de este dolor!

EL DUELO ES UN PROCESO

Alba escoge el modelo de Elisabeth Kübler-Ross para estructurar su poemario.

La propuesta de esta autora tuvo y sigue teniendo un gran impacto en la comunidad psicológica y en la población en general. Es un referente cultural para entender, sostener y acompañar la experiencia del duelo.

Da permiso para sentir las emociones y los sentimientos que surgen, muchas veces negados, banalizados o penalizados. Nombra y valida la tristeza, la culpa y la ira. Da permiso para dolerse, para atender el impacto, pero también para la desesperación, la despersonalización, la desrealización, la desintegración… Tantos «des» que acompañan al duelo. Normaliza y explica las estrategias de afrontamiento ante el dolor en las fases que plantea: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Pero, sobre todo, nos habla de proceso: un tránsito ineludible que se prolonga en el tiempo, necesario para elaborar la pérdida, integrar lo vivido y reconstruir lo que se hizo pedazos en una nueva figura, transformada pero entera, en un «yo» reconocible.

«En tu pérdida me encuentro».

Hay tantos duelos como personas dolientes. No todas las personas pasan estas fases, ni hay etapas lineales que conforman el camino y que hay que superar para pasar a la siguiente. Pero este modelo descriptivo de un proceso complejo, difícil de sostener en esta sociedad tan asustada y negadora del malestar, nos permite confiar en que hay luz al final del túnel, que la oscuridad acabará. Y también reclamar nuestro derecho a permanecer en el dolor de la pérdida el tiempo necesario para que este se vaya disipando, empujado por el impulso de vida.

EL DUELO ELEGANTE

«Como último acto de amor

hacia ti, hacia mí…

Voy a hacer el luto».

En su poemario, Alba nos permite asomarnos a su duelo, transitando desde la incredulidad y la negación hasta la aceptación. De su mano entramos en este largo, inhóspito y sagrado camino.

Ante sus palabras e imágenes —llenas de amor y sensibilidad y, a la vez, crudas y desoladas— nos encontramos sobrecogidas, emocionadas, reconociéndonos y reconociendo nuestro propio duelo, confiando en recuperar nuestra vida, nuestra identidad y nuestra alma.

«Dejarte ir, sin renunciar a la parte de ti que me corresponde».

Gracias, Alba, por tanto.

«Tener algo a que llorar por haberlo perdido, es un tesoro».

INSTRUCCIONES PARA UN DUELO ELEGANTE

Este poemario está pensado para acompañarte en tu proceso de duelo.

En sus páginas encontrarás tres cosas importantes:

1. Un prólogo escrito por Inma Menés Casado*, reputada y vivida terapeuta Gestalt (y mi tía), que lleva treinta años acompañando a personas en sus procesos de duelo y trauma.

2. Cuarenta y tres poemas escritos por mí.

3. Seis ilustraciones en formato collage diseñados por la artista María Arce*, una para cada fase del duelo. Estas postales no son ilustraciones cualquiera, la propuesta que te traemos es que una vez que hayas acabado de leer los poemas de cada fase del duelo, recortes la ilustración que viene al final del capítulo y escribas por detrás lo que tú quieras sobre tu propio proceso de duelo, luego piensa en alguien que te gustaría que te acompañe en este proceso y envíale la postal.

El duelo es una muerte, un barbecho, una tierra baldía para abonar lo que vendrá. Somos libres de vivirlo como queramos, pero es mejor estar acompañadas en los momentos más duros. Reivindiquemos la belleza de acompañarnos en lo incómodo y en lo complejo de atravesar, porque somos más hermosas cuando nos atrevemos a habitar nuestras verdades, incluso aunque estas no nos cuadren con lo que trxs esperaban o incluso con lo que nosotras esperábamos de nosotras mismas.

OBERTURA

Te escribo estos versos para que no digan que solo Safo, Gloria o la Peri Rossi fueron poetas, mujeres y lesbianas.

Ahora sí, estoy lista para amar tu ausencia y tu impronta.

Hago pública mi desbordante pena, mi desolación, porque son mías: un resquicio soberano para una existencia libre.

Tómalo como mi aporte para esta gran, indómita e imparable revolución.

No sabía lo que era decir adiós a algo o alguien. Por supuesto, enfrenté situaciones de muerte: el divorcio de mis padres, bullying… Siempre había encontrado la manera de postergar mi dolor, siempre huyendo. Cuando me atreví a dolerme de una vez, dispuesta a abrazar todas las consecuencias posibles, se me desbloquearon todos los duelos que nunca había podido vivir. Este libro lo escribí entonces, mientras todos mis dolores viejos se me agalopaban en mi entristecido y desorientado cuerpo.

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