No sabía lo que era decir adiós a algo o alguien. Por supuesto, enfrenté situaciones de muerte: el divorcio de mis padres, bullying… Siempre había encontrado la manera de postergar mi dolor, siempre huyendo. Cuando me atreví a dolerme de una vez, dispuesta a abrazar todas las consecuencias posibles, se me desbloquearon todos los duelos que nunca había podido vivir.
Este libro lo escribí entonces, mientras todos mis dolores viejos se me agalopaban en mi entristecido y desorientado cuerpo.